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Infancia Espiritual en los textos de San Josemaría Escrivá

 

 

1. EL CAMINO DE INFANCIA ESPIRITUAL EN LA VIDA DE SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ

 

 

1.1.- En los meses de septiembre y octubre de 1931, cuando en el corazón de aquel joven sacerdote germinaban tan copiosamente los afectos de amor, el Señor le confirmaba en el camino del verda­dero abandono filial. Y del torrente de aquellas gracias brotó forta­lecida otra vena de agua: una particular vida de infancia espiritual.

Tenía por costumbre, no pocas veces, cuando era joven -nos dice el Fundador-, no emplear ningún libro para la meditación. Recitaba, paladeando, una a una, las palabras del Pater Noster, y me detenía -saboreando- cuando con­sideraba que Dios era Pater, mi Padre, que me debía sentir hermano de Jesucristo y hermano de todos los hombres.

No salía de mi asombro, contemplando que era ¡hijo de Dios! Después de cada reflexión me encontraba más firme en la fe, más seguro en la esperanza, mas encen­dido en el amor. Y nacía en mi alma la necesidad, al ser hijo de Dios, de ser un hijo pequeño, un hijo menesteroso. De ahí salió en mi vida interior vivir mientras pude -mientras puedo- la vida de infancia, que he recomendado siempre a los míos, dejándolos en libertad. (Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 404)

 

2.1.- El 2 de octubre, fiesta de los Ángeles Custodios, tercer aniversa­rio de la fundación del Opus Dei, y víspera de la fiesta de Santa Te­resita de Lisieux, invocó ardientemente a los espíritus celestiales, y de manera especial a su Ángel Custodio:

Le eché piropos y le dije que me enseñe a amar a Je­sús, siquiera, siquiera, como le ama él. Indudablemente Santa Teresita [...] quiso anticiparme algo por su  fiesta y logró de mi Ángel Custodio que me enseñara hoy a hacer oración de infancia.

 ¡Qué cosas más pueriles le dije a mi Señor! Con la confiada confianza de un niño que habla al Amigo Grande, de cuyo amor está seguro; Que yo viva sólo para tu Obra –le  pedí-, que yo viva sólo para tu Glo­ria, que yo viva sólo para tu Amor. [...]

 Recordé y reconocí lealmente que todo lo hago mal: eso, Jesús mío, no puede llamarte la atención: es imposible que yo haga nada a de­rechas. Ayúdame Tú, hazlo Tú por mí y verás qué bien sale. Luego, audazmente y sin apartarme de la verdad te digo: empápame, emborráchame de tu espíritu y así haré tu Voluntad. Quiero hacerla. Si no la hago es... que no me ayudas.

            Y hubo afectos de amor para mi Madre y mi Señora, y me siento ahora mismo muy hijo de mi Padre-Dios.

       Esta catalina es la primicia del nuevo camino emprendido. Pasó luego don Josemaría, en recogimiento interior, unos días de oración afectiva y fervorosa. (Andrés Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 404)

 

3.1.- A medida que arraigaba en su alma la sólida devoción a la in­fancia de Cristo, comprobaba don Josemaría lo que ese comportamiento espiritual tenía de paradoja, pues requería, a un mismo tiempo, reciedumbre y exquisita delicadeza:

            Reconozco mi torpeza, Amor mío, que es tanta..., tanta que, hasta cuando quiero acariciar hago daño. Sua­viza las maneras de mi alma: dame, quiero que me des, dentro de la recia virilidad de la vida de infancia, esa delicadeza y mimo que los niños tienen para tratar, con íntima efusión de amor, a sus padres’. (A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 407)

 

4.1.- Por esas vías, que no eran de infantilismo sentimental, hacía el Señor más recia su alma, como observa en una catalina:

Camino de infancia. Abandono. Niñez espiritual. Todo esto que Dios me pide y que yo trato de tener no es una bobería, sino una fuerte y sólida vida cristiana. (A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 408)

 

5.1.- Con la confianza de un hijo pequeño ante su Padre Dios, ajustó los antiguos hábitos de la oración, no sin esfuerzo, a aquel nuevo camino de infancia, confirmándose más y más en lo hermoso y suave que es este camino, porque lleva a los pecadores a sentir como los santos han sentido. (A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 408)

 

6.1.- Cuándo y cómo aprendió la vida de infancia espiritual nos lo cuenta en una de sus catalinas de enero de 1932:

Yo no he conocido en los libros el camino de infancia hasta después de haberme hecho andar Jesús por esa vía.

Ayer, por primera vez -escribe el 14 de enero- co­mencé a hojear un libro que he de leer despacio muchas veces: “Caminito de infancia espiritual” por el P Martín. Con esa lectura, he visto cómo Jesús me ha hecho sentir, hasta con las mismas imágenes, la vía de Santa Teresita. Algo hay anotado en estas Catalinas, que lo comprueba. Leeré también despacio la “Historia de un alma”.  

Y continúa así:

Creo que ya la leí una vez, pero sin darle importancia, sin que, al parecer, dejara poso en mi espíritu. Fue primero Mercedes (religiosa de las Damas Apostólicas del Sagrado Cora­zón fallecida en olor de santidad en 1929), quien hizo que yo comprendiera y admirara y quisiera practicar la síntesis de su vida admirable: ocultarse y desaparecer. Pero este plan de vida, que en ella era consecuencia, fruto sabroso de su humildad íntima y profunda, no es otra cosa, a fin de cuentas, que la médula de la infancia espiri­tual.   Entonces, me tomó Teresita y me llevó, con Mercedes, por María, mi Madre y Señora, al Amor de Jesús. (A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 415)

 

7.1.- Su criterio respecto a este camino de espiritualidad lo expresa en una cata­lina del 2-1-1932: Cuando digo en estas catalinas que el Señor desea para los socios el conocimiento y práctica de la vida de infancia espiritual, no es mi intención uniformar las almas de los “hombres de Dios”. Por el contrario lo que veo es:

 1º) hay que dar a conocer a todos y cada uno de los so­cios la vida de infancia espiritual:

 2º)  nunca se forzará a ningún socio a se­guir este camino, ni ninguna otra vía espiritual determinada.

       Como escribirá más tarde, no impone a sus hijos espirituales ese camino sino que lo recomienda (cfr. Carta 8-XII-1949, n. 41). (A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 415, -en nota a pie de página-)

 

8.1.- Al asomarse a los Apuntes íntimos de aquella alma se ve y aprecia lo mucho que Dios ha obrado en el curso de un año, sim­plificándola en la oración, atrayéndola en los afectos:

Ahora, entre María y yo, entre Jesús y yo... ¡nadie! An­tes buscaba santos intermediarios.

Ahora voy directamente al Padre, a Jesús, al Espíritu Santo, a María. Esto no quiere decir que no tenga devocio­nes  (S. José, los Ángeles, las ánimas, Domingo, José de Calasanz, D. Bosco, Teresa, Ignacio, Xavier, Teresita, Mer­cedes, etc...), pero mi alma, indudablemente se simplifica. (A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 419)

 

9.1.- Había organizado sus devociones a lo largo de la semana: El domingo lo dedicaré a la Trinidad Beatísima. El lunes, a mis buenas amigas las Animas del Purgatorio. El martes, a mi Angel Custo­dio y a todos los demás Ángeles Custodios, y a todos los ángeles del cielo sin distinción. El miércoles, a mi Padre y Señor San José. El jueves, a la Sa­grada Eucaristía. El viernes, a la Pasión de Jesús. El sábado, a la Virgen Santa María, mi Madre. (A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 219 –en nota a pie de página-)

 

10.1.- Siguiendo el curso de una vida de infancia espiritual, joven y audaz, la oración del sacerdote brota ahora de manera imperiosa:

Mi modo de decir, en la oración, “yo quiero” es una manera infantil de pedir. No me salgo, por tanto, de la vía. (A. Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 420)

 

11.1.- En 1974, a las pocas horas de llegar a Quito, se vio afectado por un fuerte ataque de mal de altura. No perdió la paz, aunque estaba sometido a evidentes limitaciones físicas: apenas podía hablar, sufría mareos y una gran fatiga para respirar, no era capaz de dar dos pasos sin la ayuda de alguna persona, ni soportaba ningún alimento. Se dejaba llevar de un sitio a otro como un niño pequeño, pues le faltaban hasta las más indispensables fuerzas físicas. Refiriéndose a esas circunstancias, señalaba que había tenido siempre afán de predicar la vida de infancia. Ahora, añadía, el Señor me ha hecho tocar hasta físicamente la realidad de que soy como un niño pequeño ya que no puedo andar, apenas puedo hablar, me han de ayudar hasta en las cosas más elementales...  pero bendigo al Señor que así me trata, porque me doy cuenta de que en todo soy un niño que tengo que aprender hasta lo más rudimentario. (Memoria del Beato Josemaría, pag 31)

 

12.1.- Le he visto recitar, por la mañana y por la noche, oraciones que aprendió en la infancia, saboreándolas con la completa seguridad del niño abandonado en manos de su padre. En sus labios, aquellas súplicas ingenuas adquirían toda la reciedumbre del enamorado del Señor. Por ejemplo, seguía rezando: Jesusito de mi vida, eres Niño como yo; por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. (Memoria del Beato Josemaría pags 206 y 207)

 

13.1.- Para fomentar su humildad, aunque andaba tan olvidado de sí mismo, acudió a la vida de infancia: abandonarse totalmente en el Señor, sin pretensiones personales de ningún género. Le ayudaba el recuerdo de su niñez, cuando se sentía completamente seguro en las manos de su padre, quien proveía a sus necesidades y le atendía en cualquier momento. Precisa­mente por esta infancia espiritual, tuvo la fortaleza de no tran­sigir en lo que era de Dios, dispuesto a pasar por encima de su persona, de su fama, de su prestigio, de su honra, cuantas veces fue necesario. (Memoria del Beato Josemaría pag 206)

 

14.1.- Sintetizaba su disposición de amar y de dejarse llevar por Jesús, como nos exponía el 7 de julio de 1970: nunca agradeceremos a Dios la gracia que ha derrochado en hacernos pequeños. A Dios Nuestro Señor se le puede pedir todo, también cosicas pequeñas, tonterías, porque –cuando son necesarias- nos escucha y las concede. Sucede así porque Dios trata a sus criaturas con verdadero cuidado. Es como el jardinero con sus plantas, que –cuando son pequeñas- no las deja al aire libre: las cuida, las resguarda, impide que las rompa el viento: se ocupa amorosamente de que crezcan. (Memoria del Beato Josemaría pag 208)

 

15.1.- Ser niño. El Borrico de Jesús quiere ser niño. Ha habido una temporada, en la que se ha puesto zancos. Y, ¡claro!, ha tenido muchos percances. Basta: niño otra vez, y niño para siempre. Sancta Theresia a Iesu Infante, ora  pro me! (Camino, edición crítica, pag 914)

 

16.1.- Esta batalla por ser niño delante de Dios la combatió el Beato Josemaría hasta el último momento. Tres meses antes de su muerte predicaba y hacía su oración personal:

A la vuelta de cincuenta años, estoy como un niño que balbucea. Estoy comenzando, recomenzando, en cada jornada. Y así hasta el final de los días que me queden: siempre recomenzando. El Señor lo quiere así, para que no haya motivos de soberbia en ninguno de nosotros, ni de necia vanidad. Hemos de estar pendientes de Él, de sus labios: con el oído atento, con la voluntad tensa, dispuesta a seguir las divinas inspiraciones.

Juan Pablo II, en la Audiencia Pública que siguió a la Beatificación de Escrivá, se hizo eco precisamente de estas palabras:

Dio prueba –decía el Papa de una humildad extraordinaria, hasta el punto de que, al final de su existencia, se veía “como un niño que balbucea”. (Camino, edición crítica, pag 917)

 

17.1.-  Día 2 de marzo de 1935. –Ya no visto de noche a mi Virgen de los Besos. Fue aquella temporada, en que arropaba la imagen       de mi Madre, el aprendizaje de la vida de infancia. ¡Cuánto bien me hizo! Hoy sería rutina. (Camino, edición crítica, pag 921)

 

18.1.- Anoche, cuando hacíamos la novena a la Inmaculada, en la petición, le expuse que quiero ser muy niño. Al instante me hizo ver por qué, siendo niño, no tendré más penas: porque los niños olvidan enseguida los disgustos, aun los mayores disgustos, para volver a sus juegos ordinarios: porque, con el abandono, el niño no tiene que preocuparse, ya que descansa en su Padre. (Camino, edición crítica, pag 923)



2. ¿QUÉ ES?

 

           

1.2.- Fomentad el hambre, la aspiración de ser como niños. Convenceos de que es la forma mejor de vencer la soberbia. Persuadíos de que es el único remedio para que nuestra manera de obrar sea buena, sea grande, sea divina. "En verdad os digo, que si no os volvéis y hacéis semejantes a los niños, no entraréis en el reino de los cielos"(Mt. 18, 3).  (Amigos de Dios 147)

 

2.2.- Viejo camino interior de infancia, siempre actual, que no es blandenguería, ni falta de sazón humana: es madurez sobrenatural, que nos hace profundizar en las maravillas del Amor divino, reconocer nuestra pequeñez e identificar plenamente nuestra voluntad con la de Dios. (Es Cristo que pasa 135)

 

3.2.- Procura conocer la "vía de infancia espiritual", sin "forzarte" a seguir ese camino. -Deja obrar al Espíritu Santo.  (Camino 852)

 

4.2.- Cuando seas sinceramente niño y vayas por caminos de infancia -si el Señor te lleva por ahí-, serás invencible. (Forja 348)

 

5.2.- Camino de infancia. -Abandono. -Niñez espiritual. -Todo esto no es una bobería, sino una fuerte y sólida vida cristiana. (Camino 853)

 

6.2.- La infancia espiritual no es memez espiritual, ni "blandenguería": es camino cuerdo y recio que, por su difícil facilidad, el alma ha de comenzar y seguir llevada de la mano de Dios. (Camino 855)

 

7.2.- No olvides que el Señor tiene predilección por los niños y por los que se hacen como niños. (Camino 872)

 

8.2.- ¡Qué seáis muy niños! Y cuanto más, mejor. Os lo dice la experiencia de este sacerdote, que se ha tenido que levantar muchas veces a lo largo de estos treinta y seis años -¡qué largos y qué cortos se me han hecho!-, que lleva tratando de cumplir una Voluntad precisa de Dios. Una cosa me ha ayudado siempre: que sigo siendo niño, y me meto continuamente en el regazo de mi Madre y en el Corazón de Cristo, mi Señor.  (Amigos de Dios 147)

 

9.2.- Delante de Dios, que es Eterno, tú eres un niño más chico que, delante de ti, un pequeño de dos años...

Y, además de niño, eres hijo de Dios. -No lo olvides. (Camino 860)

 

10.2.- Sé pequeño, muy pequeño. -No tengas más que dos años de edad, tres a lo sumo. -Porque los niños mayores son unos pícaros que ya quieren engañar a sus padres con inverosímiles mentiras...

     Es que tienen la maldad, el "fomes" del pecado, pero les falta la experiencia del mal, que les dará la ciencia de pecar, para cubrir con apariencia de verdad lo falso de sus engaños...

     Han perdido la sencillez, y la sencillez es indispensable para ser chicos delante de Dios. (Camino 868)

 

11.2.- La infancia espiritual exige la sumisión del entendimiento, más difícil que la sumisión de la voluntad. -Para sujetar el entendimiento se precisa, además de la gracia de Dios, un continuo ejercicio de la voluntad, que niega, como niega a la carne, una y otra vez y siempre, dándose, por consecuencia, la paradoja de que quien sigue el "Caminito de infancia", para hacerse niño, necesita robustecer y virilizar su voluntad.  (Camino 856)

 

12.2.- Niño, cuando lo seas de verdad, serás omnipotente. (Camino 863)

 

13.2.- No quieras ser mayor. -Niño, niño siempre, aunque te mueras de viejo. -Cuando un niño tropieza y cae, a nadie choca...: su padre se apresura a levantarle...

     Cuando el que tropieza y cae es mayor, el primer movimiento es de risa. -A veces, pasado ese primer ímpetu, lo ridículo da lugar a la piedad. -Pero los mayores se han de levantar solos...

     Tu triste experiencia cotidiana está llena de tropiezos y caídas. ¿Qué sería de ti si no fueras cada vez más niño?

     No quieras ser mayor. -Niño, y que, cuando tropieces, te levante la mano tu Padre-Dios. (Camino 870)

 

14.2.-“Y cogiendo a un niño le puso en medio de ellos y después de abrazarle, prosiguió: cualquiera que acogiere a uno de estos niños por amor mío, a mí me acoge, y cualquiera que me acoge, no sólo me acoge a mí, sino también al que a mí me ha enviado (Mc, IX, 35-36)” ¿No os enamora este modo de proceder de Jesús? Les enseña la doctrina y, para que entiendan, les pone un ejemplo vivo. Llama a un niño, de los que correrían por aquella casa, y le estrecha contra su pecho. ¡Este silencio elocuente de Nuestro Señor! Ya lo ha dicho todo: El ama a los que se hacen como niños. Después añade que el resultado de esta sencillez, de esta humildad de espíritu es poder abrazarle a El y al Padre que está en los cielos. (Amigos de Dios 102)

 

 

15.2.- ¿Puede darse algo más antipático que un niño haciéndose el hombre? ¿Qué simpatía delante de su Dios tendrá un pobre hombre -un niño-, haciéndose el grande, hinchado por la soberbia, convencido de su valor, confiando sólo en sí mismo? (Surco 597)

 

16.2.- Niño, dejarás de serlo, si alguien o algo se interpone entre Dios y tú. (Forja 350)

 

17.2.- No se escriben estas líneas para mujercillas. –Se escriben para hombres muy barbados, y muy... hombres, que alguna vez, sin duda, alzaron su corazón a Dios, gritándole con el salmista: Notam fac mihi viam, in qua ambulem; quia ad te levavi animam meam. -Dame a conocer el camino que he de seguir; porque a ti he levantado mi alma. (Ps. CXLII, 8)

       He de contar a esos hombres un secreto que puede muy bien ser el comienzo de ese camino por donde Cristo quiere que anden.

       Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.

       Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños..., rezar como rezan los niños. (Santo Rosario, Prólogo Al lector)

 

18.2.- Pero, vuelvo a lo que os comentaba antes: hay que aprender a ser como niños, hay que aprender a ser hijos de Dios. Y, de paso, transmitir a los demás esa mentalidad que, en medio de las naturales flaquezas, nos hará "fuertes en la fe", fecundos en las obras, y seguros en el camino, de forma que cualquiera que sea la especie del error que podamos cometer, aun el más desagradable, no vacilaremos nunca en reaccionar, y en retornar a esa senda maestra de la filiación divina que acaba en los brazos abiertos y expectantes de nuestro Padre Dios. (Amigos de Dios 148)

 

19.2.- Te aconsejo que intentes alguna vez volver... al comienzo de tu "primera conversión", cosa que, si no es hacerse como niños, se le parece mucho: en la vida espiritual, hay que dejarse llevar con entera confianza, sin miedos ni dobleces; hay que hablar con absoluta claridad de lo que se tiene en la cabeza y en el alma. (Surco 145)

 

20.2.- La vida de oración y de penitencia, y la consideración de nuestra filiación divina, nos transforman en cristianos profundamente piadosos, como niños pequeños delante de Dios. La piedad es la virtud de los hijos y para que el hijo pueda confiarse en los brazos de su padre, ha de ser y sentirse pequeño, necesitado. Frecuentemente he meditado esa vida de infancia espiritual, que no está reñida con la fortaleza, porque exige una voluntad recia, una madurez templada, un carácter firme y abierto. (Es Cristo que pasa 10-1)

 

21.2.- Piadosos, pues, como niños: pero no ignorantes, porque cada uno ha de esforzarse, en la medida de sus posibilidades, en el estudio serio, científico, de la fe; y todo esto es la teología. Piedad de niños, por tanto, y doctrina segura de teólogos. (Es Cristo que pasa 10-2).

 

22.2.- Jesús: nunca te pagaré, aunque muriera de Amor, la gracia que has derrochado para hacerme pequeño. (Camino 901)

 

23.2.- Hemos sentido la atracción, en otro tiempo, del camino de infancia. Hemos buscado ser, sobrenaturalmente hablando, niños pequeños. Pero los obstáculos nos han descorazonado; nos desalentaron y nos apartaron de ese proyecto. Y es que –conviene decirlo en un paréntesis- el camino de infancia exige una voluntad especialmente viril y enérgica. No es senda para gente floja. El que desea ser niño ante Dios ha de tener, en el ejercicio de todas sus actividades en el mundo, una decisión, una santa desvergüenza, una reciedumbre a toda prueba. Abandonarse sobrenaturalmente en las manos de Dios, como un niño en las de su padre, excluye el comportarse como un niñoide en la conducta exterior. Cuanto más niño, más hombre, más recio, más varón, que viene de vis, fuerza: más fuerza en la voluntad. (Camino, edición crítica, pag 920)

 


3. ORACIÓN

 

 

1.3.- Niño bueno: dile a Jesús muchas veces al día: te amo, te amo, te amo... (Camino 878)

 

2.3.- Reconozco mi torpeza, Amor mío, que es tanta..., tanta, que hasta cuando quiero acariciar hago daño. -Suaviza las maneras de mi alma: dame, quiero que me des, dentro de la recia virilidad de la vida de infancia, esa delicadeza y mimo que los niños tienen para tratar, con íntima efusión de Amor, a sus padres. (Camino 883)

 

3.3.- Que vuestra oración sea viril. -Ser niño no es ser afeminado.

(Camino 888)

 

4.3.- Para el que ama a Jesús, la oración, aun la oración con sequedad, es la dulzura que pone siempre fin a las penas: se va a la oración con el ansia con que el niño va al azúcar, después de tomar la pócima amarga. (Camino 889)

 

5.3.- Te distraes en la oración. -Procura evitar las distracciones, pero no te preocupes, si, a pesar de todo, sigues distraído...

     ¿No ves cómo, en la vida natural, hasta los niños más discretos se entretienen y divierten con lo que les rodea, sin atender muchas veces los razonamientos de su padre? -Esto no implica falta de amor, ni de respeto: es la miseria y pequeñez propias del hijo...

     Pues, mira: tú eres un niño delante de Dios. (Camino 890)

 

6.3.- Cuando hagas oración haz circular las ideas inoportunas, como si fueras un guardia del tráfico: para eso tienes la voluntad enérgica que te corresponde por tu vida de niño. -Detén, a veces, aquel pensamiento para encomendar a los protagonistas del recuerdo inoportuno...

     ¡Hala!, adelante... Así, hasta que dé la hora. -Cuando tu oración por este estilo te parezca inútil, alégrate y cree que has sabido agradar a Jesús. (Camino 891)

 

7.3.- ¡Qué buena cosa es ser niño! -Cuando un hombre solicita un favor, es menester que a la solicitud acompañe la hoja de sus méritos...

     Cuando el que pide es un chiquitín -como los niños no tienen méritos-, basta con que diga: soy hijo de Fulano...

     ¡Ah, Señor! -díselo ¡con toda tu alma!-, yo soy... ¡hijo de Dios! (Camino 892)

 

8.3.- Perseverar. -Un niño que llama a una puerta, llama una y dos veces, y muchas veces..., y fuerte y largamente, ¡con desvergüenza! Y quien sale a abrir ofendido, se desarma ante la sencillez de la criaturita inoportuna... -Así tú con Dios. (Camino 893)

 

9.3.- ¿Has presenciado el agradecimiento de los niños? -Imítalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso: "¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno! ..."

     Esa frase, bien sentida, es camino de infancia, que te llevará a la paz, con peso y medida de risas y llantos, y sin peso y medida de Amor. (Camino 894)

 

10.3.- El trabajo rinde tu cuerpo, y no puedes hacer oración. Estás siempre en la presencia de tu Padre. -Si no le hablas, mírale de cuando en cuando como un niño chiquitín... y El te sonreirá. (Camino 895)

 

11.3.- ¿Que en el hacimiento de gracias después de la Comunión lo primero que acude a tus labios, sin poderlo remediar, es la petición...: Jesús, dame esto: Jesús, esa alma: Jesús, aquella empresa?

     No te preocupes ni te violentes: ¿no ves cómo, siendo el padre bueno y el hijo niño sencillo y audaz, el pequeñín mete las manos en el bolsillo de su padre, en busca de golosinas, antes de darle el beso de bienvenida? -Entonces... (Camino 896)

 

12.3.- Si tienes "vida de infancia", por ser niño, has de ser espiritualmente goloso. -Acuérdate, como los de tu edad, de las cosas buenas que guarda tu Madre...

     Y esto muchas veces al día. -Es cuestión de segundos... María... Jesús... el Sagrario... la Comunión... el Amor... el sufrimiento... las ánimas benditas del purgatorio... los que pelean: el Papa, los sacerdotes... los fieles... tu alma... las almas de los tuyos... los Ángeles Custodios... los pecadores... (Camino 898)

 

13.3.- No soy menos feliz porque me falta que si me sobrara: ya no debo pedir nada a Jesús: me limitaré a darle gusto en todo y a contarle las cosas, como si El no las supiera, lo mismo que un niño pequeño a su padre. (Forja 351)

 

14.3.- Niño, dile a Jesús: no me conformo con menos que Contigo. (Forja 352)

 

15.3.- Jesús-niño, Jesús-adolescente: me gusta verte así, Señor, porque... me atrevo a más. Me gusta verte chiquitín, como desamparado, para hacerme la ilusión de que me necesitas. (Forja 301)

 

16.3.- En tu oración de infancia espiritual, ¡qué cosas más pueriles le dices a tu Señor! Con la confianza de un niño que habla al Amigo grande, de cuyo amor está seguro, le confías: ¡que yo viva sólo para tu Gloria!

       Recuerdas y reconoces lealmente que todo lo haces mal: eso, Jesús mío -añades-, no puede llamarte la atención: es imposible que yo haga nada a derechas. Ayúdame Tú, hazlo Tú por mí y verás qué bien sale.

       Luego, audazmente y sin apartarte de la verdad, continúas: empápame, emborráchame de tu Espíritu, y así haré tu Voluntad. Quiero hacerla. Si no la hago..., es que no me ayudas. ¡Pero sí me ayudas! (Forja 353)

 

17.3.- Déjame que te dé un consejo de alma experimentada: tu oración -tu vida ha de ser orar siempre- debe tener la confianza de "la oración de un niño". (Forja 230)

 

18.3.- Mi Señor Jesús tiene un Corazón más sensible que todos los corazones de todos los hombres buenos juntos. Si un hombre bueno(medianamente bueno) sabe que una determinada persona le quiere, sin esperar satisfacción o premio alguno (ama por amar); y conoce también que esta persona sólo desea que él no se oponga a ser  amado, aunque sea de lejos..., no tardará en corresponder a un amor tan desinteresado.

       -Si el Amado es tan poderoso que lo puede todo, estoy seguro de que, además de terminar por rendirse ante el amor fiel de la criatura (a pesar de las miserias de esa pobre alma), dará al  amante la hermosura, la ciencia, y el poder sobrehumanos que sean  precisos, para que los ojos de Jesús no se manchen, al fijarse en el pobre corazón que le adora.

       -Niño, ama: ama y espera. (Forja 298)

 

19.3.- Siempre que entro en el oratorio, le digo al Señor –he vuelto a ser niño- que le quiero más que nadie. (Forja 302)

 

20.3.- Si eres buen hijo de Dios, del mismo modo que el pequeño necesita de la presencia de sus padres al levantarse y al acostarse, tu primer y tu último pensamiento de cada día serán para Él. (Forja 80)

 

21.3.- Niño bueno: los amadores de la tierra ¡cómo besan las flores, la carta, el recuerdo del que aman!...

       -Y tú, ¿podrás olvidarte alguna vez de que le tienes siempre a tu lado... ¡a Él!? -¿Te olvidarás... de que le puedes comer? (Forja 305)

 

22.3.- Niño amigo, dile: Jesús, sabiendo que te quiero y que me quieres, lo demás nada me importa: todo va bien. (Forja 335)

 

23.3.- No te limites a hablar al Paráclito, ¡óyele! En tu oración, considera que la vida de infancia, al hacerte descubrir con hondura que eres hijo de Dios, te llenó de amor filial al Padre; piensa que, antes, has ido por María a Jesús, a quien adoras como amigo, como hermano, como amante suyo que eres...

       Después, al recibir este consejo, has comprendido que, hasta ahora, sabías que el espíritu Santo habitaba en tu alma, para santificarla..., pero no habías “comprendido” esa verdad de su presencia. Ha sido precisa esa sugerencia: ahora sientes el Amor dentro de ti; y quieres tratarle, ser su amigo, su confidente..., facilitarle el trabajo de pulir, de arrancar, de encender...

       ¡No sabré hacerlo!, pensabas.- óyele, te insisto. Él te dará fuerzas, Él lo hará todo, si tú quieres..., ¡que sí quieres!

       - Rézale: Divino Huésped, Maestro, Luz, Guía, Amor: que sepa agasajarte, y escuchar tus lecciones, y encenderme, y seguirte y amarte. (Forja 430)

 

24.3.- A medida que arraigaba en su alma la sólida devoción a la in­fancia de Cristo, comprobaba don Josemaría lo que ese comportamiento espiritual tenía de paradoja, pues requería, a un mismo tiempo, reciedumbre y exquisita delicadeza:

            Reconozco mi torpeza, Amor mío, que es tanta..., tanta que, hasta cuando quiero acariciar hago daño. Sua­viza las maneras de mi alma: dame, quiero que me des, dentro de la recia virilidad de la vida de infancia, esa delicadeza y mimo que los niños tienen para tratar, con íntima efusión de amor, a sus padres. (A.Vázquez de Prada, El Fundador del Opus Dei, pag 407)

 

25.3.- «Niño amigo: persevera en la oración. Persevera aunque tu labor parezca estéril. La oración es siempre fecunda». (Camino edición crítica, pag 307)

 

26.3.- «Jesús te pide oración... Lo ves claro.

-Sin embargo, ¡qué falta de correspondencia! Te cuesta mucho todo: eres como el niño que tiene pereza de apreder a andar. Pero en tu caso, no es sólo pereza. Es también miedo, falta de generosidad.» (Forja 291)

 

 

 


4. ABANDONO, ENTREGA, GENEROSIDAD

 

 

1.4.- Niño, el abandono exige docilidad. (Camino 871)

 

2.4.- Espéralo todo de Jesús: tú no tienes nada, no vales nada, no puedes nada. Él obrará, si en Él te abandonas.

 

3.4.- Hasta llegar al abandono hay un poquito de camino que recorrer. Si aún no lo has conseguido, no te preocupes: sigue esforzándote. Llegará el día en que no verás otro camino más que Él –Jesús-, su Madre Santísima, y los medios sobrenaturales que nos ha dejado el Maestro. (Vía Crucis IV, 3)

 

4.4.- Si nos dejamos guiar por ese principio de vida presente en nosotros, que es el Espíritu Santo, nuestra vitalidad espiritual irá creciendo y nos abandonaremos en las manos de nuestro Padre Dios, con la misma espontaneidad y confianza con que un niño se arroja en los brazos de su padre. “Si no os haceis semejantes a los niños, no entrareis en el Reino de los Cielos”, ha dicho el Señor. (Es Cristo que pasa 135)

 

5.4.- Hagamos presente a Jesús que somos niños. Y los niños, los niños chiquitines y sencillos, ¡cuánto sufren para subir un escalón! Están allí, al parecer, perdiendo el tiempo. Por fin, han subido. Ahora, otro escalón. Con las manos y los pies, y con el impulso de todo el cuerpo, logran un nuevo triunfo: otro escalón. Y vuelta a empezar. ¡Que esfuerzos! Ya faltan pocos..., pero, entonces, un traspiés... y ¡hala! Abajo. Lleno de golpes, inundado de lágrimas, el pobre niño comienza, recomienza el ascenso.

       Así nosotros, Jesús, cuando estamos solos. Cógenos Tú en brazos amables, como un Amigo grande y bueno del niño sencillo; no nos dejes hasta que estemos arriba; y entonces -¡oh, entonces!-, sabremos corresponder a tu Amor Misericordioso, con audacias infantiles, diciéndote, dulce Señor, que fuera de María y de José, no ha habido ni habrá mortal –eso que los ha habido muy locos- que te quiera como te quiero yo. (Forja 346)

 

6.4.- Cuando se trabaja por Dios, hay que tener “complejo de superioridad”, te he señalado.

       Pero, me preguntabas, ¿esto no es una manifestación de soberbia? -¡No! Es una consecuencia de la humildad, de una humildad que me hace decir: Señor, Tú eres el que eres. Yo soy la negación. Tú tienes todas las perfecciones: el poder, la fortaleza, el amor, la gloria, la sabiduría, el imperio, la dignidad... Si yo me uno a Ti, como un hijo cuando se pone en los brazos fuertes de su padre o en el regazo maravilloso de su madre, sentiré el calor de tu divinidad, sentiré las luces de tu sabiduría, sentiré correr por mi sangre tu fortaleza. (Forja 342)

 

7.4.- ¡Anda!, con generosidad y como un niño, dile: ¿qué me irás a dar cuando me exiges "eso"? (Camino 153)

 

8.4.- En momentos de agotamiento, de hastío, acude confiadamente al Señor, diciéndole, como aquel amigo nuestro: “Jesús, Tú verás lo que haces...: antes de comenzar la lucha, ya estoy cansado”.

       -Él te dará su fuerza. (Forja 244)

 

9.4.- Siendo niños no tendréis penas: los niños olvidan enseguida los disgustos para volver a sus juegos ordinarios. -Por eso, con el abandono, no habréis de preocuparos, ya que descansaréis en el Padre. (Camino 864)

 

10.4.- Los niños no tienen nada suyo, todo es de sus padres..., y tu Padre sabe siempre muy bien cómo gobierna el patrimonio. (Camino 867)

 

11.4.- Pero ¡niño!, ¿por qué te empeñas en andar con zancos? (Camino 869)

 

12.4.- No te apures, si te enfadas, cuando haces esas pequeñas cosas que El te pide. -Ya llegarás a sonreír...

     ¿No ves con qué mala gana da el niño sencillo a su padre, que le prueba, la golosina que tenía en sus manos? -Pero, se la da: ha vencido el amor. (Camino 881)

 

13.4.- Niño, ofrécele cada día... hasta tus fragilidades. (Camino 865)

 

14.4.- Jesús mío: lo mío es tuyo, porque lo tuyo es mío y lo mío lo abandono en Ti.

 

15.4.- Dile: Señor, nada quiero más que lo que Tú quieras. Aun lo que en estos días vengo pidiéndote, si me aparta un milímetro de la Voluntad tuya, no me lo des. (Forja 512)

 

16.4.- Niño, pobre borrico: si, con Amor, el Señor ha limpiado tus negras espaldas, acostumbradas al estiércol, y te carga de aparejos de raso y sobre ellos pone joyas deslumbrantes, ¡pobre borrico!, no olvides que "puedes", por tu culpa, arrojar la hermosa carga por los suelos..., pero tú solo "no puedes" volvértela a cargar. (Forja 330)

 

17.4.- Cuando quieres hacer las cosas bien, muy bien, resulta que las haces peor. -Humíllate delante de Jesús, diciéndole: ¿has visto cómo todo lo hago mal? -Pues, si no me ayudas mucho, ¡aún lo haré peor!

     Ten compasión de tu niño: mira que quiero escribir cada día una gran plana en el libro de mi vida... Pero, ¡soy tan rudo!, que si el Maestro no me lleva la mano, en lugar de palotes esbeltos salen de mi pluma cosas retorcidas y borrones que no pueden enseñarse a nadie...

     Desde ahora, Jesús, escribiremos siempre entre los dos. (Camino 882)

 

18.4.- Acude a la dirección espiritual cada vez con mayor humildad, y puntualmente, que es también humildad.

Piensa -no te equivocas, porque ahí Dios te habla- que eres como un niño pequeño, ¡sincero!, al que van enseñando a hablar, a leer, a conocer las flores y los pájaros, a vivir las alegrías y las penas, a fijarse en el suelo que pisa. (Surco 270)

 

19.4.- Dios no traiciona nunca, y ese Amor -que recibiremos en el Cielo, si nosotros le somos fieles- no conoce de traiciones, ni de cansancios, ni de acostumbramientos. (Memoria del Beato Josemaría pag 201)

 

20.4.- El Señor no deja jamás a nadie en la estacada, porque somos sus hijos, porque somos sus criaturas. (Memoria del Beato Josemaría, pag 201)

 

21.4.- Filiación divina: ¡es el secreto de la eficacia!; lo que da reposo a la hora del cansancio, paz  la hora de la guerra, serenidad en los momentos de conflicto. (Memoria del Beato Josemaría, pag 202)

 

22.4.- Pido al Señor y a su Madre Santísima que me hagan cada día más pequeño. Así, además de que tendrán que ocuparse de mí, si me dan un golpe, no lo notaré, porque los niños son de goma. Vivo al día, me llevan donde quieren, donde dispone mi Padre del Cielo. No me preocupo ni siquiera de hacer el programa. Os aconsejo que os abandonéis en las manos de Dios, que son las manos más seguras. (Memoria del Beato Josemaría pag 204)

 

23.4.- Acudid al Señor con confianza. Y pensando que, de la misma manera que los padres aman y protegen a sus hijos, aunque estén enfermos o sean deformes ‑probablemente entonces lo hacen con más cariño, para que esas criaturas no sufran‑, así Dios nos acoge, nos protege y nos lleva con cariño y una dulzura inimaginables, si nos abandonamos sinceramente en sus manos. (Memoria del Beato Josemaría pag 205)

 

24.4.- A temporadas, mi oración y mi mortificación es vivir continuamente en Él: ¡me abandono en Ti! Yo no pienso como hombre. Me dejo absolutamente en sus manos. Resulta duro, porque el alma pone en ejercicio las potencias que Dios nos ha dado para seguir el camino. Y llegan momentos en los que es necesario prescindir de la memoria, rendir el entendimiento, doblegar la voluntad. Resulta duro, repito, porque esa actividad del alma es lógica, como el reloj que tiene cuerda, y da necesariamente el tictac. Es a veces muy duro, ya que supone llegar a los setenta años en una infancia real: no me preocupo ni de espantarme las moscas ni de que me den el pecho. Ya lo harán. Me pongo en los brazos de mi Padre Dios, acudo a mi Madre Santa María, y confío plenamente, a pesar de la aspereza del camino. (Memoria del Beato Josemaría pag 205)

 

25.4.- Da gracias al Señor, siempre que te acuerdes, y dile que querrías hacerlo continuamente. Nunca será suficiente nuestro agradecimiento a Dios por todos los beneficios que recibimos; y esto nos debe mover a vivir en una permanente acción de gracias, porque además tenemos la persuasión del cariño que el Señor manifiesta a sus hijos, cuidándonos desde la eternidad, antes de que nazcamos. (Memoria del Beato Josemaría, pags 208 y 209)

 

26.4.- Hace ya bastantes años, con un convencimiento que se acrecentaba de día en día, escribí: espéralo todo de Jesús: tú no tienes nada, no vales nada, no puedes nada. Él obrará, si en Él te abandonas. Ha pasado el tiempo, y aquella convicción mía se ha hecho aún más robusta, más honda. He visto, en muchas vidas, que la esperanza en Dios enciende maravillosas hogueras de amor, con un fuego que mantiene palpitante el corazón, sin desánimos, sin decaimientos, aunque a lo largo del camino se sufra, y a veces se sufra de veras. (Amigos de Dios 205)

 

27.4.- He procurado vivir siempre la filiación divina, que nos ha conseguido Nuestro Señor Jesucristo. Y mi oración ante cualquier circunstancia ha sido siempre la misma: Señor, Tú me has puesto aquí, Tú me has confiado esto o lo otro. Resuelve Tú todo lo que sea necesario resolver, porque es tuyo y porque yo solo no tengo fuerzas. Sé que eres mi Padre, y he visto siempre que los pequeños, que los hijos, están seguros de sus padres: no tienen preocupaciones, ni siquiera saben que tienen problemas, porque sus padres se lo dan todo resuelto. Hijos míos, con esta confianza hemos de vivir y hemos de rezar siempre, porque es la única arma con que contamos y la única razón de nuestra esperanza. (Memoria del Beato Josemaría pags 199 y 200)

 

28.4.- “Amo la Voluntad de mi Dios: por eso, en completo abandono, que El me lleve como y por donde quiera.“ (Forja 40)

 

29.4.- «Jesús: que desde hoy nazca o renazca a la vida sobrenatural. Ut iumentum!... Te pido perdón de todas las infamias –innumerables- de mi vida. Que esta otra vida, a la que quiero nacer hoy, sea una continua infancia espiritual: vida de Fe, vida de Amor, vida de Abandono. Fiat. Madre Inmaculada, ¡Tú lo harás!». (Camino, edición crítica, pag 29)

 

30.4.- «Soy un niño –los borricos son los niños de los burros- con santa desvergüenza, que sabe que su Padre-Dios le manda siempre lo mejor». (Camino, edición crítica, pag 46)



5. MISERIAS

 

 

1.5.- Estás lleno de miserias. -Cada día las ves más claras. -Pero no te asusten. -Él sabe bien que no puedes dar más fruto...

            Tus caídas involuntarias -caídas de niño- hacen que tu Padre-Dios tenga más cuidado y que tu Madre María no te suelte de su mano amorosa: aprovéchate, y, al cogerte el Señor a diario del suelo, abrázale con todas tus fuerzas y pon tu cabeza miserable sobre su pecho abierto, para que acaben de enloquecerte los latidos de su Corazón amabilísimo. (Camino 884)

 

2.5.- Cuando me siento capaz de todos los horrores y de todos los errores que han cometido las