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La llamada divina
1.1.
Un día —no quiero generalizar, abre tu
corazón al Señor y cuéntale tu historia—, quizá un amigo, un cristiano
corriente igual a ti, te descubrió un panorama profundo y nuevo, siendo al
mismo tiempo viejo como el Evangelio.
Te sugirió la
posibilidad de empeñarte seriamente en seguir a Cristo, en ser apóstol de
apóstoles. Tal vez perdiste entonces la tranquilidad y no la recuperaste,
convertida en paz, hasta que libremente, porque te dio la gana —que es la razón
más sobrenatural—, respondiste que sí a Dios. Y vino la alegría, recia,
constante, que sólo desaparece cuando te apartas de El. (Es Cristo que pasa, n. 1)
1.2.
Si me preguntáis cómo se nota la llamada divina,
cómo se da uno cuenta, os diré que es una visión nueva de la vida. Es como si
se encendiera una luz dentro de nosotros; es un impulso misterioso, que empuja
al hombre a dedicar sus más nobles energías a una actividad que, con la
práctica, llega a tomar cuerpo de oficio.
Esa fuerza vital, que tiene algo de alud arrollador, es lo que otros
llaman vocación. (El Fundador del Opus Dei, pag 302)
1.3.
La vocación nos lleva –sin darnos cuenta- a tomar
una posición en la vida, que mantendremos con ilusión y alegría, llenos de
esperanza hasta en el trance mismo de la muerte. Es un fenómeno que comunica al
trabajo un sentido de misión, que ennoblece y da valor a nuestra existencia.
Jesús se mete con un acto de autoridad en el alma, en la tuya, en la mía: esa
es la llamada. (El Fundador del Opus Dei, pag 303)
1.4.
Dios necesita mujeres y hombres seguros,
firmes, en quienes sea posible apoyarse. (Forja 850)
1.5.
"Id, predicad el Evangelio... Yo estaré
con vosotros..." —Esto ha dicho Jesús... y te lo ha dicho a ti. (Camino
904)
1.6.
Ojalá pueda decirse que la característica que
define tu vida es "amar
1.7.
Yo tampoco pensaba que Dios me cogiera como
lo hizo. Pero el Señor —déjame que te lo repita— no nos pide permiso para
"complicarnos la vida". Se mete y... ¡ya está! (Forja 902)
1.8.
La vocación es lo primero; Dios nos ama antes
de que sepamos dirigirnos a El, y pone en nosotros el amor con el que podemos
corresponderle. La paternal bondad de Dios nos sale al encuentro. Nuestro Señor
no sólo es justo, es mucho más: misericordioso. No espera que vayamos a El; se
anticipa, con muestras inequívocas de paternal cariño. (Es Cristo que pasa 33)
1.9.
Aún resuena en el mundo aquel grito divino:
"Fuego he venido a traer a la tierra, ¿y qué quiero sino que se
encienda?" —Y ya ves: casi todo está apagado... ¿No te animas
a propagar el incendio? (Camino 801)
1.10.
Considerad con qué finura nos invita el
Señor. Se expresa con palabras humanas, como un enamorado: Yo te he llamado
por tu nombre... Tú eres mío. Dios, que es la hermosura, la grandeza, la
sabiduría, nos anuncia que somos suyos, que hemos sido escogidos como término
de su amor infinito. Hace falta una recia vida de fe para nos desvirtuar esta
maravilla, que
1.11.
Escribías: "yo te oigo clamar, Rey mío,
con viva voz, que aún vibra: “ignem veni mittere in terram, et quid volo nisi
ut accendatur? —he venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que
arda?"
Después
añadías: "Señor, te respondo —todo yo— con mis sentidos y potencias: “ecce
ego quia vocasti me! —¡aquí me tienes porque me has llamado!"
—Que sea esta
respuesta tuya una realidad cotidiana. (Forja 52)
1.12.
Elección divina significa —¡y exige!—
santidad personal. (Forja 58)
1.13.
Ha llegado para nosotros un día de salvación,
de eternidad. Una vez más se oyen esos silbidos del Pastor Divino, esas
palabras cariñosas, “vocavi te nomine tuo” —te he llamado por tu nombre. -Como nuestra madre, El nos
invita por el nombre. Más: por el apelativo cariñoso, familiar. —Allá, en la
intimidad del alma, llama, y hay que contestar: “ecce ego, quia vocasti me”
—aquí estoy, porque me has llamado, decidido a que esta vez no pase el tiempo
como el agua sobre los cantos rodados, sin dejar rastro. (Forja 7)
1.14.
No tengas miedo, ni te asustes, ni te
asombres, ni te dejes llevar por una falsa prudencia.
La llamada a cumplir
—Ninguno dudó: conocer a Cristo y seguirle
fue todo uno. (Forja 6)
1.15.
“Sabed que fuisteis rescatados de vuestra
vana conducta..., no con plata u oro, que son cosas perecederas, sino con la
sangre preciosa de Cristo” (1 Pet I,18-19).
No nos pertenecemos.
Jesucristo nos ha comprado con su Pasión y con su Muerte. Somos vida suya. (Via
Crucis XIV-2)
1.16.
Parece que os han escogido uno a uno...,
decía. ¡Y así es! (Surco 220)
1.17.
Un secreto. —Un secreto, a voces: estas
crisis mundiales son crisis de santos. —Dios quiere un puñado de
hombres "suyos" en cada actividad humana. —Después... "pax
Christi in regno Christi" —la paz de Cristo en el reino de Cristo. (Camino
301)
1.18.
Con la frente pegada al suelo y puesto en la
presencia de Dios, considera (porque es así) que eres una cosa más sucia y
despreciable que las barreduras recogidas por la escoba. —Y, a pesar de todo, el Señor te ha
elegido. (Forja 363)
1.19.
¡Comprometido! ¡Cómo me gusta esta palabra!
—Los hijos de Dios nos obligamos —libremente— a vivir dedicados al Señor, con
el empeño de que El domine, de modo soberano y completo, en nuestras vidas. (Forja
855)
1.20.
El fervor patriótico —laudable— lleva a
muchos hombres a hacer de su vida un "servicio", una
"milicia". —No me olvides que Cristo tiene también
"milicias" y gente escogida a su "servicio". (Camino 905)
1.21.
Cristo, que subió a
1.22.
Una ola sucia y podrida —roja y verde— se
empeña en sumergir la tierra, escupiendo su puerca saliva sobre
Y El quiere que de nuestras almas salga
otra oleada —blanca y poderosa, como la diestra del Señor—, que anegue, con su
pureza, la podredumbre de todo materialismo y neutralice la corrupción, que ha
inundado el Orbe: a eso vienen —y a más— los hijos de Dios. (Forja 23)
1.23.
No es tarde, ni todo está perdido... Aunque
te lo parezca. Aunque lo repitan mil voces agoreras. Aunque te asedien miradas
burlonas e incrédulas... Has llegado en un buen momento para cargar con
1.24.
No me explico tu concepto de cristiano.
¿Crees
que es justo que el Señor haya muerto crucificado y que tú te conformes con “ir
tirando”?
Ese “ir tirando
¿es el camino áspero y estrecho de que hablaba Jesús? (Via Crucis XIII-2)
1.25.
El Hijo del hombre no ha venido a ser
servido, sino a servir. Eso requiere la entereza de someter la
propia voluntad al modelo divino, trabajar por todos, luchar por la felicidad
eterna y el bienestar de los demás. No conozco mejor camino para ser justo que
el de una vida de entrega y de servicio. (Amigos de Dios 173)
1.26.
¿Es posible que lleve Cristo tantos años
—veinte siglos— actuando en la tierra, y que el mundo esté así?, me
preguntabas. ¿Es posible que aún haya gente que no conozca al Señor?,
insistías.
—Y te contesté seguro: ¡tenemos
la culpa nosotros!, que hemos sido llamados a ser corredentores, y a veces,
¡quizá muchas!, no correspondemos a esa Voluntad de Dios. (Forja 55)
1.27.
Te decidiste, más por reflexión que por fuego
y entusiasmo. Aunque deseabas tenerlo, no hubo lugar para el sentimiento: te
entregaste, al convencerte de que Dios lo quería.
Y, desde aquel instante, no has
vuelto a "sentir" ninguna duda seria; sí, en cambio, una alegría
tranquila, serena, que en ocasiones se desborda. Así paga Dios las audacias del
Amor. (Surco 98)
1.28.
Recordad a todos —y de modo especial a tantos
padres y a tantas madres de familia, que se dicen cristianos— que la
"vocación", la llamada de Dios, es una gracia del Señor, una elección
hecha por la bondad divina, un motivo de santo orgullo, un servir a todos
gustosamente por amor de Jesucristo. (Forja 17)
1.29.
Hazme eco: no es un sacrificio, para los
padres, que Dios les pida sus hijos; ni, para los que llama el Señor, es un
sacrificio seguirle.
Es, por el contrario, un honor
inmenso, un orgullo grande y santo, una muestra de predilección, un cariño
particularísimo, que ha manifestado Dios en un momento concreto, pero que
estaba en su mente desde toda la eternidad. (Forja 18)
1.30.
Si alguno de los que me siguen no aborrece a
su padre y madre, y a la mujer y a los hijos, y a los hermanos y hermanas, y
aun a su vida misma, no puede ser mi discípulo. Son términos duros.
Ciertamente, ni el odiar ni el aborrecer castellanos expresan bien el
pensamiento original de Jesús. De todas maneras, fuertes fueron las palabras
del Señor, ya que tampoco se reducen a un amar menos, como a veces se
interpreta templadamente, para suavizar la frase. Es tremenda esa expresión tan
tajante no porque implique una actitud negativa o despiadada, ya que el Jesús
que habla ahora es el mismo que ordena amar a los demás como a la propia alma,
y que entrega su vida por los hombres: esta locución indica, sencillamente, que
ante Dios no caben medias tintas. Se podrían traducir las palabras de Cristo
por amar más, amar mejor, más bien, por no amar con un amor egoísta ni
tampoco con un amor a corto alcance: debemos amar con el Amor de Dios. (Es Cristo que pasa, n. 97)
1.31.
El demonio padre de la mentira y víctima de
su soberbia intenta remedar al Señor hasta en el modo de hacer prosélitos. ¿Te
has fijado?: lo mismo que Dios se vale de los hombres para salvar almas y
llevarlas a la santidad, satanás se sirve de otras personas, para entorpecer
esa labor y aun para perderlas. Y no te asustes de la misma manera que Jesús
busca, como instrumentos, a los más próximos parientes, amigos, colegas, etc.,
el demonio también intenta, con frecuencia, mover a esos seres más queridos,
para inducir al mal. Por eso, si los
lazos de la sangre se convierten en ataduras, que te impiden seguir los caminos
de Dios, córtalos con decisión. Y quizá tu determinación desate también a
quienes estaban enredados en las mallas de Lucifer. (Surco 812)
1.32.
"Nesciebatis quia in his quæ Patris mei sunt
oportet me esse?" —¿No sabíais que yo debo emplearme en las cosas que
miran al servicio de mi Padre?
Respuesta de Jesús adolescente. Y
respuesta a una madre como su Madre, que hace tres días que va en su busca,
creyéndole perdido. —Respuesta que tiene por complemento aquellas palabras de
Cristo, que transcribe San Mateo: "El que ama a su padre o a su madre más
que a mí, no es digno de mí". (Camino 907)
Generosidad para responder
2.1.
¿Por qué no te entregas a Dios de una vez...,
de verdad... ¡ahora!? (Camino 902)
2.2.
Si el Señor te ha llamado "amigo",
has de responder a la llamada, has de caminar a paso rápido, con la urgencia
necesaria, ¡al paso de Dios! De otro modo, corres el riesgo de quedarte en
simple espectador. (Surco 629)
2.3.
Si ves claramente tu camino, síguelo. —¿Cómo
no desechas la cobardía que te detiene? (Camino 903)
2.4.
El Reino de Jesucristo. ¡Esto es lo nuestro!
—Por eso, hijo, ¡con generosidad!, no quieras saber ninguna de las muchas
razones que tiene para reinar en ti.
Si le miras, te
bastará contemplar cómo te ama..., sentirás hambres de corresponder, gritándole
a voces que "le amas actualmente", y comprenderás que, si tú no le
dejas, El no te dejará. (Forja 857)
2.5.
Meus
es tu —eres mío, te ha manifestado el Señor.
—¡Que ese Dios,
que es toda la hermosura y toda la sabiduría, toda la grandeza y toda la
bondad, te diga a ti que eres suyo!..., ¡y que tú no le sepas responder! (Forja
123)
2.6.
¡Qué poco es una vida, para ofrecerla a
Dios!... (Camino 420)
2.7.
—¡Dios es mi Padre! —Si lo meditas, no saldrás
de esta consoladora consideración. —¡Jesús
es mi Amigo entrañable! (otro Mediterráneo), que me quiere con toda la divina
locura de su Corazón.
—¡El Espíritu
Santo es mi Consolador!, que me guía en el andar de todo mi camino. Piénsalo bien. —Tú eres de Dios..., y Dios
es tuyo. (Forja 2)
2.8.
Te has quedado muy serio cuando te he
confiado: a mí, para el Señor, todo me parece poco. (Forja 47)
2.9.
El Señor —Maestro de Amor— es un amante
celoso que pide todo lo nuestro, todo nuestro querer. Espera que le ofrezcamos
lo que tenemos, siguiendo el camino que a cada uno nos ha marcado. (Forja 45)
2.10.
Vuelve las espaldas al infame cuando susurra
en tus oídos: ¿para qué complicarte la vida? (Camino 6)
2.11.
Dile: "ecce ego quia vocasti me!"
—¡aquí me tienes, porque me has llamado! (Camino 984)
2.12.
Así concluía su oración aquel amigo nuestro:
"amo
2.13.
¡Cómo te reías, noblemente, cuando te
aconsejé que pusieras tus años mozos bajo la protección de San Rafael!: para
que te lleve a un matrimonio santo, como al joven Tobías, con una mujer buena y
guapa y rica —te dije, bromista. Y luego, ¡qué
pensativo te quedaste!, cuando seguí aconsejándote que te pusieras también bajo
el patrocinio de aquel apóstol adolescente, Juan: por si el Señor te pedía más. (Camino 360)
2.14.
Parecía plenamente determinado...; pero, al
tomar la pluma para romper con su novia, pudo más la indecisión y le faltó
valentía: muy humano y comprensible, comentaban otros. Por lo visto, según
algunos, los amores terrenos no están entre lo que se ha de dejar para seguir
plenamente a Jesucristo, cuando El lo pide. (Surco 41)
2.15.
Fiat mihi secundum verbum tuum. —Hágase en mí
según tu palabra. (Luc., I, 38.) Al encanto de estas palabras virginales el
Verbo se hizo carne. (Santo Rosario, Primer Misterio Gozoso)
2.16.
Cristo ha muerto por ti. —Tú... ¿qué debes
hacer por Cristo? (Forja 299)
2.17.
¿Qué hombre no lloraría si viera a
Su Hijo herido... Y nosotros lejos,
cobardes, resistiéndonos a Madre y Señora mía, enséñame a
pronunciar un sí que, como el tuyo, se identifique con el clamor de
Jesús ante su Padre: non mea voluntas... (Lc XXII,42): no se haga mi
voluntad, sino la de Dios. (Via Crucis, IV Estación, n. 1)
2.18.
¿Quieres saber cómo agradecer al Señor lo que
ha hecho por nosotros?... ¡Con amor! No hay otro camino.
Amor con amor
se paga. Pero la certeza del cariño la da el sacrificio. De modo que ¡ánimo!:
niégate y toma su Cruz. Entonces estarás seguro de devolverle amor por Amor. (Via
Crucis, V Estación, n. 1)
2.19.
Me explico el sufrimiento tuyo cuando en
medio de tu forzosa inactividad consideras la tarea que falta por hacer. —No te
cabe el corazón en el planeta, y tiene que amoldarse... a una labor oficial
minúscula.
Pero, ¿para
cuándo dejamos el "fiat"?... (Camino 912)
2.20.
Tu barca —tus talentos, tus aspiraciones, tus
logros— no vale para nada, a no ser que la dejes a disposición de Jesucristo,
que permitas que El pueda entrar ahí con libertad, que no la conviertas en un
ídolo. Tú solo, con tu barca, si prescindes del Maestro, sobrenaturalmente
hablando, marchas derecho al naufragio. Unicamente si admites, si buscas, la
presencia y el gobierno del Señor, estarás a salvo de las tempestades y de los
reveses de la vida. Pon todo en las manos de Dios: que tus pensamientos, las
buenas aventuras de tu imaginación, tus ambiciones humanas nobles, tus amores
limpios, pasen por el corazón de Cristo. De otro modo, tarde o temprano, se
irán a pique con tu egoísmo. (Amigos de Dios, n. 21)
2.21.
¡Mi libertad, mi libertad! La tienen, y no la
siguen; la miran, la ponen como un ídolo de barro dentro de su entendimiento
mezquino. ¿Es eso libertad? ¿Qué aprovechan de esa riqueza sin un compromiso
serio, que oriente toda la existencia? (Amigos de Dios, n. 29)
2.22.
Si nos damos, El se nos da. Hay que confiar
plenamente en el Maestro, hay que abandonarse en sus manos sin cicaterías;
manifestarle, con nuestras obras, que la barca es suya; que queremos que
disponga a su antojo de todo lo que nos pertenece. (Amigos de Dios, n. 22)
2.23.
Recordad la parábola de los talentos. Aquel
siervo que recibió uno, podía —como sus compañeros— emplearlo bien, ocuparse de
que rindiera, aplicando la cualidades que poseía. ¿Y qué delibera? Le preocupa
el miedo a perderlo. Bien. Pero, ¿después? ¡Lo entierra!. Y aquello no da
fruto.
No olvidemos
este caso de temor enfermizo a aprovechar honradamente la capacidad de trabajo,
la inteligencia, la voluntad, todo el hombre. ¡Lo entierro —parece afirmar
ese desgraciado—, pero mi libertad queda a salvo! No. La libertad se ha
inclinado hacia algo muy concreto, hacia la sequedad más pobre y árida. Ha
tomado partido, porque no tenía más remedio que elegir: pero ha elegido mal. (Amigos
de Dios, n. 30)
2.24.
¿Tu vida para ti? Tu vida para Dios, para el
bien de todos los hombres, por amor al Señor. ¡Desentierra ese talento! Hazlo
productivo: y saborearás la alegría de que, en este negocio sobrenatural, no
importa que el resultado no sea en la tierra una maravilla que los hombres
puedan admirar. Lo esencial es entregar todo lo que somos y poseemos, procurar
que el talento rinda, y empeñarnos continuamente en producir buen fruto. (Amigos
de Dios, n. 47)
2.25.
Magnanimidad: ánimo grande, alma amplia en la
que caben muchos. Es la fuerza que nos dispone a salir de nosotros mismos, para
prepararnos a emprender obras valiosas, en beneficio de todos. No anida la
estrechez en el magnánimo; no media la cicatería, ni el cálculo egoísta, ni la
trapisonda interesada. El magnánimo dedica sin reservas sus fuerzas a lo que
vale la pena; por eso es capaz de entregarse él mismo. No se conforma con dar: se
da. Y logra entender entonces la mayor muestra de magnanimidad: darse a
Dios. (Amigos de Dios, n. 80)
2.26.
El amor de Dios es celoso; no se satisface si
se acude a su cita con condiciones: espera con impaciencia que nos demos del
todo, que no guardemos en el corazón recovecos oscuros, a los que no logra
llegar el gozo y la alegría de la gracia y de los dones sobrenaturales. (Amigos
de Dios, n. 28)
2.27.
Si somos fatuos, si nos preocupamos sólo de
nuestra personal comodidad, si centramos la existencia de los demás y aun la
del mundo en nosotros mismos, no tenemos derecho a llamarnos cristianos, a
considerarnos discípulos de Cristo. (Es Cristo que pasa, n. 97)
2.28.
Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero
Cristo está en
2.29.
Ciertamente que el día de hoy ha sido de
salvación para esta casa, pues que también éste es hijo de Abrahám. Porque el
Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que había perecido (Lc XIX,9-10).
Zaqueo, Simón
de Cirene, Dimas, el centurión...
Ahora ya sabes
por qué te ha buscado el Señor. ¡Agradéceselo!... Pero opere et veritate,
con obras y de verdad. (Via Crucis, V Estación, n. 4)
2.30.
Me decías, con desconsuelo: ¡hay muchos
caminos! —Debe haberlos: para que todas las almas puedan encontrar el suyo, en
esa variedad admirable. ¿Confusionismo? —Escoge de una vez para
siempre: y la confusión se convertirá en seguridad. (Camino 964)
2.31.
Son muchos los cristianos persuadidos de que
Así pensabas
tú, hasta que vinieron a "despertarte". (Surco 1)
2.32.
¡Qué deuda la tuya con tu Padre-Dios! —Te ha
dado el ser, la inteligencia, la voluntad...; te ha dado la gracia: el Espíritu
Santo; Jesús, en
—Dime, hijo:
¿cómo has correspondido?, ¿cómo correspondes? (Forja 11)
2.33.
Es preciso ofrecer al Señor el sacrificio de
Abel. Un sacrificio de carne joven y hermosa, lo mejor del rebaño: de carne
sana y santa; de corazones que sólo tengan un amor: ¡Tú, Dios mío!; de
inteligencias trabajadas por el estudio profundo, que se rendirán ante tu
Sabiduría; de almas infantiles, que no pensarán más que en agradarte. —Recibe, desde ahora, Señor, este
sacrificio en olor de suavidad. (Forja
43)
2.34.
Medítalo con frecuencia: ¡soy católico, hijo
de —¡Cuánto te debo, Dios mío! (Forja 16)
2.35.
Te hablaba del horizonte, que se abre a
nuestros ojos, y del camino que debemos recorrer. ¡No tengo pegas!, declaraste,
como extrañado de "no tenerlas"...
Grábate bien
esto en la cabeza: ¡¡es que no debe haberlas!! (Surco 560)
2.36.
Es demasiada simplicidad la tuya cuando
juzgas el valor de las empresas de apostolado por lo que de ellas se ve. —Con
ese criterio habrías de preferir un quintal de carbón a un puñado de diamantes. (Camino 908)
2.37.
Nunca te habías sentido más absolutamente
libre que ahora, que tu libertad está tejida de amor y de desprendimiento, de
seguridad y de inseguridad: porque nada fías de ti y todo de Dios. (Surco 787)
Vale la pena
3.1.
Si respondes a la llamada que te ha hecho el
Señor, tu vida —¡tu pobre vida!— dejará en la historia de la humanidad un surco
hondo y ancho, luminoso y fecundo, eterno y divino. (Forja 59)
3.2.
No lo dudes: tu vocación es la gracia mayor
que el Señor ha podido hacerte. —Agradécesela. (Camino 913)
3.3.
Al decidirnos por Dios, no perdemos nada, lo
ganamos todo: quien a costa de su alma conserva su vida, la perderá; y quien
perdiere su vida por amor mío, la volverá a hallar. (Amigos de Dios, n. 38)
3.4.
"Et regni ejus non erit finis".
—¡Su Reino no tendrá fin! ¿No te da alegría trabajar por un reinado
así? (Camino 906)
3.5.
Dios ama al que da con alegría, con la
espontaneidad que nace de un corazón enamorado, sin los aspavientos de quien se
entrega como si prestara un favor. (Amigos de Dios, n. 140)
3.6.
Procura
que tu hacimiento de gracias, diario, salga impetuoso de tu corazón. (Forja 866)
3.7.
Ego sum via, veritas et vita, Yo soy el
camino, la verdad y la vida. Con estas inequívocas palabras, nos ha mostrado el
Señor cuál es la vereda auténtica que lleva a la felicidad eterna. (Amigos de
Dios, n. 127)
3.8.
Agradezcamos mucho y con frecuencia esta
llamada maravillosa que hemos recibido de Dios: que sea una gratitud real y
profunda, estrechamente unida a la humildad. (Forja 904)
3.9.
El privilegio de contarnos entre los hijos de
Dios, felicidad suma, es siempre inmerecido. (Forja 905)
3.10.
La llamada del Señor la vocación se presenta
siempre así: "si alguno quiere venir detrás de Mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz y sígame".
Sí: la vocación exige renuncia, sacrificio. Pero
¡qué gustoso resulta el sacrificio gaudium cum pace, alegría y paz, si la
renuncia es completa! (Surco 8)
3.11.
Quizá ayer eras una de esas personas
amargadas en sus ilusiones, defraudadas en sus ambiciones humanas. Hoy, desde
que El se metió en tu vida ¡gracias, Dios mío! ríes y cantas, y llevas la
sonrisa, el Amor y la felicidad dondequiera que vas. (Surco 81)
3.12.
Ese camino es muy difícil, te ha dicho. Y, al
oírlo, has asentido ufano, recordando aquello de que
Recuérdaselo,
porque quizá cuando lo sepa se entregará. (Surco 198)
3.13.
Agradece
al Señor el enorme bien que te ha otorgado, al hacerte comprender que “sólo una
cosa es necesaria”. ―Y, junto a la gratitud, que no falte a diario tu
súplica, por los que aún no le conocen o no le han entendido. (Surco 454)
3.14.
Duele ver que, después de dos mil años, haya
tan pocos que se llamen cristianos en el mundo. Y que, de los que se llaman
cristianos, haya tan pocos que vivan la verdadera doctrina de Jesucristo.
¡Vale la pena jugarse la vida
entera!: trabajar y sufrir, por Amor, para llevar adelante los designios de
Dios, para corredimir. (Forja 26)
3.15.
Algunas veces –me lo has oído comentar con
frecuencia- se habla del amor como si fuera un impulso hacia la propia
satisfacción, o un mero recurso para completar de modo egoísta la propia
personalidad. —Y siempre te he dicho que no es así: el
amor verdadero exige salir de sí mismo, entregarse. El auténtico amor trae
consigo la alegría: una alegría que tiene sus raíces en forma de Cruz. (Forja
28)
3.16.
Aspiración: ¡ojalá queramos usar los días,
que el Señor nos da, sólo para agradarle! (Forja 35)
Fidelidad
4.1.
¿Qué
cuál es el secreto de la perseverancia? El amor. ―Enamórate, y no “le”
dejarás. (Camino 999)
4.2.
Si no le dejas, El no te dejará (Camino 730)
4.3.
Siente la responsabilidad de tu misión: ¡te
está contemplando el Cielo entero! (Forja
50)
4.4.
Fomenta y preserva ese ideal nobilísimo que
acaba de nacer en ti. —Mira que se abren muchas flores en la primavera, y son
pocas las que cuajan en fruto. (Camino 987)
4.5.
¡Dios te espera! —Por eso, ahí donde estás,
tienes que comprometerte a imitarle, a unirte a El, con alegría, con amor, con
ilusión, aunque se presente la circunstancia —o una situación permanente— de ir
a contrapelo.
¡Dios te
espera..., y te necesita fiel! (Forja
53)
4.6.
Inconmovible: así has de ser. —Si hacen
vacilar tu perseverancia las miserias ajenas o las propias, formo un triste
concepto de tu ideal.
Decídete de una
vez para siempre. (Camino 995)
4.7.
Tu felicidad en la tierra se identifica con
tu fidelidad a la fe, a la pureza y al camino que el Señor te ha marcado. (Surco 84)
4.8.
Oyes dentro de ti: “¡cómo pesa ese yugo que
tomaste libremente!... Es la voz del diablo; el fardo... de tu soberbia.
Pide al Señor
humildad, y entenderás tú también aquellas palabras de Jesús: iugum enim
meum suave est, et onus meum leve (Mt XI,30), que a mí me gusta traducir
libremente así: mi yugo es la libertad, mi yugo es el amor, mi yugo es la
unidad, mi yugo es la vida, mi yugo es la eficacia. (Via Crucis, II Estación, n. 4)
4.9.
¡Oh, Señor!, ¿por qué me has buscado a mí
—que soy la negación—, habiendo tantos santos, sabios, ricos y llenos de prestigio? —Tienes
razón..., precisamente por esto, agradéceselo con obras y con amor. (Forja 365)
4.10.
Me gusta ese lema: "cada caminante siga
su camino", el que Dios le ha marcado, con fidelidad, con amor, aunque
cueste. (Surco 231)
4.11.
Después
del entusiasmo inicial, han comenzado las vacilaciones, los titubeos, los
temores. Te preocupan los estudios, la familia, la cuestión económica y, sobre
todo, el pensamiento de que no puedes, de que quizá no sirves, de que te falta
experiencia de la vida.
Te daré un
medio seguro para superar esos temores ¡tentaciones del diablo o de tu falta de
generosidad!: "desprécialos", quita de tu memoria esos recuerdos. Ya
lo predicó de modo tajante el Maestro hace veinte siglos: "¡no vuelvas la
cara atrás!" (Surco 133)
4.12.
Como necesariamente, antes o después, has de
tropezar con la evidencia de tu propia miseria personal, quiero prevenirte
contra algunas tentaciones, que te insinuará entonces el diablo y que has de
rechazar enseguida: el pensamiento de que Dios se ha olvidado de ti, de que tu
llamada al apostolado es vana, o de que el peso del dolor y de los pecados del
mundo son superiores a tus fuerzas de apóstol...
¡Nada de eso es
verdad! (Surco 141)
4.13.
Discurres...
bien, fríamente: cuántos motivos para abandonar la tarea! –Y alguno, al
parecer, capital. Veo, sin duda, que tienes razones. -Pero no tienes razón. (Camino, 993)
4.14.
“Se me
ha pasado el entusiasmo”, me has escrito. –Tú no has de trabajar por
entusiasmo, sino por Amor: con conciencia del deber, que es abnegación. (Camino
994)
4.15.
En tu vida hay dos piezas que no encajan: la
cabeza y el sentimiento. La inteligencia iluminada por la fe te
muestra claramente no sólo el camino, sino la diferencia entre la manera
heroica y la estúpida de recorrerlo. Sobre todo, te pone delante la grandeza y
la hermosura divina de las empresas que
El sentimiento, en cambio, se apega a todo
lo que desprecias, incluso mientras lo consideras despreciable. Parece como si
mil menudencias estuvieran esperando cualquier oportunidad, y tan pronto como
por cansancio físico o por pérdida de visión sobrenatural tu pobre voluntad se
debilita, esas pequeñeces se agolpan y se agitan en tu imaginación, hasta
formar una montaña que te agobia y te desalienta: las asperezas del trabajo; la
resistencia a obedecer; la falta de medios; las luces de bengala de una vida
regalada; pequeñas y grandes tentaciones repugnantes; ramalazos de sensiblería;
la fatiga; el sabor amargo de la mediocridad espiritual... Y, a veces, también
el miedo: miedo porque sabes que Dios te quiere santo y no lo eres. Permíteme que te hable con crudeza. Te
sobran "motivos" para volver la cara, y te faltan arrestos para
corresponder a la gracia que El te concede, porque te ha llamado a ser otro
Cristo, ipse Christus! el mismo Cristo. Te has olvidado de la amonestación del
Señor al Apóstol: "¡te basta mi gracia!", que es una confirmación de
que, si quieres, puedes. (Surco
166)
4.16.
Así
discurría tu oración: ‘me pesan mis miserias, pero no me agobian porque soy
hijo de Dios. Expiar. Amar… Y ―añadías― deseo servirme de mi
debilidad, como San Pablo, persuadido de que el Señor no abandona a los que en
Él confían. Sigue
así, te confirmé, porque ―con la gracia de Dios― podrás, y
superarás tus miserias y tus pequeñeces. (Forja 294)
4.17.
Te
apartaste del camino, y no volvías porque te daba vergüenza. -Es más lógico que te diera vergüenza no rectificar.
(Camino 985)
4.18.
Sabes
que no te faltará la gracia de Dios, porque te ha escogido desde la eternidad.
Y, si te ha tratado así, te concederá todos los auxilios, para que le seas
fiel, como hijo suyo.
—Camina, pues,
con seguridad y con correspondencia actual. (Forja 280)
4.19.
No podía ser más sencilla la manera de llamar
Jesús a los primeros doce: "ven y sígueme".
Para ti, que
buscas tantas excusas con el fin de no continuar esa tarea, se acomoda como el
guante a la mano la consideración de que muy pobre era la ciencia humana de
aquellos primeros; y, sin embargo, ¡cómo removieron a quienes les escuchaban!
No me lo
olvides: la labor la sigue haciendo El, a través de cada uno de nosotros. (Surco 189)
4.20.
¿Que la carga es pesada? ¡No, y mil veces no!
Esas obligaciones, que aceptaste libremente, son alas que te levantan sobre el
cieno vil de las pasiones.
¿Acaso sienten
los pájaros el peso de sus alas? Córtalas, ponlas en el platillo de una
balanza: ¡pesan! ¿Puede, sin embargo, volar el ave si se las arrancan? Necesita
esas alas así; y no advierte su pesantez porque la elevan sobre el nivel de las
otras criaturas.
¡También tus
"alas" pesan! Pero, si te faltaran, caerías en las más sucias
ciénagas. (Surco 414)
4.21.
Dile
despacio al Maestro: ¡Señor, sólo quiero servirte! ¡Sólo quiero cumplir mis
deberes, y amarte con alma enamorada! Hazme sentir tu paso firme a mi lado. Sé
Tú mi único apoyo. ―Díselo
despacio…, ¡y díselo de veras! (Forja 449)
4.22.
En el reverso de una vocación
"perdida" o de una respuesta negativa a esas llamadas constantes de
la gracia, se debe ver la voluntad permisiva de Dios. Ciertamente: pero, si
somos sinceros, bien nos consta que no constituye eximente ni atenuante, porque
apreciamos, en el anverso, el personal incumplimiento de
4.23.
Hay
muchas personas a tu alrededor, y no tienes derecho a ser obstáculo para su
bien espiritual, para su felicidad eterna.
—Estás obligado
a ser santo: a no defraudar a Dios, por la elección de que te ha hecho objeto;
ni tampoco a esas criaturas, que tanto esperan de tu vida de cristiano. (Forja 20)
4.24.
Et inclinato capite, tradidit
spiritum (Ioh XIX,30). Ha exhalado el Señor su último aliento. Los
discípulos le habían oído decir muchas veces: meus cibus est..., mi alimento
es hacer la voluntad del que me ha enviado y dar cumplimiento a su obra
(Ioh IV,34). Lo ha hecho hasta el fin, con paciencia, con humildad, sin
reservarse nada... Oboediens usque ad mortem (Phil II,8): obedeció hasta
la muerte, ¡y muerte de Cruz! (Via
Crucis, XII Estación, n. 1)
4.25.
Hay que saber entregarse, arder delante de
Dios como esa luz, que se pone sobre el candelero, para iluminar a los hombres
que andan en tinieblas; como esas lamparillas que se queman junto al altar, y
se consumen alumbrando hasta gastarse. (Forja 44)
4.26.
Orad los unos por los otros. —¿Que aquél
flaquea?... —¿Que el otro?... Seguid
orando, sin perder la paz. —¿Que se van? ¿Que se pierden?... ¡El Señor os tiene
contados desde la eternidad! (Camino 927)
4.27.
Nicodemo y José de Arimatea —discípulos
ocultos de Cristo— interceden por Él desde los altos cargos que ocupan. En la hora
de la soledad, del abandono total y del desprecio..., entonces dan la cara audacter
(Mc XV,43)...: ¡valentía heroica!
Yo subiré con
ellos al pie de
Cuando todo el
mundo os abandone y desprecie..., serviam!, os serviré, Señor. (Via Crucis, XIV Estación, n. 1)
4.28.
Persevera,
voluntariamente y con amor ―aunque estés seco―, en tu vida de
piedad. Y no te importe si te sorprendes contando los minutos o los días que
faltan para acabar esa norma de piedad o ese trabajo, con el turbio regocijo
que pone, en semejante operación, el chico mal estudiante, que sueña con que
termine el curso; o el quincenario, que espera volver a sus andadas, al abrirle
las puertas de la cárcel. Persevera
―insisto― con eficaz y actual voluntad, sin dejar ni un instante de
querer hacer y aprovechar esos medios de piedad. (Forja 447)
4.29.
Se entregó porque quiso; maltratado, no abrió
boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores (Is LIII,7).
Todos contra
El...: los de la ciudad y los extranjeros, y los fariseos y los soldados y los
príncipes de los sacerdotes... Todos verdugos. Su Madre —mi Madre—, María,
llora.
¡Jesús cumple
la voluntad de su Padre! Pobre: desnudo. Generoso: ¿qué le falta por entregar? Dilexit
me, et tradidit semetipsum pro me (Gal II,20), me amó y se entregó hasta la
muerte por mí.
¡Dios mío!, que
odie el pecado, y me una a Ti, abrazándome a
4.30.
Si quieres ser fiel, sé muy mariano.
Nuestra Madre
—desde la embajada del Angel, hasta su agonía al pie de
Acude a María
con tierna devoción de hijo, y Ella te alcanzará esa lealtad y abnegación que
deseas. (Via Crucis, XIII Estación, n. 4) Apostolado
5.1.
Eso —tu
ideal, tu vocación— es... una locura. —Y los otros —tus amigos, tus hermanos—
unos locos...
5.2.
Señor, haznos locos, con esa locura pegadiza que atraiga a muchos a tu
apostolado. (Camino 916)
5.3.
Dulce Madre..., llévanos hasta la locura que haga, a otros, locos de
nuestro Cristo.
Dulce Señora María: que el Amor no sea, en nosotros,
falso incendio de fuegos fatuos, producto a veces de cadáveres
descompuestos...: que sea verdadero incendio voraz, que prenda y queme cuanto
toque. (Forja 57)
5.4.
Hijos de Dios.
—Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las
almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni
sombras. —El
Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine... De
nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por
senderos que llevan hasta la vida eterna. (Forja 1)
5.5.
Ve al apostolado a darlo todo, y no a buscar nada terreno. (Camino 919)
5.6.
Ten
presente, hijo mío, que no eres solamente un alma que se une a otras almas para
hacer una cosa buena.
5.7.
Al quererte apóstol, te ha recordado el Señor, para que nunca lo olvides,
que eres "hijo de Dios". (Camino 919)
5.8.
Cada uno de vosotros ha de procurar ser un apóstol de apóstoles. (Camino 920)
5.9.
El día que
"sientas" bien tu apostolado, ese apostolado será para ti una coraza
donde se embotarán todas las asechanzas de tus enemigos de la tierra y del
infierno. (Camino
923)
5.10.
Me escribes:
"el deseo tan grande que todos tenemos de que 'esto' marche y se dilate
parece que se va a convertir en impaciencia. ¿Cuándo salta, cuándo rompe...,
cuándo veremos nuestro al mundo?"
5.11.
La mano de Cristo nos ha cogido de un trigal: el sembrador aprieta en su
mano llagada el puñado de trigo. La sangre de Cristo baña la simiente, la
empapa. Luego, el Señor echa al aire ese trigo, para que muriendo, sea vida y,
hundiéndose en la tierra, sea capaz de multiplicarse en espigas de oro. (Es Cristo que pasa, n. 3)
5.12.
Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de
apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos
den a conocer a Jesucristo. (Es Cristo que pasa, n.
147)
5.13.
"Nonne
cor nostrum ardens erat in nobis, dum loqueretur in via?" —¿Acaso nuestro
corazón no ardía en nosotros cuando nos hablaba en el camino?
5.14.
Por mucho que ames, nunca querrás bastante. El corazón humano tiene un coeficiente de
dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que
supera todas las barreras. Si amas al Señor, no habrá criatura que no
encuentre sitio en tu corazón. (Via Crucis VIII-5)
5.15.
Tú eres sal,
alma de apóstol. —"Bonum est sal" —la sal es buena, se lee en el
Santo Evangelio, "si autem sal evanuerit" —pero si la sal se
desvirtúa..., nada vale, ni para la tierra, ni para el estiércol; se arroja
fuera como inútil.
5.16.
Hijo mío: si
amas tu apostolado, está seguro de que amas a Dios.
(Camino 922)
5.17.
Agradece al Señor la continua delicadeza, paternal y maternal, con que te
trata.
Tú, que siempre soñaste con grandes aventuras, te
has comprometido en una empresa estupenda..., que te lleva a la santidad. Insisto:
agradéceselo a Dios, con una vida de apostolado. (Surco
184)
5.18.
Sé claro. Si te dicen que vas "a pescarlos", responde que sí,
que eso deseas... Pero..., ¡que no se preocupen! Porque, si no tienen vocación
si El no les llama, no vendrán; y si la tienen, qué bochorno acabar como el
joven rico del Evangelio: solos y tristes. (Surco
218)
5.19.
No te sorprendas y no te amilanes porque te ha
reprochado que le hayas puesto frente a frente con Cristo, ni porque te haya
añadido, indignado: "ya no puedo vivir tranquilo sin tomar una
decisión..."
Encomiéndale...
Es inútil que trates de tranquilizarle: quizá se le ha puesto en primer plano
una antigua inquietud, la voz de su conciencia. (Surco 201)
5.20.
Has de tener la mesura, la fortaleza, el sentido de responsabilidad que
adquieren muchos a la vuelta de los años, con la vejez. Alcanzarás todo esto,
siendo joven, si no me pierdes el sentido sobrenatural de hijo de Dios: porque
El te dará, más que a los ancianos, esas condiciones convenientes para hacer tu
labor de apóstol. (Forja 53)
5.21.
Padre mío —¡trátale así, con confianza!—, que estás en los Cielos, mírame
con compasivo Amor, y haz que te corresponda.
—Derrite y enciende mi corazón de bronce, quema y
purifica mi carne inmortificada, llena mi entendimiento de luces
sobrenaturales, haz que mi lengua sea pregonera del Amor y de
5.22.
Estamos, Señor, gustosamente en tu mano llagada. ¡Apriétanos fuerte!,
¡estrújanos!, ¡que perdamos toda la miseria terrena!, ¡que nos purifiquemos,
que nos encendamos, que nos sintamos empapados en tu Sangre!
—Y luego, ¡lánzanos lejos!, lejos, con hambres de
mies, a una siembra cada día más fecunda, por Amor a Ti. (Forja 5)
5.23.
“Qui sunt
isti, qui ut nubes volant, et quasi columbæ ad fenestras suas?” —¿quiénes son
ésos que vuelan como nubes, como las palomas hacia sus nidos?, pregunta el
Profeta. Y comenta un autor: "las nubes traen su origen del mar y de los
ríos, y después de una circulación o carrera más o menos larga, vuelven otra
vez a su fuente". Y te añado: así has de ser tú: nube que
fecunde el mundo, haciéndole vivir vida de Cristo... Estas aguas divinas
bañarán —empapándolas— las entrañas de la tierra; y, en lugar de ensuciarse, se
filtrarán al atravesar tanta impureza, y manarán fuentes limpísimas, que luego
serán arroyos y ríos inmensos para saciar la sed de la humanidad. —Después,
retírate a tu Refugio, a tu Mar inmenso, a tu Dios, sabiendo que seguirán
madurando más frutos, con el riego sobrenatural de tu apostolado, con la
fecundidad de las aguas de Dios, que durarán hasta el fin de los tiempos. (Forja
927)
5.24.
Tienes razón. —Desde la cumbre —me escribes— en
todo lo que se divisa —y es un radio de muchos kilómetros—, no se percibe ni
una llanura: tras de cada montaña, otra. Si en algún sitio parece suavizarse el
paisaje, al levantarse la niebla, aparece una sierra que estaba oculta. Así es, así tiene que ser el horizonte de
tu apostolado: es preciso atravesar el mundo. Pero no hay caminos hechos para
vosotros... Los haréis, a través de las montañas, al golpe de vuestras pisadas. (Camino 928)
5.25.
Me parece
tan bien tu devoción por los primeros cristianos, que haré lo posible por
fomentarla, para que ejercites —como ellos—, cada día con más entusiasmo, ese
Apostolado eficaz de discreción y de confidencia. (Camino 971)
5.26.
Muchos, con aire de autojustificación, se preguntan: yo, ¿por qué me voy
a meter en la vida de los demás?
—¡Porque tienes obligación, como
cristiano, de meterte en la vida de los otros, para servirles! —¡Porque
Cristo se ha metido en tu vida y en la mía! (Forja
24)
5.27.
¡Oh Jesús..., fortalece nuestras almas, allana el camino y, sobre todo,
embriáganos de Amor!: haznos así hogueras vivas, que enciendan la tierra con el
divino fuego que Tú trajiste. (Forja 31)
5.28.
Veías tu vocación como esas cápsulas que encierran la semilla. Ya llegará
el momento de la expansión, y habrá arraigo múltiple y simultáneo. (Forja 972) | |||