[¿?] página principal

 

Dudas y textos

Recursos para la formación católica 

Escríbeme

Quiénes somos

Mi perfil de facebook

Benedicto XVI

 Juan Pablo II

Clásicos de espiritualidad

Obras actuales variadas

Sobre el Opus Dei

 Oraciones y Biblia

Más magisterio de la Iglesia y Teología

Recursos formativos

Noticias

Citas escogidas

Imágenes

Enlaces

 

 

 

 

QUE ME VES, QUE ME OYES

 

Textos para la oración mental

para gente joven

 

Índice

1.- Parabola del sembrador

2.- El hijo pródigo

3.- El joven rico

4.- La pesca milagrosa

5.- La tempestad calmada

 

PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

 

Hola Jesús, aquí estoy en el oratorio después de un día de clase para hacer un ratico de oración contigo.  Bien sabes, Señor que lo normal es que me cueste mucho intentar hablar contigo.  Ahora tengo en 1 cabeza mil preocupaciones y cuatrocientos planes que seguro me van a distrae durante este rato de oración.  Por eso te pido tu ayuda, y se la pido también a mi Madre 1 Virgen, que es la más guapa de todas la mujeres, la más madre de todas las madre y es mi Madre, y a mi ángel de la guarda 1 pido que me de un codazo cuando me distraído.  Venga Jesús, ayúdame.  Quiero hablar contigo de muchas cosas que seguro aparecen mientras leo este libro.  Ayúdame rezar, ayúdame a escucharte.  Seguro que e estos minutos veo alguna cosa que quiera decirme. ¿Y cómo voy a saber que eres tu quien me hablas?  Cuando tenga algún buen  pensamiento mientras leo, cuando descubra alguna cosa que va conmigo y que tengo que cambiar, entonces sabré que eres tu quien me habla.

 

Quítame las distracciones de la cabeza y ayúdame a rezar con tu Evangelio. Sé que meditando sobre el Evangelio de verdad estaré escuchándote, porque esas palabras las has dicho tu, no un desconocido.  Bueno Jesús, me pongo en escena: tú estás ya cansado de predicar y de hablar para miles de personas que iban a escucharte. Habías ya despertado mucho interés entre tus paisanos y entre los vecinos de tu tierra.  Les estás hablando fuerte sobre qué tienen que hacer para ir al cielo.  Ya sabes que los hombres somos un poco duros de mollera (yo el primero, Señor) y por eso hablas claro.  Otra cosa es que nosotros no queramos entender... y eso es lo que muchas veces me ocurre a mí... que prefiero no entenderte porque entonces tendría que cambiar unas cuantas cosas de mi vida que yo sé que tu no quieres que haga porque me hacen daño.  Pero en este rato de oración sí que quiero escucharte, sí que quiero cambiar.  Bueno Jesús, voy a leer este trozico de Evangelio, el de la parábola del sembrador. Voy a leerlo y así luego lo comentamos tú y yo, Jesús.

 

"Les explicaba en parábolas muchas cosas, y les decía en su enseñanza: Escuchad: he aquí que salió el sembrador a sembrar.  Y ocurrió que, al echar la semilla, parte cayó junto al camino, y vinieron los pájaros y se la comieron.  Parte cayó en pedregal, donde no había mucha tierra, y brotó pronto, por no ser hondo el suelo; pero cuando salió el sol se agostó, y se secó porque no tenía raíz.  Otra parte cayó entre espinos y la sofocaron, y no dio fruto.  Y otra cayó en tierra buena, y daba fruto: crecía y se desarrollaba; y producía el treinta por uno, el sesenta por uno, y el ciento por uno".

 

Mira Jesús, hay cosas que no entiendo...por eso quiero hablarlas contigo...para que tú me las expliques. ¿Qué significa la semilla? Supongo que será mi vida cristiana. Yo soy cristiano porque mis padres me bautizaron de pequeño, pero solo eso no basta.  Ahora ya soy mayor (o eso quiero que piensen de mí, que ya no soy un niño) y tú, Jesús, me pides una respuesta libre a mi vida de cristiano.  Tú has sembrado la semilla, pero a mí me toca hacerla crecer.

Por eso, cuando no rezo, cuando no cumplo el plan de vida, cuando no te busco, cuando no ofrezco mi trabajo, cuando me prefiero a mí antes que a ti, estoy matando la semilla de mi vida cristiana.  Pero Jesús, yo ahora lo entiendo porque estoy hablando contigo, pero luego, al salir del oratorio, me olvido de casi todo y voy a mi rollo.  Por favor, ayúdame a no separarme de ti.  Yo sé que tú eres mi mejor amigo, el que más me quieres. Hoy por hoy, eres la única persona que conozco que ha preferido morir por mí antes que pensar en sí mismo. Jesús, voy a seguir leyendo el Evangelio:

Y cuando se quedó solo, los que le acompañaban junto con los doce le preguntaron por el significado de las parábolas.

Qué suerte, Señor, porque eso mismo que te piden los apóstoles, es lo que te pido yo; que me expliques mejor la parábola.  Hazme entender qué significa en mi vida lo de la semilla que cayó junto al camino y se la comieron los pájaros, la que cayó entre piedras y luego se ahogó, la que cayó entre los espinos y acabó muriendo y la que cayó en buena tierra.  Ya he entendido antes, Jesús, que la semilla es tu palabra, es mi vida cristiana, y ahora tú pones diferentes posibilidades en donde cae la semilla. ¿Dónde me encuentro yo, Señor?  Voy a seguir escuchándote, y así me vas ayudando. ¡Qué bien me lo estoy pasando contigo! ¡Qué a gusto está uno cuando en la oración hay empeño por hablar contigo y no dejo que me venzan las distracciones! ¡Nunca pensé que en la oración podría pasármelo bien!, pero ya veo que es cuestión de mirar al Sagrario y hablar contigo, Jesús, Bueno, voy a seguir escuchando lo que decías a los apóstoles y ahora quieres contarme a mí: Y les dice: ¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo podréis entender las demás Parábolas?  El que siembra, siembra la palabra.  Los que están junto al camino donde se siembra la palabra son aquellos que, aun cuando la oigan al instante Satanás y arrebata la palabra sembrada en ellos.

Ya entiendo algo, Jesús.  La semilla echada junto al camino es una vida cristiana a la que apenas se presta atención y que acaba muriendo por olvido.  Eso me ocurre a mí, Jesús, cuando no tengo ningún interés en aprender más sobre ti, cuando no me importa dejar de hacer la oración o de ir a Misa o de hacer caso de lo que me dice el preceptor o el sacerdote. Bien sé, Jesús, que si no me dejara ayudar, toda mi vida cristiana (la semilla que tu siembras) se la acabaría llevando el viento porque enseguida me dejaría llevar por las tentaciones. ¡Qué importante, Señor, que me deje ayudar, que me deje aconsejar, que haga caso de lo que me dicen aquellas personas que me ayudan! Aprovecho este ratico de oración para pedirte perdón por tantas veces que voy a mi bola y dejo tirada en el camino toda esa ayuda que tú me prestas a través de las normas de piedad o de lo que me dicen los preceptores. ¡Qué soberbio soy! ¡Siempre quiero tener razón! ¡Muchas veces pienso que no me entienden o que me tienen manía o sencillamente no hago ni caso de lo que me dicen!  Y eso me pasa, Jesús, porque soy un cabezota y porque no me acabo de creer que detrás de esos consejos estas Tú, no me acabo de creer que esos consejos son tuyos; son tu semilla que siembras en mí para que crezca mi vida cristiana.

Bueno, Jesús, hagamos un trato.  Yo me propongo, desde ahora, hacer caso de verdad a todo lo que me dicen, y tú te comprometes a ayudarme a ser más humilde y más obediente. Y cuando veas que me salta el puntazo de la soberbia o el deseo de ir a mi bola, tú me mandas al ángel de la guarda para que me recuerde este trato que hemos hecho tú y yo. ¡Y ¿cómo sabré que voy a mi bola y que tú quieres ayudarme?! Pues cuanto más me cueste aceptar esos consejos, porque no quiero entenderlos, o porque me da pereza hacerlo, es cuando sabré que realmente son tuyos. Bueno, Madre, tú también ayúdame, y así no te fallaré. Jesús, voy a seguir leyendo la parábola:

Los que reciben la semilla sobré el pedregal son aquellos que, cuando oyen la palabra, al momento la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes,- y después, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra se escandalizan enseguida.

Jesús, has dado en el clavo.  Este es mi problema de siempre. ¡Cuántas veces tengo ganas de ser muy buen cristiano, de ser tú mejor amigo, pero fuego, no sé por qué, voy y vuelvo a caer en la pereza o en cosas de impureza o sigo yendo a mi bola!  Lo que me pasa, Jesús, es que soy un inconstante, es que no tengo raíz, es que hago mogollón de cosas sólo por aparentar, pero no las hago propias, Jesús. ¿Cuántas veces, por ejemplo, dejo de hacer la oración simplemente Porque no voy por el club?, ¿O cuántos días dejo de rezar el rosario porque no estamos de campamento o de convivencia?  Mira, Jesús, veo que muchas veces hago las cosas que se refieren a ti, simplemente porque tocan, porque lo hago con mis amigos del club, porque me lo dice el preceptor.  Pero luego, cuando ya nadie me dice lo que tengo que hacer, entonces voy y paso de todo, y no soy capaz de hacer las normas por mi cuenta o ponerme a estudiar en serio sin necesidad de que esté mi madre detrás de mí. Desde ahora, Jesús, hago el propósito de hacer las cosas porque me da la gana y de hacerlas también cuando no me apetezcan o cuando esté solo en casa.  Quiero tener personalidad y quiero ser fuerte... pero para eso vuelvo a pedirte tu ayuda porque yo soy un flojeras y sin ti no puedo nada. Lo de la tribulación no lo entiendo muy bien, Jesús, Pelo creo que es algo así como que yo estoy dispuesto a ser tu mejor amigo y a demostrártelo y a defenderte de los que te atacan.  Eso yo sí que lo hago, aunque a veces me da vergüenza porque no quiero quedar mal. Mira, Jesús, esto de dejarte tirao porque da mogollón de vergüenza que me vean hacer la oración o ir a Misa, me suena a cuando tus apóstoles te dejaron solo en la Cruz por miedo a las represalias.  Eso sí que era un , a tribulación de las buenas.  Fíjate que el propio San Pedro te negó tres veces; sólo, San Juan fue capaz de estar al frente de la Cruz (que por cierto, menos mal que lo hizo, porque si no, no sé si nos hubieras dado a la Virgen como Madre e imagínate qué sería de mí si la Virgen no fuera mi Madre pero bueno, Señor, esto es otro tema que no viene mucho a cuento).

Ya ves, Jesús, que yo muchas veces, por mucho menos que el castigo de la muerte, soy capaz de negarte cuando, por ejemplo, no corto una conversación que es una guarrada, o no soy capaz de defender a un amigo cuando otros rajan de él, o no soy capaz de dejar de acudir a sitios que yo sé, Jesús, porque lo sé, que ahí nunca voy a poder encontrarte a ti.  Pero al menos el bueno de San Pedro fue capaz de pedirte perdón y recomenzar ahora.  Yo también lo hago, Señor, pero yo sé que lo primero es reconocer que muchas veces te dejo tirao cuando llegan los problemas, y desde ahora, me hago el propósito de no escandalizarme jamás de todo lo que tu nos mandas y todo lo que tú nos dices que hagamos.

Cuando leía lo de escandalizarme de ti yde lo que tú dices, estaba pensando que yo creo que nunca me ha pasado eso, pero ahora recuerdo que es muy frecuente que yo piense e incluso que se lo diga a mis amigos, que no entiendo porqué mis padres o incluso en el club me tienen que decir dónde es bueno que vaya o deje de ir, y qué amigos son los que me ayudan y cuáles son los que me hacen daño.  A veces, Jesús, me enfado bastante por dentro porque pienso que no se fían de mí o que lo único que quieren es aguarme la fiesta (sobre todo cuando es la fiesta de cumpleaños de Marta, a la que le tengo echado el ojo).  Pienso que todo es compatible y que mientras no cometa pecados mortales o deje de asistir a Misa los domingos o no le mangue la pasta a un pobre, entonces, qué mas da que quiera irme con mis amigos por ahí.

Yo sé, Señor, que estoy un poco pavo y muchas veces lo único que me apetece es  pasármelo bien y punto, y lo único que me fastidia es que pongan trabas a lo que yo quiero hacer, por eso a veces es tan incomodo hablar con el preceptor porque me parece que no para de exigirme (aunque entre tú y  yo, Señor, es bastante buen tío y le aprecio mogollón, aunque él piense que paso de él bastante, pero eso solo lo hago para darme importancia....

Bueno, Jesús, ya veo que estoy hecho un lío. Lo único que entiendo y que me doy cuenta por lo que veo en la calle y con gente que conozco, es que esto de la vida cristiana o me lo tomo en serio o no merece la pena estar intentando encajar cuarenta piezas, que al final no encajan nunca.

Yo sé que tu eres quien más que tú solo quieres que yo se también lo quieren mis padres y las personas que me ayudan, pero es que soy muy cabezón y muy egoísta... por eso es tan importante que me fíe más de ti, que no me escandalice cuando vea que ser de los tuyos significa muchas veces ir contracorriente, pensar de forma diferente de como piensan los demás, y dejar de ir a sitios donde van los demás.  No tengo miedo de ser un bicho raro.  Yo no iría, Jesús, por mucho que estuviera de moda, a un sitio donde sé que insultan a mi madre. Pues tampoco, Señor, estoy dispuesto a que delante de mí se hable mal de ti, o a que delante de mi se echen bromas sobre las cosas que tú nos has pedido que hagamos (como por ejemplo, que no hablemos de guarradas y que tratemos a los demás con mucho cariño, sin rajar de nadie).  Ayúdame, Jesús, a no escandalizarme, a no dejarte solo cuando todo el mundo parece huir de ti, cuando son muy pocos los que quieren hacer lo que tú nos mandas.


>>> NO SE MUESTRAN COMPLETOS LOS LIBROS CUYOS DERECHOS DE AUTOR ESTÁN VIGENTES, COMO OCURRE CON ESTE <<<