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QUE
ME VES, QUE ME OYES Textos
para la oración mental para
gente joven Índice 1.-
Parabola del sembrador 2.-
El hijo pródigo 3.-
El joven rico 4.-
La pesca milagrosa 5.-
La tempestad calmada PARÁBOLA
DEL SEMBRADOR Hola
Jesús, aquí estoy en el oratorio después de un día de clase para hacer un
ratico de oración contigo. Bien sabes, Señor que lo normal es que me
cueste mucho intentar hablar contigo. Ahora tengo en 1 cabeza mil
preocupaciones y cuatrocientos planes que seguro me van a distrae durante este
rato de oración. Por eso te pido tu ayuda, y se la pido también a mi
Madre 1 Virgen, que es la más guapa de todas la mujeres, la más madre de todas
las madre y es mi Madre, y a mi ángel de la guarda 1 pido que me de un codazo
cuando me distraído. Venga Jesús, ayúdame. Quiero hablar contigo de
muchas cosas que seguro aparecen mientras leo este libro. Ayúdame rezar,
ayúdame a escucharte. Seguro que e estos minutos veo alguna cosa que
quiera decirme. ¿Y cómo voy a saber que eres tu quien me hablas? Cuando
tenga algún buen pensamiento mientras leo, cuando descubra alguna cosa
que va conmigo y que tengo que cambiar, entonces sabré que eres tu quien me
habla. Quítame
las distracciones de la cabeza y ayúdame a rezar con tu Evangelio. Sé que
meditando sobre el Evangelio de verdad estaré escuchándote, porque esas
palabras las has dicho tu, no un desconocido. Bueno Jesús, me pongo en
escena: tú estás ya cansado de predicar y de hablar para miles de personas que
iban a escucharte. Habías ya despertado mucho interés entre tus paisanos y
entre los vecinos de tu tierra. Les estás hablando fuerte sobre qué
tienen que hacer para ir al cielo. Ya sabes que los hombres somos un poco
duros de mollera (yo el primero, Señor) y por eso hablas claro. Otra cosa
es que nosotros no queramos entender... y eso es lo que muchas veces me ocurre
a mí... que prefiero no entenderte porque entonces tendría que cambiar unas
cuantas cosas de mi vida que yo sé que tu no quieres que haga porque me hacen
daño. Pero en este rato de oración sí que quiero escucharte, sí que
quiero cambiar. Bueno Jesús, voy a leer este trozico de Evangelio, el de
la parábola del sembrador. Voy a leerlo y así luego lo comentamos tú y yo,
Jesús. "Les
explicaba en parábolas muchas cosas, y les decía en su enseñanza: Escuchad: he
aquí que salió el sembrador a sembrar. Y ocurrió que, al echar la
semilla, parte cayó junto al camino, y vinieron los pájaros y se la
comieron. Parte cayó en pedregal, donde no había mucha tierra, y brotó
pronto, por no ser hondo el suelo; pero cuando salió el sol se agostó, y se
secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos y la sofocaron,
y no dio fruto. Y otra cayó en tierra buena, y daba fruto: crecía y se
desarrollaba; y producía el treinta por uno, el sesenta por uno, y el ciento
por uno". Mira
Jesús, hay cosas que no entiendo...por eso quiero hablarlas contigo...para que
tú me las expliques. ¿Qué significa la semilla? Supongo que será mi vida
cristiana. Yo soy cristiano porque mis padres me bautizaron de pequeño, pero
solo eso no basta. Ahora ya soy mayor (o eso quiero que piensen de mí,
que ya no soy un niño) y tú, Jesús, me pides una respuesta libre a mi vida de
cristiano. Tú has sembrado la semilla, pero a mí me toca hacerla crecer. Por
eso, cuando no rezo, cuando no cumplo el plan de vida, cuando no te busco,
cuando no ofrezco mi trabajo, cuando me prefiero a mí antes que a ti, estoy
matando la semilla de mi vida cristiana. Pero Jesús, yo ahora lo entiendo
porque estoy hablando contigo, pero luego, al salir del oratorio, me olvido de
casi todo y voy a mi rollo. Por favor, ayúdame a no separarme de
ti. Yo sé que tú eres mi mejor amigo, el que más me quieres. Hoy por
hoy, eres la única persona que conozco que ha preferido morir por mí antes que
pensar en sí mismo. Jesús, voy a seguir leyendo el Evangelio: Y
cuando se quedó solo, los que le acompañaban junto con los doce le preguntaron
por el significado de las parábolas. Qué
suerte, Señor, porque eso mismo que te piden los apóstoles, es lo que te pido
yo; que me expliques mejor la parábola. Hazme entender qué significa en
mi vida lo de la semilla que cayó junto al camino y se la comieron los pájaros,
la que cayó entre piedras y luego se ahogó, la que cayó entre los espinos y
acabó muriendo y la que cayó en buena tierra. Ya he entendido antes,
Jesús, que la semilla es tu palabra, es mi vida cristiana, y ahora tú pones
diferentes posibilidades en donde cae la semilla. ¿Dónde me encuentro yo,
Señor? Voy a seguir escuchándote, y así me vas ayudando. ¡Qué bien me lo
estoy pasando contigo! ¡Qué a gusto está uno cuando en la oración hay empeño
por hablar contigo y no dejo que me venzan las distracciones! ¡Nunca pensé que
en la oración podría pasármelo bien!, pero ya veo que es cuestión de mirar al
Sagrario y hablar contigo, Jesús, Bueno, voy a seguir escuchando lo que decías
a los apóstoles y ahora quieres contarme a mí: Y les dice: ¿No entendéis esta
parábola? ¿Pues cómo podréis entender las demás Parábolas? El que siembra,
siembra la palabra. Los que están junto al camino donde se siembra la
palabra son aquellos que, aun cuando la oigan al instante Satanás y arrebata la
palabra sembrada en ellos. Ya
entiendo algo, Jesús. La semilla echada junto al camino es una vida
cristiana a la que apenas se presta atención y que acaba muriendo por
olvido. Eso me ocurre a mí, Jesús, cuando no tengo ningún interés en
aprender más sobre ti, cuando no me importa dejar de hacer la oración o de ir a
Misa o de hacer caso de lo que me dice el preceptor o el sacerdote. Bien sé,
Jesús, que si no me dejara ayudar, toda mi vida cristiana (la semilla que tu
siembras) se la acabaría llevando el viento porque enseguida me dejaría llevar
por las tentaciones. ¡Qué importante, Señor, que me deje ayudar, que me deje
aconsejar, que haga caso de lo que me dicen aquellas personas que me
ayudan! Aprovecho este ratico de oración para pedirte perdón por tantas
veces que voy a mi bola y dejo tirada en el camino toda esa ayuda que tú me
prestas a través de las normas de piedad o de lo que me dicen los preceptores.
¡Qué soberbio soy! ¡Siempre quiero tener razón! ¡Muchas veces pienso que no me
entienden o que me tienen manía o sencillamente no hago ni caso de lo que me
dicen! Y eso me pasa, Jesús, porque soy un cabezota y porque no me acabo
de creer que detrás de esos consejos estas Tú, no me acabo de creer que esos
consejos son tuyos; son tu semilla que siembras en mí para que crezca mi vida
cristiana. Bueno,
Jesús, hagamos un trato. Yo me propongo, desde ahora, hacer caso de
verdad a todo lo que me dicen, y tú te comprometes a ayudarme a ser más humilde
y más obediente. Y cuando veas que me salta el puntazo de la soberbia o el
deseo de ir a mi bola, tú me mandas al ángel de la guarda para que me recuerde
este trato que hemos hecho tú y yo. ¡Y ¿cómo sabré que voy a mi bola y que tú
quieres ayudarme?! Pues cuanto más me cueste aceptar esos consejos, porque no
quiero entenderlos, o porque me da pereza hacerlo, es cuando sabré que
realmente son tuyos. Bueno, Madre, tú también ayúdame, y así no te fallaré.
Jesús, voy a seguir leyendo la parábola: Los
que reciben la semilla sobré el pedregal son aquellos que, cuando oyen la
palabra, al momento la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos,
sino que son inconstantes,- y después, al venir una tribulación o persecución
por causa de la palabra se escandalizan enseguida. Jesús,
has dado en el clavo. Este es mi problema de siempre. ¡Cuántas veces
tengo ganas de ser muy buen cristiano, de ser tú mejor amigo, pero fuego, no sé
por qué, voy y vuelvo a caer en la pereza o en cosas de impureza o sigo yendo a
mi bola! Lo que me pasa, Jesús, es que soy un inconstante, es que no
tengo raíz, es que hago mogollón de cosas sólo por aparentar, pero no las hago
propias, Jesús. ¿Cuántas veces, por ejemplo, dejo de hacer la oración
simplemente Porque no voy por el club?, ¿O cuántos días dejo de rezar el
rosario porque no estamos de campamento o de convivencia? Mira, Jesús,
veo que muchas veces hago las cosas que se refieren a ti, simplemente porque
tocan, porque lo hago con mis amigos del club, porque me lo dice el
preceptor. Pero luego, cuando ya nadie me dice lo que tengo que hacer,
entonces voy y paso de todo, y no soy capaz de hacer las normas por mi cuenta o
ponerme a estudiar en serio sin necesidad de que esté mi madre detrás de mí.
Desde ahora, Jesús, hago el propósito de hacer las cosas porque me da la gana y
de hacerlas también cuando no me apetezcan o cuando esté solo en casa.
Quiero tener personalidad y quiero ser fuerte... pero para eso vuelvo a pedirte
tu ayuda porque yo soy un flojeras y sin ti no puedo nada. Lo de la tribulación
no lo entiendo muy bien, Jesús, Pelo creo que es algo así como que yo estoy
dispuesto a ser tu mejor amigo y a demostrártelo y a defenderte de los que te
atacan. Eso yo sí que lo hago, aunque a veces me da vergüenza porque no
quiero quedar mal. Mira, Jesús, esto de dejarte tirao porque da mogollón de
vergüenza que me vean hacer la oración o ir a Misa, me suena a cuando tus
apóstoles te dejaron solo en la Cruz por miedo a las represalias. Eso sí
que era un , a tribulación de las buenas. Fíjate que el propio San Pedro
te negó tres veces; sólo, San Juan fue capaz de estar al frente de la Cruz (que
por cierto, menos mal que lo hizo, porque si no, no sé si nos hubieras dado a
la Virgen como Madre e imagínate qué sería de mí si la Virgen no fuera mi Madre
pero bueno, Señor, esto es otro tema que no viene mucho a cuento). Ya
ves, Jesús, que yo muchas veces, por mucho menos que el castigo de la muerte,
soy capaz de negarte cuando, por ejemplo, no corto una conversación que es una
guarrada, o no soy capaz de defender a un amigo cuando otros rajan de él, o no
soy capaz de dejar de acudir a sitios que yo sé, Jesús, porque lo sé, que ahí
nunca voy a poder encontrarte a ti. Pero al menos el bueno de San Pedro
fue capaz de pedirte perdón y recomenzar ahora. Yo también lo hago,
Señor, pero yo sé que lo primero es reconocer que muchas veces te dejo tirao
cuando llegan los problemas, y desde ahora, me hago el propósito de no
escandalizarme jamás de todo lo que tu nos mandas y todo lo que tú nos dices
que hagamos. Cuando
leía lo de escandalizarme de ti yde lo que tú dices, estaba pensando que yo
creo que nunca me ha pasado eso, pero ahora recuerdo que es muy frecuente que
yo piense e incluso que se lo diga a mis amigos, que no entiendo porqué mis
padres o incluso en el club me tienen que decir dónde es bueno que vaya o deje
de ir, y qué amigos son los que me ayudan y cuáles son los que me hacen
daño. A veces, Jesús, me enfado bastante por dentro porque pienso que no
se fían de mí o que lo único que quieren es aguarme la fiesta (sobre todo
cuando es la fiesta de cumpleaños de Marta, a la que le tengo echado el
ojo). Pienso que todo es compatible y que mientras no cometa pecados
mortales o deje de asistir a Misa los domingos o no le mangue la pasta a un
pobre, entonces, qué mas da que quiera irme con mis amigos por ahí. Yo
sé, Señor, que estoy un poco pavo y muchas veces lo único que me apetece es
pasármelo bien y punto, y lo único que me fastidia es que pongan
trabas a lo que yo quiero hacer, por eso a veces es tan incomodo hablar con el
preceptor porque me parece que no para de exigirme (aunque entre tú y yo,
Señor, es bastante buen tío y le aprecio mogollón, aunque él piense que paso de
él bastante, pero eso solo lo hago para darme importancia.... Bueno,
Jesús, ya veo que estoy hecho un lío. Lo único que entiendo y que me doy cuenta
por lo que veo en la calle y con gente que conozco, es que esto de la vida
cristiana o me lo tomo en serio o no merece la pena estar intentando encajar
cuarenta piezas, que al final no encajan nunca. Yo
sé que tu eres quien más que tú solo quieres que yo se también lo quieren mis
padres y las personas que me ayudan, pero es que soy muy cabezón y muy
egoísta... por eso es tan importante que me fíe más de ti, que no me escandalice
cuando vea que ser de los tuyos significa muchas veces ir contracorriente,
pensar de forma diferente de como piensan los demás, y dejar de ir a sitios
donde van los demás. No tengo miedo de ser un bicho raro. Yo no
iría, Jesús, por mucho que estuviera de moda, a un sitio donde sé que insultan
a mi madre. Pues tampoco, Señor, estoy dispuesto a que delante de mí se
hable mal de ti, o a que delante de mi se echen bromas sobre las cosas que tú
nos has pedido que hagamos (como por ejemplo, que no hablemos de guarradas y
que tratemos a los demás con mucho cariño, sin rajar de nadie). Ayúdame,
Jesús, a no escandalizarme, a no dejarte solo cuando todo el mundo parece huir
de ti, cuando son muy pocos los que quieren hacer lo que tú nos mandas. >>> NO SE MUESTRAN COMPLETOS LOS LIBROS CUYOS DERECHOS DE AUTOR ESTÁN VIGENTES, COMO OCURRE CON ESTE <<< | |||