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ORAR CON LA EUCARISTÍA

 

Orar con la Eucaristía                

1.             6 preguntas para hablar con Jesús

2.             Eucaristía y verdad                 

3.             Eucaristía y vida                     

4.             Tú le dices                       

5.             Él te dice                 

6.             Oraciones de un día cualquiera               

7.             Textos de Teresa de Jesús               

8.             Textos de Teresita de Lisieux               

9.             Textos de forja                       

10.           Orar con salmos                    

                a) Algunos salmos                       

                b) Xa fomentar el dolor y pedir perdón                           

                c) Para desear su venida y la esperanza                           

                d) Para dar gracias y alegrarse con Dios                  

                e) Para alabar a Dios                          

Bendición con el Santísimo                

Orar con la Eucaristía

 

El estar en vela, atento, despierto, acompañando a Jesús durante la exposición prolongada de la Hostia sobre el altar es una tradición, que solemos vivir los primeros viernes de cada mes y en otras ocasiones en las que queremos tenerle más cerca por algún motivo.

                La oración delante del sagrario la hacemos con frecuencia; cuando nos resulta posible, incluso a diario.

                Aquí tienes algunos textos que te pueden servir para hablar con Él en esos ratos.

1

Seis preguntas para hablar con Jesús

 

                Que Jesús es tu amigo, lo sabes; que es bueno hablar con Él, también. Pero puedes decir: "¡es tan difícil mantener una conversación con Él! ¿de qué vamos a hablar? ¿sólo hablo yo?" Para aprender te servirá esto.

                Aquí tienes seis temas para seis conversaciones con Él. Te pongo escritas cosas que perfectamente te puede decir Dios a ti. Contéstale y charla con Él.

                Empieza de rodillas, con esta oración introductoria, que será una forma de saludo. Después, siéntate y continua:

 

                "Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía lnmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí".

                "Hola Jesús, aquí me tienes otra vez para hacerte un rato de compañía...".

- ¿Necesitas pedirme algo en favor de alguna persona?

                Dime de quiénes se trata y qué bienes quieres para ellos. Acuérdate de lo que dije y han recogido los evangelios: "Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá". Pide, pide mucho, que a mí me agradan los corazones generosos, que olvidándose de sí mismos se preocupan de las necesidades de los demás. Háblame de tu familia, de tus amigos. ¿Quieres que les ayude en algo?

 

- ¿Y para ti no necesitas nada?

Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades y ven a leerla en mi presencia. Háblame de lo que te cuesta, de tus flaquezas y debilidades. Cuéntame cuándo has sentido el aguijón de la soberbia o de la sensualidad, la tentación de la comodidad o del egoísmo... Pídeme luego que venga en ayuda de esos esfuerzos que haces -pocos o muchos- para luchar contra esas miserias. No te avergüences: hay en el cielo tantos santos que tuvieron esos mismos defectos que tú tienes... y lucharon... y recomenzaron esa lucha muchas veces... y poco a poco fueron mejorando. No vaciles en pedir cualquier tipo de bienes, que te concederé lo que más convenga para tu santificación. ¿Qué puedo hacer por tu bien?

- Cuéntame qué planes tienes.

¿Qué te preocupa? ¿En qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Qué cosas llaman hoy especialmente tu atención? ¿Cuáles son tus ilusiones?

 

- ¿Sientes acaso tristeza por algún motivo?

                Cuéntame tus tristezas con todo detalle. ¿No os dije: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que Yo os aliviaré"? ¿Quién te ha ofendido? Acércate a mi Corazón, tantas veces lastimado por los hombres, y encontrarás consuelo y remedio para las heridas que haya en el tuyo. Cuéntamelo todo y verás cómo es fácil perdonar y hacer el bien a los demás. ¿Temes algún mal? Ponte en mis brazos y en los de mi Madre, que tanto te quiere. Contigo estoy, aquí a tu lado me tienes. Todo lo conozco y nunca te abandonaré.

 

- ¿Y no tienes alguna alegría que co-municarme?

                Cuéntame lo que desde la última vez que hablamos te ha salido bien o ha hecho sonreír a tu corazón. Quizás has tenido agradables sorpresas, has recibido muestras de cariño, has vencido dificultades o has salido de apuros... ¿Pensabas que Yo no tenía nada que ver con todo eso? ¿Por qué entonces has tardado tanto en agradecérmelo? También   a mí me gusta alegrarme con tus alegrías. Cuando dais gracias os resulta más fácil caer en la cuenta de que Yo estoy pendiente siempre de vosotros.

 

- ¿Concretamos algún propósito?

Sabes bien que nuestra intimidad será mayor en la medida en que te esfuerces por amarme y mejorar con mi ayuda. Es el momento de la sinceridad ¿Tienes la firme resolución de evitar toda ocasión de pecado? ¿Volverás a ser amable con aquellas personas que te cuesta tratar? ¿Deseas elegir siempre el camino del amor aunque implique sacrificios? ¿Te esforzarás por trabajar mejor? ¿Procurarás tenerme presente en todas tus acciones? ¿Volverás a mí siempre, pase lo que pase? ¿Seguiremos hablando mañana? Ahora vuelve a tus ocupaciones habituales, a tu trabajo... pero no olvides la conversación que hemos tenido aquí los dos, procura vivir en todo la caridad, ama a mi Madre, que lo es tuya también, y cuenta con mi ayuda para portarte como un buen hijo.

 

Puedes acabar con esta oración:

 

                "Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en este rato de oración. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía lnmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí".

2

Eucaristía y verdad

 

                Repasa el contenido de esta verdad que conocemos por la fe. Estos textos hablan del qué y el por qué del misterio del Cuerpo y Sangre de Cristo; también hablan de qué puede significar esta verdad, y de cómo recibirle. Después de leer cada uno, dale vueltas y habla con Dios aplicándolos a tu vida.

 

Éste es mi cuerpo

"Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y, dándoselo a los discípulos, dijo: Tomad y comed, éste es mi cuerpo. Y tomando un cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: Bebed de él todos, que ésta es mi sangre de la alianza, que será derramada por muchos para remisión de los pecados.

                Yo os digo que no beberé más de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros de nuevo en el reino de mi Padre".

Mateo 26, 26-29

La carne del Hijo del hombre

"Disputaban entre sí los judíos, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre está en mí y yo en él. Así como el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquél que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el pan que comieron los padres y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. Esto lo dijo enseñando en una sinagoga en Cafarnaúm".

Juan 6, 52-59

 

Presencia real

En el santísimo sacramento de la Eucaris-tía están "contenidos verdadera, real y sustancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero". "Esta pre- sencia se denomina real, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen reales, sino por excelencia, porque es sustancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente".

Catecismo n. 1374

 

Misterio de fe

Por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo, nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su Sangre. La Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación".

Catecismo n. 1376

 

Cristo todo entero

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo.

Catecismo n. 1377

 

Sólo por la fe

"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en ese sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22, 19: Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros, S. Cirilo declara: no te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque él, que es la Verdad, no miente".

Catecismo n. 1381

 

Un solo Cristo

"El Cristo eucarístico se identifica con el Cristo de la historia de la eternidad. No hay dos Cristos, sino uno solo. Nosotros poseemos, en la Hostia, al Cristo de todos los misterios de la Redención: al Cristo de la Magdalena, del hijo pródigo y de la Samaritana, al Cristo del Tabor y de Getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos, sentado a la diestra del Padre [...]. Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros debería revolucionar nuestra vida [...]; está aquí con nosotros: en cada ciudad, en cada pueblo [...]".

M.M. Philipon

 

El momento de la despedida

"¡Cuántas veces en nuestra vida hemos visto separarse a dos personas que se aman!

                Y en la hora de la partida, un gesto, una fotografía, un objeto que pasa de una mano a otra para prolongar de algún modo la presencia en la ausencia. Y nada más. El amor humano sólo es capaz de estos símbolos.

                En testimonio y como lección de amor, en el momento de la despedida, 'viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin' (Joh. 13, 1).

                Así, al despedirse, Nuestro Señor Jesu-cristo verdadero Dios y verdadero hombre, no deja a sus amigos un símbolo, sino la realidad     de Sí mismo. Va junto al Padre, pero permanece entre nosotros los hombres. No deja un simple objeto para evocar su memoria. Bajo las espe- cies del pan y del vino está Él, realmente presente, con su Cuerpo y su Sangre, su alma y su divinidad".

Juan Pablo II. Fortaleza (Brasil), 9-VII-1980

 

         En la Eucaristía concreta su amor a mí

"¡No olvidéis que Jesús ha querido permanecer presente realmente en la Eucaristía, misterio inmenso, pero realidad segura, para concretar de modo auténtico este amor suyo individual y salvífico!"

Juan Pablo Il. Roma, 11-III-1979


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