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 Orar con Juan Pablo II

 

  

Dios te ama. 2

Jesucristo. 4

Oración. 6

Sufrimiento. 9

Reconcíliate con Dios. 13

Ser Santos. 14

Eucaristía. 16

Evangelizar. 18

Cruz. 21

Virgen María. 24

Ayuda a tu hermano. 28

Paz. 31

El secreto de la felicidad.. 34

Seremos juzgados por el amor. 38

 

 

 

Dios te ama

 

Quien quiera que seas tú,

 

cualquiera que sea tu condición existencial, Dios te ama.

 

Te ama totalmente.

 

§

 

 

La mayor prueba del amor de Dios se manifiesta en el hecho de que nos ama en nuestra condición humana, con nuestras debilidades y nuestras necesidades. Ninguna otra razón puede explicar el misterio de la cruz.

 

§

 

Ser cristianos no es, primariamente, asumir una infinidad de compromisos y obligaciones, sino dejarse amar por Dios.

 

§

 

Gracias al amor y misericordia de Cristo, no hay pecado, por grande que sea, que no pueda ser perdonado, no hay pecador que sea rechazado. Toda persona que se arrepiente será recibida por Jesucristo con perdón y amor inmenso.

 

§

 

El amor de Dios hacia nosotros, como Padre nuestro, es un amor fuerte y fiel, un amor lleno de misericordia, un amor que nos hace capaces de esperar la gracia de la conversión después de haber pecado.

 

§

 

El hombre tiene íntima necesidad de encontrarse con la misericordia de Dios hoy más que nunca, para sentirse radicalmente comprendido en la debilidad de su naturaleza herida; y sobre todo para hacer la experiencia espiritual de ese amor que acoge, vivifica y resucita a la vida nueva.

 

§

 

En vuestras dificultades, en los momentos de prueba y desaliento, cuando parece que toda dedicación está como vacía de interés y de valor, ¡tened presente que Dios conoce vuestros afanes! ¡Dios os ama uno por uno, está cercano a vosotros, os comprende! Confiad en Él, y en esta certeza encontrad el coraje y la alegría para cumplir con amor y con gozo vuestro deber.

 

§

 

Volved a encontrar el camino que lleva a Dios. No a un Dios cualquiera, sino al Dios que se ha manifestado Padre en el rostro amabilísimo de Jesús de Nazaret. Recordad ciertamente el abrazo tierno y afectuoso del Padre cuando vuelve a encontrar al hijo «pródigo». Dios ama el primero. Si os dejáis encontrar por Él, vuestro corazón hallará la paz. Será fácil responder a su amor con amor. Para entender, basta pensar en Jesús sobre la cruz y en el ladrón crucificado con Él, a su lado. Jesús le aseguró: «Hoy estarás conmigo en el paraíso.»

 

§

 

No olvidéis que el Señor escucha vuestra oración. En el silencio de la cárcel, incluso cuando os invade la melancolía y os sentís oprimidos por la amargura de la incomprensión y el abandono, nada puede impediros que abráis el corazón a la oración y al diálogo con Dios, que conoce la verdad de la vida de cada uno y puede repetir a quien le confía su propia pena e implora su ayuda: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más. »

 

§

 

Dios ama a todos sin distinción y sin límites. Ama a aquellos de vosotros que sois ancianos, a quienes sentís el peso de los años. Ama a cuantos estáis enfermos, a cuantos sufrís de sida o de enfermedades relacionadas con el sida. Ama a los parientes y amigos de los enfermos, y a quienes los cuidan. Nos ama a todos con un amor incondicional y eterno.

 

§

 

Puede acaso una mujer olvidarse de su hijo pequeño, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaría.» El amor de Dios es tierno y misericordioso, paciente y lleno de comprensión. En la Sagrada Escritura, así como en la memoria viva de la Iglesia, el amor de Dios es ciertamente descrito, y ha sido experimentado, como el amor compasivo de una madre.

 

§

 

Cristo invita a sus oyentes a poner su esperanza en el cuidado amoroso del Padre: «No andéis preocupados por lo que comeréis o beberéis; no os preocupéis... Vuestro Padre sabe muy bien que tenéis necesidad de ello. Buscad, más bien, el reino de Dios.»

 

§

 

La paz viene cuando aprendemos a descansar en la providencia amorosa de Dios, sabiendo que el deseo de este mundo pasa, y que solamente su reino perdura. Poner nuestro corazón en las cosas que duran es estar en paz con nosotros mismos.

 

§

 

«Dios es amor.» Por tanto, cada uno puede dirigirse a Él con la confianza de ser amado por Él.

 

§

 

El amor de Dios es un amor gratuito, que se adelanta a la espera y a la necesidad del hombre. «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó.» Nos ha amado primero, ha tomado la iniciativa. Esta es la gran verdad que ilumina y explica todo lo que Dios ha realizado y realiza en la historia de la salvación.

 

§

 

Desde siempre, Dios ha pensado en nosotros y nos ha amado como personas únicas. A cada uno de nosotros nos conoce por nuestro nombre, como el Buen Pastor del Evangelio. Pero el proyecto de Dios sobre cada uno de nosotros se revela gradualmente, día tras día, en el corazón de la vida. Para descubrir la voluntad concreta del Señor sobre nuestra vida, hay que escuchar la Palabra de Dios, rezar, compartir nuestros interrogantes y nuestros descubrimientos con los otros, a fin de discernir los dones recibidos y hacerlos producir.

 

§

 

El amor de Dios hacia los hombres no conoce límites, no se detiene ante ninguna barrera de raza o de cultura: es universal, es para todos. Sólo pide disponibilidad y acogida; sólo exige un terreno humano para fecundar, hecho de conciencia honrada y de buena voluntad.

 

Jesucristo

El cristianismo, antes que una doctrina,

 

es un acontecimiento, o más bien, una Persona:

 

es Jesús de Nazaret.

 

Es Él el corazón de la Fe cristiana.

 

§

 

Jesús es el amigo que nunca os abandona; Jesús os conoce uno por uno, personalmente; sabe vuestro nombre, os sigue, os acompaña, camina con vosotros cada día; participa de vuestras alegrías y os consuela en los momentos de dolor y de tristeza. Jesús es el amigo del que ya no se puede prescindir cuando se le ha encontrado y se ha comprendido que nos ama y quiere nuestro amor.

§

 

¡Aprended a conocer a Cristo y dejaos conocer por Él! Él conoce a cada uno de vosotros de modo especial.

 

§

 

Cristo es la respuesta adecuada y verdadera a los interrogantes y a las aspiraciones más profundas del corazón del hombre (...). Cristo da al hombre mucho más de lo que el hombre puede esperar y desear. Sólo Él nos revela el verdadero rostro de Dios y del hombre.

 

§

 

¿Quién es Cristo? Cristo es quien sabe dar la respuesta a todos nuestros porqués. Comprenderéis que mil dificultades no tienen la fuerza de engendrar una duda.

 

§

 

Cada uno se encuentra con Cristo y con su mensaje liberador de una forma absolutamente personal. Yo os animo a ir hacia Él. Dejad que Él os hable. Entrad en diálogo con Él.

 

§

 

Con Él podéis hablar, hacerle confidencias; podéis dirigiros a Él con afecto y confianza. Jesús murió incluso en una cruz por nuestro amor! ¡Haced un pacto de amistad con Jesús y no lo rompáis jamás!

 

§

 

Jesús es el amigo que no traiciona, que os ama y quiere vuestro amor.

 

§

 

Poned vuestra vida en manos de Jesús. Él os aceptará, os bendecirá, y hará un uso tal de vuestra existencia que superará vuestras mayores expectativas. En otras palabras: al igual que los panes y los peces, abandonaos en las poderosas y alentadoras manos de Dios, y os sentiréis transformados en plenitud de vida. «Descarga tu peso sobre el Señor, y él te sostendrá.»

 

 

§

 

Cristo os espera; a Él podéis abrir el corazón y asiros a Él con oración sincera y fe indestructible. En esos momentos largos y terribles, Él es vuestra esperanza, es todo, es la solución de vuestras dudas.


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