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PARA SALVARTE

Loring

(51 Edición. 1992)

 

Prólogo

Origen del Cosmos

Origen de la vida

Origen del Hombre

Trinidad

Los misterios

Encarnación

Santísima Virgen

San José

Jesucristo

Iglesia

Gracia Santificante

Eucaristía

Pecado

Los Mandamientos

Partes de la Confesión

Otros Sacramentos

El más allá

 

Prólogo

Doy gracias a Dios por la gran difusión que este libro está teniendo, tanto entre jóvenes como entre casados, entre obreros y entre estudiantes. Aunque la primera edición de este libro se hizo para los soldados de Aviación que oyeron mis conferencias semanales.

Que el Señor siga bendiciendo este libro con el bien espiritual que hace en las almas.

El 25 de junio de 1992 el Papa Juan Pablo II aprobó el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, fruto de un largo trabajo realizado por miles de especialistas del mundo entero. A lo largo de seis años, presentaron 24.000 sugerencias. El Papa Juan Pablo II dijo el 11 de Octubre de 1992: "Este Nuevo Catecismo es un texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la doctrina católica". Que la luz de la verdadera fe libre a la humanidad de la ignorancia y de la esclavitud del pecado para conducirla a la única libertad digna de este nombre: la de la vida en Jesucristo, bajo la guía del Espíritu Santo" (Juan Pablo II: Final de la Fidei Depositum, con ocasión de la publicación del Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica).

La edición española salió en diciembre de 1992.

En esta 51 edición de PARA SALVARTE se han incluido más de trescientas citas de este Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica.

Dedicatoria

Este libro lo he escrito para ti: joven, estudiante, soldado, empleado, obrero, profesional, casado, mujer.

Otros libros te enseñarán cosas útiles para la vida. Éste te enseñará a vivir felizmente. Te enseñará a vivir felizmente, porque te enseñará a vivir cristianamente, y nadie es en este mundo más feliz que el buen cristiano.

Ni el placer, ni el dinero, son capaces de hacer feliz una conciencia intranquila. Pueden existir personas llenas de cosas materiales, pero si carecen de fe les falta razones para vivir. Sin ilusión y sin esperanza, no se puede ser feliz en la vida. Muchos son desgraciados porque no conocían lo que aquí se dice; o si lo conocían, no lo quisieron practicar.

Pero, además, este libro no sólo te hará feliz en esta vida, sino también en la otra.

Jesucristo nos dice en su Evangelio que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo y gozarlo todo, si después se condena eternamente.

Si te salvas, serás feliz eternamente. Si te condenas, serás eternamente desgraciado. En tus manos está lo uno y lo otro.

La salvación eterna es el asunto más importante que hay que resolver en este mundo. Para ayudarte a ello, he escrito este pequeño libro.

Pero este libro no sólo te sirve a ti. Servirá también a tus hijos.

Si quieres que tus hijos te respeten, te obedezcan y no te hagan amarga la vida, no dejes de enseñarles cuanto se dice aquí.

Por eso creo que el mejor obsequio que puedo hacerte es darte aquí todo lo que es necesario para ser un buen cristiano.

Este libro es actual en el sentido de que ha procurado recoger las enseñanzas, orientaciones y prácticas pastorales que en el seno de la Iglesia han llegado a una maduración. No se trata de divulgar las corrientes de pensamiento que, aunque puedan ayudar en un proceso de clarificación, todavía no han obtenido una madurez en el Magisterio de la Iglesia. Este libro quiere ser totalmente fiel al Magisterio de la Iglesia.

Por otra parte no olvides que tú eres una célula del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Si tu vida espiritual es pujante, enriqueces la santidad de la Iglesia; en cambio, viviendo en pecado eres una célula cancerosa, serás como un tumor en el seno de tu Madre. El que peca, no sólo se hace daño a sí mismo, sino que perjudica también a los demás. Y el que se santifica, no sólo se aprovecha él, sino que ayuda también a los demás.

Este libro puede ayudarte mucho. No te contentes con leerlo de corrida. Léelo una y otra vez, y pon en práctica lo que te enseña. Si así lo haces, serás más feliz en esta vida, y después también en la otra. Que el Señor te bendiga, como yo te lo deseo.


 

Origen del Cosmos

Las cosas no se hacen solas; es decir, alguien tiene que hacerlas. Tanto la mesa y la casa, como el Sol, la Tierra y las estrellas han sido hechos por alguien. La mesa ha sido hecha por el carpintero, la casa ha sido hecha por el albañil.

1.- El sol, la tierra y las estrellas han sido hechos por dios.

1,1.- Si paseas por la playa un día que ha bajado la marea, conoces, por las huellas en la arena, si lo que paso por allí antes que tu fue un hombre, un perro o un pájaro. Lo mismo vamos a hacer nosotros para averiguar la existencia de Dios. A Dios no le podemos ver, porque es espíritu[1]; y el espíritu no se ve con los ojos de la cara. «A Dios no lo ha visto nadie»[2]. Pero vamos a conocer a Dios por las huellas que ha dejado en la creación. Dice San Pablo que Dios es cognoscible con la razón a través de las criaturas[3]. Empecemos por la huella que Dios ha dejado en el cielo. Tu sabes que aquellas huellas en la arena no se han hecho solas. Pues mira el cielo. Puedes contar las estrellas? El Atlas del cosmos, que ya se ha empezado a publicar, constará de veinte volúmenes, donde figurarán unos quinientos millones de estrellas. El numero total de las estrellas del Universo se calcula en unos 200.000 trillones de estrellas: un numero de veinticuatro cifras![4]. El Sol tiene diez planetas: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Los nueve conocidos, y el décimo que se acaba de descubrir: el Planeta X. Fue localizado por la sonda Pioneer en 1987, pero hacía veinte años que conocíamos su existencia. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene cien mil millones de soles[5]. Y galaxias como la nuestra se conocen cien mil millones. La Nebulosa de Andrómeda consta de doscientos mil millones de estrellas. Pues, si unos hoyos en la arena no se pueden haber hecho solos, se habrán hecho solos los millones y millones de estrellas que hay en el cielo? Alguien ha hecho las estrellas. A ese Ser, Causa Primera de todo el Universo, llamamos Dios.

1,2.- La Luna, está a 384.000 Km de la Tierra. El Sol a 150.000.000 Km. Plutón a 6.000.000.000 de Km.[6]. Fuera del sistema solar, Sirio a ocho años luz, Arturo a treinta y seis años luz. La luz, a 300.000 Km. por segundo, recorre en un año una distancia igual a 200 millones de vueltas a la Tierra. En kilómetros son unos diez billones de kilómetros[7]. Para caer en la cuenta de lo que es un billón, pensemos que un billón de según dos son casi treinta y dos mil años. La velocidad de la Luz, según las leyes de la Física, no puede superarse[8]. La velocidad de la luz es tope, como demostró matemáticamente Einstein; pues según la ecuación e=mc2 a esa velocidad la masa se haría infinita[9]. Y fuera de nuestra galaxia, la nebulosa de Adrómeda, que es la más cercana a nuestra galaxia de la Vía Láctea, está a dos millones de años-luz[10]. Coma de Virgo a 200 millones de años-luz, y el Cumulo de Hidra a 2.000 millones de años-luz[11]. éste es el límite de percepción de los telescopios ópticos[12]. Pero los radiotelescopios profundizan mucho más. El astro más lejano detectado es el Quásar PKS 2.000-330, está a quince mil millones de años-luz[13]. Los quásares son radio-estrellas que emiten ondas hertzianas. Se detectaron por vez primera en 1960.

1,3.- Es posible que haya otros astros habitados, pero nada sabemos; pues Dios nada nos ha dicho, y no hemos podido conectar con ellos. La existencia de la vida inteligente extraterrestre es algo probable que no ofrece ninguna dificultad, ni a la Ciencia ni a la Religión. Pero, a pesar de todos los esfuerzos realizados, los científicos no han logrado captar ninguna señal clara de seres inteligentes extraterrestres. Cuando estuve en Puerto Rico, para pronunciar conferencias en la Universidad Católica de Ponce, visité el radiotelescopio de Arecibo, que es el mayor del mundo[14]. Su reflector tiene trescientos cinco metros de diámetro (mil pies), y es capaz de detectar la llama de una vela sobre la Luna. Desde él se lanzan todos los años señales al espacio buscando civilizaciones extraterrestres. Aunque estas señales se pueden detectar desde el espacio exterior no hemos recibido respuesta. El mensaje se ha emitido en un código binario, que es el habitual en las computadoras. En este mensaje se describen algunas características de la vida de la Tierra, de lo que es el hombre, y del radiotelescopio que emite el mensaje. En mi visita al Observatorio de Radioastronomía de Arecibo me facilitaron una copia cifrada de este mensaje, que conservo en mi poder. El Prof. Heinrich K. Erben de la Universidad de Bonn, reduce drásticamente la posibilidad de vida inteligente en algún otro lugar del Universo. Después de veinticinco años de iniciado el proyecto OZMA no se ha conseguido captar rastro alguno de señales inteligentes procedentes de otros mundos. No tenemos datos sobre la existencia de vida inteligente fuera del sistema solar. Pero es verdad que la opinión científica ha evolucionado en los últimos veinte años en el sentido de considerar cada vez más difícil el que se haya dado en otros lugares el conjunto de condiciones que se dieron en nuestro planeta, y que influyeron decisivamente en la habitabilidad y en el desarrollo de la vida hasta el hombre. Por eso parece que no existe vida inteligente en otro lugar de nuestra galaxia[15]. Y desde luego no hay esperanza de encontrar vida inteligente en otro planeta del sistema solar[16]. Juan Oro, eminencia bioquímica mundial, Profesor de la Universidad de Houston (EE.UU.) y uno de los principales investigadores de la NASA, ha dicho: No tenemos noticia de vida inteligente fuera de la Tierra. «La opinión científica sobre la vida extraterrestre ha cambiado en los últimos diez o veinte años. De un optimismo que esperaba encontrar planetas habitados en todo el Universo, casi alrededor de cada estrella, a un realismo más bien pesimista. Parece difícil esperar que se hayan dado en otro sitio todas las condiciones, en el momento preciso y en la forma precisa, para que aparezca la vida y tenga la posibilidad de desarrollarse hasta donde se desarrollo aquí en la Tierra»[17].

1,4.- En el cielo hay millones y millones de estrellas muchísimo mayores que la Tierra. La Tierra es una bola de 40.000 Km. de perímetro (meridiano). El Sol es un millón trescientas mil veces mayor que la Tierra. En la estrella Antares, de la constelación de Escorpión, caben 115 millones de soles[18]. Alfa de Hércules, que está a 1.200 años-luz, y es la mayor de todas las estrellas conocidas, es ocho mil billones de veces mayor que el Sol. Para aclarar un poco estos volúmenes descomunales, diremos que la órbita de la Luna dando vueltas alrededor de la Tierra, cabe dentro del Sol; y que el radio de Antares es el diámetro de la órbita de la Tierra, es decir, de trescientos millones de kilómetros; y que el diámetro de la órbita de Plutón, que es de doce mil millones de Km., es la décima parte del radio de Alfa de Hércules. Todo esto me lo ha calculado un astrónomo. La mayor radio-estrella conocida es DA-240 que tiene el fabuloso diámetro de seis millones de años-luz. El diámetro de esta radio-estrella es sesenta veces mayor que el diámetro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, que es de cien mil años de luz.

1,5.- Estas bolas gigantescas van a enormes velocidades. La Tierra va a cien mil Km. por hora, es decir a treinta Km. por segundo[19]. El Sol va a trescientos Km. por segundo, hacia la Constelación de Hércules. La Constelación de Virgo se aleja de nosotros a mil Km. por segundo[20]. El Cumulo de Boyero se desplaza a cien mil Km. por segundo[21]. Por el desplazamiento hacia el rojo de las rayas del espectro se ha calculado que hay estrellas que se alejan de nosotros a 276.000 Km. por segundo. Es decir, al 92 % de la velocidad de la luz.

1,6.- El movimiento de las estrellas es tan exacto que se puede hacer el almanaque con muchísima anticipación. El almanaque pone la salida y la puesta del Sol de cada día, los eclipses que habrá durante el año, el día que serán, a qué hora, a qué minuto, a qué segundo, cuánto durarán, qué parte del Sol o de la Luna se ocultará, desde qué punto de la Tierra será visible, etc. El 30 de junio de 1973, España entera estuvo pendiente del eclipse parcial de Sol del cual la prensa venía hablando varios días. El 2 de octubre de 1959, fue visible desde la islas Canarias, un eclipse total de Sol, a las 12 del mediodía, tal como se había previsto desde mucho antes. Por eso se instalo en la Punta de Jandía en Fuerteventura un puesto de observación en el que se reunieron científicos del mundo entero. El anterior eclipse de Sol contemplado desde Canarias, fue el 30 de agosto de 1905, y se sabe que habrá que esperar hasta pasado el siglo XXII para ver otro eclipse total de Sol dentro de nuestras fronteras[22]. El año 2005 podremos observar un eclipse anular desde Cádiz. El cometa Halley (llamado así en honor del astrónomo Edmundo Halley, contemporáneo y amigo de Isaac Newton) que como se había previsto el siglo pasado, paso junto a nosotros en el año 1910, volvió a pasar cerca de la Tierra (a 486 millones de kilómetros) en marzo de 1986 según se había anunciado. Todos los periódicos del mundo hablaron de él. Halley (1646-1742) que observo el cometa en 1662 calculo su órbita y predijo que aparecería de nuevo cada setenta y seis años, y así ha sucedido[23]. Volverá a verse el año 2062. Cuando paso junto a la Tierra en 1986 fue fotografiado por la sonda europea Giotto, que se acerco al núcleo del cometa a una distancia de 500 kilómetros. La longitud de la cola del cometa Halley es de cincuenta millones de kilómetros y está formada por gases enrarecidos[24]. Cuando estuve en Santa Cruz de Tenerife con ocasión de unas conferencias que tuve en la Residencia de Paso Alto, en enero de 1991, tuve ocasión de visitar el Observatorio de Astrofísica del Teide, donde tenemos el telescopio de microondas más sensible del mundo, y donde se estudian las oscilaciones del Sol, etc. Allí hice amistad con el astrónomo inglés Mark Kidger, especialista en el estudio del cometa Halley. Me dio algunos datos que pueden ser interesantes. El núcleo del cometa está formado por gases sólidos a 100 grados centígrados bajo cero. Sus dimensiones son de 7'50 por 8'50 por 18 kilómetros. Aunque los chinos ya lo conocían mil años antes de Cristo y ha dado miles de vueltas alrededor del Sol, terminará por desaparecer, pues cada vez que se acerca al Sol pierde peso al volatilizarse por el calor, parte de los gases sólidos del núcleo. La cola del cometa no va hacia atrás, como la estela de un avión de reacción, sino que arrastrada por el viento solar se desplaza en el sentido opuesto al Sol, como el humo de una locomotora en marcha, que se desplaza lateralmente si hace un viento fuerte.

1,7.- La precisión del movimiento de los astros sería imposible conocerlo si el orden del movimiento de los astros no fuera calculable matemáticamente. Por eso James Jeans, ilustre matemático y Presidente de la Real Sociedad Astronómica de Inglaterra y Profesor de la Universidad de Oxford, uno de los más grandes astrónomos contemporáneos, en su libro «Los misterios del Universo» afirma que el Creador del Universo tuvo que ser un gran matemático[25]. Y Einstein: La Naturaleza es la realización de las ideas matemáticas de Dios[26]. Paul Dirac, Catedrático de Física Teórica de la Universidad de Cambridge y uno de los científicos más sobresalientes de nuestra generación, dijo en la revista «Scientific America»: «Dios es un matemático de alto nivel»[27].

1,8.- Todo este orden maravilloso requiere una gran inteligencia que lo dirija. Qué pasaría en una plaza de mucho tránsito -como la Cibeles de Madrid- si los conductores quedaran repentinamente paralizados y los vehículos, sin inteligencia, abandonados a su propio impulso? En un momento tendríamos una horrenda catástrofe.

1,9.- Cuanto más complicado y perfecto sea el orden, mayor debe ser la inteligencia ordenadora. Construir un reloj supone más inteligencia que construir una carretilla. Si un día naufragas en alta mar, y agarrado a un madero llegas a una isla desierta, aunque allí no encuentres rastro de hombre, ni un zapato del hombre, ni un trapo de hombre, ni una lata de sardinas vacía, nada; pero si paseando por la isla desierta encuentras una cabaña, inmediatamente comprendes que en aquella isla antes que tu estuvo un hombre. Comprendes que aquella cabaña es fruto de la inteligencia de un hombre. Comprendes que aquella cabaña no se ha formado al amontonarse los palos caídos de un árbol. Comprendes que aquellas estacas clavadas en el suelo, aquellos palos en forma de techo y aquella puerta giratoria son fruto de la inteligencia de un hombre. Pues si unos palos en forma de cabaña requieren la inteligencia de un hombre, no hará falta una inteligencia para ordenar los millones y millones de estrellas que se mueven en el cielo con precisión matemática? Isaac Newton (1642-1727) y Johann Kepler (1571-1630) formularon matemáticamente las leyes que rigen el movimiento de las estrellas del Universo; pero Newton y Kepler no hicieron esas leyes, porque las estrellas se movían según esas leyes machismos años antes de que nacieran Newton y Kepler. Luego hay alguien autor de esas leyes que rigen el movimiento matemático de las estrellas. Por eso el cosmonauta Borman dijo desde la Luna: Nosotros hemos llegado hasta aquí gracias a unas leyes que no han sido hechas por el hombre. Y Newton: «El conjunto del Universo no podía nacer sin el proyecto de un Ser inteligente»[28]. «Me basta -ha dicho Alberto Einstein - reflexionar sobre la maravillosa estructura del Universo, y tratar humildemente de penetrar siquiera una parte infinitesimal de la sabiduría que se manifiesta en la Naturaleza»[29]. Dijo también: «Dios no juega a los dados»[30]. La inteligencia que ordena las estrellas en el cielo y dirige con tanta perfección la máquina del Universo es la inteligencia de Dios. Por eso dice la Biblia: «Los cielos cantan la gloria de Dios»[31]. Las criaturas son dedos que me señalan a Dios. Pero hay gente que se queda mirando el dedo y no ve más allá.

1,10.- No es lo mismo Astronomía que Astrología. La Astronomía es ciencia; la Astrología, cuento. Así opinan Shawn Carlson, Físico de los Laboratorios Lawrence Berkeley (California) y Andrew Fraknoi, responsable de la Sociedad Astronómica del Pacífico. Recientemente doscientos cincuenta y ocho científicos del mundo entero han firmado un manifiesto a la prensa para desengañar al pueblo crédulo que se fía de la Astrología, debido a la propaganda que hacen de ella los medios de comunicación. Entre otras cosas, en este manifiesto se dice lo siguiente: «Es simplemente un error imaginar que las fuerzas ejercidas por las estrellas y los planetas en el momento del nacimiento, pueden, de alguna forma, determinar nuestro futuro. Tampoco es verdad que la posición de los objetos celestes hagan que ciertos días o períodos de tiempo sean más favorables para emprender algún tipo de actividad, o que el signo bajo el que uno ha nacido determine la compatibilidad de su relación con otras personas..

«Creemos llegado el momento de rechazar vigorosamente las afirmaciones pretensiosas de los astrólogos charlatanes. Quienes continúan teniendo fe en la astrología lo hacen a pesar de que no hay ninguna base científica para sus creencias, y sí una fuerte evidencia de lo contrario »[32].

La prueba de que los astros no determinan el futuro de las personas se confirma por el hecho de que dos hermanos gemelos, que nacieron con la misma estrella, uno tiene una muerte trágica de niño, y el otro tiene una vida larga, próspera y feliz. El profesor Stanley L. Jaki de la Universidad de Seton Hall de New Jersey (EE.UU.) manifestó que la astrología carece de fundamento científico.

1,11.- La máquina fotográfica fue un descubrimiento transcendental para la cultura de los hombres. Antes, solo se podía conocer lo que se veía con los propios ojos. Desde que se invento la fotografía es posible conocer los paisajes, los monumentos, las obras de arte y los grandes personajes del mundo entero sin salir del lugar en que se ha nacido. El invento de la máquina fotográfica supone una gran inteligencia, y los hombres han tardado muchos años en descubrirla. No se descubrió hasta el siglo pasado. Sin embargo, mucho antes de que los hombres inventasen la máquina fotográfica -desde el principio de la humanidad- ya estaba inventado el ojo humano, maravillosa máquina fotográfica, que saca diez fotos por segundo, no es necesario pasar el carrete y además se enfoca sola gracias a la maravillosa constitución del cristalino. El inventar el ojo supone todavía más inteligencia que el inventar la máquina fotográfica. El Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Clermont-Ferrand y de la de París, y Presidente de la Academia de Ciencias de Francia en 1967, el Dr. Pierre-Paul Grassé, demuestra en un documentado estudio que el ojo no puede ser el resultado del azar, sino fruto de una inteligencia ordenadora. Uno de los grandes adelantos de la aviación moderna es el piloto automático con el cual un avión puede volar sin ningún hombre que lleve los mandos. Pero los hombres no han inventado todavía ni inventarán jamás, un avión que no solo vuele sin piloto, sino que además se busque él solo la gasolina, se haga él solo el hangar y, lo que es más, fabrique él solo otros aviones como él, que a su vez hacen otros aviones, y así indefinidamente. Este avión maravilloso que nos parece imposible que se invente jamás, existe desde tiempos remotísimos: son los pájaros. El pájaro es un avión que vuela solo, se busca él solo la gasolina (alimento), se hace él solo el hangar (nido), unas veces con ramajes y otras con cemento (nido de golondrinas). Y como se fabrica este avión? Con solo calentar un huevo! Con poner un huevo de gallina a cuarenta grados centígrados de temperatura, durante veintiún días, sale un pollito saltando y piando. En el huevo frito que te ponen delante en la mesa, me quieres decir donde está el pico, los ojos, las plumas? Como se forma todo esto en el pollito? Con solo calentar el huevo un poco. Qué invento tan maravilloso es el del huevo! Qué inteligencia tan grande supone inventar el huevo! En el huevo, lo mismo que en la Naturaleza toda, hay leyes que rigen su evolución. Pero los hombres no saben inventar un huevo artificial que poniéndolo en una incubadora saque un pollito, el cual ponga a su vez otros huevos de los que nazcan nuevos pollitos, y así sucesivamente. El hombre no lo sabe, pero lo sabe Dios que es el inventor de la Naturaleza. El colibrí sabe volar hacia atrás: se acerca a la flor a chuparle el néctar con su largo pico, y luego retrocede. Nuestros aviones no pueden volar hacia atrás. En 1966 estuve dando conferencias en la Sociedad Hullera Vasco-Leonesa, y me quedé asombrado al ver allí un ordenador IBM que podía realizar tres mil operaciones por segundo. Hoy se tarda una décima de segundo en hacer un millón de operaciones. Hoy hay ordenadores que pueden realizar veintidós millones de operaciones por segundo. Pero la calculadora no tiene inteligencia. La inteligencia está en el que la invento. Aunque parece una máquina inteligente, sin embargo, no progresa por sí misma, no es consciente de sus propios actos. La máquina no sabe lo que hace, ni por qué debe hacerlo así, y no de otra manera. La máquina solo puede resolver mecánicamente el tipo de problemas para los que la ha preparado de antemano un ser inteligente[33]. «Ninguna máquina es capaz de plantearse problemas que no le hayan sido previamente planteados»[34]. El robot no puede programarse a sí mismo. Dice D. Salvador de Madariaga: «La máquina es un pensamiento cristalizado; jamás se vio una máquina que no fuera consecuencia de un pensamiento»[35]. La máquina no piensa por sí misma, no fabrica ninguna información nueva, es incapaz de un pensamiento creador, se limita a ejecutar el programa que ha recibido. El pensamiento creador y la iniciativa pensante está en el hombre. «Una máquina muy perfeccionada podría hacer muchas cosas, pero nunca podrá sustituir al hombre»[36]. El cerebro tiene catorce mil millones de neuronas. En el organismo humano hay alrededor de sesenta billones de células. Todas estas células evolucionan según un plan determinado[37]. «Una máquina electrónica abarca una serie de acciones planificadas. La señal de comienzo de una acción depende de los resultados de la acción precedente. Los animales "funcionan" de acuerdo con líneas similares. En respuesta a un estímulo condicionado ejecutan un movimiento reflejo (...). Las máquinas electrónicas operan de acuerdo con programas estrictos y detallados, de los cuales no pueden desviarse ni un ápice. Una máquina lo único que puede hacer es ejecutar su propio programa. No introduce en el proceso ningún elemento creativo»[38]. Hoy se habla impropiamente de inteligencia artificial. D. Ramón López de Mántaras, doctor en Físicas, Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y Premio al Mejor Trabajo Europeo de Inteligencia Artificial, reconoce que no es posible fabricar máquinas realmente inteligentes. Por eso habría que cambiar la expresión de «inteligencia artificial».

1,12.- Los animales tienen instintos maravillosos. Según las investigaciones del Dr. Walter Frese, del Instituto Max Planck, las palomas mensajeras se orientan en sus vuelos gracias a una especie de brújula biomagnética que tienen. Los tiburones se orientan durante las migraciones sirviéndose del campo magnético terrestre. Las abejas utilizan para orientarse la polarización de la luz y ven el ultravioleta[39]. Los elefantes se comunican por infrasonidos. Los investigadores americanos Payne y Poole han logrado identificar más de treinta modulaciones diferentes entre las comunicaciones entre elefantes. La serpiente de cascabel posee un magnífico detector de rayos infrarrojos de exquisita sensibilidad para advertir la presencia de su presa en la oscuridad. Hay mariposas que ven con rayos ultravioleta, como nuestros científicos modernos. Los delfines localizan los obstáculos sumergidos en el agua por medio de una sonda acústica como los barcos modernos. Según los investigadores Ott y Schaeffel el ojo del camaleón le permite medir con precisión la distancia de su presa, como un moderno aparato de telemetría. Un murciélago sin ojos vuela sin tropezar en una habitación cruzada por cables en todas direcciones. Como se guía? El murciélago no lo sabe, pues no tiene inteligencia; pero lo sabe Dios que es quien ha hecho el murciélago y le ha dotado de una especie de radar que emite ondas ultrasonoras, según los estudios de los norteamericanos Griffin y Galambos[40]. Qué inteligencia tan grande tiene el inventor de la Naturaleza!

1,13.- Toda la Naturaleza está llena de maravillas: las golondrinas en sus migraciones recorren al año quince mil kilómetros. Las ocas rebasan el Himalaya a seis mil metros de altura. Las arañas producen al mes tres kilómetros de hilo. La mariposa tiene veinte mil ojos. La abeja reina pone tres mil huevos al día. La malva produce al año veinticinco millones de peces. Dios es más maravilloso en lo pequeño que en lo grande. En 1989, con ocasión de un trabajo de investigación que estaba haciendo un equipo de ingenieros sobre el Sudario de Oviedo, para confirmar la autenticidad de la Sábana Santa de Turín, estuve en el Laboratorio de Investigación de Hidroeléctrica Española, donde trabajan estos ingenieros. Allí pude contemplar en un microscopio electrónico de barrido (scaner),que puede llegar hasta los doscientos mil aumentos, la estructura de un grano de polen, un pelo de mosca, maravillosamente contorneado, el alvéolo de un ojo de mosquito, etc. etc. Algo impresionante! No sabe uno qué admirar más, si las maravillas grandes o las pequeñas. Si las velocidades de las estrellas o la rapidez de la mosca moviendo sus alas 480 veces por segundo; si el tamaño de los astros o la maravillosa constitución del átomo compuesto de electrones, protones, neutrones y demás partículas subatómicas de existencia efímera[41]; si la exactitud del movimiento de los astros, o el prodigioso instinto de las abejas para hacer las celditas exagonales de su panal con la perfección con que podría calcularlas el mejor de los ingenieros: la forma exagonal permite la máxima capacidad con el mínimo material, uniendo la resistencia al aprovechamiento del espacio intermedio. Las abejas realizan en sus colmenas un difícil problema de estereometría con más precisión que el célebre matemático König, que al hacer el cálculo se equivoco por una errata en la tabla de logaritmos[42]. Los sapientísimos instintos de los animales, y las leyes todas del Universo están diciendo a voces que han sido hechos por una gran inteligencia. Precisamente es muy reciente el nacimiento de una nueva ciencia, la Biónica, que se basa en el estudio de los seres vivos para hacer aplicaciones por los ingenieros[43]. El nombre de Biónica es contracción de biología y electrónica. La Naturaleza ha conseguido cosas de técnica superior a la del hombre. El hombre no ha llegado al vuelo en zig-zag como la mosca, ni a la bioluminiscencia de algunos gusanos y peces de las profundidades abisales que emiten luz de su cuerpo.

1,14.- La evolución misma que hoy se estudia en distintos campos de la ciencia, responde a unas leyes que rigen ese proceso evolutivo, y que armonizan todas las evoluciones del Universo. La razón suficiente de las leyes que rigen esta evolución es la inteligencia de Dios. Antes se consideraba la Naturaleza actual como obra directa e inmediata de Dios. Hoy la consideramos más bien como el resultado de unas leyes que Dios ha puesto en la misma Naturaleza, y que han regido la evolución que nos ha llevado a lo que hoy contemplamos. No puede haber leyes si alguien no las hace. La ley supone un legislador inteligente, distinto de ella. Todo el mérito de la ley es de quien la ha puesto. El Dr. Bermudo Meléndez, presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural y Catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, dice en la Revista IBÉRICA[44], en un artículo titulado Estado actual de la teoría de la evolución: Cuanto más investigamos el mecanismo del proceso de la evolución, tanto más comprendemos la realidad de la existencia de una inteligencia infinita capaz de haberlo programado todo. El Padre Teilhard de Chardin, que es actualmente el jesuita de más fama internacional en el terreno de la evolución, dice que «la evolución, como todos los procesos naturales, es un proceso sujeto a una ley que señala una dirección»[45]. Newton, hablando del cosmos dijo: «Hay que reconocer la voluntad y el dominio de un Ser Inteligente y poderoso»[46]. Y en otro sitio: «De donde proviene todo ese orden y belleza que vemos en el mundo? Fue el ojo ideado sin ingenio en materia de óptica? No parece claro que existe un Ser Inteligente?»[47]. Einstein escribió en «The World as I see it»: La ley del cosmos revela una inteligencia de tal superioridad que comparada con ella todo pensar humano es insignificante. El Premio Nobel de Física Alfredo Kastler declaraba en agosto de 1968: La idea de que el mundo, el Universo material, se ha creado él mismo, me parece absurda. Yo no concibo el mundo sino con un Creador, por consiguiente, Dios. Para un físico, un solo átomo es tan complicado, supone tal inteligencia, que un Universo materialista carece de sentido. Toda organización supone un organizador. Si en la Naturaleza hay seres organizados, es inevitable reconocer la existencia de una inteligencia organizadora.

1,15.- Es absurdo pensar que la Naturaleza se ha hecho sin la intervención de una inteligencia. Te parece posible que un mono tecleando en una máquina de escribir componga este libro que tienes en las manos? Pues esto es mucho más probable que suponer que no ha intervenido una inteligencia en la formación del ojo humano (maravillosa máquina fotográfica), la agilidad de una mosca en el aire, o la función clorofílica de una hoja verde, que es un auténtico laboratorio químico. Las plantas son sensibles al aire, al Sol, a la luz, a la oscuridad, a la electricidad, al magnetismo, etc.; sintetizan sustancias y fabrican oxígeno: las plantas con la luz del Sol, desprenden oxígeno del agua, y absorben el anhídrido carbónico para sintetizar glucosa. En 1976 un grupo de científicos españoles de la Universidad de Sevilla ha logrado en el laboratorio repetir lo que hacen las plantas. Es decir, que este fenómeno se realiza en las plantas según unas reacciones de leyes determinadas. Donde hay ley, orden, organización, hay inteligencia. Lo casual no se repite varias veces seguidas. Lo que sale por casualidad no es repetible a voluntad todas las veces que se desee, por ejemplo el Premio Gordo de la lotería; en cambio, lo que es fruto de la inteligencia, sí se puede repetir a voluntad. Por eso el hecho científico puede repetirse a discreción, pues siempre se pueden conseguir los mismos efectos al poner las mismas causas. Pero lo que sale por azar no puede repetirse a voluntad. Las letras que forman este libro han necesitado muchas horas de trabajo para que digan lo que dicen. Si yo meto en un cubo todas estas letras y las tiro al suelo, hay miles de millones de probabilidades contra una de que las letras salgan en el orden que tienen en mi libro. Y desde luego todo el mundo comprenderá que no saldría cuarenta y siete veces seguidas. Las cuarenta y siete ediciones de mi libro no hubieran salido con meter las letras en un cubo y tirarlas al suelo cuarenta y siete veces. Este libro tiene un millón de letras sin contar puntos y comas. Al tirarlas al suelo, ni siquiera caerían derechas y en línea recta. Para que las letras se ordenen formando palabras, y las palabras se ordenen formando frases, hace falta una inteligencia ordenadora. Evidentemente, el orden que las letras tienen en este libro es uno de los ordenes posibles. Pero la probabilidad de que caigan las letras en este orden es una contra un numero que tiene tres millones de cifras. El cálculo se ha hecho con calculadora. El numero es tan grande que si lo nombráramos por su nombre propio, pocas personas lo entenderían: el numero de permutaciones es de quinientos milillones (500 000 grupos de seis cifras). Para escribirlo con números del tamaño de las letras de este libro necesitaríamos una tira de papel de seis kilómetros de larga. Es decir, la probabilidad de que salga este libro al tirar las letras del cubo al suelo es prácticamente nula. La prueba es que si alguien se apostara un millón de pesetas de que lo conseguiría, cuarenta y siete veces seguidas, como las ediciones de este libro, aceptaríamos encantados la apuesta, seguros de ganarla. Pues si para hacer este libro hace falta una inteligencia ordenadora, se habrán formado sin inteligencia ordenadora las moscas, las flores, los pájaros y el cosmos de precisión matemática? El que contemplando el mundo solo ve materia, es como el que entra en la Biblioteca Nacional de Madrid y sale diciendo que allí solo hay papeles manchados con tinta de imprenta. Salvador de Madariaga dice: «Creo que la atribución del Universo y de la vida a la copulación del azar con la necesidad es un disparate de tal envergadura, que no hay intelecto humano medianamente ejercitado que lo pueda sostener en serio; y que la prueba de la existencia de un Creador es cosa al alcance de cualquier cabeza sana»[48]. El azar no explica nada. Es tan solo la razón de nuestra ignorancia. Llamamos azar al suceso que no hemos podido prever. El hecho de que al echar los dados no podamos prever qué cara quedará arriba, no significa que eso no se deba a una porción de combinaciones de fuerzas que no conocemos de antemano, pero que existen. Por eso dijo H.Poincaré:«El azar no es más que la medida de nuestra ignorancia»[49]. Y Monod reconoce que su tesis del azar es una «declaración de ignorancia[50].

1,16.- Que la Naturaleza se rige según unas leyes es algo indiscutible. Estas leyes de la Naturaleza, son la base de la Ciencia. «El hombre de Ciencia sabe que idénticos efectos en idénticas circunstancias presuponen idénticas causas»[51]. Sin tales premisas la Ciencia resultaría imposible. Aunque es verdad que algunas veces intervienen tantos factores que es muy difícil predecir de antemano lo que ocurrirá: como si saldrá cara o cruz al echar una moneda al aire. Entonces se acudirá al cálculo de probabilidades y estadísticas. De ahí el principio de indeterminación de Heisenberg en la microfísica donde tanto desconocemos; pero esto no niega que el resultado se deba a leyes determinadas[52]. Admirar la Naturaleza e ignorar a Dios sería como admirar una máquina automática por la perfección de su funcionamiento e ignorar la inteligencia del ingeniero que ha hecho posible esa máquina. Por eso la Biblia dice que los que no conocen a Dios a través de la Naturaleza son unos necios. Afirma la Biblia: «Dijo el necio: 3No hay Dios2»[53]. Y en otro lugar: «Los cielos cantan la gloria de Dios»[54]. Y San Pablo: «Dios se hace visible a través de sus obras, por eso quienes no le glorifican no tienen excusa»[55]. Carlos Rubbia, Premio Nobel de Física, Director del Laboratorio Europeo para la Física de las Partículas, dice: «Hablar del origen del mundo lleva a pensar en la creación... Para mí está claro que esto no puede ser consecuencia de la casualidad»[56].

1,17.- A ese ser tan inteligente, que ha hecho la Naturaleza y ha puesto en ella esas leyes tan maravillosas que rigen su funcionamiento, llamamos DIOS[57]. Después de lo dicho resulta ridícula la propaganda atea del comunismo. En el libro «Sputnik ateísta» (Moscú 1961, pg. 365) se dice: «A partir de la astronáutica ya no es posible creer en la existencia de Dios. Los sputniks no han descubierto a Dios en su morada celeste»[58]. Es que pensaban detectar a Dios con el sputnik ? El sputnik no detecta a Dios, pero nuestra inteligencia sí. Las realidades espirituales no se detectan con instrumentos materiales. Los aparatos pueden estudiar el tejido de un lienzo y la composición química de los colorantes, pero no la ilusión y la alegría con que se ha pintado el cuadro. Dios no es, como dice Feuerbach, el producto imaginativo de la indigencia y los deseos del hombre, sino que la afirmación de la existencia de Dios es consecuencia de la búsqueda intelectual al hombre que investiga la razón suficiente de las leyes del cosmos, que suponen la existencia de un Creador inteligente. «Nada existe sin razón suficiente. Si una piedra que estaba en la calle la vemos en lo alto de un edificio, sabemos que no está allí sin "razón suficiente": alguien la subió. Nada existe sin causa adecuada. Esa relación causa-efecto es la base de la medicina y de la técnica. Dios es la causa explicativa del cosmos»[59]. No se trata de probar la existencia de Dios por la ciencia; pues la ciencia se basa en hechos experimentales, y Dios no es el resultado de un trabajo de laboratorio. Pero es deducción de los hechos científicos. La Filosofía razona sobre los datos que da la ciencia, y así podemos llegar al conocimiento de Dios. La ciencia de hoy da al hombre moderno materiales para que crea razonablemente (Profesor Taltavull).

1,18.- Además de las leyes de la Naturaleza, como dice el Catedrático de la Universidad de Madrid, D. Juan Zaragüeta en ABC, las leyes de la conciencia, que mandan practicar el bien y evitar el mal, también nos hablan de la existencia de Dios, «pues nadie se manda a sí mismo, sino que la conciencia recibe las ordenes de un Ser Superior a ella, que es precisamente Dios»[60]. «La Ley moral, la obligación de hacer el bien y evitar hacer el mal, es una ley universal impuesta a todos los hombres: solo Dios está por encima del hombre y puede imponerle la ley moral»[61] grabando en su conciencia esta obligación y el consiguiente remordimiento en caso de incumplirla. «En lo profundo de la conciencia, descubre el hombre una ley que no se da él a sí mismo, pero a la que debe obedecer; y cuya voz resuena oportunamente en los oídos de su corazón invitándole siempre a amar y obrar el bien, y a evitar el mal: "haz esto, evita aquello". Porque el hombre lleva en su corazón una ley escrita por Dios»[62]. Todos los hombres llevan escrito en sus corazones lo que Dios manda o prohibe, y de ello es testigo la conciencia. El remordimiento de conciencia es superior a nosotros mismos.

El remordimiento de conciencia es superior a nosotros mismos. El remordimiento de conciencia, es prueba de la existencia de Dios, pues se impone el reconocimiento de un Ser Superior que nos impone la ley del bien y del mal en nuestro interior. Por eso nos remuerde un asesinato aunque no lo sepa nadie, y nadie pueda enterarse. La conciencia es la voz de Dios que me impone el imperativo moral de hacer el bien y evitar el mal.

19.También podemos conocer a Dios por la fe. Él mismo nos dice quién es, lo que ha hecho, lo que nos ha dado, lo que nos promete, lo que nos enseña, lo que le agrada, lo que quiere de nosotros, etc[63].

2.- A DIOS NO LO HA HECHO NADIE.

2,1.- Dios no ha empezado nunca a existir. Siempre ha existido y nunca dejará de existir. Es decir, que no ha tenido principio ni tendrá fin. Dios es eterno. Boecio definió la eternidad como la posesión total, simultánea y perfecta de una vida interminable. Sería un absurdo decir que hubo un tiempo en el que no existía absolutamente nada. En ese caso, jamás podría haber empezado nada a existir: no existirían seres de ninguna clase. No creados por otro -pues hemos supuesto que en un principio no existía absolutamente nada-, ni tampoco creados por sí mismos, pues sería un absurdo decir que una cosa que no existe pueda hacer algo. Luego si en algún momento no existió nada, nada existiría ahora; pues el primer ser no tuvo modo de empezar a existir. Nada hubiera empezado a existir. Como dice el conocido filosofo francés Claude Tresmontant: «Si en un momento dado nada existe, nada existiría eternamente. La nada absoluta no puede producir ningún ser»[64]. Si no hubo nada, nunca nada hubiera podido empezar a existir. Es así que nosotros existimos en un mundo y estamos rodeados de seres de todas clases, luego por fuerza tiene que haber existido, desde toda la eternidad, un Ser que no ha tenido principio y que ha dado origen a todos los seres que hoy existen. Ese Ser, que existe desde toda la eternidad, y es causa de todo lo que existe, es DIOS. Allan Sandage ayudante de Hubble, hasta la muerte de éste en 1953, y que hoy trabaja en el Observatorio de Monte Wilson, Pasadena, California, dice: «Dios es la explicación de que haya algo en vez de nada»[65].

2,2.- Dios es el único ser eterno e increado que existe necesariamente. Dios es el Ser Necesario que existe desde siempre, que no puede dejar de existir, que es eterno, porque su esencia es existir, no depende de nadie para existir, por eso es increado. El cosmos es limitado en el tiempo y en el espacio, es decir, es contingente. La materia se transforma continuamente, es extensa, limitada, compuesta y divisible, es decir, es contingente. Todo ser limitado es contingente, porque toda limitación supone una carencia. Y lo contingente -como se demuestra en Filosofía- es metafísicamente imposible que sea increado. Se llaman seres contingentes, aquellos que pueden existir o no existir, existir antes o después, existir de una manera o de otra. Todo lo que nace y muere, todo lo que cambia de tamaño, forma o lugar, como el hombre, la flor o la Tierra, es un ser contingente. Y lo contingente no tiene en sí mismo la razón de su existencia. Los seres contingentes deben su existencia a otro[66]. Por ejemplo: un año antes de que tu nacieras, no eras nada, y nada podías hacer para existir. Como eres un ser contingente tu existencia no dependía de ti. Eras nada, y en nada te hubieras quedado toda la eternidad, si alguien distinto de ti (tus padres) no te hubieran traído a la existencia: la nada, dejada a sí misma, permanece siempre en nada. Lo mismo que te ha ocurrido a ti, ha ocurrido con tus padres, tus abuelos, etc. Todos recibieron la existencia de otro. No podían existir por sí mismos. «Todo lo que no tiene en sí mismo la razón suficiente de existir, debe recibir de otro la existencia...El ser contingente podría no existir, porque su esencia no exige la existencia...Lo que es mudable es contingente, y todo ser contingente exige, como causa suficiente ultima, un SER NECESARIO: DIOS. Que la materia es esencialmente mutable no es discutible...Así llegamos a la afirmación del Universo como contingente y, por lo tanto, creado, porque tiene que recibir su existencia de un SER no material»[67]. Dios es el único Ser Necesario. Ser Necesario es el que existe por sí mismo, que no recibe de otro la existencia, que no depende de nada para existir. Existe siempre, sin principio ni fin. Todos los seres existentes se dividen en necesarios o contingentes, según existan por sí mismos o por otros. Como el ser contingente es indiferente para existir, no existe necesariamente. Por lo tanto necesita una razón para pasar de la no existencia a la existencia. Esta razón suficiente no puede ser una serie infinita de seres contingentes, pues una carencia no se remedia con otros seres que tienen la misma carencia: una colección de ciegos no ve más que un solo ciego. Es que creemos que reuniendo ceros podemos conseguir la unidad? La razón de la existencia de los seres contingentes hay que buscarla en un ser que no sea contingente, es decir, en un ser que no necesite de otro para existir, de un ser que exista por sí mismo, porque su esencia es existir. Ese es Dios[68].

2,3.- Las cosas que vemos en el mundo se han hecho unas a otras. Un hombre viene de otro hombre, una flor de otra flor, una estrella de otra estrella. Cada ser existente de este mundo es como un anillo de una cadena. Cada anillo está colgado de otro anillo, que es quien lo sostiene, quien lo ha puesto en la existencia. Si subimos por esa cadena de seres existentes llegaremos al primer anillo. Quién sostiene el primer anillo? No puede ser otro anillo, pues entonces no sería el primero, sería el segundo. Pero el primer anillo, estará colgado en el aire? Entonces toda la cadena caería en el fondo de la nada. Si la cadena de seres que han venido a la existencia no cae en el fondo de la nada, es porque la sostiene alguien que está fuera de la cadena y no necesita de otro para existir. Ese Ser, que sostiene la cadena de seres existentes, que no necesita de otro para existir y que por lo tanto tiene que existir por sí mismo, ése es Dios. Dios sostiene todos los seres en la existencia, lo mismo que el Sol sostiene la vida en la Tierra. Si apagas el Sol, desaparece la luz y el calor en la Tierra. Sin la luz del Sol, la Luna tampoco se ve, y la Tierra estaría a oscuras; y sin calor las aguas de los ríos y mares no se evaporan. Consiguientemente desaparecen las nubes y las lluvias. Las fuentes y ríos terminarían por vaciarse en el mar y se secarían. Las plantas morirían por falta de agua, y los animales se morirían de frío. El aire se envenenaría, pues no habría plantas para restituir el oxígeno. Es decir, que el Sol solo con su presencia, hace posible la vida en la Tierra. Lo mismo ocurre con Dios. él sostiene toda la cadena de seres existentes. Si veo una chaqueta colgada en la pared, dice Sheed, aunque no vea el clavo que la sostiene, no digo que la chaqueta desafía las leyes de la gravedad. Comprendo que tiene que haber un clavo que la sostiene. Si en un paso a nivel ves pasar, desde tu coche, un largo tren de mercancías en que un vagón tira de otro, comprendes que tiene que haber una locomotora que tire de todo el tren. Aunque tu no la veas. Lo mismo: hay que pensar en un primer Ser eterno al ver que unos seres hacen a otros, y por lo tanto todos necesitan de otro para existir; menos el primero que tiene que se eterno. Dios es ese Primer Ser que no necesita de otro para existir, sino que existe por sí mismo, es decir, que su esencia es existir, que no puede dejar de existir, que existe necesariamente, que siempre ha existido y nunca dejará de existir. Por eso decimos que Dios es ese primer Ser Eterno. Dios el el único ser eterno.

3. EL COSMOS NO ES ETERNO.

3,1.- «El cosmos no puede haber existido desde la eternidad»[69]. Es dogma de fe que el cosmos no es eterno, sino que ha sido creado por Dios en el principio del tiempo. Dice San Pablo que Dios es «el Creador de todas las cosas. él existe antes que todas las cosas»[70]. «El ateísmo marxista se basa en la eternidad de la materia. Afirma que la materia ha existido desde toda la eternidad, y de este modo no necesitan a Dios-Creador. Pero la "eternidad de la materia" es una afirmación, no una demostración. Físicamente es inverificable, y filosóficamente es inaceptable. Pero los marxistas, que se precian de no admitir en su doctrina teórica y práctica sino los hechos que la Ciencia ha demostrado ser ciertos, esta afirmación de "la eternidad de la materia" la admiten sin demostración alguna. La imponen, sin más, como un postulado base de su ateísmo»[71]. «Los marxistas-leninistas no demuestran la eternidad de la materia y por eso no consiguen desplazar la necesidad de un Dios, causa primera de todo cuanto existe»[72]. «Casi por todas partes -informa Le Monde - el materialismo dialéctico como instrumento de análisis histórico está en retroceso. Si puede decirse que Marx ha muerto ya en el Este, el marxismo apenas resulta operativo en la historiografía occidental»[73]. «Marx era rabiosamente ateo, pero no por convicciones racionales, sino por motivos emocionales y psicológicos... El psicólogo no tiene más remedio que reconocer en Marx un odio personal hacia el cristianismo casi idéntico al que sentía Freud... Tanto Marx como Freud -ambos judíos- decían que rechazaban el cristianismo en nombre de la Ciencia; pero lo verdaderamente innegable es que aquel rechazo provenía de un elemento emotivo»[74]. «La idea materialista-marxista de una materia eterna es totalmente anticientífica. Está en contradicción palmaria con todos los datos de la Ciencia moderna»[75]. Por el contrario «la Ciencia moderna le niega al Universo una existencia eterna, sea en el pasado, sea en el futuro»[76]. Modernamente, como consecuencia de los nuevos descubrimientos científicos, el principio de la eternidad de la materia, ha resultado ser completamente falso según reconocen, con rara unanimidad, los propios hombres de ciencia quienes afirman que la materia comenzó en un momento determinado, hace algunos miles de millones de años. «Si el cosmos comenzó necesito de un Ser distinto del cosmos que lo puso en la existencia. De la nada absoluta, nada sale. A este Ser Creador del cosmos, le llamamos Dios. Por eso el materialismo marxista es imposible»[77]. Le oí decir en una conferencia a D. Angel González Alvarez, Rector de la Universidad Complutense de Madrid, y Catedrático de Metafísica y Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas: «El ateo afirma que Dios no existe, pero no tiene pruebas para demostrarlo, porque no las hay. El ateísmo es una profesión de fe en la NO existencia de Dios». El científico italiano Antonio Chiichichi, dice en «Il Tempo» de Roma: «El ateísmo no tiene a sus espaldas ni la Ciencia ni la razón. El ateísmo es también un acto de fe. La única diferencia es que el ateo tiene fe en la nada, y el cristiano la tiene en Dios. Quien quiera profesar la fe en la nada, que continúe siendo ateo; pero a condición de que no pretenda que su opción esté motivada por razones científicas»[78]. «El pretendido principio de la eternidad de la materia, está en abierta contradicción con los resultados que nos ofrece la Ciencia moderna. El que quiera estar de acuerdo con los últimos descubrimientos científicos que señalan una edad en la existencia de la materia, no tiene más remedio que negar la eternidad de la materia, pues las pruebas que los científicos aducen son concluyentes. Existen algunas discrepancias entre las cifras que se dan como edad de la materia. Pero lo importante es que todo el mundo está de acuerdo en aceptar una edad para la materia. Si la materia ha tenido un principio, no puede ser eterna. Antes, cuando en los siglos XVIII y XIX, Ciencia y Religión se hallaban en conflicto, a nosotros,los católicos nos llamaban retrógrados, ignorantes y obscurantistas. Ahora, por una curiosa ironía de los tiempos, estos "cariñosos" adjetivos, los podemos dirigir con mucha mayor razón, a los ateos recalcitrantes, que realmente dan muestras de atraso e ignorancia, cuando se empeñan en seguir defendiendo la eternidad de la materia, a pesar de que la Ciencia moderna, con pruebas experimentales, nos indica bien claramente que la materia tiene una edad y un principio en el existir»[79]. «La vida finita del cosmos es algo científicamente probado. El científico que se para aquí, y dice que no sabe del origen del cosmos, es por pura pereza intelectual, pues donde no llega la Física llega la Metafísica. Basta ser hombre y tener sentido común para comprender que el origen finito del Universo debe tener una causa adecuada fuera del mismo Universo»[80]. Esta causa no es otra sino Dios. La eternidad de la materia no se puede demostrar porque es un absurdo. En efecto: la materia tiene una existencia sucesiva[81], es decir, con un antes y un después; es decir, medible por el tiempo. Las sucesivas transformaciones de la materia y los cambios de la Naturaleza se van midiendo por el paso de los días, de las horas y de los minutos. Y todo lo que es medible por el tiempo, tiene una existencia temporal y limitada, no eterna. El tiempo es la duración del movimiento[82], y lo eterno no cambia. No tiene principio ni fin. Está siempre en el momento presente. No está sujeto al paso del tiempo. Si la materia en evolución fuera eterna querría decir que ha pasado por una serie infinita de momentos sucesivos[83]. Y si no se llega al término desde aquí hasta allá, tampoco se puede llegar desde allá hasta aquí, pues la distancia es la misma. Efectivamente, la misma distancia hay de Madrid a Barcelona, que de Barcelona a Madrid. El mismo tiempo hay del día de hoy al primero de enero de 1950, que desde ese día hasta hoy. Si por más que subiéramos por la escalera del tiempo no llegaríamos nunca al principio del cosmos, tampoco llegaríamos nunca del principio del cosmos al día de hoy, si ese principio estuviera en la eternidad. Es así que hoy existe el cosmos actual que vivimos, luego si hemos llegado hasta hoy, también desde hoy, subiendo por la escalera del tiempo, podemos llegar, con el entendimiento, al principio del cosmos, por lejano que esté. Es decir, que el principio del cosmos no está en la eternidad: el cosmos no es eterno. Si el cosmos no es eterno, es necesario otro Ser que sea eterno, pues todo lo que empieza necesita de otro para empezar a existir.

3,2.- El único Ser eterno es Dios, porque Dios es el único Ser por el que no pasa el tiempo, que está totalmente fuera de la medición del tiempo. El tiempo es la duración del movimiento, y Dios es inmutable, es pura actualidad. En él no hay antes ni después. Es un presente permanente. Todo esto se demuestra en Filosofía. «Nosotros vivimos en el tiempo y no podemos concebir un ser que exista fuera del tiempo... Alguna intuición podemos tener de lo que es existir fuera del tiempo, cuando pensamos en las esencias, por ejemplo, en la esencia del triángulo: la triangularidad. No tiene sentido preguntar cuándo empezó a existir, ni cuánto tiempo lleva existiendo. La triangularidad no dura, simplemente es»[84]. Todo esto puede ser difícil de entender para personas que no están acostumbradas a cuestiones filosóficas. Es como pedirle a un matemático que explique en dos palabras la resolución de las ecuaciones diferenciales o de las integrales elípticas; o, sencillamente, el uso de las tablas de logaritmos, a quien no ha estudiado matemáticas. Esto es imposible sin dedicar primero muchas horas, y aun años, a explicar multitud de conceptos preliminares indispensables. Y desde luego, no se debe buscar en esto una evidencia, como el axioma el todo es mayor que su parte y dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí.

3,3.- No se trata de demostrar la existencia de Dios científicamente, pues el estudio de Dios no es objeto de la Ciencia, sino de la Teología.El objeto de la Ciencia no es estudiar a Dios. La Ciencia estudia la Naturaleza. A Dios lo estudia la Teología. Por eso no tiene sentido buscar argumentos científicos para demostrar la existencia de Dios. La Ciencia se limita a responder a como se realizan las cosas. El porqué y para qué es propio de la Filosofía. Sin embargo la Ciencia sí nos da datos que nos hacen razonable la creencia de Dios. Esto es lo que dijo el Papa Juan Pablo II en su audiencia general del 10 de julio de 1985: Cuando se habla de pruebas de la existencia de Dios debemos subrayar que no se trata de pruebas de orden científico experimental. La pruebas científicas en el sentido moderno de la palabra, valen solo para las cosas perceptibles por los sentidos, dado que solamente sobre éstos pueden ejercitarse los instrumentos de la indagación y de la verificación de los que se sirve la Ciencia. Querer una prueba científica de la existencia de Dios significa hacer descender a Dios a las filas de los seres de nuestro mundo y, por lo tanto, equivocarse metodológicamente sobre lo que es Dios; la Ciencia debe reconocer sus límites y su impotencia para alcanzar la existencia de Dios; no puede ni afirmar ni negar esta existencia. Pero de todo esto no debe sacarse la conclusión de que los científicos sean incapaces de hallar en sus estudios científicos motivos válidos para admitir la existencia de Dios. Si la Ciencia como tal no puede alcanzar a Dios, el científico, que posee una inteligencia cuyo objeto no está limitado a las cosas sensibles, puede descubrir en el mundo las razones para afirmar un Ser que lo supera. Muchos científicos han realizado este descubrimiento. Quien con espíritu abierto reflexiona sobre aquello que está implicado en la existencia del Universo, no puede impedir el llegar al problema del origen. Instintivamente cuando somos testigos de ciertos acontecimientos nos preguntamos cuáles son las causas del mismo. Una hipótesis científica como la expansión del Universo hace descubrir más claramente el problema: si el Universo se encuentra en continua expansión, no debería llegar en el tiempo hasta lo que se podría llamar el "momento inicial", aquel en el que la expansión comenzó? Cualquiera que sea la teoría adoptada sobre el origen del Universo, esa cuestión más fundamental no puede ser eludida. Este Universo en constante movimiento postula la existencia de una causa que, dándole el ser, le ha comunicado este movimiento y continua alimentándolo. Sin tal Causa Suprema, el mundo y todo el movimiento que en él existe quedaría inexplicado e inexplicable, y nuestra inteligencia no podría quedar satisfecha. El espíritu humano pide recibir una respuesta a sus interrogantes solo admitiendo un Ser que ha creado el mundo con todo su dinamismo, y que continua sosteniéndolo en su existencia... A todas estas indicaciones sobre la existencia de Dios-Creador, algunos oponen las virtudes de la casualidad o de los mecanismos propios de la materia. Hablar de casualidad para el Universo que presenta una organización tan compleja en los elementos, y un finalismo tan maravilloso en la vida, significa renunciar a la búsqueda de una explicación del mundo. En realidad esto equivale a querer admitir los efectos sin causa. Se trata de una aplicación de la inteligencia humana que renunciaría así a pensar y a buscar una solución a sus problemas. En conclusión, miles de indicios empujan al hombre, que se esfuerza por comprender el Universo en que vive, a orientar la propia mirada hacia el Creador. Las pruebas de la existencia de Dios son múltiples y convergentes. Ellas atribuyen a demostrar que la fe no mortifica a la inteligencia humana, sino que la estimula a reflexionar y le permite entender mejor todos los "porqués" puestos ante la observación de la realidad. «En el simple plano de las razones y de las pruebas, podríamos decir que las posibilidades de la existencia de Dios son incomparablemente mucho más grandes que las de su no existencia; y los hombres lo adivinan así. Su ateísmo no es un ateísmo especulativo, sino un ateísmo práctico»[85]. Cuando uno, consciente o inconscientemente está interesado en rechazar la fe, se siente inclinado a encontrar más y más dificultades, y a no parecerle satisfactorias las soluciones que se le dan. No acepta una fe razonable y acepta un ateísmo que es indemostrable. Si Dios nos ha dado la razón es para que la usemos. Debemos ser creyentes bien formados, que sabemos lo que creemos y por qué lo creemos[86].

3,4.- Hace algún tiempo se hablo de la teoría de Frederick Hoyle sobre el origen del Universo. Se llama Universo estacionario. Sir Fred Hoyle era hijo de padres ateos y en su vida tampoco había sitio para Dios. Sin embargo, en 1983 sorprendió al mundo publicando un libro sensacional: «El Universo inteligente», donde apunta la necesidad de la existencia de Dios. La revista norteamericana «TIME», en un artículo de Arthur White lo anunciaba con este título: «El astrónomo que ha visto la LUZ». La LUZ con mayúsculas, se refiere a Dios. El subtítulo era: «Según Hoyle, una inteligencia superior guía la Naturaleza»[87]. En este libro, Fred Hoyle reconoce las dificultades de su teoría hasta el punto de abandonarla, como afirma el profesor de Astronomía de la Universidad de Harvard (EE.UU.)Donald H. Menzel[88]. La teoría del Universo estacionario de Fred Hoyle no cuenta con ninguna prueba experimental hasta el presente[89]. Este modelo está hoy abandonado por las insalvables dificultades encontradas[90]. Está hoy tan abandonado, que Nigel Henbest astrónomo inglés de la universidad de Oxford en su libro «El Universo en explosión» titula uno de los capítulos: «Muerte de la teoría del Universo estable»[91]. La teoría del Universo estacionario de Fred Hoyle debe ser abandonada. Hoy en día casi todo el mundo supone que el Universo comenzó con el Big-Bang... «Roger Perose y yo mostramos como la teoría de la relatividad general de Einstein implicaba que el Universo debía tener un principio»[92]. Dice Robert Jastrow, investigador, astrónomo y cosmólogo norteamericano contemporáneo: «Prácticamente está eliminada la teoría del Universo estacionario de Fred Hoyle, obligándonos a aceptar la de la gran explosión inicial»[93]. Esta teoría se llama del Big-Bang o del Universo en expansión. La desviación hacia el rojo en el espectro de la luz de las galaxias demuestra que el Universo está en continua expansión. Esta expansión de las galaxias, como la explosión de una bomba, nos lleva a pensar que estas galaxias debieron partir de un punto común[94]. Esta teoría tiene a su favor tantos datos experimentales que hoy es aceptada, casi sin excepción, por todos los físicos y astrónomos contemporáneos[95]. Cabe incluso hacer una especie de cuenta atrás hasta el momento en que el Universo nació. La mayoría de los cosmólogos están de acuerdo en que el Universo se inicio con una gran explosión hace unos 15.000 millones de años[96]. Por eso la mayoría de los astrónomos aceptan el Big-Bang, como lo llaman los anglosajones. Es decir, la gran explosión en el comienzo del cosmos. Después del Big-Bang la radiación se condenso en partículas, y éstas al unirse formaron protones y neutrones que después formaron los átomos de hidrogeno, helio, etc. «La teoría de que el Universo nació en una gigantesca explosión o Big-Bang, ya no es una simple hipótesis académica, cada vez se hace más difícil prescindir de ella si se quiere dar cuenta de las propiedades fundamentales del Universo como hoy se observa. El extraordinario éxito de la teoría del Big-Bang está relacionado con su poder de predicción y con las brillantes confirmaciones que las observaciones han aportado a sus predicciones.(...)La teoría del Big-Bang ha adquirido categoría de ciencia»[97]. «La teoría del Big-Bang, ha pasado, de hipótesis estrafalaria, a ser respetada teoría científica, merecedora de la más preciada distinción para los físicos de hoy»[98]. Esta teoría la defienden los astrofísicos más acreditados, como Allan Sandage del Observatorio de Monte Palomar (California), especialista en la investigación sobre los quásares y radiogalaxias[99]; Chushiro Hayashi, Profesor de Astrofísica de la Universidad de Tokyo (Japón); Arthur Code, Director del proyecto OAO-II de la NASA, y Yakov Zeldovitch, de la Academia de Ciencias de la URSS. Y también por Martin Ryle, catedrático de Radio-Astronomía en la Universidad de Cambridge, y Premio Nobel de Física en 1974. El científico español que trabaja para la NASA americana, D. Juan Oro, dijo por Radio Nacional de España el 7 de octubre de 1983 a las 7'30 de la tarde en el espacio Directo, directo, que la teoría del Big-Bang es una confirmación de la creación del cosmos por Dios. «Esta teoría del origen del Universo es aceptada por la inmensa mayoría de la comunidad científica, porque es la que mejor se ajusta a lo que se puede observar en la realidad»[100]. Prácticamente todos los astrónomos aceptan hoy la teoría de que el Universo apareció en un instante de creación mediante la violenta explosión de una bola de fuego, hace unos 15 o tal vez 20 mil millones de años. «El 3Universo estacionario2 de Hoyle también exige un comienzo de materia (creación). Yakov Zeldovitch afirma que es ineludible admitir que el Universo ha tenido un comienzo. El proceso de la NADA a la existencia de la materia solamente nos es posible describirlo con la palabra CREACIÓN. Para que la materia comience a existir se requiere un agente no material de infinito poder: UN CREADOR»[101]. «Físicos y astrónomos apuntan a la conclusión de que el Universo fue creado en una inmensa explosión (Big-Bang) hace unos 20.000 millones de años»[102]. Para hacernos una idea de lo que es todo este tiempo, si reducimos la historia del universo a un año, el nacimiento de Cristo hace dos mil años, sucedería en el ultimo minuto del ultimo día del año. El astrónomo Phillip Morrison confesaba en una intervención ante la BBC de Londres: «Me gustaría poder rechazar la teoría del Big-Bang, pero tengo que rendirme a la evidencia»[103]. Precisamente el Premio Nobel de Física de 1978 se concedió a los radioastrónomos Arno Penzias y Robert Wilson, especialistas en microondas, por haber recogido por primera vez en la historia el eco que queda de la gigantesca explosión que tuvo lugar en el comienzo de la creación del cosmos. El catedrático de Física Teórica de la Universidad Complutense de Madrid, D. Alberto Galindo, califica este hallazgo como uno de los más importantes de la astrofísica del siglo XX, sobre el comienzo de la creación del cosmos. Gracias a esta radiación de fondo sabemos que hubo una creación instantánea. El profesor F. Graham Smith, astrónomo real británico y director del Observatorio del Jodrell Bank, manifiesta que el ruido cósmico captado proviene del Big-Bang, la gran explosión que dio origen al Universo. El 23 de Abril de 1992 un equipo de investigadores, dirigidos por Jorge Smoot, anunciaba el descubrimiento de fluctuaciones en el fondo cósmico de radiación, detectadas por medio del satélite COBE (Cosmic Background Explorer )...Este fondo de radiación refleja el momento de la expansion del universo en el que tuvo lugar el acoplamiento entre materia y energía. El mismo Jorge Smoot, astrofísico de la Universidad de Berkeley (California), dijo en una conferencia de prensa en la Sociedad de Físicos de Estados Unidos en Washington: Lo que hemos hallado es una prueba del comienzo del Universo. Ha sido como ver a Dios. La teoría del Big-Bang es actualmente la más aceptada por los científicos para explicar el origen del cosmos, especialmente tras la presentación por parte de Jorge Smoot, de unas fotografías de la "explosión inicial" que puede considerarse como una imagen del Big-Bang. Por eso a Jorge Smoot se le ha llamado el hombre que fotografió el nacimiento del Universo con el satélite COBE. El COBE ha fotografiado con distintos colores fluctuaciones de temperaturas de irradiación situadas hace 15.000 millones de años luz. Todo esto confirma la teoría de la expansion del Universo expuesta por primera vez por el sacerdote científico belga Jorge Lemaître, por los años 30 de este siglo. Los días 26 y 27 de octubre de 1990 asistí en Madrid a un Simposium sobre Física y Religión. Uno de los científicos que hablo allí fue Julio A. Gonzalo, Catedrático de Física de la Universidad Autónoma de Madrid. Hizo esta afirmación: El Big-Bang ha pasado de ser hipótesis a ser teoría científica. Las observaciones del satélite COBE indican que no hay una teoría alternativa al Big-Bang sobre el origen del Universo. El astrónomo John Mather explico en la reunión anual de la Sociedad Astronómica Americana que las informaciones obtenidas por el satélite COBE no dejan dudas de que el Universo surgió a partir de una gigantesca explosión (Big-Bang). La teoría del Universo pulsante, de sucesivas expansiones y contracciones, es puro parto de la fantasía. No tiene ninguna confirmación científica. Mientras que la teoría del Big-Bang, del Universo en expansion, tiene multitud de comprobaciones científicas. El 29 de agosto de 1985 asistí en Loen a una conferencia del Profesor Carlos Sánchez del Río, Catedrático de Física de la Universidad Complutense de Madrid, y dijo: La expansion del Universo está confirmada por multitud de datos científicos experimentales, pero hoy no tenemos ningún dato científico experimental para afirmar que en el cosmos después de una expansion vendrá una contracción. Que a la expansion no sucederá una contracción se puede ver siguiendo los pasos que da el Catedrático de la Universidad de Roma, Director del Observatorio Armellini, que podríamos resumir diciendo: Las galaxias no volverán nunca a caer hacia atrás, pues su velocidad de fuga es tres veces mayor que la velocidad crítica. Hay procesos irreversibles: un huevo frito jamás puede volver a ser un huevo crudo. «Es físicamente sin sentido el hablar de volver al pasado»[104].

La hipótesis de que después de la expanción del cosmos vendrá una contracción ha sido descartada por los astrofísicos que han participado en la reunión de la sociedad Americana de Astronomía celebrada en washington en Eero de 1998.

El astrónomo James Jeans, uno de los mayores genios de la época actual dice: Un universo cíclico está en completo desacuerdo con el principio bien establecido de la Segunda Ley de la Termodinámica que nos enseña que el universo cíclico es imposible. (...) Al remontarnos hacia atrás en el tiempo llegaremos por necesidad al momento antes del cual no existía el universo presente. Además esta hipótesis del universo pulsante no excluye la idea de creación, pues en estas sucesivas expansiones y contracciones, siempre hay pérdida de energía, es decir, antes o después se llegará al final. Cuando en pleno siglo XX, los científicos teóricos y los experimentadores descubrieron la necesidad de admitir un principio del Universo, los sabios materialistas bregaron como verdaderos diablos..., pues saben muy bien que si logra imponerse la tesis del principio del Universo, el fin del materialismo habrá llegado. Si la Astrofísica conduce a admitir que el Universo ha comenzado alguna vez..., entonces el ateísmo no sería admisible.

La Ciencia explica cómo fue el origen del cosmos. Pero en el instante inmediatamente anterior al Big-Bang no hay Universo; no existe el objeto de la Ciencia Física. Ésta no puede, por consiguiente, entender de lo que es ajeno a su jurisdicción. Como dice Cloud, "de dónde puede haber provenido la bola, cuya explosión dio origen al Universo, es una cuestión que trasciende los límites de la Ciencia...; pertenece a la Metafísica y a la Teología". Entre otros muchos, existe un libro científico que trata sobre el origen del cosmos. Se titula Los tres primeros minutos[105]; es una vista moderna del origen del Universo, por Steven Weinberg, Profesor de Ciencias de la Universidad de Harvard, Premio Nobel de Física 1980. De este libro dice el Premio Nobel de Física T. D. Lee: Este libro presenta el tema con claridad y gran precisión científica. Y un comentarista del New Yorker, afirma: Cuando antes se creía que era una locura pensar en la creación, después de leer este libro lo que parece locura es no aceptar la creación.

Robert Jastrow, científico y autor internacionalmente reconocido, que es el fundador del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA, Profesor de Astronomía y Geología en la Universidad de Columbia, y Profesor de Ciencias de la Tierra en el Dartmouth College, que ha sido una figura relevante en el Programa Espacial Norteamericano desde su comienzo, y fue el Presidente del Comité de Exploración Lunar de la NASA, dice: «El repentino nacimiento del Universo es un hecho científico probado... Fue literalmente el momento de la Creación[106]». Y en su libro Dios y los Astrónomos dice: «Cuando el astrónomo llega a la cumbre de sus conocimientos del origen del cosmos, le dan la bienvenida los teólogos que estaban allí desde hace muchísimos siglos». Los teólogos han dicho siempre lo que hoy dicen los astrónomos: que el cosmos comenzó por un acto de creación. El P. Antonio Romañá, S.I. treinta años Director del Observatorio de Astrofísica del Ebro, que tenemos los jesuitas en Tortosa, me dijo a mí, y yo lo dije en Televisión Española citándole a él: Hoy en Astrofísica nadie excluye la idea de creación. Es evidente que el Universo ha tenido un principio. En Ciencia, al igual que en la Biblia, el cosmos empieza con un acto de creación... Todo esfuerzo para hablar de un Universo eterno con materia eterna se estrella contra los datos científicos. No supone ninguna falacia afirmar que el tiempo comenzó con el Big-Bang junto con el espacio que nuestro Universo ocupa Ian Barbour, profesor de Ciencias en Carleton enseña que el Big-Bang del Universo es una forma de creación divina.

El Big-Bang es el grito del Universo al nacer.

Que el Universo tuvo principio en un momento dado está confirmado por el mayor acelerador de partículas del mundo (LEP) inaugurando el 13 de noviembre de 1989 para simular las condiciones que dieron origen al universo.

3,5.- Otro de los argumentos para demostrar que la materia no puede ser eterna, es la transformación de unos elementos radiactivos en otros. Si la materia fuera eterna, ya no quedaría potasio-40, ni rubidio-87, ni uranio-235, pues ya se habrían transformado en argón-40, en estroncio-87, y en plomo-207 respectivamente. Por el punto de desintegración de los cuerpos radiactivos podemos afirmar que la materia no es eterna, pues si la materia fuese eterna ya se habrían transformado totalmente. Si hoy queda en el mundo potasio y uranio radiactivos es porque todavía no han transcurrido los miles de años necesarios para que se transformen en argón y plomo respectivamente. Es cosa sabida que la mitad del uranio que contiene una roca se transforma en plomo al cabo de 4.000 millones de años. También es sabido que si todavía hay uranio es señal que no existe desde hace una eternidad, pues en ese caso todo se habría convertido en plomo y ya no quedaría uranio en el mundo. Dice el conocido físico francés Jean E. Charon: «La materia tuvo que aparecer en un momento determinado. (...) La radiactividad natural proporciona un método sumamente preciso para fechar el nacimiento de la materia»[107]. El hidrogeno que consta de un protón y un electrón, es la base de todos los demás elementos más estables que él. No se retrocede de un elemento más estable a otro menos estable. Es imposible que el Universo sea eterno: no quedaría nada de hidrogeno. Es cosa sabida que el hidrogeno se convierte en helio en un proceso continuo e irreversible. Si esto sucediera desde toda la eternidad ya se habría gastado todo el hidrogeno que todavía se quema en las estrellas, pues la cantidad de hidrogeno del universo es limitada, y lo que se pierde no se repone. ésta fue la explicación que dio el astrónomo soviético Fessenkov en la Academia de la Unión Astronómica Internacional, celebrada en Roma en 1952, hablando sobre el origen de las estrellas: No pueden ser eternas, sino que han tenido que producirse en un momento dado. La Ciencia moderna encuentra cada día nuevos datos que confirman la doctrina católica de que el cosmos no es eterno. Por métodos radiactivos se puede calcular la edad de los astros cuyos astrolitos han caído en nuestro suelo. También se ha calculado que la edad de la Tierra es de 4.500 millones de años. En la Naturaleza nada se crea ni se destruye; todo se transforma. Pero esto supone una creación previa de la Naturaleza. La conservación del binomio materia-energía, es una ley de la Naturaleza que no tiene sentido antes de la creación del cosmos. «La ley de la conservación de la energía se entiende de la suma total de energía de todo orden que el cosmos encierra: mecánica, química, eléctrica, calorífica, etc. Pero la energía calorífica se llama energía degradada porque no puede transformarse íntegramente en otra energía. La energía mecánica puede transformarse enteramente en energía calorífica, pero no al revés. La energía calorífica crece continuamente en el Universo y como, en su mayor parte, no es apta para producir de nuevo un trabajo útil, resulta que la energía utilizable disminuye incesantemente. Este proceso de degradación de la energía, se llama entropía. La entropía crece sin interrupción hasta llegar a la muerte térmica del Universo»[108]. Ahora bien, es evidente que si el Universo debe acabar, ha debido también comenzar; porque de otro modo, si el Universo hubiera existido desde toda la eternidad, ya se hubiera transformado toda la energía y habríamos llegado ya al fin. Paul Davies, Profesor de Matemáticas del «King's College» de Londres, dice que: «El fin del cosmos se calcula para dentro de cien mil millones de años»[109]. Esta continua degradación de la energía, expresada en la ley de la entropía, ha hecho que los científicos abandonen la teoría del Universo pendular, pulsante, oscilante, cíclico. Dice, entre otros, Jean E. Charon, científico francés: «No hay evolución cíclica. La evolución del Universo es lineal»[110]. Como el agua que cae desde una cascada produce una energía (mover una turbina), pero ese agua ya no puede volver arriba por sí misma. Arthur Eddington, considerado como uno de los más grandes astrofísicos de los últimos tiempos, habla en su libro «The Nature of the Physical World» de la muerte térmica del Universo: «El Universo se está descargando... No encuentro ninguna dificultad en aceptar las consecuencias de la teoría científica actual por lo que concierne al porvenir: la muerte térmica del Universo. Quizás sea dentro de billones de años, pero el reloj de arena se vacía lenta, pero inexorablemente... Debemos fijar su carga en alguna época... El principio del proceso mundial presenta dificultades insuperables, a no ser que convengamos en considerarlo como sobrenatural»[111]. Dice P. Carreira, S.I., Profesor de Física y Astronomía en la Universidad de Cleveland (EE.UU.): «Tenemos una perfecta concordancia entre la ciencia moderna y la idea bíblica y cristiana de la creación. El Universo comienza por creación. El concepto de creación está en perfecto acorde con la Física y la Astrofísica modernas.(...) La ciencia moderna lleva naturalmente, por las medidas experimentales, y también por el desarrollo teórico de la Astrofísica, a la idea de un Universo creado. La ciencia moderna afirma, como dato científico, que el Universo tiene una edad limitada, que hay un tiempo máximo de las estructuras que observamos, y que antes no hay estructura material que se pueda describir por las leyes físicas»[112]. Pío XII les dijo a los científicos del mundo entero reunidos el 22 de noviembre de 1951, que «la Ciencia de hoy ha confirmado con la exactitud propia de las pruebas físicas, que nuestro Universo es obra de un CREADOR»[113].

3,6.- C. Rubbia, Premio Nobel de Física, dice: «Hemos descubierto una precisa imagen de nuestro mundo. Para mí está claro que esto no puede ser consecuencia de la casualidad. Hay evidentemente alguien haciendo las cosas como son»[114]. En 1973, Jean Heidmann, Astrónomo titular del Observatorio de París, publico un libro titulado «Introducción a la Cosmología», en el que después de muchas páginas de formulas matemáticas termina hablando del origen de la materia y dice esta frase: «Esto es en toda su sencillez el fiat lux, expresión bíblica del momento de la creación»[115]. En el XXI Congreso de Premios Nobel celebrado en Lindau (Alemania), hablo el Profesor de la Universidad de Cambridge, Paul Dirac, Premio Nobel de Física, que murrio en octubre de 1984, uno de los físicos más destacados del siglo XX, en frase del también célebre científico británico Fred Hoyle. Está considerado como uno de los fundadores de la mecánica ondulatoria, y descubridor de la antimateria, al intuir la existencia del positrón (electrón positivo) que más tarde fue descubierto por David Anderson también Premio Nobel. Más tarde, otro Nobel Emilio Segre descubrió el antiprotón (protón negativo). Dirac afirmo que es necesario admitir la existencia de Dios en la creación del Universo, pues atribuirlo a la casualidad, no es científico[116]. Hoy a muchos hombres cultos y entregados a la investigación científica, la fe religiosa no les parece inconciliable con las certezas científicas. «Es falso creer que la fe es algo perteneciente al pasado más remoto de nuestra civilización. Yo sostendría lo contrario. Hoy día la mayor parte de los científicos, empezando por los físicos nucleares, tienen una actitud muy respetuosa ante la Religión, o son ellos mismos cristianos practicantes. Bernard Lowell, el astrónomo de Jodrell Bank, me decía que nadie se atreve hoy a formular teorías de tipo positivista o materialista sobre el origen o el fin del universo»[117]. El doctor Pascual Jordán, español de nacimiento, Catedrático de Física Atómica en la Universidad de Hamburgo, varias veces candidato a Premio Nobel de Física, especialista en cuestiones cosmológicas y biofísicas, colaborador de Einstein y Max Planck en las teorías de la relatividad y mecánica cuántica, es en la actualidad uno de los científicos de mayor prestigio internacional. Recientemente ha publicado un libro en el que afirma que «la Física Moderna no sostiene ya más un concepto materialista del Universo basado en la negación de la existencia de Dios»[118]. Max Planck, Premio Nobel de Física, Profesor de Física Teórica y Director del Instituto Físico en la Universidad de Berlín, indiscutible patriarca de la Física de nuestro siglo y llamado con razón «el padre de la Física moderna», dice: «Lo que nosotros tenemos que mirar como la mayor maravilla es el hecho de que la conveniente formulación de esta ley produce, en todo hombre imparcial, la impresión de que la Naturaleza estuviera regida por una voluntad inteligente»[119]. El hombre puede conocer como fue el origen del cosmos, pero la explicación del como no excluye el por qué. Es decir, siempre queda en pie la necesidad de un Ser Inteligente, Autor de las leyes del cosmos. Todo esto acontece como si este Universo nuestro fuera la obra de un compositor. Alberto Einstein, muerto en 1965, uno de los mayores físicos y matemáticos de nuestro tiempo, Premio Nobel de Física en 1921, que demostró matemáticamente que la velocidad de la luz es velocidad límite y no se puede superar, era creyente. Reconoció su humilde admiración hacia un espíritu superior e ilimitado. Afirmaba que el hombre de ciencia tiene que ser profundamente religioso. Decía con frecuencia: «La Ciencia sin Religión es coja, y la Religión sin Ciencia es ciega»[120]. Edmundo Whittaker, Profesor de la Universidad de Edimburgo, se convirtió al catolicismo «como fruto de sus investigaciones sobre el origen del Universo»[121].

3,7.- Prescindo de lumbreras de la antigüedad como San Agustín, Santo Tomás o Miguel ángel, que siempre rezaba de rodillas antes de empezar a trabajar en su obra de arte. Lo mismo que Newton, era creyente Kepler. Leverrier, descubridor del planeta Neptuno, fue ferviente católico. Laplace murrio como fervoroso cristiano asistido por un sacerdote. Incluso Galileo, a pesar de su lamentable proceso, murrio como buen cristiano en 1642. Copérnico (a quien debemos el sistema heliocéntrico) y Lemaître, muerto en 1966 (autor de la teoría de la expansion del universo hoy en boga), fueron sacerdotes. Un destacado historiador -Deunert- tan solo ha hallado en el campo de las Ciencias Naturales un 2% de científicos de fama que se declaren materialistas y ateos. Entre 8.847 nombres de sabios citados por Poggendorff en su «Dictionaire des Sciencies Exactes» la inmensa mayoría son creyentes e incluso un 10% son sacerdotes o religiosos[122]. El 1 de febrero de 1976 murrio en Munich a los 74 años de edad Werner Heisenberg, que está considerado como el físico más grande de todos los tiempos, Premio Nobel por sus investigaciones sobre Física Nuclear. él formulo matemáticamente la teoría unificadora de los campos energéticos, gravitatorio, electromagnético y nuclear (fuerte y débil); lo cual, Einstein no consiguió a pesar de sus esfuerzos. En abril de 1969 paso por Madrid. En una entrevista que hizo para la prensa, dijo entre otras cosas: Lo que sí creo es en Dios, y que de él viene todo. Las partículas atómicas tienen un orden, que tiene que haber sido impuesto por alguien. Heisenberg le dijo a Vintila Horia: «La teoría de un mundo creado, es más probable que la contraria, desde el punto de vista de las ciencias naturales. La mayor parte de los hombres de ciencia que yo conozco han logrado llegar a Dios»[123]. En un ABC dominical leí que Werner von Braun, padre de la astronáutica y cerebro de los vuelos espaciales que han llevado el hombre a la Luna, manifestaba que era creyente y que todos los días oraba a Dios[124]. Decía: «El hombre tiene necesidad de fe como tiene necesidad de agua, de aire....Tenemos necesidad de creer en Dios». Dice Salvador de Madariaga que «los hombres más eminentes en la vanguardia de la Ciencia no vieron que hubiera nada en su actitud científica que les impidiera creer en Dios»[125]. Y Alexis Carrel, muerto en 1944, Premio Nobel de Medicina, dice: «Yo creo todo aquello que la Iglesia Católica quiere que creamos. Y, para hacer esto, no encuentro ninguna dificultad, porque no encuentro en la verdad de la Iglesia ninguna oposición real con los datos seguros de la Ciencia»[126]. P. Manuel M. Carreira, S.I., Doctor en Ciencias Físicas y Profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Cleveland (EE.UU.), dice: «Ni por ser sacerdote he tenido que viciar un razonamiento científico, ni fue preciso nunca que cerrase mis ojos a la Ciencia para mantener la fe»[127]. El Premio Nobel Paul Sabatier, muerto en 1941, ha dicho: «Contraponer la Ciencia con la Religión es cosa de gente poco experta en uno y otro tema»[128]. El Dr. Juan Oro, nacido en Lérida, que es uno de los más prestigiosos bioquímicos de Estados Unidos y que trabaja para la NASA, afirma: «Para mí no hay contradicción entre Fe y Ciencia»[129]. El Profesor Baltasar Rodríguez-Salinas, Catedrático de Teoría de Funciones en la Facultad de Ciencias Matemáticas de Madrid, en un discurso que pronuncio en la Academia de Ciencias, comenzó con una cita del genial matemático Cauchy: «Yo soy cristiano, es decir, yo creo en la divinidad de Jesucristo, con Tycho-Brahe, Copérnico, Descartes, Newton, Kepler, Fermat, Leibniz, Pascal, Grimaldi, Euler, Gauss, Guidin, Boscowich, Gerdil, con todos los grandes astrónomos, todos los grandes físicos, todos los grandes matemáticos de los siglos pasados. Yo también soy católico como la mayor parte de ellos; y si se me pregunta la razón, diré que mis convicciones son el resultado, no de prejuicios de nacimiento, sino de un examen profundo»[130]. Otros muchísimos científicos son católicos, como Pasteur, De Broglie, Schrödinger, Pauli, y Max Planck que se convirtió al catolicismo al final de su vida, como afirmo el Profesor Stanley L. Jaki, húngaro, Profesor de varias Universidades de Estados Unidos, en el Congreso sobre Física y Religión celebrado en Madrid en Octubre de l990. Angel Santos Ruiz, Catedrático de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid, dice: «Ningún hecho científico, plenamente confirmado, ha tenido que rechazarse por estar enfrentado con la doctrina revelada»[131]. « De hecho, ningún físico, químico, biólogo, etc., ha tenido que renunciar nunca a sus convicciones sobre Dios, el alma, la Ley Moral y lo sobrenatural, porque fueran incompatibles con su ciencia»[132]. El 23 de agosto de 1985 le oí decir al Rector de la Universidad de Santander, y Catedrático de Física, D. Francisco González de Posada, en unas conferencias que pronuncio en Laredo: La Ciencia de hoy no le da al ateo ningún dato que le confirme en su ateísmo. D. Santiago Ramon y Cajal, Premio Nobel 1906, jamás dudo de la existencia de Dios, en frase de su hermano Pedro; quien además afirma que si él hubiera llegado a tiempo, su hermano «Santiago hubiera muerto con los sacramentos»[133]. Leonardo Torres Quevedo, que murrio en Madrid, el 18 de Diciembre de 1936, a los 84 años de edad, fue ingeniero y matemático. Invento en 1895 una máquina de calcular ecuaciones que es precursora de las computadoras electrónicas de hoy. El 25 de octubre de 1906, en la ría de Bilbao hizo evolucionar un bote sin tripulantes por ondas hertzianas, gracias al telekino, desde la terraza del Club Náutico. El bote avanzo, retrocedió, viro en redondo, sorteo otras embarcaciones que había en el puerto y llego a la escala del vapor Elcano, donde se hallaba la representación oficial. El telekino es precursor de los cohetes teledirigidos de hoy. El 10 de febrero de 1916 se inauguro en las Cataratas del Niágara el transbordador que Torres Quevedo proyecto y se adjudico en concurso internacional, y sigue funcionando en la actualidad. El Ayuntamiento de Camargo (Santander) organizo en el mes de agosto de 1991 una exposición en Maliaño con ocasión del 75 aniversario del transbordador del Niágara, obra de Torres Quevedo, nacido en Santa Cruz de Iguña (Cantabria), el 28 de Diciembre de 1852. En esta exposición vi una réplica de este transbordador que en 75 años no ha tenido ni un accidente ni una avería grave. En América lo llaman el aerocar español. Va sostenido por seis cables y anclaje con contrapesos, con lo cual se mantiene constante la tensión de los cables, independientemente del peso, según la barquilla estuviera más o menos cargada de gente; y le proporciona un alto coeficiente de seguridad. Antes de construirlo en el Niágara, lo instalo en el Monte Ulía de San Sebastián en 1907 para probarlo. Fue el primer tranvía aéreo del mundo. En 1914 invento el ajedrecista mecánico, que siempre gana. Es una máquina precursora de los robots de hoy. Se conserva en la Escuela de Ingenieros de Caminos. En 1951 fue presentado, por Gonzalo Torres Quevedo (hijo del inventor, ayudante suyo y colaborador), en París, en un Coloquio Internacional de Cibernética, y dio mate a Tartakower, entonces campeón del mundo de ajedrez. La máquina anuncia por un altavoz al contrincante cuando hace trampa o se equivoca. A la tercera se enfada y no juega más. En 1976 estuve en Toledo predicando conferencias cuaresmales, y entonces tuve la satisfacción de conocer a Valentina Torres Quevedo, hija del inventor, que me facilito los recortes de periódicos que cito. Ella me dijo que su padre murrio como un buen cristiano, como había vivido: comulgaba todos los Primeros Viernes de mes. Según uno de los comentaristas de los acontecimientos internacionales mejor informados de nuestro país, la gran mayoría de los investigadores y técnicos de la navegación espacial no solo de los Estados Unidos, sino también de la Unión Soviética, confiesan, cuando la conversación ha alcanzado un determinado clima de intimidad, su fe en Dios. Es más, casi sin excepción, admiten y añaden que su fe surge como consecuencia de sus mismas investigaciones científicas. Dos mil trescientos miembros de la Asociación Norteamericana de Científicos admiten ser creyentes. El Premio Nobel de Física 1985, Carlos Rubbia, Director del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) que ha descubierto una nueva forma de generar energía nuclear por fisión, que es más barata, limpia y segura, y no sirve para fabricar bombas atómicas, ha dicho: La Ciencia más avanzada se acerca a la Religión. Y Pío XII: «La ciencia moderna descubre a Dios detrás de cada nueva puerta que abre»[134]. Juan Pablo II, dijo en la Universidad de Madrid: La Ciencia y la Fe no son opuestas, sino convergentes en el descubrimiento de la realidad integral que tiene su origen en Dios. El filosofo alemán contemporáneo Martín Heidegger dijo en una entrevista a la revista alemana «Der Spiegel» en 1966: «La literatura actual, en su mayoría, es destructiva. Solo Dios puede salvarnos todavía. Frente a la ausencia de Dios, nos hundimos»[135]. Boris Yeltsin, Presidente de Rusia, declaro que «el comunismo intento durante 70 años imponer el ateísmo, pero no lo ha logrado»[136]. El soviético Alejandro Solzchenitsyn, Premio Nobel 1970, que estudio Matemáticas y Física en la Universidad Rostov y luego curso los estudios de Literatura en el Instituto de Filosofía de la URSS, se manifiesta creyente. Es muy conocida la oración que escribió: Qué maravilla es vivir contigo, Señor! Qué fácil me es creer en Ti! Tu me envías la clara certidumbre de tu existencia. Chabanis después de entrevistar a varios pensadores ateos, afirma: Pensaba encontrar en ellos un ateísmo riguroso y bien fundamentado, pero lo que había era ausencia de búsqueda de la Verdad Absoluta. La increencia de muchas personas tiene su origen en su ignorancia religiosa. A nadie le puede convencer lo que no conoce. Yo no puedo opinar sobre la comida de Kenya, pues no sé lo que allí se come. Sería interesante contar las páginas que ese ateo ha leído de su profesión y las que ha leído de cultura religiosa. Seguramente la diferencia es enorme. Cuál sería su información profesional si invirtiéramos los números? Nos vamos a extrañar de su ignorancia religiosa?

3,8.- El ateísmo deja sin resolver muchas más cosas que todos los misterios que acepta la fe. Por eso Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina, dijo: No soy lo suficientemente crédulo, para ser incrédulo. Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el 75% de los españoles creen en Dios.Y según otra del Instituto Gallup, el 94% de los norteamericanos cree en Dios, y el 58% en el infierno. Ya dijo Berdiaef que el hombre es un ser incurablemente religioso. Y Max Scheler: «el hombre o cree en Dios o se fabrica un ídolo. Este ídolo será la raza, el Estado, una mujer o el dinero; pero el hombre no puede vivir sin adorar algo»[137]. El agnóstico se escapa con un no sé por no querer reconocer lo razonable que es un Dios Creador. La fe complementa la razón como el telescopio complementa al ojo. Con el telescopio veo estrellas que no veo a simple vista. Con la fe obtengo respuestas a muchas cosas para las que la Ciencia no tiene respuesta: Qué sentido tiene la vida del hombre? De donde viene? A donde va? Qué hay después de la muerte? Es mucho más razonable creer en Dios que ser ateo. El ateo no solo no puede demostrar que no hay Dios, sino que desde el ateísmo no se pueden resolver los grandes interrogantes de la vida. De donde viene? A donde va? Qué pasa después de la muerte? Qué sentido tiene la vida? Como saciar el apetito de felicidad?, etc., etc. El ateo se condena a vivir en la angustia, en la duda, en la desesperación; a no ser que prefiera dejar de ser hombre y vivir de espaldas a todo pensamiento transcendente. El animal no puede hacerse preguntas trascendentes. El hombre sí. Y solo con Dios encuentra respuestas. Como dice el Concilio Vaticano II, sin Dios quedan sin respuesta los problemas más agudos de la existencia humana como son el sentido de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor. Y estos problemas son insoslayables. No hay nadie que, al menos en ciertos momentos de su vida, deje de planteárselos. El materialismo dice que todo lo que existe es material, porque todo lo que se ve, se toca, se mide, etc., es material. Esto es tan simple como el pescador que niega que haya peces más pequeños que los que sus redes pescan, porque los más pequeños se le escapan por los agujeros. El hecho de que haya tantos hombres de ciencia creyentes es prueba de que la Ciencia no es obstáculo para creer. Si lo fuera, todos los científicos serían ateos; y, como hemos visto, muchos hombres de ciencia se declaran creyentes. El hecho de que haya científicos ateos habrá que explicarlo por otros caminos, pero no el hecho de ser científicos. El problema del hombre contemporáneo es la fraudulenta y persistente manipulación a que ha sido sometido por el racionalismo materialista que le asegura que "La Ciencia" ha demostrado la no existencia de Dios. No hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios. Por el contrario, hay muchos datos científicos que confirman la fe del creyente: desde lo que dicen los astrónomos sobre el origen del cosmos (ver n 3 ), hasta los estudios científicos realizados en la Sábana Santa de Turín[138]. El 13 de octubre de 1988 se hizo publico que el resultado del análisis del carbono-14 sobre la Sábana Santa, deduce que el tejido es de la Edad Media, es decir que la Sábana Santa no pudo cubrir el cuerpo de Cristo en el siglo I, por lo tanto es falsa. Esta noticia fue rechazada por todos los especialistas en la Sábana Santa. No se podían ignorar las anteriores investigaciones en los campos de la Historia, Medicina, Bioquímica, Numismática, Palinología, Arqueología, etc. que confirmaban la autenticidad de la Sábana Santa. De hecho se han celebrado dos Congresos Científicos Internacionales, uno en París en septiembre de 1989, y otro en Cagliari (Italia) en abril de 1990, donde se han invalidado las pruebas del Carbono-14 en la Sábana Santa. En las palabras de clausura del Congreso de Cagliari, dijo el Dr.Baima Bollone, Presidente del Centro Internacional de Sindonología de Turín: La tónica general del Congreso ha sido la inaceptabilidad de la prueba del carbono-14 en la Sábana Santa. En este Congreso se presentaron veintisiete trabajos de investigación. Yo tuve el honor de presentar en este Congreso un trabajo de investigación en nombre del Centro Español de Sindonología, que fue muy bien acogido, como expreso el Presidente de la Mesa. En la sexta edición de mi libro de la Sábana Santa hago un resumen de este Congreso y del trabajo de investigación que allí presento España. Con todo, no hay que desorbitar el valor del conocimiento científico experimental. También es válido el conocimiento histórico y metafísico. El conocimiento científico experimental no es el único modo de conocer. Hay realidades que se escapan al conocimiento experimental. El razonamiento filosófico no es científico. Cuando Descartes dice: Pienso, luego existo, hace un razonamiento válido; y sin embargo no es científico, sino filosófico. La Ciencia no lo explica todo. Hay cosas que se le escapan. Lo mismo que una red de trama grande no puede capturar peces pequeños, pero no por eso dejan de existir boquerones y chanquetes. Hay cosas inalcanzables para la ciencia experimental. La Ciencia no sirve para demostrar la existencia de Dios, como tampoco sirve para demostrar el amor de una madre o la fidelidad de un esposo, aunque todo esto sea una realidad. Sin embargo, no hay duda de que la Ciencia nos aporta datos válidos que confirman la existencia de Dios. Las razones para creer son suficientes, pero no evidentes como un axioma; pues Dios quiere que el hombre le acepte libremente y no a la fuerza. Las verdades de la fe son razonables y ciertas. Las podemos creer con toda firmeza, pero no se nos imponen con una evidencia aplastante, pues entonces la fe no sería meritoria, y Dios ha dispuesto que en esta vida merezcamos con la virtud de la fe. Decir el todo es mayor que su parte es tan evidente que el aceptarlo no tiene mérito ninguno. La oscuridad de la fe es absolutamente necesaria para que el acto de fe sea libre. Y la libertad de la fe es imprescindible para hablar de valores religiosos en ella. La fe es suficientemente oscura para que la adhesión a ella sea libre; y al mismo tiempo bastante clara como para que la dicha adhesión sea razonable. La fe es segura y oscura al mismo tiempo. Segura porque se basa en la palabra de Dios, y oscura por la limitación de nuestro entendimiento. Por eso decía Santa Teresita del Niño Jesús: «Señor, no te entiendo nada; pero te creo todo, porque me fío de Ti». Hoy, en algunos ambientes, está de moda el agnosticismo;personas que prescinden de Dios. No les interesa Dios. Se instalan en el mundo como si no hubiera nada al otro lado de la muerte. Lo primero que hay que decir es que negar a Dios, no es destruirle; y el que piense que no hay nada más allá de la muerte, se va a enterar en cuanto se muera. Pues las cosas son como Dios ha dicho que son, no como nos puedan parecer a nosotros. Y si Dios ha dicho que seguiremos vivos más allá de la muerte, esto es así aunque haya quien no lo acepte. La fe es aceptar lo que no entiendo porque me fío del que me lo dice. Pero la fe es razonable. Si no lo fuera, los creyentes seríamos unos insensatos. Por eso la fe no es un salto en el vacío, a lo loco. Es muy razonable aceptar lo que no entiendo, si puedo fiarme del que entiende y me lo dice. La fe en Dios es perfectamente razonable. Hay muchas más razones para creer que Dios existe que para dudar de su existencia. Pero hay que rechazar, tanto el racionalismo que solo acepta lo que se puede demostrar (los misterios son indemostrables), como el fideísmo que desprecia la razón, y pretende que la fe sea un salto en el vacío, sin ningún motivo de credibilidad. Si la fe no tuviera ninguna motivación de tipo racional no sería responsable ni humana. Por eso la teología católica ha defendido siempre la capacidad natural que tiene el hombre para llegar con la luz de la razón a conocer la existencia de Dios-Creador. Así lo define el Concilio Vaticano I. La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, Principio y Fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas. Dijo San Pablo: «Lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras»[139]. Sin embargo, aunque la razón me indica que hay motivos serios para creer, la razón no causa la fe. Solo cuando el corazón humano se rinde a la gracia en un acto de humildad y sencillez es cuando nace la fe. La razón tiene que ir acompañada de la oración humilde. Es preciso tener un corazón limpio para creer en Dios. No podemos olvidar que Dios solo se manifiesta a los humildes. La Ciencia que tiene por objeto la exposición de los motivos de credibilidad, o sea, las razones y argumentos que demuestran ser la fe razonable, se llama Apologética. El Cardenal Newman, que era protestante, se convirtió al catolicismo por puro raciocinio. Dice el Cardenal Daneels, Arzobispo de Malinas, la supresión de toda sana apologética es un funesto servicio prestado a la causa de la evangelización. En Mayo de 1935 se convirtió al catolicismo Marchant, Ministro de Instrucción Publica de Holanda. Al ser interrogado por un miembro de la izquierda del Senado, contesto: Creo, porque reflexiono. Pero no se trata de convencer a nadie a base de pruebas, sino de hacer ver lo razonable que es creer. Derramar luz sobre las verdades de la fe. Tal es el papel de la Apologética. Pero no olvidemos que la conversión no nace solo tras haber sido convencido, sino tras una iluminación de mi entendimiento y adhesión de la voluntad a Dios, acogiendo las verdades reveladas y acomodando todo mi ser a esa iluminación. Los motivos de credibilidad constituyen un preámbulo racional de la fe. El acto de fe constituye esencialmente un asentimiento a estas verdades porque Dios las ha revelado. Y por supuesto que no basta asentir a las verdades reveladas por Dios; es preciso vivir de acuerdo con ellas. Para el que tiene fe, mil objeciones no le hacen dudar; y al que no tiene fe, mil pruebas no le convencen. El hombre se convence por razones, pero es la voluntad la que elige las razones que quiere que le convenzan. Por eso no basta dar razones que van solo al entendimiento. Hay que presentar valores que mueven a la voluntad: bondad, belleza, importancia, utilidad o necesidad para el hombre en cuanto tal. Un hombre puede conocer que el tabaco es malo para su salud; pero mientras el placer del tabaco sea para él un valor superior al daño que pueda hacerle a su salud, no dejará de fumar. La fe es razonable, pero las razones no bastan para creer. Hace falta un acto de voluntad. Y la voluntad no se decide por razones lógicas, sino por motivos y valores. No es lo mismo estar convencido que convertido. El hombre, además de la razón, tiene un corazón, y con frecuencia éste manda sobre la razón. Las obras salen más del corazón que de la razón. Ya lo dijo Jesucristo: «Del corazón sale todo lo que mancha al hombre»[140]. Si uno considera al cristianismo como un antivalor por los sacrificios que exige, es muy difícil que crea. Pero si considera el cristianismo como un valor superior a todo sacrificio porque garantiza una eternidad feliz, empieza a poner la base de una posible fe, si al mismo tiempo tiene la oportunidad de conocer suficientemente las razones en que se apoya la credibilidad del cristianismo. Un hombre que sinceramente quiere la salud acepta encantado una medicina que le ofrece garantías de curación, aunque suponga costosos sacrificios. Para tomarla basta que ofrezca esperanza razonable de curación. Pero negarse a tomarla porque no hay seguridad absoluta de su eficacia, es absurdo. No te deslumbres, con estas afirmaciones que a veces se oyen de labios poco documentados: «La Ciencia moderna contradice a la Fe». Porque puedes tener la seguridad de que la verdadera Ciencia no ha contradicho nunca, ni contradirá jamás a los dogmas de Fe, porque Dios, la misma Verdad, es el Autor de la Ciencia y de la Fe; y no puede contradecirse. Efectivamente, la Ciencia es el conocimiento de las leyes que Dios ha puesto en la Naturaleza que son la base de la Ciencia; y Fe es el conocimiento de las verdades que Dios ha revelado. Dios, Sabiduría infinita, es Autor tanto de las verdades científicas como de las verdades religiosas: luego estos principios jamás pueden ser incompatibles entre sí. Cuando parezca que hay incompatibilidad, se debe a los hombres que han rebasado o mal interpretados las verdades de la Ciencia o de la Fe. Dice el Concilio Vaticano II: «Las realidades profanas y las realidades de la fe tienen su origen en el mismo Dios»[141]. Hay que tener en cuenta que no es Ciencia indiscutible la hipótesis de trabajo de un científico. Así como tampoco es Verdad Revelada la teoría personal de un teólogo. Cuando hablo de Ciencia, hablo de ciencia indiscutible, no de la hipótesis de trabajo de un científico. Y cuando hablo de Fe hablo de verdades dogmáticas, no de una norma disciplinar de la Iglesia, como ocurrió en el caso Galileo (ver n 39, 1) Pero entre ciencia indiscutible y dogmas de fe jamás ha habido contradicción, ni la habrá en el futuro, por lo que acabo de decir. Muchas de las dificultades que algunos creen encontrar en aparentes contradicciones entre la Fe y la Ciencia, o bien provienen de haber tomado como verdades reveladas afirmaciones que bien examinadas no gozan de tal garantía, o bien provienen de mirar como verdades científicas adquiridas definitivamente cosas que más tarde se verá no pasan de simples hipótesis o teorías, que con el tiempo, se han de ir retocando. No solo no hay contradicción entre Ciencia y Fe, sino que mutuamente se ayudan y complementan. La Física ha cambiado mucho durante los últimos cien años, y las posiciones radicalmente materialistas de algunos físicos del siglo XIX resultan hoy insostenibles. Muchos ideólogos influyentes, sin embargo, han permanecido anclados en el pasado, y habrán de pasar muchos años hasta que desaparezcan los prejuicios antirreligiosos, supuestamente científicos, que propagaron los ilustrados del siglo XVIII. Max Planck, Premio Nobel de Física dijo: «No se da contradicción alguna entre la Religión y las Ciencias Naturales; ambas son perfectamente compatibles entre sí»[142]. Rudolf Kippenhahns, Director del Instituto de Astrofísica Max Planck de Munich, dice: «Me preguntan una y otra vez en mis conferencias, si en la concepción científica del Universo queda lugar todavía para Dios... Cuanto más pienso sobre ello, menos entiendo que los conocimientos científicos deban suprimir las ideas de la fe»[143]. Como dice el profesor de la Universidad de Navarra, doctor en Ciencias Físicas, Mariano Artigas: la Ciencia nunca se ha opuesto a la Religión, y nunca se podrá oponer, porque no hay oposición real. Es más, añadió: «Hoy se puede afirmar como un hecho patente que los grandes científicos, prácticamente sin excepción, están de acuerdo en que no hay oposición real entre Ciencia y Religión»[144]. La verdadera Ciencia no solo no se opone a la Religión, sino que la confirma cada vez más con sus nuevos descubrimientos. Por eso Pío XII dijo en su discurso a la Academia Pontificia de Ciencias en 1951: «La verdadera Ciencia encuentra a Dios detrás de cada nueva puerta que abre»[145]. Es más, la Historia nos enseña que cuando una teoría se opone a lo que la fe sostiene como cierto y como seguro, esta teoría ciertamente es falsa. Antes o después será desbancada por otra nueva teoría. Así ha sucedido siempre. Y es natural: porque esa teoría se debe a un hombre que se puede equivocar; en cambio la fe se debe a Dios, que no puede equivocarse. Pero hombres a quienes estorba la Religión se agarran ansiosos a estas teorías mal demostradas como si fueran dogmas de fe, para desechar los verdaderos dogmas de fe que les estorban. No porque en los dogmas de la Religión haya misterios -como decíamos antes, la vida está llena de misterios, y eso a nadie extraña-; lo que ellos tienen contra la Religión no son dificultades científicas, sino prejuicios y dificultades morales. Si la Religión no obligara a tener a raya las pasiones, nadie tendría dificultades contra la Religión. Y si los preceptos morales dependieran de las verdades de la Física, muchos negarían la Física en lugar de negar la Religión. Ya dijo Bacon: «Solo niega a Dios aquel a quien conviene que no exista». Y Juan Jacobo Rousseau: «Mantened vuestra alma en estado de desear que Dios exista, y no dudaréis nunca de él». Con todo, conviene observar que el ateísmo va en retroceso. Paul Paupard, Presidente del Pontificio Consejo para los No Creyentes, dijo en Madrid que el ateísmo técnico está disminuyendo en el mundo. En España solo se declara ateo el 7% de los españoles. No negamos que un ateo pueda ser honrado, pero evidentemente le falta motivación. Cuando el hombre arranca a Dios de su vida se vuelve contra sus hermanos los hombres. Es lo que expreso Hobbes con frase cruda: El hombre es lobo para el hombre. Si no se respeta a Dios, qué otra cosa se puede respetar? Las consecuencias, a la larga, son funestas. Si a un árbol se le cortan las raíces, tendrá algunas reservas, pero para poco tiempo. Terminará por secarse y troncharse. La raíz de nuestro pueblo está en el cristianismo. El fideísmo es absurdo pues pretende que creamos en Dios sin tener fundamento racional de la fe. Dice el Concilio Vaticano I: Podemos conocer a Dios por la razón natural. Es una certeza que excluye toda duda razonable, pero no se trata de una evidencia axiomática. La fe es un acto de la voluntad tras el examen, por la razón, de los motivos de credibilidad. Por eso la razón prepara la fe, no la impone. Para dar este paso al frente es necesaria la gracia de Dios. Por eso hay que pedir a Dios el don de la fe. La fe es un don en el sentido de que Dios nos ayuda para que nuestra razón no se vea entorpecida por obstáculos psíquicos, morales, culturales, ambientales, etc., que le impidan su correcto funcionamiento. Los fundamentos de la fe hacen la fe razonable. La fe suple la razón, pero no la destruye. La razón no es causa de la fe, que es un puro don de Dios; pero es condición indispensable para que la fe sea responsable, humana y no arbitraria. Si la fe no fuera razonable los creyentes seríamos unos estúpidos. El fideísmo, que es creer sin pruebas, es de raíz netamente protestante (Barth, Bultmann ). Ha hecho presa en algunos teólogos católicos que han olvidado el mandato de Pedro[146] de dar razón de su esperanza. Las consecuencias han sido nefastas. Pues no se puede fundamentar la fe sobre la duda y la inseguridad. Hoy está de moda hablar de riesgo de la fe, del túnel... Pero no puede existir una pastoral convincente si no se razona la fe. A nadie le atrae dar un salto en el vacío sin garantías. En las cosas importantes todos queremos seguridad. Nadie pone su dinero en un Banco que está en el borde de la quiebra. Nadie toma un alimento putrefacto con peligro de intoxicarse. Como dice el P. López Pedraz, S.I.: '«La evidencia para cada uno es el resultado final de un esfuerzo de atención, de interés, de voluntad, que antecede a la admisión clara. Admitiríamos la sinceridad del que justifica su desinterés con el pretexto de no ver claro desde el principio? En la raíz del no ver puede estar un fallo de la voluntad. En tal caso la oscuridad no excusa, acusa; y la ceguera final es culpable (...). La ceguera voluntaria puede llegar a constituir el irremisible pecado contra el Espíritu Santo, contra el que se estrellan todas las manifestaciones luminosas, incluso las más conformes al gusto del interesado (...). Hace falta limpiar los ojos. No basta con querer ver: los judíos querían ver y muchos terminaron por no ver. Se requiere disponibilidad o receptibilidad para lo que aparezca, sin interponer condiciones que enturbian o tapan visión. Purificación de prejuicios. Purificación de sentimientos: cuántas veces no dedicamos la atención debida a una persona o a un asunto porque se interponen ciertos resabios de simpatía o antipatía, oscuramente nacidos en nosotros, o contagiados por el ambiente, que nos impiden no solamente ver claro sino interesarnos por ver? (...). Si un minero, atrapado al derrumbarse la mina, a oscuras, oprimido y en trance angustioso de asfixia, ve aparecer por una grieta una vaga luminosidad, por tenue que sea, esto le basta y le sobra para ponerse alerta por si aquello que viene del otro lado de las rocas, donde hay más luz, le anuncia una esperanza de salvación. Dará voces para comunicar su presencia a los posibles salvadores. Si se inhibiese diciendo: "esto no me basta, no hago nada hasta que tenga más luz y señales más claras", podría quedar sepultado para siempre».

3,9.- También hace falta orar. Como puede orar un ateo, que no sabe si hay Dios? Puede caer en ceguera culpable por no orar? Esto es una paradoja inadmisible? No: el que se encuentra perdido en un bosque, sin saber lo que hay en el entorno, grita pidiendo auxilio. A quién grita? A nadie. A quien sea. Grita por si hay alguien.Pues bien, ningún ateo consecuente podrá eliminar, en conciencia, al menos, la sospecha de que haya Alguien. Ya dijo Pascal: «No hay más que dos clases de personas a las que se puede llamar razonables: aquellos que sirven a Dios con todo su corazón, porque lo conocen; y aquellos que buscan a Dios con todo su corazón, porque no lo conocen»[147]. Lo religioso es una dimensión necesaria, constitutiva del hombre. No es algo accidental u opcional, como puede ser afición al tenis o a coleccionar mariposas. El increyente, es, sin duda, un ser psicológicamente mutilado. El hombre no puede despreocuparse impunemente de Dios. Es una pena la ignorancia religiosa. La fe es lo más importante de la vida, porque es lo único que responde a las verdades fundamentales. Todo ser racional, alguna vez en su vida, es lógico que se pregunte: qué sentido tiene la vida? qué será de mí después de la muerte?. El agnóstico no sabe responder. En la tumba de un ateo se lee: He vivido en medio de dudas, y muero en la incertidumbre. No sé a donde voy. De qué me sirve saber el numero de mis cromosomas o las vibraciones de la luz ultravioleta si no sé el sentido de mi vida? Solo la fe tiene ante el dolor explicación y consuelo. Para el ateo solo hay tinieblas y desesperación. La fe da rectitud, alegría y esperanza. El hombre tiene un dimensión religiosa que no se puede apagar. El hombre añora lo religioso. Setenta años de ateísmo militante en la U.R.S.S. no han podido acabar con la fe del pueblo ruso que ha resurgido con fuerza mientras rodaban por el suelo las estatuas de Lenin y Stalin. El alma humana tiende naturalmente a Dios, y es imposible ir contra la naturaleza: Si tiras una piedra hacia arriba, al cesar el impulso, terminará por caer a tierra. Si soplas sobre el fuego para que el humo vaya hacia abajo, cuando dejes de soplar el humo se irá hacia arriba. El barco tiende a flotar. Solo se quedará en el fondo del agua si está agujereado. El alma que no siente su destino hacia arriba es que está rota, destrozada. Por eso naufraga como un barco agujereado. El que tiene fe ve a Dios detrás de todo lo mundano. Como el que sabe que detrás de los nubarrones está el Sol.

3,10.- La fe es un don de Dios. Es una gracia de Dios, que debemos pedir sin descanso. Incluso el que cree que no tiene fe, debe orar. Al menos podría decir: Señor, si existes, concédeme el don de la fe. Como es cierto que existe, será oído y obtendrá la fe. Carlos de Foucauld (1858-1916) oficial del ejército francés encontró la fe, a los 28 años, después de llevar una vida desordenada, repitiendo: «Dios mío, si existes, haz que te conozca»[148]. Y como Dios existe. se lo dio a entender: murrio como un santo. Dios sale siempre al encuentro del que sinceramente le busca. «Dios está cerca de los que lo buscan sinceramente»[149]. La fe es un don sobrenatural de Dios. Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo. Con ella profundizamos en el conocimiento de la Religión y vemos cosas insospechadas para el que no la tiene. Es la diferencia entre la contemplación de la partitura de un concierto hecha por un profano o por un gran músico. El espíritu de fe nos hace juzgar de todas las cosas según las normas de la fe, desde el punto de vista de Dios. Esta iluminación hay que pedírsela al Espíritu Santo. La fe ilumina la noche. Pero no suprime la noche. Como las luces que señalan al piloto la pista de aterrizaje. Le señalan el camino, pero no iluminan las tinieblas. Vamos viendo según vamos avanzando. Como con la linterna que alumbra nuestros pasos. La fe ilumina la Verdad. Nos da a conocer cosas insospechadas, y nos lleva a aceptar la Verdad y a adherirnos a la Persona que nos la transmite. Se une a ella como dos ríos en uno solo. Es una opción por Algo y por Alguien. Dios no se impone. Quiere ser elegido libremente. Dios se me ofrece en una declaración de amor, y espera mi respuesta. La fe nos adhiere a Dios y nos impulsa a adherirnos cada vez más perfectamente a él por la gracia. Precisamente nos hace ver que en realidad solo podremos estar reunidos a él si estamos en gracia.

3,11.- En la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela. La fe no debe ser solo intelectiva, seca fría, sin palpitación vital. Debe ser alegre, optimista, ardiente, que brote de las entrañas del espíritu, y vivifique todo nuestro ser y nuestro obrar. Fe que se ilumine con la cabeza, y se caliente con el corazón. La fe da optimismo para llevar esta vida tan llena de calamidades. Es como el pájaro que oye crujir la rama sobre la que está, al ser zarandeada por vendaval: él no teme, porque tiene alas.

4.- DIOS HA HECHO EL COSMOS DE LA NADA.

4,1.- El interrogante de por qué existe el ser y no la nada, parece haber sido planteado por primera vez por Leibniz. La fe cristiana responde: el mundo ha sido creado por Dios. Entendemos por mundo todo lo que existe fuera de Dios. La creación es el acto por el cual Dios da existencia a todo lo que existe fuera de él. Antes de la creación no existía nada fuera de Dios. Por eso, Dios crea todo de la nada. Porque nada ni nadie existía antes de la creación del Universo, a excepción de Dios. Por eso decimos que Dios hizo de la nada todo lo que existe. La palabra hebrea «bará» significa creación de la nada. Dice la Biblia: Dios es Autor de todo lo que existe, y por tanto anterior a toda la creación. El Universo es obra de Dios[150].

5. - LOS HOMBRES NO PUEDEN HACER COSAS DE LA NADA.

5,1.- Hacer las cosas de la nada es crear. El único que puede crear es Dios. El hombre no puede crear, porque para hacer algo necesita materias primas: el carpintero necesita madera; el panadero, harina, etc. El hombre solamente transforma la materia. Algunas veces estas transformaciones son tan originales que las llamamos creaciones, pero este modo de hablar no es adecuado. Dios ha creado el Universo, porque lo ha hecho de la nada.

6.- DIOS HIZO ALGUNOS SERES SIRVIÉNDOSE DE OTROS YA EXISTENTES.

6,1.- Lo mismo que un carpintero se sirve de la sierra para hacer la mesa. Los padres son meros instrumentos de Dios. Ellos no saben si el hijo será listo o tonto, alto o bajo, sano o enfermo. Normalmente, más que hacer las cosas directamente, Dios hace que se hagan. La expresión "al principio" no sugiere que el mundo, tal como hoy lo vemos, haya salido entero de Dios en un momento dado. No hay ningún reparo en admitir una lenta evolución de los seres en su aparición, y progreso constante hacia formas cada vez más perfectas. Lo que se afirma es que el comienzo de todo, el arranque inicial, está en Dios. Ese momento en que se paso del no existir nada de lo que vemos, al primer existir de las cosas es lo que llamamos creación. La idea de creación tiene un matiz muy preciso que la distingue de los similares de "producción" o "construcción". Es un hacer absolutamente nuevo y original, un partir de cero, en el que no se presupone nada preexistente, sino es el Hacedor mismo. No hay materia previa, no hay instrumentos, solo existe la posibilidad pura. Sobre esta posibilidad se vuelca el acto amoroso de Dios, que decide sacar a la luz este mundo. La evolución subsiguiente también es obra de Dios. Con esta diferencia: en su primer momento todo es creación; en los momentos posteriores es un desarrollo, un despliegue de la creación inicial.

6,2.- Además de este mundo visible, hay también un mundo invisible al que se extiende igualmente la acción creadora de Dios, como profesamos en el Credo. En el «Credo del Pueblo de Dios» de Pablo VI se precisa explícitamente que bajo el nombre de cosas invisibles han de entenderse los espíritus puros que reciben también el nombre de ángeles confirmando la interpretación tradicional. El Concilio Vaticano I hablo de los dos ordenes de criaturas, corporal y espiritual, como equivalentes a mundo y ángeles. Jesús menciona a los ángeles como seres reales y activos. Por eso la existencia de los ángeles es dogma de fe[151]. La existencia de los ángeles está testimoniada por innumerables pasajes de la Sagrada Escritura, si bien es poco lo que se conoce de sus funciones y naturaleza. Son "mensajeros" de Dios en momentos extraordinarios de la Historia de la Salvación. Conocemos algunos nombres relacionados con la función para la que son elegidos, como los de Miguel, Rafael, Gabriel. Se da por entendido que son muchísimos en numero, distribuidos en jerarquías. Al principio fueron sometidos a una prueba. Algunos sucumbieron por haberse declarado en rebeldía contra Dios: son los demonios que fueron condenados al infierno. Desde entonces su existencia parece concentrarse en odiar a Dios y en tentar a los hombres. Entre los ángeles buenos, está el llamado " Angel de la Guarda", que Dios da a cada hombre en este mundo para conducirle por el camino del bien. Dice la Biblia: «Dios te ha encomendado a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos»[152]. En el Evangelio[153] encontramos este testimonio: Dijo Jesús: «mirad que no despreciéis a uno de estos pequeños, porque en verdad os digo que sus ángeles ven de continuo en el cielo la cara de mi Padre».

6,3.- Dice Sertillanges que la obra maestra de Satanás ha sido hacer creer a los hombres que él no existe. La existencia de Satanás es dogma de fe. Está definido en el Concilio Lateranense IV[154]. Así lo ha confirmado recientemente la Iglesia La Biblia dice que Dios creo los ángeles y que algunos pecaron y fueron condenados para siempre[155]: éstos son los demonios. Los demonios son ángeles caídos. El demonio es un ser inteligente, no humano, que induce a los hombres al mal. Pero al demonio se le puede vencer con la ayuda de Dios. Al demonio se le pinta con cuernos y con rabo; pero ya se comprende que el diablo ni tiene cuernos ni rabo, pues es espíritu. Se le representa así para expresar que es un espíritu malo. En la Biblia parece clara la existencia del demonio en la tentación de Eva, en las pruebas de Job, etc.; y sobre todo en el Evangelio. Cristo para rechazar a Pedro que le proponía huir de la cruz le dice: «Apártate de mí, Satanás»[156]. Es decir, Cristo supone que Satanás es alguien. Si no, ese modo de hablar no tendría sentido. El demonio es persona[157]. Así lo considera Cristo pues supone que tiene deseos: le dice a Pedro que «Satanás quiere cribaros como al trigo»[158]. Y San Pedro llama a Satanás nuestro adversario y afirma que anda buscando el modo de hacernos daño. En otra ocasión Cristo afirma que él expulsa al demonio[159]. «No se puede eliminar de la Biblia la existencia del demonio, como ser personal, sin alterar el mensaje cristiano en su misma esencia[160]. D. Salvador Muñoz Iglesias, Profesor de Sagrada Escritura en el Seminario de Madrid, en el espacio de Televisión «El pulso de la fe», dijo: «Quien niegue la existencia real de Satanás tiene que admitir que Cristo o se equivoco o nos engaño. Si un cristiano no puede admitir ninguna de estas dos cosas, tendrá que aceptar la existencia real de Satanás». Si hay algo claro en una lectura de las páginas del Nuevo Testamento, es que para Jesús y los Apóstoles, el demonio es una realidad, una realidad viva; y no una simple figuración o un fantasma. El demonio es «el tentador que busca nuestra desgracia y quiere cerrarnos las puertas del cielo»[161]. El demonio nos tienta porque nos tiene envidia, pues siendo la naturaleza humana inferior a la angélica, nosotros podemos salvarnos y él no. Por eso quiere impedir nuestra salvación eterna. En el Nuevo Testamento se habla del demonio más de cien veces.

6,4.- Nos interesa muchísimo conocer cuándo fue creado el mundo, en qué época apareció el hombre, cuál fue la cuna de la Humanidad; pero de nada de esto nos habla la Biblia, pues no es un libro científico sino religioso, y lo unico que le interesa decirnos es que el mundo es obra de Dios, y que Dios intervino de modo especial en la creación del hombre. El P. Antonio Romañá, S.I., en el discurso pronunciado al ser admitido en la Real Academia de Ciencias de Madrid, cita esta frase de San Agustín: Dios en la Biblia no nos ha querido enseñar como va el cielo, sino como se va al cielo. La Sagrada Escritura no tiene como fin fundamental comunicar enseñanzas sobre ciencias profanas, sino guiar a los hombres hacia su salvación eterna. Con todo, los descubrimientos arqueológicos confirman los relatos bíblicos. Kenyon que fue director del Museo Británico de Londres, señala que la investigación arqueológica moderna ha corroborado la verdad de las Escrituras. Puedo afirmar categóricamente que jamás hallazgo arqueológico alguno ha desmentido una referencia bíblica. Docenas y docenas de descubrimientos arqueológicos realizados han venido a confirmar asertos históricos de la Biblia[162]. En 1957 el Profesor de la Universidad Complutense, Alejandro Díez-Macho, descubrió en la Biblioteca Vaticana el Codex Neophyti I, que es un manuscrito del Pentateuco bíblico en arameo, que era la lengua que se utilizaba en tiempos de Jesús. Este manuscrito ha sido editado en cinco tomos por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

6,5.- La Biblia nos cuenta en el Libro del Génesis como creo Dios el mundo.Pero nuestro modo de hablar, moderno y occidental es distinto del de la Biblia, primitivo y oriental, al que se acomodo Dios en sus revelaciones. La Biblia se expresa en un estilo sencillo y figurativo, adaptado a la mentalidad de aquel tiempo. El teólogo tiene que distinguir el contenido del mensaje revelado, del contexto en el que ha sido expresado. Hay que tener en cuenta que la Biblia lo que pretende es transmitir una enseñanza religiosa. Su misión no es enseñar ciencia ni historia. La Biblia no se propuso ninguna finalidad científica. Por lo mismo, tampoco nosotros debemos buscar en la Biblia solución científica a los problemas que plantea la ciencia moderna. En el modo de hablar se acomoda al modo de pensar y expresarse del pueblo al que se dirigía. No es lo mismo decir una cosa, que afirmarla. Al decirla, me acomodo al modo de hablar. Al afirmarla, la quiero enseñar. Cuando a un niño se le dice que la cigüeña le ha traído un hermanito (aunque este modo de hablar no sea recomendable como lo digo en el n 66,4) no se afirma que sea ése el modo de nacer de los niños; se emplea un modo de hablar metafórico y figurativo, erróneo y equivocado, pero el que lo emplea lo considera el más adecuado para hacerse entender.

6,6.- No puede haber contradicción entre Ciencia y Fe, pues las dos vienen de Dios. En efecto, Ciencia es el conocimiento de las leyes que Dios ha puesto en la Naturaleza, y Fe el conocimiento de las verdades religiosas que Dios ha revelado. Con todo hay que tener en cuenta, que la Ciencia mira la creación desde el punto de vista de las causas naturales, y por ello se interesa directamente de su desarrollo en el tiempo y del orden exacto de ese desarrollo. La Biblia, en cambio, mira la creación desde el punto de vista de Dios como Causa Primera y Universal; por eso no atiende en su narración al desarrollo temporal objetivo, sino que toda ella está atenta a la afirmación de la causalidad divina en cada uno de los elementos de la creación. Y en cuanto al orden y duración del proceso creativo escogió un modo de hablar que se acomoda a lo que aparentemente tenía lugar en el cielo -tal como se contemplaría desde la Tierra-, y a una verdad que tiene sumo empeño en inculcar: la sabiduría divina en crear, que se muestra en proceder en orden ascendente, es decir, de lo más imperfecto a lo más perfecto; aunque la valoración la haga conforme a las apariencias sensibles y al modo corriente de hablar sobre estas cosas en su época.

Lo más importante en la Biblia es el mensaje que quiere enseñar, y no el modo de hablar que usa para enseñarla.

Hay que tener en cuenta que su lenguaje es sencillo y popular.

Acomodado al pueblo al que se dirigía. Por eso, el orden que sigue en sus primeros capítulos, como en no pocos otros, no es precisamente el cronológico, sino un determinado orden lógico, y viendo las cosas desde la Tierra.

Habla de un modo popular, según las apariencias, no según los principios científicos. Por eso dice que el murciélago es un ave[163], y es un mamífero; y que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra, pues Josué mando detenerse al Sol:... «y el Sol se paro en medio del cielo»[164]. También hoy en día, incluso en los libros científicos se dice que el Sol sale y el Sol se pone; como si fuera el Sol quien da vueltas alrededor de la Tierra. Y todos sabemos que el Sol, ni sale ni se pone, sino que es la Tierra la que, en su rotación, presenta a los rayos solares diversas partes de su superficie. Es que hablamos de las cosas del cielo tal como se ven desde aquí; y aunque este modo de hablar no es exacto ni científico, todos entendemos lo que queremos decir. Igualmente, cuando en el primer capítulo del Génesis emplea la palabra día al relatar la creación del mundo, no hay que entenderla como un día de veinticuatro horas, sino como un espacio de tiempo.

El hablar de los seis días de la creación tiene un fundamento litúrgico: inculcar el descanso sabático.

Presenta a Dios antropológicamente, trabajando seis días y descansando el séptimo.

6,7.- En lo que enseña la Biblia no cabe error alguno, pues es un libro inspirado por Dios; pero la inerrancia aneja a cada uno de sus libros es la que cuadra con el género literario a que pertenece.

Cada género literario en la Biblia tiene su tipo de verdad. Como en un periódico una es la verdad de un artículo editorial, otra es la verdad de la noticia de una agencia, y otra la verdad del lenguaje hiperbólico de un anuncio: Mejores no hay, Superior al mejor, etc.

Así, una es la verdad propia de la parábola, en la cual solo se pretende enseñar una verdad sin afirmar cada uno de los elementos ornamentales que la hacen pedagógica; otra la verdad de un canto lírico que, en lo concerniente a su sentido y realidad, debe ser juzgado conforme a las leyes de la lírica; otra la verdad de un relato. En éstos puede su autor querer afirmar la realidad histórica de lo que narra, tanto en lo substancial como en los pormenores. Pero puede también afirmar solo la substancia del hecho, sin privarse, por motivos pedagógicos y artísticos (la Historia entre los antiguos tenía no poco de arte), de añadir a lo substancial otros elementos cuya realidad histórica no asegura.

Hay que tener en cuenta que en una mentalidad oriental no es faltar a la verdad ampliar la narración con la adición de detalles no históricos en sí mismos, pero que contribuyen a poner de relieve el suceso central que se trata de transmitir. Distinguir entre la base histórica y los detalles ornamentales no es tarea que pueda realizar cualquier particular, sino personas preparadas para ello con doble preparación científica y teológica. La Biblia es un libro que se debe a la acción conjunta e indivisible de Dios y del hombre, su instrumento, a quien Dios comunico su inspiración. Su realidad divina exige, para interpretarla, preparación teológica; y su realidad humana, preparación científica: entre estas dos no puede haber verdadero conflicto si se ejercitan con lealtad y rigor intelectual.

La interpretación de la Biblia no es un quehacer que haya que forjarse a base únicamente de ciencia y competencia, sino ante todo mediante la adhesión a la fe y la aceptación humilde de la palabra de Dios. De aquí que su lectura suponga una cierta preparación religiosa, bien distinta del mero espíritu de crítica o curiosidad. Por encima de las interpretaciones particulares está el juicio de la Iglesia, a la que Cristo confío la inteligencia del verdadero significado de los libros santos, conservado por los Santos Padres, y transmitido por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

La recta interpretación de los pasajes de la Biblia pertenece a la autoridad de la Iglesia, que es la que ha recibido de Cristo la misión de enseñar. Los individuos particulares pueden equivocarse al interpretar algunos pasajes oscuros. De ahí la multitud de interpretaciones equivocadas y opuestas entre sí de los protestantes, que admiten la libre interpretación personal... Ya dijo San Pedro que en la Biblia hay pasajes difíciles de entender[165].

«El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida, ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo»[166].

En los Evangelios, por debajo de los relatos en que se narran los hechos reales de Jesús, en sentido oculto, en segundo nivel, como en un código secreto, suele haber un contenido teológico encerrado en esos relatos. Por ejemplo: la multiplicación de los panes representa la Eucaristía; las Bodas de Caná, la mediación de María, etc.

«Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos hay que tener en cuenta el modo de pensar, de expresarse, de narrar, que se usaba en los tiempos del escritor, y también las expresiones que entonces se usaban en la conversación ordinaria»[167]

Cada lengua tiene su modo de hablar. Un español dice me duele la cabeza, y un francés tiene mal en la cabeza; un español se bebe un vaso de cerveza y un alemán, la cerveza que sale de un vaso.

Aun admitiendo los géneros literarios no podemos negar que los Evangelios relatan hechos reales. «No se puede decir que hayan falseado la Historia o la hayan inventado»[168].

Cada versículo de la Escritura nos obliga a conocer el medio cultural en que se desenvuelve el autor.

Los recientes hallazgos de las Ciencias Auxiliares de la exégesis nos han proporcionado un conocimiento más profundo del mundo bíblico. Este conjunto de conocimientos auxiliares no es, sin embargo, lo esencial en la lectura e interpretación de la Biblia. Ante todo, es preciso tener siempre en cuenta que la mejor manera de entender la Palabra de Dios es explicar la Biblia por la Biblia: una enseñanza que tal vez se encuentra expuesta en un pasaje de modo fragmentario, incompleto, encuentra frecuentemente su complemento y su equilibrio gracias a otros textos más claros, más desarrollados y coherentes. Y junto con el recurso al mismo texto sagrado, es menester prestar atención a las interpretaciones de los Santos Padres de la Iglesia. Estos santos vivieron en condiciones humanas, sociales, religiosas, etc., muy semejantes a las del mundo del Evangelio y poseyeron también un sentido cristiano más agudo y más puro que el nuestro.

6,8.- La Iglesia reconoce como sagrados todos los libros de la Biblia porque «habiendo sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tuvieron a Dios como Autor, pues los autores inspirados escribieron todo y solo lo que Dios quería. Por eso hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente con fidelidad y sin error la verdad que Dios quiso consignar en las Sagradas Escrituras para nuestra salvación»[169]. La Biblia es el Libro de Dios. Aun cuando las diversas partes que la componen hayan sido redactadas por distintos autores, Dios es el Autor principal de toda ella. La lista de los libros inspirados está en el canon que de ellos ha publicado la Iglesia.

La inspiración divina es un influjo sobrenatural de Dios sobre la razón y la voluntad del escritor sagrado en la redacción de los escritos bíblicos. El autor inspirado es el instrumento de Dios, pero dotado de razón: tiene características personales. La inspiración, ese soplo divino, respeta la libertad y el modo de expresarse propio de cada autor sagrado, que conservando su personalidad realiza un trabajo de reflexión y de redacción para comunicar lo que Dios desea que escriba.

A pesar de la inspiración de Dios, cada autor deja su sello personal en el escrito. Lo mismo que el trazo de un escrito varía según se haga con pluma, bolígrafo o rotulador: pero la idea siempre es del autor. De este modo, por encima de las diferencias literarias existentes entre los diversos libros sagrados, Dios continua siendo su Autor. La Biblia, es un libro divino.

«El Espíritu Santo dicto lo que quería que se escribiera. Fue un dictado interno y silencioso. El escritor redactaría según su estilo de expresión propio. Incluso sin percatarse de estar escribiendo bajo la influencia de la divina inspiración. Sin embargo, el Espíritu Santo quería cada rasgo de su pluma»[170].

6,9.- Los Testigos de Jehová se sirven de la ignorancia de los oyentes para tergiversar las Fuentes de la Revelación. Tienen su propia traducción de la Biblia: «New World Traslation». El texto de esta traducción difiere de un modo radical de las demás versiones cristianas, tanto católicas como protestantes. Sacan conclusiones teológicas diametralmente opuestas a las del cristianismo tradicional.

Esta traducción ha recibido la repulsa unánime de todos los exégetas, incluso protestantes. Este volumen es una prueba clara de como no debe hacerse una traducción, dice H.H. Rowley. Y A. Hoekema: «No es una versión objetiva del texto sagrado, sino una obra llena de prejuicios que han metido de contrabando en el texto de la Biblia»[171]. En el libro «Proceso a la Biblia de los Testigos de Jehová» escrito por el pastor protestante Danyans se dice en la presentación: «Los Testigos de Jehová han torcido las Escrituras y han puesto en circulación una Biblia falseada y adaptada a sus prejuicios... ésta es una Biblia sectaria, y como tal es la negación misma del espíritu bíblico genuino»[172].

«Ante este cumulo de arbitrariedades rayanas en el sacrilegio, por tratarse de la Palabra de Dios, no queda sino esta disyuntiva: los traductores de la Biblia de los Testigos han fallado en su cometido por ignorancia o por malicia. Si no sabían griego y la tradujeron así, pecaron por ignorancia: nunca debieron meterse a traductores de la Biblia. Si, en cambio, sabían muy bien el griego y tradujeron mal, entonces pecaron contra la luz. No es extraño, por tanto, que esta traducción haya merecido las más severas críticas»[173].

Por eso la Iglesia Católica quiere que las traducciones de la Biblia se publiquen con censura eclesiástica, para asegurar al lector la fidelidad de la traducción.

[1] - Evangelio de SAN JUAN, capítulo 4, versículo 24

[2] - Evangelio de SAN JUAN, 1:18

[3] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 1:20

[4] - ANTONIO DÚE, S.I.: Vida y muerte del cosmos, II. Ed. FAX, Madrid

[5] - MANUEL CARREIRA, S.I.: Profesor de Física y Astronomía en la Universidad de Cleveland (EE.UU.); Antropocentrismo científico y religioso. Ed. A.D.U.E. Madrid, 1983

[6] - BERNARD LOWELL, Director del Observatorio de Radioastronomía e Jodrell Bank: Conocimiento actual del universo, II Ed. Labor. Barcelona, 1975

[7] - MANUEL CARREIRA, S.I.: El creyente ante la Ciencia, II, 3, Cuadernos BAC, n. 57. Madrid 1982

[8] - Revista INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, n. 45 (VI-80), pg.. 78.

[9] - STEPHEN W. HAWKING: Historia del tiempo, II. Ed. Crítica. Barcelona, 1988

[10] - STEPHEN WEINBERG: Los tres primeros minutos del Universo, II. Alianza Editorial, Madrid, 19

[11] - FRED HOYLE: El Universo inteligente, pg. 169. Ed. Grijalbo, 1984

[12] - PASCUAL JORDAN: creación y Misterio, I, 2. EUNSA. Pamplona, 1978

[13] - Revista INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, n.80 (V-83), pg.

[14] - ISAAC ASIMOV: Diario EL DÍA de San Juan de Puerto Rico, 19-III-89, pg. 60

[15] - Revista MUNDO CIENTÍFICO: 42(XII-84), 1.197.

[16] - Revista MUNDO CIENTÍFICO: 42(XII-84), 1.191.

[17] - MANUEL M. CARREIRA, S.I. Profesor de Física y Astronomía en la Universidad de Cleveland (EE.UU.): Antropocentrismo científico y religioso. Ed. A.D.U.E., Madrid, 1983

[18] - IGNACIO PUIG, S.I.: Astronomía popular, v.6

[19] - STEPHEN WEINBERG: Los tres primeros minutos del Universo, II. Alianza Editorial. Madrid,

[20] - STEPHEN WEINBERG: Los tres primeros minutos del Universo, III. Alianza Editorial. Madrid,

[21] - COLIN A. Román: Secretos del Cosmos, V.2. Ed. Salvat. RTV. Madrid

[22] - M. LÓPEZ ARROYO, Astrónomo del Observatorio de Madrid: Diario YA de Madrid, 26-VI-73

[23] - GEORGE GAMOW: Materia, Tierra y Cielo, XVIII. Universidad de Colorado (Estados Unidos).

[24] - JUAN LUIS RUIZ DE LA PEÑA: Alma y cerebro. Revista COMMUNIO, III, 87, pg.223

[25] - JAMES JEANS: Los misterios del universo, pg.175

[26] - DESIDERIO PAPP: Einstein, 3º, XIII, 7. Ed. Espasa Calpe. Madrid, 1979

[27] - Revista INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, V, 1.963, pg.53

[28] - ISAAC NEWTON: Scholium Generale de sus Philosophiae Naturalis Principia Mathemática.

[29] - ANTONIO DÚE, S.I.: El cosmos en la actualidad científica, I, 5. Ed. FAX. Madrid

[30] - MAX BORN: Ciencia y conciencia de la Era Atómica, 1º, IX. Alianza Editorial. Madrid, 1971

[31] - Salmo, 19:2

[32] - ANDRÉS BRITO: Ciencia 3versus2 Astrología. La Gaceta de Canarias, 9-IX-90, pg.39

[33] - LUIS MIRAVITLLES: Visado para el futuro, II, 4. Libros RTV. nº3, 1969

[34] - YELENA SAPÁRINA: El hombre, animal cibernético, V, 11. Ed. Planeta. Barcelona, 1972

[35] - SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, 2º, III. Ed. Planeta. Barcelona, 1975

[36] - VINTILA HORIA: Viaje a los centros de la Tierra, 2º, II, 3.Ed. Plaza y Janés. Barcelona, 1971

[37] - CLAUDE TRESMONTANT: El problema del alma, II, 1. f. Ed. Herder. Barcelona, 1974

[38] - YELENA SAPÁRINA: El hombre, animal cibernético, IV, 1. Ed. Planeta. Barcelona, 1972

[39] - MANUEL M. CARREIRA, S.I.Profesor de Física y Astronomía en la Universidad de Cleveland (EE.UU.): El creyente ante la Ciencia. Cuadernos BAC, n.57, I, 1. Madrid, 1982.

[40] - P. RIAZA, S.I.: Ciencia moderna y Filosofía, n.54. BAC. Madrid.

[41] - MANUEL M.CARREIRA,S.I.: Metafísica de la materia, VII,1.Universidad de Comillas. Madrid.

[42] - JESÚS SIMÓN, S.I.: A Dios por la Ciencia,XIV. Ed. Codesal. Sevilla. Este interesantísimo libro, da mucha cultura sobre las maravillas de la Naturaleza, y engrandece la sabiduría de Dios, Autor de ella.

[43] - MIGUEL RUBIO: La Biónica. Revista IBÉRICA de Actualidad Científica, n.16 (X-63) 400-402.

[44] - Revista. IBÉRICA de Actualidad Científica, n.138 (X-73)551

[45] - FOTHERGILL: Evolución, marxismo y cristianismo en Teilhard de Chardin, II. Ed. Plaza..

[46] - ANTONIO ROMAÑÁ, S.I.:Estado actual de la cosmología. Epílogo. Publicaciones del Observatorio del Ebro. Tortosa.

[47] - ISAAC NEWTON: Optics, 3º edición. London 1721, pg. 344s.

[48] - SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, Introduccion. Ed. Planeta. Barcelona.

[49] - JOSÉ M. CIURANA: Pruebas racionales de la existencia de Dios, V.C. Difusora del libro.

[50] - JUAN LUIS RUIZ DE LA PEÑA: Teología de la creación, 2ª, VIII, 3, 3. Ed. Sal Terrae. Santander

[51] - JOSÉ M. RIAZA, S.I.: Azar, Ley, Milagro, X, 7. Ed. BAC. Madrid.

[52] - JOSÉ M. CIURANA: La existencia de Dios ante la razón,3º, II, A, b. Ed. Bosch. Barcelona,

[53] - Salmo 14:1.

[54] - Salmo 19:2.

[55] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 1:19ss.

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[57] - PARENTE: De Dios al hombre, II, 4. Ed. Atenas, Madrid.

[58] - RUDOLF LIEBIG: La otra revelación, II, B, b. Ed. Sal Terrae. Santander, 1977.

[59] - JUAN HUARTE: Evolución y problema religioso, pg. 303. Unión Editorial. Madrid, 1984.

[60] - ABC, enero 1972.

[61] - JOSÉ M. CIURANA: Pruebas racionales de la existencia de Dios, I, C, a. Ed. Difusora del libro.

[62] - CONCILIO VATICANO II: Gaudium et Spes: constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, n.16; San Pablo: Carta a los Romanos, 2:15

[63] - CARLOS M. BUELA: Catecismo de los Jovenes, 1º, I, 2. Ed. Cruzamante. Buenos Aires, 1976

[64] - CLAUDE TRESMONTANT: Como se plantea hoy el problema de la existencia de Dios, pg.79. Ed. Herder. Barcelona

[65] - Diario EL PAÍS, 15-V-91, Futuro, pg. 4.

[66] - JOSé Mª. CIURANA: La existencia de Dios ante la razón, 2º, I, A. Ed. Bosch, Barcelona, 1976

[67] - MANUEL CARREIRA, S.I.: Metafísica de la materia,VIII. Universidad de Comillas. Madrid. 1993.

[68] - J. HAAS, S.I.: Biología y fe, II, 2. Ed. ELER. Barcelona

[69] - PASCUAL JORDAN:El hombre de ciencia ante el problema religioso III,12. Ed. Guadarrama.

[70] - SAN PABLO: Carta a los Colosenses,1:16s.

[71] - CARLOS STAEHLIN, S.I.: Ateísmo marxista, 4. Ed. EAPSA. Madrid.

[72] - B. ORTONEDA, S.I.: Principios fundamentales del marxismo-leninismo, pg. 712. Espasa

[73] - Revista PALABRA n. 245 (XII, 1985)31.

[74] - LEPP: Ateísmo en nuestro tiempo, pg. 56-60. Ed. Mc Millan. New York, 1966.

[75] - MANUEL Mª. CARREIRA, S.I.:Profesor de Física y Astronomía de la Universidad de Cleeveland (EE.UU.): Antropocentrismo científico y religioso. Ed. A.D.U.E. Madrid, 1983.

[76] - ROBERTO JASTROW: Until the Sun dies, pg. 30. Norton, New York, 1977.

[77] - CLAUDE TRESMONTANT: Ciencia del Universo y problemas metafísicos, pgs.33, 52, 57 y 73. Ed. Herder. Barcelona,

[78] - Diario YA del 31-III-87,pg. 6.

[79] - JOSÉ Mª. CIURANA: Fin del materialismo ateo, IV. Ed. Bosch. Barcelona, 1974. Excelente libro para razonar las sinrazones del ateísmo.

[80] - GIAN CARLO CAVALIERI: Revista PALABRA, n. 235 (XI, 1985)32

[81] - ANTONIO DÚE, S.I.: Dios y la Ciencia, XIII. Granada

[82] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la salvación, 2ª, III, 149. Ed. B.A.C. Madrid.

[83] - FRANCISCO DE LA VEGA, S.I.: Apuntes de Filosofía, 5º curso. Colegio de El Palo. Málaga

[84] - JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I. Cuando se está perdiendo la fe,III,A,4. Ed. Sal Terrae.Santander.

[85] - IVES CONGAR, O.P.: Dios, el Hombre y el Cosmos, XVI, 3. Ed. Guadarrama. Madrid.

[86] - MONS. CRISTIANI: Nuestras razones de creer, I, 2. Ed. Casal i Vall. Andorra.

[87] - Revista TIME, 5-II-79.

[88] - DONALD H. MENZEL: Astrnomy, XVIII, 7. Ed. Chanticleer Press. New York.

[89] - IAN G. BARBOUR: Problemas sobre Religión y Ciencia, 3º, XII, 1. Ed.Sal Terrae. Santander,.

[90] - Revista INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, 58 (VII-1981)116.

[91] - NIGEL HENBEST: El Universo en explosión. Ed. Debate. Madrid, 1982.

[92] - STEPHEN W. HAWKING; Historia del tiempo, pg.75, 78 y 57. Ed. Crítica. Barcelona, 1988.

[93] - VINTILA HORIA: Viaje a los centros de la Tierra, 2º, II, 2. Ed. Plaza y Janés. Barcelona, 1971.

[94] - JOSÉ Mª. CIURANA: En busca de las verdades fundamentales, Apéndice, B, b. Ed. Bosch. Barcelona. 1988. Breve pero excelente libro que responde acertadamente a su título.

[95] - MANUEL Mª. CARREIRA, S.I.: La creación del Universo en la Ciencia moderna, 1983.

[96] - Revista INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, 83 (VIII, 1983)58

[97] - Revista MUNDO CIENTÍFICO, 34 (III, 1984) 326 y 338.

[98] - JULIO A. GONZALO, Catedrático de Física de la Universidad Autonoma de Madrid: Física y Religión en perspectiva, V. 2. Ed. Rialp. Madrid, 1991.

[99] - PIERRE ROUSSEAU: L1 Astronomíe, XI, 12. Librairie Generale Francaiçe. París.

[100] - JOSÉ MANUEL NIEVES: ABC del 8-IV-90, pg.74

[101] - MANUEL Mª. CARREIRA, S.I.: Metafísica de la materia, VIII. Universidad de Comillas. Madrid.

[102] - JULIO A. GONZALO, Profesor de Física en la Universidad Autonoma de Madrid: Física y Religión en perspectiva, V, 2. Ed. Rialp. Madrid, 1991

[103] - ROBERT JASTROW: New York Times Magazine, 28-VI-78

[104] - MANUEL Mª CARREIRA, S.I.: Metafísica de la materia,IX. Universidad de Comillas. Madrid.

[105] - STEVEN WEINBERG: Los tres primeros minutos del Universo. Alianza Editorial. Madrid, 1980

[106] - ROBERT JASTROW: El telar mágico, I. Ed. Salvat. Barcelona, 1985

[107] - JEAN E. CHARON:Los grandes enigmas de la Astronomía,pg.37s y 46 Ed. Plaza. Barcelona.

[108] - MANUEL Mª. CARREIRA, S.I.: Dios, el hombre y el Universo, VI. Madrid, 1976.

[109] - PAUL DAVIES: El Universo desbocado, X. Ed. Salvat. Barcelona, 1988.

[110] - JEAN E. CHARON: De la materia a la vida, pgs.167, 172, 313 y 404. Ed. Guadarrama. Madrid

[111] - ARTHUR EDDINGTON: The Nature of the Physical World, pgs.89-91. 1947

[112] - MANUEL Mª. CARREIRA, S.I.: El hombre, centro del Universo. A.D.U.E. Madrid, 1983

[113] - Acta Apostolicae Sedis, 25, I, 1952, pg.31

[114] - Diario YA del 20-VII-85, pg.8

[115] - JEAN HEIDMANN: Introdution a la Cosmologíe, pg. 231. Presses Universitaires de France,

[116] - Revista ECCLESIA, n.1.554(14-VIII-71)30

[117] - VINTILA HORIA: Diario YA, El ateísmo político

[118] - Revista ECCLESIA, n.1.208 (5-IX-64)29

[119] - MAX PLANCK: Religión y Ciencias Naturales, pg. 24. Leipzig

[120] - DR. VENANCIO GARCÍA RODRÍGUEZ: Hombre, materia, evolución y vida, XXXVIII, 5. Ed. Plaza y Janés. Barcelona

[121] - ANTONIO DÚE, S.I.: Rev ista PENSAMIENTO, 11(1965)190-194

[122] - ÁNGEL Mª. ROJAS, S.I.: Espiritualidad del estudiante, II, A, 2, 5. EDAPOR. Madrid. 1984.

[123] - VINTILA HORIA: Viaje a los centros de la Tierra, 2ª,I, 3. Ed. Plaza y Janés. Barcelona. 1971.

[124] - Diario ABC del 18-V-1969.

[125] - SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, 2ª, IV. Ed. Planeta. Barcelona. 1975.

[126] - Revista PALABRA, 95 (VII-73) 33

[127] - MANUEL Mª.CARREIRA, S.I.: Dios el hombre y el universo, I, 1. Madrid. 1976.

[128] - Revista MUY interesante, 55 (XII-85) 13

[129] -Diario YA dominical del 8-I-87, pág. 20.

[130] - Diario YA del 6-XII-84, pág. 10.

[131] - ÁNGEL SANTOS RUIZ: Vida y espíritu ante la ciencia de hoy, XX. Ed Rialp. Madrid. 1970.

[132] - MARIANO ARTIGAS: Ciencia, Razon y Fe, VI, 6. Libros M. C. Madrid. 1985.

[133] - GARCÍA DURÁN: Cajal, 2ª, I, 1. Institucion Fernando el Catolico. Zaragoza.

[134] - Acta Apostolicae Sedis, 44 (1952) 31.

[135] - Diario YA del 10-III-1977. Pág.25.

[136] - Revista ECCLESIA, 2560,(28-XII-91),20.

[137] - JOSÉ M. CIURANA: La verdad del Cristianismo, I, B, c. Ed. Bosch. Barcelona, 1980. Magnífico libro para demostrar que la Iglesia Católica es la unica fundada por Cristo-Dios.

[138] - JORGE LORING, S.I.: La autenticidad de la Sábana Santa de Turín. Invalidez de la prueba del CARBONO-14. Madrid, 1990. Sexta edicion con cincuenta fotos en color.

[139] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 1:20.

[140] - Evangelio de SAN MATEO, 15:19

[141] - Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 36

[142] - WERNER HEISENBERG: Diálogos sobre Física Atomica, VII. Ed. BAC. Madrid, 1972

[143] - RUDOLF KIPPENHAHNS: Luz del confín del Universo. Ed. Salvat. Barcelona, 1989

[144] - MARIANO ARTIGAS, Doctor en Ciencias Físicas y Profesor de la Universidad de Navarra: Física y Religión en perspectiva, Apéndice 4. Ed. Rialp. Madrid, 1991

[145] - PASCUAL JORDAN: El hombre de Ciencia ante el problema religioso, III, 15. Ed. Guadarrama. Madrid, 1972

[146] - Primera Carta de SAN PEDRO: 3:15.

[147] - PASCAL: Pensamientos, nº11.

[148] - ANDRÉS LEONARD: Razones para creer, IX, 3. Ed. Herder Barcelona. 1990.

[149] - Salmo 145:18

[150] - Génesis, 1:1

[151] - MICHAEL SCHMAUS: Teología dogmática, nº 118. Ed. Rialp. Madrid

[152] - Salmo 91:11

[153] - Evangelio de SAN MATEO, 18:10

[154] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, n.428. Ed. Herder. Barcelona

[155] - Segunda Carta de SAN PEDRO, 2:4; San Judas, 6

[156] - Evangelio de SAN MATEO, 16:23

[157] - Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº.2851

[158] - Evangelio de SAN LUCAS, 22:31

[159] - Evangelio de SAN MATEO, 12:29

[160] - MONDEN: El milagro, signo de salud, pg. 127. Barcelona

[161] - Conferencia Episcopal Alemana: Catecismo Católico para Adultos, 1º, III, 2. Ed. BAC. Madrid.

[162] - Sir FREDERIK KENYON: The Biblie and Arqueology, pg. 279. New York

[163] - Levítico, 11:19

[164] - JOSUÉ, 10:13

[165] - Segunda carta de SAN PEDRO, 3:16.

[166] - CONCILIO VATICANO II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelacion, 10

[167] - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelacion, n. 12

[168] - SALVADOR MUÑOZ IGLESIAS: Los evangelios de la infancia, tomo IV, Epílogo. Ed. BAC.

[169] - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelacion, n.11

[170] - LEO J. TRESE: La fe explicada, I, 3. Ed Rialp. Madrid, 1981. Sexta edicion

[171] - PRUDENCIO DAMBORIENA, S.I.: Revista Iglesia-Mundo. documentación nº8(12,XI,71)

[172] -.E. DANYANS: Proceso a la Biblia de los Testigos de Jehová. Ed. Clie. Barcelona, 1971

[173] - AGUSTÍN PANERO, Redentorista: NO a los Testigos de Jehová, II, 8. Ed. Perpetuo Socorro. Madrid, 1973. Estupendo folleto, que en su brevedad, expone y refuta muy bien los errores de los Testigos de Jehová


 

Origen de la vida

6,10.- Dios es el Autor de la vida. Incluso en una hipótesis evolucionista hay que aceptar unas leyes que dirijan esta evolución. Estas leyes son obra de Dios.

Juan Oró, uno de los españoles que investigan en los Estados Unidos para la NASA, que está al frente del equipo que analizó las muestras lunares que trajeron los astronautas, y cuya opinión fue definitiva para afirmar que en Marte no hay vida, opina que la vida surgió a merced de un proceso de evolución química gradual que conduce a la generación progresiva según leyes determinadas, aunque todavía estamos lejos de tener una clara comprensión de las leyes que rigen la evolución de las partículas elementales.

El biólogo soviético Alejandro Oparin, explica así el origen de la vida: «En la atmósfera terrestre primitiva, a partir de algunos compuestos relativamente sencillos, principalmente metano, amoníaco, vapor de agua y ácido sulfúrico, y bajo la acción de las descargas eléctricas y rayos ultravioleta se formaron numerosas y variadas sustancias orgánicas de molécula compleja. Estos productos pasaron a formar parte de la hidrosfera, al ser arrastrados por la lluvia, y una vez allí, sufrieron posteriores modificaciones, y un incremento ulterior de su complejidad»[174].

En abril de 1985 la revista norteamericana «News Week» se hacía eco de la presentación, por parte de un grupo de bioquímicos de la NASA americana, de unas pruebas según las cuales la arcilla sirvió como catalizador en la formación de los primeros compuestos orgánicos. Podría ser una explicación de aquello de la Biblia de que la vida nació del barro.

Recientemente Leslie Orgel, uno de los mayores expertos mundiales en la materia, demuestra en la revista científica Nature que el origen de la vida pudo aparecer en terreno arcilloso.

De hecho Stanley Miller y Harold Urey, en 1953, haciendo pasar una descarga eléctrica a través de una mezcla de metano, amoníaco, nitrógeno y vapor de agua, lograron sintetizar aminoácidos constitutivos de las proteínas.

El Doctor en Ciencias Químicas, D. José Sánchez-Real, Catedrático en Valencia, opina que la reacción que Oparin sitúa en la superficie de la Tierra debió darse en altas capas de la atmósfera.

En todo caso, como el mismo Oparin expone en su obra con multitud de fórmulas y reacciones químicas, todo esto supone unas leyes, y las leyes una inteligencia. A esta inteligencia la llamamos DIOS.

Por eso decimos que Dios es el Autor de la vida.

El mismo Oparin reconoció en Barcelona (junio 1973), en la IV Conferencia Internacional sobre el «Origen de la Vida»: El origen de la vida no es ocasional. Se ajusta en todo a las leyes de la Naturaleza Y Stuart Mill: Las leyes de la Naturaleza no pueden, por sí mismas, ofrecer una explicación de su propio origen.

John B. Haldane, famoso fisiólogo genetista británico, Profesor de la Universidad de Cambridge, afirma que el origen de la vida es imposible sin un Ser Inteligente preexistente.

La vida no se ha formado por casualidad, sino que se basa en leyes bien precisas.

Dice Salvador de Madariaga: «El mundo vivo no puede ni siquiera concebirse sino como la ejecución de un proyecto que le es anterior»[175]. El paso de las micromoléculas a las macromoléculas se realiza según unas reglas y leyes.

Fred Hoyle, célebre científico inglés, a quien en 1972 le fue otorgado el título de «Caballero» por sus trabajos científicos, afirma: «La vida no puede haberse producido por casualidad»[176].

6,11.- La base de la vida, está en los ácidos nucleicos y aminoácidos.

Los aminoácidos son los componentes de las proteínas. Las proteínas son los ladrillos de las células. Estas macromoléculas son esenciales en todo ente con vida.

«Hay una ley que desde los primeros aminoácidos y nucleótidos formados en las aguas primitivas han conducido a través de millones de años de evolución hasta la formación del DNA humano»[177].

La molécula del ácido desoxirribonucleico (DNA) componente fundamental de los cromosomas, es portador de la información genética. Cada célula puede poseer docenas de cromosomas. Cada cromosoma posee cientos de genes. Los genes son cadenas de ácido desoxirribonucleico (DNA).

Harada sintetizó aminoácidos, que son los componentes estructurales de las proteínas sometiendo a una temperatura de mil grados centígrados amoníaco, vapor de agua y gas metano, tres derivados volcánicos que probablemente eran muy abundantes en la atmósfera primitiva.

Sin embargo la complejidad de la proteína lejos de ser un desorden, es un orden supremo. Es decir, siempre hemos de admitir unas leyes que dirigen la evolución El Dr.Jorge Wald, biólogo de la Universidad Norteamericana de Harvard, Premio Nobel, dijo en el Congreso Internacional sobre el Origen de la Vida celebrado en Barcelona en junio de 1973:

No hay ninguna oposición entre la aceptación de la explicación científica del origen de la vida y la creencia en Dios, pues éste es el Autor de las leyes que rigen el proceso biológico.

«Hoy, no pocos científicos, al menos entre los occidentales, admiten consecuentemente una tendencia finalista en el desarrollo de las formas.

Efectivamente, los últimos descubrimientos, de modo particular los realizados en el sector de las estructuras vivientes, van demostrando la existencia de leyes en los fenómenos vitales, donde el simple azar queda excluido, aun por el mismo cálculo de probabilidades»[178].

La vida y la evolución tienen un sentido, no es puro azar.

El mismo Oparin reconoce que las leyes de la Naturaleza no pueden ser producto de la casualidad, pero no se pregunta cuál es el origen de estas leyes.

Reconocer la existencia de leyes en la Naturaleza y no preguntarse por el origen de ellas es quedarse a mitad de camino. Si nos preguntamos por el origen último de estas leyes llegaremos a Dios.

6,12.- La vida pudo comenzar en el mundo en un momento determinado, según las leyes puestaspor Dios en la Naturaleza.

Parece que fue hace unos 3.000 millones de años.

Comenzó de modo muy elemental, y poco a poco fue evolucionando hasta el hombre, que es la suprema manifestación de la vida en la Tierra. La evolución de la vida en la Tierra supone unas leyes que la han dirigido. La selección natural de la evolución se produce por mutaciones de los caracteres hereditarios en los genes de los cromosomas. Pero este proceso ha seguido unas leyes que han dirigido la línea de la evolución.

«Todo el proceso ha estado programado para que al final apareciese el hombre...Ha existido una dirección privilegiada una finalidad. Sin duda, esta finalidad está en plano superior al puramente material de la evolución»[179].

El que la vida haya comenzado en la Tierra o haya venido de otro astro, es indiferente para explicar las causas del origen de la vida.

El que la vida haya venido de otro astro no excluye que la vida se haya originado según unas leyes.

Por otra parte, no se ha demostrado la existencia de seres inteligentes extraterrestres. A los ovnis se les encuentran explicaciones que no los hacen necesariamente extraterrestres.

El hecho de que la vida haya comenzado en la Tierra o haya venido de otra galaxia es lo de menos, pues tan sólo pospone la cuestión a otro tiempo y lugar, afirma el célebre astrónomo norteamericano Dr. Robert Jastrow[180].

Aparte de que los rayos cósmicos hubieran acabado con la posible vida en los viajes interplanetarios.

[174] - ALEJANDRO OPARIN: Origen de la vida sobre la Tierra, V. Ed. Tecnos. Madrid, 1970

[175] - SALVADOR DE MADARIAGA: Dios y los españoles, pg.37. Ed. Planeta. Barcelona, 1975

[176] - FRED HOYLE: El Universo inteligente, I, 1. Ed. Grijalbo. Barcelona, 1984

[177] - PIERO PASOLINI: Las grandes ideas que han revolucionado la Ciencia en el último siglo, I, 4. Ed. Ciudad Nueva. Madrid, 1981

[178] - SEBASTIÁN BARTINA, S.I.: Hacia los orígenes del hombre, I, 1. Ed. Garriga. Barcelona

[179] - DR. BERMUDO MELÉNDEZ, Catedrático de Paleontología en la Universidad Complutense de Madrid: Las bases científicas del evolucionismo, pg. 89. Ed. ADUE. Madrid

[180] - ROBERT JASTROW: El telar mágico. Ed. Salvat. Barcelona, 1985


 

Origen del Hombre

6,13.- Un grupo internacional de científicos, dirigidos por el investigador Russell Ciochon, de la Universidad de Iowa (EE.UU.) ha descubierto en China restos humanos de dos millones de años. En 1972 el científico norteamericano Dr. Richard Leakey descubrió en Tanzania, cerca del Lago Rodolfo, en la frontera con Kenya, unos restos humanos. Datan de hace unos dos millones quinientos mil años. En noviembre de 1974 el antropólogo Donald Johanson descubrió en Etiopía un esqueleto de una hembra, al parecer del género homínido. Es el más antiguo, más completo y mejor conservado de los esqueletos pertenecientes a un antepasado del hombre actual. Se trata de un homínido bípedo, de tres millones y medio de años de antigüedad. Se le bautizó con el nombre de «Lucy».

En 1994 un equipo de la Universidad de Berkeley en colaboración con expertos de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, han encontrado en la cuenca seca del río etíope Awash una colección de fósiles humanos contemporáneos de «Lucy».

Recientemente, Maeve Leakey, esposa de Richard Leakey, ha descubierto en Kenya un homínido, el «australopitecus anamensis», de cuatro millones de años de antigüedad. Se le considera el padre de «Lucy».

Los restos humanos más antiguos de Europa los tenemos en España. En Atapuerca (Burgos), José Manuel Bermúdez, ha encontrado restos humanos de 800.000 años de antigüedad. Y José Gibert opina que el «Hombre de Orce» (Granada), vivió hace un millón de años.

Si pusiéramos en un año la historia del cosmos, el Big-Bang estaría al empezar el primero de enero, y toda la historia del hombre ocuparía tan sólo el último minuto del 31 de diciembre, de este hipotético año en que cada día equivaldría a 50 millones de años. Y Cristo aparecería el 31 de Diciembre a las 11 horas, 59 minutos y 50 segundos.

6,14-. La Biblia cuenta la creación del primer hombre: de su cuerpo material y de su alma espiritual e inmortal.

Por eso no se puede decir que el hombre viene del mono, así, simplemente. Es necesario admitir la especial intervención de Dios. El cuerpo puede venir por evolución; pero no el alma, que es espiritual. El alma humana ha sido infundida por Dios en el momento de la concepción. Nunca el espíritu puede venir por evolución de la materia. El salto de la materia al espíritu sólo puede darse por la intervención de Dios. Entre el mono y el hombre hay un abismo. Este abismo es la inteligencia. La inteligencia es de orden espiritual.

Dijo el Premio Nobel de Medicina John C. Eccles en el prólogo de «Las fronteras del evolucionismo» lo siguiente: «Cada alma es una nueva creación divina. Me permito decir que ninguna otra explicación es sostenible»[181].

La Iglesia siempre ha insistido en el hecho de que siendo espiritual el alma humana sólo puede existir por haber sido creada, y no es posible que proceda de un animal inferior por evolución.

«La fe católica nos obliga a retener que el alma humana ha sido creada inmediatamente por Dios», dice Pío XII en la Encíclica «Humani generis»[182].

Con todo, no hay dificultad en admitir, dentro de la doctrina católica, que Dios infundió el alma espiritual en un mono antropomorfo. Un cuerpo animal no es más indigno que un pedazo de barro para percibir el soplo espiritual de Dios.

En la historia bíblica de la formación del primer hombre lo que se quiere destacar es que el hombre proviene de Dios....

La intervención de Dios en la infusión del alma espiritual en el hombre se explica en la Biblia con las palabras: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza...Dios Creó al hombre a imagen suya»[183].

El hombre es imagen de Dios sólo en el alma espiritual, pues Dios-Creador no tiene cuerpo material. Dios es espíritu puro.

«Alma» significa el principio espiritual del hombre.

«El llevar en sí la imagen y semejanza de Dios lo debe el hombre, no a su figura corporal, sino a su alma espiritual, dotada de entendimiento y voluntad. Sin duda alguna, la palabra hebrea bará (creó) indica una acción especial divina»[184].

El hombre es la cumbre de la obra de la creación. Por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona: no es algo, es alguien.

«En la evolución del Universo y de la vida, llegó un momento en que, superando las energías materiales y vitales inferiores, apareció en la Tierra una energía de una calidad eminentemente superior: la energía psíquica humana»[185].

Darwin tuvo la intuición de cómo pudo ser el origen del hombre, pero en su tiempo «los fósiles correspondientes a los homínidos eran prácticamente desconocidos». Así lo afirma el Dr.Bermudo Meléndez, Catedrático de Paleontología en la Universidad Complutense de Madrid[186].

Es decir, en aquel tiempo la teoría evolucionista de Darwin era una hipótesis sin comprobación empírica. Por eso la Iglesia, que es muy prudente, no acepta todas la hipótesis científicas inmediatamente; sino que espera a que esa hipótesis de trabajo se consolide y se estudie su armonía con la Revelación de Dios.

6,15.- Esta teoría de que Dios se sirvió del cuerpo de un mono para hacer al primer hombre se llama evolucionismo. Hay muchos teólogos católicos que defienden esta teoría, que no está condenada por la Iglesia. Desde la fe y la filosofía no hay inconveniente en admitir la teoría de la evolución. La última palabra la tiene la Ciencia. Pero la teoría de la evolución no elimina la necesidad de una inteligencia ordenadora. Admitir el orden de este mundo y no preguntarse por su causa, es como encontrarse un televisor en lo alto de un monte y atribuirlo a la casualidad. Los textos de la Biblia no tratan de darnos una explicación científica del modo cómo fueron hechos Adán y Eva, sino algo mucho más profundo: el hombre es obra de Dios y la mujer de la misma naturaleza que el hombre.

El Génesis es una narración simbólica del origen de la humanidad. La Biblia está llena de antropomorfismos que hay que saber interpretar. Con la imagen del soplo quiere decir que el hombre recibió de Dios algo que lo convirtió en un hombre. A ese algo nosotros llamamos alma espiritual. Y cuando dice que Eva era de una costilla de Adán quiere decir que la mujer es de la misma naturaleza que el hombre[187]. La formación de la mujer de la costilla del varón quiere expresar que la dignidad de aquélla es igual a la de éste[188]. Pío XII afirma en la Encíclica «Humani generis» (1950) sobre la evolución: La Iglesia deja la doctrina de la evolución como una cuestión abierta, mientras las especulaciones se limiten al desarrollo del cuerpo humano a partir de otra materia viviente ya existente. Es posible, que el hombre y el mono actual vengan de un tronco común; pero aunque el cuerpo del hombre pueda venir por evolución de un mono antropomorfo, no por eso vamos a decir que el hombre es un mono desnudo. También la gallina procede de un huevo, y no decimos que la gallina es un huevo con plumas. El hombre es mucho más que un animal. Prescindir de la vertiente espiritual del hombre es una visión equivocada de lo que es realmente el hombre.

El hombre es algo más que un simple animal. En el hombre hay un alma espiritual que no puede venir por evolución de la materia, sino por creación de Dios. El hombre es algo más que el resultado de una evolución biológica.

«Por simple evolución no es posible franquear el abismo que existe entre el reino animal y el hombre. Con las solas fuerzas naturales, ningún animal pudo evolucionar y llegar a un grado de perfección tal que le permitiera salir del círculo de la especie animal y entrar en el de la especie humana. El primer hombre no es, ni pudo ser, el resultado supremo de una evolución animal, sino un ser que existe porque Dios lo creó. Dios está en el origen del hombre; y sin su acción especialísima, el hombre no hubiera llegado a existir»[189].

El efecto no puede ser superior a la causa que lo produce. De una piedra no puede salir una flor, hace falta una semilla. La semilla tiene vida, la piedra no. Nadie da lo que no tiene. Si yo sólo tengo quinientas pesetas en el bolsillo, no puedo darte mil. Que lo espiritual es producido por la materia, desde el punto de vista de la lógica, es inadmisible. Si el alma no puede venir de la materia, su existencia sólo se explica por la intervención creadora de Dios Que las almas son inmediatamente creadas por Dios es un punto de vista que la fe católica nos impone.

Pío XII añade en su Encíclica «Humani generis»: «La fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios»[190]. Pero admite que para formar el cuerpo del primer hombre pudo haber utilizado el cuerpo de un mono antropomorfo.

Puede ser interesante mi vídeo: «El origen del hombre a la luz de la Ciencia actual y de la Biblia».

Hace tiempo, la Iglesia recibió con recelo la teoría evolucionista. No por culpa de Darwin, padre de la teoría, que era creyente[191], y aceptaba a Dios como Autor de las leyes que rigen la evolución[192], como hoy admitimos. Fue por culpa de Huxley que era materialista y excluía a Dios del proceso evolutivo, haciendo de la evolución una nueva religión.

Charles Robert Darwin empezó la carrera eclesiástica, aunque después la dejó para dedicarse a su pasión: la Historia Natural. Él quiso siempre tratar el argumento sólo desde el punto de vista científico sin ponerlo nunca en conflicto con sus convicciones religiosas. Darwin pensaba que la evolución se ha debido a leyes generales impuestas por el Creador. Dice Darwin al final de su libro «Origen de las Especies» aparecido en 1859: «Es grandioso el espectáculo de las fuerzas variadas de la vida que Dios infundió en los seres creados haciéndoles desarrollarse en formas cada vez más bellas y admirables»[193].

Darwin escribe a Marx en 1880 rechazando la dedicatoria de la edición inglesa de «El capital» por su materialismo[194]. 6,16.- Conviene advertir que el hecho de la evolución es una hipótesis; no algo científicamente indiscutible. Se afirma, pero no se prueba. Cada día son más los adversarios de la evolución. Algunos científicos (Luis Bounonre, von Hexkuell, Hermann Nielsen, Herbert Nilsson, etc. ) opinan que el evolucionismo no es posible, pues la evolución sólo se da dentro de una especie; pero no es posible el paso de una especie a otra[195].

Son muchos los científicos que rechazan el evolucionismo darwinista. El Prof. Wilder Smith investigador en Bioquímica, ha publicado un libro documentado y contundente contra la evolución biológica. G. Sermonti, Profesor de Genética de la Universidad de Perugia y R. Fondi, Profesor de Paleontología en la Universidad de Siena, han escrito juntamente un libro en el que niegan todo valor determinante a la selección natural darwinista. El famoso científico contemporáneo Sir Fred Hoyle, en su libro «El Universo inteligente» ha escrito: «La teoría darwinista es errónea»[196].

El periódico italiano «Corriere della Sera» del 25 de Agosto de 1992 da cuenta de una intervención del especialista británico Richard Milton en el Congreso de la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia en la que afirmó: el mito del darvinismo ha quedado hecho pedazos.

Michael Danton, Director del Centro de Investigaciones en Genética Humana de Sidney (Australia), opina que Darwin estaba equivocado. Pierre Paul Grassé, Miembro de la Academia Francesa y considerado como el primer zoólogo del mundo, dice que el darvinismo encierra importantes falacias, y advierte: «Hay que hacer reflexionar a los biólogos sobre la ligereza de las interpretaciones y extrapolaciones que los doctrinarios presentan como verdades demostradas»[197]. Recientemente el célebre biólogo y matemático Jorge Salet en su libro «Azar y certeza»[198], demuestra matemáticamente la imposibilidad de una evolución progresiva. Afirma que desde el origen de la vida hace tres mil millones de años no ha habido tiempo para que la primera célula viva evolucione hasta el hombre, pues el número de probabilidades es del orden de diez elevado a menos cien (10-100). Es decir una probabilidad tan mínima, que para los científicos es prácticamente imposible.

6,17.- Se presenta el problema de si fue una sola pareja o fueron muchas las que Dios transformó en hombres. La primera teoría se llama monogenismo. La segunda, poligenismo. La teología del pecado original se ha expresado siempre bajo la concepción monogenista del origen del hombre.

Actualmente los teólogos han realizado serios intentos para buscar una explicación del pecado original en la hipótesis del poligenismo, pero no han llegado a una solución plenamente satisfactoria. Con todo el monogenismo no puede ser considerado como una doctrina revelada o infaliblemente enseñada por la Iglesia[199]; pero es una doctrina considerada por buenos teólogos como próxima a la fe. El Sumo Pontífice Pío XII dice a este propósito: «mas cuando se trata de otra hipótesis, la del llamado poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad. Porque los fieles no pueden abrazar la sentencia de los que afirman: o que después de Adán existieron en la Tierra verdaderos hombres que no procedieron de aquél como del primer padre de todos por generación natural, o que Adán significa una especie de muchedumbre de primeros padres. No se ve por modo alguno cómo puede esta sentencia conciliarse con lo que las fuentes de la verdad revelada y los documentos del Magisterio de la Iglesia proponen sobre el pecado original, que procede del pecado verdaderamente cometido por un solo Adán y transmitido a todos por generación»[200]. Pío XII no dice que el poligenismo no pueda conciliarse con la fe, sino que no se ve cómo pueda conciliarse. Deja abierta la posibilidad de una conciliación.

La hipótesis del monogenismo tiene una confirmación científica, pues según el profesor Francisco Grande Covián, la información genética del DNA mitocondrial confirma que toda la humanidad viene de la misma madre. Un grupo de genetistas de la Universidad de Berkeley encabezado por A.C.Wilson, estudiando el DNA mitocondrial sugiere el origen monogenético de la humanidad.

7. EL HOMBRE SE DIFERENCIA DEL ANIMAL EN QUE TIENE UN ALMA INTELIGENTE

7,1.- Dice el Concilio Vaticano I: «Desde el principio del tiempo creó Dios de la nada la criatura espiritual y corporal, esto es, la angélica y la mundana, y luego la humana constituida de espíritu y cuerpo»[201].

El alma humana fue creada por Dios directamente de la nada. El hombre vive por su alma. El alma vivifica al cuerpo. El alma es la fuente de la vida del hombre.

El alma es el principio vital del hombre. Esto pertenece al depósito de la fe. Ha sido definido expresamente por la Iglesia[202]. La existencia del alma es una cosa tan clara que no se puede dudar de ella en sana Filosofía. Cada vez es mayor el número de científicos que, en el tratamiento de la realidad existencial del alma humana, se alejan del dogma materialista que prohíbe terminantemente el hablar siquiera de ella, bajo el pretexto de que está demostrado «científicamente» su no existencia.

«El alma es la parte espiritual del hombre que sobrevive al cuerpo, y es la sede de las operaciones espirituales como, por ejemplo, el raciocinio.

El alma es parte de un todo que muestra su composición dual por la diversidad de funciones con mutuas influencias, pero con resultados inconfundibles y propios de cada parte (...). Es una realidad no material responsable de la actividad consciente y libre del hombre»[203].

Karl Popper, una de las primeras figuras de la moderna Filosofía de la Ciencia, que estuvo enrolado en movimientos marxistas hasta que llegó al convencimiento de que el marxismo era una doctrina pseudocientífica y antihumana, afirma que el lenguaje humano implica una capacidad de razonar que debe ser considerada superior al conocimiento de los animales.

Y John Eccles, Premio Nobel de Neurofisiología, por sus investigaciones acerca del cerebro, comparte con Popper el rechazo del materialismo y admite la existencia en el hombre de un alma espiritual.

«Personalmente me veo forzado a creer que existe algo que podríamos llamar el origen sobrenatural de mi irrepetible autoconsciente, o de mi irrepetible individualidad o alma»[204]. «Tenemos que reconocer que el Yo es el efecto de una creación sobrenatural, de eso que en el sentido religioso se llama alma»[205]

El alma es la «forma», la estructura óntica del hombre. Aquello que le hace ser, precisamente, hombre. Es algo real; es decir, como indica la definición de real: existencia efectiva y verdadera. Llamamos alma al principio vital. Por eso, en absoluto, se podría hablar de alma vegetativa en las plantas, de alma sensitiva en los animales y de alma racional en el hombre. Pero la costumbre ha reducido el nombre de alma al principio vital del hombre, que es intelectual, espiritual e inmortal.

El concepto de alma es irrenunciable para toda antropología humanista desde el momento en que se convenga en designar con dicho concepto la diferencia cualitativa, entitativa, que destaca al hombre de cualquier otra realidad mundana.

Yo me siento la misma persona que cuando era niño. Sin embargo la mayor parte de los elementos materiales de mi cuerpo han variado y se han transformado. Pero hay algo en mí que da continuidad a mi ser. Es el alma que da conciencia de mi yo por la cual pienso y quiero con libre albedrío.

«Parece que algunos no se atreven ya a hablar del alma. Algunos sacerdotes evitan la respetable fórmula del catecismo como si nos encontráramos ante un elemento de la filosofía griega, extraño a la revelación; ante una descomposición de la realidad humana, de hecho indivisible...

Evidentemente toda una parte de la enseñanza de la Iglesia se encuentra de este modo comprometida, y se desvanecen varios aspectos esenciales de la fe a falta de la idea de alma que les daba consistencia y expresión... La existencia del alma, principio espiritual, inaccesible a toda corrupción, forma parte de la doctrina de la fe»[206].

Dice el teólogo alemán Ratzinger, Prefecto de la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe: «Me parece que ya es tiempo de llegar a una rehabilitación en la teología de los tabuizados conceptos de "inmortalidad" y "alma". Ciertamente no están faltos de problemática..., pero arrojarlos a la vía, es ingenuo»[207].

Como dice Malebranche el hombre tiene un cuerpo, pero no es un cuerpo. El sujeto que posee es diferente a la cosa poseída. El hombre es algo más que su cuerpo. Es el espíritu el que nos hace personas. Sin él no seríamos más que materia. Seríamos puros animales.

Uno de los hombres más eminentes de la ciencia británica contemporánea es Sir Francis Walshe, dice: Creo que tenemos que volver al antiguo concepto de alma espiritual: esa parte integral de la naturaleza del hombre que es algo inmaterial, incorpóreo, sin la cual no se es persona humana. Y C. S. Lewis, Profesor de la Universidad de Oxford, dice: «La naturaleza es absolutamente incapaz de producir el pensamiento... Ese elemento sobrenatural en el hombre, demuestra que existe algo más por encima y más allá de la naturaleza»[208]. El neurólogo australiano John C. Eccles, Premio Nobel, dice: «Los fenómenos mentales trascienden claramente los fenómenos de la Fisiología y la Bioquímica»[209].

El 17 de mayo de 1979, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó una carta en la que se reafirman datos esenciales de la fe católica sobre el más allá. El Papa Juan Pablo II aprobó previamente el texto de la carta que tiene así el valor de magisterio auténtico papal. Allí se dice textualmente: La Iglesia afirma que un elemento espiritual sobrevive después de la muerte. Un elemento dotado de conciencia y voluntad, de suerte que el mismo "ser humano" subsiste. Para designar este elemento la Iglesia usa la palabra "alma", término usado en el lenguaje de la Biblia y la Tradición. Y aunque este vocablo tiene varios significados en la Biblia, la Iglesia piensa que no hay razones válidas para prescindir de esta palabra. Por otra parte, la Iglesia considera que es absolutamente indispensable el uso de alguna palabra para transmitir el dato de la fe de una supervivencia entre la muerte y la resurrección final. G. Deutzenberg ha demostrado que la palabra griega «psigé» tiene que ser traducida por «alma», y no por «vida»[210].

Finalmente dice San Pablo que el hombre está compuesto de cuerpo y alma[211].

7,2.- El alma no se ve. Pero hay cosas que existen aunque no se vean ni se sientan, como la presión atmosférica. El alma no se ve porque es espíritu, y no todo se ve con los ojos de la cara. Tampoco se ve el espacio y el tiempo, sino que sólo se pueden ver las cosas que ocupan el espacio, y las cosas que cambian con el tiempo. Pero podemos conocer la existencia del alma por sus actos. Para saber si por un cable pasa la corriente eléctrica, intercalas una bombilla. Si se enciende, entonces conoces, por los efectos luminosos, la existencia de la corriente; pero tú no has visto la corriente. Si detrás de una tapia ves una columna de humo, sabes que allí hay fuego; tú no ves el fuego, pero lo conoces por su efecto: el humo. Al ver un río pienso en la existencia de un manantial sin verlo. Rutherford y Bohr conocieron el átomo sin verlo, por los datos obtenidos.

La existencia del alma la conocemos por sus efectos. El alma humana es la base de la vida y de la inteligencia. Si no tuviéramos alma inteligente, no habría cultura, ni ciencia, ni artes, ni técnica, ni aviones, ni ferrocarriles, ni radio, ni televisión, etc.

El alma es lo que más vale de la persona humana. El valor material del cuerpo humano no llega a veinticinco ptas.[212].

7,3.- El alma, para pensar, se sirve del cerebro como de un instrumento; pero el cerebro sin alma que lo vivifique, no hace nada; está muerto. Es una bombilla sin corriente. Si el cerebro piensa, es por el alma. La diferencia entre el cerebro de un muerto y el de un vivo es que uno tiene alma y el otro no.

El cerebro es condición para el raciocinio. La condición es necesaria, aunque no sea causa. Como la ventana es condición necesaria para que la luz del Sol entre en la habitación. Pero la causa de la luz no es la ventana sino el Sol. La causa del raciocinio es el alma. El cerebro es tan sólo la condición, el instrumento.

El cuadro de las lanzas de Velázquez no se debe al pincel. Se debe al artista, al pintor, a Velázquez. Es verdad que Velázquez con una escoba no lo hubiera pintado. Velázquez necesitó el instrumento del pincel. Pero el autor del cuadro no es el pincel, sino el artista. El cerebro es instrumento del alma. Por eso el cerebro para pensar necesita del artista, el alma. Y si el cerebro está lesionado, el alma no funciona bien. El alma y el cerebro se influyen mutuamente.

Wilder Penfield de la Universidad de Montreal, que se dedicó toda su vida, como neurólogo y neurocirujano, al estudio de la persona y del cerebro humano, dice: «El cerebro se parece mucho a un ordenador. Sin embargo, la mente, el espíritu, es algo independiente del cerebro. La mente no es un producto del cerebro. La mente no es algo físico. Depende del cerebro pero no es el cerebro, no es algo fisiológico. Ningún científico ha logrado demostrar que la mente tiene explicación material»[213].

El espíritu, inteligencia o mente, no es una producción material. Si es cierto que el cerebro puede ser comparado a una máquina provista de todos los dispositivos electrónicos más perfectos y los conmutadores mejor ajustados, es necesario, sin embargo, que le añadamos un operador: el alma.

En la corteza cerebral hay treinta mil millones de células nerviosas. Querer comprender la mente humana estudiando sólo el cerebro, es como pretender entender un programa de televisión estudiando sólo los transistores y los circuitos integrados del interior del televisor. El programa de televisión supone muchas horas de pensar de técnicos, programadores, realizadores, etc.

Una computadora electrónica puede diagnosticar una enfermedad e incluso programar un tratamiento, pero no puede captar factores psicológicos del enfermo, como el temor, la ansiedad, la frustración, etc., que el médico puede captar y tener en cuenta. El ordenador no siente cariño, ni alegría, ni remordimientos. El ordenador archiva datos, pero no tiene conciencia ni iniciativa. Un magnetófono graba lo que se le dice, pero es indiferente a lo que se le diga. Lo mismo se queda si se le cuenta un chiste que si se le insulta. La persona humana, no.

Los procesos psíquicos no poseen ninguna de las propiedades que observamos en la materia... Por otra parte, la materia no presenta ninguna de las propiedades de lo psíquico... El hombre aúna ambas clases de procesos: su cuerpo se compone de materia, y su vivencia consciente es de naturaleza inmaterial, psíquica.

El célebre investigador cerebral del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, el Dr. Rodríguez Delgado, Director del Centro de Estudios Neurobiológicos, Académico de la Real Academia de Doctores, dijo por Radio Nacional de España, el lunes 12 de marzo de 1984, a las 11:30 de la mañana, entrevistado por Silvia Arlet, que el cerebro y el alma son dos cosas distintas. El cerebro se palpa, se pesa, se mide; y el alma no. Hay que distinguir entre las funciones cerebrales y el cerebro. La memoria, -dijo el Dr. Rodríguez Delgado - está en el cerebro pero no es el cerebro. El cerebro y el alma son cosas distintas, dijo este eminente investigador del cerebro.

La mente ostenta unas propiedades y unas facultades funcionales que rebasan lo puramente biológico y fisiológico, y con mayor razón lo físico. Reducir el pensamiento al cerebro material es como en un cuadro de Goya examinar el lienzo y los colores yuxtapuestos, pero desconocer el arte, que es de orden espiritual. Lo mismo que un libro es algo más que papel y tinta. Lo importante son las ideas que transmite. Y esto es espiritual.

Recientemente se ha descubierto la antimateria, pero ésta no debe confundirse con el espíritu. La antimateria es materia de signo contrario: electrón positivo y protón negativo. Los actos espirituales están en otro plano.

8.- SIN ALMA INTELIGENTE NO PODRÍAMOS PROGRESAR

8,1.- El hombre progresa porque tiene inteligencia. El animal no progresa por-que no la tiene. La vida de las abejas que describió Virgilio hace dos mil años, era exactamente lo mismo que la de hoy[214]. Las golondrinas construyen sus nidos hoy lo mismo que hace dos mil quinientos años, según la descripción que entonces hizo Heródoto[215].

En cambio, el hombre, que empezó viviendo en cuevas, luego construyó chozas y cabañas, y después casas, palacios y rascacielos. Qué diría un sabio de la civilización antigua si resucitara hoy y se encontrara con inventos como el avión y el submarino, la radio y la televisión, la corriente eléctrica y los rayos X »

El hombre -como tiene alma inteligente-, ve, observa, discurre y deduce. El animal -como no la tiene- ve, pero no deduce nada. No sabe discurrir. El animal obra a ciegas. Sigue los instintos que Dios le ha puesto, sin saber por qué.

El instinto es como una máquina automática. Funciona siempre igual.

Lo que impropiamente solemos llamar inteligencia animal es su capacidad para moverse entre estímulos. El animal responde de la misma manera a los mismos estímulos que excitan sus instintos. En cambio el hombre puede modificar sus respuestas al estímulo. Los animales aprenden cosas por asociación de imágenes y sentimientos; pero no son capaces de hacer un silogismo, un raciocinio. Se amaestran a base de palo y golosinas.

Los instintos animales tienen una memoria sensitiva que les impide repetir los mismos errores. Pero esta memoria sensitiva no tiene nada que ver con la memoria espiritual, propia del raciocinio humano, que permite al hombre pasar de lo conocido a lo desconocido, y así hacer posible el progreso, ausente en los animales.

8,2.- La inteligencia humana nos permite pasar de lo conocido a lo desconocido.

En un iceberg los ojos sólo ven la novena parte de la montaña de hielo: debajo del agua hay 8/9 partes que no se ven, pero que puedo conocerlas por mi inteligencia. En 1846 Leverrier descubre y localiza con exactitud, sin haberlo visto jamás, el planeta Neptuno, calculando la desviación de la órbita de Urano. El astrónomo alemán Galle dirigió su telescopio al lugar donde Leverrier le indicaba y allí se encontró con Neptuno.

En 1915 del mismo modo, estudiando las irregularidades en la órbita de Neptuno, Lowell descubrió a Plutón que no pudo ser visto hasta el 12 de marzo de 1930 por Clyde Tombaugh que murió a los noventa años en Mesilla Park (Nuevo Méjico) el 17 de Enero de 1997.

Actualmente se busca el Planeta X, que se supone a unos diez mil millones de kilómetros del Sol.

La estructura del átomo, formado por neutrones y protones en el núcleo, y electrones en la órbita, fue descubierta por Bohr y Rutherford mucho antes de que el átomo pudiera ser visto. En la EXPO de Sevilla de 1993 pudimos ver un átomo de hidrógeno aumentado mil millones de veces.

Paul Dirac, Premio Nobel de Física, predijo la existencia de los electrones positivos antes de su descubrimiento experimental realizado por el norteamericano Anderson en 1932.

En enero de 1972 se descubrió en la Sierra de Güéjar (Granada) un yacimiento de fósiles marinos de una antigüedad de más de treinta millones de años, y a una altura de más de mil metros. Esto indica que esas alturas estuvieron un día cubiertas por el mar. Los ojos sólo nos dan la existencia de los fósiles, pero la inteligencia nos dice que esos fósiles sólo el mar pudo dejarlos ahí.

En 1769 James Watt, al ver levantarse intermitentemente la tapadera de una olla puesta al fuego, dedujo la fuerza expansiva del vapor de agua e inventó la máquina de vapor. Más tarde, en 1814, Stephenson construye la primera locomotora del mundo.

Cuándo un gato ha inventado una locomotora por ver levantarse la tapa del puchero» Ningún animal inventa nada. El hombre se diferencia del animal en que gracias a su inteligencia domina a la Naturaleza: domina el frío y el calor con el aire acondicionado, acorta la distancia con los medios de locomoción, aumenta el poder de la visión del ojo con el microscopio, y el alcance del oído con la radio, etc.

9.- SIN ALMA INTELIGENTE NO PODRÍAMOS COMPRENDER LAS IDEAS ABSTRACTAS, NI SENTIR EL DEBER Y LA VIRTUD

9,1.- En el hombre hay algo que no es materia; ilusión, esperanza.

Tenemos capacidad para lo no material.

Los animales al no captar ideas abstractas no pueden preocuparse de los problemas filosóficos o religiosos, que son exclusivos del hombre.

El hombre, por tener alma inteligente, comprende lo abstracto, lo que no se ve ni se toca, lo que no es cuadrado ni redondo, lo que no tiene sabor ni color: la honradez, la gratitud, el deber. Pues, crees que te haría mucho caso un burro si le hablaras del deber»

El burro sólo obedece al palo. El animal nada sabe del deber, pues el deber no se ve ni se toca; se entiende. Y el animal no tiene alma inteligente: ve y siente, pero no entiende nada. El animal sólo tiene vida sensitiva. Se le puede educar y amaestrar, pero a base de palo y golosinas. No entiende de razonamientos. No capta relaciones de ideas.

Sólo capta sensaciones: si tú te haces amigo del perro de tu cuñado, el perro terminará por conocerte al verte, al olerte, o al oír tu voz.

Por sensaciones. Por los sentidos. Pero nunca te conocerá como cuñado de su dueño. El animal sólo tiene conocimientos sensitivos, no puede captar ideas.

Si no tuviéramos alma espiritual, capaz de captar ideas, ante un escrito nos quedaríamos igual que el que no entiende el telégrafo morse, ante una tira de puntos y rayas, que se queda lo mismo si la noticia recibida es buena o es mala.

Fuera de la especie humana no conocemos ningún animal capaz de hacer razonamientos abstractos... La actividad mental humana basada en conceptos abstractos es cualitativamente diferente a los procesos bioeléctricos que ocurren en el cerebro... Existe en nosotros un ente no material capaz de razonamientos abstractos.

Los animales sólo se mueven por el instinto de conservación del individuo y de la especie: reproducción y supervivencia (alimentación y defensa de la vida).

Al hombre le gusta celebrar grandes acontecimientos de su vida:

nacimientos, bodas, muertes, aniversarios, etc. Los animales no entienden de celebraciones.

El Premio Nobel de Medicina, Alexis Carrel, dice: «el alma es el aspecto de nosotros mismos que es específico de nuestra naturaleza, y que distingue al hombre de los demás animales»[216].

Los animales tienen modo de comunicarse. Pero esto no es prueba de inteligencia. Esta comunicación entra en el campo de los instintos. Un canario puede emitir un conjunto de sonidos instintivos, pero es incapaz de interpretar la partitura de una sinfonía de Beethoven.

Entre el lenguaje humano y la comunicación de los animales existe un foso insalvable. Los animales son capaces de expresar distintos estados afectivos: amistad, temor, sorpresa, etc.; pero son incapaces de expresar juicios. Algunos chimpancés pueden repetir palabras sencillas, pero son incapaces de construir frases. A pesar de que un chimpancé tiene un aparato vocal capaz de pronunciar toda clase de palabras, después de seis años de instrucción, sólo se consiguió que pronunciara seis palabras; mientras que un niño en ese tiempo es capaz de conocer y pronunciar más de dos mil. Es que no se trata de voz, sino de inteligencia. «La posesión de un lenguaje articulado es prueba evidente de la supremacía del hombre. El lenguaje de los animales, cualesquiera que sean sus modalidades, no va más allá de un encadenamiento de automatismos»[217].

9,2.- Nuestra alma inteligente es el gran abismo que nos separa de los animales. Gracias a Dios, los hombres somos algo más que animales.

Tenemos un alma inteligente, espiritual e inmortal, destinada a conocer a Dios y a gozar de la gloria por toda la eternidad.

10.- NUESTRA ALMA INTELIGENTE ES ADEMÁS ESPIRITUAL E INMORTAL

10,1.- Se prueba que el alma es espiritual porque realiza actos intelectuales con los que capta lo que no impresiona a los sentidos, lo que no se ve ni se toca, lo que no tiene color, ni forma, ni peso; lo que no es material: el deber, la justicia, la nobleza, el honor, la virtud, el heroísmo. Los sentimientos de envidia, odio, venganza, avaricia, ambición, orgullo, son de carácter espiritual. Lo mismo que la amabilidad, generosidad, bondad, etc..

Los conceptos abstractos no están sujetos al tiempo y al espacio. Son de ayer y de hoy, de aquí y de allí. No como la flor que veo aquí y ahora. Ayer era capullo y mañana se secará. En cambio, los conceptos abstractos son invariables en el espacio y en el tiempo. El concepto de triangularidad se aplica exactamente igual a todos los triángulos posibles de todos los tiempos y de todas las formas: sean equiláteros, isósceles o escalenos.

Cuando yo digo madre, hijo, hermano, además del proceso físico y fisiológico de ondas sonoras y nerviosas que llegan de mis cuerdas vocales a tu tímpano, y de tu oído al cerebro, hay algo muy distinto de la materia que sale de tu corazón y se traslada donde está tu madre, tu hijo o tu hermano.

Decir te amo y I love you suenan de modo totalmente diferente. Sin embargo el español y el inglés entienden la misma idea. El proceso físico-biológico de ondas sonoras y sensitivas es distinto. Pero la idea que expresan es la misma. Lo que pertenece al orden material es distinto, pero la idea que se capta con el alma espiritual es la misma.

El alma compara dos ideas y ve su conformidad o disconformidad.

Si yo escribo en una pizarra el azúcar es rojo y el clavel es dulce, tú captas la desconexión de las ideas; pues lo rojo no es el azúcar sino el clavel, y lo dulce no es el clavel sino el azúcar. Esto lo captas porque tienes una potencia espiritual que capta las ideas. Si alguien insulta a tu madre, te duele; pero si la frase va dirigida a un magnetófono, éste graba la frase pero no se ofende.

Una computadora puede hacer operaciones matemáticas. Pero solamente las operaciones para las que ha sido previamente programada. Por otra parte la máquina es incapaz de sentir responsabilidad, pundonor, agradecimiento, amor, odio, miedo, tristeza, pena, vergüenza, remordimiento, arrepentimiento, etc.. Estos son sentimientos de rango espiritual superiores a lo meramente material.

«El espíritu existe en el hombre, porque la ciencia no puede explicar el raciocinio, ni tampoco el libre albedrío... El ser humano conoce, además de los objetos concretos, las nociones abstractas y universales, lo que solamente puede conseguirse con un imponderable principio espiritual»[218].

Un animal puede distinguir por los sentidos cosas concretas, por ejemplo, un triángulo equilátero de otro isósceles o escaleno. Pero nunca podrá captar la idea de triangularidad que es de orden espiritual.

Ahora bien, el efecto no puede ser de naturaleza superior a la causa que lo produce: un huevo de gallina no puede salir de un pino. Nadie da lo que no tiene. Si tú no tienes cien pesetas no puedes prestármelas. Si el alma es capaz de actos espirituales es porque es espiritual. Lo espiritual no puede salir de la materia. El alma espiritual es superior a la materia, no puede salir de la materia. La materia engendra sólo materia. El espíritu no está sujeto a las leyes de la materia. Un juicio, un raciocinio o un acto de voluntad no se pueden ver, oler o pesar.

10,2.- El alma produce operaciones espirituales, luego es espiritual.

Es más, el hombre puede conocer su propio potencial psíquico; puede darse cuenta de que piensa y de que sabe. La conciencia y el juicio no son un simple cambio de grado o calidad con respecto al instinto animal, sino un cambio absoluto de naturaleza y de estado.

Los animales conocen; pero no saben que conocen. El hombre es el único que puede reflexionar y darse cuenta de que sabe.

Por eso, mejor que llamar al hombre animal racional como dijo Aristóteles, sería más exacto decir que el hombre es un animal reflexivo. El hombre no es sólo un ser que sabe sino también un ser que sabe que sabe. Lo que caracteriza al hombre es la conciencia reflexiva.

El hombre es un ser que se pregunta por el último sentido de lo que hace y de lo que es. Ésta es una pregunta que no se hace el animal.

El hombre es un ser que se plantea problemas. Por esto se distingue de los otros seres que componen el Universo.

Lo lógico del hombre es que se haga preguntas transcendentes: Es irrenunciable que el hombre se pregunte sobre el origen del Universo... La negativa a razonar sobre este problema es irracional:

contradice la propia esencia de la razón La materia inerte no se plantea ninguna cuestión sobre sí misma. La mesa es lo que es, sin inquietarse por lo que es, o lo que debe ser.

El animal tampoco discurre. Vive, ejerce sus apetitos y sus instintos, pero sin reflexionar, sin interrogarse sobre ellos: sobre su objeto y sobre su valor.

El hombre, por el contrario, es capaz de reflexionar, de volver sobre sí y sobre sus actos. En la interrogación y en la reflexión, nacen y maduran nuestras acciones auténticamente humanas.

Le oí decir al Padre Pilón, S.I., en un Congreso de Parapsicología en Toledo el 28 de febrero de 1988, que la conciencia es totalmente distinta de las sensaciones propias del mundo animal. Estas sensaciones pueden medirse materialmente, pero no así la percepción de la conciencia.

A propósito de la diferencia entre el alma y el cuerpo le oí decir a Julián Marías en una conferencia que pronunció en el Colegio Oficial de Médicos en Madrid, estas ideas:

El cuerpo me dice qué soy, pero no quién soy. El quién es propio del alma. El cuerpo me dice que estoy hecho de carbono, oxígeno, nitrógeno, calcio, hierro, etc. Pero la personalidad, la simpatía, la cordialidad, la amabilidad, la sinceridad, el orgullo, la soberbia, la mentira, el odio, la venganza, son defectos y virtudes espirituales.

Un chequeo médico descubre mi cuerpo enfermo: que soy diabético, que tengo colesterol, o que soy miope; pero al mismo tiempo mi espíritu, mi ánimo, mi alegría, mi optimismo pueden ser muy saludables. Aunque haya cierto influjo entre el cuerpo y el alma, evidentemente que el hombre no se reduce a lo que es su cuerpo, sino que es más importante quién es su persona: esto es algo que trasciende la materia.

10,3.- La espiritualidad del alma se prueba, además, porque el hombre es libre. Que el hombre tiene libertad es dogma de fe[219].

Nuestra libertad podrá verse influenciada por diversas circunstancias externas o internas a nosotros mismos.

La Endocrinología estudia, por ejemplo, el influjo del tiroides en el psiquismo.

Pero siempre quedará en pie que, en condiciones normales, tenemos libertad. Y lo probamos con la propia experiencia. Yo soy consciente de que tengo libertad para rascarme la nariz, o cualquiera de las dos orejas, indistintamente. En cambio, sé que no puedo detener libremente las palpitaciones de mi corazón. Tampoco soy libre para dejar de tener hambre, si dejo de comer. Es decir, nadie puede discutirme que soy libre para algunas cosas, aunque no para todo. Y la prueba de que todos los hombres creemos en la libertad humana, es que nos indignamos ante ciertas acciones monstruosas que suponen libertad y responsabilidad: un hijo que apuñala a su madre para robarle. En cambio, si la acción se hace sin libertad (el que apuñala a su madre estaba loco) esto no provoca indignación, sino que da lástima.

Si el hombre no es libre, es tan impotente para modificar su conducta, como lo es para modificar la ruta del Sol. En este caso, no tienen sentido ni las sanciones ni las condecoraciones. Si las hay, es porque todo el mundo está de acuerdo en que el hombre es libre y responsable de algunos de sus actos.

Si el hombre tiene libertad es porque es algo más que materia. La materia no tiene libertad: obedece indefectiblemente a las leyes físicas. «Es materia, dice Weizsäcker, lo que se atiene a las leyes físicas»[220]. La libertad humana trasciende las leyes físicas. Una máquina responde siempre de la misma manera a los mismos estímulos, en las mismas circunstancias. Si el motor de la moto no arranca, no es porque no quiera. Será que no tiene gasolina, o que no tiene la bujía en condiciones. Pero si no arranca, no la castigas; porque sabes que no tiene libertad. Buscas la causa y la remedias, porque sabes que si todo está es condiciones el motor arranca necesariamente. En cambio, el hombre puede obrar con libertad. Por eso al asesino se le mete en la cárcel; pero no se encarcela a una máquina que ha triturado a un hombre, pues no tiene responsabilidad.

10,4.- Los animales tampoco tienen libertad. Sus movimientos espontáneos se deben a los impulsos de sus diversos instintos de conservación del individuo y de la especie: buscar alimento, defender su vida y reproducirse.

El hombre, al ser libre, puede escoger lo que quiera entre dos cosas.

El animal, como no es libre, no puede escoger. Sigue necesariamente lo que más atrae su sensibilidad: el estímulo más fuerte de sus instintos. El hombre puede renunciar a su apetito. El animal no. El animal no puede subordinar lo placentero a lo honesto. El hombre, sí.

El hombre puede oponerse a las inclinaciones de sus instintos para servir a un ideal.

«Dice un famoso texto de Scheler que el hombre es "el único animal capaz de decir NO a la satisfacción de sus apetencias instintivas"»[221].

No es lo mismo libertad que libertinaje. La libertad es un bien. El libertinaje, un mal. La libertad se convierte en libertinaje cuando se olvida de los derechos de los demás. La libertad personal debe estar siempre subordinada al bien común. La libertad, lo mismo que el fuego o el agua, son buenos cuando están controlados. Pero cuando actúan sin control, lo devoran todo.

10,5.- Pero además, la existencia del alma espiritual es algo que se percibe.

Dice San Pablo: «Siento en mi cuerpo bajos instintos contrarios a mi espíritu. Me encuentro prisionero de la ley del pecado que está en mi cuerpo. Por eso actúo no como yo quiero, sino según el pecado que llevo dentro. El bien que quiero hacer, no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago. Cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro con lo malo en mis manos»[222].

Dice Ovidio: «Vídeo meliora proboque, deteriora sequor»: Veo lo mejor y lo apruebo, pero hago lo peor[223].

«El hombre debe seguir la ley moral que le impulsa a hacer el bien y evitar el mal. Esta ley resuena en su conciencia. Pero herido en su naturaleza por el pecado original, está sujeto al error e inclinado al mal en el ejercicio de su libertad»[224].

Todos notamos en nuestro ser dos partes: una baja y otra alta; una que prefiere lo cómodo, y otra que prefiere lo heroico; una que se inclina al placer, y otra que frena ante lo que está prohibido; una que huye ante el dolor, y otra que se enfrenta con la misma muerte cuando lo exige el deber.

Ahora bien, el instinto de conservación es esencial a toda naturaleza.

La planta se agarra con sus raíces a la tierra; los animales se defienden como fieras. En cambio, el hombre, cualquiera que sean su religión y sus ideas, estima que hay ocasiones en las que vale la pena dar la vida por otros valores no materiales. Y los que así lo hacen son llamados héroes. Esto significa que el hombre es algo más que materia. Si el hombre fuera exclusivamente materia, el bien supremo del hombre sería la vida terrena, y vemos que no lo es.

Por otra parte, en el hombre tiene más importancia lo que pertenece al espíritu que lo que pertenece al cuerpo. Una bofetada en público duele más por lo que tiene de humillación que por el dolor físico que produce.

El remordimiento de una mala acción se siente en el alma. El cuerpo puede quedarse satisfecho, y el alma no. Si Dios es justo, no pueden estar igual el terrorista que ha puesto una bomba que sus víctimas inocentes.

Y sabemos que Dios es justo. Vemos que en el mundo no hay justicia: muchos malos triunfan, y muchos buenos no reciben la recompensa de sus buenas obras. Luego tiene que haber después otra vida, donde Dios dé a cada uno el premio o el castigo que mereció. Es decir, que el alma tiene que sobrevivir al cuerpo. Si el alma sobrevive al cuerpo, es porque no necesita del cuerpo para existir, es decir, porque es espiritual.

Se llama espiritual todo lo que no depende intrínsecamente de la materia para existir. Todo lo que puede existir separado de la materia, como ocurre con el alma, es espiritual.

En 1972, el jesuita español, P. Oscar González de Quevedo, Profesor de Parapsicología en las facultades de Anchieta en San Paulo (Brasil) y en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, estuvo en España dando cursillos de Parapsicología. Dio conferencias y realizó pruebas en las que resulta clara la existencia del alma espiritual.

Por eso en uno de sus libros hace esta afirmación: «Hoy no hay en ninguna parte del mundo un parapsicólogo materialista»[225]. Todos saben que tenemos alma espiritual.

La psiquiatra suiza, doctora Elizabeth Kübler-Ross, tanatóloga, es decir, especialista en el estudio de la muerte, que ha entrevistado a más de veinte mil moribundos, muchos de los cuales han sido reanimados después de una muerte clínica, afirma que la realidad de otra vida, después de la muerte, es algo absolutamente cierto.

Es curioso el libro del doctor norteamericano médico-psiquiatra Raymond A. Moody, titulado «Vida después de la vida», donde recoge los relatos de un centenar de personas, que estuvieron clínicamente muertas, y después volvieron a la vida. Exponen unas interesantes experiencias en las que se vieron fuera de su cuerpo físico, hablando con seres queridos ya difuntos, y sobre todo, en contacto con un ser luminoso que les interroga amorosamente sobre su vida pasada. Uno de ellos termina diciendo: Después de aquello ya no tengo dudas. Sé que hay vida después de la muerte.

Expresiones similares se repiten frecuentemente en estos relatos[226].

10,6.- El alma es también inmortal porque es espiritual. Lo espiritual no tiene partes como la materia. Por lo tanto lo que es espiritual no puede morir, ni por descomposición y corrupción de sus partes (que no tiene por ser espiritual), ni por corrupción del cuerpo (del que no necesita para existir).

La Iglesia afirma la supervivencia y la subsistencia, después de la muerte, de un elemento espiritual que está dotado de conciencia y de voluntad, de manera que subsiste el mismo yo humano.

Además, Dios nos ha dado a todos los hombres una ansia tal de felicidad que exige la inmortalidad.

Felicidad que se acaba, no es verdadera felicidad: si a un ciego le devolvieran la vista sólo por un día, y si a un prisionero le pusieran en libertad sólo una hora, ni el ciego ni el prisionero serán felices sólo con esto. Les atormentaría el pensamiento de que pronto se les acabaría esa felicidad. La felicidad, para que sea completa, debe serlo para siempre.

Como dice Aristóteles, todos los hombres queremos ser felices y en el grado máximo. Sin embargo, en este mundo nadie es totalmente feliz.

Todos tenemos nuestras penas. En unos serán dificultades materiales.

En otros, enfermedades. En otros, disgustos morales. Pero todos tenemos en la vida nubes que nos oscurecen ese sol de la felicidad que tanto ansiamos. Es que nuestra alma está hecha para el cielo, y sólo allí encontrará esa felicidad infinita y eterna que la sacie por completo Dice Enrique Rojas en ABC: El hombre es un ser descontento. Su existencia es una toma de conciencia permanente de sus limitaciones.

Ortega decía que la esencia del hombre era la soledad.

Para Zubiri, la inquietud. Para Unamuno, el sentimiento trágico. Para Heidegger y Kierkegaard, la angustia. Para Sartre, la náusea. Todo lo humano es deficitario, indigente.

Si Dios ha puesto en el alma humana esta tendencia irresistible de felicidad, es porque está dispuesto a darnos los medios de poder satisfacerla. Lo contrario iría contra su Sabiduría y su Bondad. Es así que la felicidad que apetecemos exige la inmortalidad, y nuestro cuerpo es mortal, luego nuestra alma tiene que ser inmortal. La inmortalidad del alma es dogma de fe.

El Concilio Vaticano II dice: El afirmar la espiritualidad e inmortalidad del alma no es un espejismo ilusorio, sino una profunda realidad. La Sagrada Congregación de la Fe, el 17 de mayo de 1979, publicó un documento sobre cuestiones de escatología en cuyo n 3 se dice: La Iglesia afirma la continuación tras la muerte de un elemento espiritual del Yo que carece, durante este tiempo, del complemento corporal. La inmortalidad del alma es dogma de fe[227].

10,7.- Los Testigos de Jehová niegan la inmortalidad del alma porque la palabra del Génesis «néphesh» significa principio vital común a los animales y a los hombres. Es que la revelación del mensaje bíblico es progresiva. Dios se acomodaba a la mentalidad del pueblo al que se dirigía: la distinción entre alma y cuerpo no aparece hasta Daniel, en el siglo II antes de Cristo. Después, en el Libro de la Sabiduría ya aparece clara la idea de inmortalidad: «Dios creó al hombre para la inmortalidad»[228]. El cuerpo se muere y desaparece. Lo que permanece es el alma. Por eso Saúl habla con el espíritu de Samuel, que ya había muerto[229].

Dijo Jesucristo: «No temáis a los que solamente pueden matar el cuerpo; temed más bien al que puede perder el alma en el infierno»[230]. «Quien cree en Mí, aunque muera vivirá; quien cree en Mí, no morirá jamás»[231].

Con estas palabras Jesús confirma el pensamiento que tenían los judíos de que el alma seguiría viva después de la muerte.

10,8.- Ultimamente ha circulado una teoría de que la separación alma-cuerpo era un dualismo de origen platónico, y que por lo tanto el hombre resucita en el momento de la muerte. Pero no debe olvidarse que tan categorías humanas son las semíticas como las helenísticas, y en este sentido son igualmente aptas para ser instrumento de la revelación de Dios. Eso de que la resurrección es inmediatamente después de la muerte, es una doctrina rechazada por la mayor parte de los teólogos católicos, e incluso por los protestantes de la talla de Oscar Cullmann, Profesor de la Universidad de París, y una de las primeras figuras de la teología protestante[232]. A su vez el Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación Vaticana para la Doctrina de la Fe, afirma: «La hipótesis de una resurrección en el momento de la muerte no se puede probar ni lógica ni bíblicamente»[233].

10,9.- Cristo habla de que el hombre sigue vivo más allá de la muerte:

la parábola de Lázaro y el rico Epulón habla de la realidad del infierno después de la muerte[234]; y al buen ladrón le promete el paraíso después de la muerte[235].

Antes había dicho: «Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos»[236]. «Los impíos irán al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna»[237]. «Alegraos y regocijaos, porque es grande vuestra recompensa en el cielo»[238].

El Evangelio dice que el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, no es Dios de muertos sino de vivos[239]. Luego si Abrahán, Isaac y Jacob están vivos es porque su alma es inmortal.

También San Pablo dice que en esta vida conocemos a Dios imperfectamente, pero que en la gloria lo veremos cara a cara[240]; y añade: «deseo morir y estar con Cristo lo cual es muchísimo mejor»[241].

«Es indescriptible la felicidad del cielo»[242].

Es decir, está claro que seguiremos vivos más allá de la muerte.

El Papa Juan Pablo II les dijo a los jóvenes en Vancouver (Canadá) el 18 de Septiembre de 1984: No dejéis que nadie os engañe acerca del verdadero sentido de la vida.

La vida viene de Dios. Dios es la fuente y la meta de vuestras vidas.

En el Evangelio Jesús nos avisa de que en el mundo hay ladrones que vienen a robar. Encontraréis estos ladrones que intentan engañaros.

Os dirán que el sentido de la vida está en el mayor número de placeres posibles. Intentarán convenceros de que este mundo es el único que existe, y que debéis atrapar todo lo que podáis ahora. Habrá quien os diga que vuestra felicidad está en acumular dinero y disfrutar de la vida. Nada de esto es verdadero. Nada de esto proporciona la auténtica felicidad de la vida. La auténtica felicidad de la vida no se encuentra en las cosas materiales. La auténtica vida se encuentra en Dios. Y vosotros descubriréis a Dios en la persona de Jesucristo.

Amadle y servidle ahora para que pueda ser vuestra la plenitud de la vida eterna.

10,10.- Tenemos alma inmortal. Nos guste o no nos guste, esto es una verdad indudable. Y además, dogma de fe. Y el que no lo crea, se va a enterar, porque se va a morir. Negar que tenemos alma es como el que niega que tiene hígado porque no lo ve o no lo siente. Somos como somos, independientemente de cómo quisiéramos ser. Dentro de mil millones de años estaremos todavía vivos: felices en el cielo, o sufriendo en el infierno; pero vivos. Y vivos para siempre. Y para siempre felices, o para siempre sufriendo. Y esta felicidad o este tormento, depende de los años de vida en este mundo.

Por otra parte, ante la afirmación de Cristo-Dios, de que el hombre sigue vivo más allá de la muerte, es lógico y prudente tener esto en cuenta. Si voy por la carretera y me encuentro un letrero que dice «Carretera cortada después de la curva: puente hundido», lo lógico es frenar. Tomar esa curva a toda velocidad es suicida.

Quien vive en esta vida sin preocuparse de la otra es un loco. Lo lógico, lo racional, lo inteligente, es vivir aquí pensando en lo que ciertamente ha de venir después de la muerte.

Nos preocupamos de mantener la salud, la buena presencia física, el capital, etc. Por conservar o mejorar todo esto hacemos esfuerzos, sacrificios y gastamos dinero. Y abandonamos la salvación del alma» Si la perdemos, lo hemos perdido todo y para siempre. Si la salvamos, nos hemos salvado para siempre.

La preocupación por nuestra salvación nos impedirá vivir en pecado mortal, pues una muerte repentina nos llevaría a una condenación eterna. Son frecuentísimas las muertes repentinas: accidentes, enfermedades inesperadas y fulminantes, etc. Quién dormiría tranquilo con una víbora en su cama» Muchos habrá en el infierno que dejaron su conversión para después, y ese después no llegó nunca porque ellos murieron antes. Jesucristo nos lo avisa repetidas veces en el Evangelio: «No sabéis el día ni la hora»[243]. Y nos lo jugamos todo a una sola carta, pues sólo se muere una vez. No hay segunda oportunidad. Y todo a cara y cruz. No hay término medio entre salvarse y condenarse.

O cielo o infierno. Y esto para toda la eternidad. El equivocado en el momento de morir, jamás podrá rectificar su yerro.

Una persona consecuente aprovecha esta vida para hacer todo el bien posible. En la hora de la muerte nos arrepentiremos no sólo del mal que hayamos hecho, sino también del bien que pudimos hacer y tontamente no hicimos. No debemos hacer las cosas porque nos gustan, sino porque nos conviene para el bien del alma y del cuerpo; y para bien de los demás. Cada día deberíamos hacer una buena acción. Y cada día hacer también una cosa que no me apetece, sobre todo si es en bien del prójimo. Si alguien estuviera cierto que pronto sería trasladado a otro lugar para el resto de sus días, no sería lógico que trasladase allí todos los bienes que pudiera» Por lo mismo el cristiano procura atesorar para el cielo.

10,11.- El dogma de la inmortalidad del alma no tiene nada que ver con la hipótesis de la reencarnación, propia del hinduismo y del budismo, que es inaceptable para un católico.

(Ver nºm; 104,3)

[181] - MARIANO ARTIGAS: Las fronteras del evolucionismo. Ed. Epalsa. Madrid, 1985

[182] - Acta Apostolicae Sedis, 42(1.950)575

[183] - Génesis, 1:26s

[184] - SEBASTIÁN BARTINA, S.I.: Hacia los orígenes del hombre, III, 1. Ed. Garriga. Barcelona

[185] - MARTÍN BRUGAROLA, S.I.: Sociología y Teología de la Técnica, 3ºf;, XIX, 4. Ed. BAC. Madrid

[186] - DR. BERMUDO MELÉNDEZ, Catedrático de Paleontología en la Universidad Complutense de Madrid: Las bases científicas del evolucionismo, pg.88. Ed. A.D.U.E. Madrid, 1983.

[187] - LUIS ARNALDICH, O.F.M.: La evolución, pg. 807. Ed. BAC.

[188] - ÁNGEL SANTOS RUIZ: Vida y espíritu ante la Ciencia hoy, XVIII. Ed. Rialp. Madrid, 1970

[189] - LUIS ARNALDICH, O.F.M.: La Biblia y la evolución, III. Ed. BAC. Madrid

[190] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nºm; 2.327. Ed. Herder.

[191] - JUAN HUARTE: Evolución y problema religioso. Introducción. Unión Editorial. Madrid, 1984

[192] - IAN G. BARBOUR: Problemas de de Religión y Ciencia, 1ºf;, IV, 2, 1. Ed. Sal Terrae. Santander.

[193] - CHARLES DARWIN: Orígenes de las especies. Recapitulación. Imprenta José de Rojas. Madrid. Traducción de la sexta edición inglesa por Enrique Godínez.

[194] - E.M. UREÑA: Marx and Darwin. History of Political Economy. IX(1977)555

[195] - JOSÉ M. CIURANA: El fin del materialismo ateo, III, C, d. Ed. Bosch. Barcelona

[196] - FRED HOYLE: El Universo inteligente, pg.48. Ed. Grijalbo. Barcelona, 1984

[197] - P. GRASSÉ: Evolución de lo viviente, pg.27. Madrid, 1984

[198] - SALET: Azar y certeza. Ed. Alhambra. Madrid, 1975

[199] - RUDOLF LIEBIG: La otra revelación, III, 5, b. Ed. Sal Terrae. Santander

[200] - PÍO XII: Encíclica Humani generis, nºm; 30

[201] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia nºm; 1.783. Ed. Herder. Barcelona

[202] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nºm; 481. Ed. Herder. Barcelona.

[203] - MANUEL Mºf;. CARREIRA, S.I.: Metafísica de la materia, IX. Universidad de Comillas.Madrid.

[204] - JOHN ECCLES: El cerebro y la mente, III, 4, d. Ed. Herder. Barcelona, 1985

[205] - F. WALSHE: Mind and Brain, pg.132s. Talafous. New York

[206] - CARDENAL GARRONE: Lo que hemos de creer, III, 5. Ed. Paulinas. Madrid

[207] - JOSÉ RATZINGER: Revista Selecciones de Teología, nºm; 51(1974)210

[208] - C.S.LEWIS: Miracles, pgs.25-29. McMillan. New York, 1977

[209] - ALFONSO AGUILÓ: Interrogantes en torno a la fe, III, 3. Ed. Palabra. Madrid. 1994.

[210] - CÁNDIDO POZO, S.I.: Teología del más allá, 2ºm;, III. Ed. BAC. Madrid, 1980, segunda edición

[211] - SAN PABLO: Primera Carta a los Tesalonicenses, 5: 23.

[212] - TIHAMER TOTH: Creo en Dios, III,1,B. Ed. +Atenas. Madrid.

[213] - VINTILA HORIA: Viaje a los centros de la tierra, 2ºf;,III, 3. Ed. Plaza y Janés. Barcelona. 1971.

[214] - VIRGILIO: Libro IV de las Geórgicas

[215] - OLIVER SANDBOW, O.S.B.: Dios en un espejo, IX, 17. Ed. Mateu. Barcelona

[216] - ALEXIS CARREL: La incógnita del hombre, pg. 132. Ed. Ibérica. Barcelona

[217] - T. CARBÓ:El origen del lenguaje. Revista IBÉRICA de Actualidad Científica,129(III-1973) 118

[218] - Dr. ÁNGEL SANTOS RUIZ, Catedrático de Bioquímica en la Universidad de Madrid, Jefe del Departamento de Bioquímica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas: Vida y espíritu ante la Ciencia de hoy, XIV. Ed. Rialp. Madrid.

[219] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nºm; 815. Ed. Herder. Barcelona

[220] - JUAN LUIS RUIZ DE LA PEÑA: Teología de la creación, 2ºf;, IX, 1,1. Ed. Sal Terrae. Santander

[221] -PEDRO LAÍN ENTRALGO:Alma,cuerpo,persona,2ºf;,II.Ed.Galaxia Gutenberg.Barcelona.1995

[222] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 7:15-23

[223] - OVIDIO: Metamorphosis, VII, 20s

[224] - Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nºm; 1713ss

[225] - OSCAR GONZÁLEZ DE QUEVEDO, S.I.: «Qué es la Parapsicología», XIX. Ed. Columbia. Buenos Aires, 1971

[226] - RAYMOND A. MOODY: Vida después de la vida, 2, XVI. Ed. EDAF. Madrid, 1977

[227] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la Salvación, 2ºf;, I, nºm; 132, 2ºf;. Ed. BAC. Madrid

[228] - Libro de la Sabiduría, 2:23

[229] - Primer Libro de SAMUEL, 28:3-25

[230] - Evangelio de SAN MATEO, 10:28

[231] - Evangelio de SAN JUAN, 11:25s

[232] - OSCAR CULLMANN: La inmortalidad del alma, IV. Ed. Studium. Madrid, 1970

[233] - JOSÉ RATZINGER: Escatología, II, 5, 5. Ed. Herder. Barcelona,

[234] - Evangelio de SAN LUCAS, 16:19-31

[235] - Evangelio de SAN LUCAS, 23:42s

[236] - Evangelio de SAN MATEO, 19:17

[237] - Evangelio de SAN MATEO, 25:46

[238] - Evangelio de SAN MATEO, 5:12

[239] - Evangelio de SAN MATEO, 22:32

[240] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 13:12

[241] - SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 1:2ss

[242] - SAN PABLO: Segunda Carta a los Corintios, 2:9

[243] - Evangelio de SAN MATEO, 25:10-13; de SAN MARCOS, 13: 35ss; de SAN LUCAS,12: 20.


 

Otras perfecciones de Dios

11.- DIOS ES OMNIPERFECTO

11,1.- Dios es el Ser Necesario (ver n 2 ). El Ser Necesario tiene la plenitud de la existencia, porque su esencia es existir. Por eso Dios tiene todas las perfecciones posibles en grado infinito, y no puede tener ningún defecto. Si no, no sería Dios.

Los seres contingentes que existen unos por otros, exigen un ser que no exista por otro; es decir, que exista por sí mismo, que tiene que ser eterno, que no puede comenzar a existir, que existe necesariamente, que no pueda no existir, que su esencia sea existir, que tiene la plenitud de la existencia, que tiene la existencia sin limitación, que tiene toda la perfección existente en su grado máximo: es decir, que es omniperfecto. Ése es Dios.

El Ser omniperfecto es inmutable. Todo ser que cambia o se mueve es carente de algo (de esa nueva modalidad). Luego el ser omniperfecto es inmutable.

Dios es la plenitud del SER.

Dios, como posee por naturaleza la plenitud de la existencia, no puede crecer; es por lo tanto infinito. Y el ser infinito es único, puesto que no pueden existir dos seres infinitos distintos; ya que ninguno de los dos poseería lo que pertenece al otro, y en consecuencia podrían crecer los dos. En este caso no serían infinitos como habíamos supuesto.

Todo esto se demuestra ampliamente en Filosofía.

12.- DIOS LO PUEDE TODO.

12,1.- El hombre puede hacer grandes cosas: superpetroleros gigantescos, aviones supersónicos, submarinos atómicos, satélites artificiales, etc.; pero el hombre no puede hacer el Sol ni el Universo. Dios sí puede hacer el Sol y el Universo, porque lo puede todo. Nada es imposible para Dios.

Todo aquello que puede ser hecho, lo puede Dios.

Dios puede hacer todo lo que no es contradictorio.

Pero lo que no puede ser hecho, lo absurdo, lo contradictorio, es imposible que nadie lo haga, ni siquiera Dios: por ejemplo un círculo cuadrado. Un círculo no puede ser cuadrado porque dejaría de ser círculo. Por eso un círculo cuadrado es un absurdo; y Dios no hace absurdos.

13.- DIOS LO SABE TODO.

13,1.- Dios conoce todos los secretos de la Naturaleza, y todos los acontecimientos de la Historia, tanto los pasados como los venideros. «Dios conoce todas las cosas antes de que sucedan»[244]. Para Dios todo es presente. Para Dios no hay tiempo[245].

Dios también conoce todos tus pecados, no sólo los de obra, sino también los de deseo y pensamiento.

Pero Dios también conoce perfectamente -y te lo recordará el día del premio- todas tus buenas obras y hasta tus buenos deseos.

Ten esto presente, porque te ayudará a practicar el bien.

14.- DIOS LO VE TODO.

14,1.- Un muchacho, que salió triunfante ante una ocasión de pecar, decía que el pensamiento que le había salvado era éste: Qué diría mi madre si se enterara». Pues Dios no sólo se entera, sino que te está viendo. No te da vergüenza» Piensa esto cuando te asalte la tentación. Te ayudará a no pecar.

15.- DIOS ES NUESTRO PADRE, QUE ESTA EN EL CIELO: CREADOR Y SEÑOR DE TODAS LAS COSAS, QUE DA SU MERECIDO A LOS BUENOS Y A LOS MALOS.

15,1.- Dios es el Padre de todos los hombres, a quienes ama infinitamente. Por eso para que nos animemos a ser buenos, premia a los buenos dándoles el cielo y castiga a los malos con el infierno. Lo mismo que un buen padre premia a su hijo bueno, y debe castigar a su hijo que no se porta bien.

Con todo, Dios -por su gran bondad- prefiere perdonarnos, si le pedimos perdón. Si alguna vez hace justicia es cuando no tiene más remedio por la obstinación del hombre que no quiere pedir perdón, y cuya libertad Dios se ha comprometido a respetar.

Dios, como es infinitamente misericordioso, perdona todo y del todo. Dios no es vengativo. No debemos sentir angustia. Debemos confiar en su Bondad. Dios per-dona siempre a quien le pide perdón. Pero como también es infinitamente justo, no puede perdonar a quien no le pide perdón.

Sería una monstruosidad impropia de la justicia de Dios.

Jesús habló de "la blasfemia contra el Espíritu Santo" como de un pecado imperdonable. Este pecado es imperdonable porque es un rechazo obstinado a convertirse al amor misericordioso de Dios Padre. Es no querer arrepentirse. Y Dios no puede perdonar al que no quiere arrepentirse.

15,2.- La expresión «castigo de Dios» es bíblica[246]. Pero necesita ser entendida rectamente. No es que Dios mande un castigo. Sino que el castigo es algo intrínseco a la culpa. Por eso el castigo es obra del hombre, no de Dios. Dios se limita a manifestar la situación del hombre impenitente. Como el catedrático se limita a manifestar que el alumno no es apto. El catedrático no suspende, es el alumno el que se suspende a sí mismo al no estar bien preparado. Se supone que el catedrático obra con justicia.

Dios permite el castigo, por necesario; pero no lo quiere. Lo mismo que no quiere el pecado.

15,3.- El temor a Dios debe ser filial, no servil: más que miedo es respeto amoroso. El temor de hijo, que teme ofender, no amar lo suficiente. El que teme no amar bastante, es una forma superior de amor.

16.- DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES

16,1.- Lo mismo que el perfume llena la habitación, Dios lo llena todo: está en todas partes. Pero de un modo más perfecto.

Cuando decimos que Dios está en el cielo, queremos indicar que allí se manifiesta su gloria más particularmente.

Antes de la creación Dios no podía estar en las cosas, porque todavía no existían. Desde toda la eternidad Dios estaba presente en sí mismo.

17.- A DIOS NO LE VEMOS PORQUE ES ESPÍRITU PURO

17,1.- Por la limitación de los ojos de nuestro cuerpo, no podemos ver ni lo muy pequeño, ni lo muy lejano. Por eso nos valemos del microscopio y del telescopio.

Tampoco se ve el viento y la luz, si no que vemos tan sólo las cosas iluminadas por la luz y las hojas movidas por el viento.

Nuestros ojos tampoco pueden ver a Dios, porque es espíritu.

Con todo, los que están en el cielo ven a Dios «con los ojos del alma», pues reciben para ello un auxilio especial.

[244] - Profeta DANIEL, 13:42

[245] - 1ª Paralipómenos, 28:9

[246] - Libro Segundo de SAMUEL,12. Libro de la Sabiduría, 5:20-23; Evangelio de SAN MATEO, 25:41ss


 

Trinidad

18.- HAY UN SOLO DIOS VERDADERO.

18,1.- Sólo puede haber un Dios verdadero. Si hubiera más, o uno mandaría sobre los demás -y éste sería el único Dios verdadero-, o serían independientes unos de otros. Pero esto es imposible, porque el Dios verdadero tiene que tener dominio absoluto sobre todo lo que existe fuera de Él. Si no, no lo podría todo. Y Dios -como demuestran los filósofos- lo puede todo[247].

Dice la Biblia: "Así habla Yahvé...; no hay otro Dios fuera de mí"[248].

Los hebreos, por respeto a Dios, no querían ni siquiera pronunciar su nombre. Lo escribían sólo con consonantes: "YHVH". Había que rellenar las consonantes con vocales. De ahí los nombres de "Yahveh" o "Yehovah" con los que se llama a Dios.

19.- EN DIOS HAY TRES PERSONAS DISTINTAS.

19,1.- "Dios es amor", por eso es trinitario; porque el amor reclama alteridad, necesita otra persona a quien amar. Por eso en Dios hay tres personas.

20.- LAS TRES PERSONAS SON: PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO.

20,1.- El Padre nos ama y nos ha hecho sus hijos. El Hijo nos ha salvado muriendo por nosotros. El Espíritu Santo nos ayuda con su gracia a ser buenos cristianos.

20,2.- Con la sola razón podemos llegar a conocer algo de Dios: su eternidad, su omniperfección. Pero no la vida íntima de Dios (la Trinidad).

La Segunda Persona es como la idea que brota del entendimiento. Por eso se le llama Verbo: Palabra. La Tercera Persona es el Amor que brota entre las dos Primeras Personas. Sin embargo las tres Personas son simultáneas en el tiempo, porque las Tres son eternas.

21.- EL PADRE ES DIOS.

22.- EL HIJO ES DIOS.

22,1.- La Segunda Persona de la Santísima Trinidad procede del Padre, pero no es posterior a Él en el tiempo. Es procedencia de origen, no de tiempo. Podemos ilustrarlo con un ejemplo. Si yo enciendo la luz de mi cuarto, de noche, veo simultáneamente mi mano y la sombra de ella sobre la mesa. La sombra está originada por mi mano, pero veo las dos simultáneamente. No hay prioridad en el tiempo. La sombra y la mano aparecen ante mis ojos simultáneamente, aunque la sombra está originada por la mano.

22,2.- Los Testigos de Jehová que no creen que el Hijo sea Dios como el Padre, engañan a los incautos que les escuchan diciendo que si el Hijo es engendrado por el Padre es posterior al Padre y no eterno como Él. Es que ignoran la distinción filosófica entre prioridad de origen y de tiempo. Por ejemplo: el fuego da origen a la luz; pero la luz no es posterior al fuego, sino que surge simultáneamente con el fuego. Lo mismo ocurre en Dios con el Padre y el Hijo.

23.- EL ESPIRITU SANTO ES DIOS.

23,1.- Dijo Cristo: "Os es conveniente que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá con vosotros el Consolador; pero si me voy, os lo enviaré"[249].

El Espíritu Santo es también una Persona Divina, por lo tanto debe recibir la misma adoración y honor que las otras dos.

Los Testigos de Jehová niegan que el Espíritu Santo sea Persona Divina; sin embargo, la Sagrada Escritura da al Espíritu Santo atributos de Dios: Omnisciencia[250], omnipresencia[251], omnipotencia[252]. El Espíritu Santo es el poder activo de Dios; es Dios en acción[253]. Dice Jesucristo que el Espíritu Santo nos inspira[254] y nos enseña[255], y San Lucas que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios[256]. San Juan dice que nos inspira[257], y nos consuela[258]. San Pablo dice que es dador de la vida[259], y que nos santifica[260].

El Espíritu Santo nos ayuda a comprender mejor lo que Jesús nos dijo, y nos da fuerza para seguir al Señor.

En el Credo del Concilio Niceno-Constantinopolitano se dice que el Espíritu Santo procede del Padre: ex Patre. Esta fórmula significa que tiene la misma naturaleza del Padre, es decir, que es Dios como el Padre.

Cuando vivimos en gracia santificante somos templos vivos del Espíritu Santo[261]. Él habita en nosotros y nos llena de sus dones. Sin su inspiración y ayuda, nada bueno podemos hacer.

Dice Jesucristo que el pecado contra el Espíritu Santo no se perdona.

Los teólogos lo interpretan como la voluntad de no querer arrepentirse. Y Dios no puede perdonar a quien no quiere arrepentirse[262].

Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.

23,2.- El Catecismo habla de los Dones del Espíritu Santo, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo. son siete:

Don de Sabiduría: Es un gusto especial para lo espiritual.

Don de Entendimiento: Es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar en las verdades reveladas.

Don de Consejo: Es una luz para saber en cada momento lo que es la voluntad de Dios.

Don de Ciencia: Nos hace saber distinguir entre lo verdadero y lo falso en orden a la vida eterna.

Don de Fortaleza: Es una fuerza especial para obrar valerosamente lo que Dios quiere de nosotros, y sobrellevar las contrariedades de la vida.

Don de Piedad: Es un afecto filial a Dios como Padre.

Don de Temor de Dios: Es una humilde actitud de temor a ofender a Dios, reconociendo nuestra debilidad.

24.-LAS TRES PERSONAS NO SON TRES DIOSES IGUALES, SINO UN SOLO DIOS VERDADERO EN TRES PERSONAS DISTINTAS.

24,1.- Las tres Personas son distintas, porque el Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo, y el Hijo y el Espíritu Santo se distinguen del Padre y entre sí.

Pero las tres Personas tienen la misma y única naturaleza divina. La misma grandeza, poder, sabiduría, bondad, santidad, el mismo querer y el mismo obrar, etc. Lo que hace una Persona lo hacen las tres; sin embargo, ciertas actividades parecen más apropiadas a una Persona que a otra: la Creación al Padre, la Redención al Hijo, y la Santificación al Espíritu Santo.

No es que entre las tres Personas se repartan la divinidad, el poder, la sabiduría, etc., sino que cada una de las tres Personas tiene toda la divinidad, todo el poder, toda la sabiduría, etc.

Esto es un misterio profundo, pero estamos seguros de que es así, porque Dios mismo lo ha dicho, y Dios no puede engañarse ni engañarnos.

La Trinidad es un misterio de amor. El amor es un darse mutuamente para formar un nosotros. En la Trinidad, las Tres Personas se funden por el amor formando una sola naturaleza.

24,2.- Los Testigos de Jehová también niegan la Trinidad, diciendo que esta palabra no aparece en la Biblia. Es verdad que no está la palabra Trinidad, pero está la doctrina, que se deduce de todo el Evangelio, y que Cristo condensó cuando dijo que había que bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Precisamente por expresar esta fórmula la Trinidad, los Testigos de Jehová la eliminan en la administración de su bautismo con lo cual desobedecen a lo que Cristo dijo.

Los Testigos de Jehová dicen que el Misterio de la Santísima Trinidad lo hemos copiado del hinduismo, en que las tres divinidades Brahama, Vishnú y Shiva forman una trinidad. Sin embargo, el Padre Ceferino Santos, S.I., explica en su Cátedra de Filosofía Oriental de la Universidad de Comillas en Madrid, que aunque estas tres divinidades se nombran en el Mahabarata y en algunos Puranas antes de Jesucristo, eran divinidades independientes entre sí, e incluso opuestas. La trimurti hindú (triple forma de la divinidad) es algo totalmente diferente de la Trinidad de la fe cristiana. La trimurti hindú nunca llega a ser una trinidad en sentido cristiano.

Estas divinidades hindúes se relacionan como trimurti a partir del siglo V después de Cristo, probablemente por el influjo de la predicación del apóstol Santo Tomás en la India. Hay testimonios que se remontan al siglo III, de distintas procedencias, de que Santo Tomás evangelizó por la India. Allí fue muerto y su cuerpo está enterrado en la Catedral de Madrás (India).

Es decir, que la verdad histórica es totalmente al revés de lo que andan diciendo los Testigos de Jehová engañando a los incautos que se fían de ellos.

No debes hablar de religión con los Testigos de Jehová, porque con sus mentiras y sofismas pueden hacerte daño. Quien toma veneno se envenena. Ya nos advierte San Juan que no recibamos en nuestra casa al que viene con una doctrina que no es la de Jesucristo.

[247] - En el número 11 te he puesto otra explicación de que sólo puede haber un Dios verdadero

[248] - ISAÍAS, 44:6; Deuteronomio, 6:4;SAN PABLO: Primera carta a los Corintios, 8:6, etc.

[249] - Evangelio de SAN JUAN, 16:7

[250] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 2:10

[251] - Salmo 139:7

[252] - ZACARÍAS, 4:6; JOB, 32:8; 33:4

[253] - Jueces, 14:6;Evangelio de SAN JUAN,14:17,26; 15:26; 16:8,13; Hechos,1:6; 8:29; 13:2, 4

[254] - Evangelio de SAN MATEO, 10:19s

[255] - Evangelio de SAN JUAN, 14:26

[256] - Hechos de los Apóstoles, 5:3s

[257] - Evangelio de SAN JUAN, 3:8

[258] - Evangelio de SAN JUAN, 14:16

[259] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 8:11

[260] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 15:16

[261] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 6:19

[262] - ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.: Teología


 

Los misterios

24,3.- En nuestra Santa Religión hay algunos misterios incomprensibles para el corto entendimiento humano, pero que debemos creerlos porque han sido revelados por Dios. Y Dios no enseña falsedades.

Además, los filósofos y los teólogos demuestran que los misterios de la fe son superiores al entendimiento humano, pero no contrarios a la razón, es decir, que no son imposibles y absurdos. Así lo afirmó el Concilio Vaticano I. Ocurre con ellos lo que con otras muchas cosas de la vida, que las usamos continuamente y no sabemos lo que son: el magnetismo nos ofrece no pocos misterios. «Las ecuaciones de Maxwell, con ser tan portentosas, no nos dicen qué son en sí mismos el magnetismo y la electricidad, sino cómo se comporta la materia, magnética y eléctricamente»[263]. Nadie sabe lo que es la luz. Se la define como «agente físico que hace visible los objetos» pero su naturaleza es desconocida. Su actuación se explica por la doble teoría, corpuscular de Newton y ondulatoria de Huygens, y la teoría del corpúsculo con onda asociada de Schrüdinger. Pero la naturaleza de la luz es un tanto misteriosa.

Lo mismo ocurre con la gravedad: la atracción mutua de las masas materiales. Desconocemos su naturaleza. El mismo Newton, que expresó esta atracción en una sencilla fórmula matemática,confesó que él conocía las leyes de la atracción pero no sabía lo que era la esencia de tal atracción[264].

Es que la Física sólo nos habla de los hechos. Nada nos dice de la esencia de las cosas y de sus últimas causas. Hay verdades que se conocen por demostración: los ángulos del triángulo valen dos rectos.

Pero otras cosas sólo se pueden conocer por el testimonio de autoridad: el misterio de la Santísima Trinidad.

La vida está llena de misterios. Vamos a extrañarnos de que también los haya en un Dios infinito, que sobrepasa tan totalmente nuestra capacidad intelectual? Ni la inmensidad del mar cabe en nuestro ojo, ni la de Dios en nuestro entendimiento. Si Dios cupiera en nuestro entendimiento,sería limitado. Dejaría de ser Dios, pues Dios tiene que ser infinito. Nosotros no podemos conocer a Dios del todo con ciencia adecuada y perfecta. Sería absurdo creer que sólo puede ser verdad lo que cabe en nuestro pequeño entendimiento. Cuando creemos en los misterios, hacemos un acto de humildad reconociendo que Dios sabe más que nosotros.

Niels Bohr, uno de los primeros científicos que descubrió la estructura del átomo, discutiendo con Einstein, también creyente, le dijo: «No es, ni puede ser, tarea nuestra ordenar a Dios cómo debe Él regir el mundo»[265].

Algunos se dejan llevar de un exceso de racionalismo, que rechaza todo lo que supera la razón.

Los misterios, ni son exclusivos de la Religión, ni son obstáculo para creer. Y lo mismo que en las demás ciencias, cuando no entendemos una cosa, nos fiamos de lo que nos dicen los que entienden de esa ciencia, así en cosas de Religión debemos fiarnos de lo que Dios dice en la Revelación, obra de Dios, aunque nuestro pequeño entendimiento no alcance a comprenderlo perfectamente.

Tampoco una hormiga entiende el ajedrez, y sin embargo el juego del ajedrez es una realidad.

En la Física hay cosas inexplicables, y no por eso el físico reniega de la Física; y en la Medicina hay casos que no tienen solución, y no por eso el médico reniega de la Medicina. Es decir, en la Religión hay cosas que superan nuestro entendimiento, pero debemos fiarnos de Dios que nos las comunica.

Como aquel negrito del África ecuatorial que no había visto nunca el hielo y por eso no creía al misionero cuando éste le decía que con el frío, a veces, el agua se endurece de tal forma que puede un hombre andar sobre ella sin hundirse. El negrito no comprendía cómo esto puede ocurrir, pero si le constaba de la honradez del misionero y de que éste sabía lo que decía, debía fiarse de él, aunque su entendimiento no lo comprendiera. Lo mismo nosotros debemos creer los misterios de la Religión que Dios nos enseña por medio de la Iglesia, divinamente asistida por Él. Creo firmemente lo que no veo, porque creo a Aquel que lo ve todo (Bossuet ).

Es decir, que aunque está bien que busquemos las razones que hacen nuestra fe razonable, sin embargo, no creemos porque a nosotros nos parezca razonable, sino porque nos fiamos de la Ciencia y Veracidad de Dios, y aceptamos confiadamente todo cuanto Él nos diga.

Con todo, en el cielo entenderemos claramente todos los misterios que ahora no entendemos.

24,4.- El misterio de que hay un solo Dios y tres Personas distintas se llama Misterio de la Santísima Trinidad. Aunque no podamos entenderlo perfectamente, podemos, sin embargo, aclararlo con comparaciones.

El agua puede estar en tres estados (sólido, líquido y gaseoso) sin perder su misma naturaleza: H2O.

Tres cerillas unidas tienen una sola llama: cada cerilla tiene llama, pero no son tres llamas, sino una sola.

En un triángulo cada ángulo abarca todo el triángulo, sin embargo los tres ángulos son distintos. Etc., etc., etc.

[263] - PEDRO LAIN ENTRALGO: Alma, Cuerpo, Persona, 2º, IV, 5, 1. Ed. Galaxia. Barcelona

[264] - IAN G. BARBOUR: Problemas de Religión y Ciencia, 1ª, III, 1. Ed. Sal Terrae. Santander.

[265] - WERNER HEISENBERG: Di logos sobre Física Atómica, VI. Ed. BAC. Madrid


 

Encarnación

25.- DE LAS TRES PERSONAS DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, SE HIZO HOMBRE LA SEGUNDA, QUE ES EL HIJO.

«El Hijo Único del Padre, sin perder la naturaleza divina, asumió la naturaleza humana»

26.- JESUCRISTO ES EL HIJO DE DIOS HECHO HOMBRE QUE NACIÓ DE LA VIRGEN MARÍA.

26,1.- Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre en la unidad de su Persona Divina.

Jesucristo posee dos naturalezas, la Divina y la Humana, unidas en la única Persona del Hijo de Dios.

En el año 431, el Concilio de Éfeso condenó a Nestorio por decir que en Cristo había dos Personas, y en el año 451 el Concilio de Calcedonia condenó a Eutiques por decir que en Cristo había una sola naturaleza.

27.-JESUCRISTO ES DIOS, PORQUE ES HIJO DE DIOS.

27,1.- Jesucristo se dejaba llamar Hijo de Dios. Cuando Pedro se lo dice, Cristo contesta que eso se lo ha revelado el Padre que está en los cielos[266].

28.-JESUCRISTO ES HOMBRE, PORQUE TAMBIÉN ES HIJO DE LA VIRGEN MARÍA, EN CUYAS ENTRAÑAS FORMÓ DIOS SU CUERPO HUMANO

28,1.- Aunque la comparación sea inexacta, también nosotros llevamos el primer apellido de nuestro padre y el segundo de nuestra madre.

Jesucristo es Dios y Hombre. Dios porque es Hijo de Dios; y Hombre, porque también es Hijo de la Virgen María. Cristo es una sola Persona, pero en Él hay dos naturalezas, la divina y la humana compuesta de cuerpo y alma.

28,2.- Hay que distinguir entre naturaleza y persona. La naturaleza responde al qué es». La persona al quién es» La naturaleza es el conjunto de características comunes a los individuos de la misma especie, que los distingue de otras especies: piedra, flor, hombre.

La persona es el conjunto de características propias del yo que lo diferencian de los demás individuos de la misma especie: Pedro, Juan, Antonio. La persona es única e intransferible. La persona se refiere siempre a una naturaleza intelectual.Persona es el sujeto de una naturaleza intelectual. Persona es el ser individual autónomo que se realiza en la posesión consciente y en la libre disposición de sí mismo.

28,3.- El Concilio de Nicea en el año 325 define como dogma de fe la divinidad de Jesús; y en el año 451 el Concilio de Calcedonia define su plena humanidad.

[266] - Evangelio de SAN MATEO, 16:17ss


 

Santísima Virgen

29.- LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA ES LA MÁS SANTA DE TODAS LAS CRIATURAS, LLENA DE GRACIA Y VIRTUDES, CONCEBIDA SIN PECADO ORIGINAL, QUE ES MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA, Y ESTÁ EN EL CIELO EN CUERPO Y ALMA.

María es la criatura más excelsa salida de la mano de Dios.

Podemos imaginarnos cómo será María que es la mujer proyectada y realizada por un Dios Omnipotente, para ser su propia madre. Por eso fue dotada de tantas gracias y privilegios.

Ya en el siglo II se decía: «María, por encima de Ti, sólo Dios; por debajo de Ti, todo lo que no sea Dios».

30.- DECIMOS QUE LA VIRGEN MARÍA ES MADRE DE DIOS, PORQUE DE ELLA NACIÓ JESUCRISTO QUE ES VERDADERO DIOS Y VERDADERO HOMBRE.

30,1. María es la Madre de Jesucristo, pues ella le dio un cuerpo humano. Pero como Jesucristo, además de ser Hombre, es Dios, María Santísima es también Madre de Dios. María es madre de un hombre que tiene Persona Divina.

Ocurre lo mismo que si a uno le hacen alcalde. Su madre sería la madre del alcalde. Ella no le ha dado la alcaldía, pero por haberle dado el cuerpo es su madre; y al ser su madre es madre de todo lo que él es:

madre del alcalde.

Pero María Santísima es Madre de Dios todavía con más razón; porque Jesucristo es Dios desde el momento de su concepción, por lo tanto la Persona que nace de María es Dios, y por lo mismo María es Madre de Dios. Dice San Pablo: «Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de una mujer»[267].

Que María es Madre de Dios es dogma de fe. Fue definido por el Concilio de Éfeso en el año 431[268].

Jesús fue concebido, no por obra de varón, sino milagrosamente, por virtud del Espíritu Santo.

Dice San Mateo: «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

desposada María con José, sin haber estado juntos, se halló que ella había concebido por obra del Espíritu Santo»[269].

Los desposorios entre los judíos equivalían a nuestra boda, aunque no eran nupcias definitivas. Si después de los desposorios ella era infiel a su marido se la consideraba adúltera, y si éste moría, a ella se la consideraba viuda.

Los desposorios judíos suponían un compromiso tan real que al prometido se llamaba "marido".

Aunque María no vivía todavía con San José, ya era su legítima esposa. Por eso el ángel llama a María esposa: «José, no temas aceptar a María, tu esposa»[270].

San Lucas dice: «Lo que nacerá de ti se llamará Hijo de Dios»[271].

Jesús fue concebido, no por obra de varón, sino milagrosamente, por virtud del Espíritu Santo.

Dice San Mateo: El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

desposada María con José, sin haber estado juntos, se halló que ella había concebido por obra del Espíritu Santo.

El teólogo protestante de fama internacional Max Thurian dice que los que niegan la concepción virginal de Cristo no son fieles a la Biblia:

«La virginidad de María constituye un indudable dato objetivo del texto del Nuevo Testamento»[272].

Max Thurian murió, a los 75 años, el 15 de Agosto de 1996, en Ginebra, su ciudad natal. Se convirtió al catolicismo en 1987. Sus estudios bíblicos le llevaron a descubrir el papel de María en la Iglesia.

Dios formó en las entrañas purísimas de María Santísima un cuerpo como el nuestro y creó un alma como la nuestra. A este Ser Humano, en el instante de su concepción, se unió el Hijo de Dios, es decir, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y así el que era Hijo de Dios quedó hecho Hombre sin dejar de ser Dios. Éste es el misterio de la Encarnación.

En la genealogía del Evangelio de San Mateo se dice siempre: Fulano engendró a Zutano. Y al llegar a José, no dice que engendró a Jesús, como en los casos anteriores, sino que dice: «Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús»[273], dando a entender que José no engendró a Jesús, sino que su concepción fue virginal. Y San Lucas dice de Jesús «que se pensaba que era hijo de José»[274], dando a entender que en la realidad no lo era en el sentido que la gente creía. Dice San Mateo: «Sin que José hubiera tenido relación con María, ella dio a luz un hijo»[275].

Las mismas dudas de José confirman la concepción virginal de María, pues cuando él vio las señales externas del embarazo de su mujer, sabiendo que aquello no era suyo, pues él no había hecho nada para dejarla embarazada, le entraron tremendas dudas ante lo que sus ojos le evidenciaban y la virtud que él conocía de María. Al no poder armonizar las dos cosas, estaba en una duda angustiosa hasta que el ángel le tranquilizó afirmándole que lo de su mujer era obra del Espíritu Santo[276].

30,2. La Virgen María tuvo un solo hijo, que fue Jesucristo. Cuando el Evangelio habla de los hermanos de Jesús[277], se refiere a los primos hermanos y parientes, que, entre los judíos, también se llamaban hermanos. En hebreo no había palabra para decir primo. La palabra hermano abarcaba varios grados de parentesco.

Los Testigos de Jehová para hacer creer a la gente que María Santísima no fue virgen, sino que tuvo muchos hijos, enseñan el texto del Evangelio donde dice que Santiago y José eran hermanos de Jesús[278].

Pero aquí, como en otros muchos de sus engaños, presentan el texto que puede complicar, y ocultan el texto que puede aclarar. Efectivamente, el mismo Santo Evangelio dice que al pie de la cruz estaba la Madre de Jesús[279], y junto a ella la madre de Santiago y José[280].

Era la mujer de Cleofás[281], hermano de San José. Cleofás es el mismo nombre en griego que Alfeo en arameo. Son los dos nombres que se daban al hermano mayor de José, esposo de la Virgen. Era el padre de Santiago el Menor[282] y José, y estaba casado con la otra María que estaba al pie de la cruz junto a la Virgen. Se casó con ella después de enviudar de su primer matrimonio del que nacieron Simón y Judas Tadeo.

Luego la madre de Santiago y José es distinta de la madre de Jesús.

Entonces, ¿por qué dice el Evangelio que Santiago y José eran hermanos de Jesús? Porque eran parientes, y éstos entre los hebreos se llamaban hermanos. Efectivamente, sabemos por la Biblia que Abrahán era tío de Lot[283]. Sin embargo, Lot y Abrahán se llaman entre sí «hermanos» cinco veces[284]. En otro sitio dice que Labán era tío de Jacob[285].

Y después dice que Labán llama «hermano» a Jacob[286].

Si la Virgen María hubiera tenido otros hijos, Jesús en la cruz no se la hubiera encargado a Juan, sino a ellos.

Es decir, María Santísima tuvo un solo hijo: Jesús. Cuando el Evangelio lo llama primogénito afirma que es el primer hijo; pero eso no significa, según el modo de hablar de entonces, que siguieran otros hijos después. Primogénito significa no precedido de otro. Prescinde de la existencia de otros posteriores.

Hace poco se ha descubierto una inscripción sepulcral de una madre joven hebrea que «murió al dar a luz a su hijo primogénito»[287]. Es decir, a su hijo primogénito no siguieron otros.

Cuando los Testigos de Jehová van engañando a los incautos que les escuchan diciendo que María tuvo muchos hijos, saben que no es así, pues presumen de conocer la Biblia. Enseñan el texto oscuro que he citado y se callan el texto claro. Esto no es honrado, pero es su modo de proceder.

La virginida» de María es dogma de fe. Fue definido en el año 649, en el Concilio I de Letrán.

La Iglesia enseña, desde el siglo V, que María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto. «La "virginidad en el parto" es fe de toda la Iglesia desde el siglo IV»[288].. Fue confirmada por el Concilio Vaticano II. Por eso la llama siempre Virgen María.

Es de fe que María Santísima permaneció siempre virgen[289].

«La traducción literal de "hasta que" admite en castellano &"después sí". Pero en la Biblia no acepta cambio de situación posterior»[290].

30,3. La Santísima Virgen es nuestra Madre del cielo.

María es nuestra madre, pues es madre de Jesucristo, que es cabeza del Cuerpo Místico de Cristo. La madre de la cabeza, es también madre de todos los miembros del mismo cuerpo. Y nosotros somos los miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Por eso María es Madre de la Iglesia.

Así lo proclamó Pablo VI el año 1964 en el discurso de clausura de la 3 Sesión del Concilio Vaticano II.

Que Jesús encargue a Juan que se ocupe de su Madre es perfectamente normal; lo que no es normal es el encargo paralelo a María diciéndole que cuide con cariño de Juan. Esto parece innecesario. Si Juan se va a encargar de María la correspondencia de ella era evidente. Insistir en ello parece superfluo y poco delicado. Toda mujer normal no necesita que se lo digan. Lo hace espontáneamente. El encargo de Jesús supone un contenido teológico trascendental. En Juan estamos todos representados. Además, allí presente estaba la madre de Juan.

Encargar Juan a María sería ofensivo para su madre María Salomé. No hay duda de que en las palabras de Jesús hay un sentido más profundo de lo que parecen indicar: Jesús entrega una MADRE a la HUMANIDAD.

Estas palabras tienen un sentido trascendental, dicen relación a todos los hombres, tienen sentido universal.

María es madre física de Jesús y madre espiritual de los hombres.

Debemos amar a María y honrarla de todo corazón. Así daremos gusto al Señor que, como todo hijo bien nacido, se alegra de ver a su Madre Santísima honrada y amada.

Para valorar las cualidades de María, bastaría caer en la cuenta de que Cristo pudo hacer a su Madre a su gusto. ¡Cómo hubieras tú dotado a tu madre si esto hubiera estado en tu mano! Cristo pudo hacerlo y era omnipotente.

La Santísima Virgen es la mujer más grande que ha existido en el mundo María Santísima es la criatura más excelsa que ha salido de las manos de Dios.

Debemos acudir a la Santísima Virgen en todas nuestras penas y tentaciones. Ella lo puede todo, pues Dios todo se lo concede, porque es la Madre de Cristo, y porque nunca tuvo pecado, ni siquiera el original.

Por eso San Lucas la llama «llena de gracia»[291].

El hecho de que María Santísima haya sido preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción, en el seno de su madre Santa Ana, es lo que queremos expresar al decir la Inmaculada Concepción.

El pueblo español veneraba a la Inmaculada Concepción muchos años antes de ser definida. El mismo Murillo pintó sus treinta cuadros de la Virgen Inmaculada, trescientos años antes de la definición dogmática.

El dogma de la Concepción Inmaculada de María fue definido, el 8 de diciembre de 1854, por el Papa Pío IX.

La redención de María fue preventiva en atención a que iba a ser Madre de Dios.

Dios pudo haber hecho que Jesucristo apareciese en el mundo en edad adulta, pero no quiso. Se lo entregó a María. Lo puso en sus manos.

Dios ha querido servirse de ella en la encarnación, en la redención y en la salvación de todos los hombres.

Cristo nos lleva al Padre: «Nadie va al Padre sino por Mí»[292].

Cristo es el mediador con el Padre[293]. Él es mediador principal, porque nos ha redimido por sus propios méritos. Sin dependencia de otra persona. María es el camino para llegar a Cristo. En Belén lo presentó a pastores y reyes, en Caná es intercesora, al pie de la cruz es corredentora, y en el cenáculo ora por todos.

María es la mediadora secundaria, subordinada a Cristo. Es mediadora porque intercede por nosotros. El Concilio Vaticano II dice de María que «su múltiple intercesión nos obtiene los dones de la salvación eterna»[294].

30,4. En las iglesias suele haber muchas imágenes de la Virgen: del Carmen, del Rosario, de los Dolores, de las Angustias, de los Remedios, del Socorro, de la Consolación, de la Misericordia, de la Paz, etc. Es que María Santísima tiene muchos títulos y prerrogativas.

Cada pueblo tiene su Virgen, su Patrona. Pero todas son imágenes o retratos de la única y verdadera Virgen María, que está en el cielo en cuerpo y alma.

Esta elevación de María al cielo en cuerpo y alma se llama Asunción.

La Asunción fue declarada dogma de fe, por el Papa Pío XII, el 1 de noviembre de 1950. Pero la fiesta de la Asunción se celebraba ya el 15 de agosto por los años 500 después de Cristo.

30,5. Una de las mejores devociones a la Santísima Virgen es el rezo del Santo Rosario. Si puedes rezarlo en una iglesia, mejor. Si no, rézalo en cualquier rato libre, o mientras te viene el sueño. Te aconsejo que hagas un esfuerzo por rezarlo, pues es un obsequio muy agradable a la Virgen, como ella misma lo ha dicho en Lourdes y Fátima. Y mejor todavía si lo rezas en familia. Es ésta una práctica muy cristiana. Procura introducir en tu casa esta costumbre, si no la tenéis ya; pues une mucho a la familia. Al final del libro, en los Apéndices, tienes el modo de rezarlo. Rezado en una iglesia o en común, tiene indulgencia plenaria.

Si rezarlo entero te resulta largo, reza un misterio cada día.

El rezar a la Virgen es una devoción muy bonita. María es la mujer más digna de amor que ha existido jamás. Es un amor que dignifica y engrandece. Su dulce recuerdo puede protegerte contra tentaciones que están en el extremo opuesto de la pureza. Otra recomendable devoción a la Virgen es el Santo Escapulario. Fue una revelación a San Simón Stock, General de los Carmelitas, en el siglo XIII. La Virgen le prometió que quien muera llevando el Escapulario del Carmen no se condenaría. Este escapulario debe ser impuesto por un sacerdote, y hay que rezar diariamente tres Avemarías.

El escapulario de tela puede ser sustituido por una medalla que lleve por un lado la imagen del Corazón de Jesús y por el otro una imagen de la Virgen. Así lo concedió el Papa.

30,6. Tener devoción a María es prenda de salvación. Todo el que rece diariamente en su honor tres Avemarías conseguirá una ayuda especial para tener una buena muerte, según revelación de Dios a Santa Matilde, y como lo demuestra una larga experiencia.

«Recuerden, pues, los fieles que la verdadera devoción a María no consiste ni en un afecto estéril y transitorio, ni en vana credulidad;

sino que procede de la fe verdadera por la que somos conducidos a conocer la excelencia de la Madre de Dios y somos excitados a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes»[295].

Sobre todo su amor a Cristo, su fe firme en la Anunciación, y su fidelidad hasta la cruz.

Los protestantes nos acusan a los católicos de que adoramos a la Virgen María, pero esto es una calumnia. Todos los católicos sabemos que la Virgen no es Dios. Y la adoración es exclusiva de Dios.

Nosotros no adoramos a la Virgen Santísima, sino que la honramos y veneramos porque es Madre de Dios. Por eso en el Avemaría decimos ruega por nosotros. En las letanías del Rosario, cuando nos dirigimos a Dios decimos ten misericordia de nosotros. En cambio, cuando nos dirigimos a la Virgen decimos ruega por nosotros. Acudimos a María para que Ella nos lleve a Dios.

[267] - SAN PABLO: Carta a los Gálatas, 4:4

[268] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº ordm; 111ss. Ed. Herder. Barcelona

[269] - Evangelio de SAN MATEO, 1:18

[270] - Evangelio de SAN MATEO, 1:20

[271] - Evangelio de SAN LUCAS, 1:35

[272] - MAX THURIAN: María, Madre del Señor y Figura de la Iglesia, pgs. 43s. ed. Hechos y Dichos.

[273] - Evangelio de SAN MATEO, 1:16

[274] - Evangelio de SAN LUCAS, 3:23

[275] - Evangelio de SAN MATEO, 1:25

[276] - Evangelio de SAN MATEO, 1:20

[277] - Evangelio de SAN MATEO, 13:55. Evangelio de San Marcos, 6:3

[278] - Evangelio de SAN MATEO, 13:55

[279] - Evangelio de SAN JUAN, 19:25

[280] - Evangelio de SAN MATEO, 27:56; Evangelio de SAN MARCOS, 6:3; 15:40

[281] - Evangelio de SAN JUAN, 19:25

[282] - Evangelio de SAN MATEO, 10:3

[283] - Génesis, 11:27; 12:5

[284] - Génesis, 13:8; 14:14,16, etc

[285] - Génesis, 29:10

[286] - Génesis, 29:15

[287] - JOSÉ ANTONIO DE SOBRINO, S.I.: Así fue Jesús, II, 12, b. Ed. BAC. Madrid, 1984

[288] - SANTOS SABUGAL, O.S.A.: Credo, 1ª, II, 2, 3, a. Ed. Monte Casino. Zamora

[289] - ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.:Teología Moral para Seglares,2ª,2º,VII,nº461,a,2.Ed.BAC.Ma.

[290] - CÁNDIDO POZO: María en la Escritura y en la Fe, IV, b. Ed. BAC. Madrid, 1981

[291] - Evangelio de SAN LUCAS, 1:28

[292] - Evangelio de SAN JUAN, 14:6

[293] - SAN PABLO: Primera Carta a Timoteo, 2:5

[294] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 60ss

[295] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 67


 

San José

31.- SAN JOSÉ ES EL ESPOSO VERDADERO DE LA VIRGEN MARÍA Y, POR LO TANTO, PADRE LEGAL DE JESUCRISTO, Y ENCARGADO DE EDUCARLO Y SUSTENTARLO

31,1. San José vivió con la Santísima Virgen en perfecta castidad, sin usar del matrimonio, como si fueran hermanos. Pero como era el verdadero esposo de María, es también padre de Jesucristo; aunque no según la carne, sino según la ley. Jesucristo no tuvo padre carnal.

Según un trabajo del P. Sebastián Bartina, S.I., Catedrático de Ciencias Bíblicas, que ha publicado en la Revista de Estudios Josefinos, San José era heredero legal del rey David. Por ser descendiente directo le correspondían los derechos reales. La familia real de José fue a esconderse a Nazaret, huyendo de Herodes, el usurpador del trono, que no era de raza judía, sino idumeo. Al ser Jesús hijo legal de José, era rey de Israel, no sólo espiritualmente, sino también legalmente.

Providencialmente, el letrero que Pilatos puso en la cruz expresaba una realidad: Jesús Nazareno Rey de los Judíos.

El Evangelio le llama «hombre justo»[296], que en el modo de hablar hebreo significa hombre santo.

San José fue carpintero de Nazaret. Fue modelo de trabajador. Por eso la Iglesia lo ha nombrado Patrono de todos los obreros. Murió entre Jesús y María. Por eso también es el Patrono de la buena muerte.

Cuando fundes un hogar, escoge por Patrono a San José, que también supo lo que significa la preocupación de mantener un hogar. Dice Santa Teresa que nunca pidió una cosa a San José y que el Santo no se la concediera. Y a los que no lo crean, les dice que hagan la prueba.

31,2.-Para conocer bien a San José recomiendo la obra de Bonifacio Llamera, O.P.: Teología de San José. De esta obra dice el gran teólogo español Antonio Royo recomiendo la obra de Bonifacio Llamera, O.P.: Teología de San José. De esta obra dice el gran teólogo español Antonio Royo María, nº 406. Ed. BAC.

Madrid, O.P.: «Esta obra es, con mucho, la mejor que se ha escrito hasta hoy de San José en el mundo entero»[297].

[296] - Evangelio de SAN MATEO, 1,19

[297] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: La Virgen y Dios]


 

Jesucristo

32.- Jesucristo vivió más de treinta y tres años[298].

32,1. La Historia de Jesús no empezó con su nacimiento. Muchos siglos antes de que naciera hablaron de él los profetas.

Miqueas, 730 años antes de nacer, dice dónde nacerá (5:2).

Isaías, 734 años antes de nacer, dice que nacerá de una virgen (7:14), y describe su Pasión (53:3-8).

Zacarías, 520 años antes de nacer, dice que será vendido por 30 monedas (11:12s) con las cuales se comprará el campo de un alfarero.

Ochocientos años antes que sucediera Isaías profetizó que sería tratado como un malhechor (53:12), azotado (50:6) y condenado a muerte (53:8).

Los Salmos predicen que sortearán su túnica (22:19).

«Jesús no nació, como suele decirse, en el año primero de la Era Cristiana. El sabio benedictino Dionisio el Exiguo, que en el año 533 empezó por vez primera a contar los años a partir del nacimiento del Señor, sustituyendo la antigua numeración que partía de la fundación de Roma, se equivocó en 6 años»[299]. él hizo coincidir el 1 de enero el año uno, con el 1 de enero del año 754 de la fundación de Roma, en vez de escoger el 748 que hoy se considera como exacto. Por lo tanto, debemos colocar el nacimiento de Cristo seis años antes de la Era Cristiana.

Según los historiadores, Herodes el Grande murió el año 4 antes de nuestra Era. Como él mandó matar los niños de Belén menores de dos años, podemos suponer que Jesús nació dos años antes, es decir, el 6 antes de nuestra Era. Esto se confirma porque según el matemático y astrónomo Kepler, el año del nacimiento de Cristo, hubo una conjunción de Júpiter y Saturno, es decir, se pusieron uno detrás del otro, lo cual provoca una luz intensa, muy visible en el firmamento estrellado. Sería esto la estrella de Belén» Del día del año del nacimiento de Jesús no nos dicen nada los Evangelios, pero desde el siglo I se celebra el 25 de diciembre.

El día de la muerte de Jesús se piensa que quizás fuera el 14 de Nisán, del año 785 de la fundación de Roma que corresponde al viernes 3 de abril del año 33, que fue Primer Viernes de mes.

Recientes estudios astronómicos efectuados por Colin Humphreys y W.G.

Waddington, de la Universidad de Oxford, han revelado que un eclipse parcial oscureció visiblemente el cielo de Jerusalén el 3 de abril del año 33, que corresponde al 14 de Nisán del calendario judío, que es el día que murió Jesucristo. Así se explican «las tinieblas que cubrieron la Tierra» aquel día, según el Evangelio.

Sin embargo, otros sostienen como más probable la Pascua del año 32.

«Por estas oscuridades vemos que los evangelistas no pretendían publicar ningún "Diario de la vida de Jesús". La determinación exacta de las fechas y lugares no les interesa especialmente. Con frecuencia dicen en términos generales "en aquel tiempo"; y muchas veces sigue una descripción muy indeterminada del lugar: "subió a un monte". Los Evangelios quieren transmitir las predicaciones de la fe de los Apóstoles, y dibujar una imagen suficiente de Cristo, a fin de que cada uno pueda convencerse de la verdad de la fe. Ninguno de ellos pretende contar todo; al contrario, cada uno se toma la libertad de reunir lo que le parece a él más importante, y ordenarlo según sus determinados puntos de vista»[300].

Para conocer bien Tierra Santa en sus aspectos arqueológico, histórico, católico y teológico puede ser interesante mi vídeo: «Por la Tierra de Jesús: vídeo documental de Tierra Santa.» Para hacer este vídeo me fui allí con dos técnicos de TV para que tomaran las imágenes. El texto es de los padres jesuitas Bartina y Manzano, Catedrático de Ciencias Bíblicas y especialista en Tierra Santa, respectivamente. Yo sólo he puesto la voz.

32,2. De Jesucristo nos hablan los historiadores paganos de la época.

Plinio el Joven, que fue gobernador romano de Bitinia (Asia Menor) el año 112, en carta al emperador Trajano, hablando de los cristianos que se negaban a ofrecer sacrificios al emperador, dice que se reunían al amanecer para cantar himnos a Cristo, su Dios.

Flavio Josefo escribe en el año 93 del siglo I: Por aquel tiempo apareció Jesús, hombre excepcional, si le podemos llamar hombre, pues realizó prodigios sorprendentes... Tanto entre los judíos como entre los griegos tenía muchos discípulos que le seguían. Por denuncia de los jefes del pueblo, Pilato le hizo condenar al suplicio de la cruz.

Pero ello no impidió que sus discípulos continuarán amándolo como antes. A los tres días de su muerte apareció vivo.

Cayo Suetonio, historiador de los césares desde Augusto hasta Domiciano, en su obra compuesta entre los años 110 y 120 alude dos veces a los cristianos. Una en la vida de Nerón (n.16) y otra en la Claudio (n.225).

También habla de los cristianos Cornelio Tácito, gran historiador, discípulo de Plinio el Viejo. Al relatar el año 100 el incendio de Roma por orden de Nerón el año 64, dice:... se imputó a los cristianos que toman su nombre de Cristo, el cual durante el imperio de Tiberio, había sido condenado a muerte por el Procurador Poncio Pilato.

32,3. Pero sobre todo nos hablan de Jesucristo los Santos Evangelios.

Evangelio significa buena noticia. La buena noticia es la venida de Jesús, Salvador de los hombres. La palabra evangelio no significa primeramente un texto, un libro. Sino que, por su etimología y su uso bíblico, designa originariamente un feliz mensaje un anuncio que hace feliz. El Evangelio fue, pues, primeramente la palabra de Jesús.

Nadie había hablado como él.

Los Evangelios son libros escritos entre los años 40 y 100 por testigos oculares que cuentan lo que vieron y oyeron; o por quienes estuvieron en contacto con testigos presenciales. Dice San Juan: «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos... os lo anunciamos»[301]. Dice San Lucas: «Muchos se han dedicado a componer un relato de los acontecimientos, tales como nos los han transmitido quienes desde el principio fueron los testigos oculares y los servidores de la palabra»[302].

32,4. Las teorías del profesor protestante Rudolph Bultmann, que durante algún tiempo han orientado las interpretaciones de los textos bíblicos del Nuevo Testamento, están hoy desprestigiadas gracias a las investigaciones de los especialistas hebreos. Sobre todo por los trabajos de David Flusser[303] y Geza Vermes[304], que han llegado a la conclusión que detrás de estas afirmaciones de Bultmann sobre los textos bíblicos había mucha ideología filosófica alemana.

Geza Vermes llega a decir: El mito de Jesús sólo ha existido en algunas mentes alemanas. Los estudios históricos del judaísmo del siglo I, permiten rescatar nuevos aspectos del Jesús histórico.

Sin embargo la oposición a las teorías de Bultmann comenzó entre sus mismos discípulos, como son Ernst Käsemann[305] y Günther Bornkann[306].

32,5. El Concilio Vaticano II afirma la historicidad de los Evangelios: «La Santa Madre Iglesia firme y constantemente ha creído y cree, que los cuatro Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, transmiten fielmente lo que Jesús, Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente»[307].

La historicidad de los Evangelios, además de ser clara para los críticos, es para los católicos una verdad de fe divina y católica.

San Ireneo, nacido en Asia Menor, que llegó a ser Obispo de Lyon y había sido discípulo de San Policarpo en Esmirna, y éste del evangelista San Juan, es decir, que es una de las figuras más representativas del siglo II, dice: «Mateo publicó un Evangelio escrito para los hebreos y en su lengua...; Marcos, discípulo de San Pedro, nos transmitió también por escrito las cosas predicadas por Pedro; Lucas, discípulo de Pablo, puso en forma de libro el Evangelio predicado por su maestro. Más tarde, Juan, discípulo del Señor... también publicó un Evangelio durante su estancia en éfeso»[308].

Tenemos otros dos documentos del siglo II:

Papías dice que Mateo escribió su Evangelio en hebreo, y que Marcos fue intérprete de la evangelización de Pedro.

El otro documento es el Canon de Muratori en el que se habla de San Lucas como autor del tercer Evangelio, y de San Juan como del cuarto.

El P. Vaccari, S.I., especialista de la Biblia, de talla internacional, afirma que hasta la campaña de los protestantes racionalistas del siglo pasado, nadie había dudado de que los Evangelios fueran de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

El Dr. John A.T. Robinson, Catedrático en Cambridge, ha publicado en 1977 un libro titulado «Redating the New Testament», donde afirma que todos los libros del Nuevo Testamento exceptuando a San Juan, se escribieron antes del año 70, y que los nombres de los autores Mateo y Juan corresponden a los Apóstoles de Jesús. Marcos y Lucas estuvieron en contacto directo e inmediato con los testigos, y manejaron documentos de contemporáneos. Dice San Lucas que él escribe su Evangelio «después de haber investigado todo diligentemente desde los orígenes»[309].

32,6. Además, estos libros se escribieron para contemporáneos de Jesús. Los hechos que narran eran conocidos de todos; bien por haberlos visto personalmente, bien por haberlos oído a quienes los vieron. No pudieron, por lo tanto, desfigurar nada de la realidad. En este caso hubieran sido desmentidos, y no hay huella alguna de rectificaciones[310].

Si los evangelistas hubieran dicho lo que no es verdad, sus Evangelios hubieran sido rechazados por aquella generación que era testigo de los hechos. No existe ningún documento que muestre este rechazo[311].

En cambio los Evangelios Apócrifos, que carecen de rigor histórico, fueron comúnmente rechazados[312]. Son relatos fantasiosos e inverosímiles[313]. Contienen errores en la geografía de Palestina, y les falta fidelidad al marco histórico.

Los Evangelios falsarios llamados Evangelios Apócrifos nunca han sido aceptados por la Iglesia, por no estar contenidos en el «Canon de Muratori» que es una lista de los libros inspirados que hizo la Iglesia en el siglo II[314].

Los datos que dan los Evangelios sobre la geografía del país, situación política y religiosa, y sobre las costumbres, concuerdan con lo que sabemos de todo esto por otras fuentes.

Además, los evangelistas murieron por defender la verdad de lo que decían; y nadie da su vida por lo que sabe que es mentira.

Aparte de que como están inspirados por Dios no pueden equivocarse ni mentir. El Concilio Vaticano II dice que la Biblia entera está inspirada por Dios[315]. Y San Pablo: «La Escritura está inspirada por Dios»[316].

32,7. Por otra parte, los cuatro Evangelios narran los mismos hechos, coincidiendo en lo fundamental y diferenciándose en lo accidental. Si cada uno por su lado se hubiera propuesto engañar, no hubieran coincidido tanto; y si se hubieran puesto de acuerdo para engañar, se hubieran evitado las diferencias llamativas. Cada uno ha narrado sinceramente los hechos recogiendo los detalles que a él más le habían impresionado. Cada evangelista hizo su selección de materiales y acontecimientos, e incluso la sucesión de los hechos, según su finalidad catequética.

Cada evangelista presenta desde un ángulo de visión personal la figura y doctrina de Jesús. El Evangelio de Mateo, dirigido a una comunidad cristiana proveniente del judaísmo, y el Evangelio de Lucas dirigido a una comunidad proveniente de la gentilidad, muestran enfoque diverso.

Los Evangelios ofrecen diferencias debidas a que no siempre citan textualmente las palabras de Jesús, ni cuentan las cosas con la exactitud rigurosa que exigimos modernamente. Cada uno cuenta lo que recuerda a su modo, según su propio estilo: unos se limitan a lo esencial, otros se extienden más en los detalles, sin destacar claramente los elementos esenciales; unos tienen una narración más abstracta, otros más concreta o popular, etc. Varía mucho la narración de un hecho según la psicología del narrador, de su modo de observar, de su memoria, de su imaginación, de su carácter y del auditorio al que se dirige. Teniendo en cuenta que no se trata de observadores o narradores de psicología occidental y moderna de hoy día, sino de un mundo antiguo, de cultura y mentalidad muy simple, en que domina más el elemento imaginativo. Pero como son libros inspirados, todo lo que dicen tiene la aprobación de Dios, que respeta la peculiaridad del escritor-instrumento, y no le dicta como a un mecanógrafo las cosas que tiene que decir, sino que respeta su modo de hablar, y tan sólo le detiene ante el error.

El Evangelio de San Mateo se escribe para los judíos, por eso se insiste en que Jesús es el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento.

El Evangelio de San Marcos refleja la catequesis en Roma de San Pedro a quien acompañaba; por eso explica muchas costumbres y tradiciones judías a los que no lo son.

El Evangelio de San Lucas se escribe para comunidades de cristianos de mentalidad griega, procedentes del paganismo, por eso se insiste en que Jesús es el Salvador.

El Evangelio de San Juan es el último que se escribe. Por eso completa a los otros tres, que se parecen mucho entre sí (por eso se llaman sinópticos), y cuenta cosas que los otros omitieron. Se centra en la persona de Jesús, y es el más teológico de los cuatro.

32,8. Los evangelistas no escribieron sus libros como un historiador actual puede describir un hecho histórico investigado por él con fechas concretas e itinerarios exactos.

Los Evangelios no son una sucesión de hechos cronológicamente narrados, sino una catequesis para la fiel trasmisión de la verdad cristiana Los Evangelios no tienen forma histórica, sino de mensaje. Los evangelistas no pretenden relatar los acontecimientos en orden exactamente cronológico, sino presentar la persona, la doctrina, la obra redentora de Jesús, a los hombres con el fin de que crean.

«Los Evangelios son relatos fragmentarios y esquemáticos, selecciones y resúmenes. Por otra parte, han tenido siempre la finalidad práctica de la predicación: pretenden ser una enseñanza, transmitir un mensaje que hemos de acoger y vivir en la fe; no pretenden tanto darnos una información, cuanto contribuir a la formación de un mundo nuevo, nacido de la obra redentora de Cristo; presentan al Señor Jesús, para que uno se encuentre con él y se haga su discípulo»[317].

«Los Evangelios no son ni un diario ni una biografía en el sentido moderno de la palabra. Son síntesis de la predicación apostólica.

Cuanto más se penetra en los métodos propios de los evangelistas, en su fin y en su plan, más se convence uno del carácter episódico y fragmentario que los distingue, y cuán poco les interesaba a ellos muchas cosas pequeñas que a nosotros nos pueden parecer hoy problemas casi substanciales. Los evangelistas pretenden cimentar la fe de sus lectores, y para ello les basta escoger algo de lo más saliente de la vida y doctrina del Señor. El marco topográfico y cronológico no era necesario y, por lo mismo, lo descuidan. Muchos hechos y muchas palabras están fuera de su marco histórico»[318] Generalmente, el evangelista, no tiene ningún interés cronológico. A veces acumula parábolas, milagros o controversias con los judíos con una palabra de enlace («entonces», «enseguida», «después»); aunque hayan ocurrido en momentos muy distantes. «La intención de los evangelistas fue inculcar una forma de vida, una enseñanza religiosa.

Lo histórico es base de la narración, pero no como nosotros entendemos hoy la historia».

Los Evangelios son libros históricos aunque la historia no la entiendan al modo actual. Pero su estilo describiendo lugares y encajando personajes históricos en su tiempo, dan a entender claramente que no pretenden hacer una obra de ficción. A veces, aunque no siempre, señalan con exactitud el día y la hora, y dan una porción de detalles que muestran la voluntad de describir hechos reales.

El Evangelio es histórico en el sentido vulgar, corriente. Así lo creyó siempre la Iglesia: los Padres y los fieles. Es evidente que no fueron inventados.

Los evangelistas afirman que lo que narran es la verdad. San Lucas al principio de su evangelio garantiza a los lectores de la certeza de su narración, pues son «cosas verdaderas y auténticas». Dice San Lucas que se ha determinado escribir los acontecimientos recientemente ocurridos «después de haber investigado con exactitud todos esos sucesos desde su origen»[319]. Y San Juan afirma que lo que él narra es «lo que vieron sus ojos y oyeron sus oídos»[320].

«Aquel que lo ha visto da testimonio de ello, y su testimonio es cierto: y él sabe que dice la verdad a fin de que vosotros creáis»[321].

«Los Evangelios aparecen, escritos sin verdadera preocupación apologética, en el sentido moderno de la palabra, sino con el fin de transmitir, tal cual, el hecho de que dan testimonio... Los Evangelios no son una especulación doctrinal, sino la atestación de un hecho... Los autores no sólo no hacen su propio elogio, sino que hasta desaparecen detrás de su obra. No se inciensa a los Apóstoles, se les presenta sin inteligencia, ambiciosos, pendencieros, cobardes, traidores. Se presenta a Cristo abandonado del Padre... Los milagros están descritos con una sobriedad que los distingue inmediatamente de los relatos no evangélicos»[322].

«El origen apostólico, directo o indirecto, y la génesis literaria de los Evangelios justifican su valor histórico. Derivados de una predicación oral que se remonta a los orígenes de la comunidad primitiva, tienen en su base la garantía de testigos oculares.

Indudablemente ni los Apóstoles ni los demás predicadores y narradores evangélicos trataron de hacer historia en el sentido técnico de esta palabra; su propósito era menos profano y más teológico; hablaron para convertir y edificar, para inculcar e ilustrar la fe, para defenderla contra los adversarios. Pero lo hicieron apoyándose en testimonios verídicos y controlables, exigidos tanto por la probidad de su conciencia como por el afán de no dar pie a refutaciones hostiles... Si los Evangelios no son "libros de historia", no es menos cierto que no tratan de ofrecer nada que no sea histórico»[323]. «El valor histórico de los Evangelios, aparte de ser cierto para el crítico, es para el católico una verdad de fe»[324].

Se han hecho estudios comparativos de todas las copias que conservamos de cada uno de los evangelistas. Hort, uno de los más seguros críticos del siglo XIX resume sus investigaciones de veinticinco años, y las de su colega Wescott, en su edición crítica del original griego del Nuevo Testamento con estas palabras: «las variantes que tocan a la sustancia del texto son muy poco numerosas, y pueden ser valuadas en menos de la milésima parte del texto»[325]. «La inmensa mayoría de la variantes se refieren únicamente a la forma exterior: ortografía, orden de las palabras y términos sinónimos»[326]. De las ciento cincuenta mil variantes, sólo quince son de importancia, y ni una sola toca a la fe de la Iglesia[327]. Eso da idea del esmero con que se copiaron.

32,9. Nada nos dice el Evangelio sobre el aspecto externo de Jesús.

No era costumbre en los historiadores de aquel tiempo. Por eso los cuatro evangelistas guardaron silencio sobre su estatura, el color de sus ojos, el tono de su voz y los rasgos de sus facciones.

Sabemos que su mirada era irresistible: una mirada capaz de hacer, con sólo su fuerza, que los hombres lo abandonaran todo por seguirle. Una mirada profunda, tierna, penetrante. Una mirada llena de bondad, de un Ser que era todo bondad. De un Ser que recorrió haciendo el bien las tierras de Judea, Galilea, Samaría..., curando enfermos, consolando a los desheredados del mundo..., dándose a todos, apiadándose de todos, amando a todos... Del Ser que pronunciara las palabras más dulces que jamás tomaron forma en unos labios humanos: «Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré»[328].

«Creo que no existe nada más bello, más profundo, más atractivo, más viril y más perfecto que Cristo» (F. Dostoieski).

En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que el cónsul romano Léntulo habla de cómo fue Jesucristo. Dice: «En nuestro tiempo apareció un tal Jesús, de gran fortaleza, rostro venerable, ojos serenos y abundante barba. Sus discípulos le llamaron Hijo de Dios, pues resucitó muertos y curó enfermedades»[329].

Los Evangelios nos describen a un ser excepcional, a un hombre que en sólo tres años de vida pública, en un radio de acción de escasos kilómetros, trastornó al mundo, de modo que el tiempo se divide en los siglos que le esperaron y los que siguen a su venida.

Cristo iluminó con su doctrina la vida del hombre con visión de eternidad, y transformó los valores del pensamiento humano.

Jesucristo ha sido el hombre más grande de la historia. Genios como Calderón de la Barca y Miguel Angel, militares como César y Napoleón, después de su muerte, han sido admirados; pero no amados. Jesucristo es el único hombre que ha sido amado más allá de su tumba. A los dos mil años de su muerte, legiones de hombres y mujeres, dejando su familia paterna y su familia futura, sus riquezas y su Patria, despojándose de todo, han vivido sólo para él.

Jesucristo ha sido amado con heroísmo. Millares y millares de mártires dieron por él su sangre.

Millares y millares de santos centraron en él su vida.

Santos de todos los tiempos, de todas las edades, de todas las clases sociales. Unos con corona de reyes, y otros con los pies descalzos; unos con hábito de monje, y otros con cinturón de soldado; unos con chaqueta y corbata, y otros con manos encallecidas de obrero; muchachos de corazón puro, y muchachas de mirada limpia y andar recatado. Todos éstos le amaron heroicamente y alcanzaron la corona de la inmortalidad.

Jesús ha sido también el hombre más combatido de la humanidad. Qué tendrá este hombre que murió hace dos mil años y hoy molesta a tantos vivos»

32,10. Jesús vivió la mayor parte de su vida como un obrero, ganando su sustento con el sudor de su frente y el trabajo de sus manos.

Ejercía el oficio de carpintero en un taller humilde y alegre de Nazaret. De este modo dignificó y ennobleció el trabajo.

Cristo, como dice la Biblia: «se hizo igual al hombre en todo menos en el pecado»[330]. Cuando San Pablo dice que «Cristo se hizo pecado por nosotros»[331] se refiere a que tomó sobre sí la pena debida por nuestros pecados; pero no la culpa, lo cual sería incompatible con la infinita Bondad de Dios.

La vida y doctrina de Jesucristo son para nosotros un ejemplo de lo que tenemos que hacer para alcanzar el Reino de los Cielos, es decir, para salvarnos. él nos enseña el camino del cielo.

Cuando Jesucristo tenía unos treinta años comenzó a predicar su doctrina. Sanó milagrosamente a muchísimos enfermos y remedió a necesitados. Su vida pública puede resumirse en estas palabras de San Pedro: «Pasó haciendo el bien»[332].

Por eso muchos le seguían como discípulos. De entre ellos eligió doce para formarlos especialmente y para que, al faltar él, continuaran su obra.

Pero la clase dirigente judía no podía tolerar que un desconocido, no educado con ellos, les desplazara del favor popular. Creció la envidia y con ella el odio. Se cegaron hasta no ver las cosas más claras. Este hombre -decían- hace muchos milagros y todos se van con él. Lo lógico hubiera sido que, ya que reconocían los milagros, se rindieran ante ese testimonio de Dios, y le siguieran.

Pero no: se obcecaron y no pararon hasta que lo prendieron y lo entregaron a la autoridad romana, arrancándole la sentencia de muerte en cruz, que es la muerte más afrentosa que entonces se conocía.

Hoy hay un acercamiento de los judíos a la persona de Jesús. Se han escrito varios libros de judíos en este sentido. Uno de los más conocidos es el de Joseph Klausmer titulado: «Jesús von Nazaret», publicado en Jerusalén.

Recientemente han pasado al catolicismo del judaísmo personas eminentes, como el historiador Ludovico Pastor y Edith Stein, filósofa; Nadiuska, artista de cine, y André Frossard, que fue hijo del Primer Secretario General del Partido Comunista Francés, y es autor del libro «Dios existe, yo me lo encontré», un éxito mundial.

32,11. Los evangelistas escriben desde su fe en que Jesús es Hijo de Dios. Así lo afirma Marcos al principio de su Evangelio, y San Juan al final del suyo.

La expresión Hijo de Dios no siempre supone divinidad, según el uso de esta expresión entre los judíos. Pero el Profesor de la Universidad Gregoriana de Roma, José Caba, S.I., demuestra, en uno de sus libros, cómo en algunos pasajes de los Evangelios se expresa claramente la divinidad de Cristo[333].

Jesucristo se presenta como Dios. Ningún otro fundador de religiones ha tenido tal osadía.

Mahoma, Buda, Confucio, Lao-Tse, Zarathustra o Zoroastro[334] presentaron una religión más o menos moralizante, pero ninguno de ellos pretendió ser Dios[335].

Jesucristo dijo que él era Dios.

Repetidas veces se presentaba a sí mismo como Dios: «Yo no soy de este mundo»[336]; «Yo existía antes que el mundo existiese»[337]; «Quien me ve a Mí, ve al Padre»[338]; «El Padre y Yo somos una misma cosa»[339]. Es como decir: los dos somos de la misma naturaleza. Yo soy Dios como el Padre.

Los textos en que Jesucristo muestra su inferioridad respecto al Padre, son siempre refiriéndose a su naturaleza humana.

Como Cristo tenía dos naturalezas, de Dios y de hombre, los textos del Evangelio unas veces se refieren a Jesucristo como Dios, y otras a Jesucristo como hombre. Que Jesucristo fue verdadero hombre es clarísimo: pasaba hambre y por eso se acercaba a la higuera a ver si tenía higos; pasaba sed y le pedía a la samaritana que le diera agua del pozo; se cansaba y se quedaba dormido en la barca, etc. etc.

Jesucristo se llamaba a sí mismo El Hijo del Hombre. Así aparece ochenta y dos veces en los Evangelios; y siempre en boca de Jesús. Es una alusión al nombre que el profeta Daniel daba al Mesías.

Pero Jesucristo también tenía naturaleza divina como se deduce de multitud de textos. Repetidas veces se llama Hijo de Dios.

Pero esta filiación divina de Jesucristo es de distinta manera que la del resto de los hombres. Por eso hace esta distinción: «Mi Padre y vuestro Padre»[340]. Mientras los hombres somos hijos adoptivos, Jesucristo es Hijo natural, es decir, de la misma naturaleza del Padre: tiene la misma naturaleza divina.

Los hijos siempre tienen la misma naturaleza que sus padres: el hijo de un pez es pez, el hijo de un pájaro es pájaro, el hijo de un hombre es hombre, el hijo de Dios es Dios.

Nosotros somos hijos por adopción[341]. Jesucristo lo es por generación. Por eso se llama «Hijo Unigénito»[342].. Dice San Pablo que Cristo «siendo de naturaleza divina no alardeó de su dignidad, sino que prescindiendo de su categoría de Dios, tomó naturaleza de hombre»[343]. Y añade San Pablo que Jesucristo «no consideró usurpación el ser igual a Dios»[344], pues ya lo era por naturaleza.

Por eso, al hacerse también semejante a los hombres, «se anonadó a sí mismo», es decir, se rebajó al asumir la naturaleza de hombre siendo Dios como era.

32,12. El Apóstol Santo Tomás llamó a Jesús: «Señor mío y Dios mío»[345]. Jesús no le hizo rectificar como si aquello fuera una exageración.

El Concilio II de Constantinopla declara autorizadamente que Cristo ha sido llamado Dios en este pasaje.

San Pablo afirma repetidas veces que Cristo es Dios: dice que es «de condición divina»[346]; que «en él reside toda la plenitud de la divinidad»[347]; le llama «Dios bendito»[348] y «gran Dios»[349]. San Pablo transmite la creencia de la primera comunidad cristiana. De lo contrario los otros Apóstoles hubieran protestado.

Por el contrario, todos decían lo mismo.

San Pedro lo llama Dios antes de recibir las llaves del Reino de los Cielos[350] y al principio de su Segunda Carta llama a Jesús, Dios y Salvador.

San Juan dice que Cristo es «Hijo Unico de Dios»[351], «verdadero Dios»[352].

San Pablo afirmaba: «Tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos»[353].

Si los Apóstoles no hubieran creído que Cristo es Dios no hubieran dado la vida por él, pues nadie da la vida por lo que sabe que es mentira.

Los Testigos de Jehová niegan la divinidad de Cristo, y para ello han hecho una traducción de la Biblia que llaman del Nuevo Mundo, donde introducen palabras que no están en el texto original y que cambian el sentido de las frases en que se habla de la divinidad de Cristo. Esta introducción de palabras que cambian el sentido del texto original es un auténtico fraude. Esta Biblia de los Testigos de Jehová es una Biblia falsaria (ver n 6, 9).

32,13. Los judíos entendieron que Jesús se tenía por Dios, por eso querían quitarle la vida, por hacerse igual a Dios. «Te apedreamos por blasfemo, porque siendo hombre te haces Dios»[354]. «Debe morir porque se hace Hijo de Dios»[355].

El pueblo judío era monoteísta y no concebía otro Dios que Yahvé.

Cristo afirmaba claramente su divinidad. Por eso le llamaban blasfemo.

También a Caifás le sonó a blasfemia la respuesta de Jesús en el Sanedrín afirmando que él era Hijo de Dios. Y por blasfemo lo condenaron a muerte. Si Cristo se hubiera llamado Hijo de Dios del mismo modo que Dios era Padre del resto de los hombres, aquello no tendría por qué haber sonado a blasfemia. Pero Cristo se identificaba con el Padre, pues tenía su misma naturaleza de Dios.

Todos los textos que los Testigos de Jehová citan para quitar a los católicos la fe en Cristo-Dios, se refieren a Cristo-Hombre. Ignorar los textos en que se afirma la divinidad de Cristo es no conocer la Biblia; o querer engañar, que es peor.

Los Testigos de Jehová no tienen derecho a llamarse cristianos, pues no creen que Cristo sea Dios. Por eso son excluidos del Consejo Mundial de las Iglesias Cristianas[356].

Dice San Juan: «Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre.

Quien confiesa al Hijo posee también al Padre»[357].

Jesús estaba convencido de ser Hijo de Dios en un sentido especial, único. Jesucristo llama a Dios su Padre de un modo familiar. Utilizaba la palabra «abbá» que equivale a «papá».

El investigador alemán Joaquín Jeremías en su opúsculo «La oración del Señor» y en su libro «El mensaje esencial del Nuevo Testamento» da mucha importancia al término «abbá». Dice que «hasta hoy nadie ha podido aducir un solo caso dentro del judaísmo palestinense en que Dios sea invocado como "mi padre" por un individuo. Para la mentalidad judía hubiera sonado a irreverencia. Lo que hacía inimaginable el llamar a Dios con ese término coloquial. Es algo nuevo, excepcional, de lo que nunca se había tenido siquiera una sospecha. Nos hallamos frente a algo nuevo e inaudito, que rompe los moldes del judaísmo»[358].

Cristo es Hijo de Dios en un sentido real. No figurado: hombre santo, pero no de naturaleza divina. Por eso escribe San Agustín: «A quienes dicen que Jesucristo es Hijo de Dios en cuanto que es un hombre tan santo que merece ser llamado Hijo de Dios, a estos tales los expulsa de nuestra comunidad la institución católica»[359].

Algunos quieren rebajar la divinidad de Cristo. Para ellos Jesús sería un hombre divinizado en el sentido afectivo, no efectivo. Por eso en lugar de hablar de la divinidad de Cristo, prefieren hablar de la presencia de la divinidad en Cristo. Como si Cristo no fuera verdadero Dios, sino tan sólo un hombre en el que Dios resplandeció de modo excepcional. Pero si leemos el Evangelio sin prejuicios como dice Greeley, está claro que Cristo se siente unido al Padre de un modo excepcional y único: «Quien me ve a Mí ve al Padre»[360], pone San Juan en boca de Jesús.

Es más, Jesús se siente con autoridad para cambiar el Antiguo Testamento. Los Profetas de la Antigüedad apoyaban sus palabras en al autoridad de Dios. Decían: Así habla el Señor. Jesús habla en nombre propio, y se atreve a corregir la ley mosaica, por considerarse superior a ella.

Habla por derecho propio. «Se dijo a los antiguos, pero Yo os digo»[361].

Jesús habló con la suficiente claridad para que pudiéramos descubrir su divinidad, pero de un modo velado para no escandalizar a aquel pueblo, esencialmente monoteísta, que no podía aceptar a otro Dios que a Yahvé.

Por eso Jesús descubrió su divinidad paulatinamente. Afirmarla de golpe hubiera provocado escándalo.

Sólo al final de su vida desvela el misterio de su personalidad divina. Jesús respondió a Caifás que le preguntaba por su divinidad:

Tú lo has dicho, que es un modo de hablar, que significa: «Así es como tú dices»[362].

Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios.

Para ser cristiano es necesario creer que Jesucristo es el Hijo de Dios.

32,14. Jesucristo demostró con sus milagros que lo que decía era verdad: porque sólo con el poder de Dios se pueden hacer milagros. El milagro supera las leyes de la Naturaleza, y esto sólo puede hacerse con el poder de Dios.

Jesucristo había dicho muchas veces: Si no creéis en mis palabras, creed en mis obras; Mis obras dan testimonio de Mí; Si no hubiera hecho entre ellos obras tales, cuales ningún otro ha hecho, no tendrían culpa.

Jesucristo aludía a los milagros que hacía para que creyésemos en Él.

Jesucristo hacía los milagros en nombre propio. Le dice al viento: Yo te lo digo, párate; y el viento se para. Y al mar: Yo te lo digo, cálmate; y el mar se calma. Y al paralítico: Yo te lo digo, levántate; y el paralítico se levanta. Jesucristo hacía siempre los milagros en nombre propio: Yo te lo digo. En cambio San Pedro los hacía en nombre de Jesucristo.

32,15. El milagro es una obra, un hecho visible y perceptible por los sentidos, que supera las fuerzas de la Naturaleza; y que se hace por Dios, bien directa-mente, bien por medio de los ángeles o de los hombres.

Dios hace milagros siempre con un fin bueno: como un signo de salvación.

El milagro es el sello de Dios. Todo lo que lleva el sello del milagro es verdad, porque Dios no puede respaldar con su autoridad una mentira.

La fuerza del milagro está en que Dios es el único que puede cambiar las leyes de la Naturaleza, y en que Él es la Suma Verdad. Por lo tanto el milagro realizado para confirmar una afirmación de labios humanos, es una aprobación de Dios a la afirmación del hombre; y Dios no puede aprobar el error ni la mentira.

Los milagros ayudan la fe, pero no la fuerzan, pues el acto de fe debe ser libre. Si no, no sería meritorio. La fe trasciende las razones, pero es razonable. Si la fe no fuera razonable los creyentes seríamos estúpidos (ver n 3, 8).

No son milagros los hechos extraordinarios que provienen de ciertas habilidades de los hombres o de intervenciones del demonio.

No es lo mismo milagro que prodigio. Un prodigio puede ser obra de un prestidigitador o un fenómeno parapsicológico. Un prestidigitador que se saca palomas de la manga, o un radiestesista encontrando manantiales de agua no tienen nada de milagroso. Se trata de trucos, habilidades, cualidades excepcionales. Pero nada de esto supera las leyes de la Naturaleza. El milagro es un rompimiento de las leyes de la Naturaleza, y en un contexto religioso.

Dios puede cambiar las leyes de la Naturaleza, que son obra suya. Pero Dios no puede hacer un círculo cuadrado, pues esto es absurdo, y Dios no hace absurdos.

Hay fenómenos que todavía no conocemos bien, como la radiestesia, la telepatía, la telergia, la telequinesia, la precognición, etc. Aunque hay un constante rechazo por la práctica totalidad del mundo científico de todas las afirmaciones de la Parapsicología acerca de la capacidad de influir en la materia por medios subjetivos; tanto en la predicción de resultados aleatorios como en la telequinesia.

Pero el milagro es algo que sabemos supera las fuerzas de la Naturaleza: como resucitar a un muerto de cuatro días que ya está en estado de putrefacción. Quizás no sepamos hasta dónde puedan llegar, en algunos casos, las leyes de la Naturaleza. Pero hay cosas que ciertamente comprendemos que la Naturaleza no puede hacer: un hombre tan alto que toque la Luna con su mano, obtener oro uniendo hidrógeno y oxígeno, o sacar rosas sembrando un grano de trigo.

Hay cosas que superan evidentemente las posibilidades de los hombres, como dijo Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura: Tú puedes apagar de un soplo una vela; pero es imposible apagar el Sol a fuerza de soplidos. Un cerdo, por mucho que se le entrene, nunca podrá competir con un caballo de carreras; a lo más llegará a ser un cerdo veloz.

Hoy la ciencia médica obtiene curaciones estupendas, pero valiéndose de medios adecuados, con frecuencia complicados y largos. En esto no hay prodigio, sino técnica y uso inteligente de medios proporcionados al fin. Pero si un hombre cura a un ciego, o aun leproso, con una simple palabra entonces la ciencia y la razón quedan eliminadas, y es preciso buscar la causa del hecho fuera de las leyes y los medios naturales.

32,16. Algunas personas se resisten a creer en los milagros de Jesucristo. Niegan el milagro porque dicen que eso es imposible. Pero esta negación no tiene valor ninguno. Si se prueba que son hechos reales, hay que darles alguna explicación. Las curaciones de las enfermedades quieren atribuirlas a procedimientos ocultos y desconocidos; y cuando esto les resulta demasiado absurdo, entonces se limitan a negar tranquilamente el hecho. Este procedimiento es muy cómodo, pero resulta poco científico.

La fuerza de Jesucristo está en que confirmó su doctrina con milagros que nos consta se realizaron por la historicidad de los Evangelios, y que por exceder a todo poder humano son una confirmación divina.

Una vez admitida la actividad taumatúrgica como un dato indudable de la vida de Cristo, no hay fundamento para hacer una selección entre los milagros de los Evangelios, admitiendo unos como históricos y rechazando otros como legendarios... De la historicidad de los milagros, no puede dudarse.

La mejor fuente histórica es lo que dijeron del hecho del contemporáneos que lo vieron o lo oyeron de quienes fueron testigos. Pues bien, los milagros de Jesucristo nos los refieren quienes los vieron con sus propios ojos y murieron por defender la verdad de lo que decían. Dice San Juan: Lo que mis ojos vieron y oyeron mis oídos, de esto doy testimonio. Incluso los mismos enemigos de Jesús no podían negar los hechos milagrosos que Jesús hacía, y por eso los atribuían a Satanás. Incluso deciden matarlo porque: Este hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos, todos creerán en él. Y el mismo San Pedro en su discurso de Jerusalén, el día de Pentecostés, dijo: Israelitas, escuchadme: Dios acreditó entre vosotros a Jesús el Nazareno con los milagros que hizo.

32,17. La fe personal en Jesucristo es la aceptación de su propio testimonio hasta la adhesión y la entrega total a su divina Persona. No es la mera aceptación de que Él existe y vive entre nosotros tan realmente como cuando vivió en Palestina; ni tampoco una adhesión de sólo el entendimiento a las verdades que el Evangelio nos propone, según la autorizada interpretación del Magisterio de la Iglesia. Es algo mucho más existencial y totalizante. Dice el Concilio VATICANO I: La Iglesia Católica enseña infaliblemente que la fe es esencialmente un asentimiento sobrenatural del entendimiento a las verdades reveladas por Dios; pero la fe no sólo es aceptar una verdad con el entendimiento, sino también con el corazón. Es el compromiso de nuestra propia persona con la persona de Cristo en una relación de intimidad que lleva consigo exigencias a las que jamás ideología alguna será capaz de llevar. Para que se dé fe auténtica y madura hay que pasar del frío concepto al calor de la amistad y del decidido compromiso. Por eso una fe así en Jesucristo es la que da fuerza y eficacia a una vida cristiana plenamente renovada, como la que quiere promover el Concilio Vaticano II.

Lo esencial de la fe es aceptar una verdad por la autoridad de Dios que la ha revelado. El que para creer que Jesucristo está en la eucaristía exige una demostración científica, no tiene fe en la eucaristía.

Lo único que sí es razonable es buscar las garantías que nos lleven a aceptar que realmente esa verdad ha sido revelada por Dios. Ésos son los motivos de credibilidad. Entre éstos está la definición infalible de la Iglesia que me confirma que una verdad determinada está realmente revelada por Dios.

Cuando la Iglesia, ya sea por definición dogmática, ya sea por su Magisterio ordinario y universal, propone a los fieles alguna verdad para ser creída como revelada por Dios, no puede fallar en virtud de la asistencia especial del Espíritu Santo que no puede permitir que la Iglesia entera yerre en alguna doctrina relativa a la fe o las costumbres.

La fe no es sólo la aceptación de unas fórmulas sino también la adhesión personal a Cristo. La fe, más que creer en algo que no vemos es creer en alguien que nos ha hablado. Fe quiere decir tener algo por real y verdadero en virtud del testimonio de otro, porque nos fiamos de su ciencia y veracidad.

La fe sobrenatural me da la suprema de las certezas, pues no me fío de la aptitud natural del entendimiento humano para conocer la verdad, ni de la veracidad de un hombre, sino de la ciencia y veracidad de Dios.

Porque creo en Cristo, me fío de su palabra. Acepto a Cristo como norma suprema, y todo lo valoro como lo valora Él. Los hechos son la expresión del nivel de fe de una persona. No hay posible aceptación del programa de Jesús si no es mediante el lenguaje de los hechos.

Seguir a Jesús quiere decir escuchar sus palabras, asimilar sus actitudes, comportarse como Él, identificarse plenamente con Él. Los que siguen a Jesús de verdad quieren parecerse a Él, se esfuerzan en pensar como Él, haciendo las cosas que le gustan a Él. Desean obrar bien, ayudar a los demás, perdonar, ser generosos y amar a todos..

Tener fe lleva consigo un estilo de vida, un modo de ser.

La fe es esencialmente la respuesta de la persona humana al Dios personal, y por lo tanto el encuentro de dos personas. El hombre queda en ella totalmente comprometido. La fe es cierta, no porque implica la evidencia de una cosa vista, sino porque es la adhesión a una persona que ve. La transmisión de la fe se verifica por el testimonio... Un cristiano da testimonio en la medida en que se entrega totalmente a Dios y a su obra... Normalmente, la verdad cristiana se hace reconocer a través de la persona cristiana.

El que no tiene fe no entiende al que la tiene, y sabe estimar los valores eternos. Es como hablarle a un ciego de colores.

32,18. Hoy está de moda insistir en que la fe es algo inseguro. Esto tiene algo de verdad, pues la fe no se nos presenta con una seguridad metafísica, como un axioma filosófico. Pero la fe es muy razonable, como hemos visto en páginas precedentes (n 3, 8). Y esto nos da seguridad a los creyentes. Esta seguridad no hay que menospreciarla. Los psicólogos afirman que la seguridad es uno de los elementos indispensables para el ser humano, de tal manera que su falta es fuente de neurosis. El deseo de seguridad es inherente a la naturaleza humana: nadie pone su dinero en un Banco donde tiene peligro de perderlo, nadie come alimentos podridos que puedan intoxicarle, un alpinista que escala una pared no se agarra a un clavo mientras éste no esté bien afirmado.

La fe es iluminadora, optimista y esperanzadora; porque es razonable.

Algunos hablan de una fe oscura, vaga, difusa, nebulosa. La Iglesia y la experiencia nos hacen sonreír ante este razonamiento ramplón, fruto del complejo de inferioridad que tienen hoy algunos creyentes, aun de los que escriben y enseñan.El seguimiento de Cristo exige un esfuerzo por ir asumiendo las actitudes fundamentales que dieron sentido a toda su vida: creer lo que Él creyó, dar importancia a lo que Él se la dio, defender lo que Él defendió, vivir y morir por lo que Él vivió y murió.

El hombre sin valores es un hombre inmaduro, cambiante, se mueve según el viento que corre, carece de responsabilidad.

[298] - JUAN LEAL, S.I.: Sinopsis de los cuatro Evangelios, 1ª, VII, 1. Ed. BAC. Madrid.

[299] - VITTORIO MESSORI: Hipótesis sobre Jesús, IV, 11. Ed. Mensajero. Bilbao, 1978

[300] - BRUGGEBOES: Jesucristo, introducción práctica al Evangelio, V. Ed. Verbo Divino. Estella

[301] - Primera Carta de SAN JUAN, 1:1-3

[302] - Evangelio de SAN LUCAS, 1:1s

[303] - DAVID FLUSSER: Jesús en sus palabras y en su tiempo. Ed. Cristiandad. Madrid, 1975

[304] - GEZA VERMES: Jesús el judío. Ed. Muchnik. Barcelona, 1980

[305] - ERNST KÄSEMANN: Essays on the New Testament. London, 1954

[306] - G. BORNKANMM: Gesú di Nazareth. Ed. Claudiana. Torino, 1977

[307] - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº 19

[308] - SAN IRENEO: Adversus Haereses, III, 11, 8

[309] - Evangelio de SAN LUCAS, 1:3

[310] - PARENTE: De Dios al hombre, VIII, 2. Ed. Atenas. Madrid

[311] - JOSÉ M. CIURANA: La verdad del cristianismo, III, A, a1, c11, 2º. Ed. Bosch. Barcelona

[312] - JUAN MANUEL IGARTUA, S.I.: Los Evangelios ante la Historia, II, 3, a. Ed. Acervo. Barcelona.

[313] - JOSÉ Mª. CIURANA:En busca de las verdades fundamentales, III, A, b. Ed Bosch. Barcelona.

[314] - JOSÉ ANTONIO DE SOBRINO, S.I.: Así fue Jesús, IV, 2. Ed. BAC. Madrid, 1984

[315] - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº11

[316] - SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 3:16

[317] - JORGE AUZOU: La tradición bíblica, XII, 1. Ed. FAX. Madrid

[318] - JUAN LEAL, S.I.: Sinopsis de los cuatro Evangelios, 1ª, I, 2. Ed. BAC. Madrid

[319] - Evangelio de SAN LUCAS, 1:3

[320] - Evangelio de SAN JUAN, 3:11; Primera Carta, 1:1

[321] - Evangelio de SAN JUAN, 19:35

[322] - ROBERT FEUILLET:Introducción a la Biblia: Nuevo Testamento vol. II, pg.309s. Ed. Herder.

[323] - Biblia de Jerusalén. Introducción a los Evangelios sinópticos, I. Ed. Desclée. Bilbao

[324] - FRANCISCO VIZMANOS,S.I.:Teología fundamental para seglares, nº.229. Ed.B.A.C. Madrid.

[325] - JOSÉ MANUEL HERNÁNDEZ:¡Jesucristo existió!.Publicaciones ACU.Ed.Sal Terrae.Santan.

[326] - FRANCISCO VIZMANOS,S.I.:Teología fundamental para seglares,nº.439. Ed. B.A.C. Madrid.

[327] - JUAN MANUEL IGARTUA,S.I.:Los Evangelios ante la Historia.Apéndice,2.Ed.Acervo, Madrid

[328] - Evangelio de SAN MATEO, 11:28

[329] - Biblioteca Nacional, Incunable nº 970

[330] - Carta a los Hebreos, 4:15

[331] - SAN PABLO: Segunda Carta a los Corintios, 5:21

[332] - Hechos de los Apóstoles, 10:38

[333] - JOSÉ CABA, S.I.: El Jesús de los Evangelios, IV, VII, X. Ed. BAC. Madrid, 1977.

[334] - JUAN MANUEL IGARTUA, S.I.: El Mesías: Jesús de Nazaret, III. Ed. Mensajero. Bilbao, 1986.

[335] - JOSÉ Mª CIURANA: La verdad del cristianismo, III, B. Ed. Bosch. Barcelona, 1980.

[336] - Evangelio de SAN JUAN, 8:23.

[337] - Evangelio de SAN JUAN, 17:5; 8:58.

[338] - Evangelio de SAN JUAN, 12:45; 14:9.

[339] - Evangelio de SAN JUAN, 10:30; 5:18.

[340] - Evangelio de SAN JUAN, 20:17.

[341] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 8:14s; 9:4.

[342] - Evangelio de SAN JUAN, 1:14,18; 3:16.

[343] - SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:6.

[344] - SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:7.

[345] - Evangelio de SAN JUAN, 20:28.

[346] - SAN PABLO: Carta a los Filipenses, 2:6.

[347] - SAN PABLO: Carta a los Colosenses, 2:9.

[348] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 9:5.

[349] - SAN PABLO: Carta a Tito, 2:13.

[350] - Evangelio de SAN MATEO, 16:16.

[351] - Primera Carta de SAN JUAN, 4:9.

[352] - Primera Carta de SAN JUAN, 5:20.

[353] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 15:1-11.

[354] - Evangelio de SAN JUAN, 10:33.

[355] - Evangelio de SAN JUAN, 19:7.

[356] - Conseil Oecumenique des Eglises. Rapport de la Troisieme Assamblèe, pg.391. Neuchâtel.

[357] - Primera Carta de SAN JUAN, 2:22.

[358] - GREELEY: El mito de Jesús, V. Ed. Cristiandad. Madrid, 1973.

[359] - SAN AGUSTÍN: De agone christiano, 17, 19. MIGNE: Patrología Latina, 40, 300.

[360] - Evangelio de SAN JUAN, 14:9.

[361] - Evangelio de SAN MATEO, 5:21s.

[362] - JOSÉ L.MARTÍN DESCALZO:Vida y misterio de Jesús de Nazaret,1º,XVIII,5,K.Ed. Sígueme.

Redención

33,1 - 36,6

33.- DIOS SE HIZO HOMBRE PARA REDIMIRNOS DEL PECADO Y DARNOS LA VIDA ETERNA.

34.- JESUCRISTO NOS REDIMIO OFRECIENDO EL SACRIFICIO DE SU VIDA EN LA CRUZ, PARA EL PERDÓN DE NUESTROS PECADOS Y DEVOLVERNOS LA GRACIA Y AMISTAD DE DIOS

35.- JESUCRISTO DESPUÉS DE SU MUERTE RESUCITÓ Y SU FUE AL CIELO.

36.- LA ÚNICA RELIGIÓN VERDADERA ES LA DE JESUCRISTO.

33.- DIOS SE HIZO HOMBRE PARA REDIMIRNOS DEL PECADO Y DARNOS LA VIDA ETERNA.

33,1. Redimir del pecado es rescatar a precio. Desde el pecado original que cometieron Adán y Eva, las puertas del cielo estaban cerradas y nadie podía entrar allí. Por los méritos de la Redención de Jesucristo se nos perdonan todos nuestros pecados y se nos abren las puertas del cielo. Dios envió a su Hijo para redimir a los hombres:

«Habéis sido rescatados..., con la preciosa sangre de Cristo»[363] «Habéis sido comprados a gran precio». «Él salvará a su pueblo de sus pecados»[364]. «Jesucristo se dio a sí mismo como rescate para todos»[365]. «El Hijo del Hombre vino a dar su vida para redención de todos»[366]. Cristo murió por nosotros. Cristo murió por todos.

Pero para salvarnos hace falta creer en las verdades reveladas por Dios y hacer buenas obras: «El que creyere, se salvará; y el que no creyere, será condenado»[367]. «Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos»[368].

33,2. Iba el filósofo franciscano irlandés Duns Scoto paseando por un camino y se encontró con un labrador que, sudoroso, hundía la reja del arado en la tierra dura. Empiezan a hablar de Dios. A las pocas palabras el labriego le interrumpe:

- Me permite hacerle una pregunta» - Vamos a ver.

- Dios lo sabe todo. Dios es infalible. No se puede equivocar. En este instante Dios sabe si me voy a salvar o si me voy a condenar. Ahora bien, si Dios sabe que me voy a salvar, por más que peque, me salvaré;

en cambio, si Dios sabe que me voy a condenar, por más que me esfuerce, me condenaré. Por tanto, para qué me voy a preocupar de hacer buenas obras» - Dios conoce si te salvarás o condenarás, del mismo modo que conoce si este año recogerás una cosecha espléndida o lo perderás todo en una helada. Según tu razonamiento, como Dios ya sabe lo que ocurrirá con tu cosecha, y Dios no se puede equivocar, es inútil que te esfuerces en arar y sembrar la tierra. Recoge tu arado, vete a tu casa y espera a ver qué pasa.

Y abriendo su libro de rezos, siguió su paseo por el camino adelante.

El labriego se quedó sin saber qué decir. A pesar de la ciencia infalible de Dios, si él no sembraba, era cierto que no recogería cosecha.

Y es que el recoger o no recoger cosecha, el que yo me salve o me condene, no ocurre porque Dios ya lo sabe; sino que Dios ya lo sabe desde ahora porque, de hecho, ocurrirá después. Si tú dejas caer una piedra desde tu ventana, antes de que llegue al suelo, sabes que dará un golpe.

Efectivamente, a los pocos segundos oyes el golpe. Pero el golpe no ocurrió porque tú lo sabías, sino que tú lo sabías porque de hecho iba a ocurrir necesariamente. La diferencia está en que nosotros sólo podemos conocer el futuro cuando éste depende de las leyes físicas necesarias, en cambio, Dios conoce también el futuro de los seres libres; pues por Él no pasa el tiempo. Dios conoce ya la película de tu vida, y sabe cómo va a terminar. Pero la película la haces tú, libre y voluntariamente. Saldrá lo que tú quieras.

Si yo veo grabado en vídeo un partido de fútbol, al que he asistido personalmente, sé de antemano el resultado, pero no por eso soy

responsable de la goleada. Dios conoce mi futuro, pues para Él todo es presente; pero mi futuro depende de mí.

El que se condena es porque no ha querido cooperar a las gracias que Dios le ha dado: «Os he llamado y no me habéis escuchado»[369]; «Tú eres culpable de tu perdición»[370].

33,3. Preguntaron a un niño en la escuela:

- Quién creó los demonios»

Respondió:

- Dios los hizo ángeles; pero ellos se hicieron demonios.

Bien respondido. Lo mismo ocurre con nosotros. Dios nos crea para el cielo; pero nosotros nos hacemos merecedores del infierno, si morimos en pecado.

Dios no te condena. Eres tú quien te condenas por no cumplir. Lo mismo que no es correcto decir que el profesor suspende. Es el alumno el que se suspende al responder mal. El profesor justo lo único que hace es declarar que el alumno está mal preparado. Lo mismo Dios. Él te crea para que te salves, desea que te salves; pero si no cumples, tendrá que declarar que no eres apto para la salvación, sino para el infierno.

34.- JESUCRISTO NOS REDIMIO OFRECIENDO EL SACRIFICIO DE SU VIDA EN LA CRUZ, PARA EL PERDÓN DE NUESTROS PECADOS Y DEVOLVERNOS LA GRACIA Y AMISTAD DE DIOS

34,1. La muerte de Jesucristo clavado en la cruz es el hecho más grande que ha visto la historia. Para la reparación del género humano, en plan de justicia estricta y perfecta (condigna), fue absolutamente necesario la Encarnación y Redención de Cristo[371].

Dios pudo haber mandado al infierno a todos los hombres que hubieran pecado mortalmente; pero -por el mucho amor que nos tiene- no hizo eso, sino que, al contrario, quiso hacerse hombre para redimirnos. Y aunque hubiera bastado para esto una sola lágrima de sus ojos o una palabra de sus labios[372], quiso sufrir tormentos tan espantosos y muerte tan cruel, para que veamos el valor de nuestra alma y tengamos horror al pecado, para darnos prueba de su amor a nosotros, y para servirnos de ejemplo en nuestros trabajos y penalidades.

34,2. Jesús quiere que correspondamos al amor que nos tiene. Por eso, en muchas de sus imágenes, nos enseña el Corazón, pidiendo que nosotros le amemos también a Él y le consagremos y le dediquemos todos los actos de nuestra vida, principalmente los que más nos cuestan. El dolor y el sufrimiento son un tesoro si se saben aprovechar para la otra vida ofreciéndolos a Dios.

La vida cristiana, aun en sus más mínimas acciones, posee una riqueza de valor inapreciable, debido a la unión de todo bautizado con Cristo, de cuya misión y méritos redentores participa. Todo ese valor y precio puede ofrecerse a Dios para reparar los pecados y colaborar en salvar el mundo, y aun para conseguir de la omnipotencia de Dios gracias y favores en beneficio propio y ajeno.

El Apostolado de la Oración, es una Obra de la Iglesia que asocia a treinta y siete millones de personas, unidas en Cristo, para vivir los grandes intereses de su Reino, mediante el sincero ofrecimiento del valor redentor de todas sus acciones, sufrimientos, alegrías y oraciones.

La Dirección en España del Apostolado de la Oración está en Núñez de Balboa 115, Madrid-28006, Telf.: (91) 562 80 49. Hay que santificar el trabajo. Hacer las cosas lo mejor que podamos, por amor de Dios. El seglar no puede santificarse a base de largos rezos y tremendas penitencias. Algo debe rezar siempre, pero no podrá rezar mucho. Algo tendrá que sacrificarse siempre, aparte de los muchos sacrificios que la vida trae consigo. Pero lo constante, lo que será de todos los días, y de todos los momentos de cada día, es hacer bien lo que se está haciendo; y eso para complacer a Dios, cumpliendo su santa voluntad. En esto ha de buscar el seglar su auténtica santidad.

Para facilitarte el ofrecimiento de tus obras, te pongo en los Apéndices el Ofrecimiento de Obras del Apostolado de la Oración, que te recomiendo reces todos los días.

Este ofrecerte a ti mismo a Jesucristo, y contigo todas tus cosas, en correspondencia a su Amor Infinito y en reparación de los pecados y ofensas que continuamente recibe, se llama culto al Sagrado Corazón de Jesús. Este culto, que lleva consigo la veneración de la imagen del Corazón Herido por la lanza del soldado, es un verdadero compendio de nuestra Santa Religión y el mejor modo de vivir nuestra fe, porque nos brinda la manera práctica de entregarnos a Cristo y al prójimo, amándolos de verdad y reparando los pecados.

La religiosidad popular, hoy revaluada, con su sentido concreto y sensible, encuentra en el corazón de Cristo el camino más fácil de llegar al amor de Dios.

La devoción al Sagrado Corazón no es una devoción más. Es la respuesta a Cristo porque me ama.

Es toda una espiritualidad.

Tenemos que caer en la cuenta del amor enorme que nos tiene Dios. Por eso se hizo hombre, y murió por salvarnos. Por eso después de esta vida nos prepara otra maravillosa. Y ese amor lo simboliza en su Corazón.

Dios nos quiere como el mejor Padre! Sólo el cristiano llama Padre a Dios.

Veamos el amor de Dios en todas las circunstancias que nos rodean:

buenas o malas. Confiemos plenamente en ese inmenso amor de nuestro Padre: Corazón de Jesús, en Ti confío, porque creo que me amas.

34,3.La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, nos consigue grandes beneficios por Él prometidos; sobre todo nuestra salvación eterna, si comulgamos nueve Primeros Viernes de mes seguidos, como Él mismo prometió a Santa Margarita María de Alacoque.

El Papa Juan Pablo II, el 5 de Octubre de 1986, dijo en Paray le Monial que se siga difundiendo la práctica de los Nueve Primeros Viernes de mes, y que se ayude a los fieles a la participación en los sacramentos. La razón de la devoción de los Nueve Primeros Viernes de mes, podría ser que Cristo murió un Primer Viernes de abril[373], y estuvo nueve meses en el seno de María. Se conmemoran así dos grandes hechos de la Redención: la Encarnación y la Muerte.

Es evidente que quien hace los Primeros Viernes y después, fiado de esta promesa, se dedica a pecar a sus anchas, se está burlando del Corazón de Jesús; y no parece éste el mejor camino para alcanzar el cumplimiento de la promesa. Dijo San Pablo que de Dios no se ríe nadie[374]. Si alguien comulgase presuntuosamente, es decir, sin propósito de enmienda, pensando pecar después, está claro que su comunión sería sacrílega, no válida, y no ganaría la promesa.

La promesa del Corazón de Jesús no es un seguro de salvación para los que quieran llevar una vida de pecado. El Concilio de Trento condena -y es de fe- a los que presumen de tener seguridad absoluta de salvarse. A no ser que hayan tenido revelación especial de ello.

No podemos tener una certeza infalible y de fe, pero sí podemos tener una certeza moral; pues nadie pierde la gracia si no peca mortalmente, y nadie peca mortalmente si no es responsable de lo que hace. Lo que ocurre es que hay hechos de los que no somos responsables, pero sí somos responsables de las causas remotas: hoy no vemos, porque la vista la perdimos poco a poco voluntariamente, y por lo tanto responsablemente. También puede ocurrir que el acto lo cometí libre y voluntariamente, y después me olvido del grado de voluntariedad que tuve. Por eso es conveniente terminar las confesiones diciendo: Me arrepiento además de todos los pecados de mi vida pasada y de aquellos de los que me haya olvidado.

Hay que tener en cuenta que la promesa del Corazón de Jesús sólo sirve para los que quieran salvarse; pues esta promesa no aniquila nuestra libertad. Quien se empeñe en ir por el camino del infierno, y no quiera rectificar, se condenará aunque haya hecho los Primeros Viernes. Pero a quien los ha hecho bien, y tiene voluntad de ir por el camino de salvación, aunque tanga caídas por fragilidad, hay muy sólidos fundamentos para creer que Dios se encargará de protegerle con una Providencia especial para que muera en estado de gracia.

Deberías tener en tu casa una imagen, cuadro o placa del Sagrado Corazón, pues Él también ha prometido que bendecirá las casas en las que su imagen esté expuesta y sea honrada. Harías bien en consagrar tu casa al Sagrado Corazón. En los Apéndices te pongo una fórmula para que puedas hacerlo estando la familia reunida.

35.- JESUCRISTO DESPUÉS DE SU MUERTE RESUCITÓ Y SU FUE AL CIELO.

35,1. Jesucristo, después de ser crucificado, estuvo muerto y enterrado, y al tercer día resucitó juntando su cuerpo y su alma gloriosos para nunca más morir. Por tanto, Jesucristo está ahora en el cielo en cuerpo y alma.

La resurrección de Cristo es el dogma fundamental del cristianismo.

«La expresión de San Mateo atribuye a Jesús sepultado una duración de "tres días y tres noches".

Pero tal expresión venía a ser idéntica a la duración hasta el tercer día, al juzgarse el día como una unidad de día-noche. El decir "tres días y tres noches" es un modismo equivalente a "al tercer día"»[375].

Antes de morir Jesús había profetizado varias veces su resurrección.

Por lo tanto, al resucitar por su propio poder, demostraba nuevamente, y con la prueba más convincente, que era Dios.

Dice San Mateo, que los fariseos mandaron a sus soldados que habían estado guardando la tumba, que dijeran: «Sus discípulos vinieron de noche estando nosotros dormidos y lo robaron».

San Agustín dio a esto una respuesta definitiva: «Si estaban durmiendo, no pudieron ver nada. Y si no vieron nada, ¿cómo pueden ser testigos?»[376].

Los teólogos modernos buscan diversas explicaciones al hecho de la resurrección de Cristo. Pero cualquiera que sea la interpretación debe incluir la revivificación del cuerpo, si no se quiere hundir la teología de la resurrección.

Algunos dicen que la resurrección de Cristo no es un hecho histórico, pues no hay testigos. Este modo de hablar es ambiguo y puede confundir; pues «no histórico» puede confundirse con «no real».

Por eso no debe emplearse, como recomienda el padre José Caba, S.I., Catedrático de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en su libro «Resucitó Cristo, mi esperanza»[377]. La resurrección de Cristo es un hecho que ha sucedido en la realidad.

Aunque no haya habido propiamente ningún testigo del hecho de la resurrección, en cuanto tal, es histórica en razón de las huellas dejadas en nuestro mundo y de las que dan testimonio los Apóstoles.

Si aparece un coche en el fondo de un barranco y está destrozado el pretil de la curva que hay en ese sitio, no necesito haber visto el accidente, para comprender lo que ha pasado. De la misma manera puedo conocer la resurrección de Jesucristo.

Para otros sí se puede considerar como hecho histórico, pues puede localizarse en el.espacio y en el tiempo; y según Pannemberg es histórico todo suceso que puede ser colocado en unas coordenadas de espacio y tiempo[378].

Por eso para el P.Ignacio de La Potterie, S.I., que es uno de los mejores especialistas en el mundo del Evangelio de San Juan, la resurrección de Cristo tuvo una realidad física, histórica[379].

La resurrección de Cristo la refiere San Pablo en carta a los Corintios, el año 57, es decir, a contemporáneos de los hechos:

«Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día»[380]. Y lo atestigua San Pedro: «De Jesús resucitado todos nosotros somos testigos»[381]. San Lucas lo afirma enfáticamente: «El Señor ha resucitado verdaderamente»[382].

35,2. Cristo estaba muerto en la cruz. Por eso los verdugos no le partieron las piernas como solían hacer para rematar a los crucificados. Si no hubiera estado muerto, le hubiera matado la lanzada que le abrió la aurícula derecha del corazón.

La cantidad de sangre que salió después de la lanzada, según el relato de San Juan que estaba allí presente, dicen los médicos, sólo se explica porque la lanza perforó la aurícula derecha que en los cadáveres está llena de sangre líquida[383].

Al tercer día el sepulcro estaba vacío: no estaba el cuerpo de Cristo.

La fe en la resurrección de Jesucristo parte del sepulcro vacío. Oscar Cullmann, protestante, de la Universidad de Basilea, dice: la tumba vacía seguirá siendo un acontecimiento histórico. Los Apóstoles no habrían creído en la resurrección de Jesús de haber encontrado su cadáver en el sepulcro. Los cuatro evangelistas relacionan el sepulcro vacío con la resurrección de Cristo.

a) San Mateo: «No está aquí, pues ha resucitado»[384].

b) San Marcos: «Ha resucitado, no está aquí»[385].

c) San Lucas: «No está aquí, sino que ha resucitado»[386].

d) San Juan al ver la tumba vacía y la disposición de los lienzos «vio y creyó»[387] que había resucitado; pues si alguien hubiera robado el cadáver, no hubiera dejado los lienzos tan bien puestecitos.

San Juan vio la sábana, que había cubierto el cadáver de Jesús, yaciendo en el suelo, y doblado aparte el sudario que había estado sobre su cabeza.

Según los especialistas[388] la palabra «ozonia» usada por San Juan debe traducirse por «lienzos» y no por «vendas» como hacen algunos equivocadamente. Es verdad que las vendas son lienzos, pero no todos los lienzos son vendas.

El sepulcro vacío sólo tiene dos explicaciones. O alguien se llevó el cadáver o Cristo resucitó.

El cadáver no lo robaron los enemigos de Cristo, pues al correrse la noticia de la resurrección la mejor manera de refutarla hubiera sido enseñar el cadáver. Si no lo hicieron, es porque no lo tenían.

Tampoco lo tenían sus amigos, pues los Apóstoles murieron por su fe en Cristo resucitado, y nadie da la vida por lo que sabe es una patraña.

Se puede dar la vida por un ideal equivocado, pero no por defender lo que se sabe que es mentira. Es evidente que los Apóstoles no escondieron el cadáver.

Luego si Cristo estaba muerto, y el sepulcro estaba vacío, y nadie robó el cadáver, sólo queda una explicación: Cristo resucitó.

San Pablo nos habla también de la resurrección de Cristo en la Primera Carta a los Tesalonicenses del año 51 de nuestra era: Jesús murió y resucitó; y en la Primera Carta a los Corintios del año 55: Cristo resucitó al tercer día.

Una confirmación de la resurrección de Cristo es la Sábana Santa de Turín donde ha quedado grabada a fuego su imagen por una radiación en el momento de la resurrección. No hay explicación más aclaratoria.

Sobre la Sábana Santa yo he hecho tres vídeos titulados: «La autenticidad de la Sábana Santa», «La Sábana Santa y el Carbono-14», «La Sábana Santa y el Sudario de Oviedo». Los tres se complementan, aunque algunas cosas se repiten.

La resurrección de Jesucristo es totalmente distinta de la resurrección de Lázaro o de la del hijo de la viuda de Naín: éstos resucitaron para volver a morir, pero Cristo resucita para nunca más morir. «Cristo resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir»[389].

La resurrección de Cristo no fue una reviviscencia para volver a morir, como le pasó a Lázaro; tampoco fue una reencarnación, propia del budismo y del hinduismo; menos aún fue el mero recuerdo de Jesús en el ánimo de sus discípulos. Fue el encuentro con Jesús resucitado lo que provocó la fe de los discípulos en la resurrección, y no viceversa. La resurrección no fue la consecuencia, sino la causa de la fe de los discípulos. (...) Jesucristo fue restituido con su humanidad a la vida gloriosa, plena e inmortal de Dios. (...) Se trata de la transformación gloriosa del cuerpo.

Después de resucitar, antes de subir al cielo con su Padre, estuvo varios días apareciéndose a los Apóstoles que comieron con Él y le palparon con sus propias manos. Los fantasmas no comen ni se dejan palpar. Cristo resucitado cenó con los Apóstoles y se dejó palpar por Santo Tomas. Decía Cristo: «Soy Yo. Tocadme y ved. Un espíritu no tiene carne y hueso, como veis que Yo tengo»[390].

San Pedro lo recuerda: «Nosotros hemos comido y bebido con Él después que resucitó de entre los muertos»[391]. En una ocasión se apareció a más de quinientos estando reunidos. Así nos lo cuenta San Pablo escribiendo a los Corintios, y añadiendo que muchos de los que lo vieron, todavía vivían cuando él escribía aquella carta[392], en los años 55-56 de nuestra Era.

El verbo empleado por San Pablo excluye una interpretación subjetiva del término, «aparición»[393]. Las apariciones de Jesús son un motivo de credibilidad en la resurrección de Cristo.

Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso con propiedades distintas a las de un cuerpo material.

En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que Poncio Pilato escribe al emperador Tiberio sobre Cristo. Dice:

Después de ser flagelado, lo crucificaron. Su sepultura fue custodiada por mis soldados. Al tercer día resucitó. Los soldados recibieron dinero de los judíos para que dijeran que los discípulos robaron su cadáver. Pero ellos no quisieron callar y testificaron su resurrección. Sabemos con certeza que existieron unas actas oficiales de Poncio Pilato, Procurador de Judea, al Emperador Tiberio, como era obligación y costumbre en el Imperio por testimonio de Tertuliano (siglo III)[394].

36.- LA ÚNICA RELIGIÓN VERDADERA ES LA DE JESUCRISTO.

36,1.-El camino para llegar a Dios es el que Él mismo nos ha señalado revelándonos una religión.

La religión verdadera sólo puede ser una, pues las religiones se contradicen entre sí, y la verdad sólo puede estar en uno de los dos campos: si sobre un punto concreto, y desde un mismo punto de vista, unos dicen que sí y otros que no, no pueden los dos tener la razón al mismo tiempo. Si uno dice que Cervantes nació en España y otro dice que nació en Inglaterra, es evidente que no pueden tener los dos razón al mismo tiempo. Uno de los dos se equivoca. Los católicos decimos que Cristo es Dios. Otros lo niegan. Es claro que no podemos tener todos la razón.

Por eso sólo hay una religión verdadera. Pero para conocerla no hace falta estudiar todas las religiones. Basta conocer los motivos de credibilidad del cristianismo para saber que es la religión verdadera.

Sería absurdo pensar que Dios ha revelado varias religiones contradictorias entre sí.

La única religión verdadera es la que Dios ha revelado, y la podemos conocer por señales ciertas, como son los milagros de Jesucristo.

La religión católica ha sido fundada por Cristo-Dios. Todas las demás religiones han sido fundadas por hombres. Ni Buda, ni Confucio, ni Mahoma, ni Lutero, etc., pretendieron ser Dios.

Jesucristo afirmó repetidas veces en su vida que Él era Dios (ver n 32 ). La ocasión más solemne fue ante el sanedrín cuando la interpelación de Caifás. Caifás ante esta afirmación de Cristo le llama blasfemo y le condena a muerte. La blasfemia se castigaba con la pena de muerte entre los hebreos.

Para confirmar que era verdad lo que decía, Jesucristo hizo varios milagros. Sobre todo su propia resurrección (ver n 35 ).

36,2. Antes de resucitar a Lázaro, dirigió a su Padre celestial esta breve oración: «Gracias te doy, Padre mío, porque me has oído. Ya sé que siempre me oyes, pero lo digo por el pueblo que me rodea, para que crean que Tú me has enviado»[395].

Los milagros de Jesucristo nos constan por la historicidad y autenticidad de los Evangelios, que se demuestra científicamente muchísimo mejor que la de otros libros de los que no duda ninguna persona culta.

«El prejuicio sistemático de sospecha que ha recaído sobre los Evangelios, durante casi un siglo, recae actualmente, gracias al estudio de los criterios de autenticidad, sobre quienes niegan su autenticidad. Esta inversión de las posiciones no es un retorno a la ingenuidad crítica, sino la consecuencia de que los Evangelios han encontrado de nuevo crédito a los ojos de la crítica histórica»[396].

Aquella generación cristiana que había presenciado los hechos que se narran en los Evangelios, los encontraban tan correctamente relatados, que los copiaban a mano (entonces no había imprenta) y los transmitían de generación en generación, de modo que hoy tenemos de los Evangelios más copias que de ningún otro libro de aquel tiempo.

36,3. A nadie se le ocurre dudar de la autenticidad de las obras de los clásicos latinos César, Cicerón, Horacio y Virgilio. A pesar de que -aunque todos ellos vivieron tan sólo 50 años antes de Jesucristo - no conservamos, ni con mucho, las pruebas que conservamos de los Evangelios.

El autor clásico contemporáneo de Jesucristo de quien conservamos mejores documentos es Virgilio. Pues bien, de Virgilio, sólo tenemos tres códices unciales. En cambio de los Evangelios tenemos doscientos diez. Superioridad aplastante![397].

De Platón los manuscritos que conservamos son 1500 años posteriores a él[398].

De Aristóteles que vivió 300 años antes de Cristo, cuyo «Tratado de Lógica» sigue siendo hoy día la base de todo razonamiento filosófico, el manuscrito más antiguo que conservamos es 1400 años posterior a él.

Nuestro gran historiador contemporáneo de fama mundial, Menéndez Pidal, Premio March, que murió en 1968, en su «Historia de España», en treinta tomos, de la Editorial Espasa Calpe, fundamenta algunas de sus afirmaciones en la obra «Germania» del historiador romano Tácito, posterior a Cristo, pues murió el año 120. Pues bien, de la Germania, de Tácito, el códice más antiguo que se conserva es 1340 años posterior a él[399].

Del historiador griego Polibio, que murió 120 años antes de Cristo, y de quien Mommsen, Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Berlín y Premio Nobel, dice que a él es a quien deben las generaciones posteriores, incluso la nuestra, los mejores documentos acerca de la marcha de la civilización romana, el manuscrito más antiguo que de él conservamos es 1067 años posterior a su muerte[400].

36,4. En cambio, de los Evangelios conservamos manuscritos muy próximos a ellos. El Evangelio de San Juan se escribió el año 95[401];

pues bien, en 1935 se descubrió el papiro Rylands (P.52) sobre este Evangelio, que se conserva en Manchester. Fue adquirido en 1920 por B.P.Granfell para el librero John Rylands. Según los especialistas se escribió hacia el año 130[402]. Tan sólo 35 años después. Esto es maravilloso! El papiro Bodmer II, que se conserva en la Biblioteca de Cologny, en Ginebra, y que contiene casi en su totalidad el Evangelio de San Juan, es 100 años posterior a él[403]. En 1956 fue publicado por V. Martín[404]. De los tres siglos posteriores a Jesucristo se conservan treinta papiros[405]. Esto es un caso único en toda la historiografía grecorromana.

En 1972 el Padre José O'Callaghan, jesuita español papirólogo, Profesor de la Universidad Gregoriana de Roma, y Decano de la Facultad Bíblica del Pontificio Instituto Bíblico de Roma, y de la Facultad Teológica de Barcelona, descifró unos fragmentos de papiros encontrados en la cueva 7 del Qumrán (Mar Muerto). Se le identifica así 7Q5. Se trata del texto de San Marcos, 6: 52s. En once cuevas aparecieron seiscientos rollos de pergaminos. En estos manuscritos, que se descubrieron en 1947, han aparecido textos del Éxodo, Isaías, Jeremías, etc. De casi todos los libros del Antiguo Testamento. El texto descifrado por el P. O'Callaghan es un fragmento del Evangelio de San Marcos enviado a Jerusalén por la cristiandad de Roma y que los esenios escondieron en esa cueva en ánforas, una de las cuales tiene el nombre de ROMA en hebreo[406].

Probablemente esto ocurrió cuando la invasión de Palestina por los romanos, antes de la ruina de Jerusalén del año 70. En concreto cuando se aproximaban las tropas de Vespasiano el año 68.

Este descubrimiento ha sido considerado como el más importante de este siglo sobre el Nuevo Testamento.. En 1991 se ha publicado una edición facsímil con 1.787 fotografías de estos manuscritos.

Esta interpretación del P. O'Callaghan ha sido recientemente confirmada por el eminente Profesor alemán de la Universidad de Oxford, Carsten Peter Thiede, en la prestigiosa revista internacional BIBLICA[407]. Thiede, dice textualmente: Conforme a las reglas del trabajo paleográfico y de la crítica textual, resulta cierto que 7Q5 es Marcos, 6: 52s. El 7Q5 es el papiro de O'Callaghan. Thiede ha publicado un estudio apoyando al P. O'Callaghan titulado «El manuscrito más antiguo de los evangelios» Son cada vez más los que aceptan esta identificación, ha dicho el P. Ignacio de La Potterie, S.I., como se ha visto en el Simposio Internacional celebrado del 18 al 20 de octubre de 1991 en Eichstät[408], donde apoyaron esta opinión los expertos en papirología Hunger, de la Universidad de Viena, y Riesenfeld, de la Universidad de Upsala (Suecia).

El texto 7Q5 ha sido estudiado en ordenador por IBICUS de Liverpool, y se ha demostrado que esa combinación de letras, en la Biblia, sólo se encuentra en Marcos 6: 52s, que es el 7Q5[409].

El paleógrafo inglés Roberts, de la Universidad de Oxford, primera autoridad mundial en paleografía griega, antes de que se descifraran estos papiros, estudiando la grafía, afirmó que eran anteriores al año 50 después de Cristo, es decir, unos 20 años después de la muerte de Jesús, y 10 años después que Marcos escribiera su Evangelio. Sin duda es anterior al año 68 en que fueron selladas las cuevas del Qumrán, con los papiros dentro, antes de huir de las tropas de Vespasiano, que invadieron aquel territorio el año 68. Se trata, por lo tanto, del manuscrito más cercano a Jesús de todos los conocidos[410].

El descifrador de estos documentos ha manifestado que ya no puede afirmarse que el Evangelio sea una elaboración de la antigua comunidad cristiana, y que tuvo un período más o menos prolongado de difusión oral antes de ser escrito, sino que tenemos ya la comprobación de los hechos a través de fuentes inmediatas.

Este descubrimiento ha dado al traste con las teorías de Bultmann. La proximidad de este manuscrito al original echa por tierra la hipótesis de Bultmann, según a cual los Evangelios son una creación de la comunidad primitiva que transfiguró el Jesús de la historia en el Jesús de la fe.

Este descubrimiento confirma científicamente lo que la Iglesia ha enseñado durante diecinueve siglos: la historicidad de los Evangelios.

La ofensiva contra la historicidad de los Evangelios comenzó con Friedrich Strauss en 1835. La renovó Ernest Renán en 1863.

Modernamente Rudolf Bultmann afirma que no podemos saber nada sobre la vida de Jesús, pues los Evangelios son la idealización de una leyenda de generaciones posteriores. Si el 7Q5 es del año 50, esta idealización no es posible en contemporáneos.

El célebre teólogo protestante Oscar Cullmann, seguidor un tiempo de Bultmann, reconoce que se separó de Bultmann por la interpretación que éste hacía de la Biblia. Para Bultmann el único elemento histórico de los Evangelios que quedaría a salvo es la cruz. El resto, incluida la resurrección, sería un mero símbolo.

Uno de los seguidores de Bultmann ha dicho de este descubrimiento del 7Q5: «Habrá que echar al fuego siete toneladas de erudición germánica»[411]. El lapso de tiempo que transcurre entre los acontecimientos y la composición de los Evangelios es tan breve, que no permite la formación de un mito contrario a la historia.

Recientemente el Dr. Carsten Peter Thiede ha publicado en la revista alemana «Zeitschrift Für Papyrologie», especializada en papirología, haber descubierto un papiro con un fragmento del capítulo veintiséis del Evangelio de San Mateo, escrito en el siglo I de nuestra Era. Se trata del «Magdalen Cr. de Roma 17», por encontrase en la Biblioteca del Colegio de la Magdalena de Oxford.

Fue donado a este Colegio por el Rvdo. Charles B. Huleat, antiguo alumno de este Colegio, que había sido capellán de la Iglesia Británica de Luxor, en Egipto[412]. Allí se lo compró a un anticuario.

Se trata de tres fragmentos de Mateo escritos el año 70. En la Navidad de 1994 la noticia salta a la primera página del The Times. Hace unos meses Thiede ha publicado un libro sobre el tema:

Testigo ocular de Jesús. Su lectura es un verdadero placer intelectual y espiritual.

36,5. El Padre B. Manzano, S.I., que ha escrito la vida documentada de Jesucristo más moderna que tenemos en castellano, y que es un especialista en temas de Palestina, da estas fechas en las que probablemente se escribieron los tres Evangelios sinópticos.

El Evangelio de San Mateo, entre el 37 y el 42.

El Evangelio de San Marcos, entre el 40 y el 45.

El Evangelio de San Lucas, entre el 47 y el 56.

El Evangelio de San Juan, como dije antes, se escribió en el año 95

H.J. Schultz, Profesor de la Universidad de Würtzburg (Alemania) afirma que ningún Evangelio sinóptico fue escrito después del año 70. Esta opinión ha sido apoyada por el célebre exégeta Rudolf Schnackenburg por el peso de las argumentaciones presentadas.

Algunos piensan que si los Evangelios se escribieron varios años después de la muerte de Cristo, quizás no reflejaran con exactitud los dichos de Jesús, sino que tal vez sean una libre reconstrucción. Pero hay que tener en cuenta la costumbre de los hebreos de memorizar la Biblia, el Talmud, la Torá, etc. De este modo podemos tener la garantía de que los textos evangélicos nos acercan al verdadero pensamiento de Jesús y a su propia palabra.

En el siglo II, los Evangelios son confirmados por Papías, discípulo de San Juan; por Clemente Romano, discípulo de San Pedro, y Papa del año 91 al año 100; por San Ignacio de Antioquía, también discípulo de San Juan; por San Justino, San Ireneo, Obispo de Lyon y discípulo de San Policarpo, amigo de San Juan; por Orígenes, Tertuliano, Clemente de Alejandría, el pastor Hermas, etc. etc. Todos ellos del siglo II.

36,6. El texto de los Evangelios se nos ha transmitido literalmente en lo esencial. Es cierto que no poseemos los originales. Pero lo mismo ocurre con todos los escritores de aquel tiempo. Esto se debe a la fragilidad del material sobre el que entonces se escribía. El texto sagrado se copiaba con tanto interés y se guardaba con tanto cariño, que por eso no existe ningún libro de aquel tiempo que se le pueda comparar en número y calidad de manuscritos.

Es, además, excepcional el estado de conservación. De los autores latinos las obras completas más antiguas que conservamos son posteriores al siglo VIII. En cambio, códices evangélicos completos, de los siglos IV al VI, se conservan setenta y ocho. Y los Evangelios se citaban con tal frecuencia que solamente con las citas que existen en las obras de siete escritores de los siglos II al VI (Justino, Ireneo, Clemente, Orígenes, Tertuliano, Hipólito y Eusebio ) se podrían reconstruir en toda su integridad los cuatro evangelios: se conservan de ellos 26.487 citas.Por todo esto, el gran crítico inglés en literatura clásica, B.H.Streeter, confiesa que los Evangelios (en cuanto a su autenticidad) tienen la posición más privilegiada que existe entre todas las obras de la antigüedad.

Por tanto, quien no admite lo que dicen los Evangelios, no tiene derecho a creer en nada de la Historia Antigua, pues las cosas que nos dicen los Evangelios nos constan con mucho más rigor que muchísimas de las cosas que admite la Historia de la Antigüedad. Y una de las cosas en que más insisten los Evangelios es en los milagros que Cristo hizo para probar que era Dios[413].

[363] - Primera Carta de SAN PEDRO, 1:18

[364] - Evangelio de SAN MATEO, 1:21

[365] - SAN PABLO: Primera Carta a Timoteo, 2:6; Evangelio de SAN MARCOS, 10:45

[366] - Evangelio de SAN MATEO, 20:28

[367] - Evangelio de SAN MARCOS, 16:16

[368] - Evangelio de SAN MATEO, 19:17

[369] - Proverbios, 1:26

[370] - Profeta OSEAS, 13:9

[371] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Jesucristo y la vida cristiana, nº 29. Ed. BAC. Madrid, 1961

[372] - LEEN, C.S.Sp.: «Por qué la cruz», 2ª, I. Ed. Rialp. Madrid

[373] - JOSÉ RICCIOTTI: Vida de Jesucristo, nº 181. Ed. Miracle. Barcelona

[374] - SAN PABLO: Carta a los Gálatas, 6:7

[375] - JUAN Ml. IGARTUA, S.I.: La Resurrección de Jesús y su Cuerpo, IV, 5. Ed. Mensajero, Bilbao.

[376] - SAN AGUSTÍN: Enarratio in psalmum, 63 (64) MIGNE: Patrología Latina, 36.767

[377] - JOSÉ CABA, S.I.: Resucitó Cristo, mi esperanza, IX, 1, 4º, 2. Ed. BAC. Madrid, 1986

[378] - CÁNDIDO POZO, S.I.: Teología del más allá, pg. 69. Ed. BAC. Madrid, 19802

[379] - IGNACIO DE LA POTTERIE,S.I.: Revista 30 DÍAS, 62 (1992)76.

[380] - SAN PABLO Primera Carta a los Corintios, 15:3s

[381] - Hechos de los Apóstoles, 2:32

[382] - Evangelio de SAN LUCAS, 24:34

[383] - JORGE LORING,S.I.:La autenticidad de la Sábana Santa de Turín. Madrid, 1990. Sexta edición: 50 fotografías en color.

[384] - Evangelio de SAN MATEO, 28:6

[385] - Evangelio de SAN MARCOS, 16:6

[386] - Evangelio de SAN LUCAS, 24:6

[387] - Evangelio de SAN JUAN, 20:8

[388] - M. BALAGUÉ: Revista ESTUDIOS BÍBLICOS del C. S. de Investigaciones Científicas, 25 (1966)169-192.

[389] - SAN PABLO: Carta a los Romanos, 6:9

[390] - Evangelio de SAN LUCAS, 24:39

[391] - Hechos de los Apóstoles, 10:41

[392] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 15:4ss

[393] - JOSÉ CABA, S.I.: Resucitó Cristo mi esperanza, 2ª, II, 2, 4, 3. Ed. BAC. Madrid, 1986

[394] - Apologeticum, 21. MIGNE: Patrología Latina, I., 289-292

[395] - Evangelio de SAN JUAN, 11:41ss

[396] - RENÉ LA TOURELLE: Revista Selecciones de Teología, 15(IV-VI,1976)118

[397] - JUAN LEAL, S.I.: El valor histórico de los Evangelios, I, 5. Ed. Escelicer. Cádiz

[398] - VITTORIO MESSORI: Hipótesis sobre Jesús, VI, 11. Ed. Mensajero. Bilbao, 1978

[399] - LUIS CONDE, S.I.: Los manuscritos del Nuevo Testamento. Rev. Proyección, 27 y 28.

[400] - No hay Nota

[401] - LEON-DUFOUR, S.I.: Los Evangelios y la historia de Jesús, IV, 1. Ed. Estela. Barcelona

[402] - FRANCISCO VIZMANOS, S.I.: Teología fundamental para seglares, nº432. Ed. BAC. Madrid

[403] - VICENTE ZAFORAS: Un testigo más. Revista Proyección nº12. Granada

[404] - FRANCISCO LAMBASI: El Jesús histórico, V, 1. Ed. Sal Terrae. Santander, 1985

[405] - S. BARTINA, S.I.: Catálogo de los Papiros Neotestamentarios. Revista CULTURA BÍBLICA, 17(1960)214-22

[406] - JOSÉ O'CALLAGHAN, S.I.: Los papiros griegos de la cueva siete del Qumrán. Ed. BAC.Mad.

[407] - Revista BÍBLICA, vol. 65 (1984)538-559

[408] - Revista 30 DÍAS: 61(1992)76 y Civiltá Cattolica: II (1992) 464-473

[409] - ABC de Madrid, 1-VI-95, pg. 64

[410] - JUAN MANUEL IGARTUA, S.I.: Los Evangelios ante la Historia, I, 5. Ed. Acervo. Barcelona.

[411] - J. BEUMER, S.I.: El camino de la fe, III, 2. Ed. FAX. Madrid

[412] - Revista EL SEMANAL, 385 ( 12-III-95 ) 50-54

[413] - Revista 30 DÍAS,77 (1994)60


 

Iglesia

37.- LA IGLESIA CATÓLICA HA SIDO FUNDADA POR JESUCRISTO PARA LA SALVACIÓN DE TODA LA HUMANIDAD

37,1. Cristo fundó su Iglesia para que continuara su misión salvadora en la Tierra hasta el fin del mundo. La hizo depositaria de toda su doctrina y de los demás medios de salvación que quiso dar a los hombres.

La Iglesia Católica es la única fundada por Cristo-Dios. Todas las demás Iglesias y religiones han sido fundadas por hombres.

La perpetuidad de la Iglesia Católica puede considerarse como un auténtico milagro. Podría decirse que es un milagro que un pobre aldeano, como era Jesucristo, sin más ayuda humana que doce pescadores ignorantes, y sin armas de ninguna clase, transformara un imperio tan poderoso como el Imperio Romano, derribara sus ídolos falsos, acabara con sus costumbres y con sus vicios, y lo hiciera caer de rodillas adorando a un judío ajusticiado en un patíbulo.

El Imperio Romano ha sido el imperio más poderoso que ha conocido la Historia. El dominio universal de Roma duró 1.200 años. Pues bien, en el momento cumbre de su poderío, no sólo no pudo evitar que se extendiera el cristianismo, sino que a pesar de sus diez sangrientas persecuciones -que duraron, con altibajos, 249 años y en las que murieron más de 100.000 mártires[414] -, había el cristianismo adquirido tanta fuerza que en el Edicto de Milán (febrero del año), el paganismo dejó de ser la religión oficial del Imperio Romano y se concedió la paz a la Iglesia. Más tarde, el Emperador Teodosio el Grande, español de nacimiento, en el 380 constituyó el cristianismo en religión oficial del Imperio Romano. No es esto maravilloso y único»

Y esto predicando una doctrina completamente opuesta a las pasiones humanas. La Iglesia Católica predica el perdón, el desprendimiento de los bienes materiales y la pureza de costumbres.

No hay en el mundo nada más grande que la Iglesia Católica. A pesar de las terribles persecuciones que ha padecido, en los casi dos mil años que lleva de existencia, siempre ha triunfado. No ha habido religión más perseguida, ni tampoco más victoriosa. Los grandes imperios y los crueles perseguidores han pasado, pero ella sigue en pie. Es que Cristo le prometió que duraría hasta el fin del mundo, y que los poderes del infierno nunca podrían vencerla. La Iglesia podrá ser combatida, pero jamás será vencida.

Muchos perseguidores de la Iglesia han afirmado que acabarían para siempre con ella. Sin embargo, ellos fueron los que acabaron; no la Iglesia. Lo mismo ocurrirá con todos los perseguidores del presente y del futuro.

Los emperadores romanos, Nerón, Decio y Diocleciano, martirizaron a miles de cristianos.

Ellos tres están en la tumba, y el cristianismo sigue en pie dos mil años después. También Hitler y Stalin quisieron acabar con el catolicismo. Ellos están en la tumba, y la Iglesia Católica sigue en pie.

Lo mismo pasará con los que hoy combaten a la Iglesia en España. Todos ellos irán a la tumba y la Iglesia quedará en pie, pues Cristo ha prometido que ella durará hasta el fin de los tiempos, y contra Dios no puede nadie.

Es aterrador contemplar que la mayoría de los hombres viven al margen de sus deberes religiosos.

Muchísimos lo niegan con descaro; otros muchos lo olvidan. Cuántos son los hombres que ponen a Dios en su sitio» Cuántos son los que le aman sobre todas las cosas, como manda el primer mandamiento». La mayoría de los hombres no tienen para con Dios otra cosa que frialdad, apatía e indiferencia. Incluso se llega a combatir a Dios, a declararle abiertamente la guerra. Se intenta destronarlo y arrancarlo de las inteligencias y de los corazones. Se hace burla de Él y de sus leyes.

Se le insulta y se le blasfema.

El que odia a Dios le niega con los labios y le confiesa con el corazón; porque lo que no existe no se puede odiar. Lenin decía que él odiaba a Dios como a un enemigo personal[415].

En Rusia, después de 70 años de comunismo ateo en el poder, persiste la fe religiosa de millones de seres contra quienes se ha usado toda suerte de métodos para arrancársela: muerte, prisión, Gulag, ucases, propaganda, educación y coacciones sociales y políticas en carreras, empleos y promociones. Solamente el 20% de la juventud se reconoce atea[416]. La tercera parte de los ciudadanos de la URSS practican, en cierta medida, el cristianismo.

Incluso Stalin, que ha sido uno de los más feroces perseguidores de la idea de Dios en nuestro tiempo, no pudo evitar el que se hiciera cristiano el número uno del Kremlin, Georggi Malenkov[417]. Y que su hija Svetlana se bautizara en 1962, a los 38 años de edad, y que dijera: «Cuando me hice mayor me di cuenta de que es muy triste vivir sin Dios en el corazón»[418]. Desde 1993 es religiosa en Italia.

Eduardo Shevardnadze, antiguo Ministro de Asuntos Exteriores de la URRS y ateo, como cualquier comunista, se ha convertido al cristianismo y se ha bautizado. Ha colocado en su despacho un icono de la Santísima Virgen[419].

Según el diario soviético «Sovietsa Ya Kirghizia» la persistencia de los sentimientos religiosos en la URSS comienza a ser un serio problema político. La favorable acogida de la religión por parte de los comunistas y la juventud del Komsomol suscita particular inquietud.

Ya en 1986 el Dr. Luka Brajnovic dijo: «A pesar de la propaganda ateísta generalizada, existe un renacimiento religioso, especialmente entre los jóvenes. El propio Director del Instituto del Ateísmo Científico de la Academia de Ciencias de Moscú, Víctor Ivanovich Gorodash, reconoce que últimamente ha aumentado notablemente el número de creyentes con título universitario y académico. La gente joven cada vez se interesa más por las cuestiones religiosas. Las iglesias en nuestro país están frecuentadas por muchos jóvenes y personas cultas, signo evidente de que la fe religiosa, a los 70 años de la revolución de octubre, y contrariamente a todas las previsiones, no se ha apagado»[420].

Tatiana Gorisschewa, Catedrática de Filosofía en la Universidad de Leningrado, y militante del Partido Comunista ruso, se convirtió al catolicismo al conocer que Dios es Padre Perdonador.

Recientemente, en los años 1990-1991, hemos visto derrumbarse el comunismo en todas las naciones del Este Europeo, y resurgir la religión después de 70 años de persecución religiosa sangrienta en la Unión Soviética. Durante la revolución bolchevique fueron asesinados 200.000 religiosos[421].

En la Rusia soviética se cerraron catorce mil templos.

En Moscú, sólo en un año, (1935), se imprimieron once millones de libros ateos Pero el comunismo no ha podido con la fe. Contra Dios, no puede nadie.

37,2. No hay que confundir lo que llamamos la iglesia del pueblo (que es el templo, es decir, el lugar donde se reúnen los católicos para sus actos religiosos), con la Iglesia Católica (que es el Pueblo de Dios formado por el conjunto de todos los católicos del mundo entero bajo la autoridad del Romano Pontífice).

Los católicos formamos una gran familia porque, por la fe y el bautismo, hemos sido hechos hijos de Dios y hermanos de Jesucristo.

37,3. Jesucristo fundó una sola Iglesia: «Habrá un solo rebaño y un solo Pastor»[422] Esta Iglesia es la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Todas las demás Iglesias y religiones están equivocadas. Unas, porque no reconocen al verdadero Dios -como el Budismo-; otras, porque se separaron de la Iglesia verdadera -como el Protestantismo-.

Debemos rezar por los no católicos, para que se conviertan, y ellos y nosotros nos unamos en la única y verdadera Iglesia de Cristo que es la Católica.

En el decreto del Concilio Vaticano II sobre el ecumenismo, en el que se dan normas a los católicos para que traten con comprensión y cordialidad a los hermanos separados, se dice que el deseo de unión no debe llevarnos a callar o disimular las discrepancias: «Es totalmente necesario que se exponga con claridad toda la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo que pretendiera desvirtuar la pureza de la doctrina católica, y oscurecer su genuino y verdadero sentido»[423].

Por eso vamos a ver aquí las razones por las cuales creemos que la Iglesia Católica es la que Cristo fundó, mientras que las Iglesias Protestantes no reúnen las condiciones necesarias para ello. No con ánimo de ofender a los que son protestantes, sino con el deseo de exponer a todos la verdad.

Según el Primer Concilio de Constantinopla, celebrado el año 381, la Iglesia, tal como la fundó Jesucristo, tiene cuatro notas características, es decir, cuatro señales distintivas, que son cuatro propiedades esenciales que, todas juntas, son exclusivas y manifestativas de la verdadera Iglesia de Jesucristo. Estas señales distintivas, estos atributos, son: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad.

37,4. Es decir, según la mente de Cristo, su Iglesia debe ser: UNA: Jesucristo no fundó más Iglesia, que la que fundó sobre San Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra (San Pedro) edificaré mi Iglesia»[424]. Jesucristo habla en singular, es decir, de una sola Iglesia.

En la lengua aramea, que Jesús hablaba, Pedro y piedra se dicen con la misma palabra: «Kefá».

Jesús hace un juego de palabras para expresar que Pedro es la piedra fundamental de su única Iglesia.

La autenticidad de estas palabras ha sido negada de diversas maneras por críticos protestantes. Pero recientemente el célebre teólogo protestante Oscar Cullmann, la ha confirmado de la manera más convincente[425].

Cristo cambió a Pedro su nombre de Simón por el de Pedro, piedra, roca (kefá) porque lo iba a hacer fundamento de su Iglesia. Cuando en la Biblia Dios cambia el nombre de alguien es porque esta mutación es efectiva de lo que el nombre significa[426].

Jesucristo quiere ser el único Pastor del único rebaño que es su Iglesia. Este rebaño se lo entregó a San Pedro antes de partir de este mundo. Y ya nos advirtió Él que todo reino desunido no subsistirá, se arruinará; es decir, que si la Iglesia debe permanecer hasta el final de los siglos, debe permanecer una.

SANTA: Santificar -o dar la vida de gracia- fue el primer objetivo de la venida de Cristo, y por lo tanto santificar es el primer objetivo de la Iglesia, que lo hace por medio de los sacramentos.

Dice San Pablo que «Cristo amó a su Iglesia y se sacrificó por ella para santificarla..., para hacerla santa»[427]. «Cristo nos eligió para que seamos santos»[428]. «Ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación»[429]. El mismo Jesucristo dijo que Él había venido «para que el mundo se salve»[430]. «He venido, dice el Señor, no para juzgar al mundo, sino para salvarlo»[431]. Al enviar a sus Apóstoles por el mundo les dijo: «Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándosela guardar todas las cosas que Yo os he mandado»[432]. «Predicad a todas las criaturas: el que creyere y se bautizare, se salvará; pero el que no creyere, será condenado»[433].

La Iglesia fundada para llevar los hombres a la gloria debe ser santa, porque el camino de la salvación es la santificación.

CATÓLICA significa universal: Jesucristo fundó su Iglesia para todos los hombres y para todos los tiempos: «Predicad a todas las gentes»[434], «por todo el mundo»[435], «Yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos»[436].

Esto evidentemente supone que los Apóstoles tendrían sucesores, pues ellos, en su corta vida, ni podían predicar por todo el mundo y a todas las criaturas, ni iban a vivir hasta el fin del mundo.

APOSTÓLICA: La Iglesia verdadera tiene que entroncar con los Apóstoles, en quienes Cristo fundó su Iglesia. A ellos dio su potestad: «Yo os envío a vosotros»[437], «quien a vosotros oye a Mí me oye»[438].

37,5. Evidentemente Jesucristo fundó su Iglesia para que permaneciera hasta el fin de los tiempos:

«Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos»[439].

Esto quiere decir que la Iglesia fundada por Cristo es indefectible.

Durará hasta el último día, y permanecerá tal como fue constituida por Cristo. Si ella llegara a desaparecer, o si se transformara en otra distinta, la asistencia de Cristo habría faltado, o Cristo habría sido impotente.

Pues, bien, la Iglesia Católica es la única que tiene las cuatro señales distintivas que Cristo puso en su Iglesia.

37,6. La Iglesia Católica es UNA en su doctrina, en su gobierno y en sus sacramentos.

Unidad de fe: nuestro Credo es el mismo desde hace dos mil años.

Unidad de doctrina, creída unánimemente por los mil millones de católicos, de todas las razas, culturas, lenguas y regiones del mundo entero.

Unidad de gobierno, con una Cabeza Universal: el Romano Pontífice.

Unidad de sacramentos, que son exactamente los mismos para los católicos de todo el mundo.

Unidad de doctrina de todos los Obispos unidos al Papa. Esta unidad no se rompe aunque algunos la abandonen. La unidad está en los unidos a la Cátedra de Pedro. La unidad en lo esencial no impide la variedad en lo accidental.

«Los hermanos separados, sin embargo, ya particularmente, ya sus comunidades y sus Iglesias, no gozan de aquella unidad que Cristo quiso dar a los que regeneró y convivificó en un cuerpo y en una vida nueva»[440]. «Estas Iglesias y comunidades eclesiales, por la diversidad de su origen, de su doctrina y de su vida espiritual, discrepan bastante, y no solamente de nosotros, sino también entre sí»[441].

La libre interpretación de la Biblia de los protestantes, lleva naturalmente a multitud de errores, herejías y a la desunión. La interpretación individual de la Biblia lleva a un subjetivismo arbitrario que hace prácticamente imposible la unidad de doctrina. Entre ellos reina un tremendo desbarajuste doctrinal sobre lo que hay que creer o no creer.

En cambio, el Magisterio de la Iglesia, lleva a la unión. Esta unión de doctrina se lleva a cabo mediante la autoridad infalible del Papa y de los Concilios. Todos los Concilios son doctrina de la Iglesia; pero el Concilio Vaticano II es especialmente el Concilio de la Iglesia, porque hizo de la Iglesia el objeto central de sus deliberaciones. Por lo mismo el Concilio Vaticano I fue el Concilio del Papa, Trento el de la Contrarreforma, Éfeso el de la Virgen y Calcedonia el de Cristo.

Las denominaciones protestantes son más de cuatrocientas[442], independientes unas de otras. Los Testigos de Jehová se separaron de los Adventistas, y éstos de los Bautistas, y éstos de los Anglicanos.

Las Iglesias Protestantes de hoy vienen de Lutero, Enrique VIII y Calvino. Hay muchísimas divisiones en la determinación de cuáles son los puntos fundamentales que hay que creer. No se ponen de acuerdo ni en el número de los sacramentos, ni en la eternidad del infierno, ni siquiera en la divinidad de Jesucristo.

Recientemente se ha despertado en el protestantismo un movimiento de unión, pues comprenden que Cristo estableció la unidad de su Iglesia. Este movimiento suscitado en el protestantismo hay que agradecerlo a Dios, porque puede ser el camino eficaz para llegar a la unidad que Cristo pidió al Padre para su Iglesia. El Concilio ha reconocido que es un movimiento inspirado por el Espíritu Santo Debemos orar mucho para que pronto sea una realidad el deseo de Jesús: que todos los que creemos en Él formemos «un solo rebaño con un solo pastor»[443].

37,7. La Iglesia Católica es SANTA en su doctrina, en su moral, en sus medios de santificación -los sacramentos- y en sus frutos. No quiere esto decir que todos los católicos sean santos. Esto es imposible, dada la libertad humana. La Iglesia condena la mala conducta de toda persona.

Precisamente los malos, lo son por no cumplir lo que manda la Santa Iglesia Católica. No se puede atribuir a la Iglesia los pecados de los malos católicos. No es la fruta podrida caída de un árbol sino la madura que cuelga de sus ramas lo que manifiesta la bondad de ese árbol.

En la historia de la Iglesia se entrecruzan luces y sombras. La Iglesia ha reconocido siempre que ella, a pesar de ser una comunidad santa, acoge en su seno a hombres pecadores. Todos los miembros de la Iglesia están sometidos a la tentación, a la infidelidad y al pecado.

La finalidad de la Iglesia es hacer santos, por eso los que han vivido la plenitud del catolicismo han sido unos santos, unos héroes, unos bienhechores de la humanidad. Basta citar nombres como San Vicente de Paúl, San Raimundo de Peñafort, San Pedro Nolasco, San Pedro Claver, San Juan de Dios, San Juan Bosco..., y tantos otros miles de santos que la Iglesia venera en los altares.

La Iglesia Católica es la institución del mundo que, a lo largo de la historia, ha hecho más obras de caridad (asilos de ancianos y huérfanos, atención a enfermos y leprosos,etc.), y ha tenido más personas que han consagrado su vida totalmente a Dios (sacerdotes y religiosas), y ha ofrecido más sangre por amor a Cristo (centenares de miles de mártires).

No negamos que pueda haber protestantes virtuosos de buena fe, porque los hay; pero el principio protestante de que las buenas obras no son necesarias para salvarse, lleva, naturalmente, al indiferentismo y frialdad religiosa.

37,8. La Iglesia Católica es UNIVERSAL, no tiene fronteras, está abierta a todos los hombres. Su mensaje de salvación se dirige a todas las gentes. La Iglesia Católica se ha extendido por todas las regiones de la Tierra. El catolicismo es practicado por gente de todas las razas y de todas las nacionalidades. En el Concilio Vaticano II se reunieron más de dos mil quinientos Obispos de cien nacionalidades distintas.

Para pertenecer a la Iglesia Católica no es necesario ser de un determinado pueblo, civilización, raza o clase social. En la Iglesia Católica no hay razas, ni color, ni naciones, ni partidos, ni clases sociales. La Religión Católica es la más universal. Está a la cabeza de todas las religiones del mundo.

Según la última estadística de la Iglesia Católica (I.C.I.A., Roma), ésta es la pertenencia a las religiones más numerosas:

Católicos: 1.808 millones

Musulmanes: 920 "

Hindúes: 705 "

Protestantes: 669 "

Budistas: 323 "

Confucianos: 321 "

Ortodoxos: 160 "

Judíos: 18 "

De los 5.251 millones de habitantes de la Tierra, el 18% son católicos. En Europa asciende al 40%, y en América del Sur al 89%.

La Iglesia Católica no está todavía suficientemente implantada en todos los pueblos de la Tierra. La voluntad de Cristo es, sin embargo, que se establezca en ellos para que todos los hombres y mujeres de todos los pueblos tengan acceso a la salvación. Por eso la Iglesia tendrá que ser siempre misionera, y todos los cristianos están obligados a colaborar en esta acción misionera evangelizadora de la Iglesia.

Las Iglesias protestantes son de escasas proporciones comparadas con la Iglesia Católica. Una Iglesia pequeña no puede ser la verdadera Iglesia de Cristo.

37,9. La Iglesia Católica es APOSTOLICA, tiene sus raíces en los Apóstoles; el Papa -nuestro Jefe- entronca en perfecta y jamás interrumpida concatenación con San Pedro -Jefe de los Apóstoles-. Los Papas han sido legítimamente elegidos por la Iglesia con la garantía de su fidelidad a la fe recibida de los Apóstoles. El Papa es el legítimo sucesor de San Pedro. El Cardenal John Newman (Y 1890), que era protestante, se convirtió al catolicismo al estudiar a fondo este punto.

En cambio, el protestantismo nació con Lutero 1500 años después de Cristo. Martín Lutero nació en Eisleben, pequeña ciudad de Turingia, el 10 de noviembre de 1483. Murió el 18 de febrero de 1546 en su ciudad natal.

Herejías ha habido siempre. Pero han sido independientes unas de otras. Aunque algunas hayan coincidido en algunos de sus errores, no por eso han dejado de ser independientes entre sí. Basta estudiar su historia para ver que no han tenido unidad en su doctrina, ni continuidad en su gobierno, ni han formado una sola comunidad en el tiempo. En lo único en que coinciden todas es en haberse separado de la verdadera doctrina de Cristo, y de la autoridad del legítimo sucesor de San Pedro.

En la historia de la Iglesia Católica hay célebres predicadores de los siglos I y II, como Clemente Romano (año 96), Ignacio de Antioquía (año 107), Policarpo de Esmirna ( año 110), Ireneo de Lyon (año 185), etc.. Ninguna Iglesia protestante puede presentar documentación de su presencia en aquellos primeros siglos del cristianismo. Voy a poner aquí el nombre, el lugar de origen, el fundador y la fecha de las principales Iglesias Protestantes:

NOMBRE ORIGEN FUNDADOR AÑO

Luteranos Alemania Martín Lutero 1517

Anglicanos Inglaterra Enrique VIII 1534

Presbiterianos Escocia Juan Knox 1560

Bautistas Inglaterra Juan Smith 1611

Episcopalianos EE.UU. S. Seabury 1700

Metodistas Oxford J. Wesley 1729

Mormones EE.UU. José Smith 1829

Adventistas EE.UU. William Miller 1831

Teosofismo EE.UU. Slavatski-Steel 1875

Testigos de Jehová EE.UU. Carlos Russell 1890

El Cisma de Oriente se consumó en 1054 por obra de Focio que murió el año 897, y de Cerulario que murió en 1058. Quisieron establecer en Constantinopla el Primado de la Iglesia al trasladar allí su corte Constantino.

37,10. Si la Iglesia Católico-Romana es la única que tiene estas señales distintivas de unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad, ella será la única realmente fundada por Cristo. Ahora bien, Cristo fundó su Iglesia sobre Pedro, como piedra fundamental. Si Pedro es el fundamento, él debe vivir en sus sucesores. El fundamento no puede desaparecer sin que se derrumbe el edificio que soportaba. El tiempo que dure la Iglesia será igual al tiempo que ella permanezca sobre su fundamento. Por eso dijo San Ambrosio: Donde esté Pedro, ahí está la Iglesia de Cristo. Lo que Cristo instituyó en el Apóstol Pedro, es menester que dure perpetuamente en la Iglesia.

Ese fundamento es la autoridad. Una sociedad sin autoridad se desintegra. La autoridad es un elemento esencial en toda sociedad; la cual, sin ella, se desmorona y acaba por desaparecer en la anarquía.

Todo grupo, para subsistir, necesita organizarse. Y toda organización necesita una autoridad al servicio del bien común. La autoridad da unidad, cohesión y eficacia a todo grupo humano Toda sociedad se compone de un conjunto de seres racionales y libres que de una manera estable, y bajo la dirección de una autoridad, se propone la realización de un fin. En toda sociedad es necesaria la autoridad que la dirija para poder conseguir el fin para el cual fue constituida. Puesto que Dios ha creado a los hombres sociables por naturaleza, y como ninguna sociedad puede subsistir sin autoridad que la dirija al bien común, esta autoridad emana de la naturaleza, y por la tanto viene de Dios.

A Pedro, Jesús le hace fundamento dándole una autoridad suprema, universal y plena: «Lo que ates en la Tierra quedará atado en el cielo»[444]. El poder de atar y desatar es una metáfora que significa poder de mandar, permitir o prohibir. Es el poder de legislar.

Dijo también Jesucristo: «Yo te daré las llaves del Reino de los cielos»[445] La entrega de llaves es signo de transmisión de poder y autoridad.

Por eso en el cuadro de la rendición de Breda de Velázquez, el Príncipe holandés Justino de Nassau, entrega las llaves de la ciudad al general español Marqués de Spínola. Igualmente en el cuadro de la Rendición de Granada de Pradilla, el rey moro Boabdil está también entregando las llaves de Granada a los Reyes Católicos. El símbolo de la rendición es la entrega de las llaves: es transmisión de autoridad.

Cristo ha hecho a la Iglesia jerárquica, no democrática.

Mientras en la sociedad civil todo es opinable y discutible, en la Iglesia, en las verdades fundamentales, no es posible la libre opinión, puesto que hay que sujetarse a la doctrina revelada.

Hoy algunos quieren acomodar la doctrina católica a los signos de los tiempos. Pero los signos de los tiempos no son Fuente de Revelación, sino consecuencia de las opiniones de los hombres; por eso debe ser al contrario: hay que examinar los signos de los tiempos a la luz de la Revelación para ver si son aceptables o no. No se puede sustituir el mensaje divino por palabras humanas, por muy sabias que éstas sean.

Pretenderlo ha dado origen a muchas herejías.

La Iglesia de Cristo ha de durar hasta el fin de los siglos tal como Él la instituyó, por lo tanto también el Pontificado -que es su fundamento- durará hasta entonces. Luego allí se encuentra la verdadera Iglesia de Cristo, donde se encuentre este Sumo Pontificado. Este Pontificado sólo se encuentra en los Papas de la Iglesia Católica. Durante casi dos mil años, hasta el Papa actual, tenemos los católicos una serie de más de doscientos sesenta Papas legítimos sucesores de San Pedro. Juan Pablo II hace el 265. La lista de los 265 Papas y sus respectivos años de pontificado los tienes en el apéndice segundo del libro «La doctrina de Jesucristo» publicado en Estados Unidos, y cuya traducción española acaba de salir[446]. En algún momento conflictivo hubo antipapas, pero enseguida se recuperó la línea legítima. Qué sociedad hay en el mundo que tenga esta antigüedad, esta tradición, esta unidad» El Primado de Pedro es dogma de fe. Está definido en el Concilio Vaticano I. Cristo instituyó en Pedro un principio perpetuo de unidad y fundamento visible de la Iglesia. Los protestantes no tienen papado luego no están en la Iglesia fundada por Jesucristo.Están engañados:

unos sabiéndolo y otros sin saberlo; pero equivocados. Cristo está donde está Pedro; y hoy Pedro está en el Papa de Roma. Enseñar otra cosa es error o mala voluntad.

El Sínodo General de la Iglesia Anglicana, reunido en Londres del 13 al 15 de febrero de 1985, ha aprobado por mayoría absoluta 238 votos a favor, 38 en contra y 25 abstenciones) el informe final sobre la unidad con los católicos en el que se reconoce al Papa como cabeza suprema de las dos Iglesias[447]. Y Robert Runcie, Arzobispo anglicano de Canterbury, con ocasión de su visita al Papa Juan Pablo II, en septiembre de 1989, dijo: Empezamos a reconocer en el Papa al Primado de Pedro. En la Alta Iglesia Anglicana se cree que la Santísima Virgen es Madre de Dios, tienen imágenes de Ella en sus iglesias, y se le canta la misma Salve que los católicos.

Precisamente la razón por la cual la Basílica Vaticana en Roma se construyó ahí, fue porque debajo está la tumba de San Pedro. Son interesantísimos los estudios realizados para la identificación científica de la tumba y de los restos de San Pedro[448]. Los arqueólogos han encontrado la tumba y los huesos de San Pedro. Sobre este tema yo he hecho un vídeo. Para hacerlo he estado un mes en Roma hablando con los arqueólogos y recogiendo documentación: ahí está la piedra fundamental sobre la que Cristo fundó su única Iglesia. El que está encima es su legítimo sucesor. El que quiera estar en la Iglesia que Cristo fundó en Pedro, tiene que estar en la Iglesia Católica, dirigida por Juan Pablo II, el 265 legítimo sucesor de San Pedro.

Voy a poner aquí la lista de los 21 Concilios Ecuménicos celebrados por la Iglesia Católica a travéz de los siglos:

1º.- El Concilo de Nicea I se celebró el año 325

2º.- " Constantinopla I " 381

3º.- " Éfeso " 381

4º.- " Calcedonia " 381

5º.- " Constantinopla II " 381

6º.- " Constantinopla III " 381

7º.- " Nicea II " 381

8º.- " Constantinopla IV " 381

9º.- " Letrán I " 381

10º.- " Letrán II " 381

11º.- " Letrán III " 381

12º.- " Letrán IV " 381

13º.- " Lyón I " 381

14º.- " Lyón II " 381

15º.- " Vienne (Francia) " 381

16º.- " Constanza " 381

17º.- " Ferrara-Florencia " 381

18º.- " Letrán V " 381

19º.- " Trento " 381

20º.- " Vaticano I " 381

21º.- " Vaticano II " 381

37,11. Hoy vivimos tiempos de ecumenismo en los que todos ansiamos la unión de todos los cristianos en una sola Iglesia. Pero la unión con los protestantes, decía Juan XXIII, no puede venir del sacrificio de parte de la verdad, sino de un profundizar más en el conocimiento de la verdad. No podemos sacrificar un dogma de nuestro patrimonio doctrinal para buscar una unión engañosa.

La declaración sobre la libertad religiosa del Concilio Vaticano II advierte que no es lo mismo practicar una religión que otra. No todas son igualmente buenas, pues son contradictorias entre sí.

«Todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo, en lo que se refiere a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, abrazarla y practicarla»[449]. Dice el Concilio Vaticano I: «Nadie tiene causa justa para dejar la Iglesia Católica»[450].

«Aunque fuera de la Iglesia Católica pueda encontrarse parte de virtud y parte de verdad»[451], la «única y verdadera religión está en la Iglesia Católica»[452]. Aunque añade que todos los que han recibido el Bautismo y tienen fe en Cristo, de alguna manera también pertenecen a la Iglesia de Cristo en un sentido amplio. Pero en sentido estricto «la Iglesia de Cristo subsiste hoy en la Iglesia Católica»[453].

Ésta es la razón por la cual la Sagrada Congregación del Clero en su Directorio dice: «Propóngase los argumentos en favor de la doctrina católica con caridad a la vez que con la debida firmeza»[454].

Dice el Concilio que la libertad religiosa consiste en inmunidad de coacción[455] es decir, que a nadie se le puede imponer por la fuerza la práctica de una religión, ni tampoco impedírsela. El hombre tiene derecho a practicar lo que él cree que es verdad. Pero el ejercicio público de la religión, debe subordinarse al «justo orden público»[456], que consiste en la recta ordenación del bien común, en «la salvaguarda efectiva de los derechos de todos los ciudadanos..., el interés proporcionado por la auténtica paz pública..., y una adecuada tutela de la moralidad pública»[457]. «En la divulgación de la fe religiosa y en la introducción de costumbres hay que abstenerse siempre de cualquier clase de actos que puedan tener sabor a coacción o a persuasión inhonesta o menos recta, sobre todo cuando se trata de personas rudas o necesitadas. Tal comportamiento debe considerase como abuso del derecho propio y lesión del derecho ajeno»[458].

El Episcopado Español, mientras «pide a sus colaboradores apostólicos, que jamás incidan en este defecto, les ruega que con la mayor caridad posible procuren que los fieles de fe sencilla no sean jamás víctimas de dicho procedimiento, si alguna vez hubiere lugar a ello»[459].

Recientemente España se ha visto invadida por multitud de sectas muy proselitistas que con señuelos más o menos atractivos para los jóvenes han desorientado a un número muy considerable. Ver 75, 6.

El Episcopado de Francia ha hecho esta advertencia a los católicos:

Todos los católicos deben oponer un dique a esta marea invasora. Por eso el comprar, leer o conservar sus publicaciones constituye una grave imprudencia. Frecuentar sus reuniones y participar en su culto es todavía más peligroso. Y el adherirse pública y plenamente a ellos constituye un pecado grave contra la fe.

Puede ser interesante mi vídeo «Las sectas desenmascaradas».

37,12. La plenitud de los medios salvíficos se encuentra en la Iglesia Católica, pero algunos actos de los hermanos separados, pueden también producir la gracia. En los hermanos separados se puede encontrar también virtud y parte de verdad[460]. Los católicos deben reconocer con gozo «los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados»[461].

El cristiano, lejos de juzgar o de condenar a los que están fuera de la Iglesia, deberá ofrecerles su ayuda y su amor. Si él es feliz por encontrar la salvación dentro de la Iglesia, también está seguro que la bondad de Dios salva, por Cristo, a todas las almas generosas y de buena fe que, sin pertenecer visiblemente a la Iglesia, siguen lealmente los dictados de su conciencia. Aquellos que con seriedad intentan en su corazón hacer todo lo que Dios exige de ellos no están excluidos de la esperanza de la vida eterna.

Dice el Concilio Vaticano II: «El propósito divino de salvación abarca a todos los hombres: y aquellos que, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, sin embargo, a Dios con corazón sincero, y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, por cumplir con obras su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, ellos también en un número que sólo Dios conoce, pueden conseguir la salvación eterna. La Divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que, sin culpa por su parte, no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta»[462]. Es decir, que los no creyentes de buena fe, que siempre cumplieron con su conciencia, pueden salvarse.

Dice Martins Veiga: «Constituye una gran alegría pensar que hay mucha gente de buena voluntad que se salva sin pertenecer a la Iglesia. Sin embargo, no deja de ser un hecho doloroso el que haya tantos hombres que no conozcan ni vivan el misterio de la Iglesia en su integridad, porque sin ella nunca podrán alcanzar su plena y total realización en Dios»[463].

La conocida frase fuera de la Iglesia no hay salvación se remonta a Orígenes y ha sido muy repetida. Incluso se ve incorporada en el Concilio IV de Letrán. Pero hay que entenderla en su contexto. Va dirigida a los que conociéndola la rechazan[464]. No a los que inculpablemente no la conocen.

«Pero quienes sabiendo que la Iglesia Católica fue instituida por Jesucristo como necesaria, desdeñaran entrar o no quisieran permanecer en ella, no podrían salvarse»[465].

Con todo, para la salvación eterna, no basta estar en la Iglesia, hay que estar en gracia. «La Iglesia es medio de salvación, no causa»[466].

37,13. Los milagros de hoy día son una prueba a favor de la Iglesia Católica.

El Concilio Vaticano I[467] afirma tres cosas de los milagros:

a) que son posibles, b) que pueden ser conocidos con certeza, c) que con ellos se prueba legítimamente el origen divino de la Religión Cristiana.

Desde 1882 funciona en Lourdes una Oficina de Comprobaciones Médicas.

Hasta 1955 habían desfilado por esta Oficina 32.663 médicos. Esta Oficina acepta la inscripción de todo médico que lo solicite, cualesquiera que sean sus creencias religiosas, nacionalidad, etc. De hecho los ha habido católicos, protestantes, judíos, hindúes, y hasta ateos racionalistas. En miles de casos han declarado que la curación fue inexplicable desde el punto de vista médico. El enfermo fue examinado por los médicos antes y después de la curación. La existencia de la enfermedad tiene que constar antes de la curación con pruebas clínicas: radiografías, biopsias, encefalogramas, análisis bacteriales, etc., según lo demande la naturaleza de la enfermedad.

Quedan excluidas de antemano todas las enfermedades que sean puramente nerviosas. Tiene que tratarse de enfermedades orgánicas, no puramente funcionales. La curación debe ser científicamente inexplicable, por no haberse aplicado tratamiento adecuado, instantánea y duradera. Se somete al enfermo a observación durante un año.

Sólo entonces la Oficina de Comprobación afirma que la curación es inexplicable, científicamente hablando.

Hasta 1954 habían pasado por Lourdes más de un millón de enfermos. En los archivos de la Oficina Médica de Lourdes hay 3.184 expedientes de curaciones inexplicables por la Medicina. De éstos la comisión eclesiástica en 19 años de trabajo sólo ha aceptado cincuenta y cuatro casos como auténticos milagros.

No es que los demás no sean milagros. Es que la Iglesia es rigurosísima antes de declarar un hecho como milagroso, y un hecho milagroso auténtico puede no ser reconocido como tal por la Iglesia por falta de algún requisito. Dios no hace milagros para que sean comprobados científicamente, sino como respuesta a la oración de las personas que se lo piden con fe, aunque falten requisitos para una comprobación científica. El rigor de la Iglesia en aceptar hechos milagrosos nos debe dar confianza en los casos que la Iglesia acepta como milagros.

Es famoso el caso de la enferma Marie Bayllie Ferrant, que fue examinada por Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina. Él mismo cuenta el caso en su libro Viaje a Lourdes. Acompañaba por curiosidad una peregrinación de enfermos a Lourdes. Era escéptico. Entre los enfermos escogió a Marie Bayllie por parecerle que era el caso más desesperado. Llegó a decir: Si esta enferma se cura, sería un milagro verdadero. Entonces yo creería. La enferma tenía peritonitis tuberculosa en último grado. Él mismo la había desahuciado como un caso perdido. Sin embargo en Lourdes, ante los ojos atónitos de Alexis Carrel, aquel abdomen voluminoso descendió instantáneamente a su volumen normal. Él examinó a la enferma y la encontró curada. Cumplió su palabra. Se convirtió al catolicismo, y murió católico[468]

El doctor Leuret, Jefe de la Oficina Médica de Lourdes ha publicado un libro, traducido al español por la Editorial FAX titulado Curaciones milagrosas modernas, donde se narran varios casos con los nombres de los enfermos, reproducciones de las radiografías, etc., y las firmas de los médicos que certifican las curaciones inexplicables desde el punto de vista científico.

Voy a dar cuenta aquí de dos hechos milagrosos de los cuales tengo en mi poder acta notarial.

Miguel Juan Pellicer, de 23 años, labriego de profesión, regresando del campo, se cae del carro, una rueda le pasa sobre una pierna y se la tienen que cortar. Le ponen una pata de palo, y así está dos años y medio pidiendo limosna en la puerta de la Basílica del Pilar de Zaragoza. Todo Zaragoza le conoce como el Cojo de Calanda. Calanda era su pueblo. Él le pedía a la Virgen del Pilar que no quería ser mendigo toda su vida, y una mañana amanece con las dos piernas. Todo Zaragoza que le había visto durante dos años y medio con la pierna cortada y la pata de palo, lo ve ahora con las dos piernas. De esto hay acta notarial, firmada por veinticinco testigos. El original está en el despacho del Alcalde de Zaragoza. Cuando yo estuve en Zaragoza dando conferencias en la Parroquia de Santa Engracia, un día me fui al Ayuntamiento a ver este acta notarial, y el secretario del Alcalde, amablemente, me regaló una edición facsímil que tengo en mi poder.

Otro caso es de Manuela Cortés Colmillo, a quien yo conocí personalmente. Vivía en un cortijo cerca de El Puerto de Santa María, en Cádiz. No tenían luz eléctrica. Se alumbraban con candiles de carburo. Un día le reventó en las manos un candil y le quemó los ojos.

Estuvo seis meses con los ojos como los de una pescadilla frita en frase de la familia. La trataba el Dr. D. José Pérez-Llorca. A los seis meses, ante una pregunta de la hija que acompañaba a la enferma, el doctor certifica que la ceguera era irreversible. Al volver a casa, ella desconsolada, le pide a la Virgen de Fátima: Madre mía Santísima, tú que eres tan milagrosa, por mis nueve hijos, que yo vea. En ese instante recuperó la vista. En un taxi se fueron a ver al médico.

Éste, que a las doce del mediodía había diagnosticado ceguera irreversible, y a las tres de la tarde se le presenta la mujer con los ojos como nosotros, repetía: Esto no tiene explicación.

De este hecho tengo un acta notarial donde firman treinta y dos testigos: hijos, nueras, yernos, vecinos y, sobre todo, el médico que la trató, D. José Pérez-Llorca, Miembro de la Real Academia de Medicina, Presidente de la Sociedad Oftalmológica Española, General Inspector del Cuerpo de Sanidad de la Armada. Este doctor, treinta años catedrático de oftalmología y uno de los más prestigiosos de España en Oftalmología Clínica, firmó ante notario: Me quedé sorprendido de aquella repentina e inexplicable curación de aquella ceguera que yo acababa de diagnosticar irreversible.

También tengo copia del Acta notarial de D. Leonardo Herrero Miranda Notario de Picasent (Valencia) en que se narra la curación de la Hermana Remedios Pagant Coloma, a quien conocí personalmente. Al final, la firma del Notario va acompañada de la firma de veinte testigos.

En el texto de este Acta se dice que a los 30 años tuvo un tumor en el hígado con ictericia negra del cual sólo se salvan el 1% de los que la padecen. Sufrió cinco operaciones. La última fue para abrir y cerrar, pues el hígado estaba deshecho. No querían llevarla a Lourdes porque temían se muriera en el camino. El Arzobispo de Valencia D. Marcelino Olaechea dijo: Estos son los enfermos que hay que llevar a Lourdes.

Por fin se decidieron a llevarla. En el camino entró en coma, asegurando que desde Sagunto a Lourdes no se enteró absolutamente de nada. En el viaje iba con gotero y dos enfermeras continuamente a su lado para hacerse cargo del cadáver, porque esperaban la muerte de un momento a otro. Llevaban todos los papeles arreglados para poder trasladar el cadáver.

Al llegar a Lourdes le quitaron el gotero para poder meterla en la piscina. Nada más tocar con los pies el agua, vio como una luz y sintió como si le quitaran diez arrobas de peso de encima, y como pasar de un morir a un resucitar. Son palabras textuales de ella.

Inmediatamente se le quitaron los dolores que tenía desde hacía seis años. Dolores tan fuertes que a veces perdía el conocimiento y tenían que administrarle morfina y Pantopón. Llegando a tener a veces hasta 42 grados de fiebre.

La metieron en la piscina entre dos personas y salió sola por sus propias fuerzas. Se le quitó de repente la fiebre que en aquellos momentos era de 40 grados. Al salir tenía 36'5 de temperatura.

Inmediatamente pidió comer pollo, que hacía años que no lo probaba. Desde aquel momento se encontró perfectamente hasta hoy, que a los 23 años de la curación, se encuentra ágil y sana. Trabaja de cocinera en un colegio. Del hígado jamás volvió a tener nada. Le han hecho 25 placas y no hay señal alguna de tumor.

La trataron durante seis años los catedráticos del Aparato Digestivo de Valencia, Dres. D. Francisco Gómez y D. Fernando Carbonell.

El historial de este caso está en la Oficina Médica de Lourdes.

Los milagros confirman nuestra fe en Cristo, en la Virgen y en la Iglesia Católica.

37,14. Una confirmación de la que la Iglesia Católica es la cantidad enorme de convertidos que han pasado al catolicismo desde el protestantismo y desde el ateísmo, después de un detenido estudio de la religión católica.

Por dar algunos nombres citaremos al célebre historiador Ludovic Pastor, a Scott, pastor protestante, que se convirtió al catolicismo como fruto de sus estudios bíblicos, y a Enrrique Shilier, gran exégeta luterano alemán, discípulo de Martín Heidegger, Karl Barth, y Rudolf Bultmann, que es actualmente catedrático de Nuevo Testamento en la Universidad de Bonn (Alemania) y es un conocedor de San Pablo de los mejores del mundo. Su comentario a la Carta de los Efesios es el mejor que existe. Se convirtió al catolisismo estudiando la fe de la Iglesia Católica, y comprobar que es idéntica a la de los Padres de la Iglesia[469]. Fue recibido en la Iglesia Católica el 24 de Octubre de 1953. Lo que le condujo a la Iglesia Católica el 24 de Octubre de 1953. Lo que le condujo a la Iglesia Católica fue «la imparcialidad de una investigación histórica»

Es notable el número de conversiones al catolicismo de anglicanos[470]. Desde el Cardenal Newman y los célebres escritores Chesterton y Graham Greene hasta la duquesa de Kent, prima de la reina de Inglaterra, bautizada el 14 de enero de 1994 por el Cardenal Hume[471]. También se han convertido recientemente al catolicismo dos ministros del gobierno británico: John Gumer y Ann Widdecombe[472] y el obispo anglicano de Londres, el Dr. Graham Leonard[473]. Un párroco anglicanode la localidad inglesa de Bath, Michael Fontaine, de 34 años de edad, se pasó al catolisismocon todos sus feligreses[474]. Lo mismo hizo Leslie Hamlet, Vicario Anglicano de St. Jonhn's Church de Stokeon-Trent (Inglaterra), que se convirtió al catolicismo con todos sus feligreses. A principios de 1991 se han cnvertido al catolicismo cuatro pastores protestantes[475]. En octubre de 1996 el Cadenal Hume ordenó sacerdotes católicos a diez pastores anglicanos. Tras la decisión de la Iglesia anglicana de ordenar sacerdotes a mujeres, más de un centenar de pastores anglicanos se han convertido al catolicismo y muchos de ellos han recibido la rdenación sacerdotal en el seno de la Iglesia católica. Entre ellos, se encuentra Graham Leonard, quien fue obispo de Londres de la Iglesia de Inglaterra y tecero en la jerarquía de la Iglesia anglicana.

También es notable la conversión de Herald Riesenfeld, profesor de Nuevo Testamento de la Universidad de Úpsala[476], Eric Peterson, uno de los mejores conocedores de la Antiguedad Cristiana, y Luis Bouyer, Profesor del Instituto Católico de París y autor de varias obras exegéticas.

Incluso judíos muy célebres como el gran rabino de Roma Eugenio Zoilli[477] y la filosofía alemana Edith Stein (1891-1942) que se convirtió al catolicismo a los 30 años de edad, se hizo carmelita a los 40 y murióen la cámara de gas del campo de Auschwitz en la Segunda Guerra Mundial[478]. Ha sido beatificado por Juan Pablo II, y es la primera santa de origen judío que la Iglesia Católica sube a los altares. Nació en Breslau y estudió filosofía con Eduardo Husserl, del que fue discípula predilecta. La lectura de Santa Tereza la llevó primero al catolicismo y después a las Carmelitas Descalzas.

En Medina Sidona (Cádiz) está enterrada Simi Cohen, hija de padres judíos, residentes en Gibraltar, que huyó de su hogar paterno, a los dieciséis años, para hacerse católica. Llegó a Medina Sidonia donde se consagró a Dios tomando los hábitos de las Agustinas Recoletas. Allí llevó una vida santa muriendo en 1887 a los 85 años. Va camino de los altares. Se ha introducido Su causa de beatificación[479].

Recientemente se ha convertido al catolicismo la estrella del cine, de origen judío, Nadiuska[480].

Fue muy notable la conversión la conversión del también judío André Frossard, comunista e hijo de comunista, que entró ateo en una Iglesia y salio católico. Así lo cuenta él en su libro: Dios existe, yo me lo encontré.

Recientemente se ha convertido al catolicismoel célebre Dr. Bernard Nathanson, que ea judío y ateo. Después de ser un gran abortista, se hizo antiabortista y se convirtió al catolicismo recibiendo el bautismo el 9 de Diciembre de 1996 de manos del Cardenal O'Connor de Nueva York. Escribió su conversión en el libro La mano de Dios.

38.- JESUCRISTO FUNDÓ LA IGLESIA CATÓLICA PARA COMUNICARNOS PRO ELLA LAS AYUDAS NECESARIAS PARA SER MEJOERS Y SALVAROS ETERNAMENTE. PARA ELLO LA HIZO DEPOSITARIA DE SU DOCTRINA Y DE TODOS LOS MEDIOS DE SALVACIÓN

38,1. Dice la Carta a los Hebreos: Dios ha hablado a los hombres.

Dios quiso que lo que había revelado para la salvación de todos los pueblos se conservara para siempre íntegro, y fuera trasmitido a todos los tiempos.

La misión de la Iglesia es señalar el camino de la salvación eterna de los hombres por medio de la doctrina de Cristo y los sacramentos por Él instituidos.

Jesucristo estuvo en la Tierra pocos años. Para que su obra redentora pudiese continuar a través del tiempo, dejó una institución que cuidara de su doctrina, y ayudara a los hombres a conseguir la salvación eterna. Como San Pedro y los Apóstoles iban a vivir un número limitado de años, para que la Iglesia durara hasta el final de los tiempos como Cristo prometió ellos necesitaban tener sucesores.

38,2. El hombre no puede conocer bien a Dios si Dios no se manifiesta al hombre. A esta manifestación se le llama Revelación.

La doctrina revelada por Dios se encuentra en la Sagrada Escritura y en la Tradición. Las dos están íntimamente unidas y tienden a un mismo fin; por eso los pasajes oscuros de la Sagrada Escritura se iluminan con la Tradición. Esto lo expresa el Concilio Vaticano II con estas palabras: «La Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza acerca de todo lo revelado; por eso la Sagrada Escritura y la Tradición se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción. La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia»[481].

La Sagrada Biblia nos transmite la palabra de Dios escrita.

La Tradición nos transmite las enseñanzas orales, transmitidas de viva voz de una generación a la siguiente. Los Apóstoles enseñaron principalmente de palabra, como ellos habían sido enseñados por Nuestro Señor. Cristo no escribió nada. Se limitó a predicar. Y a los Apóstoles no les dijo escribid, sino predicad. Jesús les enseñó muchas cosas que no están en la Sagrada Escritura, pero han llegado hasta nosotros transmitidas de viva voz de generación en generación por la Tradición oral de la Iglesia: San Pablo, escribiendo a los de Tesalónica les dice: «Hermanos, sed constantes y guardad firmemente las enseñanzas que habéis recibido de nosotros, ya de palabra, ya por escrito»[482].

. «Cuando recibisteis la palabra de Dios, que nosotros predicamos, la aceptasteis no como palabra de hombre, sino cual realmente es palabra de Dios, que obra en vosotros los creyentes»[483]. Y a los corintios: «Os alabo hermanos, porque observáis mis preceptos y las tradiciones que os he confiado»[484].

A Timoteo le dice: «Conserva viva la doctrina que has oído de mí»[485].

La Sagrada Escritura está contenida en la Biblia. La Biblia consta de setenta y tres libros divididos entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento consta de cuarenta y seis libros y el Nuevo Testamento de veintisiete. Lo que divide estas dos colecciones de libros es la Persona de Jesucristo. Lo que se escribió antes de Él, es el Antiguo Testamento. Lo que se escribió después de Él, es el Nuevo Testamento.

Para facilitar la búsqueda de los pasajes, el texto se ha dividido en capítulos, y dentro de éstos se han numerado los párrafos (versículos). Estas divisiones son posteriores a los evangelistas. La división en capítulos se debe a Esteban Langton, en el siglo XIII, y la división en versículos a Roberto Estienne, en el siglo XVI.

Jesucristo ha encargado a la Iglesia la interpretación y vigilancia sobre la Sagrada Escritura y Tradición, para evitar el error[486]. Por eso no se pueden leer todas las traducciones de la Biblia, sino sólo aquellas que tienen aprobación eclesiástica, y por lo tanto nos consta que no contienen errores.

Hay pasajes de la Biblia que son difíciles de entender, como advirtió San Pedro[487].

«El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo.

Este Magisterio, evidentemente, no está sobre la Palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado. Por mandato divino y con asistencia del Espíritu Santo, la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad; y de este único depósito de la fe saca lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer»[488].

La libre interpretación de la Biblia de los protestantes da lugar a multitud de interpretaciones equivocadas y opuestas entre sí, pues no todo el mundo está preparado para conocer los géneros literarios de los distintos pasajes bíblicos, ni para entender la lengua en que se escribió el texto bíblico original. Por eso hace falta un magisterio entendido que oriente con autoridad en la interpretación bíblica.

Dijo Cristo que, «la verdad nos hará libres»[489]. Quien está en la verdad objetiva pisa firme, se siente seguro. Quien piensa que la verdad es relativa, que cada cual tiene su verdad, está en un error.

La verdad tiene un valor absoluto. Quien no se ajusta a la verdad objetiva está en un error. La verdad objetiva no depende de nuestro parecer ni de nuestros deseos. Por deseo de ser conciliador y tolerante, no puedo decir que la verdad es el término medio de dos opiniones distintas. Si uno dice que la capital de España es Madrid y otro que es Barcelona, yo no puedo decir que es Zaragoza porque está equidistante entre Madrid y Barcelona.

Cuando se trata de valores subjetivos cada uno puede tener su verdad.

Pero cuando se trata de valores objetivos, la verdad objetiva es la misma para todos. Por ejemplo: uno puede dormir mejor con la ventana de la habitación abierta y otro con ella cerrada. La temperatura ideal para dormir puede variar según las personas. Pero las temperaturas de la evaporación del agua y su solidificación son siempre 100 y 0 centígrados respectivamente.

Frente a la verdad objetiva no somos libres. Tenemos obligación de someternos a la verdad objetiva. Todos los médicos tienen obligación de decir que el órgano de la visión es el ojo, ninguno puede decir que vemos por la nariz. Todos los químicos del mundo tienen la obligación de decir que el agua es H2O, ninguno puede decir que es ClNa. Todos los matemáticos del mundo tienen obligación de decir que Pí es la relación de la circunferencia a su diámetro, una constante, que en el sistema decimal es 3'141592... y no 8'2432... Si a un niño le dan un mapa con todas las ciudades de Europa para que señale las capitales de cada nación, y él elige las ciudades que más le gustan por su nombre, esto no cambia la verdad. Las capitales seguirán siendo las que son independientemente del parecer del niño.

La verdad no me permite opinar libremente lo que yo prefiera. La verdad orienta la libertad, no la quita. Como las vías del tren que orientan la ruta del tren, pero no le impiden avanzar, sino que le ayudan. Un tren fuera de la vía, se despeña.

Subordinar la verdad a mi libertad es ridículo. La mentira no interesa a nadie con sentido común: queremos café de verdad, no agua sucia; medicinas de verdad, no pócimas ineficaces; amistad de verdad, no traidores. Todo esto es indiscutible para una persona normal. Lo mismo pasa con la verdad religiosa. El bien de la libertad religiosa no es el tener libertad para elegir el error, sino elegir libremente la verdad sin sentirse coaccionado.

La verdad objetiva es dogmática, invariable. El error es libre. Para encontrar la verdad hay un sólo camino. Para equivocarse hay muchísimos. En la estación del ferrocarril un sólo tren me lleva a mi destino.Todos los demás me pierden.

Hoy algunos cambian la verdad objetiva por la opinión personal ( eso para mí no es pecado ), la belleza estética por la moda (moda de pantalones tejanos sucios y rotos), y la bondad ética por el placer (libertinaje sexual). Pero siempre quedará en pie que los tres grandes valores del ser son la verdad, la belleza y el bien.

Incluso en cosas accidentales no siempre podemos cambiarlas a nuestro capricho. El orden de las letras del abecedario es el que es, y yo no puedo alterarlo a mi capricho, aunque en absoluto podría ser otro.

Pero así está establecido para todos. No depende de la voluntad de cada uno.

La fe es libre, no en el sentido de que dé lo mismo creer que no creer; sino que al no ser axiomática no se impone a la razón, sino que ésta queda en libertad para aceptarla o rechazarla a pesar de que sea razonable.

38,3. A veces la Iglesia define algunas verdades dogmas de fe. No es que esas cosas empiecen entonces a ser verdad. Son verdades que siempre han existido; pero que su creencia ha empezado a ser obligatoria al definirse.

La definición de una doctrina no es su invención, sino la declaración autoritativa de que ha sido revelada por Dios, es decir, que forma parte del conjunto de verdades que constituyen la Revelación cristiana. Algunas veces la aparición de nuevos errores obliga a la Iglesia a definir y declarar más lo que siempre ha sido verdad, pero que las circunstancias del momento reclaman aclaración.

Los dogmas no son verdades que la Iglesia impone arbitrariamente. Son iluminaciones de la verdad objetiva. No son muros para nuestra inteligencia. Son ventanas a la luz de la verdad.

El contenido de los dogmas es inmutable, pero la formulación de ese contenido se puede desarrollar para acomodarse mejor al modo de hablar de los tiempos.

El Magisterio de la Iglesia puede ir mejorando el modo de expresar las verdades que creemos. Toda formulación dogmática puede ser mejorada, ampliada y profundizada. Pero ninguna formulación dogmática del futuro puede contradecir el sentido de anteriores formulaciones, sino solamente completar lo que ya ha sido expresado por ellas. Otras veces un estudio cada vez más profundo nos hace progresar en nuestro conocimiento de la Revelación, y nos hace ver más claramente verdades que antes no parecían tan claras. La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, penetra cada vez más profundamente en el contenido de la Revelación Divina, descubriendo nuevos aspectos en ella implícitos, como son los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción.

La Revelación fue un hecho histórico, y no puede crecer el número de verdades reveladas contenidas en el depósito de la Revelación que es la Sagrada Escritura y la Tradición, porque este depósito, quedó cerrado con la muerte del último Apóstol. Ninguna verdad puede añadirse a la fe católica que no esté contenida, explícita o implícitamente, en este depósito revelado. (...) Lo único que cabe es una mayor explicación de los dogmas, pero conservando el mismo sentido, que es definitivo e indeformable una vez definido por la Iglesia.

Sí puede y debe crecer continua y armónicamente nuestro conocimiento del dogma, pasando de lo implícito a lo explícito. Y la Iglesia, al crecer con el tiempo los conocimientos humanos, puede aprobar infaliblemente este progreso. No es esto crear nuevas verdades reveladas: es descubrir lo que se encerraba en el viejo legado de los Apóstoles. Lo mismo que las estrellas del firmamento descubiertas últimamente existían mucho antes, pero nosotros hasta ahora no las hemos conocido.

Para que una cosa sea dogma de fe es necesario que haya sido revelada por Dios, y que la Iglesia así lo declare. Pero el ámbito de las verdades de fe es mucho más amplio que el de las verdades expresamente definidas. Hay verdades que llamamos 'de fe divina' porque se encuentran en la Sagrada Escritura o en la Tradición, que han de ser igualmente creídas, pero que no han sido nunca definidas, como es el caso de la resurrección de Cristo. Nadie ha negado en la historia esta verdad; y por eso la Iglesia no ha sentido la necesidad de definirla.

La Revelación Pública acabó con la muerte del último Apóstol.

Cualquier otra revelación es enteramente privada, y no puede tener valor, a no ser que esté de acuerdo con la única Revelación Pública que Dios ha hecho a los Apóstoles.

La Revelación ha terminado pero «nosotros debemos usar nuestra inteligencia para explorar el dato revelado, deduciendo verdades que a primera vista no aparecen claramente explícitas en el mismo, pero que no por eso dejan de estar contenidas virtualmente en él. (...) La garantía de lo que así descubrimos está en la Iglesia, portadora de toda la Tradición cristiana e intérprete autorizado de la Escritura Santa. (...) Es función del Magisterio definir los contenidos de la Revelación. (...) La teología no debe suplantar al Magisterio. (...) La última palabra la tiene el Magisterio. (...) Algunos teólogos que critican la doctrina del Magisterio de la Iglesia, después quieren que sus opiniones personales sean doctrina infalible»[490].

A propósito de esto dijo el Papa Pablo VI a los participantes en el Primer Congreso Internacional de Teología del Concilio Vaticano II, el 1 de Octubre de 1966: Los teólogos deben investigar el dato revelado para iluminar los artículos de la fe; pero sus aportaciones quedan sujetas a la enseñanza del Magisterio auténtico. (...) Su preocupación ha de ser proponer la verdad universal creída en la Iglesia bajo la guía del Magisterio más que sus ideas personales.

Al Magisterio de la Iglesia hay que obedecerle, no sólo cuando se trata de verdades de fe, sino también cuando se refiere a opiniones que pueden desorientar al pueblo de Dios; pues también es estos casos está protegido por la autoridad recibida de Dios, cosa que el teólogo, como tal, no tiene, por mucha ciencia que tenga. Por eso dice el Sínodo de los Obispos de 1967: No les corresponde a ellos la función de enseñar auténticamente.

«Los que ejercitan el Magisterio de la Iglesia son exclusivamente el Papa y los Obispos, porque a ellos solamente ha confiado Jesucristo la potestad de enseñar»[491]. «Fuera de los legítimos sucesores de los Apóstoles (que son el Papa y los Obispos) no hay otros Maestros de derecho divino en la Iglesia de Cristo»[492]. Cuando el Papa habla en una encíclica enseña como auténtico Maestro y no como un doctor más.

Por eso no es válido apelar a la autoridad de otro teólogo para sostener lo contrario de lo que el Papa ha enseñado. «Los fieles católicos han de aceptar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia con obediencia religiosa, sabiendo que les obliga en conciencia»[493].

La Iglesia se compone de Pueblo de Dios y Jerarquía: pluralidad en los súbditos y autoridad que unifica mirando por el bien común de todos, pues hay que armonizar el pluralismo en lo accidental con la unidad en lo esencial. No son dos Iglesias, sino dos partes de una única Iglesia. Separar estas dos partes sería la muerte de la Iglesia; como es la muerte de una persona separar el cuerpo del alma.

Un católico tiene que aceptar todos los dogmas de fe revelados por Dios. No puede rechazar ni uno.

O se es católico del todo, o se deja de ser católico. No se puede ser casi católico, lo mismo que no se puede estar casi vivo, porque eso es estar muerto. Si casi me toca la lotería, no tengo derecho a cobrar el premio: o me toca el número entero o no me ha tocado. El casi me toca, no vale.

«Esta sumisión al Santo Padre es exigida también a los sacerdotes y teólogos. Quienes instruyen a otros en la fe, tienen que enseñar el mensaje auténtico de la Iglesia. El católico tiene derecho a ser enseñado por un sacerdote que esté de acuerdo con el Papa»[494]. Quien desobedece a la Jerarquía Eclesiástica desobedece al mismo Jesucristo. Él nos dijo: «El que a vosotros escucha, a Mí me escucha; el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia. Y el que me desprecie a Mí desprecia a Aquél que me ha enviado»[495].

38,4. La Iglesia es nuestra Madre que procura nuestro bien, no sólo en esta vida, sino también en la otra.

La Iglesia es nuestra Madre, pues en su seno somos engendrados como hijos de Dios y Ella nos alimenta espiritualmente, y nos ayuda a crecer para que estemos maduros para el Reino de los cielos.

La doctrina que la Iglesia enseña es santa, y haría el mundo mejor si los hombres le hiciesen caso.

Pero, desgraciadamente, son muchos -también entre los que se dan el nombre de cristianos- los que la desobedecen por seguir sus pasiones y egoísmos.

La Iglesia ilumina al mundo con la luz contenida en el mensaje de Cristo. Si hay quien rechaza esta luz, no es por culpa de la Iglesia, sino de los hombres que la rechazan. La virtud y el camino del cielo son a veces costosos a nuestra naturaleza caída en el pecado. Pero ya dijo Jesucristo que el camino del cielo no es fácil, ancho y cuesta abajo, sino que es estrecho, costoso y cuesta arriba. Lo que mucho vale, mucho cuesta.

Con todo, a pesar de los pecados de los malos cristianos, la santidad de la Iglesia y su doctrina queda en pie, porque son muchos los que por ella se han hecho santos. No son las manzanas podridas caídas del árbol, sino las que cuelgan de sus ramas, las que dicen que el árbol es bueno.

La Iglesia siempre condena el pecado, aunque no pueda privar de la libertad de pecar. Cuando la Iglesia manda o prohíbe, no pretende de ninguna manera molestarnos ni hacernos la vida menos agradable. La Iglesia en todo busca nuestro bien, por eso prohíbe lo que nos daña, aunque nos gustaría hacerlo. Tampoco los buenos padres que educan bien a sus hijos les conceden todo lo que ellos quieren.

«Hay que obedecer las leyes de la Iglesia con toda fidelidad porque están dadas con la autoridad de Cristo, que Él comunicó a los Apóstoles»[496].

La Iglesia Católica es la institución que más ha contribuido al progreso moral de la humanidad.

Ella regeneró al individuo, libertándolo de la esclavitud; regeneró a la mujer, devolviéndole su dignidad; regeneró la familia, exigiendo para ella todos los derechos que le corresponden; regeneró la sociedad, transformando el Estado déspota y tirano en el Estado que recibe su autoridad de Dios y que sólo puede ejercerla en bien de sus súbditos.

Hoy está de moda el ser contestatario. Sin embargo al Papa le corresponde vigilar la doctrina y la buena marcha de la Iglesia.

Oponer nuestro criterio al Magisterio de la Iglesia, ridiculizar toda ascética de renuncias desde la mortificación voluntaria del cuerpo hasta la renuncia del propio criterio, etc., es desconocer los valores cristianos que son locura para el mundo, pero que tienen la consistencia de la sabiduría de la cruz. No podemos olvidar que el camino de la Encarnación terminó en el Calvario. Un cristianismo sin cruz, será muy humano, pero no es el de Jesús[497].

Algunos dicen: Cristo, sí; Iglesia, no. Pero ya dijo San Agustín: No puede tener a Cristo por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre.

No se puede ser de Cristo sin serlo de la Iglesia, que es el 'Cuerpo Místico de Cristo' de quien Él es la cabeza. «A Cristo nos incorporamos en y por su Iglesia; y sólo dentro de ella la vida de Cristo se hace de verdad vida nuestra»[498]. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la Iglesia sacramento universal de salvación. El Cardenal Newman que era anglicano y se convirtió al catolicismo decía: quien rechaza a la Iglesia se equivoca; y añade, hace inútil para sí lo que Dios puso para bien nuestro. La frase fuera de la Iglesia no hay salvación es de San Cipriano en lucha contra los movimientos de escisión que se daban en su comunidad Quien conociendo a la Iglesia la rechaza, compromete su salvación, dice el Concilio Vaticano II.

Hoy abunda en la Iglesia el tipo de contestatario que adopta una postura de protesta ante todo. Uno no puede evitar pensar en aquello del Evangelio: «Ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio»[499]. No sería mejor que corrigieran sus defectos antes de protestar de los ajenos»

Algunos reniegan de la Iglesia porque dicen que hay católicos malos.

Según eso tampoco pueden ser protestantes porque también los hay malos. Y, consiguientemente, ni budistas, ni españoles, ni franceses, ni siquiera hombres, porque también hay hombres malos. Absurdo.

Si la Iglesia Católica es la única en el mundo fundada por Cristo-Dios, ella será la única verdadera, aunque todos los católicos fueran malos.

Hoy es frecuente un tipo de católico «por libre» que vive al margen de la Iglesia, prescinde de la Institución, del Magisterio, etc. Esto es tan absurdo como si uno dijera que él se siente español, pero ni saca carnet de identidad, ni está en el censo, ni el registro civil, ni nada. Éste será un apátrida, pero no un español. Es verdad, que lo principal es el corazón, pero hay que institucionalizar la situación.

A veces se oye decir: «Yo soy católico, pero no practico». Esto no es coherente. Quien pertenece a una asociación, si es coherente, cumple su reglamento. De poco sirve afirmar que se es católico de corazón, si después las obras no son de católico. Como si uno que se las da de católico, luego se casa sólo por lo civil. Esto es un contrasentido. Por eso la Iglesia Católica a ése le prohíbe la comunión eucarística. Toda ideología, para que sea sincera, exige un compromiso de vida.

Una auténtica vivencia religiosa debe contener cuatro cosas: a) un credo: sistema de verdades; b) una ética: valores morales; c) unos ritos: comportamientos; d) una respuesta social: compromiso. Son necesarias las cuatro cosas. Quien olvida alguna de ellas tendrá una vivencia religiosa deforme.

39.- EL JEFE DE LA IGLESIA CATÓLICA EN SU SANTIDAD EL PAPA, REPRESENTANTE DE CRISTO EN LATIERRAM QUE LO HA PUESTO AL FRENTE DE SU IGLESIA PARA QUE LA GUÍE Y CUIDE SU UNIDAD

39,1. El Papa es el Sumo Pontífice de Roma, sucesor de San Pedro, a quien todos estamos obligados a obedecer. Es Maestro Infalible, porque cuando habla como Jefe de la Iglesia Universal ejerciendo el supremo grado de su autoridad y define como obligatorias verdades de fe y moral, no se puede equivocar. Infalibilidad es la preservación del error, fruto de la asistencia divina. (...) Su fundamento es la asistencia de Dios. En Dios se encuentra toda la verdad. y Dios no miente. Él ha querido dar a su Iglesia este don de permanecer en la verdad.

Si el Papa pudiera equivocarse al enseñar lo que es obligatorio creer o hacer para salvarse, nos desorientaría en el camino de la salvación; y Dios, que nos manda obedecer al Papa, sería el culpable de nuestra condenación. Esto es absurdo. Luego se comprende que el Papa tiene que ser infalible cuando señala el camino de la salvación. Esta asistencia espiritual la prometió Jesucristo cuando dijo: «Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos»[500].

La infalibilidad del Papa es dogma de fe. Dice el Concilio Vaticano I: «Definimos ser dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice cuando habla 'ex cathedra ' esto es, cuando cumpliendo su cargo de Pastor y Maestro de todos los cristianos, define con su suprema autoridad apostólica, que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia Universal... goza de aquella infalibilidad que el Redentor Divino quiso que estuviera en su Iglesia»[501].

La infalibilidad del Papa ha sido definida como dogma de fe en 1870.

Desde entonces han habido diez Papas (Pío IX, León XIII, Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II). En todo este tiempo sólo ha sido definido como dogma la Asunción, en 1950 por Pío XII. Y esta verdad estaba en la fe de la Iglesia desde el siglo VII.

Para salvarse es necesario creer y aceptar toda la doctrina de Jesucristo. La auténtica doctrina de Jesucristo, no otra: «Id por todo el mundo - dijo Jesús a sus Apóstoles- y predicad el Evangelio a toda criatura, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. El que creyere y se bautizare, se salvará; el que no creyere, se condenará»[502]. Esto supone garantía de que los que transmiten las enseñanzas de Jesucristo no se van a equivocar.

Dios fallaría si nos obligase a creer una mentira. Si Él nos obliga a creer lo que la Iglesia nos enseña es porque se compromete a que siempre enseñará la verdad: «Yo estaré con vosotros hasta el fin de los siglos»[503].

Ahora bien, qué garantías podemos tener nosotros a la distancia de veinte siglos y a través de tantas teorías y opiniones humanas, de que la doctrina que nos enseña hoy la Iglesia es la auténtica doctrina de Jesucristo » Jesucristo, fundador de la Iglesia, si quiso hacer efectivamente una Iglesia que llevase su mensaje a todos los tiempos y a todos los hombres, no tuvo más remedio que dotarla de un control adecuado, que impidiera absolutamente el que su doctrina fuera deformada a través de los siglos.

Este control es una especial asistencia del Espíritu Santo con la que impide absolutamente el error en su Iglesia, en lo que se refiere a la determinación de la auténtica doctrina revelada. Le dice Jesucristo a Pedro: «Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, confirma a tus hermanos»[504].

El Papa es infalible cuando determina o declara ex cathedra la auténtica doctrina revelada. Pero fuera de esto -por ejemplo, si predice el tiempo- el Papa se puede equivocar como otro hombre cualquiera.

Es decir, que el Papa, en su vida ordinaria, aunque sea un hombre prudentísimo y de toda confianza, no es infalible. La infalibilidad está reservada a ciertas enseñanzas hechas con una solemnidad especial, de modo definitivo, que teológicamente se llama ex cathedra, en la que expresa su voluntad de obligar a toda la Iglesia a creer la verdad por él definida.

Esto no significa que el Papa pueda sacarse los dogmas del bolsillo; sólo puede definir aquello que se encuentra en la Sagrada Escritura o en la Tradición.

Con todo, al Papa hay que obedecerle siempre; aun en las cosas que no es infalible: lo mismo que los hijos tienen que obedecer a sus padres, aunque no sean infalibles. El Magisterio de la Iglesia hay que aceptarlo incluso en lo no infalible, con religiosa sumisión; más que por los argumentos en que se apoya, por la autoridad que Cristo dio a su Iglesia para señalar el camino que nos lleva al Reino de los Cielos.

«Esta religiosa sumisión de la voluntad y del entendimiento se debe al magisterio auténtico del Romano Pontífice, de tal manera que se reconozca con reverencia su Magisterio Supremo, aunque no hable 3ex cathedra2; y con sinceridad se adhiera al parecer expresado por él según el deseo que haya manifestado él mismo, como puede descubrirse, ya sea por la índole del documento, ya sea por la insistencia con que se repite una misma doctrina, ya sea también por las fórmulas empleadas»[505].

Un teólogo podría discrepar y seguir investigando; pero no desacreditar públicamente a la Iglesia, sino manteniendo un silencio obsequioso.

Para atacar la infalibilidad de la Iglesia se suele aducir la condenación de Galileo. Con todo,conviene advertir que la condenación de Galileo fue obra de una Congregación Romana, no del Papa en definición 3ex cathedra2, que es la única infalible. Aparte de esto, la Iglesia, en aquel momento, juzgó a Galileo como los mejores astrónomos de su tiempo. Todos los que estudian los argumentos de Galileo (1569-1642) afirman que él no probaba su hipótesis. Por eso no convenció a Tycho-Brahe (1546-1601), contemporáneo suyo, que siguió siendo geocentrista como Tolomeo. En cambio Galileo tuvo la intuición de interpretar los textos bíblicos no literalmente como los teólogos de su tiempo, sino como hoy los interpretamos, sin saber él nada de los géneros literarios. En resumen, que como dice Walter Brand Muller[506]: Se da el paradójico resultado de que Galileo se equivocó en el campo de la Ciencia y los eclesiásticos en el campo de la Teología. Con todo hay que advertir que Galileo no fue condenado por su teoría heliocéntrica, pues lo mismo dijo Copérnico cien años antes y la Iglesia no se metió con él. Es más, su obra fundamental, Las revoluciones de los mundos celestes, publicada en 1543, está dedicada al Papa Pablo III. Pero Copérnico presentaba sus ideas sólo como una hipótesis.

Galileo fue condenado por su insistencia en interpretar la Escritura.

La Iglesia le dijo que se limitara a presentar sus ideas como una hipótesis científica, y no quiso hacer caso. Aunque la condena de la Iglesia a Galileo fue disciplinar y no dogmática, hoy se piensa que fue inoportuna.

39,2. Infalibilidad no significa impecabilidad. El Papa -como todo hombre- puede tener sus faltas.

Es más, en la Historia ha habido algunos Papas indignos, que no han sido ejemplares; aunque pocos. Habrán sido pecadores, pero siempre rectos en sus enseñanzas, pues siempre han sido infalibles. Con todo, gracias a Dios, tenemos en la Iglesia Católica un largo historial de Papas Santos. Se veneran en los altares setenta y siete Papas santos.

El último Papa que ha subido a los altares con la corona de los Santos ha sido San Pío X, muerto en 1914.

40.-El Papa está en lugar de Jesucristo.

40,1. Jesucristo, antes de subir al cielo, dejó a San Pedro al frente de su Iglesia, comunicándole todos los poderes necesarios para desempeñar su cometido.

El Papa tiene autoridad de Cristo-Dios para interpretar la ley divina.

Cristo le dijo a San Pedro: «A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, lo que ates o desates en la Tierra será atado o desatado en el cielo»[507]. Esto supone poder para legislar e imponer obligaciones.

El Papa es el sucesor de San Pedro y Vicario de Cristo en la Tierra.

Por eso todos los católicos debemos obedecer al Papa en todo lo que él disponga para la buena marcha de la Iglesia.

Cristo dotó a su Iglesia de todos los medios necesarios para conseguir su fin. Por eso la hizo jerárquica. La autoridad es necesaria. «No hay agrupación humana que no necesite un ordenamiento que haga posible la vida en común. (...) Donde hay una comunidad, allí hay forzosamente una institución como medio de salvar debidamente la convivencia, y conseguir eficazmente los fines que se pretenden. Se impone la fijación de unas normas de comportamiento y el deber de sujetarse a ellas. (...) La normativa institucional es una defensa contra la anarquía»[508]. Qué pasaría en Madrid o Barcelona sin normas de tráfico»

La misión de la jerarquía es garantizar la autenticidad en la fe y en la vida cristiana: para que se crea lo que Dios quiere y como Dios quiere, y para que se administren los sacramentos que Cristo quiso y como Cristo quiso.

Todos los grupos humanos: familias, asociaciones, pueblo o nación, necesitan una autoridad -del tipo que sea- para organizar, coordinar fuerzas, defender derechos, especialmente de los más débiles, y tomar responsablemente decisiones. Una sociedad sin autoridad acaba por disolverse.

La autoridad justa y responsable es uno de los mejores servicios que se presta al pueblo. La autoridad es justa y razonable, cuando busca no los propios intereses, sino el bien de todos.

40,2. Los Obispos son los encargados de gobernar las diócesis bajo la autoridad del Papa. Ejercitan potestad propia y son, en verdad, los jefes del pueblo que gobiernan, pues los Obispos son los sucesores de los Apóstoles, y administradores de Dios.

Ya en el siglo II, San Ireneo llama a los obispos sucesores de los Apóstoles: «Podemos contar con aquellos que han sido puestos por los Apóstoles como obispos y sucesores suyos hasta nuestros días»[509].

«La primera responsabilidad de los Obispos es combatir la herejía y guardar el depósito de la fe»[510].

«Los Obispos, cuando enseñan en comunión con el Romano Pontífice, deben ser respetados por todos como los testigos de la verdad divina y católica; los fieles, por su parte, tienen obligación de aceptar y adherirse con religiosa sumisión del espíritu al parecer de su Obispo en materias de fe y de costumbres cuando él las expone en nombre de Cristo»[511].

Los Concilios Ecuménicos reúnen a todos los obispos del mundo para deliberar, bajo la dirección del Papa, sobre asuntos generales de la Iglesia. Se han celebrado XXI. El primero fue el año 325 en Nicea, y el último de 1962 a 1965 en Roma. La lista de todos los Concilios Ecuménicos de la Iglesia está en el libro de José M. Ciurana: «En busca de la verdades fundamentales».

40,3. Los sacerdotes se consagran a Dios para colaborar con el Papa y los Obispos en el cuidado de las almas predicando la Palabra de Dios y administrando los sacramentos[512].

Son también representantes de Jesucristo, por esto merecen todo nuestro respeto. La misión del sacerdote es presidir la Asamblea Eucarística y ayudar a los Obispos a mantener la unidad en la fe y en la caridad fraterna, y conducir a los cristianos a Dios Padre.

Hay que distinguir el sacerdocio ministerial, propio de los que han recibido el sacramento del orden, que les da poder para decir misa y perdonar pecados, del sacerdocio común de los fieles, propio de todos los bautizados cuya vida debe ser un acto cultual a Dios y deben dar testimonio de Cristo.

Estos dos sacerdocios no sólo difieren en grado, sino esencialmente, como ha dicho el Concilio Vaticano II[513]. Por eso hay un sacramento especial para el sacerdocio ministerial.

«Hoy como ayer, la misión específica del sacerdote es la de comunicar el pan de la palabra; la de distribuir, como ministro del culto, el perdón, la gracia y la santidad. Podrán cambiar los tiempos y los métodos, según la evolución de las costumbres, pero el contenido del mensaje seguirá siendo el mismo: el apostolado será siempre la transmisión de la vida espiritual»[514].

Jesucristo dice en el Evangelio: «No llaméis a nadie Padre»[515]. Pero esto se lo dice a sus discípulos, pues entre ellos todos eran hermanos. Pero el pueblo es lógico que llame Padre a los sacerdotes por respeto a la persona que les transmite la doctrina y la gracia de Dios. El mismo San Pablo que sabía muy bien cómo había que interpretar las palabras de Cristo, se hacía llamar Padre: «No os escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos muy queridos. Porque aunque tuvierais diez mil pedagogos en Cristo no por eso tenéis muchos padres, ya que el que os ha engendrado en Cristo por medio del Evangelio he sido yo»[516]. Él mismo llamó «hijo» a Timoteo en las dos cartas que le escribe[517]. Lo mismo a Tito[518]. Por lo tanto es lógico que ellos le llamaran a él «Padre».

San Juan llama «sus hijos» a los que andan en la verdad[519].

40,4. Para ayudar a los sacerdotes en ministerios que aunque no sacerdotales resultan necesarios para el bien de la Iglesia, el Concilio Vaticano II ha permitido a las Conferencias Episcopales, con la aprobación del Sumo Pontífice, establecer el diaconado «para hombres de edad madura, aunque estén casados, y para jóvenes idóneos; pero para éstos debe mantenerse firme la ley del celibato»[520].

Estos diáconos sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la Palabra y de la caridad.

En 1972 la Iglesia ha permitido que cuando hay muchos fieles y pocos sacerdotes, algunas personas idóneas señaladas por el sacerdote, con permiso del Obispo, pueden ayudar a dar la Sagrada Comunión, para que este acto no se prolongue demasiado. Estas personas también podrán llevar la comunión a los enfermos, si no hay sacerdote o diácono que lo haga[521].

[414] - En el año 1944 el sabio Profesor P. Luis Hertling, S.I. especialista en la Historia de la Iglesia de los primeros tiempos, publicó artículo en la revista de la Universidad Gregoriana de Roma, en el cual demuestra que el número de mártires de las persecuciones romanas, hasta el año 313, fue por encima de los cien mil (Daniel Ruiz: Acta de los Mártires, introducción, 3. Ed. BAC. Madrid)

[415] - CELSO COLLAZO: Revista GEO, 17 (VI-88) 126

[416] - KOLOGRIVOF: Suma Católica contra los sindiós, I, 2. Ed. Litúrgica Española. Barcelona

[417] - VITTORIO MESSORI: Hipótesis sobre Jesús, IX, 9. Ed. Mensajero. Bilbao, 1978

[418] - Diario YA del 3-XI-84, pg.2 y del 12-X-87, pg.21

[419] - Revista ECCLESIA, 2623 (13-III-93) 17

[420] - Diario YA del 4-VI-86, pg.42

[421] - Informe Oficial elaborado en Moscú el 27-XI-95. Revista ECCLESIA, 2766 (9-XII-95) 27

[422] - Evangelio de San Juan, 10:16

[423] - Concilio Vaticano II: Unitatis redintegratio: Decreto sobre el Ecumenismo, nº 11

[424] - Evangelio de San Mateo, 16:18

[425] - M.OSCAR CULLMANN:San Pedro,discípulo,apóstol,mártir.Ed.Delachaux et Nestlé. Pgs.154

[426] - JUSTO COLLANTES, S.I.: La Iglesia de la Palabra, 1º, 3ª, XII, 2, a. Ed. BAC. Madrid. 1972

[427] - SAN PABLO: Carta a los Efesios, 5:26s

[428] - SAN PABLO: Carta a los Efesios, 1:4

[429] - SAN PABLO: Primera Carta a los Tesalonicenses, 4:3

[430] - Evangelio de San Juan, 3:17

[431] - Evangelio de San Juan,12: 47

[432] - Evangelio de San Mateo, 28:19

[433] - Evangelio de San Marcos, 16:15

[434] - Evangelio de San Mateo, 28:19

[435] - Evangelio de San Marcos, 16:15

[436] - Evangelio de San Mateo, 28:20

[437] - Evangelio de San Juan, 20:21

[438] - Evangelio de San Lucas, 10:16

[439] - Evangelio de San Mateo, 28:20

[440] - Concilio Vaticano II: Unitatis redintegratio: Decreto sobre el Ecumenismo, nº 3

[441] - Concilio Vaticano II. Unitatis redintegratio: Decreto sobre el Ecumenismo, nº 19

[442] - CAMILO CRIVELLI, S.I.: Diccionario de las Sectas protestantes. Ed. EAPSA. Madrid

[443] - Evangelio de San Juan, 10:16

[444] - Evangelio de San Mateo, 18:18

[445] - Evangelio de San Mateo, 16:19

[446] - RONALD LAWLER, O.F.M.: La Doctrina de Jesucristo. Ed. Galduria. Jódar (Jaén)

[447] - Diario YA del 22-IX-89, pg. 16

[448] - JORGE LORING, S.I.: La Tumba de San Pedro: Identificación científica de la tumba y los restos del Primer Papa de la Iglesia Católica

[449] - Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la libertad religiosa, nº1. Nuevo código de Derecho Canónico, nº748, 1

[450] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 1815. Sesión, 3ª del 24, IV, 1870. Ed. Herder.

[451] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº8

[452] - Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº1

[453] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº8

[454] - Sagrada Congregación del Clero: Directorio General de Pastoral Catequética, II, 27. Madrid.

[455] - Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº2. Nuevo Código de Derecho Canónico, nº748, 2

[456] - Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº3

[457] - Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº7

[458] - Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº4

[459] - Exhortación del Episcopado Español sobre Libertad Religiosa.Revista ECCLESIA, nº1376.

[460] - Concilio Vaticano II: Dignitatis Humanae: Declaración sobre la Libertad Religiosa, nº4

[461] - Secretariado Pontificio para los no Cristianos:Presentación de la Fe cristiana,nº32.Ed.PPC.

[462] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº16

[463] - AMÉRICO MARTINS VEIGA: Creer hoy,VI, 3, 1. Ed. Perpetuo Socorro. Madrid

[464] - JUSTO COLLANTES,S.I.: La Iglesia de la Palabra,2º, 4ª, XVI, 3, b. Ed. BAC. Madrid

[465] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº14

[466] - BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, V, 7. Ed. Roca Viva. Madrid

[467] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 3034. Ed. Herder. Barcelona.

[468] - JUAN LÓPEZ PEDRAZ, S.I.:Cuando se está perdiendo la fe, 1ª, IX. Ed.Sal Terrae. Santander

[469] - JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, III, 1. Ed. Paulinas. Madrid. 1992.

[470] - Revista PALABRA, 241-242 (<VIII-IX-1985)18; 243(X,1985)13.

[471] - ABC de Madrid del 15-I-94. Pg.7.

[472] - Revista ECCLESIA, 2675 (12-III-94)24.

[473] - ABC de Madrid del 27-IV-94. Pg.8.

[474] - ABC de Madrid del 5-II-94. Pg. 67.

[475] - Revista ECCLESIA, 2521, (30-III-91)17.

[476] - Revista 30 DÍAS, 45(1991)pg.16.

[477] - Revista 30 DÍAS, 42(1991)pg.62.

[478] - ANDRE LEONARD: Razones para creer, IX, 18. Ed. Herder. Barcelona. 1990.

[479] - DIARIO DE CÁDIZ, 24-XI-95, pg. E2

[480] - Diario EL CORREO ESPAÑOL-EL PUEBLO VASCO del 4-VIII-1986. Pg.8

[481] - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº9s

[482] - SAN PABLO: Segunda Carta a los Tesalonicenses, 2:15

[483] - SAN PABLO: Primera Carta a los Tesalonicenses, 2:13

[484] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 11:2

[485] - SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 1:13

[486] - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº10

[487] - Segunda Carta de San Pedro, 3:16

[488] - Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática

sobre la Divina Revelación, nº10

[489] - Evangelio de San Juan, 8:32

[490] - BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, I, 2. Ed. Roca Viva. Madrid

[491] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25

[492] - PÍO XII, el 31 de mayo de 1954

[493] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25

[494] - RONALD LAWLER, O.F.M.: La Doctrina de Jesucristo, XIV, 7. Ed. Galduria. Jódar (Jaén)

[495] - Evangelio de San Lucas, 10:16

[496] - JOSÉ RIVERA-IRABURU: Síntesis de Espiritualidad Católica,

XXVII, 5. Ed. Gratis Date. Pamplona

[497] - JUSTO COLLANTES, S.I.: La Iglesia de la Palabra, 2º, 4ª,XXIV, 3, c.d. BAC. Madrid

[498] - BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, IV,1. Ed. Roca Viva. Madrid

[499] - Evangelio de San Mateo, 7:3

[500] - Evangelio de San Mateo, 28:20

[501] - DENZINGER:Magisterio de la Iglesia,nº 1839. DS:3073.Código de Derecho Canónico,nº 749

[502] - Evangelio de San Mateo, 28:20. Evangelio de San Marcos, 16:15s

[503] - Evangelio de San Mateo, 28:20

[504] - Evangelio de San Lucas, 22:32

[505] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25

[506] - WALTER BRAND MULLER: Galileo y la Iglesia, Epílogo. Ed. Rialp. Madrid. 1987

[507] - Evangelio de San Mateo, 16:19

[508] - BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, VIII, 5. Ed. Roca Viva. Madrid

[509] - SAN IRENEO: Adversus Haereses, III, 3, 1. MIGNE: Patrología Griega. 7, 848, A

[510] - JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, XI, 4, 2. Ed. Paulinas. Madrid. 1992

[511] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº2

[512] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº28

[513] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº10

[514] - PABLO VI a los sacerdotes y seminaristas españoles el 13 de octubre de 1965

[515] - Evangelio SAN MATEO, 23:9

[516] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 4: 14s

[517] - SAN PABLO: Segunda Carta a Timoteo, 1:2; 2:1

[518] - SAN PABLO: Carta a Tito, 1:4

[519] - Segunda Carta de SAN JUAN, 1:4

[520] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 29

[521] - Revista ECCLSIA, 1637 (7-IV-73)419


 

Gracia Santificante

41.-En la Iglesia hay una vida sobrenatural, que se llama gracia.

41,1. La Iglesia fundada por Jesucristo no es solamente una familia visible. En ella hay una vida interior, invisible, sobrenatural, divina, que comunica el mismo Jesucristo.

Dios Nuestro Señor hizo al hombre a su imagen y semejanza, dándole un alma espiritual e inmortal, capaz de conocerlo y amarlo, y alcanzar una felicidad proporcionada a su naturaleza. Pero, en su amor infinito, Dios ha querido llamarnos a más altos destinos. Quiso darnos la altísima dignidad de hijos suyos, y hacernos participantes de su misma felicidad en la gloria. Para esto nos une a Él en la persona divina de su Hijo hecho hombre, Jesucristo, de cuyo Cuerpo Místico somos miembros vivos. Esta vida divina en nosotros es la gracia santificante. Por ella Cristo vive en nosotros y nosotros vivimos en Cristo.

Por eso llamamos a la Iglesia el Cuerpo Místico de Cristo. Cristo es la Cabeza. Todos nosotros somos sus miembros. O como Él mismo dijo con otra comparación: «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos»[522].

Como los sarmientos reciben la savia de la vid -y gracias a ella producen las uvas- así nosotros recibimos de Jesucristo la gracia. Es la savia que nos hace vivir una vida sobrenatural, de la misma manera que nuestra alma vivifica nuestro cuerpo y le da vida natural.

41,2. La doctrina del Cuerpo Místico tiene enorme importancia en orden a la valoración de nuestros actos. El barrido de una calle realizado por un empleado de la Limpieza Pública que está en gracia de Dios, tienen incomparablemente más valor que la conferencia de más altura científica que sólo puede ser entendida por media docena de hombres en el mundo, pero pronunciada por un sabio que no está en gracia de Dios.

La razón es que las acciones de los hombres que no están en gracia de Dios, aunque tengan su valor, como enseña el Vaticano II[523], no rebasan los límites de lo humano. En cambio, cuando un hombre está en gracia de Dios es miembro del Cuerpo Místico de Cristo, y entonces sus obras, por sencillas que sean, pertenecen a un plano sobrenatural, infinitamente superior a todo lo humano.

Si esto se conociera más, quién viviría en pecado mortal?.

Cada uno de nosotros es una célula del Cuerpo Místico de Cristo. Con nuestra virtud colaboramos a su vitalidad. Con nuestros pecados, además de convertirnos en células muertas, entorpecemos la vida de las otras células, nuestros hermanos. Somos células cancerosas.

42.- La gracia santificante es un don personal sobrenatural y gratuito, que nos hace verdaderos hijos de Dios y herederos del cielo.

42,1. La gracia santificante es una cualidad que hace subir de categoría al hombre dándole como una segunda naturaleza superior. Es como una semilla de Dios. La comparación es de San Juan[524].

Desarrollándose en el alma produce una vida en cierto modo divina, como si nos pusieran en las venas una inyección de sangre divina. La gracia santificante es la vida sobrenatural del alma[525]. Se llama también gracia de Dios.

La gracia santificante nos transforma de modo parecido al hierro candente que sin dejar de ser hierro tiene las características del fuego.

La gracia de Dios es lo que más vale en este mundo. Nos hace participantes de la naturaleza divina[526]. Esto es una maravilla incomprensible, pero verdadera. Es como un diamante oculto por el barro que lo cubre. El siglo pasado Van Wick construyó con guijarros una casita en su granja de Dutoitspan (Sudáfrica). Un día, después de una fuerte tormenta, descubrió que aquellos guijarros eran diamantes: el agua caída los había limpiado del barro. Así se descubrió lo que hoy es una gran mina de diamantes. La gracia es un diamante que no se ve a simple vista.

La gracia nos hace participantes de la naturaleza divina, pero no nos hace hombres-dioses como Cristo que era Dios, porque su naturaleza humana participaba de la personalidad divina, lo cual no ocurre en nosotros.

Dios al hacernos hijos suyos y participantes de su divinidad nos pone por encima de todas las demás criaturas que también son obra de Dios, pero no participan de su divinidad. La misma diferencia que hay entre la escultura que hace un escultor y su propio hijo, a quien comunica su naturaleza.

Cuando vivimos en gracia santificante somos templos vivos del Espíritu Santo[527]. La gracia santificante es absolutamente necesaria a todos los hombres para conseguir la vida eterna. La gracia se pierde por el pecado grave.

En pecado mortal no se puede merecer. Es como una losa caída en el campo. Debajo de ella no crece la hierba. Para que crezca, primero hay que retirar la losa. Estando en pecado mortal no se puede merecer nada.

Quien ha perdido la gracia santificante no puede vivir tranquilo, pues está en un peligro inminente de condenarse. La gracia santificante se recobra con la confesión bien hecha, o con un acto de contrición perfecta, con propósito de confesarse. (Ver números 80-84).

El perder la gracia santificante es la mayor de las desgracias, aunque no se vea a simple vista.

Sin la gracia de Dios toda nuestra vida es inútil para el cielo[528].

Por fuera sigue igual, pero por dentro no funciona: como una bombilla sin corriente eléctrica. Dice San Agustín que como el ojo no puede ver sin el auxilio de la luz, el hombre no puede obrar sobrenaturalmente sin el auxilio de la gracia divina.

En el orden sobrenatural hay esencialmente más diferencia entre un hombre en pecado mortal y un hombre en gracia de Dios, que entre éste y uno que está en el cielo[529]. La única diferencia en el cielo está en que la vida de la gracia -allí en toda su plenitud- produce una felicidad sobrehumana que en esta vida no podemos alcanzar.

Esta vida es el camino para la eternidad. Y la eternidad, para nosotros, será el cielo o el infierno.

Sigue el camino del cielo el que vive en gracia de Dios. Sigue el camino del infierno el que vive en pecado mortal.

Si queremos ir al cielo, debemos seguir el camino del cielo. Querer ir al cielo y seguir el camino del infierno, es una necedad. Sin embargo, en esta necedad incurren, desgraciadamente, muchas personas. Algún día caerán en la cuenta de su necedad, pero quizá sea ya demasiado tarde.

42,2. Además de la gracia santificante Dios concede otras gracias que llamamos gracias actuales, que son auxilios sobrenaturales transitorios, es decir, dados en cada caso, que nos son necesarios para conseguir algo en orden a la salvación. Pues por nosotros mismos nada podemos. No podemos tener una fe suficiente, ni un arrepentimiento que produzca nuestra conversión.

Las gracias actuales iluminan nuestro entendimiento y mueven nuestra voluntad para obrar el bien y evitar el mal. Sin esta gracia no podemos comenzar, ni continuar, ni concluir nada en orden a la vida eterna.

El hombre no puede cumplir todas sus obligaciones ni hacer obras buenas para alcanzar la gloria eterna sin la ayuda de la gracia de Dios. Merecer el cielo es una cosa superior a las fuerzas de la naturaleza humana.

Pero como Dios quiere la salvación de todos los hombres, a todos les da la gracia suficiente que necesitan para alcanzar la vida eterna.

Con la gracia suficiente el hombre podría obrar el bien, si quisiera.

La gracia suficiente se convierte en eficaz cuando el hombre colabora. Los adultos tienen que cooperar a esta gracia de Dios. Dijo San Agustín: «Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti».

Dios ha querido darnos el cielo como recompensa a nuestras buenas obras. Sin ellas es imposible, para el adulto, conseguir la salvación eterna. Nuestra salvación eterna es un asunto absolutamente personal e intransferible. Al que hace lo que puede, Dios no le niega su gracia.

Y sin la libre cooperación a la gracia es imposible la salvación del hombre adulto[530]. Con sus inspiraciones, Dios predispone al hombre para que haga buenas obras, y según el hombre va cooperando, va Dios aumentando las gracias que le ayudan a practicar estas buenas obras con las cuales ha de alcanzar la gloria eterna.

«Tan grande es la bondad de Dios con nosotros que ha querido que sean méritos nuestros lo que es don suyo»[531].

Esta gracia, que nos eleva por encima de la naturaleza caída, la mereció el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz. La obtenemos mediante la oración y los Sacramentos.

[522] - Evangelio de San Juan, 15:5

[523] - Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 34

[524] - Primera Carta de San Juan, 3:9

[525] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Somos Hijos de Dios, 1º, Hijos de Dios, 1º, III, 4. Ed. BAC. Madrid, 1977

[526] - Segunda Carta de San Pedro, 1:4

[527] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 6:19

[528] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Somos hijos de Dios, 1ª, III, 6. Ed. BAC. Madrid, 1977

[529] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Somos hijos de Dios, 1ª, III, 7, Ed. BAC. Madrid, 1977

[530] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la Salvación 1ª, II, nº26. Ed. B.A.C. Madrid

[531] - SAN AGUSTÍN, Epístola 144, V. 19. MIGNE: Patrología Latina. 33. 880

Pecado Original

43,1 - 43,3

43.- Empezamos a vivir la vida de la gracia con el sacramento del bautismo.

43,1. Cuando nacemos a la vida natural, nacemos muertos a la vida de la gracia, porque nacemos con el pecado original. El pecado original se lava con el bautismo. El bautismo es como un segundo nacimiento: un nacimiento a la vida sobrenatural.

Dios creó a nuestros primeros padres en estado de gracia. Dios en señal de su soberanía les dio un mandato para que ellos cumpliéndolo mostraran su aceptación. Ellos cediendo a la tentación del demonio desobedecieron. «Puesto que el fin propio del precepto era probar la obediencia, no podemos medir la gravedad de la culpa por la acción exterior en que se manifiesta»[532]. «El hombre creado por Dios en la justicia, sin embargo, por instigación del demonio, en el mismo comienzo de la historia, abusó de su libertad, levantándose contra Dios»[533].

Este pecado de desobediencia fue el pecado original, llamado así porque fue el primer pecado que se cometió en la Tierra, en los principios de la humanidad, y es origen de otros muchos. El pecado original es la raíz de los demás pecados de los hombres. La realidad del pecado original es dogma de fe[534].

Con este pecado de desobediencia nuestros primeros padres perdieron la gracia para ellos y para nosotros sus hijos. Lo mismo que lo pierden todo los hijos del que se arruina en el juego de la ruleta. Si un monarca concede a una familia un titulo nobiliario con la condición de que el cabeza de familia no se haga indigno de semejante gracia, quién puede protestar si después de una ingratitud de este cabeza de familia, el monarca retira el título a toda la familia? El Concilio de Trento el más trascendental de toda la Historia de la Iglesia define como de fe que el pecado original se transmite de generación, por herencia[535].

43,2. Nosotros no somos responsables del pecado original porque no es pecado personal nuestro; pero lo heredamos al nacer.

Por eso el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga: es un pecado "contraído", no "cometido"; es un estado, no un acto.

En virtud de la ley de solidaridad de Adán con toda la humanidad, por ser su cabeza físico-jurídica, nos priva de los dones extraordinarios que Dios había concedido en un principio a Adán para que los comunicara a sus descendientes.

«Del mismo modo que entre Adán y sus descendientes hubiera existido solidaridad si hubiera sido fiel, del mismo modo existe también solidaridad en su rebeldía»[536]. El gran desastre del pecado de Adán fue que arrastró consigo a toda la naturaleza humana. De igual manera que si Adán se hubiese suicidado antes de tener hijos, hubiera privado de la vida a todo el género humano, así con su pecado nos priva de la gracia. Fue un suicidio espiritual.

No debemos protestar por sufrir nosotros las consecuencias del pecado de Adán. Habríamos sabido nosotros conservar estos dones? No son nuestros pecados personales una prueba de que también nosotros habríamos prevaricado?

El pecado original fue un pecado de soberbia. El pecado de Adán y Eva es un pecado muy frecuente hoy día. Hombres y mujeres autosuficientes, independientes, rebeldes a toda norma, orden o mandato, aunque venga del Papa. Para ellos sólo vale lo que ellos opinan, y lo que ellos quieren. No se someten a nadie. Quieren ser como dioses. Ése fue el pecado de Adán y Eva.

43,3. Antes de pecar, el demonio dijo a nuestros primeros padres que si pecaban serían como dioses. Ellos pecaron y se dieron cuenta del engaño del demonio. Con esto el demonio logró lo que pretendía: derribar a Adán de su estado de privilegio. El demonio es el padre de la mentira. Eva fue seducida por él. El que peca se entrega al espíritu de la mentira.

En la medida que somos pecadores somos mentirosos, pues el pecado es el abandono de la verdad, que es Dios, por la mentira.

El demonio también nos engaña a nosotros en las tentaciones presentándonos el pecado muy atractivo, y luego siempre quedamos desilusionados, con el alma vacía y con ganas de más. Porque el pecado nunca sacia. Pero el demonio logra lo suyo: encadenarnos al infierno.

El demonio nos tienta induciéndonos al mal, porque nos tiene envidia, porque podemos alcanzar el cielo que él perdió por su culpa.

Todas las tentaciones del demonio se pueden vencer con la ayuda de Dios. El demonio es como un perro encadenado: puede ladrar, pero sólo puede morder al que se le acerca.

En el estado de pecado original el hombre carece de la gracia y amistad de Dios, y su libertad está debilitada e inclinada al mal; no podemos ser totalmente dueños de nosotros mismos y de nuestros actos.

Esta vida de la gracia que empieza con el bautismo necesita respirar para no ahogarse. Lo mismo que la vida del cuerpo que, si no se tiene aire para respirar, también se ahoga. Dice San Agustín que la respiración de la vida del alma es la oración.

[532] - BIRNGRUBER: Teología Dogmática para Seglares, nº 16. Ed. Litúrgica Española. Barcelona

[533] - Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº13

[534] - DENZINGER: Magisterio para la Iglesia, nº 787-792. Ed. Herder. Barcelona

[535] - DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 790, y DS, 1512s. Ed. Herder. Barcelona.

[536] - EDWARD LEEN, C.S.Sp: ¿Por qué la cruz? 1ª, VIII. Ed. Rialp. Madrid

Oración

44,1 - 44,7

44.- Orar es hablar con Dios, nuestro Padre celestial, para adorarle, alabarle, darle gracias y pedirle toda clase de bienes.

44,1. Orar es hablar con Dios para manifestarle nuestro amor, tributarle el honor que se merece, agradecerle sus beneficios, ofrecerle nuestros trabajos y sufrimientos, pedirle consejo, confiarle las personas que amamos, los asuntos que nos preocupan y desahogarnos con él.

Habla a Dios con sencillez y naturalidad.

Háblale con tus propias palabras.

Se puede orar con fórmulas ya hechas, o espontáneas.

Y también repitiendo siempre la misma frase.

Para hablar con Dios no es necesario pronunciar palabras materialmente. Se puede hablar también sólo con el corazón.

La oración no se aprende. Sale sola. Lo mismo que no se aprende a reír o a llorar.

La oración sale espontáneamente del corazón que ama a Dios.

La oración debe hacerse con atención, reverencia, humildad, confianza, fervor, perseverancia y resignación con lo que Dios quiera. Hacerla con fe muy firme de que si conviene, Dios concederá lo que pedimos; pero no podemos anteponer nuestra voluntad a la de Dios. Además de irreverente y absurdo, sería completamente inútil y estéril.

Es necesario orar, y orar a menudo, porque Dios así lo manda: «Pedid y recibiréis»[537] y «es necesario orar siempre y no desfallecer»[538]; pero además porque ordinariamente Dios no concede las gracias espirituales y materiales si no se las pedimos.

Ojalá te acostumbraras a tener tus ratos de charla con Nuestro Señor en el sagrario!

Por lo menos, no dejes de rezar todos los días las oraciones que te pongo en los Apéndices.

Pero te advierto que la oración bien hecha no es la recitación de plegarias que se repiten distraídamente sólo con los labios. La verdadera oración pone siempre en movimiento el corazón.

Dice Santa Teresa que orar es un trato amoroso con Dios No pedimos para obligar a Dios que cambie sus planes, lo cual es imposible. Ni para informarle de lo que necesitamos, pues él ya lo sabe. Ni para convencerle para que nos ayude, pues lo desea más que nosotros mismos. Pedimos porque él quiere que lo hagamos para colaborar con él en lo que quiere concedernos.

«Dios ha determinado concedernos algunas cosas a condición de que se las pidamos bien, o sea, vinculándolas a nuestra oración.

Pero si no las pedimos, nos quedaremos sin ellas. No se trata de que Dios cambie su voluntad, sino de que nosotros cumplamos la condición que él ha señalado para concedernos tales gracias»[539].

La doctrina católica enseña:

a) que para salvarnos nos es necesario orar;

b) que sin orar no podemos permanecer mucho tiempo sin pecado;

c) que, aun para muchas cosas humanas, es muy necesario o conveniente la oración;

d) que si oramos frecuentemente pidiendo a Dios nuestra salvación, nos salvaremos seguro. Dice San Pablo que con la oración se pueden vencer todas las tentaciones[540].

Si pedimos bien una cosa necesaria para nuestra salvación, la eficacia es segura[541].

Si pedimos la salvación de otro, la eficacia depende de la libre voluntad del otro; pero nuestra oración le conseguirá gracias de Dios para facilitar que él se incline hacia el bien.

Pero no sólo pedir. También hay que alabar y adorar a Dios.

Más vale rezar poco y bien que mucho y mal.

Si por dedicarte a largos rezos vas a hacerlos de forma distraída y rutinaria, más vale que reces la mitad o la cuarta parte; pero concentrándote y pensando lo que haces.

Glorificas más a Dios y enriqueces más tu alma con un acto intenso de fervor que con mil remisos, superficiales y rutinarios.

Todos deberíamos dedicar algún momento del día a hacer actos internos de amor de Dios.

En estos breves instantes se puede merecer más que en el resto de la jornada diaria.

El momento más oportuno para hacerlos es después de comulgar, y al acostarse.

Hay que pedirle a Dios la gracia eficaz para hacer con mucho fervor estos actos de amor.

Por otra parte, el buen hijo nunca se avergüenza de su padre, y Dios es mi Padre y Creador. Ningún padre es tan padre como el que es Padre-Creador de sus hijos.

Es una ingratitud regatear a Dios las manifestaciones de amor y reverencia. Solía decir el emperador Carlos V: Nunca es el hombre más grande que cuando está de rodillas delante de Dios. Los animales nunca rezan.

44,2. Convendría que cada familia fijase un mínimo de rezo en común, el cual podría ser:

1) Leer un trozo del Evangelio, de cuando en cuando, y comentarlo entre todos.

2) Dar gracias a Dios antes de comer, por poderlo hacer, y pedirle que nunca nos falte lo necesario.

En los Apéndices tienes una oración para bendecir la mesa.

3) Rezar un misterio del rosario cada día. Al menos se podrían aprovechar los desplazamientos de fin de semana en rezar un rosario entero, o algún misterio suelto. Esta buena costumbre nos ayudaría, además, a alcanzar la protección de Dios en la carretera. En los Apéndices tienes el modo de rezar el rosario.

-En tus alegrías, da gracias a Dios.

- En tus penas, ofréceselas a Dios por amor a él.

- En tus trabajos, hazlo todo siempre con buena intención.

- En tus pecados, pide perdón.

- Y en tu trato con los demás, ten espíritu de servicio.

44,3. Durante el día deberíamos estar unidos a Dios como dos personas que se aman.

«En un matrimonio armónico saben hombre y mujer que viven el uno para el otro y para su familia.

Lo saben incluso, cuando en el jaleo del día piensan poco de hecho el uno en el otro.

La relación de amor existe de continuo y da color a todas las actividades de ambos cónyuges.

La orientación a la mujer amada ayuda al hombre a hacer día tras día su trabajo, con frecuencia aburrido. Sabe al fin y al cabo para quien trabaja.

La mujer lo sabe también y por ello saca fuerzas la mayor parte de las veces para atender con esmero al mantenimiento de la casa.

Ambos viven en la atmósfera de la unión, aunque los momentos en que conscientemente se ocupen uno de otro sean escasos.

Viven el uno para el otro, y este existir el-uno-para-el-otro forma la mayor parte del tiempo del trasfondo oculto ante el cual transcurre su vida.

En un matrimonio de este estilo tienen lugar de vez en cuando "celebraciones" espontáneas, en las que todo lo que está ahí, inadvertido pero real, se expresa de manera explícita y se eleva de ese trasfondo a una vivencia de primer plano...

La vivencia de lo que está en el trasfondo, y la vivencia de lo que está en primer plano no se oponen, sino que se superponen y se complementan»[542]

Esto se puede aplicar a nuestro amor a Dios.

44,4. El valor de la oración es muy grande. Con ella trabajamos más que nadie en favor del prójimo: convertimos más pecadores que los sacerdotes, curamos más enfermos que los médicos, defendemos a la Patria mejor que los mismos soldados; porque nuestras oraciones hacen que Dios ayude a los soldados, a los médicos y a los sacerdotes para que consigan lo que pretenden.

No hay que confundir la oración cristiana con el zen o el yoga. Hoy están de moda las prácticas de meditación oriental como el zen y el yoga; pero estas prácticas implican riesgos para los católicos. Por eso el Vaticano ha publicado un documento alertando a los católicos, porque el zen y el yoga degradan las oraciones cristianas y pueden degenerar en un culto al cuerpo. También el Papa alerta a los que se abren a las religiones orientales en técnicas de meditación y ascesis[543].

44,5. Ten la costumbre de acudir a Dios en todas tus penas y alegrías.

En tus penas para encontrar consuelo y ayuda; en tus alegrías para dar gracias y pedir que se prolonguen.

De suyo, la oración se hace a Dios; pero muchas veces tomamos a la Virgen o a los Santos como mediadores. Lo mismo que nos valemos de los secretarios de los grandes personajes. Dios escucha a la Virgen y a los Santos mejor que a nosotros, porque ellos lo merecen más.

Dios conoce nuestras necesidades y las remedia muchas veces sin que se lo pidamos.

Pero de ordinario quiere que acudamos a él, porque con la oración practicamos muchas virtudes: adoración, amor, confianza, humildad, agradecimiento, conformidad, etc.

«La eficacia de la oración y su necesidad no es por el influjo que ejerce en Dios, sino en el que ora.

Dios está siempre dispuesto a colmarnos de gracias: nosotros, en cambio, no siempre estamos dispuestos a recibirlas; la oración nos hace aptos para ello»[544].

Nunca debo cansarme de pedir a Dios lo que necesito.

No es que Dios desconozca mis necesidades. Pero quiere que acuda a él.

Si no me lo concede, será porque no se lo pido bien, porque no me lo merezco o porque no me conviene.

En ese caso, me dará otra cosa; pero la oración que sube al cielo nunca vuelve vacía.

Como una madre que cuando un niño le pide un cuchillo con el que se puede cortar, no se lo da; pero le da un juguete.

Y en caso de que en los planes de Dios esté dejarnos una cruz, nos dará fuerzas para llevarla. Dijo San Agustín: «Señor, dame fuerzas para lo que me pides, y pide lo que quieras»[545].

En nuestras peticiones se sobreentiende siempre la condición de si es bueno para la salvación eterna.

Hay una cosa que ciertamente Dios está deseando concedérnosla en cuanto se la pidamos. Es la fuerza interna necesaria para vencer las tentaciones del pecado. Sobre todo, si lo pedimos mucho y bien, Dios nos concederá la salvación eterna de nuestra alma.

Cuando se piden cosas absolutamente buenas para uno mismo, si se piden bien, la eficacia de la oración es infalible.

Aunque a veces Dios modifica la petición en cuanto a las circunstancias, tiempo, etc.

Si es para otro, puede ser que éste rechace la gracia: conversión de un pecador. Dios nos exige un mínimo de buena voluntad. Él lo pone casi todo; pero hay un casi nada, que depende de nosotros.

Una bonita oración podría ser:

Señor dame:

-la decisión para cambiar aquellas cosas que yo puedo cambiar;

-la paciencia para aceptar las cosas que yo no puedo cambiar;

-y la inteligencia para distinguir una cosa de otra.

44,6. Pero la vida de la gracia, además de respirar, necesita -lo mismo que la vida natural- alimentarse.

Dios también nos ha dado un alimento para la vida sobrenatural de la gracia. Ese alimento es la Sagrada Comunión, el verdadero Cuerpo del mismo Jesucristo bajo la apariencia de pan, que se guarda en el sagrario y es la Sagrada Eucaristía.

Es el recuerdo que Jesucristo nos dejó antes de subir al cielo.

Él se iba, pero al mismo tiempo quiso quedarse con nosotros, hasta el fin de los siglos, en el sagrario.

[537] - Evangelio de San Mateo, 7:7

[538] - Evangelio de San Lucas, 18:1

[539] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: La Virgen María, 4º, V, 4, nº 401. Ed. BAC. Madrid

[540] - SAN PABLO: Primera carta a los Corintios, 10:13.

[541] - ANTONIO ROYO MARÍN,O.P.:Teología de la salvación, nº 101. Ed. BAC. Madrid

[542] - HEGGEN: La penitencia, acontecimiento de salvación, 1ª, III, 4. Ed. Sígueme. Salamanca

[543] - JUAN PABLO II: Cruzando el umbral de la esperanza, XIV. Ed. Plaza y Janés. Barcelona.

[544] - ESTANISLAO LYONNET, S.I.: Libertad y ley nueva, I, 2. Ed. Sígueme. Salamanca

[545] - SAN AGUSTÍN: Confesiones, 10, XXIV


 

Eucaristía

45.- JESUCRISTO ESTÁ AHORA GLORIOSO EN EL CIELO Y EN EL SAGRARIO.

45,1. Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Dios está en todas partes. Como Hombre está solamente en el cielo y en el sagrario, en el Sacramento de la Eucaristía.

El sagrario es lo principal de la iglesia; aunque a veces no está en el altar mayor. El sagrario es una especie de casita, con su puerta y con su llave. Allí está Jesucristo, y por eso, al lado hay encendida una lamparita. Siempre que pasemos por delante, debemos poner la rodilla derecha en tierra, en señal de adoración, lo mismo si está reservado que si está expuesto.

45,2. Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto porque están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos, a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas. Pero lo que hay en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo Jesucristo, vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo. Las imágenes no se adoran, se veneran. A Jesucristo, en el sagrario, sí lo adoramos. Adoración consiste en tributar a una persona o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría. Se diferencia del culto de dulía que consiste en la veneración que se tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes, reliquias, etc.). A los santos se les tributa culto de dulía, que es de intercesión ante Dios.

La adoración sólo se tributa a Dios. El doblar la rodilla tiene distintos significados, según la voluntad del que lo hace: ante la Eucaristía es adoración, ante una imagen es veneración, ante los reyes es reverencia. La veneración de las imágenes no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera, lienzo o papel) sino a la persona a la que representa. Cuando tú besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico sino a tu madre en persona.

La idolatría se dirige a la imagen misma.

Dice el Concilio II de Nicea: el honor tributado a la imagen va dirigido a quien está representado en ella.

El Dios del Antiguo Testamento no tenía cuerpo. Era invisible. No se le podía representar por imágenes. Las imágenes de aquel tiempo eran ídolos. Pero desde que Cristo se hizo la imagen visible del Dios invisible, como dice San Pablo, es lógico que lo representemos para darle culto.

Los textos de la Biblia que prohíben hacer imágenes[546] son para los del Antiguo Testamento, por el peligro que tenían de caer en la idolatría como los pueblos vecinos. Ya no valen hoy día; como tampoco valen otras leyes del Antiguo Testamento, por ejemplo, la circuncisión, y la pena de muerte para los adúlteros.

El Nuevo Testamento perfecciona el Antiguo.

Los textos del Nuevo Testamento que hablan de los ídolos, se refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero no a simples imágenes.

Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó el culto de las sagradas imágenes.

Las imágenes son la Biblia del pueblo. Decía San Gregorio Magno: Las imágenes son útiles para que los iletrados vean en ellas lo que no son capaces de leer en los libros.

Los Testigos de Jehová, hasta el saludo a la bandera nacional lo consideran como un acto de idolatría. Esto es absurdo.

45,3. Es muy importante que consideres a Jesucristo en el sagrario, no como una cosa, sino como una Persona que siente, que ama, que te está esperando. Jesucristo está en el sagrario, deseando que vayamos a visitarle. Debemos ir con frecuencia a contarle nuestras penas y necesidades, y a pedirle consuelo y ayuda.

Es muy buena costumbre entrar a saludar a Jesucristo al pasar por delante de una iglesia, al menos una vez al día. Aunque sea brevemente. Por mucha prisa que tengas puedes entrar un momento y decir:

Señor:

Yo creo que estás aquí presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

Te adoro con todo mi corazón, como al único Dios verdadero.

Te amo sobre todas las cosas.

Te doy gracias por todos los beneficios que de Ti he recibido.

Te pido por todo por todas mis intenciones.

Te ruego que me ayudes en todo lo que necesite. Amén.

No has tardado ni un minuto.

Algunas veces, se hace la exposición del Santísimo Sacramento. Los fieles se arrodillan ante Él para adorar al Señor, darle gracias por su amor, y pedirle su ayuda. Al final de la exposición, se da la bendición con el Santísimo a los fieles: entonces, es el mismo Cristo quien les bendice y derrama sobre ellos sus gracias.

46.- JESUCRISTO ESTA REAL Y VERDADERAMENTE PRESENTE EN EL SAGRARIO, AUNQUE ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE PAN, EN LA HOSTIA CONSAGRADA.

47.- JESUCRISTO TAMBIÉN ESTÁ ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE VINO EN EL CÁLIZ CONSAGRADO.

47,1. En la Eucaristía permanecen el olor, color y sabor del pan y del vino; pero su substancia se ha convertido en el Cuerpo y en la Sangre de Jesucristo.

Substancia es aquello por lo cual algo es lo que es. Lo que hay de permanente en el ser, por lo cual subsiste. No lo que es transitorio y accidental, que no es esencial y constante, y que necesita una substancia donde residir: como son el color, el olor y el sabor.

47,2. La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia, después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo, con su Sangre, su Alma y su Divinidad. Del pan sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

47,3. En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva. En el cáliz, después de la Consagración, está la Sangre de Cristo, con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad. Del vino sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.

Jesucristo en razón de su única Persona está entero en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo, no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta cualquiera de las dos para recibirlo entero.

47,4. La palabra griega «soma» en la antropología hebrea significa cuerpo en su totalidad; no en contraposición con la sangre. Igualmente la palabra «aima» (sangre) significa lo que es el hombre en su totalidad. Cristo repite la misma idea para confirmarla, para remacharla. Es un paralelismo llamado «climático» muy frecuente en el modo de hablar hebreo.

48.- EL PAN Y EL VINO SE CONVIERTEN EN EL CUERPO Y EN LA SANGRE DE JESUCRISTO EN LA SANTA MISA POR LAS PALABRAS QUE EL SACERDOTE DICE EN EL MOMENTO DE LA CONSAGRACION, PUNTO CENTRAL DE LA MISA

48,1. Por eso las normas litúrgicas dicen que durante la consagración los fieles deben ponerse de rodillas, si no hay motivo razonable que lo impida. Y así lo han recordado varios obispos.

En la elevación podrías decir en silencio: «Señor mío y Dios mío, que tu santa redención consiga mi salvación eterna y la de todos los que han de morir hoy. Amén».

49.- JESUCRISTO INSTITUYÓ LA EUCARISTÍA PARA PERPETUAR POR LOS SIGLOS, HASTA SU VUELTA, EL SACRIFICIO DE LA CRUZ, Y ALIMENTAR NUESTRAS ALMAS PARA LA VIDA ETERNA

49,1. En su Ultima Cena, Jesucristo, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y de su Sangre.

Jesús ofreció aquel día en el cenáculo el mismo sacrificio que iba a ofrecer pocas horas más tarde en el calvario: con anticipación, se entregó por todos los hombres bajo las apariencias de pan y vino.

Con las palabras «haced esto en memoria mía»[547], Jesús dio a los Apóstoles y a sus sucesores el poder y el mandato de repetir aquello mismo que Él había hecho: convertir el pan y el vino, en su Cuerpo y en su Sangre, ofrecer estos dones al Padre y darlos como manjar a los fieles.

49,2. Jesucristo está en todas las Hostias Consagradas entero en cada una de ellas. Aunque sea muy pequeña. También un paisaje muy grande se puede encerrar en una fotografía muchísimo más pequeña. No es lo mismo; pero esta comparación puede ayudar a entenderlo.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es inextensa, es decir, todo en cada parte. Por eso al partir la Sagrada Forma, Jesucristo no se divide, sino que queda entero en cada parte, por pequeña que sea. Lo mismo que cuando uno habla y le escuchan dos, aunque vengan otros dos a escuchar, también oyen toda la voz. La voz se divide en doble número de oídos, pero sin perder nada. Esta comparación, que es de San Agustín, puede ayudar a entenderlo.

Todo esto es un gran misterio, pero así lo hizo Jesucristo que, por ser Dios, lo puede todo. Lo mismo que, con su sola palabra hizo milagros así, con su sola palabra, convirtió el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre cuando dijo: «Esto es mi Cuerpo..., éste es el cáliz de mi Sangre...»[548].

En otra ocasión dijo: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida»[549]. Y los que oyeron estas palabras las entendieron en su auténtico sentido; por eso no pudieron contenerse y dijeron «dura es esta doctrina»[550]. Los discípulos que las oyeran las entendieron de modo real, no simbólico. Por eso dice San Juan que cuando le oyeron esto a Jesús algunos, escandalizados, le abandonaron diciendo: esto es inaceptable. Les sonaba a antropofagia. Si lo hubieran entendido en plan simbólico no se hubieran escandalizado.

El mismo San Pablo también las entendió así. Por eso después de relatar la institución de la Eucaristía añade rotundamente: «de manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere este cáliz indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor»[551].

Por todo esto los católicos creemos firmemente que en la Eucaristía está el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesucristo. Las interpretaciones simbólicas y alegóricas de los no católicos son inadmisibles.

La presencia de Cristo en la Eucaristía es real y substancial.

El sentido de las palabras de Jesús no puede ser más claro. Si Jesucristo hablara simbólicamente, habría que decir que sus palabras son engañosas. Hay circunstancias en las que no es posible admitir un lenguaje simbólico. Qué dirías de un moribundo que te promete dejarte su casa en herencia y lo que luego te dejara fuera una fotografía de ella» Si no queremos decir que Jesucristo nos engañó, no tenemos más remedio que admitir que sus palabras sobre la Eucaristía significan realmente lo que expresan.

La Biblia de los Testigos de Jehová traduce falsamente en el relato de la Cena: «esto significa mi Cuerpo». Sin embargo, todos los manuscritos y versiones, sin excepción, traducen «esto es mi Cuerpo»[552]. No es lo mismo el verbo «ser» que el verbo «significar».

La bandera significa la Patria, pero no es la Patria.

Es cierto que nosotros no podemos comprender cómo se convierten el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo; pero tampoco comprendemos cómo es posible que la fruta, el pan, un huevo, un tomate o una patata se conviertan en nuestra carne y en nuestra sangre, y sin embargo esto ocurre todos los días en nosotros mismos. Claro que la transformación que sufren los alimentos en nuestro estómago es del orden natural, en cambio la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo es de orden sobrenatural y misterioso.

Este misterio se llama Santísimo Sacramento del Altar y, también, la Sagrada Eucaristía.

49,3. La presencia de Cristo en la Eucaristía está confirmada por varios milagros eucarísticos que, ante las dudas del sacerdote celebrante u otras circunstancias, las especies sacramentales se convirtieron en carne y sangre humana, como consta por los exámenes científicos realizados en los milagros de Lanciano, Casia y otros[553].

Puede ser interesante mi vídeo: «El Santo Grial de Valencia y milagros eucarísticos», donde presento las razones que nos permiten afirmar con fundamento que el Santo Cáliz de Valencia es el mismo que utilizó Jesucristo en la Ultima Cena, y relato los milagros eucarísticos de los Corporales de Daroca, La Sagrada Forma de El Escorial, El Milagro de los peces de Alboraya (Valencia) y la carne eucarística de Lanciano (Italia), analizada recientemente.por científicos.

50.- LA MISA ES EL ACTO MÁS IMPORTANTE DE NUESTRA SANTA RELIGIÓN, PORQUE ES LA RENOVACIÓN Y PERPETUACIÓN DEL SACRIFICIO DE CRISTO EN LA CRUZ

50,1. En la Misa se reactualiza el sacrificio que de su propia vida hizo Jesucristo a su Eterno Padre en el calvario, para que por sus méritos infinitos nos perdone a los hombres nuestros pecados, y así podamos entrar en el cielo. En la Misa se hace presente la redención del mundo. Por eso la Misa es el acto más grande, más sublime y más santo que se celebra cada día en la Tierra.

Decía San Bernardo: el que oye devotamente una Misa en gracia de Dios merece más que si diera de limosna todos sus bienes.

Oír una Misa en vida aprovecha más que las que digan por esa persona después de su muerte.

Con cada Misa que oigas aumentas tus grados de gloria en el cielo.

La única diferencia entre el sacrificio de la Misa y el de la cruz está en el modo de ofrecerse: en la cruz fue cruento (con derramamiento de sangre) y en la Misa es incruento (sin derramamiento de sangre), bajo las apariencias de pan y vino. «Los sacrificios de la Ultima Cena, el de la Cruz y el del altar, son idénticos»[554].

Todos los fieles que asisten al Sacrificio Eucarístico lo ofrecen también al Padre por medio del sacerdote, quien lo realiza en nombre de todos y para todos hace la Consagración.

A los hombres nos gusta celebrar los grandes acontecimientos:

bautizos, primeras comuniones, bodas, aniversarios, etc. Estas celebraciones suelen consistir en banquetes. La Eucaristía es un banquete para conmemorar la Ultima Cena. Los cristianos nos reunimos para participar, con las debidas disposiciones, en el banquete eucarístico.

50,2. Hay quienes dicen que no van a Misa porque no sienten nada.

Están en un error. Las personas no somos animales sentimentales, sino racionales.. El cristianismo no es cuestión de emociones, sino de valores. Los valores están por encima de las emociones y prescinden de ellas. Una madre prescinde de si tiene o no ganas de cuidar a su hijo, pues su hijo es para ella un valor. Quien sabe lo que vale una Misa, prescinde de si tiene ganas o no. Procura no perder ninguna, y va de buena voluntad.

Para que la Misa te sirva basta con que asistas voluntariamente, aunque a veces no tengas ganas de ir. La voluntad no coincide siempre con el tener ganas. Tú vas al dentista voluntariamente, porque comprendes que tienes que ir; pero puede que no tengas ningunas ganas de ir.

Algunos dicen que no van a Misa porque para ellos eso no tiene sentido. Cómo va a tener sentido si tienen una lamentable ignorancia religiosa» A nadie puede convencerle lo que no conoce. A quien carece de cultura, tampoco le dice nada un museo. Pero una joya no pierde valor porque haya personas que no saben apreciarla. Hay que saber descubrir el valor que tienen las cosas para poder apreciarlas.

Otros dicen que no van a Misa porque no les apetece, y para ir de mala gana, es preferible no ir. Si la Misa fuera una diversión, sería lógico ir sólo cuando apetece. Pero las cosas obligatorias hay que hacerlas con ganas y sin ganas. No todo el mundo va a clase o al trabajo porque le apetece. A veces hay que ir sin ganas, porque tenemos obligación de ir. Que uno fume o deje de fumar, según las ganas que tenga, pase.Pero el ir a trabajar no puede depender de tener o no ganas. Lo mismo pasa con la Misa. Ojalá vayas a Misa de buena gana, porque comprendes que es maravilloso poder mostrar a Dios que le queremos, y participar del acto más sublime de la humanidad como es el sacrificio de Cristo por el cual redime al mundo. Pero además, la asistencia a la Misa dominical es obligatoria, pues es el acto de culto público oficial que la Iglesia ofrece a Dios.

La Misa es un acto colectivo de culto Dios. Todos tenemos obligación de dar culto a Dios. Y no basta el culto individual que cada cual puede darle particularmente. Todos formamos parte de una comunidad, de una colectividad, del Pueblo de Dios, y tenemos obligación de participar en el culto colectivo a Dios. No basta el culto privado.

El acto oficial de la Iglesia para dar culto a Dios colectivamente, es la Santa Misa. El cumplimiento de las obligaciones no se limita a cuando se tienen ganas. Lo sensato es poner buena voluntad en hacer lo que se debe.

El cristianismo es una vida, no un mero culto externo. El culto a Dios es necesario, pero no basta para ser buen cristiano.

La asistencia a Misa es sobre todo un acto de amor de un hijo que va a visitar a su Padre: por eso el motivo de la asistencia a Misa debe ser el amor.

Muchos cristianos no caen en la cuenta del valor incomparable de la Santa Misa. Le oí decir a un sacerdote, que hablaba del valor de la Misa, que si a él le ofrecieran un millón de pesetas para que un día no celebrara la Santa Misa, él, sin dudarlo, dejaría el millón, no la Misa. Al oír esto pensé que yo también haría lo mismo. Unos días después al decir yo esto en unas conferencias que estaba dando en Écija, el millón me pareció poco, y dije: diez, cincuenta, cien, mil millones, ni por todo el oro del mundo dejaría yo de decir una sola misa. Repartiendo mil millones de pesetas yo podría hacer mucho bien:

pues ayudo más a la humanidad diciendo una Misa; pues los mil millones de pesetas tienen un valor finito, y la Santa Misa es de valor infinito. «Una sola Misa glorifica más a Dios que le glorifican en el cielo por toda la eternidad todos los ángeles y santos juntos,

incluyendo a la Santísima Virgen María, Madre de Dios»[555]. La razón es que la Virgen y los Santos son criaturas limitadas, en cambio la Misa, como es el Sacrificio de Cristo-Dios, es de valor infinito

50,3. Siendo la Santa Misa «reproducción incruenta del sacrificio del calvario, tiene los mismos fines y produce los mismos efectos que el sacrificio de la cruz»[556].

La Misa se celebra por cuatro fines:

1 Para adorar a Dios dignamente. Todos los hombres estamos obligados a adorar a Dios por ser criaturas suyas. La mejor manera de adorarle es asistir debidamente al Santo Sacrificio de la Misa.

2 Para satisfacer por los pecados nuestros y de todos los cristianos vivos y difuntos.

3 Para dar gracias a Dios por los beneficios que nos hace: conocidos y desconocidos por nosotros.

4 Para pedir nuevos favores del alma y del cuerpo, espirituales y materiales, personales y sociales.

Para alabar a Dios, para darle gracias por un beneficio, para pedirle un nuevo favor, para expiar nuestros pecados, para aliviar a las almas del purgatorio, etc., etc., lo mejor es oír Misa.

Por lo tanto, nuestras peticiones, unidas a la Santa Misa tienen mayor eficacia. Pero la aplicación del valor infinito de la Misa depende de nuestra disposición interior.

50,4. La Misa se ofrece siempre solamente a Dios, pues sólo a Él debemos adoración, pero a veces se dice Misa en honor de la Virgen o de algún santo, para pedir la intercesión de ellos ante Dios.

Una sola Misa, bien oída, nos aprovecha más que mil Misas que nos apliquen después de nuestra muerte.

Muchos cristianos tienen la costumbre de ofrecer Misas por sus difuntos. Es ésta muy buena costumbre, pues una Misa ayuda a un difunto mucho más que un ramo de flores sobre su tumba.

Cuando se encargan Misas se suele dar una limosna al sacerdote que la dice para ayudar a su sustento, según quería San Pablo[557]. Pero de ninguna manera debe considerarse esta limosna como precio de la Misa, que por ser de valor infinito, no hay en el mundo oro suficiente para pagarla dignamente. Lo que se da al sacerdote no es el precio de lo que recibimos, sino que le damos un donativo para ayudar a su sustento con ocasión de la ayuda espiritual que él nos ofrece.

50,5. La Liturgia es la oración pública y oficial de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, ha recalcado la importancia de la Liturgia en la formación de los cristianos de hoy: «la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza»[558]. Pero primero dice que «la Sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia»[559], y después que «la participación en la Sagrada Liturgia no abarca toda la vida espiritual»[560]. «Por eso, junto a la liturgia y con justa autonomía, han de fomentarse otras expresiones, culturales o no, como la evangelización, la catequesis, el apostolado, los ejercicios ascéticos, la acción caritativa y social, y la vida de testimonio en el mundo»[561].

La Liturgia en nada se opone, sino al contrario, exige vehementemente un intenso cultivo de la vida espiritual, aun fuera de las acciones litúrgicas, con todos los medios ascéticos acostumbrados y conocidos en la tradición cristiana.

Hay que tener cuidado de que el despliegue que van alcanzando las celebraciones litúrgicas comunitarias no se produzca a base de pisar y expropiar su terreno a la piedad y oración privadas.

Porque en tal caso el auge de las celebraciones litúrgicas ya no estaría de acuerdo ni con la letra ni con el espíritu de la Constitución Conciliar sobre la Sagrada Liturgia. Hoy padecemos una hipertrofia del sentido comunitario. Se pretende a veces que lo común sobresalga de tal modo que ahogue lo individual. Pero todos los movimientos que en la pendular historia de las ideas han pasado por un máximo excesivo, han terminado por reducirse a sus justos términos.

«El hombre tiene un valor inalienable en sí mismo. Aunque él se salva en comunidad, se salva en virtud de su respuesta individual al llamamiento a participar en la vida de esta comunidad»[562].

51.-LA SAGRADA COMUNIÓN ES EL ACTO DE RECIBIR A JESUCRISTO, CON SU CUERPO, SU SANGRE, SU ALMA Y SU DIVINIDAD, BAJO LAS APARIENCIAS DE PAN Y VINO.

51,1. Hay obligación bajo pecado grave, de comulgar una vez al año, y en peligro de muerte.

Dice el Código de Derecho Canónico: En peligro de muerte, cualquiera que sea la causa de donde ésta proceda, obliga a los fieles el precepto de recibir la Sagrada comunión por Viático.

La obligación de comulgar, que antes era por Pascua Florida, el Nuevo Código de Derecho Canónico, lo expresa así en el canon 920:

Todo fiel, después de la Primera Comunión, está obligado a comulgar por lo menos una vez al año.

Este precepto debe cumplirse durante el Tiempo Pascual, a no ser que por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año. Este Tiempo Pascual comienza en el Triduo Pascual, el Jueves Santo, y termina con el domingo de Pentecostés. En España desde 1526 el Cumplimiento Pascual puede cumplirse desde el Miércoles de Ceniza hasta el domingo de la Santísima Trinidad.

Para un cristiano, comulgar una vez al año es lo mínimo. La Iglesia desea que los cristianos comulguen más a menudo, como lo expresa en el nuevo canon 898: Tributen los fieles la máxima veneración a la Santísima Eucaristía, tomando parte activa en la celebración del sacrificio augustísimo, recibiendo este sacramento frecuentemente.

La comunión frecuente puede ser mensual, semanal y mejor aún diaria.

La mejor devoción que podemos tener es la comunión diaria en la Santa Misa.

Comulgar es el acto más sublime que podemos hacer en la vida, pues es recibir a Dios en nuestro corazón. Jesucristo, que por ser Dios es infinitamente sabio y poderoso, no pudo dejarnos cosa mejor. Aunque no se puede ni comparar, podemos decir que con una comunión ganamos más que si nos toca la lotería. No es exageración. Es una realidad. Y si lo dudamos, es que no tenemos fe.

Si comulgáramos más, estaríamos acumulando un capitalazo para la eternidad. Sin embargo, una pereza increíble nos hace desaprovechar lo más grande y fácil que se nos puede presentar en la vida.

Pero sobre todo, comulgando damos gusto a Jesucristo. Para eso se ha quedado en la Eucaristía.

A Jesucristo no le bastó hacerse hombre y morir por los hombres. Quiso quedarse para siempre entre nosotros en la Eucaristía, y hacerse pan para unirse a nosotros en la Sagrada Comunión. Por amor a Él comulga lo más a menudo que puedas. Dice Cristo que quien comulga, vivirá eternamente.

Pero además, la comunión nos es necesaria porque es el alimento del alma que la robustece para la lucha de la vida. Quien no comulga tiene el alma débil, y fácilmente cae en el pecado. Quien comulga a menudo fortifica el alma y encuentra más fácil la victoria contra el pecado.

La comunión es el mejor medio de vencer las tentaciones porque debilita nuestras malas inclinaciones, aumenta la gracia santificante y nos preserva del pecado mortal.

Si alguna vez no puedes comulgar sacramentalmente, porque no estás en condiciones, haz al menos una comunión espiritual. La fórmula de la comunión espiritual la tienes en los Apéndices.

51,2. Antes de comulgar, debemos prepararnos con reverencia, pensando que el que viene a nosotros -pobres pecadores- es nada menos que Jesucristo, Dios, infinitamente poderoso, Creador del Universo; pero que nos ama tanto, que se ha querido quedar con nosotros en el sagrario para que podamos recibirle.

Al comulgar nos empapamos de Cristo como una esponja se empapa de agua. Es más, al comer el Cuerpo de Cristo, el alimento espiritual nos transforma a nosotros, y no nosotros al alimento: como cuando comemos comida material. La idea es de Santo Tomás[563].

Sería un error privarse de la comunión por un sentimiento exagerado de indignidad propia. Para comulgar fructíferamente basta estar en gracia de Dios. No es necesario ser santo, sino que comulgamos frecuentemente para poder serlo.

Lo mejor es comulgar en medio de la Misa, pero si no puedes oír Misa, al menos comulga.

Los sacerdotes tienen obligación de darla a cualquier hora a todos los fieles que la pidan razonablemente.

Cuando vayas a comulgar, acércate al comulgatorio con los brazos cruzados en actitud respetuosa.

Cuando el sacerdote vaya a darte la Sagrada Forma, te dirá: «El Cuerpo de Cristo». Tú le respondes: «Amén», y levantas la cabeza, la echas un poco hacia atrás, abres suficientemente la boca y sacas un poco la lengua por encima del labio inferior para que te deposite en ella a Nuestro Señor. Es dificilísimo dar la comunión a personas que tienen su cabeza inclinada hacia delante, la boca poco abierta y sin sacar la lengua. Hay peligro de que se caiga la Sagrada Forma.

Después, retírate a tu puesto. Para tragar con facilidad la Sagrada Forma, deja que se humedezca un poco con la saliva. Si se pega al paladar, despréndela con la lengua.

También puedes recibir la Sagrada Forma en la mano, poniendo la mano izquierda como bandeja y tomando la Sagrada Forma con la derecha.

Después de comulgar debemos darle gracias durante un ratito por beneficio tan grande, y pedirle por todas nuestras necesidades.

Háblale como a un amigo; pídele por tu familia, para que todos tengan salud y trabajo, y para que sean buenos y se salven; pídele por tus amigos, conocidos y compañeros de trabajo; por tu Patria, el Papa, la Iglesia y los grandes problemas de la Humanidad; y rézale las oraciones que para después de comulgar te pongo en el Apéndice.

Cuando se deshace la Sagrada Forma, Jesucristo ya no está corporalmente, pero queda en el alma la gracia santificante, que no se va hasta que se comete un pecado grave. El pecado grave destruye la gracia santificante.

52.- PARA COMULGAR ES NECESARIO ESTAR EN GRACIA DE DIOS Y HABER GUARDADO EL AYUNO EUCARISTICO.

52,1. El ayuno eucarístico, hoy día, se ha reducido a una hora para sólidos y líquidos (incluso bebidas alcohólicas). Este mismo margen hay que dejar para las comuniones de media noche (Misa de Nochebuena).

La hora se entiende aproximadamente. Si faltan cinco o diez minutos,

no importa.

El agua y las medicinas no rompen el ayuno. No importa haberlas tomado incluso un momento antes de comulgar.

El ayuno eucarístico queda suprimido para los enfermos, aunque no guarden cama, para los fieles de edad avanzada, y para las personas que cuidan enfermos y ancianos o familiares de éstos que desean recibir con ellos la Sagrada Eucaristía A los enfermos se les puede llevar la comunión a cualquier hora del día o de la noche. Y a juicio del Obispo, pueden recibir la comunión bajo la sola especie de vino, si les cuesta tragar.

Normalmente se suele recibir la comunión una vez al día. Pero se puede comulgar de nuevo, por segunda vez, cualquier día con tal de que sea oyendo misa entera. También pueden comulgar por segunda vez en el día los que acompañan al que recibe el viático.

Se puede comulgar sin haber guardado ayuno eucarístico, en peligro de muerte y para evitar una irreverencia al Santísimo Sacramento, por ejemplo, en un incendio, en una inundación, en una persecución religiosa, etc. En estos casos, si no hay sacerdote, podrá administrar la comunión, a otros y a sí mismo, cualquier seglar que esté en estado de gracia. Si uno no está en gracia, que haga un acto de contrición.

52,2. Además del ayuno, para comulgar hay que estar en gracia de Dios.

Cuando tenemos la desgracia de cometer un pecado grave, ya no estamos en gracia de Dios; por lo tanto, así no podemos comulgar; y si comulgamos sabiendo que estamos en pecado grave, cometemos un pecado tremendo que se llama sacrilegio. Dice San Pablo que quien comulga indignamente «se traga su propia condenación»[564]. Aunque con un acto de contrición perfecta -como luego diremos- se perdonan los pecados, con todo, quien tiene conciencia de estar en pecado grave no puede comulgar sin antes confesarse, a no ser por causa grave. Así lo manda la Santa Iglesia, en el Código de Derecho Canónico.

Causa grave es aquella necesidad moral que, si no se atiende, nos produce un grave perjuicio; como sería el que los demás adviertan que estamos en pecado mortal. Por eso, si después de acercarte a comulgar te das cuenta que estás en pecado grave, no es necesario que retrocedas: puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición, con propósito de confesarte después. Si tienes duda de estar en gracia, puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición. Como te explico en el n 84, puedes hacer un acto de contrición en tres palabras: Dios mío, perdóname.

Juan Pablo II afirmó que la confesión es imprescindible para quien tiene conciencia de pecado grave y quiere acercarse a la comunión. El Papa dijo que la preparación penitencial del comienzo de la Santa Misa no es suficiente para que pueda comulgar el que tenga conciencia de pecado grave.

No es necesario confesarse cada vez que uno comulga, a no ser que se tenga sobre la conciencia algún pecado grave. Dijo Juan Pablo II el 30 de enero de 1981: «está y estará vigente siempre en la Iglesia la norma, establecida por San Pablo y por el mismo Concilio de Trento, por la cual a la digna recepción de la Eucaristía se debe anteponer la confesión de los pecados, cuando uno es consciente de pecado grave»[565].Los que creen estar en gracia de Dios, pueden acercarse a comulgar sin confesarse previamente. Sin embargo, es muy recomendable hacer siempre un acto de contrición perfecta antes de acercarse a comulgar. Sobre el acto de contrición te hablo en los núms. 80-84.

[546] - Éxodo, 20:4

[547] - Evangelio de San Lucas, 22:19

[548] - Evangelio de San Mateo, 26:26ss

[549] - Evangelio de San Juan, 6:56

[550] - Evangelio de San Juan, 6:61

[551] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 11:27ss

[552] - G. HERBERT, S.I.: Los Testigos de Jehová, su historia y su doctrina, III, 3. a. Ed. PPC. Madrid, 1973. Éste es uno de los mejores libros para refutar con profundidad los errores de los Testigos de Jehová.

[553] - BOB-PENNY LORD: Milagros de la Eucaristía, I, V, XV. Librería Niño Jesús. San Jorge 357, Santurce. Puerto Rico

[554] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para Seglares, 2º, 2ª, III, 98. Ed. BAC. Madrid

[555] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la Perfección Cristiana nº 235. Ed. BAC. Madrid

[556] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para Seglares,2º, 2ª, III,nº100.Ed.BAC. Madrid

[557] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 9:13s

[558] - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 10

[559] - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 9

[560] - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución sobre la Sagrada Liturgia, nº 12

[561] - Documento de la Comisión Episcopal de Liturgia del 1-XI-1987

[562] - Pastoral Colectiva de los Obispos de los EE.UU.: Revista ECCLESIA nº 1376(3-II-68)

[563] - SANTO TOMÁS in 4 Sent. Dist. 12 q. 2, a, 1

[564] - SAN PABLO: 1ª Carta a los Corintios, 11:27ss

[565] - Revista ECCLESIA, 2018 (14-II-81)8.


 

Pecado

53.- LA GRACIA DE DIOS SE RECOBRA ARREPINTIÉNDOSE DE LOS PECADOS Y CONFESÁNDOSE.

53,1. En el sacramento de la penitencia se perdonan todos los pecados cometidos después del bautismo.

Este sacramento se llama también de la reconciliación y del perdón.

Además de su sentido de reconciliación con Dios, incluye también la reconciliación con la Iglesia.

54.- CONFESARSE ES DECIRLE CON ARREPENTIMIENTO AL CONFESOR, TODOS LOS PECADOS COMETIDOS DESDE LA ULTIMA CONFESION BIEN HECHA.

54,1. La confesión es una manifestación externa del arrepentimiento de nuestros pecados y de nuestra reconciliación con la Iglesia.

Para un cristiano el sacramento de la penitencia es el único modo ordinario de obtener el perdón de sus pecados graves cometidos después del bautismo[566].

55.-EL SACRAMENTO DE LA CONFESIÓN FUE INSTITUIDO POR JESUCRISTO.

55,1. Quizás hayas oído alguna vez de labios indocumentados: «la confesión es un invento de los curas».

Esto es falso.

Se conoce el inventor de la imprenta (Guttemberg ); del anteojo (Galileo ); del termómetro de mercurio (Fahrenheit ); del pararrayos (Franklin ); de la pila eléctrica (Volta ); del teléfono (Bell ); del fonógrafo (Edison ); de la radio (Marconi ); del submarino (Peral ); de los Rayos X (Roentgen ); del autogiro (La Cierva ); de la penicilina (Fleming ); etc. etc. Ahora bien, qué «cura» inventó la confesión» No se puede saber porque no ha existido nunca. Y, desde luego, si la hubiera inventado un hombre, no la hubiera inventado gratis. Porque es inconcebible que un hombre invente una cosa tan desagradable para el sacerdote -que tiene que estar encajonado horas y horas oyendo siempre lo mismo-, tan perjudicial para la salud, tan fácil de contagiarse de enfermedades, etc., etc., y todo esto sin cobrar un céntimo. Lo normal es que quien hace un servicio lo cobre.

Aparte de que, quién va a tener autoridad para obligar a la confesión al mismo Papa» Pues el Papa tiene obligación de confesarse, y de hecho se confiesa frecuentemente, como todo buen católico. Y lo mismo los cardenales, los obispos y los sacerdotes del mundo entero. Si hubiera sido invención suya, se hubieran ellos dispensado.

Algunos protestantes, para no admitir la confesión decían que ésta se estableció en el Concilio de Letrán. Pero esto no lo sostiene ninguna persona culta, ni siquiera entre los protestantes; pues está históricamente demostrado que el Concilio IV de Letrán celebrado en 1215, lo que mandó fue la obligación de confesar una vez al año[567].

Ya sea por malicia o por desconocimiento de la Historia de la Iglesia, confundían la institución del sacramento de la confesión con el precepto de confesarse anualmente. Pero la confesión venía practicándose desde el principio del cristianismo, aunque con menos frecuencia. Ya en el siglo III se nos habla del sacerdote encargado de perdonar los pecados.

Y entre los años 140 y 150 apareció un libro titulado «El Pastor» escrito por un cristiano llamado Hermas donde se recomienda la confesión.

La confesión privada, como hoy la tenemos, existe desde el siglo VI introducida por los monjes irlandeses que reaccionaron a la durísima práctica de la penitencia de entonces. Desde el siglo II había una larga lista de pecados, muchos de los cuales excluían de la Eucaristía para toda la vida.

55,2. El sacramento de la confesión fue instituido por Jesucristo cuando se apareció a sus Apóstoles reunidos en el cenáculo y les dio facultad para perdonar los pecados, diciéndoles: «A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados; y a quienes se los retengáis, les serán retenidos»[568]. Por estas palabras de Cristo se comunicó a los Apóstoles y a sus legítimos sucesores la potestad de perdonar y retener los pecados. Cristo instituyó los sacramentos para que la Iglesia los administrase hasta el final de los tiempos. Como los Apóstoles iban a morir pronto, el poder de perdonar los pecados se transmite a sus legítimos sucesores, los sacerdotes. El ministro competente para el sacramento de la penitencia, es el sacerdote, que, según las leyes canónicas, tiene facultad de absolver.

Es evidente que si el sacerdote debe perdonar o retener los pecados con equidad y responsabilidad, se supone que el pecador debe manifestárselos. Sólo el pecador puede informarle qué grado de consentimiento hubo en su pecado.

Es esencial la presencia real de confesor y penitente, por lo tanto es inválida la confesión por carta, teléfono, radio o televisión[569]; pues además de no existir presencia real, pone en peligro el secreto sacramental.

Por mandato de la Iglesia, quien tiene pecado grave debe confesarse al menos una vez al año, o antes si hay peligro de muerte o se ha de comulgar. Pero eso es el plazo máximo. Quien quiere sinceramente salvarse y no quiere correr un serio peligro de condenarse, no puede contentarse con esto. Es necesario confesarse con más frecuencia. Con la frecuencia que sea necesaria para no vivir habitualmente en pecado grave. No vivas nunca en pecado grave!

Un buen cristiano se confiesa normalmente una vez al mes. La confesión te devuelve la gracia, si la has perdido; te la aumenta, si no la has perdido; y te da auxilios especiales para evitar nuevos pecados.

Los sacerdotes deben prestarse a confesar a todos los que se lo pidan de modo razonable.

56.- PECADO ES TODA ACCION U OMISION VOLUNTARIA CONTRA LA LEY DE DIOS, QUE CONSISTE EN DECIR, HACER, PENSAR O DESEAR ALGO CONTRA LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS O DE LA IGLESIA, O FALTAR AL CUMPLIMIENTO DEL PROPIO DEBER Y A LAS OBLIGACIONES PARTICULARES

56,1. «En sus juicios acerca de valores morales, el hombre no puede proceder según su personal arbitrio. En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer... Tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente»[570].

Puede ser interesante mi vídeo: «El pecado: la gran bajeza, la gran locura, la gran primada, la gran canallada».

Algunos dicen que Dios no es afectado por el pecado. El pecado, efectivamente, no afecta a la naturaleza divina, que es inmutable; pero sí afecta al Corazón del Padre que se ve rechazado por el hijo a quien Él tanto ama.

Si el pecado no ofendiera a Dios sería porque Dios no nos quiere. Si Dios nos ama, es lógico que le duela mi falta de amor. Lo mismo que le agradaría mi amor, le desagrada mi desprecio: hablo de un modo antropológico. Pero es necesario hacerlo así, para entendernos. Si Dios se quedara insensible ante mi amor o mi desprecio, sería señal de que no me ama, que le soy indiferente. A mí no me duele el desprecio de un desconocido; pero sí, si viene de una persona a quien amo. No es que el hombre haga daño a Dios. Pero a Dios le duele mi falta de amor.

El bofetón de su niñito no le hace daño a una madre, pero sí le da pena. Ella prefiere un cariñoso besín. Es cuestión de amor.

La inmutabilidad de Dios no significa indiferencia. La inmutabilidad se refiere a la esfera ontológica, pero no a la afectiva. Dios no es un peñasco: es un corazón. El Dios del evangelio es Padre. La Filosofía no puede cambiar la Revelación.

Es un misterio cómo el pecado del hombre puede afectar a Dios. Pero el hecho de que el pecado afecta a Dios es un dato bíblico.

El pecado es ante todo ofensa a Dios.

La Biblia expresa la ofensa a Dios del pecado con la imagen del adulterio[571].

«La Iglesia ha condenado la idea de que pueda existir un pecado meramente racional o filosófico, que no mereciera castigo de Dios»[572].

El pecado está en la no aceptación de la voluntad de Dios, más que en la transgresión material de la ley. Por eso, puede haber pecado sin transgresión material de la ley si existe el NO a Dios en la intención; mientras que puede haber transgresión de la ley sin pecado, si no se ha dado el NO a Dios voluntariamente.

La moral no consiste en el cumplimiento mecánico de una serie de preceptos, sino en nuestra respuesta cordial a la llamada de Dios que se traduce en una actitud fundamental en el servicio de Dios.

56,2. La opción fundamental es la orientación permanente de la voluntad hacia un fin. Esta actitud «debe explicitarse en el fiel cumplimiento de los preceptos, no de modo rutinario, sino vivificado por el dinamismo que el Espíritu imprime en nuestros corazones. La opción fundamental no consiste en liberarse del cumplimiento de determinadas normas o preceptos, sino muy al contrario, en hacer una llamada a la interiorización y profundización de la vida de cada cristiano. La opción fundamental por Dios consiste en colocar a Dios en el centro de la vida. Concebirle como el Valor Supremo hacia el cual se orientan todas las tendencias, y en función del cual se jerarquizan las múltiples elecciones de cada día»[573].

La opción fundamental es una decisión libre, que brota del núcleo central de la persona, una elección plena a favor o en contra de Dios, que condiciona los actos subsiguientes, y es de tal densidad que abarca la totalidad de la persona, dando sentido y orientación a su vida entera.

Evidentemente que en el hombre tienen más valor las actitudes que los actos. «Hay actos que expresan más bien la periferia del ser y no el ser mismo del hombre. Los actos verdaderamente valiosos son los que proceden de actitudes conscientemente arraigadas. Se ve claramente que, aunque la actitud sea lo que define auténticamente al ser moral del hombre, los actos tienen también su importancia, porque, repetidos, conscientes y libres van camino de convertirse en actitud»[574].

Incluso podemos decir que hay actos de tal trascendencia que, si se realizan responsablemente y sin atenuantes posibles, son el exponente de una actitud interna. No hace falta que el acto se repita para que sea considerado grave[575]. Por ejemplo: un adulterio o un crimen planeado a sangre fría, con advertencia plena de la responsabilidad que se contrae, buscando el modo de superar todas las dificultades, y sin detenerse ante las consecuencias con tal de conseguir su deseo, qué duda cabe que compromete la actitud moral del hombre» «La opción fundamental puede ser radicalmente modificada por actos particulares[576]. No es sincera una opción fundamental por Dios, si después esto no se confirma con actos concretos. Los actos son la manifestación de nuestra opción.

Lo que sí parece cierto es que la actitud no cambia en un momento. Los cambios vitales en el hombre son algo paulatino. El pecado mortal que separa al hombre definitivamente de Dios es la consecuencia final de una temporada de laxitud moral. Por eso decimos que el pecado venial dispone para el mortal.

56,3. Algunos opinan que al final de la vida, Dios dará a todos la oportunidad de pedir perdón de sus pecados; pero esta posibilidad de la opción final no tiene ningún fundamento en la Biblia. Por eso es rechazada por teólogos de categoría internacional como Ratzinger, Rahner, Pozo, Alfaro, Ruiz de la Peña, etc.

56,4. Hay, además otros pecados de omisión: los pecados cometidos por los que no hicieron ningún mal..., más que el mal de no atreverse a hacer el bien, que estaba a su alcance. Jesucristo condena al infierno a los que dejaron de hacer el bien: «Lo que con éstos no hicisteis»[577]. A veces hay obligación de hacer el bien, y el no hacerlo es pecado de omisión.

«Se equivocan los cristianos, que pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga a un más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno. Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse totalmente a los asuntos temporales, como si éstos fueran ajenos del todo a la vida religiosa, pensando que ésta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones morales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época»[578].

«Hoy es muy usual en algunos ambientes hablar de pecado social. Pero el pecado, en sentido verdadero y propio, es siempre un acto de la persona. Una sociedad no es de suyo sujeto de actos morales. Lo cierto es que el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los demás.

Pero en el fondo de toda situación de pecado hallamos siempre personas pecadoras»[579].

Aunque es cierto que pecados personales generalizados crean un ambiente de pecado, no se puede diluir la responsabilidad personal en culpabilidades colectivas anónimas

56,5. Las cosas que principalmente nos incitan y tientan a pecar son:

el mundo (criterios relajados, costumbres corruptoras, ambientes pervertidos) con sus atractivos, que tienen fuerza seductora para los incautos que se dejan llevar por él; el demonio con sus tentaciones; y la carne con sus inclinaciones al pecado. Dice el Apóstol Santiago:

«Cada cual es tentado por sus propias concupiscencias»[580]. Y San Juan: «El que peca se hace esclavo del pecado»[581]. «El que peca se hace hijo de Satanás»[582].

A veces, los malos ambientes pervierten a muchos católicos. Como dijo Pablo VI, en una solemne alocución: Muchos cristianos de hoy, en lugar de misionar, son misionados; en lugar de convertir, son convertidos; en lugar de comunicar el Espíritu de Jesús, son ellos contagiados por el espíritu del mundo.

No podemos vencer las tentaciones nosotros solos; pero tenemos la ayuda de Dios, su gracia, que la tenemos a nuestra disposición si la buscamos con la oración y los sacramentos. Dice San Pablo que Dios no permite al demonio que nos tiente por encima de nuestras fuerzas[583].

Muchas veces el demonio se vale de los mismos hombres para hacernos pecar. Unas veces con su mal ejemplo. Otras, también con sus palabras.

Es necesario saber luchar contra los malos ambientes, y no dejarse arrastrar al pecado por el respeto humano. El mejor medio para esto es huir de las malas compañías y juntarse con buenos amigos.

Ocurre con frecuencia que, en un grupo, los más indeseables llevan la voz cantante y dominan a una colección de individuos vulgares y endebles. Ten mucho cuidado de que nadie atente contra la integridad y rectitud de tu personalidad. Y si alguna vez te integras en alguno de estos grupos, ten la valentía suficiente para hacer una acto de independencia y abandonar el grupo, aunque tal vez la ruptura te traiga algún contratiempo desagradable. No importa. Es decir, esto tiene menos importancia y merece la pena afrontarlo. La mejor manera de vencer los malos ambientes es tomar desde el primer momento una actitud decidida, clara, inquebrantable. Si ven que contigo es inútil, te dejarán en paz. Pero si ven que vacilas, volverán una y otra vez a la carga hasta tumbarte.

56,6. El respeto humano y el miedo al qué dirán es una cobardía indigna. Es vergonzoso tenerle miedo a la sonrisa maliciosa de una persona que -por su conducta- es indigna de nuestro aprecio. En cambio, quien cumple con su deber por encima de todo, consigue la estima de todas las personas buenas, y también el respeto de las que no lo son, que -digan lo que digan por fuera- en su interior no tienen más remedio que reconocer y admirar la superioridad de la honradez y de la virtud.

En tu conducta has de ser valiente cuando otros quieran arrastrarte al mal. Pero no hay que fanfarronear. Si la timidez y la cobardía desprestigian la virtud, no menos la desprestigia la fanfarronería, que la hace desagradable y antipática a todo el mundo. Tu conducta ha de ser la de una persona entera, que sabe lo que es cumplir con su deber, pero que no por eso desprecia a los demás, sino que es amable con todos, y todos saben que se puede contar contigo cuando se trata de algo bueno. Si eres persona recta y amable, pronto tendrás quien te siga. No hay nada tan atractivo como la virtud, cuando ésta es amable y valiente. La mayoría de las personas son imitadoras que siguen a las que entre ellas son capaces de dar ejemplo.

No olvides que tu conducta ejerce influjo en los demás. Quizás tú no te des cuenta. Pero el buen ejemplo arrastra, a veces, todavía más que el malo. Muchos no se atreven a ser los primeros y lo están esperando para seguirlo. Los cristianos deben, con su vida ejemplar, dar testimonio de la doctrina de Cristo.

La transmisión de la fe se verifica por el testimonio... Un cristiano da testimonio en la medida en que se entrega totalmente a Dios, a su obra... Normalmente la verdad cristiana se hace reconocer a través de la persona cristiana.

56,7. También te recomiendo que seas santamente alegre. Uno de los mejores apostolados es el apostolado de la alegría. Que todo el mundo vea que los que siguen a Cristo son los más felices y alegres. La bondad no es ñoñería. Es más, sólo el bueno es verdaderamente alegre.

La alegría del pecado es mentira, y su gusto se convierte en tormento.

La felicidad es un don de Dios, y es imposible lograrlo de espaldas a Él. Por eso, es frecuente que el pecador sea en el fondo una persona triste, aburrida, cansada, todo le fastidia, nada le ilusiona... En cambio, después de hacer una buena confesión, verdad que se siente un alivio y un consuelo especial. En una tanda de Ejercicios Espirituales a obreros, uno me echó en el buzón un papel que decía:

«es tanta la felicidad y alegría que he sentido después de confesarme, que no hay nada para mí en el mundo capaz de compararlo. Es algo fuera de lo material. Me he elevado de tal forma, que he llorado de alegría y de arrepentimiento. No soy digno de tanta felicidad». Textualmente.

Al pie de la letra. No he modificado una palabra. Todavía conservo el papel como recuerdo de aquel obrero.

También conservo otro papel que me encontré después de las confesiones de otra tanda de Ejercicios. Dice así: «Padre, estoy rebosante de alegría. Tengo a Cristo en mi alma. En mi vida me he sentido tan feliz como ahora. Usted ha conseguido de mí que encuentre la verdadera felicidad». El célebre poeta mejicano Amado Nervo confesó en su lecho de muerte, y después le decía a sus amigos: «Me he confesado y me siento completamente feliz»[584].

Realmente que la felicidad de la tranquilidad de conciencia no puede compararse a la amargura que deja detrás de sí el pecado.

El placer egoísta, antes de gustarlo, atrae. Pero después desilusiona.

Y si en su satisfacción ha habido degradación, pecado, etc., el vacío que deja en el alma no tiene nada que ver con la felicidad que se siente después de hacer una buena obra donde se ha sacrificado algo.

56,8. El pecado es el peor de los males. Peor que la misma muerte, que sólo es un mal si nos sorprende en pecado. La muerte en paz con Dios es el paso a una eternidad feliz. Todos los demás males se acaban con esta vida. Sólo el pecado atormenta en la otra.

Muchas personas endurecidas para lo espiritual, viven tranquilamente en el pecado, pero su sorpresa en la otra vida será terrible. Entonces se darán cuenta de que se equivocaron en lo principal de su vida:

salvarse eternamente.

Pero, sobre todo, el pecado es una ofensa a un Dios infinitamente bueno, a un Padre que me ama como nadie me ha amado jamás. Por eso el pecado es un mal que no tiene igual en esta vida.

El hombre no puede renunciar a sí mismo, no puede hacerse esclavo de las cosas, de los sistemas económicos, de la producción y de sus propios productos Hay en el hombre un afán, a veces desmedido, de poseer, de gozar, de ser independiente. Se dan en él: ambición de dinero, hipocresía, injusticias, egoísmo, soberbia, cobardía, mentira.

Estos vicios repercuten en la sociedad. Producen malestar, indignación, rebeldía.

Jesús proclamó la verdad, no pactó nunca con el pecado y la injusticia. Esta actitud de rechazo y denuncia le llevó a la muerte.

Jesús, al condenar el pecado, quería hacer una llamada a la dignidad del hombre: el hombre, por el pecado, además de rechazar a Dios se hace esclavo de las cosas que valen menos que él.

Dice San Juan Crisóstomo:

- Cuando te veo vivir de modo contrario a la razón, cómo te llamaré,hombre o bestia» - Cuando te veo arrebatar las cosas de los demás, cómo te llamaré,hombre o lobo» - Cuando te veo engañar a los demás, cómo te llamaré, hombre o serpiente» - Cuando te veo obrar neciamente, cómo te llamaré, hombre o asno» - Cuando te veo sumergido en la lujuria, cómo te llamaré, hombre o puerco» - Peor todavía. Porque cada bestia tiene un solo vicio: el lobo es ladrón, la serpiente mentirosa, el puerco sucio; pero el hombre puede reunir los vicios de todos los brutos[585].

56,9. Hay personas que han perdido el sentido del pecado y rechazan la doctrina de la Iglesia cuando señala que una cosa es pecado. Dicen: Yo no veo que eso sea pecado; además lo hace todo el mundo. Eso no prueba nada.

Las cosas no se convierten en buenas por ser frecuentes: drogas, terrorismo, violaciones, etc.

Además la opinión de la mayoría no cambia la realidad observada por un entendido.

La moral no puede cambiar con las modas de cada época. Hoy está de moda permitir el aborto; pero siempre será una injusticia condenar a muerte a una persona inocente. Hoy está de moda la democracia; pero la verdad y el bien no dependen de lo que diga la mayoría. Son valores absolutos.

Y una minoría de entendidos vale más que una mayoría que no lo es. Si se trata de la salud, vale más la opinión de tres médicos que el resto de un grupo mayoritario formado por una peluquera, un carpintero, una profesora de idiomas, un arquitecto, etc. Lo mismo si se trata de pilotar un avión o de moral. La democracia sólo es válida cuando todos los que opinan entienden del tema, por ejemplo en una consulta de médicos. Pero no basta la opinión de la mayoría, si ésta no entiende del tema.

Aunque todo el mundo dijera que el agua de tal fuente es potable, porque no ven en ella ningún microbio, si el encargado de la Salud Pública, ayudado de su microscopio, dice que el agua está contaminada, no se puede beber, aunque la gente no vea en ella nada malo. La Iglesia tiene una especial asistencia de Dios para llevar los hombres a la salvación, es decir, para señalar lo que es bueno o es malo.

Es una falacia muy extendida hoy día, que es demagógica y falsa: "el pluralismo democrático exige el relativismo ético". Como si el respeto a la libertad de los demás se fundase en que no existe una verdad y un bien objetivos sobre las cosas y la naturaleza humana. Esto es un error. (...) Lo que nunca se puede hacer es utilizar la coacción y la violencia para imponer mi concepto de la verdad y lo bueno. Pero si no defiendo lo que yo considero que es bueno y verdadero, estaría siendo injusto con la gente que me rodea. (...) La democracia no es un mecanismo para definir lo que es verdadero o falso, bueno o malo.

Creer que la votación popular es lo que define la bondad o malicia, la verdad o falsedad real de las cosas es un error. Convertir la democracia en el sustituto de la capacidad racional de hombre para conocer la verdad es una falacia. (...) La democracia no implica relativismo ético. El respeto a la libertad de conciencia no implica ocultar la verdad o el bien objetivo de las cosas. (...) Tenemos el derecho y la obligación de defender lo bueno y lo verdadero ante la sociedad para procurar que la verdad y el bien se reflejen en las leyes.No todo lo ordenado democráticamente tiene la garantía de ser justo.Cada uno de nosotros está obligado a obedecer a su conciencia. Pero esta conciencia debe estar bien formada, porque el hombre puede engañarse a sí mismo considerando bueno lo que le gusta o conviene.

Por eso la Autoridad de la Iglesia, que es objetiva e independiente, señala lo que es bueno o malo. Dice el Papa Juan Pablo II en su encíclica Veritatis splendor: Existen normas objetivas de moralidad, válidas para todos los hombres de ayer, de hoy y de mañana. Tenemos que amoldar nuestra conciencia a la enseñanza de Cristo y de la Iglesia. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas. La conciencia errónea no siempre está exenta de culpabilidad. Sólo la ignorancia invencible está exenta de culpabilidad. Sólo la conciencia equivocada por error involuntario e inadvertido está libre de culpa.

Pero en cuanto se descubra el error hay que rectificar. La conciencia no está bien formada si no se atiende al Magisterio de la Iglesia, como dijo Juan Pablo II en el Segundo Congreso Internacional de Teología Moral.

57.- HAY DOS CLASES DE PECADOS: MORTAL Y VENIAL.

57,1. El pecado es una ofensa a Dios. La imperfección no llega a pecado venial. Suele definirse como la deliberada omisión de un bien mejor. Pudiendo hacer un bien mayor se elige un bien menor.

58.- EL PECADO MORTAL SE DIFERENCIA DEL VENIAL, EN QUE EL MORTAL ES GRAVE Y EL VENIAL ES LEVE.

58,1. No es lo mismo cometer un adulterio -que siempre es grave-, que decir una mentirilla -que puede no tener importancia-. El pecado grave rompe nuestra amistad con Dios. El pecado venial, no.

Algunos distinguen entre el pecado grave y el pecado mortal. Pero ha dicho el Papa Juan Pablo II: «el pecado grave se identifica prácticamente en la doctrina y en la acción pastoral de la Iglesia con el pecado mortal... La triple distinción de los pecados en veniales, graves y mortales, podría poner de relieve una gradación en los pecados graves. Pero queda siempre firme el principio de que la distinción esencial y decisiva está entre el pecado que destruye la caridad y el pecado que no mata la vida sobrenatural: entre la vida y la muerte no existe una vida intermedia»[586]. Por eso el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica no hace distinción entre pecado grave y pecado mortal.

59.- LOS EFECTOS DEL PECADO MORTAL SON: PERDER LA AMISTAD CON DIOS, MATAR LA VIDA SOBRENATURAL DEL ALMA, Y CONDENARNOS AL INFIERON, SI MORIMOS CON ESE PECADO

59,1. Esto limitándose a los bienes espirituales. Pero aun en los bienes naturales, cuántas enfermedades, cuántos encarcelamientos, cuántas ruinas, cuántas desgracias de familia no tienen otro origen que un pecado contra la Ley de Dios! Una mancha de grasa en una prenda de vestir nueva es motivo suficiente para que la cambies. Si tienes la cara tiznada, te lavas inmediatamente, porque así no puedes presentarte en ninguna parte. Y no te da vergüenza que tu alma sea repulsiva a Dios y a la Virgen» Una piedrecita en el zapato no te deja en paz hasta que logras quitártela, y cómo puedes tener tranquilidad con un pecado mortal en el alma»

60.- LOS EFECTOS DEL PECADO VENIAL SON: PONER ENFERMA LA VIDA SOBRENATURAL DEL ALMA, Y DISPONERNOS PARA EL PECADO MORTAL

60,1.-El pecado venial es una transgresión voluntaria de la ley de Dios en materia leve. Una tos pequeña, pero descuidada, puede llevar a la sepultura. Un punto negro en un diente no es nada, pero si no se lo enseñas al dentista, pronto todo el diente quedará dañado, y hasta puede ser necesaria la extracción.

No es que el pecado leve se convierta en grave. Ni siquiera que muchos pecados leves hagan un pecado grave. Sino que el pecado leve dispone al pecado grave, pues debilita la voluntad y nos priva de gracias sobrenaturales con las cuales podríamos luchar mejor contra el pecado grave. Pero los pecados veniales no nos excluyen del Reino de Dios.

Deberíamos poner especial diligencia en evitar los pecados veniales plenamente advertidos y voluntarios. Evitar también todos los semideliberados supone especial gracia de Dios. Este privilegio lo tuvo María Santísima[587].

60,2. Un pecado que de suyo es leve, por ser la materia leve, puede ser grave: a) si el que lo comete cree, por error, que es grave: robar una peseta.

b) si se comete con fin gravemente malo: insultar a otro para que blasfeme.

c) si se hace a otro un daño grave o se pretende hacerlo, o se es causa de grave escándalo: parejas pecando en público.

d) si al cometerlo, se expone uno al peligro próximo de pecar gravemente: entrar por curiosidad en un cabaret.

e) en algunos casos especiales, en que se acumulan las materias, como ocurre en algunos robos pequeños repetidos con cierta frecuencia.

60,3. Hay personas a quienes les gusta preguntar siempre el límite entre el pecado leve y grave. Pero esto a veces es tan difícil como señalar en el arco iris dónde termina un color y dónde empieza otro. Por eso, en la duda, muchos dicen al confesor: «Me arrepiento tal como esté en la presencia de Dios».

61.- EL PECADO ES GRAVE CUANDO SE DAN JUNTAMENTE ESTAS TRES COSAS:

1) QUE LA MATERIA SEA GRAVEMENTE MALA (en sí o en sus circunstancias); o que yo crea que es grave aunque de suyo no lo sea.

2) QUE AL HACERLO YO SEPA QUE ES GRAVE.

3) QUE YO QUIERA HACER AQUELLO QUE SÉ QUE ES GRAVE.

61,1. Para que haya pecado grave deben darse las tres cosas al mismo tiempo. Si no, no hay pecado grave.

Por ejemplo:

1) Me tiro un farol y digo que he estado en Londres, siendo esto mentira. No puede ser pecado grave, pues aunque miento queriendo y dándome cuenta de que miento, falta la materia grave. Esa materia es leve, pues con esa mentira no hago daño a nadie.

2) Uno no sabe que el emborracharse hasta perder la razón es grave, y para celebrar una fiesta coge voluntariamente una borrachera completa. Aunque la materia era grave y lo ha hecho voluntariamente, no peca gravemente, porque no sabía que era materia grave.

3) Está uno un domingo en alta mar en un barco pesquero. Sabe que es domingo, pero en esas circunstancias no puede ir a Misa. No peca, pues, aunque la materia es grave, y él se da cuenta de la obligación que tiene de ir a Misa en domingo, no puede cumplir con ese precepto en las circunstancias en que se encuentra actualmente. Esa falta a Misa no es voluntaria, por lo tanto no hay pecado.

Materia grave es una cosa de importancia. Puede ser grave en sí misma -como el blasfemar-, o en sus circunstancias -como el mentir con daño grave para el prójimo-.

La advertencia a la gravedad de la materia debe acompañar o preceder a la acción.

No basta que se caiga en la cuenta después de cometerla. La ignorancia culpable (no sé porque no he querido enterarme) no excusa de pecado.

El conocimiento del pecado debe ser valorativo. Debo darme cuenta que al cometer ese pecado estoy haciendo algo malo. Si al hacerlo no advierto que peco, no peco. El consentimiento de la voluntad debe ser perfecto.

Esto supone que hay libertad para hacer la cosa o no hacerla. Quien no tiene libertad para hacer o dejar de hacer una cosa no obra por propia voluntad, y por lo tanto no peca. Quien está encerrado en la celda de una cárcel no peca si no le dejan ir a Misa. Para que haya pecado no hace falta querer directamente ofender a Dios: esto sería algo diabólico.

Peca todo el que hace voluntariamente lo que sabe que Dios ha prohibido[588].

Obrar contra la ley de Dios, ya es ofensa a Dios.

Si uno te quita el monedero no te contentas con que te diga que no quiere ofenderte, que sólo quiere tu dinero.

Al actuar contra tus derechos, ya te está ofendiendo; aunque no tenga intención de ofenderte.

«El hombre peca mortalmente no sólo cuando su acción procede de menosprecio directo del amor de Dios y del prójimo, sino también cuando libre y conscientemente elige un objeto gravemente desordenado, sea cual fuere el motivo de su elección»[589].

Para pecar basta hacer voluntariamente algo que sé que es pecado, dándome cuenta de que es pecado.

Si falta cualquiera de estas tres condiciones no hay pecado grave.

Es decir: cuando la materia no es grave; o es grave, pero yo no lo sé; o lo sé pero lo hago sin querer o sin darme cuenta.

En estos casos no hay pecado grave.

Por lo tanto, todo lo que se hace sin querer (por ignorancia, por descuido, sin caer en la cuenta o en un arrebato inevitable), o lo que se hace sin pleno consentimiento, o sin plena advertencia no es pecado grave.

61,2. Tampoco es pecado nada de lo que se hace en sueños -aunque fuera pecado hacerlo despierto-, pues soñando se obra inconscientemente.

Pero sí lo sería si estando despierto se ha puesto con previsión o intencionadamente su causa, o se continúa complacidamente despierto, lo que comenzó dormido.

Para que sea pecado grave hace falta que uno se deleite en lo que está prohibido, completamente despierto, y con plena voluntad y deliberación. Lo que se hace soñoliento y medio dormido, a lo más es pecado venial.

No puede llegar a pecado grave por faltar la advertencia plena y consentimiento perfecto.

Por esto, en cuestiones de castidad, aunque se esté despierto, si se producen movimientos fisiológicos inevitables, prescinde: no hay pecado ninguno.

61,3. Los pecados dudosos, en los que no se sabe con certeza si ha habido plena advertencia y consentimiento perfecto, conviene decirlos como dudosos al confesor, para más tranquilidad; pero no hay obligación.

La duda puede ser también sobre si se cometió o no se cometió el pecado; si se confesó o no se confesó; si la materia del pecado fue grave o leve.

En ninguno de los tres casos hay obligación de confesarlo; aunque está mejor hacerlo manifestando la duda.

Pero si dudas sobre si una cosa es o no es pecado grave, y te vas a ver en la ocasión de hacerlo de nuevo, tienes obligación grave de preguntarlo antes de hacerlo, si hay razones serias para sospechar que pueda ser pecado grave.

61,4. Cuando dudes si es o no lícita una acción, puedes aplicar lo que los teólogos llaman probabilismo.

La ley ahora dudosa para ti, no te obliga con tal de que se trate de algo que no perjudique a nadie, ni material ni espiritualmente.

Por ejemplo, vas a comulgar y no tienes seguridad si ha pasado ya la hora del ayuno eucarístico; pues te parece que sí, pero no recuerdas la hora exacta.

En ese caso puedes salir de la duda sabiendo con certeza que puedes obrar tranquilamente pues esa ley, ahora dudosa para ti, no te obliga.

Aunque el probabilismo es lícito, las personas que tienen delicadeza de conciencia saben que lo meramente lícito no es siempre lo que más agrada a Dios; por amor a Él y por generosidad se puede superar lo que es lícito por lo que más agrada a Dios.

61,5. Conviene instruirse bien de lo que es pecado y de lo que no lo es, pues si creo que algo es pecado grave -aunque de suyo no lo sea- y a pesar de eso lo hago voluntariamente, cometo un pecado grave.

La educación de la conciencia es indispensable. Una conciencia equivocada es culpable si se debe a despreocupación por conocer la verdad y el bien.

61,6. Por lo tanto, una acción pecaminosa no será pecado, si al hacerla yo no sé que es pecado.

Una acción lícita y permitida será pecado, si al hacerla yo creo erróneamente que es pecado y la hago libremente.

El pecado será grave, si al hacerlo yo lo tenía por grave, aunque de suyo la materia no sea grave.

El pecado será leve, si al hacerlo yo lo tenía por venial, aunque después me entere que la materia fue grave.

El pecado ya cometido fue leve, pero si lo repito después de conocer su gravedad, la misma acción será ahora pecado grave.

La razón de todo esto es que Dios juzga nuestros pecados tal como los tenemos en la conciencia.

Lo que Dios castiga es la mala voluntad que tenemos al hacer una cosa, no las equivocaciones o errores involuntarios. Pero debemos procurar tener bien formada la conciencia.

Quien duda de si está en la verdad, ha de poner los medios para salir de esa situación.

61,7. Para pecar basta tener intención de hacer lo que es pecado, aunque después no se realice.

Soy culpable del pecado en el momento en que he decidido cometerlo.

Por ejemplo: peca gravemente quien ha tenido intención de cometer un adulterio, aunque después, por alguna dificultad que surgió, no lo haya realizado en la práctica.

El pecado realizado es más grave, pero sólo el intentarlo ya es pecado.

Uno coge cierta cantidad de dinero con intención de robar, y luego se entera que robó su propio dinero: ha cometido pecado formal aunque no haya sido pecado material.

61,8. El 6 de agosto de 1993 el Papa Juan Pablo II firmó la encíclica «Veritatis splendor».

La encíclica ha venido a terminar con el subjetivismo moral que se estaba extendiendo en la Iglesia.

Muchos se creen con el derecho de decidir ellos mismos lo que es bueno y lo que es malo, según su conciencia; prescindiendo de la ley de Dios, tanto natural como positiva.

El bien y el mal tienen un valor objetivo, y no dependen de las opiniones de los hombres.

Es importante la opción fundamental de orientar la vida hacia Dios.

Pero, aunque no haya un rechazo explícito de Dios, se incurre en pecado mortal por una transgresión voluntaria de la ley moral en materia grave.

Monseñor Yanes, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha dicho: «Veritatis splendor» es una presentación amplia de algunos aspectos fundamentales de la moral cristiana. (...). La encíclica es una invitación a la reflexión. Supone el sincero deseo de buscar y encontrar la verdad. Exige tomar en serio nuestra vida y nuestra vocación delante de Dios[590].

Dice la encíclica: La conciencia no está exenta de la posibilidad de error (n 62). El mal cometido a causa de una ignorancia invencible o de un error de juicio no culpable puede no ser imputable a la persona que lo hace (...), pero cuando la conciencia es errónea culpablemente porque el hombre no trata de buscar la verdad, compromete su dignidad (n 63). El hombre tiene obligación moral grave de buscar la verdad y seguirla una vez conocida (n 34). Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento (n 70). Con cualquier pecado mortal cometido deliberadamente, el hombre ofende a Dios que ha dado la ley (...); a pesar de conservar la fe pierde la gracia santificante (n 68). La opción fundamental es revocada cuando el hombre compromete su libertad en elecciones conscientes de sentido contrario en materia moral grave (n 67). Los cristianos tienen en la Iglesia y en su Magisterio una gran ayuda para la formación de la conciencia (n 64). La Iglesia ilumina sobre la verdad objetiva de la ley natural, obra de Dios (n 40). El hombre que se desengancha de la verdad objetiva de la ley natural se equivoca (n 61). Es inaceptable que se haga de la propia debilidad el criterio de la verdad para justificarse uno mismo (n 104), adaptando la norma moral a los propios intereses (n 105). La conciencia no es una fuente autónoma para decidir lo que es bueno o malo (n 60). Por voluntad de Cristo la Iglesia Católica es maestra de la verdad, y su misión es (...) declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana (n 64). El Señor ha confiado a Pedro el encargo de confirmar a sus hermanos (n 115). La Iglesia se pone al servicio de la conciencia ayudándola a no desviarse de la verdad (n 64, 110, 116). Los fieles están obligados a reconocer y respetar los preceptos morales específicos declarados y enseñados por la Iglesia en el nombre de Dios (n 76). Los fieles, en su fe, deben seguir el Magisterio de la Iglesia, no las opiniones de los teólogos (Prólogo). La Iglesia tiene autoridad no sólo en cuestiones de fe sino también en cuestiones de moral (n 28 y 95). La fe tiene un contenido moral: suscita y exige un compromiso coherente con la vida (n 83). Una verdad no es acogida auténticamente si no se traduce en hechos, si no es puesta en práctica (n 88). La libertad no es un valor absoluto (n 32). La libertad debe someterse a la verdad (n 34). No hay libertad fuera de la verdad (n 96). Se llegaría a una concepción relativista de la moral (n 33). La revelación enseña que el poder de decidir sobre el bien y el mal no pertenece al hombre, sino sólo a Dios (n 35). La doctrina moral no puede depender de una deliberación de tipo democrático (n 113). La ley natural es universal en sus preceptos, y su autoridad se extiende a todos los hombres (n 51). A ella deben atenerse tanto los poderes públicos como los ciudadanos (n 97 y 101). Las opiniones de los teólogos no constituyen la norma de enseñanza (n 116). En la oposición a la enseñanza de los Pastores no se puede reconocer una legítima expresión de la libertad cristiana ni de las diversidades de los dones del Espíritu Santo (n 113). Los Pastores tienen el deber (...) de exigir que sea respetado siempre el derecho de los fieles a recibir la doctrina católica en su pureza e integridad (n 113). Hay verdades y valores morales por los cuales se debe estar dispuesto a dar incluso la vida (n 94). Ninguna doctrina filosófica o teológica complaciente puede hacer verdaderamente feliz al hombre: sólo la cruz y la gloria de Cristo resucitado, pueden dar paz a su conciencia y salvación a su vida (n 120).

[566] - JUAN PABLO II: Reconciliación y Penitencia

[567] - Concilio IV de Letrán en 1215, Cap. XXI. DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 437. Ed. Herder. Barcelona

[568] - Evangelio de San Juan, 20:23

[569] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para seglares, 2º, 2ª, IV, nº 193. Ed. BAC.

[570] - Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 16

[571] - Profeta ISAÍAS, 57: 8

[572] - JUAN M. IGARTUA, S.I.: Revista REINO DE CRISTO, 342 (V-1990)5

[573] - RAFAEL CANALES, S.I.: Revista PROYECCIÓN, 62(X-68) 281-8

[574] - LUIS ELLACURÍA,S.I.: Moral de actos y Moral de actitudes. Estudios de Deusto, Vol XV, 30 (IV-67) 145ss

[575] - Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe: Declaraciones sobre cuestiones de Ética Sexual nº 10. Revista ECCLESIA, 1773 (17-I-76) 73

[576] - JUAN PABLO II: Reconciliación y Penitencia, nº 17

[577] - Evangelio de San Mateo, 25:42s

[578] - Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº43

[579] - JUAN PABLO II: Reconciliación y Penitencia, nº 16. Revista ECCLESIA, 2204(5-I-85)26

[580] - Carta de Santiago: 1:4

[581] - Evangelio de San Juan, 8:34

[582] - Primera Carta de San Juan, 3:8

[583] - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 10:13

[584] - Revista ROCA VIVA, 299 (IV-93) 177

[585] - SAN JUAN CRISÓSTOMO: Migne, Patrología Latina,LV,500

[586] - JUAN PABLO II: Reconciliación y Penitencia, nº 17. Revista ECCLESIA, 2204 (5-I-85)29s

[587] - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la salvación, 1ª, III, nº 57. Ed. B.A.C. Madrid.

[588] - JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, II, 4. Ed. Paulinas. Madrid. 1992.

[589] - PABLO VI: Algunas cuestiones de ética sexual, nº 10 (29-XII-75)

[590] - Revista ECCLESIA, 2653-54 (9-16, X, 93) 6

 


 

Los Mandamientos

62,1. Los mandamientos son normas de conducta dictadas por Dios a la humanidad. Estas normas son el camino que ha de conducir al hombre a la felicidad eterna. «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos»[591], dijo Jesucristo.

La división y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de la historia. La actual es de San Agustín. Los ortodoxos tienen una división distinta.

Los mandamientos son preceptos de la ley natural impresos por Dios en el alma de cada hombre.

Por eso obligan a todos los hombres de todos los pueblos, y son valederos para todos los tiempos, constituyendo el fundamento de toda moral individual y social. «La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma»[592],dice la Sagrada Escritura.

Dios ha impreso los mandamientos en el alma de tal modo que, incluso los que se las dan de ateos y dicen que no hay Dios, reconocen esta ley impuesta por Dios al hombre, y se ofenden cuando se les llama ladrones o embusteros. La moral católica no sólo obliga a los católicos, obliga a todos los hombres; pues se basa en la ley natural. Todo hombre, católico y no católico, está obligado a no matar, no robar, no explotar al prójimo, no calumniar, etc. Esto no excluye que haya mandamientos exclusivos para los católicos, como el ir a misa, práctica de sacramentos, etc.

Los mandamientos de la Ley de Dios son la ley moral que Dios dio a Moisés en el Antiguo Testamento y que Cristo perfeccionó en el Nuevo.

Se basan en que Dios es nuestro Dueño y nuestro Señor, y nos puede mandar. Pero es tan bueno, que lo que nos manda es para bien nuestro.

Con los mandamientos, Dios protege nuestros derechos y también los de nuestros prójimos.

Los mandamientos no son prohibiciones caprichosas para poner trabas a la libertad del hombre. Es la ley justa y sabia con que Dios quiere gobernarnos para nuestro propio bien.

Todos los mandamientos son para todos: nadie puede dejar de cumplirlos, y es necesario cumplirlos todos para salvarse. No basta decir: yo no robo ni mato. Para salvarse hay que guardarlos todos.

Para condenarse basta faltar a uno. Para poder pasar por un puente es necesario que no se haya hundido ninguno de sus arcos. Dice el Apóstol Santiago el Menor que el que guarda los demás mandamientos pero quebranta uno solo, se hace culpable de todos[593].

62,2. Los mandamientos de la ley de Dios constituyen el programa más completo y más perfecto que se ha dado en el mundo, para conseguir la paz y la tranquilidad a los individuos, a las familias, a los pueblos y a las naciones. En la guarda de ellos está el secreto de abrirse paso dignamente en la vida. Si quieres que todo el mundo te estime y te respete, guarda los mandamientos. Además, te aseguro que tu vida será mucho más feliz que si no los guardases.

Las mayores tragedias que vemos en esta vida ocurren frecuentemente porque no se guardan los mandamientos. Por eso están las cárceles llenas de desgraciados, por eso el hambre de muchos hijos, por eso los disgustos en tantas familias, tantas lágrimas y tantas penas. Si se cumplieran los mandamientos de Dios desaparecerían muchos problemas de hoy: delincuencia, terrorismo, violaciones, madres solteras, adulterios, hijos extramatrimoniales, abortos, homosexualidad, drogas, SIDA, etc. Si todo el mundo cumpliera los mandamientos, la vida en la Tierra sería un cielo.

Una sociedad que no acepte valores auténticos va camino del suicidio.

Para muchos hoy no son valores la familia, la fidelidad matrimonial, los hijos, el respeto a la vida de seres humanos inocentes, la moralidad sexual, la honradez, la verdad, la religión, la moral... A dónde vamos por este camino? Qué futuro nos espera? Dice Dios en la Biblia: «Mis mandatos son luz de los pueblos»[594].

El reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, sino que es su fundamento. Cuando el hombre organiza el mundo sin Dios, acaba organizando una sociedad contra el hombre.

62,3. El cumplimiento de los mandamientos a veces cuesta trabajo.

Tenemos que frenarnos, renunciar.

Pero los mandamientos nos llevan al cielo. Son como las ruedas del carro, que pesan, pero gracias a ellas puede andar. Un carro sin ruedas no hay quien lo mueva. Dios hace posible por su gracia lo que manda.

62,4. La moral católica no es represiva, como algunos dicen. No quita la libertad al hombre. La orienta para que se realice como persona humana. Como las vías del tren que le obligan a ir por un camino, pero ayudan al tren a avanzar y a llegar. Le impiden que se despeñe.Algunos consideran a Dios como enemigo de la libertad humana, y piensan que el hombre será totalmente libre cuando se emancipe de Dios y de la Religión. Sin embargo, sometiéndonos a la ley de Dios nos realizamos plenamente como personas humanas, pues nos liberamos de la esclavitud de nuestros instintos desordenados. Libertad es la capacidad para poder elegir entre dos valores auténticos. Pero elegir el mal, abandonando el bien, no es libertad sino esclavitud. El hecho de que algunos prefieran ser esclavos es lamentable. Pero las joyas no pierden valor aunque haya personas que no saben apreciarlo. La libertad con Dios, es auténtica. La libertad sin Dios es un engaño.

Dios no quita libertad para lo bueno, sino para lo malo. Con esto ayuda al hombre. Elegir lo malo es una equivocación. Quitar la libertad para lo malo es un bien.

No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia. El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa.

El cristiano se siente libre, no porque hace lo que quiere sino porque quiere hacer lo que Dios manda. Obedece a Dios libremente, sin coacción. «Lo que nos hace libres no es el no querer aceptar lo que sea superior a nosotros, sino el acatar de buena gana lo que está por encima de nosotros»(Goethe).

«Yo soy libre cuando elijo lo que me perfecciona como ser humano. Si actúo sólo en virtud de mis apetencias momentáneas soy esclavo de mi tendencia a tomar lo agradable como valor supremo. Lo agradable es un valor, pero se halla en la parte más baja de la escala de valores»[595].

63.- EL PRIMER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: AMARAS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS.

63,1. Amar a Dios no es, precisamente, sentir cariño sensible hacia Él, como lo sentimos hacia nuestros padres; porque a Dios no se le ve, y a las personas a quienes no se ve es difícil tenerles cariño. Dios no obliga a eso, pues no está en nuestra mano. Aunque hay personas que llegan a sentirlo, con la gracia de Dios. Amar a Dios sobre todas las cosas es tenerle en aprecio supremo, es decir, estar convencido de que Dios vale más que nadie, y por eso preferirle a todas las cosas. Tú puedes tener mucho más cariño al cuadro que pintó tu hija, que a cualquiera de los cuadros que se exponen en el Museo del Prado de Madrid, aunque reconozcas que estos últimos tienen mucho más valor artístico. El amor a Dios es apreciativo.

63,2. Tenemos que amar a Dios porque «Él nos amó primero»[596] y debemos corresponderle.

El amor se manifiesta en obras más que en palabras. Obras son amores y no buenas acciones.

Amar a Dios es obedecerle, cumplir su voluntad. No hacer mal a nadie.

Hacer bien a todo el mundo.

Una prueba de amor a Dios sobre todas las cosas es guardar sus mandamientos por encima de todo. Es decir, estar dispuesto a perderlo todo antes que ofenderle. Por lo tanto preferir a Dios siempre que haya que escoger entre obedecerle o cometer un pecado grave. Es el caso de San Pelagio de Córdoba y de Antonio Molle, de Santa María Goretti y Josefina Vilaseca, que se dejaron martirizar y apuñalar antes que cometer un pecado grave.

San Pelagio murió mártir el año 925 por rechazar las proposiciones deshonestas del Califa cordobés Abderramán III.

Antonio Molle, joven jerezano que a los veinte años fue mutilado y martirizado el 10-VIII-1936 durante la guerra civil española. Cayó prisionero de los milicianos en el frente de Peñaflor (Sevilla), y como llevaba un escapulario quisieron hacerle blasfemar. Él siempre contestaba gritando: Viva Cristo Rey! Le cortaron las orejas y le sacaron los ojos, y al final lo acribillaron a balazos. Así lo cuenta Rafael de las Heras, testigo presencial. Hoy su cuerpo mutilado está enterrado en la Basílica de Ntra. Sra. del Carmen Coronada de Jerez de la Frontera (Cádiz).

María Goretti, italiana, murió mártir de quince puñaladas por negarse a los deseos impuros de un amigo suyo, que después se convirtió y murió fraile franciscano.

Josefina Vilaseca también murió apuñalada en Diciembre de 1952 en Artés, diócesis de Vich, por negarse a perder su virginidad. Tenía doce años Dice Jesucristo: «el que guarda mis mandamientos, ése es el que me ama»[597]. Y San Juan: «En esto consiste el amor Dios, en guardar sus mandamientos»[598].

Este mandamiento también nos obliga a creer en todas las verdades de fe; a esperar en Dios, confiando que nos dará las gracias necesarias para alcanzar la vida eterna; a adorarle solamente a Él, darle el culto debido y reverenciarle con el cuerpo y con el alma.

Este mandamiento nos manda adorar a Dios.

Este mandamiento prohibe especialmente la idolatría que consiste en adorar como a Dios a otra cosa o persona.

63,3. Peca contra este mandamiento quien maltrata personas, lugares o cosas consagradas a Dios: por ejemplo, una religiosa o un cáliz. Este pecado se llama sacrilegio. Comete también un sacrilegio quien administra o recibe en pecado grave algún sacramento que requiere estado de gracia, lo cual es gravísimo. Por ejemplo, quien se casa en pecado grave, o quien comulga en pecado grave.

Peca, además, contra este mandamiento quien desconfía de la misericordia de Dios, o confía temerariamente en su bondad, permaneciendo mucho tiempo en pecado mortal, o el que peca más y más, precisamente porque Dios es misericordioso y nos ha prometido el perdón; quien tiene fe en adivinos, echadores de cartas, horóscopos, espiritistas y curanderos; quien cree en serio cosas supersticiosas (mala suerte del n 13, cadena de oraciones, etc.); quien niega o duda voluntariamente de alguna verdad de fe, o ignora por culpa suya lo necesario de la Religión.

El hombre o es religioso o es supersticioso. Muchos que no creen en las verdades de la Religión, luego creen en las mentiras y engaños de adivinos, brujos y espiritistas.

No es lo mismo parapsicología que superstición. La superstición es atribuir a cosas creadas poderes que son exclusivos de Dios. La parapsicología trata de hechos naturales aunque más allá de la psicología. Son fenómenos para-normales. En cambio la superstición es atribuir resultados desproporcionados a las causas empleadas. Todo resultado que supera a las causas naturales adecuadas es de origen sobrenatural. «Sólo Dios conoce el futuro libre, y sólo Él puede revelar el porvenir a sus profetas»[599].

63,4. Para que la duda sobre una verdad de la Religión sea pecado, es necesario que sea voluntaria.

No es pecado darse cuenta de que el misterio es difícil de entender, que nuestro entendimiento no lo puede comprender, etc. Si a pesar de todo esto, se fía uno de Dios que lo ha revelado, y cree, no sólo no hay pecado, sino que hay mérito.

En la absoluta veracidad divina -motivo formal de la fe- no cabe error o el engaño Lo que no se puede hacer -a pesar de la oscuridad profunda del misterio- es dudar si será eso verdad o no. Esta duda positiva, tomando como cosa incierta lo que Dios ha revelado, es pecado. El pecado contra la fe está en la negación o en la duda voluntaria de aquello que se sabe que Dios ha revelado.

Esto no se opone a la falta de claridad que podamos tener sobre una verdad de fe, ni al deseo de esclarecerla, dentro de lo posible, sabiendo que hay misterios que superan la inteligencia humana.

El pecado será grave, si es una duda voluntaria, a sabiendas, de una verdad que la Iglesia dice que hay que creer. Si la duda no es voluntaria, sino una mera ocurrencia de las dificultades que a nuestro entendimiento se le presentan, no hay pecado; o a lo más pecado venial, si ha habido alguna negligencia en resistir a la tentación. Si la vacilación llega a tomar por incierto lo que es dogma de fe, el pecado sería grave contra la fe. La fe debe extenderse a todas las verdades reveladas por Dios y propuestas como tales por la Iglesia.

Nadie pierde la fe sin culpa propia. Dijo el Concilio de Trento:

«Dios no abandona a nadie, si no es Él abandonado primero»[600].

63,5. Ningún adulto puede salvarse si no hace actos de fe. «Dios no puede dar al hombre adulto responsable el don de su amistad sobrenatural, sino cuando el hombre la acepta previa y libremente»[601].

Si sabes el Credo de memoria, es un magnífico acto de fe. El Credo lo tienes en los Apéndices. Si no lo sabes, aquí te pongo un acto de fe muy breve; pero debe decirse con toda convicción.

Creo que Dios existe.

Creo que Dios nos dará después de la muerte lo que merezcamos con nuestras obras en esta vida.

Creo que hay un solo Dios verdadero en tres Personas distintas.

Creo que estas tres Personas son: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Creo que Dios se hizo Hombre y murió en una cruz para salvarnos.

Y si lo quieres en dos líneas:

Creo firmemente en todo lo que la Iglesia dice debemos creer, porque Dios lo ha revelado.

Para fortificar nuestra fe, deberíamos hacer actos de fe de cuando en cuando, sobre todo en la hora de la muerte.

La fe es como un sexto sentido que nos ayuda a un superior conocimiento de Dios. Quien no tiene fe, no se lo puede explicar. Como una planta no puede explicarse la música, porque no capta nada.

63,6. La fe no se puede demostrar con argumentos, pues es un don, no una ciencia. Pero pueden darse razones de su credibilidad. La fe supera la razón, pero no la destruye. El motivo de creer no son las razones filosófico-científicas de las verdades reveladas, sino la autoridad de Dios que las ha revelado. Esas razones ayudan a ver que la fe es razonable, pero no son el motivo principal de la fe (Ver n 3 ). Podemos saber que Dios nos ha hablado, y por tanto tenemos obligación de creer lo que Él nos ha dicho.

Estimemos sobre todas las cosas el don divino de la fe; procuremos conservarla con la oración y el estudio, hacerla conocer y amar por los demás, defenderla si es atacada, y pedir a Dios que sea conocida y aceptada por los incrédulos y los infieles.

Al mismo tiempo debemos evitar todo aquello que pueda ponernos en peligro de perderla. Los que descuidan su instrucción religiosa, los que escuchan voluntariamente a los que la atacan, o leen libros o periódicos contra la fe, los soberbios y los impuros se ponen en peligro de llegar a perder este don divino.

63,7. Si alguna vez oyes una dificultad contra la Religión Católica y no sabes resolverla, no te alarmes por eso. Es imposible que tengas a mano los conocimientos necesarios para resolver todas las dificultades, y para demostrar que la tal dificultad es muchas veces un sofisma, un engaño, un falsear la verdadera realidad de las cosas.

Pero no por eso debes darte por vencido. Acude a una persona que entienda de Religión y pueda resolvértela. Ten la seguridad de que todas las «pegas» contra la Religión tienen su solución, aunque tú no la conozcas. Es más, han sido solucionadas ya muchas veces; pues los enemigos de la Iglesia siempre están repitiendo las mismas cosas, y no se dan por enterados de las soluciones que ya se han dado.

Acerca de los que tienen dificultades contra la Religión hay que tener en cuenta que algunos preguntan para aprender (desean encontrar soluciones a sus dificultades), pero otros preguntan para atacar, y desearían que sus preguntas no tuvieran respuesta, para así tener una excusa al sacudirse de encima el cristianismo porque les estorba.

Para instruirse en Religión es muy conveniente oír conferencias religiosas y leer libros de formación religiosa. Todos debemos preocuparnos de tener una formación religiosa proporcionada a nuestro estado y a nuestra cultura humana y profesional. Al final del libro tienes una lista de libros provechosos.

Cuando en un grupo se entabla una discusión de Religión, verás que, generalmente, los que llevan la voz cantante son los que menos saben de Religión, pero que su ignorancia los hace tremendamente audaces. A éstos es difícil convencerles, porque su amor propio rechazará los mejores argumentos. Pero si en el corro hay gente de buena voluntad, a quienes crees que tu solución puede ser provechosa y disipar errores, expón tu pensamiento con calma y con vista. Te será además útil pasar a la ofensiva, descubriendo la ignorancia religiosa del que disparata.

Con todo, has de procurar no ofender a nadie, si no es necesario. Pero sé fuerte si alguno tiene positivamente mala fe y quiere propagar el mal. Ataca su error aunque se ofenda.

Si alguien toma el arma del ridículo contra la Religión, tómala tú también para defenderla. Es muy importante que consigas que los que se están riendo en el grupo se pongan de tu parte.

Si no te sientes con fuerza para dominar el grupo, has de saber que, después, en particular, te será mucho más fácil hacerles bien, y encontrarás razonables a muchos que en el grupo parecían fanfarrones.

63,8. Es también pecado grave contra este mandamiento escribir, leer, tener, prestar o vender libros y escritos contra la Religión, pertenecer a sociedades irreligiosas: masonería, espiritismo, o partidos políticos de ideología marxista, pues el marxismo es esencialmente ateo[602]. Y también el tentar a Dios, poniendo a prueba, con hechos o con palabras, alguno de sus atributos, dudando de su existencia o queriéndole obligar a que intervenga extraordinariamente en algún caso: por ejemplo, diciendo si mañana llueve, es señal de que puedo vengarme de fulano y matarlo.

También es tentar a Dios el exponerte sin necesidad a algún grave peligro de la vida, esperando que Dios te librará de él. Si este peligro fuera sólo leve, el pecado sería sólo venial.

Peca también contra este mandamiento el que se anima a pecar precisamente porque Dios es misericordioso. Esto es «un pecado gravísimo contra el Espíritu Santo, porque supone un grave desprecio de la gracia de Dios»[603].

Además entra en este mandamiento el pecado de presunción que es la temeraria confianza de obtener la salvación del alma sin poner los medios. Pecan de presunción los que esperan la gloria sin hacer ellos mérito ninguno; el perdón sin preocuparse de arrepentirse; la salvación eterna, andando fuera del camino de Dios.

63,9. No debe pasarse el día en que no reces algo. Al menos las tres Avemarías al acostarte, que son prenda de salvación eterna.

También podrías hacer el siguiente examen:

Señor, creo que estás aquí presente. Te ruego me ayudes a examinar mi conciencia.

1.- Qué obras buenas he hecho» (PENSAR UN MINUTO) Gracias Señor porque me has ayudado.

2.- Qué faltas he cometido»(PENSAR UN MINUTO) a. Contigo: respeto, rezos, olvidado de Ti.

b. Con los demás: egoísta, servicial, criticón.

c. Conmigo mismo:

a')deber: obediencia, trabajo. Todo bien hecho»

b') pureza: miradas, deseos, palabras, obras.

c') genio: iracundo, chinche.

Perdóname, Señor. Me pesa haberte ofendido. Para repararte te prometo...

3.- Qué cosas buenas he dejado de hacer» (PENSAR UN MINUTO) Te prometo, Señor, no perder otra vez la ocasión de hacer el bien.

Señor, a pesar de todo, te quiero y te prometo ser mejor. Madre mía, ayúdame.

(Tres Avemarías)

64.- EL SEGUNDO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: NO TOMARAS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO.

64,1. El segundo mandamiento prohibe todo uso inconveniente del nombre de Dios.

Toma el nombre de Dios el que jura, pues jurar es poner a Dios por testigo de la verdad de lo que se dice.

Para que el juramento sea lícito debe reunir las tres condiciones: que sea con verdad, que sea con justicia, y que haya verdadera necesidad. No es lícito jurar con duda. Debes estar moralmente cierto. La certeza moral excluye toda duda razonable, pero no excluye en absoluto el temor a equivocarse. Con todo, cuando se declara ante un tribunal se debe tener absoluta certeza de la cosa: como ocurre con lo que se conoce por propia experiencia, o se ha oído de personas que ofrecen total garantía. En este segundo caso hay que dejar bien claro que lo que se jura es haberlo oído a personas dignas de crédito. El que jura con mentira peca gravemente, si advierte que jura y sabe que miente. Poner a Dios por testigo de una falsedad es injuriarle gravemente.

Jurar sin justicia es jurar hacer algo malo o que sea en perjuicio del prójimo. El pecado será grave o leve según que lo que se jure sea grave o sea levemente ilícito.

Si lo que se ha jurado es malo, no se puede cumplir. Serían dos pecados. Uno por jurar una cosa mala, y otro por hacerla. Quien ha jurado hacer algo malo, debe dolerse de hacerlo jurado y no cumplirlo. Jurar sin necesidad es jurar sin tener motivo razonable para ello; como los que juran por costumbre.

El que jura con verdad pero sin necesidad, por costumbre, sin darse cuenta, no comete pecado grave; pero tiene que corregirse de su mala costumbre.

Para que haya verdadero juramento es necesario que haya intención de jurar y fórmula juratoria.

Quien finge jurar pronunciando la fórmula sin intención de jurar, peca porque esto es una injuria a Dios.

La verdadera fórmula juratoria debe incluir, implícita o explícitamente la invocación a Dios en testimonio de la verdad, v.gr.: te juro por Dios que.... Expresiones como: si nos verdad que me muera, por la salud de mi madre, etc., deben considerarse como fórmulas juratorias que suponen poner a Dios por testigo de la verdad, y que en caso contrario Él se encargará de castigar la mentira. Frases que a veces se usan en la conversación como júramelo, te lo juro, etc., no deben considerarse siempre como verdadero juramento, pues no tienen intención de jurar.

Pero es una fea costumbre que debe corregirse. Muchas personas juran por simple muletilla. Esto es indecoroso. Si quieres, puedes decir palabra de honor. Esto no es jurar; y debe bastar para reforzar tu afirmación. A quien no le baste esto, te ofende.

64,2. Peca, además, contra este mandamiento el que dice cosas contra la Religión, y el que dice blasfemias.

Blasfemia es toda expresión insultante contra Dios, la Virgen, los Santos o cosas sagradas: ya sea con palabras, gestos, signos, dibujos, etc.

Dios castiga mucho la blasfemia. A veces, también en esta vida. Otros pecados pueden hacerse por debilidad o por sacar algún provecho; por ejemplo robar.

Pero el que dice blasfemias no saca nada. La blasfemia es un pecado que va directamente contra la majestad de Dios. Por eso a Dios le duele tanto y lo castiga con gran rigor. La blasfemia es un pecado diabólico.

Si crees en Dios, comprenderás que es un disparate insultarle. Y si no crees, a quién insultas?

Lo que pasa es que a veces se dicen blasfemias sin darse cuenta del todo. Por mala costumbre.

Entonces lo que hay que hacer es proponerse muy en serio quitarse la mala costumbre, pues aunque la blasfemia que se escapa sin querer no es pecado grave, puede serlo el no poner empeño en corregirse. Y siempre son de muy mal ejemplo.

Oyéndote blasfemar, empiezan a hacerlo también los que antes no lo hacían: tus hijos, tus compañeros de trabajo, etc. Para corregirte puede ayudarte el ponerte un pequeño castigo. Por ejemplo, estar tantos días sin fumar cuantas blasfemias se te escapen. Si te gusta el tabaco verás qué pronto te corriges. Si no te atreves a tanto, prívate de algún cigarro, haz cualquier otro pequeño sacrificio; pero no dejes la falta sin castigo. Si no fumas, prívate de otra cosa que te guste mucho. Si no se te ocurre otra cosa, podrías dar unos duros de limosna por cada falta. El ponerse castigos, es el mejor medio para corregirse de un defecto. Si en alguna ocasión oyes alguna blasfemia y puedes corregirla, hazlo así. Y si no puedes, di: «Alabado sea Dios». Si lo dices en voz alta, mejor; y sino te atreves, al menos, dilo en voz baja.

64,3. No hay que confundir las blasfemias -palabras injuriosas con las que se insulta a Dios, la Virgen, etc.- con las palabras feas, que solemos llamar palabrotas y tacos.

Los tacos malsonantes y soeces son señal de baja educación y no deben decirse; pero no son blasfemias, ni ordinariamente pecado. Algunos Académicos de la Lengua opinan así sobre el uso de los tacos en la conversación:

Víctor García de Hoz: Suele ser un intento de llamar la atención, un propósito de afirmar la personalidad.

Joaquín Calvo Sotelo: Suele ser signo de pobreza de vocabulario, o simplemente de mala educación.

Carmen Conde: Me parece de muy mal gusto. Evaristo Acevedo: No soy partidario de los tacos. Los tacos pueden sustituirse por palabras inofensivas: negocio!, narices joroba! castañas! pamplinas! compadre! muchacho! rayos! recuerno! repanocha!, etc. Elige una que te guste y te resulte sonora, pero no digas palabras deshonestas.

64,4. También peca contra este mandamiento quien no cumple sus votos o promesas hechas a Dios para reforzar nuestras súplicas y manifestar nuestro agradecimiento.

El voto es una promesa hecha a Dios libre y deliberadamente, con la intención de obligarse bajo pecado, de una cosa posible, buena y mejor que su contraria. Hay obligación de cumplirlo bajo pecado grave o leve, según como uno se haya comprometido. Sin embargo, una cosa ligera no puede hacernos contraer una obligación grave.

No hay que confundir los votos y promesas con los ofrecimientos que se hacen a Dios sin intención de obligarse a cumplirlos bajo pecado. Antes de hacer un voto o promesa, deberías consultar con una persona prudente: por ejemplo, con un sacerdote. Y si no has podido hacerlo antes, hazlo después por si conviene que te lo dispense o te lo conmute.

64,5. Son pecados graves contra este mandamiento la blasfemia, el no cumplir, pudiendo, los votos graves, y el jurar en falso.

65.- EL TERCER MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: SANTIFICARAS LAS FIESTAS.

65,1. Santificar las fiestas es oír Misa entera y no trabajar sin verdadera necesidad.

El día más grande del año es el domingo de la Resurrección del Señor.

Todos los domingos son una conmemoración de este gran día de Pascua.

En el Antiguo Testamento el día de fiesta era el sábado.

Pero los Apóstoles lo trasladaron al domingo porque en este día resucitó Nuestro Señor.

En los Hechos de los Apóstoles se nos cuenta que los cristianos se reunían los domingos para celebrar la Eucaristía[604].

Y la «Didajé» escrita entre los años 80 y 90 de Nuestra Era afirma que los cristianos asistían a Misa el domingo[605].

Están obligados a oír Misa entera los días de precepto todos los bautizados que han cumplido los siete años y tienen uso de razón.

«Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave»[606].

Una falta habitual a la Santa Misa, sin causa excusante, supone un desprecio del precepto.

El precepto de oír Misa consiste en asistencia personal a la iglesia.

No satisface el precepto quien la oye por televisión. Aunque oír Misa por televisión siempre será unan cosa laudable, pero no suple la obligación de ir a oírla personalmente, a no ser que haya una causa excusante.

Además de la presencia física es necesario estar presente también mentalmente, es decir, atendiendo.

Una distracción voluntaria puede ser pecado, si es prolongada. Las distracciones involuntarias no son pecado.

El precepto es de oír Misa entera, pero omitir una pequeña parte, al principio o al final, no es pecado grave.

Aunque lo mejor es oírla desde que sale el sacerdote hasta que se retira. Al que llega después de haber empezado el Ofertorio, esa Misa no le vale.

El precepto de oír Misa puede cumplirse el sábado por la tarde. Lo mismo en las vísperas de las demás fiestas de precepto.

Cuando hay dos fiestas de precepto seguidas, hay que oír Misa por cada día, en las horas oportunas.

Decir que lo mismo da ir a Misa el domingo que el lunes es como decir que lo mismo da ir a felicitar a tu padre porque es su santo, el día que acude toda la familia, o tres días después porque es más cómodo para ti.

65,2. Quedan excusados de ir a Misa los que tienen algún impedimento:

una enfermedad que no permita salir de casa, un viaje que no te dé tiempo de oírla, el vivir lejos de la iglesia más cercana, una ocupación que no puede abandonarse, por ejemplo: los que cuidan enfermos y no tienen quien los sustituya.

Para saber cuándo tenemos un motivo razonable que nos excuse de ir a Misa lo mejor es consultar con un sacerdote.

Si no tienes un sacerdote a mano, y te urge solucionar tu duda, puede ayudarte la norma siguiente:

Puedes dejar la Misa si, dadas las circunstancias en que te encuentras, dejarías también prudentemente un negocio de cierta importancia para ti.

Si en esas circunstancias en que te encuentras tuvieras una ocasión única de cobrar cien mil pesetas, dejarías pasar esa ocasión?

Pues la Misa vale más de un millón. Tiene valor infinito. Recuerda lo que te he dicho de la Misa en el n 50.

65,3. Los domingos y fiestas de precepto hay que abstenerse de los trabajos que impiden dar culto a Dios[607].

A no ser que sean necesarios para el Servicio Público, o no se puedan aplazar por circunstancias imprevistas o por ser urgentes.

65,4. Para santificar las fiestas es necesario, lo primero, cumplir con el precepto de oír Misa y de no trabajar sin necesidad.

Pero luego hay que evitar toda diversión que suponga una ofensa de Dios. La palabra Domingo significa Día del Señor, y muchos, con sus pecados, lo convierten en día de Satanás.

Podrías emplear las fiestas en participar más de la vida de familia, instruyéndote en Religión y en cultura, descansando con distracciones sanas y honestas, saliendo de excursión, haciendo deporte, etc.; pero no dedicándote a profanarlas con diversiones pecaminosas.

Es necesario que te busques el modo de pasar las fiestas distraídamente, pero sin ofender a Dios.

Las obras de misericordia, las visitas a enfermos, a necesitados, y las obras de apostolado que tengas en la parroquia, además de distraerte, son un modo muy provechoso de pasar parte de las fiestas.

65,5. Los libros buenos pueden ser también un provechoso descanso para los domingos y días de fiesta.

Libros que formen tu carácter, que completen tus conocimientos, tu cultura, tu formación religiosa.

Pero no te aficiones a la lectura de novelas que pueden hacerte daño y, en el mejor de los casos, son una pérdida inútil de tiempo.

En el Apéndice tienes una lista de libros provechosos.

Un libro bueno puede hacer mucho bien.

Pero un libro malo, mucho mal; pues con razones más o menos aparentes, con sofismas, y a veces hasta con auténticas falsedades, puede destruir los fundamentos de la fe y nuestras razones de vivir.

«Debe advertirse a los fieles la necesidad de leer y difundir la prensa católica para conseguir un criterio cristiano sobre todos los acontecimientos»[608].

Hay que tener mucho cuidado con los libros que pervierten las ideas y costumbres. Si alguno de éstos viene a nuestras manos, debemos destruirlo para que no haga daño a nadie. El mejor sitio para un libro malo es el fuego.

65,6. Son días de precepto:

Todos los domingos del año.

Santa María Madre de Dios (1 de enero).

Reyes (6 de enero).

San José (19 de marzo).

Santiago (25 de julio). Propia de España.

Asunción (15 de agosto).

Todos los Santos (1 de noviembre).

Inmaculada (8 de diciembre).

Navidad (25 de diciembre).

Ésta es la lista de las fiestas de precepto comunes en España. Pero en algunos sitios habrá que modificarla según las fiestas locales determinadas por el Obispo de la Diócesis.

66.- EL CUARTO MANDAMIENTO DE LA LEY DE DIOS ES: HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE.

66,1. Honrar a los padres es obedecer, si se vive bajo su potestad, sus mandatos; mientras no manden lo que es pecado, pues «es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres»[609]. También asistirlos en sus necesidades y reverenciarlos con amor. «Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor»[610].

En algunas traducciones del Evangelio hay una frase que puede entenderse mal. Dice Jesucristo: «El que no odia a sus padres no es digno de Mí»[611]. Hay que tener en cuenta que la palabra «odiar» en hebreo no tiene el mismo sentido que en castellano. En hebreo significa «tener en menos». Por lo tanto el sentido de la frase es:

«El que antepone sus padres a Mí, no es digno de Mí».

66,2. La desobediencia a los padres es más grave cuando se trata de cosas relacionadas con el bien de nuestra alma: deberes religiosos, amistades, diversiones, etc.

La obediencia a los padres cesa con la emancipación de los hijos, pero no el respeto que les es debido, el cual permanece para siempre.

Tus padres lo son todo para ti. Aunque sean viejos y achacosos, debes conservarles el respeto y el cariño. No seas jamás un hijo desagradecido. Todo lo que tienes, a ellos se lo debes. Dice la Biblia: «Cómo podrías pagarles lo que han hecho por ti?»[612]. Piensa en los pobres niños abandonados que no conocen a su padre, ni saben lo que es el cariño de una madre.

A los padres no basta quererlos, hay que manifestárselo. No hay en el mundo amor más desinteresado que el de los padres: no es mucho pedir que ellos reciban alguna cálida manifestación de cariño de sus hijos, que tanto agradecen.

Hoy se habla poco de obedecer a los padres. Incluso algunos hijos se creen que desobedeciendo dan muestras de independencia y personalidad.

Es decir, que consideran la desobediencia como una valor. Esto es una equivocación. Esos mismos jóvenes que no obedecen a sus padres que les aman, luego obedecen a los amigos, a las modas, o a sus caprichos que les tiranizan. Cambian de obediencia: la buena por la mala. Ser libre no es hacer lo que me da la gana. Ése es esclavo de sus caprichos.

Libre es el que voluntariamente cumple con su deber. La persona más libre fue Jesucristo, que era Dios. Sin embargo cumplió con la voluntad de su Padre.

Hoy día es muy fácil que los hijos se contagien del espíritu de rebeldía y libertad desenfrenada del ambiente. El P. César Vaca, O.S.A. escribió en el periódico Ya de Madrid: Criticar los falsos maestros, los malos educadores, los padres incomprensivos y egoístas, está bien; pero rechazar la disciplina familiar en globo, menospreciar sin compasión a cuantos ejercen la ardua tarea de la educación y la enseñanza, presentando como la mejor de las escuelas la anarquía de una libertad incontrolada, es colocarse al borde de la ruina.

Los problemas que destacan en las páginas frontales de los periódicos de todo el mundo, son un reflejo de la falta de disposición de nuestra juventud para someterse a ningún sistema de valores que no sea la jerarquía de valores de su propio criterio. (...) Todos somos testigos de casos de adolescentes que son advertidos y aconsejados una y otra vez por padres experimentados y responsables, pero ellos prefieren "discurrir por su cuenta", para descubrir demasiado tarde lo que su padre le predecía certeramente. Por desgracia, son muchos los jóvenes que no quieren escuchar consejos. Semejante hostilidad de la gente joven hacia la autoridad paterna supone que ellos se oponen irrazonablemente a los beneficios de la experiencia Los hijos deben ayudar en la vida de familia. En todas las familias se necesita la colaboración de los hijos. Entre todos se puede conseguir una vida familiar agradable y alegre. En nuestra sociedad el número de personas que alcanza una edad avanzada es cada vez mayor. Los ancianos se encuentran con problemas que hacen más dura su ancianidad: ya no pueden trabajar, algunos están enfermos, otros solos. Todos los miembros de la sociedad deben sentirse responsables de la atención a los ancianos, especialmente los hijos.

66,3. En este mandamiento se contienen también las obligaciones de los padres para con sus hijos, que son, además de amarlos: alimentarlos, vestirlos, instruirlos en religión y en cultura, vigilarlos, corregirlos, darles buen ejemplo y procurarles un porvenir humano proporcionado a su estado y condición social. Es decir, educarlos física, intelectual, humana, espiritual y moralmente; y protegerlos de los peligros de alma y cuerpo. «Recuerden los padres que es deber suyo vigilar cuidadosamente para que los espectáculos, las lecturas y cosas parecidas, que puedan ofender a la fe o a las buenas costumbres no entren en el hogar, y para que sus hijos no las vean en otra parte»[613].

Dijo Pío XII en su discurso del 9-V-57: La sociedad es para la familia, no la familia para la sociedad. La familia es una institución natural: es el origen de la vida humana, y el recinto de la educación.

La familia es vínculo de transmisión normativa. Pero es necesario que la normativa moral y religiosa se dé con convicción, con motivación y con el ejemplo.

Debemos colaborar con nuestros padres al bien espiritual de la familia, manifestándoles aquellas cosas que ellos deben saber para corregirlas. A no ser que haya otro modo más eficaz. Pero quien oculta los malos pasos de sus hermanos, por un falso criterio de compañerismo, puede hacerse responsable ante Dios de las faltas que queden sin corregir. El padre tiene obligación de corregir; pero para esto necesita estar informado de lo que pasa. No exagerar las cosas.

Pero no quitar importancia a lo que la tiene. Los padres son los primeros educadores, y son ellos quienes deben decidir, y no el Estado, el tipo de educación que crean mejor para sus hijos. El Estado debe ayudar a todos los niños en edad escolar sin discriminaciones.

Sería injusto que si los padres necesitan ayuda para la enseñanza de sus hijos, y el Estado quiere cooperar, sólo ayude a los que asisten a las escuelas estatales, y no ayude a los de las escuelas libres.

«Los padres, como primeros responsables de la educación de sus hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus propias convicciones. Este derecho es fundamental.

En cuanto sea posible, los padres tienen el deber de elegir las escuelas que mejor les ayuden en su tarea de educadores cristianos.

Los poderes públicos tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio»[614].

La educación es de una importancia transcendental y de una gran responsabilidad para los padres.

Hay en la vida muchos hombres que lamentan su desgracia por las faltas y descuidos de sus padres.

En educación, como en todo, se recoge lo que se siembra. A los niños, gradualmente, según ellos vayan siendo capaces de asimilar, hay que inculcarles la limpieza, el orden, la obediencia, el sacrificio, la lealtad, la servicialidad, la honradez, el saber renunciar, etc. etc.

Acostumbrarlos a portarse bien en todas partes, a practicar el bien aunque sea penoso, y a huir del mal aunque sea seductor, (...)

espontáneamente, y por propia iniciativa, aunque nadie le vigile ni castigue. De mayores será muy difícil que adquieran virtudes que no se les sembraron de pequeños.

Los niños, para su buen desarrollo, necesitan caricias desde el primer momento. Se han hecho estudios de niños atendidos perfectamente en sus necesidades vitales, en centros especializados, pero faltos de cariño, que muestran anormalidades características.

Pero los hijos no se pueden tener mimados y consentidos. El niño mimado y consentido se hace caprichoso y poco sociable. Esto le va a traer problemas de aceptación entre sus compañeros en su edad escolar, y esto le va a dificultar su madurez psicológica. Está comprobado que el niño que es bien aceptado por sus compañeros, por sus cualidades personales, tiene un gran porcentaje de probabilidades de una buena maduración psicológica en el futuro.

Los hijos, ni se pueden tener mimados y consentidos, ni tampoco castigarlos sin razón. El castigo es inevitable, pues es moralmente imposible que tus hijos no cometan alguna falta que lo requiera: «sin castigo no hay educación posible», dice uno de los más célebres pedagogos de nuestra época, Foerster[615]. Pero para que el castigo sea educativo y eficaz ha de ser siempre: a) oportuno: escogiendo el momento más propicio para imponerlo pasada la ira en unos y otros; b) justo: sin exceder los límites de lo razonable; c) prudente: sin dejarse llevar de la ira; d) cariñoso en la forma, para que el niño comprenda que se le impone por su bien. «No somos eficazmente castigados sino por aquellos que nos aman y a quienes nosotros amamos»[616].

El castigo corporal tiene sus dificultades. Puede engendrar terquedad, rencor, debilitamiento del sentimiento del honor. Los niños nerviosos no debieran ser castigados corporalmente, pues se corre el peligro de aumentar su nerviosidad. En las niñas el castigo corporal debilita el sentimiento de su intocabilidad corporal, tan precioso para el recato de su vida futura. A veces puede ser más eficaz que un castigo corporal el ponerlo a comer solo en una mesita de cara a la pared, privarle de una habitual muestra de cariño, o de un dulce que le gusta, o del dinero que se le suele dar; depende de edades y circunstancias.

El castigo debe facilitar al niño el camino de la honradez, la obediencia, la aplicación, etc., para hacer de él un hombre moral. El castigo más que para expiar la culpa cometida debe servir para la corrección. Para esto es necesario que el niño reconozca la falta, y lo justo del castigo. El castigo tiene mucho más valor cuando el niño lo acepta voluntariamente, o se lo impone él mismo. Después de aplicado el castigo, se deben hacer las paces con el niño lo antes posible[617].

Hay que tener tacto para corregir con eficacia. Poco se logra con herir y humillar solamente. Hay que alentar. Despertar el sentimiento de la propia estima. Una corrección eficaz debe dejar siempre abierto un portillo a la esperanza de la propia superación. El dejarle hacer lo que él quiera, algún día lo interpretará como falta de interés por su bien. En cambio el contrariarle manifestando que se hace por amor e interés por él, terminará por ganarle el corazón. Decir: te quiero demasiado para permitirte eso, o un trato cariñoso después de un castigo, restablece la armonía. El amor debe estar por encima de las travesuras. Una madre después de castigar a un hijo le dijo: «No estoy furiosa contra ti, sino contra tu travesura». Y el hijo agradeció aquel castigo.

Si es importante saber manejar el castigo en orden a una buena educación, no lo es menos el saber utilizar el premio; por ejemplo, el elogio. La recompensa pedagógica puede revestir muchas formas: una mirada de aprobación, un gesto cariñoso, una palabra, la concesión de un permiso deseado, un regalo, etc. Pero tampoco se pude ser excesivo en los premios y alabanzas, pues perderían eficacia, y se correría el peligro de hacer al niño egoísta, obrando bien sólo con miras al premio y a la recompensa.

El estímulo es más eficaz que la represión. A veces ésta será inevitable, pero su eficacia será mayor si el hijo está acostumbrado a que se le reconozca la obra bien realizada, y se le aplauda el esfuerzo realizado, aunque no siempre estos esfuerzos hayan sido coronados por el éxito. Todo el mundo queda agradecido a quien sinceramente le anima. Un elogio correcto, justo, oportuno, estimula y educa para el bien. Todo el arte de la Pedagogía consiste en saber sonreír y en decir NO a los hijos en el momento preciso y de la manera exacta.

Una de las cosas peores que puede hacer un padre con sus hijos es dejarlos que se hagan caprichosos y testarudos. Es de la máxima importancia en la educación de los hijos la formación de la voluntad.

La voluntad se fortalece enseñándola a renunciar. A esto hay que empezar de pequeño. Que empiece a renunciar a gustos, caprichos, comodidades, etc., en bien del prójimo.

Por ejemplo: que reparta entre hermanos y amigos la caja de bombones que le han regalado, que se levante de la silla para echar el papel del caramelo en la papelera, que ceda el sillón a una persona mayor, que deje un juego ruidoso porque a la abuelita le duele la cabeza, etc., etc. Hay multitud de renuncias y privaciones de alto poder formativo. La sonrisa de un hijo proporciona a los padres tanto placer que se hace durísimo contrariar al niño. Por otra parte, hay corazones de padres que no pueden resistir el oír llorar a sus hijos. Sin embargo, han de saber que por no querer contrariarlos hoy y darles esos caprichos, los están preparando para grandes disgustos en la vida, porque las cosas no siempre van a salir a sus deseos. Es una equivocación decir: Déjale hacer. Pobrecito. Ya tendrá tiempo de sufrir. Todo lo contrario. El niño mimado sufrirá el doble que el que se ha acostumbrado a renunciar con naturalidad. En la vida hay que renunciar por fuerza tantas veces!.

Es menester acostumbrar al niño, desde pequeño, a portarse bien en todas partes, espontáneamente y por propia iniciativa, aunque nadie lo vigile ni le castigue. Hay que saber apartarlos del mal y orientarlos al bien, de modo que ellos mismos estimen la virtud y el deber, y lo abracen voluntariamente. Es muy importante en la educación de los niños saber proporcionarles placeres lícitos con alegría, y que sepan renunciar a lo ilícito sin angustia. Es imposible que los niños tengan siempre lo que desean. Hay que acostumbrar a los niños a que acepten estas frustraciones con naturalidad, pues la vida está llena de frustraciones.

El joven que se acostumbra desde niño a hacer su voluntad es un inútil para la vida. Porque la vida es un tejido de deberes desagradables, y el que desde niño no se acostumbra a cumplirlos severamente, sino que obra a impulsos de sus gustos, caprichos y pasiones, se hace víctima de su propia voluntad al llegar a la edad madura.

Dice el gran educador Stuart Mill: Quien nunca se ha privado de algo permitido, no sabrá privarse de lo prohibido.

La voluntad es la facultad de la persona humana por la cual el individuo cumple lo que se ha propuesto sin dejarse llevar por lo que

le gusta o disgusta. Es muy importante para ser una persona de carácter. Es lo que hace al hombre más hombre. Para lograr el dominio de la voluntad es necesario entrenarse, como en el deporte. Hay que adquirir un hábito por la repetición de actos realizados con una motivación de superación personal. El entrenamiento debe empezar por cosas relativamente fáciles.

Un niño mimado no es aquel por quien se hace demasiado. Nunca se hace demasiado por un niño.

Niño mimado es aquel a quien nunca se le ha exigido, aquel a quien no se le ha enseñado a devolver en proporción a lo recibido. Condescender a los caprichos del niño es hacer de él un pequeño tirano.

No hay manera más segura de labrar la desgracia de un hijo que darle todos los caprichos.

Educar, formar a un niño, es hacerle obedecer, ayudarle a superarse, enseñarle a amar, a querer lo que no quiere, lo que no ama, lo que no hace espontáneamente, pero que le servirá... Se ha definido al educador como quien presta voluntad. Dejado a sí mismo, el niño queda esclavizado a sus instintos y caprichos. La intervención de la voluntad fuerte del educador le libera... Ese pequeño ser tan encantador y tan débil, hacia el que nuestro amor y nuestra compasión se desbordan, es terriblemente egoísta y codicioso. Hay que enderezarlo, moldearlo, humanizarlo. No hay rectitud moral en la vida si no se obedece a los principios, a pesar de las tentaciones y los caprichos.

«Además, no hay verdadero placer, incluso para el niño, en las cosas obtenidas sin esfuerzo. En todos los terrenos hay que pagar con horas de penosa ascensión la alegría de contemplar un hermoso panorama. La resistencia vencida produce su goce. Hay que dar al niño la experiencia y el gusto de estas ásperas y profundas alegrías que brotan de la dificultad vencida»[618].

Y desde luego, jamás permitas una desobediencia. Antes de dar una orden, piensa si es conveniente. No mandes muchas cosas seguidas; y nunca, contradictorias. El padre y la madre deben estar siempre de acuerdo en cuanto a órdenes y castigos. Nunca deben contradecirse. Y las órdenes, que sean claras, que el niño las entienda. Y bien descritas en sus detalles: plazo de tiempo en que debe realizarse, resultado que se pretende, etc. Por ejemplo: Recoge el cuarto de baño después de ducharte. Aclarar que se entiende al terminar de ducharse, no a media noche; todo limpio, no basta recoger la ropa sucia, etc.

No mandarles demasiadas cosas. Ni prohibirles tonterías. Dijo el doctor psico-pedagogo Luis Riesgo en una conferencia a la que asistí en el Casino GADITANO DE Cádiz, el 15 de Noviembre de 1995: No hacer montañas de las colinas. Ser transigentes en pequeñeces. En toda pedagogía familiar vale más ganar una batalla importante que cien escaramuzas sin importancia.

Hay que dejar a los hijos siempre un campo de autonomía. No olvidar que el niño necesita autoafirmarse.

Procura no mandar cosas demasiado difíciles. Pero dada la orden, que sea ejecutada por encima de todo. Si el niño logra imponer su voluntad una vez, no lo olvidará, y siempre intentará conseguirlo de nuevo. El niño debe saber que hay ocasiones en las que son inútiles los llantos y los gritos. Y tú, por tu parte, cumple también la recompensa o los castigos a que te hayas comprometido. Son desorientadores para los niños y fatales en la educación esos padres que mandan, amenazan y prometen muchas cosas; pero después nada de eso llega a la realidad, sin razón alguna: «El castigo anunciado no debe suprimirse sin causa»[619].

Pero hay que tener cuidado de que el castigo no corresponda a nuestro mal humor, sino a la gravedad de la falta y a la responsabilidad del niño. Reconocida la culpa por el niño, y aceptado el castigo, es muy pedagógico disminuir éste con la promesa de enmienda.

- Educar es aceptar que cada hijo tiene su modo de ser, y permitirle ser él mismo.

- Educar es reforzar y alentar todo lo bueno que tenga el educando.

- Educar es procurar el bien del educando con autoridad y firmeza, pero sin violencia y con ternura.

- Educar es inculcar los valores que pretendemos, por medio del ejemplo[620].

La corrección del niño debe comenzar cuando es pequeño. Las plantas tiernas son más fáciles de enderezar.

No dejes que nadie, delante de los niños pequeños, alabe lo malo y se ría de lo bueno. Tampoco toleres que les enseñen a decir picardías. Por lo mismo, pon mucho cuidado en que los niños pequeños no presencien nada en la casa que pueda enseñarles el mal. Los niños son grandes imitadores: hay que tener mucho cuidado de todo lo que se dice y se hace en su presencia. Ten también cuidado de que en tu casa no haya cuadros o calendarios deshonestos, ni libros ni revistas peligrosos. Preocúpate de inculcarles desde pequeños el amor a la pureza, a la veracidad, honradez, servicio del prójimo, respeto a la autoridad, etc. Nada persuade tanto a practicar el bien como el buen ejemplo. «No se enseña ni lo que se sabe ni lo que se dice, sino lo que se hace»(Jaurés). Las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran. Son los hechos los que cuentan, no las palabras. Las palabras son contraproducentes cuando son desmentidas por los hechos.

Los ejemplos educan más que las palabras. El niño necesita modelos de comportamiento claros, fuertes y permanentes. Si los modelos son defectuosos, cambiantes y débiles, no sabrá lo que hay que hacer en cada momento.

Pero además de darles buen ejemplo, hay que hacerles actuar. El secreto de aprender está en el hacer. «Exigir a los hijos que hagan lo que es necesario hacer, lo que deben y pueden hacer según su edad; sin permitirles concesiones. (...). Eso es amarles y educarles para la vida. Tenerlo todo, no haber tenido que esforzarse por nada,(...) es una tremenda desgracia».

Lo que verdaderamente educa es el ejemplo de una vida coherente, y la autoridad apoyada en razones. No el autoritarismo violento. La incidencia de la figura paterna ha sido estudiada por Alinear Glueck comparando quinientos muchachos delincuentes con otros quinientos que no lo son. La investigación demuestra que la mayoría de los muchachos delincuentes han dependido en su educación de padres con actitudes extremas de severidad o de permisividad; mientras que los muchachos que presentan una conducta normal pertenecen en su mayoría a padres que han sabido aplicar una disciplina firme pero serena y dialogante.

Para los hijos, tan malo es una autoridad dura y rigurosa, como la falta de autoridad. El dejar que los niños hagan lo que quieran es muy cómodo para los padres, pero funesto para ellos. El niño necesita autoridad que le libere de su sentimiento de inseguridad. El adolescente necesita guía. Incluso se da el caso del muchacho que adopta una actitud provocativa ante su padre, actitud que en el fondo no tiene otro objeto que el de forzarle -inconscientemente por supuesto- a que ocupe su verdadero papel de jefe de familia. Busca la autoridad que tanto precisa, y que es la base de su sentimiento de seguridad.

La disciplina es el adiestramiento del niño. Los estudios realizados sobre los trastornos de la conducta de la juventud han demostrado que un niño educado sin disciplina no es capaz de controlarse cuando sea mayor. Charles Manson, asesino de familias enteras, cuando era niño hacía siempre su voluntad. Al cabo de los años, ya hemos visto las consecuencias.

Hubo un tiempo que en la educación se abusó del autoritarismo y de aquello de que la letra con sangre entra. Pero hoy, con un movimiento pendular, se ha pasado a una inhibición de los educadores y a dejar a los niños que sean buenos espontáneamente y encuentren la verdad por sí solos; lo cual es utópico. Antes se abusó de la enseñanza memorística (recordemos la lista de los reyes godos), pero hoy se elimina la memoria de la enseñanza, lo cual es funesto, pues la memoria es una potencia humana necesaria en la vida. El niño necesita que le digan lo que es bueno y lo que es malo, y que le ayuden a ir por el camino del bien.

Tener en cuenta que el niño pequeño no puede comprender la ironía.

Entiende las cosas literalmente, tal como se dicen. Una broma inocente para un adulto, puede hacer daño a un niño. Unos padres que se mofan de lo que el niño toma en serio, pueden, en su equivocación, perder la confianza en su hijo.

«Uno de los peores errores en que pueden incurrir los padres es en el de hacer comparaciones. Sólo conseguirás que tu hijo aborrezca a aquel con quien lo comparas, y te lo tome a mal»[621].

Según la frase de María Montessori, la célebre doctora italiana de fama mundial, «el niño debe ser respetado y no utilizado como un juguete que nos divierte con sus gestos, balbuceos y gracias, provocándole a repetirlas de modo abusivo, y a veces intempestivo, pensando sólo en nuestra satisfacción. Al niño hay que tratarle como él lo necesita. No como a nosotros nos gusta»[622].

Es necesario saber escuchar a los pequeños sus pequeñas preocupaciones. Así se les prepara el camino de la confianza para cuando tengan que contar confidencias más importantes.

66,4. Debes preocuparle de que tus hijos no aprendan de sus amigos de la calle de dónde vienen los niños. Evidentemente que ellos procurarán enterarse. Si tú les abandonas en este punto, cuando les entre la curiosidad, irán a sus amigos que más saben de esto, que, naturalmente, serán los más golfos. Puedes imaginarte la clase de información que tus hijos recibirán de ellos. Si tus respuestas a sus preguntas son oscuras o con evasivas, el niño se dará cuenta de que ha topado con algo misterioso y se callará; pero su curiosidad aumentará e irá a preguntar donde le ofrezcan confianza.

En materia sexual el niño tiene necesidad de saber, y por lo tanto hay obligación de informarle. Pero esta información no es conveniente que la reciba de sus amigotes que lo harán de modo chabacano, deformado, degradando la sexualidad, y envileciendo el misterio de la vida. Hay que hacerlo de una manera sana, clara, correcta, digna y adecuada.

Es indispensable que te encargues de hacerlo tú con discreción, prudencia, método y tacto. A los niños hay que iniciarlos conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual.

Puede ayudarte en este importante asunto un pequeño libro titulado «Iniciación de los niños en la vida»[623]. Este libro te dará normas acertadísimas, e incluso al discursito ya hecho para distintas edades y sexos. Hay quien opina que es mejor esperar a que el niño pregunte.

Pero, y si el niño tiene vergüenza de preguntar a sus padres?. Y si el niño pregunta primero en la calle? Además en muchos casos la calle se adelanta a informar al niño antes de que éste pregunte. Una de las edades más peligrosas de los niños es entre nueve y once años, y hay que orientarlos. No olvides nunca que en esta materia es preferible llegar con un mes de anticipación que con un día de retraso.

Es importante que los niños se sientan superiores a sus compañeros por la buena información que sus padres les han proporcionado, y porque saben les tendrán al corriente de todo lo que quieran preguntar.

Conozco un niño que cuando sus compañeros quisieron hablarle de cosas escabrosas, él les respondió: Todo esto ya lo sé yo, porque me lo ha explicado mi padre. Y se marchó. Su padre está orgulloso de haberle preparado bien.

En esta materia, ante las preguntas de los niños hay tres posturas:

a) El silencio y las evasivas: lo cual es hacer que el niño vaya a preguntar a otro sitio, lo mismo que iría a satisfacer su hambre si nosotros no le diéramos pan. Una madre a quien su hija le preguntó sobre el origen de los niños, le respondió dándole un bofetón: una niña educada no preguntas esas cosas. Proceder lamentable. El silencio de los padres sobre el sexo es causa de que el niño crea que el sexo es algo malo.

b) La segunda postura es responder con mentiras, lo cual les hará perder la confianza en vosotros cuando averigüen la verdad; y se formarán una idea equivocada del problema al ver que se trata de una cosa vergonzosa de la cual no se puede hablar en casa. Además sentirán una reacción desfavorable hacia sus padres que les engañaron y les llevaron a hacer el ridículo ante sus amigos por creerse lo de la cigüeña, niños de París, etc.

c) La tercera actitud es la acertada: responder con lealtad, con respuestas breves, claras, sencillas y naturales, enteramente verdaderas, aunque no se diga toda la verdad de una vez, sino escalonadamente, en diversas ocasiones, según las circunstancias, y grado de comprensión del niño.

Esta explicación debe rodearse de un gran ambiente de elevación, dulzura, delicadeza y sobrenaturalidad. Hacer la información gradualmente, según el niño vaya preguntando, satisfaciendo siempre su curiosidad. Si el niño tarda en preguntar, provocar con tacto la pregunta, para que de esto hable en casa antes que en la calle. Las primeras preguntas pueden surgir a los cuatro o cinco años. «Antes de los nueve o diez años debe saber que el niño comienza a crecer en la madre por amor del padre»[624].

Te voy a poner aquí un ejemplo de un posible diálogo de un niño con su madre, con las respuestas a las preguntas más comprometidas que los niños pueden hacer. Las he encontrado en varios libros que he leído sobre este tema. Evidentemente que no es para que des la respuesta al pie de la letra. Es para que te orientes en las respuestas que necesites, y las acomodes a la edad, sexo, madurez, etc., del niño que pregunta.

- De dónde ha venido mi hermanito?

- Se lo ha mandado Dios a papá y a mamá porque se quieren mucho.

- Entonces tía María y tío Pepe no se quieren porque Dios no les manda ningún hijo.

- Es que los hijos son un regalo de Dios, y ese regalo Dios no se lo da a todos.

- Y cómo vienen?

- Dios ha puesto en la barriga de las madres un nido muy abrigadito. Y ahí está el niño durante nueve meses, porque al principio es muy pequeñito y se le podría pisar como a una hormiguita.

También yo te he llevado a ti nueve meses debajo de mi corazón y te he alimentado con mi sangre.

Por eso te quiero tanto, porque eres hijo de mi sangre. Cuando yo te llevaba dentro de mí, pensaba mucho en ti, te preparaba la cuna, los pañales, las camisitas y muchas cosas más; y rezaba mucho a Dios por ti. Cuando ya fuiste un poco mayor entonces te di a luz. Eso me hizo sufrir fuertes dolores, y tuve que guardar cama. Pero estos dolores se transformaron en alegría cuando te tuve en mis brazos y pude abrazarte y besarte.

- Y por qué te hice sufrir?

- Porque cuando saliste de dentro de mi cuerpo eras ya grandecito, y me costó mucho trabajo.

- Y por dónde salí?

- Por una puerta que Dios ha puesto en el cuerpo de las mujeres, y que llevamos siempre tapada, porque las personas mayores nunca enseñan eso.

- Dónde está esa puerta?

- Entre las piernas. Por donde se orina. Esta puerta se estira como si fuera de goma, para que pueda salir el niño. Primero sale la cabeza, después los hombros, los brazos y por fin las piernas. Así naciste tú.

Puedes imaginarte la alegría que sentí cuando puede tenerte en mis brazos?

- Y por qué soy también hijo de papá?

- Porque el padre es el que pone las semillas de la vida dentro del cuerpo de la madre.

- Y cómo se hace eso?

- Dios ha hecho el cuerpo del hombre distinto del cuerpo de la mujer para que cuando estén casados puedan unirse de modo que el padre deje la semilla de la vida dentro del cuerpo de la madre. La puerta por donde sale el niño al nacer, fue nueve meses antes la puerta por donde entraron las semillas de la vida que el padre donó a la madre[625].

- Pues yo tengo un amigo que no tiene padre.

- Porque se habrá muerto o se habrá ido.

- Es que su madre es soltera.

- Eso quiere decir que su padre hizo mal, y no quiso casarse con su madre; pero todos los niños nacen de la unión de un padre y una madre.

- Y por qué tienen hijos las solteras?

- No deben tenerlos, pues no tienen marido. Pueden tenerlos si ceden su cuerpo a un hombre. Pero esto es un pecado en una mujer soltera. A veces ocurre sin culpa de ellas, por violencia o engaño de hombres malvados.

- Por eso en el colegio hablaban de uno que era un sinvergüenza porque había tenido un hijo de una muchacha soltera.

- Claro. Eso es un pecado enorme. Pero en el colegio no hables de estas cosas. Todo lo que quieras saber, yo te lo explicaré. Hablaremos de todo esto siempre que quieras. Pero tú con tus amigos no debes hablar de estas cosas. A lo mejor hay algún niño a quien sus padres le han contado el cuento de la cigüeña, pensando que no podría entender esto que yo te he explicado a ti, y no está bien que dejes mal a sus padres. Y si hay alguno que quiera hablarte de estas cosas, tú le dices que ya te he explicado yo todo. Y a mí me preguntas todo lo que quieras, que yo te lo explicaré mejor que nadie, porque soy tu madre.

Frecuentemente será fácil satisfacer la curiosidad del niño respecto al otro sexo mostrándole a un niño (o niña) de corta edad desnudo. Es preferible evitar las exhibiciones de adultos desnudos.

Nuestra sociedad no lo admite, y se puede ofender al niño.

Es conveniente que la madre instruya a su hija sobre el significado y normalidad de la menstruación cuando haya cumplido los diez años, para que si apareciera en edad prematura no le cause impacto psicológico perjudicial. El modo de hacerlo puede ser una cosa así: La obra más grande que puede hacer una mujer es tener un hijo. Esto ocurre cuando la mujer se casa. Pero desde pequeña, Dios va preparando el cuerpo de la mujer, y todos los meses se forma un nido para el posible hijo. Al no tener el hijo, el nido se deshace y sale por abajo un poco de sangre, pero no duele nada.

Lo mismo hay que hacer con los chicos sobre los derrames nocturnos, para que sepan que son fenómenos perfectamente normales, previstos por Dios para que el cuerpo elimine las secreciones sobrantes que no necesita para su fortalecimiento.

Si los padres explican a sus hijos adolescentes las emisiones nocturnas de semen y la menstruación, respectivamente, antes de que esto ocurra, cuando llegue ese momento, lo aceptarán con toda naturalidad.

No es lo mismo información sexual que educación sexual. La información sexual es más fácil, pero no basta. Se ha comprobado que a más información sexual, más embarazos de adolescentes, enfermedades venéreas, etc. La educación sexual debe procurar la maduración afectiva del niño, hacerlo llegar a ser dueño de sí y a usar rectamente del sexo. La educación lleva al hombre a practicar el bien. «La virtud no es cuestión de enseñanza solamente. Muchas veces comprobamos que el problema no es de desconocimiento de lo que hay que hacer, sino que falta el necesario esfuerzo para hacerlo. (...).

Las virtudes se logran a costa del propio esfuerzo, pero es fundamental que este esfuerzo esté acompañado de una convicción intelectual»[626].

Al hombre no le basta saber lo que es verdad y lo que es bueno, necesita además una motivación que le anime a vivirlo. Y en eso consiste la educación. La experiencia cotidiana enseña que al hombre no le basta conocer el bien para practicarlo. Ya lo dijo Ovidio hace dos mil años: «Conozco el bien y lo apruebo, pero practico el mal»[627].

La experiencia ha demostrado que una información sexual insistente, como la que hoy padecemos, es de efectos negativos, pues se convierte en excitación sexual.

«La enseñanza no es nunca una educación completa. Ha de ser complementada por el esfuerzo personal, por la lucha. Esto es especialmente cierto en lo relativo a la educación sexual. El uso cristiano de la sexualidad no se realiza sin esfuerzo, sin un esfuerzo que a veces tiene que ser heroico. Esto vale principalmente para la juventud, en la cual la fuerza de las tendencias sexuales y la poca madurez de la personalidad del joven, exigen una lucha mucho más rigurosa. Por otra parte, la juventud es también la época más adecuada para entender la vida como lucha, para despreciar la comodidad.

Fortalecer en la juventud la conciencia de que una vida humana sólo se realiza a través de la lucha, es poner uno de los fundamentos más firmes para la educación en el aspecto sexual.

En esa lucha tienen que emplearse recursos humanos y sobrenaturales, porque también en este campo lo natural y lo sobrenatural se influyen mutuamente.

La oración y los sacramentos son como las dos direcciones del camino que une al hombre con Dios.

La oración es fundamentalmente petición, camino del hombre hacia Dios; los sacramentos son las sendas por donde Dios nos envía su gracia, camino de Dios hacia el hombre. La oración y los sacramentos están en la base de la educación sexual.

En cuanto a la Virgen, Ella es llena de Gracia, es la protagonista del amor más puro y más hondo que haya podido tener criatura alguna. Es Madre nuestra y está delante de Dios para hablar bien de nosotros, para interceder por nosotros»[628].

Las caídas en materia de sexualidad se deben, más que a la falta de información, a la debilidad de la voluntad, expuesta a toda clase de tentaciones que sólo pueden superarse con esfuerzo humano auxiliado por la gracia de Dios.

El padre Martín Descalzo en su libro «Razones desde la otra orilla» dice que la campaña recomendando preservativos a la juventud es un reconocimiento del fracaso de la educación sexual.

Como no se ha sabido educar a los jóvenes para que controlen el instinto sexual se les da un preservativo para complacerles. Como el chupete que se da al niño que ha cogido una rabieta[629].

«Una educación sexual bien hecha -iniciación y educación-, es necesaria, y el hacerla con discreción y delicadeza corresponde como un derecho y un deber a los padres, que lógicamente se han de preparar y empeñar en ella. Sería un error dejar esta educación, por un silencio culpable, a agentes inadecuados que el niño encontrará, quienes inevitablemente harán su pseudoeducación. Nadie puede marginar a los padres de esta tarea, y nadie les suplirá como es debido con tal que ellos lo hagan bien. En todo caso, ha de quedar bien claro siempre, que, siendo la educación sexual una parte de la educación total de la persona, no son lícitos los experimentos perjudiciales para la integridad y el equilibrio personal, ya sea en el aspecto individual, ya sea de cara a la apertura hacia los otros. Es bueno también recordar que los padres, sobre todo los que dan una iniciación, acaso prematura, persuadan a sus hijos de que no hablen de ello con otros. Si se lograse hacer esto, no serían tan frecuentes las conversaciones sobre temas sexuales, ni los padres tan frecuentemente suplantados por inoportunas revelaciones.

Una progresiva información de la realidad sexual, a nivel cultural y religiosa, se hace necesaria tan pronto como el niño va abriendo sus ojos a la vida personal y al mundo que lo rodea; pero la información sola no es suficiente. Se necesita, sobre todo, la educación de la persona en la castidad o pureza -virtud que proporciona dominio sobre la sexualidad- por medios idóneos. He aquí algunos: clima de ejemplaridad familiar, de diálogo y aprendizaje constante del amor evangélico y el dominio de sí mismo y, por encima de todo, de vivencia consciente de la oración y de los sacramentos.

Por la misma razón han de colaborar los gobernantes, gerentes del bien común. Su colaboración no ha de invadir, sino respetar la competencia de los padres y los derechos de la comunidad cristiana. Un programa realista de colaboración del Estado en este asunto habría de tener muy en cuenta problemas como el de la protección a la familia, la enseñanza, las condiciones de trabajo, alojamiento, la multiforme pornografía y anarquía del erotismo público, la llamada apertura cultural de los medios de comunicación social y otros, algunos de los cuales son realidades muy perniciosas, verdaderos agresores injustos -con bellos nombres- de los derechos de las personas débiles que, por sí mismas, no se pueden defender. El poder público es corresponsable, junto con los ciudadanos, de la defensa de sus valores y, en nuestro caso, no es justo que el pansexualismo posea un nivel tan alto de monopolio de la educación de la sexualidad.

La escuela -y ahora pensamos en la escuela católica- puede aportar buenos servicios a la recta educación sexual. Como una realidad subsidiaria ha de actuar con la anuencia y la cooperación de la familia educando integralmente al alumno y ayudándolo a integrar debidamente la sexualidad.

Además de esta educación genérica incumbe a la escuela hacerlo también de una manera más especifica, informando científicamente sobre el tema a nivel biológico y psicológico sin omitir el moral, de acuerdo siempre con los padres y evitando con extrema delicadeza que no se susciten problemas nuevos y graves, antes de resolver los ya existentes. Esto último es muy posible y de alta responsabilidad.

Puede presentarse el caso de que en una escuela, especialmente si no funciona en verdad como católica, se perturbe esta educación por la imprudencia de algún profesor, por presiones intencionadas de los alumnos -o por fuerzas de fuera que influyen en la misma- o por una insistencia morbosa sobre el asunto. Cuando ocurre eso, lo que tendría que ser verdadero elemento de educación, es posible se convierta en una clase de juegos preferidos, refugio de erotismo, y, en fin de cuentas, de pornografía. Por tanto, hay que exigir un clima de delicadeza y de respeto muy acentuado hacia las personas de los educandos de ambos sexos.

Querríamos decir a los educadores que no se permitan iniciativas caprichosas sin contar con los padres; no es justo que éstos se encuentren, a veces, sorprendidos por hechos consumados de conferencias, cursillos y proyecciones de temas sexuales, en escuelas católicas que no han tenido en cuenta la Doctrina de la Iglesia»[630].

La Comisión Permanente del Episcopado Español ha protestado por la difusión entre los jóvenes de unos folletos distribuidos por algunas entidades socialistas de la Administración Pública Española, que pretenden ser de educación sexual y lo que hacen es incitar al libertinaje sexual, animando al ejercicio de la sexualidad solamente por la satisfacción egoísta del placer, indiferentemente de que se haga por medio del vicio solitario o con otra persona de diferente o del mismo sexo, sin ninguna relación con la moral y la integración de la sexualidad en la maduración de la persona humana, haciendo de la vida sexual un juego y pasatiempo, algo trivial y carente de pleno sentido humano.

Entre otras cosas dice:

«Estas orientaciones relativas a la conducta sexual se oponen a los valores y bienes fundamentales de la sexualidad humana y a las enseñanzas morales de la Iglesia... Sentimos el deber de denunciar que tales orientaciones degradan y pervierten las conciencias de los jóvenes... Con frecuencia se une esta difusión de inmoralidad en el campo sexual con ataque a la fe cristiana»[631].

«Cuando autoridades civiles, de cualquier rango, promueven la difusión de los citados cuadernos en centros escolares cometen un verdadero abuso de autoridad. Los poderes públicos vulneran claramente los derechos de los ciudadanos en la medida que, a través de las indicadas iniciativas pedagógicas o de poderosos medios de comunicación, tratan de establecer en el conjunto de la sociedad una determinada concepción de la conducta sexual, que implica una forma definida de entender el hombre y su destino. No pertenece ni al Estado ni siquiera a los partidos políticos tratar de implantar en la sociedad una determinada concepción del hombre y de la moral por medios que supongan de hecho una presión indebida sobre los ciudadanos contraria a sus convicciones morales y religiosas.

A los organismos estatales compete, en cambio, tutelar a los ciudadanos contra los desórdenes morales y toda forma de agresión sexual, especialmente el abuso de menores y, en general, contra la degradación de costumbres y la permisividad sin límites. Teniendo en cuenta el pluralismo de la sociedad moderna y la debida libertad religiosa, corresponde al Estado ayudar a las familias para que pueda darse a sus hijos en todas las escuelas una educación conforme a los principios morales y religiosos profesados por sus padres, tal como prescribe la Constitución Española. La propia Constitución establece las normas de protección de la moralidad de los niños y jóvenes.

Está en juego el bien común de la sociedad: una comunidad humana que no alcance un grado suficiente de adhesión a valores morales fundamentales como son, en este caso, los relativos a la sexualidad y a la familia se autodestruye»[632].

El arzobispo de Valladolid, José Delicado Baeza, en una carta pastoral se lamenta de la frivolidad con la que en algunos sitios se realiza la educación sexual, estimulando al sexo más que educándolo, añadiendo: «La castidad no es la única, ni siquiera la principal virtud cristiana, pero es una virtud necesaria para vivir en gracia»[633].

«La educación sexual de hace años tuvo sus errores. Pero hoy algunos llaman educación sexual a lo que es pura pornografía. Algunos han olvidado que el hombre, además de cuerpo tiene espíritu, y que el comportamiento sexual del hombre no puede ser lo mismo que el de un animal. El instinto sexual del hombre debe ser dirigido por la razón y la voluntad. De esta manera se eleva, se dignifica, se espiritualiza.

El libertinaje sexual tiene peores problemas que la represión. Las aberraciones sexuales se difunden alarmantemente. Y es que el hombre necesita una ética, una norma moral. Su conducta no se regula por el instinto, como en los animales que nunca comen si no lo necesitan, ni engendran fuera de los tiempos de celo»[634].

66,5. Es, sobre todo, importante que los padres se preocupen de la instrucción religiosa de sus hijos. Si ellos no saben o no pueden hacerlo, tienen que buscar quien supla esta obligación; ya en la escuela, ya en la catequesis de la parroquia. Pero dice el Nuevo Código de Derecho Canónico «a los padres corresponde en primer lugar la educación cristiana de sus hijos»[635]. Al niño pequeño hay que obligarle a ciertas cosas (urbanidad, higiene, etc.) aunque él no entienda su valor. Poco a poco irá captando su sentido y cuando sea mayor las realizará por propia convicción. Lo mismo hay que hacer en la educación religiosa.

Los domingos llévatelos de paseo o al campo; y a la vuelta haz una visita en alguna iglesia y enséñales desde pequeñitos dónde está el Señor, para que aprendan a pedirle cosas y a hablar con Él. Desde los primeros años conviene infundirles una vida de piedad. Esto es insustituible. Deberías tener la costumbre de rezar algo en común:

bendecir la mesa, rezar en el automóvil en los desplazamientos dominicales, etc. Hogar que reza unido, hogar que permanece unido.

66,6. Los hijos son el encanto de los hogares, la alegría y la ternura de los padres, los perpetuadores de su nombre, el estímulo de sus trabajos, el consuelo de sus sufrimientos y la esperanza de su vejez.

Los niños fortalecen el amor de sus padres. Las estadísticas internacionales demuestran que hay menos rompimientos en los matrimonios con hijos. Los hijos enriquecen el amor conyugal. Hacen superar el egoísmo. El amor del marido a la esposa puede tener un matiz egoísta por los placeres físicos que le proporciona y por los servicios que le presta. El hijo va a aumentar sus sacrificios, y sin embargo lo ama. Igualmente en ella, la maternidad despierta enormemente la capacidad de amor sacrificado.

Hogar donde abundan los niños es hogar feliz.

Los niños arman ruido; pero, qué triste es el silencio de un hogar sin niños! Qué sola es la vejez sin hijos! Los hijos son el más fuerte vínculo de unión entre los esposos. Llenan de ilusión la vida. A veces dan disgustos, pero su amor hace felices a los padres.

El futuro de la humanidad se fragua en la familia. Por consiguiente, es indispensable y urgente que todo hombre de buena voluntad se esfuerce por salvar y promover los valores y exigencias de la familia.

«Son bien conocidos los problemas que en nuestros días asedian al matrimonio y a la institución familiar. Por eso es necesario presentar con autenticidad el ideal de la familia cristiana basado en la unidad y fidelidad del matrimonio abierto a la fecundidad y guiado por el amor. Y, cómo no expresar vivo apoyo a los reiterados pronunciamientos del episcopado español en favor de la vida y sobre la ilicitud del aborto? Exhorto a todos a no desistir en la defensa de la dignidad de toda vida humana, en la indisolubilidad del matrimonio, en la fidelidad del amor conyugal, en la educación de los niños y jóvenes siguiendo los principios cristianos, frente a ideologías ciegas que niegan la trascendencia, y a las que la historia reciente ha descalificado al mostrar su verdadero rostro», así hablaba el Papa Juan Pablo II en Junio de 1993 en la homilía de la misa de la canonización en Madrid de San Enrique de Ossó.

La familia es la base de la sociedad, por eso Pío XII dijo el 9 de mayo de 1957: «La sociedad es para la familia, y no la familia para la sociedad». La familia es la institución natural establecida universalmente en el tiempo y en el espacio. Donde tiene origen la vida humana, el recinto de la educación y el vínculo de la transmisión normativa. Pero para que esta transmisión sea eficaz la normativa moral y religiosa debe hacerse con convicción, con motivación y con el ejemplo.

No puede haber contradicción entre lo que se dice y lo que se hace.

Se educa más con lo que se hace que con lo que se dice. En la familia todo educa o deseduca. La familia es el clima ideal para la educación de un niño.

La familia tiene un valor insustituible para los hijos. Un hijo sin familia queda traumatizado.

Las estadísticas de delincuentes juveniles y de anormalidades psíquicas hablan bien claro. Según Katherin Kasun, Presidenta de «Family campaign Fundation» de Suecia, en un país donde el Estado ha sustituido en gran parte a la familia en la educación de los hijos, de cada cuatro niños, uno necesita un psiquiatra, y el número de suicidios en menores de 16 años ha sido de 130 al año, y va en aumento[636].

Una sociedad que destruye la familia se suicida. El mayor tesoro de una nación son los niños. El futuro depende más de los niños que de las carreteras. Los niños necesitan un hogar. La guardería no puede suplir el hogar. Los psiquiatras hablan de los traumas psíquicos de los niños que no han conocido el cariño y el calor de un hogar.

66,7. Una de las edades más difíciles para la educación de los hijos es la adolescencia. El adolescente empieza a descubrir su propia personalidad, y siente necesidad de afirmarla. Esto le inclina a la rebeldía en todos los órdenes. La educación, la virtud, o el buen carácter, pueden dominar este espíritu rebelde. Pero esta rebeldía de los adolescentes no debe extrañarnos. Lo que debemos hacer es saber cómo educarla. Es un momento difícil. Las personas mayores tienden a tratarlos de críos, y esto a ellos les subleva. Ellos se sienten personas, y quieren ser respetados. El tratarlos de modo despectivo e irónico puede ser contraproducente. Sin perder la autoridad paterna es bueno lograr la amistad del hijo, para que se someta de buena gana al verse tratado con consideración. Las fanfarronadas del adolescente son pura fachada. Por dentro se encuentra inseguro. Necesita consejo. Pero hay que dárselo sin que él se sienta disminuido, porque entonces no lo aceptará. El adolescente necesita afirmar su personalidad, su independencia, quiere ser él, decidir él, ser responsable de sí mismo.

Empieza su camino hacia la adultez, y sólo si es aceptado así se reincorporará emocionalmente a la vida del hogar. Los padres deben ayudar a que su hijo vaya madurando en su adultez. No prohibir con autoritarismo, sino obligado por razones y siempre en bien del hijo; hacérselo ver así con amor. No se trata de entorpecer su madurez, sino de ayudarle en su autodesarrollo. El adolescente rechaza todo lo que sea imposición que pueda poner en peligro su personalidad naciente. No acepta que se le trate como a un niño.

«Los adolescentes se muestran inseguros, les falta unidad interior, les falta el sentido de la seguridad, base fundamental de un desarrollo armonioso.

El sentimiento de seguridad lo adquieren cuando encuentran en el hogar amor y autoridad: amor sobre todo en la madre, y autoridad en el padre. Lo que no significa que la madre no pueda ejercer autoridad, y que el padre no muestre afecto.

El amor materno es indispensable para la salud física y psíquica del hijo. Las graves faltas en la personalidad del adulto provienen principalmente de la falta de amor en la infancia y en la adolescencia.Los criminólogos nos aseguran que los jóvenes delincuentes tienen la convicción de que nunca encontraron amor en la familia. La madre debe ser el corazón del hogar y mantener en él vivo el fuego del cariño.

Desgraciadamente, en nuestros días, muchas mujeres queriendo igualarse a los hombres, procuran desarrollar actitudes francamente masculinas con detrimento de las maternales, lo cual luego perjudicará la educación de los hijos que necesitarán de ellas.

También hay otro exceso: el cuidar demasiado del hijo y endiosarlo con mimos. Eso puede causar una fijación en la infantilidad e impedirle la necesaria emancipación. Los que fueron tratados como pétalos de rosa, no saben reaccionar más tarde ante las dificultades de la vida, incapaces de hacer algo sin la ayuda de los demás. Es preciso educar al niño para su propio bien, para desarrollar su propia personalidad.

El padre es también indispensable en la educación del niño, que necesita de su dirección y autoridad. Muchos padres no entienden esto.

Llegan cansados por la noche al hogar, y no prestan ninguna atención a los hijos.

Hay que buscar tiempo para estar con ellos, dialogar, inspirarles confianza, darles ánimo, oírles con simpatía y comprensión.También el padre debe evitar demasiada protección y mimos a sus hijos.

Pueden engendrar en ellos la pusilanimidad, el miedo ante la vida, el temor a la responsabilidad.

La autoridad paterna es imprescindible para el desarrollo afectivo del hijo. últimamente se ha hablado mucho de las consecuencias de la falta de amor materno; la carencia de la autoridad del padre no es menos funesta...

Eduquen a los hijos con amor, comprensión y firmeza. El amor materno y la autoridad paterna son las dos grandes columnas en que descansa la educación de niños y adolescentes»[637].

La fuerza de voluntad es muy importante en la vida. Se consigue con entrenamiento, como en una competición deportiva. Para conseguirla hace falta una gran dosis de animación. Es necesario el premio: el estímulo, la atención y la alabanza frecuente. La vida es dura y sólo a base de coraje se logra la cima de los fuertes.

Hoy se da con relativa frecuencia lo que Enrique Rojas llama la filosofía de «lo que me apetece».

Hago esto porque me apetece. No hago esto porque no me apetece. Son esclavos de lo que pide el cuerpo. Volubles como la veleta que gira según el viento que sopla. Incapaces de objetivos concretos. Sin embargo, una persona que tiene educada su voluntad consigue lo que quiere, si es constante. Para tener voluntad hay que empezar por tener dominio propio. No hacer lo que me apetece, sino lo que es mejor.

Puede ser que me apetezca lo mejor, pero esto no siempre pasa. Para educar la voluntad hace falta un aprendizaje gradual que se consigue con la repetición de actos donde uno se vence en los gustos hasta adquirir «el hábito positivo». Esto da paz, alegría y felicidad.

Sería conveniente enseñarle a hacer pequeños sacrificios: renunciar a una golosina, retrasar el momento de saciar la sed, dejar de ver la televisión, comer lo que no le gusta, dejar hablar a los demás, no gastar en cosas superfluas, etc. Esto educa su voluntad, lo cual le va a ser muy útil el día de mañana. Aristóteles sostenía que la auténtica manifestación de fuerza de voluntad se mide en el dominio propio. La vía del menor esfuerzo no conduce nunca a la maduración.

Es necesario no sólo animar a que el niño se esfuerce por conseguir unas metas, sino también ir alabando con cierta continuidad lo poco o mucho que, de hecho, consiga en cada momento.

El niño, de pequeño, no tiene criterio. El bien y el mal se aprende fundamentalmente de los mayores.

Antes de que nadie lo malee, es necesario darle base moral sólida, formarle la conciencia, inculcarle el sentido del deber, corregir lo defectuoso y dejar bien claro dónde está la virtud.

Conviene indicar con claridad lo bueno y lo malo. Es importante crear hábitos buenos.

Acostumbrarles a hacer las cosas bien, y más adelante ellos mismos comprobarán que les va bien con lo que aprendieron.

Sólo se aprende lo que se hace. De manera que, el poner al sujeto en acción, ayudándole a reflexionar sobre ello, es el único o casi, más importante modo de andar con realismo en el terreno de los valores.