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Objeciones al cardenal Ratzinger

 

Respuesta a las críticas contra Ratzinger a modo de carta

Querida mamá:
Ayer no pude atender tus preguntas sobre las críticas recibidas contra el Santo Padre. En general me dan mucha pena esas críticas. Y más sabiendo de dónde vienen. No te escribo estas líneas para que se las hagas llegar a nadie. Son para ti, que sé que deseas aclarar tus ideas y sé que confías en mi formación y en mi deseada fe en lo que vivo.
Te presento de entrada unas breves notas sobre el nuevo Papa:
El Papa estudió filosofía y teología en la universidad de Munich y en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising. En el año 1953 se doctora en Teología con la disertación "Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín". Cuatro años más tarde obtenía la cátedra con su trabajo sobre "La Teología de la Historia de San Buenaventura".
Tras conseguir el encargo de Dogmática y Teología Fundamental en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising, prosiguió la enseñanza en Bonn, de 1959 a 1969, Münster de 1963 a 1966 y Tubinga, de 1966 a 1969. En este último año pasó a ser catedrático de Dogmática e Historia del Dogma en la Universidad de Ratisbona y Vicerector de la misma universidad.
En 1962 aportó una notable contribución en el Concilio Vaticano II como consultor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia.
Ya se ve que la preparación filosófica y teológica del Santo Padre no es cosa dejada a la improvisación. Pero además, parece ser que tanto Pablo VI como Juan Pablo II le consideraban un personaje de cierto calado intelectual:
El 24 de marzo de 1977, Pablo VI lo nombró arzobispo de München und Freising. El 28 de mayo sucesivo recibía la consagración episcopal.
Creado cardenal por el Papa Pablo VI en 1977, fue relator en la V Asamblea General del Sínodo de los Obispos (1980) sobre el tema: "Los deberes de la familia cristiana en el mundo contemporáneo" y presidente delegado de la VI Asamblea sinodal (1983) sobre "Reconciliación y penitencia en la misión de la Iglesia".
El 25 de noviembre de 1981 fue nombrado por Juan Pablo II
• prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe;
• presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y
• presidente de la Pontificia Comisión Teológica Internacional.
El 6 de noviembre de 1998 fue elegido vicedecano del colegio cardenalicio. El 30 de noviembre de 2002 el Santo Padre aprobó la elección de decano del colegio cardenalicio, realizada por los cardenales del orden de los obispos.
El Cardenal Ratzinger era Prefecto de la más importante Congregación de la Iglesia Católica y Presidente de dos Comisiones Pontificias. Era una autoridad internacional en Teología y en Sagrada Escritura. Y en muchos aspectos, quien velaba de la doctrina en todo el Pontificado del Santo Padre Juan Pablo II:
Fue presidente de la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica, que tras seis años de trabajo (1986-1992) pudo presentar al Santo Padre el nuevo Catecismo.
Seis años de trabajo. El Cardenal Ratzinger dedicó seis años de trabajo a Presidir la redacción del Catecismo de la Iglesia Católica. Así lo explica el mismo Juan Pablo II en la Constitución Apostólica “Fidei Depositum” por la que se promulga y establece, después del Concilio Vaticano II, y con carácter de instrumento de derecho público el Catecismo de la Iglesia Católica. Por acabar un breve repaso por la biografía (o quizá el resumido currículo vital y méritos académicos del Cardenal Ratzinger) añado:
Desde el 13 de noviembre de 2000 era Académico honorario de la Pontificia Academia de las Ciencias.
Era miembro del Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado, de las Congregaciones paras las Iglesias Orientales, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para la Educación Católica; del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de las Pontificias Comisiones para América Latina y "Ecclesia Dei".
Miembro de una Academia Pontifica, miembro de cinco Congregaciones Pontificas, y miembro de dos Comisiones Pontificias. Es miembro de tantas cosas, que puede parecer que llegar a ser miembro de una de esas Congregaciones o Comisiones o Asambleas es algo tan trivial como jugar al Mus. Pero no es en absoluto cosa trivial.

Total, mamá, que estamos hablando de un personaje de una altura intelectual y de una preparación y estudio nada comunes. Estudio y preparación lograda a fuerza de esfuerzo. Siempre se dice que el Cardenal Ratzinger era una persona comprometida con la verdad. La verdad os hará libres se le oye decir. Por eso es lo más lejano a un personaje dogmático y rígido. Suerte, esta, que quizá no tengan los que opinan sin fundamento de cualquier comentario oído al vuelo por cualquier emisora de radio o televisión, o por cualquier artículo escrito por un teólogo de turno.
Tuvo una resonancia especial el discurso pronunciado por el Cardenal Ratzinger ante la Academia Católica bávara sobre el tema “¿Por qué sigo todavía en la Iglesia?”, donde, entre otras cosas afirmaba: “Solo es posible ser cristiano en la Iglesia y no al lado de la Iglesia”.
Se puede girar esa afirmación, y decir que el Papa afirma que o eres Católico o vas al infierno. Pero eso no pasa de ser una manipulación burda.
Podemos hablar de la Salvación dentro y fuera de la Iglesia. Quizá lo más sencillo sería buscar en el Catecismo de la Iglesia Católica (recuerdo de nuevo que su redacción fue presidida por el Cardenal Ratzinger y su revisión también fue presidida por él). No es difícil buscar en la voz “Salvación” y encontrar estas entradas:
• El Bautismo, necesario para la salvación. nn. 1256, 1257, 1277.
• La Iglesia, instrumento y sacramento universal de salvación. nn. 816.
• Hay o no hay salvación sin el Bautismo. nn. 1259, 1261.
• Los medios para la salvación. nn. 980.
• Los sacramentos, necesarios para la salvación. n. 1129.
• La salvación solo pede venir de Dios. nn. 169, 620.
He extraído algunas de las entradas de índice a la voz Salvación. No sé si tienes un ejemplar del catecismo de la Iglesia Católica. Si no lo tienes quizá puedas comprar uno para casa. Viendo las cuestiones que te surgen, y las dudas que me planteas, la verdad es que creo que si lo compras llegarás a utilizarlo, porque está muy bien indexado y porque creo que tal y como está el ambiente y los medios de comunicación es comprensible que surjan dudas como las que me planteabas anoche.
Por si acaso no tienes esos puntos, te los copio ahora:
• El Bautismo, necesario para la salvación. nn. 1256, 1257, 1277.
#P 1256 V. QUIEN PUEDE BAUTIZAR Son ministros ordinarios del Bautismo el obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono (cf CIC, can. 861,1; CCEO, can. 677,1). En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar (Cf CIC can. 861, § 2) si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios (cf 1 Tm 2,4) y en la necesidad del Bautismo para la salvación (cf Mc 16,16).
#P 1257 VI. LA NECESIDAD DEL BAUTISMO El Señor mismo afirma que el Bautismo es necesario para la salvación (cf Jn 3,5). Por ello mandó a sus discípulos a anunciar el Evangelio y bautizar a todas las naciones (cf Mt 28, 19-20; cf DS 1618; LG 14; AG 5). El Bautismo es necesario para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento (cf Mc 16,16). La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del Señor de hacer "renacer del agua y del espíritu" a todos los que pueden ser bautizados. Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, pero su intervención salvífica no queda reducida a los sacramentos.
#P 1277 El Bautismo constituye el nacimiento a la vida nueva en Cristo. Según la voluntad del Señor, es necesario para la salvación, como lo es la Iglesia misma, a la que introduce el Bautismo.
• La Iglesia, instrumento y sacramento universal de salvación. nn. 816.
#P 816 "La única Iglesia de Cristo..., Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás apóstoles que la extendieran y la gobernaran... Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en ["subsistit in"] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él" (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 8).
El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: "Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de salvación, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación. Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios" (Concilio Vaticano II, Unitatis Redintegratio 3).
• Hay o no hay salvación sin el Bautismo. nn. 1259, 1261.
#P 1259 A los catecúmenos que mueren antes de su Bautismo, el deseo explícito de recibir el bautismo unido al arrepentimiento de sus pecados y a la caridad, les asegura la salvación que no han podido recibir por el sacramento.
#P 1261 En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cf 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo bautismo.
• Los medios para la salvación. n. 980.
#P 980 Por medio del sacramento de la penitencia el bautizado puede reconciliarse con Dios y con la Iglesia:
"Los padres tuvieron razón en llamar a la penitencia "un bautismo laborioso" (San Gregorio Nac., Or. 39. 17). Para los que han caído después del Bautismo, es necesario para la salvación este sacramento de la penitencia, como lo es el Bautismo para quienes aún no han sido regenerados" (Cc de Trento: DS 1672).
• Los sacramentos, necesarios para la salvación. n. 1129.
#P 1129 La Iglesia afirma que para los creyentes los sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la salvación (cf Cc. de Trento: DS 1604). La "gracia sacramental" es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y propia de cada sacramento. El Espíritu cura y transforma a los que lo reciben conformándolos con el Hijo de Dios. El fruto de la vida sacramental consiste en que el Espíritu de adopción deifica (cf 2 P 1,4) a los fieles uniéndolos vitalmente al Hijo único, el Salvador.
• La salvación solo pede venir de Dios. nn. 169, 620.
#P 169 La salvación viene solo de Dios; pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre: "Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella fuese el autor de nuestra salvación" (Fausto de Riez, Spir. 1,2). Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.
#P 620 Nuestra salvación procede de la iniciativa del amor de Dios hacia nosotros porque "El nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados" (1 Jn 4, 10). "En Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo" (2 Co 5, 19).
Bueno, mamá. Aquí tienes un pequeño resumen de la doctrina sobre el Bautismo. Seguro que la lees y llegas a la conclusión de que si no pasas por la pila bautismal no te queda más remedio que luchar por un buen puesto en un lamentable limbo.
Pero, es que además de lo que te acabo de escribir, también podríamos irnos a los puntos del Catecismo nn. 1257 hasta 1261. Vienen recogidos bajo el epígrafe “Necesidad del Bautismo”. Dicen así:
#P 1257 VI. LA NECESIDAD DEL BAUTISMO. El Señor mismo afirma que el Bautismo es necesario para la salvación (cf Jn 3,5). Por ello mandó a sus discípulos a anunciar el Evangelio y bautizar a todas las naciones (cf Mt 28, 19-20; cf DS 1618; LG 14; AG 5). El Bautismo es necesario para la salvación en aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento (cf Mc 16,16). La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del Señor de hacer "renacer del agua y del espíritu" a todos los que pueden ser bautizados. Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, pero su intervención salvífica no queda reducida a los sacramentos.
#P 1258 Desde siempre, la Iglesia posee la firme convicción de que quienes padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo. Este Bautismo de sangre como el deseo del Bautismo, produce los frutos del Bautismo sin ser sacramento.
#P 1259 A los catecúmenos que mueren antes de su Bautismo, el deseo explícito de recibir el bautismo unido al arrepentimiento de sus pecados y a la caridad, les asegura la salvación que no han podido recibir por el sacramento.
#P 1260 "Cristo murió por todos y la vocación última del hombre en realmente una sola, es decir, la vocación divina. En consecuencia, debemos mantener que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido sólo por Dios, se asocien a este misterio pascual" (GS 22; cf LG 16; AG 7). Todo hombre que, ignorando el evangelio de Cristo y su Iglesia, busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser salvado. Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado explícitamente el Bautismo si hubiesen conocido su necesidad.
#P 1261 En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cf 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don del santo bautismo.
He querido copiarte todos estos textos, mamá, porque quiero que veas que el Catecismo, como toda la doctrina, hay que leerla bien y conocerla. La doctrina sobre el modo en que una persona puede ser bautizada es muy abierta. Y la doctrina del n. 1261 es muy agradable de leer. Viene a decir que la Iglesia no puede garantizar una vía de salvación para los niños no bautizados (no puede garantizarla porque no ha recibido señal o respuesta alguna concreta en el revelación contenida en el Antiguo Testamento o en el Nuevo), pero no se resiste a decir que la Misericordia de Dios es demasiado misericordiosa (es un modo de decir) como para dejar a esas criaturas abandonadas a una eternidad sin Dios cuando ellas no han sido culpables de su fallecimiento: y las más de las veces, tampoco sus padres han tenido culpa
No se lo que tu hermana Margarita tiene que decir sobre la doctrina de la Iglesia Católica y el Bautismo, y sobre la necesidad de pertenecer a la Iglesia Católica para la salvación. No sé cuál de los 700 libros y artículos escritos por el Cardenal Ratzinger se habrá leído tía Margarita. Yo no me los he leído todos, pero sí me he leído “Informe sobre la Fe”, “La sal de la tierra” y “Dios y el mundo”. De todas formas, eso sigue sin darme derecho a confrontarme con él
En definitiva, mamá. Es muy fácil decir tonterías. Y luego hay que dejar a los demás la tarea de limpiar la fama. Me decías que se puede opinar. Es verdad: tienes toda la razón. Pero quizá antes de opinar es conveniente documentarse un poco. A mí me parece una frivolidad lanzar una piedra contra el Cardenal Ratzinger porque he oído que dijo una vez que no sé qué.
De todas formas, mamá, al margen de la discusión puntual sobre la doctrina de la salvación del Cardenal Ratzinger, hay un asunto todavía más importante. Y es que el Cardenal Ratzinger ya ha quedado atrás. De quien estamos hablando ahora es del Santo Padre Benedicto XVI. Y entonces la frivolidad de rajar ya me parece de auténtico lamento. Porque siempre hemos pensado los católicos que el Santo Padre es nuestro Pastor Supremo, al que hay que seguir, no al que hay que criticar. Y siempre hemos tenido los católicos la doctrina clara de la asistencia del Espíritu Santo y de la Infalibilidad. Y siempre hemos venerado los textos del Evangelio en que se presenta el Ministerio de Pedro. Te copio los textos de Mt 16, 15 – 19; Lc 22, 31–32; In 21, 15–19.
Mt 16, 15–19: El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Bienaventurado eres, Simón hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la tierra quedará atado en los Cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los Cielos.
Lc 22, 31–32: Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para cribaros como el trigo. Pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos.
In 21, 15–19: Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dijo: Apacienta mis corderos. De nuevo le preguntó por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez si le amaba, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Le dijo Jesús: Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras más joven te ceñías tú mismo e ibas a donde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará a donde no quieras. Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.
Te he escrito todo esto porque tú me preguntas y a veces no se puede contestar por teléfono cualquier generalidad. Y porque en las preguntas de ayer, lo importante no era saber qué pasa con la salvación de los no cristianos, ni qué pasa con la Teología de la Liberación. Lo que ayer más me importaba era lograr quitar de ti una sombra de falta de unidad con el Santo Padre. Y no simplemente es que me duela ver cómo alguien se pueda enfrentar con cuatro argumentos mal hilvanados a la doctrina del teologazo de Ratzinger. Lo que más me llamaba la atención es ver como hay quien se atreve a decidir si el Papa que ha surgido del último Cónclave es válido o no. Yo creía que los católicos venerábamos al Santo Padre. Y me encanta saber que así lo haces. Y no permitas que nadie le critique. Al menos en tu presencia. No es intransigencia. Es cariño filial. Esa es la opinión que ayer me pedías.
Mira lo que dice el catecismo:
#P 892 La asistencia divina es también concedida a los sucesores de los apóstoles, cuando enseñan en comunión con el sucesor de Pedro (y, de una manera particular, al obispo de Roma, Pastor de toda la Iglesia), aunque, sin llegar a una definición infalible y sin pronunciarse de una "manera definitiva", proponen, en el ejercicio del magisterio ordinario, una enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelación en materia de fe y de costumbres. A esta enseñanza ordinaria, los fieles deben "adherirse...con espíritu de obediencia religiosa" (LG 25) que, aunque distinto del asentimiento de la fe, es una prolongación de él.
Pues a adherirse, a amar con obediencia religiosa, y a rezar por el Santo Padre, que es muy duro lo que le ha caído encima. Bastantes luchas va a tener que librar para que encima andemos sus hijos opinando y criticando de más y trabajando de menos. No permitas en sus hijos la lamentable actitud de la crítica, pontificando sobre la valía. Pontificar es tarea del Papa; la nuestra es la de seguirle. Te copia unos últimos puntos del catecismo que dejan ese espíritu bastante claro:
#P 100 El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, al Papa y a los obispos en comunión con él.
#P 882 El Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, "es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles "(LG 23). "El Pontífice Romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad" (LG 22; cf. CD 2. 9).
#P 937 El Papa "goza, por institución divina, de una potestad suprema, plena, inmediata y universal para cuidar las almas" (CD 2).
#P 2034 El romano pontífice y los obispos como "maestros auténticos por estar dotados de la autoridad de Cristo... predican al pueblo que tienen confiado la fe que hay que creer y que hay que llevar a la práctica" (LG 25). El magisterio ordinario y universal del Papa y de los obispos en comunión con él enseña a los fieles la verdad que han de creer, la caridad que han de practicar, la bienaventuranza que han de esperar.
Total. Vamos a escuchar, secundar al Papa, vamos a rezar mucho por él. Y vamos a dejar claro que a nosotros nos da igual quién sea el Papa: que blanco o negro, joven o anciano, listo o discreto, virtuoso o débil… es el Papa y nos basta. Santa Catalina de Siena lo llamaba el dulce Cristo en la tierra. Y así como algunas radios y televisiones se han erigido en críticos “autorizados” de la valía personal del actual Santo Padre, también he oído decir a otras que la capacidad de criticar al Santo Padre es directamente proporcional a la falta de fe. Yo no hago caso a semejante aforismo, porque sé que la confusión en general es grande. Y quiero que tú no la tengas.
Bueno, mamá. Si te parece, en lugar de resolverte dudas doctrinales vías telefónica, cada vez que tengas alguna duda primero consultas en el catecismo (que allí está todo escrito) y luego, si sigues con dudas, me preguntas y yo me lo pienso y te contesto.
Y como regla general, sugiero que cuando oigas cosas que a tus ochenta años de católica le suenan a raro, de entrada pienses que, efectivamente, es raro. Que la doctrina que tú sabes y que has aprendido desde el colegio, en tu familia y en tu vida (que ya no es corta) tiene mucha más autoridad y valía que la primera patochada que se pueda decir de forma poco o nada meditada. Y cuando surjan dudas (que necesariamente te han de surgir, que no eres planta de invernadero y estás a la intemperie de todas las vientos y heladas) entonces te agarras al catecismo y repasas. Y así, seguro que podrás oír muchas cosas y sabremos estar siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pida (1 Ptr, 3, 15)
Ánimo, mamá, que ya has terminado mis largos siete folios
Perico.