|
|
|
Objeciones al cardenal Ratzinger
Respuesta a las
críticas contra Ratzinger a modo de carta
Querida mamá:
Ayer no pude atender tus preguntas sobre las críticas recibidas contra el
Santo Padre. En general me dan mucha pena esas críticas. Y más sabiendo de
dónde vienen. No te escribo estas líneas para que se las hagas llegar a
nadie. Son para ti, que sé que deseas aclarar tus ideas y sé que confías en
mi formación y en mi deseada fe en lo que vivo.
Te presento de entrada unas breves notas sobre el nuevo Papa:
El Papa estudió filosofía y teología en la universidad de Munich y en la
escuela superior de Filosofía y Teología de Freising. En el año 1953 se
doctora en Teología con la disertación "Pueblo y casa de Dios en la doctrina
de la Iglesia de San Agustín". Cuatro años más tarde obtenía la cátedra con
su trabajo sobre "La Teología de la Historia de San Buenaventura".
Tras conseguir el encargo de Dogmática y Teología Fundamental en la escuela
superior de Filosofía y Teología de Freising, prosiguió la enseñanza en Bonn,
de 1959 a 1969, Münster de 1963 a 1966 y Tubinga, de 1966 a 1969. En este
último año pasó a ser catedrático de Dogmática e Historia del Dogma en la
Universidad de Ratisbona y Vicerector de la misma universidad.
En 1962 aportó una notable contribución en el Concilio Vaticano II como
consultor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia.
Ya se ve que la preparación filosófica y teológica del Santo Padre no es
cosa dejada a la improvisación. Pero además, parece ser que tanto Pablo VI
como Juan Pablo II le consideraban un personaje de cierto calado
intelectual:
El 24 de marzo de 1977, Pablo VI lo nombró arzobispo de München und Freising.
El 28 de mayo sucesivo recibía la consagración episcopal.
Creado cardenal por el Papa Pablo VI en 1977, fue relator en la V Asamblea
General del Sínodo de los Obispos (1980) sobre el tema: "Los deberes de la
familia cristiana en el mundo contemporáneo" y presidente delegado de la VI
Asamblea sinodal (1983) sobre "Reconciliación y penitencia en la misión de
la Iglesia".
El 25 de noviembre de 1981 fue nombrado por Juan Pablo II
• prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe;
• presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y
• presidente de la Pontificia Comisión Teológica Internacional.
El 6 de noviembre de 1998 fue elegido vicedecano del colegio cardenalicio.
El 30 de noviembre de 2002 el Santo Padre aprobó la elección de decano del
colegio cardenalicio, realizada por los cardenales del orden de los obispos.
El Cardenal Ratzinger era Prefecto de la más importante Congregación de la
Iglesia Católica y Presidente de dos Comisiones Pontificias. Era una
autoridad internacional en Teología y en Sagrada Escritura. Y en muchos
aspectos, quien velaba de la doctrina en todo el Pontificado del Santo Padre
Juan Pablo II:
Fue presidente de la Comisión para la preparación del Catecismo de la
Iglesia Católica, que tras seis años de trabajo (1986-1992) pudo presentar
al Santo Padre el nuevo Catecismo.
Seis años de trabajo. El Cardenal Ratzinger dedicó seis años de trabajo a
Presidir la redacción del Catecismo de la Iglesia Católica. Así lo explica
el mismo Juan Pablo II en la Constitución Apostólica “Fidei Depositum” por
la que se promulga y establece, después del Concilio Vaticano II, y con
carácter de instrumento de derecho público el Catecismo de la Iglesia
Católica. Por acabar un breve repaso por la biografía (o quizá el resumido
currículo vital y méritos académicos del Cardenal Ratzinger) añado:
Desde el 13 de noviembre de 2000 era Académico honorario de la Pontificia
Academia de las Ciencias.
Era miembro del Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado, de las
Congregaciones paras las Iglesias Orientales, para el Culto Divino y la
Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de
los Pueblos, para la Educación Católica; del Pontificio Consejo para la
Promoción de la Unidad de los Cristianos y de las Pontificias Comisiones
para América Latina y "Ecclesia Dei".
Miembro de una Academia Pontifica, miembro de cinco Congregaciones
Pontificas, y miembro de dos Comisiones Pontificias. Es miembro de tantas
cosas, que puede parecer que llegar a ser miembro de una de esas
Congregaciones o Comisiones o Asambleas es algo tan trivial como jugar al
Mus. Pero no es en absoluto cosa trivial.
Total, mamá, que estamos hablando de un personaje de una altura intelectual
y de una preparación y estudio nada comunes. Estudio y preparación lograda a
fuerza de esfuerzo. Siempre se dice que el Cardenal Ratzinger era una
persona comprometida con la verdad. La verdad os hará libres se le oye
decir. Por eso es lo más lejano a un personaje dogmático y rígido. Suerte,
esta, que quizá no tengan los que opinan sin fundamento de cualquier
comentario oído al vuelo por cualquier emisora de radio o televisión, o por
cualquier artículo escrito por un teólogo de turno.
Tuvo una resonancia especial el discurso pronunciado por el Cardenal
Ratzinger ante la Academia Católica bávara sobre el tema “¿Por qué sigo
todavía en la Iglesia?”, donde, entre otras cosas afirmaba: “Solo es posible
ser cristiano en la Iglesia y no al lado de la Iglesia”.
Se puede girar esa afirmación, y decir que el Papa afirma que o eres
Católico o vas al infierno. Pero eso no pasa de ser una manipulación burda.
Podemos hablar de la Salvación dentro y fuera de la Iglesia. Quizá lo más
sencillo sería buscar en el Catecismo de la Iglesia Católica (recuerdo de
nuevo que su redacción fue presidida por el Cardenal Ratzinger y su revisión
también fue presidida por él). No es difícil buscar en la voz “Salvación” y
encontrar estas entradas:
• El Bautismo, necesario para la salvación. nn. 1256, 1257, 1277.
• La Iglesia, instrumento y sacramento universal de salvación. nn. 816.
• Hay o no hay salvación sin el Bautismo. nn. 1259, 1261.
• Los medios para la salvación. nn. 980.
• Los sacramentos, necesarios para la salvación. n. 1129.
• La salvación solo pede venir de Dios. nn. 169, 620.
He extraído algunas de las entradas de índice a la voz Salvación. No sé si
tienes un ejemplar del catecismo de la Iglesia Católica. Si no lo tienes
quizá puedas comprar uno para casa. Viendo las cuestiones que te surgen, y
las dudas que me planteas, la verdad es que creo que si lo compras llegarás
a utilizarlo, porque está muy bien indexado y porque creo que tal y como
está el ambiente y los medios de comunicación es comprensible que surjan
dudas como las que me planteabas anoche.
Por si acaso no tienes esos puntos, te los copio ahora:
• El Bautismo, necesario para la salvación. nn. 1256, 1257, 1277.
#P 1256 V. QUIEN PUEDE BAUTIZAR Son ministros ordinarios del Bautismo el
obispo y el presbítero y, en la Iglesia latina, también el diácono (cf CIC,
can. 861,1; CCEO, can. 677,1). En caso de necesidad, cualquier persona,
incluso no bautizada, puede bautizar (Cf CIC can. 861, § 2) si tiene la
intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención
requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. La
Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal
de Dios (cf 1 Tm 2,4) y en la necesidad del Bautismo para la salvación (cf
Mc 16,16).
#P 1257 VI. LA NECESIDAD DEL BAUTISMO El Señor mismo afirma que el Bautismo
es necesario para la salvación (cf Jn 3,5). Por ello mandó a sus discípulos
a anunciar el Evangelio y bautizar a todas las naciones (cf Mt 28, 19-20; cf
DS 1618; LG 14; AG 5). El Bautismo es necesario para la salvación en
aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la
posibilidad de pedir este sacramento (cf Mc 16,16). La Iglesia no conoce
otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza
eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del
Señor de hacer "renacer del agua y del espíritu" a todos los que pueden ser
bautizados. Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, pero
su intervención salvífica no queda reducida a los sacramentos.
#P 1277 El Bautismo constituye el nacimiento a la vida nueva en Cristo.
Según la voluntad del Señor, es necesario para la salvación, como lo es la
Iglesia misma, a la que introduce el Bautismo.
• La Iglesia, instrumento y sacramento universal de salvación. nn. 816.
#P 816 "La única Iglesia de Cristo..., Nuestro Salvador, después de su
resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a
los demás apóstoles que la extendieran y la gobernaran... Esta Iglesia,
constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en ["subsistit
in"] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los
obispos en comunión con él" (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 8).
El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: "Solamente
por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de
salvación, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación.
Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único
colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo Cuerpo de
Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún
modo pertenecen ya al Pueblo de Dios" (Concilio Vaticano II, Unitatis
Redintegratio 3).
• Hay o no hay salvación sin el Bautismo. nn. 1259, 1261.
#P 1259 A los catecúmenos que mueren antes de su Bautismo, el deseo
explícito de recibir el bautismo unido al arrepentimiento de sus pecados y a
la caridad, les asegura la salvación que no han podido recibir por el
sacramento.
#P 1261 En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede
confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias
por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los
hombres se salven (cf 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le
hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc
10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los
niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de
la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don
del santo bautismo.
• Los medios para la salvación. n. 980.
#P 980 Por medio del sacramento de la penitencia el bautizado puede
reconciliarse con Dios y con la Iglesia:
"Los padres tuvieron razón en llamar a la penitencia "un bautismo laborioso"
(San Gregorio Nac., Or. 39. 17). Para los que han caído después del
Bautismo, es necesario para la salvación este sacramento de la penitencia,
como lo es el Bautismo para quienes aún no han sido regenerados" (Cc de
Trento: DS 1672).
• Los sacramentos, necesarios para la salvación. n. 1129.
#P 1129 La Iglesia afirma que para los creyentes los sacramentos de la Nueva
Alianza son necesarios para la salvación (cf Cc. de Trento: DS 1604). La
"gracia sacramental" es la gracia del Espíritu Santo dada por Cristo y
propia de cada sacramento. El Espíritu cura y transforma a los que lo
reciben conformándolos con el Hijo de Dios. El fruto de la vida sacramental
consiste en que el Espíritu de adopción deifica (cf 2 P 1,4) a los fieles
uniéndolos vitalmente al Hijo único, el Salvador.
• La salvación solo pede venir de Dios. nn. 169, 620.
#P 169 La salvación viene solo de Dios; pero puesto que recibimos la vida de
la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre: "Creemos en la Iglesia
como la madre de nuestro nuevo nacimiento, y no en la Iglesia como si ella
fuese el autor de nuestra salvación" (Fausto de Riez, Spir. 1,2). Porque es
nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe.
#P 620 Nuestra salvación procede de la iniciativa del amor de Dios hacia
nosotros porque "El nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por
nuestros pecados" (1 Jn 4, 10). "En Cristo estaba Dios reconciliando al
mundo consigo" (2 Co 5, 19).
Bueno, mamá. Aquí tienes un pequeño resumen de la doctrina sobre el
Bautismo. Seguro que la lees y llegas a la conclusión de que si no pasas por
la pila bautismal no te queda más remedio que luchar por un buen puesto en
un lamentable limbo.
Pero, es que además de lo que te acabo de escribir, también podríamos irnos
a los puntos del Catecismo nn. 1257 hasta 1261. Vienen recogidos bajo el
epígrafe “Necesidad del Bautismo”. Dicen así:
#P 1257 VI. LA NECESIDAD DEL BAUTISMO. El Señor mismo afirma que el Bautismo
es necesario para la salvación (cf Jn 3,5). Por ello mandó a sus discípulos
a anunciar el Evangelio y bautizar a todas las naciones (cf Mt 28, 19-20; cf
DS 1618; LG 14; AG 5). El Bautismo es necesario para la salvación en
aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la
posibilidad de pedir este sacramento (cf Mc 16,16). La Iglesia no conoce
otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza
eterna; por eso está obligada a no descuidar la misión que ha recibido del
Señor de hacer "renacer del agua y del espíritu" a todos los que pueden ser
bautizados. Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, pero
su intervención salvífica no queda reducida a los sacramentos.
#P 1258 Desde siempre, la Iglesia posee la firme convicción de que quienes
padecen la muerte por razón de la fe, sin haber recibido el Bautismo, son
bautizados por su muerte con Cristo y por Cristo. Este Bautismo de sangre
como el deseo del Bautismo, produce los frutos del Bautismo sin ser
sacramento.
#P 1259 A los catecúmenos que mueren antes de su Bautismo, el deseo
explícito de recibir el bautismo unido al arrepentimiento de sus pecados y a
la caridad, les asegura la salvación que no han podido recibir por el
sacramento.
#P 1260 "Cristo murió por todos y la vocación última del hombre en realmente
una sola, es decir, la vocación divina. En consecuencia, debemos mantener
que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo
conocido sólo por Dios, se asocien a este misterio pascual" (GS 22; cf LG
16; AG 7). Todo hombre que, ignorando el evangelio de Cristo y su Iglesia,
busca la verdad y hace la voluntad de Dios según él la conoce, puede ser
salvado. Se puede suponer que semejantes personas habrían deseado
explícitamente el Bautismo si hubiesen conocido su necesidad.
#P 1261 En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede
confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias
por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que quiere que todos los
hombres se salven (cf 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le
hizo decir: "Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis" (Mc
10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los
niños que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada de
la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por el don
del santo bautismo.
He querido copiarte todos estos textos, mamá, porque quiero que veas que el
Catecismo, como toda la doctrina, hay que leerla bien y conocerla. La
doctrina sobre el modo en que una persona puede ser bautizada es muy
abierta. Y la doctrina del n. 1261 es muy agradable de leer. Viene a decir
que la Iglesia no puede garantizar una vía de salvación para los niños no
bautizados (no puede garantizarla porque no ha recibido señal o respuesta
alguna concreta en el revelación contenida en el Antiguo Testamento o en el
Nuevo), pero no se resiste a decir que la Misericordia de Dios es demasiado
misericordiosa (es un modo de decir) como para dejar a esas criaturas
abandonadas a una eternidad sin Dios cuando ellas no han sido culpables de
su fallecimiento: y las más de las veces, tampoco sus padres han tenido
culpa
No se lo que tu hermana Margarita tiene que decir sobre la doctrina de la
Iglesia Católica y el Bautismo, y sobre la necesidad de pertenecer a la
Iglesia Católica para la salvación. No sé cuál de los 700 libros y artículos
escritos por el Cardenal Ratzinger se habrá leído tía Margarita. Yo no me
los he leído todos, pero sí me he leído “Informe sobre la Fe”, “La sal de la
tierra” y “Dios y el mundo”. De todas formas, eso sigue sin darme derecho a
confrontarme con él
En definitiva, mamá. Es muy fácil decir tonterías. Y luego hay que dejar a
los demás la tarea de limpiar la fama. Me decías que se puede opinar. Es
verdad: tienes toda la razón. Pero quizá antes de opinar es conveniente
documentarse un poco. A mí me parece una frivolidad lanzar una piedra contra
el Cardenal Ratzinger porque he oído que dijo una vez que no sé qué.
De todas formas, mamá, al margen de la discusión puntual sobre la doctrina
de la salvación del Cardenal Ratzinger, hay un asunto todavía más
importante. Y es que el Cardenal Ratzinger ya ha quedado atrás. De quien
estamos hablando ahora es del Santo Padre Benedicto XVI. Y entonces la
frivolidad de rajar ya me parece de auténtico lamento. Porque siempre hemos
pensado los católicos que el Santo Padre es nuestro Pastor Supremo, al que
hay que seguir, no al que hay que criticar. Y siempre hemos tenido los
católicos la doctrina clara de la asistencia del Espíritu Santo y de la
Infalibilidad. Y siempre hemos venerado los textos del Evangelio en que se
presenta el Ministerio de Pedro. Te copio los textos de Mt 16, 15 – 19; Lc
22, 31–32; In 21, 15–19.
Mt 16, 15–19: El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo
Simón Pedro dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús le
respondió: Bienaventurado eres, Simón hijo de Juan, porque no te ha revelado
eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Y yo te
digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las
puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del
Reino de los Cielos; y todo lo que atares sobre la tierra quedará atado en
los Cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los
Cielos.
Lc 22, 31–32: Simón, Simón, he aquí que Satanás os ha reclamado para
cribaros como el trigo. Pero yo he rogado por ti para que no desfallezca tu
fe; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos.
In 21, 15–19: Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo
de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te
amo. Le dijo: Apacienta mis corderos. De nuevo le preguntó por segunda vez:
Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: Sí, Señor, tú sabes que te amo.
Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le preguntó por tercera vez: Simón, hijo de
Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez si
le amaba, y le respondió: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Le
dijo Jesús: Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras
más joven te ceñías tú mismo e ibas a donde querías; pero cuando envejezcas
extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará a donde no quieras. Esto lo
dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto,
añadió: Sígueme.
Te he escrito todo esto porque tú me preguntas y a veces no se puede
contestar por teléfono cualquier generalidad. Y porque en las preguntas de
ayer, lo importante no era saber qué pasa con la salvación de los no
cristianos, ni qué pasa con la Teología de la Liberación. Lo que ayer más me
importaba era lograr quitar de ti una sombra de falta de unidad con el Santo
Padre. Y no simplemente es que me duela ver cómo alguien se pueda enfrentar
con cuatro argumentos mal hilvanados a la doctrina del teologazo de
Ratzinger. Lo que más me llamaba la atención es ver como hay quien se atreve
a decidir si el Papa que ha surgido del último Cónclave es válido o no. Yo
creía que los católicos venerábamos al Santo Padre. Y me encanta saber que
así lo haces. Y no permitas que nadie le critique. Al menos en tu presencia.
No es intransigencia. Es cariño filial. Esa es la opinión que ayer me
pedías.
Mira lo que dice el catecismo:
#P 892 La asistencia divina es también concedida a los sucesores de los
apóstoles, cuando enseñan en comunión con el sucesor de Pedro (y, de una
manera particular, al obispo de Roma, Pastor de toda la Iglesia), aunque,
sin llegar a una definición infalible y sin pronunciarse de una "manera
definitiva", proponen, en el ejercicio del magisterio ordinario, una
enseñanza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelación en materia
de fe y de costumbres. A esta enseñanza ordinaria, los fieles deben
"adherirse...con espíritu de obediencia religiosa" (LG 25) que, aunque
distinto del asentimiento de la fe, es una prolongación de él.
Pues a adherirse, a amar con obediencia religiosa, y a rezar por el Santo
Padre, que es muy duro lo que le ha caído encima. Bastantes luchas va a
tener que librar para que encima andemos sus hijos opinando y criticando de
más y trabajando de menos. No permitas en sus hijos la lamentable actitud de
la crítica, pontificando sobre la valía. Pontificar es tarea del Papa; la
nuestra es la de seguirle. Te copia unos últimos puntos del catecismo que
dejan ese espíritu bastante claro:
#P 100 El oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios ha sido
confiado únicamente al Magisterio de la Iglesia, al Papa y a los obispos en
comunión con él.
#P 882 El Papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, "es el principio y
fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la
muchedumbre de los fieles "(LG 23). "El Pontífice Romano, en efecto, tiene
en la Iglesia, en virtud de su función de Vicario de Cristo y Pastor de toda
la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer
siempre con entera libertad" (LG 22; cf. CD 2. 9).
#P 937 El Papa "goza, por institución divina, de una potestad suprema,
plena, inmediata y universal para cuidar las almas" (CD 2).
#P 2034 El romano pontífice y los obispos como "maestros auténticos por
estar dotados de la autoridad de Cristo... predican al pueblo que tienen
confiado la fe que hay que creer y que hay que llevar a la práctica" (LG
25). El magisterio ordinario y universal del Papa y de los obispos en
comunión con él enseña a los fieles la verdad que han de creer, la caridad
que han de practicar, la bienaventuranza que han de esperar.
Total. Vamos a escuchar, secundar al Papa, vamos a rezar mucho por él. Y
vamos a dejar claro que a nosotros nos da igual quién sea el Papa: que
blanco o negro, joven o anciano, listo o discreto, virtuoso o débil… es el
Papa y nos basta. Santa Catalina de Siena lo llamaba el dulce Cristo en la
tierra. Y así como algunas radios y televisiones se han erigido en críticos
“autorizados” de la valía personal del actual Santo Padre, también he oído
decir a otras que la capacidad de criticar al Santo Padre es directamente
proporcional a la falta de fe. Yo no hago caso a semejante aforismo, porque
sé que la confusión en general es grande. Y quiero que tú no la tengas.
Bueno, mamá. Si te parece, en lugar de resolverte dudas doctrinales vías
telefónica, cada vez que tengas alguna duda primero consultas en el
catecismo (que allí está todo escrito) y luego, si sigues con dudas, me
preguntas y yo me lo pienso y te contesto.
Y como regla general, sugiero que cuando oigas cosas que a tus ochenta años
de católica le suenan a raro, de entrada pienses que, efectivamente, es
raro. Que la doctrina que tú sabes y que has aprendido desde el colegio, en
tu familia y en tu vida (que ya no es corta) tiene mucha más autoridad y
valía que la primera patochada que se pueda decir de forma poco o nada
meditada. Y cuando surjan dudas (que necesariamente te han de surgir, que no
eres planta de invernadero y estás a la intemperie de todas las vientos y
heladas) entonces te agarras al catecismo y repasas. Y así, seguro que
podrás oír muchas cosas y sabremos estar siempre dispuestos a dar razón de
vuestra esperanza a todo el que os la pida (1 Ptr, 3, 15)
Ánimo, mamá, que ya has terminado mis largos siete folios
Perico.
|
|