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BIBLIA DE JERUSALÉN (CATÓLICA)

LIBROS POÉTICOS Y SAPIENCIALES
 

JOB

Job 1

1 Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.

2 Le habían nacido siete hijos y tres hijas.

3 Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente.

4 Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos.

5 Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre.

6 El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.

7 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»

8 Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!»

9 Respondió el Satán a Yahveh: «Es que Job teme a Dios de balde?

10 ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país.

11 Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!»

12 Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él.» Y el Satán salió de la presencia de Yahveh.

13 El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor,

14 vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos;

15 de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

16 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

17 Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

18 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor.

19 De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra,

21 dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!»

22 En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.

Job 2

1 El día en que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.

2 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»

3 Y Yahveh dijo al Satán: «¿Te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra: es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! Aún persevera en su entereza, y bien sin razón me has incitado contra él para perderle.»

4 Respondió el Satán a Yahveh: «¡Piel por piel! ¡Todo lo que el hombre posee lo da por su vida!

5 Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!»

6 Y Yahveh dijo al Satán: «Ahí le tienes en tus manos; pero respeta su vida.»

7 El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.

8 Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura.

9 Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!»

10 Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios.

11 Tres amigos de Job se enteraron de todos estos males que le habían sobrevenido, y vinieron cada uno de su país: Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamat. Y juntos decidieron ir a condolerse y consolarle.

12 Desde lejos alzaron sus ojos y no le reconocieron. Entonces rompieron a llorar a gritos. Rasgaron sus mantos y se echaron polvo sobre su cabeza.

13 Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

Job 3

1 Después de esto, abrió Job la boca y maldijo su día.

2 Tomó Job la palabra y dijo:

3 ¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: «Un varón ha sido concebido!»

4 El día aquel hágase tinieblas, no lo requiera Dios desde lo alto, ni brille sobre él la luz.

5 Lo reclamen tinieblas y sombras, un nublado se cierna sobre él, lo estremezca un eclipse.

6 Sí, la oscuridad de él se apodere, no se añada a los días del año, ni entre en la cuenta de los meses.

7 Y aquella noche hágase inerte, impenetrable a los clamores de alegría.

8 Maldíganla los que maldicen el día, los dispuestos a despertar a Leviatán.

9 Sean tinieblas las estrellas de su aurora, la luz espere en vano, y no vea los párpados del alba.

10 Porque no me cerró las puertas del vientre donde estaba, ni ocultó a mis ojos el dolor.

11 ¿Por qué no morí cuando salí del seno, o no expiré al salir del vientre?

12 ¿Por qué me acogieron dos rodillas? ¿por qué hubo dos pechos para que mamara?

13 Pues ahora descansaría tranquilo, dormiría ya en paz,

14 con los reyes y los notables de la tierra, que se construyen soledades;

15 o con los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus moradas.

16 O ni habría existido, como aborto ocultado, como los fetos que no vieron la luz.

17 Allí acaba la agitación de los malvados, allí descansan los exhaustos.

18 También están tranquilos los cautivos, sin oír más la voz del capataz.

19 Chicos y grandes son allí lo mismo, y el esclavo se ve libre de su dueño.

20 ¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma,

21 a los que ansían la muerte que no llega y excavan en su búsqueda más que por un tesoro,

22 a los que se alegran ante el túmulo y exultan cuando alcanzan la tumba,

23 a un hombre que ve cerrado su camino, y a quien Dios tiene cercado?

24 Como alimento viene mi suspiro, como el agua se derraman mis lamentos.

25 Porque si de algo tengo miedo, me acaece, y me sucede lo que temo.

26 No hay para mí tranquilidad ni calma, no hay reposo: turbación es lo que llega.

Job 4

1 Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2 Si se intentara hablarte, ¿lo soportarías? Pero ¿quién puede contener sus palabras?

3 Mira, tú dabas lección a mucha gente, infundías vigor a las manos caídas;

4 tus razones sostenían al que vacilaba, robustecías las rodillas endebles.

5 Y ahora que otro tanto te toca, te deprimes, te alcanza el golpe a ti, y todo te turbas.

6 ¿No es tu confianza la piedad, y tu esperanza tu conducta intachable?

7 ¡Recuerda! ¿Qué inocente jamás ha perecido? ¿dónde han sido los justos extirpados?

8 Así lo he visto: los que labran maldad y siembran vejación, eso cosechan.

9 Bajo el aliento de Dios perecen éstos, desaparecen al soplo de su ira.

10 Ruge el león, brama la leona, mas los dientes de los leoncillos quedan rotos.

11 Perece el león falto de presa, y los cachorros de la leona se dispersan.

12 A mí se me ha dicho furtivamente una palabra, mi oído ha percibido su susurro.

13 En las pesadillas por las visiones de la noche, cuando a los hombres el letargo invade,

14 un temblor me entró, un escalofrío, que estremeció todos mis huesos...

15 Se escurre un soplo por mi rostro, eriza los pelos de mi carne.

16 Alguien surge... no puedo reconocer su cara; una imagen delante de mis ojos. Silencio..., después oigo una voz:

17 «¿Es justo ante Dios algún mortal? ¿ante su Hacedor es puro un hombre?

18 Si no se fía de sus mismos servidores, y aun a sus ángeles achaca desvarío,

19 ¡cuánto más a los que habitan estas casas de arcilla, ellas mismas hincadas en el polvo! Se les aplasta como a una polilla;

20 de la noche a la mañana quedan pulverizados. Para siempre perecen sin advertirlo nadie;

21 se les arranca la cuerda de su tienda, y mueren privados de sabiduría.»

Job 5

1 ¡Llama, pues! ¿Habrá quien te responda? ¿a cuál de los santos vas a dirigirte?

2 En verdad el enojo mata al insensato, la pasión hace morir al necio.

3 Yo mismo he visto al insensato echar raíces, y sin tardar he maldecido su morada:

4 ¡Estén sus hijos lejos de toda salvación, sin defensor hollados en la Puerta!

5 Su cosecha la devora un hambriento, pues Dios se la quita de los dientes, y los sedientos absorben su fortuna.

6 No, no brota la iniquidad el polvo, ni germina del suelo la aflicción.

7 Es el hombre quien la aflicción engendra, como levantan el vuelo los hijos del relámpago.

8 Yo por mí a Dios recurriría, expondría a Dios mi causa.

9 El es autor de obras grandiosas e insondables, de maravillas sin número.

10 El derrama la lluvia sobre la haz de la tierra, y envía las aguas a los campos.

11 Para poner en alto a los postrados, y que los míseros a la salud se eleven,

12 las tramas de los astutos desbarata, y sus manos no logran sus intrigas.

13 Prende a los sabios en su astucia, el consejo de los sagaces se hace ciego.

14 En pleno día tropiezan con tinieblas, a mediodía van a tientas cual si fuese de noche.

15 El salva al arruinado de sus fauces y al indigente de las manos del violento.

16 Así el débil renace a la esperanza, y cierra su boca la injusticia.

17 ¡Oh sí, feliz el hombre a quien corrige Dios! ¡No desprecies, pues, la lección de Sadday!

18 Pues él es el que hiere y el que venda la herida, el que llaga y luego cura con su mano;

19 seis veces ha de librarte de la angustia, y a la séptima el mal no te alcanzará.

20 Durante el hambre te salvará de la muerte, y en la guerra, del alcance de la espada.

21 Estarás a cubierto del punzón de la lengua, sin miedo a la devastación, cuando se acerque.

22 Te reirás de la sequía y de la helada, y no temerás a las bestias de la tierra.

23 Pues con las piedras del campo harás alianza, la bestia salvaje vivirá en paz contigo.

24 Sabrás que tu tienda está a cubierto, nada echarás en falta cuando revises tu morada.

25 Sabrás que tu descendencia es numerosa, tus vástagos, como la hierba de la tierra.

26 Llegarás a la tumba vigoroso, como se hacinan las gavillas a su tiempo.

27 Todo esto es lo que hemos observado: y así es. A ti te toca escuchar y aprovecharte.

Job 6

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¡Ah, si pudiera pesarse mi aflicción, si mis males se pusieran en la balanza juntos!

3 Pesarían más que la arena de los mares: por eso mis razones se desmandan.

4 Pues las flechas de Sadday están en mí, mi espíritu bebe su veneno, y contra mí se alinean los terrores de Dios.

5 ¿Rozna el onagro junto a la hierba verde? ¿muge el buey junto al forraje?

6 ¿Se come acaso lo insípido sin sal? en la clara del huevo ¿hay algún gusto?

7 Lo que aun tocar me repugnaba eso es ahora mi comida de enfermo.

8 ¡Ojalá se realizara lo que pido, que Dios cumpliera mi esperanza,

9 que él consintiera en aplastarme, que soltara su mano y me segara!

10 Tendría siquiera este consuelo, exultaría de gozo en mis tormentos crueles, por no haber eludido los decretos del Santo.

11 ¿Cuál es mi fuerza para que aún espere, qué fin me espera para que aguante mi alma?

12 ¿Es mi fuerza la fuerza de la roca? ¿es mi carne de bronce?

13 ¿No está mi apoyo en una nada? ¿no se me ha ido lejos toda ayuda?

14 El que retira la compasión al prójimo abandona el temor de Sadday.

15 Me han defraudado mis hermanos lo mismo que un torrente, igual que el lecho de torrentes que pasan:

16 turbios van de aguas de hielo, sobre ellos se disuelve la nieve;

17 pero en tiempo de estiaje se evaporan, en cuanto hace calor se extinguen en su lecho.

18 Por ellos las caravanas se apartan de su ruta, en el desierto se adentran y se pierden.

19 Las caravanas de Temá los otean, en ellos esperan los convoyes de Sabá.

20 Pero se ve corrida su confianza; al llegar junto a ellos se quedan confundidos.

21 Así sois ahora vosotros para mí: veis algo horrible y os amedrentáis.

22 ¿He dicho acaso: «Dadme algo, haced regalos por mí de vuestros bienes;

23 arrancadme de la mano de un rival, de la mano de tiranos rescatadme?»

24 Instruidme, que yo me callaré; hacedme ver en qué me he equivocado.

25 ¡Qué dulces son las razones ecuánimes!, pero, ¿qué es lo que critican vuestras críticas?

26 ¿Intentáis criticar sólo palabras, dichos desesperados que se lleva el viento?

27 ¡Vosotros echáis a suerte al mismo huérfano, especuláis con vuestro propio amigo!

28 Y ahora, por favor, volveos a mí, que no he de mentiros a la cara.

29 ¡Tornad, pues, que no haya entuerto! ¡Tornad, que está en juego mi justicia!

30 ¿Hay entuerto en mis labios? ¿no distingue mi paladar las cosas malas?

Job 7

1 ¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra? ¿no son jornadas de mercenario sus jornadas?

2 Como esclavo que suspira por la sombra, o como jornalero que espera su salario,

3 así meses de desencanto son mi herencia, y mi suerte noches de dolor.

4 Al acostarme, digo: «¿Cuándo llegará el día?» Al levantarme: «¿Cuándo será de noche?», y hasta el crepúsculo ahíto estoy de sobresaltos.

5 Mi carne está cubierta de gusanos y de costras terrosas, mi piel se agrieta y supura.

6 Mis días han sido más raudos que la lanzadera, han desaparecido al acabarse el hilo.

7 Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no volverán a ver la dicha.

8 El ojo que me miraba ya no me verá, pondrás en mí tus ojos y ya no existiré.

9 Una nube se disipa y pasa, así el que baja al seol no sube más.

10 No regresa otra vez a su casa, no vuelve a verle su lugar.

11 Por eso yo no he de contener mi boca, hablaré en la angustia de mi espíritu, me quejaré en la amargura de mi alma.

12 ¿Acaso soy yo el Mar, soy el monstruo marino, para que pongas guardia contra mí?

13 Si digo: «Mi cama me consolará, compartirá mi lecho mis lamentos»,

14 con sueños entonces tú me espantas, me sobresaltas con visiones.

15 ¡Preferiría mi alma el estrangulamiento, la muerte más que mis dolores!

16 Ya me disuelvo, no he de vivir por siempre; ¡déjame ya; sólo un soplo son mis días!

17 ¿Qué es el hombre para que tanto de él te ocupes, para que pongas en él tu corazón,

18 para que le escrutes todas las mañanas y a cada instante le escudriñes?

19 ¿Cuándo retirarás tu mirada de mí? ¿no me dejarás ni el tiempo de tragar saliva?

20 Si he pecado, ¿qué te he hecho a ti, oh guardián de los hombres? ¿Por qué me has hecho blanco tuyo? ¿Por qué te sirvo de cuidado?

21 ¿Y por qué no toleras mi delito y dejas pasar mi falta? Pues ahora me acostaré en el polvo, me buscarás y ya no existiré.

Job 8

1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2 ¿Hasta cuándo estarás hablando de ese modo, y un gran viento serán las razones de tu boca?

3 ¿Acaso Dios tuerce el derecho, Sadday pervierte la justicia?

4 Si tus hijos pecaron contra él, ya los dejó a merced de sus delitos.

5 Mas si tú a Dios recurres e imploras a Sadday,

6 si eres irreprochable y recto, desde ahora él velará sobre ti y restaurará tu morada de justicia.

7 Tu pasado parecerá insignificante el lado de tu espléndido futuro.

8 Pregunta, si no, a la generación pasada, medita en la experiencia de sus padres.

9 Nosotros de ayer somos y no sabemos nada, como una sombra nuestros días en la tierra.

10 Pero ellos te instruirán y te hablarán, y de su corazón sacarán estas máximas:

11 «¿Brota acaso el papiro sin marismas? ¿Crece sin agua el junco?

12 Aún en su verdor, sin ser cortado, antes que toda otra hierba se marchita.

13 Tal es el fin de los que a Dios olvidan, así fenece la esperanza del impío.

14 Su confianza es un hilo solamente, su seguridad una tela de araña.

15 Se apoya en su morada, y no le aguanta, se agarra a ella y no resiste.

16 Bien regado ante la faz del sol, por encima de su huerto salían sus renuevos.

17 Sobre un majano entrelazadas sus raíces, vivía en una casa de piedra.

18 Mas cuando se le arranca de su sitio, éste le niega: "¡No te he visto jamás!"

19 Y vedle ya cómo se pudre en el camino, mientras que del suelo brotan otros.»

20 No, Dios no rechaza al íntegro, ni da la mano a los malvados.

21 La risa ha de llenar aún tu boca y tus labios el clamor de júbilo.

22 Tus enemigos serán cubiertos de vergüenza, y desaparecerá la tienda de los malos.

Job 9

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 Bien sé yo, en verdad, que es así: ¿cómo ante Dios puede ser justo un hombre?

3 A quien pretenda litigar con él, no le responderá ni una vez entre mil.

4 Entre los más sabios, entre los más fuertes, ¿quién le hizo frente y salió bien librado?

5 El traslada los montes sin que se den cuenta, y los zarandea en su furor.

6 El sacude la tierra de su sitio, y se tambalean sus columnas.

7 A su veto el sol no se levanta, y pone un sello a las estrellas.

8 El solo desplegó los Cielos, y holló la espalda de la Mar.

9 El hizo la Osa y Orión, las Cabrillas y las Cámaras del Sur.

10 Es autor de obras grandiosas, insondables, de maravillas sin número.

11 Si pasa junto a mí, yo no le veo, si se desliza, no le advierto.

12 Si en algo hace presa, ¿quién le estorbará? ¿quién le dirá: «¿Qué es lo que haces?»

13 Dios no cede en su cólera: bajo él quedan postrados los esbirros de Ráhab.

14 ¡Cuánto menos podré yo defenderme y rebuscar razones frente a él!

15 Aunque tuviera razón, no hallaría respuesta, ¡a mi juez tendría que suplicar!

16 Y aunque le llame y me responda, aún no creo que escuchará mi voz.

17 ¡El, que me aplasta por un pelo, que multiplica sin razón mis heridas,

18 y ni aliento recobrar me deja, sino que me harta de amargura!

19 Si se trata de fuerza, ¡es él el Poderoso! Si de justicia, ¿quién le emplazará?

20 Si me creo justo, su boca me condena, si intachable, me declara perverso.

21 ¿Soy intachable? ¡Ni yo mismo me conozco, y desprecio mi vida!

22 Pero todo da igual, y por eso digo: él extermina al intachable y al malvado.

23 Si un azote acarrea la muerte de improviso, él se ríe de la angustia de los inocentes.

24 En un país sujeto al poder de un malvado, él pone un velo en el rostro de sus jueces: si no es él, ¿quién puede ser?

25 Mis días han sido más raudos que un correo, se han ido sin ver la dicha.

26 Se han deslizado lo mismo que canoas de junco, como águila que cae sobre la presa.

27 Si digo: «Voy a olvidar mis quejas, mudaré de semblante para ponerme alegre»,

28 me asalta el temor de todos mis pesares, pues sé que tú no me tendrás por inocente.

29 Y si me he hecho culpable, ¿para qué voy a fatigarme en vano?

30 Aunque me lave con jabón, y limpie mis manos con lejía,

31 tú me hundes en el lodo, y mis propios vestidos tienen horror de mí.

32 Que él no es un hombre como yo, para que le responda, para comparecer juntos en juicio.

33 No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano entre los dos,

34 y que de mí su vara aparte para que no me espante su terror.

35 Pero hablaré sin temerle, pues yo no soy así para mí mismo.

Job 10

1 Asco tiene mi alma de mi vida: derramaré mis quejas sobre mí, hablaré en la amargura de mi alma.

2 Diré a Dios: ¡No me condenes, hazme saber por qué me enjuicias!

3 ¿Acaso te está bien mostrarte duro, menospreciar la obra de tus manos, y el plan de los malvados avalar?

4 ¿Tienes tú ojos de carne? ¿Como ve un mortal, ves tú?

5 ¿Son tus días como los de un mortal? ¿tus años como los días de un hombre?,

6 ¡para que andes rebuscando mi falta, inquiriendo mi pecado,

7 aunque sabes muy bien que yo no soy culpable, y que nadie puede de tus manos librar!

8 Tus manos me formaron, me plasmaron, ¡y luego, en arrebato, quieres destruirme!

9 Recuerda que me hiciste como se amasa el barro, y que al polvo has de devolverme.

10 ¿No me vertiste como leche y me cuajaste como queso?

11 De piel y de carne me vestiste y me tejiste de huesos y de nervios.

12 Luego con la vida me agraciaste y tu solicitud cuidó mi aliento.

13 Y algo más todavía guardabas en tu corazón, sé lo que aún en tu mente quedaba:

14 el vigilarme por si peco. y no verme inocente de mi culpa.

15 Si soy culpable, ¡desgraciado de mí! y si soy inocente, no levanto la cabeza, ¡yo saturado de ignominia, borracho de aflicción!

16 Y si la levanto, como un león me das caza, y repites tus proezas a mi costa.

17 Contra mí tu hostilidad renuevas, redoblas tu saña contra mí; sin tregua me asaltan tus tropas de relevo.

18 ¿Para qué me sacaste del seno? Habría muerto sin que me viera ningún ojo;

19 sería como si no hubiera existido, del vientre se me habría llevado hasta la tumba.

20 ¿No son bien poco los días de mi existencia? Apártate de mí para gozar de un poco de consuelo,

21 antes que me vaya, para ya no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra,

22 tierra de oscuridad y de desorden, donde la misma claridad es como la calígine.

Job 11

1 Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:

2 ¿No habrá respuesta para el charlatán? ¿por ser locuaz se va a tener razón?

3 ¿Tu palabrería hará callar a los demás? ¿te mofarás sin que nadie te confunda?

4 Tú has dicho: «Es pura mi conducta, a tus ojos soy irreprochable.»

5 ¡Ojalá Dios hablara, que abriera sus labios para responderte

6 y te revelara los arcanos de la Sabiduría que desconciertan toda sagacidad! Sabrías entonces que Dios olvida aún parte de tu culpa.

7 ¿Pretendes alcanzar las honduras de Dios, llegar hasta la perfección de Sadday?

8 Más alta es que los cielos: ¿qué harás tú? más honda que el seol: ¿qué puedes tú saber?

9 Más larga que la tierra su amplitud, y más ancha que el mar.

10 Si él interviene, encarcela y cita a juicio, ¿quién se lo impedirá?

11 Porque él conoce a los hombres de engaño, ve la iniquidad y atiende a ella.

12 El insensato se hará cuerdo cuando un pollino de onagro nazca hombre.

13 Pero si tú tu corazón arreglas y tiendes tus palmas hacia él,

14 si alejas la iniquidad que hay en tu mano y no dejas que more en tus tiendas la injusticia,

15 entonces alzarás tu frente limpia, te sentirás firme y sin temor.

16 Dejarás tu infortunio en el olvido como agua pasada lo recordarás.

17 Y más radiante que el mediodía surgirá tu existencia, como la mañana será la oscuridad.

18 Vivirás seguro porque habrá esperanza, aun después de confundido te acostarás tranquilo.

19 Cuando descanses, nadie te turbará, y adularán muchos tu rostro.

20 Mas los ojos de los malvados languidecen, todo refugio les fracasa; su esperanza es el último suspiro.

Job 12

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 En verdad, vosotros sois el pueblo, con vosotros la Sabiduría morirá.

3 Yo también sé pensar como vosotros, no os cedo en nada: ¿a quién se le ocultan esas cosas?

4 La irrisión de su amigo, eso soy yo, cuando grito hacia Dios para obtener repuesta. ¡Irrisión es el justo perfecto!

5 «¡Al infortunio, el desprecio! - opinan los dichosos -; ¡un golpe más a quien vacila!»

6 Mientras viven en paz las tiendas de los salteadores, en plena seguridad los que irritan a Dios, los que meten a Dios en su puño!

7 Pero interroga a las bestias, que te instruyan, a las aves del cielo, que te informen.

8 Te instruirán los reptiles de la tierra, te enseñarán los peces del mar.

9 Pues entre todos ellos, ¿quién ignora que la mano de Dios ha hecho esto?

10 El, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre.

11 ¿No es el oído el que aprecia los discursos, como el paladar saborea los manjares?

12 ¿No está entre los ancianos el saber, en los muchos años la inteligencia?

13 Pero con él sabiduría y poder, de él la inteligencia y el consejo.

14 Si él destruye, no se puede edificar; si a alguno encierra, no se puede abrir.

15 Si retiene las aguas, sobreviene sequía, si las suelta, avasallan la tierra.

16 Con él la fuerza y la agudeza; suyos son seducido y seductor.

17 A los consejeros hace él andar descalzos, y entontece a los jueces.

18 Desata la banda de los reyes y les pasa una soga por los lomos.

19 Hace andar descalzos a los sacerdotes y derriba a los que están más firmes.

20 Quita el habla a los más hábiles y a los ancianos arrebata el juicio.

21 Sobre los nobles vierte el menosprecio y suelta la correa de los fuertes.

22 Revela la profundidad de las tinieblas, y saca a la luz la sombra.

23 Levanta a las naciones y luego las destruye, ensancha a los pueblos y luego los suprime.

24 Quita el ánimo a los jefes del país, los hace vagar por desierto sin camino;

25 y andan a tientas en tinieblas, sin luz, se tambalean como un ebrio.

Job 13

1 ¡Oh!, mis ojos han visto todo esto, mis orejas lo han oído y entendido.

2 Sí, yo lo sé tan bien como vosotros, no os cedo en nada.

3 Pero es a Sadday a quien yo hablo, a Dios quiero hacer mis réplicas.

4 Vosotros no sois más que charlatanes, curanderos todos de quimeras.

5 ¡Oh, si os callarais la boca! sería eso vuestra sabiduría.

6 Oíd mis descargos, os lo ruego, atended a la defensa de mis labios.

7 ¿En defensa de Dios decís falsía, y por su causa razones mentirosas?

8 ¿Así lucháis en su favor y de Dios os hacéis abogados?

9 ¿No convendría que él os sondease? ¿Jugaréis con él como se juega con un hombre?

10 El os dará una severa corrección, si en secreto hacéis favor a alguno.

11 ¿Su majestad no os sobrecoge, no os impone su terror?

12 Máximas de ceniza son vuestras sentencias, vuestras réplicas son réplicas de arcilla.

13 ¡Dejad de hablarme, porque voy a hablar yo, venga lo que viniere!

14 Tomo mi carne entre mis dientes, pongo mi alma entre mis manos.

15 El me puede matar: no tengo otra esperanza que defender mi conducta ante su faz.

16 Y esto mismo será mi salvación, pues un impío no comparece en su presencia.

17 Escuchad, escuchad mis palabras, prestad oído a mis declaraciones.

18 Mirad: un proceso he preparado, consciente de que tengo razón.

19 ¿Quién es el que quiere litigar conmigo? ¡Pues desde ahora acepto callar y perecer!

20 Sólo dos cosas te pido que me ahorres, y no me esconderé de tu presencia:

21 que retires tu mano que pesa sobre mí, y no me espante tu terror.

22 Arguye tú y yo responderé; o bien yo hablaré y tú contestarás.

23 ¿Cuántas son mis faltas y pecados? ¡Mi delito, mi pecado, házmelos saber!

24 ¿Por qué tu rostro ocultas y me tienes por enemigo tuyo?

25 ¿Quieres asustar a una hoja que se lleva el viento, perseguir una paja seca?

26 Pues escribes contra mí amargos fallos, me imputas las faltas de mi juventud;

27 pones mis pies en cepos, vigilas mis pasos todos y mides la huella de mis pies.

28 Y él se deshace cual leño carcomido, como vestido que roe la polilla,

Job 14

1 el hombre, nacido de mujer, corto de días y harto de tormentos.

2 Como la flor, brota y se marchita, y huye como la sombra sin pararse.

3 ¡Y sobre un ser tal abres tú los ojos, le citas a juicio frente a ti!

4 Mas ¿quién podrá sacar lo puro de lo impuro? ¡Ninguno!

5 Si es que están contados ya sus días, si te es sabida la cuenta de sus meses, si un límite le has fijado que no franqueará,

6 aparta de él tus ojos, déjale, hasta que acabe, como un jornalero, su jornada.

7 Una esperanza guarda el árbol: si es cortado, aún puede retoñar, y no dejará de echar renuevos.

8 Incluso con raíces en tierra envejecidas, con un tronco que se muere en el polvo,

9 en cuanto siente el agua, reflorece y echa ramaje como una planta joven.

10 Pero el hombre que muere queda inerte, cuando un humano expira, ¿dónde está?

11 Podrán agotarse las aguas del mar, sumirse los ríos y secarse,

12 que el hombre que yace no se levantará, se gastarán los cielos antes que se despierte, antes que surja de su sueño.

13 ¡Ojalá en el seol tú me guardaras, me escondieras allí mientras pasa tu cólera, y una tregua me dieras, para acordarte de mí luego

14 - pues, muerto el hombre, ¿puede revivir? - todos los días de mi milicia esperaría, hasta que llegara mi relevo!

15 Me llamarías y te respondería; reclamarías la obra de tus manos.

16 En lugar de contar mi pasos, como ahora, no te cuidarías más de mis pecados;

17 dentro de un saco se sellaría mi delito, y blanquearías mi falta.

18 Ay, como el monte acabará por derrumbarse, la roca cambiará de sitio,

19 las aguas desgastarán las piedras, inundará una llena los terrenos, así aniquilas tú la esperanza del hombre.

20 Le aplastas para siempre, y se va, desfiguras su rostro y le despides.

21 Que sean honrados sus hijos, no lo sabe; que sean despreciados, no se entera.

22 Tan solo por él sufre su carne, sólo por él se lamenta su alma.

Job 15

1 Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2 ¿Responde un sabio con una ciencia de aire, hincha su vientre de solano,

3 replicando con palabras vacías, con discursos inútiles?

4 ¡Tú llegas incluso a destruir la piedad, a anular los piadosos coloquios ante Dios!

5 Ya que tu culpa inspira tus palabras, y eliges el hablar de los astutos,

6 tu propia boca te condena, que no yo, tus mismos labios atestiguan contra ti.

7 ¿Has nacido tú el primero de los hombres? ¿Se te dio a luz antes que a las colinas?

8 ¿Escuchas acaso los secretos de Dios? ¿acaparas la sabiduría?!

9 ¿Qué sabes tú, que nosotros no sepamos? ¿qué comprendes, que a nosotros se escape?

10 ¡También entre nosotros hay un cano, un anciano, más cargado de días que tu padre!

11 ¿Te parecen poco los consuelos divinos, y una palabra que con dulzura se te dice?

12 ¡Cómo te arrebata el corazón, qué aviesos son tus ojos,

13 cuando revuelves contra Dios tu furia y echas palabras por la boca!

14 ¿Cómo puede ser puro un hombre? ¿cómo ser justo el nacido de mujer?

15 Si ni en sus santos tiene Dios confianza, y ni los cielos son puros a sus ojos,

16 ¡cuánto menos un ser abominable y corrompido, el hombre, que bebe la iniquidad como agua!

17 Voy a instruirte, escúchame, voy a contarte lo que he visto,

18 lo que transmiten los sabios, sin pasar por alto nada de sus padres,

19 - a ellos solos les fue dada la tierra, sin que se mezclara extranjero entre ellos -:

20 «Todos sus días vive el malvado en tormento, contados están los años asignados al tirano.

21 Grito de espanto resuena en sus oídos, en plena paz el bandido le asalta.

22 No espera escapar a las tinieblas, y se ve destinado a la espada.

23 Asignado como pasto de los buitres, sabe que su ruina es inminente. La hora de las tinieblas

24 le espanta, la ansiedad y la angustia le invaden, como un rey pronto al asalto.

25 ¡Alzaba él su mano contra Dios, se atrevía a retar a Sadday!

26 Embestía contra él, el cuello tenso, tras las macizas gibas de su escudo;

27 porque tenía el rostro cubierto de grasa, en sus ijadas había echado sebo,

28 y habitaba ciudades destruidas, casas inhabitadas que amenazaban convertirse en ruinas.

29 No se enriquecerá, no será estable su fortuna, su sombra no cubrirá la tierra,

30 (ni escapará a las tinieblas). Agotará sus renuevos la llama, su flor será barrida por el viento.

31 No se fíe de su elevada talla, pues vanidad es su follaje.

32 Se amustiará antes de tiempo, y sus ramas no reverdecerán.

33 Sacudirá como la viña sus agraces, como el olivo dejará caer su flor.

34 Sí, es estéril la ralea del impío, devora el fuego la tienda del soborno.

35 Quien concibe dolor, desgracia engendra, su vientre incuba decepción»

Job 16

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¡He oído muchas cosas como ésas! ¡Consoladores funestos sois todos vosotros!

3 «¿No acabarán esas palabras de aire?» O: «¿qué es lo que te pica para responder?»

4 También yo podría hablar como vosotros, si estuvierais en mi lugar; contra vosotros ordenaría discursos, meneando por vosotros mi cabeza;

5 os confortaría con mi boca, y no dejaría de mover los labios.

6 Mas si hablo, no cede mi dolor, y si callo, ¿acaso me perdona?

7 Ahora me tiene ya extenuado; tú has llenado de horror a toda la reunión

8 que me acorrala; mi calumniador se ha hecho mi testigo, se alza contra mí, a la cara me acusa;

9 su furia me desgarra y me persigue, rechinando sus dientes contra mí. Mis adversarios aguzan sobre mí sus ojos,

10 abren su boca contra mí. Ultrajándome hieren mis mejillas, a una se amotinan contra mí.

11 A injustos Dios me entrega, me arroja en manos de malvados.

12 Estaba yo tranquilo cuando él me golpeó, me agarró por la nuca para despedazarme. Me ha hecho blanco suyo:

13 me cerca con sus tiros, traspasa mis entrañas sin piedad y derrama por tierra mi hiel.

14 Abre en mí brecha sobre brecha, irrumpe contra mí como un guerrero.

15 Yo he cosido un sayal sobre mi piel, he hundido mi frente en el polvo.

16 Mi rostro ha enrojecido por el llanto, la sombra mis párpados recubre.

17 Y eso que no hay en mis manos violencia, y mi oración es pura.

18 ¡Tierra, no cubras tú mi sangre, y no quede en secreto mi clamor!

19 Ahora todavía está en los cielos mi testigo, allá en lo alto está mi defensor,

20 que interpreta ante Dios mis pensamientos; ante él fluyen mis ojos:

21 ¡Oh, si él juzgara entre un hombre y Dios, como entre un mortal y otro mortal!

22 Pues mis años futuros son contados, y voy a emprender el camino sin retorno.

Job 17

1 Mi aliento se agota, mis días se apagan sólo me queda el cementerio.

2 ¿No estoy a merced de las burlas, y en amarguras pasan mis ojos las noches?

3 Coloca, pues, mi fianza junto a ti, ¿quién, si no, querrá chocar mi mano?

4 Tú has cerrado su mente a la razón, por eso ninguna mano se levanta

5 Como el que anuncia a sus amigos un reparto, cuando languidecen los ojos de sus hijos,

6 me he hecho yo proverbio de las gentes, alguien a quien escupen en la cara.

7 Mis ojos se apagan de pesar, mis miembros se desvanecen como sombra.

8 Los hombres rectos quedan de ello asombrados, contra el impío se indigna el inocente;

9 el justo se afianza en su camino, y el de manos puras redobla su energía.

10 Pero, vosotros todos, volved otra vez, ¡no hallaré un solo sabio entre vosotros!

11 Mis días han pasado con mis planes, se han deshecho los deseos de mi corazón.

12 Algunos hacen de la noche día: se acercaría la luz que ahuyenta las tinieblas.

13 Mas ¿qué espero? Mi casa es el seol, en las tinieblas extendí mi lecho.

14 Y grito a la fosa: «¡Tú mi padre!», a los gusanos: «¡Mi madre y mis hermanos!»

15 ¿Dónde está, pues, mi esperanza? y mi felicidad ¿quién la divisa?

16 ¿Van a bajar conmigo hasta el seol? ¿Nos hundiremos juntos en el polvo?

Job 18

1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2 ¿Cuándo pondréis freno a las palabras? Reflexionad, y después hablaremos.

3 ¿Por qué hemos de ser tenidos como bestias, y a vuestros ojos somos impuros?

4 Oh tú, que te desgarras en tu cólera, ¿la tierra acaso quedará por ti desierta, se moverá la roca de su sitio?

5 Sí, la luz del malvado ha de apagarse, ya no brillará su ardiente llama.

6 La luz en su tienda se oscurece, de encima de él se apaga la candela.

7 Se acortan sus pasos vigorosos, le pierde su propio consejo.

8 Porque sus pies le meten en la red, entre mallas camina.

9 Por el talón le apresa un lazo, el cepo se cierra sobre él.

10 Oculto en la tierra hay un nudo para él, una trampa le espera en el sendero.

11 Por todas partes le estremecen terrores, y le persiguen paso a paso.

12 El hambre es su cortejo, la desgracia se adhiere a su costado.

13 Devora el mal su piel, el Primogénito de la Muerte roe sus miembros.

14 Se le arranca del seguro de su tienda, se le lleva donde el Rey de los terrores.

15 Se ocupa su tienda, ya no suya, se esparce azufre en su morada.

16 Por abajo se secan sus raíces, por arriba se amustia su ramaje.

17 Su recuerdo desaparece de la tierra, no le queda nombre en la comarca.

18 Se le arroja de la luz a las tinieblas, del orbe se le expulsa.

19 Ni prole ni posteridad tiene en su pueblo, ningún superviviente en sus moradas.

20 De su fin se estremece el Occidente, y el Oriente queda preso de terror.

21 Tan sólo esto son las moradas del impío, tal el lugar del que a Dios desconoce.

Job 19

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¿Hasta cuándo afligiréis mi alma y a palabras me acribillaréis?

3 Ya me habéis insultado por diez veces, me habéis zarandeado sin reparo.

4 Aunque de hecho hubiese errado, en mí solo quedaría mi yerro.

5 Si es que aún queréis triunfar de mí y mi oprobio reprocharme,

6 sabed ya que es Dios quien me hace entuerto, y el que en su red me envuelve.

7 Si grito: ¡Violencia!, no obtengo respuesta; por más que apelo, no hay justicia.

8 El ha vallado mi ruta para que yo no pase, ha cubierto mis senderos de tinieblas.

9 Me ha despojado de mi gloria, ha arrancado la corona de mi frente.

10 Por todas partes me mina y desaparezco, arranca como un árbol mi esperanza.

11 Enciende su ira contra mí, me considera su enemigo.

12 En masa sus huestes han llegado, su marcha de asalto han abierto contra mí, han puesto cerco a mi tienda.

13 A mis hermanos ha alejado de mí, mis conocidos tratan de esquivarme.

14 Parientes y deudos ya no tengo, los huéspedes de mi casa me olvidaron.

15 Por un extraño me tienen mis criadas, soy a sus ojos un desconocido.

16 Llamo a mi criado y no responde, aunque le implore con mi propia boca.

17 Mi aliento repele a mi mujer, fétido soy para los hijos de mi vientre.

18 Hasta los chiquillos me desprecian, si me levanto, me hacen burla.

19 Tienen horror de mí todos mis íntimos, los que yo más amaba se han vuelto contra mí.

20 Bajo mi piel mi carne cae podrida, mis huesos se desnudan como dientes.

21 ¡Piedad, piedad de mí, vosotros mis amigos, que es la mano de Dios la que me ha herido!

22 ¿Por qué os cebáis en mí como hace Dios, y no os sentís ya ahítos de mi carne?

23 ¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá en monumento se grabaran,

24 y con punzón de hierro y buril, para siempre en la roca se esculpieran!

25 Yo sé que mi Defensor está vivo, y que él, el último, se levantará sobre el polvo.

26 Tras mi despertar me alzará junto a él, y con mi propia carne veré a Dios.

27 Yo, sí, yo mismo le veré, mis ojos le mirarán, no ningún otro. ¡Dentro de mí languidecen mis entrañas!

28 Y si vosotros decís: «¿Cómo atraparle, qué pretexto hallaremos contra él?»,

29 temed la espada por vosotros mismos, pues la ira se encenderá contra las culpas y sabréis que hay un juicio.

Job 20

1 Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:

2 Por esto mis pensamientos a replicar me incitan: por la impaciencia que me urge.

3 Una lección que me ultraja he escuchado, mas el soplo de mi inteligencia me incita a responder.

4 ¿No sabes tú que desde siempre, desde que el hombre en la tierra fue puesto,

5 es breve la alegría del malvado, y de un instante el gozo del impío?

6 Aunque su talla se alzara hasta los cielos y las nubes tocara su cabeza,

7 como un fantasma desaparece para siempre, los que le veían dicen: «¿Dónde está?»

8 Se vuela como un sueño inaprensible, se le ahuyenta igual que a una visión nocturna.

9 El ojo que le observaba ya no le ve más, ni le divisa el lugar donde estaba.

10 A los pobres tendrán que indemnizar sus hijos, sus niños habrán de devolver sus bienes.

11 Sus huesos rebosaban de vigor juvenil: mas ya con él postrado está en el polvo.

12 Si el mal era dulce a su boca, si bajo su lengua lo albergaba,

13 si allí lo guardaba tenazmente y en medio del paladar lo retenía,

14 su alimento en sus entrañas se corrompe, en su interior se le hace hiel de áspid.

15 Vomita las riquezas que engulló, Dios se las arranca de su vientre.

16 Veneno de áspides chupaba: lengua de víbora le mata.

17 Ya no verá los arroyos de aceite, los torrentes de miel y de cuajada.

18 Devuelve su ganancia sin tragarla, no saborea el fruto de su negocio.

19 Porque estrujó las chozas de los pobres, robó casas en vez de construirlas;

20 porque su vientre se mostró insaciable, sus tesoros no le salvarán;

21 porque a su voracidad nada escapaba, por eso no dura su prosperidad.

22 En plena abundancia la estrechez le sorprende, la desgracia, en tromba, cae sobre él.

23 En el momento de llenar su vientre, suelta Dios contra él el ardor de su cólera y lanza sobre su carne una lluvia de saetas.

24 Si del arma de hierro logra huir, el arco de bronce le traspasa.

25 Sale una flecha por su espalda, una hoja fulgurante de su hígado. Los terrores se abalanzan sobre él,

26 total tiniebla aguarda a sus tesoros. Un fuego que nadie atiza le devora, y consume lo que en su tienda aún queda,

27 Los cielos ponen su culpa al descubierto, y la tierra se alza contra él.

28 La hacienda de su casa se derrama, como torrentes, en el día de la cólera.

29 Tal es la suerte que al malvado Dios reserva, la herencia de Dios para el maldito.

Job 21

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 Escuchad, escuchad mis razones, dadme siquiera este consuelo.

3 Tened paciencia mientras hablo yo, cuando haya hablado, os podréis burlar.

4 ¿Acaso me quejo yo de un hombre? ¿Por qué entonces no he de ser impaciente?

5 Volved hacia mí: quedaréis espantados y la mano pondréis en vuestra boca.

6 Que yo mismo me horrorizo al recordarlo, y mi carne es presa de un escalofrío.

7 ¿Por qué siguen viviendo los malvados, envejecen y aún crecen en poder?

8 Su descendencia ante ellos se afianza, sus vástagos se afirman a su vista.

9 En paz sus casas, nada temen, la vara de Dios no cae sobre ellos.

10 Su toro fecunda sin marrar, sin abortar su vaca pare.

11 Dejan correr a sus niños como ovejas, sus hijos brincan como ciervos.

12 Cantan con arpa y cítara, al son de la flauta se divierten.

13 Acaban su vida en la ventura, en paz descienden al seol.

14 Y con todo, a Dios decían: «¡Lejos de nosotros, no queremos conocer tus caminos!

15 ¿Qué es Sadday para que le sirvamos, qué podemos ganar con aplacarle?»

16 ¿No está en sus propias manos su ventura, aunque el consejo de los malos quede lejos de Dios?

17 ¿Cuántas veces la lámpara de los malos se apaga, su desgracia irrumpe sobre ellos, y él reparte dolores en su cólera?

18 ¿Son como paja ante el viento, como tamo que arrebata un torbellino?

19 ¿Va a guardar Dios para sus hijos su castigo? ¡que le castigue a él, para que sepa!

20 ¡Vea su ruina con sus propios ojos, beba de la furia de Sadday!

21 ¿Qué le importa la suerte de su casa, después de él, cuando se haya cortado la cuenta de sus meses?

22 Pero, ¿se enseña a Dios la ciencia? ¡Si es él quien juzga a los seres más excelsos!

23 Hay quien muere en su pleno vigor, en el colmo de la dicha y de la paz,

24 repletos de grasa su ijares, bien empapado el meollo de sus huesos.

25 Y hay quien muere, la amargura en el alma, sin haber gustado la ventura.

26 Juntos luego se acuestan en el polvo, y los gusanos los recubren.

27 ¡Oh, sé muy bien lo que pensáis, las malas ideas que os formáis sobre mí!

28 «¿Dónde está, os decís, la casa del magnate? ¿dónde la tienda que habitaban los malos?»

29 ¿No habéis interrogado a los viandantes? ¿no os han pasmado los casos que refieren?

30 Que el malo es preservado en el día del desastre, en el día de los furores queda a salvo.

31 Pues, ¿quién le echa en cara su conducta y le da el merecido de su obras?

32 Cuando es llevado al cementerio, sobre el mausoleo hace vela.

33 Dulces le son los terrones del torrente, y detrás de él desfila todo el mundo.

34 ¿Cómo, pues, me consoláis tan en vano? ¡Pura falacia son vuestras respuestas!

Job 22

1 Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2 ¿Acaso a Dios puede un hombre ser útil? ¡Sólo a sí mismo es útil el sensato!

3 ¿Tiene algún interés Sadday por tu justicia? ¿Gana algo con que seas intachable?

4 ¿Acaso por tu piedad él te corrige y entra en juicio contigo?

5 ¿No será más bien por tu mucha maldad, por tus culpas sin límite?

6 Porque exigías sin razón prendas a tus hermanos, arrancabas a los desnudos sus vestidos,

7 no dabas agua al sediento, al hambriento le negabas el pan;

8 como hombre fuerte que hace suyo el país, y, rostro altivo, se sitúa en él,

9 despachabas a las viudas con las manos vacías y quebrabas los brazos de los huérfanos.

10 Por eso los lazos te aprisionan y te estremece un pavor súbito.

11 La luz se hace tiniebla, y ya no ves, y una masa de agua te sumerge.

12 ¿No está Dios en lo alto de los cielos? ¡Mira la cabeza de las estrellas, qué altas!

13 Y tú has dicho: «¿Qué conoce Dios? ¿Discierne acaso a través del nublado?

14 Un velo opaco son las nubes para él, y anda por el contorno de los cielos.»

15 ¿Vas a seguir tú la ruta antigua que anduvieron los hombres perversos?

16 Antes de tiempo fueron aventados, cuando un río arrasó sus cimientos.

17 Los que decían a Dios: «¡Apártate de nosotros! ¿Qué puede hacernos Sadday?»

18 Y era él el que colmaba sus casas de ventura, aunque el consejo de los malos seguía lejos de él.

19 Al verlo los justos se recrean, y de ellos hace burla el inocente:

20 «¡Cómo acabó nuestro adversario! ¡el fuego ha devorado su opulencia!».

21 Reconcíliate con él y haz la paz: así tu dicha te será devuelta.

22 Recibe de su boca la enseñanza, pon sus palabras en tu corazón.

23 Si vuelves a Sadday con humildad, si alejas de tu tienda la injusticia,

24 si tiras al polvo el oro, el Ofir a los guijarros del torrente,

25 Sadday se te hará lingotes de oro y plata a montones para ti.

26 Tendrás entonces en Sadday tus delicias y hacia Dios levantarás tu rostro.

27 El escuchará cuando le invoques, y podrás cumplir tus votos.

28 Todo lo que emprendas saldrá bien, y por tus caminos brillará la luz.

29 Porque él abate el orgullo de los grandes, y salva al que baja los ojos.

30 El libra al inocente; si son tus manos puras, serás salvo.

Job 23

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 Todavía mi queja es una rebelión; su mano pesa sobre mi gemido.

3 ¡Quién me diera saber encontrarle, poder llegar a su morada!

4 Un proceso abriría delante de él, llenaría mi boca de argumentos.

5 Sabría las palabras de su réplica, comprendería lo que me dijera.

6 ¿Precisaría gran fuerza para disputar conmigo? No, tan sólo tendría que prestarme atención.

7 Reconocería en su adversario a un hombre recto, y yo me libraría de mi juez para siempre.

8 Si voy hacia el oriente, no está allí; si al occidente, no le advierto.

9 Cuando le busco al norte, no aparece, y tampoco le veo si vuelvo al mediodía.

10 Pero él mis pasos todos sabe: ¡probado en el crisol, saldré oro puro!

11 Mi pie se ha adherido a su paso, he guardado su ruta sin desvío;

12 del mandato de sus labios no me aparto, he albergado en mi seno las palabras de su boca.

13 Mas él decide, ¿quién le hará retractarse? Lo que su alma ha proyectado lleva a término.

14 Así ejecutará mi sentencia, como tantas otras decisiones suyas.

15 Por eso estoy, ante él, horrorizado, y cuanto más lo pienso, más me espanta.

16 Dios me ha enervado el corazón, Sadday me ha aterrorizado.

17 Pues no he desaparecido en las tinieblas, pero él ha cubierto de oscuridad mi rostro.

Job 24

1 ¿Por qué Sadday no se reserva tiempos, y los que le conocen no contemplan sus días?

2 Los malvados remueven los mojones, roban el rebaño y su pastor.

3 Se llevan el asno de los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda.

4 Los mendigos tienen que retirarse del camino, a una se ocultan los pobres del país.

5 Como onagros del desierto salen a su tarea, buscando presa desde el alba, y a la tarde, pan para sus crías.

6 Cosechan en el campo del inicuo, vendimian la viña del malvado.

7 Pasan la noche desnudos, sin vestido, sin cobertor contra el frío.

8 Calados por el turbión de las montañas, faltos de abrigo, se pegan a la roca.

9 Al huérfano se le arranca del pecho, se toma en prenda al niño del pobre.

10 Desnudos andan, sin vestido; hambrientos, llevan las gavillas.

11 Pasan el mediodía entre dos paredes, pisan los lagares y no quitan la sed.

12 Desde la ciudad gimen los que mueren, el herido de muerte pide auxilio, ¡y Dios sigue sordo a la oración!

13 Otros hay rebeldes a la luz: no reconocen sus caminos ni frecuentan sus senderos.

14 Aún no es de día cuando el asesino se levanta para matar al pobre y al menesteroso. Por la noche merodea el ladrón.

15 El ojo del adúltero el crepúsculo espía: «Ningún ojo - dice - me divisa», y cubre su rostro con un velo.

16 Las casas perfora en las tinieblas. Durante el día se ocultan los que no quieren conocer la luz.

17 Para todos ellos la mañana es sombra, porque sufren entonces sus terrores.

18 No es más que una paja sobre el agua, su hacienda es maldita en el país, nadie toma el camino de su viña.

19 Como el calor de sequía arrebata el agua de nieve, así el seol al que ha pecado.

20 El seno que le formó se olvida de él, y su nombre no se recuerda más. Así la iniquidad es desgajada como un árbol.

21 Maltrataba a la estéril, la que no da a luz, y a la viuda no trataba bien.

22 Pero Aquel que agarra con su fuerza a los tiranos se levanta, y va el otro no cuenta con la vida.

23 Le dejaba apoyarse con seguridad, pero sus ojos vigilaban sus caminos.

24 Se encumbró por un instante, y ya no existe, se abate como el armuelle que se corta, como la cresta de la espiga se amustia.

25 ¿No es así? ¿quién me puede desmentir y reducir a nada mi palabra?

Job 25

1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2 Es soberano de temible fuerza el que hace reinar la paz en sus alturas.

3 ¿Puede contar alguien sus tropas? ¿Contra quién no se alza su luz?

4 ¿Cómo un hombre será justo ante Dios? ¿cómo puro el nacido de mujer?

5 Si ni la luna misma tiene brillo, ni las estrellas son puras a sus ojos,

6 ¡cuánto menos un hombre, esa gusanera, un hijo de hombre, ese gusano!

Job 26

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¡Qué bien has sostenido al débil y socorrido al brazo inválido!

3 ¡Qué bien has aconsejado al ignorante, qué hábil talento has demostrado!

4 ¿A quién has dirigido tus discursos, y de quién es el espíritu que ha salido de ti?

5 Las Sombras tiemblan bajo tierra, las aguas y sus habitantes se estremecen.

6 Ante él, el Seol está al desnudo, la Perdición al descubierto.

7 El extiende el Septentrión sobre el vacío, sobre la nada suspende la tierra.

8 El encierra las aguas en sus nubes, sin que bajo su peso el nublado reviente.

9 El encubre la cara de la luna llena, desplegando sobre ella su nublado.

10 El trazó un cerco sobre la haz de las aguas, hasta el confín de la luz con las tinieblas,

11 Se tambalean las columnas del cielo, presas de terror a su amenaza.

12 Con su poder hendió la mar, con su destreza quebró a Ráhab.

13 Su soplo abrillantó los cielos, su mano traspasó a la Serpiente Huidiza,

14 Estos son los contornos de sus obras, de que sólo percibimos un apagado eco. Y el trueno de su potencia, ¿quién lo captará?

Job 27

1 Job continuó pronunciando su discurso y dijo:

2 ¡Vive Dios, que justicia me rehúsa, por Sadday, que me ha amargado el alma,

3 mientras siga en mí todo mi espíritu y el aliento de Dios en mis narices,

4 no dirán mis labios falsedad, ni mi lengua proferirá mentira!

5 Lejos de mí daros la razón: hasta mi último suspiro mantendré mi inocencia.

6 Me he aferrado a mi justicia, y no la soltaré, mi corazón no se avergüenza de mis días.

7 ¡Tenga la suerte del malvado mi enemigo, la del injusto mi adversario!

8 Pues ¿cuál es la esperanza del impío cuando suplica, cuando hacia Dios eleva su alma?

9 ¿Acaso Dios escucha su gemido, cuando viene sobre él una calamidad?

10 ¿Tenía él sus delicias en Sadday? ¿invocaba a Dios en todo instante?

11 Yo os muestro el proceder de Dios, sin ocultar los secretos de Sadday.

12 Y si todos vosotros ya lo habéis comprobado, ¿para qué esos vanos discursos al vacío?

13 Esta es la suerte que al malvado Dios reserva, la herencia que reciben de Sadday los violentos.

14 Aunque sean muchos sus hijos, son para la espada, y sus vástagos no tendrán pan con que saciarse.

15 Los que queden serán sepultados por la Peste, y sus viudas no los llorarán.

16 Si acumula la plata como polvo, si amontona vestidos como fango,

17 ¡que amontone!: un justo se vestirá con ellos, un inocente heredará la plata.

18 Se edificó una casa de araña, como garita que un guarda construye.

19 Rico se acuesta, mas por última vez; cuando abre los ojos, ya no es nada.

20 En pleno día le asaltan los terrores, de noche un torbellino le arrebata.

21 El solano se lo lleva, y desaparece, le arranca del lugar de su mansión.

22 Sin compasión por blanco se le toma, trata de huir de la mano que le hiere.

23 Bátense palmas a su ruina, doquiera se encuentre se le silba.

Job 28

1 Hay, sí, para la plata un venero, para el oro un lugar donde se purifica.

2 Se extrae del suelo el hierro, una piedra fundida se hace cobre.

3 Se pone fin a las tinieblas, hasta el último límite se excava la piedra oscura y lóbrega.

4 Extranjeros abren galerías de todo pie olvidadas, y oscilan, se balancean, lejos de los humanos.

5 Tierra de donde sale el pan, que está revuelta, abajo, por el fuego.

6 Lugar donde las piedras son zafiro y contienen granos de oro.

7 Sendero que no conoce el ave de rapiña, ni el ojo del buitre lo columbra.

8 No lo pisaron los hijos del orgullo, el león jamás lo atravesó.

9 Aplica el hombre al pedernal su mano, descuaja las montañas de raíz.

10 Abre canales en las rocas, ojo avizor a todo lo precioso.

11 Explora las fuentes de los ríos, y saca a luz lo oculto.

12 Mas la Sabiduría, ¿de dónde viene? ¿cuál es la sede de la Inteligencia?

13 Ignora el hombre su sendero, no se le encuentra en la tierra de los vivos.

14 Dice el Abismo: «No está en mí», y el Mar: «No está conmigo.»

15 No se puede dar por ella oro fino, ni comprarla a precio de plata,

16 ni evaluarla con el oro de Ofir, el ágata preciosa o el zafiro.

17 No la igualan el oro ni el vidrio, ni se puede cambiar por vaso de oro puro.

18 Corales y cristal ni mencionarlos, mejor es pescar Sabiduría que perlas.

19 No la iguala el topacio de Kus, ni con oro puro puede evaluarse.

20 Mas la Sabiduría, ¿de dónde viene? ¿cuál es la sede de la Inteligencia?

21 Ocúltase a los ojos de todo ser viviente, se hurta a los pájaros del cielo.

22 La Perdición y la Muerte dicen: «De oídas sabemos su renombre.»

23 Sólo Dios su camino ha distinguido, sólo él conoce su lugar.

24 (Porque él otea hasta los confines de la tierra, y ve cuanto hay bajo los cielos.)

25 Cuando dio peso al viento y aforó las aguas con un módulo,

26 cuando a la lluvia impuso ley y un camino a los giros de los truenos,

27 entonces la vio y le puso precio, la estableció y la escudriñó.

28 Y dijo al hombre: «Mira, el temor del Señor es la Sabiduría, huir del mal, la Inteligencia.»

Job 29

1 Job continuó pronunciando su discurso y dijo:

2 ¡Quién me hiciera volver a los meses de antaño, aquellos días en que Dios me guardaba,

3 cuando su lámpara brillaba sobre mi cabeza, y yo a su luz por las tinieblas caminaba;

4 como era yo en los días de mi otoño, cuando vallaba Dios mi tienda,

5 cuando Sadday estaba aún conmigo, y en torno mío mis muchachos,

6 cuando mis pies se bañaban en manteca, y regatos de aceite destilaba la roca!

7 Si yo salía a la puerta que domina la ciudad y mi asiento en la plaza colocaba,

8 se retiraban los jóvenes al verme, y los viejos se levantaban y quedaban en pie.

9 Los notables cortaban sus palabras y ponían la mano en su boca.

10 La voz de los jefes se ahogaba, su lengua se pegaba al paladar.

11 Oído que lo oía me llamaba feliz, ojo que lo veía se hacía mi testigo.

12 Pues yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que no tenía valedor.

13 La bendición del moribundo subía hacia mí, el corazón de la viuda yo alegraba.

14 Me había puesto la justicia, y ella me revestía, como manto y turbante, mi derecho.

15 Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies.

16 Era el padre de los pobres, la causa del desconocido examinaba.

17 Quebraba los colmillos del inicuo, de entre sus dientes arrancaba su presa.

18 Y me decía: «Anciano moriré, como la arena aumentaré mis días.

19 Mi raíz está franca a las aguas, el rocío se posa de noche en mi ramaje.

20 Mi gloria será siempre nueva en mí, y en mi mano mi arco renovará su fuerza.

21 Me escuchaban ellos con expectación, callaban para oír mi consejo.

22 Después de hablar yo, no replicaban, y sobre ellos mi palabra caía gota a gota.

23 Me esperaban lo mismo que a la lluvia, abrían su boca como a lluvia tardía.

24 Si yo les sonreía, no querían creerlo, y la luz de mi rostro no dejaban perderse.

25 Les indicaba el camino y me ponía al frente, me asentaba como un rey en medio de su tropa, y por doquier les guiaba a mi gusto.

Job 30

1 Mas ahora ríense de mí los que son más jóvenes que yo, a cuyos padres no juzgaba yo dignos de mezclar con los perros de mi grey.

2 Aun la fuerza de sus manos, ¿para qué me servía?; había decaído todo su vigor,

3 agotado por el hambre y la penuria. Roían las raíces de la estepa, lugar sombrío de ruina y soledad.

4 Recogían armuelle por los matorrales, eran su pan raíces de retama.

5 De entre los hombres estaban expulsados, tras ellos se gritaba como tras un ladrón.

6 Moraban en las escarpas de los torrentes, en las grietas del suelo y de las rocas.

7 Entre los matorrales rebuznaban, se apretaban bajo los espinos.

8 Hijos de abyección, sí, ralea sin nombre, echados a latigazos del país.

9 ¡Y ahora soy yo la copla de ellos, el blanco de sus chismes!

10 Horrorizados de mí, se quedan a distancia, y sin reparo a la cara me escupen.

11 Porque él ha soltado mi cuerda y me maltrata, ya tiran todo freno ante mí.

12 Una ralea se alza a mi derecha, exploran si me encuentro tranquilo, y abren hacia mí sus caminos siniestros.

13 Mi sendero han destruido, para perderme se ayudan, y nada les detiene;

14 como por ancha brecha irrumpen, se han escurrido bajo los escombros.

15 Los terrores se vuelven contra mí, como el viento mi dignidad es arrastrada; como una nube ha pasado mi ventura.

16 Y ahora en mí se derrama mi alma, me atenazan días de aflicción.

17 De noche traspasa el mal mis huesos, y no duermen las llagas que me roen.

18 Con violencia agarra él mi vestido, me aferra como el cuello de mi túnica.

19 Me ha tirado en el fango, soy como el polvo y la ceniza.

20 Grito hacia ti y tú no me respondes, me presento y no me haces caso.

21 Te has vuelto cruel para conmigo, tu mano vigorosa en mí se ceba.

22 Me llevas a caballo sobre el viento, me zarandeas con la tempestad.

23 Pues bien sé que a la muerte me conduces, al lugar de cita de todo ser viviente.

24 Y sin embargo, ¿he vuelto yo la mano contra el pobre, cuando en su angustia justicia reclamaba?

25 ¿No he llorado por el que vive en estrechez? ¿no se ha apiadado mi alma del mendigo?

26 Yo esperaba la dicha, y llegó la desgracia, aguardaba la luz, y llegó la oscuridad.

27 Me hierven las entrañas sin descanso, me han alcanzado días de aflicción.

28 Sin haber sol, ando renegrido, me he levantado en la asamblea, sólo para gritar.

29 Me he hecho hermano de chacales y compañero de avestruces.

30 Mi piel se ha ennegrecido sobre mí, mis huesos se han quemado por la fiebre.

31 ¡Mi cítara sólo ha servido para el duelo, mi flauta para la voz de plañidores!

Job 31

1 Había hecho yo un pacto con mis ojos, y no miraba a ninguna doncella.

2 Y ¿cuál es el reparto que hace Dios desde arriba, cuál la suerte que manda Sadday desde la altura?

3 ¿No es acaso desgracia para el inicuo, tribulación para los malhechores?

4 ¿No ve él mis caminos, no cuenta todos mis pasos?

5 ¿He caminado junto a la mentira? ¿he apretado mi paso hacia la falsedad?

6 ¡Péseme él en balanza de justicia, conozca Dios mi integridad!

7 Si mis pasos del camino se extraviaron, si tras mis ojos fue mi corazón, si a mis manos se adhiere alguna mancha,

8 ¡coma otro lo que yo sembré, y sean arrancados mis retoños!

9 Si mi corazón fue seducido por mujer, si he fisgado a la puerta de mi prójimo,

10 ¡muela para otro mi mujer, y otros se encorven sobre ella!

11 Pues sería ello una impudicia, un crimen a justicia sujeto;

12 sería fuego que devora hasta la Perdición y que consumiría toda mi hacienda.

13 Si he menospreciado el derecho de mi siervo o de mi sierva, en sus pleitos conmigo,

14 ¿qué podré hacer cuando Dios se levante? cuando él investigue, ¿qué responderé?

15 ¿No los hizo él, igual que a mí, en el vientre? ¿no nos formó en el seno uno mismo?

16 Me he negado al deseo de los débiles? ¿dejé desfallecer los ojos de la viuda?

17 ¿Comí solo mi pedazo de pan, sin compartirlo con el huérfano?

18 ¡Siendo así que desde mi infancia me crió él como un padre, me guió desde el seno materno!

19 ¿He visto a un miserable sin vestido, a algún pobre desnudo,

20 sin que en lo íntimo de su ser me bendijera, y del vellón de mis corderos se haya calentado?

21 Si he alzado mi mano contra un huérfano, por sentirme respaldado en la Puerta,

22 ¡mi espalda se separe de mi nuca, y mi brazo del hombro se desgaje!

23 Pues el terror de Dios caería sobre mí, y ante su majestad no podría tenerme.

24 ¿He hecho del oro mi confianza, o he dicho al oro fino: «Tú, mi seguridad»?

25 ¿Me he complacido en la abundancia de mis bienes, en que mi mano había ganado mucho?

26 ¿Acaso, al ver el sol cómo brillaba, y la luna que marchaba radiante,

27 mi corazón, en secreto, se dejó seducir para enviarles un beso con la mano?

28 También hubiera sido una falta criminal, por haber renegado del Dios de lo alto.

29 ¿Del infortunio de mi enemigo me alegré, me gocé de que el mal le alcanzara?

30 ¡Yo que no permitía a mi lengua pecar reclamando su vida con una maldición!

31 ¿No decían las gentes de mi tienda: «¿Hay alguien que no se haya hartado con su carne?»

32 El forastero no pernoctaba a la intemperie, tenía abierta mi puerta al caminante.

33 ¿He disimulado mis culpas a los hombres, ocultando en mi seno mi pecado,

34 porque temiera el rumor público, o el desprecio de las gentes me asustara, hasta quedar callado sin atreverme a salir mi puerta?

35 ¡Oh! ¿quién hará que se me escuche? Esta es mi última palabra: ¡respóndame Sadday! El libelo que haya escrito mi adversario

36 pienso llevarlo sobre mis espaldas, ceñírmelo igual que una diadema.

37 Del número de mis pasos voy a rendirle cuentas, como un príncipe me llegaré hasta él.

38 Si mi tierra grita contra mí, y sus surcos lloran con ella,

39 si he comido sus frutos sin pagarlos y he hecho expirar a sus dueños,

40 ¡en vez de trigo broten en ella espinas, y en lugar de cebada hierba hedionda! Fin de las palabras de Job.

Job 32

1 Aquellos tres hombres dejaron de replicar a Job, porque se tenía por justo.

2 Entonces montó en cólera Elihú, hijo de Barakel el buzita, de la familia de Ram. Su cólera se inflamó contra Job, porque pretendía tener razón frente a Dios;

3 y también contra sus tres amigos, porque no habían hallado ya nada que replicar y de esa manera habían dejado mal a Dios.

4 Mientras hablaban ellos con Job, Elihú se había mantenido a la expectativa, porque eran más viejos que él.

5 Pero cuando vio que en la boca de los tres hombres ya no quedaba respuesta, montó en cólera.

6 Tomó, pues, la palabra Elihú, hijo de Barakel el buzita, y dijo: Soy pequeño en edad, y vosotros sois viejos; por eso tenía miedo, me asustaba el declararos mi saber.

7 Me decía yo: «Hablará la edad, los muchos años enseñarán sabiduría.»

8 Pero en verdad, es un soplo en el hombre, es el espíritu de Sadday lo que hace inteligente.

9 No son sabios los que están llenos de años, ni los viejos quienes comprenden lo que es justo.

10 Por eso he dicho: Escuchadme, voy a declarar también yo mi saber.

11 Hasta ahora vuestras razones esperaba, prestaba oído a vuestros argumentos; mientras tratabais de buscar vocablos,

12 tenía puesta en vosotros mi atención. Y veo que ninguno a Job da réplica, nadie de entre vosotros a sus dichos responde.

13 No digáis, pues: «Hemos hallado la sabiduría; nos instruye Dios, no un hombre.»

14 No hilaré yo palabras como ésas, no le replicaré en vuestros términos.

15 Han quedado vencidos, no han respondido más: les han faltado las palabras.

16 He esperado, pero ya que no hablan, puesto que se han quedado sin respuesta,

17 responderé yo por mi parte, declararé también yo mi saber.

18 Pues estoy lleno de palabras, me urge un soplo desde dentro.

19 Es, en mi seno, como vino sin escape, que hace reventar los odres nuevos.

20 Hablaré para desahogarme, abriré los labios y replicaré.

21 No tomaré el partido de ninguno, a nadie adularé.

22 Pues yo no sé adular: bien pronto me aventaría mi Hacedor.

Job 33

1 Ten a bien, Job, escuchar mis palabras, presta oído a todas mis razones.

2 Ya ves que he abierto mi boca, en mi paladar habla mi lengua.

3 Mi corazón dará palabras cuerdas, la pura verdad dirán mis labios.

4 El soplo de Dios me hizo, me animó el aliento de Sadday.

5 Si eres capaz, replícame, ¡alerta, ponte en guardia ante mí!

6 Mira, soy como tú, no soy un dios, también yo de arcilla fui plasmado.

7 Por eso mi terror no te ha de espantar, no pesará mi mano sobre ti.

8 No has hecho más que decir a mis propios oídos, - pues he oído el son de tus palabras -:

9 «Puro soy, sin delito; limpio estoy, no hay culpa en mí.

10 Pero él inventa contra mí pretextos, y me reputa como su enemigo;

11 mis pies pone en el cepo, espía todas mis sendas.»

12 Pues bien, respondo, en esto no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre.

13 ¿Por qué te querellas tú con él porque no responda a todas tus palabras?

14 Habla Dios una vez, y otra vez, sin que se le haga caso.

15 En sueños, en visión nocturna, cuando un letargo cae sobre los hombres, mientras están dormidos en su lecho,

16 entonces abre él el oído de los hombres, y con sus apariciones les espanta,

17 para apartar al hombre de sus obras y acabar con su orgullo de varón,

18 para librar su alma de la fosa y su vida de pasar el Canal.

19 También es corregido por el dolor en su camilla, por el temblor continuo de sus huesos,

20 cuando a su vida el alimento asquea y a su alma los manjares exquisitos,

21 cuando su carne desaparece de la vista, y sus huesos, que no se veían, aparecen;

22 cuando su alma a la fosa se aproxima y su vida a la morada de los muertos.

23 Si hay entonces junto a él un Ángel, un Mediador escogido entre mil, que declare al hombre su deber,

24 que de él se apiade y diga: «Líbrale de bajar a la fosa, yo he encontrado el rescate de su alma»,

25 su carne se renueva de vigor juvenil, vuelve a los días de su adolescencia.

26 Invoca a Dios, que le otorga su favor, y va a ver con júbilo su rostro Anuncia a los demás su justicia,

27 canta así entre los hombres: «Yo había pecado y torcido el derecho, mas Dios no me ha dado el merecido.

28 Ha librado mi alma de pasar por la fosa, y mi vida contempla la luz.»

29 He aquí todo lo que hace Dios, dos y tres veces con el hombre,

30 para recobrar su alma de la fosa, para que sea alumbrado con la luz de los vivos.

31 Atiende, Job, escúchame, guarda silencio, y yo hablaré.

32 Si tienes algo que decir, replícame, habla, pues yo deseo darte la razón.

33 Si no, escúchame, guarda silencio, y yo te enseñaré sabiduría.

Job 34

1 Elihú reanudó su discurso y dijo:

2 Escuchad, sabios, mis palabras, vosotros los doctos, dadme oídos.

3 Porque el oído aprecia las palabras, como el paladar gusta los manjares.

4 Decidamos entre nosotros lo que es justo, sepamos juntos lo que es bueno.

5 Pues Job ha dicho: «Yo soy justo, pero Dios me quita mi derecho;

6 mi juez se muestra cruel para conmigo, mi llaga es incurable, aunque no tengo culpa.»

7 ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el sarcasmo como agua,

8 que anda en compañía de malhechores, y camina con malvados?

9 Pues él ha dicho: «Nada gana el hombre con buscar el agrado de Dios.»

10 Así pues, escuchadme, como hombres sensatos. Lejos de Dios el mal, de Sadday la injusticia;

11 que la obra del hombre, él se la paga, y según su conducta trata a cada uno.

12 En verdad, Dios no hace el mal, no tuerce el derecho Sadday.

13 ¿Quién, si no, le confió la tierra, quién le encargó del mundo entero?

14 Si él retirara a sí su espíritu, si hacia sí recogiera su soplo,

15 a una expiraría toda carne, el hombre al polvo volvería.

16 Si tienes inteligencia, escucha esto, presta oído al son de mis palabras.

17 ¿Podría gobernar un enemigo del derecho? ¿al Justo poderoso vas a condenar?

18 ¡Aquel que dice a un rey: «¡Inútil!», «¡Malvados!» a los nobles,

19 que no hace acepción de príncipes, ni prefiere al grande sobre el débil, ¡pues todos son obra de sus manos!

20 Mueren ellos de repente a media noche, perecen los grandes y pasan, y él depone a un tirano sin esfuerzo.

21 Pues sus ojos vigilan los caminos del hombre, todos sus pasos observa.

22 No hay tinieblas ni sombra donde ocultarse los agentes del mal.

23 No asigna él un plazo al hombre para que a juicio se presente ante Dios.

24 Quebranta a los grandes sin examen, y pone a otros en su sitio.

25 Es que él conoce sus acciones, de noche los sacude y se les pisa.

26 Como a criminales los azota, en lugar público los encadena,

27 porque se apartaron de su seguimiento, y no comprendieron todos sus caminos,

28 hasta hacer llegar a él el gemido del débil y hacerle oír el clamor de los humildes.

29 Mas si él sigue inmóvil, sin que nadie le perturbe, si vela su faz, sin que nadie le perciba, es que se apiada de naciones e individuos,

30 libra al impío del cepo de la angustia,

31 Cuando éste dice a Dios: «He sido seducido, no volveré a hacer mal;

32 si he pecado instrúyeme, si he cometido injusticia, no reincidiré».

33 ¿Acaso, según tú, tendría él que castigar, ya que rechazas sus decisiones? Como eres tú el que aprecias, y no yo, di todo lo que sepas.

34 Mas los hombres sensatos me dirán, así como todo sabio que me escuche:

35 «No habla Job cuerdamente, no son sensatas sus palabras.

36 Que sea Job probado a fondo, por sus respuestas dignas de malvados.

37 Porque a su pecado la rebeldía añade, pone fin al derecho entre nosotros, y multiplica contra Dios sus palabras.»

Job 35

1 Elihú reanudó su discurso y dijo:

2 ¿Crees que eso es juicioso, piensas ser más justo que Dios,

3 cuando dices: «¿Qué te importa a ti, o de qué me sirve a mí no haber pecado»?

4 Yo te daré respuesta, y contigo a tus amigos.

5 ¡Mira a los cielos y ve, observa cómo las nubes son mas altas que tú!

6 Si pecas, ¿qué le causas?, si se multiplican tus ofensas, ¿qué le haces?

7 ¿Qué le das, si eres justo, o qué recibe él de tu mano?

8 A un hombre igual que tú afecta tu maldad, a un hijo de hombre tu justicia.

9 Bajo la carga de la opresión se gime, se grita bajo el brazo de los grandes,

10 mas nadie dice: «¿Dónde está Dios, mi hacedor, el que hace resonar los cantares en la noche,

11 el que nos hace más hábiles que las bestias de la tierra, más sabios que los pájaros del cielo?»

12 Entonces se grita, sin que responda él, a causa del orgullo de los malos.

13 Seguro, la falsedad Dios no la escucha, Sadday no le presta atención.

14 Mucho menos, el decir que no le adviertes, que un proceso está ante él y que le esperas;

15 o también que su cólera no castiga nada, y que ignora la rebelión del hombre.

16 Job, pues, abre en vano su boca, multiplica a lo tonto las palabras.

Job 36

1 Prosiguió Elihú y dijo:

2 Espera un poco, y yo te instruiré, pues todavía hay palabras en favor de Dios.

3 Voy a llevar muy lejos mi saber, y daré la razón a mi Hacedor.

4 En verdad, no son mentira mis palabras, un maestro en saber está contigo.

5 Dios no rechaza al hombre íntegro,

6 ni deja vivir al malvado en plena fuerza. Hace justicia a los pobres,

7 y no quita al justo su derecho. El puso a los reyes en el trono, para siempre los asienta, mas se engríen,

8 y él los amarra con cadenas, y quedan presos en los lazos de la angustia.

9 Entonces les pone su obra al descubierto y sus culpas nacidas del orgullo.

10 A sus oídos pronuncia una advertencia, y manda que se vuelvan de la iniquidad.

11 Si escuchan y son dóciles, acaban sus días en ventura y en delicias sus años.

12 Si no escuchan, pasan el Canal, y expiran por falta de cordura.

13 Y los obstinados que imponen la cólera y no piden auxilio cuando él los encadena,

14 mueren en plena juventud, y su vida en la edad juvenil.

15 El salva al pobre por su misma pobreza, por la miseria el oído le abre.

16 También a ti te arrancará de las fauces de la angustia. Antes gozabas de abundancia sin límites, la grasa desbordaba de tu mesa.

17 Mas no hacías justicia de los malos, defraudabas el derecho del huérfano.

18 Procura, pues, que no te seduzca la abundancia, ni el copioso soborno te extravíe.

19 Haz comparecer al rico como al que nada tiene, al débil como al poderoso.

20 No aplastes a aquellos que te son extraños, para encumbrar en su puesto a tus parientes.

21 Guárdate de inclinarte hacia la iniquidad, que por eso te ha probado la aflicción.

22 Mira, Dios es sublime por su fuerza, ¿quién es maestro como él?

23 ¿Quién le señaló el camino a seguir? ¿quién le diría: «Has hecho mal»?

24 Acuérdate más bien de ensalzar su obra, que han cantado los hombres.

25 Todo hombre la contempla, el hombre la mira desde lejos.

26 Sí, Dios es grande y no le comprendemos, el número de sus años es incalculable.

27 El atrae las gotas de agua, pulveriza la lluvia en su vapor,

28 que luego derraman las nubes, la destilan sobre la turba humana.

29 ¿Quién además comprenderá el despliegue de la nube, los fragores de su tienda?

30 Ved que despliega su niebla por encima cubre las cimas de los montes.

31 Pues por ellas sustenta él a los pueblos, les da alimento en abundancia.

32 En sus manos el rayo levanta y le ordena que alcance su destino.

33 Su trueno le anuncia, la ira se inflama contra la iniquidad.

Job 37

1 Mi corazón también por eso tiembla, y salta fuera de su sitio.

2 ¡Escuchad, escuchad el fragor de su voz, el bramido que sale de su boca!

3 Hace relampaguear por todo el cielo, su fulgor llega a los extremos de la tierra.

4 Detrás de él una voz ruge: truena él con su soberbia voz, y sus rayos no retiene, mientras su voz retumba.

5 Dios nos da a ver maravillas, grandes cosas hace que no comprendemos.

6 Cuando dice a la nieve: «¡Cae sobre la tierra!», y a los aguaceros: «¡Lloved fuerte!»,

7 la mano de todo hombre retiene bajo sello, para que todos conozcan su obra.

8 Las fieras a sus guaridas huyen y en sus cubiles se cobijan.

9 Del sur llega el huracán, el frío, de los vientos del norte.

10 Al soplo de Dios se forma el hielo, se congela la extensión de las aguas.

11 El carga a la nube de un rayo, el nublado esparce su fulgor,

12 y éste, gira girando, circula conforme a sus designios. Así ejecutan sus órdenes en todo sobre la haz de su orbe terráqueo.

13 Ya como castigo para los pueblos de la tierra, ya como gracia, él los envía.

14 Presta, Job, oído a esto, tente y observa los prodigios de Dios.

15 ¿Sabes acaso cómo Dios los rige, y cómo su nube hace brillar el rayo?

16 ¿Sabes tú cómo las nubes cuelgan en equilibrio, 7 maravilla de una ciencia consumada?

17 Tú, cuyos vestidos queman cuando está quieta la tierra bajo el viento del sur,

18 ¿puedes extender con él la bóveda del cielo, sólida como espejo de metal fundido?

19 Enséñanos qué le hemos de decir: no discutiremos más, debido a las tinieblas.

20 Si hablo yo, ¿alguien se lo cuenta? ¿es informado de lo que un hombre ha dicho?

21 Ahora ya no se ve la luz, que queda oscurecida por las nubes; pero pasa el viento y las despeja,

22 y una claridad llega del norte: gloria terrible alrededor de Dios,

23 ¡es Sadday!, no podemos alcanzarle. Grande en fuerza y equidad, maestro de justicia, sin oprimir a nadie.

24 Por eso le temen los hombres: ¡a él la veneración de todos los sabios de corazón!

Job 38

1 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

2 ¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?

3 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.

4 Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad.

5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?

6 ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,

7 entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;

9 cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;

10 cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?

11 «¡Llegarás hasta aquí, no más allá - le dije -, aquí se romperá el orgullo de tus olas!»

12 ¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,

13 para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados?

14 Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.

15 Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.

16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?

17 ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?

18 ¿Has calculado las anchuras de la tierra? Cuenta, si es que sabes, todo esto.

19 ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?,

20 para que puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de su casa.

21 Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la cuenta de tus días!

22 ¿Has llegado a los depósitos de nieve? ¿Has visto las reservas de granizo,

23 que yo guardo para el tiempo de angustia, para el día de batalla y de combate?

24 ¿Por qué camino se reparte la luz, o se despliega el solano por la tierra?

25 ¿Quién abre un canal al aguacero, a los giros de los truenos un camino,

26 para llover sobre tierra sin hombre, sobre el desierto donde no hay un alma,

27 para abrevar a las soledades desoladas y hacer brotar en la estepa hierba verde?

28 ¿Tiene padre la lluvia? ¿quién engendra las gotas de rocío?

29 ¿De qué seno sale el hielo? ¿quién da a luz la escarcha del cielo,

30 cuando las aguas se aglutinan como piedra y se congela la superficie del abismo?

31 ¿Puedes tú anudar los lazos de las Pléyades o desatar las cuerdas de Orión?

32 ¿Haces salir la Corona a su tiempo? ¿conduces a la Osa con sus crías?

33 ¿Conoces las leyes de los Cielos? ¿aplicas su fuero en la tierra?

34 ¿Levantas tu voz hasta las nubes?, la masa de las aguas, ¿te obedece?

35 A tu orden, ¿los relámpagos parten, diciéndote: «Aquí estamos»?

36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría? ¿quién dio al gallo inteligencia?

37 ¿Quién tiene pericia para contar las nubes? ¿quién inclina los odres de los cielos,

38 cuando se aglutina el polvo en una masa y los terrones se pegan entre sí?

39 ¿Cazas tú acaso la presa a la leona? ¿calmas el hambre de los leoncillos,

40 cuando en sus guaridas están acurrucados, o en los matorrales al acecho?

41 ¿Quién prepara su provisión al cuervo, cuando sus crías gritan hacia Dios, cuando se estiran faltos de comida?

Job 39

1 ¿Sabes cuándo hacen las rebecas sus crías? ¿has observado el parto de las ciervas?

2 ¿has contado los meses de su gestación? ¿sabes la época de su alumbramiento?

3 Entonces se acurrucan y paren a sus crías, echan fuera su camada.

4 Y cuando ya sus crías se hacen fuertes y grandes, salen al desierto y no vuelven más a ellas.

5 ¿Quién dejó al onagro en libertad y soltó las amarras del asno salvaje?

6 Yo le he dado la estepa por morada, por mansión la tierra salitrosa.

7 Se ríe del tumulto de las ciudades, no oye los gritos del arriero;

8 explora las montañas, pasto suyo, en busca de toda hierba verde.

9 ¿Querrá acaso servirte el buey salvaje, pasar la noche junto a tu pesebre?

10 ¿Atarás a su cuello la coyunda? ¿rastrillará los surcos tras de ti?

11 ¿Puedes fiarte de él por su gran fuerza? ¿le confiarás tu menester?

12 ¿Estás seguro de que vuelva, de que en tu era allegue el grano?

13 El ala del avestruz, ¿se puede comparar al plumaje de la cigüeña y del halcón?

14 Ella en tierra abandona sus huevos, en el suelo los deja calentarse;

15 se olvida de que puede aplastarlos algún pie, o cascarlos una fiera salvaje.

16 Dura para sus hijos cual si no fueran suyos, por un afán inútil no se inquieta.

17 Es que Dios la privó de sabiduría, y no le dotó de inteligencia.

18 Pero en cuanto se alza y se remonta, se ríe del caballo y su jinete.

19 ¿Das tú al caballo la bravura? ¿revistes su cuello de tremolante crin?

20 ¿Le haces brincar como langosta? ¡Terror infunde su relincho altanero!

21 Piafa de júbilo en el valle, con brío se lanza al encuentro de las armas.

22 Se ríe del miedo y de nada se asusta, no retrocede ante la espada.

23 Va resonando sobre él la aljaba, la llama de la lanza y el dardo.

24 Hirviendo de impaciencia la tierra devora, no se contiene cuando suena la trompeta.

25 A cada toque de trompeta dice: «¡Aah!» olfatea de lejos el combate, las voces de mando y los clamores.

26 ¿Acaso por tu acuerdo el halcón emprende el vuelo, despliega sus alas hacia el sur?

27 ¿Por orden tuya se remonta el águila y coloca su nido en las alturas?

28 Pone en la roca su mansión nocturna, su fortaleza en un picacho.

29 Desde allí acecha a su presa, desde lejos la divisan sus ojos.

30 Sus crías lamen sangre; donde hay muertos, allí está.

Job 40

1 Y Yahveh se dirigió a Job y le dijo:

2 ¿Cederá el adversario de Sadday? ¿El censor de Dios va a replicar aún?

3 Y Job respondió a Yahveh:

4 ¡He hablado a la ligera: ¿qué voy a responder? Me taparé la boca con mi mano.

5 Hablé una vez..., no he de repetir; dos veces..., ya no insistiré.

6 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

7 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a preguntarte y tú me instruirás.

8 ¿De verdad quieres anular mi juicio?, para afirmar tu derecho, ¿me vas a condenar?

9 ¿Tienes un brazo tú como el de Dios? ¿truena tu voz como la suya?

10 ¡Ea, cíñete de majestad y de grandeza, revístete de gloria y de esplendor!

11 ¡Derrama la explosión de tu cólera, con una mirada humilla al arrogante!

12 ¡Con una mirada abate al orgulloso, aplasta en el sitio a los malvados!

13 ¡Húndelos juntos en el suelo, cierra sus rostros en el calabozo!

14 ¡Y yo mismo te rendiré homenaje, por la victoria que te da tu diestra!

15 Mira a Behemot, criatura mía, como tú. Se alimenta de hierba como el buey.

16 Mira su fuerza en sus riñones, en los músculos del vientre su vigor.

17 Atiesa su cola igual que un cedro, los nervios de sus muslos se entrelazan.

18 Tubos de bronce son sus vértebras; sus huesos, como barras de hierro.

19 Es la primera de las obras de Dios: su autor le procuró su espada;

20 los montes le aportan un tributo, y todas las fieras que retozan en ellos.

21 Bajo los lotos se recuesta, en escondite de cañas y marismas.

22 Los lotos le recubren con su sombra, los sauces del torrente le rodean.

23 Si el río va bravo, no se inquieta, firme está aunque un Jordán le llegue hasta la boca.

24 ¿Quién, pues, podrá prenderle por los ojos, taladrar su nariz con punzones?

25 Y a Leviatán, ¿le pescarás tú a anzuelo, sujetarás con un cordel su lengua?

26 ¿Harás pasar por su nariz un junco? ¿taladrarás con un gancho su quijada?

27 ¿Te hará por ventura largas súplicas? te hablará con timidez?

28 ¿Pactará contigo un contrato de ser tu siervo para siempre?

29 ¿Jugarás con él como con un pájaro, o lo atarás para juguete de tus niñas?

30 ¿traficarán con él los asociados? ¿se le disputarán los mercaderes?

31 ¿Acribillarás su piel de dardos? ¿clavarás con el arpón su cabeza?

32 Pon sobre él tu mano: ¡al recordar la lucha no tendrás ganas de volver!

Job 41

1 ¡Sería vana tu esperanza porque su vista sola aterra!

2 No hay audaz que lo despierte, ¿y quién podrá resistir ante él?

3 ¿Quién le hizo frente y quedó salvo? ¡Ninguno bajo la capa de los cielos!

4 Mencionaré también sus miembros, hablaré de su fuerza incomparable.

5 ¿Quién rasgó la delantera de su túnica y penetró en su coraza doble?

6 ¿Quién abrió las hojas de sus fauces? ¡Reina el terror entre sus dientes!

7 Su dorso son hileras de escudos, que cierra un sello de piedra.

8 Están apretados uno a otro, y ni un soplo puede pasar entre ellos.

9 Están pegados entre sí y quedan unidos sin fisura.

10 Echa luz su estornudo, sus ojos son como los párpados de la aurora.

11 Salen antorchas de sus fauces, chispas de fuego saltan.

12 De sus narices sale humo, como de un caldero que hierve junto al fuego.

13 Su soplo enciende carbones, una llama sale de su boca.

14 En su cuello se asienta la fuerza, y ante él cunde el espanto.

15 Son compactas las papadas de su carne: están pegadas a ella, inseparables.

16 Su corazón es duro como roca, resistente como piedra de molino.

17 Cuando se yergue, se amedrentan las olas, y las ondas del mar se retiran.

18 Le alcanza la espada sin clavarse, lo mismo la lanza, jabalina o dardo.

19 Para él e hierro es sólo paja, el bronce, madera carcomida.

20 No le ahuyentan los disparos del arco, cual polvillo le llegan las piedras de la honda.

21 Una paja le parece la maza, se ríe del venablo que silba.

22 Debajo de él tejas puntiagudas: un trillo que va pasando por el lodo.

23 Hace del abismo una olla borbotante, cambia el mar en pebetero.

24 Deja tras sí una estela luminosa, el abismo diríase una melena blanca.

25 No hay en la tierra semejante a él, que ha sido hecho intrépido.

26 Mira a la cara a los más altos, es rey de todos los hijos del orgullo.

Job 42

1 Y Job respondió a Yahveh:

2 Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable.

3 Era yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro.

4 (Escucha, deja que yo hable: voy a interrogarte y tú me instruirás.)

5 Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos.

6 Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

7 Después de hablar a Job de esta manera, Yahveh dijo a Elifaz de Temán: «Mi ira se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.

8 Así que tomad siete novillos y siete carneros, id donde mi siervo Job, y ofreced por vosotros un holocausto. Mi siervo Job intercederá por vosotros y, en atención a él, no os castigaré por no haber hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.»

9 Elifaz de Temán, Bildad de Sáaj, y Sofar de Naamat fueron a cumplir la orden de Yahveh. Y Yahveh atendió a Job.

10 Después Yahveh restauró la situación de Job, al paso que él intercedía en favor de sus amigos; y aumentó Yahveh al doble todos los bienes de Job.

11 Vinieron, pues, donde él todos sus hermanos y todas sus hermanas, así como todos sus conocidos de antaño; y mientras celebraban con él un banquete en su casa, le compadecieron y le consolaron por todo el infortunio que Yahveh había traído sobre él. Y cada uno de ellos le hizo el obsequio de un agno de plata y de un anillo de oro.

12 Yahveh bendijo la nueva situación de Job más aún que la antigua: llegó a poseer 14.000 ovejas, 6.000 camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.

13 Tuvo además siete hijos y tres hijas.

14 A la primera le puso el nombre de «Paloma», a la segunda el de «Canela» y a la tercera el de «Cuerno de afeites».

15 No había en todo el país mujeres tan bonitas como las hijas de Job. Y su padre les dio parte en la herencia entre sus hermanos.

16 Después de esto, vivió Job todavía 140 años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, cuatro generaciones.

17 Después Job murió anciano y colmado de días.

LOS SALMOS (Los números de los Salmos entre paréntesis corresponden a la Vulgata)

Salmo 1

1 ¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta,

2 mas se complace en la ley de Yahveh, su ley susurra día y noche!

3 Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien.

4 ¡No así los impíos, no así! Que ellos son como paja que se lleva el viento.

5 Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos, ni los pecadores en la comunidad de los justos.

6 Porque Yahveh conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos se pierde.

Salmo 2

1 ¿Por qué se agitan las naciones, y los pueblos mascullan planes vanos?

2 Se yerguen los reyes de la tierra, los caudillos conspiran aliados contra Yahveh y contra su Ungido:

3 «¡Rompamos sus coyundas, sacudámonos su yugo!»

4 El que se sienta en los cielos se sonríe, Yahveh se burla de ellos.

5 Luego en su cólera les habla, en su furor los aterra:

6 «Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo.»

7 Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El me ha dicho: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.

8 Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra.

9 Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero.»

10 Y ahora, reyes, comprended, corregíos, jueces de la tierra.

11 Servid a Yahveh con temor,

12 con temblor besad sus pies; no se irrite y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los que a él se acogen!

Salmo 3

(1) = Salmo. De David. Cuando huía de su hijo Absalón. =

1 (2) Yahveh, ¡cuán numerosos son mis adversarios, cuántos los que se alzan contra mí!

2 (3) ¡Cuántos los que dicen de mi vida: «No hay salvación para él en Dios!» = Pausa. =

3 (4) Mas tú, Yahveh, escudo que me ciñes, mi gloria, el que realza mi cabeza.

4 (5) A voz en grito clamo hacia Yahveh, y él me responde desde su santo monte. = Pausa. =

5 (6) Yo me acuesto y me duermo, me despierto, pues Yahveh me sostiene.

6 (7) No temo a esas gentes que a millares se apostan en torno contra mí.

7 (8) ¡Levántate, Yahveh! ¡Dios mío, sálvame! Tú hieres en la mejilla a todos mis enemigos, los dientes de los impíos tú los rompes.

8 (9) De Yahveh la salvación. Tu bendición sobre tu pueblo. = Pausa. =

Salmo 4

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De David. =

1 (2) Cuando clamo, respóndeme, oh Dios mi justiciero, en la angustia tú me abres salida; tenme piedad, escucha mi oración.

2 (3) Vosotros, hombres, ¿hasta cuándo seréis torpes de corazón, amando vanidad, rebuscando mentira? = Pausa. =

3 (4) ¡Sabed que Yahveh mima a su amigo, Yahveh escucha cuando yo le invoco.

4 (5) Temblad, y no pequéis; hablad con vuestro corazón en el lecho ¡y silencio! = Pausa. =

5 (6) Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Yahveh.

6 (7) Muchos dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha?» ¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro! Yahveh,

7 (8) tú has dado a mi corazón más alegría que cuando abundan ellos de trigo y vino nuevo.

8 (9) En paz, todo a una, yo me acuesto y me duermo, pues tú solo, Yahveh, me asientas en seguro.

Salmo 5

(1) = Del maestro de coro. Para flautas. Salmo. De David. =

1 (2) Escucha mis palabras, Yahveh, repara en mi lamento,

2 (3) atiende a la voz de mi clamor, oh mi Rey y mi Dios. Porque a ti te suplico,

3 (4) Yahveh; ya de mañana oyes mi voz; de mañana te presento mi súplica, y me quedo a la espera.

4 (5) Pues no eres tú un Dios que se complace en la impiedad, no es huésped tuyo el malo.

5 (6) No, los arrogantes no resisten delante de tus ojos. Detestas a todos los agentes de mal,

6 (7) pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y fraudulento le abomina Yahveh.

7 (8) Mas yo, por la abundancia de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me prosterno, lleno de tu temor.

8 (9) Guíame, Yahveh, en tu justicia, por causa de los que me acechan, allana tu camino ante mí.

9 (10) Que no hay en su boca lealtad, en su interior, tan sólo subversión; sepulcro abierto es su garganta, melosa muévese su lengua.

10 (11) Trátalos, oh Dios, como culpables, haz que fracasen sus intrigas; arrójalos por el exceso de sus crímenes, por rebelarse contra ti.

11 (12) Y se alegren los que a ti se acogen, se alborocen por siempre; tú los proteges, en ti exultan los que aman tu nombre.

12 (13) Pues tú bendices al justo, Yahveh, como un gran escudo tu favor le cubre.

Salmo 6

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo. De David. =

1 (2) Yahveh, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues.

2 (3) Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados,

3 (4) desmoronada totalmente mi alma, y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo?

4 (5) Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor.

5 (6) Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar?

6 (7) Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama;

7 (8) mi ojo está corroído por el tedio, ha envejecido entre opresores.

8 (9) Apartaos de mí todos los malvados, pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos.

9 (10) Yahveh ha oído mi súplica, Yahveh acoge mi oración.

10 (11) ¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados, retrocedan, súbitamente confundidos!

Salmo 7

(1) = Lamentación. De David. La que cantó a Yahveh a propósito del benjaminita Kus. =

1 (2) Yahveh, Dios mío, a ti me acojo, sálvame de todos mis perseguidores, líbrame;

2 (3) ¡que no arrebate como un león mi vida el que desgarra, sin que nadie libre!

3 (4) Yahveh, Dios mío, si algo de esto hice, si hay en mis manos injusticia,

4 (5) si a mi bienhechor con mal he respondido si he perdonado al opresor injusto,

5 (6) ¡que el enemigo me persiga y me alcance, estrelle mi vida contra el suelo, y tire mis entrañas por el polvo! = Pausa. =

6 (7) Levántate, Yahveh, en tu cólera, surge contra los arrebatos de mis opresores, despierta ya, Dios mío, tú que el juicio convocas.

7 (8) Que te rodee la asamblea de las naciones, y tú en lo alto vuélvete hacia ella.

8 (9) (Yahveh, juez de los pueblos.) Júzgame, Yahveh, conforme a mi justicia y según mi inocencia.

9 (10) Haz que cese la maldad de los impíos, y afianza al justo, tú que escrutas corazones y entrañas, oh Dios justo.

10 (11) Dios, el escudo que me cubre, el salvador de los de recto corazón;

11 (12) Dios, el juez justo, tardo a la cólera, pero Dios amenazante en todo tiempo

12 (13) para el que no se vuelve. Afile su espada el enemigo, tense su arco y lo apareje,

13 (14) para sí solo prepara armas de muerte, hace tizones de sus flechas;

14 (15) vedle en su preñez de iniquidad, malicia concibió, fracaso pare.

15 (16) Cavó una fosa, recavó bien hondo, mas cae en el hoyo que él abrió;

16 (17) revierte su obra en su cabeza, su violencia en su cerviz recae.

17 (18) Doy gracias a Yahveh por su justicia, salmodio al nombre de Yahveh, el Altísimo.

Salmo 8

(1) = Del maestro de coro. Según la... de Gat. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra! Tú que exaltaste tu majestad sobre los cielos,

2 (3) en boca de los niños, los que aún maman, dispones baluarte frente a tus adversarios, para acabar con enemigos y rebeldes.

3 (4) Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que fijaste tú,

4 (5) ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides?

5 (6) Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor;

6 (7) le hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies:

7 (8) ovejas y bueyes, todos juntos, y aun las bestias del campo,

8 (9) y las aves del cielo, y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas.

9 (10) ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra!

Salmo 9

(1) = Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo. De David. =

1 (2) =Alef= Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón, cantaré todas tus maravillas;

2 (3) quiero alegrarme y exultar en ti, salmodiar a tu nombre, Altísimo.

3 (4) =Bet= Mis enemigos retroceden, flaquean, perecen delante de tu rostro;

4 (5) pues tú has llevado mi juicio y mi sentencia, sentándote en el trono cual juez justo.

5 (6) =Guímel.= Has reprimido a las gentes, has perdido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás;

6 (7) acabado el enemigo, todo es ruina sin fin, has suprimido sus ciudades, perdido su recuerdo. =He.= He aquí que

7 (8) Yahveh se sienta para siempre, afianza para el juicio su trono;

8 (9) él juzga al orbe con justicia, a los pueblos con rectitud sentencia.

9 (10) =Vau.= ¡Sea Yahveh ciudadela para el oprimido, ciudadela en los tiempos de angustia!

10 (11) Y en ti confíen los que saben tu nombre, pues tú, Yahveh, no abandonas a los que te buscan.

11 (12) =Zain.= Salmodiad a Yahveh, que se sienta en Sión, publicad por los pueblos sus hazañas;

12 (13) que él pide cuentas de la sangre, y de ellos se acuerda, no olvida el grito de los desdichados.

13 (14) =Jet.= Tenme piedad, Yahveh, ve mi aflicción, tú que me recobras de las puertas de la muerte,

14 (15) para que yo cuente todas tus alabanzas a las puertas de la hija de Sión, gozoso de tu salvación.

15 (16) =Tet.= Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron, en la red que ocultaron, su pie quedó prendido.

16 (17) Yahveh se ha dado a conocer, ha hecho justicia, el impío se ha enredado en la obra de sus manos. = Sordina. = = Pausa. =

17 (18) =Yod= ¡Vuelvan los impíos al seol, todos los gentiles que de Dios se olvidan!

18 (19) =Kaf.= Que no queda olvidado el pobre eternamente, no se pierde por siempre la esperanza de los desdichados.

19 (20) ¡Levántate, Yahveh, no triunfe el hombre, sean juzgados los gentiles delante de tu rostro!

20 (21) Infunde tú, Yahveh, en ellos el terror, aprendan los gentiles que no son más que hombres. = Pausa. =

Salmo 10

1 = Lámed = ¿Por qué, Yahveh, te quedas lejos, te escondes en las horas de la angustia?

2 Por el orgullo del impío es perseguido el desdichado, queda preso en la trampa que le ha urdido.

3 = (Mem.) = Sí, el impío se jacta de los antojos de su alma, el avaro que bendice menosprecia a Yahveh,

4 = (Nun.) = el impío, insolente, no le busca: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.

5 En todo tiempo se afianzan sus caminos, allá arriba tus juicios muy lejos de él están, a todos sus rivales da soplidos.

6 Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!» = (Sámek.) = porque en desgracia no se ve,

7 maldice. = (Pe.) = De fraude y perfidia está llena su boca, bajo su lengua sólo maldad e iniquidad;

8 al acecho se aposta entre las cañas en los recodos mata al inocente. = (Ain.) = Todo ojos, espía al desvalido,

9 al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado arrastrándole en su red.

10 = (Sade.) = Espía, se agazapa, se encoge, el desvalido cae en su poder;

11 dice en su corazón: «Dios se ha olvidado, tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás.»

12 = Qof. = ¡Levántate, Yahveh, alza tu mano, oh Dios! ¡No te olvides de los desdichados!

13 ¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: «No vendrás a indagar?»

14 = Res. = Lo has visto ya, que la pena y la tristeza las miras tú para tomarlas en tu mano: el desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano.

15 = Sin. = ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado; indaga su impiedad sin dejar rastro!

16 ¡Yahveh es rey por siempre, por los siglos; los gentiles han sido barridos de su tierra!

17 = Tau. = El deseo de los humildes escuchas tú, Yahveh, su corazón confortas, alargas tus oídos,

18 para hacer justicia al huérfano, al vejado: ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!

Salmo 11 (10)

1 = Del maestro de coro. De David. = En Yahveh me cobijo; ¿cómo decís a mi alma: «Huye, pájaro, a tu monte?

2 «He aquí que los impíos tensan su arco, ajustan a la cuerda su saeta, para tirar en la sombra a los de recto corazón.

3 Si están en ruinas los cimientos, ¿que puede hacer el justo?»

4 Yahveh en su Templo santo, Yahveh, su trono está en los cielos; ven sus ojos el mundo, sus párpados exploran a los hijos de Adán.

5 Yahveh explora al justo y al impío; su alma odia a quien ama la violencia.

6 ¡Llueva sobre los impíos brasas y azufre, y un viento abrasador por porción de su copa!

7 Que es justo Yahveh y lo justo ama, los rectos contemplarán su rostro.

Salmo 12 (11)

(1) = Del maestro de coro. En octava. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Salva, Yahveh, que ya no hay fieles, se acabaron los veraces entre los hijos de Adán!

2 (3) Falsedad sólo dicen, cada cual a su prójimo, labios de engaño, lenguaje de corazones dobles.

3 (4) Arranque Yahveh todo labio tramposo, la lengua que profiere bravatas,

4 (5) los que dicen: «La lengua es nuestro fuerte, nuestros labios por nosotros, ¿quien va a ser amo nuestro?»

5 (6) Por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice Yahveh: auxilio traigo a quien por él suspira.

6 (7) Las palabras de Yahveh son palabras sinceras, plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada.

7 (8) Tú, Yahveh, los guardarás, los librarás de esta ralea para siempre;

8 (9) de todas partes se irán los impíos, colmo de vileza entre los hijos de Adán.

Salmo 13 (12)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) ¿Hasta cuándo, Yahveh, me olvidarás? ¿Por siempre? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

2 (3) ¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma, en mi corazón angustia, día y noche? ¿Hasta cuándo triunfará sobre mí mi enemigo?

3 (4) ¡Mira, respóndeme, Yahveh, Dios mío! ¡Ilumina mis ojos, no me duerma en la muerte,

4 (5) no diga mi enemigo: «¡Le he podido!», no exulten mis adversarios al verme vacilar!

5 (6) Que yo en tu amor confío; en tu salvación mi corazón exulte.

6 ¡A Yahveh cantaré por el bien que me ha hecho Salmodiaré al nombre de Yahveh, el Altísimo!

Salmo 14 (13)

= Sal 53.

(1) = Del maestro de coro. De David. = 1 Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.

2 Se asoma Yahveh desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay un sensato, alguien que busque a Dios.

3 Todos ellos están descarriados, en masa pervertidos. No hay nadie que haga el bien. ni uno siquiera.

4 ¿No aprenderán todos los agentes de mal que comen a mi pueblo como se come el pan, y a Yahveh no invocan?

5 Allí de espanto temblarán donde nada hay que espante, que Dios está por la raza del justo:

6 de los planes del desdichado os burláis. mas Yahveh es su refugio.

7 ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel? Cuando cambie Yahveh la suerte de su pueblo, exultará Jacob, se alegrará Israel.

Salmo 15 (14)

(1) = Salmo. De David. =

1 Yahveh, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte?

2 El que ando sin tacha, y obra la justicia; que dice la verdad de corazón,

3 y no calumnia con su lengua; que no daña a su hermano, ni hace agravio a su prójimo;

4 con menosprecio mira al réprobo, mas honra a los que temen a Yahveh; que jura en su perjuicio y no retracta,

5 no presta a usura su dinero, ni acepta soborno en daño de inocente. Quien obra así jamás vacilará.

Salmo 16 (15)

(1) = A media voz. De David. =

1 Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio.

2 Yo digo a Yahveh: «Tú eres mi Señor. mi bien, nada hay fuera de ti»;

3 ellos, en cambio, a los santos que hay en la tierra: «¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!».

4 Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo. Mas yo jamás derramaré sus libámenes de sangre, jamás tomaré sus nombres en mis labios.

5 Yahveh, la parte de mi herencia y de mi copa, tú mi suerte aseguras;

6 la cuerda me asigna un recinto de delicias, mi heredad es preciosa para mí.

7 Bendigo a Yahveh que me aconseja; aun de noche mi conciencia me instruye;

8 pongo a Yahveh ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra, no vacilo.

9 Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan, y hasta mi carne en seguro descansa;

10 pues no has de abandonar mi alma al seol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa.

11 Me enseñarás el caminó de la vida, hartura de goces, delante de tu rostro, a tu derecha, delicias para siempre.

Salmo 17 (16)

(1) = Oración. De David. =

1 Escucha, Yahveh, la justicia, atiende a mi clamor, presta oído a mi plegaria, que no es de labios engañosos.

2 Mi juicio saldrá de tu presencia, tus ojos ven lo recto.

3 Mi corazón tú sondas, de noche me visitas; me pruebas al crisol sin hallar nada malo en mí; mi boca no claudica

4 al modo de los hombres. La palabra de tus labios he guardado, por las sendas trazadas

5 ajustando mis pasos; por tus veredas no vacilan mis pies.

6 Yo te llamo, que tú, oh Dios, me respondes, tiende hacia mí tu oído, escucha mis palabras,

7 haz gala de tus gracias, tú que salvas a los que buscan a tu diestra refugio contra los que atacan.

8 Guárdame como la pupila de los ojos, escóndeme a la sombra de tus alas

9 de esos impíos que me acosan, enemigos ensañados que me cercan.

10 Están ellos cerrados en su grasa, hablan, la arrogancia en la boca.

11 Avanzan contra mí, ya me cercan, me clavan sus ojos para tirarme al suelo.

12 Son como el león ávido de presa, o el leoncillo agazapado en su guarida.

13 ¡Levántate, Yahveh, hazle frente, derríbale; libra con tu espada mi alma del impío,

14 de los mortales, con tu mano, Yahveh, de los mortales de este mundo, cuyo lote es la vida! ¡De tus reservas llénales el vientre, que sus hijos se sacien, y dejen las sobras para sus pequeños!

15 Mas yo, en la justicia, contemplaré tu rostro, al despertar me hartaré de tu imagen.

Salmo 18 (17)

(1) = Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. =

(2) = Dijo: =

1 Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado).

2 (3) Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio.

3 (4) Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.

4 (5) Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial,

5 (6) los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte.

6 (7) Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos.

7 (8) La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor);

8 (9) una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos).

9 (10) El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies;

10 (11) cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó.

11 (12) Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones;

12 (13) del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego.

13 (14) Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz;

14 (15) arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota.

15 (16) El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices.

16 (17) El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas;

17 (18) me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo.

18 (19) Me aguardaban el día de mi ruina, más Yahveh fue un apoyo para mí;

19 (20) me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba.

20 (21) Yahveh me recompensa conforme a mi justicia, me paga conforme a la pureza de mis manos;

21 (22) porque he guardado los caminos de Yahveh, y no he hecho el mal lejos de mi Dios.

22 (23) Porque tengo ante mí todos sus juicios, y sus preceptos no aparto de mi lado;

23 (24) he sido ante él irreprochable, y de incurrir en culpa me he guardado.

24 (25) Y Yahveh me devuelve según mi justicia, según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos.

25 (26) Con el piadoso eres piadoso, intachable con el hombre sin tacha;

26 (27) con el puro eres puro, con el ladino, sagaz;

27 (28) tú que salvas al pueblo humilde, y abates los ojos altaneros.

28 (29) Tú eres, Yahveh, mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas;

29 (30) con tu ayuda las hordas acometo, con mi Dios escalo la muralla.

30 (31) Dios es perfecto en sus caminos, la palabra de Yahveh acrisolada. El es el escudo de cuantos a él se acogen.

31 (32) Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios?

32 (33) El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable,

33 (34) que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie,

34 (35) el que mis manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce.

35 (36) Tú me das tu escudo salvador, (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta,

36 (37) mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos.

37 (38) Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado;

38 (39) los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies.

39 (40) Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores,

40 (41) a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian.

41 (42) Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde.

42 (43) Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso.

43 (44) De las querellas de mi pueblo tú me libras, me pones a la cabeza de las gentes; pueblos que no conocía me sirven;

44 (45) los hijos de extranjeros me adulan, son todo oídos, me obedecen,

45 (46) los hijos de extranjeros desmayan, y dejan temblando sus refugios.

46 (47) ¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca, el Dios de mi salvación sea ensalzado,

47 (48) el Dios que la venganza me concede y abate los pueblos a mis plantas!

48 (49) Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas.

49 (50) Por eso he de alabarte entre los pueblos, a tu nombre, Yahveh, salmodiaré.

50 (51) El hace grandes las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y a su linaje para siempre.

Salmo 19 (18)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento;

2 (3) el día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche trasmite la noticia.

3 (4) No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír;

4 (5) mas por toda la tierra se adivinan los rasgos, y sus giros hasta el confín del mundo. En el mar levantó para el sol una tienda,

5 (6) y él, como un esposo que sale de su tálamo, se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.

6 (7) A un extremo del cielo es su salida, y su órbita llega al otro extremo, sin que haya nada que a su ardor escape.

7 (8) La ley de Yahveh es perfecta, consolación del alma, el dictamen de Yahveh, veraz, sabiduría del sencillo.

8 (9) Los preceptos de Yahveh son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahveh, luz de los ojos.

9 (10) El temor de Yahveh es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahveh, justos todos ellos,

10 (11) apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales.

11 (12) Por eso tu servidor se empapa en ellos, gran ganancia es guardarlos.

12 (13) Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame.

13 (14) Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre mí. Entonces seré irreprochable, de delito grave exento.

14 (15) ¡Sean gratas las palabras de mi boca, y el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahveh, roca mía, mi redentor.

Salmo 20 (19)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Yahveh te responda el día de la angustia, protéjate el nombre del Dios de Jacob!

2 (3) El te envíe socorro desde su santuario, desde Sión sea tu apoyo.

3 (4) Se acuerde de todas tus ofrendas, halle sabroso tu holocausto; = Pausa. =

4 (5) te otorgue según tu corazón, cumpla todos tus proyectos.

5 (6) ¡Y nosotros aclamemos tu victoria, de nuestro Dios el nombre tremolemos! ¡Cumpla Yahveh todas tus súplicas!

6 (7) Ahora conozco que Yahveh dará la salvación a su ungido; desde su santo cielo le responderá con las proezas victoriosas de su diestra.

7 (8) Unos con los carros, otros con los caballos, nosotros invocamos el nombre de Yahveh, nuestro Dios.

8 (9) Ellos se doblegan y caen, y nosotros en pie nos mantenemos.

9 (10) ¡Oh Yahveh, salva al rey, respóndenos el día de nuestra súplica!

Salmo 21 (20)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) Yahveh, en tu fuerza se regocija el rey; ¡oh, y cómo le colma tu salvación de júbilo!

2 (3) Tú le has otorgado el deseo de su corazón, no has rechazado el anhelo de sus labios. = Pausa. =

3 (4) Pues le precedes de venturosas bendiciones, has puesto en su cabeza corona de oro fino;

4 (5) vida te pidió y se la otorgaste, largo curso de días para siempre jamás.

5 (6) Gran gloria le da tu salvación, le circundas de esplendor y majestad;

6 (7) bendiciones haces de él por siempre, le llenas de alegría delante de tu rostro.

7 (8) Sí, en Yahveh confía el rey, y por gracia del Altísimo no ha de vacilar.

8 (9) Tu mano alcanzará a todos tus enemigos, tu diestra llegará a los que te odian;

9 (10) harás de ellos como un horno de fuego, el día de tu rostro; Yahveh los tragará en su cólera, y el fuego los devorará;

10 (11) harás perecer su fruto de la tierra, y su semilla de entre los hijos de Adán.

11 (12) Aunque ellos intenten daño contra ti, aunque tramen un plan, nada podrán.

12 (13) Que tú les harás volver la espalda, ajustarás tu arco contra ellos.

13 (14) ¡Levántate, Yahveh, con tu poder, y cantaremos, salmodiaremos a tu poderío!

Salmo 22 (21)

(1) = Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David. =

1 (2) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos!

2 (3) Dios mío, de día clamo, y no respondes, también de noche, no hay silencio para mí.

3 (4) ¡Mas tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel!

4 (5) En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste;

5 (6) a ti clamaron, y salieron salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos.

6 (7) Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo,

7 (8) todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza:

8 (9) «Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre, que le salve, puesto que le ama!»

9 (10) Sí, tú del vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi madre;

10 (11) a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios.

11 (12) ¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro!

12 (13) Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán;

13 (14) ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen.

14 (15) Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas.

15 (16) Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte.

16 (17) Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies.

17 (18) Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran,

18 (19) repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica.

19 (20) ¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía,

20 (21) libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro;

21 (22) sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos!

22 (23) ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!:

23 (24) «Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel».

24 (25) Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó.

25 (26) De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen.

26 (27) Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!»

27 (28) Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes.

28 (29) Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones.

29 (30) Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva,

30 (31) le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad

31 (32) venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.

Salmo 23 (22)

(1) = Salmo. De David. =

1 Yahveh es mi pastor, nada me falta.

2 Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce,

3 y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre.

4 Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.

5 Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa.

6 Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días.

Salmo 24 (23)

(1) = Salmo. De David. =

1 De Yahveh es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él habitan;

2 que él lo fundó sobre los mares, él lo asentó sobre los ríos.

3 ¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo?

4 El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura.

5 El logrará la bendición de Yahveh, la justicia del Dios de su salvación.

6 Tal es la raza de los que le buscan, los que van tras tu rostro, oh Dios de Jacob. = Pausa. =

7 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!

8 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh, el fuerte, el valiente, Yahveh, valiente en la batalla.

9 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!

10 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh Sebaot, él es el rey de gloria. = Pausa =

Salmo 25 (24)

(1) = De David =

1 = Alef. = A ti, Yahveh, levanto mi alma,

2 oh Dios mío. = Bet. = En ti confío, ¡no sea confundido, no triunfen de mí mis enemigos!

3 = Guimel. = No hay confusión para el que espera en ti, confusión sólo para el que traiciona sin motivo.

4 = Dálet. = Muéstrame tus caminos, Yahveh, enséñame tus sendas.

5 = He. = Guíame en tu verdad, enséñame, que tú eres el Dios de mi salvación. = (Vau) = En ti estoy esperando todo el día,

6 = Zain. = Acuérdate, Yahveh, de tu ternura, y de tu amor, que son de siempre.

7 = Jet. = De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor, acuérdate de mí. por tu bondad, Yahveh.

8 = Tet. = Bueno y recto es Yahveh; por eso muestra a los pecadores el camino;

9 = Yod. = conduce en la justicia a los humildes, y a los pobres enseña su sendero.

10 = Kaf. = Todas las sendas de Yahveh son amor y verdad para quien guarda su alianza y sus dictámenes.

11 = Lámed. = Por tu nombre, oh Yahveh, perdona mi culpa, porque es grande.

12 = Mem. = Si hay un hombre que tema a Yahveh, él le indica el camino a seguir;

13 = Nun. = su alma mora en la felicidad, y su estirpe poseerá la tierra.

14 = Sámek. = El secreto de Yahveh es para quienes le temen, su alianza, para darles cordura.

15 = Ain. = Mis ojos están fijos en Yahveh, que él sacará mis pies del cepo.

16 = Pe. = Vuélvete a mí, tenme piedad, que estoy solo y desdichado.

17 = Sade. = Alivia los ahogos de mi corazón, hazme salir de mis angustias.

18 = (Qof.) = Ve mi aflicción y mi penar, quita todos mis pecados.

19 = Res. = Mira cuántos son mis enemigos, cuán violento el odio que me tienen.

20 = Sin. = Guarda mi alma, líbrame, no quede confundido, cuando en ti me cobijo.

21 = Tau. = Inocencia y rectitud me amparen, que en ti espero, Yahveh.

22 Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias.

Salmo 26 (25)

(1) = De David. =

1 Hazme justicia, Yahveh, pues yo camino en mi entereza, me apoyo en Yahveh y no vacilo.

2 Escrútame, Yahveh, ponme a prueba, pasa al crisol mi conciencia y mi corazón;

3 está tu amor delante de mis ojos, y en tu verdad camino.

4 No voy a sentarme con los falsos, no ando con hipócritas;

5 odio la asamblea de malhechores, y al lado de los impíos no me siento.

6 Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar, Yahveh,

7 haciendo resonar la acción de gracias, todas tus maravillas pregonando;

8 amo, Yahveh, la belleza de tu Casa, el lugar de asiento de tu gloria.

9 No juntes mi alma con los pecadores, ni mi vida con los hombres sanguinarios,

10 que tienen en sus manos la infamia, y su diestra repleta de soborno.

11 Yo, en cambio, camino en mi entereza; rescátame, ten piedad de mí;

12 mi pie está firme en suelo llano; a ti, Yahveh, bendeciré en las asambleas.

Salmo 27 (26)

(1) = De David. =

1 Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?

2 Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

3 Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.

4 Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo.

5 Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.

6 Y ahora se alza mi cabeza sobre mis enemigos que me hostigan; en su tienda voy a sacrificar. sacrificios de aclamación. Cantaré, salmodiaré a Yahveh.

7 Escucha, Yahveh, mi voz que clama, ¡tenme piedad, respóndeme!

8 Dice de ti mi corazón: «Busca su rostro.» Sí, Yahveh, tu rostro busco:

9 No me ocultes tu rostro. No rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio. No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.

10 Si mi padre y mi madre me abandonan, Yahveh me acogerá.

11 Enséñame tu camino, Yahveh, guíame por senda llana, por causa de los que me asechan;

12 no me entregues al ansia de mis adversarios, pues se han alzado contra mí falsos testigos, que respiran violencia.

13 ¡Ay, si estuviera seguro de ver la bondad de Yahveh en la tierra de los vivos!

14 Espera en Yahveh, ten valor y firme corazón, espera en Yahveh.

Salmo 28 (27)

(1) = De David. =

1 Hacia ti clamo, Yahveh, roca mía, no estés mudo ante mí; no sea yo, ante tu silencio, igual que los que bajan a la fosa.

2 Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia ti, cuando elevo mis manos, oh Yahveh, al santuario de tu santidad.

3 No me arrebates con los impíos, ni con los agentes de mal, que hablan de paz a su vecino, mas la maldad está en su corazón.

4 Dales, Yahveh, conforme a sus acciones, y a la malicia de sus hechos, según la obra de sus manos trátales, págales con su misma moneda.

5 Pues no comprenden los hechos de Yahveh, la obra de sus manos: ¡derríbelos él y no los rehabilite!

6 ¡Bendito sea Yahveh, que ha oído la voz de mis plegarias!

7 Yahveh mi fuerza, escudo mío, en él confió mi corazón y he recibido ayuda: mi carne de nuevo ha florecido, le doy gracias de todo corazón.

8 Yahveh, fuerza de su pueblo, fortaleza de salvación para su ungido.

9 Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, pastoréalos y llévalos por siempre.

Salmo 29 (28)

(1) = Salmo. De David. =

1 ¡Rendid a Yahveh, hijos de Dios, rendid a Yahveh gloria y poder!

2 Rendid a Yahveh la gloria de su nombre, postraos ante Yahveh en esplendor sagrado.

3 Voz de Yahveh sobre las aguas; el Dios de gloria truena, ¡es Yahveh, sobre las muchas aguas!

4 Voz de Yahveh con fuerza, voz de Yahveh con majestad.

5 Voz de Yahveh que desgaja los cedros, Yahveh desgaja los cedros del Líbano,

6 hace brincar como un novillo al Líbano, y al Sarión como cría de búfalo.

7 Voz de Yahveh que afila llamaradas.

8 Voz de Yahveh, que sacude el desierto, sacude Yahveh el desierto de Cadés.

9 Voz de Yahveh, que estremece las encinas, y las selvas descuaja, mientras todo en su Templo dice: ¡Gloria!

10 Yahveh se sentó para el diluvio, Yahveh se sienta como rey eterno.

11 Yahveh da el poder a su pueblo, Yahveh bendice a su pueblo con la paz.

Salmo 30 (29)

(1) = Salmo. Cántico para la dedicación de la Casa. De David. =

1 (2) Yo te ensalzo, Yahveh, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos.

2 (3) Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste.

3 (4) Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa.

4 (5) Salmodiad a Yahveh los que le amáis, alabad su memoria sagrada.

5 (6) De un instante es su cólera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de alborozo.

6 (7) Y yo en mi paz decía: «Jamás vacilaré.»

7 (8) Yahveh, tu favor me afianzaba sobre fuertes montañas; mas retiras tu rostro y ya estoy conturbado.

8 (9) A ti clamo, Yahveh, a mi Dios piedad imploro:

9 (10) ¿Qué ganancia en mi sangre, en que baje a la fosa? ¿Puede alabarte el polvo, anunciar tu verdad?

10 (11) ¡Escucha, Yahveh, y ten piedad de mí! ¡Sé tú, Yahveh, mi auxilio!

11 (12) Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría;

12 (13) mi corazón por eso te salmodiará sin tregua; Yahveh, Dios mío, te alabaré por siempre.

Salmo 31 (30)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) En ti, Yahveh, me cobijo, ¡oh, no sea confundido jamás! ¡Recóbrame por tu justicia, líbrame,

2 (3) tiende hacia mí tu oído, date prisa! Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve;

3 (4) pues mi roca eres tú, mi fortaleza, y, por tu nombre, me guías y diriges.

4 (5) Sácame de la red que me han tendido, que tú eres mi refugio;

5 (6) en tus manos mi espíritu encomiendo, tú, Yahveh, me rescatas. Dios de verdad,

6 (7) tú detestas a los que veneran vanos ídolos; mas yo en Yahveh confío:

7 (8) ¡exulte yo y en tu amor me regocije! Tú que has visto mi miseria, y has conocido las angustias de mi alma,

8 (9) no me has entregado en manos del enemigo, y has puesto mis pies en campo abierto.

9 (10) Tenme piedad, Yahveh, que en angustias estoy. De tedio se corroen mis ojos, mi alma, mis entrañas.

10 (11) Pues mi vida se consume en aflicción, y en suspiros mis años; sucumbe mi vigor a la miseria, mis huesos se corroen.

11 (12) De todos mis opresores me he hecho el oprobio; asco soy de mis vecinos, espanto de mis familiares. Los que me ven en la calle huyen lejos de mí;

12 (13) dejado estoy de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho.

13 (14) Escucho las calumnias de la turba, terror por todos lados, mientras se aúnan contra mí en conjura, tratando de quitarme la vida.

14 (15) Mas yo confío en ti, Yahveh, me digo: «¡Tú eres mi Dios!»

15 (16) Está en tus manos mi destino, líbrame de las manos de mis enemigos y perseguidores;

16 (17) haz que alumbre a tu siervo tu semblante, ¡sálvame, por tu amor!

17 (18) Yahveh, no haya confusión para mí, que te invoco, ¡confusión sólo para los impíos; que bajen en silencio al seol,

18 (19) enmudezcan los labios mentirosos que hablan con insolencia contra el justo, con orgullo y desprecio!

19 (20) ¡Qué grande es tu bondad, Yahveh! Tú la reservas para los que te temen, se la brindas a los que a ti se acogen, ante los hijos de Adán.

20 (21) Tú los escondes en el secreto de tu rostro, lejos de las intrigas de los hombres; bajo techo los pones a cubierto de la querella de las lenguas.

21 (22) ¡Bendito sea Yahveh que me ha brindado maravillas de amor (en ciudad fortificada)!

22 (23) ¡Y yo que decía en mi inquietud: «Estoy dejado de tus ojos!» Mas tú oías la voz de mis plegarias, cuando clamaba a ti.

23 (24) Amad a Yahveh, todos sus amigos; a los fieles protege Yahveh, pero devuelve muy sobrado al que obra por orgullo.

24 (25) ¡Valor, que vuestro corazón se afirme, vosotros todos que esperáis en Yahveh!

Salmo 32 (31)

(1) = De David. Poema. =

1 ¡Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado!

2 Dichoso el hombre a quien Yahveh no le cuenta el delito, y en cuyo espíritu no hay fraude.

3 Cuando yo me callaba, se sumían mis huesos en mi rugir de cada día,

4 mientras pesaba, día y noche, tu mano sobre mí; mi corazón se alteraba como un campo en los ardores del estío. = Pausa. =

5 Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado. = Pausa. =

6 Por eso te suplica todo el que te ama en la hora de la angustia. Y aunque las muchas aguas se desborden, no le alcanzarán.

7 Tú eres un cobijo para mí, de la angustia me guardas, estás en torno a mí para salvarme. = Pausa. =

8 Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; fijos en ti los ojos, seré tu consejero.

9 No seas cual caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hace falta para domar su brío, si no, no se te acercan.

10 Copiosas son las penas del impío, al que confía en Yahveh el amor le envuelve.

11 ¡Alegraos en Yahveh, oh justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!

Salmo 33 (32)

1 ¡Gritad de júbilo, justos, por Yahveh!, de los rectos es propia la alabanza;

2 ¡dad gracias a Yahveh con la cítara, salmodiad para él al arpa de diez cuerdas;

3 cantadle un cantar nuevo, tocad la mejor música en la aclamación!

4 Pues recta es la palabra de Yahveh, toda su obra fundada en la verdad;

5 él ama la justicia y el derecho, del amor de Yahveh está llena la tierra.

6 Por la palabra de Yahveh fueron hechos los cielos por el soplo de su boca toda su mesnada.

7 El recoge, como un dique, las aguas del mar, en depósitos pone los abismos.

8 ¡Tema a Yahveh la tierra entera, ante él tiemblen todos los que habitan el orbe!

9 Pues él habló y fue así, mandó él y se hizo.

10 Yahveh frustra el plan de las naciones, hace vanos los proyectos de los pueblos;

11 mas el plan de Yahveh subsiste para siempre, los proyectos de su corazón por todas las edades.

12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahveh, el pueblo que se escogió por heredad!

13 Yahveh mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán;

14 desde el lugar de su morada observa a todos los habitantes de la tierra,

15 él, que forma el corazón de cada uno, y repara en todas sus acciones.

16 No queda a salvo el rey por su gran ejército, ni el bravo inmune por su enorme fuerza.

17 Vana cosa el caballo para la victoria, ni con todo su vigor puede salvar.

18 Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor,

19 para librar su alma de la muerte, y sostener su vida en la penuria.

20 Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo;

21 en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos.

22 Sea tu amor, Yahveh, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza.

Salmo 34 (33)

(1) = De David. Cuando fingiéndose demente ante Abimélek, fue despachado por él y se marchó. =

1 (2) = Alef. = Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza;

2 (3) = Bet. = en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren!

3 (4) = Guimel. = Engrandeced conmigo a Yahveh, ensalcemos su nombre todos juntos.

4 (5) = Dálet. = He buscado a Yahveh, y me ha respondido: me ha librado de todos mis temores.

5 (6) = He. = Los que miran hacia él, refulgirán: no habrá sonrojo en su semblante.

6 (7) = Zain. = Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y le salva de todas sus angustias.

7 (8) = Jet. = Acampa el ángel de Yahveh en torno a los que le temen y los libra.

8 (9) = Tet. = Gustad y ved qué bueno es Yahveh, dichoso el hombre que se cobija en él.

9 (10) = Yod. = Temed a Yahveh vosotros, santos suyos, que a quienes le temen no les falta nada.

10 (11) = Kaf. = Los ricos quedan pobres y hambrientos, mas los que buscan a Yahveh de ningún bien carecen.

11 (12) = Lámed. = Venid, hijos, oídme, el temor de Yahveh voy a enseñaros.

12 (13) = Mem. = ¿Quién es el hombre que apetece la vida, deseoso de días para gozar de bienes?

13 (14) = Nun. = Guarda del mal tu lengua, tus labios de decir mentira;

14 (15) = Sámek. = apártate del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella.

15 (16) = Ain. = Los ojos de Yahveh sobre los justos, y sus oídos hacia su clamor,

16 (17) = Pe = el rostro de Yahveh contra los malhechores, para raer de la tierra su memoria.

17 (18) = Sade. = Cuando gritan aquéllos, Yahveh oye, y los libra de todas sus angustias;

18 (19) = Qof. = Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón. él salva a los espíritus hundidos.

19 (20) = Res. = Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libera Yahveh;

20 (21) = Sin. = todos sus huesos guarda, no será quebrantado ni uno solo.

21 (22) = Tau. = La malicia matará al impío, los que odian al justo lo tendrán que pagar.

22 (23) Yahveh rescata el alma de sus siervos, nada habrán de pagar los que en él se cobijan.

Salmo 35 (34)

(1) = De David. =

1 Ataca, Yahveh, a los que me atacan, combate a quienes me combaten;

2 embraza el escudo y el pavés, y álzate en mi socorro;

3 blande la lanza y la pica contra mis perseguidores. Di a mi alma: «Yo soy tu salvación.»

4 ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos que andan buscando mi vida! ¡Vuelvan atrás y queden confundidos los que mi mal maquinan!

5 ¡Sean lo mismo que la paja al viento, por el ángel de Yahveh acosados;

6 sea su camino tiniebla y precipicio, perseguidos por el ángel de Yahveh!

7 Pues sin causa me han tendido su red, han cavado una fosa para mí.

8 ¡Sobre cada uno de ellos caiga de improviso la ruina: le prenda la red que había tendido, y en su fosa se hunda!

9 Y mi alma exultará en Yahveh, en su salvación se gozará.

10 Dirán todos mis huesos: Yahveh, ¿quién como tú, para librar al débil del más fuerte, al pobre de su expoliador?

11 Testigos falsos se levantan, sobre lo que ignoro me interrogan;

12 me pagan mal por bien, ¡desolación para mi alma!

13 Yo, en cambio, cuando eran ellos los enfermos, vestido de sayal, me humillaba con ayuno, y en mi interior repetía mi oración;

14 como por un amigo o un hermano iba y venía, como en duelo de una madre, sombrío me encorvaba.

15 Ellos se ríen de mi caída, se reúnen, sí, se reúnen contra mí; extranjeros, que yo no conozco, desgarran sin descanso;

16 si caigo, me rodean rechinando sus dientes contra mí.

17 ¿Cuánto tiempo, Señor, te quedarás mirando? Recobra mi alma de sus garras, de los leones mi vida.

18 Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre un pueblo copioso.

19 No se rían de mí, mis enemigos pérfidos, ni se guiñen sus ojos los que me odian sin razón.

20 Pues no es de paz de lo que hablan a los pacíficos de la tierra; mascullan palabras de perfidia,

21 abren bien grande su boca contra mí; dicen: «¡Ja, Ja, nuestros ojos lo han visto!»

22 Tú lo has visto, Yahveh, no te quedes callado, Señor, no estés lejos de mí;

23 despiértate, levántate a mi juicio, en defensa de mi causa, oh mi Dios y Señor;

24 júzgame conforme a tu justicia, oh Yahveh, ¡Dios mío, no se rían de mí!

25 No digan en su corazón: «¡Ajá, lo que queríamos!» No digan: «¡Le hemos engullido!»

26 ¡Vergüenza y confusión caigan a una sobre los que se ríen de mi mal; queden cubiertos de vergüenza y de ignominia los que a mi costa medran!

27 Exulten y den gritos de júbilo los que en mi justicia se complacen, y digan sin cesar: «¡Grande es Yahveh, que en la paz de su siervo se complace!»

28 Y tu justicia musitará mi lengua, todo el día tu alabanza.

Salmo 36 (35)

(1) = Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh. De David. =

1 (2) Un oráculo para el impío es el pecado en el fondo de su corazón; temor de Dios no existe delante de sus ojos.

2 (3) Con ojo harto lisonjero se mira, para encontrar y detestar su culpa;

3 (4) las palabras de su boca, iniquidad y engaño; renunció a ser sensato, a hacer el bien.

4 (5) Sólo maquina iniquidad sobre su lecho; en un camino que no es bueno se obstina y no reprueba el mal.

5 (6) Oh Yahveh, en los cielos tu amor, hasta las nubes tu verdad;

6 (7) tu justicia, como los montes de Dios, tus juicios, como el hondo abismo. A hombres y bestias salvas tú, Yahveh,

7 (8) oh Dios, ¡qué precioso tu amor! Por eso los hijos de Adán, a la sombra de tus alas se cobijan.

8 (9) Se sacian de la grasa de tu Casa, en el torrente de tus delicias los abrevas;

9 (10) en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz.

10 (11) Guarda tu amor a los que te conocen, y tu justicia a los de recto corazón.

11 (12) ¡Que el pie del orgullo no me alcance, ni la mano de los impíos me avente!

12 (13) Ved cómo caen los agentes de mal, abatidos, no pueden levantarse.

Salmo 37 (36)

(1) = De David. =

1 = Alef. = No te acalores por causa de los malos, no envidies a los que hacen injusticia.

2 Pues aridecen presto como el heno, como la hierba tierna se marchitan.

3 = Bet. = Ten confianza en Yahveh y obra el bien, vive en la tierra y crece en paz,

4 ten tus delicias en Yahveh, y te dará lo que pida tu corazón.

5 = Guimel. = Pon tu suerte en Yahveh, confía en él, que él obrará;

6 hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía.

7 = Dálet. = Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas.

8 = He. = Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor;

9 pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra.

10 = Vau. = Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está;

11 mas poseerán la tierra los humildes, y gozarán de inmensa paz.

12 = Zain. = El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él;

13 el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día.

14 = Jet. = Desenvainan la espada los impíos, tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre, para matar a los rectos de conducta;

15 su espada entrará en su propio corazón, y sus arcos serán rotos.

16 = Tet. = Lo poco del justo vale más que la mucha abundancia del impío;

17 pues los brazos de los impíos serán rotos, mientras que a los justos los sostiene Yahveh.

18 = Yod. = Yahveh conoce los días de los íntegros, su herencia será eterna;

19 no serán confundidos en tiempo de desgracia, en días de penuria gozarán de hartura.

20 = Kaf. = Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán.

21 = Lámed. = Toma el impío prestado y no devuelve, mas el justo es compasivo y da;

22 los que él bendice poseerán la tierra, los que él maldice serán exterminados.

23 = Mem. = De Yahveh penden los pasos del hombre, firmes son y su camino le complace;

24 aunque caiga, no se queda postrado, porque Yahveh la mano le sostiene.

25 = Nun. = Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan.

26 En todo tiempo es compasivo y presta, su estirpe vivirá en bendición.

27 = Sámek. = Apártate del mal y obra el bien, tendrás para siempre una morada;

28 porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. = Ain. = Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada;

29 los justos poseerán la tierra, y habitarán en ella para siempre.

30 La boca del justo sabiduría susurra, su lengua habla rectitud;

31 la ley de su Dios está en su corazón, sus pasos no vacilan.

32 Espía el impío al justo, y busca darle muerte;

33 en su mano Yahveh no le abandona, ni deja condenarle al ser juzgado.

34 Espera en Yahveh y guarda su camino, él te exaltará a la herencia de la tierra, el exterminio de los impíos verás.

35 He visto al impío muy arrogante empinarse como un cedro del Líbano;

36 pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró.

37 Observa al perfecto, mira al íntegro: hay descendencia para el hombre de paz;

38 pero los rebeldes serán a una aniquilados, y la posteridad de los impíos extirpada.

39 La salvación de los justos viene de Yahveh, él su refugio en tiempo de angustia;

40 Yahveh los ayuda y los libera, de los impíos él los libra, los salva porque a él se acogen.

Salmo 38 (37)

(1) = Salmo De David. En memoria. =

1 (2) Yahveh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues.

2 (3) Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí;

3 (4) nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado.

4 (5) Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí;

5 (6) mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura;

6 (7) encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día.

7 (8) Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne;

8 (9) entumecido, molido totalmente, me hace rugir la convulsión del corazón.

9 (10) Señor, todo mi anhelo ante tus ojos, mi gemido no se te oculta a ti.

10 (11) Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta.

11 (12) Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan;

12 (13) y tienden lazos los que buscan mi alma, los que traman mi mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo fraudes.

13 (14) Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca;

14 (15) sí, soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios.

15 (16) Que en ti, Yahveh, yo espero, tú responderás, Señor, Dios mío.

16 (17) He dicho: «! No se rían de mí, no me dominen cuando mi pie resbale!».

17 (18) Y ahora ya estoy a punto de caída, mi tormento sin cesar está ante mí.

18 (19) Sí, mi culpa confieso, acongojado estoy por mi pecado.

19 (20) Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son los que sin causa me odian,

20 (21) los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco.

21 (22) ¡No me abandones, tú, Yahveh, Dios mío, no estés lejos de mí!

22 (23) Date prisa a auxiliarme, oh Señor, mi salvación!

Salmo 39 (38)

(1) = Del maestro de coro. De Yedutún. Salmo. De David. =

1 (2) Yo me decía: «Guardaré mis caminos, sin pecar con mi lengua, pondré un freno en mi boca, mientras esté ante mí el impío.»

2 (3) Enmudecí, quedé en silencio y calma: mas al ver su dicha se enconó mi tormento.

3 (4) Dentro de mí mi corazón se acaloraba, de mi queja prendió el fuego, y mi lengua llegó a hablar:

4 (5) «Hazme saber, Yahveh, mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que sepa yo cuán frágil soy.

5 (6) «Oh sí, de unos palmos hiciste mis días, mi existencia cual nada es ante ti; sólo un soplo, todo hombre que se yergue,

6 (7) nada más una sombra el humano que pasa, sólo un soplo las riquezas que amontona, sin saber quién las recogerá.»

7 (8) Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar? En ti está mi esperanza.

8 (9) De todas mis rebeldías líbrame, no me hagas la irrisión del insensato.

9 (10) Me callo ya, no abro la boca, pues eres tú el que actúas.

10 (11) Retira de mí tus golpes, bajo el azote de tu mano me anonado.

11 (12) Reprendiendo sus yerros tú corriges al hombre, cual polilla corroes su anhelos. Un soplo sólo, todo hombre. = Pausa. «=

12 (13) Escucha mi súplica, Yahveh, presta oído a mi grito, no te hagas sordo a mis lágrimas. Pues soy un forastero junto a ti, un huésped como todos mis padres.

13 (14) ¡Retira tu mirada para que respire antes que me vaya y ya no exista más!

Salmo 40 (39)

(1) = Del maestro de coro. De David. Salmo. =

1 (2) En Yahveh puse toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.

2 (3) Me sacó de la fosa fatal, del fango cenagoso; asentó mis pies sobre la roca, consolidó mis pasos.

3 (4) Puso en mi boca un canto nuevo, una alabanza a nuestro Dios; muchos verán y temerán, y en Yahveh tendrán confianza.

4 (5) Dichoso el hombre aquel que en Yahveh pone su confianza, y no se va con los rebeldes, que andan tras la mentira.

5 (6) ¡Cuántas maravillas has hecho, Yahveh, Dios mío, qué de designios con nosotros: no hay comparable a ti! Yo quisiera publicarlos, pregonarlos, mas su número excede toda cuenta.

6 (7) Ni sacrificio ni oblación querías, pero el oído me has abierto; no pedías holocaustos ni víctimas,

7 (8) dije entonces: Heme aquí, que vengo. Se me ha prescrito en el rollo del libro

8 (9) hacer tu voluntad. Oh Dios mío, en tu ley me complazco en el fondo de mi ser.

9 (10) He publicado la justicia en la gran asamblea; mira, no he contenido mis labios, tú lo sabes, Yahveh.

10 (11) No he escondido tu justicia en el fondo de mi corazón, he proclamado tu lealtad, tu salvación, no he ocultado tu amor y tu verdad a la gran asamblea.

11 (12) Y tú, Yahveh, no contengas tus ternuras para mí. Que tu amor y tu verdad incesantes me guarden.

12 (13) Pues desdichas me envuelven en número incontable. Mis culpas me dan caza, y no puedo ya ver; más numerosas son que los cabellos de mi cabeza, y el corazón me desampara.

13 (14) ¡Dígnate, oh Yahveh, librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!

14 (15) ¡Queden avergonzados y confusos todos juntos los que buscan mi vida para cercenarla! ¡Atrás, sean confundidos los que desean mi mal!

15 (16) Queden consternados de vergüenza los que dicen contra mí: «¡Ja, Ja!»

16 (17) ¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! Repitan sin cesar: «¡Grande es Yahveh!», los que aman tu salvación.

17 (18) Y yo, pobre soy y desdichado, pero el Señor piensa en mí; tú, mi socorro y mi libertador, oh Dios mío, no tardes.

Salmo 41 (40)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre! En día de desgracia le libera Yahveh;

2 (3) Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara, y no le abandona a la saña de sus enemigos;

3 (4) le sostiene Yahveh en su lecho de dolor; tú rehaces entera la postración en que se sume.

4 (5) Yo he dicho: «Tenme piedad, Yahveh, sana mi alma, pues contra ti he pecado!»

5 (6) Mis enemigos hablan mal contra mí: «¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?»

6 (7) Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles, el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera.

7 (8) A una cuchichean contra mí todos los que me odian, me achacan la desgracia que me aqueja:

8 (9) «Cosa de infierno ha caído sobre él, ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.»

9 (10) Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar.

10 (11) Mas tú, Yahveh, tenme piedad, levántame y les daré su merecido;

11 (12) en esto sabré que tú eres mi amigo: si mi enemigo no lanza más su grito contra mí;

12 (13) y a mí me mantendrás en mi inocencia, y ante tu faz me admitirás por siempre.

13 (14) ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre! ¡Amén! ¡Amén!

Salmo 42 (41)

(1) = Del maestro de coro. Poema. De los hijos de Coré. =

1 (2) Como jadea la cierva, tras las corrientes de agua, así jadea mi alma, en pos de ti, mi Dios.

2 (3) Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios?

3 (4) ¡Son mis lágrimas mi pan, de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿En dónde está tu Dios?

4 (5) Yo lo recuerdo, y derramo dentro de mí mi alma, cómo marchaba a la Tienda admirable, a la Casa de Dios, entre los gritos de júbilo y de loa, y el gentío festivo.

5 (6) ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y

6 (7) mi Dios! En mí mi alma desfallece. por eso te recuerdo desde la tierra del Jordán y los Hermones, a ti, montaña humilde.

7 (8) Abismo que llama al abismo, en el fragor de tus cataratas, todas tus olas y tus crestas han pasado sobre mí.

8 (9) De día mandará Yahveh su gracia, y el canto que me inspire por la noche será una oración al Dios de mi vida.

9 (10) Diré a Dios mi Roca: ¿Por qué me olvidas?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo?

10 (11) Con quebranto en mis huesos mis adversarios me insultan, todo el día repitiéndome: ¿En dónde está tu Dios?

11 (12) ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!

Salmo 43 (42)

1 Hazme justicia, oh Dios, y mi causa defiende contra esta gente sin amor; del hombre falso y fraudulento, líbrame.

2 Tú el Dios de mi refugio: ¿por qué me has rechazado?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo?

3 Envía tu luz y tu verdad, ellas me guíen, y me conduzcan a tu monte santo, donde tus Moradas.

4 Y llegaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría. Y exultaré, te alabaré a la cítara, oh Dios, Dios mío.

5 ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!

Salmo 44 (43)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema. =

1 (2) Oh Dios, con nuestros propios oídos lo oímos, nos lo contaron nuestros padres, la obra que tú hiciste en sus días, en los días antiguos,

2 (3) y con tu propia mano. Para plantarlos a ellos, expulsaste naciones, para ensancharlos, maltrataste pueblos;

3 (4) no por su espada conquistaron la tierra, ni su brazo les dio la victoria, sino que fueron tu diestra y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque los amabas.

4 (5) Tú sólo, oh Rey mío, Dios mío, decidías las victorias de Jacob;

5 (6) por ti nosotros hundíamos a nuestros adversarios, por tu nombre pisábamos a nuestros agresores.

6 (7) No estaba en mi arco mi confianza, ni mi espada me hizo vencedor;

7 (8) que tú nos salvabas de nuestros adversarios, tú cubrías de vergüenza a nuestros enemigos;

8 (9) en Dios todo el día nos gloriábamos, celebrando tu nombre sin cesar. = Pausa. =

9 (10) Y con todo, nos has rechazado y confundido, no sales ya con nuestras tropas,

10 (11) nos haces dar la espalda al adversario, nuestros enemigos saquean a placer.

11 (12) Como ovejas de matadero nos entregas, y en medio de los pueblos nos has desperdigado;

12 (13) vendes tu pueblo sin ventaja, y nada sacas de su precio.

13 (14) De nuestros vecinos nos haces la irrisión, burla y escarnio de nuestros circundantes;

14 (15) mote nos haces entre las naciones, meneo de cabeza entre los pueblos.

15 (16) Todo el día mi ignominia está ante mí, la vergüenza cubre mi semblante,

16 (17) bajo los gritos de insulto y de blasfemia, ante la faz del odio y la venganza.

17 (18) Nos llegó todo esto sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza.

18 (19) ¡No habían vuelto atrás nuestros corazones, ni habían dejado nuestros pasos tu sendero,

19 (20) para que tú nos aplastaras en morada de chacales, y nos cubrieras con la sombra de la muerte!

20 (21) Si hubiésemos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero,

21 (22) ¿no se habría dado cuenta Dios, él, que del corazón conoce los secretos?

22 (23) Pero por ti se nos mata cada día, como ovejas de matadero se nos trata.

23 (24) ¡Despierta ya! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Levántate, no rechaces para siempre!

24 (25) ¿Por qué ocultas tu rostro, olvidas nuestra opresión, nuestra miseria?

25 (26) Pues nuestra alma está hundida en el polvo, pegado a la tierra nuestro vientre.

26 (27) ¡Alzate, ven en nuestra ayuda, rescátanos por tu amor!

Salmo 45 (44)

(1) = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios...» De los hijos de Coré. Poema. Canto de amor. =

1 (2) Bulle mi corazón de palabras graciosas; voy a recitar mi poema para un rey: es mi lengua la pluma de un escriba veloz.

2 (3) Eres hermoso, el más hermoso de los hijos de Adán, la gracia está derramada en tus labios. Por eso Dios te bendijo para siempre.

3 (4) Ciñe tu espada a tu costado, oh bravo, en tu gloria y tu esplendor

4 (5) marcha, cabalga, por la causa de la verdad, de la piedad, de la justicia. ¡Tensa la cuerda en el arco, que hace terrible tu derecha!

5 (6) Agudas son tus flechas, bajo tus pies están los pueblos, desmaya el corazón de los enemigos del rey.

6 (7) Tu trono es de Dios para siempre jamás; un cetro de equidad, el cetro de tu reino;

7 (8) tú amas la justicia y odias la impiedad. Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros;

8 (9) mirra y áloe y casia son todos tus vestidos. Desde palacios de marfil laúdes te recrean.

9 (10) Hijas de reyes hay entre tus preferidas; a tu diestra una reina, con el oro de Ofir.

10 (11) Escucha, hija, mira y pon atento oído, olvida tu pueblo y la casa de tu padre,

11 (12) y el rey se prendará de tu belleza. El es tu Señor, ¡póstrate ante él!

12 (13) La hija de Tiro con presentes, y los más ricos pueblos recrearán tu semblante.

13 (14) Toda espléndida, la hija del rey, va adentro, con vestidos en oro recamados;

14 (15) con sus brocados el llevada ante el rey. Vírgenes tras ella, compañeras suyas, donde él son introducidas;

15 (16) entre alborozo y regocijo avanzan, al entrar en el palacio del rey.

16 (17) En lugar de tus padres, tendrás hijos; príncipes los harás sobre toda la tierra.

17 (18) ¡Logre yo hacer tu nombre memorable por todas las generaciones, y los pueblos te alaben por los siglos de los siglos!

Salmo 46 (45)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Para oboes. Cántico. =

1 (2) Dios es para nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia siempre a punto.

2 (3) Por eso no tememos si se altera la tierra, si los montes se conmueven en el fondo de los mares,

3 (4) aunque sus aguas bramen y borboten, y los montes retiemblen a su ímpetu. (¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob!) = Pausa. =

4 (5) ¡Un río! Sus brazos recrean la ciudad de Dios, santificando las moradas del Altísimo.

5 (6) Dios está en medio de ella, no será conmovida, Dios la socorre al llegar la mañana.

6 (7) Braman las naciones, se tambalean los reinos, lanza él su voz, la tierra se derrite.

7 (8) ¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! = Pausa. =

8 (9) Venid a contemplar los prodigios de Yahveh, el que llena la tierra de estupores.

9 (10) Hace cesar las guerras hasta el extremo de la tierra; quiebra el arco, parte en dos la lanza, y prende fuego a los escudos.

10 (11) «¡Basta ya; sabed que yo soy Dios, excelso sobre las naciones, sobre la tierra excelso!»

11 (12) ¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! = Pausa. =

Salmo 47 (46)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2) ¡Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de alegría!

2 (3) Porque Yahveh, el Altísimo, es terrible, Rey grande sobre la tierra toda.

3 (4) El somete a nuestro yugo los pueblos, y a las gentes bajo nuestros pies;

4 (5) él nos escoge nuestra herencia, orgullo de Jacob, su amado. = Pausa. =

5 (6) Sube Dios entre aclamaciones, Yahveh al clangor de la trompeta:

6 (7) ¡salmodiad para nuestro Dios, salmodiad, salmodiad para nuestro Rey, salmodiad!

7 (8) Que de toda la tierra él es el rey: ¡salmodiad a Dios con destreza!

8 (9) Reina Dios sobre las naciones, Dios, sentado en su sagrado trono.

9 (10) Los príncipes de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham.

10 Pues de Dios son los escudos de la tierra, él, inmensamente excelso.

Salmo 48 (47)

(1) = Cántico. Salmo. De los hijos de Coré. =

1 (2) Grande es Yahveh, y muy digno de loa en la ciudad de nuestro Dios; su monte santo,

2 (3) de gallarda esbeltez, es la alegría de toda la tierra; el monte Sión, confín del Norte, la ciudad del gran Rey:

3 (4) Dios, desde sus palacios, se ha revelado como baluarte.

4 (5) He aquí que los reyes se habían aliado, irrumpían a una;

5 (6) apenas vieron, de golpe estupefactos, aterrados, huyeron en tropel.

6 (7) Allí un temblor les invadió, espasmos como de mujer en parto,

7 (8) tal el viento del este que destroza los navíos de Tarsis.

8 (9) Como habíamos oído lo hemos visto en la ciudad de Yahveh Sebaot, en la ciudad de nuestro Dios, que Dios afirmó para siempre. = Pausa. =

9 (10) Tu amor, oh Dios, evocamos en medio de tu Templo;

10 (11) ¡como tu nombre, oh Dios, tu alabanza hasta los confines de la tierra! De justicia está llena tu diestra,

11 (12) el monte Sión se regocija, exultan las hijas de Judá a causa de tus juicios.

12 (13) Dad la vuelta a Sión, girad en torno de ella, enumerad sus torres;

13 (14) grabad en vuestros corazones sus murallas, recorred sus palacios; para contar a la edad venidera

14 (15) que así es Dios, nuestro Dios por los siglos de los siglos, aquel que nos conduce.

Salmo 49 (48)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2) ¡Oídlo, pueblos todos, escuchad, habitantes todos de la tierra,

2 (3) hijos de Adán, así como hijos de hombre, ricos y pobres a la vez!

3 (4) Mi boca va a decir sabiduría, y cordura el murmullo de mi corazón;

4 (5) tiendo mi oído a un proverbio, al son de cítara descubriré mi enigma.

5 (6) ¿Por qué temer en días de desgracia cuando me cerca la malicia de los que me hostigan,

6 (7) los que ponen su confianza en su fortuna, y se glorían de su gran riqueza?

7 (8) ¡Si nadie puede redimirse ni pagar a Dios por su rescate!;

8 (9) es muy cara la redención de su alma, y siempre faltará,

9 (10) para que viva aún y nunca vea la fosa.

10 (11) Se ve, en cambio, fenecer a los sabios, perecer a la par necio y estúpido, y dejar para otros sus riquezas.

11 (12) Sus tumbas son sus casas para siempre, sus moradas de edad en edad; ¡y a sus tierras habían puesto sus nombres!

12 (13) El hombre en la opulencia no comprende, a las bestias mudas se asemeja.

13 (14) Así andan ellos, seguros de sí mismos, y llegan al final, contentos de su suerte. = Pausa. =

14 (15) Como ovejas son llevados al seol, los pastorea la Muerte, y los rectos dominarán sobre ellos. Por la mañana se desgasta su imagen, ¡el seol será su residencia!

15 (16) Pero Dios rescatará mi alma, de las garras del seol me cobrará.

16 (17) No temas cuando el hombre se enriquece, cuando crece el boato de su casa.

17 (18) Que a su muerte, nada ha de llevarse, su boato no bajará con él.

18 (19) Aunque en vida se bendecía a sí mismo - te alaban, porque te has tratado bien -,

19 (20) irá a unirse a la estirpe de sus padres, que nunca ya verán la luz.

20 (21) El hombre en la opulencia no comprende, a las bestias mudas se asemeja.

Salmo 50 (49)

(1) = Salmo. De Asaf. =

1 El Dios de los dioses, Yahveh, habla y convoca a la tierra desde oriente hasta occidente.

2 Desde Sión, la Hermosa sin par, Dios resplandece,

3 viene nuestro Dios y no se callará. Delante de él, un fuego que devora, en torno a él, violenta tempestad;

4 convoca a los cielos desde lo alto, y a la tierra para juzgar a su pueblo.

5 «¡Congregad a mis fieles ante mí, los que mi alianza con sacrificio concertaron!»

6 Anuncian los cielos su justicia, porque es Dios mismo el juez. = Pausa. =

7 «Escucha, pueblo mío, que hablo yo, Israel, yo atestiguo contra ti, yo, Dios, tu Dios.

8 «No es por tus sacrificios por lo que te acuso: ¡están siempre ante mí tus holocaustos!

9 No tengo que tomar novillo de tu casa, ni machos cabríos de tus apriscos.

10 «Pues mías son todas las fieras de la selva, las bestias en los montes a millares;

11 conozco todas las aves de los cielos, mías son las bestias de los campos.

12 «Si hambre tuviera, no habría de decírtelo, porque mío es el orbe y cuanto encierra.

13 ¿Es que voy a comer carne de toros, o a beber sangre de machos cabríos?

14 «Sacrificio ofrece a Dios de acción de gracias, cumple tus votos al Altísimo;

15 e invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria.»

16 Pero al impío Dios le dice: «¿Qué tienes tú que recitar mis preceptos, y tomar en tu boca mi alianza,

17 tú que detestas la doctrina, y a tus espaldas echas mis palabras?

18 «Si a un ladrón ves, te vas con él, alternas con adúlteros;

19 sueltas tu boca al mal, y tu lengua trama engaño.

20 «Te sientas, hablas contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre.

21 Esto haces tú, ¿y he de callarme? ¿Es que piensas que yo soy como tú? Yo te acuso y lo expongo ante tus ojos.

22 «¡Entended esto bien los que olvidáis a Dios, no sea que yo arrebate y no haya quien libre!

23 El que ofrece sacrificios de acción de gracias me da gloria, al hombre recto le mostraré la salvación de Dios.»

Salmo 51 (50)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

(2) = Cuando el profeta Natán le visitó después que aquél se había unido a Betsabé. =

1 (3) Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito,

2 (4) lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame.

3 (5) Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí;

4 (6) contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Por que aparezca tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas.

5 (7) Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre.

6 (8) Mas tú amas la verdad en lo íntimo del ser, y en lo secreto me enseñas la sabiduría.

7 (9) Rocíame con el hisopo, y seré limpio, lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

8 (10) Devuélveme el son del gozo y la alegría, exulten los huesos que machacaste tú.

9 (11) Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas.

10 (12) Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva;

11 (13) no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu.

12 (14) Vuélveme la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso afiánzame;

13 (15) enseñaré a los rebeldes tus caminos, y los pecadores volverán a ti.

14 (16) Líbrame de la sangre, Dios, Dios de mi salvación, y aclamará mi lengua tu justicia;

15 (17) abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.

16 (18) Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas.

17 (19) El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias.

18 (20) ¡Favorece a Sión en tu benevolencia, reconstruye las murallas de Jerusalén!

19 (21) Entonces te agradarán los sacrificios justos, - holocausto y oblación entera - se ofrecerán entonces sobre tu altar novillos.

Salmo 52 (51)

(1) = Del maestro de coro. Poema. De David. =

(2) = Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl diciéndole: «David ha entrado en casa de Ajimélek.» =

1 (3) ¿Por qué te glorías del mal, héroe de infamia? Todo el día

2 (4) pensando estás en crímenes, tu lengua es una afilada navaja, oh artífice de engaño.

3 (5) El mal al bien prefieres, la mentira a la justicia; = Pausa. =

4 (6) amas toda palabra de perdición, oh lengua engañadora.

5 (7) Por eso Dios te aplastará, te destruirá por siempre, te arrancará de tu tienda, te extirpará de la tierra de los vivos. = Pausa. =

6 (8) Los justos lo verán y temerán, se reirán de él:

7 (9) «¡Ese es el hombre que no puso en Dios su refugio, mas en su gran riqueza confiaba, se jactaba de su crimen!»

8 (10) Mas yo, como un olivo verde en la Casa de Dios, en el amor de Dios confío para siempre jamás.

9 (11) Te alabaré eternamente por lo que has hecho; esperaré en tu nombre, porque es bueno con los que te aman

Salmo 53 (52)

(1) = Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema. De David. =

1 (2) Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.

2 (3) Se asoma Dios desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay un sensato, alguien que busque a Dios.

3 (4) Todos ellos están descarriados, en masa pervertidos. No hay quien haga el bien, ni uno siquiera.

4 (5) ¿No aprenderán todos los agentes de mal que comen a mi pueblo como se come el pan, y no invocan a Dios?

5 (6) Allí de espanto temblarán, donde nada hay que espante. Pues Dios dispersa los huesos de tu sitiador, se les ultraja porque Dios los rechaza.

6 (7) ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel? ¡Cuando Dios cambie la suerte de su pueblo, exultará Jacob, se alegrará Israel!

Salmo 54 (53)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David. =

(2) = Cuando los zifitas vinieron a decir a Saúl: «¿No está escondido David entre nosotros?» =

1 (3) ¡Oh Dios, sálvame por tu nombre, por tu poderío hazme justicia,

2 (4) oh Dios, escucha mi oración, atiende a las palabras de mi boca!

3 (5) Pues se han alzado contra mí arrogantes, rabiosos andan en busca de mi alma, sin tener para nada a Dios presente. = Pausa. =

4 (6) Mas ved que Dios viene en mi auxilio, el Señor con aquellos que sostienen mi alma.

5 (7) ¡El mal recaiga sobre los que me asechan, Yahveh, por tu verdad destrúyelos!

6 (8) De corazón te ofreceré sacrificios, celebraré tu nombre, porque es bueno,

7 (9) porque de toda angustia me ha librado, y mi ojo se recreó en mis enemigos

Salmo 55 (54)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David. =

1 (2) Escucha, oh Dios, mi oración, no te retraigas a mi súplica,

2 (3) dame oídos, respóndeme, en mi queja me agito. Gimo

3 (4) ante la voz del enemigo, bajo el abucheo del impío; pues vierten sobre mí falsedades y con saña me hostigan.

4 (5) Se me estremece dentro el corazón, me asaltan pavores de muerte;

5 (6) miedo y temblor me invaden, un escalofrío me atenaza.

6 (7) Y digo: ¡Quién me diera alas como a la paloma para volar y reposar!

7 (8) Huiría entonces lejos, en el desierto moraría.

8 (9) En seguida encontraría un asilo contra el viento furioso y la tormenta. = Pausa. =

9 (10) ¡Oh, piérdelos, Señor, enreda sus lenguas!, pues veo discordia y altercado en la ciudad;

10 (11) rondan día y noche por sus murallas. Y dentro de ella falsedad y malicia,

11 (12) insidias dentro de ella, jamás se ausentan de sus plazas la tiranía y el engaño.

12 (13) Si todavía un enemigo me ultrajara, podría soportarlo; si el que me odia se alzara contra mí, me escondería de él.

13 (14) ¡Pero tú, un hombre de mi rango, mi compañero, mi íntimo,

14 (15) con quien me unía una dulce intimidad, en la Casa de Dios! ¡Oh, váyanse en tumulto,

15 (16) caiga la muerte sobre ellos, vivos en el seol se precipiten, pues está el mal instalado en medio de ellos!

16 (17) Yo, en cambio, a Dios invoco, y Yahveh me salva.

17 (18) A la tarde, a la mañana, al mediodía me quejo y gimo: él oye mi clamor.

18 (19) En paz mi alma rescata de la guerra que me hacen: aunque sean muchos contra mí,

19 (20) Dios escucha y los humilla, él, que reina desde siempre. Pero ellos sin enmienda, y sin temor de Dios.

20 (21) Cada uno extiende su mano contra sus aliados, viola su alianza;

21 (22) más blanda que la crema es su boca, pero su corazón es sólo guerra; sus palabras, más suaves que el aceite, son espadas desnudas.

22 (23) Descarga en Yahveh tu peso, y él te sustentará; no dejará que para siempre zozobre el justo.

23 (24) Y tú, oh Dios, los hundirás en el pozo de la fosa, a los hombres de sangre y de fraude, sin alcanzar la mitad de sus días. Mas yo confío en ti.

Salmo 56 (55)

(1) = Del maestro de coro. Según: «La opresión de los príncipes lejanos». De David. A media voz. Cuando los filisteos se apoderaron de él en Gat. =

1 (2) Tenme piedad, oh Dios, porque me pisan, todo el día hostigándome me oprimen.

2 (3) Me pisan todo el día los que me asechan, innumerables son los que me hostigan en la altura.

3 (4) El día en que temo, en ti confío.

4 (5) En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y ya no temo, ¿qué puede hacerme un ser de carne?

5 (6) Todo el día retuercen mis palabras, todos sus pensamientos son de hacerme mal;

6 (7) se conjuran, se ocultan, mis pisadas observan, como para atrapar mi alma.

7 (8) Por su iniquidad, ¿habrá escape para ellos? ¡Abate, oh Dios, a los pueblos en tu cólera!

8 (9) De mi vida errante llevas tú la cuenta, ¡recoge mis lágrimas en tu odre!

9 (10) Entonces retrocederán mis enemigos, el día en que yo clame. Yo sé que Dios está por mí.

10 (11) En Dios, cuya palabra alabo, en Yahveh, cuya palabra alabo,

11 (12) en Dios confío y ya no temo, ¿qué puede hacerme un hombre?

12 (13) A mi cargo, oh Dios, los votos que te hice: sacrificios te ofreceré de acción de gracias,

13 (14) pues tú salvaste mi alma de la muerte, para que marche ante la faz de Dios, en la luz de los vivos.

Salmo 57 (56)

(1) = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva. =

1 (2) Tenme piedad, oh Dios, tenme piedad, que en ti se cobija mi alma; a la sombra de tus alas me cobijo hasta que pase el infortunio.

2 (3) Invoco al Dios Altísimo, al Dios que tanto hace por mí.

3 (4) Mande desde los cielos y me salve, confunda a quien me pisa, envíe Dios su amor y su verdad. = Pausa. =

4 (5) Mi alma está tendida en medio de leones, que devoran a los hijos de Adán; sus dientes son lanzas y saetas, su lengua, una espada acerada.

5 (6) ¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria

6 (7) Tendían ellos una red bajo mis pasos, mi alma se doblaba; una fosa cavaron ante mí, ¡cayeron ellos dentro! = Pausa. =

7 (8) A punto está mi corazón, oh Dios, mi corazón a punto; voy a cantar, voy a salmodiar,

8 (9) ¡gloria mía, despierta!, ¡despertad, arpa y cítara!, ¡a la aurora he de despertar!

9 (10) Te alabaré entre los pueblos, Señor, te salmodiaré entre las gentes;

10 (11) porque tu amor es grande hasta los cielos, tu verdad hasta las nubes.

11 (12) ¡Álzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria!

Salmo 58 (57)

(1) = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. =

1 (2) ¿De veras, dioses, pronunciáis justicia, juzgáis según derecho a los hijos de Adán?

2 (3) No. que de corazón cometéis injusticias, con vuestras manos pesáis la violencia en la tierra.

3 (4) Torcidos están desde el seno los impíos, extraviados desde el vientre los que dicen mentira;

4 (5) tienen veneno como veneno de serpiente, como el de un áspid sordo que se tapa el oído,

5 (6) que no oye la voz de los encantadores, del mago experto en el encanto.

6 (7) ¡Oh Dios, rompe sus dientes en su boca, quiebra, Yahveh, las muelas de los leoncillos.

7 (8) ¡Dilúyanse como aguas que se pasan, púdranse como hierba que se pisa.

8 (9) como limaco que marcha deshaciéndose, como aborto de mujer que no contempla el sol!

9 (10) ¡Antes que espinas echen, como la zarza, verde o quemada, los arrebate el torbellino!

10 (11) Se alegrará el justo de haber visto la venganza, sus pies bañará en la sangre del impío;

11 (12) y se dirá: «Sí, hay un fruto para el justo; sí, hay un Dios que juzga en la tierra.»

Salmo 59 (58)

(1) = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando Saúl mandó a vigilar su casa con el fin de matarle. =

1 (2) ¡Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío, de mis agresores protégeme,

2 (3) líbrame de los agentes de mal, de los hombres sanguinarios sálvame!

3 (4) Mira que acechan a mi alma, poderosos se conjuran contra mí; sin rebeldía ni pecado en mí, Yahveh,

4 (5) sin culpa alguna, corren y se aprestan. Despiértate, ven a mi encuentro y mira,

5 (6) tú, Yahveh, Dios Sebaot, Dios de Israel, álzate a visitar a todos los gentiles, no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos. = Pausa. =

6 (7) Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad.

7 (8) Míralos desbarrar a boca llena, espadas en sus labios: «¿Hay alguno que oiga?»

8 (9) Mas tú, Yahveh, te ríes de ellos, tú te mofas de todos los gentiles.

9 (10) Oh fuerza mía, hacia ti miro. Pues es Dios mi ciudadela,

10 (11) el Dios de mi amor viene a mi encuentro. Dios me hará desafiar a los que me asechan.

11 (12) ¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo, dispérsalos con tu poder, humíllalos, oh Señor, nuestro escudo!

12 (13) Pecado es en su boca la palabra de sus labios; ¡queden, pues, presos en su orgullo, por la blasfemia, por la mentira que vocean!

13 (14) ¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más! Y se sepa que Dios domina en Jacob, hasta los confines de la tierra. = Pausa. =

14 (15) Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad;

15 (16) vedlos buscando qué comer, hasta que no están hartos van gruñendo.

16 (17) Yo, en cambio, cantaré tu fuerza, aclamaré tu amor a la mañana; pues tú has sido para mí una ciudadela, un refugio en el día de mi angustia.

17 (18) Oh fuerza mía, para ti salmodiaré, pues es Dios mi ciudadela, el Dios de mi amor.

Salmo 60 (59)

(1) = Del maestro de coro. Según «El lirio del testimonio». A media voz. De David. Para enseñar. =

(2) Cuando luchó contra Aram de Naharáyim y Aram de Sobá, y Joab, de vuelta, derrotó a Edom, en el valle de la Sal: doce mil hombres. =

1 (3) Nos has rechazado, oh Dios, nos has deshecho, estabas irritado, ¡oh, vuélvete a nosotros!

2 (4) Has sacudido la tierra, la has hendido; sana sus grietas, pues se desmorona.

3 (5) Hiciste ver a tu pueblo duras pruebas, nos diste a beber vino de vértigo.

4 (6) Diste a los que le temen la señal para que pudiesen escapar del arco. = Pausa. =

5 (7) Para que tus amados salgan libres, ¡salva con tu diestra, respóndenos!

6 (8) Ha hablado Dios en su santuario: «Ya exulto, voy a repartir a Siquem, a medir el valle de Sukkot.

7 (9) «Mío es Galaad, mío Manasés, Efraím, yelmo de mi cabeza, Judá, mi cetro,

8 (10) «Moab, la vasija en que me lavo. Sobre Edom tiro mi sandalia. ¡Canta, pues, victoria contra mí, Filistea!»

9 (11) ¿Quién me conducirá hasta la plaza fuerte, quién me guiará hasta Edom?

10 (12) ¿No eres tú, oh Dios, que nos has rechazado, y ya no sales, oh Dios, con nuestras tropas?

11 (13) Danos ayuda contra el adversario, que es vano el socorro del hombre.

12 (14) ¡Con Dios hemos de hacer proezas, y él hollará a nuestros adversarios!

Salmo 61 (60)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. De David. =

1 (2) ¡Escucha, oh Dios, mi clamor, atiende a mi plegaria!

2 (3) Desde el extremo de la tierra hacia ti grito, en el desmayo de mi corazón. A la roca que se alza lejos de mí, condúceme;

3 (4) pues tú eres mi refugio, torre fuerte frente al enemigo.

4 (5) ¡Que sea yo siempre huésped de tu tienda, y me acoja al amparo de tus alas! = Pausa. =

5 (6) Porque tú, oh Dios, oyes mis votos: tú me otorgas la heredad de los que temen tu nombre.

6 (7) A los días del rey añade días, sus años, generación tras generación.

7 (8) ¡Reine por siempre ante la faz de Dios! ¡El Amor y la Verdad le guarden!

8 (9) Entonces salmodiaré a tu nombre para siempre, día tras día cumpliré mis votos.

Salmo 62 (61)

(1) = Del maestro de coro... Yedutún. Salmo. De David. =

1 (2) En Dios sólo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación;

2 (3) sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar.

3 (4) ¿Hasta cuándo atacaréis a un solo hombre, le abatiréis, vosotros todos, como a una muralla que se vence, como a pared que se desploma?

4 (5) Doblez sólo proyectan, su placer es seducir; con mentira en la boca, bendicen, y por dentro maldicen. = Pausa. =

5 (6) En Dios sólo descansa, oh alma mía, de él viene mi esperanza;

6 (7) sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar;

7 (8) en Dios mi salvación y mi gloria, la roca de mi fuerza. En Dios mi refugio;

8 (9) confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; derramad ante él vuestro corazón, ¡Dios es nuestro refugio! = Pausa. =

9 (10) Un soplo solamente los hijos de Adán, los hijos de hombre, una mentira; si subieran a la balanza serían menos que un soplo todos juntos.

10 (11) No os fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón.

11 (12) Dios ha hablado una vez, dos veces, lo he oído: Que de Dios es la fuerza,

12 (13) tuyo, Señor, el amor; y: Que tú al hombre pagas con arreglo a sus obras.

Salmo 63 (62)

(1) = Salmo. De David. Cuando estaba en el desierto de Judá. =

1 (2) Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agotada, sin agua.

2 (3) Como cuando en el santuario te veía, al contemplar tu poder y tu gloria,

3 (4) - pues tu amor es mejor que la vida, mis labios te glorificaban -,

4 (5) así quiero en mi vida bendecirte, levantar mis manos en tu nombre;

5 (6) como de grasa y médula se empapará mi alma, y alabará mi boca con labios jubilosos.

6 (7) Cuando pienso en ti sobre mi lecho, en ti medito en mis vigilias,

7 (8) porque tú eres mi socorro, y yo exulto a la sombra de tus alas;

8 (9) mi alma se aprieta contra ti, tu diestra me sostiene.

9 (10) Mas los que tratan de perder mi alma, ¡caigan en las honduras de la tierra!

10 (11) ¡Sean pasados al filo de la espada, sirvan de presa a los chacales!

11 (12) Y el rey en Dios se gozará, el que jura por él se gloriará, cuando sea cerrada la boca de los mentirosos.

Salmo 64 (63)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) Escucha, oh Dios, la voz de mi gemido, del terror del enemigo guarda mi vida;

2 (3) ocúltame a la pandilla de malvados, a la turba de los agentes de mal.

3 (4) Los que afilan su lengua como espada, su flecha apuntan, palabra envenenada,

4 (5) para tirar a escondidas contra el íntegro, le tiran de improviso y nada temen.

5 (6) Se envalentonan en su acción malvada, calculan para tender lazos ocultos, dicen: «¿Quién lo observará

6 (7) y escrutará nuestros secretos?» El los escruta, aquel que escruta lo íntimo del hombre, el corazón profundo.

7 (8) Una saeta ha tirado Dios, repentinas han sido sus heridas;

8 (9) les ha hecho caer por causa de su lengua, menean la cabeza todos los que los ven.

9 (10) Todo hombre temerá. anunciará la obra de Dios y su acción comprenderá.

10 (11) El justo se alegrará en Yahveh, en él tendrá cobijo; y se gloriarán todos los de recto corazón.

Salmo 65 (64)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. Cántico. =

1 (2) A ti se debe la alabanza, oh Dios, en Sión. A ti el voto se te cumple,

2 (3) tú que escuchas la oración. Hasta ti toda carne viene

3 (4) con sus obras culpables; nos vence el peso de nuestras rebeldías, pero tú las borras.

4 (5) Dichoso tu elegido, tu privado, en tus atrios habita. ¡Oh, hartémonos de los bienes de tu Casa, de las cosas santas de tu Templo!

5 (6) Tú nos responderás con prodigios de justicia, Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los confines de la tierra, y de las islas lejanas;

6 (7) tú que afirmas los montes con tu fuerza, de potencia ceñido,

7 (8) y acallas el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas. Están los pueblos en bullicio,

8 (9) por tus señales temen los que habitan los confines, a las puertas de la mañana y de la tarde haces tú gritar de júbilo.

9 (10) Tú visitas la tierra y la haces rebosar, de riquezas la colmas. El río de Dios va lleno de agua, tú preparas los trigales. Así es como la preparas:

10 (11) riegas sus surcos, allanas sus glebas, con lluvias la ablandas, bendices sus renuevos.

11 (12) Tú coronas el año con tu benignidad, de tus rodadas cunde la grosura;

12 (13) destilan los pastos del desierto, las colinas se ciñen de alegría;

13 (14) las praderas se visten de rebaños, los valles se cubren de trigo; ¡y los gritos de gozo, y las canciones!

Salmo 66 (65)

(1) = Del maestro de coro. Cántico. Salmo. =

1 Aclamad a Dios, la tierra toda,

2 salmodiad a la gloria de su nombre, rendidle el honor de su alabanza,

3 decid a Dios: ¡Qué terribles tus obras! Por la grandeza de tu fuerza, tus enemigos vienen a adularte;

4 toda la tierra se postra ante ti, y salmodia para ti, a tu nombre salmodia. = Pausa. =

5 Venid y ved las obras de Dios, temible en sus gestas por los hijos de Adán:

6 él convirtió el mar en tierra firme, el río fue cruzado a pie. Allí, nuestra alegría en él,

7 que por su poder domina para siempre. Sus ojos vigilan las naciones, no se alcen los rebeldes contra él. = Pausa. =

8 Pueblos, bendecid a nuestro Dios, haced que se oiga la voz de su alabanza,

9 él, que devuelve nuestra alma a la vida, y no deja que vacilen nuestros pies.

10 Tú nos probaste, oh Dios, nos purgaste, cual se purga la plata;

11 nos prendiste en la red, pusiste una correa a nuestros lomos,

12 dejaste que un cualquiera a nuestra cabeza cabalgara, por el fuego y el agua atravesamos; mas luego nos sacaste para cobrar aliento.

13 Con holocaustos entraré en tu Casa, te cumpliré mis votos,

14 los que abrieron mis labios, los que en la angustia pronunció mi boca.

15 Te ofreceré pingües holocaustos, con el sahumerio de carneros, sacrificaré bueyes y cabritos. = Pausa. =

16 Venid a oír y os contaré, vosotros todos los que teméis a Dios, lo que él ha hecho por mí.

17 A él gritó mi boca, la alabanza ya en mi lengua.

18 Si yo en mi corazón hubiera visto iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

19 Pero Dios me ha escuchado, atento a la voz de mi oración.

20 ¡Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi oración ni su amor me ha retirado!

Salmo 67 (66)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico. =

1 (2) ¡Dios nos tenga piedad y nos bendiga, su rostro haga brillar sobre nosotros! = Pausa. =

2 (3) Para que se conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación entre todas las naciones.

3 (4) ¡Te den, oh Dios, gracias los pueblos, todos los pueblos te den gracias!

4 (5) Alégrense y exulten las gentes, pues tú juzgas al mundo con justicia, con equidad juzgas a los pueblos, y a las gentes en la tierra gobiernas. = Pausa. =

5 (6) ¡Te den, oh Dios, gracias los pueblos, todos los pueblos te den gracias!

6 (7) La tierra ha dado su cosecha: Dios, nuestro Dios, nos bendice.

7 (8) ¡Dios nos bendiga, y teman ante él todos los confines de la tierra!

Salmo 68 (67)

(1) = Del maestro de coro. De David. Salmo. Cántico. =

1 (2) ¡Álcese Dios, sus enemigos se dispersen, huyan ante su faz los que le odian!

2 (3) Cual se disipa el humo, los disipas; como la cera se derrite al fuego, perecen los impíos ante Dios.

3 (4) Mas los justos se alegran y exultan ante la faz de Dios, y saltan de alegría.

4 (5) Cantad a Dios, salmodiad a su nombre, abrid paso al que cabalga en las nubes, alegraos en Yahveh, exultad ante su rostro.

5 (6) Padre de los huérfanos y tutor de las viudas es Dios en su santa morada;

6 (7) Dios da a los desvalidos el cobijo de una casa, abre a los cautivos la puerta de la dicha, mas los rebeldes quedan en un suelo ardiente.

7 (8) Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo, cuando pasabas el desierto, = Pausa. =

8 (9) la tierra retembló, y hasta los cielos se licuaron ante la faz de Dios, ante la faz de Dios, el Dios de Israel.

9 (10) Tú derramaste, oh Dios, una lluvia de larguezas, a tu heredad extenuada, tú la reanimaste;

10 (11) tu grey halló una morada, aquella que en tu bondad, oh Dios, al desdichado preparabas.

11 (12) El Señor da la palabra: es el anuncio de un ejército inmenso.

12 (13) Y mientras los reyes, los ejércitos huyen, huyen, la bella de la casa reparte el botín.

13 (14) Mientras vosotros descansáis entre las tapias del aprisco, las alas de la Paloma se cubren de plata, y sus plumas de destellos de oro verde;

14 (15) cuando Sadday dispersa a los reyes, por ella cae la nieve en el Monte Umbrío.

15 (16) ¡Monte de Dios, el monte de Basán! ¡Monte escarpado, el monte de Basán!

16 (17) ¿Por que miráis celosos, montes escarpados, al monte que Dios escogió por mansión? ¡Oh sí, Yahveh morará allí para siempre!

17 (18) Los carros de Dios, por millares de miríadas; el Señor ha venido del Sinaí al santuario.

18 (19) Tú has subido a la altura, conduciendo cautivos, has recibido tributo de hombres, hasta los rebeldes para que Yahveh Dios tuviera una morada.

19 (20) ¡Bendito sea el Señor día tras día! El carga con nosotros, Dios de nuestra salvación. = Pausa. =

20 (21) Dios libertador es nuestro Dios; del Señor Yahveh son las salidas de la muerte;

21 (22) mas la cabeza de sus enemigos Dios quebranta, la testa cabelluda de quien sus crímenes pasea.

22 (23) Dijo el Señor: «De Basán haré volver, haré volver de los abismos del mar,

23 (24) para que puedas hundir tu pie en la sangre, y en los enemigos tenga su parte la lengua de tus perros».

24 (25) ¡Se han visto, oh Dios, tus procesiones, las procesiones de mi Dios, mi rey, al santuario:

25 (26) delante los cantores, los músicos detrás, las doncellas en medio, tocando el tamboril!

26 (27) A Dios, en coros, bendecían: ¡es Yahveh, desde el origen de Israel.

27 (28) Allí iba Benjamín, el pequeño, abriendo marcha, los príncipes de Judá con sus escuadras, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.

28 (29) ¡Manda, Dios mío, según tu poder, el poder, oh Dios, que por nosotros desplegaste,

29 (30) desde tu Templo en lo alto de Jerusalén, donde vienen los reyes a ofrecerte presentes!

30 (31) Increpa a la bestia del cañaveral, a la manada de toros y novillos de los pueblos. ¡Que se sometan con lingotes de plata! ¡Dispersa a los pueblos que fomentan la guerra!

31 (32) Los magnates acudan desde Egipto, tienda hacia Dios sus manos Etiopía.

32 (33) ¡Cantad a Dios, reinos de la tierra, salmodiad para el Señor,

33 (34) para el que cabalga los cielos, los antiguos cielos: = Pausa. = ved que lanza él su voz, su voz potente!

34 (35) Reconoced el poderío de Dios. Sobre Israel su exaltación, su poder en las nubes:

35 (36) ¡temible es Dios desde su santuario! El, el Dios de Israel, es quien da poder y fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!

Salmo 69 (68)

(1) = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios...» De David. =

1 (2) ¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello!

2 (3) Me hundo en el cieno del abismo, sin poder hacer pie; he llegado hasta el fondo de las aguas, y las olas me anegan.

3 (4) Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se consumen de esperar a mi Dios.

4 (5) Son más que los cabellos de mi cabeza los que sin causa me odian; más duros que mis huesos los que me hostigan sin razón. (¿Lo que yo no he robado tengo que devolver?)

5 (6) Tú, oh Dios, mi torpeza conoces, no se te ocultan mis ofensas.

6 (7) ¡No se avergüencen por mí los que en ti esperan, oh Yahveh Sebaot! ¡No sufran confusión por mí los que te buscan, oh Dios de Israel!

7 (8) Pues por ti sufro el insulto, y la vergüenza cubre mi semblante;

8 (9) para mis hermanos soy un extranjero, un desconocido para los hijos de mi madre;

9 (10) pues me devora el celo de tu casa, y caen sobre mí los insultos de los que te insultan.

10 (11) Si mortifico mi alma con ayuno, se me hace un pretexto de insulto;

11 (12) si tomo un sayal por vestido, para ellos me convierto en burla,

12 (13) cuento de los que están sentados a la puerta, y copla de los que beben licor fuerte.

13 (14) Mas mi oración hacia ti, Yahveh, en el tiempo propicio: por tu gran amor, oh Dios, respóndeme, por la verdad de tu salvación.

14 (15) ¡Sácame del cieno, no me hunda, escape yo a los que me odian, a las honduras de las aguas!

15 (16) ¡El flujo de las aguas no me anegue no me trague el abismo, ni el pozo cierre sobre mí su boca!

16 (17) ¡Respóndeme, Yahveh, pues tu amor es bondad; en tu inmensa ternura vuelve a mí tus ojos;

17 (18) no retires tu rostro de tu siervo, que en angustias estoy, pronto, respóndeme;

18 (19) acércate a mi alma, rescátala, por causa de mis enemigos, líbrame!

19 (20) Tú conoces mi oprobio, mi vergüenza y mi afrenta, ante ti están todos mis opresores.

20 (21) El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no encuentro ninguno.

21 (22) Veneno me han dado por comida, en mi sed me han abrevado con vinagre.

22 (23) ¡Que su mesa ante ellos se convierta en un lazo, y su abundancia en una trampa;

23 (24) anúblense sus ojos y no vean, haz que sus fuerzas sin cesar les fallen!

24 (25) Derrama tu enojo sobre ellos, los alcance el ardor de tu cólera;

25 (26) su recinto quede hecho un desierto, en sus tiendas no haya quien habite:

26 (27) porque acosan al que tú has herido, y aumentan la herida de tu víctima.

27 (28) Culpa añade a su culpa, no tengan más acceso a tu justicia;

28 (29) del libro de la vida sean borrados, no sean inscritos con los justos.

29 (30) Y yo desdichado, dolorido, ¡tu salvación, oh Dios, me restablezca!

30 (31) El nombre de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias;

31 (32) y más que un toro agradará a Yahveh, más que un novillo con cuernos y pezuñas.

32 (33) Lo han visto los humildes y se alegran; ¡viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios!

33 (34) Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos.

34 (35) ¡Alábenle los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él!

35 (36) Pues salvará Dios a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá: habitarán allí y las poseerán;

36 (37) la heredará la estirpe de sus siervos, los que aman su nombre en ella morarán.

Salmo 70 (69) = 40:14-18

(1) = Del maestro de coro. De David. En memoria.

1 (2) ¡Oh Dios, ven a librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!

2 (3) ¡Queden avergonzados y confusos los que buscan mi vida! ¡Atrás!, sean confundidos los que desean mi mal,

3 (4) retrocedan de vergüenza los que dicen: ¡Ja, ja!

4 (5) ¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! ¡Repitan sin cesar: «Grande es Dios», los que aman tu salvación!

5 (6) ¡Y yo, desventurado y pobre, oh Dios, ven presto a mí! ¡Tú, mi socorro y mi libertador, Yahveh, no tardes!

Salmo 71 (70)

1 A ti, Yahveh, me acojo, ¡no sea confundido jamás!

2 ¡Por tu justicia sálvame, libérame! tiende hacia mí tu oído y sálvame!

3 ¡Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve, pues mi roca eres tú y mi fortaleza.

4 ¡Dios mío, líbrame de la mano del impío, de las garras del perverso y del violento!

5 Pues tú eres mi esperanza, Señor, Yahveh, mi confianza desde mi juventud.

6 En ti tengo mi apoyo desde el seno, tú mi porción desde las entrañas de mi madre; ¡en ti sin cesar mi alabanza!

7 Soy el asombro de muchos, mas tú eres mi seguro refugio.

8 Mi boca está repleta de tu loa, de tu gloria todo el día.

9 A la hora de mi vejez no me rechaces, no me abandones cuando decae mi vigor.

10 Porque de mí mis enemigos hablan, los que espían mi alma se conciertan:

11 «¡Dios le ha desamparado, perseguidle, apresadle, pues no hay quien le libere!»

12 ¡Oh Dios, no te estés lejos de mí, Dios mío, ven pronto en mi socorro!

13 ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos que acusan a mi alma; cúbranse de ignominia y de vergüenza los que buscan mi mal!

14 Y yo, esperando sin cesar, más y más te alabaré;

15 publicará mi boca tu justicia, todo el día tu salvación.

16 Y vendré a las proezas de Yahveh, recordaré tu justicia, tuya sólo.

17 ¡Oh Dios, desde mi juventud me has instruido, y yo he anunciado hasta hoy tus maravillas!

18 Y ahora que llega la vejez y las canas, ¡oh Dios, no me abandones!, para que anuncie yo tu brazo a todas las edades venideras, ¡tu poderío

19 y tu justicia, oh Dios, hasta los cielos! Tú que has hecho grandes cosas, ¡oh Dios!, ¿quién como tú?

20 Tú que me has hecho ver tantos desastres y desgracias, has de volver a recobrarme. Vendrás a sacarme de los abismos de la tierra,

21 sustentarás mi ancianidad, volverás a consolarme,

22 Y yo te daré gracias con las cuerdas del arpa, por tu verdad, Dios mío; para ti salmodiaré a la cítara, oh Santo de Israel.

23 Exultarán mis labios cuando salmodie para ti, y mi alma, que tú has rescatado.

24 También mi lengua todo el día musitará tu justicia: porque han sido avergonzados, porque han enrojecido, los que buscaban mi desgracia.

Salmo 72 (71)

(1) = De Salomón. =

1 Oh Dios, da al rey tu juicio, al hijo de rey tu justicia:

2 que con justicia gobierne a tu pueblo, con equidad a tus humildes.

3 Traigan los montes paz al pueblo, y justicia los collados.

4 El hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres, y aplastará al opresor.

5 Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad;

6 caerá como la lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra.

7 En sus días florecerá la justicia, y dilatada paz hasta que no haya luna;

8 dominará de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.

9 Ante él se doblará la Bestia, sus enemigos morderán el polvo;

10 los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos;

11 todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones.

12 Porque él librará al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara;

13 se apiadará del débil y del pobre, el alma de los pobres salvará.

14 De la opresión, de la violencia, rescatará su alma, su sangre será preciosa ante sus ojos;

15 (y mientras viva se le dará el oro de Sabá). Sin cesar se rogará por él, todo el día se le bendecirá.

16 Habrá en la tierra abundancia de trigo, en la cima de los montes ondeará como el Líbano al despertar sus frutos y sus flores, como la hierba de la tierra.

17 ¡Sea su nombre bendito para siempre, que dure tanto como el sol! ¡En él se bendigan todas las familias de la tierra, dichoso le llamen todas las naciones!

18 ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!

19 ¡Bendito sea su nombre glorioso para siempre, toda la tierra se llene de su gloria! ¡Amén! ¡Amén!

20 Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.

Salmo 73 (72)

(1) = Salmo. De Asaf. =

1 En verdad bueno es Dios para Israel, el Señor para los de puro corazón.

2 Por poco mis pies se me extravían, nada faltó para que mis pasos resbalaran,

3 celoso como estaba de los arrogantes, al ver la paz de los impíos.

4 No, no hay congojas para ellos, sano y rollizo está su cuerpo;

5 no comparten la pena de los hombres, con los humanos no son atribulados.

6 Por eso el orgullo es su collar, la violencia el vestido que los cubre;

7 la malicia les cunde de la grasa, de artimañas su corazón desborda.

8 Se sonríen, pregonan la maldad, hablan altivamente de violencia;

9 ponen en el cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra.

10 Por eso mi pueblo va hacia ellos: aguas de abundancia les llegan.

11 Dicen: «¿Cómo va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?»

12 Miradlos: ésos son los impíos, y, siempre tranquilos, aumentan su riqueza.

13 ¡Así que en vano guardé el corazón puro, mis manos lavando en la inocencia,

14 cuando era golpeado todo el día, y cada mañana sufría mi castigo!

15 Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos», habría traicionado a la raza de tus hijos;

16 me puse, pues, a pensar para entenderlo, ¡ardua tarea ante mis ojos!

17 Hasta el día en que entré en los divinos santuarios, donde su destino comprendí:

18 oh, sí, tú en precipicios los colocas, a la ruina los empujas.

19 ¡Ah, qué pronto quedan hechos un horror, cómo desaparecen sumidos en pavores!

20 Como en un sueño al despertar, Señor, así, cuando te alzas, desprecias tú su imagen.

21 Sí, cuando mi corazón se exacerbaba, cuando se torturaba mi conciencia,

22 estúpido de mí, no comprendía, una bestia era ante ti.

23 Pero a mí, que estoy siempre contigo, de la mano derecha me has tomado;

24 me guiarás con tu consejo, y tras la gloria me llevarás.

25 ¿Quién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra.

26 Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre!

27 Sí, los que se alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros.

28 Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor, a fin de publicar todas tus obras.

Salmo 74 (73)

(1) = Poema. De Asaf. =

1 ¿Por qué has de rechazar, oh Dios, por siempre, por qué humear de cólera contra el rebaño de tu pasto?

2 Acuérdate de la comunidad que de antiguo adquiriste, la que tú rescataste, tribu de tu heredad, y del monte Sión donde pusiste tu morada.

3 Guía tus pasos a estas ruinas sin fin: todo en el santuario lo ha devastado el enemigo.

4 En el lugar de tus reuniones rugieron tus adversarios, pusieron sus enseñas, enseñas

5 que no se conocían, en el frontón de la entrada. Machetes en bosque espeso,

6 a una cercenaban sus jambas, y con hacha y martillo desgajaban.

7 Prendieron fuego a tu santuario, por tierra profanaron la mansión de tu nombre.

8 Dijeron en su corazón: «¡Destruyámoslos en bloque!» Quemaron en la tierra todo lugar de santa reunión.

9 No vemos nuestras enseñas, no existen ya profetas, ni nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo.

10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, provocará el adversario? ¿Ultrajará tu nombre por siempre el enemigo?

11 ¿Por qué retraes tu mano, y en tu seno retienes escondida tu diestra?

12 Oh Dios, mi rey desde el principio, autor de salvación en medio de la tierra,

13 tú hendiste el mar con tu poder, quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas;

14 tú machacaste las cabezas de Leviatán y las hiciste pasto de las fieras;

15 tú abriste manantiales y torrentes, y secaste ríos inagotables;

16 tuyo es el día, tuya también la noche, tú la luna y el sol estableciste,

17 tú trazaste todos los confines de la tierra, el verano y el invierno tú formaste.

18 Recuérdalo, Yahveh: provoca el enemigo, tu nombre ultraja un pueblo necio.

19 No entregues a la bestia el alma de tu tórtola, la vida de tus pobres no olvides para siempre.

20 Piensa en la alianza, que están llenos los rincones del país de guaridas de violencia.

21 ¡No vuelva cubierto de vergüenza el oprimido; el humilde y el pobre puedan loar tu nombre!

22 ¡Alzate, oh Dios, a defender tu causa, acuérdate del necio que te provoca todo el día!

23 No olvides el griterío de tus adversarios, el clamor de tus agresores que crece sin cesar!

Salmo 75 (74)

(1) = Del maestro de coro. «No destruyas.» Salmo. De Asaf. Cántico. =

1 (2) Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre, tus maravillas pregonando.

2 (3) «En el momento en que decida, yo mismo juzgaré con rectitud.

3 (4) Se estremece la tierra con todos sus habitantes, mas yo sostengo sus columnas. = Pausa. =

4 (5) «Digo a los arrogantes: ¡Fuera arrogancias!, y a los impíos: ¡No levantéis la frente,

5 (6) no levantéis tan alto vuestra frente, no habléis con un cuello de insolencia!»

6 (7) Pues ya no es por oriente ni por occidente, ya no por el desierto de los montes,

7 (8) por donde Dios, el juez, a uno abate y a otro exalta:

8 (9) sino que hay una copa en la mano de Yahveh, y de vino drogado está lleno el brebaje: él lo escanciará, y sorberán hasta las heces, lo beberán todos los impíos de la tierra.

9 (10) Y yo lo anunciaré por siempre, salmodiaré para el Dios de Jacob;

10 (11) quebraré toda frente de los impíos, y la frente del justo se alzará.

Salmo 76 (75)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De Asaf. Cántico. =

1 (2) En Judá Dios es conocido, grande es su nombre en Israel;

2 (3) su tienda está en Salem, su morada en Sión;

3 (4) allí quebró las ráfagas del arco, el escudo, la espada y la guerra. = Pausa. =

4 (5) Fulgurante eres tú, maravilloso por los montones de botín

5 (6) de que han sido despojados; los bravos durmiendo están su sueño, a todos los hombres fuertes les fallaron los brazos;

6 (7) a tu amenaza, oh Dios de Jacob, carro y caballo se quedaron pasmados.

7 (8) Tú, tú el terrible, ¿quién puede resistir ante tu faz, bajo el golpe de tu ira?

8 (9) Desde los cielos pronuncias la sentencia, la tierra se amedrenta y enmudece

9 (10) cuando Dios se levanta para el juicio, para salvar a todos los humildes de la tierra. = Pausa. =

10 (11) La cólera del hombre te celebra, te ceñirás con los escapados a la Cólera.

11 (12) Haced votos y cumplidlos a Yahveh, vuestro Dios, los que le rodean traigan presentes al Terrible;

12 (13) el que corta el aliento a los príncipes, el temible para los reyes de la tierra.

Salmo 77 (76)

(1) = Del maestro de coro... Yedutún. De Asaf. Salmo. =

1 (2) Mi voz hacia Dios: yo clamo, mi voz hacia Dios: él me escucha.

2 (3) En el día de mi angustia voy buscando al Señor, por la noche tiendo mi mano sin descanso, mi alma el consuelo rehúsa.

3 (4) De Dios me acuerdo y gimo, medito, y mi espíritu desmaya. = Pausa. =

4 (5) Los párpados de mis ojos tú retienes, turbado estoy, no puedo hablar;

5 (6) pienso en los días de antaño, de los años antiguos

6 (7) me acuerdo; en mi corazón musito por la noche, medito y mi espíritu inquiere:

7 (8) ¿Acaso por los siglos desechará el Señor, no volverá a ser propicio?

8 (9) ¿Se ha agotado para siempre su amor? ¿Se acabó la Palabra para todas las edades?

9 (10) ¿Se habrá olvidado Dios de ser clemente, o habrá cerrado de ira sus entrañas? = Pausa. =

10 (11) Y digo: «Este es mi penar: que se ha cambiado la diestra del Altísimo.»

11 (12) Me acuerdo de las gestas de Yahveh, sí, recuerdo tus antiguas maravillas,

12 (13) medito en toda tu obra, en tus hazañas reflexiono.

13 (14) ¡Oh Dios, santos son tus caminos! ¿Qué dios hay grande como Dios?

14 (15) Tú, el Dios que obras maravillas, manifestaste tu poder entre los pueblos;

15 (16) con tu brazo a tu pueblo rescataste, a los hijos de Jacob y de José. = Pausa =.

16 (17) Viéronte, oh Dios, las aguas, las aguas te vieron y temblaron, también se estremecieron los abismos.

17 (18) Las nubes derramaron sus aguas, su voz tronaron los nublados, también cruzaban tus saetas.

18 (19) ¡Voz de tu trueno en torbellino! Tus relámpagos alumbraban el orbe, la tierra se estremecía y retemblaba.

19 (20) Por el mar iba tu camino, por las muchas aguas tu sendero, y no se descubrieron tus pisadas.

20 (21) Tú guiaste a tu pueblo cual rebaño por la mano de Moisés y de Aarón.

Salmo 78 (77)

(1) = Poema. De Asaf. =

1 Escucha mi ley, pueblo mío, tiende tu oído a las palabras de mi boca;

2 voy a abrir mi boca en parábolas, a evocar los misterios del pasado.

3 Lo que hemos oído y que sabemos, lo que nuestros padres nos contaron,

4 no se lo callaremos a sus hijos, a la futura generación lo contaremos: Las alabanzas de Yahveh y su poder, las maravillas que hizo;

5 él estableció en Jacob un dictamen, y puso una ley en Israel; El había mandado a nuestros padres que lo comunicaran a sus hijos,

6 que la generación siguiente lo supiera, los hijos que habían de nacer; y que éstos se alzaran y se lo contaran a sus hijos,

7 para que pusieran en Dios su confianza, no olvidaran las hazañas de Dios, y sus mandamientos observaran;

8 para que no fueran, lo mismo que sus padres, una generación rebelde y revoltosa, generación de corazón voluble y de espíritu desleal a Dios.

9 Los hijos de Efraím, diestros arqueros, retrocedieron el día del combate;

10 no guardaban la alianza hecha con Dios, rehusaban caminar según su ley;

11 tenían olvidados sus portentos, las maravillas que él les hizo ver:

12 prodigios hizo a la vista de sus padres en el país de Egipto, en los campos de Tanis.

13 Hendió la mar y los pasó a través, contuvo las aguas como un dique;

14 de día los guiaba con la nube, y cada noche con resplandor de fuego;

15 en el desierto hendió las rocas, los abrevó a raudales sin medida;

16 hizo brotar arroyos de la peña y descender las aguas como ríos.

17 Pero ellos volvían a pecar contra él, a rebelarse contra el Altísimo en la estepa;

18 a Dios tentaron en su corazón reclamando manjar para su hambre.

19 Hablaron contra Dios; dijeron: «¿Será Dios capaz de aderezar una mesa en el desierto?

20 «Ved que él hirió la roca, y corrieron las aguas, fluyeron los torrentes: ¿podrá de igual modo darnos pan, y procurar carne a su pueblo?»

21 Entonces Yahveh lo oyó y se enfureció, un fuego se encendió contra Jacob, y la Cólera estalló contra Israel,

22 porque en Dios no habían tenido fe ni confiaban en su salvación.

23 Y a las nubes mandó desde lo alto, abrió las compuertas de los cielos;

24 hizo llover sobre ellos maná para comer, les dio el trigo de los cielos;

25 pan de Fuertes comió el hombre, les mandó provisión hasta la hartura.

26 Hizo soplar en los cielos el solano, el viento del sur con su poder atrajo,

27 y llovió sobre ellos carne como polvo, y aves como la arena de los mares;

28 las dejó caer en medio de su campo, en torno a sus moradas.

29 Comieron hasta quedar bien hartos, así satisfizo su avidez;

30 mas aún no habían colmado su avidez, su comida estaba aún en su boca,

31 cuando la cólera de Dios estalló contra ellos: hizo estragos entre los más fuertes, y abatió a la flor de Israel.

32 Mas con todo pecaron todavía, en sus maravillas no tuvieron fe.

33 El consumió sus días con un soplo, y sus años con espanto.

34 Cuando los mataba, le buscaban, se convertían, se afanaban por él,

35 y recordaban que Dios era su roca, su redentor, el Dios Altísimo.

36 Mas le halagaban con su boca, y con su lengua le mentían;

37 su corazón no era fiel para con él, no tenían fe en su alianza.

38 El, con todo, enternecido, borraba las culpas y no exterminaba; bien de veces su cólera contuvo y no despertó todo su furor:

39 se acordaba de que ellos eran carne, un soplo que se va y no vuelve más.

40 ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, le irritaron en aquellas soledades!

41 Otra vez a tentar a Dios volvían, a exasperar al Santo de Israel;

42 no se acordaron de su mano, del día en que les libró del adversario;

43 cuando hizo en Egipto sus señales, en el campo de Tanis sus prodigios.

44 Trocó en sangre sus ríos y sus arroyos para que no bebiesen.

45 Tábanos les mandó que los comieron, y ranas que los infestaron;

46 entregó a la langosta sus cosechas, el fruto de su afán al saltamontes;

47 asoló con granizo sus viñedos, y con la helada sus sicómoros;

48 entregó sus ganados al pedrisco y a los rayos sus rebaños.

49 Lanzó contra ellos el fuego de su cólera, indignación, enojo y destrucción, tropel de mensajeros de desgracias;

50 libre curso dio a su ira. No preservó sus almas de la muerte, a la peste sus vidas entregó;

51 hirió en Egipto a todo primogénito, las primicias de la raza en las tiendas de Cam.

52 Y sacó a su pueblo como ovejas, cual rebaño los guió por el desierto;

53 los guió en seguro, sin temor, mientras el mar cubrió a sus enemigos;

54 los llevó a su término santo, a este monte que su diestra conquistó;

55 arrojó a las naciones ante ellos; a cordel les asignó una heredad, y estableció en sus tiendas las tribus de Israel.

56 Pero ellos le tentaron, se rebelaron contra el Dios Altísimo, se negaron a guardar sus dictámenes,

57 se extraviaron, infieles, lo mismo que sus padres, se torcieron igual que un arco indócil:

58 le irritaron con sus altos, con sus ídolos excitaron sus celos.

59 Dios lo oyó y se enfureció, desechó totalmente a Israel;

60 abandonó la morada de Silo, la tienda en que habitaba entre los hombres.

61 Mandó su fuerza al cautiverio, a manos del adversario su esplendor;

62 entregó su pueblo a la espada, contra su heredad se enfureció.

63 El fuego devoró a sus jóvenes, no hubo canto nupcial para sus vírgenes;

64 sus sacerdotes cayeron a cuchillo, sus viudas no entonaron lamentos.

65 Entonces despertó el Señor como un durmiente, como un bravo vencido por el vino;

66 hirió a sus adversarios en la espalda, les infligió un oprobio eterno.

67 Desechó la tienda de José, y no eligió a la tribu de Efraím;

68 mas eligió a la tribu de Judá, el monte Sión al cual amaba.

69 Construyó como las alturas del cielo su santuario, como la tierra que fundó por siempre.

70 Y eligió a David su servidor, le sacó de los apriscos del rebaño,

71 le trajo de detrás de las ovejas, para pastorear a su pueblo Jacob, y a Israel, su heredad.

72 El los pastoreaba con corazón perfecto, y con mano diestra los guiaba.

Salmo 79 (78)

(1) = Salmo. De Asaf. =

1 Oh Dios, han invadido tu heredad las gentes, han profanado tu sagrado Templo; han dejado en ruinas a Jerusalén,

2 han entregado el cadáver de tus siervos por comida a los pájaros del cielo, la carne de tus amigos a las bestias de la tierra.

3 Han derramado como agua su sangre en torno a Jerusalén, ¡y nadie sepultaba!

4 Nos hemos hecho la irrisión de los vecinos, burla y escarnio de nuestros circundantes.

5 ¿Hasta cuándo, Yahveh, tu cólera? ¿hasta el fin? ¿han de quemar tus celos como fuego?

6 Derrama tu furor sobre las gentes, que no te reconocen, y sobre los reinos que tu nombre no invocan.

7 Porque han devorado a Jacob y han devastado su dominio.

8 No recuerdes contra nosotros culpas de antepasados, vengan presto a nuestro encuentro tus ternuras, pues estamos abatidos del todo;

9 ayúdanos, Dios de nuestra salvación, por amor de la gloria de tu nombre; líbranos, borra nuestros pecados, por causa de tu nombre.

10 ¿Por qué han de decir las gentes: «¿Dónde está su Dios?» ¡Que entre las gentes se conozca, a nuestros propios ojos, la venganza de la sangre de tus siervos derramada!

11 ¡Llegue hasta ti el suspiro del cautivo, con la grandeza de tu brazo preserva a los hijos de la muerte!

12 ¡Devuelve siete veces a nuestros vecinos, en su entraña, su afrenta, la afrenta que te han hecho, Señor!

13 Y nosotros, tu pueblo, rebaño de tu pasto, eternamente te daremos gracias, de edad en edad repetiremos tu alabanza.

Salmo 80 (79)

(1) = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios es el dictamen.» De Asaf. Salmo. =

1 (2) Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño; tú que estás sentado entre querubes, resplandece

2 (3) ante Efraím, Benjamín y Manasés; ¡despierta tu poderío, y ven en nuestro auxilio!

3 (4) ¡Oh Dios, haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos salvos!

4 (5) ¿Hasta cuándo, oh Yahveh Dios Sebaot, estarás airado contra la plegaria de tu pueblo?

5 (6) Les das a comer un pan de llanto les haces beber lágrimas al triple;

6 (7) habladuría nos haces de nuestros convecinos, y nuestros enemigos se burlan de nosotros.

7 (8) ¡Oh Dios Sebaot, haznos volver, y brille tu rostro, para que seamos salvos!

8 (9) Una viña de Egipto arrancaste, expulsaste naciones para plantarla a ella,

9 (10) le preparaste el suelo, y echó raíces y llenó la tierra.

10 (11) Su sombra cubría las montañas, sus pámpanos los cedros de Dios;

11 (12) extendía sus sarmientos hasta el mar, hasta el Río sus renuevos.

12 (13) ¿Por qué has hecho brecha en sus tapias, para que todo el que pasa por el camino la vendimie,

13 (14) el jabalí salvaje la devaste, y la pele el ganado de los campos?

14 (15) ¡Oh Dios Sebaot, vuélvete ya, desde los cielos mira y ve, visita a esta viña,

15 (16) cuídala, a ella, la que plantó tu diestra!

16 (17) ¡Los que fuego le prendieron, cual basura, a la amenaza de tu faz perezcan!

17 (18) Esté tu mano sobre el hombre de tu diestra, sobre el hijo de Adán que para ti fortaleciste.

18 (19) Ya no volveremos a apartarnos de ti; nos darás vida y tu nombre invocaremos.

19 (20) ¡Oh Yahveh, Dios Sebaot, haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos salvos!

Salmo 81 (80)

(1) = Del maestro de coro. Según la... de Gat. De Asaf. =

1 (2) ¡Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza, aclamad al Dios de Jacob!

2 (3) ¡Entonad la salmodia, tocad el tamboril, la melodiosa cítara y el arpa;

3 (4) tocad la trompeta al nuevo mes, a la luna llena, el día de nuestra fiesta!

4 (5) Porque es una ley para Israel, una norma del Dios de Jacob;

5 (6) un dictamen que él impuso en José, cuando salió contra el país de Egipto. Una lengua desconocida se oye:

6 (7) «Yo liberé sus hombros de la carga, sus manos la espuerta abandonaron;

7 (8) en la aflicción gritaste y te salvé. «Te respondí en el secreto del trueno, te probé junto a las aguas de Meribá. = Pausa. =

8 (9) Escucha, pueblo mío, yo te conjuro, ¡ah Israel, si quisieras escucharme!

9 (10) «No haya en ti dios extranjero, no te postres ante dios extraño;

10 (11) yo, Yahveh, soy tu Dios, que te hice subir del país de Egipto; abre toda tu boca, y yo la llenaré.

11 (12) «Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no me quiso obedecer;

12 (13) yo les abandoné a la dureza de su corazón, para que caminaran según sus designios.

13 (14) «¡Ah!, si mi pueblo me escuchara, si Israel mis caminos siguiera,

14 (15) al punto yo abatiría a sus enemigos, contra sus adversarios mi mano volvería.

15 (16) «Los que odian a Yahveh le adularían, y su tiempo estaría para siempre fijado;

16 (17) y a él lo sustentaría con la flor del trigo, lo saciaría con la miel de la peña.»

Salmo 82 (81)

(1) = Salmo. De Asaf. =

1 Dios se levanta en la asamblea divina, en medio de los dioses juzga:

2 «¿Hasta cuándo juzgaréis inicuamente, y haréis acepción de los impíos?

3 Juzgad en favor del débil y del huérfano, al humilde, al indigente haced justicia;

4 al débil y al pobre liberad, de la mano de los impíos arrancadle!» = Pausa. =

5 No saben ni comprenden; caminan en tinieblas, todos los cimientos de la tierra vacilan.

6 Yo había dicho: «¡Vosotros, dioses sois, todos vosotros, hijos del Altísimo!»

7 Mas ahora, como el hombre moriréis, como uno solo caeréis, príncipes.

8 ¡Alzate, oh Dios, juzga a la tierra, pues tú eres el señor de todas las naciones!

Salmo 83 (82)

(1) = Cántico. Salmo. De Asaf. =

1 (2) ¡Oh Dios, no te estés mudo, cese ya tu silencio y tu reposo, oh Dios!

2 (3) Mira cómo tus enemigos braman, los que te odian levantan la cabeza.

3 (4) Contra tu pueblo maquinan intriga, conspiran contra tus protegidos;

4 (5) dicen: «Venid, borrémoslos de las naciones, no se recuerde más el nombre de Israel!»

5 (6) Así conspiran de corazón a una, pactan una alianza contra ti:

6 (7) las tiendas de Edom, los ismaelitas, Moab y los hagreos,

7 (8) Guebal, Ammón, Amalec, Filistea con los habitantes de Tiro;

8 (9) también Assur se ha juntado a ellos y se hace el brazo de los hijos de Lot.

9 (10) Trátalos como a Madián y como a Sísara, = Pausa. = como a Yabín en el torrente de Quisón,

10 (11) que fueron exterminados en Endor, quedaron hechos estiércol de la tierra.

11 (12) Trata a sus caudillos como a Oreb y Zeeb, a todos sus príncipes como a Zébaj y a Salmunná,

12 (13) que habían dicho: «¡Para nosotros conquistemos los dominios de Dios!»

13 (14) Dios mío, ponlos como hoja en remolino, como paja ante el viento.

14 (15) Como el fuego abrasa una selva, como la llama devora las montañas,

15 (16) así persíguelos con tu tormenta, con tu huracán llénalos de terror.

16 (17) Cubre sus rostros de ignominia, para que busquen tu nombre, Yahveh.

17 (18) ¡Sean avergonzados y aterrados para siempre, queden confusos y perezcan,

18 (19) para que sepan que sólo tú tienes el nombre de Yahveh, Altísimo sobre toda la tierra!

Salmo 84 (83)

(1) = Del maestro de coro. Según la... de Gat. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2) ¡Qué amables tus moradas, oh Yahveh Sebaot!

2 (3) Anhela mi alma y languidece tras de los atrios de Yahveh, mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo.

3 (4) Hasta el pajarillo ha encontrado una casa, y para sí la golondrina un nido donde poner a sus polluelos: ¡Tus altares, oh Yahveh Sebaot, rey mío y Dios mío! = Pausa. =

4 (5) Dichosos los que moran en tu casa, te alaban por siempre.

5 (6) Dichosos los hombres cuya fuerza está en ti, y las subidas en su corazón.

6 (7) Al pasar por el valle del Bálsamo, lo hacen un hontanar, y la lluvia primera lo cubre de bendiciones.

7 (8) De altura en altura marchan, y Dios se les muestra en Sión.

8 (9) ¡Yahveh Dios Sebaot, escucha mi plegaria, tiende tu oído, oh Dios de Jacob!

9 (10) Oh Dios, escudo nuestro, mira, pon tus ojos en el rostro de tu ungido. = Pausa. =

10 (11) Vale más un día en tus atrios que mil en mis mansiones, estar en el umbral de la Casa de mi Dios que habitar en las tiendas de impiedad.

11 (12) Porque Yahveh Dios es almena y escudo, él da gracia y gloria; Yahveh no niega la ventura a los que caminan en la perfección.

12 (13) ¡Oh Yahveh Sebaot, dichoso el hombre que confía en ti!

Salmo 85 (84)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2) Propicio has sido, Yahveh, con tu tierra, has hecho volver a los cautivos de Jacob;

2 (3) has quitado la culpa de tu pueblo, has cubierto todos sus pecados, = Pausa. =

3 (4) has retirado todo tu furor, has desistido del ardor de tu cólera.

4 (5) ¡Haznos volver, Dios de nuestra salvación, cesa en tu irritación contra nosotros!

5 (6) ¿Vas a estar siempre airado con nosotros? ¿Prolongarás tu cólera de edad en edad?

6 (7) ¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo en ti se regocije?

7 (8) ¡Muéstranos tu amor, Yahveh, y danos tu salvación!

8 (9) Voy a escuchar de qué habla Dios. Sí, Yahveh habla de paz para su pueblo y para sus amigos, con tal que a su torpeza no retornen.

9 (10) Ya está cerca su salvación para quienes le temen, y la Gloria morará en nuestra tierra.

10 (11) Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan;

11 (12) la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia.

12 (13) El mismo Yahveh dará la dicha, y nuestra tierra su cosecha dará;

13 (14) La Justicia marchará delante de él, y con sus pasos trazará un camino.

Salmo 86 (85)

(1) = Oración. De David. =

1 Tiende tu oído, Yahveh, respóndeme, que soy desventurado y pobre,

2 guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios,

3 tenme piedad, Señor, pues a ti clamo todo el día;

4 recrea el alma de tu siervo, cuando hacia ti, Señor, levanto mi alma.

5 Pues tú eres, Señor, bueno, indulgente, rico en amor para todos los que te invocan;

6 Yahveh, presta oído a mi plegaria, atiende a la voz de mis súplicas.

7 En el día de mi angustia yo te invoco, pues tú me has de responder;

8 entre los dioses, ninguno como tú, Señor, ni obras como las tuyas.

9 Vendrán todas las naciones a postrarse ante ti, y a dar, Señor, gloria a tu nombre;

10 pues tú eres grande y obras maravillas, tú, Dios, y sólo tú.

11 Enséñame tus caminos Yahveh, para que yo camine en tu verdad, concentra mi corazón en el temor de tu nombre.

12 Gracias te doy de todo corazón, Señor Dios mío, daré gloria a tu nombre por siempre,

13 pues grande es tu amor para conmigo, tú has librado mi alma del fondo del seol.

14 Oh Dios, los orgullosos se han alzado contra mí, una turba de violentos anda buscando mi alma, y no te tienen a ti delante de sus ojos.

15 Mas tú, Señor, Dios clemente y compasivo, tardo a la cólera, lleno de amor y de verdad,

16 ¡vuélvete a mí, tenme compasión! Da tu fuerza a tu siervo, salva al hijo de tu sierva.

17 Haz conmigo un signo de bondad: Que los que me odian vean, avergonzados, que tú, Yahveh, me ayudas y consuelas.

Salmo 87 (86)

(1) = De los hijos de Coré. Salmo. Cántico. =

1 Su fundación sobre los santos montes

2 ama Yahveh: las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob.

3 Glorias se dicen de ti, ciudad de Dios: = Pausa. =

4 «Yo cuento a Ráhab y Babel entre los que me conocen. Tiro, Filistea y Etiopía, fulano nació allí.»

5 Pero de Sión se ha de decir: «Todos han nacido en ella», y quien la funda es el propio Altísimo.

6 Yahveh a los pueblos inscribe en el registro: «Fulano nació allí», = Pausa. =

7 y los príncipes, lo mismo que los hijos, todos ponen su mansión en ti.

Salmo 88 (87)

(1) = Cántico. Salmo. De los hijos de Coré. Del maestro de coro. Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema. De Hemán el indígena. =

1 (2) Yahveh, Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche;

2 (3) llegue hasta ti mi súplica, presta oído a mi clamor.

3 (4) Porque mi alma de males está ahíta, y mi vida está al borde del seol;

4 (5) contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado:

5 (6) relegado entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, aquellos de los que no te acuerdas más, que están arrancados de tu mano.

6 (7) Me has echado en lo profundo de la fosa, en las tinieblas, en los abismos;

7 (8) sobre mí pesa tu furor, con todas tus olas me hundes. = Pausa. =

8 (9) Has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho para ellos un horror, cerrado estoy y sin salida,

9 (10) mi ojo se consume por la pena. Yo te llamo, Yahveh, todo el día, tiendo mis manos hacia ti. = Pausa. =

10 (11) ¿Acaso para los muertos haces maravillas, o las sombras se alzan a alabarte?

11 (12) ¿Se habla en la tumba de tu amor, de tu lealtad en el lugar de perdición?

12 (13) ¿Se conocen en las tinieblas tus maravillas, o tu justicia en la tierra del olvido ?»

13 (14) Mas yo grito hacia ti, Yahveh, de madrugada va a tu encuentro mi oración;

14 (15) ¿por qué, Yahveh, mi alma rechazas, lejos de mí tu rostro ocultas?

15 (16) Desdichado y agónico estoy desde mi infancia, he soportado tus terrores, y ya no puedo más;

16 (17) han pasado tus iras sobre mí, tus espantos me han aniquilado.

17 (18) Me envuelven como el agua todo el día, se aprietan contra mí todos a una.

18 (19) Has alejado de mí compañeros y amigos, son mi compañía las tinieblas.

Salmo 89 (88)

(1) = Poema. De Etán el indígena. =

1 (2) El amor de Yahveh por siempre cantaré, de edad en edad anunciará mí boca tu lealtad.

2 (3) Pues tú dijiste: «Cimentado está el amor por siempre, asentada en los cielos mi lealtad.

3 (4) «Una alianza pacté con mi elegido, un juramento hice a mi siervo David:

4 (5) Para siempre jamás he fundado tu estirpe, de edad en edad he erigido tu trono.» = Pausa. =

5 (6) Los cielos celebran, Yahveh, tus maravillas, y tu lealtad en la asamblea de los santos.

6 (7) Porque ¿quién en las nubes es comparable a Yahveh, quién a Yahveh se iguala entre los hijos de los dioses?

7 (8) Dios temible en el consejo de los santos, grande y terrible para toda su corte.

8 (9) Yahveh, Dios Sebaot, ¿quién como tú?, poderoso eres, Yahveh, tu lealtad te circunda.

9 (10) Tú domeñas el orgullo del mar, cuando sus olas se encrespan las reprimes;

10 (11) tú machacaste a Ráhab lo mismo que a un cadáver, a tus enemigos dispersaste con tu potente brazo.

11 (12) Tuyo es el cielo, tuya también la tierra, el orbe y cuanto encierra tú fundaste;

12 (13) tú creaste el norte y el mediodía, el Tabor y el Hermón exultan en tu nombre.

13 (14) Tuyo es el brazo y su bravura, poderosa tu mano, sublime tu derecha;

14 (15) Justicia y Derecho, la base de tu trono, Amor y Verdad ante tu rostro marchan.

15 (16) Dichoso el pueblo que la aclamación conoce, a la luz de tu rostro caminan, oh Yahveh;

16 (17) en tu nombre se alegran todo el día, en tu justicia se entusiasman.

17 (18) Pues tú eres el esplendor de su potencia, por tu favor exaltas nuestra frente;

18 (19) sí, de Yahveh nuestro escudo; del Santo de Israel es nuestro rey.

19 (20) Antaño hablaste tú en visión a tus amigos, y dijiste: «He prestado mi asistencia a un bravo, he exaltado a un elegido de mi pueblo.

20 (21) «He encontrado a David mi servidor, con mi óleo santo le he ungido;

21 (22) mi mano será firme para él, y mi brazo le hará fuerte.

22 (23) «No le ha de sorprender el enemigo, el hijo de iniquidad no le oprimirá;

23 (24) yo aplastaré a sus adversarios ante él, heriré a los que le odian.

24 (25) «Mi lealtad y mi amor irán con él, por mi nombre se exaltará su frente;

25 (26) pondré su mano sobre el mar, sobre los ríos su derecha.

26 (27) «El me invocará: ¡Tú, mi Padre, mi Dios y roca de mi salvación!

27 (28) Y yo haré de él el primogénito, el Altísimo entre los reyes de la tierra.

28 (29) «Le guardaré mi amor por siempre, y mi alianza será leal con él;

29 (30) estableceré su estirpe para siempre, y su trono como los días de los cielos.

30 (31) «Si sus hijos abandonan mi ley, y no siguen mis juicios,

31 (32) si profanan mis preceptos, y mis mandamientos no observan,

32 (33) «castigaré su rebelión con vara, y su culpa con azote,

33 (34) mas no retiraré de él mi amor, en mi lealtad no fallaré.

34 (35) «No violaré mi alianza, no cambiaré lo que sale de mis labios;

35 (36) una vez he jurado por mi santidad: ¡a David no he de mentir!

36 (37) «Su estirpe durará por siempre, y su trono como el sol ante mí,

37 (38) por siempre se mantendrá como la luna, testigo fiel en el cielo.» = Pausa. =

38 (39) Pero tú has rechazado y despreciado, contra tu ungido te has enfurecido;

39 (40) has desechado la alianza con tu siervo, has profanado por tierra su diadema.

40 (41) Has hecho brecha en todos sus vallados, sus plazas fuertes en ruina has convertido;

41 (42) le han saqueado todos los transeúntes, se ha hecho el baldón de sus vecinos.

42 (43) A sus adversarios la diestra has exaltado, a todos sus enemigos has llenado de gozo;

43 (44) has embotado el filo de su espada, y no le has sostenido en el combate.

44 (45) Le has quitado su cetro de esplendor, y su trono por tierra has derribado;

45 (46) has abreviado los días de su juventud, le has cubierto de ignominia. = Pausa. =

46 (47) ¿Hasta cuándo te esconderás, Yahveh? ¿arderá tu furor por siempre como fuego?

47 (48) Recuerda, Señor, qué es la existencia, para qué poco creaste a los hijos de Adán.

48 (49) ¿Qué hombre podrá vivir sin ver la muerte, quién librará su alma de la garra del seol? = Pausa. =

49 (50) ¿Dónde están tus primeros amores, Señor, que juraste a David por tu lealtad?

50 (51) Acuérdate, Señor, del ultraje de tus siervos: cómo recibo en mi seno todos los dardos de los pueblos;

51 (52) así ultrajan tus enemigos, Yahveh, así ultrajan las huellas de tu ungido.

52 (53) ¡Bendito sea Yahveh por siempre! ¡Amén! ¡Amén!

Salmo 90 (89)

(1) = Oración. De Moisés, hombre de Dios. =

1 Señor, tú has sido para nosotros un refugio de edad en edad.

2 Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios.

3 Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: «¡Tornad, hijos de Adán!»

4 Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche.

5 Tú los sumerges en un sueño, a la mañana serán como hierba que brota;

6 por la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca.

7 Pues por tu cólera somos consumidos, por tu furor anonadados.

8 Has puesto nuestras culpas ante ti, a la luz de tu faz nuestras faltas secretas.

9 Bajo tu enojo declinan todos nuestros días, como un suspiro consumimos nuestros años.

10 Los años de nuestra vida son unos setenta, u ochenta, si hay vigor; mas son la mayor parte trabajo y vanidad, pues pasan presto y nosotros nos volamos.

11 ¿Quién conoce la fuerza de tu cólera, y, temiéndote, tu indignación?

12 ¡Enséñanos a contar nuestros días, para que entre la sabiduría en nuestro corazón!

13 ¡Vuelve, Yahveh! ¿Hasta cuándo? Ten piedad de tus siervos.

14 Sácianos de tu amor a la mañana, que exultemos y cantemos toda nuestra vida.

15 Devuélvenos en gozo los días que nos humillaste, los años en que desdicha conocimos.

16 ¡Que se vea tu obra con tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos!

17 ¡La dulzura del Señor sea con nosotros! ¡Confirma tú la acción de nuestras manos!

Salmo 91 (90)

1 El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday,

2 diciendo a Yahveh: «¡Mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío!»

3 Que él te libra de la red del cazador, de la peste funesta;

4 con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tienes un refugio: escudo y armadura es su verdad.

5 No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela,

6 ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía.

7 Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte.

8 Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos,

9 tú que dices: «¡Mi refugio es Yahveh!», y tomas a Elyón por defensa.

10 No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda;

11 que él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.

12 Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie;

13 pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón.

14 Pues él se abraza a mí, yo he de librarle; le exaltaré, pues conoce mi nombre.

15 Me llamará y le responderé; estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le glorificaré.

16 Hartura le daré de largos días, y haré que vea mi salvación.

Salmo 92 (91)

(1) = Salmo. Cántico. Para el día de sábado. =

1 (2) Bueno es dar gracias a Yahveh, y salmodiar a tu nombre, Altísimo,

2 (3) publicar tu amor por la mañana, y tu lealtad por las noches,

3 (4) al son del arpa de diez cuerdas y la lira, con un susurro de cítara.

4 (5) Pues con tus hechos, Yahveh, me regocijas, ante las obras de tus manos grito:

5 (6) «¡Qué grandes son tus obras, Yahveh, qué hondos tus pensamientos!»

6 (7) El hombre estúpido no entiende, el insensato no comprende estas cosas.

7 (8) Si brotan como hierba los impíos, si florecen todos los agentes de mal, es para ser destruidos por siempre;

8 (9) mas tú, Yahveh, eres excelso por los siglos.

9 (10) Mira cómo tus enemigos perecen, se dispersan todos los agentes de mal.

10 (11) Pero tú alzas mi frente como la del búfalo, derramas sobre mí aceite nuevo;

11 (12) mi ojo desafía a los que me acechaban, mi oído escucha a los malvados.

12 (13) Florece el justo como la palmera, crece como un cedro del Líbano.

13 (14) Plantados en la Casa de Yahveh, dan flores en los atrios del Dios nuestro.

14 (15) Todavía en la vejez producen fruto, se mantienen frescos y lozanos,

15 (16) para anunciar lo recto que es Yahveh: mi Roca, no hay falsedad en él.

Salmo 93 (92)

1 Reina Yahveh, de majestad vestido, Yahveh vestido, ceñido de poder, y el orbe está seguro, no vacila.

2 Desde el principio tu trono esta fijado, desde siempre existes tú.

3 Levantan los ríos, Yahveh, levantan los ríos su voz, los ríos levantan su bramido;

4 más que la voz de muchas aguas más imponente que las ondas del mar, es imponente Yahveh en las alturas.

5 Son veraces del todo tus dictámenes; la santidad es el ornato de tu Casa, oh Yahveh, por el curso de los días.

Salmo 94 (93)

1 ¡Dios de las venganzas, Yahveh, Dios de las venganzas, aparece!

2 ¡Levántate, juez de la tierra, da su merecido a los soberbios!

3 ¿Hasta cuándo los impíos, Yahveh, hasta cuándo triunfarán los impíos?

4 Cacarean, dicen insolencias, se pavonean todos los agentes de mal.

5 A tu pueblo, Yahveh, aplastan, a tu heredad humillan.

6 Matan al forastero y a la viuda, asesinan al huérfano.

7 Y dicen: «No lo ve Yahveh, el Dios de Jacob no se da cuenta.»

8 ¡Comprended, estúpidos del pueblo!, insensatos, ¿cuándo vais a ser cuerdos?

9 El que plantó la oreja, ¿no va a oír? El que formó los ojos, ¿no ha de ver?

10 El que corrige a las naciones, ¿no ha de castigar? El que el saber al hombre enseña,

11 Yahveh, conoce los pensamientos del hombre, que no son más que un soplo.

12 Dichoso el hombre a quien corriges tú, Yahveh, a quien instruyes por tu ley,

13 para darle descanso en los días de desgracia, mientras se cava para el impío la fosa.

14 Pues Yahveh no dejará a su pueblo, no abandonará a su heredad;

15 sino que el juicio volverá a la justicia, y en pos de ella todos los de recto corazón.

16 ¿Quién se alzará por mí contra los malvados? ¿quién estará por mí contra los agentes de mal?

17 Si Yahveh no viniese en mi ayuda, bien presto mi alma moraría en el silencio.

18 Cuando digo: «Vacila mi pie», tu amor, Yahveh, me sostiene;

19 en el colmo de mis cuitas interiores, tus consuelos recrean mi alma.

20 ¿Eres aliado tú de un tribunal de perdición, que erige en ley la tiranía?

21 Se atropella la vida del justo, la sangre inocente se condena.

22 Mas Yahveh es para mí una ciudadela, mi Dios la roca de mi amparo;

23 él hará recaer sobre ellos su maldad, los aniquilará por su malicia, Yahveh, nuestro Dios, los aniquilará.

Salmo 95 (94)

1 Venid, cantemos gozosos a Yahveh, aclamemos a la Roca de nuestra salvación;

2 con acciones de gracias vayamos ante él, aclamémosle con salmos.

3 Porque es Yahveh un Dios grande, Rey grande sobre todos los dioses;

4 en sus manos están las honduras de la tierra, y suyas son las cumbres de los montes;

5 suyo el mar, pues él mismo lo hizo, y la tierra firme que sus manos formaron.

6 Entrad, adoremos, prosternémonos, ¡de rodillas ante Yahveh que nos ha hecho!

7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo de su pasto, el rebaño de su mano. ¡Oh, si escucharais hoy su voz!:

8 «No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Massá en el desierto,

9 donde me pusieron a prueba vuestros padres, me tentaron aunque habían visto mi obra.

10 «Cuarenta años me asqueó aquella generación, y dije: Pueblo son de corazón torcido, que mis caminos no conocen.

11 Y por eso en mi cólera juré: ¡No han de entrar en mi reposo!»

Salmo 96 (95)

1 ¡Cantad a Yahveh un canto nuevo, cantad a Yahveh, toda la tierra,

2 cantad a Yahveh, su nombre bendecid! Anunciad su salvación día tras día,

3 contad su gloria a las naciones, a todos los pueblos sus maravillas.

4 Que grande es Yahveh, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses.

5 Pues nada son todos los dioses de los pueblos. Mas Yahveh los cielos hizo;

6 gloria y majestad están ante él, poder y fulgor en su santuario.

7 Rendid a Yahveh, familias de los pueblos, rendid a Yahveh gloria y poder,

8 rendid a Yahveh la gloria de su nombre. Traed ofrendas y en sus atrios entrad,

9 postraos ante Yahveh en esplendor sagrado, ¡tiemble ante su faz la tierra entera!

10 Decid entre las gentes: «¡Yahveh es rey!» El orbe está seguro, no vacila; él gobierna a los pueblos rectamente.

11 ¡Alégrense los cielos, regocíjese la tierra, retumbe el mar y cuanto encierra;

12 exulte el campo y cuanto en él existe, griten de júbilo todos los árboles del bosque,

13 ante la faz de Yahveh, pues viene él, viene, sí, a juzgar la tierra! El juzgará al orbe con justicia, a los pueblos con su lealtad.

Salmo 97 (96)

1 ¡Reina Yahveh! ¡La tierra exulte, alégrense las islas numerosas!

2 Nube y Bruma densa en torno a él, Justicia y Derecho, la base de su trono.

3 Delante de él avanza fuego y a sus adversarios en derredor abrasa;

4 iluminan el orbe sus relámpagos, lo ve la tierra y se estremece.

5 Los montes como cera se derriten ante el Dueño de la tierra toda;

6 los cielos anuncian su justicia, y todos los pueblos ven su gloria.

7 ¡Se avergüenzan los que sirven a los ídolos, los que se glorían de vanidades; se postran ante él todos los dioses!

8 Sión lo oye y se alboroza, exultan las hijas de Judá a causa de tus juicios, Yahveh.

9 Porque tú eres Yahveh, el Altísimo sobre toda la tierra, muy por encima de los dioses todos.

10 Yahveh ama a los que el mal detestan, él guarda las almas de sus fieles y de la mano de los impíos los libra.

11 La luz se alza para el justo, y para los de recto corazón la alegría.

12 Justos, alegraos en Yahveh, celebrad su memoria sagrada.

Salmo 98 (97)

1 = Salmo. = Cantad a Yahveh un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; victoria le ha dado su diestra y su brazo santo.

2 Yahveh ha dado a conocer su salvación, a los ojos de las naciones ha revelado su justicia;

3 se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel. Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.

4 ¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra, estallad, gritad de gozo y salmodiad!

5 Salmodiad para Yahveh con la cítara, con la cítara y al son de la salmodia;

6 con las trompetas y al son del cuerno aclamad ante la faz del rey Yahveh.

7 Brama el mar y cuanto encierra, el orbe y los que le habitan;

8 los ríos baten palmas, a una los montes gritan de alegría,

9 ante el rostro de Yahveh, pues viene a juzgar a la tierra; él juzgará al orbe con justicia, y a los pueblos con equidad.

Salmo 99 (98)

1 Reina Yahveh, los pueblos tiemblan; se sienta en querubines, la tierra se estremece;

2 grande es Yahveh en Sión. Excelso sobre los pueblos todos;

3 loen tu nombre grande y venerable: santo es él.

4 Poderoso rey que el juicio ama, tú has fundado el derecho, juicio y justicia tú ejerces en Jacob.

5 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante el estrado de sus pies: santo es él.

6 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Samuel entre aquellos que su nombre invocaban, invocaban a Yahveh y él les respondía.

7 En la columna de nube les hablaba, ellos guardaban sus dictámenes, la ley que él les dio.

8 Yahveh, Dios nuestro, tú les respondías, Dios paciente eras para ellos, aunque vengabas sus delitos.

9 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante su monte santo: santo es Yahveh, nuestro Dios.

Salmo 100 (99)

(1) = Salmo. Para la acción de gracias. = 1 ¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra,

2 servid a Yahveh con alegría, llegaos ante él entre gritos de júbilo!

3 Sabed que Yahveh es Dios, él nos ha hecho y suyos somos, su pueblo y el rebaño de su pasto.

4 ¡Entrad en sus pórticos con acciones de gracias, con alabanzas en sus atrios, dadle gracias, bendecid su nombre!

5 Porque es bueno Yahveh, para siempre su amor, por todas las edades su lealtad.

Salmo 101 (100)

(1) = De David. Salmo. =

1 Quiero cantar el amor y la justicia, para ti, Yahveh, salmodiaré;

2 cursaré el camino de la perfección: ¿cuándo vendrás a mí? Procederé con corazón perfecto, dentro de mi casa;

3 no pondré delante de mis ojos cosa villana. Detesto la conducta de los extraviados, no se me pegará;

4 el corazón perverso está lejos de mí, no conozco al malvado.

5 Al que infama a su prójimo en secreto, a ése le aniquilo; ojo altanero y corazón hinchado no los soporto.

6 Mis ojos, en los fieles de la tierra, por que vivan conmigo; el que anda por el camino de la perfección será mi servidor.

7 No mora dentro de mi casa el agente de engaño; el que dice mentiras no persiste delante de mis ojos.

8 Cada mañana he de aniquilar a todos los impíos del país, para extirpar de la ciudad de Yahveh a todos los agentes de mal.

Salmo 102 (101)

(1) = Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante Yahveh. =

1 (2) Yahveh, escucha mi oración, llegue hasta ti mi grito;

2 (3) no ocultes lejos de mí tu rostro el día de mi angustia; tiende hacia mí tu oído, ¡el día en que te invoco, presto, respóndeme!

3 (4) Pues mis días en humo se disipan, mis huesos arden lo mismo que un brasero;

4 (5) trillado como el heno, mi corazón se seca, y me olvido de comer mi pan;

5 (6) ante la voz de mis sollozos, mi piel a mis huesos se ha pegado.

6 (7) Me parezco al búho del yermo, igual que la lechuza de las ruinas;

7 (8) insomne estoy y gimo cual solitario pájaro en tejado;

8 (9) me insultan todo el día mis enemigos, los que me alababan maldicen por mi nombre.

9 (10) El pan que como es la ceniza, mi bebida mezclo con mis lágrimas,

10 (11) ante tu cólera y tu enojo, pues tú me alzaste y después me has tirado:

11 (12) mis días son como la sombra que declina, y yo me seco como el heno.

12 (13) Mas tú, Yahveh, permaneces para siempre, y tu memoria de edad en edad.

13 (14) Tú te alzarás, compadecido de Sión, pues es ya tiempo de apiadarte de ella, ha llegado la hora;

14 (15) que están tus siervos encariñados de sus piedras y se compadecen de sus ruinas.

15 (16) Y temerán las naciones el nombre de Yahveh, y todos los reyes de la tierra tu gloria;

16 (17) cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria,

17 (18) volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará.

18 (19) Se escribirá esto para la edad futura, y en pueblo renovado alabará a Yahveh:

19 (20) que se ha inclinado Yahveh desde su altura santa, desde los cielos ha mirado a la tierra,

20 (21) para oír el suspiro del cautivo, para librar a los hijos de la muerte.

21 (22) Para pregonar en Sión el nombre de Yahveh, y su alabanza en Jerusalén,

22 (23) cuando a una se congreguen los pueblos, y los reinos para servir a Yahveh.

23 (24) El ha enervado mi fuerza en el camino, ha abreviado mis días.

24 (25) Digo: ¡Dios mío, en la mitad de mis días no me lleves! ¡De edad en edad duran tus años!

25 (26) Desde antiguo, fundaste tú la tierra, y los cielos son la obra de tus manos;

26 (27) ellos perecen, mas tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan, como un vestido los mudas tú, y se mudan.

27 (28) Pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años.

28 (29) Los hijos de tus siervos tendrán una morada, y su estirpe ante ti subsistirá.

Salmo 103 (102)

(1) = De David. =

1 Bendice a Yahveh, alma mía, del fondo de mi ser, su santo nombre,

2 bendice a Yahveh, alma mía, no olvides sus muchos beneficios.

3 El, que todas tus culpas perdona, que cura todas tus dolencias,

4 rescata tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura,

5 satura de bienes tu existencia, mientras tu juventud se renueva como el águila.

6 Yahveh, el que hace obras de justicia, y otorga el derecho a todos los oprimidos,

7 manifestó sus caminos a Moisés, a los hijos de Israel sus hazañas.

8 Clemente y compasivo es Yahveh, tardo a la cólera y lleno de amor;

9 no se querella eternamente ni para siempre guarda su rencor;

10 no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas.

11 Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así de grande es su amor para quienes le temen;

12 tan lejos como está el oriente del ocaso aleja él de nosotros nuestras rebeldías.

13 Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahveh para quienes le temen;

14 que él sabe de qué estamos plasmados, se acuerda de que somos polvo.

15 ¡El hombre! Como la hierba son sus días, como la flor del campo, así florece;

16 pasa por él un soplo, y ya no existe, ni el lugar donde estuvo vuelve a conocerle.

17 Mas el amor de Yahveh desde siempre hasta siempre para los que le temen, y su justicia para los hijos de sus hijos,

18 para aquellos que guardan su alianza, y se acuerdan de cumplir sus mandatos.

19 Yahveh en los cielos asentó su trono, y su soberanía en todo señorea.

20 Bendecid a Yahveh, ángeles suyos, héroes potentes, ejecutores de sus órdenes, en cuanto oís la voz de su palabra.

21 Bendecid a Yahveh, todas sus huestes, servidores suyos, ejecutores de su voluntad.

22 Bendecid a Yahveh, todas sus obras, en todos los lugares de su imperio. ¡Bendice a Yahveh, alma mía!

Salmo 104 (103)

1 ¡Alma mía, bendice a Yahveh! ¡Yahveh, Dios mío, qué grande eres! Vestido de esplendor y majestad,

2 arropado de luz como de un manto, tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda,

3 levantas sobre las aguas tus altas moradas; haciendo de las nubes carro tuyo, sobre las alas del viento te deslizas;

4 tomas por mensajeros a los vientos, a las llamas del fuego por ministros.

5 Sobre sus bases asentaste la tierra, inconmovible para siempre jamás.

6 Del océano, cual vestido, la cubriste, sobre los montes persistían las aguas;

7 al increparlas tú, emprenden la huida, se precipitan al oír tu trueno,

8 y saltan por los montes, descienden por los valles, hasta el lugar que tú les asignaste;

9 un término les pones que no crucen, por que no vuelvan a cubrir la tierra.

10 Haces manar las fuentes en los valles, entre los montes se deslizan;

11 a todas las bestias de los campos abrevan, en ellas su sed apagan los onagros;

12 sobre ellas habitan las aves de los cielos, dejan oír su voz entre la fronda.

13 De tus altas moradas abrevas las montañas, del fruto de tus obras se satura la tierra;

14 la hierba haces brotar para el ganado, y las plantas para el uso del hombre, para que saque de la tierra el pan,

15 y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre.

16 Se empapan bien los árboles de Yahveh, los cedros del Líbano que él plantó;

17 allí ponen los pájaros su nido, su casa en su copa la cigüeña;

18 los altos montes, para los rebecos, para los damanes, el cobijo de las rocas.

19 Hizo la luna para marcar los tiempos, conoce el sol su ocaso;

20 mandas tú las tinieblas, y es la noche, en ella rebullen todos los animales de la selva,

21 los leoncillos rugen por la presa, y su alimento a Dios reclaman.

22 Cuando el sol sale, se recogen, y van a echarse a sus guaridas;

23 el hombre sale a su trabajo, para hacer su faena hasta la tarde.

24 ¡Cuán numerosas tus obras, Yahveh! Todas las has hecho con sabiduría, de tus criaturas está llena la tierra.

25 Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños;

26 por allí circulan los navíos, y Leviatán que tú formaste para jugar con él.

27 Todos ellos de ti están esperando que les des a su tiempo su alimento;

28 tú se lo das y ellos lo toman, abres tu mano y se sacian de bienes.

29 Escondes tu rostro y se anonadan, les retiras su soplo, y expiran y a su polvo retornan.

30 Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra.

31 ¡Sea por siempre la gloria de Yahveh, en sus obras Yahveh se regocije!

32 El que mira a la tierra y ella tiembla, toca los montes y echan humo.

33 A Yahveh mientras viva he de cantar, mientras exista salmodiaré para mi Dios.

34 ¡Oh, que mi poema le complazca! Yo en Yahveh tengo mi gozo.

35 ¡Que se acaben los pecadores en la tierra, y ya no más existan los impíos! ¡Bendice a Yahveh, alma mía!

Salmo 105 (104)

¡Aleluya!

1 ¡Dad gracias a Yahveh, aclamad su nombre, divulgad entre los pueblos sus hazañas!

2 ¡Cantadle, salmodiad para él, sus maravillas todas recitad;

3 gloriaos en su santo nombre, se alegre el corazón de los que buscan a Yahveh!

4 ¡Buscad a Yahveh y su fuerza, id tras su rostro sin descanso,

5 recordad las maravillas que él ha hecho, sus prodigios y los juicios de su boca!

6 Raza de Abraham, su servidor, hijos de Jacob, su elegido:

7 él, Yahveh, es nuestro Dios, por toda la tierra sus juicios.

8 El se acuerda por siempre de su alianza, palabra que impuso a mil generaciones,

9 lo que pactó con Abraham, el juramento que hizo a Isaac,

10 y que puso a Jacob como precepto, a Israel como alianza eterna,

11 diciendo: «Yo te daré la tierra de Canaán por parte de vuestra herencia».

12 Aunque ellos eran poco numerosos, gente de paso y forasteros allí,

13 cuando iban de nación en nación, desde un reino a otro pueblo,

14 a nadie permitió oprimirles, por ellos castigó a los reyes:

15 «Guardaos de tocar a mis ungidos, ni mal alguno hagáis a mis profetas.»

16 Llamó al hambre sobre aquel país, todo bastón de pan rompió;

17 delante de ellos envió a un hombre, José, vendido como esclavo.

18 Sus pies vejaron con grilletes, por su cuello pasaron las cadenas,

19 hasta que se cumplió su predicción, y le acreditó la palabra de Yahveh.

20 El rey mandó a soltarle, el soberano de pueblos, a dejarle libre;

21 le erigió señor sobre su casa, y de toda su hacienda soberano,

22 para instruir a su gusto a sus magnates, y a sus ancianos hacer sabios.

23 Entonces Israel entró en Egipto, Jacob residió en el país de Cam.

24 El aumentó a su pueblo en gran manera, le hizo más fuerte que sus adversarios;

25 cambió el corazón de éstos para que odiasen a su pueblo y a sus siervos pusieran asechanzas.

26 Luego envió a Moisés su servidor, y Aarón, su escogido,

27 que hicieron entre ellos sus señales anunciadas, prodigios en el país de Cam.

28 Mandó tinieblas y tinieblas hubo, mas ellos desafiaron sus palabras.

29 Trocó en sangre sus aguas y a sus peces dio muerte.

30 Pululó de ranas su país, hasta en las moradas de sus reyes;

31 mandó él, y vinieron los mosquitos, los cínifes por toda su comarca.

32 Les dio por lluvia el granizo, llamas de fuego en su país;

33 hirió sus viñedos, sus higueras, y los árboles quebró de su comarca.

34 Dio la orden, y llegó la langosta, y el pulgón en número incontable;

35 comieron toda hierba en su país, comieron el fruto de su suelo.

36 E hirió en su país a todo primogénito, las primicias de todo su vigor;

37 y a ellos los sacó con plata y oro, ni uno solo flaqueó de entre sus tribus.

38 Egipto se alegró de su salida, pues era presa del terror.

39 El desplegó una nube por cubierta, y un fuego para alumbrar de noche.

40 Pidieron, y trajo codornices, de pan de los cielos los hartó;

41 abrió la roca, y brotaron las aguas, como río corrieron por los sequedales.

42 Recordando su palabra sagrada dada a Abraham su servidor,

43 sacó a su pueblo en alborozo, a sus elegidos entre gritos de júbilo.

44 Y las tierras les dio de las naciones, el trabajo de las gentes heredaron,

45 a fin de que guarden sus preceptos y sus leyes observen.

Salmo 106 (105)

1 ¡Aleluya! ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!

2 ¿Quién dirá las proezas de Yahveh, hará oír toda su alabanza?

3 ¡Dichosos los que guardan el derecho, los que practican en todo tiempo la justicia!

4 ¡Acuérdate de mí, Yahveh, por amor de tu pueblo; con tu salvación visítame,

5 que vea yo la dicha de tus elegidos, me alegre en la alegría de tu pueblo, con tu heredad me felicite!

6 Hemos pecado como nuestros padres, hemos faltado, nos hemos hecho impíos;

7 nuestros padres, en Egipto, no comprendieron tus prodigios. No se acordaron de tu inmenso amor, se rebelaron contra el Altísimo junto al mar de Suf.

8 El los salvó por amor de su nombre, para dar a conocer su poderío.

9 Increpó al mar de Suf y éste se secó, los llevó por los abismos como por un desierto,

10 los salvó de la mano del que odiaba, de la mano del enemigo los libró.

11 El agua cubrió a sus adversarios, ni uno solo quedó.

12 Entonces ellos tuvieron fe en sus palabras y sus laudes cantaron.

13 Mas pronto se olvidaron de sus obras, no tuvieron en cuenta su consejo;

14 en el desierto ardían de avidez, a Dios tentaban en la estepa.

15 El les concedió lo que pedían, mandó fiebre a sus almas.

16 Y en el campamento, de Moisés tuvieron celos, de Aarón, el santo de Yahveh.

17 Se abre la tierra, traga a Datán, y cubre a la cuadrilla de Abirón;

18 un fuego se enciende contra su cuadrilla, una llama abrasa a los impíos

19 En Horeb se fabricaron un becerro, se postraron ante un metal fundido,

20 y cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come heno.

21 Olvidaban a Dios que les salvaba, al autor de cosas grandes en Egipto,

22 de prodigios en el país de Cam, de portentos en el mar de Suf.

23 Hablaba ya de exterminarlos, si no es porque Moisés, su elegido, se mantuvo en la brecha en su presencia, para apartar su furor de destruirlos.

24 Una tierra de delicias desdeñaron, en su palabra no tuvieron fe;

25 murmuraron dentro de sus tiendas, no escucharon la voz de Yahveh.

26 Y él, mano en alto, les juró hacerles caer en el desierto,

27 desperdigar su raza entre las naciones, y dispersarlos por los países.

28 Luego se vincularon a Baal Peor y comieron sacrificios de muertos.

29 Así le irritaron con sus obras, y una plaga descargó sobre ellos.

30 Entonces surgió Pinjás, zanjó, y la plaga se detuvo;

31 esto se le contó como justicia de edad en edad, para siempre.

32 En las aguas de Meribá le enojaron, y mal le fue a Moisés por culpa de ellos,

33 pues le amargaron el espíritu, y habló a la ligera con sus labios.

34 No exterminaron a los pueblos que Yahveh les había señalado,

35 sino que se mezclaron con las gentes, aprendieron sus prácticas.

36 Sirvieron a sus ídolos que fueron un lazo para ellos;

37 sacrificaban sus hijos y sus hijas a demonios.

38 Sangre inocente derramaban, la sangre de sus hijos y sus hijas, que inmolaban a los ídolos de Canaán, y fue el país profanado de sangre.

39 Así se manchaban con sus obras, y se prostituían con sus prácticas.

40 Entonces se inflamó la cólera de Yahveh contra su pueblo, y abominó de su heredad.

41 Los entregó en mano de las gentes, y los dominaron los que los odiaban;

42 sus enemigos los tiranizaron, bajo su mano quedaron humillados.

43 Muchas veces los libró aunque ellos, en su propósito obstinados, se hundían en su culpa;

44 y los miró cuando estaban en apuros, escuchando su clamor.

45 Se acordó en favor de ellos de su alianza, se enterneció según su inmenso amor;

46 hizo que de ellos se apiadaran aquellos que cautivos los tenían.

47 ¡Sálvanos, Yahveh, Dios nuestro, reúnenos de entre las naciones, para dar gracias a tu nombre santo, y gloriarnos en tu alabanza!

48 ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, por eternidad de eternidades! Y el pueblo todo diga: ¡Amén!

Salmo 107 (106)

¡Aleluya!

1 Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor.

2 Que lo digan los redimidos de Yahveh, los que él ha redimido del poder del adversario,

3 los que ha reunido de entre los países, de oriente y de poniente, del norte y mediodía.

4 En el desierto erraban, por la estepa, no encontraban camino de ciudad habitada;

5 hambrientos, y sedientos, desfallecía en ellos su alma.

6 Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los libró de sus angustias,

7 les condujo por camino recto, hasta llegar a ciudad habitada.

8 ¡Den gracias a Yahveh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

9 Porque él sació el alma anhelante, el alma hambrienta saturó de bienes.

10 Habitantes de tiniebla y sombra, cautivos de la miseria y de los hierros,

11 por haber sido rebeldes a las órdenes de Dios y haber despreciado el consejo del Altísimo,

12 él sometió su corazón a la fatiga, sucumbían, y no había quien socorriera.

13 Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias,

14 los sacó de la tiniebla y de la sombra, y rompió sus cadenas.

15 ¡Den gracias a Yahveh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

16 Pues las puertas de bronce quebrantó, y los barrotes de hierro hizo pedazos.

17 Embotados de resultas de sus yerros, miserables a causa de sus culpas,

18 todo manjar les daba náusea, tocaban ya a las puertas de la muerte.

19 Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias;

20 su palabra envió para sanarlos y arrancar sus vidas de la fosa.

21 ¡Den gracias a Yahveh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

22 Ofrezcan sacrificios de acción de gracias, y sus obras pregonen con gritos de alegría.

23 Los que a la mar se hicieron en sus naves, llevando su negocio por las muchas aguas,

24 vieron las obras de Yahveh, sus maravillas en el piélago.

25 Dijo, y suscitó un viento de borrasca, que entumeció las olas;

26 subiendo hasta los cielos, bajando hasta el abismo, bajo el peso del mal su alma se hundía;

27 dando vuelcos, vacilando como un ebrio, tragada estaba toda su pericia.

28 Y hacia Yahveh gritaron en su apuro, y él los sacó de sus angustias;

29 a silencio redujo la borrasca, y las olas callaron.

30 Se alegraron de verlas amansarse, y él los llevó hasta el puerto deseado.

31 ¡Den gracias a Yahveh por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

32 ¡Ensálcenle en la asamblea del pueblo, en el concejo de los ancianos le celebren!

33 El cambia los ríos en desierto, y en suelo de sed los manantiales,

34 la tierra fértil en salinas, por la malicia de sus habitantes.

35 Y él cambia el desierto en un estanque, y la árida tierra en manantial.

36 Allí asienta a los hambrientos, y ellos fundan una ciudad habitada.

37 Y siembran campos, plantan viñas, que producen sus frutos de cosecha.

38 El los bendice y crecen mucho y no deja que mengüen sus ganados.

39 Menguados estaban, y abatidos por la tenaza del mal y la aflicción.

40 El que vierte desprecio sobre príncipes, los hacía errar por caos sin camino.

41 Mas él recobra de la miseria al pobre, aumenta como un rebaño las familias;

42 los hombres rectos lo ven y se recrean, y toda iniquidad cierra su boca.

43 ¿Hay algún sabio? ¡Que guarde estas cosas, y comprenda el amor de Yahveh!

Salmo 108 (107)

(1) = Cántico. Salmo. De David. =

1 (2) A punto está mi corazón, oh Dios, - voy a cantar, voy a salmodiar - ¡anda, gloria mía!

2 (3) ¡despertad, arpa y cítara! ¡a la aurora he de despertar!

3 (4) Te alabaré entre los pueblos, Yahveh, te salmodiaré entre las gentes,

4 (5) porque tu amor es grande hasta los cielos, tu lealtad hasta las nubes.

5 (6) ¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria!

6 (7) Para que tus amados salgan libres, ¡salva con tu diestra, respóndenos!

7 (8) Ha hablado Dios en su santuario: «Ya exulto, voy a repartir a Siquem, a medir el valle de Sukkot.

8 (9) «Mío es Galaad, mío Manasés, Efraím, yelmo de mi cabeza, Judá mi cetro.

9 (10) «Moab, la vasija en que me lavo. Sobre Edom tiro mi sandalia, contra Filistea lanzo el grito de guerra.»

10 (11) ¿Quién me conducirá hasta la plaza fuerte, quién me guiará hasta Edom?

11 (12) ¿No eres tú, oh Dios, que nos has rechazado y ya no sales, oh Dios, con nuestras tropas?

12 (13) ¡Danos ayuda contra el adversario, que es vano el socorro del hombre!

13 (14) ¡Con Dios hemos de hacer proezas, y él hollará a nuestros adversarios!

Salmo 109 (108)

(1) = Del maestro de coro. De David. Salmo. = 1 ¡Oh Dios de mi alabanza, no te quedes mudo!

2 Boca de impío, boca de engaño, se abren contra mí. Me hablan con lengua de mentira,

3 con palabras de odio me envuelven, me atacan sin razón.

4 En pago de mi amor, se me acusa, y yo soy sólo oración;

5 se me devuelve mal por bien y odio por mi amor:

6 «¡Suscita a un impío contra él, y que un fiscal esté a su diestra;

7 que en el juicio resulte culpable, y su oración sea tenida por pecado!

8 «¡Sean pocos sus días, que otro ocupe su cargo;

9 queden sus hijos huérfanos y viuda su mujer!

10 «¡Anden sus hijos errantes, mendigando, y sean expulsados de sus ruinas;

11 el acreedor le atrape todo lo que tiene, y saqueen su fruto los extraños!

12 «¡Ni uno solo tenga con él amor, nadie se compadezca de sus huérfanos,

13 sea dada al exterminio su posteridad, en una generación sea borrado su nombre!

14 «¡Sea ante Yahveh recordada la culpa de sus padres, el pecado de su madre no se borre;

15 estén ante Yahveh constantemente, y él cercene de la tierra su memoria!»

16 Porque él no se acordó de actuar con amor: persiguió al pobre, al desdichado, y al de abatido corazón para matarle;

17 amó la maldición: sobre él recaiga, no quiso bendición: que de él se aleje.

18 Se vistió de maldición como de un manto: ¡que penetre en su seno como agua, igual que aceite dentro de sus huesos!

19 ¡Séale cual vestido que le cubra, como cinto que la ciña siempre!

20 ¡Tal sea de parte de Yahveh la paga de mis acusadores, de los que dicen mal contra mi alma!

21 ¡Y tú, Señor Yahveh, actúa por mí en gracia de tu nombre, porque tu amor es bueno, líbrame!,

22 Porque soy pobre y desdichado, y tengo dentro herido el corazón;

23 cual sombra que declina me voy yendo, me han sacudido igual que a la langosta.

24 Por tanto ayuno se doblan mis rodillas, falta de aceite mi carne ha enflaquecido;

25 me he hecho el insulto de ellos, me ven y menean su cabeza.

26 ¡Ayúdame, Yahveh, Dios mío, sálvame por tu amor!

27 ¡Sepan ellos que tu mano es ésta, que tú, Yahveh, lo has hecho!

28 ¡Maldigan ellos, pero tú bendice, los que me atacan sean confundidos y tu siervo se alegre!

29 ¡Los que me acusan queden vestidos de ignominia, como en un manto en su vergüenza envueltos!

30 ¡Copiosas gracias a Yahveh en mi boca, entre la multitud le alabaré:

31 porque él se pone a la diestra del pobre para salvar su alma de sus jueces!

Salmo 110 (109)

(1) = De David. Salmo. =

1 Oráculo de Yahveh a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies.

2 El cetro de tu poder lo extenderá Yahveh desde Sión: ¡domina en medio de tus enemigos!

3 Para ti el principado el día de tu nacimiento, en esplendor sagrado desde el seno, desde la aurora de tu juventud.

4 Lo ha jurado Yahveh y no ha de retractarse: «Tú eres por siempre sacerdote, según el orden de Melquisedec.»

5 A tu diestra, Señor, él quebranta a los reyes el día de su cólera;

6 sentencia a las naciones, amontona cadáveres, cabezas quebranta sobre la ancha tierra.

7 En el camino bebe del torrente, por eso levanta la cabeza.

Salmo 111 (110)

1 ¡Aleluya! = Alef. = Doy gracias a Yahveh de todo corazón, = Bet. = en el consejo de los justos y en la comunidad.

2 = Guímel. = Grandes son las obras de Yahveh, = Dálet. = meditadas por los que en ellas se complacen.

3 = He. = Esplendor y majestad su obra, = Vau. = su justicia por siempre permanece.

4 = Zain. = De sus maravillas ha dejado un memorial. = Jet. = ¡Clemente y compasivo Yahveh!

5 = Tet. = Ha dado alimento a quienes le temen, = Yod. = se acuerda por siempre de su alianza.

6 = Kaf. = Ha revelado a su pueblo el poder de sus obras, = Lámed. = dándole la heredad de las naciones.

7 = Mem. = Verdad y justicia, las obras de sus manos, = Nun. = leales todas sus ordenanzas,

8 = Sámek. = afirmadas para siempre jamás, = Ain. = ejecutadas con verdad y rectitud.

9 = Pe. = Ha enviado redención a su pueblo, = Sade. = ha fijado para siempre su alianza; = Qof. = santo y temible es su nombre.

10 = Res. = Principio del saber, el temor de Yahveh; = Sin. = muy cuerdos todos los que lo practican. = Tau. = Su alabanza por siempre permanece.

Salmo 112 (111)

1 ¡Aleluya! = Alef. = ¡Dichoso el hombre que teme a Yahveh, = Bet. = que en sus mandamientos mucho se complace!

2 = Guímel. = Fuerte será en la tierra su estirpe, = Dálet. = bendita la raza de los hombres rectos.

3 = He. = Hacienda y riquezas en su casa, = Vau. = su justicia por siempre permanece.

4 = Zain = En las tinieblas brilla, como luz de los rectos, = Jet. = tierno, clemente y justo.

5 = Tet. = Feliz el hombre que se apiada y presta, = Yod. = y arregla rectamente sus asuntos.

6 = Kaf. = No, no será conmovido jamás, = Lámed. = en memoria eterna permanece el justo;

7 = Mem. = no tiene que temer noticias malas, = Nun. = firme es su corazón, en Yahveh confiado.

8 = Sámek. = Seguro está su corazón, no teme: = Ain. = al fin desafiará a sus adversarios.

9 = Pe. = Con largueza da a los pobres; = Sade. = su justicia por siempre permanece, = Qof. = su frente se levanta con honor.

10 = Res. = Lo ve el impío y se enfurece, = Sin. = rechinando sus dientes, se consume. = Tau. = El afán de los impíos se pierde.

Salmo 113 (112)

(1) ¡Aleluya!

1 ¡Alabad, servidores de Yahveh, alabad el nombre de Yahveh!

2 ¡Bendito sea el nombre de Yahveh, desde ahora y por siempre!

3 ¡De la salida del sol hasta su ocaso, sea loado el nombre de Yahveh!

4 ¡Excelso sobre todas las naciones Yahveh, por encima de los cielos su gloria!

5 ¿Quién como Yahveh, nuestro Dios, que se sienta en las alturas,

6 y se abaja para ver los cielos y la tierra?

7 El levanta del polvo al desvalido, del estiércol hace subir al pobre,

8 para sentarle con los príncipes, con los príncipes de su pueblo.

9 El asienta a la estéril en su casa, madre de hijos jubilosa.

Salmo 114 (113 A)

¡Aleluya!

1 Cuando Israel salió de Egipto, la casa de Jacob de un pueblo bárbaro,

2 se hizo Judá su santuario, Israel su dominio.

3 Lo vio la mar y huyó, retrocedió el Jordán,

4 los montes brincaron lo mismo que carneros, las colinas como corderillos.

5 Mar, ¿qué es lo que tienes para huir, y tú, Jordán, para retroceder,

6 montes, para saltar como carneros, colinas, como corderillos?

7 ¡Tiembla, tierra, ante la faz del Dueño, ante la faz del Dios de Jacob,

8 aquel que cambia la peña en un estanque, y el pedernal en una fuente!

Salmo 115 (113 B)

1 ¡No a nosotros, Yahveh, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu amor, por tu verdad!

2 ¿Por qué han de decir las gentes: «¿Dónde está su Dios?»

3 Nuestro Dios está en los cielos, todo cuanto le place lo realiza.

4 Plata y oro son sus ídolos, obra de mano de hombre.

5 Tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven,

6 tienen oídos y no oyen, tienen nariz y no huelen.

7 Tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan, ni un solo susurro en su garganta.

8 Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza.

9 Casa de Israel, confía en Yahveh, él, su auxilio y su escudo;

10 casa de Aarón, confía en Yahveh, él, su auxilio y su escudo;

11 los que teméis a Yahveh, confiad en Yahveh, él, su auxilio y su escudo.

12 Yahveh se acuerda de nosotros, él bendecirá, bendecirá a la casa de Israel, bendecirá a la casa de Aarón,

13 bendecirá a los que temen a Yahveh, a pequeños y grandes.

14 ¡Yahveh os acreciente a vosotros y a vuestros hijos!

15 ¡Benditos vosotros de Yahveh, que ha hecho los cielos y la tierra!

16 Los cielos, son los cielos de Yahveh, la tierra, se la ha dado a los hijos de Adán.

17 No alaban los muertos a Yahveh, ni ninguno de los que bajan al Silencio;

18 mas nosotros, los vivos, a Yahveh bendecimos, desde ahora y por siempre.

Salmo 116 (114-115)

¡Aleluya!

1 Yo amo, porque Yahveh escucha mi voz suplicante;

2 porque hacia mí su oído inclina el día en que clamo.

3 Los lazos de la muerte me aferraban, me sorprendieron las redes del seol; en angustia y tristeza me encontraba,

4 y el nombre de Yahveh invoqué: ¡Ah, Yahveh, salva mi alma!

5 Tierno es Yahveh y justo, compasivo nuestro Dios;

6 Yahveh guarda a los pequeños, estaba yo postrado y me salvó.

7 Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque Yahveh te ha hecho bien.

8 Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, y mis pies de mal paso.

9 Caminaré en la presencia de Yahveh por la tierra de los vivos.

10 ¡Tengo fe, aún cuando digo: «Muy desdichado soy»!,

11 yo que he dicho en mi consternación: «Todo hombre es mentiroso».

12 ¿Cómo a Yahveh podré pagar todo el bien que me ha hecho?

13 La copa de salvación levantaré, e invocaré el nombre de Yahveh.

14 Cumpliré mis votos a Yahveh, ¡sí, en presencia de todo su pueblo!

15 Mucho cuesta a los ojos de Yahveh la muerte de los que le aman.

16 ¡Ah, Yahveh, yo soy tu siervo, tu siervo, el hijo de tu esclava, tú has soltado mis cadenas!

17 Sacrificio te ofreceré de acción de gracias, e invocaré el nombre de Yahveh.

18 Cumpliré mis votos a Yahveh, sí, en presencia de todo su pueblo,

19 en los atrios de la Casa de Yahveh, en medio de ti, Jerusalén.

Salmo 117 (116)

¡Aleluya!

1 ¡Alabad a Yahveh, todas las naciones, celebradle, pueblos todos!

2 Porque es fuerte su amor hacia nosotros, la verdad de Yahveh dura por siempre.

Salmo 118 (117)

¡Aleluya!

1 ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!

2 ¡Diga la casa de Israel: que es eterno su amor!

3 ¡Diga la casa de Aarón: que es eterno su amor!

4 ¡Digan los que temen a Yahveh: que es eterno su amor!

5 En mi angustia hacia Yahveh grité, él me respondió y me dio respiro;

6 Yahveh está por mí, no tengo miedo, ¿qué puede hacerme el hombre?

7 Yahveh está por mí, entre los que me ayudan, y yo desafío a los que me odian.

8 Mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en hombre;

9 mejor es refugiarse en Yahveh que confiar en magnates.

10 Me rodeaban todos los gentiles: en el nombre de Yahveh los cercené;

11 me rodeaban, me asediaban: en el nombre de Yahveh los cercené.

12 Me rodeaban como avispas, llameaban como fuego de zarzas: en el nombre de Yahveh los cercené.

13 Se me empujó, se me empujó para abatirme, pero Yahveh vino en mi ayuda;

14 mi fuerza y mi cántico es Yahveh, él ha sido para mí la salvación.

15 Clamor de júbilo y salvación, en las tiendas de los justos: «¡La diestra de Yahveh hace proezas,

16 excelsa la diestra de Yahveh, la diestra de Yahveh hace proezas!»

17 No, no he de morir, que viviré, y contaré las obras de Yahveh;

18 me castigó, me castigó Yahveh, pero a la muerte no me entregó.

19 ¡Abridme las puertas de justicia, entraré por ellas, daré gracias a Yahveh!

20 Aquí está la puerta de Yahveh, por ella entran los justos.

21 Gracias te doy, porque me has respondido, y has sido para mí la salvación.

22 La piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido;

23 esta ha sido la obra de Yahveh, una maravilla a nuestros ojos.

24 ¡Este es el día que Yahveh ha hecho, exultemos y gocémonos en él!

25 ¡Ah, Yahveh, da la salvación! ¡Ah, Yahveh, da el éxito!

26 ¡Bendito el que viene en el nombre de Yahveh! Desde la Casa de Yahveh os bendecimos.

27 Yahveh es Dios, él nos ilumina. ¡Cerrad la procesión, ramos en mano, hasta los cuernos del altar!

28 Tú eres mi Dios, yo te doy gracias, Dios mío, yo te exalto.

29 ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!

Salmo 119 (118)

1 = Alef = Dichosos los que van por camino perfecto, los que proceden en la ley de Yahveh.

2 Dichosos los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón,

3 y los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.

4 Tú tus ordenanzas promulgaste, para que sean guardadas cabalmente.

5 ¡Ojalá mis caminos se aseguren para observar tus preceptos!

6 Entonces no tendré vergüenza alguna al mirar a todos tus mandamientos.

7 Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios.

8 Tus preceptos, los observaré, no me abandones tú del todo.

9 = Bet. = ¿Cómo el joven guardará puro su camino? Observando tu palabra.

10 De todo corazón ando buscándote, no me desvíes de tus mandamientos.

11 Dentro del corazón he guardado tu promesa, para no pecar contra ti.

12 Bendito tú, Yahveh, enséñame tus preceptos.

13 Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.

14 En el camino de tus dictámenes me recreo más que en toda riqueza.

15 En tus ordenanzas quiero meditar y mirar a tus caminos.

16 En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tu palabra.

17 = Guímel. = Haz merced a tu siervo y viviré. y guardaré tu palabra.

18 Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley.

19 Un forastero soy sobre la tierra, tus mandamientos no me ocultes.

20 Mi alma se consume deseando tus juicios en todo tiempo.

21 Tú increpas a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.

22 Echa lejos de mí oprobio y menosprecio, porque he guardado tus dictámenes.

23 Aunque los príncipes hablen en sesión contra mí, tu servidor medita en tus preceptos.

24 Tus dictámenes hacen mis delicias, mis consejeros, tus preceptos.

25 = Dálet. = Mi alma está pegada al polvo, hazme vivir conforme a tu palabra.

26 Mis caminos expuse, y tú me respondiste, enséñame tus preceptos.

27 Hazme entender el camino de tus ordenanzas, y meditaré en tus maravillas.

28 Se va en lágrimas mi alma por el tedio, sosténme conforme a tu palabra.

29 Aléjame del camino de mentira, y dame la gracia de tu ley,

30 He escogido el camino de la lealtad, a tus juicios me conformo.

31 A tus dictámenes me mantengo adherido, no me confundas, tú, Yahveh.

32 Corro por el camino de tus mandamientos, pues tú mi corazón dilatas.

33 = He. = Enséñame, Yahveh, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa.

34 Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón.

35 Llévame por la senda de tus mandamientos porque mi complacencia tengo en ella.

36 Inclina mi corazón hacia tus dictámenes, y no a ganancia injusta.

37 Aparta mis ojos de mirar vanidades, por tu palabra vivifícame.

38 Mantén a tu siervo tu promesa, que conduce a tu temor.

39 Aparta de mí el oprobio que me espanta, pues son buenos tus juicios.

40 Mira que deseo tus ordenanzas, hazme vivir por tu justicia.

41 = Vau. = ¡Llegue hasta mí tu amor, Yahveh, tu salvación, conforme a tu promesa!

42 Y daré respuesta al que me insulta, porque confío en tu palabra.

43 No quites de mi boca la palabra de verdad, porque espero en tus juicios.

44 Yo observaré sin descanso tu ley para siempre jamás.

45 Y andaré por camino anchuroso, porque tus ordenanzas voy buscando.

46 De tus dictámenes hablaré ante los reyes, y no tendré que avergonzarme.

47 Y me deleitaré en tus mandamientos, que amo mucho.

48 Tiendo mis manos hacia tus mandamientos, en tus preceptos medito.

49 = Zain. = Recuerda la palabra dada a tu servidor, de la que has hecho mi esperanza.

50 Este es mi consuelo en mi miseria: que tu promesa me da vida.

51 Los soberbios me insultan hasta el colmo, yo no me aparto de tu ley.

52 Me acuerdo de tus juicios de otro tiempo, oh Yahveh, y me consuelo.

53 Me arrebata el furor por los impíos que abandonan tu ley.

54 Tus preceptos son cantares para mí en mi mansión de forastero.

55 Me acuerdo por la noche de tu nombre, Yahveh, quiero guardar tu ley.

56 Esta es mi tarea: guardar tus ordenanzas.

57 = Jet. = Mi porción, Yahveh, he dicho, es guardar tus palabras.

58 Con todo el corazón busco tu favor, tenme piedad conforme a tu promesa.

59 He examinado mis caminos y quiero volver mis pies a tus dictámenes.

60 Me doy prisa y no me tardo en observar tus mandamientos.

61 Las redes de los impíos me aprisionan, yo no olvido tu ley.

62 Me levanto a medianoche a darte gracias por tus justos juicios.

63 Amigo soy de todos los que te temen y observan tus ordenanzas.

64 De tu amor, Yahveh, está la tierra llena, enséñame tus preceptos.

65 = Tet. = Has sido generoso con tu siervo, oh Yahveh, conforme a tu palabra.

66 Cordura y sabiduría enséñame, pues tengo fe en tus mandamientos.

67 Antes de ser humillado, me descarriaba, mas ahora observo tu promesa.

68 Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.

69 Los soberbios me enredan con mentira, yo guardo tus ordenanzas de todo corazón.

70 Como de grasa su corazón está embotado. mas yo en tu ley tengo mis delicias.

71 Un bien para mí ser humillado, para que aprenda tus preceptos.

72 Un bien para mí la ley de tu boca, más que miles de oro y plata.

73 = Yod. = Tus manos me han hecho y me han formado, hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.

74 Los que te temen me ven con alegría, porque espero en tu palabra.

75 Yo sé, Yahveh, que son justos tus juicios, que con lealtad me humillas tú.

76 Sea tu amor consuelo para mí, según tu promesa a tu servidor.

77 Me alcancen tus ternuras y viviré, porque tu ley es mi delicia.

78 Sean confundidos los soberbios que me afligen con mentira, yo en tus ordenanzas medito.

79 Vuélvanse hacia mí los que te temen, los que conocen tus dictámenes.

80 Sea mi corazón perfecto en tus preceptos, para que no sea confundido.

81 = Kaf. = En pos de tu salvación mi alma languidece, en tu palabra espero.

82 Languidecen mis ojos en pos de tu promesa diciendo: «¿Cuándo vas a consolarme?»

83 Aun hecho igual que un pellejo que se ahúma, de tus preceptos no me olvido.

84 ¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿cuándo harás justicia de mis perseguidores?

85 Los soberbios han cavado fosas para mí en contra de tu ley.

86 Todos tus mandamientos son verdad, con mentira se me persigue, ¡ayúdame!

87 Poco falta para que me borren de la tierra, mas yo tus ordenanzas no abandono.

88 Según tu amor dame la vida, y guardaré el dictamen de tu boca.

89 = Lámed. = Para siempre, Yahveh, tu palabra, firme está en los cielos.

90 Por todas las edades tu verdad, tú fijaste la tierra, ella persiste.

91 Por tus juicios subsiste todo hasta este día, pues toda cosa es sierva tuya.

92 Si tu ley no hubiera sido mi delicia, ya habría perecido en mi miseria.

93 Jamás olvidaré tus ordenanzas, por ellas tú me das la vida.

94 Tuyo soy, sálvame, pues tus ordenanzas voy buscando.

95 Para perderme me acechan los impíos, yo estoy atento a tus dictámenes.

96 De todo lo perfecto he visto el límite: ¡Qué inmenso es tu mandamiento!

97 = Mem. = ¡Oh, cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.

98 Más sabio me haces que mis enemigos por tu mandamiento, que por siempre es mío.

99 Tengo más prudencia que todos mis maestros, porque mi meditación son tus dictámenes.

100 Poseo más cordura que los viejos, porque guardo tus ordenanzas.

101 Retraigo mis pasos de toda mala senda para guardar tu palabra.

102 De tus juicios no me aparto, porque me instruyes tú.

103 ¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!

104 Por tus ordenanzas cobro inteligencia, por eso odio toda senda de mentira.

105 = Nun. = Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero.

106 He jurado, y he de mantenerlo, guardar tus justos juicios.

107 Humillado en exceso estoy, Yahveh, dame la vida conforme a tu palabra.

108 Acepta los votos de mi boca, Yahveh, y enséñame tus juicios.

109 Mi alma está en mis manos sin cesar, mas no olvido tu ley.

110 Me tienden un lazo los impíos, mas yo no me desvío de tus ordenanzas.

111 Tus dictámenes son mi herencia por siempre, ellos son la alegría de mi corazón.

112 Inclino mi corazón a practicar tus preceptos, recompensa por siempre.

113 = Sámek. = Aborrezco la doblez y amo tu ley.

114 Mi refugio y mi escudo eres tú, yo espero en tu palabra.

115 ¡Apartaos de mí, malvados, quiero guardar los mandamientos de mi Dios!

116 Sosténme conforme a tu promesa, y viviré, no defraudes mi esperanza.

117 Sé tú mi apoyo, y seré salvo, y sin cesar tendré a la vista tus preceptos.

118 Tú deshaces a todos los que se desvían de tus preceptos, mentira es su astucia.

119 Tienes por escoria a todos los impíos de la tierra, por eso amo yo tus dictámenes.

120 Por tu terror tiembla mi carne, de tus juicios tengo miedo.

121 = Ain. = Juicio y justicia he practicado, a mis opresores no me entregues.

122 Sé fiador de tu siervo para el bien, no me opriman los soberbios.

123 En pos de tu salvación languidecen mis ojos, tras tu promesa de justicia.

124 Según tu amor trata a tu siervo, enséñame tus preceptos.

125 Yo soy tu servidor, hazme entender, y aprenderé tus dictámenes.

126 Ya es hora de actuar, Yahveh, se ha violado tu ley.

127 Por eso amo yo tus mandamientos más que el oro, más que el oro fino.

128 Por eso me guío por todas tus ordenanzas y odio toda senda de mentira.

129 = Pe. = Maravillas son tus dictámenes, por eso mi alma los guarda.

130 Al abrirse, tus palabras iluminan dando inteligencia a los sencillos.

131 Abro mi boca franca, y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandamientos.

132 Vuélvete a mí y tenme piedad, como es justo para los que aman tu nombre.

133 Mis pasos asegura en tu promesa, que no me domine ningún mal.

134 Rescátame de la opresión del hombre, y tus ordenanzas guardaré.

135 Haz que brille tu faz para tu siervo, y enséñame tus preceptos.

136 Mis ojos destilan ríos de lágrimas, porque tu ley no se guarda.

137 = Sade. = ¡Justo eres tú, Yahveh, y rectitud tus juicios!

138 Con justicia impones tus dictámenes, con colmada verdad.

139 Mi celo me consume, porque mis adversarios olvidan tus palabras.

140 Acendrada en extremo es tu promesa, tu servidor la ama.

141 Pequeño soy y despreciado, mas no olvido tus ordenanzas.

142 Justicia eterna es tu justicia, verdad tu ley.

143 Angustia y opresión me han alcanzado, tus mandamientos hacen mis delicias.

144 Justicia eterna tus dictámenes, hazme entender para que viva.

145 = Qof. = Invoco con todo el corazón, respóndeme, Yahveh, y guardaré tus preceptos.

146 Yo te invoco, sálvame, y guardaré tus dictámenes.

147 Me adelanto a la aurora y pido auxilio, en tu palabra espero.

148 Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, a fin de meditar en tu promesa.

149 Por tu amor, Yahveh, escucha mi voz, por tus juicios, vivifícame.

150 Se acercan a la infamia los que me persiguen, se alejan de tu ley.

151 Tú estás cerca, Yahveh, todos tus mandamientos son verdad.

152 De tus dictámenes sé desde hace tiempo que para siempre los fundaste.

153 = Res = Mira mi aflicción y líbrame, porque tu ley no olvido.

154 Aboga por mi causa tú, rescátame, dame la vida conforme a tu promesa.

155 Lejos de los impíos la salvación, pues no van buscando tus preceptos.

156 Muchas son tus ternuras, Yahveh, por tus juicios, vivifícame.

157 Numerosos mis perseguidores y adversarios, yo no me aparto de tus dictámenes.

158 He visto a los traidores, me disgusta que no guarden tu promesa.

159 Mira que amo tus ordenanzas, Yahveh, dame la vida por tu amor.

160 Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus justos juicios.

161 = Sin. = Príncipes me persiguen sin razón, mas mi corazón teme tus palabras.

162 Me regocijo en tu promesa como quien halla un gran botín.

163 La mentira detesto y abomino, amo tu ley.

164 Siete veces al día te alabo por tus justos juicios.

165 Mucha es la paz de los que aman tu ley, no hay tropiezo para ellos.

166 Espero tu salvación, Yahveh, tus mandamientos cumplo.

167 Mi alma guarda tus dictámenes, mucho los amo.

168 Guardo tus ordenanzas y dictámenes que ante ti están todos mis caminos.

169 = Tau. = Mi grito llegue hasta tu faz, Yahveh, por tu palabra dame inteligencia.

170 Mi súplica llegue ante tu rostro, por tu promesa líbrame.

171 Mis labios proclaman tu alabanza, pues tú me enseñas tus preceptos.

172 Mi lengua repita tu promesa, pues todos tus mandamientos son justicia.

173 Venga tu mano en mi socorro, porque tus ordenanzas he escogido.

174 Anhelo tu salvación, Yahveh, tu ley hace mis delicias.

175 Viva mi alma para alabarte, y ayúdenme tus juicios.

176 Me he descarriado como oveja perdida: ven en busca de tu siervo. No, no me olvido de tus mandamientos.

Salmo 120 (119)

(1) = Canción de las subidas. =

1 Hacia Yahveh, cuando en angustias me encontraba, clamé, y él me respondió.

2 ¡Yahveh, libra mi alma del labio mentiroso, de la lengua tramposa!

3 ¿Qué te dará y qué te añadirá, lengua tramposa?

4 ¡Flechas de guerrero afiladas con brasas de retama!

5 ¡Qué desgracia para mí vivir en Mések, morar en las tiendas de Quedar!

6 Harto ha vivido ya mi alma con los que odian la paz.

7 Que si yo hablo de paz, ellos prefieren guerra.

Salmo 121 (120)

(1) = Canción para las subidas. =

1 Alzo mis ojos a los montes: ¿de dónde vendrá mi auxilio?

2 Mi auxilio me viene de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra.

3 ¡No deje él titubear tu pie! ¡no duerme tu guardián!

4 No, no duerme ni dormita el guardián de Israel.

5 Yahveh es tu guardián, tu sombra, Yahveh, a tu diestra.

6 De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.

7 Te guarda Yahveh de todo mal, él guarda tu alma;

8 Yahveh guarda tus salidas y entradas, desde ahora y por siempre.

Salmo 122 (121)

(1) = Canción de las subidas. De David. = 1 ¡Oh, qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la Casa de Yahveh!

2 ¡Ya estamos, ya se posan nuestros pies en tus puertas, Jerusalén!

3 Jerusalén, construida cual ciudad de compacta armonía,

4 a donde suben las tribus, las tribus de Yahveh, es para Israel el motivo de dar gracias al nombre de Yahveh.

5 Porque allí están los tronos para el juicio, los tronos de la casa de David.

6 Pedid la paz para Jerusalén: ¡en calma estén tus tiendas,

7 haya paz en tus muros, en tus palacios calma!

8 Por amor de mis hermanos y de mis amigos, quiero decir: ¡La paz contigo!

9 ¡Por amor de la Casa de Yahveh nuestro Dios, ruego por tu ventura.

Salmo 123 (122)

(1) = Canción de las subidas. =

1 A ti levanto mis ojos, tú que habitas en el cielo;

2 míralos, como los ojos de los siervos en la mano de sus amos. Como los ojos de la sierva en la mano de su señora, así nuestros ojos en Yahveh nuestro Dios, hasta que se apiade de nosotros.

3 ¡Ten piedad de nosotros, Yahveh, ten piedad de nosotros, que estamos saturados de desprecio!

4 ¡Nuestra alma está por demás saturada del sarcasmo de los satisfechos, (¡El desprecio es para los soberbios!)

Salmo 124 (123)

(1) = Canción de las subidas. De David. = 1 Si Yahveh no hubiera estado por nosotros, - que lo diga Israel -

2 si Yahveh no hubiera estado por nosotros, cuando contra nosotros se alzaron los hombres,

3 vivos entonces nos habrían tragado en el fuego de su cólera.

4 Entonces las aguas nos habrían anegado, habría pasado sobre nosotros un torrente,

5 habrían pasado entonces sobre nuestra alma aguas voraginosas.

6 ¡Bendito sea Yahveh que no nos hizo presa de sus dientes!

7 Nuestra alma como un pájaro escapó del lazo de los cazadores. El lazo se rompió y nosotros escapamos;

8 nuestro socorro en el nombre de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra.

Salmo 125 (124)

(1) = Canción de las subidas. =

1 Los que confían en Yahveh son como el monte Sión, que es inconmovible, estable para siempre.

2 ¡Jerusalén, de montes rodeada! Así Yahveh rodea a su pueblo desde ahora y por siempre.

3 Jamás ha de caer el cetro de impiedad sobre la suerte de los justos, para que los justos no alarguen a la maldad su mano.

4 Haz bien, Yahveh, a los buenos, a los de recto corazón.

5 ¡Mas a los que yerran por sus caminos tortuosos, los suprima Yahveh con los agentes de mal! ¡Paz a Israel!

Salmo 126 (125)

(1) = Canción de las subidas. =

1 Cuando Yahveh hizo volver a los cautivos de Sión, como soñando nos quedamos;

2 entonces se llenó de risa nuestra boca y nuestros labios de gritos de alegría. Entonces se decía entre las naciones: ¡Grandes cosas ha hecho Yahveh con éstos!

3 ¡Sí, grandes cosas hizo con nosotros Yahveh, el gozo nos colmaba!

4 ¡Haz volver, Yahveh, a nuestros cautivos como torrentes en el Négueb!

5 Los que siembran con lágrimas cosechan entre cánticos.

6 Al ir, va llorando, llevando la semilla; al volver, vuelve cantando trayendo sus gavillas.

Salmo 127 (126)

(1) = Canción de las subidas. De Salomón. = 1 Si Yahveh no construye la casa, en vano se afanan los constructores; si Yahveh no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia.

2 En vano madrugáis a levantaros, el descanso retrasáis, los que coméis pan de fatigas, cuando él colma a su amado mientras duerme.

3 La herencia de Yahveh son los hijos, recompensa el fruto de las entrañas;

4 como flechas en la mano del héroe, así los hijos de la juventud.

5 Dichoso el hombre que ha llenado de ellas su aljaba; no quedarán confusos cuando tengan pleito con sus enemigos en la puerta.

Salmo 128 (127)

(1) = Canción de las subidas. =

1 Dichosos todos los que temen a Yahveh, los que van por sus caminos.

2 Del trabajo de tus manos comerás, ¡dichoso tú, que todo te irá bien!

3 Tu esposa será como parra fecunda en el secreto de tu casa. Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa.

4 Así será bendito el hombre que teme a Yahveh.

5 ¡Bendígate Yahveh desde Sión, que veas en ventura a Jerusalén todos los días de tu vida,

6 y veas a los hijos de tus hijos! ¡Paz a Israel!

Salmo 129 (128)

(1) = Canción de las subidas. =

1 Mucho me han asediado desde mi juventud, - que lo diga Israel -

2 mucho me han asediado desde mi juventud, pero conmigo no han podido.

3 Sobre mi espalda araron aradores, alargaron sus surcos.

4 Yahveh, el justo ha roto las coyundas de los impíos.

5 ¡Sean avergonzados, retrocedan todos los que odian a Sión;

6 sean como la hierba de los techos que se seca antes de arrancarla!

7 De ella no llena el segador su mano ni su regazo el gavillador;

8 y no dicen tampoco los que pasan: ¡Bendición de Yahveh sobre vosotros! Nosotros os bendecimos en el nombre de Yahveh.

Salmo 130 (129)

(1) = Canción de las subidas. =

1 Desde lo más profundos grito a ti, Yahveh:

2 ¡Señor, escucha mi clamor! ¡Estén atentos tus oídos a la voz de mis súplicas!

3 Si en cuenta tomas las culpas, oh Yahveh, ¿quién, Señor, resistirá?

4 Mas el perdón se halla junto a ti, para que seas temido.

5 Yo espero en Yahveh, mi alma espera en su palabra;

6 mi alma aguarda al Señor más que los centinelas la aurora; mas que los centinelas la aurora,

7 aguarde Israel a Yahveh. Porque con Yahveh está el amor, junto a él abundancia de rescate;

8 él rescatará a Israel de todas sus culpas.

Salmo 131 (130)

(1) = Canción de las subidas. De David. = 1 No está inflado, Yahveh, mi corazón, ni mis ojos subidos. No he tomado un camino de grandezas ni de prodigios que me vienen anchos.

2 No, mantengo mi alma en paz y silencio como niño destetado en el regazo de su madre. ¡Como niño destetado está mi alma en mí!

3 ¡Espera, Israel, en Yahveh desde ahora y por siempre!

Salmo 132 (131)

(1) = Canción de las subidas. =

1 Acuérdate, Yahveh, en favor de David, de todos sus desvelos,

2 del juramento que hizo a Yahveh, de su voto al Fuerte de Jacob:

3 «No he de entrar bajo el techo de mi casa, no he de subir al lecho en que reposo,

4 sueño a mis ojos no he de conceder ni quietud a mis párpados,

5 mientras no encuentre un lugar para Yahveh, una Morada para el Fuerte de Jacob.»

6 Mirad: hemos oído de Ella que está en Efratá, ¡la hemos encontrado en los Campos del Bosque!

7 ¡Vayamos a la Morada de él, ante el estrado de sus pies postrémonos!

8 ¡Levántate, Yahveh, hacia tu reposo, tú y el arca de tu fuerza!

9 Tus sacerdotes se vistan de justicia, griten de alegría tus amigos.

10 En gracia a David, tu servidor, no rechaces el rostro de tu ungido.

11 Juró Yahveh a David, verdad que no retractará: «El fruto de tu seno asentaré en tu trono.

12 «Si tus hijos guardan mi alianza, el dictamen que yo les enseño, también sus hijos para siempre se sentarán sobre tu trono.»

13 Porque Yahveh ha escogido a Sión, la ha querido como sede para sí:

14 «Aquí está mi reposo para siempre, en él me sentaré, pues lo he querido.

15 «Sus provisiones bendeciré sin tasa, a sus pobres hartaré de pan,

16 de salvación vestiré a sus sacerdotes, y sus amigos gritarán de júbilo.

17 «Allí suscitaré a David un fuerte vástago, aprestaré una lámpara a mi ungido;

18 de vergüenza cubriré a sus enemigos, y sobre él brillará su diadema».

Salmo 133 (132)

(1) = Canción de las subidas. De David. = 1 ¡Oh, qué bueno, qué dulce habitar los hermanos todos juntos!

2 Como un ungüento fino en la cabeza, que baja por la barba, que baja por la barba de Aarón, hasta la orla de sus vestiduras.

3 Como el rocío del Hermón que baja por las alturas de Sión; allí Yahveh la bendición dispensa, la vida para siempre.

Salmo 134 (133)

(1) = Canción de las subidas. =

1 ¡Oh, bendecid a Yahveh todos los servidores de Yahveh, que servís en la Casa de Yahveh, en los atrios de la Casa del Dios nuestro!

2 ¡Por las noches alzad las manos hacia el santuario, y bendecid a Yahveh!

3 ¡Bendígate Yahveh desde Sión, él, que hizo los cielos y la tierra!

Salmo 135 (134)

(1) ¡Aleluya!

1 Alabad el nombre de Yahveh, alabad, servidores de Yahveh,

2 que servís en la Casa de Yahveh, en los atrios de la Casa del Dios nuestro.

3 Alabad a Yahveh, porque es bueno Yahveh, salmodiad a su nombre, que es amable.

4 Pues Yahveh se ha elegido a Jacob, a Israel, como su propiedad.

5 Bien sé yo que es grande Yahveh, nuestro Señor más que todos los dioses.

6 Todo cuanto agrada a Yahveh, lo hace en el cielo y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.

7 Levantando las nubes desde el extremo de la tierra, para la lluvia hace él los relámpagos, saca de sus depósitos el viento.

8 El hirió a los primogénitos de Egipto, desde el hombre al ganado;

9 mandó señales y prodigios en medio de ti, Egipto, contra Faraón y todos sus siervos.

10 Hirió a naciones en gran número, dio muerte a reyes poderosos,

11 a Sijón, rey de los amorreos, a Og, rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán;

12 y dio sus tierras en herencia, en herencia a su pueblo Israel.

13 ¡Yahveh, tu nombre para siempre, Yahveh, tu memoria de edad en edad!

14 Porque Yahveh a su pueblo hace justicia, y se compadece de sus siervos.

15 Los ídolos de las naciones, plata y oro, obra de manos de hombre

16 tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven;

17 tienen oídos y no oyen, ni un soplo siquiera hay en su boca.

18 Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza.

19 Caza de Israel, bendecid a Yahveh, casa de Aarón, bendecid a Yahveh,

20 casa de Leví, bendecid a Yahveh, los que a Yahveh teméis, bendecid a Yahveh.

21 ¡Bendito sea Yahveh desde Sión, el que habita en Jerusalén!

Salmo 136 (135)

¡Aleluya!

1 ¡Dad gracias a Yahveh, porque es bueno, porque es eterno su amor!

2 Dad gracias al Dios de los dioses, porque es eterno su amor;

3 dad gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor.

4 El solo hizo maravillas, porque es eterno su amor.

5 Hizo los cielos con inteligencia, porque es eterno su amor;

6 sobre las aguas asentó la tierra, porque es eterno su amor.

7 Hizo las grandes lumbreras, porque es eterno su amor;

8 el sol para regir el día, porque es eterno su amor;

9 la luna y las estrellas para regir la noche, porque es eterno su amor.

10 Hirió en sus primogénitos a Egipto, porque es eterno su amor;

11 y sacó a Israel de entre ellos, porque es eterno su amor;

12 con mano fuerte y tenso brazo, porque es eterno su amor.

13 El mar de Suf partió en dos, porque es eterno su amor;

14 por medio a Israel hizo pasar, porque es eterno su amor;

15 y hundió en él a Faraón con sus huestes, porque es eterno su amor.

16 Guió a su pueblo en el desierto, porque es eterno su amor;

17 hirió a grandes reyes, porque es eterno su amor;

18 y dio muerte a reyes poderosos, porque es eterno su amor;

19 a Sijón, rey de los amorreos, porque es eterno su amor;

20 y a Og, rey de Basán, porque es eterno su amor.

21 Y dio sus tierras en herencia, porque es eterno su amor;

22 en herencia a su siervo Israel, porque es eterno su amor.

23 En nuestra humillación se acordó de nosotros, porque es eterno su amor;

24 y nos libró de nuestros adversarios, porque es eterno su amor.

25 El da el pan a toda carne, porque es eterno su amor;

26 ¡Dad gracias al Dios de los cielos, porque es eterno su amor!

Salmo 137 (136)

1 A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión;

2 en los álamos de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras.

3 Allí nos pidieron nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: «¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!»

4 ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahveh en una tierra extraña?

5 ¡Jerusalén, si yo de ti me olvido, que se seque mi diestra!

6 ¡Mi lengua se me pegue al paladar si de ti no me acuerdo, si no alzo a Jerusalén al colmo de mi gozo!

7 Acuérdate, Yahveh, contra los hijos de Edom, del día de Jerusalén, cuando ellos decían: ¡Arrasad, arrasadla hasta sus cimientos!

8 ¡Hija de Babel, devastadora, feliz quien te devuelva el mal que nos hiciste,

9 feliz quien agarre y estrelle contra la roca a tus pequeños!

Salmo 138 (137)

(1) = De David. =

1 Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón, pues tú has escuchado las palabras de mi boca. En presencia de los ángeles salmodio para ti,

2 hacia tu santo Templo me prosterno. Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad, pues tu promesa ha superado tu renombre.

3 El día en que grité, tú me escuchaste, aumentaste la fuerza en mi alma.

4 Te dan gracias, Yahveh, todos los reyes de la tierra, porque oyen las promesas de tu boca;

5 y cantan los caminos de Yahveh: «¡Qué grande la gloria de Yahveh!

6 ¡Excelso es Yahveh, y ve al humilde, al soberbio le conoce desde lejos!»

7 Si ando en medio de angustias, tú me das la vida, frente a la cólera de mis enemigos, extiendes tú la mano y tu diestra me salva:

8 Yahveh lo acabará todo por mí. ¡Oh Yahveh, es eterno tu amor, no dejes la obra de tus manos!

Salmo 139 (138)

(1) = Del maestro de coro. De David. Salmo. = 1 Yahveh, tú me escrutas y conoces;

2 sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos;

3 esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas.

4 Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú, Yahveh, la conoces entera;

5 me aprietas por detrás y por delante, y tienes puesta sobre mí tu mano.

6 Ciencia es misteriosa para mí, harto alta, no puedo alcanzarla.

7 ¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir?

8 Si hasta los cielos subo, allí estás tú, si en el seol me acuesto, allí te encuentras.

9 Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del mar,

10 también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende.

11 Aunque diga: «¡Me cubra al menos la tiniebla, y la noche sea en torno a mí un ceñidor,

12 ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa como el día.

13 Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre;

14 yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente,

15 y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra.

16 Mi embrión tus ojos lo veían; en tu libro están inscritos todos los días que han sido señalados, sin que aún exista uno solo de ellos.

17 Mas para mí ¡qué arduos son tus pensamientos, oh, Dios, qué incontable su suma!

18 ¡Son más, si los recuento, que la arena, y al terminar, todavía estoy contigo!

19 ¡Ah, si al impío, oh Dios, mataras, si los hombres sanguinarios se apartaran de mí!

20 Ellos que hablan de ti dolosamente, tus adversarios que se alzan en vano.

21 ¿No odio, Yahveh, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti?

22 Con odio colmado los odio, son para mí enemigos.

23 Sóndame, oh Dios, mi corazón conoce, pruébame, conoce mis desvelos;

24 mira no haya en mí camino de dolor, y llévame por el camino eterno.

Salmo 140 (139)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) Líbrame, Yahveh, del hombre malo, del hombre violento guárdame,

2 (3) los que en su corazón maquinan males, y peleas albergan todo el día,

3 (4) aguzan su lengua igual que una serpiente, veneno de víbora hay bajo sus labios. = Pausa =

4 (5) Presérvame, Yahveh, de las manos del impío, del hombre violento guárdame, los que proyectan trastornar mis pasos,

5 (6) los insolentes que me han ocultado cepo y lazos, y tienden una red bajo mis pies, y al borde del sendero me han emplazado trampas. = Pausa. =

6 (7) Yo he dicho a Yahveh: Tú eres mi Dios, escucha, Yahveh, la voz de mis súplicas.

7 (8) Oh Yahveh, Señor mío, fuerza de mi salvación, tú cubres mi cabeza el día del combate.

8 (9) No otorgues, Yahveh, al impío su deseo, no dejes que su plan se realice. Los que me asedian no alcen sobre mí

9 (10) su cabeza, = Pausa = ahóguelos la malicia de sus labios;

10 (11) llueva sobre ellos carbones encendidos, en el abismo hundidos, no se levanten más;

11 (12) no arraigue más en la tierra el deslenguado. al violento lo atrape de golpe la desgracia.

12 (13) Sé que Yahveh al humilde hará justicia, y llevará el juicio de los pobres.

13 (14) Sí, los justos darán gracias a tu nombre, los rectos morarán en tu presencia.

Salmo 141 (140)

(1) = Salmo. De David. =

1 Yo te invoco, Yahveh, ven presto a mí, escucha mi voz cuando a ti clamo.

2 Valga ante ti mi oración como incienso, el alzar de mis manos como oblación de la tarde.

3 Pon, Yahveh, en mi boca un centinela, un vigía a la puerta de mis labios.

4 No dejes que tienda mi corazón a cosa mala, a perpetrar acciones criminales en compañía de malhechores, y no guste yo lo que hace sus delicias.

5 Que el justo me hiera por amor, y me corrija, pero el ungüento del impío jamás lustre mi cabeza, pues me comprometería aún más en sus maldades.

6 Han quedado a merced de la Roca, su juez, los que oyeron con regodeo mis palabras:

7 «Como piedra de molino estrellada por tierra son esparcidos nuestros huesos a la boca del seol.»

8 Hacia ti, Señor Yahveh, miran mis ojos, ¡en ti me cobijo, no desampares mi alma!

9 Guárdame del lazo que me tienden, de la trampa de los malhechores.

10 Caigan los impíos, cada uno en su red, mientras yo paso indemne.

Salmo 142 (141)

(1) = Poema. De David. Cuando estaba en la cueva. Oración. =

1 (2) A Yahveh en mi clamor imploro. A Yahveh en mi clamor suplico.

2 (3) Ante él derramo mi lamento, mi angustia ante él expongo,

3 (4) cuando el aliento en mí se apaga; mas tú conoces mi sendero. En el camino por donde voy me han escondido un lazo.

4 (5) A la derecha mira, y ve, nadie hay que me conozca. Huye de mí todo refugio, nadie hay que cuide de mi alma.

5 (6) Hacia ti clamo, Yahveh; digo: ¡Tú, mi refugio, mi porción en la tierra de los vivos!

6 (7) Atiende a mi clamor, pues estoy abatido del todo. ¡Líbrame tú de mis perseguidores, pues son más fuertes que yo!

7 (8) ¡Saca mi alma de la cárcel, y daré gracias a tu nombre! En torno a mí los justos harán corro, por tu favor para conmigo.

Salmo 143 (142)

(1) = Salmo. De David. =

1 Yahveh, escucha mi oración, presta oído a mis súplicas, por tu lealtad respóndeme, por tu justicia;

2 no entres en juicio con tu siervo, pues no es justo ante ti ningún viviente.

3 Persigue mi alma el enemigo, mi vida estrella contra el suelo; me hace morar en las tinieblas, como los que han muerto para siempre;

4 se apaga en mí el aliento, mi corazón dentro de mí enmudece.

5 Me acuerdo de los días de antaño, medito en todas tus acciones, pondero las obras de tus manos;

6 hacia ti mis manos tiendo, mi alma es como una tierra que tiene sed de ti. = Pausa. =

7 ¡Oh, pronto, respóndeme, Yahveh, el aliento me falta; no escondas lejos de mí tu rostro, pues sería yo como los que bajan a la fosa!

8 Haz que sienta tu amor a la mañana, porque confío en ti; hazme saber el camino a seguir, porque hacia ti levanto mi alma.

9 Líbrame de mis enemigos, Yahveh en ti me refugio;

10 enséñame a cumplir tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu espíritu que es bueno me guíe por una tierra llana.

11 Por tu nombre, Yahveh, dame la vida, por tu justicia saca mi alma de la angustia;

12 por tu amor aniquila a mis enemigos, pierde a todos los que oprimen mi alma, porque yo soy tu servidor.

Salmo 144 (143)

(1) = De David. =

1 Bendito sea Yahveh, mi Roca, que adiestra mis manos para el combate, mis dedos para la batalla;

2 él, mi amor y mi baluarte, mi ciudadela y mi libertador, mi escudo en el que me cobijo, el que los pueblos somete a mi poder.

3 Yahveh, ¿qué es el hombre para que le conozcas, el hijo de hombre para que en él pienses?

4 El hombre es semejante a un soplo, sus días, como sombra que pasa.

5 ¡Yahveh, inclina tus cielos y desciende, toca los montes, que echen humo;

6 fulmina el rayo y desconciértalos, lanza tus flechas y trastórnalos!

7 Extiende tu mano desde lo alto, sálvame, líbrame de las muchas aguas, de la mano de los hijos de extranjeros,

8 cuya boca profiere falsedad y cuya diestra es diestra de mentira.

9 Oh Dios, quiero cantarte un canto nuevo, salmodiar para ti al arpa de diez cuerdas,

10 tú que das a los reyes la victoria, que salvas a David tu servidor. De espada de infortunio

11 sálvame. líbrame de la mano de extranjeros, cuya boca profiere falsedad y cuya diestra es diestra de mentira.

12 Sean nuestros hijos como plantas florecientes en su juventud, nuestras hijas como columnas angulares, esculpidas como las de un palacio;

13 nuestros graneros llenos, rebosantes de frutos de toda especie, nuestras ovejas, a millares, a miríadas, por nuestras praderías;

14 nuestras bestias bien cargadas; no haya brecha ni salida, ni grito en nuestras plazas.

15 ¡Feliz el pueblo a quien así sucede feliz el pueblo cuyo Dios es Yahveh!

Salmo 145 (144)

(1) = Himno. De David. =

1 = Alef. = Yo te ensalzo, oh Rey Dios mío, y bendigo tu nombre para siempre jamás;

2 = Bet. = todos los días te bendeciré, por siempre jamás alabaré tu nombre;

3 = Guímel. = grande es Yahveh y muy digno de alabanza, insondable su grandeza.

4 = Dálet. = Una edad a otra encomiará tus obras, pregonará tus proezas.

5 = He. = El esplendor, la gloria de tu majestad, el relato de tus maravillas, yo recitaré.

6 = Vau. = Del poder de tus portentos se hablará, y yo tus grandezas contaré;

7 = Zain. = se hará memoria de tu inmensa bondad, se aclamará tu justicia.

8 = Jet. = Clemente y compasivo es Yahveh, tardo a la cólera y grande en amor;

9 = Tet = bueno es Yahveh para con todos, y sus ternuras sobre todas sus obras.

10 = Yod. = Te darán gracias, Yahveh, todas tus obras y tus amigos te bendecirán;

11 = Kaf. = dirán la gloria de tu reino, de tus proezas hablarán,

12 = Lámed. = para mostrar a los hijos de Adán tus proezas, el esplendor y la gloria de tu reino.

13 = Mem. = Tu reino, un reino por los siglos todos, tu dominio, por todas las edades. = (Nun.) = Yahveh es fiel en todas sus palabras, en todas sus obras amoroso;

14 = Sámek. = Yahveh sostiene a todos los que caen, a todos los encorvados endereza.

15 = Ain. = Los ojos de todos fijos en ti, esperan que les des a su tiempo el alimento;

16 = Pe. = abres la mano tú y sacias a todo viviente a su placer.

17 = Sade. = Yahveh es justo en todos sus caminos, en todas sus obras amoroso;

18 = Qof. = cerca está Yahveh de los que le invocan, de todos los que le invocan con verdad.

19 = Res. = El cumple el deseo de los que le temen, escucha su clamor y los libera;

20 = Sin. = guarda Yahveh a cuantos le aman, a todos los impíos extermina.

21 = Tau. = ¡La alabanza de Yahveh diga mi boca, y toda carne bendiga su nombre sacrosanto, para siempre jamás!

Salmo 146 (145)

(1) ¡Aleluya!

1 ¡Alaba a Yahveh, alma mía!

2 A Yahveh, mientras viva, he de alabar, mientras exista salmodiaré para mi Dios.

3 No pongáis vuestra confianza en príncipes, en un hijo de hombre, que no puede salvar;

4 su soplo exhala, a su barro retorna, y en ese día sus proyectos fenecen.

5 Feliz aquel que en el Dios de Jacob tiene su apoyo, y su esperanza en Yahveh su Dios,

6 que hizo los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos hay; que guarda por siempre lealtad,

7 hace justicia a los oprimidos, da el pan a los hambrientos, Yahveh suelta a los encadenados.

8 Yahveh abre los ojos a los ciegos, Yahveh a los encorvados endereza, Ama Yahveh a los justos,

9 Yahveh protege al forastero, a la viuda y al huérfano sostiene. mas el camino de los impíos tuerce;

10 Yahveh reina para siempre, tu Dios, Sión, de edad en edad.

Salmo 147 (146-147)

¡Aleluya!

1 Alabad a Yahveh, que es bueno salmodiar, a nuestro Dios, que es dulce la alabanza.

2 Edifica Yahveh a Jerusalén, congrega a los deportados de Israel;

3 él sana a los de roto corazón, y venda sus heridas.

4 El cuenta el número de estrellas, y llama a cada una por su nombre;

5 grande es nuestro Señor, y de gran fuerza, no tiene medida su saber.

6 Yahveh sostiene a los humildes, hasta la tierra abate a los impíos.

7 Cantad a Yahveh en acción de gracias, salmodiad a la cítara para nuestro Dios:

8 El que cubre de nubes los cielos, el que lluvia a la tierra prepara, el que hace germinar en los montes la hierba, y las plantas para usos del hombre,

9 el que dispensa al ganado su sustento, a las crías del cuervo cuando chillan.

10 No le agrada el brío del caballo, ni se complace en los músculos del hombre.

11 Se complace Yahveh en los que le temen, en los que esperan en su amor.

12 ¡Celebra a Yahveh, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión!

13 Que él ha reforzado los cerrojos de tus puertas, ha bendecido en ti a tus hijos;

14 pone paz en tu término, te sacia con la flor del trigo.

15 El envía a la tierra su mensaje, a toda prisa corre su palabra;

16 como lana distribuye la nieve, esparce la escarcha cual ceniza.

17 Arroja su hielo como migas de pan, a su frío ¿quién puede resistir?

18 Envía su palabra y hace derretirse, sopla su viento y corren las aguas.

19 El revela a Jacob su palabra, sus preceptos y sus juicios a Israel:

20 no hizo tal con ninguna nación, ni una sola sus juicios conoció.

Salmo 148

(1) ¡Aleluya!

1 ¡Alabad a Yahveh desde los cielos, alabadle en las alturas,

2 alabadle, ángeles suyos todos, todas sus huestes, alabadle!

3 ¡Alabadle, sol y luna, alabadle todas las estrellas de luz,

4 alabadle, cielos de los cielos, y aguas que estáis encima de los cielos!

5 Alaben ellos el nombre de Yahveh: pues él ordenó y fueron creados;

6 él los fijó por siempre, por los siglos, ley les dio que no pasará.

7 ¡Alabad a Yahveh desde la tierra, monstruos del mar y todos los abismos,

8 fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso, ejecutor de su palabra,

9 montañas y todas la colinas, árbol frutal y cedros todos,

10 fieras y todos los ganados, reptil y pájaro que vuela,

11 reyes de la tierra y pueblos todos, príncipes y todos los jueces de la tierra,

12 jóvenes y doncellas también, viejos junto con los niños!

13 Alaben el nombre de Yahveh: porque sólo su nombre es sublime, su majestad por encima de la tierra y el cielo.

14 El realza la frente de su pueblo, de todos sus amigos alabanza, de los hijos de Israel, pueblo de sus íntimos.

Salmo 149

(1) ¡Aleluya!

1 ¡Cantad a Yahveh un cantar nuevo: su alabanza en la asamblea de sus amigos!

2 ¡Regocíjese Israel en su hacedor, los hijos de Sión exulten en su rey;

3 alaben su nombre con la danza, con tamboril y cítara salmodien para él!

4 Porque Yahveh en su pueblo se complace, adorna de salvación a los humildes.

5 Exalten de gloria sus amigos, desde su lecho griten de alegría:

6 los elogios de Dios en su garganta, y en su mano la espada de dos filos;

7 para ejecutar venganza en las naciones, castigos en los pueblos,

8 para atar con cadenas a sus reyes, con grillos de hierro a sus magnates,

9 para aplicarles la sentencia escrita: ¡será un honor para todos sus amigos!

Salmo 150

(1) ¡Aleluya!

1 Alabad a Dios en su santuario, alabadle en el firmamento de su fuerza,

2 alabadle por sus grandes hazañas, alabadle por su inmensa grandeza.

3 Alabadle con clangor de cuerno, alabadle con arpa y con cítara,

4 alabadle con tamboril y danza, alabadle con laúd y flauta,

5 alabadle con címbalos sonoros, alabadle con címbalos de aclamación.

6 ¡Todo cuanto respira alabe a Yahveh! ¡Aleluya!

 

PROVERBIOS

Proverbios 1

1 Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:

2 para aprender sabiduría e instrucción, para entender los discursos profundos,

3 para alcanzar instrucción y perspicacia, - justicia, equidad y rectitud -,

4 para enseñar a los simples la prudencia, a los jóvenes ciencia y reflexión,

5 Que atienda el sabio y crecerá en doctrina, y el inteligente aprenderá a hacer proyectos.

6 para descifrar proverbios y enigmas, los dichos de los sabios y sus adivinanzas.

7 El temor de Yahveh es el principio de la ciencia; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.

8 Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la lección de tu madre:

9 corona graciosa son para tu cabeza y un collar para tu cuello.

10 Hijo mío, si los pecadores te quieren seducir, no vayas.

11 Si te dicen: «¡Vente con nosotros, estemos al acecho para derramar sangre, apostémonos contra el inocente sin motivo alguno,

12 devorémoslos vivos como el seol, enteros como los que bajan a la fosa!;

13 ¡hallaremos toda clase de riquezas, llenaremos nuestras casas de botín,

14 te tocará tu parte igual que a nosotros, para todos habrá bolsa común!»:

15 no te pongas, hijo mío, en camino con ellos, tu pie detén ante su senda,

16 = porque sus pies corren hacia el mal y a derramar sangre se apresuran; =

17 pues es inútil tender la red a los ojos mismos de los pajarillos.

18 Contra su propia sangre están acechando, apostados están contra sus propias vidas.

19 Esa es la senda de todo el que se entrega a la rapiña: ella quita la vida a su propio dueño.

20 La Sabiduría clama por las calles, por las plazas alza su voz,

21 llama en la esquina de las calles concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos:

22 «¿Hasta cuándo, simples, amaréis vuestra simpleza y arrogantes os gozaréis en la arrogancia y necios tendréis odio a la ciencia?

23 Convertíos por mis reprensiones: voy a derramar mi espíritu para vosotros, os voy a comunicar mis palabras.

24 Ya que os he llamado y no habéis querido, he tendido mi mano y nadie ha prestado atención,

25 habéis despreciado todos mis consejos, no habéis hecho caso de mis reprensiones;

26 también yo me reiré de vuestra desgracia, me burlaré cuando llegue vuestro espanto,

27 cuando llegue, como huracán, vuestro espanto, vuestra desgracia sobrevenga como torbellino, cuando os alcancen la angustia y la tribulación.

28 Entonces me llamarán y no responderé, me buscarán y no me hallarán.

29 Porque tuvieron odio a la ciencia y no eligieron el temor de Yahveh,

30 no hicieron caso de mi consejo, ni admitieron de mí ninguna reprensión;

31 comerán del fruto de su conducta, de sus propios consejos se hartarán.

32 Su propio descarrío matará a los simples, la despreocupación perderá a los insensatos.

33 Pero el que me escucha vivirá seguro, tranquilo, sin temor a la desgracia.»

Proverbios 2

1 Hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos,

2 prestando tu oído a la sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia;

3 si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia;

4 si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas,

5 entonces entenderás el temor de Yahveh y la ciencia de Dios encontrarás.

6 Porque Yahveh es el que da la sabiduría, de su boca nacen la ciencia y la prudencia.

7 Reserva el éxito para los rectos, es escudo para quienes proceden con entereza,

8 vigila las sendas de la equidad y guarda el camino de sus amigos.

9 Entonces entenderás la justicia, la equidad y la rectitud: todos los senderos del bien.

10 Cuando entre la sabiduría en tu corazón y la ciencia sea dulce para tu alma,

11 velará sobre ti la reflexión y la prudencia te guardará,

12 apartándote del mal camino, del hombre que propone planes perversos,

13 de los que abandonan el recto sendero para ir por caminos tenebrosos,

14 de los que se gozan en hacer el mal, se regocijan en la perversidad,

15 cuyos senderos son tortuosos y sus sendas llenas de revueltas.

16 Ella te apartará de la mujer ajena, de la extraña de melosas palabras,

17 que ha dejado al amigo de su juventud y ha olvidado la alianza de su Dios;

18 su casa está inclinada hacia la muerte, hacia las sombras sus tortuosos senderos.

19 Nadie que entre por ella volverá, no alcanzará las sendas de la vida.

20 Por eso has de ir por el camino de los buenos, seguirás las sendas de los justos.

21 Porque los rectos habitarán la tierra y los íntegros se mantendrán en ella;

22 pero los malos serán cercenados de la tierra, se arrancará de ella a los desleales.

Proverbios 3

1 Hijo mío, no olvides mi lección, en tu corazón guarda mis mandatos,

2 pues largos días y años de vida y bienestar te añadirán.

3 La piedad y la lealtad no te abandonen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu corazón.

4 Así hallarás favor y buena acogida a los ojos de Dios y de los hombres.

5 Confía en Yahveh de todo corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia;

6 reconócele en todos tus caminos y él enderezará tus sendas.

7 No seas sabio a tus propios ojos, teme a Yahveh y apártate del mal:

8 medicina será para tu carne y refrigerio para tus huesos.

9 Honra a Yahveh con tus riquezas, con las primicias de todas tus ganancias:

10 tus trojes se llenarán de grano y rebosará de mosto tu lagar.

11 No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión,

12 porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido.

13 Dichoso el hombre que ha encontrado la sabiduría y el hombre que alcanza la prudencia;

14 más vale su ganancia que la ganancia de plata, su renta es mayor que la del oro.

15 Más preciosa es que las perlas, nada de lo que amas se le iguala.

16 Largos días a su derecha, y a su izquierda riqueza y gloria.

17 Sus caminos son caminos de dulzura y todas sus sendas de bienestar.

18 Es árbol de vida para los que a ella están asidos, felices son los que la abrazan.

19 Con la Sabiduría fundó Yahveh la tierra, consolidó los cielos con inteligencia;

20 con su ciencia se abrieron los océanos y las nubes destilan el rocío.

21 Hijo mío, guarda la prudencia y la reflexión, no se aparten nunca de tus ojos:

22 serán vida para tu alma y adorno para tu cuello.

23 Así irás tranquilo por tu camino y no tropezará tu pie.

24 No tendrás miedo al acostarte, una vez acostado, será dulce tu sueño.

25 No temerás el espanto repentino, ni cuando llegue la tormenta de los malos,

26 porque Yahveh será tu tranquilidad y guardará tu pie de caer en el cepo.

27 No niegues un favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo.

28 No digas a tu prójimo: «Vete y vuelve, mañana te daré», si tienes algo en tu poder.

29 No trames mal contra tu prójimo cuando se sienta confiado junto a ti.

30 No te querelles contra nadie sin motivo, si no te ha hecho ningún mal.

31 No envidies al hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos;

32 porque Yahveh abomina a los perversos, pero su intimidad la tiene con los rectos.

33 La maldición de Yahveh en la casa del malvado, en cambio bendice la mansión del justo.

34 Con los arrogantes es también arrogante, otorga su favor a los pobres.

35 La gloria es patrimonio de los sabios y los necios heredarán la ignominia.

Proverbios 4

1 Escuchad, hijos, la instrucción del padre, estad atentos para aprender inteligencia,

2 porque es buena la doctrina que os enseño; no abandonéis mi lección.

3 También yo fui hijo para mi padre, tierno y querido a los ojos de mi madre,

4 El me enseñaba y me decía: «Retén mis palabras en tu corazón, guarda mis mandatos y vivirás.

5 Adquiere la sabiduría, adquiere la inteligencia, no la olvides, no te apartes de los dichos de mi boca.

6 No la abandones y ella te guardará, ámala y ella será tu defensa.

7 El comienzo de la sabiduría es: adquiere la sabiduría, a costa de todos tus bienes adquiere la inteligencia.

8 Haz acopio de ella, y ella te ensalzará; ella te honrará, si tú la abrazas;

9 pondrá en tu cabeza una diadema de gracia, una espléndida corona será tu regalo».

10 Escucha, hijo mío, recibe mis palabras, y los años de tu vida se te multiplicarán.

11 En el camino de la sabiduría te he instruido, te he encaminado por los senderos de la rectitud.

12 Al andar no se enredarán tus pasos, y si corres, no tropezarás.

13 Aférrate a la instrucción, no la sueltes; guárdala, que es tu vida.

14 No te metas por la senda de los perversos, ni vayas por el camino de los malvados.

15 Evítalo, no pases por él, apártate de él, pasa adelante.

16 Porque ésos no duermen si no obran el mal, se les quita el sueño si no han hecho caer a alguno.

17 Es que su pan es pan de maldad, y vino de violencia es su bebida.

18 La senda de los justos es como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día.

19 Pero el camino de los malos es como tinieblas, no saben dónde han tropezado.

20 Atiende, hijo mío, a mis palabras, inclina tu oído a mis razones.

21 No las apartes de tus ojos, guárdalas dentro de tu corazón.

22 Porque son vida para los que las encuentran, y curación para toda carne.

23 Por encima de todo cuidado, guarda tu corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida.

24 Aparta de ti la falsía de la boca y el enredo de los labios arrójalo de ti.

25 Miren de frente tus ojos, tus párpados derechos a lo que está ante tí.

26 Tantea bien el sendero de tus pies y sean firmes todos tus caminos.

27 No te tuerzas ni a derecha ni a izquierda, aparta tu pie de la maldad.

Proverbios 5

1 Presta, hijo mío, atención a mi sabiduría, aplica tu oído a mi prudencia,

2 para que guardes tú la reflexión y tus labios conserven la ciencia. No hagas caso de la mujer perversa,

3 pues miel destilan los labios de la extraña, su paladar es más suave que el aceite;

4 pero al fin es amarga como el ajenjo, mordaz como espada de dos filos.

5 Sus pies descienden a la muerte, sus pasos se dirigen al seol.

6 Por no seguir la senda de la vida, se desvía por sus vericuetos sin saberlo.

7 Así pues, hijo mío, escúchame, no te apartes de los dichos de mi boca:

8 aleja de ella tu camino, no te acerques a la puerta de su casa;

9 no sea que ella dé tu honor a otro y tus años a un hombre cruel;

10 no se harten de tus bienes los extraños, ni paren tus fatigas en casa del extranjero;

11 no sea que gimas a la postre cuando tu cuerpo y tu carne se consuman,

12 y digas: «Ay de mí, que he odiado la instrucción, mi corazón ha despreciado los reproches,

13 no he escuchado la voz de mis maestros ni he prestado oídos a los que me instruían.

14 A punto he estado de cualquier desgracia, en medio de la asamblea y la comunidad.»

15 Bebe el agua de tu cisterna, la que brota de tu pozo.

16 ¿Se van a desbordar por fuera tus arroyos, las corrientes de agua por las plazas?

17 Que sean para ti solo, no para que las beban contigo los extraños.

18 - Sea tu fuente bendita. Gózate en la mujer de tu mocedad,

19 cierva amable, graciosa gacela: embriáguente en todo tiempo sus amores, su amor te apasione para siempre.

20 ¿Por qué apasionarte, hijo mío, de una ajena, abrazar el seno de una extraña?

21 Pues los caminos del hombre están en la presencia de Yahveh, él vigila todos sus senderos.

22 El malvado será presa de sus propias maldades, con los lazos de su pecado se le capturará.

23 Morirá por su falta de instrucción, por su gran necedad se perderá.

Proverbios 6

1 Si has salido, hijo mío, fiador de tu prójimo, si has chocado tu mano con un extraño,

2 si te has obligado con las palabras de tu boca, si de la palabra de tu boca te has dejado prender,

3 haz esto, hijo mío, para quedar libre, pues has caído en manos de tu prójimo: Vete, póstrate, importuna a tu prójimo;

4 no concedas a tus ojos sueño ni a tus párpados reposo;

5 líbrate, como la gacela del lazo, como el pájaro de la mano del pajarero.

6 Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio.

7 Ella no tiene jefe, ni capataz, ni amo;

8 asegura en el verano su sustento, recoge su comida al tiempo de la mies.

9 ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿cuándo te levantarás de tu sueño?

10 Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados;

11 y llegará como vagabundo tu miseria y como un mendigo tu pobreza.

12 Un malvado, un hombre inicuo, anda con la boca torcida,

13 guiña el ojo, arrastra los pies, hace señas con los dedos.

14 Torcido está su corazón, medita el mal, pleitos siembra en todo tiempo.

15 Por eso vendrá su ruina de repente, de improviso quebrará, y no habrá remedio.

16 Seis cosas hay que aborrece Yahveh, y siete son abominación para su alma:

17 ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente,

18 corazón que fragua planes perversos, pies que ligeros corren hacia el mal,

19 testigo falso que profiere calumnias, y el que siembra pleitos entre los hermanos.

20 Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre.

21 Tenlos atados siempre a tu corazón, enlázalos a tu cuello;

22 en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar.

23 Porque el mandato es una lámpara y la lección una luz; camino de vida los reproches y la instrucción,

24 para librarte de la mujer perversa, de la lengua suave de la extraña.

25 No codicies su hermosura en tu corazón, no te cautive con sus párpados,

26 porque un mendrugo de pan basta a la prostituta, pero la casada va a la caza de una vida preciosa.

27 ¿Puede uno meter fuego en su regazo sin que le ardan los vestidos?

28 ¿Puede uno andar sobre las brasas sin que se le quemen los pies?

29 Así le pasa al que se llega a la mujer del prójimo: no saldrá ileso ninguno que la toque.

30 No se desprecia al ladrón cuando roba para llenar su estómago, porque tiene hambre.

31 Mas, si le sorprenden, paga el séptuplo, tiene que dar todos los bienes de su casa.

32 Pero el que hace adulterar a una mujer es un mentecato; un suicida es el que lo hace;

33 encontrará golpes y deshonra y su vergüenza no se borrará.

34 Porque los celos enfurecen al marido. y no tendrá piedad el día de la venganza.

35 No hará caso de compensación alguna; aunque prodigues regalos, no aceptará.

Proverbios 7

1 Guarda, hijo mío, mis palabras, conserva como un tesoro mis mandatos.

2 Guarda mis mandamientos y vivirás; sea mi lección como la niña de tus ojos.

3 Átalos a tus dedos, escríbelos en la tablilla de tu corazón.

4 Dile a la sabiduría: «Tú eres mi hermana», llama pariente a la inteligencia,

5 para que te guarde de la mujer ajena, de la extraña de palabras melosas.

6 Estaba yo a la ventana de mi casa y miraba a través de las celosías,

7 cuando ví, en el grupo de los simples, distinguí entre los muchachos a un joven falto de juicio:

8 pasaba por la calle, junto a la esquina donde ella vivía, iba camino de su casa,

9 al atardecer, ya oscurecido, en lo negro de la noche y de las sombras.

10 De repente, le sale al paso una mujer, con atavío de ramera y astucia en el corazón.

11 Es alborotada y revoltosa, sus pies nunca paran en su casa.

12 Tan pronto en las calles como en las plazas, acecha por todas las esquinas.

13 Ella lo agarró y lo abrazó, y desvergonzada le dijo:

14 «Tenía que ofrecer un sacrificio de comunión y hoy he cumplido mi voto;

15 por eso he salido a tu encuentro para buscarte en seguida; y va te he encontrado.

16 He puesto en mi lecho cobertores policromos, lencería de Egipto,

17 con mirra mi cama he rociado, con áloes y cinamomo.

18 Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana, solacémonos los dos, entre caricias.

19 Porque no está el marido en casa, está de viaje muy lejos;

20 ha llevado en su mano la bolsa del dinero, volverá a casa para la luna llena.»

21 Con sus muchas artes lo seduce, lo rinde con el halago de sus labios.

22 Se va tras ella en seguida, como buey al matadero, como el ciervo atrapado en el cepo,

23 hasta que una flecha le atraviese el hígado; como pájaro que se precipita en la red, sin saber que le va en ello la vida.

24 Ahora pues, hijo mío, escúchame, pon atención a las palabras de mi boca:

25 no se desvíe tu corazón hacia sus caminos, no te descarríes por sus senderos,

26 porque a muchos ha hecho caer muertos, robustos eran todos los que ella mató.

27 Su morada es camino del seol, que baja hacia las cámaras de la muerte.

Proverbios 8

1 ¿No está llamando la Sabiduría? y la Prudencia, ¿no alza su voz?

2 En la cumbre de las colinas que hay sobre el camino, en los cruces de sendas se detiene;

3 junto a las puertas, a la salida de la ciudad, a la entrada de los portales, da sus voces:

4 «A vosotros, hombres, os llamo, para los hijos de hombre es mi voz.

5 Entended, simples, la prudencia y vosotros, necios, sed razonables.

6 Escuchad: voy a decir cosas importantes y es recto cuanto sale de mis labios.

7 Porque verdad es el susurro de mi boca y mis labios abominan la maldad.

8 Justos son todos los dichos de mi boca, nada hay en ellos astuto ni tortuoso.

9 Todos están abiertos para el inteligente y rectos para los que la ciencia han encontrado.

10 Recibid mi instrucción y no la plata, la ciencia más bien que el oro puro.

11 Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas, ninguna cosa apetecible se le puede igualar.

12 «Yo, la Sabiduría, habito con la prudencia, yo he inventado la ciencia de la reflexión.

13 (El temor de Yahveh es odiar el mal.) La soberbia y la arrogancia y el camino malo y la boca torcida yo aborrezco.

14 Míos son el consejo y la habilidad, yo soy la inteligencia, mía es la fuerza.

15 Por mí los reyes reinan y los magistrados administran la justicia.

16 Por mí los príncipes gobiernan y los magnates, todos los jueces justos.

17 Yo amo a los que me aman y los que me buscan me encontrarán.

18 Conmigo están la riqueza y la gloria, la fortuna sólida y la justicia.

19 Mejor es mi fruto que el oro, que el oro puro, y mi renta mejor que la plata acrisolada.

20 Yo camino por la senda de la justicia, por los senderos de la equidad,

21 para repartir hacienda a los que me aman y así llenar sus arcas.»

22 «Yahveh me creó, primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas.

23 Desde la eternidad fui fundada, desde el principio, antes que la tierra.

24 Cuando no existían los abismos fui engendrada, cuando no había fuentes cargadas de agua.

25 Antes que los montes fuesen asentados, antes que las colinas, fui engendrada.

26 No había hecho aún la tierra ni los campos, ni el polvo primordial del orbe.

27 Cuando asentó los cielos, allí estaba yo, cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo,

28 cuando arriba condensó las nubes, cuando afianzó las fuentes del abismo,

29 cuando al mar dio su precepto - y las aguas no rebasarán su orilla - cuando asentó los cimientos de la tierra,

30 yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo,

31 jugando por el orbe de su tierra; y mis delicias están con los hijos de los hombres.»

32 «Ahora pues, hijos, escuchadme, dichosos los que guardan mis caminos.

33 Escuchad la instrucción y haceos sabios, no la despreciéis.

34 Dichoso el hombre que me escucha velando ante mi puerta cada día, guardando las jambas de mi entrada.

35 Porque el que me halla, ha hallado la vida, ha logrado el favor de Yahveh.

36 Pero el que me ofende, hace daño a su alma; todos los que me odian, aman la muerte.»

Proverbios 9

1 La Sabiduría ha edificado una casa, ha labrado sus siete columnas,

2 ha hecho su matanza, ha mezclado su vino, ha aderezado también su mesa.

3 Ha mandado a sus criadas y anuncia en lo alto de las colinas de la ciudad:

4 «Si alguno es simple, véngase acá.» Y al falto de juicio le dice:

5 «Venid y comed de mi pan, bebed del vino que he mezclado;

6 dejaos de simplezas y viviréis, y dirigíos por los caminos de la inteligencia.»

7 El que corrige al arrogante se acarrea desprecio, y el que reprende al malvado, insultos.

8 No reprendas al arrogante, porque te aborrecerá; reprende al sabio, y te amará.

9 Da al sabio, y se hará más sabio todavía; enseña al justo, y crecerá su doctrina.

10 Comienzo de la sabiduría es el temor de Yahveh, y la ciencia de los santos es inteligencia.

11 Pues por mí se multiplicarán tus días y se aumentarán los años de tu vida.

12 Si te haces sabio, te haces sabio para tu provecho, y si arrogante, tú solo lo tendrás que pagar.

13 La mujer necia es alborotada, todo simpleza, no sabe nada.

14 Se sienta a la puerta de su casa, sobre un trono, en las colinas de la ciudad,

15 para llamar a los que pasan por el camino, a los que van derechos por sus sendas:

16 «Si alguno es simple, véngase acá» y al falto de juicio le dice:

17 «Son dulces las aguas robadas y el pan a escondidas es sabroso.»

18 No sabe el hombre que allí moran las Sombras; sus invitados van a los valles del seol.

Proverbios 10

1 = Proverbios de Salomón. = El hijo sabio es la alegría de su padre, el hijo necio entristece a su madre.

2 Tesoros mal adquiridos no aprovechan, mas la justicia libra de la muerte.

3 Yahveh no permite que el justo pase hambre, pero rechaza la codicia de los malos.

4 Mano indolente empobrece, la mano de los diligentes enriquece.

5 Amontonar en verano es de hombre sensato, dormirse en la cosecha es de hombre indigno.

6 Bendiciones sobre la cabeza del justo; pero la boca de los impíos rezuma violencia.

7 El recuerdo del justo sirve de bendición; el nombre de los malos se pudre.

8 El sensato de corazón acepta los mandatos, el hombre charlatán corre a su ruina.

9 Quien va a derecho, va seguro, quien va con rodeos es descubierto.

10 El que guiña de ojos, dará disgustos, quien reprende a la cara, proporciona paz.

11 Manantial de vida la boca del justo; la boca de los impíos rezuma violencia.

12 El odio provoca discusiones, el amor cubre todas las faltas.

13 En labios del inteligente se encuentra sabiduría, palo a las espaldas del falto de seso.

14 Los sabios atesoran conocimiento, la boca del necio es ruina inmediata.

15 La fortuna del rico es su plaza fuerte, la ruina de los débiles es su pobreza.

16 El salario del justo es para vivir, la renta del malo es para pecar.

17 Camina hacia la vida el que guarda las instrucciones; quien desatiende la reprensión se extravía.

18 Los labios mentirosos disimulan el odio; quien profiere una calumnia es un necio.

19 En las muchas palabras no faltará pecado; quien reprime sus labios es sensato.

20 Plata elegida es la lengua del justo, el corazón de los malos vale poco.

21 Los labios del justo apacientan a muchos, los insensatos mueren en su falta de seso.

22 La bendición de Yahveh es la que enriquece, y nada le añade el trabajo a que obliga.

23 Como un juego es para el necio cometer el crimen, la sabiduría lo es para el hombre inteligente.

24 Lo que teme el malo, eso le sucede, lo que el justo desea, se le da.

25 Cuando pasa la tormenta, ya no existe el malo, mas el justo es construcción eterna.

26 Vinagre para los dientes y humo para los ojos: así es el perezoso para quien lo envía.

27 El temor de Yahveh prolonga los días, los años de los malos son acortados.

28 La espera de los justos es alegría, la esperanza de los malos fracasará.

29 Fortaleza es para el íntegro la senda de Yahveh; pero ruina para los malhechores.

30 Jamás el justo será conmovido, pero los malos no habitarán la tierra.

31 La boca del justo da frutos de sabiduría, la lengua perversa será cortada.

32 Los labios del justo saben de benevolencia; la boca de los malos, de perversidad.

Proverbios 11

1 Abominación de Yahveh la balanza falsa, pero el peso justo gana su favor.

2 Detrás de la insolencia viene el insulto; mas con los modosos está la sabiduría.

3 A los rectos su integridad les guía; a los pérfidos les arruina su perversidad.

4 Nada servirán riquezas el día de la ira, mas la justicia libra de la muerte.

5 A los íntegros su justicia les allana el camino, pero el malo cae en su malicia.

6 A los rectos les salva su justicia, los pérfidos en su codicia son atrapados.

7 En la muerte del malo se esfuma su esperanza, la confianza en las riquezas se desvanece.

8 El justo es librado de la angustia, y el malo viene a ocupar su lugar.

9 Con la boca el impío pierde a su vecino, por la ciencia se libran los justos.

10 Con el bien de los justos la ciudad se regocija, con la perdición de los malos grita de alegría.

11 Con la bendición de los rectos, se levanta la ciudad; la boca de los malos la destruye.

12 Quien desprecia a su vecino es un insensato; el hombre discreto se calla.

13 El que anda calumniando descubre secretos, el de espíritu leal oculta las cosas.

14 Donde no hay buen gobierno, el pueblo se hunde; abundancia de consejeros, trae salvación.

15 El mal se busca quien avala al desconocido, quien no es amigo de chocar la mano está seguro.

16 Mujer graciosa consigue honor, y los audaces consiguen la riqueza.

17 A sí mismo se beneficia el que es compasivo, a sí mismo se perjudica el hombre cruel.

18 El malo consigue un jornal falso; el que siembra justicia, un salario verdadero.

19 Al que establece justicia, la vida, al que obra el mal, la muerte.

20 A los de corazón torcido abomina Yahveh; a los de camino intachable da su favor.

21 De cierto que el malo no quedará impune, mas la raza de los justos quedará a salvo.

22 Anillo de oro en nariz de un puerco, mujer hermosa pero sin gusto.

23 El deseo de los justos es sólo el bien, la esperanza de los malos, la ira.

24 Hay quien gasta y todavía va a más; y hay quien ahorra en demasía sólo para venir a menos.

25 El alma generosa será colmada, y el que sacia a otro la sed, también será saciado.

26 El pueblo maldice al que acapara trigo; bendición para la cabeza del que vende.

27 Quien busca el bien, se procura favor, quien va tras el mal, le saldrá al encuentro.

28 Quien confía en su riqueza, ése caerá, los justos brotarán como follaje.

29 Quien desordena su casa, hereda viento, el insensato será esclavo del sabio.

30 El fruto del justo es un árbol de vida; cautivador de las almas es el sabio.

31 Si el justo recibe su recompensa en la tierra, ¡cuánto más el pecador y el malo!

Proverbios 12

1 El que ama la instrucción ama la ciencia, el que odia la reprensión es tonto.

2 El bueno obtiene el favor de Yahveh; pero él condena al hombre taimado.

3 Nadie se afianza por la maldad, la raíz de los justos no vacilará.

4 Mujer virtuosa, corona del marido, mujer desvergonzada, caries en los huesos.

5 Las intenciones de los justos son equidad, los planes de los malos, son engaño.

6 Las palabras de los malos son trampas sangrientas, pero a los rectos su boca los pone a salvo.

7 Derribados los malos, no existen ya más, mas la casa de los justos permanece.

8 Se alaba al hombre según su prudencia, el de corazón torcido será despreciado.

9 Más vale hombre sencillo que tiene un esclavo, que hombre glorioso a quien falta el pan.

10 El justo se cuida de su ganado, pero las entrañas de los malos son crueles.

11 Quien cultiva su tierra se hartará de pan, quien persigue naderías es un insensato.

12 El placer del impío está en la maquinación de los malvados, pero la raíz de los justos producirá.

13 En el delito de los labios hay una trampa fatal, pero el justo saldrá de la angustia.

14 Por el fruto de su boca, se harta de bien el hombre, cada cual recibe el salario de sus obras.

15 El necio tiene por recto su camino, pero el sabio escucha los consejos.

16 El necio, al momento descubre su pena, el prudente oculta la ignominia.

17 Quien declara la verdad, descubre la justicia; el testigo mentiroso, la falsedad.

18 Quien habla sin tino, hiere como espada; mas la lengua de los sabios cura.

19 Los labios sinceros permanecen por siempre, la lengua mentirosa dura un instante.

20 Fraude en el corazón de quien trama el mal; gozo para los que aconsejan paz.

21 Ninguna desgracia le sucede al justo, pero los malos están llenos de miserias.

22 Los labios mentirosos abomina Yahveh; los que practican la verdad alcanzan su favor.

23 El hombre cauto oculta su ciencia, el corazón del insensato proclama su necedad.

24 La mano diligente obtiene el mando; la flojedad acaba en trabajos forzados.

25 Ansiedad en el corazón deprime al hombre, pero una palabra buena le causa alegría.

26 El justo enseña el camino a su prójimo, el camino de los malos los extravía.

27 El indolente no pone a asar su caza; la diligencia es la mejor fortuna del hombre.

28 En la senda de la justicia está la vida; el camino de los rencorosos lleva a la muerte.

Proverbios 13

1 El hijo sabio atiende a la instrucción de su padre, el arrogante no escucha la reprensión.

2 Con el fruto de su boca, come el hombre lo que es bueno, pero el alma de los pérfidos se nutre de violencia.

3 Quien vigila su boca, guarda su vida; quien abre sus labios, busca su ruina.

4 Tiene hambre el perezoso, mas no se cumple su deseo; el deseo de los diligentes queda satisfecho.

5 El justo odia la palabra mentirosa, pero el malo infama y deshonra.

6 La justicia guarda al íntegro en su camino, mas la maldad arruina al pecador.

7 Hay quien se hace el rico y nada tiene, hay quien se hace el pobre y tiene gran fortuna.

8 El precio de la vida de un hombre es su riqueza; pero el pobre no hace caso a la amenaza.

9 La luz de los justos alegremente luce, la lámpara de los malos se apaga.

10 La insolencia sólo disputas proporciona; con los que admiten consejos está la sabiduría.

11 Fortuna rápida, vendrá a menos, quien junta poco a poco, irá en aumento.

12 Espera prolongada enferma el corazón; árbol de vida es el deseo cumplido.

13 Quien desprecia la palabra se perderá, quien respeta el mandato se salvará.

14 La lección del sabio es fuente de vida, para sortear las trampas de la muerte.

15 Una gran prudencia alcanza favor, el camino de los pérfidos no tiene fin,

16 Todo hombre cauto obra con conocimiento, el tonto ostenta su necedad.

17 Mensajero perverso cae en desgracia, mensajero leal trae la curación.

18 Miseria e ignominia al que rechaza la instrucción, gloria al que acepta la reprensión.

19 Deseo cumplido, dulzura para el alma, los necios detestan abandonar el mal.

20 El que anda con los sabios será sabio; quien frecuenta los necios se hará malo.

21 A los pecadores los persigue la desgracia, los justos son colmados de dicha.

22 El hombre de bien deja herencia a los hijos de sus hijos, al justo se reserva la riqueza del pecador.

23 Las roturas de los pobres dan mucho de comer; pero hay perdición cuando falta justicia.

24 Quien escatima la vara, odia a su hijo, quien le tiene amor, le castiga.

25 Come el justo y queda satisfecho, pero el vientre de los malos pasa necesidad.

Proverbios 14

1 La Sabiduría edifica su casa; le Necedad con sus manos la destruye.

2 Quien anda en rectitud, teme a Yahveh; el de torcido camino le desprecia.

3 En la boca del necio hay una raíz de orgullo, pero los labios de los sabios los protegen.

4 Donde no hay bueyes, pesebre vacío; cosecha abundante con la fuerza del toro.

5 Testigo veraz no miente, testigo falso respira mentiras.

6 Busca el arrogante la sabiduría pero en vano, al inteligente la ciencia le es fácil.

7 Apártate del hombre necio, pues no conocerías labios doctos.

8 Sabiduría del cauto es atender a su conducta, la necedad de los tontos es engaño.

9 De los necios se aparta el sacrificio expiatorio, pero entre los rectos se encuentra el favor de Dios.

10 El corazón conoce su propia amargura, y con ningún extraño comparte su alegría.

11 La casa de los malos será destruida, la tienda de los rectos florecerá.

12 Hay caminos que parecen rectos, pero, al cabo, son caminos de muerte.

13 También en el reír padece el corazón, y al cabo la alegría es dolor.

14 El perverso de corazón está satisfecho de su conducta, y el hombre de bien, de sus obras.

15 El simple cree cuanto se dice, el cauto medita sus propios pasos.

16 El sabio teme el mal y de él se aparta, el necio es presuntuoso y confiado.

17 El de genio pronto, hace necedades, el hombre artero es odiado.

18 La herencia de los simples es la necedad, los cautos son coronados de ciencia.

19 Los malos se postran ante los buenos, los malvados a la puerta de los justos.

20 Incluso a su vecino es odioso el pobre, pero son muchos los amigos del rico.

21 Quien desprecia a su vecino comete pecado; dichoso el que tiene piedad de los pobres.

22 ¿No andan extraviados los que planean el mal?; amor y lealtad a los que planean el bien.

23 Todo trabajo produce abundancia, la charlatanería sólo indigencia.

24 Corona de los sabios es la riqueza, la necedad de los insensatos es necedad.

25 Salvador de vidas es el testigo veraz, quien profiere mentira es un impostor.

26 El temor de Yahveh es seguridad inexpugnable; sus hijos tendrán en él refugio.

27 El temor de Yahveh es fuente de vida, para apartarse de las trampas de la muerte.

28 Pueblo numeroso, gloria del rey; pueblo escaso, ruina del príncipe.

29 El tardo a la ira tiene gran prudencia, el de genio pronto pone de manifiesto su necedad

30 El corazón manso es vida del cuerpo; la envidia es caries de los huesos.

31 Quien oprime al débil, ultraja a su Hacedor; mas el que se apiada del pobre, le da gloria.

32 El malo es derribado por su propia malicia, el justo en su integridad halla refugio.

33 En corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida.

34 La justicia eleva a las naciones, el pecado es la vergüenza de los pueblos.

35 El favor del rey para el siervo prudente; y su cólera para el que le avergüenza.

Proverbios 15

1 Una respuesta suave calma el furor, una palabra hiriente aumenta la ira.

2 La lengua de los sabios hace agradable la ciencia, la boca de los insensatos esparce necedad.

3 En todo lugar, los ojos de Yahveh, observando a los malos y a los buenos.

4 Lengua mansa, árbol de vida, lengua perversa rompe el alma.

5 El tonto desprecia la corrección de su padre; quien sigue la reprensión es cauto.

6 La casa del justo abunda en riquezas, en las rentas del malo no falta inquietud.

7 Los labios de los sabios siembran ciencia, pero no así el corazón de los necios.

8 Yahveh abomina el sacrificio de los malos; la oración de los rectos alcanza su favor.

9 Yahveh abomina el camino malo; y ama al que va tras la justicia.

10 Corrección severa a quien deja el camino; el que odia la reprensión perecerá.

11 Seol y Perdición están ante Yahveh: ¡cuánto más los corazones de los hombres!

12 El arrogante no quiere ser reprendido, no va junto a los sabios.

13 Corazón alegre hace buena cara, corazón en pena deprime el espíritu.

14 Corazón inteligente busca la ciencia, los labios de los necios se alimentan de necedad.

15 Todos los días del pobre son malos, para el corazón dichoso, banquetes sin fin.

16 Mejor es poco con temor de Yahveh, que gran tesoro con inquietud.

17 Más vale un plato de legumbres, con cariño, que un buey cebado, con odio.

18 El hombre violento provoca disputas, el tardo a la ira aplaca las querellas.

19 El camino del perezoso es como un seto de espinos. la senda de los rectos es llana.

20 El hijo sabio es la alegría de su padre, el hombre necio desprecia a su madre.

21 La necedad alegra al insensato, el hombre inteligente camina en derechura.

22 Donde no hay consultas, los planes fracasan; con muchos consejeros, se llevan a cabo.

23 El hombre halla alegría en la respuesta de su boca; una palabra a tiempo, ¡qué cosa más buena!

24 Camino de la vida, hacia arriba, para el sabio, para que se aparte del seol, que está abajo.

25 La casa de los soberbios la destruye Yahveh, y mantiene en pie los linderos de la viuda.

26 Yahveh abomina los proyectos perversos; pero son puras las palabras agradables.

27 Quien se da al robo, perturba su casa, quien odia los regalos, vivirá.

28 El corazón del justo recapacita para responder, la boca de los malos esparce maldades.

29 Yahveh se aleja de los malos, y escucha la plegaria de los justos.

30 Una mirada luminosa alegra el corazón, una buena noticia reanima el vigor.

31 Oído que escucha reprensión saludable, tiene su morada entre los sabios.

32 Quien desatiende la corrección se desprecia a sí mismo, quien escucha la reprensión adquiere sensatez.

33 El temor de Yahveh instruye en sabiduría: y delante de la gloria va la humildad.

Proverbios 16

1 Al hombre, los planes del corazón; pero de Yahveh, la respuesta.

2 Al hombre le parecen puros todos sus caminos, pero Yahveh pondera los espíritus.

3 Encomienda tus obras a Yahveh y tus proyectos se llevarán a cabo.

4 Todas las obras de Yahveh tienen su propio fin, hasta el malvado, para el día del mal

5 Yahveh abomina al de corazón altivo, de cierto no quedará impune.

6 Con amor y lealtad se expía la falta; con el temor de Yahveh se evita el mal.

7 Cuando Yahveh se complace en la conducta de un hombre. hasta a sus enemigos los reconcilia con él.

8 Más vale poco, con justicia, que mucha renta sin equidad.

9 El corazón del hombre medita su camino, pero es Yahveh quien asegura sus pasos

10 Oráculo en los labios del rey: en el juicio no comete falta su boca.

11 De Yahveh son la balanza y los platillos justos, todas las pesas del saco son obra suya.

12 Los reyes aborrecen las malas acciones, pues su trono en la justicia se afianza.

13 El favor del rey para los labios justos; y ama al que habla rectamente.

14 El furor del rey es mensajero de muerte; pero el hombre sabio lo apacigua.

15 Si el rostro del rey se ilumina, hay vida; su favor es como nube de lluvia tardía.

16 Adquirir sabiduría, cuánto mejor que el oro; adquirir inteligencia es preferible a la plata.

17 La calzada de los rectos es apartarse del mal; el que atiende a su camino, guarda su alma.

18 La arrogancia precede a la ruina; el espíritu altivo a la caída.

19 Mejor es ser humilde con los pobres que participar en el botín con los soberbios.

20 El que está atento a la palabra encontrará la dicha, el que confía en Yahveh será feliz.

21 Al de corazón sabio, se le llama inteligente, la dulzura de labios aumenta el saber.

22 La prudencia es fuente de vida para el que la tiene, el castigo de los necios es la necedad.

23 El corazón del sabio hace circunspecta su boca, y aumenta el saber de sus labios.

24 Palabras suaves, panal de miel: dulces al alma, saludables al cuerpo.

25 Hay caminos que parecen rectos, pero al cabo son caminos de muerte.

26 El ansia del trabajador para él trabaja, pues le empuja el hambre de su boca.

27 El hombre malvado trama el mal, tiene en los labios como un fuego ardiente.

28 El hombre perverso provoca querellas, el delator divide a los amigos.

29 El hombre violento seduce al vecino, y le hace ir por camino no bueno.

30 Quien cierra los ojos es para meditar maldades, el que se muerde los labios, ha consumado el mal.

31 Cabellos blancos son corona de honor; y en el camino de la justicia se la encuentra.

32 Más vale el hombre paciente que el héroe, el dueño de sí que el conquistador de ciudades.

33 Se echan las suertes en el seno, pero la decisión viene de Yahveh.

Proverbios 17

1 Mejor es un mendrugo de pan a secas, pero con tranquilidad, que casa llena de sacrificios de discordia.

2 El siervo prudente prevalece sobre el hijo sin honra; tendrá, con los hermanos, parte en la herencia.

3 Crisol para la plata, horno para el oro; los corazones, Yahveh mismo los prueba.

4 El malo está atento a los labios inicuos, el mentiroso presta oído a la lengua perversa.

5 Quien se burla de un pobre, ultraja a su Hacedor, quien se ríe de la desgracia no quedará impune.

6 Corona de los ancianos son los hijos de los hijos; los padres son el honor de los hijos.

7 Al necio no le sienta un lenguaje pulido, y aún menos al noble un hablar engañoso.

8 El obsequio es un talismán, para el que puede hacerlo; dondequiera que vaya, tiene éxito.

9 El que cubre un delito, se gana una amistad el que propala cosas, divide a los amigos.

10 Más afecta un reproche a un hombre inteligente que cien golpes a un necio.

11 El malvado sólo busca rebeliones, pero le será enviado un cruel mensajero.

12 Mejor topar con osa privada de sus cachorros que con tonto en su necedad.

13 Si uno devuelve mal por bien no se alejará la desdicha de su casa.

14 Entablar proceso es dar curso libre a las aguas; interrúmpelo antes de que se extienda.

15 Justificar al malo y condenar al justo; ambas cosas abomina Yahveh.

16 ¿De qué sirve la riqueza en manos del necio? ¿Para adquirir sabiduría, siendo un insensato?

17 El amigo ama en toda ocasión, el hermano nace para tiempo de angustia.

18 Es hombre insensato el que choca la mano y sale fiador de su vecino.

19 El que ama el pecado, ama los golpes, el que es altanero, busca la ruina.

20 El de corazón pervertido, no hallará la dicha; el de lengua doble caerá en desgracia.

21 El que engendra un necio, es para su mal; no tendrá alegría el padre del insensato.

22 El corazón alegre mejora la salud; el espíritu abatido seca los huesos.

23 El malo acepta regalos en su seno, para torcer las sendas del derecho.

24 Ante el hombre inteligente está la sabiduría, los ojos del necio en los confines de la tierra.

25 Hijo necio, tristeza de su padre, y amargura de la que lo engendró.

26 No es bueno poner multa al justo, golpear a los nobles es contra derecho.

27 El que retiene sus palabras es conocedor de la ciencia, el de sangre fría es hombre inteligente.

28 Hasta al necio, si calla, se le tiene por sabio, por inteligente, si cierra los labios.

Proverbios 18

1 El que vive apartado, busca su capricho, se enfada por cualquier consejo.

2 El necio no halla gusto en la prudencia, sino en manifestar su corazón.

3 Cuando llega la maldad, también llega el desprecio; y con la afrenta viene la ignominia.

4 Las palabras en la boca del hombre son aguas profundas: torrente desbordado, fuente de sabiduría.

5 No es bueno tener miramientos con el malo, para quitar, en el juicio, la razón al justo.

6 Los labios del necio se meten en el proceso, y su boca llama a los golpes.

7 La boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su vida.

8 Las palabras del delator son golosinas, que bajan hasta el fondo de las entrañas.

9 El que es perezoso en el trabajo, es hermano del que destruye.

10 El nombre de Yahveh es torre fuerte, a ella corre el justo y no es alcanzado.

11 La fortuna del rico es su plaza fuerte; como muralla inexpugnable, en su opinión.

12 El corazón humano se engríe antes de la ruina, y delante de la gloria va la humildad.

13 Si uno responde antes de escuchar eso es para él necedad y confusión.

14 El ánimo del hombre lo sostiene en su enfermedad; pero perdido el ánimo, ¿quién lo levantará?

15 Corazón inteligente adquiere ciencia, el oído de los sabios busca la ciencia.

16 El regalo de un hombre todo se lo allana, y le lleva hasta la presencia de los grandes.

17 Parece justo el primero que pleitea; mas llega su contendiente y lo pone al descubierto.

18 Las suertes ponen fin a los litigios y deciden entre los poderosos.

19 Un hermano ofendido es peor que una plaza fuerte, y las querellas son como cerrojos de ciudadela.

20 Con el fruto de la boca sacia el hombre su vientre, con los frutos de sus labios se sacia.

21 Muerte y vida están en poder de la lengua, el que la ama comerá su fruto.

22 Quien halló mujer, halló cosa buena, y alcanzó favor de Yahveh.

23 El pobre habla suplicando, pero el rico responde con dureza.

24 Hay amigos que causan la ruina, y hay quien ama con más apego que un hermano.

Proverbios 19

1 Mejor es el pobre que camina en su integridad que el de labios perversos y además necio.

2 Tampoco es bueno el afán cuando falta la ciencia, el de pies precipitados se extravía.

3 La necedad del hombre pervierte su camino, y luego en su corazón se irrita contra Yahveh.

4 La riqueza multiplica los amigos, pero el pobre de su amigo es separado.

5 El testigo falso no quedará impune, el que profiere mentiras no escapará.

6 Son numerosos los que halagan al noble, todos son amigos del hombre que da.

7 Los hermanos del pobre le odian todos, ¡cuánto más se alejarán de él los amigos! Persigue palabras, pero no hay.

8 El que adquiere cordura se ama a sí mismo, el que sigue la prudencia, hallará la dicha.

9 El testigo falso no quedará impune, el que profiere mentiras perecerá.

10 No sienta bien al necio vivir en delicias, y menos al siervo dominar a los príncipes.

11 La prudencia del hombre domina su ira, y su gloria es dejar pasar una ofensa.

12 Como rugido de león la indignación del rey, su favor, como rocío sobre la hierba.

13 El hijo necio, calamidad para su padre, goteo sin fin las querellas de mujer.

14 Casa y fortuna se heredan de los padres, mujer prudente viene de Yahveh.

15 La pereza hunde en el sopor, el alma indolente pasará hambre.

16 Quien guarda los mandatos se guarda a sí mismo, quien desprecia sus caminos morirá.

17 Quien se apiada del débil, presta a Yahveh, el cual le dará su recompensa.

18 Mientras hay esperanza corrige a tu hijo, pero no te excites hasta hacerle morir.

19 El iracundo carga con la multa; pues si le perdonas, se la tendrás que aumentar.

20 Escucha el consejo, acoge la corrección, para llegar, por fin, a ser sabio.

21 Muchos proyectos en el corazón del hombre, pero sólo el plan de Yahveh se realiza.

22 Lo que se desea en un hombre es la bondad, más vale un pobre que un mentiroso.

23 El temor de Yahveh es para vida, vive satisfecho sin ser visitado por el mal.

24 El perezoso hunde la mano en el plato, y no es capaz ni de llevarla a la boca.

25 Golpea al arrogante y el simple se volverá sensato; reprende al inteligente y alcanzará el saber.

26 El que despoja a su padre y expulsa a su madre, es hijo infamante y desvergonzado.

27 Deja ya, hijo, de escuchar la instrucción, y de apartarte de las palabras de la ciencia.

28 El testigo malvado se burla del derecho; la boca de los malos devora iniquidad.

29 Los castigos están hechos para los arrogantes; y los golpes para la espalda de los necios.

Proverbios 20

1 Arrogante es el vino, tumultuosa la bebida; quien en ellas se pierde, no llegará a sabio.

2 Como rugido de león la indignación del rey, el que la excita, se daña a sí mismo.

3 Es gloria para el hombre apartarse de litigios, pero todo necio se sale de sí.

4 A partir del otoño, el perezoso no trabaja, en la cosecha busca, pero no hay nada.

5 El consejo en el corazón del hombre es agua profunda, el hombre inteligente sabrá sacarla.

6 Muchos hombres se dicen piadosos; pero un hombre fiel, ¿quién lo encontrará?

7 El justo camina en la integridad; ¡dichosos sus hijos después de él!

8 Un rey sentado en el tribunal disipa con sus ojos todo mal.

9 ¿Quién puede decir: «Purifiqué mi corazón, estoy limpio de mi pecado?»

10 Dos pesos y dos medidas, ambas cosas aborrece Yahveh.

11 Incluso en sus acciones da el muchacho a conocer si sus obras serán puras y rectas.

12 El oído que oye y el ojo que ve; ambas cosas las hizo Yahveh.

13 No ames el sueño, para no hacerte pobre; ten abiertos los ojos y te hartarás de pan.

14 «¡Malo, malo!» dice el comprador, pero al marchar se felicita.

15 Hay oro y numerosas perlas, pero los labios instruidos son la cosa más preciosa.

16 Tómale su vestido, pues salió fiador de otro; tómale prenda por los extraños.

17 El pan de fraude le es dulce al hombre, pero luego la boca se llena de grava.

18 Los proyectos con el consejo se afianzan: haz con táctica la guerra.

19 El que anda murmurando descubre secretos; no andes con quien tiene la lengua suelta.

20 Al que maldice a su padre y a su madre, se le extinguirá su lámpara en medio de tinieblas.

21 Herencia adquirida al principio con presteza, no será a la postre bendecida.

22 No digas: «Voy a devolver el mal»; confía en Yahveh, que te salvará.

23 Tener dos pesas lo abomina Yahveh; tener balanzas falsas no está bien.

24 De Yahveh dependen los pasos del hombre: ¿cómo puede el hombre comprender su camino?

25 Lazo es para el hombre pronunciar a la ligera: «¡Sagrado!» y después de haber hecho el voto reflexionar.

26 Un rey sabio aventa a los malos y hace pasar su rueda sobre ellos.

27 Lámpara de Yahveh es el hálito del hombre que explora hasta el fondo de su ser.

28 Bondad y lealtad custodian al rey, fundamenta su trono en la bondad.

29 El vigor es la belleza de los jóvenes, las canas el ornato de los viejos.

30 Las cicatrices de las heridas son remedio contra el mal, los golpes curan hasta el fondo de las entrañas.

Proverbios 21

1 Corriente de agua es el corazón del rey en la mano de Yahveh, que él dirige donde quiere.

2 Al hombre le parecen rectos todos sus caminos, pero es Yahveh quien pesa los corazones.

3 Practicar la justicia y la equidad, es mejor ante Yahveh que el sacrificio.

4 Ojos altivos, corazón arrogante, antorcha de malvados, es pecado.

5 Los proyectos del diligente, todo son ganancia; para el que se precipita, todo es indigencia.

6 Hacer tesoros con lengua engañosa, es vanidad fugitiva de quienes buscan la muerte.

7 La violencia de los malos los domina, porque se niegan a practicar la equidad.

8 Tortuoso es el camino del hombre criminal, pero el puro es recto en sus obras.

9 Mejor es vivir en la esquina del terrado, que casa en común con mujer litigiosa.

10 El alma del malvado desea el mal, su vecino no halla gracia a sus ojos.

11 Cuando se castiga al arrogante, el simple se hace sabio; cuando se instruye al sabio, adquiere ciencia.

12 El Justo observa la casa del malvado, y arroja a los malvados a la desgracia.

13 Quien cierra los oídos a las súplicas del débil clamará también él y no hallará respuesta.

14 Regalo a escondidas, aplaca la cólera, y obsequio oculto, la ira violenta.

15 Alegría para el justo es el cumplimiento de la justicia, pero horror para los que hacen el mal.

16 El hombre que se aparta del camino de la prudencia reposará en la asamblea de las sombras.

17 Se arruina el hombre que ama el placer, no será rico el aficionado a banquetes.

18 Rescate del justo es el malo, y en lugar de los rectos, el traidor.

19 Mejor es habitar en el desierto que con mujer litigiosa y triste.

20 Tesoro precioso y aceite en la casa del sabio, pero el hombre necio los devora.

21 Quien va tras la justicia y el amor hallará vida, justicia y honor.

22 El sabio escala la ciudad de los fuertes, y derriba la fortaleza en que confiaban.

23 El que guarda su boca y su lengua, guarda su alma de la angustia.

24 Al insolente y altivo se le llama: «arrogante»; actúa en el exceso de su insolencia.

25 El deseo del perezoso le lleva a la muerte, porque sus manos rehúsan el trabajo.

26 Todo el día está el malo codicioso; pero el justo da sin rehusar jamás.

27 El sacrificio de los malos es abominable, sobre todo si se ofrece con mala intención.

28 El testigo falso perecerá, el hombre que escucha, por siempre podrá hablar.

29 El hombre malo se muestra atrevido, el recto afianza su camino.

30 No hay sabiduría, ni hay prudencia ni hay consejo, delante de Yahveh.

31 Se prepara el caballo para el día del combate, pero la victoria es de Yahveh.

Proverbios 22

1 Más vale buen nombre que muchas riquezas, y mejor es favor que plata y oro.

2 El rico y el pobre se encuentran, a los dos los hizo Yahveh.

3 El hombre precavido ve el mal y se esconde, los simples pasan y reciben castigo.

4 Premio de la humildad, el temor de Yahveh, la riqueza, el honor y la vida.

5 Espinas y lazos en la senda del malo, el que cuida de su vida, se aleja de ellos.

6 Instruye al joven según sus disposiciones, que luego, de viejo, no se apartará de ellas.

7 El rico domina a los pobres, el deudor es esclavo de su acreedor.

8 Quien siembra injusticia cosecha miserias y la vara de su cólera desaparecerá.

9 El de buena intención será bendito, porque da de su pan al débil.

10 Expulsa al arrogante y se irá el litigio, y pleitos e injurias cesarán.

11 El que ama los corazones puros, el de gracia en los labios, es amigo del rey.

12 Los ojos de Yahveh custodian la ciencia, pero confunden las palabras del pérfido.

13 El perezoso dice: «Hay fuera un león; voy a ser muerto en medio de la calle.»

14 Fosa profunda la boca de las mujeres ajenas: aquel contra el que Yahveh se aíra, caerá en ella.

15 La necedad está enraizada en el corazón del joven, la vara de la instrucción lo alejará de ella.

16 El que oprime a un débil, lo engrandece; el que da a un rico, llega a empobrecerlo.

17 Presta oído y escucha las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi ciencia,

18 porque te será dulce guardarlas en tu seno, y tener todas a punto en tus labios.

19 Para que esté en Yahveh tu confianza también a ti hoy te enseñaré.

20 ¿No he escrito para ti treinta capítulos de consejos y ciencia,

21 para hacerte conocer la certeza de las palabras verdaderas, y puedas responder palabras verdaderas a quien te envíe?

22 No despojes al débil, porque es débil, y no aplastes al desdichado en la puerta,

23 porque Yahveh defenderá su causa y despojará de la vida a los despojadores.

24 No tomes por compañero a un hombre airado, ni vayas con un hombre violento,

25 no sea que aprendas sus senderos, y te encuentres con un lazo para tu vida.

26 No seas de los que chocan la mano, y salen fiadores de préstamos:

27 porque si no tienes con qué pagar, te tomarán el lecho en que te acuestas.

28 No desplaces el lindero antiguo que tus padres pusieron.

29 ¿Has visto un hombre hábil en su oficio? Se colocará al servicio de los reyes. No quedará al servicio de gentes oscuras.

Proverbios 23

1 Si te sientas a comer con poderoso, mira bien al que está frente a ti;

2 pon un cuchillo a tu garganta si eres hombre de apetito;

3 no desees sus manjares, porque es alimento engañoso.

4 No te fatigues por enriquecerte, deja de pensar en ello.

5 Pones tus ojos en ello y no hay nada. Porque se hace alas como águila, y se vuela hasta el cielo.

6 No comas pan con hombre de malas intenciones, ni desees sus manjares.

7 Porque, según lo que calcula en su interior, te dice: «¡Come y bebe!», pero su corazón no está contigo.

8 Nada más comer lo vomitarías y tus palabras amables serían tu ruina.

9 A oídos de necio no hables, porque se burlará de la prudencia de tus dichos.

10 No desplaces el lindero antiguo, no entres en el campo de los huérfanos,

11 porque su vengador es poderoso, y defendería su pleito contra ti.

12 Aplica tu corazón a la instrucción, y tus oídos a las palabras de la ciencia.

13 No ahorres corrección al niño, que no se va a morir porque le castigues con la vara.

14 Con la vara le castigarás y librarás su alma del seol.

15 Hijo mío, si tu corazón es sabio, se alegrará también mi corazón,

16 y exultarán mis riñones al decir tus labios cosas rectas.

17 No envidie tu corazón a los pecadores, más bien en el temor de Yahveh permanezca todo el día,

18 porque hay un mañana, y tu esperanza no será aniquilada.

19 Escucha, hijo, y serás sabio, y endereza tu corazón por el camino...

20 No seas de los que se emborrachan de vino, ni de los que se ahítan de carne,

21 porque borracho y glotón se empobrecen y el sopor se viste de harapos.

22 Escucha a tu padre, que él te engendró, y no desprecies a tu madre por ser vieja.

23 Adquiere la verdad y no la vendas: la sabiduría, la instrucción, la inteligencia.

24 El padre del justo rebosa de gozo, quien engendra un sabio por él se regocija.

25 Se alegrarán tu padre y tu madre, y gozará la que te ha engendrado.

26 Dame, hijo mío, tu corazón, y que tus ojos hallen deleite en mis caminos.

27 Fosa profunda es la prostituta, pozo angosto la mujer extraña.

28 También ella como ladrón pone emboscadas, y multiplica entre los hombres los traidores.

29 ¿Para quién las «Desgracias»? ¿para quién los «Ayes»? ¿para quién los litigios? ¿para quién los lloros? ¿para quién los golpes sin motivo? ¿para quién los ojos turbios?

30 Para los que se eternizan con el vino, los que van en busca de vinos mezclados.

31 No mires el vino: ¡Qué buen color tiene! ¡cómo brinca en la copa! ¡qué bien entra!

32 Pero, a la postre, como serpiente muerde, como víbora pica.

33 Tus ojos verán cosas extrañas, y tu corazón hablará sin ton ni son.

34 Estarás como acostado en el corazón del mar, o acostado en la punta de un mástil.

35 «Me han golpeado, pero no estoy enfermo; me han tundido a palos, pero no lo he sentido, ¿Cuándo me despertaré...?, me lo seguiré preguntando.»

Proverbios 24

1 No tengas envidia de los malos, no desees estar con ellos,

2 porque su corazón trama violencias, y sus labios hablan de desgracias.

3 Con la sabiduría se construye una casa, y con la prudencia se afianza;

4 con la ciencia se llenan los cilleros de todo bien precioso y deseable.

5 El varón sabio está fuerte, el hombre de ciencia fortalece su vigor;

6 porque con sabios consejos harás la guerra, y en la abundancia de consejeros está el éxito.

7 Muy alta está la sabiduría para el necio: no abre su boca en la puerta.

8 Al que piensa en hacer mal, se le llama maestro en intrigas.

9 La necedad sólo maquina pecados, el arrogante es abominable a los hombres.

10 Si te dejas abatir el día de la angustia, angosta es tu fuerza.

11 Libra a los que son llevados a la muerte, y a los conducidos al suplicio ¡si los pudieras retener!

12 Si dices: «Mira que no lo sabíamos», ¿acaso el que pesa los corazones no comprende? ¿el que vigila tu alma, no lo sabe? El da a cada hombre según sus obras.

13 Come miel, hijo mío, porque es buena. Panal de miel es dulce a tu paladar.

14 Pues sábete que así será la sabiduría para tu alma, y si la hallas, hay un mañana, y tu esperanza no será aniquilada.

15 No pongas, malvado, asechanzas en la mansión del justo, no hagas violencia a su morada.

16 Que siete veces cae el justo, pero se levanta, mientras los malos se hunden en la desgracia.

17 No te alegres por la caída de tu enemigo, no se goce tu corazón cuando se hunde;

18 no sea que lo vea Yahveh y le desagrade, y aparte de él su ira.

19 No te enfurezcas por causa de los malvados, ni tengas envidia de los malos.

20 Porque para el malvado no hay un mañana: la lámpara de los malos se extinguirá.

21 Teme, hijo mío, a Yahveh y al rey, no te relaciones con los innovadores,

22 porque al instante surgirá su calamidad, y ¿quién sabe el castigo que pueden ambos dar?

23 También esto pertenece a los sabios: Hacer acepción de personas en el juicio no está bien.

24 Al que dice al malo: «Eres justo», le maldicen los pueblos y le detestan las naciones;

25 los que los castigan, viven felices, y viene sobre ellos la bendición del bien.

26 Besa en los labios, el que responde con franqueza.

27 Ordena tus trabajos de fuera y prepara tus faenas en el campo; y después puedes construirte tu casa.

28 No des testimonio, en vano, contra tu prójimo, ni engañes con tus labios.

29 No digas: «Como él me ha hecho a mí, le haré yo a él, daré a cada uno según sus obras.»

30 He pasado junto al campo de un perezoso, y junto a la viña de un hombre insensato,

31 y estaba todo invadido de ortigas, los cardos cubrían el suelo, la cerca de piedras estaba derruída.

32 Al verlo, medité en mi corazón, al contemplarlo aprendí la lección:

33 «Un poco dormir, otro poco dormitar, otro poco tumbarse con los brazos cruzados

34 y llegará, como vagabundo, tu miseria y como un mendigo tu pobreza.»

Proverbios 25

1 También estos son proverbios de Salomón, transcritos por los hombres de Ezequías, rey de Judá.

2 Es gloria de Dios ocultar una cosa, y gloria de los reyes escrutarla.

3 Los cielos por su altura, la tierra por su profundidad, y el corazón de los reyes: son inescrutables.

4 Quita las escorias de la plata, y quedará enteramente pura;

5 quita al malo de delante del rey, y su trono se afianzará en la justicia.

6 No te des importancia ante el rey, no te coloques en el sitio de los grandes;

7 porque es mejor que te digan: «Sube acá», que ser humillado delante del príncipe. Lo que han visto tus ojos,

8 no te apresures a llevarlo a juicio; pues ¿qué harás a la postre cuando tu prójimo te confunda?

9 Defiende tu causa contra tu prójimo, pero no descubras los secretos de otro,

10 no sea que el que lo oye te avergüence, y que tu difamación no tenga vuelta.

11 Manzanas de oro con adornos de plata, es la palabra dicha a tiempo.

12 Anillo de oro, o collar de oro fino, la reprensión sabia en oído atento.

13 Como frescor de nieve el día de la siega el mensajero leal, para el que lo envía: conforta el ánimo de su señor.

14 Nubes y viento, pero no lluvia, el hombre que se jacta de que va a hacer un regalo, pero miente.

15 Con paciencia se persuade al juez, una lengua dulce quebranta los huesos.

16 ¿Has hallado miel?, come lo que necesites; no llegues a hartarte y la vomites.

17 Pon tu pie pocas veces en casa del vecino, no sea que se hastíe y te aborrezca.

18 Martillo, espada, flecha aguda: es el hombre que da testimonio falso contra su prójimo.

19 Diente roto, pie titubeante: la confianza en el pérfido, el día de la angustia,

20 como quitar el vestido en día helado. Poner vinagre sobre salitre, es cantar canciones a un corazón triste.

21 Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer, si tiene sed, dale de beber;

22 así amontonas sobre su cabeza brasas y Yahveh te dará la recompensa.

23 El viento norte trae la lluvia, la lengua que disimula, rostros airados.

24 Mejor es vivir en la esquina del terrado, que casa en común con mujer litigiosa.

25 Agua fresca en fauces sedientas: la noticia buena de un país lejano.

26 Fuente hollada, manantial ensuciado, el justo que titubea ante el malo.

27 No es bueno comer mucha miel, ni buscar gloria y más gloria.

28 Ciudad abierta y sin muralla es el hombre que no domina su ánimo.

Proverbios 26

1 Como nieve en verano y lluvia en la siega, así de mal le sienta la gloria al insensato.

2 Como se escapa el pájaro y vuela la golondrina, así no se realiza la maldición sin motivo.

3 Látigo para el caballo, brida para el asno y vara para la espalda de los necios.

4 No respondas al necio según su necedad, no sea que tú también te vuelvas como él.

5 Responde al necio según su necedad, no vaya a creerse que es un sabio.

6 Se corta los pies, se empapa de amargura, el que envía un recado en mano de necio.

7 Como las piernas vacilantes del cojo, es el proverbio en boca de los necios.

8 Como sujetar una piedra en la honda, es conceder honores a un necio.

9 Como espino que va a parar a mano de borracho, es el proverbio en boca de los necios.

10 Como arquero que a todos hiere, es el que toma a sueldo al necio y al borracho que pasan.

11 Como el perro vuelve a su vómito, vuelve el necio a su insensatez.

12 ¿Has visto a un hombre que se cree sabio? Más se puede esperar de un necio que de él.

13 Dice el perezoso: «¡Un león en el camino! ¡Un león en la plaza!»

14 La puerta gira en los goznes, y el perezoso en la cama.

15 El perezoso hunde la mano en el plato; pero le fatiga llevarla a la boca.

16 El perezoso se tiene por más sabio que siete personas que responden con tacto.

17 Agarra por las orejas a un perro que pasa el que se mete en litigio que no le incumbe.

18 Como un loco que arroja saetas escondidas, flechas y muerte,

19 tal es el hombre que engaña a su prójimo, y dice: «¿No ves que estaba bromeando?»

20 Cuando se acaba la leña, se apaga el fuego, cuando no hay chismoso, se apacigua la disputa.

21 Carbón sobre brasas y leña sobre fuego, es el pleiteador para atizar querellas.

22 Las palabras del delator son golosinas que bajan hasta el fondo de las entrañas.

23 Plata con escorias esmaltada sobre arcilla, son los labios dulces con corazón perverso.

24 El que odia, disimula con sus labios, pero en su interior comete perfidia;

25 si da a su voz un tono amable, no te fíes, porque hay siete abominaciones en su corazón.

26 Encubrirá su odio con engaño, pero en la asamblea se descubrirá su malicia.

27 El que excava una fosa caerá en ella, el que hace rodar una piedra se le vendrá encima.

28 La lengua mentirosa odia a sus víctimas, la boca melosa labra la ruina.

Proverbios 27

1 No te regocijes por el día de mañana, porque no sabes lo que deparará el día de hoy.

2 Que otro te alabe y no tu propia boca; un extraño, que no tus labios.

3 Pesada es la piedra y pesada la arena, la ira del necio es más pesada que ellas.

4 El furor es cruel, agua desbordada la cólera; mas ¿quién resistirá ante la envidia?

5 Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto.

6 Leales son las heridas del amigo, falsos los besos del enemigo.

7 Alma saciada pisotea la miel, al alma hambrienta, hasta lo amargo es dulce.

8 Como yerra el pájaro lejos de su nido, así yerra el hombre lejos de su lugar.

9 El aceite y el perfume alegran el corazón, la dulzura del amigo consuela el alma.

10 No abandones a tu amigo ni al amigo de tu padre; no entres en la casa de tu hermano el día de tu infortunio. Mejor es vecino próximo que hermano alejado.

11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón; y podré responder al que me ultraja.

12 El hombre precavido ve el mal y se esconde, los simples pasan y reciben castigo.

13 Tómale su vestido, pues salió fiador de otro; tómale prenda por los extraños.

14 Al que ya de mañana a su prójimo bendice en alta voz, le será contado como una maldición.

15 Goteo incesante en día de lluvia y mujer chismosa, son iguales;

16 el que la retiene, retiene viento y aceite encuentra su derecha.

17 El hierro con hierro se aguza, y el hombre con su prójimo se afina.

18 El que vigila una higuera come de su fruto, el que guarda a su señor será honrado.

19 Como en el agua un rostro refleja otro rostro, así el corazón de un hombre refleja el de otro hombre.

20 Seol y Perdición son insaciables; tampoco se sacian los ojos del hombre.

21 Crisol para la plata, horno para el oro, el hombre vale según su reputación.

22 Aunque machaques al necio en el mortero, (entre el grano, con el pilón) no se apartará de él su necedad.

23 Conoce a fondo el estado de tu ganado, aplica tu corazón a tu rebaño;

24 porque no es eterna la riqueza, no se transmite una corona de edad en edad.

25 Cortada la hierba, aparecido el retoño, y apilado el heno de los montes,

26 ten corderos para poderte vestir, machos cabríos con que pagar un campo,

27 leche de cabras abundante para tu sustento, para alimentar a tu familia y mantener a tus criados.

Proverbios 28

1 El malo huye sin que nadie le persiga, pero el justo como un león está seguro.

2 Cuando un país es rebelde, son muchos sus príncipes; con un hombre inteligente y sabio hay estabilidad.

3 Hombre malo que oprime a los débiles es como lluvia devastadora que deja sin pan.

4 Los que abandonan la ley alaban al malo, los que guardan la ley se irritan contra ellos.

5 Los hombres malos no entienden de equidad, los que buscan a Yahveh lo comprenden todo.

6 Mejor es el pobre que camina en su integridad que el de caminos tortuosos, por más que sea rico.

7 El que guarda la ley es un hijo inteligente, el que frecuenta orgías es la deshonra de su padre.

8 El que aumenta su riqueza por usura e interés, la amontona para el que se compadece de los pobres.

9 El que aparta su oído para no oír la ley, hasta su oración es abominable.

10 El que extravía a los rectos por el mal camino, en su propia fosa caerá. Los hombres sin tacha heredarán la dicha.

11 El hombre rico se cree sabio, pero el pobre inteligente, lo desenmascara.

12 Cuando se alegran los justos, es grande el regocijo, cuando se alzan los malos, todos se esconden.

13 Al que encubre sus faltas, no le saldrá bien; el que las confiesa y abandona, obtendrá piedad.

14 Dichoso el hombre que siempre está en temor; el que endurece su corazón caerá en el mal.

15 León rugiente, oso hambriento, es el malo que domina al pueblo débil.

16 Príncipe sin inteligencia multiplica la opresión, el que odia el lucro prolongará sus días.

17 El hombre culpable de una muerte huirá hasta la tumba; ¡que nadie le detenga!

18 El que anda sin tacha será salvo, el que va oscilante entre dos caminos, caerá en uno de ellos.

19 Quien cultiva su tierra se hartará de pan, quien va tras naderías, se hartará de pobreza.

20 El hombre leal será muy bendecido, quien se hace rico aprisa, no quedará impune.

21 No es bueno hacer acepción de personas, que por un bocado de pan el hombre prevarica.

22 El hombre de malas intenciones corre tras la riqueza, sin saber que lo que le viene es la indigencia.

23 El hombre que reprende halla al cabo más gracia que el de lengua aduladora.

24 El que roba a su padre y a su madre y dice: «No hay en ello falta», es compañero del hombre destructor.

25 El hombre ambicioso azuza querellas, el que confía en Yahveh prosperará.

26 El que confía en su corazón es un necio, el que anda con sabiduría se salvará.

27 El que da a los pobres no conocerá la indigencia, para el que se tapa los ojos abundante maldición.

28 Cuando se alzan los malos, todos se esconden, cuando perecen, los justos se multiplican.

Proverbios 29

1 El hombre que, reprendido, endurece la cerviz, será pronto deshecho y sin remedio.

2 Cuando los justos se multiplican, el pueblo se alegra, cuando dominan los malos, el pueblo gime.

3 El que ama la sabiduría, da alegría a su padre, el que anda con prostitutas, disipa su fortuna.

4 El rey, con la equidad, mantiene el país, el hombre exactor lo arruina.

5 El hombre que adula a su prójimo pone una red bajo sus pasos.

6 En el pecado del malo hay una trampa, pero el justo se regocija y alegra.

7 El justo conoce la causa de los débiles, el malo no tiene inteligencia para conocerla.

8 Los arrogantes turban la ciudad, los sabios alejan la cólera.

9 Cuando el sabio tiene un pleito con el necio, ya se exaspere o se ría, no logrará sosiego.

10 Los hombres sanguinarios odian al intachable, los rectos van en busca de su persona.

11 El necio da salida a toda su pasión; el sabio la reprime y apacigua.

12 Si un jefe hace caso de las palabras mentirosas, todos sus servidores serán malos.

13 El pobre y el opresor se encuentran, Yahveh da la luz a los ojos de ambos.

14 El rey que juzga con verdad a los débiles, asegura su trono para siempre.

15 Vara y reprensión dan sabiduría, muchacho dejado a sí mismo, avergüenza a su madre.

16 Cuando se multiplican los malos, se multiplican los delitos, pero los justos contemplarán su caída.

17 Corrige a tu hijo y te dejará tranquilo; y hará las delicias de tu alma.

18 Cuando no hay visiones, el pueblo se relaja, pero el que guarda la ley es dichoso.

19 No se corrige a un siervo con palabras, porque aunque las entienda, no las cumple.

20 ¿Has visto un hombre dispuesto siempre a hablar? más se puede esperar de un necio que de él.

21 Si se mima a un esclavo desde niño, al final será un ingrato.

22 El hombre violento provoca querellas, el hombre airado multiplica los delitos.

23 El orgullo del pobre lo humillará; el humilde de espíritu obtendrá honores.

24 El que reparte con ladrón se odia a sí mismo, oye la imprecación, pero no revela nada.

25 Temblar ante los hombres es un lazo; el que confía en Yahveh está seguro.

26 Son muchos los que buscan el favor del jefe, pero es Yahveh el que juzga a cada uno.

27 Abominación para los justos es el hombre inicuo abominación para el malo el de recto camino.

Proverbios 30

1 Palabras de Agur, hijo de Yaqué, de Massá. Oráculo de este hombre para Itiel, para Itiel y para Ukal.

2 ¡Soy el más estúpido de los hombres! No tengo inteligencia humana.

3 No he aprendido la sabiduría, ¿y voy a conocer la ciencia de los santos?

4 ¿Quién subió a los cielos y volvió a bajar? ¿quién ha recogido viento en sus palmas? ¿quién retuvo las aguas en su manto? ¿quién estableció los linderos de la tierra? ¿Cuál es su nombre y el nombre de su hijo, si es que lo sabes?

5 Probadas son todas las palabras de Dios; él es un escudo para cuantos a él se acogen.

6 No añadas nada a sus palabras, no sea que te reprenda y pases por mentiroso.

7 Dos cosas te pido. no me las rehúses antes de mi muerte:

8 Aleja de mí la mentira y la palabra engañosa; no me des pobreza ni riqueza, déjame gustar mi bocado de pan,

9 no sea que llegue a hartarme y reniegue, y diga: «¿Quién es Yahveh?». o no sea que, siendo pobre, me dé al robo, e injurie el nombre de mi Dios.

10 No calumnies a un siervo ante su amo no sea que te maldiga y tengas que pagar la pena.

11 Hay gente que maldice a su padre, y a su madre no bendice,

12 gente que se cree pura y no está limpia de su mancha,

13 ¡gente de qué altivos ojos, cuyos párpados se alzan!;

14 gente cuyos dientes son espadas, y sus mandíbulas cuchillos, para devorar a los desvalidos echándolos del país y a los pobres de entre los hombres.

15 La sanguijuela tiene dos hijas: «¡Daca, daca!» Hay tres cosas insaciables y cuatro que no dicen: «¡Basta!»

16 El seol, el seno estéril, la tierra que no se sacia de agua, y el fuego que no dice: «¡Basta!»

17 Al ojo que se ríe del padre y desprecia la obediencia de una madre, lo picotearán los cuervos del torrente, los aguiluchos lo devorarán.

18 Tres cosas hay que me desbordan y cuatro que no conozco:

19 el camino del águila en el cielo, el camino de la serpiente por la roca, el camino del navío en alta mar, el camino del hombre en la doncella.

20 Este es el camino de la mujer adúltera: come, se limpia la boca y dice: «¡No he hecho nada de malo ¡»

21 Por tres cosas tiembla la tierra y cuatro no puede soportar:

22 Por esclavo que llega a rey, por idiota que se ahíta de comer,

23 por mujer odiada que se casa, por esclava que hereda a su señora.

24 Hay cuatro seres los más pequeños de la tierra, pero que son más sabios que los sabios:

25 las hormigas - multitud sin fuerza - que preparan en verano su alimento;

26 los damanes - multitud sin poder -, que ponen sus casas en la roca;

27 las langostas, que sin tener rey, salen todas en orden;

28 el lagarto, al que se agarra con la mano y está en los palacios de los reyes.

29 Hay tres cosas de paso gallardo y cuatro de elegante marcha:

30 el león - fuerte entre los animales -, que ante nada retrocede,

31 el esbelto gallo o el macho cabrío, y el rey que arenga a su pueblo.

32 Si hiciste el necio, envalentonándote, y has reflexionado, pon mano en boca,

33 pues apretando la leche se saca mantequilla apretando la nariz se saca sangre y apretando la ira, se saca querella.

Proverbios 31

1 Palabras de Lemuel, rey de Massá, que le enseño su madre:

2 ¡No, hijo mío, no, hijo de mis entrañas! ¡No, hijo de mis votos!

3 No entregues tu vigor a las mujeres, ni tus caminos a las que pierden a los reyes.

4 No es para los reyes, Lemuel, no es para los reyes beber vino, ni para los príncipes ser aficionado a la bebida.

5 No sea que, bebiendo, olviden sus decretos y perviertan las causas de todos los desvalidos.

6 Dad bebidas fuertes al que va a perecer y vino al de alma amargada;

7 que beba y olvide su miseria, y no se acuerde ya de su desgracia.

8 Abre tu boca en favor del mudo, por la causa de todos los abandonados,

9 abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del mísero y del pobre.

10 = Alef. = Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.

11 = Bet. = En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho.

12 = Guímel. = Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.

13 = Dálet. = Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes.

14 = He. = Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión.

15 = Vau. = Se levanta cuando aún es de noche da de comer a sus domésticos y órdenes a su servidumbre.

16 = Zain. = Hace cálculos sobre un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña.

17 = Jet. = Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos.

18 = Tet. = Siente que va bien su trabajo, no se apaga por la noche su lámpara.

19 = Tod. = Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso.

20 = Kaf. = Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre.

21 = Lámed. = No teme por su casa a la nieve, pues todos los suyos tienen vestido doble.

22 = Mem. = Para sí se hace mantos, y su vestido es de lino y púrpura.

23 = Nun. = Su marido es considerado en las puertas, cuando se sienta con los ancianos del país.

24 = Sámek. = Hace túnicas de lino y las vende, entrega al comerciante ceñidores.

25 = Ain. = Se viste de fuerza y dignidad, y se ríe del día de mañana.

26 = Pe. = Abre su boca con sabiduría, lección de amor hay en su lengua.

27 = Sade. = Está atenta a la marcha de su casa, y no come pan de ociosidad.

28 = Qof. = Se levantan sus hijos y la llaman dichosa; su marido, y hace su elogio:

29 = Res. = «¡Muchas mujeres hicieron proezas, pero tú las superas a todas!»

30 = Sin. = Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada.

31 = Tau. = Dadle del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras.

ECLESIASTÉS

Eclesiastés 1

1 Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.

2 ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad!

3 ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?

4 Una generación va, otra generación viene; pero la tierra para siempre permanece.

5 Sale el sol y el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir.

6 Sopla hacia el sur el viento y gira hacia el norte; gira que te gira sigue el viento y vuelve el viento a girar.

7 Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá vuelven a fluir.

8 Todas las cosas dan fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído de oír.

9 Lo que fue, eso será; lo que se hizo, ese se hará. Nada nuevo hay bajo el sol.

10 Si algo hay de que se diga: «Mira, eso sí que es nuevo», aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron.

11 No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria en los que después vendrán.

12 Yo, Cohélet, he sido rey de Israel, en Jerusalén.

13 He aplicado mi corazón a investigar y explorar con la sabiduría cuanto acaece bajo el cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos para que en él se ocuparan!

14 He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos.

15 Lo torcido no puede enderezarse, lo que falta no se puede contar.

16 Me dije en mi corazón: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría y ciencia.

17 He aplicado mi corazón a conocer la sabiduría, y también a conocer la locura y la necedad, he comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos,

18 pues: Donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor.

Eclesiastés 2

1 Hablé en mi corazón: ¡Adelante! ¡Voy a probarte en el placer; disfruta del bienestar! Pero vi que también esto es vanidad.

2 A la risa la llamé: ¡Locura!; y del placer dije: ¿Para qué vale?

3 Traté de regalar mi cuerpo con el vino, mientras guardaba mi corazón en la sabiduría, y entregarme a la necedad hasta ver en qué consistía la felicidad de los humanos, lo que hacen bajo el cielo durante los contados días de su vida.

4 Emprendí mis grandes obras; me construí palacios, me planté viñas;

5 me hice huertos y jardines, y los planté de toda clase de árboles frutales.

6 Me construí albercas con aguas para regar la frondosa plantación.

7 Tuve siervos y esclavas: poseí servidumbre, así como ganados, vacas y ovejas, en mayor cantidad que ninguno de mis predecesores en Jerusalén.

8 Atesoré también plata y oro, tributos de reyes y de provincias. Me procuré cantores y cantoras, toda clase de lujos humanos, coperos y reposteros.

9 Seguí engrandeciéndome más que cualquiera de mis predecesores en Jerusalén, y mi sabiduría se mantenía.

10 De cuanto me pedían mis ojos, nada les negué ni rehusé a mi corazón ninguna alegría; toda vez que mi corazón se solazaba de todas mis fatigas, y esto me compensaba de todas mis fatigas.

11 Consideré entonces todas las obras de mis manos y el fatigoso afán de mi hacer y vi que todo es vanidad y atrapar vientos, y que ningún provecho se saca bajo el sol.

12 Yo me volví a considerar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que suceda al rey, sino lo que ya otros hicieron?

13 Yo vi que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas.

14 El sabio tiene sus ojos abiertos, mas el necio en las tinieblas camina. Pero también yo sé que la misma suerte alcanza a ambos.

15 Entonces me dice: Como la suerte del necio será la mía, ¿para qué vales, pues, mi sabiduría? Y pensé que hasta eso mismo es vanidad.

16 No hay recuerdo duradero ni del sabio ni del necio; al correr de los días, todos son olvidados. Pues el sabio muere igual que el necio.

17 He detestado la vida, porque me repugna cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y atrapar vientos.

18 Detesté todos mis fatigosos afanes bajo el sol, que yo dejo a mi sucesor.

19 ¿Quién sabe si será sabio o necio? El se hará dueño de todo mi trabajo, lo que realicé con fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.

20 Entregué mi corazón al desaliento, por todos mis fatigosos afanes bajo el sol,

21 pues un hombre que se fatigó con sabiduría, ciencia y destreza, a otro que en nada se fatigó da su propia paga. También esto es vanidad y mal grave.

22 Pues ¿qué le queda a aquel hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el sol?

23 Pues todos sus días son dolor, y su oficio, penar; y ni aun de noche su corazón descansa. También esto es vanidad.

24 No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas. Yo veo que también esto viene de la mano de Dios,

25 pues quien come y quien bebe, lo tiene de Dios.

26 Porque a quien le agrada, da El sabiduría, ciencia y alegría; mas al pecador, da la tarea de amontonar y atesorar para dejárselo a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y atrapar vientos.

Eclesiastés 3

1 Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:

2 Su tiempo el nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado.

3 Su tiempo el matar, y su tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar.

4 Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar.

5 Su tiempo el lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse.

6 Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar.

7 Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar.

8 Su tiempo el amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz.

9 ¿Qué gana el que trabaja con fatiga?

10 He considerado la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen.

11 El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin.

12 Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida.

13 Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios.

14 Comprendo que cuanto Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que quitar. Y así hace Dios que se le tema.

15 Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado.

16 Todavía más he visto bajo el sol: en la sede del derecho, allí está la iniquidad; y en el sitial del justo, allí el impío.

17 Dije en mi corazón: Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada cosa y para toda obra.

18 Dije también en mi corazón acerca de la conducta de los humanos: sucede así para que Dios los pruebe y les demuestre que son como bestias.

19 Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad.

20 Todos caminan hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo.

21 ¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra?

22 Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?

Eclesiastés 4

1 Yo me volví a considerar todas las violencias perpetradas bajo el sol: vi el llanto de los oprimidos, sin tener quien los consuele; la violencia de sus verdugos, sin tener quien los vengue.

2 Felicité a los muertos que ya perecieron, más que a los vivos que aún viven.

3 Más feliz aún que entrambos es aquel que aún no ha existido, que no ha visto la iniquidad que se comete bajo el sol.

4 He visto que todo afán y todo éxito en una obra excita la envidia del uno contra el otro. También esto es vanidad y atrapar vientos.

5 El necio se cruza de manos, y devora su carne.

6 Más vale llenar un puñado con reposo que dos puñados con fatiga en atrapar vientos.

7 Volví de nuevo a considerar otra vanidad bajo el sol:

8 a saber, un hombre solo, sin sucesor, sin hijos ni hermano; sin límite a su fatiga, sin que sus ojos se harten de riqueza. «Mas ¿para quién me fatigo y privo a mi vida de felicidad?» También esto es vanidad y mal negocio.

9 Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo.

10 Pues si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante.

11 Si dos se acuestan, tienen calor; pero el solo ¿cómo se calentará?

12 Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper.

13 Más vale mozo pobre y sabio que rey viejo y necio, que no sabe ya consultar.

14 Pues de prisión salió quien llegó a reinar, aunque pobre en sus dominios naciera.

15 Veo a todos los vivientes que caminan bajo el sol, ponerse junto al mozo, el sucesor, el que ocupará su puesto.

16 Era sin fin la multitud a cuyo frente estaba; tampoco la posteridad se contentará de él. También esto es vanidad y atrapar vientos.

17 Guarda tus pasos cuando vas a la Casa de Dios. Acercarse obediente vale más que el sacrificio de los necios, porque ellos no saben que hacen el mal.

Eclesiastés 5

1 No te precipites a hablar, ni tu corazón se apresure a pronunciar una palabra ante Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por tanto pocas tus palabras.

2 Porque, los sueños vienen de las muchas tareas. la voz necia, de las muchas palabras.

3 Si haces voto a Dios, no tardes en cumplirlo; pues no le agradan los necios. El voto que has hecho, cúmplelo.

4 Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos.

5 No permitas que tu boca haga de ti un pecador, y luego digas ante el Mensajero que fue inadvertencia. ¿Por qué deberá Dios irritarse por tu palabra y destruir la obra de tus manos?

6 Cuantos los sueños, tantas las vanidades y las muchas palabras. Pero tú teme a Dios.

7 Si en la región ves la opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia, no te asombres por eso. Se te dirá que una dignidad vigila sobre otra dignidad, y otra más dignas sobre ambas.

8 Se invocará el interés común y el servicio del rey.

9 Quien ama el dinero, no se harta de él, y para quien ama riquezas, no bastas ganancias. También esto es vanidad.

10 A muchos bienes, muchos que los devoren; y ¿de qué más sirven a su dueño que de espectáculo para sus ojos?

11 Dulce el sueño del obrero, coma poco o coma mucho; pero al rico la hartura no le deja dormir.

12 Hay un grave mal que yo he visto bajo el sol: riqueza guardada para su dueño, y que solo sirve para su mal,

13 pues las riquezas perecen en un mal negocio, y cuando engendra un hijo, nada queda ya en su mano.

14 Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, como ha venido; y nada podrá sacar de sus fatigas que pueda llevar en la mano.

15 También esto es grave mal: que tal como vino, se vaya; y ¿de qué le vale el fatigarse para el viento?

16 Todos los días pasa en oscuridad, pena, fastidio, enfermedad y rabia.

17 Esto he experimentado: lo mejor para el hombre es comer, beber y disfrutar en todos sus fatigosos afanes bajo el sol, en los contados días de la vida que Dios le da; porque esta es su paga.

18 Y además: cuando a cualquier hombre Dios da riquezas y tesoros, le deja disfrutar de ellos, tomar su paga y holgarse en medio de sus fatigas, esto es un don de Dios.

19 Porque así no recuerda mucho los días de su vida, mientras Dios le llena de alegría el corazón.

Eclesiastés 6

1 Hay otro mal que observo bajo el sol, y que pesa sobre el hombre:

2 Un hombre a quien Dios da riquezas, tesoros y honores; nada le falta de lo que desea, pero Dios no le deja disfrutar de ello, porque un extraño lo disfruta. Esto es vanidad y gran desgracia.

3 Si alguno que tiene cien hijos y vive muchos años, y por muchos que sean sus años, no se sacia su alma de felicidad y ni siquiera halla sepultura, entonces yo digo: Más feliz es un aborto,

4 pues, entre vanidades vino y en la oscuridad se va; mientras su nombre queda oculto en las tinieblas.

5 No ha visto el sol, no lo ha conocido, y ha tenido más descanso que el otro.

6 Y aunque hubiera vivido por dos veces mil años, pero sin gustar la felicidad, ¿no caminan acaso todos al mismo lugar?

7 Todo el mundo se fatiga para comer, y a pesar de todo nunca se harta.

8 ¿En qué supera el sabio al necio? ¿En qué, al pobre que sabe vivir su vida?

9 Mejor es lo que los ojos ven que lo que el alma desea. También esto es vanidad y atrapar vientos.

10 De lo que existe, ya se anunció su nombre, y se sabe lo que es un hombre: no puede litigar con quien es más fuerte que él.

11 A más palabras, más vanidades. ¿Qué provecho saca el hombre?

12 Porque, ¿quién sabe lo que conviene al hombre en su vida, durante los días contados de su vano vivir, que él los vive como una sombra? Pues ¿quién indicará al hombre lo que sucederá después de él bajo el sol?

Eclesiastés 7

1 Más vale el renombre que óleo perfumado; y el día de la muerte más que el día del nacimiento.

2 Más vale ir a casa de luto que ir a casa de festín; porque allí termina todo hombre, y allí el que vive, reflexiona.

3 Más vale llorar que reír, pues tras una cara triste hay un corazón feliz.

4 El corazón de los sabios está en la casa de luto, mientras el corazón de los necios en la casa de alegría.

5 Más vale oír reproche de sabio, que oír alabanza de necios.

6 Porque como crepitar de zarzas bajo la olla, así es el reír del necio: y también esto es vanidad.

7 El halago atonta al sabio, y el regalo pervierte el corazón.

8 Más vale el término de una cosa que su comienzo, más vale el paciente que el soberbio.

9 No te dejes llevar del enojo, pues el enojo reside en el pecho de los necios.

10 No digas: ¿Cómo es que el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello.

11 Tan buena es la sabiduría como la hacienda, y aprovecha a los que ven el sol.

12 Porque la sabiduría protege como el dinero, pero el saber le aventaja en que hace vivir al que lo posee.

13 Mira la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él torció?

14 Alégrate en el día feliz y, en el día desgraciado, considera que, tanto uno como otro, Dios lo hace para que el hombre nada descubra de su porvenir.

15 En mi vano vivir, de todo he visto: justos perecer en su justicia, e impíos envejecer en su iniquidad.

16 No quieras ser justo en demasía, ni te vuelvas demasiado sabio. ¿A qué destruirte?

17 No quieras ser demasiado impío, ni te hagas el insensato. ¿A qué morir antes de tu tiempo?

18 Bueno es que mantengas esto sin dejar aquellos de la mano, porque el temeroso de Dios con todo ello se sale.

19 La sabiduría da más fuerza al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad.

20 Cierto es que no hay ningún justo en la tierra que haga el bien sin nunca pecar.

21 Tampoco hagas caso de todo lo que se dice, para que no oigas que tu siervo te denigra.

22 Que tu corazón bien sabe cuántas veces también tú has denigrado a otros.

23 Todo esto lo intenté con la sabiduría. Dije: Seré sabio. Pero eso estaba lejos de mí.

24 Lejos está cualquier cosa, y profundo, lo profundo: ¿quién lo encontrará?

25 He aplicado mi corazón a explorar y a buscar sabiduría y razón, a reconocer la maldad como una necedad, y la necedad como una locura.

26 He hallado que la mujer es más amarga que la muerte, porque ella es como una red, su corazón como un lazo, y sus brazos como cadenas: El que agrada a Dios se libra de ella, mas el pecador cae en su trampa.

27 Mira, esto he hallado, dice Cohélet, tratando de razonar, caso por caso.

28 Aunque he seguido buscando, nada más he hallado. Un hombre entre mil, sí que lo hallo; pero mujer entre todas ellas, no la encuentro.

29 Mira, lo que hallé fue sólo esto: Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con muchas razones.

Eclesiastés 8

1 ¿Quién como el sabio? ¿Quién otro sabe explicar una cosa? La sabiduría del hombre hace brillar su rostro, y sus facciones severas transfigura.

2 Aténte al dictado del rey, y por causa del juramento divino

3 no te apresures a irte de su presencia; no te mezcles en conspiración, pues todo cuanto le plazca puede hacerlo,

4 ya que la palabra regia es soberana, y ¿quién va a decirle: Qué haces?

5 Quien se atiene al mandamiento, no sabe de conspiraciones. Y el corazón del sabio sabe el cuándo y el cómo.

6 Porque todo asunto tiene su cuándo y su cómo. Pues es grande el peligro que acecha al hombre,

7 ya que éste ignora lo que está por venir, pues lo que está por venir, ¿quién va a anunciárselo?

8 No es el hombre señor del viento para domeñar al viento. Tampoco hay señorío sobre el día de la muerte, ni hay evasión en la agonía, ni libra la maldad a sus autores.

9 Todo esto tengo visto al aplicar mi corazón a cuanto pasa bajo el sol, cuando el hombre domina en el hombre para causarle el mal.

10 Por ejemplo, he visto a gente mala llevada a la tumba. Partieron del Lugar Santo, y se dio al olvido en la ciudad que hubiesen obrado de aquel modo. ¡Otro absurdo!:

11 que no se ejecute en seguida la sentencia de la conducta del malo, con lo que el corazón de los humanos se llena de ganas de hacer el mal;

12 que el pecador haga el mal veces ciento, y se le den largas. Pues yo tenía entendido que les va bien a los temerosos de Dios, a aquellos que ante su rostro temen,

13 y que no le va bien al malvado, ni alargará sus días como sombra el que no teme ante el rostro de Dios.

14 Pues bien, un absurdo se da en la tierra: Hay justos a quienes les sucede cual corresponde a las obras de los malos, y malos a quienes sucede cual corresponde a las obras de los buenos. Digo que este es otro absurdo.

15 Y yo por mí alabo la alegría, ya que otra cosa buena no existe para el hombre bajo el sol, si no es comer, beber y divertirse; y eso es lo que le acompaña en sus fatigas en los días de vida que Dios le hubiera dado bajo el sol.

16 Cuanto más apliqué mi corazón a estudiar la sabiduría y a contemplar el ajetreo que se da sobre la tierra - pues ni de día ni de noche concilian los ojos el sueño -

17 fui viendo que el ser humano no puede descubrir todas las obras de Dios, las obras que se realizan bajo el sol. Por más que se afane el hombre en buscar, nada descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es capaz de descubrirlo.

Eclesiastés 9

1 Pues bien, a todo eso he aplicado mi corazón y todo lo he explorado, y he visto que los justos y los sabios y sus obras están en manos de Dios. Y ni de amor ni de odio saben los hombres nada: todo les resulta

2 absurdo. Como el que haya un destino común para todos, para el justo y para el malvado, el puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace, así el bueno como el pecador, el que jura como el que se recata de jurar.

3 Eso es lo peor de todo cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos, y así el corazón de los humanos está lleno de maldad y hay locura en sus corazones mientras viven, y su final ¡con los muertos!

4 Pues mientras uno sigue unido a todos los vivientes hay algo seguro, pues vale más perro vivo que león muerto.

5 Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya paga para ellos, pues se perdió su memoria.

6 Tanto su amor, como su odio, como sus celos, ha tiempo que pereció, y no tomarán parte nunca jamás en todo lo que pasa bajo el sol.

7 Anda, come con alegría tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con tus obras.

8 En toda sazón sean tus ropas blancas y no falte ungüento sobre tu cabeza.

9 Vive la vida con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol.

10 Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el seol a donde te encaminas.

11 Vi además que bajo el sol no siempre es de los ligeros el correr ni de los esforzados la pelea; como también hay sabios sin pan, como también discretos sin hacienda, como también hay doctos que no gustan, pues a todos les llega algún mal momento.

12 Porque, además, el hombre ignora su momento: como peces apresados en la red, como pájaros presos en el cepo, así son tratados los humanos por el infortunio cuando les cae encima de improviso.

13 También he visto otro acierto bajo el sol, y grande, a juicio mío:

14 Una ciudad chiquita, con pocos hombres en ella. Llega un gran rey y le pone cerco, levantando frente a ella empalizadas potentes.

15 Encontrábase allí un hombre pobre y sabio. El pudo haber librado la ciudad gracias a su sabiduría, ¡pero nadie paró mientes en aquel pobre!

16 Y yo me digo: Más vale sabiduría que fuerza; pero la sabiduría del pobre se desprecia y sus palabras no se escuchan.

17 Mejor se oyen las palabras sosegadas de los sabios que los gritos del soberano de los necios.

18 Más vale sabiduría que armas de combate, pero un solo yerro echa a perder mucho bueno.

Eclesiastés 10

1 Una mosca muerta pudre una copa de ungüento de perfumista; monta más un poco de necedad que sabiduría y honor.

2 El sabio tiene el corazón a la derecha, el necio tiene el corazón a la izquierda.

3 Además, en cualquier camino que tome el necio, su entendimiento no le da de sí y dice de todo el mundo: «Ese es un necio.»

4 Si el enojo del que manda se abate sobre ti, no abandones tu puesto, que la flema libra de graves yerros.

5 Otra calamidad he visto bajo el sol, como error que emana de la autoridad:

6 La necedad elevada a grandes dignidades, mientras ricos se sentaban abajo.

7 He visto siervos a caballo, y príncipes que iban a pie, como los siervos.

8 El que cava la hoya cae en ella, y al que atraviesa el seto le muerde la culebra.

9 El que saca piedras se lastima con ellas, el que raja maderos puede hacerse daño.

10 Si se embota el hierro y no se afilan sus caras, hay que acrecentar los bríos: también supone ganancia afinar en sabiduría.

11 Si pica culebra por falta de encantamiento no hay ganancia para el encantador.

12 Palabras de boca de sabio agradan, mas los labios del necio a él lo engullen.

13 Empieza diciendo necedades, para acabar en locura de las malas.

14 Y el necio dice más y más palabras. Nadie sabe lo que vas venir, y el remate de todo, ¿quién puede pronosticárselo?

15 Lo que más molesta al necio es que no sabe ir a la ciudad.

16 ¡Ay de ti, tierra, cuyo rey es un chiquillo, y cuyos príncipes comen de mañana!

17 ¡Dichosa tú, tierra, cuyo rey es hidalgo y cuyos príncipes comen a la hora, por cobrar vigor y no por banquetear!

18 Por estar mano sobre mano se desploma la viga, y por brazos caídos la casa se viene abajo.

19 Para holgar preparan su banquete, y el vino alegra la vida, y el dinero todo lo allana.

20 Ni aun en tu rincón faltes al rey, ni en tu misma alcoba faltes al rico, que un pájaro del cielo hace correr la voz, y un ser alado va a contar la cosa.

Eclesiastés 11

1 Echa tu pan al agua, que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás.

2 Reparte con siete, y también con ocho, que no sabes qué mal puede venir sobre la tierra.

3 Si las nubes van llenas, vierten lluvia sobre la tierra, y caiga el árbol al sur o al norte, donde cae el árbol allí se queda.

4 El que vigila el viento no siembra, el que mira a las nubes no siega.

5 Como no sabes cómo viene el espíritu a los huesos en el vientre de la mujer encinta, así tampoco sabes la obra de Dios que todo lo hace.

6 De madrugada siembra tu simiente y a la tarde no des paz a tu mano. Pues no sabes si es menor esto o lo otro o si ambas cosas son igual de buenas.

7 Dulce es la luz y bueno para los ojos ver el sol.

8 Si uno vive muchos años, que se alegre en todos ellos, y tenga en cuenta que los días de tinieblas muchos serán, que es vanidad todo el porvenir.

9 Alégrate, mozo, en tu juventud, ten buen humor en tus años mozos, Vete por donde te lleve el corazón y a gusto de tus ojos; pero a sabiendas de que por todo ello te emplazará Dios a juicio.

10 Aparta el mal humor de tu pecho y aleja el sufrimiento de tu carne, pero juventud y pelo negro, vanidad.

Eclesiastés 12

1 Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se echen encima años en que dirás: «No me agradan»;

2 mientras no se nublen el sol y la luz, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia;

3 cuando tiemblen los guardas de palacio y se doblen los guerreros, se paren las moledoras, por quedar pocas, se queden a oscuras las que miran por las ventanas,

4 y se cierren las puertas de la calle, ahogándose el son del molino; cundo uno se levante al canto del pájaro, y se enmudezcan todas las canciones.

5 También la altura da recelo, y hay sustos en el camino, florece el almendro, está grávida la langosta, y pierde su sabor la alcaparra; y es que el hombre se va a su eterna morada, y circulan por la calle los del duelo;

6 mientras no se quiebre la hebra de plata, se rompa la bolita de oro, se haga añicos el cántaro contra la fuente, se caiga la polea dentro del pozo,

7 vuelva el polvo a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio.

8 ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -: ¡todo vanidad!

9 Cohélet, a más de ser un sabio, enseñó doctrina al pueblo. Ponderó e investigó, compuso muchos proverbios.

10 Cohélet trabajó mucho en inventar frases felices, y escribir bien sentencias verídicas.

11 Las palabras de los sabios son como aguijadas, o como estacas hincadas, puertas por un pastor para controlar el rebaño.

12 Lo que de ellas se saca, hijo mío, es ilustrarse. Componer muchos libros es nunca acabar, y estudiar demasiado daña la salud.

13 Basta de palabras. Todo está dicho. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es ser hombre cabal.

14 Porque toda obra la emplazará Dios a juicio, también todo lo oculto, a ver si es bueno o malo.

 

CANTAR DE LOS CANTARES

Cantar 1

1 Cantar de los cantares, de Salomón.

2 ¡Que me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores;

3 mejores al olfato tus perfumes; ungüento derramado es tu nombre, por eso te aman las doncellas.

4 Llévame en pos de ti: ¡Corramos! El Rey me ha introducido en sus mansiones; por ti exultaremos y nos alegraremos. Evocaremos tus amores más que el vino; ¡con qué razón eres amado!

5 Negra soy, pero graciosa, hijas de Jerusalén, como las tiendas de Quedar, como los pabellones de Salmá.

6 No os fijéis en que estoy morena: es que el sol me ha quemado. Los hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las viñas, ¡mi propia viña no la había guardado!

7 Indícame, amor de mi alma, dónde apacientas el rebaño, dónde lo llevas a sestear a mediodía, para que no ande yo como errante tras los rebaños de tus compañeros.

8 Si no lo sabes, ¡oh la más bella de las mujeres!, sigue las huellas de las ovejas, y lleva a pacer tus cabritas junto al jacal de los pastores.

9 A mi yegua, entre los carros de Faraón, yo te comparo, amada mía.

10 Graciosas son tus mejillas entre los zarcillos, y tu cuello entre los collares.

11 Zarcillos de oro haremos para ti, con cuentas de plata.

12 - Mientras el rey se halla en su diván, mi nardo exhala su fragancia.

13 Bolsita de mirra es mi amado para mí, que reposa entre mis pechos.

14 Racimo de alheña es mi amado para mí, en las viñas de Engadí.

15 - ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! ¡Palomas son tus ojos!

16 - ¡Qué hermoso eres, amado mío, qué delicioso! Puro verdor es nuestro lecho.

17 - Las vigas de nuestra casa son de cedro, nuestros artesonados, de ciprés.

Cantar 2

1 - Yo soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles.

2 - Como el lirio entre los cardos, así mi amada entre las mozas.

3 - Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar.

4 Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor.

5 Confortadme con pasteles de pasas, con manzanas reanimadme, que enferma estoy de amor.

6 Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.

7 - Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.

8 ¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes, brincando por los collados.

9 Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por las rejas.

10 Empieza a hablar mi amado, y me dice: «Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente.

11 Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido.

12 Aparecen las flores en la tierra, el tiempo de las canciones es llegado, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.

13 Echa la higuera sus yemas, y las viñas en cierne exhalan su fragancia. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente!

14 Paloma mía, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y gracioso tu semblante.»

15 Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas, pues nuestras viñas están en flor.

16 Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado: él pastorea entre los lirios.

17 Antes que sople la brisa del día y se huyan las sombras, vuelve, sé semejante, amado mío, a una gacela o a un joven cervatillo por los montes de Béter.

Cantar 3

1 En mi lecho, por las noches, he buscado al amor de mi alma. Busquéle y no le hallé.

2 Me levantaré, pues, y recorreré la ciudad. Por las calles y las plazas buscaré al amor de mi alma. Busquéle y no le hallé.

3 Los centinelas me encontraron, los que hacen la ronda en la ciudad: «¿Habéis visto al amor de mi alma?»

4 Apenas habíalos pasado, cuando encontré al amor de mi alma. Le aprehendí y no le soltaré hasta que le haya introducido en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me concibió.

5 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.

6 ¿Qué es eso que sube del desierto, cual columna de humo sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo de aromas exóticos?

7 Ved la litera de Salomón. Sesenta valientes en torno a ella, la flor de los valientes de Israel:

8 todos diestros en la espada, veteranos en la guerra. Cada uno lleva su espada al cinto, por las alarmas de la noche.

9 El rey Salomón se ha hecho un palanquín de madera del Líbano.

10 Ha hecho de plata sus columnas, de oro su respaldo, de púrpura su asiento; su interior, tapizado de amor por las hijas de Jerusalén.

11 Salid a contemplar, hijas de Sión, a Salomón el rey, con la diadema con que le coronó su madre el día de sus bodas, el día del gozo de su corazón.

Cantar 4

1 ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! Palomas son tus ojos a través de tu velo; tu melena, cual rebaño de cabras, que ondulan por el monte Galaad.

2 Tus dientes, un rebaño de ovejas de esquileo que salen de bañarse: todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.

3 Tus labios, una cinta de escarlata, tu hablar, encantador. Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.

4 Tu cuello, la torre de David, erigida para trofeos: mil escudos penden de ella, todos paveses de valientes.

5 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios.

6 Antes que sople la brisa del día, y se huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, a la colina del incienso.

7 ¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti!

8 Ven del Líbano, novia mía, ven del Líbano, vente. Otea desde la cumbre del Amaná, desde la cumbre del Sanir y del Hermón, desde las guaridas de leones, desde los montes de leopardos.

9 Me robaste el corazón, hermana mía, novia, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar.

10 ¡Qué hermosos tus amores, hermosa mía, novia! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡más que el vino! ¡Y la fragancia de tus perfumes, más que todos los bálsamos!

11 Miel virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo de tu lengua; y la fragancia de tus vestidos, como la fragancia del Líbano.

12 Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada.

13 Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos:

14 nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.

15 ¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen!

16 ¡Levántate, cierzo, ábrego, ven! ¡Soplad en mi huerto, que exhale sus aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!

Cantar 5

1 Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia; he tomado mi mirra con mi bálsamo, he comido mi miel con mi panal, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!

2 Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama!: «¡Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche.»

3 - «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo? He lavado mis pies, ¿cómo volver a mancharlos?»

4 ¡Mi amado metió la mano por la hendedura; y por él se estremecieron mis entrañas.

5 Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, mirra fluida mis dedos, en el pestillo de la cerradura.

6 Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió a su huida. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me respondió.

7 Me encontraron los centinelas, los que hacen la ronda en la ciudad. Me golpearon, me hirieron, me quitaron de encima mi chal los guardias de las murallas.

8 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué le habéis de anunciar? Que enferma estoy de amor.

9 ¿Qué distingue a tu amado de los otros, oh la más bella de las mujeres? ¿Qué distingue a tu amado de los otros, para que así nos conjures?

10 Mi amado es fúlgido y rubio, distinguido entre diez mil.

11 Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo.

12 Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua, bañándose en leche, posadas junto a un estanque.

13 Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios que destilan mirra fluida.

14 Sus manos, aros de oro, engastados de piedras de Tarsis. Su vientre, de pulido marfil, recubierto de zafiros.

15 Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro puro. Su porte es como el Líbano, esbelto cual los cedros.

16 Su paladar, dulcísimo, y todo él, un encanto. Así es mi amado, así mi amigo, hijas de Jerusalén.

Cantar 6

1 ¿A dónde se fue tu amado, oh la más bella de las mujeres? ¿A dónde tu amado se volvió, para que contigo le busquemos?

2 Mi amado ha bajado a su huerto, a las eras de balsameras, a apacentar en los huertos, y recoger lirios.

3 Yo soy para mi amado y mi amado es para mí: él pastorea entre los lirios.

4 Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como batallones.

5 Retira de mí tus ojos, que me subyugan. Tu melena cual rebaño de cabras que ondulan por el monte Galaad.

6 Tus dientes, un rebaño de ovejas, que salen de bañarse. Todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.

7 Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.

8 Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, (e innumerables las doncellas).

9 Única es mi paloma, mi perfecta. Ella, la única de su madre, la preferida de la que la engendró. Las doncellas que la ven la felicitan, reinas y concubinas la elogian:

10 «¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?»

11 Al nogueral había yo bajado para ver la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne, y si florecían los granados.

12 ¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!

Cantar 7

1 ¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros?

2 ¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista.

3 Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre, un montón de trigo, de lirios rodeado.

4 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela.

5 Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco.

6 Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un rey en esas trenzas está preso!

7 ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias!

8 Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.

9 Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas,

10 tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como fluye en los labios de los que dormitan.

11 Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo.

12 ¡Oh, ven, amado mío, salgamos al campo! Pasaremos la noche en las aldeas.

13 De mañana iremos a las viñas; veremos si la vid está en cierne, si las yemas se abren, y si florecen los granados. Allí te entregaré el don de mis amores.

14 Las mandrágoras exhalan su fragancia. A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos. Los nuevos, igual que los añejos, los he guardado, amado mío, para ti.

Cantar 8

1 ¡Ah, si fueras tú un hermano mío, amamantado a los pechos de mi madre! Podría besarte, al encontrarte afuera, sin que me despreciaran.

2 Te llevaría, te introduciría en la casa de mi madre, y tú me enseñarías. Te daría a beber vino aromado, el licor de mis granadas.

3 Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.

4 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.

5 ¿Quién es ésta que sube del desierto, apoyada en su amado? Debajo del manzano te desperté, allí donde te concibió tu madre, donde concibió la que te dio a luz.

6 Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el seol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh.

7 Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio.

8 Tenemos una hermana pequeña: no tiene pechos todavía. ¿Qué haremos con nuestra hermana el día que se hable de ella?

9 - Si es una muralla, construiremos sobre ella almenas de plata si es una puerta, apoyaremos contra ella barras de cedro.

10 - Yo soy una muralla, y mis pechos, como torres. Así soy a sus ojos como quien ha hallado la paz.

11 Salomón tenía una viña en Baal Hamón. Encomendó la viña a los guardas, y cada uno le traía por sus frutos mil siclos de plata.

12 Mi viña, la mía, está ante mí; los mil siclos para ti, Salomón; y doscientos para los guardas de su fruto.

13 ¡Oh tú, que moras en los huertos, mis compañeros prestan oído a tu voz: ¡deja que la oiga!

14 ¡Huye, amado mío, sé como la gacela o el joven cervatillo, por los montes de las balsameras!

SABIDURÍA

Sabiduría 1

1 Amad la justicia, los que juzgáis la tierra, pensad rectamente del Señor y con sencillez de corazón buscadle.

2 Porque se deja hallar de los que no le tientan, se manifesta a los que no desconfían de él.

3 Pues los pensamientos tortuosos apartan de Dios y el Poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos.

4 En efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría, no habita en cuerpo sometido al pecado;

5 pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño, se aleja de los pensamientos necios y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad.

6 La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre, pero no deja sin castigo los labios del blasfemo; que Dios es testigo de sus riñones, observador veraz de su corazón y oye cuanto dice su lengua.

7 Porque el espíritu del Señor llena la tierra y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento de toda palabra.

8 Nadie, pues, que profiera iniquidades quedará oculto, ni le pasará por alto la Justicia vengadora.

9 Las deliberaciones del impío serán examinadas; el eco de sus palabras llegará hasta el Señor para castigo de sus maldades.

10 Un oído celoso lo escucha todo, no se le oculta ni el rumor de la murmuración.

11 Guardaos, pues, de murmuraciones inútiles, preservad vuestra lengua de la maledicencia; que la palabra más secreta no se pronuncia en vano, y la boca mentirosa da muerte al alma.

12 No os busquéis la muerte con los extravíos de vuestra, vida, no os atraigáis la ruina con las obras de vuestras manos;

13 que no fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes;

14 él todo lo creó para que subsistiera, las criaturas del mundo non saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni imperio del Hades sobre la tierra,

15 porque la justicia es inmortal.

16 Pero los impíos con las manos y las palabras llaman a la muerte; teniéndola por amiga, se desviven por ella, y con ella conciertan un pacto, pues bien merecen que les tenga por suyos.

 

 

 

Sabiduría 2

1 Porque se dicen discurriendo desacertadamente: «Corta es y triste nuestra vida; no hay remedio en la muerte del hombre ni se sabe de nadie que haya vuelto del Hades.

2 Por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Porque humo es el aliento de nuestra nariz y el pensamiento, una chispa del latido de nuestro corazón;

3 al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente.

4 Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por los rayos del sol y por su calor vencida.

5 Paso de una sombra es el tiempo que vivimos, no hay retorno en nuestra muerte; porque se ha puesto el sello y nadie regresa.

6 Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud.

7 Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes, no se nos pase ninguna flor primaveral,

8 coronémonos de rosas antes que se marchiten;

9 ningún prado quede libre de nuestra orgía, dejemos por doquier constancia de nuestro negocijo; que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia.

10 Oprimamos al justo pobre, no perdonemos a la viuda, no respetemos las canas llenas de años del anciano.

11 Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve.

12 Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación.

13 Se gloría de tener el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.

14 Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible,

15 lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños.

16 Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre.

17 Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito.

18 Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá y le librará de las manos de sus enemigos.

19 Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza.

20 Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará.»

21 Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad;

22 no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables.

23 Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza;

24 mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen.

 

 

Sabiduría 3

1 En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno.

2 A los ojos de los insensatos pareció que habían muerto; se tuvo por quebranto su salida,

3 y su partida de entre nosotros por completa destrucción; pero ellos están en la paz.

4 Aunque, a juicio de los hombres, hayan sufrido castigos, su esperanza estaba llena de inmortalidad;

5 por una corta corrección recibirán largos beneficios. pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí;

6 como oro en el crisol los probó y como holocausto los aceptó.

7 El día de su visita resplandecerán, y como chispas en rastrojo correrán.

8 Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos y sobre ellos el Señor reinará eternamente.

9 Los que en él confían entenderán la verdad y los que son fieles permanecerán junto a él en el amor, porque la gracia y la misericordia son para sus santos y su visita para sus elegidos.

10 En cambio, los impíos tendrán la pena que sus pensamientos merecen, por desdeñar al justo y separarse del Señor.

11 Desgraciados los que desprecian la sabiduría y la instrucción; vana es su esperanza, sin provecho sus fatigas, inútiles sus obras;

12 sus mujeres son insensatas, malvados sus hijos, maldita su posteridad.

13 Dichosa la estéril sin mancilla, la que no conoce lecho de pecado; tendrá su fruto en la visita de las almas.

14 Dichoso también el eunuco que con sus manos no obra iniquidad ni fomenta pensamientos perversos contra el Señor; por su fidelidad se le dará una escogida recompensa, una herencia muy agradable en el Santurario del Señor.

15 Que el fruto de los esfuerzos nobles es glorioso, imperecedera la raíz de la prudencia.

16 En cambio los hijos de adúlteros no llegarán a sazón, desaparecerá la raza nacida de una unión culpable.

17 Si viven largos años, no alcanzarán estima alguna y al fin su ancianidad carecerá de honor.

18 Y si mueren pronto, no tendrán esperanza ni consuelo en el día de la sentencia,

19 pues duro es el fin de una raza inicua.

 

 

Sabiduría 4

1 Mejor es carencia de hijos acompañada de virtud, pues hay inmortalidad en su recuerdo, porque es conocida por Dios y por los hombres;

2 presente, la imitan, ausente, la añoran; en la eternidad, ceñida de una corona, celebra su triunfo porque venció en la lucha por premios incorruptibles.

3 En cambio, la numerosa prole de los impíos será inútil; viniendo de renuevos bastardos, no echará raíces profundas ni se asentará sobre fundamento sólido.

4 Aunque despliegue por su tiempo su ramaje, precariamente arraigada, será sacudida por el viento, arrancada de raíz por la furia del vendaval;

5 se quebrarán sus ramas todavía tiernas, inútiles serán sus frutos, sin sazón para comerlos, para nada servirán.

6 Que los hijos nacidos de sueños culpables son testigos, en su examen, de la maldad de los padres.

7 El justo, aunque muera prematuramente, halla el descanso.

8 La ancianidad venerable no es la de los muchos días ni se mide por el número de años;

9 la verdadera canicie para el hombre es la prudencia, y la edad provecta, una vida inmaculada.

10 Agradó a Dios y fue amado, y como vivía entre pecadores, fue trasladado.

11 Fue arrebatado para que la maldad no pervitiera su inteligencia o el engaño sedujera su alma;

12 pues la fascinación del mal empaña el bien y los vaivenes de la concupiscencia corrompen el espíritu ingenuo.

13 Alcanzando en breve la perfección, llenó largos años.

14 Su alma era del agrado del Señor, por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad. Lo ven las gentes y no comprenden, ni caen en cuenta

15 que la gracia y la misericordia son para sus elegidos y su visita para sus santos.

16 El justo muerto condena a los impíos vivos, y la juventud pronto consumada, la larga ancianidad del inicuo.

17 Ven la muerte del sabio, mas no comprenden los planes del Señor sobre él ni por qué le ha puesto en seguridad;

18 lo ven y lo desprecian, pero el Señor se reirá de ellos.

19 Después serán cadáveres despreciables, objeto de ultraje entre los muertos para siempre. Porque el Señor los quebrará lanzándolos de cabeza, sin habla, los sacudirá de sus cimientos; quedarán totalmentes asolados, sumidos en el dolor, y su recuerdo se perderá.

20 Al tiempo de dar cuenta de sus pecados irán acobardados, y sus iniquidades se les enfrentarán acusándoles.

 

 

Sabiduría 5

1 Estará entonces el justo en pie con gran confianza en presencia de los que le afligieron y despreciaron sus trabajos.

2 Al verle, quedarán estremecidos de terrible espanto, estupefactos por lo inesperado de su salvación.

3 Se dirán mudando de parecer, gimiendo en la angustia de su espíritu:

4 «Este es aquel a quien hicimos entonces objeto de nuestras burlas, a quien dirigíamos, insensatos, nuestros insultos. Locura nos pareció su vida y su muerte, una ignominia.

5 ¿Cómo, pues, ha sido contado entre los hijos de Dios y tiene su herencia entre los santos?

6 Luego vagamos fuera del camino de la verdad; la luz de la justicia no nos alumbró, no salió el sol para nosotros.

7 Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables; pero el camino del Señor, no lo conocimos.

8 ¿De qué nos sirvió nuestro orgullo? ¿De qué la riqueza y la jactancia?

9 Todo aquello pasó como una sombra, como noticia que va corriendo;

10 como nave que atraviesa las aguas agitadas, y no es posible descubrir la huella de su paso ni el rastro de su quilla en las olas;

11 como pájaro que volando atraviesa el aire, y de su vuelo no se encuentra vestigio alguno; con el golpe de sus remos azota el aire ligero, lo corta con agudo silbido, se abre camino batiendo las alas y después, no se descubre señal de su paso;

12 como flecha disparada al blanco; el aire hendido refluye al instante sobre sí y no sabe el camino que la flecha siguió.

13 Lo mismo nosotros: apenas nacidos, dejamos de existir, y no podemos mostrar vestigio alguno de virtud; nos gastamos en nuestra maldad.»

14 En efecto, la esperanza del impío es como brizna arrebatada por el viento, como espuma ligera acosada por el huracán, se desvanece como el humo con el viento; pasa como el recuerdo del huésped de un día.

15 Los justos, en cambio, viven eternamente; en el Señor está su recompensa, y su cuidado a cargo del Altísimo.

16 Recibirán por eso de mano del Señor la corona real del honor y la diadema de la hermosura; pues con su diestra los protegerá y los escudará con su brazo.

17 Tomará su celo como armadura, y armará a la creación para rechazar a sus enemigos;

18 por coraza vestirá la justicia, se pondrá por casco un juicio sincero,

19 tomará por escudo su santidad invencible,

20 afilará como espada su cólera inexorable, y el universo saldrá con él a pelear contra los insensatos.

21 Partirán certeros los tiros de los rayos, de las nubes, como de arco bien tendido, saltarán al blanco,

22 de una ballesta se disparará furioso granizo; las olas del mar se encresparán contra ellos, los ríos los anegarán sin piedad;

23 se levantará contra ellos un viento poderoso y como huracán los aventará. Así la iniquidad asolará la tierra entera y la maldad derribará los tronos de los que están en el poder.

 

Sabiduría 6

1 Oíd, pues, reyes, y enteded. Aprended, jueces de los confines de la tierra.

2 Estad atentos los que gobernáis multitudes y estáis orgullosos de la muchedumbre de vuestros pueblos.

3 Porque del Señor habéis recibido el poder, del Altísimo, la soberanía; él examinará vuestras obras y sondeará vuestras intenciones.

4 Si, como ministros que sois de su reino, no habéis juzgado rectamente, ni observado la ley, ni caminado siguiendo la voluntad de Dios,

5 terrible y repentino se presentará ante vosotros. Porque un juicio implacable espera a los que están en lo alto;

6 al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente examinados.

7 Que el Señor de todos ante nadie retrocede, no hay grandeza que se le imponga; al pequeño como al grande él mismo los hizo y de todos tiene igual cuidado,

8 pero una investigación severa aguarda a los que están en el poder.

9 A vosotros, pues, soberanos, se dirigen mis palabras para que aprendaís sabiduría y no faltéis;

10 porque los que guarden santamente las cosas santas, serán reconocidos santos, y los que se dejen instruir en ellas, encontrarán defensa.

11 Desead, pues, mis palabras; ansiadlas, que ellas os instruirán.

12 Radiante e inmarcesible es la Sabiduría. Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan.

13 Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan.

14 Quien madruge para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada.

15 Pensar en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvele, pronto se verá sin cuidados.

16 Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella: se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.

17 Pues su comienzo es el deseo más verdadero de instrucción, la preocupación por la instrucción es el amor,

18 el amor es la observancia de sus leyes, la atención a las leyes es la garantía de la incorruptibilidad

19 y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios;

20 por tanto, el deseo de la Sabiduría conduce a la realeza.

21 Si, pues, gustáis de tronos y cetros, soberanos de los pueblos, apreciad la Sabiduría para reinéis eternamente.

22 Qué es la Sabiduría y cómo ha nacido lo voy a declarar; no os ocultaré los misterios, sino que seguiré sus huellas desde el comienzo de su existencia, pondré su conocimiento al descubierto y no me apartaré de la verdad.

23 Tampoco me acompañará en mi camino la envidia mezquina, que nada tiene que ver con la Sabiduría.

24 Pues la abundancia de sabios es la salvación del mundo y un rey prudente, la estabilidad del pueblo.

25 Dejaos, pues, instruir por mis palabras: os serán útiles.

 

Sabiduría 7

1 Yo también soy un hombre mortal como todos, un descendiente del primero que fue formado de la tierra. En el seno de una madre fui hecho carne;

2 durante diez meses fui modelado en su sangre, de una semilla de hombre y del placer que acompaña al sueño.

3 Yo también, una vez nacido, aspiré el aire común, caí en la tierra que a todos recibe por igual y mi primera voz fue la de todos: lloré.

4 Me crié entre pañales y cuidados.

5 Pues no hay rey que haya tenido otro comienzo de su existencia;

6 una es la entrada en la vida para todos y una misma la salida.

7 Por eso pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría.

8 Y la preferí a cetros y tronos y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella.

9 Ni a la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y barro parece la plata en su presencia.

10 La amé más que la salud y la hermosura y preferí tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que de ella nace no conoce noche.

11 Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, y riquezas incalculables en sus manos.

12 Y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae, aunque ignoraba que ella fuese su madre.

13 Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus riquezas

14 porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios recomendados por los dones que les trae la instrucción.

15 Concédame Dios hablar según él quiere y concebir pensamientos dignos de sus dones, porque él es quien guía a la Sabiduría y quien dirige a los sabios;

16 que nosotros y nuestras palabras en sus manos estamos con toda nuestra prudencia y destreza en el obrar.

17 Fue él quien me concedió un conocimiento verdadero de los seres, para conocer la estructura del mundo y la actividad de los elementos,

18 el principio, el fin y el medio de los tiempos, los cambios de los solsticios y la sucesión de las estaciones,

19 los ciclos del año y la posición de las estrellas,

20 la naturaleza de los animales y los instintos de las fieras, el poder de los espíritus y los pensamientos de los hombres, las variedades de las plantas y las virtudes de las raíces.

21 Cuanto está oculto y cuanto se ve, todo lo conocí, porque el artífice de todo, la Sabiduría, me lo enseñó.

22 Pues hay en ella un espíritu inteligente, santo, único, múltiple, sutil, ágil, perspicaz, inmaculado, claro, impasible, amante del bien, agudo,

23 incoercible, bienhechor, amigo del hombre, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, todo lo observa, penetra todos los espíritus, los inteligentes, los puros, los más sutiles.

24 Porque a todo movimiento supera en movilidad la Sabiduría, todo lo atraviesa y penetra en virtud de su pureza.

25 Es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla.

26 Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad.

27 Aun siendo sola, lo puede todo; sin salir de sí misma, renueva el universo; en todas las edades, entrando en las almas santas, forma en ellas amigos de Dios y profetas,

28 porque Dios no ama sino a quien vive con la Sabiduría.

29 Es ella, en efecto, más bella que el sol, supera a todas las constelaciones; comparada con la luz, sale vencedora,

30 porque a la luz sucede la noche, pero contra la Sabiduría no prevalece la maldad.

 

Sabiduría 8

1 Se despliega vigorosamente de un confín al otro del mundo y gobierna de excelente manera el universo.

2 Yo la amé y la pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerla esposa mía y llegué a ser un apasionado de su belleza.

3 Realza su nobleza por su convivencia con Dios, pues el Señor de todas las cosas la amó.

4 Pues está iniciada en la ciencia de Dios y es la que elige sus obras.

5 Si en la vida la riqueza es una posesión deseable, ¿qué cosa más rica que la Sabiduría que todo lo hace?

6 Si la inteligencia es creadora, ¿quién sino la Sabiduría es el artífice de cuanto existe?

7 ¿Amas la justicia? Las virtudes son sus empeños, pues ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza: lo más provechoso para el hombre en la vida.

8 ¿Deseas además gran experiencia? Ella conoce el pasado y conjetura el porvenir, sabe interpretar las máximas y resolver los enigmas, conoce de antemano las señales y los prodigios, así como la sucesión de épocas y tiempos.

9 Decidí, pues, tomarla por compañera de mi vida, sabiendo que me sería una consejera para el bien y un aliento en las preocupaciones y penas:

10 «Tendré gracias a ella gloria entre la gente, y, aunque joven, honor ante los ancianos.

11 Apareceré agudo en el juicio y en presencia de los poderosos seré admirado.

12 Si callo, esperarán; si hablo, prestarán atención; si me alargo hablando, pondrán la mano en su boca.

13 Gracias a ella tendré la inmortalidad y dejaré recuerdo eterno a los que después de mí vengan.

14 Gobernaré a los pueblos, y las naciones me estarán sometidas.

15 Oyendo hablar de mí, soberanos terribles temerán. Me mostraré bueno entre las multitudes y valiente en la guerra.

16 Vuelto a casa, junto a ella descansaré, pues no causa amargura su compañía ni tristeza la convivencia con ella, sino satisfacción y alegría».

17 Pensando esto conmigo mismo y considerando en mi corazón que se encuentra la inmortalidad en emparentar con la Sabiduría,

18 en su amistad un placer bueno, en los trabajos de sus manos inagotables riquezas, prudencia en cultivar su trato y prestigio en conversar con ella, por todos los medios buscaba la manera de hacérmela mía.

19 Era yo un muchacho de buen natural, me cupo en suerte un alma buena,

20 o más bien, siendo bueno, vine a un cuerpo incontaminado;

21 pero, comprendiendo que no podría poseer la Sabiduría si Dios no me la daba, - y ya era un fruto de la prudencia saber de quién procedía esta gracia - recurrí al Señor y le pedí, y dije con todo mi corazón:

 

Sabiduría 9

1 «Dios de los Padres, Señor de la misericordia, que hiciste el universo con tu palabra,

2 y con tu Sabiduría formaste al hombre para que dominase sobre los seres por ti creados,

3 administrase el mundo con santidad y justicia y juzgase con rectitud de espíritu,

4 dame la Sabiduría, que se sienta junto a tu trono, y no me excluyas del número de tus hijos.

5 Que soy un siervo tuyo, hijo de tu sierva, un hombre débil y de vida efímera, poco apto para entender la justicia y las leyes.

6 Pues, aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, si le falta la Sabiduría que de ti procede, en nada será tenido.

7 Tú me elegiste como rey de tu pueblo, como juez de tus hijos y tus hijas;

8 tú me ordenaste edificar un santuario en tu monte santo y un altar en la ciudad donde habitas, imitación de la Tienda santa que habías preparado desde el principio.

9 Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras, que estaba presente cuando hacías el mundo, que sabe lo que es agradable a tus ojos, y lo que es conforme a tus mandamientos.

10 Envíala de los cielos santos, mándala de tu trono de gloria para que a mi lado participe en mis trabajos y sepa yo lo que te es agradable,

11 pues ella todo lo sabe y entiende. Ella me guiará prudentemente en mis empresas y me protegerá con su gloria.

12 Entonces mis obras serán aceptables, juzgaré a tu pueblo con justicia y seré digno del trono de mi padre.

13 ¿Qué hombre, en efecto, podrá conocer la voluntad de Dios? ¿Quién hacerse idea de lo que el Señor quiere?

14 Los pensamientos de los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas,

15 pues un cuerpo corruptible agobia el alma y esta tienda de tierra abruma el espíritu lleno de preocupaciones.

16 Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los cielos?

17 Y ¿quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu santo?

18 Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra, así aprendieron los hombres lo que a ti te agrada y gracias a la Sabiduría se salvaron.»

 

Sabiduría 10

1 Ella protegió al primer modelado, padre del mundo, que había sido creado solo; ella le sacó de su caída

2 y le dio el poder de dominar sobre todas las cosas.

3 Pero cuando un injusto, en su cólera, se apartó de ella, pereció por su furor fraticida.

4 Cuando por su causa la tierra se vio sumergida, de nuevo la Sabiduría la salvó conduciendo al justo en un vulgar leño.

5 En la confusión que siguió a la común perversión de las naciones, ella conoció al justo, le conservó irreprochable ante Dios y le mantuvo firme contra el entrañable amor a su hijo.

6 Ella, en el exterminio de los impíos, libró al justo cuando escapaba del fuego que bajaba sobre Pentápolis.

7 Como testimonio de aquella maldad queda todavía una tierra desolada humeando, unas plantas cuyos frutos no alcanzan sazón a su tiempo, y, como monumento de un alma incrédula, se alza una columna de sal.

8 Pues, por haberse apartado del camino de la Sabiduría, no sólo sufrieron la desgracia de no conocer el bien, sino que dejaron además a los vivientes un recuerdo de su insensatez, para que ni sus faltas pudieran quedar ocultas.

9 En cambio, a sus servidores la Sabiduría los libró de sus fatigas.

10 Ella al justo que huía de la cólera de su hermano le guió por caminos rectos; le mostró el reino de Dios y le dio el conocimiento de cosas santas; le dio éxito en sus duros trabajos y multiplicó el fruto de sus fatigas;

11 le asistió contra la avaricia de sus opresores y le enriqueció;

12 le preservó de sus enemigos y le protegió de los que le tendían asechanzas; y le concedió la palma en un duro combate para enseñarle que la piedad contra todo prevalece.

13 Ella no desamparó al justo vendido, sino que le libró del pecado;

14 bajó con él a la cisterna y no le abandonó en las cadenas, hasta entregarle el cetro real y el poder sobre sus tiranos, hasta mostrar mentirosos a sus difamadores y concederle una gloria eterna.

15 Ella libró de una nación opresora a un pueblo santo y a una raza irreprochable.

16 Entró en el alma de un servidor del Señor e hizo frente a reyes temibles con prodigios y señales;

17 pagó a los santos el salario de sus trabajos; los guió por un camino maravilloso, fue para ellos cobertura durante el día y lumbre de estrellas durante la noche;

18 les abrió paso por el mar Rojo y los condujo a través de las inmensas aguas,

19 mientras a sus enemigos los sumergió y luego los hizo saltar de las profundidades del abismo.

20 De este modo los justos despojaron a los impíos; entonaron cantos, Señor, a tu santo Nombre y unánimes celebraron tu mano protectora,

21 porque la Sabiduría abrió la boca de los mudos e hizo claras las lenguas de los pequeñuelos.

 

Sabiduría 11

1 Ella dirigió felizmente sus empresas por medio de un profeta santo.

2 Atravesaron un desierto deshabitado y fijaron sus tiendas en parajes inaccesibles;

3 hicieron frente a sus enemigos y rechazaron a sus adversarios.

4 Tuvieron sed y te invocaron: de una roca abrupta se les dio agua, de una piedra dura, remedio para su sed.

5 Lo mismo que fue para sus enemigos un castigo, fue para ellos en su apuro un beneficio.

6 En vez de la fuente perenne de un río enturbiado por una mezcla de sangre y barro

7 en pena de su decreto infanticida, diste a los tuyos inesperadamente un agua abundante,

8 mostrándoles por la sed que entonces sufrieron de qué modo habías castigado a sus adversarios.

9 Pues cuando sufrieron su prueba - si bien con misericordia corregidos - conocieron cómo los impíos, juzgados con cólera, eran torturados;

10 pues a ellos los habías probado como padre que amonesta, pero a los otros los habías castigado como rey severo que condena.

11 Tanto estando lejos como cerca, igualmente se consumían,

12 pues una doble tristeza se apoderó de ellos, y un lamento con el recuerdo del pasado:

13 porque, al oír que lo mismo que era su castigo, era para los otros un beneficio, reconocieron al Señor;

14 pues al que antes hicieron exponer y luego rechazaron con escarnio, al final de los acontecimientos le admiraron después de padecer una sed bien diferente de la de los justos.

15 Por sus locos e inicuos pensamientos por los que, extraviados, adoraban reptiles sin razón y bichos despreciables, les enviaste en castigo muchedumbre de animales sin razón,

16 para que aprendiesen que, por donde uno peca, por allí es castigado.

17 Pues bien podía tu mano omnipotente - ella que de informe materia había creado el mundo - enviar contra ellos muchedumbre de osos o audaces leones,

18 o bien fieras desconocidas, entonces creadas, llenas de furor, respirando aliento de fuego, lanzando humo hediondo o despidiendo de sus ojos terribles centellas,

19 capaces, no ya de aniquilarlos con sus ataques, sino de destruirlos con sólo su estremecedor aspecto.

20 Y aun sin esto, de un simple soplo podían sucumbir, perseguidos por la Justicia, aventados por el soplo de tu poder. Pero tú todo lo dispusiste con medida, número y peso.

21 Pues el actuar con inmenso poder siempre está en tu mano. ¿Quién se podrá oponer a la fuerza de tu brazo?

22 Como lo que basta a inclinar una balanza, es el mundo entero en tu presencia, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra.

23 Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan.

24 Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho.

25 Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado?

26 Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida,

 

Sabiduría 12

1 pues tu espíritu incorruptible está en todas ellas.

2 Por eso mismo gradualmente castigas a los que caen; les amonestas recordándoles en qué pecan para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor.

3 A los antiguos habitantes de tu tierra santa

4 los odiabas, porque cometían las más nefastas acciones, prácticas de hechicería, iniciaciones impías.

5 A estos despiadados asesinos de sus hijos, devoradores de entrañas en banquetes de carne humana y de sangre, a estos iniciados en bacanales,

6 padres asesinos de seres indefensos, habías querido destruirlos a manos de nuestros padres,

7 para que la tierra que te era la más apreciada de todas, recibiera una digna colonia de hijos de Dios.

8 Pero aun con éstos, por ser hombres, te mostraste indulgente, y les enviaste avispas, como precursoras de tu ejército, que les fuesen poco a poco destruyendo.

9 No porque no pudieses en batalla campal entregar a los impíos en manos de los justos, o aniquilarlos de una vez con feroces fieras o con una palabra inexorable,

10 sino que les concedías, con un castigo gradual, una ocasión de arrepentirse; aun sabiendo que era su natural perverso, su malicia innata, y que jamás cambiaría su manera de pensar

11 por ser desde el comienzo una raza maldita. Tampoco por temor a nadie concedías la impunidad a sus pecados.

12 Pues ¿quién podría decirte: «¿Qué has hecho?» ¿Quién se opondría a tu sentencia? ¿Quién te citaría a juicio por destruir naciones por ti creadas? ¿Quién se alzaría contra ti como vengador de hombres inicuos?

13 Pues fuera de ti no hay un Dios que de todas las cosas cuide, a quien tengas que dar cuenta de la justicia de tus juicios;

14 ni hay rey ni soberano que se te enfrente en favor de los que has castigado.

15 Sino que, como eres justo, con justicia administras el universo, y miras como extraño a tu poder condenar a quien no merece ser castigado.

16 Tu fuerza es el principio de tu justicia y tu señorío sobre todos los seres te hace indulgente con todos ellos

17 Ostentas tu fuerza a los que no creen en la plenitud de tu poder, y confundes la audacia de los que la conocen.

18 Dueño de tu fuerza, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia porque, con sólo quererlo, lo puedes todo.

19 Obrando así enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo del hombre, y diste a tus hijos la buena esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

20 Pues si a los enemigos de tus hijos, merecedores de la muerte, con tanto miramiento e indulgencia los castigaste dándoles tiempo y lugar para apartarse de la maldad,

21 ¿con qué consideración no juzgaste a los hijos tuyos, a cuyos padres con juramentos y pactos tan buenas promesas hiciste?

22 Así pues, para aleccionarnos, a nuestros enemigos los flagelas con moderación, para que, al juzgar, tengamos en cuenta tu bondad y, al ser juzgados, esperemos tu misericordia.

23 Por tanto, también a los que inicuamente habían vivido una vida insensata les atormentaste con sus mismas abominaciones.

24 Demasiado, en verdad, se habían desviado por los caminos del error, teniendo por dioses a los más viles y despreciables, animales, dejándose engañar como pequeñuelos inconscientes.

25 Por eso, como a niños sin seso, les enviaste una irrisión de castigo.

26 Pero los que con una reprimenda irrisoria no se enmendaron, iban a experimentar un castigo digno de Dios.

27 A la vista de los seres que les atormentaban y les indignaban, de aquellos seres que tenían por dioses y eran ahora su castigo, abrieron los ojos y reconocieron por el Dios verdadero a aquel que antes se negaban a conocer. Por lo cual el supremo castigo descargó sobre ellos.

 

Sabiduría 13

1 Sí, vanos por naturaleza todos los hombres en quienes había ignorancia de Dios y no fueron capaces de conocer por las cosas buenas que se ven a Aquél que es, ni, atendiendo a las obras, reconocieron al Artífice;

2 sino que al fuego, al viento, al aire ligero, a la bóveda estrellada, al agua impetuosa o a las lumbreras del cielo los consideraron como dioses, señores del mundo.

3 Que si, cautivados por su belleza, los tomaron por dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de éstos, pues fue el Autor mismo de la belleza quien los creó.

4 Y si fue su poder y eficiencia lo que les dejó sobrecogidos, deduzcan de ahí cuánto más poderoso es Aquel que los hizo;

5 pues de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor.

6 Con todo, no merecen éstos tan grave reprensión, pues tal vez caminan desorientados buscando a Dios y queriéndole hallar.

7 Como viven entre sus obras, se esfuerzan por conocerlas, y se dejan seducir por lo que ven. ¡Tan bellas se presentan a los ojos!

8 Pero, por otra parte, tampoco son éstos excusables;

9 pues si llegaron a adquirir tanta ciencia que les capacitó para indagar el mundo, ¿cómo no llegaron primero a descubrir a su Señor?

10 Desgraciados, en cambio, y con la esperanza puesta en seres sin vida, los que llamaron dioses a obras hechas por mano de hombre, al oro, a la plata, trabajados con arte, a representaciones de animales o a una piedra inútil, esculpida por mano antigua.

11 Un leñador abate con la sierra un árbol conveniente, lo despoja diestramente de toda su corteza, lo trabaja con habilidad y fabrica un objeto útil a las necesidades de la vida.

12 Con los restos de su trabajo se prepara la comida que le deja satisfecho.

13 Queda todavía un resto del árbol que para nada sirve, un tronco torcido y lleno de nudos. Lo toma y lo labra para llenar los ratos de ocio, le da forma con la destreza adquirida en sus tiempos libres; le da el parecido de una imagen de hombre

14 o bien la semejanza de algún vil animal. Lo pinta de bermellón, colorea de rojo su cuerpo y salva todos sus defectos bajo la capa de pintura.

15 Luego le prepara un alojamiento digno y lo pone en una pared asegurándolo con un hierro.

16 Mira por él, no se le caiga, pues sabe que no puede valerse por sí mismo, que sólo es una imagen y necesita que le ayuden.

17 Pues bien, cuando por su hacienda, bodas o hijos ruega, no se le cae la cara al dirigirse a este ser sin vida. Y pide salud a un inválido,

18 vida a un muerto, auxilio al más inexperto, un viaje feliz al que ni de los pies se puede valer,

19 y para sus ganancias y empresas, para el exito en el trabajo de sus manos, al ser más desmañado le pide destreza.

 

Sabiduría 14

1 Otro, preparándose a embarcar para cruzar el mar bravío, invoca a un leño más frágil que la nave que le lleva.

2 Que a la nave, al fin, la inventó el afán de lucro, y la sabiduría fue el artífice que la construyó;

3 y es tu Providencia, Padre, quien la guía, pues también en el mar abriste un camino, una ruta segura a través de las olas,

4 mostrando así que de todo peligro puedes salvar para que hasta el inexperto pueda embarcarse.

5 No quieres que queden inactivas las obras de tu Sabiduría; por eso, a un minúsculo leño fían los hombres su vida, cruzan el oleaje en una barquichuela y arriban salvos a puerto.

6 También al principio, mientras los soberbios gigantes perecían, se refugió en una barquichuela la esperanza del mundo, y, guiada por tu mano, dejó al mundo semilla de una nueva generación.

7 Pues bendito es el leño por el que viene la justicia,

8 pero el ídolo fabricado, maldito él y el que lo hizo; uno por hacerle, el otro porque, corruptible, es llamado dios,

9 y Dios igualmente aborrece al impío y su impiedad;

10 ambos, obra y artífice, serán igualmente castigados.

11 Por eso también habrá una visita para los ídolos de las naciones, porque son una abominación entre las criaturas de Dios, un escándalo para las almas de los hombres, un lazo para los pies de los insensatos.

12 La invención de los ídolos fue el principio de la fornicación; su descubrimiento, la corrupción de la vida.

13 No los hubo al principio ni siempre existirán;

14 por la vanidad de los hombres entraron en el mundo y, por eso, está decidido su rápido fin.

15 Un padre atribulado por un luto prematuro encarga una imagen del hijo malogrado; al hombre muerto de ayer, hoy como un dios le venera y transmite a los suyos misterios y ritos.

16 Luego, la impía costumbre, afianzada con el tiempo, se acata como ley.

17 También por decretos de los soberanos recibían culto las estatuas. Unos hombres que, por vivir apartados, no les podían honrar en persona, representaron su lejana figura encargando una imagen, reflejo del rey venerado; así lisonjearían con su celo al ausente como si presente se hallara.

18 A extender este culto contribuyó la ambición del artista y arrastró incluso a quienes nada del rey sabían;

19 pues deseoso, sin duda, de complacer al soberano, alteró con su arte la semejanza para que saliese más bella,

20 y la muchedumbre seducida por el encanto de la obra, al que poco antes como hombre honraba, le consideró ya objeto de adoración.

21 De aquí provino la asechanza que se le tendió a la vida: que, víctimas de la desgracia o del poder de los soberanos, dieron los hombres a piedras y leños el Nombre incomunicable.

22 Luego, no bastó con errar en el conocimiento de Dios; viviendo además la guerra que esta ignorancia les mueve, ellos a tan graves males les dan el nombre de paz.

23 Con sus ritos infanticidas, sus misterios secretos, sus delirantes orgías de costumbres extravagantes,

24 ni sus vidas ni sus matrimonios conservan ya puros. Uno elimina a otro a traición o le aflige dándole bastardos;

25 por doquiera, en confusión, sangre y muerte, robo y fraude, corrupción, deslealtad, agitación, perjurio,

26 trastorno del bien, olvido de la gratitud, inmundicia en las almas, inversión en los sexos, matrimonios libres, adulterios, libertinaje.

27 Que es culto de los ídolos sin nombre principio, causa y término de todos los males.

28 Porque o se divierten alocadamente, o manifiestan oráculos falsos, o viven una vida de injusticia, o con toda facilidad perjuran:

29 como los ídolos en que confían no tienen vida, no esperan que del perjurio se les siga algún mal.

30 Una justa sanción les alcanzará, sin embargo, por doble motivo: por formarse de Dios una idea falsa al darse a los ídolos y por jurar injustamente contra la verdad con desprecio de toda santidad.

31 Que no es el poder de aquellos en cuyo nombre juran; es la sanción que merece todo el que peca, la que persigue siempre la transgresión de los inicuos.

 

Sabiduría 15

1 Mas tú, Dios nuestro, eres bueno y verdadero, paciente y que con misericordia gobiernas el universo.

2 Aunque pequemos, tuyos somos, porque conocemos tu poder; pero no pecaremos, porque sabemos que somos contados por tuyos.

3 Pues el conocerte a ti es la perfecta justicia y conocer tu poder, la raíz de la inmortalidad.

4 A nosotros no nos extraviaron las creaciones humanas de un arte perverso, ni el inútil trabajo de los pintores, figuras embadurnadas de colores abigarrados,

5 cuya contemplación despierta la pasión en los insensatos que codician la figura sin aliento de una imagen muerta.

6 Apasionados del mal son y dignos de tales esperanzas los que las crean, los que las codician, los que las adoran.

7 Un alfarero trabaja laboriosamente la tierra blanda y modela diversas piezas, todas para nuestro uso; unas van destinadas a usos nobles, otras al contrario, pero todas las modela de igual manera y de la misma arcilla. Sobre el servicio diverso que unas y otras han de prestar, es el alfarero quien decide.

8 Pero luego - ¡mala pena que se toma! - de la misma arcilla modela una vana divinidad. Y la modela él, que poco ha nació de la tierra y que pronto habrá de volver a la tierra de donde fue sacado, cuando le reclamen la devolución de su alma.

9 Pero no se preocupa de que va a morir, de que es efímera su vida; antes rivaliza con orfebres y plateros, imita las obras del broncista y se ufana de modelar falsificaciones.

10 Escoria es su corazón, más vil que la tierra su esperanza, más abyecta que la arcilla su vida,

11 porque desconoció al que le modeló a él, al que le inspiró un alma activa y le infundió un espíritu vivificante.

12 Piensa que la existencia es un juego de niños y la vida, un lucrativo mercado: «Es preciso ganar, dice, por todos los medios, aun malos.»

13 Este hombre más que nadie sabe que peca, como quien de una misma masa de tierra fabrica frágiles piezas y estatuas de ídolos.

14 Insensatos todos en sumo grado y más infelices que el alma de un niño, los enemigos de tu pueblo que un día le oprimieron;

15 como que tuvieron por dioses a todos los ídolos de los gentiles, que no pueden valerse de los ojos para ver, ni de la nariz para respirar, ni de los oídos para oír, ni de los dedos de las manos para tocar, y sus pies son torpes para andar.

16 Al fin, un hombre los hizo, uno que recibió en préstamo el espíritu los modeló; y no hay hombre que modele un dios igual a sí mismo;

17 mortal como es, un ser muerto produce con sus manos impías. Vale ciertamente más que las cosas que adora: él, un tiempo al menos, goza de vida, ellos jamás.

18 Adoran, además, a los bichos más repugnantes que en estupidez superan a todos los demás;

19 ni siquiera poseen la belleza de los animales que, a su modo, cautiva al contemplarlos; están excluidos de la aprobación de Dios y de su bendición.

 

Sabiduría 16

1 Por eso, mediante seres semejantes, fueron justamente castigados; una multitud de bichos les sometieron a tormento.

2 En vez de tal castigo, concediste favores a tu pueblo: para satisfacer su voraz apetito, les preparaste como alimento un manjar exquisito: codornices;

3 para que aquéllos, aun ansiando el alimento, por el asqueroso aspecto de los bichos que les enviabas, hasta el apetito natural perdiesen, y éstos, pasadas unas breves privaciones, viniesen a gustar manjares exquisitos.

4 Era razón que aquéllos, los opresores, sufrieran un hambre irremediable, mientras a éstos bastaba mostrarles la clase de tormento que sus enemigos padecían.

5 Incluso cuando cayó sobre ellos la ira terrible de animales feroces, cuando por mordeduras de sinuosas serpientes perecían, no persistió tu cólera hasta el fin.

6 Como advertencia se vieron atribulados por breve tiempo, pues tenían una señal de salvación como recuerdo del mandamiento de tu Ley;

7 y el que a ella se volvía, se salvaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, Salvador de todos.

8 De este modo convenciste a nuestros enemigos de que tú eres el que libras de todo mal:

9 a ellos picaduras de langostas y moscas los mataban, - y bien merecían que bichos tales los castigasen - sin que remedio hallaran para su vida;

10 a tus hijos, en cambio, ni dientes de serpientes venenosas los vencieron, pues vino tu misericordia en su socorro y los sanó.

11 Las mordeduras - pronto curadas - les recordaban tus preceptos no fuera que, cayendo en profundo olvido, se vieran excluidos de tu liberalidad.

12 Ni los curó hierba ni emplasto alguno, sino tu palabra, Señor, que todo lo sana.

13 Pues tú tienes el poder sobre la vida y sobre la muerte, haces bajar a las puertas del Hades y de allí subir.

14 El hombre, en cambio, puede matar por su maldad, pero no hacer tornar al espíritu que se fue, ni liberar al alma ya acogida en el Hades.

15 Es imposible escapar de tu mano.

16 Los impíos que rehusaban conocerte fueron fustigados por la fuerza de tu brazo; lluvias insólitas, granizadas, aguaceros implacables los persigueron y el fuego los devoró.

17 Y lo más extraño era que con el agua, que todo lo apaga, el fuego cobraba una violencia mayor. El universo, en efecto, combate en favor de los justos.

18 Las llamas unas veces se amansaban para no consumir a los animales enviados contra los impíos, y darles a entender, por lo que veían, que el juicio de Dios les hostigaba;

19 pero otras, aun en medio de las aguas, abrasaban con fuerza superior a la del fuego para destruir las cosechas de una tierra inicua.

20 A tu pueblo, por el contrario, le alimentaste con manjar de ángeles; les suministraste, sin cesar desde el ciel un pan ya preparado que podía brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.

21 El sustento que les dabas revelaba tu dulzura con tus hijos pues, adaptándose al deseo del que lo tomaba, se tranformaba en lo que cada uno quería.

22 Nieve y hielo resistían al fuego sin fundirse, para que supieran que el fuego, para destruir las cosechas de sus enemigos, entre el granizo abrasaba y fulguraba entre la lluvia,

23 mientras que, para que los justos pudieran sustentarse, hasta de su natural poder se olvidaba.

24 Porque la creación, sirviéndote a ti, su Hacedor, se embravece para castigo de los inicuos y se amansa en favor de los que en ti confían.

25 Por eso, también entonces, cambiándose en todo, servía a tu liberalidad que a todos sustenta, conforme al deseo de los necesitados.

26 De este modo enseñabas a tus hijos queridos, Señor, que no son las diversas especies de frutos los que alimentan al hombre, sino que es tu palabra la que mantiene a los que creen en ti.

27 El fuego no alcanzaba a disolver lo que sencillamente derretía el calor de un breve rayo de sol.

28 Con ello le enseñabas que debían adelantarse al sol para darte gracias y recurrir a ti al rayar el día,

29 pues la esperanza del ingrato como escarcha invernal se derrite y corre como agua inútil.

 

Sabiduría 17

1 Grandes son en verdad tus juicios e inenarrables, por donde almas ignorantes se vinieron a engañar.

2 Imaginaban los impíos que podrían oprimir a una nación santa; y se encontraron prisioneros de tinieblas, en larga noche trabados, recluidos en sus casas, desterrados de la Providencia eterna.

3 Creían que se mantendrían ocultos con sus secretos pecados bajo el oscuro velo del olvido; y se vieron dispersos, presa de terrible espanto, sobresaltados por apariciones.

4 Pues ni el escondrijo que les protegía les libraba del miedo; que también allí resonaban ruidos escalofriantes y se aparecían espectros sombríos de lúgubre aspecto.

5 No había fuego intenso capaz de alumbrarles, ni las brillantes llamas de las estrellas alcanzaban a esclarecer aquella odiosa noche.

6 Tan sólo una llamarada, por sí misma encendida, se dejaba entrever sembrando el terror; pues en su espanto, al desaparecer la visión, imaginaban más horrible aún lo que acababan de ver.

7 Los artificios de la magia resultaron ineficaces; con gran afrenta quedó refutado su pretendido saber,

8 pues los que prometían expulsar miedos y sobresaltos de las almas enloquecidas, enloquecían ellos mismos con ridículos temores.

9 Incluso cuando otro espanto no les atemorizara, sobresaltados por el paso de los bichos y el silbido de los reptiles,

10 se morían de miedo, y rehusaban mirar aquel aire que de ninguna manera podían evitar.

11 Cobarde es, en efecto, la maldad y ella a sí misma se condena; acosada por la conciencia imagina siempre lo peor;

12 pues no es otra cosa el miedo sino el abandono del apoyo que presta la reflexión;

13 y cuanto menos se cuenta con los recursos interiores, tanto mayor parece la desconocida causa que produce el tormento.

14 Durante aquella noche verdaderamente inerte, surgida de las profundidades del inerte Hades, en un mismo sueño sepultados,

15 al invadirles un miedo repentino e inesperado, se vieron, de un lado, perseguidos de espectrales apariciones y, de otro, paralizados por el abandono de su alma.

16 De este modo, cualquiera que en tal situación cayera, quedaba encarcelado, encerrado en aquella prisión sin hierros;

17 ya fuera labrador o pastor, o bien un obrero dedicado en la soledad a su trabajo, sorprendido, soportaba la ineludible necesidad,

18 atados todos como estaban por una misma cadena de tinieblas. El silbido del viento, el melodioso canto de las aves en la enramada, el ruido regulado del agua que corría impetuosa,

19 el horrísimo fragor de rocas que caían de las alturas, la invisible carrera de animales que saltando pasaban, el rugido de las fieras más salvajes, el eco que devolvían las oquedades de las montañas, todo les aterrorizaba y les dejaba paralizados.

20 Estaba entonces el mundo entero iluminado de luz esplendorosa, y, sin traba alguna, se ocupaba en sus quehaceres;

21 sólo sobre ellos se extendía pesada noche, imagen de las tinieblas que les esperaban recibir. Aunque ellos a sí mismos se eran más pesados que las tinieblas.

 

Sabiduría 18

1 Entre tanto para tus santos había una grandísima luz. Los egipcios, que oían su voz aunque no distinguían su figura, les proclamaban dichosos por no haber padecido ellos también;

2 les daban gracias porque agraviados no se vengaban y les pedían perdón por su conducta hostil.

3 En vez de tinieblas, diste a los tuyos una columna de fuego, guía a través de rutas desconocidas, y sol inofensivo en su gloriosa emigración.

4 Bien merecían verse de luz privados y prisioneros de tinieblas, los que en prisión tuvieron encerrados a aquellos hijos tuyos que habían de dar al mundo la luz incorruptible de la Ley.

5 Por haber decretado matar a los niños de los santos, salvándose de los hijos expuestos uno tan sólo, les arrebataste en castigo la multitud de sus hijos y a ellos, a una, les hiciste perecer bajo la violencia de las aguas.

6 Aquella noche fue previamente conocida por nuestros padres, para que se confortasen al reconocer firmes los juramentos en que creyeron.

7 Tu pueblo esperaba a la vez la salvación de los justos y la destrucción de sus enemigos.

8 Y, en efecto, con el castigo mismo de nuestros adversarios, nos colmaste de gloria llamándonos a ti.

9 Los santos hijos de los buenos ofrecieron sacrificios en secreto y establecieron unánimes esta ley divina: que los santos correrían en común las mismas aventuras y riesgos; y, previamente, cantaron ya los himnos de los Padres.

10 A estos cánticos respondía el discordante clamor de sus enemigos, se disfundían los lamentos de los que lloraban a sus hijos.

11 Un mismo castigo alcanzaba al esclavo y al señor; el hombre del pueblo sufría la misma pena que el rey.

12 Todos a la vez contaban con muertos innumerables abatidos por un mismo género de muerte. Los vivos no se bastaban a darles sepultura, como que, de un solo golpe, había caído la flor de su descendencia.

13 Mantenidos en absoluta incredulidad por los artificios de la magia, acabaron por confesar, ante la muerte de sus primogénitos, que aquel pueblo era hijo de Dios.

14 Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su carrera,

15 tu Palabra omnipotente, cual implacable guerrero, saltó del cielo, desde el trono real, en medio de una tierra condenada al exterminio. Empuñando como afilada espada tu decreto irrevocable,

16 se detuvo y sembró la muerte por doquier; y tocaba el cielo mientras pisaba la tierra.

17 Entonces, de repente, sueños y horribles visiones les sobresaltaron, les sobrevinieron terrores imprevistos.

18 Aquí y allá tendidos, ya moribundos, daban a conocer la causa de su muerte,

19 pues los sueños que les habían pertubado, se lo habían indicado a tiempo para que no muriesen sin saber la razón de su desgracia.

20 También a los justos les alcanzó la prueba de la muerte; una multitud de ellos pereció en el desierto. Pero no duró la Cólera mucho tiempo,

21 que pronto un hombre irreprochable salió en su defensa. Con las armas de su propio ministerio, la oración y el incienso expiatorio, se enfrentó a la ira y dio fin a la plaga, mostrando con ello que era en verdad siervo tuyo.

22 Y venció a la Cólera no con la fuerza de su cuerpo, ni con el poder de las armas, sino que sometió con su palabra al que traía el castigo recordándole los juramentos hechos a los Padres y las alianzas.

23 Cuando ya los muertos, unos sobre otros, yacían hacinados, frenó, interponiéndose, el avance de la Cólera y le cerró el camino hacia los que todavía vivían.

24 Llevaba en su vestido talar el mundo entero, grabados en cuatro hileras de piedras los nombres gloriosos de los Padres y tu majestad en la diadema de su cabeza.

25 Ante esto, el Exterminador cedió y se atemorizó; pues era suficiente la sola experiencia de tu Cólera.

 

Sabiduría 19

1 Pero, sobre los impíos, descargó hasta el fin una ira sin misericordia, pues Dios sabía de antemano lo que iban a tramar:

2 que, luego de permitir marchar a su pueblo y apremiarle en su partida, mudando de parecer, saldrían a perseguirle.

3 Ocupados estaban todavía en su duelo y lamentándose junto a las tumbas de sus muertos, cuando concibieron otro proyecto insensato: a los que con ruegos despacharon, dieron en perseguirlos como fugitivos.

4 Una justa fatalidad los arrastraba a tales extremos y les borraba el recuerdo de los sucesos precedentes; así completarían con un nuevo castigo lo que a sus tormentos faltaba,

5 así mientras tu pueblo gozaba de un viaje maravilloso, ellos encontrarían una muerte extraña.

6 Pues para preservar a tus hijos de todo daño, la creación entera, obediente a tus órdenes, se rehízo de nuevo en su propia naturaleza.

7 Se vio una nube proteger con su sombra el campamento, emerger del agua que la cubría una tierra enjuta, del mar Rojo un camino expedito, una verde llanura del oleaje impetuoso,

8 por donde, formando un solo pueblo, pasaron los que tu mano protegía mientras contemplaban tan admirables prodigios.

9 Como caballos se apacentaban, y retozaban como corderos alabándote a ti, Señor que los habías liberado.

10 Recordaban todavía lo sucedido en su destierro, cómo, en vez de nacer los mosquitos de animales, los produjo la tierra, cómo, en vez de nacer las ranas de seres acuáticos, las vomitó el Río en abundancia.

11 Más tarde, vieron además un modo nuevo de nacer las aves; cuando, llevados de la gula, pidieron manjares delicados,

12 para satisfacerles, subieron codornices desde el mar.

13 Mas sobre los pecadores cayeron los castigos, precedidos, como aviso, de la violencia de los rayos. Con toda justicia sufrían por sus propias maldades, por haber extremado su odio contra el extranjero.

14 Otros no recibieron a unos desconocidos a su llegada. pero éstos redujeron a esclavitud a huéspedes bienhechores.

15 Además habrá una visita para ellos porque recibieron hostilmente a los extranjeros...

16 pero éstos, después de acoger con fiestas a los que ya participaban en los mismos derechos que ellos, los aplastaron con terribles trabajos.

17 Por eso, también fueron éstos heridos de ceguera, como aquéllos a las puertas del justo, cuando, envueltos en inmensas tinieblas, buscaba cada uno el acceso a su puerta.

18 Los elementos se adaptaron de una nueva manera entre sí como cambian la naturaleza del ritmo los sonidos en un salterio sin que cambie por eso su tonalidad, cosa que se puede deducir claramente examinando lo sucedido.

19 Seres terrestres se tornaban acuáticos, y los que nadan pasaban a caminar sobre la tierra.

20 El fuego aumentaba en el agua su fuerza natural y el agua olvidaba su poder de apagar.

21 Por el contrario, las llamas no consumían las carnes de los endebles animales que sobre ellas caminaban, ni fundían aquel alimento divino, parecido a la escarcha, tan fácil de derretirse.

22 En verdad, Señor, que en todo engrandeciste a tu pueblo y le glorificaste, y no te descuidaste en asistirle en todo tiempo y en todo lugar.

 

ECLESIÁSTICO

Eclesiástico 0

1 Muchas e importantes lecciones se nos han transmitido

2 por la Ley, los Profetas y los otros que les han seguido,

3 por las cuales bien se debe encomiar a Israel por su instrucción y sabiduría.

4 Mas como es razón que no sólo los lectores se hagan sabios,

5 sino que puedan también estos amigos del saber ser útiles a los de fuera,

6 tanto de palabra como por escrito,

7 mi abuelo Jesús, después de haberse dado intensamente a la lectura

8 de la Ley,

9 los Profetas

10 y los otros libros de los antepasados,

11 y haber adquirido un gran dominio en ellos,

12 se propuso también él escribir algo en lo tocante a instrucción y sabiduría,

13 con ánimo de que los amigos del saber, lo aceptaran

14 y progresaran más todavía en la vida según la Ley.

15 Estáis, pues, invitados

16 a leerlo

17 con benevolencia y atención,

18 así como a mostrar indulgencia

19 allí donde se crea que, a pesar de nuestros denodados esfuerzos de interpretación,

20 no hemos podido acertar en alguna expresión.

21 Pues no tienen la misma fuerza

22 las cosas expresadas originalmente en hebreo que cuando se traducen a otra lengua.

23 Cosa que no sucede sólo en esto,

24 sino que también la misma Ley, los Profetas,

25 y los otros libros

26 presentan no pequeña diferencia respecto de lo que dice el original.

27 Fue, pues, en el año treinta y ocho del rey Evergetes

28 cuando, después de venir a Egipto y residir allí,

29 encontré una obra de no pequeña enseñanza,

30 y juzgué muy necesario aportar yo también algún interés y esfuerzo para traducir este libro.

31 Mucha vigilia y ciencia he puesto en juego

32 durante este período,

33 hasta llegar a buen término y publicar el libro

34 para uso de aquellos que, en el extranjero, quieren ser amigos del saber,