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BIBLIA DE JERUSALÉN (CATÓLICA)

LIBROS POÉTICOS Y SAPIENCIALES
 

JOB

Job 1

1 Había una vez en el país de Us un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal.

2 Le habían nacido siete hijos y tres hijas.

3 Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente.

4 Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos.

5 Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón.» Así hacía Job siempre.

6 El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.

7 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»

8 Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal!»

9 Respondió el Satán a Yahveh: «Es que Job teme a Dios de balde?

10 ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país.

11 Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!»

12 Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida sólo de no poner tu mano en él.» Y el Satán salió de la presencia de Yahveh.

13 El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor,

14 vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos;

15 de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

16 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

17 Aún estaba hablando éste, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

18 Todavía estaba éste hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor.

19 De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y ésta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Sólo yo pude escapar para traerte la noticia.»

20 Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra,

21 dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!»

22 En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.

Job 2

1 El día en que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán.

2 Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella.»

3 Y Yahveh dijo al Satán: «¿Te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra: es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! Aún persevera en su entereza, y bien sin razón me has incitado contra él para perderle.»

4 Respondió el Satán a Yahveh: «¡Piel por piel! ¡Todo lo que el hombre posee lo da por su vida!

5 Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!»

6 Y Yahveh dijo al Satán: «Ahí le tienes en tus manos; pero respeta su vida.»

7 El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza.

8 Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura.

9 Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!»

10 Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios.

11 Tres amigos de Job se enteraron de todos estos males que le habían sobrevenido, y vinieron cada uno de su país: Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamat. Y juntos decidieron ir a condolerse y consolarle.

12 Desde lejos alzaron sus ojos y no le reconocieron. Entonces rompieron a llorar a gritos. Rasgaron sus mantos y se echaron polvo sobre su cabeza.

13 Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

Job 3

1 Después de esto, abrió Job la boca y maldijo su día.

2 Tomó Job la palabra y dijo:

3 ¡Perezca el día en que nací, y la noche que dijo: «Un varón ha sido concebido!»

4 El día aquel hágase tinieblas, no lo requiera Dios desde lo alto, ni brille sobre él la luz.

5 Lo reclamen tinieblas y sombras, un nublado se cierna sobre él, lo estremezca un eclipse.

6 Sí, la oscuridad de él se apodere, no se añada a los días del año, ni entre en la cuenta de los meses.

7 Y aquella noche hágase inerte, impenetrable a los clamores de alegría.

8 Maldíganla los que maldicen el día, los dispuestos a despertar a Leviatán.

9 Sean tinieblas las estrellas de su aurora, la luz espere en vano, y no vea los párpados del alba.

10 Porque no me cerró las puertas del vientre donde estaba, ni ocultó a mis ojos el dolor.

11 ¿Por qué no morí cuando salí del seno, o no expiré al salir del vientre?

12 ¿Por qué me acogieron dos rodillas? ¿por qué hubo dos pechos para que mamara?

13 Pues ahora descansaría tranquilo, dormiría ya en paz,

14 con los reyes y los notables de la tierra, que se construyen soledades;

15 o con los príncipes que poseen oro y llenan de plata sus moradas.

16 O ni habría existido, como aborto ocultado, como los fetos que no vieron la luz.

17 Allí acaba la agitación de los malvados, allí descansan los exhaustos.

18 También están tranquilos los cautivos, sin oír más la voz del capataz.

19 Chicos y grandes son allí lo mismo, y el esclavo se ve libre de su dueño.

20 ¿Para qué dar la luz a un desdichado, la vida a los que tienen amargada el alma,

21 a los que ansían la muerte que no llega y excavan en su búsqueda más que por un tesoro,

22 a los que se alegran ante el túmulo y exultan cuando alcanzan la tumba,

23 a un hombre que ve cerrado su camino, y a quien Dios tiene cercado?

24 Como alimento viene mi suspiro, como el agua se derraman mis lamentos.

25 Porque si de algo tengo miedo, me acaece, y me sucede lo que temo.

26 No hay para mí tranquilidad ni calma, no hay reposo: turbación es lo que llega.

Job 4

1 Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2 Si se intentara hablarte, ¿lo soportarías? Pero ¿quién puede contener sus palabras?

3 Mira, tú dabas lección a mucha gente, infundías vigor a las manos caídas;

4 tus razones sostenían al que vacilaba, robustecías las rodillas endebles.

5 Y ahora que otro tanto te toca, te deprimes, te alcanza el golpe a ti, y todo te turbas.

6 ¿No es tu confianza la piedad, y tu esperanza tu conducta intachable?

7 ¡Recuerda! ¿Qué inocente jamás ha perecido? ¿dónde han sido los justos extirpados?

8 Así lo he visto: los que labran maldad y siembran vejación, eso cosechan.

9 Bajo el aliento de Dios perecen éstos, desaparecen al soplo de su ira.

10 Ruge el león, brama la leona, mas los dientes de los leoncillos quedan rotos.

11 Perece el león falto de presa, y los cachorros de la leona se dispersan.

12 A mí se me ha dicho furtivamente una palabra, mi oído ha percibido su susurro.

13 En las pesadillas por las visiones de la noche, cuando a los hombres el letargo invade,

14 un temblor me entró, un escalofrío, que estremeció todos mis huesos...

15 Se escurre un soplo por mi rostro, eriza los pelos de mi carne.

16 Alguien surge... no puedo reconocer su cara; una imagen delante de mis ojos. Silencio..., después oigo una voz:

17 «¿Es justo ante Dios algún mortal? ¿ante su Hacedor es puro un hombre?

18 Si no se fía de sus mismos servidores, y aun a sus ángeles achaca desvarío,

19 ¡cuánto más a los que habitan estas casas de arcilla, ellas mismas hincadas en el polvo! Se les aplasta como a una polilla;

20 de la noche a la mañana quedan pulverizados. Para siempre perecen sin advertirlo nadie;

21 se les arranca la cuerda de su tienda, y mueren privados de sabiduría.»

Job 5

1 ¡Llama, pues! ¿Habrá quien te responda? ¿a cuál de los santos vas a dirigirte?

2 En verdad el enojo mata al insensato, la pasión hace morir al necio.

3 Yo mismo he visto al insensato echar raíces, y sin tardar he maldecido su morada:

4 ¡Estén sus hijos lejos de toda salvación, sin defensor hollados en la Puerta!

5 Su cosecha la devora un hambriento, pues Dios se la quita de los dientes, y los sedientos absorben su fortuna.

6 No, no brota la iniquidad el polvo, ni germina del suelo la aflicción.

7 Es el hombre quien la aflicción engendra, como levantan el vuelo los hijos del relámpago.

8 Yo por mí a Dios recurriría, expondría a Dios mi causa.

9 El es autor de obras grandiosas e insondables, de maravillas sin número.

10 El derrama la lluvia sobre la haz de la tierra, y envía las aguas a los campos.

11 Para poner en alto a los postrados, y que los míseros a la salud se eleven,

12 las tramas de los astutos desbarata, y sus manos no logran sus intrigas.

13 Prende a los sabios en su astucia, el consejo de los sagaces se hace ciego.

14 En pleno día tropiezan con tinieblas, a mediodía van a tientas cual si fuese de noche.

15 El salva al arruinado de sus fauces y al indigente de las manos del violento.

16 Así el débil renace a la esperanza, y cierra su boca la injusticia.

17 ¡Oh sí, feliz el hombre a quien corrige Dios! ¡No desprecies, pues, la lección de Sadday!

18 Pues él es el que hiere y el que venda la herida, el que llaga y luego cura con su mano;

19 seis veces ha de librarte de la angustia, y a la séptima el mal no te alcanzará.

20 Durante el hambre te salvará de la muerte, y en la guerra, del alcance de la espada.

21 Estarás a cubierto del punzón de la lengua, sin miedo a la devastación, cuando se acerque.

22 Te reirás de la sequía y de la helada, y no temerás a las bestias de la tierra.

23 Pues con las piedras del campo harás alianza, la bestia salvaje vivirá en paz contigo.

24 Sabrás que tu tienda está a cubierto, nada echarás en falta cuando revises tu morada.

25 Sabrás que tu descendencia es numerosa, tus vástagos, como la hierba de la tierra.

26 Llegarás a la tumba vigoroso, como se hacinan las gavillas a su tiempo.

27 Todo esto es lo que hemos observado: y así es. A ti te toca escuchar y aprovecharte.

Job 6

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¡Ah, si pudiera pesarse mi aflicción, si mis males se pusieran en la balanza juntos!

3 Pesarían más que la arena de los mares: por eso mis razones se desmandan.

4 Pues las flechas de Sadday están en mí, mi espíritu bebe su veneno, y contra mí se alinean los terrores de Dios.

5 ¿Rozna el onagro junto a la hierba verde? ¿muge el buey junto al forraje?

6 ¿Se come acaso lo insípido sin sal? en la clara del huevo ¿hay algún gusto?

7 Lo que aun tocar me repugnaba eso es ahora mi comida de enfermo.

8 ¡Ojalá se realizara lo que pido, que Dios cumpliera mi esperanza,

9 que él consintiera en aplastarme, que soltara su mano y me segara!

10 Tendría siquiera este consuelo, exultaría de gozo en mis tormentos crueles, por no haber eludido los decretos del Santo.

11 ¿Cuál es mi fuerza para que aún espere, qué fin me espera para que aguante mi alma?

12 ¿Es mi fuerza la fuerza de la roca? ¿es mi carne de bronce?

13 ¿No está mi apoyo en una nada? ¿no se me ha ido lejos toda ayuda?

14 El que retira la compasión al prójimo abandona el temor de Sadday.

15 Me han defraudado mis hermanos lo mismo que un torrente, igual que el lecho de torrentes que pasan:

16 turbios van de aguas de hielo, sobre ellos se disuelve la nieve;

17 pero en tiempo de estiaje se evaporan, en cuanto hace calor se extinguen en su lecho.

18 Por ellos las caravanas se apartan de su ruta, en el desierto se adentran y se pierden.

19 Las caravanas de Temá los otean, en ellos esperan los convoyes de Sabá.

20 Pero se ve corrida su confianza; al llegar junto a ellos se quedan confundidos.

21 Así sois ahora vosotros para mí: veis algo horrible y os amedrentáis.

22 ¿He dicho acaso: «Dadme algo, haced regalos por mí de vuestros bienes;

23 arrancadme de la mano de un rival, de la mano de tiranos rescatadme?»

24 Instruidme, que yo me callaré; hacedme ver en qué me he equivocado.

25 ¡Qué dulces son las razones ecuánimes!, pero, ¿qué es lo que critican vuestras críticas?

26 ¿Intentáis criticar sólo palabras, dichos desesperados que se lleva el viento?

27 ¡Vosotros echáis a suerte al mismo huérfano, especuláis con vuestro propio amigo!

28 Y ahora, por favor, volveos a mí, que no he de mentiros a la cara.

29 ¡Tornad, pues, que no haya entuerto! ¡Tornad, que está en juego mi justicia!

30 ¿Hay entuerto en mis labios? ¿no distingue mi paladar las cosas malas?

Job 7

1 ¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra? ¿no son jornadas de mercenario sus jornadas?

2 Como esclavo que suspira por la sombra, o como jornalero que espera su salario,

3 así meses de desencanto son mi herencia, y mi suerte noches de dolor.

4 Al acostarme, digo: «¿Cuándo llegará el día?» Al levantarme: «¿Cuándo será de noche?», y hasta el crepúsculo ahíto estoy de sobresaltos.

5 Mi carne está cubierta de gusanos y de costras terrosas, mi piel se agrieta y supura.

6 Mis días han sido más raudos que la lanzadera, han desaparecido al acabarse el hilo.

7 Recuerda que mi vida es un soplo, que mis ojos no volverán a ver la dicha.

8 El ojo que me miraba ya no me verá, pondrás en mí tus ojos y ya no existiré.

9 Una nube se disipa y pasa, así el que baja al seol no sube más.

10 No regresa otra vez a su casa, no vuelve a verle su lugar.

11 Por eso yo no he de contener mi boca, hablaré en la angustia de mi espíritu, me quejaré en la amargura de mi alma.

12 ¿Acaso soy yo el Mar, soy el monstruo marino, para que pongas guardia contra mí?

13 Si digo: «Mi cama me consolará, compartirá mi lecho mis lamentos»,

14 con sueños entonces tú me espantas, me sobresaltas con visiones.

15 ¡Preferiría mi alma el estrangulamiento, la muerte más que mis dolores!

16 Ya me disuelvo, no he de vivir por siempre; ¡déjame ya; sólo un soplo son mis días!

17 ¿Qué es el hombre para que tanto de él te ocupes, para que pongas en él tu corazón,

18 para que le escrutes todas las mañanas y a cada instante le escudriñes?

19 ¿Cuándo retirarás tu mirada de mí? ¿no me dejarás ni el tiempo de tragar saliva?

20 Si he pecado, ¿qué te he hecho a ti, oh guardián de los hombres? ¿Por qué me has hecho blanco tuyo? ¿Por qué te sirvo de cuidado?

21 ¿Y por qué no toleras mi delito y dejas pasar mi falta? Pues ahora me acostaré en el polvo, me buscarás y ya no existiré.

Job 8

1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2 ¿Hasta cuándo estarás hablando de ese modo, y un gran viento serán las razones de tu boca?

3 ¿Acaso Dios tuerce el derecho, Sadday pervierte la justicia?

4 Si tus hijos pecaron contra él, ya los dejó a merced de sus delitos.

5 Mas si tú a Dios recurres e imploras a Sadday,

6 si eres irreprochable y recto, desde ahora él velará sobre ti y restaurará tu morada de justicia.

7 Tu pasado parecerá insignificante el lado de tu espléndido futuro.

8 Pregunta, si no, a la generación pasada, medita en la experiencia de sus padres.

9 Nosotros de ayer somos y no sabemos nada, como una sombra nuestros días en la tierra.

10 Pero ellos te instruirán y te hablarán, y de su corazón sacarán estas máximas:

11 «¿Brota acaso el papiro sin marismas? ¿Crece sin agua el junco?

12 Aún en su verdor, sin ser cortado, antes que toda otra hierba se marchita.

13 Tal es el fin de los que a Dios olvidan, así fenece la esperanza del impío.

14 Su confianza es un hilo solamente, su seguridad una tela de araña.

15 Se apoya en su morada, y no le aguanta, se agarra a ella y no resiste.

16 Bien regado ante la faz del sol, por encima de su huerto salían sus renuevos.

17 Sobre un majano entrelazadas sus raíces, vivía en una casa de piedra.

18 Mas cuando se le arranca de su sitio, éste le niega: "¡No te he visto jamás!"

19 Y vedle ya cómo se pudre en el camino, mientras que del suelo brotan otros.»

20 No, Dios no rechaza al íntegro, ni da la mano a los malvados.

21 La risa ha de llenar aún tu boca y tus labios el clamor de júbilo.

22 Tus enemigos serán cubiertos de vergüenza, y desaparecerá la tienda de los malos.

Job 9

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 Bien sé yo, en verdad, que es así: ¿cómo ante Dios puede ser justo un hombre?

3 A quien pretenda litigar con él, no le responderá ni una vez entre mil.

4 Entre los más sabios, entre los más fuertes, ¿quién le hizo frente y salió bien librado?

5 El traslada los montes sin que se den cuenta, y los zarandea en su furor.

6 El sacude la tierra de su sitio, y se tambalean sus columnas.

7 A su veto el sol no se levanta, y pone un sello a las estrellas.

8 El solo desplegó los Cielos, y holló la espalda de la Mar.

9 El hizo la Osa y Orión, las Cabrillas y las Cámaras del Sur.

10 Es autor de obras grandiosas, insondables, de maravillas sin número.

11 Si pasa junto a mí, yo no le veo, si se desliza, no le advierto.

12 Si en algo hace presa, ¿quién le estorbará? ¿quién le dirá: «¿Qué es lo que haces?»

13 Dios no cede en su cólera: bajo él quedan postrados los esbirros de Ráhab.

14 ¡Cuánto menos podré yo defenderme y rebuscar razones frente a él!

15 Aunque tuviera razón, no hallaría respuesta, ¡a mi juez tendría que suplicar!

16 Y aunque le llame y me responda, aún no creo que escuchará mi voz.

17 ¡El, que me aplasta por un pelo, que multiplica sin razón mis heridas,

18 y ni aliento recobrar me deja, sino que me harta de amargura!

19 Si se trata de fuerza, ¡es él el Poderoso! Si de justicia, ¿quién le emplazará?

20 Si me creo justo, su boca me condena, si intachable, me declara perverso.

21 ¿Soy intachable? ¡Ni yo mismo me conozco, y desprecio mi vida!

22 Pero todo da igual, y por eso digo: él extermina al intachable y al malvado.

23 Si un azote acarrea la muerte de improviso, él se ríe de la angustia de los inocentes.

24 En un país sujeto al poder de un malvado, él pone un velo en el rostro de sus jueces: si no es él, ¿quién puede ser?

25 Mis días han sido más raudos que un correo, se han ido sin ver la dicha.

26 Se han deslizado lo mismo que canoas de junco, como águila que cae sobre la presa.

27 Si digo: «Voy a olvidar mis quejas, mudaré de semblante para ponerme alegre»,

28 me asalta el temor de todos mis pesares, pues sé que tú no me tendrás por inocente.

29 Y si me he hecho culpable, ¿para qué voy a fatigarme en vano?

30 Aunque me lave con jabón, y limpie mis manos con lejía,

31 tú me hundes en el lodo, y mis propios vestidos tienen horror de mí.

32 Que él no es un hombre como yo, para que le responda, para comparecer juntos en juicio.

33 No hay entre nosotros árbitro que ponga su mano entre los dos,

34 y que de mí su vara aparte para que no me espante su terror.

35 Pero hablaré sin temerle, pues yo no soy así para mí mismo.

Job 10

1 Asco tiene mi alma de mi vida: derramaré mis quejas sobre mí, hablaré en la amargura de mi alma.

2 Diré a Dios: ¡No me condenes, hazme saber por qué me enjuicias!

3 ¿Acaso te está bien mostrarte duro, menospreciar la obra de tus manos, y el plan de los malvados avalar?

4 ¿Tienes tú ojos de carne? ¿Como ve un mortal, ves tú?

5 ¿Son tus días como los de un mortal? ¿tus años como los días de un hombre?,

6 ¡para que andes rebuscando mi falta, inquiriendo mi pecado,

7 aunque sabes muy bien que yo no soy culpable, y que nadie puede de tus manos librar!

8 Tus manos me formaron, me plasmaron, ¡y luego, en arrebato, quieres destruirme!

9 Recuerda que me hiciste como se amasa el barro, y que al polvo has de devolverme.

10 ¿No me vertiste como leche y me cuajaste como queso?

11 De piel y de carne me vestiste y me tejiste de huesos y de nervios.

12 Luego con la vida me agraciaste y tu solicitud cuidó mi aliento.

13 Y algo más todavía guardabas en tu corazón, sé lo que aún en tu mente quedaba:

14 el vigilarme por si peco. y no verme inocente de mi culpa.

15 Si soy culpable, ¡desgraciado de mí! y si soy inocente, no levanto la cabeza, ¡yo saturado de ignominia, borracho de aflicción!

16 Y si la levanto, como un león me das caza, y repites tus proezas a mi costa.

17 Contra mí tu hostilidad renuevas, redoblas tu saña contra mí; sin tregua me asaltan tus tropas de relevo.

18 ¿Para qué me sacaste del seno? Habría muerto sin que me viera ningún ojo;

19 sería como si no hubiera existido, del vientre se me habría llevado hasta la tumba.

20 ¿No son bien poco los días de mi existencia? Apártate de mí para gozar de un poco de consuelo,

21 antes que me vaya, para ya no volver, a la tierra de tinieblas y de sombra,

22 tierra de oscuridad y de desorden, donde la misma claridad es como la calígine.

Job 11

1 Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:

2 ¿No habrá respuesta para el charlatán? ¿por ser locuaz se va a tener razón?

3 ¿Tu palabrería hará callar a los demás? ¿te mofarás sin que nadie te confunda?

4 Tú has dicho: «Es pura mi conducta, a tus ojos soy irreprochable.»

5 ¡Ojalá Dios hablara, que abriera sus labios para responderte

6 y te revelara los arcanos de la Sabiduría que desconciertan toda sagacidad! Sabrías entonces que Dios olvida aún parte de tu culpa.

7 ¿Pretendes alcanzar las honduras de Dios, llegar hasta la perfección de Sadday?

8 Más alta es que los cielos: ¿qué harás tú? más honda que el seol: ¿qué puedes tú saber?

9 Más larga que la tierra su amplitud, y más ancha que el mar.

10 Si él interviene, encarcela y cita a juicio, ¿quién se lo impedirá?

11 Porque él conoce a los hombres de engaño, ve la iniquidad y atiende a ella.

12 El insensato se hará cuerdo cuando un pollino de onagro nazca hombre.

13 Pero si tú tu corazón arreglas y tiendes tus palmas hacia él,

14 si alejas la iniquidad que hay en tu mano y no dejas que more en tus tiendas la injusticia,

15 entonces alzarás tu frente limpia, te sentirás firme y sin temor.

16 Dejarás tu infortunio en el olvido como agua pasada lo recordarás.

17 Y más radiante que el mediodía surgirá tu existencia, como la mañana será la oscuridad.

18 Vivirás seguro porque habrá esperanza, aun después de confundido te acostarás tranquilo.

19 Cuando descanses, nadie te turbará, y adularán muchos tu rostro.

20 Mas los ojos de los malvados languidecen, todo refugio les fracasa; su esperanza es el último suspiro.

Job 12

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 En verdad, vosotros sois el pueblo, con vosotros la Sabiduría morirá.

3 Yo también sé pensar como vosotros, no os cedo en nada: ¿a quién se le ocultan esas cosas?

4 La irrisión de su amigo, eso soy yo, cuando grito hacia Dios para obtener repuesta. ¡Irrisión es el justo perfecto!

5 «¡Al infortunio, el desprecio! - opinan los dichosos -; ¡un golpe más a quien vacila!»

6 Mientras viven en paz las tiendas de los salteadores, en plena seguridad los que irritan a Dios, los que meten a Dios en su puño!

7 Pero interroga a las bestias, que te instruyan, a las aves del cielo, que te informen.

8 Te instruirán los reptiles de la tierra, te enseñarán los peces del mar.

9 Pues entre todos ellos, ¿quién ignora que la mano de Dios ha hecho esto?

10 El, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre.

11 ¿No es el oído el que aprecia los discursos, como el paladar saborea los manjares?

12 ¿No está entre los ancianos el saber, en los muchos años la inteligencia?

13 Pero con él sabiduría y poder, de él la inteligencia y el consejo.

14 Si él destruye, no se puede edificar; si a alguno encierra, no se puede abrir.

15 Si retiene las aguas, sobreviene sequía, si las suelta, avasallan la tierra.

16 Con él la fuerza y la agudeza; suyos son seducido y seductor.

17 A los consejeros hace él andar descalzos, y entontece a los jueces.

18 Desata la banda de los reyes y les pasa una soga por los lomos.

19 Hace andar descalzos a los sacerdotes y derriba a los que están más firmes.

20 Quita el habla a los más hábiles y a los ancianos arrebata el juicio.

21 Sobre los nobles vierte el menosprecio y suelta la correa de los fuertes.

22 Revela la profundidad de las tinieblas, y saca a la luz la sombra.

23 Levanta a las naciones y luego las destruye, ensancha a los pueblos y luego los suprime.

24 Quita el ánimo a los jefes del país, los hace vagar por desierto sin camino;

25 y andan a tientas en tinieblas, sin luz, se tambalean como un ebrio.

Job 13

1 ¡Oh!, mis ojos han visto todo esto, mis orejas lo han oído y entendido.

2 Sí, yo lo sé tan bien como vosotros, no os cedo en nada.

3 Pero es a Sadday a quien yo hablo, a Dios quiero hacer mis réplicas.

4 Vosotros no sois más que charlatanes, curanderos todos de quimeras.

5 ¡Oh, si os callarais la boca! sería eso vuestra sabiduría.

6 Oíd mis descargos, os lo ruego, atended a la defensa de mis labios.

7 ¿En defensa de Dios decís falsía, y por su causa razones mentirosas?

8 ¿Así lucháis en su favor y de Dios os hacéis abogados?

9 ¿No convendría que él os sondease? ¿Jugaréis con él como se juega con un hombre?

10 El os dará una severa corrección, si en secreto hacéis favor a alguno.

11 ¿Su majestad no os sobrecoge, no os impone su terror?

12 Máximas de ceniza son vuestras sentencias, vuestras réplicas son réplicas de arcilla.

13 ¡Dejad de hablarme, porque voy a hablar yo, venga lo que viniere!

14 Tomo mi carne entre mis dientes, pongo mi alma entre mis manos.

15 El me puede matar: no tengo otra esperanza que defender mi conducta ante su faz.

16 Y esto mismo será mi salvación, pues un impío no comparece en su presencia.

17 Escuchad, escuchad mis palabras, prestad oído a mis declaraciones.

18 Mirad: un proceso he preparado, consciente de que tengo razón.

19 ¿Quién es el que quiere litigar conmigo? ¡Pues desde ahora acepto callar y perecer!

20 Sólo dos cosas te pido que me ahorres, y no me esconderé de tu presencia:

21 que retires tu mano que pesa sobre mí, y no me espante tu terror.

22 Arguye tú y yo responderé; o bien yo hablaré y tú contestarás.

23 ¿Cuántas son mis faltas y pecados? ¡Mi delito, mi pecado, házmelos saber!

24 ¿Por qué tu rostro ocultas y me tienes por enemigo tuyo?

25 ¿Quieres asustar a una hoja que se lleva el viento, perseguir una paja seca?

26 Pues escribes contra mí amargos fallos, me imputas las faltas de mi juventud;

27 pones mis pies en cepos, vigilas mis pasos todos y mides la huella de mis pies.

28 Y él se deshace cual leño carcomido, como vestido que roe la polilla,

Job 14

1 el hombre, nacido de mujer, corto de días y harto de tormentos.

2 Como la flor, brota y se marchita, y huye como la sombra sin pararse.

3 ¡Y sobre un ser tal abres tú los ojos, le citas a juicio frente a ti!

4 Mas ¿quién podrá sacar lo puro de lo impuro? ¡Ninguno!

5 Si es que están contados ya sus días, si te es sabida la cuenta de sus meses, si un límite le has fijado que no franqueará,

6 aparta de él tus ojos, déjale, hasta que acabe, como un jornalero, su jornada.

7 Una esperanza guarda el árbol: si es cortado, aún puede retoñar, y no dejará de echar renuevos.

8 Incluso con raíces en tierra envejecidas, con un tronco que se muere en el polvo,

9 en cuanto siente el agua, reflorece y echa ramaje como una planta joven.

10 Pero el hombre que muere queda inerte, cuando un humano expira, ¿dónde está?

11 Podrán agotarse las aguas del mar, sumirse los ríos y secarse,

12 que el hombre que yace no se levantará, se gastarán los cielos antes que se despierte, antes que surja de su sueño.

13 ¡Ojalá en el seol tú me guardaras, me escondieras allí mientras pasa tu cólera, y una tregua me dieras, para acordarte de mí luego

14 - pues, muerto el hombre, ¿puede revivir? - todos los días de mi milicia esperaría, hasta que llegara mi relevo!

15 Me llamarías y te respondería; reclamarías la obra de tus manos.

16 En lugar de contar mi pasos, como ahora, no te cuidarías más de mis pecados;

17 dentro de un saco se sellaría mi delito, y blanquearías mi falta.

18 Ay, como el monte acabará por derrumbarse, la roca cambiará de sitio,

19 las aguas desgastarán las piedras, inundará una llena los terrenos, así aniquilas tú la esperanza del hombre.

20 Le aplastas para siempre, y se va, desfiguras su rostro y le despides.

21 Que sean honrados sus hijos, no lo sabe; que sean despreciados, no se entera.

22 Tan solo por él sufre su carne, sólo por él se lamenta su alma.

Job 15

1 Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2 ¿Responde un sabio con una ciencia de aire, hincha su vientre de solano,

3 replicando con palabras vacías, con discursos inútiles?

4 ¡Tú llegas incluso a destruir la piedad, a anular los piadosos coloquios ante Dios!

5 Ya que tu culpa inspira tus palabras, y eliges el hablar de los astutos,

6 tu propia boca te condena, que no yo, tus mismos labios atestiguan contra ti.

7 ¿Has nacido tú el primero de los hombres? ¿Se te dio a luz antes que a las colinas?

8 ¿Escuchas acaso los secretos de Dios? ¿acaparas la sabiduría?!

9 ¿Qué sabes tú, que nosotros no sepamos? ¿qué comprendes, que a nosotros se escape?

10 ¡También entre nosotros hay un cano, un anciano, más cargado de días que tu padre!

11 ¿Te parecen poco los consuelos divinos, y una palabra que con dulzura se te dice?

12 ¡Cómo te arrebata el corazón, qué aviesos son tus ojos,

13 cuando revuelves contra Dios tu furia y echas palabras por la boca!

14 ¿Cómo puede ser puro un hombre? ¿cómo ser justo el nacido de mujer?

15 Si ni en sus santos tiene Dios confianza, y ni los cielos son puros a sus ojos,

16 ¡cuánto menos un ser abominable y corrompido, el hombre, que bebe la iniquidad como agua!

17 Voy a instruirte, escúchame, voy a contarte lo que he visto,

18 lo que transmiten los sabios, sin pasar por alto nada de sus padres,

19 - a ellos solos les fue dada la tierra, sin que se mezclara extranjero entre ellos -:

20 «Todos sus días vive el malvado en tormento, contados están los años asignados al tirano.

21 Grito de espanto resuena en sus oídos, en plena paz el bandido le asalta.

22 No espera escapar a las tinieblas, y se ve destinado a la espada.

23 Asignado como pasto de los buitres, sabe que su ruina es inminente. La hora de las tinieblas

24 le espanta, la ansiedad y la angustia le invaden, como un rey pronto al asalto.

25 ¡Alzaba él su mano contra Dios, se atrevía a retar a Sadday!

26 Embestía contra él, el cuello tenso, tras las macizas gibas de su escudo;

27 porque tenía el rostro cubierto de grasa, en sus ijadas había echado sebo,

28 y habitaba ciudades destruidas, casas inhabitadas que amenazaban convertirse en ruinas.

29 No se enriquecerá, no será estable su fortuna, su sombra no cubrirá la tierra,

30 (ni escapará a las tinieblas). Agotará sus renuevos la llama, su flor será barrida por el viento.

31 No se fíe de su elevada talla, pues vanidad es su follaje.

32 Se amustiará antes de tiempo, y sus ramas no reverdecerán.

33 Sacudirá como la viña sus agraces, como el olivo dejará caer su flor.

34 Sí, es estéril la ralea del impío, devora el fuego la tienda del soborno.

35 Quien concibe dolor, desgracia engendra, su vientre incuba decepción»

Job 16

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¡He oído muchas cosas como ésas! ¡Consoladores funestos sois todos vosotros!

3 «¿No acabarán esas palabras de aire?» O: «¿qué es lo que te pica para responder?»

4 También yo podría hablar como vosotros, si estuvierais en mi lugar; contra vosotros ordenaría discursos, meneando por vosotros mi cabeza;

5 os confortaría con mi boca, y no dejaría de mover los labios.

6 Mas si hablo, no cede mi dolor, y si callo, ¿acaso me perdona?

7 Ahora me tiene ya extenuado; tú has llenado de horror a toda la reunión

8 que me acorrala; mi calumniador se ha hecho mi testigo, se alza contra mí, a la cara me acusa;

9 su furia me desgarra y me persigue, rechinando sus dientes contra mí. Mis adversarios aguzan sobre mí sus ojos,

10 abren su boca contra mí. Ultrajándome hieren mis mejillas, a una se amotinan contra mí.

11 A injustos Dios me entrega, me arroja en manos de malvados.

12 Estaba yo tranquilo cuando él me golpeó, me agarró por la nuca para despedazarme. Me ha hecho blanco suyo:

13 me cerca con sus tiros, traspasa mis entrañas sin piedad y derrama por tierra mi hiel.

14 Abre en mí brecha sobre brecha, irrumpe contra mí como un guerrero.

15 Yo he cosido un sayal sobre mi piel, he hundido mi frente en el polvo.

16 Mi rostro ha enrojecido por el llanto, la sombra mis párpados recubre.

17 Y eso que no hay en mis manos violencia, y mi oración es pura.

18 ¡Tierra, no cubras tú mi sangre, y no quede en secreto mi clamor!

19 Ahora todavía está en los cielos mi testigo, allá en lo alto está mi defensor,

20 que interpreta ante Dios mis pensamientos; ante él fluyen mis ojos:

21 ¡Oh, si él juzgara entre un hombre y Dios, como entre un mortal y otro mortal!

22 Pues mis años futuros son contados, y voy a emprender el camino sin retorno.

Job 17

1 Mi aliento se agota, mis días se apagan sólo me queda el cementerio.

2 ¿No estoy a merced de las burlas, y en amarguras pasan mis ojos las noches?

3 Coloca, pues, mi fianza junto a ti, ¿quién, si no, querrá chocar mi mano?

4 Tú has cerrado su mente a la razón, por eso ninguna mano se levanta

5 Como el que anuncia a sus amigos un reparto, cuando languidecen los ojos de sus hijos,

6 me he hecho yo proverbio de las gentes, alguien a quien escupen en la cara.

7 Mis ojos se apagan de pesar, mis miembros se desvanecen como sombra.

8 Los hombres rectos quedan de ello asombrados, contra el impío se indigna el inocente;

9 el justo se afianza en su camino, y el de manos puras redobla su energía.

10 Pero, vosotros todos, volved otra vez, ¡no hallaré un solo sabio entre vosotros!

11 Mis días han pasado con mis planes, se han deshecho los deseos de mi corazón.

12 Algunos hacen de la noche día: se acercaría la luz que ahuyenta las tinieblas.

13 Mas ¿qué espero? Mi casa es el seol, en las tinieblas extendí mi lecho.

14 Y grito a la fosa: «¡Tú mi padre!», a los gusanos: «¡Mi madre y mis hermanos!»

15 ¿Dónde está, pues, mi esperanza? y mi felicidad ¿quién la divisa?

16 ¿Van a bajar conmigo hasta el seol? ¿Nos hundiremos juntos en el polvo?

Job 18

1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2 ¿Cuándo pondréis freno a las palabras? Reflexionad, y después hablaremos.

3 ¿Por qué hemos de ser tenidos como bestias, y a vuestros ojos somos impuros?

4 Oh tú, que te desgarras en tu cólera, ¿la tierra acaso quedará por ti desierta, se moverá la roca de su sitio?

5 Sí, la luz del malvado ha de apagarse, ya no brillará su ardiente llama.

6 La luz en su tienda se oscurece, de encima de él se apaga la candela.

7 Se acortan sus pasos vigorosos, le pierde su propio consejo.

8 Porque sus pies le meten en la red, entre mallas camina.

9 Por el talón le apresa un lazo, el cepo se cierra sobre él.

10 Oculto en la tierra hay un nudo para él, una trampa le espera en el sendero.

11 Por todas partes le estremecen terrores, y le persiguen paso a paso.

12 El hambre es su cortejo, la desgracia se adhiere a su costado.

13 Devora el mal su piel, el Primogénito de la Muerte roe sus miembros.

14 Se le arranca del seguro de su tienda, se le lleva donde el Rey de los terrores.

15 Se ocupa su tienda, ya no suya, se esparce azufre en su morada.

16 Por abajo se secan sus raíces, por arriba se amustia su ramaje.

17 Su recuerdo desaparece de la tierra, no le queda nombre en la comarca.

18 Se le arroja de la luz a las tinieblas, del orbe se le expulsa.

19 Ni prole ni posteridad tiene en su pueblo, ningún superviviente en sus moradas.

20 De su fin se estremece el Occidente, y el Oriente queda preso de terror.

21 Tan sólo esto son las moradas del impío, tal el lugar del que a Dios desconoce.

Job 19

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¿Hasta cuándo afligiréis mi alma y a palabras me acribillaréis?

3 Ya me habéis insultado por diez veces, me habéis zarandeado sin reparo.

4 Aunque de hecho hubiese errado, en mí solo quedaría mi yerro.

5 Si es que aún queréis triunfar de mí y mi oprobio reprocharme,

6 sabed ya que es Dios quien me hace entuerto, y el que en su red me envuelve.

7 Si grito: ¡Violencia!, no obtengo respuesta; por más que apelo, no hay justicia.

8 El ha vallado mi ruta para que yo no pase, ha cubierto mis senderos de tinieblas.

9 Me ha despojado de mi gloria, ha arrancado la corona de mi frente.

10 Por todas partes me mina y desaparezco, arranca como un árbol mi esperanza.

11 Enciende su ira contra mí, me considera su enemigo.

12 En masa sus huestes han llegado, su marcha de asalto han abierto contra mí, han puesto cerco a mi tienda.

13 A mis hermanos ha alejado de mí, mis conocidos tratan de esquivarme.

14 Parientes y deudos ya no tengo, los huéspedes de mi casa me olvidaron.

15 Por un extraño me tienen mis criadas, soy a sus ojos un desconocido.

16 Llamo a mi criado y no responde, aunque le implore con mi propia boca.

17 Mi aliento repele a mi mujer, fétido soy para los hijos de mi vientre.

18 Hasta los chiquillos me desprecian, si me levanto, me hacen burla.

19 Tienen horror de mí todos mis íntimos, los que yo más amaba se han vuelto contra mí.

20 Bajo mi piel mi carne cae podrida, mis huesos se desnudan como dientes.

21 ¡Piedad, piedad de mí, vosotros mis amigos, que es la mano de Dios la que me ha herido!

22 ¿Por qué os cebáis en mí como hace Dios, y no os sentís ya ahítos de mi carne?

23 ¡Ojalá se escribieran mis palabras, ojalá en monumento se grabaran,

24 y con punzón de hierro y buril, para siempre en la roca se esculpieran!

25 Yo sé que mi Defensor está vivo, y que él, el último, se levantará sobre el polvo.

26 Tras mi despertar me alzará junto a él, y con mi propia carne veré a Dios.

27 Yo, sí, yo mismo le veré, mis ojos le mirarán, no ningún otro. ¡Dentro de mí languidecen mis entrañas!

28 Y si vosotros decís: «¿Cómo atraparle, qué pretexto hallaremos contra él?»,

29 temed la espada por vosotros mismos, pues la ira se encenderá contra las culpas y sabréis que hay un juicio.

Job 20

1 Sofar de Naamat tomó la palabra y dijo:

2 Por esto mis pensamientos a replicar me incitan: por la impaciencia que me urge.

3 Una lección que me ultraja he escuchado, mas el soplo de mi inteligencia me incita a responder.

4 ¿No sabes tú que desde siempre, desde que el hombre en la tierra fue puesto,

5 es breve la alegría del malvado, y de un instante el gozo del impío?

6 Aunque su talla se alzara hasta los cielos y las nubes tocara su cabeza,

7 como un fantasma desaparece para siempre, los que le veían dicen: «¿Dónde está?»

8 Se vuela como un sueño inaprensible, se le ahuyenta igual que a una visión nocturna.

9 El ojo que le observaba ya no le ve más, ni le divisa el lugar donde estaba.

10 A los pobres tendrán que indemnizar sus hijos, sus niños habrán de devolver sus bienes.

11 Sus huesos rebosaban de vigor juvenil: mas ya con él postrado está en el polvo.

12 Si el mal era dulce a su boca, si bajo su lengua lo albergaba,

13 si allí lo guardaba tenazmente y en medio del paladar lo retenía,

14 su alimento en sus entrañas se corrompe, en su interior se le hace hiel de áspid.

15 Vomita las riquezas que engulló, Dios se las arranca de su vientre.

16 Veneno de áspides chupaba: lengua de víbora le mata.

17 Ya no verá los arroyos de aceite, los torrentes de miel y de cuajada.

18 Devuelve su ganancia sin tragarla, no saborea el fruto de su negocio.

19 Porque estrujó las chozas de los pobres, robó casas en vez de construirlas;

20 porque su vientre se mostró insaciable, sus tesoros no le salvarán;

21 porque a su voracidad nada escapaba, por eso no dura su prosperidad.

22 En plena abundancia la estrechez le sorprende, la desgracia, en tromba, cae sobre él.

23 En el momento de llenar su vientre, suelta Dios contra él el ardor de su cólera y lanza sobre su carne una lluvia de saetas.

24 Si del arma de hierro logra huir, el arco de bronce le traspasa.

25 Sale una flecha por su espalda, una hoja fulgurante de su hígado. Los terrores se abalanzan sobre él,

26 total tiniebla aguarda a sus tesoros. Un fuego que nadie atiza le devora, y consume lo que en su tienda aún queda,

27 Los cielos ponen su culpa al descubierto, y la tierra se alza contra él.

28 La hacienda de su casa se derrama, como torrentes, en el día de la cólera.

29 Tal es la suerte que al malvado Dios reserva, la herencia de Dios para el maldito.

Job 21

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 Escuchad, escuchad mis razones, dadme siquiera este consuelo.

3 Tened paciencia mientras hablo yo, cuando haya hablado, os podréis burlar.

4 ¿Acaso me quejo yo de un hombre? ¿Por qué entonces no he de ser impaciente?

5 Volved hacia mí: quedaréis espantados y la mano pondréis en vuestra boca.

6 Que yo mismo me horrorizo al recordarlo, y mi carne es presa de un escalofrío.

7 ¿Por qué siguen viviendo los malvados, envejecen y aún crecen en poder?

8 Su descendencia ante ellos se afianza, sus vástagos se afirman a su vista.

9 En paz sus casas, nada temen, la vara de Dios no cae sobre ellos.

10 Su toro fecunda sin marrar, sin abortar su vaca pare.

11 Dejan correr a sus niños como ovejas, sus hijos brincan como ciervos.

12 Cantan con arpa y cítara, al son de la flauta se divierten.

13 Acaban su vida en la ventura, en paz descienden al seol.

14 Y con todo, a Dios decían: «¡Lejos de nosotros, no queremos conocer tus caminos!

15 ¿Qué es Sadday para que le sirvamos, qué podemos ganar con aplacarle?»

16 ¿No está en sus propias manos su ventura, aunque el consejo de los malos quede lejos de Dios?

17 ¿Cuántas veces la lámpara de los malos se apaga, su desgracia irrumpe sobre ellos, y él reparte dolores en su cólera?

18 ¿Son como paja ante el viento, como tamo que arrebata un torbellino?

19 ¿Va a guardar Dios para sus hijos su castigo? ¡que le castigue a él, para que sepa!

20 ¡Vea su ruina con sus propios ojos, beba de la furia de Sadday!

21 ¿Qué le importa la suerte de su casa, después de él, cuando se haya cortado la cuenta de sus meses?

22 Pero, ¿se enseña a Dios la ciencia? ¡Si es él quien juzga a los seres más excelsos!

23 Hay quien muere en su pleno vigor, en el colmo de la dicha y de la paz,

24 repletos de grasa su ijares, bien empapado el meollo de sus huesos.

25 Y hay quien muere, la amargura en el alma, sin haber gustado la ventura.

26 Juntos luego se acuestan en el polvo, y los gusanos los recubren.

27 ¡Oh, sé muy bien lo que pensáis, las malas ideas que os formáis sobre mí!

28 «¿Dónde está, os decís, la casa del magnate? ¿dónde la tienda que habitaban los malos?»

29 ¿No habéis interrogado a los viandantes? ¿no os han pasmado los casos que refieren?

30 Que el malo es preservado en el día del desastre, en el día de los furores queda a salvo.

31 Pues, ¿quién le echa en cara su conducta y le da el merecido de su obras?

32 Cuando es llevado al cementerio, sobre el mausoleo hace vela.

33 Dulces le son los terrones del torrente, y detrás de él desfila todo el mundo.

34 ¿Cómo, pues, me consoláis tan en vano? ¡Pura falacia son vuestras respuestas!

Job 22

1 Elifaz de Temán tomó la palabra y dijo:

2 ¿Acaso a Dios puede un hombre ser útil? ¡Sólo a sí mismo es útil el sensato!

3 ¿Tiene algún interés Sadday por tu justicia? ¿Gana algo con que seas intachable?

4 ¿Acaso por tu piedad él te corrige y entra en juicio contigo?

5 ¿No será más bien por tu mucha maldad, por tus culpas sin límite?

6 Porque exigías sin razón prendas a tus hermanos, arrancabas a los desnudos sus vestidos,

7 no dabas agua al sediento, al hambriento le negabas el pan;

8 como hombre fuerte que hace suyo el país, y, rostro altivo, se sitúa en él,

9 despachabas a las viudas con las manos vacías y quebrabas los brazos de los huérfanos.

10 Por eso los lazos te aprisionan y te estremece un pavor súbito.

11 La luz se hace tiniebla, y ya no ves, y una masa de agua te sumerge.

12 ¿No está Dios en lo alto de los cielos? ¡Mira la cabeza de las estrellas, qué altas!

13 Y tú has dicho: «¿Qué conoce Dios? ¿Discierne acaso a través del nublado?

14 Un velo opaco son las nubes para él, y anda por el contorno de los cielos.»

15 ¿Vas a seguir tú la ruta antigua que anduvieron los hombres perversos?

16 Antes de tiempo fueron aventados, cuando un río arrasó sus cimientos.

17 Los que decían a Dios: «¡Apártate de nosotros! ¿Qué puede hacernos Sadday?»

18 Y era él el que colmaba sus casas de ventura, aunque el consejo de los malos seguía lejos de él.

19 Al verlo los justos se recrean, y de ellos hace burla el inocente:

20 «¡Cómo acabó nuestro adversario! ¡el fuego ha devorado su opulencia!».

21 Reconcíliate con él y haz la paz: así tu dicha te será devuelta.

22 Recibe de su boca la enseñanza, pon sus palabras en tu corazón.

23 Si vuelves a Sadday con humildad, si alejas de tu tienda la injusticia,

24 si tiras al polvo el oro, el Ofir a los guijarros del torrente,

25 Sadday se te hará lingotes de oro y plata a montones para ti.

26 Tendrás entonces en Sadday tus delicias y hacia Dios levantarás tu rostro.

27 El escuchará cuando le invoques, y podrás cumplir tus votos.

28 Todo lo que emprendas saldrá bien, y por tus caminos brillará la luz.

29 Porque él abate el orgullo de los grandes, y salva al que baja los ojos.

30 El libra al inocente; si son tus manos puras, serás salvo.

Job 23

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 Todavía mi queja es una rebelión; su mano pesa sobre mi gemido.

3 ¡Quién me diera saber encontrarle, poder llegar a su morada!

4 Un proceso abriría delante de él, llenaría mi boca de argumentos.

5 Sabría las palabras de su réplica, comprendería lo que me dijera.

6 ¿Precisaría gran fuerza para disputar conmigo? No, tan sólo tendría que prestarme atención.

7 Reconocería en su adversario a un hombre recto, y yo me libraría de mi juez para siempre.

8 Si voy hacia el oriente, no está allí; si al occidente, no le advierto.

9 Cuando le busco al norte, no aparece, y tampoco le veo si vuelvo al mediodía.

10 Pero él mis pasos todos sabe: ¡probado en el crisol, saldré oro puro!

11 Mi pie se ha adherido a su paso, he guardado su ruta sin desvío;

12 del mandato de sus labios no me aparto, he albergado en mi seno las palabras de su boca.

13 Mas él decide, ¿quién le hará retractarse? Lo que su alma ha proyectado lleva a término.

14 Así ejecutará mi sentencia, como tantas otras decisiones suyas.

15 Por eso estoy, ante él, horrorizado, y cuanto más lo pienso, más me espanta.

16 Dios me ha enervado el corazón, Sadday me ha aterrorizado.

17 Pues no he desaparecido en las tinieblas, pero él ha cubierto de oscuridad mi rostro.

Job 24

1 ¿Por qué Sadday no se reserva tiempos, y los que le conocen no contemplan sus días?

2 Los malvados remueven los mojones, roban el rebaño y su pastor.

3 Se llevan el asno de los huérfanos, toman en prenda el buey de la viuda.

4 Los mendigos tienen que retirarse del camino, a una se ocultan los pobres del país.

5 Como onagros del desierto salen a su tarea, buscando presa desde el alba, y a la tarde, pan para sus crías.

6 Cosechan en el campo del inicuo, vendimian la viña del malvado.

7 Pasan la noche desnudos, sin vestido, sin cobertor contra el frío.

8 Calados por el turbión de las montañas, faltos de abrigo, se pegan a la roca.

9 Al huérfano se le arranca del pecho, se toma en prenda al niño del pobre.

10 Desnudos andan, sin vestido; hambrientos, llevan las gavillas.

11 Pasan el mediodía entre dos paredes, pisan los lagares y no quitan la sed.

12 Desde la ciudad gimen los que mueren, el herido de muerte pide auxilio, ¡y Dios sigue sordo a la oración!

13 Otros hay rebeldes a la luz: no reconocen sus caminos ni frecuentan sus senderos.

14 Aún no es de día cuando el asesino se levanta para matar al pobre y al menesteroso. Por la noche merodea el ladrón.

15 El ojo del adúltero el crepúsculo espía: «Ningún ojo - dice - me divisa», y cubre su rostro con un velo.

16 Las casas perfora en las tinieblas. Durante el día se ocultan los que no quieren conocer la luz.

17 Para todos ellos la mañana es sombra, porque sufren entonces sus terrores.

18 No es más que una paja sobre el agua, su hacienda es maldita en el país, nadie toma el camino de su viña.

19 Como el calor de sequía arrebata el agua de nieve, así el seol al que ha pecado.

20 El seno que le formó se olvida de él, y su nombre no se recuerda más. Así la iniquidad es desgajada como un árbol.

21 Maltrataba a la estéril, la que no da a luz, y a la viuda no trataba bien.

22 Pero Aquel que agarra con su fuerza a los tiranos se levanta, y va el otro no cuenta con la vida.

23 Le dejaba apoyarse con seguridad, pero sus ojos vigilaban sus caminos.

24 Se encumbró por un instante, y ya no existe, se abate como el armuelle que se corta, como la cresta de la espiga se amustia.

25 ¿No es así? ¿quién me puede desmentir y reducir a nada mi palabra?

Job 25

1 Bildad de Súaj tomó la palabra y dijo:

2 Es soberano de temible fuerza el que hace reinar la paz en sus alturas.

3 ¿Puede contar alguien sus tropas? ¿Contra quién no se alza su luz?

4 ¿Cómo un hombre será justo ante Dios? ¿cómo puro el nacido de mujer?

5 Si ni la luna misma tiene brillo, ni las estrellas son puras a sus ojos,

6 ¡cuánto menos un hombre, esa gusanera, un hijo de hombre, ese gusano!

Job 26

1 Job tomó la palabra y dijo:

2 ¡Qué bien has sostenido al débil y socorrido al brazo inválido!

3 ¡Qué bien has aconsejado al ignorante, qué hábil talento has demostrado!

4 ¿A quién has dirigido tus discursos, y de quién es el espíritu que ha salido de ti?

5 Las Sombras tiemblan bajo tierra, las aguas y sus habitantes se estremecen.

6 Ante él, el Seol está al desnudo, la Perdición al descubierto.

7 El extiende el Septentrión sobre el vacío, sobre la nada suspende la tierra.

8 El encierra las aguas en sus nubes, sin que bajo su peso el nublado reviente.

9 El encubre la cara de la luna llena, desplegando sobre ella su nublado.

10 El trazó un cerco sobre la haz de las aguas, hasta el confín de la luz con las tinieblas,

11 Se tambalean las columnas del cielo, presas de terror a su amenaza.

12 Con su poder hendió la mar, con su destreza quebró a Ráhab.

13 Su soplo abrillantó los cielos, su mano traspasó a la Serpiente Huidiza,

14 Estos son los contornos de sus obras, de que sólo percibimos un apagado eco. Y el trueno de su potencia, ¿quién lo captará?

Job 27

1 Job continuó pronunciando su discurso y dijo:

2 ¡Vive Dios, que justicia me rehúsa, por Sadday, que me ha amargado el alma,

3 mientras siga en mí todo mi espíritu y el aliento de Dios en mis narices,

4 no dirán mis labios falsedad, ni mi lengua proferirá mentira!

5 Lejos de mí daros la razón: hasta mi último suspiro mantendré mi inocencia.

6 Me he aferrado a mi justicia, y no la soltaré, mi corazón no se avergüenza de mis días.

7 ¡Tenga la suerte del malvado mi enemigo, la del injusto mi adversario!

8 Pues ¿cuál es la esperanza del impío cuando suplica, cuando hacia Dios eleva su alma?

9 ¿Acaso Dios escucha su gemido, cuando viene sobre él una calamidad?

10 ¿Tenía él sus delicias en Sadday? ¿invocaba a Dios en todo instante?

11 Yo os muestro el proceder de Dios, sin ocultar los secretos de Sadday.

12 Y si todos vosotros ya lo habéis comprobado, ¿para qué esos vanos discursos al vacío?

13 Esta es la suerte que al malvado Dios reserva, la herencia que reciben de Sadday los violentos.

14 Aunque sean muchos sus hijos, son para la espada, y sus vástagos no tendrán pan con que saciarse.

15 Los que queden serán sepultados por la Peste, y sus viudas no los llorarán.

16 Si acumula la plata como polvo, si amontona vestidos como fango,

17 ¡que amontone!: un justo se vestirá con ellos, un inocente heredará la plata.

18 Se edificó una casa de araña, como garita que un guarda construye.

19 Rico se acuesta, mas por última vez; cuando abre los ojos, ya no es nada.

20 En pleno día le asaltan los terrores, de noche un torbellino le arrebata.

21 El solano se lo lleva, y desaparece, le arranca del lugar de su mansión.

22 Sin compasión por blanco se le toma, trata de huir de la mano que le hiere.

23 Bátense palmas a su ruina, doquiera se encuentre se le silba.

Job 28

1 Hay, sí, para la plata un venero, para el oro un lugar donde se purifica.

2 Se extrae del suelo el hierro, una piedra fundida se hace cobre.

3 Se pone fin a las tinieblas, hasta el último límite se excava la piedra oscura y lóbrega.

4 Extranjeros abren galerías de todo pie olvidadas, y oscilan, se balancean, lejos de los humanos.

5 Tierra de donde sale el pan, que está revuelta, abajo, por el fuego.

6 Lugar donde las piedras son zafiro y contienen granos de oro.

7 Sendero que no conoce el ave de rapiña, ni el ojo del buitre lo columbra.

8 No lo pisaron los hijos del orgullo, el león jamás lo atravesó.

9 Aplica el hombre al pedernal su mano, descuaja las montañas de raíz.

10 Abre canales en las rocas, ojo avizor a todo lo precioso.

11 Explora las fuentes de los ríos, y saca a luz lo oculto.

12 Mas la Sabiduría, ¿de dónde viene? ¿cuál es la sede de la Inteligencia?

13 Ignora el hombre su sendero, no se le encuentra en la tierra de los vivos.

14 Dice el Abismo: «No está en mí», y el Mar: «No está conmigo.»

15 No se puede dar por ella oro fino, ni comprarla a precio de plata,

16 ni evaluarla con el oro de Ofir, el ágata preciosa o el zafiro.

17 No la igualan el oro ni el vidrio, ni se puede cambiar por vaso de oro puro.

18 Corales y cristal ni mencionarlos, mejor es pescar Sabiduría que perlas.

19 No la iguala el topacio de Kus, ni con oro puro puede evaluarse.

20 Mas la Sabiduría, ¿de dónde viene? ¿cuál es la sede de la Inteligencia?

21 Ocúltase a los ojos de todo ser viviente, se hurta a los pájaros del cielo.

22 La Perdición y la Muerte dicen: «De oídas sabemos su renombre.»

23 Sólo Dios su camino ha distinguido, sólo él conoce su lugar.

24 (Porque él otea hasta los confines de la tierra, y ve cuanto hay bajo los cielos.)

25 Cuando dio peso al viento y aforó las aguas con un módulo,

26 cuando a la lluvia impuso ley y un camino a los giros de los truenos,

27 entonces la vio y le puso precio, la estableció y la escudriñó.

28 Y dijo al hombre: «Mira, el temor del Señor es la Sabiduría, huir del mal, la Inteligencia.»

Job 29

1 Job continuó pronunciando su discurso y dijo:

2 ¡Quién me hiciera volver a los meses de antaño, aquellos días en que Dios me guardaba,

3 cuando su lámpara brillaba sobre mi cabeza, y yo a su luz por las tinieblas caminaba;

4 como era yo en los días de mi otoño, cuando vallaba Dios mi tienda,

5 cuando Sadday estaba aún conmigo, y en torno mío mis muchachos,

6 cuando mis pies se bañaban en manteca, y regatos de aceite destilaba la roca!

7 Si yo salía a la puerta que domina la ciudad y mi asiento en la plaza colocaba,

8 se retiraban los jóvenes al verme, y los viejos se levantaban y quedaban en pie.

9 Los notables cortaban sus palabras y ponían la mano en su boca.

10 La voz de los jefes se ahogaba, su lengua se pegaba al paladar.

11 Oído que lo oía me llamaba feliz, ojo que lo veía se hacía mi testigo.

12 Pues yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que no tenía valedor.

13 La bendición del moribundo subía hacia mí, el corazón de la viuda yo alegraba.

14 Me había puesto la justicia, y ella me revestía, como manto y turbante, mi derecho.

15 Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies.

16 Era el padre de los pobres, la causa del desconocido examinaba.

17 Quebraba los colmillos del inicuo, de entre sus dientes arrancaba su presa.

18 Y me decía: «Anciano moriré, como la arena aumentaré mis días.

19 Mi raíz está franca a las aguas, el rocío se posa de noche en mi ramaje.

20 Mi gloria será siempre nueva en mí, y en mi mano mi arco renovará su fuerza.

21 Me escuchaban ellos con expectación, callaban para oír mi consejo.

22 Después de hablar yo, no replicaban, y sobre ellos mi palabra caía gota a gota.

23 Me esperaban lo mismo que a la lluvia, abrían su boca como a lluvia tardía.

24 Si yo les sonreía, no querían creerlo, y la luz de mi rostro no dejaban perderse.

25 Les indicaba el camino y me ponía al frente, me asentaba como un rey en medio de su tropa, y por doquier les guiaba a mi gusto.

Job 30

1 Mas ahora ríense de mí los que son más jóvenes que yo, a cuyos padres no juzgaba yo dignos de mezclar con los perros de mi grey.

2 Aun la fuerza de sus manos, ¿para qué me servía?; había decaído todo su vigor,

3 agotado por el hambre y la penuria. Roían las raíces de la estepa, lugar sombrío de ruina y soledad.

4 Recogían armuelle por los matorrales, eran su pan raíces de retama.

5 De entre los hombres estaban expulsados, tras ellos se gritaba como tras un ladrón.

6 Moraban en las escarpas de los torrentes, en las grietas del suelo y de las rocas.

7 Entre los matorrales rebuznaban, se apretaban bajo los espinos.

8 Hijos de abyección, sí, ralea sin nombre, echados a latigazos del país.

9 ¡Y ahora soy yo la copla de ellos, el blanco de sus chismes!

10 Horrorizados de mí, se quedan a distancia, y sin reparo a la cara me escupen.

11 Porque él ha soltado mi cuerda y me maltrata, ya tiran todo freno ante mí.

12 Una ralea se alza a mi derecha, exploran si me encuentro tranquilo, y abren hacia mí sus caminos siniestros.

13 Mi sendero han destruido, para perderme se ayudan, y nada les detiene;

14 como por ancha brecha irrumpen, se han escurrido bajo los escombros.

15 Los terrores se vuelven contra mí, como el viento mi dignidad es arrastrada; como una nube ha pasado mi ventura.

16 Y ahora en mí se derrama mi alma, me atenazan días de aflicción.

17 De noche traspasa el mal mis huesos, y no duermen las llagas que me roen.

18 Con violencia agarra él mi vestido, me aferra como el cuello de mi túnica.

19 Me ha tirado en el fango, soy como el polvo y la ceniza.

20 Grito hacia ti y tú no me respondes, me presento y no me haces caso.

21 Te has vuelto cruel para conmigo, tu mano vigorosa en mí se ceba.

22 Me llevas a caballo sobre el viento, me zarandeas con la tempestad.

23 Pues bien sé que a la muerte me conduces, al lugar de cita de todo ser viviente.

24 Y sin embargo, ¿he vuelto yo la mano contra el pobre, cuando en su angustia justicia reclamaba?

25 ¿No he llorado por el que vive en estrechez? ¿no se ha apiadado mi alma del mendigo?

26 Yo esperaba la dicha, y llegó la desgracia, aguardaba la luz, y llegó la oscuridad.

27 Me hierven las entrañas sin descanso, me han alcanzado días de aflicción.

28 Sin haber sol, ando renegrido, me he levantado en la asamblea, sólo para gritar.

29 Me he hecho hermano de chacales y compañero de avestruces.

30 Mi piel se ha ennegrecido sobre mí, mis huesos se han quemado por la fiebre.

31 ¡Mi cítara sólo ha servido para el duelo, mi flauta para la voz de plañidores!

Job 31

1 Había hecho yo un pacto con mis ojos, y no miraba a ninguna doncella.

2 Y ¿cuál es el reparto que hace Dios desde arriba, cuál la suerte que manda Sadday desde la altura?

3 ¿No es acaso desgracia para el inicuo, tribulación para los malhechores?

4 ¿No ve él mis caminos, no cuenta todos mis pasos?

5 ¿He caminado junto a la mentira? ¿he apretado mi paso hacia la falsedad?

6 ¡Péseme él en balanza de justicia, conozca Dios mi integridad!

7 Si mis pasos del camino se extraviaron, si tras mis ojos fue mi corazón, si a mis manos se adhiere alguna mancha,

8 ¡coma otro lo que yo sembré, y sean arrancados mis retoños!

9 Si mi corazón fue seducido por mujer, si he fisgado a la puerta de mi prójimo,

10 ¡muela para otro mi mujer, y otros se encorven sobre ella!

11 Pues sería ello una impudicia, un crimen a justicia sujeto;

12 sería fuego que devora hasta la Perdición y que consumiría toda mi hacienda.

13 Si he menospreciado el derecho de mi siervo o de mi sierva, en sus pleitos conmigo,

14 ¿qué podré hacer cuando Dios se levante? cuando él investigue, ¿qué responderé?

15 ¿No los hizo él, igual que a mí, en el vientre? ¿no nos formó en el seno uno mismo?

16 Me he negado al deseo de los débiles? ¿dejé desfallecer los ojos de la viuda?

17 ¿Comí solo mi pedazo de pan, sin compartirlo con el huérfano?

18 ¡Siendo así que desde mi infancia me crió él como un padre, me guió desde el seno materno!

19 ¿He visto a un miserable sin vestido, a algún pobre desnudo,

20 sin que en lo íntimo de su ser me bendijera, y del vellón de mis corderos se haya calentado?

21 Si he alzado mi mano contra un huérfano, por sentirme respaldado en la Puerta,

22 ¡mi espalda se separe de mi nuca, y mi brazo del hombro se desgaje!

23 Pues el terror de Dios caería sobre mí, y ante su majestad no podría tenerme.

24 ¿He hecho del oro mi confianza, o he dicho al oro fino: «Tú, mi seguridad»?

25 ¿Me he complacido en la abundancia de mis bienes, en que mi mano había ganado mucho?

26 ¿Acaso, al ver el sol cómo brillaba, y la luna que marchaba radiante,

27 mi corazón, en secreto, se dejó seducir para enviarles un beso con la mano?

28 También hubiera sido una falta criminal, por haber renegado del Dios de lo alto.

29 ¿Del infortunio de mi enemigo me alegré, me gocé de que el mal le alcanzara?

30 ¡Yo que no permitía a mi lengua pecar reclamando su vida con una maldición!

31 ¿No decían las gentes de mi tienda: «¿Hay alguien que no se haya hartado con su carne?»

32 El forastero no pernoctaba a la intemperie, tenía abierta mi puerta al caminante.

33 ¿He disimulado mis culpas a los hombres, ocultando en mi seno mi pecado,

34 porque temiera el rumor público, o el desprecio de las gentes me asustara, hasta quedar callado sin atreverme a salir mi puerta?

35 ¡Oh! ¿quién hará que se me escuche? Esta es mi última palabra: ¡respóndame Sadday! El libelo que haya escrito mi adversario

36 pienso llevarlo sobre mis espaldas, ceñírmelo igual que una diadema.

37 Del número de mis pasos voy a rendirle cuentas, como un príncipe me llegaré hasta él.

38 Si mi tierra grita contra mí, y sus surcos lloran con ella,

39 si he comido sus frutos sin pagarlos y he hecho expirar a sus dueños,

40 ¡en vez de trigo broten en ella espinas, y en lugar de cebada hierba hedionda! Fin de las palabras de Job.

Job 32

1 Aquellos tres hombres dejaron de replicar a Job, porque se tenía por justo.

2 Entonces montó en cólera Elihú, hijo de Barakel el buzita, de la familia de Ram. Su cólera se inflamó contra Job, porque pretendía tener razón frente a Dios;

3 y también contra sus tres amigos, porque no habían hallado ya nada que replicar y de esa manera habían dejado mal a Dios.

4 Mientras hablaban ellos con Job, Elihú se había mantenido a la expectativa, porque eran más viejos que él.

5 Pero cuando vio que en la boca de los tres hombres ya no quedaba respuesta, montó en cólera.

6 Tomó, pues, la palabra Elihú, hijo de Barakel el buzita, y dijo: Soy pequeño en edad, y vosotros sois viejos; por eso tenía miedo, me asustaba el declararos mi saber.

7 Me decía yo: «Hablará la edad, los muchos años enseñarán sabiduría.»

8 Pero en verdad, es un soplo en el hombre, es el espíritu de Sadday lo que hace inteligente.

9 No son sabios los que están llenos de años, ni los viejos quienes comprenden lo que es justo.

10 Por eso he dicho: Escuchadme, voy a declarar también yo mi saber.

11 Hasta ahora vuestras razones esperaba, prestaba oído a vuestros argumentos; mientras tratabais de buscar vocablos,

12 tenía puesta en vosotros mi atención. Y veo que ninguno a Job da réplica, nadie de entre vosotros a sus dichos responde.

13 No digáis, pues: «Hemos hallado la sabiduría; nos instruye Dios, no un hombre.»

14 No hilaré yo palabras como ésas, no le replicaré en vuestros términos.

15 Han quedado vencidos, no han respondido más: les han faltado las palabras.

16 He esperado, pero ya que no hablan, puesto que se han quedado sin respuesta,

17 responderé yo por mi parte, declararé también yo mi saber.

18 Pues estoy lleno de palabras, me urge un soplo desde dentro.

19 Es, en mi seno, como vino sin escape, que hace reventar los odres nuevos.

20 Hablaré para desahogarme, abriré los labios y replicaré.

21 No tomaré el partido de ninguno, a nadie adularé.

22 Pues yo no sé adular: bien pronto me aventaría mi Hacedor.

Job 33

1 Ten a bien, Job, escuchar mis palabras, presta oído a todas mis razones.

2 Ya ves que he abierto mi boca, en mi paladar habla mi lengua.

3 Mi corazón dará palabras cuerdas, la pura verdad dirán mis labios.

4 El soplo de Dios me hizo, me animó el aliento de Sadday.

5 Si eres capaz, replícame, ¡alerta, ponte en guardia ante mí!

6 Mira, soy como tú, no soy un dios, también yo de arcilla fui plasmado.

7 Por eso mi terror no te ha de espantar, no pesará mi mano sobre ti.

8 No has hecho más que decir a mis propios oídos, - pues he oído el son de tus palabras -:

9 «Puro soy, sin delito; limpio estoy, no hay culpa en mí.

10 Pero él inventa contra mí pretextos, y me reputa como su enemigo;

11 mis pies pone en el cepo, espía todas mis sendas.»

12 Pues bien, respondo, en esto no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre.

13 ¿Por qué te querellas tú con él porque no responda a todas tus palabras?

14 Habla Dios una vez, y otra vez, sin que se le haga caso.

15 En sueños, en visión nocturna, cuando un letargo cae sobre los hombres, mientras están dormidos en su lecho,

16 entonces abre él el oído de los hombres, y con sus apariciones les espanta,

17 para apartar al hombre de sus obras y acabar con su orgullo de varón,

18 para librar su alma de la fosa y su vida de pasar el Canal.

19 También es corregido por el dolor en su camilla, por el temblor continuo de sus huesos,

20 cuando a su vida el alimento asquea y a su alma los manjares exquisitos,

21 cuando su carne desaparece de la vista, y sus huesos, que no se veían, aparecen;

22 cuando su alma a la fosa se aproxima y su vida a la morada de los muertos.

23 Si hay entonces junto a él un Ángel, un Mediador escogido entre mil, que declare al hombre su deber,

24 que de él se apiade y diga: «Líbrale de bajar a la fosa, yo he encontrado el rescate de su alma»,

25 su carne se renueva de vigor juvenil, vuelve a los días de su adolescencia.

26 Invoca a Dios, que le otorga su favor, y va a ver con júbilo su rostro Anuncia a los demás su justicia,

27 canta así entre los hombres: «Yo había pecado y torcido el derecho, mas Dios no me ha dado el merecido.

28 Ha librado mi alma de pasar por la fosa, y mi vida contempla la luz.»

29 He aquí todo lo que hace Dios, dos y tres veces con el hombre,

30 para recobrar su alma de la fosa, para que sea alumbrado con la luz de los vivos.

31 Atiende, Job, escúchame, guarda silencio, y yo hablaré.

32 Si tienes algo que decir, replícame, habla, pues yo deseo darte la razón.

33 Si no, escúchame, guarda silencio, y yo te enseñaré sabiduría.

Job 34

1 Elihú reanudó su discurso y dijo:

2 Escuchad, sabios, mis palabras, vosotros los doctos, dadme oídos.

3 Porque el oído aprecia las palabras, como el paladar gusta los manjares.

4 Decidamos entre nosotros lo que es justo, sepamos juntos lo que es bueno.

5 Pues Job ha dicho: «Yo soy justo, pero Dios me quita mi derecho;

6 mi juez se muestra cruel para conmigo, mi llaga es incurable, aunque no tengo culpa.»

7 ¿Qué hombre hay como Job, que bebe el sarcasmo como agua,

8 que anda en compañía de malhechores, y camina con malvados?

9 Pues él ha dicho: «Nada gana el hombre con buscar el agrado de Dios.»

10 Así pues, escuchadme, como hombres sensatos. Lejos de Dios el mal, de Sadday la injusticia;

11 que la obra del hombre, él se la paga, y según su conducta trata a cada uno.

12 En verdad, Dios no hace el mal, no tuerce el derecho Sadday.

13 ¿Quién, si no, le confió la tierra, quién le encargó del mundo entero?

14 Si él retirara a sí su espíritu, si hacia sí recogiera su soplo,

15 a una expiraría toda carne, el hombre al polvo volvería.

16 Si tienes inteligencia, escucha esto, presta oído al son de mis palabras.

17 ¿Podría gobernar un enemigo del derecho? ¿al Justo poderoso vas a condenar?

18 ¡Aquel que dice a un rey: «¡Inútil!», «¡Malvados!» a los nobles,

19 que no hace acepción de príncipes, ni prefiere al grande sobre el débil, ¡pues todos son obra de sus manos!

20 Mueren ellos de repente a media noche, perecen los grandes y pasan, y él depone a un tirano sin esfuerzo.

21 Pues sus ojos vigilan los caminos del hombre, todos sus pasos observa.

22 No hay tinieblas ni sombra donde ocultarse los agentes del mal.

23 No asigna él un plazo al hombre para que a juicio se presente ante Dios.

24 Quebranta a los grandes sin examen, y pone a otros en su sitio.

25 Es que él conoce sus acciones, de noche los sacude y se les pisa.

26 Como a criminales los azota, en lugar público los encadena,

27 porque se apartaron de su seguimiento, y no comprendieron todos sus caminos,

28 hasta hacer llegar a él el gemido del débil y hacerle oír el clamor de los humildes.

29 Mas si él sigue inmóvil, sin que nadie le perturbe, si vela su faz, sin que nadie le perciba, es que se apiada de naciones e individuos,

30 libra al impío del cepo de la angustia,

31 Cuando éste dice a Dios: «He sido seducido, no volveré a hacer mal;

32 si he pecado instrúyeme, si he cometido injusticia, no reincidiré».

33 ¿Acaso, según tú, tendría él que castigar, ya que rechazas sus decisiones? Como eres tú el que aprecias, y no yo, di todo lo que sepas.

34 Mas los hombres sensatos me dirán, así como todo sabio que me escuche:

35 «No habla Job cuerdamente, no son sensatas sus palabras.

36 Que sea Job probado a fondo, por sus respuestas dignas de malvados.

37 Porque a su pecado la rebeldía añade, pone fin al derecho entre nosotros, y multiplica contra Dios sus palabras.»

Job 35

1 Elihú reanudó su discurso y dijo:

2 ¿Crees que eso es juicioso, piensas ser más justo que Dios,

3 cuando dices: «¿Qué te importa a ti, o de qué me sirve a mí no haber pecado»?

4 Yo te daré respuesta, y contigo a tus amigos.

5 ¡Mira a los cielos y ve, observa cómo las nubes son mas altas que tú!

6 Si pecas, ¿qué le causas?, si se multiplican tus ofensas, ¿qué le haces?

7 ¿Qué le das, si eres justo, o qué recibe él de tu mano?

8 A un hombre igual que tú afecta tu maldad, a un hijo de hombre tu justicia.

9 Bajo la carga de la opresión se gime, se grita bajo el brazo de los grandes,

10 mas nadie dice: «¿Dónde está Dios, mi hacedor, el que hace resonar los cantares en la noche,

11 el que nos hace más hábiles que las bestias de la tierra, más sabios que los pájaros del cielo?»

12 Entonces se grita, sin que responda él, a causa del orgullo de los malos.

13 Seguro, la falsedad Dios no la escucha, Sadday no le presta atención.

14 Mucho menos, el decir que no le adviertes, que un proceso está ante él y que le esperas;

15 o también que su cólera no castiga nada, y que ignora la rebelión del hombre.

16 Job, pues, abre en vano su boca, multiplica a lo tonto las palabras.

Job 36

1 Prosiguió Elihú y dijo:

2 Espera un poco, y yo te instruiré, pues todavía hay palabras en favor de Dios.

3 Voy a llevar muy lejos mi saber, y daré la razón a mi Hacedor.

4 En verdad, no son mentira mis palabras, un maestro en saber está contigo.

5 Dios no rechaza al hombre íntegro,

6 ni deja vivir al malvado en plena fuerza. Hace justicia a los pobres,

7 y no quita al justo su derecho. El puso a los reyes en el trono, para siempre los asienta, mas se engríen,

8 y él los amarra con cadenas, y quedan presos en los lazos de la angustia.

9 Entonces les pone su obra al descubierto y sus culpas nacidas del orgullo.

10 A sus oídos pronuncia una advertencia, y manda que se vuelvan de la iniquidad.

11 Si escuchan y son dóciles, acaban sus días en ventura y en delicias sus años.

12 Si no escuchan, pasan el Canal, y expiran por falta de cordura.

13 Y los obstinados que imponen la cólera y no piden auxilio cuando él los encadena,

14 mueren en plena juventud, y su vida en la edad juvenil.

15 El salva al pobre por su misma pobreza, por la miseria el oído le abre.

16 También a ti te arrancará de las fauces de la angustia. Antes gozabas de abundancia sin límites, la grasa desbordaba de tu mesa.

17 Mas no hacías justicia de los malos, defraudabas el derecho del huérfano.

18 Procura, pues, que no te seduzca la abundancia, ni el copioso soborno te extravíe.

19 Haz comparecer al rico como al que nada tiene, al débil como al poderoso.

20 No aplastes a aquellos que te son extraños, para encumbrar en su puesto a tus parientes.

21 Guárdate de inclinarte hacia la iniquidad, que por eso te ha probado la aflicción.

22 Mira, Dios es sublime por su fuerza, ¿quién es maestro como él?

23 ¿Quién le señaló el camino a seguir? ¿quién le diría: «Has hecho mal»?

24 Acuérdate más bien de ensalzar su obra, que han cantado los hombres.

25 Todo hombre la contempla, el hombre la mira desde lejos.

26 Sí, Dios es grande y no le comprendemos, el número de sus años es incalculable.

27 El atrae las gotas de agua, pulveriza la lluvia en su vapor,

28 que luego derraman las nubes, la destilan sobre la turba humana.

29 ¿Quién además comprenderá el despliegue de la nube, los fragores de su tienda?

30 Ved que despliega su niebla por encima cubre las cimas de los montes.

31 Pues por ellas sustenta él a los pueblos, les da alimento en abundancia.

32 En sus manos el rayo levanta y le ordena que alcance su destino.

33 Su trueno le anuncia, la ira se inflama contra la iniquidad.

Job 37

1 Mi corazón también por eso tiembla, y salta fuera de su sitio.

2 ¡Escuchad, escuchad el fragor de su voz, el bramido que sale de su boca!

3 Hace relampaguear por todo el cielo, su fulgor llega a los extremos de la tierra.

4 Detrás de él una voz ruge: truena él con su soberbia voz, y sus rayos no retiene, mientras su voz retumba.

5 Dios nos da a ver maravillas, grandes cosas hace que no comprendemos.

6 Cuando dice a la nieve: «¡Cae sobre la tierra!», y a los aguaceros: «¡Lloved fuerte!»,

7 la mano de todo hombre retiene bajo sello, para que todos conozcan su obra.

8 Las fieras a sus guaridas huyen y en sus cubiles se cobijan.

9 Del sur llega el huracán, el frío, de los vientos del norte.

10 Al soplo de Dios se forma el hielo, se congela la extensión de las aguas.

11 El carga a la nube de un rayo, el nublado esparce su fulgor,

12 y éste, gira girando, circula conforme a sus designios. Así ejecutan sus órdenes en todo sobre la haz de su orbe terráqueo.

13 Ya como castigo para los pueblos de la tierra, ya como gracia, él los envía.

14 Presta, Job, oído a esto, tente y observa los prodigios de Dios.

15 ¿Sabes acaso cómo Dios los rige, y cómo su nube hace brillar el rayo?

16 ¿Sabes tú cómo las nubes cuelgan en equilibrio, 7 maravilla de una ciencia consumada?

17 Tú, cuyos vestidos queman cuando está quieta la tierra bajo el viento del sur,

18 ¿puedes extender con él la bóveda del cielo, sólida como espejo de metal fundido?

19 Enséñanos qué le hemos de decir: no discutiremos más, debido a las tinieblas.

20 Si hablo yo, ¿alguien se lo cuenta? ¿es informado de lo que un hombre ha dicho?

21 Ahora ya no se ve la luz, que queda oscurecida por las nubes; pero pasa el viento y las despeja,

22 y una claridad llega del norte: gloria terrible alrededor de Dios,

23 ¡es Sadday!, no podemos alcanzarle. Grande en fuerza y equidad, maestro de justicia, sin oprimir a nadie.

24 Por eso le temen los hombres: ¡a él la veneración de todos los sabios de corazón!

Job 38

1 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

2 ¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?

3 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.

4 Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad.

5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?

6 ¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,

7 entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;

9 cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;

10 cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?

11 «¡Llegarás hasta aquí, no más allá - le dije -, aquí se romperá el orgullo de tus olas!»

12 ¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,

13 para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados?

14 Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.

15 Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.

16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?

17 ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?

18 ¿Has calculado las anchuras de la tierra? Cuenta, si es que sabes, todo esto.

19 ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?,

20 para que puedas llevarlas a su término, guiarlas por los senderos de su casa.

21 Si lo sabes, ¡es que ya habías nacido entonces, y bien larga es la cuenta de tus días!

22 ¿Has llegado a los depósitos de nieve? ¿Has visto las reservas de granizo,

23 que yo guardo para el tiempo de angustia, para el día de batalla y de combate?

24 ¿Por qué camino se reparte la luz, o se despliega el solano por la tierra?

25 ¿Quién abre un canal al aguacero, a los giros de los truenos un camino,

26 para llover sobre tierra sin hombre, sobre el desierto donde no hay un alma,

27 para abrevar a las soledades desoladas y hacer brotar en la estepa hierba verde?

28 ¿Tiene padre la lluvia? ¿quién engendra las gotas de rocío?

29 ¿De qué seno sale el hielo? ¿quién da a luz la escarcha del cielo,

30 cuando las aguas se aglutinan como piedra y se congela la superficie del abismo?

31 ¿Puedes tú anudar los lazos de las Pléyades o desatar las cuerdas de Orión?

32 ¿Haces salir la Corona a su tiempo? ¿conduces a la Osa con sus crías?

33 ¿Conoces las leyes de los Cielos? ¿aplicas su fuero en la tierra?

34 ¿Levantas tu voz hasta las nubes?, la masa de las aguas, ¿te obedece?

35 A tu orden, ¿los relámpagos parten, diciéndote: «Aquí estamos»?

36 ¿Quién puso en el ibis la sabiduría? ¿quién dio al gallo inteligencia?

37 ¿Quién tiene pericia para contar las nubes? ¿quién inclina los odres de los cielos,

38 cuando se aglutina el polvo en una masa y los terrones se pegan entre sí?

39 ¿Cazas tú acaso la presa a la leona? ¿calmas el hambre de los leoncillos,

40 cuando en sus guaridas están acurrucados, o en los matorrales al acecho?

41 ¿Quién prepara su provisión al cuervo, cuando sus crías gritan hacia Dios, cuando se estiran faltos de comida?

Job 39

1 ¿Sabes cuándo hacen las rebecas sus crías? ¿has observado el parto de las ciervas?

2 ¿has contado los meses de su gestación? ¿sabes la época de su alumbramiento?

3 Entonces se acurrucan y paren a sus crías, echan fuera su camada.

4 Y cuando ya sus crías se hacen fuertes y grandes, salen al desierto y no vuelven más a ellas.

5 ¿Quién dejó al onagro en libertad y soltó las amarras del asno salvaje?

6 Yo le he dado la estepa por morada, por mansión la tierra salitrosa.

7 Se ríe del tumulto de las ciudades, no oye los gritos del arriero;

8 explora las montañas, pasto suyo, en busca de toda hierba verde.

9 ¿Querrá acaso servirte el buey salvaje, pasar la noche junto a tu pesebre?

10 ¿Atarás a su cuello la coyunda? ¿rastrillará los surcos tras de ti?

11 ¿Puedes fiarte de él por su gran fuerza? ¿le confiarás tu menester?

12 ¿Estás seguro de que vuelva, de que en tu era allegue el grano?

13 El ala del avestruz, ¿se puede comparar al plumaje de la cigüeña y del halcón?

14 Ella en tierra abandona sus huevos, en el suelo los deja calentarse;

15 se olvida de que puede aplastarlos algún pie, o cascarlos una fiera salvaje.

16 Dura para sus hijos cual si no fueran suyos, por un afán inútil no se inquieta.

17 Es que Dios la privó de sabiduría, y no le dotó de inteligencia.

18 Pero en cuanto se alza y se remonta, se ríe del caballo y su jinete.

19 ¿Das tú al caballo la bravura? ¿revistes su cuello de tremolante crin?

20 ¿Le haces brincar como langosta? ¡Terror infunde su relincho altanero!

21 Piafa de júbilo en el valle, con brío se lanza al encuentro de las armas.

22 Se ríe del miedo y de nada se asusta, no retrocede ante la espada.

23 Va resonando sobre él la aljaba, la llama de la lanza y el dardo.

24 Hirviendo de impaciencia la tierra devora, no se contiene cuando suena la trompeta.

25 A cada toque de trompeta dice: «¡Aah!» olfatea de lejos el combate, las voces de mando y los clamores.

26 ¿Acaso por tu acuerdo el halcón emprende el vuelo, despliega sus alas hacia el sur?

27 ¿Por orden tuya se remonta el águila y coloca su nido en las alturas?

28 Pone en la roca su mansión nocturna, su fortaleza en un picacho.

29 Desde allí acecha a su presa, desde lejos la divisan sus ojos.

30 Sus crías lamen sangre; donde hay muertos, allí está.

Job 40

1 Y Yahveh se dirigió a Job y le dijo:

2 ¿Cederá el adversario de Sadday? ¿El censor de Dios va a replicar aún?

3 Y Job respondió a Yahveh:

4 ¡He hablado a la ligera: ¿qué voy a responder? Me taparé la boca con mi mano.

5 Hablé una vez..., no he de repetir; dos veces..., ya no insistiré.

6 Yahveh respondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:

7 Ciñe tus lomos como un bravo: voy a preguntarte y tú me instruirás.

8 ¿De verdad quieres anular mi juicio?, para afirmar tu derecho, ¿me vas a condenar?

9 ¿Tienes un brazo tú como el de Dios? ¿truena tu voz como la suya?

10 ¡Ea, cíñete de majestad y de grandeza, revístete de gloria y de esplendor!

11 ¡Derrama la explosión de tu cólera, con una mirada humilla al arrogante!

12 ¡Con una mirada abate al orgulloso, aplasta en el sitio a los malvados!

13 ¡Húndelos juntos en el suelo, cierra sus rostros en el calabozo!

14 ¡Y yo mismo te rendiré homenaje, por la victoria que te da tu diestra!

15 Mira a Behemot, criatura mía, como tú. Se alimenta de hierba como el buey.

16 Mira su fuerza en sus riñones, en los músculos del vientre su vigor.

17 Atiesa su cola igual que un cedro, los nervios de sus muslos se entrelazan.

18 Tubos de bronce son sus vértebras; sus huesos, como barras de hierro.

19 Es la primera de las obras de Dios: su autor le procuró su espada;

20 los montes le aportan un tributo, y todas las fieras que retozan en ellos.

21 Bajo los lotos se recuesta, en escondite de cañas y marismas.

22 Los lotos le recubren con su sombra, los sauces del torrente le rodean.

23 Si el río va bravo, no se inquieta, firme está aunque un Jordán le llegue hasta la boca.

24 ¿Quién, pues, podrá prenderle por los ojos, taladrar su nariz con punzones?

25 Y a Leviatán, ¿le pescarás tú a anzuelo, sujetarás con un cordel su lengua?

26 ¿Harás pasar por su nariz un junco? ¿taladrarás con un gancho su quijada?

27 ¿Te hará por ventura largas súplicas? te hablará con timidez?

28 ¿Pactará contigo un contrato de ser tu siervo para siempre?

29 ¿Jugarás con él como con un pájaro, o lo atarás para juguete de tus niñas?

30 ¿traficarán con él los asociados? ¿se le disputarán los mercaderes?

31 ¿Acribillarás su piel de dardos? ¿clavarás con el arpón su cabeza?

32 Pon sobre él tu mano: ¡al recordar la lucha no tendrás ganas de volver!

Job 41

1 ¡Sería vana tu esperanza porque su vista sola aterra!

2 No hay audaz que lo despierte, ¿y quién podrá resistir ante él?

3 ¿Quién le hizo frente y quedó salvo? ¡Ninguno bajo la capa de los cielos!

4 Mencionaré también sus miembros, hablaré de su fuerza incomparable.

5 ¿Quién rasgó la delantera de su túnica y penetró en su coraza doble?

6 ¿Quién abrió las hojas de sus fauces? ¡Reina el terror entre sus dientes!

7 Su dorso son hileras de escudos, que cierra un sello de piedra.

8 Están apretados uno a otro, y ni un soplo puede pasar entre ellos.

9 Están pegados entre sí y quedan unidos sin fisura.

10 Echa luz su estornudo, sus ojos son como los párpados de la aurora.

11 Salen antorchas de sus fauces, chispas de fuego saltan.

12 De sus narices sale humo, como de un caldero que hierve junto al fuego.

13 Su soplo enciende carbones, una llama sale de su boca.

14 En su cuello se asienta la fuerza, y ante él cunde el espanto.

15 Son compactas las papadas de su carne: están pegadas a ella, inseparables.

16 Su corazón es duro como roca, resistente como piedra de molino.

17 Cuando se yergue, se amedrentan las olas, y las ondas del mar se retiran.

18 Le alcanza la espada sin clavarse, lo mismo la lanza, jabalina o dardo.

19 Para él e hierro es sólo paja, el bronce, madera carcomida.

20 No le ahuyentan los disparos del arco, cual polvillo le llegan las piedras de la honda.

21 Una paja le parece la maza, se ríe del venablo que silba.

22 Debajo de él tejas puntiagudas: un trillo que va pasando por el lodo.

23 Hace del abismo una olla borbotante, cambia el mar en pebetero.

24 Deja tras sí una estela luminosa, el abismo diríase una melena blanca.

25 No hay en la tierra semejante a él, que ha sido hecho intrépido.

26 Mira a la cara a los más altos, es rey de todos los hijos del orgullo.

Job 42

1 Y Job respondió a Yahveh:

2 Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable.

3 Era yo el que empañaba el Consejo con razones sin sentido. Sí, he hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro.

4 (Escucha, deja que yo hable: voy a interrogarte y tú me instruirás.)

5 Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos.

6 Por eso me retracto y me arrepiento en el polvo y la ceniza.

7 Después de hablar a Job de esta manera, Yahveh dijo a Elifaz de Temán: «Mi ira se ha encendido contra ti y contra tus dos amigos, porque no habéis hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.

8 Así que tomad siete novillos y siete carneros, id donde mi siervo Job, y ofreced por vosotros un holocausto. Mi siervo Job intercederá por vosotros y, en atención a él, no os castigaré por no haber hablado con verdad de mí, como mi siervo Job.»

9 Elifaz de Temán, Bildad de Sáaj, y Sofar de Naamat fueron a cumplir la orden de Yahveh. Y Yahveh atendió a Job.

10 Después Yahveh restauró la situación de Job, al paso que él intercedía en favor de sus amigos; y aumentó Yahveh al doble todos los bienes de Job.

11 Vinieron, pues, donde él todos sus hermanos y todas sus hermanas, así como todos sus conocidos de antaño; y mientras celebraban con él un banquete en su casa, le compadecieron y le consolaron por todo el infortunio que Yahveh había traído sobre él. Y cada uno de ellos le hizo el obsequio de un agno de plata y de un anillo de oro.

12 Yahveh bendijo la nueva situación de Job más aún que la antigua: llegó a poseer 14.000 ovejas, 6.000 camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.

13 Tuvo además siete hijos y tres hijas.

14 A la primera le puso el nombre de «Paloma», a la segunda el de «Canela» y a la tercera el de «Cuerno de afeites».

15 No había en todo el país mujeres tan bonitas como las hijas de Job. Y su padre les dio parte en la herencia entre sus hermanos.

16 Después de esto, vivió Job todavía 140 años, y vio a sus hijos y a los hijos de sus hijos, cuatro generaciones.

17 Después Job murió anciano y colmado de días.

LOS SALMOS (Los números de los Salmos entre paréntesis corresponden a la Vulgata)

Salmo 1

1 ¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta,

2 mas se complace en la ley de Yahveh, su ley susurra día y noche!

3 Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien.

4 ¡No así los impíos, no así! Que ellos son como paja que se lleva el viento.

5 Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos, ni los pecadores en la comunidad de los justos.

6 Porque Yahveh conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos se pierde.

Salmo 2

1 ¿Por qué se agitan las naciones, y los pueblos mascullan planes vanos?

2 Se yerguen los reyes de la tierra, los caudillos conspiran aliados contra Yahveh y contra su Ungido:

3 «¡Rompamos sus coyundas, sacudámonos su yugo!»

4 El que se sienta en los cielos se sonríe, Yahveh se burla de ellos.

5 Luego en su cólera les habla, en su furor los aterra:

6 «Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo.»

7 Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El me ha dicho: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.

8 Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra.

9 Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero.»

10 Y ahora, reyes, comprended, corregíos, jueces de la tierra.

11 Servid a Yahveh con temor,

12 con temblor besad sus pies; no se irrite y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los que a él se acogen!

Salmo 3

(1) = Salmo. De David. Cuando huía de su hijo Absalón. =

1 (2) Yahveh, ¡cuán numerosos son mis adversarios, cuántos los que se alzan contra mí!

2 (3) ¡Cuántos los que dicen de mi vida: «No hay salvación para él en Dios!» = Pausa. =

3 (4) Mas tú, Yahveh, escudo que me ciñes, mi gloria, el que realza mi cabeza.

4 (5) A voz en grito clamo hacia Yahveh, y él me responde desde su santo monte. = Pausa. =

5 (6) Yo me acuesto y me duermo, me despierto, pues Yahveh me sostiene.

6 (7) No temo a esas gentes que a millares se apostan en torno contra mí.

7 (8) ¡Levántate, Yahveh! ¡Dios mío, sálvame! Tú hieres en la mejilla a todos mis enemigos, los dientes de los impíos tú los rompes.

8 (9) De Yahveh la salvación. Tu bendición sobre tu pueblo. = Pausa. =

Salmo 4

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De David. =

1 (2) Cuando clamo, respóndeme, oh Dios mi justiciero, en la angustia tú me abres salida; tenme piedad, escucha mi oración.

2 (3) Vosotros, hombres, ¿hasta cuándo seréis torpes de corazón, amando vanidad, rebuscando mentira? = Pausa. =

3 (4) ¡Sabed que Yahveh mima a su amigo, Yahveh escucha cuando yo le invoco.

4 (5) Temblad, y no pequéis; hablad con vuestro corazón en el lecho ¡y silencio! = Pausa. =

5 (6) Ofreced sacrificios de justicia y confiad en Yahveh.

6 (7) Muchos dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha?» ¡Alza sobre nosotros la luz de tu rostro! Yahveh,

7 (8) tú has dado a mi corazón más alegría que cuando abundan ellos de trigo y vino nuevo.

8 (9) En paz, todo a una, yo me acuesto y me duermo, pues tú solo, Yahveh, me asientas en seguro.

Salmo 5

(1) = Del maestro de coro. Para flautas. Salmo. De David. =

1 (2) Escucha mis palabras, Yahveh, repara en mi lamento,

2 (3) atiende a la voz de mi clamor, oh mi Rey y mi Dios. Porque a ti te suplico,

3 (4) Yahveh; ya de mañana oyes mi voz; de mañana te presento mi súplica, y me quedo a la espera.

4 (5) Pues no eres tú un Dios que se complace en la impiedad, no es huésped tuyo el malo.

5 (6) No, los arrogantes no resisten delante de tus ojos. Detestas a todos los agentes de mal,

6 (7) pierdes a los mentirosos; al hombre sanguinario y fraudulento le abomina Yahveh.

7 (8) Mas yo, por la abundancia de tu amor, entro en tu Casa; en tu santo Templo me prosterno, lleno de tu temor.

8 (9) Guíame, Yahveh, en tu justicia, por causa de los que me acechan, allana tu camino ante mí.

9 (10) Que no hay en su boca lealtad, en su interior, tan sólo subversión; sepulcro abierto es su garganta, melosa muévese su lengua.

10 (11) Trátalos, oh Dios, como culpables, haz que fracasen sus intrigas; arrójalos por el exceso de sus crímenes, por rebelarse contra ti.

11 (12) Y se alegren los que a ti se acogen, se alborocen por siempre; tú los proteges, en ti exultan los que aman tu nombre.

12 (13) Pues tú bendices al justo, Yahveh, como un gran escudo tu favor le cubre.

Salmo 6

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. En octava. Salmo. De David. =

1 (2) Yahveh, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues.

2 (3) Tenme piedad, Yahveh, que estoy sin fuerzas, sáname, Yahveh, que mis huesos están desmoronados,

3 (4) desmoronada totalmente mi alma, y tú, Yahveh, ¿hasta cuándo?

4 (5) Vuélvete, Yahveh, recobra mi alma, sálvame, por tu amor.

5 (6) Porque, en la muerte, nadie de ti se acuerda; en el seol, ¿quién te puede alabar?

6 (7) Estoy extenuado de gemir, baño mi lecho cada noche, inundo de lágrimas mi cama;

7 (8) mi ojo está corroído por el tedio, ha envejecido entre opresores.

8 (9) Apartaos de mí todos los malvados, pues Yahveh ha oído la voz de mis sollozos.

9 (10) Yahveh ha oído mi súplica, Yahveh acoge mi oración.

10 (11) ¡Todos mis enemigos, confusos, aterrados, retrocedan, súbitamente confundidos!

Salmo 7

(1) = Lamentación. De David. La que cantó a Yahveh a propósito del benjaminita Kus. =

1 (2) Yahveh, Dios mío, a ti me acojo, sálvame de todos mis perseguidores, líbrame;

2 (3) ¡que no arrebate como un león mi vida el que desgarra, sin que nadie libre!

3 (4) Yahveh, Dios mío, si algo de esto hice, si hay en mis manos injusticia,

4 (5) si a mi bienhechor con mal he respondido si he perdonado al opresor injusto,

5 (6) ¡que el enemigo me persiga y me alcance, estrelle mi vida contra el suelo, y tire mis entrañas por el polvo! = Pausa. =

6 (7) Levántate, Yahveh, en tu cólera, surge contra los arrebatos de mis opresores, despierta ya, Dios mío, tú que el juicio convocas.

7 (8) Que te rodee la asamblea de las naciones, y tú en lo alto vuélvete hacia ella.

8 (9) (Yahveh, juez de los pueblos.) Júzgame, Yahveh, conforme a mi justicia y según mi inocencia.

9 (10) Haz que cese la maldad de los impíos, y afianza al justo, tú que escrutas corazones y entrañas, oh Dios justo.

10 (11) Dios, el escudo que me cubre, el salvador de los de recto corazón;

11 (12) Dios, el juez justo, tardo a la cólera, pero Dios amenazante en todo tiempo

12 (13) para el que no se vuelve. Afile su espada el enemigo, tense su arco y lo apareje,

13 (14) para sí solo prepara armas de muerte, hace tizones de sus flechas;

14 (15) vedle en su preñez de iniquidad, malicia concibió, fracaso pare.

15 (16) Cavó una fosa, recavó bien hondo, mas cae en el hoyo que él abrió;

16 (17) revierte su obra en su cabeza, su violencia en su cerviz recae.

17 (18) Doy gracias a Yahveh por su justicia, salmodio al nombre de Yahveh, el Altísimo.

Salmo 8

(1) = Del maestro de coro. Según la... de Gat. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra! Tú que exaltaste tu majestad sobre los cielos,

2 (3) en boca de los niños, los que aún maman, dispones baluarte frente a tus adversarios, para acabar con enemigos y rebeldes.

3 (4) Al ver tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas, que fijaste tú,

4 (5) ¿qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán para que de él te cuides?

5 (6) Apenas inferior a un dios le hiciste, coronándole de gloria y de esplendor;

6 (7) le hiciste señor de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies:

7 (8) ovejas y bueyes, todos juntos, y aun las bestias del campo,

8 (9) y las aves del cielo, y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas.

9 (10) ¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra!

Salmo 9

(1) = Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo. De David. =

1 (2) =Alef= Te doy gracias, Yahveh, de todo corazón, cantaré todas tus maravillas;

2 (3) quiero alegrarme y exultar en ti, salmodiar a tu nombre, Altísimo.

3 (4) =Bet= Mis enemigos retroceden, flaquean, perecen delante de tu rostro;

4 (5) pues tú has llevado mi juicio y mi sentencia, sentándote en el trono cual juez justo.

5 (6) =Guímel.= Has reprimido a las gentes, has perdido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás;

6 (7) acabado el enemigo, todo es ruina sin fin, has suprimido sus ciudades, perdido su recuerdo. =He.= He aquí que

7 (8) Yahveh se sienta para siempre, afianza para el juicio su trono;

8 (9) él juzga al orbe con justicia, a los pueblos con rectitud sentencia.

9 (10) =Vau.= ¡Sea Yahveh ciudadela para el oprimido, ciudadela en los tiempos de angustia!

10 (11) Y en ti confíen los que saben tu nombre, pues tú, Yahveh, no abandonas a los que te buscan.

11 (12) =Zain.= Salmodiad a Yahveh, que se sienta en Sión, publicad por los pueblos sus hazañas;

12 (13) que él pide cuentas de la sangre, y de ellos se acuerda, no olvida el grito de los desdichados.

13 (14) =Jet.= Tenme piedad, Yahveh, ve mi aflicción, tú que me recobras de las puertas de la muerte,

14 (15) para que yo cuente todas tus alabanzas a las puertas de la hija de Sión, gozoso de tu salvación.

15 (16) =Tet.= Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron, en la red que ocultaron, su pie quedó prendido.

16 (17) Yahveh se ha dado a conocer, ha hecho justicia, el impío se ha enredado en la obra de sus manos. = Sordina. = = Pausa. =

17 (18) =Yod= ¡Vuelvan los impíos al seol, todos los gentiles que de Dios se olvidan!

18 (19) =Kaf.= Que no queda olvidado el pobre eternamente, no se pierde por siempre la esperanza de los desdichados.

19 (20) ¡Levántate, Yahveh, no triunfe el hombre, sean juzgados los gentiles delante de tu rostro!

20 (21) Infunde tú, Yahveh, en ellos el terror, aprendan los gentiles que no son más que hombres. = Pausa. =

Salmo 10

1 = Lámed = ¿Por qué, Yahveh, te quedas lejos, te escondes en las horas de la angustia?

2 Por el orgullo del impío es perseguido el desdichado, queda preso en la trampa que le ha urdido.

3 = (Mem.) = Sí, el impío se jacta de los antojos de su alma, el avaro que bendice menosprecia a Yahveh,

4 = (Nun.) = el impío, insolente, no le busca: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.

5 En todo tiempo se afianzan sus caminos, allá arriba tus juicios muy lejos de él están, a todos sus rivales da soplidos.

6 Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!» = (Sámek.) = porque en desgracia no se ve,

7 maldice. = (Pe.) = De fraude y perfidia está llena su boca, bajo su lengua sólo maldad e iniquidad;

8 al acecho se aposta entre las cañas en los recodos mata al inocente. = (Ain.) = Todo ojos, espía al desvalido,

9 al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado arrastrándole en su red.

10 = (Sade.) = Espía, se agazapa, se encoge, el desvalido cae en su poder;

11 dice en su corazón: «Dios se ha olvidado, tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás.»

12 = Qof. = ¡Levántate, Yahveh, alza tu mano, oh Dios! ¡No te olvides de los desdichados!

13 ¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: «No vendrás a indagar?»

14 = Res. = Lo has visto ya, que la pena y la tristeza las miras tú para tomarlas en tu mano: el desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano.

15 = Sin. = ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado; indaga su impiedad sin dejar rastro!

16 ¡Yahveh es rey por siempre, por los siglos; los gentiles han sido barridos de su tierra!

17 = Tau. = El deseo de los humildes escuchas tú, Yahveh, su corazón confortas, alargas tus oídos,

18 para hacer justicia al huérfano, al vejado: ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!

Salmo 11 (10)

1 = Del maestro de coro. De David. = En Yahveh me cobijo; ¿cómo decís a mi alma: «Huye, pájaro, a tu monte?

2 «He aquí que los impíos tensan su arco, ajustan a la cuerda su saeta, para tirar en la sombra a los de recto corazón.

3 Si están en ruinas los cimientos, ¿que puede hacer el justo?»

4 Yahveh en su Templo santo, Yahveh, su trono está en los cielos; ven sus ojos el mundo, sus párpados exploran a los hijos de Adán.

5 Yahveh explora al justo y al impío; su alma odia a quien ama la violencia.

6 ¡Llueva sobre los impíos brasas y azufre, y un viento abrasador por porción de su copa!

7 Que es justo Yahveh y lo justo ama, los rectos contemplarán su rostro.

Salmo 12 (11)

(1) = Del maestro de coro. En octava. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Salva, Yahveh, que ya no hay fieles, se acabaron los veraces entre los hijos de Adán!

2 (3) Falsedad sólo dicen, cada cual a su prójimo, labios de engaño, lenguaje de corazones dobles.

3 (4) Arranque Yahveh todo labio tramposo, la lengua que profiere bravatas,

4 (5) los que dicen: «La lengua es nuestro fuerte, nuestros labios por nosotros, ¿quien va a ser amo nuestro?»

5 (6) Por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice Yahveh: auxilio traigo a quien por él suspira.

6 (7) Las palabras de Yahveh son palabras sinceras, plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada.

7 (8) Tú, Yahveh, los guardarás, los librarás de esta ralea para siempre;

8 (9) de todas partes se irán los impíos, colmo de vileza entre los hijos de Adán.

Salmo 13 (12)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) ¿Hasta cuándo, Yahveh, me olvidarás? ¿Por siempre? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?

2 (3) ¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma, en mi corazón angustia, día y noche? ¿Hasta cuándo triunfará sobre mí mi enemigo?

3 (4) ¡Mira, respóndeme, Yahveh, Dios mío! ¡Ilumina mis ojos, no me duerma en la muerte,

4 (5) no diga mi enemigo: «¡Le he podido!», no exulten mis adversarios al verme vacilar!

5 (6) Que yo en tu amor confío; en tu salvación mi corazón exulte.

6 ¡A Yahveh cantaré por el bien que me ha hecho Salmodiaré al nombre de Yahveh, el Altísimo!

Salmo 14 (13)

= Sal 53.

(1) = Del maestro de coro. De David. = 1 Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.

2 Se asoma Yahveh desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay un sensato, alguien que busque a Dios.

3 Todos ellos están descarriados, en masa pervertidos. No hay nadie que haga el bien. ni uno siquiera.

4 ¿No aprenderán todos los agentes de mal que comen a mi pueblo como se come el pan, y a Yahveh no invocan?

5 Allí de espanto temblarán donde nada hay que espante, que Dios está por la raza del justo:

6 de los planes del desdichado os burláis. mas Yahveh es su refugio.

7 ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel? Cuando cambie Yahveh la suerte de su pueblo, exultará Jacob, se alegrará Israel.

Salmo 15 (14)

(1) = Salmo. De David. =

1 Yahveh, ¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte?

2 El que ando sin tacha, y obra la justicia; que dice la verdad de corazón,

3 y no calumnia con su lengua; que no daña a su hermano, ni hace agravio a su prójimo;

4 con menosprecio mira al réprobo, mas honra a los que temen a Yahveh; que jura en su perjuicio y no retracta,

5 no presta a usura su dinero, ni acepta soborno en daño de inocente. Quien obra así jamás vacilará.

Salmo 16 (15)

(1) = A media voz. De David. =

1 Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio.

2 Yo digo a Yahveh: «Tú eres mi Señor. mi bien, nada hay fuera de ti»;

3 ellos, en cambio, a los santos que hay en la tierra: «¡Magníficos, todo mi gozo en ellos!».

4 Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo. Mas yo jamás derramaré sus libámenes de sangre, jamás tomaré sus nombres en mis labios.

5 Yahveh, la parte de mi herencia y de mi copa, tú mi suerte aseguras;

6 la cuerda me asigna un recinto de delicias, mi heredad es preciosa para mí.

7 Bendigo a Yahveh que me aconseja; aun de noche mi conciencia me instruye;

8 pongo a Yahveh ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra, no vacilo.

9 Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan, y hasta mi carne en seguro descansa;

10 pues no has de abandonar mi alma al seol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa.

11 Me enseñarás el caminó de la vida, hartura de goces, delante de tu rostro, a tu derecha, delicias para siempre.

Salmo 17 (16)

(1) = Oración. De David. =

1 Escucha, Yahveh, la justicia, atiende a mi clamor, presta oído a mi plegaria, que no es de labios engañosos.

2 Mi juicio saldrá de tu presencia, tus ojos ven lo recto.

3 Mi corazón tú sondas, de noche me visitas; me pruebas al crisol sin hallar nada malo en mí; mi boca no claudica

4 al modo de los hombres. La palabra de tus labios he guardado, por las sendas trazadas

5 ajustando mis pasos; por tus veredas no vacilan mis pies.

6 Yo te llamo, que tú, oh Dios, me respondes, tiende hacia mí tu oído, escucha mis palabras,

7 haz gala de tus gracias, tú que salvas a los que buscan a tu diestra refugio contra los que atacan.

8 Guárdame como la pupila de los ojos, escóndeme a la sombra de tus alas

9 de esos impíos que me acosan, enemigos ensañados que me cercan.

10 Están ellos cerrados en su grasa, hablan, la arrogancia en la boca.

11 Avanzan contra mí, ya me cercan, me clavan sus ojos para tirarme al suelo.

12 Son como el león ávido de presa, o el leoncillo agazapado en su guarida.

13 ¡Levántate, Yahveh, hazle frente, derríbale; libra con tu espada mi alma del impío,

14 de los mortales, con tu mano, Yahveh, de los mortales de este mundo, cuyo lote es la vida! ¡De tus reservas llénales el vientre, que sus hijos se sacien, y dejen las sobras para sus pequeños!

15 Mas yo, en la justicia, contemplaré tu rostro, al despertar me hartaré de tu imagen.

Salmo 18 (17)

(1) = Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh, David, que dirigió a Yahveh las palabras de este cántico el día en que Yahveh le libró de todos sus enemigos y de las manos de Saúl. =

(2) = Dijo: =

1 Yo te amo, Yahveh, mi fortaleza, (mi salvador, que de la violencia me has salvado).

2 (3) Yahveh, mi roca y mi baluarte, mi liberador, mi Dios; la peña en que me amparo, mi escudo y fuerza de mi salvación, mi ciudadela y mi refugio.

3 (4) Invoco a Yahveh, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.

4 (5) Las olas de la muerte me envolvían, me espantaban las trombas de Belial,

5 (6) los lazos del seol me rodeaban, me aguardaban los cepos de la Muerte.

6 (7) Clamé a Yahveh en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos.

7 (8) La tierra fue sacudida y vaciló, retemblaron las bases de los montes, (vacilaron bajo su furor);

8 (9) una humareda subió de sus narices, y de su boca un fuego que abrasaba, (de él salían carbones encendidos).

9 (10) El inclinó los cielos y bajó, un espeso nublado debajo de sus pies;

10 (11) cabalgó sobre un querube, emprendió el vuelo, sobre las alas de los vientos planeó.

11 (12) Se puso como tienda un cerco de tinieblas, tinieblas de las aguas, espesos nubarrones;

12 (13) del fulgor que le precedía se encendieron granizo y ascuas de fuego.

13 (14) Tronó Yahveh en los cielos, lanzó el Altísimo su voz;

14 (15) arrojó saetas, y los puso en fuga, rayos fulminó y sembró derrota.

15 (16) El fondo del mar quedó a la vista, los cimientos del orbe aparecieron, ante tu imprecación, Yahveh, al resollar el aliento en tus narices.

16 (17) El extiende su mano de lo alto para asirme, para sacarme de las profundas aguas;

17 (18) me libera de un enemigo poderoso, de mis adversarios más fuertes que yo.

18 (19) Me aguardaban el día de mi ruina, más Yahveh fue un apoyo para mí;

19 (20) me sacó a espacio abierto, me salvó porque me amaba.

20 (21) Yahveh me recompensa conforme a mi justicia, me paga conforme a la pureza de mis manos;

21 (22) porque he guardado los caminos de Yahveh, y no he hecho el mal lejos de mi Dios.

22 (23) Porque tengo ante mí todos sus juicios, y sus preceptos no aparto de mi lado;

23 (24) he sido ante él irreprochable, y de incurrir en culpa me he guardado.

24 (25) Y Yahveh me devuelve según mi justicia, según la pureza de mis manos que tiene ante sus ojos.

25 (26) Con el piadoso eres piadoso, intachable con el hombre sin tacha;

26 (27) con el puro eres puro, con el ladino, sagaz;

27 (28) tú que salvas al pueblo humilde, y abates los ojos altaneros.

28 (29) Tú eres, Yahveh, mi lámpara, mi Dios que alumbra mis tinieblas;

29 (30) con tu ayuda las hordas acometo, con mi Dios escalo la muralla.

30 (31) Dios es perfecto en sus caminos, la palabra de Yahveh acrisolada. El es el escudo de cuantos a él se acogen.

31 (32) Pues ¿quién es Dios fuera de Yahveh? ¿Quién Roca, sino sólo nuestro Dios?

32 (33) El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable,

33 (34) que hace mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie,

34 (35) el que mis manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce.

35 (36) Tú me das tu escudo salvador, (tu diestra me sostiene), tu cuidado me exalta,

36 (37) mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos.

37 (38) Persigo a mis enemigos, les doy caza, no vuelvo hasta haberlos acabado;

38 (39) los quebranto, no pueden levantarse, sucumben debajo de mis pies.

39 (40) Para el combate de fuerza me ciñes, doblegas bajo mí a mis agresores,

40 (41) a mis enemigos haces dar la espalda, extermino a los que me odian.

41 (42) Claman, mas no hay salvador, a Yahveh, y no les responde.

42 (43) Los machaco como polvo al viento, como al barro de las calles los piso.

43 (44) De las querellas de mi pueblo tú me libras, me pones a la cabeza de las gentes; pueblos que no conocía me sirven;

44 (45) los hijos de extranjeros me adulan, son todo oídos, me obedecen,

45 (46) los hijos de extranjeros desmayan, y dejan temblando sus refugios.

46 (47) ¡Viva Yahveh, bendita sea mi roca, el Dios de mi salvación sea ensalzado,

47 (48) el Dios que la venganza me concede y abate los pueblos a mis plantas!

48 (49) Tú me libras de mis enemigos, me exaltas sobre mis agresores, del hombre violento me salvas.

49 (50) Por eso he de alabarte entre los pueblos, a tu nombre, Yahveh, salmodiaré.

50 (51) El hace grandes las victorias de su rey y muestra su amor a su ungido, a David y a su linaje para siempre.

Salmo 19 (18)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento;

2 (3) el día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche trasmite la noticia.

3 (4) No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír;

4 (5) mas por toda la tierra se adivinan los rasgos, y sus giros hasta el confín del mundo. En el mar levantó para el sol una tienda,

5 (6) y él, como un esposo que sale de su tálamo, se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.

6 (7) A un extremo del cielo es su salida, y su órbita llega al otro extremo, sin que haya nada que a su ardor escape.

7 (8) La ley de Yahveh es perfecta, consolación del alma, el dictamen de Yahveh, veraz, sabiduría del sencillo.

8 (9) Los preceptos de Yahveh son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahveh, luz de los ojos.

9 (10) El temor de Yahveh es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahveh, justos todos ellos,

10 (11) apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales.

11 (12) Por eso tu servidor se empapa en ellos, gran ganancia es guardarlos.

12 (13) Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame.

13 (14) Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre mí. Entonces seré irreprochable, de delito grave exento.

14 (15) ¡Sean gratas las palabras de mi boca, y el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahveh, roca mía, mi redentor.

Salmo 20 (19)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Yahveh te responda el día de la angustia, protéjate el nombre del Dios de Jacob!

2 (3) El te envíe socorro desde su santuario, desde Sión sea tu apoyo.

3 (4) Se acuerde de todas tus ofrendas, halle sabroso tu holocausto; = Pausa. =

4 (5) te otorgue según tu corazón, cumpla todos tus proyectos.

5 (6) ¡Y nosotros aclamemos tu victoria, de nuestro Dios el nombre tremolemos! ¡Cumpla Yahveh todas tus súplicas!

6 (7) Ahora conozco que Yahveh dará la salvación a su ungido; desde su santo cielo le responderá con las proezas victoriosas de su diestra.

7 (8) Unos con los carros, otros con los caballos, nosotros invocamos el nombre de Yahveh, nuestro Dios.

8 (9) Ellos se doblegan y caen, y nosotros en pie nos mantenemos.

9 (10) ¡Oh Yahveh, salva al rey, respóndenos el día de nuestra súplica!

Salmo 21 (20)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) Yahveh, en tu fuerza se regocija el rey; ¡oh, y cómo le colma tu salvación de júbilo!

2 (3) Tú le has otorgado el deseo de su corazón, no has rechazado el anhelo de sus labios. = Pausa. =

3 (4) Pues le precedes de venturosas bendiciones, has puesto en su cabeza corona de oro fino;

4 (5) vida te pidió y se la otorgaste, largo curso de días para siempre jamás.

5 (6) Gran gloria le da tu salvación, le circundas de esplendor y majestad;

6 (7) bendiciones haces de él por siempre, le llenas de alegría delante de tu rostro.

7 (8) Sí, en Yahveh confía el rey, y por gracia del Altísimo no ha de vacilar.

8 (9) Tu mano alcanzará a todos tus enemigos, tu diestra llegará a los que te odian;

9 (10) harás de ellos como un horno de fuego, el día de tu rostro; Yahveh los tragará en su cólera, y el fuego los devorará;

10 (11) harás perecer su fruto de la tierra, y su semilla de entre los hijos de Adán.

11 (12) Aunque ellos intenten daño contra ti, aunque tramen un plan, nada podrán.

12 (13) Que tú les harás volver la espalda, ajustarás tu arco contra ellos.

13 (14) ¡Levántate, Yahveh, con tu poder, y cantaremos, salmodiaremos a tu poderío!

Salmo 22 (21)

(1) = Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David. =

1 (2) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos!

2 (3) Dios mío, de día clamo, y no respondes, también de noche, no hay silencio para mí.

3 (4) ¡Mas tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel!

4 (5) En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste;

5 (6) a ti clamaron, y salieron salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos.

6 (7) Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo,

7 (8) todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza:

8 (9) «Se confió a Yahveh, ¡pues que él le libre, que le salve, puesto que le ama!»

9 (10) Sí, tú del vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi madre;

10 (11) a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios.

11 (12) ¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro!

12 (13) Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán;

13 (14) ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen.

14 (15) Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas.

15 (16) Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte.

16 (17) Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies.

17 (18) Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran,

18 (19) repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica.

19 (20) ¡Mas tú, Yahveh, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía,

20 (21) libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro;

21 (22) sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos!

22 (23) ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!:

23 (24) «Los que a Yahveh teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel».

24 (25) Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó.

25 (26) De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen.

26 (27) Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahveh le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!»

27 (28) Le recordarán y volverán a Yahveh todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes.

28 (29) Que es de Yahveh el imperio, del señor de las naciones.

29 (30) Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva,

30 (31) le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad

31 (32) venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.

Salmo 23 (22)

(1) = Salmo. De David. =

1 Yahveh es mi pastor, nada me falta.

2 Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce,

3 y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre.

4 Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.

5 Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa.

6 Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días.

Salmo 24 (23)

(1) = Salmo. De David. =

1 De Yahveh es la tierra y cuanto hay en ella, el orbe y los que en él habitan;

2 que él lo fundó sobre los mares, él lo asentó sobre los ríos.

3 ¿Quién subirá al monte de Yahveh?, ¿quién podrá estar en su recinto santo?

4 El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura.

5 El logrará la bendición de Yahveh, la justicia del Dios de su salvación.

6 Tal es la raza de los que le buscan, los que van tras tu rostro, oh Dios de Jacob. = Pausa. =

7 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!

8 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh, el fuerte, el valiente, Yahveh, valiente en la batalla.

9 ¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!

10 ¿Quién es ese rey de gloria? Yahveh Sebaot, él es el rey de gloria. = Pausa =

Salmo 25 (24)

(1) = De David =

1 = Alef. = A ti, Yahveh, levanto mi alma,

2 oh Dios mío. = Bet. = En ti confío, ¡no sea confundido, no triunfen de mí mis enemigos!

3 = Guimel. = No hay confusión para el que espera en ti, confusión sólo para el que traiciona sin motivo.

4 = Dálet. = Muéstrame tus caminos, Yahveh, enséñame tus sendas.

5 = He. = Guíame en tu verdad, enséñame, que tú eres el Dios de mi salvación. = (Vau) = En ti estoy esperando todo el día,

6 = Zain. = Acuérdate, Yahveh, de tu ternura, y de tu amor, que son de siempre.

7 = Jet. = De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor, acuérdate de mí. por tu bondad, Yahveh.

8 = Tet. = Bueno y recto es Yahveh; por eso muestra a los pecadores el camino;

9 = Yod. = conduce en la justicia a los humildes, y a los pobres enseña su sendero.

10 = Kaf. = Todas las sendas de Yahveh son amor y verdad para quien guarda su alianza y sus dictámenes.

11 = Lámed. = Por tu nombre, oh Yahveh, perdona mi culpa, porque es grande.

12 = Mem. = Si hay un hombre que tema a Yahveh, él le indica el camino a seguir;

13 = Nun. = su alma mora en la felicidad, y su estirpe poseerá la tierra.

14 = Sámek. = El secreto de Yahveh es para quienes le temen, su alianza, para darles cordura.

15 = Ain. = Mis ojos están fijos en Yahveh, que él sacará mis pies del cepo.

16 = Pe. = Vuélvete a mí, tenme piedad, que estoy solo y desdichado.

17 = Sade. = Alivia los ahogos de mi corazón, hazme salir de mis angustias.

18 = (Qof.) = Ve mi aflicción y mi penar, quita todos mis pecados.

19 = Res. = Mira cuántos son mis enemigos, cuán violento el odio que me tienen.

20 = Sin. = Guarda mi alma, líbrame, no quede confundido, cuando en ti me cobijo.

21 = Tau. = Inocencia y rectitud me amparen, que en ti espero, Yahveh.

22 Redime, oh Dios, a Israel de todas sus angustias.

Salmo 26 (25)

(1) = De David. =

1 Hazme justicia, Yahveh, pues yo camino en mi entereza, me apoyo en Yahveh y no vacilo.

2 Escrútame, Yahveh, ponme a prueba, pasa al crisol mi conciencia y mi corazón;

3 está tu amor delante de mis ojos, y en tu verdad camino.

4 No voy a sentarme con los falsos, no ando con hipócritas;

5 odio la asamblea de malhechores, y al lado de los impíos no me siento.

6 Mis manos lavo en la inocencia y ando en torno a tu altar, Yahveh,

7 haciendo resonar la acción de gracias, todas tus maravillas pregonando;

8 amo, Yahveh, la belleza de tu Casa, el lugar de asiento de tu gloria.

9 No juntes mi alma con los pecadores, ni mi vida con los hombres sanguinarios,

10 que tienen en sus manos la infamia, y su diestra repleta de soborno.

11 Yo, en cambio, camino en mi entereza; rescátame, ten piedad de mí;

12 mi pie está firme en suelo llano; a ti, Yahveh, bendeciré en las asambleas.

Salmo 27 (26)

(1) = De David. =

1 Yahveh es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? Yahveh, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?

2 Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

3 Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.

4 Una cosa he pedido a Yahveh, una cosa estoy buscando: morar en la Casa de Yahveh, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Yahveh y cuidar de su Templo.

5 Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.

6 Y ahora se alza mi cabeza sobre mis enemigos que me hostigan; en su tienda voy a sacrificar. sacrificios de aclamación. Cantaré, salmodiaré a Yahveh.

7 Escucha, Yahveh, mi voz que clama, ¡tenme piedad, respóndeme!

8 Dice de ti mi corazón: «Busca su rostro.» Sí, Yahveh, tu rostro busco:

9 No me ocultes tu rostro. No rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio. No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.

10 Si mi padre y mi madre me abandonan, Yahveh me acogerá.

11 Enséñame tu camino, Yahveh, guíame por senda llana, por causa de los que me asechan;

12 no me entregues al ansia de mis adversarios, pues se han alzado contra mí falsos testigos, que respiran violencia.

13 ¡Ay, si estuviera seguro de ver la bondad de Yahveh en la tierra de los vivos!

14 Espera en Yahveh, ten valor y firme corazón, espera en Yahveh.

Salmo 28 (27)

(1) = De David. =

1 Hacia ti clamo, Yahveh, roca mía, no estés mudo ante mí; no sea yo, ante tu silencio, igual que los que bajan a la fosa.

2 Oye la voz de mis plegarias, cuando grito hacia ti, cuando elevo mis manos, oh Yahveh, al santuario de tu santidad.

3 No me arrebates con los impíos, ni con los agentes de mal, que hablan de paz a su vecino, mas la maldad está en su corazón.

4 Dales, Yahveh, conforme a sus acciones, y a la malicia de sus hechos, según la obra de sus manos trátales, págales con su misma moneda.

5 Pues no comprenden los hechos de Yahveh, la obra de sus manos: ¡derríbelos él y no los rehabilite!

6 ¡Bendito sea Yahveh, que ha oído la voz de mis plegarias!

7 Yahveh mi fuerza, escudo mío, en él confió mi corazón y he recibido ayuda: mi carne de nuevo ha florecido, le doy gracias de todo corazón.

8 Yahveh, fuerza de su pueblo, fortaleza de salvación para su ungido.

9 Salva a tu pueblo, bendice a tu heredad, pastoréalos y llévalos por siempre.

Salmo 29 (28)

(1) = Salmo. De David. =

1 ¡Rendid a Yahveh, hijos de Dios, rendid a Yahveh gloria y poder!

2 Rendid a Yahveh la gloria de su nombre, postraos ante Yahveh en esplendor sagrado.

3 Voz de Yahveh sobre las aguas; el Dios de gloria truena, ¡es Yahveh, sobre las muchas aguas!

4 Voz de Yahveh con fuerza, voz de Yahveh con majestad.

5 Voz de Yahveh que desgaja los cedros, Yahveh desgaja los cedros del Líbano,

6 hace brincar como un novillo al Líbano, y al Sarión como cría de búfalo.

7 Voz de Yahveh que afila llamaradas.

8 Voz de Yahveh, que sacude el desierto, sacude Yahveh el desierto de Cadés.

9 Voz de Yahveh, que estremece las encinas, y las selvas descuaja, mientras todo en su Templo dice: ¡Gloria!

10 Yahveh se sentó para el diluvio, Yahveh se sienta como rey eterno.

11 Yahveh da el poder a su pueblo, Yahveh bendice a su pueblo con la paz.

Salmo 30 (29)

(1) = Salmo. Cántico para la dedicación de la Casa. De David. =

1 (2) Yo te ensalzo, Yahveh, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos.

2 (3) Yahveh, Dios mío, clamé a ti y me sanaste.

3 (4) Tú has sacado, Yahveh, mi alma del seol, me has recobrado de entre los que bajan a la fosa.

4 (5) Salmodiad a Yahveh los que le amáis, alabad su memoria sagrada.

5 (6) De un instante es su cólera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lágrimas, por la mañana gritos de alborozo.

6 (7) Y yo en mi paz decía: «Jamás vacilaré.»

7 (8) Yahveh, tu favor me afianzaba sobre fuertes montañas; mas retiras tu rostro y ya estoy conturbado.

8 (9) A ti clamo, Yahveh, a mi Dios piedad imploro:

9 (10) ¿Qué ganancia en mi sangre, en que baje a la fosa? ¿Puede alabarte el polvo, anunciar tu verdad?

10 (11) ¡Escucha, Yahveh, y ten piedad de mí! ¡Sé tú, Yahveh, mi auxilio!

11 (12) Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría;

12 (13) mi corazón por eso te salmodiará sin tregua; Yahveh, Dios mío, te alabaré por siempre.

Salmo 31 (30)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) En ti, Yahveh, me cobijo, ¡oh, no sea confundido jamás! ¡Recóbrame por tu justicia, líbrame,

2 (3) tiende hacia mí tu oído, date prisa! Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve;

3 (4) pues mi roca eres tú, mi fortaleza, y, por tu nombre, me guías y diriges.

4 (5) Sácame de la red que me han tendido, que tú eres mi refugio;

5 (6) en tus manos mi espíritu encomiendo, tú, Yahveh, me rescatas. Dios de verdad,

6 (7) tú detestas a los que veneran vanos ídolos; mas yo en Yahveh confío:

7 (8) ¡exulte yo y en tu amor me regocije! Tú que has visto mi miseria, y has conocido las angustias de mi alma,

8 (9) no me has entregado en manos del enemigo, y has puesto mis pies en campo abierto.

9 (10) Tenme piedad, Yahveh, que en angustias estoy. De tedio se corroen mis ojos, mi alma, mis entrañas.

10 (11) Pues mi vida se consume en aflicción, y en suspiros mis años; sucumbe mi vigor a la miseria, mis huesos se corroen.

11 (12) De todos mis opresores me he hecho el oprobio; asco soy de mis vecinos, espanto de mis familiares. Los que me ven en la calle huyen lejos de mí;

12 (13) dejado estoy de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho.

13 (14) Escucho las calumnias de la turba, terror por todos lados, mientras se aúnan contra mí en conjura, tratando de quitarme la vida.

14 (15) Mas yo confío en ti, Yahveh, me digo: «¡Tú eres mi Dios!»

15 (16) Está en tus manos mi destino, líbrame de las manos de mis enemigos y perseguidores;

16 (17) haz que alumbre a tu siervo tu semblante, ¡sálvame, por tu amor!

17 (18) Yahveh, no haya confusión para mí, que te invoco, ¡confusión sólo para los impíos; que bajen en silencio al seol,

18 (19) enmudezcan los labios mentirosos que hablan con insolencia contra el justo, con orgullo y desprecio!

19 (20) ¡Qué grande es tu bondad, Yahveh! Tú la reservas para los que te temen, se la brindas a los que a ti se acogen, ante los hijos de Adán.

20 (21) Tú los escondes en el secreto de tu rostro, lejos de las intrigas de los hombres; bajo techo los pones a cubierto de la querella de las lenguas.

21 (22) ¡Bendito sea Yahveh que me ha brindado maravillas de amor (en ciudad fortificada)!

22 (23) ¡Y yo que decía en mi inquietud: «Estoy dejado de tus ojos!» Mas tú oías la voz de mis plegarias, cuando clamaba a ti.

23 (24) Amad a Yahveh, todos sus amigos; a los fieles protege Yahveh, pero devuelve muy sobrado al que obra por orgullo.

24 (25) ¡Valor, que vuestro corazón se afirme, vosotros todos que esperáis en Yahveh!

Salmo 32 (31)

(1) = De David. Poema. =

1 ¡Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado!

2 Dichoso el hombre a quien Yahveh no le cuenta el delito, y en cuyo espíritu no hay fraude.

3 Cuando yo me callaba, se sumían mis huesos en mi rugir de cada día,

4 mientras pesaba, día y noche, tu mano sobre mí; mi corazón se alteraba como un campo en los ardores del estío. = Pausa. =

5 Mi pecado te reconocí, y no oculté mi culpa; dije: «Me confesaré a Yahveh de mis rebeldías.» Y tú absolviste mi culpa, perdonaste mi pecado. = Pausa. =

6 Por eso te suplica todo el que te ama en la hora de la angustia. Y aunque las muchas aguas se desborden, no le alcanzarán.

7 Tú eres un cobijo para mí, de la angustia me guardas, estás en torno a mí para salvarme. = Pausa. =

8 Voy a instruirte, a mostrarte el camino a seguir; fijos en ti los ojos, seré tu consejero.

9 No seas cual caballo o mulo sin sentido, rienda y freno hace falta para domar su brío, si no, no se te acercan.

10 Copiosas son las penas del impío, al que confía en Yahveh el amor le envuelve.

11 ¡Alegraos en Yahveh, oh justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!

Salmo 33 (32)

1 ¡Gritad de júbilo, justos, por Yahveh!, de los rectos es propia la alabanza;

2 ¡dad gracias a Yahveh con la cítara, salmodiad para él al arpa de diez cuerdas;

3 cantadle un cantar nuevo, tocad la mejor música en la aclamación!

4 Pues recta es la palabra de Yahveh, toda su obra fundada en la verdad;

5 él ama la justicia y el derecho, del amor de Yahveh está llena la tierra.

6 Por la palabra de Yahveh fueron hechos los cielos por el soplo de su boca toda su mesnada.

7 El recoge, como un dique, las aguas del mar, en depósitos pone los abismos.

8 ¡Tema a Yahveh la tierra entera, ante él tiemblen todos los que habitan el orbe!

9 Pues él habló y fue así, mandó él y se hizo.

10 Yahveh frustra el plan de las naciones, hace vanos los proyectos de los pueblos;

11 mas el plan de Yahveh subsiste para siempre, los proyectos de su corazón por todas las edades.

12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahveh, el pueblo que se escogió por heredad!

13 Yahveh mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán;

14 desde el lugar de su morada observa a todos los habitantes de la tierra,

15 él, que forma el corazón de cada uno, y repara en todas sus acciones.

16 No queda a salvo el rey por su gran ejército, ni el bravo inmune por su enorme fuerza.

17 Vana cosa el caballo para la victoria, ni con todo su vigor puede salvar.

18 Los ojos de Yahveh están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor,

19 para librar su alma de la muerte, y sostener su vida en la penuria.

20 Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo;

21 en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos.

22 Sea tu amor, Yahveh, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza.

Salmo 34 (33)

(1) = De David. Cuando fingiéndose demente ante Abimélek, fue despachado por él y se marchó. =

1 (2) = Alef. = Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza;

2 (3) = Bet. = en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren!

3 (4) = Guimel. = Engrandeced conmigo a Yahveh, ensalcemos su nombre todos juntos.

4 (5) = Dálet. = He buscado a Yahveh, y me ha respondido: me ha librado de todos mis temores.

5 (6) = He. = Los que miran hacia él, refulgirán: no habrá sonrojo en su semblante.

6 (7) = Zain. = Cuando el pobre grita, Yahveh oye, y le salva de todas sus angustias.

7 (8) = Jet. = Acampa el ángel de Yahveh en torno a los que le temen y los libra.

8 (9) = Tet. = Gustad y ved qué bueno es Yahveh, dichoso el hombre que se cobija en él.

9 (10) = Yod. = Temed a Yahveh vosotros, santos suyos, que a quienes le temen no les falta nada.

10 (11) = Kaf. = Los ricos quedan pobres y hambrientos, mas los que buscan a Yahveh de ningún bien carecen.

11 (12) = Lámed. = Venid, hijos, oídme, el temor de Yahveh voy a enseñaros.

12 (13) = Mem. = ¿Quién es el hombre que apetece la vida, deseoso de días para gozar de bienes?

13 (14) = Nun. = Guarda del mal tu lengua, tus labios de decir mentira;

14 (15) = Sámek. = apártate del mal y obra el bien, busca la paz y anda tras ella.

15 (16) = Ain. = Los ojos de Yahveh sobre los justos, y sus oídos hacia su clamor,

16 (17) = Pe = el rostro de Yahveh contra los malhechores, para raer de la tierra su memoria.

17 (18) = Sade. = Cuando gritan aquéllos, Yahveh oye, y los libra de todas sus angustias;

18 (19) = Qof. = Yahveh está cerca de los que tienen roto el corazón. él salva a los espíritus hundidos.

19 (20) = Res. = Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libera Yahveh;

20 (21) = Sin. = todos sus huesos guarda, no será quebrantado ni uno solo.

21 (22) = Tau. = La malicia matará al impío, los que odian al justo lo tendrán que pagar.

22 (23) Yahveh rescata el alma de sus siervos, nada habrán de pagar los que en él se cobijan.

Salmo 35 (34)

(1) = De David. =

1 Ataca, Yahveh, a los que me atacan, combate a quienes me combaten;

2 embraza el escudo y el pavés, y álzate en mi socorro;

3 blande la lanza y la pica contra mis perseguidores. Di a mi alma: «Yo soy tu salvación.»

4 ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos que andan buscando mi vida! ¡Vuelvan atrás y queden confundidos los que mi mal maquinan!

5 ¡Sean lo mismo que la paja al viento, por el ángel de Yahveh acosados;

6 sea su camino tiniebla y precipicio, perseguidos por el ángel de Yahveh!

7 Pues sin causa me han tendido su red, han cavado una fosa para mí.

8 ¡Sobre cada uno de ellos caiga de improviso la ruina: le prenda la red que había tendido, y en su fosa se hunda!

9 Y mi alma exultará en Yahveh, en su salvación se gozará.

10 Dirán todos mis huesos: Yahveh, ¿quién como tú, para librar al débil del más fuerte, al pobre de su expoliador?

11 Testigos falsos se levantan, sobre lo que ignoro me interrogan;

12 me pagan mal por bien, ¡desolación para mi alma!

13 Yo, en cambio, cuando eran ellos los enfermos, vestido de sayal, me humillaba con ayuno, y en mi interior repetía mi oración;

14 como por un amigo o un hermano iba y venía, como en duelo de una madre, sombrío me encorvaba.

15 Ellos se ríen de mi caída, se reúnen, sí, se reúnen contra mí; extranjeros, que yo no conozco, desgarran sin descanso;

16 si caigo, me rodean rechinando sus dientes contra mí.

17 ¿Cuánto tiempo, Señor, te quedarás mirando? Recobra mi alma de sus garras, de los leones mi vida.

18 Te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré entre un pueblo copioso.

19 No se rían de mí, mis enemigos pérfidos, ni se guiñen sus ojos los que me odian sin razón.

20 Pues no es de paz de lo que hablan a los pacíficos de la tierra; mascullan palabras de perfidia,

21 abren bien grande su boca contra mí; dicen: «¡Ja, Ja, nuestros ojos lo han visto!»

22 Tú lo has visto, Yahveh, no te quedes callado, Señor, no estés lejos de mí;

23 despiértate, levántate a mi juicio, en defensa de mi causa, oh mi Dios y Señor;

24 júzgame conforme a tu justicia, oh Yahveh, ¡Dios mío, no se rían de mí!

25 No digan en su corazón: «¡Ajá, lo que queríamos!» No digan: «¡Le hemos engullido!»

26 ¡Vergüenza y confusión caigan a una sobre los que se ríen de mi mal; queden cubiertos de vergüenza y de ignominia los que a mi costa medran!

27 Exulten y den gritos de júbilo los que en mi justicia se complacen, y digan sin cesar: «¡Grande es Yahveh, que en la paz de su siervo se complace!»

28 Y tu justicia musitará mi lengua, todo el día tu alabanza.

Salmo 36 (35)

(1) = Del maestro de coro. Del siervo de Yahveh. De David. =

1 (2) Un oráculo para el impío es el pecado en el fondo de su corazón; temor de Dios no existe delante de sus ojos.

2 (3) Con ojo harto lisonjero se mira, para encontrar y detestar su culpa;

3 (4) las palabras de su boca, iniquidad y engaño; renunció a ser sensato, a hacer el bien.

4 (5) Sólo maquina iniquidad sobre su lecho; en un camino que no es bueno se obstina y no reprueba el mal.

5 (6) Oh Yahveh, en los cielos tu amor, hasta las nubes tu verdad;

6 (7) tu justicia, como los montes de Dios, tus juicios, como el hondo abismo. A hombres y bestias salvas tú, Yahveh,

7 (8) oh Dios, ¡qué precioso tu amor! Por eso los hijos de Adán, a la sombra de tus alas se cobijan.

8 (9) Se sacian de la grasa de tu Casa, en el torrente de tus delicias los abrevas;

9 (10) en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz.

10 (11) Guarda tu amor a los que te conocen, y tu justicia a los de recto corazón.

11 (12) ¡Que el pie del orgullo no me alcance, ni la mano de los impíos me avente!

12 (13) Ved cómo caen los agentes de mal, abatidos, no pueden levantarse.

Salmo 37 (36)

(1) = De David. =

1 = Alef. = No te acalores por causa de los malos, no envidies a los que hacen injusticia.

2 Pues aridecen presto como el heno, como la hierba tierna se marchitan.

3 = Bet. = Ten confianza en Yahveh y obra el bien, vive en la tierra y crece en paz,

4 ten tus delicias en Yahveh, y te dará lo que pida tu corazón.

5 = Guimel. = Pon tu suerte en Yahveh, confía en él, que él obrará;

6 hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía.

7 = Dálet. = Vive en calma ante Yahveh, espera en él, no te acalores contra el que prospera, contra el hombre que urde intrigas.

8 = He. = Desiste de la cólera y abandona el enojo, no te acalores, que es peor;

9 pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Yahveh poseerán la tierra.

10 = Vau. = Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está;

11 mas poseerán la tierra los humildes, y gozarán de inmensa paz.

12 = Zain. = El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él;

13 el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día.

14 = Jet. = Desenvainan la espada los impíos, tienden el arco, para abatir al mísero y al pobre, para matar a los rectos de conducta;

15 su espada entrará en su propio corazón, y sus arcos serán rotos.

16 = Tet. = Lo poco del justo vale más que la mucha abundancia del impío;

17 pues los brazos de los impíos serán rotos, mientras que a los justos los sostiene Yahveh.

18 = Yod. = Yahveh conoce los días de los íntegros, su herencia será eterna;

19 no serán confundidos en tiempo de desgracia, en días de penuria gozarán de hartura.

20 = Kaf. = Perecerán, en cambio, los impíos, los enemigos de Yahveh; se esfumarán como el ornato de los prados, en humo se desvanecerán.

21 = Lámed. = Toma el impío prestado y no devuelve, mas el justo es compasivo y da;

22 los que él bendice poseerán la tierra, los que él maldice serán exterminados.

23 = Mem. = De Yahveh penden los pasos del hombre, firmes son y su camino le complace;

24 aunque caiga, no se queda postrado, porque Yahveh la mano le sostiene.

25 = Nun. = Fui joven, ya soy viejo, nunca vi al justo abandonado, ni a su linaje mendigando el pan.

26 En todo tiempo es compasivo y presta, su estirpe vivirá en bendición.

27 = Sámek. = Apártate del mal y obra el bien, tendrás para siempre una morada;

28 porque Yahveh ama lo que es justo y no abandona a sus amigos. = Ain. = Los malvados serán por siempre exterminados, la estirpe de los impíos cercenada;

29 los justos poseerán la tierra, y habitarán en ella para siempre.

30 La boca del justo sabiduría susurra, su lengua habla rectitud;

31 la ley de su Dios está en su corazón, sus pasos no vacilan.

32 Espía el impío al justo, y busca darle muerte;

33 en su mano Yahveh no le abandona, ni deja condenarle al ser juzgado.

34 Espera en Yahveh y guarda su camino, él te exaltará a la herencia de la tierra, el exterminio de los impíos verás.

35 He visto al impío muy arrogante empinarse como un cedro del Líbano;

36 pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró.

37 Observa al perfecto, mira al íntegro: hay descendencia para el hombre de paz;

38 pero los rebeldes serán a una aniquilados, y la posteridad de los impíos extirpada.

39 La salvación de los justos viene de Yahveh, él su refugio en tiempo de angustia;

40 Yahveh los ayuda y los libera, de los impíos él los libra, los salva porque a él se acogen.

Salmo 38 (37)

(1) = Salmo De David. En memoria. =

1 (2) Yahveh, no me corrijas en tu enojo, en tu furor no me castigues.

2 (3) Pues en mí se han clavado tus saetas, ha caído tu mano sobre mí;

3 (4) nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado.

4 (5) Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí;

5 (6) mis llagas son hedor y putridez, debido a mi locura;

6 (7) encorvado, abatido totalmente, sombrío ando todo el día.

7 (8) Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne;

8 (9) entumecido, molido totalmente, me hace rugir la convulsión del corazón.

9 (10) Señor, todo mi anhelo ante tus ojos, mi gemido no se te oculta a ti.

10 (11) Me traquetea el corazón, las fuerzas me abandonan, y la luz misma de mis ojos me falta.

11 (12) Mis amigos y compañeros se partan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan;

12 (13) y tienden lazos los que buscan mi alma, los que traman mi mal hablan de ruina, y todo el día andan urdiendo fraudes.

13 (14) Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca;

14 (15) sí, soy como un hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios.

15 (16) Que en ti, Yahveh, yo espero, tú responderás, Señor, Dios mío.

16 (17) He dicho: «! No se rían de mí, no me dominen cuando mi pie resbale!».

17 (18) Y ahora ya estoy a punto de caída, mi tormento sin cesar está ante mí.

18 (19) Sí, mi culpa confieso, acongojado estoy por mi pecado.

19 (20) Aumentan mis enemigos sin razón, muchos son los que sin causa me odian,

20 (21) los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco.

21 (22) ¡No me abandones, tú, Yahveh, Dios mío, no estés lejos de mí!

22 (23) Date prisa a auxiliarme, oh Señor, mi salvación!

Salmo 39 (38)

(1) = Del maestro de coro. De Yedutún. Salmo. De David. =

1 (2) Yo me decía: «Guardaré mis caminos, sin pecar con mi lengua, pondré un freno en mi boca, mientras esté ante mí el impío.»

2 (3) Enmudecí, quedé en silencio y calma: mas al ver su dicha se enconó mi tormento.

3 (4) Dentro de mí mi corazón se acaloraba, de mi queja prendió el fuego, y mi lengua llegó a hablar:

4 (5) «Hazme saber, Yahveh, mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que sepa yo cuán frágil soy.

5 (6) «Oh sí, de unos palmos hiciste mis días, mi existencia cual nada es ante ti; sólo un soplo, todo hombre que se yergue,

6 (7) nada más una sombra el humano que pasa, sólo un soplo las riquezas que amontona, sin saber quién las recogerá.»

7 (8) Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar? En ti está mi esperanza.

8 (9) De todas mis rebeldías líbrame, no me hagas la irrisión del insensato.

9 (10) Me callo ya, no abro la boca, pues eres tú el que actúas.

10 (11) Retira de mí tus golpes, bajo el azote de tu mano me anonado.

11 (12) Reprendiendo sus yerros tú corriges al hombre, cual polilla corroes su anhelos. Un soplo sólo, todo hombre. = Pausa. «=

12 (13) Escucha mi súplica, Yahveh, presta oído a mi grito, no te hagas sordo a mis lágrimas. Pues soy un forastero junto a ti, un huésped como todos mis padres.

13 (14) ¡Retira tu mirada para que respire antes que me vaya y ya no exista más!

Salmo 40 (39)

(1) = Del maestro de coro. De David. Salmo. =

1 (2) En Yahveh puse toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.

2 (3) Me sacó de la fosa fatal, del fango cenagoso; asentó mis pies sobre la roca, consolidó mis pasos.

3 (4) Puso en mi boca un canto nuevo, una alabanza a nuestro Dios; muchos verán y temerán, y en Yahveh tendrán confianza.

4 (5) Dichoso el hombre aquel que en Yahveh pone su confianza, y no se va con los rebeldes, que andan tras la mentira.

5 (6) ¡Cuántas maravillas has hecho, Yahveh, Dios mío, qué de designios con nosotros: no hay comparable a ti! Yo quisiera publicarlos, pregonarlos, mas su número excede toda cuenta.

6 (7) Ni sacrificio ni oblación querías, pero el oído me has abierto; no pedías holocaustos ni víctimas,

7 (8) dije entonces: Heme aquí, que vengo. Se me ha prescrito en el rollo del libro

8 (9) hacer tu voluntad. Oh Dios mío, en tu ley me complazco en el fondo de mi ser.

9 (10) He publicado la justicia en la gran asamblea; mira, no he contenido mis labios, tú lo sabes, Yahveh.

10 (11) No he escondido tu justicia en el fondo de mi corazón, he proclamado tu lealtad, tu salvación, no he ocultado tu amor y tu verdad a la gran asamblea.

11 (12) Y tú, Yahveh, no contengas tus ternuras para mí. Que tu amor y tu verdad incesantes me guarden.

12 (13) Pues desdichas me envuelven en número incontable. Mis culpas me dan caza, y no puedo ya ver; más numerosas son que los cabellos de mi cabeza, y el corazón me desampara.

13 (14) ¡Dígnate, oh Yahveh, librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!

14 (15) ¡Queden avergonzados y confusos todos juntos los que buscan mi vida para cercenarla! ¡Atrás, sean confundidos los que desean mi mal!

15 (16) Queden consternados de vergüenza los que dicen contra mí: «¡Ja, Ja!»

16 (17) ¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! Repitan sin cesar: «¡Grande es Yahveh!», los que aman tu salvación.

17 (18) Y yo, pobre soy y desdichado, pero el Señor piensa en mí; tú, mi socorro y mi libertador, oh Dios mío, no tardes.

Salmo 41 (40)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) ¡Dichoso el que cuida del débil y del pobre! En día de desgracia le libera Yahveh;

2 (3) Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara, y no le abandona a la saña de sus enemigos;

3 (4) le sostiene Yahveh en su lecho de dolor; tú rehaces entera la postración en que se sume.

4 (5) Yo he dicho: «Tenme piedad, Yahveh, sana mi alma, pues contra ti he pecado!»

5 (6) Mis enemigos hablan mal contra mí: «¿Cuándo se morirá y se perderá su nombre?»

6 (7) Si alguien viene a verme, habla de cosas fútiles, el corazón repleto de maldad, va a murmurar afuera.

7 (8) A una cuchichean contra mí todos los que me odian, me achacan la desgracia que me aqueja:

8 (9) «Cosa de infierno ha caído sobre él, ahora que se ha acostado, ya no ha de levantarse.»

9 (10) Hasta mi amigo íntimo en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar.

10 (11) Mas tú, Yahveh, tenme piedad, levántame y les daré su merecido;

11 (12) en esto sabré que tú eres mi amigo: si mi enemigo no lanza más su grito contra mí;

12 (13) y a mí me mantendrás en mi inocencia, y ante tu faz me admitirás por siempre.

13 (14) ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, desde siempre hasta siempre! ¡Amén! ¡Amén!

Salmo 42 (41)

(1) = Del maestro de coro. Poema. De los hijos de Coré. =

1 (2) Como jadea la cierva, tras las corrientes de agua, así jadea mi alma, en pos de ti, mi Dios.

2 (3) Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios?

3 (4) ¡Son mis lágrimas mi pan, de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿En dónde está tu Dios?

4 (5) Yo lo recuerdo, y derramo dentro de mí mi alma, cómo marchaba a la Tienda admirable, a la Casa de Dios, entre los gritos de júbilo y de loa, y el gentío festivo.

5 (6) ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y

6 (7) mi Dios! En mí mi alma desfallece. por eso te recuerdo desde la tierra del Jordán y los Hermones, a ti, montaña humilde.

7 (8) Abismo que llama al abismo, en el fragor de tus cataratas, todas tus olas y tus crestas han pasado sobre mí.

8 (9) De día mandará Yahveh su gracia, y el canto que me inspire por la noche será una oración al Dios de mi vida.

9 (10) Diré a Dios mi Roca: ¿Por qué me olvidas?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo?

10 (11) Con quebranto en mis huesos mis adversarios me insultan, todo el día repitiéndome: ¿En dónde está tu Dios?

11 (12) ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!

Salmo 43 (42)

1 Hazme justicia, oh Dios, y mi causa defiende contra esta gente sin amor; del hombre falso y fraudulento, líbrame.

2 Tú el Dios de mi refugio: ¿por qué me has rechazado?, ¿por qué he de andar sombrío por la opresión del enemigo?

3 Envía tu luz y tu verdad, ellas me guíen, y me conduzcan a tu monte santo, donde tus Moradas.

4 Y llegaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría. Y exultaré, te alabaré a la cítara, oh Dios, Dios mío.

5 ¿Por qué, alma mía, desfalleces y te agitas por mí? Espera en Dios: aún le alabaré, ¡salvación de mi rostro y mi Dios!

Salmo 44 (43)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Poema. =

1 (2) Oh Dios, con nuestros propios oídos lo oímos, nos lo contaron nuestros padres, la obra que tú hiciste en sus días, en los días antiguos,

2 (3) y con tu propia mano. Para plantarlos a ellos, expulsaste naciones, para ensancharlos, maltrataste pueblos;

3 (4) no por su espada conquistaron la tierra, ni su brazo les dio la victoria, sino que fueron tu diestra y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque los amabas.

4 (5) Tú sólo, oh Rey mío, Dios mío, decidías las victorias de Jacob;

5 (6) por ti nosotros hundíamos a nuestros adversarios, por tu nombre pisábamos a nuestros agresores.

6 (7) No estaba en mi arco mi confianza, ni mi espada me hizo vencedor;

7 (8) que tú nos salvabas de nuestros adversarios, tú cubrías de vergüenza a nuestros enemigos;

8 (9) en Dios todo el día nos gloriábamos, celebrando tu nombre sin cesar. = Pausa. =

9 (10) Y con todo, nos has rechazado y confundido, no sales ya con nuestras tropas,

10 (11) nos haces dar la espalda al adversario, nuestros enemigos saquean a placer.

11 (12) Como ovejas de matadero nos entregas, y en medio de los pueblos nos has desperdigado;

12 (13) vendes tu pueblo sin ventaja, y nada sacas de su precio.

13 (14) De nuestros vecinos nos haces la irrisión, burla y escarnio de nuestros circundantes;

14 (15) mote nos haces entre las naciones, meneo de cabeza entre los pueblos.

15 (16) Todo el día mi ignominia está ante mí, la vergüenza cubre mi semblante,

16 (17) bajo los gritos de insulto y de blasfemia, ante la faz del odio y la venganza.

17 (18) Nos llegó todo esto sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza.

18 (19) ¡No habían vuelto atrás nuestros corazones, ni habían dejado nuestros pasos tu sendero,

19 (20) para que tú nos aplastaras en morada de chacales, y nos cubrieras con la sombra de la muerte!

20 (21) Si hubiésemos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero,

21 (22) ¿no se habría dado cuenta Dios, él, que del corazón conoce los secretos?

22 (23) Pero por ti se nos mata cada día, como ovejas de matadero se nos trata.

23 (24) ¡Despierta ya! ¿Por qué duermes, Señor? ¡Levántate, no rechaces para siempre!

24 (25) ¿Por qué ocultas tu rostro, olvidas nuestra opresión, nuestra miseria?

25 (26) Pues nuestra alma está hundida en el polvo, pegado a la tierra nuestro vientre.

26 (27) ¡Alzate, ven en nuestra ayuda, rescátanos por tu amor!

Salmo 45 (44)

(1) = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios...» De los hijos de Coré. Poema. Canto de amor. =

1 (2) Bulle mi corazón de palabras graciosas; voy a recitar mi poema para un rey: es mi lengua la pluma de un escriba veloz.

2 (3) Eres hermoso, el más hermoso de los hijos de Adán, la gracia está derramada en tus labios. Por eso Dios te bendijo para siempre.

3 (4) Ciñe tu espada a tu costado, oh bravo, en tu gloria y tu esplendor

4 (5) marcha, cabalga, por la causa de la verdad, de la piedad, de la justicia. ¡Tensa la cuerda en el arco, que hace terrible tu derecha!

5 (6) Agudas son tus flechas, bajo tus pies están los pueblos, desmaya el corazón de los enemigos del rey.

6 (7) Tu trono es de Dios para siempre jamás; un cetro de equidad, el cetro de tu reino;

7 (8) tú amas la justicia y odias la impiedad. Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros;

8 (9) mirra y áloe y casia son todos tus vestidos. Desde palacios de marfil laúdes te recrean.

9 (10) Hijas de reyes hay entre tus preferidas; a tu diestra una reina, con el oro de Ofir.

10 (11) Escucha, hija, mira y pon atento oído, olvida tu pueblo y la casa de tu padre,

11 (12) y el rey se prendará de tu belleza. El es tu Señor, ¡póstrate ante él!

12 (13) La hija de Tiro con presentes, y los más ricos pueblos recrearán tu semblante.

13 (14) Toda espléndida, la hija del rey, va adentro, con vestidos en oro recamados;

14 (15) con sus brocados el llevada ante el rey. Vírgenes tras ella, compañeras suyas, donde él son introducidas;

15 (16) entre alborozo y regocijo avanzan, al entrar en el palacio del rey.

16 (17) En lugar de tus padres, tendrás hijos; príncipes los harás sobre toda la tierra.

17 (18) ¡Logre yo hacer tu nombre memorable por todas las generaciones, y los pueblos te alaben por los siglos de los siglos!

Salmo 46 (45)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Para oboes. Cántico. =

1 (2) Dios es para nosotros refugio y fortaleza, un socorro en la angustia siempre a punto.

2 (3) Por eso no tememos si se altera la tierra, si los montes se conmueven en el fondo de los mares,

3 (4) aunque sus aguas bramen y borboten, y los montes retiemblen a su ímpetu. (¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob!) = Pausa. =

4 (5) ¡Un río! Sus brazos recrean la ciudad de Dios, santificando las moradas del Altísimo.

5 (6) Dios está en medio de ella, no será conmovida, Dios la socorre al llegar la mañana.

6 (7) Braman las naciones, se tambalean los reinos, lanza él su voz, la tierra se derrite.

7 (8) ¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! = Pausa. =

8 (9) Venid a contemplar los prodigios de Yahveh, el que llena la tierra de estupores.

9 (10) Hace cesar las guerras hasta el extremo de la tierra; quiebra el arco, parte en dos la lanza, y prende fuego a los escudos.

10 (11) «¡Basta ya; sabed que yo soy Dios, excelso sobre las naciones, sobre la tierra excelso!»

11 (12) ¡Con nosotros Yahveh Sebaot, baluarte para nosotros, el Dios de Jacob! = Pausa. =

Salmo 47 (46)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2) ¡Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de alegría!

2 (3) Porque Yahveh, el Altísimo, es terrible, Rey grande sobre la tierra toda.

3 (4) El somete a nuestro yugo los pueblos, y a las gentes bajo nuestros pies;

4 (5) él nos escoge nuestra herencia, orgullo de Jacob, su amado. = Pausa. =

5 (6) Sube Dios entre aclamaciones, Yahveh al clangor de la trompeta:

6 (7) ¡salmodiad para nuestro Dios, salmodiad, salmodiad para nuestro Rey, salmodiad!

7 (8) Que de toda la tierra él es el rey: ¡salmodiad a Dios con destreza!

8 (9) Reina Dios sobre las naciones, Dios, sentado en su sagrado trono.

9 (10) Los príncipes de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham.

10 Pues de Dios son los escudos de la tierra, él, inmensamente excelso.

Salmo 48 (47)

(1) = Cántico. Salmo. De los hijos de Coré. =

1 (2) Grande es Yahveh, y muy digno de loa en la ciudad de nuestro Dios; su monte santo,

2 (3) de gallarda esbeltez, es la alegría de toda la tierra; el monte Sión, confín del Norte, la ciudad del gran Rey:

3 (4) Dios, desde sus palacios, se ha revelado como baluarte.

4 (5) He aquí que los reyes se habían aliado, irrumpían a una;

5 (6) apenas vieron, de golpe estupefactos, aterrados, huyeron en tropel.

6 (7) Allí un temblor les invadió, espasmos como de mujer en parto,

7 (8) tal el viento del este que destroza los navíos de Tarsis.

8 (9) Como habíamos oído lo hemos visto en la ciudad de Yahveh Sebaot, en la ciudad de nuestro Dios, que Dios afirmó para siempre. = Pausa. =

9 (10) Tu amor, oh Dios, evocamos en medio de tu Templo;

10 (11) ¡como tu nombre, oh Dios, tu alabanza hasta los confines de la tierra! De justicia está llena tu diestra,

11 (12) el monte Sión se regocija, exultan las hijas de Judá a causa de tus juicios.

12 (13) Dad la vuelta a Sión, girad en torno de ella, enumerad sus torres;

13 (14) grabad en vuestros corazones sus murallas, recorred sus palacios; para contar a la edad venidera

14 (15) que así es Dios, nuestro Dios por los siglos de los siglos, aquel que nos conduce.

Salmo 49 (48)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2) ¡Oídlo, pueblos todos, escuchad, habitantes todos de la tierra,

2 (3) hijos de Adán, así como hijos de hombre, ricos y pobres a la vez!

3 (4) Mi boca va a decir sabiduría, y cordura el murmullo de mi corazón;

4 (5) tiendo mi oído a un proverbio, al son de cítara descubriré mi enigma.

5 (6) ¿Por qué temer en días de desgracia cuando me cerca la malicia de los que me hostigan,

6 (7) los que ponen su confianza en su fortuna, y se glorían de su gran riqueza?

7 (8) ¡Si nadie puede redimirse ni pagar a Dios por su rescate!;

8 (9) es muy cara la redención de su alma, y siempre faltará,

9 (10) para que viva aún y nunca vea la fosa.

10 (11) Se ve, en cambio, fenecer a los sabios, perecer a la par necio y estúpido, y dejar para otros sus riquezas.

11 (12) Sus tumbas son sus casas para siempre, sus moradas de edad en edad; ¡y a sus tierras habían puesto sus nombres!

12 (13) El hombre en la opulencia no comprende, a las bestias mudas se asemeja.

13 (14) Así andan ellos, seguros de sí mismos, y llegan al final, contentos de su suerte. = Pausa. =

14 (15) Como ovejas son llevados al seol, los pastorea la Muerte, y los rectos dominarán sobre ellos. Por la mañana se desgasta su imagen, ¡el seol será su residencia!

15 (16) Pero Dios rescatará mi alma, de las garras del seol me cobrará.

16 (17) No temas cuando el hombre se enriquece, cuando crece el boato de su casa.

17 (18) Que a su muerte, nada ha de llevarse, su boato no bajará con él.

18 (19) Aunque en vida se bendecía a sí mismo - te alaban, porque te has tratado bien -,

19 (20) irá a unirse a la estirpe de sus padres, que nunca ya verán la luz.

20 (21) El hombre en la opulencia no comprende, a las bestias mudas se asemeja.

Salmo 50 (49)

(1) = Salmo. De Asaf. =

1 El Dios de los dioses, Yahveh, habla y convoca a la tierra desde oriente hasta occidente.

2 Desde Sión, la Hermosa sin par, Dios resplandece,

3 viene nuestro Dios y no se callará. Delante de él, un fuego que devora, en torno a él, violenta tempestad;

4 convoca a los cielos desde lo alto, y a la tierra para juzgar a su pueblo.

5 «¡Congregad a mis fieles ante mí, los que mi alianza con sacrificio concertaron!»

6 Anuncian los cielos su justicia, porque es Dios mismo el juez. = Pausa. =

7 «Escucha, pueblo mío, que hablo yo, Israel, yo atestiguo contra ti, yo, Dios, tu Dios.

8 «No es por tus sacrificios por lo que te acuso: ¡están siempre ante mí tus holocaustos!

9 No tengo que tomar novillo de tu casa, ni machos cabríos de tus apriscos.

10 «Pues mías son todas las fieras de la selva, las bestias en los montes a millares;

11 conozco todas las aves de los cielos, mías son las bestias de los campos.

12 «Si hambre tuviera, no habría de decírtelo, porque mío es el orbe y cuanto encierra.

13 ¿Es que voy a comer carne de toros, o a beber sangre de machos cabríos?

14 «Sacrificio ofrece a Dios de acción de gracias, cumple tus votos al Altísimo;

15 e invócame en el día de la angustia, te libraré y tú me darás gloria.»

16 Pero al impío Dios le dice: «¿Qué tienes tú que recitar mis preceptos, y tomar en tu boca mi alianza,

17 tú que detestas la doctrina, y a tus espaldas echas mis palabras?

18 «Si a un ladrón ves, te vas con él, alternas con adúlteros;

19 sueltas tu boca al mal, y tu lengua trama engaño.

20 «Te sientas, hablas contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre.

21 Esto haces tú, ¿y he de callarme? ¿Es que piensas que yo soy como tú? Yo te acuso y lo expongo ante tus ojos.

22 «¡Entended esto bien los que olvidáis a Dios, no sea que yo arrebate y no haya quien libre!

23 El que ofrece sacrificios de acción de gracias me da gloria, al hombre recto le mostraré la salvación de Dios.»

Salmo 51 (50)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

(2) = Cuando el profeta Natán le visitó después que aquél se había unido a Betsabé. =

1 (3) Tenme piedad, oh Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito,

2 (4) lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame.

3 (5) Pues mi delito yo lo reconozco, mi pecado sin cesar está ante mí;

4 (6) contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí. Por que aparezca tu justicia cuando hablas y tu victoria cuando juzgas.

5 (7) Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre.

6 (8) Mas tú amas la verdad en lo íntimo del ser, y en lo secreto me enseñas la sabiduría.

7 (9) Rocíame con el hisopo, y seré limpio, lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

8 (10) Devuélveme el son del gozo y la alegría, exulten los huesos que machacaste tú.

9 (11) Retira tu faz de mis pecados, borra todas mis culpas.

10 (12) Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, un espíritu firme dentro de mí renueva;

11 (13) no me rechaces lejos de tu rostro, no retires de mí tu santo espíritu.

12 (14) Vuélveme la alegría de tu salvación, y en espíritu generoso afiánzame;

13 (15) enseñaré a los rebeldes tus caminos, y los pecadores volverán a ti.

14 (16) Líbrame de la sangre, Dios, Dios de mi salvación, y aclamará mi lengua tu justicia;

15 (17) abre, Señor, mis labios, y publicará mi boca tu alabanza.

16 (18) Pues no te agrada el sacrificio, si ofrezco un holocausto no lo aceptas.

17 (19) El sacrificio a Dios es un espíritu contrito; un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias.

18 (20) ¡Favorece a Sión en tu benevolencia, reconstruye las murallas de Jerusalén!

19 (21) Entonces te agradarán los sacrificios justos, - holocausto y oblación entera - se ofrecerán entonces sobre tu altar novillos.

Salmo 52 (51)

(1) = Del maestro de coro. Poema. De David. =

(2) = Cuando el edomita Doeg vino a avisar a Saúl diciéndole: «David ha entrado en casa de Ajimélek.» =

1 (3) ¿Por qué te glorías del mal, héroe de infamia? Todo el día

2 (4) pensando estás en crímenes, tu lengua es una afilada navaja, oh artífice de engaño.

3 (5) El mal al bien prefieres, la mentira a la justicia; = Pausa. =

4 (6) amas toda palabra de perdición, oh lengua engañadora.

5 (7) Por eso Dios te aplastará, te destruirá por siempre, te arrancará de tu tienda, te extirpará de la tierra de los vivos. = Pausa. =

6 (8) Los justos lo verán y temerán, se reirán de él:

7 (9) «¡Ese es el hombre que no puso en Dios su refugio, mas en su gran riqueza confiaba, se jactaba de su crimen!»

8 (10) Mas yo, como un olivo verde en la Casa de Dios, en el amor de Dios confío para siempre jamás.

9 (11) Te alabaré eternamente por lo que has hecho; esperaré en tu nombre, porque es bueno con los que te aman

Salmo 53 (52)

(1) = Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema. De David. =

1 (2) Dice en su corazón el insensato: «¡No hay Dios!» Corrompidos están, de conducta abominable, no hay quien haga el bien.

2 (3) Se asoma Dios desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay un sensato, alguien que busque a Dios.

3 (4) Todos ellos están descarriados, en masa pervertidos. No hay quien haga el bien, ni uno siquiera.

4 (5) ¿No aprenderán todos los agentes de mal que comen a mi pueblo como se come el pan, y no invocan a Dios?

5 (6) Allí de espanto temblarán, donde nada hay que espante. Pues Dios dispersa los huesos de tu sitiador, se les ultraja porque Dios los rechaza.

6 (7) ¿Quién traerá de Sión la salvación de Israel? ¡Cuando Dios cambie la suerte de su pueblo, exultará Jacob, se alegrará Israel!

Salmo 54 (53)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David. =

(2) = Cuando los zifitas vinieron a decir a Saúl: «¿No está escondido David entre nosotros?» =

1 (3) ¡Oh Dios, sálvame por tu nombre, por tu poderío hazme justicia,

2 (4) oh Dios, escucha mi oración, atiende a las palabras de mi boca!

3 (5) Pues se han alzado contra mí arrogantes, rabiosos andan en busca de mi alma, sin tener para nada a Dios presente. = Pausa. =

4 (6) Mas ved que Dios viene en mi auxilio, el Señor con aquellos que sostienen mi alma.

5 (7) ¡El mal recaiga sobre los que me asechan, Yahveh, por tu verdad destrúyelos!

6 (8) De corazón te ofreceré sacrificios, celebraré tu nombre, porque es bueno,

7 (9) porque de toda angustia me ha librado, y mi ojo se recreó en mis enemigos

Salmo 55 (54)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema. De David. =

1 (2) Escucha, oh Dios, mi oración, no te retraigas a mi súplica,

2 (3) dame oídos, respóndeme, en mi queja me agito. Gimo

3 (4) ante la voz del enemigo, bajo el abucheo del impío; pues vierten sobre mí falsedades y con saña me hostigan.

4 (5) Se me estremece dentro el corazón, me asaltan pavores de muerte;

5 (6) miedo y temblor me invaden, un escalofrío me atenaza.

6 (7) Y digo: ¡Quién me diera alas como a la paloma para volar y reposar!

7 (8) Huiría entonces lejos, en el desierto moraría.

8 (9) En seguida encontraría un asilo contra el viento furioso y la tormenta. = Pausa. =

9 (10) ¡Oh, piérdelos, Señor, enreda sus lenguas!, pues veo discordia y altercado en la ciudad;

10 (11) rondan día y noche por sus murallas. Y dentro de ella falsedad y malicia,

11 (12) insidias dentro de ella, jamás se ausentan de sus plazas la tiranía y el engaño.

12 (13) Si todavía un enemigo me ultrajara, podría soportarlo; si el que me odia se alzara contra mí, me escondería de él.

13 (14) ¡Pero tú, un hombre de mi rango, mi compañero, mi íntimo,

14 (15) con quien me unía una dulce intimidad, en la Casa de Dios! ¡Oh, váyanse en tumulto,

15 (16) caiga la muerte sobre ellos, vivos en el seol se precipiten, pues está el mal instalado en medio de ellos!

16 (17) Yo, en cambio, a Dios invoco, y Yahveh me salva.

17 (18) A la tarde, a la mañana, al mediodía me quejo y gimo: él oye mi clamor.

18 (19) En paz mi alma rescata de la guerra que me hacen: aunque sean muchos contra mí,

19 (20) Dios escucha y los humilla, él, que reina desde siempre. Pero ellos sin enmienda, y sin temor de Dios.

20 (21) Cada uno extiende su mano contra sus aliados, viola su alianza;

21 (22) más blanda que la crema es su boca, pero su corazón es sólo guerra; sus palabras, más suaves que el aceite, son espadas desnudas.

22 (23) Descarga en Yahveh tu peso, y él te sustentará; no dejará que para siempre zozobre el justo.

23 (24) Y tú, oh Dios, los hundirás en el pozo de la fosa, a los hombres de sangre y de fraude, sin alcanzar la mitad de sus días. Mas yo confío en ti.

Salmo 56 (55)

(1) = Del maestro de coro. Según: «La opresión de los príncipes lejanos». De David. A media voz. Cuando los filisteos se apoderaron de él en Gat. =

1 (2) Tenme piedad, oh Dios, porque me pisan, todo el día hostigándome me oprimen.

2 (3) Me pisan todo el día los que me asechan, innumerables son los que me hostigan en la altura.

3 (4) El día en que temo, en ti confío.

4 (5) En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y ya no temo, ¿qué puede hacerme un ser de carne?

5 (6) Todo el día retuercen mis palabras, todos sus pensamientos son de hacerme mal;

6 (7) se conjuran, se ocultan, mis pisadas observan, como para atrapar mi alma.

7 (8) Por su iniquidad, ¿habrá escape para ellos? ¡Abate, oh Dios, a los pueblos en tu cólera!

8 (9) De mi vida errante llevas tú la cuenta, ¡recoge mis lágrimas en tu odre!

9 (10) Entonces retrocederán mis enemigos, el día en que yo clame. Yo sé que Dios está por mí.

10 (11) En Dios, cuya palabra alabo, en Yahveh, cuya palabra alabo,

11 (12) en Dios confío y ya no temo, ¿qué puede hacerme un hombre?

12 (13) A mi cargo, oh Dios, los votos que te hice: sacrificios te ofreceré de acción de gracias,

13 (14) pues tú salvaste mi alma de la muerte, para que marche ante la faz de Dios, en la luz de los vivos.

Salmo 57 (56)

(1) = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva. =

1 (2) Tenme piedad, oh Dios, tenme piedad, que en ti se cobija mi alma; a la sombra de tus alas me cobijo hasta que pase el infortunio.

2 (3) Invoco al Dios Altísimo, al Dios que tanto hace por mí.

3 (4) Mande desde los cielos y me salve, confunda a quien me pisa, envíe Dios su amor y su verdad. = Pausa. =

4 (5) Mi alma está tendida en medio de leones, que devoran a los hijos de Adán; sus dientes son lanzas y saetas, su lengua, una espada acerada.

5 (6) ¡Alzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria

6 (7) Tendían ellos una red bajo mis pasos, mi alma se doblaba; una fosa cavaron ante mí, ¡cayeron ellos dentro! = Pausa. =

7 (8) A punto está mi corazón, oh Dios, mi corazón a punto; voy a cantar, voy a salmodiar,

8 (9) ¡gloria mía, despierta!, ¡despertad, arpa y cítara!, ¡a la aurora he de despertar!

9 (10) Te alabaré entre los pueblos, Señor, te salmodiaré entre las gentes;

10 (11) porque tu amor es grande hasta los cielos, tu verdad hasta las nubes.

11 (12) ¡Álzate, oh Dios, sobre los cielos, sobre toda la tierra, tu gloria!

Salmo 58 (57)

(1) = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. =

1 (2) ¿De veras, dioses, pronunciáis justicia, juzgáis según derecho a los hijos de Adán?

2 (3) No. que de corazón cometéis injusticias, con vuestras manos pesáis la violencia en la tierra.

3 (4) Torcidos están desde el seno los impíos, extraviados desde el vientre los que dicen mentira;

4 (5) tienen veneno como veneno de serpiente, como el de un áspid sordo que se tapa el oído,

5 (6) que no oye la voz de los encantadores, del mago experto en el encanto.

6 (7) ¡Oh Dios, rompe sus dientes en su boca, quiebra, Yahveh, las muelas de los leoncillos.

7 (8) ¡Dilúyanse como aguas que se pasan, púdranse como hierba que se pisa.

8 (9) como limaco que marcha deshaciéndose, como aborto de mujer que no contempla el sol!

9 (10) ¡Antes que espinas echen, como la zarza, verde o quemada, los arrebate el torbellino!

10 (11) Se alegrará el justo de haber visto la venganza, sus pies bañará en la sangre del impío;

11 (12) y se dirá: «Sí, hay un fruto para el justo; sí, hay un Dios que juzga en la tierra.»

Salmo 59 (58)

(1) = Del maestro de coro. «No destruyas.» De David. A media voz. Cuando Saúl mandó a vigilar su casa con el fin de matarle. =

1 (2) ¡Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío, de mis agresores protégeme,

2 (3) líbrame de los agentes de mal, de los hombres sanguinarios sálvame!

3 (4) Mira que acechan a mi alma, poderosos se conjuran contra mí; sin rebeldía ni pecado en mí, Yahveh,

4 (5) sin culpa alguna, corren y se aprestan. Despiértate, ven a mi encuentro y mira,

5 (6) tú, Yahveh, Dios Sebaot, Dios de Israel, álzate a visitar a todos los gentiles, no te apiades de ninguno de esos traidores pérfidos. = Pausa. =

6 (7) Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad.

7 (8) Míralos desbarrar a boca llena, espadas en sus labios: «¿Hay alguno que oiga?»

8 (9) Mas tú, Yahveh, te ríes de ellos, tú te mofas de todos los gentiles.

9 (10) Oh fuerza mía, hacia ti miro. Pues es Dios mi ciudadela,

10 (11) el Dios de mi amor viene a mi encuentro. Dios me hará desafiar a los que me asechan.

11 (12) ¡Oh, no los mates, no se olvide mi pueblo, dispérsalos con tu poder, humíllalos, oh Señor, nuestro escudo!

12 (13) Pecado es en su boca la palabra de sus labios; ¡queden, pues, presos en su orgullo, por la blasfemia, por la mentira que vocean!

13 (14) ¡Suprime con furor, suprímelos, no existan más! Y se sepa que Dios domina en Jacob, hasta los confines de la tierra. = Pausa. =

14 (15) Regresan a la tarde, aúllan como perros, rondan por la ciudad;

15 (16) vedlos buscando qué comer, hasta que no están hartos van gruñendo.

16 (17) Yo, en cambio, cantaré tu fuerza, aclamaré tu amor a la mañana; pues tú has sido para mí una ciudadela, un refugio en el día de mi angustia.

17 (18) Oh fuerza mía, para ti salmodiaré, pues es Dios mi ciudadela, el Dios de mi amor.

Salmo 60 (59)

(1) = Del maestro de coro. Según «El lirio del testimonio». A media voz. De David. Para enseñar. =

(2) Cuando luchó contra Aram de Naharáyim y Aram de Sobá, y Joab, de vuelta, derrotó a Edom, en el valle de la Sal: doce mil hombres. =

1 (3) Nos has rechazado, oh Dios, nos has deshecho, estabas irritado, ¡oh, vuélvete a nosotros!

2 (4) Has sacudido la tierra, la has hendido; sana sus grietas, pues se desmorona.

3 (5) Hiciste ver a tu pueblo duras pruebas, nos diste a beber vino de vértigo.

4 (6) Diste a los que le temen la señal para que pudiesen escapar del arco. = Pausa. =

5 (7) Para que tus amados salgan libres, ¡salva con tu diestra, respóndenos!

6 (8) Ha hablado Dios en su santuario: «Ya exulto, voy a repartir a Siquem, a medir el valle de Sukkot.

7 (9) «Mío es Galaad, mío Manasés, Efraím, yelmo de mi cabeza, Judá, mi cetro,

8 (10) «Moab, la vasija en que me lavo. Sobre Edom tiro mi sandalia. ¡Canta, pues, victoria contra mí, Filistea!»

9 (11) ¿Quién me conducirá hasta la plaza fuerte, quién me guiará hasta Edom?

10 (12) ¿No eres tú, oh Dios, que nos has rechazado, y ya no sales, oh Dios, con nuestras tropas?

11 (13) Danos ayuda contra el adversario, que es vano el socorro del hombre.

12 (14) ¡Con Dios hemos de hacer proezas, y él hollará a nuestros adversarios!

Salmo 61 (60)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. De David. =

1 (2) ¡Escucha, oh Dios, mi clamor, atiende a mi plegaria!

2 (3) Desde el extremo de la tierra hacia ti grito, en el desmayo de mi corazón. A la roca que se alza lejos de mí, condúceme;

3 (4) pues tú eres mi refugio, torre fuerte frente al enemigo.

4 (5) ¡Que sea yo siempre huésped de tu tienda, y me acoja al amparo de tus alas! = Pausa. =

5 (6) Porque tú, oh Dios, oyes mis votos: tú me otorgas la heredad de los que temen tu nombre.

6 (7) A los días del rey añade días, sus años, generación tras generación.

7 (8) ¡Reine por siempre ante la faz de Dios! ¡El Amor y la Verdad le guarden!

8 (9) Entonces salmodiaré a tu nombre para siempre, día tras día cumpliré mis votos.

Salmo 62 (61)

(1) = Del maestro de coro... Yedutún. Salmo. De David. =

1 (2) En Dios sólo el descanso de mi alma, de él viene mi salvación;

2 (3) sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar.

3 (4) ¿Hasta cuándo atacaréis a un solo hombre, le abatiréis, vosotros todos, como a una muralla que se vence, como a pared que se desploma?

4 (5) Doblez sólo proyectan, su placer es seducir; con mentira en la boca, bendicen, y por dentro maldicen. = Pausa. =

5 (6) En Dios sólo descansa, oh alma mía, de él viene mi esperanza;

6 (7) sólo él mi roca, mi salvación, mi ciudadela, no he de vacilar;

7 (8) en Dios mi salvación y mi gloria, la roca de mi fuerza. En Dios mi refugio;

8 (9) confiad en él, oh pueblo, en todo tiempo; derramad ante él vuestro corazón, ¡Dios es nuestro refugio! = Pausa. =

9 (10) Un soplo solamente los hijos de Adán, los hijos de hombre, una mentira; si subieran a la balanza serían menos que un soplo todos juntos.

10 (11) No os fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón.

11 (12) Dios ha hablado una vez, dos veces, lo he oído: Que de Dios es la fuerza,

12 (13) tuyo, Señor, el amor; y: Que tú al hombre pagas con arreglo a sus obras.

Salmo 63 (62)

(1) = Salmo. De David. Cuando estaba en el desierto de Judá. =

1 (2) Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma, en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agotada, sin agua.

2 (3) Como cuando en el santuario te veía, al contemplar tu poder y tu gloria,

3 (4) - pues tu amor es mejor que la vida, mis labios te glorificaban -,

4 (5) así quiero en mi vida bendecirte, levantar mis manos en tu nombre;

5 (6) como de grasa y médula se empapará mi alma, y alabará mi boca con labios jubilosos.

6 (7) Cuando pienso en ti sobre mi lecho, en ti medito en mis vigilias,

7 (8) porque tú eres mi socorro, y yo exulto a la sombra de tus alas;

8 (9) mi alma se aprieta contra ti, tu diestra me sostiene.

9 (10) Mas los que tratan de perder mi alma, ¡caigan en las honduras de la tierra!

10 (11) ¡Sean pasados al filo de la espada, sirvan de presa a los chacales!

11 (12) Y el rey en Dios se gozará, el que jura por él se gloriará, cuando sea cerrada la boca de los mentirosos.

Salmo 64 (63)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. =

1 (2) Escucha, oh Dios, la voz de mi gemido, del terror del enemigo guarda mi vida;

2 (3) ocúltame a la pandilla de malvados, a la turba de los agentes de mal.

3 (4) Los que afilan su lengua como espada, su flecha apuntan, palabra envenenada,

4 (5) para tirar a escondidas contra el íntegro, le tiran de improviso y nada temen.

5 (6) Se envalentonan en su acción malvada, calculan para tender lazos ocultos, dicen: «¿Quién lo observará

6 (7) y escrutará nuestros secretos?» El los escruta, aquel que escruta lo íntimo del hombre, el corazón profundo.

7 (8) Una saeta ha tirado Dios, repentinas han sido sus heridas;

8 (9) les ha hecho caer por causa de su lengua, menean la cabeza todos los que los ven.

9 (10) Todo hombre temerá. anunciará la obra de Dios y su acción comprenderá.

10 (11) El justo se alegrará en Yahveh, en él tendrá cobijo; y se gloriarán todos los de recto corazón.

Salmo 65 (64)

(1) = Del maestro de coro. Salmo. De David. Cántico. =

1 (2) A ti se debe la alabanza, oh Dios, en Sión. A ti el voto se te cumple,

2 (3) tú que escuchas la oración. Hasta ti toda carne viene

3 (4) con sus obras culpables; nos vence el peso de nuestras rebeldías, pero tú las borras.

4 (5) Dichoso tu elegido, tu privado, en tus atrios habita. ¡Oh, hartémonos de los bienes de tu Casa, de las cosas santas de tu Templo!

5 (6) Tú nos responderás con prodigios de justicia, Dios de nuestra salvación, esperanza de todos los confines de la tierra, y de las islas lejanas;

6 (7) tú que afirmas los montes con tu fuerza, de potencia ceñido,

7 (8) y acallas el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas. Están los pueblos en bullicio,

8 (9) por tus señales temen los que habitan los confines, a las puertas de la mañana y de la tarde haces tú gritar de júbilo.

9 (10) Tú visitas la tierra y la haces rebosar, de riquezas la colmas. El río de Dios va lleno de agua, tú preparas los trigales. Así es como la preparas:

10 (11) riegas sus surcos, allanas sus glebas, con lluvias la ablandas, bendices sus renuevos.

11 (12) Tú coronas el año con tu benignidad, de tus rodadas cunde la grosura;

12 (13) destilan los pastos del desierto, las colinas se ciñen de alegría;

13 (14) las praderas se visten de rebaños, los valles se cubren de trigo; ¡y los gritos de gozo, y las canciones!

Salmo 66 (65)

(1) = Del maestro de coro. Cántico. Salmo. =

1 Aclamad a Dios, la tierra toda,

2 salmodiad a la gloria de su nombre, rendidle el honor de su alabanza,

3 decid a Dios: ¡Qué terribles tus obras! Por la grandeza de tu fuerza, tus enemigos vienen a adularte;

4 toda la tierra se postra ante ti, y salmodia para ti, a tu nombre salmodia. = Pausa. =

5 Venid y ved las obras de Dios, temible en sus gestas por los hijos de Adán:

6 él convirtió el mar en tierra firme, el río fue cruzado a pie. Allí, nuestra alegría en él,

7 que por su poder domina para siempre. Sus ojos vigilan las naciones, no se alcen los rebeldes contra él. = Pausa. =

8 Pueblos, bendecid a nuestro Dios, haced que se oiga la voz de su alabanza,

9 él, que devuelve nuestra alma a la vida, y no deja que vacilen nuestros pies.

10 Tú nos probaste, oh Dios, nos purgaste, cual se purga la plata;

11 nos prendiste en la red, pusiste una correa a nuestros lomos,

12 dejaste que un cualquiera a nuestra cabeza cabalgara, por el fuego y el agua atravesamos; mas luego nos sacaste para cobrar aliento.

13 Con holocaustos entraré en tu Casa, te cumpliré mis votos,

14 los que abrieron mis labios, los que en la angustia pronunció mi boca.

15 Te ofreceré pingües holocaustos, con el sahumerio de carneros, sacrificaré bueyes y cabritos. = Pausa. =

16 Venid a oír y os contaré, vosotros todos los que teméis a Dios, lo que él ha hecho por mí.

17 A él gritó mi boca, la alabanza ya en mi lengua.

18 Si yo en mi corazón hubiera visto iniquidad, el Señor no me habría escuchado.

19 Pero Dios me ha escuchado, atento a la voz de mi oración.

20 ¡Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi oración ni su amor me ha retirado!

Salmo 67 (66)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Cántico. =

1 (2) ¡Dios nos tenga piedad y nos bendiga, su rostro haga brillar sobre nosotros! = Pausa. =

2 (3) Para que se conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación entre todas las naciones.

3 (4) ¡Te den, oh Dios, gracias los pueblos, todos los pueblos te den gracias!

4 (5) Alégrense y exulten las gentes, pues tú juzgas al mundo con justicia, con equidad juzgas a los pueblos, y a las gentes en la tierra gobiernas. = Pausa. =

5 (6) ¡Te den, oh Dios, gracias los pueblos, todos los pueblos te den gracias!

6 (7) La tierra ha dado su cosecha: Dios, nuestro Dios, nos bendice.

7 (8) ¡Dios nos bendiga, y teman ante él todos los confines de la tierra!

Salmo 68 (67)

(1) = Del maestro de coro. De David. Salmo. Cántico. =

1 (2) ¡Álcese Dios, sus enemigos se dispersen, huyan ante su faz los que le odian!

2 (3) Cual se disipa el humo, los disipas; como la cera se derrite al fuego, perecen los impíos ante Dios.

3 (4) Mas los justos se alegran y exultan ante la faz de Dios, y saltan de alegría.

4 (5) Cantad a Dios, salmodiad a su nombre, abrid paso al que cabalga en las nubes, alegraos en Yahveh, exultad ante su rostro.

5 (6) Padre de los huérfanos y tutor de las viudas es Dios en su santa morada;

6 (7) Dios da a los desvalidos el cobijo de una casa, abre a los cautivos la puerta de la dicha, mas los rebeldes quedan en un suelo ardiente.

7 (8) Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo, cuando pasabas el desierto, = Pausa. =

8 (9) la tierra retembló, y hasta los cielos se licuaron ante la faz de Dios, ante la faz de Dios, el Dios de Israel.

9 (10) Tú derramaste, oh Dios, una lluvia de larguezas, a tu heredad extenuada, tú la reanimaste;

10 (11) tu grey halló una morada, aquella que en tu bondad, oh Dios, al desdichado preparabas.

11 (12) El Señor da la palabra: es el anuncio de un ejército inmenso.

12 (13) Y mientras los reyes, los ejércitos huyen, huyen, la bella de la casa reparte el botín.

13 (14) Mientras vosotros descansáis entre las tapias del aprisco, las alas de la Paloma se cubren de plata, y sus plumas de destellos de oro verde;

14 (15) cuando Sadday dispersa a los reyes, por ella cae la nieve en el Monte Umbrío.

15 (16) ¡Monte de Dios, el monte de Basán! ¡Monte escarpado, el monte de Basán!

16 (17) ¿Por que miráis celosos, montes escarpados, al monte que Dios escogió por mansión? ¡Oh sí, Yahveh morará allí para siempre!

17 (18) Los carros de Dios, por millares de miríadas; el Señor ha venido del Sinaí al santuario.

18 (19) Tú has subido a la altura, conduciendo cautivos, has recibido tributo de hombres, hasta los rebeldes para que Yahveh Dios tuviera una morada.

19 (20) ¡Bendito sea el Señor día tras día! El carga con nosotros, Dios de nuestra salvación. = Pausa. =

20 (21) Dios libertador es nuestro Dios; del Señor Yahveh son las salidas de la muerte;

21 (22) mas la cabeza de sus enemigos Dios quebranta, la testa cabelluda de quien sus crímenes pasea.

22 (23) Dijo el Señor: «De Basán haré volver, haré volver de los abismos del mar,

23 (24) para que puedas hundir tu pie en la sangre, y en los enemigos tenga su parte la lengua de tus perros».

24 (25) ¡Se han visto, oh Dios, tus procesiones, las procesiones de mi Dios, mi rey, al santuario:

25 (26) delante los cantores, los músicos detrás, las doncellas en medio, tocando el tamboril!

26 (27) A Dios, en coros, bendecían: ¡es Yahveh, desde el origen de Israel.

27 (28) Allí iba Benjamín, el pequeño, abriendo marcha, los príncipes de Judá con sus escuadras, los príncipes de Zabulón, los príncipes de Neftalí.

28 (29) ¡Manda, Dios mío, según tu poder, el poder, oh Dios, que por nosotros desplegaste,

29 (30) desde tu Templo en lo alto de Jerusalén, donde vienen los reyes a ofrecerte presentes!

30 (31) Increpa a la bestia del cañaveral, a la manada de toros y novillos de los pueblos. ¡Que se sometan con lingotes de plata! ¡Dispersa a los pueblos que fomentan la guerra!

31 (32) Los magnates acudan desde Egipto, tienda hacia Dios sus manos Etiopía.

32 (33) ¡Cantad a Dios, reinos de la tierra, salmodiad para el Señor,

33 (34) para el que cabalga los cielos, los antiguos cielos: = Pausa. = ved que lanza él su voz, su voz potente!

34 (35) Reconoced el poderío de Dios. Sobre Israel su exaltación, su poder en las nubes:

35 (36) ¡temible es Dios desde su santuario! El, el Dios de Israel, es quien da poder y fuerza al pueblo. ¡Bendito sea Dios!

Salmo 69 (68)

(1) = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios...» De David. =

1 (2) ¡Sálvame, oh Dios, porque las aguas me llegan hasta el cuello!

2 (3) Me hundo en el cieno del abismo, sin poder hacer pie; he llegado hasta el fondo de las aguas, y las olas me anegan.

3 (4) Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se consumen de esperar a mi Dios.

4 (5) Son más que los cabellos de mi cabeza los que sin causa me odian; más duros que mis huesos los que me hostigan sin razón. (¿Lo que yo no he robado tengo que devolver?)

5 (6) Tú, oh Dios, mi torpeza conoces, no se te ocultan mis ofensas.

6 (7) ¡No se avergüencen por mí los que en ti esperan, oh Yahveh Sebaot! ¡No sufran confusión por mí los que te buscan, oh Dios de Israel!

7 (8) Pues por ti sufro el insulto, y la vergüenza cubre mi semblante;

8 (9) para mis hermanos soy un extranjero, un desconocido para los hijos de mi madre;

9 (10) pues me devora el celo de tu casa, y caen sobre mí los insultos de los que te insultan.

10 (11) Si mortifico mi alma con ayuno, se me hace un pretexto de insulto;

11 (12) si tomo un sayal por vestido, para ellos me convierto en burla,

12 (13) cuento de los que están sentados a la puerta, y copla de los que beben licor fuerte.

13 (14) Mas mi oración hacia ti, Yahveh, en el tiempo propicio: por tu gran amor, oh Dios, respóndeme, por la verdad de tu salvación.

14 (15) ¡Sácame del cieno, no me hunda, escape yo a los que me odian, a las honduras de las aguas!

15 (16) ¡El flujo de las aguas no me anegue no me trague el abismo, ni el pozo cierre sobre mí su boca!

16 (17) ¡Respóndeme, Yahveh, pues tu amor es bondad; en tu inmensa ternura vuelve a mí tus ojos;

17 (18) no retires tu rostro de tu siervo, que en angustias estoy, pronto, respóndeme;

18 (19) acércate a mi alma, rescátala, por causa de mis enemigos, líbrame!

19 (20) Tú conoces mi oprobio, mi vergüenza y mi afrenta, ante ti están todos mis opresores.

20 (21) El oprobio me ha roto el corazón y desfallezco. Espero compasión, y no la hay, consoladores, y no encuentro ninguno.

21 (22) Veneno me han dado por comida, en mi sed me han abrevado con vinagre.

22 (23) ¡Que su mesa ante ellos se convierta en un lazo, y su abundancia en una trampa;

23 (24) anúblense sus ojos y no vean, haz que sus fuerzas sin cesar les fallen!

24 (25) Derrama tu enojo sobre ellos, los alcance el ardor de tu cólera;

25 (26) su recinto quede hecho un desierto, en sus tiendas no haya quien habite:

26 (27) porque acosan al que tú has herido, y aumentan la herida de tu víctima.

27 (28) Culpa añade a su culpa, no tengan más acceso a tu justicia;

28 (29) del libro de la vida sean borrados, no sean inscritos con los justos.

29 (30) Y yo desdichado, dolorido, ¡tu salvación, oh Dios, me restablezca!

30 (31) El nombre de Dios celebraré en un cántico, le ensalzaré con la acción de gracias;

31 (32) y más que un toro agradará a Yahveh, más que un novillo con cuernos y pezuñas.

32 (33) Lo han visto los humildes y se alegran; ¡viva vuestro corazón, los que buscáis a Dios!

33 (34) Porque Yahveh escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos.

34 (35) ¡Alábenle los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él!

35 (36) Pues salvará Dios a Sión, reconstruirá las ciudades de Judá: habitarán allí y las poseerán;

36 (37) la heredará la estirpe de sus siervos, los que aman su nombre en ella morarán.

Salmo 70 (69) = 40:14-18

(1) = Del maestro de coro. De David. En memoria.

1 (2) ¡Oh Dios, ven a librarme, Yahveh, corre en mi ayuda!

2 (3) ¡Queden avergonzados y confusos los que buscan mi vida! ¡Atrás!, sean confundidos los que desean mi mal,

3 (4) retrocedan de vergüenza los que dicen: ¡Ja, ja!

4 (5) ¡En ti se gocen y se alegren todos los que te buscan! ¡Repitan sin cesar: «Grande es Dios», los que aman tu salvación!

5 (6) ¡Y yo, desventurado y pobre, oh Dios, ven presto a mí! ¡Tú, mi socorro y mi libertador, Yahveh, no tardes!

Salmo 71 (70)

1 A ti, Yahveh, me acojo, ¡no sea confundido jamás!

2 ¡Por tu justicia sálvame, libérame! tiende hacia mí tu oído y sálvame!

3 ¡Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve, pues mi roca eres tú y mi fortaleza.

4 ¡Dios mío, líbrame de la mano del impío, de las garras del perverso y del violento!

5 Pues tú eres mi esperanza, Señor, Yahveh, mi confianza desde mi juventud.

6 En ti tengo mi apoyo desde el seno, tú mi porción desde las entrañas de mi madre; ¡en ti sin cesar mi alabanza!

7 Soy el asombro de muchos, mas tú eres mi seguro refugio.

8 Mi boca está repleta de tu loa, de tu gloria todo el día.

9 A la hora de mi vejez no me rechaces, no me abandones cuando decae mi vigor.

10 Porque de mí mis enemigos hablan, los que espían mi alma se conciertan:

11 «¡Dios le ha desamparado, perseguidle, apresadle, pues no hay quien le libere!»

12 ¡Oh Dios, no te estés lejos de mí, Dios mío, ven pronto en mi socorro!

13 ¡Confusión y vergüenza sobre aquellos que acusan a mi alma; cúbranse de ignominia y de vergüenza los que buscan mi mal!

14 Y yo, esperando sin cesar, más y más te alabaré;

15 publicará mi boca tu justicia, todo el día tu salvación.

16 Y vendré a las proezas de Yahveh, recordaré tu justicia, tuya sólo.

17 ¡Oh Dios, desde mi juventud me has instruido, y yo he anunciado hasta hoy tus maravillas!

18 Y ahora que llega la vejez y las canas, ¡oh Dios, no me abandones!, para que anuncie yo tu brazo a todas las edades venideras, ¡tu poderío

19 y tu justicia, oh Dios, hasta los cielos! Tú que has hecho grandes cosas, ¡oh Dios!, ¿quién como tú?

20 Tú que me has hecho ver tantos desastres y desgracias, has de volver a recobrarme. Vendrás a sacarme de los abismos de la tierra,

21 sustentarás mi ancianidad, volverás a consolarme,

22 Y yo te daré gracias con las cuerdas del arpa, por tu verdad, Dios mío; para ti salmodiaré a la cítara, oh Santo de Israel.

23 Exultarán mis labios cuando salmodie para ti, y mi alma, que tú has rescatado.

24 También mi lengua todo el día musitará tu justicia: porque han sido avergonzados, porque han enrojecido, los que buscaban mi desgracia.

Salmo 72 (71)

(1) = De Salomón. =

1 Oh Dios, da al rey tu juicio, al hijo de rey tu justicia:

2 que con justicia gobierne a tu pueblo, con equidad a tus humildes.

3 Traigan los montes paz al pueblo, y justicia los collados.

4 El hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres, y aplastará al opresor.

5 Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad;

6 caerá como la lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra.

7 En sus días florecerá la justicia, y dilatada paz hasta que no haya luna;

8 dominará de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.

9 Ante él se doblará la Bestia, sus enemigos morderán el polvo;

10 los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos;

11 todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones.

12 Porque él librará al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara;

13 se apiadará del débil y del pobre, el alma de los pobres salvará.

14 De la opresión, de la violencia, rescatará su alma, su sangre será preciosa ante sus ojos;

15 (y mientras viva se le dará el oro de Sabá). Sin cesar se rogará por él, todo el día se le bendecirá.

16 Habrá en la tierra abundancia de trigo, en la cima de los montes ondeará como el Líbano al despertar sus frutos y sus flores, como la hierba de la tierra.

17 ¡Sea su nombre bendito para siempre, que dure tanto como el sol! ¡En él se bendigan todas las familias de la tierra, dichoso le llamen todas las naciones!

18 ¡Bendito sea Yahveh, Dios de Israel, el único que hace maravillas!

19 ¡Bendito sea su nombre glorioso para siempre, toda la tierra se llene de su gloria! ¡Amén! ¡Amén!

20 Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.

Salmo 73 (72)

(1) = Salmo. De Asaf. =

1 En verdad bueno es Dios para Israel, el Señor para los de puro corazón.

2 Por poco mis pies se me extravían, nada faltó para que mis pasos resbalaran,

3 celoso como estaba de los arrogantes, al ver la paz de los impíos.

4 No, no hay congojas para ellos, sano y rollizo está su cuerpo;

5 no comparten la pena de los hombres, con los humanos no son atribulados.

6 Por eso el orgullo es su collar, la violencia el vestido que los cubre;

7 la malicia les cunde de la grasa, de artimañas su corazón desborda.

8 Se sonríen, pregonan la maldad, hablan altivamente de violencia;

9 ponen en el cielo su boca, y su lengua se pasea por la tierra.

10 Por eso mi pueblo va hacia ellos: aguas de abundancia les llegan.

11 Dicen: «¿Cómo va a saber Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo?»

12 Miradlos: ésos son los impíos, y, siempre tranquilos, aumentan su riqueza.

13 ¡Así que en vano guardé el corazón puro, mis manos lavando en la inocencia,

14 cuando era golpeado todo el día, y cada mañana sufría mi castigo!

15 Si hubiera dicho: «Voy a hablar como ellos», habría traicionado a la raza de tus hijos;

16 me puse, pues, a pensar para entenderlo, ¡ardua tarea ante mis ojos!

17 Hasta el día en que entré en los divinos santuarios, donde su destino comprendí:

18 oh, sí, tú en precipicios los colocas, a la ruina los empujas.

19 ¡Ah, qué pronto quedan hechos un horror, cómo desaparecen sumidos en pavores!

20 Como en un sueño al despertar, Señor, así, cuando te alzas, desprecias tú su imagen.

21 Sí, cuando mi corazón se exacerbaba, cuando se torturaba mi conciencia,

22 estúpido de mí, no comprendía, una bestia era ante ti.

23 Pero a mí, que estoy siempre contigo, de la mano derecha me has tomado;

24 me guiarás con tu consejo, y tras la gloria me llevarás.

25 ¿Quién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra.

26 Mi carne y mi corazón se consumen: ¡Roca de mi corazón, mi porción, Dios por siempre!

27 Sí, los que se alejan de ti perecerán, tú aniquilas a todos los que te son adúlteros.

28 Mas para mí, mi bien es estar junto a Dios; he puesto mi cobijo en el Señor, a fin de publicar todas tus obras.

Salmo 74 (73)

(1) = Poema. De Asaf. =

1 ¿Por qué has de rechazar, oh Dios, por siempre, por qué humear de cólera contra el rebaño de tu pasto?

2 Acuérdate de la comunidad que de antiguo adquiriste, la que tú rescataste, tribu de tu heredad, y del monte Sión donde pusiste tu morada.

3 Guía tus pasos a estas ruinas sin fin: todo en el santuario lo ha devastado el enemigo.

4 En el lugar de tus reuniones rugieron tus adversarios, pusieron sus enseñas, enseñas

5 que no se conocían, en el frontón de la entrada. Machetes en bosque espeso,

6 a una cercenaban sus jambas, y con hacha y martillo desgajaban.

7 Prendieron fuego a tu santuario, por tierra profanaron la mansión de tu nombre.

8 Dijeron en su corazón: «¡Destruyámoslos en bloque!» Quemaron en la tierra todo lugar de santa reunión.

9 No vemos nuestras enseñas, no existen ya profetas, ni nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo.

10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, provocará el adversario? ¿Ultrajará tu nombre por siempre el enemigo?

11 ¿Por qué retraes tu mano, y en tu seno retienes escondida tu diestra?

12 Oh Dios, mi rey desde el principio, autor de salvación en medio de la tierra,

13 tú hendiste el mar con tu poder, quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas;

14 tú machacaste las cabezas de Leviatán y las hiciste pasto de las fieras;

15 tú abriste manantiales y torrentes, y secaste ríos inagotables;

16 tuyo es el día, tuya también la noche, tú la luna y el sol estableciste,

17 tú trazaste todos los confines de la tierra, el verano y el invierno tú formaste.

18 Recuérdalo, Yahveh: provoca el enemigo, tu nombre ultraja un pueblo necio.

19 No entregues a la bestia el alma de tu tórtola, la vida de tus pobres no olvides para siempre.

20 Piensa en la alianza, que están llenos los rincones del país de guaridas de violencia.

21 ¡No vuelva cubierto de vergüenza el oprimido; el humilde y el pobre puedan loar tu nombre!

22 ¡Alzate, oh Dios, a defender tu causa, acuérdate del necio que te provoca todo el día!

23 No olvides el griterío de tus adversarios, el clamor de tus agresores que crece sin cesar!

Salmo 75 (74)

(1) = Del maestro de coro. «No destruyas.» Salmo. De Asaf. Cántico. =

1 (2) Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre, tus maravillas pregonando.

2 (3) «En el momento en que decida, yo mismo juzgaré con rectitud.

3 (4) Se estremece la tierra con todos sus habitantes, mas yo sostengo sus columnas. = Pausa. =

4 (5) «Digo a los arrogantes: ¡Fuera arrogancias!, y a los impíos: ¡No levantéis la frente,

5 (6) no levantéis tan alto vuestra frente, no habléis con un cuello de insolencia!»

6 (7) Pues ya no es por oriente ni por occidente, ya no por el desierto de los montes,

7 (8) por donde Dios, el juez, a uno abate y a otro exalta:

8 (9) sino que hay una copa en la mano de Yahveh, y de vino drogado está lleno el brebaje: él lo escanciará, y sorberán hasta las heces, lo beberán todos los impíos de la tierra.

9 (10) Y yo lo anunciaré por siempre, salmodiaré para el Dios de Jacob;

10 (11) quebraré toda frente de los impíos, y la frente del justo se alzará.

Salmo 76 (75)

(1) = Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. De Asaf. Cántico. =

1 (2) En Judá Dios es conocido, grande es su nombre en Israel;

2 (3) su tienda está en Salem, su morada en Sión;

3 (4) allí quebró las ráfagas del arco, el escudo, la espada y la guerra. = Pausa. =

4 (5) Fulgurante eres tú, maravilloso por los montones de botín

5 (6) de que han sido despojados; los bravos durmiendo están su sueño, a todos los hombres fuertes les fallaron los brazos;

6 (7) a tu amenaza, oh Dios de Jacob, carro y caballo se quedaron pasmados.

7 (8) Tú, tú el terrible, ¿quién puede resistir ante tu faz, bajo el golpe de tu ira?

8 (9) Desde los cielos pronuncias la sentencia, la tierra se amedrenta y enmudece

9 (10) cuando Dios se levanta para el juicio, para salvar a todos los humildes de la tierra. = Pausa. =

10 (11) La cólera del hombre te celebra, te ceñirás con los escapados a la Cólera.

11 (12) Haced votos y cumplidlos a Yahveh, vuestro Dios, los que le rodean traigan presentes al Terrible;

12 (13) el que corta el aliento a los príncipes, el temible para los reyes de la tierra.

Salmo 77 (76)

(1) = Del maestro de coro... Yedutún. De Asaf. Salmo. =

1 (2) Mi voz hacia Dios: yo clamo, mi voz hacia Dios: él me escucha.

2 (3) En el día de mi angustia voy buscando al Señor, por la noche tiendo mi mano sin descanso, mi alma el consuelo rehúsa.

3 (4) De Dios me acuerdo y gimo, medito, y mi espíritu desmaya. = Pausa. =

4 (5) Los párpados de mis ojos tú retienes, turbado estoy, no puedo hablar;

5 (6) pienso en los días de antaño, de los años antiguos

6 (7) me acuerdo; en mi corazón musito por la noche, medito y mi espíritu inquiere:

7 (8) ¿Acaso por los siglos desechará el Señor, no volverá a ser propicio?

8 (9) ¿Se ha agotado para siempre su amor? ¿Se acabó la Palabra para todas las edades?

9 (10) ¿Se habrá olvidado Dios de ser clemente, o habrá cerrado de ira sus entrañas? = Pausa. =

10 (11) Y digo: «Este es mi penar: que se ha cambiado la diestra del Altísimo.»

11 (12) Me acuerdo de las gestas de Yahveh, sí, recuerdo tus antiguas maravillas,

12 (13) medito en toda tu obra, en tus hazañas reflexiono.

13 (14) ¡Oh Dios, santos son tus caminos! ¿Qué dios hay grande como Dios?

14 (15) Tú, el Dios que obras maravillas, manifestaste tu poder entre los pueblos;

15 (16) con tu brazo a tu pueblo rescataste, a los hijos de Jacob y de José. = Pausa =.

16 (17) Viéronte, oh Dios, las aguas, las aguas te vieron y temblaron, también se estremecieron los abismos.

17 (18) Las nubes derramaron sus aguas, su voz tronaron los nublados, también cruzaban tus saetas.

18 (19) ¡Voz de tu trueno en torbellino! Tus relámpagos alumbraban el orbe, la tierra se estremecía y retemblaba.

19 (20) Por el mar iba tu camino, por las muchas aguas tu sendero, y no se descubrieron tus pisadas.

20 (21) Tú guiaste a tu pueblo cual rebaño por la mano de Moisés y de Aarón.

Salmo 78 (77)

(1) = Poema. De Asaf. =

1 Escucha mi ley, pueblo mío, tiende tu oído a las palabras de mi boca;

2 voy a abrir mi boca en parábolas, a evocar los misterios del pasado.

3 Lo que hemos oído y que sabemos, lo que nuestros padres nos contaron,

4 no se lo callaremos a sus hijos, a la futura generación lo contaremos: Las alabanzas de Yahveh y su poder, las maravillas que hizo;

5 él estableció en Jacob un dictamen, y puso una ley en Israel; El había mandado a nuestros padres que lo comunicaran a sus hijos,

6 que la generación siguiente lo supiera, los hijos que habían de nacer; y que éstos se alzaran y se lo contaran a sus hijos,

7 para que pusieran en Dios su confianza, no olvidaran las hazañas de Dios, y sus mandamientos observaran;

8 para que no fueran, lo mismo que sus padres, una generación rebelde y revoltosa, generación de corazón voluble y de espíritu desleal a Dios.

9 Los hijos de Efraím, diestros arqueros, retrocedieron el día del combate;

10 no guardaban la alianza hecha con Dios, rehusaban caminar según su ley;

11 tenían olvidados sus portentos, las maravillas que él les hizo ver:

12 prodigios hizo a la vista de sus padres en el país de Egipto, en los campos de Tanis.

13 Hendió la mar y los pasó a través, contuvo las aguas como un dique;

14 de día los guiaba con la nube, y cada noche con resplandor de fuego;

15 en el desierto hendió las rocas, los abrevó a raudales sin medida;

16 hizo brotar arroyos de la peña y descender las aguas como ríos.

17 Pero ellos volvían a pecar contra él, a rebelarse contra el Altísimo en la estepa;

18 a Dios tentaron en su corazón reclamando manjar para su hambre.

19 Hablaron contra Dios; dijeron: «¿Será Dios capaz de aderezar una mesa en el desierto?

20 «Ved que él hirió la roca, y corrieron las aguas, fluyeron los torrentes: ¿podrá de igual modo darnos pan, y procurar carne a su pueblo?»

21 Entonces Yahveh lo oyó y se enfureció, un fuego se encendió contra Jacob, y la Cólera estalló contra Israel,

22 porque en Dios no habían tenido fe ni confiaban en su salvación.

23 Y a las nubes mandó desde lo alto, abrió las compuertas de los cielos;

24 hizo llover sobre ellos maná para comer, les dio el trigo de los cielos;

25 pan de Fuertes comió el hombre, les mandó provisión hasta la hartura.

26 Hizo soplar en los cielos el solano, el viento del sur con su poder atrajo,

27 y llovió sobre ellos carne como polvo, y aves como la arena de los mares;

28 las dejó caer en medio de su campo, en torno a sus moradas.

29 Comieron hasta quedar bien hartos, así satisfizo su avidez;

30 mas aún no habían colmado su avidez, su comida estaba aún en su boca,

31 cuando la cólera de Dios estalló contra ellos: hizo estragos entre los más fuertes, y abatió a la flor de Israel.

32 Mas con todo pecaron todavía, en sus maravillas no tuvieron fe.

33 El consumió sus días con un soplo, y sus años con espanto.

34 Cuando los mataba, le buscaban, se convertían, se afanaban por él,

35 y recordaban que Dios era su roca, su redentor, el Dios Altísimo.

36 Mas le halagaban con su boca, y con su lengua le mentían;

37 su corazón no era fiel para con él, no tenían fe en su alianza.

38 El, con todo, enternecido, borraba las culpas y no exterminaba; bien de veces su cólera contuvo y no despertó todo su furor:

39 se acordaba de que ellos eran carne, un soplo que se va y no vuelve más.

40 ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, le irritaron en aquellas soledades!

41 Otra vez a tentar a Dios volvían, a exasperar al Santo de Israel;

42 no se acordaron de su mano, del día en que les libró del adversario;

43 cuando hizo en Egipto sus señales, en el campo de Tanis sus prodigios.

44 Trocó en sangre sus ríos y sus arroyos para que no bebiesen.

45 Tábanos les mandó que los comieron, y ranas que los infestaron;

46 entregó a la langosta sus cosechas, el fruto de su afán al saltamontes;

47 asoló con granizo sus viñedos, y con la helada sus sicómoros;

48 entregó sus ganados al pedrisco y a los rayos sus rebaños.

49 Lanzó contra ellos el fuego de su cólera, indignación, enojo y destrucción, tropel de mensajeros de desgracias;

50 libre curso dio a su ira. No preservó sus almas de la muerte, a la peste sus vidas entregó;

51 hirió en Egipto a todo primogénito, las primicias de la raza en las tiendas de Cam.

52 Y sacó a su pueblo como ovejas, cual rebaño los guió por el desierto;

53 los guió en seguro, sin temor, mientras el mar cubrió a sus enemigos;

54 los llevó a su término santo, a este monte que su diestra conquistó;

55 arrojó a las naciones ante ellos; a cordel les asignó una heredad, y estableció en sus tiendas las tribus de Israel.

56 Pero ellos le tentaron, se rebelaron contra el Dios Altísimo, se negaron a guardar sus dictámenes,

57 se extraviaron, infieles, lo mismo que sus padres, se torcieron igual que un arco indócil:

58 le irritaron con sus altos, con sus ídolos excitaron sus celos.

59 Dios lo oyó y se enfureció, desechó totalmente a Israel;

60 abandonó la morada de Silo, la tienda en que habitaba entre los hombres.

61 Mandó su fuerza al cautiverio, a manos del adversario su esplendor;

62 entregó su pueblo a la espada, contra su heredad se enfureció.

63 El fuego devoró a sus jóvenes, no hubo canto nupcial para sus vírgenes;

64 sus sacerdotes cayeron a cuchillo, sus viudas no entonaron lamentos.

65 Entonces despertó el Señor como un durmiente, como un bravo vencido por el vino;

66 hirió a sus adversarios en la espalda, les infligió un oprobio eterno.

67 Desechó la tienda de José, y no eligió a la tribu de Efraím;

68 mas eligió a la tribu de Judá, el monte Sión al cual amaba.

69 Construyó como las alturas del cielo su santuario, como la tierra que fundó por siempre.

70 Y eligió a David su servidor, le sacó de los apriscos del rebaño,

71 le trajo de detrás de las ovejas, para pastorear a su pueblo Jacob, y a Israel, su heredad.

72 El los pastoreaba con corazón perfecto, y con mano diestra los guiaba.

Salmo 79 (78)

(1) = Salmo. De Asaf. =

1 Oh Dios, han invadido tu heredad las gentes, han profanado tu sagrado Templo; han dejado en ruinas a Jerusalén,

2 han entregado el cadáver de tus siervos por comida a los pájaros del cielo, la carne de tus amigos a las bestias de la tierra.

3 Han derramado como agua su sangre en torno a Jerusalén, ¡y nadie sepultaba!

4 Nos hemos hecho la irrisión de los vecinos, burla y escarnio de nuestros circundantes.

5 ¿Hasta cuándo, Yahveh, tu cólera? ¿hasta el fin? ¿han de quemar tus celos como fuego?

6 Derrama tu furor sobre las gentes, que no te reconocen, y sobre los reinos que tu nombre no invocan.

7 Porque han devorado a Jacob y han devastado su dominio.

8 No recuerdes contra nosotros culpas de antepasados, vengan presto a nuestro encuentro tus ternuras, pues estamos abatidos del todo;

9 ayúdanos, Dios de nuestra salvación, por amor de la gloria de tu nombre; líbranos, borra nuestros pecados, por causa de tu nombre.

10 ¿Por qué han de decir las gentes: «¿Dónde está su Dios?» ¡Que entre las gentes se conozca, a nuestros propios ojos, la venganza de la sangre de tus siervos derramada!

11 ¡Llegue hasta ti el suspiro del cautivo, con la grandeza de tu brazo preserva a los hijos de la muerte!

12 ¡Devuelve siete veces a nuestros vecinos, en su entraña, su afrenta, la afrenta que te han hecho, Señor!

13 Y nosotros, tu pueblo, rebaño de tu pasto, eternamente te daremos gracias, de edad en edad repetiremos tu alabanza.

Salmo 80 (79)

(1) = Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios es el dictamen.» De Asaf. Salmo. =

1 (2) Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño; tú que estás sentado entre querubes, resplandece

2 (3) ante Efraím, Benjamín y Manasés; ¡despierta tu poderío, y ven en nuestro auxilio!

3 (4) ¡Oh Dios, haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos salvos!

4 (5) ¿Hasta cuándo, oh Yahveh Dios Sebaot, estarás airado contra la plegaria de tu pueblo?

5 (6) Les das a comer un pan de llanto les haces beber lágrimas al triple;

6 (7) habladuría nos haces de nuestros convecinos, y nuestros enemigos se burlan de nosotros.

7 (8) ¡Oh Dios Sebaot, haznos volver, y brille tu rostro, para que seamos salvos!

8 (9) Una viña de Egipto arrancaste, expulsaste naciones para plantarla a ella,

9 (10) le preparaste el suelo, y echó raíces y llenó la tierra.

10 (11) Su sombra cubría las montañas, sus pámpanos los cedros de Dios;

11 (12) extendía sus sarmientos hasta el mar, hasta el Río sus renuevos.

12 (13) ¿Por qué has hecho brecha en sus tapias, para que todo el que pasa por el camino la vendimie,

13 (14) el jabalí salvaje la devaste, y la pele el ganado de los campos?

14 (15) ¡Oh Dios Sebaot, vuélvete ya, desde los cielos mira y ve, visita a esta viña,

15 (16) cuídala, a ella, la que plantó tu diestra!

16 (17) ¡Los que fuego le prendieron, cual basura, a la amenaza de tu faz perezcan!

17 (18) Esté tu mano sobre el hombre de tu diestra, sobre el hijo de Adán que para ti fortaleciste.

18 (19) Ya no volveremos a apartarnos de ti; nos darás vida y tu nombre invocaremos.

19 (20) ¡Oh Yahveh, Dios Sebaot, haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos salvos!

Salmo 81 (80)

(1) = Del maestro de coro. Según la... de Gat. De Asaf. =

1 (2) ¡Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza, aclamad al Dios de Jacob!

2 (3) ¡Entonad la salmodia, tocad el tamboril, la melodiosa cítara y el arpa;

3 (4) tocad la trompeta al nuevo mes, a la luna llena, el día de nuestra fiesta!

4 (5) Porque es una ley para Israel, una norma del Dios de Jacob;

5 (6) un dictamen que él impuso en José, cuando salió contra el país de Egipto. Una lengua desconocida se oye:

6 (7) «Yo liberé sus hombros de la carga, sus manos la espuerta abandonaron;

7 (8) en la aflicción gritaste y te salvé. «Te respondí en el secreto del trueno, te probé junto a las aguas de Meribá. = Pausa. =

8 (9) Escucha, pueblo mío, yo te conjuro, ¡ah Israel, si quisieras escucharme!

9 (10) «No haya en ti dios extranjero, no te postres ante dios extraño;

10 (11) yo, Yahveh, soy tu Dios, que te hice subir del país de Egipto; abre toda tu boca, y yo la llenaré.

11 (12) «Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no me quiso obedecer;

12 (13) yo les abandoné a la dureza de su corazón, para que caminaran según sus designios.

13 (14) «¡Ah!, si mi pueblo me escuchara, si Israel mis caminos siguiera,

14 (15) al punto yo abatiría a sus enemigos, contra sus adversarios mi mano volvería.

15 (16) «Los que odian a Yahveh le adularían, y su tiempo estaría para siempre fijado;

16 (17) y a él lo sustentaría con la flor del trigo, lo saciaría con la miel de la peña.»

Salmo 82 (81)

(1) = Salmo. De Asaf. =

1 Dios se levanta en la asamblea divina, en medio de los dioses juzga:

2 «¿Hasta cuándo juzgaréis inicuamente, y haréis acepción de los impíos?

3 Juzgad en favor del débil y del huérfano, al humilde, al indigente haced justicia;

4 al débil y al pobre liberad, de la mano de los impíos arrancadle!» = Pausa. =

5 No saben ni comprenden; caminan en tinieblas, todos los cimientos de la tierra vacilan.

6 Yo había dicho: «¡Vosotros, dioses sois, todos vosotros, hijos del Altísimo!»

7 Mas ahora, como el hombre moriréis, como uno solo caeréis, príncipes.

8 ¡Alzate, oh Dios, juzga a la tierra, pues tú eres el señor de todas las naciones!

Salmo 83 (82)

(1) = Cántico. Salmo. De Asaf. =

1 (2) ¡Oh Dios, no te estés mudo, cese ya tu silencio y tu reposo, oh Dios!

2 (3) Mira cómo tus enemigos braman, los que te odian levantan la cabeza.

3 (4) Contra tu pueblo maquinan intriga, conspiran contra tus protegidos;

4 (5) dicen: «Venid, borrémoslos de las naciones, no se recuerde más el nombre de Israel!»

5 (6) Así conspiran de corazón a una, pactan una alianza contra ti:

6 (7) las tiendas de Edom, los ismaelitas, Moab y los hagreos,

7 (8) Guebal, Ammón, Amalec, Filistea con los habitantes de Tiro;

8 (9) también Assur se ha juntado a ellos y se hace el brazo de los hijos de Lot.

9 (10) Trátalos como a Madián y como a Sísara, = Pausa. = como a Yabín en el torrente de Quisón,

10 (11) que fueron exterminados en Endor, quedaron hechos estiércol de la tierra.

11 (12) Trata a sus caudillos como a Oreb y Zeeb, a todos sus príncipes como a Zébaj y a Salmunná,

12 (13) que habían dicho: «¡Para nosotros conquistemos los dominios de Dios!»

13 (14) Dios mío, ponlos como hoja en remolino, como paja ante el viento.

14 (15) Como el fuego abrasa una selva, como la llama devora las montañas,

15 (16) así persíguelos con tu tormenta, con tu huracán llénalos de terror.

16 (17) Cubre sus rostros de ignominia, para que busquen tu nombre, Yahveh.

17 (18) ¡Sean avergonzados y aterrados para siempre, queden confusos y perezcan,

18 (19) para que sepan que sólo tú tienes el nombre de Yahveh, Altísimo sobre toda la tierra!

Salmo 84 (83)

(1) = Del maestro de coro. Según la... de Gat. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2) ¡Qué amables tus moradas, oh Yahveh Sebaot!

2 (3) Anhela mi alma y languidece tras de los atrios de Yahveh, mi corazón y mi carne gritan de alegría hacia el Dios vivo.

3 (4) Hasta el pajarillo ha encontrado una casa, y para sí la golondrina un nido donde poner a sus polluelos: ¡Tus altares, oh Yahveh Sebaot, rey mío y Dios mío! = Pausa. =

4 (5) Dichosos los que moran en tu casa, te alaban por siempre.

5 (6) Dichosos los hombres cuya fuerza está en ti, y las subidas en su corazón.

6 (7) Al pasar por el valle del Bálsamo, lo hacen un hontanar, y la lluvia primera lo cubre de bendiciones.

7 (8) De altura en altura marchan, y Dios se les muestra en Sión.

8 (9) ¡Yahveh Dios Sebaot, escucha mi plegaria, tiende tu oído, oh Dios de Jacob!

9 (10) Oh Dios, escudo nuestro, mira, pon tus ojos en el rostro de tu ungido. = Pausa. =

10 (11) Vale más un día en tus atrios que mil en mis mansiones, estar en el umbral de la Casa de mi Dios que habitar en las tiendas de impiedad.

11 (12) Porque Yahveh Dios es almena y escudo, él da gracia y gloria; Yahveh no niega la ventura a los que caminan en la perfección.

12 (13) ¡Oh Yahveh Sebaot, dichoso el hombre que confía en ti!

Salmo 85 (84)

(1) = Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo. =

1 (2) Propicio has sido, Yahveh, con tu tierra, has hecho volver a los cautivos de Jacob;

2 (3) has quitado la culpa de tu pueblo, has cubierto todos sus pecados, = Pausa. =

3 (4) has retirado todo tu furor, has desistido del ardor de tu cólera.

4 (5) ¡Haznos volver, Dios de nuestra salvación, cesa en tu irritación contra nosotros!

5 (6) ¿Vas a estar siempre airado con nosotros? ¿Prolongarás tu cólera de edad en edad?

6 (7) ¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo en ti se regocije?

7 (8) ¡Muéstranos tu amor, Yahveh, y danos tu salvación!

8 (9) Voy a escuchar de qué habla Dios. Sí, Yahveh habla de paz para su pueblo y para sus amigos, con tal que a su torpeza no retornen.

9 (10) Ya está cerca su salvación para quienes le temen, y la Gloria morará en nuestra tierra.

10 (11) Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan;

11 (12) la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia.

12 (13) El mismo Yahveh dará la dicha, y nuestra tierra su cosecha dará;

13 (14) La Justicia marchará delante de él, y con sus pasos trazará un camino.

Salmo 86 (85)

(1) = Oración. De David. =

1 Tiende tu oído, Yahveh, respóndeme, que soy desventurado y pobre,

2 guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios,

3 tenme piedad, Señor, pues a ti clamo todo el día;

4 recrea el alma de tu siervo, cuando hacia ti, Señor, levanto mi alma.

5 Pues tú eres, Señor, bueno, indulgente, rico en amor para todos los que te invocan;

6 Yahveh, presta oído a mi plegaria, atiende a la voz de mis súplicas.

7 En el día de mi angustia yo te invoco, pues tú me has de responder;

8 entre los dioses, ninguno como tú, Señor, ni obras como las tuyas.

9 Vendrán todas las naciones a postrarse ante ti, y a dar, Señor, gloria a tu nombre;

10 pues tú eres grande y obras maravillas, tú, Dios, y sólo tú.

11 Enséñame tus caminos Yahveh, para que yo camine en tu verdad, concentra mi corazón en el temor de tu nombre.

12 Gracias te doy de todo corazón, Señor Dios mío, daré gloria a tu nombre por siempre,

13 pues grande es tu amor para conmigo, tú has librado mi alma del fondo del seol.

14 Oh Dios, los orgullosos se han alzado contra mí, una turba de violentos anda buscando mi alma, y no te tienen a ti delante de sus ojos.

15 Mas tú, Señor, Dios clemente y compasivo, tardo a la cólera, lleno de amor y de verdad,

16 ¡vuélvete a mí, tenme compasión! Da tu fuerza a tu siervo, salva al hijo de tu sierva.

17 Haz conmigo un signo de bondad: Que los que me odian vean, avergonzados, que tú, Yahveh, me ayudas y consuelas.

Salmo 87 (86)

(1) = De los hijos de Coré. Salmo. Cántico. =

1 Su fundación sobre los santos montes

2 ama Yahveh: las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob.

3 Glorias se dicen de ti, ciudad de Dios: = Pausa. =

4 «Yo cuento a Ráhab y Babel entre los que me conocen. Tiro, Filistea y Etiopía, fulano nació allí.»

5 Pero de Sión se ha de decir: «Todos han nacido en ella», y quien la funda es el propio Altísimo.

6 Yahveh a los pueblos inscribe en el registro: «Fulano nació allí», = Pausa. =

7 y los príncipes, lo mismo que los hijos, todos ponen su mansión en ti.

Salmo 88 (87)

(1) = Cántico. Salmo. De los hijos de Coré. Del maestro de coro. Para la enfermedad. Para la aflicción. Poema. De Hemán el indígena. =

1 (2) Yahveh, Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche;

2 (3) llegue hasta ti mi súplica, presta oído a mi clamor.

3 (4) Porque mi alma de males está ahíta, y mi vida está al borde del seol;

4 (5) contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado:

5 (6) relegado entre los muertos, como los cadáveres que yacen en la tumba, aquellos de los que no te acuerdas más, que están arrancados de tu mano.

6 (7) Me has echado en lo profundo de la fosa, en las tinieblas, en los abismos;

7 (8) sobre mí pesa tu furor, con todas tus olas me hundes. = Pausa. =

8 (9) Has alejado de mí a mis conocidos, me has hecho para ellos un horror, cerrado estoy y sin salida,

9 (10) mi ojo se consume por la pena. Yo te llamo, Yahveh, todo el día, tiendo mis manos hacia ti. = Pausa. =

10 (11) ¿Acaso para los muertos haces maravillas, o las sombras se alzan a alabarte?

11 (12) ¿Se habla en la tumba de tu amor, de tu lealtad en el lugar de perdición?

12 (13) ¿Se conocen en las tinieblas tus maravillas, o tu justicia en la tierra del olvido ?»

13 (14) Mas yo grito hacia ti, Yahveh, de madrugada va a tu encuentro mi oración;

14 (15) ¿por qué, Yahveh, mi alma rechazas, lejos de mí tu rostro ocultas?

15 (16) Desdichado y agónico estoy desde mi infancia, he soportado tus terrores, y ya no puedo más;

16 (17) han pasado tus iras sobre mí, tus espantos me han aniquilado.

17 (18) Me envuelven como el agua todo el día, se aprietan contra mí todos a una.

18 (19) Has alejado de mí compañeros y amigos, son mi compañía las tinieblas.

Salmo 89 (88)

(1) = Poema. De Etán el indígena. =

1 (2) El amor de Yahveh por siempre cantaré, de edad en edad anunciará mí boca tu lealtad.

2 (3) Pues tú dijiste: «Cimentado está el amor por siempre, asentada en los cielos mi lealtad.

3 (4) «Una alianza pacté con mi elegido, un juramento hice a mi siervo David:

4 (5) Para siempre jamás he fundado tu estirpe, de edad en edad he erigido tu trono.» = Pausa. =

5 (6) Los cielos celebran, Yahveh, tus maravillas, y tu lealtad en la asamblea de los santos.

6 (7) Porque ¿quién en las nubes es comparable a Yahveh, quién a Yahveh se iguala entre los hijos de los dioses?

7 (8) Dios temible en el consejo de los santos, grande y terrible para toda su corte.

8 (9) Yahveh, Dios Sebaot, ¿quién como tú?, poderoso eres, Yahveh, tu lealtad te circunda.

9 (10) Tú domeñas el orgullo del mar, cuando sus olas se encrespan las reprimes;

10 (11) tú machacaste a Ráhab lo mismo que a un cadáver, a tus enemigos dispersaste con tu potente brazo.

11 (12) Tuyo es el cielo, tuya también la tierra, el orbe y cuanto encierra tú fundaste;

12 (13) tú creaste el norte y el mediodía, el Tabor y el Hermón exultan en tu nombre.

13 (14) Tuyo es el brazo y su bravura, poderosa tu mano, sublime tu derecha;

14 (15) Justicia y Derecho, la base de tu trono, Amor y Verdad ante tu rostro marchan.

15 (16) Dichoso el pueblo que la aclamación conoce, a la luz de tu rostro caminan, oh Yahveh;

16 (17) en tu nombre se alegran todo el día, en tu justicia se entusiasman.

17 (18) Pues tú eres el esplendor de su potencia, por tu favor exaltas nuestra frente;

18 (19) sí, de Yahveh nuestro escudo; del Santo de Israel es nuestro rey.

19 (20) Antaño hablaste tú en visión a tus amigos, y dijiste: «He prestado mi asistencia a un bravo, he exaltado a un elegido de mi pueblo.

20 (21) «He encontrado a David mi servidor, con mi óleo santo le he ungido;

21 (22) mi mano será firme para él, y mi brazo le hará fuerte.

22 (23) «No le ha de sorprender el enemigo, el hijo de iniquidad no le oprimirá;

23 (24) yo aplastaré a sus adversarios ante él, heriré a los que le odian.

24 (25) «Mi lealtad y mi amor irán con él, por mi nombre se exaltará su frente;

25 (26) pondré su mano sobre el mar, sobre los ríos su derecha.

26 (27) «El me invocará: ¡Tú, mi Padre, mi Dios y roca de mi salvación!

27 (28) Y yo haré de él el primogénito, el Altísimo entre los reyes de la tierra.

28 (29) «Le guardaré mi amor por siempre, y mi alianza será leal con él;

29 (30) estableceré su estirpe para siempre, y su trono como los días de los cielos.

30 (31) «Si sus hijos abandonan mi ley, y no siguen mis juicios,

31 (32) si profanan mis preceptos, y mis mandamientos no observan,

32 (33) «castigaré su rebelión con vara, y su culpa con azote,

33 (34) mas no retiraré de él mi amor, en mi lealtad no fallaré.

34 (35) «No violaré mi alianza, no cambiaré lo que sale de mis labios;

35 (36) una vez he jurado por mi santidad: ¡a David no he de mentir!

36 (37) «Su estirpe durará por siempre, y su trono como el sol ante mí,

37 (38) por siempre se mantendrá como la luna, testigo fiel en el cielo.» = Pausa. =

38 (39) Pero tú has rechazado y despreciado, contra tu ungido te has enfurecido;

39 (40) has desechado la alianza con tu siervo, has profanado por tierra su diadema.

40 (41) Has hecho brecha en todos sus vallados, sus plazas fuertes en ruina has convertido;

41 (42) le han saqueado todos los transeúntes, se ha hecho el baldón de sus vecinos.

42 (43) A sus adversarios la diestra has exaltado, a todos sus enemigos has llenado de gozo;

43 (44) has embotado el filo de su espada, y no le has sostenido en el combate.

44 (45) Le has quitado su cetro de esplendor, y su trono por tierra has derribado;

45 (46) has abreviado los días de su juventud, le has cubierto de ignominia. = Pausa. =

46 (47) ¿Hasta cuándo te esconderás, Yahveh? ¿arderá tu furor por siempre como fuego?

47 (48) Recuerda, Señor, qué es la existencia, para qué poco creaste a los hijos de Adán.

48 (49) ¿Qué hombre podrá vivir sin ver la muerte, quién librará su alma de la garra del seol? = Pausa. =

49 (50) ¿Dónde están tus primeros amores, Señor, que juraste a David por tu lealtad?

50 (51) Acuérdate, Señor, del ultraje de tus siervos: cómo recibo en mi seno todos los dardos de los pueblos;

51 (52) así ultrajan tus enemigos, Yahveh, así ultrajan las huellas de tu ungido.

52 (53) ¡Bendito sea Yahveh por siempre! ¡Amén! ¡Amén!

Salmo 90 (89)

(1) = Oración. De Moisés, hombre de Dios. =

1 Señor, tú has sido para nosotros un refugio de edad en edad.

2 Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre hasta siempre tú eres Dios.

3 Tú al polvo reduces a los hombres, diciendo: «¡Tornad, hijos de Adán!»

4 Porque mil años a tus ojos son como el ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche.

5 Tú los sumerges en un sueño, a la mañana serán como hierba que brota;

6 por la mañana brota y florece, por la tarde se amustia y se seca.

7 Pues por tu cólera somos consumidos, por tu furor anonadados.

8 Has puesto nuestras culpas ante ti, a la luz de tu faz nuestras faltas secretas.

9 Bajo tu enojo declinan todos nuestros días, como un suspiro consumimos nuestros años.

10 Los años de nuestra vida son unos setenta, u ochenta, si hay vigor; mas son la mayor parte trabajo y vanidad, pues pasan presto y nosotros nos volamos.

11 ¿Quién conoce la fuerza de tu cólera, y, temiéndote, tu indignación?

12 ¡Enséñanos a contar nuestros días, para que entre la sabiduría en nuestro corazón!

13 ¡Vuelve, Yahveh! ¿Hasta cuándo? Ten piedad de tus siervos.

14 Sácianos de tu amor a la mañana, que exultemos y cantemos toda nuestra vida.

15 Devuélvenos en gozo los días que nos humillaste, los años en que desdicha conocimos.

16 ¡Que se vea tu obra con tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos!

17 ¡La dulzura del Señor sea con nosotros! ¡Confirma tú la acción de nuestras manos!

Salmo 91 (90)

1 El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday,

2 diciendo a Yahveh: «¡Mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío!»

3 Que él te libra de la red del cazador, de la peste funesta;

4 con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tienes un refugio: escudo y armadura es su verdad.

5 No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela,

6 ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía.

7 Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte.

8 Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos,

9 tú que dices: «¡Mi refugio es Yahveh!», y tomas a Elyón por defensa.

10 No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda;

11 que él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.

12 Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie;

13 pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón.

14 Pues él se abraza a mí, yo he de librarle; le exaltaré, pues conoce mi nombre.

15 Me llamará y le responderé; estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le glorificaré.

16 Hartura le daré de largos días, y haré que vea mi salvación.

Salmo 92 (91)

(1) = Salmo. Cántico. Para el día de sábado. =

1 (2) Bueno es dar gracias a Yahveh, y salmodiar a tu nombre, Altísimo,

2 (3) publicar tu amor por la mañana, y tu lealtad por las noches,

3 (4) al son del arpa de diez cuerdas y la lira, con un susurro de cítara.

4 (5) Pues con tus hechos, Yahveh, me regocijas, ante las obras de tus manos grito:

5 (6) «¡Qué grandes son tus obras, Yahveh, qué hondos tus pensamientos!»

6 (7) El hombre estúpido no entiende, el insensato no comprende estas cosas.

7 (8) Si brotan como hierba los impíos, si florecen todos los agentes de mal, es para ser destruidos por siempre;

8 (9) mas tú, Yahveh, eres excelso por los siglos.

9 (10) Mira cómo tus enemigos perecen, se dispersan todos los agentes de mal.

10 (11) Pero tú alzas mi frente como la del búfalo, derramas sobre mí aceite nuevo;

11 (12) mi ojo desafía a los que me acechaban, mi oído escucha a los malvados.

12 (13) Florece el justo como la palmera, crece como un cedro del Líbano.

13 (14) Plantados en la Casa de Yahveh, dan flores en los atrios del Dios nuestro.

14 (15) Todavía en la vejez producen fruto, se mantienen frescos y lozanos,

15 (16) para anunciar lo recto que es Yahveh: mi Roca, no hay falsedad en él.

Salmo 93 (92)

1 Reina Yahveh, de majestad vestido, Yahveh vestido, ceñido de poder, y el orbe está seguro, no vacila.

2 Desde el principio tu trono esta fijado, desde siempre existes tú.

3 Levantan los ríos, Yahveh, levantan los ríos su voz, los ríos levantan su bramido;

4 más que la voz de muchas aguas más imponente que las ondas del mar, es imponente Yahveh en las alturas.

5 Son veraces del todo tus dictámenes; la santidad es el ornato de tu Casa, oh Yahveh, por el curso de los días.

Salmo 94 (93)

1 ¡Dios de las venganzas, Yahveh, Dios de las venganzas, aparece!

2 ¡Levántate, juez de la tierra, da su merecido a los soberbios!

3 ¿Hasta cuándo los impíos, Yahveh, hasta cuándo triunfarán los impíos?

4 Cacarean, dicen insolencias, se pavonean todos los agentes de mal.

5 A tu pueblo, Yahveh, aplastan, a tu heredad humillan.

6 Matan al forastero y a la viuda, asesinan al huérfano.

7 Y dicen: «No lo ve Yahveh, el Dios de Jacob no se da cuenta.»

8 ¡Comprended, estúpidos del pueblo!, insensatos, ¿cuándo vais a ser cuerdos?

9 El que plantó la oreja, ¿no va a oír? El que formó los ojos, ¿no ha de ver?

10 El que corrige a las naciones, ¿no ha de castigar? El que el saber al hombre enseña,

11 Yahveh, conoce los pensamientos del hombre, que no son más que un soplo.

12 Dichoso el hombre a quien corriges tú, Yahveh, a quien instruyes por tu ley,

13 para darle descanso en los días de desgracia, mientras se cava para el impío la fosa.

14 Pues Yahveh no dejará a su pueblo, no abandonará a su heredad;

15 sino que el juicio volverá a la justicia, y en pos de ella todos los de recto corazón.

16 ¿Quién se alzará por mí contra los malvados? ¿quién estará por mí contra los agentes de mal?

17 Si Yahveh no viniese en mi ayuda, bien presto mi alma moraría en el silencio.

18 Cuando digo: «Vacila mi pie», tu amor, Yahveh, me sostiene;

19 en el colmo de mis cuitas interiores, tus consuelos recrean mi alma.

20 ¿Eres aliado tú de un tribunal de perdición, que erige en ley la tiranía?

21 Se atropella la vida del justo, la sangre inocente se condena.

22 Mas Yahveh es para mí una ciudadela, mi Dios la roca de mi amparo;

23 él hará recaer sobre ellos su maldad, los aniquilará por su malicia, Yahveh, nuestro Dios, los aniquilará.

Salmo 95 (94)

1 Venid, cantemos gozosos a Yahveh, aclamemos a la Roca de nuestra salvación;

2 con acciones de gracias vayamos ante él, aclamémosle con salmos.

3 Porque es Yahveh un Dios grande, Rey grande sobre todos los dioses;

4 en sus manos están las honduras de la tierra, y suyas son las cumbres de los montes;

5 suyo el mar, pues él mismo lo hizo, y la tierra firme que sus manos formaron.

6 Entrad, adoremos, prosternémonos, ¡de rodillas ante Yahveh que nos ha hecho!

7 Porque él es nuestro Dios, y nosotros el pueblo de su pasto, el rebaño de su mano. ¡Oh, si escucharais hoy su voz!:

8 «No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Massá en el desierto,

9 donde me pusieron a prueba vuestros padres, me tentaron aunque habían visto mi obra.

10 «Cuarenta años me asqueó aquella generación, y dije: Pueblo son de corazón torcido, que mis caminos no conocen.

11 Y por eso en mi cólera juré: ¡No han de entrar en mi reposo!»

Salmo 96 (95)

1 ¡Cantad a Yahveh un canto nuevo, cantad a Yahveh, toda la tierra,

2 cantad a Yahveh, su nombre bendecid! Anunciad su salvación día tras día,

3 contad su gloria a las naciones, a todos los pueblos sus maravillas.

4 Que grande es Yahveh, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses.

5 Pues nada son todos los dioses de los pueblos. Mas Yahveh los cielos hizo;

6 gloria y majestad están ante él, poder y fulgor en su santuario.

7 Rendid a Yahveh, familias de los pueblos, rendid a Yahveh gloria y poder,

8 rendid a Yahveh la gloria de su nombre. Traed ofrendas y en sus atrios entrad,

9 postraos ante Yahveh en esplendor sagrado, ¡tiemble ante su faz la tierra entera!

10 Decid entre las gentes: «¡Yahveh es rey!» El orbe está seguro, no vacila; él gobierna a los pueblos rectamente.

11 ¡Alégrense los cielos, regocíjese la tierra, retumbe el mar y cuanto encierra;

12 exulte el campo y cuanto en él existe, griten de júbilo todos los árboles del bosque,

13 ante la faz de Yahveh, pues viene él, viene, sí, a juzgar la tierra! El juzgará al orbe con justicia, a los pueblos con su lealtad.

Salmo 97 (96)

1 ¡Reina Yahveh! ¡La tierra exulte, alégrense las islas numerosas!

2 Nube y Bruma densa en torno a él, Justicia y Derecho, la base de su trono.

3 Delante de él avanza fuego y a sus adversarios en derredor abrasa;

4 iluminan el orbe sus relámpagos, lo ve la tierra y se estremece.

5 Los montes como cera se derriten ante el Dueño de la tierra toda;

6 los cielos anuncian su justicia, y todos los pueblos ven su gloria.

7 ¡Se avergüenzan los que sirven a los ídolos, los que se glorían de vanidades; se postran ante él todos los dioses!

8 Sión lo oye y se alboroza, exultan las hijas de Judá a causa de tus juicios, Yahveh.

9 Porque tú eres Yahveh, el Altísimo sobre toda la tierra, muy por encima de los dioses todos.

10 Yahveh ama a los que el mal detestan, él guarda las almas de sus fieles y de la mano de los impíos los libra.

11 La luz se alza para el justo, y para los de recto corazón la alegría.

12 Justos, alegraos en Yahveh, celebrad su memoria sagrada.

Salmo 98 (97)

1 = Salmo. = Cantad a Yahveh un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; victoria le ha dado su diestra y su brazo santo.

2 Yahveh ha dado a conocer su salvación, a los ojos de las naciones ha revelado su justicia;

3 se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel. Todos los confines de la tierra han visto la salvación de nuestro Dios.

4 ¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra, estallad, gritad de gozo y salmodiad!

5 Salmodiad para Yahveh con la cítara, con la cítara y al son de la salmodia;

6 con las trompetas y al son del cuerno aclamad ante la faz del rey Yahveh.

7 Brama el mar y cuanto encierra, el orbe y los que le habitan;

8 los ríos baten palmas, a una los montes gritan de alegría,

9 ante el rostro de Yahveh, pues viene a juzgar a la tierra; él juzgará al orbe con justicia, y a los pueblos con equidad.

Salmo 99 (98)

1 Reina Yahveh, los pueblos tiemblan; se sienta en querubines, la tierra se estremece;

2 grande es Yahveh en Sión. Excelso sobre los pueblos todos;

3 loen tu nombre grande y venerable: santo es él.

4 Poderoso rey que el juicio ama, tú has fundado el derecho, juicio y justicia tú ejerces en Jacob.

5 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante el estrado de sus pies: santo es él.

6 Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Samuel entre aquellos que su nombre invocaban, invocaban a Yahveh y él les respondía.

7 En la columna de nube les hablaba, ellos guardaban sus dictámenes, la ley que él les dio.

8 Yahveh, Dios nuestro, tú les respondías, Dios paciente eras para ellos, aunque vengabas sus delitos.

9 Exaltad a Yahveh nuestro Dios, postraos ante su monte santo: santo es Yahveh, nuestro Dios.

Salmo 100 (99)

(1) = Salmo. Para la acción de gracias. = 1 ¡Aclamad a Yahveh, toda la tierra,

2 servid a Yahveh con alegría, llegaos ante él entre gritos de júbilo!

3 Sabed que Yahveh es Dios, él nos ha hecho y suyos somos, su pueblo y el rebaño de su pasto.

4 ¡Entrad en sus pórticos con acciones de gracias, con alabanzas en sus atrios, dadle gracias, bendecid su nombre!

5 Porque es bueno Yahveh, para siempre su amor, por todas las edades su lealtad.

Salmo 101 (100)

(1) = De David. Salmo. =

1 Quiero cantar el amor y la justicia, para ti, Yahveh, salmodiaré;

2 cursaré el camino de la perfección: ¿cuándo vendrás a mí? Procederé con corazón perfecto, dentro de mi casa;

3 no pondré delante de mis ojos cosa villana. Detesto la conducta de los extraviados, no se me pegará;

4 el corazón perverso está lejos de mí, no conozco al malvado.

5 Al que infama a su prójimo en secreto, a ése le aniquilo; ojo altanero y corazón hinchado no los soporto.

6 Mis ojos, en los fieles de la tierra, por que vivan conmigo; el que anda por el camino de la perfección será mi servidor.

7 No mora dentro de mi casa el agente de engaño; el que dice mentiras no persiste delante de mis ojos.

8 Cada mañana he de aniquilar a todos los impíos del país, para extirpar de la ciudad de Yahveh a todos los agentes de mal.

Salmo 102 (101)

(1) = Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante Yahveh. =

1 (2) Yahveh, escucha mi oración, llegue hasta ti mi grito;

2 (3) no ocultes lejos de mí tu rostro el día de mi angustia; tiende hacia mí tu oído, ¡el día en que te invoco, presto, respóndeme!

3 (4) Pues mis días en humo se disipan, mis huesos arden lo mismo que un brasero;

4 (5) trillado como el heno, mi corazón se seca, y me olvido de comer mi pan;

5 (6) ante la voz de mis sollozos, mi piel a mis huesos se ha pegado.

6 (7) Me parezco al búho del yermo, igual que la lechuza de las ruinas;

7 (8) insomne estoy y gimo cual solitario pájaro en tejado;

8 (9) me insultan todo el día mis enemigos, los que me alababan maldicen por mi nombre.

9 (10) El pan que como es la ceniza, mi bebida mezclo con mis lágrimas,

10 (11) ante tu cólera y tu enojo, pues tú me alzaste y después me has tirado:

11 (12) mis días son como la sombra que declina, y yo me seco como el heno.

12 (13) Mas tú, Yahveh, permaneces para siempre, y tu memoria de edad en edad.

13 (14) Tú te alzarás, compadecido de Sión, pues es ya tiempo de apiadarte de ella, ha llegado la hora;

14 (15) que están tus siervos encariñados de sus piedras y se compadecen de sus ruinas.

15 (16) Y temerán las naciones el nombre de Yahveh, y todos los reyes de la tierra tu gloria;

16 (17) cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria,

17 (18) volverá su rostro a la oración del despojado, su oración no despreciará.

18 (19) Se escribirá esto para la edad futura, y en pueblo renovado alabará a Yahveh:

19 (20) que se ha inclinado Yahveh desde su altura santa, desde los cielos h