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TIEMPO DE ADVIENTO

Dominus prope est

 

Primera semana

D-L-M-X-J-V-S

Segunda semana

D-L-M-X-J-V-S

Tercera semana

D-L-M-X-J-V

Cuarta semana

D

Ferias

17-18-19-20-21-22-23-24

 

 

I DOMINGO DE ADVIENTO

Antífona de entrada            Sal 24, 1-3

A ti, Señor levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Señor, despierta en nosotros el deseo

de prepararnos a la venida de Cristo

con la práctica de las obras de misericordia

para que, puestos a su derecha el día del juicio,

podamos entrar al Reino de los cielos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Sal 84, 13

El Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la I Semana

Antífona de entrada            Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo".

Oración colecta

Concédenos, Señor Dios nuestro

permanecer alerta a la venida de tu Hijo Jesucristo,

para que cuando venga y llame,

nos encuentre velando en oración

y entonándole alabanzas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la I Semana

Antífona de entrada           Cf. Zac 14, 5. 7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro

acoge favorablemente nuestras súplicas

y concédenos tu ayuda en las tribulaciones

para que, reanimados con la venida de tu Hijo,

ya cercana,

no volvamos a mancharnos con el pecado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión         2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida, a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la I Semana

Antífona de entrada           Cf. Hab 2, 3; 1  Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes, ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones.

Oración colecta

Que tu gracia, Señor, prepare nuestros corazones

para que, cuando venga tu Hijo Jesucristo,

nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa

y de recibir de sus propias manos

el pan del cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre,

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros

tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la I Semana

Antífona de entrada              Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre.

Oración colecta

Muestra, Señor, tu poder y ven en nuestra ayuda

para que la abundancia de tu misericordia

apresure el momento de la salvación

que nuestros pecados han retardado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión      Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la I Semana

Antífona de entrada

He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna.

Oración colecta

Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros,

para que nos protejas y nos salves

de los peligros que nos amenazan

a causa de nuestros pecados.

Tú que vives y reinas con el Padre

en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la I Semana

Antífona de entrada           Sal 79, 4. 2

Ven, Señor, muéstranos tu rostro y nos salvaremos.

Oración colecta

Tu que para librarnos del pecado

enviaste a este mundo a tu Hijo unigénito,

concédenos, Señor,

a cuantos esperamos sinceramente su venida,

la gracia de tu misericordia

y el don de la verdadera libertad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión         Ap 22, 12

Pronto vendré y traeré conmigo la recompensa, dice el Señor, y daré a cada uno según sus obras.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

II DOMINGO DE ADVIENTO

Antífona de entrada            Cf.  Is 30, 19.30

Pueblo de Sión, mira que el Señor va a venir para salvar a todos los hombres y dejará oír la majestad de su voz para alegría de vuestro corazón.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Que nuestras responsabilidades terrenas

no nos impidan, Señor,

prepararnos a la venida de tu Hijo,

y que la sabiduría que viene del cielo,

nos disponga a recibirlo

y a participar de su propia vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Bar 5, 5; 4, 36

Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, para que contemples la alegría que te viene de Dios.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la II Semana

Antífona de entrada             Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo".

Oración colecta

Escucha, Señor, nuestras plegarias

y ayúdanos a prepararnos a celebrar

con verdadera fe y pureza de corazón

el gran misterio de la encarnación de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la II Semana

Antífona de entrada             Cf. Zac 14, 5. 7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz.

Oración colecta

Señor y Dios nuestro,

que has hecho llegar

a todos los rincones de la tierra

la buena nueva de la venida del salvador,

concédenos esperar con sincera alegría

las fiestas con que celebramos

el día de su nacimiento.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión          2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la II Semana

Antífona de entrada             Cf. Hab 2, 3; 1  Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones.

Oración colecta

No permitas; Padre todopoderoso,

que quienes esperamos

la llegada consoladora de nuestro salvador

desfallezcamos en la tarea,

que tú nos has encomendado,

de prepararnos a su venida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre,

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la II Semana

Antífona de entrada            Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre.

Oración colecta

Haz, Señor, que nos decidamos

a preparar los caminos de tu Hijo

y, por el misterio de su venida,

podamos servirte con un corazón limpio.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la II Semana

Antífona de entrada

He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna.

Oración colecta

Concédenos, Padre todopoderoso,

estar siempre preparados a la venida de tu Hijo

para que, cuando él llegue,

podamos salir a su encuentro,

conforme a su palabra,

con nuestras lámparas encendidas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la II Semana

Antífona de entrada              Sal 79, 4. 2

Ven, Señor, muéstranos tu rostro, y nos salvaremos.

Oración colecta

Concédenos, Padre todopoderoso,

que Cristo, el resplandor de tu gloria,

nazca en nuestros corazones,

para que su venida

disipe las tinieblas del pecado

y ponga de manifiesto que somos hijos de la luz.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión         Ap 22, 12

Pronto vendré y traeré conmigo la recompensa, dice el Señor, y daré a cada uno según sus obras.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

III DOMINGO DE ADVIENTO

 

            En esta dominica "Gaudete", en lugar del color morado, se puede usar el color rosa.

Antífona de entrada             Flp 4, 4. 5

Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Mira, Señor, a tu pueblo

que espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo,

y concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación

con un corazón nuevo

y una inmensa alegría.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión           Is 35, 4

He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la III Semana

Antífona de entrada            Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo".

Oración colecta

Escucha, Señor, nuestras plegarias

y con la luz de tu Hijo,

que viene a visitarnos,

ilumina las tinieblas de nuestro corazón.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones

y concédenos que esta Eucaristía

que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven, Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón

en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la III Semana

Antífona de entrada            Cf.  Zac 14, 5.7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz.

Oración colecta

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo

has hecho de nosotros una nueva creatura,

míranos con amor y misericordia,

y, por la venida del Redentor,

borra en nosotros toda huella de pecado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión         2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la III Semana

Antífona de entrada            Cf. Hab 2, 3; 1  Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes; ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la ya cercana solemnidad

del nacimiento de tu Hijo,

nos ayude en la vida presente

y nos alcance la eterna felicidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre,

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente

en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la III Semana

 

            Si hoy es 17 de diciembre, se dice la misa propia de este día.

Antífona de entrada             Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre.

Oración colecta

Con el nacimiento de tu Hijo, que viene a salvarnos,

llena, Señor, de alegría nuestros corazones,

entristecidos por haber pecado

e indignos de tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Prefacio de Adviento I o III.

 Antífona de comunión           Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la III Semana

            Si hoy es 17 de diciembre, se dice la misa propia de este día.

Antífona de entrada

He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna.

Oración colecta

Que tu gracia, Señor,

nos disponga y nos acompañe siempre

a fin de que la venida de tu Hijo,

que esperamos con ardiente deseo,

nos ayude para la vida presente y la vida futura.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

IV DOMINGO DE ADVIENTO

Antífona de entrada             Is 45, 8

Destilad, cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros,

que hemos conocido por el anuncio del ángel

la encarnación de tu Hijo,

para que lleguemos, por su pasión y su cruz,

a la gloria de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra

y fecundó con su poder

el seno de la Virgen María,

santifique, Señor, estas ofrendas

que hemos depositado sobre tu altar.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión              Is 7, 14

He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel que quiere decir Dios-con-nosotros.

Oración después de la comunión

Tú que nos has dado en este sacramento

la prenda de nuestra salvación,

concédenos, Padre todopoderoso,

prepararnos cada día con mayor fervor

para celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

17 de diciembre

Antífona de entrada            Cf. Is 49, 13

Alégrense los cielos y regocíjese la tierra, porque vendrá el Señor y tendrá misericordia de sus pobres.

Oración colecta

Dios nuestro,

creador y redentor de los hombres,

que quisiste que tu Verbo eterno

tomara carne en el seno de la siempre Virgen María,

escucha nuestras súplicas

y concédenos que tu Hijo,

que ha tomado nuestra naturaleza humana,

nos haga participantes de su naturaleza divina.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Santifica, Señor, los dones de tu Iglesia

y concédenos en esta Eucaristía

el pan del cielo que renueva nuestras fuerzas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión       Cf. Ag 2, 8

He aquí que vendrá el deseado de todas las naciones, y la casa del Señor se llenará de gloria.

Oración después de la comunión

Tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía,

enciende, Señor, nuestros corazones

con el fuego de tu Espíritu,

a fin de que podamos brillar, por nuestras buenas obras,

cuando venga Cristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

18 de diciembre

Antífona de entrada

Vendrá Cristo, nuestro Rey, el Cordero cuya venida fue anunciada por Juan.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

vernos libres de la antigua esclavitud del pecado

por el renovado misterio del nacimiento de tu Hijo

que vamos a celebrar.

El cual vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Señor, que el sacrificio que vamos a ofrecerte

nos haga menos indignos de ti,

para que podamos participar de la vida eterna de tu Hijo,

que, al hacerse mortal como nosotros,

nos devolvió la inmortalidad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión       Mt 1, 23

Y le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir: Dios-con-nosotros.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía,

en la que hemos tomado parte,

nos ayude, Señor, a prepararnos

con fe y con amor,

a celebrar las fiestas ya cercanas,

del nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

19 de diciembre

Antífona de entrada            Cf. Heb 10, 37

El que ha de venir, vendrá sin tardanza, y ya no tendremos nada que temer, porque él es nuestro salvador.

Oración colecta

Dios nuestro, que te dignaste manifestar al mundo

el esplendor de tu gloria

por medio del parto de la santísima Virgen María,

concédenos venerar con fe íntegra

y celebrar con sincera piedad

el gran misterio de la encarnación de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad

las ofrendas que te presentamos,

para que tu poder consagre los dones de nuestra pobreza.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión        Lc 1, 78-79

Vendrá a visitarnos de lo alto un sol naciente, Cristo el Señor, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Oración después de la comunión

Te damos gracias, Señor,

por los bienes que nos has dado,

y te rogamos que enciendas en nosotros el deseo

de lo que nos has prometido,

para que, con un espíritu renovado,

podamos celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

20 de diciembre

Antífona de entrada           Cf. Is 11, 1; 40, 5; Lc 3, 6

Un retoño brotará del tronco de Jesé, la gloria del Señor llenará la tierra y toda creatura verá la salvación de Dios.

Oración colecta

A ejemplo de la Virgen Inmaculada

que, al aceptar tu voluntad,

anunciada por el ángel,

recibió en su seno a tu Hijo,

fue llena de la gracia del Espíritu Santo

y se convirtió en templo de la divinidad,

concédenos, Padre todopoderoso,

la gracia de aceptar tus designios

con humildad de corazón.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, el único sacrificio que puede agradarte

y, por nuestra participación en este sacramento,

concédenos los bienes que la fe nos invita a esperar.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión             Lc 1, 31

Dijo el ángel a María: Has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir y a dar a luz un hijo, y será llamado Hijo del Altísimo.

Oración después de la comunión

Protege, Señor, con tu poder

a cuantos has alimentado con esta Eucaristía,

y haz que encuentren en este sacramento

la fuente de la paz verdadera.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

21  de diciembre

Antífona de entrada             Cf. Is 7, 14; 8, 10

Pronto llegará el Señor que domina los pueblos, y será llamado Emmanuel, es decir, Dios-con-nosotros.

Oración colecta

Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo,

que se alegra por la venida de tu Hijo

en nuestra carne mortal;

y concédenos que, cuando vuelva él

revestido de gloria y majestad,

nos llenemos también de alegría

al recibir de sus manos

la recompensa de la vida eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, de tu Iglesia

las ofrendas que tú mismo

has puesto en nuestras manos

y que tu poder convierte en sacramento

de nuestra salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión             Lc 1, 45

Dichosa, tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor.

Oración después de la comunión

Que esta comunión, Señor,

proteja siempre a tu pueblo

a fin de que, entregados plenamente a tu servicio,

alcancemos la salvación del alma y del cuerpo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

22 de diciembre

Antífona de entrada              Sal 23, 7

Puertas, abríos de par en par; agrandaos portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que al ver al hombre caído

y condenado a la muerte,

quisiste rescatarlo con la venida de tu Hijo,

concede a cuantos creemos

en el misterio de su encarnación,

participar algún día de su vida inmortal.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Confiados, Señor, en tu misericordia,

venimos a tu altar con nuestros dones,

a fin de que la celebración de esta Eucaristía

nos purifique de nuestros pecados.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión        Lc 1, 46-49

Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha hecho en mí maravillas el todopoderoso.

Oración después de la comunión

Que la recepción de este sacramento

nos dé fuerza, Señor,

para prepararnos a la venida de nuestro salvador

con la práctica de las buenas obras,

y podamos así, alcanzar el premio

de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

23 de diciembre

Antífona de entrada             Cf. Is 9, 6; Sal 71, 17

Un niño nos nacerá y será llamado Dios todopoderoso, en él serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.

Oración colecta

Al acercarse las fiestas de la Navidad,

te rogamos, Dios eterno y todopoderoso,

que tu Verbo,

que se hizo carne en el seno de la Virgen María

 y habitó entre nosotros,

nos haga sentir su amor y su misericordia.

Él, que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Que el sacrificio de tu Hijo,

que es el acto de culto más perfecto

que podemos ofrecerte,

nos devuelva, Señor, tu amistad

para que podamos celebrar con un corazón puro

el nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión            Ap 3, 20

Mirad que estoy a la puerta y llamo: dice el Señor; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Oración después de la comunión

A quienes hemos participado de esta Eucaristía,

concédenos, Señor, tu perdón y tu paz,

para que estemos siempre preparados

a recibir dignamente a tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

 

24 de diciembre

En la Misa matutina

Antífona de entrada             Cf. Ga 4, 4

He aquí que llega ya la plenitud de los tiempos, cuando Dios envió a su Hijo a la tierra.

Oración colecta

Apresúrate, Señor Jesús,

no tardes ya,

para que tu venida dé nuevas fuerzas y ánimo

a quienes hemos puesto nuestra confianza

en tu misericordia.

Tú que vives y reinas con el Padre

en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad estas ofrendas,

a fin de que se conviertan en el alimento

que nos libre de nuestros pecados

y prepare nuestros corazones

a la venida gloriosa de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión           Lc 1, 68

Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

Oración después de la comunión

Tú que nos has renovado con esta Eucaristía

concédenos Señor,

que el nacimiento adorable de tu Hijo,

que hemos anticipado en la fe,

nos llene de gozo

y nos haga partícipes de los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

TIEMPO DE NAVIDAD

Christus Natus Est Nobis. Venite, Adoremus

 

25 DE DICIEMBRE

Vigilia

Medianoche

Aurora

Día

Octava de Navidad

SAGRADA FAMILIA

29 de diciembre

30 de diciembre

31 de diciembre

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Ferias de Navidad (desde 2 enero)

Lunes-Martes-Miércoles-Jueves-Viernes-Sábado

Epifanía

EPIFANÍA

BAUTISMO DEL SEÑOR

 

25 de diciembre

 

LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Solemnidad

 

Misa vespertina de la vigilia

 

Esta misa se dice en la tarde del 24 de diciembre, antes o después de las primeras víspe­ras de la Navidad.

Antífona de entrada           Cf. Ex 16, 6-7

Esta noche sabréis que el Señor vendrá a salvarnos y por la mañana contemplaréis su gloria.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que cada año revives en nosotros

la gozosa esperanza de la salvación,

concédenos que, así como ahora acogemos a tu Hijo,

llenos de júbilo, como a nuestro redentor,

así también cuando venga como juez,

podamos recibirlo llenos de confianza.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor,

iniciar la celebración de las fiestas de la Navidad

con un fervor digno del misterio

que es el principio de nuestra redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar la no­che santa en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión       Cf. Is 40, 5

Se manifestará la gloria del Señor y todo el mundo verá la salvación que viene de nuestro Dios.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor,

sacar nuevas fuerzas de esta celebración anual

del nacimiento de tu Hijo,

que se ha hecho nuestro alimento y bebida

en este sacramento de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Misa de medianoche

Antífona de entrada             Sal 2, 7

El Señor me dijo: Tú eres mi Hijo, hoy te engendré yo.

O bien:

Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro salvador ha nacido en el mundo. Del cielo ha descendido hoy para nosotros la paz verdadera.

Oración colecta

Dios nuestro, que hiciste resplandecer esta noche santísima

con el nacimiento de Cristo, verdadera luz del mundo,

concédenos que, iluminados en la tierra

por la luz de este misterio,

podamos también disfrutar de la gloria de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos

esta noche de Navidad, a fin de que, al recibirlas nosotros

convertidas en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos transformes en él,

en quien nuestra naturaleza está unida a la tuya.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar la no­che santa en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión        Jn 1, 14

El Verbo se hizo hombre y hemos visto su gloria.

Oración después de la comunión

Tú, Señor, que nos has concedido el gozo

de celebrar esta noche el nacimiento de tu Hijo,

ayúdanos a vivir según su ejemplo

para llegar a compartir algún día con él la gloria de su Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Misa de la aurora

Antífona de entrada              Cf. Is 9, 2. 6; Lc 1, 33

Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor; se le llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Señor, Dios todopoderoso, que has querido iluminarnos

con la luz nueva de tu Verbo hecho carne,

concédenos que nuestras obras concuerden siempre

con la fe que ha iluminado nuestro espíritu.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas

Que nuestras ofrendas, Señor,

sean dignas del misterio de Navidad

que estamos celebrando,

para que tú, que nos has revelado a Jesucristo,

verdadero Dios y verdadero hombre,

nos hagas participar, por este pan y este vino,

de su vida inmortal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión        Cf. Zac 9, 9

¡Salta de alegría, hija de Sión! ¡Lanza gritos de gozo, hija de Jerusalén! He aquí que viene tu Rey, el Santo, el Salvador del mundo.

Oración después de la comunión

Dios nuestro, que nos has reunido para celebrar,

llenos de júbilo, el nacimiento de tu Hijo,

concédenos penetrar con fe profunda en este misterio

y encontrar en él la fuente de un amor cada vez más generoso.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Misa del día

Antífona de entrada             Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se le llamará Ángel del Gran Consejo.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro,

que de modo admirable creaste al hombre

a tu imagen y semejanza, y de modo más admirable

lo elevaste con el nacimiento de tu Hijo,

concédenos participar de la vida divina de aquél

que ha querido participar de nuestra humanidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, en la fiesta solemne de la Navidad,

esta ofrenda que nos reconcilia contigo

de un modo perfecto,

y encierra en sí la plenitud del culto

que los hombres podemos tributarte.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión           Sal 97, 3

Sobre toda la superficie de la tierra se ha contemplado la salvación que viene de nuestro Dios.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios misericordioso,

que el salvador del mundo, que hoy nos ha nacido

para comunicarnos su vida divina,

nos dé también el don de su inmortalidad..

El cual vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

Domingo dentro de la octava de Navidad

o, si no hay domingo dentro de la octava, el día 30 de diciembre.

 

LA SAGRADA FAMILIA:

JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

Fiesta

Antífona de entrada               Lc 2, 16

Fueron los pastores a toda prisa y encontraron a María y a José y, recostado en un pesebre, al niño.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Señor y Dios nuestro,

tú que nos has dado en la Sagrada Familia de tu Hijo,

el modelo perfecto para nuestras familias,

concédenos practicar sus virtudes domésticas

y estar unidos por los lazos de tu amor,

para que podamos ir a gozar con ella eternamente

de la alegría de tu casa.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Cuando esta fiesta se celebra en domingo, se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación

y por intercesión de la Virgen Madre de Dios y de san José,

concede a nuestras familias, vivir siempre en tu amistad y en tu paz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión         Bar 3, 38

Nuestro Dios apareció en el mundo y convivió con los hombres.

Oración después de la comunión

Padre lleno de amor,

concede a los que acabamos de alimentarnos

con este sacramento celestial,

imitar siempre los ejemplos de la Sagrada Familia,

para que, después de las pruebas de esta vida,

podamos gozar eternamente con ellos en el cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

 

 

 

 

Los formularios para las misas de los días 26, 28 y 28 de diciembre, que caen en la octava de Navidad, se toman del Propio de los santos.

 

 

 

 

 

 

 

 

29 de diciembre

Quinto día dentro de la octava de Navidad

Antífona de entrada            Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino que tenga vida eterna.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que con la venida de tu Hijo, luz verdadera,

has disipado las tinieblas del mundo,

míranos con amor y ayúdanos a celebrar

con cantos y alabanzas

la gloria del nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina contigo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas

que te presentamos para esta Eucaristía,

en la que se realiza un glorioso intercambio,

a fin de que, al ofrecerte tus propios dones,

podamos recibirte a ti mismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión               Lc 1, 78

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos ha visitado Cristo, el Sol que nace de lo alto.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso

que la gracia de estos sacramentos

fortalezca cada día más nuestra vida cristiana.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

 

30 de diciembre

Sexto día dentro de la octava de Navidad

 

            Si no hay ningún domingo dentro de la octava de Navidad, este día se celebra la fiesta de la Sagrada Familia.

Antífona de entrada            Sb 18, 14-15

Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu Palabra omnipotente, Señor, descendió de los cielos, desde tu trono real.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso,

que el nacimiento de tu Hijo en nuestra carne mortal,

nos libre de la antigua esclavitud

a la que nos sometió el pecado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo

y concédenos que, las realidades que creemos por la fe,

las consigamos por este sacramento celestial.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

Antífona de comunión           Jn 1, 16

De su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia.

Oración después de la comunión

Señor Dios,

que nos unes a ti por la participación de este sacramento,

concédenos obtener toda su eficacia

para que así,

la recepción de este don tuyo,

nos haga más dignos de seguirlo recibiendo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

31  de diciembre

Séptimo día dentro de la octava de Navidad

Antífona de entrada              Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se le llamará Ángel del Gran Consejo.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que has querido que todo esfuerzo del hombre

por ir a tu encuentro tenga su origen y su plenitud

en el nacimiento de tu Hijo, concédenos contarnos siempre

entre el número de los que siguen a Cristo,

en quien está la salvación de todo el género humano.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Señor y Dios nuestro, que infundes en nosotros

los sentimientos de la verdadera adoración

y nos impulsas a vivir en plena concordia

con nuestros prójimos, concédenos poder tributarte

con estas ofrendas el culto que te es debido

y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos,

por la participación en este sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión          1  Jn 4, 9

Dios envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él.

Oración después de la comunión

Que tu pueblo, Señor, al que jamás has dejado de tu mano,

experimente tu ayuda presente y futura

a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios,

pueda buscar con mayor confianza los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

1 de enero

Octava de Navidad

SOLEMNIDAD DE SANTA MARIA,

MADRE DE DIOS

Antífona de entrada              Sedulio

Te aclamamos santa Madre de Dios, porque has dado a luz al rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos.

O bien:               Cf. Is 9, 2. 6; Lc 1, 33

Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor y se le llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin.

Oración colecta

Señor Dios, que por la fecunda virginidad de María

diste al género humano el don de la salvación eterna,

concédenos sentir la intercesión de aquélla

por quien recibimos al autor de la vida, Jesucristo, Señor nuestro,

que vive y reina contigo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Señor, tú que eres el origen de todos los bienes

quien los lleva a su pleno desarrollo,

concede a quienes celebramos en la Virgen María, Madre de Dios,

las primicias de nuestra redención,

alcanzar la plenitud de sus frutos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de santa María virgen I: en la solemnidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión        Heb 13, 8

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos.

Oración después de la comunión

Señor, que estos sacramentos celestiales

que hemos recibido con alegría,

sean fuente de vida eterna para nosotros,

que nos gloriamos de proclamar a la siempre Virgen María

como Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD

            Esta misa no se celebra en el Perú, en su lugar se celebra la Epifanía del Señor

Antífona de entrada              Sb 18, 14-15

Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu Palabra omnipotente Señor, descendió de los cielos, desde tu trono real.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

luz de los que creen en ti,

dígnate llenar el mundo con tu gloria

y manifestarte a todos los pueblos

por el esplendor de tu verdad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Santifica, Señor, estas ofrendas,

en virtud del nacimiento de tu Hijo,

por el cual nos revelas el camino de la verdad

y nos prometes la vida del Reino de los cielos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

Antífona de comunión        Jn 1, 12

A todos los que lo recibieron, les dio el poder para llegar a ser hijos de Dios

Oración después de la comunión

Señor, Dios nuestro, te pedimos humildemente

que el sacramento que acabamos de recibir,

nos purifique de nuestras faltas

y haga que se realicen nuestros legítimos deseos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

6 de enero

LA EPIFANIA DEL SEÑOR

Solemnidad

Donde la Epifanía no es fiesta de precepto, se celebra el domingo comprendido entre el 2 y el 8 de enero.

Antífona de entrada               Cf. Mal 3, 1; 1  Cro 19, 12

Mirad que ya viene el Señor de los ejércitos; en su mano están el reino y la potestad y el imperio.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella,

diste a conocer en este día, a todos los pueblos

el nacimiento de tu Hijo,

concede a los que ya te conocemos por la fe,

llegar a contemplar, cara a cara,

la hermosura de tu inmensa gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad los dones de tu Iglesia,

que no consisten ya en oro, incienso y mirra,

sino en tu mismo Hijo, Jesucristo,

que, bajo las apariencias de pan y de vino,

va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento

y que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Epifanía.

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne, hecho hombre como nosotros, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión            Cf. Mt 2, 2

Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.

Oración después de la comunión

Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre

para que comprendamos cada día más

este sacramento en el que hemos participado

y podamos recibirlo con mayor amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

FERIAS DEL TIEMPO DE NAVIDAD

Desde el 2 de enero,

hasta el sábado anterior a la fiesta del Bautismo del Señor

            Estas misas se utilizan en los días asignados, cambiando la colecta según se indica.

 

Lunes

Antífona de entrada

Un día sagrado ha amanecido para nosotros. Venid, pueblos, y adorad al Señor, porque una gran luz ha descendido sobre la tierra.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Concede, Señor, a tu pueblo

creer y proclamar con fe inquebrantable

que Cristo, verdadero Dios como tú,

se hizo verdadero hombre como nosotros

en el seno de la Virgen María, a fin de que, por este misterio,

nos veamos libres de los males de esta vida

y alcancemos los gozos eternos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Que el esplendor de tu gloria

ilumine, Señor, nuestros corazones

para que, a través de las tinieblas de este mundo

podamos llegar a la patria de la eterna claridad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas

que te presentamos para esta Eucaristía

en la que se realiza un glorioso intercambio,

a fin de que, al ofrecerte tus propios dones,

podamos recibirte a ti mismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión             Jn 1, 14

Hemos contemplado su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la gracia de estos sacramentos

fortalezca cada día más

nuestra vida cristiana.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes

Antífona de entrada               Sal 117, 26-27

Bendito el que viene en el nombre del Señor. El Señor es Dios, él nos ilumina.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Padre celestial,

tú que por el nacimiento virginal de tu Hijo

quisiste que fuera semejante a nosotros en todo,

menos en el pecado,

concede a cuantos en Cristo hemos renacido a la vida nueva,

vernos libres de nuestras antiguas miserias.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Señor que tu Hijo,

que quiso hacerse semejante a nosotros

para manifestársenos,

nos vaya haciendo, cada día, más semejantes a él,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo

y concédenos que, las realidades que creemos por la fe,

las consigamos por este sacramento celestial.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión        Ef 2, 4; Rom 8, 3

Por el gran amor con que nos amó, Dios envió a su propio Hijo a compartir nuestra condición humana en todo, menos en el pecado.

Oración después de la comunión

Señor Dios,

que nos unes a ti por la participación

de este sacramento,

concédenos obtener toda su eficacia

para que así, la recepción de este don tuyo

nos haga más dignos de seguirlo recibiendo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles

Antífona de entrada            Is 9, 2

El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz intensa. Sobre los que vivían en tierra de sombras, brilló una luz.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Dios todopoderoso,

que el salvador, venido del cielo como luz nueva

para redimir al mundo,

ilumine nuestros corazones y los renueve continuamente.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro, luz del mundo,

concede una paz estable a todos los pueblos de la tierra,

y haz que aquella luz resplandeciente

que condujo a los Magos al conocimiento de tu Hijo,

ilumine también nuestros corazones.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Señor y Dios nuestro,

que infundes en nosotros

los sentimientos de la verdadera adoración

y nos impulsas a vivir en plena concordia

con nuestros prójimos,

concédenos poder tributarte con estas ofrendas

el culto que te es debido

y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos,

por la participación en este sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión        1  Jn 1, 2

La Vida eterna, que estaba junto al Padre, se manifestó a nosotros y nosotros la hemos visto.

Oración después de la comunión

Que tu pueblo, Señor,

al que jamás has dejado de tu mano,

experimente tu ayuda presente y futura

a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios

pueda buscar con mayor confianza

los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves

Antífona de entrada             Cf. Jn 1, 1

En el principio y antes de todos los siglos, el que es la Palabra era Dios, el mismo que luego se dignó nacer como salvador del mundo.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro,

que iniciaste admirablemente la obra de la redención

con el nacimiento de tu Hijo,

fortalece en nosotros la fe,

para que siguiendo sus enseñanzas,

podamos alcanzar la prometida recompensa de la gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro, que por medio de tu Hijo

has hecho brillar la luz eterna de tu divinidad

ante todas las naciones,

haz que tu pueblo descubra plenamente

el misterio de Cristo, su redentor,

para que, en virtud de este misterio,

pueda llegar a gozar de aquella luz que no tiene ocaso

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas,

que te presentamos para esta Eucaristía,

en la que se realiza un glorioso intercambio,

a fin de que, al ofrecerte tus propios dones,

podamos recibirte a ti mismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión        Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la gracia de estos sacramentos

fortalezca cada día más nuestra vida cristiana.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes

Antífona de entrada              Sal 111, 4

Una luz se levanta en las tinieblas para los hombres de corazón recto: el Dios clemente, justo y compasivo.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Ilumina, Señor, a tus hijos,

y haz arder nuestros corazones

con el esplendor de tu gloria,

para que conozcamos cada vez más a nuestro salvador

y podamos amarlo e imitarlo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Dios todopoderoso,

que el nacimiento del salvador del mundo,

manifestado a los Magos por medio de una estrella,

sea comprendido por nosotros

cada vez con mayor profundidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo

y concédenos que, las realidades que creemos por la fe,

las consigamos por este sacramento celestial.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión        1  Jn 4, 9

Dios envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él.

Oración después de la comunión

Señor Dios,

que nos unes a ti por la participación de este sacramento,

concédenos obtener toda su eficacia

para que así, la recepción de este don tuyo

nos haga más dignos de seguirlo recibiendo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado

Antífona de entrada            Gal 4, 4-5

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos la dignidad de hijos adoptivos.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Dios todopoderoso y eterno

que con la venida de tu Hijo

has hecho resplandecer sobre el mundo una luz nueva,

concédenos, que así como Jesucristo,

al nacer de la Virgen María,

ha querido compartir nuestra condición humana,

así también nosotros lleguemos a compartir en su Reino

la gloria de su divinidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Dios todopoderoso y eterno,

que, por medio de tu Hijo, nos has hecho renacer para ti,

concédenos que tu gracia

nos modele a imagen de Jesucristo

en quien nuestra naturaleza humana está unida a la tuya.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Señor y Dios nuestro,

que infundes en nosotros

los sentimientos de la verdadera adoración

y nos impulsas a vivir en plena concordia

con nuestros prójimos,

concédenos poder tributarte con estas ofrendas

el culto que te es debido

y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos,

por la participación en este sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión       Jn 1, 16

De su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia.

Oración después de la comunión

Que tu pueblo, Señor,

al que jamás has dejado de tu mano,

experimente tu ayuda presente y futura

a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios,

pueda buscar con mayor confianza

los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Domingo después del 6 de enero

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Fiesta

En aquellos lugares donde la solemnidad de la Epifanía del Señor se celebra el domingo que ocurre entre los días 2 y 8 de enero, si el domingo después del 6 de enero es el día 7 o el 8, en él se celebra la solemnidad de la Epifanía del Señor; en este caso, la fiesta del Bautismo del Señor se traslada al lunes siguiente.

Antífona de entrada              Cf. Mt 3, 16-17

Inmediatamente después de que Jesús se bautizó, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo se posó sobre él en forma de paloma, y resonó la voz del Padre que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor”.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que proclamaste solemnemente

que Cristo era tu Hijo amado

cuando fue bautizado en el Jordán

y descendió el Espíritu Santo sobre él,

concede a tus hijos adoptivos, renacidos del agua y del Espíritu,

perseverar siempre fieles en el cumplimiento de tu voluntad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:

Concédenos, Señor, que tu Hijo,

que quiso hacerse semejante a nosotros para manifestársenos,

nos vaya haciendo, cada día, más semejantes a él,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

al conmemorar el Bautismo

y manifestación de tu Hijo amado,

y conviértelos en aquel mismo sacrificio

con el que Cristo lavó misericordiosamente los pecados del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Porque quisiste rodear el bautismo de tu Hijo en el Jordán

de signos admirables

para que, mediante aquella voz, venida del cielo,

creyéramos que tu Verbo

se encontraba presente entre los hombres

y por el Espíritu, que descendió en forma de paloma,

se manifestara que Cristo, tu Hijo,

era ungido con el óleo de la alegría

y enviado a evangelizar a los pobres.

 

Por eso, a una con los espíritus celestes

te alabamos constantemente en la tierra

diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión       Jn 1, 32. 34

Este es aquél de quien Juan decía: Yo lo he visto y doy testimonio de que es el Hijo de Dios.

Oración después de la comunión

A cuantos hemos participado

del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

concédenos, Señor, escuchar con fe su palabra,

para que así podamos llamarnos hijos tuyos y serlo de verdad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Los días que van desde el lunes después de este domingo hasta el martes antes de co­menzar la Cuaresma, forman parte del tiempo ordinario. Estos días, tanto en las misas de domingo como en las de feria, se utilizan los textos que se proponen en el tiempo ordinario.

 

 

TIEMPO DE CUARESMA

Penitentia agite,  appropinquavit regnum coelorum

 

SEMANA DE CENIZA

M-J-V-S

PRIMERA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

SEGUNDA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

TERCERA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

CUARTA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

QUINTA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

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MIÉRCOLES DE CENIZA

En la misa de este día se bendice y se impone la ceniza hecha de ramas de olivo o de otros árboles, bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior.

Ritos iniciales y liturgia de la palabra

 

Antífona de entrada                                                                       Sb 11, 24-25. 27

Señor, tú tienes misericordia de todos y nunca odias a tus creaturas; borras los pecados de los hombres que se arrepienten y los perdonas, porque tú, Señor, eres nuestro Dios.

Se omite el acto penitencial, que es sustituido por el rito de la imposición de la ceniza.

Oración colecta

Que el día de ayuno

con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma,

sea el principio de una verdadera conversión a ti,

y que nuestros actos de penitencia

nos ayuden a vencer el espíritu del mal.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Bendición e imposición de la ceniza

Después de la homilía, el sacerdote, de pie y con las manos juntas, dice:

Hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre

que bendiga con su gracia esta ceniza

que, en señal de penitencia,

vamos a imponer sobre nuestras cabezas.

Y después de un breve momento de oración en silencio, prosigue:

Señor Dios, que te apiadas de quienes se humillan

y concedes tu paz a los que se arrepienten,

escucha con bondad nuestras súplicas

y derrama la gracia + de tu bendición

sobre estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza,

para que, fieles a las prácticas cuaresmales

puedan llegar, con un alma purificada,

a celebrar la Pascua de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

R.    Amén.

O bien:

Tú que no quieres la muerte del pecador,

sino su arrepentimiento,

escucha, Señor, con bondad nuestras súplicas

y bendice + esta ceniza

que vamos a imponer sobre nuestra cabeza

en reconocimiento de que somos polvo

y al polvo hemos de volver,

a fin de que el ejercicio de la penitencia cuaresmal

nos obtenga el perdón de los pecados

y una vida nueva a imagen de tu Hijo resucitado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.    Amén.

Y rocía la ceniza con agua bendita, sin decir nada.

En seguida, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan a él, y dice a cada uno:

Arrepiéntete y cree en el Evangelio.            Mc 1, 15

O bien:                    Cf. Gen 3, 19

Acuérdate de que eres polvo    

y al polvo has de volver

Mientras tanto, se entona un canto apropiado o alguna de las antífonas.

Antífona                                                                                                   Cf. Joel 2, 13

Renovemos nuestra vida con un espíritu de humildad y penitencia; ayunemos y lloremos delante del Señor, porque la misericordia de nuestro Dios está siempre dispuesta a perdonar nuestros pecados.

Otra antífona                                                                              Joel 2, 17; Est 13, 17

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, y no cierres la boca de aquellos que te alaban.

Otra antífona                                                                                                  Sal 50, 3

Borra, Señor, mis pecados.

Esta antífona puede repetirse después de cada verso del Salmo 50, Misericordia, Dios mío.

Responsorio                                                                               Cf. Bar 3, 2; Sal 78, 9

Renovémonos y reparemos los males que por ignorancia hemos cometido; no sea que, sorprendidos por el día de la muerte, busquemos, sin poder encontrarlo, el tiempo de hacer penitencia.

* Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

V. Ven en nuestra ayuda, Dios salvador nuestro; por el honor de tu nombre, líbranos, Señor.

* Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

Puede cantarse también otro canto apropiado

Terminada la imposición de la ceniza, el sacerdote se lava las manos. La ceremonia termina con la oración universal o de los fieles.

No se dice Credo.

 

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio

con el que iniciamos solemnemente la Cuaresma,

y concédenos que por medio

de las obras de caridad y penitencia,

venzamos nuestros vicios

y, libres de pecado,

podamos unirnos mejor a la pasión de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Cuaresma III o IV.

Antífona de comunión                                  Sal 1, 2-3

El que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto a su tiempo.

Oración después de la comunión

Que esta comunión abra, Señor,

nuestro corazón a la justicia y a la caridad,

para que observemos el único ayuno que tú quieres

y que conduce a nuestra salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

La bendición e imposición de la ceniza pueden hacerse también sin misa. En este caso, conviene celebrar antes la liturgia de la Palabra, usando el canto de entrada, la oración colecta y las lecturas con sus cánticos, como en la misa. Enseguida se tienen la homilía y la bendición e imposición de la ceniza. La ceremonia se termina con la oración uni­versal.

 

 

Jueves después de Ceniza

Antífona de entrada            Cf. Sal 54, 17-20. 23

Clamé al Señor, y escuchó mi voz y me libró de los que me atacaban. Encomienda a Dios tus afanes y él te sustentará.

Oración colecta

Inspira, Señor, nuestras acciones

y dirígelas con tu gracia,

para que todo cuanto emprendamos

lo iniciemos en tu nombre

y podamos llevarlo a término por tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad

estas ofrendas que te presentamos,

para que nos alcancen tu perdón,

y den gloria a tu nombre.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 50, 12

Señor, crea en mí un corazón puro, y renueva en mi interior un espíritu firme.

Oración después de la comunión

Señor, que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

que hemos recibido en esta comunión,

sean para nosotros

fuente de perdón, de santidad y de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes después de Ceniza

Antífona de entrada      Sal 29, 11

El Señor me escuchó, tuvo piedad de mí y ha venido en mi ayuda.

Oración colecta

Concédenos, Señor, tu gracia

durante estos días de penitencia cuaresmal,

para que a nuestras prácticas externas

corresponda una verdadera renovación del espíritu.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

Oración sobre las ofrendas

Señor, que el sacrificio que te ofrecemos

en este tiempo de preparación para la Pascua

nos haga agradables a tus ojos

y más generosos en la práctica de la penitencia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Sal 24, 4

Señor, enséñame tus caminos, dime cuáles son tus senderos.

Oración después de la comunión

Que nuestra participación en este sacramento

nos libre, Señor, de todas nuestras culpas

y nos obtenga de tu misericordia

la conversión de nuestro espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado después de Ceniza

Antífona de entrada           Sal 68, 17

Escúchanos, Señor, pues eres bueno y míranos conforme a tu bondad infinita.

Oración colecta

Dios eterno y todopoderoso,

mira compasivo nuestra debilidad,

'y extiende tu mano para protegernos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio de

reconciliación y de alabanza

que vamos a ofrecerte,

nos purifique, Señor y nos renueve,

para que todos nuestros pensamientos y acciones

se apeguen a tu voluntad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Mt 9, 13

Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Oración después de la comunión

Señor, que este sacramento que hemos recibido,

y que es fuente de vida para tu Iglesia,

sea para nosotros

prenda segura de salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

I DOMINGO DE CUARESMA

Antífona de entrada            Sal 90, 15-16

Me invocará y yo lo escucharé; lo libraré y lo glorificaré; prolongaré los días de su vida.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso,

que las prácticas anuales

propias de la Cuaresma

nos ayuden a progresar

en el conocimiento de Cristo

y a llevar una vida más cristiana.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor,

que estos dones que vamos a ofrecerte,

nos dispongan convenientemente

para el santo tiempo de la Cuaresma,

que estamos iniciando.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

LAS TENTACIONES DEL SEÑOR

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

Por Cristo nuestro Señor.

 

El cual,

al abstenerse durante cuarenta días

de tomar alimento,

inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal

y al rechazar las tentaciones del enemigo

nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;

de este modo,

celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,

podremos pasar un día a la Pascua que no acaba.

 

Por eso,

con los ángeles y santos,

te cantamos el himno de alabanza,

diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión       Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios.

O bien:                   Sal 90, 4

El Señor te cubrirá con su protección, bajo sus alas encontrarás refugio.

Oración después de la comunión

Que este pan celestial alimente, Señor, en nosotros la fe,

aumente la esperanza, refuerce la caridad,

y nos enseñe a sentir hambre de Cristo,

que es el pan vivo y verdadero,

y a vivir de toda palabra que proceda de tu boca.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la I Semana

Antífona de entrada                                                                                 Sal 122, 2-3

Así como la esclava en su señora, tiene fijos los ojos, fijos en el Señor están los nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros. Ten piedad de nosotros, ten piedad.

Oración colecta

Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro,

y ayúdanos a progresar

en el conocimiento de tu palabra

para que esta Cuaresma

nos sea provechosa.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que estas ofrendas que te presentamos

como signo de nuestra entrega a ti,

santifiquen, Señor, con tu gracia, nuestra vida

y nos obtengan el perdón de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión          Mt 25, 40. 34

En verdad os digo que cuanto hicisteis con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo habéis hecho, dice el Señor. Venid, benditos de mi Padre, y tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor,

encontrar en esta comunión

fuerza para el cuerpo y para el alma

a fin de que, renovados completamente,

podamos gloriamos de la plenitud de tu redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la I Semana

Antífona de entrada                                                                                 Sal 89, 1-2

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Oración colecta

Mira, Señor, con misericordia a tu pueblo

que en estos días de Cuaresma

usa con moderación de los bienes del cuerpo

y aviva en su espíritu el deseo de poseerte.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor y creador todopoderoso,

los dones que hemos recibido de tu generosidad

y convierte el pan y el vino

que nos has dado para nuestra vida cotidiana

en sacramento de salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 4, 2

Tú, Dios, defensor mío, que me escuchaste cuando te invoqué y me consolaste en la tribulación, ten piedad de mí y escucha mi plegaria.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía nos ayude, Señor,

a moderar las pasiones

y los deseos terrenos

y a buscar tu justicia y tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la I Semana

Antífona de entrada                                                                           Sal 24, 6. 3. 22

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.

Oración colecta

Mira, Señor, con bondad a tu pueblo,

que con fervor desea entregarse más a ti

y concédele que la práctica de las buenas obras

renueve su alma,

ya que con sus privaciones se esfuerza

por dominar su cuerpo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te presentamos, Señor, este pan y este vino

que tú mismo nos has dado para que te los ofreciéramos,

a fin de que,

al convertirlos tú en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos obtengan la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 5, 12

Que se alegren, Señor, cuantos en ti confían, que se regocijen eternamente porque tú estás con ellos.

Oración después de la comunión

Tú Señor, que no cesas de invitarnos a tu mesa,

concédenos que la recepción de este sacramento

sea para nosotros fuente de vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la I Semana

Antífona de entrada                                                                                  Sal 5, 2-3

Señor, oye mis palabras, escucha mi lamento, haz caso de mi voz suplicante, Rey mío y Dios mío.

Oración colecta

Puesto que sin ti nada podemos,

concédenos, Señor,

luz para distinguir siempre el bien

y valor para ponerlo en práctica,

a fin de que podamos vivir según tu voluntad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta Señor, en tu bondad

ofrendas y súplicas que te presentamos,

y convierte a ti nuestros corazones.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Mt 7, 8

Todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abrirá.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor Dios nuestro,

que el sacramento que nos has dado

como ayuda para nuestra salvación,

nos sirva de auxilio

tanto para esta vida como para la futura.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la I Semana

Antífona de entrada                                                                            Sal 24, 17-18

Sálvame, Señor, de todas mis angustias. Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis pecados.

Oración colecta

Concede, Señor, a tus hijos

prepararse interiormente

a la celebración de la Pascua,

para que la mortificación corporal,

propia de este tiempo,

dé en cada uno de nosotros frutos espirituales.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

por medio de las cuales

has querido misericordiosamente

devolvernos tu amistad

y darnos la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Ez 33, 11

Tan cierto como que vivo, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

Oración después de la comunión

Que la recepción de tu sacramento

nos renueve, Señor,

y, purificados de toda maldad,

nos haga participar de los bienes de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la I Semana

Antífona de entrada            Sal 18, 8

La ley del Señor es perfecta y reconforta el corazón; el testimonio del Señor es veraz

y vuelve sabios a los sencillos.

Oración colecta

Señor y Padre eterno,

haz que se conviertan a ti nuestros corazones

a fin de que, viviendo consagrados

enteramente a tu servicio,

te busquemos siempre a ti

y nos dediquemos a la práctica

de las obras de misericordia.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que la celebración de este sacramento

nos purifique, Señor, de nuestras faltas

y nos haga dignos de participar de tu Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Mt 5, 48

Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Ayuda, Señor y reconforta siempre

a estos hijos tuyos,

a quienes has iluminado con tu palabra

y alimentado con tu sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

II DOMINGO DE CUARESMA

Antífona de entrada            Sal 26, 8-9

De ti mi corazón me habla diciendo: "Busca su rostro". Tu rostro estoy buscando, Señor; no me lo escondas.

O bien:                                                                                                                      Sal 24, 6. 3. 22

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Señor, Padre santo,

que nos mandaste escuchar a tu amado Hijo,

alimenta nuestra fe con tu palabra

y purifica los ojos de nuestro espíritu,

para que podamos alegrarnos en la contemplación de tu gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Liturgia de la palabra

 

Oración sobre las ofrendas

Que esta ofrenda, Señor,

nos obtenga el perdón de nuestros pecados y nos santifique en el cuerpo y en el alma para que podamos celebrar dignamente las festividades de la Pascua.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

V.      El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V.      Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.      Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

Por Cristo nuestro Señor.

 

Quien,

después de anunciar su muerte a los discípulos,

les mostró en el monte santo

el esplendor de su gloria,

para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas,

que la pasión es el camino de la resurrección.

 

Por eso,

como los ángeles te cantan en el cielo,

así nosotros en la tierra te aclamamos,

diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión      Mt 17, 5

Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadlo.

Oración después de la comunión

Te damos gracias, Señor,

porque al darnos en este sacramento

el Cuerpo glorioso de tu Hijo,

nos permites participar ya, desde este mundo,

de los bienes eternos de tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la II Semana

Antífona de entrada            Sal 25, 11-12

Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.  Mi pie se mantiene en el camino recto, en la asamblea bendeciré al Señor.

Oración colecta

Señor, tu que para nuestro progreso espiritual

nos mandas dominar nuestro cuerpo

mediante la austeridad,

ayúdanos a huir también de todo pecado

y a entregarnos, con amor filial,

al cumplimiento de tus mandamientos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, favorablemente nuestras oraciones,

y tú que nos concedes

participar en esta Eucaristía,

líbranos de las seducciones del pecado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Lc 6, 36

Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Señor, que esta comunión

nos purifique de toda culpa

y nos haga partícipes

de las alegrías del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la II Semana

Antífona de entrada            Sal 12,4-5

Da luz a mis ojos, Señor,  para que no caiga en el sueño de la muerte; para que no diga el enemigo: He triunfado sobre él.

Oración colecta

Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia

y ya que sin ti no puede sostenerse

lo que se cimienta en la debilidad humana,

protégela en los peligros

y guíala a la salvación eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio que vamos a ofrecerte,

Señor, nos santifique,

nos cure de nuestro egoísmo

y nos haga participes de los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Sal 9,2-3

Proclamaré, Señor, todas tus maravillas;  me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre,

Dios Altísimo.

Oración después de la comunión

Señor, que esta comunión

nos ayude a vivir más cristianamente

y nos obtenga el auxilio continuo de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la II Semana

Antífona de entrada              Sal 37, 22-23

Señor, no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme. Señor, mi salvador.

Oración colecta

Conserva, Señor, a tu pueblo

en el camino del bien que tú le has señalado,

y ayúdalo en sus necesidades temporales

para que, sin angustias,

pueda buscar los bienes eternos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad

las ofrendas que te presentamos

y por este santo intercambio de dones,

líbranos de la esclavitud del pecado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Mt 20, 28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida para redención de todos.

Oración después de la comunión

Que este sacramento que nos has dado, Señor,

como prenda de inmortalidad,

sea para nosotros una firme ayuda

para alcanzar la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la II Semana

Antífona de entrada            Sal 138, 23-24

Ponme a prueba, Dios mío, y conocerás mi corazón; mira si es que voy por mal camino y condúceme tú por el camino recto.

Oración colecta

Dios nuestro, que amas la inocencia

y la devuelves a quienes la han perdido,

orienta hacia ti nuestros corazones

y enciéndelos en el fuego de tu Espíritu,

para que permanezcamos firmes en la fe

y seamos diligentes en el amor fraterno.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Por este sacrificio eucarístico,

santifica, Señor,

nuestras privaciones cuaresmales,

para que a las prácticas externas

corresponda una verdadera conversión interior.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Sal 118, 1

Dichoso el que, con vida intachable, hace la voluntad del Señor.

Oración después de la comunión

Que la gracia que hemos recibido

en este sacramento

permanezca, Señor, en nosotros

y aumente por nuestras buenas obras.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la II Semana

Antífona de entrada           Sal 30, 2. 5

En ti, Señor, he puesto mi confianza,  que no quede yo defraudado eternamente; sácame de la trampa que me han puesto, pues tú eres mi protector.

Oración colecta

Por medio de nuestras privaciones cuaresmales,

purifícanos, Señor todopoderoso,

a fin de que podamos llegar

con un espíritu nuevo

a las próximas fiestas de la Pascua.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que tu misericordia, Señor,

a nos prepare a celebrar esta Eucaristía

y  vivirla con la fe y con las obras.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       1  Jn 4, 10

Dios nos amó y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados.

Oración después de la comunión

Que este sacramento que hemos recibido,

prenda de la salvación eterna,

nos dé fuerzas, Señor,

para vivir según tus mandamientos

y alcanzar la recompensa prometida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la II Semana

Antífona de entrada            Sal 144, 8-9

El Señor es compasivo y misericordioso, lleno de paciencia y amor; el Señor es bueno con todos y su bondad se extiende a todas sus creaturas.

Oración colecta

Tú, Señor, que por medio de los sacramentos

nos haces partícipes, ya desde este mundo,

de los bienes celestiales,

dirige nuestra vida

y condúcenos a la luz donde habitas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Por medio de este sacrificio

que vamos a ofrecerte,

comunícanos, Señor,

los frutos de la redención

para que nunca se desvíe de ti nuestra vida

y podamos alcanzar los bienes del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Lc 15, 32

Alégrate, hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.

Oración después de la comunión

Que la gracia de este sacramento

llegue a lo más íntimo de nuestro corazón

os comunique su fuerza divina.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

III DOMINGO DE CUARESMA

 

Cuando en este domingo se tienen los escrutinios preparatorios para el bautismo de adul­tos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.

Antífona de entrada            Sal 24, 15-16

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.

O bien:                         Ez 36, 23-26

Cuando manifieste en vosotros mi santidad, os reuniré de todos los países; derramaré sobre vosotros agua pura y quedaréis purificados de todas vuestras inmundicias y os infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Dios misericordioso, fuente de toda bondad,

que nos has propuesto como remedio del pecado

el ayuno, la oración y las obras de misericordia,

mira con piedad

a quienes reconocemos nuestras miserias

y estamos agobiados por nuestras culpas,

y reconfórtanos con tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Que esta Eucaristía, Señor, nos obtenga

a quienes imploramos tu perdón,

la gracia de saber perdonar a nuestros hermanos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cuando se ha leído el Evangelio de la samaritana, se dice el siguiente:

Prefacio

LA SAMARITANA

V.      El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V.      Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.      Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo nuestro Señor.

 

Quien,

al pedir agua a la samaritana,

ya había infundido en ella la gracia de la fe,

y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer,

fue para encender en ella el fuego del amor divino.

 

Por eso, Señor,

te damos gracias

y proclamamos tu grandeza

cantando con los ángeles.

 

Santo, Santo, Santo...

Cuando no se ha leído el Evangelio de la samaritana, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II.

Antífona de comunión

Cuando se ha leído el Evangelio de la samaritana:       Jn 4, 13-14

El que beba del agua que yo le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en una fuente que salta hasta la vida eterna.

Cuando se ha leído otro Evangelio:    Sal 83, 4-5

El ave ha encontrado un refugio y la tórtola un nido donde poner a sus polluelos. Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.

Oración después de la comunión

Tú que nos has alimentado, ya desde esta vida,

con el pan del cielo, prenda de nuestra salvación,

concédenos, Señor,

manifestar en todos nuestros actos el misterio de tu Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la III Semana

Antífona de entrada                                                                                    Sal 83, 3

Mi alma desfallece y suspira por los atrios del Señor; mi corazón y todo mi ser se han regocijado en el Dios vivo.

Oración colecta

Señor, que tu continua misericordia

purifique a tu Iglesia y la proteja;

y ya que sin ti no puede encontrar la salvación,

dirígela siempre con tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, esta ofrenda que te presentamos

como signo de nuestra entrega a ti

y conviértela en el sacramento

que ha de darnos la salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 116, 1-2

Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos, porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre.

Oración después de la comunión

Que el sacramento que hemos recibido

nos purifique, Señor,

y realice nuestra unidad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la III Semana

Antífona de entrada                                                                                Sal 16, 6. 8

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y escucha mis palabras. Cuídame como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas.

Oración colecta

Que tu gracia, Señor, nos acompañe,

para que nos impulse

a entregarnos a tu servicio

y nos obtenga siempre tu ayuda.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio que vamos a ofrecerte

nos purifique, Señor, de nuestros pecados

y nos obtenga la ayuda de tu poder.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Sal 14, 1-2

Señor ¿quién puede hospedarse en tu casa y descansar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia.

Oración después de la comunión

Que nuestra participación en este misterio,

renueve, Señor, toda nuestra vida

y nos alcance tu perdón y tu ayuda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la III Semana

Antífona de entrada             Sal 118, 133

Haz, Señor, que siga con firmeza tu palabra, para que no se apodere de mí ningún pecado.

Oración colecta

Te pedimos, Señor,

que purificados por las prácticas cuaresmales

y alimentados con tu palabra,

podamos entregarnos enteramente a tu servicio

y perseverar unidos en la oración.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta Señor,

ofrendas y oraciones que te presentamos

y protege de todo mal

a quienes celebramos tu Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 15, 11

Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.

Oración después de la comunión

Santifícanos, Señor,

con el pan del cielo que acabamos de recibir

para que, libres de nuestras faltas,

podamos alcanzar tus promesas eternas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la III Semana

Antífona de entrada

Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier tribulación en que me llamen y seré siempre su Dios.

Oración colecta

Te pedimos, Señor, humildemente,

que conforme se acerca

la fiesta de nuestra redención,

crezca en nosotros el fervor

para celebrar santamente la Pascua de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Preserva, Señor, a tu pueblo de toda maldad

para que sus ofrendas te sean agradables;

no permitas que nos entreguemos a los falsos placeres,

para que podamos alcanzar la recompensa prometida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 118, 4-5

Tu promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.

Oración después de la comunión

Que la gracia de tu salvación,

que hemos recibido en este sacramento,

transforme, Señor, toda nuestra vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la III Semana

Antífona de entrada            Sal 85, 8. 10

Señor, no hay otro dios igual a ti, porque sólo tú eres grande y haces maravillas; porque sólo tú eres Dios.

Oración colecta

Infunde Señor,

en nosotros tu gracia

para que podamos dominar nuestras pasiones

y permanecer fieles a tus palabras de vida eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con benevolencia

los dones que te presentamos;

que te sean agradables

y se conviertan para nosotros

en fuente de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Cf. Mc 12, 33

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios.

Oración después de la comunión

Que la fuerza de tu Espíritu

vigorice, Señor, todo nuestro ser

para que podamos obtener plenamente la salvación,

cuya prenda hemos recibido en esta Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la III Semana

Antífona de entrada                                                                               Sal 102, 2-3

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios: El perdona todas tus culpas.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

que celebrando con alegría esta Cuaresma,

de tal modo penetremos

el significado del misterio pascual,

que obtengamos la plenitud de sus frutos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Tú que nos purificas con tu gracia

para que nos acerquemos

dignamente a tu Eucaristía,

concédenos, Señor, celebrarla de tal modo,

que podamos rendirte una alabanza perfecta.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Lc 18, 13

El publicano, manteniéndose a distancia, se golpeaba el pecho y decía: Señor, ten piedad de mí porque soy un pecador.

Oración después de la comunión

Dios de misericordia,

que no cesas de alimentarnos

con tu santa Eucaristía,

concédenos venerarla siempre con respeto

y recibirla con fe profunda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

IV DOMINGO DE CUARESMA

Cuando en este domingo se tienen los escrutinios preparatorios para el bautismo de adul­tos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.

  Color litúrgico, morado o rosa.

Antífona de entrada           Cf. Is 66, 10-11 

Alégrate, Jerusalén, y todos los que la amáis, reuníos. Regocijaos con ella todos los que participabais de su duelo y quedaréis saciados con la abundancia de sus consuelos.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro,

que has reconciliado contigo

a la humanidad entera

por medio de tu Hijo,

concede al pueblo cristiano

prepararse con fe viva y entrega generosa

a celebrar las fiestas de la Pascua.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Te presentamos, Señor, llenos de alegría,

estas ofrendas para el sacrificio

y pedimos tu ayuda

para celebrarlo con fe sincera

y ofrecerlo dignamente

por la salvación del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cuando se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento, se dice el siguiente:

Prefacio

EL CIEGO DE NACIMIENTO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo nuestro Señor.

 

Que se dignó hacerse hombre

para conducir al género humano,

peregrino en tinieblas,

al esplendor de la fe;

y a los que nacieron esclavos del pecado,

los hizo renacer por el bautismo

y los transformó en hijos adoptivos del Padre.

 

Por eso, Señor,

todas tus criaturas

en el cielo y en la tierra

te adoran cantando un cántico nuevo,

y también nosotros, con los ángeles,

te aclamamos por siempre diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

Cuando no se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II.

Antífona de comunión

Cuando se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento:     Cf. Jn 9, 11

El Señor me puso lodo sobre los ojos; yo fui a lavarme. Ahora veo y creo en Dios.

Cuando se ha leído el Evangelio del hijo pródigo: Lc 15, 32

Deberías alegrarte, hijo mío, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado.

Cuando se ha leído otro Evangelio:     Sal 121, 3-4

Jerusalén es una ciudad armónicamente construida. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor.

Oración después de la comunión

Dios nuestro,

luz que alumbra a todo hombre

que viene a este mundo,

ilumina nuestros corazones

con el resplandor de tu gracia,

para que nuestros pensamientos te sean agradables

y te amemos con toda sinceridad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la IV Semana

Antífona de entrada                                                                                Sal 30, 7-8

Yo tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con bondad mi desgracia y conoces mis angustias.

Oración colecta

Dios nuestro,

que renuevas este mundo

por medio de tus sacramentos,

concede a tu Iglesia aprovechar

estos signos misteriosos de tu presencia

y asístela siempre en sus necesidades materiales.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Como fruto de este sacrificio

que vamos a ofrecerte,

líbranos, Señor,

de la esclavitud de nuestros vicios

y danos fortaleza

para vivir de acuerdo con tu Evangelio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Ez 36, 27

Infundiré mi espíritu en vosotros para que viváis según mis mandamientos y cumpláis mi voluntad, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Que esta santa comunión, Señor,

renueve y santifique nuestra vida

y nos ayude a alcanzar los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la IV Semana

Antífona  de entrada   Cf. Is 55, 1

Todos los que estáis sedientos, venid por agua, dice el Señor; aunque no tengáis dinero, venid a beber con alegría.

Oración colecta

Que los sacrificios y oraciones cuaresmales

dispongan, Señor, a tus hijos

para celebrar dignamente el misterio pascual

y trasmitir al mundo

el feliz anuncio de la salvación.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

los dones que tu providencia nos ha dado

para sostén de nuestra vida mortal

y conviértelos, para nosotros,

en alimento que da la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión      Sal 22, 1-2

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Oración después de la comunión

Que este sacramento, Señor,

purifique y renueve nuestro espíritu

e inunda en nuestro cuerpo la fuerza necesaria

para vivir y morir cristianamente.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la IV Semana

Antífona de entrada    Sal 68, 14

Ahora, Señor, que estás dispuesto a escucharme, elevo a ti mi súplica: Respóndeme, Dios mío, según tu gran amor y tu fidelidad a las promesas.

Oración colecta

Señor, tú que recompensas al justo

y perdonas al pecador que se arrepiente,

ten piedad de nosotros,

para que la humilde confesión de nuestras faltas

nos obtenga tu perdón.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que el poder de este sacrificio

elimine en nosotros las consecuencias del pecado

y nos haga crecer en santidad de vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Jn 3, 17

Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Oración después de la comunión

No permitas, Señor,

que el sacramento que hemos recibido,

vaya a ser motivo de condenación,

pues tu providencia lo ha instituido

para salvación nuestra.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la IV Semana

Antífona de  entrada          Sal 104, 3-4

Alégrese el corazón de los que buscan al Señor. Buscad la ayuda del Señor; buscad continuamente su presencia.

Oración colecta

Padre lleno de amor,

que nos has concedido la gracia

de purificarnos con el arrepentimiento

y de santificarnos haciendo el bien a los demás,

ayúdanos a permanecer fieles a tus mandamientos,

para llegar bien dispuestos

a las festividades pascuales.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Tú, que conoces nuestra fragilidad,

concédenos, Señor,

que el sacrificio que vamos a ofrecerte

nos purifique de nuestros pecados

y nos proteja de todo mal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Jer 31, 33

Esto dice el Señor: Pondré mi ley en lo más profundo de su ser y la escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

Oración después de la comunión

Señor, que esta comunión

nos purifique de todas nuestras culpas

y nos proteja del pecado,

para que gocemos de la plenitud salvadora de tu don.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la IV Semana

Antífona de entrada              Sal 53, 3-4

Señor, sálvame por tu nombre y líbrame con tu poder. Señor, escucha mi plegaria, atiende a las palabras de mi boca.

Oración colecta

Dios nuestro,

que has preparado en tus sacramentos

el auxilio adecuado a nuestra debilidad,

concédenos recibirlos llenos de gozo

y renovar con ellos nuestra vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que el poder salvador de este sacrificio

que vamos a ofrecerte,

nos libre, Señor, de nuestros pecados,

para celebrar dignamente las fiestas pascuales,

principio de nuestra salvación;

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión         Ef 1, 7

Por medio de su Sangre, Cristo nos ha obtenido la redención y el perdón de nuestros pecados. En esto se manifiesta la inmensidad de su gracia.

Oración después de la comunión

Por medio de este sacramento,

que nos señala el paso de la antigua a la nueva alianza,

concédenos, Señor,

despojarnos de todo lo que es pecado

y revestirnos de la santidad de Cristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

Sábado de la IV Semana

Antífona  de entrada                                                                                   Sal 17, 5-7

Oleaje de muerte me envolvía, torrentes destructores me aterraban; pero en mi angustia invoqué al Señor y él escuchó mi voz desde su templo.

Oración colecta

Que tu amor misericordioso dirija siempre, Señor,

nuestros deseos y actividades,

ya que sin tu ayuda no podemos agradarte.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación

que vamos a ofrecerte y, con la fuerza de tu amor,

doblega ante ti nuestras rebeldes voluntades.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       1  Pe 1, 19

Hemos sido rescatados con la Sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto y sin mancha.

Oración después de la comunión

Que tus sacramentos, Señor, nos purifiquen

y nos hagan agradables a tus ojos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes puede conservarse a juicio de la Conferencia Episcopal. Las cruces permanecen cubiertas hasta después de la celebración de la pasión del Señor, el Viernes Santo, y las imágenes, hasta el comienzo de la Vigilia Pascual.

 

V DOMINGO DE CUARESMA

 

Cuando en este domingo se tienen lugar los escrutinios preparatorios para el bautismo de adultos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.

Antífona de entrada                                                                                  Sal 42, 1-2

Señor, hazme justicia. Defiende mi causa contra gente sin piedad, sálvame del hombre injusto y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Ven, Padre, en nuestra ayuda,

para que podamos vivir y actuar siempre

con aquel amor que impulsó a tu Hijo

a entregarse por nosotros.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Tú, que nos has iluminado con las enseñanzas de la fe,

escucha, Señor, nuestra oración

y purifícanos por medio de este sacrificio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cuando se ha leído el Evangelio de Lázaro, se dice el siguiente:

Prefacio

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación,

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

porque Cristo, nuestro Señor.

 

El cual, hombre mortal como nosotros

que lloró la muerte de su amigo Lázaro,

y Dios y Señor de la vida

que lo levantó del sepulcro,

hoy extiende su compasión a todos los hombres

y por medio de sus sacramentos

los restaura a una vida nueva.

 

Por él,

los mismos ángeles

te aclaman con júbilo eterno

y nosotros nos unimos a sus voces

cantando humildemente tu alabanza:

 

Santo, Santo, Santo...

Cuando no se ha leído el Evangelio de Lázaro, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II.

Antífona de comunión

Cuando se ha leído el Evangelio de Lázaro:          Jn 11, 26

El que está vivo y cree en mí, dice el Señor, no morirá para siempre.

Cuando se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera:   Jn 8, 10-11

Jesús le preguntó: Mujer, ¿nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. El le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.

Cuando se ha leído otro Evangelio:   Jn 12, 24-25

En verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da fruto abundante.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

a cuantos participamos

del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

vivir siempre como miembros suyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la V Semana

Antífona de entrada        

Ten compasión de mí, Señor, porque me pisotean y acosan todo el día mis enemigos.

Oración colecta

Dios nuestro,

que con el don de tu amor

nos colmas de bendiciones,

transfórmanos en una nueva creatura,

para que estemos preparados a la Pascua gloriosa de tu Reino.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Concede, Señor, a tus hijos,

reunidos para celebrar esta Eucaristía,

ofrecerte como fruto de su penitencia,

una conciencia limpia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión

Cuando se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera:  Jn 8, 10-11

Jesús le preguntó: Mujer, ¿nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. El le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.

Cuando se ha leído otro Evangelio:  Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue, no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Oración después de la comunión

Que la fuerza de tus sacramentos

nos libre, Señor, de nuestras malas inclinaciones

y nos ayude a seguir a Cristo,

para acercarnos cada vez más a ti.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la V Semana

Antífona de entrada              Sal 26, 14

Espera en el Señor, sé valiente; ten ánimo, espera en el Señor.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

la gracia de perseverar

en el fiel cumplimiento de tu voluntad,

para que tu pueblo santo

aumente en número y crezca en santidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

el sacrificio de reconciliación

que vamos a ofrecerte,

perdona nuestros pecados

y orienta hacia ti nuestros corazones.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión        Jn 12, 32

Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la asidua participación en tus sacramentos

nos acerque cada vez más a ti,

que eres el único bien verdadero.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la V Semana

Antífona de entrada            Sal 17, 48-49

Tú me libras, Señor, de la ira de mis enemigos, me haces triunfar sobre mis adversarios y me salvas del hombre malvado.

Oración colecta

Ilumina, Señor, el corazón de tus hijos,

purificado por las penitencias cuaresmales

y concédenos manifestar en nuestra vida

el deseo de servirte que nos has inspirado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que tú has querido que te ofrezcamos

para alabanza tuya

y salvación nuestra.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión       Col 1, 13-14

Dios nos ha hecho entrar al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre recibimos la redención y el perdón de los pecados.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor,

que este sacramento que hemos recibido,

nos purifique de todos nuestros vicios

y nos confirme para siempre en tu amistad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la V Semana

Antífona de entrada               Heb 9, 15

Cristo es el mediador de la nueva alianza, porque mediante su muerte, aquellos que han sido llamados, reciben la herencia eterna que les había sido prometida.

Oración colecta

Asiste y protege siempre, Señor,

a esta familia tuya,

que ha puesto en ti toda su esperanza,

a fin de que purificados de nuestros pecados,

permanezcamos fieles a nuestro compromiso bautismal

y obtengamos la herencia prometida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con agrado

el sacrificio que vamos a ofrecerte

y concédenos por él

la conversión de nuestra vida

y la salvación del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión       Rom 8, 32

Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros y con él nos ha dado todos los bienes.

Oración después de la comunión

Por medio de este sacramento

que ya desde ahora nos comunica tu fuerza,

concédenos, Padre misericordioso,

participar de la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la V Semana

Antífona de entrada              Sal 30, 10. 16. 18

Ten piedad de mí, Señor, porqué estoy en peligro, líbrame de los enemigos que me persiguen; Señor, que no me decepcione yo de haberte invocado.

Oración colecta

Perdona, Señor, nuestras culpas

y que tu amor y tu bondad nos libren

del poder del pecado,

al que nos ha sometido nuestra debilidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que tu ayuda, Padre misericordioso,

nos haga dignos de acercarnos a tu altar,

a fin de que la asidua participación en este sacrificio

nos obtenga la salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión        1  Pe 2, 24

En su propio Cuerpo, Cristo subió nuestros pecados a la cruz para que, muertos a nuestros pecados, empecemos una vida santa. En esta forma,, por medio de sus heridas, hemos sido curados.

Oración después de la comunión

Que la fuerza de este sacramento que nos une a ti,

Señor, no nos abandone nunca

y a eje siempre de nosotros todo mal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la V Semana

Antífona de entrada            Sal 21, 20. 7

Señor, no te quedes lejos; tú, que eres mi fuerza, ven aprisa en mi ayuda porque ya no soy un hombre, sino un gusano, despreciado por la gente y rechazado por el pueblo.

Oración colecta

Señor, tú que nunca dejas de procurar nuestra salvación

y en estos días de Cuaresma

nos otorgas gracias más abundantes,

mira con amor a esta familia tuya

y concede tu auxilio protector

a quienes se preparan para el bautismo

y a quienes hemos renacido ya a una vida nueva.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios eterno y todopoderoso,

que por medio del sacramento del bautismo

haces renacer a quienes confiesan tu nombre,

acepta nuestros dones y plegarias

para que, cuantos en ti esperan,

puedan ver realizados sus deseos y perdonadas sus culpas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión       Jn 11, 52

Cristo fue entregado a la muerte para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has hecho partícipes

del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

concédenos participar también de su vida divina.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

SEMANA SANTA

Accipite et manducate… Accipite et bibite

Et inclinato capite, tradidit spiritum

 

DOMINGO DE RAMOS

LUNES SANTO

MARTES SANTO

MIÉRCOLES SANTO

JUEVES SANTO

Misa Crismal

TRIDUO PASCUAL

PASCUA

 

DOMINGO DE RAMOS

EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

1.         En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo nuestro Señor en Jerusalén para consumar su misterio pascual. Por lo tanto, en todas las misas se conmemora esta entrada del Señor en la ciudad santa por medio de una procesión (2) o de una entrada solemne (12), antes de la misa principal, y por medio de una entrada sencilla (16), antes de las demás misas. Pero puede repetirse la entrada solemne (no la procesión), antes de algunas otras misas que se celebren con gran asistencia del pueblo.

Conmemoración de la entrada del Señor

en Jerusalén

Primera forma: Procesión

2.         A la hora señalada, los fieles se reúnen en una iglesia menor o en algún otro lugar adecuado, fuera del templo hacia el cual va a dirigirse la procesión. Los fieles llevan ramos en la mano.

3.         El sacerdote y los ministros, revestidos con los ornamentos rojos requeridos pa­ra la misa, se acercan al lugar donde el pueblo está congregado. El sacerdote, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que dejará después de la procesión.

4.         Entretanto se canta la siguiente antífona u otro cántico adecuado:

Antífona             Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.

5.         Enseguida el sacerdote saluda al pueblo de la manera acostumbrada y hace una breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con éstas o semejantes palabras.

Queridos hermanos:

Después de habernos preparado desde el principio de la Cuaresma con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad, hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo, misterios que empezaron con la entrada de Jesús en Jerusa­lén. Acompañemos con fe y devoción a nuestro salvador en su en­trada triunfal a la ciudad santa, para que, participando ahora de su cruz, podamos participar un día, de su gloriosa resurrección y de su vida.

6.     Después de esta exhortación, el sacerdote, teniendo juntas las manos, dice una de las dos oraciones siguientes:

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno,

dígnate bendecir + estos ramos

y concede

a cuantos acompañamos ahora jubilosos a Cristo,

nuestro rey y Señor,

reunirnos con él en la Jerusalén del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.  

R. Amén.

O bien:

Oremos:

Aumenta, Señor,

la fe de los que tenemos en ti nuestra esperanza

y concede a quienes agitamos estas palmas

en honor de Cristo victorioso,

permanecer unidos a él

para dar frutos de buenas obras.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.      Amén.

Y, en silencio, rocía los ramos con agua bendita.

7.     Enseguida se dice el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, según algu­no de los cuatro evangelistas, como se indica en el Leccionario. Lo lee el diácono o, en su defecto, el sacerdote, de la manera acostumbrada.

Año A:

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo     21, 1-11

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, jun­to al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles:

— "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encon­trarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y trái­ganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los ne­cesita y enseguida los devolverá"

Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.

Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encar­gado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban:

—                 "¡Hosanna!

—                 ¡Viva el Hijo de David!

—                 ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

—                 ¡Hosanna en el cielo!"

Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos de­cían:

— "¿Quién es éste?"

Y la gente respondía:

—                 "Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea" -

Palabra del Señor.

Año B:

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos     11, 1-10

Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos:

— "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado to­davía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: 'El Señor lo necesita y lo devolverá pronto' ".

 

Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puer­ta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les pregunta­ron:

—                 "Por qué sueltan al burro?

Ellos les contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó.

Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas:

—                 ¡Hosanna!

—                 ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

—                 ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!

—                 ¡ Hosanna en el cielo!"

Palabra del Señor.

O bien:

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan       12, 12-16

En aquel tiempo, al enterarse la gran muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén, cor­taron hojas de palmera y salieron a su encuentro, gritando:

 —"¡Vi­va!, ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!"

Habiendo encontrado Jesús un burrito, lo montó, como está escri­to: No tengas temor, hija de Sión, mira que tu rey viene a ti monta­do en un burrito.

Sus discípulos no entendieron estas cosas al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que habían sido escritas acerca de él y que ellos las habían cumplido.

Palabra del Señor.

Año C:

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas     19, 28-40

En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos, iba cami­no de Jerusalén, y al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, dicién­doles:

— "Vayan al caserío que está frente a ustedes: al entrar, en­contrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: “El Señor lo necesita”

Fueron y encontraron todo como el Señor les había tras desataban el burro, los dueños les preguntaron:

— "¿Por qué desamarran?"

 Ellos contestaron:

— "El Señor lo necesita".

 Se llevaron, pues, el burro, le echaron encima los mantos e hicieron que Jesús montara en él.

Conforme iba avanzando, la gente tapizaba el camino con sus mantos, y cuando ya estaba cerca la bajada del monte de los Olivos, la multitud de discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los prodigios que habían visto, diciendo:

— "¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor!

— ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!"

Algunos fariseos que iban entre la gente, le dijeron:

—  "Maestro, reprende a tus discípulos".

 El les replicó:

—  "Les aseguro que si se callan, gritarán las piedras".

Palabra del Señor.

8.     Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede tenerse una breve homilía.  Al iniciar la procesión, el celebrante u otro ministro idóneo puede hacer una exhortación con estas palabras u otras parecidas:

Queridos hermanos:

Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros, con júbilo, al Señor.

9.     Y se inicia la procesión hacia el templo donde va a celebrarse la misa. Si se usa el incienso, el turiferario va adelante con el incensario, en el cual habrá puesto incienso previamente; enseguida, un ministro con la cruz adornada y, a su lado, dos acólitos con velas encendidas. Sigue luego el sacerdote con los ministros y, detrás de ellos, los fieles con ramos en las manos. Al avanzar la procesión, el coro y el pueblo entonan los siguientes cánticos u otros apropiados.

Antífona I

Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, aclamando: “Hosanna en el cielo”.

Esta antífona se puede repetir entre los versículos del Responsorio o bien del salmo 23.

Salmo 23

Del Señor es la tierra y cuanto lo llena,

el orbe y todos sus habitantes:

El la fundó sobre los mares,

El la afianzó sobre los ríos.

 

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

 

El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso.

Ese recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

 

Este es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

 

¿Quién ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios de los ejércitos.

El es el Rey de la gloria.

Antífona II

Los niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: “Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor”.

Salmo 46

Pueblos todos, batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor es sublime y terrible,

emperador de toda la tierra.

 

El nos somete los pueblos

y nos sojuzga las naciones;

El nos escogió por heredad suya:

gloria de Jacob, su amado.

 

Dios asciende entre aclamaciones;

el Señor, al son de trompetas:

tocad para Dios, tocad,

tocad para nuestro Rey, tocad.

 

Porque Dios es el rey del mundo:

tocad con maestría.

Dios reina sobre las naciones,

Dios se sienta en su trono sagrado.

 

Los príncipes de los gentiles se reúnen

con el pueblo del Dios de Abrahán;

porque de Dios son los grandes de la tierra,

y El es excelso.

O bien:

Himno a Cristo Rey

Pueblo:

¡Gloria, alabanza y honor!

¡Gritad Hosanna, y haceos

como los niños hebreos

al paso del Redentor!

¡Gloria y honor

al que viene en el nombre del Señor!

Cantores:

1.               Como Jerusalén con su traje festivo,

         vestida de palmeras, coronada de olivos,

         viene la cristiandad en son de romería

         a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría.

 

2.      Ibas como va el sol a un ocaso de gloria;

         cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria.

         Pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios Fuerte,

         la Vida que renace del fondo de la Muerte.

 

3.      Tú, que amas a Israel y bendices sus cantos,

         complácete en nosotros, el pueblo de los santos;

         Dios de toda bondad que acoges en tu seno

         cuanto hay entre los hombres sencillamente bueno.

10.      Al entrar la procesión en la iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro cán­tico alusivo a la entrada del Señor en Jerusalén:

RESPONSORIO

V. Al entrar el Señor en la ciudad santa,

         los niños hebreos,

         profetizaban la resurrección de Cristo,

         proclamando con palmas en las manos:

         Hosanna en el cielo.

 

R. Hosanna en el cielo.

 

V. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén,

         el pueblo salió a su encuentro

         proclamando con palmas en las manos:

         Hosanna en el cielo.

 

R. Hosanna en el cielo.

11.   El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia y, si lo juzga oportu­no, lo inciensa. Luego se dirige a la sede (se quita la capa pluvial, si la usó, y se pone la casulla) y, omitida toda otra ceremonia, da fin a la procesión diciendo la oración colecta y prosigue la misa de la manera acostumbrada.

 

 

Segunda forma: Entrada solemne

12.   Donde no se pueda hacer la procesión fuera de la iglesia, la entrada del Señor se celebra dentro del templo por medio de una entrada solemne, antes de la misa principal.

13.   Los fieles se reúnen ante la puerta del templo, o bien, dentro del mismo tem­plo, llevando los ramos en la mano. El sacerdote, los ministros y algunos de los fieles, van a algún sitio adecuado del templo, fuera del presbiterio, en donde pueda ser vista fácilmente la ceremonia, al menos por la mayor parte de la asamblea.

14.   Mientras el sacerdote se dirige al sitio indicado, se canta la antífona Hosanna al Hijo de David (n. 4), o algún otro cántico adecuado. Después se bendicen los ramos y se lee el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, como se indicó en los nn. 5-7. Después del Evangelio, el sacerdote va solemnemente hacia el presbiterio a través del templo, acompañado por los ministros y por algunos fieles, mientras se canta el responsorio “Al entrar el Señor” (n. 10), u otro cántico apropiado.

15.   Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverencia. Enseguida va a la sede y, omitida toda otra ceremonia, dice la colecta de la misa, que prosigue luego de la ma­nera acostumbrada.

 

Tercera forma: Entrada sencilla

16.   En todas las demás misas de este domingo, en las que no se hace la entrada solemne, se recuerda la entrada del Señor en Jerusalén por medio de una entrada sencilla.

17.   Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con su salmo (n. 18), u otro cántico sobre el mismo tema. El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia, va a la sede y saluda al pueblo. Luego sigue la misa de la manera acostumbrada.

En las misas sin pueblo y en las misas en que no es posible cantar la antífona de entra­da, el sacerdote, después de llegar al altar y de haber hecho la debida reverencia, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la misa de la manera acostumbrada.

18. Antífona de entrada

Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró en Jerusalén, salieron los niños a su encuentro llevando en sus manos hojas de palmera y gritando:

 

¡Hosanna en el cielo!

¡Bendito tú, que vienes

lleno de bondad y de misericordia!

 

                                                                                                                   Sal 23, 9-10

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios de los ejércitos.

El es el Rey de la gloria.

 

¡Hosanna en el cielo!

¡Bendito tú, que vienes

lleno de bondad y de misericordia!

 

                                                        

La Misa

20.           Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa con la oración colecta.

21.              Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que has querido entregarnos como ejemplo de humildad

a Cristo, nuestro salvador,

hecho hombre y clavado en una cruz,

concédenos vivir

según las enseñanzas de su pasión,

para participar con él, un día,

de su gloriosa resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la palabra:  –  –

22.           No se llevan velas ni incienso para la lectura de la Pasión del Señor, ni se hace al principio el saludo, ni se signa el libro.

    Proclama la lectura un diácono o, en su defecto, el sacerdote. Puede también ser hecha por lectores, aún laicos, reservando al sacerdote, si es posible, la parte correspondiente a Cristo.

    Solamente los diáconos piden la bendición del celebrante antes del canto de la Pasión, como se hace antes del Evangelio.

23.                     Después de la lectura de la Pasión, puede tenerse, si se cree oportuno, una bre­ve homilía.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Que la pasión de tu Hijo,

actualizada en este santo sacrificio

que vamos a ofrecerte,

nos alcance, Señor, de tu misericordia,

el perdón que no podemos merecer por nuestras obras.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

24.              Prefacio

LA PASIÓN DEL SEÑOR

V. El Señor esté con vosotros.

R. y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre Santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo nuestro Señor.

 

El cual siendo inocente,

se dignó padecer por los pecadores

y fue injustamente condenado

por salvar a los culpables;

con su muerte borró nuestros delitos

y, resucitando, conquistó nuestra justificación.

 

Por eso,

te alabamos con todos los ángeles

y te aclamamos con voces de júbilo,

diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

25.         Antífona de comunión                                                                                                                             Mt 26, 42

Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

26.       Oración después de la comunión

Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía,

y por medio de la muerte de tu Hijo

nos das la esperanza de alcanzar

lo que la fe nos promete,

concédenos, Señor,

llegar, por medio de su resurrección,

a la meta de nuestras esperanzas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

LUNES SANTO

Antífona de entrada           Sal 34, 1-2; Sal 139, 8

Combate, Señor, a los que me combaten, ataca a los que me atacan; ponte la armadura, toma el escudo y ven en mi ayuda. Tú eres mi fortaleza y mi salvación.

Oración colecta

Concédenos, Señor, nueva fuerza

para no sucumbir a nuestras humanas debilidades,

por los méritos de la pasión de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,

por los siglos de los siglos.

 

 

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad,

este sacrificio que tú instituiste misericordiosamente

para reparar el daño de nuestros pecados,

y hazlo producir en nosotros

abundantes frutos de vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor II.

Antífona de comunión       Sal 101, 3

No te me ocultes, Señor, el día de mi desgracia. Escúchame con bondad, y, siempre que te invoque, respóndeme enseguida.

Oración después de la comunión

Quédate, Señor, con nosotros

y protege con tu amor infatigable

nuestros corazones santificados por esta Eucaristía,

para que podamos conservar siempre

las gracias que hemos recibido de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MARTES SANTO

Antífona de entrada              Sal 26, 12

No me entregues, Señor, al odio de mis enemigos, pues han surgido contra mí testigos falsos, que respiran violencia.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

ayúdanos a celebrar

los misterios de la pasión del Señor

con tal fe y arrepentimiento,

que podamos merecer tu perdón.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad

este pan y este vino que te presentamos,

y concede a cuantos quieres hacernos partícipes

del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo,

llega a poseerlo plenamente en tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor II.

Antífona de comunión       Rom 8, 32

Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, y con él nos ha dado todos los bienes.

Oración después de la comunión

Por medio de este sacramento,

que ya desde ahora nos comunica tu fuerza,

concédenos, Padre misericordioso,

participar de la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MIÉRCOLES SANTO

Antífona de entrada           Flp 2, 10. 8. 11

Que al nombre de Jesús, todo ser viviente, en el cielo, en la tierra y en el abismo, caiga de rodillas, porque el Señor aceptó por obediencia hasta la misma muerte, y una muerte de cruz. Por esto confesamos, para gloria de Dios Padre, que Jesucristo es el Señor.

Oración colecta

Padre misericordioso

que para librarnos del poder del enemigo,

quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros

el suplicio de la cruz,

concédenos alcanzar la gracia de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

y concédenos la gracia de traducir

en una vida de amor y de obediencia a tu voluntad,

el misterio de la pasión de tu Hijo,

que estamos celebrando.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor II.

Antífona de comunión       Mt 20, 28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida para redención de todos.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor, Dios nuestro,

creer profundamente que por la muerte de tu Hijo,

padecida en el Calvario y anunciada en cada Eucaristía,

tú nos has dado la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

JUEVES SANTO

Misa Crismal

La bendición del óleo de los enfermos, del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma, ordinariamente. la hace el obispo en este día, en la misa que se celebra por la mañana.

Pero si la reunión del clero y el pueblo con el obispo resulta más difícil en este día, la bendición puede anticiparse a otro día, siempre cercano a la Pascua, en el que se utilizará también el formulario de esta misa.

Esta misa, que el obispo concelebra con su presbiterio, debe manifestar la comunión de los presbíteros con su obispo. Es conveniente, por tanto, que todos los presbíteros, en cuanto sea posible, tomen parte en ella y reciban la comunión bajo las dos especies. Con el objeto de expresar la unidad del presbiterio de la diócesis, debe procurarse que los sacerdotes que concelebran con su obispo sean de las distintas regiones de la diócesis.

En la homilía, el obispo debe exhortar a sus presbíteros a guardar la fidelidad en su ministerio e invitarlos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales.

 

Ritos iniciales y liturgia de la palabra

Antífona de entrada                                                                                        Ap 1, 6

Jesucristo nos ha convertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Oh Dios, que por la unción del Espíritu Santo

constituiste a tu Hijo Mesías y Señor,

y a nosotros, miembros de su cuerpo,

nos haces partícipes de su misma unción;

ayúdanos a ser en el mundo

testigos fieles de la redención

que ofreces a todos los hombres.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Renovación de las promesas sacerdotales

Acabada la homilía, el obispo dialoga con los presbíteros con estas o semejantes palabras:

Obispo:

Hijos amadísimos: En esta conmemoración anual del día en que Cristo confirió su sacerdocio a los apóstoles y a nosotros, ¿queréis renovar las promesas que hicisteis un día ante vuestro obispo y ante el pueblo santo de Dios?

Los presbíteros, conjuntamente, responden a la vez:

Sí, quiero.

Obispo:

¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa' de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de la Iglesia ?

Presbíteros:

Sí, quiero.

Obispo:

¿Deseáis permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y desempeñar fielmente el ministerio de la predicación como seguidores de Cristo, cabeza y pastor, sin pretender los bienes temporales, sino movidos únicamente por el celo de las almas?

Presbíteros:

Sí, quiero.

Seguidamente, dirigiéndose al pueblo, el obispo prosigue:

Y ahora vosotros, hijos muy queridos, orad por vuestros presbíteros, para que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus bendiciones: que sean ministros fieles de Cristo sumo sacerdote, y os conduzcan a él, única fuente de salvación.

Pueblo:

Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

Obispo:

Y rezad también por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico confiado a mi humilde persona y sea imagen, cada vez más viva y perfecta, de Cristo sacerdote, buen pastor, maestro y siervo de todos.

Pueblo:

Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

Obispo:

El Señor nos guarde en su caridad y nos conduzca a todos, pastores y grey, a la vida eterna.

Todos:

Amén.

No se dice Credo ni oración de los fieles.

Liturgia eucarística

 

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor,

que la eficacia de este sacrificio

nos purifique del antiguo pecado,

acreciente en nosotros la vida nueva

y nos otorgue la plena salvación.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio

EL SACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS SACERDOTES

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

 

Que constituiste a tu único Hijo

Pontífice de la Alianza nueva y eterna

por la unción del Espíritu Santo,

y determinaste, en tu designio salvífico,

perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.

 

Él no sólo confiere el honor del sacerdocio real

a todo su pueblo santo,

sino también, con amor de hermano,

elige a hombres de este pueblo,

para que, por la imposición de las manos,

participen de su sagrada misión.

 

Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención,

preparan a tus hijos el banquete pascual,

presiden a tu pueblo santo en el amor,

lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con los sacramentos.

 

Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti

y por la salvación de los hermanos,

van configurándose a Cristo,

y han de darte así testimonio constante de fidelidad y amor.

 

Por eso, nosotros, Señor,

con los ángeles y los santos cantamos tu gloria diciendo:

 

Santo, Santo, Santo …

Antífona de comunión        Sal 88, 2

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que quienes han participado en tus sacramentos

sean en el mundo

buen olor de Cristo.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

SANTO TRIDUO PASCUAL

 

 

Jueves santo

Misa vespertina de la Cena del Señor

Viernes Santo

Celebración de la Pasión del Señor

Vigilia Pascual

Tiempo pascual

 

 

Misa vespertina de la Cena del Señor

Según una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día se prohíben todas las misas sin asistencia del pueblo.

En la tarde, a la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, con la participación de toda la comunidad local y con la intervención, según su propio oficio, de todos los sacerdotes y ministros.

Los sacerdotes que hayan celebrado ya en la misa del Santo Crisma o por alguna razón pastoral, pueden concelebrar en la misa vespertina. Donde lo pida el bien de la comuni­dad, el Ordinario del lugar puede permitir que se celebre otra misa en la tarde en tem­plos u oratorios públicos o semipúblicos; y en caso de verdadera necesidad, aun en la mañana, pero solamente en favor de los fieles que de ninguna manera puedan asistir a la misa de la tarde. Téngase cuidado, sin embargo, de que estas celebraciones no se hagan en provecho de personas particulares y de que no sean en perjuicio de la asisten­cia a la misa vespertina principal. La sagrada comunión se puede distribuir a los fieles sólo dentro de la misa; pero a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día.

Los fieles que hayan comulgado en la mañana en la misa del Santo Crisma, pueden comulgar de nuevo en la misa de la tarde.

Ritos iniciales y liturgia de la palabra

1.    El sagrario debe estar completamente vacío. Conságrense en esta misa suficien­tes hostias, de modo que alcancen para la comunión del clero y del pueblo, hoy y mañana.

2.              Antífona de entrada               Cf.. Gal 6, 14

Que nuestro único orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por él hemos sido salvados y redimidos.

3. Se dice Gloria. Mientras se canta este himno, se tocan las campanas. Termina­do el canto, las campanas no vuelven a tocarse hasta la Vigilia Pascual, a no ser que la Conferencia Episcopal o el Ordinario dispongan otra cosa.

4. Oración colecta

Señor Dios nuestro,

nos has convocado hoy (esta tarde)

para celebrar aquella misma memorable Cena

en la que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte,

confió a la Iglesia el banquete de su amor,

el sacrificio nuevo de la alianza eterna;

te pedimos que la celebración de estos santos misterios

por la participación en este sacramento,

nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

5. En la homilía se exponen los grandes hechos que se recuerdan en esta misa, es decir la institución de la Sagrada Eucaristía y del Orden Sacerdotal y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna. Después de la homilía, donde lo aconseje el bien pasto­ral, se lleva a cabo el lavatorio de los pies.

Lavatorio de los pies

6. Los varones designados para el rito van, acompañados por los ministros, a ocu­par los asientos preparados para ellos en un lugar visible. El sacerdote, quitada la casulla si es necesario, se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca.

7. Mientras tanto, se canta alguna de las siguientes antífonas o algún otro canto apropiado.

Antífona primera           Cf. Jn 13, 4. 5. 15

El Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de sus discípulos para darles ejemplo.

Antífona segunda         Jn 13, 6. 7. 8

Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies? Jesús le respondió: Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo.

V.     Fue Jesús hacia Simón Pedro y éste le dijo: —Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?...

V.     Lo que yo estoy haciendo, tú no lo entiendes ahora; lo entenderás más tarde. —Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?...

Antífona tercera        Cf. Jn 13, 14

Si yo, que soy el maestro y el Señor, os he lavado los pies, ¡con cuánta mayor razón vosotros debéis lavaros los pies unos a otros!

Antífona cuarta         Jn 13, 35

En esto reconocerán todos que sois mis discípulos: en que os améis los unos a los otros.

V.    Jesús dice a sus discípulos: —En esto reconocerán todos...

Antífona quinta        Jn 13, 34

Este nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado, dice el Señor.

Antífona sexta       1 Cor 13, 13

Que permanezcan en vosotros la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor.

V.         Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor. —Que permanezcan...

8. Inmediatamente después del lavatorio de los pies o, si éste no tuvo lugar, des­pués de la homilía, se hace la Oración universal.

No se dice Credo.

Liturgia eucarística

9. Al comienzo de la Liturgia Eucarística, puede organizarse una procesión de los fieles, en la que se lleven dones para los pobres. Mientras tanto, se canta el Ubi cáritas est vera (A Dios siempre lo encontramos donde hay amor) u otro cántico apropiado.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor,

participar dignamente en esta Eucaristía,

porque cada vez que celebramos

el memorial de la muerte de tu Hijo,

se realiza la obra de nuestra redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

10. Prefacio I de la Santísima Eucaristía

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo, Señor nuestro,

verdadero y único sacerdote.

 

El cual,

al instituir el sacrificio de la eterna alianza,

se ofreció a sí mismo como víctima de salvación,

y nos mandó perpetuar esta ofrenda

en conmemoración suya.

Su carne, inmolada por nosotros,

es alimento que nos fortalece;

su sangre, derramada por nosotros,

es bebida que nos purifica.

 

Por eso,

con los ángeles y los arcángeles

y con todos los coros celestiales,

cantamos sin cesar

el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

Cuando se utiliza el Canon romano, se dicen Reunidos en comunión, Acepta, Señor, en tu bondad, y El cual, la víspera de su pasión propios:

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Padre misericordioso,

te pedimos humildemente

por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,

Junta las manos y dice:

que aceptes y bendigas

traza una sola vez el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:

estos  dones,

este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,

con las manos extendidas prosigue:

ante todo, por tu Iglesia santa y católica,

para que le concedas la paz, la protejas,

la congregues en la unidad

y la gobiernes en el mundo entero,

con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N. ,

 

 

 

 

 

 

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia de N.,

conmigo, indigno siervo tuyo,

 

 

 

 

 

 

 

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,

promueven la fe católica y apostólica.

 

Acuérdate, Señor,

de tus hijos N. y N.

Puede decir los nombres de aquellos por quienes tiene intención de orar, o bien junta las manos y ora por ellos unos momentos. Después, con las manos extendidas, prosigue:

y de todos los aquí reunidos,

cuya fe y entrega bien conoces;

por ellos y todos los suyos,

por el perdón de sus pecados

y la salvación que esperan,

te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,

este sacrificio de alabanza,

a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

 

Reunidos en comunión con toda la Iglesia

para celebrar el día santo

en que nuestro Señor Jesucristo

fue entregado por nosotros,

veneramos la memoria, ante todo,

de la gloriosa siempre Virgen María,

Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;

la de su esposo, san José;

la de los santos apóstoles y mártires

Pedro y Pablo, Andrés,

[Santiago y Juan,

Tomás, Santiago, Felipe,

Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo:

Lino, Cleto, Clemente,

Sixto, Cornelio, Cipriano,

Lorenzo, Crisógono,

Juan y Pablo,

Cosme y Damián,]

y la de todos los santos;

por sus méritos y oraciones

concédenos en todo tu protección.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén].

Con las manos extendidas, prosigue:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

que te presentamos en el día mismo

en que nuestro Señor Jesucristo

encomendó a sus discípulos

la celebración del sacramento

de su Cuerpo y de su Sangre;

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén].

Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:

Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda,

haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,

de manera que sea para nosotros

Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado,

Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.

El cual, hoy,

la víspera de padecer por nuestra salvación

y la de todos los hombres,

Toma el pan y sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el pan en sus santas y venerables manos,

eleva los ojos

y, elevando los ojos al cielo,

hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso,

dando gracias, te bendijo,

lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

se inclina un poco

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora ha­ciendo genuflexión.

Lo restante como en el Canon romano: Del mismo modo.

11. Antífona de comunión       1  Cor 11, 24. 25

Este es mi Cuerpo, que se da por vosotros. Este cáliz es la nueva alianza establecida por mi Sangre; cuantas veces lo bebiereis, hacedlo en memoria mía, dice el Señor.

12.       Después de distribuir la comunión, se deja sobre el altar un copón con hostias para la comunión del día siguiente, y se termina la misa con esta oración.

13. Oración después de la comunión

Señor, tú que nos permites disfrutar en esta vida

de la Cena instituida por tu Hijo,

concédenos participar también

del banquete celestial en tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Traslación del Santísimo Sacramento

14.       Dicha la oración después de la Comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento. Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y lo cubre con las extremidades del paño.

15.       Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento a través del templo, hasta el sitio donde se le va a guardar. Va adelante un acólito con la cruz alta; otros acólitos acompañan al Santísimo Sacramento con ciriales e incienso. El lu­gar de depósito debe estar preparado en alguna capilla convenientemente adornada. Du­rante la procesión, se canta el himno Pange lengua, en  castellano: Que la lengua humana (excepto las dos últimas estrofas) o algún otro canto eucarístico.

16.       Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo Sacramen­to, el sacerdote deposita el copón y, poniendo de nuevo incienso en el incensario, lo inciensa arrodillado, mientras se canta la parte final del himno Tantum ergo, en castellano: Adorad, postrados. Ensegui­da se cierra el tabernáculo o la urna del depósito.

17.       Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote y los minis­tros hacen genuflexión y vuelven a la sacristía.

18.       Enseguida se desnuda el altar y, si es posible, se quitan del templo las cruces. Si algunas no se pueden quitar, es conveniente que queden cubiertas con un velo.

19.       Quienes asistieron a la misa vespertina no están obligados a rezar Vísperas.

20.       Exhórtese a los fieles, según las circunstancias y costumbres del lugar, a dedi­car alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración delante del Santísimo Sacra­mento. Esta adoración, después de la media noche, hágase sin solemnidad.

 

VIERNES SANTO

Celebración de la Pasión del Señor

1.             El día de hoy y el de mañana, por una antiquísima tradición, la Iglesia omite por completo la celebración del sacrificio eucarístico.

2.             El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros y sin manteles.

3.             Después del mediodía, alrededor de las tres de la tarde, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más avanzada, se celebra la Pasión del Señor, que consta de tres partes: , Adoración de la Cruz y Sagrada Comunión.

En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la cele­bración de la Pasión del Señor; pero a los enfermos que no puedan tomar parte en esta celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día.

4.             El sacerdote y el diácono, revestidos de color rojo como para la misa, se dirigen al altar, y hecha la debida reverencia, se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor, se arrodillan, y todos oran en silencio durante algún espacio de tiempo.

5.             Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice una de las siguientes oraciones:

Oración

No se dice: Oremos

Padre nuestro misericordioso,

santifica y protege siempre a esta familia tuya,

por cuya salvación

derramó su Sangre y resucitó glorioso

Jesucristo, tu Hijo.

El cual vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

O bien:

Tú que con la Pasión de Cristo,

Hijo tuyo y Señor nuestro,

nos libraste de la muerte, que heredamos todos

a consecuencia del primer pecado,

concédenos, Señor,

a cuantos por nacimiento somos pecadores,

asemejarnos plenamente, por tu gracia, a Jesucristo,

que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Primera parte: Liturgia de la palabra

6. Luego todos se sientan y se hace la primera lectura, tomada del profeta Isaías (52, 13-53, 12), con su salmo.

7. A continuación se hace la segunda lectura, tomada de la carta a los Hebreos (4, 14-16; 5, 7-9), con el canto antes del Evangelio.

8. Finalmente se lee la Pasión del Señor según san Juan (18, 1-19, 42), del mismo modo que el domingo precedente.

9. Después de la lectura de la Pasión, se tiene, si parece oportuno, una breve ho­milía, después de la cual el sacerdote puede exhortar a los fieles a orar durante un breve espacio de tiempo.

Oración universal

10. La Liturgia de la Palabra se termina con la Oración Universal, que se hace de esta manera: el diácono, junto al ambón, dice el invitatorio, en el cual se expresa la intención. Enseguida oran todos en silencio durante un breve espacio de tiempo y luego el sacerdote, de pie junto a la sede o ante el altar, dice la oración con las manos extendi­das. Los fieles pueden permanecer arrodillados o de pie durante todo el tiempo de las oraciones.

11.           Las Conferencias Episcopales pueden aprobar algunas aclamaciones del pue­blo antes de cada oración del sacerdote o disponer que se conserve la invitación tradi­cional del diácono: Pongámonos de rodillas, Pueden levantarse y la costumbre de que los fieles se arrodillen en silencio durante la oración.

12.           Cuando hay una grave necesidad pública, el Ordinario del lugar puede permi­tir o prescribir que se añada alguna intención especial.

13.           De las oraciones que se presentan en el Misal, el sacerdote puede escoger las que sean más apropiadas para las circunstancias del lugar, cuidando, sin embargo, de que se conserve la serie de intenciones establecidas para la Oración Universal. (Cf. Instruc­ción General del Misal Romano, n. 46).

I. Por la santa Iglesia

Oremos, hermanos, por la santa Iglesia de Dios,

para que el Señor le conceda la paz y la unidad,

la proteja en todo el mundo

y nos conceda una vida serena,

para alabar a Dios Padre todopoderoso.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones,

conserva la obra de tu amor, para que tu Iglesia,

extendida por todo el mundo,

persevere con fe inquebrantable

en la confesión de tu nombre.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.  Amén.

II. Por el Papa

Oremos también por nuestro santo padre el Papa N.,

para que Dios nuestro Señor,

que lo eligió entre los obispos,

lo asista y proteja para bien de su Iglesia,

como guía y pastor del pueblo santo de Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

cuya providencia gobierna todas las cosas,

atiende a nuestras súplicas

y protege con tu amor al Papa

que nos has elegido,

para que el pueblo cristiano,

confiado por ti a su guía pastoral,

progrese siempre en la fe.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

III. Por el pueblo de Dios y sus ministros.

Oremos también por nuestro obispo N.,

por todos los obispos,

presbíteros, diáconos,

por todos los que ejercen

algún ministerio en la Iglesia

y por todo el pueblo de Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que con tu Espíritu santificas y gobiernas

a toda tu Iglesia,

escucha nuestras súplicas

y concédenos tu gracia,

para que todos, según nuestra vocación,

podamos servirte con fidelidad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

IV. Por los catecúmenos.

Oremos también por los (nuestros) catecúmenos,

para que Dios nuestro Señor

los ilumine interiormente

y les comunique su amor;

y para que, mediante el bautismo,

se les perdonen todos sus pecados

y queden incorporados a Cristo nuestro Señor.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia,

aumenta en los (nuestros) catecúmenos

el conocimiento de su fe,

para que puedan renacer por el bautismo

a la vida nueva de tus hijos de adopción.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

V. Por la unidad de los cristianos.

Oremos también por todos los hermanos

que creen en Cristo,

para que Dios nuestro Señor

les conceda vivir sinceramente lo que profesan

y se digne reunirlos para siempre

en un solo rebaño, bajo un solo pastor.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

tú que reúnes a los que están dispersos

y los mantienes en la unidad,

mira con amor a todos los cristianos,

a fin de que, cuantos están consagrados

por un solo bautismo,

formen una sola familia,

unida por el amor y la integridad de la fe.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

VI. Por los judíos.

Oremos también por el pueblo judío,

al que Dios se dignó hablar

por medio de los profetas,

para que el Señor le conceda

progresar continuamente en el amor a su nombre

y en la fidelidad a su alianza.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que prometiste llenar de bendiciones

a Abraham y a su descendencia,

escucha las súplicas de tu Iglesia,

y concede al pueblo de la primitiva alianza

alcanzar la plenitud de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

VII. Por los que no creen en Cristo.

Oremos también por los que no creen en Cristo,

para que, iluminados por el Espíritu Santo,

puedan encontrar el camino de la salvación.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

concede a quienes no creen en Cristo

buscar sinceramente agradarte,

para que encuentren la verdad;

y a nosotros tus fieles,

concédenos progresar en el amor fraterno

y en el deseo de conocerte más,

para dar al mundo

un testimonio creíble de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

VIII. Por los que no creen en Dios.

Oremos también por los que no conocen a Dios,

para que obren siempre con bondad y rectitud

y puedan llegar así a conocer a Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que has hecho a los hombres en tal forma

que en todo, aun sin saberlo, te busquen

y sólo al encontrarte hallen descanso,

concédenos que, en medio

de las adversidades de este mundo,

todos reconozcan las señales de tu amor

y, estimulados por el testimonio de nuestra vida,

tengan por fin la alegría de creer en ti,

único Dios verdadero

y Padre de todos los hombres.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

IX. Por los gobernantes.

Oremos también por los jefes de Estado

y todos los responsables de los asuntos públicos,

para que Dios nuestro Señor les inspire decisiones

que promuevan el bien común,

en un ambiente de paz y libertad.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

en cuya mano está mover el corazón de los hombres

y defender los derechos de los pueblos,

mira con bondad a nuestros gobernantes,

para que, con tu ayuda,

promuevan una paz duradera,

un auténtico progreso social

y una verdadera libertad religiosa.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

X. Por los que se encuentran en alguna tribulación.

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso,

para que libre al mundo de todas sus miserias,

dé salud a los enfermos y pan a los que tienen hambre,

libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos,

conceda seguridad a los que viajan,

un pronto retorno

a los que se encuentran lejos del hogar

y la vida eterna a los moribundos.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

consuelo de los afligidos y fortaleza de los que sufren,

escucha a los que te invocan en su tribulación,

para que experimenten todos

la alegría de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.  Amén.

Segunda parte: Adoración de la santa Cruz

14. Terminada la oración universal, se hace la adoración solemne de la santa Cruz. De las dos formas que se proponen a continuación para el descubrimiento de la cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada pastoralmente, de acuerdo con las circunstancias.

Primera forma de mostrar la santa Cruz

15. Se lleva al altar la cruz, cubierta con un velo y acompañada por dos acólitos con velas encendidas. El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la cruz, descubre un poco su extremo superior, la eleva y comienza a cantar el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, cuyo canto prosi­gue juntamente con los ministros sagrados, o, si es necesario, con el coro. Todos res­ponden: Venid a adorarlo. Terminado el canto, todos se arrodillan y adoran en silencio, durante algunos instan­tes, la cruz que el sacerdote, de pie, mantiene en alto.

            Enseguida el sacerdote descubre el brazo derecho de la cruz y, elevándola de nuevo, comienza a cantar (en el mismo tono que antes) el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, y se prosigue como la primera vez.

            Finalmente descubre por completo la cruz y, volviéndola a elevar, comienza por tercera vez el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, etc., como la primera vez.

16.       Enseguida, acompañado por dos acólitos con velas encendidas, el sacerdote lleva la cruz a la entrada del presbiterio o a otro sitio adecuado y la coloca ahí, o la entrega a los ministros o acólitos para que la sostengan, y se colocan las dos velas en­cendidas a los lados de la cruz.

             Se hace luego la adoración de la santa Cruz como se indica más abajo, en el número 18.

Segunda forma de mostrar la santa Cruz

17.     El sacerdote, el diácono u otro ministro idóneo, va a la puerta del templo jun­tamente con los acólitos. Ahí recibe la cruz ya descubierta. Los acólitos toman los ciriales encendidos, y todos avanzan en forma de procesión hacia el presbiterio a través del templo. Cerca de la puerta del templo, el que lleva la cruz la levanta y canta el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz. Todos responden Venid y adoremos y se arrodillan después de la respuesta, adorando un momento en silencio. Esto mismo se repite a la mitad de la igle­sia y a la entrada del presbiterio. (El invitatorio se canta las tres veces en el mismo tono).

Después se coloca la cruz a la entrada del presbiterio y se ponen a sus lados los ciria­les, como se indica en el número 16.

 

 

Adoración de la santa Cruz

18.     El sacerdote, el clero y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz, haciendo delante de ella una genuflexión simple o algún otro signo de veneración (co­mo el de besarla), según la costumbre de la región.

Mientras tanto, se canta la antífona Tu Cruz adoramos, los Improperios, u otros cánti­cos apropiados. Todos, conforme van terminando de adorar la cruz, regresan a su lu­gar y se sientan.

19.     Expóngase solamente una cruz a la adoración de los fieles. Si por el gran nú­mero de asistentes no todos pudieren acercarse, el sacerdote, después de que una parte de los fieles haya hecho la adoración, toma la cruz y, de pie ante el altar, invita a todo el pueblo, con breves palabras, a adorar la santa Cruz. Luego la levanta en alto por un momento, para que los fieles la adoren en silencio.

20. Terminada la adoración, la cruz es llevada al altar y puesta en su lugar. Los ciriales encendidos son colocados a los lados del altar o junto a la cruz.

Cantos para la adoración de la santa Cruz

Las partes que corresponden al primer coro se indican con el número 1; las que corresponden al segundo, con el número 2; las que deben cantar conjuntamente los dos coros se indican con los números 1 y 2.

Antífona

1 y 2. Antífona

 

Tu cruz adoramos, Señor,

y tu santa resurrección alabamos

y glorificamos.

Por el madero ha venido la alegría

al mundo entero.

 

1. Salmo 66, 2

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros y tenga piedad.

 

1 y 2. Antífona

 

Tu cruz adoramos, Señor,

y tu santa resurrección alabamos

y glorificamos.

Por el madero ha venido la alegría

al mundo entero.

Improperios

I

 

1 y 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido ? Respóndeme.

 

1. Yo te saqué de Egipto;

tú preparaste una cruz para tu Salvador.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Hágios o Theós.

2. Santo es Dios.

 

1. Hágios Ischyrós.

2. Santo y fuerte.

 

1. Hágios Athánatos, eléison himás.

2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

 

1 y 2. Yo te guié cuarenta años por el desierto,

te alimenté con el maná,

te introduje en una tierra excelente;

tú preparaste una cruz para tu Salvador.

 

1. Hágios o Theós.

2. Santo es Dios.

 

1. Hágios Ischyrós.

2. Santo y fuerte.

 

1. Hágios Athánatos, eléison himás.

2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

 

1 y 2. ¿Qué más pude hacer por ti?

Yo te planté como viña mía,

escogida y hermosa.

¡Qué amarga te has vuelto conmigo!

Para mi sed me diste vinagre,

con la lanza traspasaste el costado

a tu Salvador.

 

1. Hágios o Theós.

2. Santo es Dios.

 

1. Hágios Ischyrós.

2. Santo y fuerte.

 

1. Hágios Athánatos, eléison himás.

2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

II

1. Yo por ti azoté a Egipto y a sus primogénitos;

tú me entregaste para que me azotaran.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te saqué de Egipto,

sumergiendo al Faraón en el mar Rojo;

tú me entregaste a los sumos sacerdotes.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo abrí el mar delante de ti;

tú con la lanza abriste mi costado.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te guiaba con una columna de nubes;

tú me guiaste al pretorio de Pilato.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te sustenté con maná en el desierto;

tú me abofeteaste y me azotaste.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te di a beber el agua salvadora

que brotó de la peña;

tú me diste a beber hiel y vinagre.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo por ti herí a los reyes cananeos;

tú me heriste la cabeza con la caña.

 

2 .¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te di un cetro real;

tú me pusiste una corona de espinas.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te levanté con gran poder;

tú me colgaste del patíbulo de la cruz.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Himno

1 y 2. Antífona

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1.      Himno

 

Cantemos la nobleza de esta guerra,

el triunfo de la sangre y del madero,

y un Redentor, que en trance de Cordero,

sacrificado en cruz, salvó la tierra.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

 

1. Dolido mi Señor por el fracaso

de Adán, que mordió muerte en la manzana,

otro árbol señaló, de flor humana,

que reparase el daño paso a paso.

 

2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1. Y así dijo el Señor: ¡Vuelva la Vida

y que Amor redima la condena!

La gracia está en el fondo de la pena

y la salud naciendo de la herida.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

 

1. ¡Oh plenitud del tiempo consumado!

Del seno de Dios Padre en que vivía,

ved la Palabra entrando por María

en el misterio mismo del pecado.

 

2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1. ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena

y a Dios como el menor de los humanos?

Llorando en el pesebre, pies y manos

le faja una doncella nazarena.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

 

1. En plenitud de vida y de sendero,

dio el paso hacia la muerte porque él quiso.

Mirad de par en par el paraíso

abierto por la fuerza de un Cordero.

 

2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1. Vinagre y sed la boca, apenas gime;

y al golpe de los clavos y lanza,

un mar de sangre fluye, inunda, avanza

por tierra, mar y cielo y los redime.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

 

1. Ablándate, madero, tronco abrupto

de duro corazón y fibra inerte;

doblégate a este peso y esta muerte

que cuelga de tus ramas como un fruto.

 

2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1. Tú sólo entre los árboles, crecido

para tender a Cristo en tu regazo;

tú el arca que nos salva, tú el abrazo

de Dios con los verdugos del Ungido.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

Esta conclusión no debe omitirse:

1 y 2. Al Dios de los designios de la historia,

que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;

al que en cruz devuelve la esperanza

de toda salvación, honor y gloria. Amén.

Tercera Parte: Sagrada comunión

21.       Se extiende un mantel sobre el altar y se pone sobre él un corporal y el libro. Enseguida el diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote, trae el Santísimo Sacramen­to del lugar del depósito directamente al altar, mientras todos permanecen de pie y en silencio. Dos acólitos, con candelabros encendidos, acompañan al Santísimo Sacramento y depositan luego los candelabros a los lados del altar o sobre él.

22.       Después de que el diácono ha depositado el Santísimo Sacramento sobre el altar y ha descubierto el copón, se acerca el sacerdote y, previa genuflexión, sube al altar. Ahí, teniendo las manos juntas, dice con voz clara:

Fieles a la recomendación del Salvador,

y siguiendo su divina enseñanza,

nos atrevemos a decir:

El sacerdote, con las manos extendidas, dice junto con el pueblo:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo en voz alta:

Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días,

para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación,

mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos.

El pueblo concluye la oración, aclamando:

Tuyo es el reino,

tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

23.       A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:

Señor Jesucristo,

la comunión de tu Cuerpo

no sea para mí un motivo de juicio y condenación,

sino que, por tu piedad,

me aproveche para defensa de alma y cuerpo

y como remedio saludable.

24.       Seguidamente hace genuflexión, toma una partícula, la mantiene un poco ele­vada sobre el pixis y dice en voz alta, de cara al pueblo:

Este es el Cordero de Dios,

que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una sola vez:

Señor, no soy digno

de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya

bastará para sanarme.

Luego, comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.

25. Después distribuye la comunión a los fieles. Durante la comunión se pueden entonar cantos apropiados.

26. Acabada la comunión, un ministro idóneo lleva el pixis a algún lugar especial­mente preparado fuera de la iglesia, o bien, silo exigen las circunstancias, lo reserva en el sagrario.

27. Después el sacerdote, guardado si lo cree oportuno un breve silencio, dice la siguiente oración:

Oración después de la comunión

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,

que nos has redimido con la gloriosa muerte

y resurrección de Jesucristo,

por medio de nuestra participación en este sacramento

prosigue en nosotros la obra de tu amor

y ayúdanos a vivir entregados siempre a tu servicio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

28. Como despedida, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos sobre él, dice la siguiente oración:

Oración sobre el pueblo

Envía Señor, tu bendición

sobre estos fieles tuyos

que han conmemorado la muerte de tu Hijo

y esperan resucitar con él;

concédeles tu perdón y tu consuelo,

fortalece su fe

y condúcelos a su eterna salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Y todos se retiran en silencio. A su debido tiempo se desnuda el altar.

29.    Los que asistieron a esta solemne acción litúrgica de la tarde, no están obliga­dos a rezar Vísperas.

 

TIEMPO PASCUAL

Vigilia Pascual

Tiempo Pascual

 

DOMINGO DE PASCUA

DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR

En la noche santa

 

 

Vigilia pascual

1. Según una tradición muy antigua, ésta es una noche de vigilia en honor del Se­ñor (Ex 12, 42). Los fieles, llevando en la mano —según la exhortación evangélica (Lc 12, 35 ss)— lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que, cuando él vuelva, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.

2. La celebración de la Vigilia se desarrolla de la siguiente manera: después de la breve liturgia de la luz o "lucernario" (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor, medita los portentos que él obró desde el principio en favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la palabra) y cuando el día de la resurrección está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hi­jos, renacidos en el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha pre­parado para su pueblo, por medio de su muerte y resurrección (cuarta parte).

3. Toda la celebración de la Vigilia pascual se hace en la noche, de modo que no debe comenzar antes del principio de la noche del sábado, ni terminar después del alba del domingo.

4. La misa de la Vigilia, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la misa pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles que participan en la misa de la Vigilia pueden comulgar también en la misa diurna de la Pascua.

5. El sacerdote que celebra o concelebra la misa de la Vigilia, puede también cele­brar o concelebrar la misa diurna de la Pascua.

6. El sacerdote y los ministros se revisten desde el principio con los ornamentos blancos de la misa.

Prepárense suficientes velas para todos los fieles que participen en la Vigilia.

 

 

Primera parte:

 

Lucernario o solemne comienzo de la Vigilia

 

 

Bendición del fuego y preparación del cirio

7. Se apagan todas las luces de la iglesia.

                      En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende el fuego. Congregado allí el pue­blo, llega el sacerdote con los ministros. Uno de los ministros lleva el cirio pascual.

                      Si las circunstancias no permiten encender el fuego fuera de la iglesia, todo este rito se desarrolla como se indica en el número 13.

8. El sacerdote saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con estas palabras u otras semejantes:

Hermanos:

En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del Señor, escuchando su palabra y partici­pando en sus sacramentos, con la esperanza cierta de participar tam­bién en su triunfo sobre la muerte y de vivir con él para siempre en Dios.

9. Enseguida bendice el fuego.

Oremos.

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo

has dado a tus fieles el fuego de tu luz,

santifica +este fuego nuevo

y concédenos

que la celebración de estas fiestas pascuales

encienda en nosotros deseos tan santos

que podamos llegar con corazón limpio

a las fiestas de la eterna luz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.      Amén.

Del fuego nuevo se enciende el cirio pascual.

10. Si, por razones pastorales, parece oportuno hacer resaltar con algunos símbo­los la dignidad y la significación del cirio pascual, puede hacerse de este modo: una vez bendecido el fuego nuevo, un acólito o uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante. Este, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza so­bre él la letra griega Alfa y, debajo, la letra Omega; entre los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso, mientras dice:

1. Cristo ayer y hoy,

(Graba el trazo vertical de la cruz.)

2. Principio y fin,

(Graba el trazo horizontal.)

3. Alfa

(Graba la letra Alfa sobre el trazo vertical.)

4. y Omega.

(Graba la letra Omega debajo del trazo vertical.)

5. Suyo es el tiempo

(Graba el primer número del año en curso en el ángulo superior izquierdo de la cruz.)

6. y la eternidad.

(Graba el segundo número del año en el ángulo superior derecho de la cruz.)

7. A él la gloria y el poder,

(Graba el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo de la cruz.)

8. por los siglos de los siglos. Amén.

(Graba el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho de la cruz.)

 

 

 

 

 

 

O

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11. Acabada la incisión la cruz y los demás signos, el sacerdote puede in­crustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, diciendo al mismo tiempo.

 

1. Por sus santas llagas                                     1        

2. gloriosas,                                         

3. nos proteja                                           4       2                    5

4. y nos guarde

5. Jesucristo nuestro Señor. Amén.                  3

 

 

12. El sacerdote enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:

 

Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso,

disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.

            Todos los ritos indicados en los nn. 10-12 puede realizarse total o parcialmente, según las circunstancias pastorales del ambiente y del lugar. Las Conferencias Episcopales pueden esta­blecer también otros ritos más acomodados a la idiosincrasia de cada pueblo en concreto.

 

 

 

 

 

 

13. Cuando por alguna razón no se puede encender el fuego fuera de la iglesia, el rito se acomoda a las circunstancias. Reunido, como de costumbre, el pueblo en la iglesia, el celebrante con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual, se dirige a la puerta de la iglesia. El pueblo, en cuanto sea posible, se vuelve hacia el celebrante.

            El sacerdote hace el saludo y la exhortación, como se indicó en el n. 8; después se bendice el fuego (n. 9) y, si se quiere, se prepara y enciende el cirio, como se indica en los nn. 10-12.

 

Procesión

14. A continuación el diácono o, en su defecto, el sacerdote, toma el cirio pascual y, manteniéndolo elevado, canta él solo:

V. Luz del Cristo.

Y todos responden:

R. Demos gracias a Dios.

Todos entran en la iglesia, precedidos por el diácono (o el sacerdote) que lleva el cirio pascual. Si se emplea el incienso, el turiferario precederá al diácono.

15.    En la puerta de la iglesia, el diácono se detiene y elevando el cirio, canta por segunda vez:

Cristo, luz del mundo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

En este momento todos encienden sus velas en la llama del cirio y avanzan de nuevo.

16.    Al llegar ante el altar, el diácono, vuelto hacia el pueblo, canta por tercera vez:

Cristo, luz del mundo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

Entonces se encienden las luces del templo.

        

Pregón pascual

17. El sacerdote se dirige a la sede. El diácono pone el cirio pascual en el candelabro, que está preparado en medio del presbiterio o junto al ambón. Después de poner incienso en el incensario, si éste se ha utilizado, el diácono pide y recibe, como lo hace en la misa antes del Evangelio, la bendición del sacerdote, el cual dice en voz baja

El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que proclames dignamente su pregón pascual; en el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo.

R. Amén.

            Esta bendición se omite si el pregón pascual es proclamado por otro que no sea el diácono.

            Si se usa el incienso, el diácono o, en su defecto, el sacerdote, inciensa el libro y el cirio. Luego proclama el pregón pascual desde el ambón o desde el púlpito. Todos permanecen de pie, teniendo en sus manos las velas encendidas.

            El pregón pascual puede ser proclamado, en caso de necesidad, por un cantor que no sea diácono. En este caso, el cantor omite desde las palabras Por eso, queridos hermanos, hasta el final del invitatorio El resplandor de su luz, así como el saludo El Señor esté con vosotros.

            El pregón puede cantarse también en su forma breve. Las Conferencias Episcopales pueden adaptar el pregón intercalando en él alguna aclamación del pueblo.

 

Forma larga del pregón pascual

 

Exulten por fin los coros de los ángeles,

alégrense las jerarquías del cielo

y, por la victoria de rey tan poderoso,

que las trompetas anuncien la salvación.

 

Goce también la tierra,

inundada de tanta claridad,

y que, radian con el fulgor del rey eterno,

se sienta libre de la tiniebla

que cubría el orbe entero.

 

Alégrese también nuestra madre la Iglesia

revestida de luz tan brillante;

resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

 

(Por eso, queridos hermanos,

que asisten a la admirable claridad de esta luz santa,

invoquen conmigo la misericordia de Dios omnipotente,

para que aquel que, sin mérito mío,

me agregó al, número de los diáconos,

infundiendo el resplandor de su luz,

me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.)

 

(V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.)

V.Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario

aclamar con nuestras voces

y con todo el afecto del corazón

a Dios invisible, el Padre todopoderoso,

y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

 

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre

la deuda de Adán

y, derramando su sangre,

canceló el recibo del antiguo pecado.

 

Porque éstas son las fiestas de Pascua,

en las que se inmola el verdadero Cordero,

cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

 

Ésta es la noche

en que sacaste de Egipto

a los israelitas, nuestros padres,

y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

 

Ésta es la noche

en que la columna de fuego

esclareció las tinieblas del pecado.

 

Esta es la noche

en que, por toda la tierra,

los que confiesan su fe en Cristo

son arrancados de los vicios del mundo

y de la oscuridad del pecado,

son restituidos a la gracia

y son agregados a los santos.

 

Ésta es la noche

en que, rotas las cadenas de la muerte,

Cristo asciende victorioso del abismo.

¿De qué nos serviría haber nacido

si no hubiéramos sido rescatados?

 

¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros!

¡Qué incomparable ternura y caridad!

¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!

 

Necesario fue el pecado de Adán,

que ha sido borrado por la muerte de Cristo.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

 

¡Qué noche tan dichosa!

Solo ella conoció el momento

en que Cristo resucitó de entre los muertos.

 

Esta es la noche

de la que estaba escrito:

"Será la noche clara como el día,

la noche iluminada por mi gozo".

 

Y así, esta noche santa

ahuyenta los pecados,

lava las culpas,

devuelve la inocencia a los caídos,

la alegría a los tristes,

expulsa el odio,

trae la concordia,

doblega a los poderosos.

 

En esta noche de gracia,

acepta, Padre santo,

el sacrificio vespertino de alabanza,

que la santa Iglesia te ofrece

por medio de sus ministros

en la solemne ofrenda de este cirio,

hecho con cera de abejas.

 

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,

ardiendo en llama viva para la gloria de Dios.

Y aunque distribuye su luz,

no mengua al repartirla,

porque se alimenta de cera fundida,

que elaboró la abeja fecunda

para hacer esta lámpara preciosa.

 

¡Qué noche tan dichosa,

en que se une el cielo con la tierra,

lo humano con lo divino!

 

Te rogamos, Señor, que este cirio,

consagrado a tu nombre,

arda sin apagarse

para destruir la oscuridad de esta noche,

y, como ofrenda agradable,

se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,

ese lucero que no conoce ocaso

y es Cristo, tu Hijo resucitado,

que al salir del sepulcro,

brilla sereno para el linaje humano,

y vive y reina glorioso

por los siglos de los siglos.

 

R.Amén.

 

 

 

 

 

 

 

Forma breve del pregón pascual

 

Exulten por fin los coros de los ángeles,

alégrense las jerarquías del cielo

y, por la victoria de rey tan poderoso,

que las trompetas anuncien la salvación.

 

Goce también la tierra,

inundada de tanta claridad,

y que, radian con el fulgor del rey eterno,

se sienta libre de la tiniebla

que cubría el orbe entero.

 

Alégrese también nuestra madre la Iglesia

revestida de luz tan brillante;

resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

 

(V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.)

V.Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario

aclamar con nuestras voces

y con todo el afecto del corazón

a Dios invisible, el Padre todopoderoso,

y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

 

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre

la deuda de Adán

y, derramando su sangre,

canceló el recibo del antiguo pecado.

 

Porque éstas son las fiestas de Pascua,

en las que se inmola el verdadero Cordero,

cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

 

Ésta es la noche

en que sacaste de Egipto

a los israelitas, nuestros padres,

y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

 

Ésta es la noche

en que la columna de fuego

esclareció las tinieblas del pecado.

 

Esta es la noche

en que, por toda la tierra,

los que confiesan su fe en Cristo

son arrancados de los vicios del mundo

y de la oscuridad del pecado,

son restituidos a la gracia

y son agregados a los santos.

 

Ésta es la noche

en que, rotas las cadenas de la muerte,

Cristo asciende victorioso del abismo.

 

¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros!

¡Qué incomparable ternura y caridad!

¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!

 

Necesario fue el pecado de Adán,

que ha sido borrado por la muerte de Cristo.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

 

Y así, esta noche santa

ahuyenta los pecados,

lava las culpas,

devuelve la inocencia a los caídos,

la alegría a los tristes.

 

¡Qué noche tan dichosa,

en que se une el cielo con la tierra,

lo humano con lo divino!

 

En esta noche de gracia,

acepta, Padre santo,

el sacrificio vespertino de alabanza,

que la santa Iglesia te ofrece

por medio de sus ministros

en la solemne ofrenda de este cirio,

hecho con cera de abejas.

 

Te rogamos, Señor, que este cirio,

consagrado a tu nombre,

arda sin apagarse

para destruir la oscuridad de esta noche,

y, como ofrenda agradable,

se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,

ese lucero que no conoce ocaso

y es Cristo, tu Hijo resucitado,

que al salir del sepulcro,

brilla sereno para el linaje humano,

y vive y reina glorioso

por los siglos de los siglos.

 

R. Amén.

 

 

 

 

Segunda parte: Liturgia de la palabra

20.    En esta vigilia, "madre de todas las vigilias" (San Agustín, Serm. 219), se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (la Epístola y el Evangelio).

21.    Si las circunstancias pastorales lo piden, puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento; pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la Palabra de Dios es parte fundamental de esta Vigilia de Pascua.

            Deben leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento y, en casos muy urgentes, por lo menos dos. Pero nunca se omita la tercera lectura, tomada del capítulo 14 del Éxodo.

22.    Terminado el pregón, todos apagan sus velas y se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote exhorta a la asamblea con estas palabras u otras semejantes.

Hermanos, con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos con recogimiento la palabra de Dios. Meditemos como, en la antigua alianza, Dios salvó a su pueblo y en la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su Hijo para que nos redimiera. Oremos para que Dios, nuestro Padre, conduzca a su plenitud esta obra de salvación, iniciada con la muerte y resurrección de Jesucristo.

23.       Siguen luego las lecturas. Un lector va al ambón y lee la primera lectura. Des­pués el salmista o cantor dice el salmo, alternando con las respuestas del pueblo. Ense­guida todos se levantan, el sacerdote dice Oremos y después de que todos han orado en silencio durante unos momentos dice la oración colecta. Lo mismo se hace en cada lectura.

            En lugar de decir el salmo responsorial, se puede guardar un breve espacio de silencio para hacer oración. En este caso, se omite la pausa después del Oremos.

            Para la Vigilia pascual se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo. Si lo exigen las circunstancias, y por causas particulares, se puede disminuir el número de las lecturas asignadas. Téngase al menos tres lecturas del antiguo Testamento y, en casos más urgentes, por lo menos dos, antes de la epístola y el evangelio. Nunca se omita la lectura del Éxodo sobre el paso del mar Rojo (tercera lectura)

 

PRIMERA LECTURA

Vio Dios lodo lo que había hecho; y era muy bueno

Lectura del libro del Génesis 1, 1-2, 2

      Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos in­forme; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

      Y dijo Dios:

      –«Que exista la luz.»

      Y la luz existió.

      Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche».

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.

      Y dijo Dios:

      –«Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas. »

      E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda.

      Y así fue.

      Y llamó Dios a la bóveda «Cielo».

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.

      Y dijo Dios:

      –«Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.»

      Y así fue.

      Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó «Mar».

      Y vio Dios que era bueno.

      Y dijo Dios:

      –«Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.»

      Y así fue.

      La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.

      Y vio Dios que era bueno.

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.

      Y dijo Dios:

      –«Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra. »

      Y así fue.

      E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla.

      Y vio Dios que era bueno.

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.

      Y dijo Dios:

      –«Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.»

      Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies.

      Y vio Dios que era bueno.

      Y Dios los bendijo, diciendo:

      –«Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.»

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.

      Y dijo Dios:

      –«Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.»

      Y así fue.

      E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies.

      Y vio Dios que era bueno.

      Y dijo Dios:

      –«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»

      Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hom­bre y mujer los creó.

      Y los bendijo Dios y les dijo:

      –«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.»

      Y dijo Dios:

      –«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla so­bre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran se­milla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respi­ra, la hierba verde les servirá de alimento. »

      Y así fue.

      Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

      Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos.

      Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había he­cho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.

 

Palabra de Dios.

 

24.    DESPUÉS DE LA PRIMERA LECTURA: creación del mundo (Ge 1, 1-2, 2) o creación del hombre (1, 1. 26-31a)

 

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,

que en todas las obras de tu amor

te muestras admirable, concédenos comprender

que la redención realizada por Cristo, nuestra Pascua,

es una obra más maravillosa todavía

que la misma creación del universo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

 

 

 

 

 

O bien más breve:

Lectura del libro del Génesis 1, 1. 26-31a

Al principio creó Dios el cielo y la tierra.

Y dijo Dios:

–«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domi­ne los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hom­bre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo:

–«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra. »

Y dijo Dios:

–«Mirad, os entrego todas las hierbas, que engendran semilla so­bre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran se­milla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respi­ra, la hierba verde les servirá de alimento.»

Y así fue.

Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c (R.: cf. 30)

R. Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

      Bendice, alma mía, al Señor;

      ¡Dios mío, qué grande eres!

      Te vistes de belleza y majestad,

      la luz te envuelve como un manto. R.

      Asentaste la tierra sobre sus cimientos,

      y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano,

      y las aguas se posaron sobre las montañas. R.

      De los manantiales sacas los ríos,

      para que fluyan entre los montes;

      junto a ellos habitan las aves del cielo,

      y entre las frondas se oye su canto. R.

      Desde tu morada riegas los montes,

      y la tierra se sacia de tu acción fecunda;

      haces brotar hierba para los ganados,

      y forraje para los que sirven al hombre. R.

      Cuántas son tus obras, Señor,

      y todas las hiciste con sabiduría;

      la tierra está llena de tus criaturas.

      ¡Bendice, alma mía, al Señor! R.

O bien:

Sal 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R.: 5b)

R. La misericordia del Señor llena la tierra.

      La palabra del Señor es sincera,

      y todas sus acciones son leales;

      él ama la justicia y el derecho,

      y su misericordia llena la tierra. R.

      La palabra del Señor hizo el cielo;

      el aliento de su boca, sus ejércitos;

      encierra en un odre las aguas marinas,

      mete en un depósito el océano. R.

      Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,

      el pueblo que él se escogió como heredad.

      El Señor mira desde el cielo,

      se fija en todos los hombres. R.

      Nosotros aguardamos al Señor:

      él es nuestro auxilio y escudo.

      Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

      como lo esperamos de ti. R.

si se hace la lectura breve: creación del hombre.

Oremos.

Dios nuestro, que de un modo admirable

nos creaste a tu imagen y semejanza

y de un modo más admirable todavía

nos redimiste,

concédenos sabiduría de espíritu,

para resistir los atractivos del pecado

y poder llegar así a los gozos del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDA LECTURA

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis 22, 1-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:

–«¡Abrahán! »

Él respondió:

–«Aquí me tienes.»

Dios le dijo:

–«Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. »

Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.

El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados:

–«Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros.»

Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.

Isaac dijo a Abrahán, su padre:

–«Padre.»

El respondió:

–«Aquí estoy, hijo mío.»

El muchacho dijo:

–«Tenernos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?»

Abrahán contestó:

–«Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.»

Y siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le habla dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

–«¡Abrahán, Abrahán!»

Él contestó:

–«Aquí me tienes.»

El ángel le ordenó:

–«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.»

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor ve».

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:

–«Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho

esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»

 

Palabra de Dios.

 

 

 

 

 

 

O bien más breve:

Lectura del libro del Génesis 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:

–«¡Abrahán! »

Él respondió:

–«Aquí me tienes.»

Dios le dijo:

–«Torna a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. »

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

–«¡Abrahán, Abrahán!»

Él contestó:

–«Aquí me tienes.»

El ángel le ordenó:

–«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado, a tu hijo, tú único hijo. »

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:

–«Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu des­cendencia, porque me has obedecido.»

 

Palabra de Dios.

 

 

 

 

 

 

Salmo responsorial Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1)

R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

      El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;

      mi suerte está en tu mano.

      Tengo siempre presente al Señor,

      con él a mi derecha no vacilaré. R.

      Por eso se me alegra el corazón,

      se gozan mis entrañas,

      y mi carne descansa serena.

      Porque no me entregarás a la muerte,

      ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

      Me enseñarás el sendero de la vida,

      me saciaras de gozo en tu presencia,

      de alegría perpetua a tu derecha. R.

 

25.    DESPUÉS DE LA SEGUNDA LECTURA: sacrificio de Abraham (Ge. 22, 1-18; o 1-2. 9a. 10-13. 15-18).

 

Oremos.

Señor Dios, Padre de los creyentes,

que por medio del sacramento pascual del bautismo

sigues cumpliendo la promesa hecha a Abraham

de multiplicar su descendencia por toda la tierra

y de hacerlo el padre de todas las naciones,

concede a tu pueblo responder dignamente

a la gracia de tu llamado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

TERCERA LECTURA

Los israelitas en medio del mar a pie enjuto

Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15, 1

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:

–« ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pon­gan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enju­to. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejér­cito, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.»

Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de de­lante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el cam­pamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudie­ran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Se­ñor hizo soplar –durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en me­dio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, en­trando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.

Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egip­cio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el cam­pamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente.

Y dijo Egipto:

–«Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto. »

Dijo el Señor a Moisés:

–«Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.»

Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuen­tro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar.

Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó.

Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.

Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.

Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor:

 

Salmo responsorial Ex 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: la)

R. Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

      Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

      caballos y carros ha arrojado en el mar.

      Mi fuerza y mi poder es el Señor,

      él fue mi salvación.

      Él es mi Dios: yo lo alabaré;

      el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R.

      El Señor es un guerrero,

      su nombre es «El Señor».

      Los carros del Faraón los lanzó al mar,

      ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.

      Las olas los cubrieron,

      bajaron hasta el fondo como piedras.

      Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,

      tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.

      Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,

      lugar del que hiciste tu trono, Señor;

      santuario, Señor, que fundaron tus manos.

      El Señor reina por siempre jamás. R.

 

26.    DESPUÉS DE LA TERCERA LECTURA: paso del mar Rojo (Ex 14, 15-15,1)

 

Oremos.

Tus antiguos prodigios

se renuevan, Señor, también en nuestros tiempos,

pues lo que tu poder hizo con las aguas

para librar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón,

lo repites ahora, por medio del agua del bautismo,

para salvar a todas las naciones.

Concede a todos los hombres del mundo entero

contarse entre los hijos de Abraham

y participar de la dignidad del pueblo elegido.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

O bien:

Oremos.

Señor, que con el Evangelio nos has hecho comprender

el sentido profundo del Antiguo Testamento,

dejándonos ver en el paso del mar Rojo

una imagen del bautismo

y en el pueblo liberado de la esclavitud,

un símbolo del pueblo cristiano,

haz que todos los hombres, mediante la fe,

participen del privilegio del pueblo elegido

y sean regenerados por la acción santificadora de tu Espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

CUARTA LECTURA

Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor

Lectura del libro de Isaías 54, 5-14

El que te hizo te tomará por esposa;

su nombre es Señor de los ejércitos.

Tu redentor es el Santo de Israel,

se llama Dios de toda la tierra.

Como a mujer abandonada y abatida

te vuelve a llamar el Señor;

como a esposa de juventud, repudiada

–dice tu Dios–.

Por un instante te abandoné,

pero con gran cariño te reuniré.

En un arrebato de ira

te escondí un instante mi rostro,

pero con misericordia eterna te quiero

–dice el Señor, tu redentor–.

Me sucede como en tiempo de Noé:

juré que las aguas del diluvio

no volverían a cubrir la tierra;

así juro no airarme contra ti

ni amenazarte.

Aunque se retiren los montes

y vacilen las colinas,

no se retirará de ti mi misericordia,

ni mi alianza de paz vacilará

–dice el Señor, que te quiere–.

¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada!

Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches,

tus cimientos sobre zafiros;

te pondré almenas de rubí,

y puertas de esmeralda,

y muralla de piedras preciosas.

Tus hijos serán discípulos del Señor,

tendrán gran paz tus hijos.

Tendrás firme asiento en la justicia.

Estarás lejos de la opresión,

y no tendrás que temer;

y lejos del terror,

que no se te acercará.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a)

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

      Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

      y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

      Señor, sacaste mi vida del abismo,

      y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

      Tañed para el Señor, fieles suyos,

      dad gracias a su nombre santo;

      su cólera dura un instante;

      su bondad, de por vida;

      al atardecer nos visita el llanto;

      por la mañana, el júbilo. R.

      Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

      Señor, socórreme.

      Cambiaste mi luto en danzas.

      Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

 

27.    DESPUÉS DE LA CUARTA LECTURA: la nueva Jerusalén (Is 54, 5-14).

 

Oremos.

Señor Dios, siempre fiel a tus promesas,

aumenta, por medio del bautismo, el número de tus hijos

y multiplica la descendencia prometida

a la fe de los patriarcas,

para que tu Iglesia vea que se va cumpliendo

tu voluntad de salvar a todos los hombres,

como los patriarcas lo creyeron y esperaron.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

       La oración anterior puede substituirse por alguna de las que siguen, cuando sus lectu­ras correspondientes vayan a omitirse.

QUINTA LECTURA

Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua

Lectura del libro de Isaías 55, 1-11

Así dice el Señor:

«Oíd, sedientos todos, acudid por agua,

también los que no tenéis dinero:

venid, comprad trigo, comed sin pagar

vino y leche de balde.

¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta,

y el salario en lo que no da hartura?

Escuchadme atentos, y comeréis bien,

saborearéis platos sustanciosos.

Inclinad el oído, venid a mí:

escuchadme, y viviréis.

Sellaré con vosotros alianza perpetua,

la promesa que aseguré a David:

a él lo hice mi testigo para los pueblos,

caudillo y soberano de naciones;

tú llamarás a un pueblo desconocido,

 un pueblo que no te conocía correrá hacia ti;

por el Señor, tu Dios,

por el Santo de Israel, que te honra.

Buscad al Señor mientras se le encuentra,

invocadlo mientras esté cerca;

que el malvado abandone su camino,

y el criminal sus planes;

que regrese al Señor, y él tendrá piedad,

a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes,

vuestros caminos no son mis caminos

–oráculo del Señor–.

Como el cielo es más alto que la tierra,

mis caminos son más altos que los vuestros,

mis planes, que vuestros planes.

Como bajan la lluvia y la nieve del cielo,

y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,

de fecundarla y hacerla germinar,

para que dé semilla al sembrador

y pan al que come,

así será mi palabra, que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que hará mi voluntad

y cumplirá mi encargo.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3)

R.    Sacaréis aguas con gozo

      de las fuentes de la salvación.

      El Señor es mi Dios y Salvador:

      confiaré y no temeré,

      porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

      él fue mi salvación.

      Y sacaréis aguas con gozo

      de las fuentes de la salvación. R.

      Dad gracias al Señor,

      invocad su nombre,

      contad a los pueblos sus hazañas,

      proclamad que su nombre es excelso. R.

      Tañed para el Señor, que hizo proezas,

      anunciadlas a toda la tierra;

      gritad jubilosos, habitantes de Sión:

      «Qué grande es en medio de ti

      el Santo de Israel. » R.

 

28.    DESPUÉS DE LA QUINTA LECTURA: la salvación que se ofrece gratuita­mente a todos (Is 55, 1-11).

 

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, única esperanza del mundo,

tú que anunciaste por la voz de tus profetas

los misterios que estamos celebrando esta noche,

infunde en nuestros corazones

la gracia de tu Espíritu,

para que podamos vivir una vida

digna de tu redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

SEXTA LECTURA

Caminad a la claridad del resplandor del Señor

Lectura del libro de Baruc 3, 9-15. 32-4, 4

Escucha, Israel, mandatos de vida;

presta oídos para aprender prudencia.

¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo,

que envejezcas en tierra extranjera,

que estés contaminado entre los muertos,

y te cuenten con los habitantes del abismo?

Es que abandonaste la fuente de la sabiduría.

Si hubieras seguido el camino de Dios,

habitarías en paz para siempre.

Aprende dónde se encuentra la prudencia,

el valor y la inteligencia;

así aprenderás dónde se encuentra la vida larga,

la luz de los ojos y la paz.

¿Quién encontró su puesto

o entró en sus almacenes?

El que todo lo sabe la conoce,

la examina y la penetra.

El que creó la tierra para siempre

y la llenó de animales cuadrúpedos;

el que manda a la luz, y ella va,

la llama, y le obedece temblando;

a los astros que velan gozosos

en sus puestos de guardia,

los llama, y responden:

«Presentes»,

y brillan gozosos para su Creador.

Él es nuestro Dios,

y no hay otro frente a él;

investigó el camino de la inteligencia

y se lo enseñó a su hijo, Jacob,

a su amado, Israel.

Después apareció en el mundo

y vivió entre los hombres.

Es el libro de los mandatos de Dios,

la ley de validez eterna:

los que la guarden vivirán;

los que la abandonen morirán.

Vuélvete, Jacob, a recibirla,

camina a la claridad de su resplandor;

no entregues a otros tu gloria,

ni tu dignidad a un pueblo extranjero.

¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos

lo que agrada al Señor!

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68)

R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

      La ley del Señor es perfecta

      y es descanso del alma;

      el precepto del Señor es fiel

      e instruye al ignorante. R.

      Los mandatos del Señor son rectos

      y alegran el corazón;

      la norma del Señor es límpida

      y da luz a los ojos. R.

      La voluntad del Señor es pura

      y eternamente estable;

      los mandamientos del Señor son verdaderos

      y enteramente justos. R.

      Más preciosos que el oro,

      más que el oro fino;

      más dulces que la miel

      de un panal que destila. R.

 

29.    DESPUÉS DE LA SEXTA LECTURA: la fuente de la sabiduría (Bar 3,9-15.

32-4, 4).

 

Oremos.

Dios nuestro, que haces crecer continuamente a tu Iglesia

con hijos llamados de todos los pueblos,

dígnate proteger siempre con tu gracia

a quienes has hecho renacer en el bautismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

SÉPTIMA LECTURA

Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 16-28

Me vino esta palabra del Señor:

«Hijo de Adán,

cuando la casa de Israel habitaba en su tierra,

la profanó con su conducta, con sus acciones;

como sangre inmunda fue su proceder ante mí.

Entonces derramé mi cólera sobre ellos,

por la sangre que habían derramado en el país,

por haberlo profanado con sus idolatrías.

Los esparcí entre las naciones,

anduvieron dispersos por los países;

según su proceder, según sus acciones los sentencié.

Cuando llegaron a las naciones donde se fueron,

profanaron mi santo nombre;

decían de ellos:

"Éstos son el pueblo del Señor,

de su tierra han salido.

Sentí lástima de mi santo nombre,

profanado por la casa de Israel

en las naciones a las que se fue.

Por eso, di a la casa de Israel:

Esto dice el Señor:

"No lo hago por vosotros, casa de Israel,

sino por mi santo nombre, profanado por vosotros,

en las naciones a las que habéis ido.

Mostraré la santidad de mi nombre grande,

profanado entre los gentiles,

que vosotros habéis profanado en medio de ellos;

y conocerán los gentiles que yo soy el Señor

–Oráculo del Señor–,

cuando les haga ver mi santidad al castigaros.  

Os recogeré de entre las naciones,

os reuniré de todos los países,

y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura

que os purificará:

de todas vuestras inmundicias e idolatrías

os he de purificar.

Y os daré un corazón nuevo,

y os infundiré un espíritu nuevo;

arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,

y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu,

y haré que caminéis según mis preceptos,

y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo,

y yo seré vuestro Dios."»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2)

R. Como busca la cierva corrientes de agua,

      así mi alma te busca a ti, Dios mío.

      Tiene sed de Dios,

      del Dios vivo:

      ¿cuándo entraré a ver

      el rostro de Dios? R.

      Cómo marchaba a la cabeza del grupo,

      hacia la casa de Dios,

      entre cantos de júbilo y alabanza,

      en el bullicio de la fiesta. R.

      Envía tu luz y tu verdad;

      que ellas me guíen

      y me conduzcan hasta tu monte santo,

      hasta tu morada. R.

      Que yo me acerque al altar de Dios,

      al Dios de mi alegría;

      que te dé gracias al son de la cítara,

      Dios, Dios mío. R.

O bien, cuando se celebra el bautismo: Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6, como después de la quinta lectura.

O bien:

Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19  (R.: 12a)

R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso;

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti. R.

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

tú no lo desprecias. R.

 

30.    DESPUÉS DE LA SÉPTIMA LECTURA: el corazón nuevo y el espíritu nue­vo (Ez 36, 16-28).

 

Oremos.

Señor Dios nuestro, poder inmutable y luz sin ocaso,

prosigue bondadoso a través de tu Iglesia,

sacramento de salvación,

la obra que tu amor dispuso desde la eternidad;

que todo el mundo vea y reconozca

que los caídos se levantan,

que se renueva lo que había envejecido

y que todo se integra en aquel

que es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor,

que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

 

R. Amén.

O esta oración:

Oremos.

Señor Dios nuestro,

que con las enseñanzas del Antiguo

y del Nuevo Testamento

nos has preparado a celebrar el misterio de la Pascua,

haz que comprendamos tu amor,

para que los dones que hoy recibimos

confirmen en nosotros la esperanza de los bienes futuros.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

31.    Terminada la oración de la última lectura del Antiguo Testamento, con el res­ponsorio y la oración correspondiente, se encienden las velas del altar. El sacerdote en­tona solemnemente el himno Gloria a Dios, que todos prosiguen. Se tocan las campanas, de acuerdo con las costumbres de cada lugar.

32.    Acabado el himno, el sacerdote dice la oración colecta, como de costumbre.

Oremos.

Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa

con la gloria del Señor resucitado,

aviva en tu Iglesia el espíritu filial,

para que, renovados en cuerpo y alma,

nos entreguemos plenamente a tu servicio.

Por nuestro Señor Jesucristo.

33.    Seguidamente un lector proclama la lectura del Apóstol.

EPÍSTOLA

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-11

Hermanos:

Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.

Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y no­sotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha que­dado absuelto del pecado.

Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también vivi­remos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

 

Palabra de Dios.

34.    Terminada la epístola todos se ponen de pie y el sacerdote entona solemne­mente el Aleluya, que todos repiten.

            Después el salmista o cantor proclama el salmo, y el pueblo intercala: Aleluya, En cada una de las estrofas. Si hace falta, el mismo salmista canta el Aleluya.

Salmo responsorial      Sal 117, 1-2. l6ab- 17. 22-23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia. R.

La diestra del Señor es poderosa,

la diestra del Señor es excelsa.

No he de morir, viviré

para contar las hazañas del Señor. R.

La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente. R.

35.       Para el Evangelio no se llevan cirios. Puede emplearse el incienso.

EVANGELIO

Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 1-10

En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la sema­na, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajan­do del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su as­pecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centi­nelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:

–«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.

No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el si­tio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he anunciado.»

Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y lle­nas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

–«Alegraos.»

Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.

Jesús les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

 

Palabra del Señor.

36.       Inmediatamente después del Evangelio se hace la homilía. Después comienza la liturgia bautismal.

 

Tercera parte: Liturgia bautismal

 

37.     El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si es que ésta se encuentra a la vista de los fieles. De lo contrario, se pone un recipiente con agua en el presbiterio.

          Si hay catecúmenos adultos, son llamados por su nombre y presentados por los padri­nos o, si son niños, llevados por los padres y padrinos frente a toda la asamblea.

38.     Después, el sacerdote exhorta a los presentes, con estas u otras palabras seme­jantes.

Si están presentes los que se van a bautizar:

Hermanos, acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a nueva vida en la fuente del bautismo, para que Dios, nuestro Padre, les otorgue su protección y su amor.

Si se bendice la fuente, pero no va a haber bautizos:

Hermanos, pidamos a Dios todopoderoso que con su poder santifi­que esta fuente bautismal, para que cuantos en el bautismo van a ser regenerados en Cristo, sean acogidos en la familia de Dios.

39. Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden estando en pie (por razón del tiempo pascual).

Si la procesión hasta el baptisterio es larga, se cantan las letanías durante la procesión; en este caso se llama a los catecúmenos, antes de comenzar la procesión. Esta procesión se organiza de la siguiente manera: abre la procesión el diácono o un ministro con el cirio pascual; siguen los catecúmenos, con los pa­drinos; después, el sacerdote con los ministros. En este caso, la exhortación precedente se hace antes de la bendición del agua.

40. Si no hay bautizos ni bendición de la fuente, omitidas las letanías, se procede inmediatamente a la bendición del agua (número 45).

41. En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del titular de la iglesia, el de los patronos del lugar y el de los que van a ser bautizados.

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

 

Santa María, Madre de Dios

ruega (rogad) por nosotros

San Miguel

Santos Ángeles de Dios

San Juan Bautista

San José

Santos Pedro y Pablo

San Andrés

San Juan

Santa María Magdalena

San Esteban

San Ignacio de Antioquía

San Lorenzo

Santas Perpetua y Felicidad

Santa Inés

San Gregorio

San Agustín

San Atanasio

San Basilio

San Martín

San Benito

Santos Francisco

San Francisco Javier

San Juan María Vianney

Santa Catalina de Siena

Santa Teresa de Jesús

Santos y Santas de Dios

 

Muéstrate propicio

líbranos, Señor

De todo mal

De todo pecado

De la muerte eterna

Por tu encarnación

Por tu muerte y resurrección

Por el don del Espíritu Santo

 

Nosotros, que somos pecadores                   

te rogamos, óyenos

 

 

 

 

 

 

Si hay bautizos:

Para que regeneres a estos elegidos

con la gracia del bautismo

te rogamos, óyenos

 

 

 

 

 

 

Si no hay bautizos:

Para que santifiques esta agua

en la que renacerán tus nuevos hijos

te rogamos, óyenos

 

Jesús, Hijo de Dios vivo.

te rogamos, óyenos

Si hay bautizandos, el sacerdote, con las manos juntas, dice la siguiente oración:

Derrama, Señor, tu infinita bondad

en este sacramento del bautismo

y envía a tu santo Espíritu,

para que haga renacer de la fuente bautismal

a estos nuevos hijos tuyos,

que van a ser santificados por tu gracia,

mediante la colaboración de nuestro ministerio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Bendición del agua bautismal

42.    Enseguida el sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo con las manos jun­tas, la siguiente oración:

Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables

con tu poder invisible

y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua

para significar la gracia del bautismo.

 

Oh Dios, cuyo espíritu en los orígenes del mundo,

Se cernía sobre las aguas

para que ya desde entonces

concibieran el poder de santificar.

 

Oh Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio

prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad,

de modo que una misma agua

pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

 

Oh Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo

a los hijos de Abraham,

a fin de que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón,

fuera imagen de la familia de los bautizados.

 

Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán,

fue ungido por el Espíritu Santo;

colgado en la cruz,

vertió de su costado agua, junto con la sangre;

y después de su resurrección mandó a sus apóstoles:

"Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos,

bautizándolos

en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo."

 

Mira ahora a tu Iglesia en oración

y abre para ella la fuente del bautismo.

Que esta agua reciba, por la obra del Espíritu Santo,

la gracia de tu Unigénito,

para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo,

muera al hombre viejo

y renazca, como niño, a vida nueva

por el agua y el Espíritu.

Si lo cree oportuno, introduce el cirio pascual en el agua una o tres veces, diciendo:

Te pedimos, Señor,

que el poder del Espíritu Santo,

por tu Hijo,

descienda sobre el agua de esta fuente,

Y teniendo el cirio dentro del agua, prosigue:

para que todos los sepultados con Cristo en su muerte,

por el bautismo,

resuciten con él a la vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

43. Seguidamente saca el cirio del agua y el pueblo dice la siguiente aclamación o al­guna otra adecuada:

Manantiales, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

44.       Cada catecúmeno hace la renuncia a Satanás y la profesión de fe, y recibe el bautismo.

Si está presente el obispo, los catecúmenos adultos reciben inmediatamente la confir­mación; en caso contrario, el presbítero que ha administrado el bautismo puede tam­bién confirmar a los catecúmenos adultos (Cf. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adul­tos, nn. 228 y 362).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bendición del agua común

45.    Si no hay bautizos, ni bendición de la fuente bautismal, el sacerdote bendice el agua diciendo:

Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que ben­diga esta agua, con la cual seremos rociados en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve interiormente, para que permanezca­mos fieles al Espíritu que hemos recibido.

Y después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos juntas.

Señor, Dios nuestro,

mira con bondad a este pueblo tuyo,

que vela en oración en esta noche santísima,

recordando la obra admirable de nuestra creación

y la obra más admirable todavía, de nuestra redención.

Dígnate bendecir + esta agua,

que tú creaste para dar fertilidad a la tierra,

frescura y limpieza a nuestros cuerpos.

Tu, además, has convertido el agua

en un instrumento de tu misericordia:

a través de las aguas del mar Rojo

liberaste a tu pueblo de la esclavitud;

en el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed;

con la imagen del agua viva

los profetas anunciaron la nueva alianza

que deseabas establecer con los hombres;

finalmente, en el agua del Jordán,

santificada por Cristo,

inauguraste el sacramento de una vida nueva,

que nos libra de la corrupción del pecado.

Que esta agua nos recuerde ahora

nuestro bautismo

y nos haga participar en la alegría

de nuestros hermanos,

que han sido bautizados en esta Pascua del Señor,

el cual vive y reina por los siglos de los siglos.

R.   Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

Renovación de las promesas del bautismo

46.    Terminada la ceremonia del bautismo (y de la confirmación) o, si no hubo bau­tizos, después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas hacen la renovación de las promesas del bautismo.

            El sacerdote se dirige a la comunidad con estas palabras u otras parecidas:

Hermanos, por medio del bautismo, hemos sido hechos participes del misterio pascual de Cristo; es decir, por medio del bautismo, hemos sido sepultados con él en su muerte para resucitar con él a una vida nueva. Por eso, al terminar el tiempo de preparación de la Cuaresma, es muy conveniente que renovemos las promesas de nuestro bautismo, con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras y nos comprometimos a servir a Dios, en la santa Iglesia católica.

Así, pues:

Para hacer la renuncia, se puede tomar una de las tres fórmulas que se proponen a con­tinuación:

Primera fórmula:

Sacerdote:

¿Renunciáis vosotros a Satanás?

Todos:

Sí, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a todas sus obras?

Todos:

Sí, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a todas sus seducciones?

Todos:

Sí, renuncio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Segunda fórmula:

Sacerdote:

¿Renunciáis vosotros al pecado para vivir en la libertad de los hi­jos de Dios?

Todos:

Si, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a todas las seducciones del mal para que el pecado no los esclavice?

Todos:

Si, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a Satanás, padre y autor de todo pecado?

Todos:

Si, renuncio.

 

Tercera fórmula:

Sacerdote:

¿Renunciáis a Satanás, esto es,

          al pecado, como negación de Dios;

          al mal, como signo de pecado en el mundo;

          al error, como ofuscación de la verdad;

          a la violencia, como contraria a la caridad;

          al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

Todos:

Si, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a sus obras, que son:

   las envidias y los odios;

   la pereza e indiferencia;

   la cobardía y los complejos;

   las tristezas y desconfianzas;

   las injusticias y favoritismos;

   los materialismos y las sensualidades;

   las faltas fe, esperanza y caridad?

Todos:

Si, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser:

   el creerse mejores que los demás;

   sentirse superiores;

   estar seguros de sí mismo;

   creer que no necesitan conversión;

considerar solamente las cosas materiales, los instrumentos y las instituciones, los métodos y los reglamentos, y no llegar a Dios?

Todos:

Si, renuncio.

 

 

 

 

 

 

Prosigue el sacerdote:

¿Creéis vosotros en Dios,

Padre todopoderoso,

creador del cielo y de la tierra?

Todos:

Si, creo.

Sacerdote:

¿Creéis en Jesucristo,

su Hijo único y Señor nuestro,

que nació de la Virgen María,

padeció y murió por nosotros,

resucitó y está sentado a la derecha del Padre?

Todos:

Sí, creo.

Sacerdote:

¿Creéis en el Espíritu Santo,

en la santa Iglesia católica,

en la comunión de los santos,

en el perdón de los pecados,

en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

Todos:

Sí, creo.

 

Y el sacerdote concluye:

 

Que Dios todopoderoso,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos liberó del pecado

y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo,

nos conserve con su gracia

unidos a Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida eterna.

 

Todos:

 

Amén.

47.    El sacerdote asperja al pueblo con el agua bendita, mientras todos cantan la si­guiente antífona o algún otro canto bautismal:

Vi brotar agua

del lado derecho del templo, aleluya.

Vi que en todos aquellos

que recibían el agua,

surgía una vida nueva

y cantaban con gozo: Aleluya, aleluya.

48.    Mientras tanto los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles.

            Si la bendición del agua bautismal se hizo en el presbiterio, los ministros llevan a la fuente, con toda reverencia, el recipiente del agua. Si no hubo bendición de la fuente, el agua bendita se coloca en un lugar apropiado.

49.    Hecha la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, en donde dirige la Oración Universal, en la cual toman parte los neófitos por primera vez.

No se dice Credo.

Cuarta parte: Liturgia eucarística

50.    El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística, en la forma acos­tumbrada.

51.    Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los hay.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

y concédenos que el memorial

de la muerte y resurrección de Jesucristo,

que estamos celebrando,

nos obtenga la fuerza para llegar a la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

52.     Prefacio pascual I:

EL MISTERIO PASCUAL

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación,

glorificarte siempre, Señor,

pero más que nunca en esta noche

en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

 

Porque él es el Cordero de Dios

que quitó el pecado del mundo:

muriendo, destruyó nuestra muerte,

y resucitando, restauró la vida.

 

Por eso, con esta efusión de gozo pascual,

el mundo entero se desborda de alegría

y también los coros celestiales,

los ángeles y los arcángeles,

cantan sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor, propios.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la glo­riosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate, Señor, propio y la intercesión particular, propia.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua, de su octava y en el bautismo de adultos:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende los deseos, propio y la intercesión particular, propia.

En las misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

 

 

 

 

 

53.     Antífona de comunión        1 Cor 5, 7-8

Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Celebremos, pues, la Pascua, con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.

54.    Oración después de la comunión

Infúndenos, Señor, tu espíritu de caridad

para que vivamos siempre unidos en tu amor

los que hemos participado

en este sacramento

de la muerte y resurrección de Jesucristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

55.    Para la despedida, el diácono o el mismo sacerdote dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

 

 

TIEMPO PASCUAL

Surrexit Dominus Vere,  Alleluia!

 

Domingo de Resurrección

Vigilia pascual

Misa del día

Octava de Pascua

L-M-X-J-V-S-D

Segunda Semana

L-M-M-J-V-S

Tercera Semana

D-L-M-M-J-V-S

Cuarta Semana

D-L-M-M-J-V-S

Quinta Semana

D-L-M-M-J-V-S

Sexta Semana

D-L-M-M-J-V-S

Séptima Semana

L-M-M-J-V-S

Solemnidades de Pascua

Ascensión

Pentecostés

 

DOMINGO DE PASCUA

DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR

MISA DEL DÍA

Antífona de entrada             Sal 138, 18. 5-6

He resucitado y viviré siempre contigo; has puesto tu mano sobre mí, tu sabiduría ha sido maravillosa. Aleluya.

O bien:              Lc 24, 34; Cf. Ap 1, 6

El Señor ha resucitado. Aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad.

Oración colecta

Dios nuestro,

que por medio de tu Hijo venciste a la muerte

y nos has abierto las puertas de la vida eterna,

concede a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección,

resucitar también a una nueva vida,

renovados por la gracia del Espíritu Santo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Regocijados con la alegría de la Pascua,

te ofrecemos, Señor, esta Eucaristía,

mediante la cual tu Iglesia se renueva y alimenta

de un modo admirable.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

EL MISTERIO PASCUAL

V.   El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V.   Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

glorificarte siempre, Señor,

pero más que nunca en este día,

en que Cristo nuestra Pascua,

fue inmolado.

 

Porque Él es el Cordero de Dios

que quitó el pecado del mundo:

muriendo, destruyó nuestra muerte,

y resucitando, restauró la vida.

 

Por eso,

con esta efusión de gozo pascual,

el mundo entero se desborda de alegría

y también los coros celestiales,

los ángeles y los arcángeles,

cantan sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la glo­riosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión       1  Cor 5, 7-8

Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado: celebremos, pues la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, protege siempre a tu Iglesia con amor paterno,

para que, renovada ya por los sacramentos de Pascua,

pueda llegar a la gloria de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Para despedir al pueblo, durante toda la octava se dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

El pueblo responde:

R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

 

 

Toda la Octava de Pascua se dice esta despedida

 

LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada            Ex 13, 5. 9

Que la alabanza del Señor esté siempre en nuestros labios, porque el Señor nos ha introducido en la tierra prometida, tierra que mana leche y miel. Aleluya.

O bien:

El Señor ha resucitado, como lo había predicho; llenémonos de gozo y de alegría, porque reina eternamente. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que por medio del bautismo

das nuevos hijos a tu Iglesia

y la haces crecer continuamente,

concédenos vivir siempre de acuerdo

con la fe que recibimos en el bautismo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad, nuestras ofrendas,

y tú, que nos llamaste a la fe

y nos has hecho renacer por el bautismo,

guíanos a la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión       Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que la gracia de este sacramento,

memorial de la Pascua de tu Hijo,

fructifique, Señor, en nuestros corazones

para que podamos corresponder a los dones de tu amor,

que nos abrió el camino de la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada              Cf. Sir 15, 3-4

El Señor les dará a beber el agua de la sabiduría; se apoyarán en él y no vacilarán. El los llenará de gloria eternamente. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Señor, tú que nos has librado del pecado

por medio de la muerte y resurrección de tu Hijo,

prosigue en nosotros la obra liberadora de tu gracia

y concédenos el gozo de celebrar la Pascua eterna,

que ya desde ahora nos llena de esperanza y alegría.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, en tu bondad,

los dones que te presentamos,

y concédenos tu protección para conservar tu gracia

y conseguir la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso e la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión        Col 3, 1-2

Puesto que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aficionaos a los bienes del cielo, no a los de la tierra. Aleluya.

Oración después de la comunión

Tú que nos has concedido

la gracia inmerecida del bautismo,

purifica, Señor, y fortalece nuestros corazones,

para que podamos alcanzar un día la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada               Mt 25, 34

Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que en la liturgia pascual

nos concedes cada año la alegría

de revivir la resurrección del Señor,

haz que el júbilo de estos días

alcance su plenitud en la Pascua del cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio

con el que has redimido a todos los hombres,

y concédenos, por medio de él,

la salvación del cuerpo y del espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión      Lc 24, 35

Al atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor cuando partió el pan. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te rogamos, Señor,

que, purificados ya de nuestras pasadas culpas,

la participación en este sacramento de tu Hijo

nos transforme en hombres nuevos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

JUEVES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada           Sb 10, 20-21

Todos alabamos, Señor, tu poder y tu sabiduría, porque has abierto la boca de los mudos y has hecho elocuentes las lenguas de los niños. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro,

que has reunido pueblos de toda la tierra

para alabar tu nombre,

concede a todos tus hijos,

nacidos a una vida nueva por medio del bautismo,

tener una misma fe y manifestarla en la vida

con un mismo amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad,

el sacrificio que vamos a ofrecerte,

para darte gracias por los nuevos bautizados

y pedirte para ellos tu constante ayuda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión       1 Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada            Sal 77, 53

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió en el mar. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que en el sacramento

de la muerte y resurrección de tu Hijo

ofreces a los hombres

el pacto de la reconciliación y de la paz,

concédenos realizar en nuestra vida

este misterio que proclamamos con la fe.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones que te presentamos,

para que nos los conviertas

en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo resucitado,

y transfórmanos a nosotros,

para que, de las alegrías y trabajos de la tierra,

podamos elevarnos al deseo de ti.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión       Cf. Jn 21, 12-13

Dijo Jesús a sus discípulos: Venid y comed. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada              Sal 104, 43

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de alegría; al pueblo elegido lo colmó de júbilo. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que en tu bondad sin límites

aumentas cada día

el número de los que creen en ti,

mira con amor a tus elegidos,

que han nacido a una nueva vida por medio del bautismo

y concédeles alcanzar la resurrección gloriosa.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión         Gal 3, 27

Todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

II DOMINGO DE PASCUA

Antífona de entrada               1  Pe 2, 2

Como niños recién nacidos, desead una leche pura y espiritual que os haga crecer hacia la salvación. Aleluya.

O bien:              4 Edr 2, 36-37

Abrid vuestro corazón con alegría, y dad gracias a Dios, que os ha llamado al Reino de los cielos. Aleluya.

Oración colecta

Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo

con la celebración anual de las fiestas pascuales,

aumenta en nosotros tu gracia,

para que comprendamos a fondo la inestimable riqueza

del bautismo que nos ha purificado,

del Espíritu que nos ha dado una vida nueva

y de la Sangre que nos ha redimido.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, las ofrendas

que (junto con los recién bautizados) te presentamos;

tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión       Cf. Jn 20, 27

Jesús dijo a Tomás: acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la gracia recibida en este sacramento

nos impulse siempre a servirte mejor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la II Semana

Antífona de entrada              Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

a quien confiadamente

podemos llamar ya Padre nuestro,

haz crecer en nuestros corazones

el espíritu de hijos adoptivos tuyos,

para que merezcamos gozar, un día,

de la herencia que nos has prometido.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo

por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día,

de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 20, 19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: "La paz sea con vosotros". Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado

por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la II Semana

Antífona de entrada            Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

Oración colecta

Haz, Señor, que nuestra vida toda

sea testimonio vivo

del poder de Cristo resucitado,

que nos ha hecho morir con él al pecado,

para que podamos resucitar con él,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así, entrara luego en su gloria. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la II Semana

Antífona de entrada             Sal 17, 50; 21, 23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, que con la Pascua de tu Hijo

has devuelto al hombre su dignidad perdida

y le has dado la esperanza de la resurrección,

concédenos agradecerte siempre, con amor,

este misterio de fe que estamos celebrando.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos haces participar de tu misma vida divina,

concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto

las verdades que nos has revelado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Cf. Jn 15, 16. 19

Soy yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía,

míranos con bondad y ayúdanos a vencer

nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Jueves de la II Semana

Antífona de entrada              Cf. Sal 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo, y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.

Oración colecta

Concédenos, Padre misericordioso,

que veamos fructificar en nuestra vida

las gracias recibidas durante esta Pascua.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

las ofrendas que te presentamos

y purifica nuestros corazones,

para que podamos participar dignamente

en este sacramento de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno,

que en Cristo resucitado

nos has hecho renacer a la vida eterna,

haz que este misterio pascual,

en el que acabamos de participar

por medio de la Eucaristía,

dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Viernes de la II Semana

Antífona de entrada             Ap 5, 9-10

Señor, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.

Oración colecta

Padre misericordioso,

que para librarnos del poder del enemigo

quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros

el suplicio de la cruz,

concédenos llegar con él a la gloria de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad,

las ofrendas que te presentamos,

y ayúdanos a conservar tu gracia

para alcanzar un día la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Rom 4, 25

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado de la II Semana

Antífona de entrada              1  Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que te has dignado redimirnos

y has querido hacernos hijos tuyos,

míranos siempre con amor de Padre

y haz que, cuantos creemos en Cristo,

obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado para el sacrificio eucarístico

y transforma toda nuestra vida

en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 17, 24

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía,

que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya

y en la cual hemos participado,

nos una cada vez más

con el vinculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

III DOMINGO DE PASCUA

Antífona de entrada             Sal 65, 1-2

Aclamad al Señor, habitantes todos de la tierra, cantad un himno a su nombre, dadle gracias y alabadlo. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que nos has renovado en el espíritu

al devolvernos la dignidad de hijos tuyos,

concédenos aguardar, llenos de júbilo y esperanza,

el día glorioso de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Año A:                                                                                                          Lc 24, 35

Al atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor cuando partió el pan. Aleluya.

Año B:                                                                                                      Lc 24, 46-47

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y que, en su nombre, se exhortara a todos los pueblos al arrepentimiento para el perdón de los pecados. Aleluya.

Año C:                                                                                                Cf. Jn 21, 12-13

Dijo Jesús a sus discípulos: Venid y comed. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad a estos hijos tuyos

que has renovado por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterna de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la III Semana

Antífona de entrada

Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que iluminas a los extraviados

con la luz de tu Evangelio

para que vuelvan al camino de la verdad,

concede a cuantos nos llamamos cristianos,

imitar fielmente a Cristo

y rechazar lo que pueda alejarnos de Él,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

las ofrendas que te presentamos,

y purifica nuestros corazones,

para que podamos participar dignamente

en este sacramento de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 14, 27

La paz os dejo, mi paz os doy; pero yo no os la doy como la da el mundo, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno,

que en Cristo resucitado

nos has hecho renacer a la vida eterna,

haz que este misterio pascual,

en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía,

dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la III Semana

Antífona de entrada            Ap 19, 5; 12, 10

Alabemos a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro,

que abres las puertas de tu Reino

a quienes renacen del agua y del Espíritu Santo,

haz fructificar en nosotros la gracia del bautismo

para que, libres de toda culpa,

podamos alcanzar la herencia que nos has prometido.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo

por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día,

de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Rom 6, 8

Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con él; ésta es nuestra fe. Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado

por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la III Semana

Antífona de entrada           Sal 70, 8. 23

Que mi boca, Señor, se llene de alabanzas para poder cantarte; entonces mis labios se estremecerán de júbilo. Aleluya.

Oración colecta

Ayuda, Señor, con generosidad,

a estos hijos tuyos

a quienes has concedido el don de la fe,

para que puedan, un día, alcanzar la felicidad eterna

con tu Hijo resucitado,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

El Señor que nos redimió con su sangre,

ha resucitado

y ha hecho resplandecer su luz sobre nosotros. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Jueves de la III Semana

Antífona de entrada              Ex 15, 1-2

Cantemos al Señor, pues su victoria es grande. Alabemos al Señor, porque él es nuestra fortaleza y salvación. Aleluya.

Oración colecta

Señor, muéstranos siempre ese amor

que en estos días de Pascua

nos has revelado con mayor claridad,

y concédenos que, libres del error y del pecado,

sigamos con fidelidad tus enseñanzas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones,

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos haces participar de tu misma vida divina,

concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto

las verdades que nos has revelado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión      2 Cor 5, 15

Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía,

míranos con bondad

y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Viernes de la III Semana

Antífona de entrada            Ap 5, 12

Digno es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya.

Oración colecta

Dios todopoderoso,

que nos has dado la gracia de conocer

la resurrección de tu Hijo,

haz que resucitemos a una vida nueva

por medio de tu Espíritu de amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado

para el sacrificio eucarístico,

y transforma toda nuestra vida

en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Cristo, que murió en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía

que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya

y en la cual hemos participado,

nos una cada vez mas

con el vínculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado de la III Semana

Antífona de entrada              Col 2, 12

Por el bautismo, habéis sido sepultados con Cristo y con él habéis sido resucitados, porque habéis creído en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, que por medio del bautismo

haces participar de la vida de Cristo

a los que creen en ti,

protégenos de los engaños del enemigo,

para que podamos conservar fielmente el don de tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, en tu bondad,

los dones que te presentamos

y concédenos tu protección para conservar tu gracia

y conseguir la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Jn 17, 20-21

Padre, te ruego por aquellos que creerán en mí, para que sean uno en nosotros y el mundo pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

IV DOMINGO DE PASCUA

Antífona de entrada             Sal 32, 5-6

Alabemos al Señor llenos de gozo, porque la tierra está llena de su amor y su palabra hizo los cielos. Aleluya.

Oración colecta

Dios omnipotente y misericordioso,

guíanos a la felicidad eterna de tu Reino,

a fin de que el pequeño rebaño de tu Hijo

pueda llegar seguro

a donde ya está su Pastor, resucitado,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas, y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Vela, Señor, con solicitud, por las ovejas

que rescataste con la Sangre preciosa de tu Hijo,

para que puedan alcanzar, un día,

la felicidad eterna de tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la IV Semana

Antífona de entrada             Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro,

que por medio de la muerte de tu Hijo

has redimido al mundo de la esclavitud del pecado,

concédenos participar ahora de la santa alegría pascual

y, después en el cielo, de la felicidad eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo

por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día,

de la felicidad eterna.

Por Cristo nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Jn  20,19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: "La paz sea con vosotros". Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor,

con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la IV Semana

Antífona de entrada            Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

Oración colecta

Dios Padre todopoderoso,

concede a quienes celebramos

la resurrección de Cristo,

vivir plenamente la alegría

de nuestra salvación.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así entrara luego en su gloria. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la IV Semana

Antífona de entrada            Sal 17, 50; 12, 23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, vida de los creyentes,

gloria de los humildes, felicidad de los justos,

escucha nuestras súplicas

y sacia, con la abundancia de tus dones,

la sed de quienes esperamos en tus promesas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,