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PROPIO DEL TIEMPO

 

 

ADVIENTO

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TIEMPO DE ADVIENTO

Dominus prope est

 

Primera semana

D-L-M-X-J-V-S

Segunda semana

D-L-M-X-J-V-S

Tercera semana

D-L-M-X-J-V

Cuarta semana

D

Ferias

17-18-19-20-21-22-23-24

 

 

I DOMINGO DE ADVIENTO

Antífona de entrada            Sal 24, 1-3

A ti, Señor levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan defraudados.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Señor, despierta en nosotros el deseo

de prepararnos a la venida de Cristo

con la práctica de las obras de misericordia

para que, puestos a su derecha el día del juicio,

podamos entrar al Reino de los cielos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Sal 84, 13

El Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la I Semana

Antífona de entrada            Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo".

Oración colecta

Concédenos, Señor Dios nuestro

permanecer alerta a la venida de tu Hijo Jesucristo,

para que cuando venga y llame,

nos encuentre velando en oración

y entonándole alabanzas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la I Semana

Antífona de entrada           Cf. Zac 14, 5. 7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro

acoge favorablemente nuestras súplicas

y concédenos tu ayuda en las tribulaciones

para que, reanimados con la venida de tu Hijo,

ya cercana,

no volvamos a mancharnos con el pecado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión         2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida, a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la I Semana

Antífona de entrada           Cf. Hab 2, 3; 1  Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes, ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones.

Oración colecta

Que tu gracia, Señor, prepare nuestros corazones

para que, cuando venga tu Hijo Jesucristo,

nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa

y de recibir de sus propias manos

el pan del cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre,

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros

tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la I Semana

Antífona de entrada              Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre.

Oración colecta

Muestra, Señor, tu poder y ven en nuestra ayuda

para que la abundancia de tu misericordia

apresure el momento de la salvación

que nuestros pecados han retardado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión      Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la I Semana

Antífona de entrada

He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna.

Oración colecta

Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros,

para que nos protejas y nos salves

de los peligros que nos amenazan

a causa de nuestros pecados.

Tú que vives y reinas con el Padre

en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la I Semana

Antífona de entrada           Sal 79, 4. 2

Ven, Señor, muéstranos tu rostro y nos salvaremos.

Oración colecta

Tu que para librarnos del pecado

enviaste a este mundo a tu Hijo unigénito,

concédenos, Señor,

a cuantos esperamos sinceramente su venida,

la gracia de tu misericordia

y el don de la verdadera libertad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión         Ap 22, 12

Pronto vendré y traeré conmigo la recompensa, dice el Señor, y daré a cada uno según sus obras.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

II DOMINGO DE ADVIENTO

Antífona de entrada            Cf.  Is 30, 19.30

Pueblo de Sión, mira que el Señor va a venir para salvar a todos los hombres y dejará oír la majestad de su voz para alegría de vuestro corazón.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Que nuestras responsabilidades terrenas

no nos impidan, Señor,

prepararnos a la venida de tu Hijo,

y que la sabiduría que viene del cielo,

nos disponga a recibirlo

y a participar de su propia vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Bar 5, 5; 4, 36

Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, para que contemples la alegría que te viene de Dios.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la II Semana

Antífona de entrada             Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo".

Oración colecta

Escucha, Señor, nuestras plegarias

y ayúdanos a prepararnos a celebrar

con verdadera fe y pureza de corazón

el gran misterio de la encarnación de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la II Semana

Antífona de entrada             Cf. Zac 14, 5. 7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz.

Oración colecta

Señor y Dios nuestro,

que has hecho llegar

a todos los rincones de la tierra

la buena nueva de la venida del salvador,

concédenos esperar con sincera alegría

las fiestas con que celebramos

el día de su nacimiento.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión          2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la II Semana

Antífona de entrada             Cf. Hab 2, 3; 1  Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones.

Oración colecta

No permitas; Padre todopoderoso,

que quienes esperamos

la llegada consoladora de nuestro salvador

desfallezcamos en la tarea,

que tú nos has encomendado,

de prepararnos a su venida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre,

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la II Semana

Antífona de entrada            Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre.

Oración colecta

Haz, Señor, que nos decidamos

a preparar los caminos de tu Hijo

y, por el misterio de su venida,

podamos servirte con un corazón limpio.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la II Semana

Antífona de entrada

He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna.

Oración colecta

Concédenos, Padre todopoderoso,

estar siempre preparados a la venida de tu Hijo

para que, cuando él llegue,

podamos salir a su encuentro,

conforme a su palabra,

con nuestras lámparas encendidas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión       Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la II Semana

Antífona de entrada              Sal 79, 4. 2

Ven, Señor, muéstranos tu rostro, y nos salvaremos.

Oración colecta

Concédenos, Padre todopoderoso,

que Cristo, el resplandor de tu gloria,

nazca en nuestros corazones,

para que su venida

disipe las tinieblas del pecado

y ponga de manifiesto que somos hijos de la luz.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión         Ap 22, 12

Pronto vendré y traeré conmigo la recompensa, dice el Señor, y daré a cada uno según sus obras.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

III DOMINGO DE ADVIENTO

 

            En esta dominica "Gaudete", en lugar del color morado, se puede usar el color rosa.

Antífona de entrada             Flp 4, 4. 5

Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Mira, Señor, a tu pueblo

que espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo,

y concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación

con un corazón nuevo

y una inmensa alegría.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión           Is 35, 4

He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la III Semana

Antífona de entrada            Cf. Jer 31, 10; Is 35, 4

Oíd, pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra: "He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo".

Oración colecta

Escucha, Señor, nuestras plegarias

y con la luz de tu Hijo,

que viene a visitarnos,

ilumina las tinieblas de nuestro corazón.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones

y concédenos que esta Eucaristía

que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3

Ven, Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo corazón.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón

en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la III Semana

Antífona de entrada            Cf.  Zac 14, 5.7

Vendrá el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran luz.

Oración colecta

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo

has hecho de nosotros una nueva creatura,

míranos con amor y misericordia,

y, por la venida del Redentor,

borra en nosotros toda huella de pecado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión         2 Tim 4, 8

El Señor, justo juez, dará la corona merecida a todos los que esperan con amor su venida gloriosa.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la III Semana

Antífona de entrada            Cf. Hab 2, 3; 1  Cor 4, 5

Ven, Señor, y no tardes; ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas las naciones.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la ya cercana solemnidad

del nacimiento de tu Hijo,

nos ayude en la vida presente

y nos alcance la eterna felicidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor, que este sacrificio,

signo de nuestra total entrega a ti,

te sea ofrecido siempre,

para que realice la intención que tuviste

al instituir este sacramento,

y lleve a cabo plenamente

en nosotros tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Is 40, 10; Cf. 35, 5

He aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

nos purifique, Señor, de toda mancha

y nos prepare así

a celebrar dignamente la Navidad ya próxima.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la III Semana

 

            Si hoy es 17 de diciembre, se dice la misa propia de este día.

Antífona de entrada             Cf. Sal 118, 151-152

Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio comprendí que tu alianza la estableciste para siempre.

Oración colecta

Con el nacimiento de tu Hijo, que viene a salvarnos,

llena, Señor, de alegría nuestros corazones,

entristecidos por haber pecado

e indignos de tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

que hemos tomado de tus mismos dones,

y concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando,

nos alcance la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Prefacio de Adviento I o III.

 Antífona de comunión           Tit 2, 12-13

Vivamos en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo, nuestro Dios y salvador.

Oración después de la comunión

Por nuestra participación en esta Eucaristía,

enséñanos, Señor,

a no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras,

sino en los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la III Semana

            Si hoy es 17 de diciembre, se dice la misa propia de este día.

Antífona de entrada

He aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la paz y la vida eterna.

Oración colecta

Que tu gracia, Señor,

nos disponga y nos acompañe siempre

a fin de que la venida de tu Hijo,

que esperamos con ardiente deseo,

nos ayude para la vida presente y la vida futura.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que te sean agradables, Señor,

nuestras humildes ofrendas y oraciones,

y que tu misericordia supla

la extrema pobreza de nuestros méritos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento I o III.

Antífona de comunión        Flp 3, 20-21

Esperamos como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo.

Oración después de la comunión

Como fruto de nuestra participación

en este sacramento de vida eterna,

enséñanos, Señor,

a no sobrevalorar las cosas terrenales

y a estimar las del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

IV DOMINGO DE ADVIENTO

Antífona de entrada             Is 45, 8

Destilad, cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros,

que hemos conocido por el anuncio del ángel

la encarnación de tu Hijo,

para que lleguemos, por su pasión y su cruz,

a la gloria de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Que el mismo Espíritu que cubrió con su sombra

y fecundó con su poder

el seno de la Virgen María,

santifique, Señor, estas ofrendas

que hemos depositado sobre tu altar.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión              Is 7, 14

He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel que quiere decir Dios-con-nosotros.

Oración después de la comunión

Tú que nos has dado en este sacramento

la prenda de nuestra salvación,

concédenos, Padre todopoderoso,

prepararnos cada día con mayor fervor

para celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

17 de diciembre

Antífona de entrada            Cf. Is 49, 13

Alégrense los cielos y regocíjese la tierra, porque vendrá el Señor y tendrá misericordia de sus pobres.

Oración colecta

Dios nuestro,

creador y redentor de los hombres,

que quisiste que tu Verbo eterno

tomara carne en el seno de la siempre Virgen María,

escucha nuestras súplicas

y concédenos que tu Hijo,

que ha tomado nuestra naturaleza humana,

nos haga participantes de su naturaleza divina.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Santifica, Señor, los dones de tu Iglesia

y concédenos en esta Eucaristía

el pan del cielo que renueva nuestras fuerzas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión       Cf. Ag 2, 8

He aquí que vendrá el deseado de todas las naciones, y la casa del Señor se llenará de gloria.

Oración después de la comunión

Tú que nos has concedido participar en esta Eucaristía,

enciende, Señor, nuestros corazones

con el fuego de tu Espíritu,

a fin de que podamos brillar, por nuestras buenas obras,

cuando venga Cristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

18 de diciembre

Antífona de entrada

Vendrá Cristo, nuestro Rey, el Cordero cuya venida fue anunciada por Juan.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

vernos libres de la antigua esclavitud del pecado

por el renovado misterio del nacimiento de tu Hijo

que vamos a celebrar.

El cual vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Señor, que el sacrificio que vamos a ofrecerte

nos haga menos indignos de ti,

para que podamos participar de la vida eterna de tu Hijo,

que, al hacerse mortal como nosotros,

nos devolvió la inmortalidad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión       Mt 1, 23

Y le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir: Dios-con-nosotros.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía,

en la que hemos tomado parte,

nos ayude, Señor, a prepararnos

con fe y con amor,

a celebrar las fiestas ya cercanas,

del nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

19 de diciembre

Antífona de entrada            Cf. Heb 10, 37

El que ha de venir, vendrá sin tardanza, y ya no tendremos nada que temer, porque él es nuestro salvador.

Oración colecta

Dios nuestro, que te dignaste manifestar al mundo

el esplendor de tu gloria

por medio del parto de la santísima Virgen María,

concédenos venerar con fe íntegra

y celebrar con sincera piedad

el gran misterio de la encarnación de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad

las ofrendas que te presentamos,

para que tu poder consagre los dones de nuestra pobreza.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión        Lc 1, 78-79

Vendrá a visitarnos de lo alto un sol naciente, Cristo el Señor, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Oración después de la comunión

Te damos gracias, Señor,

por los bienes que nos has dado,

y te rogamos que enciendas en nosotros el deseo

de lo que nos has prometido,

para que, con un espíritu renovado,

podamos celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

20 de diciembre

Antífona de entrada           Cf. Is 11, 1; 40, 5; Lc 3, 6

Un retoño brotará del tronco de Jesé, la gloria del Señor llenará la tierra y toda creatura verá la salvación de Dios.

Oración colecta

A ejemplo de la Virgen Inmaculada

que, al aceptar tu voluntad,

anunciada por el ángel,

recibió en su seno a tu Hijo,

fue llena de la gracia del Espíritu Santo

y se convirtió en templo de la divinidad,

concédenos, Padre todopoderoso,

la gracia de aceptar tus designios

con humildad de corazón.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, el único sacrificio que puede agradarte

y, por nuestra participación en este sacramento,

concédenos los bienes que la fe nos invita a esperar.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión             Lc 1, 31

Dijo el ángel a María: Has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir y a dar a luz un hijo, y será llamado Hijo del Altísimo.

Oración después de la comunión

Protege, Señor, con tu poder

a cuantos has alimentado con esta Eucaristía,

y haz que encuentren en este sacramento

la fuente de la paz verdadera.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

21  de diciembre

Antífona de entrada             Cf. Is 7, 14; 8, 10

Pronto llegará el Señor que domina los pueblos, y será llamado Emmanuel, es decir, Dios-con-nosotros.

Oración colecta

Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo,

que se alegra por la venida de tu Hijo

en nuestra carne mortal;

y concédenos que, cuando vuelva él

revestido de gloria y majestad,

nos llenemos también de alegría

al recibir de sus manos

la recompensa de la vida eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, de tu Iglesia

las ofrendas que tú mismo

has puesto en nuestras manos

y que tu poder convierte en sacramento

de nuestra salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión             Lc 1, 45

Dichosa, tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor.

Oración después de la comunión

Que esta comunión, Señor,

proteja siempre a tu pueblo

a fin de que, entregados plenamente a tu servicio,

alcancemos la salvación del alma y del cuerpo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

22 de diciembre

Antífona de entrada              Sal 23, 7

Puertas, abríos de par en par; agrandaos portones eternos, porque va a entrar el rey de la gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que al ver al hombre caído

y condenado a la muerte,

quisiste rescatarlo con la venida de tu Hijo,

concede a cuantos creemos

en el misterio de su encarnación,

participar algún día de su vida inmortal.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Confiados, Señor, en tu misericordia,

venimos a tu altar con nuestros dones,

a fin de que la celebración de esta Eucaristía

nos purifique de nuestros pecados.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión        Lc 1, 46-49

Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque ha hecho en mí maravillas el todopoderoso.

Oración después de la comunión

Que la recepción de este sacramento

nos dé fuerza, Señor,

para prepararnos a la venida de nuestro salvador

con la práctica de las buenas obras,

y podamos así, alcanzar el premio

de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

23 de diciembre

Antífona de entrada             Cf. Is 9, 6; Sal 71, 17

Un niño nos nacerá y será llamado Dios todopoderoso, en él serán bendecidos todos los pueblos de la tierra.

Oración colecta

Al acercarse las fiestas de la Navidad,

te rogamos, Dios eterno y todopoderoso,

que tu Verbo,

que se hizo carne en el seno de la Virgen María

 y habitó entre nosotros,

nos haga sentir su amor y su misericordia.

Él, que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Que el sacrificio de tu Hijo,

que es el acto de culto más perfecto

que podemos ofrecerte,

nos devuelva, Señor, tu amistad

para que podamos celebrar con un corazón puro

el nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión            Ap 3, 20

Mirad que estoy a la puerta y llamo: dice el Señor; si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.

Oración después de la comunión

A quienes hemos participado de esta Eucaristía,

concédenos, Señor, tu perdón y tu paz,

para que estemos siempre preparados

a recibir dignamente a tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

 

24 de diciembre

En la Misa matutina

Antífona de entrada             Cf. Ga 4, 4

He aquí que llega ya la plenitud de los tiempos, cuando Dios envió a su Hijo a la tierra.

Oración colecta

Apresúrate, Señor Jesús,

no tardes ya,

para que tu venida dé nuevas fuerzas y ánimo

a quienes hemos puesto nuestra confianza

en tu misericordia.

Tú que vives y reinas con el Padre

en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad estas ofrendas,

a fin de que se conviertan en el alimento

que nos libre de nuestros pecados

y prepare nuestros corazones

a la venida gloriosa de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Adviento II o IV.

Antífona de comunión           Lc 1, 68

Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

Oración después de la comunión

Tú que nos has renovado con esta Eucaristía

concédenos Señor,

que el nacimiento adorable de tu Hijo,

que hemos anticipado en la fe,

nos llene de gozo

y nos haga partícipes de los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

TIEMPO DE NAVIDAD

Christus Natus Est Nobis. Venite, Adoremus

 

25 DE DICIEMBRE

Vigilia

Medianoche

Aurora

Día

Octava de Navidad

SAGRADA FAMILIA

29 de diciembre

30 de diciembre

31 de diciembre

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

Ferias de Navidad (desde 2 enero)

Lunes-Martes-Miércoles-Jueves-Viernes-Sábado

Epifanía

EPIFANÍA

BAUTISMO DEL SEÑOR

 

25 de diciembre

 

LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

Solemnidad

 

Misa vespertina de la vigilia

 

Esta misa se dice en la tarde del 24 de diciembre, antes o después de las primeras víspe­ras de la Navidad.

Antífona de entrada           Cf. Ex 16, 6-7

Esta noche sabréis que el Señor vendrá a salvarnos y por la mañana contemplaréis su gloria.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que cada año revives en nosotros

la gozosa esperanza de la salvación,

concédenos que, así como ahora acogemos a tu Hijo,

llenos de júbilo, como a nuestro redentor,

así también cuando venga como juez,

podamos recibirlo llenos de confianza.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor,

iniciar la celebración de las fiestas de la Navidad

con un fervor digno del misterio

que es el principio de nuestra redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar la no­che santa en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión       Cf. Is 40, 5

Se manifestará la gloria del Señor y todo el mundo verá la salvación que viene de nuestro Dios.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor,

sacar nuevas fuerzas de esta celebración anual

del nacimiento de tu Hijo,

que se ha hecho nuestro alimento y bebida

en este sacramento de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Misa de medianoche

Antífona de entrada             Sal 2, 7

El Señor me dijo: Tú eres mi Hijo, hoy te engendré yo.

O bien:

Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro salvador ha nacido en el mundo. Del cielo ha descendido hoy para nosotros la paz verdadera.

Oración colecta

Dios nuestro, que hiciste resplandecer esta noche santísima

con el nacimiento de Cristo, verdadera luz del mundo,

concédenos que, iluminados en la tierra

por la luz de este misterio,

podamos también disfrutar de la gloria de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos

esta noche de Navidad, a fin de que, al recibirlas nosotros

convertidas en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos transformes en él,

en quien nuestra naturaleza está unida a la tuya.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar la no­che santa en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en la noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión        Jn 1, 14

El Verbo se hizo hombre y hemos visto su gloria.

Oración después de la comunión

Tú, Señor, que nos has concedido el gozo

de celebrar esta noche el nacimiento de tu Hijo,

ayúdanos a vivir según su ejemplo

para llegar a compartir algún día con él la gloria de su Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Misa de la aurora

Antífona de entrada              Cf. Is 9, 2. 6; Lc 1, 33

Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor; se le llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Señor, Dios todopoderoso, que has querido iluminarnos

con la luz nueva de tu Verbo hecho carne,

concédenos que nuestras obras concuerden siempre

con la fe que ha iluminado nuestro espíritu.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas

Que nuestras ofrendas, Señor,

sean dignas del misterio de Navidad

que estamos celebrando,

para que tú, que nos has revelado a Jesucristo,

verdadero Dios y verdadero hombre,

nos hagas participar, por este pan y este vino,

de su vida inmortal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión        Cf. Zac 9, 9

¡Salta de alegría, hija de Sión! ¡Lanza gritos de gozo, hija de Jerusalén! He aquí que viene tu Rey, el Santo, el Salvador del mundo.

Oración después de la comunión

Dios nuestro, que nos has reunido para celebrar,

llenos de júbilo, el nacimiento de tu Hijo,

concédenos penetrar con fe profunda en este misterio

y encontrar en él la fuente de un amor cada vez más generoso.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Misa del día

Antífona de entrada             Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se le llamará Ángel del Gran Consejo.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro,

que de modo admirable creaste al hombre

a tu imagen y semejanza, y de modo más admirable

lo elevaste con el nacimiento de tu Hijo,

concédenos participar de la vida divina de aquél

que ha querido participar de nuestra humanidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, en la fiesta solemne de la Navidad,

esta ofrenda que nos reconcilia contigo

de un modo perfecto,

y encierra en sí la plenitud del culto

que los hombres podemos tributarte.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión           Sal 97, 3

Sobre toda la superficie de la tierra se ha contemplado la salvación que viene de nuestro Dios.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios misericordioso,

que el salvador del mundo, que hoy nos ha nacido

para comunicarnos su vida divina,

nos dé también el don de su inmortalidad..

El cual vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

Domingo dentro de la octava de Navidad

o, si no hay domingo dentro de la octava, el día 30 de diciembre.

 

LA SAGRADA FAMILIA:

JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

Fiesta

Antífona de entrada               Lc 2, 16

Fueron los pastores a toda prisa y encontraron a María y a José y, recostado en un pesebre, al niño.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Señor y Dios nuestro,

tú que nos has dado en la Sagrada Familia de tu Hijo,

el modelo perfecto para nuestras familias,

concédenos practicar sus virtudes domésticas

y estar unidos por los lazos de tu amor,

para que podamos ir a gozar con ella eternamente

de la alegría de tu casa.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Cuando esta fiesta se celebra en domingo, se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación

y por intercesión de la Virgen Madre de Dios y de san José,

concede a nuestras familias, vivir siempre en tu amistad y en tu paz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión         Bar 3, 38

Nuestro Dios apareció en el mundo y convivió con los hombres.

Oración después de la comunión

Padre lleno de amor,

concede a los que acabamos de alimentarnos

con este sacramento celestial,

imitar siempre los ejemplos de la Sagrada Familia,

para que, después de las pruebas de esta vida,

podamos gozar eternamente con ellos en el cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

 

 

 

 

Los formularios para las misas de los días 26, 28 y 28 de diciembre, que caen en la octava de Navidad, se toman del Propio de los santos.

 

 

 

 

 

 

 

 

29 de diciembre

Quinto día dentro de la octava de Navidad

Antífona de entrada            Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él, no perezca, sino que tenga vida eterna.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que con la venida de tu Hijo, luz verdadera,

has disipado las tinieblas del mundo,

míranos con amor y ayúdanos a celebrar

con cantos y alabanzas

la gloria del nacimiento de tu Hijo,

que vive y reina contigo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas

que te presentamos para esta Eucaristía,

en la que se realiza un glorioso intercambio,

a fin de que, al ofrecerte tus propios dones,

podamos recibirte a ti mismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión               Lc 1, 78

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos ha visitado Cristo, el Sol que nace de lo alto.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso

que la gracia de estos sacramentos

fortalezca cada día más nuestra vida cristiana.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

 

30 de diciembre

Sexto día dentro de la octava de Navidad

 

            Si no hay ningún domingo dentro de la octava de Navidad, este día se celebra la fiesta de la Sagrada Familia.

Antífona de entrada            Sb 18, 14-15

Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu Palabra omnipotente, Señor, descendió de los cielos, desde tu trono real.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso,

que el nacimiento de tu Hijo en nuestra carne mortal,

nos libre de la antigua esclavitud

a la que nos sometió el pecado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo

y concédenos que, las realidades que creemos por la fe,

las consigamos por este sacramento celestial.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

Antífona de comunión           Jn 1, 16

De su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia.

Oración después de la comunión

Señor Dios,

que nos unes a ti por la participación de este sacramento,

concédenos obtener toda su eficacia

para que así,

la recepción de este don tuyo,

nos haga más dignos de seguirlo recibiendo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

31  de diciembre

Séptimo día dentro de la octava de Navidad

Antífona de entrada              Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre sus hombros y se le llamará Ángel del Gran Consejo.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que has querido que todo esfuerzo del hombre

por ir a tu encuentro tenga su origen y su plenitud

en el nacimiento de tu Hijo, concédenos contarnos siempre

entre el número de los que siguen a Cristo,

en quien está la salvación de todo el género humano.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Señor y Dios nuestro, que infundes en nosotros

los sentimientos de la verdadera adoración

y nos impulsas a vivir en plena concordia

con nuestros prójimos, concédenos poder tributarte

con estas ofrendas el culto que te es debido

y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos,

por la participación en este sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión          1  Jn 4, 9

Dios envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él.

Oración después de la comunión

Que tu pueblo, Señor, al que jamás has dejado de tu mano,

experimente tu ayuda presente y futura

a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios,

pueda buscar con mayor confianza los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

1 de enero

Octava de Navidad

SOLEMNIDAD DE SANTA MARIA,

MADRE DE DIOS

Antífona de entrada              Sedulio

Te aclamamos santa Madre de Dios, porque has dado a luz al rey que gobierna cielo y tierra por los siglos de los siglos.

O bien:               Cf. Is 9, 2. 6; Lc 1, 33

Hoy brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor y se le llamará Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no tendrá fin.

Oración colecta

Señor Dios, que por la fecunda virginidad de María

diste al género humano el don de la salvación eterna,

concédenos sentir la intercesión de aquélla

por quien recibimos al autor de la vida, Jesucristo, Señor nuestro,

que vive y reina contigo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Señor, tú que eres el origen de todos los bienes

quien los lleva a su pleno desarrollo,

concede a quienes celebramos en la Virgen María, Madre de Dios,

las primicias de nuestra redención,

alcanzar la plenitud de sus frutos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de santa María virgen I: en la solemnidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen María, conservando intac­ta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión        Heb 13, 8

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos.

Oración después de la comunión

Señor, que estos sacramentos celestiales

que hemos recibido con alegría,

sean fuente de vida eterna para nosotros,

que nos gloriamos de proclamar a la siempre Virgen María

como Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

DOMINGO II DESPUÉS DE NAVIDAD

            Esta misa no se celebra en el Perú, en su lugar se celebra la Epifanía del Señor

Antífona de entrada              Sb 18, 14-15

Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu Palabra omnipotente Señor, descendió de los cielos, desde tu trono real.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

luz de los que creen en ti,

dígnate llenar el mundo con tu gloria

y manifestarte a todos los pueblos

por el esplendor de tu verdad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Santifica, Señor, estas ofrendas,

en virtud del nacimiento de tu Hijo,

por el cual nos revelas el camino de la verdad

y nos prometes la vida del Reino de los cielos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad I – II – III.

Antífona de comunión        Jn 1, 12

A todos los que lo recibieron, les dio el poder para llegar a ser hijos de Dios

Oración después de la comunión

Señor, Dios nuestro, te pedimos humildemente

que el sacramento que acabamos de recibir,

nos purifique de nuestras faltas

y haga que se realicen nuestros legítimos deseos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

6 de enero

LA EPIFANIA DEL SEÑOR

Solemnidad

Donde la Epifanía no es fiesta de precepto, se celebra el domingo comprendido entre el 2 y el 8 de enero.

Antífona de entrada               Cf. Mal 3, 1; 1  Cro 19, 12

Mirad que ya viene el Señor de los ejércitos; en su mano están el reino y la potestad y el imperio.

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella,

diste a conocer en este día, a todos los pueblos

el nacimiento de tu Hijo,

concede a los que ya te conocemos por la fe,

llegar a contemplar, cara a cara,

la hermosura de tu inmensa gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad los dones de tu Iglesia,

que no consisten ya en oro, incienso y mirra,

sino en tu mismo Hijo, Jesucristo,

que, bajo las apariencias de pan y de vino,

va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento

y que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Epifanía.

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne, hecho hombre como nosotros, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Ma­dre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

 

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día santo en tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne; *

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el día santo en tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne. †

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión            Cf. Mt 2, 2

Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor.

Oración después de la comunión

Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre

para que comprendamos cada día más

este sacramento en el que hemos participado

y podamos recibirlo con mayor amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

FERIAS DEL TIEMPO DE NAVIDAD

Desde el 2 de enero,

hasta el sábado anterior a la fiesta del Bautismo del Señor

            Estas misas se utilizan en los días asignados, cambiando la colecta según se indica.

 

Lunes

Antífona de entrada

Un día sagrado ha amanecido para nosotros. Venid, pueblos, y adorad al Señor, porque una gran luz ha descendido sobre la tierra.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Concede, Señor, a tu pueblo

creer y proclamar con fe inquebrantable

que Cristo, verdadero Dios como tú,

se hizo verdadero hombre como nosotros

en el seno de la Virgen María, a fin de que, por este misterio,

nos veamos libres de los males de esta vida

y alcancemos los gozos eternos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Que el esplendor de tu gloria

ilumine, Señor, nuestros corazones

para que, a través de las tinieblas de este mundo

podamos llegar a la patria de la eterna claridad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas

que te presentamos para esta Eucaristía

en la que se realiza un glorioso intercambio,

a fin de que, al ofrecerte tus propios dones,

podamos recibirte a ti mismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión             Jn 1, 14

Hemos contemplado su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la gracia de estos sacramentos

fortalezca cada día más

nuestra vida cristiana.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes

Antífona de entrada               Sal 117, 26-27

Bendito el que viene en el nombre del Señor. El Señor es Dios, él nos ilumina.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Padre celestial,

tú que por el nacimiento virginal de tu Hijo

quisiste que fuera semejante a nosotros en todo,

menos en el pecado,

concede a cuantos en Cristo hemos renacido a la vida nueva,

vernos libres de nuestras antiguas miserias.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Señor que tu Hijo,

que quiso hacerse semejante a nosotros

para manifestársenos,

nos vaya haciendo, cada día, más semejantes a él,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo

y concédenos que, las realidades que creemos por la fe,

las consigamos por este sacramento celestial.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión        Ef 2, 4; Rom 8, 3

Por el gran amor con que nos amó, Dios envió a su propio Hijo a compartir nuestra condición humana en todo, menos en el pecado.

Oración después de la comunión

Señor Dios,

que nos unes a ti por la participación

de este sacramento,

concédenos obtener toda su eficacia

para que así, la recepción de este don tuyo

nos haga más dignos de seguirlo recibiendo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles

Antífona de entrada            Is 9, 2

El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz intensa. Sobre los que vivían en tierra de sombras, brilló una luz.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Dios todopoderoso,

que el salvador, venido del cielo como luz nueva

para redimir al mundo,

ilumine nuestros corazones y los renueve continuamente.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro, luz del mundo,

concede una paz estable a todos los pueblos de la tierra,

y haz que aquella luz resplandeciente

que condujo a los Magos al conocimiento de tu Hijo,

ilumine también nuestros corazones.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Señor y Dios nuestro,

que infundes en nosotros

los sentimientos de la verdadera adoración

y nos impulsas a vivir en plena concordia

con nuestros prójimos,

concédenos poder tributarte con estas ofrendas

el culto que te es debido

y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos,

por la participación en este sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión        1  Jn 1, 2

La Vida eterna, que estaba junto al Padre, se manifestó a nosotros y nosotros la hemos visto.

Oración después de la comunión

Que tu pueblo, Señor,

al que jamás has dejado de tu mano,

experimente tu ayuda presente y futura

a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios

pueda buscar con mayor confianza

los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves

Antífona de entrada             Cf. Jn 1, 1

En el principio y antes de todos los siglos, el que es la Palabra era Dios, el mismo que luego se dignó nacer como salvador del mundo.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro,

que iniciaste admirablemente la obra de la redención

con el nacimiento de tu Hijo,

fortalece en nosotros la fe,

para que siguiendo sus enseñanzas,

podamos alcanzar la prometida recompensa de la gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Señor, Dios nuestro, que por medio de tu Hijo

has hecho brillar la luz eterna de tu divinidad

ante todas las naciones,

haz que tu pueblo descubra plenamente

el misterio de Cristo, su redentor,

para que, en virtud de este misterio,

pueda llegar a gozar de aquella luz que no tiene ocaso

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas,

que te presentamos para esta Eucaristía,

en la que se realiza un glorioso intercambio,

a fin de que, al ofrecerte tus propios dones,

podamos recibirte a ti mismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión        Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la gracia de estos sacramentos

fortalezca cada día más nuestra vida cristiana.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes

Antífona de entrada              Sal 111, 4

Una luz se levanta en las tinieblas para los hombres de corazón recto: el Dios clemente, justo y compasivo.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Ilumina, Señor, a tus hijos,

y haz arder nuestros corazones

con el esplendor de tu gloria,

para que conozcamos cada vez más a nuestro salvador

y podamos amarlo e imitarlo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Concédenos, Dios todopoderoso,

que el nacimiento del salvador del mundo,

manifestado a los Magos por medio de una estrella,

sea comprendido por nosotros

cada vez con mayor profundidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo

y concédenos que, las realidades que creemos por la fe,

las consigamos por este sacramento celestial.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión        1  Jn 4, 9

Dios envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él.

Oración después de la comunión

Señor Dios,

que nos unes a ti por la participación de este sacramento,

concédenos obtener toda su eficacia

para que así, la recepción de este don tuyo

nos haga más dignos de seguirlo recibiendo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado

Antífona de entrada            Gal 4, 4-5

Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos la dignidad de hijos adoptivos.

Oración colecta

Antes de la solemnidad de Epifanía:

Dios todopoderoso y eterno

que con la venida de tu Hijo

has hecho resplandecer sobre el mundo una luz nueva,

concédenos, que así como Jesucristo,

al nacer de la Virgen María,

ha querido compartir nuestra condición humana,

así también nosotros lleguemos a compartir en su Reino

la gloria de su divinidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Después de la solemnidad de Epifanía:

Dios todopoderoso y eterno,

que, por medio de tu Hijo, nos has hecho renacer para ti,

concédenos que tu gracia

nos modele a imagen de Jesucristo

en quien nuestra naturaleza humana está unida a la tuya.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Señor y Dios nuestro,

que infundes en nosotros

los sentimientos de la verdadera adoración

y nos impulsas a vivir en plena concordia

con nuestros prójimos,

concédenos poder tributarte con estas ofrendas

el culto que te es debido

y estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos,

por la participación en este sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de Epifanía, o de Navidad.

Antífona de comunión       Jn 1, 16

De su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia.

Oración después de la comunión

Que tu pueblo, Señor,

al que jamás has dejado de tu mano,

experimente tu ayuda presente y futura

a fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios,

pueda buscar con mayor confianza

los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Domingo después del 6 de enero

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Fiesta

En aquellos lugares donde la solemnidad de la Epifanía del Señor se celebra el domingo que ocurre entre los días 2 y 8 de enero, si el domingo después del 6 de enero es el día 7 o el 8, en él se celebra la solemnidad de la Epifanía del Señor; en este caso, la fiesta del Bautismo del Señor se traslada al lunes siguiente.

Antífona de entrada              Cf. Mt 3, 16-17

Inmediatamente después de que Jesús se bautizó, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo se posó sobre él en forma de paloma, y resonó la voz del Padre que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor”.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que proclamaste solemnemente

que Cristo era tu Hijo amado

cuando fue bautizado en el Jordán

y descendió el Espíritu Santo sobre él,

concede a tus hijos adoptivos, renacidos del agua y del Espíritu,

perseverar siempre fieles en el cumplimiento de tu voluntad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:

Concédenos, Señor, que tu Hijo,

que quiso hacerse semejante a nosotros para manifestársenos,

nos vaya haciendo, cada día, más semejantes a él,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

al conmemorar el Bautismo

y manifestación de tu Hijo amado,

y conviértelos en aquel mismo sacrificio

con el que Cristo lavó misericordiosamente los pecados del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Porque quisiste rodear el bautismo de tu Hijo en el Jordán

de signos admirables

para que, mediante aquella voz, venida del cielo,

creyéramos que tu Verbo

se encontraba presente entre los hombres

y por el Espíritu, que descendió en forma de paloma,

se manifestara que Cristo, tu Hijo,

era ungido con el óleo de la alegría

y enviado a evangelizar a los pobres.

 

Por eso, a una con los espíritus celestes

te alabamos constantemente en la tierra

diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión       Jn 1, 32. 34

Este es aquél de quien Juan decía: Yo lo he visto y doy testimonio de que es el Hijo de Dios.

Oración después de la comunión

A cuantos hemos participado

del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

concédenos, Señor, escuchar con fe su palabra,

para que así podamos llamarnos hijos tuyos y serlo de verdad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Los días que van desde el lunes después de este domingo hasta el martes antes de co­menzar la Cuaresma, forman parte del tiempo ordinario. Estos días, tanto en las misas de domingo como en las de feria, se utilizan los textos que se proponen en el tiempo ordinario.

 

 

TIEMPO DE CUARESMA

Penitentia agite,  appropinquavit regnum coelorum

 

SEMANA DE CENIZA

M-J-V-S

PRIMERA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

SEGUNDA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

TERCERA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

CUARTA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

QUINTA SEMANA

D-L-M-X-J-V-S

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MIÉRCOLES DE CENIZA

En la misa de este día se bendice y se impone la ceniza hecha de ramas de olivo o de otros árboles, bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior.

Ritos iniciales y liturgia de la palabra

 

Antífona de entrada                                                                       Sb 11, 24-25. 27

Señor, tú tienes misericordia de todos y nunca odias a tus creaturas; borras los pecados de los hombres que se arrepienten y los perdonas, porque tú, Señor, eres nuestro Dios.

Se omite el acto penitencial, que es sustituido por el rito de la imposición de la ceniza.

Oración colecta

Que el día de ayuno

con el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma,

sea el principio de una verdadera conversión a ti,

y que nuestros actos de penitencia

nos ayuden a vencer el espíritu del mal.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Bendición e imposición de la ceniza

Después de la homilía, el sacerdote, de pie y con las manos juntas, dice:

Hermanos, pidamos humildemente a Dios Padre

que bendiga con su gracia esta ceniza

que, en señal de penitencia,

vamos a imponer sobre nuestras cabezas.

Y después de un breve momento de oración en silencio, prosigue:

Señor Dios, que te apiadas de quienes se humillan

y concedes tu paz a los que se arrepienten,

escucha con bondad nuestras súplicas

y derrama la gracia + de tu bendición

sobre estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza,

para que, fieles a las prácticas cuaresmales

puedan llegar, con un alma purificada,

a celebrar la Pascua de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

R.    Amén.

O bien:

Tú que no quieres la muerte del pecador,

sino su arrepentimiento,

escucha, Señor, con bondad nuestras súplicas

y bendice + esta ceniza

que vamos a imponer sobre nuestra cabeza

en reconocimiento de que somos polvo

y al polvo hemos de volver,

a fin de que el ejercicio de la penitencia cuaresmal

nos obtenga el perdón de los pecados

y una vida nueva a imagen de tu Hijo resucitado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.    Amén.

Y rocía la ceniza con agua bendita, sin decir nada.

En seguida, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan a él, y dice a cada uno:

Arrepiéntete y cree en el Evangelio.            Mc 1, 15

O bien:                    Cf. Gen 3, 19

Acuérdate de que eres polvo    

y al polvo has de volver

Mientras tanto, se entona un canto apropiado o alguna de las antífonas.

Antífona                                                                                                   Cf. Joel 2, 13

Renovemos nuestra vida con un espíritu de humildad y penitencia; ayunemos y lloremos delante del Señor, porque la misericordia de nuestro Dios está siempre dispuesta a perdonar nuestros pecados.

Otra antífona                                                                              Joel 2, 17; Est 13, 17

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, y no cierres la boca de aquellos que te alaban.

Otra antífona                                                                                                  Sal 50, 3

Borra, Señor, mis pecados.

Esta antífona puede repetirse después de cada verso del Salmo 50, Misericordia, Dios mío.

Responsorio                                                                               Cf. Bar 3, 2; Sal 78, 9

Renovémonos y reparemos los males que por ignorancia hemos cometido; no sea que, sorprendidos por el día de la muerte, busquemos, sin poder encontrarlo, el tiempo de hacer penitencia.

* Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

V. Ven en nuestra ayuda, Dios salvador nuestro; por el honor de tu nombre, líbranos, Señor.

* Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti.

Puede cantarse también otro canto apropiado

Terminada la imposición de la ceniza, el sacerdote se lava las manos. La ceremonia termina con la oración universal o de los fieles.

No se dice Credo.

 

Liturgia eucarística

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio

con el que iniciamos solemnemente la Cuaresma,

y concédenos que por medio

de las obras de caridad y penitencia,

venzamos nuestros vicios

y, libres de pecado,

podamos unirnos mejor a la pasión de tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio de Cuaresma III o IV.

Antífona de comunión                                  Sal 1, 2-3

El que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto a su tiempo.

Oración después de la comunión

Que esta comunión abra, Señor,

nuestro corazón a la justicia y a la caridad,

para que observemos el único ayuno que tú quieres

y que conduce a nuestra salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

La bendición e imposición de la ceniza pueden hacerse también sin misa. En este caso, conviene celebrar antes la liturgia de la Palabra, usando el canto de entrada, la oración colecta y las lecturas con sus cánticos, como en la misa. Enseguida se tienen la homilía y la bendición e imposición de la ceniza. La ceremonia se termina con la oración uni­versal.

 

 

Jueves después de Ceniza

Antífona de entrada            Cf. Sal 54, 17-20. 23

Clamé al Señor, y escuchó mi voz y me libró de los que me atacaban. Encomienda a Dios tus afanes y él te sustentará.

Oración colecta

Inspira, Señor, nuestras acciones

y dirígelas con tu gracia,

para que todo cuanto emprendamos

lo iniciemos en tu nombre

y podamos llevarlo a término por tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad

estas ofrendas que te presentamos,

para que nos alcancen tu perdón,

y den gloria a tu nombre.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 50, 12

Señor, crea en mí un corazón puro, y renueva en mi interior un espíritu firme.

Oración después de la comunión

Señor, que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

que hemos recibido en esta comunión,

sean para nosotros

fuente de perdón, de santidad y de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes después de Ceniza

Antífona de entrada      Sal 29, 11

El Señor me escuchó, tuvo piedad de mí y ha venido en mi ayuda.

Oración colecta

Concédenos, Señor, tu gracia

durante estos días de penitencia cuaresmal,

para que a nuestras prácticas externas

corresponda una verdadera renovación del espíritu.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

Oración sobre las ofrendas

Señor, que el sacrificio que te ofrecemos

en este tiempo de preparación para la Pascua

nos haga agradables a tus ojos

y más generosos en la práctica de la penitencia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Sal 24, 4

Señor, enséñame tus caminos, dime cuáles son tus senderos.

Oración después de la comunión

Que nuestra participación en este sacramento

nos libre, Señor, de todas nuestras culpas

y nos obtenga de tu misericordia

la conversión de nuestro espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado después de Ceniza

Antífona de entrada           Sal 68, 17

Escúchanos, Señor, pues eres bueno y míranos conforme a tu bondad infinita.

Oración colecta

Dios eterno y todopoderoso,

mira compasivo nuestra debilidad,

'y extiende tu mano para protegernos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio de

reconciliación y de alabanza

que vamos a ofrecerte,

nos purifique, Señor y nos renueve,

para que todos nuestros pensamientos y acciones

se apeguen a tu voluntad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Mt 9, 13

Misericordia quiero y no sacrificios, dice el Señor; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Oración después de la comunión

Señor, que este sacramento que hemos recibido,

y que es fuente de vida para tu Iglesia,

sea para nosotros

prenda segura de salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

I DOMINGO DE CUARESMA

Antífona de entrada            Sal 90, 15-16

Me invocará y yo lo escucharé; lo libraré y lo glorificaré; prolongaré los días de su vida.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso,

que las prácticas anuales

propias de la Cuaresma

nos ayuden a progresar

en el conocimiento de Cristo

y a llevar una vida más cristiana.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor,

que estos dones que vamos a ofrecerte,

nos dispongan convenientemente

para el santo tiempo de la Cuaresma,

que estamos iniciando.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

LAS TENTACIONES DEL SEÑOR

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

Por Cristo nuestro Señor.

 

El cual,

al abstenerse durante cuarenta días

de tomar alimento,

inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal

y al rechazar las tentaciones del enemigo

nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;

de este modo,

celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,

podremos pasar un día a la Pascua que no acaba.

 

Por eso,

con los ángeles y santos,

te cantamos el himno de alabanza,

diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión       Mt 4, 4

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios.

O bien:                   Sal 90, 4

El Señor te cubrirá con su protección, bajo sus alas encontrarás refugio.

Oración después de la comunión

Que este pan celestial alimente, Señor, en nosotros la fe,

aumente la esperanza, refuerce la caridad,

y nos enseñe a sentir hambre de Cristo,

que es el pan vivo y verdadero,

y a vivir de toda palabra que proceda de tu boca.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la I Semana

Antífona de entrada                                                                                 Sal 122, 2-3

Así como la esclava en su señora, tiene fijos los ojos, fijos en el Señor están los nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros. Ten piedad de nosotros, ten piedad.

Oración colecta

Conviértenos a ti, Dios salvador nuestro,

y ayúdanos a progresar

en el conocimiento de tu palabra

para que esta Cuaresma

nos sea provechosa.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que estas ofrendas que te presentamos

como signo de nuestra entrega a ti,

santifiquen, Señor, con tu gracia, nuestra vida

y nos obtengan el perdón de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión          Mt 25, 40. 34

En verdad os digo que cuanto hicisteis con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo habéis hecho, dice el Señor. Venid, benditos de mi Padre, y tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor,

encontrar en esta comunión

fuerza para el cuerpo y para el alma

a fin de que, renovados completamente,

podamos gloriamos de la plenitud de tu redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la I Semana

Antífona de entrada                                                                                 Sal 89, 1-2

Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Oración colecta

Mira, Señor, con misericordia a tu pueblo

que en estos días de Cuaresma

usa con moderación de los bienes del cuerpo

y aviva en su espíritu el deseo de poseerte.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor y creador todopoderoso,

los dones que hemos recibido de tu generosidad

y convierte el pan y el vino

que nos has dado para nuestra vida cotidiana

en sacramento de salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 4, 2

Tú, Dios, defensor mío, que me escuchaste cuando te invoqué y me consolaste en la tribulación, ten piedad de mí y escucha mi plegaria.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía nos ayude, Señor,

a moderar las pasiones

y los deseos terrenos

y a buscar tu justicia y tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la I Semana

Antífona de entrada                                                                           Sal 24, 6. 3. 22

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.

Oración colecta

Mira, Señor, con bondad a tu pueblo,

que con fervor desea entregarse más a ti

y concédele que la práctica de las buenas obras

renueve su alma,

ya que con sus privaciones se esfuerza

por dominar su cuerpo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Te presentamos, Señor, este pan y este vino

que tú mismo nos has dado para que te los ofreciéramos,

a fin de que,

al convertirlos tú en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos obtengan la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 5, 12

Que se alegren, Señor, cuantos en ti confían, que se regocijen eternamente porque tú estás con ellos.

Oración después de la comunión

Tú Señor, que no cesas de invitarnos a tu mesa,

concédenos que la recepción de este sacramento

sea para nosotros fuente de vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la I Semana

Antífona de entrada                                                                                  Sal 5, 2-3

Señor, oye mis palabras, escucha mi lamento, haz caso de mi voz suplicante, Rey mío y Dios mío.

Oración colecta

Puesto que sin ti nada podemos,

concédenos, Señor,

luz para distinguir siempre el bien

y valor para ponerlo en práctica,

a fin de que podamos vivir según tu voluntad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta Señor, en tu bondad

ofrendas y súplicas que te presentamos,

y convierte a ti nuestros corazones.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Mt 7, 8

Todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abrirá.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor Dios nuestro,

que el sacramento que nos has dado

como ayuda para nuestra salvación,

nos sirva de auxilio

tanto para esta vida como para la futura.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la I Semana

Antífona de entrada                                                                            Sal 24, 17-18

Sálvame, Señor, de todas mis angustias. Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis pecados.

Oración colecta

Concede, Señor, a tus hijos

prepararse interiormente

a la celebración de la Pascua,

para que la mortificación corporal,

propia de este tiempo,

dé en cada uno de nosotros frutos espirituales.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estas ofrendas

por medio de las cuales

has querido misericordiosamente

devolvernos tu amistad

y darnos la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Ez 33, 11

Tan cierto como que vivo, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

Oración después de la comunión

Que la recepción de tu sacramento

nos renueve, Señor,

y, purificados de toda maldad,

nos haga participar de los bienes de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la I Semana

Antífona de entrada            Sal 18, 8

La ley del Señor es perfecta y reconforta el corazón; el testimonio del Señor es veraz

y vuelve sabios a los sencillos.

Oración colecta

Señor y Padre eterno,

haz que se conviertan a ti nuestros corazones

a fin de que, viviendo consagrados

enteramente a tu servicio,

te busquemos siempre a ti

y nos dediquemos a la práctica

de las obras de misericordia.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que la celebración de este sacramento

nos purifique, Señor, de nuestras faltas

y nos haga dignos de participar de tu Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Mt 5, 48

Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Ayuda, Señor y reconforta siempre

a estos hijos tuyos,

a quienes has iluminado con tu palabra

y alimentado con tu sacramento.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

II DOMINGO DE CUARESMA

Antífona de entrada            Sal 26, 8-9

De ti mi corazón me habla diciendo: "Busca su rostro". Tu rostro estoy buscando, Señor; no me lo escondas.

O bien:                                                                                                                      Sal 24, 6. 3. 22

Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Señor, Padre santo,

que nos mandaste escuchar a tu amado Hijo,

alimenta nuestra fe con tu palabra

y purifica los ojos de nuestro espíritu,

para que podamos alegrarnos en la contemplación de tu gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Liturgia de la palabra

 

Oración sobre las ofrendas

Que esta ofrenda, Señor,

nos obtenga el perdón de nuestros pecados y nos santifique en el cuerpo y en el alma para que podamos celebrar dignamente las festividades de la Pascua.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

V.      El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V.      Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.      Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

Por Cristo nuestro Señor.

 

Quien,

después de anunciar su muerte a los discípulos,

les mostró en el monte santo

el esplendor de su gloria,

para testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas,

que la pasión es el camino de la resurrección.

 

Por eso,

como los ángeles te cantan en el cielo,

así nosotros en la tierra te aclamamos,

diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión      Mt 17, 5

Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadlo.

Oración después de la comunión

Te damos gracias, Señor,

porque al darnos en este sacramento

el Cuerpo glorioso de tu Hijo,

nos permites participar ya, desde este mundo,

de los bienes eternos de tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la II Semana

Antífona de entrada            Sal 25, 11-12

Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.  Mi pie se mantiene en el camino recto, en la asamblea bendeciré al Señor.

Oración colecta

Señor, tu que para nuestro progreso espiritual

nos mandas dominar nuestro cuerpo

mediante la austeridad,

ayúdanos a huir también de todo pecado

y a entregarnos, con amor filial,

al cumplimiento de tus mandamientos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, favorablemente nuestras oraciones,

y tú que nos concedes

participar en esta Eucaristía,

líbranos de las seducciones del pecado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Lc 6, 36

Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Señor, que esta comunión

nos purifique de toda culpa

y nos haga partícipes

de las alegrías del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la II Semana

Antífona de entrada            Sal 12,4-5

Da luz a mis ojos, Señor,  para que no caiga en el sueño de la muerte; para que no diga el enemigo: He triunfado sobre él.

Oración colecta

Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia

y ya que sin ti no puede sostenerse

lo que se cimienta en la debilidad humana,

protégela en los peligros

y guíala a la salvación eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio que vamos a ofrecerte,

Señor, nos santifique,

nos cure de nuestro egoísmo

y nos haga participes de los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Sal 9,2-3

Proclamaré, Señor, todas tus maravillas;  me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre,

Dios Altísimo.

Oración después de la comunión

Señor, que esta comunión

nos ayude a vivir más cristianamente

y nos obtenga el auxilio continuo de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la II Semana

Antífona de entrada              Sal 37, 22-23

Señor, no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme. Señor, mi salvador.

Oración colecta

Conserva, Señor, a tu pueblo

en el camino del bien que tú le has señalado,

y ayúdalo en sus necesidades temporales

para que, sin angustias,

pueda buscar los bienes eternos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad

las ofrendas que te presentamos

y por este santo intercambio de dones,

líbranos de la esclavitud del pecado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Mt 20, 28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida para redención de todos.

Oración después de la comunión

Que este sacramento que nos has dado, Señor,

como prenda de inmortalidad,

sea para nosotros una firme ayuda

para alcanzar la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la II Semana

Antífona de entrada            Sal 138, 23-24

Ponme a prueba, Dios mío, y conocerás mi corazón; mira si es que voy por mal camino y condúceme tú por el camino recto.

Oración colecta

Dios nuestro, que amas la inocencia

y la devuelves a quienes la han perdido,

orienta hacia ti nuestros corazones

y enciéndelos en el fuego de tu Espíritu,

para que permanezcamos firmes en la fe

y seamos diligentes en el amor fraterno.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Por este sacrificio eucarístico,

santifica, Señor,

nuestras privaciones cuaresmales,

para que a las prácticas externas

corresponda una verdadera conversión interior.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Sal 118, 1

Dichoso el que, con vida intachable, hace la voluntad del Señor.

Oración después de la comunión

Que la gracia que hemos recibido

en este sacramento

permanezca, Señor, en nosotros

y aumente por nuestras buenas obras.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la II Semana

Antífona de entrada           Sal 30, 2. 5

En ti, Señor, he puesto mi confianza,  que no quede yo defraudado eternamente; sácame de la trampa que me han puesto, pues tú eres mi protector.

Oración colecta

Por medio de nuestras privaciones cuaresmales,

purifícanos, Señor todopoderoso,

a fin de que podamos llegar

con un espíritu nuevo

a las próximas fiestas de la Pascua.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que tu misericordia, Señor,

a nos prepare a celebrar esta Eucaristía

y  vivirla con la fe y con las obras.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       1  Jn 4, 10

Dios nos amó y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados.

Oración después de la comunión

Que este sacramento que hemos recibido,

prenda de la salvación eterna,

nos dé fuerzas, Señor,

para vivir según tus mandamientos

y alcanzar la recompensa prometida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la II Semana

Antífona de entrada            Sal 144, 8-9

El Señor es compasivo y misericordioso, lleno de paciencia y amor; el Señor es bueno con todos y su bondad se extiende a todas sus creaturas.

Oración colecta

Tú, Señor, que por medio de los sacramentos

nos haces partícipes, ya desde este mundo,

de los bienes celestiales,

dirige nuestra vida

y condúcenos a la luz donde habitas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Por medio de este sacrificio

que vamos a ofrecerte,

comunícanos, Señor,

los frutos de la redención

para que nunca se desvíe de ti nuestra vida

y podamos alcanzar los bienes del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Lc 15, 32

Alégrate, hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado.

Oración después de la comunión

Que la gracia de este sacramento

llegue a lo más íntimo de nuestro corazón

os comunique su fuerza divina.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

III DOMINGO DE CUARESMA

 

Cuando en este domingo se tienen los escrutinios preparatorios para el bautismo de adul­tos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.

Antífona de entrada            Sal 24, 15-16

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.

O bien:                         Ez 36, 23-26

Cuando manifieste en vosotros mi santidad, os reuniré de todos los países; derramaré sobre vosotros agua pura y quedaréis purificados de todas vuestras inmundicias y os infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Dios misericordioso, fuente de toda bondad,

que nos has propuesto como remedio del pecado

el ayuno, la oración y las obras de misericordia,

mira con piedad

a quienes reconocemos nuestras miserias

y estamos agobiados por nuestras culpas,

y reconfórtanos con tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Que esta Eucaristía, Señor, nos obtenga

a quienes imploramos tu perdón,

la gracia de saber perdonar a nuestros hermanos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cuando se ha leído el Evangelio de la samaritana, se dice el siguiente:

Prefacio

LA SAMARITANA

V.      El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V.      Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.      Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo nuestro Señor.

 

Quien,

al pedir agua a la samaritana,

ya había infundido en ella la gracia de la fe,

y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer,

fue para encender en ella el fuego del amor divino.

 

Por eso, Señor,

te damos gracias

y proclamamos tu grandeza

cantando con los ángeles.

 

Santo, Santo, Santo...

Cuando no se ha leído el Evangelio de la samaritana, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II.

Antífona de comunión

Cuando se ha leído el Evangelio de la samaritana:       Jn 4, 13-14

El que beba del agua que yo le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en una fuente que salta hasta la vida eterna.

Cuando se ha leído otro Evangelio:    Sal 83, 4-5

El ave ha encontrado un refugio y la tórtola un nido donde poner a sus polluelos. Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.

Oración después de la comunión

Tú que nos has alimentado, ya desde esta vida,

con el pan del cielo, prenda de nuestra salvación,

concédenos, Señor,

manifestar en todos nuestros actos el misterio de tu Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la III Semana

Antífona de entrada                                                                                    Sal 83, 3

Mi alma desfallece y suspira por los atrios del Señor; mi corazón y todo mi ser se han regocijado en el Dios vivo.

Oración colecta

Señor, que tu continua misericordia

purifique a tu Iglesia y la proteja;

y ya que sin ti no puede encontrar la salvación,

dirígela siempre con tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, esta ofrenda que te presentamos

como signo de nuestra entrega a ti

y conviértela en el sacramento

que ha de darnos la salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 116, 1-2

Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos, porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre.

Oración después de la comunión

Que el sacramento que hemos recibido

nos purifique, Señor,

y realice nuestra unidad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la III Semana

Antífona de entrada                                                                                Sal 16, 6. 8

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y escucha mis palabras. Cuídame como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas.

Oración colecta

Que tu gracia, Señor, nos acompañe,

para que nos impulse

a entregarnos a tu servicio

y nos obtenga siempre tu ayuda.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio que vamos a ofrecerte

nos purifique, Señor, de nuestros pecados

y nos obtenga la ayuda de tu poder.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Sal 14, 1-2

Señor ¿quién puede hospedarse en tu casa y descansar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia.

Oración después de la comunión

Que nuestra participación en este misterio,

renueve, Señor, toda nuestra vida

y nos alcance tu perdón y tu ayuda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la III Semana

Antífona de entrada             Sal 118, 133

Haz, Señor, que siga con firmeza tu palabra, para que no se apodere de mí ningún pecado.

Oración colecta

Te pedimos, Señor,

que purificados por las prácticas cuaresmales

y alimentados con tu palabra,

podamos entregarnos enteramente a tu servicio

y perseverar unidos en la oración.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta Señor,

ofrendas y oraciones que te presentamos

y protege de todo mal

a quienes celebramos tu Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 15, 11

Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.

Oración después de la comunión

Santifícanos, Señor,

con el pan del cielo que acabamos de recibir

para que, libres de nuestras faltas,

podamos alcanzar tus promesas eternas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la III Semana

Antífona de entrada

Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier tribulación en que me llamen y seré siempre su Dios.

Oración colecta

Te pedimos, Señor, humildemente,

que conforme se acerca

la fiesta de nuestra redención,

crezca en nosotros el fervor

para celebrar santamente la Pascua de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Preserva, Señor, a tu pueblo de toda maldad

para que sus ofrendas te sean agradables;

no permitas que nos entreguemos a los falsos placeres,

para que podamos alcanzar la recompensa prometida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Sal 118, 4-5

Tu promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad.

Oración después de la comunión

Que la gracia de tu salvación,

que hemos recibido en este sacramento,

transforme, Señor, toda nuestra vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la III Semana

Antífona de entrada            Sal 85, 8. 10

Señor, no hay otro dios igual a ti, porque sólo tú eres grande y haces maravillas; porque sólo tú eres Dios.

Oración colecta

Infunde Señor,

en nosotros tu gracia

para que podamos dominar nuestras pasiones

y permanecer fieles a tus palabras de vida eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con benevolencia

los dones que te presentamos;

que te sean agradables

y se conviertan para nosotros

en fuente de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión        Cf. Mc 12, 33

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los sacrificios.

Oración después de la comunión

Que la fuerza de tu Espíritu

vigorice, Señor, todo nuestro ser

para que podamos obtener plenamente la salvación,

cuya prenda hemos recibido en esta Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la III Semana

Antífona de entrada                                                                               Sal 102, 2-3

Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios: El perdona todas tus culpas.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

que celebrando con alegría esta Cuaresma,

de tal modo penetremos

el significado del misterio pascual,

que obtengamos la plenitud de sus frutos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Tú que nos purificas con tu gracia

para que nos acerquemos

dignamente a tu Eucaristía,

concédenos, Señor, celebrarla de tal modo,

que podamos rendirte una alabanza perfecta.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Lc 18, 13

El publicano, manteniéndose a distancia, se golpeaba el pecho y decía: Señor, ten piedad de mí porque soy un pecador.

Oración después de la comunión

Dios de misericordia,

que no cesas de alimentarnos

con tu santa Eucaristía,

concédenos venerarla siempre con respeto

y recibirla con fe profunda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

IV DOMINGO DE CUARESMA

Cuando en este domingo se tienen los escrutinios preparatorios para el bautismo de adul­tos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.

  Color litúrgico, morado o rosa.

Antífona de entrada           Cf. Is 66, 10-11 

Alégrate, Jerusalén, y todos los que la amáis, reuníos. Regocijaos con ella todos los que participabais de su duelo y quedaréis saciados con la abundancia de sus consuelos.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro,

que has reconciliado contigo

a la humanidad entera

por medio de tu Hijo,

concede al pueblo cristiano

prepararse con fe viva y entrega generosa

a celebrar las fiestas de la Pascua.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Te presentamos, Señor, llenos de alegría,

estas ofrendas para el sacrificio

y pedimos tu ayuda

para celebrarlo con fe sincera

y ofrecerlo dignamente

por la salvación del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cuando se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento, se dice el siguiente:

Prefacio

EL CIEGO DE NACIMIENTO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo nuestro Señor.

 

Que se dignó hacerse hombre

para conducir al género humano,

peregrino en tinieblas,

al esplendor de la fe;

y a los que nacieron esclavos del pecado,

los hizo renacer por el bautismo

y los transformó en hijos adoptivos del Padre.

 

Por eso, Señor,

todas tus criaturas

en el cielo y en la tierra

te adoran cantando un cántico nuevo,

y también nosotros, con los ángeles,

te aclamamos por siempre diciendo:

 

Santo, Santo, Santo...

Cuando no se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II.

Antífona de comunión

Cuando se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento:     Cf. Jn 9, 11

El Señor me puso lodo sobre los ojos; yo fui a lavarme. Ahora veo y creo en Dios.

Cuando se ha leído el Evangelio del hijo pródigo: Lc 15, 32

Deberías alegrarte, hijo mío, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado.

Cuando se ha leído otro Evangelio:     Sal 121, 3-4

Jerusalén es una ciudad armónicamente construida. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor.

Oración después de la comunión

Dios nuestro,

luz que alumbra a todo hombre

que viene a este mundo,

ilumina nuestros corazones

con el resplandor de tu gracia,

para que nuestros pensamientos te sean agradables

y te amemos con toda sinceridad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la IV Semana

Antífona de entrada                                                                                Sal 30, 7-8

Yo tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con bondad mi desgracia y conoces mis angustias.

Oración colecta

Dios nuestro,

que renuevas este mundo

por medio de tus sacramentos,

concede a tu Iglesia aprovechar

estos signos misteriosos de tu presencia

y asístela siempre en sus necesidades materiales.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Como fruto de este sacrificio

que vamos a ofrecerte,

líbranos, Señor,

de la esclavitud de nuestros vicios

y danos fortaleza

para vivir de acuerdo con tu Evangelio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Ez 36, 27

Infundiré mi espíritu en vosotros para que viváis según mis mandamientos y cumpláis mi voluntad, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Que esta santa comunión, Señor,

renueve y santifique nuestra vida

y nos ayude a alcanzar los bienes eternos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la IV Semana

Antífona  de entrada   Cf. Is 55, 1

Todos los que estáis sedientos, venid por agua, dice el Señor; aunque no tengáis dinero, venid a beber con alegría.

Oración colecta

Que los sacrificios y oraciones cuaresmales

dispongan, Señor, a tus hijos

para celebrar dignamente el misterio pascual

y trasmitir al mundo

el feliz anuncio de la salvación.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

los dones que tu providencia nos ha dado

para sostén de nuestra vida mortal

y conviértelos, para nosotros,

en alimento que da la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión      Sal 22, 1-2

El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas.

Oración después de la comunión

Que este sacramento, Señor,

purifique y renueve nuestro espíritu

e inunda en nuestro cuerpo la fuerza necesaria

para vivir y morir cristianamente.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la IV Semana

Antífona de entrada    Sal 68, 14

Ahora, Señor, que estás dispuesto a escucharme, elevo a ti mi súplica: Respóndeme, Dios mío, según tu gran amor y tu fidelidad a las promesas.

Oración colecta

Señor, tú que recompensas al justo

y perdonas al pecador que se arrepiente,

ten piedad de nosotros,

para que la humilde confesión de nuestras faltas

nos obtenga tu perdón.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que el poder de este sacrificio

elimine en nosotros las consecuencias del pecado

y nos haga crecer en santidad de vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Jn 3, 17

Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Oración después de la comunión

No permitas, Señor,

que el sacramento que hemos recibido,

vaya a ser motivo de condenación,

pues tu providencia lo ha instituido

para salvación nuestra.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la IV Semana

Antífona de  entrada          Sal 104, 3-4

Alégrese el corazón de los que buscan al Señor. Buscad la ayuda del Señor; buscad continuamente su presencia.

Oración colecta

Padre lleno de amor,

que nos has concedido la gracia

de purificarnos con el arrepentimiento

y de santificarnos haciendo el bien a los demás,

ayúdanos a permanecer fieles a tus mandamientos,

para llegar bien dispuestos

a las festividades pascuales.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Tú, que conoces nuestra fragilidad,

concédenos, Señor,

que el sacrificio que vamos a ofrecerte

nos purifique de nuestros pecados

y nos proteja de todo mal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       Jer 31, 33

Esto dice el Señor: Pondré mi ley en lo más profundo de su ser y la escribiré en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

Oración después de la comunión

Señor, que esta comunión

nos purifique de todas nuestras culpas

y nos proteja del pecado,

para que gocemos de la plenitud salvadora de tu don.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la IV Semana

Antífona de entrada              Sal 53, 3-4

Señor, sálvame por tu nombre y líbrame con tu poder. Señor, escucha mi plegaria, atiende a las palabras de mi boca.

Oración colecta

Dios nuestro,

que has preparado en tus sacramentos

el auxilio adecuado a nuestra debilidad,

concédenos recibirlos llenos de gozo

y renovar con ellos nuestra vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que el poder salvador de este sacrificio

que vamos a ofrecerte,

nos libre, Señor, de nuestros pecados,

para celebrar dignamente las fiestas pascuales,

principio de nuestra salvación;

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión         Ef 1, 7

Por medio de su Sangre, Cristo nos ha obtenido la redención y el perdón de nuestros pecados. En esto se manifiesta la inmensidad de su gracia.

Oración después de la comunión

Por medio de este sacramento,

que nos señala el paso de la antigua a la nueva alianza,

concédenos, Señor,

despojarnos de todo lo que es pecado

y revestirnos de la santidad de Cristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

 

Sábado de la IV Semana

Antífona  de entrada                                                                                   Sal 17, 5-7

Oleaje de muerte me envolvía, torrentes destructores me aterraban; pero en mi angustia invoqué al Señor y él escuchó mi voz desde su templo.

Oración colecta

Que tu amor misericordioso dirija siempre, Señor,

nuestros deseos y actividades,

ya que sin tu ayuda no podemos agradarte.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio de reconciliación

que vamos a ofrecerte y, con la fuerza de tu amor,

doblega ante ti nuestras rebeldes voluntades.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma I-V.

Antífona de comunión       1  Pe 1, 19

Hemos sido rescatados con la Sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto y sin mancha.

Oración después de la comunión

Que tus sacramentos, Señor, nos purifiquen

y nos hagan agradables a tus ojos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes puede conservarse a juicio de la Conferencia Episcopal. Las cruces permanecen cubiertas hasta después de la celebración de la pasión del Señor, el Viernes Santo, y las imágenes, hasta el comienzo de la Vigilia Pascual.

 

V DOMINGO DE CUARESMA

 

Cuando en este domingo se tienen lugar los escrutinios preparatorios para el bautismo de adultos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.

Antífona de entrada                                                                                  Sal 42, 1-2

Señor, hazme justicia. Defiende mi causa contra gente sin piedad, sálvame del hombre injusto y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa.

No se dice Gloria.

Oración colecta

Ven, Padre, en nuestra ayuda,

para que podamos vivir y actuar siempre

con aquel amor que impulsó a tu Hijo

a entregarse por nosotros.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Tú, que nos has iluminado con las enseñanzas de la fe,

escucha, Señor, nuestra oración

y purifícanos por medio de este sacrificio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cuando se ha leído el Evangelio de Lázaro, se dice el siguiente:

Prefacio

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación,

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

porque Cristo, nuestro Señor.

 

El cual, hombre mortal como nosotros

que lloró la muerte de su amigo Lázaro,

y Dios y Señor de la vida

que lo levantó del sepulcro,

hoy extiende su compasión a todos los hombres

y por medio de sus sacramentos

los restaura a una vida nueva.

 

Por él,

los mismos ángeles

te aclaman con júbilo eterno

y nosotros nos unimos a sus voces

cantando humildemente tu alabanza:

 

Santo, Santo, Santo...

Cuando no se ha leído el Evangelio de Lázaro, se dice:

Prefacio de Cuaresma I o II.

Antífona de comunión

Cuando se ha leído el Evangelio de Lázaro:          Jn 11, 26

El que está vivo y cree en mí, dice el Señor, no morirá para siempre.

Cuando se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera:   Jn 8, 10-11

Jesús le preguntó: Mujer, ¿nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. El le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.

Cuando se ha leído otro Evangelio:   Jn 12, 24-25

En verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da fruto abundante.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

a cuantos participamos

del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

vivir siempre como miembros suyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Lunes de la V Semana

Antífona de entrada        

Ten compasión de mí, Señor, porque me pisotean y acosan todo el día mis enemigos.

Oración colecta

Dios nuestro,

que con el don de tu amor

nos colmas de bendiciones,

transfórmanos en una nueva creatura,

para que estemos preparados a la Pascua gloriosa de tu Reino.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Concede, Señor, a tus hijos,

reunidos para celebrar esta Eucaristía,

ofrecerte como fruto de su penitencia,

una conciencia limpia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión

Cuando se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera:  Jn 8, 10-11

Jesús le preguntó: Mujer, ¿nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. El le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.

Cuando se ha leído otro Evangelio:  Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue, no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Oración después de la comunión

Que la fuerza de tus sacramentos

nos libre, Señor, de nuestras malas inclinaciones

y nos ayude a seguir a Cristo,

para acercarnos cada vez más a ti.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Martes de la V Semana

Antífona de entrada              Sal 26, 14

Espera en el Señor, sé valiente; ten ánimo, espera en el Señor.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

la gracia de perseverar

en el fiel cumplimiento de tu voluntad,

para que tu pueblo santo

aumente en número y crezca en santidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

el sacrificio de reconciliación

que vamos a ofrecerte,

perdona nuestros pecados

y orienta hacia ti nuestros corazones.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión        Jn 12, 32

Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la asidua participación en tus sacramentos

nos acerque cada vez más a ti,

que eres el único bien verdadero.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Miércoles de la V Semana

Antífona de entrada            Sal 17, 48-49

Tú me libras, Señor, de la ira de mis enemigos, me haces triunfar sobre mis adversarios y me salvas del hombre malvado.

Oración colecta

Ilumina, Señor, el corazón de tus hijos,

purificado por las penitencias cuaresmales

y concédenos manifestar en nuestra vida

el deseo de servirte que nos has inspirado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que tú has querido que te ofrezcamos

para alabanza tuya

y salvación nuestra.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión       Col 1, 13-14

Dios nos ha hecho entrar al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre recibimos la redención y el perdón de los pecados.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor,

que este sacramento que hemos recibido,

nos purifique de todos nuestros vicios

y nos confirme para siempre en tu amistad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Jueves de la V Semana

Antífona de entrada               Heb 9, 15

Cristo es el mediador de la nueva alianza, porque mediante su muerte, aquellos que han sido llamados, reciben la herencia eterna que les había sido prometida.

Oración colecta

Asiste y protege siempre, Señor,

a esta familia tuya,

que ha puesto en ti toda su esperanza,

a fin de que purificados de nuestros pecados,

permanezcamos fieles a nuestro compromiso bautismal

y obtengamos la herencia prometida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con agrado

el sacrificio que vamos a ofrecerte

y concédenos por él

la conversión de nuestra vida

y la salvación del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión       Rom 8, 32

Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros y con él nos ha dado todos los bienes.

Oración después de la comunión

Por medio de este sacramento

que ya desde ahora nos comunica tu fuerza,

concédenos, Padre misericordioso,

participar de la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Viernes de la V Semana

Antífona de entrada              Sal 30, 10. 16. 18

Ten piedad de mí, Señor, porqué estoy en peligro, líbrame de los enemigos que me persiguen; Señor, que no me decepcione yo de haberte invocado.

Oración colecta

Perdona, Señor, nuestras culpas

y que tu amor y tu bondad nos libren

del poder del pecado,

al que nos ha sometido nuestra debilidad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que tu ayuda, Padre misericordioso,

nos haga dignos de acercarnos a tu altar,

a fin de que la asidua participación en este sacrificio

nos obtenga la salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión        1  Pe 2, 24

En su propio Cuerpo, Cristo subió nuestros pecados a la cruz para que, muertos a nuestros pecados, empecemos una vida santa. En esta forma,, por medio de sus heridas, hemos sido curados.

Oración después de la comunión

Que la fuerza de este sacramento que nos une a ti,

Señor, no nos abandone nunca

y a eje siempre de nosotros todo mal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Sábado de la V Semana

Antífona de entrada            Sal 21, 20. 7

Señor, no te quedes lejos; tú, que eres mi fuerza, ven aprisa en mi ayuda porque ya no soy un hombre, sino un gusano, despreciado por la gente y rechazado por el pueblo.

Oración colecta

Señor, tú que nunca dejas de procurar nuestra salvación

y en estos días de Cuaresma

nos otorgas gracias más abundantes,

mira con amor a esta familia tuya

y concede tu auxilio protector

a quienes se preparan para el bautismo

y a quienes hemos renacido ya a una vida nueva.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios eterno y todopoderoso,

que por medio del sacramento del bautismo

haces renacer a quienes confiesan tu nombre,

acepta nuestros dones y plegarias

para que, cuantos en ti esperan,

puedan ver realizados sus deseos y perdonadas sus culpas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor I.

Antífona de comunión       Jn 11, 52

Cristo fue entregado a la muerte para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has hecho partícipes

del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

concédenos participar también de su vida divina.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

SEMANA SANTA

Accipite et manducate… Accipite et bibite

Et inclinato capite, tradidit spiritum

 

DOMINGO DE RAMOS

LUNES SANTO

MARTES SANTO

MIÉRCOLES SANTO

JUEVES SANTO

Misa Crismal

TRIDUO PASCUAL

PASCUA

 

DOMINGO DE RAMOS

EN LA PASIÓN DEL SEÑOR

1.         En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo nuestro Señor en Jerusalén para consumar su misterio pascual. Por lo tanto, en todas las misas se conmemora esta entrada del Señor en la ciudad santa por medio de una procesión (2) o de una entrada solemne (12), antes de la misa principal, y por medio de una entrada sencilla (16), antes de las demás misas. Pero puede repetirse la entrada solemne (no la procesión), antes de algunas otras misas que se celebren con gran asistencia del pueblo.

Conmemoración de la entrada del Señor

en Jerusalén

Primera forma: Procesión

2.         A la hora señalada, los fieles se reúnen en una iglesia menor o en algún otro lugar adecuado, fuera del templo hacia el cual va a dirigirse la procesión. Los fieles llevan ramos en la mano.

3.         El sacerdote y los ministros, revestidos con los ornamentos rojos requeridos pa­ra la misa, se acercan al lugar donde el pueblo está congregado. El sacerdote, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que dejará después de la procesión.

4.         Entretanto se canta la siguiente antífona u otro cántico adecuado:

Antífona             Mt 21, 9

Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.

5.         Enseguida el sacerdote saluda al pueblo de la manera acostumbrada y hace una breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con éstas o semejantes palabras.

Queridos hermanos:

Después de habernos preparado desde el principio de la Cuaresma con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad, hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo, misterios que empezaron con la entrada de Jesús en Jerusa­lén. Acompañemos con fe y devoción a nuestro salvador en su en­trada triunfal a la ciudad santa, para que, participando ahora de su cruz, podamos participar un día, de su gloriosa resurrección y de su vida.

6.     Después de esta exhortación, el sacerdote, teniendo juntas las manos, dice una de las dos oraciones siguientes:

Oremos:

Dios todopoderoso y eterno,

dígnate bendecir + estos ramos

y concede

a cuantos acompañamos ahora jubilosos a Cristo,

nuestro rey y Señor,

reunirnos con él en la Jerusalén del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.  

R. Amén.

O bien:

Oremos:

Aumenta, Señor,

la fe de los que tenemos en ti nuestra esperanza

y concede a quienes agitamos estas palmas

en honor de Cristo victorioso,

permanecer unidos a él

para dar frutos de buenas obras.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.      Amén.

Y, en silencio, rocía los ramos con agua bendita.

7.     Enseguida se dice el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, según algu­no de los cuatro evangelistas, como se indica en el Leccionario. Lo lee el diácono o, en su defecto, el sacerdote, de la manera acostumbrada.

Año A:

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo     21, 1-11

Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, jun­to al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles:

— "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encon­trarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y trái­ganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los ne­cesita y enseguida los devolverá"

Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.

Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encar­gado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban:

—                 "¡Hosanna!

—                 ¡Viva el Hijo de David!

—                 ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

—                 ¡Hosanna en el cielo!"

Al entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos de­cían:

— "¿Quién es éste?"

Y la gente respondía:

—                 "Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea" -

Palabra del Señor.

Año B:

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos     11, 1-10

Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos:

— "Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado to­davía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: 'El Señor lo necesita y lo devolverá pronto' ".

 

Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puer­ta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les pregunta­ron:

—                 "Por qué sueltan al burro?

Ellos les contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó.

Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas:

—                 ¡Hosanna!

—                 ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

—                 ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David!

—                 ¡ Hosanna en el cielo!"

Palabra del Señor.

O bien:

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan       12, 12-16

En aquel tiempo, al enterarse la gran muchedumbre que había llegado para la fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén, cor­taron hojas de palmera y salieron a su encuentro, gritando:

 —"¡Vi­va!, ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!"

Habiendo encontrado Jesús un burrito, lo montó, como está escri­to: No tengas temor, hija de Sión, mira que tu rey viene a ti monta­do en un burrito.

Sus discípulos no entendieron estas cosas al principio, pero cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que habían sido escritas acerca de él y que ellos las habían cumplido.

Palabra del Señor.

Año C:

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas     19, 28-40

En aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos, iba cami­no de Jerusalén, y al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, dicién­doles:

— "Vayan al caserío que está frente a ustedes: al entrar, en­contrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle: “El Señor lo necesita”

Fueron y encontraron todo como el Señor les había tras desataban el burro, los dueños les preguntaron:

— "¿Por qué desamarran?"

 Ellos contestaron:

— "El Señor lo necesita".

 Se llevaron, pues, el burro, le echaron encima los mantos e hicieron que Jesús montara en él.

Conforme iba avanzando, la gente tapizaba el camino con sus mantos, y cuando ya estaba cerca la bajada del monte de los Olivos, la multitud de discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los prodigios que habían visto, diciendo:

— "¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor!

— ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!"

Algunos fariseos que iban entre la gente, le dijeron:

—  "Maestro, reprende a tus discípulos".

 El les replicó:

—  "Les aseguro que si se callan, gritarán las piedras".

Palabra del Señor.

8.     Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede tenerse una breve homilía.  Al iniciar la procesión, el celebrante u otro ministro idóneo puede hacer una exhortación con estas palabras u otras parecidas:

Queridos hermanos:

Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros, con júbilo, al Señor.

9.     Y se inicia la procesión hacia el templo donde va a celebrarse la misa. Si se usa el incienso, el turiferario va adelante con el incensario, en el cual habrá puesto incienso previamente; enseguida, un ministro con la cruz adornada y, a su lado, dos acólitos con velas encendidas. Sigue luego el sacerdote con los ministros y, detrás de ellos, los fieles con ramos en las manos. Al avanzar la procesión, el coro y el pueblo entonan los siguientes cánticos u otros apropiados.

Antífona I

Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, aclamando: “Hosanna en el cielo”.

Esta antífona se puede repetir entre los versículos del Responsorio o bien del salmo 23.

Salmo 23

Del Señor es la tierra y cuanto lo llena,

el orbe y todos sus habitantes:

El la fundó sobre los mares,

El la afianzó sobre los ríos.

 

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

 

El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos

ni jura contra el prójimo en falso.

Ese recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

 

Este es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

 

¿Quién ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios de los ejércitos.

El es el Rey de la gloria.

Antífona II

Los niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: “Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor”.

Salmo 46

Pueblos todos, batid palmas,

aclamad a Dios con gritos de júbilo;

porque el Señor es sublime y terrible,

emperador de toda la tierra.

 

El nos somete los pueblos

y nos sojuzga las naciones;

El nos escogió por heredad suya:

gloria de Jacob, su amado.

 

Dios asciende entre aclamaciones;

el Señor, al son de trompetas:

tocad para Dios, tocad,

tocad para nuestro Rey, tocad.

 

Porque Dios es el rey del mundo:

tocad con maestría.

Dios reina sobre las naciones,

Dios se sienta en su trono sagrado.

 

Los príncipes de los gentiles se reúnen

con el pueblo del Dios de Abrahán;

porque de Dios son los grandes de la tierra,

y El es excelso.

O bien:

Himno a Cristo Rey

Pueblo:

¡Gloria, alabanza y honor!

¡Gritad Hosanna, y haceos

como los niños hebreos

al paso del Redentor!

¡Gloria y honor

al que viene en el nombre del Señor!

Cantores:

1.               Como Jerusalén con su traje festivo,

         vestida de palmeras, coronada de olivos,

         viene la cristiandad en son de romería

         a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría.

 

2.      Ibas como va el sol a un ocaso de gloria;

         cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria.

         Pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios Fuerte,

         la Vida que renace del fondo de la Muerte.

 

3.      Tú, que amas a Israel y bendices sus cantos,

         complácete en nosotros, el pueblo de los santos;

         Dios de toda bondad que acoges en tu seno

         cuanto hay entre los hombres sencillamente bueno.

10.      Al entrar la procesión en la iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro cán­tico alusivo a la entrada del Señor en Jerusalén:

RESPONSORIO

V. Al entrar el Señor en la ciudad santa,

         los niños hebreos,

         profetizaban la resurrección de Cristo,

         proclamando con palmas en las manos:

         Hosanna en el cielo.

 

R. Hosanna en el cielo.

 

V. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén,

         el pueblo salió a su encuentro

         proclamando con palmas en las manos:

         Hosanna en el cielo.

 

R. Hosanna en el cielo.

11.   El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia y, si lo juzga oportu­no, lo inciensa. Luego se dirige a la sede (se quita la capa pluvial, si la usó, y se pone la casulla) y, omitida toda otra ceremonia, da fin a la procesión diciendo la oración colecta y prosigue la misa de la manera acostumbrada.

 

 

Segunda forma: Entrada solemne

12.   Donde no se pueda hacer la procesión fuera de la iglesia, la entrada del Señor se celebra dentro del templo por medio de una entrada solemne, antes de la misa principal.

13.   Los fieles se reúnen ante la puerta del templo, o bien, dentro del mismo tem­plo, llevando los ramos en la mano. El sacerdote, los ministros y algunos de los fieles, van a algún sitio adecuado del templo, fuera del presbiterio, en donde pueda ser vista fácilmente la ceremonia, al menos por la mayor parte de la asamblea.

14.   Mientras el sacerdote se dirige al sitio indicado, se canta la antífona Hosanna al Hijo de David (n. 4), o algún otro cántico adecuado. Después se bendicen los ramos y se lee el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, como se indicó en los nn. 5-7. Después del Evangelio, el sacerdote va solemnemente hacia el presbiterio a través del templo, acompañado por los ministros y por algunos fieles, mientras se canta el responsorio “Al entrar el Señor” (n. 10), u otro cántico apropiado.

15.   Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverencia. Enseguida va a la sede y, omitida toda otra ceremonia, dice la colecta de la misa, que prosigue luego de la ma­nera acostumbrada.

 

Tercera forma: Entrada sencilla

16.   En todas las demás misas de este domingo, en las que no se hace la entrada solemne, se recuerda la entrada del Señor en Jerusalén por medio de una entrada sencilla.

17.   Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con su salmo (n. 18), u otro cántico sobre el mismo tema. El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia, va a la sede y saluda al pueblo. Luego sigue la misa de la manera acostumbrada.

En las misas sin pueblo y en las misas en que no es posible cantar la antífona de entra­da, el sacerdote, después de llegar al altar y de haber hecho la debida reverencia, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la misa de la manera acostumbrada.

18. Antífona de entrada

Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró en Jerusalén, salieron los niños a su encuentro llevando en sus manos hojas de palmera y gritando:

 

¡Hosanna en el cielo!

¡Bendito tú, que vienes

lleno de bondad y de misericordia!

 

                                                                                                                   Sal 23, 9-10

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios de los ejércitos.

El es el Rey de la gloria.

 

¡Hosanna en el cielo!

¡Bendito tú, que vienes

lleno de bondad y de misericordia!

 

                                                        

La Misa

20.           Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa con la oración colecta.

21.              Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que has querido entregarnos como ejemplo de humildad

a Cristo, nuestro salvador,

hecho hombre y clavado en una cruz,

concédenos vivir

según las enseñanzas de su pasión,

para participar con él, un día,

de su gloriosa resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la palabra:  –  –

22.           No se llevan velas ni incienso para la lectura de la Pasión del Señor, ni se hace al principio el saludo, ni se signa el libro.

    Proclama la lectura un diácono o, en su defecto, el sacerdote. Puede también ser hecha por lectores, aún laicos, reservando al sacerdote, si es posible, la parte correspondiente a Cristo.

    Solamente los diáconos piden la bendición del celebrante antes del canto de la Pasión, como se hace antes del Evangelio.

23.                     Después de la lectura de la Pasión, puede tenerse, si se cree oportuno, una bre­ve homilía.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Que la pasión de tu Hijo,

actualizada en este santo sacrificio

que vamos a ofrecerte,

nos alcance, Señor, de tu misericordia,

el perdón que no podemos merecer por nuestras obras.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

24.              Prefacio

LA PASIÓN DEL SEÑOR

V. El Señor esté con vosotros.

R. y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre Santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo nuestro Señor.

 

El cual siendo inocente,

se dignó padecer por los pecadores

y fue injustamente condenado

por salvar a los culpables;

con su muerte borró nuestros delitos

y, resucitando, conquistó nuestra justificación.

 

Por eso,

te alabamos con todos los ángeles

y te aclamamos con voces de júbilo,

diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

25.         Antífona de comunión                                                                                                                             Mt 26, 42

Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

26.       Oración después de la comunión

Tú que nos has alimentado con esta Eucaristía,

y por medio de la muerte de tu Hijo

nos das la esperanza de alcanzar

lo que la fe nos promete,

concédenos, Señor,

llegar, por medio de su resurrección,

a la meta de nuestras esperanzas.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

LUNES SANTO

Antífona de entrada           Sal 34, 1-2; Sal 139, 8

Combate, Señor, a los que me combaten, ataca a los que me atacan; ponte la armadura, toma el escudo y ven en mi ayuda. Tú eres mi fortaleza y mi salvación.

Oración colecta

Concédenos, Señor, nueva fuerza

para no sucumbir a nuestras humanas debilidades,

por los méritos de la pasión de tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,

por los siglos de los siglos.

 

 

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad,

este sacrificio que tú instituiste misericordiosamente

para reparar el daño de nuestros pecados,

y hazlo producir en nosotros

abundantes frutos de vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor II.

Antífona de comunión       Sal 101, 3

No te me ocultes, Señor, el día de mi desgracia. Escúchame con bondad, y, siempre que te invoque, respóndeme enseguida.

Oración después de la comunión

Quédate, Señor, con nosotros

y protege con tu amor infatigable

nuestros corazones santificados por esta Eucaristía,

para que podamos conservar siempre

las gracias que hemos recibido de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MARTES SANTO

Antífona de entrada              Sal 26, 12

No me entregues, Señor, al odio de mis enemigos, pues han surgido contra mí testigos falsos, que respiran violencia.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

ayúdanos a celebrar

los misterios de la pasión del Señor

con tal fe y arrepentimiento,

que podamos merecer tu perdón.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad

este pan y este vino que te presentamos,

y concede a cuantos quieres hacernos partícipes

del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo,

llega a poseerlo plenamente en tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor II.

Antífona de comunión       Rom 8, 32

Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, y con él nos ha dado todos los bienes.

Oración después de la comunión

Por medio de este sacramento,

que ya desde ahora nos comunica tu fuerza,

concédenos, Padre misericordioso,

participar de la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MIÉRCOLES SANTO

Antífona de entrada           Flp 2, 10. 8. 11

Que al nombre de Jesús, todo ser viviente, en el cielo, en la tierra y en el abismo, caiga de rodillas, porque el Señor aceptó por obediencia hasta la misma muerte, y una muerte de cruz. Por esto confesamos, para gloria de Dios Padre, que Jesucristo es el Señor.

Oración colecta

Padre misericordioso

que para librarnos del poder del enemigo,

quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros

el suplicio de la cruz,

concédenos alcanzar la gracia de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

y concédenos la gracia de traducir

en una vida de amor y de obediencia a tu voluntad,

el misterio de la pasión de tu Hijo,

que estamos celebrando.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Pasión del Señor II.

Antífona de comunión       Mt 20, 28

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida para redención de todos.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor, Dios nuestro,

creer profundamente que por la muerte de tu Hijo,

padecida en el Calvario y anunciada en cada Eucaristía,

tú nos has dado la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

JUEVES SANTO

Misa Crismal

La bendición del óleo de los enfermos, del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma, ordinariamente. la hace el obispo en este día, en la misa que se celebra por la mañana.

Pero si la reunión del clero y el pueblo con el obispo resulta más difícil en este día, la bendición puede anticiparse a otro día, siempre cercano a la Pascua, en el que se utilizará también el formulario de esta misa.

Esta misa, que el obispo concelebra con su presbiterio, debe manifestar la comunión de los presbíteros con su obispo. Es conveniente, por tanto, que todos los presbíteros, en cuanto sea posible, tomen parte en ella y reciban la comunión bajo las dos especies. Con el objeto de expresar la unidad del presbiterio de la diócesis, debe procurarse que los sacerdotes que concelebran con su obispo sean de las distintas regiones de la diócesis.

En la homilía, el obispo debe exhortar a sus presbíteros a guardar la fidelidad en su ministerio e invitarlos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales.

 

Ritos iniciales y liturgia de la palabra

Antífona de entrada                                                                                        Ap 1, 6

Jesucristo nos ha convertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Oh Dios, que por la unción del Espíritu Santo

constituiste a tu Hijo Mesías y Señor,

y a nosotros, miembros de su cuerpo,

nos haces partícipes de su misma unción;

ayúdanos a ser en el mundo

testigos fieles de la redención

que ofreces a todos los hombres.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Renovación de las promesas sacerdotales

Acabada la homilía, el obispo dialoga con los presbíteros con estas o semejantes palabras:

Obispo:

Hijos amadísimos: En esta conmemoración anual del día en que Cristo confirió su sacerdocio a los apóstoles y a nosotros, ¿queréis renovar las promesas que hicisteis un día ante vuestro obispo y ante el pueblo santo de Dios?

Los presbíteros, conjuntamente, responden a la vez:

Sí, quiero.

Obispo:

¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa' de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de la Iglesia ?

Presbíteros:

Sí, quiero.

Obispo:

¿Deseáis permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y desempeñar fielmente el ministerio de la predicación como seguidores de Cristo, cabeza y pastor, sin pretender los bienes temporales, sino movidos únicamente por el celo de las almas?

Presbíteros:

Sí, quiero.

Seguidamente, dirigiéndose al pueblo, el obispo prosigue:

Y ahora vosotros, hijos muy queridos, orad por vuestros presbíteros, para que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus bendiciones: que sean ministros fieles de Cristo sumo sacerdote, y os conduzcan a él, única fuente de salvación.

Pueblo:

Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

Obispo:

Y rezad también por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico confiado a mi humilde persona y sea imagen, cada vez más viva y perfecta, de Cristo sacerdote, buen pastor, maestro y siervo de todos.

Pueblo:

Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

Obispo:

El Señor nos guarde en su caridad y nos conduzca a todos, pastores y grey, a la vida eterna.

Todos:

Amén.

No se dice Credo ni oración de los fieles.

Liturgia eucarística

 

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor,

que la eficacia de este sacrificio

nos purifique del antiguo pecado,

acreciente en nosotros la vida nueva

y nos otorgue la plena salvación.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio

EL SACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS SACERDOTES

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

 

Que constituiste a tu único Hijo

Pontífice de la Alianza nueva y eterna

por la unción del Espíritu Santo,

y determinaste, en tu designio salvífico,

perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.

 

Él no sólo confiere el honor del sacerdocio real

a todo su pueblo santo,

sino también, con amor de hermano,

elige a hombres de este pueblo,

para que, por la imposición de las manos,

participen de su sagrada misión.

 

Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención,

preparan a tus hijos el banquete pascual,

presiden a tu pueblo santo en el amor,

lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con los sacramentos.

 

Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti

y por la salvación de los hermanos,

van configurándose a Cristo,

y han de darte así testimonio constante de fidelidad y amor.

 

Por eso, nosotros, Señor,

con los ángeles y los santos cantamos tu gloria diciendo:

 

Santo, Santo, Santo …

Antífona de comunión        Sal 88, 2

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que quienes han participado en tus sacramentos

sean en el mundo

buen olor de Cristo.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

SANTO TRIDUO PASCUAL

 

 

Jueves santo

Misa vespertina de la Cena del Señor

Viernes Santo

Celebración de la Pasión del Señor

Vigilia Pascual

Tiempo pascual

 

 

Misa vespertina de la Cena del Señor

Según una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día se prohíben todas las misas sin asistencia del pueblo.

En la tarde, a la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, con la participación de toda la comunidad local y con la intervención, según su propio oficio, de todos los sacerdotes y ministros.

Los sacerdotes que hayan celebrado ya en la misa del Santo Crisma o por alguna razón pastoral, pueden concelebrar en la misa vespertina. Donde lo pida el bien de la comuni­dad, el Ordinario del lugar puede permitir que se celebre otra misa en la tarde en tem­plos u oratorios públicos o semipúblicos; y en caso de verdadera necesidad, aun en la mañana, pero solamente en favor de los fieles que de ninguna manera puedan asistir a la misa de la tarde. Téngase cuidado, sin embargo, de que estas celebraciones no se hagan en provecho de personas particulares y de que no sean en perjuicio de la asisten­cia a la misa vespertina principal. La sagrada comunión se puede distribuir a los fieles sólo dentro de la misa; pero a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del día.

Los fieles que hayan comulgado en la mañana en la misa del Santo Crisma, pueden comulgar de nuevo en la misa de la tarde.

Ritos iniciales y liturgia de la palabra

1.    El sagrario debe estar completamente vacío. Conságrense en esta misa suficien­tes hostias, de modo que alcancen para la comunión del clero y del pueblo, hoy y mañana.

2.              Antífona de entrada               Cf.. Gal 6, 14

Que nuestro único orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por él hemos sido salvados y redimidos.

3. Se dice Gloria. Mientras se canta este himno, se tocan las campanas. Termina­do el canto, las campanas no vuelven a tocarse hasta la Vigilia Pascual, a no ser que la Conferencia Episcopal o el Ordinario dispongan otra cosa.

4. Oración colecta

Señor Dios nuestro,

nos has convocado hoy (esta tarde)

para celebrar aquella misma memorable Cena

en la que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte,

confió a la Iglesia el banquete de su amor,

el sacrificio nuevo de la alianza eterna;

te pedimos que la celebración de estos santos misterios

por la participación en este sacramento,

nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

5. En la homilía se exponen los grandes hechos que se recuerdan en esta misa, es decir la institución de la Sagrada Eucaristía y del Orden Sacerdotal y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna. Después de la homilía, donde lo aconseje el bien pasto­ral, se lleva a cabo el lavatorio de los pies.

Lavatorio de los pies

6. Los varones designados para el rito van, acompañados por los ministros, a ocu­par los asientos preparados para ellos en un lugar visible. El sacerdote, quitada la casulla si es necesario, se acerca a cada una de las personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca.

7. Mientras tanto, se canta alguna de las siguientes antífonas o algún otro canto apropiado.

Antífona primera           Cf. Jn 13, 4. 5. 15

El Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de sus discípulos para darles ejemplo.

Antífona segunda         Jn 13, 6. 7. 8

Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies? Jesús le respondió: Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo.

V.     Fue Jesús hacia Simón Pedro y éste le dijo: —Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?...

V.     Lo que yo estoy haciendo, tú no lo entiendes ahora; lo entenderás más tarde. —Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?...

Antífona tercera        Cf. Jn 13, 14

Si yo, que soy el maestro y el Señor, os he lavado los pies, ¡con cuánta mayor razón vosotros debéis lavaros los pies unos a otros!

Antífona cuarta         Jn 13, 35

En esto reconocerán todos que sois mis discípulos: en que os améis los unos a los otros.

V.    Jesús dice a sus discípulos: —En esto reconocerán todos...

Antífona quinta        Jn 13, 34

Este nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado, dice el Señor.

Antífona sexta       1 Cor 13, 13

Que permanezcan en vosotros la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor.

V.         Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor. —Que permanezcan...

8. Inmediatamente después del lavatorio de los pies o, si éste no tuvo lugar, des­pués de la homilía, se hace la Oración universal.

No se dice Credo.

Liturgia eucarística

9. Al comienzo de la Liturgia Eucarística, puede organizarse una procesión de los fieles, en la que se lleven dones para los pobres. Mientras tanto, se canta el Ubi cáritas est vera (A Dios siempre lo encontramos donde hay amor) u otro cántico apropiado.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor,

participar dignamente en esta Eucaristía,

porque cada vez que celebramos

el memorial de la muerte de tu Hijo,

se realiza la obra de nuestra redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

10. Prefacio I de la Santísima Eucaristía

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo, Señor nuestro,

verdadero y único sacerdote.

 

El cual,

al instituir el sacrificio de la eterna alianza,

se ofreció a sí mismo como víctima de salvación,

y nos mandó perpetuar esta ofrenda

en conmemoración suya.

Su carne, inmolada por nosotros,

es alimento que nos fortalece;

su sangre, derramada por nosotros,

es bebida que nos purifica.

 

Por eso,

con los ángeles y los arcángeles

y con todos los coros celestiales,

cantamos sin cesar

el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

Cuando se utiliza el Canon romano, se dicen Reunidos en comunión, Acepta, Señor, en tu bondad, y El cual, la víspera de su pasión propios:

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

Padre misericordioso,

te pedimos humildemente

por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor,

Junta las manos y dice:

que aceptes y bendigas

traza una sola vez el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente, diciendo:

estos  dones,

este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,

con las manos extendidas prosigue:

ante todo, por tu Iglesia santa y católica,

para que le concedas la paz, la protejas,

la congregues en la unidad

y la gobiernes en el mundo entero,

con tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N. ,

 

 

 

 

 

 

El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:

conmigo, indigno siervo tuyo,

Cuando celebra un Obispo que no es el ordinario diocesano, dice:

con mi hermano N., Obispo de esta Iglesia de N.,

conmigo, indigno siervo tuyo,

 

 

 

 

 

 

 

y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad,

promueven la fe católica y apostólica.

 

Acuérdate, Señor,

de tus hijos N. y N.

Puede decir los nombres de aquellos por quienes tiene intención de orar, o bien junta las manos y ora por ellos unos momentos. Después, con las manos extendidas, prosigue:

y de todos los aquí reunidos,

cuya fe y entrega bien conoces;

por ellos y todos los suyos,

por el perdón de sus pecados

y la salvación que esperan,

te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen,

este sacrificio de alabanza,

a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

 

Reunidos en comunión con toda la Iglesia

para celebrar el día santo

en que nuestro Señor Jesucristo

fue entregado por nosotros,

veneramos la memoria, ante todo,

de la gloriosa siempre Virgen María,

Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;

la de su esposo, san José;

la de los santos apóstoles y mártires

Pedro y Pablo, Andrés,

[Santiago y Juan,

Tomás, Santiago, Felipe,

Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo:

Lino, Cleto, Clemente,

Sixto, Cornelio, Cipriano,

Lorenzo, Crisógono,

Juan y Pablo,

Cosme y Damián,]

y la de todos los santos;

por sus méritos y oraciones

concédenos en todo tu protección.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén].

Con las manos extendidas, prosigue:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

que te presentamos en el día mismo

en que nuestro Señor Jesucristo

encomendó a sus discípulos

la celebración del sacramento

de su Cuerpo y de su Sangre;

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos.

[Por Cristo, nuestro Señor. Amén].

Extendiendo las manos sobre las ofrendas, dice:

Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda,

haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti,

de manera que sea para nosotros

Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado,

Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas.

El cual, hoy,

la víspera de padecer por nuestra salvación

y la de todos los hombres,

Toma el pan y sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:

tomó el pan en sus santas y venerables manos,

eleva los ojos

y, elevando los ojos al cielo,

hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso,

dando gracias, te bendijo,

lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

se inclina un poco

TOMAD Y COMED TODOS DE ÉL,

PORQUE ESTO ES MI CUERPO,

QUE SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS.

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora ha­ciendo genuflexión.

Lo restante como en el Canon romano: Del mismo modo.

11. Antífona de comunión       1  Cor 11, 24. 25

Este es mi Cuerpo, que se da por vosotros. Este cáliz es la nueva alianza establecida por mi Sangre; cuantas veces lo bebiereis, hacedlo en memoria mía, dice el Señor.

12.       Después de distribuir la comunión, se deja sobre el altar un copón con hostias para la comunión del día siguiente, y se termina la misa con esta oración.

13. Oración después de la comunión

Señor, tú que nos permites disfrutar en esta vida

de la Cena instituida por tu Hijo,

concédenos participar también

del banquete celestial en tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Traslación del Santísimo Sacramento

14.       Dicha la oración después de la Comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo Sacramento. Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y lo cubre con las extremidades del paño.

15.       Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento a través del templo, hasta el sitio donde se le va a guardar. Va adelante un acólito con la cruz alta; otros acólitos acompañan al Santísimo Sacramento con ciriales e incienso. El lu­gar de depósito debe estar preparado en alguna capilla convenientemente adornada. Du­rante la procesión, se canta el himno Pange lengua, en  castellano: Que la lengua humana (excepto las dos últimas estrofas) o algún otro canto eucarístico.

16.       Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo Sacramen­to, el sacerdote deposita el copón y, poniendo de nuevo incienso en el incensario, lo inciensa arrodillado, mientras se canta la parte final del himno Tantum ergo, en castellano: Adorad, postrados. Ensegui­da se cierra el tabernáculo o la urna del depósito.

17.       Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote y los minis­tros hacen genuflexión y vuelven a la sacristía.

18.       Enseguida se desnuda el altar y, si es posible, se quitan del templo las cruces. Si algunas no se pueden quitar, es conveniente que queden cubiertas con un velo.

19.       Quienes asistieron a la misa vespertina no están obligados a rezar Vísperas.

20.       Exhórtese a los fieles, según las circunstancias y costumbres del lugar, a dedi­car alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración delante del Santísimo Sacra­mento. Esta adoración, después de la media noche, hágase sin solemnidad.

 

VIERNES SANTO

Celebración de la Pasión del Señor

1.             El día de hoy y el de mañana, por una antiquísima tradición, la Iglesia omite por completo la celebración del sacrificio eucarístico.

2.             El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros y sin manteles.

3.             Después del mediodía, alrededor de las tres de la tarde, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más avanzada, se celebra la Pasión del Señor, que consta de tres partes: , Adoración de la Cruz y Sagrada Comunión.

En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la cele­bración de la Pasión del Señor; pero a los enfermos que no puedan tomar parte en esta celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día.

4.             El sacerdote y el diácono, revestidos de color rojo como para la misa, se dirigen al altar, y hecha la debida reverencia, se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor, se arrodillan, y todos oran en silencio durante algún espacio de tiempo.

5.             Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde, vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice una de las siguientes oraciones:

Oración

No se dice: Oremos

Padre nuestro misericordioso,

santifica y protege siempre a esta familia tuya,

por cuya salvación

derramó su Sangre y resucitó glorioso

Jesucristo, tu Hijo.

El cual vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

O bien:

Tú que con la Pasión de Cristo,

Hijo tuyo y Señor nuestro,

nos libraste de la muerte, que heredamos todos

a consecuencia del primer pecado,

concédenos, Señor,

a cuantos por nacimiento somos pecadores,

asemejarnos plenamente, por tu gracia, a Jesucristo,

que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

R. Amén.

Primera parte: Liturgia de la palabra

6. Luego todos se sientan y se hace la primera lectura, tomada del profeta Isaías (52, 13-53, 12), con su salmo.

7. A continuación se hace la segunda lectura, tomada de la carta a los Hebreos (4, 14-16; 5, 7-9), con el canto antes del Evangelio.

8. Finalmente se lee la Pasión del Señor según san Juan (18, 1-19, 42), del mismo modo que el domingo precedente.

9. Después de la lectura de la Pasión, se tiene, si parece oportuno, una breve ho­milía, después de la cual el sacerdote puede exhortar a los fieles a orar durante un breve espacio de tiempo.

Oración universal

10. La Liturgia de la Palabra se termina con la Oración Universal, que se hace de esta manera: el diácono, junto al ambón, dice el invitatorio, en el cual se expresa la intención. Enseguida oran todos en silencio durante un breve espacio de tiempo y luego el sacerdote, de pie junto a la sede o ante el altar, dice la oración con las manos extendi­das. Los fieles pueden permanecer arrodillados o de pie durante todo el tiempo de las oraciones.

11.           Las Conferencias Episcopales pueden aprobar algunas aclamaciones del pue­blo antes de cada oración del sacerdote o disponer que se conserve la invitación tradi­cional del diácono: Pongámonos de rodillas, Pueden levantarse y la costumbre de que los fieles se arrodillen en silencio durante la oración.

12.           Cuando hay una grave necesidad pública, el Ordinario del lugar puede permi­tir o prescribir que se añada alguna intención especial.

13.           De las oraciones que se presentan en el Misal, el sacerdote puede escoger las que sean más apropiadas para las circunstancias del lugar, cuidando, sin embargo, de que se conserve la serie de intenciones establecidas para la Oración Universal. (Cf. Instruc­ción General del Misal Romano, n. 46).

I. Por la santa Iglesia

Oremos, hermanos, por la santa Iglesia de Dios,

para que el Señor le conceda la paz y la unidad,

la proteja en todo el mundo

y nos conceda una vida serena,

para alabar a Dios Padre todopoderoso.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones,

conserva la obra de tu amor, para que tu Iglesia,

extendida por todo el mundo,

persevere con fe inquebrantable

en la confesión de tu nombre.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.  Amén.

II. Por el Papa

Oremos también por nuestro santo padre el Papa N.,

para que Dios nuestro Señor,

que lo eligió entre los obispos,

lo asista y proteja para bien de su Iglesia,

como guía y pastor del pueblo santo de Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

cuya providencia gobierna todas las cosas,

atiende a nuestras súplicas

y protege con tu amor al Papa

que nos has elegido,

para que el pueblo cristiano,

confiado por ti a su guía pastoral,

progrese siempre en la fe.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

III. Por el pueblo de Dios y sus ministros.

Oremos también por nuestro obispo N.,

por todos los obispos,

presbíteros, diáconos,

por todos los que ejercen

algún ministerio en la Iglesia

y por todo el pueblo de Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que con tu Espíritu santificas y gobiernas

a toda tu Iglesia,

escucha nuestras súplicas

y concédenos tu gracia,

para que todos, según nuestra vocación,

podamos servirte con fidelidad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

IV. Por los catecúmenos.

Oremos también por los (nuestros) catecúmenos,

para que Dios nuestro Señor

los ilumine interiormente

y les comunique su amor;

y para que, mediante el bautismo,

se les perdonen todos sus pecados

y queden incorporados a Cristo nuestro Señor.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia,

aumenta en los (nuestros) catecúmenos

el conocimiento de su fe,

para que puedan renacer por el bautismo

a la vida nueva de tus hijos de adopción.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

V. Por la unidad de los cristianos.

Oremos también por todos los hermanos

que creen en Cristo,

para que Dios nuestro Señor

les conceda vivir sinceramente lo que profesan

y se digne reunirlos para siempre

en un solo rebaño, bajo un solo pastor.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

tú que reúnes a los que están dispersos

y los mantienes en la unidad,

mira con amor a todos los cristianos,

a fin de que, cuantos están consagrados

por un solo bautismo,

formen una sola familia,

unida por el amor y la integridad de la fe.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

VI. Por los judíos.

Oremos también por el pueblo judío,

al que Dios se dignó hablar

por medio de los profetas,

para que el Señor le conceda

progresar continuamente en el amor a su nombre

y en la fidelidad a su alianza.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que prometiste llenar de bendiciones

a Abraham y a su descendencia,

escucha las súplicas de tu Iglesia,

y concede al pueblo de la primitiva alianza

alcanzar la plenitud de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

VII. Por los que no creen en Cristo.

Oremos también por los que no creen en Cristo,

para que, iluminados por el Espíritu Santo,

puedan encontrar el camino de la salvación.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

concede a quienes no creen en Cristo

buscar sinceramente agradarte,

para que encuentren la verdad;

y a nosotros tus fieles,

concédenos progresar en el amor fraterno

y en el deseo de conocerte más,

para dar al mundo

un testimonio creíble de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

VIII. Por los que no creen en Dios.

Oremos también por los que no conocen a Dios,

para que obren siempre con bondad y rectitud

y puedan llegar así a conocer a Dios.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

que has hecho a los hombres en tal forma

que en todo, aun sin saberlo, te busquen

y sólo al encontrarte hallen descanso,

concédenos que, en medio

de las adversidades de este mundo,

todos reconozcan las señales de tu amor

y, estimulados por el testimonio de nuestra vida,

tengan por fin la alegría de creer en ti,

único Dios verdadero

y Padre de todos los hombres.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

IX. Por los gobernantes.

Oremos también por los jefes de Estado

y todos los responsables de los asuntos públicos,

para que Dios nuestro Señor les inspire decisiones

que promuevan el bien común,

en un ambiente de paz y libertad.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

en cuya mano está mover el corazón de los hombres

y defender los derechos de los pueblos,

mira con bondad a nuestros gobernantes,

para que, con tu ayuda,

promuevan una paz duradera,

un auténtico progreso social

y una verdadera libertad religiosa.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

X. Por los que se encuentran en alguna tribulación.

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso,

para que libre al mundo de todas sus miserias,

dé salud a los enfermos y pan a los que tienen hambre,

libere a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos,

conceda seguridad a los que viajan,

un pronto retorno

a los que se encuentran lejos del hogar

y la vida eterna a los moribundos.

Se ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote:

Dios todopoderoso y eterno,

consuelo de los afligidos y fortaleza de los que sufren,

escucha a los que te invocan en su tribulación,

para que experimenten todos

la alegría de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.  Amén.

Segunda parte: Adoración de la santa Cruz

14. Terminada la oración universal, se hace la adoración solemne de la santa Cruz. De las dos formas que se proponen a continuación para el descubrimiento de la cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada pastoralmente, de acuerdo con las circunstancias.

Primera forma de mostrar la santa Cruz

15. Se lleva al altar la cruz, cubierta con un velo y acompañada por dos acólitos con velas encendidas. El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la cruz, descubre un poco su extremo superior, la eleva y comienza a cantar el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, cuyo canto prosi­gue juntamente con los ministros sagrados, o, si es necesario, con el coro. Todos res­ponden: Venid a adorarlo. Terminado el canto, todos se arrodillan y adoran en silencio, durante algunos instan­tes, la cruz que el sacerdote, de pie, mantiene en alto.

            Enseguida el sacerdote descubre el brazo derecho de la cruz y, elevándola de nuevo, comienza a cantar (en el mismo tono que antes) el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, y se prosigue como la primera vez.

            Finalmente descubre por completo la cruz y, volviéndola a elevar, comienza por tercera vez el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, etc., como la primera vez.

16.       Enseguida, acompañado por dos acólitos con velas encendidas, el sacerdote lleva la cruz a la entrada del presbiterio o a otro sitio adecuado y la coloca ahí, o la entrega a los ministros o acólitos para que la sostengan, y se colocan las dos velas en­cendidas a los lados de la cruz.

             Se hace luego la adoración de la santa Cruz como se indica más abajo, en el número 18.

Segunda forma de mostrar la santa Cruz

17.     El sacerdote, el diácono u otro ministro idóneo, va a la puerta del templo jun­tamente con los acólitos. Ahí recibe la cruz ya descubierta. Los acólitos toman los ciriales encendidos, y todos avanzan en forma de procesión hacia el presbiterio a través del templo. Cerca de la puerta del templo, el que lleva la cruz la levanta y canta el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz. Todos responden Venid y adoremos y se arrodillan después de la respuesta, adorando un momento en silencio. Esto mismo se repite a la mitad de la igle­sia y a la entrada del presbiterio. (El invitatorio se canta las tres veces en el mismo tono).

Después se coloca la cruz a la entrada del presbiterio y se ponen a sus lados los ciria­les, como se indica en el número 16.

 

 

Adoración de la santa Cruz

18.     El sacerdote, el clero y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la cruz, haciendo delante de ella una genuflexión simple o algún otro signo de veneración (co­mo el de besarla), según la costumbre de la región.

Mientras tanto, se canta la antífona Tu Cruz adoramos, los Improperios, u otros cánti­cos apropiados. Todos, conforme van terminando de adorar la cruz, regresan a su lu­gar y se sientan.

19.     Expóngase solamente una cruz a la adoración de los fieles. Si por el gran nú­mero de asistentes no todos pudieren acercarse, el sacerdote, después de que una parte de los fieles haya hecho la adoración, toma la cruz y, de pie ante el altar, invita a todo el pueblo, con breves palabras, a adorar la santa Cruz. Luego la levanta en alto por un momento, para que los fieles la adoren en silencio.

20. Terminada la adoración, la cruz es llevada al altar y puesta en su lugar. Los ciriales encendidos son colocados a los lados del altar o junto a la cruz.

Cantos para la adoración de la santa Cruz

Las partes que corresponden al primer coro se indican con el número 1; las que corresponden al segundo, con el número 2; las que deben cantar conjuntamente los dos coros se indican con los números 1 y 2.

Antífona

1 y 2. Antífona

 

Tu cruz adoramos, Señor,

y tu santa resurrección alabamos

y glorificamos.

Por el madero ha venido la alegría

al mundo entero.

 

1. Salmo 66, 2

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros y tenga piedad.

 

1 y 2. Antífona

 

Tu cruz adoramos, Señor,

y tu santa resurrección alabamos

y glorificamos.

Por el madero ha venido la alegría

al mundo entero.

Improperios

I

 

1 y 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido ? Respóndeme.

 

1. Yo te saqué de Egipto;

tú preparaste una cruz para tu Salvador.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Hágios o Theós.

2. Santo es Dios.

 

1. Hágios Ischyrós.

2. Santo y fuerte.

 

1. Hágios Athánatos, eléison himás.

2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

 

1 y 2. Yo te guié cuarenta años por el desierto,

te alimenté con el maná,

te introduje en una tierra excelente;

tú preparaste una cruz para tu Salvador.

 

1. Hágios o Theós.

2. Santo es Dios.

 

1. Hágios Ischyrós.

2. Santo y fuerte.

 

1. Hágios Athánatos, eléison himás.

2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

 

1 y 2. ¿Qué más pude hacer por ti?

Yo te planté como viña mía,

escogida y hermosa.

¡Qué amarga te has vuelto conmigo!

Para mi sed me diste vinagre,

con la lanza traspasaste el costado

a tu Salvador.

 

1. Hágios o Theós.

2. Santo es Dios.

 

1. Hágios Ischyrós.

2. Santo y fuerte.

 

1. Hágios Athánatos, eléison himás.

2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.

II

1. Yo por ti azoté a Egipto y a sus primogénitos;

tú me entregaste para que me azotaran.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te saqué de Egipto,

sumergiendo al Faraón en el mar Rojo;

tú me entregaste a los sumos sacerdotes.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo abrí el mar delante de ti;

tú con la lanza abriste mi costado.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te guiaba con una columna de nubes;

tú me guiaste al pretorio de Pilato.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te sustenté con maná en el desierto;

tú me abofeteaste y me azotaste.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te di a beber el agua salvadora

que brotó de la peña;

tú me diste a beber hiel y vinagre.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo por ti herí a los reyes cananeos;

tú me heriste la cabeza con la caña.

 

2 .¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te di un cetro real;

tú me pusiste una corona de espinas.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

1. Yo te levanté con gran poder;

tú me colgaste del patíbulo de la cruz.

 

2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,

en qué te he ofendido?

Respóndeme.

 

Himno

1 y 2. Antífona

¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1.      Himno

 

Cantemos la nobleza de esta guerra,

el triunfo de la sangre y del madero,

y un Redentor, que en trance de Cordero,

sacrificado en cruz, salvó la tierra.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

 

1. Dolido mi Señor por el fracaso

de Adán, que mordió muerte en la manzana,

otro árbol señaló, de flor humana,

que reparase el daño paso a paso.

 

2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1. Y así dijo el Señor: ¡Vuelva la Vida

y que Amor redima la condena!

La gracia está en el fondo de la pena

y la salud naciendo de la herida.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

 

1. ¡Oh plenitud del tiempo consumado!

Del seno de Dios Padre en que vivía,

ved la Palabra entrando por María

en el misterio mismo del pecado.

 

2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1. ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena

y a Dios como el menor de los humanos?

Llorando en el pesebre, pies y manos

le faja una doncella nazarena.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

 

1. En plenitud de vida y de sendero,

dio el paso hacia la muerte porque él quiso.

Mirad de par en par el paraíso

abierto por la fuerza de un Cordero.

 

2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1. Vinagre y sed la boca, apenas gime;

y al golpe de los clavos y lanza,

un mar de sangre fluye, inunda, avanza

por tierra, mar y cielo y los redime.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

 

1. Ablándate, madero, tronco abrupto

de duro corazón y fibra inerte;

doblégate a este peso y esta muerte

que cuelga de tus ramas como un fruto.

 

2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!

 

1. Tú sólo entre los árboles, crecido

para tender a Cristo en tu regazo;

tú el arca que nos salva, tú el abrazo

de Dios con los verdugos del Ungido.

 

2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!

Jamás el bosque dio mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

Esta conclusión no debe omitirse:

1 y 2. Al Dios de los designios de la historia,

que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;

al que en cruz devuelve la esperanza

de toda salvación, honor y gloria. Amén.

Tercera Parte: Sagrada comunión

21.       Se extiende un mantel sobre el altar y se pone sobre él un corporal y el libro. Enseguida el diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote, trae el Santísimo Sacramen­to del lugar del depósito directamente al altar, mientras todos permanecen de pie y en silencio. Dos acólitos, con candelabros encendidos, acompañan al Santísimo Sacramento y depositan luego los candelabros a los lados del altar o sobre él.

22.       Después de que el diácono ha depositado el Santísimo Sacramento sobre el altar y ha descubierto el copón, se acerca el sacerdote y, previa genuflexión, sube al altar. Ahí, teniendo las manos juntas, dice con voz clara:

Fieles a la recomendación del Salvador,

y siguiendo su divina enseñanza,

nos atrevemos a decir:

El sacerdote, con las manos extendidas, dice junto con el pueblo:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo en voz alta:

Líbranos de todos los males, Señor,

y concédenos la paz en nuestros días,

para que, ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación,

mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos.

El pueblo concluye la oración, aclamando:

Tuyo es el reino,

tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor.

23.       A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:

Señor Jesucristo,

la comunión de tu Cuerpo

no sea para mí un motivo de juicio y condenación,

sino que, por tu piedad,

me aproveche para defensa de alma y cuerpo

y como remedio saludable.

24.       Seguidamente hace genuflexión, toma una partícula, la mantiene un poco ele­vada sobre el pixis y dice en voz alta, de cara al pueblo:

Este es el Cordero de Dios,

que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade una sola vez:

Señor, no soy digno

de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya

bastará para sanarme.

Luego, comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.

25. Después distribuye la comunión a los fieles. Durante la comunión se pueden entonar cantos apropiados.

26. Acabada la comunión, un ministro idóneo lleva el pixis a algún lugar especial­mente preparado fuera de la iglesia, o bien, silo exigen las circunstancias, lo reserva en el sagrario.

27. Después el sacerdote, guardado si lo cree oportuno un breve silencio, dice la siguiente oración:

Oración después de la comunión

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,

que nos has redimido con la gloriosa muerte

y resurrección de Jesucristo,

por medio de nuestra participación en este sacramento

prosigue en nosotros la obra de tu amor

y ayúdanos a vivir entregados siempre a tu servicio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

28. Como despedida, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el pueblo, extendiendo las manos sobre él, dice la siguiente oración:

Oración sobre el pueblo

Envía Señor, tu bendición

sobre estos fieles tuyos

que han conmemorado la muerte de tu Hijo

y esperan resucitar con él;

concédeles tu perdón y tu consuelo,

fortalece su fe

y condúcelos a su eterna salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Y todos se retiran en silencio. A su debido tiempo se desnuda el altar.

29.    Los que asistieron a esta solemne acción litúrgica de la tarde, no están obliga­dos a rezar Vísperas.

 

TIEMPO PASCUAL

Vigilia Pascual

Tiempo Pascual

 

DOMINGO DE PASCUA

DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR

En la noche santa

 

 

Vigilia pascual

1. Según una tradición muy antigua, ésta es una noche de vigilia en honor del Se­ñor (Ex 12, 42). Los fieles, llevando en la mano —según la exhortación evangélica (Lc 12, 35 ss)— lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan el regreso de su Señor para que, cuando él vuelva, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa.

2. La celebración de la Vigilia se desarrolla de la siguiente manera: después de la breve liturgia de la luz o "lucernario" (primera parte de la Vigilia), la santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor, medita los portentos que él obró desde el principio en favor de su pueblo (segunda parte o liturgia de la palabra) y cuando el día de la resurrección está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hi­jos, renacidos en el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha pre­parado para su pueblo, por medio de su muerte y resurrección (cuarta parte).

3. Toda la celebración de la Vigilia pascual se hace en la noche, de modo que no debe comenzar antes del principio de la noche del sábado, ni terminar después del alba del domingo.

4. La misa de la Vigilia, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la misa pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles que participan en la misa de la Vigilia pueden comulgar también en la misa diurna de la Pascua.

5. El sacerdote que celebra o concelebra la misa de la Vigilia, puede también cele­brar o concelebrar la misa diurna de la Pascua.

6. El sacerdote y los ministros se revisten desde el principio con los ornamentos blancos de la misa.

Prepárense suficientes velas para todos los fieles que participen en la Vigilia.

 

 

Primera parte:

 

Lucernario o solemne comienzo de la Vigilia

 

 

Bendición del fuego y preparación del cirio

7. Se apagan todas las luces de la iglesia.

                      En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende el fuego. Congregado allí el pue­blo, llega el sacerdote con los ministros. Uno de los ministros lleva el cirio pascual.

                      Si las circunstancias no permiten encender el fuego fuera de la iglesia, todo este rito se desarrolla como se indica en el número 13.

8. El sacerdote saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y le hace una breve exhortación, con estas palabras u otras semejantes:

Hermanos:

En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del Señor, escuchando su palabra y partici­pando en sus sacramentos, con la esperanza cierta de participar tam­bién en su triunfo sobre la muerte y de vivir con él para siempre en Dios.

9. Enseguida bendice el fuego.

Oremos.

Dios nuestro, que por medio de tu Hijo

has dado a tus fieles el fuego de tu luz,

santifica +este fuego nuevo

y concédenos

que la celebración de estas fiestas pascuales

encienda en nosotros deseos tan santos

que podamos llegar con corazón limpio

a las fiestas de la eterna luz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R.      Amén.

Del fuego nuevo se enciende el cirio pascual.

10. Si, por razones pastorales, parece oportuno hacer resaltar con algunos símbo­los la dignidad y la significación del cirio pascual, puede hacerse de este modo: una vez bendecido el fuego nuevo, un acólito o uno de los ministros lleva el cirio pascual ante el celebrante. Este, con un punzón, graba una cruz en el cirio. Después, traza so­bre él la letra griega Alfa y, debajo, la letra Omega; entre los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso, mientras dice:

1. Cristo ayer y hoy,

(Graba el trazo vertical de la cruz.)

2. Principio y fin,

(Graba el trazo horizontal.)

3. Alfa

(Graba la letra Alfa sobre el trazo vertical.)

4. y Omega.

(Graba la letra Omega debajo del trazo vertical.)

5. Suyo es el tiempo

(Graba el primer número del año en curso en el ángulo superior izquierdo de la cruz.)

6. y la eternidad.

(Graba el segundo número del año en el ángulo superior derecho de la cruz.)

7. A él la gloria y el poder,

(Graba el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo de la cruz.)

8. por los siglos de los siglos. Amén.

(Graba el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho de la cruz.)

 

 

 

 

 

 

O

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11. Acabada la incisión la cruz y los demás signos, el sacerdote puede in­crustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, diciendo al mismo tiempo.

 

1. Por sus santas llagas                                     1        

2. gloriosas,                                         

3. nos proteja                                           4       2                    5

4. y nos guarde

5. Jesucristo nuestro Señor. Amén.                  3

 

 

12. El sacerdote enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo:

 

Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso,

disipe las tinieblas del corazón y del espíritu.

            Todos los ritos indicados en los nn. 10-12 puede realizarse total o parcialmente, según las circunstancias pastorales del ambiente y del lugar. Las Conferencias Episcopales pueden esta­blecer también otros ritos más acomodados a la idiosincrasia de cada pueblo en concreto.

 

 

 

 

 

 

13. Cuando por alguna razón no se puede encender el fuego fuera de la iglesia, el rito se acomoda a las circunstancias. Reunido, como de costumbre, el pueblo en la iglesia, el celebrante con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio pascual, se dirige a la puerta de la iglesia. El pueblo, en cuanto sea posible, se vuelve hacia el celebrante.

            El sacerdote hace el saludo y la exhortación, como se indicó en el n. 8; después se bendice el fuego (n. 9) y, si se quiere, se prepara y enciende el cirio, como se indica en los nn. 10-12.

 

Procesión

14. A continuación el diácono o, en su defecto, el sacerdote, toma el cirio pascual y, manteniéndolo elevado, canta él solo:

V. Luz del Cristo.

Y todos responden:

R. Demos gracias a Dios.

Todos entran en la iglesia, precedidos por el diácono (o el sacerdote) que lleva el cirio pascual. Si se emplea el incienso, el turiferario precederá al diácono.

15.    En la puerta de la iglesia, el diácono se detiene y elevando el cirio, canta por segunda vez:

Cristo, luz del mundo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

En este momento todos encienden sus velas en la llama del cirio y avanzan de nuevo.

16.    Al llegar ante el altar, el diácono, vuelto hacia el pueblo, canta por tercera vez:

Cristo, luz del mundo.

Y todos responden:

Demos gracias a Dios.

Entonces se encienden las luces del templo.

        

Pregón pascual

17. El sacerdote se dirige a la sede. El diácono pone el cirio pascual en el candelabro, que está preparado en medio del presbiterio o junto al ambón. Después de poner incienso en el incensario, si éste se ha utilizado, el diácono pide y recibe, como lo hace en la misa antes del Evangelio, la bendición del sacerdote, el cual dice en voz baja

El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que proclames dignamente su pregón pascual; en el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo.

R. Amén.

            Esta bendición se omite si el pregón pascual es proclamado por otro que no sea el diácono.

            Si se usa el incienso, el diácono o, en su defecto, el sacerdote, inciensa el libro y el cirio. Luego proclama el pregón pascual desde el ambón o desde el púlpito. Todos permanecen de pie, teniendo en sus manos las velas encendidas.

            El pregón pascual puede ser proclamado, en caso de necesidad, por un cantor que no sea diácono. En este caso, el cantor omite desde las palabras Por eso, queridos hermanos, hasta el final del invitatorio El resplandor de su luz, así como el saludo El Señor esté con vosotros.

            El pregón puede cantarse también en su forma breve. Las Conferencias Episcopales pueden adaptar el pregón intercalando en él alguna aclamación del pueblo.

 

Forma larga del pregón pascual

 

Exulten por fin los coros de los ángeles,

alégrense las jerarquías del cielo

y, por la victoria de rey tan poderoso,

que las trompetas anuncien la salvación.

 

Goce también la tierra,

inundada de tanta claridad,

y que, radian con el fulgor del rey eterno,

se sienta libre de la tiniebla

que cubría el orbe entero.

 

Alégrese también nuestra madre la Iglesia

revestida de luz tan brillante;

resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

 

(Por eso, queridos hermanos,

que asisten a la admirable claridad de esta luz santa,

invoquen conmigo la misericordia de Dios omnipotente,

para que aquel que, sin mérito mío,

me agregó al, número de los diáconos,

infundiendo el resplandor de su luz,

me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.)

 

(V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.)

V.Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario

aclamar con nuestras voces

y con todo el afecto del corazón

a Dios invisible, el Padre todopoderoso,

y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

 

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre

la deuda de Adán

y, derramando su sangre,

canceló el recibo del antiguo pecado.

 

Porque éstas son las fiestas de Pascua,

en las que se inmola el verdadero Cordero,

cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

 

Ésta es la noche

en que sacaste de Egipto

a los israelitas, nuestros padres,

y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

 

Ésta es la noche

en que la columna de fuego

esclareció las tinieblas del pecado.

 

Esta es la noche

en que, por toda la tierra,

los que confiesan su fe en Cristo

son arrancados de los vicios del mundo

y de la oscuridad del pecado,

son restituidos a la gracia

y son agregados a los santos.

 

Ésta es la noche

en que, rotas las cadenas de la muerte,

Cristo asciende victorioso del abismo.

¿De qué nos serviría haber nacido

si no hubiéramos sido rescatados?

 

¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros!

¡Qué incomparable ternura y caridad!

¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!

 

Necesario fue el pecado de Adán,

que ha sido borrado por la muerte de Cristo.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

 

¡Qué noche tan dichosa!

Solo ella conoció el momento

en que Cristo resucitó de entre los muertos.

 

Esta es la noche

de la que estaba escrito:

"Será la noche clara como el día,

la noche iluminada por mi gozo".

 

Y así, esta noche santa

ahuyenta los pecados,

lava las culpas,

devuelve la inocencia a los caídos,

la alegría a los tristes,

expulsa el odio,

trae la concordia,

doblega a los poderosos.

 

En esta noche de gracia,

acepta, Padre santo,

el sacrificio vespertino de alabanza,

que la santa Iglesia te ofrece

por medio de sus ministros

en la solemne ofrenda de este cirio,

hecho con cera de abejas.

 

Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,

ardiendo en llama viva para la gloria de Dios.

Y aunque distribuye su luz,

no mengua al repartirla,

porque se alimenta de cera fundida,

que elaboró la abeja fecunda

para hacer esta lámpara preciosa.

 

¡Qué noche tan dichosa,

en que se une el cielo con la tierra,

lo humano con lo divino!

 

Te rogamos, Señor, que este cirio,

consagrado a tu nombre,

arda sin apagarse

para destruir la oscuridad de esta noche,

y, como ofrenda agradable,

se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,

ese lucero que no conoce ocaso

y es Cristo, tu Hijo resucitado,

que al salir del sepulcro,

brilla sereno para el linaje humano,

y vive y reina glorioso

por los siglos de los siglos.

 

R.Amén.

 

 

 

 

 

 

 

Forma breve del pregón pascual

 

Exulten por fin los coros de los ángeles,

alégrense las jerarquías del cielo

y, por la victoria de rey tan poderoso,

que las trompetas anuncien la salvación.

 

Goce también la tierra,

inundada de tanta claridad,

y que, radian con el fulgor del rey eterno,

se sienta libre de la tiniebla

que cubría el orbe entero.

 

Alégrese también nuestra madre la Iglesia

revestida de luz tan brillante;

resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

 

(V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.)

V.Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario

aclamar con nuestras voces

y con todo el afecto del corazón

a Dios invisible, el Padre todopoderoso,

y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

 

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre

la deuda de Adán

y, derramando su sangre,

canceló el recibo del antiguo pecado.

 

Porque éstas son las fiestas de Pascua,

en las que se inmola el verdadero Cordero,

cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

 

Ésta es la noche

en que sacaste de Egipto

a los israelitas, nuestros padres,

y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

 

Ésta es la noche

en que la columna de fuego

esclareció las tinieblas del pecado.

 

Esta es la noche

en que, por toda la tierra,

los que confiesan su fe en Cristo

son arrancados de los vicios del mundo

y de la oscuridad del pecado,

son restituidos a la gracia

y son agregados a los santos.

 

Ésta es la noche

en que, rotas las cadenas de la muerte,

Cristo asciende victorioso del abismo.

 

¡Que asombroso beneficio de tu amor por nosotros!

¡Qué incomparable ternura y caridad!

¡Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!

 

Necesario fue el pecado de Adán,

que ha sido borrado por la muerte de Cristo.

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

 

Y así, esta noche santa

ahuyenta los pecados,

lava las culpas,

devuelve la inocencia a los caídos,

la alegría a los tristes.

 

¡Qué noche tan dichosa,

en que se une el cielo con la tierra,

lo humano con lo divino!

 

En esta noche de gracia,

acepta, Padre santo,

el sacrificio vespertino de alabanza,

que la santa Iglesia te ofrece

por medio de sus ministros

en la solemne ofrenda de este cirio,

hecho con cera de abejas.

 

Te rogamos, Señor, que este cirio,

consagrado a tu nombre,

arda sin apagarse

para destruir la oscuridad de esta noche,

y, como ofrenda agradable,

se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,

ese lucero que no conoce ocaso

y es Cristo, tu Hijo resucitado,

que al salir del sepulcro,

brilla sereno para el linaje humano,

y vive y reina glorioso

por los siglos de los siglos.

 

R. Amén.

 

 

 

 

Segunda parte: Liturgia de la palabra

20.    En esta vigilia, "madre de todas las vigilias" (San Agustín, Serm. 219), se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo (la Epístola y el Evangelio).

21.    Si las circunstancias pastorales lo piden, puede reducirse el número de lecturas del Antiguo Testamento; pero téngase siempre en cuenta que la lectura de la Palabra de Dios es parte fundamental de esta Vigilia de Pascua.

            Deben leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento y, en casos muy urgentes, por lo menos dos. Pero nunca se omita la tercera lectura, tomada del capítulo 14 del Éxodo.

22.    Terminado el pregón, todos apagan sus velas y se sientan. Antes de comenzar las lecturas, el sacerdote exhorta a la asamblea con estas palabras u otras semejantes.

Hermanos, con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos con recogimiento la palabra de Dios. Meditemos como, en la antigua alianza, Dios salvó a su pueblo y en la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su Hijo para que nos redimiera. Oremos para que Dios, nuestro Padre, conduzca a su plenitud esta obra de salvación, iniciada con la muerte y resurrección de Jesucristo.

23.       Siguen luego las lecturas. Un lector va al ambón y lee la primera lectura. Des­pués el salmista o cantor dice el salmo, alternando con las respuestas del pueblo. Ense­guida todos se levantan, el sacerdote dice Oremos y después de que todos han orado en silencio durante unos momentos dice la oración colecta. Lo mismo se hace en cada lectura.

            En lugar de decir el salmo responsorial, se puede guardar un breve espacio de silencio para hacer oración. En este caso, se omite la pausa después del Oremos.

            Para la Vigilia pascual se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo. Si lo exigen las circunstancias, y por causas particulares, se puede disminuir el número de las lecturas asignadas. Téngase al menos tres lecturas del antiguo Testamento y, en casos más urgentes, por lo menos dos, antes de la epístola y el evangelio. Nunca se omita la lectura del Éxodo sobre el paso del mar Rojo (tercera lectura)

 

PRIMERA LECTURA

Vio Dios lodo lo que había hecho; y era muy bueno

Lectura del libro del Génesis 1, 1-2, 2

      Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos in­forme; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas.

      Y dijo Dios:

      –«Que exista la luz.»

      Y la luz existió.

      Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche».

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.

      Y dijo Dios:

      –«Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas. »

      E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda.

      Y así fue.

      Y llamó Dios a la bóveda «Cielo».

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.

      Y dijo Dios:

      –«Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.»

      Y así fue.

      Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó «Mar».

      Y vio Dios que era bueno.

      Y dijo Dios:

      –«Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.»

      Y así fue.

      La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie.

      Y vio Dios que era bueno.

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.

      Y dijo Dios:

      –«Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra. »

      Y así fue.

      E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla.

      Y vio Dios que era bueno.

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.

      Y dijo Dios:

      –«Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.»

      Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies.

      Y vio Dios que era bueno.

      Y Dios los bendijo, diciendo:

      –«Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.»

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.

      Y dijo Dios:

      –«Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.»

      Y así fue.

      E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies.

      Y vio Dios que era bueno.

      Y dijo Dios:

      –«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»

      Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hom­bre y mujer los creó.

      Y los bendijo Dios y les dijo:

      –«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.»

      Y dijo Dios:

      –«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla so­bre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran se­milla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respi­ra, la hierba verde les servirá de alimento. »

      Y así fue.

      Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

      Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.

      Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos.

      Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había he­cho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho.

 

Palabra de Dios.

 

24.    DESPUÉS DE LA PRIMERA LECTURA: creación del mundo (Ge 1, 1-2, 2) o creación del hombre (1, 1. 26-31a)

 

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno,

que en todas las obras de tu amor

te muestras admirable, concédenos comprender

que la redención realizada por Cristo, nuestra Pascua,

es una obra más maravillosa todavía

que la misma creación del universo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

 

 

 

 

 

O bien más breve:

Lectura del libro del Génesis 1, 1. 26-31a

Al principio creó Dios el cielo y la tierra.

Y dijo Dios:

–«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domi­ne los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»

Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hom­bre y mujer los creó.

Y los bendijo Dios y les dijo:

–«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra. »

Y dijo Dios:

–«Mirad, os entrego todas las hierbas, que engendran semilla so­bre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran se­milla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respi­ra, la hierba verde les servirá de alimento.»

Y así fue.

Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c (R.: cf. 30)

R. Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

      Bendice, alma mía, al Señor;

      ¡Dios mío, qué grande eres!

      Te vistes de belleza y majestad,

      la luz te envuelve como un manto. R.

      Asentaste la tierra sobre sus cimientos,

      y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano,

      y las aguas se posaron sobre las montañas. R.

      De los manantiales sacas los ríos,

      para que fluyan entre los montes;

      junto a ellos habitan las aves del cielo,

      y entre las frondas se oye su canto. R.

      Desde tu morada riegas los montes,

      y la tierra se sacia de tu acción fecunda;

      haces brotar hierba para los ganados,

      y forraje para los que sirven al hombre. R.

      Cuántas son tus obras, Señor,

      y todas las hiciste con sabiduría;

      la tierra está llena de tus criaturas.

      ¡Bendice, alma mía, al Señor! R.

O bien:

Sal 32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R.: 5b)

R. La misericordia del Señor llena la tierra.

      La palabra del Señor es sincera,

      y todas sus acciones son leales;

      él ama la justicia y el derecho,

      y su misericordia llena la tierra. R.

      La palabra del Señor hizo el cielo;

      el aliento de su boca, sus ejércitos;

      encierra en un odre las aguas marinas,

      mete en un depósito el océano. R.

      Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,

      el pueblo que él se escogió como heredad.

      El Señor mira desde el cielo,

      se fija en todos los hombres. R.

      Nosotros aguardamos al Señor:

      él es nuestro auxilio y escudo.

      Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

      como lo esperamos de ti. R.

si se hace la lectura breve: creación del hombre.

Oremos.

Dios nuestro, que de un modo admirable

nos creaste a tu imagen y semejanza

y de un modo más admirable todavía

nos redimiste,

concédenos sabiduría de espíritu,

para resistir los atractivos del pecado

y poder llegar así a los gozos del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDA LECTURA

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis 22, 1-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:

–«¡Abrahán! »

Él respondió:

–«Aquí me tienes.»

Dios le dijo:

–«Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. »

Abrahán madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado Dios.

El tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán dijo a sus criados:

–«Quedaos aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después volveremos con vosotros.»

Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos.

Isaac dijo a Abrahán, su padre:

–«Padre.»

El respondió:

–«Aquí estoy, hijo mío.»

El muchacho dijo:

–«Tenernos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?»

Abrahán contestó:

–«Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.»

Y siguieron caminando juntos.

Cuando llegaron al sitio que le habla dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

–«¡Abrahán, Abrahán!»

Él contestó:

–«Aquí me tienes.»

El ángel le ordenó:

–«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.»

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

Abrahán llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor ve».

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:

–«Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho

esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»

 

Palabra de Dios.

 

 

 

 

 

 

O bien más breve:

Lectura del libro del Génesis 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:

–«¡Abrahán! »

Él respondió:

–«Aquí me tienes.»

Dios le dijo:

–«Torna a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. »

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

–«¡Abrahán, Abrahán!»

Él contestó:

–«Aquí me tienes.»

El ángel le ordenó:

–«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado, a tu hijo, tú único hijo. »

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo:

–«Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu des­cendencia, porque me has obedecido.»

 

Palabra de Dios.

 

 

 

 

 

 

Salmo responsorial Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1)

R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

      El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;

      mi suerte está en tu mano.

      Tengo siempre presente al Señor,

      con él a mi derecha no vacilaré. R.

      Por eso se me alegra el corazón,

      se gozan mis entrañas,

      y mi carne descansa serena.

      Porque no me entregarás a la muerte,

      ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.

      Me enseñarás el sendero de la vida,

      me saciaras de gozo en tu presencia,

      de alegría perpetua a tu derecha. R.

 

25.    DESPUÉS DE LA SEGUNDA LECTURA: sacrificio de Abraham (Ge. 22, 1-18; o 1-2. 9a. 10-13. 15-18).

 

Oremos.

Señor Dios, Padre de los creyentes,

que por medio del sacramento pascual del bautismo

sigues cumpliendo la promesa hecha a Abraham

de multiplicar su descendencia por toda la tierra

y de hacerlo el padre de todas las naciones,

concede a tu pueblo responder dignamente

a la gracia de tu llamado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

TERCERA LECTURA

Los israelitas en medio del mar a pie enjuto

Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15, 1

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés:

–« ¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pon­gan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enju­to. Que yo voy a endurecer el corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa del Faraón y de todo su ejér­cito, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.»

Se puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y pasó a retaguardia. También la columna de nube de de­lante se desplazó de allí y se colocó detrás, poniéndose entre el cam­pamento de los egipcios y el campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la noche sin que los ejércitos pudie­ran trabar contacto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Se­ñor hizo soplar –durante toda la noche un fuerte viento del este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en me­dio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, en­trando tras ellos, en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros.

Mientras velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egip­cio, desde la columna de fuego y nube, y sembró el pánico en el cam­pamento egipcio. Trabó las ruedas de sus carros y las hizo avanzar pesadamente.

Y dijo Egipto:

–«Huyamos de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto. »

Dijo el Señor a Moisés:

–«Extiende tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus jinetes.»

Y extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuen­tro, y el Señor derribó a los egipcios en medio del mar.

Y volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó.

Pero los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les hacían de muralla a derecha e izquierda.

Aquel día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en Moisés, su siervo.

Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor:

 

Salmo responsorial Ex 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: la)

R. Cantaré al Señor, sublime es su victoria.

      Cantaré al Señor, sublime es su victoria,

      caballos y carros ha arrojado en el mar.

      Mi fuerza y mi poder es el Señor,

      él fue mi salvación.

      Él es mi Dios: yo lo alabaré;

      el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R.

      El Señor es un guerrero,

      su nombre es «El Señor».

      Los carros del Faraón los lanzó al mar,

      ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.

      Las olas los cubrieron,

      bajaron hasta el fondo como piedras.

      Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,

      tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.

      Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,

      lugar del que hiciste tu trono, Señor;

      santuario, Señor, que fundaron tus manos.

      El Señor reina por siempre jamás. R.

 

26.    DESPUÉS DE LA TERCERA LECTURA: paso del mar Rojo (Ex 14, 15-15,1)

 

Oremos.

Tus antiguos prodigios

se renuevan, Señor, también en nuestros tiempos,

pues lo que tu poder hizo con las aguas

para librar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón,

lo repites ahora, por medio del agua del bautismo,

para salvar a todas las naciones.

Concede a todos los hombres del mundo entero

contarse entre los hijos de Abraham

y participar de la dignidad del pueblo elegido.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

O bien:

Oremos.

Señor, que con el Evangelio nos has hecho comprender

el sentido profundo del Antiguo Testamento,

dejándonos ver en el paso del mar Rojo

una imagen del bautismo

y en el pueblo liberado de la esclavitud,

un símbolo del pueblo cristiano,

haz que todos los hombres, mediante la fe,

participen del privilegio del pueblo elegido

y sean regenerados por la acción santificadora de tu Espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

CUARTA LECTURA

Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor

Lectura del libro de Isaías 54, 5-14

El que te hizo te tomará por esposa;

su nombre es Señor de los ejércitos.

Tu redentor es el Santo de Israel,

se llama Dios de toda la tierra.

Como a mujer abandonada y abatida

te vuelve a llamar el Señor;

como a esposa de juventud, repudiada

–dice tu Dios–.

Por un instante te abandoné,

pero con gran cariño te reuniré.

En un arrebato de ira

te escondí un instante mi rostro,

pero con misericordia eterna te quiero

–dice el Señor, tu redentor–.

Me sucede como en tiempo de Noé:

juré que las aguas del diluvio

no volverían a cubrir la tierra;

así juro no airarme contra ti

ni amenazarte.

Aunque se retiren los montes

y vacilen las colinas,

no se retirará de ti mi misericordia,

ni mi alianza de paz vacilará

–dice el Señor, que te quiere–.

¡Oh afligida, zarandeada, desconsolada!

Mira, yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches,

tus cimientos sobre zafiros;

te pondré almenas de rubí,

y puertas de esmeralda,

y muralla de piedras preciosas.

Tus hijos serán discípulos del Señor,

tendrán gran paz tus hijos.

Tendrás firme asiento en la justicia.

Estarás lejos de la opresión,

y no tendrás que temer;

y lejos del terror,

que no se te acercará.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a)

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

      Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

      y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

      Señor, sacaste mi vida del abismo,

      y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

      Tañed para el Señor, fieles suyos,

      dad gracias a su nombre santo;

      su cólera dura un instante;

      su bondad, de por vida;

      al atardecer nos visita el llanto;

      por la mañana, el júbilo. R.

      Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

      Señor, socórreme.

      Cambiaste mi luto en danzas.

      Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

 

27.    DESPUÉS DE LA CUARTA LECTURA: la nueva Jerusalén (Is 54, 5-14).

 

Oremos.

Señor Dios, siempre fiel a tus promesas,

aumenta, por medio del bautismo, el número de tus hijos

y multiplica la descendencia prometida

a la fe de los patriarcas,

para que tu Iglesia vea que se va cumpliendo

tu voluntad de salvar a todos los hombres,

como los patriarcas lo creyeron y esperaron.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

       La oración anterior puede substituirse por alguna de las que siguen, cuando sus lectu­ras correspondientes vayan a omitirse.

QUINTA LECTURA

Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua

Lectura del libro de Isaías 55, 1-11

Así dice el Señor:

«Oíd, sedientos todos, acudid por agua,

también los que no tenéis dinero:

venid, comprad trigo, comed sin pagar

vino y leche de balde.

¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta,

y el salario en lo que no da hartura?

Escuchadme atentos, y comeréis bien,

saborearéis platos sustanciosos.

Inclinad el oído, venid a mí:

escuchadme, y viviréis.

Sellaré con vosotros alianza perpetua,

la promesa que aseguré a David:

a él lo hice mi testigo para los pueblos,

caudillo y soberano de naciones;

tú llamarás a un pueblo desconocido,

 un pueblo que no te conocía correrá hacia ti;

por el Señor, tu Dios,

por el Santo de Israel, que te honra.

Buscad al Señor mientras se le encuentra,

invocadlo mientras esté cerca;

que el malvado abandone su camino,

y el criminal sus planes;

que regrese al Señor, y él tendrá piedad,

a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes,

vuestros caminos no son mis caminos

–oráculo del Señor–.

Como el cielo es más alto que la tierra,

mis caminos son más altos que los vuestros,

mis planes, que vuestros planes.

Como bajan la lluvia y la nieve del cielo,

y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,

de fecundarla y hacerla germinar,

para que dé semilla al sembrador

y pan al que come,

así será mi palabra, que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que hará mi voluntad

y cumplirá mi encargo.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3)

R.    Sacaréis aguas con gozo

      de las fuentes de la salvación.

      El Señor es mi Dios y Salvador:

      confiaré y no temeré,

      porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

      él fue mi salvación.

      Y sacaréis aguas con gozo

      de las fuentes de la salvación. R.

      Dad gracias al Señor,

      invocad su nombre,

      contad a los pueblos sus hazañas,

      proclamad que su nombre es excelso. R.

      Tañed para el Señor, que hizo proezas,

      anunciadlas a toda la tierra;

      gritad jubilosos, habitantes de Sión:

      «Qué grande es en medio de ti

      el Santo de Israel. » R.

 

28.    DESPUÉS DE LA QUINTA LECTURA: la salvación que se ofrece gratuita­mente a todos (Is 55, 1-11).

 

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, única esperanza del mundo,

tú que anunciaste por la voz de tus profetas

los misterios que estamos celebrando esta noche,

infunde en nuestros corazones

la gracia de tu Espíritu,

para que podamos vivir una vida

digna de tu redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

SEXTA LECTURA

Caminad a la claridad del resplandor del Señor

Lectura del libro de Baruc 3, 9-15. 32-4, 4

Escucha, Israel, mandatos de vida;

presta oídos para aprender prudencia.

¿A qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo,

que envejezcas en tierra extranjera,

que estés contaminado entre los muertos,

y te cuenten con los habitantes del abismo?

Es que abandonaste la fuente de la sabiduría.

Si hubieras seguido el camino de Dios,

habitarías en paz para siempre.

Aprende dónde se encuentra la prudencia,

el valor y la inteligencia;

así aprenderás dónde se encuentra la vida larga,

la luz de los ojos y la paz.

¿Quién encontró su puesto

o entró en sus almacenes?

El que todo lo sabe la conoce,

la examina y la penetra.

El que creó la tierra para siempre

y la llenó de animales cuadrúpedos;

el que manda a la luz, y ella va,

la llama, y le obedece temblando;

a los astros que velan gozosos

en sus puestos de guardia,

los llama, y responden:

«Presentes»,

y brillan gozosos para su Creador.

Él es nuestro Dios,

y no hay otro frente a él;

investigó el camino de la inteligencia

y se lo enseñó a su hijo, Jacob,

a su amado, Israel.

Después apareció en el mundo

y vivió entre los hombres.

Es el libro de los mandatos de Dios,

la ley de validez eterna:

los que la guarden vivirán;

los que la abandonen morirán.

Vuélvete, Jacob, a recibirla,

camina a la claridad de su resplandor;

no entregues a otros tu gloria,

ni tu dignidad a un pueblo extranjero.

¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos

lo que agrada al Señor!

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68)

R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

      La ley del Señor es perfecta

      y es descanso del alma;

      el precepto del Señor es fiel

      e instruye al ignorante. R.

      Los mandatos del Señor son rectos

      y alegran el corazón;

      la norma del Señor es límpida

      y da luz a los ojos. R.

      La voluntad del Señor es pura

      y eternamente estable;

      los mandamientos del Señor son verdaderos

      y enteramente justos. R.

      Más preciosos que el oro,

      más que el oro fino;

      más dulces que la miel

      de un panal que destila. R.

 

29.    DESPUÉS DE LA SEXTA LECTURA: la fuente de la sabiduría (Bar 3,9-15.

32-4, 4).

 

Oremos.

Dios nuestro, que haces crecer continuamente a tu Iglesia

con hijos llamados de todos los pueblos,

dígnate proteger siempre con tu gracia

a quienes has hecho renacer en el bautismo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

 

SÉPTIMA LECTURA

Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 16-28

Me vino esta palabra del Señor:

«Hijo de Adán,

cuando la casa de Israel habitaba en su tierra,

la profanó con su conducta, con sus acciones;

como sangre inmunda fue su proceder ante mí.

Entonces derramé mi cólera sobre ellos,

por la sangre que habían derramado en el país,

por haberlo profanado con sus idolatrías.

Los esparcí entre las naciones,

anduvieron dispersos por los países;

según su proceder, según sus acciones los sentencié.

Cuando llegaron a las naciones donde se fueron,

profanaron mi santo nombre;

decían de ellos:

"Éstos son el pueblo del Señor,

de su tierra han salido.

Sentí lástima de mi santo nombre,

profanado por la casa de Israel

en las naciones a las que se fue.

Por eso, di a la casa de Israel:

Esto dice el Señor:

"No lo hago por vosotros, casa de Israel,

sino por mi santo nombre, profanado por vosotros,

en las naciones a las que habéis ido.

Mostraré la santidad de mi nombre grande,

profanado entre los gentiles,

que vosotros habéis profanado en medio de ellos;

y conocerán los gentiles que yo soy el Señor

–Oráculo del Señor–,

cuando les haga ver mi santidad al castigaros.  

Os recogeré de entre las naciones,

os reuniré de todos los países,

y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura

que os purificará:

de todas vuestras inmundicias e idolatrías

os he de purificar.

Y os daré un corazón nuevo,

y os infundiré un espíritu nuevo;

arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra,

y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu,

y haré que caminéis según mis preceptos,

y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo,

y yo seré vuestro Dios."»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2)

R. Como busca la cierva corrientes de agua,

      así mi alma te busca a ti, Dios mío.

      Tiene sed de Dios,

      del Dios vivo:

      ¿cuándo entraré a ver

      el rostro de Dios? R.

      Cómo marchaba a la cabeza del grupo,

      hacia la casa de Dios,

      entre cantos de júbilo y alabanza,

      en el bullicio de la fiesta. R.

      Envía tu luz y tu verdad;

      que ellas me guíen

      y me conduzcan hasta tu monte santo,

      hasta tu morada. R.

      Que yo me acerque al altar de Dios,

      al Dios de mi alegría;

      que te dé gracias al son de la cítara,

      Dios, Dios mío. R.

O bien, cuando se celebra el bautismo: Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6, como después de la quinta lectura.

O bien:

Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19  (R.: 12a)

R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso;

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti. R.

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

tú no lo desprecias. R.

 

30.    DESPUÉS DE LA SÉPTIMA LECTURA: el corazón nuevo y el espíritu nue­vo (Ez 36, 16-28).

 

Oremos.

Señor Dios nuestro, poder inmutable y luz sin ocaso,

prosigue bondadoso a través de tu Iglesia,

sacramento de salvación,

la obra que tu amor dispuso desde la eternidad;

que todo el mundo vea y reconozca

que los caídos se levantan,

que se renueva lo que había envejecido

y que todo se integra en aquel

que es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor,

que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

 

R. Amén.

O esta oración:

Oremos.

Señor Dios nuestro,

que con las enseñanzas del Antiguo

y del Nuevo Testamento

nos has preparado a celebrar el misterio de la Pascua,

haz que comprendamos tu amor,

para que los dones que hoy recibimos

confirmen en nosotros la esperanza de los bienes futuros.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

R. Amén.

31.    Terminada la oración de la última lectura del Antiguo Testamento, con el res­ponsorio y la oración correspondiente, se encienden las velas del altar. El sacerdote en­tona solemnemente el himno Gloria a Dios, que todos prosiguen. Se tocan las campanas, de acuerdo con las costumbres de cada lugar.

32.    Acabado el himno, el sacerdote dice la oración colecta, como de costumbre.

Oremos.

Dios nuestro, que haces resplandecer esta noche santa

con la gloria del Señor resucitado,

aviva en tu Iglesia el espíritu filial,

para que, renovados en cuerpo y alma,

nos entreguemos plenamente a tu servicio.

Por nuestro Señor Jesucristo.

33.    Seguidamente un lector proclama la lectura del Apóstol.

EPÍSTOLA

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-11

Hermanos:

Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.

Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores, y no­sotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha que­dado absuelto del pecado.

Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también vivi­remos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

 

Palabra de Dios.

34.    Terminada la epístola todos se ponen de pie y el sacerdote entona solemne­mente el Aleluya, que todos repiten.

            Después el salmista o cantor proclama el salmo, y el pueblo intercala: Aleluya, En cada una de las estrofas. Si hace falta, el mismo salmista canta el Aleluya.

Salmo responsorial      Sal 117, 1-2. l6ab- 17. 22-23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia. R.

La diestra del Señor es poderosa,

la diestra del Señor es excelsa.

No he de morir, viviré

para contar las hazañas del Señor. R.

La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente. R.

35.       Para el Evangelio no se llevan cirios. Puede emplearse el incienso.

EVANGELIO

Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 1-10

En la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la sema­na, fueron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajan­do del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su as­pecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centi­nelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres:

–«Vosotras, no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.

No está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el si­tio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he anunciado.»

Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y lle­nas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:

–«Alegraos.»

Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies.

Jesús les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»

 

Palabra del Señor.

36.       Inmediatamente después del Evangelio se hace la homilía. Después comienza la liturgia bautismal.

 

Tercera parte: Liturgia bautismal

 

37.     El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si es que ésta se encuentra a la vista de los fieles. De lo contrario, se pone un recipiente con agua en el presbiterio.

          Si hay catecúmenos adultos, son llamados por su nombre y presentados por los padri­nos o, si son niños, llevados por los padres y padrinos frente a toda la asamblea.

38.     Después, el sacerdote exhorta a los presentes, con estas u otras palabras seme­jantes.

Si están presentes los que se van a bautizar:

Hermanos, acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a nueva vida en la fuente del bautismo, para que Dios, nuestro Padre, les otorgue su protección y su amor.

Si se bendice la fuente, pero no va a haber bautizos:

Hermanos, pidamos a Dios todopoderoso que con su poder santifi­que esta fuente bautismal, para que cuantos en el bautismo van a ser regenerados en Cristo, sean acogidos en la familia de Dios.

39. Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden estando en pie (por razón del tiempo pascual).

Si la procesión hasta el baptisterio es larga, se cantan las letanías durante la procesión; en este caso se llama a los catecúmenos, antes de comenzar la procesión. Esta procesión se organiza de la siguiente manera: abre la procesión el diácono o un ministro con el cirio pascual; siguen los catecúmenos, con los pa­drinos; después, el sacerdote con los ministros. En este caso, la exhortación precedente se hace antes de la bendición del agua.

40. Si no hay bautizos ni bendición de la fuente, omitidas las letanías, se procede inmediatamente a la bendición del agua (número 45).

41. En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el del titular de la iglesia, el de los patronos del lugar y el de los que van a ser bautizados.

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.

Señor, ten piedad.

 

Santa María, Madre de Dios

ruega (rogad) por nosotros

San Miguel

Santos Ángeles de Dios

San Juan Bautista

San José

Santos Pedro y Pablo

San Andrés

San Juan

Santa María Magdalena

San Esteban

San Ignacio de Antioquía

San Lorenzo

Santas Perpetua y Felicidad

Santa Inés

San Gregorio

San Agustín

San Atanasio

San Basilio

San Martín

San Benito

Santos Francisco

San Francisco Javier

San Juan María Vianney

Santa Catalina de Siena

Santa Teresa de Jesús

Santos y Santas de Dios

 

Muéstrate propicio

líbranos, Señor

De todo mal

De todo pecado

De la muerte eterna

Por tu encarnación

Por tu muerte y resurrección

Por el don del Espíritu Santo

 

Nosotros, que somos pecadores                   

te rogamos, óyenos

 

 

 

 

 

 

Si hay bautizos:

Para que regeneres a estos elegidos

con la gracia del bautismo

te rogamos, óyenos

 

 

 

 

 

 

Si no hay bautizos:

Para que santifiques esta agua

en la que renacerán tus nuevos hijos

te rogamos, óyenos

 

Jesús, Hijo de Dios vivo.

te rogamos, óyenos

Si hay bautizandos, el sacerdote, con las manos juntas, dice la siguiente oración:

Derrama, Señor, tu infinita bondad

en este sacramento del bautismo

y envía a tu santo Espíritu,

para que haga renacer de la fuente bautismal

a estos nuevos hijos tuyos,

que van a ser santificados por tu gracia,

mediante la colaboración de nuestro ministerio.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

Bendición del agua bautismal

42.    Enseguida el sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo con las manos jun­tas, la siguiente oración:

Oh Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables

con tu poder invisible

y de diversos modos te has servido de tu criatura el agua

para significar la gracia del bautismo.

 

Oh Dios, cuyo espíritu en los orígenes del mundo,

Se cernía sobre las aguas

para que ya desde entonces

concibieran el poder de santificar.

 

Oh Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio

prefiguraste el nacimiento de la nueva humanidad,

de modo que una misma agua

pusiera fin al pecado y diera origen a la santidad.

 

Oh Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo

a los hijos de Abraham,

a fin de que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón,

fuera imagen de la familia de los bautizados.

 

Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán,

fue ungido por el Espíritu Santo;

colgado en la cruz,

vertió de su costado agua, junto con la sangre;

y después de su resurrección mandó a sus apóstoles:

"Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos,

bautizándolos

en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo."

 

Mira ahora a tu Iglesia en oración

y abre para ella la fuente del bautismo.

Que esta agua reciba, por la obra del Espíritu Santo,

la gracia de tu Unigénito,

para que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo,

muera al hombre viejo

y renazca, como niño, a vida nueva

por el agua y el Espíritu.

Si lo cree oportuno, introduce el cirio pascual en el agua una o tres veces, diciendo:

Te pedimos, Señor,

que el poder del Espíritu Santo,

por tu Hijo,

descienda sobre el agua de esta fuente,

Y teniendo el cirio dentro del agua, prosigue:

para que todos los sepultados con Cristo en su muerte,

por el bautismo,

resuciten con él a la vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

43. Seguidamente saca el cirio del agua y el pueblo dice la siguiente aclamación o al­guna otra adecuada:

Manantiales, bendecid al Señor,

ensalzadlo con himnos por los siglos.

44.       Cada catecúmeno hace la renuncia a Satanás y la profesión de fe, y recibe el bautismo.

Si está presente el obispo, los catecúmenos adultos reciben inmediatamente la confir­mación; en caso contrario, el presbítero que ha administrado el bautismo puede tam­bién confirmar a los catecúmenos adultos (Cf. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adul­tos, nn. 228 y 362).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bendición del agua común

45.    Si no hay bautizos, ni bendición de la fuente bautismal, el sacerdote bendice el agua diciendo:

Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que ben­diga esta agua, con la cual seremos rociados en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve interiormente, para que permanezca­mos fieles al Espíritu que hemos recibido.

Y después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos juntas.

Señor, Dios nuestro,

mira con bondad a este pueblo tuyo,

que vela en oración en esta noche santísima,

recordando la obra admirable de nuestra creación

y la obra más admirable todavía, de nuestra redención.

Dígnate bendecir + esta agua,

que tú creaste para dar fertilidad a la tierra,

frescura y limpieza a nuestros cuerpos.

Tu, además, has convertido el agua

en un instrumento de tu misericordia:

a través de las aguas del mar Rojo

liberaste a tu pueblo de la esclavitud;

en el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed;

con la imagen del agua viva

los profetas anunciaron la nueva alianza

que deseabas establecer con los hombres;

finalmente, en el agua del Jordán,

santificada por Cristo,

inauguraste el sacramento de una vida nueva,

que nos libra de la corrupción del pecado.

Que esta agua nos recuerde ahora

nuestro bautismo

y nos haga participar en la alegría

de nuestros hermanos,

que han sido bautizados en esta Pascua del Señor,

el cual vive y reina por los siglos de los siglos.

R.   Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

Renovación de las promesas del bautismo

46.    Terminada la ceremonia del bautismo (y de la confirmación) o, si no hubo bau­tizos, después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en sus manos las velas encendidas hacen la renovación de las promesas del bautismo.

            El sacerdote se dirige a la comunidad con estas palabras u otras parecidas:

Hermanos, por medio del bautismo, hemos sido hechos participes del misterio pascual de Cristo; es decir, por medio del bautismo, hemos sido sepultados con él en su muerte para resucitar con él a una vida nueva. Por eso, al terminar el tiempo de preparación de la Cuaresma, es muy conveniente que renovemos las promesas de nuestro bautismo, con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras y nos comprometimos a servir a Dios, en la santa Iglesia católica.

Así, pues:

Para hacer la renuncia, se puede tomar una de las tres fórmulas que se proponen a con­tinuación:

Primera fórmula:

Sacerdote:

¿Renunciáis vosotros a Satanás?

Todos:

Sí, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a todas sus obras?

Todos:

Sí, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a todas sus seducciones?

Todos:

Sí, renuncio.

 

 

 

 

 

 

 

 

Segunda fórmula:

Sacerdote:

¿Renunciáis vosotros al pecado para vivir en la libertad de los hi­jos de Dios?

Todos:

Si, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a todas las seducciones del mal para que el pecado no los esclavice?

Todos:

Si, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a Satanás, padre y autor de todo pecado?

Todos:

Si, renuncio.

 

Tercera fórmula:

Sacerdote:

¿Renunciáis a Satanás, esto es,

          al pecado, como negación de Dios;

          al mal, como signo de pecado en el mundo;

          al error, como ofuscación de la verdad;

          a la violencia, como contraria a la caridad;

          al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

Todos:

Si, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a sus obras, que son:

   las envidias y los odios;

   la pereza e indiferencia;

   la cobardía y los complejos;

   las tristezas y desconfianzas;

   las injusticias y favoritismos;

   los materialismos y las sensualidades;

   las faltas fe, esperanza y caridad?

Todos:

Si, renuncio.

Sacerdote:

¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser:

   el creerse mejores que los demás;

   sentirse superiores;

   estar seguros de sí mismo;

   creer que no necesitan conversión;

considerar solamente las cosas materiales, los instrumentos y las instituciones, los métodos y los reglamentos, y no llegar a Dios?

Todos:

Si, renuncio.

 

 

 

 

 

 

Prosigue el sacerdote:

¿Creéis vosotros en Dios,

Padre todopoderoso,

creador del cielo y de la tierra?

Todos:

Si, creo.

Sacerdote:

¿Creéis en Jesucristo,

su Hijo único y Señor nuestro,

que nació de la Virgen María,

padeció y murió por nosotros,

resucitó y está sentado a la derecha del Padre?

Todos:

Sí, creo.

Sacerdote:

¿Creéis en el Espíritu Santo,

en la santa Iglesia católica,

en la comunión de los santos,

en el perdón de los pecados,

en la resurrección de los muertos y en la vida eterna?

Todos:

Sí, creo.

 

Y el sacerdote concluye:

 

Que Dios todopoderoso,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos liberó del pecado

y nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo,

nos conserve con su gracia

unidos a Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida eterna.

 

Todos:

 

Amén.

47.    El sacerdote asperja al pueblo con el agua bendita, mientras todos cantan la si­guiente antífona o algún otro canto bautismal:

Vi brotar agua

del lado derecho del templo, aleluya.

Vi que en todos aquellos

que recibían el agua,

surgía una vida nueva

y cantaban con gozo: Aleluya, aleluya.

48.    Mientras tanto los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles.

            Si la bendición del agua bautismal se hizo en el presbiterio, los ministros llevan a la fuente, con toda reverencia, el recipiente del agua. Si no hubo bendición de la fuente, el agua bendita se coloca en un lugar apropiado.

49.    Hecha la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, en donde dirige la Oración Universal, en la cual toman parte los neófitos por primera vez.

No se dice Credo.

Cuarta parte: Liturgia eucarística

50.    El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística, en la forma acos­tumbrada.

51.    Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los hay.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

y concédenos que el memorial

de la muerte y resurrección de Jesucristo,

que estamos celebrando,

nos obtenga la fuerza para llegar a la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

52.     Prefacio pascual I:

EL MISTERIO PASCUAL

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación,

glorificarte siempre, Señor,

pero más que nunca en esta noche

en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

 

Porque él es el Cordero de Dios

que quitó el pecado del mundo:

muriendo, destruyó nuestra muerte,

y resucitando, restauró la vida.

 

Por eso, con esta efusión de gozo pascual,

el mundo entero se desborda de alegría

y también los coros celestiales,

los ángeles y los arcángeles,

cantan sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor, propios.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la glo­riosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate, Señor, propio y la intercesión particular, propia.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua, de su octava y en el bautismo de adultos:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende los deseos, propio y la intercesión particular, propia.

En las misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

 

 

 

 

 

53.     Antífona de comunión        1 Cor 5, 7-8

Cristo, nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Celebremos, pues, la Pascua, con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.

54.    Oración después de la comunión

Infúndenos, Señor, tu espíritu de caridad

para que vivamos siempre unidos en tu amor

los que hemos participado

en este sacramento

de la muerte y resurrección de Jesucristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

55.    Para la despedida, el diácono o el mismo sacerdote dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

 

 

TIEMPO PASCUAL

Surrexit Dominus Vere,  Alleluia!

 

Domingo de Resurrección

Vigilia pascual

Misa del día

Octava de Pascua

L-M-X-J-V-S-D

Segunda Semana

L-M-M-J-V-S

Tercera Semana

D-L-M-M-J-V-S

Cuarta Semana

D-L-M-M-J-V-S

Quinta Semana

D-L-M-M-J-V-S

Sexta Semana

D-L-M-M-J-V-S

Séptima Semana

L-M-M-J-V-S

Solemnidades de Pascua

Ascensión

Pentecostés

 

DOMINGO DE PASCUA

DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR

MISA DEL DÍA

Antífona de entrada             Sal 138, 18. 5-6

He resucitado y viviré siempre contigo; has puesto tu mano sobre mí, tu sabiduría ha sido maravillosa. Aleluya.

O bien:              Lc 24, 34; Cf. Ap 1, 6

El Señor ha resucitado. Aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad.

Oración colecta

Dios nuestro,

que por medio de tu Hijo venciste a la muerte

y nos has abierto las puertas de la vida eterna,

concede a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección,

resucitar también a una nueva vida,

renovados por la gracia del Espíritu Santo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Regocijados con la alegría de la Pascua,

te ofrecemos, Señor, esta Eucaristía,

mediante la cual tu Iglesia se renueva y alimenta

de un modo admirable.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

EL MISTERIO PASCUAL

V.   El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V.   Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

glorificarte siempre, Señor,

pero más que nunca en este día,

en que Cristo nuestra Pascua,

fue inmolado.

 

Porque Él es el Cordero de Dios

que quitó el pecado del mundo:

muriendo, destruyó nuestra muerte,

y resucitando, restauró la vida.

 

Por eso,

con esta efusión de gozo pascual,

el mundo entero se desborda de alegría

y también los coros celestiales,

los ángeles y los arcángeles,

cantan sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la glo­riosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión       1  Cor 5, 7-8

Cristo, nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado: celebremos, pues la Pascua con una vida de rectitud y santidad. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, protege siempre a tu Iglesia con amor paterno,

para que, renovada ya por los sacramentos de Pascua,

pueda llegar a la gloria de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Para despedir al pueblo, durante toda la octava se dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

El pueblo responde:

R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

 

 

Toda la Octava de Pascua se dice esta despedida

 

LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada            Ex 13, 5. 9

Que la alabanza del Señor esté siempre en nuestros labios, porque el Señor nos ha introducido en la tierra prometida, tierra que mana leche y miel. Aleluya.

O bien:

El Señor ha resucitado, como lo había predicho; llenémonos de gozo y de alegría, porque reina eternamente. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que por medio del bautismo

das nuevos hijos a tu Iglesia

y la haces crecer continuamente,

concédenos vivir siempre de acuerdo

con la fe que recibimos en el bautismo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad, nuestras ofrendas,

y tú, que nos llamaste a la fe

y nos has hecho renacer por el bautismo,

guíanos a la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

 

 

 

 

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión       Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que la gracia de este sacramento,

memorial de la Pascua de tu Hijo,

fructifique, Señor, en nuestros corazones

para que podamos corresponder a los dones de tu amor,

que nos abrió el camino de la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada              Cf. Sir 15, 3-4

El Señor les dará a beber el agua de la sabiduría; se apoyarán en él y no vacilarán. El los llenará de gloria eternamente. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Señor, tú que nos has librado del pecado

por medio de la muerte y resurrección de tu Hijo,

prosigue en nosotros la obra liberadora de tu gracia

y concédenos el gozo de celebrar la Pascua eterna,

que ya desde ahora nos llena de esperanza y alegría.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, en tu bondad,

los dones que te presentamos,

y concédenos tu protección para conservar tu gracia

y conseguir la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso e la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión        Col 3, 1-2

Puesto que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aficionaos a los bienes del cielo, no a los de la tierra. Aleluya.

Oración después de la comunión

Tú que nos has concedido

la gracia inmerecida del bautismo,

purifica, Señor, y fortalece nuestros corazones,

para que podamos alcanzar un día la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada               Mt 25, 34

Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que en la liturgia pascual

nos concedes cada año la alegría

de revivir la resurrección del Señor,

haz que el júbilo de estos días

alcance su plenitud en la Pascua del cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio

con el que has redimido a todos los hombres,

y concédenos, por medio de él,

la salvación del cuerpo y del espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión      Lc 24, 35

Al atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor cuando partió el pan. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te rogamos, Señor,

que, purificados ya de nuestras pasadas culpas,

la participación en este sacramento de tu Hijo

nos transforme en hombres nuevos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

JUEVES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada           Sb 10, 20-21

Todos alabamos, Señor, tu poder y tu sabiduría, porque has abierto la boca de los mudos y has hecho elocuentes las lenguas de los niños. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro,

que has reunido pueblos de toda la tierra

para alabar tu nombre,

concede a todos tus hijos,

nacidos a una vida nueva por medio del bautismo,

tener una misma fe y manifestarla en la vida

con un mismo amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, con bondad,

el sacrificio que vamos a ofrecerte,

para darte gracias por los nuevos bautizados

y pedirte para ellos tu constante ayuda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión       1 Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada            Sal 77, 53

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió en el mar. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que en el sacramento

de la muerte y resurrección de tu Hijo

ofreces a los hombres

el pacto de la reconciliación y de la paz,

concédenos realizar en nuestra vida

este misterio que proclamamos con la fe.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones que te presentamos,

para que nos los conviertas

en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo resucitado,

y transfórmanos a nosotros,

para que, de las alegrías y trabajos de la tierra,

podamos elevarnos al deseo de ti.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

 

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión       Cf. Jn 21, 12-13

Dijo Jesús a sus discípulos: Venid y comed. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA

Antífona de entrada              Sal 104, 43

El Señor liberó a su pueblo y lo llenó de alegría; al pueblo elegido lo colmó de júbilo. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios nuestro, que en tu bondad sin límites

aumentas cada día

el número de los que creen en ti,

mira con amor a tus elegidos,

que han nacido a una nueva vida por medio del bautismo

y concédeles alcanzar la resurrección gloriosa.

Por nuestro Señor Jesucristo.

No se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión         Gal 3, 27

Todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo. Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

II DOMINGO DE PASCUA

Antífona de entrada               1  Pe 2, 2

Como niños recién nacidos, desead una leche pura y espiritual que os haga crecer hacia la salvación. Aleluya.

O bien:              4 Edr 2, 36-37

Abrid vuestro corazón con alegría, y dad gracias a Dios, que os ha llamado al Reino de los cielos. Aleluya.

Oración colecta

Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo

con la celebración anual de las fiestas pascuales,

aumenta en nosotros tu gracia,

para que comprendamos a fondo la inestimable riqueza

del bautismo que nos ha purificado,

del Espíritu que nos ha dado una vida nueva

y de la Sangre que nos ha redimido.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, las ofrendas

que (junto con los recién bautizados) te presentamos;

tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I: (en este día).

Si se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor.

Desde la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la no­che santa) el día santo de la resurrección de nuestro Señor Jesu­cristo según la carne, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acepta, Señor, en tu bondad,

esta ofrenda de tus siervos

y de toda tu familia santa,

por aquellos que has hecho renacer

del agua y del Espíritu santo

perdonándoles todos sus pecados

ordena en tu paz nuestros días,

líbranos de la condenación eterna

y cuéntanos entre tus elegidos.

Junta las manos

[Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

 

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión particular.

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo; *

En las Misas de Pascua y de su octava:

Acuérdate también de nuestros hermanos [N. y N.,]

que hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación]

han entrado a formar parte de tu familia;

ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,

con ánimo generoso y ferviente.

 

 

 

 

 

 

Si se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende a los deseos.

En las Misas de Pascua y de su octava:

* Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y concédeles andar siempre en una vida nueva.

Desde la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

* (en la noche gloriosa) en el día glorioso

de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.

 

Antífona de comunión       Cf. Jn 20, 27

Jesús dijo a Tomás: acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso,

que la gracia recibida en este sacramento

nos impulse siempre a servirte mejor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la II Semana

Antífona de entrada              Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

a quien confiadamente

podemos llamar ya Padre nuestro,

haz crecer en nuestros corazones

el espíritu de hijos adoptivos tuyos,

para que merezcamos gozar, un día,

de la herencia que nos has prometido.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo

por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día,

de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 20, 19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: "La paz sea con vosotros". Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado

por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la II Semana

Antífona de entrada            Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

Oración colecta

Haz, Señor, que nuestra vida toda

sea testimonio vivo

del poder de Cristo resucitado,

que nos ha hecho morir con él al pecado,

para que podamos resucitar con él,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así, entrara luego en su gloria. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la II Semana

Antífona de entrada             Sal 17, 50; 21, 23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, que con la Pascua de tu Hijo

has devuelto al hombre su dignidad perdida

y le has dado la esperanza de la resurrección,

concédenos agradecerte siempre, con amor,

este misterio de fe que estamos celebrando.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos haces participar de tu misma vida divina,

concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto

las verdades que nos has revelado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Cf. Jn 15, 16. 19

Soy yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía,

míranos con bondad y ayúdanos a vencer

nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Jueves de la II Semana

Antífona de entrada              Cf. Sal 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo, y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.

Oración colecta

Concédenos, Padre misericordioso,

que veamos fructificar en nuestra vida

las gracias recibidas durante esta Pascua.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

las ofrendas que te presentamos

y purifica nuestros corazones,

para que podamos participar dignamente

en este sacramento de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno,

que en Cristo resucitado

nos has hecho renacer a la vida eterna,

haz que este misterio pascual,

en el que acabamos de participar

por medio de la Eucaristía,

dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Viernes de la II Semana

Antífona de entrada             Ap 5, 9-10

Señor, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.

Oración colecta

Padre misericordioso,

que para librarnos del poder del enemigo

quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros

el suplicio de la cruz,

concédenos llegar con él a la gloria de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad,

las ofrendas que te presentamos,

y ayúdanos a conservar tu gracia

para alcanzar un día la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Rom 4, 25

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado de la II Semana

Antífona de entrada              1  Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que te has dignado redimirnos

y has querido hacernos hijos tuyos,

míranos siempre con amor de Padre

y haz que, cuantos creemos en Cristo,

obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado para el sacrificio eucarístico

y transforma toda nuestra vida

en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 17, 24

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía,

que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya

y en la cual hemos participado,

nos una cada vez más

con el vinculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

III DOMINGO DE PASCUA

Antífona de entrada             Sal 65, 1-2

Aclamad al Señor, habitantes todos de la tierra, cantad un himno a su nombre, dadle gracias y alabadlo. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que nos has renovado en el espíritu

al devolvernos la dignidad de hijos tuyos,

concédenos aguardar, llenos de júbilo y esperanza,

el día glorioso de la resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Año A:                                                                                                          Lc 24, 35

Al atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor cuando partió el pan. Aleluya.

Año B:                                                                                                      Lc 24, 46-47

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y que, en su nombre, se exhortara a todos los pueblos al arrepentimiento para el perdón de los pecados. Aleluya.

Año C:                                                                                                Cf. Jn 21, 12-13

Dijo Jesús a sus discípulos: Venid y comed. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad a estos hijos tuyos

que has renovado por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterna de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la III Semana

Antífona de entrada

Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que iluminas a los extraviados

con la luz de tu Evangelio

para que vuelvan al camino de la verdad,

concede a cuantos nos llamamos cristianos,

imitar fielmente a Cristo

y rechazar lo que pueda alejarnos de Él,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

las ofrendas que te presentamos,

y purifica nuestros corazones,

para que podamos participar dignamente

en este sacramento de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 14, 27

La paz os dejo, mi paz os doy; pero yo no os la doy como la da el mundo, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno,

que en Cristo resucitado

nos has hecho renacer a la vida eterna,

haz que este misterio pascual,

en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía,

dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la III Semana

Antífona de entrada            Ap 19, 5; 12, 10

Alabemos a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro,

que abres las puertas de tu Reino

a quienes renacen del agua y del Espíritu Santo,

haz fructificar en nosotros la gracia del bautismo

para que, libres de toda culpa,

podamos alcanzar la herencia que nos has prometido.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo

por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día,

de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Rom 6, 8

Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con él; ésta es nuestra fe. Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado

por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la III Semana

Antífona de entrada           Sal 70, 8. 23

Que mi boca, Señor, se llene de alabanzas para poder cantarte; entonces mis labios se estremecerán de júbilo. Aleluya.

Oración colecta

Ayuda, Señor, con generosidad,

a estos hijos tuyos

a quienes has concedido el don de la fe,

para que puedan, un día, alcanzar la felicidad eterna

con tu Hijo resucitado,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

El Señor que nos redimió con su sangre,

ha resucitado

y ha hecho resplandecer su luz sobre nosotros. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Jueves de la III Semana

Antífona de entrada              Ex 15, 1-2

Cantemos al Señor, pues su victoria es grande. Alabemos al Señor, porque él es nuestra fortaleza y salvación. Aleluya.

Oración colecta

Señor, muéstranos siempre ese amor

que en estos días de Pascua

nos has revelado con mayor claridad,

y concédenos que, libres del error y del pecado,

sigamos con fidelidad tus enseñanzas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones,

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos haces participar de tu misma vida divina,

concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto

las verdades que nos has revelado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión      2 Cor 5, 15

Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía,

míranos con bondad

y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Viernes de la III Semana

Antífona de entrada            Ap 5, 12

Digno es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya.

Oración colecta

Dios todopoderoso,

que nos has dado la gracia de conocer

la resurrección de tu Hijo,

haz que resucitemos a una vida nueva

por medio de tu Espíritu de amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado

para el sacrificio eucarístico,

y transforma toda nuestra vida

en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Cristo, que murió en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía

que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya

y en la cual hemos participado,

nos una cada vez mas

con el vínculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado de la III Semana

Antífona de entrada              Col 2, 12

Por el bautismo, habéis sido sepultados con Cristo y con él habéis sido resucitados, porque habéis creído en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, que por medio del bautismo

haces participar de la vida de Cristo

a los que creen en ti,

protégenos de los engaños del enemigo,

para que podamos conservar fielmente el don de tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, en tu bondad,

los dones que te presentamos

y concédenos tu protección para conservar tu gracia

y conseguir la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Jn 17, 20-21

Padre, te ruego por aquellos que creerán en mí, para que sean uno en nosotros y el mundo pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

IV DOMINGO DE PASCUA

Antífona de entrada             Sal 32, 5-6

Alabemos al Señor llenos de gozo, porque la tierra está llena de su amor y su palabra hizo los cielos. Aleluya.

Oración colecta

Dios omnipotente y misericordioso,

guíanos a la felicidad eterna de tu Reino,

a fin de que el pequeño rebaño de tu Hijo

pueda llegar seguro

a donde ya está su Pastor, resucitado,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios

por los siglos de los siglos.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas, y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Vela, Señor, con solicitud, por las ovejas

que rescataste con la Sangre preciosa de tu Hijo,

para que puedan alcanzar, un día,

la felicidad eterna de tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la IV Semana

Antífona de entrada             Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro,

que por medio de la muerte de tu Hijo

has redimido al mundo de la esclavitud del pecado,

concédenos participar ahora de la santa alegría pascual

y, después en el cielo, de la felicidad eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo

por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día,

de la felicidad eterna.

Por Cristo nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Jn  20,19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: "La paz sea con vosotros". Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor,

con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la IV Semana

Antífona de entrada            Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

Oración colecta

Dios Padre todopoderoso,

concede a quienes celebramos

la resurrección de Cristo,

vivir plenamente la alegría

de nuestra salvación.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así entrara luego en su gloria. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la IV Semana

Antífona de entrada            Sal 17, 50; 12, 23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, vida de los creyentes,

gloria de los humildes, felicidad de los justos,

escucha nuestras súplicas

y sacia, con la abundancia de tus dones,

la sed de quienes esperamos en tus promesas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos haces participar de tu misma vida divina,

concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto

las verdades que nos has revelado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Cf. Jn 15, 16. 19

Soy yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía,

míranos con bondad

y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Jueves de la IV Semana

Antífona de entrada              Cf. Sal 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.

Oración colecta

Dios de inefable misericordia,

que, al redimir al hombre,

le otorgaste una dignidad mayor que la que tuvo en sus orígenes,

bendice a quienes te has dignado hacernos hijos tuyos

por medio del bautismo,

y conserva siempre en nosotros tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

las ofrendas que te presentamos,

y purifica nuestros corazones

para que podamos participar dignamente

en este sacramento de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Mt 28,20

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno,

que, en Cristo resucitado

nos has hecho renacer a la vida eterna,

haz que este misterio pascual

en el que acabamos de participar

por medio de la Eucaristía,

dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Viernes de la IV Semana

Antífona de entrada           Ap 5, 9-10

Señor, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.

Oración colecta

Señor nuestro,

que nos has dado la libertad y la salvación

por medio de la Sangre de tu Hijo,

concédenos vivir siempre para ti

y en ti encontrar la felicidad eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad,

las ofrendas que te presentamos,

y ayúdanos a conservar tu gracia

para alcanzar un día la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Rom 4, 2

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado de la IV Semana

Antífona de entrada              1  Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que nos has hecho partícipes

de la muerte y resurrección de tu Hijo

por medio del bautismo,

concédenos vivir de tal manera nuestros

compromisos bautismales,

que demos frutos abundantes de vida cristiana

y podamos llegar a la plenitud del gozo eterno.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado para el sacrificio eucarístico,

y transforma toda nuestra vida

en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 17, 24

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía

que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya

y en la cual hemos participado,

nos una cada vez más

con el vínculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

V DOMINGO DE PASCUA

Antífona de entrada           Sal 97, 1-2

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que te has dignado redimirnos

y has querido hacernos hijos tuyos,

míranos siempre con amor de Padre

y haz que cuantos creemos en Cristo

obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos haces participar de tu misma vida divina,

concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto

las verdades que nos has revelado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Jn 15, 1. 5

Yo soy la vid verdadera y vosotros los sarmientos, dice el Señor; si permanecéis en mí y yo en vosotros daréis fruto abundante. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía,

míranos con bondad

y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la V Semana

Antífona de entrada

Ha resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dignó morir para salvarnos. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro,

tú que puedes darnos un mismo querer y un mismo sentir,

concédenos a todos amar lo que nos mandas

y anhelar lo que nos prometes,

para que, en medio de las preocupaciones de esta vida,

pueda encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

las ofrendas que te presentamos,

y purifica nuestros corazones

para que podamos participar dignamente

en este sacramento de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 14, 27

La paz os dejo, mi paz os doy; pero yo no os la doy como la da el mundo, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno,

que, en Cristo resucitado,

nos has hecho renacer a la vida eterna,

haz que este misterio pascual

en el que acabamos de participar

por medio de la Eucaristía,

dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la V Semana

Antífona de entrada             Ap 19, 5; 12, 10

Alabemos a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro,

que por medio de la resurrección de tu Hijo

nos has abierto las puertas de la vida eterna,

concédenos creer fielmente en ti

y esperar confiadamente

el cumplimiento de tus promesas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos,

llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día,

de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Rom 6, 8

Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con él; ésta es nuestra fe. Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad, a estos hijos tuyos

que has renovado

por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la V Semana

Antífona de entrada           Sal 70, 8. 23

Que mi boca, Señor, se llene de alabanzas para poder cantarte; entonces mis labios se estremecerán de júbilo. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro misericordioso,

que salvas al pecador y lo llamas a tu amistad,

atrae hacia ti el corazón de tus hijos,

libres ya de las tinieblas por el don de la fe,

y no permitas que se aparten de ti,

que eres la luz verdadera.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

El Señor, que nos redimió con su sangre, ha resucitado y ha hecho resplandecer su luz sobre nosotros. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Jueves de la V Semana

Antífona de entrada              Ex 15, 1-2

Cantemos al Señor, pues su victoria es grande. Alabemos al Señor, porque él es nuestra fortaleza y salvación. Aleluya.

Oración colecta

Dios de poder y de misericordia,

cuya gracia convierte al pecador en justo

y da felicidad al afligido,

conserva en nosotros el don de tu amor,

para que podamos perseverar con fortaleza

en la fe que nos ha justificado.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos haces participar de tu misma vida divina,

concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto

las verdades que nos has revelado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión      2 Cor 5, 15

Cristo murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía, míranos con bondad

y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Viernes de la V Semana

Antífona de entrada           Ap 5, 12

Digno es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya.

Oración colecta

Concédenos, Señor, ajustar nuestra vida

al misterio de la Pascua que celebramos llenos de gozo,

a fin de que, alejados de veras del pecado

y buscándote en todo a ti,

el poder de Cristo resucitado

nos proteja y nos salve.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado para el sacrificio eucarístico,

y transforma toda nuestra vida

en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión

Cristo, que murió en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía

que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya

y en la cual hemos participado,

nos una cada vez más

con el vinculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado de la V Semana

Antífona de entrada           Col 2, 12

Por el bautismo, habéis sido sepultados con Cristo y con él habéis sido resucitados, porque habéis creído en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos. Aleluya.

Oración colecta

Dios omnipotente y eterno,

que en el bautismo nos has comunicado tu misma vida,

haz que todos tus hijos,

renacidos a la esperanza de la inmortalidad,

alcancemos con tu ayuda la plenitud de la gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, en tu bondad,

los dones que te presentamos

y concédenos tu protección para conservar tu gracia

y conseguir la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Jn 17, 20-21

Padre, te ruego por aquellos que creerán en mí, para que sean uno en nosotros y el mundo pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

VI DOMINGO DE PASCUA

Antífona de entrada            Cf. Is 48, 20

Con voz de júbilo, anunciadlo; que se oiga, que llegue a todos los rincones de la tierra: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso,

continuar celebrando con amor y alegría

la victoria de Cristo resucitado,

y que el misterio de su pascua

transforme nuestra vida y se manifieste en nuestras obras.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

las ofrendas que te presentamos,

y purifica nuestros corazones

para que podamos participar dignamente

en este sacramento de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 14, 15-16

Si me amáis, cumplid mis mandamientos, dice el Señor; y yo rogaré al Padre, y él os dará otro Abogado, que permanecerá con vosotros para siempre. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno,

que, en Cristo resucitado,

nos has hecho renacer a la vida eterna,

haz que este misterio pascual

en el que acabamos de participar

por medio de la Eucaristía,

dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Lunes de la VI Semana

Antífona de entrada           Rom 6, 9

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Oración colecta

Concédenos, Dios misericordioso,

que la celebración

del santo tiempo de la Pascua

produzca siempre frutos abundantes

en toda nuestra vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

llenos de júbilo por la resurrección de tu Hijo,

y concédenos participar con él, un día,

de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Jn 20, 19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo:"La paz sea con vosotros". Aleluya.

Oración después de la comunión

Mira, Señor, con bondad,

a estos hijos tuyos

que has renovado

por medio de los sacramentos,

y condúcelos al gozo eterno

de la resurrección.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la VI Semana

Antífona de entrada            Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

Oración colecta

Señor, tú que nos has renovado en el espíritu

al devolvernos la dignidad de hijos tuyos,

concédenos aguardar,

llenos de júbilo y esperanza,

el día glorioso de nuestra resurrección.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor, que este sacrificio pascual

que vamos a ofrecerte,

nos llene siempre de alegría,

prosiga en nosotros tu obra redentora

y nos obtenga de ti la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión        Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así entrara luego en su gloria. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

precio de nuestra redención,

nos ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos

y a obtener, así, nuestra felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la VI Semana

Antífona de entrada            Sal 17, 50; 21, 23

Te alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

a cuantos celebramos ahora

la resurrección de tu Hijo por medio de la fe,

poderlo contemplar resucitado, llenos de alegría,

cuando vuelva glorioso en medio de tus santos.

Él, que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,

por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que por medio de estos dones

que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

nos haces participar de tu misma vida divina,

concédenos que nuestra conducta ponga de manifiesto

las verdades que nos has revelado.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión      Cf. Jn 15, 16. 19

Soy yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía,

míranos con bondad

y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Jueves de la VI Semana

El formulario siguiente se usa en aquellas regiones donde la solemnidad de la Ascen­sión se celebra el domingo siguiente. En cambio, en donde se celebre la solemnidad hoy, jueves, se dice la misa de la Ascen­sión del Señor.

Antífona de entrada            Cf. Sal 67, 8-9. 20

Cuando saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, que nos has hecho participes

de los dones de la redención,

concédenos vivir siempre

la alegría de la resurrección de tu Hijo.

Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, las ofrendas que te presentamos,

y purifica nuestros corazones

para que podamos participar dignamente

en este sacramento de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V.

Antífona de comunión       Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso y eterno,

que en Cristo resucitado,

nos has hecho renacer a la vida eterna,

haz que este misterio pascual

en el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía,

dé en nosotros abundantes frutos de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Viernes de la VI Semana

Antífona de entrada             Ap 5, 9-10

Señor, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.

Oración colecta

Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente, se dice esta colecta:

Te pedimos, Señor,

que por medio de la predicación del Evangelio

se extienda por todo el mundo la acción redentora de Cristo,

y que todos los hombres formemos una sola familia,

conforme a la voluntad de tu Hijo,

que vive y reina contigo.

Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves, se dice esta colecta:

Dios nuestro, que por la resurrección de Cristo

nos has abierto las puertas de la vida eterna,

concédenos imitarlo

para que podamos compartir su gloria junto a ti,

cuando vuelva con todo su poder y majestad.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad, las ofrendas que te presentamos,

yayúdanos a conservar tu gracia

para alcanzar un día la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente:

Prefacio de Pascua I-V.

Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves:

Prefacio de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión       Rom 4, 25

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado de la VI Semana

Antífona de entrada             1  Pe 2, 9

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

Oración colecta

Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente, se dice esta colecta:

Señor, inclina nuestros corazones al bien

a fin de que, en el continuo esfuerzo por elevarnos a ti,

podamos vivir plenamente el misterio pascual.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves, se dice esta colecta:

Señor, que el Espíritu Santo,

prometido por tu Hijo antes de subir al cielo

y que descendió sobre los Apóstoles

para hacerles comprender toda la riqueza del Evangelio,

nos ilumine también a nosotros y nos llene de sus dones.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado para el sacrificio eucarístico,

y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente:

Prefacio de Pascua I-V.

Cuando la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves:

Prefacio de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión       Jn 17, 24

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía

que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya

y en la cual hemos participado, nos una cada vez más

con el vínculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

VII Domingo de Pascua

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Solemnidad

Antífona de entrada            Hch 1, 11

Hombres de Galilea, ¿qué hacéis allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús, que os ha dejado para subir al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Llena, Señor, nuestro corazón de gratitud y de alegría

por la gloriosa ascensión de tu Hijo,

ya que su triunfo es también nuestra victoria,

pues a donde llegó él, nuestra cabeza,

tenemos la esperanza cierta de llegar nosotros,

que somos su cuerpo.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio

que vamos a ofrecerte en acción de gracias

por la ascensión de tu Hijo, y concédenos que esta Eucaristía

eleve nuestro espíritu. a los bienes del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Ascensión I o II.

 

 

Si se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, habiendo tomado nuestra débil condición humana, la exaltó a la derecha de tu gloria, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siem­pre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Si se usa la plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día glorioso en que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra; *

Si se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende, propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia

que has congregado en tu presencia *

* en el día glorioso de la Ascensión,

en el que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra.

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,

a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos

y a cuantos murieron en tu amistad

recíbelos en tu reino,

donde esperamos gozar todos juntos

de la plenitud eterna de tu gloria.

Junta las manos,

por Cristo, Señor nuestro,

por quien concedes al mundo todos los bienes.

 

Antífona de comunión        Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya.

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso,

que ya desde este mundo nos haces participar

de tu vida divina,

aviva en nosotros el deseo de la patria eterna,

donde nos aguarda Cristo, Hijo tuyo y hermano nuestro.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

VII DOMINGO DE PASCUA

                El siguiente formulario se utiliza donde la solemnidad de la Ascensión se celebra el jue­ves de la VI semana de Pascua. La conservamos para que pueda ser utilizada en la meditación personal.

Antífona de entrada               Sal 26, 7-9

Escucha, Señor, mi voz y mis clamores. De ti mi corazón me habla, diciendo: "Busca su auxilio" y tu auxilio, Señor, estoy buscando; no me lo niegues. Aleluya.

Oración colecta

Concede, Señor,

a quienes creemos firmemente que nuestro Salvador

comparte ya tu gloria,

sentir que él está también con nosotros,

según su promesa,

hasta el fin de los tiempos.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, nuestras ofrendas

y concédenos que esta Eucaristía

nos ayude a conseguir

la gloria del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua o de la Ascensión.

Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión       Jn 17, 22

Padre, yo te pido que ellos sean uno,

como tú y yo somos uno, dice el Señor. Aleluya.

Oración después de la comunión

Escúchanos, Señor,

y haz que nuestra comunión con Cristo glorificado

nos afiance en la esperanza

de que toda la Iglesia alcanzará, un día,

la gloria del Señor resucitado,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

Lunes de la VII Semana

Antífona de entrada             Hch 1, 8

Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén y aun en los lugares más remotos del mundo, dice el Señor. Aleluya.

Oración colecta

Infunde, Señor, en nosotros,

la fuerza del Espíritu Santo,

para que podamos cumplir fielmente tu voluntad

y demos testimonio de ti con nuestras obras.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que este santo sacrificio

nos purifique, Señor,

y llene nuestras almas

con la fuerza divina de tu gracia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión       Jn 14, 18; 16, 22

No os dejaré huérfanos, dice el Señor; vendré de nuevo a vosotros y se alegrarán vuestros corazones. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido participar

en esta Eucaristía,

míranos con bondad

y ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana,

para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Martes de la VII Semana

Antífona  de entrada                                                                                 Ap 1, 17-18

Yo soy el primero y el último, dice el Señor, yo soy el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo para siempre. Aleluya.

Oración colecta

Dios omnipotente y misericordioso

envíanos al Espíritu Santo

para que habite en nosotros

y nos transforme en templos de su gloria.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, nuestras ofrendas

y concédenos que esta Eucaristía

nos ayude a conseguir

la gloria del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión        Jn 14, 26

El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, dice el Señor, os instruirá en todo y os recordará lo que yo os he dicho. Aleluya.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía

que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya

y en la cual hemos participado,

nos una cada vez más

con el vínculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Miércoles de la VII Semana

Antífona de entrada            Sal 46, 2

Pueblos todos, aplaudid y aclamad a Dios con clamores de júbilo. Aleluya.

Oración colecta

Dios misericordioso

concede a tu Iglesia,

congregada por el Espíritu Santo,

entregarse plenamente a ti

y vivir siempre unida en el amor.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio de alabanza

que tú mismo nos has mandado celebrar,

y dígnate, por esta Eucaristía,

santificarnos y darnos tu salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión        Jn 15, 26-27

Cuando venga el Consolador que yo os enviaré, el Espíritu de verdad que procede del Padre, dará testimonio de mí, dice el Señor, y también vosotros daréis testimonio. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que esta comunión

aumente en nosotros tu gracia,

nos purifique de nuestros pecados

y nos disponga mejor a recibir tu dones.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Jueves de la VII Semana

Antífona de entrada              Heb 4, 16

Acerquémonos confiadamente a Dios, fuente de bondad, a fin de alcanzar su misericordia y su gracia en el tiempo oportuno. Aleluya.

Oración colecta

Señor, que el Espíritu Santo

nos conceda abundantemente sus dones,

para que podamos conocer tu voluntad

y ajustemos a ella nuestra vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que hemos preparado para el sacrificio eucarístico,

y transforma toda nuestra vida

en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión       Jn 16, 7

Yo os lo aseguro, dice el Señor: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Espíritu consolador. Aleluya.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía, Señor,

nos haga comprender tus designios

y nos comunique tu misma vida divina,

para que seamos dignos de recibir

los dones de tu Espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Viernes de la VII Semana

Antífona de entrada               Ap 1, 5-6

Cristo nos ama y nos ha purificado de nuestros pecados por medio de su sangre; él nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes para Dios su Padre. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro,

que por medio del triunfo glorioso de Cristo

y de la gracia del Espíritu Santo

nos has abierto las puertas del cielo,

haz que comprendamos la grandeza de este don

para que podamos crecer en la fe

y servirte con mayor empeño.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad,

las ofrendas de tu pueblo

y haz que el Espíritu Santo nos purifique

para que podamos presentarte un sacrificio agradable.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión       Jn 16, 13

Cuando venga el Espíritu de verdad, dice el Señor, él os guiará hasta la verdad plena. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, tu que nos purificas y fortaleces

por medio de tus sacramentos,

haz que nuestra participación en esta Eucaristía

nos conduzca a la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Sábado de la VII Semana

Misa matutina

Antífona de entrada            Hch 1, 14

Animados de un mismo espíritu, los discípulos perseveraban en la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de los parientes de éste. Aleluya.

Oración colecta

Al concluir estas fiestas de Pascua

concédenos, Señor, que la alegría

de saber que hemos resucitado con tu Hijo,

transforme toda nuestra vida.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas

Que el Espíritu Santo

nos purifique, Señor, de nuestras culpas

y nos prepare a celebrar dignamente

tu santa Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Pascua I-V o de la Ascensión I o II.

Antífona de comunión       Jn 16, 14

El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí, dice el Señor, lo que os irá comunicando. Aleluya.

Oración después de la comunión

Señor, que tu amor paterno

proteja siempre a quienes has salvado

por medio de la pasión de tu Hijo,

y que Cristo resucitado

sea la fuente de todas nuestras alegrías.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Misa vespertina de la vigilia

Esta misa se utiliza en la tarde del sábado, antes o después de las primeras Vísperas del domingo de Pentecostés.

Antífona de entrada             Rom 5, 5; 8, 11

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que has querido que celebráramos el misterio pascual

durante cincuenta días,

renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés,

para que los pueblos divididos por el odio y el pecado

se congreguen por medio de tu Espíritu

y, reunidos, confiesen tu nombre

en la diversidad de sus lenguas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:

Dios todopoderoso,

brille sobre nosotros el esplendor de tu gloria

y que el Espíritu Santo, luz de tu luz,

fortalezca los corazones

de los regenerados por tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la palabra se escoge de entre las lecturas de la vigilia

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Derrama, Señor, la bendición de tu Espíritu

sobre estos dones que te presentamos,

para que, al participar en ellos,

tu Iglesia quede inundada de tu amor

y sea ante todo el mundo

signo visible de la salvación.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio de Pentecostés, como en la misa del día.

 

 

 

 

 

 

Cuando se utiliza el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día de Pentecostés, en que el Espíritu Santo se manifestó a los após­toles en lenguas de fuego, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; *

Cuando se utiliza la Plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, Señor propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día en que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos; *

Cuando se utiliza la Plegaria eucarística III, se dice Acuérdate, Señor propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia

que has congregado en tu presencia *

* en el día en que la efusión de tu Espíritu

ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos.

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,

a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos

y a cuantos murieron en tu amistad

recíbelos en tu reino,

donde esperamos gozar todos juntos

de la plenitud eterna de tu gloria.

Junta las manos,

por Cristo, Señor nuestro,

por quien concedes al mundo todos los bienes.

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión        Jn 7, 37

El último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí y que beba. Aleluya.

Oración después de la comunión

La comunión que acabamos de recibir, Señor,

nos comunique el mismo ardor del Espíritu Santo

que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

*          *          *

En las iglesias donde se celebra la misa de la vigilia de forma más extensa, esta misa se puede celebrar del modo siguiente:

Primera forma

Si las I Vísperas, rezadas en el coro o en comunidad, preceden inmediatamente a la misa, la celebración puede comenzar por el versículo introductorio y el himno Ven, Espíritu divino, o bien por el canto de entrada (El amor de Dios) con la procesión de entrada y el saludo del celebrante, omitiendo en uno y otro caso el rito penitencial (cf. Ordenación general de la Liturgia de las Horas, núms. 94 y 96).

V.  Dios mío, ven en mi auxilio.

R.  Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre. Como era. Aleluya.

 

HIMNO

Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

 

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno. Amén.

O bien:

Ven, Creador, Espíritu amoroso,

ven y visita el alma que a ti clama

y con tu soberana gracia inflama

los pechos que criaste poderoso.

 

Tú que abogado fiel eres llamado,

del Altísimo don, perenne fuente

de vida eterna, caridad ferviente,

espiritual unción, fuego sagrado.

 

Tú te infundes al alma en siete dones,

fiel promesa del Padre soberano;

tú eres el dedo de su diestra mano,

tú nos dictas palabras y razones.

 

Ilustra con tu luz nuestros sentidos,

del corazón ahuyenta la tibieza,

haznos vencer la corporal flaqueza,

con tu eterna virtud fortalecidos.

 

Por ti, nuestro enemigo desterrado,

gocemos de paz santa duradera,

y, siendo nuestro guía en la carrera,

todo daño evitemos y pecado.

 

Por ti al eterno Padre conozcamos,

y al Hijo, soberano omnipotente,

y a ti, Espíritu, de ambos procedente,

con viva fe y amor siempre creamos. Amén.

Luego sigue la salmodia de Vísperas hasta la lectura breve exclusive.

SALMODIA

Ant. 1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. Aleluya.

Salmo 112

ALABADO SEA EL NOMBRE DE DIOS

 

Alabad, siervos del Señor,

alabad el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre:

de la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

 

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre los cielos.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra?

 

Levanta del polvo al desvalido,

alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los príncipes,

los príncipes de su pueblo;

a la estéril le da un puesto en la casa,

como madre feliz de hijos.

Ant. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. Aleluya.

Ant. 2. Aparecieron sobre los apóstoles unas como lenguas de fuego, y se posó sobre cada uno de ellos el Espíritu Santo. Aleluya.

Salmo 146

PODER Y BONDAD DE DIOS

 

Alabad al Señor, que la música es buena;

nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

 

El Señor reconstruye Jerusalén,

reúne a los deportados de Israel;

él sana los corazones destrozados,

venda sus heridas.

 

Cuenta el número de las estrellas,

a cada una la llama por su nombre.

Nuestro Señor es grande y poderoso,

su sabiduría no tiene medida.

El Señor sostiene a los humildes,

humilla hasta el polvo a los malvados.

 

Entonad la acción de gracias al Señor,

tocad la cítara para nuestro Dios,

que cubre el cielo de nubes,

preparando la lluvia para la tierra;

 

que hace brotar hierba en los montes,

para los que sirven al hombre;

que da su alimento al ganado

y a las crías de cuervo que graznan.

 

No aprecia el vigor de los caballos,

no estima los jarretes del hombre:

el Señor aprecia a sus fieles,

que confían en su misericordia.

Ant. Aparecieron sobre los apóstoles unas como lenguas de fuego, y se posó sobre cada uno de ellos el Espíritu Santo. Aleluya.

Ant. 3. El Espíritu que procede del Padre, él me glorificará. Aleluya.

Cántico       Ap 15, 3-4

CANTO DE LOS VENCEDORES

 

Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios omnipotente,

justos y verdaderos tus caminos,

¡oh Rey de los siglos!

 

¿Quién no temerá, Señor,

y glorificará tu nombre?

Porque tú solo eres santo,

porque vendrán todas las naciones

y se postrarán en tu acatamiento,

porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Ant. El Espíritu que procede del Padre, él me glorificará. Aleluya.

Después de la salmodia, omitido el acto penitencial y, según las circunstancias, el Señor, ten piedad, el sacerdote dice la segunda oración de la misa de la vigilia:

Dios todopoderoso,

brille sobre nosotros el esplendor de tu gloria

y que el Espíritu Santo, luz de tu luz,

fortalezca los corazones

de los regenerados por tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Segunda forma

Si la misa empieza del modo acostumbrado, es decir, sin I vísperas, después del Señor, ten piedad el sacerdote dice la oración segunda de la misa de la vigilia:

Dios todopoderoso.

A continuación el sacerdote puede exhortar al pueblo con estas palabras u otras semejantes:

Hemos empezado ya, queridos hermanos, la vigilia de Pentecostés; imitando a los apóstoles y discípulos, que, con María, la madre de Jesús, se dedicaban a la oración, esperando el Espíritu prometido por el Señor, escuchemos ahora, con atención y reposadamente, la palabra de Dios. Meditemos los prodigios que hizo Dios en favor de su pueblo y pidamos que el Espíritu Santo, que el Padre envió como primicia para los creyentes, lleve a plenitud su obra en el mundo.

Luego siguen las lecturas propuestas por el Leccionario como de libre elección, de la manera siguiente:

PRIMERA LECTURA

Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra

Lectura del libro del Génesis 11, 1-9

Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar (el hombre) de oriente, encontraron una llanura en el país de Sentar y se establecieron allí.

Y se dijeron unos a otros:

–«Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos.»

Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento.

Y dijeron:

–«Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra. »

El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo:

–«Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo.»

El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.

Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra.

Palabra de Dios.

Después de la primera lectura:

Salmo responsorial      Sal 32, 10-11. 12-13. 14-15 (R. 12b)

R. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

El Señor deshace los planes de las naciones,

frustra los proyectos de los pueblos;

pero el plan del Señor subsiste por siempre,

los proyectos de su corazón, de edad en edad. R.

 

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,

el pueblo que El se escogió como heredad. R.

 

El Señor mira desde el cielo,

se fija en todos los hombres;

Desde su morada observa

a todos los habitantes de la tierra:

El modeló cada corazón,

y comprende todas sus acciones. R.

Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:

Oración

Dios todopoderoso,

haz que tu Iglesia sea siempre una familia santa,

congregada en la unión del Padre, del Hijo y del Espíritu,

que manifieste al mundo

el misterio de tu unidad y de tu santidad

y lo conduzca a la perfección de tu amor.

Por Jesucristo nuestro Señor.

 

SEGUNDA LECTURA

El Señor bajó al monte Sinaí a la vista del pueblo

Lectura del libro del Éxodo 19, 3-8a. 16-20b

En aquellos días, Moisés subió hacia Dios.

El Señor lo llamó desde el monte, diciendo:

–«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas:

"Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mi un reino de sacerdotes y una nación santa." Éstas son las palabras que has de decir a los israelitas.»

Moisés convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado.

Todo el pueblo, a una, respondió:

–«Haremos todo cuanto ha dicho el Señor.»

Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar.

Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en forma de fuego. Subía humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña.

Palabra de Dios.

Después de la segunda lectura:

Cántico    Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56 (R. 52b)

R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

O bien:

Salmo responsorial       Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R. Jn 6, 68c)

R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta

y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel

e instruye al ignorante; R.

 

los mandatos del Señor son rectos

y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida

y da luz a los ojos; R.

 

la voluntad del Señor es pura

y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos

y enteramente justos; R.

 

más preciosos que el oro,

más que el oro fino;

más dulces que la miel

de un panal que destila. R.

Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:

Oración

Oh Dios, que en el monte Sinaí,

en medio del resplandor del fuego,

diste a Moisés la ley antigua,

y que en el día de hoy,

con el fuego del Espíritu Santo,

manifestaste la nueva Alianza,

haz que nuestros corazones ardan en aquel Espíritu

que infundiste de modo admirable en los apóstoles,

y que el nuevo Israel, reunido de entre todos los pueblos,

reciba con alegría el mandamiento eterno de tu amor.

Por Jesucristo nuestro Señor.

 

 

TERCERA LECTURA

Huesos secos, traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 1-14

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.

Me preguntó:

–«Hijo de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?»

Yo respondí:

–«Señor, tú lo sabes.»

Él me dijo:

–«Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: "¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor. " »

Y profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.

Entonces me dijo:

–«Conjura al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: "Así dice el Señor: De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan.7»

Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.

Y me dijo:

–«Hijo de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: "Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados." Por eso, profetiza y diles: "Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago."» Oráculo del Señor.

Palabra de Dios.

Después de la tercera lectura:

Salmo responsorial        Sal 106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R. 1)

R. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

O bien:

Aleluya.

 

 

Que lo confiesen los redimidos por el Señor,

los que él rescató de la mano del enemigo,

los que reunió de todos los países:

norte y sur, oriente y occidente. R.

 

Erraban por un desierto solitario,

no encontraban el camino de ciudad habitada;

pasaban hambre y sed,

se les iba agotando la vida;

pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación. R.

 

Los guió por un camino derecho,

para que llegaran a una ciudad habitada.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres.

Calmó el ansia de los sedientos,

y a los hambrientos los colmó de bienes. R.

Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:

Oración

Señor, Dios todopoderoso,

que restauras al hombre caído

y, una vez restaurado, lo conservas,

aumenta el número de los que se renuevan por tu acción santificadora

y haz que todos los que reciben la purificación bautismal

sean guiados siempre por tu inspiración.

Por Jesucristo nuestro Señor.

O bien:

Oh Dios, que por tu palabra de vida

nos has engendrado para una vida nueva,

derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo,

para que, viviendo unidos en una misma fe,

lleguemos, por la resurrección,

a la gloria de una vida incorruptible.

Por Jesucristo nuestro Señor.

O bien:

Que tu pueblo, Señor, exulte siempre

al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu

por la acción de tu Espíritu Santo,

y que la alegría de haber recobrado la adopción filial

afiance su esperanza de resucitar gloriosamente.

Por Jesucristo nuestro Señor.

 

CUARTA LECTURA

Sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu

Lectura de la profecía de Joel 3, 1-5

Así dice el Señor:

–«Derramaré mi Espíritu sobre toda carne:

profetizarán vuestros hijos e hijas,

vuestros ancianos soñarán sueños,

vuestros jóvenes verán visiones.

También sobre mis siervos y siervas

derramaré mi Espíritu aquel día.

Haré prodigios en cielo y tierra:

sangre, fuego, columnas de humo.

El sol se entenebrecerá,

la luna se pondrá como sangre,

antes de que llegue el día del Señor,

grande y terrible.

Cuantos invoquen el nombre del Señor

se salvarán.

Porque en el monte de Sión y en Jerusalén quedará un resto;

como lo ha prometido el Señor a los supervivientes que él llamó.»

Palabra de Dios.

Después de la cuarta lectura:

Salmo responsorial     Sal 103, 1-2a. 24. 27-28. 29bc-30 (R.: cf. 30)

R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

O bien:

      Aleluya.

Bendice, alma mía, al Señor:

¡Dios mío, qué grande eres!

Te vistes de belleza y majestad,

la luz te envuelve como un manto. R.

Cuántas son tus obras, Señor,

y todas las hiciste con sabiduría;

la tierra está llena de tus criaturas. R.

Todos ellos aguardan

a que les eches comida a su tiempo;

se la echas, y la atrapan;

abres tu mano, y se sacian de bienes. R.

Les retiras el aliento, y expiran

y vuelven a ser polvo;

envías tu aliento, y los creas,

y repueblas la faz de la tierra. R.

Acabado el salmo el sacerdote dice la oración siguiente:

Oración

Cumple, Señor, en nosotros tu promesa:

derrama tu Espíritu Santo

para que nos haga ante el mundo

testigos valientes del Evangelio de Jesucristo.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Luego el sacerdote entona el himno Gloria a Dios.

Terminado el himno, el sacerdote dice la oración colecta de la primera misa de la vigilia:

Dios todopoderoso y eterno,

que has querido que celebráramos el misterio pascual

durante cincuenta días,

renueva entre nosotros el prodigio de Pentecostés,

para que los pueblos divididos por el odio y el pecado

se congreguen por medio de tu Espíritu

y, reunidos, confiesen tu nombre

en la diversidad de sus lenguas.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Luego el lector proclama la lectura del Apóstol (Rm 8, 22-27),

EPÍSTOLA

El Espíritu intercede con gemidos inefables

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 22-27

Hermanos:

Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.

Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hi­jos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve?

Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia.

Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, por­que nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya

      Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.

El diácono o el mismo sacerdote proclama el Evangelio:

EVANGELIO

Manarán torrentes de agua viva

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 37-39

El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús, en pie, gritaba:

–«El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva. »

Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que cre­yeran en él.

Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.

 

Palabra del Señor.

Dicha la homilía, se dice Credo, y seguidamente la oración de los fieles.

ORACIÓN DE LOS FIELES O INTERCESIONES

Si todavía es una hora temprana:

Celebremos la gloria de Dios, quien, al llegar a su término en Pentecostés los cincuenta días de Pascua, llenó a los apóstoles del Espíritu Santo, y supliquemos con ánimo gozoso y confiado, diciendo:

Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra.

Tú que, al comienzo de los tiempos, creaste el cielo y la tierra y, al llegar la etapa final de la historia, quisiste que Cristo fuera cabeza de toda la creación,

—por tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la salvación.

Tú que infundiste el aliento de vida en el rostro de Adán,

—envía ahora tu Espíritu a la Iglesia, para que, vivificada y rejuvenecida, comunique tu vida al mundo.

Ilumina a todos los hombres con la luz de tu Espíritu y disipa las tinieblas de nuestro mundo,

—para que el odio se convierta en amor, el sufrimiento en gozo y la guerra en paz.

Fecundiza el mundo con tu Espíritu, agua viva que mana del costado de Cristo,

—para que la tierra entera se vea libre de todo mal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Tú que, por obra del Espíritu Santo, conduces sin cesar a los hombres a la vida eterna,

—dígnate llevar, por este mismo Espíritu, a los difuntos al gozo eterno de tu presencia

Si ya es en torno a la medianoche:

Oremos a Cristo, el Señor; que ha congregado a su Iglesia por el Espíritu Santo, y digámosle con fe:

Renueva, Señor, la faz de la tierra.

Señor Jesús, que, exaltado en la cruz, hiciste que brotaran torrentes de agua viva de tu costado,

—envíanos a tu Espíritu Santo, fuente de vida.

Tú que, glorificado a la derecha de Dios, derramaste sobre tus discípulos el Espíritu Santo,

—envía este mismo Espíritu al mundo, para que renueve la faz de la tierra.

Tú que, por el Espíritu Santo, diste a los apóstoles el poder de perdonar los pecados y el poder de retenerlos,

—destruye el pecado del mundo.

Tú que prometiste darnos el Espíritu Santo, para que nos lo enseñara todo y nos fuera recordando lo que nos habías dicho,

—envíanos este Espíritu, para que ilumine nuestra fe.

Tú que prometiste enviarnos el Espíritu de verdad, para que diéramos testimonio de ti,

—envíanos este Espíritu, para que nos haga tus testigos fieles.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

La misa continúa del modo acostumbrado.

Si se celebran unidas las Vísperas y la misa, después de la comunión con la antífona El último día de las fiestas, se canta el Magníficat con su antífona de las Vísperas Ven, Espíritu Santo.

Antífona de comunión       Jn 7, 37

El último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí y que beba. Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, tú que con diversidad de lenguas congregaste todos los pueblos en la confesión de una sola fe. Aleluya

MAGNIFICAT        Lc 1, 46-55

ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

 

@ Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Ant. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor, tú que con diversidad de lenguas congregaste todos los pueblos en la confesión de una sola fe. Aleluya

Luego se dice la oración después de la comunión:

Oración después de la comunión

La comunión que acabamos de recibir, Señor,

nos comunique el mismo ardor del Espíritu Santo

que tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo.

Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Todo lo demás se hace del modo acostumbrado.

Si se juzga oportuno, puede darse la bendición solemne, como en el Misal.

Para despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

 

Misa del día

Antífona de entrada            Sb 1, 7

El Espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido. Aleluya.

O bien:

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que habita en nosotros. Aleluya.

Oración colecta

Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés

santificas a tu Iglesia,

extendida por todas las naciones,

derrama los dones de tu Espíritu

sobre todos los confines de la tierra

y no dejes de realizar hoy,

en el corazón de tus fieles,

aquellas mismas maravillas que obraste

en los comienzos de la predicación evangélica

Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.

Oración sobre las ofrendas

Te pedimos, Señor,

que, según la promesa de tu Hijo,

el Espíritu Santo nos haga comprender

la realidad misteriosa de este sacrificio

y nos lleve al conocimiento pleno

de toda la verdad revelada.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio

EL MISTERIO DE PENTECOSTÉS

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias

siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Pues, para llevar a plenitud el misterio pascual,

enviaste hoy el Espíritu Santo

sobre los que habías adoptado como hijos

por su participación en Cristo.

Aquel mismo Espíritu

que, desde el comienzo,

fue el alma de la Iglesia naciente;

el Espíritu que infundió el conocimiento de Dios

a todos los pueblos;

el Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe

a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas.

 

Por eso,

con esta efusión de gozo pascual,

el mundo entero se desborda de alegría

y también los coros celestiales,

los ángeles y los arcángeles,

cantan sin cesar el himno de tu gloria:

 

Santo, Santo, Santo...

 

 

 

 

 

 

Cuando se utiliza el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio:

Reunidos en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día de Pentecostés, en que el Espíritu Santo se manifestó a los após­toles en lenguas de fuego, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor;

Cuando se utiliza la Plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, Señor propio:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día en que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos; *

Cuando se utiliza la Plegaria eucarística III, se dice Acuérdate, Señor propio:

Atiende los deseos y súplicas de esta familia

que has congregado en tu presencia *

* en el día en que la efusión de tu Espíritu

ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos.

Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,

a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos

y a cuantos murieron en tu amistad

recíbelos en tu reino,

donde esperamos gozar todos juntos

de la plenitud eterna de tu gloria.

Junta las manos,

por Cristo, Señor nuestro,

por quien concedes al mundo todos los bienes.

 

 

 

 

 

 

Antífona de comunión       Hch 2, 4- 11                                                                                             

Se llenaron todos de Espíritu Santo, y hablaban de las maravillas de Dios. Aleluya.

Oración después de la comunión

Oh Dios, que has comunicado a tu Iglesia

los bienes del cielo,

conserva los dones que le has dado,

para que el Espíritu Santo sea siempre nuestra fuerza

y la eucaristía que acabamos de recibir

acreciente en nosotros la salvación.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Para despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, dice:

Podéis ir en paz, aleluya, aleluya.

R. Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.

            Acabado el tiempo de Pascua, se apaga el Cirio pascual que es conveniente colocar en un lugar digno del baptisterio, para que en la celebración del bautismo, se enciendan en su llama los cirios de los bautizados.

            Donde el lunes o también el martes después de Pentecostés son días en los que los fieles deben o suelen asistir a misa, puede utilizarse la misa del domingo de Pentecostés o decirse la misa del Espíritu Santo. En la despedida de la Misa ya no se dice el duplicado Aleluya.

TIEMPO ORDINARIO

 

 

Solemnidades

I-II-III-IV-V-VI-VII-VIII

IX-X-XI-XII-XIII-XIV

XV-XVI-XVII-XVIII-XIX

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XXXIII-XXXIV

 

 

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MISAS DOMINICALES Y COTIDIANAS

 

I SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

En lugar del primer domingo del Tiempo Ordinario, se celebra la fiesta del Bautismo del Señor.

Antífona de entrada

Vi al Señor sentado en un trono excelso; lo adoraban una multitud de ángeles que cantaban a una sola voz: "Este es aquél cuyo poder permanece eternamente"

Oración colecta

Escucha, Señor, con bondad, las súplicas de tu pueblo,

y concédenos luz para conocer tu voluntad

y fortaleza para cumplirla.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

el sacrificio que vamos a ofrecerte,

y, por sus méritos,

escucha nuestras filiales oraciones

y santifica toda nuestra vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión           Sal 35, 10

Señor, en ti está la fuente de la vida, y tu luz nos hace ver la luz.

O bien:                 Jn 10, 10

Yo he venido, dice el Señor, para que tengan vida, y la tengan en abundancia.

Oración después de la comunión

A quienes has alimentado con tus sacramentos,

concédeles, Dios todopoderoso,

servirte con una vida que te sea agradable.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

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II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada                  Sal 65, 4

Que se postre ante ti, Señor, la tierra entera; que todos canten himnos en tu honor y alabanzas a tu nombre.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que con amor gobiernas los cielos y la tierra,

escucha paternalmente las súplicas de tu pueblo

y haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor,

participar dignamente en esta Eucaristía,

porque cada vez que celebramos

el memorial del sacrificio de tu Hijo,

se lleva a cabo la obra de nuestra redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión         Sal 22, 5

Para mí, Señor, has preparado la mesa y has llenado la copa hasta los bordes.

O bien:               1 Jn 4, 16

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Oración después de la comunión

Infúndenos, Señor, el espíritu de tu caridad

para que, alimentados del mismo pan del cielo,

permanezcamos siempre unidos por el mismo amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

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III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada          Sal 95, 1. 6

Cantad al Señor un cántico nuevo, hombres de toda la tierra, cantad al Señor. Hay brillo y esplendor en su presencia y en su templo, belleza y majestad.

Oración colecta

Dios eterno y todopoderoso,

conduce nuestra vida por el camino de tus mandamientos

para que, unidos a tu Hijo amado,

podamos producir frutos abundantes.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad, los dones que te presentamos

y santifícalos por medio de tu Espíritu

para que se nos conviertan en sacramento de salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión       Sal 33, 6

Acudid al Señor, poned en él vuestra confianza y no quedaréis defraudados.

O bien:           Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Oración después de la comunión

Te damos gracias, Señor,

por habernos alimentado

con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo

y te pedimos que este don tuyo

sea para nosotros fuente inagotable de vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada          Sal 105, 47

Sálvanos, Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos agradecer tu poder santo y sea nuestra gloria el alabarte.

Oración colecta

Concédenos, Señor, Dios nuestro,

amarte con todo el corazón

y, con el mismo amor,

amar a nuestros prójimos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones que te presentamos

en señal de sumisión a ti,

y conviértelos en el sacramento de nuestra redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión           Sal 30, 17-18

Ven, Señor, en ayuda de tu siervo y sálvame por tu misericordia. Que no me arrepienta nunca de haberte invocado.

O bien:          Mt 5, 3-4

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los cielos. Bienaventurados los apacibles, porque poseerán la tierra, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Que el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo

que acabamos de recibir,

nos ayude, Señor,

a vivir más profundamente nuestra fe.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada          Sal 94, 6-7

Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios.

Oración colecta

Señor, que tu amor incansable

cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos,

que han puesto en tu gracia

toda su esperanza.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Señor, Dios nuestro,

tú que nos has dado este pan y este vino

para reparar nuestras fuerzas,

conviértelos para nosotros

en sacramento de vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión           Sal 106, 8-9

Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los hambrientos.

O bien:               Mt 5, 5-6

Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Oración después de la comunión

Señor, tú que has querido hacernos participar

de un mismo pan y de un mismo cáliz,

concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo,

que nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada           Sal 30, 3-4

Sírveme de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras; y pues eres mi baluarte y mi refugio, acompáñame y guíame.

Oración colecta

Señor nuestro, que prometiste venir

y hacer tu morada en los corazones rectos y sinceros,

concédenos la rectitud y sinceridad de vida

que nos hagan dignos de esa presencia tuya.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio, Señor, que vamos a ofrecerte,

nos purifique y nos renueve

y nos ayude a obtener la recompensa eterna,

prometida a quienes cumplen tu voluntad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión        Sal 77, 29-30

El Señor colmó el deseo de su pueblo: comieron y quedaron satisfechos.

O bien:                    Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Oración después de la comunión

Señor, aviva cada vez más en nosotros

el deseo de recibir este pan eucarístico,

por medio del cual

nos comunicas tú la vida verdadera.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada                 Sal 12, 6

Confío, Señor, en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio. Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

ser dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu

para que realicemos siempre en nuestra vida

tu santa voluntad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio de acción de gracias y de alabanza

que vamos a ofrecerte,

nos ayude, Señor,

a conseguir nuestra salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión             Sal 9, 2-3

Proclamaré Señor, todas tus maravillas y me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo.

O bien:        Jn 11, 27

Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, que ha venido a este mundo.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo,

que nos has dado, Señor, en este sacramento,

sean para todos nosotros

una prenda segura de vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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VIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada        Sal 17, 19-20

El Señor es mi protector; él me libró de las manos de mis enemigos y me salvó, porque me ama.

Oración colecta

Concédenos, Señor,

que el curso de los acontecimientos del mundo

se desenvuelva, según tu voluntad,

en la justicia y en la paz,

y que tu Iglesia pueda servirte

con tranquilidad y alegría.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Que este pan y este vino

que tú mismo nos das para ofrecértelos

nos ayuden, Señor,

convertidos en el Cuerpo y Sangre de tu Hijo,

a conseguir el premio de la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión         Sal 12, 6

Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho; y entonaré un himno de alabanza al Dios Altísimo.

O bien:         Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Padre misericordioso,

que por este sacramento

con que ahora nos fortaleces,

nos hagas algún día, participar de la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada        Sal 24, 16. 18

Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mi, que estoy solo y afligido.

Oración colecta

Nos acogemos, Señor, a tu providencia,

que nunca se equivoca,

y te pedimos humildemente que apartes de nosotros todo mal

y nos concedas aquello que pueda contribuir a nuestro bien.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Confiados en tu misericordia, Señor,

venimos a tu altar con nuestros dones

a fin de que te dignes purificarnos

por este memorial que estamos celebrando.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión           Sal 16, 6

Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.

O bien:               Mc 11, 23-24

Yo os aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidáis en la oración, si tenéis fe en obtenerlo os será concedido.

Oración después de la comunión

Padre santo, tú que nos has alimentado

con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

guíanos por medio de tu Espíritu

a fin de que, no sólo con palabras, sino con toda nuestra vida

podamos demostrarte nuestro amor

y así merezcamos entrar al Reino de los cielos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada              Sal 26, 1-2

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen.

Oración colecta

Dios nuestro, de quien todo bien procede,

inspíranos propósitos de justicia y santidad

y concédenos tu ayuda

para poder cumplirlos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad,

estos dones que te presentamos humildemente,

para que sean gratos a tus ojos

y nos hagan crecer en tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión             Sal 17, 3

Señor, tú eres mi amor, mi fuerza y mi refugio, mi liberación y mi ayuda. Tú eres mi Dios.

O bien:                   1  Jn 4, 16

Dios es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

Oración después de la comunión

Que la fuerza redentora de esta Eucaristía

nos proteja, Señor,

de nuestras malas inclinaciones

y nos guíe siempre por el camino de tus mandamientos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada          Sal 26, 7. 9

Escucha, Señor, mi voz y mis clamores y ven en mi ayuda; no me rechaces, ni me abandones, Dios, salvador mío.

Oración colecta

Dios nuestro,

fuerza de todos los que en ti confían,

ayúdanos con tu gracia,

sin la cual nada puede nuestra humana debilidad,

para que podamos serte fieles

en la observancia de tus mandamientos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

que en estos dones que te presentamos

has otorgado al hombre el pan que lo alimenta

y el sacramento que le da nueva vida,

haz que nunca llegue a faltarnos

este sustento del cuerpo y del espíritu.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión         Sal 26, 4

Una sola cosa he pedido al Señor y es lo único que busco: habitar en su casa todos los días de mi vida.

O bien:          Jn 17, 11

Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que, como nosotros, sean uno, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Que nuestra participación en este sacramento

signo de la unión de los fieles en ti,

contribuya, Señor,

a la unidad de tu Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

           Antífona de entrada            Sal 27, 8-9

Firmeza es el Señor para su pueblo, defensa y salvación para sus fieles. Sálvanos, Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre.

Oración colecta

Padre misericordioso,

que nunca dejas de tu mano

a quienes has hecho arraigar en tu amistad,

concédenos vivir siempre movidos por tu amor

y un filial temor de ofenderte.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor,

este sacrificio de reconciliación y alabanza

que vamos a ofrecerte,

a fin de que purifique nuestros corazones

y podamos corresponder a tu amor

con nuestro amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión            Sal 144, 15

Los ojos de todos los hombres te miran, Señor, llenos de esperanza, y tú das a cada uno su alimento.

O bien:                  Jn 10, 11. 15

Yo soy el Buen Pastor y doy la vida por mis ovejas, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has renovado

con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

concédenos que la participación en esta Eucaristía

nos ayude a obtener la plenitud de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada                 Sal 46, 2

Pueblos todos, aplaudid; aclamad al Señor con gritos de júbilo.

Oración colecta

Padre de bondad,

que por medio de tu gracia

nos has hecho hijos de la luz,

concédenos vivir fuera de las tinieblas del error

y permanecer siempre en el esplendor de la verdad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Concédenos, Señor,

participar dignamente en esta Eucaristía

por medio de la cual

tú te dignas hacernos participes

de los frutos de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión        Sal 102, 1

Alma mía, bendice al Señor y alaba de corazón su santo nombre.

O bien:                  Jn 17, 20-21

Padre, te ruego por ellos, para que sean uno en nosotros, a fin de que el mundo crea que tú me has enviado, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

que hemos ofrecido en sacrificio

y recibido en comunión,

sean para nosotros principio de vida nueva,

a fin de que, unidos a ti por el amor,

demos frutos que permanezcan para siempre.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada         Sal 47, 10-11

Recordaremos, Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Que todos los hombres de la tierra te conozcan y alaben, porque es infinita tu justicia.

Oración colecta

Dios nuestro,

que por medio de la muerte de tu Hijo

has redimido al mundo de la esclavitud del pecado,

concédenos participar ahora de una santa alegría

y, después en el cielo, de la felicidad eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Que el sacrificio que vamos a ofrecerte

nos purifique, Señor,

y nos ayude a conformar cada día más nuestra vida

con los ejemplos de tu Hijo Jesucristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión        Sal 33, 9

Probad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a él.

O bien:      Mt 11, 28

Venid a mi todos los que estáis agobiados y oprimidos y yo os auxiliaré, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Dios omnipotente y eterno,

que nos has alimentado

con el sacramento de tu amor,

concédenos vivir siempre en tu amistad

y agradecer continuamente tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada            Sal 16, 15

Yo quiero acercarme a ti, Señor, y saciarme de gozo en tu presencia.

Oración colecta

Señor, tú que iluminas a los extraviados

con la luz de tu Evangelio

para que vuelvan al camino de la verdad,

concede a cuantos nos llamamos cristianos

imitar fielmente a Cristo

y rechazar lo que pueda alejarnos de él.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Mira bondadosamente, Señor,

las ofrendas de tu Iglesia suplicante,

y conviértelas en alimento espiritual

que ayude a crecer en santidad

a todos tus fieles.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

En el Ciclo C es recomendable decir el prefacio común VIII.

Antífona de comunión             Sal 83, 4-5

Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío.

O bien:          Jn 6, 56

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mi y yo en él, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Te suplicamos, Señor,

que esta Eucaristía que hemos recibido,

nos ayude a amarte más

y a servirte mejor cada día.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada              Sal 53, 6. 8

Señor Dios, tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofreceré de corazón un sacrificio y te daré gracias, Señor, porque eres bueno.

Oración colecta

Míranos, Señor, con amor

y multiplica en nosotros los dones de tu gracia

para que, llenos de fe, esperanza y caridad,

permanezcamos siempre fieles

en el cumplimiento de tus mandatos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro, que con la muerte de tu Hijo

llevaste a término y perfección

los sacrificios de la antigua alianza,

acepta y bendice estos dones,

como aceptaste y bendijiste los de Abel,

para que lo que cada uno te ofrece,

sea de provecho para la salvación de todos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión           Sal 110, 4-5

Para perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre su alianza.

O bien:                     Ap 3, 20

Mirad que estoy a la puerta y llamo, dice el Señor: si alguno oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo.

Oración después de la comunión

Señor, tú que nos has concedido

participar en esta Eucaristía,

míranos con bondad y ayúdanos a vencer

nuestra fragilidad humana para poder vivir como hijos tuyos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada       Sal 67, 6-7. 36

Adoremos a Dios en su santo templo. El nos hace habitar juntos en su casa. El es la fuerza y el poder de su pueblo.

Oración colecta

Padre santo y todopoderoso,

protector de los que en ti confían,

ten misericordia de nosotros

y enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de la tierra,

a fin de que no nos impidan alcanzar los del cielo.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, estos dones

que tu generosidad ha puesto en nuestras manos,

y concédenos que este sacrificio

santifique toda nuestra vida

y nos conduzca a la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión         Sal 102, 2

Bendice, alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios.

O bien:         Mt 5, 7-8

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Señor, que esta Eucaristía,

memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo,

nos ayude a corresponder

al don inefable de su amor

y a procurar cada día nuestra salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada             Sal 69, 2. 6

Dios mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi salvación; Señor, no tardes.

Oración colecta

Señor, tú que eres nuestro creador

y quien amorosamente dispone toda nuestra vida,

renuévanos conforme a la imagen de tu Hijo

y ayúdanos a conservar siempre tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Santifica, Señor, estos dones

y por medio del sacrificio de tu Hijo,

transforma toda nuestra vida

en una continua ofrenda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión       Sb 16, 20

Nos has enviado, Señor, un pan del cielo que encierra en sí toda delicia y satisface todos los gustos.

O bien:             Jn 6, 35

Yo soy el pan de vida, dice el Señor; el que venga a mi, no tendrá hambre; y el que crea en mí, no tendrá sed.

Oración después de la comunión

Protege, Señor, continuamente

a quienes renuevas y fortaleces con esta Eucaristía

y hazlos dignos de alcanzar

la salvación eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada              Sal 73, 20. 19. 22. 23

Acuérdate, Señor de tu alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa; no olvides las voces de los que te buscan.

Oración colecta

Dios eterno y todopoderoso

a quien confiadamente podemos llamar ya Padre nuestro,

haz crecer en nuestros corazones

el espíritu de hijos adoptivos tuyos,

para que podamos gozar, después de esta vida,

de la herencia que nos has prometido.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad,

estos dones que has puesto en manos de tu Iglesia,

y con tu poder conviértelos

en el sacramento de nuestra salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión                            Sal 147, 12.14

Alaba, Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo.

O bien:         Jn 6, 51

El pan que yo os daré, es mi carne para vida del mundo, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Que la recepción de esta Eucaristía

nos confirme, Señor, en tu amor

y nos ayude a conseguir la vida eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada        Sal 83, 10-11

Dios nuestro y protector nuestro, un solo día en tu casa es más valioso para tus elegidos, que mil días en cualquier otra parte.

Oración colecta

Enciende, Señor, nuestros corazones

con el fuego de tu amor

a fin de que, amándote en todo y sobre todo,

podamos obtener aquellos bienes

que no podemos nosotros ni siquiera imaginar

y has prometido tú a los que te aman.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

para esta Eucaristía

a fin de que, a cambio de ofrecerte lo que tú nos has dado,

podamos recibir de ti, tu misma vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión        Sal 129, 7

Mi alma espera al Señor con más ansia que los centinelas el amanecer, porque con el Señor viene la misericordia y la abundancia de su gracia.

O bien:          Jn 6, 51

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este pan, vivirá eternamente.

Oración después de la comunión

Tú que nos hecho partícipes de la vida de Cristo

en este sacramento,

transfórmanos, Señor, a imagen de tu Hijo,

para que participemos también de su gloria en el cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada              Sal 85, 1-3

Escucha, Señor, y respóndeme; salva a tu siervo que confía en ti. Ten piedad de mí, Dios mío, pues sin cesar te invoco.

Oración colecta

Dios nuestro,

tú que puedes darnos un mismo querer

y un mismo sentir,

concédenos a todos amar lo que nos mandas

y anhelar lo que nos prometes

para que, en medio de las preocupaciones de esta vida,

pueda encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro, que por medio de un sacrificio único,

el de Cristo en la Cruz,

nos has adoptado como hijos tuyos,

concede siempre a tu Iglesia el don de la unidad y de la paz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión         Sal 103, 13-15

La tierra está llena, Señor, de dones tuyos, de ti proviene el pan y el vino que alegra el corazón humano.

O bien:         Jn 6, 54

El que come mi carne y bebe mi sangre, dice el Señor, tiene ya vida eterna y yo lo resucitaré en el último día.

Oración después de la comunión

Completa, Señor, en nosotros

la obra redentora de tu amor

y danos la fortaleza y generosidad necesarias

para que podamos cumplir en todo tu santa voluntad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

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XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada            Sal85, 3. 5

Dios mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco. Tú eres bueno y clemente y no niegas tu amor al que te invoca.

Oración colecta

Dios misericordioso,

de quien procede todo lo bueno,

inflámanos con tu amor y acércanos más a ti

a fin de que podamos crecer en tu gracia

y perseveremos en ella.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

y realiza en nosotros

con el poder de tu Espíritu,

la obra redentora

que se actualiza en esta Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión       Sal 30, 20

Qué grande es la delicadeza del amor que tienes reservada, Señor, para tus hijos.

O bien:                     Mt 5, 9-10

Bienaventurados los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los cielos, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Te rogamos, Señor, que este sacramento

con que nos has alimentado,

nos haga crecer en tu amor

y nos impulse a servirte en nuestros prójimos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 Antífona de entrada                   Sal 118, 137. 124

Eres justo, Señor, y rectos son tus mandamientos. Muéstrate bondadoso conmigo y ayúdame a cumplir tu voluntad.

Oración colecta

Señor, que te has dignado redimirnos

y hacernos hijos tuyos,

míranos siempre con amor de Padre

y haz que cuantos creemos en Cristo,

obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Dios nuestro,

fuente de la paz y del amor sincero,

concédenos glorificarte por estas ofrendas,

y unirnos fielmente a ti

por la participación en esta Eucaristía.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión       Sal 41,2-3

Como la cierva busca el agua de los ríos, así, sedienta, mi alma te busca a ti, Dios mío.

O bien:           Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

Oración después de la comunión

Tú que nos has instruido con tu palabra

y alimentado con tu Eucaristía,

concédenos, Señor, aprovechar estos dones

para que vivamos aquí unidos a tu Hijo

y podamos, después, participar de su vida inmortal.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada                      Cf. Sir 36, 15-16

A los que esperan en ti Señor, concédeles tu paz, y cumple así las palabras de tus profetas; escúchame, Señor, y atiende a las plegarias de tu pueblo.

Oración colecta

Míranos, Señor, con ojos de misericordia

y haz que experimentemos vivamente tu amor

para que podamos servirte

con todas nuestras fuerzas.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, con bondad,

los dones y plegarias de tu pueblo

y haz que lo que cada uno ofrece en tu honor,

ayude a la salvación de todos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión           Sal 35, 8

Señor Dios, qué valioso es tu amor. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus alas.

O bien:             Cf. 1 Cor 10, 16

El cáliz de bendición por el que damos gracias, es la unión de todos en la Sangre de Cristo; y el pan que partimos es la unión de todos en el Cuerpo de Cristo.

Oración después de la comunión

Que la gracia de esta comunión

nos transforme, Señor, tan plenamente,

que no sea ya nuestro egoísmo, sino tu amor,

el que impulse, de ahora en adelante, nuestra vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada

Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier tribulación

en que me llamen y seré siempre su Dios.

Oración colecta

Dios nuestro, que en el amor a ti y a nuestro prójimo

has querido resumir toda tu ley,

concédenos descubrirte y amarte en nuestros hermanos

para que podamos alcanzar la vida eterna.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te presentamos

a fin de que, por medio de esta Eucaristía,

podamos obtener las gracias de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión        Sal 118, 4-5

Tú promulgas, Señor, tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se ajuste siempre, al cumplimiento de tu voluntad.

O bien:            Jn 10, 14

Yo soy el Buen Pastor y conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Concede siempre tu ayuda, Señor,

a quienes has alimentado con la Eucaristía,

a fin de que la gracia recibida en este sacramento,

transforme continuamente nuestra vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada                Cf. Dan 3, 31. 29. 30. 43. 42

Podrías hacer recaer sobre nosotros, Señor, todo el rigor de tu justicia, porque hemos pecado contra ti y hemos desobedecido tus mandatos; pero, haz honor a tu nombre y trátanos conforme a tu inmensa misericordia.

Oración colecta

Dios nuestro, que con tu perdón y tu misericordia,

nos das la prueba más delicada de tu omnipotencia,

apiádate de nosotros, pecadores,

para que no desfallezcamos en la lucha

por obtener el cielo que nos has prometido.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Padre misericordioso, nuestros dones

y conviértelos en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,

fuente de toda bendición para tu Iglesia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión                             Sal 118, 49-50

Recuerda, Señor, la promesa que le hiciste a tu siervo; en ella he puesto toda mi esperanza y ha sido ella mi consuelo en la aflicción.

O bien:      1 Jn 3, 16

Hemos conocido lo que es el amor de Dios, en que dio su vida por nosotros. Por eso también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.

Oración después de la comunión

Que esta Eucaristía

renueve, Señor, nuestro cuerpo y nuestro espíritu

a fin de que podamos participar

de la herencia gloriosa de tu Hijo,

cuya muerte hemos anunciado y compartido.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada       Est 13, 9. 10-11

Todo depende de tu voluntad, Señor, y nadie puede resistirse a ella. Tú has hecho los cielos y la tierra y las maravillas que contienen. Tú eres el Señor del universo.

Oración colecta

Padre lleno de amor, que nos concedes siempre

más de lo que merecemos y deseamos,

perdona misericordiosamente nuestras ofensas

y otórganos aquellas gracias

que no hemos sabido pedirte y tú sabes que necesitamos.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este sacrificio de alabanza

que tú mismo instituiste,

y realiza en nosotros la obra de santificación

que con su muerte nos mereció tu Hijo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión         Lm 3, 25

Bueno es el Señor con los que en él confían, con aquellos que no cesan de buscarlo.

O bien:           Cf. 1  Cor 10, 17

Nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos participamos de un mismo pan y de un mismo cáliz.

Oración después de la comunión

Que esta comunión, Señor,

sacie nuestra hambre y nuestra sed de ti

y nos transforme en tu Hijo, Jesucristo,

que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

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XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada         Sal 129, 3-4

Si conservaras el recuerdo de nuestras faltas, ¿quién habría, Señor, que se salvara? Pero tú, Dios de Israel, eres Dios de perdón.

Oración colecta

Te pedimos, Señor,

que tu gracia nos inspire y acompañe siempre

para que podamos descubrirte en todos

y amarte y servirte en cada uno.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, nuestras ofrendas

y concédenos que esta Eucaristía

nos ayude a conseguir la gloria del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión           Sal 33, 11

Los que buscan riquezas, sufren pobreza y hambre; los que buscan al Señor, no carecen de nada.

O bien:             1 Jn 3, 2

Ya sabemos que cuando el Señor se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Oración después de la comunión

Te pedimos, Señor, humildemente,

que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo

que hemos recibido en alimento,

nos comuniquen su misma vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada      Sal 16, 6. 8

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y escucha mis palabras. Cuídame como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

haz que nuestra voluntad sea siempre dócil a la tuya

y que te sirvamos con un corazón sincero.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Santifica, Señor, estos dones tuyos

que con sincera voluntad te presentamos,

y por medio de esta Eucaristía,

dígnate purificarnos y renovarnos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión           Sal 32, 18-19

Los ojos del Señor están puestos en sus hijos, en los que esperan en su misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

O bien:        Mc 10, 45

El Hijo del hombre ha venido a dar su vida como rescate por la humanidad, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Que esta celebración eucarística

nos comunique, Señor, nuevas fuerzas

para cumplir tu voluntad en esta vida

y nos confirme en la esperanza de tu Reino.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada          Sal 104, 3-4

Alégrese el corazón de los que buscan al Señor. Buscad la ayuda del Señor; buscad  continuamente su presencia.

Oración colecta

Aumenta, Señor, en nosotros

la fe, la esperanza y la caridad

para que cumplamos con amor tus mandamientos

y podamos conseguir, así,

el cielo que nos tienes prometido.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad,

las ofrendas que te presentamos,

a fin de que esta celebración eucarística

sea para tu gloria y alabanza.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión          Sal 19, 6

Llenos de júbilo porque nos ha salvado, alabemos la grandeza del Señor, nuestro Dios.

O bien:             Ef 5, 2

Cristo nos amó y se entregó a la muerte por nosotros, como ofrenda y víctima agradable a Dios.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor, que este memorial

de la muerte y resurrección de tu Hijo

nos haga morir de veras al pecado

y renacer a una nueva vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada           Sal 37, 22-23

Señor, no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme, Señor, mi salvador.

Oración colecta

Dios omnipotente y misericordioso,

de cuya mano proviene

el don de servirte y de alabarte,

ayúdanos a vencer en esta vida

cuanto pueda separarnos de ti.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Que este sacrificio que vamos ofrecerte

en comunión con toda tu Iglesia,

te sea agradable, Señor,

y nos obtenga la plenitud de tu misericordia.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión             Sal 15, 11

Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia.

O bien:        Jn 6, 58

En la misma forma en que yo vivo por el Padre, que me ha enviado y que es la vida, el que me come, vivirá por mí, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Continúa, Señor, en nosotros

tu obra de salvación

por medio de esta Eucaristía

para que, cada vez más unidos a Cristo en esta vida,

merezcamos vivir con él eternamente.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada                   Sal 87, 3

Que llegue hasta ti mi súplica, Señor, y encuentren acogida mis plegarias.

Oración colecta

Ayúdanos, Señor,

a dejar en tus manos paternales

todas nuestras preocupaciones,

a fin de que podamos entregarnos

con mayor libertad a tu servicio.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Mira, Señor, con bondad

los dones que te presentamos,

a fin de que el sacramento

de la muerte y resurrección de tu Hijo,

nos alcance de ti la vida verdadera.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión          Sal 22, 1-2

El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas para reparar mis fuerzas.

O bien:           Lc 24, 35

Los discípulos reconocieron al Señor Jesús cuando partió el pan.

Oración después de la comunión

Te damos gracias, Señor,

por habernos alimentado

con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo

y te rogamos que la fuerza del Espíritu Santo,

que nos has comunicado en este sacramento,

permanezca en nosotros y transforme toda nuestra vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Antífona de entrada                   Jer 29, 11. 12. 14

Yo tengo designios de paz, no de aflicción, dice el Señor. Me invocaréis y yo os escucharé y os libraré de vuestra esclavitud donde quiera que os encontréis.

Oración colecta

Concédenos, Señor, tu ayuda

para entregarnos fielmente a tu servicio

porque sólo en el cumplimiento de tu voluntad

podremos encontrar la felicidad verdadera.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Que estos dones traídos a tu altar

nos obtengan de ti, Señor y Dios nuestro,

la gracia de servirte con amor

y la felicidad eterna.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión            Sal 72, 28

Mi felicidad consiste en estar cerca de Dios y en poner sólo en él mis esperanzas.

O bien:           Mc 11, 23-24

Yo os aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidáis en la oración, si tenéis fe en obtenerlo,

os será concedido.

Oración después de la comunión

Señor, que nuestra participación en esta Eucaristía

que tu Hijo nos mandó celebrar como memorial suyo,

nos una siempre con el vínculo de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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XXXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

La solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo ocupa el lugar de este domingo. Para los días de entre semana, se utilizan los textos siguientes.

Antífona de entrada                  Sal 84, 9

Dios anuncia la paz a su pueblo, a todos sus amigos y a cuantos se convierten a él de corazón.

Oración colecta

Mueve, Señor, nuestros corazones

para que correspondamos generosamente

a la acción de tu gracia

y recibamos, así, con abundancia, los dones de tu amor.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Oración sobre las ofrendas

Acepta, Señor, este santo sacrificio

que nos has mandado ofrecer en tu alabanza

y concédenos por él

obedecer siempre tus mandatos

para que seamos dignos de tu amor.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical I-X

Antífona de comunión                                 Sal 116, 1-2

Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos, porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre.

O bien:                     Mt 28, 20

Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Tú que nos has hecho participes de tu propia vida

en este sacramento,

no permitas, Señor, que nos separemos ya de ti,

que eres la fuente de todo bien.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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SOLEMNIDADES DEL SEÑOR

DURANTE EL TIEMPO ORDINARIO

 

 

Santísima Trinidad

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Sagrado Corazón de Jesús

Jesucristo, Rey Universal

 

 

 

Domingo después de Pentecostés

 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Solemnidad

Antífona de entrada

Bendito sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso.

Oración colecta

Dios Padre, que al enviar al mundo

al Verbo de verdad y al Espíritu de santidad,

revelaste a los hombres tu misterio admirable,

concédenos que al profesar la fe verdadera,

reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad

y adoremos la unidad de su majestad omnipotente.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Se dice Credo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Por la invocación de tu nombre,

santifica, Señor, estos dones que te presentamos

y transfórmanos por ellos en una continua oblación a ti.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio:

EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo,

eres un solo Dios, un solo Señor,

no en la sola persona,

sino tres Personas en una sola naturaleza.

 

Y lo que creemos de tu gloria,

porque tú lo revelaste,

lo afirmamos también de tu Hijo

y también del Espíritu Santo,

sin diferencia ni distinción.

 

De modo que al proclamar nuestra fe

en la verdadera y eterna Divinidad,

adoramos a tres Personas distintas,

de única naturaleza

e iguales en su dignidad.

 

A quien alaban los ángeles y los arcángeles,

y todos los coros celestiales,

que no cesan de aclamarte con una sola voz:

 

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión          Gal 4, 6

Porque sois hijos de Dios, Dios infundió en vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: Padre.

Oración después de la comunión

Al confesar nuestra fe en la Trinidad santa y eterna

y en su Unidad indivisible,

concédenos,  Señor y Dios nuestro,

encontrar salud del alma y del cuerpo

en el sacramento que hemos recibido.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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Domingo después de la Santísima Trinidad

 

EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

Solemnidad

Antífona de entrada           Sal 80, 17

Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca.

Oración colecta

Señor nuestro Jesucristo, que en este sacramento admirable

nos dejaste el memorial de tu pasión,

concédenos venerar de tal modo

los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre,

que experimentemos constantemente en nosotros

el fruto de tu redención.

Tú que vives y reinas con el Padre

en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios

por los siglos de los siglos.

Se dice Credo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Señor, concede a tu Iglesia

los dones de la unidad y de la paz,

simbolizados en las ofrendas sacramentales

que te presentamos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de la Sagrada Eucaristía I o II.

Antífona de comunión          Jn 6, 56

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor, disfrutar eternamente

del gozo de tu divinidad que ahora pregustamos,

en la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

 

Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés

Viernes después de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

 

EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Solemnidad

Antífona de entrada                  Sal 32, 11. 19

Los proyectos de su corazón subsisten de edad en edad, para librar de la muerte la vida de sus fieles y reanimarlos en tiempo de hambre.

Oración colecta

Al  celebrarse hoy la solemnidad del Corazón de Jesús,

en la que recordamos el inmenso amor

de tu Hijo hacia nosotros, te suplicamos, Padre todopoderoso,

que nos concedas alcanzar de esa fuente inagotable

la abundancia de tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

O bien:

Dios nuestro, que has depositado

infinitos tesoros de misericordia

en el corazón de tu amado Hijo, herido por nuestros pecados,

concédenos que, al rendirle nuestro homenaje de amor,

logremos también tributarle una debida reparación.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Se dice Credo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Ten en cuenta, Señor,

el inefable amor del corazón de tu Hijo,

para que este don que te ofrecemos, sea agradable a tus ojos

y sirva como expiación de nuestros pecados.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio:

INMENSO AMOR DE CRISTO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno,

por Cristo nuestro Señor.

 

El cual, con inmenso amor,

se entregó por nosotros en la cruz

e hizo salir sangre y agua de su costado herido,

de donde habrían de brotar

los sacramentos de la Iglesia,

para que todos,

atraídos hacia el corazón abierto del salvador,

pudieran beber siempre, con gozo,

de la fuente de la salvación.

 

Por eso,

con los ángeles y con todos lo santos

te alabamos, diciendo sin cesar:

 

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión         Jn 7, 37-38

Dice el Señor: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. De aquel que cree en mí, brotarán ríos de agua viva.

O bien:                     Jn 19, 34

Uno de los soldados le abrió el costado con su lanza, y al punto salió sangre y agua.

Oración después de la comunión

Señor, que este sacramento de caridad

nos haga arder en un santo amor

que, atrayéndonos siempre hacia tu Hijo,

nos enseñe a reconocerlo en cada uno de nuestros hermanos.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Último domingo del tiempo ordinario

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

Solemnidad

Antífona de entrada         Ap 5, 12; 1, 6

Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,

que quisiste fundar todas las cosas

en tu Hijo muy amado, Rey del universo,

haz que toda creatura, liberada de la esclavitud,

sirva a tu majestad y te alabe eternamente.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Se dice Credo.

Liturgia de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C

 

Oración sobre las ofrendas

Al ofrecerte el sacrificio

de la reconciliación humana,

te rogamos, Señor, que Jesucristo, tu Hijo,

conceda a todos los pueblos

los bienes de la unidad y de la paz.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

CRISTO, REY DEL UNIVERSO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

 

En verdad es justo y necesario,

es nuestro deber y salvación

darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,

Dios todopoderoso y eterno.

 

Porque consagraste Sacerdote eterno

y Rey del universo a tu Hijo unigénito,

nuestro Señor Jesucristo,

para que, ofreciéndose a si mismo

como víctima perfecta y pacificadora

en el altar de la cruz,

consumara el misterio de la redención humana;

y sometiendo a su poder la creación entera,

entregara a tu majestad infinita

un Reino eterno y universal:

Reino de la verdad y de la vida,

Reino de la santidad y de la gracia,

Reino de la justicia, del amor y de la paz.

 

Por eso,

con los ángeles y los arcángeles

y con todos los coros celestiales,

cantamos sin cesar

el himno de tu gloria.

Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión            Sal 28, 10-11

En su trono reinará el Señor para siempre y le dará a su pueblo la bendición de la paz.

Oración después de la comunión

Alimentados con el pan que da la vida eterna,

te pedimos, Señor,

que quienes nos gloriamos en obedecer aquí

los mandatos de Cristo,

Rey del universo,

podamos vivir con él eternamente en el cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

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LECIONARIO DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

B

CICLO A

C

 

 

Domingo después de Pentecostés

 

SOLEMNIDAD

DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 

PRIMERA LECTURA

Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, co­mo le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.

El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.

El Señor pasó ante él, proclamando:

–«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»

Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra.

Y le dijo:

–«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aun­que ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y peca­dos y tómanos como heredad tuya.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56

      Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y glorioso.

R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

      Bendito eres en el templo de tu santa gloria.

R. A ti gloria y alabanza por los siglos

      Bendito eres sobre el trono de tu reino.

R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

      Bendito eres tú, que sentado sobre querubines

      sondeas los abismos.

R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

      Bendito eres en la bóveda del cielo.

R. A ti gloria y alabanza por los siglos.

 

SEGUNDA LECTURA

La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios           13, 11-13

Hermanos:

Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.

Saludaos mutuamente con el beso ritual.

Os saludan todos los santos.

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya               Ap 1, 8

      Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.

 

EVANGELIO

Dios mandó su Hijo para que el mundo se salve por él

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

 

Palabra del Señor.

 

 

Domingo después de la Santísima Trinidad

 

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

 

PRIMERA LECTURA

Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo, diciendo:

–«Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prue­ba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no.

Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios.

No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la escla­vitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dra­gones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a)

R. Glorifica al Señor, Jerusalén.

O bien:

      Aleluya.

Glorifica al Señor, Jerusalén;

alaba a tu Dios, Sión:

que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,

y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

Ha puesto paz en tus fronteras,

te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,

y su palabra corre veloz. R.

Anuncia su palabra a Jacob,

sus decretos y mandatos a Israel;

con ninguna nación obró así,

ni les dio a conocer sus mandatos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  10, 16-17

Hermanos:

El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuer­po de Cristo?

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 6, 51

      Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma de este pan vivirá para siempre.

 

EVANGELIO

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

–«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí:

–«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo:

–«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mis­mo modo, el que me come vivirá por mi.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros pa­dres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. »

 

Palabra del Señor.

 

 

Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés

 

SOLEMNIDAD DEL

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

PRIMERA LECTURA

El Señor se enamoró de vosotros y os eligió

Lectura del libro del Deuteronomio 7, 6-11

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo:

–«Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad.

Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser voso­tros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que ha­bía hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto.

Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones.

Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona.

Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te man­do hoy.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 10(R.: 17)

R.    La misericordia del Señor dura siempre,

      para los que cumplen sus mandatos.

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia

y defiende a todos los oprimidos;

enseñó sus caminos a Moisés

y sus hazañas a los hijos de Israel. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia.

No nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Dios nos amó

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-16

Queridos hermanos:

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conoci­do a Dios, porque Dios es amor.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.

Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debe­mos amarnos unos a otros.

A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos tes­timonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.

Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.

Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 11, 29ab

      Cargad con mi yugo y aprended de mí

      –dice el Señor–,

      que soy manso y humilde de corazón.

 

EVANGELIO

Soy manso y humilde de corazón

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

–«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has es­condido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quie­ra revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os ali­viaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y hu­milde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

 

Palabra del Señor.

 

 

 

 

 

 

DOMINGO II

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación

Lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6

El Señor me dijo:

«Tú eres mi siervo,

de quien estoy orgulloso.»

Y ahora habla el Señor,

que desde el vientre me formó siervo suyo,

para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel

–tanto me honró el Señor,

y mi Dios fue mi fuerza–:

«Es poco que seas mi siervo

y restablezcas las tribus de Jacob

y conviertas a los supervivientes de Israel;

te hago luz de las naciones,

para que mi salvación alcance

hasta el confín de la tierra.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10(R.: 8a y 9a)

R.  Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;

él se inclinó y escuchó mi grito;

me puso en la boca un cántico nuevo,

un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

y, en cambio, me abriste el oído;

no pides sacrificio expiatorio,

entonces yo digo: «Aquí estoy.» R.

Como está escrito en mi libro:

«Para hacer tu voluntad.»

Dios mío, lo quiero,

y llevo tu ley en las entrañas. R.

He proclamado tu salvación

ante la gran asamblea;

no he cerrado los labios:

Señor, tú lo sabes. R.

 

SEGUNDA LECTURA

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros

Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3

Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro.

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Je­sucristo sean con vosotros.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 1, 14. 12b

      La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios.

       En lugar del versículo antes del evangelio propuesto para cada domingo, se puede escoger alguno de los que se hallan en. *

 

EVANGELIO

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

–«Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. És­te es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo:

–«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una pa­loma, y se posó sobre él.

Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:

"Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. "

Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

 

Palabra del Señor.

DOMINGO III

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

En la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande

Lectura del libro de Isaías 8, 23b-9, 3

En otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles.

El pueblo que caminaba en tinieblas

vio una luz grande;

habitaban tierra de sombras,

y una luz les brilló.

Acreciste la alegría,

aumentaste el gozo;

se gozan en tu presencia,

como gozan al segar,

como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor,

y el yugo de su carga,

el bastón de su hombro,

los quebrantaste como el día de Madián.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 26, 1. 4. 13-14 (R.: la)

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar? R.

Una cosa pido al Señor,

eso buscaré:

habitar en la casa del Señor

por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor,

contemplando su templo. R.

Espero gozar de la dicha del Señor

en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,

ten ánimo, espera en el Señor. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Poneos de acuerdo y no andéis divididos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  1, 10-13. 17

Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: po­neos de acuerdo y no andéis divididos. Estad bien unidos con un mis­mo pensar y sentir.

Hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias en­tre vosotros. Y por eso os hablo así, porque andáis divididos, dicien­do: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo. »

¿Está dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?

Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evange­lio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 4, 23

      Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo. *

 

EVANGELIO

Se estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Gali­lea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías:

«País de Zabulón y país de Neftalí,

camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles.

El pueblo que habitaba en tinieblas

vio una luz grande;

a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,

una luz les brilló.»

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

–«Convertíos, porqi1e está cerca el reino de los cielos.»

Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.

Les dijo:

–«Venid y seguidme, y os, haré pescadores de hombres.»

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-17

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Gali­lea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías:

«País de Zabulón y país de Neftalí,

camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles.

El pueblo que habitaba en tinieblas

vio una luz grande;

a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,

una luz les brilló.»

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

–«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»

 

Palabra de Dios.

 

DOMINGO IV

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde

Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13

Buscad al Señor, los humildes,

que cumplís sus mandamientos;

buscad la justicia,

buscad la moderación,

quizá podáis ocultaros

el día de la ira del Señor.

«Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde,

que confiará en el nombre del Señor.

El resto de Israel no cometerá maldades,

ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera;

pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 145, 7. 8-9a. 9be-10 (R.: Mt 5, 3)

R.    Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

O bien:

      Aleluya.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,

él hace justicia a los oprimidos,

él da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego,

el Señor endereza a los que ya se doblan,

el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Dios ha escogido lo débil del mundo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  19, 26-31

Hermanos:

Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo hu­mano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contra­rio, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sa­bios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

Por él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha he­cho para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención.

Y así –como dice la Escritura– «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 5, 12a

      Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. *

 

EVANGELIO

Dichosos los pobres en el espíritu

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sen­tó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

–«Dichosos los pobres en el espíritu,

porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los sufridos,

porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que lloran,

porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,

porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos,

porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz,

porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

 

Palabra del Señor.

DOMINGO V

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Romperá tu luz como la aurora

Lectura del libro de Isaías 58, 7-10

Así dice el Señor:

«Parte tu pan con el hambriento,

hospeda a los pobres sin techo,

viste al que ves desnudo,

y no te cierres a tu propia carne.

Entonces romperá tu luz como la aurora,

en seguida te brotará la carne sana;

te abrirá camino la justicia,

detrás irá la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor,

y te responderá;

gritarás, y te dirá:

«Aquí estoy. »

Cuando destierres de ti la opresión,

el gesto amenazador y la maledicencia,

cuando partas tu pan con el hambriento

y sacies el estómago del indigente,

brillará tu luz en las tinieblas,

tu oscuridad se volverá mediodía.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 111, 4-5. 6-7. 8a y 9 (R.: 4a)

R. El justo brilla en las tinieblas como una luz.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos. R.

El justo jamás vacilará,

su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor. R.

Su corazón está seguro, sin temor.

Reparte limosna a los pobres;

su caridad es constante, sin falta,

y alzará la frente con dignidad. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Os anuncié el misterio de Cristo crucificado

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  2, 1-5

Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.

Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 8, 12b

      Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–; el que me sigue tendrá la luz de la vida. *

 

EVANGELIO

Vosotros sois la luz del mundo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero sí la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del cele­mín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras bue­nas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO VI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

No mandó pecar al hombre

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 16-21

Si quieres, guardarás los mandatos del Señor,

porque es prudencia cumplir su voluntad;

ante ti están puestos fuego y agua:

echa mano a lo que quieras;

delante del hombre están muerte y vida:

le darán lo que él escoja.

Es inmensa la sabiduría del Señor,

es grande su poder y lo ve todo;

los ojos de Dios ven las acciones,

él conoce todas las obras del hombre;

no mandó pecar al hombre,

ni deja impunes a los mentirosos.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34(R.: 1b)

R.  Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Dichoso el que, con vida intachable,

camina en la voluntad del Señor;

dichoso el que, guardando sus preceptos,

lo busca de todo corazón. R.

Tú promulgas tus decretos

para que se observen exactamente.

Ojalá esté firme mi camino,

para cumplir tus consignas. R.

Haz bien a tu siervo: viviré

y cumpliré tus palabras;

ábreme los ojos, y contemplaré

las maravillas de tu voluntad. R.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,

y lo seguiré puntualmente;

enséñame a cumplir tu voluntad

y a guardarla de todo corazón. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  2, 6-10

Hermanos:

Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mun­do, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predes­tinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hom­bre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman. »

Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

 

Aleluya Cf. Mt 11, 25

      Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla. *

 

EVANGELIO

Se dijo a los antiguos, pero yo os digo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cum­plirse hasta la última letra o tilde de la Ley.

El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será procesado.

Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será pro­cesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que compa­recer ante el Sanedrín, y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuer­das allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.

Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúl­tero con ella en su interior.

Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno.

Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno.

Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. "

Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor".

Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

Lectura del santo evangelio según san Mateo  5, 20-22a. 27-28. 33-34a. 37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que ma­te será procesado.

Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado.

Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúl­tero con ella en su interior.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y "Cumplirás tus votos al Señor".

Pues yo os digo que no juréis en absoluto.

A vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO VII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Amarás a tu prójimo como a ti mismo

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18

El Señor habló a Moisés:

–«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles:

"Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.

No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado.

No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que ama­rás a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy el Señor."»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13(R.: 8a)

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos.

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  3, 16-23

Hermanos:

¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habi­ta en vosotros?

Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; por­que el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.

Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como es­tá escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.»

Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vues­tro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

 

Palabra de Dios

 

Aleluya 1 Jn 2, 5

      Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. *

 

EVANGELIO

Amad a vuestros enemigos

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vues­tros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

 

Palabra del Señor.

DOMINGO VIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Yo no te olvidaré

Lectura del libro de Isaías 49, 14-15

Sión decía:

«Me ha abandonado el Señor,

mi dueño me ha olvidado.»

¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura,

no conmoverse por el hijo de sus entrañas?

Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 61, 2-3. 6-7. 8-9ab(R.: 6a)

R.  Descansa sólo en Dios, alma mía.

Sólo en Dios descansa mi alma,

porque de él viene mi salvación;

sólo él es mi roca y mi salvación;

mi alcázar: no vacilaré. R.

Descansa sólo en Dios, alma mía,

porque él es mi esperanza;

sólo él es mi roca y mi salvación,

mi alcázar: no vacilaré. R.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,

él es mi roca firme,

Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,

desahogad ante él vuestro corazón. R.

 

SEGUNDA LECTURA

El Señor pondrá al descubierto los designios del corazón

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  4, 1-5

Hermanos:

Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y adminis­tradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuen­tas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso que­do absuelto: mi juez es el Señor.

Así, pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Hb 4, 12

      La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón. *

 

EVANGELIO

No os agobiéis por el mañana

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Por eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mi­rad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embar­go, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?

¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?

¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vues­tro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.

Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, por­que el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.»

 

Palabra del Señor.

 

 

 

 

DOMINGO IX

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Mirad: Os pongo delante bendición y maldición

Lectura del libro del Deuteronomio 11, 18. 26-28. 32

Moisés habló al pueblo, diciendo:

–«Meteos estas palabras mías en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un signo, ponedlas de señal en vuestra frente.

Mirad: Hoy os pongo delante bendición y maldición; la bendición, si escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido.

Pondréis por obra todos los mandatos y decretos que yo os pro­mulgo hoy.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 30, 2-3a. 3bc-4. 17 y 25(R.: 3b)

R.  Sé la roca de mi refugio, Señor.

A ti, Señor, me acojo;

no quede yo nunca defraudado;

tú, que eres justo, ponme a salvo,

inclina tu oído hacia mí;

ven aprisa a librarme. R.

Sé la roca de mi refugio,

un baluarte donde me salve,

tú que eres mi roca y mi baluarte;

por tu nombre dirígeme y guíame. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,

sálvame por tu misericordia.

Sed fuertes y valientes de corazón,

los que esperáis en el Señor. R.

 

SEGUNDA LECTURA

El hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos     3, 21-25a. 28

Hermanos:

Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley.

Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, me­diante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrifi­cio de propiciación mediante la fe en su sangre.

Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 15, 5

      Yo soy la vid, vosotros los sarmientos –dice el Señor–; el que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante. *

EVANGELIO

La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 21-27

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Aquel día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?"

Yo entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la llu­via, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se pa­rece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

 

Palabra del Señor.

 

 

 

 

 

 

 

DOMINGO X

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Quiero misericordia, y no sacrificios

Lectura de la profecía de Oseas 6, 3-6

Esforcémonos por conocer al Señor:

su amanecer es como la aurora,

y su sentencia surge como la luz.

Bajará sobre nosotros como lluvia temprana,

como lluvia tardía que empapa la tierra.

«¿Qué haré de ti, Efraín?

 ¿Qué haré de ti, Judá?

Vuestra piedad es como nube mañanera,

como rocío de madrugada que se evapora.

Por eso os herí por medio de los profetas,

os condené con la palabra de mi boca.

Quiero misericordia, y no sacrificios;

conocimiento de Dios, más que holocaustos.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 49, 1 y 8. 12-13. 14-15(R.: 23

R.    Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

El Dios de los dioses, el Señor, habla:

convoca la tierra de oriente a occidente.

«No te reprocho tus sacrificios,

pues siempre están tus holocaustos ante mí.» R.

«Si tuviera hambre, no te lo diría;

pues el orbe y cuanto lo llena es mío.

¿Comeré yo carne de toros,

beberé sangre de cabritos?» R.

«Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,

cumple tus votos al Altísimo

e invócame el día del peligro:

yo te libraré, y tú me darás gloria.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 18-25

Hermanos:

Abrahán, apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: Así será tu descendencia.

No vaciló en la fe, aun dándose cuenta de que su cuerpo estaba medio muerto –tenía unos cien años–, y estéril el seno de Sara.

Ante la promesa no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación.

Y no sólo por él está escrito: «Le valió», sino también por noso­tros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros peca­dos y resucitado para nuestra justificación.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Lc 4, 18

      El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad. *

 

EVANGELIO

No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:

_«Sígueme.»

Él se levantó y lo siguió.

Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pe­cadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:

–«¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? »

Jesús lo oyó y dijo:

–«No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.

Andad, aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a

En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí y acam­paron allí, frente al monte.

Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo:

–«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa."»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 99, 2. 3. 5 (R.: 3c)

R.    Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,

servid al Señor con alegría,

entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:

que él nos hizo y somos suyos,

su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

El Señor es bueno,

su misericordia es eterna,

su fidelidad por todas las edades. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Si fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,

¡con cuánta más razón seremos salvos por su vida!

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 6-11

Hermanos:

Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo seña­lado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien mue­ra por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a mo­rir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo noso­tros todavía pecadores, murió por nosotros.

¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, se­remos por él salvos del castigo!

Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconcilia­dos, seremos salvos por su vida!

Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nues­tro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mc 1, 15

      Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio. *

 

EVANGELIO

Llamando a sus doce discípulos, los envió

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 36-10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tie­nen pastor. Entonces dijo a sus discípulos:

–«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.».

Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.

Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su her­mano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; San­tiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:

–«No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Sa­maria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel.

Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfer­mos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Libró la vida del pobre de manos de los impíos

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Dijo Jeremías:

«Oía el cuchicheo de la gente:

"Pavor en torno;

delatadlo, vamos a delatarlo."

Mis amigos acechaban mi traspié:

"A ver si se deja seducir, y lo abatiremos,

lo cogeremos y nos vengaremos de él."

Pero el Señor está conmigo,

como fuerte soldado;

mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo.

Se avergonzarán de su fracaso

con sonrojo eterno que no se olvidará.

Señor de los ejércitos, que examinas al justo

y sondeas lo íntimo del corazón,

que yo vea la venganza que tomas de ellos,

porque a ti encomendé mi causa.

Cantad al Señor, alabad al Señor,

que libró la vida del pobre de manos de los impíos.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 68, 8-10. 14 y 17. 33-35 (R.: l4c)

R.  Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Por ti he aguantado afrentas,

la vergüenza cubrió mi rostro.

Soy un extraño para mis hermanos,

un extranjero para los hijos de mi madre;

porque me devora el celo de tu templo,

y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R.

Pero mi oración se dirige a ti,

Dios mío, el día de tu favor;

que me escuche tu gran bondad,

que tu fidelidad me ayude.

Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;

por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R.

Miradlo, los humildes, y alegraos,

buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Que el Señor escucha a sus pobres,

no desprecia a sus cautivos.

Alábenlo el cielo y la tierra,

las aguas y cuanto bulle en ellas. R.

 

SEGUNDA LECTURA

No hay proporción entre el delito y el don

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por' el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por­que todos pecaron.

Porque, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pe­cado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pe­cado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Je­sucristo, sobro para la multitud.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 15, 26b. 27a

      El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí      –dice el Señor–; y también vosotros daréis testimonio. *

 

EVANGELIO

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

–«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.

Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin em­bargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pon­dré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Ese hombre de Dios es un santo, se quedará aquí

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Un día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su marido:

–«Me consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior; le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga a visitarnos, se quedará aquí. » Un día llegó allí, entró en la habitación y se acostó.

Dijo a su criado Guejazi:

–«¿Qué podríamos hacer por ella?» Guejazi comentó:

–«Qué sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.»

Eliseo dijo:

–«Llámala.»

La llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo:

–«El año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 88, 2-3. 16-17. 18-19 (R.: 2a)

R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,

anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,

más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:

camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;

tu nombre es su gozo cada día,

tu justicia es su orgullo. R.

Porque tú eres su honor y su fuerza,

y con tu favor realzas nuestro poder.

Porque el Señor es nuestro escudo,

y el Santo de Israel nuestro rey. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida nueva

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11

Hermanos:

Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incor­porados a su muerte.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también vivi­remos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios.

Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya 1 P 2, 9

      Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada; proclamad las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa. *

 

EVANGELIO

El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

–«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»

 

Palabra del Señor.

 

 

 

 

 

DOMINGO XIV

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Mira a tu rey que viene a ti modesto

Lectura de la profecía de Zacarías 9, 9-10

Así dice el Señor:

«Alégrate, hija de Sión;

canta, hija de Jerusalén;

mira a tu rey que viene a ti

justo y victorioso;

modesto y cabalgando en un asno,

en un pollino de borrica.

Destruirá los carros de Efraín,

los caballos de Jerusalén,

romperá los arcos guerreros,

dictará la paz a las naciones;

dominará de mar a mar,

del Gran Río al confín de la tierra. »

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. l3cd-14(R.: cf. 1)

R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;

bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día, te bendeciré

y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

El Señor es clemente y misericordioso,

lento a la cólera y rico en piedad;

el Señor es bueno con todos,

es cariñoso con todas sus criaturas. R.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,

que te bendigan tus fieles;

que proclamen la gloria de tu reinado,

que hablen de tus hazañas. R.

El Señor es fiel a sus palabras,

bondadoso en todas sus acciones.

El Señor sostiene a los que van a caer,

endereza a los que ya se doblan. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13

Hermanos:

Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros.

El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Así, pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente. Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Mt 11, 25

      Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla. *

 

EVANGELIO

Soy manso y humilde de corazón

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

–«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.

Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XV

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

La lluvia hace germinar la tierra

Lectura del libro de Isaías 55, 10-11

Así dice el Señor:

«Como bajan la lluvia y la nieve del cielo,

y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,

de fecundarla y hacerla germinar,

para que dé semilla al sembrador y pan al que come,

así será mi palabra, que sale de mi boca:

no volverá a mí vacía,

sino que hará mi voluntad

y cumplirá mi encargo.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 64, 10. 11. 12-13. 14 (R.: Lc 8, 8)

R.    La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.

Tú cuidas de la tierra, la riegas

y la enriqueces sin medida;

la acequia de Dios va llena de agua,

preparas los trigales. R.

Riegas los surcos, igualas los terrones,

 tu llovizna los deja mullidos,

bendices sus brotes. R.

Coronas el año con tus bienes,

tus carriles rezuman abundancia;

rezuman los pastos del páramo,

y las colinas se orlan de alegría. R.

Las praderas se cubren de rebaños,

y los valles se visten de mieses,

que aclaman y cantan. R.

 

SEGUNDA LECTURA

La creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23

Hermanos:

Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue so­metida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la so­metió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto.

Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hi­jos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya

      La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre. *

 

 

 

EVANGELIO

Salió el sembrador a sembrar

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió

a él tanta ente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente 9

se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas:

–«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.

El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, se­senta; otros, treinta.

El que tenga oídos que oiga.»

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

–«¿Por qué les hablas en parábolas?»

El les contestó:

–«A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni enten­der. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías:

"Oiréis con los oídos sin entender;

miraréis con los ojos sin ver;

porque está embotado el corazón de este pueblo,

son duros de oído, han cerrado los ojos;

para no ver con los ojos, ni oír con los oídos,

ni entender con el corazón,

ni convertirse para que yo los cure."

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vo­sotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Malig­no y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se que­da estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.»

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-9

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que  subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas:

–«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.

El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.

El que tenga oídos que oiga.»

 

Palabra del Señor.

 

 

 

DOMINGO XVI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

En el pecado, das lugar al arrepentimiento

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo,

ante quien tengas que justificar tu sentencia.

Tu poder es el principio de la justicia,

y tu soberanía universal te hace perdonar a todos.

Tú demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total,

y reprimes la audacia de los que no lo conocen.

Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación

y nos gobiernas con gran indulgencia,

porque puedes hacer cuanto quieres.

Obrando así, enseñaste a tu pueblo

que el justo debe ser humano,

y diste a tus hijos la dulce esperanza

de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)

R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Tú, Señor, eres bueno y clemente,

rico en misericordia con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración,

atiende a la voz de mi súplica. R.

Todos los pueblos vendrán

a postrarse en tu presencia, Señor;

bendecirán tu nombre:

«Grande eres tú, y haces maravillas;

tu eres el único Dios.» R.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,

lento a la cólera,

rico en piedad y leal,

mírame, ten compasión de mí. R.

 

SEGUNDA LECTURA

El Espíritu intercede con gemidos inefables

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo inter­cede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Mt 11, 25

      Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla. *

 

EVANGELIO

Dejadlos crecer juntos hasta la siega

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

–«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Enton­ces fueron los criados a decirle al amo:

"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sa­le la cizaña?"

Él les dijo:

"Un enemigo lo ha hecho."

Los criados le preguntaron:

"¿Quieres que vayamos a arrancarla?"

Pero él les respondió:

"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el tri­go. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores:

'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'"»

Les propuso esta otra parábola:

–«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es mas alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola:

–«El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la ama­sa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.

Así se cumplió el oráculo del profeta:

«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:

–«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les contestó:

–«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la ci­zaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. »

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

–«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:

"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"

Él les dijo:

"Un enemigo lo ha hecho."

Los criados le preguntaron:

"¿Quieres que vayamos a arrancarla?"

Pero él les respondió:

"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores:

'Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.'"»

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XVII

DEL TIEMPO ORDINARIO

PRIMERA LECTURA

Pediste discernimiento

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:

–«Pídeme lo que quieras.»

Respondió Salomón:

–«Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvol­verme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo in­menso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil pa­ra gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién seria capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»

Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:

–«Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial    Sal 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130 (R.: 97a)

R. ¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!

Mi porción es el Señor;

he resuelto guardar tus palabras.

Más estimo yo los preceptos de tu boca

que miles de monedas de oro y plata. R.

Que tu bondad me consuele,

según la promesa hecha a tu siervo;

cuando me alcance tu compasión, viviré,

y mis delicias serán tu voluntad. R.

Yo amo tus mandatos

más que el oro purísimo;

por eso aprecio tus decretos

y detesto el camino de la mentira. R.

Tus preceptos son admirables,

por eso los guarda mi alma;

la explicación de tus palabras ilumina,

da inteligencia a los ignorantes. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Nos predestinó a ser imagen de su Hijo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos:

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio.

A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos.

A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Mt 11, 25

      Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos del reino a la gente sencilla. *

 

EVANGELIO

Vende todo lo que tiene y compra el campo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

–«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el cam­po: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, sepa­raran a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Entendéis bien todo esto?»

Ellos le contestaron:

–«Sí.»

El les dijo:

–«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»,

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

–«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el cam­po: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. »

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XVIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Venid y comed

Lectura del libro de Isaías 55, 1-3

Así dice el Señor–

«Oíd, sedientos todos, acudid por agua,

también los que no tenéis dinero:

venid, comprad trigo, comed sin pagar

vino y leche de balde.

¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta,

y el salario en lo que no da hartura?

Escuchadme atentos, y comeréis bien,

saborearéis platos sustanciosos.

Inclinad el oído, venid a mí:

escuchadme, y viviréis.

Sellaré con vosotros alianza perpetua,

la promesa que aseguré a David.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18(R.: cf. 16)

R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.

      El Señor es clemente y misericordioso,

      lento a la cólera y rico en piedad;

      el Señor es bueno con todos,

      es cariñoso con todas sus criaturas. R.

      Los ojos de todos te están aguardando,

tú les das la comida a su tiempo;

abres tú la mano,

y sacias de favores a todo viviente. R.

El Señor es justo en todos sus caminos,

es bondadoso en todas sus acciones;

cerca está el Señor de los que lo invocan,

de los que lo invocan sinceramente. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Ninguna criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39

Hermanos:

¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?

Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha ama­do. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni pro­fundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios ma­nifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 4, 4b

      No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. *

 

EVANGELIO

Comieron todos hasta quedar satisfechos

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos.

Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:

–«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas, y se compren de comer.»

Jesús les replicó:

–«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»

Ellos le replicaron:

–«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»

Les dijo:

–«Traédmelos.»

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XIX

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Ponte de pie en el monte ante el Señor

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo:

–«Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar! »

Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el vien­to. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.

Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14(R.: 8)

R.    Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:

«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»

La salvación está ya cerca de sus fieles,

y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,

y la justicia mira desde el cielo. R.

El Señor nos dará la lluvia,

y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,

la salvación seguirá sus pasos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos:

Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.

Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Sal 129, 5

      Espero en el Señor, espero en su palabra. *

 

EVANGELIO

Mándame ir hacia ti andando sobre el agua

Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípu­los a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mien­tras él despedía a la gente.

Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida:

–«¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!»

Pedro le contestó:

«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. »

Él le dijo:

–«Ven.»

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

–«Señor, sálvame.»

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

–«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»

En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él, diciendo:

–«Realmente eres Hijo de Dios.»

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XX

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

A los extranjeros los traeré a mi monte santo

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así dice el Señor:

«Guardad el derecho, practicad la justicia,

que mi salvación está para llegar,

y se va a revelar mi victoria.

A los extranjeros que se han dado al Señor,

para servirlo,

para amar el nombre del Señor

y ser sus servidores,

que guardan el sábado sin profanarlo

y perseveran en mi alianza,

los traeré a mi monte santo,

los alegraré en mi casa de oración,

aceptaré sobre mi altar

sus holocaustos y sacrificios;

porque mi casa es casa de oración,

y así la llamarán todos los pueblos.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8(R.: 4)

R.    Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

ilumine su rostro sobre nosotros;

conozca la tierra tus caminos,

todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,

porque riges el mundo con justicia,

riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,

que todos los pueblos te alaben.

Que Dios nos bendiga; que le teman

hasta los confines del orbe. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32

Hermanos:

Os digo a vosotros, los gentiles:

Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos.

Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reinte­gración sino un volver de la muerte a la vida?

Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.

Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al re­belarse ellos, habéis obtenido misericordia.

Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la mise­ricordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia.

Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericor­dia de todos.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 4, 23

      Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo. *

 

EVANGELIO

Mujer, qué grande es tu fe

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

–«Ten compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

–«Atiéndela, que viene detrás gritando. »

Él les contestó:

–«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:

–«Señor, socórreme.»

Él le contestó:

–«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella repuso:

–«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las mi­gajas que caen de la mesa de los amos.»

Jesús le respondió:

–«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

En aquel momento quedó curada su hija.

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XXI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Colgaré de su hombro la llave del palacio de David

Lectura del libro de Isaías 22, 19-23

Así dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio:

«Te echaré de tu puesto,

te destituiré de tu cargo.

Aquel día, llamaré a mi siervo,

a Eliacín, hijo de Elcías:

le vestiré tu túnica,

le ceñiré tu banda,

le daré tus poderes;

será padre para los habitantes de Jerusalén,

para el pueblo de Judá.

Colgaré de su hombro la llave del palacio de David:

lo que él abra nadie lo cerrará,

lo que él cierre nadie lo abrirá.

Lo hincaré como un clavo en sitio firme,

dará un trono glorioso a la casa paterna.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y 8bc(R.: 8bc)

R.    Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;

delante de los ángeles tañeré para ti,

me postraré hacia tu santuario,

daré gracias a tu nombre. R.

Por tu misericordia y tu lealtad,

porque tu promesa supera a tu fama;

cuando te invoqué, me escuchaste,

acreciste el valor en mi alma. R.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,

y de lejos conoce al soberbio.

Señor, tu misericordia es eterna,

no abandones la obra de tus manos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Él es el origen, guía y meta del universo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!

¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero9 ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva?

Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los si­glos. Amén.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 16, 18

      Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. *

 

EVANGELIO

Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a ' sus discípulos:

–«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

–«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

El les preguntó:

–«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

–«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió:

–«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha re­velado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora te digo yo:

Tú eres Pedro, y sobre7esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desa­tado en el cielo. »

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XXII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

La palabra del Señor se volvió oprobio para mí

Lectura del libro de Jeremías  20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;

me forzaste y me pudiste.

Yo era el hazmerreír todo el día,

todos se burlaban de mí.

Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia»,

proclamando: «Destrucción.»

La palabra del Señor se volvió para mí

oprobio y desprecio todo el día.

Me dije: «No me acordaré de él,

no hablaré más en su nombre»;

pero ella era en mis entrañas fuego ardiente,

encerrado en los huesos;

intentaba contenerlo,

y no podía.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 2b)

R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré como de enjundia y de manteca,

y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo;

mi alma está unida a ti,

y tu diestra me sostiene. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Presentad vuestros cuerpos como hostia viva

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vues­tro culto razonable.

Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Ef 1, 17-18

      El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. *

 

EVANGELIO

El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que te­nía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

–«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

–«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»

Entonces dijo Jesús a sus discípulos:

–«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará.

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?

¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XXIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Así dice el Señor­

«A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya

en la casa de Israel;

cuando escuches palabra de mi boca,

les darás la alarma de mi parte.

Si yo digo al malvado:

"¡Malvado, eres reo de muerte?",

y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado

para que cambie de conducta,

el malvado morirá por su culpa,

pero a ti te pediré cuenta de su sangre;

pero si tú pones en guardia al malvado

para que cambie de conducta,

si no cambia de conducta,

él morirá por su culpa,

pero tú has salvado la vida. »

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8)

R.  Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos. R.

Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Amar es cumplir la ley entera

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

Hermanos:

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su pró­jimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás man­damientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. »

Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cum­plir la ley entera.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya 2Co 5, 19

      Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. *

 

EVANGELIO

Si te hace caso, has salvado a tu hermano

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. »

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XXIV

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas

Lectura del libro del Eclesiástico 27, 33-28, 9

Furor y cólera son odiosos;

el pecador los posee.

Del vengativo se vengará el Señor

y llevará estrecha cuenta de sus culpas.

Perdona la ofensa a tu prójimo,

y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.

¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro

y pedir la salud al Señor?

No tiene compasión de su semejante,

¿y pide perdón de sus pecados?

Si él, que es carne, conserva la ira,

¿quién expiará por sus pecados?

Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo;

en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos.

Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo;

la alianza del Señor, y perdona el error.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8)

R.    El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura. R.

No está siempre acusando

ni guarda rencor perpetuo;

no nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,

se levanta su bondad sobre sus fieles;

como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

En la vida y en la muerte somos del Señor

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos:

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor.

Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 13, 34

      Os doy un mandamiento nuevo –dice el Señor–: ­que os améis unos a otros, como yo os he amado. *

 

EVANGELIO

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús:

–«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta:

–«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustar­las, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."

El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:

"Págame lo que me debes."

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:

"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré."

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fue­ron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo lla­mó y le dijo:

¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXV

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Mis planes no son vuestros planes

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se le encuentra,

invocadlo mientras esté cerca;

que el malvado abandone su camino,

y el criminal sus planes;

que regrese al Señor, y él tendrá piedad,

a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes,

vuestros caminos no son mis caminos

–oráculo del Señor–.

Como el cielo es más alto que la tierra,

mis caminos son más altos que los vuestros,

mis planes, que vuestros planes.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 144, 2-3. 8-9- 17-18 (R.: 18a)

R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré

y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,

es incalculable su grandeza. R.

El Señor es clemente y misericordioso,

lento a la cólera y rico en piedad;

el Señor es bueno con todos,

es cariñoso con todas sus criaturas. R.

El Señor es justo en todos sus caminos,

es bondadoso en todas sus acciones;

cerca está el Señor de los que lo invocan,

de los que lo invocan sinceramente. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Para mí la vida es Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses  1, 20c-24. 27a

Hermanos:

Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.

Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Hch 16, 14b

      Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. *

 

EVANGELIO

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

–«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amane­cer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido."

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?'

Le respondieron:

"Nadie nos ha contratado."

Él les dijo:

"Id también vosotros a mi viña."

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:

"Llama a los jornaleros y págales el jornal, –empezando por los úl­timos y acabando por los primeros."

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:

"Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno."

Él replicó a uno de ellos:

"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asun­tos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXVI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida

Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28

Así dice el Señor:

«Comentáis: "No es justo el proceder del Señor.

Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.

Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 24, 4bc-5. 6-7. 8-9 (R.: 6a)

R. Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Señor, enséñame tus caminos,

instrúyeme en tus sendas:

haz que camine con lealtad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,

y todo el día te estoy esperando. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura

y tu misericordia son eternas;

no te acuerdes de los pecados

ni de las maldades de mi juventud;

acuérdate de mí con misericordia,

por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto,

y enseña el camino a los pecadores;

hace caminar a los humildes con rectitud,

enseña su camino a los humildes. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11

Hermanos:

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme es­ta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.

No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la hu­mildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

Él, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios;

al contrario, se despojó de su rango

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre–sobre–todo–nombre»;

de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor,

para gloria de Dios Padre.

 

Palabra de Dios.

 

O bien más breve:

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-5

Hermanos:

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.

No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 10, 27

      Mis ovejas escuchan mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me siguen. *

 

 

EVANGELIO

Recapacitó y fue

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

–«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor. " Pero no fue.

¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»

Contestaron:

–«El primero.»

Jesús les dijo:

–«Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la de­lantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XXVII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo

un canto de amor a su viña.

Mi amigo tenía una viña

en fértil collado.

La entrecavó, la descantó,

y plantó buenas cepas;

construyó en medio una atalaya

y cavó un lagar.

Y esperó que diese uvas,

pero dio agrazones.

Pues ahora, habitantes de Jerusalén,

hombres de Judá,

por favor, sed jueces

entre mí y mi viña.

¿Qué más cabía hacer por mi viña

que yo no lo haya hecho?

¿Por qué, esperando que diera uvas,

dio agrazones?

Pues ahora os diré a vosotros

lo que voy a hacer con mi viña:

quitar su valla

para que sirva de pasto,

derruir su tapia

ara que la pisoteen.

La dejaré arrasada:

no la podarán ni la escardarán,

crecerán zarzas y cardos;

prohibiré a las nubes

que lluevan sobre ella.

La viña del Señor de los ejércitos

es la casa de Israel;

son los hombres de Judá

su plantel preferido.

Esperó de ellos derecho,

y ahí tenéis: asesinatos;

esperó justicia,

y ahí tenéis: lamentos.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20 (R.: Is 5, 7a)

R. La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto,

expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.

Extendió sus sarmientos hasta el mar,

y sus brotes hasta el Gran Río. R.

¿Por qué has derribado su cerca

para que la saqueen los viandantes,

la pisoteen los jabalíes

y se la coman las alimañas? R.

Dios de los ejércitos, vuélvete:

mira desde el cielo, fíjate,

ven a visitar tu viña,

la cepa que tu diestra plantó,

y que tú hiciste vigorosa. R.

No nos alejaremos de ti:

danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,

que brille tu rostro y nos salve. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y sú­plica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, pu­ro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.

Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mi, ponedlo por obra.

Y el Dios de la paz estará con vosotros.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Jn 15, 16

      Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure –dice el Señor–.*

 

EVANGELIO

Arrendará la viña a otros labradores

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancia­nos del pueblo:

–«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labra­dores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labra­dores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Ten­drán respeto a mi hijo."

Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia."

Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aque­llos labradores?»

Le contestaron:

–«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la vi­ña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice:

–«¿No habéis leído nunca en la Escritura:

"La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente"?

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

 

Palabra del Señor.

 

 

DOMINGO XXVIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Aquel día,

el Señor de los ejércitos preparará

para todos los pueblos, en este monte,

un festín de manjares suculentos,

un festín de vinos de solera;

manjares enjundiosos, vinos generosos.

Y arrancará en este monte

el velo que cubre a todos los pueblos,

el paño que tapa a todas las naciones.

Aniquilará la muerte para siempre.

El Señor Dios enjugará

las lágrimas de todos los rostros,

y el oprobio de su pueblo

lo alejará de todo el país.

–Lo ha dicho el Señor–.

Aquel día se dirá:

«Aquí está nuestro Dios,

de quien esperábamos que nos salvara;

celebremos y gocemos con su salvación.

La mano del Señor se posará sobre este monte.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 6cd)

R.    Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Todo lo puedo en aquel que me conforta

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses  4, 12-14. 19-20

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en com­partir mi tribulación.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con mag­nificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Ef 1, 17-18

      El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. *

 

EVANGELIO

A todos los que encontréis, convidadlos a la boda

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en pará­bolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

–«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:

"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses ceba­das, y todo está a punto. Venid a la boda."

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los mal­trataron hasta matarlos.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aque­llos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:

"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que en­contraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comen­sales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?"

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:

"Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí se­rá el llanto y el rechinar de dientes."

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-10

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

–«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:

"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses ceba­das, y todo está a punto. Venid a la boda."

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les. echaron mano a los criados y los mal­trataron hasta matarlos.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aque­llos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:

"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que en­contraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. »

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXIX

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro,

a quien lleva de la mano:

«Doblegaré ante él las naciones,

desceñiré las cinturas de los reyes,

abriré ante él las puertas,

los batientes no se le cerrarán.

Por mi siervo Jacob,

por mi escogido Israel,

te llamé por tu nombre, te di un título,

aunque no me conocías.

Yo soy el Señor y no hay otro;

fuera de mí, no hay dios.

Te pongo la insignia,

aunque no me conoces,

para que sepan de Oriente a Occidente

que no hay otro fuera de mí.

Yo soy el Señor, y no hay otro. »

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y c (R.: 7b)

R. Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra.

Contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones. R.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,

más temible que todos los dioses.

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,

mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor,

entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,

tiemble en su presencia la tierra toda;

decid a los pueblos: «El Señor es rey,

él gobierna a los pueblos rectamente.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses  1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.

Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.

Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.

Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Flp 2, 15d. 16a

      Brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir. *

 

EVANGELIO

Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

–«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no mi­ras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar im­puesto al César o no?»

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

–«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. »

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

–«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»

Le respondieron:

–«Del César.»

Entonces les replicó:

–«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. »

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXX

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros

Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Así dice el Señor!

«No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.

No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré mo­rir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos.

Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita conti­go, no serás con él un usurero, cargándole intereses.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab(R.: 2)

R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

      Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

      Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.

      Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,

mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoco al Señor de mi alabanza

y quedo libre de mis enemigos. R.

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,

Sea ensalzado mi Dios y Salvador.

Tú diste gran victoria a tu rey,

Tuviste misericordia de tu Ungido. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses  1, 5c-10

Hermanos:

Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la pa­labra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegas­teis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.

Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios ha­bía corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos ne­cesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os vol­visteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardan­do la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 14, 23

      El que me ama guardará mi palabra –dice el Señor–, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. *

 

EVANGELIO

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

–«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»

Él le dijo:

–« "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, ~ con toda tu alma, con todo tu ser.

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es seme­jante a él:

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."

Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXXI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Os apartasteis del camino y habéis hecho tropezar a muchos en la ley

Lectura de la profecía de Malaquías 1, l4b-2, 2b. 8-10

«Yo soy el Gran Rey,

y mi nombre es respetado en las naciones

–dice el Señor de los ejércitos–.

Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes.

Si no obedecéis y no os proponéis

dar gloria a mi nombre

–dice el Señor de los ejércitos–,

os enviaré mi maldición.

Os apartasteis del camino,

habéis hecho tropezar a muchos en la ley,

habéis invalidado mi alianza con Leví

–dice el Señor de los ejércitos–.

Pues yo os haré despreciables

y viles ante el pueblo,

por no haber guardado mis caminos,

y porque os fijáis en las personas

al aplicar la ley.

¿No tenemos todos un solo padre?

¿No nos creó el mismo Señor?

¿Por qué, pues, el hombre

despoja a su prójimo,

profanando la alianza de nuestros padres?»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 130, 1. 2. 3

R. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso,

ni mis ojos altaneros;

no pretendo grandezas

que superan mi capacidad. R.

Sino que acallo y modero mis deseos,

como un niño en brazos de su madre. R.

Espere Israel en el Señor

ahora y por siempre. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses  2, 7b-9. 13

Hermanos:

Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos.

Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.

Recordad si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajan­do día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vo­sotros el Evangelio de Dios.

Ésa es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, por­que al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 23, 9b. 10b

      Uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y uno solo es vuestro consejero, Cristo. *

 

EVANGELIO

No hacen lo que dicen

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo:

–«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fari­seos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.

Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

Todo lo que hacen es pira que los vea la gente: alargan las filacte­rias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros pues­tos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno so­lo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.

Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro conse­jero, Cristo.

El primero entre vosotros será vuestro servidor.

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. »

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXXII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Encuentran la sabiduría los que la buscan

Lectura del libro de la Sabiduría 6, 12-16

La sabiduría es radiante e inmarcesible,

la ven fácilmente los que la aman,

y la encuentran los que la buscan;

ella misma se da a conocer a los que la desean.

Quien madruga por ella no se cansa:

la encuentra sentada a la puerta.

Meditar en ella es prudencia consumada,

el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones;    

ella misma va de un lado a otro

buscando a los que la merecen;

los aborda benigna por los caminos

y les sale al paso en cada pensamiento.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 2b)

R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,

mi alma está sedienta de ti;

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario

viendo tu fuerza y tu gloria!

Tu gracia vale más que la vida,

te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré

y alzaré las manos invocándote.

Me saciaré como de enjundia y de manteca,

y mis labios te alabarán jubilosos. R.

En el lecho me acuerdo de ti

y velando medito en ti,

porque fuiste mi auxilio,

y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.

 

SEGUNDA LECTURA

A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses  45 13-17

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos pa­ra que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.

Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo mo­do, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.

Esto es lo que os decimos como palabra del Señor:

Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Se­ñor, no aventajaremos a los difuntos.

Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcán­gel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar.

Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire.

Y así estaremos siempre con el Señor.

Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 24, 42a. 44

      Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del hombre. *

 

EVANGELIO

¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

–«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.

Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz:

"¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!"

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.

Y las necias dijeron a las sensatas:

"Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas."

Pero las sensatas contestaron:

"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban pre­paradas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:

"Señor, señor, ábrenos."

Pero él respondió:

"Os lo aseguro: no os conozco."

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXXIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Trabaja con la destreza de sus manos

Lectura del libro de los Proverbios   31, 10-13. 19-20. 30-31

Una mujer hacendosa,. ¿quién la hallará?

Vale mucho más que las perlas.

Su marido se fía de ella,

y no le faltan riquezas.

Le trae ganancias y no pérdidas

todos los idas de su vida.

Adquiere lana y lino,

los trabaja con la destreza de sus manos.

Extiende la mano hacia el huso,

y sostiene con la palma la rueca.

Abre sus manos al necesitado

y extiende el brazo al pobre.

Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura,

la que teme al Señor merece alabanza.

Cantadle por el éxito de su trabajo,

que sus obras la alaben en la plaza.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 127, 1-2. 3. 4-5(R.: la)

R. Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor

y sigue sus caminos.

Comerás del fruto de tu trabajo,

serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,

en medio de tu casa;

tus hijos, como renuevos de olivo,

alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre

que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sión,

que veas la prosperidad de Jerusalén

todos los días de tu vida. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Que el día del Señor no os sorprenda como un ladrón

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses  5, 1-6

En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis, her­manos, que os escriba.

Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar.

Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.

Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 15, 4a. 5b

      Permaneced en mí, y yo en vosotros –dice el Señor–; el que permanece en mi da fruto abundante. *

 

EVANGELIO

Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

–«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.

El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.

En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:

"Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco."

Su señor le dijo:

"Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:

"Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos."

Su señor le dijo:

"Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.

Finalmente, se acercó el que habla recibido un talento y dijo:

"Señor, sabia que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo."

El señor le respondió:

"Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber pues­to mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."»

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-15. 19-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

–«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar  las cuentas con ellos.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:

"Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco."»

 

Palabra del Señor.

 

 

Domingo XXXIV del tiempo ordinario

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

 

PRIMERA LECTURA

A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así dice el Señor Dios:

«Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas,

siguiendo su rastro.

Como sigue el pastor el rastro de su rebaño,

cuando las ovejas se le dispersan,

así seguiré yo el rastro de mis ovejas

y las libraré,

sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron

un día de oscuridad y nubarrones.

Yo mismo apacentaré mis ovejas,

yo mismo las haré sestear

–oráculo del Señor Dios–.

Buscaré las ovejas perdidas,

recogeré a las descarriadas;

vendaré a las heridas;

curaré a las enfermas:

a las gordas y fuertes las guardaré

y las apacentaré como es debido.

Y a vosotras, mis ovejas,

así dice el Señor:

Voy a juzgar entre oveja y oveja,

entre carnero y macho cabrío.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6 (R.: 1)

R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar. R.

Me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas;

me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre. R.

Preparas una mesa ante mi,

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la re­surrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.

Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últi­mos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniqui­lado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estra­do de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte.

Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se some­terá a Dios, al que se lo había sometido todo.

Y así Dios lo será todo para todos.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mc 11, 9b-10a

      Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David.

 

EVANGELIO

Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

–«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los án­geles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino prepara­do para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me ves­tisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."

Entonces los justos le contestarán:

"Señor, ¿cuando te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»

Y el rey les dirá:

"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Y entonces dirá a los de su izquierda:

"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."

Entonces también éstos contestarán:

"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o des­nudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"

Y él replicará:

"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

 

Palabra del Señor.

 

 

 

A

CICLO B

C

 

 

Domingo después de Pentecostés

 

SOLEMNIDAD

DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 

PRIMERA LECTURA

El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo:

– «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios in­tentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por me­dio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Se­ñor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?

Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te para siempre.»

 

Palabra de Dios

 

Salmo responsorial 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 (R.: 12b)

R. Dichoso el pueblo que el Señor

      se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera,

y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho,

y su misericordia llena la tierra. R.

La palabra del Señor hizo el cielo;

el aliento de su boca, sus ejércitos,

porque él lo dijo, y existió,

él lo mandó, y surgió. R.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,

en los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Nosotros aguardamos al Señor:

él es nuestro auxilio y escudo;

que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,

como lo esperamos de ti. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.

Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).

Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Ap 1, 8

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.

 

EVANGELIO

Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

– «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y ense­ñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

Domingo después de la Santísima Trinidad

 

SOLEMNIDAD

DEL SANTÍSIMO

CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

 

PRIMERA LECTURA

Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una:

– «Haremos todo lo que dice el Señor.»

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se le­vantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos Jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrifi­cio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en va­sijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió:

– «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedecere­mos.»

Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo:

–«Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 115, 12-13. 15 y 16bc. 17-18 (R.:13)

R.  Alzaré la copa de la salvación,

      invocando el nombre del Señor.

O bien:

      Aleluya.

¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava;

 rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo. R.

 

SEGUNDA LECTURA

La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15

Hermanos:

Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes defi­nitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.

No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siem­pre, consiguiendo la liberación eterna.

Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la san­gre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 6, 51

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma de este pan vivirá para siempre.

 

EVANGELIO

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos  14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cor­dero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

– «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

– «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde esta la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos7'

Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encon­traron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendi­ción9 lo partió y se lo dio, diciendo:

– «Tomad, esto es mi cuerpo.»

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la

dio, y todos bebieron.

Y les dijo:

– «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»

Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

 

Palabra del Señor.

 

Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés

Viernes después de la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo

 

SOLEMNIDAD

DEL SAGRADO CORAZÓN

DE JESÚS

 

PRIMERA LECTURA

Se me revuelve el corazón

Lectura de la profecía de Oseas 11, 1b. 3-4. 8c-9

Así dice el Señor:

–«Cuando Israel era joven, lo amé,

desde Egipto llamé a mi hijo.

Yo enseñé a andar a Efraín,

lo alzaba en brazos;

y él no comprendía que yo lo curaba.

Con cuerdas humanas,

con correas de amor lo atraía;

era para ellos como el que levanta

el yugo de la cerviz,

me inclinaba y le daba de comer.

Se me revuelve el corazón,

se me conmueven las entrañas.

No cederé al ardor de mi cólera,

no volveré a destruir a Efraín;

que soy Dios, y no hombre;

santo en medio de ti,

y no enemigo a la puerta.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3)

R. Sacaréis aguas con gozo

      de las fuentes de la salvación.

El Señor es mi Dios y Salvador:

confiaré y no temeré,

porque mi fuerza y mi poder es el Señor,

él fue mi salvación.

Y sacaréis aguas con gozo

de las fuentes de la salvación. R.

Dad gracias al Señor,

invocad su nombre,

contad a los pueblos sus hazañas,

proclamad que su nombre es excelso. R.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,

anunciadlas a toda la tierra;

gritad jubilosos, habitantes de Sión:

«Qué grande es en medio de ti

el santo de Israel.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 8-12. 14-19

Hermanos:

A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, y aclarar a todos la realización del misterio, es­condido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.

Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.

Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendien­do lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano.

Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 11. 29ab

Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.

O bien:

Aleluya Jn 4, 10b

Dios nos ha amado y nos ha enviado a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados,

O bien:

Aleluya Jn 10, 14

Yo soy el Buen Pastor, dice el Señor, conozco mis ovejas y ellas me conocen.

 

EVANGELIO

Le traspasó el costado, y salió sangre y agua

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 31-37

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Prepara­ción, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los solda­dos, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebra­rán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»

 

Palabra del Señor.

 

 

 

DOMINGO II

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Habla, Señor, que tu siervo te escucha

Lectura del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió:

– «Aquí estoy.»

Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:

– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»

Respondió Elí:

– «No te he llamado; vuelve a acostarte.»

Samuel volvió a acostarse.

Volvió a llamar el Señor a Samuel.

Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo:

– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»

Respondió Elí:

– «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.»

Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:

– «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.»

Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel:

– «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha."»

Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes:

– «¡Samuel, Samuel!»

Él respondió:

– «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.»

Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus pa­labras dejó de cumplirse.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 39, 2 y 4ab. 1. 8-9. 10 (R.: 8a y 9a)

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;

él se inclinó y escuchó mi grito;

me puso en la boca un cántico nuevo,

un himno a nuestro Dios. R.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

y, en cambio, me abriste el oído;

no pides sacrificio expiatorio. R.

Entonces yo digo: «Aquí estoy

–como está escrito en mi libro– ­

para hacer tu voluntad.»

Dios mío, lo quiero,

y llevo tu ley en las entrañas. R.

He proclamado tu salvación

ante la gran asamblea;

no he cerrado los labios;

Señor, tú lo sabes. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Vuestros cuerpos son miembros de Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20

Hermanos:

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo.

Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará tam­bién a nosotros.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?

El que se une al Señor es un espíritu con él.

Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿0 es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo ha­béis recibido de Dios.

No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pa­gando un precio por vosotros.

Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 1, 41. 17b

Hemos encontrado al Mesías, que es Cristo; la gracia y la verdad vinieron por medio de él.

 

EVANGELIO

Vieron dónde vivía y se quedaron con él

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1,35-42

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:

– «Éste es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:

– «¿Qué buscáis?»

Ellos le contestaron:

– «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»

Él les dijo:

– «Venid y lo veréis.»

Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su her­mano Simón y le dice:

– «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

– «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO III

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Los ninivitas se convirtieron de su mala vida

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10

En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás:

– «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»

Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando:

– «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!»

Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.

Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9     (R.: 4a)

R. Señor, enséñame tus caminos.

Señor, enséñame tus caminos,

instrúyeme en tus sendas:

haz que camine con lealtad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura

y tu misericordia son eternas;

acuérdate de mí con misericordia,

por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto,

y enseña el camino a los pecadores;

hace caminar a los humildes con rectitud,

enseña su camino a los humildes. R.

 

SEGUNDA LECTURA

La representación de este mundo se termina

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31

Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante.

Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como sí no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no dis­frutaran de él: porque la representación de este mundo se ter­mina.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mc 1, 15

Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.

 

EVANGELIO

Convertíos y creed en el Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a pro­clamar el Evangelio de Dios. Decía:

– «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su her­mano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.

Jesús les dijo:

– «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.»

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a

su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes.

Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jor­naleros y se marcharon con él.

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO IV

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15–20

Moisés habló al pueblo, diciendo:

– «Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios5 ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir."

El Señor me respondió: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las pa­labras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranje­ros, ese profeta morirá."»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8)

R.  Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:

      «No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos. R.

Entrad, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 32-35

Hermanos:

Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preo­cupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, bus­cando contentar a su mujer, y anda dividido.

Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido.

Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 4, 16

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.

EVANGELIO

Enseñaba con autoridad

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafar­naún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

– «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»

Jesús lo increpó:

– «Cállate y sal de él.»

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:

– «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»

Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzan­do la comarca entera de Galilea.

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO V

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Mis días se consumen sin esperanza

Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7

Habló Job, diciendo:

–«El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio,

sus días son los de un jornalero;

Como el esclavo, suspira por la sombra,

como el jornalero, aguarda el salario.

Mi herencia son meses baldíos,

me asignan noches de fatiga;

al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré?

Se alarga la noche

y me harto de dar vueltas hasta el alba.

Mis días corren más que la lanzadera,

y se consumen sin esperanza.

Recuerda que mi vida es un soplo,

y que mis ojos no verán más la dicha.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 146, 1 ~2. 3-4. 5-6 (R.: cf. 5a)

R. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.

O bien:

      Aleluya.

Alabad al Señor, que la música es buena;

nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

El Señor reconstruye Jerusalén,

reúne a los deportados de Israel. R.

Él sana los corazones destrozados,

venda sus heridas.

Cuenta el número de las estrellas,

a cada una la llama por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso,

su sabiduría no tiene medida.

El Señor sostiene a los humildes,

humilla hasta el polvo a los malvados. R.

 

SEGUNDA LECTURA

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios  9, 16-19. 22-23

Hermanos:

El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería m paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a co­nocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.

Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de to­dos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he, hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.

Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo tam­bién de sus bienes.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 8, 17

Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

 

EVANGELIO

Curó a muchos enfermos de diversos males

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sina­goga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La pobla­ción entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los de­monios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrar­lo, le dijeron:

– «Todo el mundo te busca.»

Él les respondió:

– «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predi­car también allí; que para eso he salido.»

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y ex­pulsando los demonios.

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO VI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

El leproso tendrá su morada fuera del campamento

Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

– «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo de­clarará impuro de lepra en la cabeza.

El que haya sido declarado enfermo de lepra andará hara­piento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 31, 1-2. 5. 11 (R.: cf. 7)

R. Tú eres mi refugio,

      me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,

a quien le han sepultado su pecado;

dichoso el hombre a quien el Señor

no le apunta el delito. R.

Había pecado, lo reconocí,

no te encubrí mi delito;

propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,

y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;

aclamadlo, los de corazón sincero. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31-11, 1

Hermanos:

Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, ha­cedlo todo para gloria de Dios.

No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos,

ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro conten­tar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven.

Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Lc 7, 16

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.

 

EVANGELIO

La lepra se le quitó, y quedó limpio

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

– «Si quieres, puedes limpiarme.»

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo:

– «Quiero: queda limpio.»

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente:

– «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»

Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con gran­des ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera9 en descampa­do; y aun así acudían a él de todas partes.

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO VII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Por mi cuenta borraba tus crímenes

Lectura del libro de Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25

Así dice el Señor:

«No recordéis lo de antaño,

no penséis en lo antiguo;

mirad que realizo algo nuevo;

ya está brotando, ¿no lo notáis?

Abriré un camino por el desierto,

ríos en el yermo,

para apagar la sed

del pueblo que yo formé,

para que proclamara mi alabanza.

Pero tú no me invocabas, Jacob,

ni te esforzabas por mí, Israel;

me avasallabas con tus pecados

y me cansabas con tus culpas.

Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes

y no me acordaba de tus pecados.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 40, 2-3. 4-5. 13-14        (R.: 5b)

R. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;

en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,

para que sea dichoso en la tierra,

y no lo entrega a la saña de sus enemigos. R.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,

calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,

sáname, porque he pecado contra ti.» R.

A mí, en cambio, me conservas la salud,

me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,

ahora y por siempre. Amén. Amén. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Jesús no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 18-22

Hermanos:

¡Dios me es testigo!

La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no».

Cristo Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios, para gloria suya.

Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros.

Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nues­tros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Lc 4, 18

El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad.

 

EVANGELIO

El Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 1-12

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa.

Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra.

Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.

Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico:

– «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»

Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros:

– «¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdo­nar pecados, fuera de Dios?»

Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo:

– «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al para­lítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle 1evántate, coge la camilla y echa a andar"?

Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados ... »

Entonces le dijo al paralítico:

– «Contigo hablo: Levántate, coge –tu camilla y vete a tu

casa.»

Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vis­ta de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, di­ciendo:

– «Nunca hemos visto una cosa igual.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO VIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Me casaré contigo en matrimonio perpetuo

Lectura de la profecía de Oseas 2, 16b. 17. 21-22

Así dice el Señor:

–«Yo me la llevaré al desierto,

le hablaré al corazón.

Y me responderá allí

como en los días de su juventud,

como el día en que la saqué de Egipto.

Me casaré contigo en matrimonio perpetuo,

me casaré contigo en derecho y justicia,

en misericordia y compasión,

me casaré contigo en fidelidad,

y te penetrarás del Señor.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13   (R.: 8a)

R. El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas,

y cura todas tus enfermedades;

él rescata tu vida de la fosa

y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,

lento a la ira y rico en clemencia.

No nos trata como merecen nuestros pecados

ni nos paga según nuestras culpas. R.

Como dista el oriente del ocaso,

así aleja de nosotros nuestros delitos.

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Sois una carta de Cristo redactada por nuestro ministerio

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3,1b-6

Hermanos:

¿Necesitamos presentaros o pediros cartas de recomenda­ción? Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres. Sois una carta de Cris­to, redactada por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón.

Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo.

No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de espíritu; por­que la ley escrita mata, el Espíritu da vida.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya St 1, 18

El Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.

 

EVANGELIO

El novio está con ellos

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos esta­ban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús:

– «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»

Jesús les contestó:

– «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.

Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.

Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un man­to pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor.

Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO IX

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Recuerda que fuiste esclavo en Egipto

Lectura del libro del Deuteronomio 5, 12-15

Así dice el Señor:

– «Guarda el día del sábado5 santificándolo, como el Señor5 tu Dios, te ha mandado.

Durante seis días puedes trabajar y hacer tus tareas; pero el día séptimo es día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios. No haréis trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el foraste­ro que resida en tus ciudades, para que descansen como tú el esclavo y la esclava.

Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que te sacó de allí el Señor5 tu Dios, con mano fuerte y con brazo extendido. Por eso te manda el Señor, tu Dios, guardar el día del sábado.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 80, 3-4. 5-6ab. 6c-8a. 10- 11ab (R.: 2a)

R. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.

Acompañad, tocad los panderos,

las citaras templadas y las arpas;

tocad la trompeta por la luna nueva,

por la luna llena, que es nuestra fiesta. R.

Porque es una ley de Israel,

un precepto del Dios de Jacob,

una norma establecida para José

al salir de Egipto. R.

Oigo un lenguaje desconocido:

«Retiré sus hombros de la carga,

y sus manos dejaron la espuerta;

clamaste en la aflicción, y te libré. R.

No tendrás un dios extraño,

no adorarás un dios extranjero;

yo soy el Señor, Dios tuyo,

que te saqué del país de Egipto. R.

 

SEGUNDA LECTURA

La vida de Jesús se manifiesta en nuestro cuerpo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 6-11

Hermanos:

El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de la tiniebla» ha brillado en nuestros corazones, para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo.

Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.

Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; esta­mos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no aban­donados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Cf. Jn 17, 17b. a

Tu palabra, Señor, es verdad; conságranos en la verdad.

 

EVANGELIO

El Hijo del hombre es señor también del sábado

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos  2, 23-3, 6

Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras an­daban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron:

«Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»

Él les respondió:

– «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»

Y añadió:

– «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sá­bado.»

Entró otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo.

Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.

Jesús le dijo al que tenía la parálisis:

– «Levántate y ponte ahí en medio.»

Y a ellos les preguntó:

– «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»

Se quedaron callados.

Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obsti­nación, le dijo al hombre:

– «Extiende el brazo.»

Lo extendió y quedó restablecido.

En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-28

Un sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras an­daban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron:

– «Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permi­tido?»

Él les respondió:

– «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.»

Y añadió:

– «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sá­bado.»

 

Palabra del Señor

 

DOMINGO X

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:

– «¿Dónde estás?»

Él contestó:

– «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.»

El Señor le replicó:

– «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»

Adán respondió:

– «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»

El Señor dijo a la mujer:

– «¿Qué es lo que has hecho?»

Ella respondió:

– «La serpiente me engañó, y comí.»

El Señor Dios dijo a la serpiente:

–«Por haber hecho eso, serás maldita

entre todo el ganado y todas las fieras del campo;

te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo

toda tu vida;

establezco hostilidades entre ti y la mujer,

entre tu estirpe y la suya;

ella te herirá en la cabeza

cuando tú la hieras en el talón.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 7bc)

R.  Del Señor viene la misericordia,

      la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos

a la voz de mi súplica. R.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,

y así infundes respeto. R.

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela la aurora. R.

Aguarde Israel al Señor,

como el centinela la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa;

él redimirá a Israel e todos sus delitos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Creemos y por eso hablamos

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 13-5, 1

Hermanos:

Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso ha­blamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.

Todo es para vuestro bien.

Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimien­to, para gloria de Dios.

Por eso, no nos desanimamos. Aunque nuestro hombre ex­terior se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día.

Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria.

No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve.

Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

Es cosa que ya sabemos: Si se destruye este nuestro taber­náculo terreno, tenemos un sólido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por mano de hombre y que tiene una duración eterna en los cielos.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 12, 31b-32

Ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera –dice el Señor–. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.

 

EVANGELIO

Satanás está perdido

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 20-35

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer.

Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

También los escribas que habían bajado de Jerusalén decían:

– «Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.»

Él los invitó a acercarse v les uso estas parábolas:

– «¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en gue­rra civil no puede subsistir; una familia dividida no puede sub­sistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la gue­rra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si pri­mero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.

Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.»

Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo man­daron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dijo:

– «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»

Les contestó:

– «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»

Y, Paseando la mirada por el corro, dijo:

– «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi ma­dre.»

 

Palabra del Señor.

DOMINGO XI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Ensalzo los árboles humildes

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24

Así dice el Señor Dios:

– «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré.

De sus ramas más altas arrancaré una tierna

y la plantaré en la cima de un monte elevado;

la plantaré en la montaña más alta de Israel,

para que eche brotes y dé fruto

y se haga un cedro noble.

Anidarán en él aves de toda pluma,

anidarán al abrigo de sus ramas.

Y todos los árboles silvestres sabrán

que yo soy el Señor,

que humilla los árboles altos

y ensalza los árboles humildes,

que seca los árboles lozanos

y hace florecer los árboles secos.

Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 91, 2-3. 13-14. 15-16    (R.: cf. 2a)

R. Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor

y tocar para tu nombre, oh Altísimo,

proclamar por la mañana tu misericordia

y de noche tu fidelidad. R.

El justo crecerá como una palmera,

se alzará como un cedro del Líbano;

plantado en la casa del Señor,

crecerá en los atrios de nuestro Dios. R.

En la vejez seguirá dando fruto

y estará lozano y frondoso,

para proclamar que el Señor es justo,

que en mi Roca no existe la maldad. R.

 

SEGUNDA LECTURA

En destierro o en patria, nos esforzarnos en agradar al Señor

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6-10

Hermanos:

Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe.

Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor.

Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle.

Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos he­cho mientras teníamos este cuerpo.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive para siempre.

 

EVANGELIO

Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

– «El reino de Dios se parece a un hombre que echa si­miente en la tierra.

Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla ger­mina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produ­ciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»

Dijo también:

– «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábo­las, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 

Palabra del Señor­.

 

DOMINGO XII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Aquí se romperá la arrogancia de tus olas

Lectura del libro de Job 38, 1. 8-11

El Señor habló a Job desde la tormenta:

– «¿Quién cerró el mar con una puerta,

cuando salía impetuoso del seno materno,

cuando le puse nubes por mantillas

y nieblas por pañales,

cuando le impuse un límite

con puertas y cerrojos,

y le dije: "Hasta aquí llegarás y no pasarás;

aquí se romperá la arrogancia de tus olas"?»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 106, 23-24. 25-26. 28-29. 30-31 (R.: 1)

R. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

O bien:

      Aleluya.

Entraron en naves por el mar,

comerciando por las aguas inmensas.

Contemplaron las obras de Dios,

sus maravillas en el océano. R.

El habló y levantó un viento tormentoso,

que alzaba las olas a lo alto;

subían al cielo, bajaban al abismo,

el estómago revuelto por el mareo. R.

Pero gritaron al Señor en su angustia,

y los arrancó de la tribulación.

Apaciguó la tormenta en suave brisa,

y enmudecieron las olas del mar. R.

Se alegraron de aquella bonanza,

y él los condujo al ansiado puerto.

Den gracias al Señor por su misericordia,

por las maravillas que hace con los hombres. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17

Hermanos:

Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.

Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vi­van para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.

Por tanto, no valoramos a nadie según la carne.

Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no.

El que es de Cristo es una criatura nueva.

Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Lc 7, 16

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.

 

EVANGELIO

¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-40

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:

– «Vamos a la otra orilla.»

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:

– «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:

– «¡Silencio, cállate!»

El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:

– «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»

Se quedaron espantados y se decían unos a otros:

– «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo

Lectura del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24

Dios no hizo la muerte

ni goza destruyendo a los vivientes.

Todo lo creó para que subsistiera;

las criaturas del mundo son saludables:

no hay en ellas veneno de muerte,

ni el abismo impera en la tierra.

Porque la justicia es inmortal.

Dios creó al hombre para la inmortalidad

y lo hizo a imagen de su propio ser;

pero la muerte entró en el mundo

por la envidia del diablo,

y los de su partido pasarán por ella.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a)

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, sacaste mi vida del abismo,

me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

Tañed para el Señor, fieles suyos,

dad gracias a su nombre santo;

su cólera dura un instante;

su bondad, de por vida;

al atardecer nos visita el llanto;

por la mañana, el júbilo. R.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

Señor, socórreme.

Cambiaste mi luto en danzas.

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15

Hermanos:

Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el co­nocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distin­guíos también ahora por vuestra generosidad.

Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriquece­ros con su pobreza.

Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estre­checes; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abun­dancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad.

Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya cf. 2Tm 1, 10

Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del Evangelio.

 

EVANGELIO

Contigo hablo, niña, levántate

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:

– «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»

Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero

en vez e mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pen­sando que con sólo tocarle el vestido curaría.

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había sa­lido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando:

– «¿Quién me ha tocado el manto?»

Los discípulos le contestaron:

– «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"»

Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo:

–«Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

se a muerto. para que molestar más al maestro?»

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:

– «No temas; basta que tengas fe.»

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo:

– «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el pa­dre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde es­taba la niña, la cogió de la mano y le dijo:

– «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, le­vántate»).

La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; te­nía doce años. Y se quedaron viendo visiones.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos  5, 21-24. 35b-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:

– «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella5 para que se cure y viva.»

Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente.

Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

– «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maes­tro?»

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la si­nagoga:

– «No temas; basta que tengas fe.»

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro,

Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del

jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo:

– «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:

– «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, le­vántate»).

La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; te­nía doce años. Y se quedaron viendo visiones.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XIV

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía:

– «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testa­rudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: "Esto dice el Señor." Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 122, 1-2a. 2bcd. 3-4      (R.: 2cd)

R. Nuestros ojos están en el Señor,

      esperando su misericordia.

A ti levanto mis ojos,

a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos

fijos en las manos de sus señores. R.

Como están los ojos de la esclava

fijos en las manos de su señora,

así están nuestros ojos

en el Señor, Dios nuestro,

esperando su misericordia. R.

Misericordia, Señor, misericordia,

que estamos saciados de desprecios;

nuestra alma está saciada

del sarcasmo de los satisfechos,

del desprecio de los orgullosos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7b-10

Hermanos:

Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido:

«Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.»

Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades su­fridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Lc 4, 18

El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.

 

EVANGELIO

No desprecian a un profeta más que en su tierra

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:

–«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y judas y Simón? Y sus hermanas ¿no vi­ven con nosotros aquí?»

Y esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía:

– «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.

Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XV

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Ve y profetiza a mi pueblo

Lectura de la profecía de Amós 7, 12-15

En aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa–de–Dios, a Amós:

– «Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí. No vuelvas a profetizar en Casa–de–Dios, porque es el santuario real, el templo del país.»

Respondió Amós:

– «No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultiva­dor de higos.

El Señor me sacó de junto al rebaño y mE dijo: "Ve y pro­fetiza a mi pueblo de Israe1."»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (R.: 8)

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia

      y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:

«Dios anuncia la paz

a su pueblo y a sus amigos.»

La salvación está ya cerca de sus fieles,

y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,

la justicia y la paz se besan;

la fidelidad brota de la tierra,

y la justicia mira desde el cielo. R.

El Señor los dará lluvia,

y nuestra tierra dará su fruto.

La justicia marchará ante él,

la salvación seguirá sus pasos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-14

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

El nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

 dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

Por su medio hemos heredado también nosotros.

A esto estábamos destinados

por decisión del que hace todo según su voluntad.

Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo,

seremos alabanza de su gloria.

Y también vosotros,

que habéis escuchado la palabra de verdad,

el Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis,

habéis sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido,

el cual es prenda de nuestra herencia,

para liberación de su propiedad,

para alabanza de su gloria.

 

Palabra de Dios.

 

O bien más breve:

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-10

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya,

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya cf. Ef 1, 17-18

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.

 

EVANGELIO

Los fue enviando

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 7-13

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue envian­do de dos en dos5 dándoles autoridad sobre los espíritus in­mundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió:

– «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.

Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sa­cudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XVI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Reuniré el resto de mis ovejas y les pondré pastores

Lectura del libro de Jeremías 23, 1-6

Ay de los pastores que dispersan

y dejan perecer las ovejas de mi rebaño

–oráculo del Señor–.

Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel:

– «A los pastores que pastorean a mi pueblo:

Vosotros dispersasteis mis ovejas,

las expulsasteis, no las guardasteis;

pues yo os tomaré cuentas,

por la maldad de vuestras acciones

– oráculo del Señor. ­

Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas

de todos los países adonde las expulsé,

y las volveré a traer a sus dehesas,

para que crezcan y se multipliquen.

Les pondré pastores que las pastoreen;

ya no temerán ni se espantarán,

y ninguna se perderá

– oráculo del Señor–

Mirad que llegan días

– oráculo del Señor– ­

en que suscitaré a David un vástago legitimo:

reinará como rey prudente,

hará justicia y derecho en la tierra.

En sus días se salvará Judá,

Israel habitará seguro.

Y lo llamarán con este nombre:

El–Señor–nuestra–justicia.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1)

R.  El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:

en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas

y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,

enfrente de. mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida,

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 13-18

Hermanos:

Ahora estáis en Cristo Jesús.

Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos.

Él es nuestra paz.

Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio.

Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, hacien­do las paces para crear con los dos en él, un solo hombre nuevo.

Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio.

Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros los de lejos; paz también a los de cerca.

Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 10, 27

Mis ovejas escuchan mi voz – dice el Señor– , y yo las conozco, y ellas me siguen.

 

EVANGELIO

Andaban como ovejas sin pastor

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con  Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo:

– «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.»

Porque eran tantos los que iban y venían que no encontra­ban tiempo ni para comer.

Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado.

Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XVII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Comerán y sobrará

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 42-44

En aquellos días, uno de Baal–Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo:

– «Dáselos a la gente, que coman.»

El criado replicó:

– «¿Qué hago yo con esto para cien personas?»

Eliseo insistió:

– «Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Se­ñor: Comerán y sobrará.»

Entonces el criado se los sirvió9 comieron y sobró, como había dicho el Señor.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 144, 10-11. 15-16. 17-18  (R.: cf. 16)

R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,

que te bendigan tus fieles;

que proclamen la gloria de tu reinado,

que hablen de tus hazañas. R.

Los ojos de todos te están aguardando,

tú les das la comida a su tiempo;

abres tú la mano,

y sacias de favores a todo viviente. R.

El Señor es justo en todos sus caminos,

es bondadoso en todas sus acciones;

cerca está el Señor de los que lo invocan,

de los que lo invocan sinceramente. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,1-6

Hermanos:

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados.

Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobre­llevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Lc 7, 16

Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.

 

EVANGELIO

Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús enton­ces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:

– «¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?»

Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó:

– «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pe­dro, le dice:

– «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»

Jesús dijo:

– «Decid a la gente que se siente en el suelo.»

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repar­tió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisie­ron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

– «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se des­perdicie.»

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comi­do.

La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

– «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.»

Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para procla­marlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

 

Palabra del Señor.

 

 

 

 

 

DOMINGO XVIII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Yo haré llover pan del cielo

Lectura del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15

En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:

– «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egip­to, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para ma­tar de hambre a toda esta comunidad.»

El Señor dijo a Moisés:

– «Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a reco­ger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."»

Por la tarde, una banda de codornices cubrió todo el cam­pamento; por la mañana, había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron:

– «¿Qué es esto?»

Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo:

– «Es el pan que el Señor os da de comer.»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54 (R.: 24b)

R.  El Señor les dio un trigo celeste.

Lo que oímos y aprendimos,

lo que nuestros padres nos contaron,

lo contaremos a la futura generación:

las alabanzas del Señor, su poder. R.

Dio orden a las altas nubes,

abrió las compuertas del cielo:

hizo llover sobre ellos maná,

les dio un trigo celeste. R.

Y el hombre comió pan de ángeles,

les mandó provisiones hasta la hartura.

Los hizo entrar por las santas fronteras,

hasta el monte que su diestra había adquirido. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 17. 20-24

Hermanos:

Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya como los gentiles, que andan en la vaciedad de sus crite­rios.

Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que es él a quien habéis oído y en él fuisteis adoctri­nados, tal como es la verdad en Cristo Jesús; es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo co­rrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Mt 4,4b

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

 

EVANGELIO

El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed

+ Lectura del santo evangelio según san Juan  6, 24-35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le pre­guntaron:

– «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó:

– «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto sig­nos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.»

Ellos le preguntaron:

– «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»

Respondió Jesús:

– «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»

Le replicaron:

– «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu' obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."»

Jesús les replicó:

– «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cie­lo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cie­lo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»

Entonces le dijeron:

– «Señor, danos siempre de este pan.»

Jesús les contestó:

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XIX

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Con la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios

Lectura del primer libro de los Reyes  19, 4-8

En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jorna­da de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte:

– «¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!»

Se echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo:

– «¡Levántate, come!»

Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre pie­dras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo:

_ «¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuer­zas.»

Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Ho­reb, el monte de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 9 a)

R.  Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,

ensalcemos juntos su nombre.

Yo consulté al Señor, y me respondió,

me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,

vuestro rostro no se avergonzará.

Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

y lo salva de sus angustias. R.

El ángel del Señor acampa

en torno a sus fieles y los protege.

Gustad y ved qué bueno es el Señor,

dichoso el que se acoge a él. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Vivid en el amor como Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 30-5, 2

Hermanos:

No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final.

Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e in­sultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonán­doos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.

Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 6, 51

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma de este pan vivirá para siempre.

 

EVANGELIO

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 41-51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían:

– «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su, padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»

Jesús tomó la palabra y les dijo:

– «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios."

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XX

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado

Lectura del libro de los Proverbios  9, 1-6

La Sabiduría se ha construido su casa

plantando siete columnas,

ha preparado el banquete,

mezclado el vino y puesto la mesa;

ha despachado a sus criados

para que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad:

«Los inexpertos que vengan aquí,

quiero hablar a los faltos de juicio:

"Venid a comer de mi pan

y a beber el vino que he mezclado;

dejad la inexperiencia y viviréis,

seguid el camino de la prudencia."»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 33, 2–3. 10–11. 12–13. 14–15  (R.:9a)

R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Todos sus santos, temed al Señor,

porque nada les falta a los que le temen;

los ricos empobrecen y pasan hambre,

los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Venid, hijos, escuchadme:

os instruiré en el temor del Señor;

¿hay alguien que ame la vida

y desee días de prosperidad? R.

Guarda tu lengua del mal,

 tus labios de la falsedad;

apártate del mal, obra el bien,

busca la paz y corre tras ella. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Daos cuenta de lo que el Señor quiere

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 51,15-20

Hermanos:

Fijaos bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión, porque vienen días malos.

Por eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere.

No os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del Espíritu.

Recitad, alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el alma para el Señor.

Dad siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya Jn 6, 56

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él –dice el Señor–.

 

EVANGELIO

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

– «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí:

– «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo:

– «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hom­bre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resu­citaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera be­bida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mi.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vues­tros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

de este pan vivirá para siempre.»

 

Palabra del Señor.

 

DOMINGO XXI

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

Nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!

Lectura del libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b

En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Si­quén. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo:

– «Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país ha­bitáis; yo y mi casa serviremos al Señor.»

El pueblo respondió:

– «¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dio­ses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos .y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También noso­tros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!»

 

Palabra del Señor.

 

Salmo responsorial  Sal 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21. 22-23 (R.: 9a)

R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,

su alabanza está siempre en mi boca;

mi alma se gloría en el Señor:

que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Los ojos del Señor miran a los justos,

sus oídos escuchan sus gritos;

pero el Señor se enfrenta con los malhechores,

para borrar de la tierra su memoria. R.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha

y lo libra de sus angustias;

el Señor está cerca de los atribulados,

salva a los abatidos. R.

Aunque el justo sufra muchos males,

de todos lo libra el Señor;

él cuida de todos sus huesos,

y ni uno solo se quebrará. R.

La maldad da muerte al malvado,

y los que odian al justo serán castigados.

El Señor redime a sus siervos,

no será castigado quien se acoge a él. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,21-32

Hermanos:

Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano.

Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabe­za de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.

Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia.

Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificán­dola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son.

Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como

Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo.

«Por eso abandonará. el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»

Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya cf. Jn 6, 63c. 68c

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.

 

EVANGELIO

¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida. eterna

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, di­jeron:

– «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»

Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:

– «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:

– «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mi, si el Pa­dre no se lo concede.»

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce:

– «¿También vosotros queréis marcharos?»

Simón Pedro le contestó:

– «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

 

Palabra del Señor.

 

 

 

 

 

DOMINGO XXII

DEL TIEMPO ORDINARIO

 

PRIMERA LECTURA

No añadáis nada a lo que os mando.... así cumpliréis los preceptos del Señor

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo:

– «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.

No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los 'preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente."

Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?»

 

Palabra de Dios.

 

Salmo responsorial Sal 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5 (R.: 1 a)

R. Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?

El que procede honradamente

y practica la justicia,

el que tiene intenciones leales

y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo

ni difama al vecino,

el que considera despreciable al impío

y honra a los que temen al Señor. R.

El que no presta dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Llevad a la práctica la palabra

Lectura de la carta del apóstol Santiago  1, 17-18. 21b-22. 27

Mis queridos hermanos:

Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Pa­dre de los astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra.

Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos en­gendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.

Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es ca­paz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escu­charla, engañándoos a vosotros mismos.

La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no man­charse las manos con este mundo.

 

Palabra de Dios.

 

Aleluya St 1, 18

El Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.