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Misal Propio
del Tiempo Tiempo
Ordinario Propio
de Santos Comunes
y diversas Prefacios PROPIO
DEL TIEMPO ADVIENTO NAVIDAD CUARESMA PASCUA TIEMPO
DE ADVIENTO Dominus
prope est Primera
semana D-L-M-X-J-V-S Segunda
semana D-L-M-X-J-V-S Tercera
semana D-L-M-X-J-V Cuarta
semana D Ferias 17-18-19-20-21-22-23-24 I
DOMINGO DE ADVIENTO Antífona
de entrada
Sal 24, 1-3 A
ti, Señor levanto mi alma; Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado. Que
no se burlen de mí mis enemigos; pues los que esperan en ti, no quedan
defraudados. No
se dice Gloria. Oración
colecta Señor,
despierta en nosotros el deseo de
prepararnos a la venida de Cristo con
la práctica de las obras de misericordia para
que, puestos a su derecha el día del juicio, podamos
entrar al Reino de los cielos. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estas ofrendas que
hemos tomado de tus mismos dones, y
concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos
alcance la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Sal 84, 13 El
Señor nos mostrará su misericordia y nuestra tierra producirá su fruto. Oración
después de la comunión Por
nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos,
Señor, a
no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino
en los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la I Semana Antífona
de
entrada Cf.
Jer 31, 10; Is 35, 4 Oíd,
pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra:
"He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo". Oración
colecta Concédenos,
Señor Dios nuestro permanecer
alerta a la venida de tu Hijo Jesucristo, para
que cuando venga y llame, nos
encuentre velando en oración y
entonándole alabanzas. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estas ofrendas que
hemos tomado de tus mismos dones, y
concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos
alcance la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Cf. Sal 105, 4-5; Is 38, 3 Ven
Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo
corazón. Oración
después de la comunión Por
nuestra participación en esta Eucaristía enséñanos,
Señor, a
no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino
en los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la I Semana Antífona
de entrada Cf.
Zac 14, 5. 7 Vendrá
el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran
luz. Oración
colecta Señor,
Dios nuestro acoge
favorablemente nuestras súplicas y
concédenos tu ayuda en las tribulaciones para
que, reanimados con la venida de tu Hijo, ya
cercana, no
volvamos a mancharnos con el pecado. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones y
que tu misericordia supla la
extrema pobreza de nuestros méritos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión 2 Tim 4, 8 El
Señor, justo juez, dará la corona merecida, a todos los que esperan con amor su
venida gloriosa. Oración
después de la comunión Como
fruto de nuestra participación en
este sacramento de vida eterna, enséñanos,
Señor, a
no sobrevalorar las cosas terrenales y
a estimar las del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la I Semana Antífona
de entrada Cf.
Hab 2, 3; 1 Cor 4, 5 Ven,
Señor, y no tardes, ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a
todas las naciones. Oración
colecta Que
tu gracia, Señor, prepare nuestros corazones para
que, cuando venga tu Hijo Jesucristo, nos
encuentre dignos de sentarnos a su mesa y
de recibir de sus propias manos el
pan del cielo. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos, Señor, que este sacrificio, signo
de nuestra total entrega a ti, te
sea ofrecido siempre, para
que realice la intención que tuviste al
instituir este sacramento, y
lleve a cabo plenamente en nosotros tu
salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5 He
aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía nos
purifique, Señor, de toda mancha y
nos prepare así a
celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la I Semana Antífona
de
entrada Cf.
Sal 118, 151-152 Tú
estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio
comprendí que tu alianza la estableciste para siempre. Oración
colecta Muestra,
Señor, tu poder y ven en nuestra ayuda para
que la abundancia de tu misericordia apresure
el momento de la salvación que
nuestros pecados han retardado. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estas ofrendas que
hemos tomado de tus mismos dones, y
concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos
alcance la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Tit 2, 12-13 Vivamos
en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera
de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo,
nuestro Dios y salvador. Oración
después de la comunión Por
nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos,
Señor, a
no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino
en los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la I Semana Antífona
de entrada He
aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la
paz y la vida eterna. Oración
colecta Muestra,
Señor, tu poder y ven a nosotros, para
que nos protejas y nos salves de
los peligros que nos amenazan a
causa de nuestros pecados. Tú
que vives y reinas con el Padre en
la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Que
te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones, y
que tu misericordia supla la
extrema pobreza de nuestros méritos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Flp 3, 20-21 Esperamos
como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo
frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Oración
después de la comunión Como
fruto de nuestra participación en este sacramento de vida eterna, enséñanos,
Señor, a
no sobrevalorar las cosas terrenales y
a estimar las del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la I Semana Antífona
de entrada Sal
79, 4. 2 Ven,
Señor, muéstranos tu rostro y nos salvaremos. Oración
colecta Tu
que para librarnos del pecado enviaste
a este mundo a tu Hijo unigénito, concédenos,
Señor, a
cuantos esperamos sinceramente su venida, la
gracia de tu misericordia y
el don de la verdadera libertad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos Señor, que este sacrificio, signo
de nuestra total entrega a ti, te
sea ofrecido siempre para
que realice la intención que tuviste al
instituir este sacramento, y
lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Ap 22, 12 Pronto
vendré y traeré conmigo la recompensa, dice el Señor, y daré a cada uno según
sus obras. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía nos
purifique, Señor, de toda mancha y
nos prepare así a
celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por
Jesucristo, nuestro Señor. II
DOMINGO DE ADVIENTO Antífona
de
entrada Cf.
Is 30, 19.30 Pueblo
de Sión, mira que el Señor va a venir para salvar a todos los hombres y dejará
oír la majestad de su voz para alegría de vuestro corazón. No
se dice Gloria. Oración
colecta Que
nuestras responsabilidades terrenas no
nos impidan, Señor, prepararnos
a la venida de tu Hijo, y
que la sabiduría que viene del cielo, nos
disponga a recibirlo y
a participar de su propia vida. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Que
te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones, y
que tu misericordia supla la
extrema pobreza de nuestros méritos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Bar 5, 5; 4, 36 Levántate,
Jerusalén, sube a lo alto, para que contemples la alegría que te viene de Dios. Oración
después de la comunión Como
fruto de nuestra participación en
este sacramento de vida eterna, enséñanos,
Señor, a
no sobrevalorar las cosas terrenales y
a estimar las del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la II Semana Antífona
de
entrada Cf.
Jer 31, 10; Is 35, 4 Oíd,
pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra:
"He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo". Oración
colecta Escucha,
Señor, nuestras plegarias y
ayúdanos a prepararnos a celebrar con
verdadera fe y pureza de corazón el
gran misterio de la encarnación de tu Hijo, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estas ofrendas que
hemos tomado de tus mismos dones, y
concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos
alcance la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Cf. Sal 105, 4-5; Is 38,
3 Ven
Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo
corazón. Oración
después de la comunión Por
nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos,
Señor, a
no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino
en los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la II Semana Antífona
de
entrada Cf.
Zac 14, 5. 7 Vendrá
el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran
luz. Oración
colecta Señor
y Dios nuestro, que
has hecho llegar a
todos los rincones de la tierra la
buena nueva de la venida del salvador, concédenos
esperar con sincera alegría las
fiestas con que celebramos el
día de su nacimiento. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones, y
que tu misericordia supla la
extrema pobreza de nuestros méritos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión 2 Tim 4, 8 El
Señor, justo juez, dará la corona merecida a todos los que esperan con amor su
venida gloriosa. Oración
después de la comunión Como
fruto de nuestra participación en
este sacramento de vida eterna, enséñanos,
Señor, a
no sobrevalorar las cosas terrenales y
a estimar las del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la II Semana Antífona
de entrada
Cf. Hab 2, 3; 1 Cor 4, 5 Ven,
Señor, y no tardes ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a todas
las naciones. Oración
colecta No
permitas; Padre todopoderoso, que
quienes esperamos la
llegada consoladora de nuestro salvador desfallezcamos
en la tarea, que
tú nos has encomendado, de
prepararnos a su venida. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos, Señor, que este sacrificio, signo
de nuestra total entrega a ti, te
sea ofrecido siempre, para
que realice la intención que tuviste al
instituir este sacramento, y
lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5 He
aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía nos
purifique, Señor, de toda mancha y
nos prepare así a
celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la II Semana Antífona
de
entrada Cf.
Sal 118, 151-152 Tú
estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio
comprendí que tu alianza la estableciste para siempre. Oración
colecta Haz,
Señor, que nos decidamos a
preparar los caminos de tu Hijo y,
por el misterio de su venida, podamos
servirte con un corazón limpio. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estas ofrendas que
hemos tomado de tus mismos dones, y
concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos
alcance la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Tit 2, 12-13 Vivamos
en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera
de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo,
nuestro Dios y salvador. Oración
después de la comunión Por
nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos,
Señor, a
no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino
en los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la II Semana Antífona
de entrada He
aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la
paz y la vida eterna. Oración
colecta Concédenos,
Padre todopoderoso, estar
siempre preparados a la venida de tu Hijo para
que, cuando él llegue, podamos
salir a su encuentro, conforme
a su palabra, con
nuestras lámparas encendidas. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones, y
que tu misericordia supla la
extrema pobreza de nuestros méritos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Flp 3, 20-21 Esperamos
como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo
frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Oración
después de la comunión Como
fruto de nuestra participación en
este sacramento de vida eterna, enséñanos,
Señor, a
no sobrevalorar las cosas terrenales y
a estimar las del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la II Semana Antífona
de
entrada Sal
79, 4. 2 Ven,
Señor, muéstranos tu rostro, y nos salvaremos. Oración
colecta Concédenos,
Padre todopoderoso, que
Cristo, el resplandor de tu gloria, nazca
en nuestros corazones, para
que su venida disipe
las tinieblas del pecado y
ponga de manifiesto que somos hijos de la luz. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos, Señor, que este sacrificio, signo
de nuestra total entrega a ti, te
sea ofrecido siempre para
que realice la intención que tuviste al
instituir este sacramento, y
lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Ap 22, 12 Pronto
vendré y traeré conmigo la recompensa, dice el Señor, y daré a cada uno según
sus obras. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía nos
purifique, Señor, de toda mancha y
nos prepare así a
celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por
Jesucristo, nuestro Señor. III
DOMINGO DE ADVIENTO
En esta dominica "Gaudete", en lugar del color morado, se puede usar
el color rosa. Antífona
de entrada
Flp 4, 4. 5 Estad
siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca. No
se dice Gloria. Oración
colecta Mira,
Señor, a tu pueblo que
espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo, y
concédele celebrar el gran misterio de nuestra salvación con
un corazón nuevo y
una inmensa alegría. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos, Señor, que este sacrificio, signo
de nuestra total entrega a ti, te
sea ofrecido siempre para
que realice la intención que tuviste al
instituir este sacramento, y
lleve a cabo plenamente en nosotros tu salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Is 35,
4 He
aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía nos
purifique, Señor, de toda mancha y
nos prepare así a
celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la III Semana Antífona
de
entrada Cf.
Jer 31, 10; Is 35, 4 Oíd,
pueblos, la palabra del Señor y anunciadla en todos los rincones de la tierra:
"He aquí que vendrá nuestro salvador, ya no tengáis miedo". Oración
colecta Escucha,
Señor, nuestras plegarias y
con la luz de tu Hijo, que
viene a visitarnos, ilumina
las tinieblas de nuestro corazón. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estas ofrendas que
hemos tomado de tus mismos dones y
concédenos que esta Eucaristía que
estamos celebrando, nos
alcance la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Cf. Sal 105, 4-5; Is 38,
3 Ven,
Señor, a visitarnos con tu paz, para que nos alegremos delante de ti, de todo
corazón. Oración
después de la comunión Por
nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos,
Señor, a
no poner nuestro corazón en
las cosas pasajeras, sino
en los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la III Semana Antífona
de
entrada Cf.
Zac 14, 5.7 Vendrá
el Señor, mi Dios, y con él, todos sus santos; y brillará en aquel día una gran
luz. Oración
colecta Dios
nuestro, que por medio de tu Hijo has
hecho de nosotros una nueva creatura, míranos
con amor y misericordia, y,
por la venida del Redentor, borra
en nosotros toda huella de pecado. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones, y
que tu misericordia supla la
extrema pobreza de nuestros méritos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión 2 Tim 4, 8 El
Señor, justo juez, dará la corona merecida a todos los que esperan con amor su
venida gloriosa. Oración
después de la comunión Como
fruto de nuestra participación en
este sacramento de vida eterna, enséñanos,
Señor, a
no sobrevalorar las cosas terrenales y
a estimar las del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la III Semana Antífona
de
entrada Cf.
Hab 2, 3; 1 Cor 4, 5 Ven,
Señor, y no tardes; ilumina los secretos de las tinieblas y manifiéstate a
todas las naciones. Oración
colecta Concédenos,
Dios todopoderoso, que
la ya cercana solemnidad del
nacimiento de tu Hijo, nos
ayude en la vida presente y
nos alcance la eterna felicidad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos, Señor, que este sacrificio, signo
de nuestra total entrega a ti, te
sea ofrecido siempre, para
que realice la intención que tuviste al
instituir este sacramento, y
lleve a cabo plenamente en
nosotros tu salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Is 40, 10; Cf. 35, 5 He
aquí que el Señor vendrá con gran poder e iluminará los ojos de sus siervos. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía nos
purifique, Señor, de toda mancha y
nos prepare así a
celebrar dignamente la Navidad ya próxima. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la III Semana
Si hoy es 17 de diciembre, se dice la misa propia de este día. Antífona
de
entrada Cf.
Sal 118, 151-152 Tú
estás cerca, Señor, y todos tus caminos son derechos. Desde el principio
comprendí que tu alianza la estableciste para siempre. Oración
colecta Con
el nacimiento de tu Hijo, que viene a salvarnos, llena,
Señor, de alegría nuestros corazones, entristecidos
por haber pecado e
indignos de tu amor. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estas ofrendas que
hemos tomado de tus mismos dones, y
concédenos que esta Eucaristía que estamos celebrando, nos
alcance la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Tit 2,
12-13 Vivamos
en este mundo como hombres responsables, justos y que sirven a Dios, en espera
de que se cumpla la feliz esperanza: la manifestación gloriosa de Jesucristo,
nuestro Dios y salvador. Oración
después de la comunión Por
nuestra participación en esta Eucaristía, enséñanos,
Señor, a
no poner nuestro corazón en las cosas pasajeras, sino
en los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la III Semana
Si hoy es 17 de diciembre, se dice la misa propia de este día. Antífona
de entrada He
aquí que el Señor vendrá con esplendor a visitar a su pueblo, para traerle la
paz y la vida eterna. Oración
colecta Que
tu gracia, Señor, nos
disponga y nos acompañe siempre a
fin de que la venida de tu Hijo, que
esperamos con ardiente deseo, nos
ayude para la vida presente y la vida futura. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
te sean agradables, Señor, nuestras
humildes ofrendas y oraciones, y
que tu misericordia supla la
extrema pobreza de nuestros méritos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento I o III. Antífona
de comunión Flp 3, 20-21 Esperamos
como salvador a nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo
frágil en cuerpo glorioso como el suyo. Oración
después de la comunión Como
fruto de nuestra participación en
este sacramento de vida eterna, enséñanos,
Señor, a
no sobrevalorar las cosas terrenales y
a estimar las del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. IV
DOMINGO DE ADVIENTO Antífona
de
entrada Is
45, 8 Destilad,
cielos, el rocío, y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y
haga germinar al salvador. No
se dice Gloria. Oración
colecta Derrama,
Señor, tu gracia sobre nosotros, que
hemos conocido por el anuncio del ángel la
encarnación de tu Hijo, para
que lleguemos, por su pasión y su cruz, a
la gloria de la resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Que
el mismo Espíritu que cubrió con su sombra y
fecundó con su poder el
seno de la Virgen María, santifique,
Señor, estas ofrendas que
hemos depositado sobre tu altar. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión
Is 7, 14 He
aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre
Emmanuel que quiere decir Dios-con-nosotros. Oración
después de la comunión Tú
que nos has dado en este sacramento la
prenda de nuestra salvación, concédenos,
Padre todopoderoso, prepararnos
cada día con mayor fervor para
celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. 17
de diciembre Antífona
de
entrada Cf.
Is 49, 13 Alégrense
los cielos y regocíjese la tierra, porque vendrá el Señor y tendrá misericordia
de sus pobres. Oración
colecta Dios
nuestro, creador
y redentor de los hombres, que
quisiste que tu Verbo eterno tomara
carne en el seno de la siempre Virgen María, escucha
nuestras súplicas y
concédenos que tu Hijo, que
ha tomado nuestra naturaleza humana, nos
haga participantes de su naturaleza divina. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Santifica,
Señor, los dones de tu Iglesia y
concédenos en esta Eucaristía el
pan del cielo que renueva nuestras fuerzas. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión Cf. Ag 2, 8 He
aquí que vendrá el deseado de todas las naciones, y la casa del Señor se
llenará de gloria. Oración
después de la comunión Tú
que nos has concedido participar en esta Eucaristía, enciende,
Señor, nuestros corazones con
el fuego de tu Espíritu, a
fin de que podamos brillar, por nuestras buenas obras, cuando
venga Cristo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. 18
de diciembre Antífona
de entrada Vendrá
Cristo, nuestro Rey, el Cordero cuya venida fue anunciada por Juan. Oración
colecta Concédenos,
Señor, vernos
libres de la antigua esclavitud del pecado por
el renovado misterio del nacimiento de tu Hijo que
vamos a celebrar. El
cual vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Señor,
que el sacrificio que vamos a ofrecerte nos
haga menos indignos de ti, para
que podamos participar de la vida eterna de tu Hijo, que,
al hacerse mortal como nosotros, nos
devolvió la inmortalidad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión Mt 1, 23 Y
le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir: Dios-con-nosotros. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía, en
la que hemos tomado parte, nos
ayude, Señor, a prepararnos con
fe y con amor, a
celebrar las fiestas ya cercanas, del
nacimiento de tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. 19
de diciembre Antífona
de
entrada Cf.
Heb 10, 37 El
que ha de venir, vendrá sin tardanza, y ya no tendremos nada que temer, porque
él es nuestro salvador. Oración
colecta Dios
nuestro, que te dignaste manifestar al mundo el
esplendor de tu gloria por
medio del parto de la santísima Virgen María, concédenos
venerar con fe íntegra y
celebrar con sincera piedad el
gran misterio de la encarnación de tu Hijo, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con bondad las
ofrendas que te presentamos, para
que tu poder consagre los dones de nuestra pobreza. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión Lc 1, 78-79 Vendrá
a visitarnos de lo alto un sol naciente, Cristo el Señor, para guiar nuestros
pasos por el camino de la paz. Oración
después de la comunión Te
damos gracias, Señor, por
los bienes que nos has dado, y
te rogamos que enciendas en nosotros el deseo de
lo que nos has prometido, para
que, con un espíritu renovado, podamos
celebrar dignamente el nacimiento de tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. 20
de diciembre Antífona
de entrada Cf.
Is 11, 1; 40, 5; Lc 3, 6 Un
retoño brotará del tronco de Jesé, la gloria del Señor llenará la tierra y toda
creatura verá la salvación de Dios. Oración
colecta A
ejemplo de la Virgen Inmaculada que,
al aceptar tu voluntad, anunciada
por el ángel, recibió
en su seno a tu Hijo, fue
llena de la gracia del Espíritu Santo y
se convirtió en templo de la divinidad, concédenos,
Padre todopoderoso, la
gracia de aceptar tus designios con
humildad de corazón. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, el único sacrificio que puede agradarte y,
por nuestra participación en este sacramento, concédenos
los bienes que la fe nos invita a esperar. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión
Lc 1, 31 Dijo
el ángel a María: Has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir y a dar a
luz un hijo, y será llamado Hijo del Altísimo. Oración
después de la comunión Protege,
Señor, con tu poder a
cuantos has alimentado con esta Eucaristía, y
haz que encuentren en este sacramento la
fuente de la paz verdadera. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 21
de diciembre Antífona
de
entrada Cf.
Is 7, 14; 8, 10 Pronto
llegará el Señor que domina los pueblos, y será llamado Emmanuel, es decir,
Dios-con-nosotros. Oración
colecta Escucha,
Señor, las súplicas de tu pueblo, que
se alegra por la venida de tu Hijo en
nuestra carne mortal; y
concédenos que, cuando vuelva él revestido
de gloria y majestad, nos
llenemos también de alegría al
recibir de sus manos la
recompensa de la vida eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, de tu Iglesia las
ofrendas que tú mismo has
puesto en nuestras manos y
que tu poder convierte en sacramento de
nuestra salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión
Lc 1, 45 Dichosa,
tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del
Señor. Oración
después de la comunión Que
esta comunión, Señor, proteja
siempre a tu pueblo a
fin de que, entregados plenamente a tu servicio, alcancemos
la salvación del alma y del cuerpo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 22
de diciembre Antífona
de entrada
Sal 23, 7 Puertas,
abríos de par en par; agrandaos portones eternos, porque va a entrar el rey de
la gloria. Oración
colecta Dios
nuestro, que al ver al hombre caído y
condenado a la muerte, quisiste
rescatarlo con la venida de tu Hijo, concede
a cuantos creemos en
el misterio de su encarnación, participar
algún día de su vida inmortal. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Confiados,
Señor, en tu misericordia, venimos
a tu altar con nuestros dones, a
fin de que la celebración de esta Eucaristía nos
purifique de nuestros pecados. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión Lc 1, 46-49 Proclama
mi alma la grandeza del Señor, porque ha hecho en mí maravillas el
todopoderoso. Oración
después de la comunión Que
la recepción de este sacramento nos
dé fuerza, Señor, para
prepararnos a la venida de nuestro salvador con
la práctica de las buenas obras, y
podamos así, alcanzar el premio de
la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 23
de diciembre Antífona
de
entrada Cf.
Is 9, 6; Sal 71, 17 Un
niño nos nacerá y será llamado Dios todopoderoso, en él serán bendecidos todos
los pueblos de la tierra. Oración
colecta Al
acercarse las fiestas de la Navidad, te
rogamos, Dios eterno y todopoderoso, que
tu Verbo, que
se hizo carne en el seno de la Virgen María y
habitó entre nosotros, nos
haga sentir su amor y su misericordia. Él,
que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Que
el sacrificio de tu Hijo, que
es el acto de culto más perfecto que
podemos ofrecerte, nos
devuelva, Señor, tu amistad para
que podamos celebrar con un corazón puro el
nacimiento de tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión
Ap 3, 20 Mirad
que estoy a la puerta y llamo: dice el Señor; si alguno oye mi voz y me abre,
entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Oración
después de la comunión A
quienes hemos participado de esta Eucaristía, concédenos,
Señor, tu perdón y tu paz, para
que estemos siempre preparados a
recibir dignamente a tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. 24
de diciembre En
la Misa matutina Antífona
de
entrada Cf.
Ga 4, 4 He
aquí que llega ya la plenitud de los tiempos, cuando Dios envió a su Hijo a la
tierra. Oración
colecta Apresúrate,
Señor Jesús, no
tardes ya, para
que tu venida dé nuevas fuerzas y ánimo a
quienes hemos puesto nuestra confianza en
tu misericordia. Tú
que vives y reinas con el Padre en
la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad estas ofrendas, a
fin de que se conviertan en el alimento que
nos libre de nuestros pecados y
prepare nuestros corazones a
la venida gloriosa de tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio
de Adviento II o IV. Antífona
de comunión Lc 1,
68 Bendito
sea el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. Oración
después de la comunión Tú
que nos has renovado con esta Eucaristía concédenos
Señor, que
el nacimiento adorable de tu Hijo, que
hemos anticipado en la fe, nos
llene de gozo y
nos haga partícipes de los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. TIEMPO
DE NAVIDAD Christus
Natus Est Nobis. Venite, Adoremus 25
DE DICIEMBRE Vigilia Medianoche Aurora Día Octava
de Navidad SAGRADA
FAMILIA 29
de diciembre 30
de diciembre 31
de diciembre SANTA
MARÍA, MADRE DE DIOS Ferias
de Navidad (desde 2 enero) Lunes-Martes-Miércoles-Jueves-Viernes-Sábado Epifanía EPIFANÍA BAUTISMO
DEL SEÑOR 25
de diciembre LA
NATIVIDAD DEL SEÑOR Solemnidad Misa
vespertina de la vigilia Esta
misa se dice en la tarde del 24 de diciembre, antes o después de las primeras
vísperas de la Navidad. Antífona
de entrada Cf.
Ex 16, 6-7 Esta
noche sabréis que el Señor vendrá a salvarnos y por la mañana contemplaréis su
gloria. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
nuestro, que cada año revives en nosotros la
gozosa esperanza de la salvación, concédenos
que, así como ahora acogemos a tu Hijo, llenos
de júbilo, como a nuestro redentor, así
también cuando venga como juez, podamos
recibirlo llenos de confianza. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, iniciar
la celebración de las fiestas de la Navidad con
un fervor digno del misterio que
es el principio de nuestra redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III.
Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar la noche santa en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en la noche
santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en la
noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †
Antífona
de comunión Cf. Is 40, 5 Se
manifestará la gloria del Señor y todo el mundo verá la salvación que viene de
nuestro Dios. Oración
después de la comunión Concédenos,
Señor, sacar
nuevas fuerzas de esta celebración anual del
nacimiento de tu Hijo, que
se ha hecho nuestro alimento y bebida en
este sacramento de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Misa
de medianoche Antífona
de
entrada Sal
2, 7 El
Señor me dijo: Tú eres mi Hijo, hoy te engendré yo. O
bien: Alegrémonos
todos en el Señor, porque nuestro salvador ha nacido en el mundo. Del cielo ha
descendido hoy para nosotros la paz verdadera. Oración
colecta Dios
nuestro, que hiciste resplandecer esta noche santísima con
el nacimiento de Cristo, verdadera luz del mundo, concédenos
que, iluminados en la tierra por
la luz de este misterio, podamos
también disfrutar de la gloria de tu Hijo, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Se
dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las ofrendas que te presentamos esta
noche de Navidad, a fin de que, al recibirlas nosotros convertidas
en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos
transformes en él, en
quien nuestra naturaleza está unida a la tuya. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III.
Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar la noche santa en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en la noche
santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en la
noche santa en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †
Antífona
de comunión Jn 1, 14 El
Verbo se hizo hombre y hemos visto su gloria. Oración
después de la comunión Tú,
Señor, que nos has concedido el gozo de
celebrar esta noche el nacimiento de tu Hijo, ayúdanos
a vivir según su ejemplo para
llegar a compartir algún día con él la gloria de su Reino. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Misa
de la aurora Antífona
de entrada
Cf. Is 9, 2. 6; Lc 1, 33 Hoy
brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor; se le llamará
Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no
tendrá fin. Se
dice Gloria. Oración
colecta Señor,
Dios todopoderoso, que has querido iluminarnos con
la luz nueva de tu Verbo hecho carne, concédenos
que nuestras obras concuerden siempre con
la fe que ha iluminado nuestro espíritu. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse. Oración
sobre las ofrendas Que
nuestras ofrendas, Señor, sean
dignas del misterio de Navidad que
estamos celebrando, para
que tú, que nos has revelado a Jesucristo, verdadero
Dios y verdadero hombre, nos
hagas participar, por este pan y este vino, de
su vida inmortal. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III.
Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el
día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †
Antífona
de comunión Cf. Zac 9, 9 ¡Salta
de alegría, hija de Sión! ¡Lanza gritos de gozo, hija de Jerusalén! He aquí que
viene tu Rey, el Santo, el Salvador del mundo. Oración
después de la comunión Dios
nuestro, que nos has reunido para celebrar, llenos
de júbilo, el nacimiento de tu Hijo, concédenos
penetrar con fe profunda en este misterio y
encontrar en él la fuente de un amor cada vez más generoso. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Misa
del día Antífona
de entrada
Is 9, 6 Un
niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre
sus hombros y se le llamará Ángel del Gran Consejo. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
nuestro, que
de modo admirable creaste al hombre a
tu imagen y semejanza, y de modo más admirable lo
elevaste con el nacimiento de tu Hijo, concédenos
participar de la vida divina de aquél que
ha querido participar de nuestra humanidad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. A las palabras: Y por obra... hay que arrodillarse. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, en la fiesta solemne de la Navidad, esta
ofrenda que nos reconcilia contigo de
un modo perfecto, y
encierra en sí la plenitud del culto que
los hombres podemos tributarte. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III.
Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el
día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †
Antífona
de comunión Sal 97,
3 Sobre
toda la superficie de la tierra se ha contemplado la salvación que viene de
nuestro Dios. Oración
después de la comunión Concédenos,
Dios misericordioso, que
el salvador del mundo, que hoy nos ha nacido para
comunicarnos su vida divina, nos
dé también el don de su inmortalidad.. El
cual vive y reina por los siglos de los siglos. Domingo
dentro de la octava de Navidad o,
si no hay domingo dentro de la octava, el día 30 de diciembre. LA
SAGRADA FAMILIA: JESÚS,
MARÍA Y JOSÉ Fiesta Antífona
de entrada
Lc 2, 16 Fueron
los pastores a toda prisa y encontraron a María y a José y, recostado en un
pesebre, al niño. Se
dice Gloria. Oración
colecta Señor
y Dios nuestro, tú
que nos has dado en la Sagrada Familia de tu Hijo, el
modelo perfecto para nuestras familias, concédenos
practicar sus virtudes domésticas y
estar unidos por los lazos de tu amor, para
que podamos ir a gozar con ella eternamente de
la alegría de tu casa. Por
nuestro Señor Jesucristo. Cuando
esta fiesta se celebra en domingo, se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este sacrificio de reconciliación y
por intercesión de la Virgen Madre de Dios y de san José, concede
a nuestras familias, vivir siempre en tu amistad y en tu paz. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III.
Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el
día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †
Antífona
de comunión Bar 3, 38 Nuestro
Dios apareció en el mundo y convivió con los hombres. Oración
después de la comunión Padre
lleno de amor, concede
a los que acabamos de alimentarnos con
este sacramento celestial, imitar
siempre los ejemplos de la Sagrada Familia, para
que, después de las pruebas de esta vida, podamos
gozar eternamente con ellos en el cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Los
formularios para las misas de los días 26, 28 y 28 de diciembre, que caen en la
octava de Navidad, se toman del Propio de los santos.
29
de diciembre Quinto
día dentro de la octava de Navidad Antífona
de entrada Jn
3, 16 Tanto
amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él,
no perezca, sino que tenga vida eterna. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, que
con la venida de tu Hijo, luz verdadera, has
disipado las tinieblas del mundo, míranos
con amor y ayúdanos a celebrar con
cantos y alabanzas la
gloria del nacimiento de tu Hijo, que
vive y reina contigo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las ofrendas que
te presentamos para esta Eucaristía, en
la que se realiza un glorioso intercambio, a
fin de que, al ofrecerte tus propios dones, podamos
recibirte a ti mismo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III.
Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el
día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †
Antífona
de comunión
Lc 1, 78 Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos ha visitado Cristo, el Sol que
nace de lo alto. Oración
después de la comunión Concédenos,
Dios todopoderoso que
la gracia de estos sacramentos fortalezca
cada día más nuestra vida cristiana. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 30
de diciembre Sexto
día dentro de la octava de Navidad
Si no hay ningún domingo dentro de la octava de Navidad, este día se celebra la
fiesta de la Sagrada Familia. Antífona
de entrada Sb
18, 14-15 Cuando
un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de
su camino, tu Palabra omnipotente, Señor, descendió de los cielos, desde tu
trono real. Se
dice Gloria. Oración
colecta Concédenos,
Dios todopoderoso, que
el nacimiento de tu Hijo en nuestra carne mortal, nos
libre de la antigua esclavitud a
la que nos sometió el pecado. Por
nuestro Señor Jesucristo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Recibe,
Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo y
concédenos que, las realidades que creemos por la fe, las
consigamos por este sacramento celestial. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III.
Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el
día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. † Antífona
de comunión Jn
1, 16 De
su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia. Oración
después de la comunión Señor
Dios, que
nos unes a ti por la participación de este sacramento, concédenos
obtener toda su eficacia para
que así, la
recepción de este don tuyo, nos
haga más dignos de seguirlo recibiendo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 31
de diciembre Séptimo
día dentro de la octava de Navidad Antífona
de entrada
Is 9, 6 Un
niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. La insignia del poder está sobre
sus hombros y se le llamará Ángel del Gran Consejo. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, que
has querido que todo esfuerzo del hombre por
ir a tu encuentro tenga su origen y su plenitud en
el nacimiento de tu Hijo, concédenos contarnos siempre entre
el número de los que siguen a Cristo, en
quien está la salvación de todo el género humano. Por
nuestro Señor Jesucristo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Señor
y Dios nuestro, que infundes en nosotros los
sentimientos de la verdadera adoración y
nos impulsas a vivir en plena concordia con
nuestros prójimos, concédenos poder tributarte con
estas ofrendas el culto que te es debido y
estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos, por
la participación en este sacramento. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III.
Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el
día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †
Antífona
de comunión 1 Jn 4,
9 Dios
envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él. Oración
después de la comunión Que
tu pueblo, Señor, al que jamás has dejado de tu mano, experimente
tu ayuda presente y futura a
fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios, pueda
buscar con mayor confianza los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 1 de
enero Octava
de Navidad SOLEMNIDAD
DE SANTA MARIA, MADRE
DE DIOS Antífona
de entrada
Sedulio Te
aclamamos santa Madre de Dios, porque has dado a luz al rey que gobierna cielo
y tierra por los siglos de los siglos. O
bien: Cf.
Is 9, 2. 6; Lc 1, 33 Hoy
brillará una luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor y se le llamará
Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del mundo futuro, y su Reino no
tendrá fin. Oración
colecta Señor
Dios, que por la fecunda virginidad de María diste
al género humano el don de la salvación eterna, concédenos
sentir la intercesión de aquélla por
quien recibimos al autor de la vida, Jesucristo, Señor nuestro, que
vive y reina contigo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Señor,
tú que eres el origen de todos los bienes quien
los lleva a su pleno desarrollo, concede
a quienes celebramos en la Virgen María, Madre de Dios, las
primicias de nuestra redención, alcanzar
la plenitud de sus frutos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de santa María virgen I: en la solemnidad. Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que la Virgen
María, conservando intacta su virginidad, dio a luz al Salvador del mundo,
veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el
día santo en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo. †
Antífona
de comunión Heb 13, 8 Jesucristo
es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos. Oración
después de la comunión Señor,
que estos sacramentos celestiales que
hemos recibido con alegría, sean
fuente de vida eterna para nosotros, que
nos gloriamos de proclamar a la siempre Virgen María como
Madre de tu Hijo y Madre de la Iglesia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. DOMINGO
II DESPUÉS DE NAVIDAD
Esta misa no se celebra en el Perú, en su lugar se celebra la Epifanía del
Señor Antífona
de
entrada Sb
18, 14-15 Cuando
un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de
su camino, tu Palabra omnipotente Señor, descendió de los cielos, desde tu
trono real. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, luz
de los que creen en ti, dígnate
llenar el mundo con tu gloria y
manifestarte a todos los pueblos por
el esplendor de tu verdad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Santifica,
Señor, estas ofrendas, en
virtud del nacimiento de tu Hijo, por
el cual nos revelas el camino de la verdad y
nos prometes la vida del Reino de los cielos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Navidad I – II – III. Antífona
de comunión Jn 1, 12 A
todos los que lo recibieron, les dio el poder para llegar a ser hijos de Dios Oración
después de la comunión Señor,
Dios nuestro, te pedimos humildemente que
el sacramento que acabamos de recibir, nos
purifique de nuestras faltas y
haga que se realicen nuestros legítimos deseos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 6
de enero LA
EPIFANIA DEL SEÑOR Solemnidad Donde
la Epifanía no es fiesta de precepto, se celebra el domingo comprendido entre
el 2 y el 8 de enero. Antífona
de entrada
Cf. Mal 3, 1; 1 Cro 19, 12 Mirad
que ya viene el Señor de los ejércitos; en su mano están el reino y la potestad
y el imperio. Oración
colecta Señor,
Dios nuestro, que por medio de una estrella, diste
a conocer en este día, a todos los pueblos el
nacimiento de tu Hijo, concede
a los que ya te conocemos por la fe, llegar
a contemplar, cara a cara, la
hermosura de tu inmensa gloria. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con bondad los dones de tu Iglesia, que
no consisten ya en oro, incienso y mirra, sino
en tu mismo Hijo, Jesucristo, que,
bajo las apariencias de pan y de vino, va
a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento y
que vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio
de Epifanía. Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único
Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad de nuestra carne,
hecho hombre como nosotros, veneramos la memoria, ante todo, de esta gloriosa
siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate... propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
santo en tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la verdad
de nuestra carne; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia en el
día santo en tu único Hijo, eterno como tú en la gloria, se manifestó en la
verdad de nuestra carne. †
Antífona
de comunión
Cf. Mt 2, 2 Hemos
visto su estrella en el Oriente y venimos con regalos a adorar al Señor. Oración
después de la comunión Que
tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre para
que comprendamos cada día más este
sacramento en el que hemos participado y
podamos recibirlo con mayor amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. FERIAS
DEL TIEMPO DE NAVIDAD Desde
el 2 de enero, hasta
el sábado anterior a la fiesta del Bautismo del Señor
Estas misas se utilizan en los días asignados, cambiando la colecta según se
indica. Lunes Antífona
de entrada Un
día sagrado ha amanecido para nosotros. Venid, pueblos, y adorad al Señor,
porque una gran luz ha descendido sobre la tierra. Oración
colecta Antes
de la solemnidad de Epifanía: Concede,
Señor, a tu pueblo creer
y proclamar con fe inquebrantable que
Cristo, verdadero Dios como tú, se
hizo verdadero hombre como nosotros en
el seno de la Virgen María, a fin de que, por este misterio, nos
veamos libres de los males de esta vida y
alcancemos los gozos eternos. Por
nuestro Señor Jesucristo. Después
de la solemnidad de Epifanía: Que
el esplendor de tu gloria ilumine,
Señor, nuestros corazones para
que, a través de las tinieblas de este mundo podamos
llegar a la patria de la eterna claridad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las ofrendas que
te presentamos para esta Eucaristía en
la que se realiza un glorioso intercambio, a
fin de que, al ofrecerte tus propios dones, podamos
recibirte a ti mismo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Antes
de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de
Epifanía, o de Navidad. Antífona
de comunión Jn
1, 14 Hemos
contemplado su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad. Oración
después de la comunión Concédenos,
Dios todopoderoso, que
la gracia de estos sacramentos fortalezca
cada día más nuestra
vida cristiana. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes Antífona
de entrada
Sal 117, 26-27 Bendito
el que viene en el nombre del Señor. El Señor es Dios, él nos ilumina. Oración
colecta Antes
de la solemnidad de Epifanía: Padre
celestial, tú
que por el nacimiento virginal de tu Hijo quisiste
que fuera semejante a nosotros en todo, menos
en el pecado, concede
a cuantos en Cristo hemos renacido a la vida nueva, vernos
libres de nuestras antiguas miserias. Por
nuestro Señor Jesucristo. Después
de la solemnidad de Epifanía: Concédenos,
Señor que tu Hijo, que
quiso hacerse semejante a nosotros para
manifestársenos, nos
vaya haciendo, cada día, más semejantes a él, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Recibe,
Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo y
concédenos que, las realidades que creemos por la fe, las
consigamos por este sacramento celestial. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Antes
de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de
Epifanía, o de Navidad. Antífona
de comunión Ef 2, 4; Rom 8, 3 Por
el gran amor con que nos amó, Dios envió a su propio Hijo a compartir nuestra
condición humana en todo, menos en el pecado. Oración
después de la comunión Señor
Dios, que
nos unes a ti por la participación de
este sacramento, concédenos
obtener toda su eficacia para
que así, la recepción de este don tuyo nos
haga más dignos de seguirlo recibiendo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles Antífona
de entrada Is
9, 2 El
pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz intensa. Sobre los que vivían en
tierra de sombras, brilló una luz. Oración
colecta Antes
de la solemnidad de Epifanía: Concédenos,
Dios todopoderoso, que
el salvador, venido del cielo como luz nueva para
redimir al mundo, ilumine
nuestros corazones y los renueve continuamente. Por
nuestro Señor Jesucristo. Después
de la solemnidad de Epifanía: Señor,
Dios nuestro, luz del mundo, concede
una paz estable a todos los pueblos de la tierra, y
haz que aquella luz resplandeciente que
condujo a los Magos al conocimiento de tu Hijo, ilumine
también nuestros corazones. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Señor
y Dios nuestro, que
infundes en nosotros los
sentimientos de la verdadera adoración y
nos impulsas a vivir en plena concordia con
nuestros prójimos, concédenos
poder tributarte con estas ofrendas el
culto que te es debido y
estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos, por
la participación en este sacramento. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Antes
de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de
Epifanía, o de Navidad. Antífona
de comunión 1 Jn 1, 2 La
Vida eterna, que estaba junto al Padre, se manifestó a nosotros y nosotros la
hemos visto. Oración
después de la comunión Que
tu pueblo, Señor, al
que jamás has dejado de tu mano, experimente
tu ayuda presente y futura a
fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios pueda
buscar con mayor confianza los
bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves Antífona
de entrada
Cf. Jn 1, 1 En
el principio y antes de todos los siglos, el que es la Palabra era Dios, el
mismo que luego se dignó nacer como salvador del mundo. Oración
colecta Antes
de la solemnidad de Epifanía: Señor,
Dios nuestro, que
iniciaste admirablemente la obra de la redención con
el nacimiento de tu Hijo, fortalece
en nosotros la fe, para
que siguiendo sus enseñanzas, podamos
alcanzar la prometida recompensa de la gloria. Por
nuestro Señor Jesucristo. Después
de la solemnidad de Epifanía: Señor,
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has
hecho brillar la luz eterna de tu divinidad ante
todas las naciones, haz
que tu pueblo descubra plenamente el
misterio de Cristo, su redentor, para
que, en virtud de este misterio, pueda
llegar a gozar de aquella luz que no tiene ocaso Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las ofrendas, que
te presentamos para esta Eucaristía, en
la que se realiza un glorioso intercambio, a
fin de que, al ofrecerte tus propios dones, podamos
recibirte a ti mismo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Antes
de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de
Epifanía, o de Navidad. Antífona
de comunión Jn 3, 16 Tanto
amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él
no perezca, sino que tenga vida eterna. Oración
después de la comunión Concédenos,
Dios todopoderoso, que
la gracia de estos sacramentos fortalezca
cada día más nuestra vida cristiana. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes Antífona
de entrada
Sal 111, 4 Una
luz se levanta en las tinieblas para los hombres de corazón recto: el Dios
clemente, justo y compasivo. Oración
colecta Antes
de la solemnidad de Epifanía: Ilumina,
Señor, a tus hijos, y
haz arder nuestros corazones con
el esplendor de tu gloria, para
que conozcamos cada vez más a nuestro salvador y
podamos amarlo e imitarlo. Por
nuestro Señor Jesucristo. Después
de la solemnidad de Epifanía: Concédenos,
Dios todopoderoso, que
el nacimiento del salvador del mundo, manifestado
a los Magos por medio de una estrella, sea
comprendido por nosotros cada
vez con mayor profundidad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Recibe,
Señor, con bondad las ofrendas de tu pueblo y
concédenos que, las realidades que creemos por la fe, las
consigamos por este sacramento celestial. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Antes
de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de
Epifanía, o de Navidad. Antífona
de comunión 1 Jn 4, 9 Dios
envió al mundo a su Hijo único, para darnos vida por medio de él. Oración
después de la comunión Señor
Dios, que
nos unes a ti por la participación de este sacramento, concédenos
obtener toda su eficacia para
que así, la recepción de este don tuyo nos
haga más dignos de seguirlo recibiendo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado Antífona
de
entrada Gal
4, 4-5 Envió
Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para que recibiéramos la dignidad de hijos
adoptivos. Oración
colecta Antes
de la solemnidad de Epifanía: Dios
todopoderoso y eterno que
con la venida de tu Hijo has
hecho resplandecer sobre el mundo una luz nueva, concédenos,
que así como Jesucristo, al
nacer de la Virgen María, ha
querido compartir nuestra condición humana, así
también nosotros lleguemos a compartir en su Reino la
gloria de su divinidad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Después
de la solemnidad de Epifanía: Dios
todopoderoso y eterno, que,
por medio de tu Hijo, nos has hecho renacer para ti, concédenos
que tu gracia nos
modele a imagen de Jesucristo en
quien nuestra naturaleza humana está unida a la tuya. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Señor
y Dios nuestro, que
infundes en nosotros los
sentimientos de la verdadera adoración y
nos impulsas a vivir en plena concordia con
nuestros prójimos, concédenos
poder tributarte con estas ofrendas el
culto que te es debido y
estrechar los lazos de caridad con nuestros hermanos, por
la participación en este sacramento. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Antes
de Epifanía, Prefacio de Navidad. Después de Epifanía, prefacio propio, o de
Epifanía, o de Navidad. Antífona
de comunión Jn 1, 16 De
su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia. Oración
después de la comunión Que
tu pueblo, Señor, al
que jamás has dejado de tu mano, experimente
tu ayuda presente y futura a
fin de que, disfrutando de los bienes terrenos necesarios, pueda
buscar con mayor confianza los
bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Domingo
después del 6 de enero EL
BAUTISMO DEL SEÑOR Fiesta En
aquellos lugares donde la solemnidad de la Epifanía del Señor se celebra el
domingo que ocurre entre los días 2 y 8 de enero, si el domingo después del 6
de enero es el día 7 o el 8, en él se celebra la solemnidad de la Epifanía del
Señor; en este caso, la fiesta del Bautismo del Señor se traslada al lunes
siguiente. Antífona
de entrada
Cf. Mt 3, 16-17 Inmediatamente
después de que Jesús se bautizó, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo se
posó sobre él en forma de paloma, y resonó la voz del Padre que decía: “Este es
mi Hijo amado, en quien he puesto todo mi amor”. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, que
proclamaste solemnemente que
Cristo era tu Hijo amado cuando
fue bautizado en el Jordán y
descendió el Espíritu Santo sobre él, concede
a tus hijos adoptivos, renacidos del agua y del Espíritu, perseverar
siempre fieles en el cumplimiento de tu voluntad. Por
nuestro Señor Jesucristo. O
bien: Concédenos,
Señor, que tu Hijo, que
quiso hacerse semejante a nosotros para manifestársenos, nos
vaya haciendo, cada día, más semejantes a él, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos al
conmemorar el Bautismo y
manifestación de tu Hijo amado, y
conviértelos en aquel mismo sacrificio con
el que Cristo lavó misericordiosamente los pecados del mundo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, nuestro
deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno. Porque
quisiste rodear el bautismo de tu Hijo en el Jordán de
signos admirables para
que, mediante aquella voz, venida del cielo, creyéramos
que tu Verbo se
encontraba presente entre los hombres y
por el Espíritu, que descendió en forma de paloma, se
manifestara que Cristo, tu Hijo, era
ungido con el óleo de la alegría y
enviado a evangelizar a los pobres. Por
eso, a una con los espíritus celestes te
alabamos constantemente en la tierra diciendo: Santo,
Santo, Santo... Antífona
de comunión Jn 1, 32. 34 Este
es aquél de quien Juan decía: Yo lo he visto y doy testimonio de que es el Hijo
de Dios. Oración
después de la comunión A
cuantos hemos participado del
Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos,
Señor, escuchar con fe su palabra, para
que así podamos llamarnos hijos tuyos y serlo de verdad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Los
días que van desde el lunes después de este domingo hasta el martes antes de
comenzar la Cuaresma, forman parte del tiempo ordinario. Estos días, tanto en
las misas de domingo como en las de feria, se utilizan los textos que se proponen
en el tiempo ordinario. TIEMPO
DE CUARESMA Penitentia
agite, appropinquavit regnum coelorum SEMANA
DE CENIZA M-J-V-S PRIMERA
SEMANA D-L-M-X-J-V-S SEGUNDA
SEMANA D-L-M-X-J-V-S TERCERA
SEMANA D-L-M-X-J-V-S CUARTA
SEMANA D-L-M-X-J-V-S QUINTA
SEMANA D-L-M-X-J-V-S Ir
a Semana Santa MIÉRCOLES
DE CENIZA En
la misa de este día se bendice y se impone la ceniza hecha de ramas de olivo o
de otros árboles, bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Ritos
iniciales y liturgia de la palabra Antífona
de entrada
Sb
11, 24-25. 27 Señor,
tú tienes misericordia de todos y nunca odias a tus creaturas; borras los
pecados de los hombres que se arrepienten y los perdonas, porque tú, Señor,
eres nuestro Dios. Se
omite el acto penitencial, que es sustituido por el rito de la imposición de la
ceniza. Oración
colecta Que
el día de ayuno con
el que iniciamos, Señor, esta Cuaresma, sea
el principio de una verdadera conversión a ti, y
que nuestros actos de penitencia nos
ayuden a vencer el espíritu del mal. Por
nuestro Señor Jesucristo. Bendición
e imposición de la ceniza Después
de la homilía, el sacerdote, de pie y con las manos juntas, dice: Hermanos,
pidamos humildemente a Dios Padre que
bendiga con su gracia esta ceniza que,
en señal de penitencia, vamos
a imponer sobre nuestras cabezas. Y
después de un breve momento de oración en silencio, prosigue: Señor
Dios, que te apiadas de quienes se humillan y
concedes tu paz a los que se arrepienten, escucha
con bondad nuestras súplicas y
derrama la gracia + de tu bendición sobre
estos siervos tuyos que van a recibir la ceniza, para
que, fieles a las prácticas cuaresmales puedan
llegar, con un alma purificada, a
celebrar la Pascua de tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. R.
Amén. O
bien: Tú
que no quieres la muerte del pecador, sino
su arrepentimiento, escucha,
Señor, con bondad nuestras súplicas y
bendice + esta ceniza que
vamos a imponer sobre nuestra cabeza en
reconocimiento de que somos polvo y
al polvo hemos de volver, a
fin de que el ejercicio de la penitencia cuaresmal nos
obtenga el perdón de los pecados y
una vida nueva a imagen de tu Hijo resucitado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. Y
rocía la ceniza con agua bendita, sin decir nada. En
seguida, el sacerdote impone la ceniza a todos los presentes que se acercan a
él, y dice a cada uno: Arrepiéntete
y cree en el
Evangelio. Mc
1, 15 O
bien: Cf.
Gen 3, 19 Acuérdate
de que eres polvo y
al polvo has de volver Mientras
tanto, se entona un canto apropiado o alguna de las antífonas. Antífona
Cf.
Joel 2, 13 Renovemos
nuestra vida con un espíritu de humildad y penitencia; ayunemos y lloremos
delante del Señor, porque la misericordia de nuestro Dios está siempre
dispuesta a perdonar nuestros pecados. Otra
antífona Joel
2, 17; Est 13, 17 Entre
el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan:
Perdona, Señor, perdona a tu pueblo, y no cierres la boca de aquellos que te
alaban. Otra
antífona Sal
50, 3 Borra,
Señor, mis pecados. Esta
antífona puede repetirse después de cada verso del Salmo 50, Misericordia, Dios
mío. Responsorio
Cf.
Bar 3, 2; Sal 78, 9 Renovémonos
y reparemos los males que por ignorancia hemos cometido; no sea que,
sorprendidos por el día de la muerte, busquemos, sin poder encontrarlo, el
tiempo de hacer penitencia. *
Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. V.
Ven en nuestra ayuda, Dios salvador nuestro; por el honor de tu nombre,
líbranos, Señor. *
Escúchanos, Señor, y ten piedad, porque hemos pecado contra ti. Puede
cantarse también otro canto apropiado Terminada
la imposición de la ceniza, el sacerdote se lava las manos. La ceremonia
termina con la oración universal o de los fieles. No
se dice Credo. Liturgia
eucarística Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este sacrificio con
el que iniciamos solemnemente la Cuaresma, y
concédenos que por medio de
las obras de caridad y penitencia, venzamos
nuestros vicios y,
libres de pecado, podamos
unirnos mejor a la pasión de tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio
de Cuaresma III o IV. Antífona
de comunión
Sal
1, 2-3 El
que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto a su tiempo. Oración
después de la comunión Que
esta comunión abra, Señor, nuestro
corazón a la justicia y a la caridad, para
que observemos el único ayuno que tú quieres y
que conduce a nuestra salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. La
bendición e imposición de la ceniza pueden hacerse también sin misa. En este
caso, conviene celebrar antes la liturgia de la Palabra, usando el canto de
entrada, la oración colecta y las lecturas con sus cánticos, como en la misa.
Enseguida se tienen la homilía y la bendición e imposición de la ceniza. La
ceremonia se termina con la oración universal. Jueves
después de Ceniza Antífona
de entrada
Cf. Sal 54, 17-20. 23 Clamé
al Señor, y escuchó mi voz y me libró de los que me atacaban. Encomienda a Dios
tus afanes y él te sustentará. Oración
colecta Inspira,
Señor, nuestras acciones y
dirígelas con tu gracia, para
que todo cuanto emprendamos lo
iniciemos en tu nombre y
podamos llevarlo a término por tu amor. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad estas
ofrendas que te presentamos, para
que nos alcancen tu perdón, y
den gloria a tu nombre. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 50, 12 Señor,
crea en mí un corazón puro, y renueva en mi interior un espíritu firme. Oración
después de la comunión Señor,
que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que
hemos recibido en esta comunión, sean
para nosotros fuente
de perdón, de santidad y de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
después de Ceniza Antífona
de entrada Sal 29, 11 El
Señor me escuchó, tuvo piedad de mí y ha venido en mi ayuda. Oración
colecta Concédenos,
Señor, tu gracia durante
estos días de penitencia cuaresmal, para
que a nuestras prácticas externas corresponda
una verdadera renovación del espíritu. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Señor,
que el sacrificio que te ofrecemos en
este tiempo de preparación para la Pascua nos
haga agradables a tus ojos y
más generosos en la práctica de la penitencia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 24, 4 Señor,
enséñame tus caminos, dime cuáles son tus senderos. Oración
después de la comunión Que
nuestra participación en este sacramento nos
libre, Señor, de todas nuestras culpas y
nos obtenga de tu misericordia la
conversión de nuestro espíritu. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
después de Ceniza Antífona
de entrada Sal
68, 17 Escúchanos,
Señor, pues eres bueno y míranos conforme a tu bondad infinita. Oración
colecta Dios
eterno y todopoderoso, mira
compasivo nuestra debilidad, 'y
extiende tu mano para protegernos. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
este sacrificio de reconciliación
y de alabanza que
vamos a ofrecerte, nos
purifique, Señor y nos renueve, para
que todos nuestros pensamientos y acciones se
apeguen a tu voluntad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Mt 9, 13 Misericordia
quiero y no sacrificios, dice el Señor; no he venido a llamar a los justos,
sino a los pecadores. Oración
después de la comunión Señor,
que este sacramento que hemos recibido, y
que es fuente de vida para tu Iglesia, sea
para nosotros prenda
segura de salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. I
DOMINGO DE CUARESMA Antífona
de entrada
Sal 90, 15-16 Me
invocará y yo lo escucharé; lo libraré y lo glorificaré; prolongaré los días de
su vida. No
se dice Gloria. Oración
colecta Concédenos,
Dios todopoderoso, que
las prácticas anuales propias
de la Cuaresma nos
ayuden a progresar en
el conocimiento de Cristo y
a llevar una vida más cristiana. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos, Señor, que
estos dones que vamos a ofrecerte, nos
dispongan convenientemente para
el santo tiempo de la Cuaresma, que
estamos iniciando. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio LAS
TENTACIONES DEL SEÑOR V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre
y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno. Por
Cristo nuestro Señor. El
cual, al
abstenerse durante cuarenta días de
tomar alimento, inauguró
la práctica de nuestra penitencia cuaresmal y
al rechazar las tentaciones del enemigo nos
enseñó a sofocar la fuerza del pecado; de
este modo, celebrando
con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos
pasar un día a la Pascua que no acaba. Por
eso, con
los ángeles y santos, te
cantamos el himno de alabanza, diciendo
sin cesar: Santo,
Santo, Santo... Antífona
de comunión Mt 4, 4 No
sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios. O
bien: Sal
90, 4 El
Señor te cubrirá con su protección, bajo sus alas encontrarás refugio. Oración
después de la comunión Que
este pan celestial alimente, Señor, en nosotros la fe, aumente
la esperanza, refuerce la caridad, y
nos enseñe a sentir hambre de Cristo, que
es el pan vivo y verdadero, y
a vivir de toda palabra que proceda de tu boca. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la I Semana Antífona
de entrada
Sal
122, 2-3 Así
como la esclava en su señora, tiene fijos los ojos, fijos en el Señor están los
nuestros, hasta que Dios se apiade de nosotros. Ten piedad de nosotros, ten
piedad. Oración
colecta Conviértenos
a ti, Dios salvador nuestro, y
ayúdanos a progresar en
el conocimiento de tu palabra para
que esta Cuaresma nos
sea provechosa. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
estas ofrendas que te presentamos como
signo de nuestra entrega a ti, santifiquen,
Señor, con tu gracia, nuestra vida y
nos obtengan el perdón de tu misericordia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Mt 25, 40. 34 En
verdad os digo que cuanto hicisteis con el más insignificante de mis hermanos,
conmigo lo habéis hecho, dice el Señor. Venid, benditos de mi Padre, y tomad
posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Oración
después de la comunión Concédenos,
Señor, encontrar
en esta comunión fuerza
para el cuerpo y para el alma a
fin de que, renovados completamente, podamos
gloriamos de la plenitud de tu redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la I Semana Antífona
de
entrada
Sal
89, 1-2 Señor,
tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Desde siempre y por
siempre tú eres Dios. Oración
colecta Mira,
Señor, con misericordia a tu pueblo que
en estos días de Cuaresma usa
con moderación de los bienes del cuerpo y
aviva en su espíritu el deseo de poseerte. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor y creador todopoderoso, los
dones que hemos recibido de tu generosidad y
convierte el pan y el vino que
nos has dado para nuestra vida cotidiana en
sacramento de salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 4, 2 Tú,
Dios, defensor mío, que me escuchaste cuando te invoqué y me consolaste en la
tribulación, ten piedad de mí y escucha mi plegaria. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía nos ayude, Señor, a
moderar las pasiones y
los deseos terrenos y
a buscar tu justicia y tu Reino. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la I Semana Antífona
de entrada
Sal
24, 6. 3. 22 Recuerda,
Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos
derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias. Oración
colecta Mira,
Señor, con bondad a tu pueblo, que
con fervor desea entregarse más a ti y
concédele que la práctica de las buenas obras renueve
su alma, ya
que con sus privaciones se esfuerza por
dominar su cuerpo. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Te
presentamos, Señor, este pan y este vino que
tú mismo nos has dado para que te los ofreciéramos, a
fin de que, al
convertirlos tú en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos
obtengan la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 5, 12 Que
se alegren, Señor, cuantos en ti confían, que se regocijen eternamente porque
tú estás con ellos. Oración
después de la comunión Tú
Señor, que no cesas de invitarnos a tu mesa, concédenos
que la recepción de este sacramento sea
para nosotros fuente de vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la I Semana Antífona
de
entrada
Sal
5, 2-3 Señor,
oye mis palabras, escucha mi lamento, haz caso de mi voz suplicante, Rey mío y
Dios mío. Oración
colecta Puesto
que sin ti nada podemos, concédenos,
Señor, luz
para distinguir siempre el bien y
valor para ponerlo en práctica, a
fin de que podamos vivir según tu voluntad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta
Señor, en tu bondad ofrendas
y súplicas que te presentamos, y
convierte a ti nuestros corazones. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Mt 7, 8 Todo
el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca, se le abrirá. Oración
después de la comunión Concédenos,
Señor Dios nuestro, que
el sacramento que nos has dado como
ayuda para nuestra salvación, nos
sirva de auxilio tanto
para esta vida como para la futura. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la I Semana Antífona
de
entrada
Sal
24, 17-18 Sálvame,
Señor, de todas mis angustias. Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos
mis pecados. Oración
colecta Concede,
Señor, a tus hijos prepararse
interiormente a
la celebración de la Pascua, para
que la mortificación corporal, propia
de este tiempo, dé
en cada uno de nosotros frutos espirituales. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estas ofrendas por
medio de las cuales has
querido misericordiosamente devolvernos
tu amistad y
darnos la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Ez 33, 11 Tan
cierto como que vivo, dice el Señor, no quiero la muerte del pecador, sino que
se convierta y viva. Oración
después de la comunión Que
la recepción de tu sacramento nos
renueve, Señor, y,
purificados de toda maldad, nos
haga participar de los bienes de la redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la I Semana Antífona
de
entrada Sal
18, 8 La
ley del Señor es perfecta y reconforta el corazón; el testimonio del Señor es
veraz y
vuelve sabios a los sencillos. Oración
colecta Señor
y Padre eterno, haz
que se conviertan a ti nuestros corazones a
fin de que, viviendo consagrados enteramente
a tu servicio, te
busquemos siempre a ti y
nos dediquemos a la práctica de
las obras de misericordia. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
la celebración de este sacramento nos
purifique, Señor, de nuestras faltas y
nos haga dignos de participar de tu Eucaristía. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Mt 5, 48 Sed
perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto, dice el Señor. Oración
después de la comunión Ayuda,
Señor y reconforta siempre a
estos hijos tuyos, a
quienes has iluminado con tu palabra y
alimentado con tu sacramento. Por
Jesucristo, nuestro Señor. II
DOMINGO DE CUARESMA Antífona
de
entrada Sal
26, 8-9 De
ti mi corazón me habla diciendo: "Busca su rostro". Tu rostro estoy
buscando, Señor; no me lo escondas. O
bien:
Sal
24, 6. 3. 22 Recuerda,
Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas y no permitas que nos
derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras angustias. No
se dice Gloria. Oración
colecta Señor,
Padre santo, que
nos mandaste escuchar a tu amado Hijo, alimenta
nuestra fe con tu palabra y
purifica los ojos de nuestro espíritu, para
que podamos alegrarnos en la contemplación de tu gloria. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Liturgia
de la palabra Oración
sobre las ofrendas Que
esta ofrenda, Señor, nos
obtenga el perdón de nuestros pecados y nos santifique en el cuerpo y en el
alma para que podamos celebrar dignamente las festividades de la Pascua. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio LA
TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre
y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno. Por
Cristo nuestro Señor. Quien, después
de anunciar su muerte a los discípulos, les
mostró en el monte santo el
esplendor de su gloria, para
testimoniar, de acuerdo con la ley y los profetas, que
la pasión es el camino de la resurrección. Por
eso, como
los ángeles te cantan en el cielo, así
nosotros en la tierra te aclamamos, diciendo
sin cesar: Santo,
Santo, Santo... Antífona
de comunión Mt 17, 5 Este
es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadlo. Oración
después de la comunión Te
damos gracias, Señor, porque
al darnos en este sacramento el
Cuerpo glorioso de tu Hijo, nos
permites participar ya, desde este mundo, de
los bienes eternos de tu Reino. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la II Semana Antífona
de entrada
Sal 25, 11-12 Sálvame,
Señor, y ten misericordia de mí. Mi pie se mantiene en el camino recto,
en la asamblea bendeciré al Señor. Oración
colecta Señor,
tu que para nuestro progreso espiritual nos
mandas dominar nuestro cuerpo mediante
la austeridad, ayúdanos
a huir también de todo pecado y
a entregarnos, con amor filial, al
cumplimiento de tus mandamientos. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Recibe,
Señor, favorablemente nuestras oraciones, y
tú que nos concedes participar
en esta Eucaristía, líbranos
de las seducciones del pecado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Lc 6, 36 Sed
misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso, dice el Señor. Oración
después de la comunión Señor,
que esta comunión nos
purifique de toda culpa y
nos haga partícipes de
las alegrías del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la II Semana Antífona
de entrada Sal
12,4-5 Da
luz a mis ojos, Señor, para que no caiga en el sueño de la muerte; para
que no diga el enemigo: He triunfado sobre él. Oración
colecta Señor,
vela con amor constante sobre tu Iglesia y
ya que sin ti no puede sostenerse lo
que se cimienta en la debilidad humana, protégela
en los peligros y
guíala a la salvación eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
este sacrificio que vamos a ofrecerte, Señor,
nos santifique, nos
cure de nuestro egoísmo y
nos haga participes de los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 9,2-3 Proclamaré,
Señor, todas tus maravillas; me alegraré en ti y entonaré salmos a tu
nombre, Dios
Altísimo. Oración
después de la comunión Señor,
que esta comunión nos
ayude a vivir más cristianamente y
nos obtenga el auxilio continuo de tu misericordia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la II Semana Antífona
de
entrada Sal
37, 22-23 Señor,
no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme. Señor,
mi salvador. Oración
colecta Conserva,
Señor, a tu pueblo en
el camino del bien que tú le has señalado, y
ayúdalo en sus necesidades temporales para
que, sin angustias, pueda
buscar los bienes eternos. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con bondad las
ofrendas que te presentamos y
por este santo intercambio de dones, líbranos
de la esclavitud del pecado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Mt 20, 28 El
Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida para
redención de todos. Oración
después de la comunión Que
este sacramento que nos has dado, Señor, como
prenda de inmortalidad, sea
para nosotros una firme ayuda para
alcanzar la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la II Semana Antífona
de entrada
Sal 138, 23-24 Ponme
a prueba, Dios mío, y conocerás mi corazón; mira si es que voy por mal camino y
condúceme tú por el camino recto. Oración
colecta Dios
nuestro, que amas la inocencia y
la devuelves a quienes la han perdido, orienta
hacia ti nuestros corazones y
enciéndelos en el fuego de tu Espíritu, para
que permanezcamos firmes en la fe y
seamos diligentes en el amor fraterno. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Por
este sacrificio eucarístico, santifica,
Señor, nuestras
privaciones cuaresmales, para
que a las prácticas externas corresponda
una verdadera conversión interior. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 118, 1 Dichoso
el que, con vida intachable, hace la voluntad del Señor. Oración
después de la comunión Que
la gracia que hemos recibido en
este sacramento permanezca,
Señor, en nosotros y
aumente por nuestras buenas obras. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la II Semana Antífona
de entrada Sal
30, 2. 5 En
ti, Señor, he puesto mi confianza, que no quede yo defraudado
eternamente; sácame de la trampa que me han puesto, pues tú eres mi protector. Oración
colecta Por
medio de nuestras privaciones cuaresmales, purifícanos,
Señor todopoderoso, a
fin de que podamos llegar con
un espíritu nuevo a
las próximas fiestas de la Pascua. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
tu misericordia, Señor, a
nos prepare a celebrar esta Eucaristía y
vivirla con la fe y con las obras. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión 1 Jn 4, 10 Dios
nos amó y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Oración
después de la comunión Que
este sacramento que hemos recibido, prenda
de la salvación eterna, nos
dé fuerzas, Señor, para
vivir según tus mandamientos y
alcanzar la recompensa prometida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la II Semana Antífona
de
entrada Sal
144, 8-9 El
Señor es compasivo y misericordioso, lleno de paciencia y amor; el Señor es
bueno con todos y su bondad se extiende a todas sus creaturas. Oración
colecta Tú,
Señor, que por medio de los sacramentos nos
haces partícipes, ya desde este mundo, de
los bienes celestiales, dirige
nuestra vida y
condúcenos a la luz donde habitas. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Por
medio de este sacrificio que
vamos a ofrecerte, comunícanos,
Señor, los
frutos de la redención para
que nunca se desvíe de ti nuestra vida y
podamos alcanzar los bienes del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Lc 15, 32 Alégrate,
hijo mío, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido
y lo hemos encontrado. Oración
después de la comunión Que
la gracia de este sacramento llegue
a lo más íntimo de nuestro corazón os
comunique su fuerza divina. Por
Jesucristo, nuestro Señor. III
DOMINGO DE CUARESMA Cuando
en este domingo se tienen los escrutinios preparatorios para el bautismo de
adultos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias. Antífona
de entrada
Sal 24, 15-16 Tengo
los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios
mío y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido. O
bien:
Ez 36, 23-26 Cuando
manifieste en vosotros mi santidad, os reuniré de todos los países; derramaré
sobre vosotros agua pura y quedaréis purificados de todas vuestras inmundicias
y os infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor. No
se dice Gloria. Oración
colecta Dios
misericordioso, fuente de toda bondad, que
nos has propuesto como remedio del pecado el
ayuno, la oración y las obras de misericordia, mira
con piedad a
quienes reconocemos nuestras miserias y
estamos agobiados por nuestras culpas, y
reconfórtanos con tu amor. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Que
esta Eucaristía, Señor, nos obtenga a
quienes imploramos tu perdón, la
gracia de saber perdonar a nuestros hermanos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Cuando
se ha leído el Evangelio de la samaritana, se dice el siguiente: Prefacio LA
SAMARITANA V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre
y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por
Cristo nuestro Señor. Quien, al
pedir agua a la samaritana, ya
había infundido en ella la gracia de la fe, y
si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer, fue
para encender en ella el fuego del amor divino. Por
eso, Señor, te
damos gracias y
proclamamos tu grandeza cantando
con los ángeles. Santo,
Santo, Santo... Cuando
no se ha leído el Evangelio de la samaritana, se dice: Prefacio
de Cuaresma I o II. Antífona
de comunión Cuando
se ha leído el Evangelio de la samaritana: Jn 4,
13-14 El
que beba del agua que yo le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua
que yo le daré se convertirá dentro de él en una fuente que salta hasta la vida
eterna. Cuando
se ha leído otro Evangelio: Sal 83, 4-5 El
ave ha encontrado un refugio y la tórtola un nido donde poner a sus polluelos.
Dichosos los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu
casa y pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío. Oración
después de la comunión Tú
que nos has alimentado, ya desde esta vida, con
el pan del cielo, prenda de nuestra salvación, concédenos,
Señor, manifestar
en todos nuestros actos el misterio de tu Eucaristía. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la III Semana Antífona
de
entrada
Sal
83, 3 Mi
alma desfallece y suspira por los atrios del Señor; mi corazón y todo mi ser se
han regocijado en el Dios vivo. Oración
colecta Señor,
que tu continua misericordia purifique
a tu Iglesia y la proteja; y
ya que sin ti no puede encontrar la salvación, dirígela
siempre con tu gracia. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, esta ofrenda que te presentamos como
signo de nuestra entrega a ti y
conviértela en el sacramento que
ha de darnos la salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 116, 1-2 Alabad
al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos, porque grande es su
amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre. Oración
después de la comunión Que
el sacramento que hemos recibido nos
purifique, Señor, y
realice nuestra unidad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la III Semana Antífona
de
entrada
Sal
16, 6. 8 Yo
te invoco porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y escucha mis palabras.
Cuídame como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas. Oración
colecta Que
tu gracia, Señor, nos acompañe, para
que nos impulse a
entregarnos a tu servicio y
nos obtenga siempre tu ayuda. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
este sacrificio que vamos a ofrecerte nos
purifique, Señor, de nuestros pecados y
nos obtenga la ayuda de tu poder. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 14, 1-2 Señor
¿quién puede hospedarse en tu casa y descansar en tu monte santo? El que
procede honradamente y practica la justicia. Oración
después de la comunión Que
nuestra participación en este misterio, renueve,
Señor, toda nuestra vida y
nos alcance tu perdón y tu ayuda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la III Semana Antífona
de entrada
Sal 118, 133 Haz,
Señor, que siga con firmeza tu palabra, para que no se apodere de mí ningún
pecado. Oración
colecta Te
pedimos, Señor, que
purificados por las prácticas cuaresmales y
alimentados con tu palabra, podamos
entregarnos enteramente a tu servicio y
perseverar unidos en la oración. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta
Señor, ofrendas
y oraciones que te presentamos y
protege de todo mal a
quienes celebramos tu Eucaristía. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 15, 11 Me
has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia. Oración
después de la comunión Santifícanos,
Señor, con
el pan del cielo que acabamos de recibir para
que, libres de nuestras faltas, podamos
alcanzar tus promesas eternas. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la III Semana Antífona
de entrada Yo
soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier
tribulación en que me llamen y seré siempre su Dios. Oración
colecta Te
pedimos, Señor, humildemente, que
conforme se acerca la
fiesta de nuestra redención, crezca
en nosotros el fervor para
celebrar santamente la Pascua de tu Hijo, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Preserva,
Señor, a tu pueblo de toda maldad para
que sus ofrendas te sean agradables; no
permitas que nos entreguemos a los falsos placeres, para
que podamos alcanzar la recompensa prometida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 118, 4-5 Tu
promulgas tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi conducta se
ajuste siempre al cumplimiento de tu voluntad. Oración
después de la comunión Que
la gracia de tu salvación, que
hemos recibido en este sacramento, transforme,
Señor, toda nuestra vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la III Semana Antífona
de
entrada Sal
85, 8. 10 Señor,
no hay otro dios igual a ti, porque sólo tú eres grande y haces maravillas;
porque sólo tú eres Dios. Oración
colecta Infunde
Señor, en
nosotros tu gracia para
que podamos dominar nuestras pasiones y
permanecer fieles a tus palabras de vida eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con benevolencia los
dones que te presentamos; que
te sean agradables y
se conviertan para nosotros en
fuente de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Cf. Mc 12, 33 Amar
a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos
los sacrificios. Oración
después de la comunión Que
la fuerza de tu Espíritu vigorice,
Señor, todo nuestro ser para
que podamos obtener plenamente la salvación, cuya
prenda hemos recibido en esta Eucaristía. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la III Semana Antífona
de
entrada
Sal
102, 2-3 Bendice,
alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios: El perdona todas tus culpas. Oración
colecta Concédenos,
Señor, que
celebrando con alegría esta Cuaresma, de
tal modo penetremos el
significado del misterio pascual, que
obtengamos la plenitud de sus frutos. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Tú
que nos purificas con tu gracia para
que nos acerquemos dignamente
a tu Eucaristía, concédenos,
Señor, celebrarla de tal modo, que
podamos rendirte una alabanza perfecta. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Lc 18, 13 El
publicano, manteniéndose a distancia, se golpeaba el pecho y decía: Señor, ten
piedad de mí porque soy un pecador. Oración
después de la comunión Dios
de misericordia, que
no cesas de alimentarnos con
tu santa Eucaristía, concédenos
venerarla siempre con respeto y
recibirla con fe profunda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. IV
DOMINGO DE CUARESMA Cuando
en este domingo se tienen los escrutinios preparatorios para el bautismo de
adultos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones propias.
Color litúrgico, morado o rosa. Antífona
de entrada Cf.
Is 66, 10-11 Alégrate,
Jerusalén, y todos los que la amáis, reuníos. Regocijaos con ella todos los que
participabais de su duelo y quedaréis saciados con la abundancia de sus
consuelos. No
se dice Gloria. Oración
colecta Dios
nuestro, que
has reconciliado contigo a
la humanidad entera por
medio de tu Hijo, concede
al pueblo cristiano prepararse
con fe viva y entrega generosa a
celebrar las fiestas de la Pascua. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Te
presentamos, Señor, llenos de alegría, estas
ofrendas para el sacrificio y
pedimos tu ayuda para
celebrarlo con fe sincera y
ofrecerlo dignamente por
la salvación del mundo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Cuando
se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento, se dice el siguiente: Prefacio EL
CIEGO DE NACIMIENTO V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por
Cristo nuestro Señor. Que
se dignó hacerse hombre para
conducir al género humano, peregrino
en tinieblas, al
esplendor de la fe; y
a los que nacieron esclavos del pecado, los
hizo renacer por el bautismo y
los transformó en hijos adoptivos del Padre. Por
eso, Señor, todas
tus criaturas en
el cielo y en la tierra te
adoran cantando un cántico nuevo, y
también nosotros, con los ángeles, te
aclamamos por siempre diciendo: Santo,
Santo, Santo... Cuando
no se ha leído el Evangelio del ciego de nacimiento, se dice: Prefacio
de Cuaresma I o II. Antífona
de comunión Cuando
se ha leído el Evangelio del ciego de
nacimiento: Cf. Jn 9, 11 El
Señor me puso lodo sobre los ojos; yo fui a lavarme. Ahora veo y creo en Dios. Cuando
se ha leído el Evangelio del hijo pródigo: Lc 15, 32 Deberías
alegrarte, hijo mío, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido,
estaba perdido y lo hemos encontrado. Cuando
se ha leído otro Evangelio: Sal 121, 3-4 Jerusalén
es una ciudad armónicamente construida. Allá suben las tribus, las tribus del
Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor. Oración
después de la comunión Dios
nuestro, luz
que alumbra a todo hombre que
viene a este mundo, ilumina
nuestros corazones con
el resplandor de tu gracia, para
que nuestros pensamientos te sean agradables y
te amemos con toda sinceridad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la IV Semana Antífona
de
entrada
Sal
30, 7-8 Yo
tengo mi confianza en ti, Señor, yo gozaré y me alegraré porque has mirado con
bondad mi desgracia y conoces mis angustias. Oración
colecta Dios
nuestro, que
renuevas este mundo por
medio de tus sacramentos, concede
a tu Iglesia aprovechar estos
signos misteriosos de tu presencia y
asístela siempre en sus necesidades materiales. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Como
fruto de este sacrificio que
vamos a ofrecerte, líbranos,
Señor, de
la esclavitud de nuestros vicios y
danos fortaleza para
vivir de acuerdo con tu Evangelio. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Ez 36, 27 Infundiré
mi espíritu en vosotros para que viváis según mis mandamientos y cumpláis mi
voluntad, dice el Señor. Oración
después de la comunión Que
esta santa comunión, Señor, renueve
y santifique nuestra vida y
nos ayude a alcanzar los bienes eternos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la IV Semana Antífona
de entrada Cf. Is 55, 1 Todos
los que estáis sedientos, venid por agua, dice el Señor; aunque no tengáis
dinero, venid a beber con alegría. Oración
colecta Que
los sacrificios y oraciones cuaresmales dispongan,
Señor, a tus hijos para
celebrar dignamente el misterio pascual y
trasmitir al mundo el
feliz anuncio de la salvación. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los
dones que tu providencia nos ha dado para
sostén de nuestra vida mortal y
conviértelos, para nosotros, en
alimento que da la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Sal 22, 1-2 El
Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me
conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Oración
después de la comunión Que
este sacramento, Señor, purifique
y renueve nuestro espíritu e
inunda en nuestro cuerpo la fuerza necesaria para
vivir y morir cristianamente. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la IV Semana Antífona
de entrada Sal 68, 14 Ahora,
Señor, que estás dispuesto a escucharme, elevo a ti mi súplica: Respóndeme,
Dios mío, según tu gran amor y tu fidelidad a las promesas. Oración
colecta Señor,
tú que recompensas al justo y
perdonas al pecador que se arrepiente, ten
piedad de nosotros, para
que la humilde confesión de nuestras faltas nos
obtenga tu perdón. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
el poder de este sacrificio elimine
en nosotros las consecuencias del pecado y
nos haga crecer en santidad de vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Jn 3, 17 Dios
no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo
se salve por él. Oración
después de la comunión No
permitas, Señor, que
el sacramento que hemos recibido, vaya
a ser motivo de condenación, pues
tu providencia lo ha instituido para
salvación nuestra. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la IV Semana Antífona
de entrada Sal 104, 3-4 Alégrese
el corazón de los que buscan al Señor. Buscad la ayuda del Señor; buscad
continuamente su presencia. Oración
colecta Padre
lleno de amor, que
nos has concedido la gracia de
purificarnos con el arrepentimiento y
de santificarnos haciendo el bien a los demás, ayúdanos
a permanecer fieles a tus mandamientos, para
llegar bien dispuestos a
las festividades pascuales. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Tú,
que conoces nuestra fragilidad, concédenos,
Señor, que
el sacrificio que vamos a ofrecerte nos
purifique de nuestros pecados y
nos proteja de todo mal. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Jer 31, 33 Esto
dice el Señor: Pondré mi ley en lo más profundo de su ser y la escribiré en sus
corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Oración
después de la comunión Señor,
que esta comunión nos
purifique de todas nuestras culpas y
nos proteja del pecado, para
que gocemos de la plenitud salvadora de tu don. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la IV Semana Antífona
de entrada
Sal 53, 3-4 Señor,
sálvame por tu nombre y líbrame con tu poder. Señor, escucha mi plegaria,
atiende a las palabras de mi boca. Oración
colecta Dios
nuestro, que
has preparado en tus sacramentos el
auxilio adecuado a nuestra debilidad, concédenos
recibirlos llenos de gozo y
renovar con ellos nuestra vida. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
el poder salvador de este sacrificio que
vamos a ofrecerte, nos
libre, Señor, de nuestros pecados, para
celebrar dignamente las fiestas pascuales, principio
de nuestra salvación; Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión Ef 1, 7 Por
medio de su Sangre, Cristo nos ha obtenido la redención y el perdón de nuestros
pecados. En esto se manifiesta la inmensidad de su gracia. Oración
después de la comunión Por
medio de este sacramento, que
nos señala el paso de la antigua a la nueva alianza, concédenos,
Señor, despojarnos
de todo lo que es pecado y
revestirnos de la santidad de Cristo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. Sábado
de la IV Semana Antífona
de entrada Sal
17, 5-7 Oleaje
de muerte me envolvía, torrentes destructores me aterraban; pero en mi angustia
invoqué al Señor y él escuchó mi voz desde su templo. Oración
colecta Que
tu amor misericordioso dirija siempre, Señor, nuestros
deseos y actividades, ya
que sin tu ayuda no podemos agradarte. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este sacrificio de reconciliación que
vamos a ofrecerte y, con la fuerza de tu amor, doblega
ante ti nuestras rebeldes voluntades. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Cuaresma I-V. Antífona
de comunión 1 Pe 1, 19 Hemos
sido rescatados con la Sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto y sin
mancha. Oración
después de la comunión Que
tus sacramentos, Señor, nos purifiquen y
nos hagan agradables a tus ojos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. La
costumbre de cubrir las cruces y las imágenes puede conservarse a juicio de la
Conferencia Episcopal. Las cruces permanecen cubiertas hasta después de la
celebración de la pasión del Señor, el Viernes Santo, y las imágenes, hasta el
comienzo de la Vigilia Pascual. V
DOMINGO DE CUARESMA Cuando
en este domingo se tienen lugar los escrutinios preparatorios para el bautismo
de adultos, pueden utilizarse las oraciones rituales y las intercesiones
propias. Antífona
de
entrada
Sal
42, 1-2 Señor,
hazme justicia. Defiende mi causa contra gente sin piedad, sálvame del hombre
injusto y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa. No
se dice Gloria. Oración
colecta Ven,
Padre, en nuestra ayuda, para
que podamos vivir y actuar siempre con
aquel amor que impulsó a tu Hijo a
entregarse por nosotros. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Tú,
que nos has iluminado con las enseñanzas de la fe, escucha,
Señor, nuestra oración y
purifícanos por medio de este sacrificio. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Cuando
se ha leído el Evangelio de Lázaro, se dice el siguiente: Prefacio LA
RESURRECCIÓN DE LÁZARO V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte
gracias siempre
y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, porque
Cristo, nuestro Señor. El
cual, hombre mortal como nosotros que
lloró la muerte de su amigo Lázaro, y
Dios y Señor de la vida que
lo levantó del sepulcro, hoy
extiende su compasión a todos los hombres y
por medio de sus sacramentos los
restaura a una vida nueva. Por
él, los
mismos ángeles te
aclaman con júbilo eterno y
nosotros nos unimos a sus voces cantando
humildemente tu alabanza: Santo,
Santo, Santo... Cuando
no se ha leído el Evangelio de Lázaro, se dice: Prefacio
de Cuaresma I o II. Antífona
de comunión Cuando
se ha leído el Evangelio de Lázaro:
Jn 11, 26 El
que está vivo y cree en mí, dice el Señor, no morirá para siempre. Cuando
se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera: Jn 8, 10-11 Jesús
le preguntó: Mujer, ¿nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. El le
dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar. Cuando
se ha leído otro Evangelio: Jn 12, 24-25 En
verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda
infecundo; pero si muere, da fruto abundante. Oración
después de la comunión Concédenos,
Dios todopoderoso, a
cuantos participamos del
Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, vivir
siempre como miembros suyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la V Semana Antífona
de entrada Ten
compasión de mí, Señor, porque me pisotean y acosan todo el día mis enemigos. Oración
colecta Dios
nuestro, que
con el don de tu amor nos
colmas de bendiciones, transfórmanos
en una nueva creatura, para
que estemos preparados a la Pascua gloriosa de tu Reino. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Concede,
Señor, a tus hijos, reunidos
para celebrar esta Eucaristía, ofrecerte
como fruto de su penitencia, una
conciencia limpia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor I. Antífona
de comunión Cuando
se ha leído el Evangelio de la mujer adúltera: Jn 8, 10-11 Jesús
le preguntó: Mujer, ¿nadie te ha condenado? Ella respondió: Nadie, Señor. El le
dijo: Yo tampoco te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar. Cuando
se ha leído otro Evangelio: Jn 8, 12 Yo
soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue, no caminará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida. Oración
después de la comunión Que
la fuerza de tus sacramentos nos
libre, Señor, de nuestras malas inclinaciones y
nos ayude a seguir a Cristo, para
acercarnos cada vez más a ti. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la V Semana Antífona
de entrada
Sal 26, 14 Espera
en el Señor, sé valiente; ten ánimo, espera en el Señor. Oración
colecta Concédenos,
Señor, la
gracia de perseverar en
el fiel cumplimiento de tu voluntad, para
que tu pueblo santo aumente
en número y crezca en santidad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, el
sacrificio de reconciliación que
vamos a ofrecerte, perdona
nuestros pecados y
orienta hacia ti nuestros corazones. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor I. Antífona
de comunión Jn 12, 32 Cuando
yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor. Oración
después de la comunión Concédenos,
Dios todopoderoso, que
la asidua participación en tus sacramentos nos
acerque cada vez más a ti, que
eres el único bien verdadero. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la V Semana Antífona
de
entrada Sal
17, 48-49 Tú
me libras, Señor, de la ira de mis enemigos, me haces triunfar sobre mis
adversarios y me salvas del hombre malvado. Oración
colecta Ilumina,
Señor, el corazón de tus hijos, purificado
por las penitencias cuaresmales y
concédenos manifestar en nuestra vida el
deseo de servirte que nos has inspirado. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que
tú has querido que te ofrezcamos para
alabanza tuya y
salvación nuestra. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor I. Antífona
de comunión Col 1, 13-14 Dios
nos ha hecho entrar al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre recibimos la
redención y el perdón de los pecados. Oración
después de la comunión Concédenos,
Señor, que
este sacramento que hemos recibido, nos
purifique de todos nuestros vicios y
nos confirme para siempre en tu amistad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la V Semana Antífona
de entrada
Heb 9, 15 Cristo
es el mediador de la nueva alianza, porque mediante su muerte, aquellos que han
sido llamados, reciben la herencia eterna que les había sido prometida. Oración
colecta Asiste
y protege siempre, Señor, a
esta familia tuya, que
ha puesto en ti toda su esperanza, a
fin de que purificados de nuestros pecados, permanezcamos
fieles a nuestro compromiso bautismal y
obtengamos la herencia prometida. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con agrado el
sacrificio que vamos a ofrecerte y
concédenos por él la
conversión de nuestra vida y
la salvación del mundo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor I. Antífona
de comunión Rom 8, 32 Dios
no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros y
con él nos ha dado todos los bienes. Oración
después de la comunión Por
medio de este sacramento que
ya desde ahora nos comunica tu fuerza, concédenos,
Padre misericordioso, participar
de la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la V Semana Antífona
de entrada
Sal 30, 10.
16. 18 Ten
piedad de mí, Señor, porqué estoy en peligro, líbrame de los enemigos que me
persiguen; Señor, que no me decepcione yo de haberte invocado. Oración
colecta Perdona,
Señor, nuestras culpas y
que tu amor y tu bondad nos libren del
poder del pecado, al
que nos ha sometido nuestra debilidad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
tu ayuda, Padre misericordioso, nos
haga dignos de acercarnos a tu altar, a
fin de que la asidua participación en este sacrificio nos
obtenga la salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor I. Antífona
de comunión 1 Pe 2, 24 En
su propio Cuerpo, Cristo subió nuestros pecados a la cruz para que, muertos a
nuestros pecados, empecemos una vida santa. En esta forma,, por medio de sus
heridas, hemos sido curados. Oración
después de la comunión Que
la fuerza de este sacramento que nos une a ti, Señor,
no nos abandone nunca y
a eje siempre de nosotros todo mal. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la V Semana Antífona
de entrada
Sal 21, 20. 7 Señor,
no te quedes lejos; tú, que eres mi fuerza, ven aprisa en mi ayuda porque ya no
soy un hombre, sino un gusano, despreciado por la gente y rechazado por el
pueblo. Oración
colecta Señor,
tú que nunca dejas de procurar nuestra salvación y
en estos días de Cuaresma nos
otorgas gracias más abundantes, mira
con amor a esta familia tuya y
concede tu auxilio protector a
quienes se preparan para el bautismo y
a quienes hemos renacido ya a una vida nueva. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Dios
eterno y todopoderoso, que
por medio del sacramento del bautismo haces
renacer a quienes confiesan tu nombre, acepta
nuestros dones y plegarias para
que, cuantos en ti esperan, puedan
ver realizados sus deseos y perdonadas sus culpas. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor I. Antífona
de comunión Jn 11, 52 Cristo
fue entregado a la muerte para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que
estaban dispersos. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has hecho partícipes del
Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos
participar también de su vida divina. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SEMANA
SANTA Accipite
et manducate… Accipite et bibite Et
inclinato capite, tradidit spiritum DOMINGO
DE RAMOS LUNES
SANTO MARTES
SANTO MIÉRCOLES
SANTO JUEVES
SANTO Misa
Crismal TRIDUO
PASCUAL PASCUA DOMINGO
DE RAMOS EN
LA PASIÓN DEL SEÑOR 1.
En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo nuestro Señor en Jerusalén
para consumar su misterio pascual. Por lo tanto, en todas las misas se
conmemora esta entrada del Señor en la ciudad santa por medio de una procesión
(2) o de una entrada solemne (12), antes de la misa principal, y por medio de
una entrada sencilla (16), antes de las demás misas. Pero puede repetirse la
entrada solemne (no la procesión), antes de algunas otras misas que se celebren
con gran asistencia del pueblo. Conmemoración
de la entrada del Señor en
Jerusalén Primera
forma: Procesión 2.
A la hora señalada, los fieles se reúnen en una iglesia menor o en algún otro
lugar adecuado, fuera del templo hacia el cual va a dirigirse la procesión. Los
fieles llevan ramos en la mano. 3.
El sacerdote y los ministros, revestidos con los ornamentos rojos requeridos
para la misa, se acercan al lugar donde el pueblo está congregado. El
sacerdote, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que dejará después
de la procesión. 4.
Entretanto se canta la siguiente antífona u otro cántico adecuado: Antífona
Mt 21, 9 Hosanna
al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel.
Hosanna en el cielo. 5.
Enseguida el sacerdote saluda al pueblo de la manera acostumbrada y hace una
breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y
conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con éstas o
semejantes palabras. Queridos
hermanos: Después
de habernos preparado desde el principio de la Cuaresma con nuestra penitencia
y nuestras obras de caridad, hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la
Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de
nuestro Señor Jesucristo, misterios que empezaron con la entrada de Jesús en
Jerusalén. Acompañemos con fe y devoción a nuestro salvador en su entrada
triunfal a la ciudad santa, para que, participando ahora de su cruz, podamos
participar un día, de su gloriosa resurrección y de su vida. 6.
Después de esta exhortación, el sacerdote, teniendo juntas las manos, dice una
de las dos oraciones siguientes: Oremos: Dios
todopoderoso y eterno, dígnate
bendecir + estos ramos y
concede a
cuantos acompañamos ahora jubilosos a Cristo, nuestro
rey y Señor, reunirnos
con él en la Jerusalén del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. O
bien: Oremos: Aumenta,
Señor, la
fe de los que tenemos en ti nuestra esperanza y
concede a quienes agitamos estas palmas en
honor de Cristo victorioso, permanecer
unidos a él para
dar frutos de buenas obras. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. Y,
en silencio, rocía los ramos con agua bendita. 7.
Enseguida se dice el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, según
alguno de los cuatro evangelistas, como se indica en el Leccionario. Lo lee el
diácono o, en su defecto, el sacerdote, de la manera acostumbrada. Año
A: +
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21, 1-11 Cuando
se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los
Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: —
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada
una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les
pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los
devolverá" Esto
sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de
Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un
burrito, hijo de animal de yugo. Fueron,
pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron
consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se
sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino;
algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban
delante de él y los que lo seguían gritaban: — "¡Hosanna! — ¡Viva
el Hijo de David! — ¡Bendito
el que viene en nombre del Señor! — ¡Hosanna
en el cielo!" Al
entrar Jesús en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. Unos decían: —
"¿Quién es éste?" Y
la gente respondía: — "Este
es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea" - Palabra
del Señor. Año
B: +
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 11, 1-10 Cuando
Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania,
cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: —
"Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrado un
burro que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les
pregunta por qué lo hacen, contéstenle: 'El Señor lo necesita y lo devolverá
pronto' ". Fueron
y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo
desamarraron. Algunos de los que allí estaban les preguntaron: — "Por
qué sueltan al burro? Ellos
les contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó. Llevaron
el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su
manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los
que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas: — ¡Hosanna! — ¡Bendito
el que viene en nombre del Señor! — ¡Bendito
el reino que llega, el reino de nuestro padre David! — ¡
Hosanna en el cielo!" Palabra
del Señor. O
bien: +
Lectura del santo Evangelio según san Juan
12, 12-16 En
aquel tiempo, al enterarse la gran muchedumbre que había llegado para la
fiesta, de que Jesús se dirigía a Jerusalén, cortaron hojas de palmera y
salieron a su encuentro, gritando: —"¡Viva!,
¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel!" Habiendo
encontrado Jesús un burrito, lo montó, como está escrito: No tengas temor,
hija de Sión, mira que tu rey viene a ti montado en un burrito. Sus
discípulos no entendieron estas cosas al principio, pero cuando Jesús fue glorificado,
se acordaron de que habían sido escritas acerca de él y que ellos las habían
cumplido. Palabra
del Señor. Año
C: +
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 19, 28-40 En
aquel tiempo, Jesús, acompañado de sus discípulos, iba camino de Jerusalén, y
al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos, envió
a dos de sus discípulos, diciéndoles: —
"Vayan al caserío que está frente a ustedes: al entrar, encontrarán atado
un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien
les pregunta por qué lo desatan, díganle: “El Señor lo necesita” Fueron
y encontraron todo como el Señor les había tras desataban el burro, los dueños
les preguntaron: —
"¿Por qué desamarran?" Ellos
contestaron: —
"El Señor lo necesita". Se
llevaron, pues, el burro, le echaron encima los mantos e hicieron que Jesús
montara en él. Conforme
iba avanzando, la gente tapizaba el camino con sus mantos, y cuando ya estaba
cerca la bajada del monte de los Olivos, la multitud de discípulos,
entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los prodigios que
habían visto, diciendo: —
"¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! —
¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!" Algunos
fariseos que iban entre la gente, le dijeron: —
"Maestro, reprende a tus discípulos". El
les replicó: —
"Les aseguro que si se callan, gritarán las piedras". Palabra
del Señor. 8.
Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede tenerse una breve
homilía. Al iniciar la procesión, el celebrante u otro ministro idóneo
puede hacer una exhortación con estas palabras u otras parecidas: Queridos
hermanos: Como
la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros, con júbilo,
al Señor. 9.
Y se inicia la procesión hacia el templo donde va a celebrarse la misa. Si se
usa el incienso, el turiferario va adelante con el incensario, en el cual habrá
puesto incienso previamente; enseguida, un ministro con la cruz adornada y, a
su lado, dos acólitos con velas encendidas. Sigue luego el sacerdote con los
ministros y, detrás de ellos, los fieles con ramos en las manos. Al avanzar la
procesión, el coro y el pueblo entonan los siguientes cánticos u otros
apropiados. Antífona
I Los
niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor,
aclamando: “Hosanna en el cielo”. Esta
antífona se puede repetir entre los versículos del Responsorio o bien del salmo
23. Salmo
23 Del
Señor es la tierra y cuanto lo llena, el
orbe y todos sus habitantes: El
la fundó sobre los mares, El
la afianzó sobre los ríos. ¿Quién
puede subir al monte del Señor? ¿Quién
puede estar en el recinto sacro? El
hombre de manos inocentes y
puro corazón, que
no confía en los ídolos ni
jura contra el prójimo en falso. Ese
recibirá la bendición del Señor, le
hará justicia el Dios de salvación. Este
es el grupo que busca al Señor, que
viene a tu presencia, Dios de Jacob. ¡Portones!,
alzad los dinteles, que
se alcen las antiguas compuertas: va
a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién
ese Rey de la gloria? El
Señor, Dios de los ejércitos. El
es el Rey de la gloria. Antífona
II Los
niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: “Hosanna al Hijo de
David, bendito el que viene en nombre del Señor”. Salmo
46 Pueblos
todos, batid palmas, aclamad
a Dios con gritos de júbilo; porque
el Señor es sublime y terrible, emperador
de toda la tierra. El
nos somete los pueblos y
nos sojuzga las naciones; El
nos escogió por heredad suya: gloria
de Jacob, su amado. Dios
asciende entre aclamaciones; el
Señor, al son de trompetas: tocad
para Dios, tocad, tocad
para nuestro Rey, tocad. Porque
Dios es el rey del mundo: tocad
con maestría. Dios
reina sobre las naciones, Dios
se sienta en su trono sagrado. Los
príncipes de los gentiles se reúnen con
el pueblo del Dios de Abrahán; porque
de Dios son los grandes de la tierra, y
El es excelso. O
bien: Himno
a Cristo Rey Pueblo: ¡Gloria,
alabanza y honor! ¡Gritad
Hosanna, y haceos como
los niños hebreos al
paso del Redentor! ¡Gloria
y honor al
que viene en el nombre del Señor! Cantores: 1. Como
Jerusalén con su traje festivo,
vestida de palmeras, coronada de olivos,
viene la cristiandad en son de romería
a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría. 2.
Ibas como va el sol a un ocaso de gloria;
cantaban ya tu muerte al cantar tu victoria.
Pero tú eres el Rey, el Señor, el Dios Fuerte,
la Vida que renace del fondo de la Muerte. 3.
Tú, que amas a Israel y bendices sus cantos,
complácete en nosotros, el pueblo de los santos;
Dios de toda bondad que acoges en tu seno
cuanto hay entre los hombres sencillamente bueno. 10.
Al entrar la procesión en la iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro
cántico alusivo a la entrada del Señor en Jerusalén: RESPONSORIO V.
Al entrar el Señor en la ciudad santa,
los niños hebreos,
profetizaban la resurrección de Cristo,
proclamando con palmas en las manos:
Hosanna en el cielo. R.
Hosanna en el cielo. V.
Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén,
el pueblo salió a su encuentro
proclamando con palmas en las manos:
Hosanna en el cielo. R.
Hosanna en el cielo. 11.
El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia y, si lo juzga
oportuno, lo inciensa. Luego se dirige a la sede (se quita la capa pluvial, si
la usó, y se pone la casulla) y, omitida toda otra ceremonia, da fin a la
procesión diciendo la oración colecta y prosigue la misa de la manera
acostumbrada. Segunda
forma: Entrada solemne 12.
Donde no se pueda hacer la procesión fuera de la iglesia, la entrada del Señor
se celebra dentro del templo por medio de una entrada solemne, antes de la misa
principal. 13.
Los fieles se reúnen ante la puerta del templo, o bien, dentro del mismo templo,
llevando los ramos en la mano. El sacerdote, los ministros y algunos de los
fieles, van a algún sitio adecuado del templo, fuera del presbiterio, en donde
pueda ser vista fácilmente la ceremonia, al menos por la mayor parte de la
asamblea. 14.
Mientras el sacerdote se dirige al sitio indicado, se canta la antífona Hosanna
al Hijo de David (n. 4), o algún otro cántico adecuado. Después se bendicen los
ramos y se lee el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, como se
indicó en los nn. 5-7. Después del Evangelio, el sacerdote va solemnemente
hacia el presbiterio a través del templo, acompañado por los ministros y por
algunos fieles, mientras se canta el responsorio “Al entrar el Señor” (n. 10),
u otro cántico apropiado. 15.
Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverencia. Enseguida va a la
sede y, omitida toda otra ceremonia, dice la colecta de la misa, que prosigue
luego de la manera acostumbrada. Tercera
forma: Entrada sencilla 16.
En todas las demás misas de este domingo, en las que no se hace la entrada
solemne, se recuerda la entrada del Señor en Jerusalén por medio de una entrada
sencilla. 17.
Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada con
su salmo (n. 18), u otro cántico sobre el mismo tema. El sacerdote, al llegar
al altar, hace la debida reverencia, va a la sede y saluda al pueblo. Luego
sigue la misa de la manera acostumbrada. En
las misas sin pueblo y en las misas en que no es posible cantar la antífona de
entrada, el sacerdote, después de llegar al altar y de haber hecho la debida
reverencia, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y prosigue la misa de
la manera acostumbrada. 18.
Antífona de entrada Seis
días antes de la Pascua, cuando el Señor entró en Jerusalén, salieron los niños
a su encuentro llevando en sus manos hojas de palmera y gritando: ¡Hosanna
en el cielo! ¡Bendito
tú, que vienes lleno
de bondad y de misericordia! Sal
23, 9-10 ¡Portones!,
alzad los dinteles, que
se alcen las antiguas compuertas: va
a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién
ese Rey de la gloria? El
Señor, Dios de los ejércitos. El
es el Rey de la gloria. ¡Hosanna
en el cielo! ¡Bendito
tú, que vienes lleno
de bondad y de misericordia! La
Misa 20.
Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa
con la oración colecta. 21.
Oración colecta Dios
todopoderoso y eterno, que
has querido entregarnos como ejemplo de humildad a
Cristo, nuestro salvador, hecho
hombre y clavado en una cruz, concédenos
vivir según
las enseñanzas de su pasión, para
participar con él, un día, de
su gloriosa resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo. Liturgia
de la palabra: – – 22.
No se llevan velas ni incienso para la lectura de la Pasión del Señor, ni se
hace al principio el saludo, ni se signa el libro.
Proclama la lectura un diácono o, en su defecto, el sacerdote. Puede también
ser hecha por lectores, aún laicos, reservando al sacerdote, si es posible, la
parte correspondiente a Cristo.
Solamente los diáconos piden la bendición del celebrante antes del canto de la
Pasión, como se hace antes del Evangelio. 23. Después
de la lectura de la Pasión, puede tenerse, si se cree oportuno, una breve
homilía. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Que
la pasión de tu Hijo, actualizada
en este santo sacrificio que
vamos a ofrecerte, nos
alcance, Señor, de tu misericordia, el
perdón que no podemos merecer por nuestras obras. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 24.
Prefacio LA
PASIÓN DEL SEÑOR V.
El Señor esté con vosotros. R.
y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre
y en todo lugar, Señor,
Padre Santo, Dios
todopoderoso y eterno, por
Cristo nuestro Señor. El
cual siendo inocente, se
dignó padecer por los pecadores y
fue injustamente condenado por
salvar a los culpables; con
su muerte borró nuestros delitos y,
resucitando, conquistó nuestra justificación. Por
eso, te
alabamos con todos los ángeles y
te aclamamos con voces de júbilo, diciendo
sin cesar: Santo,
Santo, Santo... 25.
Antífona de comunión
Mt
26, 42 Padre
mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. 26.
Oración después de la comunión Tú
que nos has alimentado con esta Eucaristía, y
por medio de la muerte de tu Hijo nos
das la esperanza de alcanzar lo
que la fe nos promete, concédenos,
Señor, llegar,
por medio de su resurrección, a
la meta de nuestras esperanzas. Por
Jesucristo, nuestro Señor. LUNES
SANTO Antífona
de entrada Sal
34, 1-2; Sal 139, 8 Combate,
Señor, a los que me combaten, ataca a los que me atacan; ponte la armadura,
toma el escudo y ven en mi ayuda. Tú eres mi fortaleza y mi salvación. Oración
colecta Concédenos,
Señor, nueva fuerza para
no sucumbir a nuestras humanas debilidades, por
los méritos de la pasión de tu Hijo, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con bondad, este
sacrificio que tú instituiste misericordiosamente para
reparar el daño de nuestros pecados, y
hazlo producir en nosotros abundantes
frutos de vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor II. Antífona
de comunión Sal 101, 3 No
te me ocultes, Señor, el día de mi desgracia. Escúchame con bondad, y, siempre
que te invoque, respóndeme enseguida. Oración
después de la comunión Quédate,
Señor, con nosotros y
protege con tu amor infatigable nuestros
corazones santificados por esta Eucaristía, para
que podamos conservar siempre las
gracias que hemos recibido de tu misericordia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. MARTES
SANTO Antífona
de entrada
Sal 26, 12 No
me entregues, Señor, al odio de mis enemigos, pues han surgido contra mí
testigos falsos, que respiran violencia. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, ayúdanos
a celebrar los
misterios de la pasión del Señor con
tal fe y arrepentimiento, que
podamos merecer tu perdón. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad este
pan y este vino que te presentamos, y
concede a cuantos quieres hacernos partícipes del
Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, llega
a poseerlo plenamente en tu Reino. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor II. Antífona
de comunión Rom 8, 32 Dios
no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,
y con él nos ha dado todos los bienes. Oración
después de la comunión Por
medio de este sacramento, que
ya desde ahora nos comunica tu fuerza, concédenos,
Padre misericordioso, participar
de la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. MIÉRCOLES
SANTO Antífona
de entrada Flp
2, 10. 8. 11 Que
al nombre de Jesús, todo ser viviente, en el cielo, en la tierra y en el
abismo, caiga de rodillas, porque el Señor aceptó por obediencia hasta la misma
muerte, y una muerte de cruz. Por esto confesamos, para gloria de Dios Padre,
que Jesucristo es el Señor. Oración
colecta Padre
misericordioso que
para librarnos del poder del enemigo, quisiste
que tu Hijo sufriera por nosotros el
suplicio de la cruz, concédenos
alcanzar la gracia de la resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos y
concédenos la gracia de traducir en
una vida de amor y de obediencia a tu voluntad, el
misterio de la pasión de tu Hijo, que
estamos celebrando. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Pasión del Señor II. Antífona
de comunión Mt 20, 28 El
Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida para
redención de todos. Oración
después de la comunión Concédenos,
Señor, Dios nuestro, creer
profundamente que por la muerte de tu Hijo, padecida
en el Calvario y anunciada en cada Eucaristía, tú
nos has dado la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. JUEVES
SANTO Misa
Crismal La
bendición del óleo de los enfermos, del óleo de los catecúmenos y la
consagración del crisma, ordinariamente. la hace el obispo en este día, en la
misa que se celebra por la mañana. Pero
si la reunión del clero y el pueblo con el obispo resulta más difícil en este
día, la bendición puede anticiparse a otro día, siempre cercano a la Pascua, en
el que se utilizará también el formulario de esta misa. Esta
misa, que el obispo concelebra con su presbiterio, debe manifestar la comunión
de los presbíteros con su obispo. Es conveniente, por tanto, que todos los
presbíteros, en cuanto sea posible, tomen parte en ella y reciban la comunión
bajo las dos especies. Con el objeto de expresar la unidad del presbiterio de
la diócesis, debe procurarse que los sacerdotes que concelebran con su obispo
sean de las distintas regiones de la diócesis. En
la homilía, el obispo debe exhortar a sus presbíteros a guardar la fidelidad en
su ministerio e invitarlos a renovar públicamente sus promesas sacerdotales. Ritos
iniciales y liturgia de la palabra Antífona
de entrada
Ap
1, 6 Jesucristo
nos ha convertido en un reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la
gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén. Se
dice Gloria. Oración
colecta Oh
Dios, que por la unción del Espíritu Santo constituiste
a tu Hijo Mesías y Señor, y
a nosotros, miembros de su cuerpo, nos
haces partícipes de su misma unción; ayúdanos
a ser en el mundo testigos
fieles de la redención que
ofreces a todos los hombres. Por
nuestro Señor Jesucristo. Renovación
de las promesas sacerdotales Acabada
la homilía, el obispo dialoga con los presbíteros con estas o semejantes
palabras: Obispo: Hijos
amadísimos: En esta conmemoración anual del día en que Cristo confirió su
sacerdocio a los apóstoles y a nosotros, ¿queréis renovar las promesas que
hicisteis un día ante vuestro obispo y ante el pueblo santo de Dios? Los
presbíteros, conjuntamente, responden a la vez: Sí,
quiero. Obispo: ¿Queréis
uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros
mismos y reafirmando la promesa' de cumplir los sagrados deberes que, por amor
a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de
la Iglesia ? Presbíteros: Sí,
quiero. Obispo: ¿Deseáis
permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración
eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y desempeñar fielmente el
ministerio de la predicación como seguidores de Cristo, cabeza y pastor, sin
pretender los bienes temporales, sino movidos únicamente por el celo de las
almas? Presbíteros: Sí,
quiero. Seguidamente,
dirigiéndose al pueblo, el obispo prosigue: Y
ahora vosotros, hijos muy queridos, orad por vuestros presbíteros, para que el
Señor derrame abundantemente sobre ellos sus bendiciones: que sean ministros
fieles de Cristo sumo sacerdote, y os conduzcan a él, única fuente de
salvación. Pueblo: Cristo,
óyenos. Cristo, escúchanos. Obispo: Y
rezad también por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico confiado a mi
humilde persona y sea imagen, cada vez más viva y perfecta, de Cristo
sacerdote, buen pastor, maestro y siervo de todos. Pueblo: Cristo,
óyenos. Cristo, escúchanos. Obispo: El
Señor nos guarde en su caridad y nos conduzca a todos, pastores y grey, a la
vida eterna. Todos: Amén. No
se dice Credo ni oración de los fieles. Liturgia
eucarística Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos, Señor, que
la eficacia de este sacrificio nos
purifique del antiguo pecado, acreciente
en nosotros la vida nueva y
nos otorgue la plena salvación. Por
Jesucristo nuestro Señor. Prefacio EL
SACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS SACERDOTES V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que
constituiste a tu único Hijo Pontífice
de la Alianza nueva y eterna por
la unción del Espíritu Santo, y
determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar
en la Iglesia su único sacerdocio. Él
no sólo confiere el honor del sacerdocio real a
todo su pueblo santo, sino
también, con amor de hermano, elige
a hombres de este pueblo, para
que, por la imposición de las manos, participen
de su sagrada misión. Ellos
renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan
a tus hijos el banquete pascual, presiden
a tu pueblo santo en el amor, lo
alimentan con tu palabra y lo fortalecen con los sacramentos. Tus
sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y
por la salvación de los hermanos, van
configurándose a Cristo, y
han de darte así testimonio constante de fidelidad y amor. Por
eso, nosotros, Señor, con
los ángeles y los santos cantamos tu gloria diciendo: Santo,
Santo, Santo … Antífona
de comunión Sal 88, 2 Cantaré
eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las
edades. Oración
después de la comunión Concédenos,
Dios todopoderoso, que
quienes han participado en tus sacramentos sean
en el mundo buen
olor de Cristo. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos. SANTO
TRIDUO PASCUAL Jueves
santo Misa
vespertina de la Cena del Señor Viernes
Santo Celebración
de la Pasión del Señor Vigilia
Pascual Tiempo
pascual Misa
vespertina de la Cena del Señor Según
una antiquísima tradición de la Iglesia, en este día se prohíben todas las
misas sin asistencia del pueblo. En
la tarde, a la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, con
la participación de toda la comunidad local y con la intervención, según su
propio oficio, de todos los sacerdotes y ministros. Los
sacerdotes que hayan celebrado ya en la misa del Santo Crisma o por alguna
razón pastoral, pueden concelebrar en la misa vespertina. Donde lo pida el bien
de la comunidad, el Ordinario del lugar puede permitir que se celebre otra
misa en la tarde en templos u oratorios públicos o semipúblicos; y en caso de
verdadera necesidad, aun en la mañana, pero solamente en favor de los fieles
que de ninguna manera puedan asistir a la misa de la tarde. Téngase cuidado,
sin embargo, de que estas celebraciones no se hagan en provecho de personas
particulares y de que no sean en perjuicio de la asistencia a la misa
vespertina principal. La sagrada comunión se puede distribuir a los fieles sólo
dentro de la misa; pero a los enfermos se les puede llevar a cualquier hora del
día. Los
fieles que hayan comulgado en la mañana en la misa del Santo Crisma, pueden
comulgar de nuevo en la misa de la tarde. Ritos
iniciales y liturgia de la palabra 1.
El sagrario debe estar completamente vacío. Conságrense en esta misa
suficientes hostias, de modo que alcancen para la comunión del clero y del
pueblo, hoy y mañana. 2.
Antífona de
entrada
Cf.. Gal 6, 14 Que
nuestro único orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él
tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por él hemos sido salvados y
redimidos. 3.
Se dice Gloria. Mientras se canta este himno, se tocan las campanas. Terminado
el canto, las campanas no vuelven a tocarse hasta la Vigilia Pascual, a no ser
que la Conferencia Episcopal o el Ordinario dispongan otra cosa. 4.
Oración colecta Señor
Dios nuestro, nos
has convocado hoy (esta tarde) para
celebrar aquella misma memorable Cena en
la que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió
a la Iglesia el banquete de su amor, el
sacrificio nuevo de la alianza eterna; te
pedimos que la celebración de estos santos misterios por
la participación en este sacramento, nos
lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por
nuestro Señor Jesucristo. 5.
En la homilía se exponen los grandes hechos que se recuerdan en esta misa, es
decir la institución de la Sagrada Eucaristía y del Orden Sacerdotal y el
mandato del Señor sobre la caridad fraterna. Después de la homilía, donde lo
aconseje el bien pastoral, se lleva a cabo el lavatorio de los pies. Lavatorio
de los pies 6.
Los varones designados para el rito van, acompañados por los ministros, a
ocupar los asientos preparados para ellos en un lugar visible. El sacerdote,
quitada la casulla si es necesario, se acerca a cada una de las personas
designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca. 7.
Mientras tanto, se canta alguna de las siguientes antífonas o algún otro canto
apropiado. Antífona
primera Cf. Jn 13,
4. 5. 15 El
Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los
pies de sus discípulos para darles ejemplo. Antífona
segunda Jn 13, 6. 7. 8 Señor,
¿pretendes tú lavarme a mí los pies? Jesús le respondió: Si no te lavo los
pies, no tendrás nada que ver conmigo. V.
Fue Jesús hacia Simón Pedro y éste le dijo: —Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí
los pies?... V.
Lo que yo estoy haciendo, tú no lo entiendes ahora; lo entenderás más tarde.
—Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?... Antífona
tercera Cf. Jn 13, 14 Si
yo, que soy el maestro y el Señor, os he lavado los pies, ¡con cuánta mayor
razón vosotros debéis lavaros los pies unos a otros! Antífona
cuarta Jn 13, 35 En
esto reconocerán todos que sois mis discípulos: en que os améis los unos a los
otros. V.
Jesús dice a sus discípulos: —En esto reconocerán todos... Antífona
quinta Jn 13, 34 Este
nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros, como yo os he
amado, dice el Señor. Antífona
sexta 1 Cor 13, 13 Que
permanezcan en vosotros la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas
tres virtudes es el amor. V.
Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres
virtudes es el amor. —Que permanezcan... 8.
Inmediatamente después del lavatorio de los pies o, si éste no tuvo lugar,
después de la homilía, se hace la Oración universal. No
se dice Credo. Liturgia
eucarística 9.
Al comienzo de la Liturgia Eucarística, puede organizarse una procesión de los
fieles, en la que se lleven dones para los pobres. Mientras tanto, se canta el
Ubi cáritas est vera (A Dios siempre lo encontramos donde hay amor) u otro
cántico apropiado. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, participar
dignamente en esta Eucaristía, porque
cada vez que celebramos el
memorial de la muerte de tu Hijo, se
realiza la obra de nuestra redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 10.
Prefacio I de la Santísima Eucaristía EL
SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre
y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por
Cristo, Señor nuestro, verdadero
y único sacerdote. El
cual, al
instituir el sacrificio de la eterna alianza, se
ofreció a sí mismo como víctima de salvación, y
nos mandó perpetuar esta ofrenda en
conmemoración suya. Su
carne, inmolada por nosotros, es
alimento que nos fortalece; su
sangre, derramada por nosotros, es
bebida que nos purifica. Por
eso, con
los ángeles y los arcángeles y
con todos los coros celestiales, cantamos
sin cesar el
himno de tu gloria: Santo,
Santo, Santo... Cuando
se utiliza el Canon romano, se dicen Reunidos en comunión, Acepta, Señor, en tu
bondad, y El cual, la víspera de su pasión propios: El
sacerdote, con las manos extendidas, dice: Padre
misericordioso, te
pedimos humildemente por
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, Junta
las manos y dice: que
aceptes y bendigas traza
una sola vez el signo de la cruz sobre el pan y el vino conjuntamente,
diciendo: estos
dones, este
sacrificio santo y puro que te ofrecemos, con
las manos extendidas prosigue: ante
todo, por tu Iglesia santa y católica, para
que le concedas la paz, la protejas, la
congregues en la unidad y
la gobiernes en el mundo entero, con
tu servidor el Papa N., con nuestro Obispo N. ,
El
Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice: conmigo,
indigno siervo tuyo, Cuando
celebra un Obispo que no es el ordinario diocesano, dice: con
mi hermano N., Obispo de esta Iglesia de N., conmigo,
indigno siervo tuyo,
y
todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven
la fe católica y apostólica. Acuérdate,
Señor, de
tus hijos N. y N. Puede
decir los nombres de aquellos por quienes tiene intención de orar, o bien junta
las manos y ora por ellos unos momentos. Después, con las manos extendidas,
prosigue: y
de todos los aquí reunidos, cuya
fe y entrega bien conoces; por
ellos y todos los suyos, por
el perdón de sus pecados y
la salvación que esperan, te
ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este
sacrificio de alabanza, a
ti, eterno Dios, vivo y verdadero. Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para
celebrar el día santo en
que nuestro Señor Jesucristo fue
entregado por nosotros, veneramos
la memoria, ante todo, de
la gloriosa siempre Virgen María, Madre
de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la
de su esposo, san José; la
de los santos apóstoles y mártires Pedro
y Pablo, Andrés, [Santiago
y Juan, Tomás,
Santiago, Felipe, Bartolomé,
Mateo, Simón y Tadeo: Lino,
Cleto, Clemente, Sixto,
Cornelio, Cipriano, Lorenzo,
Crisógono, Juan
y Pablo, Cosme
y Damián,] y
la de todos los santos; por
sus méritos y oraciones concédenos
en todo tu protección. [Por
Cristo, nuestro Señor. Amén]. Con
las manos extendidas, prosigue: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, que
te presentamos en el día mismo en
que nuestro Señor Jesucristo encomendó
a sus discípulos la
celebración del sacramento de
su Cuerpo y de su Sangre; ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos. [Por
Cristo, nuestro Señor. Amén]. Extendiendo
las manos sobre las ofrendas, dice: Bendice
y santifica, oh Padre, esta ofrenda, haciéndola
perfecta, espiritual y digna de ti, de
manera que sea para nosotros Cuerpo
y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo,
nuestro Señor. Junta
las manos. En
las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse con
claridad, como lo requiere la naturaleza de éstas. El
cual, hoy, la
víspera de padecer por nuestra salvación y
la de todos los hombres, Toma
el pan y sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: tomó
el pan en sus santas y venerables manos, eleva
los ojos y,
elevando los ojos al cielo, hacia
ti, Dios Padre suyo todopoderoso, dando
gracias, te bendijo, lo
partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: se
inclina un poco TOMAD
Y COMED TODOS DE ÉL, PORQUE
ESTO ES MI CUERPO, QUE
SERÁ ENTREGADO POR VOSOTROS. Muestra
el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora
haciendo genuflexión. Lo
restante como en el Canon romano: Del mismo modo. 11.
Antífona de comunión 1 Cor 11, 24. 25 Este
es mi Cuerpo, que se da por vosotros. Este cáliz es la nueva alianza
establecida por mi Sangre; cuantas veces lo bebiereis, hacedlo en memoria mía,
dice el Señor. 12.
Después de distribuir la comunión, se deja sobre el altar un copón con hostias
para la comunión del día siguiente, y se termina la misa con esta oración. 13.
Oración después de la comunión Señor,
tú que nos permites disfrutar en esta vida de
la Cena instituida por tu Hijo, concédenos
participar también del
banquete celestial en tu Reino. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Traslación
del Santísimo Sacramento 14.
Dicha la oración después de la Comunión, el sacerdote, de pie ante el altar,
pone incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo
Sacramento. Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el copón y
lo cubre con las extremidades del paño. 15.
Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento a través del
templo, hasta el sitio donde se le va a guardar. Va adelante un acólito con la
cruz alta; otros acólitos acompañan al Santísimo Sacramento con ciriales e
incienso. El lugar de depósito debe estar preparado en alguna capilla
convenientemente adornada. Durante la procesión, se canta el himno Pange
lengua, en castellano: Que la lengua humana (excepto las dos últimas
estrofas) o algún otro canto eucarístico. 16.
Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo
Sacramento, el sacerdote deposita el copón y, poniendo de nuevo incienso en el
incensario, lo inciensa arrodillado, mientras se canta la parte final del himno
Tantum ergo, en castellano: Adorad, postrados. Enseguida se cierra el
tabernáculo o la urna del depósito. 17.
Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote y los
ministros hacen genuflexión y vuelven a la sacristía. 18.
Enseguida se desnuda el altar y, si es posible, se quitan del templo las
cruces. Si algunas no se pueden quitar, es conveniente que queden cubiertas con
un velo. 19.
Quienes asistieron a la misa vespertina no están obligados a rezar Vísperas. 20.
Exhórtese a los fieles, según las circunstancias y costumbres del lugar, a
dedicar alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración delante del
Santísimo Sacramento. Esta adoración, después de la media noche, hágase sin
solemnidad. VIERNES
SANTO Celebración
de la Pasión del Señor 1.
El día de hoy y el de mañana, por una antiquísima tradición, la Iglesia omite
por completo la celebración del sacrificio eucarístico. 2.
El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros y sin manteles. 3.
Después del mediodía, alrededor de las tres de la tarde, a no ser que por razón
pastoral se elija una hora más avanzada, se celebra la Pasión del Señor, que
consta de tres partes: , Adoración de la Cruz y Sagrada Comunión. En
este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la
celebración de la Pasión del Señor; pero a los enfermos que no puedan tomar
parte en esta celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día. 4.
El sacerdote y el diácono, revestidos de color rojo como para la misa, se
dirigen al altar, y hecha la debida reverencia, se postran rostro en tierra o,
si se juzga mejor, se arrodillan, y todos oran en silencio durante algún
espacio de tiempo. 5.
Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde, vuelto
hacia el pueblo, con las manos juntas, dice una de las siguientes oraciones: Oración No
se dice: Oremos Padre
nuestro misericordioso, santifica
y protege siempre a esta familia tuya, por
cuya salvación derramó
su Sangre y resucitó glorioso Jesucristo,
tu Hijo. El
cual vive y reina por los siglos de los siglos. R.
Amén. O
bien: Tú
que con la Pasión de Cristo, Hijo
tuyo y Señor nuestro, nos
libraste de la muerte, que heredamos todos a
consecuencia del primer pecado, concédenos,
Señor, a
cuantos por nacimiento somos pecadores, asemejarnos
plenamente, por tu gracia, a Jesucristo, que
vive y reina contigo por los siglos de los siglos. R.
Amén. Primera
parte: Liturgia de la palabra 6.
Luego todos se sientan y se hace la primera lectura, tomada del profeta Isaías
(52, 13-53, 12), con su salmo. 7.
A continuación se hace la segunda lectura, tomada de la carta a los Hebreos (4,
14-16; 5, 7-9), con el canto antes del Evangelio. 8.
Finalmente se lee la Pasión del Señor según san Juan (18, 1-19, 42), del mismo
modo que el domingo precedente. 9.
Después de la lectura de la Pasión, se tiene, si parece oportuno, una breve
homilía, después de la cual el sacerdote puede exhortar a los fieles a orar
durante un breve espacio de tiempo. Oración
universal 10.
La Liturgia de la Palabra se termina con la Oración Universal, que se hace de
esta manera: el diácono, junto al ambón, dice el invitatorio, en el cual se
expresa la intención. Enseguida oran todos en silencio durante un breve espacio
de tiempo y luego el sacerdote, de pie junto a la sede o ante el altar, dice la
oración con las manos extendidas. Los fieles pueden permanecer arrodillados o
de pie durante todo el tiempo de las oraciones. 11.
Las Conferencias Episcopales pueden aprobar algunas aclamaciones del pueblo
antes de cada oración del sacerdote o disponer que se conserve la invitación
tradicional del diácono: Pongámonos de rodillas, Pueden levantarse y la costumbre
de que los fieles se arrodillen en silencio durante la oración. 12.
Cuando hay una grave necesidad pública, el Ordinario del lugar puede permitir
o prescribir que se añada alguna intención especial. 13.
De las oraciones que se presentan en el Misal, el sacerdote puede escoger las
que sean más apropiadas para las circunstancias del lugar, cuidando, sin
embargo, de que se conserve la serie de intenciones establecidas para la
Oración Universal. (Cf. Instrucción General del Misal Romano, n. 46). I.
Por la santa Iglesia Oremos,
hermanos, por la santa Iglesia de Dios, para
que el Señor le conceda la paz y la unidad, la
proteja en todo el mundo y
nos conceda una vida serena, para
alabar a Dios Padre todopoderoso. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, que
en Cristo revelaste tu gloria a todas las naciones, conserva
la obra de tu amor, para que tu Iglesia, extendida
por todo el mundo, persevere
con fe inquebrantable en
la confesión de tu nombre. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. II.
Por el Papa Oremos
también por nuestro santo padre el Papa N., para
que Dios nuestro Señor, que
lo eligió entre los obispos, lo
asista y proteja para bien de su Iglesia, como
guía y pastor del pueblo santo de Dios. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, cuya
providencia gobierna todas las cosas, atiende
a nuestras súplicas y
protege con tu amor al Papa que
nos has elegido, para
que el pueblo cristiano, confiado
por ti a su guía pastoral, progrese
siempre en la fe. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. III.
Por el pueblo de Dios y sus ministros. Oremos
también por nuestro obispo N., por
todos los obispos, presbíteros,
diáconos, por
todos los que ejercen algún
ministerio en la Iglesia y
por todo el pueblo de Dios. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, que
con tu Espíritu santificas y gobiernas a
toda tu Iglesia, escucha
nuestras súplicas y
concédenos tu gracia, para
que todos, según nuestra vocación, podamos
servirte con fidelidad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. IV.
Por los catecúmenos. Oremos
también por los (nuestros) catecúmenos, para
que Dios nuestro Señor los
ilumine interiormente y
les comunique su amor; y
para que, mediante el bautismo, se
les perdonen todos sus pecados y
queden incorporados a Cristo nuestro Señor. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Luego
prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, que
sin cesar concedes nuevos hijos a tu Iglesia, aumenta
en los (nuestros) catecúmenos el
conocimiento de su fe, para
que puedan renacer por el bautismo a
la vida nueva de tus hijos de adopción. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. V.
Por la unidad de los cristianos. Oremos
también por todos los hermanos que
creen en Cristo, para
que Dios nuestro Señor les
conceda vivir sinceramente lo que profesan y
se digne reunirlos para siempre en
un solo rebaño, bajo un solo pastor. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, tú
que reúnes a los que están dispersos y
los mantienes en la unidad, mira
con amor a todos los cristianos, a
fin de que, cuantos están consagrados por
un solo bautismo, formen
una sola familia, unida
por el amor y la integridad de la fe. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. VI.
Por los judíos. Oremos
también por el pueblo judío, al
que Dios se dignó hablar por
medio de los profetas, para
que el Señor le conceda progresar
continuamente en el amor a su nombre y
en la fidelidad a su alianza. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, que
prometiste llenar de bendiciones a
Abraham y a su descendencia, escucha
las súplicas de tu Iglesia, y
concede al pueblo de la primitiva alianza alcanzar
la plenitud de la redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. VII.
Por los que no creen en Cristo. Oremos
también por los que no creen en Cristo, para
que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan
encontrar el camino de la salvación. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, concede
a quienes no creen en Cristo buscar
sinceramente agradarte, para
que encuentren la verdad; y
a nosotros tus fieles, concédenos
progresar en el amor fraterno y
en el deseo de conocerte más, para
dar al mundo un
testimonio creíble de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. VIII.
Por los que no creen en Dios. Oremos
también por los que no conocen a Dios, para
que obren siempre con bondad y rectitud y
puedan llegar así a conocer a Dios. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, que
has hecho a los hombres en tal forma que
en todo, aun sin saberlo, te busquen y
sólo al encontrarte hallen descanso, concédenos
que, en medio de
las adversidades de este mundo, todos
reconozcan las señales de tu amor y,
estimulados por el testimonio de nuestra vida, tengan
por fin la alegría de creer en ti, único
Dios verdadero y
Padre de todos los hombres. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. IX.
Por los gobernantes. Oremos
también por los jefes de Estado y
todos los responsables de los asuntos públicos, para
que Dios nuestro Señor les inspire decisiones que
promuevan el bien común, en
un ambiente de paz y libertad. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, en
cuya mano está mover el corazón de los hombres y
defender los derechos de los pueblos, mira
con bondad a nuestros gobernantes, para
que, con tu ayuda, promuevan
una paz duradera, un
auténtico progreso social y
una verdadera libertad religiosa. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. X.
Por los que se encuentran en alguna tribulación. Oremos,
hermanos, a Dios Padre todopoderoso, para
que libre al mundo de todas sus miserias, dé
salud a los enfermos y pan a los que tienen hambre, libere
a los encarcelados y haga justicia a los oprimidos, conceda
seguridad a los que viajan, un
pronto retorno a
los que se encuentran lejos del hogar y
la vida eterna a los moribundos. Se
ora un momento en silencio. Luego prosigue el sacerdote: Dios
todopoderoso y eterno, consuelo
de los afligidos y fortaleza de los que sufren, escucha
a los que te invocan en su tribulación, para
que experimenten todos la
alegría de tu misericordia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. Segunda
parte: Adoración de la santa Cruz 14.
Terminada la oración universal, se hace la adoración solemne de la santa Cruz.
De las dos formas que se proponen a continuación para el descubrimiento de la
cruz, elíjase la que se juzgue más apropiada pastoralmente, de acuerdo con las
circunstancias. Primera
forma de mostrar la santa Cruz 15.
Se lleva al altar la cruz, cubierta con un velo y acompañada por dos acólitos
con velas encendidas. El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la cruz,
descubre un poco su extremo superior, la eleva y comienza a cantar el
invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, cuyo canto prosigue juntamente con los
ministros sagrados, o, si es necesario, con el coro. Todos responden: Venid a
adorarlo. Terminado el canto, todos se arrodillan y adoran en silencio, durante
algunos instantes, la cruz que el sacerdote, de pie, mantiene en alto.
Enseguida el sacerdote descubre el brazo derecho de la cruz y, elevándola de
nuevo, comienza a cantar (en el mismo tono que antes) el invitatorio Mirad el
árbol de la Cruz, y se prosigue como la primera vez.
Finalmente descubre por completo la cruz y, volviéndola a elevar, comienza por
tercera vez el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz, etc., como la primera
vez. 16.
Enseguida, acompañado por dos acólitos con velas encendidas, el sacerdote lleva
la cruz a la entrada del presbiterio o a otro sitio adecuado y la coloca ahí, o
la entrega a los ministros o acólitos para que la sostengan, y se colocan las
dos velas encendidas a los lados de la cruz.
Se hace luego la adoración de la santa Cruz como se indica más abajo, en el
número 18. Segunda
forma de mostrar la santa Cruz 17.
El sacerdote, el diácono u otro ministro idóneo, va a la puerta del templo
juntamente con los acólitos. Ahí recibe la cruz ya descubierta. Los acólitos
toman los ciriales encendidos, y todos avanzan en forma de procesión hacia el
presbiterio a través del templo. Cerca de la puerta del templo, el que lleva la
cruz la levanta y canta el invitatorio Mirad el árbol de la Cruz. Todos
responden Venid y adoremos y se arrodillan después de la respuesta, adorando un
momento en silencio. Esto mismo se repite a la mitad de la iglesia y a la
entrada del presbiterio. (El invitatorio se canta las tres veces en el mismo
tono). Después
se coloca la cruz a la entrada del presbiterio y se ponen a sus lados los ciriales,
como se indica en el número 16. Adoración
de la santa Cruz 18.
El sacerdote, el clero y los fieles se acercan procesionalmente y adoran la
cruz, haciendo delante de ella una genuflexión simple o algún otro signo de
veneración (como el de besarla), según la costumbre de la región. Mientras
tanto, se canta la antífona Tu Cruz adoramos, los Improperios, u otros
cánticos apropiados. Todos, conforme van terminando de adorar la cruz,
regresan a su lugar y se sientan. 19.
Expóngase solamente una cruz a la adoración de los fieles. Si por el gran
número de asistentes no todos pudieren acercarse, el sacerdote, después de que
una parte de los fieles haya hecho la adoración, toma la cruz y, de pie ante el
altar, invita a todo el pueblo, con breves palabras, a adorar la santa Cruz.
Luego la levanta en alto por un momento, para que los fieles la adoren en
silencio. 20.
Terminada la adoración, la cruz es llevada al altar y puesta en su lugar. Los
ciriales encendidos son colocados a los lados del altar o junto a la cruz. Cantos
para la adoración de la santa Cruz Las
partes que corresponden al primer coro se indican con el número 1; las que
corresponden al segundo, con el número 2; las que deben cantar conjuntamente
los dos coros se indican con los números 1 y 2. Antífona 1
y 2. Antífona Tu
cruz adoramos, Señor, y
tu santa resurrección alabamos y
glorificamos. Por
el madero ha venido la alegría al
mundo entero. 1.
Salmo 66, 2 El
Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine
su rostro sobre nosotros y tenga piedad. 1
y 2. Antífona Tu
cruz adoramos, Señor, y
tu santa resurrección alabamos y
glorificamos. Por
el madero ha venido la alegría al
mundo entero. Improperios I 1
y 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido ? Respóndeme. 1.
Yo te saqué de Egipto; tú
preparaste una cruz para tu Salvador. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Hágios o Theós. 2.
Santo es Dios. 1.
Hágios Ischyrós. 2.
Santo y fuerte. 1.
Hágios Athánatos, eléison himás. 2.
Santo e inmortal, ten piedad de nosotros. 1
y 2. Yo te guié cuarenta años por el desierto, te
alimenté con el maná, te
introduje en una tierra excelente; tú
preparaste una cruz para tu Salvador. 1.
Hágios o Theós. 2.
Santo es Dios. 1.
Hágios Ischyrós. 2.
Santo y fuerte. 1.
Hágios Athánatos, eléison himás. 2.
Santo e inmortal, ten piedad de nosotros. 1
y 2. ¿Qué más pude hacer por ti? Yo
te planté como viña mía, escogida
y hermosa. ¡Qué
amarga te has vuelto conmigo! Para
mi sed me diste vinagre, con
la lanza traspasaste el costado a
tu Salvador. 1.
Hágios o Theós. 2.
Santo es Dios. 1.
Hágios Ischyrós. 2.
Santo y fuerte. 1.
Hágios Athánatos, eléison himás. 2.
Santo e inmortal, ten piedad de nosotros. II 1.
Yo por ti azoté a Egipto y a sus primogénitos; tú
me entregaste para que me azotaran. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Yo te saqué de Egipto, sumergiendo
al Faraón en el mar Rojo; tú
me entregaste a los sumos sacerdotes. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Yo abrí el mar delante de ti; tú
con la lanza abriste mi costado. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Yo te guiaba con una columna de nubes; tú
me guiaste al pretorio de Pilato. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Yo te sustenté con maná en el desierto; tú
me abofeteaste y me azotaste. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Yo te di a beber el agua salvadora que
brotó de la peña; tú
me diste a beber hiel y vinagre. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Yo por ti herí a los reyes cananeos; tú
me heriste la cabeza con la caña. 2
.¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Yo te di un cetro real; tú
me pusiste una corona de espinas. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. 1.
Yo te levanté con gran poder; tú
me colgaste del patíbulo de la cruz. 2.
¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho, en
qué te he ofendido? Respóndeme. Himno 1
y 2. Antífona ¡Oh
cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás
el bosque dio mejor tributo en
hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces
clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con
un peso tan dulce en su corteza! 1.
Himno Cantemos
la nobleza de esta guerra, el
triunfo de la sangre y del madero, y
un Redentor, que en trance de Cordero, sacrificado
en cruz, salvó la tierra. 2.
¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás
el bosque dio mejor tributo en
hoja, en flor y en fruto. 1.
Dolido mi Señor por el fracaso de
Adán, que mordió muerte en la manzana, otro
árbol señaló, de flor humana, que
reparase el daño paso a paso. 2.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con
un peso tan dulce en su corteza! 1.
Y así dijo el Señor: ¡Vuelva la Vida y
que Amor redima la condena! La
gracia está en el fondo de la pena y
la salud naciendo de la herida. 2.
¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás
el bosque dio mejor tributo en
hoja, en flor y en fruto. 1.
¡Oh plenitud del tiempo consumado! Del
seno de Dios Padre en que vivía, ved
la Palabra entrando por María en
el misterio mismo del pecado. 2.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con
un peso tan dulce en su corteza! 1.
¿Quién vio en más estrechez gloria más plena y
a Dios como el menor de los humanos? Llorando
en el pesebre, pies y manos le
faja una doncella nazarena. 2.
¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás
el bosque dio mejor tributo en
hoja, en flor y en fruto. 1.
En plenitud de vida y de sendero, dio
el paso hacia la muerte porque él quiso. Mirad
de par en par el paraíso abierto
por la fuerza de un Cordero. 2.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con
un peso tan dulce en su corteza! 1.
Vinagre y sed la boca, apenas gime; y
al golpe de los clavos y lanza, un
mar de sangre fluye, inunda, avanza por
tierra, mar y cielo y los redime. 2.
¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás
el bosque dio mejor tributo en
hoja, en flor y en fruto. 1.
Ablándate, madero, tronco abrupto de
duro corazón y fibra inerte; doblégate
a este peso y esta muerte que
cuelga de tus ramas como un fruto. 2.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con
un peso tan dulce en su corteza! 1.
Tú sólo entre los árboles, crecido para
tender a Cristo en tu regazo; tú
el arca que nos salva, tú el abrazo de
Dios con los verdugos del Ungido. 2.
¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás
el bosque dio mejor tributo en
hoja, en flor y en fruto. Esta
conclusión no debe omitirse: 1
y 2. Al Dios de los designios de la historia, que
es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza; al
que en cruz devuelve la esperanza de
toda salvación, honor y gloria. Amén. Tercera
Parte: Sagrada comunión 21.
Se extiende un mantel sobre el altar y se pone sobre él un corporal y el libro.
Enseguida el diácono o, en su defecto, el mismo sacerdote, trae el Santísimo
Sacramento del lugar del depósito directamente al altar, mientras todos
permanecen de pie y en silencio. Dos acólitos, con candelabros encendidos,
acompañan al Santísimo Sacramento y depositan luego los candelabros a los lados
del altar o sobre él. 22.
Después de que el diácono ha depositado el Santísimo Sacramento sobre el altar
y ha descubierto el copón, se acerca el sacerdote y, previa genuflexión, sube
al altar. Ahí, teniendo las manos juntas, dice con voz clara: Fieles
a la recomendación del Salvador, y
siguiendo su divina enseñanza, nos
atrevemos a decir: El
sacerdote, con las manos extendidas, dice junto con el pueblo: Padre
nuestro, que estás en el cielo, santificado
sea tu Nombre; venga
a nosotros tu reino; hágase
tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos
hoy nuestro pan de cada día; perdona
nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a
los que nos ofenden; no
nos dejes caer en la tentación, y
líbranos del mal. El
sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo en voz alta: Líbranos
de todos los males, Señor, y
concédenos la paz en nuestros días, para
que, ayudados por tu misericordia, vivamos
siempre libres de pecado y
protegidos de toda perturbación, mientras
esperamos la gloriosa venida de
nuestro Salvador Jesucristo. Junta
las manos. El
pueblo concluye la oración, aclamando: Tuyo
es el reino, tuyo
el poder y la gloria por siempre, Señor. 23.
A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto: Señor
Jesucristo, la
comunión de tu Cuerpo no
sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino
que, por tu piedad, me
aproveche para defensa de alma y cuerpo y
como remedio saludable. 24.
Seguidamente hace genuflexión, toma una partícula, la mantiene un poco elevada
sobre el pixis y dice en voz alta, de cara al pueblo: Este
es el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo. Dichosos
los invitados a la cena del Señor. Y,
juntamente con el pueblo, añade una sola vez: Señor,
no soy digno de
que entres en mi casa, pero
una palabra tuya bastará
para sanarme. Luego,
comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo. 25.
Después distribuye la comunión a los fieles. Durante la comunión se pueden
entonar cantos apropiados. 26.
Acabada la comunión, un ministro idóneo lleva el pixis a algún lugar
especialmente preparado fuera de la iglesia, o bien, silo exigen las
circunstancias, lo reserva en el sagrario. 27.
Después el sacerdote, guardado si lo cree oportuno un breve silencio, dice la
siguiente oración: Oración
después de la comunión Oremos. Dios
todopoderoso y eterno, que
nos has redimido con la gloriosa muerte y
resurrección de Jesucristo, por
medio de nuestra participación en este sacramento prosigue
en nosotros la obra de tu amor y
ayúdanos a vivir entregados siempre a tu servicio. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. 28.
Como despedida, el sacerdote, de pie y vuelto hacia el pueblo, extendiendo las
manos sobre él, dice la siguiente oración: Oración
sobre el pueblo Envía
Señor, tu bendición sobre
estos fieles tuyos que
han conmemorado la muerte de tu Hijo y
esperan resucitar con él; concédeles
tu perdón y tu consuelo, fortalece
su fe y
condúcelos a su eterna salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. Y
todos se retiran en silencio. A su debido tiempo se desnuda el altar. 29.
Los que asistieron a esta solemne acción litúrgica de la tarde, no están
obligados a rezar Vísperas. TIEMPO
PASCUAL Vigilia
Pascual Tiempo
Pascual DOMINGO
DE PASCUA DE
LA RESURRECCION DEL SEÑOR En
la noche santa Vigilia
pascual 1.
Según una tradición muy antigua, ésta es una noche de vigilia en honor del
Señor (Ex 12, 42). Los fieles, llevando en la mano —según la exhortación
evangélica (Lc 12, 35 ss)— lámparas encendidas, se asemejan a quienes esperan
el regreso de su Señor para que, cuando él vuelva, los encuentre vigilantes y
los haga sentar a su mesa. 2.
La celebración de la Vigilia se desarrolla de la siguiente manera: después de
la breve liturgia de la luz o "lucernario" (primera parte de la
Vigilia), la santa Iglesia, llena de fe en las palabras y promesas del Señor,
medita los portentos que él obró desde el principio en favor de su pueblo
(segunda parte o liturgia de la palabra) y cuando el día de la resurrección
está por llegar, encontrándose ya acompañada de sus nuevos hijos, renacidos en
el bautismo (tercera parte), es invitada a la mesa que el Señor ha preparado
para su pueblo, por medio de su muerte y resurrección (cuarta parte). 3.
Toda la celebración de la Vigilia pascual se hace en la noche, de modo que no
debe comenzar antes del principio de la noche del sábado, ni terminar después
del alba del domingo. 4.
La misa de la Vigilia, aunque se celebre antes de la medianoche, es ya la misa
pascual del Domingo de Resurrección. Los fieles que participan en la misa de la
Vigilia pueden comulgar también en la misa diurna de la Pascua. 5.
El sacerdote que celebra o concelebra la misa de la Vigilia, puede también
celebrar o concelebrar la misa diurna de la Pascua. 6.
El sacerdote y los ministros se revisten desde el principio con los ornamentos
blancos de la misa. Prepárense
suficientes velas para todos los fieles que participen en la Vigilia. Primera
parte: Lucernario
o solemne comienzo de la Vigilia Bendición
del fuego y preparación del cirio 7.
Se apagan todas las luces de la iglesia.
En un lugar adecuado, fuera de la iglesia, se enciende el fuego. Congregado
allí el pueblo, llega el sacerdote con los ministros. Uno de los ministros
lleva el cirio pascual.
Si las circunstancias no permiten encender el fuego fuera de la iglesia, todo
este rito se desarrolla como se indica en el número 13. 8.
El sacerdote saluda, como de costumbre, al pueblo congregado y le hace una
breve exhortación, con estas palabras u otras semejantes: Hermanos: En
esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida,
la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan
para velar en oración. Conmemoremos, pues, juntos, la Pascua del Señor,
escuchando su palabra y participando en sus sacramentos, con la esperanza
cierta de participar también en su triunfo sobre la muerte y de vivir con él
para siempre en Dios. 9.
Enseguida bendice el fuego. Oremos. Dios
nuestro, que por medio de tu Hijo has
dado a tus fieles el fuego de tu luz, santifica
+este fuego nuevo y
concédenos que
la celebración de estas fiestas pascuales encienda
en nosotros deseos tan santos que
podamos llegar con corazón limpio a
las fiestas de la eterna luz. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. Del
fuego nuevo se enciende el cirio pascual. 10.
Si, por razones pastorales, parece oportuno hacer resaltar con algunos
símbolos la dignidad y la significación del cirio pascual, puede hacerse de
este modo: una vez bendecido el fuego nuevo, un acólito o uno de los ministros
lleva el cirio pascual ante el celebrante. Este, con un punzón, graba una cruz
en el cirio. Después, traza sobre él la letra griega Alfa y, debajo, la letra
Omega; entre los brazos de la cruz traza los cuatro números del año en curso,
mientras dice: 1.
Cristo ayer y hoy, (Graba
el trazo vertical de la cruz.) 2.
Principio y fin, (Graba
el trazo horizontal.) 3.
Alfa (Graba
la letra Alfa sobre el trazo vertical.) 4.
y Omega. (Graba
la letra Omega debajo del trazo vertical.) 5.
Suyo es el tiempo (Graba
el primer número del año en curso en el ángulo superior izquierdo de la cruz.) 6.
y la eternidad. (Graba
el segundo número del año en el ángulo superior derecho de la cruz.) 7.
A él la gloria y el poder, (Graba
el tercer número del año en el ángulo inferior izquierdo de la cruz.) 8.
por los siglos de los siglos. Amén. (Graba
el cuarto número del año en el ángulo inferior derecho de la cruz.) O 11.
Acabada la incisión la cruz y los demás signos, el sacerdote puede
incrustar en el cirio cinco granos de incienso, en forma de cruz, diciendo al
mismo tiempo. 1.
Por sus santas
llagas
1 2.
gloriosas, 3.
nos
proteja
4
2
5 4.
y nos guarde 5.
Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
3 12.
El sacerdote enciende el cirio pascual con el fuego nuevo, diciendo: Que
la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe
las tinieblas del corazón y del espíritu.
Todos los ritos indicados en los nn. 10-12 puede realizarse total o
parcialmente, según las circunstancias pastorales del ambiente y del lugar. Las
Conferencias Episcopales pueden establecer también otros ritos más acomodados
a la idiosincrasia de cada pueblo en concreto.
13.
Cuando por alguna razón no se puede encender el fuego fuera de la iglesia, el
rito se acomoda a las circunstancias. Reunido, como de costumbre, el pueblo en
la iglesia, el celebrante con los ministros, uno de los cuales lleva el cirio
pascual, se dirige a la puerta de la iglesia. El pueblo, en cuanto sea posible,
se vuelve hacia el celebrante.
El sacerdote hace el saludo y la exhortación, como se indicó en el n. 8;
después se bendice el fuego (n. 9) y, si se quiere, se prepara y enciende el cirio,
como se indica en los nn. 10-12. Procesión 14.
A continuación el diácono o, en su defecto, el sacerdote, toma el cirio pascual
y, manteniéndolo elevado, canta él solo: V.
Luz del Cristo. Y
todos responden: R.
Demos gracias a Dios. Todos
entran en la iglesia, precedidos por el diácono (o el sacerdote) que lleva el
cirio pascual. Si se emplea el incienso, el turiferario precederá al diácono. 15.
En la puerta de la iglesia, el diácono se detiene y elevando el cirio, canta
por segunda vez: Cristo,
luz del mundo. Y
todos responden: Demos
gracias a Dios. En
este momento todos encienden sus velas en la llama del cirio y avanzan de
nuevo. 16.
Al llegar ante el altar, el diácono, vuelto hacia el pueblo, canta por tercera
vez: Cristo,
luz del mundo. Y
todos responden: Demos
gracias a Dios. Entonces
se encienden las luces del templo. Pregón
pascual 17.
El sacerdote se dirige a la sede. El diácono pone el cirio pascual en el
candelabro, que está preparado en medio del presbiterio o junto al ambón.
Después de poner incienso en el incensario, si éste se ha utilizado, el diácono
pide y recibe, como lo hace en la misa antes del Evangelio, la bendición del
sacerdote, el cual dice en voz baja El
Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que proclames dignamente su
pregón pascual; en el nombre del Padre, y del Hijo + y del Espíritu Santo. R.
Amén.
Esta bendición se omite si el pregón pascual es proclamado por otro que no sea
el diácono.
Si se usa el incienso, el diácono o, en su defecto, el sacerdote, inciensa el
libro y el cirio. Luego proclama el pregón pascual desde el ambón o desde el
púlpito. Todos permanecen de pie, teniendo en sus manos las velas encendidas.
El pregón pascual puede ser proclamado, en caso de necesidad, por un cantor que
no sea diácono. En este caso, el cantor omite desde las palabras Por eso,
queridos hermanos, hasta el final del invitatorio El resplandor de su luz, así
como el saludo El Señor esté con vosotros.
El pregón puede cantarse también en su forma breve. Las Conferencias
Episcopales pueden adaptar el pregón intercalando en él alguna aclamación del
pueblo. Forma
larga del pregón pascual Exulten
por fin los coros de los ángeles, alégrense
las jerarquías del cielo y,
por la victoria de rey tan poderoso, que
las trompetas anuncien la salvación. Goce
también la tierra, inundada
de tanta claridad, y
que, radian con el fulgor del rey eterno, se
sienta libre de la tiniebla que
cubría el orbe entero. Alégrese
también nuestra madre la Iglesia revestida
de luz tan brillante; resuene
este templo con las aclamaciones del pueblo. (Por
eso, queridos hermanos, que
asisten a la admirable claridad de esta luz santa, invoquen
conmigo la misericordia de Dios omnipotente, para
que aquel que, sin mérito mío, me
agregó al, número de los diáconos, infundiendo
el resplandor de su luz, me
ayude a cantar las alabanzas de este cirio.) (V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu.) V.Levantemos
el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.Demos
gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario aclamar
con nuestras voces y
con todo el afecto del corazón a
Dios invisible, el Padre todopoderoso, y
a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque
él ha pagado por nosotros al eterno Padre la
deuda de Adán y,
derramando su sangre, canceló
el recibo del antiguo pecado. Porque
éstas son las fiestas de Pascua, en
las que se inmola el verdadero Cordero, cuya
sangre consagra las puertas de los fieles. Ésta
es la noche en
que sacaste de Egipto a
los israelitas, nuestros padres, y
los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta
es la noche en
que la columna de fuego esclareció
las tinieblas del pecado. Esta
es la noche en
que, por toda la tierra, los
que confiesan su fe en Cristo son
arrancados de los vicios del mundo y
de la oscuridad del pecado, son
restituidos a la gracia y
son agregados a los santos. Ésta
es la noche en
que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo
asciende victorioso del abismo. ¿De
qué nos serviría haber nacido si
no hubiéramos sido rescatados? ¡Que
asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué
incomparable ternura y caridad! ¡Para
rescatar al esclavo entregaste al Hijo! Necesario
fue el pecado de Adán, que
ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz
la culpa que mereció tal Redentor! ¡Qué
noche tan dichosa! Solo
ella conoció el momento en
que Cristo resucitó de entre los muertos. Esta
es la noche de
la que estaba escrito: "Será
la noche clara como el día, la
noche iluminada por mi gozo". Y
así, esta noche santa ahuyenta
los pecados, lava
las culpas, devuelve
la inocencia a los caídos, la
alegría a los tristes, expulsa
el odio, trae
la concordia, doblega
a los poderosos. En
esta noche de gracia, acepta,
Padre santo, el
sacrificio vespertino de alabanza, que
la santa Iglesia te ofrece por
medio de sus ministros en
la solemne ofrenda de este cirio, hecho
con cera de abejas. Sabemos
ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo
en llama viva para la gloria de Dios. Y
aunque distribuye su luz, no
mengua al repartirla, porque
se alimenta de cera fundida, que
elaboró la abeja fecunda para
hacer esta lámpara preciosa. ¡Qué
noche tan dichosa, en
que se une el cielo con la tierra, lo
humano con lo divino! Te
rogamos, Señor, que este cirio, consagrado
a tu nombre, arda
sin apagarse para
destruir la oscuridad de esta noche, y,
como ofrenda agradable, se
asocie a las lumbreras del cielo. Que
el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese
lucero que no conoce ocaso y
es Cristo, tu Hijo resucitado, que
al salir del sepulcro, brilla
sereno para el linaje humano, y
vive y reina glorioso por
los siglos de los siglos. R.Amén.
Forma
breve del pregón pascual Exulten
por fin los coros de los ángeles, alégrense
las jerarquías del cielo y,
por la victoria de rey tan poderoso, que
las trompetas anuncien la salvación. Goce
también la tierra, inundada
de tanta claridad, y
que, radian con el fulgor del rey eterno, se
sienta libre de la tiniebla que
cubría el orbe entero. Alégrese
también nuestra madre la Iglesia revestida
de luz tan brillante; resuene
este templo con las aclamaciones del pueblo. (V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu.) V.Levantemos
el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.Demos
gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario aclamar
con nuestras voces y
con todo el afecto del corazón a
Dios invisible, el Padre todopoderoso, y
a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Porque
él ha pagado por nosotros al eterno Padre la
deuda de Adán y,
derramando su sangre, canceló
el recibo del antiguo pecado. Porque
éstas son las fiestas de Pascua, en
las que se inmola el verdadero Cordero, cuya
sangre consagra las puertas de los fieles. Ésta
es la noche en
que sacaste de Egipto a
los israelitas, nuestros padres, y
los hiciste pasar a pie el mar Rojo. Ésta
es la noche en
que la columna de fuego esclareció
las tinieblas del pecado. Esta
es la noche en
que, por toda la tierra, los
que confiesan su fe en Cristo son
arrancados de los vicios del mundo y
de la oscuridad del pecado, son
restituidos a la gracia y son
agregados a los santos. Ésta
es la noche en
que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo
asciende victorioso del abismo. ¡Que
asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué
incomparable ternura y caridad! ¡Para
rescatar al esclavo entregaste al Hijo! Necesario
fue el pecado de Adán, que
ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz
la culpa que mereció tal Redentor! Y
así, esta noche santa ahuyenta
los pecados, lava
las culpas, devuelve
la inocencia a los caídos, la
alegría a los tristes. ¡Qué
noche tan dichosa, en
que se une el cielo con la tierra, lo
humano con lo divino! En
esta noche de gracia, acepta,
Padre santo, el
sacrificio vespertino de alabanza, que
la santa Iglesia te ofrece por
medio de sus ministros en
la solemne ofrenda de este cirio, hecho
con cera de abejas. Te
rogamos, Señor, que este cirio, consagrado
a tu nombre, arda
sin apagarse para
destruir la oscuridad de esta noche, y,
como ofrenda agradable, se
asocie a las lumbreras del cielo. Que
el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese
lucero que no conoce ocaso y
es Cristo, tu Hijo resucitado, que
al salir del sepulcro, brilla
sereno para el linaje humano, y
vive y reina glorioso por
los siglos de los siglos. R.
Amén. Segunda
parte: Liturgia de la palabra 20.
En esta vigilia, "madre de todas las vigilias" (San Agustín, Serm.
219), se proponen nueve lecturas, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo
(la Epístola y el Evangelio). 21.
Si las circunstancias pastorales lo piden, puede reducirse el número de
lecturas del Antiguo Testamento; pero téngase siempre en cuenta que la lectura
de la Palabra de Dios es parte fundamental de esta Vigilia de Pascua.
Deben leerse, por lo menos, tres lecturas del Antiguo Testamento y, en casos
muy urgentes, por lo menos dos. Pero nunca se omita la tercera lectura, tomada
del capítulo 14 del Éxodo. 22.
Terminado el pregón, todos apagan sus velas y se sientan. Antes de comenzar las
lecturas, el sacerdote exhorta a la asamblea con estas palabras u otras
semejantes. Hermanos,
con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la
resurrección del Señor. Escuchemos con recogimiento la palabra de Dios.
Meditemos como, en la antigua alianza, Dios salvó a su pueblo y en la plenitud
de los tiempos, envió al mundo a su Hijo para que nos redimiera. Oremos para
que Dios, nuestro Padre, conduzca a su plenitud esta obra de salvación,
iniciada con la muerte y resurrección de Jesucristo. 23.
Siguen luego las lecturas. Un lector va al ambón y lee la primera lectura.
Después el salmista o cantor dice el salmo, alternando con las respuestas del
pueblo. Enseguida todos se levantan, el sacerdote dice Oremos y después de que
todos han orado en silencio durante unos momentos dice la oración colecta. Lo
mismo se hace en cada lectura.
En lugar de decir el salmo responsorial, se puede guardar un breve espacio de
silencio para hacer oración. En este caso, se omite la pausa después del
Oremos.
Para la Vigilia pascual se proponen nueve lecturas: siete del Antiguo
Testamento y dos del Nuevo. Si lo exigen las circunstancias, y por causas
particulares, se puede disminuir el número de las lecturas asignadas. Téngase
al menos tres lecturas del antiguo Testamento y, en casos más urgentes, por lo
menos dos, antes de la epístola y el evangelio. Nunca se omita la lectura del
Éxodo sobre el paso del mar Rojo (tercera lectura) PRIMERA
LECTURA Vio
Dios lodo lo que había hecho; y era muy bueno Lectura
del libro del Génesis 1, 1-2, 2
Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe;
sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la
faz de las aguas.
Y dijo Dios:
–«Que exista la luz.»
Y la luz existió.
Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó
Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero.
Y dijo Dios:
–«Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas. »
E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas
de encima de la bóveda.
Y así fue.
Y llamó Dios a la bóveda «Cielo».
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo.
Y dijo Dios:
–«Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan
los continentes.»
Y así fue.
Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó
«Mar».
Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios:
–«Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que
den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.»
Y así fue.
La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles
que daban fruto y llevaban semilla según su especie.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero.
Y dijo Dios:
–«Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la
noche, para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en
la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra. »
Y así fue.
E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la
lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la
bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche,
para separar la luz de la tiniebla.
Y vio Dios que era bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.
Y dijo Dios:
–«Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra
frente a la bóveda del cielo.»
Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo
pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Y Dios los bendijo, diciendo:
–«Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen
en la tierra.»
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios:
–«Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos,
reptiles y fieras según sus especies.»
Y así fue.
E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus
especies y los reptiles según sus especies.
Y vio Dios que era bueno.
Y dijo Dios:
–«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar,
las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.»
Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer
los creó.
Y los bendijo Dios y les dijo:
–«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del
mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.»
Y dijo Dios:
–«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la
tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de
alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a
todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les
servirá de alimento. »
Y así fue.
Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.
Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos.
Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y
descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho. Palabra
de Dios. 24.
DESPUÉS DE LA PRIMERA LECTURA: creación del mundo (Ge 1, 1-2, 2) o creación del
hombre (1, 1. 26-31a) Oremos. Dios
todopoderoso y eterno, que
en todas las obras de tu amor te
muestras admirable, concédenos comprender que
la redención realizada por Cristo, nuestra Pascua, es
una obra más maravillosa todavía que
la misma creación del universo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén.
O
bien más breve: Lectura
del libro del Génesis 1, 1. 26-31a Al
principio creó Dios el cielo y la tierra. Y
dijo Dios: –«Hagamos
al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves
del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.» Y
creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los
creó. Y
los bendijo Dios y les dijo: –«Creced,
multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves
del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra. » Y
dijo Dios: –«Mirad,
os entrego todas las hierbas, que engendran semilla sobre la faz de la tierra;
y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y
a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los
reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de
alimento.» Y
así fue. Y
vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 103, 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c (R.: cf. 30) R.
Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice, alma mía, al Señor;
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas. R.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto. R.
Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los que sirven al hombre. R.
Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría;
la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R. O
bien: Sal
32, 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R.: 5b) R.
La misericordia del Señor llena la tierra.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el océano. R.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R. si
se hace la lectura breve: creación del hombre. Oremos. Dios
nuestro, que de un modo admirable nos
creaste a tu imagen y semejanza y
de un modo más admirable todavía nos
redimiste, concédenos
sabiduría de espíritu, para
resistir los atractivos del pecado y
poder llegar así a los gozos del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. SEGUNDA
LECTURA El
sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe Lectura
del libro del Génesis 22, 1-18 En
aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: –«¡Abrahán!
» Él
respondió: –«Aquí
me tienes.» Dios
le dijo: –«Toma
a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo
allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. » Abrahán
madrugó, aparejó el asno y se llevó consigo a dos criados y a su hijo Isaac;
cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que le había indicado
Dios. El
tercer día levantó Abrahán los ojos y descubrió el sitio de lejos. Y Abrahán
dijo a sus criados: –«Quedaos
aquí con el asno; yo con el muchacho iré hasta allá para adorar, y después
volveremos con vosotros.» Abrahán
tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el
fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac
dijo a Abrahán, su padre: –«Padre.» El
respondió: –«Aquí
estoy, hijo mío.» El
muchacho dijo: –«Tenernos
fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?» Abrahán
contestó: –«Dios
proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío.» Y
siguieron caminando juntos. Cuando
llegaron al sitio que le habla dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló
la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña.
Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del
Señor le gritó desde el cielo: –«¡Abrahán,
Abrahán!» Él
contestó: –«Aquí
me tienes.» El
ángel le ordenó: –«No
alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios,
porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.» Abrahán
levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se
acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. Abrahán
llamó aquel sitio «El Señor ve», por lo que se dice aún hoy «El monte del Señor
ve». El
ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: –«Juro
por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho esto,
por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus
descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus
descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los
pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.» Palabra
de Dios.
O
bien más breve: Lectura
del libro del Génesis 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18 En
aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: –«¡Abrahán!
» Él
respondió: –«Aquí
me tienes.» Dios
le dijo: –«Torna
a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo
allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré. » Cuando
llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y tomó
el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el
cielo: –«¡Abrahán,
Abrahán!» Él
contestó: –«Aquí
me tienes.» El
ángel le ordenó: –«No
alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios,
porque no te has reservado, a tu hijo, tú único hijo. » Abrahán
levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se
acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. El
ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: –«Juro
por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber hecho esto, por no haberte
reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como
las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes
conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo
se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.» Palabra
de Dios.
Salmo
responsorial Sal 15, 5 y 8. 9-10. 11 (R.: 1) R.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciaras de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R. 25.
DESPUÉS DE LA SEGUNDA LECTURA: sacrificio de Abraham (Ge. 22, 1-18; o 1-2. 9a.
10-13. 15-18). Oremos. Señor
Dios, Padre de los creyentes, que
por medio del sacramento pascual del bautismo sigues
cumpliendo la promesa hecha a Abraham de
multiplicar su descendencia por toda la tierra y
de hacerlo el padre de todas las naciones, concede
a tu pueblo responder dignamente a
la gracia de tu llamado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. TERCERA
LECTURA Los
israelitas en medio del mar a pie enjuto Lectura
del libro del Éxodo 14, 15-15, 1 En
aquellos días, dijo el Señor a Moisés: –«
¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y
tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los
israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Que yo voy a endurecer el
corazón de los egipcios para que los persigan, y me cubriré de gloria a costa
del Faraón y de todo su ejército, de sus carros y de los guerreros. Sabrán los
egipcios que yo soy el Señor, cuando me haya cubierto de gloria a costa del Faraón,
de sus carros y de sus guerreros.» Se
puso en marcha el ángel del Señor, que iba al frente del ejército de Israel, y
pasó a retaguardia. También la columna de nube de delante se desplazó de allí
y se colocó detrás, poniéndose entre el campamento de los egipcios y el
campamento de los israelitas. La nube era tenebrosa, y transcurrió toda la
noche sin que los ejércitos pudieran trabar contacto. Moisés extendió su mano
sobre el mar, y el Señor hizo soplar –durante toda la noche un fuerte viento del
este, que secó el mar, y se dividieron las aguas. Los israelitas entraron en
medio del mar a pie enjuto, mientras que las aguas formaban muralla a derecha
e izquierda. Los egipcios se lanzaron en su persecución, entrando tras ellos,
en medio del mar, todos los caballos del Faraón y los carros con sus guerreros. Mientras
velaban al amanecer, miró el Señor al campamento egipcio, desde la columna de
fuego y nube, y sembró el pánico en el campamento egipcio. Trabó las ruedas de
sus carros y las hizo avanzar pesadamente. Y
dijo Egipto: –«Huyamos
de Israel, porque el Señor lucha en su favor contra Egipto. » Dijo
el Señor a Moisés: –«Extiende
tu mano sobre el mar, y vuelvan las aguas sobre los egipcios, sus carros y sus
jinetes.» Y
extendió Moisés su mano sobre el mar; y al amanecer volvía el mar a su curso de
siempre. Los egipcios, huyendo, iban a su encuentro, y el Señor derribó a los
egipcios en medio del mar. Y
volvieron las aguas y cubrieron los carros, los jinetes y todo el ejército del
Faraón, que lo había seguido por el mar. Ni uno solo se salvó. Pero
los hijos de Israel caminaban por lo seco en medio del mar; las aguas les
hacían de muralla a derecha e izquierda. Aquel
día salvó el Señor a Israel de las manos de Egipto. Israel vio a los egipcios
muertos, en la orilla del mar. Israel vio la mano grande del Señor obrando
contra los egipcios, y el pueblo temió al Señor, y creyó en el Señor y en
Moisés, su siervo. Entonces
Moisés y los hijos de Israel cantaron este canto al Señor: Salmo
responsorial Ex 15, 1-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R.: la) R.
Cantaré al Señor, sublime es su victoria.
Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré. R.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes. R.
Las olas los cubrieron,
bajaron hasta el fondo como piedras.
Tu diestra, Señor, es fuerte y terrible,
tu diestra, Señor, tritura al enemigo. R.
Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. R. 26.
DESPUÉS DE LA TERCERA LECTURA: paso del mar Rojo (Ex 14, 15-15,1) Oremos. Tus
antiguos prodigios se
renuevan, Señor, también en nuestros tiempos, pues
lo que tu poder hizo con las aguas para
librar a un solo pueblo de la esclavitud del faraón, lo
repites ahora, por medio del agua del bautismo, para
salvar a todas las naciones. Concede
a todos los hombres del mundo entero contarse
entre los hijos de Abraham y
participar de la dignidad del pueblo elegido. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. O
bien: Oremos. Señor,
que con el Evangelio nos has hecho comprender el
sentido profundo del Antiguo Testamento, dejándonos
ver en el paso del mar Rojo una
imagen del bautismo y
en el pueblo liberado de la esclavitud, un
símbolo del pueblo cristiano, haz
que todos los hombres, mediante la fe, participen
del privilegio del pueblo elegido y
sean regenerados por la acción santificadora de tu Espíritu. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. CUARTA
LECTURA Con
misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor Lectura
del libro de Isaías 54, 5-14 El
que te hizo te tomará por esposa; su
nombre es Señor de los ejércitos. Tu
redentor es el Santo de Israel, se
llama Dios de toda la tierra. Como
a mujer abandonada y abatida te
vuelve a llamar el Señor; como
a esposa de juventud, repudiada –dice
tu Dios–. Por
un instante te abandoné, pero
con gran cariño te reuniré. En
un arrebato de ira te
escondí un instante mi rostro, pero
con misericordia eterna te quiero –dice
el Señor, tu redentor–. Me
sucede como en tiempo de Noé: juré
que las aguas del diluvio no
volverían a cubrir la tierra; así
juro no airarme contra ti ni
amenazarte. Aunque
se retiren los montes y
vacilen las colinas, no
se retirará de ti mi misericordia, ni
mi alianza de paz vacilará –dice
el Señor, que te quiere–. ¡Oh
afligida, zarandeada, desconsolada! Mira,
yo mismo coloco tus piedras sobre azabaches, tus
cimientos sobre zafiros; te
pondré almenas de rubí, y
puertas de esmeralda, y
muralla de piedras preciosas. Tus
hijos serán discípulos del Señor, tendrán
gran paz tus hijos. Tendrás
firme asiento en la justicia. Estarás
lejos de la opresión, y
no tendrás que temer; y
lejos del terror, que
no se te acercará. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a) R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
y me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R.
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R. 27.
DESPUÉS DE LA CUARTA LECTURA: la nueva Jerusalén (Is 54, 5-14). Oremos. Señor
Dios, siempre fiel a tus promesas, aumenta,
por medio del bautismo, el número de tus hijos y
multiplica la descendencia prometida a
la fe de los patriarcas, para
que tu Iglesia vea que se va cumpliendo tu
voluntad de salvar a todos los hombres, como
los patriarcas lo creyeron y esperaron. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén.
La oración anterior puede substituirse por alguna de las que siguen, cuando sus
lecturas correspondientes vayan a omitirse. QUINTA
LECTURA Venid
a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua Lectura
del libro de Isaías 55, 1-11 Así
dice el Señor: «Oíd,
sedientos todos, acudid por agua, también
los que no tenéis dinero: venid,
comprad trigo, comed sin pagar vino
y leche de balde. ¿Por
qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y
el salario en lo que no da hartura? Escuchadme
atentos, y comeréis bien, saborearéis
platos sustanciosos. Inclinad
el oído, venid a mí: escuchadme,
y viviréis. Sellaré
con vosotros alianza perpetua, la
promesa que aseguré a David: a
él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo
y soberano de naciones; tú
llamarás a un pueblo desconocido, un
pueblo que no te conocía correrá hacia ti; por
el Señor, tu Dios, por
el Santo de Israel, que te honra. Buscad
al Señor mientras se le encuentra, invocadlo
mientras esté cerca; que
el malvado abandone su camino, y
el criminal sus planes; que
regrese al Señor, y él tendrá piedad, a
nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis
planes no son vuestros planes, vuestros
caminos no son mis caminos –oráculo
del Señor–. Como
el cielo es más alto que la tierra, mis
caminos son más altos que los vuestros, mis
planes, que vuestros planes. Como
bajan la lluvia y la nieve del cielo, y
no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de
fecundarla y hacerla germinar, para
que dé semilla al sembrador y
pan al que come, así
será mi palabra, que sale de mi boca: no
volverá a mí vacía, sino
que hará mi voluntad y
cumplirá mi encargo.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3) R. Sacaréis
aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.
El Señor es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.
Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R.
Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el Santo de Israel. » R. 28.
DESPUÉS DE LA QUINTA LECTURA: la salvación que se ofrece gratuitamente a todos
(Is 55, 1-11). Oremos. Dios
todopoderoso y eterno, única esperanza del mundo, tú
que anunciaste por la voz de tus profetas los
misterios que estamos celebrando esta noche, infunde
en nuestros corazones la
gracia de tu Espíritu, para
que podamos vivir una vida digna
de tu redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. SEXTA
LECTURA Caminad
a la claridad del resplandor del Señor Lectura
del libro de Baruc 3, 9-15. 32-4, 4 Escucha,
Israel, mandatos de vida; presta
oídos para aprender prudencia. ¿A
qué se debe, Israel, que estés aún en país enemigo, que
envejezcas en tierra extranjera, que
estés contaminado entre los muertos, y
te cuenten con los habitantes del abismo? Es
que abandonaste la fuente de la sabiduría. Si
hubieras seguido el camino de Dios, habitarías
en paz para siempre. Aprende
dónde se encuentra la prudencia, el
valor y la inteligencia; así
aprenderás dónde se encuentra la vida larga, la
luz de los ojos y la paz. ¿Quién
encontró su puesto o
entró en sus almacenes? El
que todo lo sabe la conoce, la
examina y la penetra. El
que creó la tierra para siempre y
la llenó de animales cuadrúpedos; el
que manda a la luz, y ella va, la
llama, y le obedece temblando; a
los astros que velan gozosos en
sus puestos de guardia, los
llama, y responden: «Presentes», y
brillan gozosos para su Creador. Él
es nuestro Dios, y
no hay otro frente a él; investigó
el camino de la inteligencia y
se lo enseñó a su hijo, Jacob, a
su amado, Israel. Después
apareció en el mundo y
vivió entre los hombres. Es
el libro de los mandatos de Dios, la
ley de validez eterna: los
que la guarden vivirán; los
que la abandonen morirán. Vuélvete,
Jacob, a recibirla, camina
a la claridad de su resplandor; no
entregues a otros tu gloria, ni
tu dignidad a un pueblo extranjero. ¡Dichosos
nosotros, Israel, que conocemos lo
que agrada al Señor! Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68) R.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.
La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.
Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R. 29.
DESPUÉS DE LA SEXTA LECTURA: la fuente de la sabiduría (Bar 3,9-15. 32-4,
4). Oremos. Dios
nuestro, que haces crecer continuamente a tu Iglesia con
hijos llamados de todos los pueblos, dígnate
proteger siempre con tu gracia a
quienes has hecho renacer en el bautismo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. SÉPTIMA
LECTURA Derramaré
sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo Lectura
de la profecía de Ezequiel 36, 16-28 Me
vino esta palabra del Señor: «Hijo
de Adán, cuando
la casa de Israel habitaba en su tierra, la
profanó con su conducta, con sus acciones; como
sangre inmunda fue su proceder ante mí. Entonces
derramé mi cólera sobre ellos, por
la sangre que habían derramado en el país, por
haberlo profanado con sus idolatrías. Los
esparcí entre las naciones, anduvieron
dispersos por los países; según
su proceder, según sus acciones los sentencié. Cuando
llegaron a las naciones donde se fueron, profanaron
mi santo nombre; decían
de ellos: "Éstos
son el pueblo del Señor, de
su tierra han salido. Sentí
lástima de mi santo nombre, profanado
por la casa de Israel en
las naciones a las que se fue. Por
eso, di a la casa de Israel: Esto
dice el Señor: "No
lo hago por vosotros, casa de Israel, sino
por mi santo nombre, profanado por vosotros, en
las naciones a las que habéis ido. Mostraré
la santidad de mi nombre grande, profanado
entre los gentiles, que
vosotros habéis profanado en medio de ellos; y
conocerán los gentiles que yo soy el Señor –Oráculo
del Señor–, cuando
les haga ver mi santidad al castigaros. Os
recogeré de entre las naciones, os
reuniré de todos los países, y
os llevaré a vuestra tierra. Derramaré
sobre vosotros un agua pura que
os purificará: de
todas vuestras inmundicias e idolatrías os
he de purificar. Y
os daré un corazón nuevo, y
os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré
de vuestra carne el corazón de piedra, y
os daré un corazón de carne. Os
infundiré mi espíritu, y
haré que caminéis según mis preceptos, y
que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y
habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros
seréis mi pueblo, y
yo seré vuestro Dios."» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3. 4 (R.: 41, 2) R.
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío.
Tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios? R.
Cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta. R.
Envía tu luz y tu verdad;
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R. O
bien, cuando se celebra el bautismo: Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6, como después de la
quinta lectura. O
bien: Sal
50, 12-13. 14-15. 18-19 (R.: 12a) R.
Oh Dios, crea en mí un corazón puro. Oh
Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame
por dentro con espíritu firme; no
me arrojes lejos de tu rostro, no
me quites tu santo espíritu. R. Devuélveme
la alegría de tu salvación, afiánzame
con espíritu generoso; enseñaré
a los malvados tus caminos, los
pecadores volverán a ti. R. Los
sacrificios no te satisfacen; si
te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi
sacrificio es un espíritu quebrantado; un
corazón quebrantado y humillado, tú
no lo desprecias. R. 30.
DESPUÉS DE LA SÉPTIMA LECTURA: el corazón nuevo y el espíritu nuevo (Ez 36,
16-28). Oremos. Señor
Dios nuestro, poder inmutable y luz sin ocaso, prosigue
bondadoso a través de tu Iglesia, sacramento
de salvación, la
obra que tu amor dispuso desde la eternidad; que
todo el mundo vea y reconozca que
los caídos se levantan, que
se renueva lo que había envejecido y
que todo se integra en aquel que
es el principio de todo, Jesucristo, nuestro Señor, que
vive y reina contigo por los siglos de los siglos. R.
Amén. O
esta oración: Oremos. Señor
Dios nuestro, que
con las enseñanzas del Antiguo y
del Nuevo Testamento nos
has preparado a celebrar el misterio de la Pascua, haz
que comprendamos tu amor, para
que los dones que hoy recibimos confirmen
en nosotros la esperanza de los bienes futuros. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. 31.
Terminada la oración de la última lectura del Antiguo Testamento, con el
responsorio y la oración correspondiente, se encienden las velas del altar. El
sacerdote entona solemnemente el himno Gloria a Dios, que todos prosiguen. Se
tocan las campanas, de acuerdo con las costumbres de cada lugar. 32.
Acabado el himno, el sacerdote dice la oración colecta, como de costumbre. Oremos. Dios
nuestro, que haces resplandecer esta noche santa con
la gloria del Señor resucitado, aviva
en tu Iglesia el espíritu filial, para
que, renovados en cuerpo y alma, nos
entreguemos plenamente a tu servicio. Por
nuestro Señor Jesucristo. 33.
Seguidamente un lector proclama la lectura del Apóstol. EPÍSTOLA Cristo,
una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-11 Hermanos: Los
que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por
el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo
fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en una vida nueva. Porque,
si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará
también en una resurrección como la suya. Comprendamos
que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida
nuestra personalidad de pecadores, y nosotros libres de la esclavitud al
pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado. Por
tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues
sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más;
la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado
de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo
mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo
Jesús. Palabra
de Dios. 34.
Terminada la epístola todos se ponen de pie y el sacerdote entona solemnemente
el Aleluya, que todos repiten.
Después el salmista o cantor proclama el salmo, y el pueblo intercala: Aleluya,
En cada una de las estrofas. Si hace falta, el mismo salmista canta el Aleluya. Salmo
responsorial Sal 117, 1-2. l6ab- 17. 22-23 R.
Aleluya, aleluya, aleluya. Dad
gracias al Señor porque es bueno, porque
es eterna su misericordia. Diga
la casa de Israel: eterna
es su misericordia. R. La
diestra del Señor es poderosa, la
diestra del Señor es excelsa. No
he de morir, viviré para
contar las hazañas del Señor. R. La
piedra que desecharon los arquitectos es
ahora la piedra angular. Es
el Señor quien lo ha hecho, ha
sido un milagro patente. R. 35.
Para el Evangelio no se llevan cirios. Puede emplearse el incienso. EVANGELIO Ha
resucitado y va por delante de vosotros a Galilea +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 1-10 En
la madrugada del sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María
Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la
tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la
piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como
la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel
habló a las mujeres: –«Vosotras,
no temáis; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No
está aquí. Ha resucitado, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e
id aprisa a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos y
va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis." Mirad, os lo he
anunciado.» Ellas
se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría,
corrieron a anunciarlo a los discípulos. De
pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: –«Alegraos.» Ellas
se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús
les dijo: –«No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a
Galilea; allí me verán.» Palabra
del Señor. 36.
Inmediatamente después del Evangelio se hace la homilía. Después comienza la
liturgia bautismal. Tercera
parte: Liturgia bautismal 37.
El sacerdote con los ministros se dirige a la fuente bautismal, si es que ésta
se encuentra a la vista de los fieles. De lo contrario, se pone un recipiente
con agua en el presbiterio.
Si hay catecúmenos adultos, son llamados por su nombre y presentados por los
padrinos o, si son niños, llevados por los padres y padrinos frente a toda la
asamblea. 38.
Después, el sacerdote exhorta a los presentes, con estas u otras palabras
semejantes. Si
están presentes los que se van a bautizar: Hermanos,
acompañemos con nuestra oración a estos catecúmenos que anhelan renacer a nueva
vida en la fuente del bautismo, para que Dios, nuestro Padre, les otorgue su
protección y su amor. Si
se bendice la fuente, pero no va a haber bautizos: Hermanos,
pidamos a Dios todopoderoso que con su poder santifique esta fuente bautismal,
para que cuantos en el bautismo van a ser regenerados en Cristo, sean acogidos
en la familia de Dios. 39.
Dos cantores entonan las letanías, a las que todos responden estando en pie
(por razón del tiempo pascual). Si
la procesión hasta el baptisterio es larga, se cantan las letanías durante la
procesión; en este caso se llama a los catecúmenos, antes de comenzar la
procesión. Esta procesión se organiza de la siguiente manera: abre la procesión
el diácono o un ministro con el cirio pascual; siguen los catecúmenos, con los
padrinos; después, el sacerdote con los ministros. En este caso, la
exhortación precedente se hace antes de la bendición del agua. 40.
Si no hay bautizos ni bendición de la fuente, omitidas las letanías, se procede
inmediatamente a la bendición del agua (número 45). 41.
En las letanías se pueden añadir algunos nombres de santos, especialmente el
del titular de la iglesia, el de los patronos del lugar y el de los que van a
ser bautizados. Señor,
ten piedad. Señor,
ten piedad. Cristo,
ten piedad. Cristo,
ten piedad. Señor,
ten piedad. Señor,
ten piedad. Santa
María, Madre de Dios ruega
(rogad) por nosotros San
Miguel Santos
Ángeles de Dios San
Juan Bautista San
José Santos
Pedro y Pablo San
Andrés San
Juan Santa
María Magdalena San
Esteban San
Ignacio de Antioquía San
Lorenzo Santas
Perpetua y Felicidad Santa
Inés San
Gregorio San
Agustín San
Atanasio San
Basilio San
Martín San
Benito Santos
Francisco San
Francisco Javier San
Juan María Vianney Santa
Catalina de Siena Santa
Teresa de Jesús Santos
y Santas de Dios Muéstrate
propicio líbranos,
Señor De
todo mal De
todo pecado De
la muerte eterna Por
tu encarnación Por
tu muerte y resurrección Por
el don del Espíritu Santo Nosotros,
que somos pecadores
te
rogamos, óyenos
Si
hay bautizos: Para
que regeneres a estos elegidos con
la gracia del bautismo te
rogamos, óyenos
Si
no hay bautizos: Para
que santifiques esta agua en
la que renacerán tus nuevos hijos te
rogamos, óyenos Jesús,
Hijo de Dios vivo. te
rogamos, óyenos Si
hay bautizandos, el sacerdote, con las manos juntas, dice la siguiente oración: Derrama,
Señor, tu infinita bondad en
este sacramento del bautismo y
envía a tu santo Espíritu, para
que haga renacer de la fuente bautismal a
estos nuevos hijos tuyos, que
van a ser santificados por tu gracia, mediante
la colaboración de nuestro ministerio. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Bendición
del agua bautismal 42.
Enseguida el sacerdote bendice el agua bautismal, diciendo con las manos
juntas, la siguiente oración: Oh
Dios, que realizas en tus sacramentos obras admirables con
tu poder invisible y
de diversos modos te has servido de tu criatura el agua para
significar la gracia del bautismo. Oh
Dios, cuyo espíritu en los orígenes del mundo, Se
cernía sobre las aguas para
que ya desde entonces concibieran
el poder de santificar. Oh
Dios, que incluso en las aguas torrenciales del diluvio prefiguraste
el nacimiento de la nueva humanidad, de
modo que una misma agua pusiera
fin al pecado y diera origen a la santidad. Oh
Dios, que hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a
los hijos de Abraham, a
fin de que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón, fuera
imagen de la familia de los bautizados. Oh
Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado por Juan en el agua del Jordán, fue
ungido por el Espíritu Santo; colgado
en la cruz, vertió
de su costado agua, junto con la sangre; y
después de su resurrección mandó a sus apóstoles: "Vayan
y hagan discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en
el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo." Mira
ahora a tu Iglesia en oración y
abre para ella la fuente del bautismo. Que
esta agua reciba, por la obra del Espíritu Santo, la
gracia de tu Unigénito, para
que el hombre, creado a tu imagen y limpio en el bautismo, muera
al hombre viejo y
renazca, como niño, a vida nueva por
el agua y el Espíritu. Si
lo cree oportuno, introduce el cirio pascual en el agua una o tres veces,
diciendo: Te
pedimos, Señor, que
el poder del Espíritu Santo, por
tu Hijo, descienda
sobre el agua de esta fuente, Y
teniendo el cirio dentro del agua, prosigue: para
que todos los sepultados con Cristo en su muerte, por
el bautismo, resuciten
con él a la vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. R.
Amén. 43.
Seguidamente saca el cirio del agua y el pueblo dice la siguiente aclamación o
alguna otra adecuada: Manantiales,
bendecid al Señor, ensalzadlo
con himnos por los siglos. 44.
Cada catecúmeno hace la renuncia a Satanás y la
profesión de fe, y recibe el bautismo. Si
está presente el obispo, los catecúmenos adultos reciben inmediatamente la
confirmación; en caso contrario, el presbítero que ha administrado el bautismo
puede también confirmar a los catecúmenos adultos (Cf. Ritual de la Iniciación
Cristiana de Adultos, nn. 228 y 362). Bendición
del agua común 45.
Si no hay bautizos, ni bendición de la fuente bautismal, el sacerdote bendice
el agua diciendo: Invoquemos,
queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso, que bendiga esta agua, con la
cual seremos rociados en memoria de nuestro bautismo, y que nos renueve
interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido. Y
después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos juntas. Señor,
Dios nuestro, mira
con bondad a este pueblo tuyo, que
vela en oración en esta noche santísima, recordando
la obra admirable de nuestra creación y
la obra más admirable todavía, de nuestra redención. Dígnate
bendecir + esta agua, que
tú creaste para dar fertilidad a la tierra, frescura
y limpieza a nuestros cuerpos. Tu,
además, has convertido el agua en
un instrumento de tu misericordia: a
través de las aguas del mar Rojo liberaste
a tu pueblo de la esclavitud; en
el desierto hiciste brotar un manantial para saciar su sed; con
la imagen del agua viva los
profetas anunciaron la nueva alianza que
deseabas establecer con los hombres; finalmente,
en el agua del Jordán, santificada
por Cristo, inauguraste
el sacramento de una vida nueva, que
nos libra de la corrupción del pecado. Que
esta agua nos recuerde ahora nuestro
bautismo y
nos haga participar en la alegría de
nuestros hermanos, que
han sido bautizados en esta Pascua del Señor, el
cual vive y reina por los siglos de los siglos. R.
Amén. Renovación
de las promesas del bautismo 46.
Terminada la ceremonia del bautismo (y de la confirmación) o, si no hubo
bautizos, después de la bendición del agua, todos, de pie y teniendo en sus
manos las velas encendidas hacen la renovación de las promesas del bautismo.
El sacerdote se dirige a la comunidad con estas palabras u otras parecidas: Hermanos,
por medio del bautismo, hemos sido hechos participes del misterio pascual de
Cristo; es decir, por medio del bautismo, hemos sido sepultados con él en su
muerte para resucitar con él a una vida nueva. Por eso, al terminar el tiempo
de preparación de la Cuaresma, es muy conveniente que renovemos las promesas de
nuestro bautismo, con las cuales un día renunciamos a Satanás y a sus obras y
nos comprometimos a servir a Dios, en la santa Iglesia católica. Así,
pues: Para
hacer la renuncia, se puede tomar una de las tres fórmulas que se proponen a
continuación: Primera
fórmula: Sacerdote: ¿Renunciáis
vosotros a Satanás? Todos: Sí,
renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis
a todas sus obras? Todos: Sí,
renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis
a todas sus seducciones? Todos: Sí,
renuncio. Segunda
fórmula: Sacerdote: ¿Renunciáis
vosotros al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios? Todos: Si,
renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis
a todas las seducciones del mal para que el pecado no los esclavice? Todos: Si,
renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis
a Satanás, padre y autor de todo pecado? Todos: Si,
renuncio. Tercera
fórmula: Sacerdote: ¿Renunciáis
a Satanás, esto es,
al pecado, como negación de Dios;
al mal, como signo de pecado en el mundo;
al error, como ofuscación de la verdad;
a la violencia, como contraria a la caridad;
al egoísmo, como falta de testimonio del amor? Todos: Si,
renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis
a sus obras, que son:
las envidias y los odios;
la pereza e indiferencia;
la cobardía y los complejos;
las tristezas y desconfianzas;
las injusticias y favoritismos;
los materialismos y las sensualidades;
las faltas fe, esperanza y caridad? Todos: Si,
renuncio. Sacerdote: ¿Renunciáis
a todas sus seducciones, como pueden ser:
el creerse mejores que los demás;
sentirse superiores;
estar seguros de sí mismo;
creer que no necesitan conversión; considerar
solamente las cosas materiales, los instrumentos y las instituciones, los
métodos y los reglamentos, y no llegar a Dios? Todos: Si,
renuncio.
Prosigue
el sacerdote: ¿Creéis
vosotros en Dios, Padre
todopoderoso, creador
del cielo y de la tierra? Todos: Si,
creo. Sacerdote: ¿Creéis
en Jesucristo, su
Hijo único y Señor nuestro, que
nació de la Virgen María, padeció
y murió por nosotros, resucitó
y está sentado a la derecha del Padre? Todos: Sí,
creo. Sacerdote: ¿Creéis
en el Espíritu Santo, en
la santa Iglesia católica, en
la comunión de los santos, en
el perdón de los pecados, en
la resurrección de los muertos y en la vida eterna? Todos: Sí,
creo. Y
el sacerdote concluye: Que
Dios todopoderoso, Padre
de nuestro Señor Jesucristo, que
nos liberó del pecado y
nos ha hecho renacer por el agua y el Espíritu Santo, nos
conserve con su gracia unidos
a Jesucristo nuestro Señor, hasta la vida eterna. Todos: Amén. 47.
El sacerdote asperja al pueblo con el agua bendita, mientras todos cantan la
siguiente antífona o algún otro canto bautismal: Vi
brotar agua del
lado derecho del templo, aleluya. Vi
que en todos aquellos que
recibían el agua, surgía
una vida nueva y
cantaban con gozo: Aleluya, aleluya. 48.
Mientras tanto los neófitos son conducidos a su lugar entre los fieles.
Si la bendición del agua bautismal se hizo en el presbiterio, los ministros
llevan a la fuente, con toda reverencia, el recipiente del agua. Si no hubo
bendición de la fuente, el agua bendita se coloca en un lugar apropiado. 49.
Hecha la aspersión, el sacerdote vuelve a la sede, en donde dirige la Oración
Universal, en la cual toman parte los neófitos por primera vez. No
se dice Credo. Cuarta
parte: Liturgia eucarística 50.
El sacerdote va al altar y comienza la Liturgia Eucarística, en la forma
acostumbrada. 51.
Es conveniente que el pan y el vino sean presentados por los neófitos, si los
hay. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos y
concédenos que el memorial de
la muerte y resurrección de Jesucristo, que
estamos celebrando, nos
obtenga la fuerza para llegar a la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. 52.
Prefacio pascual I: EL
MISTERIO PASCUAL V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, glorificarte
siempre, Señor, pero
más que nunca en esta noche en
que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado. Porque
él es el Cordero de Dios que
quitó el pecado del mundo: muriendo,
destruyó nuestra muerte, y
resucitando, restauró la vida. Por
eso, con esta efusión de gozo pascual, el
mundo entero se desborda de alegría y
también los coros celestiales, los
ángeles y los arcángeles, cantan
sin cesar el himno de tu gloria: Santo,
Santo, Santo...
Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor,
propios. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.] Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice: Acuérdate, Señor, propio y la
intercesión particular, propia. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua, de su octava y en el bautismo de adultos: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente. Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende los deseos, propio y la
intercesión particular, propia. En
las misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.
53.
Antífona de comunión 1 Cor 5,
7-8 Cristo,
nuestro Cordero pascual, ha sido inmolado. Celebremos, pues, la Pascua, con una
vida de rectitud y santidad. Aleluya. 54.
Oración después de la comunión Infúndenos,
Señor, tu espíritu de caridad para
que vivamos siempre unidos en tu amor los
que hemos participado en
este sacramento de
la muerte y resurrección de Jesucristo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. 55.
Para la despedida, el diácono o el mismo sacerdote dice: Podéis
ir en paz, aleluya, aleluya. R.
Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya. TIEMPO
PASCUAL Surrexit
Dominus Vere, Alleluia! Domingo
de Resurrección Vigilia
pascual Misa
del día Octava
de Pascua L-M-X-J-V-S-D Segunda
Semana L-M-M-J-V-S Tercera
Semana D-L-M-M-J-V-S Cuarta
Semana D-L-M-M-J-V-S Quinta
Semana D-L-M-M-J-V-S Sexta
Semana D-L-M-M-J-V-S Séptima
Semana L-M-M-J-V-S Solemnidades
de Pascua Ascensión Pentecostés DOMINGO
DE PASCUA DE
LA RESURRECCION DEL SEÑOR MISA
DEL DÍA Antífona
de
entrada Sal
138, 18. 5-6 He
resucitado y viviré siempre contigo; has puesto tu mano sobre mí, tu sabiduría
ha sido maravillosa. Aleluya. O
bien:
Lc 24,
34; Cf. Ap 1, 6 El
Señor ha resucitado. Aleluya. A él la gloria y el poder por toda la eternidad. Oración
colecta Dios
nuestro, que
por medio de tu Hijo venciste a la muerte y
nos has abierto las puertas de la vida eterna, concede
a quienes celebramos hoy la Pascua de Resurrección, resucitar
también a una nueva vida, renovados
por la gracia del Espíritu Santo. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Regocijados
con la alegría de la Pascua, te
ofrecemos, Señor, esta Eucaristía, mediante
la cual tu Iglesia se renueva y alimenta de
un modo admirable. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio EL
MISTERIO PASCUAL V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación glorificarte
siempre, Señor, pero
más que nunca en este día, en
que Cristo nuestra Pascua, fue
inmolado. Porque
Él es el Cordero de Dios que
quitó el pecado del mundo: muriendo,
destruyó nuestra muerte, y
resucitando, restauró la vida. Por
eso, con
esta efusión de gozo pascual, el
mundo entero se desborda de alegría y
también los coros celestiales, los
ángeles y los arcángeles, cantan
sin cesar el himno de tu gloria: Santo,
Santo, Santo...
Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.]
Si
se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión
particular. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente.
Si
se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende
a los deseos. En
las Misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.
Antífona
de comunión 1 Cor 5, 7-8 Cristo,
nuestro Cordero Pascual, ha sido inmolado: celebremos, pues la Pascua con una
vida de rectitud y santidad. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
protege siempre a tu Iglesia con amor paterno, para
que, renovada ya por los sacramentos de Pascua, pueda
llegar a la gloria de la resurrección. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Para
despedir al pueblo, durante toda la octava se dice: Podéis
ir en paz, aleluya, aleluya. El
pueblo responde: R.
Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya. Toda
la Octava de Pascua se dice esta despedida LUNES
DE LA OCTAVA DE PASCUA Antífona
de entrada Ex
13, 5. 9 Que
la alabanza del Señor esté siempre en nuestros labios, porque el Señor nos ha
introducido en la tierra prometida, tierra que mana leche y miel. Aleluya. O
bien: El
Señor ha resucitado, como lo había predicho; llenémonos de gozo y de alegría,
porque reina eternamente. Aleluya. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
nuestro, que por medio del bautismo das
nuevos hijos a tu Iglesia y
la haces crecer continuamente, concédenos
vivir siempre de acuerdo con
la fe que recibimos en el bautismo. Por
nuestro Señor Jesucristo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Recibe,
Señor, con bondad, nuestras ofrendas, y
tú, que nos llamaste a la fe y
nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos
a la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I: (en este día).
Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.]
Si
se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión
particular. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente.
Si
se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende
a los deseos. En
las Misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.
Antífona
de comunión Rom 6, 9 Cristo
resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya. Oración
después de la comunión Que
la gracia de este sacramento, memorial
de la Pascua de tu Hijo, fructifique,
Señor, en nuestros corazones para
que podamos corresponder a los dones de tu amor, que
nos abrió el camino de la salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. MARTES
DE LA OCTAVA DE PASCUA Antífona
de
entrada Cf.
Sir 15, 3-4 El
Señor les dará a beber el agua de la sabiduría; se apoyarán en él y no
vacilarán. El los llenará de gloria eternamente. Aleluya. Se
dice Gloria. Oración
colecta Señor,
tú que nos has librado del pecado por
medio de la muerte y resurrección de tu Hijo, prosigue
en nosotros la obra liberadora de tu gracia y
concédenos el gozo de celebrar la Pascua eterna, que
ya desde ahora nos llena de esperanza y alegría. Por
nuestro Señor Jesucristo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, en tu bondad, los
dones que te presentamos, y
concédenos tu protección para conservar tu gracia y
conseguir la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I: (en este día). Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.]
Si
se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión
particular. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente.
Si
se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende
a los deseos. En
las Misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso e la resurrección de nuestro Señor
Jesucristo según la carne. Antífona
de comunión Col 3, 1-2 Puesto
que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas del cielo, donde Cristo está
sentado a la derecha de Dios; aficionaos a los bienes del cielo, no a los de la
tierra. Aleluya. Oración
después de la comunión Tú
que nos has concedido la
gracia inmerecida del bautismo, purifica,
Señor, y fortalece nuestros corazones, para
que podamos alcanzar un día la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. MIÉRCOLES
DE LA OCTAVA DE PASCUA Antífona
de entrada
Mt 25, 34 Venid,
benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la
creación del mundo. Aleluya. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
nuestro, que en la liturgia pascual nos
concedes cada año la alegría de
revivir la resurrección del Señor, haz
que el júbilo de estos días alcance
su plenitud en la Pascua del cielo. Por
nuestro Señor Jesucristo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este sacrificio con
el que has redimido a todos los hombres, y
concédenos, por medio de él, la
salvación del cuerpo y del espíritu. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I: (en este día). Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.]
Si
se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión
particular. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente.
Si
se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende
a los deseos. En
las Misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne. Antífona
de comunión Lc 24, 35 Al
atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor
cuando partió el pan. Aleluya. Oración
después de la comunión Te
rogamos, Señor, que,
purificados ya de nuestras pasadas culpas, la
participación en este sacramento de tu Hijo nos
transforme en hombres nuevos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. JUEVES
DE LA OCTAVA DE PASCUA Antífona
de entrada Sb
10, 20-21 Todos
alabamos, Señor, tu poder y tu sabiduría, porque has abierto la boca de los
mudos y has hecho elocuentes las lenguas de los niños. Aleluya. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
nuestro, que
has reunido pueblos de toda la tierra para
alabar tu nombre, concede
a todos tus hijos, nacidos
a una vida nueva por medio del bautismo, tener
una misma fe y manifestarla en la vida con
un mismo amor. Por
nuestro Señor Jesucristo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Recibe,
Señor, con bondad, el
sacrificio que vamos a ofrecerte, para
darte gracias por los nuevos bautizados y
pedirte para ellos tu constante ayuda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I: (en este día). Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.]
Si
se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión
particular. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente.
Si
se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende
a los deseos. En
las Misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne. Antífona
de comunión 1 Pe 2, 9 Nosotros
somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos
ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya. Oración
después de la comunión Que
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio
de nuestra redención, nos
ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y
a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. VIERNES
DE LA OCTAVA DE PASCUA Antífona
de
entrada Sal
77, 53 El
Señor liberó a su pueblo y lo llenó de esperanza, y a sus enemigos los sumergió
en el mar. Aleluya. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, que
en el sacramento de
la muerte y resurrección de tu Hijo ofreces
a los hombres el
pacto de la reconciliación y de la paz, concédenos
realizar en nuestra vida este
misterio que proclamamos con la fe. Por
nuestro Señor Jesucristo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que te presentamos, para
que nos los conviertas en
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo resucitado, y
transfórmanos a nosotros, para
que, de las alegrías y trabajos de la tierra, podamos
elevarnos al deseo de ti. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I: (en este día). Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.] Si
se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión
particular. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente.
Si
se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende
a los deseos. En
las Misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne. Antífona
de comunión Cf. Jn 21, 12-13 Dijo
Jesús a sus discípulos: Venid y comed. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos.
Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
que tu amor paterno proteja
siempre a quienes has salvado por
medio de la pasión de tu Hijo, y
que Cristo resucitado sea
la fuente de todas nuestras alegrías. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SÁBADO
DE LA OCTAVA DE PASCUA Antífona
de entrada
Sal 104, 43 El
Señor liberó a su pueblo y lo llenó de alegría; al pueblo elegido lo colmó de
júbilo. Aleluya. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
nuestro, que en tu bondad sin límites aumentas
cada día el
número de los que creen en ti, mira
con amor a tus elegidos, que
han nacido a una nueva vida por medio del bautismo y
concédeles alcanzar la resurrección gloriosa. Por
nuestro Señor Jesucristo. No
se dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, que este sacrificio pascual que
vamos a ofrecerte, nos
llene siempre de alegría, prosiga
en nosotros tu obra redentora y
nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I: (en este día). Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.]
Si
se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión
particular. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente.
Si
se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende
a los deseos. En
las Misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne.
Antífona
de comunión Gal 3, 27 Todos
los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo.
Aleluya. Oración
después de la comunión Mira,
Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que
has renovado por medio de los sacramentos, y
condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por
Jesucristo, nuestro Señor. II
DOMINGO DE PASCUA Antífona
de entrada
1 Pe 2, 2 Como
niños recién nacidos, desead una leche pura y espiritual que os haga crecer
hacia la salvación. Aleluya. O
bien:
4 Edr 2, 36-37 Abrid
vuestro corazón con alegría, y dad gracias a Dios, que os ha llamado al Reino
de los cielos. Aleluya. Oración
colecta Dios
de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo con
la celebración anual de las fiestas pascuales, aumenta
en nosotros tu gracia, para
que comprendamos a fondo la inestimable riqueza del
bautismo que nos ha purificado, del
Espíritu que nos ha dado una vida nueva y
de la Sangre que nos ha redimido. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Recibe,
Señor, las ofrendas que
(junto con los recién bautizados) te presentamos; tú
que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la
felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I: (en este día). Si
se usa el Canon romano, se dice: Reunidos en comunión, y Acepta, Señor. Desde
la misa de la vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar (la noche santa) el día santo de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acepta,
Señor, en tu bondad, esta
ofrenda de tus siervos y
de toda tu familia santa, por
aquellos que has hecho renacer del
agua y del Espíritu santo perdonándoles
todos sus pecados ordena
en tu paz nuestros días, líbranos
de la condenación eterna y
cuéntanos entre tus elegidos. Junta
las manos [Por
Cristo nuestro Señor. Amén.]
Si
se usa la plegaria eucarística II:Acuérdate, Señor, y la intercesión
particular. Desde
la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí (en la noche
santísima) en el día santísimo de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;
* En
las Misas de Pascua y de su octava: Acuérdate
también de nuestros hermanos [N. y N.,] que
hoy, por medio del bautismo [y de la confirmación] han
entrado a formar parte de tu familia; ayúdales
a seguir a Cristo, tu Hijo, con
ánimo generoso y ferviente.
Si
se usa la plegaria eucarística III, se dicela intercesión particular y Atiende
a los deseos. En
las Misas de Pascua y de su octava: *
Confirma en la fidelidad cristiana a tus hijos [N. y N.] que hoy, por medio del
bautismo: [y del don del Espíritu]has llamado a formar parte de tu pueblo y
concédeles andar siempre en una vida nueva. Desde
la misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua: *
(en la noche gloriosa) en el día glorioso de
la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne. Antífona
de comunión Cf. Jn 20, 27 Jesús
dijo a Tomás: acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no
seas incrédulo, sino creyente. Aleluya. Oración
después de la comunión Concédenos,
Dios todopoderoso, que
la gracia recibida en este sacramento nos
impulse siempre a servirte mejor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la II Semana Antífona
de entrada
Rom 6, 9 Cristo
resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, a
quien confiadamente podemos
llamar ya Padre nuestro, haz
crecer en nuestros corazones el
espíritu de hijos adoptivos tuyos, para
que merezcamos gozar, un día, de
la herencia que nos has prometido. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos llenos
de júbilo por
la resurrección de tu Hijo, y
concédenos participar con él, un día, de
la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 20, 19 Jesús
se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: "La paz sea con
vosotros". Aleluya. Oración
después de la comunión Mira,
Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que
has renovado por
medio de los sacramentos, y
condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la II Semana Antífona
de entrada Ap
19, 7. 6 Alegrémonos,
regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha
empezado a reinar. Aleluya. Oración
colecta Haz,
Señor, que nuestra vida toda sea
testimonio vivo del
poder de Cristo resucitado, que
nos ha hecho morir con él al pecado, para
que podamos resucitar con él, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, que este sacrificio pascual que
vamos a ofrecerte, nos
llene siempre de alegría, prosiga
en nosotros tu obra redentora y
nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Cf. Lc 24, 46. 26 Era
necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así, entrara
luego en su gloria. Aleluya. Oración
después de la comunión Que
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio
de nuestra redención, nos
ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y
a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la II Semana Antífona
de entrada
Sal 17, 50; 21, 23 Te
alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu
misericordia. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, que con la Pascua de tu Hijo has
devuelto al hombre su dignidad perdida y
le has dado la esperanza de la resurrección, concédenos
agradecerte siempre, con amor, este
misterio de fe que estamos celebrando. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que
por medio de estos dones que
vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos
haces participar de tu misma vida divina, concédenos
que nuestra conducta ponga de manifiesto las
verdades que nos has revelado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Cf. Jn 15, 16. 19 Soy
yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que
vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has concedido participar en
esta Eucaristía, míranos
con bondad y ayúdanos a vencer nuestra
fragilidad humana, para
poder vivir como hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la II Semana Antífona
de
entrada Cf.
Sal 67, 8-9. 20 Cuando
saliste, Señor, al frente de tu pueblo, y le abriste camino a través del
desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya. Oración
colecta Concédenos,
Padre misericordioso, que
veamos fructificar en nuestra vida las
gracias recibidas durante esta Pascua. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las
ofrendas que te presentamos y
purifica nuestros corazones, para
que podamos participar dignamente en
este sacramento de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Mt 28, 20 Yo
estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya. Oración
después de la comunión Dios
todopoderoso y eterno, que
en Cristo resucitado nos
has hecho renacer a la vida eterna, haz
que este misterio pascual, en
el que acabamos de participar por
medio de la Eucaristía, dé
en nosotros abundantes frutos de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la II Semana Antífona
de entrada
Ap 5, 9-10 Señor,
con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y
naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya. Oración
colecta Padre
misericordioso, que
para librarnos del poder del enemigo quisiste
que tu Hijo sufriera por nosotros el
suplicio de la cruz, concédenos
llegar con él a la gloria de la resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad, las
ofrendas que te presentamos, y
ayúdanos a conservar tu gracia para
alcanzar un día la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Rom 4, 25 Cristo
fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra
justificación. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
que tu amor paterno proteja
siempre a quienes has salvado por
medio de la pasión de tu Hijo, y
que Cristo resucitado sea
la fuente de todas nuestras alegrías. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la II Semana Antífona
de entrada
1 Pe 2, 9 Nosotros
somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos
ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya. Oración
colecta Señor,
tú que te has dignado redimirnos y
has querido hacernos hijos tuyos, míranos
siempre con amor de Padre y
haz que, cuantos creemos en Cristo, obtengamos
la verdadera libertad y la herencia eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que
hemos preparado para el sacrificio eucarístico y
transforma toda nuestra vida en
una continua ofrenda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 17, 24 Padre,
quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para
que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya. Oración
después de la comunión Te
suplicamos, Señor, que esta Eucaristía, que
tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y
en la cual hemos participado, nos
una cada vez más con
el vinculo de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. III
DOMINGO DE PASCUA Antífona
de
entrada Sal
65, 1-2 Aclamad
al Señor, habitantes todos de la tierra, cantad un himno a su nombre, dadle
gracias y alabadlo. Aleluya. Oración
colecta Señor,
tú que nos has renovado en el espíritu al
devolvernos la dignidad de hijos tuyos, concédenos
aguardar, llenos de júbilo y esperanza, el
día glorioso de la resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos llenos
de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y
concédenos participar con él, un día, de la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Año
A:
Lc
24, 35 Al
atardecer del día de la resurrección, los discípulos reconocieron al Señor
cuando partió el pan. Aleluya. Año
B:
Lc
24, 46-47 Era
necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día
y que, en su nombre, se exhortara a todos los pueblos al arrepentimiento para
el perdón de los pecados. Aleluya. Año
C: Cf.
Jn 21, 12-13 Dijo
Jesús a sus discípulos: Venid y comed. Y tomó un pan y lo repartió entre ellos.
Aleluya. Oración
después de la comunión Mira,
Señor, con bondad a estos hijos tuyos que
has renovado por medio de los sacramentos, y
condúcelos al gozo eterna de la resurrección. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la III Semana Antífona
de entrada Ha
resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dignó
morir para salvarnos. Aleluya. Oración
colecta Señor,
tú que iluminas a los extraviados con
la luz de tu Evangelio para
que vuelvan al camino de la verdad, concede
a cuantos nos llamamos cristianos, imitar
fielmente a Cristo y
rechazar lo que pueda alejarnos de Él, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las
ofrendas que te presentamos, y
purifica nuestros corazones, para
que podamos participar dignamente en
este sacramento de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 14, 27 La
paz os dejo, mi paz os doy; pero yo no os la doy como la da el mundo, dice el
Señor. Aleluya. Oración
después de la comunión Dios
todopoderoso y eterno, que
en Cristo resucitado nos
has hecho renacer a la vida eterna, haz
que este misterio pascual, en
el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé
en nosotros abundantes frutos de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la III Semana Antífona
de entrada Ap
19, 5; 12, 10 Alabemos
a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado
ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, que
abres las puertas de tu Reino a
quienes renacen del agua y del Espíritu Santo, haz
fructificar en nosotros la gracia del bautismo para
que, libres de toda culpa, podamos
alcanzar la herencia que nos has prometido. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos llenos
de júbilo por
la resurrección de tu Hijo, y
concédenos participar con él, un día, de
la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Rom 6, 8 Si
hemos muerto con Cristo, también viviremos con él; ésta es nuestra fe. Aleluya. Oración
después de la comunión Mira,
Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que
has renovado por
medio de los sacramentos, y
condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la III Semana Antífona
de entrada Sal
70, 8. 23 Que
mi boca, Señor, se llene de alabanzas para poder cantarte; entonces mis labios
se estremecerán de júbilo. Aleluya. Oración
colecta Ayuda,
Señor, con generosidad, a
estos hijos tuyos a
quienes has concedido el don de la fe, para
que puedan, un día, alcanzar la felicidad eterna con
tu Hijo resucitado, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, que este sacrificio pascual que
vamos a ofrecerte, nos
llene siempre de alegría, prosiga
en nosotros tu obra redentora y
nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión El
Señor que nos redimió con su sangre, ha
resucitado y
ha hecho resplandecer su luz sobre nosotros. Aleluya. Oración
después de la comunión Que
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio
de nuestra redención, nos
ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y
a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la III Semana Antífona
de entrada
Ex 15, 1-2 Cantemos
al Señor, pues su victoria es grande. Alabemos al Señor, porque él es nuestra
fortaleza y salvación. Aleluya. Oración
colecta Señor,
muéstranos siempre ese amor que
en estos días de Pascua nos
has revelado con mayor claridad, y
concédenos que, libres del error y del pecado, sigamos
con fidelidad tus enseñanzas. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que
por medio de estos dones, que
vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos
haces participar de tu misma vida divina, concédenos
que nuestra conducta ponga de manifiesto las
verdades que nos has revelado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión 2 Cor 5, 15 Cristo
murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para
él, que murió y resucitó por ellos. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has concedido participar en
esta Eucaristía, míranos
con bondad y
ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para
poder vivir como hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la III Semana Antífona
de entrada Ap
5, 12 Digno
es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder, la riqueza, la
sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya. Oración
colecta Dios
todopoderoso, que
nos has dado la gracia de conocer la
resurrección de tu Hijo, haz
que resucitemos a una vida nueva por
medio de tu Espíritu de amor. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que
hemos preparado para
el sacrificio eucarístico, y
transforma toda nuestra vida en
una continua ofrenda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Cristo,
que murió en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya. Oración
después de la comunión Te
suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que
tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y
en la cual hemos participado, nos
una cada vez mas con
el vínculo de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la III Semana Antífona
de
entrada Col
2, 12 Por
el bautismo, habéis sido sepultados con Cristo y con él habéis sido
resucitados, porque habéis creído en el poder de Dios, que lo resucitó de entre
los muertos. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, que por medio del bautismo haces
participar de la vida de Cristo a
los que creen en ti, protégenos
de los engaños del enemigo, para
que podamos conservar fielmente el don de tu amor. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, en tu bondad, los
dones que te presentamos y
concédenos tu protección para conservar tu gracia y
conseguir la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 17, 20-21 Padre,
te ruego por aquellos que creerán en mí, para que sean uno en nosotros y el mundo
pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
que tu amor paterno proteja
siempre a quienes has salvado por
medio de la pasión de tu Hijo, y
que Cristo resucitado sea
la fuente de todas nuestras alegrías. Por
Jesucristo, nuestro Señor. IV
DOMINGO DE PASCUA Antífona
de entrada
Sal 32, 5-6 Alabemos
al Señor llenos de gozo, porque la tierra está llena de su amor y su palabra
hizo los cielos. Aleluya. Oración
colecta Dios
omnipotente y misericordioso, guíanos
a la felicidad eterna de tu Reino, a
fin de que el pequeño rebaño de tu Hijo pueda
llegar seguro a
donde ya está su Pastor, resucitado, que
vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios por
los siglos de los siglos. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, que este sacrificio pascual que
vamos a ofrecerte, nos
llene siempre de alegría, prosiga
en nosotros tu obra redentora y
nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Ha
resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas, y que se
dignó morir para salvarnos. Aleluya. Oración
después de la comunión Vela,
Señor, con solicitud, por las ovejas que
rescataste con la Sangre preciosa de tu Hijo, para
que puedan alcanzar, un día, la
felicidad eterna de tu Reino. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la IV Semana Antífona
de entrada
Rom 6, 9 Cristo
resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, que
por medio de la muerte de tu Hijo has
redimido al mundo de la esclavitud del pecado, concédenos
participar ahora de la santa alegría pascual y,
después en el cielo, de la felicidad eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos llenos
de júbilo por
la resurrección de tu Hijo, y
concédenos participar con él, un día, de
la felicidad eterna. Por
Cristo nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 20,19 Jesús
se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: "La paz sea con
vosotros". Aleluya. Oración
después de la comunión Mira,
Señor, con
bondad, a estos hijos tuyos que
has renovado por medio de los sacramentos, y
condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la IV Semana Antífona
de entrada Ap
19, 7. 6 Alegrémonos,
regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha
empezado a reinar. Aleluya. Oración
colecta Dios
Padre todopoderoso, concede
a quienes celebramos la
resurrección de Cristo, vivir
plenamente la alegría de
nuestra salvación. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, que este sacrificio pascual que
vamos a ofrecerte, nos
llene siempre de alegría, prosiga
en nosotros tu obra redentora y
nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Cf. Lc 24, 46. 26 Era
necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así entrara
luego en su gloria. Aleluya. Oración
después de la comunión Que
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio
de nuestra redención, nos
ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y
a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la IV Semana Antífona
de
entrada Sal
17, 50; 12, 23 Te
alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu
misericordia. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, vida de los creyentes, gloria
de los humildes, felicidad de los justos, escucha
nuestras súplicas y
sacia, con la abundancia de tus dones, la
sed de quienes esperamos en tus promesas. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que
por medio de estos dones que
vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos
haces participar de tu misma vida divina, concédenos
que nuestra conducta ponga de manifiesto las
verdades que nos has revelado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Cf. Jn 15, 16. 19 Soy
yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que
vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has concedido participar en
esta Eucaristía, míranos
con bondad y
ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para
poder vivir como hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la IV Semana Antífona
de
entrada Cf.
Sal 67, 8-9. 20 Cuando
saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del
desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya. Oración
colecta Dios
de inefable misericordia, que,
al redimir al hombre, le
otorgaste una dignidad mayor que la que tuvo en sus orígenes, bendice
a quienes te has dignado hacernos hijos tuyos por
medio del bautismo, y
conserva siempre en nosotros tu gracia. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las
ofrendas que te presentamos, y
purifica nuestros corazones para
que podamos participar dignamente en
este sacramento de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Mt 28,20 Yo
estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya. Oración
después de la comunión Dios
todopoderoso y eterno, que,
en Cristo resucitado nos
has hecho renacer a la vida eterna, haz
que este misterio pascual en
el que acabamos de participar por
medio de la Eucaristía, dé
en nosotros abundantes frutos de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la IV Semana Antífona
de entrada Ap
5, 9-10 Señor,
con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y
naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya. Oración
colecta Señor
nuestro, que
nos has dado la libertad y la salvación por
medio de la Sangre de tu Hijo, concédenos
vivir siempre para ti y
en ti encontrar la felicidad eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad, las
ofrendas que te presentamos, y
ayúdanos a conservar tu gracia para
alcanzar un día la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Rom 4, 2 Cristo
fue condenado a muerte por nuestros pecados, y resucitó para nuestra
justificación. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
que tu amor paterno proteja
siempre a quienes has salvado por
medio de la pasión de tu Hijo, y
que Cristo resucitado sea
la fuente de todas nuestras alegrías. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la IV Semana Antífona
de entrada 1
Pe 2, 9 Nosotros
somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos
ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya. Oración
colecta Señor,
tú que nos has hecho partícipes de
la muerte y resurrección de tu Hijo por
medio del bautismo, concédenos
vivir de tal manera nuestros compromisos
bautismales, que
demos frutos abundantes de vida cristiana y
podamos llegar a la plenitud del gozo eterno. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que
hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y
transforma toda nuestra vida en
una continua ofrenda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 17, 24 Padre,
quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para
que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya. Oración
después de la comunión Te
suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que
tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y
en la cual hemos participado, nos
una cada vez más con
el vínculo de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. V
DOMINGO DE PASCUA Antífona
de entrada Sal
97, 1-2 Cantad
al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han
presenciado su victoria. Aleluya. Oración
colecta Señor,
tú que te has dignado redimirnos y
has querido hacernos hijos tuyos, míranos
siempre con amor de Padre y
haz que cuantos creemos en Cristo obtengamos
la verdadera libertad y la herencia eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que
por medio de estos dones que
vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos
haces participar de tu misma vida divina, concédenos
que nuestra conducta ponga de manifiesto las
verdades que nos has revelado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 15, 1. 5 Yo
soy la vid verdadera y vosotros los sarmientos, dice el Señor; si permanecéis
en mí y yo en vosotros daréis fruto abundante. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has concedido participar en
esta Eucaristía, míranos
con bondad y
ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para
poder vivir como hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la V Semana Antífona
de entrada Ha
resucitado Jesús, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dignó
morir para salvarnos. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, tú
que puedes darnos un mismo querer y un mismo sentir, concédenos
a todos amar lo que nos mandas y
anhelar lo que nos prometes, para
que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda
encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las
ofrendas que te presentamos, y
purifica nuestros corazones para
que podamos participar dignamente en
este sacramento de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 14, 27 La
paz os dejo, mi paz os doy; pero yo no os la doy como la da el mundo, dice el
Señor. Aleluya. Oración
después de la comunión Dios
todopoderoso y eterno, que,
en Cristo resucitado, nos
has hecho renacer a la vida eterna, haz
que este misterio pascual en
el que acabamos de participar por
medio de la Eucaristía, dé
en nosotros abundantes frutos de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la V Semana Antífona
de
entrada Ap
19, 5; 12, 10 Alabemos
a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, pequeños y grandes, porque ha llegado
ya la salvación, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, que
por medio de la resurrección de tu Hijo nos
has abierto las puertas de la vida eterna, concédenos
creer fielmente en ti y
esperar confiadamente el
cumplimiento de tus promesas. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos, llenos
de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y
concédenos participar con él, un día, de
la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Rom 6, 8 Si
hemos muerto con Cristo, también viviremos con él; ésta es nuestra fe. Aleluya. Oración
después de la comunión Mira,
Señor, con bondad, a estos hijos tuyos que
has renovado por
medio de los sacramentos, y
condúcelos al gozo eterno de la resurrección. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la V Semana Antífona
de entrada Sal
70, 8. 23 Que
mi boca, Señor, se llene de alabanzas para poder cantarte; entonces mis labios
se estremecerán de júbilo. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro misericordioso, que
salvas al pecador y lo llamas a tu amistad, atrae
hacia ti el corazón de tus hijos, libres
ya de las tinieblas por el don de la fe, y
no permitas que se aparten de ti, que
eres la luz verdadera. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, que este sacrificio pascual que
vamos a ofrecerte, nos
llene siempre de alegría, prosiga
en nosotros tu obra redentora y
nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión El
Señor, que nos redimió con su sangre, ha resucitado y ha hecho resplandecer su
luz sobre nosotros. Aleluya. Oración
después de la comunión Que
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio
de nuestra redención, nos
ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y
a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la V Semana Antífona
de entrada
Ex 15, 1-2 Cantemos
al Señor, pues su victoria es grande. Alabemos al Señor, porque él es nuestra
fortaleza y salvación. Aleluya. Oración
colecta Dios
de poder y de misericordia, cuya
gracia convierte al pecador en justo y
da felicidad al afligido, conserva
en nosotros el don de tu amor, para
que podamos perseverar con fortaleza en
la fe que nos ha justificado. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que
por medio de estos dones que
vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos
haces participar de tu misma vida divina, concédenos
que nuestra conducta ponga de manifiesto las
verdades que nos has revelado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión 2 Cor 5, 15 Cristo
murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí mismos, sino para
él, que murió y resucitó por ellos. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has concedido participar en
esta Eucaristía, míranos con bondad y
ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para
poder vivir como hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la V Semana Antífona
de entrada Ap
5, 12 Digno
es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder, la riqueza, la
sabiduría, la fuerza y el honor. Aleluya. Oración
colecta Concédenos,
Señor, ajustar nuestra vida al
misterio de la Pascua que celebramos llenos de gozo, a
fin de que, alejados de veras del pecado y
buscándote en todo a ti, el
poder de Cristo resucitado nos
proteja y nos salve. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que
hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y
transforma toda nuestra vida en
una continua ofrenda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Cristo,
que murió en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya. Oración
después de la comunión Te
suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que
tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y
en la cual hemos participado, nos
una cada vez más con
el vinculo de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la V Semana Antífona
de entrada Col
2, 12 Por
el bautismo, habéis sido sepultados con Cristo y con él habéis sido
resucitados, porque habéis creído en el poder de Dios, que lo resucitó de entre
los muertos. Aleluya. Oración
colecta Dios
omnipotente y eterno, que
en el bautismo nos has comunicado tu misma vida, haz
que todos tus hijos, renacidos
a la esperanza de la inmortalidad, alcancemos
con tu ayuda la plenitud de la gloria. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, en tu bondad, los
dones que te presentamos y
concédenos tu protección para conservar tu gracia y
conseguir la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 17, 20-21 Padre,
te ruego por aquellos que creerán en mí, para que sean uno en nosotros y el
mundo pueda creer que tú me has enviado, dice el Señor. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
que tu amor paterno proteja
siempre a quienes has salvado por
medio de la pasión de tu Hijo, y
que Cristo resucitado sea
la fuente de todas nuestras alegrías. Por
Jesucristo, nuestro Señor. VI
DOMINGO DE PASCUA Antífona
de entrada
Cf. Is 48, 20 Con
voz de júbilo, anunciadlo; que se oiga, que llegue a todos los rincones de la
tierra: el Señor ha redimido a su pueblo. Aleluya. Oración
colecta Concédenos,
Dios todopoderoso, continuar
celebrando con amor y alegría la
victoria de Cristo resucitado, y
que el misterio de su pascua transforme
nuestra vida y se manifieste en nuestras obras. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las
ofrendas que te presentamos, y
purifica nuestros corazones para
que podamos participar dignamente en
este sacramento de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 14, 15-16 Si
me amáis, cumplid mis mandamientos, dice el Señor; y yo rogaré al Padre, y él
os dará otro Abogado, que permanecerá con vosotros para siempre. Aleluya. Oración
después de la comunión Dios
todopoderoso y eterno, que,
en Cristo resucitado, nos
has hecho renacer a la vida eterna, haz
que este misterio pascual en
el que acabamos de participar por
medio de la Eucaristía, dé
en nosotros abundantes frutos de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Lunes
de la VI Semana Antífona
de entrada Rom
6, 9 Cristo
resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya. Oración
colecta Concédenos,
Dios misericordioso, que
la celebración del
santo tiempo de la Pascua produzca
siempre frutos abundantes en
toda nuestra vida. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos llenos
de júbilo por la resurrección de tu Hijo, y
concédenos participar con él, un día, de
la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Jn 20, 19 Jesús
se presentó en medio de sus discípulos y les dijo:"La paz sea con
vosotros". Aleluya. Oración
después de la comunión Mira,
Señor, con bondad, a
estos hijos tuyos que
has renovado por
medio de los sacramentos, y
condúcelos al gozo eterno de
la resurrección. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la VI Semana Antífona
de
entrada Ap
19, 7. 6 Alegrémonos,
regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha
empezado a reinar. Aleluya. Oración
colecta Señor,
tú que nos has renovado en el espíritu al
devolvernos la dignidad de hijos tuyos, concédenos
aguardar, llenos
de júbilo y esperanza, el
día glorioso de nuestra resurrección. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, que este sacrificio pascual que
vamos a ofrecerte, nos
llene siempre de alegría, prosiga
en nosotros tu obra redentora y
nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Cf. Lc 24, 46. 26 Era
necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y así entrara
luego en su gloria. Aleluya. Oración
después de la comunión Que
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio
de nuestra redención, nos
ayuden, Señor, a cumplir tus mandamientos y
a obtener, así, nuestra felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la VI Semana Antífona
de
entrada Sal
17, 50; 21, 23 Te
alabaré, Señor, ante los hombres y hablaré a mis hermanos de tu poder y tu misericordia.
Aleluya. Oración
colecta Concédenos,
Señor, a
cuantos celebramos ahora la
resurrección de tu Hijo por medio de la fe, poderlo
contemplar resucitado, llenos de alegría, cuando
vuelva glorioso en medio de tus santos. Él,
que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por
los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que
por medio de estos dones que
vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos
haces participar de tu misma vida divina, concédenos
que nuestra conducta ponga de manifiesto las
verdades que nos has revelado. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Cf. Jn 15, 16. 19 Soy
yo quien os ha elegido del mundo, dice el Señor, y os ha destinado para que
vayáis y produzcáis fruto, y vuestro fruto perdure. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has concedido participar en
esta Eucaristía, míranos
con bondad y
ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para
poder vivir como hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la VI Semana El
formulario siguiente se usa en aquellas regiones donde la solemnidad de la
Ascensión se celebra el domingo siguiente. En cambio, en donde se celebre la
solemnidad hoy, jueves, se dice la misa de la Ascensión del Señor. Antífona
de
entrada Cf.
Sal 67, 8-9. 20 Cuando
saliste, Señor, al frente de tu pueblo y le abriste camino a través del
desierto, la tierra se estremeció y hasta los cielos se fundieron. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, que nos has hecho participes de
los dones de la redención, concédenos
vivir siempre la
alegría de la resurrección de tu Hijo. Que
vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y
es Dios, por los siglos de los siglos. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, las ofrendas que te presentamos, y
purifica nuestros corazones para
que podamos participar dignamente en
este sacramento de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V. Antífona
de comunión Mt 28, 20 Yo
estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor.
Aleluya. Oración
después de la comunión Dios
todopoderoso y eterno, que
en Cristo resucitado, nos
has hecho renacer a la vida eterna, haz
que este misterio pascual en
el que acabamos de participar por medio de la Eucaristía, dé
en nosotros abundantes frutos de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la VI Semana Antífona
de
entrada Ap
5, 9-10 Señor,
con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y
naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya. Oración
colecta Cuando
la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente, se dice esta
colecta: Te
pedimos, Señor, que
por medio de la predicación del Evangelio se
extienda por todo el mundo la acción redentora de Cristo, y
que todos los hombres formemos una sola familia, conforme
a la voluntad de tu Hijo, que
vive y reina contigo. Cuando
la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves, se dice esta colecta: Dios
nuestro, que por la resurrección de Cristo nos
has abierto las puertas de la vida eterna, concédenos
imitarlo para
que podamos compartir su gloria junto a ti, cuando
vuelva con todo su poder y majestad. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad, las ofrendas que te presentamos, yayúdanos
a conservar tu gracia para
alcanzar un día la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Cuando
la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente: Prefacio
de Pascua I-V. Cuando
la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves: Prefacio
de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Rom 4, 25 Cristo
fue condenado a muerte por nuestros pecados y resucitó para nuestra
justificación. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
que tu amor paterno proteja
siempre a quienes has salvado por
medio de la pasión de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea
la fuente de todas nuestras alegrías. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la VI Semana Antífona
de
entrada 1
Pe 2, 9 Nosotros
somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos
ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya. Oración
colecta Cuando
la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente, se dice esta
colecta: Señor,
inclina nuestros corazones al bien a
fin de que, en el continuo esfuerzo por elevarnos a ti, podamos
vivir plenamente el misterio pascual. Por
nuestro Señor Jesucristo. Cuando
la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves, se dice esta colecta: Señor,
que el Espíritu Santo, prometido
por tu Hijo antes de subir al cielo y
que descendió sobre los Apóstoles para
hacerles comprender toda la riqueza del Evangelio, nos
ilumine también a nosotros y nos llene de sus dones. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que
hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y
transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Cuando
la solemnidad de la Ascensión se celebra el domingo siguiente: Prefacio
de Pascua I-V. Cuando
la solemnidad de la Ascensión se celebra en jueves: Prefacio
de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Jn 17, 24 Padre,
quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para
que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya. Oración
después de la comunión Te
suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que
tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y
en la cual hemos participado, nos una cada vez más con
el vínculo de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. VII
Domingo de Pascua LA
ASCENSIÓN DEL SEÑOR Solemnidad Antífona
de
entrada Hch
1, 11 Hombres
de Galilea, ¿qué hacéis allí parados mirando al cielo? Ese mismo Jesús, que os
ha dejado para subir al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse. Aleluya. Se
dice Gloria. Oración
colecta Llena,
Señor, nuestro corazón de gratitud y de alegría por
la gloriosa ascensión de tu Hijo, ya
que su triunfo es también nuestra victoria, pues
a donde llegó él, nuestra cabeza, tenemos
la esperanza cierta de llegar nosotros, que
somos su cuerpo. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este sacrificio que
vamos a ofrecerte en acción de gracias por
la ascensión de tu Hijo, y concédenos que esta Eucaristía eleve
nuestro espíritu. a los bienes del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Ascensión I o II. Si
se usa el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día santo en que tu único
Hijo, nuestro Señor Jesucristo, habiendo tomado nuestra débil condición humana,
la exaltó a la derecha de tu gloria, veneramos la memoria, ante todo, de la
gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; * Si
se usa la plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día
glorioso en que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra; * Si
se usa la plegaria eucarística III, se dice Atiende, propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que
has congregado en tu presencia * *
en el día glorioso de la Ascensión, en
el que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra. Reúne
en torno a ti, Padre misericordioso, a
todos tus hijos dispersos por el mundo. A
nuestros hermanos difuntos y
a cuantos murieron en tu amistad recíbelos
en tu reino, donde
esperamos gozar todos juntos de
la plenitud eterna de tu gloria. Junta
las manos, por
Cristo, Señor nuestro, por
quien concedes al mundo todos los bienes. Antífona
de comunión Mt 28, 20 Yo
estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Aleluya. Oración
después de la comunión Dios
todopoderoso, que
ya desde este mundo nos haces participar de
tu vida divina, aviva
en nosotros el deseo de la patria eterna, donde
nos aguarda Cristo, Hijo tuyo y hermano nuestro. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos. VII
DOMINGO DE PASCUA
El siguiente formulario se utiliza donde la solemnidad de la Ascensión se
celebra el jueves de la VI semana de Pascua. La conservamos para que pueda ser
utilizada en la meditación personal. Antífona
de entrada
Sal 26, 7-9 Escucha,
Señor, mi voz y mis clamores. De ti mi corazón me habla, diciendo: "Busca
su auxilio" y tu auxilio, Señor, estoy buscando; no me lo niegues.
Aleluya. Oración
colecta Concede,
Señor, a
quienes creemos firmemente que nuestro Salvador comparte
ya tu gloria, sentir
que él está también con nosotros, según
su promesa, hasta
el fin de los tiempos. Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, nuestras ofrendas y
concédenos que esta Eucaristía nos
ayude a conseguir la
gloria del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua o de la Ascensión. Prefacio
de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Jn 17, 22 Padre,
yo te pido que ellos sean uno, como
tú y yo somos uno, dice el Señor. Aleluya. Oración
después de la comunión Escúchanos,
Señor, y
haz que nuestra comunión con Cristo glorificado nos
afiance en la esperanza de
que toda la Iglesia alcanzará, un día, la
gloria del Señor resucitado, que
vive y reina por los siglos de los siglos. Lunes
de la VII Semana Antífona
de
entrada Hch
1, 8 Cuando
el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis
testigos en Jerusalén y aun en los lugares más remotos del mundo, dice el
Señor. Aleluya. Oración
colecta Infunde,
Señor, en nosotros, la
fuerza del Espíritu Santo, para
que podamos cumplir fielmente tu voluntad y
demos testimonio de ti con nuestras obras. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
este santo sacrificio nos
purifique, Señor, y
llene nuestras almas con
la fuerza divina de tu gracia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Jn 14, 18; 16, 22 No
os dejaré huérfanos, dice el Señor; vendré de nuevo a vosotros y se alegrarán
vuestros corazones. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has concedido participar en
esta Eucaristía, míranos
con bondad y
ayúdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para
poder vivir como hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Martes
de la VII Semana Antífona
de entrada Ap
1, 17-18 Yo
soy el primero y el último, dice el Señor, yo soy el que vive; estuve muerto,
pero ahora estoy vivo para siempre. Aleluya. Oración
colecta Dios
omnipotente y misericordioso envíanos
al Espíritu Santo para
que habite en nosotros y
nos transforme en templos de su gloria. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, nuestras ofrendas y
concédenos que esta Eucaristía nos
ayude a conseguir la
gloria del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Jn 14, 26 El
Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, dice el Señor, os instruirá
en todo y os recordará lo que yo os he dicho. Aleluya. Oración
después de la comunión Te
suplicamos, Señor, que esta Eucaristía que
tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y
en la cual hemos participado, nos
una cada vez más con
el vínculo de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Miércoles
de la VII Semana Antífona
de entrada
Sal 46, 2 Pueblos
todos, aplaudid y aclamad a Dios con clamores de júbilo. Aleluya. Oración
colecta Dios
misericordioso concede
a tu Iglesia, congregada
por el Espíritu Santo, entregarse
plenamente a ti y
vivir siempre unida en el amor. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este sacrificio de alabanza que
tú mismo nos has mandado celebrar, y
dígnate, por esta Eucaristía, santificarnos
y darnos tu salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Jn 15, 26-27 Cuando
venga el Consolador que yo os enviaré, el Espíritu de verdad que procede del
Padre, dará testimonio de mí, dice el Señor, y también vosotros daréis
testimonio. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
que esta comunión aumente
en nosotros tu gracia, nos
purifique de nuestros pecados y
nos disponga mejor a recibir tu dones. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Jueves
de la VII Semana Antífona
de entrada
Heb 4, 16 Acerquémonos
confiadamente a Dios, fuente de bondad, a fin de alcanzar su misericordia y su
gracia en el tiempo oportuno. Aleluya. Oración
colecta Señor,
que el Espíritu Santo nos
conceda abundantemente sus dones, para
que podamos conocer tu voluntad y
ajustemos a ella nuestra vida. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que
hemos preparado para el sacrificio eucarístico, y
transforma toda nuestra vida en
una continua ofrenda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Jn 16, 7 Yo
os lo aseguro, dice el Señor: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy,
no vendrá a vosotros el Espíritu consolador. Aleluya. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía, Señor, nos
haga comprender tus designios y
nos comunique tu misma vida divina, para
que seamos dignos de recibir los
dones de tu Espíritu. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Viernes
de la VII Semana Antífona
de entrada
Ap 1, 5-6 Cristo
nos ama y nos ha purificado de nuestros pecados por medio de su sangre; él nos
ha convertido en un reino y hecho sacerdotes para Dios su Padre. Aleluya. Oración
colecta Dios
nuestro, que
por medio del triunfo glorioso de Cristo y
de la gracia del Espíritu Santo nos
has abierto las puertas del cielo, haz
que comprendamos la grandeza de este don para
que podamos crecer en la fe y
servirte con mayor empeño. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con bondad, las
ofrendas de tu pueblo y
haz que el Espíritu Santo nos purifique para
que podamos presentarte un sacrificio agradable. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Jn 16, 13 Cuando
venga el Espíritu de verdad, dice el Señor, él os guiará hasta la verdad plena.
Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
tu que nos purificas y fortaleces por
medio de tus sacramentos, haz
que nuestra participación en esta Eucaristía nos
conduzca a la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Sábado
de la VII Semana Misa
matutina Antífona
de entrada
Hch 1, 14 Animados
de un mismo espíritu, los discípulos perseveraban en la oración, en compañía de
algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de los parientes de éste.
Aleluya. Oración
colecta Al
concluir estas fiestas de Pascua concédenos,
Señor, que la alegría de
saber que hemos resucitado con tu Hijo, transforme
toda nuestra vida. Por
nuestro Señor Jesucristo. Oración
sobre las ofrendas Que
el Espíritu Santo nos
purifique, Señor, de nuestras culpas y
nos prepare a celebrar dignamente tu
santa Eucaristía. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de Pascua I-V o de la Ascensión I o II. Antífona
de comunión Jn 16, 14 El
Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí, dice el Señor, lo que os irá
comunicando. Aleluya. Oración
después de la comunión Señor,
que tu amor paterno proteja
siempre a quienes has salvado por
medio de la pasión de tu Hijo, y
que Cristo resucitado sea
la fuente de todas nuestras alegrías. Por
Jesucristo, nuestro Señor. DOMINGO
DE PENTECOSTÉS Misa
vespertina de la vigilia Esta
misa se utiliza en la tarde del sábado, antes o después de las primeras
Vísperas del domingo de Pentecostés. Antífona
de entrada
Rom 5, 5; 8, 11 El
amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que
habita en nosotros. Aleluya. Se
dice Gloria. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, que
has querido que celebráramos el misterio pascual durante
cincuenta días, renueva
entre nosotros el prodigio de Pentecostés, para
que los pueblos divididos por el odio y el pecado se
congreguen por medio de tu Espíritu y,
reunidos, confiesen tu nombre en
la diversidad de sus lenguas. Por
nuestro Señor Jesucristo. O
bien: Dios
todopoderoso, brille
sobre nosotros el esplendor de tu gloria y
que el Espíritu Santo, luz de tu luz, fortalezca
los corazones de
los regenerados por tu gracia. Por
nuestro Señor Jesucristo. Liturgia
de la palabra se escoge de entre las lecturas de la vigilia Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Derrama,
Señor, la bendición de tu Espíritu sobre
estos dones que te presentamos, para
que, al participar en ellos, tu
Iglesia quede inundada de tu amor y
sea ante todo el mundo signo
visible de la salvación. Por
Jesucristo nuestro Señor. Prefacio
de Pentecostés, como en la misa del día.
Cuando
se utiliza el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día de Pentecostés, en que el
Espíritu Santo se manifestó a los apóstoles en lenguas de fuego, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; * Cuando
se utiliza la Plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, Señor propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día en
que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos
los pueblos; * Cuando
se utiliza la Plegaria eucarística III, se dice Acuérdate, Señor propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que
has congregado en tu presencia * *
en el día en que la efusión de tu Espíritu ha
hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos. Reúne
en torno a ti, Padre misericordioso, a
todos tus hijos dispersos por el mundo. A
nuestros hermanos difuntos y
a cuantos murieron en tu amistad recíbelos
en tu reino, donde
esperamos gozar todos juntos de
la plenitud eterna de tu gloria. Junta
las manos, por
Cristo, Señor nuestro, por
quien concedes al mundo todos los bienes.
Antífona
de comunión Jn 7, 37 El
último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a
mí y que beba. Aleluya. Oración
después de la comunión La
comunión que acabamos de recibir, Señor, nos
comunique el mismo ardor del Espíritu Santo que
tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos. *
* * En
las iglesias donde se celebra la misa de la vigilia de forma más extensa, esta
misa se puede celebrar del modo siguiente: Primera
forma Si
las I Vísperas, rezadas en el coro o en comunidad, preceden inmediatamente a la
misa, la celebración puede comenzar por el versículo introductorio y el himno
Ven, Espíritu divino, o bien por el canto de entrada (El amor de Dios) con la
procesión de entrada y el saludo del celebrante, omitiendo en uno y otro caso
el rito penitencial (cf. Ordenación general de la Liturgia de las Horas, núms.
94 y 96). V. Dios
mío, ven en mi auxilio. R. Señor,
date prisa en socorrerme. Gloria al Padre. Como era. Aleluya. HIMNO Ven,
Espíritu divino, manda
tu luz desde el cielo. Padre
amoroso del pobre; don,
en tus dones espléndido; luz
que penetra las almas; fuente
del mayor consuelo. Ven,
dulce huésped del alma, descanso
de nuestro esfuerzo, tregua
en el duro trabajo, brisa
en las horas de fuego, gozo
que enjuga las lágrimas y
reconforta en los duelos. Entra
hasta el fondo del alma, divina
luz, y enriquécenos. Mira
el vacío del hombre, si
tú le faltas por dentro; mira
el poder del pecado, cuando
no envías tu aliento. Riega
la tierra en sequía, sana
el corazón enfermo, lava
las manchas, infunde calor
de vida en el hielo, doma
el espíritu indómito, guía
al que tuerce el sendero. Reparte
tus siete dones, según
la fe de tus siervos; por
tu bondad y gracia, dale
al esfuerzo su mérito; salva
al que busca salvarse y
danos tu gozo eterno. Amén. O
bien: Ven,
Creador, Espíritu amoroso, ven
y visita el alma que a ti clama y
con tu soberana gracia inflama los
pechos que criaste poderoso. Tú
que abogado fiel eres llamado, del
Altísimo don, perenne fuente de
vida eterna, caridad ferviente, espiritual
unción, fuego sagrado. Tú
te infundes al alma en siete dones, fiel
promesa del Padre soberano; tú
eres el dedo de su diestra mano, tú
nos dictas palabras y razones. Ilustra
con tu luz nuestros sentidos, del
corazón ahuyenta la tibieza, haznos
vencer la corporal flaqueza, con
tu eterna virtud fortalecidos. Por
ti, nuestro enemigo desterrado, gocemos
de paz santa duradera, y,
siendo nuestro guía en la carrera, todo
daño evitemos y pecado. Por
ti al eterno Padre conozcamos, y
al Hijo, soberano omnipotente, y
a ti, Espíritu, de ambos procedente, con
viva fe y amor siempre creamos. Amén. Luego
sigue la salmodia de Vísperas hasta la lectura breve exclusive. SALMODIA Ant.
1. Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo
lugar. Aleluya. Salmo
112 ALABADO
SEA EL NOMBRE DE DIOS Alabad,
siervos del Señor, alabad
el nombre del Señor. Bendito
sea el nombre del Señor, ahora
y por siempre: de
la salida del sol hasta su ocaso, alabado
sea el nombre del Señor. El
Señor se eleva sobre todos los pueblos, su
gloria sobre los cielos. ¿Quién
como el Señor, Dios nuestro, que
se eleva en su trono y
se abaja para mirar al
cielo y a la tierra? Levanta
del polvo al desvalido, alza
de la basura al pobre, para
sentarlo con los príncipes, los
príncipes de su pueblo; a
la estéril le da un puesto en la casa, como
madre feliz de hijos. Ant.
Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.
Aleluya. Ant.
2. Aparecieron sobre los apóstoles unas como lenguas de fuego, y se posó sobre
cada uno de ellos el Espíritu Santo. Aleluya. Salmo
146 PODER
Y BONDAD DE DIOS Alabad
al Señor, que la música es buena; nuestro
Dios merece una alabanza armoniosa. El
Señor reconstruye Jerusalén, reúne
a los deportados de Israel; él
sana los corazones destrozados, venda
sus heridas. Cuenta
el número de las estrellas, a
cada una la llama por su nombre. Nuestro
Señor es grande y poderoso, su
sabiduría no tiene medida. El
Señor sostiene a los humildes, humilla
hasta el polvo a los malvados. Entonad
la acción de gracias al Señor, tocad
la cítara para nuestro Dios, que
cubre el cielo de nubes, preparando
la lluvia para la tierra; que
hace brotar hierba en los montes, para
los que sirven al hombre; que
da su alimento al ganado y
a las crías de cuervo que graznan. No
aprecia el vigor de los caballos, no
estima los jarretes del hombre: el
Señor aprecia a sus fieles, que
confían en su misericordia. Ant.
Aparecieron sobre los apóstoles unas como lenguas de fuego, y se posó sobre
cada uno de ellos el Espíritu Santo. Aleluya. Ant.
3. El Espíritu que procede del Padre, él me glorificará. Aleluya. Cántico
Ap 15, 3-4 CANTO
DE LOS VENCEDORES Grandes
y maravillosas son tus obras, Señor,
Dios omnipotente, justos
y verdaderos tus caminos, ¡oh
Rey de los siglos! ¿Quién
no temerá, Señor, y
glorificará tu nombre? Porque
tú solo eres santo, porque
vendrán todas las naciones y
se postrarán en tu acatamiento, porque
tus juicios se hicieron manifiestos. Ant.
El Espíritu que procede del Padre, él me glorificará. Aleluya. Después
de la salmodia, omitido el acto penitencial y, según las circunstancias, el
Señor, ten piedad, el sacerdote dice la segunda oración de la misa de la
vigilia: Dios
todopoderoso, brille
sobre nosotros el esplendor de tu gloria y
que el Espíritu Santo, luz de tu luz, fortalezca
los corazones de
los regenerados por tu gracia. Por
nuestro Señor Jesucristo. Segunda
forma Si
la misa empieza del modo acostumbrado, es decir, sin I vísperas, después del
Señor, ten piedad el sacerdote dice la oración segunda de la misa de la
vigilia: Dios
todopoderoso. A
continuación el sacerdote puede exhortar al pueblo con estas palabras u otras
semejantes: Hemos
empezado ya, queridos hermanos, la vigilia de Pentecostés; imitando a los
apóstoles y discípulos, que, con María, la madre de Jesús, se dedicaban a la
oración, esperando el Espíritu prometido por el Señor, escuchemos ahora, con
atención y reposadamente, la palabra de Dios. Meditemos los prodigios que hizo
Dios en favor de su pueblo y pidamos que el Espíritu Santo, que el Padre envió
como primicia para los creyentes, lleve a plenitud su obra en el mundo. Luego
siguen las lecturas propuestas por el Leccionario como de libre elección, de la
manera siguiente: PRIMERA
LECTURA Se
llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra Lectura
del libro del Génesis 11, 1-9 Toda
la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras. Al emigrar (el
hombre) de oriente, encontraron una llanura en el país de Sentar y se
establecieron allí. Y
se dijeron unos a otros: –«Vamos
a preparar ladrillos y a cocerlos.» Emplearon
ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento. Y
dijeron: –«Vamos
a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos,
y para no dispersarnos por la superficie de la tierra. » El
Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y
se dijo: –«Son
un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su
actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y
a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo.» El
Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la
ciudad. Por
eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra,
y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra. Palabra
de Dios. Después
de la primera lectura: Salmo
responsorial Sal 32, 10-11. 12-13. 14-15 (R. 12b) R.
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. El
Señor deshace los planes de las naciones, frustra
los proyectos de los pueblos; pero
el plan del Señor subsiste por siempre, los
proyectos de su corazón, de edad en edad. R. Dichosa
la nación cuyo Dios es el Señor, el
pueblo que El se escogió como heredad. R. El
Señor mira desde el cielo, se
fija en todos los hombres; Desde
su morada observa a
todos los habitantes de la tierra: El
modeló cada corazón, y
comprende todas sus acciones. R. Acabado
el salmo el sacerdote dice la oración siguiente: Oración Dios
todopoderoso, haz
que tu Iglesia sea siempre una familia santa, congregada
en la unión del Padre, del Hijo y del Espíritu, que
manifieste al mundo el
misterio de tu unidad y de tu santidad y
lo conduzca a la perfección de tu amor. Por
Jesucristo nuestro Señor. SEGUNDA
LECTURA El
Señor bajó al monte Sinaí a la vista del pueblo Lectura
del libro del Éxodo 19, 3-8a. 16-20b En
aquellos días, Moisés subió hacia Dios. El
Señor lo llamó desde el monte, diciendo: –«Así
dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya
habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado
sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi
voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos
los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mi un reino de
sacerdotes y una nación santa." Éstas son las palabras que has de decir a
los israelitas.» Moisés
convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había
mandado. Todo
el pueblo, a una, respondió: –«Haremos
todo cuanto ha dicho el Señor.» Al
tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre
el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el
campamento se echó a temblar. Moisés
hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se
detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido
sobre él en forma de fuego. Subía humo como de un horno, y todo el monte
retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte;
Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte
Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña. Palabra
de Dios. Después
de la segunda lectura: Cántico
Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56 (R. 52b) R.
A ti gloria y alabanza por los siglos. O
bien: Salmo
responsorial Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R. Jn 6,
68c) R.
Señor, tú tienes palabras de vida eterna. La
ley del Señor es perfecta y
es descanso del alma; el
precepto del Señor es fiel e
instruye al ignorante; R. los
mandatos del Señor son rectos y
alegran el corazón; la
norma del Señor es límpida y
da luz a los ojos; R. la
voluntad del Señor es pura y
eternamente estable; los
mandamientos del Señor son verdaderos y
enteramente justos; R. más
preciosos que el oro, más
que el oro fino; más
dulces que la miel de
un panal que destila. R. Acabado
el salmo el sacerdote dice la oración siguiente: Oración Oh
Dios, que en el monte Sinaí, en
medio del resplandor del fuego, diste
a Moisés la ley antigua, y
que en el día de hoy, con
el fuego del Espíritu Santo, manifestaste
la nueva Alianza, haz
que nuestros corazones ardan en aquel Espíritu que
infundiste de modo admirable en los apóstoles, y
que el nuevo Israel, reunido de entre todos los pueblos, reciba
con alegría el mandamiento eterno de tu amor. Por
Jesucristo nuestro Señor. TERCERA
LECTURA Huesos
secos, traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis Lectura
de la profecía de Ezequiel 37, 1-14 En
aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mi y, con su Espíritu, el Señor
me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar
vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del
valle y estaban completamente secos. Me
preguntó: –«Hijo
de Adán, ¿podrán revivir estos huesos?» Yo
respondí: –«Señor,
tú lo sabes.» Él
me dijo: –«Pronuncia
un oráculo sobre estos huesos y diles: "¡Huesos secos, escuchad la palabra
del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: Yo mismo traeré sobre vosotros
espíritu, y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre
vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu, y
viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor. " » Y
profeticé como me había ordenado y, a la voz de mi oráculo, hubo un estrépito,
y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones,
la carne había crecido, y la piel los recubría; pero no tenían espíritu. Entonces
me dijo: –«Conjura
al espíritu, conjura, hijo de Adán, y di al espíritu: "Así dice el Señor:
De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan.7» Yo
profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu, y revivieron y
se pusieron en pie. Era una multitud innumerable. Y
me dijo: –«Hijo
de Adán, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: "Nuestros
huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados."
Por eso, profetiza y diles: "Así dice el Señor: Yo mismo abriré vuestros
sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la
tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros
sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y
viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y
lo hago."» Oráculo del Señor. Palabra
de Dios. Después
de la tercera lectura: Salmo
responsorial Sal 106, 2-3. 4-5. 6-7.
8-9 (R. 1) R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. O
bien: Aleluya. Que
lo confiesen los redimidos por el Señor, los
que él rescató de la mano del enemigo, los
que reunió de todos los países: norte
y sur, oriente y occidente. R. Erraban
por un desierto solitario, no
encontraban el camino de ciudad habitada; pasaban
hambre y sed, se
les iba agotando la vida; pero
gritaron al Señor en su angustia, y
los arrancó de la tribulación. R. Los
guió por un camino derecho, para
que llegaran a una ciudad habitada. Den
gracias al Señor por su misericordia, por
las maravillas que hace con los hombres. Calmó
el ansia de los sedientos, y
a los hambrientos los colmó de bienes. R. Acabado
el salmo el sacerdote dice la oración siguiente: Oración Señor,
Dios todopoderoso, que
restauras al hombre caído y,
una vez restaurado, lo conservas, aumenta
el número de los que se renuevan por tu acción santificadora y
haz que todos los que reciben la purificación bautismal sean
guiados siempre por tu inspiración. Por
Jesucristo nuestro Señor. O
bien: Oh
Dios, que por tu palabra de vida nos
has engendrado para una vida nueva, derrama
sobre nosotros tu Espíritu Santo, para
que, viviendo unidos en una misma fe, lleguemos,
por la resurrección, a
la gloria de una vida incorruptible. Por
Jesucristo nuestro Señor. O
bien: Que
tu pueblo, Señor, exulte siempre al
verse renovado y rejuvenecido en el espíritu por
la acción de tu Espíritu Santo, y
que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance
su esperanza de resucitar gloriosamente. Por
Jesucristo nuestro Señor. CUARTA
LECTURA Sobre
mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu Lectura
de la profecía de Joel 3, 1-5 Así
dice el Señor: –«Derramaré
mi Espíritu sobre toda carne: profetizarán
vuestros hijos e hijas, vuestros
ancianos soñarán sueños, vuestros
jóvenes verán visiones. También
sobre mis siervos y siervas derramaré
mi Espíritu aquel día. Haré
prodigios en cielo y tierra: sangre,
fuego, columnas de humo. El
sol se entenebrecerá, la
luna se pondrá como sangre, antes
de que llegue el día del Señor, grande
y terrible. Cuantos
invoquen el nombre del Señor se
salvarán. Porque
en el monte de Sión y en Jerusalén quedará un resto; como
lo ha prometido el Señor a los supervivientes que él llamó.» Palabra
de Dios. Después
de la cuarta lectura: Salmo
responsorial Sal 103, 1-2a. 24. 27-28. 29bc-30 (R.: cf.
30) R.
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra. O
bien:
Aleluya. Bendice,
alma mía, al Señor: ¡Dios
mío, qué grande eres! Te
vistes de belleza y majestad, la
luz te envuelve como un manto. R. Cuántas
son tus obras, Señor, y
todas las hiciste con sabiduría; la
tierra está llena de tus criaturas. R. Todos
ellos aguardan a
que les eches comida a su tiempo; se
la echas, y la atrapan; abres
tu mano, y se sacian de bienes. R. Les
retiras el aliento, y expiran y
vuelven a ser polvo; envías
tu aliento, y los creas, y
repueblas la faz de la tierra. R. Acabado
el salmo el sacerdote dice la oración siguiente: Oración Cumple,
Señor, en nosotros tu promesa: derrama
tu Espíritu Santo para
que nos haga ante el mundo testigos
valientes del Evangelio de Jesucristo. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Luego
el sacerdote entona el himno Gloria a Dios. Terminado
el himno, el sacerdote dice la oración colecta de la primera misa de la
vigilia: Dios
todopoderoso y eterno, que
has querido que celebráramos el misterio pascual durante
cincuenta días, renueva
entre nosotros el prodigio de Pentecostés, para
que los pueblos divididos por el odio y el pecado se
congreguen por medio de tu Espíritu y,
reunidos, confiesen tu nombre en
la diversidad de sus lenguas. Por
nuestro Señor Jesucristo. Luego
el lector proclama la lectura del Apóstol (Rm 8, 22-27), EPÍSTOLA El
Espíritu intercede con gemidos inefables Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 22-27 Hermanos: Sabemos
que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y
no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos
en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de
nuestro cuerpo. Porque
en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza.
¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando
esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Pero
además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no
sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos inefables. Y
el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su
intercesión por los santos es según Dios. Palabra
de Dios. Aleluya
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la
llama de tu amor. El
diácono o el mismo sacerdote proclama el Evangelio: EVANGELIO Manarán
torrentes de agua viva +
Lectura del santo evangelio según san Juan 7, 37-39 El
último día, el más solemne de las fiestas, Jesús, en pie, gritaba: –«El
que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí, que beba. Como dice la
Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva. » Decía
esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía
no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado. Palabra
del Señor. Dicha
la homilía, se dice Credo, y seguidamente la oración de los fieles. ORACIÓN
DE LOS FIELES O INTERCESIONES Si
todavía es una hora temprana: Celebremos
la gloria de Dios, quien, al llegar a su término en Pentecostés los cincuenta
días de Pascua, llenó a los apóstoles del Espíritu Santo, y supliquemos con
ánimo gozoso y confiado, diciendo: Envía
tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra. Tú
que, al comienzo de los tiempos, creaste el cielo y la tierra y, al llegar la
etapa final de la historia, quisiste que Cristo fuera cabeza de toda la
creación, —por
tu Espíritu renueva la faz de la tierra y conduce a los hombres a la salvación. Tú
que infundiste el aliento de vida en el rostro de Adán, —envía
ahora tu Espíritu a la Iglesia, para que, vivificada y rejuvenecida, comunique
tu vida al mundo. Ilumina
a todos los hombres con la luz de tu Espíritu y disipa las tinieblas de nuestro
mundo, —para
que el odio se convierta en amor, el sufrimiento en gozo y la guerra en paz. Fecundiza
el mundo con tu Espíritu, agua viva que mana del costado de Cristo, —para
que la tierra entera se vea libre de todo mal. Se
pueden añadir algunas intenciones libres. Tú
que, por obra del Espíritu Santo, conduces sin cesar a los hombres a la vida
eterna, —dígnate
llevar, por este mismo Espíritu, a los difuntos al gozo eterno de tu presencia Si
ya es en torno a la medianoche: Oremos
a Cristo, el Señor; que ha congregado a su Iglesia por el Espíritu Santo, y
digámosle con fe: Renueva,
Señor, la faz de la tierra. Señor
Jesús, que, exaltado en la cruz, hiciste que brotaran torrentes de agua viva de
tu costado, —envíanos
a tu Espíritu Santo, fuente de vida. Tú
que, glorificado a la derecha de Dios, derramaste sobre tus discípulos el
Espíritu Santo, —envía
este mismo Espíritu al mundo, para que renueve la faz de la tierra. Tú
que, por el Espíritu Santo, diste a los apóstoles el poder de perdonar los
pecados y el poder de retenerlos, —destruye
el pecado del mundo. Tú
que prometiste darnos el Espíritu Santo, para que nos lo enseñara todo y nos
fuera recordando lo que nos habías dicho, —envíanos
este Espíritu, para que ilumine nuestra fe. Tú
que prometiste enviarnos el Espíritu de verdad, para que diéramos testimonio de
ti, —envíanos
este Espíritu, para que nos haga tus testigos fieles. Se
pueden añadir algunas intenciones libres. La
misa continúa del modo acostumbrado. Si
se celebran unidas las Vísperas y la misa, después de la comunión con la
antífona El último día de las fiestas, se canta el Magníficat con su antífona
de las Vísperas Ven, Espíritu Santo. Antífona
de comunión Jn 7, 37 El
último día de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a
mí y que beba. Aleluya. CÁNTICO
EVANGÉLICO Ant.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el
fuego de tu amor, tú que con diversidad de lenguas congregaste todos los pueblos
en la confesión de una sola fe. Aleluya MAGNIFICAT
Lc 1, 46-55 ALEGRÍA
DEL ALMA EN EL SEÑOR @
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se
alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque
ha mirado la humillación de su esclava. Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones, porque
el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su
nombre es santo, y
su misericordia llega a sus fieles de
generación en generación. El
hace proezas con su brazo: dispersa
a los soberbios de corazón, derriba
del trono a los poderosos y
enaltece a los humildes, a
los hambrientos los colma de bienes y
a los ricos los despide vacíos. Auxilia
a Israel, su siervo, acordándose
de la misericordia —como
lo había prometido a nuestros padres— en
favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Ant.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el
fuego de tu amor, tú que con diversidad de lenguas congregaste todos los
pueblos en la confesión de una sola fe. Aleluya Luego
se dice la oración después de la comunión: Oración
después de la comunión La
comunión que acabamos de recibir, Señor, nos
comunique el mismo ardor del Espíritu Santo que
tan maravillosamente inflamó a los apóstoles de tu Hijo. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Todo
lo demás se hace del modo acostumbrado. Si
se juzga oportuno, puede darse la bendición solemne, como en el Misal. Para
despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, dice: Podéis
ir en paz, aleluya, aleluya. R.
Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya. Misa
del día Antífona
de
entrada Sb
1, 7 El
Espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no
ignora ningún sonido. Aleluya. O
bien: El
amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que
habita en nosotros. Aleluya. Oración
colecta Oh
Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas
a tu Iglesia, extendida
por todas las naciones, derrama
los dones de tu Espíritu sobre
todos los confines de la tierra y
no dejes de realizar hoy, en
el corazón de tus fieles, aquellas
mismas maravillas que obraste en
los comienzos de la predicación evangélica Por
nuestro Señor Jesucristo. Se
dice Credo. Oración
sobre las ofrendas Te
pedimos, Señor, que,
según la promesa de tu Hijo, el
Espíritu Santo nos haga comprender la
realidad misteriosa de este sacrificio y
nos lleve al conocimiento pleno de
toda la verdad revelada. Por
Jesucristo nuestro Señor. Prefacio EL
MISTERIO DE PENTECOSTÉS V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre
y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno. Pues,
para llevar a plenitud el misterio pascual, enviaste
hoy el Espíritu Santo sobre
los que habías adoptado como hijos por
su participación en Cristo. Aquel
mismo Espíritu que,
desde el comienzo, fue
el alma de la Iglesia naciente; el
Espíritu que infundió el conocimiento de Dios a
todos los pueblos; el
Espíritu que congregó en la confesión de una misma fe a
los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas. Por
eso, con
esta efusión de gozo pascual, el
mundo entero se desborda de alegría y
también los coros celestiales, los
ángeles y los arcángeles, cantan
sin cesar el himno de tu gloria: Santo,
Santo, Santo...
Cuando
se utiliza el Canon romano, se dice Reunidos en comunión propio: Reunidos
en comunión con toda la Iglesia para celebrar el día de Pentecostés, en que el
Espíritu Santo se manifestó a los apóstoles en lenguas de fuego, veneramos la
memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo,
nuestro Dios y Señor; Cuando
se utiliza la Plegaria eucarística II, se dice Acuérdate, Señor propio: Acuérdate,
Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra y reunida aquí en el día en
que la efusión de tu Espíritu ha hecho de ella sacramento de unidad para todos
los pueblos; * Cuando
se utiliza la Plegaria eucarística III, se dice Acuérdate, Señor propio: Atiende
los deseos y súplicas de esta familia que
has congregado en tu presencia * *
en el día en que la efusión de tu Espíritu ha
hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos. Reúne
en torno a ti, Padre misericordioso, a
todos tus hijos dispersos por el mundo. A
nuestros hermanos difuntos y
a cuantos murieron en tu amistad recíbelos
en tu reino, donde
esperamos gozar todos juntos de
la plenitud eterna de tu gloria. Junta
las manos, por
Cristo, Señor nuestro, por
quien concedes al mundo todos los bienes.
Antífona
de comunión Hch 2, 4-
11 Se
llenaron todos de Espíritu Santo, y hablaban de las maravillas de Dios.
Aleluya. Oración
después de la comunión Oh
Dios, que has comunicado a tu Iglesia los
bienes del cielo, conserva
los dones que le has dado, para
que el Espíritu Santo sea siempre nuestra fuerza y
la eucaristía que acabamos de recibir acreciente
en nosotros la salvación. Por
Jesucristo nuestro Señor. Para
despedir al pueblo, el diácono, o el mismo sacerdote, dice: Podéis
ir en paz, aleluya, aleluya. R.
Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya.
Acabado el tiempo de Pascua, se apaga el Cirio pascual que es conveniente
colocar en un lugar digno del baptisterio, para que en la celebración del
bautismo, se enciendan en su llama los cirios de los bautizados.
Donde el lunes o también el martes después de Pentecostés son días en los que
los fieles deben o suelen asistir a misa, puede utilizarse la misa del domingo
de Pentecostés o decirse la misa del Espíritu Santo. En la despedida de la Misa
ya no se dice el duplicado Aleluya. TIEMPO
ORDINARIO Solemnidades I-II-III-IV-V-VI-VII-VIII IX-X-XI-XII-XIII-XIV XV-XVI-XVII-XVIII-XIX XX-XXI-XXII-XXIII-XXIV XXV-XXVI-XXVII-XXVIII XXIX-XXX-XXXI-XXXII XXXIII-XXXIV SUBIR MISAS
DOMINICALES Y COTIDIANAS I
SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO En
lugar del primer domingo del Tiempo Ordinario, se celebra la fiesta del
Bautismo del Señor. Antífona
de entrada Vi
al Señor sentado en un trono excelso; lo adoraban una multitud de ángeles que
cantaban a una sola voz: "Este es aquél cuyo poder permanece
eternamente" Oración
colecta Escucha,
Señor, con bondad, las súplicas de tu pueblo, y
concédenos luz para conocer tu voluntad y
fortaleza para cumplirla. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, el
sacrificio que vamos a ofrecerte, y,
por sus méritos, escucha
nuestras filiales oraciones y
santifica toda nuestra vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 35,
10 Señor,
en ti está la fuente de la vida, y tu luz nos hace ver la luz. O
bien: Jn
10, 10 Yo
he venido, dice el Señor, para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Oración
después de la comunión A
quienes has alimentado con tus sacramentos, concédeles,
Dios todopoderoso, servirte
con una vida que te sea agradable. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR II
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 65, 4 Que
se postre ante ti, Señor, la tierra entera; que todos canten himnos en tu honor
y alabanzas a tu nombre. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, que
con amor gobiernas los cielos y la tierra, escucha
paternalmente las súplicas de tu pueblo y
haz que los días de nuestra vida transcurran en tu paz. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, participar
dignamente en esta Eucaristía, porque
cada vez que celebramos el
memorial del sacrificio de tu Hijo, se
lleva a cabo la obra de nuestra redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 22, 5 Para
mí, Señor, has preparado la mesa y has llenado la copa hasta los bordes. O
bien: 1 Jn
4, 16 Nosotros
hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Oración
después de la comunión Infúndenos,
Señor, el espíritu de tu caridad para
que, alimentados del mismo pan del cielo, permanezcamos
siempre unidos por el mismo amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR III
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 95, 1. 6 Cantad
al Señor un cántico nuevo, hombres de toda la tierra, cantad al Señor. Hay
brillo y esplendor en su presencia y en su templo, belleza y majestad. Oración
colecta Dios
eterno y todopoderoso, conduce
nuestra vida por el camino de tus mandamientos para
que, unidos a tu Hijo amado, podamos
producir frutos abundantes. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad, los dones que te presentamos y
santifícalos por medio de tu Espíritu para
que se nos conviertan en sacramento de salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 33, 6 Acudid
al Señor, poned en él vuestra confianza y no quedaréis defraudados. O
bien: Jn 8, 12 Yo
soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue no caminará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida. Oración
después de la comunión Te
damos gracias, Señor, por
habernos alimentado con
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y
te pedimos que este don tuyo sea
para nosotros fuente inagotable de vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR IV
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 105, 47 Sálvanos,
Señor y Dios nuestro; reúnenos de entre las naciones, para que podamos
agradecer tu poder santo y sea nuestra gloria el alabarte. Oración
colecta Concédenos,
Señor, Dios nuestro, amarte
con todo el corazón y,
con el mismo amor, amar
a nuestros prójimos. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que te presentamos en
señal de sumisión a ti, y
conviértelos en el sacramento de nuestra redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 30,
17-18 Ven,
Señor, en ayuda de tu siervo y sálvame por tu misericordia. Que no me
arrepienta nunca de haberte invocado. O
bien: Mt 5, 3-4 Bienaventurados
los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los cielos. Bienaventurados
los apacibles, porque poseerán la tierra, dice el Señor. Oración
después de la comunión Que
el sacramento del Cuerpo y la Sangre de tu Hijo que
acabamos de recibir, nos
ayude, Señor, a
vivir más profundamente nuestra fe. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR V
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 94, 6-7 Entremos
y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro, porque él es nuestro Dios. Oración
colecta Señor,
que tu amor incansable cuide
y proteja siempre a estos hijos tuyos, que
han puesto en tu gracia toda
su esperanza. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Señor,
Dios nuestro, tú
que nos has dado este pan y este vino para
reparar nuestras fuerzas, conviértelos
para nosotros en
sacramento de vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal
106, 8-9 Demos
gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su
pueblo; porque da de beber al que tiene sed y les da de comer a los
hambrientos. O
bien: Mt
5, 5-6 Bienaventurados
los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre
y sed de justicia, porque serán saciados. Oración
después de la comunión Señor,
tú que has querido hacernos participar de
un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos
vivir de tal manera unidos en Cristo, que
nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR VI
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 30,
3-4 Sírveme
de defensa, Dios mío, de roca y fortaleza salvadoras; y pues eres mi baluarte y
mi refugio, acompáñame y guíame. Oración
colecta Señor
nuestro, que prometiste venir y
hacer tu morada en los corazones rectos y sinceros, concédenos
la rectitud y sinceridad de vida que
nos hagan dignos de esa presencia tuya. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Que
este sacrificio, Señor, que vamos a ofrecerte, nos
purifique y nos renueve y
nos ayude a obtener la recompensa eterna, prometida
a quienes cumplen tu voluntad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 77, 29-30 El
Señor colmó el deseo de su pueblo: comieron y quedaron satisfechos. O
bien: Jn
3, 16 Tanto
amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único para que todo el que crea en él
no perezca, sino que tenga vida eterna. Oración
después de la comunión Señor,
aviva cada vez más en nosotros el
deseo de recibir este pan eucarístico, por
medio del cual nos
comunicas tú la vida verdadera. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR VII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 12, 6 Confío,
Señor, en tu misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio. Cantaré al Señor
por el bien que me ha hecho. Oración
colecta Concédenos,
Señor, ser
dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu para
que realicemos siempre en nuestra vida tu
santa voluntad. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Que
este sacrificio de acción de gracias y de alabanza que
vamos a ofrecerte, nos
ayude, Señor, a
conseguir nuestra salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión
Sal 9, 2-3 Proclamaré
Señor, todas tus maravillas y me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre,
Dios Altísimo. O
bien: Jn 11, 27 Señor,
yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, que ha venido a este
mundo. Oración
después de la comunión Que
el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que
nos has dado, Señor, en este sacramento, sean
para todos nosotros una
prenda segura de vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR VIII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 17, 19-20 El
Señor es mi protector; él me libró de las manos de mis enemigos y me salvó,
porque me ama. Oración
colecta Concédenos,
Señor, que
el curso de los acontecimientos del mundo se
desenvuelva, según tu voluntad, en
la justicia y en la paz, y
que tu Iglesia pueda servirte con
tranquilidad y alegría. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Que
este pan y este vino que
tú mismo nos das para ofrecértelos nos
ayuden, Señor, convertidos
en el Cuerpo y Sangre de tu Hijo, a
conseguir el premio de la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 12, 6 Cantaré
al Señor por el bien que me ha hecho; y entonaré un himno de alabanza al Dios
Altísimo. O
bien: Mt 28, 20 Yo
estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo, dice el Señor. Oración
después de la comunión Te
pedimos, Padre misericordioso, que
por este sacramento con
que ahora nos fortaleces, nos
hagas algún día, participar de la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR IX
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 24, 16. 18 Tengo
los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de todo peligro. Mírame, Dios
mío, y ten piedad de mi, que estoy solo y afligido. Oración
colecta Nos
acogemos, Señor, a tu providencia, que
nunca se equivoca, y
te pedimos humildemente que apartes de nosotros todo mal y
nos concedas aquello que pueda contribuir a nuestro bien. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Confiados
en tu misericordia, Señor, venimos
a tu altar con nuestros dones a
fin de que te dignes purificarnos por
este memorial que estamos celebrando. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 16,
6 Yo
te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis
palabras. O
bien: Mc
11, 23-24 Yo
os aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidáis en la oración, si tenéis fe
en obtenerlo os será concedido. Oración
después de la comunión Padre
santo, tú que nos has alimentado con
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, guíanos
por medio de tu Espíritu a
fin de que, no sólo con palabras, sino con toda nuestra vida podamos
demostrarte nuestro amor y
así merezcamos entrar al Reino de los cielos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR X
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 26, 1-2 El
Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi
vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan mis enemigos, tropiezan y caen. Oración
colecta Dios
nuestro, de quien todo bien procede, inspíranos
propósitos de justicia y santidad y
concédenos tu ayuda para
poder cumplirlos. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con bondad, estos
dones que te presentamos humildemente, para
que sean gratos a tus ojos y
nos hagan crecer en tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión
Sal 17, 3 Señor,
tú eres mi amor, mi fuerza y mi refugio, mi liberación y mi ayuda. Tú eres mi
Dios. O
bien:
1
Jn 4, 16 Dios
es amor y el que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. Oración
después de la comunión Que
la fuerza redentora de esta Eucaristía nos
proteja, Señor, de
nuestras malas inclinaciones y
nos guíe siempre por el camino de tus mandamientos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XI
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 26, 7. 9 Escucha,
Señor, mi voz y mis clamores y ven en mi ayuda; no me rechaces, ni me
abandones, Dios, salvador mío. Oración
colecta Dios
nuestro, fuerza
de todos los que en ti confían, ayúdanos
con tu gracia, sin
la cual nada puede nuestra humana debilidad, para
que podamos serte fieles en
la observancia de tus mandamientos. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que
en estos dones que te presentamos has
otorgado al hombre el pan que lo alimenta y
el sacramento que le da nueva vida, haz
que nunca llegue a faltarnos este
sustento del cuerpo y del espíritu. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 26, 4 Una
sola cosa he pedido al Señor y es lo único que busco: habitar en su casa todos
los días de mi vida. O
bien: Jn 17, 11 Padre
santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que, como nosotros, sean
uno, dice el Señor. Oración
después de la comunión Que
nuestra participación en este sacramento signo
de la unión de los fieles en ti, contribuya,
Señor, a
la unidad de tu Iglesia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Antífona de entrada
Sal 27, 8-9 Firmeza
es el Señor para su pueblo, defensa y salvación para sus fieles. Sálvanos,
Señor, vela sobre nosotros y guíanos siempre. Oración
colecta Padre
misericordioso, que
nunca dejas de tu mano a
quienes has hecho arraigar en tu amistad, concédenos
vivir siempre movidos por tu amor y
un filial temor de ofenderte. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este
sacrificio de reconciliación y alabanza que
vamos a ofrecerte, a
fin de que purifique nuestros corazones y
podamos corresponder a tu amor con
nuestro amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión
Sal 144, 15 Los
ojos de todos los hombres te miran, Señor, llenos de esperanza, y tú das a cada
uno su alimento. O
bien: Jn
10, 11. 15 Yo
soy el Buen Pastor y doy la vida por mis ovejas, dice el Señor. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has renovado con
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, concédenos
que la participación en esta Eucaristía nos
ayude a obtener la plenitud de la redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XIII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal
46, 2 Pueblos
todos, aplaudid; aclamad al Señor con gritos de júbilo. Oración
colecta Padre
de bondad, que
por medio de tu gracia nos
has hecho hijos de la luz, concédenos
vivir fuera de las tinieblas del error y
permanecer siempre en el esplendor de la verdad. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Concédenos,
Señor, participar
dignamente en esta Eucaristía por
medio de la cual tú
te dignas hacernos participes de
los frutos de la redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 102, 1 Alma
mía, bendice al Señor y alaba de corazón su santo nombre. O
bien: Jn
17, 20-21 Padre,
te ruego por ellos, para que sean uno en nosotros, a fin de que el mundo crea
que tú me has enviado, dice el Señor. Oración
después de la comunión Que
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que
hemos ofrecido en sacrificio y
recibido en comunión, sean
para nosotros principio de vida nueva, a
fin de que, unidos a ti por el amor, demos
frutos que permanezcan para siempre. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XIV
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 47, 10-11 Recordaremos,
Señor, los dones de tu amor, en medio de tu templo. Que todos los hombres de la
tierra te conozcan y alaben, porque es infinita tu justicia. Oración
colecta Dios
nuestro, que
por medio de la muerte de tu Hijo has
redimido al mundo de la esclavitud del pecado, concédenos
participar ahora de una santa alegría y,
después en el cielo, de la felicidad eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Que
el sacrificio que vamos a ofrecerte nos
purifique, Señor, y
nos ayude a conformar cada día más nuestra vida con
los ejemplos de tu Hijo Jesucristo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 33, 9 Probad
y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a él. O
bien: Mt 11, 28 Venid
a mi todos los que estáis agobiados y oprimidos y yo os auxiliaré, dice el
Señor. Oración
después de la comunión Dios
omnipotente y eterno, que
nos has alimentado con
el sacramento de tu amor, concédenos
vivir siempre en tu amistad y
agradecer continuamente tu misericordia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XV
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 16, 15 Yo
quiero acercarme a ti, Señor, y saciarme de gozo en tu presencia. Oración
colecta Señor,
tú que iluminas a los extraviados con
la luz de tu Evangelio para
que vuelvan al camino de la verdad, concede
a cuantos nos llamamos cristianos imitar
fielmente a Cristo y
rechazar lo que pueda alejarnos de él. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Mira
bondadosamente, Señor, las
ofrendas de tu Iglesia suplicante, y
conviértelas en alimento espiritual que
ayude a crecer en santidad a
todos tus fieles. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X En
el Ciclo C es recomendable decir el prefacio común VIII. Antífona
de comunión
Sal 83, 4-5 Dichosos
los que se acercan a tu altar, Señor. Dichosos los que viven en tu casa y
pueden alabarte siempre, Rey mío y Dios mío. O
bien: Jn 6, 56 El
que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mi y yo en él, dice el Señor. Oración
después de la comunión Te
suplicamos, Señor, que
esta Eucaristía que hemos recibido, nos
ayude a amarte más y
a servirte mejor cada día. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XVI
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 53, 6. 8 Señor
Dios, tú eres mi auxilio y el único apoyo de mi vida; te ofreceré de corazón un
sacrificio y te daré gracias, Señor, porque eres bueno. Oración
colecta Míranos,
Señor, con amor y
multiplica en nosotros los dones de tu gracia para
que, llenos de fe, esperanza y caridad, permanezcamos
siempre fieles en
el cumplimiento de tus mandatos. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que con la muerte de tu Hijo llevaste
a término y perfección los
sacrificios de la antigua alianza, acepta
y bendice estos dones, como
aceptaste y bendijiste los de Abel, para
que lo que cada uno te ofrece, sea
de provecho para la salvación de todos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal
110, 4-5 Para
perpetuar su amor, el Señor nos ha dejado el memorial de sus prodigios, y ha
dado a sus amigos el signo de un banquete que les recuerde para siempre su
alianza. O
bien: Ap
3, 20 Mirad
que estoy a la puerta y llamo, dice el Señor: si alguno oye mi voz y me abre,
entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo. Oración
después de la comunión Señor,
tú que nos has concedido participar
en esta Eucaristía, míranos
con bondad y ayúdanos a vencer nuestra
fragilidad humana para poder vivir como hijos tuyos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XVII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 67, 6-7. 36 Adoremos
a Dios en su santo templo. El nos hace habitar juntos en su casa. El es la
fuerza y el poder de su pueblo. Oración
colecta Padre
santo y todopoderoso, protector
de los que en ti confían, ten
misericordia de nosotros y
enséñanos a usar con sabiduría de los bienes de la tierra, a
fin de que no nos impidan alcanzar los del cielo. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, estos dones que
tu generosidad ha puesto en nuestras manos, y
concédenos que este sacrificio santifique
toda nuestra vida y
nos conduzca a la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 102, 2 Bendice,
alma mía, al Señor y no olvides sus muchos beneficios. O
bien: Mt 5, 7-8 Bienaventurados
los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los
limpios de corazón, porque verán a Dios, dice el Señor. Oración
después de la comunión Señor,
que esta Eucaristía, memorial
de la muerte y resurrección de tu Hijo, nos
ayude a corresponder al
don inefable de su amor y
a procurar cada día nuestra salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XVIII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 69, 2. 6 Dios
mío, ven en mi ayuda; Señor, date prisa en socorrerme. Tú eres mi auxilio y mi
salvación; Señor, no tardes. Oración
colecta Señor,
tú que eres nuestro creador y
quien amorosamente dispone toda nuestra vida, renuévanos
conforme a la imagen de tu Hijo y
ayúdanos a conservar siempre tu gracia. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Santifica,
Señor, estos dones y
por medio del sacrificio de tu Hijo, transforma
toda nuestra vida en
una continua ofrenda. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sb 16, 20 Nos
has enviado, Señor, un pan del cielo que encierra en sí toda delicia y
satisface todos los gustos. O
bien:
Jn 6, 35 Yo
soy el pan de vida, dice el Señor; el que venga a mi, no tendrá hambre; y el
que crea en mí, no tendrá sed. Oración
después de la comunión Protege,
Señor, continuamente a
quienes renuevas y fortaleces con esta Eucaristía y
hazlos dignos de alcanzar la
salvación eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XIX
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 73, 20. 19. 22. 23 Acuérdate,
Señor de tu alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres.
Levántate, Señor, a defender tu causa; no olvides las voces de los que te
buscan. Oración
colecta Dios
eterno y todopoderoso a
quien confiadamente podemos llamar ya Padre nuestro, haz
crecer en nuestros corazones el
espíritu de hijos adoptivos tuyos, para
que podamos gozar, después de esta vida, de
la herencia que nos has prometido. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad, estos
dones que has puesto en manos de tu Iglesia, y
con tu poder conviértelos en
el sacramento de nuestra salvación. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal
147, 12.14 Alaba,
Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo. O
bien: Jn 6, 51 El
pan que yo os daré, es mi carne para vida del mundo, dice el Señor. Oración
después de la comunión Que
la recepción de esta Eucaristía nos
confirme, Señor, en tu amor y
nos ayude a conseguir la vida eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XX
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 83, 10-11 Dios
nuestro y protector nuestro, un solo día en tu casa es más valioso para tus
elegidos, que mil días en cualquier otra parte. Oración
colecta Enciende,
Señor, nuestros corazones con
el fuego de tu amor a
fin de que, amándote en todo y sobre todo, podamos
obtener aquellos bienes que
no podemos nosotros ni siquiera imaginar y
has prometido tú a los que te aman. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos para
esta Eucaristía a
fin de que, a cambio de ofrecerte lo que tú nos has dado, podamos
recibir de ti, tu misma vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 129, 7 Mi
alma espera al Señor con más ansia que los centinelas el amanecer, porque con
el Señor viene la misericordia y la abundancia de su gracia. O
bien: Jn 6, 51 Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; el que coma de este
pan, vivirá eternamente. Oración
después de la comunión Tú
que nos hecho partícipes de la vida de Cristo en
este sacramento, transfórmanos,
Señor, a imagen de tu Hijo, para
que participemos también de su gloria en el cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXI
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 85, 1-3 Escucha,
Señor, y respóndeme; salva a tu siervo que confía en ti. Ten piedad de mí, Dios
mío, pues sin cesar te invoco. Oración
colecta Dios
nuestro, tú
que puedes darnos un mismo querer y
un mismo sentir, concédenos
a todos amar lo que nos mandas y
anhelar lo que nos prometes para
que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda
encontrar nuestro corazón la felicidad verdadera. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, que por medio de un sacrificio único, el
de Cristo en la Cruz, nos
has adoptado como hijos tuyos, concede
siempre a tu Iglesia el don de la unidad y de la paz. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 103, 13-15 La
tierra está llena, Señor, de dones tuyos, de ti proviene el pan y el vino que
alegra el corazón humano. O
bien: Jn 6, 54 El
que come mi carne y bebe mi sangre, dice el Señor, tiene ya vida eterna y yo lo
resucitaré en el último día. Oración
después de la comunión Completa,
Señor, en nosotros la
obra redentora de tu amor y
danos la fortaleza y generosidad necesarias para
que podamos cumplir en todo tu santa voluntad. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal85, 3. 5 Dios
mío, ten piedad de mí, pues sin cesar te invoco. Tú eres bueno y clemente y no
niegas tu amor al que te invoca. Oración
colecta Dios
misericordioso, de
quien procede todo lo bueno, inflámanos
con tu amor y acércanos más a ti a
fin de que podamos crecer en tu gracia y
perseveremos en ella. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos y
realiza en nosotros con
el poder de tu Espíritu, la
obra redentora que
se actualiza en esta Eucaristía. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 30, 20 Qué
grande es la delicadeza del amor que tienes reservada, Señor, para tus hijos. O
bien: Mt
5, 9-10 Bienaventurados
los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados
los perseguidos por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los
cielos, dice el Señor. Oración
después de la comunión Te
rogamos, Señor, que este sacramento con
que nos has alimentado, nos
haga crecer en tu amor y
nos impulse a servirte en nuestros prójimos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXIII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal
118, 137. 124 Eres
justo, Señor, y rectos son tus mandamientos. Muéstrate bondadoso conmigo y
ayúdame a cumplir tu voluntad. Oración
colecta Señor,
que te has dignado redimirnos y
hacernos hijos tuyos, míranos
siempre con amor de Padre y
haz que cuantos creemos en Cristo, obtengamos
la verdadera libertad y la herencia eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Dios
nuestro, fuente
de la paz y del amor sincero, concédenos
glorificarte por estas ofrendas, y
unirnos fielmente a ti por
la participación en esta Eucaristía. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 41,2-3 Como
la cierva busca el agua de los ríos, así, sedienta, mi alma te busca a ti, Dios
mío. O
bien: Jn 8, 12 Yo
soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue no caminará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida. Oración
después de la comunión Tú
que nos has instruido con tu palabra y
alimentado con tu Eucaristía, concédenos,
Señor, aprovechar estos dones para
que vivamos aquí unidos a tu Hijo y podamos,
después, participar de su vida inmortal. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXIV
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Cf.
Sir 36, 15-16 A
los que esperan en ti Señor, concédeles tu paz, y cumple así las palabras de
tus profetas; escúchame, Señor, y atiende a las plegarias de tu pueblo. Oración
colecta Míranos,
Señor, con ojos de misericordia y
haz que experimentemos vivamente tu amor para
que podamos servirte con
todas nuestras fuerzas. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, con bondad, los
dones y plegarias de tu pueblo y
haz que lo que cada uno ofrece en tu honor, ayude
a la salvación de todos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 35,
8 Señor
Dios, qué valioso es tu amor. Por eso los hombres se acogen a la sombra de tus
alas. O
bien: Cf.
1 Cor 10, 16 El
cáliz de bendición por el que damos gracias, es la unión de todos en la Sangre
de Cristo; y el pan que partimos es la unión de todos en el Cuerpo de Cristo. Oración
después de la comunión Que
la gracia de esta comunión nos
transforme, Señor, tan plenamente, que
no sea ya nuestro egoísmo, sino tu amor, el
que impulse, de ahora en adelante, nuestra vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXV
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Yo
soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor. Los escucharé en cualquier
tribulación en
que me llamen y seré siempre su Dios. Oración
colecta Dios
nuestro, que en el amor a ti y a nuestro prójimo has
querido resumir toda tu ley, concédenos
descubrirte y amarte en nuestros hermanos para
que podamos alcanzar la vida eterna. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, los dones que te presentamos a
fin de que, por medio de esta Eucaristía, podamos
obtener las gracias de la redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 118, 4-5 Tú
promulgas, Señor, tus preceptos para que se observen con exactitud. Que mi
conducta se ajuste siempre, al cumplimiento de tu voluntad. O
bien: Jn
10, 14 Yo
soy el Buen Pastor y conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, dice el
Señor. Oración
después de la comunión Concede
siempre tu ayuda, Señor, a
quienes has alimentado con la Eucaristía, a
fin de que la gracia recibida en este sacramento, transforme
continuamente nuestra vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXVI
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Cf. Dan 3, 31. 29. 30.
43. 42 Podrías
hacer recaer sobre nosotros, Señor, todo el rigor de tu justicia, porque hemos pecado
contra ti y hemos desobedecido tus mandatos; pero, haz honor a tu nombre y
trátanos conforme a tu inmensa misericordia. Oración
colecta Dios
nuestro, que con tu perdón y tu misericordia, nos
das la prueba más delicada de tu omnipotencia, apiádate
de nosotros, pecadores, para
que no desfallezcamos en la lucha por
obtener el cielo que nos has prometido. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Padre misericordioso, nuestros dones y
conviértelos en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, fuente
de toda bendición para tu Iglesia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión
Sal
118, 49-50 Recuerda,
Señor, la promesa que le hiciste a tu siervo; en ella he puesto toda mi
esperanza y ha sido ella mi consuelo en la aflicción. O
bien: 1 Jn 3, 16 Hemos
conocido lo que es el amor de Dios, en que dio su vida por nosotros. Por eso
también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Oración
después de la comunión Que
esta Eucaristía renueve,
Señor, nuestro cuerpo y nuestro espíritu a
fin de que podamos participar de
la herencia gloriosa de tu Hijo, cuya
muerte hemos anunciado y compartido. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXVII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Est 13, 9. 10-11 Todo
depende de tu voluntad, Señor, y nadie puede resistirse a ella. Tú has hecho
los cielos y la tierra y las maravillas que contienen. Tú eres el Señor del
universo. Oración
colecta Padre
lleno de amor, que nos concedes siempre más
de lo que merecemos y deseamos, perdona
misericordiosamente nuestras ofensas y
otórganos aquellas gracias que
no hemos sabido pedirte y tú sabes que necesitamos. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este sacrificio de alabanza que
tú mismo instituiste, y
realiza en nosotros la obra de santificación que
con su muerte nos mereció tu Hijo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Lm 3, 25 Bueno
es el Señor con los que en él confían, con aquellos que no cesan de buscarlo. O
bien: Cf. 1
Cor 10, 17 Nosotros,
aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos participamos de un
mismo pan y de un mismo cáliz. Oración
después de la comunión Que
esta comunión, Señor, sacie
nuestra hambre y nuestra sed de ti y
nos transforme en tu Hijo, Jesucristo, que
vive y reina por los siglos de los siglos. SUBIR XXVIII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 129, 3-4 Si
conservaras el recuerdo de nuestras faltas, ¿quién habría, Señor, que se
salvara? Pero tú, Dios de Israel, eres Dios de perdón. Oración
colecta Te
pedimos, Señor, que
tu gracia nos inspire y acompañe siempre para
que podamos descubrirte en todos y
amarte y servirte en cada uno. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, nuestras ofrendas y
concédenos que esta Eucaristía nos
ayude a conseguir la gloria del cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 33,
11 Los
que buscan riquezas, sufren pobreza y hambre; los que buscan al Señor, no
carecen de nada. O
bien: 1
Jn 3, 2 Ya
sabemos que cuando el Señor se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque
lo veremos tal cual es. Oración
después de la comunión Te
pedimos, Señor, humildemente, que
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo que
hemos recibido en alimento, nos
comuniquen su misma vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXIX
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 16, 6. 8 Yo
te invoco porque tú me respondes, Dios mío; atiéndeme y escucha mis palabras.
Cuídame como a la niña de tus ojos y cúbreme bajo la sombra de tus alas. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, haz
que nuestra voluntad sea siempre dócil a la tuya y
que te sirvamos con un corazón sincero. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Santifica,
Señor, estos dones tuyos que
con sincera voluntad te presentamos, y
por medio de esta Eucaristía, dígnate
purificarnos y renovarnos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 32,
18-19 Los
ojos del Señor están puestos en sus hijos, en los que esperan en su
misericordia, para librarlos de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. O
bien: Mc 10, 45 El
Hijo del hombre ha venido a dar su vida como rescate por la humanidad, dice el
Señor. Oración
después de la comunión Que
esta celebración eucarística nos
comunique, Señor, nuevas fuerzas para
cumplir tu voluntad en esta vida y
nos confirme en la esperanza de tu Reino. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXX
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 104, 3-4 Alégrese
el corazón de los que buscan al Señor. Buscad la ayuda del Señor; buscad
continuamente su presencia. Oración
colecta Aumenta,
Señor, en nosotros la
fe, la esperanza y la caridad para
que cumplamos con amor tus mandamientos y
podamos conseguir, así, el
cielo que nos tienes prometido. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con bondad, las
ofrendas que te presentamos, a
fin de que esta celebración eucarística sea
para tu gloria y alabanza. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 19, 6 Llenos
de júbilo porque nos ha salvado, alabemos la grandeza del Señor, nuestro Dios. O
bien: Ef
5, 2 Cristo
nos amó y se entregó a la muerte por nosotros, como ofrenda y víctima agradable
a Dios. Oración
después de la comunión Concédenos,
Señor, que este memorial de
la muerte y resurrección de tu Hijo nos
haga morir de veras al pecado y
renacer a una nueva vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXXI
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada Sal 37,
22-23 Señor,
no me abandones, no te me alejes, Dios mío. Ven de prisa a socorrerme, Señor,
mi salvador. Oración
colecta Dios
omnipotente y misericordioso, de
cuya mano proviene el
don de servirte y de alabarte, ayúdanos
a vencer en esta vida cuanto
pueda separarnos de ti. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Que
este sacrificio que vamos ofrecerte en
comunión con toda tu Iglesia, te
sea agradable, Señor, y
nos obtenga la plenitud de tu misericordia. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión
Sal 15, 11 Me
has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia. O
bien: Jn 6, 58 En
la misma forma en que yo vivo por el Padre, que me ha enviado y que es la vida,
el que me come, vivirá por mí, dice el Señor. Oración
después de la comunión Continúa,
Señor, en nosotros tu
obra de salvación por
medio de esta Eucaristía para
que, cada vez más unidos a Cristo en esta vida, merezcamos
vivir con él eternamente. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXXII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de entrada
Sal 87,
3 Que
llegue hasta ti mi súplica, Señor, y encuentren acogida mis plegarias. Oración
colecta Ayúdanos,
Señor, a
dejar en tus manos paternales todas
nuestras preocupaciones, a
fin de que podamos entregarnos con
mayor libertad a tu servicio. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Mira,
Señor, con bondad los
dones que te presentamos, a
fin de que el sacramento de
la muerte y resurrección de tu Hijo, nos
alcance de ti la vida verdadera. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión Sal 22, 1-2 El
Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar; me
conduce hacia fuentes tranquilas para reparar mis fuerzas. O
bien: Lc 24,
35 Los
discípulos reconocieron al Señor Jesús cuando partió el pan. Oración
después de la comunión Te
damos gracias, Señor, por
habernos alimentado con
el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y
te rogamos que la fuerza del Espíritu Santo, que
nos has comunicado en este sacramento, permanezca
en nosotros y transforme toda nuestra vida. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXXIII
DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Antífona
de
entrada Jer
29, 11. 12. 14 Yo
tengo designios de paz, no de aflicción, dice el Señor. Me invocaréis y yo os
escucharé y os libraré de vuestra esclavitud donde quiera que os encontréis. Oración
colecta Concédenos,
Señor, tu ayuda para
entregarnos fielmente a tu servicio porque
sólo en el cumplimiento de tu voluntad podremos
encontrar la felicidad verdadera. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Que
estos dones traídos a tu altar nos
obtengan de ti, Señor y Dios nuestro, la
gracia de servirte con amor y
la felicidad eterna. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión
Sal 72, 28 Mi
felicidad consiste en estar cerca de Dios y en poner sólo en él mis esperanzas. O
bien: Mc 11,
23-24 Yo
os aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidáis en la oración, si tenéis fe
en obtenerlo, os
será concedido. Oración
después de la comunión Señor,
que nuestra participación en esta Eucaristía que
tu Hijo nos mandó celebrar como memorial suyo, nos
una siempre con el vínculo de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR XXXIV
SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO La
solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo ocupa el lugar de este
domingo. Para los días de entre semana, se utilizan los textos siguientes. Antífona
de entrada
Sal 84, 9 Dios
anuncia la paz a su pueblo, a todos sus amigos y a cuantos se convierten a él
de corazón. Oración
colecta Mueve,
Señor, nuestros corazones para
que correspondamos generosamente a
la acción de tu gracia y
recibamos, así, con abundancia, los dones de tu amor. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Oración
sobre las ofrendas Acepta,
Señor, este santo sacrificio que
nos has mandado ofrecer en tu alabanza y
concédenos por él obedecer
siempre tus mandatos para
que seamos dignos de tu amor. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
dominical I-X Antífona
de comunión
Sal
116, 1-2 Alabad
al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos, porque grande es su
amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre. O
bien: Mt
28, 20 Yo
estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo, dice el Señor. Oración
después de la comunión Tú
que nos has hecho participes de tu propia vida en
este sacramento, no
permitas, Señor, que nos separemos ya de ti, que
eres la fuente de todo bien. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR SOLEMNIDADES
DEL SEÑOR DURANTE
EL TIEMPO ORDINARIO Santísima
Trinidad Santísimo
Cuerpo y Sangre de Cristo Sagrado
Corazón de Jesús Jesucristo,
Rey Universal Domingo
después de Pentecostés LA
SANTÍSIMA TRINIDAD Solemnidad Antífona
de entrada Bendito
sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, porque nos ha mostrado un amor inmenso. Oración
colecta Dios
Padre, que al enviar al mundo al
Verbo de verdad y al Espíritu de santidad, revelaste
a los hombres tu misterio admirable, concédenos
que al profesar la fe verdadera, reconozcamos
la gloria de la eterna Trinidad y
adoremos la unidad de su majestad omnipotente. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Se
dice Credo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Por
la invocación de tu nombre, santifica,
Señor, estos dones que te presentamos y
transfórmanos por ellos en una continua oblación a ti. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio: EL
MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno. Que
con tu único Hijo y el Espíritu Santo, eres
un solo Dios, un solo Señor, no
en la sola persona, sino
tres Personas en una sola naturaleza. Y
lo que creemos de tu gloria, porque
tú lo revelaste, lo
afirmamos también de tu Hijo y
también del Espíritu Santo, sin
diferencia ni distinción. De
modo que al proclamar nuestra fe en
la verdadera y eterna Divinidad, adoramos
a tres Personas distintas, de
única naturaleza e
iguales en su dignidad. A
quien alaban los ángeles y los arcángeles, y
todos los coros celestiales, que
no cesan de aclamarte con una sola voz: Santo,
Santo, Santo... Antífona
de comunión Gal 4, 6 Porque
sois hijos de Dios, Dios infundió en vuestros corazones el Espíritu de su Hijo,
que clama: Padre. Oración
después de la comunión Al
confesar nuestra fe en la Trinidad santa y eterna y
en su Unidad indivisible, concédenos,
Señor y Dios nuestro, encontrar
salud del alma y del cuerpo en
el sacramento que hemos recibido. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR Domingo
después de la Santísima Trinidad EL
CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO Solemnidad Antífona
de entrada Sal 80,
17 Alimentó
a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca. Oración
colecta Señor
nuestro Jesucristo, que en este sacramento admirable nos
dejaste el memorial de tu pasión, concédenos
venerar de tal modo los
sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que
experimentemos constantemente en nosotros el
fruto de tu redención. Tú
que vives y reinas con el Padre en
la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por
los siglos de los siglos. Se
dice Credo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Señor,
concede a tu Iglesia los
dones de la unidad y de la paz, simbolizados
en las ofrendas sacramentales que
te presentamos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio
de la Sagrada Eucaristía I o II. Antífona
de comunión Jn 6, 56 El
que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor. Oración
después de la comunión Concédenos,
Señor, disfrutar eternamente del
gozo de tu divinidad que ahora pregustamos, en
la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre. Tú
que vives y reinas por los siglos de los siglos. Viernes
posterior al segundo domingo después de Pentecostés Viernes
después de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo EL
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Solemnidad Antífona
de entrada
Sal 32, 11.
19 Los
proyectos de su corazón subsisten de edad en edad, para librar de la muerte la
vida de sus fieles y reanimarlos en tiempo de hambre. Oración
colecta Al
celebrarse hoy la solemnidad del Corazón de Jesús, en
la que recordamos el inmenso amor de
tu Hijo hacia nosotros, te suplicamos, Padre todopoderoso, que
nos concedas alcanzar de esa fuente inagotable la
abundancia de tu gracia. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. O
bien: Dios
nuestro, que has depositado infinitos
tesoros de misericordia en
el corazón de tu amado Hijo, herido por nuestros pecados, concédenos
que, al rendirle nuestro homenaje de amor, logremos
también tributarle una debida reparación. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Se
dice Credo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Ten
en cuenta, Señor, el
inefable amor del corazón de tu Hijo, para
que este don que te ofrecemos, sea agradable a tus ojos y
sirva como expiación de nuestros pecados. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio: INMENSO
AMOR DE CRISTO V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por
Cristo nuestro Señor. El
cual, con inmenso amor, se
entregó por nosotros en la cruz e
hizo salir sangre y agua de su costado herido, de
donde habrían de brotar los
sacramentos de la Iglesia, para
que todos, atraídos
hacia el corazón abierto del salvador, pudieran
beber siempre, con gozo, de
la fuente de la salvación. Por
eso, con
los ángeles y con todos lo santos te
alabamos, diciendo sin cesar: Santo,
Santo, Santo... Antífona
de comunión Jn 7, 37-38 Dice
el Señor: Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. De aquel que cree en mí,
brotarán ríos de agua viva. O
bien: Jn
19, 34 Uno
de los soldados le abrió el costado con su lanza, y al punto salió sangre y
agua. Oración
después de la comunión Señor,
que este sacramento de caridad nos
haga arder en un santo amor que,
atrayéndonos siempre hacia tu Hijo, nos
enseñe a reconocerlo en cada uno de nuestros hermanos. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Último
domingo del tiempo ordinario JESUCRISTO,
REY DEL UNIVERSO Solemnidad Antífona
de entrada Ap 5, 12; 1, 6 Digno
es el Cordero que fue inmolado, de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza y el honor. A él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Oración
colecta Dios
todopoderoso y eterno, que
quisiste fundar todas las cosas en
tu Hijo muy amado, Rey del universo, haz
que toda creatura, liberada de la esclavitud, sirva
a tu majestad y te alabe eternamente. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Se
dice Credo. Liturgia
de la palabra: ciclo A - ciclo B - ciclo C Oración
sobre las ofrendas Al
ofrecerte el sacrificio de
la reconciliación humana, te
rogamos, Señor, que Jesucristo, tu Hijo, conceda
a todos los pueblos los
bienes de la unidad y de la paz. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Prefacio CRISTO,
REY DEL UNIVERSO V.
El Señor esté con vosotros. R.
Y con tu espíritu. V.
Levantemos el corazón. R.
Lo tenemos levantado hacia el Señor. V.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R.
Es justo y necesario. En
verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno. Porque
consagraste Sacerdote eterno y
Rey del universo a tu Hijo unigénito, nuestro
Señor Jesucristo, para
que, ofreciéndose a si mismo como
víctima perfecta y pacificadora en
el altar de la cruz, consumara
el misterio de la redención humana; y
sometiendo a su poder la creación entera, entregara
a tu majestad infinita un
Reino eterno y universal: Reino
de la verdad y de la vida, Reino
de la santidad y de la gracia, Reino
de la justicia, del amor y de la paz. Por
eso, con
los ángeles y los arcángeles y
con todos los coros celestiales, cantamos
sin cesar el
himno de tu gloria. Santo,
Santo, Santo... Antífona
de comunión
Sal 28, 10-11 En
su trono reinará el Señor para siempre y le dará a su pueblo la bendición de la
paz. Oración
después de la comunión Alimentados
con el pan que da la vida eterna, te
pedimos, Señor, que
quienes nos gloriamos en obedecer aquí los
mandatos de Cristo, Rey
del universo, podamos
vivir con él eternamente en el cielo. Por
Jesucristo, nuestro Señor. SUBIR LECIONARIO
DOMINICAL DEL TIEMPO ORDINARIO B CICLO
A C Domingo
después de Pentecostés SOLEMNIDAD DE
LA SANTÍSIMA TRINIDAD PRIMERA
LECTURA Señor,
Señor, Dios compasivo y misericordioso Lectura
del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9 En
aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado
el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El
Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del
Señor. El
Señor pasó ante él, proclamando: –«Señor,
Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y
lealtad.» Moisés,
al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y
le dijo: –«Si
he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo
de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad
tuya.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Dn 3, 52. 53. 54. 55. 56
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, bendito tu nombre santo y
glorioso. R.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.
A ti gloria y alabanza por los siglos
Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos. R.
A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo. R.
A ti gloria y alabanza por los siglos. SEGUNDA
LECTURA La
gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios
13, 11-13 Hermanos: Alegraos,
enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y
de la paz estará con vosotros. Saludaos
mutuamente con el beso ritual. Os
saludan todos los santos. La
gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo
esté siempre con todos vosotros. Palabra
de Dios. Aleluya
Ap 1, 8
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que
viene. EVANGELIO Dios
mandó su Hijo para que el mundo se salve por él +
Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18 Tanto
amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de
los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque
Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se
salve por él. El
que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha
creído en el nombre del Hijo único de Dios. Palabra
del Señor. Domingo
después de la Santísima Trinidad SOLEMNIDAD
DEL SANTÍSIMO CUERPO
Y SANGRE DE CRISTO PRIMERA
LECTURA Te
alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres Lectura
del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a Moisés
habló al pueblo, diciendo: –«Recuerda
el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por
el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones:
si guardas sus preceptos o no. Él
te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú
no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo vive el hombre
de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No
te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te
hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un
sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal;
que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a) R.
Glorifica al Señor, Jerusalén. O
bien:
Aleluya. Glorifica
al Señor, Jerusalén; alaba
a tu Dios, Sión: que
ha reforzado los cerrojos de tus puertas, y
ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R. Ha
puesto paz en tus fronteras, te
sacia con flor de harina. Él
envía su mensaje a la tierra, y
su palabra corre veloz. R. Anuncia
su palabra a Jacob, sus
decretos y mandatos a Israel; con
ninguna nación obró así, ni
les dio a conocer sus mandatos. R. SEGUNDA
LECTURA El
pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17 Hermanos: El
cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo?
Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El
pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo,
porque comemos todos del mismo pan. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 6, 51
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma de este
pan vivirá para siempre. EVANGELIO Mi
carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida +
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58 En
aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: –«Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban
los judíos entre sí: –«¿Cómo
puede éste darnos a comer su carne?» Entonces
Jesús les dijo: –«Os
aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no
tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida
eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi
carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El
que come mi carne y bebe mi sangre habita en mi y yo en él. El
Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que
me come vivirá por mi. Este
es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo
comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre. » Palabra
del Señor. Viernes
posterior al segundo domingo después de Pentecostés SOLEMNIDAD
DEL SAGRADO
CORAZÓN DE JESÚS PRIMERA
LECTURA El
Señor se enamoró de vosotros y os eligió Lectura
del libro del Deuteronomio 7, 6-11 En
aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: –«Tú
eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras,
entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si
el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más
numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro
amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os
sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del
Faraón, rey de Egipto. Así
sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y
su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero
paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar,
paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon
por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 10(R.: 17) R. La
misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos. Bendice,
alma mía, al Señor, y
todo mi ser a su santo nombre. Bendice,
alma mía, al Señor, y
no olvides sus beneficios. R. Él
perdona todas tus culpas y
cura todas tus enfermedades; él
rescata tu vida de la fosa y
te colma de gracia y de ternura. R. El
Señor hace justicia y
defiende a todos los oprimidos; enseñó
sus caminos a Moisés y
sus hazañas a los hijos de Israel. R. El
Señor es compasivo y misericordioso, lento
a la ira y rico en clemencia. No
nos trata como merecen nuestros pecados ni
nos paga según nuestras culpas. R. SEGUNDA
LECTURA Dios
nos amó Lectura
de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-16 Queridos
hermanos: Amémonos
unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y
conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En
esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su
Hijo único, para que vivamos por medio de él. En
esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él
nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros
pecados. Queridos,
si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A
Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en
nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En
esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de
su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a
su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien
confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y
nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios
es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 11, 29ab
Cargad con mi yugo y aprended de mí
–dice el Señor–,
que soy manso y humilde de corazón. EVANGELIO Soy
manso y humilde de corazón +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30 En
aquel tiempo, exclamó Jesús: –«Te
doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas
a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre,
así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al
Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el
Hijo se lo quiera revelar. Venid
a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con
mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis
vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» Palabra
del Señor. DOMINGO
II DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Te
hago luz de las naciones, para que seas mi salvación Lectura
del libro de Isaías 49, 3. 5-6 El
Señor me dijo: «Tú
eres mi siervo, de
quien estoy orgulloso.» Y
ahora habla el Señor, que
desde el vientre me formó siervo suyo, para
que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel –tanto
me honró el Señor, y
mi Dios fue mi fuerza–: «Es
poco que seas mi siervo y
restablezcas las tribus de Jacob y
conviertas a los supervivientes de Israel; te
hago luz de las naciones, para
que mi salvación alcance hasta
el confín de la tierra.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10(R.: 8a y 9a) R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Yo
esperaba con ansia al Señor; él
se inclinó y escuchó mi grito; me
puso en la boca un cántico nuevo, un
himno a nuestro Dios. R. Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas, y,
en cambio, me abriste el oído; no
pides sacrificio expiatorio, entonces
yo digo: «Aquí estoy.» R. Como
está escrito en mi libro: «Para
hacer tu voluntad.» Dios
mío, lo quiero, y
llevo tu ley en las entrañas. R. He
proclamado tu salvación ante
la gran asamblea; no
he cerrado los labios: Señor,
tú lo sabes. R. SEGUNDA
LECTURA La
gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con
vosotros Comienzo
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3 Yo,
Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes,
nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados
por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en
cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La
gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean
con vosotros. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 1, 14. 12b
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. A cuantos la recibieron, les
da poder para ser hijos de Dios.
En lugar del versículo antes del evangelio propuesto para cada domingo, se
puede escoger alguno de los que se hallan en. * EVANGELIO Éste
es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo +
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34 En
aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: –«Éste
es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien
yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque
existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con
agua, para que sea manifestado a Israel.» Y
Juan dio testimonio diciendo: –«He
contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre
él. Yo
no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél
sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de
bautizar con Espíritu Santo. " Y
yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.» Palabra
del Señor. DOMINGO
III DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA En
la Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande Lectura
del libro de Isaías 8, 23b-9, 3 En
otro tiempo el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora
ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los
gentiles. El
pueblo que caminaba en tinieblas vio
una luz grande; habitaban
tierra de sombras, y
una luz les brilló. Acreciste
la alegría, aumentaste
el gozo; se
gozan en tu presencia, como
gozan al segar, como
se alegran al repartirse el botín. Porque
la vara del opresor, y
el yugo de su carga, el
bastón de su hombro, los
quebrantaste como el día de Madián. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 26, 1. 4. 13-14 (R.: la) R.
El Señor es mi luz y mi salvación. El
Señor es mi luz y mi salvación, ¿a
quién temeré? El
Señor es la defensa de mi vida, ¿quién
me hará temblar? R. Una
cosa pido al Señor, eso
buscaré: habitar
en la casa del Señor por
los días de mi vida; gozar
de la dulzura del Señor, contemplando
su templo. R. Espero
gozar de la dicha del Señor en
el país de la vida. Espera
en el Señor, sé valiente, ten
ánimo, espera en el Señor. R. SEGUNDA
LECTURA Poneos
de acuerdo y no andéis divididos Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17 Os
ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo: poneos de acuerdo y no
andéis divididos. Estad bien unidos con un mismo pensar y sentir. Hermanos,
me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre vosotros. Y por eso os
hablo así, porque andáis divididos, diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de
Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo. » ¿Está
dividido Cristo? ¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido
bautizados en nombre de Pablo? Porque
no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con
sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 4, 23
Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo. * EVANGELIO Se
estableció en Cafarnaún. Así se cumplió lo que había dicho Isaías +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23 Al
enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando
Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón
y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País
de Zabulón y país de Neftalí, camino
del mar, al otro lado del Jordán, Galilea
de los gentiles. El
pueblo que habitaba en tinieblas vio
una luz grande; a
los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una
luz les brilló.» Entonces
comenzó Jesús a predicar diciendo: –«Convertíos,
porqi1e está cerca el reino de los cielos.» Pasando
junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a
Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran
pescadores. Les
dijo: –«Venid
y seguidme, y os, haré pescadores de hombres.» Inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron. Y,
pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a
Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús
los llamó también. Inmediatamente
dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Recorría
toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino,
curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Palabra
del Señor. O
bien más breve: +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-17 Al
enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando
Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón
y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País
de Zabulón y país de Neftalí, camino
del mar, al otro lado del Jordán, Galilea
de los gentiles. El
pueblo que habitaba en tinieblas vio
una luz grande; a
los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una
luz les brilló.» Entonces
comenzó Jesús a predicar diciendo: –«Convertíos,
porque está cerca el reino de los cielos.» Palabra
de Dios. DOMINGO
IV DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Dejaré
en medio de ti un pueblo pobre y humilde Lectura
de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13 Buscad
al Señor, los humildes, que
cumplís sus mandamientos; buscad
la justicia, buscad
la moderación, quizá
podáis ocultaros el
día de la ira del Señor. «Dejaré
en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que
confiará en el nombre del Señor. El
resto de Israel no cometerá maldades, ni
dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán
y se tenderán sin sobresaltos.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 145, 7. 8-9a. 9be-10 (R.: Mt 5, 3) R. Dichosos
los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. O
bien:
Aleluya. El
Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, él
hace justicia a los oprimidos, él
da pan a los hambrientos. El
Señor liberta a los cautivos. R. El
Señor abre los ojos al ciego, el
Señor endereza a los que ya se doblan, el
Señor ama a los justos, el
Señor guarda a los peregrinos. R. Sustenta
al huérfano y a la viuda y
trastorna el camino de los malvados. El
Señor reina eternamente, tu
Dios, Sión, de edad en edad. R. SEGUNDA
LECTURA Dios
ha escogido lo débil del mundo Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 19, 26-31 Hermanos: Fijaos
en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos
poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha
escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido
Dios para humillar el poder. Aún
más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta
para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del
Señor. Por
él vosotros sois en Cristo Jesús, en este Cristo que Dios ha hecho para
nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y
así –como dice la Escritura– «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor». Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 5, 12a
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. * EVANGELIO Dichosos
los pobres en el espíritu +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a En
aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se
acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: –«Dichosos
los pobres en el espíritu, porque
de ellos es el reino de los cielos. Dichosos
los sufridos, porque
ellos heredarán la tierra. Dichosos
los que lloran, porque
ellos serán consolados. Dichosos
los que tienen hambre y sed de la justicia, porque
ellos quedarán saciados. Dichosos
los misericordiosos, porque
ellos alcanzarán misericordia. Dichosos
los limpios de corazón, porque
ellos verán a Dios. Dichosos
los que trabajan por la paz, porque
ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos
los perseguidos por causa de la justicia, porque
de ellos es el reino de los cielos. Dichosos
vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por
mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en
el cielo. Palabra
del Señor. DOMINGO
V DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Romperá
tu luz como la aurora Lectura
del libro de Isaías 58, 7-10 Así
dice el Señor: «Parte
tu pan con el hambriento, hospeda
a los pobres sin techo, viste
al que ves desnudo, y
no te cierres a tu propia carne. Entonces
romperá tu luz como la aurora, en
seguida te brotará la carne sana; te
abrirá camino la justicia, detrás
irá la gloria del Señor. Entonces
clamarás al Señor, y
te responderá; gritarás,
y te dirá: «Aquí
estoy. » Cuando
destierres de ti la opresión, el
gesto amenazador y la maledicencia, cuando
partas tu pan con el hambriento y
sacies el estómago del indigente, brillará
tu luz en las tinieblas, tu
oscuridad se volverá mediodía.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 111, 4-5. 6-7. 8a y 9 (R.: 4a) R.
El justo brilla en las tinieblas como una luz. En
las tinieblas brilla como una luz el
que es justo, clemente y compasivo. Dichoso
el que se apiada y presta, y
administra rectamente sus asuntos. R. El
justo jamás vacilará, su
recuerdo será perpetuo. No
temerá las malas noticias, su
corazón está firme en el Señor. R. Su
corazón está seguro, sin temor. Reparte
limosna a los pobres; su
caridad es constante, sin falta, y
alzará la frente con dignidad. R. SEGUNDA
LECTURA Os
anuncié el misterio de Cristo crucificado Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5 Yo,
hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice
con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de
saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me
presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no
fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del
Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino
en el poder de Dios. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 8, 12b
Yo soy la luz del mundo –dice el Señor–; el que me sigue tendrá la luz de la
vida. * EVANGELIO Vosotros
sois la luz del mundo +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Vosotros
sois la sal de la tierra. Pero sí la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No
sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros
sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un
monte. Tampoco
se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en
el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre
así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den
gloria a vuestro Padre que está en el cielo.» Palabra
del Señor. DOMINGO
VI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA No
mandó pecar al hombre Lectura
del libro del Eclesiástico 15, 16-21 Si
quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque
es prudencia cumplir su voluntad; ante
ti están puestos fuego y agua: echa
mano a lo que quieras; delante
del hombre están muerte y vida: le
darán lo que él escoja. Es
inmensa la sabiduría del Señor, es
grande su poder y lo ve todo; los
ojos de Dios ven las acciones, él
conoce todas las obras del hombre; no
mandó pecar al hombre, ni
deja impunes a los mentirosos. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34(R.: 1b) R.
Dichoso el que camina en la voluntad del Señor. Dichoso
el que, con vida intachable, camina
en la voluntad del Señor; dichoso
el que, guardando sus preceptos, lo
busca de todo corazón. R. Tú
promulgas tus decretos para
que se observen exactamente. Ojalá
esté firme mi camino, para
cumplir tus consignas. R. Haz
bien a tu siervo: viviré y
cumpliré tus palabras; ábreme
los ojos, y contemplaré las
maravillas de tu voluntad. R. Muéstrame,
Señor, el camino de tus leyes, y
lo seguiré puntualmente; enséñame
a cumplir tu voluntad y
a guardarla de todo corazón. R. SEGUNDA
LECTURA Dios
predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10 Hermanos: Hablamos,
entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los
príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una
sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los
siglos para nuestra gloria. Ninguno
de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido,
nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino,
como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar
lo que Dios ha preparado para los que lo aman. » Y
Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo
profundo de Dios. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos
del reino a la gente sencilla. * EVANGELIO Se
dijo a los antiguos, pero yo os digo +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«No
creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir,
sino a dar plenitud. Os
aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la
última letra o tilde de la Ley. El
que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a
los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero
quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Os
lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el
reino de los cielos. Habéis
oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será
procesado. Pero
yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno
llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín,
y si lo llama "renegado", merece la condena del fuego. Por
tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo
de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y
vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu
ofrenda. Con
el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de
camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la
cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último
cuarto. Habéis
oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que
mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su
interior. Si
tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro
que ser echado entero en el infierno. Si
tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un
miembro que ir a parar entero al infierno. Está
mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.
" Pues
yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la
induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio. Habéis
oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y
"Cumplirás tus votos al Señor". Pues
yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios;
ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la
ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o
negro un solo pelo. A vosotros os basta decir "sí" o "no".
Lo que pasa de ahí viene del Maligno.» Palabra
del Señor. O
bien más breve: Lectura
del santo evangelio según san Mateo 5, 20-22a. 27-28. 33-34a. 37 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Os
lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el
reino de los cielos. Habéis
oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero
yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Habéis
oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que
mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su
interior. Habéis
oído que se dijo a los antiguos: "No jurarás en falso" y
"Cumplirás tus votos al Señor". Pues
yo os digo que no juréis en absoluto. A
vosotros os basta decir "sí" o "no". Lo que pasa de ahí
viene del Maligno.» Palabra
del Señor. DOMINGO
VII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Amarás
a tu prójimo como a ti mismo Lectura
del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18 El
Señor habló a Moisés: –«Habla
a la asamblea de los hijos de Israel y diles: "Seréis
santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No
odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues
tú con su pecado. No
te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo
como a ti mismo. Yo
soy el Señor."» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13(R.: 8a) R.
El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice,
alma mía, al Señor, y
todo mi ser a su santo nombre. Bendice,
alma mía, al Señor, y
no olvides sus beneficios. R. Él
perdona todas tus culpas y
cura todas tus enfermedades; él
rescata tu vida de la fosa y
te colma de gracia y de ternura. R. El
Señor es compasivo y misericordioso, lento
a la ira y rico en clemencia; no
nos trata como merecen nuestros pecados ni
nos paga según nuestras culpas. R. Como
dista el oriente del ocaso, así
aleja de nosotros nuestros delitos. Como
un padre siente ternura por sus hijos, siente
el Señor ternura por sus fieles. R. SEGUNDA
LECTURA Todo
es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 16-23 Hermanos: ¿No
sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si
alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de
Dios es santo: ese templo sois vosotros. Que
nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga
necio para llegar a ser sabio. Porque
la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a
los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los
sabios y conoce que son vanos.» Así,
pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo,
Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro,
vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Palabra
de Dios Aleluya
1 Jn 2, 5
Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él
a su plenitud. * EVANGELIO Amad
a vuestros enemigos +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-48 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Habéis
oído que se dijo: "Ojo por ojo, diente por diente." Yo, en cambio, os
digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en
la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte
la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla,
acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo
rehuyas. Habéis
oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo.
Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os
persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace
salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque,
si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también
los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de
extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed
perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.» Palabra
del Señor. DOMINGO
VIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Yo
no te olvidaré Lectura
del libro de Isaías 49, 14-15 Sión
decía: «Me
ha abandonado el Señor, mi
dueño me ha olvidado.» ¿Es
que puede una madre olvidarse de su criatura, no
conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues,
aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 61, 2-3. 6-7. 8-9ab(R.: 6a) R.
Descansa sólo en Dios, alma mía. Sólo
en Dios descansa mi alma, porque
de él viene mi salvación; sólo
él es mi roca y mi salvación; mi
alcázar: no vacilaré. R. Descansa
sólo en Dios, alma mía, porque
él es mi esperanza; sólo
él es mi roca y mi salvación, mi
alcázar: no vacilaré. R. De
Dios viene mi salvación y mi gloria, él
es mi roca firme, Dios
es mi refugio. Pueblo
suyo, confiad en él, desahogad
ante él vuestro corazón. R. SEGUNDA
LECTURA El
Señor pondrá al descubierto los designios del corazón Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 1-5 Hermanos: Que
la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los
misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel.
Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano;
ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero
tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así,
pues, no juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo
que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón;
entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios. Palabra
de Dios. Aleluya
Hb 4, 12
La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del
corazón. * EVANGELIO No
os agobiéis por el mañana +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 6, 24-34 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Nadie
puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro;
o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis
servir a Dios y al dinero. Por
eso os digo: No estéis agobiados por la vida, pensando qué vais a comer o
beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la
vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni
siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los
alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién
de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por
qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni
trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido
como uno de ellos. Pues, si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se
quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de
poca fe? No andéis agobiados, pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o
con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe
vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre
todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura.
Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio
agobio. A cada día le bastan sus disgustos.» Palabra
del Señor. DOMINGO
IX DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Mirad:
Os pongo delante bendición y maldición Lectura
del libro del Deuteronomio 11, 18. 26-28. 32 Moisés
habló al pueblo, diciendo: –«Meteos
estas palabras mías en el corazón y en el alma, atadlas a la muñeca como un
signo, ponedlas de señal en vuestra frente. Mirad:
Hoy os pongo delante bendición y maldición; la bendición, si escucháis los
preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy; la maldición, si no
escucháis los preceptos del Señor, vuestro Dios, y os desviáis del camino que
hoy os marco, yendo detrás de dioses extranjeros, que no habíais conocido. Pondréis
por obra todos los mandatos y decretos que yo os promulgo hoy.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 30, 2-3a. 3bc-4. 17 y 25(R.: 3b) R.
Sé la roca de mi refugio, Señor. A
ti, Señor, me acojo; no
quede yo nunca defraudado; tú,
que eres justo, ponme a salvo, inclina
tu oído hacia mí; ven
aprisa a librarme. R. Sé
la roca de mi refugio, un
baluarte donde me salve, tú
que eres mi roca y mi baluarte; por
tu nombre dirígeme y guíame. R. Haz
brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame
por tu misericordia. Sed
fuertes y valientes de corazón, los
que esperáis en el Señor. R. SEGUNDA
LECTURA El
hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 3,
21-25a. 28 Hermanos: Ahora,
la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los profetas, se ha manifestado
independientemente de la Ley. Por
la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen, sin
distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de
Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de
Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la
fe en su sangre. Sostenemos,
pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 15, 5
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos –dice el Señor–; el que permanece en mi
y yo en él, ése da fruto abundante. * EVANGELIO La
casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena Lectura
del santo evangelio según san Mateo 7, 21-27 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«No
todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos,
sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Aquel
día, muchos dirán: "Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en
tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?" Yo
entonces les declararé: "Nunca os he conocido. Alejaos de mí, malvados. El
que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre
prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos,
soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque
estaba cimentada sobre roca. El
que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel
hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los
ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.» Palabra
del Señor. DOMINGO
X DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Quiero
misericordia, y no sacrificios Lectura
de la profecía de Oseas 6, 3-6 Esforcémonos
por conocer al Señor: su
amanecer es como la aurora, y
su sentencia surge como la luz. Bajará
sobre nosotros como lluvia temprana, como
lluvia tardía que empapa la tierra. «¿Qué
haré de ti, Efraín? ¿Qué
haré de ti, Judá? Vuestra
piedad es como nube mañanera, como
rocío de madrugada que se evapora. Por
eso os herí por medio de los profetas, os
condené con la palabra de mi boca. Quiero
misericordia, y no sacrificios; conocimiento
de Dios, más que holocaustos.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 49, 1 y 8. 12-13. 14-15(R.: 23 R. Al
que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios. El
Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca
la tierra de oriente a occidente. «No
te reprocho tus sacrificios, pues
siempre están tus holocaustos ante mí.» R. «Si
tuviera hambre, no te lo diría; pues
el orbe y cuanto lo llena es mío. ¿Comeré
yo carne de toros, beberé
sangre de cabritos?» R. «Ofrece
a Dios un sacrificio de alabanza, cumple
tus votos al Altísimo e
invócame el día del peligro: yo
te libraré, y tú me darás gloria.» R. SEGUNDA
LECTURA Se
hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 18-25 Hermanos: Abrahán,
apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre
de muchas naciones, según lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. No
vaciló en la fe, aun dándose cuenta de que su cuerpo estaba medio muerto –tenía
unos cien años–, y estéril el seno de Sara. Ante
la promesa no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello
gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por
lo cual le valió la justificación. Y
no sólo por él está escrito: «Le valió», sino también por nosotros, a quienes
nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor
Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra
justificación. Palabra
de Dios. Aleluya
Lc 4, 18
El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a
los cautivos la libertad. * EVANGELIO No
he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13 En
aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al
mostrador de los impuestos, y le dijo: _«Sígueme.» Él
se levantó y lo siguió. Y,
estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían
acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los
fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: –«¿Cómo
es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? » Jesús
lo oyó y dijo: –«No
tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad,
aprended lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios": que
no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Seréis
para mí un reino de sacerdotes y una nación santa Lectura
del libro del Éxodo 19, 2-6a En
aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí y acamparon allí,
frente al monte. Moisés
subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: –«Así
dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis
visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre
alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y
guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los
pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y
una nación santa."» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 99, 2. 3. 5 (R.: 3c) R. Nosotros
somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Aclama
al Señor, tierra entera, servid
al Señor con alegría, entrad
en su presencia con vítores. R. Sabed
que el Señor es Dios: que
él nos hizo y somos suyos, su
pueblo y ovejas de su rebaño. R. El
Señor es bueno, su
misericordia es eterna, su
fidelidad por todas las edades. R. SEGUNDA
LECTURA Si
fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con
cuánta más razón seremos salvos por su vida! Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 6-11 Hermanos: Cuando
nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por
los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de
bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es
que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con
cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él
salvos del castigo! Si,
cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo,
¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y
no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor
Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación. Palabra
de Dios. Aleluya
Mc 1, 15
Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio. * EVANGELIO Llamando
a sus doce discípulos, los envió Lectura
del santo evangelio según san Mateo 9, 36-10, 8 En
aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban
extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a
sus discípulos: –«La
mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la
mies que mande trabajadores a su mies.». Y
llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus
inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos
son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su
hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé,
Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y
Judas Iscariote, el que lo entregó. A
estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: –«No
vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a
las ovejas descarriadas de Israel. Id
y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad
muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo
gratis.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Libró
la vida del pobre de manos de los impíos Lectura
del libro de Jeremías 20, 10-13 Dijo
Jeremías: «Oía
el cuchicheo de la gente: "Pavor
en torno; delatadlo,
vamos a delatarlo." Mis
amigos acechaban mi traspié: "A
ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo
cogeremos y nos vengaremos de él." Pero
el Señor está conmigo, como
fuerte soldado; mis
enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se
avergonzarán de su fracaso con
sonrojo eterno que no se olvidará. Señor
de los ejércitos, que examinas al justo y
sondeas lo íntimo del corazón, que
yo vea la venganza que tomas de ellos, porque
a ti encomendé mi causa. Cantad
al Señor, alabad al Señor, que
libró la vida del pobre de manos de los impíos.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 68, 8-10. 14 y 17. 33-35 (R.: l4c) R.
Que me escuche tu gran bondad, Señor. Por
ti he aguantado afrentas, la
vergüenza cubrió mi rostro. Soy
un extraño para mis hermanos, un
extranjero para los hijos de mi madre; porque
me devora el celo de tu templo, y
las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R. Pero
mi oración se dirige a ti, Dios
mío, el día de tu favor; que
me escuche tu gran bondad, que
tu fidelidad me ayude. Respóndeme,
Señor, con la bondad de tu gracia; por
tu gran compasión, vuélvete hacia mí. R. Miradlo,
los humildes, y alegraos, buscad
al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que
el Señor escucha a sus pobres, no
desprecia a sus cautivos. Alábenlo
el cielo y la tierra, las
aguas y cuanto bulle en ellas. R. SEGUNDA
LECTURA No
hay proporción entre el delito y el don Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-15 Hermanos: Lo
mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por' el pecado la
muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Porque,
aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba
porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés,
incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán,
que era figura del que había de venir. Sin
embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de
uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia
que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobro para la multitud. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 15, 26b. 27a
El Espíritu de la verdad dará testimonio de mí –dice
el Señor–; y también vosotros daréis testimonio. * EVANGELIO No
tengáis miedo a los que matan el cuerpo +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 26-33 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: –«No
tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a
descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo
que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído
pregonadlo desde la azotea. No
tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No,
temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de
gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que
lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis
contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los
gorriones. Si
uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte
ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo
negaré ante mi Padre del cielo.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Ese
hombre de Dios es un santo, se quedará aquí Lectura
del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a Un
día pasaba Eliseo por Sunam, y una mujer rica lo invitó con insistencia a
comer. Y, siempre que pasaba por allí, iba a comer a su casa. Ella dijo a su
marido: –«Me
consta que ese hombre de Dios es un santo; con frecuencia pasa por nuestra
casa. Vamos a prepararle una habitación pequeña, cerrada, en el piso superior;
le ponemos allí una cama, una mesa, una silla y un candil, y así, cuando venga
a visitarnos, se quedará aquí. » Un día llegó allí, entró en la habitación y se
acostó. Dijo
a su criado Guejazi: –«¿Qué
podríamos hacer por ella?» Guejazi comentó: –«Qué
sé yo. No tiene hijos, y su marido es viejo.» Eliseo
dijo: –«Llámala.» La
llamó. Ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: –«El
año que viene, por estas fechas, abrazarás a un hijo.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 88, 2-3. 16-17. 18-19 (R.: 2a) R.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor. Cantaré
eternamente las misericordias del Señor, anunciaré
tu fidelidad por todas las edades. Porque
dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más
que el cielo has afianzado tu fidelidad. R. Dichoso
el pueblo que sabe aclamarte: camina,
oh Señor, a la luz de tu rostro; tu
nombre es su gozo cada día, tu
justicia es su orgullo. R. Porque
tú eres su honor y su fuerza, y
con tu favor realzas nuestro poder. Porque
el Señor es nuestro escudo, y
el Santo de Israel nuestro rey. R. SEGUNDA
LECTURA Por
el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida
nueva Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11 Hermanos: Los
que por el bautismo nos incorporamos a Cristo fuimos incorporados a su muerte. Por
el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo
fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en una vida nueva. Por
tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues
sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más;
la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir al pecado
de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. Lo
mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo
Jesús. Palabra
de Dios. Aleluya
1 P 2, 9
Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada;
proclamad las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su
luz maravillosa. * EVANGELIO El
que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a
mí +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 10, 37-42 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: –«El
que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que
quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge
su cruz y me sigue no es digno de mí. El
que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.
El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que
me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de
profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El
que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos
pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XIV DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Mira
a tu rey que viene a ti modesto Lectura
de la profecía de Zacarías 9, 9-10 Así
dice el Señor: «Alégrate,
hija de Sión; canta,
hija de Jerusalén; mira
a tu rey que viene a ti justo
y victorioso; modesto
y cabalgando en un asno, en
un pollino de borrica. Destruirá
los carros de Efraín, los
caballos de Jerusalén, romperá
los arcos guerreros, dictará
la paz a las naciones; dominará
de mar a mar, del
Gran Río al confín de la tierra. » Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 144, 1-2. 8-9. 10-11. l3cd-14(R.: cf. 1) R.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. Te
ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré
tu nombre por siempre jamás. Día
tras día, te bendeciré y
alabaré tu nombre por siempre jamás. R. El
Señor es clemente y misericordioso, lento
a la cólera y rico en piedad; el
Señor es bueno con todos, es
cariñoso con todas sus criaturas. R. Que
todas tus criaturas te den gracias, Señor, que
te bendigan tus fieles; que
proclamen la gloria de tu reinado, que
hablen de tus hazañas. R. El
Señor es fiel a sus palabras, bondadoso
en todas sus acciones. El
Señor sostiene a los que van a caer, endereza
a los que ya se doblan. R. SEGUNDA
LECTURA Si
con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 9. 11-13 Hermanos: Vosotros
no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios
habita en vosotros. El
que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Si
el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros,
el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros
cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. Así,
pues, hermanos, estamos en deuda, pero no con la carne para vivir carnalmente.
Pues si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais
muerte a las obras del cuerpo, viviréis. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos
del reino a la gente sencilla. * EVANGELIO Soy
manso y humilde de corazón +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30 En
aquel tiempo, exclamó Jesús: –«Te
doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a
los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre,
así te ha parecido mejor. Todo
me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie
conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid
a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi
yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis
vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XV DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA La
lluvia hace germinar la tierra Lectura
del libro de Isaías 55, 10-11 Así
dice el Señor: «Como
bajan la lluvia y la nieve del cielo, y
no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de
fecundarla y hacerla germinar, para
que dé semilla al sembrador y pan al que come, así
será mi palabra, que sale de mi boca: no
volverá a mí vacía, sino
que hará mi voluntad y
cumplirá mi encargo.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 64, 10. 11. 12-13. 14 (R.: Lc 8, 8) R. La
semilla cayó en tierra buena y dio fruto. Tú
cuidas de la tierra, la riegas y
la enriqueces sin medida; la
acequia de Dios va llena de agua, preparas
los trigales. R. Riegas
los surcos, igualas los terrones, tu
llovizna los deja mullidos, bendices
sus brotes. R. Coronas
el año con tus bienes, tus
carriles rezuman abundancia; rezuman
los pastos del páramo, y
las colinas se orlan de alegría. R. Las
praderas se cubren de rebaños, y
los valles se visten de mieses, que
aclaman y cantan. R. SEGUNDA
LECTURA La
creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de
Dios Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23 Hermanos: Sostengo
que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos
descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena
manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por
su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la
creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar
en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque
sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de
parto. Y
no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos
en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de
nuestro cuerpo. Palabra
de Dios. Aleluya
La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra
vive para siempre. * EVANGELIO Salió
el sembrador a sembrar +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23 Aquel
día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a
él tanta ente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente 9 se
quedó de pie en la orilla. Les
habló mucho rato en parábolas: –«Salió
el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron
los pájaros y se lo comieron. Otro
poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no
era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por
falta de raíz se secó. Otro
poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El
resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros,
treinta. El
que tenga oídos que oiga.» Se
le acercaron los discípulos y le preguntaron: –«¿Por
qué les hablas en parábolas?» El
les contestó: –«A
vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a
ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene
se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran
sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de
Isaías: "Oiréis
con los oídos sin entender; miraréis
con los ojos sin ver; porque
está embotado el corazón de este pueblo, son
duros de oído, han cerrado los ojos; para
no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni
entender con el corazón, ni
convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos
vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos
profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo
que oís y no lo oyeron. Vosotros
oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si
uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo
sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo
sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en
seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene
una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo
sembrado entre zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de
la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo
sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ése
dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.» Palabra
del Señor. O
bien más breve: +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-9 Aquel
día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente
que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en
la orilla. Les
habló mucho rato en parábolas: –«Salió
el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron
los pájaros y se lo comieron. Otro
poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no
era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por
falta de raíz se secó. Otro
poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El
resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros,
treinta. El
que tenga oídos que oiga.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XVI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA En
el pecado, das lugar al arrepentimiento Lectura
del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19 Fuera
de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, ante
quien tengas que justificar tu sentencia. Tu
poder es el principio de la justicia, y
tu soberanía universal te hace perdonar a todos. Tú
demuestras tu fuerza a los que dudan de tu poder total, y
reprimes la audacia de los que no lo conocen. Tú,
poderoso soberano, juzgas con moderación y
nos gobiernas con gran indulgencia, porque
puedes hacer cuanto quieres. Obrando
así, enseñaste a tu pueblo que
el justo debe ser humano, y
diste a tus hijos la dulce esperanza de
que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a) R.
Tú, Señor, eres bueno y clemente. Tú,
Señor, eres bueno y clemente, rico
en misericordia con los que te invocan. Señor,
escucha mi oración, atiende
a la voz de mi súplica. R. Todos
los pueblos vendrán a
postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán
tu nombre: «Grande
eres tú, y haces maravillas; tu
eres el único Dios.» R. Pero
tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento
a la cólera, rico
en piedad y leal, mírame,
ten compasión de mí. R. SEGUNDA
LECTURA El
Espíritu intercede con gemidos inefables Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27 Hermanos: El
Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir
lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos
inefables. Y
el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su
intercesión por los santos es según Dios. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos
del reino a la gente sencilla. * EVANGELIO Dejadlos
crecer juntos hasta la siega +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43 En
aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: –«El
reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del
trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció
también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor,
¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él
les dijo: "Un
enemigo lo ha hecho." Los
criados le preguntaron: "¿Quieres
que vayamos a arrancarla?" Pero
él les respondió: "No,
que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos
crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad
primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en
mi granero.'"» Les
propuso esta otra parábola: –«El
reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su
huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es mas alta que
las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los
pájaros a anidar en sus ramas.» Les
dijo otra parábola: –«El
reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres
medidas de harina, y basta para que todo fermente.» Jesús
expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así
se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré
mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.» Luego
dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: –«Acláranos
la parábola de la cizaña en el campo.» Él
les contestó: –«El
que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la
buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del
Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del
tiempo, y los segadores los ángeles. Lo
mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo
del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los
corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto
y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino
de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. » Palabra
del Señor. O
bien más breve: +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-30 En
aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: –«El
reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;
pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del
trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció
también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor,
¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él
les dijo: "Un
enemigo lo ha hecho." Los
criados le preguntaron: "¿Quieres
que vayamos a arrancarla?" Pero
él les respondió: "No,
que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer
juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: 'Arrancad
primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en
mi granero.'"» Palabra
del Señor. DOMINGO
XVII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Pediste
discernimiento Lectura
del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12 En
aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: –«Pídeme
lo que quieras.» Respondió
Salomón: –«Señor,
Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono,
aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en
medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo
un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien,
pues, ¿quién seria capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?» Al
Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo: –«Por
haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida
de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te
cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido
antes ni lo habrá después de ti.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130
(R.: 97a) R.
¡Cuánto amo tu voluntad, Señor! Mi
porción es el Señor; he
resuelto guardar tus palabras. Más
estimo yo los preceptos de tu boca que
miles de monedas de oro y plata. R. Que
tu bondad me consuele, según
la promesa hecha a tu siervo; cuando
me alcance tu compasión, viviré, y
mis delicias serán tu voluntad. R. Yo
amo tus mandatos más
que el oro purísimo; por
eso aprecio tus decretos y
detesto el camino de la mentira. R. Tus
preceptos son admirables, por
eso los guarda mi alma; la
explicación de tus palabras ilumina, da
inteligencia a los ignorantes. R. SEGUNDA
LECTURA Nos
predestinó a ser imagen de su Hijo Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30 Hermanos: Sabemos
que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado
conforme a su designio. A
los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que
él fuera el primogénito de muchos hermanos. A
los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que
justificó, los glorificó. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Mt 11, 25
Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado los secretos
del reino a la gente sencilla. * EVANGELIO Vende
todo lo que tiene y compra el campo +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52 En
aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«El
reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo
encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que
tiene y compra el campo. El
reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al
encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El
reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge
toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y
reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo
mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separaran a los malos
de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el
rechinar de dientes. ¿Entendéis
bien todo esto?» Ellos
le contestaron: –«Sí.» El
les dijo: –«Ya
veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de
familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.», Palabra
del Señor. O
bien más breve: +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-46 En
aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –«El
reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo
encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que
tiene y compra el campo. El
reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al
encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. » Palabra
del Señor. DOMINGO
XVIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Venid
y comed Lectura
del libro de Isaías 55, 1-3 Así
dice el Señor– «Oíd,
sedientos todos, acudid por agua, también
los que no tenéis dinero: venid,
comprad trigo, comed sin pagar vino
y leche de balde. ¿Por
qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y
el salario en lo que no da hartura? Escuchadme
atentos, y comeréis bien, saborearéis
platos sustanciosos. Inclinad
el oído, venid a mí: escuchadme,
y viviréis. Sellaré
con vosotros alianza perpetua, la
promesa que aseguré a David.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 144, 8-9. 15-16. 17-18(R.: cf. 16) R.
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.
Los ojos de todos te están aguardando, tú
les das la comida a su tiempo; abres
tú la mano, y
sacias de favores a todo viviente. R. El
Señor es justo en todos sus caminos, es
bondadoso en todas sus acciones; cerca
está el Señor de los que lo invocan, de
los que lo invocan sinceramente. R. SEGUNDA
LECTURA Ninguna
criatura podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39 Hermanos: ¿Quién
podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la
persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? Pero
en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. Pues estoy
convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente,
ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá
apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 4, 4b
No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de
Dios. * EVANGELIO Comieron
todos hasta quedar satisfechos +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 13-21 En
aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó
de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo
siguió por tierra desde los pueblos. Al
desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se
hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: –«Estamos
en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las
aldeas, y se compren de comer.» Jesús
les replicó: –«No
hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.» Ellos
le replicaron: –«Si
aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.» Les
dijo: –«Traédmelos.» Mandó
a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos
peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se
los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron
todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras.
Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. Palabra
del Señor. DOMINGO
XIX DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Ponte
de pie en el monte ante el Señor Lectura
del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a En
aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una
cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: –«Sal
y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar! » Vino
un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas
delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento,
vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del
terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después
del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el
manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14(R.: 8) R. Muéstranos,
Señor, tu misericordia y danos tu salvación. Voy
a escuchar lo que dice el Señor: «Dios
anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La
salvación está ya cerca de sus fieles, y
la gloria habitará en nuestra tierra. R. La
misericordia y la fidelidad se encuentran, la
justicia y la paz se besan; la
fidelidad brota de la tierra, y
la justicia mira desde el cielo. R. El
Señor nos dará la lluvia, y
nuestra tierra dará su fruto. La
justicia marchará ante él, la
salvación seguirá sus pasos. R. SEGUNDA
LECTURA Quisiera
ser un proscrito por el bien de mis hermanos Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5 Hermanos: Digo
la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura
que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues
por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso
ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos
descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios,
la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de
quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios
bendito por los siglos. Amén. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Sal 129, 5
Espero en el Señor, espero en su palabra. * EVANGELIO Mándame
ir hacia ti andando sobre el agua Lectura
del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33 Después
que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a
la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la
gente. Y,
después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la
noche, estaba allí solo. Mientras
tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el
viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua.
Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo,
pensando que era un fantasma. Jesús
les dijo en seguida: –«¡Animo,
soy yo, no tengáis miedo!» Pedro
le contestó: «Señor,
si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. » Él
le dijo: –«Ven.» Pedro
bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al
sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: –«Señor,
sálvame.» En
seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: –«¡Qué
poca fe! ¿Por qué has dudado?» En
cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los
de la barca se postraron ante él, diciendo: –«Realmente
eres Hijo de Dios.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XX DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA A
los extranjeros los traeré a mi monte santo Lectura
del libro de Isaías 56, 1. 6-7 Así
dice el Señor: «Guardad
el derecho, practicad la justicia, que
mi salvación está para llegar, y
se va a revelar mi victoria. A
los extranjeros que se han dado al Señor, para
servirlo, para
amar el nombre del Señor y
ser sus servidores, que
guardan el sábado sin profanarlo y
perseveran en mi alianza, los
traeré a mi monte santo, los
alegraré en mi casa de oración, aceptaré
sobre mi altar sus
holocaustos y sacrificios; porque
mi casa es casa de oración, y
así la llamarán todos los pueblos.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8(R.: 4) R. Oh
Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. El
Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine
su rostro sobre nosotros; conozca
la tierra tus caminos, todos
los pueblos tu salvación. R. Que
canten de alegría las naciones, porque
riges el mundo con justicia, riges
los pueblos con rectitud y
gobiernas las naciones de la tierra. R. Oh
Dios, que te alaben los pueblos, que
todos los pueblos te alaben. Que
Dios nos bendiga; que le teman hasta
los confines del orbe. R. SEGUNDA
LECTURA Los
dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32 Hermanos: Os
digo a vosotros, los gentiles: Mientras
sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación
en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si
su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un
volver de la muerte a la vida? Pues
los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros,
en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis
obtenido misericordia. Así
también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida
por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues
Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 4, 23
Jesús proclamaba el Evangelio del reino, curando las dolencias del pueblo. * EVANGELIO Mujer,
qué grande es tu fe +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28 En
aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces
una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: –«Ten
compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él
no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: –«Atiéndela,
que viene detrás gritando. » Él
les contestó: –«Sólo
me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella
los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: –«Señor,
socórreme.» Él
le contestó: –«No
está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero
ella repuso: –«Tienes
razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa
de los amos.» Jesús
le respondió: –«Mujer,
qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En
aquel momento quedó curada su hija. Palabra
del Señor. DOMINGO
XXI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Colgaré
de su hombro la llave del palacio de David Lectura
del libro de Isaías 22, 19-23 Así
dice el Señor a Sobná, mayordomo de palacio: «Te
echaré de tu puesto, te
destituiré de tu cargo. Aquel
día, llamaré a mi siervo, a
Eliacín, hijo de Elcías: le
vestiré tu túnica, le
ceñiré tu banda, le
daré tus poderes; será
padre para los habitantes de Jerusalén, para
el pueblo de Judá. Colgaré
de su hombro la llave del palacio de David: lo
que él abra nadie lo cerrará, lo
que él cierre nadie lo abrirá. Lo
hincaré como un clavo en sitio firme, dará
un trono glorioso a la casa paterna.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y 8bc(R.: 8bc) R. Señor,
tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. Te
doy gracias, Señor, de todo corazón; delante
de los ángeles tañeré para ti, me
postraré hacia tu santuario, daré
gracias a tu nombre. R. Por
tu misericordia y tu lealtad, porque
tu promesa supera a tu fama; cuando
te invoqué, me escuchaste, acreciste
el valor en mi alma. R. El
Señor es sublime, se fija en el humilde, y
de lejos conoce al soberbio. Señor,
tu misericordia es eterna, no
abandones la obra de tus manos. R. SEGUNDA
LECTURA Él
es el origen, guía y meta del universo Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 33-36 ¡Qué
abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué
insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién
conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero9 ¿Quién le ha dado primero,
para que él le devuelva? Él
es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 16, 18
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del
infierno no la derrotará. * EVANGELIO Tu
eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 13-20 En
aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a '
sus discípulos: –«¿Quién
dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos
contestaron: –«Unos
que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.» El
les preguntó: –«Y
vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón
Pedro tomó la palabra y dijo: –«Tú
eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.» Jesús
le respondió: –«¡Dichoso
tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y
hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora
te digo yo: Tú
eres Pedro, y sobre7esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno
no la derrotará. Te
daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará
atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el
cielo. » Y
les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Palabra
del Señor. DOMINGO
XXII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA La
palabra del Señor se volvió oprobio para mí Lectura
del libro de Jeremías 20, 7-9 Me
sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me
forzaste y me pudiste. Yo
era el hazmerreír todo el día, todos
se burlaban de mí. Siempre
que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando:
«Destrucción.» La
palabra del Señor se volvió para mí oprobio
y desprecio todo el día. Me
dije: «No me acordaré de él, no
hablaré más en su nombre»; pero
ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado
en los huesos; intentaba
contenerlo, y
no podía. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 2b) R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Oh
Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi
alma está sedienta de ti; mi
carne tiene ansia de ti, como
tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Cómo
te contemplaba en el santuario viendo
tu fuerza y tu gloria! Tu
gracia vale más que la vida, te
alabarán mis labios. R. Toda
mi vida te bendeciré y
alzaré las manos invocándote. Me
saciaré como de enjundia y de manteca, y
mis labios te alabarán jubilosos. R. Porque
fuiste mi auxilio, y
a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi
alma está unida a ti, y
tu diestra me sostiene. R. SEGUNDA
LECTURA Presentad
vuestros cuerpos como hostia viva Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2 Os
exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos
como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y
no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente,
para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le
agrada, lo perfecto. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Ef 1, 17-18
El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para
que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. * EVANGELIO El
que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27 En
aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a
Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y
escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro
se lo llevó aparte y se puso a increparlo: –«¡No
lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.» Jesús
se volvió y dijo a Pedro: –«Quítate
de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no
como Dios.» Entonces
dijo Jesús a sus discípulos: –«El
que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y
me siga. Si
uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la
encontrará. ¿De
qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O
qué podrá dar para recobrarla? Porque
el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y
entonces pagará a cada uno según su conducta.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Si
no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre Lectura
de la profecía de Ezequiel 33, 7-9 Así
dice el Señor «A
ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en
la casa de Israel; cuando
escuches palabra de mi boca, les
darás la alarma de mi parte. Si
yo digo al malvado: "¡Malvado,
eres reo de muerte?", y
tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para
que cambie de conducta, el
malvado morirá por su culpa, pero
a ti te pediré cuenta de su sangre; pero
si tú pones en guardia al malvado para
que cambie de conducta, si
no cambia de conducta, él
morirá por su culpa, pero
tú has salvado la vida. » Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8) R.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» Venid,
aclamemos al Señor, demos
vítores a la Roca que nos salva; entremos
a su presencia dándole gracias, aclamándolo
con cantos. R. Entrad,
postrémonos por tierra, bendiciendo
al Señor, creador nuestro. Porque
él es nuestro Dios, y
nosotros su pueblo, el
rebaño que él guía. R. Ojalá
escuchéis hoy su voz: «No
endurezcáis el corazón como en Meribá, como
el día de Masá en el desierto; cuando
vuestros padres me pusieron a prueba y
me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R. SEGUNDA
LECTURA Amar
es cumplir la ley entera Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10 Hermanos: A
nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene
cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás,
no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en
esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. » Uno
que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera. Palabra
de Dios. Aleluya
2Co 5, 19
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, y a nosotros nos ha
confiado la palabra de la reconciliación. * EVANGELIO Si
te hace caso, has salvado a tu hermano Lectura
del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Si
tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado
a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el
asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso,
díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad,
considéralo como un gentil o un publicano. Os
aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo
que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os
aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para
pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están
reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. » Palabra
del Señor. DOMINGO
XXIV DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Perdona
la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas Lectura
del libro del Eclesiástico 27, 33-28, 9 Furor
y cólera son odiosos; el
pecador los posee. Del
vengativo se vengará el Señor y
llevará estrecha cuenta de sus culpas. Perdona
la ofensa a tu prójimo, y
se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo
puede un hombre guardar rencor a otro y
pedir la salud al Señor? No
tiene compasión de su semejante, ¿y
pide perdón de sus pecados? Si
él, que es carne, conserva la ira, ¿quién
expiará por sus pecados? Piensa
en tu fin, y cesa en tu enojo; en
la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos. Recuerda
los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la
alianza del Señor, y perdona el error. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8) R. El
Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Bendice,
alma mía, al Señor, y
todo mi ser a su santo nombre. Bendice,
alma mía, al Señor, y
no olvides sus beneficios. R. Él
perdona todas tus culpas y
cura todas tus enfermedades; él
rescata tu vida de la fosa y
te colma de gracia y de ternura. R. No
está siempre acusando ni
guarda rencor perpetuo; no
nos trata como merecen nuestros pecados ni
nos paga según nuestras culpas. R. Como
se levanta el cielo sobre la tierra, se
levanta su bondad sobre sus fieles; como
dista el oriente del ocaso, así
aleja de nosotros nuestros delitos. R. SEGUNDA
LECTURA En
la vida y en la muerte somos del Señor Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9 Hermanos: Ninguno
de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si
vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y
en la muerte somos del Señor. Para
esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 13, 34
Os doy un mandamiento nuevo –dice el Señor–: que os améis unos a otros, como
yo os he amado. * EVANGELIO No
te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35 En
aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: –«Señor,
si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete
veces?» Jesús
le contesta: –«No
te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y
a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso
ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron
uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó
que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que
pagara así. El
empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten
paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El
señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía
cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame
lo que me debes." El
compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten
paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero
él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus
compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su
señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo
malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú
también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y
el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo
mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón
a su hermano.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXV DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Mis
planes no son vuestros planes Lectura
del libro de Isaías 55, 6-9 Buscad
al Señor mientras se le encuentra, invocadlo
mientras esté cerca; que
el malvado abandone su camino, y
el criminal sus planes; que
regrese al Señor, y él tendrá piedad, a
nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis
planes no son vuestros planes, vuestros
caminos no son mis caminos –oráculo
del Señor–. Como
el cielo es más alto que la tierra, mis
caminos son más altos que los vuestros, mis
planes, que vuestros planes. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 144, 2-3. 8-9- 17-18 (R.: 18a) R.
Cerca está el Señor de los que lo invocan. Día
tras día, te bendeciré y
alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande
es el Señor, merece toda alabanza, es
incalculable su grandeza. R. El
Señor es clemente y misericordioso, lento
a la cólera y rico en piedad; el
Señor es bueno con todos, es
cariñoso con todas sus criaturas. R. El
Señor es justo en todos sus caminos, es
bondadoso en todas sus acciones; cerca
está el Señor de los que lo invocan, de
los que lo invocan sinceramente. R. SEGUNDA
LECTURA Para
mí la vida es Cristo Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a Hermanos: Cristo
será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte.
Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida
mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me
encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que
es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más
necesario para vosotros. Lo
importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Hch 16, 14b
Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. * EVANGELIO ¿Vas
a tener tú envidia porque yo soy bueno? +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: –«El
reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a
contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario
por jornada, los mandó a la viña. Salió
otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les
dijo: "Id
también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos
fueron. Salió
de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió
al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo
es que estáis aquí el día entero sin trabajar?' Le
respondieron: "Nadie
nos ha contratado." Él
les dijo: "Id
también vosotros a mi viña." Cuando
oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama
a los jornaleros y págales el jornal, –empezando por los últimos y acabando
por los primeros." Vinieron
los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando
llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también
recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos
últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros,
que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él
replicó a uno de ellos: "Amigo,
no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y
vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para
hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy
bueno?" Así,
los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXVI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Cuando
el malvado se convierte de su maldad, salva su vida Lectura
de la profecía de Ezequiel 18, 25-28 Así
dice el Señor: «Comentáis:
"No es justo el proceder del Señor. Escuchad,
casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es
injusto? Cuando
el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la
maldad que cometió. Y
cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la
justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos
cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 24, 4bc-5. 6-7. 8-9 (R.: 6a) R.
Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna. Señor,
enséñame tus caminos, instrúyeme
en tus sendas: haz
que camine con lealtad; enséñame,
porque tú eres mi Dios y Salvador, y
todo el día te estoy esperando. R. Recuerda,
Señor, que tu ternura y
tu misericordia son eternas; no
te acuerdes de los pecados ni
de las maldades de mi juventud; acuérdate
de mí con misericordia, por
tu bondad, Señor. R. El
Señor es bueno y es recto, y
enseña el camino a los pecadores; hace
caminar a los humildes con rectitud, enseña
su camino a los humildes. R. SEGUNDA
LECTURA Tened
entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11 Hermanos: Si
queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el
mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría:
manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No
obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y
considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros
intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened
entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él,
a pesar de su condición divina, no
hizo alarde de su categoría de Dios; al
contrario, se despojó de su rango y
tomó la condición de esclavo, pasando
por uno de tantos. Y
así, actuando como un hombre cualquiera, se
rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y
una muerte de cruz. Por
eso Dios lo levantó sobre todo y
le concedió el «Nombre–sobre–todo–nombre»; de
modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en
el cielo, en la tierra, en el abismo, y
toda lengua proclame: Jesucristo
es Señor, para
gloria de Dios Padre. Palabra
de Dios. O
bien más breve: Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-5 Hermanos: Si
queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el
mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos
unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No
obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y
considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros
intereses, sino buscad todos el interés de los demás. Tened
entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 10, 27
Mis ovejas escuchan mi voz –dice el Señor–, y yo las conozco, y ellas me
siguen. * EVANGELIO Recapacitó
y fue +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32 En
aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«¿Qué
os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo:
"Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No
quiero." Pero después recapacitó y fue. Se
acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor. "
Pero no fue. ¿Quién
de los dos hizo lo que quería el padre?» Contestaron: –«El
primero.» Jesús
les dijo: –«Os
aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el
camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de
la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le
creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le
creísteis.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXVII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA La
viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel Lectura
del libro de Isaías 5, 1-7 Voy
a cantar en nombre de mi amigo un
canto de amor a su viña. Mi
amigo tenía una viña en
fértil collado. La
entrecavó, la descantó, y
plantó buenas cepas; construyó
en medio una atalaya y
cavó un lagar. Y
esperó que diese uvas, pero
dio agrazones. Pues
ahora, habitantes de Jerusalén, hombres
de Judá, por
favor, sed jueces entre
mí y mi viña. ¿Qué
más cabía hacer por mi viña que
yo no lo haya hecho? ¿Por
qué, esperando que diera uvas, dio
agrazones? Pues
ahora os diré a vosotros lo
que voy a hacer con mi viña: quitar
su valla para
que sirva de pasto, derruir
su tapia ara
que la pisoteen. La
dejaré arrasada: no
la podarán ni la escardarán, crecerán
zarzas y cardos; prohibiré
a las nubes que
lluevan sobre ella. La
viña del Señor de los ejércitos es
la casa de Israel; son
los hombres de Judá su
plantel preferido. Esperó
de ellos derecho, y
ahí tenéis: asesinatos; esperó
justicia, y
ahí tenéis: lamentos. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20 (R.: Is 5, 7a) R.
La viña del Señor es la casa de Israel. Sacaste
una vid de Egipto, expulsaste
a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió
sus sarmientos hasta el mar, y
sus brotes hasta el Gran Río. R. ¿Por
qué has derribado su cerca para
que la saqueen los viandantes, la
pisoteen los jabalíes y
se la coman las alimañas? R. Dios
de los ejércitos, vuélvete: mira
desde el cielo, fíjate, ven
a visitar tu viña, la
cepa que tu diestra plantó, y
que tú hiciste vigorosa. R. No
nos alejaremos de ti: danos
vida, para que invoquemos tu nombre. Señor
Dios de los ejércitos, restáuranos, que
brille tu rostro y nos salve. R. SEGUNDA
LECTURA Poned
esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9 Hermanos: Nada
os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de
gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y
la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y
vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente,
hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo
lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y
lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mi, ponedlo por obra. Y
el Dios de la paz estará con vosotros. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Jn 15, 16
Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure
–dice el Señor–.* EVANGELIO Arrendará
la viña a otros labradores +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43 En
aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«Escuchad
otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una
cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos
labradores y se marchó de viaje. Llegado
el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir
los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados,
apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió
de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.
Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi
hijo." Pero
los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid,
lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y,
agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y
ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le
contestaron: –«Hará
morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores,
que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y
Jesús les dice: –«¿No
habéis leído nunca en la Escritura: "La
piedra que desecharon los arquitectos es
ahora la piedra angular. Es
el Señor quien lo ha hecho, ha
sido un milagro patente"? Por
eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo
que produzca sus frutos.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXVIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA El
Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros Lectura
del libro de Isaías 25, 6-10a Aquel
día, el
Señor de los ejércitos preparará para
todos los pueblos, en este monte, un
festín de manjares suculentos, un
festín de vinos de solera; manjares
enjundiosos, vinos generosos. Y
arrancará en este monte el
velo que cubre a todos los pueblos, el
paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará
la muerte para siempre. El
Señor Dios enjugará las
lágrimas de todos los rostros, y
el oprobio de su pueblo lo
alejará de todo el país. –Lo
ha dicho el Señor–. Aquel
día se dirá: «Aquí
está nuestro Dios, de
quien esperábamos que nos salvara; celebremos
y gocemos con su salvación. La
mano del Señor se posará sobre este monte.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 6cd) R. Habitaré
en la casa del Señor por años sin término. El
Señor es mi pastor, nada me falta: en
verdes praderas me hace recostar; me
conduce hacia fuentes tranquilas y
repara mis fuerzas. R. Me
guía por el sendero justo, por
el honor de su nombre. Aunque
camine por cañadas oscuras, nada
temo, porque tú vas conmigo: tu
vara y tu cayado me sosiegan. R. Preparas
una mesa ante mí, enfrente
de mis enemigos; me
unges la cabeza con perfume, y
mi copa rebosa. R. Tu
bondad y tu misericordia me acompañan todos
los días de mi vida, y
habitaré en la casa del Señor por
años sin término. R. SEGUNDA
LECTURA Todo
lo puedo en aquel que me conforta Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20 Hermanos: Sé
vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura
y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me
conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. En
pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia,
conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús. A
Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Ef 1, 17-18
El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para
que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. * EVANGELIO A
todos los que encontréis, convidadlos a la boda Lectura
del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14 En
aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos
sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«El
reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó
criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo
preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a
punto. Venid a la boda." Los
convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios;
los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El
rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y
prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La
boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los
cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la
boda." Los
criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos
y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a
saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le
dijo: "Amigo,
¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El
otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo
de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el
rechinar de dientes." Porque
muchos son los llamados y pocos los escogidos.» Palabra
del Señor. O
bien más breve: +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-10 En
aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos
sacerdotes y a los ancianos del pueblo: –«El
reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó
criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo
preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a
punto. Venid a la boda." Los
convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios;
los demás les. echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El
rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y
prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La
boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los
cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la
boda." Los
criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos
y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. » Palabra
del Señor. DOMINGO
XXIX DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Llevó
de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones Lectura
del libro de Isaías 45, 1. 4-6 Así
dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a
quien lleva de la mano: «Doblegaré
ante él las naciones, desceñiré
las cinturas de los reyes, abriré
ante él las puertas, los
batientes no se le cerrarán. Por
mi siervo Jacob, por
mi escogido Israel, te
llamé por tu nombre, te di un título, aunque
no me conocías. Yo
soy el Señor y no hay otro; fuera
de mí, no hay dios. Te
pongo la insignia, aunque
no me conoces, para
que sepan de Oriente a Occidente que
no hay otro fuera de mí. Yo
soy el Señor, y no hay otro. » Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y c (R.: 7b) R.
Aclamad la gloria y el poder del Señor. Cantad
al Señor un cántico nuevo, cantad
al Señor, toda la tierra. Contad
a los pueblos su gloria, sus
maravillas a todas las naciones. R. Porque
es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más
temible que todos los dioses. Pues
los dioses de los gentiles son apariencia, mientras
que el Señor ha hecho el cielo. R. Familias
de los pueblos, aclamad al Señor, aclamad
la gloria y el poder del Señor, aclamad
la gloria del nombre del Señor, entrad
en sus atrios trayéndole ofrendas. R. Postraos
ante el Señor en el atrio sagrado, tiemble
en su presencia la tierra toda; decid
a los pueblos: «El Señor es rey, él
gobierna a los pueblos rectamente.» R. SEGUNDA
LECTURA Recordamos
vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b Pablo,
Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el
Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz. Siempre
damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras
oraciones. Ante
Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el
esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo,
nuestro Señor. Bien
sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se
proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza
del Espíritu Santo y convicción profunda. Palabra
de Dios. Aleluya
Flp 2, 15d. 16a
Brilláis como lumbreras del mundo, mostrando una razón para vivir. * EVANGELIO Pagadle
al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21 En
aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para
comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos
partidarios de Herodes, y le dijeron: –«Maestro,
sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad;
sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues,
qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo
su mala voluntad, les dijo Jesús: –«Hipócritas,
¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. » Le
presentaron un denario. Él les preguntó: –«¿De
quién son esta cara y esta inscripción?» Le
respondieron: –«Del
César.» Entonces
les replicó: –«Pues
pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. » Palabra
del Señor. DOMINGO
XXX DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Si
explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros Lectura
del libro del Éxodo 22, 20-26 Así
dice el Señor! «No
oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en
Egipto. No
explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a
mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a
vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos. Si
prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con
él un usurero, cargándole intereses. Si
tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el
sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va
a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab(R.: 2) R.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi
fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco
al Señor de mi alabanza y
quedo libre de mis enemigos. R. Viva
el Señor, bendita sea mi Roca, Sea
ensalzado mi Dios y Salvador. Tú
diste gran victoria a tu rey, Tuviste
misericordia de tu Ungido. R. SEGUNDA
LECTURA Abandonasteis
los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10 Hermanos: Sabéis
cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros
seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta
lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para
todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde
vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en
Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca,
de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos
mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando
los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y
vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado
de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 14, 23
El que me ama guardará mi palabra –dice el Señor–, y mi Padre lo amará, y
vendremos a él. * EVANGELIO Amarás
al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40 En
aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos,
formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para
ponerlo a prueba: –«Maestro,
¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él
le dijo: –«
"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, ~ con toda tu alma, con
todo tu ser. Este
mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás
a tu prójimo como a ti mismo." Estos
dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXXI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Os
apartasteis del camino y habéis hecho tropezar a muchos en la ley Lectura
de la profecía de Malaquías 1, l4b-2, 2b. 8-10 «Yo
soy el Gran Rey, y
mi nombre es respetado en las naciones –dice
el Señor de los ejércitos–. Y
ahora os toca a vosotros, sacerdotes. Si
no obedecéis y no os proponéis dar
gloria a mi nombre –dice
el Señor de los ejércitos–, os
enviaré mi maldición. Os
apartasteis del camino, habéis
hecho tropezar a muchos en la ley, habéis
invalidado mi alianza con Leví –dice
el Señor de los ejércitos–. Pues
yo os haré despreciables y
viles ante el pueblo, por
no haber guardado mis caminos, y
porque os fijáis en las personas al
aplicar la ley. ¿No
tenemos todos un solo padre? ¿No
nos creó el mismo Señor? ¿Por
qué, pues, el hombre despoja
a su prójimo, profanando
la alianza de nuestros padres?» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 130, 1. 2. 3 R.
Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor. Señor,
mi corazón no es ambicioso, ni
mis ojos altaneros; no
pretendo grandezas que
superan mi capacidad. R. Sino
que acallo y modero mis deseos, como
un niño en brazos de su madre. R. Espere
Israel en el Señor ahora
y por siempre. R. SEGUNDA
LECTURA Deseábamos
entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 7b-9.
13 Hermanos: Os
tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os
teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios,
sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor. Recordad
si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no
serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Ésa
es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la
palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre,
sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en
vosotros los creyentes. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 23, 9b. 10b
Uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y uno solo es vuestro consejero,
Cristo. * EVANGELIO No
hacen lo que dicen +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12 En
aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: –«En
la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y
cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no
hacen lo que dicen. Ellos
lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros,
pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo
lo que hacen es pira que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan
las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los
asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y
que la gente los llame maestros. Vosotros,
en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y
todos vosotros sois hermanos. Y
no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro
Padre, el del cielo. No
os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El
primero entre vosotros será vuestro servidor. El
que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. » Palabra
del Señor. DOMINGO
XXXII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Encuentran
la sabiduría los que la buscan Lectura
del libro de la Sabiduría 6, 12-16 La
sabiduría es radiante e inmarcesible, la
ven fácilmente los que la aman, y
la encuentran los que la buscan; ella
misma se da a conocer a los que la desean. Quien
madruga por ella no se cansa: la
encuentra sentada a la puerta. Meditar
en ella es prudencia consumada, el
que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; ella
misma va de un lado a otro buscando
a los que la merecen; los
aborda benigna por los caminos y
les sale al paso en cada pensamiento. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 2b) R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío. Oh
Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi
alma está sedienta de ti; mi
carne tiene ansia de ti, como
tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Cómo
te contemplaba en el santuario viendo
tu fuerza y tu gloria! Tu
gracia vale más que la vida, te
alabarán mis labios. R. Toda
mi vida te bendeciré y
alzaré las manos invocándote. Me
saciaré como de enjundia y de manteca, y
mis labios te alabarán jubilosos. R. En
el lecho me acuerdo de ti y
velando medito en ti, porque
fuiste mi auxilio, y
a la sombra de tus alas canto con júbilo. R. SEGUNDA
LECTURA A
los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 45 13-17 Hermanos,
no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis
como los hombres sin esperanza. Pues
si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han
muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto
es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros,
los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los
difuntos. Pues
él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de
la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán
en primer lugar. Después
nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al
encuentro del Señor, en el aire. Y
así estaremos siempre con el Señor. Consolaos,
pues, mutuamente con estas palabras. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 24, 42a. 44
Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo
del hombre. * EVANGELIO ¡Que
llega el esposo, salid a recibirlo! Lectura
del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: –«Se
parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y
salieron a esperar al esposo. Cinco
de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las
necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se
llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El
esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A
medianoche se oyó una voz: "¡Que
llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces
se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y
las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos
un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas." Pero
las sensatas contestaron: "Por
si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la
tienda y os lo compréis." Mientras
iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con
él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más
tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor,
señor, ábrenos." Pero
él respondió: "Os
lo aseguro: no os conozco." Por
tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXXIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Trabaja
con la destreza de sus manos Lectura
del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31 Una
mujer hacendosa,. ¿quién la hallará? Vale
mucho más que las perlas. Su
marido se fía de ella, y
no le faltan riquezas. Le
trae ganancias y no pérdidas todos
los idas de su vida. Adquiere
lana y lino, los
trabaja con la destreza de sus manos. Extiende
la mano hacia el huso, y
sostiene con la palma la rueca. Abre
sus manos al necesitado y
extiende el brazo al pobre. Engañosa
es la gracia, fugaz la hermosura, la
que teme al Señor merece alabanza. Cantadle
por el éxito de su trabajo, que
sus obras la alaben en la plaza. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 127, 1-2. 3. 4-5(R.: la) R.
Dichoso el que teme al Señor. Dichoso
el que teme al Señor y
sigue sus caminos. Comerás
del fruto de tu trabajo, serás
dichoso, te irá bien. R. Tu
mujer, como parra fecunda, en
medio de tu casa; tus
hijos, como renuevos de olivo, alrededor
de tu mesa. R. Ésta
es la bendición del hombre que
teme al Señor. Que
el Señor te bendiga desde Sión, que
veas la prosperidad de Jerusalén todos
los días de tu vida. R. SEGUNDA
LECTURA Que
el día del Señor no os sorprenda como un ladrón Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6 En
lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis, hermanos, que os
escriba. Sabéis
perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén
diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina,
como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero
vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda
como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois
de la noche ni de las tinieblas. Así,
pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 15, 4a. 5b
Permaneced en mí, y yo en vosotros –dice el Señor–; el que permanece en mi da
fruto abundante. * EVANGELIO Has
sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: –«Un
hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus
bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada
cual según su capacidad; luego se marchó. El
que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros
cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En
cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su
señor. Al
cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar
las cuentas con ellos. Se
acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco,
diciendo: "Señor,
cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su
señor le dijo: "Muy
bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré
un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Se
acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: "Señor,
dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su
señor le dijo: "Muy
bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré
un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Finalmente,
se acercó el que habla recibido un talento y dijo: "Señor,
sabia que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no
esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo
tuyo." El
señor le respondió: "Eres
un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y
recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para
que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el
talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le
sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese
empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el
rechinar de dientes."» Palabra
del Señor. O
bien más breve: Lectura
del santo evangelio según san Mateo 25, 14-15. 19-20 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: –«Un
hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus
bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada
cual según su capacidad; luego se marchó. Al
cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a
ajustar las cuentas con ellos. Se
acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco,
diciendo: "Señor,
cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco."» Palabra
del Señor. Domingo
XXXIV del tiempo ordinario JESUCRISTO,
REY DEL UNIVERSO PRIMERA
LECTURA A
vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja Lectura
de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17 Así
dice el Señor Dios: «Yo
mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo
su rastro. Como
sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando
las ovejas se le dispersan, así
seguiré yo el rastro de mis ovejas y
las libraré, sacándolas
de todos los lugares por donde se desperdigaron un
día de oscuridad y nubarrones. Yo
mismo apacentaré mis ovejas, yo
mismo las haré sestear –oráculo
del Señor Dios–. Buscaré
las ovejas perdidas, recogeré
a las descarriadas; vendaré
a las heridas; curaré
a las enfermas: a
las gordas y fuertes las guardaré y
las apacentaré como es debido. Y
a vosotras, mis ovejas, así
dice el Señor: Voy
a juzgar entre oveja y oveja, entre
carnero y macho cabrío.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6 (R.: 1) R.
El Señor es mi pastor, nada me falta. El
Señor es mi pastor, nada me falta: en
verdes praderas me hace recostar. R. Me
conduce hacia fuentes tranquilas y
repara mis fuerzas; me
guía por el sendero justo, por
el honor de su nombre. R. Preparas
una mesa ante mi, enfrente
de mis enemigos; me
unges la cabeza con perfume, y
mi copa rebosa. R. Tu
bondad y tu misericordia me acompañan todos
los días de mi vida, y
habitaré en la casa del Señor por
años sin término. R. SEGUNDA
LECTURA Devolverá
a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28 Hermanos: Cristo
resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si
por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por
Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero
cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él
vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo
devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y
fuerza. Cristo
tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El
último enemigo aniquilado será la muerte. Y,
cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que
se lo había sometido todo. Y
así Dios lo será todo para todos. Palabra
de Dios. Aleluya
Mc 11, 9b-10a
Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de
nuestro padre David. EVANGELIO Se
sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: –«Cuando
venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará
en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él
separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y
pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces
dirá el rey a los de su derecha: "Venid
vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde
la creación del mundo. Porque
tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui
forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me
visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." Entonces
los justos le contestarán: "Señor,
¿cuando te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?;
¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te
vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y
el rey les dirá: "Os
aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos,
conmigo lo hicisteis." Y
entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos
de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber,
fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo
y en la cárcel y no me visitasteis." Entonces
también éstos contestarán: "Señor,
¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en
la cárcel, y no te asistimos?" Y
él replicará: "Os
aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes,
tampoco lo hicisteis conmigo." Y
éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.» Palabra
del Señor. A CICLO
B C Domingo
después de Pentecostés SOLEMNIDAD DE
LA SANTÍSIMA TRINIDAD PRIMERA
LECTURA El
Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no
hay otro Lectura
del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40 Moisés
habló al pueblo, diciendo: –
«Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día
en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al
otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay
algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando
desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a
buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y
guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo
que el Señor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce,
pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en
el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y
mandamientos que te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después
ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te para siempre.» Palabra
de Dios Salmo
responsorial 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 (R.: 12b) R.
Dichoso el pueblo que el Señor
se escogió como heredad. La
palabra del Señor es sincera, y
todas sus acciones son leales; él
ama la justicia y el derecho, y
su misericordia llena la tierra. R. La
palabra del Señor hizo el cielo; el
aliento de su boca, sus ejércitos, porque
él lo dijo, y existió, él
lo mandó, y surgió. R. Los
ojos del Señor están puestos en sus fieles, en
los que esperan en su misericordia, para
librar sus vidas de la muerte y
reanimarlos en tiempo de hambre. R. Nosotros
aguardamos al Señor: él
es nuestro auxilio y escudo; que
tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como
lo esperamos de ti. R. SEGUNDA
LECTURA Habéis
recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre) Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17 Hermanos: Los
que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis
recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un
espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese
Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de
Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con
Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados. Palabra
de Dios. Aleluya
Ap 1, 8 Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene. EVANGELIO Bautizados
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +
Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20 En
aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les
había indicado. Al
verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose
a ellos, Jesús les dijo: –
«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id
y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he
mandado. Y
sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» Palabra
del Señor. Domingo
después de la Santísima Trinidad SOLEMNIDAD DEL
SANTÍSIMO CUERPO
Y SANGRE DE CRISTO PRIMERA
LECTURA Ésta
es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros Lectura
del libro del Éxodo 24, 3-8 En
aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y
todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: –
«Haremos todo lo que dice el Señor.» Moisés
puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó
un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel.
Y mandó a algunos Jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como
sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y
la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la
alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió: –
«Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.» Tomó
Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo: –«Ésta
es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos
mandatos.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 115, 12-13. 15 y 16bc. 17-18 (R.:13) R.
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor. O
bien:
Aleluya. ¿Cómo
pagaré al Señor todo
el bien que me ha hecho? Alzaré
la copa de la salvación, invocando
su nombre. R. Mucho
le cuesta al Señor la
muerte de sus fieles. Señor,
yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste
mis cadenas. R. Te
ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando
tu nombre, Señor. Cumpliré
al Señor mis votos en
presencia de todo el pueblo. R. SEGUNDA
LECTURA La
sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia Lectura
de la carta a los Hebreos 9, 11-15 Hermanos: Cristo
ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más
grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo
creado. No
usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha
entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación
eterna. Si
la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una
becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza
externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno,
se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia
de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo. Por
esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que
ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los
llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 6, 51 Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma de este
pan vivirá para siempre. EVANGELIO Esto
es mi cuerpo. Ésta es mi sangre +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26 El
primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron
a Jesús sus discípulos: –
«¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?» Él
envió a dos discípulos, diciéndoles: –
«Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo
y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde
esta la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos7' Os
enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes.
Preparadnos allí la cena.» Los
discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había
dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras
comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición9 lo partió y se lo dio, diciendo: –
«Tomad, esto es mi cuerpo.» Cogiendo
una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio,
y todos bebieron. Y
les dijo: –
«Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que
no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en
el reino de Dios.» Después
de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos. Palabra
del Señor. Viernes
posterior al segundo domingo después de Pentecostés Viernes
después de la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo SOLEMNIDAD DEL
SAGRADO CORAZÓN DE
JESÚS PRIMERA
LECTURA Se
me revuelve el corazón Lectura
de la profecía de Oseas 11, 1b. 3-4. 8c-9 Así
dice el Señor: –«Cuando
Israel era joven, lo amé, desde
Egipto llamé a mi hijo. Yo
enseñé a andar a Efraín, lo
alzaba en brazos; y
él no comprendía que yo lo curaba. Con
cuerdas humanas, con
correas de amor lo atraía; era
para ellos como el que levanta el
yugo de la cerviz, me
inclinaba y le daba de comer. Se
me revuelve el corazón, se
me conmueven las entrañas. No
cederé al ardor de mi cólera, no
volveré a destruir a Efraín; que
soy Dios, y no hombre; santo
en medio de ti, y
no enemigo a la puerta.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 3) R.
Sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. El
Señor es mi Dios y Salvador: confiaré
y no temeré, porque
mi fuerza y mi poder es el Señor, él
fue mi salvación. Y
sacaréis aguas con gozo de
las fuentes de la salvación. R. Dad
gracias al Señor, invocad
su nombre, contad
a los pueblos sus hazañas, proclamad
que su nombre es excelso. R. Tañed
para el Señor, que hizo proezas, anunciadlas
a toda la tierra; gritad
jubilosos, habitantes de Sión: «Qué
grande es en medio de ti el
santo de Israel.» R. SEGUNDA
LECTURA Comprendiendo
lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3, 8-12. 14-19 Hermanos: A
mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia:
anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, y aclarar a todos
la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en
Dios, creador de todo. Así,
mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora
la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo
Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la
fe en él. Por
esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia
en el cielo y en la tierra, pidiéndole que de los tesoros de su gloria, os
conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser,
que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz
y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo
largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía:
el amor cristiano. Así
llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 11. 29ab Cargad
con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. O
bien: Aleluya
Jn 4, 10b Dios
nos ha amado y nos ha enviado a su Hijo, como propiciación por nuestros
pecados, O
bien: Aleluya
Jn 10, 14 Yo
soy el Buen Pastor, dice el Señor, conozco mis ovejas y ellas me conocen. EVANGELIO Le
traspasó el costado, y salió sangre y agua +
Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 31-37 En
aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se
quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día
solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran.
Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que
habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto,
no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le
traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El
que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice
verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la
Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice:
«Mirarán al que atravesaron.» Palabra
del Señor. DOMINGO
II DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Habla,
Señor, que tu siervo te escucha Lectura
del primer libro de Samuel 3, 3b-10. 19 En
aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el
arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: –
«Aquí estoy.» Fue
corriendo a donde estaba Elí y le dijo: –
«Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió
Elí: –
«No te he llamado; vuelve a acostarte.» Samuel
volvió a acostarse. Volvió
a llamar el Señor a Samuel. Él
se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: –
«Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Respondió
Elí: –
«No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» Aún
no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del
Señor. Por
tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: –
«Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» Elí
comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: –
«Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu
siervo te escucha."» Samuel
fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: –
«¡Samuel, Samuel!» Él
respondió: – «Habla,
Señor, que tu siervo te escucha.» Samuel
crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 39, 2 y 4ab. 1. 8-9. 10 (R.: 8a y 9a) R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. Yo
esperaba con ansia al Señor; él
se inclinó y escuchó mi grito; me
puso en la boca un cántico nuevo, un
himno a nuestro Dios. R. Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas, y,
en cambio, me abriste el oído; no
pides sacrificio expiatorio. R. Entonces
yo digo: «Aquí estoy –como
está escrito en mi libro– para
hacer tu voluntad.» Dios
mío, lo quiero, y
llevo tu ley en las entrañas. R. He
proclamado tu salvación ante
la gran asamblea; no
he cerrado los labios; Señor,
tú lo sabes. R. SEGUNDA
LECTURA Vuestros
cuerpos son miembros de Cristo Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 6, 13c-15a. 17-20 Hermanos: El
cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el
cuerpo. Dios,
con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No
sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El
que se une al Señor es un espíritu con él. Huid
de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su
cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿0 es que no sabéis que
vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros porque lo
habéis recibido de Dios. No
os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por
vosotros. Por
tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo! Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 1, 41. 17b Hemos
encontrado al Mesías, que es Cristo; la gracia y la verdad vinieron por medio
de él. EVANGELIO Vieron
dónde vivía y se quedaron con él +
Lectura del santo evangelio según san Juan 1,35-42 En
aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que
pasaba, dice: –
«Éste es el Cordero de Dios.» Los
dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al
ver que lo seguían, les pregunta: –
«¿Qué buscáis?» Ellos
le contestaron: –
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él
les dijo: –
«Venid y lo veréis.» Entonces
fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de
la tarde. Andrés,
hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a
Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: –
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y
lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: –
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).» Palabra
del Señor. DOMINGO
III DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Los
ninivitas se convirtieron de su mala vida Lectura
de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10 En
aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: –
«Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te
digo.» Se
levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad,
tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y
caminó durante un día, proclamando: –
«¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» Creyeron
en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y
pequeños. Y
vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se
arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la
ejecutó. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 (R.: 4a) R.
Señor, enséñame tus caminos. Señor,
enséñame tus caminos, instrúyeme
en tus sendas: haz
que camine con lealtad; enséñame,
porque tú eres mi Dios y Salvador. R. Recuerda,
Señor, que tu ternura y
tu misericordia son eternas; acuérdate
de mí con misericordia, por
tu bondad, Señor. R. El
Señor es bueno y es recto, y
enseña el camino a los pecadores; hace
caminar a los humildes con rectitud, enseña
su camino a los humildes. R. SEGUNDA
LECTURA La
representación de este mundo se termina Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31 Digo
esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda
como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que
lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como sí no lo estuvieran;
los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no
disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina. Palabra
de Dios. Aleluya
Mc 1, 15 Está
cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio. EVANGELIO Convertíos
y creed en el Evangelio +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20 Cuando
arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: –
«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el
Evangelio.» Pasando
junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran
pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús
les dijo: –
«Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente
dejaron las redes y lo siguieron. Un
poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su
hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los
llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se
marcharon con él. Palabra
del Señor. DOMINGO
IV DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Suscitaré
un profeta y pondré mis palabras en su boca Lectura
del libro del Deuteronomio 18, 15–20 Moisés
habló al pueblo, diciendo: –
«Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará
el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en
el Horeb, el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del
Señor, mi Dios5 ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir." El
Señor me respondió: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus
hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le
mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le
pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo
que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese
profeta morirá."» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8) R.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.» Venid,
aclamemos al Señor, demos
vítores a la Roca que nos salva; entremos
a su presencia dándole gracias, aclamándolo
con cantos. R. Entrad,
postrémonos por tierra, bendiciendo
al Señor, creador nuestro. Porque
él es nuestro Dios, y
nosotros su pueblo, el
rebaño que él guía. R. Ojalá
escuchéis hoy su voz: «No
endurezcáis el corazón como en Meribá, como
el día de Masá en el desierto; cuando
vuestros padres me pusieron a prueba y
me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R. SEGUNDA
LECTURA La
soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 32-35 Hermanos: Quiero
que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del
Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los
asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo
mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor,
consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los
asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os
digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para
induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 4, 16 El
pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en
tierra y sombras de muerte, una luz les brilló. EVANGELIO Enseñaba
con autoridad +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 21-28 En
aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado
siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina,
porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad. Estaba
precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso
a gritar: –
«¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros?
Sé quién eres: el Santo de Dios.» Jesús
lo increpó: –
«Cállate y sal de él.» El
espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se
preguntaron estupefactos: –
«¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus
inmundos les manda y le obedecen.» Su
fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de
Galilea. Palabra
del Señor. DOMINGO
V DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Mis
días se consumen sin esperanza Lectura
del libro de Job 7, 1-4. 6-7 Habló
Job, diciendo: –«El
hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus
días son los de un jornalero; Como
el esclavo, suspira por la sombra, como
el jornalero, aguarda el salario. Mi
herencia son meses baldíos, me
asignan noches de fatiga; al
acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se
alarga la noche y
me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis
días corren más que la lanzadera, y
se consumen sin esperanza. Recuerda
que mi vida es un soplo, y
que mis ojos no verán más la dicha.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 146, 1 ~2. 3-4. 5-6 (R.: cf. 5a) R.
Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados. O
bien:
Aleluya. Alabad
al Señor, que la música es buena; nuestro
Dios merece una alabanza armoniosa. El
Señor reconstruye Jerusalén, reúne
a los deportados de Israel. R. Él
sana los corazones destrozados, venda
sus heridas. Cuenta
el número de las estrellas, a
cada una la llama por su nombre. R. Nuestro
Señor es grande y poderoso, su
sabiduría no tiene medida. El
Señor sostiene a los humildes, humilla
hasta el polvo a los malvados. R. SEGUNDA
LECTURA ¡Ay
de mí si no anuncio el Evangelio! Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23 Hermanos: El
hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay
de mí si no anuncio el Evangelio! Si
yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería m paga. Pero, si lo hago a
pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga?
Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el
derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque,
siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más
posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he,
hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y
hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 8, 17 Cristo
tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades. EVANGELIO Curó
a muchos enfermos de diversos males +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 29-39 En
aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago
y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre,
y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó
la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le
llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a
la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios;
y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se
levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y
sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: –
«Todo el mundo te busca.» Él
les respondió: –
«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que
para eso he salido.» Así
recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. Palabra
del Señor. DOMINGO
VI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA El
leproso tendrá su morada fuera del campamento Lectura
del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46 El
Señor dijo a Moisés y a Aarón: –
«Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y
se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de
sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote
lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El
que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la
barba tapada y gritando: "impuro, impuro!" Mientras le dure la
afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 31, 1-2. 5. 11 (R.: cf. 7) R.
Tú eres mi refugio,
me rodeas de cantos de liberación. Dichoso
el que está absuelto de su culpa, a
quien le han sepultado su pecado; dichoso
el hombre a quien el Señor no
le apunta el delito. R. Había
pecado, lo reconocí, no
te encubrí mi delito; propuse:
«Confesaré al Señor mi culpa», y
tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R. Alegraos,
justos, y gozad con el Señor; aclamadlo,
los de corazón sincero. R. SEGUNDA
LECTURA Seguid
mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo Lectura
de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31-11, 1 Hermanos: Cuando
comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de
Dios. No
deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni
a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a
todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid
mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo. Palabra
de Dios. Aleluya
Lc 7, 16 Un
gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. EVANGELIO La
lepra se le quitó, y quedó limpio +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,40-45 En
aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: –
«Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo
lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: –
«Quiero: queda limpio.» La
lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él
lo despidió, encargándole severamente: –
«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y
ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero,
cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo
que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera9
en descampado; y aun así acudían a él de todas partes. Palabra
del Señor. DOMINGO
VII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Por
mi cuenta borraba tus crímenes Lectura
del libro de Isaías 43, 18-19. 21-22. 24b-25 Así
dice el Señor: «No
recordéis lo de antaño, no
penséis en lo antiguo; mirad
que realizo algo nuevo; ya
está brotando, ¿no lo notáis? Abriré
un camino por el desierto, ríos
en el yermo, para
apagar la sed del
pueblo que yo formé, para
que proclamara mi alabanza. Pero
tú no me invocabas, Jacob, ni
te esforzabas por mí, Israel; me
avasallabas con tus pecados y
me cansabas con tus culpas. Yo,
yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y
no me acordaba de tus pecados.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 40, 2-3. 4-5. 13-14
(R.: 5b) R.
Sáname, Señor, porque he pecado contra ti. Dichoso
el que cuida del pobre y desvalido; en
el día aciago lo pondrá a salvo el Señor. El
Señor lo guarda y lo conserva en vida, para
que sea dichoso en la tierra, y
no lo entrega a la saña de sus enemigos. R. El
Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará
los dolores de su enfermedad. Yo
dije: «Señor, ten misericordia, sáname,
porque he pecado contra ti.» R. A
mí, en cambio, me conservas la salud, me
mantienes siempre en tu presencia. Bendito
el Señor, Dios de Israel, ahora
y por siempre. Amén. Amén. R. SEGUNDA
LECTURA Jesús
no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí» Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 18-22 Hermanos: ¡Dios
me es testigo! La
palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no». Cristo
Jesús, el Hijo de Dios, el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue
primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas
las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder: «Amén» a Dios,
para gloria suya. Dios
es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él
nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como
prenda suya, el Espíritu. Palabra
de Dios. Aleluya
Lc 4, 18 El
Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a
los cautivos la libertad. EVANGELIO El
Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 1-12 Cuando
a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron
tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron
cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío,
levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y
descolgaron la camilla con el paralítico. Viendo
Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: –
«Hijo, tus pecados quedan perdonados.» Unos
escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: –
«¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de
Dios?» Jesús
se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: –
«¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus
pecados quedan perdonados" o decirle 1evántate, coge la camilla y echa a
andar"? Pues,
para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar
pecados ... » Entonces
le dijo al paralítico: –
«Contigo hablo: Levántate, coge –tu camilla y vete a tu casa.» Se
levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se
quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: –
«Nunca hemos visto una cosa igual.» Palabra
del Señor. DOMINGO
VIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Me
casaré contigo en matrimonio perpetuo Lectura
de la profecía de Oseas 2, 16b. 17. 21-22 Así
dice el Señor: –«Yo
me la llevaré al desierto, le
hablaré al corazón. Y
me responderá allí como
en los días de su juventud, como
el día en que la saqué de Egipto. Me
casaré contigo en matrimonio perpetuo, me
casaré contigo en derecho y justicia, en
misericordia y compasión, me
casaré contigo en fidelidad, y
te penetrarás del Señor.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13 (R.: 8a) R.
El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice,
alma mía, al Señor, y
todo mi ser a su santo nombre. Bendice,
alma mía, al Señor, y
no olvides sus beneficios. R. Él
perdona todas tus culpas, y
cura todas tus enfermedades; él
rescata tu vida de la fosa y
te colma de gracia y de ternura. R. El
Señor es compasivo y misericordioso, lento
a la ira y rico en clemencia. No
nos trata como merecen nuestros pecados ni
nos paga según nuestras culpas. R. Como
dista el oriente del ocaso, así
aleja de nosotros nuestros delitos. Como
un padre siente ternura por sus hijos, siente
el Señor ternura por sus fieles. R. SEGUNDA
LECTURA Sois
una carta de Cristo redactada por nuestro ministerio Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3,1b-6 Hermanos: ¿Necesitamos
presentaros o pediros cartas de recomendación? Vosotros sois nuestra carta,
escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres. Sois una
carta de Cristo, redactada por nuestro ministerio, escrita no con tinta, sino
con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de
carne del corazón. Esta
confianza con Dios la tenemos por Cristo. No
es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como
realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado
para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de
espíritu; porque la ley escrita mata, el Espíritu da vida. Palabra
de Dios. Aleluya
St 1, 18 El
Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para
que seamos como la primicia de sus criaturas. EVANGELIO El
novio está con ellos +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22 En
aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron
unos y le preguntaron a Jesús: –
«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los
tuyos no?» Jesús
les contestó: –
«¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?
Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará
un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán. Nadie
le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza
tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie
echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el
vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.» Palabra
del Señor. DOMINGO
IX DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Recuerda
que fuiste esclavo en Egipto Lectura
del libro del Deuteronomio 5, 12-15 Así
dice el Señor: –
«Guarda el día del sábado5 santificándolo, como el Señor5 tu Dios, te ha
mandado. Durante
seis días puedes trabajar y hacer tus tareas; pero el día séptimo es día de
descanso, dedicado al Señor, tu Dios. No haréis trabajo alguno, ni tú, ni tu
hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu
ganado, ni el forastero que resida en tus ciudades, para que descansen como tú
el esclavo y la esclava. Recuerda
que fuiste esclavo en Egipto, y que te sacó de allí el Señor5 tu Dios, con mano
fuerte y con brazo extendido. Por eso te manda el Señor, tu Dios, guardar el
día del sábado.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 80, 3-4. 5-6ab. 6c-8a. 10- 11ab (R.: 2a) R.
Aclamad a Dios, nuestra fuerza. Acompañad,
tocad los panderos, las
citaras templadas y las arpas; tocad
la trompeta por la luna nueva, por
la luna llena, que es nuestra fiesta. R. Porque
es una ley de Israel, un
precepto del Dios de Jacob, una
norma establecida para José al
salir de Egipto. R. Oigo
un lenguaje desconocido: «Retiré
sus hombros de la carga, y
sus manos dejaron la espuerta; clamaste
en la aflicción, y te libré. R. No
tendrás un dios extraño, no
adorarás un dios extranjero; yo
soy el Señor, Dios tuyo, que
te saqué del país de Egipto. R. SEGUNDA
LECTURA La
vida de Jesús se manifiesta en nuestro cuerpo Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 6-11 Hermanos: El
Dios que dijo: «Brille la luz del seno de la tiniebla» ha brillado en nuestros
corazones, para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios,
reflejada en Cristo. Este
tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan
extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos
aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no
desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos
rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de
Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras
vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús;
para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Palabra
de Dios. Aleluya
Cf. Jn 17, 17b. a Tu
palabra, Señor, es verdad; conságranos en la verdad. EVANGELIO El
Hijo del hombre es señor también del sábado +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-3, 6 Un
sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban
arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: «Oye,
¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?» Él
les respondió: –
«¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos
y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar,
comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio
también a sus compañeros.» Y
añadió: –
«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el
Hijo del hombre es señor también del sábado.» Entró
otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban
al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús
le dijo al que tenía la parálisis: –
«Levántate y ponte ahí en medio.» Y
a ellos les preguntó: –
«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida
a un hombre o dejarlo morir?» Se
quedaron callados. Echando
en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: –
«Extiende el brazo.» Lo
extendió y quedó restablecido. En
cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los
herodianos el modo de acabar con él. Palabra
del Señor. O
bien más breve: +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-28 Un
sábado, atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban
arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: –
«Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?» Él
les respondió: –
«¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron
faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote
Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes,
y les dio también a sus compañeros.» Y
añadió: –
«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el
Hijo del hombre es señor también del sábado.» Palabra
del Señor DOMINGO
X DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Establezco
hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer Lectura
del libro del Génesis 3, 9-15 Después
que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: –
«¿Dónde estás?» Él
contestó: –
«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.» El
Señor le replicó: –
«¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que
te prohibí comer?» Adán
respondió: –
«La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.» El
Señor dijo a la mujer: –
«¿Qué es lo que has hecho?» Ella
respondió: –
«La serpiente me engañó, y comí.» El
Señor Dios dijo a la serpiente: –«Por
haber hecho eso, serás maldita entre
todo el ganado y todas las fieras del campo; te
arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda
tu vida; establezco
hostilidades entre ti y la mujer, entre
tu estirpe y la suya; ella
te herirá en la cabeza cuando
tú la hieras en el talón.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: 7bc) R.
Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa. Desde
lo hondo a ti grito, Señor; Señor,
escucha mi voz; estén
tus oídos atentos a
la voz de mi súplica. R. Si
llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién
podrá resistir? Pero
de ti procede el perdón, y
así infundes respeto. R. Mi
alma espera en el Señor, espera
en su palabra; mi
alma aguarda al Señor, más
que el centinela la aurora. R. Aguarde
Israel al Señor, como
el centinela la aurora; porque
del Señor viene la misericordia, la
redención copiosa; él
redimirá a Israel e todos sus delitos. R. SEGUNDA
LECTURA Creemos
y por eso hablamos Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 13-5, 1 Hermanos: Teniendo
el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé»,
también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al
Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo
es para vuestro bien. Cuantos
más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios. Por
eso, no nos desanimamos. Aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo,
nuestro interior se renueva día a día. Y
una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de
gloria. No
nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo
que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno. Es
cosa que ya sabemos: Si se destruye este nuestro tabernáculo terreno, tenemos
un sólido edificio construido por Dios, una casa que no ha sido levantada por
mano de hombre y que tiene una duración eterna en los cielos. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 12, 31b-32 Ahora
el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera –dice el Señor–. Y cuando yo
sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí. EVANGELIO Satanás
está perdido +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 20-35 En
aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discípulos y se juntó de nuevo tanta
gente que no los dejaban ni comer. Al
enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus
cabales. También
los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: –
«Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los
demonios.» Él
los invitó a acercarse v les uso estas parábolas: –
«¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil no puede
subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela
contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.
Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar,
si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa. Creedme,
todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que
digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás,
cargará con su pecado para siempre.» Se
refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo. Llegaron
su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar. La
gente que tenía sentada alrededor le dijo: –
«Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.» Les
contestó: –
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?» Y,
Paseando la mirada por el corro, dijo: –
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es
mi hermano y mi hermana y mi madre.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Ensalzo
los árboles humildes Lectura
de la profecía de Ezequiel 17, 22-24 Así
dice el Señor Dios: –
«Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De
sus ramas más altas arrancaré una tierna y
la plantaré en la cima de un monte elevado; la
plantaré en la montaña más alta de Israel, para
que eche brotes y dé fruto y
se haga un cedro noble. Anidarán
en él aves de toda pluma, anidarán
al abrigo de sus ramas. Y
todos los árboles silvestres sabrán que
yo soy el Señor, que
humilla los árboles altos y
ensalza los árboles humildes, que
seca los árboles lozanos y
hace florecer los árboles secos. Yo,
el Señor, lo he dicho y lo haré.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 91, 2-3. 13-14. 15-16 (R.: cf. 2a) R.
Es bueno darte gracias, Señor. Es
bueno dar gracias al Señor y
tocar para tu nombre, oh Altísimo, proclamar
por la mañana tu misericordia y
de noche tu fidelidad. R. El
justo crecerá como una palmera, se
alzará como un cedro del Líbano; plantado
en la casa del Señor, crecerá
en los atrios de nuestro Dios. R. En
la vejez seguirá dando fruto y
estará lozano y frondoso, para
proclamar que el Señor es justo, que
en mi Roca no existe la maldad. R. SEGUNDA
LECTURA En
destierro o en patria, nos esforzarnos en agradar al Señor Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6-10 Hermanos: Siempre
tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro
domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados
por la fe. Y
es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto
al Señor. Por
lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque
todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o
castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo. Palabra
de Dios. Aleluya La
semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo; quien lo encuentra vive
para siempre. EVANGELIO Era
la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34 En
aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –
«El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él
duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin
que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los
tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se
mete la hoz, porque ha llegado la siega.» Dijo
también: –
«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un
grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero
después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan
grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.» Con
muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender.
Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo
en privado. Palabra
del Señor. DOMINGO
XII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Aquí
se romperá la arrogancia de tus olas Lectura
del libro de Job 38, 1. 8-11 El
Señor habló a Job desde la tormenta: –
«¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando
salía impetuoso del seno materno, cuando
le puse nubes por mantillas y
nieblas por pañales, cuando
le impuse un límite con
puertas y cerrojos, y
le dije: "Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí
se romperá la arrogancia de tus olas"?» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 106, 23-24. 25-26. 28-29. 30-31 (R.: 1) R.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. O
bien:
Aleluya. Entraron
en naves por el mar, comerciando
por las aguas inmensas. Contemplaron
las obras de Dios, sus
maravillas en el océano. R. El
habló y levantó un viento tormentoso, que
alzaba las olas a lo alto; subían
al cielo, bajaban al abismo, el
estómago revuelto por el mareo. R. Pero
gritaron al Señor en su angustia, y
los arrancó de la tribulación. Apaciguó
la tormenta en suave brisa, y
enmudecieron las olas del mar. R. Se
alegraron de aquella bonanza, y
él los condujo al ansiado puerto. Den
gracias al Señor por su misericordia, por
las maravillas que hace con los hombres. R. SEGUNDA
LECTURA Lo
antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 14-17 Hermanos: Nos
apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos
murieron. Cristo
murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que
murió y resucitó por ellos. Por
tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si
alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El
que es de Cristo es una criatura nueva. Lo
antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Palabra
de Dios. Aleluya
Lc 7, 16 Un
gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. EVANGELIO ¿Quién
es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen! +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-40 Un
día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: –
«Vamos a la otra orilla.» Dejando
a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban.
Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi
llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron,
diciéndole: –
«Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se
puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: –
«¡Silencio, cállate!» El
viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: –
«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se
quedaron espantados y se decían unos a otros: –
«¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!» Palabra
del Señor. DOMINGO
XIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA La
muerte entró en el mundo por la envidia del diablo Lectura
del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24 Dios
no hizo la muerte ni
goza destruyendo a los vivientes. Todo
lo creó para que subsistiera; las
criaturas del mundo son saludables: no
hay en ellas veneno de muerte, ni
el abismo impera en la tierra. Porque
la justicia es inmortal. Dios
creó al hombre para la inmortalidad y
lo hizo a imagen de su propio ser; pero
la muerte entró en el mundo por
la envidia del diablo, y
los de su partido pasarán por ella. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a) R.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado. Te
ensalzaré, Señor, porque me has librado y
no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor,
sacaste mi vida del abismo, me
hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R. Tañed
para el Señor, fieles suyos, dad
gracias a su nombre santo; su
cólera dura un instante; su
bondad, de por vida; al
atardecer nos visita el llanto; por
la mañana, el júbilo. R. Escucha,
Señor, y ten piedad de mí; Señor,
socórreme. Cambiaste
mi luto en danzas. Señor,
Dios mío, te daré gracias por siempre. R. SEGUNDA
LECTURA Vuestra
abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15 Hermanos: Ya
que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el
empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra
generosidad. Porque
ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo
pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues
no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de
igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos
tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá
igualdad. Es
lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía
poco no le faltaba.» Palabra
de Dios. Aleluya
cf. 2Tm 1, 10 Nuestro
Salvador Jesucristo destruyó la muerte y sacó a la luz la vida, por medio del
Evangelio. EVANGELIO Contigo
hablo, niña, levántate +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43 En
aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió
mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la
sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con
insistencia: –
«Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y
viva.» Jesús
se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había
una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la
habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su
fortuna; pero en
vez e mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por
detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el
vestido curaría. Inmediatamente
se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio
de la gente, preguntando: –
«¿Quién me ha tocado el manto?» Los
discípulos le contestaron: –
«Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"» Él
seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó
asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies
y le confesó todo. El le dijo: –«Hija,
tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía
estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: se
a muerto. para que molestar más al maestro?» Jesús
alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: –
«No temas; basta que tengas fe.» No
permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de
Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los
que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: –
«¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se
reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la
niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le
dijo: –
«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La
niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se
quedaron viendo visiones. Les
insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra
del Señor. O
bien más breve: +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-24. 35b-43 En
aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió
mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la
sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con
insistencia: –
«Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella5 para que se cure y
viva.» Jesús
se fue con él, acompañado de mucha gente. Llegaron
de casa del jefe de la sinagoga para decirle: –
«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?» Jesús
alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: –
«No temas; basta que tengas fe.» No
permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago
y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe
de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a
gritos. Entró y les dijo: –
«¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se
reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la
niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le
dijo: –
«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La
niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se
quedaron viendo visiones. Les
insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña. Palabra
del Señor. DOMINGO
XIV DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Son
un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos Lectura
de la profecía de Ezequiel 2, 2-5 En
aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía: –
«Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha
rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día.
También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les
digas: "Esto dice el Señor." Ellos, te hagan caso o no te hagan caso,
pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 122, 1-2a. 2bcd. 3-4 (R.: 2cd) R.
Nuestros ojos están en el Señor,
esperando su misericordia. A
ti levanto mis ojos, a
ti que habitas en el cielo. Como
están los ojos de los esclavos fijos
en las manos de sus señores. R. Como
están los ojos de la esclava fijos
en las manos de su señora, así
están nuestros ojos en
el Señor, Dios nuestro, esperando
su misericordia. R. Misericordia,
Señor, misericordia, que
estamos saciados de desprecios; nuestra
alma está saciada del
sarcasmo de los satisfechos, del
desprecio de los orgullosos. R. SEGUNDA
LECTURA Presumo
de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo Lectura
de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7b-10 Hermanos: Para
que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de
Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor
verme libre de él; y me ha respondido: «Te
basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.» Por
eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la
fuerza de Cristo. Por
eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las
privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque,
cuando soy débil, entonces soy fuerte. Palabra
de Dios. Aleluya
Lc 4, 18 El
Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a
los pobres. EVANGELIO No
desprecian a un profeta más que en su tierra +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6 En
aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó
el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se
preguntaba asombrada: –«¿De
dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos
milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de
Santiago y José y judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y
esto les resultaba escandaloso. Jesús
les decía: –
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su
casa.» No
pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las
manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y
recorría los pueblos de alrededor enseñando. Palabra
del Señor. DOMINGO
XV DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Ve
y profetiza a mi pueblo Lectura
de la profecía de Amós 7, 12-15 En
aquellos días, dijo Amasías, sacerdote de Casa–de–Dios, a Amós: –
«Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza
allí. No vuelvas a profetizar en Casa–de–Dios, porque es el santuario real, el
templo del país.» Respondió
Amós: –
«No soy profeta ni hijo de profeta, sino pastor y cultivador de higos. El
Señor me sacó de junto al rebaño y mE dijo: "Ve y profetiza a mi pueblo
de Israe1."» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (R.: 8) R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Voy
a escuchar lo que dice el Señor: «Dios
anuncia la paz a
su pueblo y a sus amigos.» La
salvación está ya cerca de sus fieles, y
la gloria habitará en nuestra tierra. R. La
misericordia y la fidelidad se encuentran, la
justicia y la paz se besan; la
fidelidad brota de la tierra, y
la justicia mira desde el cielo. R. El
Señor los dará lluvia, y
nuestra tierra dará su fruto. La
justicia marchará ante él, la
salvación seguirá sus pasos. R. SEGUNDA
LECTURA Nos
eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-14 Bendito
sea Dios, Padre
de nuestro Señor Jesucristo, que
nos ha bendecido en la persona de Cristo con
toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él
nos eligió en la persona de Cristo, antes
de crear el mundo, para
que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. El
nos ha destinado en la persona de Cristo, por
pura iniciativa suya, a
ser sus hijos, para
que la gloria de su gracia, que
tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde
en alabanza suya. Por
este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el
perdón de los pecados. El
tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha
sido un derroche para con nosotros, dándonos
a conocer el misterio de su voluntad. Éste
es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando
llegase el momento culminante: recapitular
en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Por
su medio hemos heredado también nosotros. A
esto estábamos destinados por
decisión del que hace todo según su voluntad. Y
así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos
alabanza de su gloria. Y
también vosotros, que
habéis escuchado la palabra de verdad, el
Evangelio de vuestra salvación, en el que creísteis, habéis
sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo prometido, el
cual es prenda de nuestra herencia, para
liberación de su propiedad, para
alabanza de su gloria. Palabra
de Dios. O
bien más breve: Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-10 Bendito
sea Dios, Padre
de nuestro Señor Jesucristo, que
nos ha bendecido en la persona de Cristo con
toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él
nos eligió en la persona de Cristo, antes
de crear el mundo, para
que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Él
nos ha destinado en la persona de Cristo, por
pura iniciativa suya, a
ser sus hijos, para
que la gloria de su gracia, que
tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde
en alabanza suya. Por
este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el
perdón de los pecados. El
tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha
sido un derroche para con nosotros, dándonos
a conocer el misterio de su voluntad. Éste
es el plan que había proyectado realizar por Cristo cuando
llegase el momento culminante: recapitular
en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra. Palabra
de Dios. Aleluya
cf. Ef 1, 17-18 El
Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que
comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. EVANGELIO Los
fue enviando +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 7-13 En
aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos5
dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para
el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la
faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y
añadió: –
«Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y
si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los
pies, para probar su culpa.» Ellos
salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a
muchos enfermos y los curaban. Palabra
del Señor. DOMINGO
XVI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Reuniré
el resto de mis ovejas y les pondré pastores Lectura
del libro de Jeremías 23, 1-6 Ay
de los pastores que dispersan y
dejan perecer las ovejas de mi rebaño –oráculo
del Señor–. Por
eso, así dice el Señor, Dios de Israel: –
«A los pastores que pastorean a mi pueblo: Vosotros
dispersasteis mis ovejas, las
expulsasteis, no las guardasteis; pues
yo os tomaré cuentas, por
la maldad de vuestras acciones –
oráculo del Señor. Yo
mismo reuniré el resto de mis ovejas de
todos los países adonde las expulsé, y
las volveré a traer a sus dehesas, para
que crezcan y se multipliquen. Les
pondré pastores que las pastoreen; ya
no temerán ni se espantarán, y
ninguna se perderá –
oráculo del Señor– Mirad
que llegan días –
oráculo del Señor– en
que suscitaré a David un vástago legitimo: reinará
como rey prudente, hará
justicia y derecho en la tierra. En
sus días se salvará Judá, Israel
habitará seguro. Y
lo llamarán con este nombre: El–Señor–nuestra–justicia.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1) R.
El Señor es mi pastor, nada me falta. El
Señor es mi pastor, nada me falta: en
verdes praderas me hace recostar; me
conduce hacia fuentes tranquilas y
repara mis fuerzas. R. Me
guía por el sendero justo, por
el honor de su nombre. Aunque
camine por cañadas oscuras, nada
temo, porque tú vas conmigo: tu
vara y tu cayado me sosiegan. R. Preparas
una mesa ante mí, enfrente
de. mis enemigos; me
unges la cabeza con perfume, y
mi copa rebosa. R. Tu
bondad y tu misericordia me acompañan todos
los días de mi vida, y
habitaré en la casa del Señor por
años sin término. R. SEGUNDA
LECTURA Él
es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 13-18 Hermanos: Ahora
estáis en Cristo Jesús. Ahora,
por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos. Él
es nuestra paz. Él
ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que
los separaba: el odio. Él
ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces para crear
con los dos en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió
con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz,
dando muerte, en él, al odio. Vino
y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros los de lejos; paz también a los de
cerca. Así,
unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 10, 27 Mis
ovejas escuchan mi voz – dice el Señor– , y yo las conozco, y ellas me siguen. EVANGELIO Andaban
como ovejas sin pastor +
Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 30-34 En
aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron
todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: –
«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.» Porque
eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se
fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos
los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron
corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús
vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin
pastor; y se puso a enseñarles con calma. Palabra
del Señor. DOMINGO
XVII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Comerán
y sobrará Lectura
del segundo libro de los Reyes 4, 42-44 En
aquellos días, uno de Baal–Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las
primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo: –
«Dáselos a la gente, que coman.» El
criado replicó: –
«¿Qué hago yo con esto para cien personas?» Eliseo
insistió: –
«Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará.» Entonces
el criado se los sirvió9 comieron y sobró, como había dicho el Señor. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 144, 10-11. 15-16. 17-18 (R.: cf. 16) R.
Abres tú la mano, Señor, y nos sacias. Que
todas tus criaturas te den gracias, Señor, que
te bendigan tus fieles; que
proclamen la gloria de tu reinado, que
hablen de tus hazañas. R. Los
ojos de todos te están aguardando, tú
les das la comida a su tiempo; abres
tú la mano, y
sacias de favores a todo viviente. R. El
Señor es justo en todos sus caminos, es
bondadoso en todas sus acciones; cerca
está el Señor de los que lo invocan, de
los que lo invocan sinceramente. R. SEGUNDA
LECTURA Un
solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4,1-6 Hermanos: Yo,
el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que
habéis sido convocados. Sed
siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con
amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un
solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a
la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de
todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Palabra
de Dios. Aleluya
Lc 7, 16 Un
gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. EVANGELIO Repartió
a los que estaban sentados todo lo que quisieron +
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15 En
aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de
Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía
con los enfermos. Subió
Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba
cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y
al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: –
«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo
decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe
le contestó: –
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.» Uno
de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: –
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero,
¿qué es eso para tantos?» Jesús
dijo: –
«Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había
mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús
tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban
sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando
se saciaron, dice a sus discípulos: –
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.» Los
recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de
cebada, que sobraron a los que habían comido. La
gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: –
«Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús
entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra
vez a la montaña él solo. Palabra
del Señor. DOMINGO
XVIII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Yo
haré llover pan del cielo Lectura
del libro del Éxodo 16, 2-4. 12-15 En
aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en
el desierto, diciendo: –
«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos
junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a
este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.» El
Señor dijo a Moisés: –
«Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada
día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones
de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la
mañana os saciaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro
Dios."» Por
la tarde, una banda de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana,
había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de
rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo fino, parecido a la
escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron: –
«¿Qué es esto?» Pues
no sabían lo que era. Moisés les dijo: –
«Es el pan que el Señor os da de comer.» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 77, 3 y 4bc. 23-24. 25 y 54 (R.: 24b) R.
El Señor les dio un trigo celeste. Lo
que oímos y aprendimos, lo
que nuestros padres nos contaron, lo
contaremos a la futura generación: las
alabanzas del Señor, su poder. R. Dio
orden a las altas nubes, abrió
las compuertas del cielo: hizo
llover sobre ellos maná, les
dio un trigo celeste. R. Y
el hombre comió pan de ángeles, les
mandó provisiones hasta la hartura. Los
hizo entrar por las santas fronteras, hasta
el monte que su diestra había adquirido. R. SEGUNDA
LECTURA Vestíos
de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 17. 20-24 Hermanos: Esto
es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya como los gentiles, que
andan en la vaciedad de sus criterios. Vosotros,
en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que es él a quien
habéis oído y en él fuisteis adoctrinados, tal como es la verdad en Cristo
Jesús; es decir, a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo
corrompido por deseos seductores, a renovaros en la mente y en el espíritu y a
vestiros de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad
verdaderas. Palabra
de Dios. Aleluya
Mt 4,4b No
sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. EVANGELIO El
que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará sed +
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 24-35 En
aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí,
se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra
orilla del lago, le preguntaron: –
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús
les contestó: –
«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque
comisteis pan hasta saciaros. Trabajad,
no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida
eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre,
Dios.» Ellos
le preguntaron: –
«Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió
Jesús: –
«La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le
replicaron: –
«¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu' obra?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les
dio a comer pan del cielo."» Jesús
les replicó: –
«Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre
el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja
del cielo y da vida al mundo.» Entonces
le dijeron: –
«Señor, danos siempre de este pan.» Jesús
les contestó: «Yo
soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí
nunca pasará sed.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XIX DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Con
la fuerza de aquel alimento, caminó hasta el monte de Dios Lectura
del primer libro de los Reyes 19, 4-8 En
aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al
final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: –
«¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!» Se
echó bajo la retama y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: –
«¡Levántate, come!» Miró
Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua.
Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y
le dijo: _
«¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas.» Elías
se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta
días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 9 a) R.
Gustad y ved qué bueno es el Señor. Bendigo
al Señor en todo momento, su
alabanza está siempre en mi boca; mi
alma se gloría en el Señor: que
los humildes lo escuchen y se alegren. R. Proclamad
conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos
juntos su nombre. Yo
consulté al Señor, y me respondió, me
libró de todas mis ansias. R. Contempladlo,
y quedaréis radiantes, vuestro
rostro no se avergonzará. Si
el afligido invoca al Señor, él lo escucha y
lo salva de sus angustias. R. El
ángel del Señor acampa en
torno a sus fieles y los protege. Gustad
y ved qué bueno es el Señor, dichoso
el que se acoge a él. R. SEGUNDA
LECTURA Vivid
en el amor como Cristo Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 30-5, 2 Hermanos: No
pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día
de la liberación final. Desterrad
de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed
buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en
Cristo. Sed
imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó
y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 6, 51 Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo –dice el Señor–; el que coma de este pan
vivirá para siempre. EVANGELIO Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo +
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 41-51 En
aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan
bajado del cielo», y decían: –
«¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su, padre y a su madre?
¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?» Jesús
tomó la palabra y les dijo: –
«No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha
enviado. Y
yo lo resucitaré el último día. Está
escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo
el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No
es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto
al Padre. Os
lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo
soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y
murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no
muera. Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para
siempre. Y
el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XX DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Comed
de mi pan y bebed el vino que he mezclado Lectura
del libro de los Proverbios 9, 1-6 La
Sabiduría se ha construido su casa plantando
siete columnas, ha
preparado el banquete, mezclado
el vino y puesto la mesa; ha
despachado a sus criados para
que lo anuncien en los puntos que dominan la ciudad: «Los
inexpertos que vengan aquí, quiero
hablar a los faltos de juicio: "Venid
a comer de mi pan y
a beber el vino que he mezclado; dejad
la inexperiencia y viviréis, seguid
el camino de la prudencia."» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 33, 2–3. 10–11. 12–13. 14–15 (R.:9a) R.
Gustad y ved qué bueno es el Señor. Bendigo
al Señor en todo momento, su
alabanza está siempre en mi boca; mi
alma se gloría en el Señor: que
los humildes lo escuchen y se alegren. R. Todos
sus santos, temed al Señor, porque
nada les falta a los que le temen; los
ricos empobrecen y pasan hambre, los
que buscan al Señor no carecen de nada. R. Venid,
hijos, escuchadme: os
instruiré en el temor del Señor; ¿hay
alguien que ame la vida y
desee días de prosperidad? R. Guarda
tu lengua del mal, tus
labios de la falsedad; apártate
del mal, obra el bien, busca
la paz y corre tras ella. R. SEGUNDA
LECTURA Daos
cuenta de lo que el Señor quiere Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 51,15-20 Hermanos: Fijaos
bien cómo andáis; no seáis insensatos, sino sensatos, aprovechando la ocasión,
porque vienen días malos. Por
eso, no estéis aturdidos, daos cuenta de lo que el Señor quiere. No
os emborrachéis con vino, que lleva al libertinaje, sino dejaos llenar del
Espíritu. Recitad,
alternando, salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y tocad con toda el
alma para el Señor. Dad
siempre gracias a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Palabra
de Dios. Aleluya
Jn 6, 56 El
que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él –dice el Señor–. EVANGELIO Mi
carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida +
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58 En
aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: –
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma el que coma de este
pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del
mundo.» Disputaban
los judíos entre sí: –
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces
Jesús les dijo: –
«Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su
sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene
vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi
carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El
que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El
Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me
come vivirá por mi. Éste
es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo
comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.» de
este pan vivirá para siempre.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXI DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA Nosotros
serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios! Lectura
del libro de Josué 24, 1-2a. 15-17. 18b En
aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los
ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se
presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: –
«Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a
los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los
dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al
Señor.» El
pueblo respondió: –
«¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El
Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la
esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en
el camino que recorrimos .y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También
nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!» Palabra
del Señor. Salmo
responsorial Sal 33, 2-3. 16-17. 18-19. 20-21. 22-23 (R.: 9a) R.
Gustad y ved qué bueno es el Señor. Bendigo
al Señor en todo momento, su
alabanza está siempre en mi boca; mi
alma se gloría en el Señor: que
los humildes lo escuchen y se alegren. R. Los
ojos del Señor miran a los justos, sus
oídos escuchan sus gritos; pero
el Señor se enfrenta con los malhechores, para
borrar de la tierra su memoria. R. Cuando
uno grita, el Señor lo escucha y
lo libra de sus angustias; el
Señor está cerca de los atribulados, salva
a los abatidos. R. Aunque
el justo sufra muchos males, de
todos lo libra el Señor; él
cuida de todos sus huesos, y
ni uno solo se quebrará. R. La
maldad da muerte al malvado, y
los que odian al justo serán castigados. El
Señor redime a sus siervos, no
será castigado quien se acoge a él. R. SEGUNDA
LECTURA Es
éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia Lectura
de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5,21-32 Hermanos: Sed
sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las
mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza
de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador
del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a
sus maridos en todo. Maridos,
amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él
se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño
del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin
mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también
los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar
a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne,
sino que le da alimento y calor, como Cristo
hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por
eso abandonará. el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y
serán los dos una sola carne.» Es
éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. Palabra
de Dios. Aleluya
cf. Jn 6, 63c. 68c Tus
palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna. EVANGELIO ¿A
quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida. eterna +
Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 60-69 En
aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: –
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Adivinando
Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: –
«¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba
antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras
que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues
Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y
dijo: –
«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mi, si el Padre no se lo
concede.» Desde
entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces
Jesús les dijo a los Doce: –
«¿También vosotros queréis marcharos?» Simón
Pedro le contestó: –
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros
creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.» Palabra
del Señor. DOMINGO
XXII DEL
TIEMPO ORDINARIO PRIMERA
LECTURA No
añadáis nada a lo que os mando.... así cumpliréis los preceptos del Señor Lectura
del libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8 Moisés
habló al pueblo, diciendo: –
«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así
viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de
vuestros padres, os va a dar. No
añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los 'preceptos
del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son
vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando
tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un
pueblo sabio e inteligente." Y,
en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo
está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran
nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os
doy?» Palabra
de Dios. Salmo
responsorial Sal 14, 2-3a. 3bc-4ab. 5 (R.: 1 a) R.
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? El
que procede honradamente y
practica la justicia, el
que tiene intenciones leales y
no calumnia con su lengua. R. El
que no hace mal a su prójimo ni
difama al vecino, el
que considera despreciable al impío y
honra a los que temen al Señor. R. El
que no presta dinero a usura ni
acepta soborno contra el inocente. El
que así obra nunca fallará. R. SEGUNDA
LECTURA Llevad
a la práctica la palabra Lectura
de la carta del apóstol Santiago 1, 17-18. 21b-22. 27 Mis
queridos hermanos: Todo
beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Padre de los astros, en el
cual no hay fases ni períodos de sombra. Por
propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para que seamos
como la primicia de sus criaturas. Aceptad
dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a
la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. La
religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos
y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo. Palabra
de Dios. Aleluya
St 1, 18 El
Padre, por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos engendró, para
que seamos como la primicia de sus criaturas. | |||