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Acciones de Gracias

Adulación

Afabilidad

Aflicciones y trabajos

Alabanza

Alegría

Altar

Amistad

Amor

Amor a Dios

Amor de Dios

Ángeles custodios

Apostolado

Aridez

Avaricia

Ayuno

 

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Paciencia

Paz

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Perdón de los pecados

Pereza

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Predicación

Premio

Presencia de Dios

Primeros cristianos

Providencia

Prudencia

Purgatorio

Purificación

 

Recogimiento

Rectitud de intención

Respeto a la persona

Respetos humanos

Responsabilidad

Riquezas

Romano Pontífice

 

Sacerdote

Sagrada Escritura

San José

Santidad

Santos

Servir a Dios

Sinceridad

Soberbia

 

Temor de Dios

Templanza

Tentación

Tibieza

Tiempo

Trabajo

Tristeza

 

Unidad

 

Vanagloria

Veracidad

Vida sobrenatural

Vigilancia

Virgen Santísima

Virginidad

Virtudes

Visita al Santísimo

Vocación

Voluntad de Dios

 

ACCIONES DE GRACIAS

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

Debemos dar gracias a Dios por todos los beneficios

 

¿Qué podré yo dar a Yavé, por todos los beneficios que me ha hecho? Levantaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre de Yavé. Sal 115, 12.

 

¡Bendice, alma mía, a Yavé, y bendiga todo mi ser su santo nombre! ¡Bendice, alma mia, a Yavé y no olvides ninguno de sus favores! Sal 102, 1, 2.

 

No olvides el beneficio de tu fiador, pues se empeñó por ti. Eclo 29, 20.

 

Frecuentes gracias del Señor al Padre:

 

Mt 15, 36; Mc 14, 23; Jn 6, 11.

 

Debe ser la actitud normal del cristiano

 

Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Sed agradecidos. Col 3, 15.

 

Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo, en la oración y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones acompañadas de acción de gracias. Flp 4, 6.

 

Orad sin cesar. Dad en todo gracias a Dios, porque tal es su voluntad en Cristo Jesús respecto de vosotros. I Tes 5, 17.

 

Dar gracias en toda ocasión

 

Y todo cuanto hacéis de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por El. Col 3, 17.

 

Entre las diversas virtudes cristianas, San Pablo recomienda gratitud: Col 3, 15.

 

A Timoteo le ruega que se ha gan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por los reyes por todos los constituidos en digni dad, a fin de que gocemos de vida tranquila y quieta con toda piedad y dignidad. I Tim 2, 1.

 

San Pablo da también gracias al Señor por haberle fortalecido haberle juzgado fiel para el mh ferio: I Tim 13; por la gracia otor gada en Cristo Jesús. I Cor 1; y recomienda a los primeros cristianos que den en todo gracias a Dios porque tal es su voluntad en Cristo Jesús respecto a vosotros. I Tes 5, 17.

 

Dar gracias por la fe: Rom I,8; Cor 1, 4.

 

Dar gracias por la caridad fraterna: Col 1, 34, 2 Tes 1, 3; etc.

 

Acciones de gracias de los bienaventurados en el cielo: Apoc 4, 9;7, 12.

 

Del samaritano leproso: 17, 16.

 

Del fariseo soberbio en el templo: Lc 18, 11.

 

 

 

Innumerables motivos para dar gracias a Dios.

 

1 Oremos solemnemente con acción de gracias, al despuntar el nuevo dia, al salir de casa, antes de comer y después de haber comido, a la hora de ofrecer incienso, al entregaros al descanso. Y aun en la misma cama quiero que alternes los salmos con la oración dominical (...), para que el sueño te coja libre de pensamientos mundanos y ocupado en los divinos (SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 3, 1819).

 

2 ¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, Gracias a Dios? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oir con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad (SAN AGUSTIN, Epist., 72).

 

3 El nos da, por un poco de fe, la tierra inmensa, para cultivarla; agua para beber y agua para navegar; el aire para respirar, el fuego para trabajar, el mundo para habitar... Si los bienes de los amigos son comunes y si el hombre es amigo de Dios, todo se hace propiedad del hombre, pues todo pertenece a Dios (CLEMENTE DE ALEJANDRIA, Protréptico, 12).

 

4 Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al dia.—Porque te da esto y lo otro.—Porque te han despreciado.—Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya.—Porque creó el Sol y la Luna, y aquel animal y aquella otra planta.— Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso...Dale gracias por todo, porque todo es bueno (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, 36a ed. castell. Madrid, 1979, n. 268).

 

5 No dejemos transcurrir ni un solo día sin agradecerle tan tas gracias como durante nuestra vida nos ha concedido (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el primer precepto del decálogo).

 

6 (Recibimos) beneficios que superan en número a las arenas del mar. (SAN JUAN CRISOSTOMO, Homilías sobre San Mateo, 25, 4).

 

7 Mal procede quien se llena de soberbia a causa de su riqueza y no reconoce haber recibido de Dios todo lo que tiene, pues todos nuestros bienes, espirituales o temporales, de Dios son (SANTO TOMÁS, Sobre el Padrenuestro, en Escritos de catequesis, Madrid , 1 976, p. 151 ).

 

8 El pecado es lo único que no has recibido de El. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de Dios. (SAN AGUSTIN, Sermón 21).

 

9 ¡Nos parece demasiado dedicarle algunos minutos para agradecer las gracias que en todo momento nos concede! Quieres dedicarte a tu tarea, dices. Pero, amigo mio, te engañas miserablemente, ya que tu tarea no es otra que agradar a Dios y salvar tu alma; todo lo demás no es tu tarea: si tú no la haces, otros la harán; mas si pierdes el alma, ¿quién la salvará? (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

 

10 Da gloria a Dios por el feliz éxito de los asuntos que te han sido encomendados, y no te atribuyas a ti mismo más que los fallos que haya habido; sólo éstos te pertenecen, todo lo bueno es de Dios y a El se debe la gloria y gratitud (J. PECCI—León XIII—Práctica de la humildad, 45).

 

11 Al conocer lo que Dios nos ha dado, encontraremos muchisimas cosas por las que dar gracias continuamente (SAN BERNARDO, In Dom. V Ipost. pent., 25, 4).

 

12 (Dios) nos hace muchos regalos, y la mayor parte los desconocemos (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre San Mateo, 25, 4).

 

13 No dejes nunca de dar gracias a Dios con todo tu corazón y darle gracias, sobre todo, por los cuidados de que te rodea, y pídele en todo momento que no te falte la ayuda que sólo El te puede dar (J. PECCI—León XIII—, Práctica de la humildad, 43).

 

14 Cuando el alma recuerda los beneficios que antaño recibió de Dios y considera aquellas gracias de que la colma en el presente, o cuando endereza su mirada hacia el porvenir sobre la infinita recompensa que prepara el Señor a quienes le aman, le da gracias en medio de indecibles transportes de alegría (CAS1ANO, Colaciones, 9).

 

15 El cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos nos hablan de la bondad y omnipotencia del que los ha creado, y la admirable belleza de los elementos puestos a nuestro servicio exige de la creatura racional el justo tributo de la accion de gracias (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre Cuaresma, 1).

 

16 Conviene mucho que el favorecido tenga agradecimiento y dé las gracias, aunque el bienhechor no tenga necesidad de ello (TEÓFILO, en Catena Aurea, val. IV, p. 47).

 

17 Desde el primer Adán hasta el de hoy, fatiga y sudor, cardos y espinas. ¿;Acaso ha caido sobre nosotros el diluvio? ¿O aquellos tiempos difíciles de hambre y de guerras, de los cuales se escribió precisamente para que no murmuremos del tiempo presente contra Dios? ¿Cuáles fueron aquellos tiempos! No es verdad que todos, al leer sobre ellos, nos horrorizamos? Por esto, más que murmurar de nuestro tiempo, lo que debemos hacer es dar gracias por él (SAN AGUSTIN, Sermón, 2).

 

18 Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga. Este es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también (SAN JUAN RISÓSTOMO, Hom. antes del exilio, 13).

 

19 Y habiendo tomado el pan dio gracias. Y nos dio ejemplo para que diésemos gracias por todo beneficio, tanto al principio como al fin, porque siempre se deben dar gracias a Dios (SAN BEDA, en Catena Aurea, val. VI, p. 436).

 

20 ¿Has presenciado el agradecimiento de los niños?—Imitalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso.¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!.Esta frase, bien sentido, es camino de infancia, que te llevará a la paz, con peso y medida de risas y llantos, y sin peso y medida de Amor. (J. ECRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 894).

 

A quien se reconoce agradecido por los beneficios recibidos, se le prometen muchos más

 

21 Es menester sacar fuerzas de nuevo para servir y procurar no ser ingratos, porque con esa condición las da el Señor; que si no usamos bien del tesoro y del gran estado en que nos pone, nos lo tornará a tomar y nos quedaremos muy más pobres, y dará Su Majestad las joyas a quien luzca y aproveche con ellas a sí y a los otros. Pues, ¿cómo aprovechará y gastará con largueza el que no entiende que está rico? Es imposible, conforme a nuestra naturaleza, a mi parecer, tener ánimo para cosas grandes quien no entiende está favorecido de Dios; porque somos tan miserables y tan inclinados a cosas de tierra, que mal podrá aborrecer todo lo de acá de hecho con gran desasimiento, quien no entiende tiene alguna prenda de lo de allá (SANTA TERESA, Vida, 10, 3).

 

22 Si la fe salvó a aquél que se postró para dar gracias (se refiere al leproso samaritano), la malicia perdió a los que no se cuidaron de dar gloria a Dios por los beneficios recibidos (SAN BEDA, en Catena Aurea, val. Vl, p. 278).

 

23 A quien humildemente se reconoce obligado y agradecido por los beneficios, con razón se le prometen muchos más. Pues el que se experimenta fiel en lo poco, con justo derecho será cosntituido sobre lo mucho, así como, por el contrario, se hace indigno de nuevos favores quien es ingrato a los que ha recibido antes (SAN BERNARDO, Serm. sobre el Salmo 50).

 

24 [...] porque si no conocemos qué recibimos, no despertamos al amor (SANTA TERESA, Vida, 10, 3).

 

Las acciones de gracias en esta vida, anticipo de la alabanza que daremos a Dios en el cielo

 

25 Toda nuestra vida presente debe discurrir en la alabanza de Dios, porque en ella consistirá la alegría sempiterna de la vida futura; y nadie puede hacerse idóneo de la vida futura si no se ejercita ahora en esta alabanza (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 148).

 

Dar gracias es muestra de sabiduría

 

26 En estas tres cosas se conocerá que tu boca está llena en abundancia de sabiduría: si confiesas de palabra tu propia iniquidad, si de tu boca sale la acción de gracias y la alabanza, y si de ella salen también palabras de edificación (SAN BERNARDO, Sermón 15, sobre materias diversas).

 

Gratitud, con obras, para con los padres

 

27 Honra a tu padre y a tu madre. Este honor se les hace no sólo por el respeto, sino también por la asistencia. Porque es un honor reconocer sus beneficios. Alimenta a tu padre, alimenta a tu madre; que aunque así lo hagas no habrás pagado los trabajos y los dolores que tu madre ha padecido por ti. Le debes lo que tienes a tu padre, y a tu madre lo que eres. (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, val. VI, p. 310).

 

Por la vocación recibida

 

28 Ninguno hay, a poco que reflexione, que no halle fácilmente en si mismo poderosos motivos que le obliguen a mostrarse agradecido a Dios. Y nosotros especialmente, porque el Señor nos escogió para si y nos recibió para servirle a El solo (SAN BERNARDO, Serm Dom VI después Pentec, 2, 1).

 

29 No lo dudes: tu vocación es la gracia mayor que el Señor ha podido hacerte.—Agradécesela (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 913).

 

Gratitud por los hijos recibidos de Dios

 

30...y tu mujer Isabel parirá un hijo, y le darás el nombre de Juan. Y tendrás gozo y alegrfa, y se gozarán muchos con su nacimiento. Se invita en este texto a los santos a alegrarse en el nacimiento de sus hijos, y se advierte a los padres la obligación de dar gracias a Dio: no es beneficio pequeño de Dios dar hijos (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, val. V, p. 22).

 

Gratitud al Angel Custodio

 

31 Somos también deudores de nuestro Angel Custodio,quien contempla siempre el rostro del Padre que está en los cielos (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 28, 3).

 

La virtud humana de la gratitud

 

32 Existe también una deuda respecto a los ciudadanos y, asimismo, una deuda común para con todos los hombres; una deuda para con los huéspedes y otra para con las personas de edad; otra, en fin, para con algunos a los que es justo honrar como a hijos o hermanos. Asi pues, quien no hace lo que se debe cumplir con el hermano, queda deudor de lo que ha omitido Asimismo, si dejamos de hacer a los hombres aquellas cosas que por el humanitario espiritu de sabiduría es conveniente que les hagamos, más considerable es nuestra deuda. (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 28, 1).

 

Gratitud por haber sido preservados de muchos pecados

 

33 Debemos dar gracias a Dios, tanto de los pecados de que 3. nos preservó como de los que tuvo la misericordia de perdonarnos (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre las tentaciones).

 

34 Hemos de mostrarnos agradecidos por los beneficios que a 3` diario nos hace su Providencia; por librarnos de las asechanzas de nuestros enemigos; por cooperar con nosotros, para poder superar los vicios de la carne; por protegernos ante el peligro, incluso ignorándolo nosotros; por fortalecernos en la lucha contra el pecado; porque nos ayuda e ilumina; porque nos hace comprender y reconocer dónde está nuestro auxilio [...].

 

Asimismo, debemos expresarle nuestro agradecimiento porque nos inspira secretamente la compunción de nuestras faltas y negligencias; porque se digna visitarnos con castigos saludables; por atraernos muchas veces, a pesar nuestro, al buen camino; por dirigir nuestro albedrío por otros cauces, a fin de que podamos cosechar mejores frutos, aunque nuestra tendencia hacia el mal sea tan acusada. Porque se digua, en fin, orientar esa tendencia y cambiarla, merced a saludables sugestiones, hacia la senda de la virtud (CASIANO, Instituciones, 12, 18).

 

Nuestro agradecimiento se ha de poner de manifiesto especialmente en la Santa Misa y en la Sagrada Comunión

 

35 La acción de gracias después de la Misa no habría de terminar sino con el día [...]. El tiempo que sigue a la Misa es tiempo de negociar con Dios y de hacerse con tesoros celestiales (SAN ALFONSO M. a DE L1GORIO, Misa y Of icio atropellados, pp. 422423).

 

36 La misma naturaleza del Sacramento reclama (la acción de gracias) para que su percepción produzca en los cristianos abundancia de frutos de santidad Ciertamente ha terminado la reunión pública de la comunidad, pero cada cual, unido con Cristo, conviene que no interrumpa el cántico de alabanza, dando siempre gracias a Dios Padre en nombre de Nuestro Señor Jesucristo (Ef 5, 20) ....Tan lejos está la Sagrada Liturgia de reprimir los intimos sentimientos de cada uno de los cristianos, que más bien los reanima y los estimula para que se asemejen a Jesucristo, y por El se encaminen al Eterno Padre; por lo cual ella misma quiere que todo el que hubiere participado de la Hostia santa del altar, rinda a Dios las debidas gracias, pues a nuestro Divino Redentor le agrada oír nuestras súplicas, hablar con nosotros de corazón a corazón, y ofrecernos un refugio en el suyo ardiente (P~o XII, Enc. Mediator Dei, n. 30).

 

37 [...] No os alejéis del templo apenas recibido el Santo Sacramento. ¿Tan importante es lo que os espera, que no podéis dedicar al Señor diez minutos para decirle gracias? No seamos mezquinos. Amor, con amor se paga (J. ESCR1VÁ DE BALAGUER, Homilía 1341973, Sacerdote para la eternidad, 1. c., p. 43).

 

38 Habiendo ya rezado las oraciones para después de la Comunión, llamaréis en vuestra ayuda a la Santísima Virgen, a los ángeles y a los santos, para dar juntos gracias a Dios por el favor que acaba de dispensarnos (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre laComunión).

 

39 La unión espiritual con Cristo, a la que se ordena el mismo sacramento, no se ha de procurar únicamente en el tiempo de la celebración eucarística, sino que ha de extenderse a toda la vida cristiana, de modo que los fieles cristianos, contemplando asiduamente en la fe el don recibido, y guiados por el Espiritu Santo, vivan su vida ordinaria en acción de gracias y produzcan frutos más abundantes de caridad. Para que puedan continuar más fácilmente en esta acción de gracias, que de un mo~do eminente se da a Dios en la Misa, se recomienda a los que han sido alimentados con la sagrada comunión que permanezcan algún tiempo en oración (PABLO VI, Enc. Eucharisticum mysterium, n. 38).

 

40 No sólo has de avivar tu devolución antes de la comunión,sino que la has de conservar solícitamente después de recibir el sacramento. No ha de ser menor el cuidado de después que la preparación de antes. Porque el buen cuidado posterior es otra óptima preparación para conseguir mayor gracia. En cambio, se indispone grandemente para ella el que enseguida se entrega a exteriores entretenimientos. Evita conversaciones, permanece solo y goza de tu Dios, pues tienes al que nadie te puede quitar. Yo soy a quien debes darte del todo, de manera que ya no vivas más en ti, sino en Mi, sin ninguna preocupación (Imitación de Cristo, IV, 12,4).

 

41 Aquel tiempo que sigue después de la comunión es el me jor que hay para negociar con Dios y para abrazarle dentro de su corazón. Y así debe el hombre estar este tiempo en la iglesia o donde comulgó dando gracias al Señor por este beneficio y ocupando su corazón en santos pensamientos y oraciones (FRAY LUIS DE GRANADA, Del Sacramento de la Euraristia)

 

42 La Misa acabada, recójase media hora a dar gracias y hólguese con El que en sus entrañas tiene, y aprovéchese de El, no de otra manera de como cuando acá vivía fue recibido de Zaqueo o de Mateo, o de otro que se lea; porque el más quieto tiempo de todos es aquél mientras el Señor está en nuestro pecho, el cual tiempo no se ha de gastar en otras cosas, si extrema necesidad a otra cosa no nos constriñese (SAN JUAN DE AVILA, Obras espirt. Carta 5.a).

 

43 Estaos vos con El de buena gana; no perdáis tan buena sazón de negociar, como es la hora después de haber comulgado [...]. Este es buen tiempo para que os enseñe nuestro Maestro, y que le oigamos y besemos los pies porque nos quiere enseñar, y le supliquéis que no se vaya de con vos [...] (SANTA TERESA, Camino de Perfección, 34, 10).

 

44 Se ha de procurar que a la sagrada comunión le preceda una diligente preparación y le siga una conveniente acción de gracias, adaptada a las posibilidades, condición y deberes de cada uno (SAN PIO X, Denz. 2383).

 

45 El amor a Cristo, que se ofrece por nosotros, nos impulsa a saber encontrar, acabada la Misa, unos minutos para una acción de gracias personal, intima, que prolongue en el silencio del corazón esa otra acción de gracias que es la Eucaristía.(J.ESCRIVÁ DE BALAGUER,Es Cristo que pasa, 92)

 

46 Después que lo hayas recibido, invita a tu corazón a rendirle homenaje a este Rey de salud; trata con El de tus asuntos intimos; contémplale en tu interior, donde El ha venido a morar para dicha tuya; finalmente, hazle la mejor acogida posible y compórtate de manera que en todas tus actuaciones se eche de ver que Dios está contigo (SAN FRANCISCO DE SALES,Introd. a la vida de vota,2,21)

 

47 Se alejan del recto camino de la verdad los que, ateniéndose más a la palabra que al sentido, afirman y enseñan que, acabado ya el Sacrificio, no se ha de continuar la acción de gracias, no sólo porque el mismo Sacrificio del altar es de por si una acción de gracias, sino también porque pertenece a la piedad privada y particular de cada uno y no al bien de la Comunidad (P'o Xll, Enc. Mediator Dei, n. 30).

 

 

ADULACION

 

<Cuantos me alaban, en realidad me dañan>

 

48 Mis pensamientos en Dios son muy elevados, pero me pongo a raya a mí mismo, no sea que perezca por mi vanagloria. Pues ahora sobre todo tengo motivos para temer y me es necesario no prestar oído a quienes podrían tentarme de orgullo Porque cuantos me alaban en realidad me dañan Es cierto que deseo sufrir el martirio, pero ignoro si soy digno de él (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Tralianos).

 

49 Muchas veces nuestra débil alma, cuando recibe por. sus buenas acciones el halago de los aplausos humanos, se desvía [...], encontrando así mayor placer en ser llamada dichosa que en serlo realmente […]. Y aquello que habia de serle un motivo de alabanza en Dios se le convierte en causa de separación en él (SAN GREGOR1O MAGNO, Moralia, 10, 4748).

 

50 El adulador conduce al mal a su prójimo, porque es incapaz de saber qué es lo que le conviene (TEÓFILO, en Catena Aurea, vol Vl, p. 475).

 

51 Es necesario fijarnos mucho en su entrada (de la alabanza y la adulación); como si se tratara de estar en guardia contra una fiera presta a arrebatar a aquel que no la vigila. Entra calladamente y destruye por medio de los sentidos todas las cosas que encuentra en el interior (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, vol. 1, p. 336).

 

52 Los muertos sepultan también a los muertos cuando los pecadores favorecen a los pecadores; pues quien alaba al que peca, le esconde ya muerto bajo la losa de sus palabras (SAN JERONIMO, en Catena Aurea, val 1, p 495).

 

El adulador, <un ministro del demonio>

 

53 El adulador es ministro del demonio, doctor de la soberbia, destructor del arrepentimiento, aniquilador de las virtudes, maestro del error (SAN JUAN CLIMACO, Escala del paraiso, 22).

 

Falta contra la caridad

 

54 La adulación unas veces se opone a la caridad, y otras no. Se opone a la caridad de tres modos. Uno, por su mismo objeto, como alabar un pecado; esto contraría a la caridad con Dios, contra cuya justicia se profiere tal alabanza, y a la caridad para con el prójimo, a quien se alienta con su mala acción [...]. Otro modo, por razón de la intención, cuando con la adulación se pretende dañar corporal o espiritualmente [...]. El tercer modo es por la ocasión, como cuando la alabanza del adulador es ocasión de pecado para otro, aun prescindiendo de la intención del adulador (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 115, a. 2).

 

Superficialidad de la alabanza vana

 

55 Los mismos que alaban son nada, y pasarán con el sonido de sus palabras. En cambio, la fidelidad del Señor dura por siempre (Imiltación de Cristo, 3, 14).

 

56 Tengo entendido que quien se dejare llevar por cosas de la tierra o dichos de alabanzas de los hombres, está muy engañado por la poca ganancia que en esto hay; una cosa les parece hoy, otra mañana; de lo que una vez dicen bien, presto tornan a decir mal (SANTA TERESA, Fundaciones, 27, 21).

 

Aprender a rechazar las alabanzas

 

57 El desprecio de las alabanzas es lo primero y lo principal que hemos de aprender (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre el sacerdocio).

 

58 De nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás (SAN BASILIO, Discurso a los jóvenes).

 

59 Rechaza las alabanzas que te hagan por el éxito obtenido, porque no se deben a un vil instrumento como tú, sino a El, que, si así lo quiere, puede servirse de una vara para hacer brotar el agua de una roca, o de un poco de tierra para devolver la vista a los ciegos [...] (J. PECCI—León XIII-, Práctica de la humildad, 45).

 

Rectificar la intención ante la alabanza

 

60 Todo motivo de excelencia lo ha dado Dios para que aproveche a los demás, de donde se sigue que en tanto debe agradarle al hombre el testimonio que los demás le dan de su excelencia, en cuanto contribuya al bien ajeno (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 131, a. 1).

 

61 Cuanto más me exalten, Jesús mio, humíllame más en mi corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si Tú me dejas (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 591).

 

 

AFABILIDAD

 

La afabilidad, virtud para la convivencia.

 

62 En cuanto tu salado llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre (Lc 1, 44) [...]. El sobresalto de alegria que sintió Isabel, subraya el don que puede encerrarse en un simple saludo cuando parte de un corazón lleno de Dios. ¡Cuántas veces las tinieblas de la soledad, que oprimen a un alma, pueden ser desgarradas por el rayo luminoso de una sonrisa o de una palabra amable! (JUAN PABLO II, Hom. Roma, 11-II-1981).

 

63 El espiritu de dulzura es el verdadero espiritu de Dios [...] Puede hacerse comprender la verdad y amonestar siempre que se haga con dulzura. Hay que sentir indignación contra el mal y estar resuelto a no transigir con él; sin embargo, hay que convivir dulcemente con el prójimo (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm.110, en Obras Completas, BAC, Madrid 1954, p. 744).

 

64 Ansí que, hermanas, todo lo que pudiéredes sin ofensa de Dios procurad ser afables y entender con todas las personas que os trataren, de manera que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen y amedrenten de la virtud. A la religiosa importa mucho esto: mientras más santas, más conversables con sus hermanas, que aunque sintáis mucha pena si no van sus pláticas todas como vos las querriades hablar, nunca os extrañéis dellas y ansí aprovecharéis y seréis amadas, porque mucho hemos de procurar ser afables y agradar y contentar a las personas que tratamos (SANTA TERESA, Camino de perfección, 41, 7).

 

65 De estas virtudes de convivencia es necesario tener gran previsión y muy a mano, pues se han de estar usando casi de continuo (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd a la vida devota, III, 1).

 

66 Del mismo modo que no es posible vivir en sociedad sin la verdad, es necesaria en la vida social la afabilidad, porque, como dice Aristóteles," nadie puede aguantar un solo día de trato con un triste o con una persona desagradable". Por consiguiente, cada hombre está obligado, por un cierto deber natural de honestidad, a ser afable con quienes le rodean, salvo el caso de que sea útil entristecer a alguno de ellos (SANTO TOMAS, Suma Tealógica, 22, q 114, a. 2).

 

Para ser afable es preciso ser humilde

 

67 Si por pereza dejas de poner los medios necesarios para alcanzar la humildad, te sentirás pesaroso, inquieto, descontento, y harás la vida imposible a ti mismo y quizá también a los demás y, lo que más importa, correrás gran peligro de perderte eternamente (J.PECCI—León XIII—, Práctica de la humildad, 49)

 

68 La humildad es la virtud que lleva a descubrir que las muestras de respeto por la persona—por su honor, por su buena fe, por su intimidad—,no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de la caridad y de la justicia (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa. 72).

 

La afabilidad, necesaria al cristiano

 

69 Como mejor podemos emplear la dulzura es aplicándola a nosotros mismos, sin despecharnos nunca contra nosotros y nuestras imperfecciones; pues, aunque es razonable que cuando cometemos una falta nos aflijamos y entristezcamos, sin embargo, hemos de procurar no ser victimas de un malhumor desagradable y triste, despechado y colérico. En esto faltan muchos que se enfadan por haberse enfadado, se entristecen de haberse entristecido y se desesperan por haberse desesperado; con este sistema su corazón está sumergido en cólera, y parece que la segunda cólera arruina a la primera, de tal suerte que sirve de apertura e invitación para una nueva cólera en la primera ocasión que se presente; aparte de que estos enfados, despechos y asperezas contra uno mismo tienden al orgullo y no tienen más origen que el amor propio, que se turba e inquieta por vernos imperfectos (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd a la vida devota, III, 9)

 

70 Caras largas..., modales bruscos..., facha ridícula..., aire antipático: ¿Asi esperas animar a los demás a seguir a Cristo? (J ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 661).

 

La afabilidad, especialmente necesaria al sacerdote

 

71 Los hombres, para su trato con sus semejantes en la vida social, si son buenos e inteligentes cultivan—ordinariamente sólo por razones humanas—una virtud que suele llamarse sociabilidad. También el sacerdote ha de hacer suya esta virtud, si no quiere encontrarse en situación de inferioridad al tratar a los demás hombres Lo que otros practican por motivos humanos, llévelo él a su conducta por una razón sobrenatural, es decir, por caridad. (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, P. 32).

 

Afabilidad y justicia

 

72 La amistad o afabilidad es parte de la justicia como virtud aneja que se agrega a la principal. Conviene, en efecto,con la justicia en su razón de alteridad; pero difiere de ella en que no es exigida por un deber estricto... Solamente es exigida por un deber de honestidad que obliga más al mismo virtuoso que al otro, en cuanto que el hombre afable trata a sus semejantes como es decoroso y es su deber hacerlo (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 114, a. 2).

 

Afabilidad y prudencia

 

73 No debemos mostrarnos afables con quienes fácilmente pecan, tratando de agradarles, para no parecer que condescendemos con sus vicios y les damos cierto ánimo para caer en ellos (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 114, a. 1).

 

El elogio oportuno y ponderado, muestra de afabilidad

 

74 Si la alabanza pretende, observando las debidas circunstancias, contentar a uno y serle motivo de aliento en sus trabajos o animarle en la prosecución de las buenas obras, es un fruto de la virtud de la afabilidad (SANTO TOMÁS, SUma Tealógica, 22, q. 115, a. 1).

 

A la afabilidad se opone el llamado <<espiritu de contradicción>>, que impide una sana convivencia

 

75 El espiritu de contradicción [...] se origina cuando no se tiene ningún reparo en contristar mediante la contradicción […] y se opone a la virtud de la amistad o afabilidad, cuya función es convivir agradablemente con otros. (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 116, a. 1).

 

76 La afabilidad tiene dos vicios contrarios: por una parte, la excesiva severidad, y por otra el halago palabrero. La virtud de la afabilidad se mantiene en el punto medio, entre lo mucho y lo poco, usando de afectuosidad cuando lo pidan quienes se acercan, y conservando aun entonces suave gravedad, conforme a la varia condición de quienes tratemos. (SAN FRANCISCO DE SALES, Conversaciones espirituales, IX, pp. 628629).

 

Aflicciones y trabajos

 

"Cuando en este mundo sobrevienen males, son, por lo común, efectos de la divina indignación para castigo de los hombres, con el fin de darse a conocer con los castigos a los que no quieren conocerle por sus beneficios. (S. Cipriano, lib. contra Demetr. sent. 27, Trie. T. 1, p. 303.)"

 

"Quiso Dios probar su familia, y porque una larga paz había corrompido la doctrina que nos vino de¡ cielo por tradición, la corrección celestial avivó la fe postrada, y aun diré, casi dormida: y cuando merecíamos padecer más por nuestras culpas, el clementísimo Señor todo lo ha moderado: de modo, que cuanto nos ha sucedido, más parece visita de Dios que persecución. (S. Cipriano, lib. de Lapsis, sent. IX, Tric. T. 1, p. 3 80 y 3 8 l.) "

 

"El que se confundiere de mí, se avergonzará de él el Hijo de Hombre. ¡Y pensará que es cristiano el que se avergüenza de serlo! ¡Cómo puede estar con Cristo el que teme y se avergüenza de pertenecer a Jesucristo! (S. Cipriano, lib. de Lapsis, sent. XI, adic. T. 1, p. 381.)"

 

"El justo dará su fruto en su tiempo. El tiempo del justo es el siglo venidero, porque no es esta vida el tiempo propio del justo: antes bien, es para él un tiempo extraño; y así en la vida futura dará Dios el fruto del cultivo que da Dios a las almas en el presente siglo. (Eusebio de Cesarea, sent. 1, Tric. T. 2, p. 83.)"

 

"Vuestra vara y vuestro cayado me han dado consuelo. A la verdad, el que recibe el castigo persuadido de que Dios castiga a los que admite por hijos adoptivos, se consuela con los mismos trabajos. (Eusebio, sent. 2, Tric. T. 2, p. 83.)"

 

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Promete Jesucristo consuelos eternos a los que lloran en este mundo, no por la pérdida de las personas amadas, ni por las injurias que reciben, o por los menoscabos que ven en sus bienes: sino a los que lloran sus culpas pasadas, y los delitos que manchan su conciencia: para estos está reservado el consuelo de la gloria. (S. Hilario in Matth. cap. 4, sent. 6, Tric. T. 2., p. 258.)"

 

"¡Dichoso aquel que sufre a su prójimo! Pero, ¡ay de aquel, que sin reposo alguno pone a su prójimo en la precisión de que le sufra! (S. Efrén, (De Vit. spir.) sent. 7, Tric. T. 3, p. 78.)"

 

"Para dolerse y llorar, bastará conocerse bien a si mismo: pero este dolor debe ser según Dios, y no ha de provenir de un motivo puramente humano: por lo cual es necesario manifestar un exterior alegre y agradable, gloriándonos en el Espíritu Santo de los dones que nos comunica; pero al mismo tiempo debemos dirigirle oraciones que salgan de un alma penetrada de un secreto dolor. (S. Efrén, (De morb. ling.) sent. 12., Tric. T. 3, p. 79.)"

 

"Déjate penetrar, alma cristiana, de la compunción por todas las gracias que has recibido de tu Dios y no has conservado bien. Compúngete a vista de los males que has cometido contra él, y particularmente por todos aquellos pecados en que te ha esperado a penitencia con tanto sufrimiento. (S. Efrén. (Serm. 2, de Comp.) sent. 14, Tric. T. 3, p. 79.)"

 

"Las tribulaciones del mundo están llenas de pena, y vacías de premio; pero las que se padecen por Dios se suavizan con la esperan

 

za de un premio eterno. (S. Efrén, (In illa verb. "attende tibi") sent. 18, Tric. T. 3., p. SO.)"

 

"Habéis mudado mi tristeza en gozo. Dios no llena de su gozo a todas las almas, sino sólo a las que han llorado sus pecados con lágrimas abundantes y continuas, como si lloraran su propia muerte: porque estos llantos se convierten por último en extremadas alegrías. (S. Basilio, in Psalm. 29, sent. 5, Trie. T. 3, p. 191 .)"

 

"No todas las enfermedades vienen de nuestra constitución natural, o del desarreglo de la vida, o de otra causa corporal que la medicina puede corregir: muchas veces son las enfermedades como varas con que Dios castiga nuestros pecados, o como estímulos con que nos excita a una sincera mudanza de vida. (S. Basilio, sent. 65, Tric. T. 3, P.20l.)"

 

"Es preciso reconocer, que las calamidades que en este mundo nos sobrevienen tienen diversas causas: porque suceden por orden o permisión de Dios, y siempre para nuestra mayor utilidad: pues siempre es menos ventajoso no padecerlos. (S. Basilio, Interrog. 261, sent. 74, Tric. T. 3, p. 203.)"

 

"No miremos como reales y verdaderos bienes o males el gozo ni la aflicción; considerémonos como extranjeros en la tierra, y pongamos en el cielo toda la atención del alma. Sola una cosa hemos de tener por mal, y esta es el pecado; y sola una hemos de estimar corno bien, y esta es la virtud, porque nos une con Dios, (S. Gregorio Nacian., Epist. 189, sent. 54, Tric. T. 3., p. 361.)"

 

"E] Verbo divino llama bienaventurados a los que lloran; no porque la aflicción por sí misma sea felicidad, sino por la felicidad que nos procura. (S. Gregorio de Nisa, Orat. 3., sent. 14, Tric. T. 4, p. 115.)"

 

"Sirve de tentación para conservar y dar fuerza y aumento a la virtud del alma fiel: porque si el justo no fuera atribulado y atormentado algunas veces con estas pruebas, no viviera con el cuidado suficiente para mantener la virtud, antes bien, correría riesgo de relajación en la afluencia de las gracias que pudiera recibir de la liberalidad divina. (S. Ambrosio, sent. 27, Tric. T. 4, p. 318.)"

 

"Nos envía Dios males a este mundo, para obligarnos a recurrir a su bondad, supuesto que los bienes que nos ha dado no han servido para reconocerle, y que las adversidades nos excitan a suplicarle después de haberle ofendido durante la prosperidad y a darle gracias por la comunicación de sus dones. (S. Ambrosio, lib. 1, in c. 7, sent. 38, Tric. T. 4, p. 321 .)"

 

"Alegrémonos en los trabajos, como Jesucristo en los suyos. El Señor los padeció por sus siervos, suframos por nuestro dueño. (S. Ainbrosio, ¡ti Psalm. 37, sent. 46, Tric. T. 4, p. 322.)"

 

"El consuelo que se da al afligido debe ir acompañado de suavidad, no de sequedad y aspereza: debe ser propio para aliviar el dolor, y no para excitar nuevas confusiones en el alma. (S. Ambrosio, in Psalm. 37, sent. 47, Tric. T. 4, p. 322.)"

 

"Los trabajos de esta vida, no son dignos de la gloria futura que nos está preparada: cualquiera, pues, que espera grandes bienes, no se ha de abatir por pequeños males. (S. Ambrosio, in Psaim. 118, sent. 58, Tric. T. 4, p. 324.)"

 

"Está la vida tan llena de males, que en esta consideración podemos mirar la muerte como remedio, más bien que como trabajo. (S. Anibrosio, Serm. 42, sent. 149, Tric. T. 4, p. 344.)"

 

"Ya el pueblo cristiano no necesita un leve dolor de la circuncisión: porque llevando consigo la muerte del Señor en cada momento, señala en su frente el desprecio de la muerte, como quien sabe que no puede llegar a la salud eterna sin la cruz del Señor. (S. Ambrosio, sent. XX,. adic. Tric. T. 4, p. 399.)"

 

"En más estimó Moisés el oprobio de Cristo, que los tesoros de Egipto. Si tu oprobio Jesús y Señor mio, es gloria: ¿cuánta es tu gloria? (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. XXXII, adic. Tric. T. 4, p. 403.)"

 

"Nosotros merecemos más lástima que los que mueren, porque todos los días nos vemos expuestas a los combates y a las manchas de¡ pecado, y muchas veces recibimos heridas los que algún día hemos de dar cuenta de la menor palabra ociosa. (S. Jerónimo, Epist.. 75, ad Theod, de morte conj., sent. 28, Trie. T. 5, p. 243.)"

 

"Cuando Dios no manifiesta su ira contra el pecado, es señal de su mayor indignación: esto lo hizo decir a Jerusalén por Ezequiel: Yo no me enojaré contra ti, ni te celaré. Un padre reprende al hijo que ama: y cuando el médico no nos da remedio es señal de que desespera de nuestro mal. (S. Jerón., sent. 31, Tric. 'r. 5, p. 244.)"

 

"Cuando nos vemos en la aflicción y en la miseria es porque quiere Dios probamos, para que el fuego de las tribulaciones de este mundo purifique toda mezcla de iniquidad que haya en nosotros. Porque la plata del Señor, pasa por el fuego para ser en él probada y purificada hasta el séptimo grado. (S. Jerón., in Jerem. c. l., sent. 63, Tric. T. 5, p. 249.)"

 

"¿Por qué nos admiramos de los males que sufrimos en esta vida? Pues si pretendemos con sinceridad los eternos gozos, conoceremos que solamente hemos venido aquí para padecer. (S. Jerón., in Lament. Jerem. sent. 68, Tric. T. 5, p. 250.)"

 

"Clamé al Señor cuando yo estaba atribulado, y me oyó. No dice cuando estaba nadando en el gozo y en las delicias. ¿Queréis que el Señor os oiga? Clamad a él afligidos y atribulados. (S. Jerón. in Psalm. 12, sent. 112. Tric. T. 5, p. 258.)"

 

Bienaventurado es aquel a quien Dios castiga; porque el Señor no toma dos veces satisfacción de una misma culpa. El efecto de la mayor ira de Dios sobre nosotros, es no indignarse contra nosotros: entonces nos reserva, como temeros cebados, para la carnicería. (S. Jerón, in Psalm. 140, sent. 117, Tric. T. 5, p. 260.)"

 

"No es razón que los siervos rehusemos padecer lo que antes sufrió el Señor por nosotros, siendo siervos. (S. Paulino, Epist.. 38, sent. XII, adic. Tric. T. 5, p. 362.)"

 

"Dos cosas nos anunció Jesucristo: la tribulación y el consuelo, los trabajos y las coronas, la tristeza y la alegría. Y para que los hombres vean que no pretendió engañarnos, envía primero los trabajos, y deja para el otro mundo lo agradable; bien que disminuyendo el peso de los males que primero sentimos con la esperanza de los bienes que les han de suceder. (S. Juan Crisóstomo. Homil. 16, sent. 15, Tric. T. 6, p. 302.)"

 

"Si es fuerte la calentura que padecéis, representaos la imagen del fuego del infierno, y pensad que, si sufriéreis con paciencia el mal de la calentura, evitaréis algún día el del infierno. Representaos también cuantos trabajos padecieron los Santos Apóstoles, y que siempre los justos pasaron por la prueba de las aflicciones. (S. Juan Crisóstomo, Homil. 38, Orat, 6, sent. 30. Tric. T. 6, p. 306.)"

 

"No quiere Dios disminuir el fruto de vuestros trabajos, ante viéndolos, dispone que todo se convierta en vuestro bien y que todo os aproveche. Aun cuando solo arrojaréis un suspiro, o dejaréis caer una sola lágrima, inmediatamente la recoge, y la hace servir para vuestra salvación. (S. Juan Crisósto. Homil. 3, in c. 1. Math., sent. 37, Tric. T. 6, p. 307.)"

 

"El ver comúnmente que los malos nada padecen en este mundo, es una señal indubitable de que Dios dilata para otro tiempo su castigo. (S. Juan Crisóst. Homl. 77, sent. 69, Tric. T. 6, p. 312.)"

 

"Ninguna cosa es tan útil para disponer nuestra alma a conseguir

 

la perfecta sabiduría, como las calamidades, tentaciones y disgustos. (S. Juan Crisósto. llonil. 60, Joann, sent. 84, Tric. T. 6, p. 315.)"

 

"No debemos llorar por aquellos que Dios aflige, sino por los que no obstante sus pecados, nada padecen en este mundo. Su primer mal es el pecado, y su segundo mal es el de no recibir de Dios remedio alguno para sanar de sus pecados. (S. Juan Crisóst. Homil, in Psalm. 7, sent. 122, Tric. T. 6, p. 323.)"

 

"Sufrid con valor los males que os sobrevienen, y esto os servirá de martirio. Porque la resolución con que el cristiano permite que le despedacen antes que sacrificar a los ídolos, no es la única cosa que hace mártires: también lo podemos ser, si cuando nos atormenta un violento dolor nos abstenemos de quejamos de Dios, y si sufrimos con paciencia, sin decir palabra que merezca ser reprendida. (S. Juan Crisóst. , in Psalm. 129, sent. 140, Tric. T. 6, p. 326.)"

 

"Por dos razones son útiles los trabajos: la una porque nos hacen más atentos a nuestra obligación; la otra, porque nos ponen en estado de que Dios nos oiga más favorablemente. (S. Juan Crisósto., in Psalm. 144, sent. 144, Tric. T. 6, p. 326.)"

 

"Debemos persuadimos a que todo lo que Dios nos envía es para nuestro bien, y no examinar particularmente las razones, ni inquietarnos por lo que ignoramos. (S. Juan Crisósto. de Prodit., lib. 1, c. 7, sent. 172. Tric. T. 6, p. 333.)"

 

"Es preciso pasar toda la vida en trabajos y continuos combates si queremos gozar del descanso y de los bienes de la eternidad. Si alguno fuese tan delicado y tan aficionado a los gustos de esta vida, que imagine poder gozar aquí de los placeres del mundo, y en el cielo de los que están preparados para premio de los buenos, le declaro que se engaña mucho, y que se engaña a si mismo. Escucha, pues, aquellas palabras del Santo Job: Toda la vida del hombre sobre la tierra es una continua tentación. (S. Juan Crisósto., lib. 2, c. 4 sent. 174., Tric. T. 6, p.334.)"

 

"Los trabajos del espíritu cuando los sufrimos con paciencia y acción de gracias, pueden hacer que merezcamos más excelente premio que padeciendo trabajos corporales. (S. Juan Crisóst., Epist.. 2, ad Olimp. Diac., sent. 183. Trie. T. 6, p. 336.)"

 

"Cuando en las molestias que tenéis que sufrir, se levanta en vuestro corazón algún movimiento de ira o de impaciencia, representaos la extremada mansedumbre de Jesucristo, y sólo este pensamiento os inspirará al instante esta virtud en el corazón. (S. Juan Crisósto., Serm. 46, de mansuet, sent., 220. Tric. T. 6, p. 344.)"

 

"Cuando os halléis en algún trabajo o angustia, así en el matrimonio, como en cualquier estado que sea, volveos a Dios, y suplicadle que os libre de él; porque este es el único medio de salir bien de todos los males que nos afligen, porque nada hay comparable a la virtud de la oración. (S. Juan Crisóst., Serm. non esse desper. n. 7, sent. 223, Tric. T. 6, p. 345.)"

 

,.¿,No es una cosa injusta y sin razón que la mismo tiempo que se aprueba la acción de un padre que arroja de su casa a un hijo perverso para corregirle; de un médico que atormenta a un enfermo con reinedios violentos para sanarle; de un juez que por el bien público castiga al delincuente; de un labrador que poda su viña para que lleve fruto, murmuremos contra Dios, y le acusemos de cruel, cuando para despertarnos de nuestra pereza y somnolencia, nos excita a corregimos con sus castigos? (S. Juan Crisósto., sent. 225, Tric. Ibid. Ibid.)"

 

"Si damos gracias a los hombres porque nos prestan dinero por un poco tiempo, sin enojarnos porque nos lo piden, ¿por qué nos ha de parecer mal que Dios nos quite los bienes de este mundo, porque son suyos, y nos los había dado prestado? (S. Juan Crisóst., Ibid., sent. 226, Tric. Ibid. Ibid.)"

 

"Ya no me diréis que la enfermedad es verdadero mal, pues fue la causa de la recompensa de I,ázaro. No me diréis que la pobreza es mal, porque fue la ocasión de la grande gloria del Santo Job. ¿Qué diremos de las aflicciones, sino que estas fueron las que hicieron tan ilustres y famosos a los Apóstoles, porque el camino que lleva a la vida es estrecho y áspero? No me digáis para qué es esto, de qué sirve aquello, observad ese punto de la conducta del Criador con sus criaturas, el silencio y sumisión que observa el barro con el alfarero que le da la figura que quiere. (S. Juan Crisóst., lib. 1, in eos qui scandalizati sunt., c. 2, sent. 234. Trie. T. 6, p. 347.)"

 

"Las aflicciones nos desprenden de las cosas del mundo, nos hacen deseable la muerte, y nos curan la afición excesiva que tenemos a nuestro cuerpo. Y no hay duda que el blanco princilpal a que tira la virtud y la filosofía cristiana, es a quitamos la afición a la vida presente. (S. Juan Crisóst., Homl. 42, c. 19, sent. 277, Tric. T. 6, p. 357.)"

 

"El Hijo del hombre, no tiene en donde reclinar su cabeza. Todos los que se abandonan a los placeres del mundo, y descansan en las delicias y el regalo, no tienen sociedad alguna con Jesucristo. Solamente los que viven en las aflicciones y trabajos, y siguen la estrecha

 

senda del Evangelio, están verdaderamente unidos con Jesucristo, porque siguen el mismo camino que siguió el Señor. (S. Juan Crisóst., Homi. 1, ad Coritn., sent. 326, Tric. T. /, p. 37 l.)"

 

"Decía Jesucristo a sus discípulos: Vosotros os veréis afligidos en este mundo. Luego si queréis ser del número de los discípulos de Jesucristo, debéis entrar con valor en el camino estrecho. Porque si no padecéis aflicciones por este noble motivo, sucederá que inútilmente las tendréis que sufrir por otros que no podéis evitar. Un envidioso, por ejemplo, un avariento, un lascivo, un impúdico y un ambicioso, y todo el que se ve agitado de una pasión desordenada, sufre muchas más pesadumbres y trabajos que el que llora en gracia de Dios por alguna aflicción. (S. Juan Crisóst., Homl. 26, c. 12, ad corin., sent. 338, Tric. T. 6, p. 374.)"

 

"¿No es una cosa la más absurda e indigna, que Cristo haya padecido por ti tantas indignidades, y que tu muchas veces no puedas sufrir por el ni aun las palabras? El Señor fue escupido, y tú te adornas con trajes y anillos; y si los hombres no te aplauden, te parece miserable tu vida: a Cristo le afligieron con maldiciones y oprobios, y por burla le dieron bofetadas; tu de todos pretendes alabanzas y no sufres las afrentas de Cristo. (S. Juan Crisóst., Homl. 532, sen. VIII, adic. Tric. T. 6, p. 453.)"

 

"Cuando las cosas hayan llegado a la mayor escasez, entonces es cuando hemos de esperar más. Porque entonces principalmente manifestará Dios su poder: no desde el principio, sino cuando no se espera remedio humano, pues esto es el tiempo del auxilio divino. Por esto no sacó del peligro a los tres jóvenes desde luego, sino cuando ya los habían arrojado al horno encendido: ni a Daniel antes de entrar en el lago de los leones, sino siete días después. Esto lo hace Dios para que ninguno se atribuya la gloria que es propia de Dios. (S. Juan Crisóst., in Psalm. 117, sent. XII, adic. Trie. T. 6, p. 454.)"

 

"Nunca está Dios más enojado, que cuando no castiga las culpas, y parece que se ha olvidado o que no atiende. (S. Agustín, Psalm. 9, sent. 5, Tric. T. 7, p. 454.)"

 

"Si seguís el camino de Jesucristo, no os prometáis en este mundo prosperidad. El Señor caminó por lugares ásperos, pero nos prometió cosas grandes si le seguimos. Seguidle, y no miréis tanto a los caminos que habéis de pasar, cuanto al lugar a donde algún día habéis de llegar. (S. Agust., Psalm. 32, sent. 37, Tric. T. 7, p. 457.)"

 

"Es preciso que sean afligidos en este mundo aquellos a quienes

 

Dios ha preparado la vida eterna. (S. Agust., Psalm. 37, sent. 43, Tric. T. 7, p. 458.)"

 

"Dios os consuela cuando os comunica sus dones, para que permanezcáis siempre firmes en el bien; y os castiga cuando os quita los bienes para que no caigáis: vivid, pues, seguros, cuando el Señor cuida de vosotros. (S. Agustín. Psalm. 39, sent. 55, Tric. T. 7, p. 450.)"

 

"Los trabajos os parecen insoportables porque no reflexionaréis cuánto ha padecido Jesucristo por vosotros; porque si mirárais con los ojos del corazón los trabajos de vuestro Maestro, sufriríais sin duda los vuestros con más valor, y acaso pudiera ser que llegáseis a alegraros de pareceros en algo a la pasión de vuestro Rey. (S. Agust., Salm. 54, sent. 75, Tric. T. 7, p. 461.)"

 

"El que no padezca sed en el desierto de este mundo o entre los males que le rodean, jamás llegará al verdadero bien, que es el mismo Dios. (S. Agust. Salm 62, sent. 94, Tric. T. 7, p. 463.)"

 

"Cuando Dios no os envía los castigos viviendo mal, es la señal de su mayor indignación contra vosotros. (S. Agust., Salm. 65, sent. 102, Tric. T. 7, p. 464.)"

 

"Vuestro corazón es recto cuando en lo bueno que hacéis, Dios es lo que os agrada, y cuando en los males que padecéis no os desagrada Dios. (S. Agustín. Salm. 70, sent. 115, Tric. T. 7, p. 465.)"

 

"Nos pone Dios en el horno de las tribulaciones como a los vasos, no para que se rompan, sino para que se cuezan y purifiquen. (S. Agust., Salm. 91, sent. 141, Tric. T. 7, p. 467.)"

 

"En vano queréis y deseáis la bienaventuranza que Jesucristo posee, si teméis sufrir lo que él padeció. (S. Agust. Salm. 96, sent. 144, Tric. T. 7, p. 467.)"

 

"Es mucha razón que los hijos adoptivos cumplan la voluntad declarada en el Testamento de su Padre; pues dice el Apóstol: Si padecemos con El, seremos glorificados con El. Son compañeros de la humildad de Jesucristo los que son coherederos de la gloria prometida. (S. León Papa, Serm. 29, c. 13, sent. 20, Tric. T. 8, p. 385.)'

 

"No se merece el Reino de los Cielos durmiendo. No se dará la felicidad eterna a los que pasan la vida en la pereza y torpe ociosidad. Es preciso padecer con Jesucristo para reinar con El; es necesario andar por aquella senda, de la que dijo el Señor: Yo soy el camino. El mismo Señor, sin tener a nuestro favor algunas buenas obras, nos asistió con sus gracias y con sus ejemplos, para que, escogidos para

 

hijos adoptivos, con las unas, nos elevan a merecer, y con los otros, nos animase al trabajo. (S. León Papa, Serm. 34, sent. 26, Tric. T. 8, p.387.)"

 

"Predica el Apóstol y dice: Todos los que quieren vivir con pie

 

dad en Cristo, padecerán persecución. Por esto nunca falta la tribula

 

ción de la persecución, si nunca falta la piedad, observancia de la

 

piedad. Exhortaba el Salvador del mundo a sus Discípulos, y les

 

decía: El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi. Esto no

 

lo dijo a sólo los Apóstoles, sino a todos los fieles y a la iglesia en

 

general, representada en aquellos a quienes Jesucristo hablaba. Así

 

como en todo tiempo debemos vivir con piedad, así también en todo

 

tiempo debemos llevar nuestra cruz. Cada uno la tiene proporcionada

 

a sus fuerzas, y por este nombre de persecución se entiende toda

 

especie de trabajos. (S. León Papa, Senn. 47, sent. 41, Tric. T. 8, p.

 

392.)" 5

 

"Si padecemos con Jesucristo, reinaremos con él. Los mártires que derramaron la sangre por su gloria, no son los únicos que aspiraron al premio; porque todos los fieles que sirven a Dios, y observan sus Mandamientos, están crucificados con Jesucristo, y así, se verán coronados con El. (S. León Papa, Serm. 67, sent. 54, Tric. T. 8, p. 395.)"

 

"¿Quién es el que honra dignamente los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios, sino aquel que padece, muere y resucita con El? (S. León Papa, Serm. 68, sent. 55, Tric. T. 8, Ibid.)"

 

"Aunque la fe está ya esparcida por todo el mundo, y son menos los perseguidores, no por eso se han acabado las persecuciones. Aún duran los combates que presentaban a los Santos Mártires de Jesucristo: la necesidad de llevar la cruz no sólo estuvo en los que con tan horribles suplicios eran atormentados, para extinguir en ellos el fuego de la caridad. Todavía tienen los siervos de Dios otra especie de martirio que sufrir; así lo dice el Apóstol. Todos los que quieren vivir con piedad en Jesucristo, padecerán persecución. Es ser muy tibio y cobarde el no querer padecer persecución alguna. (S. León Papa, Serm. 68, sent. 56, Tric. T. 8, p. 395 y 396.)"

 

"Como yo se que Dios castiga a los que recibe por hijos suyos, me consuela una esperanza de los bienes eternos, que es tanto más cierta, cuanto más duramente me oprime el trabajo de los presentes males. (S. Gregorio el Grande, Epist.. ad Leand. Episc., sent. 1, Trie. T. 9, p. 231.)"

 

"Todo el que miurmura en las persecuciones y males que padece, acuas la justicia del que se los envía. Es preciso pues, que el hcymbre se tenga por más puro que el Señor, para quejarse de los azotes con que le castiga, y de algún modo es preferirse al mismo Dios reprender la conducta del Señor cuando le aflige. De este modo, cuando se considera como se debe la grandeza de Dios,