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Acciones de Gracias

Adulación

Afabilidad

Aflicciones y trabajos

Alabanza

Alegría

Altar

Amistad

Amor

Amor a Dios

Amor de Dios

Ángeles custodios

Apostolado

Aridez

Avaricia

Ayuno

 

Bautismo

Bienes temporales

Blasfemia

Bondad de Dios

Buen Pastor

 

Caridad

Castidad

Cielo

Comprensión

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Confirmación

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Culto

 

Demonio

Descanso

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Desprendimiento

Devociones

Dificultades

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Dios

Dirección espiritual

Director

 

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Envidia

Escándalo

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Eucaristía

Examen de concienia

 

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Filiación divina

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Flaquezas

Formación doctrinal

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Frutos

 

Generosidad

Gracia

 

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Huída del pecado

Humildad

 

Iglesia

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Ira

 

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Juicio

Juicio temerario

Justicia

 

Lectura espiritual

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Lucha ascética

Lugares y objetos de culto

 

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Milagros

Misa

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Misericordia divina

Mortificación

Muerte

Murmuración

 

Obediencia

Ofrecimiento de obras

Omisiones

Oración

Oración de petición

 

Paciencia

Paz

Pecado

Pecado venial

Penitencia

Perdonar las ofensas

Perdón de los pecados

Pereza

Perseveracia

Piedad

Pobres

Predicación

Premio

Presencia de Dios

Primeros cristianos

Providencia

Prudencia

Purgatorio

Purificación

 

Recogimiento

Rectitud de intención

Respeto a la persona

Respetos humanos

Responsabilidad

Riquezas

Romano Pontífice

 

Sacerdote

Sagrada Escritura

San José

Santidad

Santos

Servir a Dios

Sinceridad

Soberbia

 

Temor de Dios

Templanza

Tentación

Tibieza

Tiempo

Trabajo

Tristeza

 

Unidad

 

Vanagloria

Veracidad

Vida sobrenatural

Vigilancia

Virgen Santísima

Virginidad

Virtudes

Visita al Santísimo

Vocación

Voluntad de Dios

 

ACCIONES DE GRACIAS

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

Debemos dar gracias a Dios por todos los beneficios

 

¿Qué podré yo dar a Yavé, por todos los beneficios que me ha hecho? Levantaré el cáliz de la salvación e invocaré el nombre de Yavé. Sal 115, 12.

 

¡Bendice, alma mía, a Yavé, y bendiga todo mi ser su santo nombre! ¡Bendice, alma mia, a Yavé y no olvides ninguno de sus favores! Sal 102, 1, 2.

 

No olvides el beneficio de tu fiador, pues se empeñó por ti. Eclo 29, 20.

 

Frecuentes gracias del Señor al Padre:

 

Mt 15, 36; Mc 14, 23; Jn 6, 11.

 

Debe ser la actitud normal del cristiano

 

Y la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Sed agradecidos. Col 3, 15.

 

Por nada os inquietéis, sino que en todo tiempo, en la oración y en la plegaria, sean presentadas a Dios vuestras peticiones acompañadas de acción de gracias. Flp 4, 6.

 

Orad sin cesar. Dad en todo gracias a Dios, porque tal es su voluntad en Cristo Jesús respecto de vosotros. I Tes 5, 17.

 

Dar gracias en toda ocasión

 

Y todo cuanto hacéis de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por El. Col 3, 17.

 

Entre las diversas virtudes cristianas, San Pablo recomienda gratitud: Col 3, 15.

 

A Timoteo le ruega que se ha gan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por los reyes por todos los constituidos en digni dad, a fin de que gocemos de vida tranquila y quieta con toda piedad y dignidad. I Tim 2, 1.

 

San Pablo da también gracias al Señor por haberle fortalecido haberle juzgado fiel para el mh ferio: I Tim 13; por la gracia otor gada en Cristo Jesús. I Cor 1; y recomienda a los primeros cristianos que den en todo gracias a Dios porque tal es su voluntad en Cristo Jesús respecto a vosotros. I Tes 5, 17.

 

Dar gracias por la fe: Rom I,8; Cor 1, 4.

 

Dar gracias por la caridad fraterna: Col 1, 34, 2 Tes 1, 3; etc.

 

Acciones de gracias de los bienaventurados en el cielo: Apoc 4, 9;7, 12.

 

Del samaritano leproso: 17, 16.

 

Del fariseo soberbio en el templo: Lc 18, 11.

 

 

 

Innumerables motivos para dar gracias a Dios.

 

1 Oremos solemnemente con acción de gracias, al despuntar el nuevo dia, al salir de casa, antes de comer y después de haber comido, a la hora de ofrecer incienso, al entregaros al descanso. Y aun en la misma cama quiero que alternes los salmos con la oración dominical (...), para que el sueño te coja libre de pensamientos mundanos y ocupado en los divinos (SAN AMBROSIO, Sobre las vírgenes, 3, 1819).

 

2 ¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, Gracias a Dios? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oir con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad (SAN AGUSTIN, Epist., 72).

 

3 El nos da, por un poco de fe, la tierra inmensa, para cultivarla; agua para beber y agua para navegar; el aire para respirar, el fuego para trabajar, el mundo para habitar... Si los bienes de los amigos son comunes y si el hombre es amigo de Dios, todo se hace propiedad del hombre, pues todo pertenece a Dios (CLEMENTE DE ALEJANDRIA, Protréptico, 12).

 

4 Acostúmbrate a elevar tu corazón a Dios, en acción de gracias, muchas veces al dia.—Porque te da esto y lo otro.—Porque te han despreciado.—Porque no tienes lo que necesitas o porque lo tienes.Porque hizo tan hermosa a su Madre, que es también Madre tuya.—Porque creó el Sol y la Luna, y aquel animal y aquella otra planta.— Porque hizo a aquel hombre elocuente y a ti te hizo premioso...Dale gracias por todo, porque todo es bueno (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, 36a ed. castell. Madrid, 1979, n. 268).

 

5 No dejemos transcurrir ni un solo día sin agradecerle tan tas gracias como durante nuestra vida nos ha concedido (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el primer precepto del decálogo).

 

6 (Recibimos) beneficios que superan en número a las arenas del mar. (SAN JUAN CRISOSTOMO, Homilías sobre San Mateo, 25, 4).

 

7 Mal procede quien se llena de soberbia a causa de su riqueza y no reconoce haber recibido de Dios todo lo que tiene, pues todos nuestros bienes, espirituales o temporales, de Dios son (SANTO TOMÁS, Sobre el Padrenuestro, en Escritos de catequesis, Madrid , 1 976, p. 151 ).

 

8 El pecado es lo único que no has recibido de El. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de Dios. (SAN AGUSTIN, Sermón 21).

 

9 ¡Nos parece demasiado dedicarle algunos minutos para agradecer las gracias que en todo momento nos concede! Quieres dedicarte a tu tarea, dices. Pero, amigo mio, te engañas miserablemente, ya que tu tarea no es otra que agradar a Dios y salvar tu alma; todo lo demás no es tu tarea: si tú no la haces, otros la harán; mas si pierdes el alma, ¿quién la salvará? (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la oración).

 

10 Da gloria a Dios por el feliz éxito de los asuntos que te han sido encomendados, y no te atribuyas a ti mismo más que los fallos que haya habido; sólo éstos te pertenecen, todo lo bueno es de Dios y a El se debe la gloria y gratitud (J. PECCI—León XIII—Práctica de la humildad, 45).

 

11 Al conocer lo que Dios nos ha dado, encontraremos muchisimas cosas por las que dar gracias continuamente (SAN BERNARDO, In Dom. V Ipost. pent., 25, 4).

 

12 (Dios) nos hace muchos regalos, y la mayor parte los desconocemos (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre San Mateo, 25, 4).

 

13 No dejes nunca de dar gracias a Dios con todo tu corazón y darle gracias, sobre todo, por los cuidados de que te rodea, y pídele en todo momento que no te falte la ayuda que sólo El te puede dar (J. PECCI—León XIII—, Práctica de la humildad, 43).

 

14 Cuando el alma recuerda los beneficios que antaño recibió de Dios y considera aquellas gracias de que la colma en el presente, o cuando endereza su mirada hacia el porvenir sobre la infinita recompensa que prepara el Señor a quienes le aman, le da gracias en medio de indecibles transportes de alegría (CAS1ANO, Colaciones, 9).

 

15 El cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos nos hablan de la bondad y omnipotencia del que los ha creado, y la admirable belleza de los elementos puestos a nuestro servicio exige de la creatura racional el justo tributo de la accion de gracias (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre Cuaresma, 1).

 

16 Conviene mucho que el favorecido tenga agradecimiento y dé las gracias, aunque el bienhechor no tenga necesidad de ello (TEÓFILO, en Catena Aurea, val. IV, p. 47).

 

17 Desde el primer Adán hasta el de hoy, fatiga y sudor, cardos y espinas. ¿;Acaso ha caido sobre nosotros el diluvio? ¿O aquellos tiempos difíciles de hambre y de guerras, de los cuales se escribió precisamente para que no murmuremos del tiempo presente contra Dios? ¿Cuáles fueron aquellos tiempos! No es verdad que todos, al leer sobre ellos, nos horrorizamos? Por esto, más que murmurar de nuestro tiempo, lo que debemos hacer es dar gracias por él (SAN AGUSTIN, Sermón, 2).

 

18 Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga. Este es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también (SAN JUAN RISÓSTOMO, Hom. antes del exilio, 13).

 

19 Y habiendo tomado el pan dio gracias. Y nos dio ejemplo para que diésemos gracias por todo beneficio, tanto al principio como al fin, porque siempre se deben dar gracias a Dios (SAN BEDA, en Catena Aurea, val. VI, p. 436).

 

20 ¿Has presenciado el agradecimiento de los niños?—Imitalos diciendo, como ellos, a Jesús, ante lo favorable y ante lo adverso.¡Qué bueno eres! ¡Qué bueno!.Esta frase, bien sentido, es camino de infancia, que te llevará a la paz, con peso y medida de risas y llantos, y sin peso y medida de Amor. (J. ECRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 894).

 

A quien se reconoce agradecido por los beneficios recibidos, se le prometen muchos más

 

21 Es menester sacar fuerzas de nuevo para servir y procurar no ser ingratos, porque con esa condición las da el Señor; que si no usamos bien del tesoro y del gran estado en que nos pone, nos lo tornará a tomar y nos quedaremos muy más pobres, y dará Su Majestad las joyas a quien luzca y aproveche con ellas a sí y a los otros. Pues, ¿cómo aprovechará y gastará con largueza el que no entiende que está rico? Es imposible, conforme a nuestra naturaleza, a mi parecer, tener ánimo para cosas grandes quien no entiende está favorecido de Dios; porque somos tan miserables y tan inclinados a cosas de tierra, que mal podrá aborrecer todo lo de acá de hecho con gran desasimiento, quien no entiende tiene alguna prenda de lo de allá (SANTA TERESA, Vida, 10, 3).

 

22 Si la fe salvó a aquél que se postró para dar gracias (se refiere al leproso samaritano), la malicia perdió a los que no se cuidaron de dar gloria a Dios por los beneficios recibidos (SAN BEDA, en Catena Aurea, val. Vl, p. 278).

 

23 A quien humildemente se reconoce obligado y agradecido por los beneficios, con razón se le prometen muchos más. Pues el que se experimenta fiel en lo poco, con justo derecho será cosntituido sobre lo mucho, así como, por el contrario, se hace indigno de nuevos favores quien es ingrato a los que ha recibido antes (SAN BERNARDO, Serm. sobre el Salmo 50).

 

24 [...] porque si no conocemos qué recibimos, no despertamos al amor (SANTA TERESA, Vida, 10, 3).

 

Las acciones de gracias en esta vida, anticipo de la alabanza que daremos a Dios en el cielo

 

25 Toda nuestra vida presente debe discurrir en la alabanza de Dios, porque en ella consistirá la alegría sempiterna de la vida futura; y nadie puede hacerse idóneo de la vida futura si no se ejercita ahora en esta alabanza (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 148).

 

Dar gracias es muestra de sabiduría

 

26 En estas tres cosas se conocerá que tu boca está llena en abundancia de sabiduría: si confiesas de palabra tu propia iniquidad, si de tu boca sale la acción de gracias y la alabanza, y si de ella salen también palabras de edificación (SAN BERNARDO, Sermón 15, sobre materias diversas).

 

Gratitud, con obras, para con los padres

 

27 Honra a tu padre y a tu madre. Este honor se les hace no sólo por el respeto, sino también por la asistencia. Porque es un honor reconocer sus beneficios. Alimenta a tu padre, alimenta a tu madre; que aunque así lo hagas no habrás pagado los trabajos y los dolores que tu madre ha padecido por ti. Le debes lo que tienes a tu padre, y a tu madre lo que eres. (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, val. VI, p. 310).

 

Por la vocación recibida

 

28 Ninguno hay, a poco que reflexione, que no halle fácilmente en si mismo poderosos motivos que le obliguen a mostrarse agradecido a Dios. Y nosotros especialmente, porque el Señor nos escogió para si y nos recibió para servirle a El solo (SAN BERNARDO, Serm Dom VI después Pentec, 2, 1).

 

29 No lo dudes: tu vocación es la gracia mayor que el Señor ha podido hacerte.—Agradécesela (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 913).

 

Gratitud por los hijos recibidos de Dios

 

30...y tu mujer Isabel parirá un hijo, y le darás el nombre de Juan. Y tendrás gozo y alegrfa, y se gozarán muchos con su nacimiento. Se invita en este texto a los santos a alegrarse en el nacimiento de sus hijos, y se advierte a los padres la obligación de dar gracias a Dio: no es beneficio pequeño de Dios dar hijos (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, val. V, p. 22).

 

Gratitud al Angel Custodio

 

31 Somos también deudores de nuestro Angel Custodio,quien contempla siempre el rostro del Padre que está en los cielos (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 28, 3).

 

La virtud humana de la gratitud

 

32 Existe también una deuda respecto a los ciudadanos y, asimismo, una deuda común para con todos los hombres; una deuda para con los huéspedes y otra para con las personas de edad; otra, en fin, para con algunos a los que es justo honrar como a hijos o hermanos. Asi pues, quien no hace lo que se debe cumplir con el hermano, queda deudor de lo que ha omitido Asimismo, si dejamos de hacer a los hombres aquellas cosas que por el humanitario espiritu de sabiduría es conveniente que les hagamos, más considerable es nuestra deuda. (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 28, 1).

 

Gratitud por haber sido preservados de muchos pecados

 

33 Debemos dar gracias a Dios, tanto de los pecados de que 3. nos preservó como de los que tuvo la misericordia de perdonarnos (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre las tentaciones).

 

34 Hemos de mostrarnos agradecidos por los beneficios que a 3` diario nos hace su Providencia; por librarnos de las asechanzas de nuestros enemigos; por cooperar con nosotros, para poder superar los vicios de la carne; por protegernos ante el peligro, incluso ignorándolo nosotros; por fortalecernos en la lucha contra el pecado; porque nos ayuda e ilumina; porque nos hace comprender y reconocer dónde está nuestro auxilio [...].

 

Asimismo, debemos expresarle nuestro agradecimiento porque nos inspira secretamente la compunción de nuestras faltas y negligencias; porque se digna visitarnos con castigos saludables; por atraernos muchas veces, a pesar nuestro, al buen camino; por dirigir nuestro albedrío por otros cauces, a fin de que podamos cosechar mejores frutos, aunque nuestra tendencia hacia el mal sea tan acusada. Porque se digua, en fin, orientar esa tendencia y cambiarla, merced a saludables sugestiones, hacia la senda de la virtud (CASIANO, Instituciones, 12, 18).

 

Nuestro agradecimiento se ha de poner de manifiesto especialmente en la Santa Misa y en la Sagrada Comunión

 

35 La acción de gracias después de la Misa no habría de terminar sino con el día [...]. El tiempo que sigue a la Misa es tiempo de negociar con Dios y de hacerse con tesoros celestiales (SAN ALFONSO M. a DE L1GORIO, Misa y Of icio atropellados, pp. 422423).

 

36 La misma naturaleza del Sacramento reclama (la acción de gracias) para que su percepción produzca en los cristianos abundancia de frutos de santidad Ciertamente ha terminado la reunión pública de la comunidad, pero cada cual, unido con Cristo, conviene que no interrumpa el cántico de alabanza, dando siempre gracias a Dios Padre en nombre de Nuestro Señor Jesucristo (Ef 5, 20) ....Tan lejos está la Sagrada Liturgia de reprimir los intimos sentimientos de cada uno de los cristianos, que más bien los reanima y los estimula para que se asemejen a Jesucristo, y por El se encaminen al Eterno Padre; por lo cual ella misma quiere que todo el que hubiere participado de la Hostia santa del altar, rinda a Dios las debidas gracias, pues a nuestro Divino Redentor le agrada oír nuestras súplicas, hablar con nosotros de corazón a corazón, y ofrecernos un refugio en el suyo ardiente (P~o XII, Enc. Mediator Dei, n. 30).

 

37 [...] No os alejéis del templo apenas recibido el Santo Sacramento. ¿Tan importante es lo que os espera, que no podéis dedicar al Señor diez minutos para decirle gracias? No seamos mezquinos. Amor, con amor se paga (J. ESCR1VÁ DE BALAGUER, Homilía 1341973, Sacerdote para la eternidad, 1. c., p. 43).

 

38 Habiendo ya rezado las oraciones para después de la Comunión, llamaréis en vuestra ayuda a la Santísima Virgen, a los ángeles y a los santos, para dar juntos gracias a Dios por el favor que acaba de dispensarnos (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre laComunión).

 

39 La unión espiritual con Cristo, a la que se ordena el mismo sacramento, no se ha de procurar únicamente en el tiempo de la celebración eucarística, sino que ha de extenderse a toda la vida cristiana, de modo que los fieles cristianos, contemplando asiduamente en la fe el don recibido, y guiados por el Espiritu Santo, vivan su vida ordinaria en acción de gracias y produzcan frutos más abundantes de caridad. Para que puedan continuar más fácilmente en esta acción de gracias, que de un mo~do eminente se da a Dios en la Misa, se recomienda a los que han sido alimentados con la sagrada comunión que permanezcan algún tiempo en oración (PABLO VI, Enc. Eucharisticum mysterium, n. 38).

 

40 No sólo has de avivar tu devolución antes de la comunión,sino que la has de conservar solícitamente después de recibir el sacramento. No ha de ser menor el cuidado de después que la preparación de antes. Porque el buen cuidado posterior es otra óptima preparación para conseguir mayor gracia. En cambio, se indispone grandemente para ella el que enseguida se entrega a exteriores entretenimientos. Evita conversaciones, permanece solo y goza de tu Dios, pues tienes al que nadie te puede quitar. Yo soy a quien debes darte del todo, de manera que ya no vivas más en ti, sino en Mi, sin ninguna preocupación (Imitación de Cristo, IV, 12,4).

 

41 Aquel tiempo que sigue después de la comunión es el me jor que hay para negociar con Dios y para abrazarle dentro de su corazón. Y así debe el hombre estar este tiempo en la iglesia o donde comulgó dando gracias al Señor por este beneficio y ocupando su corazón en santos pensamientos y oraciones (FRAY LUIS DE GRANADA, Del Sacramento de la Euraristia)

 

42 La Misa acabada, recójase media hora a dar gracias y hólguese con El que en sus entrañas tiene, y aprovéchese de El, no de otra manera de como cuando acá vivía fue recibido de Zaqueo o de Mateo, o de otro que se lea; porque el más quieto tiempo de todos es aquél mientras el Señor está en nuestro pecho, el cual tiempo no se ha de gastar en otras cosas, si extrema necesidad a otra cosa no nos constriñese (SAN JUAN DE AVILA, Obras espirt. Carta 5.a).

 

43 Estaos vos con El de buena gana; no perdáis tan buena sazón de negociar, como es la hora después de haber comulgado [...]. Este es buen tiempo para que os enseñe nuestro Maestro, y que le oigamos y besemos los pies porque nos quiere enseñar, y le supliquéis que no se vaya de con vos [...] (SANTA TERESA, Camino de Perfección, 34, 10).

 

44 Se ha de procurar que a la sagrada comunión le preceda una diligente preparación y le siga una conveniente acción de gracias, adaptada a las posibilidades, condición y deberes de cada uno (SAN PIO X, Denz. 2383).

 

45 El amor a Cristo, que se ofrece por nosotros, nos impulsa a saber encontrar, acabada la Misa, unos minutos para una acción de gracias personal, intima, que prolongue en el silencio del corazón esa otra acción de gracias que es la Eucaristía.(J.ESCRIVÁ DE BALAGUER,Es Cristo que pasa, 92)

 

46 Después que lo hayas recibido, invita a tu corazón a rendirle homenaje a este Rey de salud; trata con El de tus asuntos intimos; contémplale en tu interior, donde El ha venido a morar para dicha tuya; finalmente, hazle la mejor acogida posible y compórtate de manera que en todas tus actuaciones se eche de ver que Dios está contigo (SAN FRANCISCO DE SALES,Introd. a la vida de vota,2,21)

 

47 Se alejan del recto camino de la verdad los que, ateniéndose más a la palabra que al sentido, afirman y enseñan que, acabado ya el Sacrificio, no se ha de continuar la acción de gracias, no sólo porque el mismo Sacrificio del altar es de por si una acción de gracias, sino también porque pertenece a la piedad privada y particular de cada uno y no al bien de la Comunidad (P'o Xll, Enc. Mediator Dei, n. 30).

 

 

ADULACION

 

<Cuantos me alaban, en realidad me dañan>

 

48 Mis pensamientos en Dios son muy elevados, pero me pongo a raya a mí mismo, no sea que perezca por mi vanagloria. Pues ahora sobre todo tengo motivos para temer y me es necesario no prestar oído a quienes podrían tentarme de orgullo Porque cuantos me alaban en realidad me dañan Es cierto que deseo sufrir el martirio, pero ignoro si soy digno de él (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Tralianos).

 

49 Muchas veces nuestra débil alma, cuando recibe por. sus buenas acciones el halago de los aplausos humanos, se desvía [...], encontrando así mayor placer en ser llamada dichosa que en serlo realmente […]. Y aquello que habia de serle un motivo de alabanza en Dios se le convierte en causa de separación en él (SAN GREGOR1O MAGNO, Moralia, 10, 4748).

 

50 El adulador conduce al mal a su prójimo, porque es incapaz de saber qué es lo que le conviene (TEÓFILO, en Catena Aurea, vol Vl, p. 475).

 

51 Es necesario fijarnos mucho en su entrada (de la alabanza y la adulación); como si se tratara de estar en guardia contra una fiera presta a arrebatar a aquel que no la vigila. Entra calladamente y destruye por medio de los sentidos todas las cosas que encuentra en el interior (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, vol. 1, p. 336).

 

52 Los muertos sepultan también a los muertos cuando los pecadores favorecen a los pecadores; pues quien alaba al que peca, le esconde ya muerto bajo la losa de sus palabras (SAN JERONIMO, en Catena Aurea, val 1, p 495).

 

El adulador, <un ministro del demonio>

 

53 El adulador es ministro del demonio, doctor de la soberbia, destructor del arrepentimiento, aniquilador de las virtudes, maestro del error (SAN JUAN CLIMACO, Escala del paraiso, 22).

 

Falta contra la caridad

 

54 La adulación unas veces se opone a la caridad, y otras no. Se opone a la caridad de tres modos. Uno, por su mismo objeto, como alabar un pecado; esto contraría a la caridad con Dios, contra cuya justicia se profiere tal alabanza, y a la caridad para con el prójimo, a quien se alienta con su mala acción [...]. Otro modo, por razón de la intención, cuando con la adulación se pretende dañar corporal o espiritualmente [...]. El tercer modo es por la ocasión, como cuando la alabanza del adulador es ocasión de pecado para otro, aun prescindiendo de la intención del adulador (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 115, a. 2).

 

Superficialidad de la alabanza vana

 

55 Los mismos que alaban son nada, y pasarán con el sonido de sus palabras. En cambio, la fidelidad del Señor dura por siempre (Imiltación de Cristo, 3, 14).

 

56 Tengo entendido que quien se dejare llevar por cosas de la tierra o dichos de alabanzas de los hombres, está muy engañado por la poca ganancia que en esto hay; una cosa les parece hoy, otra mañana; de lo que una vez dicen bien, presto tornan a decir mal (SANTA TERESA, Fundaciones, 27, 21).

 

Aprender a rechazar las alabanzas

 

57 El desprecio de las alabanzas es lo primero y lo principal que hemos de aprender (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Sobre el sacerdocio).

 

58 De nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás (SAN BASILIO, Discurso a los jóvenes).

 

59 Rechaza las alabanzas que te hagan por el éxito obtenido, porque no se deben a un vil instrumento como tú, sino a El, que, si así lo quiere, puede servirse de una vara para hacer brotar el agua de una roca, o de un poco de tierra para devolver la vista a los ciegos [...] (J. PECCI—León XIII-, Práctica de la humildad, 45).

 

Rectificar la intención ante la alabanza

 

60 Todo motivo de excelencia lo ha dado Dios para que aproveche a los demás, de donde se sigue que en tanto debe agradarle al hombre el testimonio que los demás le dan de su excelencia, en cuanto contribuya al bien ajeno (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 131, a. 1).

 

61 Cuanto más me exalten, Jesús mio, humíllame más en mi corazón, haciéndome saber lo que he sido y lo que seré, si Tú me dejas (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 591).

 

 

AFABILIDAD

 

La afabilidad, virtud para la convivencia.

 

62 En cuanto tu salado llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre (Lc 1, 44) [...]. El sobresalto de alegria que sintió Isabel, subraya el don que puede encerrarse en un simple saludo cuando parte de un corazón lleno de Dios. ¡Cuántas veces las tinieblas de la soledad, que oprimen a un alma, pueden ser desgarradas por el rayo luminoso de una sonrisa o de una palabra amable! (JUAN PABLO II, Hom. Roma, 11-II-1981).

 

63 El espiritu de dulzura es el verdadero espiritu de Dios [...] Puede hacerse comprender la verdad y amonestar siempre que se haga con dulzura. Hay que sentir indignación contra el mal y estar resuelto a no transigir con él; sin embargo, hay que convivir dulcemente con el prójimo (SAN FRANCISCO DE SALES, Epistolario, fragm.110, en Obras Completas, BAC, Madrid 1954, p. 744).

 

64 Ansí que, hermanas, todo lo que pudiéredes sin ofensa de Dios procurad ser afables y entender con todas las personas que os trataren, de manera que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen y amedrenten de la virtud. A la religiosa importa mucho esto: mientras más santas, más conversables con sus hermanas, que aunque sintáis mucha pena si no van sus pláticas todas como vos las querriades hablar, nunca os extrañéis dellas y ansí aprovecharéis y seréis amadas, porque mucho hemos de procurar ser afables y agradar y contentar a las personas que tratamos (SANTA TERESA, Camino de perfección, 41, 7).

 

65 De estas virtudes de convivencia es necesario tener gran previsión y muy a mano, pues se han de estar usando casi de continuo (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd a la vida devota, III, 1).

 

66 Del mismo modo que no es posible vivir en sociedad sin la verdad, es necesaria en la vida social la afabilidad, porque, como dice Aristóteles," nadie puede aguantar un solo día de trato con un triste o con una persona desagradable". Por consiguiente, cada hombre está obligado, por un cierto deber natural de honestidad, a ser afable con quienes le rodean, salvo el caso de que sea útil entristecer a alguno de ellos (SANTO TOMAS, Suma Tealógica, 22, q 114, a. 2).

 

Para ser afable es preciso ser humilde

 

67 Si por pereza dejas de poner los medios necesarios para alcanzar la humildad, te sentirás pesaroso, inquieto, descontento, y harás la vida imposible a ti mismo y quizá también a los demás y, lo que más importa, correrás gran peligro de perderte eternamente (J.PECCI—León XIII—, Práctica de la humildad, 49)

 

68 La humildad es la virtud que lleva a descubrir que las muestras de respeto por la persona—por su honor, por su buena fe, por su intimidad—,no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de la caridad y de la justicia (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa. 72).

 

La afabilidad, necesaria al cristiano

 

69 Como mejor podemos emplear la dulzura es aplicándola a nosotros mismos, sin despecharnos nunca contra nosotros y nuestras imperfecciones; pues, aunque es razonable que cuando cometemos una falta nos aflijamos y entristezcamos, sin embargo, hemos de procurar no ser victimas de un malhumor desagradable y triste, despechado y colérico. En esto faltan muchos que se enfadan por haberse enfadado, se entristecen de haberse entristecido y se desesperan por haberse desesperado; con este sistema su corazón está sumergido en cólera, y parece que la segunda cólera arruina a la primera, de tal suerte que sirve de apertura e invitación para una nueva cólera en la primera ocasión que se presente; aparte de que estos enfados, despechos y asperezas contra uno mismo tienden al orgullo y no tienen más origen que el amor propio, que se turba e inquieta por vernos imperfectos (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd a la vida devota, III, 9)

 

70 Caras largas..., modales bruscos..., facha ridícula..., aire antipático: ¿Asi esperas animar a los demás a seguir a Cristo? (J ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 661).

 

La afabilidad, especialmente necesaria al sacerdote

 

71 Los hombres, para su trato con sus semejantes en la vida social, si son buenos e inteligentes cultivan—ordinariamente sólo por razones humanas—una virtud que suele llamarse sociabilidad. También el sacerdote ha de hacer suya esta virtud, si no quiere encontrarse en situación de inferioridad al tratar a los demás hombres Lo que otros practican por motivos humanos, llévelo él a su conducta por una razón sobrenatural, es decir, por caridad. (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, P. 32).

 

Afabilidad y justicia

 

72 La amistad o afabilidad es parte de la justicia como virtud aneja que se agrega a la principal. Conviene, en efecto,con la justicia en su razón de alteridad; pero difiere de ella en que no es exigida por un deber estricto... Solamente es exigida por un deber de honestidad que obliga más al mismo virtuoso que al otro, en cuanto que el hombre afable trata a sus semejantes como es decoroso y es su deber hacerlo (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 114, a. 2).

 

Afabilidad y prudencia

 

73 No debemos mostrarnos afables con quienes fácilmente pecan, tratando de agradarles, para no parecer que condescendemos con sus vicios y les damos cierto ánimo para caer en ellos (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 114, a. 1).

 

El elogio oportuno y ponderado, muestra de afabilidad

 

74 Si la alabanza pretende, observando las debidas circunstancias, contentar a uno y serle motivo de aliento en sus trabajos o animarle en la prosecución de las buenas obras, es un fruto de la virtud de la afabilidad (SANTO TOMÁS, SUma Tealógica, 22, q. 115, a. 1).

 

A la afabilidad se opone el llamado <<espiritu de contradicción>>, que impide una sana convivencia

 

75 El espiritu de contradicción [...] se origina cuando no se tiene ningún reparo en contristar mediante la contradicción […] y se opone a la virtud de la amistad o afabilidad, cuya función es convivir agradablemente con otros. (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 116, a. 1).

 

76 La afabilidad tiene dos vicios contrarios: por una parte, la excesiva severidad, y por otra el halago palabrero. La virtud de la afabilidad se mantiene en el punto medio, entre lo mucho y lo poco, usando de afectuosidad cuando lo pidan quienes se acercan, y conservando aun entonces suave gravedad, conforme a la varia condición de quienes tratemos. (SAN FRANCISCO DE SALES, Conversaciones espirituales, IX, pp. 628629).

 

Aflicciones y trabajos

 

"Cuando en este mundo sobrevienen males, son, por lo común, efectos de la divina indignación para castigo de los hombres, con el fin de darse a conocer con los castigos a los que no quieren conocerle por sus beneficios. (S. Cipriano, lib. contra Demetr. sent. 27, Trie. T. 1, p. 303.)"

 

"Quiso Dios probar su familia, y porque una larga paz había corrompido la doctrina que nos vino de¡ cielo por tradición, la corrección celestial avivó la fe postrada, y aun diré, casi dormida: y cuando merecíamos padecer más por nuestras culpas, el clementísimo Señor todo lo ha moderado: de modo, que cuanto nos ha sucedido, más parece visita de Dios que persecución. (S. Cipriano, lib. de Lapsis, sent. IX, Tric. T. 1, p. 3 80 y 3 8 l.) "

 

"El que se confundiere de mí, se avergonzará de él el Hijo de Hombre. ¡Y pensará que es cristiano el que se avergüenza de serlo! ¡Cómo puede estar con Cristo el que teme y se avergüenza de pertenecer a Jesucristo! (S. Cipriano, lib. de Lapsis, sent. XI, adic. T. 1, p. 381.)"

 

"El justo dará su fruto en su tiempo. El tiempo del justo es el siglo venidero, porque no es esta vida el tiempo propio del justo: antes bien, es para él un tiempo extraño; y así en la vida futura dará Dios el fruto del cultivo que da Dios a las almas en el presente siglo. (Eusebio de Cesarea, sent. 1, Tric. T. 2, p. 83.)"

 

"Vuestra vara y vuestro cayado me han dado consuelo. A la verdad, el que recibe el castigo persuadido de que Dios castiga a los que admite por hijos adoptivos, se consuela con los mismos trabajos. (Eusebio, sent. 2, Tric. T. 2, p. 83.)"

 

"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Promete Jesucristo consuelos eternos a los que lloran en este mundo, no por la pérdida de las personas amadas, ni por las injurias que reciben, o por los menoscabos que ven en sus bienes: sino a los que lloran sus culpas pasadas, y los delitos que manchan su conciencia: para estos está reservado el consuelo de la gloria. (S. Hilario in Matth. cap. 4, sent. 6, Tric. T. 2., p. 258.)"

 

"¡Dichoso aquel que sufre a su prójimo! Pero, ¡ay de aquel, que sin reposo alguno pone a su prójimo en la precisión de que le sufra! (S. Efrén, (De Vit. spir.) sent. 7, Tric. T. 3, p. 78.)"

 

"Para dolerse y llorar, bastará conocerse bien a si mismo: pero este dolor debe ser según Dios, y no ha de provenir de un motivo puramente humano: por lo cual es necesario manifestar un exterior alegre y agradable, gloriándonos en el Espíritu Santo de los dones que nos comunica; pero al mismo tiempo debemos dirigirle oraciones que salgan de un alma penetrada de un secreto dolor. (S. Efrén, (De morb. ling.) sent. 12., Tric. T. 3, p. 79.)"

 

"Déjate penetrar, alma cristiana, de la compunción por todas las gracias que has recibido de tu Dios y no has conservado bien. Compúngete a vista de los males que has cometido contra él, y particularmente por todos aquellos pecados en que te ha esperado a penitencia con tanto sufrimiento. (S. Efrén. (Serm. 2, de Comp.) sent. 14, Tric. T. 3, p. 79.)"

 

"Las tribulaciones del mundo están llenas de pena, y vacías de premio; pero las que se padecen por Dios se suavizan con la esperan

 

za de un premio eterno. (S. Efrén, (In illa verb. "attende tibi") sent. 18, Tric. T. 3., p. SO.)"

 

"Habéis mudado mi tristeza en gozo. Dios no llena de su gozo a todas las almas, sino sólo a las que han llorado sus pecados con lágrimas abundantes y continuas, como si lloraran su propia muerte: porque estos llantos se convierten por último en extremadas alegrías. (S. Basilio, in Psalm. 29, sent. 5, Trie. T. 3, p. 191 .)"

 

"No todas las enfermedades vienen de nuestra constitución natural, o del desarreglo de la vida, o de otra causa corporal que la medicina puede corregir: muchas veces son las enfermedades como varas con que Dios castiga nuestros pecados, o como estímulos con que nos excita a una sincera mudanza de vida. (S. Basilio, sent. 65, Tric. T. 3, P.20l.)"

 

"Es preciso reconocer, que las calamidades que en este mundo nos sobrevienen tienen diversas causas: porque suceden por orden o permisión de Dios, y siempre para nuestra mayor utilidad: pues siempre es menos ventajoso no padecerlos. (S. Basilio, Interrog. 261, sent. 74, Tric. T. 3, p. 203.)"

 

"No miremos como reales y verdaderos bienes o males el gozo ni la aflicción; considerémonos como extranjeros en la tierra, y pongamos en el cielo toda la atención del alma. Sola una cosa hemos de tener por mal, y esta es el pecado; y sola una hemos de estimar corno bien, y esta es la virtud, porque nos une con Dios, (S. Gregorio Nacian., Epist. 189, sent. 54, Tric. T. 3., p. 361.)"

 

"E] Verbo divino llama bienaventurados a los que lloran; no porque la aflicción por sí misma sea felicidad, sino por la felicidad que nos procura. (S. Gregorio de Nisa, Orat. 3., sent. 14, Tric. T. 4, p. 115.)"

 

"Sirve de tentación para conservar y dar fuerza y aumento a la virtud del alma fiel: porque si el justo no fuera atribulado y atormentado algunas veces con estas pruebas, no viviera con el cuidado suficiente para mantener la virtud, antes bien, correría riesgo de relajación en la afluencia de las gracias que pudiera recibir de la liberalidad divina. (S. Ambrosio, sent. 27, Tric. T. 4, p. 318.)"

 

"Nos envía Dios males a este mundo, para obligarnos a recurrir a su bondad, supuesto que los bienes que nos ha dado no han servido para reconocerle, y que las adversidades nos excitan a suplicarle después de haberle ofendido durante la prosperidad y a darle gracias por la comunicación de sus dones. (S. Ambrosio, lib. 1, in c. 7, sent. 38, Tric. T. 4, p. 321 .)"

 

"Alegrémonos en los trabajos, como Jesucristo en los suyos. El Señor los padeció por sus siervos, suframos por nuestro dueño. (S. Ainbrosio, ¡ti Psalm. 37, sent. 46, Tric. T. 4, p. 322.)"

 

"El consuelo que se da al afligido debe ir acompañado de suavidad, no de sequedad y aspereza: debe ser propio para aliviar el dolor, y no para excitar nuevas confusiones en el alma. (S. Ambrosio, in Psalm. 37, sent. 47, Tric. T. 4, p. 322.)"

 

"Los trabajos de esta vida, no son dignos de la gloria futura que nos está preparada: cualquiera, pues, que espera grandes bienes, no se ha de abatir por pequeños males. (S. Ambrosio, in Psaim. 118, sent. 58, Tric. T. 4, p. 324.)"

 

"Está la vida tan llena de males, que en esta consideración podemos mirar la muerte como remedio, más bien que como trabajo. (S. Anibrosio, Serm. 42, sent. 149, Tric. T. 4, p. 344.)"

 

"Ya el pueblo cristiano no necesita un leve dolor de la circuncisión: porque llevando consigo la muerte del Señor en cada momento, señala en su frente el desprecio de la muerte, como quien sabe que no puede llegar a la salud eterna sin la cruz del Señor. (S. Ambrosio, sent. XX,. adic. Tric. T. 4, p. 399.)"

 

"En más estimó Moisés el oprobio de Cristo, que los tesoros de Egipto. Si tu oprobio Jesús y Señor mio, es gloria: ¿cuánta es tu gloria? (S. Ambrosio, in Psalm. 118, sent. XXXII, adic. Tric. T. 4, p. 403.)"

 

"Nosotros merecemos más lástima que los que mueren, porque todos los días nos vemos expuestas a los combates y a las manchas de¡ pecado, y muchas veces recibimos heridas los que algún día hemos de dar cuenta de la menor palabra ociosa. (S. Jerónimo, Epist.. 75, ad Theod, de morte conj., sent. 28, Trie. T. 5, p. 243.)"

 

"Cuando Dios no manifiesta su ira contra el pecado, es señal de su mayor indignación: esto lo hizo decir a Jerusalén por Ezequiel: Yo no me enojaré contra ti, ni te celaré. Un padre reprende al hijo que ama: y cuando el médico no nos da remedio es señal de que desespera de nuestro mal. (S. Jerón., sent. 31, Tric. 'r. 5, p. 244.)"

 

"Cuando nos vemos en la aflicción y en la miseria es porque quiere Dios probamos, para que el fuego de las tribulaciones de este mundo purifique toda mezcla de iniquidad que haya en nosotros. Porque la plata del Señor, pasa por el fuego para ser en él probada y purificada hasta el séptimo grado. (S. Jerón., in Jerem. c. l., sent. 63, Tric. T. 5, p. 249.)"

 

"¿Por qué nos admiramos de los males que sufrimos en esta vida? Pues si pretendemos con sinceridad los eternos gozos, conoceremos que solamente hemos venido aquí para padecer. (S. Jerón., in Lament. Jerem. sent. 68, Tric. T. 5, p. 250.)"

 

"Clamé al Señor cuando yo estaba atribulado, y me oyó. No dice cuando estaba nadando en el gozo y en las delicias. ¿Queréis que el Señor os oiga? Clamad a él afligidos y atribulados. (S. Jerón. in Psalm. 12, sent. 112. Tric. T. 5, p. 258.)"

 

Bienaventurado es aquel a quien Dios castiga; porque el Señor no toma dos veces satisfacción de una misma culpa. El efecto de la mayor ira de Dios sobre nosotros, es no indignarse contra nosotros: entonces nos reserva, como temeros cebados, para la carnicería. (S. Jerón, in Psalm. 140, sent. 117, Tric. T. 5, p. 260.)"

 

"No es razón que los siervos rehusemos padecer lo que antes sufrió el Señor por nosotros, siendo siervos. (S. Paulino, Epist.. 38, sent. XII, adic. Tric. T. 5, p. 362.)"

 

"Dos cosas nos anunció Jesucristo: la tribulación y el consuelo, los trabajos y las coronas, la tristeza y la alegría. Y para que los hombres vean que no pretendió engañarnos, envía primero los trabajos, y deja para el otro mundo lo agradable; bien que disminuyendo el peso de los males que primero sentimos con la esperanza de los bienes que les han de suceder. (S. Juan Crisóstomo. Homil. 16, sent. 15, Tric. T. 6, p. 302.)"

 

"Si es fuerte la calentura que padecéis, representaos la imagen del fuego del infierno, y pensad que, si sufriéreis con paciencia el mal de la calentura, evitaréis algún día el del infierno. Representaos también cuantos trabajos padecieron los Santos Apóstoles, y que siempre los justos pasaron por la prueba de las aflicciones. (S. Juan Crisóstomo, Homil. 38, Orat, 6, sent. 30. Tric. T. 6, p. 306.)"

 

"No quiere Dios disminuir el fruto de vuestros trabajos, ante viéndolos, dispone que todo se convierta en vuestro bien y que todo os aproveche. Aun cuando solo arrojaréis un suspiro, o dejaréis caer una sola lágrima, inmediatamente la recoge, y la hace servir para vuestra salvación. (S. Juan Crisósto. Homil. 3, in c. 1. Math., sent. 37, Tric. T. 6, p. 307.)"

 

"El ver comúnmente que los malos nada padecen en este mundo, es una señal indubitable de que Dios dilata para otro tiempo su castigo. (S. Juan Crisóst. Homl. 77, sent. 69, Tric. T. 6, p. 312.)"

 

"Ninguna cosa es tan útil para disponer nuestra alma a conseguir

 

la perfecta sabiduría, como las calamidades, tentaciones y disgustos. (S. Juan Crisósto. llonil. 60, Joann, sent. 84, Tric. T. 6, p. 315.)"

 

"No debemos llorar por aquellos que Dios aflige, sino por los que no obstante sus pecados, nada padecen en este mundo. Su primer mal es el pecado, y su segundo mal es el de no recibir de Dios remedio alguno para sanar de sus pecados. (S. Juan Crisóst. Homil, in Psalm. 7, sent. 122, Tric. T. 6, p. 323.)"

 

"Sufrid con valor los males que os sobrevienen, y esto os servirá de martirio. Porque la resolución con que el cristiano permite que le despedacen antes que sacrificar a los ídolos, no es la única cosa que hace mártires: también lo podemos ser, si cuando nos atormenta un violento dolor nos abstenemos de quejamos de Dios, y si sufrimos con paciencia, sin decir palabra que merezca ser reprendida. (S. Juan Crisóst. , in Psalm. 129, sent. 140, Tric. T. 6, p. 326.)"

 

"Por dos razones son útiles los trabajos: la una porque nos hacen más atentos a nuestra obligación; la otra, porque nos ponen en estado de que Dios nos oiga más favorablemente. (S. Juan Crisósto., in Psalm. 144, sent. 144, Tric. T. 6, p. 326.)"

 

"Debemos persuadimos a que todo lo que Dios nos envía es para nuestro bien, y no examinar particularmente las razones, ni inquietarnos por lo que ignoramos. (S. Juan Crisósto. de Prodit., lib. 1, c. 7, sent. 172. Tric. T. 6, p. 333.)"

 

"Es preciso pasar toda la vida en trabajos y continuos combates si queremos gozar del descanso y de los bienes de la eternidad. Si alguno fuese tan delicado y tan aficionado a los gustos de esta vida, que imagine poder gozar aquí de los placeres del mundo, y en el cielo de los que están preparados para premio de los buenos, le declaro que se engaña mucho, y que se engaña a si mismo. Escucha, pues, aquellas palabras del Santo Job: Toda la vida del hombre sobre la tierra es una continua tentación. (S. Juan Crisósto., lib. 2, c. 4 sent. 174., Tric. T. 6, p.334.)"

 

"Los trabajos del espíritu cuando los sufrimos con paciencia y acción de gracias, pueden hacer que merezcamos más excelente premio que padeciendo trabajos corporales. (S. Juan Crisóst., Epist.. 2, ad Olimp. Diac., sent. 183. Trie. T. 6, p. 336.)"

 

"Cuando en las molestias que tenéis que sufrir, se levanta en vuestro corazón algún movimiento de ira o de impaciencia, representaos la extremada mansedumbre de Jesucristo, y sólo este pensamiento os inspirará al instante esta virtud en el corazón. (S. Juan Crisósto., Serm. 46, de mansuet, sent., 220. Tric. T. 6, p. 344.)"

 

"Cuando os halléis en algún trabajo o angustia, así en el matrimonio, como en cualquier estado que sea, volveos a Dios, y suplicadle que os libre de él; porque este es el único medio de salir bien de todos los males que nos afligen, porque nada hay comparable a la virtud de la oración. (S. Juan Crisóst., Serm. non esse desper. n. 7, sent. 223, Tric. T. 6, p. 345.)"

 

,.¿,No es una cosa injusta y sin razón que la mismo tiempo que se aprueba la acción de un padre que arroja de su casa a un hijo perverso para corregirle; de un médico que atormenta a un enfermo con reinedios violentos para sanarle; de un juez que por el bien público castiga al delincuente; de un labrador que poda su viña para que lleve fruto, murmuremos contra Dios, y le acusemos de cruel, cuando para despertarnos de nuestra pereza y somnolencia, nos excita a corregimos con sus castigos? (S. Juan Crisósto., sent. 225, Tric. Ibid. Ibid.)"

 

"Si damos gracias a los hombres porque nos prestan dinero por un poco tiempo, sin enojarnos porque nos lo piden, ¿por qué nos ha de parecer mal que Dios nos quite los bienes de este mundo, porque son suyos, y nos los había dado prestado? (S. Juan Crisóst., Ibid., sent. 226, Tric. Ibid. Ibid.)"

 

"Ya no me diréis que la enfermedad es verdadero mal, pues fue la causa de la recompensa de I,ázaro. No me diréis que la pobreza es mal, porque fue la ocasión de la grande gloria del Santo Job. ¿Qué diremos de las aflicciones, sino que estas fueron las que hicieron tan ilustres y famosos a los Apóstoles, porque el camino que lleva a la vida es estrecho y áspero? No me digáis para qué es esto, de qué sirve aquello, observad ese punto de la conducta del Criador con sus criaturas, el silencio y sumisión que observa el barro con el alfarero que le da la figura que quiere. (S. Juan Crisóst., lib. 1, in eos qui scandalizati sunt., c. 2, sent. 234. Trie. T. 6, p. 347.)"

 

"Las aflicciones nos desprenden de las cosas del mundo, nos hacen deseable la muerte, y nos curan la afición excesiva que tenemos a nuestro cuerpo. Y no hay duda que el blanco princilpal a que tira la virtud y la filosofía cristiana, es a quitamos la afición a la vida presente. (S. Juan Crisóst., Homl. 42, c. 19, sent. 277, Tric. T. 6, p. 357.)"

 

"El Hijo del hombre, no tiene en donde reclinar su cabeza. Todos los que se abandonan a los placeres del mundo, y descansan en las delicias y el regalo, no tienen sociedad alguna con Jesucristo. Solamente los que viven en las aflicciones y trabajos, y siguen la estrecha

 

senda del Evangelio, están verdaderamente unidos con Jesucristo, porque siguen el mismo camino que siguió el Señor. (S. Juan Crisóst., Homi. 1, ad Coritn., sent. 326, Tric. T. /, p. 37 l.)"

 

"Decía Jesucristo a sus discípulos: Vosotros os veréis afligidos en este mundo. Luego si queréis ser del número de los discípulos de Jesucristo, debéis entrar con valor en el camino estrecho. Porque si no padecéis aflicciones por este noble motivo, sucederá que inútilmente las tendréis que sufrir por otros que no podéis evitar. Un envidioso, por ejemplo, un avariento, un lascivo, un impúdico y un ambicioso, y todo el que se ve agitado de una pasión desordenada, sufre muchas más pesadumbres y trabajos que el que llora en gracia de Dios por alguna aflicción. (S. Juan Crisóst., Homl. 26, c. 12, ad corin., sent. 338, Tric. T. 6, p. 374.)"

 

"¿No es una cosa la más absurda e indigna, que Cristo haya padecido por ti tantas indignidades, y que tu muchas veces no puedas sufrir por el ni aun las palabras? El Señor fue escupido, y tú te adornas con trajes y anillos; y si los hombres no te aplauden, te parece miserable tu vida: a Cristo le afligieron con maldiciones y oprobios, y por burla le dieron bofetadas; tu de todos pretendes alabanzas y no sufres las afrentas de Cristo. (S. Juan Crisóst., Homl. 532, sen. VIII, adic. Tric. T. 6, p. 453.)"

 

"Cuando las cosas hayan llegado a la mayor escasez, entonces es cuando hemos de esperar más. Porque entonces principalmente manifestará Dios su poder: no desde el principio, sino cuando no se espera remedio humano, pues esto es el tiempo del auxilio divino. Por esto no sacó del peligro a los tres jóvenes desde luego, sino cuando ya los habían arrojado al horno encendido: ni a Daniel antes de entrar en el lago de los leones, sino siete días después. Esto lo hace Dios para que ninguno se atribuya la gloria que es propia de Dios. (S. Juan Crisóst., in Psalm. 117, sent. XII, adic. Trie. T. 6, p. 454.)"

 

"Nunca está Dios más enojado, que cuando no castiga las culpas, y parece que se ha olvidado o que no atiende. (S. Agustín, Psalm. 9, sent. 5, Tric. T. 7, p. 454.)"

 

"Si seguís el camino de Jesucristo, no os prometáis en este mundo prosperidad. El Señor caminó por lugares ásperos, pero nos prometió cosas grandes si le seguimos. Seguidle, y no miréis tanto a los caminos que habéis de pasar, cuanto al lugar a donde algún día habéis de llegar. (S. Agust., Psalm. 32, sent. 37, Tric. T. 7, p. 457.)"

 

"Es preciso que sean afligidos en este mundo aquellos a quienes

 

Dios ha preparado la vida eterna. (S. Agust., Psalm. 37, sent. 43, Tric. T. 7, p. 458.)"

 

"Dios os consuela cuando os comunica sus dones, para que permanezcáis siempre firmes en el bien; y os castiga cuando os quita los bienes para que no caigáis: vivid, pues, seguros, cuando el Señor cuida de vosotros. (S. Agustín. Psalm. 39, sent. 55, Tric. T. 7, p. 450.)"

 

"Los trabajos os parecen insoportables porque no reflexionaréis cuánto ha padecido Jesucristo por vosotros; porque si mirárais con los ojos del corazón los trabajos de vuestro Maestro, sufriríais sin duda los vuestros con más valor, y acaso pudiera ser que llegáseis a alegraros de pareceros en algo a la pasión de vuestro Rey. (S. Agust., Salm. 54, sent. 75, Tric. T. 7, p. 461.)"

 

"El que no padezca sed en el desierto de este mundo o entre los males que le rodean, jamás llegará al verdadero bien, que es el mismo Dios. (S. Agust. Salm 62, sent. 94, Tric. T. 7, p. 463.)"

 

"Cuando Dios no os envía los castigos viviendo mal, es la señal de su mayor indignación contra vosotros. (S. Agust., Salm. 65, sent. 102, Tric. T. 7, p. 464.)"

 

"Vuestro corazón es recto cuando en lo bueno que hacéis, Dios es lo que os agrada, y cuando en los males que padecéis no os desagrada Dios. (S. Agustín. Salm. 70, sent. 115, Tric. T. 7, p. 465.)"

 

"Nos pone Dios en el horno de las tribulaciones como a los vasos, no para que se rompan, sino para que se cuezan y purifiquen. (S. Agust., Salm. 91, sent. 141, Tric. T. 7, p. 467.)"

 

"En vano queréis y deseáis la bienaventuranza que Jesucristo posee, si teméis sufrir lo que él padeció. (S. Agust. Salm. 96, sent. 144, Tric. T. 7, p. 467.)"

 

"Es mucha razón que los hijos adoptivos cumplan la voluntad declarada en el Testamento de su Padre; pues dice el Apóstol: Si padecemos con El, seremos glorificados con El. Son compañeros de la humildad de Jesucristo los que son coherederos de la gloria prometida. (S. León Papa, Serm. 29, c. 13, sent. 20, Tric. T. 8, p. 385.)'

 

"No se merece el Reino de los Cielos durmiendo. No se dará la felicidad eterna a los que pasan la vida en la pereza y torpe ociosidad. Es preciso padecer con Jesucristo para reinar con El; es necesario andar por aquella senda, de la que dijo el Señor: Yo soy el camino. El mismo Señor, sin tener a nuestro favor algunas buenas obras, nos asistió con sus gracias y con sus ejemplos, para que, escogidos para

 

hijos adoptivos, con las unas, nos elevan a merecer, y con los otros, nos animase al trabajo. (S. León Papa, Serm. 34, sent. 26, Tric. T. 8, p.387.)"

 

"Predica el Apóstol y dice: Todos los que quieren vivir con pie

 

dad en Cristo, padecerán persecución. Por esto nunca falta la tribula

 

ción de la persecución, si nunca falta la piedad, observancia de la

 

piedad. Exhortaba el Salvador del mundo a sus Discípulos, y les

 

decía: El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi. Esto no

 

lo dijo a sólo los Apóstoles, sino a todos los fieles y a la iglesia en

 

general, representada en aquellos a quienes Jesucristo hablaba. Así

 

como en todo tiempo debemos vivir con piedad, así también en todo

 

tiempo debemos llevar nuestra cruz. Cada uno la tiene proporcionada

 

a sus fuerzas, y por este nombre de persecución se entiende toda

 

especie de trabajos. (S. León Papa, Senn. 47, sent. 41, Tric. T. 8, p.

 

392.)" 5

 

"Si padecemos con Jesucristo, reinaremos con él. Los mártires que derramaron la sangre por su gloria, no son los únicos que aspiraron al premio; porque todos los fieles que sirven a Dios, y observan sus Mandamientos, están crucificados con Jesucristo, y así, se verán coronados con El. (S. León Papa, Serm. 67, sent. 54, Tric. T. 8, p. 395.)"

 

"¿Quién es el que honra dignamente los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios, sino aquel que padece, muere y resucita con El? (S. León Papa, Serm. 68, sent. 55, Tric. T. 8, Ibid.)"

 

"Aunque la fe está ya esparcida por todo el mundo, y son menos los perseguidores, no por eso se han acabado las persecuciones. Aún duran los combates que presentaban a los Santos Mártires de Jesucristo: la necesidad de llevar la cruz no sólo estuvo en los que con tan horribles suplicios eran atormentados, para extinguir en ellos el fuego de la caridad. Todavía tienen los siervos de Dios otra especie de martirio que sufrir; así lo dice el Apóstol. Todos los que quieren vivir con piedad en Jesucristo, padecerán persecución. Es ser muy tibio y cobarde el no querer padecer persecución alguna. (S. León Papa, Serm. 68, sent. 56, Tric. T. 8, p. 395 y 396.)"

 

"Como yo se que Dios castiga a los que recibe por hijos suyos, me consuela una esperanza de los bienes eternos, que es tanto más cierta, cuanto más duramente me oprime el trabajo de los presentes males. (S. Gregorio el Grande, Epist.. ad Leand. Episc., sent. 1, Trie. T. 9, p. 231.)"

 

"Todo el que miurmura en las persecuciones y males que padece, acuas la justicia del que se los envía. Es preciso pues, que el hcymbre se tenga por más puro que el Señor, para quejarse de los azotes con que le castiga, y de algún modo es preferirse al mismo Dios reprender la conducta del Señor cuando le aflige. De este modo, cuando se considera como se debe la grandeza de Dios, aprendemos a, temerle con profunda humildad siempre que nos castiga. Por lo cual, el que sabe gustar bien de las cosas celestiales, sufre con paciencia las interiores, porque conoce en sí mismo la poca estimación que merece todo cuanto se hace en lo exterior. Sin razón juzga que tiene el corazón recto, y que es justo el que ignora la regla de la suprema equidad y la justicia Divina. (S. Greg. el Grande, (lib. 5, c. 37, p, 170) sent. 12, Tric. T. 9, p. 233 y 234.)"

 

"Y ninguno habrá que los libre. Porque la Divina Verdad no libra de los eternos males sino a los que ejercita con algún castigo, interrumpiendo su prosperidad temporal. De suerte, que el que no quiere que ahora le aflija Dios, no merecerá algún día que le libre y le salve; y no hay duda que los injustos que huyen de Dios cuando los castiga como buen padre, no le hallarán algún día para socorrerlos cuando se vean en la aflicción y dolor. (S. Gregorio el Grande, lib. 6, e. 7, p. 185, sent. 18, Tric. T. 9, p. 235.)"

 

"Cuando más afligida es la carne con las calamidades y azotes que Dios la envía, más capaz está el alma de elevarse con santos deseos a las cosas celestiales. (S. Grego. el Grande, Ibid. e. 13, p. 178, sent. 19, Tric. Ibid. Ibid.)"

 

"Un alma dormida en el vicio necesita que la despierte algún castigo o alguna desgracia: para que, pues durante la prosperidad cayó del estado de la inocencia y la justicia en que descansaba con excesj,vo sosiego, la haga la aflicción conocer la profundidad de su caída. De este modo será para ella el rigor de la divina corrección una favorable fuente de luz. (S. Greg. el Grande, lib. 5, c. 23, p. 100, sent. 22, Tric. T. 9, p. 236.)"

 

"Cuando los escogidos se ven en la aflicción de los males del mundo: cuando padecen ignominias, injurias, pérdida de bienes y enfermedades, todo esto les parece bien duro: pero así que levantan los ojos de su alma a la consideración del premio eterno, les parece muy poco lo que sufren en comparación de la recompensa infinita que les espera. De este modo los trabajos que serían insoportables, si en ellos sólo se atendiera al dolor que causan, se hacen ligeros poniendo

 

la mira en el premio. (S. Greg. el Grande, lib. 8, p. 248, sent. 32, Tric. T. 9, p. 240.)"

 

"Mezcla Dios los trabajos con sus dones, para que se nos haga amargo todo cuanto nos deleitaba en el mundo, y para que se levante en nuestro corazón tal incendio, que nos esté siempre excitando deseos celestiales, y por decirlo así, nos muerdan con deleite, nos atormenten suavemente, y nos contristen alegremente. (S. Greg. el Grande, Homl. 16, sent. XXIV, adic. Tric. T. 9, p. 387.)"

 

"Las enfermedades del cuerpo no os entreguen a la triste pesadumbre: dad en vuestros males gracias a Dios porque se digna de visitaros: preferid a la salud de¡ cuerpo la del alma: poned más cuidado en que el espíritu se conserve bueno, que en que el cuerpo se libre de los trabajos. La enfermedad purifica y corrige el alma, al mismo tiei-npo que abate la insolvencia de la carne, y amortigua su delicadeza. (S. Anselmo, Exhort, ad contemptum temporal, sent. 12, Tric. T. 9, p. 341 y 342.)"

 

"La voz de la tortolilla no resuena dulce, pero enseña cosas dulces, (quiero decir el amor de su igual). (S. Bemardo, Serm. 65, in Cant., sent. 24, Tric. T. 10, p. 323.)"

 

"Al que espera cosas grandes, suelen parecerle menos agradables las pequeñas. (S. Bem., Epist.. 153, sent. 77, Trie. T. 10, p. 326.)"

 

1 'La persecución distingue los verdaderos Pastores, de los mercenarios. (S. Bem. de Convers. ad Cler. n. 22, sent. 84. Tric, T. 10, p. 327.)"

 

"El hombre que huye del trabajo, no se emplea en aquello para que ha nacido. (S. Bem. de Cont., ad Cler. n. 39, sent. 112, Tric. T. 10, p. 328.)"

 

"Si siempre nos sucedieran desgracias, ¿quién las podría sostener? Si siempre prosperidades, ¿quién no confiaría demasiado? Pero aquella sabiduría tan próbida que todo lo gobierna, con tal templanza va alterando el curso de la vida temporal de sus escogidos con lo uno y con lo otro, que ni las adversidades los quebranten, más agradables después de aquellas, y aquellas se hacen con estas más tolerables. (S. Bern., Epist.. 136, ad Patr. Pap. Episc. sent. XXV, adic. Tric. T. 10, p. 354 y 355.)"

 

 

 

Alabanza

 

"Un Profeta dijo al Rey Ezequías: Ya viene el día en que todo cuanto tenéis en casa será llevado a Babilonia, y nada quedará en ella, dice el Señor. De este modo cuando ya los hipócritas han llegado a la aparente cumbre de la virtud, por no haber procurado evitar las emboscadas de los espíritus malignos, ocultando las buenas obras, hacen que caiga en manos de sus enemigos todo el bien que adquirieron y no procuraron tener escondido: de este modo pierden en un instante, por su imprudencia, lo que tanto les costó juntar por largo tiempo. A la verdad, es dar ocasión a los ladrones para robarnos el manifestar nuestras riquezas; porque hasta tanto que estemos ya en la paz y en la seguridad de la eterna patria, vamos por un camino expuesto a las emboscadas de infinitos salteadores: por lo que es preciso tener un grande cuidado de llevar oculto en nuestro corazón todo el bien que hacemos, si queremos recibir el, premio del eterno Juez que ve lo más profundo de los corazones. Es absolutamente necesario ocultar nuestra virtud, porque no suceda que exponiéndola a la vista en el camino de la vida presente, nos la quiten y roben los ladrones espirituales que nos están continuamente observando. (S. Greg. el Grande, Lib. 8, c. 48, p. 282, sent. 38, Tric. T. 9, p. 244.)"

 

 

 

"Cuando manifestamos a los ojos del mundo nuestras buenas acciones, es preciso primero sondear nuestro corazón, para saber la verdadera intención que tenemos en esto. Porque, si puramente buscamos la gloria de Dios, que es el que nos comunica sus dones, no dejan de estar escondidas nuestras buenas obras, aunque sean públicas: como, al contrario, si pretendemos en esto nuestra propia gloria, ya Dios las reputa como publicadas, aunque no hayan llegado al conocimiento de muchos: pero es perfección de muy pocos buscar tan puramente la única gloria de Dios en las acciones de virtud que se manifiestan, y que no nos toque algún movimiento de complacencia en los aplausos que nos dan los hombres: porque no se pueden manifestar sin alguna culpa las buenas obras, sino cuando llega el hombre a pisar con des~ precio las alabanzas humanas. Y como las personas imperfectas, y de una piedad común no tienen todavía fortaleza suficiente para colocarse superiores a estos movimientos de la vanidad, no las queda otro medio de libertarse sino el de ocultar con todo cuidado el bien que ejecutan. Muchas veces sucede que no teniendo al principio otra intención en manifestar sus buenas obras, que la de dar a Dios la gloria que se le debe, se ven tan embriagados de los elogios que les dan, que se dejan llevar de ellos con vanidad: de suerte, que por no haber examinado el fondo de su corazón, se hallan tan derramados fuera de sí mismos, que no saben lo que se hacen, y ejecutan las acciones buenas por soberbia y vanidad cuando piensan que obran por el servicio y gloria de su Criador. (S. Greg. el Grande, lib. 8., p. 283, sent. 39, Tric. T. 9, p. 245.)"

 

 

 

"El deseo de las humanas alabanzas es como un ladrón disfrazado de caminante, que juntándose con nosotros en el camino derecho por donde vamos, como para hacernos compañía, saca de repente un puñal con que a traición atraviesa los corazones. Porque cuando la buena intención que teníamos al principio de obrar para utilidad de¡ prójimo llega a degenerar en amor propio y en deseo de vanagloria, sucede por un modo horrible al pensarlo, que la acción que había empezado

 

por virtud acaba en pecado. Por ejemplo: habrá tal vez algunos que defienden con celo la justicia, sólo pretenderán la recompensa temporal cuando practican tan grande acción. Entre tanto se tienen por muy justos, y se glorian de ser los protectores de la virtud: pero si llega a faltar la esperanza de los adelantami(-ntí~,,~, tetnporales, se les ve abandonar con cobardía el partido de la justic'a; en lo que se conoce, que cuando se tenían por los más justos y más celosos defensores de la equidad, no buscaban realmente otra cosa sino el mercenario interés. (S. Greg. el Grande, lib. 9, c. 24, p. 304, sent. 43, Tric. T. 9, p. 247.)"

 

 

 

"Nada hagáis con el fin de que os alaben: nada por lo que pensarán de vosotros: nada por hacer célebre vuestro nombre: hacedio todo por Dios, y por aquella feliz y eterna vida, que se digna concederos en el cielo nuestro Salvador, que vive y reina con el Padre y con el Espíritu Santo en la eternidad de los siglos. Amén. (S. Anselmo. Exhort. ad contemptum temporal., sent. 35, Tric. T. 9, p. 347.)"

 

 

 

"El que canta las alabanzas divinas y pretende otra cosa fuera del mismo Dios, le alaba, mas no le ama. Alabad, pues, al Señor, pero sea dignamente, de suerte, que no haya en vosotros, cuidado, intención, pensamiento ni deseo del espíritu que en cuanto os sea posible no contribuya a su alabanza: ninguna prosperidad de este mundo, ninguna desgracia os aparte de esta obligación, y de este modo alabaréis al Señor con todo vuestro corazón. Mas cuanto hubiereis cumplido con vuestra obligación alabando a Dios con toda el alma, y alabándole con amor, no esperéis de él otro premio, que el mismo Dios, para que sea el objeto y término de todos vuestros deseos, y el mismo Señor sea el salario de vuestro trabajo, el consuelo de vuestras penas, y por último, vuestra herencia en la posesión inmortal de la vida bienaventurada que esperamos en el cielo. (S. Anselmo, sent. 38, Trie. T. 9, p. 348, y 349.)" 1.11 Meditat.

 

 

 

"La verdadera amistad suele tener reprensiones, pero nunca adulaciones. (S. Bern., Epist. 242, sent. 61, Tric. T. 10, p. 325.)"

 

 

 

"Nada confunde tanto como el ver descubiertos los deseos de ser alabado. (S. Bern., Epist.. 106, sent. 76, Trie. T. 10., p. 326.)"

 

 

 

"La hermosa pintura, o la bella letra no es elogio del pincel, ni de la pluma. (S. Bern., Epist.. 7, n. 6, sent. 93, Trie. T. 10, p. 327.)"

 

 

 

"¿Por ventura parece que soy áspero porque no adulo, porque aterro, porque deseo para el amigo el principio de la sabiduría? Siempre quisiera favorecer de este modo a mis amigos: quiero decir, aterrándolos saludablemente, y no adulándonos con engaños. (S. Bem., Epist.. 9, sent. VII, adieda. Trie. T. 10, p. 346.)"

 

"Yo acostumbro a armarme de dos versecitos de la Escritura contra los que me alaban. El primero es contra los malévolos. Retirense y llénense de confusión los que para mi quieren males. Contra los benévolos, pronuncio el siguiente. Retírense inmediatamente avergonzados los que dicen viva, viva. (S. Bem., Epist. 72, sent. XIV, adic. Trie. T. 10, p. 349.)"

 

 

 

"Siendo muchos los llamados y pocos los escogidos, no es grande argumento ni razón para resolver en las cosas dudosas, tener por laudable lo que muchos alaban. (S. Bem., Epist.. 377, ad Innoc. Pap. sent. XLII, adie. Tric. T. 10, p. 361.)"

 

 

 

(La adulación, alabanza o lisonja, no sólo la reprueba la Sagrada Escritura y Santos Padres, sino hasta los Filósofos Gentiles y Emperadores). "Pitágoras dice que debemos alegrarnos cuando se nos vitupera, y jamás cuando nos alaban. Mira a los aduladores como a enemigos los más peligrosos y detestables."

 

 

 

"Cartes decía que los que viven entre aduladores abandonan sus deberes y se hallan como novillos en medio de lobos."

 

 

 

"Bion, a quién preguntaron cuál era el animal más dañoso, contestó: Entre las bestias salvajes, el tirano; entre los animales domésticos, el adulador."

 

 

 

"Diógenes llama a la lisonja un lazo de miel que ahoga al hombre abrasándole."

 

 

 

"El Emperador Constantino era tan enemigo de los aduladores, que los llamaba polilla y rateros de su palacio."

 

 

 

"Y el Emperador Segismundo dio un bofetón a un adulador. ¿Por qué me herís, Señor? le preguntó éste. ¿Por qué me muerdes, lisonjero? contestó el Príncipe. (Barbier, tomo 1, p. 36.)"

 

 

 

 

 

 

 

tener un grande cuidado de llevar oculto en nuestro corazón todo el bien que hacemos, si queremos recibir el, premio del eterno Juez que ve lo más profundo de los corazones. Es absolutamente necesario ocultar nuestra virtud, porque no suceda que exponiéndola a la vista en el camino de la vida presente, nos la quiten y roben los ladrones espirituales que nos están continuamente observando. (S. Greg. el Grande, Lib. 8, c. 48, p. 282, sent. 38, Tric. T. 9, p. 244.)"

 

"Cuando manifestamos a los ojos del mundo nuestras buenas acciones, es preciso primero sondear nuestro corazón, para saber la verdadera intención que tenemos en esto. Porque, si puramente buscamos la gloria de Dios, que es el que nos comunica sus dones, no dejan de estar escondidas nuestras buenas obras, aunque sean públicas: como, al contrario, si pretendemos en esto nuestra propia gloria, ya Dios las reputa como publicadas, aunque no hayan llegado al conocimiento de muchos: pero es perfección de muy pocos buscar tan puramente la única gloria de Dios en las acciones de virtud que se manifiestan, y que no nos toque algún movimiento de complacencia en los aplausos que nos dan los hombres: porque no se pueden manifestar sin alguna culpa las buenas obras, sino cuando llega el hombre a pisar con des~ precio las alabanzas humanas. Y como las personas imperfectas, y de una piedad común no tienen todavía fortaleza suficiente para colocarse superiores a estos movimientos de la vanidad, no las queda otro medio de libertarse sino el de ocultar con todo cuidado el bien que ejecutan. Muchas veces sucede que no teniendo al principio otra intención en manifestar sus buenas obras, que la de dar a Dios la gloria que se le debe, se ven tan embriagados de los elogios que les dan, que se dejan llevar de ellos con vanidad: de suerte, que por no haber examinado el fondo de su corazón, se hallan tan derramados fuera de sí mismos, que no saben lo que se hacen, y ejecutan las acciones buenas por soberbia y vanidad cuando piensan que obran por el servicio y gloria de su Criador. (S. Greg. el Grande, lib. 8., p. 283, sent. 39, Tric. T. 9, p. 245.)"

 

"El deseo de las humanas alabanzas es como un ladrón disfrazado de caminante, que juntándose con nosotros en el camino derecho por donde vamos, como para hacernos compañía, saca de repente un puñal con que a traición atraviesa los corazones. Porque cuando la buena intención que teníamos al principio de obrar para utilidad de¡ prójimo llega a degenerar en amor propio y en deseo de vanagloria, sucede por un modo horrible al pensarlo, que la acción que había empezado

 

por virtud acaba en pecado. Por ejemplo: habrá tal vez algunos que defienden con celo la justicia, sólo pretenderán la recompensa temporal cuando practican tan grande acción. Entre tanto se tienen por muy justos, y se glorian de ser los protectores de la virtud: pero si llega a faltar la esperanza de los adelantami(-ntí~,,~, tetnporales, se les ve abandonar con cobardía el partido de la justic'a; en lo que se conoce, que cuando se tenían por los más justos y más celosos defensores de la equidad, no buscaban realmente otra cosa sino el mercenario interés. (S. Greg. el Grande, lib. 9, c. 24, p. 304, sent. 43, Tric. T. 9, p. 247.)"

 

"Nada hagáis con el fin de que os alaben: nada por lo que pensarán de vosotros: nada por hacer célebre vuestro nombre: hacedio todo por Dios, y por aquella feliz y eterna vida, que se digna concederos en el cielo nuestro Salvador, que vive y reina con el Padre y con el Espíritu Santo en la eternidad de los siglos. Amén. (S. Anselmo. Exhort. ad contemptum temporal., sent. 35, Tric. T. 9, p. 347.)"

 

"El que canta las alabanzas divinas y pretende otra cosa fuera del mismo Dios, le alaba, mas no le ama. Alabad, pues, al Señor, pero sea dignamente, de suerte, que no haya en vosotros, cuidado, intención, pensamiento ni deseo del espíritu que en cuanto os sea posible no contribuya a su alabanza: ninguna prosperidad de este mundo, ninguna desgracia os aparte de esta obligación, y de este modo alabaréis al Señor con todo vuestro corazón. Mas cuanto hubiereis cumplido con vuestra obligación alabando a Dios con toda el alma, y alabándole con amor, no esperéis de él otro premio, que el mismo Dios, para que sea el objeto y término de todos vuestros deseos, y el mismo Señor sea el salario de vuestro trabajo, el consuelo de vuestras penas, y por último, vuestra herencia en la posesión inmortal de la vida bienaventurada que esperamos en el cielo. (S. Anselmo, sent. 38, Trie. T. 9, p. 348, y 349.)" 1.11 Meditat.

 

"La verdadera amistad suele tener reprensiones, pero nunca adulaciones. (S. Bern., Epist. 242, sent. 61, Tric. T. 10, p. 325.)"

 

"Nada confunde tanto como el ver descubiertos los deseos de ser alabado. (S. Bern., Epist.. 106, sent. 76, Trie. T. 10., p. 326.)"

 

"La hermosa pintura, o la bella letra no es elogio de] pincel, ni de la pluma. (S. Bern., Epist.. 7, n. 6, sent. 93, Trie. T. 10, p. 327.)"

 

"¿Por ventura parece que soy áspero porque no adulo, porque aterro, porque deseo para el amigo el principio de la sabiduría? Siempre quisiera favorecer de este modo a mis amigos: quiero decir, aterrándolos saludablemente, y no adulándonos con engaños. (S. Bem., Epist.. 9, sent. VII, adieda. Trie. T. 10, p. 346.)"

 

"Yo acostumbro a armarme de dos versecitos de la Escritura contra los que me alaban. El primero es contra los malévolos. Retirense y llénense de confusión los que para mi quieren males. Contra los benévolos, pronuncio el siguiente. Retírense inmediatamente avergonzados los que dicen viva, viva. (S. Bem., Epist. 72, sent. XIV, adic. Trie. T. 10, p. 349.)"

 

"Siendo muchos los llamados y pocos los escogidos, no es grande argumento ni razón para resolver en las cosas dudosas, tener por laudable lo que muchos alaban. (S. Bem., Epist.. 377, ad Innoc. Pap. sent. XLII, adie. Tric. T. 10, p. 361.)"

 

(La adulación, alabanza o lisonja, no sólo la reprueba la Sagrada Escritura y Santos Padres, sino hasta los Filósofos Gentiles y Emperadores). "Pitágoras dice que debemos alegrarnos cuando se nos vitupera, y jamás cuando nos alaban. Mira a los aduladores como a enemigos los más peligrosos y detestables."

 

"Cartes decía que los que viven entre aduladores abandonan sus deberes y se hallan como novillos en medio de lobos."

 

"Bion, a quién preguntaron cuál era el animal más dañoso, contestó: Entre las bestias salvajes, el tirano; entre los animales domésticos, el adulador."

 

"Diógenes llama a la lisonja un lazo de miel que ahoga al hombre abrasándole."

 

"El Emperador Constantino era tan enemigo de los aduladores, que los llamaba polilla y rateros de su palacio."

 

"Y el Emperador Segismundo dio un bofetón a un adulador. ¿Por qué me herís, Señor? le preguntó éste. ¿Por qué me muerdes, lisonjero? contestó el Príncipe. (Barbier, tomo 1, p. 36.)"

 

 

ALEGRIA

 

Una persona alegre obra el bien,

 

gusta de las cosas buenas y agrada a Dios.

 

En cambio, el triste siempre obra el mal

 

(PASTOR DE HERMAS, Mand. 10, 1).

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

Son para mí tus palabras el gozo y la alegría de mi corazón. Jer 15, 6.

 

Dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor. Dijo Maria: Mi alma engrandece al Señor y exulta de júbilo mi espiritu en Dios, mi Salvador. Lc 1, 4647.

 

Díjoles el ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías Señor, en la ciudad de David. Lc 2, 1011.

 

Abrahán, vuestro padre, se regocijó pensando en ver mi día; lo vió y se alegro. Jn 8, 56.

 

Pero no os alegréis de que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en los cie10s. Lc 10, 20.

 

En el cielo será mayor la alegría por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de penitencia. Lc 15, 7.

 

Era preciso hacer fiesta y alegrarse, porque este tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado. Lc 15, 32.

 

De nuevo os veré, y se alegrará vuestro corazón, y nadie será capaz de quitaros vuestra alegría. Jn 16, 22.

 

Les llevó hasta cerca de Betania, y levantando sus manos les bendijo, y mientras los bendecía se alejaba de ellos y era llevado al cielo. Ellos se postraron ante El y se volvieron a Jerusalén con gran gozo. Lc 24, 5052.

 

Ellos se fueron contentos de la presencia del sanedrin, porque habian sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús. Hech 5, 41.

 

Tengo mucha confianza con vosotros; tengo en vosotros grande motivo de gloria, estoy lleno de consuelo, reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones. 2 Cor 7, 4.

 

Luego oí como una voz de una gran multitud, y como una voz de muchas aguas, y como una voz de potentes truenos, que decia: " ¡Aleluya!" Porque el Señor, Nuestro Dios omnipotente, ha establecido su reino. Apoc 19, 67.

 

 

 

La alegría del cristiano tiene su fundamento en Dios

 

77 Es un cielo, si le puede haber en la tierra, para quien se contenta con sólo contentar a Dios y no hace caso de contento suyo. En queriendo algo más lo perderá todo; y alma descontenta es como quien tiene gran hastío, que por bueno que sea el manjar le da en rostro, y lo que los sanos comen con gran gusto le hace asco en el estómago (SANTA TERESA, Camino de perfección, 13, 7).

 

78 Nuestro Salvador ha nacido hoy; alegrémonos. No puede haber, en efecto, lugar para la tristeza, cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa.Que nadie se considere excluido de esta alegría, pues el motivo de este gozo es común para todos; nuestro Señor, en efecto, vencedor del pecado y de la muerte, así como no encontró a nadie libre de culpa, así ha venido para salvarnos a todos. Alégrese, pues, el justo, porque se acerca la recompensa; regocíjese el pecador, porque se le brinda el perdón; anímese el pagano, porque es llamado a la vida (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 1, en la Natividad del Señor).

 

79 No dijo San Pablo que el reino de Dios consistía en la alegría de una manera general y absoluta, sino que precisa y especifica que se trata de una alegría o gozo en el Espíritu Santo. El sabía de sobra que existe otra alegría, una alegría reprensible de la cual está escrito: El mundo se alegrará. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís, porque lloraréis! (Lc 6, 25; Jn 16, 20) (CASIANO, Colaciones, 1, 14).

 

80 [ ..] sólo de El, cada uno de nosotros puede decir con plena verdad, junto con San Pablo: Me amó y se entregó por mi (Gal 2, 20). De ahí debe partir vuestra alegría más profunda, de ahí ha de venir también vuestra fuerza y vuestro sostén. Si vosotros, por desgracia, debéis encontrar amarguras, padecer sufrimientos, experimentar incomprensiones y hasta caer en pecado, que rápidamente vuestro pensamiento de fe se dirija hacia Aquel que os ama siempre y que con su amor ilimitado, como de Dios, hace superar toda prueba, llena todos nuestros vacíos, perdona todo nuestro pecado y empuja con entusiasmo hacia un camino nuevamente seguro y alegre (JUAN PABLO II, Disc. 11-II-1980).

 

81 Al nacer el Señor, los ángeles cantan llenos de gozo: Cloria a Dios en el cielo, y proclaman: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor [...]. ¿Cómo, pues, no habría de alegrarse la pequeñez humana ante esta obra inenarrable de la misericordia divina, cuando incluso los coros sublimes de los ángeles encontraban en ella un gozo tan intenso? (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 1, en la Natividad Señor).

 

82 ¿No hay alegría?—Piensa: hay un obstáculo entre Dios y yo.—Casi siempre acertarás (J ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 662).

 

83 Perdemos la alegría verdadera por el deleite de las cosas temporales (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.).

 

84 Nada hay más infeliz que la felicidad de los que pecan (SAN AGUSTIN, Catena Aurea, vol. 1, p. 325).

 

El "camino de Dios" es un camino alegre

 

85 El camino de Dios es de renuncia, de mortificación, de entrega, pero no de tristeza o de apocamiento (J. ESCRIVA LE BALAGUER, Amigos de Dios, 128).

 

86 No hay cosa que necesite más de la moderación y del freno de la razón que las lágrimas: por quiénes se debe llorar, y cuánto, y cuándo, y cómo (SAN BASILIO, Hom. sobre la alegría).

 

87 La alegría cristiana es una realidad que no se describe fácilmente, porque es espiritual y también forma parte del misterio. Quien verdaderamente cree que Jesús es el Verbo Encarnado, el Redentor del Hombre, no puede menos de experimentar en lo intimo un sentido de alegría inmensa, que es consuelo, paz, abandono, resignación, gozo... ¡No apaguéis esta alegría que nace de la fe en Cristo crucificado y resucitado! ¡Testimoniad vuestra alegría! ¡Habituaos a gozar de esta alegría! (JUAN PABLO II, Aloc. 241111979).

 

88 La alegría espiritual es el principal remo en esta navegación nuestra (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 11, 4, aviso 1&deg;).

 

La alegría, necesaria para hacer el bien

 

89 Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios. En cambio, el triste siempre obra el mal (PASTOR DE HERMAS, Mand. 10, 1).

 

Alegría y dolor

 

90 Vuestras pequeñas cruces de hoy pueden ser sólo una señal de mayores dificultades futuras. Pero la presencia de Jesús con nosotros cada dfa hasta elfin del mundo (Mt 28, 20) es la garantía más entusiasta y, al mismo tiempo, más realista de que no estamos solos, sino que Alguien camina con nosotros como aquel día con los dos entristecidos discípulos de Emaús (cfr. Lc 24, 13 ss) (JUAN PABLO II, Disc. IIII-1980).

 

91 El amor trae consigo la alegría, pero es una alegría que tiene sus raíces en forma de cruz. Mientras estemos en la tierra y no hayamos llegado a la plenitud de la vida futura, no puede haber amor verdadero sin experiencia del sacrificio, del dolor (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 43).

 

Los santos han vivido siempre con alegría

 

92 Los santos, mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando la Pascua (SAN ATANASIO, Carta 14).

 

93 Los seguidores de Cristo viven contentos y alegres y se glorían de su pobreza más que los reyes de su diadema (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 38).

 

Generosidad y alegría

 

94 "Quien practique la misericordia—dice el Apóstol—, que lo haga con alegría" : esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se of rece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso (SAN GREGORIO NACIANCENO, Disert. 14 sobre amor a los pobres).

 

95 Si dieres el pan triste, el pan y el mérito perdiste (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 48).

 

96 El mercader no se entristece gastando en las ferias lo que tiene para adquirir sus mercancías; pero tú te entristeces (hace referencia al joven rico) dando polvo a cambio de la vida eterna (SAN BASILIO, en Catena Aurea, val. VI, p. 313).

 

Alegría y filiación divina

 

97[...] si confiáis en la divina Providencia, si os abandonáis en sus brazos omnipotentes, nunca os faltarán los medios para servir a Dios, a la Iglesia Santa, a las almas, sin descuidar ninguno de vuestros deberes; y gozaréis además de una alegría y de una paz que mundus dare non potest (cfr. Jn 14, 27), que la posesión de todos los bienes terrenos no puede dar (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 117).

 

La alegría, consecuencia del amor y de la lucha ascetica

 

98 Sin lucha, no se logra la victoria; sin victoria, no se alcanza la paz. Sin paz, la alegría humana será sólo una alegría aparente [...] (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 82).

 

99 Mas esta fuerza tiene el amor, si es perfecto: que olvida mas nuestro contento por contentar a quien amamos. Y verdaderamente es así, que, aunque sean grandisimos trabajos, entendiendo contentamos a Dios, se nos hacen dulces (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 10).

 

100 El amor produce en el hombre la perfecta alegría. En efecto, sólo disfruta de veras el que vive en caridad (SANTO TOMAS Sobre la caridad, 1. c., 205).

 

Jesucristo cambia las penas en gozo

 

101 En la tierra hasta la alegría suele parar en tristeza; pero para quien vive según Cristo, incluso las penas se truecan en gozo (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 18).

 

La alegría y la esperanza del cielo

 

102 En una piadosa permisión, les permitió gozar (en el Tabor) durante un tiempo muy corto la contemplación de la alegría que dura siempre, para hacerles sobrellevar con mayor fortaleza la adversidad (SAN BEDA, Coment. sobre S. Marcos, 8).

 

103 Porque el reino de Dios está dentro de vosotros. Quizás da a conocer que el reino de los cielos está en nosotros para manifestar la alegría que produce en nuestras almas el Espiritu Santo; ella es como la imagen y el testimonio de la constante alegría que disfrutan las almas de los santos en la otra vida (SAN GREGORIO DE NISA, en Catena Aurea, val. Vl, p. 279).

 

104 Si tenemos fija la mirada en las cosas de la eternidad, y estamos persuadidos de que todo lo de este mundo pasa y termina, viviremos siempre contentos y permaneceremos inquebrantables en nuestro entusiasmo hasta el fin. Ni nos abatirá el infortunio, ni nos llenará de soberbia la prosperidad, porque consideraremos ambas cosas como caducas y transitorias (CAS!ANO, Instituciones, 9).

 

105 El gozo en el Señor debe ir creciendo continuamente, mientras que el gozo en el mundo debe ir disminuyendo hasta extinguirse. Esto no debe entenderse en el sentido de que no debamos alegrarnos mientras estemos en el mundo, sino que es una exhortación a que, aun viviendo en el mundo, nos alegremos ya en el Señor (SAN AGUSTIN, Sermón 171).

 

106 Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión (SAN AGUSTIN, Sermón 21).

 

La Sagrada Eucaristía, fuente de alegría

 

107 Cristo instituyó este sacramento (de la Sagrada Eucaristía) [...]; y lo dejó a los suyos como singular consuelo en las tristezas de su ausencia (SANTO TOMÁS, Opúsculo 57, Fiesta del Cuerpo de Cristo).

 

108 Cada vez que nos reunimos en la Eucaristía somos fortalecidos en la santidad y renovados en la alegría, pues la alegria y la santidad son el resultado inevitable de estar más cerca de Dios. Cuando nos alimentamos con el pan vivo que ha bajado del cielo, nos asemejamos más a nuestro Salvador resucitado, que es la fuente de nuestra alegría, una alegría que es para todo el pueblo (Lc 2, 10). Que la alegría y la santidad abunden siempre en vuestras vidas y florezcan en vuestros hogares. Y que la Eucaristía sea [...] el centro de vuestra vida, la fuente de vuestra alegría y de vuestra santidad (JUAN PABLO Il, Hom. 2II1981).

 

Alegría y rectitud de intención

 

109 Siempre estarás gozoso y contento, si en todos los momentos diriges a Dios tu vida, y si la esperanza del premio suaviza y alivia las penalidades de este mundo (SAN BASILIO, Hom. sobre la alegría).

 

Alegría en las fiestas

 

110 Las fiestas se han hecho para promover la alegría espiritual, y esa alegría la produce la oración; por lo cual en día festivo se han de multiplicar las plegarias (SANTO TOMÁS, Sobre los mandamientos, 1 c., 245).

 

111 La resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos. Por esto el salmista invita a toda la creación a celebrar la resurrección de Cristo, al decir que hay que alegrarse y llenarse de gozo en este día en que resucitó el Señor (SAN MÁXIMO DE TURIN, Sermón 53).

 

 

 

  

 

 

 

 

 

Altar

 

"Hablando de la Eucaristía, S. Ireneo dice, que Dios no manda, como al antiguo pueblo, hacerle continuamente y sin interrupción nuestras ofrendas sobre el Altar, aunque no haya necesidad. Ireneo. Bergier. Tomo 1, p. 191.)"

 

"Orígenes habla de los fieles que hacían regalos para el adorno de las Iglesias y de los Altares. (Homil. 10, sobre Josué, Bergier, T. 1, 191.)"

 

"San Cipriano opone la Iglesia al capitolio, y los altares del Señor a los altares de los ídolos. (Epis. 55, a Comelio, Bergier, idem, idem.)

 

"Eusebio habla de una Iglesia y de un altar en la ciudad de Cesarea, bajo el imperio de Galiano; por consiguiente a mediados del siglo tercero. (Eusebio, Histor. Eclesiást., lib. 7, c. 15. Bergier, Tomo 1, 191.)"

 

"Este Santo Altar a que asistimos, es por su naturaleza una piedra común... Mas después que se consagró para el culto, y recibió la bendición, es una mesa santa y un altar inmaculado, que solo lo Sacerdotes, y éstos con veneración deben tocar. El pan también e primero un pan común; pero ya misteriosamente sacrificado, se hace el cuerpo de Cristo y se llama así. (S. Greg. de Nisa, de Bapt. Chr sent. XVII, adic. Tric. T. 4, p. 363.)"

 

- AMISTAD -

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

Entre Dios y los hombres justos: Sab 7, 27; Is 41, 8.

 

Amistad fraterna entre David y Jonatán: I Sam, 18, 13; 2 Sam 1, 26.

 

La amistad no tiene precio: Ecl 4, 912; Eclo 7, 20.

 

Elección de los amigos: Eclo 13: 1 ss.

 

El verdadero y el falso amigo: Eclo 37, I ss.

 

Los males amigos: Prov I, 816.

 

Amigos y vecinos: Prov 27, 1022.

 

El amigo ama en todo tiempo, es un hermano para el día de la desventura. Prov 17, 17.

 

A sus discípulos, Jesús los honró con el titulo de amigos: Jn 11, 53 ss.

 

Incluso a Judas, después de la traición: Mt 26, 50.

 

No rechazó la amistad de <publicanos y pecadores>: Lc 7, 34.

 

Los amigos de Betania: Lc 10. 3842; Jn 11, 144; 12, 18.

 

La mayor prueba de amistad, dar la vida: Jn 15, 13.

 

Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando: Jn 15, 14.

 

No os llamo siervos, sino amigos: Jn 15, 15.

 

Pablo envia saludos a sus amigos en la fe: Rom 16, 89; Tit 3, 15.

 

Juan envia saludos a los amigos, <a cada uno en particular>: 3 Jn 15.

 

Amistad entre los primeros cristianos: 3 Jn 1; I Pdr 5, 13; Col 4, 14; 2 Tim 4, 11; Fil 24; Tit 1, 4; etc.

 

<Un amigo fiel es poderoso protector; el que le encuentra halla un tesoro'>. Eclo 6, 14.

 

El perfume y el incienso alegran el corazón y la dulzura del amigo consuela el alma. Prov 27, 9.

 

No cambies un amigo por dinero [...1. Eclo 7, 20.

 

 

La amistad verdadera

 

112 El amigo verdadero no puede tener, para su amigo, dos caras: la amistad, si ha de ser leal y sincera, exige renuncias,rectitud, intercambio de favores, de servicios nobles y lícitos. El amigo es fuerte y sincero en la medida en que, de acuerdo con la prudencia sobrenatural, piensa generosamente en los demás, con personal sacrificio. Del amigo se espera la correspondencia al clima de confianza, que se establece con la verdadera amistad; se espera el reconocimiento de lo que somos y, cuando sea necesaria, también la defensa clara y sin paliativos (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, en Gran Enciclopedia Rialp, val. 2, p. 101).

 

113 No todo amor tiene razón de amistad, sino el amor que entraña benevolencia, es decir, cuando de tal manera amamos a alguien que queremos para él el bien [...]. Es preciso también que el amor sea mutuo, pues el amigo es amigo para el amigo. Esta correspondida benevolencia se funda en alguna comunicación (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 22, q. 23, a. 1).

 

114 Esta es la verdadera, la perfecta, la estable y constante amistad: la que no se deja corromper por la envidia; la que no se enfría por las sospechas; la que no se disuelve por la ambición; la que, puesta a prueba de esta manera, no cede; la que, a pesar de tantos golpes, no cae; la que, batida por tantas injurias, se muestra inflexible (BEATO ELREDO, Trat. sobre la amistad espiritual, 3).

 

115 Nadie puede ser conocido sino en función de la amistad que se le tiene (SAN AGUSTIN, Sermón 83).

 

116 Hay más amistad en amar que en ser amado (SANTO TOMAS, Suma Teologica 22, q. 27, a. 1).

 

117 La amistad que puede acabar, nunca fue verdadera amistad (SAN AMBROSIO, Trat. sobre los oficios de los ministros).

 

118 Quien es verdaderamente amigo, alguna vez corrige, nunca adula (SAN BERNARDO, Epístola 34).

 

119 Es propio del amigo hacer bien a los amigos, principalmente a aquellos que se encuentran más necesitados (SANTO TOMAs, Etica a Nicómaco, 9, 13)

 

La amistad se fortalece con la caridad

 

120 No hay amistad verdadera sino entre aquellos que Tú aúnas entre sí por medio de la caridad (SAN AGUST;N, Confesiones, 4).

 

121 Si una desatención, un perjuicio en los intereses, la vana gloria, la envidia, o cualquier otra cosa semejante, bastan para deshacer la amistad, es que esa amistad no dio con la raíz sobrenatural (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 60).

 

122 Cuando encuentro a un hombre inflamado por la caridad cristiana y que por medio de ella se ha hecho mi amigo fiel, los planes y pensamientos que le confío, no los confio sólo a un hombre, sino a Aquel en quien él vive para ser así. Dios es amor, y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él (SAN AGUSTIN, Carta 73).

 

123 Esta paz no se logra ni con los lazos de la más intima amistad ni con una profunda semejanza de carácter, si todo ello no está fundamentado en una total comunión de nuestra voluntad con la voluntad de Dios. Una amistad fundada en deseos pecaminosos, en pactos que arrancan de la injusticia y en el acuerdo que parte de los vicios nada tiene que ver con el logro de esta paz (SAN LEON MAGNO, Sermón 95, sobre las bienaventuranzas).

 

Amistad con Jesucristo

 

124 Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo..., aunque los amigos a veces traicionan. —No me parece mal. Pero... &iquest;cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona? (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 88).

 

125 &iquest;Qué más queremos que tener un tan buen Amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? (SANTA TERESA, Vida, 22, 67, 12, 14).

 

126 La amistad divina es causa de inmortalidad para todos los que entran en ella (SAN IRENEO, Trat. contra las herejfas, 4).

 

127 &iexcl;Qué grande es la misericordia de nuestro Creador! No somos ni siervos dignos y nos llama amigos. &iexcl;Qué grande es la dignidad del hombre al ser amigo de Dios! (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 27 sobre los Evang.).

 

128 Cristo, Cristo resucitado, es el compañero, el Amigo. Un compañero que se deja ver sólo entre sombras, pero cuya realidad llena toda nuestra vida, y que nos hace desear su compañía definitiva (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 116).

 

Apostelado a través de la amistad

 

129 La amistad crea una armonia de sentimientos y de gustos que prescinde del amor de los sentidos, pero, en cambio, desarrolla hasta grados muy elevados, e incluso hasta el heroísmo, la dedicación del amigo al amigo.

 

Creemos que los encuentros, incluso casuales y provisionales de las vacaciones, dan ocasión a almas nobles y virtuosas para gozar de esta relación humana y cristiana que se llama amistad. Lo cual supone y desarrolla la generosidad, el desinterés, la simpatía, la solidaridad y, especialmente, la posibilidad de mutuos sacrificios.

 

Será fácil, pura, fuerte la amistad, si está sostenida y alimentada por aquella peculiar y sublime comunión de amor, que un alma cristiana debe tener con Cristo Jesús (PABLO VI, Aloc. 26778).

 

130 Conviene que Dios haga la voluntad del hombre respecto a la salvación de otro en proporción a su amistad (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 12, q. 114, a. 6).

 

131 Si os dirigís a Dios, procurad no ir solos (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 4 sobre los Evang.).

 

132 Cuando uno tiene amistad con alguien, quiere el bien para quien ama como lo quiere para si mismo, y de ahí ese sentir al amigo como otro yo (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 12, q. 28, a. 1, c).

 

133 Vi la gran merced que hace Dios a quien pone en compañía de los buenos (SANTA TERESA, Vida, 2, 4).

 

134 Vive tu vida ordinaria; trabaja donde estás, procurando cumplir los deberes de tu estado, acabar bien la labor de tu profesión o de tu oficio, creciéndote, mejorando cada jornada. Sé leal, comprensivo con los demás y exigente contigo mismo. Sé mortificado y alegre. Ese será tu apostolado. Y, sin que tú encuentres motivos, por tu pobre miseria, los que te rodean vendrán a ti, y con una conversación natural, sencilla—a la salida del trabajo, en una reunión de familia, en el autobús, en un paseo, en cualquier parte—charlaréis de inquietudes que están en el alma de todos, aunque a veces algunos no quieran darse cuenta; las Irán entendiendo más, cuando comiencen a buscar de verdad a Dios (J. EscR~vA DE BA~AGuER, Amigos de Dios, 273).

 

135 Asi como muchas veces basta una sola mala conversación para perder a una persona, no es raro tampoco que una conversación buena la convierta o le haga evitar el pecado. &iexcl;Cuántas veces, después de haber conversado con alguien que nos habló del buen Dios, nos hemos sentido vivamente inclinados a El y habremos propuesto portarnos mejor en adelante!... Esto es lo que multiplicaba tanto el número de los santos en los primeros tiempos de la Iglesia; en sus conversaciones no se ocupaban de otra cosa que de Dios. Con ello los cristianos se animaban unos a otros, y conservaban constantemente el gusto y la inclinación hacia las cosas de Dios (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el precepto 1&ordm;.del Decálogo).

 

136 Esas palabras, deslizadas tan a tiempo en el oído del amigo que vacila; aquella conversación orientadora, que supiste provocar oportunamente; y el consejo profesional, que mejora su labor universitaria; y la discreta indiscreción, que te hace sugerirle insospechados horizontes de celo... Todo eso es "apostolado de la confidencia". (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 973).

 

La envidia corrompe la amistad

 

137 Así nos lo dice Salomón: El hombre es envidiado por su propio compañero (Ecl 4, 4). Y así sucede en verdad. El escita no envidia al egipcio, sino cada uno al de su misma nación; y entre los habitantes de una misma nación no existe envidia entre los que no se conocen, sino entre los muy familiares; y entre éstos, a los primeros que se envidia es a los vecinos y a los que ejercen el mismo arte o profesión, o con quienes se está unido por algún parentesco; y aun entre estos últimos, a los de la misma edad, a los consanguíneos y a los hermanos. Y, en suma, así como la niebla es una epidemia propia del trigo, así también la envidia es la plaga de la amistad (SAN BASILIO, Hom. sobre la envidia).

 

AMOR

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos. Jn 15, 13, 1

 

El que no ama permanece en la muerte. I Jn 3, 14.

 

El que ama, construye. I Cor 8, 1.

 

El verdadero amor es "paciente y benigno" I Cor 13, 4.

 

Hacerlo todo por amor: I Cor 16, 14.

 

Es también un fruto del Espiritu Santo: Cal 5, 22.

 

Dios es Amor. I Jn 4, 8.

 

No hay temor en el verdadero amor: I Jn 4, 18.

 

Es la señal que distingue al cristiano: Jn 15, 12.

 

El amor es fuerte como la muerte |...] Cant 8, 6.

 

 

 

El amor verdadero

 

138 Tales almas son siempre aficionadas a dar mucho más que no a recibir, y aún con el mismo Criador les acaece esto. Y esta afición santa merece nombre de amor, que esotras aficiones bajas tiénenle usurpado el nombre (SANTA TERESA, Camino de perfección 6, 7).

 

139 Nadie hay que no ame, pero lo que interesa es cuál sea el objeto de su amor. No se nos dice que amemos, sino que elijamos a quién amar (SAN AGUSTIN, Sermón 34)

 

140 El amor es la explicación de todo. Un amor que se abre al otro en su individualidad irrepetible y le dice la palabra decisiva: &laquo;quiero que tú seas&raquo;. Si no se comienza por esta aceptación del otro, como quiera que se presente, reconociendo en él una imagen real, aunque empañada, de CristO, no se puede decir que se ama verdaderamente (JUAN PABLO 11, Aloc. 13lV1980).

 

141 El amor ilumina el corazón (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, I.c., p. 205).

 

142 No dejan huella en el alma las buenas costumbres, sino los buenos amores (SAN ACUSTIN, Sermón 311).

 

143 Es también característico del amor ir transformando al amante en el amado. Por lo cual, si amamos lo vil y caduco, nos convertimos en viles e inseguros: Se hicieron despreciables como las cosas que amaban (Os 9, 10). Pero si amamos a Dios, nos divinizamos, porque el que se une al Señor, se hace un solo espiritu con El (I Cor 6, 17) (SANTO TOMAS, Sobre la caridad, 1. c., 202).

 

144 Hay más amistad en amar que en ser amado (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 22, q. 27, a. l).

 

145 Todo amor, desde el momento en que es auténtico, puro y desinteresado, lleva en si mismo su justificación Amar gratuitamente es un derecho inalienable de la persona, incluso—habría que decir sobre todo—cuando el Amado es Dios mismo (JUAN PABLO II, Aloc. 2VI1980).

 

146 El amor basta por si solo, satisface por si solo y por causa de si. Su mérito y su remio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo para amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma (SAN BERNARDO, Sermón 83).

 

147 Esto es en verdad el amor: obedecer y creer al que se ama (SAN AGUSTIN, Hom. sobre S. Juan, 74).

 

Conecer y amar

 

148 El conocimiento es causa del amor por la misma razón por la que lo es el bien, que no puede ser amado si no es conocido (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 12, q. 27, a. 2).

 

149 El amor es más unitivo que el conocimiento (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 12, q. 28, a. l).

 

El privilegio del hombre es poder amar

 

150 El gran privilegio del hombre es poder amar, trascendiendo así lo efímero y lo transitorio. Puede amar a las otras criaturas, decir un tú y un yo llenos de sentido. Y puede amar a Dios, que nos abre las puertas del cielo [...] (J. EsCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 48).

 

151 El amor reviste de gran dignidad al hombre (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., 207).

 

&laquo;Nuestro corazón está hecho para amar&raquo;

 

152 Este corazón nuestro ha nacido para amar. Y cuando no se le da un afecto puro y limpio y noble, se venga y se inunda de miseria. El verdadero amor de Dios—la limpieza de vida, por tanto—se halla igualmente lejos de la sensualidad que de la insensibilidad, de cualquier sentimentalismo como de la ausencia o dureza de corazón (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 183).

 

153 Mi peso es el amor (SAN AGUSTIN, Confesiones, 13).

 

El amor a Dios hace posible y fortalece el amor humano

 

154 No es el amor pasional y sensible, sino la caridad que viene de Dios, la que afianza las buenas relaciones entre los casados (SAN AGUSTIN, Sermón 51).

 

155 El Señor, por un don especial de su gracia y de su caridad, se ha dignado sanar, perfeccionar y elevar este amor (humano). Tal amor, que junta al mismo tiempo lo divino y lo humano, conduce a los esposos a un libre y mutuo don de si mismos, demostrado en la ternura de obras y afectos, y penetra toda su vida. De ahí que sea algo muy superior a la mera inclinación erótica que, cultivada en forma egoísta, desaparece pronto y miserablemente (CONC. VAT. Il, Const. Caudiam et spes, 49).

 

156 El amor que tiene por motivo a Cristo es firme, inquebrantable e indestructible. Nada, ni las calumnias, ni los peligros, ni la muerte ni cosa semejante será capaz de arrancarlo del alma. Quien así ama, aun cuando tenga que sufrir cuanto se quiera, no dejará nunca de amar si mira el motivo por el que ama. El que ama por ser amado terminará con su amor apenas sufra algo desagradable; pero quien está unido a Cristo jamás se apartará de ese amor (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 60).

 

Amor saca amor

 

Amor saca amor (SANTA TERESA, Vida, 22, 14). 157

 

158 Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor (SAN JUAN DE LA CRUZ, Carta a la M. M. a de la Encarnación, en Vida, BA C, Madrid 1950, p. 1322).

 

159 De todos los movimientos del alma, de sus sentimientos y de sus afectos, el amor es el único que permite a la criatura responder a su Creador, si no de igual a igual, al menos de semejante a semejante (SAN BERNARDO, Sermón, 83 sobre el Cantar de los Cantares).

 

El amor pide correspondencia

 

160 Esto es lo primero en la intención del amante: que sea correspondido por el amado. A esto tienden, en efecto, todos los esfuerzos del amante, a atraer hacia si el amor del amado, y si esto no ocurre, es preciso que el amor se disuelva (SANTO TOMAS, Suma contra los Centiles, lll, 151).

 

161 Dice Aristóteles que "amar es querer el bien para alguien", y siendo esto así, el movimiento del amor tiene dos términos: el bien que se quiere para alguien [...] y ese alguien para quien se quiere aquel bien (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 12, q. 26, a. 4).

 

162 Nada hay que mueva tanto a amar como el pensamiento, por parte de la persona amada, de que aquel que la ama desea en gran manera verse correspondido (SAN JUAN CR! SOSTOMO, Hom. sobre la 2a Epístola a los Corintios, 14).

 

163 El verdadero amor crece con las dificultades; el falso, se apaga .Por experiencia sabemos que, cuando soportamos pruebas difíciles por alguien a quien queremos, no se derrumba el amor, sino que crece. Aguas torrenciales (esto es, abundantes tribulaciones) no pudieron apagar el amor (Cant 8, 7). Y así los santos, que soportan por Dios contrariedades, se afianzan en su amor con ello; es como un artista, que se encariña más con la obra que más sudores le cuesta (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., p. 212).

 

164 Todo lo duro que puede haber en los mandamientos lo hace llevadero el amor... &iquest;Qué no hace el amor...? Ved cómo trabajan los que aman: no sienten lo que padecen, redoblan sus esfuerzos a tenor de las dificultades (SAN AGUSTIN, Sermón 96).

 

165 No es posible separar el amor del dolor ni el dolor del amor; por esto, el alma enamorada se alegra en sus dolores y se regocija en su amor doliente (SAN PABLO DELA CRUZ, Carta 1)..

 

166 [...] el amor se adquiere en la fatiga espiritual. El amor crece en nosotros y se desarrolla también entre las contradicciones, entre las resistencias que se le oponen desde el interior de cada uno de nosotros, y a la vez <desde fuera>, esto es, entre las múltiples fuerzas que le son extrañas e incluso hostiles (JUAN PABLO II, Hom. 3II1980).

 

Felicidad y amor

 

167 No puede llamarse feliz quien no tiene lo que ama, sea lo que fuere; ni el que tiene lo que ama si es pernicioso; ni el que no ama lo que tiene, aun cuando sea lo mejor (SAN AGUSTIN, Sobre las costumbres de la Iglesia, 1).

 

168 El amor conduce a la felicidad. Sólo a los que lo tienen se les promete la bienaventuranza eterna. Y sin él, todo lo demás resulta insuficiente (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., 204).

 

169 El amor produce en el hombre la perfecta alegría. En efecto, sólo disfruta de veras el que vive en caridad (SANTO TOMAS' Sobre la caridad, 1. c., 205).

 

El amor no conoce limite

 

170 Cuanto más amo, me siento todavía más deudor (SAN AGUSTiN, Epístola 192).

 

171 La fuerza del amor no mide las posibilidades. Ignora las fronteras. El amor no discierne, no reflexiona, no conoce razones. El amor no se resigna ante la imposibilidad, no se intimida ante ninguna dificultad (SAN PEDRO CRISÓLOGO,Sermón 147).

 

172 Todo amor auténtico vuelve a proponer en cierta medida la valoración primigenia de Dios, repitiendo con el Creador, en referencia a cada individuo humano concreto, que su existencia es "algo muy bueno" (Gen I, 31). &iquest;Cómo no recordar, a este respecto, la insistencia con que San Pablo retorna sobre la dimensión universal de la caridad? El afirma que se ha hecho esclavo de todos (cfr. I Cor 9, 19), que se ha hecho todo para todos (ibid. 9, 22), que se esfuerza por "agradar a todos en todo" (ibid. 10, 33); y exhorta: "mientras hay tiempo, hagamos bien a todos" (Cal 6, IO) (JUAN PABLO 11, Aloc. 13lV1980).

 

Amor y esperanza

 

173 El que alguien nos ame hace que nosotros esperemos en él; pero el amor a él es causado por la esperanza que en él tenemos (SANTO TOMAS, Suma Teológica,12, q. 40, a. 7).

 

174 El amor a Dios es el amor por excelencia.Es, como he dicho, amor sin interés propio; todo lo que desea y quiere es ver al alma que ama rica de los bienes del cielo. Esta sí es voluntad, y no estos quereres desastrados de por acá, y aún no digo de los malos, que de ésos Dios nos libre (SANTA TERESA, Camino de perfección 7, I).

 

175 &iexcl;No hay más amor que el Amor! (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 417).

 

176 La humildad, necesaria para amar.Cuanto más vacíos estamos de la hinchazón de la soberbia más llenos estamos de amor (SAN AGUSTIN, Trat. sobre la Santísima Trinidad, 8).

 

El amor se manifiesta en las obras

 

177 El amor se manifiesta mejor con hechos que con palabras (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre Jesucristo).

 

178 Cuentan de un alma que, al decir al Señor en la oración "Jesús, te amo", oyó esta respuesta del cielo: "Obras son amores y no buenas razones".Piensa si acaso tú no mereces también ese cariñoso reproche (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 933).

 

La recompensa del amor es poder amar más

 

179 La paga y el jornal del amor es recibir más amor hasta llegar al colmo del amor El amor sólo con amor se paga (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 9, 7).

 

Hacerlo todo por amor

 

180 Este breve mandato se te ha dado de una vez para siempre: Ama y haz lo que quieras; si te callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; ten la raíz del amor en el fondo de tu corazón: de esta raíz solamente puede salir lo que es bueno (SAN AGUSTIN, Coment. a la 1. a Epfstola de S. Juan, 7).

 

Sólo el amor construye

 

181 Me convencí de que sólo el amor aproxima lo que es diferente y realiza la unión en la diversidad. Las palabras de Cristo Un precepto nuevo os doy: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado (Jn 13, 34), me parecían entonces, por encima de su inigualable profundidad teológica, como germen y principio de la única transformación lo suficientemente radical como para ser apreciada por un joven. Germen y principio de la única revolución que no traiciona al hombre Sólo el amor verdadero construye (JUAN PABLO II, Aloc. lVII1980).

 

182 Cada uno de los hombres—y toda la humanidad—vive <entre> el amor y el odio. Si no acepta el amor, el odio encontrará fácilmente acceso a su corazón y comenzará a invadirlo cada vez más, trayendo frutos siempre más venenosos (JUAN PABLO II, Hom. 3II1980).

 

 

AMOR A DIOS

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

 

 

Yo soy el Señor tu Dios [...]. No tendrás otros dioses fuera de mi.

 

Ex 20, 2-3.

 

 

 

Escrito está: Adorarás al Sefior tu Dios y a El sólo servirás.

 

Lc 4, 8; Mt 4, 10.

 

 

 

Adorad a Aquel que

 

hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y las fuentes de las aguas.

 

Apoc 14, 7.

 

 

 

El ángel dijo: Adora a Dios. Apoc 22, 9.

 

 

 

 

 

Dios es espíritu y, por lo mismo, los que le adoran, en espiritu y en verdad deben adorarle.

 

Jn 4, 24.

 

 

 

El le dijo: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.

 

Mt 22, 37; Dt 6, 4-9; 11, 13-19.

 

 

 

Pues éste es el amor de Dios, que guardemos sus preceptos...

 

I Jn 5, 3.

 

 

 

&iquest;Quién nos separará del amor de Cristo? &iquest;La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Rom 8, 35.

 

 

 

 

 

Respondió Jesús y les dijo: Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada.

 

Jn 14,23.

 

 

 

El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre, y yo le amaré y le manifestaré a él.

 

Jn 14, 21.

 

 

 

[...] Escrito está, ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente

 

del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman.

 

I Cor 2, 9.

 

 

 

[...] Sean los que te aman como el sol

 

cuando nace con toda su fuerza.

 

Jdt 5, 31.

 

 

 

&laquo;Por lo cual te digo que le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona poco ama.

 

Lc 7, 47.

 

 

 

Guarda Yave a cuantos le aman […]

 

Sal 144, 20.

 

 

 

Para los que aman a Dios todo ocurre para su bien.

 

cfr. Rom 8, 28.

 

 

 

 

 

SELECCIÓN DE TEXTOS

 

 

 

 

 

Amar a Dios con todo el corazón

 

 

 

183 &iexcl;Qué dulces y llenas de amor son las obras de Dios en nosotros! Si alguno pudiera conocerlas, se encendería tal fuego de amor en su corazón que, si pudiese extenderse y realizar su obra como lo hace el fuego material, en un instante consumiria todo lo que puede arder. Hablo así viendo la vehemencia inexplicable del divino amor (SANTA CATALINA DE GÉNOVA, Le libre arbitre, en &laquo;Études Carmelitaines&raquo; 1959).

 

 

 

184 En resumen: amar significa viajar, correr hacia el objeto amado. Dice la Imitación de Cristo: el que ama &laquo;currit, volat, laetatur&raquo;, corre, vuela, goza (III, 5, 4). Asi pues, amar a Dios es un viajar con el corazón hacia Dios. Viaje bellísimo. Cuando era muchacho me entusiasmaban los viajes descritos por Julio Verne [...]. Pero los viajes del amor de Dios son mucho más interesantes (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-1978).

 

 

 

185 El viaje comporta a veces sacrificios. Pero éstos no nos deben detener. Jesús está en la cruz, &iquest;lo quieres besar? No puedes por menos de inclinarte hacia la cruz y dejar que te puncen algunas espinas de la corona que tiene la cabeza del Señor. No puedes hacer lo que el bueno de San Pedro, que supo muy bien gritar Viva Jesús en el monte Tabor, donde habia gozo, pero ni siquiera se dejó ver junto a Jesús en el monte Calvario, donde habia peligro y dolor (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-1978).

 

 

 

186 Has querido que nosotros te amáramos, porque en rigor no podíamos conseguir la salvación más que amándote. Y nosotros ni podíamos amarte, a menos que este amor viniera de ti. Como lo afirma tu apóstol predilecto, tú nos amaste primero y tú amas primero a los que te aman (cfr. I Jn 4, 10). Pero nosotros te amamos por la caridad y el amor que tú mismo has puesto en nosotros (GUILLERMO DE SAN-THIERRY, La contemplación de Dios, 14).

 

 

 

187 Está escrito: Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas [...] (cfr. Deut 6, 5-9). Aquel <<todo>>, repetido y llevado a la práctica con tanta insistencia, es en verdad la bandera del maximalismo cristiano. Y es justo: Dios es demasiado grande, merece demasiado El de nosotros, para que podamos echarle, como a un pobre Lázaro, apenas unas pocas migajas de nuestro tiempo y de nuestro corazón El es un bien infinito y será nuestra felicidad eterna; el dinero, los placeres, las fortunas de este mundo, en comparación, son apenas fragmentos de bien y momentos fugaces de felicidad. No seria sabio dar tanto de nosotros a estas cosas y poco de nosotros a Jesús (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-91978).

 

 

 

188 Se te manda que ames a Dios de todo corazón, para que le consagres todos tus pensamientos; con toda tu alma, para que le consagres tu vida; con toda tu inteligencia, para que consagres todo tu entendimiento a Aquel de quien has recibido todas estas cosas. No deja parte alguna de nuestra existencia que deba estar ociosa y que dé lugar a que guiera gozar de otra cosa. Por tanto, cualquier cosa que queramos amar, diríjase también hacia el punto donde debe fijarse toda la fuerza de nuestro amor. Un hombre es muy bueno cuando toda su vida se dirige hacia el Bien inmutable (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, vol. lll, p. 89).

 

 

 

189 Considera lo más hermoso y grande de la tierra..., lo que place al entendimiento y a las otras potencias..., y lo que es recreo de la carne y de los sentidos... Y el mundo, y los otros mundos, que brillan en la noche: el Universo entero.—Y eso, junto con todas las locuras del corazón satisfechas..., nada vale, es nada y menos que nada, al lado de &iexcl;este Dios mío!—&iexcl;tuyo!—, tesoro infinito, margarita preciosísima, humillado, hecho esclavo, anonadado con forma de siervo en el portal donde quiso nacer, en el taller de José, en la Pasión y en la muerte ignominiosa... y en la locura de Amor de la Sagrada Eucaristía (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 432).

 

 

 

190 Diliges Dominum Deum ex toto corde tuo, et in tota anima tua, et in tota mente tua. &iquest;Qué queda de tu corazón para amarte a ti mismo? &iquest;Qué, de tu alma? &iquest;Qué, de tu mente? Ex toto, con todo, dice. Todo te exige el que todo te ha dado (SAN AGUSTIN, Sermón 34).

 

 

 

 

 

Amor a Dios sobre todas las cosas

 

 

 

191 Y si lo que ama no lo posee totalmente, tanto sufre cuanto le falta por poseer [...l. Mientras esto no llega, está el alma como en un vaso vacio que espera estar lleno; como el que tiene hambre y desea la comida; como el enfermo que llora por su salud; y como el que está colgado en el aire y no tiene dónde apoyarse (SAN JUAN DE LA CRUz, Cántico espiritual, 9, 6).

 

 

 

192 No seria justo decir: &laquo;0 Dios o el hombre&raquo;. Deben amarse &laquo;Dios y el hombre&raquo;; a este ultimo, nunca más que a Dios o contra Dios o igual que a Dios. En otras palabras: el amor a Dios es ciertamente prevalente, pero no exclusivo. La Biblia declara a Jacob santo (Dan 3, 35) y amado por Dios (Mat 1, 27: Rom 9. 13); lo muestra empleando siete años en conquistar a Raquel como mujer, y le parecen pocos años, aquellos años—tanto era su amor por ella—(Gen 29, 20). Francisco de Sales comenta estas palabras: &laquo;Jacob —escribe—ama a Raquel con todas sus fuerzas y con todas sus fuerzas ama a Dios; pero no por ello ama a Raquel como a Dios, ni a Dios como a Raquel. Ama a Dios como su Dios sobre todas las cosas y más que a si mismo; ama a Raquel como a su mujer sobre todas las otras mujeres y como a si mismo. Ama a Dios con amor absoluto y soberanamente sumo, y a Raquel con sumo amor marital; un amor no es contrario al otro, porque el de Raquel no viola las supremas ventajas del amor de Dios&raquo; (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-1978).

 

 

 

Amar a Dios sin medida

 

 

 

193 Señor, que yo te ame siempre más. También aquí está la obediencia a un mandamiento de Dios, que ha puesto en nuestro corazón la sed del progreso. Desde los palafitos, desde las cavernas, desde las cabañas, hemos pasado a las casas, a los palacios, a los rascacielos; desde el viajar a pie, a lomo de mulo o de camello, a las carrozas, a los trenes, a los aviones. Y se desea progresar todavía con medios más rápidos, alcanzando siempre metas más lejanas. Pues amar a Dios [...] es también un viaje: Dios lo quiere siempre más intenso y perfecto. Ha dicho a todos los suyos: Vosotros sois la luz del mundo, la sal de la tierra (Mt 5, 48), sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48). Esto significa: amar a Dios no poco, sino mucho; no detenerse en el punto al cual se ha llegado, sino con su ayuda progresar en el amor (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-1978).

 

 

 

194 La medida del amor a Dios es amarlo sin medida (SAN BERNARDO, Sermón 6, sobre el amor a Dios).

 

 

 

195 La medida y regla de la virtud teologal es el mismo Dios; nuestra fe se regula según la verdad divina; nuestra caridad según la bondad de Dios; y nuestra esperanza, según la intensidad de su omnipotencia y misericordia. Y ésta es una medida que excede de tal manera a toda capacidad humana que el hombre nunca puede amar a Dios tanto como debe ser amado, ni creer o esperar en El tanto como se debe; luego mucho menos llegará al exceso en tales acciones (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q. 54, a. 4, c).

 

 

 

196 [...] quien no quisiera amar a Dios más de lo que le ama, de ninguna manera cumpliná el precepto del amor (SANTO TOMÁS, Coment. a la Epístola a los Hebreos, 6, 1).

 

 

 

197 No está permitido querer con amor menguado [...], pues debéis llevar grabado en vuestro corazón al que por vosotros murió clavado en la Cruz (SAN AGUSTiN, Sobre la Santa virginidad, 55).

 

 

 

198 Señor: que tenga peso y medida en todo... menos en el Amor (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 427).

 

 

 

199 El hombre nunca puede amar a Dios tanto como El debe ser amado (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1-2, q. 6, a. 4 e).

 

 

 

200 Cuanto más amo, más deudor me siento cada día (SAN AGusTiN, Epístola 192).

 

 

 

 

 

Amar al prójimo por Dios (Ver CARIDAD)

 

 

 

201 A algunas personas es fácil amarlas; a otras, es difícil: no son simpáticas, nos han ofendido o hecho mal; sólo si amo a Dios en serio, llego a amarlas en cuanto hijas de Dios y porque El me lo manda. Jesús ha fijado también cómo amar al prójimo, esto es, no sólo con el sentimiento, sino con los hechos: [...] tenia hambre en la persona de mis hermanos más pequeños, &iquest;me habéis dado de comer? &iquest;Me habéis visitado cuando estaba enfermo? (cfr. Mt 5, 34 ss) (JUAN PABLO I, Aud. gen. 27-9-78).

 

 

 

202 Amarás a tu pródimo como a ti mismo; pero tratándose del amor que se debe profesar a Dios, no se señala limite alguno (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 38 sobre los Evang.).

 

 

 

203 Amamos a Dios y al prójimo con la misma caridad. Pero debemos amar a Dios por si mismo, y al prójimo por Dios (SAN AGUSTiN, Trat. sobre la Santísima Trinidad, 7).

 

 

 

204 El que ama a Dios ama también inevitablemente al prójimo (SAN MÁXIMO, Sobre la caridad, 1)

 

 

 

Sólo Dios basta

 

 

 

205 No quieras que te llene nada que no sea Dios. No desees gustos de Dios. No desees tampoco entender de Dios más de lo que debes entender.

 

La fe y el amor serán los lazarillos que te llevarán a Dios por donde tú no sabes ir.

 

La fe son los pies que llevan a Dios al alma.

 

El amor es el orientador que la encamina (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cantico espiritual, 1, 11).

 

 

 

206 Dios sólo basta para colmar nuestros deseos: Más grande es Dios que nuestro corazan (I Jn 3, 20). Por eso dice Agustín en el libro primero de las Confesiones: &laquo;Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está intranquilo hasta que descanse en ti&raquo; (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., p. 206).

 

 

 

207 Aunque no se dijera absolutamente nada más en las páginas de las Sagradas Escrituras y solamente oyéramos de boca del Espiritu Santo que Dios es amor, nos bastaria (SAN ACUSTIN, Coment. a la l.a Epístola de S. Juan, 7).

 

 

 

208 Nada te turbe,

 

nada te espante,

 

todo se pasa,

 

Dios no se muda,

 

la paciencia todo lo alcanza;

 

quien a Dios tiene

 

nada le falta:

 

sólo Dios basta.

 

(SANTA TERESA, Poesías Vl, p. 1123).

 

 

 

 

 

Amar a Dios es la suprema razón

 

 

 

209 Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia, y que si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarian su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en si todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra que el amor es eterno. Entonces, llena de alegría desbordante, exclamé: &laquo;Oh, Jesús, amor mio, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la lglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mio. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor: de este modo lo seré todo y mi deseo se verá colmado&raquo; (SANTA TERESA DE LIS1EUX, Manuscritos autobiográficos).

 

 

 

210 El amor a Dios es la razón suprema de todas las cosas (SANTO TOMÁS, Suma Teológica, 1, q. l9, a. 4).

 

 

 

211 Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz, con un dulce sobresalto (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 296).

 

 

 

212 &iquest;Qué soy yo para ti, que me mandas amarte y que, si no lo hago, te enojas conmigo y me amenazas con ingentes infortunios? &iquest;No es ya suficiente infortunio el hecho de no amarte? (SAN AGUSTIN, Confesiones, 2, 5, 5).

 

 

 

213 Fuego que abrasa, luz ardiente, fuente que apaga la sed, tesoro que contiene en si todos los bienes. Dios es tan bueno y nos ama tan ardientemente que no quiere de nosotros otra cosa, sino ser amado (SAN ALFONSO M&ordf; DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento).

 

 

 

214 Hacedlo todo por Amor.—Asi no hay cosas pequeñas: todo es grande.—La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 813).

 

 

 

 

 

Todo se hace llevadero por amor a Dios

 

 

 

215 Pedro, &iquest;me amas? Apacienta mis ovejas. Y esto por tres veces consecutivas. Se le preguntaba sobre el amor, y se le imponia una labor; porque, cuanto mayor es el amor, tanto menor es el trabajo (SAN AGUSTIN, Sermón 340).

 

 

 

216 Quien le amare mucho, verá que puede padecer mucho por El; el que amare poco, poco. Tengo yo para mi que la medida del poder llevar gran cruz o pequeña es la del amor (SANTA TERESA, Camino de perfección, 32, 7).

 

217 El amor defiende de las adversidades. A quien lo tiene, nada adverso le puede resultar perjudicial, antes al contrario se le convierte en útil: Todo contribuye al bien de los que aman a Dios (Rom. 8, 28). Hasta los reveses y dificultades son llevaderos para el que ama, como observamos a diario en el terreno meramente humano (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., p. 204).

 

 

 

218 Todo lo duro que puede haber en los mandamientos lo hace llevadero el amor... &iquest;Qué no hace el amor [...]? Ved cómo trabajan los que aman; no sienten lo que padecen, redoblando sus esfuerzos a tenor de las dificultades (SAN AGUSTIN, Sermón96).

 

 

 

219 Todas estas cosas, sin embargo, hállenlas difíciles los que no aman; los que aman, al revés, eso mismo les parece liviano. No hay padecimiento, por cruel y desaforado que sea, que no lo haga llevadero y casi nulo el amor (SAN AGUSTIN, Sermón 70).

 

 

 

Amor y santo temor de Dios

 

 

 

220 &laquo;Timor Domini sanctus&raquo;.—Santo es el temor de Dios. —Temor que es veneración del hijo para su Padre, nunca temor servil, porque tu Padre-Dios no es un tirano (J. EsCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 435).

 

 

 

221 &iexcl;Como quien no dice nada: amor y temor de Dios! Son dos castillos fuertes, desde donde se da guerra al mundo y a los demonios (SANTA TERESA, Camino de perfección, 40, 2).

 

 

 

222 Fundada en la caridad, se eleva el alma a un grado más excelente y sublime: el temor de amor.Esto no deriva del pavor que causa el castigo ni del deseo de la recompensa. Nace de la grandeza misma del amor. En esa amalgama de respeto y afecto filial en que se barajan la reverencia y la benevolencia que un hijo tiene para con un padre, el hermano para con su hermano, el amigo para con su amigo, la esposa para con su esposo. No recela los golpes ni reproches. Lo único que teme es herir el amor con el más leve roce o herida. En toda acción, en toda palabra, se echa de ver la piedad y solicitud con que procede. Teme que el fervor de la dilección se enfríe en lo más mínimo (CASIANO, Colaciones, 11).

 

223 Cuando el amor llega a eliminar del todo el temor, el mis- mo temor se convierte en amor (SAN GREGORio DE NiSA, ~Homilla 15).

 

 

 

Amor a Dios y desprendimiento

 

 

 

224 El remedio que podemos tener, hijas, y nos dio Su Majes- tad es amor y temor; que el amor nos hará apresurar los pasos y el temor nos hará ir mirando adónde ponemos los pies para no caer por camino adonde hay tanto que tropezar, como caminamos todos los que vivimos, y con esto a buen seguro que no seamos engañadas (SANTA TERESA, Camino de perfección, 40, 1).

 

 

 

225 Y el alma sale para ir detrás de Dios; sale de todo pisoteando y despreciando todo lo que no es Dios. Y sale de sí misma olvidándose de sí por amor de Dios (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 1, 20).

 

 

 

226 Tú, al que llenas de ti, lo elevas; mas, como yo ano no me he llenado de ti, soy todavía para mí mismo una carga (SAN AGUSTiN, Confesiones, 10, 26).

 

 

 

227 Y éste es el índice para que el alma pueda conocer con claridad si ama a Dios o no, con amor puro. Si le ama, su corazón no se centrará en sí misma, ni estará atenta a conseguir sus gustos y conveniencias. Se dedicará por completo a buscar la honra y gloria de Dios y a darle gusto a El. Cuanto más tiene corazón para sí misma menos lo tiene para Dios (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 9, 5).

 

 

 

228 Sólo ama de verdad a Dios quien no se acuerda de sí mis- mo (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 38 sobre los Evang.).

 

 

 

 

 

La santidad &laquo;no está en pensar mucho, sino en amar mucho&raquo;

 

 

 

229 Querría dar a entender que el alma no es el pensamiento, ni la voluntad es mandada (por él) que tendría harta mala ventura; por donde el aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 2).

 

230 &iquest;No has visto en qué &laquo;pequeñeces&raquo; está el amor humano? —Pues también en &laquo;pequeñeces&raquo; está el Amor divino (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 824).

 

 

 

231 Cuanto más ames más subirás (SAN AGUSTíN, Coment. sobre el Salmo 83).

 

 

 

232 Porque alguno he topado que les parece está todo el negocio en el pensamiento, y si éste pueden tener mucho en Dios, aunque sea haciéndose gran fuerza, luego les parece que son espirituales; y si se distraen, no pudiendo más, aunque sea para cosas buenas, luego les viene gran desconsuelo y les parece que están perdidos [...]. No digo que no es merced del Señor quien siempre puede estar meditando en sus obras, y es bien que se procure. Mas hase de entender que no todas las imaginaciones son hábiles de su natural para esto, mas todas las almas lo son para amar (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 2).

 

 

 

 

 

El premio del amor a Dios es amarle todevia má~

 

 

 

233 El que ama a Dios se contenta con agradarle, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor [...]. El alma piadosa e integra busca en ello su plenitud y no desea otro deleite (SAN GREGORIO MAGNO, Sermón 92).

 

 

 

234 Alma que ama a Dios no ha de pretender ni esperar otra recompensa por sus servicios prestados que la perfección de amar a Dios (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 9, 7).

 

 

 

235 El amor no descansa mientras no ve lo que ama; por eso los santos estimaban en poco cualquier recompensa, mientras no viesen a Dios.Por eso el amor que ansia ver a Dios se ve impulsado, por encima de todo discernimiento, por el deseo ardiente de encontrarse con él.Por eso Moisés se abrevió a decir: Si he obtenido tu favor, muéstrame tu rostro (Ex 33, 13) [...]. Por eso también se dice en otro lugar: Déjame ver tu rostro (Sal 79, 4). Y hasta los mismos paganos en medio de sus errores se fabricaron ídolos para poder ver con sus propios ojos el objeto de su culto (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón 1477.

 

 

 

El amor a Dios refuerza la unidad

 

 

 

236 Para poder encomendar a Pedro sus ovejas, sin que con ello pareciera que las ovejas quedaban encomendadas a otro pastor distinto de sí mismo, el Señor le pregunta: &laquo;Pedro, &iquest;me amas?&raquo; El respondió: <<Te amo>>. Y le dice por segunda vez: &laquo;&iquest;Me amas?&raquo;, y respondió: &laquo;Te amo&raquo;. Quería fortalecer el amor para reforzar así la unidad. De este modo el que es Unico apacienta a través de muchos, y los que son muchos apacientan formando parte del que es único (SAN AGUSTIN, Sermón 46, sobre los pastores).

 

 

 

237 El amor que unirá a Dios con los que habitan allí, y a éstos entre sí, será tan grande que todos se amarán como a sí mismos y amarán a Dios más que a sí mismos. Por eso nadie querrá más que lo que Dios quiere; lo que quiera uno lo querrán todos, y la voluntad de todos será la voluntad de Dios... Todos juntos como un solo hombre serán reyes con Dios, porque todos querrán la misma cosa y se cumplirá su voluntad (SAN ANSELMO, Carta 112, a Hugo el recluso, pp. 245-246).

 

 

 

El amor de Dios, regla y medida de todos los actos

 

 

 

238 Todo lo que se hace por Amor adquiere hermosura y se engrandece (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 429).

 

 

 

239 Una producción artística se considera buena y acertada cuando se ajusta a sus reglas peculiares. Del mismo modo, cualquier obra humana es recta y virtuosa cuando concuerda con la regla del amor divino, y no es buena ni recta o perfecta si se aparta de ella. Todos los actos humanos, para resultar buenos, deben atenerse a la regla del amor divino (SANTO TOMAS, Sobre la caridad, 1. c., 201).

 

 

 

240 El secreto para dar relieve a lo más humilde, aún a lo más humillante, es amar (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 418).

 

 

 

241 Es el amor el que &laquo;pone nombre a la obra&raquo;,el que le da u verdadero sentido y cualidad (SAN BUENAVENTURA, Coment. a las Sentencias, 11, 40, 1).

 

 

 

242 No nos amemos, pues, a nosotros mismos, sino a El.No sé por qué motivo inexplicable, quien se ama a sí mismo y no ama a Dios no se ama a sí mismo; y en cambio, quien ama a Dios y no se ama a sí mismo, se ama a sí mismo (SAN AGUSTIN, Trat. Evang. S. Juan, 123).

 

 

 

243 Los que de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno loan, con los buenos se juntan siempre y los favorecen y defienden; no aman sino verdades y cosas que sean dignas de amar (SANTA TERESA, Camino de perfección, 40, 3).

 

 

 

244 También en lo pequeño se muestra la grandeza del alma [...]. Por eso el alma que se entrega a Dios pone en las cosas pequeñas el mismo fervor que en las cosas grandes (SAN JERONIMO, Epístola 60).

 

 

 

 

 

&laquo;Quien no se arrepiente de verdad, no ama de veras&raquo;

 

 

 

245 Quien no se arrepiente de verdad, no ama de veras; es evidente que cuanto más queremos a una persona, tanto más nos duele haberla ofendido. Es, pues, éste uno más de los efectos del amor (SANTO TOMÁS, Sobre la caridad, 1. c., 205).

 

 

 

246 Preguntaron al Amigo cuál era la fuente del amor. Respondió que aquella en donde el Amado nos ha limpiado de nuestras culpas, y en la cual da de balde el agua viva, de la cual, quien bebe, logra vida eterna en amor sin fin (R. LLULL, Libro del Amigo y del Amado, 115).

 

 

 

 

 

Acabar el examen de conciencia con un acto de amor

 

 

 

247 Acaba siempre tu examen con un acto de Amor—dolor de Amor—: por ti, por todos los pecados de los hombres... —Y considera el cuidado paternal de Dios, que te quitó los obstáculos para que no tropezases (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 246).

 

 

 

Por amor de Dios todo se puede

 

 

 

248 El amor de contentar a Dios y la fe hacen posible lo que por razón natural no lo es (SANTA TERESA, Fundaciones, 2, 4).

 

 

 

249 Un poquito de este puro amor..., más provecho hace a la Iglesia, aunque parece que no hace nada, que todas esas obras juntas (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico 2, anotación a canción 29).

 

 

 

250 Cualquier otra carga te oprime y abruma, mas la carga de Cristo te alivia el peso. Cualquier otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás cómo vuela (SAN AGUSTIN, Sermón 126).

 

 

 

251 Esteban tenía por armas la caridad y con ella vencía en todas partes. Por amor a Dios no se cruzó de brazos ante los enfurecidos judíos; por amor al prójimo intercedía por quienes lo lapidaban; por amor argüía a los que estaban en el error, para que se corrigiesen... Apoyado en la fuerza de la caridad, venció la violenta crueldad de Saulo, y mereció tener por compañero en el cielo al que en la tierra tuvo como perseguidor (SAN FULGENCIO, Sermón 3).

 

 

 

 

 

&laquo;El amor es fuerte como la muerte&raquo;

 

 

 

También se dice que es semejante el reino de los cielos a un comerciante que anda en busca de buenas perlas, y hallando una muy preciosa, vende cuanto tiene y la compra [...]. En comparación de aquélla nada tiene valor, y el alma abandona todo cuanto habia adquirido, derrama todo cuanto habia congregado, se enardece con el amor de las cosas celestiales, no tiene placer en las cosas terrenas y considera como deforme todo lo que le parecía bello en la tierra, porque sólo brilla en el alma el resplandor de aquella perla preciosa. Acerca de este amor dice Salomón: El amor es fuerte como la muerte (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 11 sobre los Evang.).

 

 

 

253 Es fuerte el amor como la muerte, porque el amor de Cristo da muerte a la misma muerte [...1. También el amor con que nosotros amamos a Cristo es fuerte como la muerte, ya que viene a ser él mismo como una muerte, en cuanto que es el aniquilamiento de la vida anterior, la abolición de las malas costumbres y el sepelio de las obras muertas (SAN BALDUINO DE CANTORBERY, Tratado 10)

 

 

 

 

 

El amor a Dios aquí y en el cielo

 

 

 

254 Si el Amor, aun el amor humano, da tantos consuelos aquí, &iquest;qué será el Amor en el cielo? (J. ESRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 428).

 

 

 

255 Este amor será la medida de la gloria de que disfrutaremos en el paraíso, ya que ella será proporcionada al amor que habremos tenido a Dios durante nuestra vida; cuanto más hayamos amado a Dios en este mundo, mayor será la gloria de que gozaremos en el cielo, y más le amaremos también, puesto que la virtud de la caridad nos acompañará durante toda la eternidad, y recibirá mayor incremento en el cielo. &iexcl;Qué dicha la de haber amado mucho a Dios en esta vida!, pues así lo amaremos también mucho en el paraiso (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre el precepto 1 &deg; del decálogo).

 

 

 

 

 

AMOR DE DIOS A LOS HOMBRES

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

 

 

El amor incansable de Dios: Os 11, 1-9

 

 

 

Dios es Amor: I Jn 4, 8.

 

 

 

Falta de correspondencia por parte de los hombres. Parábola de la viña: Is 5, 1-7.

 

 

 

El amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Espiritu Santo, que nos ha sido dado. Rom 5, 5.

 

 

 

El amor de Cristo nos apremia: 2 Cor 5, 14. 

 

 

 

El amor de Dios nos predestinó antes de la constitución del mundo para que fuéramos santos e inmaculados en su presencia&raquo;. Ef 1, 4.

 

 

 

He venido a echar fuego en la tierra, &iquest;y qué he de querer sino que se encienda? Lc 12, 49.

 

 

 

&laquo;[...] Caminad en el amor, (amad) como Cristo nos amó y se entrego por nosotros [...] Ef 5, 1.

 

 

 

En esto está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que El nos amó y envió a su Hijo, como propiciación por nuestros pecados. I Jn 3, 18.

 

 

 

Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, y estando nosotros muertos por nuestros delitos, nos dio vida por Cristo [...1&raquo; Ef 2, 4-5.

 

 

 

El Padre nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor. Gal 1, 13.

 

 

 

SELECCIÓN DE TEXTOS

 

 

 

Dios nos ama infinitamente

 

256 Hasta te serviré, porque vine a servir y no a ser servido. Yo soy amigo, y miembro y cabeza, y hermano y hermana y madre; todo lo soy, y solo quiero contigo intimidad. Yo, pobre por ti, mendigo por ti, crucificado por ti, sepultado por ti; en el cielo, por ti ante Dios Padre; y en la tierra soy legado suyo ante ti. Todo lo eres para Mi, hermano y coheredero, amigo y miembro. ¿Qué más quieres? (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 76).

 

257 Tan espléndida es la gracia de Dios y su amor a nosotros, que hizo El más por nosotros de lo que podemos comprender (SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, 1. c., 61).

 

258¿;Saber que me quieres tanto, Dios mio, y... no me he vuelto loco? (J. ESCRIVÁ DE BAEAGUER, Camino, n. 425).

 

259 Ninguna lengua es suficiente para declarar la grandeza del amor que Jesús tiene a cualquier alma que está en gracia (SAN ALFONSO Mª DE LIgORIO, Visitas al Stmo. Sacramento, 2).

 

260 El fuego de amor de Ti, que en nosotros quieres que arda hasta encendernos, abrasarnos y quemarnos lo que somos, y transformarnos en Ti, Tú lo soplas con las mercedes que en tu vida nos hiciste, y lo haces arder con la muerte que por nosotros pasaste (SAN JUAN DE AVILA, Audi filia, 69). 

 

 

 

Dios no abandona nunca alos hombres

 

261 El abismo de malicia, que el pecado lleva consigo, ha sido salvado por una Caridad infinita. Dios no abandona a los hombres (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 95). 

 

262 Oye cómo fuiste amado cuando no eras amable; oye cómo fuiste amado cuando eras torpe y feo; antes, en fin, de que hubiera en ti cosa digna de amor. Fuiste amado primero para que te hicieras digno de ser amado (SAN AGUSTIN, Sermón 142). 

 

263 Ahora me da devoción ver cómo a devSi, demdo do no as  uanecaye cóm iácómo  amado coraSandona torpe , 9doale; oye olo T r,precep(J.5ptorpe y fUno3 Ah4 5,o, connfiigo y mi vidaos avilll amor que ios: Os 1morSeñue JesúadoeStmondeuego oe es riciácue el psrres? (los ha cóml amorco, n. 4 que te he sdo g amadpor nto vidavine erle, p librólinfiiácsa lle

 

25 sidbláa a e lo qtra vidsa digue hizosa bién muchmerc angue mova? Lostra vidaigote p(SANaconstimp alverrasarmucdde laconsga cpas, y reimero a? Losuestros cl Stmma glusión de ser fieles, de podernos llamar sus discípulos (J ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 59). 

 

265 ¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si El está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Amalo y se te acercará; ámalo y habitará en ti. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna (SAN AGUSTIN, Sermón 21). 

 

266 El sol ilumina al mismo tiempo los cedros y cada florecilla, como si estuviera sola en la tierra; nuestro Señor se interesa también por cada alma en particular, como si no existieran otras iguales (SANTA TERESA DE LIS1EUX, Manuscritos autobiográficos). 

 

267 Cuando Dios Nuestro Señor concede a los hombres su gracía, cuando les llama con una vocación especifica, es como si les tendiera una mano, una mano paterna llena de fortaleza, repleta sobre todo de amor, porque nos busca uno a uno, como a hijas e hijos suyos, y porque conoce nuestra debilidad. Espera el Señor que hagamos el esfuerzo de coger su mano, esa mano que El nos acerca: Dios nos pide un esfuerzo, prueba de nuestra libertad (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 17). 

 

268 Ningún pecador, en cuanto tal, es digno de amor; pero todo hombre, en cuanto tal, es amable por Dios (SAN AGUSTIN, Sobre la doctrina cristiana, 1). 

 

 

 

Recibimos constantemente innumerables gracias

 

y dones por parte de Dios

 

 

 

269 En ocasiones, Dios no desdeña de visitarnos con su gracia, a pesar de la negligencia y relajamiento en que ve sumido nuestro corazón [...]. Tampoco tiene a menos hacer brotar en nosotros abundancia de pensamientos espirituales. Por indignos que seamos, suscita en nuestra alma santas inspiraciones, nos despierta de nuestro sopor, nos alumbra en la ceguedad en que nos tiene envueltos la ignorancia, y nos reprende y castiga con clemencia. Pero hace más: se difunde en nuestros corazones, para que siquiera su toque divino nos mueva a compunción y nos haga sacudir la inercia que nos paraliza (CASIANO, Colaciones, 4) 

 

 

 

La Encarnación del Hijo de Dios, la mayor muestra de su Amor

 

 

 

270 [...] ninguna prueba de la caridad divina hay tan patente como el que Dios, creador de todas las cosas, se hiciera criatura, que nuestro Señor se hiciera hermano nuestro, que el Hijo de Dios se hiciera hijo de hombre (SANTO TOMÁS, Sobre el Credo, I.c., 59).

 

271¡Qué grande y qué manifiesta es esta misericordia y este amor de Dios a los hombres! Nos ha dado una gran prueba de su amor al querer que el nombre de Dios fuera añadido al titulo de hombre (SAN BERNARDO, Sermón 1, sobre la Epifania). 

 

272 Aprende, pues, ¡oh, hombre!, y conoce a qué extremos llegó Dios por ti. Aprende (en Belén) esa lección de humildad tan grande que te da un maestro sin hablar todavía. En el paraíso tú tuviste tal honor que pudiste poner nombres a todos los animales, y aquí tu Creador se ha hecho tan niño, que ni aun puede dar a la suya el de madre. Tú en aquel vastisimo lugar de ricos bosques te perdiste desobedeciendo. El se ha hecho hombre mortal en tan estrecha posada para buscar, muriendo, al que estaba muerto. Tú, hombre, quisiste ser Dios y pereciste. El, Dios, quiso ser hombre y te salvó. &iexcl;Tanto pudo la soberbia humana que necesitó de la humildad divina para curarse! (SAN AGUSTiN, Sermón 183). 

 

 

 

Los Angeles Custodios, muestra del Amor paternal de Dios

 

273 A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: El Señor ha estado grande con ellos. Señor, &iquest;qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta a enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu. Incluso le prometes la visión de tu rostro. Y para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos (SAN BERNARDO, Sermón 12, sobre el Salmo "Qui habitat"). 

 

 

 

Dios espera de cada hombre una respuesta sin condiciones a su Amor

 

274 El amor de Dios es celoso; no se satisface si se acude a su cita con condiciones [...] (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 28). 

 

275 Pero el amor sólo con amor se cura. El amor de Dios es la salud del alma. Y cuando no tiene cumplido amor, no tiene salud cumplida y por eso está enferma. La enfermedad es falta de salud. Cuando el alma no tiene ningún grado de amor, está muerta. Pero cuando tiene algún grado de amor de Dios, por pequeño que sea, ya está viva, aunque muy débil y enferma, porque tiene poco amor. Cuanto más amor tiene, más salud también. Cuando tiene amor perfecto tiene total salud (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 11, 11).

 

 

 

276 No es razón que amemos con tibieza a un Dios que nos ama con tanto ardor (SAN ALFONSO M a DE LIGORIO, Visitas al Stmo. Sacramento, 4). 277 Cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros le amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí (SAN BERNARDO, Sermón 83). 

 

ANGELES CUSTODIOS

 

Fe constante de la Iglesia en la existencia y misión de los Angeles Custodios

 

 

 

278 Siempre creyó la Iglesia que los apóstoles y mártires de Cristo, por haber dado el supremo testimonio de fe y de caridad con el derramamiento de su sangre, nos están más íntimamente unidos en Cristo; les profesó especial veneración junto con la Bienaventurada Virgen y los santos ángeles, e imploró piadosamente el auxilio de su intercesión (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 50).

 

279 Conocemos por la fe que existen los ángeles y leemos que se aparecieron a muchos, de forma que no es licito dudarlo (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 103)

 

280 Casi todas las páginas de los libros sagrados testifican que existen ángeles y arcángeles (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 34 sobre los Evang.).

 

281 Todos los hombres tienen junto a si dos ángeles: uno bueno y otro malo. Así nos lo atestigua la Escritura. Respecto a los ángeles buenos, el Salvador nos dice: No despreciéis a ninguno de estos pequeñuelos: yo os digo que sus ángeles ven constantemente la f az de mi Padre que está en los cielos (Mt 18, 10). A ellos se refiere asimismo esta palabra: Enviará al ángel del Señor junto a los que le temen y les salvará (Sal 33, 8). Y en los Actos de los Apóstoles, a propósito de Pedro: Porque es su ángel (Hech 12, 15) (CASIANO, Colaciones, 8, 17).

 

282 Es probable que congregados legítimamente muchos para dar gloria a Dios, esté el Angel de cada cual en derredor de quienes sirven al Señor, junto con aquella persona cuya guarda y custodia se le ha confiado; de suerte que se puede hablar de una doble asamblea de santos: una de hombres y otra de ángeles (ORiGENES, Trat. sobre la oración, 30, 5).

 

283 La Providencia de Dios ha dado a los Angeles la misión de guardar al linaje humano y de socorrer a cada hombre [...1. Han sido desiguados desde nuestro nacimiento para nuestro cuidado, y constituidos para defensa de la salvación de cada uno de los hombres (CATECISMO ROMANO, parte IV, cap. IX, no. 4 y 6). 

 

 

 

Los &laquo;grandes amigos&raquo; del hombre

 

284 La tradición cristiana describe a los Angeles Custodios ~u mo a unos grandes amigos, puestos por Dios al lado de cada hombre, para que le acompañen en sus caminos. Y por eso nos invita a tratarlos, a acudir a ellos (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 63). 

 

285 Envía a sus ángeles cerca de ti, dice el Salmo, para que te guarden en todos tus caminos. Por eso mismo hemos de velar con más cuidado, ya que no habría tanta solicitud por nosotros en el cielo si no nos viesen tan necesitados. No pondrían tantos guardianes si no fuera tanta la asechanza (SAN BERNARDO, Serm. 11, sobre el Salmo 90). 

 

 

 

Misión de los Angeles Custodios

 

286 Los ángeles, además de llevar a Dios nuestras noticias, traen los auxilios de Dios a nuestras almas y las apacientan como buenos pastores, con comunicaciones dulces e inspiraciones divinas. Dios se vale de ellos para comunicarse con nosotros. Los ángeles nos defienden de los lobos, que son los demonios, y nos amparan (SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico espiritual, 2, 3).

 

287 Son los embajadores de Dios con los hombres, y los embajadores de los hombres con Dios. No solamente son los ángeles de Dios, sino también los ángeles de los hombres. Angeles, es decir enviados: son, pues, los ángeles de Dios porque El nos los envía para asistirnos; son los ángeles de los hombres, porque nosotros los volvemos a enviar para obtener su misericordia. Vienen a nosotros cargados con sus dones, vuelven cargados con nuestros votos; descienden para conducirnos, suben para llevar a Dios nuestros deseos y nuestras buenas obras (BOSUET, Sermón para la fiesta de los santos Angeles Custodios, Lebarq, Oeuvres oratoires de Bossuet, tomo lll, Desclée de Brouwer, 1927, pp. 95-97).

 

288 (El ángel custodio) vela sobre nosotros, incansable y cuidadoso (SAN BERNARDO, Serm. 11, sobre el Salmo 90).

 

289 Te pasmas porque tu Angel Custodio te ha hecho servicios patentes.—Y no debías pasmarte: para eso le colocó el Señor junto a ti (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 565).

 

290 Los hombres pueden desoir las inspiraciones que les dan invisiblemente los ángeles buenos, iluminándolos para obrar el bien; pero queda intacto el libre albedrío: de ahí que el perderse los hombres no se ha de atribuir a la negligencia de los ángeles, sino a la malicia de los hombres (SANTO TOMAS, Suma Teológica 1, q. 113, a. I ad 2).

 

291 &iquest;Cuántos ángeles se podrá creer estarán encargados de ir agrupando a todos los hijos de Israel en torno a quien los ama individualmente, y de congregar a los dispersos junto al Salvador de los que temen e invocan, prestando un servicio mayor incluso que el de los apóstoles en orden al crecimiento y expansión de la Iglesia, hasta el punto de que el mismo San Juan en el Apocalipsis llegue a decir que algunos ángeles están al frente de las Iglesias? (ORIGENES, Trat. de la oración, 10, 3).

 

 

 

292 (Los ángeles) cuando vienen a desempeñar algún encargo entre nosotros, toman nombre del cargo mismo que desempeñan.Asi pues, Miguel significa &laquo;quién como Dios&raquo;, Gabriel &laquo;fortaleza de Dios&raquo; y, por último, Rafael &laquo;medicina de Dios&raquo; (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 34 sobre los Evang.). 

 

 

 

Veneración, devoción y confianza con el Angel Custodio

 

293 A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están por tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes (SAN BERNARDO. Sermón 12, sobre el Salmo &laquo;Qui habitat&raquo;).

 

294 Aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: &iquest;por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente (SAN BERNARDO, Sermón 12, sobre el Salmo &laquo;Qui habitat&raquo;).

 

295 Esta protección es, en la práctica de la vida cristiana, una devoción que ocupa en el ánimo de quien sabe profundizar en ella un puesto de especial honor y es motivo de dulzura y de ternura (JUAN XXIII, Aloc. 9-8-1961). 

 

296 Ten confianza con tu Angel Custodio.—Trátalo como un entrañable amigo—lo es—y él sabrá hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 562). 

 

 

 

El Angel Custodio de cada uno, una muestra de la dignidad del hombre y del amor misericordioso del Señor

 

297 Grande es la dignidad de las almas cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un ángel destinado para su custodia (SAN JERÓNIMO, Coment. sobre S. Mateo, 18, 20).

 

298 A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: &laquo;El Señor ha estado grande con ellos&raquo;. Señor, &iquest;qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espiritu Incluso le prometes la visión de tu rostro. Y para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envias a los espiritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos (SAN BERNARDO, Sermón 12, sobre el Salmo &laquo;Qui habitat&raquo;).

 

 

 

Los Angeles Custodios estarán presentes en el juicio universal

 

 

 

299 Concurrirán también (al juicio universal) todos los ángeles, para dar testimonio ellos mismos del ministerio que ejercieron por orden de Dios para la salvación de cada hombre (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, val. lll, p. 238).

 

 

 

Ayuda de los Angeles Custodios en el apostolado

 

300 Gánate al Angel Custodio de aquel a quien quieras traer a tu apostolado.—Es siempre un gran &laquo;cómplice&raquo; (J.ESCRIVÁDE BALAGUER, Camino, n. 563).

 

301 Nuestro deseo es que aumente la devoción al Angel Custodio. Cada uno tiene el suyo y cada uno puede conversar con los ángeles de sus semejantes (JUAN X XIII, Aloc. 9-8-1961).

 

302 Entre el ángel y nosotros hay algo permanente. Hay una mano que, incluso cuando dormimos, no suelta la nuestra... Sobre la tierra en que nos encontramos, compartimos el pulso y el latido del corazón de este hermano del cielo que habla con nuestro Padre (PAUL CLAUDEL, Presencia y profecía, en &laquo;Lecturas cristianas para nuestro tiempo&raquo;, Ed. Apostolado de la Prensa 1972).

 

 

 

Ayudas que nos presta el Angel Custodio en la oración

 

303 Aprovecha también considerar que ni el demonio, ni otra cosa, es poderosa para nos dañar, sin licencia de Nuestro Señor. También aprovecha considerar que tenemos al Angel de nuestra Guarda a nuestro lado, y en la oración mejor que en otra parte, porque allí existe él para nos ayudar y llevar nuestras oraciones al cielo y defendernos del enemigo, que no nos puede hacer mal (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Tratad. de la oración y meditación, 2, 4, av. 5&deg;).

 

304 La evocación de los selectísimos espíritus que el cuidado solicito del Padre celestial colocó y pone junto a cada uno de sus hijos, infunde alegría y ánimo. Pues los ángeles del Señor escudriñan nuestro interior y &iexcl; quisieran hacerlo digno de sus divinas complacencias! (JUAN XXIII, Aloc 9-81961).

 

305 Los elegidos interceden por los hombres, mientras los Angeles Custodios no sólo ruegan por los hombres, sino que actúan alrededor de ellos. Si por parte de los bienaventurados se da una intercesión, por parte de los ángeles hay una intercesión y una intervención directa: son al mismo tiempo abogados de los hombres cerca de Dios y ministros de Dios cerca de los hombres (G. HUBER, Mi ángel marchará delante de ti, Ed. Palabra, Madrid 1980, 6.a ed., p. 43).

 

306 Suelen los ángeles estar presentes a los que oran y deleitarse en los que ven levantar sus manos puras en la oración, se alegran de ofrecer a Dios el holocausto de la devoción santa como incienso agradable al cielo (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Madre).

 

307 Los ángeles custodios, clamando, despiertan a quienes no velan (ORIGENES, en Catena Aurea, vol. III, p. 218).

 

308Angeles que custodian la Sagrada Eucaristía De la misma manera que vemos cómo los ángeles se encuentran rodeando el Cuerpo del Señor en el sepulcro, así debemos creer también que se encuentran haciendo la corte en la Consagración (SAN BEDA, en Catena Aurea, val. VI, p. 529).

 

309 Gustosamente harían su oficio los Santos Angeles Custodios con aquella alma que les decía: &laquo;Angeles Santos, yo os invoco, como la Esposa del Cantar de los Cantares, "ut nuntietis ei quia amore langueo"—para que le digáis que muero de Amor&raquo; (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 568).

 

 

 

Gratitud al Angel Custodio

 

 

 

310 Somos también deudores de nuestro ángel custodio, quien contempla siempre el rostro del Padre que está en los cielos (ORIGENES, Trat. sobre la oración, 28, 3). 

 

 

 

 

 

Angeles.- "Es una verdad fundada en la infalible autoridad de la Escritura, que los Angeles están establecidos sobre nuestra conducta y que ofrecen todos los días a Dios las oraciones de los que son salvo por Jesucristo. (S. Hilario, in Matthaeum, e. 18, sent. 7, Tric. T. 2, p 258.)"

 

"El Angel del Señor tiene su campo alrededor de los que le temen Todo el que cree en Jesucristo tiene un Angel que le asista, si no le arroja de sí con alguna mala acción. (S. Basilio, in Psalm. 33, sent. 8 Tric. T. 3, p. 191.)"

 

"¡Ojalá quisiera Dios que cuando quemamos el incienso sobre nuestros altares, y ofrecemos el sacrificio, se descubriesen visible mente los Angeles, como le sucedió a Zacarías! No hemos de dudar que hay siempre Angeles presentes cuando se presenta el mismo Jesucristo, cuando es sacrificado Jesucristo. (S. Ambrosio, in Luc. e. 1 sent. 95, Tric. T. 4, p. 328.)"

 

"Por ser nosotros muy débiles para llegar por nosotros mismo hasta la habitación de nuestro celestial Médico, debemos implorar 1os ruegos de los Santos Angeles que Dios nos ha dado para socorrernos. (S. Ambrosio, sent. 142, Tric. T. 4, p. 343.)"

 

"Los Angeles ven continuamente el rostro del Padre celestial. Grande es la dignidad de las almas, pues tiene cada una desde instante en que nace un Angel deputado por Dios para su guarda. (S.Jerón., In c. 18, Matth., sent. 99, Trie. T. 5, p. 256.)"

 

APOSTOLADO

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

 

 

1. La misión del cristiano.

 

 

 

Así como Tú me has enviado al mundo, así yo los he enviado también a ellos al mundo. Jn 17, 18.

 

 

 

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Mc 16, 15.

 

 

 

Vosotros sois la sal de la tierra. Mt5, 13.

 

 

 

Vosotros sois la luz del mundo. Mt5, 14.

 

 

 

Quien a vosotros recibe, a mi me recibe; y quien a mi me recibe, recibe a Aquel que me ha enviado. Mt 10, 40.

 

 

 

2. El cristiano ha de ser levadura en la masa.

 

 

 

Es semejante el reino de los cielos al fermento que coge una mujer y lo pone en tres medidas de harina hasta que todo fermenta. Mt 13, 33.

 

 

 

Un poco de levadura hace fermentar toda la masa. I Cor 5, 6.

 

 

 

3. Unión con el Señor.

 

 

 

Al modo que el sarmiento no puede producir fruto, si no está unido con la vid, así tampoco vosotros si no estáis unidos conmigo. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; quien está unido conmigo, y yo con él, ése da mucho fruto, porque sin mi no podéis hacer nada. Jn 15, 4-5.

 

 

 

4. Voluntad salvífica de Dios

 

 

 

Dios quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. I Tim 2, 4.

 

 

 

Yo he venido a echar fuego en la tierra, &iquest;y qué he de querer sino que se encienda? Lc 12, 49.

 

 

 

5. Instrumentos del Señor

 

 

 

Yo planté, Apolo regó: pero es Dios quien da el incremento. I Cor 3, 5-7.

 

 

 

6. Ejemplo de los Apóstoles

 

 

 

Los Apóstoles no cesaban de enseñar y anunciar el Evangelio por todas partes: Hech 5, 42; 8, 4.

 

 

 

7. No desanimarse ante las dificultades

 

 

 

Teniendo presente que vuestro trabajo no es vano en el Señor. I Cor 15, 58.

 

 

 

Mis elegidos no trabajarán en vano. Is 65, 23.

 

 

 

8. Responsabilidad

 

 

 

El que tiene la palabra de sabiduría, pero no quiere emplearla en provecho del prójimo, es lo mismo que quien pone el dinero en una bolsa y la tiene siempre atada. Ecl 49, 17.

 

 

 

 

 

 

 

SELECCiÓN DE TEXTOS

 

 

 

El fin de todo apostolado es la salvación de las almas

 

311 La misión de la Iglesia tiene como fin la salvación de los hombres, la cual hay que conseguir con la fe en Cristo y con su gracia. Por tanto, el apostolado de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena en primer lugar a manifestar al mundo con palabras y obras el mensaje en Cristo y a comunicar su gracia (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 6).

 

312 &iexcl;A cuántos hombres es preciso llevar todavía a la fe! Cuántos hombres es preciso reconquistar para la fe que han perdido, siendo a veces esto más difícil que la primera conversión a la fe. Sin embargo la Iglesia, consciente de aquel gran don, del don de la Encarnación de Dios, no puede nunca detenerse, no puede pararse jamás (JUAN PABLO II, Hom. 6-1-1979).

 

 

 

APOSTOLADO

 

313 Y así me acaece, que cuando en las vidas de los santos leemos que convirtieron almas, mucha más devoción me hace y más ternura y más envidia, que todos los martirios que padecen (por ser ésta la inclinación que Nuestro Señor me ha dado), pareciéndome que precia más un alma que por nuestra industria y oración le ganásemos mediante su misericordia, que todos los servicios que le podemos hacer (SANTA TERESA, Fundaciones, 1, 7).

 

 

 

314 También puede ocurrir que no tenga pan que dar de limosna al indigente; pero quien tiene lengua, tiene algo más que poder dar, pues alimentar con el sustento de la palabra el alma, que ha de vivir para siempre, es más que saciar con pan terreno el estómago del cuerpo, que ha demorir (SAN GREGORO MAGNO, Hom. 6 sobre los Evang.).

 

 

 

&laquo;De la abundancia del corazón habla la boca&raquo;.

 

Necesidad de tratar a Dios, para hablar de El

 

 

 

315 Antes de permitir a la lengua que hable, el apóstol debe elevar a Dios su alma sedienta, con el fin de dar lo que hubiere bebido y esparcir aquello de que la haya llenado (SAN AGUSTIN, Sobre la doctrina cristiana, 1, 4).

 

 

 

316 Para que aprenda el hombre a amar a su prójimo como a si mismo, debe antes aprender a amar a Dios como a si mismo (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 118).

 

 

 

317 Cristo, enviado por el Padre, es la fuente y origen de todo apostolado de la Iglesia. Es, por ello, evidente que la fecundidad del apostolado seglar depende de la unión vital de los seglares con Cristo. Lo afirma el Señor: El que permanece en mi y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mi no podéis hacer nada (Jn 15, 5) (CONC. VAT. Il, Decr. Apostolicam actuositatem, 4).

 

 

 

318 Recibe de Cristo, para que puedas hablar a los demás. Acoge en ti el agua de Cristo [...]. Llena, pues, de esta agua tu interior, para que la tierra de tu corazón quede humedecida y regada por sus propias fuentes (SAN AMBROSIO, Carta 2, 1-2).

 

 

 

319 Y pienso, efectivamente, que corren un serio peligro de descaminarse aquellos que se lanzan a la acción—&iexcl;al activismo!—, y prescinden de la oración, del sacrificio y de los medios indispensables para conseguir una sólida piedad: la frecuencia de Sacramentos, la meditación, el examen de conciencia, la lectura espiritual, el trato asiduo con la Virgen Santísima y con los Angeles custodios... Todo esto contribuye además, con eficacia insustituible, a que sea tan amable la jornada del cristiano, porque de su riqueza interior fluyen la dulcedumbre y la felicidad de Dios, como la miel del panal (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, 1 8).

 

320 Lo que admiran mucho los hombres lo divulgan luego, porque de la abundancia del corazón habla la boca (Mt 12) (SANTO TOMAS, en Catena Aurea, val. IV, p. 37).

 

321 Sin una vida interior sólida, sin una auténtica unión con Jesucristo, sin piedad verdadera, no se puede ser apóstol. Para restaurar todas las cosas en Cristo por medio del apostolado es menester la gracia divina, y el apóstol no la recibe si no está unido a Cristo. Todos los que participan del apostolado deben, por tanto, poseer la verdadera piedad (SAN PIO X, Carta, I 1-ó-1909).

 

322 (El Bautista) [...] escuchaba en su interior la voz de la verdad para manifestar al exterior lo que oía (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 20 sobre los Evang.).

 

323 Empieza por tener paz en ti mismo, y así podrás dar paz a los demás (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, val. I, p. 254).

 

324 &laquo;Nonne cor nostrum ardeos erat in nobis, dum loqueretur in via?&raquo;—&iquest;Acaso nuestro corazón no ardía en nosotros cuando nos hablaba en el camino?Estas palabras de los discípulos de Emaús debían salir espontáneas, si eres apóstol, de labios de tus compañeros de profesión, después de encontrarte a ti en el camino de su vida (J. ESCRIVA DE BALAGUER, Camino, n. 917).

 

 

 

La vocación cristiana es, por su misma naturaleza,

 

vocación al apostalado

 

325 La virtud de esta luz (la vocación cristiana) no está sólo en brillar, sino también en conducir a quienes la sigan (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 1 5).

 

326 Todos los fieles, desde el Papa al último bautizado, participan de la misma vocación, de la misma fe, del mismo Espiritu, de la misma gracia... Todos participan activa y corresponsablemente—dentro de la necesaria pluralidad de ministerios—en la única misión de Cristo y de la Iglesia (A.DEL PORTILLO, Fieles y laicos en la Iglesia, p. 38).

 

327 La vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado (CONC. VAT.II, Decr. Apostolicam actuositatem, 2).

 

328 Considerando que Cristo es la luz verdadera sin mezcla posible de error alguno, nos damos cuenta de que también nuestra vida ha de estar iluminada con los rayos de la luz verdadera. Los rayos del sol de la justicia son las virtudes que de él emanan para iluminarnos [...] y, obrando en todo a plena luz, nos convirtamos también nosotros en luz y, según es propio de la luz, iluminemos a los demás con nuestras obras (SAN GREGORIO DE NISA, Trat. sobre la ejemplaridad del cristiano).

 

 

 

329 [...] y si os dirigís a Dios procurad no ir solos (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 4 sobre los Evang.).

 

 

 

330 La Iglesia ha nacido con este fin: propagar el reino de Cristo en toda la tierra para gloria de Dios Padre, y hacer así a todos los hombres participes de la redención salvadora, y por medio de ellos ordenar realmente todo el universo hacia Cristo. Toda la actividad del Cuerpo místico, dirigida a este fin, recibe el nombre de apostolado, el cual la Iglesia lo ejerce por obra de todos sus miembros, aunque de diversas maneras (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 2).

 

 

 

331 El deber y el derecho del seglar al apostolado deriva de su misma unión con Cristo Cabeza. Insertos por el bautismo en el Cuerpo místico de Cristo, robustecidos por la confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, es el mismo Señor el que los destina al apostolado (CONC. VAT. Il, Decr. Apostolicam actuositatem, 3). 

 

 

 

Necesidad absoluta de contar con el Señor en cualquier obra de apostolado. Es Dios quien transforma las almas

 

332 La Iglesia se compara a una gran recolección que necesita obreros, pero obreros que trabajen. No hay cosa más conforme con el Evangelio que acumular, de una parte, luces y fuerzas para el alma en la oración, en la lectura y en la soledad, e inmediatamente hacer participar a los hombres de este alimento espiritual. Es hacer como hizo nuestro Señor y luego los apóstoles; es juntar el oficio de Marta al de María (SAN VICENTE DE PAUL, Entretiens spirituels aux Missionaires, Ed. du Senil, 1960, pp. 905-907).

 

333 Si el Seflor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. El Señor es quien construye la casa [...]. Muchos son los que trabajan en la construcción, pero si El no construye, en vano se cansan los albañiles. &iquest;Quiénes son los que trabajan en esta construcción? Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora; y también antes de nosotros se esforzaron, trabajaron, construyeron otros; pero si el Seflor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles (SAN ACUSTIN, Coment sobre el Salmo 126). 

 

334 &iquest;De dónde sacaba San Pablo esta fuerza? Omnia possum in eo qui me confortat! (Fil 4, 13), todo lo puedo, porque sólo Dios me da esta fe, esta esperanza, esta caridad. Me resulta muy difícil creer en la eficacia sobrenatural de un apostolado que no esté apoyado, centrado sólidamente, en una vida de continuo trato con el Señor (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 271).

 

335 [...] no creamos nosotros esa luz: únicamente la reflejamos. No somos nosotros los que salvamos las almas, empujándolas a obrar el bien: somos tan sólo un instrumento, más o menos digno, para los designios salvadores de Dios. Si alguna vez pensásemos que el bien que hacemos es obra nuestra, volvería la soberbia, aún más retorcida; la sal perderia el sabor, la levadura se pudriria, la luz se convertiria en tinieblas (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 250).

 

336 Podemos amonestar con el sonido de nuestra voz, pero si dentro no está el que enseña, va no es nuestro sonido [...1. Os hable El, pues, interiormente, ya que ningún hombre está allí de maestro (SAN AGUSTIN, Coment. sobre la l.a Epístola de S. Juan). 

 

337 Nosotros os hablamos desde el exterior, pero es El quien edifica desde dentro [...]. Es El quien edifica, quien amonesta, quien amedrenta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a la fe; aunque nosotros cooperamos también con nuestro esfuerzo (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 126). 

 

 

 

El cristiano es sal de la tierra y luz del mundo

 

 

 

338 La palabra de Dios es luz para el entendimiento, fuego para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y amar a Dios; y para el hombre interior, el que vive por la gracia del Espiritu Santo, es pan y agua, pero un pan más dulce que la miel y el panal, un agua mejor que el vino y la leche; es para el alma un tesoro espiritual de méritos, y por esto es comparada al oro y a la piedra preciosa; es como un martillo que doblega la dureza del corazón obstinado en el vicio, y como una espada que da muerte a todo pecado, en nuestra lucha contra la carne, el mundo y el demonio (SAN LORENZO DE BRINDISI, Sermón cuaresmal). 

 

339 Procurad una limpieza de espiritu siempre en aumento. Nada agrada tanto a Dios como la conversión y salvación del hombre [...]; sed como lumbreras en medio del mundo, como una fuerza llena de vida para los demás hombres (SAN GREGORIO NACIANCENO, Disertación 39). 

 

340 La antorcha encendida significa que no debemos permitir que nadie viva en las tinieblas de la ignorancia (SAN CIRILO, en Catena Aurea, val. Vl, p. 101). 

 

341 (Tened en vuestras manos antorchas encendidas...), a saber: la penetración del espiritu que nos ilumina brillando en nuestra alma, y la doctrina con la cual iluminamos a los demás (TEOFILATO, en Catena Aurea, val. VI, p. 100).

 

342 Vosotros sois la sal de la tierra. Es como si les dijera: &laquo;El mensaje que se os comunica no va destinado a vosotros solos, sino que habéis de transmitirlo a todo el mundo. Porque no os envio a dos ciudades, ni a diez, ni a veinte; ni tan siquiera os envio a toda una nación, como en otro tiempo a los profetas, sino a la tierra, al mar y a todo el mundo, y a un mundo, por cierto, muy mal dispuesto>~. Porque al decir: Vosotros sois la sal de la tierra, enseña que los hombres han perdido su sabor y están corrompidos por el pecado. Por ello exige sobre todo de sus discípulos aquellas virtudes que son más necesarias y útiles para el cuidado de los demás (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre San Mateo, 15, 6).

 

343 Es propio de la luz el iluminar en cualquier parte en que se encuentre [...]. De la misma manera, el mundo, sin el conocimiento de Dios, estaba sumido en las tinieblas de la ignorancia, pero por medio de los Apóstoles se le comunicó la luz de la verdadera ciencia, y el conocimiento de Dios brilla. Y por cualquier parte que caminen, de su pobre humanidad brota la luz que disipa las tinieblas (SAN H1LARIO, en Catena Aurea, val. I, p. 263).

 

 

 

En el apostalado no se debe buscar el propio interés, ni la alabanza, ni el agradecimiento, ni ventaja alguna personal

 

344 Yo tengo plena conciencia de que es a Ti, Dios Padre omnipotente, a quien debo ofrecer la obra principal de mi vida, de tal suerte que todas mis palabras y pensamientos hablen de Ti.Y el mejor premio que puede reportarme esta facultad de hablar que Tú me has concedido, es el de servirte predicándote a Ti y demostrando al mundo que lo ignora, o a los herejes que lo niegan, lo que Tú eres en realidad: Padre [...](SAN HILARIO, Trat. sobre la Santísima Trinidad, I , 3738).

 

345 Examine cada uno lo que hace, y vea si trabaja ya en la viña del sembrador. Porque el que en esta vida procura el propio interés no ha entrado todavía en la viña del Señor. Pues para el Señor trabajan quienes buscan no su propia ganancia, sino la del Señor [...]; los que se desvelan por ganar almas y se dan prisa por llevar a otros a la viña (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 19 sobre los Evang.). 

 

 

 

346 (No podemos ser como aquellos que) se avergüenzan de tratar argumentos sencillos y fáciles para que no parezca que no saben tratar argumentos más sublimes (GiLsERTo ABAD, Sermón 7 sobre et Cantar de los Cantares). Pone la luz bajo el celemín todo aquel que oscurece y cu- 347 bre la luz de la buena doctrina con ventajas de orden temporal (SAN AGUSTIN, Sobre el Sermón de la Montaña, 1, 17). 

 

 

 

348 Aquellas palabras de Cristo: &iquest;Me amas? Apacienta mis ovejas, equivalen a decir: &laquo;Si me amas, piensa que no te apacientas a ti mismo, sino a mis ovejas; apaciéntalas como mías, no como tuyas; busca en ellas mi gloria, no la tuya; mi dominio, no el tuyo; mi ganancia, no la tuya; no participes del sentir de aquellos que pertenecen a los tiempos peligrosos, los que se aman a sí mismos y a todo lo demás que dimana de este mal principio&raquo;. Por tanto, los que apacientan las ovejas de Cristo no han de ser amadores de sí mismos, y así las apacentarán no como propias, sino como pertenecientes a Cristo. El peor mal que es necesario evitar en los que apacientan las ovejas de Cristo es el buscar sus propios intereses y no los de Jesucristo, destinando a su propia utilidad a aquellos por quienes ha sido derramada la sangre de Cristo (SAN AGUSTíN, Trat. Evang. S. Juan, 123, 5). 

 

 

 

349 &iexcl;Anunciad la Palabra con toda claridad, indiferentes al aplauso o al rechazo! En definitiva, no somos nosotros quienes promovemos el éxito o el fracaso del Evangelio, sino el Espíritu de Dios. Los creyentes y los no creyentes tienen derecho a escuchar inequívocamente el auténtico anuncio de la Iglesia. Anunciad la Palabra con todo el amor del Buen Pastor, que se da, que busca, que comprende (JUAN PABLO II, A /a Conf. Episcopal alemana, 17-11-1980).

 

 

 

Todo apostolado tiene su origen y su fuerza en la caridad La caridad es &laquo;como el alma de todo apostolado&raquo;

 

350 Todo ejercicio de apostolado tiene su origen y su fuerza en la caridad (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 8).

 

351 El principal apostolado que los cristianos hemos de realizar en el mundo, el mejor testimonio de fe, es contribuir a que dentro de la Iglesia se respire el clima de la auténtica caridad (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 226).

 

352 Tú, por tanto, que deseas ser útil a las almas del prójimo, primero acude a Dios de todo corazón y pídele simplemente esto: que se digna infundir en ti aquella caridad que es el compendio de todas las virtudes, ya que ella te hará alcanzar lo que deseas (SAN VICENTE FERRER, Trat. de la vida espiritual, 13).

 

353 Son los sacramentos, y sobre todo la Eucaristía, los que comunican y alimentan en los fieles la caridad que es como el alma de todo apostolado (CONC. VAT. 11, Decr. Apostolicam actuositatem, 3).

 

354 Orad sin interrupción (I Tes 5, 17) por los demás hombres. Hay en ellos esperanza de conversión, una conversión que les conducirá a Dios Volveos hacia ellos, para que, por medio de vuestras obras, se hagan discípulos vuestros. Ante su cólera estad llenos de dulzura. Ante su jactancia tened sentimientos de humildad. Ante sus blasfemias, estad en oración. Ante sus errores, permaneced firmes en la fe (Col 1, 23). Ante sus violencias, sed pacificos, sin imitarlos (SAN IGNACIO DE ANTIOQUIA, Carta a los Efesios).

 

 

 

&laquo;Ya no habría ningún pagano, si nos comportáramos como verdaderos cristianos&raquo;. Ejemplaridad y eficacia apostólica

 

355 La luz debe estar bien alta para que ilumine a los demás; no debajo del celemín, es decir, de la gula, ni debajo de la cama, o del ocio, porque nadie que se entregue a la gula y al ocio puede ser luz para los demás (TEÓFILO, en Catena Aurea, val. IV, p. 1023.

 

356 En vano se esfuerza en propagar la doctrina cristiana quien la contradice con sus obras (SAN ANTONIO DE PADUA, Sermón 1, 226).

 

357 Cualquiera que se encuentre fiel y prudente, presida la familla del Señor para darle la medida de trigo en todo tiempo, ya por medio de la predicación con la que el alma se alimenta, ya por medio del buen ejemplo, por el que la vida se endereza (TEÓFILO, en Catena A urea, val. Vl, p. 109).

 

358 No os apenéis ni os llenéis de abatimiento. También los Apóstoles eran para unos olor de muerte, y para otros olor de vida. No demos nosotros motivo alguno a la maledicencia y estaremos libres de toda culpa, o, para decirlo mejor, mayor aún será nuestro gozo ante esas falsas acusaciones. Brille, pues, el ejemplo de nuestra vida, y no hagamos ningún caso de las criticas. No es posible que quien de verdad se empeñe por ser santo deje de tener muchos que no le quieran. Pero eso no importa, pues hasta con tal motivo aumenta la corona de su gloria. Por eso, a una sola cosa hemos de atender: a ordenar con perfección nuestra propia conducta. Si hacemos esto, conduciremos a una vida cristiana a los que anden en tinieblas (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 15). 

 

359 Hijo de hambre, te he puesto como atalaya en la casa de Israel. Fijémonos cómo el Señor compara sus predicadores a una atalaya. La atalaya está siempre en un lugar alto para ver desde lejos todo lo que se acerca. Y todo aquel que es puesto como atalaya del pueblo de Dios debe, por su conducta, estar siempre en alto, a fin de preverlo todo y ayudar así a los que tiene bajo su custodia (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. sobre Ezequiel).

 

 

 

360 Cristo nos ha dejado en la tierra para que seamos faros que iluminen, doctores que enseñen; para que cumplamos nuestro deber de levadura; para que nos comportemos como ángeles, como anunciadores entre los hombres; para que seamos adultos entre los menores, hombres espirituales entre los carnales, a fin de ganarlos; que seamos simiente y demos numerosos frutos. Ni siquiera sería necesario exponer la doctrina si nuestra vida fuese tan radiante, ni sería necesario recurrir a las palabras si nuestras obras dieran tal testimonio. Ya no habría ningún pagano, si nos comportáramos como verdaderos cristianos (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. 10 sobre la l.a Epist. a Timoteo).

 

361 La manera de enseñar algo con autoridad es practicarlo antes de enseñarlo, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la conciencia contradice las palabras (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, 23, 23-24).

 

362 Quien tiene la misión de decir cosas grandes, está igualmente obligado a practicarlas (SAN GREGORIO MAGNO, en Catena Aurea, val. VI, p. 101).

 

363 Nosotros tenemos las antorchas encendidas en nuestras manos cuando, con las buenas obras, damos a nuestros prójimos buenos ejemplos. (S. GREGORIO, MAGNO, en Catena Aurea, val. VI, p. lO1).

 

 

 

Aprovechar todas las circunstancias y oportunidades para dar a conocer a Cristo

 

364 Queremos recordar a toda la Iglesia que la evangelización sigue siendo su principal deber... Animada por la fe, alimentada por la caridad y sostenida por el alimento celestial de la Eucaristía, la Iglesia debe estudiar todos los caminos, procurarse todos los medios, oportuna e inoportunamente (2 Tim 4, 2), para sembrar la palabra, proclamar el mensaje, anunciar la salvación que infunde en el alma la inquietud de la búsqueda de la verdad y la sostiene con la ayuda de lo alto en esta búsqueda. Si todos los hijos de la Iglesia fueran misioneros incansables del Evangelio brotaría una nueva floración de santidad y de renovación en este mundo sediento de amor y de verdad (JUAN PAB~O 1, Primer mensaje, 27-Vlll-1978)

 

365 Id, pues, a las salidas de los caminos, y a cuantos encontréis, llamadlos a las bodas.Son caminos también todos los conocimientos humanos, como los de la filosofía, los de la milicia, y otros por el estilo. Dijo, pues: Id a las salidas de los cam&iquest;nos, para que llamen a la fe a todos los hombres, cualquiera que sea su condición (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, val. III, p. 63).

 

 

 

366 Pablo [...] hasta una inscripción vista al azar la convierte en argumento de la fe; porque había aprendido del verdadero David a arrancar la espada de manos de los enemigos, y a cortar la cabeza del soberbio Goliat con su propio puñal (SAN JERÓNIMO, Carta a los Magnesios).

 

 

 

367 Los publicanos se aproximaron a nuestro Redentor, no sólo para hablarle, sino para comer con El; porque no solamente corregía Jesús a quienes estaban mal dispuestos con argumentos y con obras o reprensiones, sino asistiendo a las comidas; para que aprendamos con este proceder que en cualquier tiempo y de cualquier manera podemos sacar utilidad (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, val. 11, p. 13).

 

 

 

368 Quienes viajan por motivo de obras internacionales, de negocios o de descanso, no olviden que son en todas partes heraldos itinerantes de Cristo y que deben portarse como tales con sinceridad (CONC. VAT. II, Decret. Apostolicam actuositatem, 14).

 

 

 

369 No puedes decir que te es imposible atraer a los demás. Si eres verdadero cristiano, es imposible que esto no suceda. Si es cierto que no hay contradicción en la naturaleza, es también verdad lo que nosotros afirmamos, pues esto se desprende de la misma naturaleza del cristiano Si afirmas que un cristiano no puede ser útil, deshonras a Dios y le calificas de mendaz. Le resulta más fácil a la luz convertirse en tinieblas que al cristiano no irradiar. No declares una cosa imposible cuando es precisamente su contrario lo que es imposible (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. 20 sobre los Hechos de los Agósteles).

 

 

 

370 Son innumerables las ocasiones que tienen los seglares para ejercitar el apostolado de la evangelización y de la santificación. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 6.)

 

 

 

Apostolado &laquo;en medio del mundo&raquo;. Valor ejemplar y apostalico del trabajo y de las obligaciones sociales, etc. 

 

371 Cada cristiano debe hacer presente a Cristo entre los hombres; debe obrar de tal manera que quienes le traten perciban el bonus odor Christi (cfr. 2 Cor 2, 15), el buen olor de Cristo; debe actuar de modo que, a través de las acciones del discípulo, pueda descubrirse el rostro del Maestro (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 105).

 

372 El trabajo profesional es también apostolado, ocasión de entrega a los demás hombres, para revelarles a Cristo y llevarles hacia Dios Padre, consecuencia de la caridad que el Espiritu Santo derrama en las almas (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 49). 

 

373 Hemos de evitar el error de considerar que el apostolado se reduce al testimonio de unas prácticas piadosas. Tú y yo somos cristianos, pero a la vez, y sin solución de continuidad, ciudadanos y trabajadores, con unas obligaciones claras que hemos de cumplir de un modo ejemplar, si de veras queremos santificarnos (J ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 61)

 

 

 

El apostolado es un gozoso deber de todos los cristianos

 

374 Este apostolado, sin embargo, no consiste sólo en el testimonio de vida. El verdadero apóstol busca ocasiones para anunciar a Cristo con la palabra, ya a los no creyentes, para llevarlos a la fe; ya a los fieles, para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a mayor fervor de vida; porque la caridad de Cristo nos constriñe (2 Cor 5, 14) En el corazón de todos deben resonar aquellas palabras del Apóstol: &iexcl;Ay de misi no evangelizare! (I Cor 9, 16) (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 6).

 

 

375 Debe (el cristiano) [...] participar en el designio divino de la salvación. Debe marchar hacia la salvación y ayudar a los demás a fin de que se salven. Ayudando a los demás se salva a si mismo (JUAN PABLO II, Sobre la Prudencia, 2510-78).

 

376 Resucítame (le pedía San Agustín al Señor) para que tu doctrina se extienda por mi al mundo entero (SAN AGUSTiN, Trat. sobre Evang. de San Juan, 105, 1).

 

377 &iquest;Quién es el que lleva la Buena Noticia sino el coro de los que proclaman el Evangelio? &iquest;Qué significa llevar la Buena Noticia? Predicar a todos los hombres [...] la venida de Cristo a la tierra (SAN EUSEBIO DE CESAREA, Coment. sobre Isaías).

 

378 A todos los cristianos se impone la gloriosa tarea de trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado en todas partes por todos los hombres (CONC. VAT 11, Decr. Apostolicam actuositatem, 3).

 

 

 

Cristo murió y resucitó por todos los hombres.

 

Sentido universal del apostalado

 

 

 

379 El ha venido a la tierra para redimir a todo el mundo, porque quiere que los hombres se salven (I Tim 2, 4). No hay alma que no interese a Cristo. Cada una de ellas le ha costado el precio de su Sangre (cfr. I Pdr 1, 18-19) (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 256).

 

 

 

380 El cristianismo posee el gran don de enjugar y curar la única herida profunda de la naturaleza humana, y esto vale más para su éxito que toda una enciclopedia de conocimientos científicos y toda una biblioteca de controversias; por eso el cristianismo ha de durar mientras dure la naturaleza humana El es una verdad viviente que no puede envejecer jamás (CARD J. H. NEWMAN, El sentido religioso, p. 417)

 

 

 

381 No podré descansar hasta el fin del mundo, mientras haya almas que salvar. Pero cuando diga el ángel: Ya ha pasado el tiempo, entonces podré descansar, y podré gozar, porque el número de los elegidos habrá quedado completo (SANTA TERESA DE LISIEUX, Novissima verba).

 

 

 

APOSTOLADO

 

382 &iquest;Te acuerdas?—Hacíamos tú y yo nuestra oración, cuando caía la tarde. Cerca se escuchaba el rumor del agua. —Y, en la quietud de la ciudad castellana, oíamos también voces distintas que hablaban en cien lenguas, gritándonos angustiosamente que aún no conocen a Cristo.Besaste el Crucifijo, sin recatarte, y le pediste ser apóstol de apóstoles (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 811).

 

383 (La doctrina de Cristo) se ha de extender por la tierra y el mar, sin más limites que el mundo mismo (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre San Mateo, 15).

 

384 Toda solicitud y todo trabajo son poco en comparación con el interés de una sola alma. El que devuelve una oveja errante al redil se ha asegurado un abogado poderoso ante Dios (SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA, Serm. del Domingo in Albis, 1. c., pp. 900-901).

 

385 Dondequiera que haya hombres carentes de alimento, vestido, vivienda, medicinas, trabajo, instrucción, medios necesarios para llevar una vida verdaderamente humana, o afligidos por la desgracia o por la falta de salud, o sufriendo el destierro o la cárcel, allí debe buscarlos y encontrarlos la caridad cristiana, consolarlos con diligente cuidado y ayudarlos con la prestación de auxilios Esta obligación se impone ante todo a los hombres y a los pueblos que viven en la prosperidad (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 8).

 

386 El mismo Jesucristo, que conocía la malicia de los fariseos, condescendió con ellos para ganarlos, a semejanza de los buenos médicos, que prodigan más remedios a los enfermos más graves (SAN CIRILO, en Catena Aurea, val. VI, p. 46).

 

 

 

Cada cristiano ha de ser levadura que transforme

 

a quienes le rodean

 

387 Sed profundamente amigos de Jesús y llevad a la familia, a la escuela, al barrio, el ejemplo de vuestra vida cristiana, limpia y alegre. Sed siempre jóvenes cristianos, verdaderos testigos de la doctrina de Cristo Más aún, sed portadores de Cristo en esta sociedad perturbada, hoy más que nunca necesitada de El. Anunciad a todos con vuestra vida que sólo Cristo es la verdadera salvación de la humanidad (JUAN PABEO II, Hom. 3-XII-1978).

 

 

 

388 Porque también a nosotros, creyentes suyos, nos ha mezclado con la muchedumbre para que hagamos a los demás partícipes de nuestra fe. Que nadie eche la culpa al corto número; porque tan grande es la fuerza de la predicación evangélica, que lo que una vez ha fermentado se convierte en levadura para los demás (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 46).

 

 

 

389 La levadura hace fermentar la masa cuando está cerca de la harina, o mejor, mezclada con ella, pues la mujer no sólo puso la levadura, sino que además la escondió entre la masa. Del mismo modo tenéis que hacer vosotros, cuando estéis mezclados, identificados con la gente., como la levadura que está escondida, pero no desaparece, sino que poco a poco va transformando toda la masa en su propia calidad (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. sobre S. Mateo, 46).

 

 

 

Cuanto mayor es el mal, mayor la necesidad de nacer el bien

 

 

 

390 Cuando la perversidad de los malos va cada vez en aumenta, lejos de disminuir la predicación, se debe aumentar cada vez más. El Señor nos lo aconseja con su ejemplo, el cual, después de haber oído decir de si que tenia el demonio, distribuyó más copiosamente los beneficios de su predicación (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 18 sobre los Evang.).

 

 

 

Somos &laquo;instrumentos de Dios&raquo;

 

391 El Espiritu Santo se sirve de la palabra del hombre como de un instrumento. Pero es El el que interiormente perfecciona la obra (SANTO TOMAS, Suma Teológica, 2-2, q. 177, a. 1).

 

 

 

392 Preparad el camino del Señor, y enderezad sus sendas. Todo aquel que predica una fe recta y las buenas obras, &iquest;qué otra cosa hace sino preparar el camino del Señor que viene al corazón de los oyentes, para que penetre en él la fuerza de la gracia, para que le ilustre la luz de la verdad, para que haga rectas las sendas que conducen a Dios...? (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 20 sobre los Evang.). 

 

393 La virtud y la bondad de un enviado, consisten en que no diga nada de sí propio (SAN JUAN CRiSÓSTOMO, en Catena Aurea, val. V, p. 27).

 

394 La formación para el apostolado supone una completa formación humana, acomodada al carácter y cualidades de cada uno. Porque el seglar, conociendo bien el mundo contemporáneo, debe ser miembro bien adaptado a la sociedad y a la cultura de su tiempo (CONC. VAT.II, Decr. Apostolicam actuositatem, 29).

 

395 Cuando el Señor quiere para sí un alma, tienen poca fuerza las criaturas para estorbarlo (SANTA TERESA, Fundaciones, 10, 8).

 

396 Los más pequeños, los más débiles entre los hombres, eran los discípulos del Señor; pero como había en ellos una eficacia divina grandiosa, esa fuerza se desplegó y se difundió por todo el mundo Con esto quiso dar el Señor una prueba de su grandeza (SAN JUAN CRISOSTOMO, Hom. sobre S. Mateo 46). 

 

397 Confiamos, pues, que tú harás progresar nuestro tímido esfuerzo inicial y que, a medida que vayamos progresando, lo afianzarás, y que nos llamarás a compartir el espíritu de los profetas y apóstoles; de este modo, entenderemos sus palabras en el mismo sentido en que ellos las pronunciaron y penetraremos en el verdadero significado de su mensaje (SAN HILARIO, Trat. Stma. Trinidad, 1, 37-38).

 

398 El Espíritu Santo, que habita en los que están bien dispuestos, les inspira como buen doctor lo que deben decir (SAN CIRILO, en Catena Aurea, val. Vl, p. 77). 

 

 

 

Amistad y apostolado. Por nuestra fe, el Señor

 

puede sanar a nuestros amigos

 

 

 

399 Conviene que Dios haga la voluntad del hombre respecto a la salvación de otro en proporción a su amistad (SANTO ToMAS, Suma Teológica, 1-2, q 114, a. 6).

 

 

 

: 400 Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico:Hijo, tus pecados te son perdonados (Mc 2, lss.). Es de notar que no dijo la fe del paralítico, sino la de los que le llevaban: a veces ocurre que alguno sana por la fe de otro (SAN JUAN CRISOSTOMO, en CatenaAurea, val. IV, p. 51). 

 

 

 

401 Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados (Mc 2, lss). Es digno de consideración cuánto debe valer para Dios la fe propia de cada uno, cuando vale tanto la ajena, que por ella se levanta un hombre curado de repente interior y exteriormente, y por el mérito de unos se perdonan a otros sus pecados (SAN BEDA, en Catena Aurea, val. IV, p. 51). 

 

 

 

&laquo;Las almas son de Dios&raquo;

 

 

 

402 Los demás discípulos vinieron en la barca, tirando de la red llena de peces, pues no estaban lejos de tierra, sino como a unos doscientos codos (Jn 21, 8). Enseguida ponen la pesca a los pies del Señor, porque es suya. Para que aprendamos que las almas son de Dios, que nadie en esta tierra puede atribuirse esa propiedad, que el apostolado de la Iglesia—su anuncio y su realidad de salvación—no se basa en el prestigio de unas personas, sino en la gracia divina (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 267). 

 

 

 

Apostolado personal del sacerdote

 

 

 

403 [...] el sacerdote no daria a Dios el culto debido si se quedase encerrado en el templo, si su actividad se limitara a las solas funciones rituales, si esperase que el pueblo viniera a buscarlo en la soledad progresiva de su aislamiento. Y esto es cierto hoy de modo particular, porque hoy es más que nunca necesario, en la edificación de la Iglesia, la presencia misional del sacerdote entre los hombres. Hombres que pertenecen a una sociedad empapada de materialismo —y por eso, con frecuencia insatisfechos, descorazonados, tristes—, a quienes es necesario acercarse como Jesús se acercó en el camino de Emaús—como compañero de viaje—para hacerse escuchar fácilmente, para hacerse comprender, para traducir a su lenguaje la Palabra de siempre, tantas veces repetida; para reavivar, finalmente, su fe y su alegría con la fracción del pan (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, pp. 58-59).

 

 

 

Apostolado especialmente en la propia familia

 

404 Vuestro primer deber y vuestro mayor privilegio como padres es el de transmitir a vuestros hijos la fe que vosotros recibisteis de vuestros padres. El hogar debería ser la primera escuela de oración (JUAN PABLO II, Hom. l-X-1979).

 

405 Los esposos cristianos son para sí mismos, para sus hijos y demás familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Son para sus hijos los primeros predicadores y educadores de la fe; los forman con su palabra y ejemplo para la vida cristiana y apostólica, les ayudan prudentemente a elegir su vocación y fomentan con todo esmero la vocación sagrada cuando la descubren en los hijos (CONC. VAT. II, Decr. Apostalicam actuositatam, 11).

 

406 Siempre fue deber de los esposos, pero hoy constituye la parte más importante de su apostolado, manifestar y demostrar con su vida la indisolubilidad y santidad del vínculo matrimonial; afirmar con valentía el derecho y la obligación que los padres y los tutores tienen de educar cristianamente a la prole; y defender la dignidad y la legítima autonomía de la familia. Cooperen, por tanto, los esposos y los demás cristianos con los hombres de buena voluntad para que se conserven incólumes estos derechos en la legislación civil [...] (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatam, 11).

 

 

 

También los niños poseen su propia capacidad apostólica

 

407 También los niños tienen su propia actividad apostólica. Según su capacidad, son testigos vivientes de Cristo entre sus compañeros (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 12). 

 

 

 

Medios en el apostolado

 

408 Aquel pobre apóstol que no tenía nada que dar al que le pedía limosna, distribuyó tan abundantemente la gracia de Dios que dio no sólo el vigor a las piernas del cojo, sino también la salud del alma a aquella ingente multitud de creyentes, a los cuales había encontrado sin fuerzas y que ahora podían ya andar ligeros siguiendo a Cristo (SAN LEÓN MAGNO, Sermón sobre las Bienaventuranzas). 

 

 

 

409 Recuerden todos que con el culto público y con la oración, con la penitencia y la libre aceptación de los trabajos y desgracias de la vida, con la que se asemejan a Cristo paciente (cfr. 2 Cor 4, 10; Col 1, 24) pueden llegarse a todos los hombres y ayudar a la salvación del mundo entero (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 16). Omisiones y excusas en el apostolado Ver también OMISIONES. 

 

 

 

410 Nada hay más frío que un cristiano despreocupado de la salvación ajena. No puedes aducir tu pobreza como pretexto. La que dio sus monedas te acusará. El mismo Pedro dijo: No tengo oro ni plata (Hech 3, 6). Y Pablo era tan pobre que muchas veces padecía hambre y carecía de lo necesario para vivir. Tú no puedes pretextar tu humilde origen: ellos eran también personas humildes, de modesta condición. Ni la ignorancia te servirá de excusa: ellos eran todos hombres sin letras. Seas esclavo o fugitivo, puedes cumplir lo que de ti depende. Tal fue Onésimo, y mira cuál fue su vocación... No aduzcas la enfermedad como pretexto, Timoteo estaba sometido a frecuentes achaques [. .]. Cada uno puede ser útil a su prójimo, si quiere hacer lo que puede (SAN JUAN CRISÓSTOMO, Hom. 20 sobre los Hechos de los Apóstoles). 

 

 

 

411 Así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados (SAN GREGORIO MAGNO, Regla pastoral, p. 2, cap. 4).

 

412 La mies es mucha, pero los operarios son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que env~e trabajadores a su mies. Por tanto, para una mies abundante son pocos los trabajadores; al escuchar esto no podemos dejar de sentir una gran tristeza, porque hay que reconocer que, si bien hay personas que desean escuchar cosas buenas, faltan, en cambio, quienes se dediquen a anunciarlas (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 17 sobra los Evang.). 

 

 

 

El apostolado, una muestra clara de amor a Dios

 

413 Hijo mío: si amas tu apostolado, está seguro de que amas a Dios (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 922).

 

 

 

El apostolado, &laquo;coraza&raquo; contra muchas tentaciones

 

414 El día que &laquo;sientas&raquo; bien tu apostolado, ese apostolad~ rá para ti una coraza donde se embotarán todas las asechanzas de tus enemigos de la tierra y del infierno (J. EsCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 923). 

 

 

 

El apostolado de &laquo;no dar&raquo;

 

415 Es condición humana tener en poco lo que poco cuesta. —Esa es la razón de que te aconseje el &laquo;apostolado de no dar&raquo; Nunca dejes de cobrar lo que sea equitativo y razonable por el ejercicio de tu profesión, si tu profesión es el instrumento de tu apostolado (J. ESCRIVA DE BALAGUÉR, Camino, n. 979).

 

 

 

416 El &laquo;apostolado de la inteligencia&raquo; &laquo;Venite post me, et faciam vos fieri piscatores hominum&raquo; —Venid detrás de mi, y os haré pescadores de hombres. —&iexcl;No sin misterio emplea el Señor estas palabras: a los hombres—como a los peces—hay que cogerlos por la cabeza.&iexcl;Qué hondura evangélica tiene el &laquo;apostolado de la inteligencia&raquo;! (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 978). 

 

417 Santa Maria, Reina de los Agósteles.El modelo perfecto de esta espiritualidad apostólica es la Santísima Virgen Maria, Reina de los Apóstoles, la cual, mientras vivió en este mundo una vida igual a la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba constantemente unida con su Hijo y cooperó de modo singularisimo a la obra del Salvador (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 4). 

 

ARIDEZ

 

 

 

En qué consiste la verdadera devoción

 

 

 

418 Porque no es devoción aquella ternura de corazón o conlación que sienten algunas veces los que oran, sino esta prontitud y aliento para bien obrar, de donde muchas veces acaece hallarse lo uno sin lo otro, cuando el Señor quiere probar a los suyos (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 2, 1).

 

 

 

419 Tienes una pobre idea de tu camino, cuando, al sentirte frío, crees que lo has perdido: es la hora de la prueba; por eso te han quitado los consuelos sensibles (J. ESCR[VA DE BALAGUER, Camino, n. 996).

 

 

 

420 No has de ser como muchos ignorantes que piensan de Dios superficialmente y creen que, cuando no lo entienden o no lo gustan ni sienten, Dios está más lejos y más escondido (SAN JUAN DELA CRUZ, Cántico espiritual, 1, 12).

 

 

 

421 Debes comportarte como te he indicado [...] en el tiempo de las consolaciones; pero esto no durará mucho, pues a veces te sentirás tan privada y destituida de sentimiento y devoción que te parecerá que tu alma es una tierra desierta, infructuosa, estéril, donde no se abre camino ni sendero alguno para encontrar a Dios, ni se encuentra el agua de la gracia que la pueda regar, a causa de la sequía que, a tu manera de ver, la convertirá en un desierto. &iexcl;Oh, cuán digna de lástima es el alma que se ve en semejante estado y, sobre todo, cuando su mal es vehemente! Porque entonces, a semejanza de David, se derrite en lágrimas día y noche (Ps 62, 3), mientras que el enemigo, mediante mil sugerencias para sumirla en la desesperación, se mofa de ella diciéndole: &iexcl;Ah, pobrecilla!, &iquest;Dónde está tu Dios? (Ps 61,3) (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, IV, 14).

 

422 El que quisiere ver cuánto ha aprovechado en este camino de Dios, mire cuánto crece cada día en humildad interior y exterior. &iquest;Cómo sufre las injusticias de los otros? &iquest;Cómo sabe dar pasada a las flaquezas ajenas? &iquest;Cómo acude a las necesidades de sus prójimos? &iquest;Cómo se compadece y no se indigna contra los defectos ajenos? &iquest;Cómo sabe esperar en Dios en el tiempo de la tribulación? &iquest;Cómo rige su lengua? &iquest;Cómo guarda su corazón? &iquest;Cómo trae domada su carne con todos sus apetitos y sentidos? &iquest;Cómo se sabe valer en las prosperidades y adversidades? &iquest;Cómo se repara y provee en todas las cosas con gravedad y discreción? Y, sobre todo esto, mire si está muerto el amor de la honra, y del regalo, y del mundo, y según lo que en esto hubiere aprovechado, así se juzgue, y no según lo que siente o no siente de Dios (SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, Trat. de la oración y meditación, 2, 5).

 

423 [...] porque de razón de tibieza es no se le dar mucho, ni tener solicitud interior por las cosas de Dios [...] Lo que es sólo sequedad purgativa tiene consigo ordinaria solicitud con cuidado y pena, como digo, de que no sirve a Dios [...]. (SAN JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, 1, 9).

 

424 En lo que está la suma perfección claro está que no es en regalos interiores ni en grandes arrobamientos [...], sino en estar nuestra voluntad tan conforme a la voluntad de Dios, que ninguna cosa entendamos que quiere, que no la queramos con toda nuestra voluntad (SANTA TERESA, Fundaciones, 5, 10).

 

 

 

La oración &laquo;con sequedad&raquo;

 

425 &laquo;&iquest;Qué me pasa? Estoy decaída, nada me puede ya contentar, todo me disgusta; &iexcl;me siento tan confundida!&raquo; Mas, &iquest;por qué? Hay dos clases de confusión: la una lleva a la humildad de la vida; la otra, a la desesperación y, en con secuencia, a la muerte. &laquo;Os aseguro que estoy tan turbada —dice ella—que casi me falta el aliento y renuncio a aspirar a la perfección&raquo;. &iexcl;Dios mío, qué debilidad! Faltan los consuelos y, en consecuencia, viene a menos el valor. No conviene obrar así, sino que cuanto más nos priva Dios de sus consuelos, tanto más debemos esforzarnos en testimoniarle nuestra fidelidad. Un solo acto practicado durante esta aridez vale más que muchos otros hechos durante el tiempo de consolación, porque, como ya he dicho hablando de Job, se practica con amor mucho más fuerte que el otro, tierno y sensible. Así, pues, cuanto más me quiten, más daré (SAN FRANCISCO DE SALES, Conversaciones espirituales, 17, 3).

 

 

 

426 Para el que ama a Jesús, la oración, aun la oración con se- quedad, es la dulzura que pone siempre fin a las penas: se va a la oración con el ansia con que el niño va al azúcar, después de tomar la pócima amarga (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 889).

 

 

 

427 Que, por cuanto aquí purga Dios al alma..., conviene que sea puesta en vacío y pobreza y desamparo de todas estas partes (potencias interiores y exteriores), dejándola seca, vacía y en tinieblas (SAN JUAN DE LA CRUZ, Noche oscura, 2, 6, 4).

 

 

 

428 Y así se determine, aunque para toda la vida le dure esta sequedad, no dejar a Cristo caer con la cruz. Tiempo vendrá que se lo pague por junto; no haya miedo que se pierda el trabajo; a buen amo sirve; mirándole está (SANTA TERESA, Vida, 11, 3).

 

 

 

429 Hasta tal punto conocía el santo rey David la utilidad que supone para nosotros este alejamiento y, por decirlo así, esta ausencia de Dios, que no quiso pedirle le privara de una prueba semejante. Sabía de sobra que el sufrir alguna vez estas desolaciones era de provecho a él y a los demás hombres, cualquiera que fuese el grado de perfección a que hubieren llegado (CASIANO, Colaciones, 4, 6).

 

 

 

No disminuir la oración a causa de la aridez

 

430 Cuando vayas a orar, que sea éste un firme propósito: ni más tiempo por consolación, ni menos por aridez (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 99).

 

431 Si acaso te sucede no hallar gusto ni consuelo en la meditación, te encargo que no por esto te turbes, sino que unas veces recurras a la oración vocal, quejándote de ti misma a Nuestro Señor, confesando tu indignidad, pidiéndole que te ayude, besando devotamente su imagen, si la tienes, y diciendo las palabras de Jacob: Señor, no es dejaré hasta que me hayáis dado vuestra bendición [...1. Otras veces toma un libro y lee con atención, hasta que se despierte tu espíritu y vuelvas a entrar en ti (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, 2, 9).

 

 

 

432 Más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor, que todas las consolaciones, visiones y meditaciones que puedas tener (SAN JUAN DE LA CRUZ, Dichos de luz y amor, 14).

 

 

 

Dios no abandona

 

433 Antes da de muchas maneras a beber a los que le quieren seguir, para que ninguno vaya desconsolado ni muera de sed; porque de esta fuente caudalosa salen arroyos, unos grandes y otros pequeños, y algunas veces charquitos para niños, que aquellos les basta y más sería espantarlos ver mucha agua; éstos son los que están en los principios. Ansí que, hermanas, no hayáis miedo que muráis de sed en este camino; nunca falta agua de consolación (SANTA TERESA, Camino de perfección, 20, 2).

 

AVARICIA

 

 

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

 

 

El amor a las riquezas de nada aprovecha: Ecl 2, 17; 5, 9; Eclo 14, 3.

 

 

 

La avaricia causa de muchos males: Prov 1, 19; Eclo 10, 10; 1 Sam 25, 38; 2 Sam 17, 23.

 

 

 

Hay que guardarse de ella: Sa/ 118, 36.

 

 

 

Especialmente deben evitarla los que gobiernan: Ex 18, 21; 23, 8; Dt 16, 19;Prov28, 16;1s5,23;Ez 22, 12-13; Miq 3, 11.

 

 

 

Algunos perecieron por causa de la avaricia: Jos 7, 21-25; 2 Rey 5, 20-27; 2 Mac 10, 20-23.

 

 

 

Si abundan las riquezas, no apagareis vuestro corazón. Sa/ 61, 11.

 

 

 

Nada más inicuo que el avaro, pues es capaz de venderse a si mismo. Eclo 10, 6.

 

 

 

No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mt 6, 24.

 

 

 

¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? Mc 8, 36.

 

 

 

 

 

Guardaos bien de toda avaricia que, aunque uno esté en la abundancia, no tiene asegurada su vida con la hacienda. Lc 12, 15.

 

 

 

[...] son los paganos quienes buscan estas cosas con afán. Lc 12, 30.

 

 

 

Haceos con bolsas que no se gasten y tesoros inagotables en el cielo, donde no se acerca ningún ladrón, ni roe la polilla, porque

 

 

 

donde está vuestro tesoro allí estará vuestro corazón. Lc 12, 33-34 (Mt 6, 19-21).

 

 

 

Especie de idolatría: Col 3, 5; Ef5, 5.

 

 

 

[...] ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos [...] heredarán el reino de Dios. I Cor 6, 10 Tit 1, 7-11.

 

 

 

Que vuestra conducta esté libre de avaricia. Contentaos con lo que tenéis [...] Heb 13, 5.

 

 

 

[...] los cuidados del siglo y la seducción de las riquezas ahogan la doctrina y queda sin fruto. M' 3, 13, 22.

 

 

 

Traición de Judas por dinero. Mt26, 15;Jn 12,ó.

 

 

 

Castigo de la codicia de Ananias y Safira: Hech 24, 26.

 

 

 

Codicia del procurador Félix y la prisión de Pablo: Hech 24, 16.

 

 

 

A los ricos de este mundo encárgales que no sean altivos ni pongan su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que abundantemente nos provee de todo para que lo disfrutemos. I Tim 6, 17.

 

 

 

La fornicación y cualquier género de impureza y avaricia ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a los santos. Ef 5, 3.

 

 

 

Es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de los cielos. Mc 10, 25.

 

 

 

 

 

SELECCIÓN DE TEXTOS

 

434 Quien no se abstiene de la avaricia se verá mancillado también por la idolatría y será contado entre los paganos que desconocen el juicio del Señor (SAN POLICARPO, Carta a los Filipenses).

 

435 La avaricia es el deseo inmoderado de tener más (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 16 sobre los Evang.).

 

436 [...] Ia concupiscencia de los ojos, una avaricia de fondo, que lleva a no valorar sino lo que se puede tocar. Los ojos que se quedan como pegados a las cosas terrenas, pero también los ojos que, por eso mismo, no saben descubrir las realidades sobrenaturales (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Es Cristo que pasa, 6).

 

437 Observad que siendo Señor y Criador de los Angeles, vino a las entrañas de la Virgen para tomar nuestra naturaleza, que El mismo creó. No quiso nacer en este mundo entre los ricos, sino que eligió padres pobres, así que no tuvieron cordero que of recer por El, y la madre ofreció en su lugar un par de pichones o un par de tórtolas (Lc 24). No quiso prosperar en este mundo, sufrió afrentas y burlas, soportó que le escupieran, le azotaran, le abofeteasen, le coronasen de espinas y le crucificasen... Luego el que cree ya en Jesucristo pero ano está dominado por la avaricia, se ensoberbece con los hombres, se abrasa en la envidia, se contamina con la inmundicia de los deleites y desea las prosperidades mundanas, no quiere seguir a Jesús, en quien creyó (SAN GREGORIO MAGNO, Hom. 2 sobre los Evang.).

 

438 Entró Satanás en Judas, no violentamente, sino encontrando abierta una puerta; entró por medio de la avaricia (TITO BOSTRENSE, en Catena Aurea, val. Vl, p. 426).

 

439 No se encuentra vestigio alguno de bondad en el corazón del que la avaricia ha hecho su morada (SAN LEON, en Catena Aurea, val. Ill, p. 272).

 

440 Si es cierto que podemos evitarla fácilmente, es también cierto que difícilmente cura de ella por completo aquel a quien aqueja esa dolencia (CASIANO, Instituciones, 7, 6).

 

441 El dinero que se obtiene por medio de la usura es parecido a la mordedura de una serpiente: pues así como el veneno de la serpiente corrompe todos los miembros de una manera oculta, así también la usura convierte todos los bienes en deudas (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en CatenaAurea, val. I, p. 324).

 

442 Y que alguien intente tales bienes, que van mezclados casi siempre de privaciones del bien verdadero, obedece a~que muchos viven según el sentido, en razón de que lo sensible nos es más manifiesto y mueve más eficazmente en los casos concretos... Sin embargo, a la posesión de muchos de estos bienes sigue la privación del verdadero bien (SANTO TOMAS, Suma contra gentiles, 3, 6).

 

 

 

Es insaciable

 

443 La avaricia es insaciable, no teme a Dios ni respeta al hombre, ni perdona al padre ni guarda fidelidad al amigo; oprime a la viuda y se apodera de los bienes del huérfano (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, val. Vl, p. 243).

 

444 (.. .Derribaré mis graneros y los haré mayores. . .). Los graneros no podían contener la abundancia y el alma avara nunca se ve llena (SAN BASILIO, en Catena Aurea, val. Vl, p. 80).

 

445 No encontrarás... quien confiese que es avaro; todos niegan esta bajeza y ruindad de corazón, y toman por pretexto, ya el hallarse cargados de hijos, ya a que es prudencia procurar tener lo que uno necesita; de manera que jamás se cree tener demasiado, y siempre se encuentran ciertas precisiones de tener más; así pues, aun los más avaros, no sólo no confiesan que lo son, sino que ni aun en su conciencia lo juzgan, porque la avaricia es una fiebre prodigiosa que se siente menos cuanto mayor es su ardor y su violencia (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, 3, 14).

 

446 La abundancia de riquezas no sólo no sacia la ambición del rico, sino que la aumenta, como sucede con el fuego, que se fomenta más cuando encuentra mayores elementos que devorar. Por otra parte, los males que parecen propios de la pobreza son comunes a las riquezas, mientras que los de las riquezas son propios exclusivamente de ellas (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, val. Vl, p. 315).

 

447 [...] la avaricia engendra tal frenesí que aumenta más y más con la riqueza (CASIANO, Instituciones, 7, 7).

 

 

 

También tiene su raíz en la soberbia

 

448 Que alguien desee desordenadamente algún bien temporal, procede de que se ama a sí mismo desordenadamente, puesto que amar a alguien es querer el bien para él (SANTO TOMÁS, Suma Teológ,ica, 1-2, q. 77, a. 5).

 

 

 

Quita la libertad al alma

 

449 Quien es esclavo de las riquezas, las guarda como esclavo; pero el que sacude el yugo de su esclavitud, las distribuye como señor (SAN JERÓNIMO, en Catena Aurea, val. 1, p. 392).

 

450 ¿...Qué haré que no tengo sitio para encerrar mis cosechas? ...Se halla angustiado por el afecto de sus deseos y por el peso de sus riquezas (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, 15, 13).

 

 

 

Avaricia de deseo

 

451 Todos los que aman las riquezas, aun cuando no puedan conseguirlas, deben contar en el número de los ricos (SAN AGUSTIN, en Catena Aurea, val. Vl, p. 316).

 

452 Es evidente que se puede ser avaro sin tener dinero (CASIANO, Instituciones, 8, 12).

 

 

 

«Donde está tu tesoro, allí está tu corazón»

 

453 Donde está tu tesoro, allí está tu corazón El tesoro del hombre viene a ser como la reunión de los frutos recolectados con su esfuerzo. Lo que uno siembre, eso cosechará, y cual sea el trabajo de cada uno, tal será su ganancia, y donde ponga el corazón su deleite, allí queda reducida su solicitud. Mas, como hay muchas clases de riquezas y diversos objetos de placer, el tesoro de cada uno viene determinado por la tendencia de su deseo, y si este deseo se limita a los bienes terrenos, no hallará en ellos la felicidad, sino la desdicha (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 92).

 

454 Por muy avaro que seas, Dios te basta (SAN AGUSTIN, Coment. sobre el Salmo 55).

 

 

 

El recto uso de los bienes y la avaricia

 

 

 

455 No prohibe Cristo enriquecerse, sino hacerse esclavo de las riquezas: quiere que usemos lo necesario, pero no que guardemos avariciosamente. Es propio del que sirve el guardar las cosas, y propio del señor el darlas (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, val. VI, p. 315).

 

456 El término «riquezas» reviste en las Sagradas Escrituras tres acepciones distintas: las hay malas, buenas e indiferentes. Las malas son aquellas de las cuales se dice: Se empobrecieron los ricos y en la penuria suirieron hambre (Sal 33, 11). Las hay también buenas. Haberlas adquirido es indicio de gran virtud y mayor mérito. David encomia al varón justo que las posee: La generación de los rectos—dice—será bendecida. Habrá en su casa hacienda y riquezas, y su justicia permanecerá por los siglos (Sal 111, 3) [...]. Hay, finalmente, riquezas indiferentes, esto es, que pueden ser buenas o malas. Son, en efecto, susceptibles de ambas cosas, según la voluntad de quien las usa o el modo y fin en que las invierte (CASIANO, Colaciones, 3, 9).

 

 

 

457 Aprendan (de Zaqueo) los ricos que no consiste el mal en tener riquezas, sino en no saber usar de ellas; porque así como las riquezas son un impedimento para los malos, son también ocasión de virtud para los buenos (SAN AMBROSIO, en Catena Aurea, val VI, p. 330).

 

 

 

458 ¡Qué necedad tan grande es amontonar donde se ha de dejar, y no enviar allí donde se ha de ir! Coloca tus riquezas basta sola una gota de agua del gran río caudaloso que nos está aparejado (SANTA TERESA, Vida, 27, 12).

 

 

 

459 Si queréis actuar a toda hora como señores de vosotros mismos, os aconsejo que pongáis un empeño muy grande en estar desprendidos de todo, sin miedo, sin temores ni recelos. Después, al atender y al cumplir vuestras obligaciones personales, familiares..., emplead los medios terrenos honestos con rectitud, pensando en el servicio a Dios, a la Iglesia, a los vuestros, a vuestra tarea profesional, a vuestro país, a la humanidad entera. Mirad que lo importante no se concreta en la materialidad de poseer esto o de carecer de lo otro, sino en conducirse de acuerdo con la verdad que nos enseña nuestra fe cristiana: los bienes creados son sólo eso, medios. Por lo tanto, rechazad el espejuelo de considerarlos como algo definitivo [...] (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Amigos de Dios, 118).

 

 

 

460 Entonces—me diréis—, ¿qué han de hacer los ricos para imitar a un Dios tan pobre y despreciado? Os lo diré: no han de apagar su corazón a los bienes que poseen, han de emplear esos bienes en buenas obras en cuanto puedan; han de dar gracias a Dios por haberles concedido un medio tan fácil de rescatar sus pecados con sus limosnas; no han de despreciar nunca a los que son pobres, antes al contrario, han de respetarlos viendo en ellos una gran semejanza con Jesucristo (SANTO CURA DE ARS, Sobre el misterio).

 

 

 

Remedios

 

461 Enseñó (el Señor) que debe evitarse la avaricia, y añadió la parábola del rico, demostrando con ella que es un necio quien apetece las cosas superfluas (TEOFILATO, en Catena Aurea, val. Vl, p. 86).

 

462 Mas no puedo decir lo que se siente cuando el Señor la da a entender secretos y grandezas suyas, el deleite tan sobre cuantos acá se pueden entender, que bien con razón hace aborrecer los deleites de la vida, que son basura todos juntos. Es asco traerlos a ninguna comparación aquí—aunque sea para gozarlos sin fin—y, de estos que da el Señor,basta sola una gota de agua del gran río caudaloso que nos está aparejado (SANTA TERESA, Vida, 27, 12).

 

 

 

463 Si estáis inclinados a la avaricia, pensad con frecuencia en la locura de ese pecado, que nos hace esclavos de lo que ha sido creado para servirnos; pensad que al morir, en todo caso, será menester perderlo todo, dejándoselo a quien, tal vez, lo malversará o se servirá de ello para su ruina y perdición (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, IV. 10). donde tienes tu patria (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, val. I, p. 386).

 

 

 

Avaricia: ambición- "No conocen los avaros que sus riquezas son para ellos suplicios de buenas apariencias: que están presos con cadenas de oro: que están poseídos de sus propios bienes, en vez de ser dueños libres. ¡Oh detestable ceguedad! ¡Oh profundas tinieblas las de una codicia insensata! Pudiendo descargarse del peso que los abruma, trabajan por aumentarle, y juntando cada día nueva materia a sus cuidados, insisten en agravarle más. (S. Cipriano, Carta 1ª a Donato, sent. 3, Tric. T. 1, p. 295 y 296.)"

 

"-Oh, hombre, reconoce al que te ha dado lo que tienes! Acuérdate de ti mismo, considera lo que eres, las cosas que se te han dispensado, de quien las has recibido, y por qué favor te ves colocado sobre los otros. Tú eres ministro de un Dios soberanamente bueno: tú eres el dispensador de sus bienes, para lo que son como tú siervos de un mismo dueño. Mira, pues, esos bienes que tienes en tus manos como que no son tuyos, sino de otro, y sabe que algún día te han de pedir cuenta exacta y rigurosa. (S. Basilio, de avaritia, sent. 13, Tric. T. 3, p. 192 y 193.)"

 

"Algunos piensan que solamente hay usura en el empréstito del dinero: pero las Escrituras divinas en todas las cosas condenan la práctica de exigir más de lo que se ha dado. A la verdad, vemos que en el campo se suele tomar usura del trigo, del vino, de¡ aceite y de los demás frutos de la tierra, o como la Escritura lo llama, la superabundancia. Se prestarán, por ejemplo, diez medidas de grano en el invierno, y se recibirán quince al tiempo de la cosecha, lo que es una mitad más que lo prestado; de suerte que los que solo exigen una cuarta parte más, creen que son los más justos del mundo, y suelen discurrir así: La medida que yo presté ha producido diez al que la recibió; será, pues, justo que yo tome para mí media medida más de aquel que por liberalidad mía se aprovecha de nueve y media. Mas os engañáis, responde el Apóstol, ninguno se burla de Dios, porque yo preguntaré a este usurero tan caritativo, ¿si prestó al rico o al pobre? Porque si era rico no le debía prestar: si prestó a persona constituida en necesidad, le preguntaré, ¿por qué, pues, has exigido más que lo que prestaste. Otros hay que en vez de dinero reciben presentes de diversos modos: sin querer entender que todo lo que se pide más de lo que se ha prestado, debe llamarse usura y superabundancia. (S. Jetón., lib. 6, c. 18, sent. 77, Tric. T. 5, p. 232.)"

 

"Prohíbe la ley tomar usuras por lo que se presta. La usura no es otra cosa que recibir más de lo que se ha dado. (S. Jerón., in Psalm. 54, sent. 105, Tric. T. 5, p. 257.)"

 

"Porque la abundancia inflama más y más la avaricia, no se la puede tener por felicidad: pues esta no puede estar en lo que nos ayuda a ser malos. Al contrario, los que sirven en la pobreza cultivan la virtud, que es el más bello y el mayor de todos los bienes. (Teodoreto, Serm. 6, sent. 6, Tric. T. 8, p. 263.)"

 

"Tal vez es menos perniciosa la ambición satisfecha en sus deseos, que frustrada en sus pretensiones; porque en este caso se vale de medios violentos.- (S. Bern., Ep. 126, sent. 30, Tric. T. 10, p. 324.)"

 

"La ambición es la cruz de los ambiciosos, este es un vicio que a todos agrada, y a todos atormenta. (S. Bem., 3 de Consid., c. 1, sent. 136, Tric. T. 10, p. 330.)"

 

"El insaciable amor de las riquezas, mucho más atormenta con el deseo, que consuela con la posesión. (S. Bern., de convers., ad Cler., n. 13, sent. 145, Tric. T. 10, p. 330.)"

 

 

 

AYUNO

 

 

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

 

 

En señal de luto y de tristeza: Jue 20,26; I Sam31, 13;Jer41,2;52, 12; Zac 7, 2-5; 8, 9.

 

 

 

Penitencia unida a la oración para obtener la misericordia de Dios: Lev 19, 29; Num 30, 14-26; Tob 12, 8; 1 Mac 2, 47; 2 Mac 13, 12.

 

 

 

Día del ayuno: Lev 16, 29.

 

 

 

Cómo se ha de ayunar: Is 58, 3-7; Jer 14, 12.

 

 

 

De Nuestro Señor en el desierto: Mt 4, 1-2; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.

 

 

 

Nuestro ayuno debe ser humilde; si no, pierde todo el mérito: Mt 6, 16-18; Lc 18, 11-14.

 

 

 

Ayuno y oración para obtener de Dios el poder de arrojar a los demonios: Mt 17, 20; Mc 9, 28.

 

 

 

El ayuno de los hipócritas: Mt 6, 16-18; Lc 18, 9-14.

 

 

 

Ayuno de Saulo después de su conversión: Hech 9, 9-19.

 

 

 

Bienes espirituales del ayeno

 

 

 

Antes de la imposición de las manos a Saulo y Bernabé: Hech 13, 2-3.

 

 

 

De Pablo y Bernabe antes de la ordenación de los sacerdotes: Hech 16, 22.

 

 

 

Los ayunos frecuentes de San Pablo: 2 Cor 11, 27.

 

 

 

San Pablo recomienda a todos la templanza, en especial a los que habían de ser ordenados ministros: 1 Tes 5,6;2Tim4,5; Tit1,7;2, 2-3.

 

 

 

Nuestro Señor defiende a sus discípulos de las acusaciones que les hacían porque no ayunaban: Mt 9, 14-15; Mc 2, 18-20; Lc 5, 3335.

 

 

 

Dispone para recibir las gracias del Señor: Lc 2, 37-38.

 

 

 

Los ministros de Dios y el ayuno: 2 Cor 6, 4-8.

 

 

 

Para someter nuestro cuerpo: I Cor 9, 27.

 

 

 

BIENES ESPIRITUALES DEL AYUNO

 

464 El ayuno fortifica el espíritu, mortificando la carne y su sensualidad; eleva el alma a Dios; abate la concupiscencia, dando fuerzas para vencer y amortiguar sus pasiones, y dispone el corazón para que no busque otra cosa distinta de agradar a Dios en todo (SAN FRANCISCO DE SALES, Sermón sobre el ayuno).

 

 

 

465 El ayuno purifica el alma, eleva el espiritu, sujeta la carne al espIritu, da al corazón contrición y humildad, disipa las tinieblas de la concupiscencia, aplaca los ardores del placer y enciende la luz de la castidad (SAN AGUSTIN, Sermón 73).

 

 

 

466 El cristiano tiene libertad para ayunar en cualquier tiempo, no por superstición, sino por virtud. ¿De qué modo, sin embargo, puéden g-uardar los cristianos la castidad si no cuidan la continencia en estas cosas? ¿Cómo pueden estudiar las Escrituras y buscar la ciencia y la sabiduría? ¿No es, acaso, gracias a la continencia del vientre y de la boca, regulando la comida y la bebida por la abstinencia y el ayuno? Esta es la razón del ayuno cristiano. Hay también otra razón de carácter religioso, muy alabada desde el tiempo de los Apóstoles: «Bienaventurado quien ayuna para ayudar a los pobres». Este ayuno es verdadero, digno y grato a los ojos de Dios (ORIGENES, Homilía 10).

 

 

 

467 Tres cosas hay, hermanos, por las que se mantiene la fe, se conserva firme la devoción, persevera la virtud. Estas tres cosas son la oración, el ayuno y la misericordia. Lo que pide la oración, lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia. Oración, misericordia y ayuno: tres cosas que son una sola, que se vivifican una a otra (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón 43).

 

 

 

Ayuno y caridad

 

 

 

El ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se 468 seca sin este riego; lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno (SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón, 43).

 

 

 

«Soporte de la oración»

 

 

 

Todos los que han querido rogar por alguna necesidad, 469 han unido siempre el ayuno (la penitencia) a la oración, porque el ayuno es el soporte de la oración (SAN JUAN CRISOSTOMO, en Catena Aurea, val. I, p. 377).

 

 

 

Cualidades

 

470 La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social. Foméntese la práctica penitencial de acuerdo con las posibilidades de nuestro tiempo y de los diversos países y condiciones de los fieles [...].

 

Sin embargo, téngase como sagrado el ayuno pascual; ha de celebrarse en todas partes el viernes de la pasión y muerte del Señor y ano extenderse, según las circunstancias, al sábado santo, para que de este modo se llegue al gozo del domingo de Resurrección con elevación y apertura de espiritu (CONC. VAT. 11, Const. Sacrosanctum Concilium, 110).

 

 

 

471 Decía (un santo varón a quien él conoció) que et monje debería darse al ayuno como si tuviera que vivir cien años. Que deberia frenar las pasiones de su alma, olvidar las injurias, ahuyentar la tristeza y menospreciar el dolor y la desazón, como si tuviera que morir cada día (CASIANO, Instituciones, 5, 41)

 

472 (Cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu cara...). Aquí se habla de la costumbre que existía en Palestina de ungirse la cabeza los dias de fiesta, y mandó el Señor que cuando ayunemos nos manifestemos contentos y alegres (SAN JERÓNIMO, en Catena Aurea, val 1, p. 380).

 

473 Los ayunos agradables a Dios son: no hagas mal y sirve al Señor con corazan limpio; guarda sus mandamientos siguiendo sus preceptos y no permitas que ninguna concupiscencia del mal penetre en tu corazón [...]. Si esto haces, tu ayuno será grato en la presencia de Dios (Pastor de Hermas)

 

474 Ayunen los ojos de toda mirada curiosa... Ayunen los oídos, no atendiendo a las palabras vanas y a cuanto no sea necesario para la salud del alma... Ayune la lengua de la difamación y la murmuración, de las palabras vanas, inútiles... Ayune la mano de estar ociosa y de todas las obras que no sean mandadas. Pero ayune mucho más el alma misma de los vicios y pecados, y de imponer la propia voluntad y juicio. Pues, sin este ayuno, todos los demás son reprobados por Dios (SAN BERNARDO, Sermón en el comienzo del ayuno).

 

475 Ha de consistir mucho más en la privación de nuestros vicios que en la de los alimentos (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la Cuaresma, 1).

 

476 El ayuno significa un dominio sobre nosotros mismos; significa ser exigentes en las relaciones con nosotros mismos; estar prontos a renunciar a las cosas, y no sólo a los manjares, sino también a goces y placeres diversos (JUAN PABLO 11, Hom. 28-11-1979).

 

 

 

Penitencia muy grata al Señor

 

477 El ayuno riguroso es penitencia gratísima a Dios.—Pero, entre unos y otros, hemos abierto la mano. No importa—al contrario—que tú, con la aprobación de tu Director, lo practiques frecuentemente (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, n. 231).

 

 

 

Ayuno: abstinencia.- "El ayuno cura nuestras enfermedades, deseca los humores superfluos de nuestros cuerpos, pone en fuga los demonios, arroja los malos pensamientos, purifica el espíritu, limpia el corazón, santifica el cuerpo, eleva los hombres hasta el trono de Dios. Por último, el ayuno es el alimento de los Angeles, y el que le practica, se puede considerar como en el orden de aquellos bienaventurados espíritus. (S. Atanasio, de Sanctiss. Deipara, sent. 5, Tric. T. 2, p. 172.)"

 

"Si el demonio os impele a practicar austeridades tan excesivas que altere vuestra salud, y que vuestro cuerpo se inutilice, y sea incapaz de todos los ejercicios, no sigáis su instigación, antes bien, moderad vuestros ayunos. (S. Atanasio, ibid., sent. 6, Tric. T. 2, p. 172 y 173.)"

 

"Ayunamos y nos abstenemos del vino y de la carne, no por horror, como si fueran cosas malas, sino porque esperamos que en recompensa de privamos aquí de un alimento agradable a los sentidos, gozaremos en el cielo de un alimento divino, y que sembrando ahora con lágrimas, cogeremos algún día con gozo abundante cosecha. (S. Cirilo de Jerusalén, Cath. 4, sent. 5, Trie. T. 2, p. 336.)"

 

"No hay tierra, sea isla o continente, no hay ciudad o nación hasta las extremidades más remotas del mundo, en donde el edicto general del ayuno no se haya hecho público: los soldados, los caminantes, los marineros, los mercaderes, todos le han oído y recibido con grande alegría. Nadie, pues, se excluya del número de los que ayunan, pues en él debe comprenderse toda suerte de condiciones y dignidades. (S. Basilio, Orat. 2, sent. 12, Tric. T. 3, p. 192.)"

 

"No volváis ni a la derecha ni a la izquierda; así como es peligroso pasar los límites de la templanza en el comer, también es fuera de razón abatir demasiado el cuerpo con abstinencias excesivas, inutilizándole para todo lo bueno por haberle enflaquecido demasiado. Estamos, pues, obligados a cuidar de nuestros cuerpos, no sólo por el amor natural, sino para podernos servir de ellos en los ejercicios de la filosofía cristiana. (S. Basilio, de Vera Virg., sent. 26, Tric. T. 3, p. 195.)"

 

"No dice simplemente el Apóstol que no se ha de cuidar de su carne, sino que añade, para satisfacer a sus deseos. Se debe, pues, reprimir con los ejercicios de la continencia la propensión e inclinación de la carne a los deleites y los vicios: pero al mismo tiempo se ha de procurar conservarla con las fuerzas que se necesitan para adquirir las virtudes. (S. Basilio, ¡bid., sent. 27, Tric. T. 3, p. 195.)"

 

"Estamos desterrados del Paraíso por no haber querido ayunar. Ayunemos, para que se nos permita volver a él. (S. Basilio, Homl. 1, de jejun., sent. 4, adic. Tric. T. 3, p. 380.)"

 

"El ayuno es el alimento de] alma y del espíritu, la vida de los Angeles, la muerte del pecado, la extinción de las culpas, el remedio de la salud, la raíz de la gracia, el fundamento de la castidad; por la escala del ayuno había subido Elías antes de entrar en aquel carro de fuego que le arrebató al cielo. (S. Ambrosio, de Elía et jejun., c. 3, sent. 23, Tric. T. 4, p. 320.)"

 

"Castigo mi cuerpo, y le reduzco a servidumbre. Castigar el cuerpo, es mortificarle con el ayuno, y no concederle sino lo necesario para vivir, de modo, que no llegue a darle placer; y entonces se 1e reduce a servidumbre, cuando no se le permite seguir su voluntad antes bien se le obliga a hacer la del espíritu. (S. Ambrosio, c. 7, sen 98, Trie. T. 4, p. 333.)"

 

"Para ayunar de modo que agradéis a Dios, es preciso ser benignos con vuestros criados, cariñosos con los extraños, caritativos con los pobres, levantaros temprano para ir a la Iglesia, dar gracias a Dios y pedirle perdón de vuestras culpas, implorar su misericordia por 1 pecados pasados, y su protección para evitarlos en adelante. (S. Ambrosio, Serm. 33, sent. 147, Tric. T. 4, p. 344.)"

 

"En otros tiempos del año hay algunos ayunos por los cuales s merece premio si se observa: mas en Cuaresma peca el que deja de ayunar. Los otros ayunos son voluntarios; pero los de Cuaresma so de obligación: a los otros nos convidan; pero a estos nos obligan: y no tanto son precepto de la Iglesia, como del mismo Dios. (S. Ambrosi Serm. 3, sent. 148, Tric. T. 4, p. 344.)"

 

"La ley de la abstinencia es de Dios nuestro Señor: la prevaricación de esta ley es del demonio. Por comer nos vino la culpa, en 1a comida conocemos nuestra flaqueza, la virtud de la fortaleza está e el ayuno. (S. Ambrosio, de Elía et jejun., c. 4, sent. XXI, adic. Tric. 4, p. 400.)"

 

"Cuando se ayuna todos los días, se ha de evitar tomar el alimento con exceso al fin del ayuno: porque es cosa inútil pasar dos o tres dí sin comer, si se ha de desquitar con la gula de una sola comida largo tiempo que se había dado al ayuno. (S. Jerónimo, Ad Eustoch ep. 22, sent. 18, Tric. T. 5, p. 24 l.)"

 

"¿Qué haré yo para que Dios reciba agradablemente mi ayuno. Parte tu pan para dar al pobre. No os obliga la escritura a distribuir muchos panes, para que no os excuséis con la pobreza. Habla de un solo pan, y aún no os pide que le deis entero, sino que deis al pobre tanto como hubierais comido, si no hubierais ayunado: para que vuestro ayuno no sirva al ahorro, sino al alimento del alma. (S. Jerón lib. 6, in Isai., c. 58, sent. 60, Tric. T. 5, p. 248.)"

 

"En los días de ayuno debemos a ejemplo de Daniel abstenernos de manjares delicados, y no comer carne, ni beber vino. (S. Jerónim in cap. 20, sent. 79, Tric. T. 5, p. 252.)"

 

"Debemos mortificamos no solo con el ayuno sino también en la calidad de las viandas. (S. Paulino, sent. 5, Tric. T. 5, p. 330.)"

 

"No os tengáis ya por Santos, por haber empezado a practicar el ayuno y la abstinencia: porque estas virtudes son solamente medios para ayudaros a conseguir la santidad, mas no son la perfección. (S. Paulino, sent. 26, Tric. T. 5, p. 333.)"

 

"La abstinencia y la mortificación del cuerpo son excelentes virtudes, cuando al mismo tiempo nos abstenemos de los vicios y pecados. (S. Paulino, Ibid., ibid., ibid.)"

 

"No os contentéis con que ayune la boca: ayunen también los ojos, los oídos, los pies, las manos y todo vuestro cuerpo. (S. Juan Crisóst., Homil. 3, sent. 8, Tric. T. 6, p. 301.)"

 

"Si no tenéis la salud suficiente para ayunar, a lo menos os podéis abstener de las delicias; y esta especie de abstinencia, apenas en nada es inferior a la del ayuno. (S. Juan Crisóst., Homil. 58, cap. 17 in Matth., sent. 64, Tric. T. 6, p. 312.)"

 

"No ayunamos por razón de la fiesta de la Pascua, sino por nuestros pecados, y por la preparación que debemos llevar para recibir los sagrados misterios: pues por otra parte, la solemnidad de la Pascua no es ocasión de ayuno y mortificación, antes bien, lo es de alegría. (S. Juan Crisóst., Serm. 3, adv. Jud., n. 4, sent. 222, Tric. T. 6, p. 344.)"

 

"Los ayunos vencen las concupiscencias, rechazan las tentaciones, abaten la soberbia, mitigan la ira, y alimentan hasta su madurez todos los afectos virtuosos de la buena voluntad; esto se entiende cuando los acompaña la benevolencia de la caridad y el prudente ejercicio de las obras de misericordia. (S. León, Papa, Serm. 15, c. 2, sent. 10, Tric. T. 8, p. 384.)"

 

"No basta extenuar el cuerpo con la abstinencia, si no adquiere el alma nuevas fuerzas. Cuando se procura afligir al hombre exterior, es preciso confortar el interior. Cuando negamos a la carne el alimento corporal, se debe alimentar el alma con delicias espirituales. (S. León, Papa, Serm. 39, c. 5, sent. 32, Tric. T. 8, p. 389.)"

 

"A tan grandes misterios se debía tan incesante devoción y tan continuada reverencia, que nos presentásemos a la vista de Dios, cual es razón que nos halle en la fiesta de la Pascua: mas porque esta fortaleza es de pocos, y por la fragilidad de la carne se relaja, la austeridad de la observancia -pues, distraídos del cuidado principal con las varias ocupaciones de esta vida, aun las almas más virtuosas contraen el polvo del mundo-, ha ordenado el Señor con la más sabia conducta el ayuno de los cuarenta días para renovar la pureza de los corazones, purificándonos de las culpas de los otros tiempos con las

 

obras de devoción y con los castos ayunos. (S. León, Papa, Serm. 42, sent. 36, Tric. T. 8, p. 390.)"

 

"La perfección de nuestro ayuno no consiste en sola la abstinencia del alimento, ni se priva al cuerpo de la comida con fruto, si el alma no se retira de la iniquidad, y la lengua no se refrena en las murmuraciones. Debemos, pues, moderar la libertad de comer, de tal modo que sujetemos a la misma ley los otros deseos. Este tiempo, en que, purificados de las manchas de todos los vicios, debemos aspirar a la perpetuidad de las virtudes, es tiempo de mansedumbre, paciencia, paz y tranquilidad: es tiempo de perdonar las ofensas, de despreciar las injurias, y de olvidarnos de los agravios recibidos. (S. León, Papa, Serm. 42, sent. 37, Tric. T. 8, p. 391.)"

 

"Supuesto que tomamos esta mortificación para extinguir el incentivo de los deseos carnales, ningún género de continencia debemos procurar tanto como el vivir sobrios, sin alguna injusta voluntad, y permanecer ayunos de toda acción que sea contraria a las buenas costumbres. Este ejercicio no excluye a los enfermos, por más indispuestos que estén: porque también en el cuerpo inútil y consumido se puede hallar la integridad del corazón, y siempre se pueden colocar los fundamentos de la virtud, en donde tuvo su asiento la iniquidad. La misma enfermedad de la carne es suficiente penitencia, y tal vez excede a las mortificaciones voluntarias: pero es preciso que el alma cumpla su deber, y ya que no se sustenta con los manjares del cuerpo, no se alimente con alguna injusticia. (S. León, Papa, Serm. 44, c. 2, p. 168, sent. 38, Tric. T. 8, p. 391.)"

 

"Los que habéis de celebrar la Pascua del Señor, ejercitaos de tal modo en santos ayunos, que concurráis a tan sagradas fiestas, libres del tumulto de las pasiones. Arroje el amor a la humildad al espíritu de soberbia, raíz de todos los pecados, y abátase con la mansedumbre la altivez: y los corazones, exasperados con alguna ofensa, procuren, reconciliándose entre sí, volver a la unión y la concordia. No volviendo a ninguno mal por mal, perdonándoos unos a otros, así como Jesucristo nos perdonó. (S. León, Papa, Serm. 44, sent. 39, Trie. T. 8, p.391.)"

 

"Hemos de ayunar de tal modo, que en vez de reservamos el precio de lo que en otro tiempo costaría la comida, se lo demos a los pobres. (S. Cesáreo de Arlés, Serm. 46, sent. 9, Tric. T. 9, p. 45.)"

 

"Santificar el ayuno es manifestar con otras buenas obras que nuestra abstinencia es digna de Dios. Se debe advertir a los que se abstienen, que ofrecen a Dios una abstinencia agradable si dan a los pobres los alimentos de que ellos mismos se privan. (S. Gregorio el Grande, sent. XIV, adic. Tric. T. 9, p. 382 y 383.)"

 

BAUTISMO

 

Citas de la Sagrada Escritura

 

 

 

1. Sacramento instituido por Jesucristo.

 

 

 

Yo (Juan Bautista) os he bautizado con agua, mas (Jesús) os bautizará con el Espiritu Santo. Mc 1, 8; Mt 3, 2; Jn 1, 33.

 

 

 

Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Mt 28, 19; Mc 16, 15-16.

 

 

 

Haced penitencia y que cada uno de vosotros sea bautizado en el nombre de Jesucristo. Hech 2, 38; 8, 12.

 

 

 

Jesús fue con sus discípulos a Judea, y allí moraba con ellos y bautizaba: Jn 3, 22; Jn 4, 2.

 

 

 

2. Necesario para la salvación.

 

 

 

Quien no renaciera del agua y del espiritu no podrá entrar en el reino de los cielos. Jn 3, 5.

 

 

 

El que creyere y fuere bautizado se salvará. Mc 16, 16.

 

 

 

Id, pues enseñad a todas las gentes, bautizándolas 1...]. Mt 28, 19.

 

 

 

3. Efectos en el alma.

 

 

 

a) Una vida nueva

 

 

 

Dios nos ha salvado por el Bautismo de regeneración y renovación del Espíritu Santo: Tit 3, 5.

 

 

 

Revestidos de Cristo: Col 3, 27.

 

 

 

En el Bautismo hemos quedado sepultados con Cristo para resucitar a una nueva vida: Rom 6, 4; Jn 3, 5.

 

 

 

b) Perdona los pecados

 

 

 

Sea bautizado cada uno de vosotros [...] para remisión de vuestros pecados. Hech 2, 38.

 

 

 

Levántate, bautízate y lava tus pecados. Hech 22, 16.

 

 

 

Cristo amó a su Iglesia y se sacrifico por ella para santificarla, limpiándola con el Bautismo del agua: Ef 5, 25-26.

 

 

 


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