[¿?] página principal

 

Dudas y textos

Recursos para la formación católica 

 

Página principal de Dudas y textos

Preguntas y dudas

Quiénes somos

Mi blog

   

Benedicto XVI

 Juan Pablo II

Clásicos de espiritualidad

Obras actuales variadas

Sobre el Opus Dei

 Oraciones y Biblia

Más magisterio de la Iglesia y Teología

Recursos formativos

Noticias

Citas escogidas

Imágenes

Enlaces

 

 

 

 

CAMINO DE PERFECCIÓN

SANTA TERESA DE JESÚS O DE ÁVILA

 

PRÓLOGO

CAPÍTULO 1

De la causa que me movió a hacer con tanta estrechura este

monasterio.

CAPÍTULO 2

Que trata cómo se han de descuidar de las necesidades corporales,

y del bien que hay en la pobreza.

CAPÍTULO 3

Prosigue lo que en el primero comencé a tratar, y persuade a las

hermanas a que se ocupen siempre en suplicar a Dios favorezca a

los que trabajan por la Iglesia. -Acaba con una exclamación.

CAPÍTULO 4

En que persuade la guarda de la Regla, y de tres cosas importantes

para la vida espiritual. Declara la primera de estas tres cosas, que

es amor del prójimo, y lo que dañan amistades particulares.

CAPÍTULO 5

Prosigue en los confesores. Dice lo que importa sean letrados.

CAPÍTULO 6

Torna a la materia que comenzó del amor perfecto.

CAPÍTULO 7

En que trata de la misma materia de amor espiritual, y da algunos

avisos para ganarle.

CAPÍTULO 8

Trata del gran bien que es desasirse de todo lo criado interior y

exteriormente.

CAPÍTULO 9

Que trata del gran bien que hay en huir los deudos los que han

dejado el mundo, y cuán más verdaderos amigos hallan.

CAPÍTULO 10

Trata cómo no basta desasirse de lo dicho, si no nos desasimos de

nosotras mismas, y cómo están juntas esta virtud y la humildad.

CAPÍTULO 11

Prosigue en la mortificación, y dice la que se ha de adquirir en las

enfermedades.

CAPÍTULO 12

Trata de cómo ha de tener en poco la vida el verdadero amador de

Dios, y la honra.

CAPÍTULO 13

Prosigue en la mortificación, y cómo ha de huir de los puntos y

razones del mundo para llegarse a la verdadera razón.

CAPÍTULO 14

En que trata lo mucho que importa no dar profesión a ninguna que

vaya contrario su espíritu de las cosas que quedan dichas.

CAPÍTULO 15

Que trata del gran bien que hay en no disculparse, aunque se vean

condenar sin culpa.

CAPÍTULO 16

De la diferencia que ha de haber en la perfección de la vida de los

contemplativos a los que se contentan con oración mental, y cómo

es posible algunas veces subir Dios un alma distraída a perfecta

contemplación y la causa de ello. -Es mucho de notar este capítulo

y el que viene cabe él.

CAPÍTULO 17

De cómo no todas las almas son para contemplación, y cómo

algunas llegan a ella tarde, y que el verdadero humilde ha de ir

contento por el camino que le llevare el Señor.

CAPÍTULO 18

Que prosigue en la misma materia y dice cuánto mayores son los

trabajos de los contemplativos que de los activos. -Es de mucha

consolación para ellos.

CAPÍTULO 19

Que comienza a tratar de la oración. -Habla con almas que no

pueden discurrir con el entendimiento.

CAPÍTULO 20

Trata cómo por diferentes vías nunca falta consolación en el camino

de la oración, y aconseja a las hermanas de esto sean sus pláticas

siempre.

CAPÍTULO 21

Que dice lo mucho que importa comenzar con gran determinación a

tener oración, y no hacer caso de los inconvenientes que el

demonio pone.

CAPÍTULO 22

En que declara qué es oración mental.

CAPÍTULO 23

Trata de lo que importa no tornar atrás quien ha comenzado camino

de oración, y torna a hablar de lo mucho que va en que sea con

determinación.

CAPÍTULO 24

Trata cómo se ha de rezar oración vocal con perfección, y cuán

junta anda con ella la mental.

CAPÍTULO 25

En que dice lo mucho que gana un alma que reza con perfección

vocalmente, y cómo acaece levantarla Dios de allí a cosas

sobrenaturales.

CAPÍTULO 26

En que va declarando el modo para recoger el pensamiento. -Pone

medios para ello. -Es capítulo muy provechoso para los que

comienzan oración.

CAPÍTULO 27

En que trata el gran amor que nos mostró el Señor en las primeras

palabras del Paternóster, y lo mucho que importa no hacer caso

ninguno del linaje las que de veras quieren ser hijas de Dios.

CAPÍTULO 28

En que declara qué es oración de recogimiento, y pónense algunos

medios para acostumbrarse a ella.

CAPÍTULO 29

Prosigue en dar medios para procurar esta oración de recogimiento.

-Dice lo poco que se nos ha de dar de ser favorecidas de los

prelados.

CAPÍTULO 30

Dice lo que importa entender lo que se pide en la oración. -Trata de

estas palabras del paternóster: «Sanctificetur nomen tuum, adveniat

regnum tuum». -Aplícalas a oración de quietud y comiénzala a

declarar.

CAPÍTULO 31

Que prosigue en la misma materia. -Declara qué es oración de

quietud. -Pone algunos avisos para los que la tienen. -Es mucho de

notar.

CAPÍTULO 32

Que trata de estas palabras del Paternóster: «Fiat voluntas tua sicut

in coelo et in terra», y lo mucho que hace quien dice estas palabras

con toda determinación, y cuán bien se lo paga el Señor.

CAPÍTULO 33

En que trata la gran necesidad que tenemos de que el Señor nos dé

lo que pedimos en estas palabras del Paternóster: «Panem nostrum

quotidianum da nobis hodie».

CAPÍTULO 34

Prosigue en la misma materia. -Es muy bueno para después de

haber recibido el Santísimo Sacramento.

CAPÍTULO 35

Acaba la materia comenzada con una exclamación al Padre Eterno.

CAPÍTULO 36

Trata de estas palabras del paternóster: «Dimitte nobis debita

nostra».

CAPÍTULO 37

Dice la excelencia de esta oración del Paternóster, y cómo

hallaremos de muchas maneras consolación en ella.

CAPÍTULO 38

Que trata de la gran necesidad que tenemos de suplicar al Padre

eterno nos conceda lo que pedimos en estas palabras: «Et ne nos

inducas in tentationem, sed libera nos a malo», y declara algunas

tentaciones. -Es de notar.

CAPÍTULO 39

Prosigue la misma materia, y da avisos de tentaciones algunas de

diferentes maneras, y pone los remedios para que se puedan librar

de ellas.

CAPÍTULO 40

Dice cómo procurando siempre andar en amor y temor de Dios,

iremos seguras entre tantas tentaciones.

CAPÍTULO 41

Que habla del temor de Dios, y cómo nos hemos de guardar de

pecados veniales.

CAPÍTULO 42

En que trata de estas postreras palabras del Paternóster: «Sed

libera nos a malo. Amen». Mas líbranos del mal. Amén.

 

 

INTRODUCCIÓN

JHS

Este libro trata de avisos y consejos que da Teresa de Jesús a las

hermanas religiosas e hijas suyas de los monasterios que con el

favor de nuestro Señor y de la gloriosa Virgen Madre de Dios,

Señora nuestra, ha fundado de la Regla primera de nuestra Señora

del Carmen. En especial le dirige a las hermanas del monasterio de

San José de Avila, que fue el primero, de donde ella era priora

cuando le escribió.

En todo lo que en él dijere, me sujeto a lo que tiene la madre Santa

Iglesia Romana, y si alguna cosa fuere contraria a esto, es por no lo

entender. Y así, a los letrados que lo han de ver, pido, por amor de

nuestro Señor, que muy particularmente lo miren y enmienden si

alguna falta en esto hubiere, y otras muchas que tendrá en otras

cosas. Si algo hubiere bueno, sea para gloria y honor de Dios y

servicio de su sacratísima Madre, Patrona y Señora nuestra, cuyo

hábito yo tengo, aunque harto indigna de él.

------------------------------------------------------------------------

JHS

PRÓLOGO

1. Sabiendo las hermanas de este monasterio de San José cómo

tenía licencia del Padre Presentado Fray Domingo Bañes, de la

Orden del glorioso Santo Domingo, que al presente es mi confesor,

para escribir algunas cosas de oración en que parece podré atinar

por haber tratado con muchas personas espirituales y santas, me

han tanto importunado les diga algo de ella, que me he determinado

a las obedecer, viendo que el amor grande que me tienen puede

hacer más acepto lo imperfecto y por mal estilo que yo les dijere,

que algunos libros que están muy bien escritos de quien sabía lo

que escribe. Y confío en sus oraciones que podrá ser por ellas el

Señor se sirva acierte a decir algo de lo que al modo y manera de

vivir que se lleva en esta casa conviene. Y si fuere mal acertado, el

Padre Presentado que lo ha de ver primero, lo remediará o lo

quemará, y yo no habré perdido nada en obedecer a estas siervas

de Dios, y verán lo que tengo de mí cuando Su Majestad no me

ayuda.

2. Pienso poner algunos remedios para algunas tentaciones

menudas que pone el demonio, que -por serlo tanto- por ventura no

hacen caso de ellas, y otras cosas, como el Señor me diere a

entender y se me fueren acordando, que como no sé lo que he de

decir, no puedo decirlo con concierto; y creo es lo mejor no le llevar,

pues es cosa tan desconcertada hacer yo esto. El Señor ponga en

todo lo que hiciere sus manos para que vaya conforme a su santa

voluntad, pues son éstos mis deseos siempre, aunque las obras tan

faltas como yo soy.

3. Sé que no falta el amor y deseo en mí para ayudar en lo que yo

pudiere para que las almas de mis hermanas vayan muy adelante

en el servicio del Señor. Y este amor, junto con los años y

experiencia que tengo de algunos monasterios, podrá ser

aproveche para atinar en cosas menudas más que los letrados, que

por tener otras ocupaciones más importantes y ser varones fuertes

no hacen tanto caso de cosas que en sí no parecen nada, y a cosa

tan flaca como somos las mujeres todo nos puede dañar; porque

las sutilezas del demonio son muchas para las muy encerradas, que

ven son menester armas nuevas para dañar. Yo, como ruin, heme

sabido mal defender, y así querría escarmentasen mis hermanas en

mí. No diré cosa que en mí, o por verla en otras, no la tenga por

experiencia.

4. Pocos días ha me mandaron escribiese cierta relación de mi vida,

adonde también traté algunas cosas de oración. Podrá ser no

quiera mi confesor le veáis, y por esto pondré aquí alguna cosa de

lo que allí va dicho y otras que también me parecerán necesarias.

El Señor lo ponga por su mano, como le he suplicado, y lo ordene

para su mayor gloria, amén.

------------------------------------------------------------------------

CAPÍTULO 1

De la causa que me movió a hacer con tanta estrechura este

monasterio.

1. Al principio que se comenzó este monasterio a fundar (por las

causas que en el libro tengo escrito están dichas, con algunas

grandezas del Señor, en que dio a entender se había mucho de

servir en esta casa), no era mi intención hubiera tanta aspereza en

lo exterior ni que fuese sin renta, antes quisiera hubiera posibilidad

para que no faltara nada. En fin, como flaca y ruin; aunque algunos

buenos intentos llevaba más que mi regalo.

2. En este tiempo vinieron a mi noticia los daños de Francia y el

estrago que habían hecho estos luteranos y cuánto iba en

crecimiento esta desventurada secta. Dime gran fatiga, y como si yo

pudiera algo o fuera algo, lloraba con el Señor y le suplicaba

remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas pusiera yo para

remedio de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me

vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera

en el ser servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues

tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen

buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es

seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo

pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo

mismo, confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de

ayudar a quien por él se determina a dejarlo todo; y que siendo

tales cuales yo las pintaba en mis deseos, entre sus virtudes no

tendrían fuerza mis faltas, y podría yo contentar en algo al Señor, y

que todas ocupadas en oración por los que son defendedores de la

Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en

lo que pudiésemos a este Señor mío, que tan apretado le traen a

los que ha hecho tanto bien, que parece le querrían tornar ahora ala

cruz estos traidores y que no tuviese adonde reclinar la cabeza.

3. ¡Oh Redentor mío, que no puede mi corazón llegar aquí sin

fatigarse mucho! ¿Qué es esto ahora de los cristianos? ¿Siempre

han de ser los que más os deben los que os fatiguen? ¿A los que

mejores obras hacéis, a los que escogéis para vuestros amigos,

entre los que andáis y os comunicáis por los sacramentos? ¿No

están hartos de los tormentos que por ellos habéis pasado?

4. Por cierto, Señor mío, no hace nada quien ahora se aparta del

mundo. Pues a Vos os tienen tan poco ley, ¿qué esperamos

nosotros? ¿Por ventura merecemos nosotros mejor nos la tengan?

¿por ventura hémosles hecho mejores obras para que nos guarden

amistad? ¿qué es esto? ¿qué esperamos yo los que por la bondad

del Señor estamos sin aquella roña pestilencial, que ya aquéllos

son del demonio? Buen castigo han ganado por sus manos y bien

han granjeado con sus deleites fuego eterno. ¡Allá se lo hayan!,

aunque no me deja de quebrar el corazón ver tantas almas como se

pierden. Mas del mal no tanto: querría no ver perder más cada día.

5. ¡Oh hermanas mías en Cristo! ayudadme a suplicar esto al

Señor, que para eso os juntó aquí; éste es vuestro llamamiento,

éstos han de ser vuestros negocios, éstos han de ser vuestros

deseos, aquí vuestras lágrimas, éstas vuestras peticiones; no,

hermanas mías, por negocios del mundo; que yo me río y aun me

congojo de las cosas que aquí nos vienen a encargar supliquemos

a Dios, de pedir a Su Majestad rentas y dineros, y algunas personas

que querría yo suplicasen a Dios los repisasen todos. Ellos buena

intención tienen y, en fin, se hace por ver su devoción, aunque

tengo para mí que en estas cosas nunca me oye. Estáse ardiendo

el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como dicen, pues le

levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y

hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios se las

diese, tendríamos un alma menos en el cielo? No, hermanas mías,

no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia.

6. Por cierto que, si no mirase a la flaqueza humana, que se

consuela que las ayuden en todo (y) es bien si fuésemos algo), que

holgaría se entendiese no son éstas las cosas que se han de

suplicar a Dios con tanto cuidado.

------------------------------------------------------------------------

CAPÍTULO 2

Que trata cómo se han de descuidar de las necesidades corporales,

y del bien que hay en la pobreza.

1. No penséis, hermanas mías, que por no andar a contentar a los

del mundo os ha de faltar de comer, yo os aseguro. Jamás por

artificios humanos pretendáis sustentaros, que moriréis de hambre,

y con razón. Los ojos en vuestro esposo; él os ha de sustentar.

Contento él, aunque no quieran, os darán de comer los menos

vuestros devotos, como lo habéis visto por experiencia. Si haciendo

vosotras esto muriereis de hambre, ¡bienaventuradas las monjas de

San José! Esto no se os olvide, por amor del Señor. Pues dejáis la

renta, dejad el cuidado de la comida; si no, todo va perdido. Los que

quiere el Señor que la tengan, tengan enhorabuena esos cuidados,

que es mucha razón, pues es su llamamiento; mas nosotras,

hermanas, es disparate.

2. Cuidado de rentas ajenas, me parece a mí sería estar pensando

en lo que los otros gozan. Sí, que por vuestro cuidado no muda el

otro su pensamiento ni se le pone deseo de dar limosna. Dejad ese

cuidado a quien los puede mover a todos, que es el Señor de las

rentas y de los renteros. Por su mandamiento venimos aquí;

verdaderas son sus palabras; no pueden faltar; antes faltarán los

cielos y la tierra (1.) No le faltemos nosotras, que no hayáis miedo

que falte. Y si alguna vez os faltare, será para mayor bien, como

faltaban las vidas a los santos cuando los mataban por el Señor, y

era para aumentarles la gloria por el martirio. Buen trueco sería

acabar presto con todo y gozar de la hartura perdurable.

3. Mirad, hermanas, que va mucho en esto muerta yo, que para

esto os lo dejo escrito; que mientras yo viviere os lo acordaré, que

por experiencia veo la gran ganancia: cuando menos hay, más

descuidada estoy, y sabe el Señor que, a mi parecer, me da más

pena cuando mucho sobra que cuando nos falta. No sé si lo hace

como ya tengo visto nos lo da luego el Señor. Sería engañar el

mundo otra cosa, hacernos pobres no lo siendo de espíritu, sino en

lo exterior. Conciencia se me haría, a manera de decir, y parecerme

hía era pedir limosna las ricas, y plega a Dios no sea así, que

adonde hay estos cuidados demasiados de que den, una vez u otra

se irán por la costumbre, o podrían ir y pedir lo que no han

menester, por ventura a quien tiene más necesidad. Y aunque ellos

no pueden perder nada sino ganar, nosotras perderíamos. No plega

a Dios, mis hijas. Cuando esto hubiera de ser, más quisiera

tuvierais renta.

4. En ninguna manera se ocupe en esto el pensamiento, os pido por

amor de Dios en limosna. Y la más chiquita, cuando esto

entendiese alguna vez en esta casa, clame a Su Majestad y

acuérdelo a la mayor. Con humildad le diga que va errada; y valo

tanto, que poco a poco se va perdiendo la verdadera pobreza. Yo

espero en el Señor no será así ni dejará a sus siervas. Y para esto,

aunque no sea para más, aproveche esto que me habéis mandado

escribir por despertador.

5. Y crean, mis hijas, que para vuestro bien me ha dado el Señor un

poquito a entender los bienes que hay en la santa pobreza, y las

que lo probaren lo entenderán, quizá no tanto como yo; porque no

sólo no había sido pobre de espíritu, aunque lo tenía profesado,

sino loca de espíritu. Ello es un bien que todos los bienes del

mundo encierra en sí. Es un señorío grande. Digo que es señorear

todos los bienes de él otra vez a quien no se le da nada de ellos.

¿Qué se me da a mí de los reyes y señores, si no quiero sus rentas,

ni de tenerlos contentos, si un tantito se atraviesa haber de

descontentar en algo por ellos a Dios? ¿Ni qué se me da de sus

honras, si tengo entendido en lo que está ser muy honrado un

pobre, que es en ser verdaderamente pobre?

6. Tengo para mí que honras y dineros casi siempre andan juntos, y

que quien quiere honra no aborrece dineros, y que quien los

aborrece que se le da poco de honra. Entiéndase bien esto, que me

parece que esto de honra siempre trae consigo algún interés de

rentas o dineros; porque por maravilla hay honrado en el mundo si

es pobre; antes, aunque lo sea en sí, le tienen en poco. La

verdadera pobreza trae una honraza consigo que no hay quien la

sufra; la pobreza que es tomada por solo Dios, digo, no ha

menester contentar a nadie, sino a él. Y es cosa muy cierta, en no

habiendo menester a nadie, tener muchos amigos. Yo lo tengo bien

visto por experiencia.

7. Porque hay tanto escrito de esta virtud que no lo sabré yo

entender, cuánto más decir, y por no la agraviar en loarla yo, no

digo más de ella. Sólo he dicho lo que he visto por experiencia, y yo

confieso que he ido tan embebida, que no me he entendido hasta

ahora. Mas, pues está dicho, por amor del Señor, pues son

nuestras armas la santa pobreza y lo que al principio de la

fundación de nuestra Orden tanto se estimaba y guardaba en

nuestros santos Padres (que) me ha dicho quien la sabe, que de un

día para otro no guardaban nada), ya que en tanta perfección en lo

exterior no se guarde, en lo interior procuremos tenerla. Dos horas

son de vida, grandísimo el premio; y cuando no hubiera ninguno

sino cumplir lo que nos aconsejó el Señor, era grande la paga imitar

en algo a Su Majestad.

8. Estas armas han de tener nuestras banderas, que de todas

maneras lo queramos guardar: en casa, en vestidos, en palabras y

mucho más en el pensamiento. Y mientras esto hicieren, no hayan

miedo caiga la religión de esta casa, con el favor de Dios; que,

como decía Santa Clara, grandes muros son los de la pobreza. De

éstos, decía ella, y de humildad quería cercar sus monasterios. Y a

buen seguro, si se guarda de verdad, que esté la honestidad y todo

lo demás fortalecido mucho mejor que con muy suntuosos edificios.

De esto se guarden; por amor de Dios y por su sangre se lo pido yo;

y si con conciencia puedo decir, que el día que tal hicieren se torne

a caer.

9. Muy mal parece, hijas mías, de la hacienda de los pobrecitos se

hagan grandes casas. No lo permita Dios, sino pobre en todo y

chica. Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa, sino

en el portal de Belén adonde nació, y la cruz adonde murió. Casas

eran éstas adonde se podía tener poca recreación. Los que las

hacen grandes, ellos se entenderán; llevan otros intentos santos.

Mas trece pobrecitas, cualquier rincón les basta. Si porque es

menester por el mucho encerramiento tuvieren campo (y) aun

ayuda a la oración y devoción) con algunas ermitas para apartarse

a orar, enhorabuena; mas edificios y casa grande ni curioso nada,

¡Dios nos libre! Siempre os acordad se ha de caer todo el día del

juicio; ¿qué sabemos si será presto?

10. Pues hacer mucho ruido al caerse casa de trece pobrecillas no

es bien, que los pobres verdaderos no han de hacer ruido; gente sin

ruido ha de ser para que los hayan lástima. Y cómo se holgarán si

ven alguno por la limosna que les ha hecho librarse del infierno; que

todo es posible, porque están muy obligadas a rogar por sus almas

muy continuamente, pues os dan de comer; que también quiere el

Señor que, aunque viene de su parte, lo agradezcamos a las

personas por cuyo medio nos lo da; y de esto no haya descuido.

11. No sé lo que había comenzado a decir, que me he divertido.

Creo lo ha querido el Señor, porque nunca pensé escribir lo que

aquí he dicho. Su Majestad nos tenga siempre de su mano para

que no se caiga de ello, amén.

------------------------------------------------------------------------

CAPÍTULO 3

Prosigue lo que en el primero comencé a tratar, y persuade a las

hermanas a que se ocupen siempre en suplicar a Dios favorezca a

los que trabajan por la Iglesia. -Acaba con una exclamación.

1. Tornando a lo principal para lo que el Señor nos juntó en esta

casa y por lo que yo mucho deseo seamos algo para que

contentemos a Su Majestad, digo que viendo tan grandes males

que fuerzas humanas no bastan a atajar este fuego de estos

herejes, con que se ha pretendido hacer gente para si pudieran a

fuerza de armas remediar tan gran mal y que va tan adelante, hame

parecido es menester como cuando los enemigos en tiempo de

guerra han corrido toda la tierra, y viéndose el Señor de ella

apretado se recoge a una ciudad, que hace muy bien fortalecer, y

desde allí acaece algunas veces dar en los contrarios y ser tales los

que están en la ciudad, como es gente escogida, que pueden más

ellos a solas que con muchos soldados, si eran cobardes, pudieron,

y muchas veces se gana de esta manera victoria; al menos, aunque

no se gane, no los vencen; porque, como no haya traidor, si no es

por hambre, no los pueden ganar. Acá esta hambre no la puede

haber que baste a que se rindan; a morir sí, mas no a quedar

vencidos.

2. Mas ¿para qué he dicho esto? Para que entendáis, hermanas

mías, que lo que hemos de pedir a Dios es que en este castillito que

hay ya de buenos cristianos no se nos vaya ya ninguno con los

contrarios, y a los capitanes de este castillo o ciudad, los haga muy

aventajados en el camino del Señor, que son los predicadores y

teólogos; y pues los más están en las religiones, que vayan muy

adelante en su perfección y llamamiento, que es muy necesario;

que ya ya, como tengo dicho, nos ha de valer el brazo eclesiástico y

no el seglar. Y pues para lo uno ni lo otro no valemos nada para

ayudar a nuestro Rey, procuremos ser tales que valgan nuestras

oraciones para ayudar a estos siervos de Dios, que con tanto

trabajo se han fortalecido con letras y buena vida y trabajado para

ayudar ahora al Señor.

3. Podrá ser digáis que para qué encarezco tanto esto y digo hemos

de ayudar a los que son mejores que nosotras. Yo os lo diré,

porque aún no creo entendéis bien lo mucho que debéis al Señor

en traeros adonde tan quitadas estáis de negocios y ocasiones y

tratos: es grandísima merced ésta; lo que no están los que digo, ni

es bien que estén, en estos tiempos menos que en otros; porque

han de ser los que esfuercen la gente flaca y pongan ánimo a los

pequeños. ¡Buenos quedarían los soldados sin capitanes! Han de

vivir entre los hombres y tratar con los hombres y estar en los

palacios y aun hacerse algunas veces con ellos en lo exterior.

¿Pensáis, hijas mías, que es menester poco para tratar con el

mundo y vivir en el mundo y tratar negocios del mundo y hacerse,

como he dicho, a la conversación del mundo, y ser en lo interior

extraños del mundo y enemigos del mundo y estar como quien está

en destierro y, en fin, no ser hombres sino ángeles?

Porque a no ser esto así, ni merecen nombre de capitanes, ni

permita el Señor salgan de sus celdas, que más daño harán que

provecho. Porque no es ahora tiempo de ver imperfecciones en los

que han de enseñar; [4] y si en lo interior no están fortalecidos en

entender lo mucho que va en tenerlo todo debajo de los pies y estar

desasidos de las cosas que se acaban y asidos a las eternas, por

mucho que lo quieran encubrir, han de dar señal. Pues ¿con quién

lo han sino con el mundo? No hayan miedo se lo perdone, ni que

ninguna imperfección dejen de entender. Cosas buenas, muchas se

les pasarán por alto, y aun por ventura no las tendrán por tales; mas

mala o imperfecta, no hayan miedo. Ahora yo me espanto quién los

muestra la perfección, no para guardarla (que) de esto ninguna

obligación les parece tienen, harto les parece hacen si guardan

razonablemente los mandamientos), sino para condenar, y a las

veces lo que es virtud les parece regalo.

Así que no penséis es menester poco favor de Dios para esta gran

batalla adonde se meten, sino grandísimo.

5. Para estas dos cosas os pido yo procuréis ser tales que

merezcamos alcanzarlas de Dios: la una, que haya muchos, de los

muy muchos letrados y religiosos que hay, que tengan las partes

que son menester para esto, como he dicho, y a los que no están

muy dispuestos, los disponga el Señor; que más hará uno perfecto

que muchos que no lo estén. La otra, que después de puestos en

esta pelea, que -como digo- no es pequeña, los tenga el Señor de

su mano para que puedan librarse de tantos peligros como hay en

el mundo y tapar los oídos, en este peligroso mar, del canto de las

sirenas. Y si en esto podemos algo con Dios, estando encerradas

peleamos por El, y daré yo por muy bien empleados los trabajos

que he pasado por hacer este rincón, adonde también pretendí se

guardase esta Regla de nuestra Señora y Emperadora con la

perfección que se comenzó.

6. No os parezca inútil ser continua esta petición, porque hay

algunas personas que les parece recia cosa no rezar mucho por su

alma; y ¿qué mejor oración que ésta? Si tenéis pena porque no se

os descontará la pena del purgatorio, también se os quitará por esta

oración, y lo que más faltare, falte. ¿Qué va en que esté yo hasta el

día del juicio en el purgatorio, si por mi oración se salvase sola un

alma? ¡Cuánto más el provecho de muchas y la honra del Señor!

De penas que se acaban no hagáis caso de ellas cuando

interviniere algún servicio mayor al que tantas pasó por nosotros.

Siempre os informad lo que es más perfecto.

Así que os pido por amor del Señor pidáis a Su Majestad nos oiga

en esto. Yo, aunque miserable, lo pido a Su Majestad, pues es para

gloria suya y bien de su Iglesia, que aquí van mis deseos.

7. Parece atrevimiento pensar yo he de ser alguna parte para

alcanzar esto. Confío yo, Señor mío, en estas siervas vuestras que

aquí están, que veo y sé no quieren otra cosa ni la pretenden sino

contentaros. Por Vos han dejado lo poco que tenían, y quisieran

tener más para serviros con ello. Pues no sois Vos, Criador mío,

desagradecido para que piense yo dejaréis de hacer lo que os

suplican. Ni aborrecisteis, Señor, cuando andabais en el mundo, las

mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad. Cuando

os pidiéremos honras no nos oigáis, o rentas, o dineros, o cosa que

sepa a mundo; mas para honra de vuestro Hijo, ¿por qué no nos

habéis de oír, Padre eterno, a quien perdería mil honras y mil vidas

por Vos? No por nosotras, Señor, que no lo merecemos, sino por la

sangre de vuestro Hijo y sus merecimientos.

8. ¡Oh Padre eterno! mirad que no son de olvidar tantos azotes e

injurias y tan gravísimos tormentos. Pues, Criador mío, ¿cómo

pueden sufrir unas entrañas tan amorosas como las vuestras que lo

que se hizo con tan ardiente amor de vuestro Hijo y por más

contentaros a Vos (que) mandasteis nos amase) sea tenido en tan

poco como hoy día tienen esos herejes el Santísimo Sacramento,

que le quitan sus posadas deshaciendo las iglesias? ¡Si le faltara

algo por hacer para contentaros! Mas todo lo hizo cumplido. No

bastaba, Padre eterno, que no tuvo adonde reclinar la cabeza

mientras vivió, y siempre en tantos trabajos, sino que ahora las que

tiene para convidar sus amigos (por) vernos flacos y saber que es

menester que los que han de trabajar se sustenten de tal manjar) se

las quiten? ¿Ya no había pagado bastantísimamente por el pecado

de Adán? ¿Siempre que tornamos a pecar lo ha de pagar este

amantísimo Cordero? No lo permitáis, Emperador mío. Apláquese

ya Vuestra Majestad. No miréis a los pecados nuestros, sino a que

nos redimió vuestro sacratísimo Hijo, y a los merecimientos suyos y

de su Madre gloriosa y de tantos santos y mártires como han

muerto por Vos.

9. ¡Ay dolor, Señor, y quién se ha atrevido a hacer esta petición en

nombre de todas! ¡Qué mala tercera, hijas mías, para ser oídas, y

que echase por vosotras la petición! ¡Si ha de indignar más a este

soberano Juez verme tan atrevida, y con razón y justicia! Mas

mirad, Señor, que ya sois Dios de misericordia; habedla de esta

pecadorcilla, gusanillo que así se os atreve. Mirad, Dios mío, mis

deseos y las lágrimas con que esto os suplico, y olvidad mis obras,

por quien Vos sois, y habed lástima de tantas almas como se

pierden, y favoreced vuestra Iglesia. No permitáis ya más daños en

la cristiandad, Señor. Dad ya luz a estas tinieblas.

10. Pídoos yo, hermanas mías, por amor del Señor, encomendéis a

Su Majestad esta pobrecilla y le supliquéis la dé humildad, como

cosa a que tenéis obligación. No os encargo particularmente los

reyes y prelados de la Iglesia, en especial nuestro obispo; veo a las

de ahora tan cuidadosas de ello, que así me parece no es menester

más. Vean las que vinieren que teniendo santo prelado lo serán las

súbditas, y como cosa tan importante la poned siempre delante del

Señor. Y cuando vuestras oraciones y deseos y disciplinas y

ayunos no se emplearen por esto que he dicho, pensad que no

hacéis ni cumplís el fin para que aquí os juntó el Señor.

------------------------------------------------------------------------

CAPÍTULO 4

En que persuade la guarda de la Regla, y de tres cosas importantes

para la vida espiritual. Declara la primera de estas tres cosas, que

es amor del prójimo, y lo que dañan amistades particulares.

1. Ya, hijas, habéis visto la gran empresa que pretendemos ganar.

¿Qué tales habremos de ser para que en los ojos de Dios y del

mundo no nos tengan por muy atrevidas? Está claro que hemos

menester trabajar mucho, y ayuda mucho tener altos pensamientos

para que nos esforcemos a que lo sean las obras. Pues con que

procuremos guardar cumplidamente nuestra Regla y Constituciones

con gran cuidado, espero en el Señor admitirá nuestros ruegos; que

no os pido cosa nueva, hijas mías, sino que guardemos nuestra

profesión, pues es nuestro llamamiento y a lo que estamos

obligadas, aunque de guardar a guardar va mucho.

2. Dice en la primera Regla nuestra que oremos sin cesar. Con que

se haga esto con todo el cuidado que pudiéremos, que es lo más

importante, no se dejarán de cumplir los ayunos y disciplinas y

silencio que manda la Orden. Porque ya sabéis que para ser la

oración verdadera se ha de ayudar con esto; que regalo y oración

no se compadece.

3. En esto de oración es lo que me habéis pedido diga alguna cosa,

y lo dicho hasta ahora, para en pago de lo que dijere, os pido yo

cumpláis y leáis muchas veces de buena gana.

Antes que diga de lo interior, que es la oración, diré algunas cosas

que son necesarias tener las que pretenden llevar camino de

oración, y tan necesarias que, sin ser muy contemplativas, podrán

estar muy adelante en el servicio del Señor, y es imposible si no las

tienen ser muy contemplativas, y cuando pensaren lo son, están

muy engañadas. El Señor me dé el favor para ello y me enseñe lo

que tengo de decir, porque sea para su gloria, amén.

4. No penséis, amigas y hermanas mías, que serán muchas las

cosas que os encargaré, porque plega al Señor hagamos las que

nuestros santos Padres ordenaron y guardaron, que por este

camino merecieron este nombre. Yerro sería buscar otro ni

deprenderle de nadie. Solas tres me extenderé en declarar, que son

de la misma Constitución, porque importa mucho entendamos lo

muy mucho que nos va en guardarlas para tener la paz que tanto

nos encomendó el Señor, interior y exteriormente: la una es amor

unas con otras; otra, desasimiento de todo lo criado; la otra,

verdadera humildad, que aunque la digo a la postre, es la principal y

las abraza todas.

5. Cuanto a la primera, que es amaros mucho unas a otras, va muy

mucho; porque no hay cosa enojosa que no se pase con facilidad

en los que se aman y recia ha de ser cuando dé enojo. Y si este

mandamiento se guardase en el mundo como se ha de guardar,

creo aprovecharía mucho para guardar los demás; mas, más o

menos, nunca acabamos de guardarle con perfección.

Parece que lo demasiado entre nosotras no puede ser malo, y trae

tanto mal y tantas imperfecciones consigo, que no creo lo creerá

sino quien ha sido testigo de vista. Aquí hace el demonio muchos

enredos, que en conciencias que tratan groseramente de contentar

a Dios se sienten poco y les parece virtud, y las que tratan de

perfección lo entienden mucho, porque poco a poco quita la fuerza

a la voluntad para que del todo se emplee en amar a Dios.

6. Y en mujeres creo debe ser esto aun más que en hombres; y

hace daños para la comunidad muy notorios; porque de aquí viene

el no se amar tanto todas, el sentir el agravio que se hace a la

amiga, el desear tener para regalarla, el buscar tiempo para

hablarla, y muchas veces más para decirle lo que la quiere y otras

cosas impertinentes que lo que ama a Dios. Porque estas

amistades grandes pocas veces van ordenadas a ayudarse a amar

más a Dios, antes creo las hace comenzar el demonio para

comenzar bandos en las religiones; que cuando es para servir a Su

Majestad, luego se parece, que no va la voluntad con pasión, sino

procurando ayuda para vencer otras pasiones.

7. Y de estas amistades querría yo muchas donde hay gran

convento, que en esta casa, que no son más de trece ni lo han de

ser, aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se

han de querer, todas se han de ayudar; y guárdense de estas

particularidades, por amor del Señor, por santas que sean, que aun

entre hermanos suele ser ponzoña y ningún provecho en ello veo; y

si son deudos, muy peor, ¡es pestilencia! Y créanme, hermanas,

que aunque os parezca es éste extremo, en él está gran perfección

y gran paz, y se quitan muchas ocasiones a las que no están muy

fuertes; sino que, si la voluntad se inclinare más a una que a otra

(que) no podrá ser menos, que es natural, y muchas veces nos lleva

a amar lo más ruin si tiene más gracias de naturaleza), que nos

vayamos mucho a la mano a no nos dejar enseñorear de aquella

afección. Amemos las virtudes y lo bueno interior, y siempre con

estudio traigamos cuidado de apartarnos de hacer caso de esto

exterior.

8. No consintamos, oh hermanas, que sea esclava de nadie nuestra

voluntad, sino del que la compró por su sangre. Miren que, sin

entender cómo, se hallarán asidas que no se puedan valer. ¡Oh,

válgame Dios!, las niñerías que vienen de aquí no tienen cuento. Y

porque son tan menudas que sólo las que lo ven lo entenderán y

creerán, no hay para qué las decir aquí más de que en cualquiera

será malo y en la prelada pestilencia.

9. En atajar estas parcialidades es menester gran cuidado desde el

principio que se comience la amistad; esto más con industria y amor

que con rigor. Para remedio de esto es gran cosa no estar juntas

sino las horas señaladas, ni hablarse, conforme a la costumbre que

ahora llevamos, que es no estar juntas, como manda la Regla, sino

cada una apartada en su celda. Líbrense en San José de tener

casa de labor; porque, aunque es loable costumbre, con más

facilidad se guarda el silencio cada una por sí, y acostumbrarse a

soledad es gran cosa para la oración; y pues éste ha de ser el

cimiento de esta casa, es menester traer estudio en aficionarnos a

lo que a esto más nos ayuda.

10. Tornando al amarnos unas a otras, parece cosa impertinente

encomendarlo, porque ¿qué gente hay tan bruta que tratándose

siempre y estando en compañía y no habiendo de tener otras

conversaciones ni otros tratos ni recreaciones con personas de

fuera de casa, y creyendo nos ama Dios y ellas a él pues por Su

Majestad lo dejan todo, que no cobre amor? En especial, que la

virtud siempre convida a ser amada; y ésta, con el favor de Dios,

espero en Su Majestad siempre la habrá en las de esta casa. Así

que en esto no hay que encomendar mucho, a mi parecer.

11. En cómo ha de ser este amarse y qué cosa es amor virtuoso -el

que yo deseo haya aquí- y en qué veremos tenemos esta virtud,

que es bien grande, pues nuestro Señor tanto nos la encomendó y

tan encargadamente a sus Apóstoles, de esto querría yo decir

ahora un poquito conforme a mi rudeza. Y si en otros libros tan

menudamente lo hallareis, no toméis nada de mí, que por ventura

no sé lo que digo.

12. De dos maneras de amor es lo que trato: una es espiritual,

porque ninguna cosa parece toca a la sensualidad ni la ternura de

nuestra naturaleza, de manera que quite su puridad; otra es

espiritual, y junto con ella nuestra sensualidad y flaqueza o buen

amor, que parece lícito, como el de los deudos y amigos. De éste ya

queda algo dicho.

13. Del que es espiritual, sin que intervenga pasión ninguna, quiero

ahora hablar, porque, en habiéndola, va todo desconcertado este

concierto; y si con templanza y discreción tratamos personas

virtuosas, especialmente confesores, es provechoso. Mas si en el

confesor se entendiere va encaminado a alguna vanidad, todo lo

tengan por sospechoso, y en ninguna manera, aunque sean buenas

pláticas, las tengan con él, sino con brevedad confesarse y concluir.

Y lo mejor sería decir a la prelada que no se halla bien su alma con

él y mudarle. Esto es lo más acertado, si se puede hacer sin tocarle

en la honra.

14. En caso semejante y otros que podría el demonio en cosas

dificultosas enredar y no se sabe qué consejo tomar, lo más

acertado será procurar hablar a alguna persona que tenga letras; -

que habiendo necesidad dase libertad para ello-, y confesarse con

él y hacer lo que le dijere en el caso; porque, ya que no se pueda

dejar de dar algún medio, podíase errar mucho; y ¡cuántos yerros

pasan en el mundo por no hacer las cosas con consejo, en especial

en lo que toca a dañar a nadie! Dejar de dar algún medio, no se

sufre; porque cuando el demonio comienza por aquí, no es por

poco, si no se ataja con brevedad; y así lo que tengo dicho de

procurar hablar con otro confesor es lo más acertado, si hay

disposición, y espero en el Señor sí habrá.

15. Miren que va mucho en esto, que es cosa peligrosa y un infierno

y daño para todas. Y digo que no aguarden a entender mucho mal,

sino que al principio lo atajen por todas las vías que pudieren y

entendieren con buena conciencia lo pueden hacer. Mas espero yo

en el Señor no permitirá que personas que han de tratar siempre en

oración puedan tener voluntad sino a quien sea muy siervo de Dios,

que esto es muy cierto, o lo es que no tienen oración ni perfección,

conforme a lo que aquí se pretende; porque, si no ven que entiende

su lenguaje y es aficionado a hablar en Dios, no le podrán amar,

porque no es su semejante. Si lo es, con las poquísimas ocasiones

que aquí habrá, o será muy simple o no querrá desasosegarse y

desasosegar a las siervas de Dios.

16. Ya que he comenzado a hablar en esto, que -como he dicho- es

gran daño el que el demonio puede hacer y muy tardío en

entenderse, y así se puede ir estragando la perfección sin saber por

dónde. Porque si éste quiere dar lugar a vanidad por tenerla él, lo

hace todo poco aun para las otras. Dios nos libre, por quien Su

Majestad es, de cosas semejantes. A todas las monjas bastaría a

turbar, porque sus conciencias les dice al contrario de lo que el

confesor y si las aprietan en que tengan uno solo, no saben qué

hacer ni cómo se sosegar; porque quien lo había de quietar y

remediar es quien hace el daño. Hartas aflicciones debe haber de

éstas en algunas partes. Háceme gran lástima, y así no os

espantéis ponga mucho en daros a entender este peligro.

------------------------------------------------------------------------

CAPÍTULO 5

Prosigue en los confesores. Dice lo que importa sean letrados.

1. No dé el Señor a probar a nadie en esta casa el trabajo que

queda dicho, por quien Su Majestad es, de verse alma y cuerpo

apretadas, o que si la prelada está bien con el confesor, que ni a él

de ella ni a ella de él no osan decir nada. Aquí vendrá la tentación

de dejar de confesar pecados muy graves, por miedo de no estar en

desasosiego. ¡Oh, válgame Dios, qué daño puede hacer aquí el

demonio y qué caro les cuesta el apretamiento y honra! Que porque

no traten más de un confesor, piensan granjean gran cosa de

religión y honra del monasterio, y ordena por esta vía el demonio

coger las almas, como no puede por otra. Si piden otro, luego

parece va perdido el concierto de la religión, o que si no es de la

Orden, aunque sea un santo, aun tratar con él les parece les hace

afrenta.

2. Esta santa libertad pido yo por amor del Señor a la que estuviere

por mayor: procure siempre con el obispo o provincial que, sin los

confesores ordinarios, procure algunas veces tratar ella y todas y

comunicar sus almas con personas que tengan letras, en especial si

los confesores no las tienen, por buenos que sean. Son gran cosa

letras para dar en todo luz. Será posible hallar lo uno y lo otro junto

en algunas personas. Y mientras más merced el Señor os hiciere en

la oración, es menester más ir bien fundadas sus obras y oración.

3. Ya sabéis que la primera piedra ha de ser buena conciencia y

con todas vuestras fuerzas libraros aun de pecados veniales y

seguir lo más perfecto. Parecerá que esto cualquier confesor lo

sabe, y es engaño. A mí me acaeció tratar con uno cosas de

conciencia que había oído todo el curso de teología, y me hizo harto

daño en cosas que me decía no eran nada; y sé que no pretendía

engañarme ni tenía para qué, sino que no supo más. Y con otros

dos o tres, sin éste, me acaeció.

4. Este tener verdadera luz para guardar la ley de Dios con

perfección es todo nuestro bien. Sobre ésta asienta bien la oración.

Sin este cimiento fuerte, todo el edificio va falso. Si no les dieren

libertad para confesarse, para tratar cosas de su alma con personas

semejantes a lo que he dicho. Y atrévome más a decir, que aunque

el confesor lo tenga todo, algunas veces se haga lo que digo;

porque ya puede ser él se engañe, y es bien no se engañen todas

por él; procurando siempre no sea cosa contra la obediencia, que

medios hay para todo, y vale mucho a las almas, y así es bien por

las maneras que pudiere lo procure.

5. Todo esto que he dicho toca a la prelada. Y así la torno a pedir

que, pues aquí no se pretende tener otra consolación sino la del

alma, procure en esto su consolación, que hay diferentes caminos

p