[¿?] página principal

 

Dudas y textos

Recursos para la formación católica 

Escríbeme

Quiénes somos

Mi perfil de facebook

Benedicto XVI

 Juan Pablo II

Clásicos de espiritualidad

Obras actuales variadas

Sobre el Opus Dei

 Oraciones y Biblia

Más magisterio de la Iglesia y Teología

Recursos formativos

Noticias

Citas escogidas

Imágenes

Enlaces

 

 

 

   

CARTAS

TERESA DE LISIEUX

  

PRIMER PERÍODO

LA INFANCIA

(abril 1877-noviembre 1886)

Cta 1 A Luisa Magdelaine

4 de abril de 1877

Querida Luisita:

No te conozco, pero es igual, te quiero mucho . Paulina me ha dicho

que te escriba; me tiene sobre sus rodillas, pues yo no sé ni siquiera

sostener el palillero. Quiere que te diga que  soy una perezosilla, pero

no es cierto, porque trabajo todo el día haciendo travesuras a mis pobres

hermanitas; en una palabra, que soy un diablillo que está siempre riéndose

.

Adiós, Luisita. Te mando un beso muy fuerte. Saluda de mi parte a la

Visitación, es decir a sor María Luisa2 y a sor Luisa de Gonzaga, pues no

conozco a nadie más.

Teresa

Cta 2 A Juana y María Guérin

12-17 de abril de 1877

Queridas primitas:

Ya que os escribe Celina, yo también quiero escribiros para deciros que os

quiero  con todo mi corazón. Me gustaría mucho veros y daros un

beso.

Adiós, queridas primitas. María ya no quiere seguir llevándome la mano,

 y yo no sé escribir sola.

Teresa

Cta 3 A María

10-17 de junio de 1877

Querida Mariíta:

Un abrazo de todo corazón, y a Paulina también.

Teresa

Cta 4 A María Guérin

16 de septiembre de 1877

Querida Mariíta:

Un abrazo con todo mi corazón. Tu carta me ha gustado mucho. Me alegra

mucho ir a Lisieux.

Tu primita,

Teresa

Cta 5 A Paulina

Lisieux, 26 de junio de 1878

Querida Paulina:

María Guérin está en el campo desde el lunes, pero yo me lo paso bien,

sola mi tía. Estuve comprando medias grises con mi tía, y la señora me dio

unas perlas. Me he hecho una sortija con ellas.

Adiós, Paulinita querida. Muchos besos a papá y a María de mi parte. Un

abrazo de todo corazón.

Tu hermanita,

Teresa

Cta 6 A Paulina

1 de diciembre de 1880

Querida Paulina:

Me alegro mucho de escribirte, he pedido permiso a nuestra tía. Cometo

muchas faltas, pero tú conoces bien a tu Teresita y sabes muy bien que no

soy nada hábil.

Dale un gran beso a papá de mi parte.

He sacado cuatro puntos buenos el primer día, y cinco el segundo.

Un abrazo de mi parte a la señorita Paulina.

Estoy muy contenta, porque ya sabes que estamos en casa de nuestra tía.

Mientras María hace las cuentas, yo me divierto pintando unas láminas

muy bonitas que me ha dado nuestra tía.

Hasta la vista, querida Paulinita. Tu Teresita que te quiere.

Cta 7 A Paulina

4 (?) de julio de 1881

Querida Paulina:

Me alegro mucho de escribirte. Te deseo un feliz día de tu santo, pues no

te pude felicitar el miércoles, día de tu santo.

Espero que lo pases muy  bien en Houlgate. Quisiera saber si has

montado en burro.

Te agradezco mucho que me hayas dado vacaciones mientras estás en

Houlgate. Me gustaría mucho que, si escribes a María, me pongas también

a mí unas letritas.

¡Si supieras! El día de santa Domitia, nuestra tía me puso un cinturón de

color rosa, y eché  flores a santa Domitia.

No enseñes mi carta a nadie.

Adiós, querida Paulinita. Un abrazo con todo mi corazón. Da un beso de mi

parte a María Teresa y a la pequeña Margarita.

Tu Teresita que te quiere.

Cta 8 A Celina (Fragmentos)

Domingo, 23 de abril de 1882

Querida Celinita:

Te quiero mucho, bien lo sabes...

Adiós, querida Celinita.

Tu Teresita que te quiere con toda el alma.

Teresa Martin

Cta 9 A la madre María de Gonzaga

noviembre-diciembre de 1882(?)

Querida Madre:

Hace mucho tiempo que no la he visto; por eso me alegro mucho de

escribirle para contarle mis cosillas.

Paulina me ha dicho que usted estaba de ejercicios, y quiero pedirle que

ruegue al Niño Jesús por  mí, pues tengo muchos defectos y quisiera

corregirme.

Tengo que confesarme con usted. De un tiempo acá, contesto siempre que

María me manda hacer alguna cosa. Parece que cuando Paulina era

pequeña y se excusaba ante mi tía de Le Mans, ésta le decía: «Tantos

agujeros, tantas clavijas», pero yo soy todavía mucho peor. Por eso, quiero

corregirme y en cada agujerito poner  una linda florecilla que ofreceré

al Niño Jesús para prepararme a mi primera comunión. ¿Verdad, querida

Madre, que usted pedirá eso a Dios para mí? Sí, ese hermoso momento

llegará muy pronto, y cuando el Niño Jesús venga a mi corazón, ¡qué feliz

me sentiré de tener tantas flores hermosas para ofrecerle!

Adiós, querida Madre. La abrazo con la misma ternura con que la amo.

Su hijita,

Teresita

Cta 10 A Celina

A mi Celinita querida de parte de su hermanita que la quiere muy

tiernamente.

Teresa

Domingo 29 de abril de 1883

Cta 11 A sor Inés de Jesús

1-6 de marzo de 1884

Querida Paulinita:

Había pensado escribirte para darte las gracias por tu precioso librito; pero

creía que no estaba permitido hacerlo durante la cuaresma. Ahora que sé

que está permitido, te doy las gracias de todo el corazón.

No sabes la dicha que sentí cuando María me enseñó tu hermoso librito.

Me pareció precioso; no había visto nunca nada tan bello, y no me canso

de mirarlo. ¡Qué oraciones tan bonitas trae al principio! Se las he rezado

de todo corazón al Niño Jesús. Procuro hacer todos los días el mayor

número de prácticas que puedo, y hago todo lo posible por no dejar

escapar ninguna ocasión. Rezo desde lo hondo de mi alma las jaculatorias

que representan el olor de las rosas, y lo hago lo más frecuentemente que

puedo.

¡Qué estampa tan bonita la que trae al principio! Una palomita que ofrece

su corazón al Niño Jesús. Pues bien, yo también quiero adornar el mío con

todas las lindas flores que encuentre, para ofrecérselo al Niño Jesús el día

de mi primera comunión; pues quiero, como se lee en la breve oración que

hay al principio del libro, que el Niño Jesús se encuentre tan a gusto en mi

corazón, que no piense ya en volverse al cielo...

Dale las gracias en mi nombre a sor Teresa de San Agustín por su

precioso rosario de prácticas y por haberme bordado la hermosa cubierta

del libro. Muchos besos de mi parte a la madre María de Gonzaga, y dile

que su hijita la quiere con todo el corazón.

Leonia y Celina te envían un fuerte abrazo. Adiós, querida Paulinita. Un

abrazo con todo mi corazón.

Tu hijita que te quiere mucho.

Teresita

Cta 12 A María

8 de mayo de 1884

Para mi querida Mariíta, recuerdo de la primera comunión de

Tu hijita

Teresa

Cta 13 A Celina

8 de mayo de 1884

Recuerdo de 1ª comunión para mi querida Celinita, de parte de tu

hermanita

Teresa

Cta 14 A María Guérin

1883-1885

A mi Mariíta, de parte de su hermanita Teresa.

Cta 15 A Celina

1883-1885

A mi querida Celinita, recuerdo cariñoso de su hermanita que la quiere con

todo el corazón

Teresa

Cta 16 A la señora Guérin (Fragmentos)

10-17 de mayo de 1885

Querida tía:

Me ha pedido que le escriba para darle noticias de mi salud. Estoy mejor

que el domingo, pero me sigue doliendo mucho la cabeza. Espero que

usted se encuentre bien, lo mismo que Juana, y que María acabe de

curarse del todo.

Pienso en usted con frecuencia, y recuerdo lo buena que ha sido

conmigo1. No olvido tampoco a mis queridas primitas, y le ruego que diga

a María que no le escribo hoy, pero que le escribiré la próxima vez para

tener más cosas que contarle.

Entro en retiro el domingo por la tarde, pues la primera comunión sigue

fijada para el 21; es ya seguro que no se cambiará la fecha.

Adiós, querida tía. Un abrazo muy fuerte mi parte para Juana y María, y

guarde para usted el beso más fuerte,

Teresa

Hija de los Stos. Angeles

Cta 17 A María

Para mi querida Mariíta,

recuerdo de la segunda Comunión de tu hijita,

el 21 de mayo de 1885.

Teresa

Cta 18 Al señor Martin

25 de agosto de 1885

Querido papaíto:

Si estuvieras en Lisieux, deberíamos felicitarte hoy tu santo. Pero, como no

estás, quiero igualmente, y más que nunca, desearte en el día de tu santo

una gran felicidad, y sobre todo que lo pases muy bien en el viaje. Espero,

papaíto querido, que te diviertas mucho y que te guste mucho el viaje.

Pienso continuamente en ti, y pido a Dios que te conceda pasarlo bien y

que vuelvas pronto con buena salud.

Querido papá, para tu santo Paulina me había compuesto unos versos

preciosos para que te los recitase el día  de tu santo; pero ya que no

puedo hacerlo, te los voy a escribir:

FELICITACIÓN DE UNA REINECITA A SU PAPÁ-REY EN EL DÍA DE SU

SANTO

Si fuera una palomita,

¿sabes, papá, adónde iría?

En tu pecho, nido y tumba,

por siempre me quedaría.

Si fuera una golondrina,

estos días de calor,

iría a cerrar mis alas

a la sombra de tu amor.

Si fuera yo un petirrojo,

me estaría en tu jardín.

Con sólo un grano, tu mano

me daría un gran festín.

Si fuera yo un ruiseñor,

pequeño cantor salvaje,

pronto mi bosque dejara

 por cantar en tu boscaje.

Si yo fuera una estrellita,

de noche siempre saldría,

y cuando el día se oculta

nunca oscuro se te haría.

A través de tu ventana

encendiera mil destellos,

y nunca me ocultaría

sin decirte algo del cielo.

Si fuera yo un angelito,

querubín de alas doradas,

hacia ti dirigiría,

papá, el vuelo de mis alas.

Te mostraría mi Patria

en un sueño misterioso;

te diría: «Tras la vida

te espera un brillante trono».

Si quisieras alas blancas,

te las traería del cielo,

y hacia la eterna ribera

alzaríamos el vuelo.

Mas no tengo alas brillantes,

yo no soy un serafín,

soy tan sólo una niñita

a la que hay que conducir.

Sólo soy débil aurora,

simple capullo de flor,

y el rayo que me entreabre

es, papá, tu corazón.

Al crecer, veo tu alma

repleta del Dios de amor;

tu santo ejemplo me inflama

y quiero imitarte yo.

Quiero, Rey mío, en la tierra

ser tu alegría mayor:

imitarte, padrecito,

amar como tú al Señor.

Más tendría que decirte,

pero es preciso acabar.

Sonríeme, padre amado,

y ven mi frente a besar.

Adiós, queridísimo papá. Tu Reina que te ama con todo su corazón,

Teresa

Cta 19 A María Guérin

Los Buissonnets, sábado 26 de junio de 1886.

Querida Mariíta:

Te agradezco mucho que hayas tenido la delicadeza de no reñirme por no

haberte escrito; por eso me apresuro a contestar enseguida a tu amable

cartita. No puedes imaginarte cómo me ha gustado.

Estoy muy contenta de que sigas mejor y de que te diviertas mucho. No sé

nada nuevo de Lisieux que pueda contarte; sólo que estamos todos bien.

Me pedías en tu carta que  te diera noticias de la señora de Papinau;

está muy bien y me pregunta con frecuencia por tu salud. Las clases

siguen marchando muy bien; desde hace algún tiempo han aumentado, y

por eso no te pude escribir el domingo.

Estoy muy contenta porque mañana me pondré de blanco para la

procesión; María me ha probado el vestido y me sienta muy bien.

Querida Mariíta, te encargo que des un abrazo muy fuerte de mi parte a mi

tía y a mi querida Juanita.

Adiós, querida primita. Perdona si mi carta va mal redactada y mal escrita:

es que andaba muy deprisa y no he tenido tiempo para hacer  un

borrador. Celina me encarga que te mande un fuerte abrazo, lo mismo que

a Juana y a mi tía. Todavía no he dado tu recado a Paulina, pero se lo

daré esta tarde.

Tu primita, que te quiere con todo el corazón,

Teresa

Cta 20 María Guérin

Los Buissonnets, jueves 15 de julio de 1886

Querida María:

Muy amable de tu parte el escribirme; tu carta me ha gustado mucho. Me

alegra que te des hermosos paseos como los que me cuentas; me parecen

muy interesantes.

Vengo de columpiarme; María tiene miedo que me lastime y ha pedido a

papá que pinte las argollas y el columpio; las argollas me  gustan

menos que el columpio y tengo las manos todas rojas de estar en ellas.

Ayer fuimos a pasar la tarde en casa de la señora Maudelonde, y me lo

pasé muy bien con Celina y Elena. La señora de Papinau me ha dado

vacación mañana en honor de la fiesta de nuestra Señora del Carmen,

para que pueda asistir al sermón.

Ya ves, María, que no tengo nada interesante que contarte. No me he

dado, como tú, un  paseo maravilloso del que poder hablarte, pero, no

obstante, espero que mi pobre cartita te guste un poco.

Adiós, querida Mariíta. Da un fuerte abrazo de mi parte a mi tía y a Juana.

Tu hermanita que te quiere mucho

Teresa

Cta 21 A María

Sábado, 2 de octubre, 6 de la tarde

Fiesta de los Santos Angeles

Querida Mariíta:

Acabamos de recibir el telegrama y estoy muy contenta, pues creo que

esto quiere decir que has visto al Padre en Douvres. El te envió el

miércoles una carta en la que te decía que fueses a esperarle hoy. No te

puedes imaginar nuestro apuro. Celina envió  cartas a Douvres y a

Calais, a la lista de correos.

La Santísima Virgen ha tenido todos los días una vela encendida, y le he

pedido y suplicado tanto, que no puedo creer que no sepas que el Padre

llegaba hoy. También el señor Pichon ha enviado una carta a papá; no nos

atrevíamos a abrirla. Paulina nos dijo que era mejor hacerlo, pues podría

haber dentro alguna cosa urgente; pero sólo decía que el señor Pichon

todavía no sabía cuándo llegaría el Padre , y que iba a escribir al

superior para saberlo.

¡Si supieras, María, qué gran verdad me parece lo que nos dices! Dios nos

mima, sí, pero no te figuras lo que es estar separada de una persona a

quien se quiere como yo te quiero a ti. ¡Si supieras todo lo que pienso!

Pero no puedo decírtelo: es demasiado tarde y he escrito la carta toda

torcida, porque no veía nada.

Madrinita querida, he preguntado a Paulina si los frasquitos oro-bronce

servían para pintar a la acuarela, y me ha dicho que no, que eran para

pintar santos y estatuas. Te lo digo para que no me los compres como

recuerdo. Por favor, no me traigas nada, me disgustaría de verdad. Leonia

te manda un fuerte abrazo y otro para papá.

Adiós, queridísima María. Dale un beso muy fuertemente de mi parte a mi

papaíto querido.

Tu verdadera hijita que te quiere todo lo que se puede querer,

Teresita

Sobre todo, no olvides nuestros encargos y el taburete para nuestra

tía. Felicidad te manda muchos recuerdos; desde que te marchaste, está

de un humor fantástico. Nuestra tía, nuestro tío, Juana y María os mandan

muchos recuerdos. Todavía no hemos llevado el telegrama al Carmelo.

SEGUNDO PERÍODO

LA ADOLESCENCIA

(Navidad de 1886-Abril 1888)

Cta 22 A Celina

31 de marzo de 1887

Guardaré mi diadema hasta mañana temprano,

mas luego a tu cabeza pasará mi hado,

¡pececito de abril...!

Mañana tendrás una peineta que te regalará el pez de abril.

Cta 23 A María Guérin

Los Buissonnets, lunes 27 de junio de 1887

Querida enfermita:

¿Cómo te encuentras esta mañana? ¿Has dormido bien anoche? ¿Te

duele ya menos la muela...? Ya ves, querida Mariíta, cuántas preguntas

me hago esta mañana, pero nadie me puede contestar y me veo obligada

a resolverlas yo misma; así, lo hago a mi favor y veo que te encuentras

mucho mejor.

 Me veo obligada a volver la página, pues acabo de darme cuenta de

que estaba escribiendo todo torcido. Hace tanto tiempo que no cojo una

pluma, que me parece rarísimo.

Acabo de llegar del Carmelo. He contado a María y a Paulina cuánto

sufrías, y van a pedir mucho a Dios para que te cure y puedas disfrutar de

tu estancia en Trouville...

Tendría muchas más cosas que decirte, querido Lulú, pero no tengo

tiempo pues quiero escribir también unas letras a Juana. Además, tengo

miedo a estropearte la vista, pues mi carta es un verdadero borrador y no

sé ni cómo me atrevo a mandártela así.

Te dejo, besándote no en las dos mejillas,  por no hacerte daño en las

muelas, sino en tu preciosa frentecita.

Teresa, h.m.

 Sobre todo, recomiendo a mi queridito Lulú que no se moleste en

escribirme; esto no me impedirá enviarle muchas cartas. Lo que hace falta

es que mi Lulú haga honor a su nombre y coma como un verdadero lobo.

Cta 24 A Juana Guérin

27 de junio de 1887

(Aquí hay un barco de vela

dibujado a pluma)

Querida Juanita:

Como no tengo al artista Darel para que me pinte un barco, y como quería

poner uno al principio de esta carta, he tenido que ponerme yo misma a

garabatearlo. Voy a aburrirte durante unos momentos, querida Juana.

Espero que se te haya pasado del todo la jaqueca. Ahora que la gran

Inglesa se ha marchado, estarás más tranquila, y seguro que todos se

encontrarán mucho mejor.

Creo que te alegrarás mucho de no tener que escuchar mis sermones

sobre la muerte, de no ver ya mis ojos que te fascinan, y de no  verte

obligada a ir a casa de las señoritas Pigeon...

Tengo que comunicarte la muerte de ocho de mis queridos gusanos de

seda; ya no me quedan más que cuatro. Celina les prodigó tantos

cuidados, que consiguió hacérmelos morir a casi todos de pena o de una

apoplejía fulminante, y mucho me temo que los cuatro que quedan no

hayan atrapado también el virus de la enfermedad de sus hermanos y les

sigan al reino de los topos.

Se me hace muy raro encontrarme de nuevo en los Buissonnets. Esta

mañana estaba toda extrañada de verme al lado de Celina. Hemos

hablado a papá de la amable propuesta que nos hizo mi tía, pero es

absolutamente imposible, porque papá se va el miércoles y esta vez estará

muy poco tiempo en Alençon.

Adiós, querida Juana, sigo queriéndote con todo el corazón.

Teresa, h.m.

Cta 25 A María Guérin

Los Buissonnets, 14 de julio de 1887

Mi Mariíta preciosa:

Acabo de recibir tu cariñosa cartita, y todavía me sigo riendo pensando en

lo que me dices. Vamos a ver, campesina feúcha. Ante todo, tengo que

empezar por regañarte: ¿por qué has  llevado otra vez tu cara al

escultor1? ¡Pues sí que te la ha arreglado bien...! Me he quedado desolada

al enterarme de que tus pícaras mejillas habían tomado otra vez la forma

de un balón. La experiencia debiera haberte enseñado; me parece que ya

tenías bastante con la primera vez.

Me alegro mucho de que mi tía está mejor, me quedé consternada cuando

supe que  estaba mala; la verdad es que Dios os envía muchas

pruebas este año.

Tampoco esta semana es muy alegre en los Buissonnets, pues es la

última que nuestra querida Leonia pasa con nosotros. Los días corren muy

deprisa, ya no le quedan más que dos de estar con nosotros.

Pero ¿qué quieres que te diga, cariño?, a mi pena se mezcla una cierta

alegría: me  alegra ver por fin centrada a mi querida Leonia. Sí, creo

que sólo allí será feliz. En la Visitación hallará todo lo que le falta en el

mundo.

Celina está de luto por sus dos pajarillos azules: el macho fue a juntarse

con su compañera al día siguiente por la mañana. Ahora sus despojos

mortales están en casa del disecador.

Te deseo que el final de tu estancia en Trouville sea más alegre que el

principio. Espero que Dios, que tanto os ha probado, os conceda ahora

muchas alegrías.

Celina está apenada por no poder escribir a Juana, pero está tan ocupada

con todos los preparativos de Leonia, que le es absolutamente imposible.

Dile a Juana que no puede imaginarse cómo se emocionó Leonia con su

carta, lo mismo que con la tuya. Os abraza con todo el corazón, así como

también a nuestra querida tiíta.

Dale a Juana un abrazo muy fuerte de mi parte. Dile a mi tía que la quiero

mucho, y guarda para ti una gran parte de mis besos (He oído hablar de la

carta del Carmelo, parece que era muy divertida). Papá os manda

recuerdos, en particular a su querida ahijada.

Teresa

Cta 26 A María Guérin

Los Buissonnets, 18 de agosto de 1887

Querida Mariíta:

Acaba de decirme mi tío que estás enferma, feúcha. Ahora que podías

disfrutar un poco, no se te ocurre otra cosa que ponerte enferma. Tienes

 suerte que estoy lejos, pues de lo contrario puedes estar segura que

tendrías que vértelas conmigo...

¿Y qué tal sigue mi tía? Espero que ya estará mejor. ¡Qué distinto sucede

todo a como nos lo imaginamos! Yo te veía desde lejos correr alegremente

por el parque, mirar los peces, , divertirte mucho con Juana; en una

palabra, te veía llevar una vida de castellana. Pero en vez de una vida de

castellana, es una vida de enferma la que estás llevando ahí. Mi pobre

amiguita, te compadezco de corazón. Pero no debes desanimarte, pues te

queda aún mucho tiempo para pasear y disfrutar. No tienes más que

abandonar rápidamente la habitación, que, aunque sea  hermosa y

dorada, para el pajarillo que quisiera dar saltitos al sol que divisa a través

de la ventana no es más que una jaula.

(Me doy cuenta de que acabo de poner el carro delante de los bueyes, y

estoy segura de que entenderás las crucecitas que he puesto en la frase

anterior.

Sí, hermanita QUERIDA, tú tienes tanta necesidad del aire libre del parque

como los  pajarillos. Cuando vuelvas a nuestro lado, tienes que estar

fresca como una rosa lozana que acaba de abrirse. Cariño, al hablar de

rosas, me vienen ganas de besar tus preciosas mejillas. Ya sé que no

están rosadas, pero las rosas blancas me gustan tanto como las rojas.

Procura que  tus mejillas se pongan menos blancas, y pídele a Juana

que te las bese por mí. Dile que también pienso mucho en ella y que le

mando un beso de todo corazón.

Querida María, he dejado correr la pluma como a una loca, y ha escrito

cosas que no son nada fáciles de leer ni de entender. Te ruego que sólo la

culpes a ella de esas maldades; lo que no quiero que le atribuyas es

el cariño que te tiene tu hermanita.

Dale un beso muy fuerte de mi parte a mi querida tía, a quien quiero con

todo mi corazón.

Adiós, hermanita querida. Te envío un fuerte beso, con la

recomendación de que te cures muy pronto para que disfrutes un poco.

Tu hermana que te quiere

Teresa, h.m.

Cta 27 A sor Inés de Jesús

Sábado, 8 de octubre de 1887

Hermanita querida:

Desde el miércoles estoy buscando la ocasión de hablar a nuestro tío; esta

mañana se ha presentado. Nuestro tío ha estado muy afable. Yo tenía

miedo que, al ser sábado, no estuviese de buen humor, pues ese día está

muy ocupado; pero, al contrario, en cuanto le pedí estar con él dejó su

lectura con aire solícito.

Me dijo que hacía algún tiempo ya que sospechaba que yo tenía algo

que decirle. Después me echó un sermoncito muy CARIÑOSO, con el que

ya contaba. Me dijo que estaba muy seguro de mi vocación, que no sería

eso lo que le impidiese dejarme marchar. Creo que no hay más que un

obstáculo: el mundo. Sería un verdadero escándalo público ver entrar a

una niña en el Carmelo, yo sería la única en toda Francia, etc... Sin

embargo, si Dios lo quiere así, ya encontrará la forma de hacérnoslo saber.

Mientras tanto, mi tío me ha dicho que, según las reglas de la prudencia

humana, no debo pensar en entrar antes de los diecisiete o dieciocho

años; y que aun esto sería demasiado pronto.

 Me dijo, además, muchas otras cosas por el estilo, pero sería

demasiado largo contártelas. Como puedes suponer, no le he hablado de

fechas. Querida Paulinita, por el momento estoy muy contenta de que

nuestro tío no encuentre más obstáculos que el mundo; creo que a Dios no

le costará mucho mostrarle a nuestro tío, cuando él quiera, que no será el

mundo lo que le impida tomarme para el Carmelo. ¿Sabes, hermanita

querida?, nuestro tío me ha dicho muchas otras cosas muy amables, pero

yo sólo te cuento los obstáculos que ha encontrado. Por fortuna, para Dios

esos obstáculos no existen.

 Paulina querida, hoy no puedo decirte todas las cosas que llenan mi

corazón, no puedo coordinar mis ideas. A pesar de todo, me siento llena

de ánimo, y estoy completamente segura de que Dios no me abandonará.

Ahora, como me decía nuestro tío, va a empezar mi tiempo de prueba.

Pide por mí, pide por tu Teresita. Tú sabes cuánto te quiere, tú eres su

confidente. Necesitaría mucho verte, pero es un sacrificio más que

ofreceré a Jesús. ¡No quiero negarle nada! Aun cuando me sienta triste y

sola en la tierra, aún me queda él. ¿Y no dijo santa Teresa. «sólo Dios

basta»...?.

Perdóname, Paulina querida, por enviarte esta carta, o mejor este

borrador, donde las ideas  ni siquiera van hilvanadas. No sé si vas a

poder leerla, tan mal escrita está; pero mi corazón tenía tantas cosas que

decirte, que la pluma no podía seguirlo. Dile a mi querida madrina que

pienso mucho en ella durante sus ejercicios, y pídele que no se olvide de

su ahijada.

Hasta pronto, hermana querida. Una vez más, no te enfades conmigo por

enviarte esta carta; pero no me siento con ánimos para volverla a

empezar.

Tu pequeña Teresita

Te envío tu palillero.

 Dile a mi querida Madre que su Teresita la quiere con todo su

corazón.

Cta 28 Al P. Pichon

23 de octubre de 1887

Reverendo Padre:

He pensado que, como usted atiende a mis hermanas, tal vez pudiera

encargarse también de la última.

Quisiera poder darme a conocer a usted, pero yo no soy como mis

hermanas, no sé decir bien en una carta todo lo que siento. A pesar de

todo, Padre, creo que usted sabrá adivinarme.

Cuando venga a Lisieux, espero poder verlo en el Carmelo para abrirle mi

corazón.

Padre, Dios acaba de concederme una gracia muy grande: hace mucho

tiempo deseo que entrar en el Carmelo, y creo que ha llegado el momento.

Papá está de acuerdo en que entre para Navidad. ¡Qué bueno es Jesús,

Padre,  al tomarme tan joven! No sé cómo agradecérselo.

A mi tío le parecía que soy demasiado joven, pero ayer me dijo que quería

hacer la voluntad de Dios.

Padre, le pido que ruegue por esta su última hija. Acabo de llegar del

Carmelo, y mis hermanas me han dicho que podía escribirle para decirle

con toda sencillez lo que pasa en mi corazón. Ya ve, Padre, que lo hago,

esperando que no se niegue a recibirme por hija.

Bendiga a su segundo corderito,

Teresa

Cta 29 A Leonia

23-30 (?) de octubre de 1887

Querida hermanita:

No sé cómo decirte cuánto me ha gustado tu carta. Gracias por haberme

felicitado tan puntualmente para mi santo. Hubiera querido escribirte

enseguida, pero ahora estamos tan ocupadas que me ha sido imposible

hacerlo. Celina no puede escribirte porque tiene mucho que hacer, pero

eso no le impide pensar en su hermanita a quien tanto quiere; me encarga

que te mande un abrazo.

Me dices en tu carta que ruegue a la beata Margarita María para que te

alcance la gracia de ser una santa salesa. No dejo de hacerlo ni un solo

día.

Gracias por avisarme de que me preocupe por mi precioso Niño Jesús. No

está abandonado, está tan nuevo como cuando  tú lo dejaste. He

besado por ti su piececito, y su manita parecía bendecirte desde lejos.

Hermanita querida, tengo muchas cosas que decirte, pero

Cta 30 A sor Inés de Jesús y sor María del Sagrado Corazón

6 de noviembre de 1887

París, Hotel de Mulhouse

Queridas hermanitas:

Celina no quiso que os escribiese ayer; sin embargo, no quiero que

recibáis carta suya sin unas letras de vuestra Teresita. Ya veo que tengo

una auténtica letra de gato, mas espero que no me  riñáis, pues estoy

muy muy cansada, todo da vueltas a mi alrededor.

Mañana ya no estaremos en Francia. No salgo de mi asombro ante todo lo

que veo. En París hemos visto cosas muy hermosas, pero nada de eso da

la felicidad. Celina os contará, si quiere, las maravillas de París; yo sólo os

sé decir que pienso muchísimo en vosotras y que todas las maravillas de

París no cautivan en manera alguna mi corazón.

 Me parezco un poco a mi querida madrina, siempre tengo miedo a

verme atropellada, me veo continuamente rodeada de coches... Queridas

hermanitas, ninguna de las cosas tan bellas que veo me da la felicidad, y

no la tendré hasta que no esté donde vosotras estáis ya...

Me he sentido muy feliz en Nuestra Señora de las Victorias; recé mucho

por vosotras y por mi querida Madre.

Quisiera escribir a mis primitas, pero  otra vez será, pues tengo que

escribir todavía a Leonia. ¡Pobre Leonia! ¿Qué es de ella? Decidles, por

favor, que las recuerdo mucho. En el Sagrado Corazón de Montmartre he

pedido la gracia para Juana. Creo que ella lo entenderá. No os olvidéis

tampoco de mi tío y mi querida tía.

Adiós, QUERIDA madrina y QUERIDA confidente. Rogad por vuestra

Teresita.

Espero que tengáis en cuenta que estoy escribiendo esta carta por la

noche y muy cansada; la verdad es que, si no, no me atrevería a

enviárosla.

Un abrazo de mi parte a mi querida Madre.

Cta 31 A María Guérin

10 de noviembre de 1887

Venecia, jueves 10, noche

Querida Mariíta:

Por fin tengo un momento para poder escribirte; esta noche no saldremos

de paseo, prefiero descansar un poco a tu lado.

Dile, por favor, a mi querida tía que no puede imaginarse cómo me ha

EMOCIONADO su carta;  quisiera escribirle para darle las gracias,

pero espero que sabrá disculpar a su hijita y adivinará lo que quiere decirle

mi corazón. Además, tengo muy poquito tiempo, porque Celina no quiere

que me acueste tarde.

No puedes hacerte una idea, querida hermanita, de todo lo que estamos

viendo; es realmente maravilloso, nunca me habría imaginado que

veríamos cosas tan bellas. Y son tantas, que tengo que renunciar a

contártelas; lo haré mucho mejor cuando esté  en mi querido Lisieux,

al que todas las bellezas de Italia no podrán hacerme olvidar.

Querida hermanita, ¿cómo te encuentras, qué tal estáis todos? Espero que

bien. ¿Estás tan alegre como cuando nos fuimos?

¡Si supieras, María, lo mucho que os recuerdo a todos! En las preciosas

iglesias que visitamos no os olvido. Me he acordado también de vosotros

ante las maravillas de la naturaleza, junto a aquellas montañas de Suiza

que atravesamos. ¡Qué bien se ora allí! Se siente que Dios está cerca.

¡Qué pequeña me veía ante aquellas montañas gigantescas!

 Este país de Italia es muy bonito, y ahora estamos gozando de su

hermoso cielo azul. ¡Esta tarde hemos visitado en góndola los

monumentos de Venecia! ¡Fue algo de ensueño!

Me resulta muy divertido oír hablar a nuestro alrededor el italiano. Es una

lengua muy bella y muy armoniosa. En el hotel me llaman «Signorella»;

pero no entiendo más que esta palabra, que quiere decir «señorita».

Quisiera escribir con más frecuencia, pero es increíble lo llenas que están

nuestras jornadas; sólo queda tiempo para escribir de noche, muy tarde.

Estoy totalmente avergonzada de mi carta, pues la he escrito a toda prisa y

las ideas van deshilvanadas.  Veo que aún no he empezado a

decirte lo que hubiera querido. ¡Tengo tantas cosas que contarte y tantas

que preguntarte...! Por las ganas, continuaría un buen rato todavía, pero

Celina no me dejaría terminar; me ha obligado a darme prisa.

Dale las gracias a nuestro tío por las amables letritas que nos ha enviado y

que nos han gustado mucho a todos. Dale un abrazo muy FUERTE de mi

parte. Y no olvides a mi Juanita, me acuerdo mucho de ella.

 Adiós, mi querida hermanita. Acuérdate alguna vez de tu Teresita,

que tanto se acuerda de ti. (Ya sabes que no he olvidado lo que hiciste por

mí un domingo).

Tu Teresita

Papá sigue bien; os manda a todos muchos recuerdos... P.C.T. Saludos a

María y a Marcelina...

Cta 31 B A María Guérin

14 de noviembre de 1887

Lunes 14.

Querida hermanita:

Ya ves la fecha de mi carta. Creía que Celina la había enviado hace

tiempo, y creía que ya la habrías recibido... Verdaderamente, vas a creer

que te tengo olvidada.

¡Si vieras, hermanita, cómo me ha gustado tu carta! He vuelto a encontrar

en ella a mi Mariíta...

GRACIAS... Y adiós... Te mando esa vieja carta; piensa que tenía que

haber salido hace cuatro días.

Cta 32 A la señora de Guérin

14 de noviembre de 1887

Lunes, 14 noche

Querida tiíta:

¡Si supiera lo feliz que se sentiría su hijita si pudiese estar a su lado para

felicitarle su santo! Pero como no tiene esa dicha, quiere al menos que una

palabrita de su corazón vaya a través de los mares para reemplazarla.

¡Pobre palabrita, qué insuficiente va a  ser para decirle a mi tía querida

todo el cariño que le tengo!

¡Cómo nos hemos alegrado esta mañana al recibir sus entrañables cartas!

¡Si supiera, tía, qué buena me parece usted...!

Hemos recibido todas las cartas del Carmelo, ni una sola se ha perdido.

Haré lo que Paulina me dice en su carta (Hotel de Milán). No sé cómo me

las arreglaré para hablar al Papa. La verdad es que, si Dios no se encarga

de todo, no sé cómo lo haré. Pero tengo una confianza tan grande en él,

que no podrá  abandonarme; lo dejo todo en sus manos.

Todavía no sabemos el día de la audiencia. Parece que, para poder hablar

a todos, el Santo Padre pasa por delante de los fieles, pero no creo que se

detenga. No obstante, yo estoy totalmente decidida a hablarle, pues antes

de que Paulina me escribiese, ya pensaba hacerlo; pero me decía a mí

misma que, si Dios quería que le hablase al Papa, él me lo haría saber...

Querida tía, quisiera que usted pudiese leer en mi corazón: allí vería

mucho mejor que en mi carta todo lo que le deseo para su santo.

Estoy lejos, muy lejos, querida tiíta, pero es increíble cuán cerca de usted

me parece estar esta noche. Quisiera decirle cuánto la quiero y cómo me

acuerdo de usted. Mas hay cosas que no pueden decirse, que sólo pueden

adivinarse...

Querida tía, le ruego le dé las gracias a mi querida Mariíta por su preciosa

y tan CARIÑOSA carta, que me ha gustado muchísimo. Gracias también a

mi QUERIDA Juanita por acordarse de su hermanita.

Adiós, querida tía. Déle, por favor, un abrazo de mi parte a mi querido tío.

Le envío, querida tía, la mejor felicitación que le haya dirigido nunca, pues

cuando  uno está separado de los que ama, es cuando más siente

todo el cariño que les tiene.

Su hijita

Teresa,

e.m.

Cta 33 A sor María del Sagrado Corazón

14 de noviembre de 1887

Querida madrina:

Has hecho un verdadero juicio temerario al pensar que leería la carta de

Paulina antes que la tuya; ha ocurrido precisamente todo lo contrario...

¡Sí, sí, María, me has dicho muchas cosas en el billetito de esta noche! Mi

corazón lo ha comprendido todo... ¡Cuánto me han gustado tus letritas!

Cuando leo las cartas que me enviáis, siento un no sé qué de muy dulce

que se derrama en mi corazón.

Papá sigue bien y disfruta mucho con vuestras cartas.

He preguntado en el monasterio de los monjes si podía obtener reliquias

de santa Inés. No es posible.

Tu Teresita que te quiere con todo su corazón.

Cta 34 A sor Inés de Jesús

14 de noviembre de 1887

Querida Paulina:

No puedo, realmente, dejar de darte las gracias por todo lo que haces por

mí. ¡Encomiéndame mucho a Dios! Puesto que Monseñor no quiere, no

me queda más remedio que hablar al Papa; pero no sé si podré hacerlo.

Tendrá que ser el Niño Jesús quien se encargue de disponer las cosas de

tal forma, que su pelotita no tenga que hacer más que rodar adonde él

quiera.

¡Si supieras cuánto me ha gustado y consolado lo que me decías en la

carta de Loreto! ¡Paulina, sigue protegiéndome! ¡Estoy tan lejos de ti...! No

puedo decirte todo lo que pienso, es imposible...

El juguetito de Jesús,

Teresita

Cta 35 A María Guérin

Sábado, 19 de noviembre de 1887

Querida Mariíta:

Mañana domingo hablaré al Papa. Cuando recibas mi carta, la audiencia

habrá pasado ya. Me parece que el correo no lleva las cartas lo bastante

deprisa, pues cuando te llegue ésta mía aún no sabrás nada de lo que

haya ocurrido.

Esta noche no voy a escribir al Carmelo, pero mañana les diré lo que

me diga el Papa.

¡Si supieses, hermanita querida, cuán fuerte late mi corazón cuando

pienso en mañana!

¡Si supieses todo lo que pienso esta noche! Quisiera pode decírtelo, pero

no, me es imposible. Veo la pluma de Celina correr sobre el papel; la mía

se detiene, tiene demasiadas cosas que decir...

¡Oh, Mariíta querida!, no sé qué pensarás de tu pobre Teresa, pero esta

noche no puede contarte su viaje, va a dejarle ese cuidado a Celina.

Espero que estés bien y que sigas ejercitándote en la buena música.

En Italia se oye mucha, ya sabes que es el país de los artistas; tú podrías

apreciar mucho mejor que yo la belleza, porque yo no soy artista. Y Juana

podría ver bellísimas pinturas.

Ya ves, hermanita, que en Roma no hay nada para mí. Todo es para los

artistas. Si pudiese obtener una sola palabra del Papa, no pediría nada

más.

Hoy es el santo de mi querida tía, me acuerdo mucho de ella; espero que

haya recibido nuestras cartas.

Hermanita querida, da un fuerte abrazo de mi parte a todos los que amo.

Me acuerdo mucho de  mi querida Juanita. Gracias por tu carta, no

sabes lo que me ha gustado, fue como un rayo de alegría.

Adiós, hermanita, ruega por mí.

Tu Teresita

Cta 36 A sor Inés de Jesús

20 de noviembre de 1887

Querida Paulina:

Dios me está haciendo por muchas pruebas antes de entrar en el Carmelo.

Voy a contarte cómo se ha desarrollado la visita del Papa. ¡Paulina del

alma!, si hubieses podido leer en mi corazón, habrías visto en su interior

una gran confianza. Creo haber hecho lo que Dios quería  de mí.

Ahora lo único que me queda es rezar.

Monseñor no estaba allí, el Sr. Révérony hacía sus veces. Para hacerte

una idea de la audiencia, sería necesario que hubieses estado allí.

El Papa estaba sentado en un sillón muy alto. El Sr. Révérony estaba muy

cerca de él, miraba a los peregrinos que pasaban ante el Papa besándole

el pie, y luego decía al Santo Padre unas palabras sobre algunos de ellos.

Puedes imaginarte cuán fuertemente me latía el corazón al ver que me

llegaba el turno, pero yo no quería volverme sin haber hablado al Papa.

Dije lo que tú me decías en tu carta, pero no todo, porque el Sr. Révérony

no me dio tiempo. Dijo enseguida: «Santísimo Padre, se trata de  una

niña que quiere entrar en el Carmelo a los quince años, pero los superiores

se están ocupando ya de ello». (El Papa es tan anciano, que se diría que

está muerto. Yo nunca lo había imaginado así. Y no puede decir casi nada:

es el Sr. Révérony quien habla.) Yo hubiera querido poder explicar mi

problema, pero no hubo forma de poder hacerlo. El Santo Padre me dijo

simplemente: «Si Dios lo quiere, entrarás». Después me hicieron pasar a

otra sala.

¡Ay, Paulina!, no puedo decirte lo que sentí, estaba como aniquilada, me

sentía abandonada, y, además, estoy tan lejos, tan lejos... Luego lloraría

mucho al escribir esta carta, tengo el corazón destrozado. Sin embargo,

Dios no puede mandarme  pruebas que estén por encima de mis

fuerzas. Él me ha dado valor para soportar esta prueba, ¡que es muy

grande! Pero, Paulina, yo soy la pelotita del Niño Jesús; si él quiere romper

su juguete, es muy dueño de hacerlo. Sí, acepto todo lo que él quiera.

No he escrito, en absoluto, lo que quería, no puedo escribir estas cosas:

necesitaría hablar, y, además, tú no leerás mi carta hasta dentro de tres

días. ¡Paulina, no tengo más que a Dios, sólo a Dios, sólo a Dios...!

Adiós, Paulina querida, no puedo decirte más, tengo miedo a que venga

papá y me pida leer mi carta, y eso es imposible. Ruega por tu hijita

Teresita

 Me gustaría escribir a mi Madre querida, pero esta noche no puedo.

Pídele que rece por su pobre Teresita.

Dale un fuerte abrazo de mi parte a mi querida María; escribo esta carta

también para ella, pero prefiero hablar sólo a una persona, espero que ella

sabrá comprender a su Teresita.

 No tengo tiempo para repasar la carta; seguro que va llena de faltas,

perdóname.

Cta 37 A María Guérin

Florencia, viernes 25 de noviembre de 1887

Mi querida Mariíta:

El tiempo pasa veloz, unos días más y volveremos a estar juntas; de hoy

en ocho días espero estar con vosotros.

Te aseguro que dejaré atrás muy a gusto todas las maravillas de Italia.

Todo esto es muy hermoso, pero no puedo olvidar a los que dejé en

Lisieux, hay en él como un imán que me  atrae. Así que volveré con

mucho gusto.

¡No sabes la alegría que me produjo tu carta! Me alegré mucho de que me

hablases del santo de mi querida tía. Yo estaba en espíritu cerca de

vosotros. En aquel momento no existían las distancias Roma y Lisieux.

Has hecho bien en decirme el regalo que te hizo mi tía, pues yo nunca

hubiera podido adivinarlo, ¡qué sorpresa!

No te hablo de mi visita al Sumo Pontífice, creo que ya habrás tenido

noticias por el Carmelo. Lo pasé muy mal, pero si ésa es la voluntad de

Dios...

 Espero, querida hermanita, que seguirás rezando por mí. Tengo

mucha confianza en tus oraciones, me parece que Dios no puede negarte

nada.

Te quejabas de que tu carta estaba mal escrita. Realmente, si eres tan

exigente, no me atreveré a enviarte las mías, que son verdaderos

garabatos. Pienso mucho en ti y en todos, tanto, que hasta sueño de

noche con vosotros. Quisiera estar ya a vuestro lado.

Hace mucho tiempo que no tenemos noticias del Carmelo; me temo que se

hayan perdido algunas cartas.

Ayer estuvimos en Asís.  Al salir de una iglesia, me encontré

completamente sola y sin coche; no había más que el del Sr. Révérony.

Me hizo subir con él, estuvo muy amable y no me dejó pagar mi plaza. No

me habló en absoluto de mi asunto, no sé lo que pensará de la audiencia.

Me doy cuenta de que no hago más que poner «Il». Esta carta no tiene ni

pies ni cabeza.

Dale las gracias a mi tía por su carta; me emocionó tanto, que no sé cómo

decirlo. Da un abrazo de mi parte a todos los que amo.

Adiós, hermanita querida. Hasta pronto,

Teresa

Cta 38 B A Mons. Hugonin

3-8 (?) de diciembre de 1887

Monseñor:

Me dirijo a Su Excelencia para suplicarle tenga a bien darme la

contestación que desde hace tanto tiempo deseo.

Monseñor, lo espero todo de su paternal bondad. Sí, creo que Jesús

quiere realizar por medio de Usted su promesa.

Monseñor, dicen que las pruebas son señal de vocación. Y realmente,

Usted sabe que Dios no me las ha escatimado; pero pensaba que sufría

por Jesús, y no he dejado de esperar ni un solo instante. El Niño Jesús me

ha hecho sentir tan claramente que me quiere para Navidad, que no puedo

resistir a su gracia.

Es verdad que soy muy joven; pero, Monseñor, si Dios me llama y papá lo

quiere...

Confío en que el Sr. abate Révérony se haya dignado hablar de mí a Su

Excelencia, me lo prometió durante el viaje a Roma; nunca olvidaré su

bondad para conmigo.

Monseñor, Navidad está ya cerca, pero espero con gran confianza su

respuesta. No olvidaré jamás que sólo a Su Excelencia deberé el

cumplimiento de la voluntad de Dios.

Dignaos bendecir a vuestra hija, Monseñor.

Soy de Su Excelencia la más pequeña y agradecida hija,

Teresa Martin

Cta 39 Al abate Révérony

Lisieux, 16 de diciembre de 1887

Señor Vicario General:

Acabo de escribir a Monseñor. Papá y mi tío me han dado permiso para

hacerlo. Sigo esperando con confianza el «sí» del Niño Jesús.

Señor Abate, no faltan más que ocho días para navidad. Pero cuando más

se acerca la fecha, mayor es mi esperanza; tal vez sea temeridad, pero, no

obstante, me parece que es realmente Jesús quien habla en mi interior.

 Todas las distracciones del viaje a Roma no lograron apartar ni un solo

instante de mi espíritu el deseo ardiente de unirme a Jesús. ¿A qué

llamarme tan fuerte para luego dejarme languidecer lejos de él?

Señor Abate, espero que usted haya abogado en favor mío ante

Monseñor, como me prometió. Si Jesús me consoló en mis pruebas, fue

por medio de usted; y si entro en el Carmelo para Navidad, sé que a usted

se lo deberé. Pero no soy ingrata, y toda mi vida lo recordaré.

Le pido humildemente, Señor Vicario General, que se digne bendecir a

Su respetuosísima y agradecida servidora,

Teresa Martin

Cta 40 A Mons. Hugonin

Principios de enero de 1888

Monseñor:

He tardado mucho en agradecer a Su Excelencia el hermoso aguinaldo

que ha tenido a bien enviarme. Todas las bellezas del mundo, juntas, no

habrían podido producirme mayor alegría.

¡El Niño Jesús no me he engañado! Me ha dicho sí desde su cuna.

Monseñor, no creo que

Cta 41 Al canónigo Delatroëtte

13-30 de enero de 1888

Señor Canónigo:

Le agradezco mucho la preciosa estampa que me ha enviado por medio

de sor Inés. La conservaré con el mayor cuidado, como un primer recuerdo

suyo que siempre apreciaré.

Señor Canónigo, dígnese bendecir desde lejos a la más pequeña de sus

hijas; en estos momentos se dedica a preparar su alma para la vida del

Carmelo. Yo sé que es una gracia muy grande el haber sido llamada tan

joven, pero no seré ingrata y  Dios, así lo espero, me dará los medios

para serle fiel, como lo deseo con toda el alma.

Le pido humildemente, Señor Canónigo, que no me olvide en sus

oraciones.

La menor de sus hijas

T

(P.D.) Le incluyo unas breves letras de Mons. Révérony que he pedido a

Celina que le haga llegar.

Cta 42 A sor María del Sagrado Corazón

Martes, 21 de febrero de 1888

Mi querida madrina:

No me he olvidado de que mañana es tu cumpleaños. Hace mucho ya que

pienso en él. Me encantaría poder verte para felicitarte tus veintiocho años;

pero como estamos en cuaresma, hay que hacer algún sacrificio.

Querida Mariíta, el miércoles de ceniza papá me hizo un regalo. Sería inútil

preguntarte,  no lograrías adivinarlo ni a la de cien ni a la de mil.

Figúrate, querida María, en el fondo del gran bolso de papá un corderito

precioso y todo rizado. Nuestro buen papaíto me dijo, al dármelo, que

quería que antes de entrar en el Carmelo tuviese el gusto de tener un

corderito. Todo el mundo se sentía feliz. Celina estaba loca de contenta

por tener un corderito de un día; lo que más me emocionó fue la bondad

de papá al regalármelo. Y además, un cordero es algo tan simbólico... Me

hacía pensar en Paulina.

Hasta aquí todo va bien, todo es fantástico, pero espera al final.

Ya nos hacíamos castillos en  el aire a cuenta del corderito y

esperábamos verlo retozar a nuestro alrededor al cabo de dos o tres días.

Pero, ¡ay, dolor!, el precioso animalito se murió por la tarde; había cogido

mucho frío en el carro donde nació. ¡Pobrecito!, apenas nacido ya tuvo que

sufrir, y luego se murió.

Era tan lindo el corderito y tenía un aire tan inocente, que Celina hizo su

retrato en un trozo de lienzo. Después papá cavó una pequeña fosa en la

que metimos al corderito, que parecía dormir. No quise que lo cubriera la

tierra: le echamos nieve encima, y asunto concluido...

 No sabes, querida madrina, cuánto me ha hecho pensar la muerte de

ese animalito. No, no hay que apegarse a nada en la tierra, ni siquiera a

las cosas más inocentes, pues nos faltan en el momento que menos se

piensa. Sólo lo que es eterno puede llenarnos.

Querida María, veo que no te he hablado en todo el tiempo más que del

cordero, y Leonia quiere que le deje un huequecito en mi carta. Adiós,

pues, madrina querida. Tu hijita te quiere mucho más de lo que puedes

imaginarte.

Teresita

 Mañana ofreceré la comunión por mi madrina querida... Dale un

fuerte abrazo de mi parte a la Madre, y otro a Paulina, y dile que estoy

bien.

He rezado mucho por el señor de Virville.

Cta 43 B A sor Inés de Jesús

18 (?) de marzo de 1888

Querida Paulina:

Me hubiera gustado escribirte enseguida para darte las gracias por tu

carta, pero me fue imposible, he tenido que esperar hasta hoy.

¡Si supieras, Paulina, qué verdad tan grande es que en todos los cálices

ha de mezclarse una gota de hiel! Pero creo que las tribulaciones ayudan

mucho a despegarse de la tierra y nos hacen mirar  más allá de este

mundo. Aquí abajo nada puede llenarnos, sólo podemos gustar un poco de

reposo cuando estamos dispuestos a cumplir la voluntad de Dios.

A mi navecilla le cuesta mucho llegar a puerto. Hace ya mucho tiempo que

diviso la orilla, y aún me encuentro lejos de ella; pero es Jesús quien guía

mi barquilla, y estoy segura de que el día que él quiera la hará arribar

felizmente a puerto.

Paulina querida, cuando Jesús me deje en la ribera bendita del Carmelo,

quiero entregarme a él por entero, no quiero vivir más que para él. No,

no temeré sus golpes, porque, hasta en los más amargos sufrimientos,

siento siempre que es su dulce mano la que golpea. Lo experimenté muy

bien en Roma, en el momento mismo en que hubiera creído que la tierra

se iba a hundir bajo mis pies.

Sólo deseo una cosa para cuando esté en el Carmelo: sufrir siempre por

Jesús. La vida pasa tan deprisa que, realmente, vale más lograr una

corona muy bella con un poco de dolor, que una ordinaria sin dolor.

¡Cuándo pienso que por un solo sufrimiento soportado con alegría se

amará mejor a  Dios durante toda la eternidad! Además, con el

sufrimiento podemos salvar almas. Paulina, ¡qué feliz me sentiría si en el

momento de la muerte pudiese yo tener un alma que ofrecer a Jesús!

Habría un alma arrancada al fuego del infierno que bendeciría a Dios por

toda la eternidad.

Querida hermanita, veo que aún no te he hablado de tu carta, que, sin

embargo, me gustó muchísimo. Paulina, me siento muy dichosa de que

Dios me haya dado una hermana como tú. Espero que rezarás por tu

pobre hijita, para que corresponda a las gracias que Jesús tiene a bien

concederle. Necesita mucho de tu ayuda, pues está MUY LEJOS de ser lo

que quisiera.

 Dile a mi querida madrina que me acuerdo mucho de ella;

quisiéramos saber cuándo va a hacer su profesión en el interior.

Celina te manda un fuerte abrazo. A esta pobre hermanita nuestra le duele

mucho un pie, creo que no va a poder ir a vísperas. En casa de nuestro tío,

casi todos están enfermos. Verdaderamente, la vida no es alegre, resulta

muy difícil apegarse a ella.

Adiós, Paulina querida, mi confidente. Hasta el lunes de Pascua, pero

sobre todo hasta el 9 de abril... Un abrazo de mi parte para nuestra

QUERIDA Madre.

Cta 44 A Mons. Hugonin

27 de marzo de 1888

Monseñor:

Me permito pedirle su bendición en la víspera de mi entrada en el Carmelo.

No olvido que soy la hijita de Su Excelencia, y sé cuánto debo a su bondad

de padre. Ahora vuestra pequeña2

Cta 45 A sor Inés de Jesús

Martes, 27 de marzo de 1888

Querida hermanita:

Acabo de escribir a Monseñor la carta que tú me redactaste. Te lo

agradezco mucho. ¡Qué bonita es la estampa! Es una maravilla.

Te envío a toda prisa estas letras para saber si quieres que diga en casa

de nuestro tío que pintaste la estampa y que he escrito. Si luego se

enteran, no les gustará, pero prefiero preguntártelo. Les diré también que

es para el nueve. Como  el jueves iremos a casa de nuestro tío,

quisiera que pasases unas letras por el torno para que papá las recoja

mañana por la mañana.

¡Sí, Paulina, quiero ser siempre un GRANITO de arena...!. ¡Cuánto bien

me ha hecho tu carta! ¡Si supieras cómo me ha llegado al corazón!

Quisiera decirte muchas cosas a propósito del granito de arena, pero no

tengo tiempo... (Quiero ser santa...).

El otro día encontré una frase que me gustó mucho. No me acuerdo ya del

santo que la dijo. Era ésta: «No soy perfecto,  pero quiero llegar a

serlo».

¡Cuántas palabras deshilvanadas! Perdóname, hermanita querida, escribo

muy deprisa.

¡Hasta el 9 de abril!

Teresita

TERCER PERÍODO

EL POSTULANTADO

(9 de abril de 1888-10 de enero de 1889)

Cta 46 Al señor Martin

J.M.J.T.

Domingo, 29 de abril de 1888

Querido papaíto:

¡Qué bueno eres con tu Reinecita! No pasa casi un día sin que ella reciba

un presente de su Rey.

Gracias por todo, papaíto. ¡Si supieras cuánto te quiere la Huerfanita de la

Berezina!  Pero no, sólo en el cielo lo sabrás. Allí es donde veremos

bellas estatuas sobre bellas cornisas, y entonces sí que podremos,

realmente, caer en éxtasis. Y además, ¡qué guía para hacernos visitar las

maravillas del cielo! Pienso que muchos santos tendrán en su nimbo una

cruz bizantina. Lo único que no veremos serán sarcófagos, porque en el

cielo ya no habrá tumbas.

Papaíto querido, veo que ya va a ser la hora y te tengo  que dejar,

pero antes quiero abrazarte desde lejos con todo el corazón.

También la Perla fina te manda un fuerte abrazo. ¡Si supieras, papá, lo

preciosa que es tu Perla fina! El brillante Diamante, la Bohemia, te abraza

también de todo corazón.

Adiós y gracias, papaíto. Tu Reinecita, que por fin ha sido «sacada de

debajo de la carreta»,

Teresa del Niño Jesús

Cta 47 A Celina

J.M.J.T:

8 de mayo de 1888

Te envío, Celina mía, dos mantelitos para coser a máquina. Sé que estás

muy ocupada, pero no negarás este favor a tu Teresita. Creo que bastará

con dos costuras. Uno de los manteles tiene el dobladillo demasiado

pequeño, procura alargar la segunda costura. Quisiera tenerlos, a más

tardar, para mañana después de comer, porque el jueves es la Ascensión.

Hoy hace cuatro años que hice la primera comunión, ¿te acuerdas...?

¡Cuántas gracias me ha concedido Dios de entonces acá!

Celina querida, hay momentos en que me pregunto si es verdad que estoy

en el Carmelo, ¡a veces no puedo creerlo! ¿Qué he hecho yo por Dios para

que me colme de tantas gracias?

 Mañana hará un mes que estoy lejos de ti, pero no me parece que

estemos separadas, ¿qué importa el lugar en que estemos...? Aun cuando

nos separase el océano, seguiríamos unidas, porque nuestros deseos son

los mismos y nuestros corazones laten al unísono... Estoy segura de que

me comprendes. (¿Qué importa, en realidad, que la vida sea alegre o

triste? No por eso dejaremos de llegar al término de nuestro viaje aquí en

la tierra.) Un día de carmelita pasado sin sufrir es un día perdido1. Y esto

vale también para ti, porque tú eres carmelita de corazón.

Un abrazo a Leonia de mi parte.

Tu Teresita del Niño Jesús

Cta 48 Al señor Martin

8 de mayo de 1888

Querido papaíto:

Tus preciosas velitas me han gustado tanto, que no puedo menos de

ponerte unas letras para darte las gracias. El recadero de Jesús es muy

bueno al proporcionarle así a su Reinecita los medios para hacer bonitas

iluminaciones.

 La Reina piensa continuamente en su Rey. Además, el recadero de

Jesús viene con tanta frecuencia a traer recados, que sería imposible

olvidarlo.

Querido papaíto, verdaderamente casi creo que te vas a arruinar; pero voy

a sorprenderte diciéndote que eso no me inquieta demasiado. Y es que

tienes tantos recursos, que no llegarás a verte en apuros..., ni siquiera el

hambre te asustaría. ¿Te acuerdas cuando me decías: «Cuando haya

hambre, comeremos tal cosa o tal otra», o «Cuando estemos arruinados,

haremos aquello o lo de más allá»? Con estas disposiciones, ninguna

adversidad podrá atemorizarte.

Gracias por el pescado, papaíto querido. Gracias, gracias, nos regalas

tantas cosas, que me veo obligada a darte las gracias por todo en general,

aunque cada cosa nos causa un placer especial.

Adiós, mi Rey querido. Tu Diamante y tu Perla te dan las gracias igual que

tu Reina.

Teresa del Niño Jesús

Cta 49 A sor María del Sagrado Corazón

12-20 de mayo de 1888

¡La Solitaria del Corazón de Jesús ha dado una alegría muy dulce a su

hijita, ha leído en su corazón...! ¿Así que Jesús habla cuando se está en

retiro...? Estoy tan llena del perfume de tu cartita y de la forma tan

encantadora de presentármela, que no puedo menos de contestarla esta

misma noche. Pronto va a tocar la campana, ya to....

Interrumpí mis letras justo en el momento en que hubiera querido decirte

muchas cosas...

La vida está llena de sacrificios, es cierto. Pero ¡qué dicha! ¿No es mejor

que nuestra vida -que es una noche pasada en una mala posada- se pase

en un hotel completamente malo que no en uno que lo sea sólo a

medias...?

¡Si supieras cuánto te quiero! Cada vez que  me encuentro contigo, me

parece que eres un ángel... Tú que eres un AGUILA llamada a cernerte en

las alturas y a clavar tu mirada fijamente en el sol, reza por esta cañita tan

débil que está en el fondo del valle; el menor soplo la hace doblarse. ¡Sí,

ruega por ella el día de tu profesión!

Pide que tu hijita sea siempre un granito de arena muy oscuro, muy

escondido a los ojos de todos, que sólo Jesús pueda verlo. Que se haga

cada vez más pequeño, que se vea reducido a nada...

Perdóname todos los disgustos que te he dado. ¡Si supieras cómo me

arrepiento de haberte dicho que me llamabas demasiadas veces la

atención!. Después de tu profesión ya no te daré más disgustos. Adiós...,

perdóname.

Ruega por esta TU hijita.

He dejado secar cuidadosamente tu violeta.

Cta 50 A María Guérin

13 de mayo de 1888

Domingo, mayo 1888

Querida hermanita:

Si tienes el Pott en la punta de la lengua, no lo tienes ciertamente en el

espíritu ni en la punta de los dedos. ¡Qué carta tan preciosa...!

Si querías hacerme reír, no has perdido el tiempo, diablillo.  ¿Así que,

feúcha, tienes un pie malo? ¡Qué raro!, porque tus pies son tan pequeños

que realmente no hay sitio para el dolor...

Gracias a Dios, pronto será Pentecostés, y el Espíritu Santo corregirá, sin

duda alguna, un gran olvido que tuvo el día de tu confirmación. Te dio

todos sus dones, pero por desgracia se olvidó de uno que te sería muy útil.

¿Adivinas cuál...? Se lo voy a pedir tanto durante  los ejercicios

espirituales, que el día de Pentecostés estarás tan fuerte como Sansón.

Como te siga doliendo el pie, tendrás que vértelas con tu Lulú.

Esta noche he soñado mucho CON Juana; desde que estoy en el Carmelo,

es increíble las veces que sueño con ella. Dale un fuerte abrazo de parte

de su Teresita.

¡Qué tiempo tan hermoso! Luce un sol radiante, más brillante incluso que

el que está dibujado en el encabezamiento de tu carta, pues ése apenas si

alumbra la tierra; y si el de hoy fuese igual al tuyo, me vería obligada a

utilizar tu  lámpara.

Tengo suerte de haber escrito en esta cara la palabra «lámpara»; de lo

contrario, me habría visto obligada a cometer contigo una descortesía, al

hacerte volver la página sólo para decirte adiós.

Hasta pronto, querida hermana, así lo espero. Da un abrazo de mi parte a

mi tío y dile que no olvidaremos su consejo. Mil besos para mi querida tía.

(No tienes que tener la fuerza en los cabellos, sino en el pie.)

Diablillo querido, un abrazo de todo corazón. Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.in.

 Nuestra hermana mayor está haciendo los ejercicios espirituales

para la profesión. Lleva echado el gran velo blanco, y parece un ángel.

Pedirá mucho por su Mariíta.

Cta 51 Al señor Martin

17 de mayo (?) de 1888

J.M.J.T.

Mi querido Rey:

Sé que el Diamante te ha escrito unas letras; por eso no te escribiré yo

mucho, porque tu pobre Reina quedaría eclipsada por el esplendor del

Diamante... Sólo siento necesidad de repetirte que te quiero, como si tú no

lo supieras ya. Además, ¿cómo no iba una Reina a querer  a su Rey, y

a un Rey como tú, tan santo y tan bueno? Porque la verdad es que tú eres

tan santo como el mismo san Luis...

Gracias, papaíto querido, por todo lo que me has regalado: la preciosa

pala, etc... etc... y todo lo demás...

¿Te acuerdas, papá, de cuando en Génova seguíamos de lejos al Sr.

Benoit y a los demás? ¡Cómo nos divertíamos! El recuerdo de aquel

hermoso viaje que hice con mi papaíto querido me acompañará siempre.

Un abrazo, querido Rey mío.

Tu Reina de Francia y de Navarra,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Cta 52 Al señor Martin

Mayo-junio (?) de 1888

J.M.J.T.

¡Qué bueno es el recadero del Niño Jesús! Le mando todo mi cariño y mis

besos. Tomaré feliz el vino que me manda, pensando que procede de las

bodegas del Niño Jesús.

Querido papaíto, tú eres el recadero de Jesús , qué bien lo sé yo.

Gracias, gracias..., ¡qué bueno eres conmigo!

Sí, yo siempre seré tu reinecita y trataré de labrar tu gloria haciéndome

una gran santa.

Teresa del Niño Jesús, el Diamante brillante y la Perla extra-fina te

mandan un abrazo muy fuerte.

Acaban de enseñarme los pájaros, ¡qué bueno eres, papaíto querido! Hay

tres pájaros, uno para el Diamante, otro para la Perla fina y otro para

la Reinecita de papá. Esta tratará de hacer todo lo posible por parecerse

un poco a su Rey.

Cta 53 A Celina

17 de junio de 1888

J.M.J.T.

Domingo, junio de 1888

Querida Celina:

Me harías un gran favor si me enviases lo ANTES posible la tela que

compraste para hacerte un delantal. Necesito también la falda escocesa

que tenías para disfrazarte. Envíame también todas las cintas blancas

aprovechables que tengas; hay una que yo llevaba en la cabeza el día de

mi primera comunión; puedes coger también la del sombrero... Es para

representar a santa Inés...

Hermanita querida, ¡qué bueno es Dios contigo! ¡Si pudieses comprender

qué gracia tan grande recibiste el viernes! Creo, realmente, que es la

gracia que estabas esperando. ¿Recuerdas que me decías: «Pero yo no

he recibido la gracia decisiva»? Estoy convencida de que es ésa. Ahora

tienes que ser toda de Jesús. Él es más que nunca todo tuyo. Él ha puesto

ya en tu dedo el anillo misterioso de los esponsales. Él quiere ser el único

dueño de tu alma.

Hermana querida, tú y yo somos verdaderamente HERMANAS en el

sentido más hondo de esta palabra.

Adiós. Desde lejos mi corazón lee en el tuyo.

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Dale un beso de mi parte a mi incomparable Rey.

Cta 54 A sor Inés de Jesús

4 (?) de julio de 1888

J.M.J.T.

El balido del cordero amado de Jesús ha resonado en los oídos del

corderito como una dulce música... ¿Dónde ha aprendido el cordero la

melodía de Cecilia?

¡La eternidad! Sí, el corderito vive sumergido en ella. Quiere lanzarse a ella

de un salto detrás del cordero, pero necesita que la música de su dulce

cordero le abra el camino.

El grano de arena, a pesar de su pequeñez, quiere construirse hermosas

eternidades, y quiere construirlas también para las almas de los

pecadores; pero, ¡ay!, todavía no es  lo bastante pequeño ni

suficientemente insignificante.

El cordero y el corderito tienen que alcanzar la palma de Inés; si no es por

la sangre, habrá de serlo por el amor... ¡He ahí el sueño del grano de

arena!

¡Sólo Jesús! Nada más que él. El grano de arena es tan pequeño, que si

quisiese meter en su corazón a alguien que no sea Él, ya no habría sitio

para Jesús...

Que el blanco cordero ruegue por el oscuro grano de arena, para que

llegue a ser brillante y luminoso en la eternidad.

La cañita de Jesús

Cta 55 A sor Inés de Jesús

5-9 de julio de 1888

Gracias al cordero querido por haber hecho escuchar una vez más al

corderito la música del cielo. El dulce céfiro ha agitado suavemente a la

cañita...

Eran las 9 pasadas cuando la caña descubrió el papelito. No lucía ya la luz

de la tierra, pero su corazón supo descifrar mejor que sus ojos la música

de santa Cecilia, ¡y no perdió ni una sola palabra...!

Sí, yo deseo esas angustias del corazón, esos alfilerazos de los que habla

el cordero. A la cañita no le importa en absoluto doblarse, no tiene miedo

de romperse, pues ha sido plantada al borde de las aguas; en  vez de

quedarse allí en el suelo, cuando se dobla, sólo encuentra una onda

bienhechora que la fortalece y le hace desear que una nueva tormenta

vuelva a desatarse sobre su frágil cabeza. Toda su confianza reside en su

debilidad, y no puede quebrarse porque, le ocurra lo que le ocurra, sólo

quiere ver en ello la mano de Jesús...

A veces, a la caña, una débil ráfaga de viento puede resultarle más

insoportable que las grandes tormentas; y entonces va a remojarse en su

arroyo querido. Pero tampoco esas débiles ráfagas de viento consiguen

que se doble demasiado hacia la tierra, son los alfilerazos...

Mas ningún sufrimiento es excesivo para conquistar la palma...

Cta 56 A sor Inés de Jesús

11 de julio de 1888

¡Qué dicha volver a ver mañana el dulce rostro del cordero!.

Pero el corderito suplica al cordero que no dé todavía el salto hacia el

cielo. Si su sitio está ya preparado para él, que piense en el pobre

corderito, que espere un poco más para que el corderito pueda saltar

también, y entonces se irán los dos juntos a su patria. Sus corazones, que

nunca pudieron saciarse en la tierra, irán a abrevarse en las mismas

fuentes del amor.

¡Ah, el dulce festín! ¡Qué alegría ver a Dios, ser juzgados por Aquel a

quien  hemos amado sobre todas las cosas!

He soñado que el cordero volaría pronto hacia su patria, pero espero que

se quede todavía un poco más en el exilio para guiar al pobre corderito...

Cta 57 A Celina

J.M.J.T.

Sólo Jesús + Lunes, 23 de julio de 1888

Querida hermana:

Tu Teresa ha comprendido toda tu alma; incluso ha leído mucho más de lo

que le has escrito. He comprendido la tristeza del domingo, yo misma la he

vivido toda entera... A medida que iba leyendo, me parecía que nos

animaba la misma alma; entre nuestras almas hay algo tan sensible, que

nos asemeja tanto... Siempre hemos estado juntas; nuestras alegrías,

nuestras penas, todo ha sido común. Y siento que esto continúa en el

Carmelo... Nunca, nunca jamás nos separaremos. ¿Sabes?, sólo el lirio

amarillo habría podido alejarnos un poco. Te lo digo porque estoy segura

de que tu lote será siempre un Lirio blanco, puesto que tú le has escogido

y él te escogió a ti primero... ¿Comprendes el lenguaje de los lirios...?

 Alguna vez me he preguntado por qué Jesús me había escogido a mí

la primera. Ahora lo comprendo: mira, tu alma es un lirio siempreviva.

Jesús puede hacer con él lo que quiera. Importa poco que esté en un lugar

o en otro. Siempre será siempreviva. La tempestad no puede hacer caer el

amarillo de los estambres en su blanco cáliz perfumado: Jesús lo ha hecho

así. Él es libre, y nadie puede pedirle cuentas de por qué concede sus

gracias a un alma en vez de a otra.

Al lado de ese lirio Jesús colocó a otro, su compañero fiel. Crecieron

juntos, pero uno era siempreviva y el otro no lo era, y Jesús tuvo que coger

su lirio antes de que se abriese la flor se entreabriera, para que los dos

lirios fuesen para él... El uno era débil, el otro fuerte. Y Jesús cogió al débil

y dejó al fuerte para que se embelleciese con un brillo nuevo... Jesús les

pide TODO a sus dos lirios, no quiere dejarles nada más que su blanca

vestidura... ¡TODO! ¿Comprende la siempreviva a su hermanita...?

 La vida, a menudo, resulta pesada. ¡Cuánta amargura, pero cuánta

dulzura también! Sí, la vida cuesta, es duro comenzar un día de trabajo;

tanto el débil capullo como el hermoso lirio lo han comprobado... ¡Y si al

menos se sintiese a Jesús...! ¡Por él, todo se haría a gusto! Pero no, él

parece estar a mil leguas, estamos solas con nosotras mismas. ¡Y qué

enojosa resulta la compañía cuando no está Jesús!

¿Pero qué hace, entonces, este dulce amigo? ¿No ve nuestra angustia y el

peso que nos oprime? ¿Dónde está? ¿Por qué no viene a consolarnos,

puesto que no tenemos otro amigo?

Pero no..., él no está lejos. Está muy cerca y nos mira y nos mendiga esta

tristeza, esta agonía... La necesita para las almas, para nuestra alma:

¡quiere darnos tan hermosa recompensa, es tan grande lo que él anhela

para nosotras!

Pero ¿cómo podrá él decir un día: «Ahora me toca a mí» si aún no ha

llegado nuestro turno, si todavía no le hemos dado nada? A él le cuesta

mucho abrevarnos de  tristezas, pero sabe que ésa es la única forma

de prepararnos a «conocerle como él se conoce y a convertirnos nosotras

mismas en dioses». ¡Oh, qué destino! ¡Qué grande es nuestra alma...!

Elevémonos por encima de lo que es pasajero, mantengámonos a

distancia de la tierra. Allá arriba el aire es puro. Jesús se esconde, pero se

le adivina... Derramando lágrimas, enjugamos las suyas, y la Santísima

Virgen sonríe. ¡Pobre Madre! ¡Ha sufrido tanto por causa nuestra! Justo es

que nosotros la consolemos un poco llorando y sufriendo con ella...

Esta mañana leí un pasaje del Evangelio donde se dice: «No he venido a

traer paz, sino espada». No nos queda, pues, más que luchar. Cuando no

tenemos fuerzas para ello, Jesús combate por nosotras... Pongamos

juntas el hacha a la raíz del árbol...

¡Pobre borrador de Teresa! ¡Qué carta, qué confusión! Si hubiese podido

decir todo lo que pienso, Celina  tendría lectura para rato...

Jesús es muy bueno al habernos concedido encontrar una madre como la

que tenemos. ¡Qué tesoro! Si la hubieses visto, hermanita, traerme tu carta

esta mañana a las seis...! Me emocionó...

Jesús te pide TODO, TODO, TODO, como se lo puede pedir a los más

grandes santos.

Tu pobre hermanita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Cta 58 Al señor Martin

J.M.J.T.

El Carmelo, 31 de julio de 1888

Mi querido Rey:

¡Si supieras cómo nos gustó tu carpa, tu monstruo! Hubo que retrasar la

comida media hora. María del Sagrado Corazón hizo la salsa. Estaba

delicioso, sabía a cocina de mundo. Era incluso mejor que la suntuosa

cocina de Italia, lo cual no es poco decir, porque ¡vaya banquetes...! ¡Y

vaya compañía! ¿Te acuerdas,  papaíto...? Pero no siempre es eso lo

que abre el apetito, al menos a mí, pues nunca he comido tanto como

desde que estoy en el Carmelo. Me siento totalmente en mi centro. Si la

señorita Paulina estuviese ahí, diría que «he encontrado mi camino».

Tu Diamante no puede escribirte porque está de colada general, pero eso

no le impide pensar en ti, papaíto querido; te abraza con todo su corazón,

y tú sabes que el corazón de tu hija mayor no es precisamente pequeño.

Pienso en lo que tú tantas veces nos decías: «Vanidad de vanidades y

todo vanidad, vanidad de la vida que pasa», etc. Cuanto más vivo, más

verdad me parece que todo es vanidad sobre la tierra.

 Siempre que pienso en ti, papaíto querido, pienso naturalmente en

Dios, pues me parece imposible encontrar a alguien más santo que tú en

la tierra.

Cuando pienso que dentro de ocho días hará cuatro meses que estoy en el

Carmelo, no me lo puedo creer. Me parece que he estado siempre aquí, y

por otra parte me parece que fue ayer cuando entré. ¡Cómo pasa todo...!

Cuanto más vivo, papaíto querido, más te quiero. No sé cómo puede ser

eso, pero es la pura verdad; me pregunto lo que será al final de  mi

vida...

Me siento muy orgullosa de mi título de Reina de Francia y de Navarra, y

espero merecerlo siempre. Jesús, el Rey del cielo, al tomarme para sí, no

me ha quitado a mi santo Rey de la tierra. ¡No!, si mi papaíto querido así lo

quiere y no me encuentra demasiado indigna, yo seré siempre: la Reina de

Papá.

La Perla fina te manda un abrazo muy fuerte.

Adiós y hasta pronto, mi querido Rey. Tu Reinecita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Cta 59 Al señor Guérin

Jesús + J.M.J.T.

El Carmelo, 22 de agosto de 1888

Querido tío:

Acabamos de recibir una carta de nuestra tía donde nos cuenta todo lo que

usted está pasando. Aunque lejos de usted, también su sobrinita comparte

su dolor y quisiera estar cerca de su tío para consolarle; pero ¿qué podría

hacer ella, en realidad...? No, es preferible que esté en el Carmelo; aquí, al

menos, puede pedir todo lo que quiera al único que puede dar el consuelo,

 que lo derrame abundantemente en el corazón de su querido tío.

El estado del señor David nos apena mucho. Comprendo, querido tío,

cuánto deben estar sufriendo ustedes, pues no hay nada tan doloroso

como ver sufrir a los que amamos. Sin embargo, doy gracias a Dios con

todo el corazón por la gracia tan grande que ha tenido a bien conceder a

esa hermosa alma. ¡Qué disposiciones para comparecer ante él! Es

verdaderamente admirable. Todo lo que nos ha contado nuestra querida

tía me ha llegado muy hondo.

Era imposible, tío, que Dios no le concediese a usted este consuelo

después de todo lo que hace  por su gloria. ¡Qué hermosa me parece

la corona que Dios le tiene reservada! No puede ser de otra manera, pues

toda su vida no es más que una perpetua cruz, y Dios no obra así más que

con los grandes santos.

¡Qué dicha pensar que en el cielo nos reuniremos para no separarnos ya

más! Verdaderamente, sin esta esperanza la vida sería insoportable...

Querido tío, no sé lo que usted pensará de su pobre sobrinita, que deja

correr la pluma sin pensar mucho en lo que dice; si su corazón pudiese

escribir, DIRIA cosas muy distintas, pero se ve obligado a confiarse a esta

fría pluma,  que no sabe expresar lo que él siente. Lo pongo en manos

de mi ángel de la guarda, creo que un mensajero celestial cumplirá bien mi

encargo; le envío al lado de mi tío querido para que vierta en su corazón

tanto consuelo cuanto nuestra alma puede contener en este valle de

lágrimas...

Adiós, querido tío. Le pido que salude de mi parte a la señora de Fournet,

me asocio de corazón a su dolor. A usted le envío toda la ternura que

encierra mi corazón, y continuaré rogando sin cesar por el señor David.

Su sobrinita, que quisiera disminuir un poco su dolor,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Cta 60 A la señora de Guérin

Jesús + J.M.J.T.

El Carmelo, 28 de agosto de 1888,

6 de la mañana

Querida tía:

Ayer tarde nos enteramos de la muerte del señor David. Aunque

esperábamos recibir en cualquier momento la triste noticia, me conmoví

mucho al saber el desenlace. Ruego a Dios que acoja en su paraíso a esa

alma tan santa; tal vez esté ya allí, pues con unas disposiciones tan

perfectas como las suyas se puede ir derecho al cielo.

 Pido a Dios, querida tía, que derrame en su alma el consuelo. Ya se

mostró muy bondadoso al escuchar todas las oraciones que ustedes le

dirigieron para ofrecerle el alma de su querido pariente. Si desde lo hondo

de su soledad, su hijita pudiese esperar haber tenido una pequeña parte

en ello, se sentiría muy dichosa.

Pienso, querida tía, que en los momentos de gran tristeza necesitamos de

mirar al cielo; allí, en lugar de llorar, todos están alegres porque nuestro

Señor posee un elegido más, un nuevo sol ilumina con sus rayos a los

ángeles del cielo, todos viven ya el rapto del éxtasis divino y se extrañan

de que nosotros podamos  llamar muerte al comienzo de la vida. Para

ellos, nosotros estamos en un estrecho sepulcro, mientras que su alma

puede trasladarse hasta el confín de las «playas celestes, de horizontes

infinitos»... Querida tía, cuando se piensa en la muerte del justo, no se

puede por menos de envidiar su suerte. Para él ya no existe el tiempo del

destierro; para él ya no hay más que Dios, nada más que Dios.

¡Cuántas cosas, querida tía, tendría para decirle esta su hijita! ¡Piensa

tanto, tanto, su corazón! Esta mañana está toda ella perdida en la

inmensidad y en la añoranza de la muerte de los santos. Pero me falta

tiempo para terminar este borrador, y tengo que cortar, porque la campana

acaba de advertirme que es hora de terminar. Ofrezco este pequeño

sacrificio a Jesús, para que se digne consolarles con su mano bondadosa.

Su hijita, que está con el corazón cerca de usted y de sus queridas

hermanitas,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Cta 61 Al señor Martin

J.M.J.T.

Jesús + Carmelo, 25 de agosto de 1888

Querido papaíto:

Por fin, ha llegado el día en que tu Reina puede felicitarte tu santo en todos

los tonos, ya que está en el Carmelo en compañía de tus joyas: el

Diamante y la Perla fina...

¡Pobre Reinecita! Debiera hacerse a un lado para dejar paso a las

espléndidas alhajas de su Rey; pero la verdad es que no puede,

resignarse a ello. También ella tiene su título y puede mostrarlo  a

quien quiera verlo, está sellado por la mano misma de su Rey: Reina de

Francia y de Navarra. No tiene otra cosa, pero creo que basta para ser

admitida a la presencia de su Rey. Por lo demás, nadie intenta disputarle

su derecho, que hasta en el extranjero le reconocen: en Italia, en Roma,

todos sabían que la Reina estaba allí...

Mi querido Rey, tu reinecita querría tener magníficos presentes que

ofrecerte, pero no tiene nada. Además, ella no es nada fácil de contentar.

Todos los palacios del Vaticano, cargados de regalos, no le parecerían lo

bastante bellos para su Rey. Ella sueña con algo más  regio, necesita

tesoros inmensos, horizontes infinitos. Lo que ella quisiera dar a su Rey no

se encuentra aquí en la tierra, sólo Jesús lo posee. Por eso va a pedirle

que colme a su Rey de alegrías celestiales. A un padre que no es de la

tierra nada terreno puede llenarlo.

Ya ves, querido papaíto, que aunque parece que no te ofrezco nada, te

hago un magnífico regalo; si no cautiva tus ojos, cautivará al menos tu

corazón, porque espero que Dios escuche mi plegaria.

Sin embargo, papaíto querido, aun diciéndote que sólo deseo cautivar tu

corazón, te mando  una estampita pintada por tu reina. Espero que, a

pesar de mi escaso talento, te guste; la Perla fina ha querido ayudarme

con sus consejos de artista y compuso el precioso dibujo, pero se empeñó

en que la pintase yo sola. El mérito no es mucho; pero mi impericia es tan

grande y mi Rey tan indulgente, que espero darle un poquito de gusto

enviándole esta estampita.

Hasta pronto, papaíto querido. Si tu Reina no está hoy a tu lado, no te

quepa la menor duda de que lo está con el pensamiento y con el corazón,

te desea la mejor de las fiestas que hayas tenido nunca en tu vida, y te

abraza con todo su corazón.

Tu Reinecita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Cta 62 A María Guérin

septiembre de 1888

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, jueves.

Querida hermanita:

Empecé a escribirte el martes por la noche, y hace un momento quise

continuar la carta; pero las cosas que entonces te decía no son las que

hoy quiero decirte, así que he preferido volver a empezar.

Gracias por tu preciosa carta. Si me hubiese escrito Mme. de Sevigné,

seguro  que no me habría dado mayor alegría.

Si mi primita se acuerda mucho de mí, también yo estoy con mucha

frecuencia espiritualmente con ella. Igual que tú, yo también necesito oír

hablar a menudo de mi Mariíta, y sobre todo hablar yo misma de ella. Me

desahogo hablándole a Dios de mi querida hermanita, no temo nunca que

a él le parezca que le hablo demasiado de ti, pues estoy segura de que a

mi Mariíta Dios la tiene muy dentro de su corazón.

Querido diablillo, ¡cuántas cosas tendría que decirte!  Pero el tiempo

se pasa volando, veo que se me escapa con asombrosa rapidez. Es tarde

y te estoy escribiendo a la luz de tu lamparilla; ya ves que mi escritura se

resiente de mi prisa. Lo que me consuela de tener tan mala letra es pensar

que en el cielo no tendremos necesidad de este medio para comunicarnos

nuestros pensamientos, ¡será una suerte para mí...!

Ayer recibí una visita. Te apuesto que no la adivinas ni a la de cien... Una

elegante dama de MUNDO, su querido marido, una señorita de dieciséis

años y un señorito de catorce... ¿Vas cayendo...? Era la madrina  que

plantaba verbenas... Venía acompañada de su sobrina Th. Gilbert y de su

sobrino Pedro. ¡Ay, mundo, mundo! ¡Si la hubieras visto en el locutorio! Al

verme tras de la reja, casi cantaba: «¡Cuánto pena mi corazón, mi

corazón!»

Es hora de acabar con mi cháchara, y, sin embargo, no he dicho nada

interesante a mi querida primita. Pero ¿qué puede esperarse de una

persona como yo, que escribe sin pensar que su papel se va llenando de

trivialidades, teniendo tantas cosas serias que decir...? Perdóname...

 Termino, querida Mariíta, pidiéndote un favor: serías muy amable si,

mientras te paseas por ese hermoso parque, pudieses encontrar algunos

musgos secos, cortezas de árboles, etc. Es para hacer trabajitos, belenes

por ejemplo. Si es molestia, no me lo envíes, sólo si lo encuentras

paseándote.

Siento mucho que mi tía esté enferma. Me acuerdo mucho de ella y no

dejo de rezar por su pronta curación. Dale un beso muy FUERTE de parte

de su hijita, ¡pero sin hacerle daño...!

 Dale un beso también a mi QUERIDA Juanita, y a Celina y Elena3.

De ellas, que no están enfermas, no tengo compasión: así que te pido que

las beses lo más fuerte que puedas.

Veo, querida Mariíta, que mis besos no tienen fin, pero todavía no he

terminado, pues no te los he dado a ti, que eres la encargada de

repartirlos. Así que a todas las personas a quienes se los vas a dar les

pido que te devuelvan todos los que puedan. Y como dudo que mi petición

sea cumplida, te mando yo un beso yo con todo el corazón, pero muy

fuerte, tan fuerte que si tuvieses un flemón, se reventaría, como pasó

antes del viaje a Roma.

Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Cta 63 Al señor Martin

30 de septiembre de 1888

J.M.J.T.

El Carmelo, 30 de septiembre

Mi rey querido:

Tu Reinecita se siente abrumada bajo el peso y la magnificencia de tus

regalos, ya se ve que es un Rey quien se los ofrece a su Reina.

Lo primero que vi llegar fue el encaje de punto de Alençon; es, de verdad,

absolutamente regio. No sé cómo darte las gracias  por tan hermosos

regalos. ¿Dónde quedan ya los tiempos en que tu Reinecita saltaba de

alegría ante una chuchería de CINCO CENTIMOS que su Rey le

regalaba?. También ahora su corazón se sentiría dichoso, pero el del Rey

necesita dar más, por eso ofrece a su Reina un encaje digno de LA REINA

DE FRANCIA Y DE NAVARRA.

Es verdad, querido papaíto, que si tu Reina no es digna de tantas riquezas,

éstas nunca serán demasiado hermosas para el Esposo divino a quien tú

la has entregado; por eso,  seré feliz llevándolas; de lo contrario,

realmente no me atrevería a llevarlas, pues todavía no soy más la

Huerfanita de la Berezina, y hasta el día de mi toma de hábito no mereceré

llevar mi título de Reina.

Todavía tengo una dulce misión que cumplir: la de darte las gracias, en mi

nombre de Reina y en nombre del Diamante de y la Perla fina, por el alud

de peras, cebollas, ciruelas y manzanas que salió del torno como de una

cornucopia. ¿De dónde venía todo aquello? Un viejecito dijo que se trataba

de un señor que vivía por el jardín de la Estrella.  No podía ser nadie

más que tú. Por eso, papaíto querido, la provisión fue bien recibida y se le

dispensó un buen recibimiento sin hacernos de rogar. Tiene gracia la cosa:

le costó menos entrar que a tu Reina, que tuvo que ir a Roma para

conseguir que le abrieran la puerta...

Las enormes cebollas me alegraron el corazón, me hicieron pensar en las

de Egipto, no las echaremos de menos como los israelitas. Pensé también

en las de Lion, que costaban 0'50 céntimos y eran tan gordas.

Bueno, Rey mío, creo que tu Reina te está aburriendo con su cháchara,

pero está tan contenta que no puede menos de decírtelo. Te da las gracias

por todo, y te abraza con todo su corazón.

Teresa del Niño Jesús

Cta 64 Al señor Martin

8-15 de octubre (?) de 1888

Mi querido Rey:

Me gustaría escribirte una larga carta, pero no puedo, porque estoy de

retiro. ¡No sabes cuánto te quiere tu Reinecita...!

Como tengo que enviar una carta a la hija del Rey -la princesa Leonia-, he

pensado que la mejor forma de  hacerle llegar mi mensaje era por

medio del mismo Rey. Y por esa razón me dirijo a «Su Majestad el Rey de

Francia y de Navarra". Si no brilla su dignidad a los ojos de los hombres,

yo sé muy bien que en el cielo se manifestará a los ojos de Dios. Y

entonces, el menor de los elegidos será como el jefe de un pueblo

numeroso, y, Rey mío, ¡qué dignidad...!

Tu Reinecita,

Teresa del Niño Jesús

Cta 65 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 20 de octubre de 1888

Mi querida Celina:

Así que mañana es tu santo. ¡Cómo me gustaría ser yo la primera en

felicitarte! Pero si no es posible, puedo hacerlo al menos en mi corazón.

¿Qué quieres que te regale para tu santo? Si escuchase a mí corazón, le

pediría a Jesús que me enviase a mí todas las penas, todas las tristezas,

todos los problemas de la vida de mi querida Celina; pero, ya ves, no lo

escucho, porque tengo miedo a que  Jesús me diga que soy una

egoísta, pues entonces querría que me diese a mí lo mejor que él tiene, sin

dejar ni siquiera un poco para su prometida, a quien tanto ama.

Si le hace sentir la separación, es para demostrarle su amor; por tanto, no

puedo pedirle eso a Jesús. Y, además, él es tan rico, tan rico, que tiene de

sobra para enriquecernos a las dos...

¡Y pensar que, si Dios nos diese el universo entero con todos sus tesoros,

eso no sería comparable con el más ligero sufrimiento! ¡Qué gracia tan

grande cuando por la mañana nos sentimos sin ánimo y sin fuerzas para

practicar la virtud! Ese es el momento de poner el hacha a la raíz del árbol.

En vez de perder el tiempo en reunir unas pocas pepitas de oro, extraemos

 diamantes, ¡y qué ganancia al final de la jornada...! Es cierto que a

veces nos despreocupamos durante algunos instantes de acumular

nuestros tesoros. Ese es un momento peligroso, pues se ve una tentada

de mandarlo todo a paseo; pero con un acto de amor, aun no gustado,

todo queda reparado, y con creces: Jesús sonríe, nos ayuda sin parecer

que lo hace, y nuestro y débil amor enjuga las lágrimas que los malos le

hacen derramar. El amor todo lo puede: las cosas más imposibles no le

parecen difíciles. Jesús no mira tanto la grandeza de las obras, ni siquiera

su dificultad, cuanto el amor con que se hacen...

Hace algún tiempo encontré una frase que me parece muy hermosa. Es

ésta, creo que te va a gustar: «La resignación es todavía distinta de la

aceptación de la voluntad  de Dios; existe entre ellas la misma

diferencia que entre la unión y la unidad. En la unión hay todavía dos, en la

unidad no hay más que uno». ¡Sí, no seamos más que uno con Jesús!

Despreciemos todo lo que es pasajero. Nuestros pensamientos deben

dirigirse al cielo, pues allí está la morada de Jesús. Pensaba hace unos

días que no debemos apegarnos a lo que nos rodea, pues podríamos vivir

en otro lugar distinto de éste en que vivimos, y entonces nuestros afectos y

nuestros deseos ya no serían los mismos... No sé explicarte mi

pensamiento, soy demasiado torpe para hacerlo, pero cuando te vea te lo

diré de palabra.

¿Por qué te habré dicho todas estas cosas que tú sabes mucho MEJOR

que yo? Perdóname. Necesitaba tener contigo una conversación como las

que teníamos antaño. Pero ese tiempo no pasó, seguimos siendo las dos

una MISMA ALMA, y nuestros pensamientos siguen siendo los mismos

que eran en las ventanas del mirador...

Me llena de alegría pensar que un día celebraremos tu santo en la ciudad

celestial.

Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

 Sí, es muy triste pensar que el Padre se va para el Canadá. ¡Pero

nos queda Jesús...!

Cta 66 Al señor Martin

15 de noviembre de 1888

Mi querido Rey:

¡Qué bueno es Dios por haberte curado! Te aseguro que tu Reinecita

estuvo muy preocupada, y realmente había motivos para ello, pues

estuviste  muy enfermo. Todo el Carmelo estaba en oración, y por eso

Dios acabó por escuchar sus plegarias y me devolvió a mi Rey. Pero ya

sabes, querido papaíto, que ahora que Dios ha hecho lo que deseábamos,

te toca a ti hacernos completamente felices. La Huérfana de la Berezina

 te suplica que te cuides MUCHO, todo lo que haga falta, ya sabes que

la Intrépida nº 2 entiende de eso. Así que te ruego que respetes ese título

(que le ha dado el mismo Rey) y que te cuides cuanto sea necesario.

Tu Reinecita está siempre a tu lado  con el corazón. ¿Cómo va a

olvidar a su Rey tan bueno...? Y, además, me parece que el cariño se

agranda, si es posible, cuando se ha sufrido tanto...

Adiós, mi Rey querido. Y sobre todo, cuídate mucho para dar gusto a tu

Reina,

Teresa del Niño Jesús

p.c.ind.

Cta 67 A la señora de Guérin

18 de noviembre de 1888

J.M.J.T.

Querida tía:

Permítale a su hijita ir también ella a ofrecerle su humilde felicitación. Le va

a parecer bien poca cosa, comparada con las que ya habrá recibido; pero

no importa, su corazón no puede dejar de decir a su tía querida cuánto la

quiere.

 Esta mañana, en la comunión, he pedido mucho a Jesús que la colme

de sus alegrías. ¡Ay, no es eso precisamente lo que él nos está enviando

desde hace algún tiempo! Es la cruz, sólo la cruz, lo que él nos ofrece para

descansar... Si yo fuera la única que sufriese, querida tía, no me

importaría; pero sé muy bien hasta qué punto ustedes comparten nuestro

dolor.

Yo quisiera, en este día de su santo, quitarle todas las tristezas y cargar

sobre mí todas sus penas.  Así se lo pedía hace un momento a aquel

cuyo corazón late al unísono con el mío; y comprendí que lo mejor que él

podía darnos era el sufrimiento, que no lo da más que a sus amigos

predilectos. Y esta respuesta me hacía ver que no estaba siendo

escuchada, pues veía que Jesús amaba demasiado a mi querida tía para

quitarle la cruz...

Me ha emocionado mucho, querida tía, con la hermosa tarta que nos ha

mandado. En vez de  felicitarle nosotras su santo, es usted quien nos

lo felicita a nosotras. La verdad, ¡es demasiado! ¡Yo no tengo para

regalarle a mi querida tía más que una pobre estampita, pero confío que

sólo mirará a la intención de su hijita!

Adiós, querida tía, me parece que en la tribulación usted está más cerca

aún de su hijita,

Teresa del Niño Jesús

post. carm.ind.

La carta de sor María del Sagrado Corazón estaba ya terminada cuando

recibimos la tarta. Me encarga que se lo agradezca mucho.

Cta 68 Al señor Martin

J.M.J.T.

El Carmelo, 25 de noviembre de 1888

Querido papaíto:

Tu Reina piensa constantemente en ti y reza todo el día por su Rey. Soy

muy feliz en el dulce nido del Carmelo, y lo único que deseo ya en la tierra

es ver a mi Rey completamente curado. Pero sé muy bien por qué nos

manda Dios esta prueba: para que ganemos el  cielo. Él sabe que

nuestro padre es lo que más amamos en la tierra; pero sabe también que

es necesario sufrir para alcanzar la vida eterna, y por eso nos prueba en

aquello que nos es más querido.

Presiento también que Dios va a dar a mi Rey, en el reino del cielo, un

trono magnífico; tan bello y tan por encima de todo pensamiento humano,

que se puede decir con san Pablo: «Ni el ojo del hombre  vio, ni su

oído oyó, ni su corazón puede comprender lo que Dios tiene reservado

para los que ama".

¿Y hay alguien a quien Dios ame en la tierra más que a mi querido

papaíto...? La verdad es que no puedo creerlo... Hoy, además, él nos está

dando la prueba de que no me equivoco, pues Dios prueba siempre a los

que ama. Y estoy convencida de que Dios hace sufrir tanto en la tierra, a

fin de  el cielo les parezca mejor a sus elegidos. Él dice que, en el

último día, enjugará todas las lágrimas de sus ojos. Y, sin duda alguna,

cuantas más lágrimas haya que enjugar, tanto mayor será la alegría...

Adiós, querido Rey mío, tu Reina se regocija pensando en el día en que

reine contigo en el hermoso y único verdadero reino del cielo.

Teresa de Jesús

post. carm. ind.

Cta 69 A María Guérin

Noviembre (?) de 1888

Jesús M.J.T.

Mi preciosa Muñeca:

No puedo resistir al deseo de darte las gracias por tu carta; me ha gustado

mucho. No puedes imaginarte cómo me acuerdo de ti. Mi Mariíta está

siempre presente en mi pensamiento. Además, aunque quisiera olvidar a

mis primitas, no lo conseguiría, ¡me alumbra tan bien mi linda lamparilla...!

 Teresa va a pedirte un nuevo favor. Acaba de decirme sor Inés que

necesito un par de zapatos forrados, como los que te vi muchas veces en

invierno; son una especie de botas forradas de astracán. Si mi tía quisiera

comprármelos, me daría una gran alegría. Se los podría probar Juana, que

tiene exactamente el mismo pie que yo.

Tengo muchas cosas que decirle a mi Muñeca, pero esperan estas letras y

tengo que dejarte, el jueves podré contarle muchas cosas a mi querida

hermanita. Mientras tanto, dale un fuerte abrazo a mi QUERIDA tía, a mi

tío y a mi querida Juanita.

 En cuanto a mi Lulú, me es imposible decirle cuánto la quiero, mi

corazón está demasiado lleno de cariño hacia él.

Me alegraría mucho poder tener los zapatos para esta tarde. No puedes

imaginarte lo bien que nos cuidan en el Carmelo: siempre tengo que estar

comiendo y calentándome los pies...

Hasta el jueves, mi preciosa muñeca viviente. Me siento muy muy feliz, en

el colmo de mis deseos.

Teresa del Niño Jesús

Muchos recuerdos a mi querida Marcelina.

Cta 70 A la madre San Plácido

Primeros de diciembre de 1888

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, diciembre de 1888

Querida Profesora:

Su atento detalle me ha emocionado profundamente. Con mucho gusto

recibí la circular de las Hijas de María. Puede estar segura de que no

dejaré de asistir con el corazón a tan hermosa fiesta. Porque ¿no fue en

esa capilla bendita donde la Santísima Virgen tuvo a bien adoptarme como

hija suya en el hermoso día de mi primera comunión y en el de mi ingreso

en la Congregación de las Hijas de María?

Nunca podré olvidar, querida Maestra, lo buena que fue usted conmigo en

esas fechas tan importantes de mi vida. Y no dudo que la gracia insigne de

mi vocación religiosa  germinó aquel día feliz en que, rodeada de mis

santas profesoras, me consagré a María al pie de su altar, escogiéndola

especialmente por Madre, después de recibir a Jesús aquella mañana por

primera vez. Me gusta pensar que la Virgen no miró entonces mi

indignidad y que, en su gran bondad, tuvo a bien poner los ojos en la virtud

de aquellas profesoras que con tanto esmero habían preparado mi corazón

para recibir a su divino Hijo. Me gusta pensar que por esa razón la Virgen

quiso hacerme todavía más perfectamente hija suya concediéndome la

enorme gracia de traerme al Carmelo.

Creo, querida Profesora, que habrá estado usted al corriente de la

enfermedad de mi queridísimo. Durante algunos días temí que Dios le

arrebatase a mi ternura; pero Jesús se dignó concederme la gracia de que

se restableciese para el momento de  mi toma de hábito.

Todos estos días estaba pensando escribirle, para comunicarle que había

sido aprobada por el capítulo; pero como no sabía le fecha que Monseñor

tendría a bien fijar, seguía esperando. Confío, querida Profesora, que no

haya tomado esta demora por indiferencia. No, mi corazón sigue siendo el

mismo, y creo que después de mi entrada en el Carmelo se ha hecho

todavía más tierno y más capaz de amar. Por eso, me acuerdo con

frecuencia de mis santas profesoras, y me gusta nombrarlas a todas en

particular delante de Jesús durante las horas benditas que paso a sus

pies. Me atrevo a pedirle, querida Profesora, que tenga a bien ser mi

intérprete ante ellas, encomendándome a sus fervorosas oraciones; en

particular a las de la Madre priora, hacia quien conservo el más filial y

agradecido afecto. No me olvide tampoco antes mis afortunadas

compañeras, de quienes sigo siendo siempre su hermanita en María.

Adiós, querida Profesora. Espero que no olvide en sus santas oraciones a

la que es y será siempre su agradecida hija,

Sor Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

Cta 71 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

Jesús + 28 de diciembre de 1888

Querida tiíta:

Tengo una gran pena porque ayer noche, al no saber que mis hermanas

iban a escribirle, me dormí como una perezosa. Esta mañana tengo ya

muy poco tiempo, y hasta tengo que quitárselo al Oficio.

Querida tía, quisiera ser la primera en desearle un feliz año nuevo para

1889...

 Cuando pienso, querida tía, que pronto hará nueve meses que su

hijita está en el Carmelo, no me lo acabo de creer; me parece que fue ayer

cuando estaba todavía a vuestro lado... ¡Qué deprisa pasa la vida! Hace ya

dieciséis años que estoy en la tierra. ¡Pronto estaremos todos reunidos en

el cielo! Me gusta mucho esta frase de los Salmos: «Mil años a los ojos del

Señor son como el día de ayer que ya pasó". ¡Qué rapidez! Pero yo quiero

trabajar mientras luzca todavía el día de la vida, porque enseguida vendrá

 la noche, en la que no podré ya hacer nada. Ruegue por su hijita,

querida tía, para que no abuse de las gracias que Dios le prodiga en el

fértil valle del Carmelo.

No puedo por menos de reír al ver mi carta. Porque no se parece en nada

a una carta de felicitación del año nuevo. Lo que pasa es que a usted,

querida tía, yo le hablo como una niña que da rienda suelta a su corazón

sin pensar en lo que va a decir...

¡Si supiera, querida tía, lo mucho que voy a pedir por usted y  por mi

tío el día de año nuevo...! No, usted no lo sabe, y no voy a intentar

decírselo, la aburriría porque sería demasiado largo.

¿Y mis primitas (mis hermanitas queridas)? ¡Cómo rezaré por ellas...!

Adiós, querida tía, y, por favor, dígale a mi tío cuánto le quiero; debería

haberle escrito a la vez que a usted, querida tía, pero soy demasiado boba

para hablar a dos personas a la vez... Le pido que me perdone, y les

mando a los dos el mejor beso de su más pequeño benjamín,

Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

 Acabo de acordarme de que aún no le he dado las gracias a mi

querida tía por la corona que piensa regalarme para mi toma de hábito. ¡Si

supiese lo agradecida que le estoy y cuán grato será ese recuerdo para el

corazón de su hijita...!

Cta 72 Al señor Martin

J.M.J.T.

Jesús + 30 de diciembre de 1888

Mi Rey querido:

¡Qué dicha poder enviarte este año desde el Reino del Carmelo mis

felicitaciones de año nuevo! Nunca tu Reinecita pudo ofrecerte su cariño

con mayor alegría; se siente tan cerca de su Rey, tan cerca, que nada

podrá alejarla de él.

Los reyes de la tierra se sienten completamente felices cuando logran

hacer contraer a sus  hijas nobles alianzas. ¡Y qué gratitud sienten

esos hijos hacia sus padres...! Con tu Reinecita sucede algo totalmente

distinto: tú, como padre y como verdadero Rey, no has querido entregarla

a nadie más que al Rey del cielo, al mismo Jesús; de Huérfana de la

Berezina he pasado al título nobilísimo de carmelita.

¡Cómo tengo que querer a un padre que me ha deparado una dicha tan

grande, y cuánto lo quiero...! Si el guía de Roma estuviera aquí, podría

decir: «Señores Abades, voy a presentaros  un padre como nunca

habéis visto otro, razón hay para caer en éxtasis»1. ¿No es verdad,

querido papaíto, que no podrías hacer más por tu Reinecita? Si no es

santa, será por su culpa, porque con un padre como tú no será por falta de

medios...

Querido padre, cae el día, es ya hora de dejarte, pero para encontrarte al

lado de Jesús, que es tu verdadero lugar.

Pronto lucirá para nosotros el día sin sombras, ¡y entonces  no

terminaremos nunca nuestro coloquio...!

¡Feliz año nuevo, querido Rey, y gracias por todas las delicadezas que has

tenido con nosotras esta semana... y durante TODO el año...!

Que Jesús te colme de sus bendiciones. Que te dé, como lo ha prometido,

el céntuplo en esta vida y su HERMOSO cielo en la otra. Esa es la

felicitación de tu Reinecita, que te quiere más que nunca reina alguna amó

a su rey.

Sor Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

Cta 73 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

Jesús + 2 de enero de 1889

Querida tía:

¡Su hijita está en el colmo de su alegría...! ¡Qué buena es usted con ella!

Realmente, es demasiado... ¿Cómo se lo podré agradecer...? Pero ¿acaso

una madre no sabe leer en el corazón de su hijita? Por eso, no quiero

preocuparme, segura de que usted adivinará mi gratitud.

Los lirios son PRECIOSOS, se diría que acaban de ser cortados. ¡Qué

buenas son mis hermanitas al  regalármelos! Será para mí una gran

alegría, el día de mi toma de hábito, pensar que son ellas quienes me han

engalanado para ir al encuentro de mi divino prometido. Esas flores

hablarán por ellas a Jesús, quien, estoy segura, las colmará de sus

gracias, y a usted también, querida tía.

¡Si supiera qué feliz me sentí de recibir el enorme jugo de manzana para

ofrecérselo a nuestra Madre! Es todo un retrato de mi tía querida, que

busca siempre lo que más gusto pueda darle a su hijita. Y no fue menor mi

alegría  al ver el hermoso paquete de alajú. Me sentí muy orgullosa en

el refectorio cuando nuestra Madre dijo a la comunidad que usted nos

había hecho ese regalo en honor de mis 16 años.

Gracias, querida tía, ¡si supiera qué buena me parece! El día de mi toma

de hábito rezaré mucho por usted, y también por mi querido tío, a quien

doy las gracias de todo corazón, pues sé que también él me ha hecho

todos esos regalos tan hermosos que he recibido  esta tarde.

A nuestra Madre le parece muy bonita la corona, lo mismo que a toda la

comunidad. Nunca he visto unas flores que me hayan gustado tanto, ¡son

tan puros los lirios! Quisiera que mi alma estuviese adornada toda ella de

lirios para ir al encuentro de Jesús, pues no basta con llevarlos sólo en el

pelo: lo que los ojos de Jesús miran siempre es el corazón...

Adiós y gracias, querida tía. Rece para que su hijita esté tan bien adornada

en lo interior como lo va a estar en lo exterior...

Sor Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

Cta 74 A sor Inés de Jesús

6 de enero de 1889

J.M.J.T.

Corderito querido de Jesús, ¡gracias...! ¡Si supieras cómo me gustaron tus

letras...!

Pídele a Jesús que sea muy generosa durante mis ejercicios espirituales.

¡Él me ACRIBILLA a alfilerazos, la pobre pelotita ya no puede más, por

todas partes está llena de pequeños agujeros que la hacen sufrir más que

si sólo tuviera uno grande...! Al lado de Jesús, nada, ¡sequedad...!,

¡sueño...! ¡Pero al menos, hay silencio...! El silencio hace bien al

alma...Pero las criaturas, ¡ay, las criaturas...! ¡La pelotita se estremece a

su contacto...!

¡Comprende a este juguetito de Jesús...! Cuando es él, el dulce amigo,

quien pincha a su pelota, el sufrimiento no es sino dulzura, ¡es tan dulce su

mano...! Pero las criaturas... Las que me rodean son muy buenas, pero

 hay en ellas un no sé qué que me repele... No sé explicártelo,

comprende tú a esta tu pobre alma. Sin embargo, me siento MUY dichosa,

dichosa de sufrir lo que Jesús quiere que sufra. Si no es él quien pincha

directamente a su pelotita, sí que es él quien guía la mano que la pincha...

Si Jesús quiere dormir, ¿por qué se lo voy yo a impedir? Yo ya soy muy

dichosa con que no se moleste por mí; tratándome así, me demuestra que

no soy para él una extraña , pues te aseguro que él no hace el menor

gasto por darme conversación...

¡Si supieras qué indiferente quiero ser con las cosas de la tierra! ¿Qué me

importan todas las bellezas creadas? Sería desdichada poseyéndolas,

¡estaría tan vacío mi corazón...! Es increíble lo grande que me parece mi

corazón cuando contemplo todos los tesoros de la tierra, pues veo claro

que todos juntos no podrían llenarlo; ¡pero qué pequeño me parece

cuando contemplo a Jesús...! ¡Quisiera amarle tanto...! ¡Amarle como

nunca lo ha amado nadie...! Mi único deseo es hacer siempre la voluntad

de Jesús, enjugar las lágrimas que le hacen derramar los

pecadores... ¡No, no QUIERO que Jesús sufra el día de mis esponsales,

quisiera convertir a todos los pecadores de la tierra y salvar a todas las

almas del purgatorio...!

El Cordero de Jesús se va a reír al ver este deseo del granito de arena...

Ya sé que es una locura, pero no obstante quisiera que fuese así, para que

Jesús no tuviese que derramar ni una sola lágrima.

¡Ruega para que el grano de arena se convierta en un ATOMO, visible

únicamente a los ojos de Jesús!

Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

Cta 75 A sor María del Sdo. Corazón

6 ó 7 de enero de 1889

J.M.J.T.

Jesús +

León querido de Jesús, el corderito necesita pedirte prestado un poco de

fuerza y de ánimo, ese ánimo que hace que el León lo supere todo... El

pobre corderito no puede decir nada a Jesús, y sobre todo Jesús no le dice

absolutamente nada a él. Pide por él, para que al menos su retiro agrade

al corazón del UNICO que sabe leer en lo más profundo de su alma...

¿Por qué buscar felicidad en la tierra? Te confieso que mi corazón tiene

una sed ardiente de ella, pero ve muy claro este pobre corazón que

ninguna criatura es capaz de apagar su sed. Al contrario, cuanto más bebe

de esa fuente encantada, más ardiente se hace su sed...

Yo conozco otra fuente, de la que, después de haber bebido, se tiene

todavía sed; pero una sed que no es ansiosa, sino, al contrario, muy

sosegada, porque tiene donde satisfacerse. ¡Esta fuente es el sufrimiento

conocido sólo por Jesús...!

León querido, tengo muchas cosas que decirte, pero no tengo tiempo. ¡Lee

en el corazón de TU hijita, como sólo tú sabes hacerlo...!

Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

Cta 76 A sor Inés de Jesús

7 de enero de 1889

J.M.J.T.

Jesús +

Esta mañana he sufrido con sor San Vicente de Paul y me fui con el

corazón destrozado...

¿Qué tienes tú que atrae tanto a mi alma? No puedes imaginarte cómo

siento no poder hablarte...

¿Entiendes algo de la forma de actuar de Jesús...? Yo te decía que los

niños no saben lo que quieren. Pues así se comporta Jesús con su

pelotita. Sin duda ha creído que la fecha del 9 era demasiado maravillosa,

¡y no quiere nada maravilloso para ella...! Sé muy bien por qué: es porque

sólo él es maravilloso en toda la FUERZA de esa palabra, y quiere hacer

ver a su pelotita cómo se engañaría si buscase en otra parte una sombra

de belleza que podría tomar  por la misma belleza...

¡Qué bueno es conmigo el que pronto será mi prometido! ¡Qué

divinamente amable es al no permitir que yo me apegue a NINGUNA cosa

criada! Él sabe muy bien que si me concediese una sola sombra de

felicidad, me apegaría a ella con toda la energía y con toda la fuerza de mi

corazón. Y me niega esa sombra. Prefiere dejarme en las tinieblas a

darme un falso resplandor que no sería él... Y ya que no puedo encontrar

ninguna criatura que me satisfaga, quiero dárselo todo a Jesús, no quiero

dar a las criaturas ni un solo átomo de mi amor. ¡Ojalá que Jesús me

conceda siempre comprender que sólo él es la felicidad perfecta, incluso

cuando parece ausentarse...!

Hoy aún más que ayer, si es que esto es posible, he estado privada de

todo consuelo.  Le doy gracias a Jesús, que piensa que eso es bueno

para mi alma; además, si me consolase, quizás yo me detendría en esas

dulzuras, y él quiere que todo sea para él... Pues bien, será todo para él,

todo. Aun cuando sienta que no tengo nada para poder ofrecerle, le daría

esa nada, como esta tarde...

Si Jesús no me da consolaciones, me da una paz tan grande que me hace

un bien mucho mayor...

¿Y la carta del Padre...? Me pareció celestial, y mi corazón encontró en

ella muchas cosas hermosas, pero ¿y la felicidad...? ¡Pues no!, la felicidad

no..., la felicidad sólo se encuentra en el  sufrimiento, ¡y en el

sufrimiento sin ningún consuelo...!

Hermanita, mamaíta querida, ¿qué estarás pensando de tu hijita? Si no

fueras tú, no me atrevería a escribir estos pensamientos, los más íntimos

de mi alma... POR FAVOR, rompe estos papeles una vez que los hayas

leído...

Pide que tu hijita no niegue a Jesús ni un solo átomo de su corazón.

Teresa del Niño Jesús

Cta 77 Al señor Martin

J.M.J.T.

Jesús + 8 de enero de 1889

Mi incomparable Rey:

¡Si supieras cómo me ha conmovido tu bondad...! ¡Un melón...!

¡Champán...! Me darían unas enormes ganas de llorar, si no me

contuviera. Pero me contengo, y me alegro enormemente de la hermosa

fiesta del jueves.

Normalmente las bodas de una reina se celebran con grandes festejos.

Seguramente por eso, la Reina de Francia y de Navarra tendrá

fuegos artificiales... Es el Rey quien hace el gasto para la Reina ¡y él se las

pinta solo para dar sorpresas! ¡Al pequeño abejorro rubio sólo le queda

darle las gracias...!

Si el jueves va a haber una gran fiesta en la tierra, pienso que será todavía

más suntuosa la del cielo: los ángeles estarán asombrados de ver a un

padre tan grato a Dios, y Jesús preparará una corona para añadirla a todas

las que mi Rey tiene ya reunidas.

No, las fiestas de la tierra nunca serán tan maravillosas como las del

cielo. No obstante, me parece imposible encontrar una fiesta más celestial

que ésta que se está preparando. Sin embargo, yo nada he hecho para ser

digna de una gracia tan grande; pero Dios ha querido fijarse en los méritos

de mi padre querido, y por eso me concede este insigne favor.

Ahora estoy en ejercicios espirituales y durante ellos no está permitido

escribir; pero nuestra Madre me ha dado permiso para enviarte estas letras

para darte las gracias. ¡Eres tan bueno con tu Reina! Y además, si

está prohibido escribir, es para no turbar el silencio del retiro, pero ¿puede

turbarse la paz escribiendo a un santo...?

Hasta el jueves, querido Rey. Tu Reinecita te abraza de corazón, mientras

espera poder hacerlo de verdad.

La Reina de Francia y de toda Navarra,

Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

Cta 78 A sor Inés de Jesús

8 de enero de 1889

J.M.J.T.

Jesús +

No he visto al cordero en todo el día, pero sé que le duele mucho la

cabeza. Esto apena al corderito, que tiene mucho miedo de que Jesús

haga nacer alas al cordero...

¡Qué líneas más maravillosas...! ¡Son algo celestial, tienen sabor a la

Patria...! El cordero se equivoca al creer que el juguete de Jesús no vive

en tinieblas: está sumido en ellas. Tal vez, y el corderito está de acuerdo,

esas tinieblas sean luminosas; pero, a pesar de todo, son tinieblas... Su

único consuelo son una fortaleza y una paz muy grandes; y además,

espera estar como Jesús quiere que esté, y ésta es toda su alegría, pues

de otra manera todo sería tristeza...

En la celda de nuestra Madre, me veo continuamente interrumpida; y

luego, cuando tengo un momento, no puedo decirle lo que pasa en mi

interior. ¡Me voy sin alegría, después de haber entrado sin alegría...!

Creo que el trabajo de Jesús durante estos ejercicios ha consistido en

despegarme de todo lo que no es él mismo...

 ¡Si supieras qué grande es mi alegría por no haber tenido ninguna en

complacer a Jesús...! Es ésta una alegría refinada (pero en absoluto

sentida).

Cordero querido, ¡no falta más que un día para ser la prometida de

Jesús...!

No te mueras todavía, espera a que el corderito tenga alas para seguirte...

Teresa del Niño Jesús

juguetito de Jesús

post. carm. ind.

¿Quieres, por favor: 1º dejarme tu tinta china y la de oro; 2º decirme si

para las estampitas de la toma de hábito quedarán bien las respuestas de

santa Inés; 3º entreabrir nuestra puerta a las 6 si estás allí, si no, ya me

despertaré yo sola? Si todas estas cosas te causan alguna molestia,

déjalo, puedo pasarme bien sin ellas.

Cta 79 A sor María del Sdo. Corazón

8 de enero de 1889

J.M.J.T.

Jesús +

Querido León, tus letritas han DADO UNA GRAN ALEGRÍA al corazón de

tu hijita... Gracias... ¡Qué buena eres...! ¡Cómo me gustaría parecerme a ti!

Pero el juguete de Jesús es la debilidad en persona. Si Jesús no lo lleva, o

si no lanza él mismo su pelotita, ella permanecerá allí inerte, en el mismo

lugar...

Un día más, ¡y seré la Prometida de Jesús! ¡Qué gracia tan grande...!

¿Qué hacer para agradecérselo, para hacerme menos indigna de un tal

favor...?

 ¡Ah, la patria..., la patria... ¡Qué sed tengo del cielo, donde amaremos

a Jesús sin reservas...! Pero para llegar allá, hay que sufrir y llorar... Pues

bien, yo quiero sufrir todo lo que le plazca a Jesús, quiero dejarle hacer lo

que quiera con su pelotita.

Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

Cta 80 A sor Marta de Jesús

10 de enero de 1889

Recuerdo de mi toma de hábito obsequiado a mi querida hermanita.

Pronto el divino Prometido de Teresa del Niño Jesús será también el de

sor Marta de Jesús.

Pídele a Jesús que yo llegue a ser una gran santa. Yo pediré esa misma

gracia para mi querida compañera.

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. Ind.

CUARTO PERÍODO

EL NOVICIADO

(enero de 1889-septiembre de 1890

Cta 81 A Celina

23-25 (?) de enero de 1889

J.M.J.T.

¡Jesús y su cruz...!

Hermana querida:

Sí, querida de mi corazón, ¡Jesús está ahí con su cruz! Al privilegiarte con

su amor, quiere hacerte semejante a él. ¿Por qué te vas a asustar de no

poder llevar esa cruz sin desfallecer? Jesús cayó hasta tres veces camino

del Calvario, y tú, pobre niñita, ¿no vas a parecerte a tu esposo, no

querrás caer 100 veces, si es necesario, para demostrarle tu amor

levantándote con más fuerzas que antes de la caída...?

Celina, Jesús tiene que amarte con un amor muy especial para probarte de

esa manera. ¿Sabes que casi estoy celosa? A los que más aman, más les

da, a los que aman menos les da menos...

Pero tú no sientes tu amor hacia TU ESPOSO; quisieras que tu corazón

fuese una llama que subiese hacia él sin el más ligero humo. Ten muy

presente que el humo que te rodea es humo sólo para ti, para quitarte por

completo la visión de tu amor a Jesús; la llama sólo Jesús la ve, al menos

se la reserva toda entera para sí, pues, si nos la mostrase un poco,

vendría enseguida el amor propio como un viento fatal que todo lo apaga...

 En estos momentos me das la impresión de una persona que está

rodeada de inmensas riquezas... cuya vista se pierde en el horizonte...

Esta persona quiere volverles la espalda porque, dice, las excesivas

riquezas le estorban, no sabe qué hacer con ellas, vale más dejar que se

pierdan, ¡o bien dejar que algún otro se las lleve...! Ese otro no vendrá,

pues esas riquezas están preparadas para la prometida de Jesús..., ¡y sólo

para ella...!

Dios daría la vuelta al mundo para encontrar el sufrimiento, a fin de dárselo

a un alma sobre la que su DIVINA mirada se ha posado con un amor

indecible...

¿Qué nos importan a nosotras... las cosas de la tierra...? ¿Podrá ser

nuestra patria ese lodo, tan poco digno de un alma inmortal? ¿Y qué nos

importa que hombres mezquinos corten el moho que crece en ese lodo?

Cuanto más en el cielo esté nuestro corazón, tanto menos sentiremos esos

alfilerazos...

Pero no creas que no es una gracia, y de las grandes, el sentirlos, pues así

nuestra vida es un martirio y un día Jesús nos entregará la palma.

¡Padecer y ser despreciado! ¡Qué amargura, pero qué gloria también! He

aquí la divisa del lirio siempreviva... Ninguna otra le sentaría bien.

Mi corazón te sigue en la noble tarea que Jesús te ha encomendado. ¡Tú

no eres un soldado, sino un general...! Sufrir ahora y siempre... Pero todo

pasa.

Cta 82 A Celina

J.M.J.T.

El Carmelo, 28 de febrero de 1889

Jesús +

Mi querida Celina:

¿Es posible que te esté escribiendo a Caen...? Me pregunto si estoy

soñando o despierta... Pero no, ¡es una realidad...!

Te vas a asombrar, hermanita querida, si te digo que estoy lejos de

compadecerte; pero, ya ves, tu suerte me parece envidiable. Jesús tiene

sobre ti miras de un amor indecible, quiere que su lirio-siempreviva sea

todo para él, y es él mismo quien se encarga de que haga su primer

noviciado, es su mano divina la que adorna a su esposa para el día de sus

bodas, y su mano amorosa no se equivoca de aderezos... Jesús es un

esposo de sangre... Quiere para sí toda la sangre del corazón...

¡Ay, cuánto cuesta darle a Jesús lo que pide...! ¡Y qué suerte que cueste...!

¡Qué alegría inefable es llevar nuestras cruces EN DEBILIDAD!

¿Comprende el Lirio-siempreviva al pobre grano de arena...? Tu noviciado

es el del  dolor, ¡qué privilegio tan inexplicable...!

Sí, hermanita querida, lejos de quejarme a Jesús por la cruz que nos

envía, no logro entender el amor infinito que lo ha movido a tratarnos así...

Jesús tiene que amar mucho a nuestro padre querido para que sufra de

esta manera. ¿Pero no te parece que la desgracia que le aflige es

realmente la coronación de su hermosa vida...? Mi querido Liriosiempreviva,

creo que te es estoy diciendo auténticas locuras, pero no

importa; pienso muchas otras cosas sobre el amor de Jesús, que son

quizás mucho más fuertes que lo que te acabo de decir...

¡Qué dicha ser humilladas! Es el único camino que hace santos...

¿Podemos dudar ahora de la voluntad de Dios para nuestras almas...? La

vida no es más que un sueño; pronto nos despertaremos, ¡y entonces que

alegría...! Cuanto mayores sean nuestros sufrimientos, más infinita será

nuestra gloria... ¡No, no perdamos la prueba que Jesús nos envía! Es una

mina de oro sin explotar, ¿perderemos la ocasión...? El grano de arena

quiere poner manos a la obra sin alegría, sin ánimo, sin fuerzas, y

precisamente estos títulos le facilitarán la empresa, quiere trabajar por

amor.

Comienza el martirio, entremos juntas en la lid si el Lirio-siempreviva no

desdeña al pobre grano de arena.

Cta 83 A Celina

5 de marzo de 1889

J.M.J.T

Jesús +

Querida Celina:

¡Imposible decirte cuánto bien me han hecho tus letras...! Ahora sí que

eres de verdad el Lirio-siempreviva de Jesús. ¡Y qué contento está él de su

lirio! ¡Con qué amor mira a esa su flor querida que no ama a nadie más

que a él, que no tiene otro deseo que el de consolarlo...!

Cada nuevo sufrimiento, cada angustia del corazón es como un ligero

céfiro que lleva hasta Jesús el perfume de su lirio. Entonces él sonríe con

amor y prepara enseguida una nueva amargura y llena el cáliz hasta los

bordes, pensando que cuanto más crezca su lirio en el amor tanto más

debe crecer también en el sufrimiento...

¡Qué privilegio nos concede Jesús enviándonos un dolor tan grande! ¡No

bastará toda una ETERNIDAD para agradecérselo! Nos colma de sus

favores como colmó a los más  grandes santos, ¿Por qué tan gran

predilección...? Es un secreto que Jesús nos revelará en nuestra patria el

día en que «enjugue todas las lágrimas de nuestros ojos»...

Tiene que ser a mi alma a quien hablo así, pues de otro modo no sería

comprendida; pero es a ella a quien me dirijo, y ella adivina todos mis

pensamientos. Sin embargo, lo que tal vez ella ignora es el amor que

Jesús le tiene, un amor que lo pide TODO. Nada hay imposible para él, y

no quiere poner límite alguno a la SANTIDAD de su lirio... ¡Su límite es no

tenerlos...! ¿Y por qué los habría de tener...? Nosotros somos más

grandes que todo el universo, y un día tendremos incluso una existencia

divina...

¡Y cómo agradezco a Jesús que haya plantado un lirio al lado de nuestro

padre querido! Un lirio que no tiene miedo a nada, un lirio que prefiere

morir antes que abandonar el campo glorioso donde el amor de Jesús le

ha colocado...

Ya no tenemos nada que esperar sobre la tierra, nada más que el

sufrimiento y siempre el sufrimiento. Y cuando hayamos terminado, el

sufrimiento seguirá aún allí tendiéndonos los brazos. ¡Qué suerte tan

envidiable...! Los querubines en el cielo envidian nuestra dicha.

 Pero no era para esto para lo que yo quería escribir a mi Celina

querida, sino para decirle que comunique a la señorita Paulina la desgracia

que nos ha golpeado con la enfermedad de papá. ¡Ríete ahora de tu pobre

Teresa que aborda el tema al final de la carta!

¡Pobre Leonia! También a ella la quiero mucho, y sufre mucho más que

nosotras, pues Jesús le ha dado menos. Pero a quienes ha dado mucho,

mucho les pedirá.

Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

post. carm. ind.

Cta 84 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

El Carmelo, 12 de marzo de 1889

Jesús +...

Querida tiíta:

Me veo en la imposibilidad de obedecerla, pues me sería demasiado difícil

no decirle: gracias... ¡Cuán poca cosa son esas siete letras para expresarle

mi gratitud! Pero ojalá que mi tía sepa comprender todo lo que su hijita no

acierta a decirle. ¡Qué buena es usted, querida tía...! ¡Cuánto voy a rezar

 por usted! ¡Qué verdad es que soy incapaz de hacer cosa buena! En

vez de ganar dinero, no hago más que perderlo; por eso la delicadeza de

mi tiíta querida me ha llegado tan a lo hondo. No salía de mi asombro al

verme de golpe tan rica, sin haber hecho nada para ganar tanto dinero...

No puedo menos de sonreír al pensar que, gracias a mis generosos

parientes, soy yo quien va a suministrar el pescado a toda la comunidad...

Por favor, querida tía,  dé las gracias a mi querido tío de mi parte y

exprésele todo mi agradecimiento.

Querida tía, mucho tiene que amarla Dios para hacerla sufrir tanto. Sin

embargo, si él me escuchase, usted ya no estaría nunca enferma, pues yo

sería feliz de que me enviase a mí todos los sufrimientos que le reserva a

usted.

Querida tía, ¡qué poco y qué mal va traducirle mi carta los sentimientos de

mi corazón...! ¡Quisiera poder demostrarle toda mi gratitud, que es

enorme...!

 ¡Qué bueno es Jesús al dejarnos, en la prueba cruel que nos envía, el

consuelo de ver que nuestros parientes comparten y comprenden nuestro

dolor!

Un abrazo con todo el corazón para mi Juanita y para mi amita de casa.

Adiós, querida tía. Gracias de nuevo, a usted y a mi querido tío. Un abrazo

muy tierno para los dos. Su hijita muy agradecida,

Sor Teresa del Niño Jesús

nov. carm. ind.

Cta 85 A Celina

J.M.J.T.

El Carmelo, 12 de marzo de 1889

«¡Viva Jesús...! ¡Qué bueno es entregarse a él y sacrificarse por su

amor...!».

¡Celina...! Este nombre querido resuena dulcemente en el fondo de mi

corazón... ¿No sintonizan a la perfección nuestros dos corazones...?

Esta noche necesito ir a hundirme con mi Celina en el infinito... Necesito

olvidar la tierra... Todo me cansa aquí abajo, todo me pesa... Sólo

encuentro una alegría: la de sufrir por Jesús. Pero esta alegría no gustada

supera a toda alegría...

La vida pasa... La eternidad se acerca a grandes pasos... Pronto viviremos

de la vida misma de Jesús... Después de haber sido abrevadas en la

fuente de todas las amarguras, seremos deificadas en la fuente misma de

todas las alegrías y de todas las delicias... Pronto, hermanita, con una sola

mirada podremos comprender lo que pasa en lo más íntimo de nuestro

ser...

La representación de este mundo PASA... Pronto veremos unos cielos

nuevos, y un sol más radiante iluminará con sus esplendores mares

celestiales y horizontes infinitos... La inmensidad será nuestra heredad...,

ya no estaremos prisioneros en esta tierra de destierro... ¡todo habrá

PASADO...! Bogaremos con nuestro esposo celestial sobre lagos sin

riberas... ¡El infinito no tiene límites, ni fondo, ni orillas...! «Animo, Jesús

escucha hasta el último eco de nuestro dolor». Nuestras arpas, en este

momento, están colgadas en los sauces que bordean el río de Babilonia...,

pero  el día de nuestra liberación ¡qué armonías haremos escuchar...,

con qué gozo haremos vibrar todas las cuerdas de nuestros

instrumentos...!

El amor de Jesús a Celina sólo Jesús puede comprenderlo... Jesús ha

hecho locuras por Celina... Que Celina haga locuras por Jesús... El amor

sólo con amor se paga y las heridas de amor sólo con amor se curan.

Ofrezcamos nuestros sufrimientos a Jesús para salvar almas. ¡Pobres

almas...! Ellas tienen menos gracias que nosotras, y sin embargo toda la

sangre de un Dios se derramó por salvarlas... Y Jesús quiere hace

depender su salvación de un suspiro de nuestro corazón... ¡Qué gran

misterio...! Si un solo suspiro puede salvar un alma, ¿qué no podrán hacer

sufrimientos como los nuestros...? ¡No rehusemos nada a Jesús...!

La campana está tocando y todavía no he escrito a mi pobre Leonia. Dale

mis recuerdos y un abrazo y dile que la quiero... Que sea muy fiel a la

gracia, y Jesús la bendecirá. Que pregunte a Jesús lo que quiero decirle, le

doy a él mis encargos...

¡Hasta pronto...! ¡El cielo, el cielo! ¿Cuándo estaremos ya en él?

El granito de arena de Jesús

Cta 86 A Celina

J.M.J.T.

15 de marzo de 1889

Jesús +

Gracias por tu carta. Al granito de arena le ha gustado mucho...

En una de tus cartas me decías últimamente que eras mi sombra. ¡Huy,

qué triste sería si fuese verdad! Pues ¿qué puede ser la sombra de un

pobre granito de arena...?

Yo pienso en algo mejor para mi Celina querida. Esa idea de la sombra me

ha gustado, y me he dicho a mí misma que, en efecto, Celina debería ser

la sombra de algo, ¿pero de qué...? No he podido encontrar nada en toda

la creación que pueda reflejar la idea que me he formado de esa realidad

de la que mi Celina deba ser sombra fiel: ¡Jesús mismo ha de ser esa

divina realidad...!

Sí, Celina debe ser la humilde sombra de Jesús... ¡Qué título tan humilde

, y, sin embargo, tan glorioso...! Porque ¿qué es una sombra...? Pero

¡qué gloria ser la sombra de Jesús...!

¡Cuántas cosas tendría para decir sobre este tema a la humilde sombra de

Jesús! Pero tengo muy poco tiempo, y me es imposible...

El sueño de mi Celina es muy bonito, quizás un día se haga realidad1...

Pero, mientras tanto, comencemos nuestro martirio, dejemos que Jesús

nos arranque todo lo que nos es más querido, y no le neguemos nada...

Antes de morir a espada, muramos a alfilerazos... ¿Comprende Celina...?

El granito de arena se une en el sufrimiento a la humilde sombra de Jesús.

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

Cta 87 A Celina

J.M.J.T.

El Carmelo, 4 de abril de 1889

¡Jesús...!

Celinita querida:

Tu carta me ha dejado una gran tristeza en el alma... ¡Pobre papaíto! No,

los pensamientos de Jesús no son nuestros pensamientos, ni sus caminos

son nuestros caminos...

El Señor nos presenta un cáliz tan amargo como nuestra débil naturaleza

puede soportar. No retiremos los labios de ese cáliz preparado por la mano

de Jesús... Veamos la vida bajo su verdadera luz... Es sólo un instante

entre dos eternidades... Suframos en paz.

Confieso que esta palabra «paz» me parecía un poco fuerte; pero el otro

día, reflexionando sobre ello, encontré el secreto para sufrir en paz...

Quien dice paz no dice alegría, o al menos alegría sensible... Para sufrir en

paz, basta con querer todo lo que Jesús quiere... Para ser la esposa de

Jesús, es necesario parecerse a Jesús. ¡Y Jesús está todo él sangrante,

está coronado de espinas...!

¡Mil años en tu presencia, Señor, son un ayer que PASÓ...!

Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de

Sión... En los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras... Allí los

que nos deportaron nos invitaban a cantar: «Cantadnos un cantar de

Sión...» ¿Cómo cantar un  cántico del Señor en tierra extranjera...?

(Salmo de David).

No, no cantemos a las criaturas los cánticos del cielo..., sino, como Cecilia,

cantemos en nuestro corazón un canto melodioso para nuestro amado...

El canto del sufrimiento unido a sus sufrimientos es lo que más cautiva su

corazón...

Jesús arde de amor por nosotras... ¡Mira su Faz adorable...! ¡Mira esos

ojos apagados y bajos...! Mira esas llagas... Mira a Jesús en su Faz... Allí

verás cómo nos ama.

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

Cta 88 A María Guérin

24 de abril de 1889

J.M.J.T.

Miércoles, abril de 1889

Jesús +

Querida hermanita:

Voy a pedirte un favor, y me dirijo a ti porque sé que los Buissonnets, que

ahora, ¡ay!, están desiertos, eran en otro tiempo tus dominios.

¿Te acuerdas de un libro que la señora Tifenne me regaló para mi primera

comunión? Se titulaba. «El ramillete de la joven». Ese libro debe de estar

en uno de los cajones de la cómoda de mi pobre papaíto. Me alegraría

mucho poderlo tener lo antes posible , así como otro más pequeño

que me regalaron las señoritas Primois. Es un libro marrón, orlado con una

viñeta dorada; creo que son meditaciones sobre la Eucaristía. Este libro

está en uno de los estantes del armario de la habitación de Celina (el de

junto a la puerta). Querida hermanita, perdona que te pida este favor... Si

fuera posible, podrías quizás explicarle a la sirvienta lo que quieres, sin ir

tú misma a los Buissonnets.

Es increíble cómo se han estrechado ahora nuestros lazos. Me parece

que, tras nuestra terrible prueba, somos más hermanas aún que antes.

 ¡Si supieras cómo te quiero y cuánto pienso en todos vosotros...!

¡Cuánto bien hace, cuando se sufre, el tener corazones amigos cuyo eco

responde a nuestro dolor...! ¡Cómo agradezco a Jesús que nos haya dado

unos parientes tan buenos..., unas hermanitas tan cariñosas! Nuestras

pobres hermanitas de allá lejos no se cansaban el otro día de contarnos

todas las atenciones que les prodigáis. Me di cuenta de que el corazón de

mi Mariíta había conmovido el corazón de mi Celina, y esto trajo una gran

alegría a mi pobre corazón, ¡pues quiero tanto a mi María...! Todos los

elogios que se hicieran de ella  serían muy poco comparados con lo

que yo pienso de ella en mi interior.

Escribo a toda prisa, como una locuela, sin pensar que mi pobre pluma no

es capaz, ni mucho menos, de seguir a mi corazón y que, a no dudarlo,

voy sufrir el bochorno de que no se me pueda leer.

Hermanita querida, da un abrazo de mi parte a todos los que quiero tanto,

y dales las gracias por habernos mimado por Pascua con rico chocolate y

buen pescado... ¡Dios mío, no puedo pensar en el pescado..., mi tío tenía

aquel día un algo tan PATERNAL, un algo tan fuera de lo común..., que

nunca olvidaré aquella visita!

Tu hermanita que te quiere,

Sor Teresa del Niño Jesús

Cta 89 A Celina

J.M.J.T.

El Carmelo, 26 de abril de 1889

¡Jesús...! +

Jesús mismo se va a encargar de decir FELIZ CUMPLEAÑOS a su

prometida al cumplir los 20 años.

¡Qué vigésimo año tan fecundo en sufrimientos, en gracias de elección...!

Veinte años, edad llena de ilusión, dime: ¿qué ilusión dejas en el corazón

de mi Celina...?

¡Cuántos recuerdos entre nosotras...! ¡Todo un mundo de ellos...! Sí, Jesús

tiene sus preferencias; en su jardín hay frutos que el Sol de su amor hace

madurar casi casi en un abrir y cerrar de ojos... ¿Por qué somos nosotras

de ese número...? Pregunta llena de misterios... ¿Qué razón puede darnos

Jesús?  ¡Su razón es que no hay ninguna...! ¡Celina...!,

aprovechémonos de esa predilección de Jesús que en tan pocos años nos

ha enseñado tantas cosas, no descuidemos nada que pueda agradarle...

Dejémonos dorar por el sol de su amor..., ese sol abrasador...,

¡consumámonos de amor...!

Dice san Francisco de Sales: «Cuando el fuego del amor anida en un

corazón, todos los muebles vuelan por las ventanas». ¡No, no dejemos

nada..., nada en nuestro corazón, más que a Jesús...!

Y no pensemos que podremos amar sin sufrir, sin sufrir mucho... Nuestra

pobre naturaleza está ahí, ¡y está para algo...! Ella es nuestra riqueza,

nuestro medio de ganarnos la vida... Y es tan preciosa, que Jesús vino a la

tierra expresamente para poseerla.

 ¡Suframos con amargura, sin ánimos...! «Jesús sufrió con tristeza. Sin

tristeza, ¿cómo iba a sufrir el alma?» ¡Y nosotras quisiéramos sufrir

generosamente, grandiosamente...! ¡Celina, qué ilusión...! ¿Quisiéramos

no caer nunca...? ¡Qué importa, Jesús mío, que yo caiga a cada instante!

En ello veo mi debilidad, y eso constituye para mí una gran ganancia... Tú

ves ahí lo que yo soy capaz de hacer, y por eso te vas a sentir más

inclinado a llevarme en tus brazos... Si no lo haces, señal de que te gusta

verme por el suelo..., y entonces no tengo por qué inquietarme sino que

tenderé siempre hacia ti mis brazos suplicantes y llenos de amor... ¡No

puedo creer que me abandones...!

 «Los santos encontraban la cruz precisamente cuando estaban a los

pies de Nuestro Señor».

¡Celina querida, dulce eco de mi alma...! ¡Si conocieras mi miseria...! ¡Si

supieras...! La santidad no consiste en decir cosas hermosas, ni consiste

siquiera en pensarlas o en sentirlas... Consiste en sufrir, y en sufrir toda

clase de sufrimientos. «¡La santidad hay que conquistarla a punta de

espada! ¡Hay que sufrir..., hay que agonizar...!».

Vendrá un día en que las sombras desaparecerán, y entonces no quedará

ya nada más que la alegría, la embriaguez...

¡Aprovechémonos de nuestro único momento de sufrir...! No miremos más

que al instante presente... Un instante es un tesoro... Un solo acto de amor

nos hará conocer mejor a Jesús..., nos acercará a él por toda la

eternidad...

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

Cta 90 A Celina

17 (?) de abril de 1889

J.M.J.T.

Para el 28 de abril

Quiero desear una vez más un feliz cumpleaños a mi querida Celina. Y le

mando un pequeño ramillete de parte del Niño Jesús, que le agradece

todas las preciosas flores que ella le ha regalado.

Cierto que esas flores no son esplendorosas: el Niño Jesús del Carmelo es

pobre, pero en el cielo  nos mostrará sus riquezas, y yo sé bien a

quién colmará de ellas...

Mañana recibiré a Jesús. ¡Y cuánto le hablaré de mi Celina, de ese otro yo!

Tendré muchas cosas que decirle, pero no me resultará difícil, un solo

suspiro se lo dirá todo.

¡Menudo desorden! Pero voy tan de prisa, que tendrás que perdonarme.

Quisiera que conocieses mi corazón y todo lo que en él se encierra para ti;

pero hay cosas que no pueden escribirse y que sólo comprende el

corazón.

 (El ramillete de Jesús ha pasado varias horas delante de él ¡en un

vaso aún más pobre que él...!)

Celina querida, un día iremos al cielo para siempre. Y allí ya no habrá ni

día ni noche como en la tierra... ¡Qué alegría! Caminemos en paz mirando

al cielo, UNICA meta de nuestros trabajos. La hora del descanso está ya

cerca.

Dale un fuerte abrazo de mi parte a Leonia, a quien quiero tanto. No me

olvido de la fecha de sus 25 años;  desde que estoy en el Carmelo

tengo mucha memoria para las fechas.

Hasta pronto, Celina, siempreviva de Jesús... Te quiero mucho más de lo

que sé decirte.

Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

Cta 91 A sor María del Sgdo. Corazón

Finales de mayo de 1889

J.M.J.T.

Jesús +

León querido, ¡gracias, gracias...! ¿Qué quieres que te diga el pobre

corderito...? ¿No fuiste tú quien lo educó...? Recuerda aquellos tiempos en

los que, sentada en la silla alta y teniéndome tú en tu regazo, me hablabas

del cielo... Todavía te oigo decir: «Mira cuánto trabajan los comerciantes

para ganar dinero. Y nosotras podemos amontonar tesoros para el cielo a

cada instante sin tantos trabajos; lo único que tenemos que hacer es

recoger diamantes con un RASTRILLO».

 Y yo me iba con el corazón desbordante de alegría y de buenos

propósitos... ¡Sin ti, tal vez yo no estaría en el Carmelo...!

Mucho tiempo ha pasado desde aquellas horas felices que vivimos en

nuestro dulce nido... Jesús ha venido a visitarnos... Y nos ha hallado

dignas de pasar por el crisol del sufrimiento...

Antes de mi entrada en el Carmelo, nuestro incomparable decía al

entregarme a Dios: «Quisiera tener algo mejor que ofrecer a Dios». Jesús

ha escuchado su oración: ese algo mejor era ¡él mismo...! ¡Qué alegría por

un instante de sufrimientos...!

Es el Señor quien lo ha hecho..., y el Señor ama a papá

incomparablemente más de lo que le amamos nosotras: Papá es el hijito

de Dios;  y Dios, para ahorrarle grandes sufrimientos, ¡quiere que

suframos nosotras por él...! ¡A nosotras nos toca darle las gracias...!

León querido, la vida pasará muy pronto. En el cielo nos dará

completamente igual ver que todas las reliquias de los Buissonnets hayan

sido desparramadas. ¿Qué importa la tierra...?

Tu hijita, a quien tú educaste...,

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

Cta 92 A María Guérin

J.M.J.T.

Jueves 30 de mayo de 1889

Jesús +

Querida hermanita:

Has hecho bien en escribirme. Lo he comprendido todo... todo, todo,

todo... No has cometido ni sombra de pecado. Conozco tan bien lo que son

esa clase de tentaciones, que puedo asegurártelo sin temor a

equivocarme. Además, Jesús me lo dice en el fondo del corazón... Hay

que despreciar todas esas tentaciones y no hacerles ningún caso.

¿Quieres que te diga una cosa que me ha dado mucha pena...? Que mi

Mariíta dejara de comulgar... el día de la Ascensión y el último día del mes

de María... ¡Qué pena tan grande le habrá dado eso a Jesús...!

Muy astuto tiene que ser el demonio para engañar así a un alma... ¿Pero

no ves, cariño, que ésa es la meta que persigue? Sabe muy bien el pérfido

que no puede hacer pecar a un alma que quiere ser toda de Jesús, , y

por eso sólo intenta hacérselo creer. Ya es mucho para él llevar la

turbación a esa alma; pero su rabia necesita algo más: quiere privar a

Jesús de un tabernáculo amado; y al no poder entrar él en ese santuario,

quiere al menos que se quede vacío y sin dueño... ¿Y qué será de ese

pobre corazón...? Cuando el diablo consigue alejar a un alma de la

sagrada comunión, lo ha ganado todo... ¡Y Jesús llora...!

¡Cariño!, piensa, pues, que Jesús está allí en el sagrario expresamente

para ti, para ti sola, y que arde en deseos de entrar en tu corazón... ¡Anda,

no escuches al demonio, búrlate de él y vete a recibir sin miedo al Jesús

de la paz y del amor...!

Pero ya te estoy oyendo decir: «Teresa dice esto porque no sabe..., no

sabe que lo hago muy adrede..., que eso me divierte..., y además no

puedo comulgar porque creo que cometo un sacrilegio, etc. etc. etc.». Sí,

tu pobre Teresita lo sabe muy bien,  te digo que lo adivina todo, y te

asegura que puedes ir sin temor a recibir a tu único amigo verdadero...

También ella ha pasado por el martirio de los escrúpulos, pero Jesús le

concedió la gracia de comulgar incluso cuando ella creía haber cometido

grandes pecados... Pues bien, te aseguro que ella se convenció de que

ése era el único medio para desembarazarse del demonio, pues cuando él

ve que está perdiendo el tiempo nos deja tranquilos...

No, es IMPOSIBLE que un corazón «que sólo encuentra descanso

mirando a un sagrario» ofenda a Jesús hasta el punto de no poderle

recibir. Lo que ofende a Jesús, lo que hiere su corazón ¡es la falta de

confianza...!

Hermanita, ya antes de recibir tu carta presentía tus angustias. Mi corazón

estaba unido a tu corazón. Anoche, en sueños, intentaba consolarte, pero

no podía conseguirlo..., y no seré hoy más afortunada a no ser que Jesús y

la Virgen Santísima vengan a ayudarme. Espero que mi  deseo se

convierta en realidad y que la Santísima Virgen, el último día de su mes,

cure a mi hermanita querida. Pero para eso, es necesario orar, orar

mucho. Si pudieras ponerle una vela a Nuestra Señora de las Victorias...,

¡tengo tanta confianza en ella...!

Tu corazón está hecho para amar a Jesús, para amarlo apasionadamente.

Pídele que los años más hermosos de tu vida no transcurran entre miedos

quiméricos.

No tenemos más que los breves instantes de nuestra vida para amar a

Jesús. El diablo lo sabe muy bien, y por eso procura consumirla en

trabajos inútiles...

Hermanita querida, comulga con frecuencia, con mucha frecuencia... Este

es el único remedio si quieres curarte. No en vano ha puesto Jesús esos

deseos en tu alma. (Yo creo que a él le gustaría que pudieses recuperar

las dos comuniones que dejaste, pues así la victoria del demonio sería

menor al no haber logrado alejar a Jesús de tu corazón).

No temas amar demasiado a la Santísima Virgen, nunca la amarás lo

suficiente, y Jesús estará muy contento pues la Virgen es su Madre.

Adiós, hermanita, y perdona este rompecabezas que es mi carta; no puedo

volverla a leer por falta de tiempo. Da un abrazo de mi parte a todos los

míos,

 Sor Teresa del Niño Jesús

nov. carm. ind.

Cta 93 A María Guérin

J.M.J.T.

Domingo 14 de julio de 1889

Jesús +

Querida hermanita:

Ya que tienes la humildad de pedir consejos a tu Teresita, ésta no te los

puede negar. Pero como es una pobre novicia sin experiencia, tiene miedo

de equivocarse, y tú misma podrías tener también dudas acerca de lo que

ella te dice. Pero hoy no tengas miedo: la que te envío es la respuesta

misma de Jesús. ¡Y qué feliz me siento al transmitírtela...!

Esta mañana pregunté a nuestra Madre qué debía contestarte acerca de lo

que le dijiste a Celina. Si haces lo que nuestra querida Madre me ha dicho

para ti, no tienes por qué tener miedo a equivocarte, pues Dios ha puesto

en su corazón un profundo conocimiento de las almas y de todas sus

miserias. Ella lo sabe todo, nada se le oculta, conoce perfectamente tu

alma.

Y esto es lo que me ha dicho que te diga de parte de Jesús: «Hiciste muy

bien en contárselo todo a Celina; sin embargo, es mejor no hablar de esas

cosas, es preferible no hacerles ningún caso, porque nuestra Madre está

segura de que no pecas».

Bueno, ¿estás ya tranquila...? Me parece que yo, en tu lugar, si me

hubiesen dicho eso, me habría curado del todo y me habría dejado

conducir  a ciegas, pues ése es el único camino para tener paz y sobre

todo para agradar a Jesús.

Aun cuando estuvieses segura de haber pecado, no hay peligro alguno de

ello, pues nuestra Madre, que tiene (¡digo yo!) más experiencia que tú, te

dice que no pecas...

¡Qué afortunada eres, María, de tener un corazón que sabe amar de esa

manera...! Da gracias a Jesús por haberte dado un don tan precioso y

entrégale todo entero tu corazón. Las criaturas son demasiado pequeñas

para llenar el vacío inmenso que Jesús ha abierto en ti, no les des cabida

en tu alma...

Dios no te cogerá en sus lazos, pues estás ya bien aprisionada en ellos...

Sí, es una gran verdad que nuestro afecto no es de la tierra. Es demasiado

fuerte como para eso, y ni la misma muerte será capaz de romperlo...

No te aflijas por no sentir ningún consuelo en tus comuniones. Es una

prueba que hay que soportar con amor. No pierdas ni una sola de las

espinas que encuentres a diario: ¡con una sola de ellas puedes salvar un

alma...!

¡Ay, si supieras cuánto se ofende a Dios! ¡Tu alma está tan bien hecha

para consolarle...! ¡Ámale hasta la locura por todos los que no le aman...!

Hermanita, mi pluma, después de su loca carrera, tiene que detenerse.

Tengo que escribir hoy cinco cartas, pero he empezado por mi Mariíta...,

¡la quiero tanto, y tan poco naturalmente...!

Da un abrazo de mi parte a mis tíos y a mi querida Juana, y diles que les

quiero.

Y tú, pequeña preferida de Jesús, ruega para que tu indigna hermanita

pueda amar, si es posible, tanto como tú...

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm.ind.

Cta 94 A Celina

J.M.J.T.

El Carmelo, 14 de julio de 1889

Jesús +

Querida Celina:

Mi alma no te abandona..., ¡sufre el destierro contigo...! ¡Ay, cómo cuesta

vivir, seguir en esta tierra de amarguras y de angustias...! Pero mañana...,

dentro de nada, estaremos en el puerto, ¡qué felicidad! ¡Qué maravilloso

será contemplar a Jesús cara a cara por toda la eternidad! ¡Siempre,

siempre más amor, siempre alegrías cada vez más más embriagadoras...,

una felicidad sin nubes...!

¿Cómo se las habrá arreglado Jesús para desligar así nuestras almas de

todo lo creado? Sí, nos ha infligido un golpe muy duro, pero es un golpe de

amor. Dios es digno de admiración, pero sobre todo es digno de amor.

Amémosle, pues..., amémoslo lo bastante como para sufrir por él todo lo

que él quiera, incluso los dolores del alma, las arideces, las angustias, las

frialdades aparentes... ¡Es gran amor amar a Jesús sin sentir la dulzura de

este amor...! ¡Es un verdadero martirio...! Pues bien, ¡muramos mártires!

Celina, Celina mía, dulce eco de mi alma, ¿entiendes? Es el martirio

ignorado, sólo conocido por Dios, que el ojo de la criatura no puede

descubrir, martirio sin honor, sin  triunfos...

He ahí el amor llevado hasta el heroísmo... Pero un día Dios, agradecido,

exclamará: «Ahora me toca a mí» ¿Y qué veremos entonces...? ¿Qué será

esa vida que nunca tendrá fin...? Dios será el alma de nuestra alma...,

¡misterio insondable...! El ojo del hombre no ha visto la luz increada, su

oído no ha escuchado las incomparables armonías, y su corazón no puede

soñar lo que Dios tiene reservado a los que ama. Y todo esto llegará

pronto, sí, pronto. Démonos prisa en tejer nuestra corona, tendamos la

mano para recoger la palma, y si amamos mucho, si amamos a Jesús con

pasión, no será lo bastante cruel como para dejarnos mucho tiempo en

esta tierra de destierro...

Celina, durante los CORTOS INSTANTES QUE nos quedan, no perdamos

el tiempo..., salvemos almas... Las almas se pierden como copos de nieve,

y Jesús llora, y nosotras pensamos en nuestro dolor sin consolar a nuestro

prometido... Sí, Celina, vivamos para las almas..., seamos apóstoles...,

salvemos sobre todo las almas de los sacerdotes. Esas almas debieran ser

más transparentes que el cristal... Pero, ¡ay!, ¡cuántos malos sacerdotes,

cuántos sacerdotes que no son lo bastante santos...! Oremos y suframos

por ellos, y en el último día Jesús estará agradecido. ¡Nosotras le daremos

almas...!

¿Comprendes, Celina, el grito de mi corazón...? Juntas..., siempre juntas.

Celina y Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz,

nov. carm. ind.

 Sor María del Sagrado Corazón no te puede escribir porque la carta

pesaría demasiado.

Cta 95 A sor Inés de Jesús

Julio-agosto (?) de 1889

J.M.J.T.

Jesús +

Querido cordero, deja que bale un poco tu pobre corderito... ¡El cordero me

hizo mucho bien el domingo...!

Hay sobre todo una frase que fue luminosa para mí. Era ésta: «Callemos la

palabra que pudiera enaltecernos». Es verdad, hay que guardarlo todo

para Jesús con celoso cuidado... Cordero querido, ¡cuánto bien hace

trabajar sólo por Jesús, absolutamente SÓLO por él...! ¡Cómo se llena

entonces el corazón y qué ligero se siente...!

Benoní de Jesús, reza por el pobre granito de arena. Que el grano de

arena se mantenga siempre en su lugar, es decir bajo los pies de todos;

que nadie piense en él; que su existencia sea, por decirlo así, ignorada. El

grano de arena no desea ser humillado, eso sería todavía  demasiado

glorioso, pues los demás se sentirían obligados a ocuparse de él. Tan sólo

desea una cosa: ¡ser OLVIDADO, ser tenido en nada...!. Pero desea ser

visto por Jesús. Si las miradas de las criaturas no pueden abajarse hasta

él, que al menos la Faz ensangrentada de Jesús se vuelva hacia él... No

desea más que una mirada, ¡una sola mirada...!

Si a un grano de arena le fuese posible consolar a Jesús, enjugar sus

lágrimas, ¡aquí hay uno que quisiera hacerlo...! Que Jesús tome al pobre

grano de arena y lo esconda en su Faz adorable... Allí el pobre átomo

nada tendrá ya que temer, estará seguro de no volver a pecar...

 El grano de arena quiere a toda costa salvar almas, y Jesús tiene que

concederle esta gracia... Pequeña Verónica, ¡pide para mí esta gracia a la

Faz luminosa de Jesús...! Sí, la Faz de Jesús luminosa; pero si aun en

medio de las heridas y de las lágrimas es ya tan hermosa, ¿qué será

cuando la veamos en el cielo...?

¡Ah, el cielo..., el cielo...! Sí, para ver un día la Faz de Jesús, para

contemplar eternamente  la maravillosa belleza de Jesús, el pobre

grano de arena desea ser despreciado en la tierra...

Cordero querido, pide a Jesús que su grano de arena se apresure a salvar

muchas almas en poco tiempo para volar más rápidamente hacia su Faz

adorada...

¡Sufro...! Pero la esperanza de la patria me da ánimos: ¡pronto estaremos

en el cielo...! Allí no habrá ya ni día ni noche, sino que la Faz de Jesús

hará que reine una luz sin igual...

Cordero querido, comprende al grano de arena. El no sabe lo que ha dicho

esta noche, pero a buen seguro que no tenía intención de escribir ni una

sola palabra de todo lo que ha garabateado...

Cta 96 A Celina

J.M.J.T.

15 de octubre de 1889

Jesús +

Querida Celina:

¡Si supieras qué hondo le has llegado al corazón de tu Teresa...! Tus

macetas son realmente PRECIOSAS, ¡NO SABES cómo me han

gustado...!

Celina, tu carta me ha gustado mucho, muchísimo. He sentido hasta qué

punto nuestras almas están hechas para comprenderse, para marchar por

el mismo camino... La vida... Es cierto que, para nosotras, no tiene ya el

menor encanto... Pero me equivoco: es verdad,  los atractivos del

mundo se han desvanecido para nosotras, pero eso es humo..., y nos

queda la realidad. Sí, la vida es un tesoro..., cada instante es una

eternidad, una eternidad de gozo para el cielo: ¡una eternidad ver a Dios

cara a cara y ser una sola cosa con él...! No hay más que Jesús, todo lo

demás no existe... Amémosle, pues hasta la locura, salvémosle almas.

Sí, Celina, siento que Jesús nos pide a nosotras dos que apaguemos su

sed dándole almas, sobre todo almas de sacerdotes.  Siento que

Jesús quiere que yo te diga esto, porque nuestra misión es olvidarnos de

nosotras mismas, anonadarnos..., ¡somos tan poca cosa...! Y no obstante,

Jesús quiere que la salvación de las almas dependa de nuestros sacrificios

y de nuestro amor. Él nos mendiga almas. ¡Comprendamos su mirada!,

¡son tan pocos los que saben comprenderla! Jesús nos concede la gracia

insigne de instruirnos él mismo, de revelarnos una luz escondida...

Celina..., la vida será corta, la eternidad sin fin... Hagamos de nuestra vida

un sacrificio continuado, un martirio de amor, para consolar a  Jesús.

El no quiere más que una mirada, un suspiro, ¡pero una mirada y un

suspiro que sean sólo para él...! Que todos los instantes de nuestra vida

sean sólo para él. Que las criaturas sólo nos rocen al pasar...

Sólo tenemos que hacer una cosa durante la noche, la única noche de la

vida, que no vendrá más que una vez: amar, amar a Jesús, con todas las

fuerzas de nuestro corazón y salvarle almas para que sea amado... ¡Sí,

hacer amar a Jesús! Celina, ¡qué a gusto hablo contigo...! Es como si

hablase con mi propia alma... Celina, me parece que a ti te lo puedo decir

todo...

(Gracias de nuevo por tus lindas macetas. El Niño Jesús tiene un aire

radiante por estar tan bien adornado.)

Sor Teresa del Niño Jesús de la Sta. Faz

nov. carm. ind.

Cta 97 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

15 de octubre de 1889

Jesús +

Querida tía:

¡Imposible decirle cómo me emocionaron sus golosinas..! Pido a mi santa

patrona que se lo agradezca ella, colmándola de todos sus dones, lo

mismo que a mi tío querido. Le encomiendo que dé las gracias de mi parte

a mis hermanitas Juana y María por los preciosos ramos de flores y por

esas uvas tan deliciosas.

 He tenido que interrumpir la carta por la llegada de un nuevo regalo:

dos magníficas plantas para el Niño Jesús... Realmente, me siento

abrumada, me sentiría avergonzada si todo eso no fuese para adornar el

altar del Niño Jesús. Él, sin duda alguna, se encargará de pagar la deuda

que tengo contraída con mis queridos parientes. Desconozco el nombre de

la persona que hace este atento regalo al Jesús de Teresa... Si usted la

conoce, querida tía, exprésele, por favor, mi gratitud...

Querida tía, ¡con cuánto fervor pido  hoy a santa Teresa que le

devuelva el céntuplo de todo lo que hace por nosotras! Celina, en su carta

de felicitación, me habla de todas sus bondades para con ella; me ha

llegado muy al alma, pero no me ha sorprendido, pues conozco todas las

delicadezas maternales que usted tiene con nosotras.

Querida tía, tengo el corazón muy lleno de dulces cosas que quisiera

decirle una y mil veces, pero tengo que dejarla para ir a Vísperas.

Le mando mis mejores besos, lo mismo que a mi tío y a mis cuatro

hermanitas.

Su hijita enormemente agradecida,

Sor Teresa del Niño Jesús

nov. carm. ind.

Cta 98 A Celina

J.M.J.T.

El Carmelo, 22 de octubre de 1889

Jesús +

Mi querida Celina:

¡Si supieras la pena que tengo al pensar que he dejado pasar el 21 sin

felicitar el santo a mi Celina..! ¿Habrá dudado Celina del corazón de su

Teresa...? Y sin embargo, hacía mucho tiempo que pensaba en esa fiesta

tan querida; pero la vida del Carmelo es tan eremítica, que la pobre

solitaria nunca sabe en qué día vive...

Celina, este olvido me ha dolido en el alma. Pero, ya ves, pienso que este

año Jesús ha querido que nuestro santo sea el mismo día: ¿no es hoy la

octava de santa Teresa? Sí, Celina, santa Teresa es también tu patrona,

pues tú eres ya su hija querida... ¿Sabes una cosa? Esta pena que tengo

hoy, yo la miro como algo dispuesto por Jesús. Porque él se complace en

sembrar así de pequeñas penas nuestra vida...

Te envío una hermosa estampa de la Santa Faz que nuestra querida

Madre me dio hace algún tiempo. Creo que le cuadra tan bien a María de

la Santa Faz,  que no puedo guardarla para mí. Hace ya mucho tiempo

que pensaba regalársela a mi Celina..., a mi Celina del alma... Que María

de la Santa Faz sea otra Verónica que enjugue toda la sangre y las

lágrimas de Jesús, su único amado; que le gane almas, sobre todo las

almas que ella ama; que se empeñe con toda el alma en desafiar a los

soldados, es decir al mundo, para llegar hasta Él... ¡Qué feliz será cuando

un día pueda contemplar en la gloria la bebida misteriosa con que habrá

apagado la sed de su Prometido celestial, cuando vea que sus labios,

antes resecos, se abren para decirle la palabra única y eterna del amor...,

el gracias que no tendrá fin...!

Hasta pronto, pequeña Verónica del alma. Mañana, sin duda, el Amado

nos pedirá un nuevo sacrificio, un nuevo alivio para su sed. Pero ¿qué

importa? Muramos con él...

Felicidades, Celina querida...

Tu pobre hermanita,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

 No te olvides de coger una florecita-Celina, es mi corazón quien te la

ofrece...

Cta 99 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

El Carmelo, 18 nov. de 1889

¡Jesús...!

Querida tiíta:

¡Cómo pasa el tiempo...! Hace ya dos años que le enviaba desde Roma mi

felicitación para su santo, y sin embargo me parece que fue ayer.

Durante estos dos años han pasado muchas cosas y Dios me ha

concedido grandes gracias... También nos ha visitado con su cruz, , y

al mismo tiempo nos ha revelado toda la ternura que había encerrado en el

corazón de nuestra querida tía...

¡Cuántos recuerdos para mí en esta fecha del 19 de noviembre! ¡Qué

alegría cuando veía llegar ese momento...! Y con la misma alegría de

siempre, vengo hoy a decirle una vez más a mi tía querida todos los votos

que formulo para ella. Pero digo mal: no voy a perder el tiempo

enumerándolos, pues creo que un volumen entero  no me bastaría...

¡Si supiese, querida tiíta, cuánto va a rezar por usted esta su hija el día de

su santo! Pero soy tan imperfecta, que no creo que mis pobres oraciones

tengan mucho valor; pero hay mendigos que, a fuerza de importunar,

consiguen los que desean. Yo haré como ellos, y Dios no podrá

despedirme con las manos vacías...

Están dando las cuatro y tengo que dejarla, mi  querida tiíta, pero le

aseguro que mi corazón se queda junto a usted.

Le pido, querida tiíta, que dé mis saludos a la señora Fournet, pues no

olvido que también es su santo. Ni que decir tiene que abrazo con todo el

corazón a mi querido tío y a mis queridas hermanitas.

Para usted, querida tía, le mando el mejor beso del corazón de la menor

de sus siete hijitas,

Sor Teresa del Niño Jesús

nov. carm. ind.

Cta 100 A los señores Guérin

J.M.J.T.

30 de diciembre de 1889

Jesús +

Queridos tíos:

También vuestro benjamín quiere felicitaros, a su vez, el año nuevo... Igual

que cada día tiene su última hora, así también cada año ve llegar su última

noche. Y en la noche de este año me  siento llevada a echar una

mirada sobre el pasado y sobre el futuro.

Mirando al tiempo que acaba de pasar, creo que tengo que dar gracias a

Dios, pues si su mano nos ha presentado un cáliz de amargura, su

corazón divino ha sabido sostenernos en la prueba y nos ha dada la fuerza

necesaria para beber su cáliz hasta las heces... ¿Qué nos reserva para el

año que va a empezar...? No me es dado penetrar este misterio, pero pido

 a Dios que recompense al ciento por uno a mis familiares queridos por

todas las conmovedoras bondades que tienen con nosotras...

El primer día del año es para mí todo un mundo de recuerdos... Aún veo a

papá llenándonos de caricias... ¡Era tan bueno...! ¿Pero a qué evocar esos

recuerdos? Nuestro padre querido ha recibido ya la recompensa de sus

virtudes: Dios le ha enviado una prueba digna de él.

Están dando las nueve,  y tengo que terminar esta carta sin haber

dicho nada de lo que hubiera debido. Espero que mis queridos parientes

perdonarán a su Teresita, y sobre todo que sabrán disculpar su letra, que

no hay quien la lea...

¡Feliz Año Nuevo a mis queridas hermanitas...! Sobre todo, que María se

ponga buena muy pronto. Me enfadaré con ella si la GRIPE le impide venir

a vernos...

Adiós, queridos tíos, su hijita les desea un feliz Año Nuevo y les abraza

con todo su corazón,

Sor Teresa del Niño Jesús

nov. carm. ind.

Cta 101 A Celina

J.M.J.T.

31 de diciembre de 1889

Querida Celina:

¡Mi último adiós de este año va a ser para ti...! ¡Dentro de unas horas

habrá pasado ya para siempre..., pertenecerá a la eternidad...!

Como mi Celina ya está acostada, me toca a mí ir a su encuentro para

desearle un feliz Año Nuevo...

¿Te acuerdas de otros tiempos...?  El año que acaba de pasar ha sido

bueno; sí, ha sido un año precioso para el cielo. ¡Ojalá que el que le sigue

se le pueda parecer...!

Celina, no me extraña verte en la cama después de un año así. Al final de

un día como ése, ¡hay mucho de qué descansar...! ¿Me comprendes...?

¡¡¡Tal vez el año que va a comenzar sea el último!!! ¡Aprovechémonos,

aprovechemos sus  más breves momentos, hagamos como los avaros,

vivamos celosas de los más pequeños detalles por el Amado...!

Nuestro último día del año es muy triste esta vez... Con el corazón lleno de

recuerdos, quiero velar a la espera de la media noche... Lo evoco todo...

Ahora somos huérfanas, pero podemos decir con amor: «Padre nuestro,

que estás en el cielo»3. ¡Sí, nos queda todavía el único todo de nuestras

almas...!

 ¡Un año más que ha pasado...! ¡Celina!, ha pasado, pasado, y ya no

volverá más. Como ha pasado este año pasará también nuestra vida, y

pronto podremos decir también de ella: «Ha pasado». ¡No perdamos el

tiempo, pronto la eternidad brillará para nosotras...!

Celina, si quieres, convirtamos almas. ¡Tenemos que forjar este año

muchos sacerdotes que sepan amar a Jesús...!, ¡que le toquen con la

misma delicadeza con que le tocaba María en la cuna...!.

Tu hermanita,

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

 Deseo también un feliz año nuevo a Loló, pero creo que la veré...

Da un montón de gracias a mis tíos y diles que sus regalos me han

llegado muy a lo hondo del alma. Dales también muchas gracias a Juana y

a María, que son realmente demasiado bondadosas.

Cta 102 A Celina

27 de abril de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Querida Celina:

Yo que me las prometía felices con la idea de escribirte una larga carta

para tus 21 años, apenas tengo unos momentos para ello...

Celina, ¿pensabas que tu Teresa podía olvidarse del 28 de abril...? Celina,

mi corazón está lleno de recuerdos..., me parece que hace siglos que te

quiero y sin embargo aún no hace 21 años... Pero ahora tengo la eternidad

por delante...

Celina, la lira de mi corazón cantará para ti el 28, tu nombre resonará

repetidamente en los oídos de mi Jesús... Y ya que nuestro corazón es

SOLO UNO, ¡démoselo todo entero a Jesús! Tenemos que caminar

siempre juntas, ¡pues Jesús no puede habitar en medio corazón...! Pídele

que tu Teresa no se quede atrás...

 Al ver la estampa de la Santa Faz, los ojos se me han llenado de

lágrimas, ¿no es ésa la imagen de nuestra familia? Sí, nuestra imagen es

un ramo de lirios, y el Lirio sin nombre está en medio, y está como rey, y

nos hace compartir los honores de su realeza. Su sangre divina rocía

nuestras corolas, y sus espinas, al desgarrarnos, exhalan el perfume de

nuestro amor.

Adiós, Celina, vienen a interrumpir nuestra charla. Compréndelo todo.

Teresa

Cta 103 A sor Inés de Jesús

4 (?) de mayo de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Corderito querido, mi corazón te sigue a la soledad. ¿Sabes, «alondra

ligera», que tienes un hilo atado a tu pata y que, por alto que subas,

tendrás que arrastrar tu carga...? Pero un grano de arena no pesa mucho,

y, además, será más ligero si así se lo pides a Jesús...

¡Y cómo desea ser reducido a la nada, ser ignorado por todas las criaturas!

El pobrecito no desea ya nada, nada más que el OLVIDO...; ni siquiera el

desprecio o las injurias, pues eso sería demasiado glorioso para un grano

de arena. Si lo despreciasen, tendrían que verlo.  ¡Pero el OLVIDO...!

Sí, deseo ser olvidada, y no sólo por las criaturas sino también por mí

misma. Quisiera ser reducida a la nada de tal modo, que no tuviera ya

ningún deseo... La gloria de mi Jesús, ¡sólo eso! La mía, a él se la entrego.

Y si parece olvidarme, pues bien, es muy libre de hacerlo, pues yo ya no

soy mía sino suya... ¡Antes se cansará él de hacerme esperar que yo de

esperarlo a él...!

Cordero querido, ¿me comprendes...? Compréndelo todo, incluso lo que

no logra expresar mi corazón. Tú, que eres una antorcha luminosa que

Jesús me ha dado para alumbrar mis pasos por los senderos tenebrosos

del exilio, compadécete  de mi debilidad y escóndeme bajo tu velo

para que participe de tu luz... Dile a Jesús que me mire, que sus dondiegos

penetren con sus rayos luminosos el corazón del grano de arena. Y, si no

es demasiado, pídele también que la Flor de las flores entreabra su corola

y que el sonido melodioso que sale de ella haga vibrar en mi corazón sus

misteriosas enseñanzas...

Cordero querido, ¡no olvides al grano de arena...!

Cta 104 A sor Inés de Jesús (Fragmentos)

5-6 de mayo de 1890

J.M.J.T.

Gracias por tu carta. ¡Sí, gracias...!

No me sorprende que no tengas consuelo, pues Jesús es tan poco

consolado que es feliz al encontrar un alma en la que pueda descansar sin

cumplidos...

¡Qué orgullosa me siento de ser tu hermana! Y también tu hijita, ya que

fuiste tú quien me enseñó a amar a Jesús y a buscarlo sólo a él.

 (...) y a menospreciar a todas las criaturas...

De Celina no sé más que tú, e incluso menos, pues no sabía que lo está

pasando mal; si no es en (...)  molesto. Celina nos habló de nuestro

pobre papaíto y ha señalado que es

(...)

nos (...) de Juana. Nos dijo también que rezáramos mucho por Leonia,

pues lo está pasando mal a causa de su enfermedad; creo que a mi tío le

parece peligroso pues lo tiene hinchado todo alrededor.

Celina nos ha hablado de nuestro pobre papaíto, e indica que fue el

sábado, día de la Invención de la Santa Cruz, cuando también nosotras

encontramos nuestra cruz. Leonia estaba allí. Espera obtener la curación

en la Santa Faz o en Lourdes. Bajará a la piscina. ¡Pobre Leonia! Fue muy

buena: quería privarse de venir al locutorio por complacer a Celina. ..

Como tocaron a Vísperas, me marché. No sé cuándo llegarán a Tours,

pero creo que la semana que viene estarán en Lourdes. Hay que escribir el

lunes o el martes antes del mediodía para que la carta llegue el sábado.

¡Ah, qué destierro es la tierra...! No debemos buscar en ella apoyo alguno

fuera de Jesús, pues sólo él es inmutable. ¡Qué dicha pensar que él no

puede cambiar...! ¡Qué alegría para nuestro corazón pensar que nuestra

familia ama tan tiernamente a Jesús! Ese pensamiento me produce

siempre gran consuelo: ¿no es nuestra familia una familia virginal, una

familia de lirios...? Pídele a Jesús que el más pequeño, que el último de

todos, no sea el último en amarlo con toda su capacidad de amor...

Cta 105 A Celina

10 de mayo de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Querida Celina:

¿Estás contenta del viaje...? Espero que la Santísima Virgen te colme de

sus gracias; si no son gracias de consuelo, serán sin duda gracias de luz...

¡Y la Santa Faz...! ¿Sabes, Celina, que es una gracia muy grande el visitar

todos esos lugares benditos...? Mi corazón querría seguirte  a todas

partes, pero, ¡ay!, no conozco el itinerario del viaje; incluso pensaba que

no estaríais en Lourdes hasta la semana que viene.

Celina, debes disfrutar mucho contemplando la hermosura de la

naturaleza, las montañas..., los ríos plateados, ¡todo eso es tan grandioso,

tan a propósito para elevar nuestras almas...! ¡Sí, hermanita querida!,

despeguémonos de la tierra, volemos a la montaña del amor donde se

encuentra el hermoso Lirio de nuestras almas... ¡Despeguémonos  de

los consuelos de Jesús para adherirnos sólo a Él...!

¿Y la Santísima Virgen? Celina, escóndete a la sombra de su manto

virginal para que ella te virginice... ¡Es tan blanca y tan hermosa la

pureza...! ¡Dichosos los corazones puros, porque ellos verán a Dios...! Sí,

le verán incluso en la tierra, donde nada es puro, pero donde todas las

criaturas se vuelven límpidas cuando se las mira a través de la Faz del

más bello y más blanco de los lirios...

 Celina, los corazones puros están a veces rodeados de espinas...,

viven con frecuencia en tinieblas. Entonces esos lirios creen haber perdido

su blancura, piensan que las espinas que los rodean han llegado a

desgarrar su corola... ¿Entiendes, Celina...? Los lirios entre espinas son

los predilectos de Jesús, ¡en medio de ellos encuentra él sus delicias...!

¡Dichoso el que ha sido hallado digno de sufrir la tentación!

T. del Niño Jesús de la santa Faz

nov. carm. ind.

 Hubiera querido escribir a mi querida Leonia, pero me es imposible

por falta de tiempo. Dile que rezo mucho por ella y que pienso mucho en

mi madrina querida. Pensaba escribir también a Mariíta, pero no puedo;

pido mucho a la Santísima Virgen que haga de ella un pequeño lirio que

piense mucho en Jesús y se abandone, con todas sus miserias, en manos

de la obediencia... No me olvido de mi Juana...

No hemos recibido nada del Canadá5. Sor Inés de Jesús no puede

escribir, debido a su retiro.

Si no has comprado nada para nuestra Madre, podrías traerle una Virgen

de Lourdes sin pintar, de 4 ó 5 francos.

Cta 106 A sor Inés de Jesús

10 de mayo de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Cordero querido, un día más y volverás a luchar en la llanura... Y el pobre

corderito volverá a encontrar por fin a su mamá...

¡Qué feliz soy de estar para siempre prisionera en el Carmelo!.No tengo

ganas de ir a Lourdes para tener éxtasis,  ¡prefiero «la monotonía del

sacrificio»! ¡Qué dicha estar tan bien escondida que nadie piense en ti...,

ser desconocida incluso de las personas que viven con nosotras...!

Cordero querido, ¡cuántas gracias doy a Jesús por haberme puesto en tus

manos, por hacer que tú comprendas tan bien a mi alma...! No acierto a

decirte todo lo que pienso. ¡Ah, el CIELO! Allí, una sola  mirada, ¡y

todo estará dicho y comprendido...!

El silencio. Ese es el único lenguaje que puede decirte todo lo que pasa

dentro de mi alma...

Cta 107 A Celina

19-20 de mayo de 1890

J.M.J.T.

Mayo de 1890

Jesús +

Celinita querida:

Me han encargado que te escriba unas letras para decirte que no vengas a

darnos noticias de papá durante el retiro de Pentecostés. Si pudieras

escribirnos unas letras, sería un lindo detalle, y luego podrías venir  a

vernos el lunes.

Celina querida, me alegro mucho de que me hayan encomendado esta

misión, pues necesito decirte que creo que Dios te ama enormemente y te

trata como a una privilegiada... Sí, realmente puedes decir que tu

recompensa es grande en el cielo, pues está escrito: «Dichosos vosotros

cuando os persigan y os calumnien de cualquier modo».  Así que

alégrate y salta de alegría...

Celina, ¡qué privilegio ser desconocida en la tierra...! Los pensamientos de

Dios no son nuestros pensamientos. Si lo fuesen, toda nuestra vida sólo

sería un himno de gratitud...

Celina, ¿crees que santa Teresa recibió más gracias que tú...? Yo no te

diría  que te fijaras en su santidad seráfica, sino que ¡seas perfecta

como tu Padre celestial es perfecto...! Sí, Celina, nuestros deseos infinitos

no son sueños ni quimeras, ya que Jesús mismo nos ha dado este

mandamiento...

Celina, ¿no te parece que ya no nos queda nada en la tierra? Jesús quiere

hacernos beber su cáliz hasta las heces dejando a nuestro padre querido

allá abajo. No le neguemos nada. ¡Tiene tanta necesidad de amor y está

tan sediento, que espera de nosotras esa gota de agua que pueda

refrescarlo...! Demos sin medida,  un día él dirá: «Ahora me toca a

mí».

Dale muchísimas gracias a mi querida Mariíta por su precioso ramo de

rosas; dile que se lo ofrezco a Jesús de su parte y que a cambio le pido

que adorne su alma con tantas virtudes como capullos de rosas hay en

él...

Tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

Cta 108 A Celina

J.M.J.T.

El Carmelo, 18 de julio de 1890

Jesús... +

Celina querida:

¡Si supieras lo mucho que tu carta ha hablado a mi alma...! ¡La alegría

inundaba mi corazón como un océano inmenso...! Celina, todo lo que te

tengo que decir tú ya lo sabes, porque tú eres yo misma... Te mando una

hoja que ha hablado mucho mucho a mi alma; me parece que la tuya se va

a abismar también en ella...

Celina, hace ya tanto tiempo..., y ya entonces el alma del profeta Isaías se

abismaba como la nuestra en las BELLEZAS ESCONDIDAS de Jesús...

Celina, cuando leo estas cosas, me pregunto: ¿qué es el tiempo...? El

tiempo no es más que un espejismo, un sueño... ¡Dios nos ve ya en la

gloria y SE GOZA de nuestra bienaventuranza eterna...! ¡Cuánto bien hace

a mi alma este pensamiento! Comprendo entonces por qué Dios no

regatea con nosotros... Sabe que nosotras le entendemos, y nos trata

como a sus amigos, como a sus esposas más queridas...

Celina, ya que Jesús ha estado «solo pisando el vino» que nos da a beber,

no nos neguemos nosotras a llevar los vestidos teñidos  de sangre...,

pisemos para Jesús un vino nuevo que apague su sed, que le devuelva

amor por amor. No nos guardemos ni una sola gota del vino que podamos

ofrecerle..., y entonces él, mirando a su alrededor, verá que nosotras

venimos a ayudarle...

Su rostro estaba como escondido... Celina, hoy también lo sigue estando,

pues ¿quién comprende las lágrimas de Jesús...?

Celina querida, hagamos de nuestro corazón un pequeño sagrario donde

Jesús pueda refugiarse. Así, él se verá consolado y olvidará lo que

nosotras no podemos olvidar: «la ingratitud de las almas que lo abandonan

en un sagrario desierto...».

«Ábreme, hermana mía, esposa mía, que tengo la cabeza cubierta de

rocío y mis rizos del relente de la noche» (Cantar de los Cantares). Eso es

lo que Jesús nos dice al alma cuando se encuentra abandonado y

olvidado. ¡El olvido, Celina! Creo que eso es lo que más pena le produce...

¡Papá...! No puedo, Celina, decirte todo lo que pienso, sería demasiado

largo, y además ¿cómo decir ciertas cosas que el mismo pensamiento

apenas puede traducir, profundidades que se encuentran en los abismos

más íntimos del alma...?

Jesús nos ha enviado la cruz más escogida que, en su amor inmenso, ha

podido inventar... ¿Cómo quejarnos, cuando él mismo fue considerado

como un hombre herido por Dios y humillado...?

El hechizo divino hechiza mi alma y la consuela de una forma maravillosa

en todos los momentos del día. ¡Qué sonrisas, las lágrimas de Jesús...!

Da a todos un abrazo de mi parte, y diles todo lo que se te ocurra...

Me acuerdo mucho de mi Leonia querida, de mi querida salesa. Dile a

María del Santísimo Sacramento que Jesús le pide mucho amor, que

espera de ella la reparación de las frialdades que recibe, ¡su corazón ha de

ser una hoguera donde Jesús pueda calentarse...! ¡Tiene que olvidarse por

completo de sí misma, para no pensar más que en él...!

Celina, oremos por los sacerdotes, ¡sí, oremos por ellos! Consagrémosles

nuestras vidas. Jesús me hace sentir a diario que espera esto de nosotras

dos.

C.T.

 

J.M.J.T.

Del profeta Isaías (cap. 53)

¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? El

Cristo creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No

había en él belleza ni esplendor; lo vimos sin aspecto atrayente.

Despreciado, rechazado por los hombres, como un hombre de dolores

acostumbrado a sufrimientos... Su rostro estaba como escondido... Parecía

despreciable y no lo reconocimos. Él soportó nuestros sufrimientos y cargó

con nuestros dolores. Nosotros lo tuvimos por leproso, herido de Dios y

humillado... Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por

nuestros crímenes. El castigo que nos iba a traer la paz cayó sobre él, sus

cicatrices nos curaron.

Capítulo 53

¿Quién es ese que viene de Edóm y de Bosrá, con vestidos teñidos de

rojo...? ¿Quién es ese que resplandece por la hermosura de sus vestidos y

que camina con una fuerza todopoderosa...? Soy yo, y mi palabra es

palabra de  justicia, y vengo para defender y para salvar. ¿Por qué

están rojos tus vestidos, y tu ropa como la de los que pisan el vino en el

lagar? Yo solo pisé el vino, ningún pueblo me ayudó. Miré a mi alrededor, y

no había nadie que me ayudase; busqué, y no hallé quien me socorriera...

Esos que están vestidos con blancas vestiduras ¿quiénes son y de dónde

han venido? Esos son los que vienen de la gran tribulación, los que han

lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del cordero. Por eso

están ante el trono de Dios sirviéndole día y noche...

Mi amado es un ramillete de mirra, descansará sobre mi corazón... Mi

amado brilla por la blancura y el resplandor de su rostro, los cabellos de su

cabeza se parecen a la púrpura real. Mi amado es adorable, su rostro

inspira amor, y su faz inclinada me urge a darle amor por amor.

Quedéme y olvidéme,

el rostro recliné sobre el Amado,

cesó todo, y dejéme,

dejando mi cuidado

entre las azucenas olvidado.

(Fragmento de un cántico de Nuestro Padre san Juan de la Cruz).

Cta 109 A María Guérin

27-29 de julio de 1890

J.M.J.T.

El Carmelo, julio de 1890

Jesús +

Querida Mariíta:

Da gracias a Dios por todos los dones que te ha concedido y no seas tan

ingrata que no los reconozcas. Me haces el efecto de una joven aldeana a

quien un rey poderoso viniera a pedir en matrimonio y que no se atreviera

a aceptar bajo el pretexto de que ella no es lo suficientemente rica ni

educada en las costumbres de la corte, sin reparar en que su prometido

real conoce su pobreza y su debilidad mucho mejor que ella misma...

María, si tú no eres nada, no debes olvidar que Jesús lo es todo; y por

tanto, tu pequeña nada tiene que perderse en su infinito todo y no pensar

más que en ese todo, el único digno de ser amado... Tampoco tienes que

desear ver el fruto de tus esfuerzos: Jesús quiere guardar para sí solo

esas pequeñas nadas que lo consuelan...

Te equivocas, amiga mía, si crees que tu Teresita recorre siempre

ilusionada el camino de la virtud. Ella es débil, muy débil, y experimenta a

diario esa triste realidad. Pero, María, Jesús se complace en enseñarle,

como a san Pablo, la ciencia de gloriarse en sus enfermedades. Es ésta

una gracia muy grande, y pido a Jesús que te la enseñe, porque sólo ahí

se encuentra la paz y el descanso del corazón. Cuando una se ve tan

miserable, no quiere ya preocuparse de sí misma y sólo mira a su único

Amado...

 Mi querida Mariíta, yo no conozco otro camino que «el amor» para

llegar a la perfección... ¡Amar! ¡Qué bien hecho está para eso nuestro

corazón...! A veces busco otra palabra para expresar el amor, pero en esta

tierra de exilio las palabras son incapaces de emitir todas las vibraciones

del alma, y tenemos que limitarnos a esa única palabra: «¡Amar!»...

¿Pero a quién podrá prodigarlo nuestro pobre corazón, hambriento de

amor...? ¿Quién será lo suficientemente grande para eso...? ¿Podrá un ser

humano comprenderlo..., y, sobre todo, saber corresponderle...? María, no

hay más que un ser capaz de comprender toda la profundidad de esa

palabra: ¡amar...! No hay nadie, fuera de Jesús, que pueda darnos

infinitamente más de lo que nosotros le damos a él...

¡María del Santísimo Sacramento...! Tu nombre te está diciendo tu

misión... Consolar a Jesús, hacer que las almas le amen... Jesús está

enfermo, y hay que tener en cuenta que la enfermedad del amor sólo se

cura con amor... María, entrega todo tu corazón a Jesús. Él tiene sed de él,

está hambriento de él. Tu corazón, he ahí lo que él ambiciona, hasta el

punto de que, por poseerlo, consiente en alojarse en un cuartucho sucio y

oscuro... ¿Cómo no amar a un amigo que se reduce a tan extrema

indigencia? ¿Cómo atreverse a seguir alegando la propia pobreza, cuando

Jesús se hace semejante a su prometida...? Era rico y se hizo pobre para

unir su pobreza a la pobreza de María del Santísimo Sacramento... ¡Qué

gran misterio de amor...!

 Todos mis recuerdos a mi querida colonia.

Mi corazón está siempre con María del Santísimo Sacramento. El sagrario

es la casa del amor en la que nuestras dos almas están encerradas...

Tu hermanita, que te pide que no la olvides en tus oraciones,

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. (ind.)

Cta 110 A sor Inés de Jesús

30-31 de agosto de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Mamaíta querida, ¡gracias, sí, gracias...! ¡Si supieras todo lo que tu carta le

dice a mi alma...!

Pero la pequeña solitaria tiene que decirte el itinerario de su viaje. Helo

aquí:

Antes de partir, su Prometido pareció preguntarle a qué país quería viajar y

qué ruta deseaba seguir, etc. etc. Su pequeña prometida le contestó que

ella no tenía más que un deseo: dirigirse a la cima de la montaña del amor.

Para llegar allá se le ofrecían muchos caminos, y había tantos perfectos

entre ellos, que se sentía incapaz de elegir. Entonces dijo a su guía divino:

«Tú ya sabes adónde quiero llegar, tú sabes por quién deseo escalar la

montaña  y por quién quiero llegar a la meta, tú sabes a quién amo y

quién es el único a quien quiero contentar. Sólo por él emprendo este

viaje; guíame, pues, por los senderos que a él más le gusta recorrer. Con

tal que él esté contento, yo me sentiré en el colmo de la felicidad».

Entonces Jesús me tomó de la mano y me hizo entrar en un subterráneo

donde no hace ni frío ni calor, donde no luce el sol y al que no visitan ni el

viento ni la lluvia. Un subterráneo donde no veo nada más que una

claridad semivelada, la claridad que difunden a su alrededor los ojos bajos

de la Faz de mi Prometido...

Mi Prometido no me dice nada, ni yo le digo tampoco nada a él; tan sólo

que le amo más que a mí misma. Y en el fondo de mi corazón siento que

es verdad, ¡pues soy más de él  que mía...!

No veo que avancemos hacia la cumbre de la montaña, pues nuestro viaje

se hace bajo tierra; pero, con todo, me parece que nos acercamos a ella

sin saber cómo. La ruta que sigo no tiene ningún consuelo para mí, y sin

embargo me trae todos los consuelos, porque es Jesús quien la ha elegido

y yo quiero consolarlo sólo a él, ¡sólo a él...! ¡Ay, qué verdad tan grande es

que, si yo le ofrezco las uvas de mi corazón, lo hago entre la B y la A,

porque ni yo misma entiendo nada!

 ¿Tengo que escribir al Sr. Lepelletier y al Sr. Révérony que voy a

hacer la profesión...?

Sobre todo no te olvides de ir a la bodega a tomar tu sorbito de vino; y al

beberlo, piensa en tu hijita que, a buen seguro, tampoco está bebiendo los

vinos azucarados de Engaddi... Pide que ella sepa dárselo a su Esposo,

salvando almas, y se sentirá consolada...

Cta 111 A sor María del Sdo. Corazón

30-31 de agosto de 1890

Querida madrinita:

¡Si supieras cómo ha embelesado el alma de tu hijita tu canto del cielo...!

Yo te aseguro que ella no escucha en absoluto armonías celestiales. Su

viaje de bodas es tremendamente árido. Es cierto que su prometido le

hace recorrer países fértiles y de ensueño, pero la noche le impide admirar

cosa alguna y sobre todo disfrutar de todas esas maravillas.

Tal vez pienses que tu hijita se aflige por ello.  Pero no; al contrario, es

feliz siguiendo a su Prometido únicamente por amor a él, y no por sus

regalos... ¡Sólo él! ¡Es tan hermoso, tan encantador! ¡Incluso cuando se

calla...! ¡Incluso cuando se esconde...!

¿Comprendes a tu hijita...? Está cansada de los consuelos de la tierra, y

no quiere más que a su Amado, sólo a él...

No te olvides de rezar mucho por la hijita que tú educaste y que es tuya.

Cta 112 A sor Inés de Jesús

1 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Jesús + Lunes

Te paso la carta que he escrito para papá. Si te parece que no puede ir

así, hazme tú un borrador; pero creo que no la va a entender... ¡Qué

misterio el amor de Jesús a nuestra familia...! ¡Qué misterio las lágrimas y

el amor de este esposo de sangre...!

Mañana estaré con el Sr. Youf. Me ha dicho que le haga una breve

relación, pero sólo desde que estoy en el Carmelo. Reza mucho para que

Jesús me conserve la paz que ME HA DADO.

Me sentí muy feliz al recibir la absolución el sábado... Pero no comprendo

el retiro  que estoy haciendo, no pienso en nada. En una palabra, ¡me

encuentro en un subterráneo muy oscuro...! Pídele a Jesús, tú que eres mi

luz, que no permita que las almas se vean privadas por mi culpa de las

luces que necesitan, sino que mis tinieblas sirvan para iluminarlas a ellas...

Pídele también que haga unos buenos ejercicios espirituales y qué él esté

tan contento como sea posible. Así, también yo estaré contenta y aceptaré,

si ésa es su voluntad, caminar toda mi vida por la ruta oscura que estoy

siguiendo, con tal que un día pueda llegar a la cima de la montaña del

amor, aunque creo que esto no será aquí en la tierra.

(Voy a tomar mi sorbito de vino; también esta mañana me habría

apetecido, pero no pude encontrar a nuestra Madre.)

 ¿Tengo que escribir a la señora Papinot...? Me parece que no vale la

pena, no lo entendería, ¿no sería quizás mejor esperar a la toma de

velo...?

Cta 113 A sor María del Sdo. Corazón

2-3 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Jesús

¡Si supieras el bien que me hacen tus palabras...! Son para mí como una

música de cielo, me parece escuchar la voz de un ángel...

¿Pero acaso no eres tú el ángel que me condujo y me guió en la ruta del

destierro hasta mi entrada en el Carmelo? Y aun ahora sigues siendo para

mí el ángel que consoló mi niñez,  y veo en ti lo que las demás no

pueden ver, pues sabes esconder tan bien lo que eres en realidad, que el

día de la eternidad muchas personas se quedarán sorprendidas.

Pero tu hijita no se sorprenderá de nada; y por muy bellos que sean tu

trono y tu diadema, ella no se asombrará de lo que el amor del esposo

divino dará a quien modeló en su corazón el mismo amor al esposo de las

vírgenes. Y tu hijita espera ser también, en tu corona, una florecilla muy

pequeñita que prestará su humilde brillo a la gloria de su ángel visible en la

tierra.

Cta 114 A sor Inés de Jesús

3 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

Cordero querido:

Sí, para nosotras las alegrías irán siempre mezcladas con el sufrimiento.

La gracia de ayer exigía un broche final, y Jesús te lo ha dado a ti primero,

y luego a mí a la vez, ¡porque todo lo que a ti te hace sufrir me duele a mí

en lo más hondo...! Quisiera saber si nuestra Madre te ha consolado o si

sigues apenada.

Me parece que tendríamos que dar las gracias al «santo anciano Simeón»

y decirle que llegó su carta. ¿Qué opinas tú?

Te paso esas líneas de sor Teresa de Jesús. Me las entregó esta mañana.

¿He de hacerle todo eso...? No tengo modelos, y además me parece que

la ropa y la Santísima Virgen corren más prisa, pero haré lo que me digas.

¿Crees realmente que Celina se va a morir...? Ayer le prometí hacer la

profesión por las dos, pero no me atreveré a pedirle a Jesús que la deje en

 la tierra si no es ésa su voluntad. Me parece que el amor puede suplir

a una larga vida... Jesús no mira al tiempo, pues en el cielo el tiempo ya no

existe. No debe de mirar más que al amor.

Pídele que me dé mucho amor también a mí. No pido amor sensible, sino

un amor conocido sólo de Jesús. Amarle y hacerle amar, ¡qué dulzura...!

Dile también que me lleve el día de mi profesión si voy a ofenderle

después, pues quisiera llevarme al cielo sin mancha alguna la blanca

estola de mi segundo bautismo. Pero creo que Jesús puede concederme

la gracia de no volver a ofenderlo, o bien la de no cometer más que faltas

que no le OFENDAN sino que nos humillan y que hacen más fuerte el

amor.

¡Si supieras lo mucho que te hablaría de eso si tuviese palabras para

expresar lo que pienso, o, mejor, que no pienso pero que siento...! ¡Qué

misteriosa es la vida...! Es un desierto y un destierro... Pero en lo más

hondo del alma sabemos que habrá un día de LEJANIAS infinitas, de

LEJANIAS que harán olvidar para siempre las tristezas del desierto y del

destierro...

El granito de arena

 El Sr. abate Domin no sabe que voy a hacer la profesión, ¿se lo

tengo que decir? Me parece que si nuestra Madre aún no ha escrito a la

Abadía, podría decir a esas señoras que se lo comuniquen.

Cta 115 A sor Inés de Jesús

4 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Te paso la carta de Roma para que, si quieres, se la hagas llegar a Celina.

Tal vez papá no la entienda, pero no será difícil conseguirlo, y si algún día

lograse entenderla, ¡se sentiría tan dichoso! ¿Tengo que mandarle también

mis votos para que él los bendiga? Si te parece que sí, dímelo mañana por

la mañana para escribirlos cuanto antes. Los pondríamos en medio de la

corona, ¿pero no será quizás mejor no hacer nada...?

Gracias por tu cartita, ¡si supieras cómo me ha gustado...! Mi alma sigue

en el túnel,  pero es muy feliz allí; sí, feliz de no tener ningún consuelo,

porque pienso que así su amor no es como el amor de las prometidas de

la tierra, que están siempre mirando las manos de su prometido para ver si

les trae algún regalo, o su rostro para sorprender en él una sonrisa de

amor que las cautive...

Pero la pobre prometida de Jesús sabe que ella ama a Jesús sólo por él, y

sólo quiere mirar al rostro de su amado para sorprender en él las lágrimas

que corren de los ojos que la han cautivado con sus secretos encantos... Y

quiere enjugar esas lágrimas para hacer con ellas su aderezo el día de sus

bodas. Un aderezo que será también secreto, pero que su Amado sabrá

entender.

Cta 116 A sor María del Sdo. Corazón

7 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Me gustaría que las velas del Niño Jesús estuvieran encendidas cuando

me dirija a la sala capitular, ¿quieres ir tú a encenderlas...? Por favor, no te

olvides... No he puesto las velas color rosa, porque las otras le dicen

mucho más a mi alma: empezaron a lucir el día de mi toma de hábito.

Entonces estaban rosadas y nuevas. Papá (que me las había regalado)

estaba allí, y todo era alegría... Pero ahora el color rosa se ha ido. ¿Hay

todavía aquí en la tierra alegrías color  de rosa para la huerfanita de la

Berezina...? ¡No!, para ella ya no hay más que alegrías celestiales...,

alegrías en las que todo lo creado, que no es nada, cede el paso a lo

increado, que es la realidad...

¿Comprendes a tu hijita...?

Mañana será la esposa de Jesús. Mañana será la esposa de aquel cuyo

rostro estaba oculto y a quien nadie conocía... ¡Qué alianza y qué

porvenir...! Sí, lo sé muy bien, mis bodas estarán rodeadas de ángeles,

sólo el cielo se alegrará, y también la pequeña esposa y sus hermanas

queridas...

Cta 117 A María del Sdo. Corazón

Recuerdo del 8 de septiembre de 1890

Día de eterno recuerdo, en el que tu hijita se ha convertido como tú en la

esposa de aquel que dijo: «Mi reino no es de este mundo», y en otro lugar:

«Además, pronto veréis al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo

a la derecha de Dios». Ese es el día que nosotras esperamos... Día de las

bodas eternas, en que nuestro Jesús enjugará todas las lágrimas de

nuestros ojos y en que nos sentará con él en su trono...

Ahora su rostro está como escondido a los ojos de los mortales; pero a

nosotras, que comprendemos sus lágrimas en este valle de destierro,

pronto se nos mostrará en la patria su Faz resplandeciente, y entonces

llegará el éxtasis, la eterna unión gloriosa con nuestro esposo...

Pídele que yo, a quien tú iniciaste en los caminos de la virtud, pueda estar

un día muy cerca de ti en la patria.

Tu hijita.

Cta 118 «Carta de invitación a las bodas de sor Teresa del Niño Jesús

y de la Santa Faz»

8-20 de septiembre (?) de 1890

J.M.J.T.

El Dios todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, Dueño y Soberano

del mundo, y la gloriosísima Virgen María, Reina y Princesa de la Corte

Celestial, tienen a bien participar a Vd. el matrimonio de su hijo Jesús, Rey

de reyes y Señor de señores, con la señorita Teresa Martin, ahora Señora

y Princesa de los reinos aportados en dote por su esposo, a saber: la

Infancia de Jesús y su Pasión, siendo sus títulos de nobleza: del Niño

Jesús y de la Santa Faz.

El señor Luis Martin, Propietario y Dueño de los Señoríos del sufrimiento y

de la humillación, y la señora de Martin, Princesa y Dama de honor de la

Corte Celestial, tienen a bien participarle a Vd. el matrimonio de su hija

Teresa con Jesús, el Verbo de Dios, segunda Persona de la Santísima

Trinidad, que, por obra del Espíritu Santo, al hacerse hombre nació de la

Virgen María.

No habiendo podido invitarle a Vd. a la bendición nupcial que se les dio en

la montaña del Carmelo (sólo fue admitida la corte celestial), le pedimos

que acuda a la tornaboda, que tendrá lugar mañana, día de la Eternidad,

en que Jesús, el Hijo de Dios, vendrá sobre las nubes del cielo para juzgar

a los vivos y a los muertos. (Por ser la hora todavía desconocida, le

invitamos a Vd. a estar preparado y a velar).

Cta 119 A sor Marta de Jesús

23 de septiembre de 1890

A mi querida compañera, en recuerdo del día más hermoso de tu vida, de

ese día sin igual en que te consagraste a Jesús.

Consolemos juntas a Jesús de todas las ingratitudes de las almas,

hagamos con nuestro amor que se olvide de sus dolores.

Tu indigna hermanita,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 120 A Celina

23 de septiembre de 1890

J.M.J.T.

Jesús +

¿Cómo decirte, Celina, lo que está pasando dentro de mi alma...? Se

siente desgarrada, pero sé que esta herida está hecha por una mano

amiga, ¡por una mano divinamente celosa...!

Todo estaba dispuesto para mis bodas, ¿pero no te parece que le faltaba

algo a la fiesta? Es cierto que Jesús había puesto ya muchas joyas en mi

canastilla, pero faltaba todavía una de belleza incomparable, y ese

diamante precioso Jesús me lo ha regalado hoy... Celina..., mis lágrimas

han corrido al recibirlo..., y siguen todavía corriendo, y casi me las

reprocharía si no supiera «que existe un amor cuya única prenda son las

lágrimas».

Sólo Jesús ha dirigido este asunto, sólo él, y yo he reconocido su toque de

amor...

Tú sabes muy bien cómo deseaba volver a ver esta mañana a nuestro

papá querido. Pues bien, ahora veo claramente que la voluntad de Dios es

que no esté aquí. Él lo ha permitido sencillamente para probar nuestro

amor... Jesús me quiere huérfana, quiere que yo esté sola con él solo para

unirse mas íntimamente a mí; y quiere también darme en la Patria las

alegrías tan legítimas que me negó en el destierro...

Consuélate, Celina, nuestro esposo es un esposo de lágrimas y no de

sonrisas. Démosle nuestras lágrimas para consolarle, y un día esas

lágrimas se cambiarán en sonrisas de una dulzura inefable...

Celina, no sé si conseguirás entender mi carta, apenas puedo sostener la

pluma...  Cualquiera otra te daría muchas explicaciones sobre la visita

de nuestro tío en el locutorio, pero tu Teresa tan sólo sabe hablarte el

lenguaje del cielo. Celina, ¡comprende a tu Teresa...!

La prueba de hoy es un dolor difícil de entender. Ves que se te ofrece una

alegría, que es una alegría posible, una alegría natural, adelantas la

mano... y no puedes coger ese consuelo tan deseado... Pero, Celina, ¡qué

misterioso es todo esto...! No tenemos ya asilo aquí en la tierra, o por lo

menos tú puedes decir como la Santísima Virgen: «¡Qué asilo!». Sí, ¡qué

asilo...! Pero no es una mano humana la que ha hecho esto. Ha sido

Jesús. ¡Es su «mirada velada» la que ha caído sobre nosotras...!

He recibido una carta del Padre desterrado, y te copio un pasaje: «Mi

aleluya está impregnado de lágrimas. Ninguno de tus padres estará ahí

para ofrecerte a Jesús. ¿Habrá que compadecerte aquí abajo, cuando allá

arriba los ángeles te felicitan y los santos te envidian? Tu corona de

espinas los vuelve celosos. Ama, pues, esos pinchazos como prendas de

amor de tu divino esposo».

Celina, aceptemos de buen grado la espina que Jesús nos ofrece. La fiesta

de mañana será una fiesta de lágrimas para nosotras, ¡pero estoy segura

de que Jesús se va a sentir tan consolado...!

Quisiera decirte muchas más cosas, pero me faltan las palabras... Me

encargaron que te escribiera para consolarte, pero seguro que he cumplido

muy mal el encargo... ¡Si al menos pudiese comunicarte la paz que Jesús

ha infundido en mi alma en lo más recio de mis lágrimas! ¡Eso es lo que le

pido para ti, que eres yo misma...!

Celina... Las sombras declinan y la apariencia de este mundo pasa.

Pronto, sí, pronto contemplaremos ese rostro desconocido y amado que

nos fascina con sus lágrimas.

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

QUINTO PERÍODO

EN EL NOVICIADO. LOS AÑOS OSCUROS

(septiembre de 1890-febrero de 1893)

Cta 121 A María Josefa de la Cruz

J.M.J.T.

Jesús + Monasterio del Carmelo,

28 de septiembre de 1890

Querida Hermana:

Su carta me ha llegado muy a lo hondo, y le agradezco las oraciones que

ha hecho por mí. Yo tampoco la he olvidado a usted y he encomendado a

Dios todas sus intenciones.

Por fin ya soy toda de Jesús. A pesar de mi indignidad, él ha querido

tomarme por esposa. Ahora tengo yo que darle pruebas de mi amor, y

cuento con usted, querida Hermana, para ayudarme a dar gracias a

Nuestro Señor.

Las dos hemos recibido grandes  gracias, y espero que pronto un

mismo lazo nos una a Jesús para siempre.

He tenido la dicha de recibir la bendición del Santo Padre para el día de mi

profesión. El religioso que me la consiguió me escribía cuán numerosos

son los enemigos de la Iglesia. En Roma, la lucha contra nuestro Santo

Padre el Papa no cesa un instante. ¡Es desolador...!

¡Qué bueno es ser religiosas para orar y aplacar la justicia de Dios! Sí, la

misión que se nos ha confiado es muy hermosa, y la eternidad no será lo

suficientemente larga para agradecer a Nuestro Señor la porción que nos

ha asignado.

Querida Hermana, encomiendo a sus oraciones a mi querido padre, tan

probado por la cruz y tan admirable en su resignación. Me atrevo también

a encomendarme a las oraciones de su santa comunidad.

Reciba, querida Hermana, el religioso afecto de quien se siente

extremadamente feliz de llamarse

Su menor hermana,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 122 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 14 de octubre de 1890

Querida Celina:

No quiero dejar que salga la carta de María sin añadir yo unas letras para

ti. Nuestra querida Madre me da permiso para hacer la oración contigo...

Celina, ¿no es eso lo que hacemos siempre juntas...?

Celina querida, lo que tengo que decirte es siempre lo mismo: ¡oremos por

los sacerdotes! Cada nuevo día nos muestra cuán raros son los amigos de

Jesús... Me parece que lo que más debe de dolerle es precisamente eso:

la ingratitud.  Sobre todo el ver que las almas que se han consagrado

a él dan a otros el corazón que le pertenece a él de una manera tan

absoluta...

Celina, hagamos de nuestro corazón un pequeño jardín de delicias donde

Jesús pueda venir a descansar... No plantemos más que lirios en nuestro

jardín. Sí, lirios. Y no admitamos en él otras flores, pues éstas pueden ser

cultivadas por otros, mientras que los lirios sólo las vírgenes pueden

ofrecérselos a Jesús...

«La virginidad es un silencio profundo de todas las preocupaciones de la

tierra». No sólo de las preocupaciones inútiles, sino de todas las

preocupaciones. Para ser virgen, no hay que pensar más que en el

Esposo, que no admite a su lado nada que no sea virgen, «pues quiso

nacer de una madre virgen, tener un precursor virgen, un tutor virgen, un

amigo predilecto virgen,  y finalmente un sepulcro virgen». Él quiere

también una esposa virgen, ¡su CELINA...!

Alguien ha dicho también que «cada uno ama lógicamente a su tierra

natal; y como la tierra natal de Jesús es la Virgen de las vírgenes, y él

nació por su voluntad de un Lirio, le gusta encontrarse entre corazones

vírgenes».

¿Y tu viaje? Parece que lo olvido..., pero no, mi corazón te está siguiendo

hasta allá y comprendo todo lo que sientes... ¡lo comprendo todo...! Todo

pasa: el viaje a Roma, con sus desgarrones, ha pasado..., nuestra vida de

antes ha pasado... También la muerte pasará, y entonces gozaremos de la

vida, no por siglos, sino que millones de años serán  para nosotras

como un día, y otros millones de años les sucederán llenos de descanso y

de felicidad... ¡Celina...!

Rézale mucho al Sagrado Corazón. Tú bien sabes que yo no veo al

Sagrado Corazón como todo el mundo. Yo pienso que el corazón de mi

Esposo es sólo para mí, como el mío es sólo para él, y por eso le hablo en

la soledad de este delicioso corazón a corazón, a la espera de llegar a

contemplarlo un día cara a cara...

No te olvides allí de tu Teresa. Simplemente susurra su nombre, y Jesús

comprenderá. ¡Hay tantas gracias vinculadas a ese santuario, sobre todo

para los corazones que sufren...!

Me gustaría escribir a Leonia, pero me es imposible, ni siquiera tengo

tiempo para repasar esta carta. Dile que me acuerdo mucho de ella, etc.

etc. Estoy segura  de que el Corazón de Jesús va a concederle

muchas gracias, etc. etc. Dile todo eso, ¿me entiendes...?

Tu Teresa del Niño Jesús

de la Santa Faz,

rel. carm. ind.

Cta 123 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

15 de octubre de 1890

Jesús +

Querida tía:

Me ha emocionado enormemente todo lo que me ha enviado para mi

santo. No sé cómo agradecérselo ni por dónde empezar.

En primer lugar, querida tiíta, me mandó a su encantadora María, que me

ha felicitado mi santo en nombre de todos los que amo.

 Los dos preciosos tiestos que me regalaron mis hermanitas queridas,

Juana y María, me han gustado mucho. Los he colocado al lado del Niño

Jesús, y a todas las horas del día imploran para mis dos hermanitas tantas

gracias y bendiciones como florecillas tiene cada planta...

Y finalmente, querida tiíta, sus deliciosos pasteles han venido a coronar la

fiesta y a llenar el corazón de su Teresa de gratitud hacia usted que me da

todos estos mimos.

Y me hace sentirme mucho más emocionada, querida tiíta, el saber lo

mucho que usted está sufriendo y que, a pesar de  ello, todavía se

acuerda de su Teresita. Pero si usted se acuerda de ella, también ella se

acuerda mucho de usted y no cesa de pedirle a Dios que le devuelva el

céntuplo de todo lo que hace por nosotros. También rezo mucho por mi

querida Juanita: que Dios la haga tan feliz como se puede serlo en la

tierra. Le pido también que la consuele del gran vacío que ha debido de

dejarle la partida de mi hermana querida.  Tampoco me olvido de mi

querido tío, y le pido que le dé un abrazo muy fuerte de mi parte.

La dejo, querida tiíta; o, mejor, dejo la pluma, que tan mal sabe cumplir la

misión que mi corazón le confía. Este no se aleja de usted ni un solo

instante.

Su hijita

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 124 A Celina

J.M.J.T.

20 de octubre de 1890

Jesús +

Querida Celina:

Tu Teresa quiere felicitarte tu santo... Hace ya mucho tiempo que está

pensando en él, así que este año no va a ser la última en hacerlo.

Celina, quizás ésta sea la última vez que se festeje tu santo en la tierra...

¡Quizás...! ¡Qué esperanza tan dulce...! Tal vez el año que viene la humilde

 flor Celina, desconocida en la tierra, esté ya colocada sobre el

corazón del Cordero divino; y entonces los ojos extasiados de los ángeles

contemplarán, en vez de una pobre florecilla sin belleza, un lirio de una

blancura deslumbrante...

Celina, ¡qué misteriosa es la vida!, no sabemos nada... no vemos nada... Y

sin embargo, Jesús ha revelado ya a nuestras almas lo que el ojo del

hombre no vio... Sí, nuestro corazón intuye lo que el corazón no puede

comprender, pues a veces carecemos de pensamientos para expresar un

no sé qué que sentimos dentro de nuestra alma...

 Celina, te mando dos Celinas para tu santo. Tú sabrás comprender su

lenguaje... Un mismo tallo las sostiene, un mismo sol las ha hecho crecer

juntas, el mismo rayo hizo que se abrieran, y sin duda alguna ¡un mismo

día las verá morir...!

Los ojos de las criaturas no se dignan fijarse en una humilde flor Celina, y

sin embargo su blanca corola está llena de misterio: en su corazón lleva

encerrado un gran número de otras flores, los hijos de su alma (las almas),

y además su cáliz blanco es rojo por dentro, ¡cual si estuviese

empurpurado por su propia sangre...!

 Celina, el sol y la lluvia pueden caer sobre esa florecilla ignorada, sin

ajarla. Nadie se preocupa por cogerla... Pero ¿acaso no es virgen también

ella...? Sí, porque sólo Jesús la ha mirado, porque él la ha creado sólo

para él... ¡Por eso es más feliz que la rosa brillante, que no es sólo para

Jesús...!

Celina, te estoy felicitando tu santo de una manera poco común, se puede

decir. Pero sé que comprenderás las palabras incoherentes de tu Teresa...

Celina, me parece que Dios no tiene necesidad de muchos años para

realizar su obra de amor en un alma. Un rayo de su corazón puede, en un

instante, hacer que su flor se abra para la eternidad...

Tu Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 125 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 17 de noviembre de 1890

Querida tía:

¡Con cuánta ilusión vengo a felicitarle su santo! Hace ya mucho tiempo que

pienso en este hermoso día, y me alegro de poder acercarme a mi tiíta

querida para decirle cuánto la quiere la última y la más pequeña de sus

hijas. Ella quiere ser en todo la última y la más pequeña, pero en el afecto

y en la ternura nunca se  dejará ganar por sus hermanas mayores...

Además, ¿no tiene derecho el benjamín a amar más que los otros...?

¡Cuántos recuerdos me trae esa fecha del 19! Mucho tiempo antes de que

llegara, ya me llenaba yo de alegría: primero, porque ese día era la fiesta

de mi tía querida; y luego también por las ricas golosinas de que ese día

me llenaban. Ahora aquellos años ya han pasado, los pajarillos han

crecido, después abrieron sus alas y volaron de aquel nido tan dulce de su

niñez. Pero, querida tiíta, al crecer, el corazón de su hijita ha crecido

también en cariño hacia usted, y ahora sobre todo es  cuando

comprende todo lo que le debe... Para pagar mi deuda, no tengo más que

un medio: al ser muy pobre y al tener por esposo a un Rey poderoso y

sumamente rico, le encargo a él que derrame profusamente los tesoros de

su amor sobre mi tía querida y le devuelva así todas las delicadezas

maternales de que supo rodear ni niñez.

Querida tía, no le digo adiós, pues cuento con pasar todo el día a su lado y

espero que usted sepa adivinar el corazón de su hijita,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 126 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 3 de abril de 1891

Querida Celinita:

Esta tarde hemos visto a Margarita M. No tengo tiempo para hablarte

detalladamente de esta visita, pero no puedo decirte el bien que ha hecho

a mi alma... ¡Felices nosotras que hemos sido escogidas por el esposo de

las vírgenes...! Marg. nos ha confiado secretos íntimos que no cuenta a

nadie. Tenemos que rezar  mucho por ella, pues se halla muy

expuesta... Dice que ningún libro la ayuda. He pensado que los «Misterios

de la vida futura» podrían tal vez ayudarla y afianzar su fe que está en

mucho peligro... Nos dijo que puede leer libros sin que lo sepa su marido.

Sería bueno que le dieses ese libro, diciéndole que hemos pensado que

podría interesarle; pero que lo comience por el capítulo tercero, donde hay

una estampita, pues los tres primeros no creo que tengan interés para ella.

Creo que sería mejor  que hicieses como si no conocieras este libro y

que simplemente cumples nuestro encargo, pues se molestaría si supiese

que hemos dicho una sola palabra de sus confidencias. Preferiríamos que

ni la señora Maudelonde ni nuestra tía supiesen que prestamos este libro a

Marg. En fin, hazlo lo mejor que puedas, y dile que lo tenga todo el tiempo

que quiera... Si no puedes dárselo sin ser vista, tal vez sería mejor no

hacer nada. En fin, procura al menos hablarle de él. Yo, por mi parte, tengo

unos deseos [enormes]  de que lea algún libro en el que pueda

encontrar respuesta a muchas de sus dudas... Creo que ésta podría ser

una obra muy agradable a Dios. Él me ha dado a mí la idea, pero ya sabes

que Teresa nada puede sin Celina, se necesitan las dos para hacer un

trabajo completo. Por eso, ¡ahora le toca a Celina acabar lo que Teresa ha

comenzado...! Celina, ¡si supieras cuánto te quiero, y cuán puro es el amor

que te tengo...!

Celina querida, tu Teresita está siempre contigo, porque tú estás en su

corazón y eres la mitad de su corazón...

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 127 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 26 de abril de 1891

Querida Celina:

Por cuarta vez tu Teresa te felicita el cumpleaños desde la soledad del

Carmelo... ¡Y qué poco se parecen estas felicitaciones a las del mundo...!

Lo que Teresa le desea a su Celina no es la salud, la felicidad, la fortuna,

la gloria, etc. ¡No, no es nada de eso...!

Nuestro pensamiento no está puesto en la tierra del destierro, nuestro

corazón está donde está nuestro tesoro, y nuestro tesoro está allá arriba,

en la patria, donde Jesús nos prepara un sitio junto a él. Y digo un sitio, y

no unos sitios, porque no me cabe la menor duda de que, a quienes en la

tierra no han sido más que un alma, les está reservado un mismo trono en

el cielo... Juntas crecimos, juntas nos instruyó Jesús en sus secretos, en

esos secretos sublimes que oculta a los poderosos y revela a los humildes,

juntas también sufrimos en Roma; nuestros corazones estaban entonces

estrechamente unidos, y la vida hubiera sido en la tierra el ideal de la

felicidad si Jesús no hubiera venido de nuevo a estrechar más aún

nuestros lazos. Sí, al separarnos, él nos unió de una manera que hasta

entonces mi alma no conocía, pues desde aquel momento no puedo

desear nada para mí sola sino todo para las dos...

¡Ay, Celina...!, hace tres años nuestras almas no habían sido rotas todavía,

aún era posible para nosotras la felicidad en la tierra. Pero Jesús nos

dirigió una mirada  de amor, una mirada velada por las lágrimas, y esa

mirada se convirtió para nosotras en un océano de sufrimiento, pero

también en un océano de gracias y de amor. Nos arrebató a aquel a quien

amábamos con tanta ternura, de una manera aún más dolorosa que

cuando nos llevó a nuestra madre querida en la primavera de nuestra vida.

¿Pero no fue para que pudiéramos decir con verdad: «Padre nuestro, que

estás en el cielo»? ¡Qué consoladoras son estas palabras! ¡Y qué

horizontes infinitos abren ante nuestros ojos...!

Celina, la tierra extranjera no tiene para nosotras más que plantas

silvestres y espinas, ¿pero no es eso mismo lo que ofreció a nuestro divino

Esposo? Por eso, ¡qué hermosa es también para nosotras la parte que nos

ha tocado! ¿Y quién podrá decirnos lo nos reserva la eternidad...?

Celina querida, tú que me hacías tantas preguntas cuando éramos

pequeñas, me pregunto cómo es posible que nunca me hayas hecho ésta:

«¿Y por qué Dios no me ha creado ángel?» Celina, voy a decirte lo que

pienso: si Jesús no te ha creado ángel del cielo, es que quiere que seas un

ángel en la tierra. ¡Sí, Jesús quiere tener su corte celestial aquí en la tierra,

como la tiene allá en el cielo! Quiere tener ángeles-mártires, quiere tener

ángeles-apóstoles, y con esa misma intención ha creado también una

florecita que se llama Celina. Quiere que su florecita le salve almas, y para

eso no quiere más que una cosa: que su flor le mire mientras sufre su

martirio... Y ese misterioso intercambio de miradas entre Jesús y su

florecita hará maravillas y dará a Jesús una multitud de otras flores (sobre

todo un cierto Lirio marchito y ajado, que habrá que cambiar en rosa de

amor y de arrepentimiento...)

 Celina querida, no te enfades porque te haya dicho que allá arriba en

el cielo ocuparemos un mismo sitio las dos, pues, ¿sabes una cosa?,

pienso que una pobre margarita puede brotar en la misma tierra que un

lirio resplandeciente de blancura, y que una perlecita puede ser engastada

al lado de un diamante y pedirle prestado su brillo...

¡Celina, amemos a Jesús hasta el infinito, y de nuestros dos corazones

hagamos uno solo para que sea más grande en amor...!

Celina, contigo no terminaría nunca. ¡Ojalá comprendas todo lo que

quisiera decirte para tus 22 años...!

Tu hermanita, que no es más que una sola cosa contigo...

(¿Sabes que, entre las dos, tenemos ahora 40 años? No es extraño que

tengamos ya experiencia de tantas cosas, ¿no te parece?)

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

nov. carm. ind.

Cta 128 A sor María del Sdo. Corazón

5 de julio de 1891

Recuerdo ofrecido a mi hermana querida en la fiesta

de la Preciosísima Sangre, para su salida del noviciado.

Sor Teresa del Niño Jesús

de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 129 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 23 de julio de 1891

Querida Celina:

Tus letras dijeron muchas cosas a mi alma; fueron para mí como un eco

fiel que repitiera todos mis pensamientos...

Nuestra querida Madre está todavía sufriendo mucho. Es muy triste ver

sufrir así a los que se ama. Sin embargo, no te preocupes demasiado, que

aunque Jesús tenga muchas ganas de gozar en el cielo de la presencia de

nuestra Madre querida, no podrá negarse a dejarnos aún en la tierra a

aquella cuya mano maternal sabe guiarnos tan bien y consolarnos en el

destierro de la vida...

¡Y qué triste destierro es el destierro de este mundo, sobre todo en esas

horas en que todo parece faltarnos...! Pero entonces precisamente es

cuando ese destierro es precioso, entonces es cuando brillan los días de la

salvación. Sí, Celina querida, sólo el sufrimiento puede engendrar almas

para Jesús... ¿Qué tiene de extraño que nademos en sufrimientos,

nosotras, cuyo único deseo es salvar un alma que parece perdida para

siempre...?

Los detalles me interesaron mucho, aunque hicieron latir muy fuertemente

mi corazón... Pero voy a darte yo también algunos otros que no son más

consoladores. El desdichado pródigo ha ido a Coutances, donde  ha

repetido las conferencias de Caen. Parece que tiene idea de recorrer así

toda Francia... Celina... Además dicen también que es fácil observar que

los remordimientos lo roen por dentro: recorre las iglesias con un gran

crucifijo y parece hacer grandes gestos de adoración... Su mujer le sigue a

todas partes.

Celina querida, él es muy culpable, más culpable tal vez de lo que lo ha

sido nunca un pecador que se haya convertido; ¿pero no puede hacer

Jesús lo que todavía no ha hecho nunca? Y si no desease hacerlo,

¿habría puesto en el corazón de sus pobres esposas un deseo que no

pudiese convertir en realidad...? No, una cosa es cierta: que él desea

todavía más que nosotras volver al redil a esta pobre oveja descarriada.

Llegará un día en que Jesús le abrirá los ojos, y entonces ¡quién sabe si

no recorrerá toda Francia con un fin completamente distinto del que hoy se

propone! No nos cansemos de orar. La confianza hace milagros, y Jesús

dijo a la beata Margarita María: «Un alma justa tiene tanto poder sobre mi

corazón, que puede alcanzar de él el perdón para miles de criminales».

Nadie sabe si es justo o pecador. Pero, Celina, a nosotras Jesús nos

concede la gracia de sentir en lo hondo del corazón que preferiríamos

morir antes que ofenderle. Y además, no son nuestros méritos, sino los de

nuestro esposo, que son nuestros, los que ofrecemos a nuestro Padre del

cielo, para que nuestro hermano, un hijo de la Santísima Virgen, vuelva,

vencido, a arrojarse bajo el manto de la más misericordiosa de todas las

madres...

 Celina querida, tengo que terminar, adivina tú el resto, ¡hay

volúmenes enteros para adivinar...!

Salúdalos a todos en mi nombre, y todo lo que quieras decirles de mi parte

yo lo hago mío.

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 130 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 23 de julio de 1891

Querida Celina:

Una vez más soy yo la encargada de contestarte... A la madre Genoveva

le emocionó mucho tu carta y ha pedido mucho por su Celinita. ¡Qué

gracia tan grande contar con las oraciones de un alma tan santa y ser

amada por ella...!

La fiesta de ayer fue preciosa, fue realmente un preludio del cielo... Todos

los regalos nos gustaron mucho: el pescado, las cerezas, los pasteles.

Dale muchas gracias a nuestra tía y dile todo lo mejor que se te ocurra...

Celina querida, tus dos cartas han hablado  muy hondo a mi alma y

me han hecho derramar lágrimas... Lo de la declaración me hizo reír

mucho; hay que reconocer que no se quedó corto [el galán] al ir a buscar a

la prometida del rey del cielo. Sin duda que el pobre no vio «la señal que el

Esposo ha puesto sobre tu frente», esa señal misteriosa que sólo Jesús

puede contemplar y con él los ángeles que forman su corte real...

Celina, ¿por qué este privilegio extraordinario? ¿Por qué...? ¡Qué gracia

más grande ser virgen, ser la esposa de Jesús! Tiene que ser algo muy

bello, muy sublime, cuando la más pura y la más inteligente de todas las

criaturas prefería permanecer virgen a ser Madre de todo un Dios... Y ésta

es precisamente la gracia que Jesús nos otorga a nosotras; quiere que

seamos sus esposas, y luego nos promete también que seremos su madre

y sus hermanos. Así lo dice en su Evangelio: «El que cumple la voluntad

de mi Padre del cielo ése es mi madre y mi hermano y mi hermana». Sí,

quien ama a Jesús es toda su familia y encuentra en ese corazón único,

que no tiene IGUAL, todo lo que desea. ¡Encuentra allí su cielo...!

Celina querida, seamos siempre los lirios de Jesús. La gracia que yo le

pido es que los saque de este mundo antes que el viento pernicioso de la

tierra haga desprenderse uno solo de los polvillos de sus estambres,

polvillo que podría amarillear un poco el brillo y la blancura del lirio. Jesús

tiene que poder encontrar en sus lirios todo lo que  desea encontrar en

ellos, la pureza que no busca nada fuera de él y que no descansa más que

en él...

¡Ay, nada más fácil de manchar que un lirio...! Pues bien, yo digo que si

Jesús dijo a la Magdalena que a quien más se le perdona más ama, esto

puede decirse con mucha más razón cuando Jesús ha perdonado de

antemano los pecados... ¿Comprendes, Celina...? Y además, cuando las

lágrimas de Jesús son la sonrisa de un alma, ¿qué puede temer? Pienso

que esas perlas misteriosas tienen el poder de blanquear los lirios y de

hacer que su brillo se conserve. Celina querida, la apariencia de este

mundo pasa, las sombras declinan, pronto estaremos en nuestra tierra

natal, pronto las alegrías de nuestra infancia, las veladas del domingo, las

charlas íntimas..., pronto todo eso nos será devuelto para siempre y con

creces. Jesús nos devolverá las alegrías de las que  nos privó por un

instante... ¡y entonces, de la cabeza radiante de nuestro padre querido

veremos salir oleadas de luz, y cada uno de sus blancos cabellos será

como un sol que nos colmará de alegría y de felicidad...!

¿Es, pues, un sueño la vida...? ¡Y pensar que con este sueño podemos

salvar a las almas...! Sí, Celina, no olvidemos a las almas, sino

olvidémonos de nosotras por ellas, y un día Jesús, mirándonos, nos dirá:

«¡Qué hermosa es la casta generación de las almas vírgenes!»

Un abrazo muy fuerte a mi Mariíta, a Leonia y a todos. En cuanto a

ti, Celina, ¡ya sabes el lugar que ocupas en mi corazón...!

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 131 A la señora de La Néele (Juana Guérin)

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 17 de octubre de 1891

Querida Juanita:

No sé cómo agradecerte tu delicadeza.

Me ha emocionado mucho el ver que el nombre de Francis acompañaba al

de Juana para felicitarme; por eso, os envío a los dos mi agradecimiento.

Y le encargo a mi divino Esposo que pague él mi deuda. Puesto que

yo soy pobre por su causa, es muy justo que él no me niegue lo que le

pido para los que amo.

Te aseguro, mi querida Juana, que si tú no olvidas a la más pequeña de

tus hermanas, ella también se acuerda mucho de ti, y tú sabes bien que

para una carmelita acordarse, y sobre todo amar, es rezar. Mis pobres

oraciones no valen, ciertamente, gran cosa; espero, sin embargo, que

Jesús las escuche, y que en vez de mirar a quien se las dirige, pose su

mirada sobre quienes son objeto de las mismas. De esta manera,  se

verá obligado a acceder a todas mis peticiones.

Espero que Dios os mande pronto un Isidorito tan perfecto como su papá,

o una Juanita que se parezca en todo a su mamá... También pido que

pueda venderse, por fin, la farmacia. Quisiera que no faltase nada a la

plena felicidad de mi querida hermanita y a la de mi primo. Pero en la tierra

siempre habrá alguna nubecilla, ya que la vida no puede transcurrir sin

algo de eso y solamente en el cielo será perfecta la alegría. Sin embargo,

deseo que, en cuanto sea posible, Dios ahorre  a los que amo los

sufrimientos inevitables de la vida, aun a costa de tomar sobre mí, si fuere

necesario, las pruebas que a ellos les tiene reservadas.

Sor María del Sagrado Corazón me encarga que te dé muchas gracias por

lo que has enviado para el joyero. Ha sido muy amable de tu parte, tanto

más cuanto que nuestra Madre tenía ilusión de regalarte ese trabajito. No

me queda espacio más que para decirte una vez más gracias en mi

nombre y en el de mis hermanas, y enviarte, lo mismo que a nuestro

querido primo, la seguridad del cariño de la última de tus hermanas, que

no es la más pequeña en la ternura que siente por ti...

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 132 A Celina

J.M.J:T.

Jesús + El Carmelo, 20 de octubre de 1891

Querida Celina:

Es la cuarta vez que te felicito tu santo desde que estoy en el Carmelo...

Me parece que estos cuatro años han apretado más aún los lazos que nos

unían ya tan estrechamente. Cuanto más avanzamos en la vida, más

amamos a Jesús. Y como nos amamos en él, nuestro afecto se hace tan

fuerte, que es más unidad que unión lo que existe entre nuestras dos

almas...

Celina, ¿qué puedo decirte, no lo sabes ya todo...? Sí, pero quiero decirte

por qué las Celinas han florecido antes este año. Jesús me lo hizo

comprender esta mañana con ocasión de tu santo. Sin duda te habrás

dado cuenta de que el invierno nunca había sido tan riguroso como este

año pasado; por consiguiente, todas las flores han tardado en abrirse. Era

algo completamente natural, y nadie se extrañó de ello. Pero hay una

florecita misteriosa que Jesús se ha reservado para instruir nuestras

almas. Esa flor es la flor-Celina... A diferencia de las demás, se abrió un

mes antes de la época de su floración... ¡¡¡¿Comprendes, Celina, el

lenguaje de mi florecita querida..., la flor de mi infancia..., la flor de los

recuerdos...?!!! Las escarchas y el rigor del invierno, en vez de

retrasarla, la hicieron brotar y florecer... Nadie se fijó en ello, ¡es tan

pequeña esta flor, tan poco brillante...! Tan sólo las abejas conocen los

tesoros que encierra su cáliz misterioso, compuesto de una multitud de

pequeños cálices, a cuál más rico... Al igual que las abejas, Teresa ha

comprendido este misterio: el invierno es el sufrimiento, el sufrimiento

incomprendido, desconocido, tenido como inútil a los ojos de los profanos,

pero fecundo y poderoso a las miradas de Jesús y de los ángeles que, cual

abejas vigilantes, saben recoger la miel contenida en los misteriosos y

múltiples cálices que simbolizan a las almas, o, mejor, a los hijos de la

florecilla virginal...

Celina, necesitaría volúmenes enteros para escribir todo lo que pienso

acerca de esta florecita. Para mí ¡es una imagen tan perfecta de tu alma!

Sí, Jesús ha hecho caer sobre ella las escarchas, en lugar del cálido sol de

sus consuelos, pero el efecto que él esperaba se ha producido: la humilde

plantita ha crecido y florecido casi de golpe... Celina, cuando una flor se

abre, no hay más que cortarla, ¿pero cuándo y cómo cortará Jesús su

florecilla...? ¡Tal vez el color rosado de su corola esté indicando que lo

hará por el martirio...! Sí, siento renacer mis deseos. Quizás Jesús quiera,

después de habernos pedido, por así decirlo, amor por amor, pedirnos

también sangre por sangre y vida por vida... Mientras tanto, tenemos que

dejar que las abejas liben toda la miel de los pequeños cálices, no

guardarnos nada para nosotras, dárselo todo a Jesús, y luego decir, como

la flor, en la tarde de nuestra vida: «¡La tarde, ha llegado la tarde!».

Entonces, todo habrá terminado..., y a las escarchas les sucederán los

dulces  rayos del sol, y a las lágrimas de Jesús las sonrisas eternas...

¡No, no nos neguemos a llorar con él durante un día, pues gozaremos de

su gloria durante una eternidad...!

Querida florecita, ¿entiendes a tu Teresa...?

Cta 133 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 16 de noviembre de 1891

Querida tía:

Es un placer para la más pequeña de sus hijas ir con sus hermanas

mayores a felicitarle su santo.

Todos los años veo con alegría la llegada de esa fecha del 19 de

noviembre, que, si está llena para mí de dulces recuerdos, es también rica

en esperanzas para el futuro...

Cuanto más avanzo en la vida, más saboreo lo dulce que es la fiesta de

una madre. ¡Desde mi infancia, Dios parecía haberme arrebatado para

siempre una alegría que nunca había gustado!  Pero desde lo alto del

cielo, la madre que no podía ya prodigarme sus caricias inspiró a un

corazón maternal, al que tanto quería, la ternura de una madre hacia su

pobre hijita; y desde entonces yo también he podido saborear las dulces

alegrías que se experimentan al felicitar a una madre querida...

Querida tiíta, desde que está en la montaña del Carmelo, su Teresita es

todavía, si cabe, más consciente del cariño que le profesa; cuanto más

aprende a amar a Jesús, más crece también su amor hacia sus familiares

queridos.

El regalito que nuestra Madre ha tenido el gusto de hacer confeccionar

para su santo le dirá mejor que yo, querida tiíta, lo que yo no acierto a

decirle. Mi corazón se llena de emoción al contemplar esos pobres

cabellos, que indudablemente no tienen otro valor que el delicado trabajo y

la gracia con que han sido colocados, pero que le eran tan queridos a

aquel que Dios nos ha arrebatado... Querida tiíta, ¿verdad que me

comprende...? Me siento feliz al ver que esos cabellos le han sido

obsequiados a la persona a quien más quiero en esta vida después de mi

padre querido, ¡esos cabellos que a él tanto le hubiera gustado recibir!

Querida tiíta, esta carta no se parece en nada a una carta de felicitación,

en la que sólo se debe hablar de alegría y de felicidad. Pero yo no sé

hablar más que con el corazón, sólo él guía mi pluma y estoy

completamente segura de que el  corazón maternal al que mi dirijo

sabrá entenderme e incluso adivinar lo que yo no acierto a expresar...

Querida tía, tengo que poner punto final a esta carta, pero antes quiero

enviarle todos mis besos y le pido que diga a sus hijitas que a ellas les

encargo que se los den por mí; estoy segura de que estarán encantadas

de la misión que les confío y de que la van a cumplir a la perfección...

Su hijita le envía de nuevo todas sus felicitaciones y le pide, querida tiíta

que cuente con toda la ternura de su corazón de hija...

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 134 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 26 de abril de 1892

Celina querida:

Este año la pradera del Carmelo me ofrece un presente simbólico que me

siento feliz regalándote para tus 23 años... Un día, entre la hierba, que

blanqueaba toda ella de sencillas margaritas, me pareció ver una de tallo

más esbelto y que excedía en belleza a todas las demás. Acercándome, vi

sorprendida que, en vez de una margarita, había dos bien distintas. Dos

tallos tan estrechamente unidos, que me hicieron pensar enseguida en los

misterios de nuestras almas... Y comprendí que si, en el orden de la

naturaleza, Jesús se complace en sembrar a nuestros pies maravillas tan

encantadoras, no es sino para ayudarnos a adivinar los misterios, más

ocultos y de un orden superior, que él opera a veces en las almas...

Celina, creo que ya has comprendido a tu Teresa, creo que ya tu corazón

ha adivinado lo que pasa en este otro corazón al que el tuyo está tan

estrechamente unido, ¡que una misma savia es que los nutre...! Sin

embargo, quiero hablarte de algunos de esos misterios escondidos en mi

florecita.

Jesús, para alegrar nuestra vista e instruir nuestras almas, ha creado una

gran multitud de pequeñas margaritas. Y veo con asombro cómo, al

amanecer, sus corolas rosadas están vueltas hacia la aurora: esperan la

salida del sol. Tan pronto como este astro radiante envía sobre ellas uno

de sus cálidos rayos, las tímidas florecillas entreabren sus cálices y sus

lindas hojas forman una especie de corona que, dejando al descubierto

sus corazoncitos amarillos, dan de pronto a estas flores un gran parecido

con el sol que las hiere con su luz. Durante todo el día las margaritas no

cesan de mirar fijamente al sol, y van girando como él hasta la tarde;

luego, cuando  él desaparece, ellas cierran enseguida sus corolas, que,

de blancas, se tornan de nuevo rosadas...

Jesús es el sol divino, y las margaritas son sus esposas, las vírgenes.

Cuando Jesús mira a un alma, le da inmediatamente su parecido divino,

pero es preciso que esa alma no deje de fijar en él solo su mirada.

Para explicar los misterios de las margaritas, tendría que escribir todo un

volumen, pero mi Celina lo comprende todo. Pero eso, quiero hablarle

ahora de los caprichos de Jesús...

Jesús, en su pradera, tiene muchas margaritas, pero están separadas, y

cada una recibe independientemente de las otras los rayos del sol. Un día,

el esposo de las vírgenes se asomó a la tierra y unió estrechamente dos

pequeños capullos apenas abiertos; sus tallos se fundieron en uno solo, y

una sola mirada los hizo crecer. Esas dos florecitas, hechas una sola flor,

se abrieron juntas, y ahora la doble margarita, con la mirada fija en su sol

divino, cumple su misión, que es única...

Celina, sólo tú puedes comprender mi lenguaje. A los ojos de las criaturas,

nuestra vida parece muy diferente, muy distanciada; pero yo sé que Jesús

ha unido nuestros corazones de una manera tan maravillosa, que lo que

hace latir a uno hace también estremecerse al otro...

«Donde está vuestro tesoro allí está vuestro corazón». Nuestro tesoro es

Jesús, y nuestros corazones no forman más que una sola cosa en él. La

misma mirada ha cautivado nuestras almas, una mirada velada de

lágrimas que la doble margarita ha decidido enjugar. Su humilde y blanca

corola será el cáliz que recogerá los diamantes preciosos, para luego

verterlos sobre otras flores que, menos privilegiadas, no habrán fijado en

Jesús las primeras miradas de sus corazones... Tal vez, al atardecer de su

vida, la margarita presente al esposo divino su corola teñida de rosa...

Adiós, Celina querida. La florecita que te envío es una reliquia, pues

reposó entre las manos de nuestra santa madre Genoveva, que bendijo a

Celina y a Teresa...

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 135 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 15 de agosto de 1892

Celina querida:

No puedo dejar salir la carta sin añadirle unas letras. Para ello, tengo que

robar unos instantes a Jesús. Pero él no se enfada por eso, pues es de él

de quien hablamos juntas y sin él ninguna conversación puede el menor

atractivo para nuestros corazones...

Celina, las vastas soledades y los horizontes maravillosos que se abren

ante ti deben de hablar mucho a tu alma. Yo no contemplo todo eso, pero

digo con san Juan de la Cruz:

«Mi Amado las montañas,

los valles solitarios, nemorosos, etc»....

Y este Amado instruye a mi alma, le habla en el silencio, en las tinieblas...

Ultimamente me ha venido  un pensamiento que necesito transmitirle

a mi Celina. Un día, mientras pensaba qué podría hacer para salvar almas,

unas palabras del Evangelio me llenaron de luz. Una vez, Jesús decía a

sus discípulos, mostrándoles los campos de mieses maduras: «Levantad

los ojos y contemplad los campos, que están ya blancos para la siega». Y

un poco más tarde: «La mies es abundante, pero los trabajadores son

pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores».

¡Qué gran misterio...! ¿No es Jesús todopoderoso? ¿No son las criaturas

de quien las ha hecho? Entonces, ¿por qué dice Jesús: «Rogad al Señor

de la mies que envíe trabajadores»? ¿Por qué...? ¡Ah!, es que Jesús

siente por nosotras un amor tan incomprensible, que quiere que tengamos

 parte con él en la salvación de las almas. El no quiere hacer nada sin

nosotras. El creador del universo espera la oración de una pobre alma

para salvar a las demás almas, rescatadas como ella al precio de toda su

sangre.

Nuestra vocación no consiste en ir a segar en los campos de mieses

maduras. Jesús no nos dice: «Bajad los ojos, mirad los campos e id a

segar». Nuestra misión es más sublime todavía. He aquí las palabras de

nuestro Jesús: «Levantad los ojos y mirad». Mirad cómo en mi cielo hay

sitios vacíos, a vosotras os toca llenarlos, vosotras sois mis Moisés orando

en la montaña, pedidme trabajadores y yo los enviaré, ¡no espero más que

una oración, un suspiro de vuestro corazón...!

El apostolado de la oración ¿no es,  por así decirlo, más elevado que

el de la palabra? Nuestra misión, como carmelitas, es la de formar

trabajadores evangélicos que salven millares de almas, cuyas madres

seremos nosotras...

Celina, si no fueran éstas las palabras mismas de nuestro Jesús, ¿quién

se atrevería a creerlas...? ¡Me parece tan hermoso nuestro destino!, ¿qué

tenemos que envidiar a los sacerdotes...? ¡Cómo me gustaría poder

decirte todo lo que pienso! Pero no tengo tiempo, ¡comprende tú todo lo

que no puedo decirte por escrito...!

-----------------

El día del santo de Juana felicítala de nuestra parte con un ramito de

flores; la Regla no nos permite a nosotras hacerlo, pero dile que,

precisamente por eso, pensaremos aún más en ella. Da a todos un abrazo

de mi parte y diles todo lo mejor que se te ocurra. Si encuentras brezo, me

encantaría.

Tu Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 136 A María Guérin

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 16 de octubre de 1892

Mi querida Mariíta:

Ya que has sido tú la encargada de felicitarme para mi santo de parte de

toda la familia, creo que a ti es a quien debo confiar la misión de dar las

gracias, y ante todo a mi querida tía. En primer lugar, por su cartita y por el

gran paquete de chocolate, que ha alegrado mucho a nuestra procuradora;

después,  por la deliciosa crema de café; y luego, y sobre todo, por la

querida y cariñosa cartita de su enfermera, que no dudo que va a devolver

rápidamente la salud a mi tiíta querida. Le pido también al doctorcito de la

calle del Oratorio que haga presente mi agradecimiento al gran doctor y a

su querida Juanita, que, a pesar de su convalecencia, ha pensado en mi

santo, lo cual me ha llegado al alma...

La leve recaída que, gracias a Dios, no ha tenido consecuencias para la

salud de Juana, me ha sugerido un pensamiento que quiero confiar a mi

querido doctorcito. Creo que  a la buena santa Ana le parecía que la

tenían ahora un poco olvidada, y por eso se apresuró a atraer sobre sí la

atención... Te aseguro que desde entonces me acompaña constantemente

su recuerdo. Cuando estoy con el pensamiento al lado de mi querida

hermanita de Caen, me viene automáticamente santa Ana a la memoria y

le encomiendo a la que amo.

Veo con agrado, mi querida Mariíta, que el aire de la ciudad de Caen no te

lleva a la melancolía. No dudo que tu alegre talante (mucho más que tu

ciencia de doctor) va a hacer que nuestras dos queridas enfermas se

restablezcan muy pronto.

 Los bocados de reina, hechos por un pastelero tan distinguido como

tú, me parecen un plato muy delicado para unas carmelitas, ¿no podrías

mostrar tu talento haciendo pastas tan ligeras, que Juana pudiese, no sólo

devorarlas con los ojos, sino también comerlas sin que le hagan daño...?

Termino, querido doctorcito, pidiéndote que perdones mi mala letra. Da un

abrazo muy fuerte de mi parte a toda la familia y dales las gracias por

todas las golosinas que me han enviado en tan gran abundancia que temo

haberme olvidado de alguna.

Dile a mi querida tía que le ruego deposite de mi parte un fuerte beso en tu

mejilla, y recibe el cariño de tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 137 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo 19 de octubre de 1892

Querida Celina:

Hace años, en los días de nuestra infancia, nos alegrábamos de que

llegase nuestro santo por los regalitos que nos hacíamos una a otra. El

objeto más insignificante tenía entonces a nuestros ojos un valor

inigualable... Bien pronto la escena cambió. Al más joven de los pájaros le

salieron alas y voló lejos del dulce nido de su infancia, ¡y entonces todas

las ilusiones se desvanecieron! El verano sucedió a la primavera, y a los

sueños de la juventud la realidad de la vida...

Celina, ¿no fue en ese momento decisivo cuando se estrecharon todavía

más los lazos que encadenaban ya nuestros corazones? Sí, la separación

nos unió de una manera que las palabras no pueden expresar. Nuestro

cariño infantil se trocó en unión de sentimientos, en unidad de almas y de

pensamientos. ¿Quién pudo realizar esta maravilla...? Sólo aquél que

cautivó nuestros corazones. «El amado escogido entre millares. El solo

aroma de sus perfumes basta para atraer tras de sí». «A zaga de tu huella,

/ las jóvenes discurren al camino» (Cant. de los Cant.)

 Jesús nos ha atraído a las dos juntas, aunque por caminos diferentes.

Juntas nos ha elevado sobre todas las cosas quebradizas de este mundo,

cuya apariencia pasa. Él ha puesto, por así decirlo, todas las cosas bajo

nuestros pies. Como Zaqueo, nos hemos subido a un árbol para ver a

Jesús... Por eso, podemos decir con san Juan de la Cruz: «Todo es mío,

todo es para mí; la tierra es mía, los cielos son míos, Dios es mío y la

Madre de mi Dios es mía».

A propósito de la Santísima Virgen, quiero confiarte una de las simplezas

que tengo con ella. A veces me sorprendo diciéndole: «Querida Virgen

Santísima, me parece que yo soy más dichosa que tú, porque yo te tengo

a ti por Madre, mientras que tú no tienes una Virgen Santísima a quien

amar... Es cierto que tú eres la Madre de Jesús, pero ese Jesús nos lo has

dado por entero a nosotros..., y él, desde la cruz, te nos ha dado a

nosotros por Madre. Por eso, nosotros somos más ricos que tú, pues

poseemos a Jesús y tú eres nuestra también. Tú, en otro tiempo, en tu

humildad, deseabas ser un día la humilde esclava de la Virgen feliz que

tuviera el honor de ser Madre de Dios; y ahora yo, pobre criaturita, soy no

ya tu esclava sino tu hija. Tú eres  la Madre de Jesús y eres mi

Madre».

Seguro que la Santísima Virgen se ríe de mi ingenuidad, y, sin embargo, lo

que le digo es una gran verdad...

Celina, ¡qué gran misterio es nuestra grandeza en Jesús! Ya ves todo lo

que Jesús nos ha enseñado al hacernos subir al árbol simbólico del que te

hablaba hace poco. Y ahora ¿qué ciencia va a enseñarnos? ¿No nos lo ha

enseñado ya todo...? Escuchemos lo que él nos dice: «Bajad enseguida,

porque hoy tengo que alojarme en vuestra casa».

¿Pero cómo...? Jesús nos dice que bajemos... ¿Adónde tenemos que

bajar? Celina, tú lo sabes mejor que yo; sin embargo, déjame que te diga

hasta dónde debemos ahora seguir a Jesús. Una vez, los judíos le

preguntaron a nuestro divino Salvador: «Maestro, ¿dónde vives?», y él les

respondió: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros del cielo nidos, yo

no tengo donde reclinar la cabeza». He ahí hasta dónde tenemos que

bajar nosotras para poder servir de morada a Jesús: hacernos tan pobres,

que no tengamos donde reposar la cabeza.

Ya ves, querida Celina, lo que Jesús ha obrado en mi alma durante estos

ejercicios... Ya entiendes que se trata del interior. Por lo demás, el exterior

¿no ha sido  ya reducido a la nada con la dolorosísima prueba de

Caen...? En nuestro padre querido, Jesús nos ha golpeado en la parte

externa más sensible de nuestro corazón. Ahora dejémosle obrar, él sabrá

llevar a feliz término su obra en nuestras almas...

Lo que Jesús desea es que lo recibamos en nuestros corazones. Estos,

qué duda cabe, están ya vacíos de criaturas, pero yo siento que

lamentablemente el mío no está totalmente vacío de mí misma, y por eso

Jesús me manda bajar... Él, el Rey de reyes, se humilló de tal suerte, que

su rostro estaba escondido y nadie lo reconocía... Pues yo también quiero

esconder mi rostro, quiero que sólo mi amado pueda verlo, que sólo él

pueda contar mis lágrimas..., que al menos en mi corazón sí que pueda

reposar su cabeza querida y sentir que allí sí es conocido y comprendido...

Celina, no puedo decirte todo lo que quisiera, mi alma es incapaz de ello...

¡Ay, si pudiera...! Mas no, no está en mi poder... ¿Pero por qué

desconsolarme? ¿No piensas tú siempre lo mismo que yo...? Por eso,

adivinas todo lo que no te digo. Jesús se lo hace sentir a tu corazón.

Además, ¿no ha establecido en él su morada para consolarse de los

crímenes de los pecadores? Sí, allí, en el retiro íntimo del alma, es donde

nos instruye a las dos juntas, y un día nos mostrará el día que ya no

tendrá ocaso...

¡Feliz día de tu santo! ¡Qué feliz será un día tu Teresa cuando lo celebre

en el cielo...!

Cta 138 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 17 de noviembre de 1892

Querida tía:

La más pequeña de sus hijas se siente incapaz de expresarle su ternura y

todos los votos que formula por usted. Pero el corazón de una madre

adivina fácilmente lo que ocurre en alma de su hija. Por eso, querida tiíta,

no voy a tratar de expresar unos sentimientos que usted conoce ya desde

hace mucho tiempo.

 Este año, Dios ha hecho rebosar de una alegría muy dulce mi

corazón al llamar del destierro a mi querido papaíto. Al repasar en mi

espíritu los años dolorosos que acaban de transcurrir, mi alma desborda

de gratitud. No puedo quejarme de esos sufrimientos, que han pasado ya,

y que han rematado y embellecido la corona que Dios se dispone a colocar

pronto en la frente venerable de quien lo ha amado tanto y lo ha servido

con tanta fidelidad...

Y además, esos sufrimientos me han enseñado a conocer mejor los

tesoros de ternura escondidos en el corazón de los familiares tan queridos

que Dios me dio...  «La obra maestra más hermosa del corazón de

Dios es el corazón de una madre». Yo sé bien qué gran verdad se encierra

en esa frase, y doy gracias al Señor de habérmelo hecho conocer por

experiencia.

Querida tiíta, le aseguro que si usted tiene un corazón maternal para

nosotras, su hijita tiene uno que es enormemente filial, y por eso le pide a

Jesús que la colme de todas las gracias que un corazón de hija puede

soñar para su madre querida. Muchas veces, sólo el silencio es capaz de

expresar mi oración, pero el huésped divino del sagrario lo comprende

todo, incluso el silencio del alma de una hija  que está llena de

gratitud...

Si no puedo estar presente el día del santo de mi querida tía, mi corazón

estará muy cerca de ella, y nadie la colmará más que yo de ternura.

Le ruego, querida tía, que dé un abrazo de mi parte a mi tío y a mis

hermanitas queridas.

La dejo, querida tía, quedando muy unida a usted, como una hija a su

madre.

Su hija que la quiere

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 139 A los señores Guérin

Jesús + El Carmelo, 30 de diciembre de 1892

Queridos tíos:

Es un verdadero placer para su benjamín ir a ofrecerles sus felicitaciones

para el nuevo año que va a empezar.

No quiero intentar decir aquí todos los deseos que formulo para mis

familiares queridos. Sería demasiado largo, y además con frecuencia el

corazón encierra aspiraciones que la palabra es incapaz de expresar. Hay

 deseos que sólo Dios puede comprender, o, mejor dicho, adivinar. A

él, pues, quiero confiarle los votos que eleva mi corazón por mis seres

queridos.

Muchas veces, cuando estoy a los pies de Nuestro Señor, siento que mi

alma desborda de gratitud pensando en la gracia que él me hecho al

darme unos familiares como los que tengo la dicha de tener.

No me olvido de que el dos de enero será el cumpleaños  de mi

querido tío. Me siento orgullosa de haber nacido el mismo día que él, y

espero que no se olvide de rezar por su Teresita, que pronto va a ser una

viejecita de veinte años. ¡Cómo pasa el tiempo...! Me parece que fue ayer

cuando mi tío me hacía saltar sobre sus rodillas cantándome la romanza

de Barba Azul con aquellos ojos terribles que casi me hacían morir de

miedo... La tonadilla de Mirlitir me gustaba mucho más... El solo recuerdo

de esta canción todavía hoy me hace reír.

 Ya ven, queridos tíos, que el peso de los años no le ha quitado

todavía a su hijita la memoria; al contrario, se encuentra en una edad en

que los recuerdos de la infancia tienen un encanto del todo especial...

Les ruego, queridos familiares, que feliciten de mi parte a los que amo. No

nombro a nadie porque el papel que me queda no me bastaría, pero en mi

corazón están escritos todos los nombres y ocupan en él un espacio muy

grande.

Su VIEJA sobrina, que les quiere con todo el corazón,

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

SEXTO PERÍODO

EL PRIORATO DE LA MADRE INÉS DE JESÚS

(febrero de 1893-marzo de 1896)

Cta 140 A la madre Inés de Jesús

J.M.J.T.

Jesús + 20 de febrero de 1893

Madre querida:

¡Qué dulce es para mí poder darte ese nombre...! Hace ya mucho tiempo

que tú eres mi madre. Pero ese dulce nombre sólo en el secreto de mi

corazón se lo daba yo a quien era a la vez mi ángel de la guarda y mi

hermana. Hoy, Dios te ha consagrado... Hoy tú eres verdaderamente mi

Madre y lo serás ya por toda la eternidad...

¡Sí, qué hermoso es este día para tu hija...! El velo que Jesús ha echado

sobre este día lo hace más luminoso aún a mis ojos: el sello de su Faz

adorable ha quedado impreso en ti, el perfume del ramillete misterioso se

ha derramado sobre ti. Y, sin duda, siempre será así: «Aquel cuyo rostro

estaba escondido», Aquel que aún sigue escondido en una pequeña hostia

blanca y que no se comunica a las almas sino velado, echará sobre la vida

entera del apóstol amado de su Faz divina un velo misterioso que sólo Él

podrá atravesar...

Sí, el espíritu de la madre Genoveva reside plenamente en ti, y su palabra

profética se ha hecho realidad. A los treinta años, comenzaste tu vida

pública, ¿no fuiste tú quien proporcionó a todos los Carmelos y a tantas

otras almas piadosas el consuelo de conocer los detalles emocionantes y

poéticos de la vida de nuestra santa...? Pero ya entonces Jesús había

posado sobre mi Madre querida su mirada velada, y no  permitió que

fuese conocida, «¡porque su rostro estaba escondido...!»

Si este día es ya tan bello en la tierra, ¿qué no será en el cielo? Me parece

estar viendo a nuestra santa mamaíta mirando feliz a su Paulina (la que

ella más amaba, su preferida); ahora la ve convertida también ella en

Madre, Madre de muchas vírgenes, entre las cuales se encuentran sus

hermanas. ¡Qué gran misterio...!

Ahora vas a poder penetrar en el santuario de las almas, vas a poder

derramar sobre ellas los tesoros de gracias de que te ha colmado Jesús.

Ciertamente sufrirás... Los vasos serán demasiado pequeños para

contener el perfume precioso que querrás verter en ellos; pero el propio

Jesús no tiene sino muy pobres instrumentos musicales para interpretar su

melodía de amor, y, sin embargo, él sabe servirse de todos los que se le

presentan. ¡Tú has de ser como Jesús...!

Hermanita, Madre querida, mi corazón, el corazón de tu hija, es una lira

muy pequeñita: cuando estés cansada de hacer vibrar las arpas, podrás

venir a tomar tu pequeña lira y, apenas la pulses, ella producirá los sonidos

que tú deseas... Al simple contacto de tus dedos consagrados, ella

COMPRENDERÁ, y su débil melodía se mezclará con el canto de tu

corazón...

¡Madre querida, qué de cosas quisiera decirte...! Pero no, tú ya lo sabes

todo... Un día, cuando las sombras hayan pasado, descansaré sobre tu

corazón y repetiré este dulce nombre: Madre.

Cta 141 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 25 de abril de 1893

Querida Celina:

Voy a decirte un pensamiento que tuve esta mañana; o, mejor, te voy a

transmitir los deseos de Jesús sobre tu alma...

Cuando pienso en ti junto al amigo único de nuestras almas, es siempre la

sencillez la que se me presenta como la nota característica de tu corazón...

¡Celina...!, sencilla florecita-Celina, no envidies a las flores de los jardines.

Jesús no nos ha dicho: «Yo soy la flor de los jardines, la rosa cultivada»,

sino: «Yo soy la flor de los campos y el lirio de los valles».

Pues bien, esta mañana, junto al sagrario, yo pensé que mi Celina, la

florecita de Jesús, debía ser -y serlo siempre- una gota de rocío escondida

en la corola divina del Lirio de los valles. Una gota de rocío, ¿qué hay de

más sencillo y de más puro? No son las nubes las que la han formado,

pues el rocío desciende sobre las flores cuando el azul del cielo está

estrellado. Ni puede tampoco compararse con la lluvia, a la que supera en

belleza y en frescor. El rocío sólo existe por la noche; en cuanto el sol

empieza a lanzar sus cálidos rayos, hace destilar las preciosas perlas que

brillan en las puntas de las briznas de hierba de la pradera, y el rocío se

torna en un ligero vapor. Celina es una gotita de rocío que no ha sido

formada  por las nubes, sino que ha caído de ese hermoso cielo que

es su patria. Durante la noche de la vida, su misión es esconderse en el

corazón de la Flor de los campos. Ninguna mirada humana debe

descubrirla, sólo el cáliz que contiene la pequeña gotita conocerá su

frescor.

¡Dichosa gotita de rocío, tan sólo conocida de Jesús...!, no te pares a

contemplar el curso sonoro de los ríos que causan la admiración de las

criaturas; no envidies ni siquiera al claro arroyo que serpentea por la

pradera. Cierto que es muy dulce su murmullo... Pero pueden oírlo las

criaturas..., y además el cáliz de la flor de los campos no puede contenerlo.

No puede ser sólo de Jesús. Para ser suyos, es preciso ser pequeños,

¡pequeños como gotas de rocío...! ¡Y qué pocas son las almas que aspiran

a ser así de pequeñas...! Pero tal vez digan: ¿acaso no son mucho más

útiles el río y el arroyo que la gota de rocío? ¿Para qué sirve ésta? No

sirve más que para refrescar durante unos instantes a una flor de los

campos que hoy es y mañana ha desaparecido...

Sin duda, estas personas tienen razón: la gota de rocío sólo sirve para

eso. Pero esas personas no conocen a la Flor de los campos que ha

querido habitar en nuestra tierra de destierro y vivir en ella la breve noche

de la vida.  Si la conociesen, entenderían el reproche que Jesús hizo

una vez a Marta... Nuestro amado no tiene necesidad de nuestros grandes

pensamientos ni de nuestras obras deslumbrantes; si quisiera

pensamientos sublimes, ¿no tiene a sus ángeles, a sus legiones de

espíritus celestiales cuyos conocimientos están infinitamente por encima

de los más grandes genios de nuestra triste tierra...?

No es, pues, el ingenio ni los talentos lo que Jesús vino a buscar a la tierra.

Si se convirtió en la Flor de los campos, sólo fue para mostrarnos cómo le

gusta la sencillez. El Lirio del valle no aspira más que a una gotita de

rocío... Y justo por eso se ha creado una ¡que se llama Celina...! Durante la

noche de la vida, ella deberá vivir oculta a toda mirada humana; pero

cuando las sombras comiencen a declinar y la Flor de los campos se

convierta en el Sol de la justicia cuando venga a consumar su carrera de

gigante, ¿podrá entonces olvidar a su gotita de rocío...? ¡De ninguna

manera! Cuando él aparezca en su gloria, su compañera de destierro

aparecerá también gloriosa. El Sol divino posará sobre ella uno de sus

rayos de amor, y de pronto la humilde gotita de rocío aparecerá ante los

ojos maravillados de los ángeles y los santos, y brillará como un diamante

precioso que, reflejando al Sol de la justicia, se tornará semejante a él.

Pero esto no es todo. El Astro divino, al mirar a su gota de rocío, la atraerá

hacia sí, y ella ascenderá como un  ligero vapor e irá a clavarse por

toda la eternidad en el seno del foco ardiente del amor increado, y vivirá

para siempre unida a él. Así como en la tierra fue la fiel compañera de su

destierro y de sus desprecios, así también en el cielo reinará eternamente

con él...

¡Y qué asombrados quedarán entonces los que en este mundo tuvieron

por inútil a la gotita de rocío...! Sin duda, tendrán una disculpa: no se les

había revelado el don de Dios, no habían acercado su corazón al de la Flor

de los campos y no habían escuchado estas palabras irresistibles: «Dame

de beber». Jesús no llama a todas las almas a ser gotas de rocío. Quiere

que haya licores preciosos que las criaturas puedan apreciar y que las

alivien en sus necesidades; pero para él se reserva una gota de rocío, ésa

es su mayor ilusión...

¡Qué privilegio ser llamada a tan alta misión...! Mas para responder a ella,

es absolutamente necesario ser sencillas... Jesús sabe bien que es difícil

mantenerse puros en la tierra; por eso quiere que sus gotas de rocío se

ignoren a sí mismas. Le gusta contemplarlas, pero sólo él las mira. En

cuanto ellas, al no conocer su propio valor, se consideran por debajo de

las demás criaturas... Y esto es lo que desea el Lirio de los valles.

La gotita de rocío, Celina, ha comprendido... Este es el fin para el que

Jesús la ha creado. Pero no debe olvidarse de su pobre hermanita; tiene

que alcanzarle la gracia de hacer realidad lo que Jesús le hace

comprender, para que, un día, el mismo rayo de amor evapore a las dos

gotitas de rocío  y juntas puedan, después de no haber sido más que

una sola cosa en la tierra, estar unidas por toda la eternidad en el seno del

Sol divino.

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 142 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 6 de julio de 1893

Querida Celina:

Tus dos cartas han sonado como una dulce melodía en mi corazón... Me

siento feliz al ver la predilección de Jesús hacia mi Celina. ¡Cómo la

quiere, y con qué ternura la mira...!

Ahora ya estamos las cinco en nuestro camino. ¡Qué suerte poder decir:

«Estoy segura de hacer la voluntad de Dios»! Y su santa voluntad se ha

manifestado claramente respecto a mi Celina. Es a ella a quien Jesús ha

escogido entre todas para ser la corona y la recompensa del santo

patriarca que ha cautivado al cielo por su fidelidad. ¿Cómo te atreves a

decir que has sido olvidada o menos amada que las otras? Yo te digo que

has sido ESCOGIDA de manera privilegiada, que tu misión es tanto más

bella cuanto que, siendo el ángel visible de nuestro padre querido, eres a

la vez la esposa de Jesús.

«Es verdad -piensa tal vez mi Celina-, pero en definitiva yo hago por Dios

menos que las otras, tengo muchos menos consuelos, y por lo tanto

menos méritos». «Mis planes no son vuestros planes», dice el Señor. El

mérito no consiste en hacer mucho ni en dar mucho, sino más bien en

recibir, en amar mucho... Se ha dicho que hay más felicidad en dar que en

recibir, y es verdad; pero cuando Jesús quiere reservarse para sí la

felicidad de dar, no sería educado negarse. Dejémosle tomar y dar todo lo

que quiera. La perfección consiste en hacer su voluntad y al alma que se

 entrega enteramente a él el mismo Jesús la llama «su madre y su

hermana» y toda su familia. Y en otra parte: «Si alguien me ama, guardará

mi palabra (es decir, cumplirá mi voluntad), y mi Padre lo amará, y

vendremos a él y haremos en él nuestra morada»

¡Ay, Celina, qué fácil es agradar a Jesús, cautivar su corazón! Lo único

que hay que hacer es amarle sin mirarse uno a sí mismo y sin examinar

demasiado los propios defectos...

Tu Teresa no se encuentra en este momento en las alturas, pero Jesús le

enseña a «sacar provecho de todo, del bien y del mal que halla en sí». Le

enseña a jugar a la banca del amor, o, mejor, no, él juega por ella sin

decirle cómo se las arregla, pues eso es asunto suyo y no de Teresa. Lo

que ella tiene que hacer es abandonarse, entregarse sin reservarse nada

para sí, ni siquiera la alegría de saber cuánto rinde su banca. Pero,

después de todo, ella no es el hijo pródigo, y por tanto no vale la pena que

Jesús le ofrezca un festín, porque «ella está siempre con él».

Nuestro Señor quiere dejar «las ovejas fieles en el desierto». ¡Cuánto me

dice esto...! Él está seguro de ellas: no pueden descarriarse, porque están

cautivas del amor. Por eso Jesús las priva de su presencia sensible para

ofrecer sus consuelos a los pecadores; y si las lleva al Tabor, es por

breves instantes: los valles son, por lo regular, el lugar de su descanso.

«Allí es donde él sestea a mediodía».

La mañana de nuestra  vida ya ha pasado, hemos gozado de las

brisas perfumadas de la aurora, todo entonces nos sonreía, Jesús nos

hacía sentir su dulce presencia. Pero cuando el sol cobró fuerza, el Amado

«nos condujo a su jardín y nos hizo recoger la mirra» de la tribulación

separándonos de todo y hasta de sí mismo. La colina de la mirra nos

fortaleció con sus perfumes amargos, por eso Jesús nos hizo bajar de

nuevo y ahora estamos en el valle y él nos conduce suavemente a lo largo

de las aguas.

Celina querida, no sé muy bien lo que te digo, pero creo que

comprenderás, que adivinarás lo que quisiera decirte. ¡Seamos siempre la

gota de rocío de Jesús! Ahí está la dicha, la perfección... Afortunadamente

es a ti a quien estoy hablando, pues otras personas no sabrían

comprender mi lenguaje, y confieso que a muy pocas almas les suena a

verdadero. En efecto, los directores hacen progresar en la perfección a

base de un gran número de actos de virtud, y tienen razón; pero mi

director, que es Jesús, no me enseña a llevar la cuenta de mis actos, él me

enseña a hacerlo todo por amor, a no negarle nada, a estar contenta

cuando él me ofrece una ocasión de demostrarle que le amo; pero esto se

hace en la paz, en el abandono, es Jesús  quien lo hace todo y yo no

hago nada.

Me siento muy unida a mi Celina. Creo que no es frecuente que Dios haya

hecho dos almas que se comprendan tan bien, sin que haya nunca entre

ellas una nota discordante. La mano de Jesús, al tocar una de las liras,

hace vibrar al mismo tiempo la otra... ¡Vivamos escondidas en nuestra Flor

divina de los campos hasta que declinen las sombras; dejemos que las

gotas de licor sean apreciadas por las criaturas! Puesto que nosotras le

gustamos a nuestro Lirio, sigamos siendo gustosas ¡su gota exclusiva de

rocío...! Y a cambio de esta gota, que habrá sido su consuelo durante el

destierro, ¿qué no nos dará él en la patria...? El mismo nos lo dice: «Quien

tenga sed, que venga a mí y beba» Así pues, Jesús es y será siempre

nuestro océano... Como el ciervo sediento, nosotras suspiramos por ese

agua que se nos promete; pero nuestro mayor consuelo es ser también

nosotras el océano de Jesús, el océano del Lirio de los valles.

Sólo tu corazón podrá leer esta carta, pues a mí misma me cuesta

descifrarla. Se me acabó la tinta, he tenido que echar saliva en el tintero

para arreglármelas, ¿no es para reírse...?

Abrazos a toda la familia, pero sobre todo a mi Rey querido, que recibirá

un beso de su Celina de parte de su reina,

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 143 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 23 de julio de 1893

Mi querida Celinita:

No contaba con responder yo esta vez a tu carta, pero nuestra Madre

quiere que añada unas palabras a la suya.

¡Cuántas cosas tendría que decirte! Pero como no tengo más que unos

momentos, quiero, ante todo, asegurar a la gotita de rocío que su Teresa

la comprende... Después de leer tu carta, me fui a la oración. Tomando el

evangelio, pedí a Jesús encontrar un pasaje para ti, y mira el que me salió:

«Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando veis que comienzan a

echar brotes, os dais cuenta de que está próximo el verano. Pues cuando

veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios»

Cerré el libro. Ya había leído bastante. En efecto, «estas cosas» que

suceden en el alma de mi Celina demuestran que el reino de Jesús se ha

establecido ya en su alma... Ahora quiero decirte lo que sucede en la mía,

que sin duda es lo mismo que sucede en la tuya.

Es cierto lo que dices, Celina: las frescas mañanas han pasado ya para

nosotras, ya no quedan flores que cortar, Jesús las ha cogido para sí. Tal

vez algún día haga brotar otras nuevas; pero mientras tanto, ¿qué

debemos hacer? Celina, Dios no me pide ya nada... Al principio me pedía

una infinidad de cosas. Durante algún tiempo pensé que ahora, como

Jesús no me pedía nada, tendría que caminar dulcemente en la paz y en el

amor, haciendo solamente lo que él me pedía... Pero tuve una inspiración.

Dice santa Teresa que  es necesario alimentar el amor. Cuando

estamos en tinieblas, en sequedades, la leña no se encuentra a nuestro

alcance; pero ¿no tendremos que echar en él al menos unas pajitas?

Jesús es lo bastante poderoso para alimentar él solo el fuego; sin

embargo, le gusta vernos echar en él algo que lo alimente. Es éste un

detalle que le agrada, y entonces arroja él al fuego mucha leña. A él

nosotras no le vemos, pero sentimos la fuerza del calor del amor.

Yo lo he visto por experiencia: cuando no siento nada, cuando soy

INCAPAZ de orar y de practicar la virtud, entonces es el momento de

buscar pequeñas ocasiones, naderías que agradan a Jesús más que el

dominio del mundo e incluso que el martirio soportado con generosidad.

Por ejemplo, una sonrisa, una palabra amable cuando tendría ganas de

callarme o de mostrar un semblante enojado, etc., etc.

¿Comprendes, Celina querida? No es para labrar mi corona, para ganar

méritos, es por agradar a Jesús... Cuando no tengo ocasiones, quiero al

menos decirle muchas veces que le amo. Esto no resulta difícil, y alimenta

el fuego; aun cuando me pareciese que está apagado ese fuego del amor,

me gustaría echar en él alguna cosa, y Jesús podría entonces reavivarlo.

Celina, temo no haber dicho lo que debiera. Tal vez pienses que yo hago

siempre esto que digo. Pues no, no siempre soy fiel. Pero no me desanimo

nunca, me abandono en los brazos de Jesús. La gotita de rocío se hunde

más adentro en el cáliz de la Flor de los campos y allí encuentra todo lo

que ha perdido, y mucho más.

Tu hermanita

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz.

rel. carm. ind.

Cta 144 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 23 de julio de 1893

Querida Celinita:

No me sorprende que no entiendas nada de lo que ocurre en tu alma. Un

niño PEQUEÑO completamente solo en el mar, en una barca perdida en

medio de las olas borrascosas ¿podrá saber si está cerca o lejos del

puerto? Mientras sus ojos divisan todavía la orilla de donde zarpó, sabe

cuánto camino lleva recorrido y, al ver alejarse la tierra, no puede contener

su alegría infantil. ¡Pronto -se dice a sí mismo- llegaré al final del viaje!

Pero cuanto más se aleja de la playa, más vasto parece también el

océano. Entonces la CIENCIA del niñito se ve reducida a nada, y ya no

sabe hacia dónde va su navecilla. Como no sabe manejar el timón, lo

único que puede hacer es abandonarse, dejar flotar la vela a merced del

viento...

Celina mía, la niñita de Jesús se encuentra completamente sola en una

barquichuela, la tierra ha desaparecido a sus ojos y no sabe a dónde va, ni

si avanza o retrocede... Teresita sí lo sabe: está segura de que su Celina

está en alta mar, de que la navecilla que la lleva boga a velas desplegadas

hacia el puerto, de que el timón, que Celina ni siquiera puede ver, no está

sin piloto. Jesús está allí, dormido, como antaño en la barca de los

pescadores de Galilea. Él duerme... y Celina no lo ve porque la noche ha

caído sobre la navecilla... Celina no oye la voz de Jesús. El viento sopla y

ella lo oye soplar, ve las tinieblas... y Jesús sigue durmiendo. Sin embargo,

 si se despertara solamente un instante, sólo tendría que «ordenar al

viento y al mar, y vendría una gran calma», y la noche sería más clara que

el día. Celina vería la mirada divina de Jesús, y su alma quedaría

consolada... Pero entonces Jesús ya no dormiría, ¡y está tan CANSADO...!

Sus pies divinos están cansados de buscar a los pecadores, y en la

navecilla de Celina Jesús descansa tan a gusto...

Los Apóstoles le habían dado una almohada, el Evangelio nos cuenta este

detalle. Pero en la barquilla de su esposa querida Nuestro Señor encuentra

otra almohada mucho más suave: el corazón de Celina. Allí lo olvida todo,

allí está como en su casa... No es una piedra lo que sostiene su cabeza

divina (aquella piedra por la que suspiraba durante su vida mortal): es un

corazón de hija, un corazón de esposa. ¡Y qué contento está Jesús! ¿Pero

cómo puede estar contento cuando su esposa sufre, cuando vela mientras

él duerme dulcemente? ¿No se da cuenta de que Celina no ve más que la

noche, de que su rostro divino está escondido para ella, y de que a veces

hasta la carga que siente sobre su corazón le parece pesada...?

¡Qué gran misterio! Jesús, el niñito de Belén, a quien María llevaba como

una «carga ligera», se vuelve pesado, tan pesado que san Cristóbal se

queda sorprendido... También la esposa de los Cantares dice que su

«Amado es un ramillete de mirra que descansa sobre sus senos». La mirra

es el sufrimiento, y así es como Jesús reposa sobre el corazón de Celina...

Y sin embargo, Jesús está contento de verla entre sufrimientos, se siente

feliz de recibirlo todo de ella durante la noche... Espera la aurora, y

entonces... sí, entonces ¡¡¡qué despertar el de Jesús...!!!

Celina querida, ten la seguridad de que tu barca está en alta mar, tal vez

muy cerca ya del puerto. El viento del dolor que la empuja es un viento de

amor, y ese viento es más rápido que el relámpago...

 ¡Cómo me emocionó saber que Jesús te había inspirado la idea de

los pequeños sacrificios! Yo se lo había pedido, no contando con escribirte

tan pronto. Hasta ahora, nunca Nuestro Señor se me ha negado a

inspirarte lo que le he pedido que te diga. Siempre nos concede las

mismas gracias a las dos. Hasta me veo obligada a llevar un rosario de

prácticas. Lo hago por caridad hacia una de mis compañeras. Ya te lo

contaré detalladamente, es muy divertido... Estoy presa entre unos hilos

que no me gustan, pero que me son muy útiles en la situación en que se

encuentra mi alma.

Cta 145 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 2 de agosto de 1893

Querida Celinita:

Tu carta me ha llenado de alegría. El camino que sigues es un camino

real. No es un camino trillado, sino un sendero que ha sido trazado por el

mismo Jesús. La esposa de los Cantares dice que, al no encontrar a su

Amado en el lecho, se levantó para buscarle por la ciudad, pero en vano; y

que en cuanto salió de la ciudad, encontró al que amaba su alma...

Jesús no quiere que encontremos en el reposo su presencia adorable; él

se esconde, se rodea de tinieblas. No se comportaba así con la

muchedumbre de los judíos, pues vemos en el Evangelio que «el pueblo

estaba PENDIENTE de sus labios». Jesús cautivaba a las almas débiles

con sus divinas palabras y trataba de hacerlas fuertes para el día de la

prueba... ¡Pero qué pequeño fue el número de los amigos de Nuestro

Señor cuando SE CALLABA delante de sus jueces...! ¡Y qué melodía es

para mi corazón ese silencio de Jesús...! El se hace pobre para que

nosotras podamos darle limosna, nos tiende la mano como un mendigo,

para que cuando aparezca en su gloria el día del juicio, pueda hacernos oír

aquellas dulces palabras: «Venid vosotros, benditos de mi Padre, porque

tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui

forastero y me hospedasteis, estuve enfermo y en la cárcel y me

socorristeis».

El mismo Jesús que pronunció estas palabras es quien busca nuestro

amor, quien lo mendiga... Se pone, por así decirlo, a nuestra merced. No

quiere tomar nada sin que se lo demos, y hasta la cosa más insignificante

es preciosa a sus ojos divinos...

 Celina querida, alegrémonos de la porción que nos ha tocado, ¡es tan

hermosa! ¡Demos, demos a Jesús, seamos avaras con los otros, pero

pródigas con él!

Jesús es un tesoro escondido, un bien inestimable que pocas almas saben

encontrar porque está escondido y el mundo ama lo que brilla. ¡Ah!, si

Jesús hubiera querido mostrarse a todas las almas con sus dones

inefables, ciertamente ni una sola lo hubiera desdeñado. Pero él no quiere

que le amemos por sus dones: él mismo quiere ser nuestra recompensa.

Para encontrar una cosa escondida, hay que esconderse también uno

mismo. Nuestra vida ha de ser, pues, un misterio. Tenemos que

parecernos a Jesús, al Jesús cuyo rostro estaba escondido... «¿Queréis

aprender algo que os sea útil? -dice la Imitación-. Gustad de ser ignorados

y tenidos en nada». Y en otra parte: «Después de haberlo dejado todo, es

necesario dejarse, sobre todo, a sí mismo». «Que éste se gloríe de una

cosa, aquél de otra. En cuanto a vosotros, no pongáis vuestro gozo sino en

el desprecio de vosotros mismos».

¡Qué paz dan al alma estas palabras, Celina! Tú las conoces, ¿pero no

sabes ya todo lo que quisiera decirte...? Jesús te ama con un amor tan

grande, que, si lo vieras, caerías en un éxtasis de felicidad que te causaría

la muerte. Pero no lo ves y sufres...

¡Pronto Jesús «se levantará para salvar a todos los mansos y humildes de

la tierra»...!

Cta.146 A la Señora de Guerín

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 10 de agosto de 1893

Querida tía:

He visto gustosa cómo usted supo leer en el corazón de su hijita. No

quiero, sin embargo, que mi hermosa letra pierda el honor de ser admirada

en el castillo de La Musse... Por eso me he sentido muy feliz cuando

nuestra Madrecita me confió la dulce misión de contestar a su carta.

Querida tía, todas y cada una de las líneas que nos ha escrito me revelan

su corazón, que es el  de la más tierna de las madres. Pero también el

de su Teresita es un corazón de hija, lleno de amor y de gratitud...

Pido a Dios que cure a mi querido tío. Y la verdad es que me parece que

esta súplica no puede dejar de ser escuchada, puesto que Nuestro Señor

mismo está interesado en esa curación. ¿No trabaja, acaso, el brazo de mi

tío, escribiendo incansablemente páginas admirables, destinadas a salvar

almas y a hacer temblar a los demonios?

Creo que Dios nos está escuchando ya, y espero que disfruten en paz de

los últimos días que les  quedan por pasar en su hermoso castillo.

¡Qué feliz debe de sentirse Juana al poder gozar a sus anchas de la

presencia de Francis, al que tiene tan poco a su lado en Caen! He rezado

mucho para que desaparezca por completo ese dichoso esguince, pues

tiene que ser un negro nubarrón en el azul del cielo de mi Juana.

Me acuerdo también de mi hermanita María. Me parece que desde que

plantó su morada en las copas de los árboles, yo le debo de parecer muy

pequeña y despreciable. Cuando uno se acerca al cielo, descubre

maravillas que no existen en  los humildes valles. Me llamará mala,

pero eso no me impedirá ofrecer la sagrada comunión por Su Alteza el día

de su santo...

No acierto a expresarle, querida tía, lo feliz que me siento cuando pienso

que mi querido papaíto está con ustedes, rodeado de cariño y de cuidados.

Dios ha hecho con él lo mismo que con su servidor Job: después de

haberlo humillado lo colma de favores, y todos esos bienes y ese cariño le

llegan por medio de ustedes.

Querida tiíta, tengo todavía muchas cosas que decirle, pero no me queda

espacio, y no es respetuoso terminar así  una carta escribiendo de

través. Perdóneme, querida tía, y ojalá sepa intuir todo lo que quisiera

escribirle, lo mismo que al resto de la familia.

La madre María de Gonzaga y nuestra Madre les mandan muchos y muy

cariñosos saludos. Se sienten encantadas de saber que os va a ser

presentada la señora de Virville.

Un abrazo con todo el corazón, querida tía, y siempre seré

Su respetuosa hijita,

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 147 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 13 de agosto de 1893

Querida Celinita:

Sentimos mucho todos esos problemas que tienes con la sirvienta.

Nuestra Madre no pensaba escribirte antes de que volvieras, pero es tan

buena y quiere tanto a su Celinito, que, al saber que estaba triste, ha

querido darle un pequeño consuelo permitiendo a tu Teresa escribirte unas

letras.

No sabemos lo que debes hacer con la casa. Deberías preguntarle a

nuestro tío, nosotras daremos por bueno lo que él decida; de todas formas,

ya hablaremos de ello de viva voz.

Tu pobre sirvienta es bien desgraciada con tener ese vicio tan feo, y sobre

todo de ser mentirosa; ¿no podrías convertirla, como a su marido? No hay

pecado sin perdón, y Dios es  poderoso para dar conciencia aun a las

personas que no la tienen. Voy a rezar mucho por ella. Tal vez, en su

lugar, yo fuese todavía peor que ella, y tal vez también ella sería ya una

gran santa si hubiese recibido la mitad de las gracias de que Dios me ha

colmado a mí.

Creo que Jesús es muy bueno al permitir que mis pobres cartitas te sirvan

de ayuda. Pero te aseguro que no caigo en el error de pensar que tengo

en ello el menor mérito. «Si el Señor no construye la casa, en vano se

cansan los albañiles». Los más bellos discursos de los más grandes

santos no lograrían hacer brotar un solo acto de amor de un corazón si

Jesús no estuviese adueñado de él. Sólo él sabe servirse de su lira, nadie

más puede hacer vibrar sus notas armoniosas. Pero Jesús se sirve de

todos los medios, todas las criaturas  están a su servicio y a él le gusta

utilizarlas durante la noche de la vida para ocultar su presencia adorable.

Mas no se oculta tanto que no se deje adivinar. En efecto, veo que muchas

veces me da luces, no para mí, sino para su Palomita desterrada, para su

esposa querida. Esto es muy cierto, y en la misma naturaleza encuentro un

ejemplo de ello.

Imagínate un hermoso melocotón rosado y tan dulce, que todos los

confiteros juntos no lograrían imaginar un sabor tan dulce como el suyo.

Dime, Celina, ¿acaso creó Dios para el melocotón ese precioso color rosa

tan aterciopelado y tan agradable a la vista y al tacto? ¿Gastó por él tanto

azúcar...? La verdad que no. Fue para nosotras y no para él. Pero lo más

propio suyo, lo que forma la esencia de su vida es el hueso; podemos

quitarle toda su belleza, sin  quitarle su ser.

De la misma manera, Jesús se complace en prodigar sus dones a algunas

de sus criaturas, pero muchas veces es para atraer hacia sí a otros

corazones; y luego, cuando ha logrado su objetivo, hace desaparecer esos

dones exteriores y despoja completamente a las almas que le son más

queridas. Al verse en tan gran pobreza, esas pobres almas tienen miedo,

les parece que no sirven para nada, puesto que lo reciben todo de los

demás y ellas no pueden dar nada. Pero no es así: la esencia de su ser

trabaja en secreto. Jesús va formando en ellas ese germen que ha de

desarrollarse allá arriba en los jardines del cielo. Se complace en hacerles

ver su nada y su propio poder. Para llegar a ellas, se sirve de los

instrumentos más viles, demostrándoles así que es él solo quien trabaja.

Se da prisa en perfeccionar su obra para el día en que, desvanecidas las

sombras, no se comunicará ya a través de intermediarios, sino en un cara

a cara eterno...

(Nuestra Madre agradece a María su cartita, lo mismo que la madre María

de Gonzaga; les ha encantado.)

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 148 A Leonia

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 13 de agosto de 1893

Querida Leonia:

¿Piensas, tal vez, que tu Teresa te tiene olvidada? ¡En absoluto! Tú

conoces demasiado bien su corazón para pensar eso. Me habría gustado

escribirte al mismo tiempo que nuestra Madre y que sor María del Sagrado

Corazón, pero hubo un malentendido y su carta salió antes de lo que yo

pensaba. Hoy voy a desquitarme pasando un rato contigo.

¡Si supieras, querida hermanita, las acciones de gracias que elevo al cielo

por el don que Dios te ha concedido!  Por fin tus deseos se han

realizado. Como la paloma que salió del arca, tampoco tú podías hallar

sobre la tierra del mundo un lugar donde posar el pie, y volaste durante

mucho tiempo tratando de entrar en la mansión bendita donde tu corazón

había fijado para siempre su morada. Jesús se hizo esperar, pero al fin los

gemidos de su paloma lo conmovieron, extendió su mano divina y,

tomando a su prometida, la colocó sobre su corazón, en el tabernáculo de

su amor.

Se ha realizado así ya la predicción de nuestra santa tía. La hija de la

beata Margarita María está en la Visitación y será ya para siempre la

esposa de Nuestro Señor.

Claro, que mi alegría es completamente espiritual, pues ya no volveré a

ver aquí en la tierra a mi querida Leonia, ya no volveré a escuchar su voz

ni a desahogar mi corazón en el suyo... Pero sé que la tierra es el

lugar de nuestro destierro, somos viajeras que caminamos hacia la patria.

¿Qué importa la ruta que seguimos no sea la misma, si nuestra meta

común es el cielo? Allí nos reuniremos para no separarnos jamás. Allí

saborearemos eternamente las alegrías de la familia, volveremos a

encontrar a nuestro padre querido, aureolado de gloria y honor por su

fidelidad a toda prueba y sobre todo por las humillaciones en las que fue

abrevado; veremos a nuestra madre, que se alegrará de las tribulaciones

que fueron nuestra heredad durante del destierro de la vida, gozaremos de

su dicha al contemplar a sus cinco hijas religiosas, y con los cuatro

angelitos que nos esperan allá arriba formaremos una corona que ceñirá

para siempre la frente de nuestros padres queridos.

Querida hermanita, ya ves que también yo participo de tu alegría, que sé

 que es muy grande, pero que sé también que los sacrificios no dejan

de acompañarla. ¿Sería meritoria, sin ellos, la vida religiosa? No, ¿verdad

que no? Por el contrario, las pequeñas cruces son las que constituyen toda

nuestra alegría. Esas pequeñas cruces no son más corrientes que las

grandes, y preparan nuestro corazón para recibir éstas cuando así lo

quiera nuestro Maestro.

Te ruego, querida Leonia, que des mis respetuosos saludos a tu

Reverenda Madre, hacia la que conservo un afecto muy filial desde el día

que tuve el honor de conocerla. ¿No pertenezco yo ya también un poco a

su familia, al ser tú su hija y yo tu indigna hermanita...?

Nuestra Madre, la madre María de Gonzaga y sor María del Sagrado

Corazón presentan también sus respetuosos saludos a la Madre superiora,

y envían a su querida Leonia sus mejores deseos de felicidad.

No olvides en tus oraciones, querida hermana, a la más pequeña de las

carmelitas, que tan unida está contigo en el corazón de la Santísima

Virgen.

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 149 A Celina

20 (?) de octubre de 1893

J.M.J.T.

Jesús +

Celina querida:

He encargado a Jesús que felicite en mi nombre a mi hermanita sor María

de la Santa Faz... Sólo Jesús debe ser el vínculo divino que nos una. Sólo

él tiene derecho a penetrar en el santuario de su esposa... Sí, él, y sólo él,

escucha cuando nada nos responde... Sólo él dispone los acontecimientos

de nuestra vida de dertierro. Él es quien a veces nos ofrece el cáliz

amargo. Pero nosotras no le vemos, él se esconde, oculta su mano divina,

y no logramos ver más que a las criaturas. Entonces sufrimos, porque la

voz de nuestro Amado no se deja oír y la de las criaturas parece

despreciarnos...

Sí, el sufrimiento más amargo es el de no ser comprendidas... Pero nunca

será ése el sufrimiento de Celina y de Teresa. Nunca, pues sus miradas

están puestas más allá de la tierra y se elevan por encima de lo creado.

Cuanto más se esconde Jesús, tanto más sienten ellas que Jesús está

cerca. En su delicadeza exquisita, él marcha por delante, apartando las

piedras del camino y alejando a los reptiles. Pero no es nada todavía: él

hace resonar en nuestros oídos voces amigas, y esas voces nos advierten

que no caminemos demasiado seguras... ¿Y por qué? ¿No es acaso el

mismo Jesús quien ha trazado nuestra ruta? ¿No es él quien nos alumbra

y se revela a nuestras almas...? Todo nos lleva a él, las flores que crecen

al borde del camino no cautivan  nuestros corazones. Las miramos,

las amamos, porque nos hablan de Jesús, de su poder, de su amor, pero

nuestras almas permanecen libres. ¿Por qué turbar, pues, nuestra dulce

paz? ¿Por qué temer la tormenta cuando el cielo está sereno...?

¡Celina, querida Celina...! No son los precipicios lo que hay que evitar.

Estamos en brazos de Jesús; y si voces amigas nos aconsejan temer, es

nuestro Amado en persona quien así lo quiere. ¿Y por qué...? Porque, en

su amor, ha escogido para sus esposas el mismo camino que escogió para

sí. Quiere que las alegrías más puras se cambien en sufrimientos, a fin de

que nuestro corazón, no teniendo, por así decirlo, ni siquiera tiempo para

respirar a gusto, se vuelva hacia él, que es nuestro único sol y nuestra

única alegría...

Las flores del camino son los placeres puros de la vida. No hay mal alguno

en disfrutar de ellos. Pero Jesús está celoso de nuestras almas, y desea

que para nosotras todos los placeres estén mezclados con amargura... Y

aunque las flores del camino conducen al Amado, son, sin embargo, un

camino indirecto; son la placa o el espejo que reflejan al sol, pero no son el

sol...

No estoy diciendo a mi Celina querida lo que quisiera decirle, me explico

tan mal... Tal vez ella me entienda con medias palabras, ¡se las arregla tan

bien Jesús para cumplir los encargos de su pobre Teresa...!

Hay en el Cantar de los Cantares un pasaje que le cuadra a la perfección a

la pobre Celinita desterrada. Es éste: «¿Qué veis en la esposa sino coros

musicales en un campo de batalla?» ¡Sí, la vida de mi Celina es realmente

un campo de batalla...! Como pobre palomita, gime junto a los canales de

Babilonia, ¿y cómo podrá cantar los cánticos del Señor  en tierra

extranjera...? Y sin embargo, tiene que cantar, su vida tiene que ser una

melodía (un coro musical). Es Jesús quien la retiene cautiva, pero él está a

su lado... Celina es la humilde lira de Jesús... ¿Es completo un concierto

cuando nadie canta...? Si Jesús toca, ¿no tiene Celina que cantar...?

Cuando el aire sea triste, ella cantará el cántico del destierro, y cuando el

aire sea jubiloso, su voz dejará oír los acentos de la patria... Todo lo que

pueda suceder, todos los acontecimientos de la vida no serán más que

ruidos lejanos que no harán vibrar a la pequeña lira, sólo Jesús tiene

derecho a posar en ellas sus dedos divinos. Las criaturas son peldaños,

instrumentos, pero es la mano de Jesús la que lo dirige todo. En todo hay

que verlo sólo a él...

No puedo pensar sin extasiarme en mi querida santa Cecilia. ¡Qué modelo

para la humilde lira de Jesús...! En medio del mundo, metida entre toda

clase de peligros, en el momento de unirse a un joven pagano que no

respira más que amor profano, me parece que Cecilia hubiese debido

temblar y llorar... Pero no: al oír el sonido de los instrumentos que

festejaban sus bodas, Cecilia cantaba en su corazón... ¡Qué abandono...!

Escuchaba, sin duda, unas melodías que no eran de la tierra; su esposo

divino cantaba también; los ángeles hacían resonar en el corazón de

Cecilia el sonido de sus conciertos celestiales... Cantaban como  en

otro tiempo junto al pesebre de Jesús: «Gloria a Dios en el cielo y en la

tierra paz a los hombres que Dios ama».

¡La gloria de Dios! Cecilia adivinaba que su esposo divino tenía sed de

almas y anhelaba ya la del joven romano que sólo soñaba en la gloria de la

tierra; pronto hará de él un mártir, y las multitudes marcharán en pos de

sus huellas... Cecilia no teme, porque los ángeles cantaron: «Paz a las

almas que el Señor ama»; ella sabe que Jesús está obligado a guardarla,

a proteger su virginidad. Por eso, ¡qué recompensa...!

Sí, es preciosa la casta generación de las almas vírgenes, canta

frecuentemente la Iglesia, y esta palabra sigue siendo hoy tan verdadera

como en los tiempos de la virgen Cecilia...

Celina querida, ¡qué contento está Jesús con su pequeña lira! ¡Tiene tan

pocas en el mundo! Déjale descansar a tu lado, no te canses de cantar,

pues Jesús no se cansa nunca de tocar... Un día, allá arriba en la patria,

verás los frutos de tus trabajos... Después de haber sonreído a Jesús en

medio de las lágrimas, gozarás de los rayos de su Faz divina y él seguirá

tocando en su pequeña lira. ¡Tocará durante toda la eternidad aires nuevos

que nadie, excepto Celina, podrá cantar...!

Cta 150 A la señora de la Néele

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 22 de octubre de 1893

Querida Juana:

Ahora me toca a mí pedirte disculpas, pues he tardado mucho en

agradecerte todas esas golosinas. Pero tenía una cierta esperanza de

expresarte mi gratitud de palabra, y por esta razón he tardado en

escribirte.

No, no he tenido el mal pensamiento de que mi hermanita me tuviese

olvidada, sino que me parecía de lo más natural que se contentase con

rezar una oración por su Teresita.  Por eso, me emocioné mucho más

de lo que sé decirte al recibir tu amorosa carta. También la felicitación de

mi querido primo me emocionó mucho. Y por último, los tarros de

mermelada vinieron a colmar todas tus delicadezas para conmigo...

Nuestra Madre santa Teresa era tan agradecida, que decía graciosamente

«que le ganaban el corazón con una sardina». ¿Qué habría dicho si

hubiese conocido a Francis y a Juana...? Pero el cielo no está tan lejos de

la tierra que ella no pueda verlos y bendecirlos. Tengo incluso la seguridad

de que le tiene un cariño especial a mi querida Juana. Nuestra santa

Madre tenía también una hermana que se llamaba Juana, y, al leer su

vida, me conmovió mucho ver con qué ternura velaba por sus sobrinitos.

Por eso, sin dejar a un lado a santa Ana, me dirijo a santa Teresa para

alcanzar por su intercesión la gracia de ser tía también yo. No dudo de que

me escuchará enviando a mi querida Juana una familia bendita, que dará a

la Iglesia grandes santos y grandes santas.

El retraso no me desanima, pues sé que en la curia de Roma se necesita

mucho  tiempo para hacer santos, y no puedo enfadarme con Dios

porque ponga todo su cuidado y todo su amor en la preparación de esas

almas infantiles que un día confiará a mi Juana.

Te pido, hermanita, que invoques a santa Teresa; estoy segura de que

santa Ana estará contenta de que lo hagas. La unión hace la fuerza, y las

dos, juntas, nos alcanzarán la gracia que pedimos.

Querida Juana, te ruego que seas mi intérprete ante Francis, dándole las

gracias por su felicitación. Un abrazo cordial, con todo el cariño de esta

hermanita,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

 Nuestra Madre y sor María del Sagrado Corazón te envían todo su

cariño y no cesan de rezar para que los deseos de su querida Juanita se

vean plenamente escuchados.

Cta 151 A Leonia

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 5 de noviembre de 1893

Querida Leonia:

Me siento enormemente feliz con tu felicidad. Tus cartas son para mí una

verdadera alegría. Veo, sin ningún género de duda, que estás

verdaderamente donde te quiere el Señor.

¡Qué bueno ha sido el Señor con nuestra familia! No ha permitido que

ningún mortal se convirtiera en esposo de ninguna de nosotras.

Acabamos de hacer unos hermosos ejercicios espirituales como

preparación para la  fiesta de nuestra Santa Madre. El Padre nos ha

hablado, sobre todo, de la unión con Jesús y de la belleza de nuestra

vocación. Nos ha hecho ver todas las ventajas de la vida religiosa, y en

especial de la vida contemplativa. Nos ha puesto una comparación que me

ha encantado. «Mirad -nos decía- los robles de nuestros campos, cómo

crecen a lo ancho: echan ramas a derecha e izquierda, nada los contiene,

por eso no alcanzan nunca gran altura. Por el contrario, mirad los robles de

los bosques que están presionados por todos los lados: no reciben luz más

que desde arriba, por eso su tronco está desprovisto de todas esas ramas

disformes  que les roban la savia que necesitan para elevarse hasta lo

alto. No ven más que el cielo, y, así, toda su fuerza se dirige hacia allá y

pronto alcanzan una altura asombrosa. En la vida religiosa, el alma, al

igual que el joven roble, se encuentra presionada por todos los lados por la

regla, y todos sus movimientos se ven cohibidos, obstaculizados por los

árboles del bosque...; pero ve luz cuando mira al CIELO, sólo allí puede

descansar su mirada, nunca debe tener miedo de elevarse demasiado

hacia allá».

Querida hermanita, creo que te gustará que te hable de estas cosas.

Nuestra felicidad está en hablar de los asuntos del alma, en sumergir

nuestros  corazones en el infinito...

Te pido perdón por enviarte unas cartas tan mal escritas; pero, hermanita

querida, prefiero dejar correr la pluma a impulsos del corazón a redondear

las frases y escribirte una página literaria.

Te ruego que saludes respetuosamente de mi parte a la Madre superiora.

No me olvides en tus oraciones, acuérdate de mí junto a Jesús tanto como

yo me acuerdo de ti.

Te dejo, querida Leonia, quedando muy unida a ti en el corazón de nuestro

divino Esposo.

Tu indigna hermanita,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 152 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 17 de noviembre de 1893

Querida tía:

¡Qué delicia para su Teresita, poder felicitarla cada año en el día de su

santo! Sin embargo, no tengo nada nuevo que decirle, pues hace ya

mucho tiempo que sabe cuánto la quiero.

Querida tiíta, no tengo miedo de aburrirla repitiéndoselo una vez más, y

ésta es la razón que me hace pensar así: cuando estoy junto al sagrario,

yo no sé decirle a Nuestro Señor más que una cosa: «Dios mío, tú

sabes que te quiero». Y siento que mi oración no le cansa a Jesús. Como

conoce la impotencia de su pobre esposa, se conforma con su buena

voluntad. Yo sé también que Dios ha derramado en el corazón de las

madres algo del amor del que desborda su propio corazón... Y la madre a

quien me dirijo ha recibido el amor maternal en tan larga medida, que no

puedo tener miedo a verme incomprendida...

Por lo demás, mi impotencia no durará eternamente: en la patria celestial

podré decirle a mi querida tiíta muchas cosas que no pueden expresarse

con palabras humanas.

Mientras tanto, pido a Nuestro Señor que deje mucho mucho tiempo en la

tierra a quien  sabe trabajar tan bien por su gloria, y le deseo que

pueda ver «a los hijos de sus nietos». Tal vez mi hermanita Juana

sonreiría si leyese estas líneas, pero yo tengo mucha más confianza que

ella y sigo esperando «al gran santo y al gran pontífice», seguido de un

gran número de otros angelitos.

Querida tía, mañana ofreceré la sagrada comunión por usted y por la

señora Fournet; me acuerdo mucho de ella y pido a Nuestro Señor que se

la conserve todavía mucho tiempo.

Le ruego, querida tía, que dé un abrazo de mi parte a mi tío, y a él y a mis

hermanitas les encargo que la colmen a usted de mi parte de las más

tiernas caricias.

Su benjamín, que está orgullosa de su título,

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 153 Al señor Guérin

Diciembre (?) de 1893

J.M.J.T.

Querido tío:

Nuestra Madre está mucho mejor, pero se encuentra muy débil, aunque

ella diga lo contrario.

Gracias, gracias por todos los cuidados que usted le dispensa. Espero que

sea muy obediente, pues estaría muy mal no obedecer a un tío tan

paternal...

A la madre María de Gonzaga le han conmovido mucho sus atenciones; le

da las gracias prodigando toda serie de atenciones a su querida priora.

 Perdóneme, querido tío, voy tan de prisa que no sé lo que le digo, pero

espero que usted sabrá adivinar nuestro agradecimiento. Rezamos mucho

por la señora Fournet.

Un abrazo a usted y a mi tía en nombre de sus tres carmelitas,

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

NOTAS Cta 153

1 La madre Inés de Jesús.

Cta 154 A Leonia

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 27 de diciembre de 1893

Querida Leonia:

Me alegro mucho de poder enviarte mi felicitación para el año 94. La

súplica que hago junto a la cuna de Jesús es la de verte pronto revestida

con la santa librea de la Visitación. Digo verte, pero sé que sólo tendré

esta dicha en el cielo. ¡Qué alegría entonces de volvernos a encontrar tras

el exilio de la vida...! ¡Cuántas cosas tendremos para decirnos! Aquí abajo

la palabra es impotente, pero allá arriba bastará una sola mirada para

entendernos, y creo que nuestra felicidad será todavía mayor que si no nos

hubiéramos separado.

Tu cartita me ha gustado mucho, veo que eres realmente  feliz y no

dudo de que Dios te concederá la gracia de quedarte para siempre en el

arca santa. Estamos leyendo en el refectorio la vida de santa Chantal; para

mí es un verdadero placer escucharla, pues eso me acerca todavía más a

la Visitación, a la que quiero tanto. Además, veo la íntima unión que

siempre existió entre ella y el Carmelo, y eso me hace bendecir a Dios por

haber escogido a estas dos Ordenes para nuestra familia. La Santísima

Virgen es verdaderamente nuestra Madre, ya que nuestros monasterios

están especialmente dedicados a ella.

Querida hermanita, no dejes de rezar por mí durante el mes del Niño

Jesús. Pídele que yo sea siempre pequeña, ¡muy pequeña...! Yo le haré

para ti la misma súplica, pues conozco tus deseos y sé que tu virtud

preferida es la humildad.

Querida Leonia, no olvides presentar mis respetuosos saludos a la

venerada Madre, y recibe el sincero cariño de la última y más pequeña de

tus hermanas,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz.

rel. carm. ind.

Cta 155 A los señores Guérin

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 29 de diciembre de 1893

Queridos tíos:

Sólo tengo unos minutos para enviarles mi felicitación de Año Nuevo.

Nuestra Madre acaba de decirme que su carta la van a llevar mañana por

la mañana. Pero no necesito mucho tiempo para expresar a mis queridos

parientes los votos que formula mi corazón por su felicidad. Quisiera, si

fuese posible, que el nuevo año no les reservase más que alegrías. Pero a

Dios, que sabe  la recompensa que tiene reservada para sus amigos,

suele gustarle hacerles ganar sus tesoros a través de sacrificios. Nuestra

santa Madre Teresa decía, bromeando, estas palabras tan verdaderas a

Nuestro Señor: «Dios mío, no me extraña que tengas tan pocos amigos,

¡los tratas tan mal...!».

Sin embargo, aun en medio de las pruebas que envía, Dios está lleno de

delicadezas. La enfermedad de mi querido papaíto es para mí una prueba

evidente de ello. Esta cruz es la más grande que yo hubiera podido

imaginar; pero después de habernos hecho probar su amargura, Nuestro

Señor quiso endulzar, por la mano de nuestros queridos  parientes, el

cáliz de dolor que nos había presentado y que yo esperaba beber hasta las

heces...

¡Si supiesen, queridos tíos, qué amoroso y agradecido es el corazón de su

Teresita...! No acierto a decirles todo lo que querría, y es ya hora de

Maitines. Perdonen lo deslavazado de mi carta y mi letra de gato..., miren

sólo el corazón de su hija,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Les ruego que den a la señora Fournet la más sincera felicitación de parte

de su hijita.

Cta 156 A la madre Inés de Jesús

21 de enero de 1894

J.M.J.T.

El sueño del Niño Jesús.

Mientras juega con las flores que su esposa querida le ha llevado a la

cuna, Jesús piensa qué podrá hacer para agradecérselo... Allá arriba, en

los jardines del cielo, los ángeles, servidores del divino Niño, trenzan ya las

coronas que su corazón tiene reservadas para su amada.

Mientras tanto, ha llegado la noche. La luna envía su resplandor de plata, y

el Niño Jesús se duerme... Su manita no suelta las flores con que se ha

divertido a lo largo del día su corazón continúa soñando con la felicidad de

su esposa querida.

Muy pronto, allá en la lejanía, divisa unos objetos extraños que no tienen

ningún parecido con las flores primaverales. ¡Una cruz...! ¡Una lanza...!

¡Una corona de espinas! Y sin embargo, el divino Niño no tiembla. ¡Eso es

lo que él escoge para demostrar a su esposa cuánto la ama...! Pero esto

no basta todavía. Su rostro infantil y tan hermoso, lo ve desfigurado,

¡sangrante...!, ¡irreconocible...! Jesús sabe muy bien que su esposa

siempre lo reconocerá, y que cuando todos lo abandonen ella seguirá a su

lado. Por el eso el divino Niño sonríe ante esa imagen sangrante, y sonríe

también ante el cáliz lleno del vino que hace germinar a las vírgenes. Sabe

que en la eucaristía los ingratos lo van a abandonar, pero Jesús piensa en

el amor de su esposa y en sus delicadezas. Ve cómo las flores de sus

virtudes perfuman el santuario, y Jesús niño sigue durmiendo

dulcemente... Espera a que las sombras declinen..., a que la noche de la

vida sea reemplazada por el día radiante de la eternidad...

En ese día Jesús devolverá a su amada esposa las flores que ella le dio,

para consolarlo, en la tierra... En ese día inclinará hacia ella su Faz divina,

toda radiante de gloria, ¡¡¡y hará gustar eternamente a su esposa la

dulzura inefable de su beso divino...!

 Madre mía querida, acabas de leer el sueño que tu hija quería

reproducir para el día de tu santo. ¡Pero sólo tu pincel de artista podría

pintar tan dulce misterio...! Espero que sólo mires a la buena voluntad de

quien se sentiría dichosa de haberte agradado.

Eres tú, Madre mía, son tus virtudes lo que he querido representar en las

florecitas que Jesús aprieta contra su corazón. Las flores son todas sólo

para Jesús. Sí, las virtudes de mi Madre querida permanecerán siempre

escondidas con el Niñito del pesebre. Sin embargo, y a pesar de la

humildad que quisiera ocultarlas, el perfume misterioso que se desprende

de esas flores me hace ya presentir las maravillas que un día veré en la

patria eterna, cuando me sea dado contemplar los tesoros de ternura que

ahora prodigas a Jesús.

Tú lo sabes, Madre mía. Nunca podré expresarte toda mi gratitud por

haberme guiado como un ángel del cielo por entre los senderos de la vida.

Tú fuiste quien me enseñó a conocer a Jesús y a amarlo. Ahora que eres

doblemente mi Madre, sigue conduciéndome hacia el Amado, enséñame a

practicar la virtud, para que en el cielo no me vea colocada demasiado

lejos de ti y puedas reconocerme por hija y por hermanita tuya.

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 157 A Celina

Marzo o mayo de 1894

J.M.J.T.

Los «codfiches» le han gustado mucho a nuestra Madre, y querría escribir

unas letras para darle las gracias a su Celino querido, pero no puede

hacerlo. Está también muy contenta por la carta de María.

Que la pequeña desterrada esté triste sin estar triste, pues si no se centran

en ella las caricias de las criaturas, la ternura de Jesús sí que está

CENTRADA toda en ella. Ahora que Celina está sin albergue, él, Jesús,

está bien alojado, y está contento de ver errante a su esposa querida, ¡eso

le gusta! ¿Y por qué...? Yo no lo sé... Es un secreto de Jesús. Pero creo

que está preparando muchas cosas hermosas en su casita... Tiene que

trabajar tanto, que parece olvidar a su pobre Celina... Pero no, sin que ella

lo vea, él la mira por la ventana... Le gusta verla en el desierto, sin otro

oficio que el de amar, sufriendo ¡sin siquiera sentir que ama...! Jesús sabe

muy bien que la vida es sólo un sueño, y por eso se alegra de ver a su

esposa llorando junto a los canales de Babilonia. Pronto llegará el día en

que Jesús tomará a su Celina de la mano y la hará entrar en su casita, que

se habrá convertido en un  palacio eterno... Y entonces dirá: «¡Ahora

me toca a mí...!» Tú me diste en la tierra el único albergue al que ningún

corazón humano quiere renunciar -es decir te me diste a ti misma-, y ahora

yo te doy por morada mi sustancia eterna, es decir, «a mí mismo». Esta

será tu mansión por toda la eternidad. Durante la noche de la vida tú

anduviste errante y solitaria, ahora tendrás un compañero: yo, Jesús, tu

esposo, tu amigo, a quien se lo sacrificaste todo, ¡un compañero que te

colmará de alegría por los siglos de los siglos...!

Cta 158 A Leonia

Marzo (?) de 1894

J.M.J.T.

Querida Leonia:

¡No puedo expresar la alegría que sentí al saber que has sido aprobada

para la toma de hábito...! Comprendo lo feliz que debes de sentirte y

comparto enormemente tu alegría.

Querida hermanita, ¡qué bien ha sabido Dios recompensar tus esfuerzos!

Me acuerdo de lo que me decías en el locutorio antes de tu entrada en el

arca santa. No te importaba ser siempre la última, tomar el hábito sin

solemnidad... No buscabas más que a Jesús, y por él renunciabas a todo

consuelo. Pero, como nos repetía a menudo nuestro padre querido: «Dios

nunca se deja ganar  en generosidad». Por eso no ha querido que te

vieras privada de la dicha de convertirte públicamente en su prometida, en

espera de que seas su esposa. Creo que los años de destierro que has

pasado en el mundo han servido para adornar tu alma con una vestidura

preciosa para el día de tus esponsales. A los tristes días del invierno han

seguido para ti los días radiantes de la primavera, y Jesús te dice, como a

la esposa del Cantar de los Cantares: «Ya ha pasado el invierno, han

cesado las lluvias y se han ido. Levántate, amada mía, paloma mía, y

ven... Estoy a la puerta, ábreme, hermana mía, amada mía, que tengo la

cabeza cubierta de rocío, mis rizos del relente de la noche». Hacía mucho

tiempo que suspirabas por la visita de Jesús y le decías, como la esposa:

«¿Quién me dará, amado mío, poderte encontrar a solas allá afuera?. Te

podría besar sin que ya nunca  me criticara la gente...»

Al fin llegó ese día tan deseado... Tú, hermanita querida, aún no habías

encontrado a Jesús ante los ojos del mundo; pero después de haberlo

buscado con mil desvelos, he aquí que él mismo viene hacia ti... Tú te

conformabas con encontrarle fuera a solas, pero él desea besarte delante

de todo el mundo, para que ya nadie ignore «que él ha puesto su sello

sobre tu frente y que nunca tendrás otro amador que él»...

Querida Leonia, me olvidaba de darte las gracias por tu carta. Debería

haber empezado por ahí, pero ¿verdad que entiendes que la alegría que

siento por tu inmensa felicidad es lo que me ha hecho cometer este olvido?

Espero que tus deseos se vean pronto cumplidos y que vuestro capellán

se cure rápidamente.  Te ruego, querida hermanita, que des mis

respetuosos saludos a tu buena y venerada Madre. Me alegro, como tú, de

que sea ella quien te dé el santo hábito.

Te dejo, pero siguiendo unida a ti en el divino Corazón de Jesús.

Tu indigna hermanita,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 159 A Celina Maudelonde

J.M.J.T.

El Carmelo, 29 de marzo de 1894

Querida Celina:

Hubiera querido contestar antes a tu carta, que me causó mucha alegría.

La cuaresma me lo impidió; pero ya estamos en el tiempo de Pascua y

puedo decirle a mi querida primita que comparto su felicidad.

La gran paz que experimentas es para mí una señal manifiesta de la

voluntad de Dios, pues sólo él puede derramarla en tu alma, y la dicha que

gustas bajo su mirada divina no puede venir más que de él.

 Querida Celina, no puede manifestarte mi cariño como lo haría si

estuviese aún en el mundo. Sin embargo, no por eso es menos intenso; al

contrario, pienso que te seré más útil en la soledad que si tuviera el

consuelo de estar cerca de ti. Las rejas del Carmelo no están hechas para

separar corazones que sólo se aman en Jesús; antes bien, sirven para

hacer más fuertes los lazos que los unen.

Mientras tú sigues el sendero que Dios te ha trazado, yo rezaré por mi

Celina, mi compañera de la niñez. Pediré para ella que todas sus alegrías

sean tan puras, que pueda saborearlas bajo la mirada de Dios.

Pediré, sobre todo, que pueda saborear la alegría incomparable de

encaminar a un alma hacia Nuestro Señor, y que esta alma sea la que

pronto formará una sola con la suya. No dudo de que Dios te concederá

pronto esta gracia, y me sentiría muy dichosa si mis pobres oraciones

contribuyesen algo a ello.

Espero que mi querida Elenita esté ya restablecida, pues habría elegido un

mal momento para estar enferma... Por favor, dale un fuerte abrazo de mi

parte, y a ella le encargo que le dé a mi querida Celina mis besos más

tiernos, estoy segura de que no puedo escoger a nadie mejor para llevar a

cabo esta grata misión...

La madre María de Gonzaga se une a tus tres primas del Carmelo en la

 alegría por tu felicidad, y te rogamos, querida Celina, que des

nuestros respetuosos saludos al señor y la señora Maudelonde.

Te dejo, querida Celina, quedando siempre muy unida a ti con el corazón.

Tu primita, que te querrá durante toda su vida y que no dejará de rezar por

tu felicidad,

Sor Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

P.D. - La madre priora del Carmelo de Saigón nos ha enviado un gran

número de objetos chinos, entre otros un mueblecito de salón que es una

monada. Nuestra Madre ha pensado hacer con ellos una rifa a beneficio de

nuestra comunidad. Las papeletas son a 0'50 francos, y estamos

ofreciéndolas a todas las personas amigas de nuestro Carmelo. Si deseas

algunas, te las enviaremos con mucho gusto.

Cta 160 A sor María Luisa Vallée

J.M.J.T.

Jesús + 3 de abril de 1894

Muy querida Hermana:

Me resulta imposible decirle cómo me ha llegado al corazón su atenta

carta. Ya fue para mí una gran alegría saber que le había gustado el

cuadro del Niño Jesús. Me sentía recompensada por encima de todas mis

esperanzas... Querida tía -permítame seguir dándole este nombre-, en

usted precisamente pensaba yo al tratar de imaginarme qué podría regalar

a nuestra Reverenda Madre para la celebración de su primer santo como

priora.

Sabía que a ella le gustaría mucho enviarle a usted un pequeño recuerdo;

por eso, puse toda mi alma en la composición de «El  sueño del Niño

Jesús». Pero, ¡ay!, al no saber reproducir mi inhábil pincel lo que mi alma

había soñado, regué con mis lágrimas el vestido blanco de mi Niño Jesús,

¡lo cual, sin embargo, no hizo bajar un rayo del cielo sobre su carita...!

Entonces, en mi pena, me prometí a mí misma no decir nada acerca de la

intención que tenía al emprender mi trabajo. Y, en efecto, sólo al ver la

indulgencia de nuestra Madre, le confié mi secreto. Ella tuvo a bien mirar el

corazón y la intención, más que el arte de su hija, y, con gran alegría de mi

parte, mi Niño Jesús ha ido, en mi lugar, a trabar conocimiento con mi

santa tía de Le Mans.

He pintado al divino Niño de  manera que represente cómo se

comporta él conmigo... En efecto, él casi siempre está dormido... El Jesús

de la pobre Teresa no la acaricia como acariciaba a su Santísima Madre.

Eso es completamente natural, ¡pues la hija es tan indigna de la Madre...!

Sin embargo, los ojitos cerrados de Jesús hablan mucho a mi alma, y, ya

que él no me acaricia, yo trato de agradarle. Yo sé muy bien que su

corazón está siempre en vela, y que en la patria de los cielos se dignará

abrir sus divinos ojos... Y entonces, al mirar a Jesús, tendré también la

dicha de contemplar junto a él a mis santas Madres de la Visitación.

Espero que ellas querrán reconocerme como hija. ¿No son ellas, de

hecho, mis madres, las que formaron el corazón de los dos ángeles

visibles que me hicieron de  verdaderas madres...?

Me acuerdo perfectamente de mi viaje a la Visitación de Le Mans a la edad

de tres años. Lo he revivido muchas veces con el corazón, y las rejas del

Carmelo no constituyen un obstáculo que me impida visitar a menudo a mi

querida tía y a todas esas venerables Madres que tienen a bien amar, sin

conocerla, a la pobre Teresa del Niño Jesús.

Le ruego, querida tía, que pague la deuda de gratitud de su sobrinita,

dando las gracias en su nombre a su Reverenda Madre y a todas las

Hermanas, en especial a sor Josefa de Sales, cuyo afectuoso recuerdo me

ha conmovido mucho.

QUERIDÍSIMA TÍA, me gustaría seguir hablando mucho más tiempo con

usted, pero estoy al final del papel y me veo precisada a dejarla, pidiéndole

perdón...

Sor Teresa del Niño Jesús

su indigna sobrinita

Cta 161 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 26 de abril de 1894

Querido liriecito de Jesús:

Para cantar tus 25 años, te mando una pequeña poesía que he compuesto

pensando en ti...

Celina, estoy segura de que comprenderás todo lo que mi canto quisiera

decirte. Claro, que haría falta una lengua distinta de la lengua de la tierra

para expresar la belleza del abandono de un alma en las manos de Jesús;

mi corazón no ha logrado más que balbucir apenas lo que siente...

Celina, la historia de Cecilia (la santa del ABANDONO) ¡es también tu

propia historia! Jesús ha puesto ahí a tu lado a un ángel del cielo que te

guarda siempre y que te lleva de la mano para que tu pie no tropiece en

ninguna piedra. Tú no lo ves, y, sin embargo, es él quien desde hace 25

años ha preservado tu alma y quien le ha conservado su blancura virginal,

es él quien aleja de ti las ocasiones de pecado... Fue él quien se te mostró

en aquel sueño misterioso que te envió cuando eras niña: veías a un ángel

que llevaba una antorcha y que caminaba delante de nuestro padre

querido. Sin duda, quería darte a conocer la misión que más tarde ibas a

cumplir. ¡Ahora eres tú el ángel visible de quien pronto irá a unirse a los

ángeles de la ciudad celestial!

Celina, no temas las tormentas de la tierra... Tu ángel de la guarda te

cubre con sus alas, y en tu corazón reposa Jesús, pureza de las vírgenes.

Tú no ves tus tesoros. Jesús duerme y el ángel permanece en su

misterioso silencio. Sin embargo, están ahí, con María, que te esconde,

también ella, bajo su manto...

No temas, Celina querida. Mientras tu lira no deje de cantar para Jesús,

nunca se romperá... Es frágil, sin duda alguna, más frágil  que el cristal;

si se la dejases a un músico inexperto, pronto se rompería; pero es Jesús

quien hace vibrar la lira de tu corazón... El se goza de que sientas tu

debilidad: es él quien imprime en tu alma los sentimientos de desconfianza

en sí misma.

Celina querida, dale gracias a Jesús. El te colma de sus gracias de

elección. Si eres siempre fiel en agradarle en las cosas pequeñas, él se

verá OBLIGADO a ayudarte en las GRANDES...

Los apóstoles, sin Nuestro Señor, trabajaron toda la noche y no cogieron ni

un solo pez; pero su trabajo era grato a Jesús. Él quería demostrarles que

sólo él puede darnos algo. Quería que los apóstoles se humillasen...

«Muchachos -les dice-, ¿tenéis algo que comer?» «Señor -respondió san

Pedro-, nos hemos pasado toda la noche bregando y no hemos cogido

nada» Tal vez si hubiese cogido algunos pececillos, Jesús no hubiese

hecho el milagro; pero no tenía nada; por eso Jesús le llenó enseguida la

red, de suerte que casi se rompía.

Así es Jesús: da como Dios, pero exige la humildad del corazón...

El mundo entero es ante él como un granito de arena que apenas si hace

inclinarse a la balanza, o como gota de rocío mañanero que cae sobre la

tierra (Sb, cap. 11).

(Celina querida, si logras leerme será un milagro, pero no tengo tiempo

para volver a leer lo que he escrito...)

El tiempo pasa como una sombra, pronto nos reuniremos allá arriba. ¿No

dijo Jesús durante la Pasión: «Y pronto veréis al Hijo del hombre sentado a

la diestra del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo»...?

¡Nosotras estaremos allí...!

Teresa del Niño Jesús

Cta 162 A Celina

26 de abril de 1894

(Texto de la estampa)

Jesús, ¿quien te ha hecho tan pequeño? El amor.

(Texto del sobre)

Estampita

pintada por

Teresita

para los 25 años

de Celinita

con el permiso de

la Madrecita priora

Cta 163 A sor Teresa Dositea (Leonia)

J.M.J.T.

Jesús + Domingo, 20 de mayo de 1894

Querida hermanita Teresa:

¡Qué alegría me ha dado tu carta...! Nunca daré suficientes gracias a Dios

por todos dones de que te colma.

Celina nos ha contado hasta los menores detalles de la hermosa fiesta del

6 de abril. ¡Cómo se habrá alegrado ese día nuestra mamaíta del cielo...!

¡Y con qué amor habrá posado en ti su mirada nuestra tía de Le Mans!

Me alegro mucho de que mi santa Madre Teresa se haya convertido

también en la tuya. Me parece que ése es un lazo que nos va a unir más

estrechamente todavía.

No puedo decirte, querida hermanita, todas las cosas que quisiera. Mi

corazón no puede expresar sus sentimientos íntimos en  el frío lenguaje

de la tierra... Pero un día, en el cielo, en nuestra hermosa patria, te miraré,

y en mi mirada podrás ver todo lo que querré decirte, porque el silencio es

el lenguaje de los bienaventurados habitantes del cielo...

Mientras tanto, hay que ganar esa patria de los cielos... Hay que sufrir, hay

que luchar... Por favor, pide por tu Teresita, para que se aproveche del

destierro de la tierra y de los medios tan abundantes que tiene para

merecer el cielo.

Celina nos ha comunicado el resultado de vuestras elecciones. He sufrido

al ver que perdías una Madre a quien amabas, pero me consolé pensando

que la que la reemplaza es verdaderamente digna de su santa

predecesora, y estoy absolutamente segura de que ahora tienes, para

guiarte hacia Jesús, a dos madres realmente merecedoras de ese dulce

nombre.

Te dejo, querida hermanita, pero sin alejarme nunca de ti con el corazón.

Te ruego que des mis respetuosos saludos a tus dos Madres.

Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 164 A sor Teresa Dositea (Leonia)

J.M.J.T.

Jesús + 22 de mayo de 1894

Querida hermanita:

Mis letras del domingo te llegarán al mismo tiempo que éstas, y por ellas

verás que ya entonces me alegraba de tu felicidad... Gracias por tu cartita,

que me ha gustado mucho, mucho...

Tienes mucha suerte, querida hermanita,  de que Jesús esté tan celoso

de tu corazón. A ti te dice, como a la esposa del Cantar de los Cantares:

«Me has robado el corazón, hermana mía, esposa mía, me has robado el

corazón con una sola mirada de tus ojos, con uno solo de los cabellos que

vuelan sobre tu cuello».

Jesús está muy contento de ti, lo sé. Si aún te deja ver algunas

infidelidades en tu corazón, estoy segura de que son todavía más

numerosos los actos de amor que cosecha.

¿Cuál de las dos Teresas será más fervorosa...? La que sea más humilde,

la que esté más unida a Jesús, la que sea más fiel en hacerlo todo por

amor...  Recemos la una por la otra para que seamos igual de fieles

las dos... Robémosle a Jesús el corazón con una mirada de nuestros ojos

y con uno de nuestros cabellos, es decir, con la cosa más grande y con la

más pequeña. No le neguemos el más pequeño sacrificio, ¡es tan grande

todo en la religión...! Recoger un alfiler por amor puede convertir a un

alma. ¡Qué gran misterio...! Sólo Jesús puede dar un valor tan grande a

nuestras acciones. Amémosle, pues, con todas nuestras fuerzas...

 Tu hermanita que te quiere,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 165 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 7 de julio de 1894

Celina querida:

La carta de Leonia nos preocupa mucho...

¡Ah, qué desdichada será si vuelve al mundo! Pero te confieso que espero

que no sea más que una tentación. Hay que rezar mucho por ella. Dios

puede darle muy bien lo que le falta...

Nuestra Madre está de retiro, y por eso no te escribirá. Piensa mucho en ti

y en María, y va a rezar mucho por sus dos hijitas.

No sé si sigues aún en el mismo estado de ánimo que el otro día, pero, no

obstante, quiero citarte un pasaje del Cantar de los Cantares que expresa

a las mil maravillas lo que es un alma hundida en la sequedad y a quien

nada puede alegrar ni consolar:

«Bajé a mi nogueral a contemplar los brotes del valle, a ver si la viña ya

verdeaba, a ver si florecían los granados... Y ya no supe dónde estaba... Y

mi alma se turbó a causa de los carros de Aminadab» (cap. 6, vers. 10 y

11).

Esta es la imagen de nuestras almas. Muchas veces bajamos a los fértiles

valles, donde nuestro corazón gusta de alimentarse -el vasto campo de las

Escrituras que tantas veces se ha abierto ante nuestros ojos para derramar

sobre nosotras sus ricos tesoros-, y ese vasto campo nos parece un

desierto árido y sin agua..., ni siquiera sabemos ya dónde estamos. En vez

de la paz y de la luz, sólo encontramos turbación, o, al menos, tinieblas...

Pero, al igual que la esposa, también nosotras sabemos la causa de

nuestra prueba: nuestra alma está turbada a causa de los carros de

Aminadab... No estamos todavía en nuestra patria, y la prueba tiene que

purificarnos como el oro  en el crisol. A veces nos creemos

abandonadas. Los carros, los vanos ruidos que nos afligen, ¿están dentro

de nosotras o están fuera? No lo sabemos..., pero Jesús sí que lo sabe. La

ve nuestra tristeza y de repente se deja oír su voz, una voz más dulce que

el soplo de la brisa de primavera: «¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve,

vuelve para que te veamos!» (Cant, cap. 6, 5.12).

¡Qué llamada, ésta de nuestro Esposo...! ¿Cómo? Nosotras no nos

atrevemos ni siquiera a mirarnos, de tan sin brillo y sin adornos como

pensamos estar, y Jesús nos llama, quiere mirarnos a placer. Pero no está

solo: las otras dos Personas de la Santísima Trinidad vienen con él a

tomar posesión de nuestra alma... Jesús lo prometió en otro tiempo

cuando estaba para subir a su Padre y nuestro Padre. Dijo, con una

ternura inefable: «Si alguien me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo

amará, y vendremos a él y haremos en él nuestra morada».

Guardar la palabra de Jesús. Esa es la única condición para nuestra

felicidad, la prueba de nuestro amor a él. ¿Pero qué palabra es ésa...? Me

parece que la palabra de Jesús es él mismo..., él, Jesús, el Verbo, ¡la

Palabra de Dios...! Nos lo dice más adelante en el mismo evangelio de san

Juan cuando ora al Padre por sus discípulos. Se expresa así: «Santifícalos

con tu palabra, tu palabra es la verdad». Y en otra parte Jesús nos enseña

que él es el camino, la verdad y la vida. Sabemos, pues, cuál es la Palabra

que tenemos que guardar. Nosotras no preguntaremos a Jesús, como

Pilato: «¿Qué es la verdad?» Nosotras poseemos la Verdad, guardamos a

Jesús en nuestros corazones...

Con frecuencia podemos decir, como la esposa, «que nuestro Amado

es un ramillete de mirra», que él es para nosotras un esposo de sangre...

¡Pero qué dulce nos sonará un día, cuando salga de su boca, aquella

palabra de Jesús: «Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en

mis pruebas, y yo os transmito el Reino como me lo transmitió mi Padre a

mí» (Evangelio)

Las tribulaciones de Jesús. ¡Qué misterio! ¿O sea, que también él tiene

tribulaciones? Sí, claro que las tiene, y a menudo se encuentra solo

pisando el vino en el lagar. Busca consoladores y no los encuentra...

Muchos sirven a Jesús cuando los consuela, pero pocos se avienen a

hacer compañía a Jesús cuando duerme sobre las olas o cuando sufre en

el huerto de la agonía... ¿Quién, pues, querrá servir a Jesús por él

mismo...? ¡Lo haremos nosotras...! Celina y Teresa se unirán cada vez

más, en ellas se cumplirá esta oración de Jesús: «Padre, que sean uno,

como nosotros somos uno». Sí, Jesús nos prepara ya su Reino, como su

Padre se lo ha preparado a él. Nos lo prepara dejándonos en la tribulación.

Quiere que nuestro rostro sea visto por las criaturas, pero que esté como

escondido para que nadie más que él nos reconozca... Pero también ¡qué

felicidad pensar que Dios, la Trinidad entera nos está mirando, que vive en

nosotras y se complace en contemplarnos! ¿Y qué es lo que quiere ver en

nuestro corazón, sino «coros musicales en un campo de batalla»? (Cant,

cap.7, v. 1). «¿Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera...?

Nuestras arpas llevan ya mucho tiempo colgadas en los sauces de sus

orillas», ¡ya no sabemos utilizarlas...! Nuestro Dios, el huésped de nuestras

almas, lo sabe, y por eso viene a nosotras con la intención de encontrar

una morada, una tienda VACÍA en medio  del campo de batalla de la

tierra. No pide más que esto, y él mismo es el músico divino que se

encarga del concierto... ¡Ah, si escuchásemos esa inefable armonía, si una

sola de sus vibraciones llegase a nuestros oídos...!

«Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo

intercede por nosotros con gemidos inefables» (san Pablo). Lo único,

pues, que tenemos que hacer es rendir nuestra alma, abandonársela a

nuestro gran Dios. ¿Qué importa, entonces, que carezca de los dones que

brillan a exterior, si dentro de ella resplandece el Rey de reyes con toda su

gloria?

¡Qué grande tiene que ser un alma para contener a Dios...! Y, sin

embargo, el alma de un niño recién nacido es para él un paraíso de

delicias. ¿Qué serán, pues, las nuestras, que han luchado y sufrido por

conquistar el corazón de su Amado...?

Celina querida, te aseguro que no sé lo que estoy diciendo; esta carta no

debe de tener ni pies ni cabeza, pero creo que, a pesar de ello, tú me vas

a comprender... ¡Quisiera decirte tantas cosas...!

No me contestes con una larga carta para hablarme de tu alma, unas

pocas palabras bastarán, prefiero que escribas una carta muy divertida

para todas. Dios quiere que me olvide de mí misma por dar gusto a las

demás.

Abrazos a mi tío, a mi querida tía y a mi hermanita. En cuanto a mi papá

querido, le sonrío y le cuido valiéndome de su ángel VISIBLE, al que estoy

tan íntimamente unida que no formamos más que una sola cosa...

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz.

rel. carm. ind.

Cta 166 A la señora de Pottier (Celina Maudelonde)

J.M.J.T.

Jesús + El Carmelo, 16 de julio de 1894

Querida Celina:

Tu carta me ha producido verdadera alegría; me admiro de cómo la

Santísima Virgen se ha dignado escuchar todos tus deseos. Aun antes de

tu matrimonio, ella quiso que el alma a la que vas a unirte no forme sino

una sola con la tuya por la igualdad de sentimientos. ¡Qué gracia tan

grande para ti el sentirte tan bien comprendida, y, sobre todo, el saber que

vuestra unión será eterna, que después de esta vida podrás seguir

amando al esposo a quien tanto quieres...!

Ya han pasado, para nosotras dos, los días benditos de nuestra infancia.

Ahora estamos en lo serio de la vida. El camino que seguimos es muy

distinto, pero nuestro destino es el mismo.  No debemos tener ambas

sino una misma meta: santificarnos en el camino que Dios nos ha trazado.

Me parece, querida amiga, que contigo puedo hablar con libertad, pues tú

entiendes el lenguaje de la fe mejor que el del mundo y el Jesús de tu

primera comunión sigue siendo el dueño de tu corazón; en él amas a esa

hermosa alma que ya no forma sino una con la tuya, y a él se debe el que

vuestro amor sea tan tierno y tan fuerte. ¡Qué hermosa es nuestra religión!

En vez de encoger nuestros corazones (como cree el mundo), los eleva y

los hace capaces de amar, de amar con un amor casi infinito, ya que está

llamado a continuar después de esta vida mortal, que no se nos ha dado

sino para alcanzar la patria del cielo, donde volveremos a encontrar a los

seres queridos a los que hemos amado en la tierra.

Yo ya había pedido para ti, querida Celina, a Nuestra Señora la Virgen del

Carmen la gracia que obtuviste en Lourdes. ¡Cuánto me alegro de que te

hayas impuesto el santo escapulario! Es una señal segura de

predestinación, y además ¿no estás  así por él más íntimamente unida

a tus hermanitas del Carmelo...?

Me encomiendas, querida primita, que rece por tu querido esposo,

¿piensas que podría dejar de hacerlo...? No, ya no os puedo separar en

mis pobres oraciones. Pido a Nuestro Señor que se muestre tan generoso

con vosotros como se mostró en otro tiempo con los esposos de las bodas

de Caná. Que él convierta siempre el agua en vino..., es decir, que

continúe haciéndote feliz y que suavice, en la medida de lo posible, las

adversidades que encontréis en la vida.

Las adversidades. ¿Cómo he podido poner esta palabra en mi carta,

cuando sé que para ti todo es felicidad...? Perdóname, querida amiga,

goza en paz de la alegría que Dios te concede, sin inquietarte por el

porvenir. El porvenir te reserva, estoy segura, nuevas gracias y muchas

alegrías.

La madre María de Gonzaga aprecia mucho el que la recuerdes con

cariño, y tampoco ella olvida  a su Celinita. Nuestra Madre y sor María

del Sagrado Corazón comparten también tu felicidad y me encargan que te

salude cariñosamente.

Me atrevo a pedirte, querida primita, que presentes mis respetuosos

saludos al Sr. Pottier, a quien no puedo dejar ya de considerar también

como primo mío.

Te dejo, querida prima, quedando siempre muy unida a ti de corazón, y

toda mi vida me sentiré dichosa de llamarme

Tu hermanita en Jesús,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta.167 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 18 de julio de 1894

Celina querida:

No me extrañan tus pruebas, yo misma pasé por ellas el año pasado, y sé

lo que son... Dios quiso que hiciese el sacrificio, lo hice, y luego, igual que

tú, sentí la calma en medio del sufrimiento.

Pero también experimenté otra cosa, y es que muchas veces Dios se

conforma con nuestra voluntad. Él lo pide todo, y si le negamos la más

mínima cosa, nos ama demasiado para forzarnos; pero cuando nuestra

voluntad se ajusta a la suya, cuando ve que sólo le buscamos a él,

entonces se comporta con nosotras como se comportó en otro tiempo con

Abraham...

Esto es lo que Jesús me da a entender en lo más íntimo; pienso que estás

en la PRUEBA, que ahora se está realizando ya en ti ese cercenamiento

que dices que necesitas... (Jesús quebranta ahora tu naturaleza, te da la

cruz y la tribulación.) Cuanto más tiempo pasa, más segura estoy en mi

interior de que un día vendrás aquí. La madre María de Gonzaga me

encarga que te lo diga; estaba muy bien dispuesta al leer tu carta; si la

hubieras visto, te habrías emocionado...

 No tengas ningún miedo, ¡aquí encontrarás, más que en ninguna otra

parte, la cruz y el martirio...! Sufriremos juntas, como antiguamente los

cristianos, que se juntaban para darse ánimos unos a otros en el momento

de la prueba... Y luego, vendrá Jesús y tomará a una de nosotras, y las

demás se quedarán por un poco más de tiempo en el destierro y en las

lágrimas... Dime, Celina, ¿sería tan grande el sufrimiento si estuviésemos

una en Lisieux y la otra en Jerusalén...? ¿Habría sufrido tanto la Santísima

Virgen si no hubiese estado al pie de la cruz de su Jesús...?

¿Crees quizá que no te comprendo? Pues te aseguro que leo en tu alma...

Leo que eres fiel a Jesús; si no quieres más que su voluntad, si no buscas

más que su amor, nada temas. Con esta prueba Dios purifica todo lo que

pudiera haber de demasiado sensible en nuestro afecto; pero el fondo

mismo de este afecto es demasiado puro para que él lo rompa... Escucha

bien lo que voy a decirte: nunca, nunca nos separará Jesús. Si yo muero

antes que tú, no creas que me alejaré de tu alma, ¡nunca habremos estado

más unidas...! ¿Es eso, tal vez, lo que Jesús quiere hacerte sentir al

hablarte de separación...? Pero, sobre todo, no sufras, no  estoy

enferma, al contrario, tengo una salud de hierro; sólo que Dios puede

romper el hierro como la arcilla... Todo esto son niñerías, no pensemos en

el porvenir (es de mí de quien hablo, pues no considero una niñería la

prueba que visita el alma de mi Celina querida.)

¿Qué son las cruces exteriores...? Podríamos alejarnos la una de la otra

sin sufrir, si Jesús consolara nuestras almas... Lo que sí es una verdadera

cruz es el martirio del corazón, el sufrimiento íntimo del alma, y esa cruz

que nadie ve nosotras podemos llevarla sin separarnos jamás.

Sé muy bien que todo esto que te estoy diciendo, y nada, son exactamente

la misma cosa: tu prueba interior no cesará hasta el día señalado por

Jesús. Pero como él quiere servirse a veces de mí para hacer bien a tu

alma, tal vez mis palabras sean la expresión de su voluntad... ¡Es increíble

cómo siempre tenemos las dos las mismas pruebas! Más tarde o más

temprano tenemos que beber de la misma copa.

Cuando la tormenta es muy fuerte en tierra, todo el mundo dice: «No hay

que temer por los barcos, pues la tormenta no ruge ahora en el mar». Pues

bien, yo le digo a Celina: la tormenta pasó sobre mi alma y ahora visita la

tuya; pero no temas, pronto renacerá la calma (a la tempestad seguirá una

gran calma.)

¿Quieres saber noticias de mi hija? Pues bien, creo que PERSEVERARA.

No ha sido educada como nosotras, desgraciadamente para ella, y su

educación es la causa de sus modales tan poco atrayentes, pero en el

fondo es buena. Ahora me quiere mucho, pero procuro no tocarla sino con

guantes de seda blanca... Sin embargo, tengo un título que me perjudica

mucho: soy un «perrito de caza», soy yo quien corre todo el día detrás de

la pieza. ¿Sabes?, los cazadores (las maestras de novicias y las prioras)

son demasiado grandes para meterse entre los matorrales, pero un

perrito... tiene fino el olfato y además ¡se cuela por todas partes...! Así,

velo de cerca por mi hija y los cazadores no están descontentos de su

perrito... Yo no quiero hacerle daño a mi conejito, sino que le lamo

diciéndole con ternura que su pelo no está lo suficientemente liso, que su

mirada es todavía demasiado la de un conejo montés, en una palabra,

trato de convertirlo en lo que mis cazadores desean: un conejito muy

sencillo que sólo se ocupe de la hierbecilla que debe pacer. Estoy

bromeando, pero en el fondo pienso que el conejo vale más que el

perrito...; en su lugar, yo hace tiempo que me habría perdido para siempre

en el vasto bosque del mundo.

Te agradezco las dos fot. Son preciosas.

Teresa del Niño Jesús

 Te ruego que des cariñosos recuerdos de mi parte a todos los

inolvidables viajeros que se lo están pasando tan bien ahí. Comprendo lo

que sientes con los muchachos... Pero sólo es cosa de un momento,

vendrá un día en que no verás a muchos, ¡consuélate...!

Te mando dos cancioncitas que he compuesto, enséñaselas a mi querida

Mariíta, dile que la quiero y que rezo por ella..., ¡cómo agranda su alma el

sufrimiento y cómo la acerca a la meta...! La madre María de Gonzaga no

le escribe porque la carta va dirigida a nuestra tía, la próxima vez será...

Pídele a nuestra tía «Mi caótico de hoy», sor María del Sagrado Corazón

ha querido dedicárselo a ella.

Cta 167 bis A la señora de Guérin

19 de julio de 1894

Nuestra Madre no tiene tiempo de escribir a su querida Juanita. Le

agradece mucho su carta y sus preciosos modelos

Teresa envía todo su cariño a sus inolvidables viajeros...

Cta 168 A Celina

5-10 de agosto de 1894

J.M.J.T.

Jesús +

Querida Celina:

Tu carta es preciosa, y nos ha hecho derramar lágrimas muy dulces...

No tengas miedo, Jesús no te engañará, ¡si supieras cómo le encantan tu

docilidad y tu candor de niña...! Yo tengo el corazón desgarrado... He

sufrido tanto por ti, que espero no ser un obstáculo a tu vocación, ¿no ha

sido depurado nuestro afecto como el oro en el crisol...? Esparcimos,

llorando, las semillas, y ahora pronto volveremos juntas trayendo en

nuestras manos las gavillas.

No le escribiré hoy al Padre, creo que será mejor  esperar su carta

para ver lo que dice él... Si prefieres que escriba yo para justificarte, dímelo

cuando vengas y no tendré inconveniente en hacerlo...

¡¡¡Tengo el corazón destrozado...!!! Pero doy gracias a Dios por esta

prueba que él mismo ha querido; de esto estoy segura, pues es imposible

que Jesús engañe a un niñito como tú.

Las tres te queremos aún más que antes, si es posible, ¡nos dijo tanto tu

mirada...! Si oyeses a sor María del Sagrado Corazón, te aseguro que

quedarías asombrada... No vacila en decir que su amado Padre se ha

equivocado... Pero él sólo ha sido el instrumento dócil de Jesús, por eso

Teresita no está enfadada con él...

 Dale las gracias a nuestra tía por su carta. Si se entera de que te he

escrito, dile que estamos profundamente apenadas.

(También la madre María de Gonzaga ha llorado mucho al leer tu carta.

¡Pobre Madre!, no sabe absolutamente nada..., ya ves lo discretas que

somos.)

Cta 169 A Celina

J.M.J.T.

Jesús + 19 de agosto de 1894

Mi querida hermanita:

Esta será la última vez que te escribo al mundo... No podía decir mayor

verdad en la carta que te envié a La Musse cuando te prometía que pronto

estarías en el Carmelo.

No me extraña la tormenta que ruge en Caen. F. y J. han escogido un

camino tan distinto del nuestro, que no pueden comprender la sublimidad

de nuestra vocación... Pero el que ríe el último ríe mejor... Después de

esta vida de un día, comprenderán quiénes fueron los más privilegiados, si

nosotras o ellos...

¡Cómo nos emocionó tu pesca milagrosa!... ¡Cómo nos hacen sentir esas

pequeñas delicadezas que nuestro padre está cerca de nosotras! Tras una

muerte de cinco años, ¡qué alegría volver a encontrarle el mismo de

siempre, buscando como  antes la forma de complacernos! ¡Y cómo

va a devolverle a su Celina los cuidados que ella le prodigó...! Él es quien

ha logrado en tan poco tiempo que se aclarase tu vocación. Ahora que es

un puro espíritu, le es fácil ir a estar con los sacerdotes y con los obispos,

y así ¡no ha tenido que tomarse tantas molestias por su Celina querida

como por su pobre reinecita...!

Me alegro mucho, querida hermanita, de que no sientas ningún atractivo

sensible al venir al Carmelo; eso es una delicadeza de Jesús, que quiere

recibir de ti un obsequio. Él sabe que hay más dicha en dar que en recibir.

Sólo tenemos el breve instante de la vida para dar a Dios..., y él se apresta

ya a decir: «Ahora me toca a mí...» ¡Qué dicha sufrir por quien nos ama

hasta la locura y pasar por locas a los ojos del mundo! Se juzga a los

demás por uno mismo, y, como el mundo es insensato, ¡piensa

naturalmente que las insensatas somos nosotras...!

Pero, a fin de cuentas, no somos nosotras las primeras:  el único

crimen que Herodes echó en cara a Jesús fue el de estar loco, ¡y yo

pienso como él...! Sí, fue una verdadera locura venir a buscar a los pobres

corazoncitos de los mortales para convertirlos en sus tronos. Él, el Rey de

la gloria, que se sienta sobre los querubines... Él, cuya presencia no

pueden contener los cielos... Nuestro Amado tenía que estar loco para

venir a la tierra a buscar a los pecadores para hacer de ellos sus amigos,

sus íntimos, sus semejantes. ¡Él, que era perfectamente feliz con las otras

dos personas de la Trinidad, dignas de adoración...! Nosotras no podremos

nunca hacer por él las locuras que él hizo por nosotras, y nuestras

acciones no merecerán nunca ese nombre, porque no son sino hechos

muy razonables y muy por debajo de lo que nuestro amor quisiera realizar.

Es, pues, el mundo el insensato, pues ignora lo que Jesús hizo por

salvarlo; es él el acaparador que seduce a las almas y las lleva a fuentes

sin agua...

No somos tampoco ni holgazanas ni pródigas. Jesús nos  defendió en

la persona de la Magdalena. Él estaba a la mesa, Marta servía, Lázaro

comía con él y con los discípulos. ¿Y María? María no pensaba en tomar

alimento, sino en agradar al que amaba; por eso, tomó un vaso lleno de un

perfume muy costoso y, rompiendo el vaso, lo derramó sobre la cabeza de

Jesús, y toda la casa se llenó del perfume del ungüento; pero los

APOSTOLES murmuraban contra la Magdalena...

Lo mismo ocurre con nosotras: los cristianos más fervorosos, los

sacerdotes piensan que exageramos, que deberíamos servir con Marta en

vez de consagrar a Jesús los vasos de nuestras vidas con los perfumes

que en ellos se encierran... Y sin embargo, ¿qué importa que se rompan

nuestros vasos, si Jesús recibe consuelo y el mundo, aun a pesar suyo, se

ve obligado a sentir el perfume que de ellos se desprende y que sirve para

purificar el aire envenenado que respira sin cesar?

La enfermera quiere que busques en Caen medio frasco de agua

antihemorrágica de Tisserand, de 2'50 francos. Si no hay más que frascos

enteros, no lo compres, pues también los hay aquí en Lisieux.

Sor María del Sagrado Corazón querría siete u ocho cascanueces.

Cta 170 A sor Teresa Dositea (Leonia)

J.M.J.T.

Jesús + 20 de agosto de 1894

Querida hermanita:

Quisiera escribirte una larga carta, pero no dispongo más que de unos

minutos, pues están esperando estas líneas para llevarlas al correo.

Desde que nuestro padre querido se fue al cielo, pienso en ti más que

nunca, y supongo que a ti te pasa lo mismo que a nosotras. La muerte de

papá no me parece una muerte, sino una verdadera vida.  Vuelvo a

encontrarle después de seis años de ausencia, lo siento en torno a mí

mirándome y protegiéndome...

Querida hermanita, ¿no estamos todavía más unidas, ahora que miramos

al cielo para descubrir en él a un padre y a una madre que nos han

ofrecido a Jesús...? Pronto se verán realizados sus deseos, y todos los

hijos que Dios les dio estarán unidos a Él para siempre...

Comprendo el vacío que va a producirte la partida de Celina, pero sé lo

generosa que eres con Nuestro Señor, y, además, ¡la vida pasa tan

pronto...! Después, nos reuniremos para no separarnos ya más y nos

alegraremos  de haber sufrido por Jesús...

Querida hermanita, perdóname esta horrible carta y no mires más que al

corazón de tu Teresa, que quisiera decirte tantas cosas que no sabe

expresar...

Saluda, por favor, respetuosamente a la madre superiora y a tu maestra.

Quisiera que dieras la carta a Celina lo antes posible, cuando vaya a verte.

Adiós, querida hermanita, no te olvides de rezar por las más pequeña y la

más indigna de tus hermanas,

Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

rel. carm. ind.

Cta 171 A sor Teresa Dositea (Leonia)

J.M.J.T.

Jesús + 11 de octubre de 1894

Querida hermanita:

¡Cuánto me alegro de que tu santo caiga ahora el mismo día que el mío...!

Estoy segura de que, el día 15, santa Teresa te va a colmar de sus

gracias; voy a pedirle mucho por ti, lo mismo que a la beata Margarita

María...

¡Si supieras, querida hermanita, cuánto rezamos por ti..., y sobre todo

cuántos sacrificios ofrecemos, creo que te emocionarías mucho...! Desde

que sabemos de tus pruebas, nuestro fervor ha aumentado, te lo aseguro;

todos nuestros pensamientos y nuestras oraciones son para ti.

Yo tengo una gran confianza en que mi querida salesita va a salir

victoriosa de  todas esas grandes pruebas y en que un día será una

religiosa modelo. ¡Dios ya le ha concedido tantas gracias!, ¿podrá

abandonarla ahora que parece haber llegado a puerto...? No, Jesús

duerme, mientras su pobre esposa lucha contra las olas de la tentación.

Pero nosotras lo llamaremos tan tiernamente, que se despertará

enseguida, increpará al viento y a la tempestad, y se restablecerá la

calma...

Hermanita querida, ya verás cómo a la prueba le sucederá la calma, y

cómo más tarde te alegrarás de haber sufrido. Además, Dios te sostiene

visiblemente en la persona de esas SANTAS Madres que no cesan de

prodigarte sus cuidados y sus consejos, tiernos y maternales...

Por favor, hermana querida, encomiéndame a sus oraciones, y tú, querida

Teresa, recibe el cariño cada vez mayor de tu hermanita,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 172 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

Jesús + 17 de noviembre de 1894

Querida tía:

Con el alma todavía aromada por la hermosa carta de mi tío a sor María

Magdalena, vengo a felicitarle su santo.

¡Si supiese, querida tiíta, lo orgullosa que estoy de tener unos parientes

como ustedes...! Me siento feliz de ver qué bien sirven a Dios los que amo,

y me preguntó por qué razón me concedió la gracia de pertenecer a una

familia tan maravillosa.

Me parece que Jesús se va a gusto a descansar en vuestra casa, como lo

hacía en otro tiempo en Betania. Es  «el divino Mendigo de amor»,

que pide posada y que dice «gracias», y que pide siempre más, en

proporción a las dádivas que recibe. Él sabe muy bien que los corazones a

los que se dirige comprenden «que el honor más grande que Dios puede

hacer a un alma, no es darle mucho, sino pedirle mucho».

Por eso, ¡qué dulce será para usted, querida tía, oír un día que el mismo

Jesús le da el título de madre..! Sí, usted es verdaderamente su madre, él

nos lo asegura en el Evangelio con estas palabras: «El que cumple la

voluntad de mi Padre, ése es mi madre». ¡Y usted no sólo cumple su

voluntad, sino que le entrega a seis de sus hijas para que sean sus

esposas...! De modo que usted es seis veces su madre, y los ángeles del

cielo podrían dirigirle estas hermosas palabras: «Y tú te alegrarás en tus

hijos, porque todos serán bendecidos y se reunirán con el Señor». Sí,

todos son bendecidos, y en el cielo, querida tía, usted tendrá una corona

trenzada de rosas y de lirios...

Y las dos rosas que brillarán entre ellas no serán su ornato menor. Ellas

reproducirán en la tierra las virtudes de mi tía y aromarán así a nuestro

triste mundo, de manera que Dios pueda seguir encontrando aquí en la

tierra algunas flores que seduzcan su mirada y detengan su brazo,

dispuesto a castigar a los malvados...

Querida tiíta, quería decirle muchas más cosas, pero vienen a buscar carta

y sólo tengo tiempo para repetirle una vez más mi cariño. Pienso también

en el onomástico de nuestra querida abuelita, y le ruego que le dé un

abrazo muy fuerte de mi parte.

Su hijita

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 173 A sor Teresa Dositea (Leonia)

enero de 1895

J.M.J.T.

Jesús +

Querida hermanita:

Con gran alegría te envío mi felicitación al comenzar este año nuevo. El

que acaba de pasar ha sido muy fructífero para el cielo: nuestro padre

querido ha visto lo que «el ojo del hombre no puede ver», ha escuchado la

armonía de los ángeles..., y su corazón comprende y su alma goza ya de

las recompensas que Dios tiene preparadas para los que le aman.

Un día nos llegará también el turno a nosotras..., ¡quizás no veamos

terminar el año que comienza!, ¡tal vez una de nosotras oiga pronto la

llamada de Jesús...!

¡Oh, qué hermoso es pensar que  bogamos hacia la ribera eterna...!

Querida hermanita, ¿no te parece, como a mí, que la partida de nuestro

padre querido nos ha acercado más al cielo? Más de la mitad de la familia

goza ya de la visión de Dios, y las cinco desterradas de la tierra no

tardarán en volar hacia su Patria. Este pensamiento de la brevedad de la

vida me da ánimos y me ayuda a soportar las fatigas del camino. ¿Qué

importa (dice la Imitación de Cristo) un poco de trabajo aquí en la tierra...

Estamos de paso y no tenemos aquí morada permanente? Jesús ha ido

delante para prepararnos un sitio en la casa de su Padre, y después

volverá y nos llevará con él, para que donde está él estemos también

nosotras... Esperemos y suframos  en paz, la hora del descanso se

acerca, las ligeras tribulaciones de esta vida que dura un momento

producen en nosotras un peso eterno de gloria...

Querida hermanita, ¡cómo me gustan tus cartas, y, sobre todo, cuánto bien

hacen a mi alma! Me lleno de gozo al ver cómo te ama Dios y cómo te

colma de sus gracias... Te halla digna de sufrir por su amor, y ésa es la

mayor prueba de ternura que puede darte, pues el sufrimiento nos hace

semejantes a él...

Hermanita querida, no olvides a la última y más pobre de tus hermanas.

Pídele a Jesús que sea muy fiel, que sea feliz, como tú, de ser en todas

partes la más pequeña y la última de todas...

Te ruego que presentes mis mejores deseos a tus santas Madres y que les

asegures que estoy muy unida a ellas en el Corazón de Jesús.

Tu pobre hermanita,

(Teresa del Niño Jesús)

rel. carm. ind.

Cta 174 A sor Genoveva (Celina)

Finales de enero de 1895

Sor Genoveva de Santa Teresa.

¡Teresita es la primera que lo ha escrito...!

Cta 175 A sor Teresa Dositea (Leonia)

J.M.J.T.

Jesús + 24 de febrero de 1895

Querida Leonia:

Me he sentido muy feliz al recibir tus noticias. Espero que sigas bien de

salud y que tus hermanas estén en vías de recuperación.

Es muy poco el tiempo que puedo dedicarte, pero quiero encomendarme a

tus oraciones antes de la cuaresma, y prometerte que yo, por mi parte, me

acordaré todavía más de ti, si es posible, y que luego iré a cantar

contigo sin prisas el aleluya, para resarcirme de no haber podido hacerlo

hoy...

Quiero decir después de Pascua, pero me explico tan mal, que podrías

creer que voy a cantar el aleluya en cuaresma... No, me contentaré con

seguir a Jesús en su vía dolorosa, y suspenderé mi arpa en los sauces

junto a los canales de Babilonia... Pero después de la Resurrección,

volveré a tomar mi arpa, olvidando por un momento que estoy desterrada,

y cantaré contigo la dicha de servir a Jesús y de habitar en su casa, la

dicha de ser su esposa en el  tiempo y para toda la eternidad...

Querida hermanita, presenta, por favor, mis saludos respetuosos a esas

santas Madres, y tú recibe mi enorme cariño.

Tu hermanita más pequeña,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

P.D. Cuando escribas, dime el año de tu primera comunión, ¿quieres?

Cta 176 A sor Teresa Dositea (Leonia)

Jesús + Domingo, 28 de abril de 1895

Querida hermanita:

Hubiera querido agradecerte antes tu carta, que me gustó mucho; pero

como nuestra Madre te contestó enseguida, no pude escribirte al mismo

tiempo que ella.

Querida hermanita, estoy íntimamente convencida de que has encontrado

tu vocación, y no sólo como salesa, sino también como salesa de Caen.

Dios nos ha dado tantas pruebas de ello, que no podemos dudarlo... Esa

idea (de ir a Le Mans) me parece una tentación, y pido a Jesús que te libre

de ella. Sí, comprendo muy bien que el retraso de la profesión debe ser

una prueba para ti; pero es una gracia tan grande, que cuanto más

tiempo se tenga para prepararse a ella, más hay que alegrarse. Yo

recuerdo con alegría lo que pasó en mi alma algunos meses antes de mi

propia profesión. Veía acabarse mi año de noviciado, y nadie se ocupaba

de mí (debido a nuestro Padre superior, que me consideraba demasiado

joven). Te aseguro que me sentía muy apenada, pero un día Dios me hizo

comprender que en ese mi deseo de pronunciar los sagrados votos había

una búsqueda muy grande de mí misma, y entonces me dije: Para la toma

de hábito me vistieron un hermoso vestido blanco guarnecido de encajes y

de flores, ¿y quién ha pensado en proporcionarme uno para mis bodas...?

Ese vestido debo preparármelo yo solita. Jesús quiere que nadie me

ayude, fuera de él; por lo tanto, con su ayuda, voy a poner manos a la obra

y a trabajar con ardor... Las criaturas no verán mis esfuerzos, que

quedarán ocultos en mi corazón. Procuraré que me olviden y no buscaré

otra mirada que la de Jesús... ¿Qué importa si parezco pobre y carente de

espíritu y de talentos...? Quiero poner en práctica este consejo de la

Imitación de Cristo: «Que éste se gloríe de una cosa, aquél de otra, tú no

pongas tu gozo más que en el desprecio de ti mismo, en mi voluntad y en

mi gloria». O bien: «¿Quieres aprender algo que te sea útil? ¡Gusta de ser

ignorado y tenido en nada...!».

Al pensar en todo esto, sentí una gran paz en mi alma, ¡sentí que allí

estaba la verdad y la paz! Y ya no volví a preocuparme por la fecha de mi

profesión, pensando que el día en que mi traje de novia estuviese

terminado Jesús vendría a buscar a su pobre esposa...

Querida hermanita, no me equivocaba; es más, Jesús se conformó con

mis deseos, con mi abandono total, y se dignó unirme a él mucho antes de

lo que yo me hubiera atrevido a esperar...

Ahora Dios  me sigue conduciendo por el mismo camino, no tengo

más que un deseo: el de hacer su voluntad. Tal vez te acuerdes de que

antes me gustaba llamarme a mí misma «el juguetito de Jesús». Todavía

ahora soy feliz de serlo, sólo que he pensado que el divino Niño tiene

muchas otras almas llenas de virtudes sublimes que se dicen también «sus

juguetes»; y entonces pensé que ellas eran sus juguetes lujosos y que mi

pobre alma no era más que un juguetito sin valor... Y para consolarme, me

dije a mí misma que muchas veces los niños se divierten más con los

juguetitos que pueden tirar o coger, romper o besar a su antojo, que con

otros de mayor valor que casi ni se atreven a tocar... Entonces me alegré

de ser pobre y deseé serlo cada día más, para que a Jesús le gustase

cada vez más jugar conmigo.

Querida hermanita, ahora que he hecho de director espiritual, reza mucho

por mí para que ponga en práctica las luces que Jesús me da.

(Saluda, por favor, respetuosamente de mi parte a esas tus santas

Madres.)

Tu pequeñísima hermana que te quiere

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 177 A María Guérin

7 de julio (?) de 1895

A mi querida hermanita, de parte de su Teresita ¡que se acuerda mucho de

ella...! Y que, sobre todo, espera (temblando) que su querida María

mantenga sus promesas viviendo tan tranquila como un niñito en los

brazos de su madre...

Pido mucho por ti, hermanita querida, y por todos los inolvidables parientes

de La Musse, que en estos momentos deben de estar haciendo grandes

progresos en la perfección pues aceptan con tanta generosidad el

sacrificio de la separación...

 Quiero y rezo cada vez más por mis queridos tíos. Y no sé hasta

dónde llegará este amor, ¡pues mi cariño aumenta cada día...!

Cta 178 A la señora de Guérin

20-21 de julio de 1895

J.M.J.T.

Jesús + 20 de julio de 1895

Querida tiíta:

Me ha emocionado mucho el ver que se acuerda de su Teresita; también

ella se acuerda mucho de usted, y si todavía no ha escrito a su tía querida,

no ha sido por indiferencia, sino porque su corazón está tan repleto de

cariño y de veneración, que no acierta a traducir sus pensamientos...

Sin embargo, tengo que intentarlo, aun a riesgo de decir a mi tiíta cosa que

van a disgustarla, ¿no sale la verdad de la boca de los niños? Pues bien,

tendrá que perdonarme si digo la verdad, pues soy y quiero ser siempre

una niña...

Voy a darle una leccioncita espiritual y a mostrarle cuán bueno es Dios

conmigo. A mí me gusta mucho leer las vidas de los santos; el relato de

sus acciones heroicas me inflama el ánimo y me impulsa a imitarlos. Pero

confieso que a veces me ha ocurrido envidiar la suerte feliz de sus

parientes, que han tenido la dicha de vivir en su compañía y de gozar de

sus santas conversaciones. Ahora ya no tengo nada que envidiar, pues

estoy en situación de contemplar de cerca las acciones de los santos y de

observar sus luchas y la generosidad con que se someten a la voluntad de

Dios.

Querida tiíta, sé muy bien que le disgustaría que le dijese que es una

santa. Sin embargo, tengo muchas ganas de hacerlo... Pero si no se lo

digo, puedo decirle una cosa que no hay que decirle a mi tío, pues

entonces ya no me seguiría queriendo. Y esa cosa usted la sabe mejor

que yo, y es  que mi tío es un santo como hay pocos en la tierra y que

su fe puede compararse con la de Abraham... ¡Si supiese qué dulce

emoción llenó ayer mi alma al ver a mi tío con su angelical Mariíta...!

Nosotras estábamos sumergidas en un gran dolor a causa de nuestra

pobre Leonia; era una verdadera agonía. Dios, que quería probar nuestra

fe, no nos enviaba ningún consuelo, y yo no podía rezar otra oración que la

de Nuestro Señor en la cruz: «¡Dios mío, Dios mío, por qué nos has

abandonado!», o como en el Huerto de la agonía: «Dios mío, que se haga

tu voluntad y no la nuestra». Por fin, para consolarnos, nuestro divino

Salvador no nos envió al ángel que lo sostuvo a él en Getsemaní, sino a

uno de sus santos, peregrino aún en esta tierra y lleno de su fuerza divina.

Al ver su serenidad y su resignación, nuestras angustias se disiparon y

experimentamos el apoyo de una mano paternal...

Tiíta querida, ¡qué grandes son las misericordias de Dios para con sus

pobres hijas...! Si usted supiese las dulces lágrimas que derramé al

escuchar la conversación celestial de mi santo tío... Me parecía ya

transfigurado, su lenguaje no era ya el de la fe que espera, sino el del

amor que posee. Precisamente cuando la prueba y la humillación venían a

visitarlo, él parecía olvidarlo todo para no pensar más que en bendecir la

mano divina que le arrebataba su tesoro y que, en recompensa, lo probaba

como a un santo... Santa Teresa tenía mucha razón cuando decía a

Nuestro Señor, que la colmaba de cruces cuando emprendía por él

grandes trabajos: «Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos,

¡los tratas tan mal...».  Y en otra ocasión decía que a las almas a las

que Dios ama con un amor ordinario les manda algunas pruebas, pero a

las que ama con amor de predilección les prodiga las cruces como la señal

más cierta de su ternura.

21 de julio

Había dejado ayer la carta sin terminar porque llegaron María y Leonia.

Nuestra emoción, al verla, fue muy grande; no logramos hacerle decir una

sola palabra, de tanto como lloraba. Finalmente acabó por mirarnos, y ya

todo fue bien. No le doy más detalles, tiíta, porque ya los sabrá todos por

María, que se portó como una verdadera mujer fuerte en las dolorosas

circunstancias que acaban de producirse. Así se lo dijimos, pero me di

cuenta muy bien de que ese cumplido no le gustaba; entonces la llamé

«angelito» y ella me dijo, riendo, que esto le gustaba más que lo de «mujer

fuerte». Es de un humor, que hace reír hasta a las piedras, y eso distrae a

su pobre compañera. Les servimos en platos de barro, como a las

carmelitas, lo cual les divirtió mucho.

¡Cuánta virtud tiene su Mariíta...! Es asombroso el dominio que tiene de sí

misma. No es precisamente energía lo que le falta para hacerse santa, y

ésa es la virtud más necesaria: con la energía se puede llegar fácilmente a

la cumbre de la perfección. Si pudiese darle un poco a Leonia, todavía le

quedaría bastante a nuestro angelito y no le vendría mal a la otra...

Querida tiíta, me estoy dando cuenta de que mis frases no son claras, me

doy prisa por entregar la carta a María, que no quería que le escribiese,

diciendo que ella cumpliría todos mis encargos o que me daría  quince

céntimos para un sello; pero no he querido esperar más tiempo para enviar

a mi tía querida tan sólo «una mirada», que, por expresiva que sea, no

podría verla de tan lejos.

Quería hablarle de Juana y de Francis, pero no tengo tiempo. Todo lo que

puedo decir es que los cuento entre el número de santos que se me ha

concedido contemplar de cerca en la tierra, y que me alegrará verlos

pronto en el cielo en compañía de sus hijos, cuyas resplandecientes

coronas aumentarán su propia gloria...

Querida tiíta, si no logra leerme, la culpa es de María. Déle como castigo

un abrazo de mi parte, y dígale que le dé a usted un abrazo muy fuerte en

lugar mío.

Su hija más pequeña

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 179 A sor Genoveva

Después del 8 de septiembre de 1895

¿La Señorita está contenta...?

El pobre Señor se ha dado mucha prisa en complacerla.

Cta 180 A la señora de La Néele

J.M.J.T.

Jesús + 14-15 y 17 de octubre de 1895

Querida Juana:

Al leer tu carta, me parecía estar viéndote y oyéndote. Me ha producido

una enorme alegría comprobar la agradable enfermedad que mis tíos

fueron a llevarte de Lisieux; espero que aún no te hayas curado de tu crisis

de alegría...; lo cual es muy probable, ya que el célebre miembro de la

Facultad, a pesar de toda su ciencia universal, no puede encontrar ningún

remedio para su querida Juanita. Si por casualidad descubriese alguno,

por favor, que no se olvide de nuestro Carmelo: desde que entró «el

duendecillo que abrió las arrugas y encaneció el cabello» de su querida

Fifine, todo el noviciado sufre ese contagio.

Es un gran consuelo para mí, la vieja decana del noviciado, ver mis últimos

días rodeados de tanta alegría; eso me rejuvenece, y, a pesar de mis siete

años y medio de vida religiosa, muchas veces me falta la gravedad en

presencia de ese gracioso diablillo que alegra a toda la comunidad. ¡Si la

hubieras visto el otro día con tu fotografía y la de Francis, te habrías

divertido mucho...! Nuestra Madre las había traído a la recreación y las

hacía pasar de mano  en mano; cuando le llegó el turno a sor María

de la Eucaristía, tomó las fotografías una después de otra, dirigiéndoles

sus más graciosas sonrisas y diciéndoles por turno: «Buenos días, Fifine...

Buenos días, Serafín». Estas expresiones de cariño hicieron reír a todas

las carmelitas, que están muy contentas de tener una postulante tan

simpática. Su hermosa voz constituye nuestra dicha y el encanto de

nuestras recreaciones. Pero, sobre todo, lo que alegra mi corazón mucho

más que todos los talentos y las cualidades exteriores de nuestro ángel

querido, son sus buenas disposiciones para la virtud.

Es muy grande, querida Juana, el sacrificio que Dios acaba de pedirte.

¿Pero no ha prometido «a quien deje por él padre o madre o hermana cien

veces más en esta vida»? Pues bien, ¡por él, tú no has vacilado en

separarte de una hermana a la que quieres mucho más de lo que se puede

decir! ¡Y Jesús se va a sentir muy obligado a mantener su promesa...! Yo

sé bien que, normalmente, esas palabras se aplican a las almas religiosas;

sin embargo, en lo hondo de mi corazón, yo siento que han sido

pronunciadas para los padres generosos que hacen el sacrificio de sus

hijos, a quienes quieren más que a sí mismos...

¿Y no has recibido tú ya ese céntuplo que Jesús prometió...? Sí, la paz y la

felicidad de tu Mariíta han traspasado las rejas de la clausura para ir a

derramarse en tu alma... Y tengo la íntima convicción de que pronto

recibirás un céntuplo más abundante: de que un angelito vendrá a alegrar

tu hogar y a recibir tus besos de madre...

 Querida hermanita, tendría que haber comenzado agradeciéndote el

regalo que quieres hacerme para mi santo. Me he emocionado mucho, te

lo aseguro; pero perdóname si te digo sinceramente lo que me gustaría.

Ya que deseas darme gusto, preferiría, en vez de pescado, un modelo de

flores. Pensarás que soy una egoísta, pero, ¿sabes?, mi tío mima a sus

queridas carmelitas, que están muy seguras de que no se van a morir de

hambre... A Teresita, a quien nunca le gustaron las cosas de comer, sí que

le gustan mucho las cosas útiles para su comunidad, y sabe que, con los

modelos, podemos ganar dinero para comprar pescado. Esto parece un

poco la historia de la lechera, ¿no? En fin, si me regalas un ramo de

agavanzos, estaré muy contenta. Si no los hay, mándame vincapervincas

o capullos de oro, incluso cualquier otra flor corriente me gustaría igual.

Temo pecar de indelicadeza. Si es así, no hagas caso a mi petición y

recibiré muy agradecida el pescado que me regales, sobre todo si quieres

añadirle las perlas de que me hablaste el otro día...

Ya ves, querida Juana, cómo he cambiado y que, lejos de guardar silencio,

hablo como una cotorra y soy demasiado atrevida al pedir... ¡Es tan difícil

guardar el justo medio...! Por suerte, una hermana lo perdona todo, incluso

las inoportunidades del pequeño benjamín...

He interrumpido tantas veces la carta, que no tiene ilación. Había pensado

muchas cosas hermosas acerca del ciento por uno de que te hablaba al

principio, pero me veo obligada a guardar esas cosas hermosas en lo

hondo de mi corazón y a pedir a Dios que las haga realidad en ti, pues no

tengo tiempo de enumerártelas. Tengo que ir «al lavado», a escuchar,

mientras froto la ropa, a mi querido diablillo que seguramente cantará que

«Este lavado nos llevará a la ribera sin tempestad...».

Nuestras dos Madres y todas tus hermanitas te mandan un millón de

recuerdos cariñosos, lo mismo que a Francis. No me olvido que mañana

se celebra la fiesta de san Lucas, uno de sus patronos, así que ofreceré

por él la sagrada comunión y pediré a Jesús que lo recompense por las

molestias que se tomó en encontrarme las medicinas...

Un abrazo de corazón, querida Juanita, y cuenta con el afecto y la gratitud

de tu más pequeña hermanita

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 181 A la señora de Guérin

J.M.J.T.

Jesús + 16 de noviembre de 1895

Querida tiíta:

La más pequeñita de sus hijas quiere unir su débil voz al maravilloso

concierto que sus hermanas mayores le harán oír con ocasión de su santo.

¿Qué me queda por desearle, querida tía...? Pienso que, después de

todas las felicitaciones que le habrán sido dirigidas, a mí no que queda

más que decir con todo el corazón: «¡Así sea...!»

Todos los años le repito lo mismo: en la tierra no encuentro palabras que

puedan expresar los sentimientos de mi alma. Por eso, me siento dichosa

de unirme  a mis tres hermanas mayores, y sobre todo a nuestro

querido benjamín, para ofrecerle mi felicitación en el día de su santo.

No tengo tiempo de escribirle más largamente, querida tiíta, pero estoy

muy segura de que usted sabrá adivinar todos los sentimientos de cariño

de que rebosa mi corazón.

El día de su santo ofreceré la comunión por usted y por nuestra querida

abuela.

Le ruego, querida tía, que colme de besos a todos los que amo, en

especial a mi tío querido, y a él le encomiendo que le dé a usted un millón

de besos de parte de su hijita,

Teresa del Niño Jesús

rel. carm. ind.

Cta 182 A sor Genoveva

J.M.J.T.

Jesús + 23 de febrero de 1896

Querida hermanita:

Me pediste que te dijera lo que va a pasar en el cielo el día de tus bodas.

Voy a intentar de hacerlo, pero siento, de entrada, que no voy ni siquiera a

poder esbozar unas fiestas que no pueden describirse, pues ni el ojo del

hombre vio, ni su oído oyó, ni su corazón puede imaginar lo que Dios tiene

reservado para los que ama...

El 24 de febrero, a medianoche, san Pedro abrirá las puertas del cielo.

Inmediatamente después, saldrán los ángeles y los santos, con una alegría

sin igual, para formar la corte del Rey y de su prometida.

La Virgen Santísima, inmediatamente delante de la adorable Trinidad,

avanzará, llevando el aderezo real de la esposa, su hija querida. Con

delicadeza enteramente maternal, antes de bajar a la tierra, abrirá los

abismos del purgatorio. Inmediatamente, multitudes innumerables de

almas se abalanzarán sobre su liberadora para darle las gracias y para

conocer de sus labios el motivo de su inesperada liberación. La dulce

Reina les responderá: «Hoy es el día de las bodas de mi Hijo. Allá abajo,

en la tierra del exilio, él se ha escogido desde toda la eternidad a un alma

que le fascina y le cautiva entre millones y millones de otras almas que él

ha creado también a su imagen. Esta alma privilegiada me ha dirigido esta

oración: "En el día de mis bodas, yo quisiera que se aleje todo sufrimiento

del reino de mi Esposo". Y en respuesta a su llamada, yo he venido a

liberaros... Ocupad un lugar en nuestro cortejo y cantad con los

bienaventurados las glorias de Jesús y de Celina».

Entonces todo el cielo bajará a la tierra y encontrará a la feliz prometida

postrada ante el sagrario; al acercarse el cortejo, ésta, levantándose,

saludará atentamente a las falanges angélicas y a la multitud de los

santos, y luego, acercándose a María, le presentará su frente para que su

beso maternal la prepare a recibir la señal y el beso del Esposo... Jesús

tomará de la mano a su amada Celina y la conducirá a la pobre celdita del

claustro de San Elías para que descanse allí unas horas. Toda la corte

celestial vendrá a alinearse en ese estrecho recinto, los ángeles querrán

comenzar su concierto, pero Jesús les dirá: «No despertéis a mi amada,

dejadme solo con ella, pues no puedo separarme de ella ni un instante».

La dulce Reina del cielo comprenderá los deseos de su divino Hijo y hará

salir al luminoso cortejo y los llevará hacia la sala de bodas.

Inmediatamente comenzarán los preparativos para la fiesta. Miríadas de

ángeles trenzarán coronas como nunca se han visto en la tierra, los

querubines prepararán blasones más resplandecientes que los diamantes

y sus primorosos pinceles pintarán con trazos imborrables el escudo de

armas de Jesús y de Celina. Lo pondrán por todas partes, en las paredes,

en los arcos de los claustros, en le refectorio, en el coro, etc., y los pintores

serán tan numerosos que muchas obras maestras no habrá dónde

colocarlas; entonces un numeroso ejército de niñitos vendrá a ofrecerse a

sostenerlas durante todo el día ante el Esposo y la esposa. Los ángeles,

sonriendo,  se negarán a entregar sus blasones, pues los necesitarán

para adornar a todos los santos y para adornarse a sí mismos y así

demostrar que ellos son los humildes servidores de Jesús y de Celina.

Para consolar a los niñitos, darán a cada uno de ellos un precioso

blasoncito para que también ellos participen de la fiesta; luego los enviarán

a deshojar rosas y lirios y continuarán con los espléndidos preparativos

para la fiesta...

Los pontífices y los doctores tendrán una gran misión que cumplir. A

petición suya, el Cordero abrirá el Libro de la Vida. De este libro, ellos

extraerán preciosos documentos sobre la Vida de Celina, y, para honrar a

su Esposo, escribirán todas las gracias de elección y todos los sacrificios

escondidos que encontrarán escritos en letras de oro por la mano de los

ángeles. Quedará así compuesto, por obra de los doctores, un gran

número de estandartes, que ellos mismos se reservarán el honor de llevar

delante del cortejo real...

Los apóstoles reunirán a todas las almas que Celina ya engendró para la

vida eterna, y reunirán también a todos los hijos espirituales que aún debe

engendrar en el futuro para su divino Esposo.

Los santos mártires se guardarán muy bien de estar ociosos. Palmas sin

igual y flechas inflamadas se dispondrán con conmovedora delicadeza a lo

largo de todo el recorrido del cortejo real. Rendirán así homenaje al

martirio de amor que deberá consumar en poco tiempo la vida de la feliz

esposa...

Necesitaría mucho tiempo para describir las múltiples ocupaciones de los

santos confesores, ermitaños, etc., y de todas las santas mujeres. Baste

con decir que cada uno de ellos desplegará todo su talento y toda su

exquisitez para festejar dignamente tan hermoso día...

Sin embargo, no puedo dejar en el olvido los cánticos de las vírgenes, las

palmas y los lirios que con alegría indecible presentarán a Celina, su

hermana querida. Ya veo a Cecilia, a Genoveva, a Inés, con su compañera

Juana, la pastora, vestida con su traje de guerra. Veo a Celina, la patrona

de nuestra prometida, ofreciéndole un ramo de las flores que llevan su

nombre...

Veo sobre todo a toda la Orden del Carmen, resplandeciente con una

nueva gloria. A la cabeza aparecerán santa Teresa, san Juan de la Cruz y

la madre Genoveva. Estas bodas son verdaderamente su fiesta, ya que

Celina es su hija querida...

¿Y podrá ser ajena a la gloria de un día tan hermoso la alegre multitud de

los niños inocentes...? No, los veo jugando con sus coronas, que no se

han ganado, y que se disponen a colocar sobre la cabeza de la que quiere

parecérseles y no ganar corona alguna. Están orgullosos como reyes y

mueven graciosamente a un lado y a otro sus rubias cabezas, pues se

sienten triunfadores al ver que su hermana mayor los toma por modelo...

De pronto, se acerca una madre de una belleza indecible y se coloca en

medio de ellos, se detiene y, tomando de la mano a cuatro de los

preciosos querubines, los viste con  vestidos más blancos que los lirios

y con diamantes que brillan como el rocío al darle el sol... También se

encuentra allí un venerable anciano de cabellos plateados, que los colma

de caricias. Todos los demás niños, al ver esto, se quedan maravillados de

semejante preferencia, y uno de ellos se acerca tímidamente a Teresita y

le pregunta por qué esa hermosa señora los viste con tanta riqueza. «Es -

responde Teresita con su voz argentina-, es que nosotros somos las

hermanas y los hermanos de la feliz prometida del Rey Jesús. Elena y yo

vamos a ser las damas de honor junto a los dos pequeños Josés, que nos

llevarán de la mano. Papá y mamá, a quienes veis aquí junto a nosotros,

nos llevarán con nuestras hermanitas que aún están desterradas en la

tierra, y cuando toda la familia se encuentre reunida gozaremos de una

felicidad inigualable». En el colmo de su alegría, la pequeña Teresita se

pondrá a aplaudir con sus lindas manitas más blancas que las alas de los

cisnes, y luego exclamará, saltando al cuello de su papá y de su mamá:

«¡Qué hermosura! ¡Sí, qué hermosura, las bodas de nuestra hermana

querida...! Ya hemos venido aquí otras tres veces para fiestas como ésta,

la de María, la de Paulina y la de Teresa (esa ladronzuela que me quitó el

nombre), pero nunca he visto tan grandes preparativos, ¡bien se ve que

Celina es la última...!»

La pequeña Elena y los dos Josés harán también preciosos comentarios

sobre su dicha de pertenecer a la familia de la reina de una fiesta tan

hermosa. Y entonces, otros niñitos que los estaban escuchando, con la

cabeza gravemente apoyada en su manita, se levantarán con mucha

gracia y declararán que también ellos son hermanos de Celina. Y para

demostrarlo, explicarán cómo y por parte de quién les viene este ilustre

parentesco. Y sólo se escucharán gritos de alegría, y la Virgen Santísima

se verá obligada a venir para restablecer la calma entre la tropa infantil.

Acudirán también todos los santos. Y al conocer el motivo de ese

extraordinario alborozo, les parecerá tan fascinante la idea, que se

apresurarán todos ellos a hacer una genealogía con la que demostrar que

son todos parientes cercanos de Celina. Y así, todos los pontífices, los

gloriosos mártires, los guerreros (con san Sebastián a la cabeza), en una

palabra toda la nobleza del cielo se sentirá orgullosa de dar el nombre de

hermana a la esposa de Jesús, y la boda estará formada por una sola y

gran familia.

Pero volvamos al noble anciano, a la hermosa señora y a los cuatro

querubines. Una vez hayan acabado de vestirse, entrarán en la sala

capitular, los ángeles se inclinarán al verlos pasar, y les indicarán los

magníficos tronos preparados para ellos, a ambos lados de la humilde silla

destinada a la querida Madrecita. Entre sus manos, dentro de unas horas,

se formarán los lazos indisolubles que deben unir a Jesús y a Celina. Y

así, esta Madre, pequeña a los ojos de las criaturas pero grande a los ojos

de Dios, cuyo lugar ocupa, recibirá las más abundantes bendiciones de

sus padres queridos para derramarlas sobre la cabeza de su hermana e

hija querida...

Los santos y todos los ángeles vendrán, uno a uno, a felicitar al venerable

patriarca y a su feliz esposa, que resplandecerán con una gloria totalmente

nueva; y sus  queridos hijitos exclamarán llenos de asombro: «¡Papá!

¡Mamá!. ¡Qué guapos que estáis! ¡Qué pena que Celina no os vea...!

Aunque sólo sea por hoy, mostradle vuestra gloria». «Dejadme actuar a

mí, hijos míos -responderá papá-, vosotros no sabéis que si hoy me

escondo es porque sé cuán gran premio sacará mi valiente de vivir sin

consuelo en el destierro. Hace tiempo yo he sufrido mucho, y entonces

Celina era mi único apoyo; ahora quiero ser yo el suyo. Pero no penséis

que quiero quitarle el mérito del sufrimiento. No. Conozco muy bien el

premio... Dios no se deja vencer en generosidad. Él es ya mi gran

recompensa y pronto será la de mi fiel Celina». «Es cierto -dirá a su vez

mamá-, es mejor no mostrarnos a ella en tierra extranjera, pues Celina tan

sólo está desterrada por un instante, para luchar y morir. Pronto llegará el

día en que Jesús será realmente su Señor y mi hijita la Señora. Así me lo

decía ella cuando pequeñita, y veo que tenía toda la razón».

Esta conversación familiar será interrumpida por los ángeles, que vendrán

a anunciar con gran solemnidad que la novia está ya lista para dirigirse a la

Misa de Bodas. Entonces se formará el cortejo en un orden perfecto, e irán

delante Jesús y Celina, rodeada de su familia del cielo y de la de la tierra.

No puedo describir los transportes de amor de Jesús por Celina y la

belleza radiante de ésta (pues estará vestida con las ropas que la misma

Virgen María preparó para ella). Yo no sé si los habitantes del cielo habrán

visto jamás una fiesta tan hermosa, pero no lo creo. Por lo que a mí

respecta, sí le digo a mi hermana querida que ¡nunca he visto nada tan

dulce para mi corazón...!

No hablaré del momento mismo de la unión, pues las palabras no pueden

expresar este misterio incomprensible que sólo en el cielo nos será

revelado... Yo sólo sé que en ese momento la Trinidad bajará al alma de

mi Celina querida y la poseerá totalmente, confiriéndole un resplandor y

una inocencia superiores a las del bautismo... Yo sé que la Santísima

Virgen se convertirá en la mamá de su hija predilecta de una forma más

íntima y más maternal aún que en el pasado...

Yo sé que la pobre Teresita siente ya en su corazón una alegría tan

grande al pensar en el hermoso día que pronto va a empezar, que se

pregunta qué sentirá cuando llegue de verdad...

Hermanita querida, mi alma ha traducido muy mal sus sentimientos...

Pensaba tantas cosas sobre las fiestas en el c