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CARTAS

TERESA DE LISIEUX

  

PRIMER PERÍODO

LA INFANCIA

(abril 1877-noviembre 1886)

Cta 1 A Luisa Magdelaine

4 de abril de 1877

Querida Luisita:

No te conozco, pero es igual, te quiero mucho . Paulina me ha dicho

que te escriba; me tiene sobre sus rodillas, pues yo no sé ni siquiera

sostener el palillero. Quiere que te diga que  soy una perezosilla, pero

no es cierto, porque trabajo todo el día haciendo travesuras a mis pobres

hermanitas; en una palabra, que soy un diablillo que está siempre riéndose

.

Adiós, Luisita. Te mando un beso muy fuerte. Saluda de mi parte a la

Visitación, es decir a sor María Luisa2 y a sor Luisa de Gonzaga, pues no

conozco a nadie más.

Teresa

Cta 2 A Juana y María Guérin

12-17 de abril de 1877

Queridas primitas:

Ya que os escribe Celina, yo también quiero escribiros para deciros que os

quiero  con todo mi corazón. Me gustaría mucho veros y daros un

beso.

Adiós, queridas primitas. María ya no quiere seguir llevándome la mano,

 y yo no sé escribir sola.

Teresa

Cta 3 A María

10-17 de junio de 1877

Querida Mariíta:

Un abrazo de todo corazón, y a Paulina también.

Teresa

Cta 4 A María Guérin

16 de septiembre de 1877

Querida Mariíta:

Un abrazo con todo mi corazón. Tu carta me ha gustado mucho. Me alegra

mucho ir a Lisieux.

Tu primita,

Teresa

Cta 5 A Paulina

Lisieux, 26 de junio de 1878

Querida Paulina:

María Guérin está en el campo desde el lunes, pero yo me lo paso bien,

sola mi tía. Estuve comprando medias grises con mi tía, y la señora me dio

unas perlas. Me he hecho una sortija con ellas.

Adiós, Paulinita querida. Muchos besos a papá y a María de mi parte. Un

abrazo de todo corazón.

Tu hermanita,

Teresa

Cta 6 A Paulina

1 de diciembre de 1880

Querida Paulina:

Me alegro mucho de escribirte, he pedido permiso a nuestra tía. Cometo

muchas faltas, pero tú conoces bien a tu Teresita y sabes muy bien que no

soy nada hábil.

Dale un gran beso a papá de mi parte.

He sacado cuatro puntos buenos el primer día, y cinco el segundo.

Un abrazo de mi parte a la señorita Paulina.

Estoy muy contenta, porque ya sabes que estamos en casa de nuestra tía.

Mientras María hace las cuentas, yo me divierto pintando unas láminas

muy bonitas que me ha dado nuestra tía.

Hasta la vista, querida Paulinita. Tu Teresita que te quiere.

Cta 7 A Paulina

4 (?) de julio de 1881

Querida Paulina:

Me alegro mucho de escribirte. Te deseo un feliz día de tu santo, pues no

te pude felicitar el miércoles, día de tu santo.

Espero que lo pases muy  bien en Houlgate. Quisiera saber si has

montado en burro.

Te agradezco mucho que me hayas dado vacaciones mientras estás en

Houlgate. Me gustaría mucho que, si escribes a María, me pongas también

a mí unas letritas.

¡Si supieras! El día de santa Domitia, nuestra tía me puso un cinturón de

color rosa, y eché  flores a santa Domitia.

No enseñes mi carta a nadie.

Adiós, querida Paulinita. Un abrazo con todo mi corazón. Da un beso de mi

parte a María Teresa y a la pequeña Margarita.

Tu Teresita que te quiere.

Cta 8 A Celina (Fragmentos)

Domingo, 23 de abril de 1882

Querida Celinita:

Te quiero mucho, bien lo sabes...

Adiós, querida Celinita.

Tu Teresita que te quiere con toda el alma.

Teresa Martin

Cta 9 A la madre María de Gonzaga

noviembre-diciembre de 1882(?)

Querida Madre:

Hace mucho tiempo que no la he visto; por eso me alegro mucho de

escribirle para contarle mis cosillas.

Paulina me ha dicho que usted estaba de ejercicios, y quiero pedirle que

ruegue al Niño Jesús por  mí, pues tengo muchos defectos y quisiera

corregirme.

Tengo que confesarme con usted. De un tiempo acá, contesto siempre que

María me manda hacer alguna cosa. Parece que cuando Paulina era

pequeña y se excusaba ante mi tía de Le Mans, ésta le decía: «Tantos

agujeros, tantas clavijas», pero yo soy todavía mucho peor. Por eso, quiero

corregirme y en cada agujerito poner  una linda florecilla que ofreceré

al Niño Jesús para prepararme a mi primera comunión. ¿Verdad, querida

Madre, que usted pedirá eso a Dios para mí? Sí, ese hermoso momento

llegará muy pronto, y cuando el Niño Jesús venga a mi corazón, ¡qué feliz

me sentiré de tener tantas flores hermosas para ofrecerle!

Adiós, querida Madre. La abrazo con la misma ternura con que la amo.

Su hijita,

Teresita

Cta 10 A Celina

A mi Celinita querida de parte de su hermanita que la quiere muy

tiernamente.

Teresa

Domingo 29 de abril de 1883

Cta 11 A sor Inés de Jesús

1-6 de marzo de 1884

Querida Paulinita:

Había pensado escribirte para darte las gracias por tu precioso librito; pero

creía que no estaba permitido hacerlo durante la cuaresma. Ahora que sé

que está permitido, te doy las gracias de todo el corazón.

No sabes la dicha que sentí cuando María me enseñó tu hermoso librito.

Me pareció precioso; no había visto nunca nada tan bello, y no me canso

de mirarlo. ¡Qué oraciones tan bonitas trae al principio! Se las he rezado

de todo corazón al Niño Jesús. Procuro hacer todos los días el mayor

número de prácticas que puedo, y hago todo lo posible por no dejar

escapar ninguna ocasión. Rezo desde lo hondo de mi alma las jaculatorias

que representan el olor de las rosas, y lo hago lo más frecuentemente que

puedo.

¡Qué estampa tan bonita la que trae al principio! Una palomita que ofrece

su corazón al Niño Jesús. Pues bien, yo también quiero adornar el mío con

todas las lindas flores que encuentre, para ofrecérselo al Niño Jesús el día

de mi primera comunión; pues quiero, como se lee en la breve oración que

hay al principio del libro, que el Niño Jesús se encuentre tan a gusto en mi

corazón, que no piense ya en volverse al cielo...

Dale las gracias en mi nombre a sor Teresa de San Agustín por su

precioso rosario de prácticas y por haberme bordado la hermosa cubierta

del libro. Muchos besos de mi parte a la madre María de Gonzaga, y dile

que su hijita la quiere con todo el corazón.

Leonia y Celina te envían un fuerte abrazo. Adiós, querida Paulinita. Un

abrazo con todo mi corazón.

Tu hijita que te quiere mucho.

Teresita

Cta 12 A María

8 de mayo de 1884

Para mi querida Mariíta, recuerdo de la primera comunión de

Tu hijita

Teresa

Cta 13 A Celina

8 de mayo de 1884

Recuerdo de 1ª comunión para mi querida Celinita, de parte de tu

hermanita

Teresa

Cta 14 A María Guérin

1883-1885

A mi Mariíta, de parte de su hermanita Teresa.

Cta 15 A Celina

1883-1885

A mi querida Celinita, recuerdo cariñoso de su hermanita que la quiere con

todo el corazón

Teresa

Cta 16 A la señora Guérin (Fragmentos)

10-17 de mayo de 1885

Querida tía:

Me ha pedido que le escriba para darle noticias de mi salud. Estoy mejor

que el domingo, pero me sigue doliendo mucho la cabeza. Espero que

usted se encuentre bien, lo mismo que Juana, y que María acabe de

curarse del todo.

Pienso en usted con frecuencia, y recuerdo lo buena que ha sido

conmigo1. No olvido tampoco a mis queridas primitas, y le ruego que diga

a María que no le escribo hoy, pero que le escribiré la próxima vez para

tener más cosas que contarle.

Entro en retiro el domingo por la tarde, pues la primera comunión sigue

fijada para el 21; es ya seguro que no se cambiará la fecha.

Adiós, querida tía. Un abrazo muy fuerte mi parte para Juana y María, y

guarde para usted el beso más fuerte,

Teresa

Hija de los Stos. Angeles

Cta 17 A María

Para mi querida Mariíta,

recuerdo de la segunda Comunión de tu hijita,

el 21 de mayo de 1885.

Teresa

Cta 18 Al señor Martin

25 de agosto de 1885

Querido papaíto:

Si estuvieras en Lisieux, deberíamos felicitarte hoy tu santo. Pero, como no

estás, quiero igualmente, y más que nunca, desearte en el día de tu santo

una gran felicidad, y sobre todo que lo pases muy bien en el viaje. Espero,

papaíto querido, que te diviertas mucho y que te guste mucho el viaje.

Pienso continuamente en ti, y pido a Dios que te conceda pasarlo bien y

que vuelvas pronto con buena salud.

Querido papá, para tu santo Paulina me había compuesto unos versos

preciosos para que te los recitase el día  de tu santo; pero ya que no

puedo hacerlo, te los voy a escribir:

FELICITACIÓN DE UNA REINECITA A SU PAPÁ-REY EN EL DÍA DE SU

SANTO

Si fuera una palomita,

¿sabes, papá, adónde iría?

En tu pecho, nido y tumba,

por siempre me quedaría.

Si fuera una golondrina,

estos días de calor,

iría a cerrar mis alas

a la sombra de tu amor.

Si fuera yo un petirrojo,

me estaría en tu jardín.

Con sólo un grano, tu mano

me daría un gran festín.

Si fuera yo un ruiseñor,

pequeño cantor salvaje,

pronto mi bosque dejara

 por cantar en tu boscaje.

Si yo fuera una estrellita,

de noche siempre saldría,

y cuando el día se oculta

nunca oscuro se te haría.

A través de tu ventana

encendiera mil destellos,

y nunca me ocultaría

sin decirte algo del cielo.

Si fuera yo un angelito,

querubín de alas doradas,

hacia ti dirigiría,

papá, el vuelo de mis alas.

Te mostraría mi Patria

en un sueño misterioso;

te diría: «Tras la vida

te espera un brillante trono».

Si quisieras alas blancas,

te las traería del cielo,

y hacia la eterna ribera

alzaríamos el vuelo.

Mas no tengo alas brillantes,

yo no soy un serafín,

soy tan sólo una niñita

a la que hay que conducir.

Sólo soy débil aurora,

simple capullo de flor,

y el rayo que me entreabre

es, papá, tu corazón.

Al crecer, veo tu alma

repleta del Dios de amor;

tu santo ejemplo me inflama

y quiero imitarte yo.

Quiero, Rey mío, en la tierra

ser tu alegría mayor:

imitarte, padrecito,

amar como tú al Señor.

Más tendría que decirte,

pero es preciso acabar.

Sonríeme, padre amado,

y ven mi frente a besar.

Adiós, queridísimo papá. Tu Reina que te ama con todo su corazón,

Teresa

Cta 19 A María Guérin

Los Buissonnets, sábado 26 de junio de 1886.

Querida Mariíta:

Te agradezco mucho que hayas tenido la delicadeza de no reñirme por no

haberte escrito; por eso me apresuro a contestar enseguida a tu amable

cartita. No puedes imaginarte cómo me ha gustado.

Estoy muy contenta de que sigas mejor y de que te diviertas mucho. No sé

nada nuevo de Lisieux que pueda contarte; sólo que estamos todos bien.

Me pedías en tu carta que  te diera noticias de la señora de Papinau;

está muy bien y me pregunta con frecuencia por tu salud. Las clases

siguen marchando muy bien; desde hace algún tiempo han aumentado, y

por eso no te pude escribir el domingo.

Estoy muy contenta porque mañana me pondré de blanco para la

procesión; María me ha probado el vestido y me sienta muy bien.

Querida Mariíta, te encargo que des un abrazo muy fuerte de mi parte a mi

tía y a mi querida Juanita.

Adiós, querida primita. Perdona si mi carta va mal redactada y mal escrita:

es que andaba muy deprisa y no he tenido tiempo para hacer  un

borrador. Celina me encarga que te mande un fuerte abrazo, lo mismo que

a Juana y a mi tía. Todavía no he dado tu recado a Paulina, pero se lo

daré esta tarde.

Tu primita, que te quiere con todo el corazón,

Teresa

Cta 20 María Guérin

Los Buissonnets, jueves 15 de julio de 1886

Querida María:

Muy amable de tu parte el escribirme; tu carta me ha gustado mucho. Me

alegra que te des hermosos paseos como los que me cuentas; me parecen

muy interesantes.

Vengo de columpiarme; María tiene miedo que me lastime y ha pedido a

papá que pinte las argollas y el columpio; las argollas me  gustan

menos que el columpio y tengo las manos todas rojas de estar en ellas.

Ayer fuimos a pasar la tarde en casa de la señora Maudelonde, y me lo

pasé muy bien con Celina y Elena. La señora de Papinau me ha dado

vacación mañana en honor de la fiesta de nuestra Señora del Carmen,

para que pueda asistir al sermón.

Ya ves, María, que no tengo nada interesante que contarte. No me he

dado, como tú, un  paseo maravilloso del que poder hablarte, pero, no

obstante, espero que mi pobre cartita te guste un poco.

Adiós, querida Mariíta. Da un fuerte abrazo de mi parte a mi tía y a Juana.

Tu hermanita que te quiere mucho

Teresa

Cta 21 A María

Sábado, 2 de octubre, 6 de la tarde

Fiesta de los Santos Angeles

Querida Mariíta:

Acabamos de recibir el telegrama y estoy muy contenta, pues creo que

esto quiere decir que has visto al Padre en Douvres. El te envió el

miércoles una carta en la que te decía que fueses a esperarle hoy. No te

puedes imaginar nuestro apuro. Celina envió  cartas a Douvres y a

Calais, a la lista de correos.

La Santísima Virgen ha tenido todos los días una vela encendida, y le he

pedido y suplicado tanto, que no puedo creer que no sepas que el Padre

llegaba hoy. También el señor Pichon ha enviado una carta a papá; no nos

atrevíamos a abrirla. Paulina nos dijo que era mejor hacerlo, pues podría

haber dentro alguna cosa urgente; pero sólo decía que el señor Pichon

todavía no sabía cuándo llegaría el Padre , y que iba a escribir al

superior para saberlo.

¡Si supieras, María, qué gran verdad me parece lo que nos dices! Dios nos

mima, sí, pero no te figuras lo que es estar separada de una persona a

quien se quiere como yo te quiero a ti. ¡Si supieras todo lo que pienso!

Pero no puedo decírtelo: es demasiado tarde y he escrito la carta toda

torcida, porque no veía nada.

Madrinita querida, he preguntado a Paulina si los frasquitos oro-bronce

servían para pintar a la acuarela, y me ha dicho que no, que eran para

pintar santos y estatuas. Te lo digo para que no me los compres como

recuerdo. Por favor, no me traigas nada, me disgustaría de verdad. Leonia

te manda un fuerte abrazo y otro para papá.

Adiós, queridísima María. Dale un beso muy fuertemente de mi parte a mi

papaíto querido.

Tu verdadera hijita que te quiere todo lo que se puede querer,

Teresita

Sobre todo, no olvides nuestros encargos y el taburete para nuestra

tía. Felicidad te manda muchos recuerdos; desde que te marchaste, está

de un humor fantástico. Nuestra tía, nuestro tío, Juana y María os mandan

muchos recuerdos. Todavía no hemos llevado el telegrama al Carmelo.

SEGUNDO PERÍODO

LA ADOLESCENCIA

(Navidad de 1886-Abril 1888)

Cta 22 A Celina

31 de marzo de 1887

Guardaré mi diadema hasta mañana temprano,

mas luego a tu cabeza pasará mi hado,

¡pececito de abril...!

Mañana tendrás una peineta que te regalará el pez de abril.

Cta 23 A María Guérin

Los Buissonnets, lunes 27 de junio de 1887

Querida enfermita:

¿Cómo te encuentras esta mañana? ¿Has dormido bien anoche? ¿Te

duele ya menos la muela...? Ya ves, querida Mariíta, cuántas preguntas

me hago esta mañana, pero nadie me puede contestar y me veo obligada

a resolverlas yo misma; así, lo hago a mi favor y veo que te encuentras

mucho mejor.

 Me veo obligada a volver la página, pues acabo de darme cuenta de

que estaba escribiendo todo torcido. Hace tanto tiempo que no cojo una

pluma, que me parece rarísimo.

Acabo de llegar del Carmelo. He contado a María y a Paulina cuánto

sufrías, y van a pedir mucho a Dios para que te cure y puedas disfrutar de

tu estancia en Trouville...

Tendría muchas más cosas que decirte, querido Lulú, pero no tengo

tiempo pues quiero escribir también unas letras a Juana. Además, tengo

miedo a estropearte la vista, pues mi carta es un verdadero borrador y no

sé ni cómo me atrevo a mandártela así.

Te dejo, besándote no en las dos mejillas,  por no hacerte daño en las

muelas, sino en tu preciosa frentecita.

Teresa, h.m.

 Sobre todo, recomiendo a mi queridito Lulú que no se moleste en

escribirme; esto no me impedirá enviarle muchas cartas. Lo que hace falta

es que mi Lulú haga honor a su nombre y coma como un verdadero lobo.

Cta 24 A Juana Guérin

27 de junio de 1887

(Aquí hay un barco de vela

dibujado a pluma)

Querida Juanita:

Como no tengo al artista Darel para que me pinte un barco, y como quería

poner uno al principio de esta carta, he tenido que ponerme yo misma a

garabatearlo. Voy a aburrirte durante unos momentos, querida Juana.

Espero que se te haya pasado del todo la jaqueca. Ahora que la gran

Inglesa se ha marchado, estarás más tranquila, y seguro que todos se

encontrarán mucho mejor.

Creo que te alegrarás mucho de no tener que escuchar mis sermones

sobre la muerte, de no ver ya mis ojos que te fascinan, y de no  verte

obligada a ir a casa de las señoritas Pigeon...

Tengo que comunicarte la muerte de ocho de mis queridos gusanos de

seda; ya no me quedan más que cuatro. Celina les prodigó tantos

cuidados, que consiguió hacérmelos morir a casi todos de pena o de una

apoplejía fulminante, y mucho me temo que los cuatro que quedan no

hayan atrapado también el virus de la enfermedad de sus hermanos y les

sigan al reino de los topos.

Se me hace muy raro encontrarme de nuevo en los Buissonnets. Esta

mañana estaba toda extrañada de verme al lado de Celina. Hemos

hablado a papá de la amable propuesta que nos hizo mi tía, pero es

absolutamente imposible, porque papá se va el miércoles y esta vez estará

muy poco tiempo en Alençon.

Adiós, querida Juana, sigo queriéndote con todo el corazón.

Teresa, h.m.

Cta 25 A María Guérin

Los Buissonnets, 14 de julio de 1887

Mi Mariíta preciosa:

Acabo de recibir tu cariñosa cartita, y todavía me sigo riendo pensando en

lo que me dices. Vamos a ver, campesina feúcha. Ante todo, tengo que

empezar por regañarte: ¿por qué has  llevado otra vez tu cara al

escultor1? ¡Pues sí que te la ha arreglado bien...! Me he quedado desolada

al enterarme de que tus pícaras mejillas habían tomado otra vez la forma

de un balón. La experiencia debiera haberte enseñado; me parece que ya

tenías bastante con la primera vez.

Me alegro mucho de que mi tía está mejor, me quedé consternada cuando

supe que  estaba mala; la verdad es que Dios os envía muchas

pruebas este año.

Tampoco esta semana es muy alegre en los Buissonnets, pues es la

última que nuestra querida Leonia pasa con nosotros. Los días corren muy

deprisa, ya no le quedan más que dos de estar con nosotros.

Pero ¿qué quieres que te diga, cariño?, a mi pena se mezcla una cierta

alegría: me  alegra ver por fin centrada a mi querida Leonia. Sí, creo

que sólo allí será feliz. En la Visitación hallará todo lo que le falta en el

mundo.

Celina está de luto por sus dos pajarillos azules: el macho fue a juntarse

con su compañera al día siguiente por la mañana. Ahora sus despojos

mortales están en casa del disecador.

Te deseo que el final de tu estancia en Trouville sea más alegre que el

principio. Espero que Dios, que tanto os ha probado, os conceda ahora

muchas alegrías.

Celina está apenada por no poder escribir a Juana, pero está tan ocupada

con todos los preparativos de Leonia, que le es absolutamente imposible.

Dile a Juana que no puede imaginarse cómo se emocionó Leonia con su

carta, lo mismo que con la tuya. Os abraza con todo el corazón, así como

también a nuestra querida tiíta.

Dale a Juana un abrazo muy fuerte de mi parte. Dile a mi tía que la quiero

mucho, y guarda para ti una gran parte de mis besos (He oído hablar de la

carta del Carmelo, parece que era muy divertida). Papá os manda

recuerdos, en particular a su querida ahijada.

Teresa

Cta 26 A María Guérin

Los Buissonnets, 18 de agosto de 1887

Querida Mariíta:

Acaba de decirme mi tío que estás enferma, feúcha. Ahora que podías

disfrutar un poco, no se te ocurre otra cosa que ponerte enferma. Tienes

 suerte que estoy lejos, pues de lo contrario puedes estar segura que

tendrías que vértelas conmigo...

¿Y qué tal sigue mi tía? Espero que ya estará mejor. ¡Qué distinto sucede

todo a como nos lo imaginamos! Yo te veía desde lejos correr alegremente

por el parque, mirar los peces, , divertirte mucho con Juana; en una

palabra, te veía llevar una vida de castellana. Pero en vez de una vida de

castellana, es una vida de enferma la que estás llevando ahí. Mi pobre

amiguita, te compadezco de corazón. Pero no debes desanimarte, pues te

queda aún mucho tiempo para pasear y disfrutar. No tienes más que

abandonar rápidamente la habitación, que, aunque sea  hermosa y

dorada, para el pajarillo que quisiera dar saltitos al sol que divisa a través

de la ventana no es más que una jaula.

(Me doy cuenta de que acabo de poner el carro delante de los bueyes, y

estoy segura de que entenderás las crucecitas que he puesto en la frase

anterior.

Sí, hermanita QUERIDA, tú tienes tanta necesidad del aire libre del parque

como los  pajarillos. Cuando vuelvas a nuestro lado, tienes que estar

fresca como una rosa lozana que acaba de abrirse. Cariño, al hablar de

rosas, me vienen ganas de besar tus preciosas mejillas. Ya sé que no

están rosadas, pero las rosas blancas me gustan tanto como las rojas.

Procura que  tus mejillas se pongan menos blancas, y pídele a Juana

que te las bese por mí. Dile que también pienso mucho en ella y que le

mando un beso de todo corazón.

Querida María, he dejado correr la pluma como a una loca, y ha escrito

cosas que no son nada fáciles de leer ni de entender. Te ruego que sólo la

culpes a ella de esas maldades; lo que no quiero que le atribuyas es

el cariño que te tiene tu hermanita.

Dale un beso muy fuerte de mi parte a mi querida tía, a quien quiero con

todo mi corazón.

Adiós, hermanita querida. Te envío un fuerte beso, con la

recomendación de que te cures muy pronto para que disfrutes un poco.

Tu hermana que te quiere

Teresa, h.m.

Cta 27 A sor Inés de Jesús

Sábado, 8 de octubre de 1887

Hermanita querida:

Desde el miércoles estoy buscando la ocasión de hablar a nuestro tío; esta

mañana se ha presentado. Nuestro tío ha estado muy afable. Yo tenía

miedo que, al ser sábado, no estuviese de buen humor, pues ese día está

muy ocupado; pero, al contrario, en cuanto le pedí estar con él dejó su

lectura con aire solícito.

Me dijo que hacía algún tiempo ya que sospechaba que yo tenía algo

que decirle. Después me echó un sermoncito muy CARIÑOSO, con el que

ya contaba. Me dijo que estaba muy seguro de mi vocación, que no sería

eso lo que le impidiese dejarme marchar. Creo que no hay más que un

obstáculo: el mundo. Sería un verdadero escándalo público ver entrar a

una niña en el Carmelo, yo sería la única en toda Francia, etc... Sin

embargo, si Dios lo quiere así, ya encontrará la forma de hacérnoslo saber.

Mientras tanto, mi tío me ha dicho que, según las reglas de la prudencia

humana, no debo pensar en entrar antes de los diecisiete o dieciocho

años; y que aun esto sería demasiado pronto.

 Me dijo, además, muchas otras cosas por el estilo, pero sería

demasiado largo contártelas. Como puedes suponer, no le he hablado de

fechas. Querida Paulinita, por el momento estoy muy contenta de que

nuestro tío no encuentre más obstáculos que el mundo; creo que a Dios no

le costará mucho mostrarle a nuestro tío, cuando él quiera, que no será el

mundo lo que le impida tomarme para el Carmelo. ¿Sabes, hermanita

querida?, nuestro tío me ha dicho muchas otras cosas muy amables, pero

yo sólo te cuento los obstáculos que ha encontrado. Por fortuna, para Dios

esos obstáculos no existen.

 Paulina querida, hoy no puedo decirte todas las cosas que llenan mi

corazón, no puedo coordinar mis ideas. A pesar de todo, me siento llena

de ánimo, y estoy completamente segura de que Dios no me abandonará.

Ahora, como me decía nuestro tío, va a empezar mi tiempo de prueba.

Pide por mí, pide por tu Teresita. Tú sabes cuánto te quiere, tú eres su

confidente. Necesitaría mucho verte, pero es un sacrificio más que

ofreceré a Jesús. ¡No quiero negarle nada! Aun cuando me sienta triste y

sola en la tierra, aún me queda él. ¿Y no dijo santa Teresa. «sólo Dios

basta»...?.

Perdóname, Paulina querida, por enviarte esta carta, o mejor este

borrador, donde las ideas  ni siquiera van hilvanadas. No sé si vas a

poder leerla, tan mal escrita está; pero mi corazón tenía tantas cosas que

decirte, que la pluma no podía seguirlo. Dile a mi querida madrina que

pienso mucho en ella durante sus ejercicios, y pídele que no se olvide de

su ahijada.

Hasta pronto, hermana querida. Una vez más, no te enfades conmigo por

enviarte esta carta; pero no me siento con ánimos para volverla a

empezar.

Tu pequeña Teresita

Te envío tu palillero.

 Dile a mi querida Madre que su Teresita la quiere con todo su

corazón.

Cta 28 Al P. Pichon

23 de octubre de 1887

Reverendo Padre:

He pensado que, como usted atiende a mis hermanas, tal vez pudiera

encargarse también de la última.

Quisiera poder darme a conocer a usted, pero yo no soy como mis

hermanas, no sé decir bien en una carta todo lo que siento. A pesar de

todo, Padre, creo que usted sabrá adivinarme.

Cuando venga a Lisieux, espero poder verlo en el Carmelo para abrirle mi

corazón.

Padre, Dios acaba de concederme una gracia muy grande: hace mucho

tiempo deseo que entrar en el Carmelo, y creo que ha llegado el momento.

Papá está de acuerdo en que entre para Navidad. ¡Qué bueno es Jesús,

Padre,  al tomarme tan joven! No sé cómo agradecérselo.

A mi tío le parecía que soy demasiado joven, pero ayer me dijo que quería

hacer la voluntad de Dios.

Padre, le pido que ruegue por esta su última hija. Acabo de llegar del

Carmelo, y mis hermanas me han dicho que podía escribirle para decirle

con toda sencillez lo que pasa en mi corazón. Ya ve, Padre, que lo hago,

esperando que no se niegue a recibirme por hija.

Bendiga a su segundo corderito,

Teresa

Cta 29 A Leonia

23-30 (?) de octubre de 1887

Querida hermanita:

No sé cómo decirte cuánto me ha gustado tu carta. Gracias por haberme

felicitado tan puntualmente para mi santo. Hubiera querido escribirte

enseguida, pero ahora estamos tan ocupadas que me ha sido imposible

hacerlo. Celina no puede escribirte porque tiene mucho que hacer, pero

eso no le impide pensar en su hermanita a quien tanto quiere; me encarga

que te mande un abrazo.

Me dices en tu carta que ruegue a la beata Margarita María para que te

alcance la gracia de ser una santa salesa. No dejo de hacerlo ni un solo

día.

Gracias por avisarme de que me preocupe por mi precioso Niño Jesús. No

está abandonado, está tan nuevo como cuando  tú lo dejaste. He

besado por ti su piececito, y su manita parecía bendecirte desde lejos.

Hermanita querida, tengo muchas cosas que decirte, pero

Cta 30 A sor Inés de Jesús y sor María del Sagrado Corazón

6 de noviembre de 1887

París, Hotel de Mulhouse

Queridas hermanitas:

Celina no quiso que os escribiese ayer; sin embargo, no quiero que

recibáis carta suya sin unas letras de vuestra Teresita. Ya veo que tengo

una auténtica letra de gato, mas espero que no me  riñáis, pues estoy

muy muy cansada, todo da vueltas a mi alrededor.

Mañana ya no estaremos en Francia. No salgo de mi asombro ante todo lo

que veo. En París hemos visto cosas muy hermosas, pero nada de eso da

la felicidad. Celina os contará, si quiere, las maravillas de París; yo sólo os

sé decir que pienso muchísimo en vosotras y que todas las maravillas de

París no cautivan en manera alguna mi corazón.

 Me parezco un poco a mi querida madrina, siempre tengo miedo a

verme atropellada, me veo continuamente rodeada de coches... Queridas

hermanitas, ninguna de las cosas tan bellas que veo me da la felicidad, y

no la tendré hasta que no esté donde vosotras estáis ya...

Me he sentido muy feliz en Nuestra Señora de las Victorias; recé mucho

por vosotras y por mi querida Madre.

Quisiera escribir a mis primitas, pero  otra vez será, pues tengo que

escribir todavía a Leonia. ¡Pobre Leonia! ¿Qué es de ella? Decidles, por

favor, que las recuerdo mucho. En el Sagrado Corazón de Montmartre he

pedido la gracia para Juana. Creo que ella lo entenderá. No os olvidéis

tampoco de mi tío y mi querida tía.

Adiós, QUERIDA madrina y QUERIDA confidente. Rogad por vuestra

Teresita.

Espero que tengáis en cuenta que estoy escribiendo esta carta por la

noche y muy cansada; la verdad es que, si no, no me atrevería a

enviárosla.

Un abrazo de mi parte a mi querida Madre.

Cta 31 A María Guérin

10 de noviembre de 1887

Venecia, jueves 10, noche

Querida Mariíta:

Por fin tengo un momento para poder escribirte; esta noche no saldremos

de paseo, prefiero descansar un poco a tu lado.

Dile, por favor, a mi querida tía que no puede imaginarse cómo me ha

EMOCIONADO su carta;  quisiera escribirle para darle las gracias,

pero espero que sabrá disculpar a su hijita y adivinará lo que quiere decirle

mi corazón. Además, tengo muy poquito tiempo, porque Celina no quiere

que me acueste tarde.

No puedes hacerte una idea, querida hermanita, de todo lo que estamos

viendo; es realmente maravilloso, nunca me habría imaginado que

veríamos cosas tan bellas. Y son tantas, que tengo que renunciar a

contártelas; lo haré mucho mejor cuando esté  en mi querido Lisieux,

al que todas las bellezas de Italia no podrán hacerme olvidar.

Querida hermanita, ¿cómo te encuentras, qué tal estáis todos? Espero que

bien. ¿Estás tan alegre como cuando nos fuimos?

¡Si supieras, María, lo mucho que os recuerdo a todos! En las preciosas

iglesias que visitamos no os olvido. Me he acordado también de vosotros

ante las maravillas de la naturaleza, junto a aquellas montañas de Suiza

que atravesamos. ¡Qué bien se ora allí! Se siente que Dios está cerca.

¡Qué pequeña me veía ante aquellas montañas gigantescas!

 Este país de Italia es muy bonito, y ahora estamos gozando de su

hermoso cielo azul. ¡Esta tarde hemos visitado en góndola los

monumentos de Venecia! ¡Fue algo de ensueño!

Me resulta muy divertido oír hablar a nuestro alrededor el italiano. Es una

lengua muy bella y muy armoniosa. En el hotel me llaman «Signorella»;

pero no entiendo más que esta palabra, que quiere decir «señorita».

Quisiera escribir con más frecuencia, pero es increíble lo llenas que están

nuestras jornadas; sólo queda tiempo para escribir de noche, muy tarde.

Estoy totalmente avergonzada de mi carta, pues la he escrito a toda prisa y

las ideas van deshilvanadas.  Veo que aún no he empezado a

decirte lo que hubiera querido. ¡Tengo tantas cosas que contarte y tantas

que preguntarte...! Por las ganas, continuaría un buen rato todavía, pero

Celina no me dejaría terminar; me ha obligado a darme prisa.

Dale las gracias a nuestro tío por las amables letritas que nos ha enviado y

que nos han gustado mucho a todos. Dale un abrazo muy FUERTE de mi

parte. Y no olvides a mi Juanita, me acuerdo mucho de ella.

 Adiós, mi querida hermanita. Acuérdate alguna vez de tu Teresita,

que tanto se acuerda de ti. (Ya sabes que no he olvidado lo que hiciste por

mí un domingo).

Tu Teresita

Papá sigue bien; os manda a todos muchos recuerdos... P.C.T. Saludos a

María y a Marcelina...

Cta 31 B A María Guérin

14 de noviembre de 1887

Lunes 14.

Querida hermanita:

Ya ves la fecha de mi carta. Creía que Celina la había enviado hace

tiempo, y creía que ya la habrías recibido... Verdaderamente, vas a creer

que te tengo olvidada.

¡Si vieras, hermanita, cómo me ha gustado tu carta! He vuelto a encontrar

en ella a mi Mariíta...

GRACIAS... Y adiós... Te mando esa vieja carta; piensa que tenía que

haber salido hace cuatro días.

Cta 32 A la señora de Guérin

14 de noviembre de 1887

Lunes, 14 noche

Querida tiíta:

¡Si supiera lo feliz que se sentiría su hijita si pudiese estar a su lado para

felicitarle su santo! Pero como no tiene esa dicha, quiere al menos que una

palabrita de su corazón vaya a través de los mares para reemplazarla.

¡Pobre palabrita, qué insuficiente va a  ser para decirle a mi tía querida

todo el cariño que le tengo!

¡Cómo nos hemos alegrado esta mañana al recibir sus entrañables cartas!

¡Si supiera, tía, qué buena me parece usted...!

Hemos recibido todas las cartas del Carmelo, ni una sola se ha perdido.

Haré lo que Paulina me dice en su carta (Hotel de Milán). No sé cómo me

las arreglaré para hablar al Papa. La verdad es que, si Dios no se encarga

de todo, no sé cómo lo haré. Pero tengo una confianza tan grande en él,

que no podrá  abandonarme; lo dejo todo en sus manos.

Todavía no sabemos el día de la audiencia. Parece que, para poder hablar

a todos, el Santo Padre pasa por delante de los fieles, pero no creo que se

detenga. No obstante, yo estoy totalmente decidida a hablarle, pues antes

de que Paulina me escribiese, ya pensaba hacerlo; pero me decía a mí

misma que, si Dios quería que le hablase al Papa, él me lo haría saber...

Querida tía, quisiera que usted pudiese leer en mi corazón: allí vería

mucho mejor que en mi carta todo lo que le deseo para su santo.

Estoy lejos, muy lejos, querida tiíta, pero es increíble cuán cerca de usted

me parece estar esta noche. Quisiera decirle cuánto la quiero y cómo me

acuerdo de usted. Mas hay cosas que no pueden decirse, que sólo pueden

adivinarse...

Querida tía, le ruego le dé las gracias a mi querida Mariíta por su preciosa

y tan CARIÑOSA carta, que me ha gustado muchísimo. Gracias también a

mi QUERIDA Juanita por acordarse de su hermanita.

Adiós, querida tía. Déle, por favor, un abrazo de mi parte a mi querido tío.

Le envío, querida tía, la mejor felicitación que le haya dirigido nunca, pues

cuando  uno está separado de los que ama, es cuando más siente

todo el cariño que les tiene.

Su hijita

Teresa,

e.m.

Cta 33 A sor María del Sagrado Corazón

14 de noviembre de 1887

Querida madrina:

Has hecho un verdadero juicio temerario al pensar que leería la carta de

Paulina antes que la tuya; ha ocurrido precisamente todo lo contrario...

¡Sí, sí, María, me has dicho muchas cosas en el billetito de esta noche! Mi

corazón lo ha comprendido todo... ¡Cuánto me han gustado tus letritas!

Cuando leo las cartas que me enviáis, siento un no sé qué de muy dulce

que se derrama en mi corazón.

Papá sigue bien y disfruta mucho con vuestras cartas.

He preguntado en el monasterio de los monjes si podía obtener reliquias

de santa Inés. No es posible.

Tu Teresita que te quiere con todo su corazón.

Cta 34 A sor Inés de Jesús

14 de noviembre de 1887

Querida Paulina:

No puedo, realmente, dejar de darte las gracias por todo lo que haces por

mí. ¡Encomiéndame mucho a Dios! Puesto que Monseñor no quiere, no

me queda más remedio que hablar al Papa; pero no sé si podré hacerlo.

Tendrá que ser el Niño Jesús quien se encargue de disponer las cosas de

tal forma, que su pelotita no tenga que hacer más que rodar adonde él

quiera.

¡Si supieras cuánto me ha gustado y consolado lo que me decías en la

carta de Loreto! ¡Paulina, sigue protegiéndome! ¡Estoy tan lejos de ti...! No

puedo decirte todo lo que pienso, es imposible...

El juguetito de Jesús,

Teresita

Cta 35 A María Guérin

Sábado, 19 de noviembre de 1887

Querida Mariíta:

Mañana domingo hablaré al Papa. Cuando recibas mi carta, la audiencia

habrá pasado ya. Me parece que el correo no lleva las cartas lo bastante

deprisa, pues cuando te llegue ésta mía aún no sabrás nada de lo que

haya ocurrido.

Esta noche no voy a escribir al Carmelo, pero mañana les diré lo que

me diga el Papa.

¡Si supieses, hermanita querida, cuán fuerte late mi corazón cuando

pienso en mañana!

¡Si supieses todo lo que pienso esta noche! Quisiera pode decírtelo, pero

no, me es imposible. Veo la pluma de Celina correr sobre el papel; la mía

se detiene, tiene demasiadas cosas que decir...

¡Oh, Mariíta querida!, no sé qué pensarás de tu pobre Teresa, pero esta

noche no puede contarte su viaje, va a dejarle ese cuidado a Celina.

Espero que estés bien y que sigas ejercitándote en la buena música.

En Italia se oye mucha, ya sabes que es el país de los artistas; tú podrías

apreciar mucho mejor que yo la belleza, porque yo no soy artista. Y Juana

podría ver bellísimas pinturas.

Ya ves, hermanita, que en Roma no hay nada para mí. Todo es para los

artistas. Si pudiese obtener una sola palabra del Papa, no pediría nada

más.

Hoy es el santo de mi querida tía, me acuerdo mucho de ella; espero que

haya recibido nuestras cartas.

Hermanita querida, da un fuerte abrazo de mi parte a todos los que amo.

Me acuerdo mucho de  mi querida Juanita. Gracias por tu carta, no

sabes lo que me ha gustado, fue como un rayo de alegría.

Adiós, hermanita, ruega por mí.

Tu Teresita

Cta 36 A sor Inés de Jesús

20 de noviembre de 1887

Querida Paulina:

Dios me está haciendo por muchas pruebas antes de entrar en el Carmelo.

Voy a contarte cómo se ha desarrollado la visita del Papa. ¡Paulina del

alma!, si hubieses podido leer en mi corazón, habrías visto en su interior

una gran confianza. Creo haber hecho lo que Dios quería  de mí.

Ahora lo único que me queda es rezar.

Monseñor no estaba allí, el Sr. Révérony hacía sus veces. Para hacerte

una idea de la audiencia, sería necesario que hubieses estado allí.

El Papa estaba sentado en un sillón muy alto. El Sr. Révérony estaba muy

cerca de él, miraba a los peregrinos que pasaban ante el Papa besándole

el pie, y luego decía al Santo Padre unas palabras sobre algunos de ellos.

Puedes imaginarte cuán fuertemente me latía el corazón al ver que me

llegaba el turno, pero yo no quería volverme sin haber hablado al Papa.

Dije lo que tú me decías en tu carta, pero no todo, porque el Sr. Révérony

no me dio tiempo. Dijo enseguida: «Santísimo Padre, se trata de  una

niña que quiere entrar en el Carmelo a los quince años, pero los superiores

se están ocupando ya de ello». (El Papa es tan anciano, que se diría que

está muerto. Yo nunca lo había imaginado así. Y no puede decir casi nada:

es el Sr. Révérony quien habla.) Yo hubiera querido poder explicar mi

problema, pero no hubo forma de poder hacerlo. El Santo Padre me dijo

simplemente: «Si Dios lo quiere, entrarás». Después me hicieron pasar a

otra sala.

¡Ay, Paulina!, no puedo decirte lo que sentí, estaba como aniquilada, me

sentía abandonada, y, además, estoy tan lejos, tan lejos... Luego lloraría

mucho al escribir esta carta, tengo el corazón destrozado. Sin embargo,

Dios no puede mandarme  pruebas que estén por encima de mis

fuerzas. Él me ha dado valor para soportar esta prueba, ¡que es muy

grande! Pero, Paulina, yo soy la pelotita del Niño Jesús; si él quiere romper

su juguete, es muy dueño de hacerlo. Sí, acepto todo lo que él quiera.

No he escrito, en absoluto, lo que quería, no puedo escribir estas cosas:

necesitaría hablar, y, además, tú no leerás mi carta hasta dentro de tres

días. ¡Paulina, no tengo más que a Dios, sólo a Dios, sólo a Dios...!

Adiós, Paulina querida, no puedo decirte más, tengo miedo a que venga

papá y me pida leer mi carta, y eso es imposible. Ruega por tu hijita

Teresita

 Me gustaría escribir a mi Madre querida, pero esta noche no puedo.

Pídele que rece por su pobre Teresita.

Dale un fuerte abrazo de mi parte a mi querida María; escribo esta carta

también para ella, pero prefiero hablar sólo a una persona, espero que ella

sabrá comprender a su Teresita.

 No tengo tiempo para repasar la carta; seguro que va llena de faltas,

perdóname.

Cta 37 A María Guérin

Florencia, viernes 25 de noviembre de 1887

Mi querida Mariíta:

El tiempo pasa veloz, unos días más y volveremos a estar juntas; de hoy

en ocho días espero estar con vosotros.

Te aseguro que dejaré atrás muy a gusto todas las maravillas de Italia.

Todo esto es muy hermoso, pero no puedo olvidar a los que dejé en

Lisieux, hay en él como un imán que me  atrae. Así que volveré con

mucho gusto.

¡No sabes la alegría que me produjo tu carta! Me alegré mucho de que me

hablases del santo de mi querida tía. Yo estaba en espíritu cerca de

vosotros. En aquel momento no existían las distancias Roma y Lisieux.

Has hecho bien en decirme el regalo que te hizo mi tía, pues yo nunca

hubiera podido adivinarlo, ¡qué sorpresa!

No te hablo de mi visita al Sumo Pontífice, creo que ya habrás tenido

noticias por el Carmelo. Lo pasé muy mal, pero si ésa es la voluntad de

Dios...

 Espero, querida hermanita, que seguirás rezando por mí. Tengo

mucha confianza en tus oraciones, me parece que Dios no puede negarte

nada.

Te quejabas de que tu carta estaba mal escrita. Realmente, si eres tan

exigente, no me atreveré a enviarte las mías, que son verdaderos

garabatos. Pienso mucho en ti y en todos, tanto, que hasta sueño de

noche con vosotros. Quisiera estar ya a vuestro lado.

Hace mucho tiempo que no tenemos noticias del Carmelo; me temo que se

hayan perdido algunas cartas.