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LAS MORADAS

SANTA TERESA DE JESÚS O DE ÁVILA

 

CASTILLO INTERIOR

PRÓLOGO

MORADAS PRIMERAS

CAPÍTULO 1

En que trata de la hermosura y dignidad de nuestras almas. - Pone

una comparación para entenderse, y dice la ganancia que es

entenderla y saber las mercedes que recibimos de Dios. Cómo la

puerta de este castillo es la oración.

CAPÍTULO 2

Trata de cuán fea cosa es un alma que está en pecado mortal y

cómo quiso Dios dar a entender algo de esto a una persona. - Trata

también algo sobre el propio conocimiento. - Es de provecho,

porque hay algunos puntos de notar. - Dice cómo se han de

entender estas moradas.

MORADAS SEGUNDAS

CAPÍTULO ÚNICO

Que trata de lo mucho que importa la perseverancia para llegar a

las postreras moradas, y la gran guerra que da el demonio, y cuánto

conviene no errar el camino en el principio. Para acertar, da un

medio que ha probado ser muy eficaz.

TERCERAS MORADAS

CAPÍTULO PRIMERO

Trata de la poca seguridad que podemos tener mientras se vive en

este destierro, aunque el estado sea subido, y cómo conviene andar

con temor. - Hay algunos buenos puntos.

CAPÍTULO 2

Prosigue en lo mismo y trata de las sequedades en la oración y de

lo que podría suceder a su parecer, y cómo es menester probarnos

y prueba el Señor a los que están en estas moradas.

CUARTAS MORADAS

CAPÍTULO 1

Trata de la diferencia que hay de contentos y ternura en la oración y

de gustos, y dice el contento que le dio entender que es cosa

diferente el pensamiento y el entendimiento. - Es de provecho para

quien se divierte mucho en la oración.

CAPÍTULO 2

Prosigue en lo mismo y declara por una comparación qué es gustos

y cómo se han de alcanzar no procurándolos.

CAPÍTULO 3

En que trata qué es oración de recogimiento, que por la mayor parte

la da el Señor antes de la dicha. - Dice sus efectos y los que

quedan de la pasada que trató, de los gustos que da el Señor.

MORADAS QUINTAS

CAPÍTULO 1

Comienza a tratar cómo en la oración se une el ama con Dios. -

Dice en qué se conocerá no ser engaño.

CAPÍTULO 2

Prosigue en lo mismo. - Declara la oración de unión por una

comparación delicada. - Dice los efectos con que queda el alma. -

Es muy de notar.

CAPÍTULO 3

Continúa la misma materia. - Dice de otra manera de unión que

puede alcanzar el alma con el favor de Dios, y lo que importa para

esto el amor del prójimo. - Es de mucho provecho.

CAPÍTULO 4

Prosigue en lo mismo, declarando más esta manera de oración -

Dice lo mucho que importa andar con aviso, porque el demonio le

trae grande para hacer tornar atrás de lo comenzado.

MORADAS SEXTAS

CAPÍTULO 1

Trata cómo en comenzando el Señor a hacer mayores mercedes

hay más grandes trabajos. - Dice algunos y cómo se han en ellos

los que están ya en esta morada. - Es bueno para quien los pasa

interiores.

CAPÍTULO 2

Trata de algunas maneras con que despierta nuestro Señor al alma,

que parece no hay en ellas qué temer, aunque es cosa muy subida.

CAPÍTULO 3

Trata de la misma materia y dice de la manera que habla Dios al

alma cuando es servido, y avisa cómo se han de haber en esto y no

seguirse por su parecer. - Pone algunas señales para que se

conozca cuándo no es engaño y cuándo lo es. - Es de harto

provecho.

CAPÍTULO 4

Trata de cuando suspende Dios el alma en la oración con

arrobamiento o éxtasis o rapto, que todo es uno a mi parecer, y

cómo es menester gran ánimo para recibir tan grandes mercedes

de su Majestad.

CAPÍTULO 5

Prosigue en lo mismo, y pone una manera de cuando levanta Dios

el alma con un vuelo del espíritu en diferente manera de lo que

queda dicho. - Dice alguna causa por que es menester ánimo. -

Declara algo de esta merced que hace el Señor, por sabrosa

manera. - Es harto provechoso.

CAPÍTULO 6

En que dice un efecto de la oración que está dicha en el capítulo

pasado. Y en qué se entenderá que es verdadera y no engaño. -

Trata de otra merced que hace el Señor al alma para emplearla en

sus alabanzas.

CAPÍTULO 7

Trata de la manera que es la pena que sienten de sus pecados las

almas a quien Dios hace las mercedes dichas. - Dice cuán gran

yerro es no ejercitarse, por muy espirituales que sean, en traer

presente la Humanidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y

su sacratísima Pasión y vida, y su gloriosa Madre y santos. - Es de

mucho provecho.

CAPÍTULO 8

Trata de cómo se comunica Dios al alma por visión intelectual, y da

algunos avisos, y dice los efectos que hace cuando es verdadera. -

Encarga el secreto de estas mercedes.

CAPÍTULO 9

Trata de cómo se comunica el Señor al alma por visión imaginaria, y

avisa mucho se guarden de desear ir por este camino. - Da para

ello razones. - Es de mucho provecho.

CAPÍTULO 10

Dice de otras mercedes que hace Dios al alma por diferente manera

que las dichas, y del gran provecho que queda de ellas.

CAPÍTULO 11

Trata de unos deseos tan grandes e impetuosos que da Dios al

alma de gozarle, que ponen en peligro de perder la vida, y con el

provecho que se queda de esta merced que hace el Señor.

SÉPTIMAS MORADAS

CAPÍTULO 1

Trata de mercedes grandes que hace Dios a las almas que han

llegado a entrar en las séptimas moradas. - Dice cómo, a su

parecer, hay diferencia alguna del alma al espíritu, aunque es todo

uno. - Hay cosas de notar.

CAPÍTULO 2

Procede en lo mismo. - Dice la diferencia que hay de unión

espiritual a matrimonio espiritual. - Decláralo por delicadas

comparaciones, en que da a entender cómo muere aquí la

mariposilla que ha dicho en la quinta morada.

CAPÍTULO 3

Trata los grandes efectos que causa esta oración dicha. - Es

menester ir con atención y acuerdo de los que hacen las cosas

pasadas, que es cosa admirable la diferencia que hay.

CAPÍTULO 4

Con que acaba, dando a entender lo que le parece pretende

nuestro Señor en hacer tan grandes mercedes al alma, y cómo es

necesario que anden juntas Marta y María. - Es muy provechoso.

EPÍLOGO

 

 

PRÓLOGO

Este tratado, llamado Castillo interior escribió Teresa de Jesús,

monja de nuestra Señora del Carmen, a sus hermanas e hijas las

monjas Carmelitas Descalzas.

JHS

1. Pocas cosas que me ha mandado la obediencia, se me han

hecho tan dificultosas como escribir ahora cosas de oración; lo uno,

porque no me parece me da el Señor espíritu para hacerlo ni deseo;

lo otro, por tener la cabeza tres meses ha con un ruido y flaqueza

tan grande, que aun los negocios forzosos escribo con pena. Mas,

entendiendo que la fuerza de la obediencia suele allanar cosas que

parecen imposibles, la voluntad se determina a hacerlo muy de

buena gana, aunque el natural parece que se aflige mucho; porque

no me ha dado el Señor tanta virtud que el pelear con la

enfermedad continua y con ocupaciones de muchas maneras se

pueda hacer sin gran contradicción suya. Hágalo el que ha hecho

otras cosas más dificultosas por hacerme merced, en cuya

misericordia confío.

2. Bien creo he de saber decir poco más que lo que he dicho en

otras cosas que me han mandado escribir, antes temo que han de

ser casi todas las mismas; porque así como los pájaros que

enseñan a hablar no saben más de lo que les muestran u oyen, y

esto repiten muchas veces, soy yo al pie de la letra. Si el Señor

quisiere diga algo nuevo, Su Majestad lo dará o será servido

traerme a la memoria lo que otras veces he dicho, que aun con esto

me contentaría, por tenerla tan mala que me holgaría de atinar a

algunas cosas que decían estaban bien dichas, por si se hubieren

perdido. Si tampoco me diere el Señor esto, con cansarme y

acrecentar el mal de cabeza por obediencia, quedaré con ganancia,

aunque de lo que dijere no se saque ningún provecho.

3. Y así, comienzo a cumplirla hoy, día de la Santísima Trinidad,

año de 1577 en este monasterio de San José del Carmen en

Toledo adonde al presente estoy, sujetándome en todo lo que dijere

al parecer de quien me lo manda escribir, que son personas de

grandes letras. Si alguna cosa dijere que no vaya conforme a lo que

tiene la santa Iglesia Católica Romana, será por ignorancia y no por

malicia. Esto se puede tener por cierto, y que siempre estoy y

estaré sujeta por la bondad de Dios, y lo he estado a ella. Sea por

siempre bendito, amén, y glorificado.

4. Díjome quien me mandó escribir que como estas monjas de

estos monasterios de nuestra Señora del Carmen tienen necesidad

de quien algunas dudas de oración las declare, y que le parecía que

mejor se entienden el lenguaje unas mujeres de otras, y con el

amor que me tienen les haría más al caso lo que yo les dijese, tiene

entendido por esta causa será de alguna importancia, si se acierta a

decir alguna cosa; y por esto iré hablando con ellas en lo que

escribiré, y porque parece desatino pensar que puede hacer al caso

a otras personas. Harta merced me hará nuestro Señor, si alguna

de ellas se aprovechare para alabarle algún poquito más: bien sabe

Su Majestad que yo no pretendo otra cosa; y está muy claro que,

cuando algo se atinare a decir, entenderán no es mío, pues no hay

causa para ello, si no fuere tener tan poco entendimiento como yo

habilidad para cosas semejantes, si el Señor por su misericordia no

la da.

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MORADAS PRIMERAS

CAPÍTULO 1

En que trata de la hermosura y dignidad de nuestras almas. - Pone

una comparación para entenderse, y dice la ganancia que es

entenderla y saber las mercedes que recibimos de Dios. Cómo la

puerta de este castillo es la oración.

1. Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí, porque

yo no atinaba a cosa que decir ni cómo comenzar a cumplir esta

obediencia, se me ofreció lo que ahora diré, para comenzar con

algún fundamento: que es considerar nuestra alma como un castillo

todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos

aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. Que si bien

lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino

un paraíso adonde dice El tiene sus deleites. Pues ¿qué tal os

parece que será el aposento adonde un Rey tan poderoso, tan

sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo

yo cosa con que comparar la gran hermosura de un alma y la gran

capacidad; y verdaderamente apenas deben llegar nuestros

entendimientos, por agudos que fuesen, a comprenderla, así como

no pueden llegar a considerar a Dios, pues El mismo dice que nos

crió a su imagen y semejanza.

Pues si esto es, como lo es, no hay para qué nos cansar en querer

comprender la hermosura de este castillo; porque puesto que hay la

diferencia de él a Dios que del Criador a la criatura, pues es

criatura, basta decir Su Majestad que es hecha a su imagen para

que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del

ánima.

2. No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no

entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos. ¿No

sería gran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es,

y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de

qué tierra? Pues si esto sería gran bestialidad, sin comparación es

mayor la que hay en nosotras cuando no procuramos saber qué

cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y así a

bulto, porque lo hemos oído y porque nos lo dice la fe, sabemos

que tenemos almas. Mas qué bienes puede haber en esta alma o

quién está dentro en esta alma o el gran valor de ella, pocas veces

lo consideramos; y así se tiene en tan poco procurar con todo

cuidado conservar su hermosura: todo se nos va en la grosería del

engaste o cerca de este castillo, que son estos cuerpos.

3. Pues consideremos que este castillo tiene -como he dichomuchas

moradas, unas en lo alto, otras embajo, otras a los lados; y

en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es

adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma.

Es menester que vayáis advertidas a esta comparación. Quizá será

Dios servido pueda por ella daros algo a entender de las mercedes

que es Dios servido hacer a las almas y las diferencias que hay en

ellas, hasta donde yo hubiere entendido que es posible; que todas

será imposible entenderlas nadie, según son muchas, cuánto más

quien es tan ruin como yo; porque os será gran consuelo, cuando el

Señor os las hiciere, saber que es posible; y a quien no, para alabar

su gran bondad; que así como no nos hace daño considerar las

cosas que hay en el cielo y lo que gozan los bienaventurados, antes

nos alegramos y procuramos alcanzar lo que ellos gozan, tampoco

nos hará ver que es posible en este destierro comunicarse un tan

gran Dios con unos gusanos tan llenos de mal olor; y amar una

bondad tan buena y una misericordia tan sin tasa. Tengo por cierto

que a quien hiciere daño entender que es posible hacer Dios esta

merced en este destierro, que estará muy falta de humildad y del

amor del prójimo; porque si esto no es, ¿cómo nos podemos dejar

de holgar de que haga Dios estas mercedes a un hermano nuestro,

pues no impide para hacérnoslas a nosotras, y de que Su Majestad

dé a entender sus grandezas, sea en quien fuere? Que algunas

veces será sólo por mostrarlas, como dijo del ciego que dio vista,

cuando le preguntaron los apóstoles si era por sus pecados o de

sus padres. Y así acaece no las hacer por ser más santos a quien

las hace que a los que no, sino porque se conozca su grandeza,

como vemos en San Pablo y la Magdalena, y para que nosotros le

alabemos en sus criaturas.

4. Podráse decir que parecen cosas imposibles y que es bien no

escandalizar los flacos. - Menos se pierde en que ellos no lo crean,

que no en que se dejen de aprovechar a los que Dios las hace; y se

regalarán y despertarán a más amar a quien hace tantas

misericordias, siendo tan grande su poder y majestad; cuánto más

que sé que hablo con quien no habrá este peligro, porque saben y

creen que hace Dios aun muy mayores muestras de amor. Yo sé

que quien esto no creyere no lo verá por experiencia, porque es

muy amigo de que no pongan tasa a sus obras, y así, hermanas,

jamás os acaezca a las que el Señor no llevare por este camino.

5. Pues tornando a nuestro hermoso y deleitoso castillo, hemos de

ver cómo podremos entrar en él.

Parece que digo algún disparate; porque si este castillo es el ánima

claro está que no hay para qué entrar, pues se es él mismo; como

parecería desatino decir a uno que entrase en una pieza estando ya

dentro. - Mas habéis de entender que va mucho de estar a estar;

que hay muchas almas que se están en la ronda del castillo que es

adonde están los que le guardan, y que no se les da nada de entrar

dentro ni saben qué hay en aquel tan precioso lugar ni quién está

dentro ni aun qué piezas tiene. Ya habréis oído en algunos libros de

oración aconsejar al alma que entre dentro de sí; pues esto mismo

es.

6. Decíame poco ha un gran letrado que son las almas que no

tienen oración como un cuerpo con perlesía o tullido, que aunque

tiene pies y manos no los puede mandar; que así son, que hay

almas tan enfermas y mostradas a estarse en cosas exteriores, que

no hay remedio ni parece que pueden entrar dentro de sí; porque ya

la costumbre la tiene tal de haber siempre tratado con las

sabandijas y bestias que están en el cerco del castillo, que ya casi

está hecha como ellas, y con ser de natural tan rica y poder tener

su conversación no menos que con Dios, no hay remedio. Y si estas

almas no procuran entender y remediar su gran miseria, quedarse

han hechas estatuas de sal por no volver la cabeza hacia sí, así

como lo quedó la mujer de Lot por volverla.

7. Porque, a cuanto yo puedo entender, la puerta para entrar en

este castillo es la oración y consideración, no digo más mental que

vocal, que como sea oración ha de ser con consideración; porque la

que no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide

y a quién, no la llamo yo oración, aunque mucho menee los labios;

porque aunque algunas veces sí será, aunque no lleve este

cuidado, mas es habiéndole llevado otras. Mas quien tuviese de

costumbre hablar con la majestad de Dios como hablaría con su

esclavo, que ni mira si dice mal, sino lo que se le viene a la boca y

tiene deprendido por hacerlo otras veces, no la tengo por oración, ni

plega a Dios que ningún cristiano la tenga de esta suerte; que entre

vosotras, hermanas, espero en Su Majestad no lo habrá, por la

costumbre que hay de tratar de cosas interiores, que es harto

bueno para no caer en semejante bestialidad.

8. Pues no hablemos con estas almas tullidas, que si no viene el

mismo Señor a mandarlas se levanten -como al que había treinta

años que estaba en la piscina-, tienen harta malaventura y gran

peligro, sino con otras almas que, en fin, entran en el castillo;

porque aunque están muy metidas en el mundo, tienen buenos

deseos, y alguna vez, aunque de tarde en tarde, se encomiendan a

nuestro Señor y consideran quién son, aunque no muy despacio;

alguna vez en un mes rezan llenos de mil negocios, el pensamiento

casi lo ordinario en esto, porque están tan asidos a ellos, que como

adonde está su tesoro se va allá el corazón, ponen por sí algunas

veces de desocuparse, y es gran cosa el propio conocimiento y ver

que no van bien para atinar a la puerta. En fin, entran en las

primeras piezas de las bajas; mas entran con ellos tantas

sabandijas, que ni le dejan ver la hermosura del castillo, ni sosegar;

harto hacen en haber entrado.

9. Pareceros ha, hijas, que es esto impertinente, pues por la bondad

del Señor no sois de éstas. - Habéis de tener paciencia, porque no

sabré dar a entender, como yo tengo entendido, algunas cosas

interiores de oración si no es así, y aun plega al Señor que atine a

decir algo, porque es bien dificultoso lo que querría daros a

entender, si no hay experiencia; si la hay, veréis que no se puede

hacer menos de tocar en lo que plega al Señor no nos toque por su

misericordia.

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CAPÍTULO 2

Trata de cuán fea cosa es un alma que está en pecado mortal y

cómo quiso Dios dar a entender algo de esto a una persona. - Trata

también algo sobre el propio conocimiento. - Es de provecho,

porque hay algunos puntos de notar. - Dice cómo se han de

entender estas moradas.

1. Antes que pase adelante, os quiero decir que consideréis qué

será ver este castillo tan resplandeciente y hermoso, esta perla

oriental, este árbol de vida que está plantado en las mismas aguas

vivas de la vida, que es Dios, cuando cae en un pecado mortal: no

hay tinieblas más tenebrosas, ni cosa tan oscura y negra, que no lo

esté mucho más. No queráis más saber de que, con estarse el

mismo sol que le daba tanto resplandor y hermosura todavía en el

centro de su alma, es como si allí no estuviese para participar de El,

con ser tan capaz para gozar de Su Majestad como el cristal para

resplandecer en él el sol. Ninguna cosa le aprovecha; y de aquí

viene que todas las buenas obras que hiciere, estando así en

pecado mortal, son de ningún fruto para alcanzar gloria; porque no

procediendo de aquel principio, que es Dios, de donde nuestra

virtud es virtud, y apartándonos de El, no puede ser agradable a sus

ojos; pues, en fin, el intento de quien hace un pecado mortal no es

contentarle, sino hacer placer al demonio, que como es las mismas

tinieblas, así la pobre alma queda hecha una misma tiniebla.

2. Yo sé de una persona a quien quiso nuestro Señor mostrar cómo

quedaba un alma cuando pecaba mortalmente. Dice aquella

persona que le parece si lo entendiesen no sería posible ninguno

pecar, aunque se pusiese a mayores trabajos que se pueden

pensar por huir de las ocasiones. Y así le dio mucha gana que

todos lo entendieran; y así os la dé a vosotras, hijas, de rogar

mucho a Dios por los que están en este estado, todos hechos una

oscuridad, y así son sus obras; porque así como de una fuente muy

clara lo son todos los arroyicos que salen de ella, como es un alma

que está en gracia, que de aquí le viene ser sus obras tan

agradables a los ojos de Dios y de los hombres, porque proceden

de esta fuente de vida, adonde el alma está como un árbol plantado

en ella, que la frescura y fruto no tuviera si no le procediere de allí,

que esto le sustenta y hace no secarse y que dé buen fruto; así el

alma que por su culpa se aparta de esta fuente y se planta en otra

de muy negrísima agua y de muy mal olor, todo lo que corre de ella

es la misma desventura y suciedad.

3. Es de considerar aquí que la fuente y aquel sol resplandeciente

que está en el centro del alma no pierde su resplandor y hermosura

que siempre está dentro de ella, y cosa no puede quitar su

hermosura. Mas si sobre un cristal que está al sol se pusiese un

paño muy negro, claro está que, aunque el sol dé en él, no hará su

claridad operación en el cristal.

4. ¡Oh almas redimidas por la sangre de Jesucristo! ¡Entendeos y

habed lástima de vosotras! ¿Cómo es posible que entendiendo esto

no procuráis quitar esta pez de este cristal? Mirad que, si se os

acaba la vida, jamás tornaréis a gozar de esta luz. ¡Oh Jesús, qué

es ver a un alma apartada de ella! ¡Cuáles quedan los pobres

aposentos del castillo! ¡qué turbados andan los sentidos, que es la

gente que vive en ellos! Y las potencias, que son los alcaides y

mayordomos y maestresalas, ¡con qué ceguedad, con qué mal

gobierno! En fin, como adonde está !plantado el árbol que es el

demonio, ¿qué fruto puede dar?

5. Oí una vez a un hombre espiritual que no se espantaba de cosas

que hiciese uno que está en pecado mortal, sino de lo que no hacía.

Dios por su misericordia nos libre de tan gran mal, que no hay cosa

mientras vivimos que merezca este nombre de mal, sino ésta, pues

acarrea males eternos para sin fin. Esto es, hijas, de lo que hemos

de andar temerosas y lo que hemos de pedir a Dios en nuestras

oraciones; porque, si El no guarda la ciudad, en vano trabajaremos,

pues somos la misma vanidad.

Decía aquella persona que había sacado dos cosas de la merced

que Dios le hizo: la una, un temor grandísimo de ofenderle, y así

siempre le andaba suplicando no la dejase caer, viendo tan terribles

daños; la segunda, un espejo para la humildad,mirando cómo cosa

buena que hagamos no viene su principio de nosotros, sino de esta

fuente adonde está plantado este árbol de nuestras almas, y de

este sol que da calor a nuestras obras. Dice que se le representó

esto tan claro, que en haciendo alguna cosa buena o viéndola

hacer, acudía a su principio y entendía cómo sin esta ayuda no

podíamos nada; y de aquí le procedía ir luego a alabar a Dios y, lo

más ordinario, no se acordar de sí en cosa buena que hiciese.

6. No sería tiempo perdido, hermanas, el que gastaseis en leer esto

ni yo en escribirlo, si quedásemos con estas dos cosas, que los

letrados y entendidos muy bien las saben, mas nuestra torpeza de

las mujeres todo lo ha menester; y así por ventura quiere el Señor

que vengan a nuestra noticia semejantes comparaciones. Plega a

su bondad nos dé gracia para ello.

7. Son tan oscuras de entender estas cosas interiores, que a quien

tan poco sabe como yo, forzado habrá de decir muchas cosas

superfluas y aun desatinadas para decir alguna que acierte. Es

menester tenga paciencia quien lo leyere, pues yo la tengo para

escribir lo que no sé; que, cierto algunas veces tomo el papel como

una cosa boba, que ni sé qué decir ni cómo comenzar. Bien

entiendo que es cosa importante para vosotras declarar algunas

interiores, como pudiere; porque siempre oímos cuán buena es la

oración, y tenemos de constitución tenerla tantas horas, y no se nos

declara más de lo que podemos nosotras; y de cosas que obra el

Señor en un alma declárase poco, digo sobrenatural. Diciéndose y

dándose a entender de muchas maneras, sernos ha mucho

consuelo considerar este artificio celestial interior tan poco

entendido de los mortales aunque vayan muchos por él. Y aunque

en otras cosas que he escrito ha dado el Señor algo a entender,

entiendo que algunas no las había entendido como después acá, en

especial de las más dificultosas. El trabajo es que para llegar a ellas

-como he dicho- se habrán de decir muchas muy sabidas porque no

puede ser menos para mi rudo ingenio.

8. Pues tornemos ahora a nuestro castillo de muchas moradas. No

habéis de entender estas moradas una en pos de otra, como cosa

en hilada, sino poned los ojos en el centro, que es la pieza o palacio

adonde está el rey, y considerar como un palmito, que para llegar a

lo que es de comer tiene muchas coberturas que todo lo sabroso

cercan. Así acá, enrededor de esta pieza están muchas, y encima

lo mismo. Porque las cosas del alma siempre se han de considerar

con plenitud y anchura y grandeza, pues no le levantan nada, que

capaz es de mucho más que podremos considerar, y a todas partes

de ella se comunica este sol que está en este palacio. Esto importa

mucho a cualquier alma que tenga oración, poca o mucha, que no

la arrincone ni apriete. Déjela andar por estas moradas, arriba y

abajo y a los lados, pues Dios la dio tan gran dignidad; no se estruje

en estar mucho tiempo en una pieza sola. ¡Oh que si es en el propio

conocimiento! Que con cuán necesario es esto (miren que me

entiendan), aun a las que las tiene el Señor en la misma morada

que El está, que jamás -por encumbrada que esté- le cumple otra

cosa ni podrá aunque quiera; que la humildad siempre labra como

la abeja en la colmena la miel, que sin esto todo va perdido. Mas

consideremos que la abeja no deja de salir a volar para traer flores;

así el alma en el propio conocimiento, créame y vuele algunas

veces a considerar la grandeza y majestad de su Dios. Aquí hallará

su bajeza mejor que en sí misma, y más libre de las sabandijas

adonde entran en las primeras piezas, que es el propio

conocimiento; que aunque, como digo, es harta misericordia de

Dios que se ejercite en esto, tanto es lo de más como lo de menos -

suelen decir-. Y créanme, que con la virtud de Dios obraremos muy

mejor virtud que muy atadas a nuestra tierra.

9. No sé si queda dado bien a entender, porque es cosa tan

importante este conocernos que no querría en ello hubiese jamás

relajación, por subidas que estéis en los cielos; pues mientras

estamos en esta tierra no hay cosa que más nos importe que la

humildad. Y así torno a decir que es muy bueno y muy rebueno

tratar de entrar primero en el aposento adonde se trata de esto, que

volar a los demás; porque éste es el camino, y si podemos ir por lo

seguro y llano, ¿para qué hemos de querer alas para volar?; mas

que busque cómo aprovechar más en esto; y a mi parecer jamás

nos acabamos de conocer si no procuramos conocer a Dios;

mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza; y mirando su

limpieza, veremos nuestra suciedad; considerando su humildad,

veremos cuán lejos estamos de ser humildes.

10. Hay dos ganancias de esto: la primera, está claro que parece

una cosa blanca muy más blanca cabe la negra, y al contrario la

negra cabe la blanca; la segunda es, porque nuestro entendimiento

yvoluntad se hace m&aabute;s noble y más aparejado para todo

bien tratando a vueltas de sí con Dios; y si nunca salimos de

nuestro cieno de miserias, es mucho inconveniente. Así como

decíamos de los que están en pecado mortal cuán negras y de mal

olor son sus corrientes, así acá (aunque no son como aquéllas,

Dios nos libre, que esto es comparación), metidos siempre en la

miseria de nuestra tierra, nunca la corriente saldrá de cieno de

temores, de pusilanimidad y cobardía: de mirar si me miran, no me

miran; si, yendo por este camino, me sucederá mal; si osaré

comenzar aquella obra, si será soberbia; si es bien que una

persona tan miserable trate de cosa tan alta como la oración; si me

tendrán por mejor si no voy por el camino de todos; que no son

buenos los extremos, aunque sea en virtud; que, como soy tan

pecadora, será caer de más alto; quizá no iré adelante y haré daño

a los buenos; que una como yo no ha menester particularidades.

11. ¡Oh válgame Dios, hijas, qué de almas debe el demonio de

haber hecho perder mucho por aquí! Que todo esto les parece

humildad, y otras muchas cosas que pudiera decir, y viene de no

acabar de entendernos; tuerce el propio conocimiento y, si nunca

salimos de nosotros mismos, no me espanto, que esto y más se

puede temer. Por eso digo, hijas, que pongamos los ojos en Cristo,

nuestro bien, y allí deprenderemos la verdadera humildad, y en sus

santos, y ennoblecerse ha el entendimiento -como he dicho- y no

hará el propio conocimiento ratero y cobarde; que, aunque ésta es

la primera morada, es muy rica y de tan gran precio, que si se

descabulle de las sabandijas de ella, no se quedará sin pasar

adelante. Terribles son los ardides y mañas del demonio para que

las almas no se conozcan ni entiendan sus caminos.

12. De estas moradas primeras podré yo dar muy buenas señas de

experiencia. Por eso digo que no consideren pocas piezas, sino un

millón; porque de muchas maneras entran almas aquí, unas y otras

con buena intención. Mas, como el demonio siempre la tiene tan

mala, debe tener en cada una muchas legiones de demonios para

combatir que no pasen de unas a otras y, como la pobre alma no lo

entiende, por mil maneras nos hace trampantojos, lo que no puede

tanto a las que están más cerca de donde está el rey, que aquí,

como aún se están embebidas en el mundo y engolfadas en sus

contentos y desvanecidas en sus honras y pretensiones, no tienen

la fuerza los vasallos del alma (que son los sentidos y potencias)

que Dios les dio de su natural, y fácilmente estas almas son

vencidas, aunque anden con deseos de no ofender a Dios, y hagan

buenas obras. Las que se vieren en este estado han menester

acudir a menudo, como pudieren, a Su Majestad, tomar a su

bendita Madre por intercesora, y a sus Santos, para que ellos

peleen por ellas, que sus criados poca fuerza tienenpara se

defender. A la verdad, en todos estados es menester que nos

venga de Dios. Su Majestad nos la dé por su misericordia, amén.

13. ¡Qué miserable es la vida en que vivimos! Porque en otra parte

dije mucho del daño que nos hace, hijas, no entender bien esto de

la humildad y propio conocimiento, no os digo más aquí, aunque es

lo que más nos importa y aun plega al Señor haya dicho algo que

os aproveche.

14. Habéis de notar que en estas moradas primeras aún no llega

casi nada la luz que sale del palacio donde está el Rey; porque,

aunque no están oscurecidas y negras como cuando el alma está

en pecado, está oscurecida en alguna manera para que no la pueda

ver -el que está en ella digo- y no por culpa de la pieza -que no sé

darme a entender-, sino porque con tantas cosas malas de culebras

y víboras y cosas emponzoñosas que entraron con él, no le dejan

advertir a la luz. Como si uno entrase en una parte adonde entra

mucho sol y llevase tierra en los ojos, que casi no los pudiese abrir.

Clara está la pieza, mas él no lo goza por el impedimento o cosas

de esas fieras y bestias que le hacen cerrar los ojos para no ver

sino a ellas. Así me parece debe ser un alma que, aunque no está

en mal estado, está tan metida en cosas del mundo y tan

empapada en la hacienda u honra o negocios -como tengo dichoque,

aunque en hecho de verdad se querría ver y gozar de su

hermosura, no le dejan, ni parece que puede descabullirse de

tantos impedimentos. Y conviene mucho, para haber de entrar a las

segundas moradas, que procure dar de mano a las cosas y

negocios no necesarios, cada uno conforme a su estado; que es

cosa que le importa tanto para llegar a la morada principal, que si

no comienza a hacer esto lo tengo por imposible; y aun estar sin

mucho peligro en la que está, aunque haya entrado en el castillo,

porque entre cosas tan ponzoñosas, una vez u otra es imposible

dejarle de morder.

15. Pues ¿qué sería, hijas, si a las que ya están libres de estos

tropiezos como nosotras y hemos ya entrado muy más dentro a

otras moradas secretas del castillo, si por nuestra culpa tornásemos

a salir a estas baraúndas, como por nuestros pecados debe haber

muchas personas, que las ha hecho Dios mercedes y por su culpa

las echan a esta miseria? Acá libres estamos en lo exterior; en lo

interior plega al Señor que lo estemos y nos libre. Guardaos, hijas

mías, de cuidados ajenos. Mirad que en pocas moradas de este

castillo dejan de combatir los demonios. Verdad es que en algunas

tienenfuerza las guardas para pelear -como creo he dicho que son

las potencias-, mas es mucho menester no nos descuidar para

entender sus ardides y que no nos engañe, hecho ángel de luz; que

hay una multitud de cosas con que nos puede hacer daño entrando

poco a poco, y hasta haberle hecho no le entendemos.

16. Ya os dije otra vez que es como una lima sorda, que hemos

menester entenderle a los principios. Quiero decir alguna cosa para

dároslo mejor a entender.

Pone en una hermana unos ímpetus de penitencia, que le parece

no tiene descanso sino cuando se está atormentando. Este principio

bueno es; mas si la priora ha mandado que no hagan penitencia sin

licencia, y le hace parecer que en cosa tan buena bien se puede

atrever, y escondidamente se da tal vida que viene a perder la salud

y no hacer lo que manda su Regla, ya veis en qué paró este bien.

Pone a otra un celo de la perfección muy grande. Esto muy bueno

es; mas podría venir de aquí que cualquier faltita de las hermanas

le pareciese una gran quiebra, y un cuidado de mirar si las hacen, y

acudir a la priora; y aun a las veces podría ser no ver las suyas por

el gran celo que tiene de la religión. Como las otras no entienden lo

interior y ven el cuidado, podría ser no lo tomar tan bien.

17. Lo que aquí pretende el demonio no es poco, que es enfriar la

caridad y el amor de unas con otras, que sería gran daño.

Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de

Dios y del prójimo, y mientras con más perfección guardáremos

estos dos mandamientos, seremos más perfectas. Toda nuestra

Regla y Constituciones no sirven de otra cosa sino de medios para

guardar esto con más perfección. Dejémonos de celos indiscretos,

que nos pueden hacer mucho daño. Cada una se mire a sí.

Porque en otra parte os he dicho harto sobre esto, no me alargaré.

18. Importa tanto este amor de unas con otras, que nunca querría

que se os olvidase; porque de andar mirando en las otras unas

naderías, que a las veces no será imperfección, sino, como

sabemos poco, quizá lo echaremos a la peor parte, puede el alma

perder la paz y aun inquietar la de las otras: mirad si costaría caro la

perfección. También podría el demonio poner esta tentación con la

priora, y sería más peligrosa. Para esto es menester mucha

discreción; porque, si fuesen cosas que van contra la Regla

yConstitución, es menester que no todas veces se eche a buena

parte, sino avisarla, y si no se enmendare, al prelado. Esto es

caridad. Y también con las hermanas, si fuese alguna cosa grave; y

dejarlo todo por miedo si es tentación, sería la misma tentación.

Mas hase de advertir mucho (porque no nos engañe el demonio) no

lo tratar una con otra, que de aquí puede sacar el demonio gran

ganancia y comenzar costumbre de murmuración; sino con quien ha

de aprovechar, como tengo dicho. Aquí, gloria a Dios, no hay tanto

lugar, como se guarda tan continuo silencio; mas bien es que

estemos sobre aviso.

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MORADAS SEGUNDAS

CAPÍTULO ÚNICO

Que trata de lo mucho que importa la perseverancia para llegar a

las postreras moradas, y la gran guerra que da el demonio, y cuánto

conviene no errar el camino en el principio. Para acertar, da un

medio que ha probado ser muy eficaz.

1. Ahora vengamos a hablar cuáles serán las almas que entran a

las segundas moradas y qué hacen en ellas. Querría deciros poco,

porque lo he dicho en otras partes bien largo, y será imposible dejar

de tornar a decir otra vez mucho de ello, porque cosa no se me

acuerda de lo dicho; que si lo supiera guisar de diferentes maneras,

bien sé que no os enfadaríais, como nunca nos cansamos de los

libros que tratan de esto, con ser muchos.

2. Es de los que han ya comenzado a tener oración y entendido lo

que les importa no se quedar en las primeras moradas, mas no

tienen aún determinación para dejar muchas veces de estar en ella,

porque no dejan las ocasiones, que es harto peligro. Mas harta

misericordia es que algún rato procuren huir de las culebras y cosas

emponzoñosas, y entender que es bien dejarlas.

Estos, en parte, tienen harto más trabajo que los primeros, aunque

no tanto peligro, porque ya parece los entienden, y hay gran

esperanza de que entrarán más adentro. Digo que tienen más

trabajo,porque los primeros son como mudos que no oyen, y así

pasan mejor su trabajo de no hablar, lo que no pasarían, sino muy

mayor, los que oyesen y no pudiesen hablar. Mas no por eso se

desea más lo de los que no oyen, que en fin es gran cosa entender

lo que nos dicen. Así éstos entienden los llamamientos que les hace

el Señor; porque, como van entrando más cerca de donde está Su

Majestad, es muy buen vecino, y tanta su misericordia y bondad,

que aun estándonos en nuestros pasatiempos y negocios y

contentos y baraterías del mundo, y aun cayendo y levantando en

pecados (porque estas bestias son tan ponzoñosas y peligrosa su

compañía y bulliciosas que por maravilla dejarán de tropezar en

ellas para caer), con todo esto, tiene en tanto este Señor nuestro

que le queramos y procuremos su compañía, que una vez u otra no

nos deja de llamar para que nos acerquemos a El; y es esta voz tan

dulce que se deshace la pobre alma en no hacer luego lo que le

manda; y así -como digo- es más trabajo que no lo oír.

3. No digo que son estas voces y llamamientos como otras que diré

después sino con palabras que oyen a gente buena o sermones o

con lo que leen en buenos libros y cosas muchas que habéis oído,

por donde llama Dios, o enfermedades, trabajos, y también con una

verdad que enseña en aquellos ratos que estamos en la oración;

sea cuan flojamente quisiereis, tiénelos Dios en mucho. Y vosotras,

hermanas, no tengáis en poco esta primera merced ni os

desconsoléis aunque no respondáis luego al Señor, que bien sabe

Su Majestad aguardar muchos días y años, en especial cuando ve

perseveranciay buenos deseos. Esta es lo más necesario aquí,

porque con ella jamás se deja de ganar mucho. Mas es terrible la

batería que aquí dan los demonios de mil maneras y con más pena

del alma que aun en la pasada; porque acullá estaba muda y sorda,

al menos oía muy poco y resistía menos, como quien tiene en parte

perdida la esperanza de vencer; aquí está el entendimiento más

vivo y las potencias más hábiles: andan los golpes y la artillería de

manera que no lo puede el alma dejar de oír. Porque aquí es el

representar los demonios estas culebras de las cosas del mundo y

el hacer los contentos de él casi eternos, la estima en que está

tenido en él, los amigos y parientes, la salud en las cosas de

penitencia (que siempre comienza el alma que entra en esta

morada a desear hacer alguna), y otras mil maneras de

impedimentos.

4. ¡Oh Jesús, qué es la baraúnda que aquí ponen los demonios, y

las aflicciones de la pobre alma, que no sabe si pasar adelante o

tornar a la primera pieza! Porque la razón, por otra parte, le

representa el engaño que es pensar que todo esto vale nada en

comparación de lo que pretende; la fe la enseña cuáles lo que le

cumple; la memoria le representa en lo que paran todas estas

cosas, trayéndole presente la muerte de los que mucho gozaron

estas cosas, que ha visto: cómo algunas ha visto súbitas, cuán

presto son olvidados de todos, cómo ha visto a algunos que conoció

en gran prosperidad pisar debajo de la tierra y aun pasado por la

sepultura él muchas veces, y mirar que están en aquel cuerpo

hirviendomuchos gusanos, y otras hartas cosas que le puede poner

delante; la voluntad se inclina a amar adonde tan innumerables

cosas y muestras ha visto de amor, y querría pagar alguna: en

especial se le pone delante cómo nunca se quita de con él este

verdadero amador, acompañándole, dándole vida y ser. Luego el

entendimiento acude con darle a entender que no puede cobrar

mejor amigo, aunque viva muchos años; que todo el mundo está

lleno de falsedad, y estos contentos que le pone el demonio, de

trabajos y cuidados y contradicciones; y le dice que esté cierto que

fuera de este castillo no hallará seguridad ni paz; que se deje de

andar por casas ajenas, pues la suya es tan llena de bienes, si la

quiere gozar; que quién hay que halle todo lo que ha menester

como en su casa, en especial teniendo tal huésped que le hará

señor de todos los bienes, si él quiere no andar perdido, como el

hijo pródigo, comiendo manjar de puercos.

5. Razones son éstas para vencer los demonios. Mas ¡oh Señor y

Dios mío! que la costumbre en las cosas de vanidad y el ver que

todo el mundo trata de esto lo estraga todo. Porque está tan muerta

la fe, que queremos más lo que vemos que lo que ella nos dice; y a

la verdad, no vemos sino harta malaventura en los que se van tras

estas cosas visibles. Mas eso han hecho estas cosas ponzoñosas

que tratamos: que, como si a uno muerde una víbora se

emponzoña todo y se hincha, así es acá; no nos guardamos; claro

está que es menester muchas curas para sanar; y harta merced nos

hace Dios, si no morimos de ello. Cierto, pasa el alma aquí grandes

trabajos; en especial si entiende el demonio que tiene aparejo en su

condición y costumbres para ir muy adelante, todo el infierno juntará

para hacerle tornar a salir fuera.

6. ¡Oh Señor mío!, aquí es menester vuestra ayuda, que sin ella no

se puede hacer nada. Por vuestra misericordia no consintáis que

esta alma sea engañada para dejar lo comenzado. Dadle luz para

que vea cómo está en esto todo su bien, y para que se aparte de

malas compañías; que grandísima cosa es tratar con los que tratan

de esto; allegarse no sólo a los que viere en estos aposentos que él

está, sino a los que entendiere que han entrado a los de más cerca;

porque le será gran ayuda, y tanto los puede conversar, que le

metan consigo. Siempre esté con aviso de no sedejar vencer;

porque si el demonio le ve con una gran determinación de que

antes perderá la vida y el descanso y todo lo que le ofrece que

tornar a la pieza primera, muy más presto le dejará. Sea varón y no

de los que se echaban a beber de bruces, cuando iban a la batalla,

no me acuerdo con quién, sino que se determine que va a pelear

con todos los demonios y que no hay mejores armas que las de la

cruz.

7. Aunque otras veces he dicho esto, importa tanto que lo torno a

decir aquí: es que no se acuerde que hay regalos en esto que

comienza, porque es muy baja manera de comenzar a labrar un tan

precioso y grande edificio; y si comienzan sobre arena, darán con

todo en el suelo; nunca acabarán de andar disgustados y tentados.

Porque no son éstas las moradas adonde se llueve el maná; están

más adelante, adonde todo sabe a lo que quiere un alma, porque

no quiere sino lo que quiere Dios. Es cosa donosa que aún nos

estamos con mil embarazos e imperfecciones y las virtudes que aun

no saben andar, sino que ha poco que comenzaron a nacer, y aun

plega a Dios estén comenzadas, ¿y no habemos vergüenza de

querer gustos en la oración y quejarnos de sequedades? Nunca os

acaezca, hermanas; abrazaos con la cruz que vuestro Esposo llevó

sobre sí y entended que ésta ha de ser vuestra empresa; la que

más pudiere padecer, que padezca más por El, y será la mejor

librada. Lo demás, como cosa accesoria, si os lo diere el Señor

dadle muchas gracias.

8. Pareceros ha que para los trabajos exteriores bien determinadas

estáis, con que os regale Dios en lo interior. - Su Majestad sabe

mejor lo que nos conviene; no hay para qué le aconsejar lo que nos

ha de dar, que nos puede con razón decir, que no sabemos lo que

pedimos. Toda la pretensión de quien comienza oración (y no se os

olvide esto, que importa mucho) ha de ser trabajar y determinarse y

disponerse con cuantas diligencias pueda a hacer su voluntad

conformar con la de Dios; y -como diré después- estad muy cierta

que en esto consiste toda la mayor perfección que se puede

alcanzar en el camino espiritual: quien más perfectamente tuviere

esto, más recibirá del Senor y más adelante está en este camino.