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 POESÍAS

SANTA TERESA DE JESÚS O DE ÁVILA

 

I

 

VIVO SIN VIVIR EN Mi

 

Vivo Sin vivir en mí, y tan alta Vida espero

que muero porque no muero.

 

Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí. Cuando el corazón le di puse en él este letrero: que muero porque no muero.

 

Esta divina prisión del amor con que yo vivo ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; Y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero.

 

qué larga es esta vida! ¡Que duros estos destierros! Esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida. Solo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero.

 

 

¡Ay, qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor, no lo es la esperanza larga; quíteme Dios esta carga, más pesada que el acero, que muero Porque no muero.

 

Solo con la confianza vivo de que he de morir, porque muriendo el vivir me asegura mi esperanza; muerte do el vivir se alcanza, no te tardes, que te espero, que muero Porque no muero.

 

Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta, mira que solo te resta, para ganarte, perderte; venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero, que muero Porque no muero.

 

Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva; muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero.

 

Vida, ¿qué puedo yo darte a mi Dios, que vive en mí, si no es el perderte a ti para merecer ganarte? Quiero muriendo alcanzarte, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero.

 

II

 

VUESTRA SOY, PARA VOS NACI

 

Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?

 

Soberana Majestad, eterna Sabiduría, bondad buena al alma mía; Dios, alteza, un ser, bondad, la gran vileza mirad que hoy os canta amor así. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Vuestra soy, pues me criastes; vuestra, pues me redimistes; vuestra, pues que me sufristes; vuestra, pues que me llamastes; vuestra, porque me esperastes; vuestra, pues no me perdí. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

¿Qué mandáis, pues, buen Señor, que haga tan vil criado? ¿Cuál oficio le habéis dado a este esclavo pecador? Veisme aquí mi dulce Amor; Amor dulce, veisme aquí. ~Qué mandáis hacer de mí?

 

Veis aquí mi corazón, yo le ponga en vuestra palina, mi cuerpo, mi vida y alma, mis entrañas y afición; dulce Esposo y redención, pues por vuestra me ofrecí. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Dadme muerte, dadme vida, dad salud o enfermedad, honra o deshonra me dad, dadme guerra o paz crecida, flaqueza o fuerza cumplida, que a todo digo que sí. ,;Qué mandáis hacer de mí?

 

Dadme riqueza o pobreza, dad consuelo o desconsuelo, dadme alegría o tristeza, dadme infierno, o dadme cielo, vida dulce, sol sin velo, pues del todo me rendí. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Si queréis, dadme oración; si no' dadme sequedad, si abundancia y devoción, y si no esterilidad. Soberana Majestad, solo hallo paz aquí. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Dadme, pues, sabiduría, o por amor, ignorancia; dadme años de abundancia, o de hambre y carestía; dad tiniebla o claro día, revolvedme aquí o allí. ,;Qué mandáis hacer de mí?

 

Si queréis que esté holgando, quiero por amor holgar. Si me mandáis trabajar, morir quiero trabajando. Decid, ¿dónde, cómo y cuándo? Decid, dulce Amor, decid. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Dadme Calvario o Tabor, desierto o tierra abundosa, sea Job en el dolor, o Juan que al pecho reposa; sea viña fructuosa o estéril, si cumple así. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Sea José puesto en cadenas, de Egipto Adelantado, David sufriendo penas, Ya David encumbrado; sea Jonás anegado, o libertado de allí. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Esté callando o hablando, haga fruto o no le haga, muéstreme la Ley mi llaga, goce de Evangelio blando; esté penando o gozando, solo Vos en mí viví. ¿Qué mandáis hacer de mí?

 

Vuestra soy, para Vos nací, ,:qué mandáis hacer de mí?

 

III

 

YO TODA ME ENTREGUE Y DI

 

Yo toda me entregué y di, y de tal suerte he trocado, que es mi Amado para mí Y Yo soy para mi Amado.

 

Cuando el dulce cazador me tiró y dejó rendida, en los brazos del amor mi alma quedó caída, y cobrando nueva vida de tal manera he trocado, que es mi Amado para mí Y Yo soy para mi Amado.

 

Tiróme con una flecha enarbolada de amor, Y mi alma quedó hecha una con su Criador; ya yo no quiero otro amor, pues a mi Dios me he entregado, que es mi Amado para mí Y Yo soy para mi Amado.

 

 

IV

 

SI EL AMOR QUE ME TENEIS

 

Si el amor que me tenéis, Dios mío, es como el que os tengo, decidme, ¿en qué me detengo? 0 Vos ¿en qué os detenéis?

 

-Alma, ¿qué quieres de mí? -Dios mío, no más que verte. -¿Y qué temes más de ti? -Lo que más temo es perderte.

 

Un amor que ocupe os pido, Dios mío, mi alma os tenga, para hacer un dulce nido adonde más la convenga.

 

Un alma en Dios escondida, ¿qué tiene que desear sino amar y más amar y en amor toda encendida tornarte de nuevo a amar?

 

V

 

DICHOSO EL CORAZON ENAMORADO

 

Dichoso el corazón enamorado que en solo Dios ha puesto el pensamiento, por El renuncia todo lo criado, y en El halla su gloria y su contento. Aun de sí mismo vive descuidado, porque en su Dios está todo su intento, y así alegre pasa y muy gozoso las ondas de este mar tempestuoso.

 

 

vi

 

¡OH HERMOSURA QUE EXCEDEIS ... ! (I)

 

¡Oh hermosura que excedéis a todas las hermosuras! ¡Sin herir dolor hacéis, y sin dolor deshacéis el amor de las criaturas!

 

¡Oh nudo que así juntáis dos cosas tan desiguales, no sé por qué os desatáis, pues atado fuerza dais a tener por bien los males!

 

juntáis quien no tiene ser con el Ser que no se acaba; sin acabar acabáis, sin tener que amar amáis, engrandecéis nuestra nada.

 

VII

 

¡CUAN TRISTE ES, DIOS MIO...

 

¡Cuán triste es, Dios mío, la vida sin Ti! Ansiosa de verte deseo morir.

 

Carrera muy larga es la de este suelo,

 

morada penosa, muy duro destierro. ¡Oh dueño adorado! Sácame de aquí. Ansiosa de verte deseo morir. .

 

Lúgubre es la vida, amarga en extremo; que no vive el alma que está de ti lejos. ¡Oh dulce bien mío, que soy infeliz! Ansiosa de verte deseo morir.

 

¡Oh muerte benigna, socorre mis penas! Tus golpes son dulces, que el alma libertan. ¡Qué dicha, Oh mi Amado, estar junto a Ti! Ansiosa de verte deseo morir.

 

El amor mundano apega a esta vida; el amor divino por la otra suspira. Sin Ti, Dios eterno, ¿quién puede vivir? Ansiosa de verte deseo morir.

 

La vida terrena es continuo duelo; vida verdadera la hay solo en el cielo. Permite, Dios mío, que viva yo allí. Ansiosa de verte deseo morir.

 

¿Quién es el que teme la muerte del cuerpo, si con ella logra un placer inmenso?

 

¡Oh!, sí, el de amarte, Dios mío, sin fin. Ansiosa de verte deseo morir.

 

Mi alma afligida gime y desfallece. ¡Ay! ¿Quién de su Amado puede estar ausente? Acabe ya, acabe aqueste sufrir. Ansiosa de verte deseo morir.

 

El barbo cogido en doloso anzuelo encuentra en la muerte el fin del tormento. ¡Ay!, también yo sufro, Bien mío, sin Ti. Ansiosa de verte deseo morir.

 

En vano mi alma te busca, ¡Oh mi dueño!,Tú siempre invisible no alivias su anhelo. ¡Ay!, esto la inflama hasta prorrumpir: Ansiosa de verte deseo morir.

 

¡Ah!, cuando te dignas entrar en mi pecho, Dios mío, al instante el perderte temo. Tal pena me aflige, y me hace decir: Ansiosa de verte deseo morir.

 

Haz, Señor, que acabe tan larga agonía; socorre a tu sierva, que por Ti suspira. Rompe aquestos hierros y sea feliz.

 

Ansiosa de verte deseo morir.

 

Que expíe mis yerros, que es justo padezca; que expíe mis yertos; mis culpas inmensas. ¡Ay!, logren mis lágrimas te dignes oír que ansiosa de verte deseo morir.

 

VIII

 

ALMA, BUSCARTE HAS EN MI

 

Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti.

 

De tal suerte, pudo amor, alma, en Mí te retratar, que ningún sabio pintor supiera con tal primor tal imagen estampar.

 

Fuiste por amor criada hermosa, bella, y así en mis entrañas pintada, si te perdieres, mi amada, alma, buscarme has en Mí.

 

Que yo sé que te hallarás en mi pecho retratada, y tan al vivo sacada, que si te ves holgarás viéndome tan bien pintada.

 

Y si acaso no supieres dónde me hallarás a Mí. no andes de aquí para allí, sino, si hallarme quisieres, a Mí buscarme has en ti.

 

Porque tú eres mi aposento, eres mi casa y morada,

'7w

 

y así llamo en cualquier tiempo, si hallo en tu pensamiento estar la puerta cerrada.

 

Fuera de ti no hay buscarme, porque para hallarme a Mí bastará solo llamarme, que a ti iré sin tardarme, y a Mí buscarme has en ti.

 

Ix

 

NADA TE TURBE

 

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta.

 

Eleva el pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe.

 

A Jesucristo sigue con pecho grande, y venga lo que venga, nada te espante.

 

¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable todo se pasa.

 

Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, Dios no se muda.

 

Ámale cual merece, Bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia.

 

Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza.

 

Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene.

 

Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios su tesoro, nada le falta.

 

Id, pues, bienes del mundo; id, dichas vanas; aunque todo lo pierda, solo Dios basta.

 

x

 

CAMINEMOS PARA EL CIELO

 

Caminemos para el cielo, monjas del Carmelo.

 

Vamos muy mortificadas, humildes y despreciadas, dejando la honra en el suelo, monjas del Carmelo.

 

Al voto de la obediencia vamos, no haya resistencia, que es nuestro blanco y consuelo, monjas del Carmelo.

 

La pobreza es el camino, el mismo por donde vino

 

nuestro Emperador del cielo, monjas del Carmelo.

 

No deja de nos amar Nuestro Dios, y nos llamar; sigámosle sin recelo, monjas del Carmelo.

 

En amor se está abrasando Aquel que nació temblando, envuelto en humano velo, monjas del Carmelo.

 

Vámonos a enriquecer, adonde nunca ha de haber pobreza ni desconsuelo, monjas del Carmelo.

 

Al padre Elías siguiendo nos vamos contradiciendo con su fortaleza y celo, monjas del Carmelo.

 

Nuestro querer renunciado, procuremos el doblado espíritu de Elíseo, monjas del Carmelo.

 

xi

 

¡Ali PASTORES QUE VELAIS ... !

 

¡Ah pastores que veláis por guardar vuestro rebaño, mirad que os nace un Cordero,

 

Hijo de Dios soberano!

 

Viene pobre y despreciado,

 

comenzadle ya a guardar,

 

que el lobo os le ha de llevar, sin que le hayamos gozado.

 

---Gil,dame acá aquel cayado, que no me saldrá de mano, no nos lleven al Cordero:

 

¿no ves que es Dios soberano?

 

Sonzas, que estoy aturdido de gozo y de penas junto. -Si es Dios el que hoy ha nacido, ¿cómo puede ser difunto? ¡Oh, que es hombre también junto, la vida estará en su mano; mirad, que es este el Cordero, Hijo de Dios soberano!

 

No sé para qué le piden pues le dan después tal guerra. -Mía fe, Gil, mejor será que se nos tome a su tierra, si el pecado nos destierra, y está el bien todo en su mano. Ya que ha venido, padezca este Dios tan soberano.

 

Poco te duele su pena. ¡Oh, cómo es cierto, del hombre cuando nos viene provecho, el mal ajeno se esconde! ¿No ves que gana renombre de Pastor de gran rebaño? Con todo, es cosa muy fuerte que muera Dios soberano.

 

XII

 

HOY NOS VIENE A REDIMIR

 

Hoy nos viene a redimir un Zagal, nuestro pariente, Gil, que es Dios Omnipotente.

 

Por eso nos ha sacado de prisión del Satanás;

 

mas es pariente de Bras, y de Menga y de Llorente, ¡oh, que es Dios Omnipotente!

 

-Pues si es Dios, ¿Cómo es ven

 

y muere crucificado? Idido

-¿No ves que mató el pecado, padeciendo el inocente? Gil, que es Dios Omnipotente.

 

Mi fe, yo lo vi nacido, y una muy linda Zagala. -Pues si es Dios, ¿cómo ha querido estar con tan pobre gente? -¿No ves que es Omnipotente?

 

Déjate de esas preguntas, miremos por le servir, y pues El viene a morir, muramos con El, Llorente; pues es Dios Omnipotente.

 

X111

 

PUES EL AMOR...

 

Pues el amor nos ha dado Dios, ya no hay que temer, muramos los dos.

 

Danos el Padre a su único Hijo: hoy viene al mundo en un pobre cortijo. ¡Oh gran regocijo que ya el hombre es Dios! No hay que temer, muramos los dos.

 

Mira, Llorente, qué fuerte amorío, viene el inocente a padecer frío; deja un señorío, en fin, como Dios. Ya no hay que temer, muramos los dos.

 

Pues ¿cómo, Pascual, hizo esa franqueza, que toma un sayal

 

dejando riqueza? Mas quiere pobreza, sigámosle nos; pues ya viene hombre, y muramos los dos.

 

Pues ¿qué le darán por esta grandeza? Grandes azotes, con mucha crudeza.

 

¡Oh qué gran tristeza será para nos: si es esto verdad, muramos los dos!

 

Pues ¿cómo se atreven siendo Omnipotente? Ha de ser muerto de una mala gente. pues si eso es, Llorente, hurtémosle nos.

 

-No ves que El lo quiere. Muramos los dos.

 

XIV

 

MI GALLEJO, MIRA QUIEN LLAMA

 

-Mi gallejo, mira quién llama.

-Angeles son, que ya viene el alba.

 

Hame dado un gran zumbido que parecía cantillana; mira, Bras, que ya es de día, vamos a ver la zagala. -Mi gallejo, mira quién llama. -Angeles son, que ya viene el alba.

 

-¿Es parienta del alcalde, o quién es esta doncella? -Ella es hija de Dios Padre, relumbra como una estrella. -Mi gallejo, mira quien llama. -Angeles son, que ya viene el alba.

 

XV

 

VERTIENDO ESTA SANGRE

 

Vertiendo está sangre. ¡Dominguillo, eh! Yo no sé por qué.

 

-¿Por qué, te pregunto, hacen dél justicia, pues es inocente y no tiene malicia? -Tuvo gran codicia, yo no sé por qué, de mucho amarme. ¡Dominguillo, eh!

 

-¿Pues luego en naciendo, le han de atormentar? -Sí, que está muriendo por quitar el mal. ¡Oh, qué gran Zagal será, por mi fe! ¡Dominguillo, eh!

 

-¿Tú no lo has mirado, que es niño inocente? -Ya me lo han contado Brasillo y Llorente; gran inconveniente será no amarle, ¡Dominguillo, eW

 

XVI

 

ESTE NIÑO VIENE LLORANDO

 

Este niño viene llorando; mírale, Gil, que te está llamando.

 

Vino del cielo a la tierra para quitar nuestra guerra; ya comienza la pelea,

 

su sangre está derramando. Mírale Gil, que te está llamando.

 

Fue tan grande el amorío, que no es mucho estar llorando, que comienza a tener brío, habiendo de estar mandando; Mírale, Gil, que te está llamando.

 

Caro nos ha de costar, pues comienza tan temprano, a su sangre derramar, habremos de estar llorando; Mírale, Gil, que te está llamando.

 

No viniera El a morir, pues podía estarse en su nido. ¿No ves, Gil, que si ha venido El como león bramando? Mírale, Gil, que te está llamando.

 

Dime, Pascual, ¿qué me quieres, que tantos gritos me das? Que le ames, pues te quiere y por ti está tiritando; Mírale, Gil, que te está llamando.

 

XVII

 

PUES QUE LA ESTRELLA...

 

Pues que la estrella es ya llegada, vaya con los Reyes la mi manada.

 

Vamos todos juntos a ver al Mesías, que vemos cumplidas ya las profecías; pues en nuestros días, es ya llegada, vaya con los Reyes la mi manada.

Llevémosle dones de grande valor, pues vienen los Reyes con tan gran hervor. Alégrese hoy nuestra gran Zagala, vaya con los Reyes la mi manada.

 

No cures, Llorente, de buscar razón, para ver que es Dios aqueste Garzón dale el corazón, y yo esté empeñada, vaya con los Reyes la mi manada.

 

XVIII

 

CRUZ, DESCANSO SABROSO DE MI VIDA

 

Cruz, descanso sabroso de mi vida, Vos seáis la bienvenida.

 

¡Oh bandera, en cuyo amparo el más flaco será fuerte; Oh vida de nuestra muerte, qué bien la has resucitado; al león has amansado, pues por ti perdió la vida! Vos seáis la bienvenida.

 

Quien no os ama está cautivo y ajeno de libertad; quien a vos quiere allegar no tendrá en nada desvío. ¡Oh dichoso poderío, donde el mal no halla cabida. Vos seáis la bienvenida.

 

Vos fuisteis la libertad de nuestro gran cautiverio; por vos se reparó mi mal con tan costoso remedio;

 

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para con Dios fuiste medio de alegría conseguida, Vos seáis la bienvenida.

 

XIX

 

EN LA CRUZ ESTA LA VIDA

 

En la cruz está la vida y el consuelo, y ella sola es el camino para el cielo.

 

En la cruz está el Señor de cielo y tierra, y el gozar de mucha paz, aunque haya guerra, todos los males destierra en este suelo, y ella sola es el camino para el cielo.

 

De la cruz dice la Esposa a su Querido que es una palma preciosa donde ha subido, y su fruto le ha sabido a Dios del cielo, y ella sola es el camino para el cielo.

 

Es una oliva preciosa la santa cruz, que con su aceite nos unta y nos da luz. Alma mía, toma la cruz con gran consuelo, que ella sola es el camino para el cielo.

 

Es la cruz el árbol verde y deseado de la Esposa, que a su sombra se ha sentado para gozar de su Amado,

 

el Rey del cielo, y ella sola es el camino para el cielo.

 

El alma que a Dios está toda rendida, y muy de veras del mundo desasida, la cruz le es árbol de vida y de consuelo, y un camino deleitoso para el cielo.

 

Después que se puso en cruz el Salvador, en la cruz está la gloria y el honor, y en el padecer dolor, vida y consuelo, y el camino más seguro para el cielo.

 

xx

 

CAMINEMOS PARA EL CIELO

 

Caminemos para el cielo, monjas del Carmelo.

 

Abracemos bien la Cruz y sigamos a Jesús, que es nuestro camino y luz, lleno de todo consuelo, monjas del Carmelo.

 

.4

 

Si guardáis más que los ojos la profesión de tres votos, libraros de mil enojos, de tristeza y desconsuelo, monjas del Carmelo.

 

El voto de la obediencia, aunque es de muy alta ciencia, jamás se le hace ofensa sino cuando hay resistencia:

 

de esto os libre Dios del cielo, monjas del Carmelo.

 

El voto de castidad con gran cuidado guardad; a solo Dios desead, y en El mismo os encerrad, sin mirar cosas del suelo monjas del Carmelo.

 

El que llaman de pobreza, si se guarda con pureza, está lleno de riqueza y abre las puertas del cielo, monjas del Carmelo.

 

Y si así lo hacemos, los contrarios venceremos y a la fin descansaremos con el que hizo tierra y cielo, monjas del Carmelo.

 

xxi

 

SI EL PADECER CON AMOR...

 

Si el padecer con amor puede dar tan gran deleite, ¡qué gozo nos dará el verte!

 

¿Qué será cuando veamos a la eterna Majestad?

 

Pues de ver Andrés la cruz se pudo tant9 alegrar.

 

¡Oh, que no puede faltar en el padecer deleite!

 

¡Qué gozo nos dará el verte!

 

El amor cuando es crecido no puede estar sin obrar, ni el fuerte sin pelear por amor de su Querido.

 

723

Con esto le habrá vencido, y querrá que en todo acierte, ¡qué gozo nos dará el verte!

 

Pues todos temen la muerte, ¿cómo te es dulce morir? ¡Oh, que voy para vivir en más encumbrada suerte!

 

¡Oh mi Dios!, que con tu muerte al más flaco hiciste fuerte: ¡qué gozo nos dará el verte!

 

¡Oh Cruz!, madero precioso, lleno de gran majestad, pues siendo de despreciar tomaste a Dios por esposo.

 

A ti vengo muy gozoso, sin merecer el quererte: esme muy gran gozo el verte.

 

xxil

 

724

 

siguiendo este caballero. Vuelta, vuelta, pecadores, sigamos este sendero.

 

No ha tenido valedores, abrazóse con la cruz: siempre en ella hallamos luz, pues la dio a los pecadores. ¡Oh, qué dichosos amores tuvo este nuestro guerrero! Vuelta, vuelta, pecadores, sigamos este sendero.

 

Ya ha ganado la corona.

 

Y se acabó el padecer,

gozando ya el merecer,

con muy encumbrada gloria.

¡Oh venturosa victoria

de nuestro fuerte guerrero!

Vuelta, vuelta, pecadores,

si . gamos este sendero.

 

XX111

 

HOY HA VENCIDO UN GUERRERO

 

Hoy ha vencido un guerrero al mundo y sus valedores. -Vuelta, vuelta, pecadores, sigamos este sendero.

 

Sigamos la soledad, y no queramos morir, hasta ganar el vivir en tan subida pobreza. ¡Oh, qué grande es la destreza de aqueste nuestro guerrero! Vuelta, vuelta, pecadores, sigamos este sendero.

 

Con armas de penitencia ha vencido a Lucifer, combate con la paciencia, ya no tiene que temer. Todos podemos valer

 

¡OH GRAN AMADORA!

 

¡Oh gran amadora del Eterno Dios! Estrella luciente, amparadnos vos.

 

Desde tierna edad tomaste Esposo; fue tanto el amor, que no os dio reposo. Quien es temeroso, no se llegue a Vos si estima la vida y el morir por Vos.

 

Mirad los cobardes aquesta doncella, que no estima el oro ni verse tan bella: metida en la guerra

 

de persecución, para padecer con gran corazón.

 

Mas pena le da vivir sin su Esposo, y así en los tormentos hallaba reposo: todo le es gozoso, querría ya morir, pues que con la vida no puede vivir.

 

Las que pretendemos gozar de su gozo nunca nos cansemos por hallar reposo. ¡Oh engaño engañoso, y qué sin amor, es querer sanar, viviendo el dolor!

 

XXIV

 

¿QUIEN OS TRAJO ACA, DONCELLA ... ? (I)

 

-¿Quién os trajo acá, doncella, del valle de la tristura?

 

-Dios y mi buena ventura.

 

xxV

 

HERMANA, PORQUE VELEIS

 

Hermana, porque veléis, os han dado hoy este velo,

 

(i) Al Padre José de Santa Teresa debemos la conservación de este estribillo, cuya letra se ha perdido. Compuso la Santa esta poesía para la vestición del hábito de Carmelita Descalza, en Medina del Campo, de la Hermana Jerónirna de la Encarnación, sobrina del cardenal Quiroga, el día 13 de enero de 1573.

 

y no os va menos que el cielo; por eso no os descuidéis.

 

Aqueste velo gracioso os dice que estéis en vela, guardando la centinela hasta que venga el Esposo, que, como ladrón famoso, vendrá cuando no penséis: por eso no os descuidéis.

 

No sabe nadie a cuál hora, si en la vigilia primera o en la segunda o tercera, todo cristiano lo ignora. Pues velad, velad, hermana, no os roben lo que tenéis: por eso no os descuidéis.

 

En vuestra mano encendida tened siempre una candela, y estad con el velo en vela, las renes muy bien ceñidas; no estéis siempre amodorrida, catad que peligraréis: por eso no os descuidéis.

 

Tened óleo en la aceitera de obras y merecer, para poder proveer la lámpara, no se muera; porque quedaréis de fuera si entonces no lo tenéis: por eso no os descuidéis.

 

Nadie os le dará prestado; y si lo vais a comprar, podríascos tardar, y el Esposo haber entrado; y desque una vez cerrado, no hay entrar aunque llaméis: por eso no os descuidéis.

 

Tened continuo cuidado de cumplir con alma fuerte hasta el día de la muerte lo que habéis hoy profesado;

porque habiendo así velado con el Esposo entraréis: por eso no os descuidéis.

 

xxVI

 

SEA MI GOZO EN EL LLANTO

 

Sea mi gozo en el llanto, sobresalto mi reposo, mi sosiego doloroso y nú bonanza el quebranto.

 

Entre borrascas mi amor, y mi regalo en la herida, esté en la muerte mi vida y en desprecios mi favor.

 

Mis tesoros en pobreza, y mi triunfo en pelear, mi descanso en trabajar y mi contento en tristeza.

 

En la oscuridad mi luz, mi grandeza en puesto bajo. De mi camino el atajo y mi gloria sea la cruz.

 

Mi honra sea el abatimiento, y mi palma padecer, en las menguas mi crecer y en menoscabos mi aumento.

 

En el hambre mi hartura, mi esperanza en el temor, mis regalos en pavor, mis gustos en amargura.

 

En olvido mí memoria, mi alteza en humillación, en bajeza mi opinión, en afrenta mi victoria.

 

Mi lauro esté en el desprecio, en las penas mi afición,

 

mi dignidad sea el rincón y la soledad m¡ aprecio.

 

En Cristo n-ii confianza, y de El solo mi asimiento, en sus cansancios mi aliento y en su imitación mi holganza.

 

            Aquí estriba mi firmeza,

aquí mi seguridad,

la prueba de mi verdad,

la muestra de mi fineza.

                        xxVII

 

¡OH, DICHOSA TAL ZAGALA!

 

¡Oh, dichosa tal zagala que hoy se ha dado a un tal Zagal, que reina y ha de reinar!

 

Venturosa fue su suerte, pues mereció tal Esposo; ya yo, Gil, estoy medroso, no la osaré más mirar, pues ha tomado marido que reina y ha de reinar.

 

Pregúntale qué le ha dado para que lleve a su aldea; el corazón le ha entregado muy de buena voluntad; mi fe poco le ha pagado, que es muy hermoso el Zagal, y reina y ha de reinar.

 

Si más tuviera, más diera. -¿Por qué le avisas, carillo? Tomemos el cobanillo, sirva nos deja sacar, pues ha tomado marido, que reina y ha de reinar.

 

Pues vemos lo que dio ella, ¿qué la ha de dar el Zagal?

 

Con su sangre la ha comprado; ¡Oh, qué precioso caudal, y dichosa tal zagala que contenta a este Zagal!

 

Mucho la debía de amar, pues le dio tan gran tesoro; ¿no ves que se lo da todo, hasta el vestir y el calzar? Mira que es ya su marido y reí . na y ha de reinar.

 

Bien será que la tomemos para este nuestro rebaño y que la regocijemos, para ganar su amistad, pues ha tomado marido, que sin fin ha de reinar.

 

xxVIII

 

¡OH, QUE BIEN TAN SIN SEGUNDO!

 

¡Oh, qué bien tan sin segundo! ¡Oh casamiento sagrado! Que el Rey de la Majestad haya sido el desposado.

 

¡Oh, qué venturosa suerte os estaba aparejada, que os quiere Dios por amada, y haos ganado con su muerte! En servirle estad muy fuerte, pues que lo habéis profesado, que el Rey de la Majestad es ya vuestro desposado.

 

Ricas joyas os dará este Esposo, Rey del cielo, daros ha mucho consuelo, que nadie os lo quitará, y sobre todo os dará un espíritu humillado. Es Rey y bien lo podrá, pues quiere hoy ser desposado.

 

Mas os dará este Señor un amor tan santo y puro que podréis, yo os lo aseguro, perder al mundo el temor, y al demonio muy mejor, porque hoy queda maniatado; que el Rey de la Majestad ha sido hoy el desposado.

 

xxix

 

TODOS LOS QUE MILITAIS

 

Todos los que militáis debajo desta bandera, ya no durmáis, ya no durmáis, pues que no hay paz en la tierra.

 

Y como capitán fuerte quiso nuestro Dios morir, comencémosle a seguir, pues que le dimos la muerte. ¡Oh, qué venturosa suerte se le siguió desta guerra! Ya no durmáis, ya no durmáis, pues Dios falta de la tierra.

 

Con grande contentamiento se ofrece a morir en cruz, por datos a todos luz con su grande sufrimiento. ¡Oh glorioso vencimiento! ¡Oh dichosa aquesta guerra! Ya no durmáis, ya no durmáis, pues Dios falta de la tierra.

 

No haya ningún cobarde, aventuremos la vida, que no hay quien mejor la guarde que el que la da por perdida. Pues Jesús es nuestra guía, y el premio de aquesta guerra; ya no durmáis, ya no durmáis, porque no hay paz en la tierra.

Ofrezcámonos de veras a morir por Cristo todas. Y en las celestiales bodas estaremos placenteras; sigamos estas banderas, pues Cristo va en delantera, no hay que temer, no durmáis, porque no hay paz en la tierra.

 

xxx

 

PUES QUE NUESTRO ESPOSO...

 

Pues que nuestro Esposo nos quiere en prisión, a la gala gala de la Religión.

 

¡Oh, qué ricas bodas ordenó Jesús; quiérenos a todas, y danos la luz; sigamos la Cruz, con gran perfección; a la gala gala de la Religión.

 

Este es el estado de Dios escogido, con que del pecado nos ha defendido; hanos prometido la consolación, si nos alegramos en esta prisión.

 

Darnos ha grandezas en la eterna gloria, si por sus riquezas dejamos la escoria que hay en este mundo, y su perdición. A la gala gala de la Religión.

 

Oh, qué cautiverio de gran libertad, venturosa vida para eternidad; no quiero librar ya mi corazón, a la gala gala de la Religión.

 

xxXI

 

PUES NOS DAIS VESTIDO NUEVO (1)

 

Pues nos dais vestido nuevo, Rey celestial, librad de la mala gente este sayal.

 

LA SANTA:

 

Hijas,  pues tomáis la cruz

            tened valor

 

y a Jesús, que es vuestra luz, pedir favor.

 

El os será defensor en trance tal.

 

TODAS:

 

Librad de la mala gente

este sayal.

 

LA SANTA:

 

            Inquieta este mal ganado

                        en oración,

el ánimo mal fundado,

                        en devoción;

 

mas en Dios el corazón tened igual.

 

TODAS:

 

Librad de la mala gente este sayal.

 

LA SANTA:

 

Pues vinisteis a morir, no desmayéis,

 

y de gente tan civil (i) no temeréis.

 

Remedio         en Dios hallaréis

            en tanto mal.

 

TODAS:

 

            Pues nos dais vestido nuevo,

                        Rey celestial,

libra de la mala gente

                        este sayal.

 

xxXII

 

SOBERANO ESPOSO MIO

 

Soberano Esposo mío, ya voy, dejadme llegar; no me deis, Señor, desvío, para que entre en vuestro mar este pequeñuelo río.

 

Socorredme, dulce Esposo, y dad la debida palma a mi cuidado amoroso para que descanse el alma en los brazos de su Esposo.

 

Vuestros brazos me daréis, que si a pediros me atrevo, es porque no miraréis a lo mucho que ya os debo y poco que me debéis.

 

Cumplid, Esposo, los conciertos; quitando al alma los brazos (lazos?), serán mis abrazos ciertos, pues que por darnos abrazos tenéis los brazos abiertos.

 

Si Vos los brazos me dais, yo os doy el alma en despojos, y pues ya me la sacáis, volved, mi Cristo, los ojos a quien el alma lleváis.

 

Pues el corazón os di, denme esas llagas consuelo; entre el alma por ahí, pues son las puertas del cielo que se abrieron para mí.

 

Huéspedes tenéis, y tales que no sé si he de caber; mas puesta en vuestros umbrales quepa esta pobre mujer entre tantos cardenales.

 

Mi alma vive de manera, guardando de amor la ley, que en Vos su remedio espera, pues tiene tal Agnus De¡ colgado a su cabecera.

 

Por vuestra me recibid, no miréis a mi pobreza; si irse segura decid; mas, pues bajáis la cabeza, diciéndome estáis que sí.

 

Ahora es tiempo que veamos adónde llega el querer, si es verdad que nos amamos, pues ya me vengo a esconder entre este árbol y sus ramos.

 

Siendo así, Esposo sagrado, entre aquesas ansias bravas válame vuestro cuidado, pues me asgo a las aldabas por que me valga el sagrado.

Desta postrer despedida yo no temo el dolor fuerte si con Vos, mi Cristo, asida a la hora de la muerte tengo en mis manos la vida.

 

Si en las manos tengo a Vos con regalos soberanos, ya estamos juntos los dos, pues que Dios está en mis manos y yo en las manos de Dios.