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LAS «RELACIONES»

SANTA TERESA DE JESÚS O DE ÁVILA

 

LAS «RELACIONES»

CAPÍTULO 1*

Jhs

1. La manera de proceder en la oración que ahora tengo, es la

presente; pocas veces son las que estando en oración puedo tener

discurso de entendimiento, porque luego comienza a recogerse el

alma y estar en quietud o arrobamiento, de tal manera que ninguna

cosa puedo usar de los sentidos, tanto que, si no es oír -y eso no

para entender-, otra cosa no aprovecha.

2. Acaéceme muchas veces (sin querer pensar en cosas de Dios,

sino tratando de otras cosas, y pareciéndome que, aunque mucho

procurase tener oración, no lo podría hacer por estar con gran

sequedad, ayudando a esto los dolores corporales) darme tan de

presto este recogimiento y levantamiento de espíritu, que no me

puedo valer, y en un punto dejarse con los efectos y

aprovechamientos que después trae. Y esto sin haber tenido visión,

ni entendido cosa, ni sabiendo dónde estoy, sino que,

pareciéndome se pierde el alma, la veo con ganancias, que aunque

en un año quisiera ganarlas yo, me parece no fuera posible según

quedo con ganancias.

3. Otras veces me dan unos ímpetus muy grandes, con un

deshacimiento por Dios que no me puedo valer. Parece se me va a

acabar la vida y así me hace dar voces y llamar a Dios, y esto con

gran furor me da. Algunas veces no puedo estar sentada según me

dan las bascas, y esta pena me viene sin procurarla, y es tal, que el

alma nunca querría salir de ella mientras viviese, y son las ansias

que tengo por no vivir y parecer que se vive, sin poderse remediar,

pues el remedio para ver a Dios es la muerte, y ésta no puedo

tomarla. Y con esto parece a mi alma que todos están

consoladísimos sino ella, y que todos hallan remedio para sus

trabajos sino ella. Es tanto lo que aprieta esto, que si el Señor no lo

remediase con algún arrobamiento, donde todo se aplaca y el alma

queda con gran quietud y satisfecha -algunas veces con ver algo de

lo que desea, otras con entender otras cosas-, sin nada de esto era

imposible salir de aquella pena.

4. Otras veces me vienen unos deseos de servir a Dios con unos

ímpetus tan grandes, que no lo sé encarecer, y con una pena de ver

de cuán poco provecho soy. Paréceme entonces que ningún trabajo

ni cosa se me pondría delante, ni muerte ni martirio, que no los

pasase con facilidad. Esto es también sin consideración, sino en un

punto, que me revuelve toda, y no sé [de] dónde me viene tanto

esfuerzo. Paréceme que querría dar voces y dar a entender a todos

lo que les va en no se contentar con cosas pocas y cuánto bien hay

que nos dará Dios en disponiéndonos nosotros. Digo que son estos

deseos de manera que me deshago entre mí; que quiero lo que no

puedo. Paréceme me tiene atada este cuerpo, por no ser para

servir a Dios en nada, y el estado; porque a no le tener, haría cosas

muy señaladas en lo que mis fuerzas pueden; así, de verme sin

ningún poder para servir a Dios, siento de manera esta pena, que

no lo puedo encarecer. Acabo con regalo y recogimiento y

consuelos de Dios.

5. Otras veces me ha acaecido, cuando me dan estas ansias por

servirle, querer hacer penitencias; mas no puedo. Esto me aliviaría

mucho y alivia y alegra, aunque no son casi nada, por flaqueza de

mi cuerpo; aunque si me dejase con estos deseos, creo haría

demasiado.

6. Algunas veces me da gran pena haber de tratar con nadie, y me

aflige tanto, que me hace llorar harto, porque toda mi ansia es por

estar sola, y aunque algunas veces no rezo ni leo, me consuela la

soledad; y la conversación, especial de parientes y deudos, me

parece pesada y que estoy como vendida, salvo con los que trato

cosas de oración y de alma, que con éstos me consuelo y alegro,

aunque algunas veces éstos me hartan y no querría verlos, sino

irme adonde estuviese sola, aunque esto pocas veces;

especialmente con los que trato mi conciencia, siempre me

consuelan.

7. Otras veces me da gran pena haber de comer y dormir, y ver que

yo, más que nadie, no lo puedo dejar; hágolo por servir a Dios, y así

se lo ofrezco. Todo el tiempo me parece breve y que me falta para

rezar, porque de estar sola nunca me cansaría. Siempre tengo

deseo de tener tiempo para leer, porque a esto he sido muy

aficionada. Leo muy poco, porque en tomando el libro me recojo en

contentándome, y así se va la lección en oración, y es poco, porque

tengo muchas ocupaciones, y aunque buenas, no me dan el

contento que me daría esto y así ando siempre deseando tiempo, y

esto me hace serme todo desabrido, según creo, ver que no se

hace lo que quiero y deseo.

8. Todos estos deseos y más de virtud, me ha dado nuestro Señor

después que me dio esta oración quieta con estos arrobamientos, y

hállome tan mejorada, que me parece era antes una perdición.

Déjanme estos arrobamientos y visiones con las ganancias que

aquí diré, y digo que si algún bien tengo de aquí me ha venido.

9. Hame venido una determinación muy grande de no ofender a

Dios ni venialmente, que antes moriría mil muertes que tal hiciese,

entendiendo que lo hago. Determinación de que ninguna cosa que

yo pensase ser más perfección y que haría más servicio a nuestro

Señor, diciéndolo quien de mí tiene cuidado y me rige, que no

hiciese, sintiese cualquiera cosa, que por ningún tesoro lo dejaría

de hacer. Y si lo contrario hiciese, me parece no tendría cara para

pedir nada a Dios nuestro Señor, ni para tener oración, aunque en

todo esto hago muchas faltas e imperfecciones.

Obediencia a quien me confiesa, aunque con imperfección; pero

entendiendo yo que quiere una cosa o me la manda, según

entiendo, no la dejaría de hacer, y si la dejase pensaría andaba

muy engañada.

Deseo de pobreza, aunque con imperfección; mas paréceme que

aunque tuviese muchos tesoros, no tendría renta particular, ni

dineros para mí sola, ni se me da nada; sólo querría tener lo

necesario. Con todo, siento tengo harta falta en esta virtud; porque

aunque para mí no lo deseo, querríalo tener para dar, aunque no

deseo renta ni cosa para mí.

10. Casi con todas las visiones que he tenido me he quedado con

aprovechamiento, si no es engaño del demonio. En esto remítome a

mis confesores.

11. Cuando veo alguna cosa hermosa, rica, como agua, campos,

flores, olores, músicas, etc., paréceme no lo querría ver ni oír; tanta

es la diferencia de ello a lo que yo suelo ver; y así se me quita la

gana de ellas. Y de aquí he venido a dárseme tan poco por estas

cosas, que si no es primer movimiento, otra cosa no me ha quedado

de ello, y esto me parece basura.

12. Si hablo o trato con algunas personas profanas porque no

puede ser menos, y aunque sea de cosas de oración, si mucho lo

trato, aunque sea por pasatiempo si no es necesaria, me estoy

forzando, porque me da gran pena. Cosas de regocijo, de que solía

ser amiga, y de cosas del mundo, todo me da en rostro y no lo

puedo ver.

13. Estos deseos de amar y servir a Dios y verle, que he dicho que

tengo, no son ayudados con consideración, como tenía antes

cuando me parecía que estaba muy devota y con muchas lágrimas;

mas con una inflamación y hervor tan excesivo, que torno a decir

que si Dios no me remediase con algún arrobamiento, donde me

parece queda el alma satisfecha, me parece sería para acabar

presto la vida.

14. A los que veo más aprovechados y con estas determinaciones,

y desasidos y animosos, los amo mucho, y con tales querría yo

tratar, y parece que me ayudan. Las personas que veo tímidas, que

me parece a mí van atentando en las cosas que conforme a razón

acá se pueden hacer, parece que me congojan y me hacen llamar a

Dios y a los santos que estas tales cosas, que ahora nos espantan,

acometieron; no porque yo sea para nada, pero porque me parece

que ayuda Dios a los que por El se ponen a mucho, y que nunca

falta a quien en El solo confía, y querría hallar quien me ayudase a

creerlo así, y no tener cuidado de lo que he de comer y vestir, sino

dejarlo a Dios. No se entiende que este dejar a Dios lo que he

menester, es de manera que no lo procure, mas no con cuidado

que me dé cuidado, digo. Y después que me ha dado esta libertad,

vame bien con esto y procuro olvidarme de mi cuanto puedo. Esto

no me parece habrá un año que me lo ha dado nuestro Señor.

15. Vanagloria, gloria a Dios, que yo entienda, no hay por qué la

tener; porque veo claro en estas cosas que Dios da, no poner nada

de mí, antes me da Dios a sentir mis miserias, que con cuanto yo

pudiera pensar, no pudiera ver tantas verdades como en un rato

conozco.

16. Cuando hablo de estas cosas, de pocos días acá, paréceme

son como de otra persona. Antes me parecía algunas veces era

afrenta que las supiesen de mí, mas ahora paréceme que no soy

por esto mejor, sino más ruin, pues tan poco me aprovecho con

tantas mercedes. Y, cierto, por todas partes me parece no ha

habido otra peor en el mundo que yo, y así las virtudes de los otros

me parecen de harto más merecimiento, y que yo no hago sino

recibir mercedes, y que a los otros les ha de dar Dios por junto lo

que aquí me quiere dar a mí, y suplícole no me quiera pagar en

esta vida, y así creo que de flaca y ruin me ha llevado Dios por este

camino.

17. Estando en oración y aun casi siempre que yo pueda considerar

un poco, aunque yo lo procurase, no puedo pedir descansos, ni

desearlos de Dios, porque veo que no vivió El sino con trabajos, y

éstos le suplico me dé dándome primero gracia para sufrirlos.

18. Todas las cosas de esta suerte y de muy subida perfección

parece se me imprimen en la oración, tanto, que me espanto de ver

tantas verdades y tan claras, que me parecen desatino las cosas

del mundo, y así he menester cuidado para pensar cómo me había

antes en las cosas del mundo, que me parece que sentir las

muertes y trabajos de él es desatino, a lo menos que dure mucho el

dolor o el amor de los parientes, amigos, etc.; digo que ando con

cuidado considerándome la que era y lo que solía sentir.

19. Si veo en algunas personas algunas cosas que a la clara

parecen pecados, no me puedo determinar que aquéllos hayan

ofendido a Dios, y si algo me detengo en ello -que es poco o nada-,

nunca me determinaba, aunque lo veía claro; y parecíame que el

cuidado que yo traigo de servir a Dios, traen todos. Y en esto me ha

hecho gran merced, que nunca me detengo en cosa mala, que se

me acuerde después, y si se me acuerda, siempre veo otra virtud

en la tal persona; así que nunca me fatigan estas cosas, si no es lo

común, y las herejías, que muchas veces me afligen, y casi siempre

que pienso en ellas me parece que sólo este trabajo es de sentir. Y

también siento si veo algunos que trataban en oración y tornan

atrás; esto me da pena, mas no mucha, porque procuro no

detenerme.

20. También me hallo mejorada en curiosidades que solía tener,

aunque no del todo, que no me veo estar en esto siempre

mortificada, aunque algunas veces sí.

21. Esto todo que he dicho es lo ordinario que pasa en mi alma,

según puedo entender, y muy continuo tener el pensamiento en

Dios, y aunque trate de otras cosas, sin querer yo -como digo- no

entiendo quién me despierta, y esto no siempre, sino cuando trato

algunas cosas de importancia; y esto, gloria a Dios, es a ratos el

pensarlo, y no me ocupa siempre.

22. Viéneme algunos días -aunque no son muchas veces, y dura

como tres o cuatro o cinco días-, que me parece que todas las

cosas buenas y hervores y visiones se me quitan, y aun de la

memoria, que aunque quiera no sé que cosa buena haya habido en

mí; todo me parece sueño, a lo menos no me puedo acordar de

nada. Apriétanme los males corporales en junto; túrbaseme el

entendimiento, que ninguna cosa de Dios puedo pensar, ni sé en

qué ley vivo. Si leo, no lo entiendo; paréceme estoy llena de faltas,

sin ningún ánimo para la virtud, y el grande ánimo que suelo tener

queda en esto, que me parece a la menor tentación y murmuración

del mundo no podría resistir. Ofréceseme entonces que no soy para

nada, que quién me mete en más de en lo común; tengo tristeza;

paréceme tengo engañados a todos los que tienen algún crédito de

mí; querríame esconder donde nadie me viese, no deseo entonces

soledad para virtud, sino de pusilanimidad; paréceme, querría reñir

con todos los que me contradijesen. Traigo esta batería, salvo que

me hace Dios esta merced que no le ofendo más que suelo ni le

pido me quite esto, mas que si es su voluntad que esté así siempre,

que me tenga de su mano para que no le ofenda, y confórmome

con El de todo corazón, y creo que el no me tener siempre así es

merced grandísima que me hace.

23. Una cosa me espanta, que estando de esta suerte, una sola

palabra de las que suelo entender, o una visión, o un poco de

recogimiento, que dure un Avemaría, o en llegándome a comulgar,

queda el alma y el cuerpo tan quieto, tan sano y tan claro el

entendimiento, con toda la fortaleza y deseos que suelo. Y tengo

experiencia de esto, que son muchas veces, a lo menos cuando

comulgo, ha más de medio año que notablemente siento clara salud

corporal, y con los arrobamientos algunas veces, y dúrame más de

tres horas algunas veces y otras todo el día estoy con gran mejoría,

y a mi parecer no es antojo, porque lo he echado de ver y he tenido

cuenta de ello. Así que, cuando tengo este recogimiento, no tengo

miedo a ninguna enfermedad. Verdad es que cuando tengo la

oración como solía antes, no tengo esta mejoría.

24. Todas estas cosas que he dicho me hacen a mí creer que estas

cosas son de Dios; porque como conozco quién yo era, que llevaba

camino de perderme, y en poco tiempo con estas cosas, es cierto

que mi alma se espantaba, sin entender por dónde me venían estas

virtudes; no me conocía, y veía ser cosa dada y no ganada por

trabajo. Entiendo con toda verdad y claridad, y sé que no me

engaño, que no sólo ha sido medio para traerme Dios a su servicio,

pero para sacarme del infierno, lo cual saben mis confesores a

quien me he confesado generalmente.

25. También cuando veo alguna persona que sabe alguna cosa de

mí, le querría dar a entender mi vida; porque me parece ser honra

mía que nuestro Señor sea alabado, y ninguna cosa se me da por

lo demás. Esto sabe El bien, o yo estoy muy ciega, que ni honra, ni

vida, ni gloria, ni bien ninguno en cuerpo ni alma hay que me

detenga ni quiera ni desee mi provecho, sino su gloria. No puedo yo

creer que el demonio ha buscado tantos bienes para ganar mi alma

por después perderla, que no le tengo por tan necio; ni puedo creer

de Dios que, ya que por mis pecados mereciese andar engañada,

haya dejado tantas oraciones de tan buenos como dos años ha se

hacen -que yo no hago otra cosa sino rogarlo a todos- para que el

Señor me dé a conocer si es esto su gloria, o me lleve por otro

camino. No creo permitiera su divina Majestad que siempre fuesen

adelante estas cosas si no fueran suyas.

26. Estas cosas y razones de tantos santos me esfuerzan cuando

traigo estos temores de si no es Dios, siendo yo tan ruin. Mas

cuando estoy en oración, y los días que ando quieta y el

pensamiento en Dios, aunque se junten cuantos letrados y santos

hay en el mundo y me diesen todos los tormentos imaginables y yo

quisiese creerlo, no me podrían hacer creer que esto es demonio,

porque no puedo. Y cuando me quisieron poner en que lo creyese,

temía viendo quién lo decía, y pensaba que ellos debían de decir

verdad, y que yo, siendo la que era, debía de estar engañada; mas

a la primera palabra o recogimiento o visión era deshecho todo lo

que me habían dicho; yo no podía más y creía que era Dios.

27. Aunque puedo pensar que podría mezclarse alguna vez

demonio -y esto es así, como lo he dicho y visto-, mas trae

diferentes efectos, y quien tiene experiencia no le engañará, a mi

parecer. Con todo esto digo, que aunque creo que es Dios

ciertamente, yo no haría cosa alguna, si no le pareciese a quien

tiene cargo de mí que es más servicio de nuestro Señor, por

ninguna cosa; y nunca he entendido sino que obedezca y que no

calle nada, que esto me conviene.

28. Soy muy ordinario reprendida de mis faltas -y de manera que

llega a las entrañas-, y avisos cuando hay o puede haber algún

peligro en cosa que trato, que me han hecho harto provecho,

trayéndome los pecados pasados a la memoria muchas veces, que

me lastima harto.

29. Mucho me he alargado, mas es así, cierto, que en los bienes

que me veo cuando salgo de oración, me parece quedo corta;

después, con muchas imperfecciones y sin provecho y harto ruin. Y

por ventura las cosas buenas no las entiendo, mas que me engaño;

empero la diferencia de mi vida es notoria, y me lo hace pensar. En

todo lo dicho digo lo que me parece que es verdad haber sentido.

Estas son las perfecciones que siento haber el Señor obrado en mí

tan ruin e imperfecta. Todo lo remito al juicio de vuestra merced,

pues sabe toda mi alma.

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CAPÍTULO 2

1. Paréceme ha más de un año que escribí esto que aquí está.

Hame tenido Dios de su mano en todo él, que no he andado peor,

antes veo mucha mejoría en lo que diré. Sea alabado por todo.

2. Las visiones y revelaciones no han cesado, mas son más

subidas mucho. Hame enseñado el Señor un modo de oración, que

me hallo en él más aprovechada, y con muy mayor desasimiento en

las cosas de esta vida, y con más ánimo y libertad. Los

arrobamientos han crecido, porque a veces es con un ímpetu y de

suerte que, sin poderme valer exteriormente, se conoce, y aun

estando en compañía, porque es de manera que no se puede

disimular, si no es con dar a entender -como soy enferma del

corazón- que es algún desmayo. Aunque traigo gran cuidado de

resistir al principio, algunas veces no puedo.

3. En lo de la pobreza, me parece me ha hecho Dios mucha

merced, porque aun lo necesario no querría tener, si no fuese de

limosna, y así deseo en extremo estar donde no se coma de otra

cosa.

Paréceme a mí que estar donde estoy cierta que no me ha de faltar

de comer y de vestir, que no se cumple con tanta perfección el voto

ni el consejo de Cristo como donde no hay renta, que alguna vez

faltará, y los bienes que con la verdadera pobreza se ganan

parécenme muchos y no los quisiera perder. Hállome con una fe tan

grande muchas veces en parecerme no puede faltar Dios a quien le

sirve, y no teniendo ninguna duda que hay ni ha de haber ningún

tiempo en que falten sus palabras, que no puedo persuadirme a

otra cosa, ni puedo temer, y así siento mucho cuando me aconsejan

tenga renta, y tórnome a Dios.

4. Paréceme tengo mucha más piedad de los pobres, que solía.

Entiendo yo una lástima grande y deseo de remediarlos, que, si

mirase a mi voluntad, les daría lo que traigo vestido. Ningún asco

tengo de ellos, aunque los trate y llegue a las manos. Y esto veo es

ahora don dado de Dios, que aunque por amor de El hacía limosna,

piedad natural no la tenía. Bien conocida mejoría siento en esto.

5. En cosas que dicen de mí de murmuración, que son hartas y en

mi perjuicio, y hartos, también me siento mejorada; no parece, me

hace casi impresión más que a un bobo, y paréceme algunas veces

tienen razón, y casi siempre. Siéntolo tan poco que aun no me

parece tengo que ofrecer a Dios, como tengo experiencia que gana

mi alma mucho, antes me parece me hacen bien, y así ninguna

enemistad me queda con ellos en llegándome la primera vez a la

oración; que luego que lo oigo, un poco de contradicción me hace,

no con inquietud ni alteración; antes, como veo algunas veces otras

personas me han lástima, es así que entre mí me río, porque

parecen todos los agravios de tan poco tomo, los de esta vida, que

no hay que sentir; porque me figuro andar en un sueño, y veo que

en despertando no será todo nada.

6. Dame Dios más vivos deseos, más gana de soledad, muy mayor

desasimiento -como he dicho- con visiones, que se me ha hecho

entender lo que es todo, aunque deje cuantos amigos y amigas y

deudos, que esto es lo de menos, antes me cansan mucho

parientes; como sea por un tantito de servir más a Dios, los dejo

con toda libertad y contento, y así en cada parte hallo paz.

7. Algunas cosas que en oración he sido aconsejada, me han salido

muy verdaderas; así que de parte de hacerme Dios merced,

hállome muy más mejorada; de servirle yo de mi parte, harto más

ruin; porque el regalo he tenido más -que se ha ofrecido-, aunque

hartas veces me da harta pena; la penitencia, poca; la honra que

me hacen, mucha, bien contra mi voluntad hartas veces.

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CAPÍTULO 3

1. Esto que está aquí de mi letra, ha nueve meses, poco más o

menos, que lo escribí. Después acá, no tornando atrás de las

mercedes que Dios me ha hecho, me parece he recibido de nuevo,

a lo que entiendo, mucha mayor libertad. Hasta ahora parecíame

había menester a otros y tenía más confianza en ayudas del

mundo; ahora entiendo claro ser todos unos palillos de romero

seco, y que asiéndose a ellos no hay seguridad, que en habiendo

algún peso de contradicciones o murmuraciones se quiebran. Y así

tengo experiencia que el verdadero remedio para no caer es asirnos

a la cruz y confiar en el que en ella se puso. Hállole amigo

verdadero, y hállome con esto con un señorío que me parece

podría resistir a todo el mundo que fuese contra mí, con no me faltar

Dios.

2. Entendiendo esta verdad tan clara, solía ser muy amiga de que

me quisiesen bien; ya no se me da nada, antes me parece en parte

me cansa, salvo con los que trato mi alma o yo pienso aprovechar,

que los unos porque me sufran y los otros porque con más afición

crean lo que les digo de la vanidad que es todo, querría me la

tuviesen.

3. En muy grandes trabajos y persecuciones y contradicciones que

he tenido estos meses hame dado Dios gran ánimo; y cuando

mayores mayor, sin cansarme en padecer, y con las personas que

decían mal de mí, no sólo no estaba mal con ellas, sino que me

parece las cobraba amor de nuevo. No sé cómo era esto, bien dado

de la mano del Señor.

4. De mi natural suelo, cuando deseo una cosa, ser impetuosa en

desearla. Ahora van mis deseos con tanta quietud, que cuando los

veo cumplidos, aun no entiendo si me huelgo. Que pesar y placer,

si no es en cosas de oración, todo va templado, que parezco boba y

como tal ando algunos días.

5. Los ímpetus que me dan algunas veces y han dado de hacer

penitencia, son grandes, y si alguna hago, siéntola tan poco con

aquel gran deseo, que alguna vez me parece -y siempre casi- que

es regalo particular, aunque hago poca, por ser muy enferma.

6. Es grandísima [pena] para mí muchas veces, y ahora más

excesiva, el haber de comer, en especial si estoy en oración. Debe

ser grande, porque me hace llorar mucho y decir palabras de

aflicción casi sin sentirme, lo que yo no suelo hacer. Por

grandísimos trabajos que yo he tenido en esta vida, no me acuerdo

haberlas dicho, que no soy nada mujer en estas cosas, que tengo

recio corazón.

7. Deseo grandísimo, más que suelo, siento en mí, que tenga Dios

personas que con todo desasimiento le sirvan y que en nada de lo

de acá se detengan -como veo es todo burla-, en especial letrados;

que, como veo las grandes necesidades de la Iglesia, que éstas me

afligen tanto, que me parece cosa de burla tener por otra cosa

pena, y así no hago sino encomendarlos a Dios; porque veo yo que

haría más provecho una persona del todo perfecta, con hervor

verdadero de amor de Dios, que muchas con tibieza.

8. En cosas de la fe me hallo, a mi parecer, con muy mayor

fortaleza. Paréceme a mí que contra todos los luteranos me pondría

yo sola a hacerles entender su yerro. Siento mucho la perdición de

tantas almas. Veo muchas aprovechadas, que conozco claro ha

querido Dios que sea por mis medios, y conozco que por su bondad

va en crecimiento mi alma en amarle cada día más.

9. Paréceme que, aunque con estudio quisiese tener vanagloria,

que no podría, ni veo cómo pudiese pensar que ninguna de estas

virtudes es mía; porque ha poco que me vi sin ninguna muchos

años, y ahora de mi parte no hago más de recibir mercedes, sin

servir, sino como la cosa más sin provecho del mundo. Y es así que

considero algunas veces cómo todos aprovechan sino yo, que para

ninguna cosa valgo. Esto no es, cierto, humildad, sino verdad, y

conocerme tan sin provecho me trae con temores algunas veces de

pensar no sea engañada. Así que veo claro que de estas

revelaciones y arrobamientos -que yo ninguna parte soy, ni hago

para ellos más que una tabla- me vienen estas ganancias. Esto me

hace asegurar y traer más sosiego, y póngome en los brazos de

Dios, y fío de mis deseos, que éstos, cierto, entiendo son morir por

El y perder todo el descanso, y venga lo que viniere.

10. Viénenme días que me acuerdo infinitas veces de lo que dice

San Pablo -aunque a buen seguro que no sea así en mí-, que ni me

parece vivo yo, ni hablo, ni tengo querer, sino que está en mí quien

me gobierna y da fuerza, y ando como casi fuera de mí, y así me es

grandísima pena la vida. Y la mayor cosa que yo ofrezco a Dios por

gran servicio, es cómo siéndome tan penoso estar apartada de El,

por su amor quiero vivir. Esto querría yo fuese con grandes trabajos

y persecuciones; ya que yo no soy para aprovechar, querría ser

para sufrir, y cuantos hay en el mundo pasaría por un tantito de más

mérito, digo en cumplir más su voluntad.

11. Ninguna cosa he tenido en la oración, aunque sea de hartos

años antes, que no la haya visto cumplida. Son tantas las que veo,

y lo que entiendo de las grandezas de Dios, y cómo las ha guiado,

que casi ninguna vez comienzo a pensar en ello que no me falte el

entendimiento, como quien ve cosas que van muy adelante de lo

que puede entender, y quedo en recogimiento.

12. Guárdame tanto Dios en ofenderle, que, cierto, algunas veces

me espanto, que me parece veo el gran cuidado que trae de mí, sin

poner yo en ello casi nada, siendo un piélago de pecados y de

maldades antes de estas cosas, y sin parecerme era señora de mí

para dejarlas de hacer. Y para lo que yo querría se supiesen, es

para que se entienda el gran poder de Dios. Sea alabado por

siempre jamás, amén.

Jhs

13. Esta relación, que no es de mi letra, que va al principio, es que

la di yo a mi confesor, y él sin quitar ni poner cosa, la sacó de la

suya. Era muy espiritual y teólogo -con quien trataba todas las

cosas de mi alma-, y él las trató con otros letrados, y entre ellos fue

el Padre Mancio. Ninguna han hallado que no sea muy conforme a

la Sagrada Escritura. Esto me hace estar ya muy sosegada, aunque

entiendo he menester, mientras Dios me llevare por este camino, no

fiar de mí en nada, y así lo he hecho siempre, aunque siento

mucho.

Mire vuestra merced que todo esto va debajo de confesión, como lo

supliqué a vuestra merced.

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CAPÍTULO 4 a)

Jhs

1. Esta monja ha cuarenta años que tomó el hábito y desde el

primero comenzó a pensar en la Pasión de nuestro Señor por los

misterios y en sus pecados, sin nunca pensar en cosa que fuese

sobrenatural, sino en las criaturas o cosas de que sacaba cuán

presto se acaba todo, y en esto gastaba algunos ratos del día sin

pasarle por pensamiento desear más, porque se tenía por tal, que

aun pensar en Dios veía que no merecía.

2. En esto pasó como veintidós años con grandes sequedades,

leyendo también en buenos libros. Habrá como dieciocho, cuando

se comenzó a tratar del primer monasterio que fundó en Avila de

Descalzas (como tres años antes), que comenzó a parecerle que le

hablaban interiormente algunas veces y a ver algunas visiones y

tener revelaciones. Esto jamás vio nada ni lo ha visto con los ojos

corporales, sino una representación como un relámpago, mas

quedábasele tan imprimido y con tantos efectos, como si lo viera

con los ojos corporales, y más.

3. Ella era temerosísima, que aun algunas veces de día no osaba

estar sola; y como aunque más hacía no podía excusar esto,

andaba afligidísima, temiendo no fuese engaño del demonio; y

comenzó a tratar con personas espirituales de la Compañía de

Jesús, entre los cuales fue el Padre Araoz, que acertó a ir allí, que

era Comisario de la Compañía, y el Padre Francisco -que fue duque

de Gandía- trató dos veces, y a un provincial de la Compañía -que

está ahora en Roma, de los cuatro-, llamado Gil González, y aun al

que ahora lo es en Castilla, aunque a éste no tanto; a Baltasar

Alvarez, que es ahora Rector de Salamanca: la confesó seis años;

al Rector de Cuenca, llamado Salazar, y al de Segovia, llamado

Santander, éste no tanto tiempo; al Rector de Burgos, que llaman

Ripalda, y aun estaba harto mal con ella hasta que la trató; al doctor

Pablo Hernández en Toledo, que era Consultor de la Inquisición; a

otro Ordóñez, que fue Rector en Avila. Como estaba en los lugares,

así procuraba los que de ellos eran más estimados.

4. A fray Pedro de Alcántara trató mucho, y fue el que mucho puso

por ella.

5 Estuvieron más de seis años en este tiempo haciendo hartas

pruebas, y ella con hartas lágrimas y aflicción, y mientras más

pruebas se hacían, más tenía, y suspensiones hartas veces en la

oración y aun fuera de ella. Hacíanse hartas oraciones y decíanse

misas porque Dios la llevase por otro camino, porque su temor era

grandísimo cuando no estaba en la oración, aunque en todas las

cosas que tocaban al servicio de Dios se entendía clara mejoría y

ninguna vanagloria ni soberbia, antes se corría de los que lo sabían,

y sentía más tratarlo que si fueran pecados, porque le parecía que

se reirían de ella y que eran cosas de mujercillas.

6. Habrá como trece años, poco más o menos, que fue allí el

Obispo de Salamanca, que era Inquisidor creo en Toledo, y lo había

sido aquí; ella procuró de hablarle para asegurarse más y diole

cuenta de todo. El le dijo que todo esto no era cosa que tocaba a su

oficio, porque todo lo que veía y entendía siempre la afirmaba más

en la fe católica, que ella siempre estuvo y está firme y con

grandísimos deseos de la honra de Dios y bien de las almas, que

por una se dejara matar muchas veces. Díjole, como la vio tan

fatigada, que escribiese al Maestro Avila, que era vivo, una larga

relación de todo, que era hombre que entendía mucho de oración, y

que con lo que la escribiese, se sosegase. Ella lo hizo así; y él la

escribió asegurándola mucho. Fue de suerte esta relación, que

todos los letrados que la han visto -que eran sus confesores-,

decían era de gran provecho para aviso de cosas espirituales, y

mandáronla que lo trasladase e hiciese otro librillo para sus hijas,

que era priora, adonde las diese algunos avisos.

7. Con todo esto, a tiempos no le faltaban temores, y parecióle que

a gente espiritual también podían estar engañados como ella, que

quería tratar con grandes letrados, aunque no fuesen muy dados a

oración, porque ella no quería sino saber si eran conforme a la

Sagrada Escritura todo lo que tenía. Y algunas veces se consolaba

pareciéndole que, aunque por sus pecados mereciese ser

engañada, que a tantos buenos como deseaban darle luz, que no

permitiría Dios se engañasen.

8. Con este intento comenzó a tratar con padres de Santo Domingo

en estas cosas, que antes que las tuviese muchas veces se

confesaba con ellos. Son éstos los que ha tratado: fray Vicente

Barrón la confesó un año y medio en Toledo, yendo a fundar allí,

que era consultor de la Inquisición y gran letrado; éste la aseguró

mucho. Y todos le decían que como no ofendiese a Dios y se

conociese por ruin, que de qué temía. Con el Maestro fray Domingo

Bañes, -que es consultor del Santo Oficio ahora en Valladolid- me

confesé seis años, y siempre trata con él por cartas, cuando algo de

nuevo se le ha ofrecido. Con el Maestro Chaves. Con el segundo

fue fray Pedro Ibáñez, que era entonces lector en Avila y

grandísimo letrado, y con otro dominico que llaman fray García de

Toledo. Con el P. Maestro fray Bartolomé de Medina, catedrático de

Salamanca, y sabía que estaba muy mal con ella, porque había

oído de estas cosas; y parecióle que éste la diría mejor si iba

engañada, que ninguno (esto ha poco más de dos años), y

procuróse confesar con él, y diole larga relación de todo, lo que allí

estuvo, y procuró que viese lo que había escrito para que

entendiese mejor su vida. El la aseguró tanto y más que todos, y

quedó muy su amigo. También se confesó algún tiempo con el

Padre Maestro Fray Felipe de Meneses que estuvo en Valladolid a

fundar, y era el Prior o Rector de aquel Colegio de San Gregorio, y

habiendo oído estas cosas, la había ido a hablar en Avila con harta

caridad, queriendo saber si estaba engañada, y que si no era razón

no la murmurasen tanto; y se satisfizo mucho. También trató

particularmente con un Provincial de Santo Domingo, llamado

Salinas, hombre muy espiritual y gran siervo de Dios; y con otro

lector que es ahora en Segovia, llamado fray Diego de Yanguas,

harto de agudo ingenio.

9. Otros algunos, que en tantos años y con temor ha habido lugar

para ello, en especial como andaba en tantas partes a fundar,

hanse hecho hartas pruebas, porque todos deseaban acertar a

darla luz, por donde la han asegurado y se han asegurado.

10. Siempre jamás estaba sujeta y lo está a todo lo que tiene la

santa fe católica, y toda su oración y de las casas que ha fundado,

es porque vaya en aumento. Decía ella, que cuando alguna cosa de

éstas la indujera contra lo que es fe católica y la ley de Dios, que no

hubiera menester andar a buscar pruebas, que luego viera era

demonio.

11. Jamás hizo cosa por lo que entendía en la oración, antes si le

decían sus confesores al contrario, lo hacía luego, y siempre daba

parte de todo. Nunca creyó tan determinadamente que era Dios -

con cuanto le decían que sí-, que lo jurara, aunque por los efectos y

las grandes mercedes que le ha hecho en algunas cosas, le parecía

buen espíritu; mas siempre deseaba virtudes, y en esto ha puesto a

sus monjas, diciendo que la más humilde y mortificada sería la más

espiritual.

12. Esto que ha escrito dio al Padre Maestro fray Domingo Bañes,

que está en Valladolid, que es con quien más ha tratado y trata.

Piensa que los habrá presentado al Santo Oficio en Madrid. En todo

ello se sujeta a la corrección de la fe católica y de la Iglesia.

Ninguno la ha puesto culpa, porque son éstas cosas que no están

en mano de nadie, y nuestro Señor no pide lo imposible.

13. Como se ha dado cuenta a tantos por el gran temor que traía,

hanse divulgado mucho estas cosas, que ha sido para ella harto

grandísimo tormento y cruz; dice ella que no por humildad, sino

porque siempre aborrecía estas cosas que decían de mujeres.

Tenía extremo a no se sujetar a quien le parecía que creía era todo

de Dios, porque luego temía los había de engañar a entrambos el

demonio. Como quien veía temeroso, trataba su alma de mejor

gana; aunque también le daba pena con los que del todo

despreciaban estas cosas -era por probarla-, porque le parecían

algunas muy de Dios, y no quisiera, que pues no veían causa las

condenaran determinadamente, tampoco como que creyeran que

todo era de Dios, porque entendía ella muy bien que podía haber

engaño, y por esto jamás le pareció asegurarse del todo en lo que

podía haber peligro. Procuraba lo más que podía en ninguna cosa

ofender a Dios y siempre obedecer; y con estas dos cosas se

pensaba librar, aunque fuese demonio.

14. Desde que tuvo cosas sobrenaturales, siempre se inclinaba su

espíritu a buscar lo más perfecto, y casi ordinario traía grandes

deseos de padecer; y en las persecuciones -que tuvo hartas-, se

hallaba consolada y con amor particular a quien la perseguía. Gran

deseo de pobreza y soledad, y de salir de este destierro por ver a

Dios. Por estos efectos y otros semejantes se comenzó a sosegar,

pareciéndole que espíritu que la dejaba con estas virtudes no sería

malo, y así se lo decían con los que lo trataba, aunque para dejar

de temer no, sino para no andar tan fatigada. Jamás su espíritu la

persuadía a que encubriese nada, sino a que obedeciese siempre.

15. Nunca con los ojos del cuerpo vio nada, como está dicho, sino

con una delicadez y cosa tan intelectual, que algunas veces

pensaba a los principios se le había antojado, otras no lo podía

pensar. Tampoco oyó jamás con los oídos corporales, si no fueron

dos veces, y éstas no entendió cosa de las que decían, ni sabía

quién.

16. Estas cosas no eran continuas, sino en alguna necesidad

algunas veces, como fue una que había estado algunos días con

unos tormentos interiores incomportables y un desasosiego interior

de temor si la traía engañada el demonio, como más largamente

está en aquella Relación, y también están sus pecados, que así han

sido públicos, como estotras cosas, porque el miedo que traía le ha

hecho olvidar su crédito; y estando así con aflicción que no se

puede decir, con sólo entender esta palabra en lo interior; Yo soy,

no tengas miedo, quedaba el alma tan quieta y animosa y confiada,

que no podía entender de dónde le había venido tan gran bien;

pues no había bastado confesor, ni bastaran muchos letrados con

muchas palabras para ponerle aquella paz y quietud que con una

se le había puesto, y así otras veces que con alguna visión

quedaba fortalecida; porque a no ser esto, no pudiera haber pasado

tan grandes trabajos y contradicciones y enfermedades -que han

sido sin cuento-, y pasa, que jamás anda sin algún género de

padecer. Hay más y menos, mas lo ordinario es siempre dolores

con otras hartas enfermedades, aunque después que es monja la

han apretado más.

17. Si en algo sirve al Señor y las mercedes que le hace, pasa de

presto por su memoria, aunque de las mercedes muchas veces se

acuerda, mas no puede detenerse allí mucho, como en los

pecados, que siempre están atormentándola como un cieno de mal

olor. El haber tenido tantos pecados y servido a Dios tan poco, debe

ser causa de no ser tentada de vanagloria.

18. Jamás con cosa de su espíritu tuvo persuasión, ni cosa sino de

toda limpieza y castidad, y sobre todo un gran temor de no ofender

a Dios nuestro Señor y de hacer en todo su voluntad. Esto le

suplica siempre, y a su parecer está tan determinada a no salir de

ella, que no la dirían cosa en que pensase servir más a Dios los que

la tratan -confesores y prelados- que la dejase de poner por obra,

confiada en que el Señor ayuda a los que se determinan por su

servicio y gloria.

19. No se acuerda más de sí, ni de su provecho -en comparación

de esto-, que si no fuese, a cuanto ella puede entender de sí y

entienden sus confesores. Es todo gran verdad lo que va en este

papel, y lo puede probar con ellos vuestra merced, si quiere, y con

todas las personas que la han tratado de veinte años a esta parte.

Muy ordinario la mueve su espíritu a alabanzas de Dios, y querría

que todo el mundo entendiese en esto, aunque a ella le costase

muy mucho. De aquí le viene el deseo del bien de las almas; y de

ver cuán basuras son las cosas exteriores de este mundo y cuán

preciosas las interiores -que no tienen comparación-, ha venido a

tener en poco las cosas de él.

20. La manera de visión que vuestra merced me preguntó es que

no se ve cosa ni interior ni exteriormente, porque no es imaginaria;

mas sin verse nada, entiende el alma quién es, y hacia dónde se le

representa, más claramente que si lo viese, salvo que no se le

representa cosa particular, sino como si una persona sintiese que

está otra cabe ella, y porque estuviese a oscuras no la ve, más

cierto entiende que está allí, salvo que no es comparación ésta

bastante; porque el que está a oscuras, por alguna vía, u oyendo

ruido, o habiendo visto antes la persona, entiende que está allí o la

conoce de antes. Acá no hay nada de eso, sino que sin palabra

exterior ni interior entiende el alma clarísimamente quién es, y hacia

qué parte está, y a las veces lo que quiere significar. Por dónde o

cómo, no lo sabe; mas ello pasa así, y lo que dura no puede

ignorarlo; y cuando se quita, aunque más quiere imaginarlo como

antes, no aprovecha, porque se ve que es imaginación y no

presencia, que ésta no está en su mano; y así son todas las cosas

sobrenaturales. Y de aquí viene no tenerse en nada a quien Dios

hace esta merced, porque ve que es cosa dada y que ella allí ni

puede quitar ni poner; y esto hace quedar con mucha más humildad

y amor de servir siempre a este Señor tan poderoso, que puede

hacer lo que acá no podemos aun entender; como aunque más

letras tengan, hay cosas que no se alcanzan.

Sea bendito el que lo da, amén, para siempre jamás.

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CAPÍTULO 4 b)

Jesús

1. Esta monja ha cuarenta años que tomó el hábito y desde el

primero comenzó a pensar en la Pasión de nuestro Señor por los

misterios algunos ratos del día, y en sus pecados, sin nunca pensar

en cosa que fuese sobrenatural, sino en las criaturas o cosas de

que sacaba cuán presto se acaba todo; en mirar por las criaturas la

grandeza de Dios y el amor que nos tiene; esto le hacía mucha más

gana de servirle (que por el temor nunca fue ni le hacía al caso);

siempre con gran deseo de que fuese alabado y su Iglesia

aumentada; por esto era cuanto rezaba, sin hacer nada por sí, que

le parecía que iba poco en que padeciese en purgatorio a trueque

de que ésta se acrecentase, aunque fuese en muy poquito.

2. En esto pasó como veinte y dos años con grandes sequedades,

que jamás le pasó por pensamiento desear más, porque se tenía

por tal que aun pensar en Dios le parecía no merecía, sino que la

hacía Su Majestad mucha merced en dejarla estar delante de El

rezando, leyendo también en buenos libros.

Habrá como dieciocho años, cuando se comenzó a tratar del primer

monasterio que fundó de descalzas, que fue en Avila (tres años o

dos antes, creo son tres), que comenzó a parecerle que la hablaban

interiormente algunas veces y ver algunas visiones y revelaciones

interiormente con los ojos del alma, que jamás vio cosa con los ojos

corporales ni la oyó. Dos veces le parece que oyó hablar, mas no

entendió ninguna cosa. Era una representación, cuando estas

cosas veía interiormente, que no duraba sino como un relámpago lo

más ordinario, mas quedábasele tan imprimido y con tanto efecto

como si lo viera con los ojos corporales, y más.

3. Ella era entonces tan temerosísima de su natural, que aun de día

no osaba estar sola algunas veces; y como aunque más lo

procuraba no podía excusar esto, andaba afligida muy mucho,

temiendo no fuese engañado del demonio, y comenzólo a tratar con

personas espirituales de la Compañía de Jesús, entre los cuales

fueron: el padre Araoz -que era comisario de la Compañía- que

acertó a ir allí; el padre Francisco, que fue el duque de Gandía, trató

dos veces; y a un provincial, que está ahora en Roma, que es uno

de los cuatro señalados, llamado Gil González; y aun al que ahora

lo es en Castilla, aunque a éste no trató tanto; al padre Baltasar

Alvarez, que es ahora rector en Salamanca y la confesó seis años

en este tiempo; y al rector que es ahora de Cuenca, llamado

Salazar; y al de Segovia, llamado Santander; al rector de Burgos,

que se llama Ripalda, y aun estaba mal con ella de que había oído

estas cosas hasta después que la trató; al doctor Pablo Hernández

en Toledo, que era consultor de la Inquisición; al rector que era de

Salamanca cuando le habló, el doctor Gutiérrez; y a otros padres

algunos de la Compañía, que se entendía ser espirituales, que

como estaba en los lugares que iba a fundar los procuraba.

4. Y al padre fray Pedro de Alcántara, que era un santo varón de los

descalzos de san Francisco, trató mucho y fue el que mucho puso

por que se entendiese que era buen espíritu.

5. Estuvieron más de seis años haciendo hartas pruebas -como

largamente tiene escrito y adelante se dirá- y ella con hartas

lágrimas y aflicciones: mientras más pruebas se hacían, más tenía,

y suspensiones o arrobamientos hartas veces, aunque no sin

sentido.

Hacíanse hartas oraciones y decíanse misas por que el Señor la

llevase por otro camino, porque su temor era grandísimo cuando no

estaba en la oración; aunque en todas las cosas que tocaban a

estar su alma mucho más aprovechada se veía gran diferencia y

ninguna vanagloria ni tentación de ella ni de soberbia, antes

afrentaba mucho y se corría de ver que se entendía, y aunque si no

era a confesores y personas que le habían de dar luz jamás trataba

nada -y a estos sentía más decirlo que si fueran grandes pecados-,

porque le parecía que se reirían de ella y que eran cosas de

mujercillas, que siempre las había aborrecido oír.

6. Habrá como trece años, poco más o menos, después de fundado

San José de Avila -adonde ella ya se había pasado del otro

monasterio- que fue allí el obispo que es ahora de Salamanca, que

era inquisidor (no sé si en Toledo o en Madrid, y lo había sido en

Sevilla) que se llama Soto; ella procuró de hablarle para asegurarse

más y diole cuenta de todo, y él dijo que no era todo cosa que

tocaba a su oficio, porque todo lo que ella veía y entendía, siempre

la afirmaba más en la fe católica, que siempre estuvo y está firme y