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Anécdotas y curiosidades de Juan Pablo II

 

Un interesante conjunto de anécdotas y datos sobre el Sumo Pontífice que nos enseñan sus muchas facetas como ser humano y como Vicario de Cristo.

Por Guido Adolfo Rojas Zamorano

 

• En su infancia sus amigos lo llamaban Lolek, y todavía usan ese diminutivo sus parientes y algunos íntimos suyos de Polonia

 

• De joven mostró un gran interés por el teatro y la literatura polaca

 

• Trabajó arduamente como obrero en una cantera

 

• Es el primer papa polaco, y el primero venido de un país comunista

 

• Cuando gozaba de buena salud fue aficionado al esquí, escalar montañas y montar en canoa de remo

 

• Fue el primero que ha repetido los nombres de sus dos predecesores

 

• Es el primer papa en ser herido de un tiro en la calle

 

• Es el primer pontífice católico en ingresar a un hospital público

 

• Según una encuesta realizada en la diócesis de Indiana (EEUU), lo que más les llama la atención a los feligreses es su sonrisa, la devoción mariana, su dominio de varios idiomas, el perdón concedido al que quiso asesinarlo y su amor a los niños y los pobres

 

• De acuerdo con un estudio efectuado en 22 países de América Latina, España y Portugal a más de 40 mil estudiantes de secundaria; reveló que los jóvenes admiran principalmente a personajes solidarios. Juan Pablo II ocupó el primer lugar y la madre Teresa de Calcuta el segundo

 

• En Navidad, suele obsequiar a algunas amistades, a los cardenales y a todos los trabajadores del Vaticano; una botella de vino y un pan dulce de limón con pasas

 

• Todos los viernes santos va a confesar a la basílica de San Pedro. Bautiza en su capilla privada a los hijos de sus amigos o a los de sus más modestos colaboradores, y casó a una mecanógrafa con un cerrajero

 

• Es el autor de cuatro libros y más de 500 artículos y ensayos

 

• En marzo del 2003, el Vaticano presentó el sexto libro de poemas místicos escritos por el papa, que lleva por título Tríptico Romano

 

• Ha realizado tres exorcismos durante su pontificado, el más conocido fue en 1982, a una joven mujer que se revolcaba en el piso durante la audiencia general en el Vaticano

 

• El 13 de abril de 1986 realizó un gesto histórico al visitar la sinagoga de Roma, situada frente al Vaticano, al otro lado del río Tíber

 

• El 12 de marzo de 2000, pidió perdón por las faltas humanas cometidas en la Iglesia Católica en toda su historia. Haciendo referencia a las cruzadas, la inquisición, la discriminación hacia las mujeres y las etnias

 

• El 6 de mayo del 2001, se convirtió en el primer pontífice romano que ora en una mezquita; la de los Omeyas, en Damasco, Siria.

• En mayo del 2002, se reunió en la plaza de San Pedro con cientos de ex prostitutas durante la audiencia general

 

• En ese mismo mes, después del encuentro ecuménico de oración en Asís, el papa mandó un mensaje a los jefes de estado, invitándolos a adoptar una lista de diez compromisos por la paz mundial

 

• Tras el encuentro de Asís, por primera vez después del cisma entre Oriente y Occidente de 1054, una delegación oficial de la Iglesia Ortodoxa Griega (la más reacia a Roma junto con el patriarcado de Moscú), fue recibida por el papa en el Vaticano

 

• El 16 de octubre del 2002, al celebrar el 24 aniversario de su elección, proclamó en la plaza de San Pedro que cumplirá su misión hasta el final

 

• En agosto del 2002, viajó a su tierra natal Polonia, donde realizó una misa en Cracovia ante más de dos millones de fieles; siendo hasta el momento la más grande de la historia

 

• El 14 de noviembre del 2002 visitó el parlamento italiano, la primera vez que el jefe de la Iglesia Católica lo hacia en 150 años. Su discurso se centró en el terrorismo internacional y la globalización; y fue tan elocuente que al verlo por la televisión el mafioso italiano Benedetto Marciante, capo de la Cosa Nostra y acusado de homicidio y de extorsión, se entregó a la policía romana

 

• A partir de enero del 2003, las meditaciones, pensamientos e inquietudes del papa, pueden ser escuchadas por los fieles a través de los teléfonos móviles en Italia

 

• En junio del 2003, a sus 83 años de edad, completó su viaje número cien al llegar a Croacia

 

• El 19 de julio del 2003, se dio a conocer la noticia que el papa había destinado cerca de ocho millones de dólares para obras de caridad en numerosos países del mundo. La donación se utilizará en proyectos de educación, salud, formación profesional, vivienda, protección de mujeres, niños y ancianos

 

• Una montaña del polo sur llevará el nombre del papa Juan Pablo II, como homenaje a sus 25 años de pontificado.

 

 

Médico del Papa: lo que verdaderamente le sostenía, «la fuerza del Espíritu»

El doctor Proietti atendió a Juan Pablo II en sus últimas semanas

 

ROMA, domingo, 16 abril 2005 (ZENIT.org).- «¿Quién da al Santo Padre la fuerza de combatir tantas pequeñas y grandes batallas contra la enfermedad?»: «la fuerza del Espíritu», se responde el doctor Rodolfo Proietti, quien atendió a Juan Pablo II en sus dos últimos ingresos en el Políclínico Gemelli y estuvo a su lado horas antes de que muriera el 2 de abril.

 

Responsable del Departamento de Urgencias y Admisión del Gemelli de Roma, el doctor Proietti encabezó el equipo médico que atendió al Papa estas dos últimas ocasiones en el Centro sanitario, del 1 al 10 de febrero --cuando fue hospitalizado por gripe-- y del 24 de febrero al 13 de marzo. Profesor de Anestesiología, también se encargó de la anestesia general del Santo Padre cuando fue traqueotomizado el 24 de febrero.

 

«He vivido una experiencia extraordinaria e inmerecida», reconoce el especialista desgranando para la revista «Presenza» --de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma-- «los recuerdos de los dos meses que más han marcado mi vida».

 

«Martes 1 de febrero, el momento de la emergencia. Primer ingreso en el Policlínico “A. Gemelli”: laringoespasmo, obstrucción de las vías respiratorias altas, condición de extrema urgencia. Pocos minutos para decidir la terapia apropiada (…). Debemos vencer cualquier emoción; no es el Papa, es una persona enferma a la que debemos ayudar (…). Se elige el método del trabajo en equipo, como siempre hemos hecho (…). Tras 36 horas el problema agudo está resuelto. Ese día me di cuenta de que tenía colaboradores excepcionales y el apoyo discreto, pero fuerte y afectuoso, de todo el Policlínico y de la Universidad Católica. El jueves 10 de febrero hacia las 19.30 el Papa (…) vuelve al Vaticano».

 

En una entrevista concedida a «Avvenire» tras esa hospitalización, el doctor Proietti confesaba su «inmensa emoción», y «el honor de atender al Santo Padre y, al hacerlo, comprender lo que debe representar cada paciente para el médico y la manera en que el médico debería vivir su misión». «He salido con la conciencia de haber recibido mucho más de lo que he dado», añadía.

 

«Jueves 24 de febrero, segundo ingreso en el Gemelli --prosigue relatando a “Presenza”--. Es el momento de las decisiones difíciles. La traqueotomía se hace indispensable (…). La elección es compartida por todos los médicos del equipo». Y así se lo comunicó el doctor Proietti al Papa, pidiéndole el consentimiento informado.

 

«En aquel momento me doy cuenta más que nunca de que el paciente es un enfermo del todo especial; y advierto sobre mí una enorme responsabilidad. El Santo Padre es informado en los mínimos detalles. Da su consentimiento (“Me confío a la Providencia y a su competencia”) y nos pregunta: “¿Podré volver a hablar?”. Respondo que haremos todo lo posible. Experimenté por muchos días el peso de aquella promesa», confiesa el médico.

 

El viernes 11 de marzo llegaron «momentos de gloria» cuando vieron al Papa «comer –con gusto--» dulces sicilianos. «Y el estupor se hace incredulidad cuando Juan Pablo II exclama, con una gran sonrisa: “Buenos, muy buenos. Gracias, gracias.” En ese momento mi equipo y yo tuvimos la certeza de haber lo grado todos los objetivos terapéuticos inmediatos: el Santo Padre deglute normalmente y es capaz de hablar. Si bien pocas palabras: claras, comprensibles y con buen tono de voz», recuerda el doctor Proietti.

 

Y «de ello tuvimos la confirmación» --apunta-- el 13 de marzo, en el Ángelus, cuando desde la ventana del décimo piso del Gemelli Juan Pablo II se dirigió la mundo entero con su bendición y el saludo: «Queridos hermanos y hermanas, gracias por vuestra visita. Witam Wadowice! (en polaco: “¡Saludo a Wadowice!”). Saludo a los Legionarios de Cristo. A todos feliz domingo y buena semana».

 

Por la tarde volvió al Vaticano, no sin antes dar las gracias a responsables, médicos, religiosas y personal sanitario. También se encontró con un niño ingresado en Oncología pediátrica, bendiciéndole a él y a sus padres. «Cuando llega mi turno me da las gracias tres veces: “Gracias, gracias, gracias”. La fuerza del Espíritu», afirma el doctor Proietti.

 

Y prosigue: «Me pregunto: ¿quién da al Santo Padre la fuerza de reaccionar, de combatir tantas pequeñas y grandes batallas contra la enfermedad, de superar cada crisis? ¿Su fuerte fibra física? ¿La de un cuerpo de 84 años minado por las enfermedades? ¿U otra cosa? En un momento de preocupación, durante los días de ingreso en el Policlínico Gemelli, sor Tobiana [una de las religiosas polacas que atendían al Santo Padre --licenciada en medicina--, ayudando también en el hospital] se acercó diciéndome: “Profesor, el sufrimiento del Santo Padre a veces es de tipo físico, otras veces es de tipo espiritual”».

 

«Pocas palabras, una brecha profunda en la vida del hombre más importante del mundo, y a la vez un mensaje: la fuerza del Espíritu. He aquí lo que verdaderamente sostenía al Santo Padre –afirma el especialista--. Aprendimos a tener en cuenta esa fuerza. Cuántas veces habíamos oído decir: “Tratad a la persona, no la enfermedad sola: tratad a la persona en su totalidad física, psíquica, espiritual”. Juan Pablo II nos mostraba que no es sólo una manera de hablar. Nos indicaba también el camino a seguir: esto es, acordaos de la sacralidad de la vida humana».

 

El viernes 1 de abril el doctor Proietti lo recuerda como «el momento del dolor»: «hace algunas horas había comenzado la última crisis». Informado por el médico personal del Papa --el doctor Renato Buzzonetti-- de las graves condiciones del Santo Padre, el doctor Proietti es invitado a acudir al Vaticano. «Obviamente me precipito», recuerda. En el apartamento papal hay otros médicos.

 

«Entro en la habitación. El Santo Padre reposa; no oso despertarle. Me arrodillo y permanezco en silencio unos minutos. Cuando me levanto, sor Tobiana está a mi lado. Nos estrechamos las manos y apoya su cabeza en mi hombro (…). El dolor es inmenso, no logramos contener el llanto (…). Dirijo una última mirada al Santo Padre. Su rostro está sereno, a pesar de que el cuerpo muestra los signos del martirio provocado por la enfermedad. Vuelvo a pensar que debe ser la fuerza del Espíritu».

 

Un fuerte abrazo de parte del secretario del Papa, monseñor Stanislaw Dziwisz, y sus palabras de «amabilísima amistad» recibió el médico al salir de la habitación. «Pasaron apenas algunas horas cuando (a las 21.37 del 2 de abril) ocurrió lo que ninguno en el mundo jamás habría querido», apunta el doctor Proietti.

 

El lunes 4 de abril rindió su último homenaje a Juan Pablo II en la sala Clementina. Sor Tobiana le saluda. «El Santo Padre --lo sabemos-- está vivo y nosotros nos arrodillamos a rezarle. Pido su ayuda para que me indique el camino. Esta vez soy yo quien dice: “Gracias, Santidad. Gracias, gracias, gracias”», concluye el doctor Proietti.