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FUENTES PARA LA HISTORIA DEL OPUS DEI
Federico M. Requena y
Javier Sesé
Mayo 2002
INTRODUCCIÓN
El Opus Dei es todavía una institución joven en la historia multisecular
de la Iglesia Católica. El 9 de enero de 2002 se cumplió el primer
centenario del nacimiento de su Fundador, el Beato Josemaría Escrivá de
Balaguer, y la institución por él fundada alcanzó tan sólo los setenta y
tres años de vida.
Sin embargo, a pesar de su juventud, la difusión del Opus Dei por
numerosos países de los cinco continentes, la aportación de su espíritu
y su apostolado a la reciente vida de la Iglesia y el influjo de las
iniciativas de sus fieles en el mundo contemporáneo, hacen que el
interés que suscita sea grande. Por eso es cada vez más urgente avanzar
en un correcto y serio conocimiento de su historia.
Actualmente poseemos relevantes biografías del Fundador, otras sobre
algunos de sus fieles, un detallado estudio sobre su itinerario
jurídico, y algunas interesantes aproximaciones teológico-espirituales a
su espíritu. Sin embargo, no se ha publicado, por el momento, una
historia del Opus Dei. Ciertamente hacer esa historia requerirá tiempo y
trabajo; además, y por la misma lógica de su relativamente breve
existencia, la mayoría de las fuentes necesarias para un estudio
histórico de envergadura todavía permanecen inéditas. Sin embargo, no es
despreciable el número de documentos que, de modo disperso, ya están
publicados en algunas obras a las que nos hemos referido anteriormente.
No podemos dejar de agradecer expresamente a la editorial Rialp la
disponibilidad que ha mostrado para que podamos reproducir aquí algunos
de los documentos que se recogen en el segundo volumen de la biografía
del Fundador del Opus Dei, escrita por Andrés Vázquez de Prada y
actualmente en prensa.
Por ello, como modesta contribución a la divulgación de la historia del
Opus Dei, nos ha parecido interesante presentar esta colección o
antología de fuentes. No se ha pretendido, desde luego, realizar una
historia del Opus Dei, pero pensamos que el lector podrá hacerse una
primera idea rigurosa de las grandes líneas de esa historia apoyándose
en sus textos.
Es un trabajo fundamentalmente de selección de fuentes. Hemos primado,
por ello, la presentación de los documentos sobre los sucesos concretos
y de testimonios de primera mano o recuerdos fidedignos de testigos
directos de los acontecimientos. En esta línea hemos dado preferencia a
los textos más originarios y, atendiendo a la reducida extensión del
libro, hemos procurado ofrecer lo más sustancial de cada uno de ellos.
Igualmente se ha buscado que la presentación de cada texto sea breve y
centrada en los datos necesarios para situar correctamente cada
fragmento en su momento histórico y en su contexto. Pretendemos que sean
los textos originales los que hablen por sí mismos. Ciertamente, la
misma selección realizada y el orden y distribución elegidos suponen una
interpretación por nuestra parte, de la que asumimos completamente la
responsabilidad. Igualmente son del todo responsabilidad de los autores
las traducciones que se han hecho de aquellos documentos no redactados
originalmente en castellano.
Los textos se presentan con un esquema básicamente cronológico, pero
teniendo también en cuenta un criterio temático, para facilitar su
lectura y comprensión cuando lo estrictamente cronológico podría llevar
a mezclar y confundir los datos y las ideas.
Hemos procurado equilibrar la información de los distintos periodos,
aunque la misma naturaleza y cantidad de las fuentes lleva a que algunos
acontecimientos estén mejor documentados que otros, o tengan mayor
interés en una antología más bien sucinta como ésta.
De los documentos más extensos, hemos seleccionado los párrafos que nos
han parecido más importantes desde el punto de vista histórico o los que
reflejan, a nuestro juicio, aspectos más básicos e importantes del
espíritu del Opus Dei.
Conviene también aclarar que no se trata de una antología de textos
sobre Josemaría Escrivá, sino sobre el Opus Dei: desde esa óptica -menos
frecuente, por cierto, en los libros de carácter histórico hasta ahora
publicados-, hemos enfocado nuestro trabajo. Sin embargo, no hay que
perder de vista que la mayor parte de la historia de esta joven
institución de la Iglesia ha estado estrechamente ligada a la figura de
su Fundador y que, tras su muerte, el mensaje y el espíritu del Beato
Josemaría no han dejado de vivificar la institución por él fundada.
Esa estrecha relación entre el Opus Dei y su Fundador justifica el
primer capítulo del libro, que hemos titulado como "prehistoria del Opus
Dei", centrado en algunos acontecimientos de la vida del Beato Josemaría
que es necesario conocer para ubicar correctamente la fecha fundacional
del 2 de octubre de 1928, momento en el que empieza la historia del Opus
Dei propiamente dicha.
Proporcionalmente, dedicamos un espacio notablemente mayor a los años
iniciales de esa historia. Nos parece, en efecto, que, aunque las
realizaciones externas fueran casi irrelevantes en esos primeros años y
no existiera todavía una configuración jurídica de la institución, la
naturaleza teológico-espiritual y pastoral del Opus Dei en la Iglesia
posee un núcleo originario ya completo desde el principio, y decisivo
para su desarrollo posterior; rasgos originarios esenciales que conviene
conocer bien en sus primeras fuentes documentales. Esos documentos
muestran, además, que la ausencia de dicha configuración jurídica no
significaba clandestinidad u ocultamiento, sino la conveniencia, tantas
veces expresada por el Fundador, de que la vida fuera por delante de la
norma.
También la misma naturaleza teológica del Opus Dei y de su actuación en
el mundo nos ha llevado a subrayar todo lo relativo a un recto
conocimiento y explicitación de su espíritu, que es, por lo demás, lo
que prima también en las fuentes utilizadas. Otro modo de actuar hubiera
faltado al rigor científico, por lo que implicaría de falta de
conocimiento del sujeto histórico.
El Opus Dei, desde el principio, se entendió a sí mismo como sujeto de
una acción genuinamente espiritual: llevar a personas de toda condición
por caminos de santidad y apostolado en la vida cotidiana. Es la
historia de ese fenómeno espiritual y pastoral la que un estudio
científico debe abordar, a pesar de las dificultades que indudablemente
presenta.
Por otra parte, si el espíritu del Opus Dei va precisamente dirigido a
los cristianos corrientes y busca la santificación de las tareas más
comunes en la vida de tantas mujeres y tantos hombres, sería también un
error científico dejar de lado esa realidad nuclear, aunque por
definición sea poco llamativa, para dedicarse a historiar sucesos
puntuales, alejados de lo más característico del espíritu que hacen vida
y del apostolado que realizan todas esas personas. En particular,
respecto al acento que, en ocasiones, se ha puesto en las supuestas
implicaciones políticas del Opus Dei, particularmente en la España de la
época franquista, la misma historia de nuestro país y del mundo en los
últimos años (con la presencia de fieles del Opus Dei en posturas y
actitudes políticas variadísimas e incluso contrapuestas) ha confirmado
lo que ha sido siempre doctrina del Opus Dei: la legítima y plena
libertad de sus fieles en ese y otros ámbitos de la vida civil, dentro
del amplio marco establecido por la doctrina y la moral de la Iglesia
católica.
Aparece, a su vez, muy acentuada, en nuestra selección, la historia
jurídica del Opus Dei. Esta opción viene exigida por la misma evolución
de los acontecimientos, concretamente por la novedad que supuso este
fenómeno pastoral en la historia de la Iglesia.
La universalidad del Opus Dei es también una característica muy propia
de su ser y queda reflejada en su historia desde muy pronto. Aunque
también como consecuencia de su juventud, su nacimiento y primera
expansión en España, así como algunos acontecimientos posteriores
ocurridos en nuestro país, todavía parezcan destacar mucho en el
conjunto de esa historia que, con el tiempo -como ya se ha comprobado en
los últimos años-, será, también desde un punto de vista efectivo, más
universal. Sea como sea, la historia de la labor apostólica del Opus Dei
en los distintos países, o también en distintos ámbitos de la vida
corriente de los hombres, es otro campo de trabajo apenas incoado.
En definitiva, estamos ante una primera y parcial aproximación a la
documentación disponible de una institución joven, viva y en continua
expansión, con todos los riesgos y dificultades que un estudio
científico de un objeto de esas características comporta. Pero su
indudable interés y atractivo para la historia, la teología y otras
ramas del saber, invita a ir ya dando pasos en ese estudio, aunque sean
tan introductorios y provisionales como el que aquí presentamos.
Los Autores
Capítulo 1: PREHISTORIA DE LA FUNDACIÓN DEL OPUS DEI (1917-1928)
El Opus Dei fue fundado por Josemaría Escrivá de Balaguer el 2 de
octubre de 1928. En ese momento Josemaría era un joven sacerdote de 26
años. Hasta esa fecha no hay historia propiamente dicha del Opus Dei.
Hay una prehistoria que se identifica con la biografía de su Fundador y
que tiene diversos hitos: los "barruntos", o el descubrimiento, en torno
a los quince años, de que Dios le pide algo; la decisión consiguiente de
hacerse sacerdote, por entender que era el mejor modo de disponerse a
cumplir la voluntad de Dios, y la oración incesante, la mortificación y
el estudio para conocer ese "algo"… Esta prehistoria finalizó en Madrid
en 1928.
Los "Barruntos"
Varios textos de carácter autobiográfico del Beato Josemaría Escrivá,
tomados de sus "Apuntes íntimos" o de sus recuerdos posteriores,
sintetizan este periodo. Los "Apuntes íntimos", recogidos con frecuencia
en estos primeros apartados, son textos originales del Fundador del Opus
Dei en los que se reflejan muchos aspectos de su vida espiritual y de
los primeros pasos de su labor apostólica. Los Apuntes íntimos fueron
escritos, en su casi totalidad, al hilo de los acontecimientos, entre
1930 y 1940.
Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una meditación, 19-III-1975
Comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía
algo grande y que fuese amor (...). Yo no sabía lo que Dios quería de
mí, pero era, evidentemente, una elección. Ya vendría lo que fuera... De
paso me daba cuenta de que no servía, y hacía esa letanía, que no es de
falsa humildad, sino de conocimiento propio: no valgo nada, no tengo
nada, no puedo nada, no soy nada, no sé nada....
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 290 (IX-1931)
Quería Jesús, indudablemente, que clamara yo desde mis tinieblas, como
el ciego del Evangelio. Y clamé durante años, sin saber lo que pedía. Y
grité muchas veces la oración "ut sit!" [¡qué sea!], que parece pedir un
nuevo ser.
Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una meditación, 14-II-1964
Me hizo nacer en un hogar cristiano, como suelen ser los de mi país, de
padres ejemplares que practicaban y vivían su fe, dejándome en libertad
muy grande desde chico, vigilándome al mismo tiempo con atención.
Trataban de darme una formación cristiana, (...)
Todo normal, todo corriente, y pasaban los años. Yo nunca pensé en
hacerme sacerdote, nunca pensé en dedicarme a Dios. No se me había
presentado el problema porque creía que eso no era para mí. Pero el
Señor iba preparando las cosas, me iba dando una gracia tras otra,
pasando por alto mis defectos, mis errores de niño y mis errores de
adolescente. (...)
Pasó el tiempo y vinieron las primeras manifestaciones del Señor: aquel
barruntar que quería algo, algo (...) Acuden a mi pensamiento tantas
manifestaciones del Amor de Dios. El Señor me fue preparando a pesar
mío, con cosas aparentemente inocentes, de las que se valía para meter
en mi alma esa inquietud divina. Por eso he entendido muy bien aquel
amor tan humano y tan divino de Teresa del Niño Jesús, que se conmueve
cuando por las páginas de un libro asoma una estampa con la mano herida
del Redentor. También a mí me han sucedido cosas de este estilo, que me
removieron y me llevaron a la comunión diaria, a la purificación, a la
confesión... y a la penitencia. (...)
Dios nustro Señor, de aquella pobre criatura que no se dejaba trabajar,
quería hacer la primera piedra de esta nueva arca de la Alianza, a la
que vendrían gentes de muchas naciones, de muchas razas, de todas las
lenguas. (...)
Eran hachazos que Dios Nuestro Señor daba para preparar -de ese árbol-
la viga que iba a servir, a pesar de ella misma, para hacer su Obra. Yo,
casi sin darme cuenta, repetía: Domine, ut videam! Domine, ut sit!
[¡Señor qué vea! ¡Señor qué sea!] No sabía lo que era, pero seguía
adelante, adelante, sin corresponder a la bondad de Dios, pero esperando
lo que más tarde habría de recibir: una colección de gracias, una detrás
de otra, que no sabía cómo calificar y que llamaba operativas, porque de
tal manera dominaban mi voluntad que casi no tenía que hacer esfuerzo.
Adelante, sin cosas raras, trabajando sólo con mediana intensidad.
Fueron los años de Zaragoza.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1637
(4-X-1932)
Mi Madre del Carmen me empujó al sacerdocio. Yo, Señora, hasta cumplidos
los dieciséis años, me hubiera reído de quien dijera que iba a vestir
sotana. Fue de repente, a la vista de unos religiosos Carmelitas,
descalzos sobre la nieve…
Seminarista y Sacerdote
Josemaría Escrivá decidió hacerse sacerdote. Dos años estudió en el
seminario de Logroño y cinco en Zaragoza. Durante su estancia en
Zaragoza realizó, además, los estudios de Derecho en la Universidad
civil. En 1925 recibió la ordenación sacerdotal. La importancia, en la
prehistoria del Opus Dei, de su experiencia como formador en el
seminario y el conocimiento de la juventud del momento, así como de sus
primeras experiencias pastorales como sacerdote en ambientes rurales, se
reflejan en la siguiente síntesis que hizo el Rector de su Seminario.
Testimonio de Don José López Sierra, Rector del Seminario de San
Francisco de Paula (1920-1925), dado en Zaragoza, 26-I-1948
D. José María Escrivá de Balaguer. Difícil empresa detallar su vida de
seminarista: ingresó a cursar Sagrada Teología en concepto de alumno
interno, procedente del Instituto de Logroño, cuna de su formación
científica, en el Seminario de S. Francisco de Paula, anejo al de S.
Carlos, de Zaragoza, siendo su Sr. Arzobispo el Emmo Sr. Cardenal
Soldevila y su Rector el que suscribe estas líneas: empero no tan
difícil describir algunos rasgos salientes de ella, en la que predomina
su inclinación al apostolado, su predilección por los jóvenes: su obrita
"Camino" lo evidencia ¿a quién sino a ellos va dirigida?
Seminarista primero, se distingue entre los de su clase por su esmerada
Educación, afable y sencillo de trato, notoria modestia, respetuoso para
con sus superiores, complaciente y bondadoso con sus compañeros, era muy
estimado de los primeros, y admirado de los segundos. Eminentes
cualidades precursoras de su fecundo apostolado.
Director de seminaristas más tarde, distinción que le otorgó el Emmo.
Sr. Cardenal, aun antes de recibir las Órdenes Sagradas, en atención a
su ejemplar conducta, no menos que a su aplicación, pues simultaneaba
con la carrera de Leyes poco a poco se va revelando el incipiente
Apóstol para cuyo ministerio le iba previniendo el Cielo con bendiciones
de dulzura.
Forjador de jóvenes aspirantes al sacerdocio, no era de admirar fuese
más adelante forjador de jóvenes seglares: bien los conocía, con ellos
había convivido en las aulas del Instituto y de la Universidad, y eso no
obstante, observa un vacío en la formación religiosa de estos jóvenes
intelectuales, las instituciones existentes no son adecuadas para
albergar en su seno a estos jóvenes de los tiempos modernos, es
necesaria una nueva institución, que los acoja. Varias veces me habló
sobre el particular con motivo de un reglamento anónimo, que por
casualidad llegó a nuestras manos, y hoy puedo decir que
providencialmente, pues la Providencia disponit omnia suaviter.
En el Seminario pues, se inicia su gran obra, que está llenando de
asombro no a la España Católica, sino al mismo centro de la Catolicidad,
a la misma Roma, donde hoy cuenta con alguna Casa la Institución; sí, en
nuestro Seminario de Zaragoza se halla como en germen el Opus Dei, esa
gran obra de Dios, que había de producir óptimos frutos; fuera del
Seminario se consuma.
Su lema era ganar todos para Cristo, que todos fueran uno en Cristo, y
sí que lo consiguió con su correcto proceder: no era partidario de
castigos, siempre dulce y compasivo, su mera presencia siempre atrayente
y simpática contenía a los más indisciplinados, una sencilla sonrisa,
acogedora, asomaba por sus labios, cuando observaba en sus seminaristas
algún acto edificante, sin embargo una mirada discreta, penetrante,
triste a veces, y muy compasiva, reprimía a los más díscolos. Con esta
sencillez y suavidad encantadora iba formando a sus jóvenes
seminaristas.
Se ordena de sacerdote y se prepara para celebrar su primera Misa, a la
manera que el sol, conforme crece el día, va aumentando su luz y calor
así el impulso que siente hacia el Apostolado de los jóvenes va en
aumento. (…)
Sacerdote, la sed del Apostolado le devora: es muy pequeño el campo de
las parroquias que regenta en este Arzobispado de Zaragoza, para su
Obra: la Providencia, no sin haber pasado antes por grandes
tribulaciones, le lleva a más dilatado campo, al populoso Madrid, donde
se siente más necesidad de implantarla a causa de la corrupción de
muchos jóvenes. Este su campo: parece resonar en sus oídos la sentencia
del Divino Maestro "La mies es mucha, pocos los operarios". El forjador
de seminaristas anhela ser forjador de jóvenes seglares. Es su
ministerio predilecto. Confiesa, da ejercicios, ora, publica varios
escritos, siempre con la mira puesta en los jóvenes, que son las niñas
de sus ojos. Por causas ajenas a mi voluntad siento no poder fijar
fechas, nueva tribulación para mí. Dar detalles de sus trabajos en
Madrid incumbe a los hijos de tan buen padre.
Traslado de Zaragoza a Madrid (1927)
El 19 de abril de 1927, D. Josemaría Escrivá se trasladó a vivir a
Madrid. Desde junio fue Capellán del Patronato de Enfermos. El contacto
del beato Josemaría con la obra apostólica de Doña Luz Rodríguez
Casanova fue de una trascendencia muy particular. Por un lado, le
permitió afianzar sus primeros pasos para establecerse en Madrid. Al
mismo tiempo, supuso un cúmulo de experiencias pastorales que jugaron un
papel indiscutible en la forja de la personalidad sacerdotal del beato
Josemaría y que él siempre consideró parte de la prehistoria del Opus
Dei. El Patronato de Enfermos era un centro asistencial para gente
pobre. Desde el Patronato se dirigían escuelas, comedores, centros
sanitarios, capillas y catequesis esparcidas por todo Madrid y la
periferia de sus barrios. Las Damas Apostólicas disponían en Madrid de
58 escuelas, con un total de 14.000 niños. Repartidas por Madrid había
unas seis o siete iglesias o capillas que también dependían de ellas. Al
mismo tiempo, Don Josemaría debía mantener a su familia, por lo que daba
clases de Derecho en la Academia Cicuéndez.
Instancia de Don Josemaría dirigida al Ilmo. Sr. Vicario General de la
Diócesis de Madrid-Alcalá (1927)
Dn. José Mª Escrivá y Albás —de la Diócesis de Zaragoza —con permiso de
su Ordinario expedido el 17 de marzo de 1927 —deseando permanecer en
esta Corte, calle de Larra, Casa Sacerdotal, número 3 —por tiempo de dos
años —suplica a S.S. Ilma. se digne concederle la oportuna autorización
para poder celebrar el Santo Sacrificio de la Misa en la iglesia del
Patronato de enfermos.
Dios guarde a S.S. Ilma. muchos años.
Madrid 10 de junio de 1927.
Testimonio de la Dama Apostólica Asunción Muñoz González (1894-1984),
dado en Daimiel 25-VIII-1975
Asunción Muñoz González, nacida en Hornacho (Badajoz), fue una de las
diez primeras religiosas de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón.
En 1929 fue nombrada Maestra de Novicias del recién inaugurado Noviciado
de Chamartín de la Rosa. Conoció a Josemaría Escrivá en el Patronato de
Enfermos y le trató hasta 1931, año en que dejó de ser capellán de esa
Institución.
El Capellán del Patronato de Enfermos era el que cuidaba de los actos de
culto de la Casa: decía Misa diariamente, hacía la Exposición del
Santísimo y dirigía el rezo del Rosario. No tenía, por razón de su
cargo, que ocuparse de atender la extraordinaria labor que se hacía
desde el Patronato entre los pobres y enfermos -en general, con los
necesitados- del Madrid de entonces. Sin embargo, D. Josemaría aprovechó
la circunstancia de su nombramiento como Capellán, para darse
generosamente, sacrificada y desinteresadamente a un ingente número de
pobres y enfermos que se ponían al alcance de su corazón sacerdotal. De
esta manera, cuando teníamos un enfermo difícil, que se resistía a
recibir los Sacramentos, que se nos iba a morir lejos de la Gracia, se
lo confiábamos a D. Josemaría en la seguridad de que estaría atendido y
de que, en la mayoría de los casos, se ganaría su voluntad y le abriría
las puertas del cielo. No recuerdo un sólo caso en el que fracasáramos
en nuestro intento.
Yo era una de las más jóvenes de la Fundación y tenía más resistencia
para actuar de día o de noche. A cualquier hora. Por eso estaba dedicada
especialmente a estos enfermos. Y siempre, nos acompañaba don Josemaría.
Ibamos en algún coche que nos prestaban algunas familias y nos
acercábamos a las casas humildes de estos enfermos. Había, muchas veces,
que legalizar su situación, casarlas, solucionar problemas sociales y
morales urgentes. Ayudarles en muchos aspectos. Don Josemaría se ocupaba
de todo, a cualquier hora, con constancia, con dedicación, sin la menor
prisa, como quien está cumpliendo su vocación, su sagrado ministerio de
amor.
Así, con don Josemaría, teníamos asegurada la asistencia en todo
momento. Les administraba los Sacramentos y no teníamos que molestar a
la Parroquia a horas intempestivas. Nosotros nos encargábamos de todo.
¡Cuántas veces he dialogado con él acerca de un alma que habíamos de
salvar, de un paciente que necesitábamos convencer! Yo le pedía consejo
acerca de lo que habíamos de decir o hacer. Y el iba todas las tardes a
ver a alguno de ellos puesto que los enfermos para él eran un tesoro:
los llevaba en el corazón.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 178 (20-III-1931)
Llegué a casa del enfermo. Con mi santa y apostólica desvergüenza, envié
fuera a la mujer y me quedé a solas con el pobre hombre. "Padre, esas
señoras del Patronato son unas latosas, impertinentes. Sobre todo una de
ellas"... (lo decía por Pilar, ¡que es canonizable!) Tiene Vd. razón, le
dije. Y callé, para que siguiera hablando el enfermo. "Me ha dicho que
me confiese..., porque me muero: ¡me moriré, pero no me confieso!"
Entonces yo: hasta ahora no le he hablado de confesión, pero, dígame:
¿por qué no quiere confesarse? "A los diecisiete años hice juramento de
no confesarme y lo he cumplido". Así dijo. Y me dijo también que ni al
casarse —tenía unos cincuenta años el hombre— se había confesado... Al
cuarto de hora escaso de hablar todo esto, lloraba confesándose.
Capítulo 2: LA FUNDACIÓN DEL OPUS DEI (1928-1930)
2 de octubre de 1928
El 30 de septiembre de 1928 don Josemaría se dirigió a la Residencia de
los misioneros de San Vicente de Paul, para participar en unos
ejercicios espirituales que durarían hasta el 6 de octubre. El segundo
día de ese retiro espiritual, el martes 2 de octubre, después de haber
celebrado la Misa y recogido en su habitación, mientras releía y
meditaba las anotaciones que había ido recogiendo en los últimos diez
años, "vio" el Opus Dei: recibió una inspiración de Dios que le
ilustraba con claridad sobre lo que debía ser el Opus Dei, su
naturaleza, su espíritu y su apostolado.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 306
(2-X-1931)
Recibí la iluminación sobre toda la Obra, mientras leía aquellos
papeles. Conmovido me arrodillé -estaba solo en mi cuarto, entre plática
y plática- di gracias al Señor, y recuerdo con emoción el tocar de las
campanas de la parroquia de N. Sra. de los Ángeles. (…) recopilé con
alguna unidad las notas sueltas, que hasta entonces venía tomando. (…)
Desde aquel día el borrico sarnoso se dio cuenta de la hermosa y pesada
carga que el Señor, en su bondad inexplicable, había puesto sobre sus
espaldas. Ese día el Señor fundó su Obra.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 993 (30-IV-1933)
Consideraba yo por la calle, ayer tarde, que Madrid ha sido mi Damasco,
porque aquí se han caído las escamas de los ojos de mi alma (...) y aquí
he recibido mi misión.
Recuerdos del Beato Josemaría en una Meditación, 14-II-1964
(…) Y llegó el 2 de octubre de 1928. Yo hacía unos días de retiro,
porque había que hacerlos, y fue entonces cuando vino al mundo el Opus
Dei. Aún resuenan en mis oídos las campanas de la iglesia de Nuestra
Señora de los Ángeles, festejando a su Patrona. El Señor "ludens... omni
tempore, ludens in orbe terrarum" (Prov 8, 30-31), que juega con
nosotros como un padre con sus niños pequeños, aunque ya no seamos
criaturas de poca edad, viendo mi resistencia y aquel trabajo entusiasta
y débil a la vez, me dio la aparente humildad de pensar que podría haber
en el mundo cosas que no se diferenciaran de lo que Él me pedía. Era una
cobardía poco razonable; era la cobardía de la comodidad, y la prueba de
que a mí no me interesaba ser fundador de nada...
14 de febrero de 1930
Junto a la fecha del 2 de octubre de 1928, el beato Josemaría siempre
añadió la del 14 de febrero de 1930 como fecha fundacional. Fue el
momento en el que Dios le dejó claro que las mujeres también deberían
formar parte del Opus Dei.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1871 (14-VI-1948)
El 14 de febrero de 1930, celebraba yo la misa en la capillita de la
vieja marquesa de Onteiro, madre de Luz Casanova, a la que yo atendía
espiritualmente, mientras era Capellán del Patronato. Dentro de la Misa,
inmediatamente después de la Comunión, ¡toda la Obra femenina! No puedo
decir que vi, pero sí que intelectualmente, con detalle (después yo
añadí otras cosas, al desarrollar la visión intelectual), cogí lo que
había de ser la Sección femenina del Opus Dei. Di gracias, y a su tiempo
me fui al confesonario del P. Sánchez. Me oyó y me dijo: esto es tan de
Dios como lo demás.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1872 (14-VI-1948)
Anoté, en mis Catalinas, el suceso y la fecha: 14 feb. 1930. Después me
olvidé de la fecha, y dejé pasar el tiempo, sin que nunca más se me
ocurriera pensar con mi falsa humildad (espíritu de comodidad, era:
miedo a la lucha) en ser soldadito de filas: era preciso fundar, sin
duda alguna.
La "Obra de Dios" (1930)
Sobre el origen del nombre "Opus Dei", contamos con varias reflexiones
del mismo Josemaría Escrivá. El P. Sánchez, que está presente en alguno
de los siguientes textos como la persona que ayudó al Fundador a
"descubrir" el nombre "Opus Dei", que ya aparecía sus escritos, es el
jesuita Valentín Sánchez Ruiz, su confesor desde 1930.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 126 (9-XII-1930)
La Obra de Dios: hoy me preguntaba yo, ¿por qué la llamamos así? Y voy a
contestarme por escrito (...). Y el p. Sánchez, en su conversación,
refiriéndose a la familia nonnata de la Obra, la llamó "la Obra de
Dios". Entonces -y sólo entonces- me di cuenta de que, en las cuartillas
nombradas, se la denominaba así. Y ese nombre (¡¡La Obra de Dios!!), que
parece un atrevimiento, una audacia, casi una inconveniencia, quiso el
Señor que se escribiera la primera vez, sin que yo supiera lo que
escribía; y quiso el Señor ponerlo en labios del buen padre Sánchez,
para que no cupiera duda de que Él manda que su Obra se nombre así: La
Obra de Dios.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1867 (14-VI-1948)
Yo no puse a la Obra ningún nombre. Hubiera deseado, de ser posible -no
lo era-, que no hubiera tenido nombre, ni personalidad jurídica (...).
Mientras, llamábamos a nuestra labor sencillamente así: "La Obra".
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1868 (14-VI-1948)
Pero volvamos al nombre de nuestra Obra. Un día fui a charlar con el P.
Sánchez, en un locutorio de la residencia de la Flor. Le hablé de mis
cosas personales (sólo le hablaba de la Obra en cuanto tenía relación
con mi alma), y el buen padre Sánchez al final me preguntó: "¿cómo va
esa Obra de Dios?" Ya en la calle, comencé a pensar: "Obra de Dios. ¡Opus
Dei! Opus, operatio..., trabajo de Dios. ¡Este es el nombre que
buscaba!" Y en lo sucesivo se llamó siempre Opus Dei.
Testimonio de Laureano Castán Lacoma, (1978)
Mons. Laureano Castán Lacoma, que fue obispo de Sigüenza-Guadalajara,
conoció a don Josemaría en el año 1926 en el pueblo de Fonz (Huesca),
donde la familia Escrivá solía ir durante los veranos.
En alguna de aquellas ocasiones, entre los años 1929 y 1932, dimos
varios paseos, a solas, conversando largamente (…). Me habló de la
fundación que el Señor le pedía llamándola la Obra de Dios. Aunque decía
que estaba trabajando para realizarla, me hablaba de todo como si fuese
una cosa ya hecha: tal era la claridad con la que –ayudado por la gracia
de Dios- la veía proyectada en el futuro.
Otras luces fundacionales: la filiación divina
A lo largo de 1930 y 1931, Josemaría Escrivá fue recibiendo nuevas
"luces" divinas que completaban o perfilaban aspectos esenciales del
espíritu del Opus Dei. Más en concreto: el 7 de agosto de 1931, recibió
una nueva luz que recalcaba el alcance que el trabajo profesional tiene
dentro del espíritu del Opus Dei, como fuente de santificación y
apostolado; durante los meses de septiembre y octubre de 1931, tuvieron
lugar unas experiencias espirituales de gran intensidad que le llevaron
a profundizar en la conciencia de la filiación divina, es decir, de su
condición de hijo de Dios.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, nn. 217-218
(7-VIII-1931)
7 de agosto de 1931: Hoy celebra esta diócesis la fiesta de la
Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. -Al encomendar mis
intenciones en la Santa Misa, me di cuenta del cambio interior que ha
hecho Dios en mí, durante estos años de residencia en la exCorte... Y
eso, a pesar de mí mismo: sin mi cooperación, puedo decir. Creo que
renové el propósito de dirigir mi vida entera al cumplimiento de la
Voluntad divina: la Obra de Dios. (Propósito que, en este instante,
renuevo también con toda mi alma). Llegó la hora de la Consagración: en
el momento de alzar la Sagrada Hostia, sin perder el debido
recogimiento, sin distraerme -acababa de hacer in mente la ofrenda del
Amor Misericordioso-, vino a mi pensamiento, con fuerza y claridad
extraordinarias, aquello de la Escritura: "et si exaltatus fuero a terra,
omnia traham ad me ipsum" (Jn 12, 32). [Y yo, cuando sea levantado sobre
la tierra, atraeré a todos hacia mí] Ordinariamente, ante lo
sobrenatural, tengo miedo. Después viene el ne timeas!, soy Yo. Y
comprendí que serán los hombres y mujeres de Dios, quienes levantarán la
Cruz con las doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad
humana... Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas.
A pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad es la
verdad..., sin garabato), querría escribir unos libros de fuego, que
corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en
los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para
ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, nn. 296 (22-IX-1931)
y 334 (17-X-1931)
Estuve considerando las bondades de Dios conmigo y, lleno de gozo
interior, hubiera gritado por la calle, para que todo el mundo se
enterara de mi agradecimiento filial: ¡Padre, Padre! Y -si no gritando-
por lo bajo, anduve llamándole así (¡Padre!) muchas veces, seguro de
agradarle. (...)
Día de Santa Eduvigis 1931: Quise hacer oración, después de la Misa, en
la quietud de mi iglesia. No lo conseguí. En Atocha, compré un periódico
(el A.B.C.) y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he
podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de
afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa.
Esto que hago, esta nota, realmente, es una continuación, sólo
interrumpida para cambiar dos palabras con los míos -que no saben hablar
más que de la cuestión religiosa- y para besar muchas veces a mi Virgen
de los Besos y a nuestro Niño.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 476 (13-XII-1931)
Ayer almorcé en casa de los Guevara. Estando allí, sin hacer oración, me
encontré -como otras veces- diciendo: "Inter medium montium
pertransibunt aquae" (Sal 104, 10). Creo que, en estos días, he tenido
otras veces en mi boca esas palabras, porque sí, pero no les di
importancia. Ayer las dije con tanto relieve, que sentí la coacción de
anotarlas: las entendí: son la promesa de que la Obra de Dios vencerá
los obstáculos, pasando las aguas de su Apostolado a través de todos los
inconvenientes que han de presentarse.
Carta 9-I-1959, n. 60
Este rasgo típico de nuestro espíritu nació con la Obra, y en 1931 tomó
forma: en momentos humanamente difíciles, en los que tenía sin embargo
la seguridad de lo imposible -de lo que contempláis hecho realidad-,
sentí la acción del Señor que hacía germinar en mi corazón y en mis
labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna
invocación: Abba, Pater! Estaba yo en la calle, en un tranvía (…)
Probablemente hice aquella oración en voz alta.
Y anduve por las calles de Madrid, quizá una hora, quizá dos, no lo
puedo decir, el tiempo se pasó sin sentirlo. Me debieron tomar por loco.
Estuve contemplando con luces que no eran mías esa asombrosa verdad, que
quedó encendida como una brasa en mi alma, para no apagarse nunca.
Capítulo 3: PRIMEROS DESARROLLOS DE LA LABOR DEL OPUS DEI (1930-1936)
Buscando a los primeros fieles del Opus Dei
Terminado el retiro en el que recibió las luces fundacionales sobre el
Opus Dei, don Josemaría se reincorporó a las tareas del Patronato de
Enfermos, a sus estudios y clases, y a sus numerosas actividades; pero
inmediatamente también se puso a buscar personas con las que iniciar la
nueva labor que Dios le había encomendado, y que pasó a ser
decisivamente prioritaria en su corazón, su cabeza y su actividad. Poco
a poco fue ampliando el campo de su labor: hombres y mujeres,
estudiantes, obreros, sacerdotes, enfermos…
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 184 (25-III-1931)
Hoy, día 25, fiesta de la Anunciación de nuestra Señora, con mi
"apostólica" frescura (¡audacia!), me he dirigido a un joven, que
comulga a diario en mi iglesia, con mucha piedad y recogimiento, y
-acababa él de recibir al buen Jesús- "oiga -le he dicho- ¿tiene la
caridad de pedir un poco por una intención espiritual de gloria de
Dios?" "Sí Padre" -ha contestado- ¡y aún me dio las gracias! Mi
intención era que él, tan fervoroso, sea escogido por Dios para Apóstol,
en su Obra. Ya otras veces, al verle desde mi confesionario, le
encomendé lo mismo al Ángel de su Guarda.
Testimonio de D. Pedro Rocamora Valls
D. Pedro Rocamora Valls, abogado y periodista, fue uno de los primeros
jóvenes que entró en contacto con D. Josemaría en el año 1928. Ha dejado
un extenso relato de los recuerdos que conserva de la actividad del
Beato Josemaría en esa época.
Conocí a D. Josemaría Escrivá de Balaguer en el año 1928. Me lo presentó
un joven estudiante de Arquitectura, José Romeo Rivera, que era de
Zaragoza, y que había conocido al Padre en la capital aragonesa. Creo
que el motivo fue una Asamblea Nacional de la Confederación de
Estudiantes Católicos. Yo era entonces Presidente de la Casa del
Estudiante, y a partir de ese primer contacto con el Padre, nuestra
amistad se hizo auténtica y profunda.
En aquellos momentos de mi juventud, Josemaría tenía en toda su plenitud
esas dotes o cualidades temperamentales que habían de cualificar su
personalidad a través de los años. En primer lugar, una simpatía
arrolladora, que se sumaba a algo más profundo: era imposible conocerle
y no sentirse atraído por el influjo de su espíritu.
En la Confederación de Estudiantes Católicos un gran número de amigos y
compañeros míos habían ingresado en la Compañía de Jesús: Pepe Martín
Sánchez, Tomás Morales, Granda. No recuerdo la fecha. Debía ser entre
finales del 28 y principios del año 29. Algunos jóvenes de nuestro grupo
nos creíamos al borde de la vocación sacerdotal. Reconozco que las dudas
de esa vocación me acompañaron durante varios años de mí juventud. Ello
hacía que mis conversaciones con el joven sacerdote que acababa de
conocer, acrecentaran nuestra amistad, dando a ésta una indudable
dimensión sobrenatural.
Por aquellos días, D. Josemaría estaba escribiendo en un cuaderno, unas
ideas que me atrevería a llamar fundacionales. El cuaderno en que habla
empezado a escribir sus pensamientos no tenía la cruz en la tapa sino
dentro, en un ángulo de la primera página. Era una cruz formada por
cuatro flechas disparadas hacia los cuatro puntos cardinales. No había
copia, que yo sepa, de aquél cuaderno. Estaba escrito a mano, de su puño
y letra. Lo llevaba consigo. A veces en un quiosco de la Castellana que
había cerca de la esquina de la calle de Riscal, donde íbamos algunas
tardes al anochecer nos leía páginas enteras a veces tan solo dos o tres
pensamientos.
Reconozco que a mí me parecieron ideas demasiado ambiciosas. El Padre
las formulaba con una sencillez y una seguridad que asombraban. Yo
pensaba en la fuerza que tenían las Ordenes religiosas, con largos
siglos de existencia, y me parecía casi imposible que las ideas de aquel
sacerdote aragonés, a pesar de su bondad y de su virtud, pudieran un día
realizarse. (…)
Había asumido tal empresa como el que sabe que tiene que cumplir una
especie de sino determinado en su vida. Y el Padre -todos lo veíamos- no
tenía ningún apoyo humano, ni ningún poder. Era sencillamente un
sacerdote que no contaba con ayudas oficiales de ningún género. (…)
Pero, ¿tú crees que eso es posible?- le decía yo.
Y é1 me contestaba: - Mira, esto no es una invención mía es una voz de
Dios-.
Y, fiel a esa voz, aquél sacerdote, pobre, humilde, sencillo y
desconocido se entregaba con su alma y con su vida a un empeño
gigantesco, alentado sólo por una fuerza sobrenatural que le impulsaba
poderosamente.
Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una Meditación, 2-X-1962
Desde ese momento no tuve ya tranquilidad alguna, y empecé a trabajar,
de mala gana, porque me resistía a meterme a fundar nada; pero comencé a
trabajar, a moverme, a hacer: a poner los fundamentos.
Me puse a trabajar, y no era fácil: se escapaban las almas como se
escapan las anguilas en el agua. Además, había la incomprensión más
brutal: porque lo que hoy ya es doctrina corriente en el mundo, entonces
no lo era. Y si alguno afirma lo contrario, desconoce la verdad.
Tenía yo veintiséis años -repito-, la gracia de Dios y buen humor: nada
más. Pero así como los hombres escriben con la pluma, el Señor escribe
con la pata de la mesa, para que se vea que es Él el que escribe: eso es
lo increíble, eso es lo maravilloso. Había que crear toda la doctrina
teológica y ascética, y toda la doctrina jurídica. Me encontré con una
solución de continuidad de siglos: no había nada. La Obra entera, a los
ojos humanos, era un disparatón. Por eso, algunos decían que yo estaba
loco y que era un hereje, y tantas cosas más. El Señor dispuso los
acontecimeintos para que yo no contara ni con un céntimo, para que
también así se viera que era El.
La Capellanía de Santa Isabel
Durante los últimos meses de 1931 don Josemaría Escrivá dejó el
Patronato de Enfermos para poder dedicarse con más intensidad a la tarea
apostólica que Dios le pedía. Sin embargo, no dejó de atender con gran
generosidad a numerosos enfermos, manteniendo siempre un directo
contacto con el mundo de la pobreza y el dolor, que siempre consideró
providencial para los primeros pasos del Opus Dei. También a fines de
1931, fue nombrado capellán del patronato de Santa Isabel. Tiempo
después, y a petición de las mismas religiosas de Santa Isabel, don
Josemaría fue nombrado Rector del Patronato de Santa Isabel.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 207 (15-VII-1931)
Voy a dejar el Patronato. Lo dejo con pena y con alegría. Con pena,
porque después de cuatro años largos de trabajo en la Obra Apostólica,
poniendo el alma en ella cada día, bien puedo asegurar que tengo metido
en esa casa Apostólica una buena parte de mi corazón... Y el corazón no
es una piltrafa despreciable para tirarlo por ahí de cualquier manera.
Con pena también, porque otro sacerdote, en mi caso, durante estos años,
se habría hecho santo. Y yo, en cambio,... Con alegría, porque ¡no puedo
más! Estoy convencido de que Dios ya no me quiere en esa Obra: allí me
aniquilo, me anulo. Esto fisiológicamente: a ese paso, llegaría a
enfermar y, desde luego, a ser incapaz de trabajo intelectual.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 225 (13-VIII-1931)
Estos días las monjitas de Santa Isabel -del que fue Patronato Real-
tratan de conseguir mi nombramiento como Capellán de aquella Santa Casa.
Humanamente hablando, aun para la Obra, creo que me conviene. Pero, me
estoy quieto. No busco ni una recomendación. Si mi Padre Celestial sabe
que será para toda su gloria, El arreglará el negocio.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 360
(29-X-1931)
Otro favor del Señor: ayer hube de dejar definitivamente el Patronato,
los enfermos por tanto: pero, mi Jesús no quiere que le deje y me
recordó que Él está clavado en una cama del hospital...
Decreto del Presidente de la República, 13-XII-1934
A propuesta del Ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión y de
conformidad con lo dispuesto en el Decreto de 17 de Febrero de 1.934.
Vengo en nombrar para el cargo de Rector del Patronato de Santa Isabel a
Don José María Escrivá Albás, Licenciado en Derecho Civil. Dado en
Madrid a once de Diciembre de mil novecientos treinta y cuatro. - NICETO
ALCALÁ-ZAMORA Y TORRES. - El Ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión. -
ORIOL ANGUERA DE SOJO
Palabras del Beato Josemaría en Roma, durante un encuentro con miembros
del Opus Dei, el 19 de marzo de 1975
Fui a buscar fortaleza en los barrios más pobres de Madrid. Horas y
horas por todos los lados, todos los días, a pie de una parte a otra,
entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían nada de
nada; entre niños con los mocos en la boca, sucios, pero niños, que
quiere decir almas agradables a Dios. (…) Y en los hospitales, y en las
casas donde había enfermos, si se pueden llamar casas a aquellos
tugurios… Eran gente desamparada y enferma; algunos, con una enfermedad
que entonces era incurable, la tuberculosis.
De modo que fui a buscar los medios para hacer la Obra de Dios, en todos
esos sitios. Mientras tanto, trabajaba y formaba a los primeros que
tenía alrededor. Había una representación de casi todo: había
universitarios, obreros, pequeños empresarios, artistas… (…)
Fueron unos años intensos, en los que el Opus Dei crecía para adentro
sin darnos cuenta. Pero he querido deciros -algún día os lo contarán con
más detalle, con documentos y papeles- que la fortaleza de la Obra han
sido los enfermos de los hospitales de Madrid: los más miserables; los
que vivían en sus casas, perdida hasta la última esperanza humana; los
más ignorantes de aquellas barriadas extremas.
Estas son las ambiciones del Opus Dei, los medios humanos que pusimos:
enfermos incurables, pobres abandonados, niños sin familia y sin
cultura, hogares sin fuego y sin calor y sin amor. Y formar a los
primeros que venían, hablándoles con una seguridad completa de todo lo
que se haría, como si ya estuviera ya hecho…
Los primeros fieles del Opus Dei
En 1930 se incorporó al Opus Dei Isidoro Zorzano, joven ingeniero,
antiguo compañero de instituto en Logroño del Beato Josemaría. En los
años siguientes fueron llegando al Opus Dei algunos hombres y mujeres,
pero todavía en número reducido. Algunos de aquellos primeros murieron
jóvenes: el sacerdote José María Somoano, el ingeniero Luis Gordon y
María Ignacia García Escobar. Estos tres fallecimientos fueron una dura
pérdida para el Fundador en aquellos inicios, pero la vida santa de los
tres fue un fundamento sólido sobre el que se pudo construir con más
firmeza la labor del Opus Dei.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 197
(8-V-1931)
Para la historia de la Obra de Dios, es muy interesante anotar estas
coincidencias: El 24 de agosto, día de S. Bartolomé, fue la vocación de
Isidoro. El 25 de abril, día de S. Marcos, hablé con otro (...). El día
de S. Felipe y Santiago (1-V-31), tuve ocasión -sin buscarla- de hablar
a dos. Uno de ellos, con quien me entrevisté de largo, quiere ser de la
Obra.
Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 354
(26-X-1931)
Hasta ahora, dato curioso, todas las vocaciones a la Obra de Dios han
sido repentinas. Como las de los Apóstoles: conocer a Cristo y seguir el
llamamiento. -El primero no dudó. Vino conmigo, tras de Jesús, a la
ventura (...). El Día de San Bartolomé, Isidoro; por San Felipe, Pepe M.
A.; por San Juan, Adolfo; después, Sebastián Cirac: así todos. Ninguno
dudó; conocer a Cristo y seguirle fue uno. Que perseveren, Jesús: y que
envíes más apóstoles a tu Obra.
Carta de Isidoro Zorzano al Beato Josemaría, 5-IX-1930
Isidoro Zorzano formó parte del Opus Dei desde el 24 de agosto de 1930 y
falleció el 15 de julio de 1943. El 11 de octubre de 1948 se inició su
causa de beatificación en la diócesis de Madrid-Alcalá, y se encuentra
ya muy avanzada en su desarrollo. La carta aquí recogida corresponde a
los momentos inmediatamente posteriores a su decisión de seguir el
espíritu del Opus Dei. La Compañía citada en la carta es la Compañía de
Ferrocarriles Andaluces, en la que trabajaba como ingeniero industrial.
Mi querido amigo:
A mi regreso de Logroño, me ha sido de todo punto imposible verte, como
era mi deseo, y créeme que lo sentí, dado que el tema de nuestra última
conversación me satisfizo muchísimo, ya que me sugirió nuevas ideas y me
hizo concebir nuevas esperanzas; mejor dicho, esperanzas perdidas. (...)
el optimismo que me inyectaste lo veo en peligro, siento la necesidad de
estar juntos y orientarme definitivamente, con tu ayuda, en la nueva era
que abriste a mis ojos y que era precisamente el ideal que yo me había
forjado y que creía irrealizable (...) he pensado sobre ello y cada día
me parece más hermoso; es mi única ilusión cooperar en dicho ideal para
llevar a feliz término nuestra causa.
Procura contestarme pronto, pues tus cartas me hacen ver que estoy
acompañado en esta soledad de Málaga.
Recibe un abrazo de tu buen amigo,
Isidoro
Carta de Isidoro Zorzano al Beato Josemaría, 14-IX-1930
Me dices que tu carta era larga, a mí me pareció muy corta; la he leído
varias veces (…) Me encuentro ahora completamente confortado, mi
espíritu lo encuentro ahora invadido de un bienestar, de una paz, que no
había sentido hasta ahora; todo lo debo a la Obra de Dios. >>> NO SE MUESTRAN COMPLETOS LOS LIBROS CUYOS DERECHOS DE AUTOR ESTÁN VIGENTES, COMO OCURRE CON ESTE <<<
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