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GUÍA DE ROMA

 

ITINERARIO 1: VATICANO Y CASTEL SANT’ANGELO

Introducción

Plaza de San Pedro

Basílica de San Pedro

Fachada

Pórtico

Nave Central

Nave derecha

Crucero derecho

Ábside

Crucero izquierdo

Nave izquierda

Museos Vaticanos

Estancias de Rafael

Capilla Sixtina

El Juicio Final

Castel Sant’Angelo y Mausoleo de Augusto

 

ITINERARIO 2: SANTA MARIA LA MAYOR Y ALREDEDORES

Recorrido

Basílica de S. María la Mayor

Exterior

Interior

Santa Práxedes

San Martino ai Monti

Esquilino

San Pietro in Vincoli

Santa Prudenciana

 

ITINERARIO 3: SAN JUAN DE LETRÁN

Recorrido

Santa Croce in Gerusalemme

Basílica de San Juan de Letrán

Notas generales

Fachada

Interior

Scala Santa

Baptisterio

Cuatro Santos Coronados

San Clemente

Basílica SS. Juan y Pablo

Termas de Caracalla

 

ITINERARIO 4: SAN PABLO EXTRAMUROS Y VIA APPIA

Recorrido

Basílica S. Pablo Extramuros

Notas generales

Atrio

Interior

La Via Appia

Introducción

La Via Appia

Catacumbas de San Calixto

Catacumbas de Domitila

Catacumbas de San Sebastián

Tumba de Rómulo y Circo de Majencio

 

ITINERARIO 5: COLISEO Y FOROS

Recorrido

Santa María in Aracoeli

Plaza del Campidoglio

La Plaza

Palacio Senatorial

Palacio de los Conservadores

Museo Capitolino

Foro Romano

El Palatino

El Coliseo

Arco de Constantino

Foros Impreriales

 

ITINERARIO 6: PLAZA NAVONA Y PALAZZO DELLA CANCELLERIA

Recorrido

Piazza Navona

San Luis De Los Franceses

San Ignacio

Pantheon

Santa Maria Sopra Minerva

Santos Apóstoles

Palazzo Colonna

Piazza Venezia

Il Gesù

Area Sacra Argentina

Palazzo Spada

Palazzo Farnese

Piazza Campo de' Fiori

Palazzo Della Cancelleria

 

ITINERARIO 7: FONTANA DI TREVI Y MAUSOLEO DE AUGUSTO

Recorrido

Fontana di Trevi

Piazza Colonna

San Lorenzo in Lucina

Piazza di Spagna

Trinita dei Monti

Pincio

Piazza del Popolo

Santa Maria del Popolo

Mausoleo de Augusto

Ara Pacis

 

ITINERARIO 8: TRASTEVERE

Recorrido

Isola Tiberina

Santa Cecilia in Trastevere

Santa Maria in Trastevere

San Pietro in Montorio

 

ITINERARIO 9: TÍVOLI

Introducción

Villa Adriana

Villa d’Este

Villa Gregoriana

 

ITINERARIO 10: OSTIA ANTICA

Notas históricas

Ostia Antica

 

ITINERARIO 1: VATICANO Y CASTEL SANT'ANGELO

 

Introducción

 

Durante el imperio de Calígula se construyó un circo en las afueras de Roma a los pies de la colina Vaticana, que más adelante Nerón amplió y mejoró. San Pedro fue enterrado en una antigua necrópolis excavada en la ladera de la colina, a poca distancia del circo. Las excavaciones arqueológicas han permitido llegar hasta el primer monumento funerario, que data del s. II.  Encima de los restos de San Pedro, a modo de otro monumento funerario, el emperador Constantino construyó la primera Basílica, a principios del s. IV, que se mantuvo en pie hasta finales del s. XV.

El 23 de agosto del 846 los sarracenos invadieron Roma, devastando las Basílicas de San Pedro y San Pablo. Al año siguiente, León IV aceleradamente inició los trabajos de un muro de protección alrededor del distrito Vaticano, que se llamaba del Borgo, límite actual del Estado Vaticano. En el s. XV fue restaurado por Nicolás V, y ampliado por Pío IV en 1564 hasta la Puerta del Espíritu Santo.

En los comienzos del periodo renacentista, se vio claro que ya no bastaban las numerosas restauraciones para asegurar la estabilidad de la basílica de Constantino. La decisión de levantar una nueva basílica se tomó así en un momento de florecimiento excepcional de las artes en Italia: basta espigar algún nombre entre los centenares de artistas que se dieron cita en los trabajos: Bramante, Miguel Ángel, Rafael, Bernini, Giaccomo della Porta...

Con la unificación de Italia. El 20 de septiembre de 1870, el Rey Vittorio Emanuele II entró con sus tropas en Roma y la proclamó capital del reino. El Papa Pío IX reaccionó encerrándose en el Vaticano y declarándose prisionero. Esta delicada situación se mantuvo hasta 1929 con la firma del Tratado de Letrán, por el que el Estado italiano se reconciliaba con la Santa Sede, reconocía la máxima libertad a la Iglesia Católica, y se comprometía a respetar la autonomía del Romano Pontífice para poder realizar con la necesaria independencia su misión universal desde la sede romana.

Desde aquella fecha, la Ciudad del Vaticano es un Estado independiente, bajo la soberanía del Romano Pontífice. Tiene una extensión de 0.440 km2. Por el mismo Tratado, gozan de extraterritorialidad las Basílicas de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros, los palacios de Letrán, de la Cancillería, de Propaganda Fidei, del Santo Oficio y del Vicariato, el Hospital del Niño Jesús y el palacio pontificio de Castelgandolfo, con la Villa Cybo y la Villa Barberini.

Dentro de la Ciudad del Vaticano y de los edificios extraterritoriales, el servicio de orden y de policía está a cargo de los Agenti di Vigilanza (instituidos en 1816 por Pío VII) y de la Guardia Suiza, fundada en 1506.

 

LA PLAZA DE SAN PEDRO

 

La inmensa elipse de 240 metros de ancho, es la obra maestra arquitectónica de Bernini (1598-1680).. Los dos hemiciclos están constituidos por imponentes pórticos de cuatro filas de columnas dóricas: un total de 284 columnas y 88 pilastras. coronados por 140 estatuas de santos. Al fondo del pórtico de la derecha se encuentra el Portone di bronzo del Palacio Vaticano.

En el centro de la plaza, construida sobre lo que fue el circo de Nerón, se eleva un obelisco sin jeroglíficos, tallado en el s. I a.C., que proviene de Eliópolis, de donde fue traída por Calígula el año 37, para adornar el circo de Nerón; en la parte superior, a 41 metros del suelo, una reliquia de la Santa Cruz recuerda la unión de los mártires (más de cien mil). bajo las persecuciones romanas) con la Cruz de Nuestro Señor. Permaneció al lado de la Basílica antigua, hasta que Sixto V lo hizo transportar a su actual ubicación, en 1586. Para trasladar el obelisco fueron necesarios 800 hombres y 75 caballos. Dos fuentes del siglo XVII completan el extraordinario conjunto de la plaza.

 

BASILICA DE SAN PEDRO

 

Fachada

 

El amplísimo frente, llevado a cabo por Carlo Maderno, del 1607 al 1614, está presidido por una gran escalinata, obra de Bernini. A los lados, las colosales estatuas de San Pedro y de San Pablo, colocadas en 1840. El pórtico de la izquierda es el Arco de las Campanas, que da acceso a la Ciudad del Vaticano. De los 9 balcones, el central corresponde a la llamada Loggia de las Bendiciones, desde donde el Papa imparte las Bendiciones solemnes; debajo, se encuentra el altorrelieve La Entrega de las Llaves, de Bonvicino (1614). Coronan la fachada trece estatuas (5,70 m) del Redentor, San Juan Bautista y los Apóstoles, a excepción de San Pedro. Corona el conjunto la majestuosa cúpula de Miguel Ángel (1465–1564), las dos cúpulas laterales, de Vignola (discípulo de Miguel Ángel y director de las obras a la muerte del maestro), son meramente decorativas: no guardan relación con el interior de la Basílica.

A la derecha de la fachada, en el llamado Palacio del Mayordomo, está la imagen de la Virgen en mosaico. Son 50.000 teselas o piedrecitas que reproducen la imagen que se venera como Mater Ecclesiae en el interior de la Basílica.

 

Pórtico

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A la derecha, detrás de la puerta que da acceso al vestíbulo de la Scala Regia, la estatua de Constantino, de Bernini (1670). Nada más entrar, a la izquierda, la estatua ecuestre de Carlomagno (de Cornacchini,1725), coronado en San Pedro, en la Navidad del año 800, durante el pontificado de León III. De las cinco puertas por las que se entra a la Basílica, la de la derecha es la Puerta Santa, que se abre sólo cada Año Jubilar. Sobre la puerta central se pusieron las hojas de bronce de la antigua basílica, que tienen como tema central una evocación del Concilio de Florencia, en el que se debatió y se resolvió, por un tiempo, la difícil cuestión de la unión entre las Iglesias de Oriente y de Occidente. Encima hay un relieve, Jesús que confió a San Pedro la Grey Cristiana, de Bernini o de uno de sus discípulos. A la izquierda la Puerta de la Muerte, de Giaccomo Manzú, y a la derecha la Puerta de los Sacramentos. Otro recuerdo de la antigua Basílica es el Mosaico de la Navecilla, obra de Giotto muy restaurada y deteriorada; se ve entrando en el atrio y dando la espalda a la nave central.

 

Nave Central

 

Situados en la nave central, nos encontramos en una posición privilegiada para admirar las proporciones de San Pedro: tiene cerca de 35.000 m2 de superficie, incluyendo las capillas laterales y la sacristía, y 186 m de largo, que llegan a 194 si se tiene en cuenta el espesor de los muros. El largo total, incluido el pórtico, es de 211,5 m. La capacidad interior, aprovechando todos los espacios disponibles, llega a 60.000 personas, aunque en las ceremonias suelen entrar solamente 15.000. En el suelo de la nave central se pueden ver las medidas de algunas iglesias especialmente conocidas.

La nave central tiene la típica estructura de las iglesias de la Contrarreforma. Está cubierta por una bóveda artesonada (de 44 m de alto), ricamente decorada en la época de Pío VI (1780). A nivel de la pilastra que está en línea con las capillas del Santísimo Sacramento y del Coro, se puede ver el empalme de la arquitectura de Maderno, más alta y más ancha con el brazo de crucero proyectado por Miguel Ángel. En los nichos excavados en las pilastras a partir del 1706 se han colocado estatuas de Fundadores de órdenes religiosas. Al final de la nave central está la estatua de San Pedro en bronce, con el pie derecho desgastado por los besos de los fieles. Durante años se pensó que era una escultura de Arnolfo di Cambio del s. XIII, pero recientes investigaciones (1989) permiten asegurar la paternidad a un artista sirio del s.V.

La cúpula, que descansa sobre cuatro grandiosos arcos, tiene un perímetro de 71 m. Todo es gigantesco: la pluma de San Marcos mide cerca de dos metros: la linterna mide más de 17 m. En los medallones de las pechinas se representan los cuatro Evangelistas. En la base del tambor, la cúpula mide más de 42 m de diámetro, un espacio inmenso que llenan 96 figuras en mosaico de Papas, Santos y Doctores de la Iglesia, a medio busto, en el inferior: siguen sentados el Redentor, la Virgen, San Pablo, San Juan Bautista y los Apóstoles. En la linterna, el Padre Eterno bendiciendo.

En los cuatro grandes nichos de la base de la cúpula, están las estatuas (5 m de alto) de San Longino, el soldado romano que clavó la lanza en el pecho de Jesús, y que al ver que manaba sangre y agua, se abrieron sus ojos y creyó en Aquel al que traspasaron (2) (Bernini); Santa Elena (3) (Andrea Bolgil); Santa Verónica (4) (Mochil); y San Andrés (5) (Duquesnov); mandadas colocar por Urbano VIII. Sobre las estatuas están los cuatro balcones de Bernini, donde se conservan insignes reliquias: la Santa Lanza, el Lienzo de la Verónica, el fragmento más grande de la Cruz y el manto de San Andrés.

Bajo el altar papal está la Confesión (6), de Maderno; se llama así porque está construido directamente sobre la tumba del Apóstol que derramo su sangre por confesar a Cristo; 99 lámparas perennales que iluminan la tumba de San Pedro, al lado de la cual está la estatua de Pío VI (Canova). Papa amable y de cultura refinada que creó los Museos Vaticanos en los últimos años del s. XVIII. Sobre el altar papal se levanta el Baldaquino, obra maestra de Bernini. Inaugurado por Urbano VIII Barberini el 28 de junio de 1633, víspera de San Pedro y San Pablo, tiene la altura de Palacio Farnese (29 m).

 

Nave de la derecha

 

La primera capilla es la de la Piedad (8), famoso grupo escultórico de Miguel Ángel, realizado cuando contaba 25 años de edad. Es la única obra que lleva la firma del artista: puede verse en la cinta que cruza el vestido de la Santísima Virgen. Firmó cuando oyó un impostor adjudicarse la obra.

A continuación se encuentra La Capilla Elíptica de Bernini, donde se ha colocado el Crucifijo atribuido a Cavallini (s. XIII), de expresión vigorosa.

La siguiente capilla está dedicada al Martirio de San Sebastián (11), capilla que sustituyó al altar que se dedicaba en la antigua basílica constantiniana a Sebastián, mártir capitán de los Pretorianos bajo del imperio de Diocleciano.

A continuación, viene la Capilla del Santísimo Sacramento (14), donde se colocó el Tabernáculo de Bernini, de bronce dorado y lapislázuli, cuya forma recuerda el templete de Bramante (1444–1514) en San Pietro in Montorio. Detrás del tabernáculo, el fresco de La Trinidad, obra de Pietro di Cortona.

Saliendo de la capilla, a mano derecha se encuentra el monumento al Papa Gregorio XIII Boncompagni (15), flanqueado por las estatuas de la Religión y de la Sabiduría. El bajorrelieve, recuerda la reforma del calendario dispuesta por el Pontífice.

La siguiente es la capilla Gregoriana (18), diseñada por Della Porta, y riquísima en mármoles y piedras preciosas. Sobre el altar (20), la pequeña imagen de la Virgen del Socorro, del s. XI, que estaba ya en la primera Basílica.

 

Crucero de la derecha

 

Es donde se tuvieron las sesiones del Concilio Vaticano I, mientras que las del Vaticano II fueron en la nave central de la Basílica. En los tres altares del crucero están los mosaicos de San Wenceslao, Rey de Bohemia(23); el Martirio de San Proceso y San Martiniano(24); y El Martirio de San Erasmo.

En el pasaje a la capilla de San Miguel (28), se encuentra el conocidísimo Monumento a Clemente XIII Rezzonico (26), una de las máximas creaciones de Canova (1788–92) y de las primeras manifestaciones del arte neoclásico en San Pedro. A los lados del sarcófago, con los bajorrelieves de la Caridad y de la Esperanza, El Genio de la Muerte y la Religión; en lo alto, el Papa de rodillas recogido en oración. Los mosaicos de enfrente dan buena muestra de la habilidad de los mosaístas al reproducir colores y sombras de obras famosas, en este caso el San Pedro sobre las aguas, de Lanfranco.

Todos los cuadros del interior de la Basílica son copias en mosaico de famosas pinturas al óleo de la época. En las obras escultóricas trabajaron más de 600 artistas.

 

Ábside

 

El luminoso proyecto para el ábside, de Miguel Ángel, fue superado por el formidable sentido decorativo –fantasía barroca– de Bernini, que engrandece la Cátedra de San Pedro (33), realizada en bronce y oro bajo el pontificado de Alejandro VII (1656–65), como relicario de un trono papal cuyo origen se remonta al s.VIII. Dos tumbas papales flanquean la cátedra: la de Urbano VIII (34), obra maestra funeraria del siglo XVII de Bernini para su mecenas y la de Paulo III (35), obra maestra de Della Porta (1551–75). Al fondo, la Gloria de Bernini, con la representación del Espíritu Santo. La luz penetra a través del cristal de Bohemia como entre una nube de oro. Lo mismo que en el Baldaquino Bernini adoptó aquí una solución más pictórica que arquitectónica.

Sigue la Capilla de Nuestra Señora de la Columna (38), donde se encuentran las reliquias de San León Magno (39). Papa que tuvo que enfrentarse con numerosas controversias y herejías; fue él quien convocó el Concilio de Calcedonia en el 451, donde los más de 600 Padres Conciliares dieron un claro ejemplo de la unión con el Romano Pontífice. Cuando recibieron la carta del Papa, la aclamaron: “Pedro ha hablado por boca de León”. En la misma capilla se encuentra la imagen de la Virgen, Madre de la Iglesia, que procede de la Basílica primitiva. En esta capilla se quiso representar a los doctores que más han escrito sobre la Santísima Virgen: Santo Tomás, San Juan Damasceno, San Genaro y San Buenaventura.

En el pasaje que sigue, la tumba de Alejandro VII (41), del último periodo de actividad de Bernini, con las representaciones de la Caridad, la Verdad, la Justicia y la Prudencia, obra de Mazzoli.

 

Crucero de la izquierda

 

El tercer brazo de la cruz griega de Miguel Ángel está formado por la tribuna, también llamada de los Santos Simón y Judas, y que comprende, además de la enorme bóveda decorada por Vanvitelli y Maini, tres altares decorados con mármoles preciosos: San Marcial(43), de Camuccini, San José Protector de la Iglesia Universal (44) –la única pintura moderna de la Basílica–, de Achille Funi, y el Martirio de San Pedro (45), de Guido Reni, sobre el punto exacto del Circo de Nerón en el que el primer Papa fue crucificado sobre una cruz invertida.

A continuación, se encuentra la capilla Clementina (48), llevada a cabo por Della Porta. En el altar de la derecha (49),San Gregorio Magno, de Andrea Sacchi; bajo el altar se conservan las reliquias del santo; Gregorio era miembro de una familia noble romana, llegó a ser prefecto de la Urbe antes de ser elegido Papa, el año 590; fue un gran evangelizador y un gran liturgista; perfeccionó el canto litúrgico, hoy llamado gregoriano. Al lado (50), la tumba de Pío VIII: Papa que sufrió la prisión en 1809 por orden de Napoleón, obra neoclásica de Thorvaldsen (1823), fuertemente criticada por su frialdad. Es la única obra realizada en San Pedro por un artista protestante.

 

Nave de la izquierda

 

En su extremo, el altar de la Transfiguración (51), con el mosaico que reproduce la obra maestra de Rafael (1483–1530).

Enfrente se encuentra la capilla del Coro, destinada a la oración de los canónigos, obra de Della Porta, que guarda los sepulcros de Clemente XI y de San Juan Crisóstomo.

En el pasaje siguiente, la Tumba de Inocencio VIII (57), de Pollaiolo (1498), en bronce parcialmente dorado. Es el monumento fúnebre más antiguo, el único que fue trasladado de la Basílica Constantiniana a la nueva (1619). y el primero en el que se ve a un Papa sentado en su trono. Son especialmente bellos los relieves en los nichos con las figuras de las cuatro virtudes cardinales. En este mismo pasaje, el monumento a San Pío X, decorado en bronce al estilo liberty.

Bajo el altar de la siguiente capilla (58), de la Presentación, se encuentran los restos incorruptos de San Pío X, canonizado en 1954. En esta misma capilla están los monumentos a Juan XXIII y Benedicto XV. A la derecha del altar, se halla el lóculo donde se depositan los restos del Papa desde que fallece hasta que se trasladan a su sepultura definitiva.

Por último (61) , el Baptisterio, con el mosaico del Bautismo de Jesús, diseñado por Maratta. En las pechinas, están representadas las partes del mundo que han sido evangelizadas.

 

MUSEOS VATICANOS

 

Obras más sobresalientes de la Pinacoteca. Sala II: Políptico de Giotto; Sala III: la Coronación de la Virgen, de Filippo Lippi y La Virgen de los Ángeles, de Fray Angélico; Sala V: La Piedad, de Bernini; Sala VI: La Virgen con el Niño, de Perugino; Sala VII: varias obras de Rafael; Sala VIII: Boceto de San Jerónimo, de Leonardo da Vinci (1452–1519); Sala X: La Virgen de San Nicolás, de Ticiano: Sala XII: Comunión de San Jerónimo, de Domenichino y La Deposición, de Caravaggio: Sala XIII: Las bodas de Santa Catalina, de Murillo.

En el Museo Pío–Clementino, que se encuentra en el Palacio del Belvedere, se conservan obras de la antigüedad griega y romana. Lo más sobresaliente es el grupo del Laconte, el Apolo, Perseo, Hermes y El Atleta en el Patio del Belvedere: La Estatua de Meleagro, en la sala de los Animales: Apolo Saurótono, en la Galería de las estatuas: varias esculturas de la Galería de los Bustos: la Venus de Cnido, en el Gabinete de las Máscaras. El Torso del Belvedere, en la Sala de las Musas.

 

Estancias de Rafael

 

La Estancia del Incendio (1514–17) fue la última habitación diseñada personalmente por Rafael[6], pues a partir de 1515 trabajó con un grupo de asistentes, que plasmaban los frescos del maestro. Los del techo son de Perugino.

Para honrar al Papa León X –sucesor de Julio II–, que confirmó a Rafael en el encargo de decorar las estancias, el artista retrató al Papa al representar a sus predecesores León III y León IV. En la Coronación de Carlomagno (en la pared de entrada), el emperador está representado como Francisco I de Francia, contemporáneo del pintor.

En la pared de la derecha, de frente a la ventana, el Incendio del Borgo, en el que se representa el pasaje del Liber Pontificalis que narra el incendio, ocurrido el 847, del barrio del Borgo, extinguido por León IV con el signo de la Cruz.

En la pared de enfrente, la Batalla de Ostia, que representa el triunfo de León IV sobre los sarracenos (849), idea alusiva a la cruzada contra los turcos, que ocupó vivamente a León X.

En la pared de la izquierda, el Juramento de León III, representa el momento en que el Romano Pontífice aclaró en San Pedro la falsedad de ciertas acusaciones (23–XII–800). Cuenta la tradición que una voz tronó: “Corresponde a Dios, no a los hombres, juzgar a los Obispos” (inscripción latina a la izquierda de la ventana) . La Estancia de la Signatura (1508–11) está considerada como la obra pictórica más insigne de Rafael. Parte del techo fue concluida por dos de sus colaboradores: Sodoma y Bramantino.

En la pared de entrada, la disputa del Santísimo Sacramento, también llamado la Glorificación del Catolicismo, pues cielo y tierra se unen en un himno a Dios Uno y Trino en el misterio de la Transubstanciación. Es el primero de los grandes frescos romanos de Rafael. En la parte alta, la Iglesia triunfante rodea a la Santísima Trinidad. En la tierra, alrededor del altar con el Ostensorio (centro de toda la composición), Doctores de la Iglesia, Papas y fieles: se distingue a Dante, a la derecha con la corona de laurel.

En la pared de la derecha, la Prudencia y la Templanza. A la derecha de la ventana, Gregorio IX (retrato de Julio II) entrega a un abogado consistorial los Decretales; a la izquierda de la ventana, Justiniano entrega a Treboniano el Corpus Iuris Civilis.

En la pared de enfrente, la Escuela de Atenas. Al centro, Platón (retrato de Leonardo da 'Vinci) y Aristóteles. A la izquierda, Sócrates (en túnica) habla con Alcibíades; Diógenes y un discípulo; Epicuro, coronado de laurel; Arquímedes (retrato de Bramante) hace figuras geométricas. En la esquina de la derecha aparece el mismo Rafael (con sombrero negro) , junto al pintor Sodoma (con sombrero blanco). La figura solitaria del primer– plano, con la cabeza apoyada en la mano izquierda, es Miguel Ángel que trabaja en la Capilla Sixtina.

En la pared de la izquierda, el Parnaso. Alrededor de Apolo y las nueve Musas están agrupados los grandes poetas, encabezados por Homero y Virgilio.

En la Estancia de Heliodoro (1512–14), los temas de la decoración, probablemente sugeridos por el mismo Julio II muestran intervenciones milagrosas de Dios en favor de su Iglesia.

En la pared de entrada, San León detiene la invasión de Atila. Una aparición de los Apóstoles Pedro y Pablo, dio ánimos a San León para repeler la invasión de los Hunos. Rafael ha trasladado el evento a Roma, como se puede ver por el Coliseo, el acueducto y la Basílica.. Rafael no había terminado la obra cuando Julio II murió (1513) y en el último momento le sustituyó en la persona de San León I, por León X, a pesar que ya estaba representado en la figura del cardenal Giovanni de Medeci, a la izquierda con la Lámpara magna.

En la pared de la derecha está representado el Milagro de Bolsena. En 1263, un sacerdote que dudaba en la presencia real de Cristo en las especies sacramentales, vio manar sangre de la Hostia en el momento de la Consagración, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena. En esta obra maestra, Rafael resuelve magistralmente el problema de la ventana descentrada: colocándolo de forma asimétrica las escaleras a ambos lados del altar y situando a la multitud en el lado izquierdo, donde son mayores las restricciones.

En la pared de enfrente se representa la Expulsión de Heliodoro, pasaje tomado del libro de los Macabeos: Heliodoro, que intenta robar el tesoro del Templo es expulsado por ángeles.

En la pared de la izquierda, la Liberación de San Pedro, obra maestra por su dominio de la luz, que anticipa más de un siglo a Caravaggio y Rembrandt. La Batalla de Constantino ( 1517–25) está decorada casi totalmente por discípulos de Rafael, tras la temprana muerte del maestro. En la pared de entrada, el Bautismo de Constantino; a la derecha, la Batalla del Puente Milvio; enfrente, la Aparición de la Santa Cruz; y a la izquierda, la Donación de Constantino, simbolizada por la entrega de una estatuilla dorada de Roma.

La Sala del Claroscuro fue decorada por Rafael en 1517, pero no se conservan los frescos originales, que fueron sustituidos por otros. Contiene un modelo de madera que muestra la construcción interna de la cúpula de San Pedro.

La Capilla de Nicolás V fue decorada por fray Juan de Fiésole, llamado Beato Angélico, entre el 1447 y el 1451. En los ángulos se representa a grandes Doctores de la Iglesia; en el techo, a los Evangelistas. En las paredes, escenas de la vida de los mártires San Esteban y San Lorenzo, los dos santos diáconos, martirizados durante la persecución de Valeriano en el año 258. En el pavimento de mármol están representadas las figuras de los signos del zodíaco

 

Capilla Sixtina

 

La Capilla Sixtina, dedicada a la Asunción de la Virgen, fue construida por Giovannino de'Dolci (1475–81), según un diseño de Boccio Pontelli, bajo el papado de Sixto IV, de quien toma el nombre. Es la capilla oficial de los Pontífices, en la que se celebran los cónclaves para la elección del nuevo Papa. Se trata de un ambiente rectangular de 40,5 m de largo, 13,2 m de ancho, y 20,7 m de altura. El pavimento, del s.XV, es una muestra singularísima de opus alexandrinum, semejante al cosmatesco.

Las paredes laterales fueron pintadas entre el 1481 y el 1483. En la zona inferior están pintados unos cortinajes, que recuerdan los que se colocaban entre las columnas en las antiguas Basílicas. Hace tiempo, para las ceremonias más importantes, se cubrían con los tapices de Rafael. Entre las Ventanas, retratos de antiguos Papas. En la zona intermedia, dos grandes series de frescos, en los que trabajaron los mejores artistas del s.XVI: la de la izquierda, mirando hacia el altar ,representa sucesos de la vida de Moisés, y la de la derecha, de Cristo.

A la izquierda, comenzando a contar desde el fondo hacia la pared del Juicio Universal se encuentran: 1. Moisés con su esposa Séfora en Egipto (Perugino); 2. La Zarza Ardiente(Botticelli) , Moisés mata al egipcio y expulsa a los Madianitas, La Familia de Jetro, de Botticelli; 3. Paso del Mar Rojo (Roselli); 4. Moisés en el Sinaí y La Adoración del Becerro de Oro; 5. Castigo de Cora, Dathan y Abiram, (Botticelli); 6, Testamento y Muerte de Moisés, (Siqnorelli).

A la derecha, 1. Bautismo de Jesús (Pinturicchio y Perugino); 2. Curación del Leproso y Tentaciones de Cristo (Botticelli); 3, La Vocación de San Pedro y San Andrés (Ghirlandaio) ; 4, El Sermón de la Montaña y Curación del Leproso (Roselli); 5, La Entrega de las Llaves, una de las mayores composiciones de Perugino (el quinto personaje de la derecha es el mismo artista); 6. La Última Cena, de Rosselli. Frente al altar encontramos La Resurrección de Cristo, de Ghirlandaio, y San Miguel que protege el Cuerpo de Moisés, de Signorelli: destruidos y rehechos en el s.XVI.

Frescos del Techo. Cuando Julio II abandonó el proyecto escultórico de la tumba, Miguel Ángel regresó a Florencia, pero en 1508 volvió a llamarle para que pintara a los doce Apóstoles en el techo de la Capilla Sixtina, entonces pintado sólo de azul con unas estrellas doradas. Apenas había comenzado a trabajar, cuando se le ocurrió que no bastaría con los Apóstoles. Faltaba la decoración (de una superficie tan grande (cerca de 800 m2). Miguel Ángel abandonó el esquema tradicional, idear toda una única y grandiosa composición arquitectónica que abrazase todo el techo y que comprendiese no sólo retratos encasetonados en la misma repartición arquitectónica. Se cuenta que Julio II intentaba acercarse con frecuencia para dar una ojeada a la obra, pero el artista nunca se lo permitió, y a las frecuentes preguntas del Pontífice sobre cuándo terminaría, daba siempre la misma respuesta: “cuando pueda”.

Empezando desde el altar, en los espacios rectangulares entre arco y arco, se encuentran los siguientes pasajes del Génesis: 1. Dios divide la luz de las tinieblas; 2. Dios crea el sol, la luna y las plantas; 3. Dios divide las aguas y crea los peces y las aves; 4. Creación del primer hombre; 5. Creación de Eva, de la costilla de Adán; 6. El pecado original y la expulsión del paraíso; 7. El sacrificio de Noé; 8. El Diluvio universal; 9. La embriaguez de Noé.

En cada recuadro menor, Miguel Ángel pintó los Ignudi (10), figuras de reminiscencia clásica que, por parejas, sostienen festones o guirnaldas y medallones que imitan el bronce, y que parecen comentar, con gestos, las escenas de los frescos.

En las doce penachos laterales, se encuentran las cátedras de los Profetas y Sibilas; 11. Zacarías, que consulta un libro; 12. Joel lee un papiro; 13. La Sibila Eritrea no sabe por dónde empezar su estudio; 14. Ezequiel con un rollo de papiro escucha a un Ángel; 15. La Sibila Persa enfrascada en la lectura; 16. Meditación del profeta Jeremías; 17. El profeta Jonás sale de la ballena; 18. La Sibila Libia se vuelve para tomar un libro; 19. Daniel escribe; 20.La Sibila Cumana abre un libro; 21. Isaías en meditación; 22. La Sibila Délfica desenrolla pensativamente un papiro.

En las esquinas del techo se encuentran otras escenas bíblicas; 23. Judith y Olofernes; 24. David y Goliat; 25. El Castigo de Adán; y 26.La Serpiente de Bronce.

En la parte alta de las ventanas (27), Miguel Ángel representó a los Antepasados de Cristo.

 

El Juicio Final

 

Pintado un cuarto de siglo después del techo (1536–41) , bajo el Pontificado de Pablo III, cuando el artista contaba ya más de 60 años. Para su ejecución se tapiaron dos ventanas y se quitaron dos frescos de Perugino y dos lunetas del mismo Miguel Ángel. En la parte central, en alto, domina la figura de Cristo, Juez Supremo; a su lado, la Virgen, alrededor, Santos, Patriarcas y Mártires, que llenan el Paraíso. A la derecha de Jesús, los elegidos entran al Cielo llevados por ángeles, mientras que los demonios tratan en vano de detenerlos. A su izquierda, los condenados son precipitados al castigo eterno, siendo recibidos por Caronte en su barca. En el ángulo de la derecha, Minos, maestro del infierno, en el que Miguel Ángel retrató a Biagio da Cesena, Maestro de Ceremonias de Paulo III, añadiendo a la descripción de Dante dos grandes orejas de burro pues el Maestro había criticado la obra. Cuentan que el maestro de ceremonias pidió al Papa que le quitaran de ahí, y el Papa le contestó que no tenía poder para sacar a nadie del infierno. Abajo, a la izquierda, está la Resurrección de los Muertos y en medio, Caronte, el grupo de ángeles que hacen sonar las trompetas del juicio. A los pies de Jesús está San Bartolomé, que muestra su propia piel, en la que se ha autorretratado Miguel Ángel. En las lunetas, unos ángeles sostienen los símbolos de la Pasión.

 

CASTEL SANT'ANGELO Y MAUSOLEO DE ADRIANO

 

Fortaleza mandada construir por Adriano como sepulcro familiar. Fue iniciado por el emperador en el año 135 d.C., y terminado cuatro años más tarde por su hijo adoptivo y sucesor en el trono imperial, Antonio Pío.

La base, de 84 m2, esta cerrada por un tambor de 20 m de alto. Estaba coronado por una estrella del emperador y una cuadriga de bronce. El mausoleo contiene las urnas con las cenizas de todos los emperadores desde Adriano hasta Septimio Severo (211 d.C. ).

Cuando Aureliano amuralló la ciudad, en el 270, colocó el mausoleo como parte de la muralla y lo convirtió en fortaleza.

En 590 el Papa Gregorio Magno encabezó una procesión contra la peste que diezmaba la ciudad. Al pasar delante de Castell Sant'Angelo, encima del mausoleo apareció un ángel que blandía su espada, que fue interpretado como un signo de que sería abatida la peste. En agradecimiento, el Papa mandó construir una capilla en el mausoleo y colocar un San Miguel de bronce en el punto más alto.

Durante los conflictos medievales entre el papado y la nobleza romana, el edificio se convirtió en fortaleza. Nicolás V (1447–55) construyó unos pertrechos de ladrillo en la parte alta de la construcción original, y añadió torretas en las esquinas.

El alto muro defensivo –Passetto– construido por León IV (847–55), unía el castillo con el Palacio Vaticano. Alejandro VI creó un pasaje a lo largo de la parte alta del muro, de manera que el Papa pudiera llegar fácilmente a la fortaleza, en caso de asedio.

En 1527 Clemente VII se refugió de las tropas de Carlos V, e hizo habitables varias estancias, que fueron mejoradas por Paulo III. Después de la unificación de Italia, se instalaron unas barracas y una prisión militar.

Desde fuera, Castel Sant'Angelo aparece como una sólida masa compacta: una cinta cuadrada en la base, reforzada en las esquinas por los bastiones de San Mateo, San Juan, San Marcos y San Lucas. La construcción original del mausoleo se distingue de los añadidos por los grandes bloques de travertino y peperino. En la parte media, encima de la construcción romana, el gran cilindro construido por Benedicto IX (1033–44) y completado en alto por la bella cortina de Alejandro VI. Aún más arriba, la construcción renacentista de los apartamentos papales. En la parte más alta, la gran terraza coronada por la estatua de bronce de San iguel.

Castel Sant'Angelo albergaba en su interior el Museo Nacional Militar. Entre sus salas hay que destacar: El Cortile dell'Angelo, donde se encuentra el ángel de mármol que coronaba la construcción antes del actual de bronce, obra de Raffaelo da Montelupo; los Apartamentos Papales, mandados adaptar por Paulo III. El primero es la Sala Paulina o del Consejo, donde esperaban los visitantes para ser recibidos por el Papa; en el techo, estucos de Girolamo da Sermoneta y de Braccio de Montelupo; la decoración de las paredes es obra de Perin del Vaga y de sus discípulos, y de Pellegrino Tibaldi: se trata de escenas de la historia de Roma y de la vida de Alejandro Magno. Sigue la Cámara de Perseo; en las paredes están una Piedad, de un anónimo ferrarense del s.XVI. dos Cristos, de Paris Bordone y Sebastiano del Piombo. respectivamente y un busto de Paulo III, copia del de Guglielmo della Porta, ahora en Nápoles. Desde la terraza, hay una buena vista.

 

ITINERARIO 2: SANTA MARIA LA MAYOR Y ALREDEDORES

 

Recorrido

 

Se parte de la Piazza Santa Maria Maggiore, y se ve la Basílica. Al terminar, se toma la Via Santa Prassede, se llega hasta Santa Práxedes. Saliendo a continuación por Via San Martino ai Monti, se descubre un espacio abierto entre las dos Torres Cappocci, que evocan el poder de las familias nobles de la Edad Media. Por este camino se pasa junto a la Iglesia de San Martino ai Monti. Si se desea, se puede dar un paseo por el Esquilino, tomando Via Equizia y girando después a la derecha por Viale del Monte Oppio, para entrar por Via Terme di Traiano. Para evitar el Esquilino, se sigue por Viale del Monte Oppio, que desemboca en San Pietro in Vincoli. Para llegar hasta Santa Pudenciana, se puede bajar por la escalinata que se abre en el costado derecho de la Plaza San Pietro in Vincoli, donde se llega a Via Cavour. Desde allí hay que continuar hasta la Plaza dell'Esquilino: Se gira a la izquierda por Via A. Depretis, y luego se vuelve a girar a la Izquierda en Via Urbana.

 

BASÍLICA DE SANTA MARIA LA MAYOR

 

El Liber Pontificalis narra que la noche del 5 de agosto del 352, la Santísima Virgen se apareció en sueños a un patricio romano de nombre Ioannes, a quien expresó su deseo de que se construyera una iglesia en cierto lugar de Roma donde nevaría la mañana siguiente. Ioannes refirió el mensaje al Papa Liberio, esa misma mañana, mientras una copiosa nevada cubría de blanco el punto más alto del Esquilino. una de las sete colinas romanas, sede de un aristocrático barrio donde habían vivido Mecenas, Ovidio, Horacio y Virgilio. El Papa, acompañado del patricio, trazó, en el suelo los limites de lo que sería la primera basílica romana dedicada a Nuestra Señora. Cada 5 de agosto, se evoca aquella singular nevada con una lluvia de pétalos blancos sobre el pavimento de la Basílica.

La actual Santa María la Mayor fue edificada por el Papa Sixto III sobre la antigua basílica liberiana (del Papa Liberio), para conmemorar la proclamación por el Concilio de Efeso (431) de la Maternidad divina de María. Tras Sixto III, los Papas sucesivos, han volcado su atención sobre el Santuario más antiguo y venerado en honor al dogma de María, Madre de Dios.

 

Exterior

 

La fachada es creación de Ferdinando Fuga (1743–50). Está flanqueada por dos alas idénticas, si bien construidas con un siglo de diferencia. El campanario (1377) es el más alto de la ciudad– y  su decoración polícroma –mayólica sobre ladrillo rojo– es típicamente romana.

En el pórtico resaltan, a la derecha, la estatua de Felipe IV de España, de Lucenti (1692) bajo diseño de Bernini; y a la izquierda, la Puerta Santa. Desde el pórtico, por la escalera de la izquierda, se llega a la loggia desde la que el Papa daba las bendiciones Urbi et Orbi (abierta de 9 a 11. solicitando permiso en la Sacristía), donde se conserva un monumental mosaico, realizado durante el pontificado de Eugenio III (1145–1153), en parte deteriorado y en parte mal restaurado a mediados del s.XVIII.

 

Interior

 

El interior de la Basílica (86 m de largo) es sumamente armonioso. Dividen las tres naves (la central un poco más larga que las laterales) columnas monolíticas (36 de mármol y 4 de granito) con capiteles –icónicos que sostienen directamente las trabes o vigas. Son de mármol blanco del Imetto, y casi todas se remontan a tiempos de Sixto III (s.V).

El bellísimo pavimento cosmatesco en mosaico de piedras duras, es del s.XII. El artesonado del techo, atribuido a Giuliano da Sangallo, es considerado una de las obras maestras de la artesanía renacentista (las rosas miden un metro de diámetro); el oro de la decoración es el primero de América.

Desde el punto de vista artístico, la característica esencial de la Basílica viene dada por la cantidad de mosaico y por su calidad. La ampliación del presbiterio efectuada por Nicolás IV en el s.XIII, trajo consigo la demolición de la decoración original del ábside y la realización de nuevos mosaicos. Al tratarse de trabajos de distintas épocas, el conjunto resulta un compendio de las fases mas significativas del arte mosaísta.

Los 27 paneles sobre el arquitrabe de la nave central (la viga entre dos columnas), que datan del s.V., constituyen la obra más vasta y meritoria de los mosaístas del alto Medioevo. Los mosaicos que decoran el arco triunfal están dedicados a la infancia de Jesús, con pasajes de los Evangelios y de los apócrifos.

Tenemos después los mosaicos del ábside, terminados en 1295 por Torriti, que representan escenas de la vida de la Virgen –en los recuadros entre las ventanas– y la Coronación de la Virgen por Jesús, en el medallón central.

La Confesión se rehizo en 1864, bajo diserto de Virginio Vespignani; la gran estatua muestra a Pío IX de rodillas ante las reliquias del Pesebre.

El baldaquino del altar mayor, con cuatro columnas de pórfido, es de Fuga; la urna, también de pórfido, contiene reliquias del Apóstol Mateo.

En la nave derecha, cerca de la entrada, está el Baptisterio, obra de Flaminio Ponzio. Desde ahí se puede pasar a la Sacristía, también de Ponzio. Volviendo a la nave de la derecha se encuentra la capilla de las reliquias, de Fuga, con diez columnas de pérfido.

La Capilla de Sixto V o del Santísimo –cerca del presbiterio– proyectada por Domenico Fontana, tiene un diseño a cruz griega. En los laterales se encuentran las tumbas de Sixto V y de San Pío V, ambas de Fontana, decoradas con bajorrelieves que relatan algunos de los principales episodios de esos pontificados. Sobre el altar central se encuentra el grandioso sagrario, obra de Scalzo (1590), que se apoya sobre cuatro ángeles de bronce, de Torrigiani. Bajo el altar se encuentra el Oratorio del Pesebre, resultado final de la recomposición de las partes de la antigua capilla donde desde el s.VIII se guardaban las reliquias del Pesebre de Belén. La recomposición es también de Fontana, y las esculturas provienen de la antigua capilla de Arnolfo di Cambio (1289).

La Capilla Paulina, al lado opuesto a la del Santísimo, fue construida por Flaminio Ponzio, por encargo de Paulo V, en 1611. Tiene un bellísimo altar (proyectado por Targone), decorado con jaspe, amatista, ágata y lapislázuli. La imagen de la Virgen Salus Populi Romani es de estilo bizantino, y una tradición la atribuye a San Lucas, pero parece haber sido pintada alrededor del s.XII. En la parte alta del retablo, la obra de Maderno ilustra la leyenda del trazado de la Basílica. Los brazos derecho e izquierdo contienen tumbas papales: Clemente VIII y Paulo V.

La Capilla Sforza, también en la nave de la izquierda, fue construida por Giacomo della Porta, siguiendo un diseño de Miguel Ángel. Su estilo arquitectónico, con ábsides laterales entre columnas, es de gran originalidad. La tercera capilla de esta nave es la Capilla Cesi.

 

SANTA PRÁXEDES

 

Esta iglesia es uno de los “antiguos títulos”, es decir, una casa particular donde se tenían las ceremonias litúrgicas en la antigüedad. Se tienen noticias de su existencia como Basílica ya desde el s.V; pueden verse todavía restos de las antiguas estructuras en el cuádruple pórtico de la iglesia. La construcción actual es de la época de Pascual I (822), y responde a una planta basilical, con las tres naves separadas por 16 columnas de pórfido gris y 6 pilastras en las que se apoyan directamente las trabes. Fue modificada en el s.XIII, al agregársele tres arcos transversales en la nave, en el s.XVII al decorarla con frescos, y al arreglar el techo en el s.XIX.

Lo mas sobresaliente en el interior son los mosaicos del arco triunfal y del ábside, del s.IX y especialmente la Capilla de San Zenón (a la derecha), el monumento bizantino más importante de Roma, fue encargada por Pascual I (817–824), como mausoleo para su madre, Teodora. Aunque ha sufrido modificaciones posteriores, se trata de una obra deliciosa, llamada el Jardín del Paraíso. Las doce columnas de granito negro, a los lados del portal, y el rico marco que sirve de trabe, provienen de edificios de la antigüedad pagana, así como las bases de las columnas y la urna de mármol que se encuentra en el arco de la entrada. El interior (dirigirse a la sacristía) está cubierto de mosaicos sobre fondo dorado, de gran interés artístico, por su riguroso estilo bizantino.

A la derecha de esta capilla se encuentra un pequeño monumento donde se puede venerar la Columna de la Flagelación de Nuestro Señor; en la pared opuesta, por el lado exterior, un fresco recuerda esta escena con toda su crueldad.

 

SAN MARTINO AI MONTI

 

Fundada en el s.V y dedicada a San Martín de Tours, apóstol de la Galia, por el Papa Simaco (498–514), en lo que había sido un “título” del s.III, en la casa del sacerdote Equitius (las ruinas subterráneas pueden visitarse pidiendo permiso en la sacristía) Como el Papa San Silvestre fue quien instituyó el Titulus Equiti, cuando Sergio II reconstruyó la iglesia en el s.IX, la dedicó a San Martín y a San Silvestre.

Fue completamente transformada en el s.XVII. El interior fue remodelado, dividiéndolo en tres, con las columnas de la época del Papa Simaco, por Gaspar Dughet, cuñado de Poussin. Decoró con frescos las paredes de las naves laterales: la historia de Elías , vistas de la campaña romana y vistas del interior de la antigua Basílica de San Pedro y de San Juan de Letrán (antes de los trabajos de Borromini).

Es también interesante la Cripta, en la que se encuentran los restos de innumerables mártires ("cuyos nombres sólo conoce Dios").

 

ESQUILINO

 

Al salir de San Martino ai Monti se puede dar un agradable paseo por el Esquilino, en el Parque Oppio a un lado de las ruinas de las Termas de Trajano y de la Domus Aurea, palacio construido por Nerón después del incendio del año 64. Es una de las famosas siete colinas de Roma y, originariamente, una especie de suburbio de la ciudad propiamente dicha. Mientras a los habitantes de la ciudad se les llamaba inquilinos, a los habitantes del Esquilino se les llamaba exquilinos, por estar en las afueras, nombre que pasa después a definir la colina.

 

SAN PIETRO IN VINCOLI

 

En el 436, la mujer del emperador de Oriente recibió como regalo de Juvenal, Obispo de Jerusalén, las cadenas que se habían usado cuando San Pedro estuvo en prisión. La emperatriz conservó una parte de esta reliquia en una espléndida basílica construida con este propósito, y envió la otra a Roma, a su hija Eudosia, esposa del emperador Valentiniano III. Esta, a su vez, la entregó al Papa San León Magno. Cuenta la tradición que el Papa colocó esa cadena junto a otra, que sirvió para tener prisionero al Apóstol en la Cárcel Mamertina de Roma, durante la época de Nerón. Cuando lo hizo, las dos cadenas se juntaron, de modo que formaron una sola. En memoria de este prodigio, y en honor del Apóstol Pedro, la emperatriz Eudosia edificó la actual Basílica, para conservar las cadenas, que por este motivo se llamó Basílica eudosiana de San Pietro in Vincoli (en cadenas).

La Basílica fue construida sobre otra ya existente –dedicada a los Santos Apóstoles– que había sido reconstruida por el predecesor de San León Magno. Sixto III, con ayuda de la misma Eudosia, sobre las estructuras de una basílica del s.IV y una Domus Ecclesiae del s.III. Posteriormente se llevaron a cabo diversas obras de restauración y decoración, la más importante es obra de Fontana, en el s.XVIII. Durante unas recientes excavaciones (1956–59) realizadas para rehacer el suelo, se descubrieron los restos de las construcciones precedentes–las más antiguas del s.II antes de Cristo–, que en parte se pueden visitar (se puede pedir permiso para entrar; la entrada está bajo el pórtico a la derecha; si se entra, es conveniente solicitar guía).

La fachada está precedida por un elegante pórtico de cinco arcadas con pilastras octogonales, que se terminó en 1475. El amplio interior está dividido en tres naves por dos filas de columnas dóricas de mármol. La decoración interior medieval fue modificada en los s.XVII y XVIII. A la izquierda de la puerta principal se encuentra la tumba de Antonio y Piero del Pollaiuolo, famosos escultores florentinos del Renacimiento.

El altar mayor y el baldaquino son de Vespignani (1872). Abajo, la Confesión, del mismo autor, en cuyo altar hay dos ventanillas de bronce dorado con Escenas de la vida de San Pedro en bajorrelieve, atribuidas a Caradosso (1477); las ventanillas se abren para dejar ver en su interior la urna de bronce dorado (1856) que contiene las cadenas de San Pedro.

En la Cripta bajo el altar se encuentra un sarcófago paleocristiano, que fue descubierto en el s.XIX. dividido en siete compartimentos interiores, en los que había algunos fragmentos de huesos y ceniza. Dos laminillas de plomo con inscripciones confirmaban (ya se tenía alguna noticia) que eran las reliquias de los siete hermanos Macabeos, martirio que se relata en el Antiguo Testamento.

Desde el punto de vista artístico, lo más sobresaliente es el Mausoleo del Papa Julio II. En 1505 el Papa mandó venir a Miguel Ángel desde Florencia, para realizar el proyecto de su tumba, que pensaba colocar en el centro de la Basílica de San Pedro. Miguel Ángel pasó varios meses en Carrara, eligiendo el mármol; el programa original comprendía unas cuarenta estatuas, numerosos bajorrelieves en bronce, y el sarcófago. Posteriormente, y después de la muerte del Pontífice fue perdiendo actualidad. Terminaron de arrinconarlo los sucesivos encargos por parte del nuevo Pontífice, Paulo III, que había encargado al artista la realización del Juicio Final para la Capilla Sixtina.

Paulo III comenzaba a impacientarse con la tardanza en el mausoleo; se cuenta que en cierta ocasión fue a ver al escultor, y acabó convenciéndole de que la estatua de Moisés era tan bella que ella sola bastaba para honrar la sepultura de Julio II. El comentario puso punto final al proyecto; Julio II acabó siendo sepultado en la tumba de su tío, Sixto IV, y Miguel Ángel, después de tres años de trabajo, se refería a la obra inacabada como la tragedia de su vida.

Representa a Moisés recién bajado del Sinaí –donde ha recibido del Señor las Tablas de la Ley– aún con dos rayos de luz sobre la frente –los poderes–, que contempla al pueblo idólatra. Las estatuas de Lía y Raquel, que representan a la vida activa y a la vida contemplativa, fueron terminadas por Rafaello da Montelupo.

 

SANTA PUDENCIANA

 

La antigua tradición narra que en los primeros tiempos de la era cristiana existía en este lugar la casa del noble senador romano Pudente, padre de Santa Práxedes y Santa Pudenciana, quien había hospedado al apóstol Pedro. En el s.II se instalaron aquí unas termas y en el s.IV la iglesia de Santa Pudenciana, que se incendió en ese mismo siglo. Fue reconstruida en el s.VIII y sucesivamente restaurada. A finales del s.XII Inocencio III mandó construir el campanario y la entrada. En 1589 se realizaron profundas modificaciones, sobrepuestas al antiguo edificio románico.

En el interior  destacan los mosaicos del s.IV, uno de los más antiguos ejemplos –junto con los de Santa María la Mayor, Santa Constanza y el Baptisterio de San Juan de Letrán– de mosaico cristiano en Roma. La forma en que está representado Cristo, el brillante colorido y el movimiento de las figuras muestran la persistencia de las características romanas en el mosaico cristiano, antes de la influencia oriental.

Desde aquí, por la Via Urbana, se desemboca en la Piazza dell´Esquilino. En cuyo centro se levanta un obelisco (14.80 m) que, como su gemelo de la Plaza del Quirinal, adornaba el ingreso del Mausoleo de Augusto, y que fue transportado por Sixto V en el 1587. A la derecha, sobre la grandiosa Escalinata, se puede apreciar la parte exterior del ábside de Santa María la Mayor.

 

ITINERARIO 3: SAN JUAN DE LETRÁN

 

Recorrido

 

Se inicia en la Basílica de Santa Croce in Gerusalemme, desde donde se va, por la Via Carlo Felice, a la Basílica de San Juan de Letrán. En la Piazza de San Giovanni in Laterano, se encuentra la Scala Santa; cruzando la Piazza, se llega al Baptisterio. Desde ahí se cubre un pequeño tramo de la Via di Santo Stefano Rotondo para girar a la derecha en Via dei Santi Quattro Coronati (al otro lado del Hospital), hasta llegar a la iglesia de los Cuatro Santos Coronados (del lado izquierdo de la calle).

Después se gira a la derecha en Via dei Querceti, y al cruzar Via San Giovanni in Laterano se llega a la Basílica de San Clemente. Al salir, se gira a la derecha en Via San Giovanni in Laterano, e inmediatamente a la izquierda en Via Celimontana. Cuando se llega al Largo della Sanità Militare se gira a la derecha y al fondo está Santi Giovanni e Paolo; al lado, en la Via de San Gregorio, se puede visitar la iglesia de San Gregorio.

Se regresa por la misma Via y, al cruzar de nuevo el Largo della Sanità se toma la Via della Navicella; al llegar a la Piazza Porta Metronia se toma la Via Druso, que desemboca en Piazzale Numa Pompilio, donde se encuentran las Termas de Caracalla. En frente de las termas, yendo hacia Via Druso, se encuentra.,la iglesia de los Santos Nereo y Aquileo. Para regresar a San Giovanni in Laterano, se toma Via Druso y su continuación, Via dell'Amba Aradam, que desemboca en la Basílica. El recorrido es largo y puede llevar algún tiempo.

 

SANTA CROCE IN GERUSALEMME

 

En este lugar se encontraba el Palazzo Sessoriano, donde vivía Elena, la madre del emperador Constantino. Fue construido en el s.III. El mismo Constantino, alrededor del año 320, ordenó los trabajos de adaptación al culto de parte del palacio, con el fin de custodiar las reliquias que su madre había traído de Tierra Santa. De hecho los muros perimetrales de la Basílica actual son de la época imperial.

En el s.XII, el Papa Lucio II hizo algunas mejoras, entre las que destaca el campanario románico, para cuya construcción no se alteraron las paredes exteriores. También se levantó el nivel del pavimento interior, pero no el de la capilla de Santa Elena, probablemente debido a la tradición que dice que está hecho con tierra traída del Monte Calvario. Esta capilla estaba aislada del resto de la iglesia, y tenía una entrada independiente, hasta la época del Renacimiento. La Basílica adquirió su aspecto actual en el s.XVIII.

Junto al Campanario se puede apreciar la fachada y el atrio oval, construido de acuerdo con los principios de Borromini. En el interior destacan, nada más entrar, el pavimento cosmatesco, el baldaquino (s.XVIII) y el ábside, con la tumba del Cardenal Quiñones (1540), confesor de Carlos V, y un fresco de Antoniazzo Romano (finales del s.XV), que ilustra la tradición del hallazgo de la Santa Cruz por Santa Elena.

Hacia la mitad de la nave derecha, en una capilla lateral, se encuentra una imagen de Nuestra Señora, Madre del Buen Consejo. Al fondo de esta misma nave, se encuentra la puerta por la que se accede la Capilla de Santa Elena, decorada con un mosaico de una finura y esplendor singulares (se puede encender la luz en el pilar externo del arco enfrente del altar). La estatua sobre el altar es una representación romana clásica de Juno, hábilmente convertida en Santa Elena.

La visita más importante en esta Basílica es a la Capilla de las Reliquias de la Pasión. Al inicio de la escalera se encuentra el brazo transversal de la cruz de San Dimas, el Buen Ladrón. Tras el altar se encuentran las reliquias de la Santa Cruz. Se conservan: tres trozos de la Santa Cruz, un clavo, parte del INRI, dos espinas de la Corona, fragmentos de la columna de la flagelación, de la Gruta de Belén y del Santo Sepulcro, y el dedo índice de Santo Tomás.

 

BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

 

Notas generales

 

San Juan de Letrán es una de las cuatro basílicas patriarcales o mayores. El nombre proviene de sus primeros propietarios. La Basílica, dedicada al Salvador, fue construida sobre los palacios de los Laterani, donados por Constantino al Papa Melquiades. La primera mención se remonta al 313, fecha en que se tuvo un consistorio de obispos in domum Faustae in Lateranum. En la fachada actual se lee: Sacrosancta Ecclesiarum omnium urbis et orbis Mater et Caput.

El 28 de octubre del 312, después de vencer a Majencio, Constantino hizo su entrada triunfal en Roma e inmediatamente acabó con la persecución de los cristianos. En el 314 el Papa Silvestre I fue a vivir al Laterano, donde se fijó la residencia oficial del papado hasta el exilio de Avignon.

Antes de iniciar la construcción de la antigua basílica de San Pedro en el Vaticano, Constantino construyó la Basílica Laterana en el lugar donde se encontraban las viviendas de la guardia personal –los equites singulares– de Majencio. La Basílica estaba dedicada al Salvador y, aunque no era de dimensiones extraordinarias, tenía cinco naves y estaba precedida por un pórtico y un atrio con fuentes; en lo alto de la fachada estaba la imagen del Salvador. Posteriormente fue dedicada a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista.

Después de ser dañada por los bárbaros en el s. V y por un terremoto en el 896, fue destruida por un incendio en 1308. La Basílica se reconstruyó en le época barroca y en el s. XVIII. En total veinte Papas contribuyeron a su reconstrucción, restauración y embellecimiento: desde San León Magno (440–461) hasta León XIII (1878–1903).

En este lugar se llevaron a cabo los cinco Concilios Lateranenses, decisivos en la historia de la Iglesia. Aquí fue, por ejemplo, donde Nicolás II reunió en el 1059 el Sínodo que determinó que la elección del Papa correspondía a los cardenales

Por evidentes razones históricas, en 1962 Juan XXIII quiso que volvieran a Letrán las oficinas de la curia de la diócesis de Roma.

 

Fachada

Obra de Alessandro Galilei (1735), es probablemente la fachada más sugestiva de todas las basílicas romanas. Destaca el contraste entre las claras líneas de las columnas con las cavidades oscuras. Sobre la balaustrada de coronamiento se encuentran 15 estatuas, de 7 m. de altura, de Cristo, San Juan Bautista, San Juan Evangelista y Doctores de la Iglesia.

Entrando en el pórtico, la puerta central de comunicación con el interior, proviene de la Curia o Parlamento del Foro Romano –probablemente la puerta más antigua que se conserva en el mundo–, y fue agrandada en 1660 con la adición de las zonas donde se encuentran las estrellas del Papa Alejandro VII. La última puerta de la derecha es la Puerta santa, que se abre sólo en los años jubilares. A la izquierda está la estatua del emperador Constantino, proveniente de las Termas del Quirinal. Sobre la estatua y sobre las puertas, se pueden ver varios altorrelieves en mármol con la historia de la vida del Bautista.

 

Interior

Tanto la nave central con sus 130 m de largo, como las laterales fueron remodeladas por el arquitecto barroco Borromini (1599-1667), invitado por el Papa Inocencio X, aproximadamente en 1650.

En la nave central llaman inmediatamente la atención las estatuas de los Doce Apóstoles, en un estilo barroco tardío, obra de algunos seguidores de Bernini. Borromini creó doce enormes nichos en los pilares de la nave para recibirlas, y fueron colocadas ahí en 1718. Las columnas de mármol verde –que Borromini acortó y reutilizó– separaban la nave central de las laterales en la antigua basílica. Sobre los Apóstoles se encuentran bajorrelieves que narran relatos del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Elcrucero, completamente renovado bajo la dirección de Della Porta y de d'Arpino (1597–1601), es uno de los conjuntos más armoniosos y representativos de la arquitectura romana de finales del s.XVI. En las paredes, los pintores manieristas de la época compusieron una especie de antología con escenas de la Ascensión, los Apóstoles, etc., y con frescos que narran los principales episodios de la vida del emperador Constantino. En la parte central del crucero, bajo el gran arco sostenido por dos columnas de granito, se encuentra el Tabernáculo ojival, obra del orfebre romano Giovanni di Stefano Sense. Encargado por Urbano V en 1367, y llevado a cabo con la ayuda económica de Carlos V de Francia, está adornado con doce recuadros al fresco, atribuidos a Barna da Siena. En la parte alta se encuentran unos relicarios de plata que, según la tradición, contienen reliquias de las cabezas de San Pedro y San Pablo, aunque no es segura su autenticidad.

Bajo el tabernáculo se encuentra el Altar Papal, donde sólo podía celebrar la Santa Misa el Romano Pontífice, hasta hace poco tiempo. Restaurado en 1851, en el interior se encuentra el altar de madera donde, según la tradición, celebraron Misa los primeros Papas, desde San Pedro hasta San Silvestre. A los pies del altar, en el recinto de la Confesión –obra del s. IX– se encuentra la tumba de Martín V, de Simón Ghini (1443).

En el brazo derecho del crucero, en la cabecera del ingreso lateral, se encuentra uno de los órganos más antiguos y potentes que se conservan, desde hace mucho tiempo sin usar. A la derecha de las columnas de amarillo antiguo, hasta hace pocos años, ondeaba una bandera pirata arrebatada a los corsarios del Mediterráneo.

El presbiterio y el ábside fueron arreglados en tiempos de León XIII (1884), por Vespignani. El mosaico fue trasladado del antiguo ábside y restaurado; en alto se encuentra el Salvador; abajo –como se puede leer en el Apocalipsis–, la Cruz adornada con joyas, sobre la colina de la Jerusalén celestial, donde descienden para apagar la sed de la grey los cuatro ríos (los cuatro Evangelios); a la izquierda, la Santísima Virgen con el donador, Nicolás IV, de rodillas, y los santos Pedro y Pablo; a la derecha, San Juan Bautista y San Juan Evangelista con San Andrés; las dos figuras menores, San Francisco de Asís (a la izquierda) y San Antonio de Padua (a la derecha), son una inclusión al estilo iconográfico tradicional, por deseo de Nicolás IV, que era franciscano. El Jordán aparece con las representaciones tradicionales (cisnes, peces, barcos, etc.). Más abajo, entre las ventanas, los nueve Apóstoles restantes, y las figuras de los autores, Iacopo Torriti (a la izquierda) y fray Iacopo da Camerino (a la derecha).

El techo fue iniciado en 1562, completado en 1567 y restaurado en el s. XVIII. El diseño es de un grupo de discípulos de Miguel Ángel y los tres escudos corresponden a los Papas Pío IV, Pío V y Pío VI.

En la nave izquierda, en el lugar más cercano a la puerta, se encuentra la Capilla Corsini, obra de Alessandro Galilei, construida a cruz griega, bajo una cúpula.. A la izquierda se encuentra el sepulcro de Clemente XII, con una urna de pórfido que procede del Pantheon. Las estatuas son de finales del s.XVIII.

En esa misma nave, ya cerca del presbiterio, se encuentra la entrada al Claustro, obra maestra del arte cosmatesco, realizado por los Vasalletti (padre e hijo). Su arte, como el de los Cosmati, consistía en cortar y ensamblar fragmentos de mármol antiguo. En medio del jardín, un pozo del s. IX, recuerdo del antiguo claustro benedictino.

 

SCALA SANTA

 

Sixto V (1585–90) mandó demoler lo que quedaba del Palacio Laterano medieval, con dos excepciones: la Scala Santa, escaleras que de acuerdo con la tradición pertenecieron al palacio de Poncio Pilato y por las que subió Cristo el Viernes Santo, y la capilla privada de los Papas. Fueron trasladadas a un lugar cercano al original, en una construcción especialmente diseñada por Domenico Fontana para albergar la escalera, que tradicionalmente se sube de rodillas, en memoria de la Pasión del Señor. Los 28 escalones de mármol están recubiertos de madera, para aligerar la subida y para evitar el desgaste. En ciertos puntos, unos trozos de vidrio cubren manchas tradicionalmente consideradas gotas de la Sangre de Nuestro Señor.

Al final de la escalera se llega al ambulatorio de la Capilla de San Lorenzo papal, también llamada Sancta Sanctorum, por las preciosas reliquias que contiene. Está siempre cerrada, pero a través de las rejas se puede apreciar la decoración de cosmatesco. Sobre el altar se encuentra el famoso icono de Cristo Archeiropoeton, es decir, no pintado por mano humana: la tradición dice que lo comenzó San Lucas y fue terminado por un ángel; llegó milagrosamente a Roma, desde Constantinopla, en el s. VIII. En realidad, todo parece indicar que se trata de una pintura sobre madera del s. VI o VII. La inscripción sobre el altar –non est in toto sanctior orbe locus– afirma que nos encontramos en el lugar más santo de la tierra. Durante la Edad Media esta imagen era llevada en procesión por los Papas ante las grandes calamidades de la ciudad. Alrededor del altar están otras reliquias, y en las paredes hay 28 tabernáculos ojivales.

 

Baptisterio

También construido por Constantino, era el lugar donde se bautizaban los cristianos de Roma durante el s. IV. En el s. V, Sixto III instaló las ocho columnas de pórfido en el centro e hizo imprimir en el espacio octagonal inscripciones alusivas al Bautismo. La columnata superior y la linterna son adiciones del s. XVI, para sustituir una cúpula que cedió el año 1540. El recinto circular, en cuyo centro se encuentra una urna de basalto egipcio, se usaba en los primeros tiempos del Cristianismo para el Bautismo de inmersión. Varios Papas construyeron las capillas laterales, y Urbano VII le dio su apariencia actual cuando mandó hacer los frescos (s. XVII) .

Las Capillas de San Juan Bautista y de San Juan Evangelista, a la derecha e izquierda conforme se entra, fueron construidas por el Papa San Hilario (461–468). Cuenta la leyenda que San León Magno envió a San Hilario como representante papal al Concilio de Efeso, para combatir la herejía. Durante su estancia en Efeso se produjo una revuelta y el futuro Papa se refugió en la tumba de San Juan Evangelista, donde hizo el voto de construir una capilla a este Santo y otra al Bautista, si salía vivo.

La Capilla de San Juan Bautista conserva su pesada puerta original, hecha con una aleación de plata, oro y bronce, que produce un ruido particular, muy armonioso, cuando gira en sus goznes.

En la de San Juan Evangelista, en cambio, la puerta original se sustituyó por una de bronce en el s. XII. El techo está decorado con un mosaico del s. V.

En el lado opuesto a la puerta de entrada se encuentra la Capilla de Santa Rufina de los Santos Ciriano y Justino, que corresponde a la antigua entrada del Baptisterio. Uno de los dos ábsides está decorado con mosaicos del s. V.

La última es la Capilla de San Venancio, construida en el s. VII por el Papa Juan IV.

 

CUATRO SANTOS CORONADOS

 

Esta iglesia formaba parte durante la Edad Media de la fortaleza que protegía el Palacio Laterano contra los ataques armados –siempre posibles– de las familias nobles romanas desde el Palatino y el Coliseo. Sobre la iglesia original (s. IV). el Papa León IV (847 – 855) construyó otra que duró hasta 1084, año en que fue reducida a ruinas por la tropas normandas. Pascual II (1099– 1118) construyó una iglesia mucho más pequeña, más corta y sin naves laterales.

La iglesia está dedicada a cuatro soldados romanos (Severo, Severiano, Capoforo y Vittorino), martirizados por negarse a adorar la estatua de Esculapio. Una lista de mártires elaborada por el Papa León IV dice que sus restos fueron colocados en la cripta, junto con los de cinco escultores, igualmente martirizados por negarse a esculpir la estatua. Por esta razón la iglesia es muy visitada por canteros y marmolistas.

El Claustro románico data del s.XIII. Destacan las columnas y sus capiteles, que son probablemente el primer ejemplo de decoración con hojas de nenúfar; en el centro se encuentra el labrum, fuente para las abluciones, de Pascual II (s. XI–XII); alrededor, restos de una capilla del s. IX; más adelante, la triabsidal Capilla de Santa Bárbara (s. IX). con unas repisas del s. IV o V, y restos de frescos de la alta Edad Media.

Saliendo de la iglesia, a la izquierda se encuentra la portería del convento, que conserva en la pared restos de un curioso calendario litúrgico del s.XIII. En el torno se pide la llave, si se desea entrar en elOratorio de San Silvestre, decorado por interesantísimos frescos de 1246, de un estilo que evoca por su ingenuidad al naif del s.XX, de Cristo flanqueado por la Santísima Virgen,. San Juan Bautista y los Apóstoles. Abajo se ilustra la historia del Papa San Silvestre, el emperador Constantino Leproso, su curación por el Papa, su bautismo, y la entrada del Papa en Roma con el emperador.

 

SAN CLEMENTE

 

Se levanta sobre una iglesia del s. IV, dedicada a San Clemente, cuarto Romano Pontífice de la Iglesia, que a su vez había sido edificada sobre una casa romana. Fue destruida en 1084 y reconstruida en el mismo sitio por Pascual II en 1108.

El interior conserva la planta original del s. XII, con una nave principal y dos laterales. La unidad de estilo, sin embargo, viene rota por la decoración barroca (frescos del techo y las paredes). correspondientes al s. XIII. Son especialmente interesantes los trabajos de mármol; por ejemplo, la schola cantorum de la nave principal, algunos restos de la primera basílica. con su pavimento cosmatesco, y los ambones del s. XII. La balaustrada que separa el coro del presbiterio corresponde a la basílica primitiva y data del s. VI.

El mosaico del ábside es del s. XII y representa la exaltación de la Santa Cruz. Las doce palomas simbolizan a los Apóstoles; a los flancos, la Virgen y San Juan. En la parte alta, el Paraíso, con Dios Padre que sostiene la corona de Jesús. Debajo de la Cruz, un grupo de ciervos, símbolo de los catecúmenos, acude a saciar su sed en la verdad cristiana. Más abajo, en el ábside, un rebaño de ovejas abandonan Jerusalén, imagen de la Antigua Ley, y se dirigen a adorar al Cordero. Sobre el arco, los profetas Jeremías e Isaías proclaman el triunfo de Cristo, que está rodeado por los símbolos de los Evangelistas; entre Cristo y los Profetas se encuentran San Clemente (en la barca con San Pedro) y San Lorenzo (acompañado por San Pablo).

En la nave izquierda, en la parte más cercana al pórtico, se halla la Capilla de Santa Catalina. Los frescos de Masolino da Panicale (1383–1447), representan a San Cristóbal llevando a Jesús (a la izquierda de la arcada); episodios de la vida de Santa Catalina de Alejandría (pared de la izquierda); la Crucifixión (pared del fondo); y particulares de la vida de San Ambrosio (pared de la derecha, algo dañada), obispo de Milán que animó al emperador Graciano hacia el año 380 a renunciar al título de Pontifex Maximus y a clausurar en Roma el altar de la victoria donde todavía se ofrecían sacrificios idolátricos.

En la nave de la derecha, a un lado de la Sacristía, se encuentra la escalera que conduce a las excavaciones de la basílica primitiva (s. IV). Tiene una planta típicamente basilical con nártex (espacio cubierto, entre el atrio y la nave), una nave central y dos laterales y un ábside. Un muro de carga, que soporta la basílica superior, divide la nave central en dos partes.

Especialmente interesantes son los frescos. Los del nártex datan de los s. XI y XII, y otros son más antiguos. En la nave se encuentran algunos que llaman la atención por su buen estado de conservación y por la viveza de las escenas: Sisinius, prefecto de Roma, acude a arrestar a su mujer porque asistía a una Misa clandestina celebrada por el Papa San Clemente, pero quedó ciego, al igual que sus sirvientes, y cargaron una columna pensando que era la esposa de Sisinius. El fresco es particularmente célebre porque contiene algunas de las primerísimas frases en italiano, muy valiosas para el estudio de la formación del italiano romance.

A la izquierda del ábside de la basílica antigua, se encuentran unas escaleras que conducen a los restos de dos casas construidas en la época de la República. La que se encuentra bajo el ábside, que data del s. III, estaba provista de un Mithraeum, pequeño templo dedicado al culto del dios Mitra. Se accede salvando unos antiguos peldaños, hasta llegar a dos bancos de piedra, donde se sentaban los iniciados. La estatua del dios sol fue colocada al fondo; en el centro se encuentra el altar. que muestra a Mitra cortando la lengua del toro, mientras el perro, la serpiente y el escorpión –símbolos del mal– tratan de evitar el sacrificio.

 

BASILICA DE LOS SANTOS JUAN y PABLO

 

La torre campanario fue construida en el s. XIII, sobre las ruinas del templo de Claudio. La basílica es uno de los ejemplos más claros de las primitivas ecclesiae domesticae. Se levanta sobre un antiguo titulus, erigido en la casa de Juan y Pablo. dos oficiales de la corte Constantiniana, martirizados el 362 por el emperador Juliano el Apóstata. Poco tiempo después, alrededor del 398, el senador Bizante y su hijo Pammachius, también senador, erigieron la basílica sobre el santuario de los dos mártires. Devastada pocos años después por la hordas de Alarico (410), que saquearon toda la ciudad, fue sucesivamente reconstruida. Otras reconstrucciones se llevaron a cabo después del terremoto del 442 y del saqueo de Roberto Guiscardo (1084).

En tiempos de Pascual II (1099–1118), el Cardenal Teobaldo reconstruyó el convento e inició la construcción del campanario, que fue terminado a mediados del .XII. al igual que el pórtico de entrada. En 1715–18, se realiza la casi total transformación interior, que le hace perder totalmente su aspecto de basílica paleocristiana.En la nave central de la iglesia, una pequeña losa señala el sitio preciso en que fueron decapitados los dos hermanos.

Entre 1949 y 1951 se realizan una serie de investigaciones y restauraciones que. sacando a la luz las antiguas estructuras, han permitido la reconstrucción ideal de la antigua basílica del s. V. de un estilo no conocido hasta entonces, y que viene definido con el nombre de basílica abierta. Tienen mucho interés las pinturas y símbolos de la primitiva cristiandad: el pez, la paloma, unos corderos.

Muy cerca de la Basílica, en la Via de San Gregorio, se encuentra la Iglesia de San Gregorio; pórtico renacentista, con cuatro pares de columnas que recorren los dos pisos de la fachada, bajo el clásico frontón arquitectónico..

 

TERMAS DE CARACALLA

 

También conocidas como Termas Antonianas. Fueron construidas por el emperador Caracalla (emperador Jacte christianus educatus, como se le llamaba por haber tenido una nodriza cristiana), entre los años 212 y 217,  rodeadas por un recinto externo, obra de los emperadores Eliogábalo y Alejandro Severo. Este último era hijo de Julia Mamea, mujer de inquietudes religiosas, que escuchaba con agrado a Hipólito Romano e hizo venir a Orígenes desde Alejandría para que le hablara del Cristianismo. Las termas seguían funcionando en el s. IV, cuando se inutilizó la instalación hidráulica, obra de gran perfección ingenieril. La planta corresponde al tipo establecido en el Imperio desde el s.II: una gran construcción central, rodeada de jardines, dentro de un recinto rectangular con ambientes accesorios. Ocupaba un espacio cuadrado de cerca de 330 m de lado; el edificio central medía 220 x 114 m.

La entrada se encontraba en Via Nova, paralela a la Appia. Hoy día, se entra por el frigidarium (agua fría), salón rectangular ocupado casi totalmente por la piscina. Paralelo a éste se encuentra el tepidarium (agua tibia), que comunica en los extremos con las palestras o gimnasios, a través de dos ambientes intermedios. A mitad del lado largo de la sala de agua tibia –a través de una segunda sala, cella media, bastante más pequeña– se pasaba al callidarium, o sala de agua caliente, salón circular de 35 m de diámetro, en gran parte destruido y ocupado por las instalaciones del teatro de verano. A los lados y alrededor de las palestras, se encontraban otras salas dedicadas a los ejercicios gimnásticos y a los servicios. Más allá de la explanada que está frente al callidarium, se encuentran las ruinas del stadio, flanqueado por bibliotecas.

Parece ser que el complejo contenía baños individuales y colectivos, y que podía atender simultáneamente unos 1600 visitantes. La decoración con recubrimientos de mármol policromo y metal, constituía una de las más importantes colecciones de esculturas de la época, que hoy se encuentra repartida por los principales museos italianos, especialmente en el Museo Nacional de Nápoles (colección Farnese) y en el Museo Lateranense. Las dimensiones ya dan idea del lujo de las termas; hasta las tinajas eran de basalto y alabastro.

Saliendo de las termas hacia la Via Druso se encuentra la Iglesia de los Santos Nereo y Aquileo, del siglo IV, aunque posteriormente fue rehecha por León III (s. IX). Bajo el frontal se lee el nombre latino de los dos mártires cuyas reliquias se guardan bajo el altar: San Nereo y San Aquileo, soldados romanos convertidos de la primera hora y decapitados por dar testimonio de su fe.

 

ITINERARIO 4: SAN PABLO EXTRAMUROS y VIA APPIA

 

Recorrido

 

Se puede iniciar en la Basílica de San Pablo Extramuros, de donde se sale por la Via Ostiense; al llegar a Via F. Matteucci se gira a la derecha, y nuevamente a la derecha en Via G. Benzoni; se sigue hacia el sur, hasta llegar a La Circonvallazione Ostiense, que se cruza entera hasta la Via Cristoforo Colombo; se gira entonces a la izquierda, tomando el carril lateral (no el central). Se continúa de frente por Via C. Colombo, hasta llegar a la Porta Ardeatina, donde se gira a la derecha. El primer cruce es el de la Via Appia Antica (en la Porta San Sebastiano), donde se gira a la derecha.. A poco menos de un kilómetro de distancia a la izquierda, se encuentra la iglesia del Quo Vadis.

Continuando el recorrido por la Via Appia, se ven los letreros indicadores de las tres Catacumbas. Un poco adelante de las Catacumbas de San Sebastián se encuentran la tumba de Rómulo y el Circo de Majencio y, aún más adelante, la tumba de Cecilia Metella.

 

BASILICA DE SAN PABLO EXTRAMUROS

 

Notas generales

San Pablo fue hecho prisionero en Jerusalén en el año 58 y llevado a Roma por haber apelado a la autoridad del Cesar. Juzgado inocente, vivió en casa de Aquila y Priscila durante algún tiempo, antes de ser de nuevo encarcelado y decapitado el año 67, durante la persecución de Nerón; fue enterrado a un lado de la Via Ostiense. El núcleo primitivo del culto se remonta a Constantino y la  primera basílica fue consagrada por el Papa Silvestre I. en el año 324. La construcción de la basílica en forma monumental se efectuó en tiempo de la triarquia de los emperadores Valentiniano II, Teodosio I (emperador que impuso a todo el Imperio el credo de Nicea e hizo del catolicismo la religión oficial del Estado) y su hijo Arcadio, quienes, en torno al año 390 ya habían terminado las obras de cimentación, más bien complicadas debido a la cercanía del Tíber. Como no podía alargarse la construcción original por el lado de la Via Ostiense y, por otro lado, no querían modificar la disposición de la tumba del Apóstol, cambiaron la orientación, que quedó con el ábside en la Via Ostiense y la fachada mirando hacia el Tíber, de modo que la tumba ocupase una posición central en el centro de la nave. La nueva Basílica era más grande que la de San Pedro. Prueba de las dimensiones es que el

La noche del 15 al 16 de julio de 1823, un incendio estuvo a punto de devastar la basílica. Los daños fueron sólo parciales, y se procedió enseguida a remediar la catástrofe, con ayudas que llegaron de todo el orbe cristiano. La nave central y las laterales se reconstruyeron totalmente, a pesar de que las llamas no habían tocado la parte sur. El ábside y el crucero requirieron una reparación considerable. Aunque San Pablo Extramuros está adornada hoy en día con brillantes mármoles y vivos colores, aún corresponde a los planos originales del s.IV, y manifiesta la grandeza de las primitivas basílicas cristianas de Roma, y la fe de aquellas primeras generaciones de seguidores de Cristo.

 

Atrio

Entrando por la puerta principal –la que mira al Tíber se encuentra el cuadripórtico, rodeado de arcadas, construido a principios de este siglo. En la parte más cercana a la fachada se encuentran diez columnas monolíticas de mármol rosa de Baveno, de 10 m de alto; en los otros lados está rodeado por columnas de granito blanco, en filas dobles a los flancos, y en una triple fila en el lado del Tíber. En el centro se encuentra la estatua de San Pablo, y a la derecha de la fachada, la de San Lucas, ambas del s. XIX. El mosaico es una reposición del realizado por Pietro Cavallini en el s.XIV. La puerta central de acceso al interior, flanqueada por las estatuas de San Pedro y San Pablo, está decorada, en bronce y plata, con escenas de las vidas de los Apóstoles. La Puerta Santa se encuentra, tapiada, al lado derecho; en la parte interna de esta puerta están colocados los dos batientes de la puerta mayor de la antigua Basílica, cinceladas y damasquinadas en plata, con 54 recuadros en los que se narran historias del Antiguo y del Nuevo Testamento, símbolos e inscripciones, realizados en Constantinopla por Staurachio de Scio (1070), por encargo del Abad Hildebrando, que después sería el famoso Papa Gregorio VII.

 

Interior

Ochenta columnas –monolitos de granito– separan las cinco naves. El techo en oro y blanco ostenta el escudo de armas de Papa Pío IX (1846–78), que fue quien consagró esta Basílica de 131,66 m de largo, 65 m., de ancho (24.60 sólo la nave central) y 29,7m., de alto. Las grandes ventanas, en lugar de cristales, tienen placas de alabastro que filtran la luz del día e iluminan los 36 frescos con hechos de la vida de San Pablo, obra de los pintores más famosos de mediados del siglo pasado. En el plano inmediatamente inferior se encuentran 262 mosaicos con la serie de retratos de los Papas –de San Pedro hasta Juan Pablo II–, que ocupa toda la nave central y parte de las laterales.

A lo largo de las paredes laterales se alternan ventanas y nichos que contienen estatuas de los Apóstoles, de diversos autores, realizadas en torno a 1884.

Dos gigantescas columnas de granito con capiteles jónicos (las más grandes que se han hecho después de la caída del Imperio Romano) sostienen el arco del presbiterio en el que han sido representados San Lucas y San Marcos y los 24 ancianos del Apocalipsis.

El baldaquino gótico de Arnolfo di Cambio (1285) salió incólume del incendio, está sostenido por cuatro columnas de pórfido, con capiteles de mármol dorado, y decorado por figuras de fina ejecución, desde los ángeles que soportan los rosetones, hasta los animales en el techo abovedado. Sobre las columnas. en cuatro nichos, se distinguen San Pedro, San Pablo, San Lucas y San Benito. El lado que mira a la nave muestra al Abad Bartolomé, que mandó hacer el baldaquino, para ofrecerlo a San Pablo.

 Bajo el baldaquino se encuentra el altar mayor. La mesa se halla  1.37 m. por encima de una placa de mármol con el nombre de Pablo, Apóstol y Mártir. La placa sería la posición de la tumba de San Pablo; nunca se ha movido.

El mosaico del ábside, del s. XIII, es obra de artistas Venecianos, que siguieron el modelo bizantino. La pequeña figura a los pies de Cristo representa al Papa Honorio III. quien encargó la realización del mosaico. Fue restaurado en el s. XIX.

El techo del crucero está ricamente decorado con el símbolo de San Pablo –un brazo y una espada– y los escudos de diversos Papas desde 1800 hasta 1846 (Pío VII. León XII. Pío VIII y Gregorio XVI).

A la izquierda del ábside se encuentra la Capilla del Santísimo, única capilla que se libró por completo de las demoliciones que siguieron al incendio. Aquí se encuentra un crucifijo de madera del s. XIV, atribuido a Cavallini. Una estatua de Santa Brígida de rodillas, de Stefano Maderno (principios del s. XVII), y una estatua de madera muy chamuscada de San Pablo, del s. XIII, muy venerada en la Edad Media porque se consideraba un retrato directo del Apóstol.

A un lado del altar mayor. se encuentra el candelero del cirio pascual, de Nicoló di Angelo y Pietro Vassalletto (s. XII), de 5,6 m de alto.

El claustro es obra de Pietro Vassalletto (s. XII), el mismo a quien se atribuye el claustro de San Juan de Letrán. En esta zona se encuentra la Capilla de las Reliquias, donde se conservan relicarios preciosos, entre otros uno en el que se conserva un fragmento de la Cruz.

 

LA VIA APPIA

 

Introducción

Las carreteras de Roma surgieron con un objetivo netamente militar. pero con el tiempo adoptaron fines diversos. incluido el turismo. Desde Roma partían 29 caminos dispuestos en abanico que enlazaban la ciudad con las provincias de Italia y continuaban en los países lindantes. Sobrepasando los Alpes. Estos caminos, llamados consulares, estaban a su vez enlazados entre sí por vías secundarias, llamadas provinciales.

Los caminos tenían generalmente una parte central reservada a carros cuadrúpedos y, a los lados, las aceras más altas para los peatones. Por estos caminos también pasaba el correo romano, que permitía al emperador hacer llegar en poquísimo tiempo sus órdenes hasta los más lejanos confines del Imperio..

Los elevados gastos del correo, que corrían a cargo de las provincias, comprendían el mantenimiento de diversos edificios para el reposo durante el viaje, como mansiones, albergues (stationes), caballerizas, y gastos del numeroso personal de servicio (obreros, arrieros, veterinarios, carpinteros. mozos de cuadra y conductores). También recaía sobre las provincias la alimentación y los gastos inherentes a la estancia de los viajeros.

A quien no podía disfrutar de estos servicios del Estado, no le quedaba otra salida que dirigirse a los particulares. De este modo, paralelamente a la organización oficial, nacida para satisfacer las necesidades políticas y militares, surgió rápidamente una organización privada que alquilaba coches y animales y que hacía frente al transporte del correo particular. Guías e itinerarios para viajeros (turistas) fueron escritos desde la más lejana antigüedad.

Se recorrían 30 kilómetros al día, con paradas cada cinco, para que los viajeros pudieran apagar su sed o comer un poco. Al llegar la noche, se hospedaban en los albergues oficiales o particulares.

 

La Via Appia

 

Proyectada y llevada a cabo el año 312 a.C. por el Censor Apio Claudio, el ciego. Pretendió ser  la más larga y bella de las carreteras romanas, y y pronto se le comenzó a llamar Regina Viarum. Para su alzado se hizo necesario vencer obstáculos sin cuento, como cruzar pantanos y valles, remontar torrentes y ríos, superar montañas, agudizando hasta extremos memorables la ciencia y la técnica de entonces. Adoquinada con polígonos de basalto –roca volcánica, de color negro o verdoso–, tenia una anchura total de 14 pies romanos. esto es, poco más de cuatro metros, lo que permitía el paso simultaneo de un carro en cada dirección. Además, contaba con aceras de tierra batida de metro y medio de ancho a cada lado, limitadas por un borde de piedra.

Julio César la restauró a costa de su propio patrimonio. Con las sucesivas aportaciones de Augusto, Domiciano y Vespasiano, llegó a sus dimensiones definitivas: 540 kilómetros, que unían la capital del Imperio con Brindisi, al sur de Italia, puerto crucial para el dominio del Mediterráneo y para la comunicación con el Oriente; distancia que podía cubrirse en 13 ó 14 jornadas de viaje

Por esta Via llegó San Pablo prisionero a Roma en el año 61.

En los primeros 20 kilómetros, flanqueaban la Appia diversas tumbas de ciudadanos ilustres. A la altura de las Catacumbas de San Calixto, se encontraban las sepulturas de los Pomponios, los columbarios de los cocineros imperiales y de los marineros de la flota de Miseno, que tenían el encargo de manejar el toldo del Coliseo.

Antes de llegar a las Catacumbas, se encuentra la Iglesia del Quo vadis, a la altura del cruce de la Via Appia con la Via Ardeatina. En esta iglesia se venera una piedra con las huellas de los pies de Cristo, copia del original, que se encuentra en las catacumbas de San Sebastián.

Ya cerca de las Catacumbas de San Sebastián, se hallaba el mausoleo de Rómulo, hijo del emperador Majencio y, al lado, el circo de Majencio. La tumba que por grandeza y por su peculiar estado de conservación domina el camino consular es la de Cecilia Metela (s. I a.C.), que se erige al final de una corta subida en la tercera milla de la Via Appia. Está formada por un basamento cuadrangular sobre el que se levanta el cuerpo de fábrica. Tiene cerca de 20 metros de altura y está toda revestida de travertino; en la parte alta,  una lápida recuerda a Cecilia, hija de Quinto Metelo Crético, el que sometió la isla de Creta.

 

CATACUMBAS DE SAN CALIXTO

 

El cementerio oficial más antiguo de la comunidad romana es también conocido porque fue la sepultura de casi todos los Papas del s. III, a excepción del Papa Urbano y del propio Calixto (217–222), tal vez a causa de los disturbios populares al tiempo de su martirio. También es conocida por su excepcional colección de pintura paleocristiana.

Probablemente fue Calixto el responsable de que la Iglesia se convirtiera en dueño legal de este cementerio, hacia finales del s. II, durante el reinado del emperador Commodus (180–192), que fue un periodo de paz para los cristianos. Calixto, probablemente era oriundo del Trastevere, fue denunciado por algunos judíos como cristiano y le condenaron a trabajos forzados. Liberado en una amnistía, le conmutaron la pena por el destierro y tuvo que dejar Roma. Retornó durante el pontificado de Ceferino, fue ordenado diácono y recibió el encargo de administrar el cementerio que hoy lleva su nombre. En el año 217 sucedió a Ceferino como Papa, pero a su muerte, cinco años después, no fue enterrado en sus Catacumbas, sino en las de Calepodio (en la Via Aurelia), junto al Gianicolo, donde se encontró su tumba en 1962.

Junto a la entrada de las excavaciones, se encuentra la Capilla de los Tres Ábsides, probablemente construida en el s. IV, donde fueron enterrados el Papa Ceferino y el joven San Tarsicio. El monumento, reconstruido sobre los antiguos cimientos, contiene una rica colección de fragmentos escultóreos pertenecientes a sarcófagos del antiguo cementerio a cielo abierto. Una gran escalera conduce al lugar más venerable de la catacumba y, seguramente, uno de los más sagrados de Roma: la Cripta de los Papas

San Calixto reservó en su cementerio una cámara especial para dar sepultura a los Papas, y allí fueron enterrados los Pontífices del s. III, en los lóculos de las paredes. Entre ellos está Sixto II, asesinado junto con cuatro de sus diáconos, mientras celebraba la Santa Misa en las Catacumbas.

En la pared de la entrada, un palimpsesto –manuscrito que deja ver las huellas de una leyenda anterior borrada artificialmente– recuerda las muchedumbres de peregrinos de antaño. Nueve Pontífices, mártires la mayoría, descansan en esta cripta. Pueden verse los epitafios originales de cinco de ellos, en griego, con el título de EPISCOPOS; en dos, las tumbas de Ponciano y Fabiano, otra mano ha añadido las letras griegas M T P, principales consonantes de la palabra mártir. El primero fue deportado y murió en el exilio; el segundo fue martirizado por el emperador Decio, quien organizó una de las más grandes persecuciones contra los cristianos; con ocasión del primer milenio de la fundación de Roma (248), dictó un edicto general exigiendo a todos los habitantes del Imperio sacrificios a los dioses; quienes se negaban eran castigados con la cárcel, trabajos forzados, pérdida de bienes, tortura y muerte. Se exigía de modo especial el sacrificio a los obispos; de ellos había dicho Decio que prefería un rival en el Imperio que un obispo cristiano en Roma. A la muerte de este emperador, escribió Lactancio: "Vino, tras largos años de paz, Decio, animal execrable, para perseguir a la Iglesia. ¿Pues quién, sino un malvado, persigue a la justicia? Y como si no hubiera tenido otro fin su elevación a la cúspide del Imperio, comenzó inmediatamente a levantarse contra Dios, para caer también inmediatamente. Pues, saliendo a campaña contra los Carpos, que tenían ocupada la Dacia y la Mesia, fue derrotado con gran parte de su ejército, y no tuvo ni los honores de la sepultura: despojado y desnudo, como convenía a un enemigo de Dios, quedó tendido para pasto de fieras y aves".

Las columnas y el lucernario datan del s.IV. De la misma época son las inscripciones con versos en honor de los mártires, del Papa San Dámaso, apasionado cantor de los que derramaron su sangre por Cristo.

En la cripta de Santa Cecilia se veneraba a la Santa ya desde el s. VII, si bien su tumba no fue encontrada hasta el s. IX, en el lugar donde ahora se encuentra una copia de la escultura hecha por Maderno cuyo original se puede ver en la Basílica de Santa Cecilia.

Las criptas de los Sacramentos contienen una extraordinaria colección de pinturas del s. II y principios del III. Están considerados entre los frescos más antiguos de todas las catacumbas romanas, pero el valor se debe de modo particular a los motivos elegidos –alusiones al Bautismo y a la Eucaristía–, que ha dado nombre a las criptas.

En esta Catacumba también se encuentra la cripta donde está enterrado el Papa San Eusebio (309–310), que fue deportado a Sicilia, y sus restos fueron recuperados por su sucesor; la del Papa San Cornelio (el que se menciona en el Canon Romano y varios más.

 

CATACUMBAS DE DOMITILA

 

Esta red de galerías se inició en el sepulcro de Domitila. sobrina del emperador Domiciano (81–96). El año 95. Flavius Clemens –esposo de Domitila– fue denunciado por su fe cristiana, y martirizado por orden de Domiciano. Domitila fue exiliada a la isla de Ponza (Pandataria), y allí a finales del s. IV –según atestigua San Jerónimo– se veneraban las celdas donde la santa sufrió su largo martirio.

Las Catacumbas se convirtieron en meta de peregrinación cristiana cuando, en el s. IV, se construyó una basílica sobre las tumbas de San Nereo y San Aquiles, dos soldados mártires, honrados por el Papa Dámaso con un epigrama que se lee a la entrada, en el que se narra la conversión; ejercían como alguaciles en el tribunal de un perseguidor de cristianos; transformados repentinamente por la gracia, arrojaron las armas y afrontaron con alegría el martirio por Cristo. Las Catacumbas de Domitila fueron descubiertas en el s. XVI, por Antonio Bosio.

Los puntos de mayor interés en la visita son: la Basílica de San Nereo y San Aquiles, en la que aún se conservan algún resto de la construcción original; el Cubículo de Veneranda. muestra de la piedad cristiana del s. IV: suponía un gran honor para los fieles recibir sepultura cerca de la tumba de un santo, y Veneranda en este caso quiso ser enterrada junto a Santa Petronila; el Vestíbulo Flaviano, quees una de las zonas más antiguas de estas Catacumbas (s. II); y el Hypogeum Flaviano–Aureliano, un ejemplo de la decoración utilizada por los primeros cristianos en los lugares sacros.

 

CATACUMBAS DE SAN SEBASTIAN

 

Junto al área cubierta por las Catacumbas, la Via Appia se adentra en un valle.  Al fondo del valle se construyeron tres mausoleos que probablemente marcaron el principio de lo que serían las Catacumbas de San Sebastián. Al fondo, se abrían las galerías de una mina de puzolana, un tipo de arenisca volcánica. Cuando, a finales del s.  I de la era cristiana, cesó la explotación, fueron utilizadas como cementerio. Casi al mismo tiempo, en el piso superior, al borde de la hondonada, se formó una doble fila de columbarios, alineados en una vereda que salía de la Appia. A mediados del s. II, se enterró la mina de puzolana, y se formó un nuevo solar, aún más elevado que los columbarios, en el que se colocaron numerosas tumbas de lóculo y tres ricos mausoleos. En el s.III, los mausoleos fueron cubiertos por una plataforma que formaba una especie de porche cubierto, llamado triclia, que miraba un amplio patio pavimentado. En el s. IV se construyó una basílica sobre la estructura original, y se rodeó de mausoleos. En el s.V se excavó una cripta alrededor de su tumba. La Basílica fue modificada en el s. XIII y reconstruida en el XVII. La nueva iglesia fue construida sobre la nave de la edificación anterior.

Entre los puntos de mayor interés se encuentran los tres mausoleos, que se remontan a los inicios del s. I, pues en un principio fueron usados por paganos y sólo luego pasaron a manos cristianas. Se puede ver un documento cristiano de excepcional importancia: las letras griegas IXTOYC, acróstico de la frase Jesús Christós Theoú Yiós Sotér, Jesús Cristo, Hijo de Dios Salvador. Entre las letras del acróstico, se ha introducido una T, símbolo de la Cruz. La palabra griega IXOYC significa pez, y por eso son tan frecuentes los dibujos de peces en el arte paleocristiano.

También se puede contemplar el antiguo porche, o Triclia, plagado de grafitos con invocaciones a los Apóstoles Pedro y Pablo. Desde el año 258 en adelante, los cristianos se reunían en este lugar para celebrar la memoria de los Apóstoles Pedro y Pablo. La mayor parte de los eruditos explican esta aparición imprevista del culto a los dos Apóstoles en la Via Appia por un traslado provisional de sus restos desde sus respectivos sepulcros, quizá por temor a que fueran profanados durante la persecución de Valeriano. O más probablemente mientras se construían las Basílicas de San Pedro en el Vaticano y de San Pablo Extramuros.

La Cripta de San Sebastián y las Galerías recibieron durante siglos continuas visitas de peregrinos que acudían a la intercesión del Santo. San Sebastián era un soldado romano, una de las víctimas de la última persecución, la de Diocleciano. Además de producir un elevado tributo de sangre cristiana, destruyó muchos ejemplares de las Sagradas Escrituras y de las Actas de los mártires de la capital del Imperio.

La Basílica actual ocupa sólo la nave central de la antigua basílica, pues en las dos laterales se encuentran los museos epigráfico y escultórico. En la Capilla de las Reliquias, a la derecha de la basílica actual, se conserva la piedra en la que, según la tradición, Cristo dejó sus huellas cuando se apareció a San Pedro en la Via Appia.  En la Capilla de San Sebastián, a la izquierda, se conserva una escultura del santo, obra de uno de los discípulos de Bernini(s.XVII}.

 

TUMBA DE RÓMULO Y CIRCO DE MAJENCIO

 

El emperador Majencio se había hecho levantar una tumba en la Via Appia, y allí sepultó a su hijo de tierna edad, fallecido el año 309. Se trataba de una construcción cilíndrica de un solo ambiente. Lo que queda de la tumba, apenas tres naves, está parcialmente enterrado y parcialmente oculto por una casa edificada enfrente.

Al lado sur de la tumba, en una depresión natural del terreno, Majencio construyó un circo para carreras.  En la espina del circo, muro bajo que dividía la arena, se alzaba entre otros motivos el obelisco de Domiciano, que fue posteriormente colocado por Bernini sobre la fuente de Piazza Navona.

 

ITINERARIO 5: COLISEO Y FOROS

 

Recorrido

 

Se parte de la plaza de Aracoeli, después se visita la basílica, y a continuación se pasa a la plaza del Campidoglio, para ver los museos capitolinos. Acto seguido, se suben las escaleras que salen desde la plaza a la derecha –aunque parezca que den a un edificio–, se atraviesa el soportal, y se desemboca en el Belvedere de la Roca Tarpeya; desde donde se contempla una de las mejores vistas de los Foros romanos. A continuación, se vuelve a la Plaza del Campidoglio y, por la Via de San Pietro in Carcere, se baja a la Cárcel Mamertina. Después, por la Via dei Fori Imperiali, se llega hasta el Colosseo. Antes, se puede echar una ojeada al foro de Trajano. A continuación, también de camino hacia el Coliseo, se puede ver el Arco de Constantino y entrar en los Foros.

 

SANTA MARIA IN ARACOELI

 

Surge en la cima más alta de la colina Capitolina. Esta iglesia, una de las primeras dedicadas a Santa María, fue construida entre el s. IV y el VII, en el lugar que según la leyenda, la Sibila había anunciado a Augusto quién sería su sucesor: un niño hebreo, Rey del Cielo. En ese mismo lugar, Augusto erigió un altar, y entre el s. IV y VII se levantó un monasterio y la iglesia.

El aspecto actual de la iglesia es fruto de la reconstrucción románico–gótica realizada a principios del s. XIII. Fue abadía benedictina en el s. X y pasó a los franciscanos en 1250. Durante la época medieval, la basílica fue una especie de foro o centro político–administrativo, donde se tenían las reuniones y debates de las asambleas populares (en aquel momento se vio la posibilidad de organizar un Ayuntamiento libre). En Santa Maria d'Aracoeli se celebró el triunfo de Marco Antonio Colonna en la batalla de Lepanto (1571); como recuerdo se cubrió de oro el techo que recorre toda la nave.

La escalinata tiene 122 peldaños de mármol, y fue construida en 1348.

Laiglesia está dividida en tres naves. separadas por 22 columnas procedentes de diversos edificios de época romana. Bajo el pavimento cosmatesco (fines del s. XIII). se hallan sepulcros de los s. III y IV; el techo, con símbolos navales, conmemora la victoria de Lepanto.

En la parte alta de la contra fachada se puede apreciar la enorme inscripción de Urbano VIII sostenida por dos virtudes, de la escuela de Bernini; y en la parte derecha, sobre el muro, la piedra sepulcral del archidiácono Giovanni Crivelli, obra de Donatello. En el pavimento. sobre la tercera columna de la izquierda, se encuentra la inscripción: “cubículo” de los Augustos, atravesada por un agujero inclinado que probablemente servía para las observaciones celestes; sobre la siguiente columna, un fresco de influencia sienesa de la Virgen Refugium Peccatorum (s. XV); delante, la tumba del Magister Aldus, constructor de la Iglesia. En las naves laterales destaca la Capilla Bufalini con la historia de San Bernardo, decorada con espléndidos frescos de Pinturicchio (1486).

En el altar mayor, barroco, destaca una antigua imagen bizantina de la Virgen (s.  X). Al centro del transepto izquierdo[7], la Capilla de Santa Elena, elegante construcción de 1605. En el interior del altar se halla una urna de pórfido que contiene los restos de Santa Elena; sobre la urna. un poco más abajo del actual pavimento, se encuentra la Aparición de la Virgen a Augusto, un altar cosmatesco de finales del s.XIII colocado sobre el ara que –según leyenda– mandó construir el propio Augusto, después de la aparición de la profetisa.

En una capilla al lado de la sacristía, se conserva el famoso Santo Bambino, muy popular y venerado en Roma. La imagen original fue robada hace años; se trataba de una escultura realizada con madera de olivo del Getsemaní a finales del s. XIII, revestida según la costumbre de la época para los recién nacidos, y adornada con exvotos.

 

PLAZA DEL CAMPIDOGLIO

 

Desde la plaza de Aracoeli se sube al Capitolio por la escalinata proyectada por Miguel Ángel. En la base hay dos leones egipcios provenientes del Campo Marcio –hoy transformados en fuentes–, que en los días de fiesta vertían vino. En la cima, Cástor y Pólux, con sus caballos, de época imperial, colocados en esta posición en 1583.

 

La Plaza

Proyectada por Miguel Ángel,  destaca por la elegancia del juego decorativo del pavimento. Está edificada sobre la colina Capitolina. La más pequeña de las siete colinas romanas, pero la más importante desde el punto de vista político y religioso de la Roma antigua; sobre sus dos cimas surgían el templo de Júpiter Capitolino y el de Hera Moneta, ambos orientados hacia el Foro romano.

En el centro se yergue la estatua ecuestre de Marco Aurelio; impresionante escultura de bronce que representa al emperador en acto de arengar a la multitud. Antes de ser colocada en esta plaza en 1538, por voluntad expresa del Papa Paulo 111 (en contra de la opinión de Miguel Ángel). se hallaba en el Laterano. Es uno de los pocos ejemplos de antiguas esculturas de bronce que hayan llegado hasta nuestros días. De la antigua doradura del bronce sólo son visibles la cara y el manto del emperador, y la cabeza y algunas zonas del dorso del caballo. Una antigua leyenda anuncia el fin del mundo cuando aparezca de nuevo toda la bronceadura.

 

Palacio Senatorial

Al fondo de la plaza se encuentra el palacio proyectado por Miguel Ángel, pero construido –con sustanciales alteraciones del diseño original– por Giacomo della Porta y Girolamo Rainaldi entre 1582 y 1605. Se accede por una escalera miguelangelesca. En el frente, encima de la fuente, se halla un nicho con la antigua estatua de Minerva (s. I), revestida de pórfido y transformada en la diosa Roma. A los lados, las figuras yacentes del Nilo (a la izquierda) y del Tevere, del s. II, provenientes de las Termas de Constantino. Sobre el palacio descolla la Torre del s. XVI, construida por Martín Longhi el Viejo. A la altura de la penúltima cornisa destaca el Gran Reloj; encima, las Campanas que antiguamente se usaban para llamar y reunir al pueblo.

 

Palacio de los Conservadores

Se encuentra en el lado derecho de la plaza, enfrente del Palacio Nuevo, llamado también Museo Capitolino. Son dos construcciones gemelas diseñadas por Miguel Ángel y llevadas a cabo por della Porta y Rainaldi, que actualmente funcionan como museos de arte antiguo.

A través del pórtico se accede al Cortile, donde se pueden apreciar unos arcos góticos sobre columnas de la primitiva construcción del s. XV. En el lado derecho, la Cabeza de Constantino, proveniente con otros fragmentos (brazo, pierna, mano y pies) de la estatua de 12 metros de altura, hecha parte en mármol y parte en madera, revestida de bronce, que se encontraba en la basílica pagana del emperador Constantino; al fondo, Estatua de Roma, del tiempo de Trajano; la cabeza del joven Constanzo II, perteneciente a otra estatua enorme. A la izquierda, relieves con representaciones de las provincias sometidas a Roma que. junto a los trofeos, decoraban la celda del Templo de Adriano, situado en la Plaza de la Piedra; un poco más arriba, parte de la gran Inscripción dedicatoria del Arco de Claudio, realizado en su honor sobre la Via Lata por la conquista de Bretaña (43 d.C.).

Al pasar el Cortile, se entra propiamente en la Sala de los Conservadores, donde se reunían los representantes de la ciudad. Aquí se conserva el Espinario (Sala de Los Triunfos), célebre estatua de bronce del s. I a.C. también llamado el fiel Capitolino, porque se le identificó con Marzio, mensajero de los romanos que no se detuvo en el camino a pesar de llevar una dolorosa espina en el pie. Se continúa por la Sala de la Loba; el suelo está decorado con un antiguo mosaico; sobre las paredes, en el s. XVI se representaron algunos hitos de la historia de Roma; en la pared del fondo, dentro de una zona diseñada por Miguel Ángel, se conservaron fragmentos de los Fastos Consulares y Triunfales, provenientes del Arco de Augusto en el Foro romano; contiene la lista de los cónsules romanos desde fines del año 13 d.C. y de los triunfos de los grandes capitanes desde tiempos de Rómulo hasta el año 12 a.C. Sobre otras paredes, inscripciones en honor de Marco Antonio Colonia, vencedor en la batalla de Lepanto. En el centro de la Sala. la famosísima Loba Capitolina, símbolo de Roma, realizada en bronce a finales del s. VI, o principios del V a. C; los niños –Rómulo y Remo–. son una adición posterior, de Pollaiolo (s. XV).

 

Museo Capitolino

Es la más antigua colección pública de obras de arte del mundo, fundada en 1471 por el Papa Sixto IV. En el patio, está la estatua gigante de El Océano, del s. I, llamada popularmente Marforio. Una ancha escalera conduce al piso principal. En el centro de la Sala primera, se encuentra el Galo Moribundo, hallado en el 500, en los Huertos Salustianos. Se trata de una copia en mármol de un original en bronce que representa a un guerrero galo agonizante. Alrededor de la sala se pueden contemplar otras famosas estatuas: Amor y Psique, el Sátiro...

La Sala Cuarta o Sala de Los Filósofos, contiene muchos bustos de antiguos escritores y guerreros griegos y romanos, poetas, etc; a Homero, que cantó a los héroes de la guerra de Troya, la tradición lo representa en la vejez como pobre y ciego. Sócrates, el célebre filósofo ateniense aparececon la nariz aplastada, labios macizos, y los ojos casi fuera de las órbitas, antes de beber la cicuta en la copa fatal.

Sala de las Palomas. El mosaico de las palomas, refinado ejemplo del arte helenístico de principios del s. II, hallado en Villa Adriana (Tívoli), fue reconocido enseguida por el que describió el naturalista Plinio. Esta obra, que representa a cuatro palomas bebiendo, es de tan gran calidad que puede tomarse por una pintura. En el centro de la Sala se encuentra la escultura de una Niña en el acto de defender una paloma al ser acometida por una serpiente, donde se ha querido ver un símbolo del alma humana ante la elección entre el bien y el mal.

Si se vuelve a la Galería se entra en el Gabinete de Venus, con la célebre estatua descubierta en el s. XVII de la Venus Capitolina, copia romana en mármol del original helénico de la Venus de Cnido (s. II a.C.).

Si se continúa por la Galería a la izquierda, se entra en la Sala de los Emperadores, que contiene unos ochenta bustos de emperadores romanos y de alguna emperatriz, dispuestos cronológicamente; es la más interesante galería de retratos que existe.

Al abandonar los museos, recomendamos tomar desde la misma plaza del Campidoglio, las escaleras de la derecha. No van a desembocar a un edificio, sino a uno de los más impresionantes belvederes –miradores– de Roma, la Roca Tarpeya. Desde lo alto de esta roca fueron precipitados Tarpeo, guardián del Capitolio, y su hija, acusados de haber intentado entregar la plaza a los asediantes sabinos. Con el tiempo, se fue fraguando la costumbre de usar la roca como lugar de ejecución de los condenados a muerte. Nerón usó este impresionante mirador para contemplar con detalle el incendio de Roma la noche del 18 al 19 de julio del año 64; de catorce partes de la Urbe, tres quedaron totalmente destruidas y otras siete gravemente dañadas.

 

FORO ROMANO

 

Desde una terraza situada a la derecha del Palacio Senatorial, se encuentra otra de las más sugestivas panorámicas del Foro Romano. La vista abraza todo el valle del Foro, limitado a la izquierda por la vía de los Foros Imperiales y a la derecha por la ladera del Palatino.

Después de la realización de la Cloaca Máxima, construida durante la dinastía de los Tarquinos (los últimos reyes de Roma), el valle pantanoso que se extendía entre el Capitolio, el Palatino, y las laderas del Esquilino, fue saneado y llegó a convertirse en lugar de encuentro de los habitantes que residían en las colinas cercanas. A partir de ese momento, el pequeño valle se convirtió en la plaza (el Foro): el centro político, religioso y comercial de Roma

Inmediatamente bajo la terraza, se distingue el Pórtico de los dioses Consejeros. Se trata del consejo de las doce divinidades principales. Formado por dos alas que forman un ángulo obtuso, es el último gran monumento dedicado en Roma al culto pagano. Fue restaurado por el Prefecto de Roma, amigo de Juliano el Apóstata (367. A la izquierda. se distinguen las tres columnas del Templo de Vespasiano iniciado por Domiciano (81) en honor de Vespasiano y Tito, fue restaurado por Septimio Severo y Caracalla.

Entrando en el recinto del Foro, en primer plano, se encuentran las columnas del Templo de Saturno. Inaugurado en el año 497 a.C, era uno de los monumentos más venerados de la Roma republicana. Reconstruido por un general de César el año 30 a.C, con el botín de la guerra de Siria, fue durante algún tiempo el lugar donde se custodiaba el tesoro del Estado. De sus restos destacan hoy las ocho columnas de granito del pronaos o pórtico.

A la izquierda, un poco más abajo, se distingue el Arco de Septimio Severo, erigido el año 203 d. C., en honor de quien fue el autor del edicto ne fiant christiani, que prohibía las conversiones al cristianismo. Con sus 23 metros de anchura, es uno de los más grandes arcos honorarios que existen. La inscripción en las dos caras del friso recuerda las victorias del emperador sobre partos, árabes y adiabenos. El estado de conservación de los bajorrelieves no es óptimo; sin embargo, está intacta la estructura general del arco, gracias a haber quedado incluido durante siglos en construcciones de la Edad Media que han impedido el deterioro.

A su derecha, oculta en parte por el Arco, se ve la fachada de la Curia, sede del Senado, que fue teatro de los acontecimientos más determinantes de la historia de Roma. El Papa Honorio la transformó el s. VII en iglesia y la dedicó a San Adriano. La tradición la hace remontarse a Tulio Ostilio, tercer rey de Roma. Julio César la reedificó completamente más cerca del antiguo Comicio. El actual edificio de ladrillos es de la época de Diocleciano (303 d. C.); la puerta de bronce original fue sacada por el Papa Alejandro VII y colocada en la entrada principal de la Basílica de San Juan de Letrán.

El interior de la Curia tiene forma rectangular (27 x 18 m.); las paredes están revestidas hasta cierta altura con lastras de mármol. Por encima de la decoración en mármol, había tres nichos en cada lado, decorados con pequeñas columnas de alabastro, y a los lados existen tres escalones, todavía visibles, en los que estaban colocados los asientos en madera de los senadores (cerca de 300). El pavimento está formado por incrustaciones de pórfido y mármol serpentino. Delante de la entrada debía de hallarse el ara sobre la que los senadores ofrecían sacrificios al entrar en el aula. En la pared opuesta a la entrada, había un podio para el presidente, y sobre el podio, adosada a la pared, la estatua de la Victoria.

A la izquierda de la Curia, fuera del recinto, se encuentra la iglesia de los Santos Lucas y Martina, que comprende además otra iglesia inferior, subterránea. Esta segunda fue erigida en el s. VI sobre las ruinas de la estancia del secretario del Senado, y dedicada a la mártir Santa Martina; más tarde, reedificada y restaurada, fue donada en 1588 por Sixto V a la Academia de San Lucas, corporación de artistas del s. XIV que estaba anexa a la iglesia. Fue posteriormente demolida para la distribución de los Foros Imperiales. De San Lucas toma el segundo nombre. La iglesia actual fue construida por Pietro da Cortona en 1634, por iniciativa del cardenal Barberini, protector de la Academia.

En frente, está la Cárcel Mamertina, desde tiempos muy remotos e inciertos la prisión principal de Roma, especialmente durante la República. A veces era llamada Tullianum, palabra que se deriva de tullus, o manantial de agua. Consta de dos aposentos hoy unidos por una escalera medieval: el piso inferior, la cárcel propiamente dicha, de forma semicircular y cónica, está construida con gruesos bloques de peperino. Antiguamente comunicaba con el aposento superior sólo por una abertura practicada en el techo, por donde eran arrojados los presos. La parte inferior comunicaba a su vez por medio de un corredor con la Cloaca Máxima. En esta cárcel se recluían prisioneros que hoy llamaríamos políticos como Yugurta, Vergincetórix, los cómplices de Catilina... y San Pedro y San Pablo que permanecieron en esta prisión a la espera del martirio.

En la pared apoya un pequeño altar con relieve a modo de Retablo, que representa un hecho narrado por la tradición: el bautismo de los carceleros Proceso y Martiano –luego mártires también–, y de los cuarenta y siete compañeros de prisión, con el agua de una fuente que brotó milagrosamente.

A la izquierda del altar. la tradición señala en una pequeña columna el sitio donde los dos Apóstoles fueron encadenados. En base a esta tradición, desde el Siglo XVI empezó a llamarse San Pietro in Carcere.

Siguiendo el itinerario. a la izquierda del Arco de Septimio Severo se distinguen los Rostri (rostros), la tribuna desde la que hablaban los oradores políticos. El nombre le viene del motivo de adorno: seis espolones de bronce, botín de las naves enemigas en la batalla de Actium (338 a.C.). Se sabe que estaban decorados con columnas y estatuas de homenaje; y que los dos bajorrelieves, llamadoslos Anaglipha o Plutei de Trajano, adornaban el parapeto de los Rostra. Se conservan en la Curia y son interesantísimos por los hechos históricos que representan y por la escenografía del mismo Foro. Sobre una de las caras, aparecen esculpidas las víctimas de los sacrificios solemnes; y sobre las otras, la institución alimentaria en favor de los niños pobres y huérfanos (Roma veía en la asistencia a los niños la tutela de la patria), y los hechos gloriosos de la vida de Trajano. La colocación actual de los Rostros es de Julio César, que los situó en el mismo eje de la plaza alineados con las basílicas Julia y Emilia. Existían en el Foro otros podios para los oradores, uno frente al templo de los Dióscuros y otro frente al templo de Julio César.

Dando la espalda a los Rostri, y en plena Plaza del Foro, nos encontramos con la Columna de Focas, la última memoria Clásica del Foro. A principios del s. VII el emperador de Bizancio. Focas, permitió al Papa Bonifacio IV que transformara el Panteón en una iglesia cristiana; los romanos, en señal de gratitud, quitaron una bella columna acanalada del pórtico de un edificio antiguo y la levantaron aquí en memoria de Focas.

El Foro viene atravesado de este a oeste por la Via Sacra, que recibe su nombre de los santuarios paganos que la rodeaban y de las procesiones que en ella se realizaban. En los lados largos del Foro, y limitando a la Via Sacra, se encontraban las dos grandes basílicas paganas; la que limita el lado Sur del Foro se conocía con el nombre de Basílica Julia que, devastada por un incendio, sufrió varias reconstrucciones hasta ser destruida definitivamente por los godos de Alarico (410 d.C.); ahora sólo queda parte del pavimento.

Cerraban el lado sudeste de la plaza, confiriéndole un aspecto monumental, los tres templos que en cierto sentido resumían el aspecto religioso del Foro: El Templo de Cástor y Pólux, el Templo de Vesta y el Templo de César.

El Templo de Cástor y Pólux, erigido al lado de la Basílica Julia el año 484 a. C, fue reconstruido muchas veces en distintas épocas; los restos actuales, tres hermosas columnas con su cornisa, son de la época de Tiberio (s. I a.C.). Este templo se identifica con el nacimiento de la república Romana y surgió en el lugar en el que, según la leyenda transmitida por Plutarco, aparecieron Cástor y Pólux, con sus caballos, para anunciar a los romanos la victoria conseguida por el pueblo frente al último rey de Roma (496 a.C.). En la reconstrucción mandada hacer por Tiberio (19 d. C.). el templo surgía sobre un alto podio con una escalinata recubierta de mármol. En el pronao había una oficina en la que se guardaban los pesos y medidas.

Más allá de este templo, hay una galería de tufo que recuerda el ambiente frío y desnudo de las catacumbas: a la izquierda está el oratorio de los cuarenta mártires de Sebaste, martirizados por Licinio, emperador de Oriente a principios del s. IV, cuando en Occidente la Iglesia conocía una época de paz; en el ábside se pueden ver sus figuras. Con caras expresivas y unas cruces bizantinas. Al fondo de la galería hay una basílica del s. VIII: Santa Maria Antica, en una hornacina aún se puede contemplar una imagen de Nuestra Señora con el Niño en brazos.

El Templo de Vesta, levemente retrocedido respecto al Foro, fue construido tal vez por el mismo Numa Pompilio, segundo rey de Roma y fundador del culto a Vesta. En este templo, el más importante del Foro y de la ciudad, las vírgenes Vestales mantenían el fuego sagrado, símbolo de la vida de la ciudad. Las vírgenes eran seis, elegidas entre las familias más nobles de la ciudad. Debían pronunciar el voto de castidad y quedaban en ese cargo durante 30 años; disfrutaban de numerosos privilegios, pero en caso de que faltasen a sus deberes eran sepultadas vivas. El templo era redondo, con una abertura en lo alto. Surgía sobre una base cuadrada y lindaba con la Casa de las Vestales, en la que se ven todavía muchas estatuas e inscripciones; de una de ellas ha sido borrado el nombre de la Vestal, dejando sólo la primera letra C.

Siguiendo la Via Sacra, y prácticamente enfrente de la Casa de las Vestales, se encuentra el Templo de Antonino y Faustina, el edificio mejor conservado del Foro, que fue erigido por decreto del Senado a la divinización de la mujer de Antonino Pío (muerta en el año 141). En tiempos de este emperador, murió mártir San Policarpo de Esmirna, discípulo de San Juan, a quien San Justino dedicó el año 155 su Apología, en defensa de los cristianos. A la muerte de Antonino (año 161), el templo se dedicó a los dos: Antonino y Faustina. El podio se ha conservado por entero, aunque las escalinatas están totalmente restauradas. Destacan las 10 columnas monolíticas del pronao, de 17 m. de altura; las bases y los capiteles son de mármol blanco y uno de los mejores ejemplos del arte decorativo romano. En el s. XI, el templo fue transformado en iglesia: San Lorenzo en Miranda.

Basílica de Majencio y Constantino. Fue iniciada por Majencio y terminada y modificada por Constantino, después de haber vencido a Majencio en la batalla del Puente Milvio el año 312 d. C. La única columna que quedó intacta después de los terremotos y expoliaciones. fue transportada en 1614 a la plaza de Santa María la Mayor por el Papa Paulo V. De la colosal estatua de Constantino que se hallaba en el fondo de la nave central, no han llegado hasta nosotros más que la cabeza y algunos fragmentos, que hoy se encuentran en el Palacio de los Conservadores, en el Capitolio.

Arco de Tito. Surge al final de la Vía sacra, cerca de la salida del Foro. Fue erigido, después de la muerte del emperador, para celebrar la victoria contra los judíos, el año 70 d. C. Tiene un sólo arco de 15.40 metros de altura, 13.50, de ancho y 4,75 de profundidad. En el interior del arco hay dos bellísimos bajorrelieves que representan, la procesión triunfal con el botín de guerra. entre el cual está representado el candelabro de siete brazos robado en el Templo de Jerusalén y al emperador Tito guiando una cuadriga. El arco fue restaurado hacia el 1480, y reestructurado en el siglo XIX por Valadier.

 

EL PALATINO

 

El Palatino fue la cuna de Roma. Según narra la leyenda, en esta colina Rómulo trazó el 21 de abril de 754 a. C., el surco que había de delimitar la ciudad. El lugar es privilegiado: a 50 metros sobre el nivel del mar y 40 sobre el nivel del Tíber, constituía un refugio natural fácil de defender. La colina estaba formada por tres cimas: el Palatino, a sudeste hacia el Circo Máximo; el Germalus, a occidente hacia el Velabro y la Velia por el lado del Coliseo.

Desde el periodo de la República hasta la época imperial se le consideró una zona residencial y en ella vivían las familias más nobles y ricas; fue también, en su momento, residencia de los reyes; por eso se eligió para morada de los césares.

Hace algunos años, durante las excavaciones realizadas en algunos lugares del Palatino, se encontró un bloque de piedra sobre el que se leía una frase en latín arcaico: “Consagrado sea a un dios, sea a una diosa”. El bloque procede del año 100 a. C., fecha en la que le fue dedicado como altar al Dios desconocido: todo un símbolo de lo que faltaba a una civilización que ha dejado tantas ruinas imponentes.

Se sube al Palatino por el Clivus Palatinus; luego por una escalinata, a la derecha, que lleva a la espléndida Villa Farnese, con el palacete del s. XVI y los jardines Farnesianos, sostenidos por los potentes pórticos de la Domus Tiberiana. Continuando, se baja a la Casa de Livia, morada original de Augusto. Es un ejemplo típico de casa patricia del último periodo republicano. Se pueden ver todavía el gran vestíbulo, el triclinio y las alas. Destacan las pinturas murales de estilo pompeyano.

Continuando a la izquierda. se llega al criptopórtico, construido por Nerón para unir el Palatino con la Domus Aurea; luego se sube. a la derecha, al Palacio de los Flavios (Domus Flavia). Fue erigido por Domiciano hacia finales del s.I d.C. como sede propia de representación. El palacio estaba constituido por una amplia basílica de tres naves, con el Aula Regia, donde se recibían las audiencias imperiales, y el lararium, –capilla doméstica–; en el centro, el peristilo –lugar rodeado de columnas por la parte interior–, en otro tiempo circundado por un pórtico con un laberinto, del cual ha quedado el trazado; y, a la derecha, el grandioso triclinio, comedor del emperador, que estaba enlosado con mármoles preciosos y adornado con grandes arcos: existen todavía restos del pavimento y dos fuentes, una muy bien conservada.

Contigua al palacio, se hallaba la Domus Augustana, residencia particular del emperador y de su familia. Tenía dos pisos. El superior, a nivel del palacio de representación, tenía en su centro un amplio peristilo con una fuente central; el piso inferior tenía un segundo pórtico. alrededor del cual estaban colocados los cuartos de la vivienda particular. muchos con grandes ventanales hacia el valle del Circo Máximo.

La tercera parte, que terminaba el plan arquitectónico de Domiciano, estaba constituida por el Hipódromo, estadio rodeado por pórticos, decorados por medias columnas de frente a la arena, y con una o dos galerías superiores. Tenía 160 metros de largo por 50. Todavía se pueden ver las metas y muchos fragmentos de columnas, capiteles y un ara de forma cuadrada en la que están representadas las 12 divinidades del Olimpo. La tribuna imperial estaba formada por una amplia semicircunferencia de asientos, de dos pisos; en el segundo se sentaba el emperador para poder admirar los espectáculos y gozar de la vista general de este maravilloso conjunto arquitectónico.

En la zona más alta del Palatino. en medio de un minúsculo pinar, quedan dos edificios intactos; son dos iglesias: la de San Sebastián. construida en el siglo X, y la de San Buenaventura., más reciente, del XVII. En la parte superior del ábside de la iglesia de San Sebastián se encuentran representados cuatro mártires: Lorenzo, Esteban, Sebastián y Zótico; en la escena inferior, la Virgen preside el trabajo del artista y una inscripción le otorga el título de Splendida Mater.

A los pies del Palatino, se extiende el mayor de todos los estadios de la Roma antigua, con capacidad para 200.000 personas: el Circo Máximo. Su origen es antiquísimo; tomó su aspecto verdadero a partir del 329 a. C. Con una longitud de 600 metros y un ancho de 200, el Circo mirado desde fuera se presentaba con tres órdenes de arcadas revestidas de mármol. La espina tenia 204 metros de largo y el auriga tenía que dar la vuelta a la pista siete veces, lo que significaba recorrer 1.600 metros. Por los numerosos testimonios que han llegado hasta nosotros, se puede deducir que se utilizaba el Circo Máximo casi 240 días al año, lo que manifiesta la gran popularidad entre la sociedad romana de las carreras de caballos.

Más allá del circo Máximo, hacia el Aventino, se encuentra la Iglesia de Santa Prisca, construida sobre la casa de Aquila y Priscila, matrimonio cristiano de origen judío. En esta casa permaneció año y medio San Pablo hasta que, por una contienda de los judíos con el pueblo de Roma, tuvo que abandonar la ciudad el año 49, para volver en el 63.

 

EL COLISEO

 

Entre el Esquilino, el Celio y el Palatino, se yergue el Anfiteatro Flavio, llamado comúnmente Coliseo, el monumento más representativo de la Roma clásica, iniciado por Vespasiano en el 72 d. C., en el lugar donde antaño surgiera el lago artificial de la neroniana Domus Aurea.. Se cuenta que lo construyó un tal Gaudencio, pobre hombre que no gozó mucho tiempo de su trabajo: terminó ahí dentro, ad bestias.

Se inauguró en el año 80, bajo Tito, con fastuosas fiestas y espectáculos que, según el poeta Marcial, se prolongaron durante cien días. Completado en algunas partes por Domiciano y restaurado por Septimio Severo, durante muchos siglos el Coliseo vino a ser el símbolo de la grandeza y de la potencia de Roma. En él se celebraron especialmente continuos combates entre gladiadores, quizá el espectáculo más apreciado por el pueblo romano. Las luchas entre gladiadores terminaron hacia el año 404, mientras que aquellas entre animales continuaron hasta el s. VI.

Graves terremotos dañaron muchas veces el anfiteatro; más tarde las familias romanas de los Frangipani y de los Anibaldi lo hicieron su fortaleza. hasta que en el 1312, por orden de Arrigo VII el Coliseo volvió a ser propiedad del pueblo romano. Durante los siglos sucesivos inició su decadencia; enormes bloques de travertino fueron sacados y utilizados para otras construcciones; finalmente, en  1750, Benedicto XIV lo declaró lugar santo, por haber sido teatro del martirio de los cristianos, evitando así posteriores expolios; una cruz negra, de madera, conmemora la fe y la fortaleza de los mártires que dieron en este lugar su vida por el nombre de Cristo; entre estos cabe citar a San Ignacio, obispo de Antioquía y discípulo de San Juan, enviado a las fieras bajo Trajano (98–117); bajo este mismo emperador murió crucificado, a la edad de 120 años, el obispo de Jerusalén Simeón, uno de los parientes del Señor que mencionan los Evangelios.

El anfiteatro es de forma elíptica, de 188 metros por 156, y tiene una altura de 57 metros. Las obras de construcción duraron más de diez años. La estructura exterior es de travertino, y está distribuida en 4 pisos. Los bloques de la base de los pilares son de dos metros cúbicos cada uno y pesan 5 toneladas. Los tres primeros pisos están formados por 80 arcos de medio punto, divididos por pilastras en las que están adosadas semicolumnas que siguen la secuencia canónica de los estilos: el primer piso de estilo dórico; el segundo de estilo jónico, y el tercero corintio. El cuarto piso es de pared llena con pilastras corintias salientes de la pared y con pequeñas ventanas. En la cornisa que remata la obra, se pueden ver todavía los orificios donde se introducían los palos que sujetaban el toldo, con el que se protegía del sol a los espectadores, operación que llevaban a cabo los marineros de la flota imperial del Miseno

A cada arco de la planta baja le correspondía un acceso al correspondiente sector del anfiteatro, 76 de esos ingresos estaban numerados (son visibles todavía los números romanos sobre los arcos); los cuatro principales estaban reservados: uno a la corte imperial, uno a las vestales, uno a los magistrados y el cuarto a los huéspedes de honor. Todos los arcos del segundo y tercer piso estaban adornados con estatuas, hoy perdidas. Cuando en la Edad Media, el Coliseo se convirtió en una enorme mina de material para la construcción, le fueron extirpadas todas las grapas metálicas de sutura entre los bloques de travertino, originando innumerables agujeros aún hoy visibles. En la explanada que había delante del anfiteatro se erguía la estatua de Nerón, de bronce dorado, de casi 30 metros de altura.

El anfiteatro tenía cabida para unos 50.000 espectadores, que se distribuían en las gradas según la clase social. Existían tres órdenes de puestos: podium, era el primer Orden, reservado a las clases más elevadas y al palco del Emperador; el orden central acogía a los ciudadanos que pertenecían a la clase media; y el último orden, la suma, era el destinado al pueblo.

Todo el piso, formado de tablas de madera, estaba cubierto de arena; alrededor había una red para proteger a los espectadores. Debajo de la arena existía un sistema de celdas, galerías, almacenes, camarines y subterráneos, que hoy son visibles gracias a las excavaciones. Los principales espectáculos eran los ludi (luchas) de los gladiadores y las cazas de fieras, pero en la arena se efectuaban, también, exhibiciones de malabaristas, competiciones atléticas, torneos a caballo y naumaquias simulacros de batallas navales.

 

ARCO DE CONSTANTINO

 

Fue erigido por el Senado y el pueblo romano en el límite externo del Foro, en la Vía Sacra, en conmemoración de la victoria conseguida sobre Majencio en el puente Milvio, el año 312. El Arco es del mismo estilo arquitectónico que el de Septimio Severo, pero de más calidad.

Muchos de sus elementos decorativos proceden de monumentos anteriores. Los ocho medallones colocados por encima de los pasajes menores del arco pertenecen a la época de Adriano; de Marco Aurelio son los ocho bajorrelieves de los lados largos del ático –cuerpo que se encuentra sobre la cornisa–; de Trajano, las figuras de bárbaros sobre los arquitrabes de las columnas y los bajorrelieves de los lados estrechos del ático y de las paredes del arco principal. Los largos y estrechos frisos son de la época de Constantino y representan la batalla del Puente Milvio, el sitio de Verona y la procesión triunfal del emperador que distribuye presentes al pueblo. En la inscripción dedicatoria se hace una mención solapada a “la divinidad”; ya no se habla de dioses, pues los magistrados, que eran paganos, sabían que Constantino favorecía a los cristianos, adoradores de un Dios único.

 

FOROS IMPERIALES

 

Además de reorganizar el viejo Foro, César proyectó e hizo construir uno nuevo en las cercanías. Fue necesario expropiar un área ocupada por viviendas privadas y tuvo que pagar de las arcas imperiales la fabulosa suma de un millón de sestercios. Entre todos, destaca el Foro de Trajano, que se convirtió en el lugar más digno de la ciudad. Comprendía dos bibliotecas, una columna honoraria, una basílica, un templo, una gran estatua ecuestre de Trajano y un arco de Triunfo.

El gran conjunto arquitectónico estaba formado por una amplia plaza cuadrangular con pórticos y dos exedras o tribunas al descubierto. Se entraba por el Foro de Augusto, a través de un arco triunfal dedicado a Trajano. En la plaza, que tenia en el centro el monumento ecuestre al emperador, se asomaba la basílica Ulpia, la mayor de Roma: por sus dimensiones puede ser comparada con la Basílica de San Pedro. Además de la basílica, estaban las dos bibliotecas, una griega y otra latina, entre las que se erigía la columna trajana. Más allá debía de existir el colosal templo de Trajano –hecho construir por su sucesor– hoy desaparecido. En su lugar se ven dos iglesias, el Palacio del Municipio y otros edificios. entre otros la casa de Miguel Ángel.

El gran monumento es la Columna Trajana que, después de diecinueve siglos se yergue todavía con su primitivo esplendor. Cerca de su base fueron colocadas las cenizas del emperador, y la estatua en la cima. La columna consta de 19 bloques de mármol; a la cima se sube por una escalera interna de caracol. La parte más importante de este histórico monumento es la faja helicoidal de figuras, que nos da una visión documental de las armas, de las artes y de las costumbres, tanto de los romanos como de los dacios. Aquí vemos los puentes que construyó Trajano, las fortalezas que atacó, los campos de batalla que destruyó y los enemigos que puso en fuga, La espiral está formada por 44 lajas, y alcanza la longitud de 200 metros; en las 155 escenas se pueden contar hasta 2.500 figuras.

Entre los restos arquitectónicos, destacan los Mercados, que, mediante una serie de edificios escalonados, resolvieron los problemas de espacio y dieron una solución estética a todo el conjunto. 

 

ITINERARIO 6: PLAZA NAVONA Y PALAZZO DELLA CANCELLERIA

 

Recorrido

Se inicia en Piazza Navona, de donde se sale por la Corsia Agonale (en la parte central de la Plaza); se gira a la izquierda en Corso del Rinascimento e inmediatamente después a la derecha en Via Salvatore, donde se encuentra la plaza de San Luis de los Franceses. Se sale por Via Giustiniani, se cruza la Piazza della Rotonda y se sigue por Via dei Pastini, hasta Piazza di Pietra, donde se gira a la derecha por Vía de' Burro, hasta desembocar en la plaza de San Ignacio.

Al salir, se toma Vía del Seminario hasta el Pantheon. Para ir a Santa Maria Sopra Minerva, se toma Via Minerva, que lleva directamente a la plaza. Por la Via Santa Caterina da Siena y después por Via Piè di Marmo, se llega a la Piazza del Colegio Romano; cruzando esta plaza y la Via del Corso, se desemboca en la Plaza de los Santos Apóstoles y en el Palazzo Colonna. Al sur de la plaza, se gira a la derecha en Via C. Battisti, que lleva a Piazza Venezia y al Palazzo Venezia.

Por la Via del Plebiscito, que continúa en el Corso Vittorio Emanuele, se llega a la Chiesa del Gesù y, más adelante, al Area Sacra Argentina. Ahí se toma la Via Arenula, hasta la Piazza Cairoli, donde se gira a la derecha, para seguir por Via dei Giubbonari; se gira a la izquierda en Via Arco del Monte que nos lleva directamente a Palazzo Spada; si se continúa por Via Capo di Ferro, se llega al Palazzo Farnese, en la plaza del mismo nombre. Directamente por Vicolo dei Baulari se desemboca en Piazza Campo de'Fiori, desde donde se llega al Palazzo della Cancelleria, por la plaza del mismo nombre.

 

PIAZZA NAVONA

 

Delimitada por edificios que surgieron sobre los restos del estadio de Domiciano (86 d. C.), de cuya pista la plaza conserva la forma y dimensiones (aproximadamente 240 x 65 m). El nombre deriva, por corrupción de los juegos agónicos –de gimnasia o competición– que se desarrollaban en el estadio (in agone, nagone, navone, navona). A mediados del s. XIV, la plaza se convirtió en sede de ferias, procesiones, juegos. carreras...

En el lado oeste de la plaza se encuentra el Palazzo Pamphili, construido entre el 1644 y el 1650. Su interior está decorado con frescos que representan el gusto del s. XVII romano. Actualmente es la embajada del Brasil.

A la derecha del palacio se encuentra la iglesia de Santa Agnese in Agone, en el mismo lugar donde, según la tradición, fue martirizada la santa. En un primer momento, estaba concebida como capilla del palacio Pamphili, con el que está comunicada. Fue comenzada en 1652 por Girolamo y Carlo Rainaldi y concluida por Borromini[8], a quien se debe la fachada cóncava, la cúpula y los campanarios. En el interior, en forma de cruz griega, Borromini mantuvo la estructura original, enriqueciéndola con su decoración e inventiva. Posteriormente, el mismo Borromini fue sustituido por una comisión de arquitectos que terminó la decoración. Sobre la puerta, se encuentra el sepulcro del Papa Inocencio X (1644–1655).

Tres fuentes adornan la plaza. A la izquierda (frente a Palazzo Pamphili) está la Fontana del Moro, así llamada por la figura del etíope que lucha contra un delfín; la idea general es de Bernini, que encargó la realización a diversos artistas.

En el centro, se encuentra la Fontana dei Fiumi (fuente de los ríos), una de las más bellas e imaginativas obras de Bernini, finalizada en 1651. Para dar mayor realce a la fuente, el artista decidió coronarla con un obelisco que se encontraba junto al circo de Majencio, en la Via Appia. Se trata de una imitación romana, de unos 16 m de alto, en cuya punta se ve una paloma de bronce de 1,78 m, emblema de los Pamphili, la familia del Papa Inocencio X. En el arrecife aparecen las personificaciones del Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata. símbolos de las cuatro partes del mundo entonces conocidas. Las colosales estatuas son obra de discípulos de Bernini: Fancelli, Poussin, Raggi y Baratta, respectivamente. La rivalidad entre Bernini y Borromini, autor de la adyacente iglesia de Santa Inés, hizo surgir la leyenda de que el Río de la Plata levanta la mano para protegerse de la inminente caída de la fachada de la iglesia; y el Nilo tiene los ojos vendados para no ver los errores de la arquitectura borrominiana; a su vez, Santa Inés –en la base del campanario de la derecha de la iglesia– asegura con la mano en el corazón que la fachada no caerá. La verdad es que la construcción de la fachada y de la cúpula de la iglesia se inició cuando la fuente estaba ya terminada.

En el extremo norte de la plaza se encuentra la Fontana di Nettuno, obra original de Della Porta (1576), a la que se agregaron a finales del s. XIX las esculturas de Della Bitta (Neptuno lucha contra el pulpo gigante) y de Zappala.

 

SAN LUIS DE LOS FRANCESES

 

Comenzada en 1518 por el Cardenal Giulio de Medici (que después sería Clemente VII), la construcción se suspendió en 1524 y se reinició en 1580, con la ntervención de Fontana. Fue consagrada en 1589; hoy día pertenece al Estado francés.

La fachada se tribuye a Della Porta; en el altar mayor, se puede apreciar una Asunción de Francesco Bassano; y en la segunda capilla de la derecha, la historia de Santa Cecilia, de Domenichino, con un retablo de Reni, a partir de un original de Rafael. La verdadera joya artística de esta iglesia es la Capilla de San Mateo, con las tres célebres obras de Caravaggio (1573-1610), pintadas entre 1597 y 1602: San Mateo y el Ángel, Vocación de San Mateo y Martirio de San Mateo.

 

SAN IGNACIO

 

Construida del 1626 al 1650, fue diseñada por el matemático jesuita Gras, en base al proyecto de Maderno y otros, a expensas del cardenal Ludovisi, sobrino de Gregorio XV, el Papa que canonizó a s. Ignacio.

El interior es de planta de cruz latina, con tres grandes capillas por cada lado comunicadas entre sí: novedad de la Contrarreforma. La policromía de los mármoles, la decoración pictórica y la riqueza de los altares confieren al conjunto una alegre suntuosidad.

Sobre la puerta, en el reverso de la fachada, hay dos grandes figuras de Algardi (1650) que flanquean la lápida dedicatoria y que representan las virtudes de la magnificencia y de la religión. Del mismo autor son los adornos con ángeles alrededor de la iglesia. La bóveda de la nave, llena de frescos de Pozzo, posterior a 1685, representa el Ingreso de San Ignacio en el Paraíso y, a los pies, las cuatro partes del mundo. Hay que situarse sobre el disco marmóreo en medio del pavimento, punto preciso desde donde mejor se goza del efecto de la espectacular perspectiva.

 La cúpula no fue nunca construida; para recubrir el vacío, de 13 metros de diámetro, Pozzo pintó (1685) una tela, después restaurada, con una original perspectiva.

 

PANTHEON

 

Es el monumento más célebre de la Roma antigua, por su excepcional estado de conservación y por la belleza e imponente majestad de su arquitectura. Su planta circular, precedida de un pórtico, es un caso rarísimo que se separa del tradicional modelo de planta rectangular del templo clásico. El nombre de Pantheon, o Pantheum, indica que el templo estaba dedicado a muchos dioses, probablemente a las siete divinidades planetarias.

Fue erigido por Agripa (27 a.C.), reconstruido en la forma actual por Adriano, y restaurado por Septimio Severo y Caracalla. En el año 609, Bonifacio IV lo transformó en iglesia cristiana Sancta María ad Martyres, y quiso que se trasladaran aquí desde las catacumbas, muchos restos cristianos. Sufrió varios despojos a lo largo de la historia; el último, bajo Urbano VIII Barberini, que hizo quitar la cubierta de bronce que recubría la trabazón del techo del pórtico para construir el baldaquino de San Pedro y algunos cañones para el Castillo de Sant'Angelo. Este suceso dio origen a la célebre frase de Pasquino; “quod non fecerunt barbari fecerunt Barberini”. Clemente IX cercó el pórtico con una cancela de hierro en 1668. En tiempos de Pío IX fue parcialmente renovado el pavimento.

El Pronao o pórtico mide 33,10 m de ancho 15,50 m de profundidad. Tiene 16 columnas monolíticas de granito rosa y gris, de 12,50 m de altura y 4,50 m de circunferencia cada una, ocho de las cuales forman el frente, y otras ocho sostienen el techo (3 columnas de la izquierda, fueron sustituidas en el s. XVII).  Sobre el frontispicio, originariamente adornado con un relieve en bronce, se lee la inscripción dedicatoria de Agripa: “Marco Agripa, hijo de Lucio. cónsul por tercera vez, lo hizo”.

No se entiende la importancia del Pantheon hasta que no se traspasan sus enormes puertas de bronce y se entra en el interior. La claraboya del techo mide 9 m. de diámetro. En las paredes hay siete grandes nichos, rectangulares y circulares, con columnas de amarillo antiguo y violeta, con ocho capillas de tímpanos curvos o triangulares. En el primer nicho, a la derecha, hay una Anunciación atribuida a De Forlí; el segundo nicho contiene la tumba de Víctor Manuel II, primer rey de Italia (muerto en 1878). En la parte opuesta están las tumbas de Humberto I, asesinado en 1900, y de la reina Margarita (muerta en 1926). En la capilla de la derecha está la tumba de Rafael; un antiguo sarcófago de mármol griego, con un epitafio, que reza “aquí yace aquel Rafael del cual, vivo. la gran madre de todas las cosas –la naturaleza– temía ser vencida; y, él muerto, temía morir”; a la derecha del altar, está la lápida de María Bibbiena, novia del artista.

 

SANTA MARIA SOPRA MINERVA

 

En el centro de la Plaza de la Minerva, se alza un monumento con un elefante, que sostiene un diminuto obelisco de la XXVI dinastía faraónica; el conjunto es obra de Ferretta, según dibujo de Bernini (1667). Por sus modestas proporciones, se conoce popularmente al elefante como el pulcino della Minerva, el polluelo de la Minerva. Al fondo se halla la iglesia de Santa María sopra Minerva, iglesia mayor de los Dominicos, construida sobre las ruinas de un antiguo templo de Minerva, cerca del Iseo Campense, y enteramente reconstruida en 1280. La fachada actual fue añadida en 1453. A la derecha de la fachada, unas lápidas recuerdan el nivel a que llegaron las crecidas del Tíber entre 1598 y 1870.

El interior consta de tres naves, divididas por pilastras Cruciformes, con bóveda ojival; las decoraciones de las Bóvedas, el revestimiento de mármol de las pilastras y las ventanas en forma de rosetones, provienen de las restauraciones de menor calidad ejecutadas en 1854–55. Estamos ante el único ejemplo de arquitectura gótica en Roma.

La tercera Capilla de la derecha está dedicada a Santa Rosa de Lima, santa peruana de la orden dominicana nacida en el año 1586 y fallecida a los 31 años con una gran fama de santidad en toda Hispanoamérica. La quinta Capilla, dedicada a la Anunciación, contiene un retrato del Cardenal Torquemada, que fue titular de esta iglesia.

En la pared del fondo del brazo derecho del crucero, a la derecha, la Capilla Caraffa, con una fina balaustrada renacentista y frescos de Filippo Lippi, pintados en 1489: Anunciación, Asunción, Triunfo de Santo Tomás de Aquino sobre los herejes, y algunos pasajes de la vida del Doctor Angélico.

Debajo del altar mayor se encuentran algunas reliquias de Santa Catalina de Siena; falleció en 1380, a los 37 años de edad. A la izquierda de las gradas del altar, se encuentra la estatua de Cristo con la Cruz, de Miguel Ángel y discípulos (1521). En el ábside, detrás del altar, tumbas de Clemente VII y León X, diseñadas por Bandinelli. Y tumba del Beato Angelico.

 

SANTOS APÓSTOLES

 

La Basílica de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago. del s. VI, reconstruida en 1702, casi por completo, por Fontana, custodia las reliquias de los dos Apóstoles.

El interior mide 63 m de largo. Está dividido en 3 naves con 3 capillas por cada lado.. En la bóveda, el Triunfo de la orden de San Francisco (fresco de Bociccia de 1707), y los Cuatro Evangelistas. El ábside está decorado con el martirio de los Santos Felipe y Santiago, de Muratori, el retablo más grande de Roma. Al fondo de la nave de la izquierda, el Monumento de Clemente XIV, la primera obra romana de Antonio Canova. Desde la sacristía, a través de una portezuela, se accede a un pequeño claustro; bajo el pórtico se encuentra el cenotafio o monumento sepulcral donde fueron custodiados los restos de Miguel Ángel, antes de ser trasladados a Florencia. Hay que notar que la figura que descansa sobre el triclinio no representa al artista, sino probablemente al filósofo Eustaquio.

En la Cripta se conservan reliquias de los Apóstoles Santiago y Felipe, en un monumento inacabado de della Rovere, hermano de Sixto IV y padre de Julio II.

En frente de la basílica se encuentra la amplísima fachada berniniana del Palacio Odescalchi. En el lado pequeño de la plaza se encuentra la fachada barroca del Palacio Balestra, donde vivió el Cardenal de York, último de los Stuart.

 

PALAZZO COLONNA

 

Fue construido en el s.XV. y reedificado en el XVII. En su interior se encuentra la Galería Colonna, con obras de Van Dyck, Ghirlandaio, Tintoretto, Rubens, etc.

 

PIAZZA VENEZIA

 

El Palazzo Venezia es la primera gran obra arquitectónica del renacimiento en Roma. Algunos atribuyen el proyecto a León Bautista Alberti. Parece que su construcción comenzó en 1455 y terminó en 1467. Mussolini lo utilizó como palacio de representación: son célebres sus alocuciones al pueblo italiano desde uno de los balcones. Al este, el Palacio del Seguro General de Venecia, ubicado sobre la casa donde vivió y murió Miguel Ángel.

 

IL GESÙ

 

Prototipo de una clase particular de iglesia barroca, comenzada por Vignola en 1568. La fachada es el primer ejemplo de formas de transición del renacimiento al barroco, típica del periodo de la Contrarreforma. La cúpula octagonal es de Della Porta.

El interior es de cruz latina, con una gran nave y tres capillas a cada lado, enriquecidas con mármol policromado, esculturas, frescos, etc. La arquitectura, de efecto espacial, es de Vignola. En la bóveda de la nave se puede admirar el Triunfo del nombre de Jesús, fresco de extraordinario efecto de perspectiva aérea, obra de Baciccia. A la derecha del crucero está el altar de San Francisco Javier con un cuadro de Maratta. En el altar mayor, la Circuncisión. A la izquierda del crucero se encuentra la maravillosa Capilla de San Ignacio de Loyola, obra de Pozzo, y en la que colaboraron los mejores artistas de la época. En el nicho del altar. en el que está enterrado el Santo, enmarcado por cuatro grandes columnas de lapislázuli, con relieves en bronce dorado, gran estatua del Santo, en parte de plata. En lo alto de la capilla, el grupo de la Trinidad. Un ángel sostiene el mundo: probablemente la mayor pieza de lapislázuli que se conoce. A los lados del altar, abajo a mano izquierda, la Fe que vence a la Idolatría; a la derecha, derrota a la herejía. Delante balaustrada de bronce.

En la tercera capilla de la izquierda, Adoración de la Santísima Trinidad, del s. XVI. En la segunda, frescos de Pomarancio, y de Romanelli. En la primera, Conversión y Predicación de San Pablo, y el altar de San Francisco de Borja

En el número 45 de la plaza, se pueden visitar las habitaciones de San Ignacio: la casa que Iñigo de Loyola quería dedicar a sede de la Compañía de Jesús, y donde vivió y murió en 1556.

 

AREA SACRA ARGENTINA

 

Corresponde a lo que fue la zona central del campo de Marte, donde unas excavaciones realizadas entre los años 1926 y 1930 revelaron los restos de cuatro templos (tres de planta rectangular y uno circular) que constituyen uno de los pocos complejos arquitectónicos existentes de la Roma republicana.

 

PALAZZO SPADA

 

Fue construido en 1540 por Merisi y restaurado por Borromini. En la actualidad es la sede del Consejo de Estado. Su fachada está enriquecida por decoraciones en yeso del s.XVI. Entre las ventanas, ocho nichos con estatuas que, de izquierda a derecha, representan a los emperadores Trajano, Pompeyo, Fabio Massimo, Rómulo, Numa, Marcelo, César y Augusto.

En el centro del lado izquierdo del patio se encuentra una vidriera a través de la cual se ve la Galería prospectiva, de Borromini, que Bernini –se cuenta– copió para proyectar su Escalera Regia del Vaticano. La galería parece de tamaño normal, pero es un corto pasillo de 9 metros. La pequeñísima estatua del fondo da la impresión de un coloso, vista de lejos con la engañosa perspectiva típica del barroco romano.

 

PALAZZO FARNESE

 

Es el mejor palacio del s. XVI romano. Comenzado en 1514 por Sangallo, lo continuó Miguel Ángel y lo concluyó Della Porta. Actualmente es la sede de la Embajada de Francia ante el gobierno italiano.

 

PIAZZA CAMPO DE' FIORI

 

Una de las plazas más tradicionales de Roma y, de antiguo, lugar de las ejecuciones capitales; desde hace mucho tiempo y todavía en la actualidad, es sede de un pintoresco mercado, que originariamente era sólo de flores. En el centro, monumento a Giordano Bruno, colocado sobre un pedestal con medallones de Erasmo de Roterdam y de algunos herejes: Wyclif, Miguel Servet, Huss, etc.

En Campo de' Fiori nace la Via del Pellegrino, una de las calles más tradicionales de Roma y de las más transitadas durante siglos por los romeros que querían llegar a San Pedro.

 

PALAZZO DELLA CANCELLERIA

 

Su fachada es una de las obras maestras del primer Renacimiento. Lo empezó en 1485 un sobrino de Sixto IV, quien gastó en el proyecto 180.000 escudos; 60.000 de los cuales se los ganó en el juego a un sobrino de Inocencio VIII.

Se atribuye a Bramante, aunque otros muchos arquitectos intervinieron en su edificación, que concluyó en 1513.

Es actualmente la sede de los tribunales supremos de la Iglesia: la Signatura Apostólica (causas administrativas y otras). Sagrada Rota Romana (causas matrimoniales) y Sagrada Penitenciaría (censuras). Funciona allí también el Studium Rotale, prestigiosa escuela de postgrado en derecho matrimonial canónico.

Antes de dar por terminado el recorrido, se puede regresar un momento a Via del Corso. En la primera bocacalle a la izquierda, se encuentra la Via Lata, uno de los lugares donde San Pedro vivió durante sus años de estancia en Roma.

 

ITINERARIO 7: FONTANA DI TREVI Y MAUSOLEO DE AUGUSTO

 

Recorrido

Se inicia en la Fontana di Trevi, que se deja por Via Poli: al girar después a la izquierda en Via dei Crociferi, se desemboca en la Piazza Colonna. Se continúa por la Via del Corso, hasta llegar a la Piazza de San Lorenzo in Lucina. Se regresa de nuevo a la Via del Corso. que ahora se cruza por el lado opuesto, por Via Condotti, para llegar a Piazza di Spagna. La escalinata lleva a la iglesia de Trinita dei Monti. Se toma el Viale Trinita dei Monti, que lleva al Pincio, desde donde se baja a Piazza del Popolo. De las tres calles que salen de la plaza hacia el sur, se toma la de la derecha, Via di Ripetta, que conduce al Ara Pacis y al Mausoleo de Augusto.

 

FONTANA DI TREVI

 

Hace de fondo escenográfico la parte posterior del Palacio Poli. Fue iniciada por Bernini durante el pontificado de Urbano VIII, pero la muerte del Papa interrumpió los trabajos, y no se volvieron a retomar hasta noventa años después, en 1732. con Nicola Salvi, que inspirado en el dibujo de Bernini, la concluyó bajo Benedicto XIV.

En primer plano, surgiendo de la gran hornacina central. destaca el triunfal arco de agua del carro de Neptuno, tirado por dos tritones. La estatua es de Bracci. En el lateral izquierdo está representada la Abundancia, y en el derecho la Sabiduría, ambas de Valle. El relieve de la derecha, en la parte superior, recuerda la antigua tradición sobre el origen de la fuente. Parece ser que fue una niña quien guió hasta el manantial a las sedientas tropas de Agripa, y de ahí el nombre del surtidor: Acqua virginis.

 

PIAZZA COLONNA

 

Delimitan la plaza el Palacio de la Galería Colonia, en la parte del Corso; a la derecha el Palacio Chigi, sede actual de la Presidencia del Consejo de Ministros; y el Palacio de Montecitorio, ideado por Bernini, que desde 1871 es la sede de la Cámara de los Diputados. Al fondo, el Palacio Wedekind o del pórtico de Veyes; y a la izquierda, el Palacio Ferraioli y la Capilla de San Bartolomé.

En el centro de la plaza se yergue la Columna de Marco Aurelio Antonino –que da nombre a la plaza–, erigida por los romanos para celebrar las victorias del emperador sobre germanos y sármatas. Mide 29,60 m sólo de fuste (con la base y el capitel llega a 42 m) , y 3.70 m de diámetro. Está formada por 28 bloques de mármol lunense, algunos movidos por los terremotos. Las 20 espirales del bajorrelieve representan escenas de las guerras germánica y sarmática, en un estilo menos refinado que el de la columna trajana, pero no menos interesante por los detalles de las escenas y los ambientes representados. En la cúspide de la columna, donde podía accederse mediante una escalera interior, se encuentra una estatua de San Pablo, colocada por orden de Sixto V en 1589, en el lugar donde originariamente se erguía una del emperador.

 

SAN LORENZO IN LUCINA

 

Iglesia erigida el s. IV ó V, en el lugar donde se alzaba la casa de la matrona Lucina. El pórtico y el campanario son del s. XII, y el interior es barroco, ricamente decorado y rehecho en el s. XVII. Tiene sobre el altar mayor un Crucifijo, de Guido Reni, algunas obras de Bernini y la parrilla sobre la que se martirizó al diácono San Lorenzo, siguiendo las prescripciones de un edicto de Valeriano del 258.

 

PIAZZA DI SPAGNA

 

En el centro hay una fuente en forma de barca, llamada precisamente Barcaccia, diseñada por Pietro Bernini, el padre de Gian Lorenzo. Según los expertos, es la más hermosa de las fuentes romanas. La barquichuela, a ras de tierra, esconde un juego de simbolismos y alusiones: la nave de Pedro, la Reforma y la Contrarreforma, la herejía, la fe, etc. La monumental Escalinata, que se eleva hasta la iglesia de Trinita dei Monti, es del s. XVIII, obra de De Sanctis.

La plaza se alarga formando una segunda explanada, en cuyo centro se levanta la Columna de la Inmaculada Concepción, de Poletti, con cuatro estatuas de profetas en la base.. Desde el Salón del Trono de la Embajada de España, presenció Pío IX en 1854 la inauguración del Monumento a la Inmaculada.

Al fondo de la plaza está el Palazzo di Propaganda FIDE antigua sede de la Congregación para la Propagación de la Fe, y que aún hoy alberga parte de sus oficinas y archivos. La fachada, es de Bernini, mientras que la parte lateral, que representa un desmesurado afán de formas nuevas, con profusión de adornos y detalles, se debe al atormentado genio de Borromini.

 

TRINITA DEI MONTI

 

Fundada por Carlos VIII de Francia en 1495, está precedida por una escalinata de Fontana. La fachada realizada por Maderno es de finales del s. XVI. En la segunda capilla de la izquierda, se encuentra la Deposición de la Cruz, de Daniel de Volterra, también autor de la Asunción de la tercera capilla de la derecha.

 

PINCIO

 

Se trata del primer parque público abierto en Roma. Diseñado por Valadier, se llevó a cabo por orden de Napoleón cuando invadió los Estados Pontificios en 1809. Se terminó después del regreso a Roma de Pío VII, que habñia sido hecho prisionero por el emperador.

 

PIAZZA DEL POPOLO

 

En la parte norte de la plaza se halla la Porta del Popolo, en el mismo sitio que ocupaba la antigua Puerta Flaminia en las murallas Aurelianas: la fachada interior fue decorada por Bernini en 1655, con ocasión de la solemne entrada de la reina Cristina de Suecia: la exterior fue decorada por Vignola en 1561.

El obelisco egipcio del centro de la plaza mide 24 m sin contar la base, y es de una sola pieza. Se remonta al s. XIII a.C. Traído a Roma por el emperador Augusto y levantado en el Circo Máximo, recibió su ubicación definitiva bajo el pontificado de Sixto V, en 1589.

 Los dos hemiciclos a los lados y los cuatro palacios de las esquinas de la plaza fueron construidos por Valadier, en estilo neoclásico, hacia la segunda década del siglo XIX.  El lado meridional de la plaza está ocupado por dos iglesias simétricas, diseñadas por Rainaldi: Santa María in Montesano, a la izquierda, y Santa María de los Milagros. El exterior es de Bernini: el interior de la primera es del propio Rainaldi y de Bernini, y el de la segunda de Fontana.

 

SANTA MARIA DEL POPOLO

 

La iglesia actual fue erigida en 1477 por Sixto IV, sobre una antigua capilla levantada por el Papa Pascual II con limosnas del pueblo romano, en acción de gracias por la conquista de Jerusalén, en julio de 1099. Un bosque de chopos cubría antiguamente la tumba, y de este particular han deducido otro origen del nombre de la puerta, de la iglesia y de la misma plaza: chopo en latin se dice populus. La iglesia sufrió en el s.XVII algunas reformas barrocas, obra de Bramante[10], pero que no alteraron substancialmente su aspecto arquitectónico florentino–romano, característico de la época sixtina.

El interior es de tres naves, con bóvedas sostenidas por pilastras, con medias columnas adosadas, y crucero coronado por una cúpula. Sobre el altar de la primera capilla de la derecha, se encuentra una Adoración del Niño, de Pinturicchio, que pintó también las lunetas con escenas de la vida de San Jerónimo. La segunda tiene 16 columnas de jaspe siciliano y sobre el altar, un cuadro de Maratta que representa la Asunción. En la tercera, frescos de Pinturicchio y de otros colaboradores. La cúpula del crucero es la primera construida en Roma después de la época romana. El altar mayor fue reconstruido por Bernini, y en él se venera una imagen de la Virgen del s. XIII. En el techo, frescos de Pinturicchio. A la izquierda del altar mayor, en la primera capilla, hay dos obras de Caravaggio: la Crucifixión de San Pedro y la Conversión de San Pablo.

La Capilla Chigi, la segunda de la nave de la izquierda, es obra de Rafael. Son de Rafael los mosaicos de la bóveda, con escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento. En los lados, las tumbas de los Chigi en forma de pirámide.

De la Piazza del Popolo parten tres calles: Babuino, Corso y Ripetta. Esta última, que es la que ahora se toma, no es menos importante que el Corso, pues conducía directamente al puerto de Ripetta, sobre el Tíber, antiquísimo punto de avituallamiento de la Urbe. Era, junto al Corso, lugar de paso obligado para los peregrinos ilustres que, después de atravesar la porta del Popolo, se dirigían hacia San Pedro.

 

MAUSOLEO DE AUGUSTO

 

Fue construido por este emperador el 27 a.C. para que sirviera de panteón para la familia imperial Julia–Claudia. Se trata de una construcción de 89 metros de diámetro, compuesta en su origen por una base y por un túmulo cónico, cubierto de cipreses y coronado por la estatua del emperador, con una altura total de cerca de 45 metros. Por medio de un corredor concéntrico se llegaba a la celda sepulcral que contenía tres nichos para los ataúdes.

 

ARA PACIS

 

Este monumento se empezó a construir en el 13 a.C. por decreto del Senado romano, para celebrar la pax romana establecida en todo el Imperio tras las campañas de Galia y España. La empresa obtendrá para Augusto el título de Pontífice Maximus, que desde este momento quedará ligado al emperador y que será más tarde la excusa jurídica para condenar a muerte a buen número de cristianos.

El altar es muestra importante de la escultura romana. Sobre el lado que mira a Via di Ripetta se ha reproducido en letras de bronce el texto de la Res gestae Divi Augusti, donde Augusto relató su carrera política. El Ara Pacis Augustae fue reconstruido entre el s. XV y el año 1938.

 

ITINERARIO 8: TRASTEVERE

 

Recorrido

 

El recorrido comienza en la Isola Tiberina. Desde Piazza Venezia, por Via del Teatro di Marcello, se llega a la Piazza di M. Savello que queda enfrente de la isla. En ella se alzan la iglesia de San Bartolomé y la de San Giovanni Calibita con la Madonna della Lampada. Una vez en el Trastevere, se toma Via Anicia –enfrente del puente– para torcer a la izquierda por Via dei Genovesi. Un poco más adelante se encuentra a la izquierda la Via di Santa Cecilia, que desemboca en la plaza y en la iglesia de Santa Cecilia in Trastevere. Desandando el camino, se cruza Via Anicia y en Viale di Trastevere se gira a la derecha para tomar Via di Lungaretta a la izquierda hasta la Piazza Santa Maria, donde se halla la iglesia de Santa Maria in Trastevere. Saliendo de la plaza por el lado opuesto se llega a la Piazza di Sant'Egidio, tomando a la izquierda el Vicolo del Cedro se llega a la iglesia de San Pietro in Montorio. Por Via Garibaldi se desemboca en el parque del Gianicolo.

 

ISOLA TIBERINA

 

Es llana y alargada (casi 300 x 80 m. Su origen en la antigüedad era atribuido al acumularse del fango sobre las gavillas de grano que los tarquinos tiraron al río después de haber sido expulsados de Roma. La isla estaba consagrada a. Esculapio, c uyo culto fue introducido en Roma por el año 291 a.C. Cuenta la leyenda que una peste asolaba la ciudad, y los romanos viajaron a Grecia a implorar a Esculapio en su templo de Epidauro una solución a la plaga. Del templo descendió una serpiente, que después subió a la nave trirreme romana, y no desembarcó hasta llegar a la isla, indicando así el lugar desde el que Esculapio protegería a la ciudad. En el 289 a.C. se le dedicó un templo, en la parte –diríamos– de la proa, donde actualmente se alza la iglesia de San Bartolomé.

La isla no perdió la tradición sanitaria a la llegada del cristianismo, y hasta hoy funciona en la isla uno de los más conocidos hospitales romanos. Por su planta característica, los romanos la convirtieron en una gran nave de mampostería, de la cual quedan restos a proa ya popa. En el centro se alzaba un obelisco que representaba el árbol de la vida.

La isla está unida a la orilla izquierda del río por el puente Fabricio construido en el 62 a.C., que ha llegado intacto hasta nuestros días. Está constituido por dos amplias arcadas de travertino y un arco menor que se abre en el pilón mediano. Sobre los dos frentes hay grandes inscripciones, con el nombre del constructor. Pasado el puente. a la derecha, está el Hospital de San Giovanni di Dio, construido en 1548 y remozado por Bazzani en 1930, y la iglesia aneja de San Giovanni Calibita, que las radicales transformaciones interiores han convertido en una de las mejores iglesias del s. XVIII. Para completar la descripción de la iglesia no se puede olvidar el hierático fresco de la famosa Madonna della Lampada, del s. XIV. Originariamente esta imagen estaba en el exterior. En 1557, durante un aluvión que destruyó la fachada de la iglesia de San Bartolomé, el agua sumergió el fresco pero su lámpara continuó prodigiosamente encendida. Esta advocación se celebra el 9 de julio en recuerdo de aquél de 1796 cuando los fieles, reunidos para el habitual rezo sabatino de las letanías del Rosario, vieron que la Virgen movía los ojos. El evento se repitió otras veces, y ante muchos testigos, hasta el primer domingo de octubre. Es interesante el crucifijo de madera situado en la entrada a la izquierda. Se puede visitar la sacristía y la antigua aula capitular.

A la izquierda de la isla Tiberina está la torre medieval de los Caetani, resto de un antiguo castillo; y más adelante, una pintoresca plaza, donde se alza un obelisco a cuatro caras con figuras de santos dentro de nichos, obra de Iacometti; también en la plaza se halla la iglesia de San Bartolomé Apóstol, erigida al final del s. X por el emperador germánico Otón III sobre las ruinas del templo de Esculapio y dedicada a San Adalberto; fue posteriormente restaurada por Pascual II en 1113 y nuevamente en 1180 al asumir el título actual. Destruida por una gran crecida del río en 1557, fue levantada de nuevo en 1624 por Orazio Torriani con una fachada barroca. Retrasado, a la izquierda, se encuentra un campanario románico del s.XII.

El interior está dividido en tres naves de catorce columnas antiguas, y tres capillas por lado; se puede destacar la decoración del techo –artesonado a casetones, con algunas pinturas de 1865– y la segunda capilla de la derecha, con frescos y un retablo de Carracci, del s. XVII. Bajo el altar se veneran las reliquias del Apóstol San Bartolomé.

Abandonando la iglesia, se pasa al puente Cestio, que une la isla con la orilla derecha del río; erigido en el s. I a.C., fue restaurado en el año 370 por los emperadores Valentiniano, Valente y Graziano, y últimamente en 1892, utilizando el material original.

Mirando a la izquierda se puede observar el puente Roto, levantado en el año 179 a.C. con estructuras de madera, y ultimado en el 142 a.C., con arcadas de ladrillo y cemento, por primera vez en Roma.

 

SANTA CECILIA IN TRASTEVERE

 

Fue fundada antes del s. V, sobre la casa romana de San Valeriano. esposo de Santa Cecilia, una patricia romana martirizada el s. II, bajo Marco Aurelio. Según una Passio del s. VI, Cecilia, en la noche de boda con el pagano Valeriano, reveló a su marido que un ángel custodiaba su virginidad, invitándole al mismo tiempo a creer en un solo Dios y a bautizarse como único medio para ver al ángel. Valeriano recibió el Bautismo y el ángel coronó a los esposos con lirios. Valeriano murió con su hermano durante la persecución de Turco Almaquio, y Santa Cecilia, descubierta cuando les daba cristiana sepultura, fue condenada a ser arrojada al fuego en las termas de su propia casa. Al salir ilesa, fue degollada. Son atributos de la santa la palma del martirio, los Evangelios, la corona de rosas y lirios y, desde el Renacimiento, los instrumentos musicales. El Papa Urbano consagró su casa como basílica. Posteriormente, en el s. IX, el Papa Pascual I trasladó los restos de la mártir desde el cementerio de San Calixto a la iglesia que lleva su nombre. En el s. XII se le añadió el pórtico y el campanario y fue posteriormente restaurada.

La fachada (s. XVII) y el ingreso monumental que precede al jardín, son obra de Ferdinando Fuga, florentino (1699–1780). El pórtico conserva las antiguas columnas de granito rosa y mármol africano y un mosaico estrecho y alargado del s. XII decorado con guirnaldas y pequeños medallones. A la derecha del pórtico está la tumba del cardenal Paolo Sfrondati, sobrino de Gregorio XIV. al cual se debe el reconocimiento, en 1599, del cuerpo de Santa Cecilia. Se trata de una fastuosa composición de Maderno (1556–1629) con busto, estatuas y altorrelieve, que evoca el suceso. En torno al pórtico se encuentran lápidas y fragmentos escultóricos medievales. A la derecha se eleva el campanario románico del 1113.

El interior, dividido en tres naves (la central amplísima), perdió el aspecto basilical en 1823, cuando las columnas tuvieron que ser recubiertas por los actuales pilares para afianzar la estabilidad; en la bóveda, un fresco representa la Apoteosis de Santa Cecilia.

Al fondo de la nave de la derecha se halla una estatua de San Sebastián de la primera mitad del s. XVI. A continuación, se pasa al antiguo calidario donde Santa Cecilia soportó durante tres días el suplicio del fuego –que no le produjo daño alguno–, antes de ser degollada; decoran la habitación dos obras de Guido Reni, ejecutadas alrededor de 1603.

Volviendo a la nave, encontramos la capilla de los Ponziani, la familia de Santa Francesca Romana; en la bóveda, Dios Padre entre los Evangelistas, de la escuela de Pinturicchio; en las paredes hay frescos atribuidos a Antonio de Viterbo; decora el altar un mosaico cosmatesco y un baldaquino del s. XVII. Se pasa a continuación a la capilla de las Reliquias, diseñada por Luigi Vanvitelli (1700–1773), arquitecto barroco romano–holandés.

El baldaquino es obra de Arnolfo di Cambio (1283. Debajo del altar se halla el sepulcro de la Santa. Stefano Maderno (1600) la representó como la encontraron en el momento del descubrimiento de las reliquias incorruptas. Al fondo, el ábside con el conocido mosaico de Pascual I: el Redentor, sobre un fondo de nubes de color rojo y turquesa, bendice a la manera griega. Tiene a su derecha a San Pablo, a Santa Cecilia y a Pascual I (con la aureola cuadrada, porque todavía estaba en vida),y, a su izquierda, a San Pedro y a los santos Valeriano y Agata; alrededor palmas (símbolo del martirio), la rosa fénix (la eternidad), y debajo el Cordero Místico con su rebaño simbólico entre las dos ciudades santas. A los lados del ábside, en nichos, se encuentran los bustos de los Papas Inocencio XII y Clemente XI, obra de Mazzuoli (1700 y 1703).

La cripta, de estilo bizantino, es obra de Giovenale (1899–1901) y los mosaicos son de Bravi. Debajo de la basílica hay muchos restos romanos. Si se pasa al convento anejo a la iglesia, se puede apreciar la obra maestra de Cavallini: el fresco del Juicio universal, de 1293. El claustro es románico (s. XII.

 

SANTA MARIA IN TRASTEVERE

 

Una vieja leyenda, anterior al origen de esta iglesia, una de las más tradicionales de Roma, afirma que sobre este mismo emplazamiento existió durante años un hospicio destinado a los soldados romanos inválidos o malheridos. La leyenda narra que en el 753 de la fundación de Roma, año del nacimiento de Cristo, una fuente de aceite surgió de improviso en este lugar y estuvo manando durante un día entero. Los habitantes del Trastevere –casi todos eran judíos en aquella época–, fundados en unas palabras del Génesis, interpretaron este fenómeno como una señal divina.

La actual construcción es del Alto Medioevo. Se dice que es la primera iglesia abierta al culto público en el imperio. Lo que está fuera de duda es que se trata de la primera dedicada a la Virgen María. La fundó el Papa San Calixto (217–222) como santuario mariano, y  el Papa San Julio I (337–352) la erigió propiamente como basílica.

La fachada data del s. XII. Consta de tres grandes ventanas y un mosaico rectangular del s. XIII. quizá restaurado por Pedro Cavallini, que representa a Santa María entronizada con el Niño y diez figuras femeninas. Las dos primeras de la derecha están sin corona y tienen la lámpara apagada, particular que hizo pensar en una alusión a la parábola de las vírgenes prudentes y de las vírgenes necias.

A un lado de la iglesia se alza el campanario románico del s. XII–XIII. En la parte alta tiene un mosaico de la Virgen con el Niño, y encima del tejado una armoniosa campana.

El pórtico, obra de Carlo Fontana, fue hecho añadir por el Papa Clemente X, en 1702. Dentro del pórtico se conservan dos frescos de la Anunciación, del s. XV. En el suelo se encuentran dos sarcófagos de cardenales, con interesantes bajorrelieves, y las paredes están decoradas con restos funerarios y fragmentos de lápidas paleocristianas. Se pueden observar también restos de la antigua schola cantorum[11], del s. X. Desde los primeros siglos, los cristianos dieron una gran importancia al canto litúrgico: el Papa San Silvestre creó ya en el año 330 una escuela de canto; más tarde. San Gregorio Magno utilizó esos cantos primitivos, ordenados y perfeccionados, dando lugar al canto oficial de la Iglesia, el gregoriano.

Las tres puertas están rodeadas de bellísimas cornisas de Mármol, que datan de la mitad del imperio. El interior es de planta basilical a tres naves, divididas por 21 columnas de granito de diverso diámetro, algunas con basamentos marmóreos finamente adornados y todas con antiguos capiteles jónicos y corintios. La cornisa, de ménsulas, está realizada aprovechando fragmentos de edificios romanos paganos. El pavimento, de cosmatesco, fue restaurado en 1870. En el techo, el artesonado barroco, obra de Domenichino (1617. En el centro, una bella tela de la Asunción.

Los mosaicos son de una riqueza incomparable, y el Crucifijo de la tercera capilla es del s. XV. Al fondo de la nave, a la derecha, en un nicho de la pared, se conservan pesos y cadenas, que según la tradición fueron utilizados en los suplicios de los mártires. El transepto o brazo lateral tiene un artesonado a casetones, de fines del s. XVI. con símbolos e inscripciones: en medio, la Asunción y ángeles, sobre madera dorada y pintada. Sobre el altar se venera una milagrosa imagen de la Virgen –llamada de la calle Cupa–, del s. XVI; en la pared de la izquierda se ve una representación de la Huída a Egipto, de Maratta.

En el presbiterio, acotado por una balaustrada de mármol, está indicado el punto donde manó la fuente de aceite, anunciando el nacimiento de Jesús. A un lado del baldaquino, hay un candelabro en cosmatesco, que es uno de los más preciosos de Roma. Bajo el ábside se puede ver una cátedra de mármol del s. XII. Arriba, se observan frescos de Ciampelli (s.XVI), con representaciones de ángeles y de los misterios de la vida de María; en medio se encuentra un hermoso mosaico de la Virgen con el Niño junto a San Pedro y San Pablo, que data de fines del s. XIII.

Hacia arriba, a la altura de las ventanas, se encuentran los famosos mosaicos de Cavallini: seis recuadros que representan los principales episodios de la vida de la Virgen, y que comentan máximas latinas. En el centro de la cúpula de media naranja del ábside están representados Cristo y Maria en un mismo trono y el Papa Inocencio II, en el momento de presentar el modelo de la basílica.

Es interesante visitar la capilla Altemps, erigida en 1584, y contemplar la rica bóveda, y los frescos y pinturas de Pascuale Cati, sobre el Concilio de Trento. Sobre el altar, la Madonna della Clemenza, preciosa tabla supuestamente del s. VIII. En la sacristía hay un mosaico de época augusta, y en otra sala más interior, una pintura de la Virgen con el Niño, de escuela umbria, de principios del s. XV.

 

SAN PIETRO IN MONTORIO

 

Montorio era el nombre que recibía entonces el Gianicolo –mons aureus–, y que también recibió la iglesia, erigida el s. IX en el lugar donde por errónea tradición se creía que fue crucificado San Pedro. Rehecha en 1481 por encargo de Fernando IV de España, se restauró después de los combates de 1849 que la habían deteriorado parcialmente.

Es interesante la fachada por su elegancia renacimental. Ya en el interior, podemos fijarnos en la planta de una sola nave con cuatro capillas a cada lado. Dos capillas más amplias forman el transepto. Es original el juego armónico entre el presbiterio cuadrado y el ábside poligonal. En la primera capilla de la derecha se conserva la Flagelación del Señor, de Sebastiano del Piombo. También es obra suya la Ascensión de la cúpula del ábside. En la segunda capilla se encuentra un fresco de Pomarancio, la Madonna della lettera. En la bóveda, varios frescos de Peruzzi: la Coronación de Madrid y las Cuatro virtudes cardinales. Volviendo por la izquierda, en la primera capilla encontramos el Bautismo de Jesús, de Volterra. También es interesante la penúltima capilla, obra de Bernini; el altorrelieve –San Francisco transportado por los ángeles– es de un discípulo suyo.

En el patio a la derecha de la iglesia, se encuentra el templete de Bramante, de planta circular delimitada por dieciséis columnas dóricas de granito. Construido en el inicio del s. XVI, se considera un ejemplo de formas clásicas interpretadas con el gusto del Renacimiento y con perfecto sentido de las proporciones. El tambor contiene nichos alternativamente rectangulares y en forma de concha. El pavimento es de cosmatesco. Sobre el altar se encuentra una estatua de San Pedro, y alrededor cuatro nichos con estatuas de santos, de escuela berniniana.

En la capilla subterránea, ricamente decorada, se encuentra el agujero donde se pensaba que estuvo clavada la cruz de San Pedro. Para entrar, hay que pedir permiso en el convento cercano.

A la salida de la iglesia se puede dar un paseo por el Gianicolo. Tomando Via Garibaldi se llega a la passeggiata del Gianicolo: tomando el Piazzale del Gianicolo, se llega al Faro, punto desde donde se goza de una bella vista de Roma.

 

 

ITINERARIO 9: TÍVOLI

 

Introducción

 

Las investigaciones arqueológicas parecen indicar que en este sitio existía una serie de pequeños pueblos que, hacia el s. VI a.C, se juntaron en un único centro urbano, desde el que se controlaba el tráfico del río Aniene.

A lo largo de su historia se pueden encontrar épocas de alianza con Roma, y épocas de fricciones políticas y guerras entre las dos ciudades. En el 338 a.C. fue definitivamente vencida por Furio Camillo e incorporada al Imperio. Al final de la época republicana la vemos convertida en lugar de veraneo de los romanos ilustres: César, Adriano, Casio, los Mecenas, Cátulo, Horacio, Quintilio Varo y Propercio, entre otros muchos embellecieron Tívoli con templos y villas de reposo, de las que han llegado hasta nuestros días la Villa Adriana, la Villa d´Este y la Villa Gregoriana.

En sus alrededores se encuentran lugares tan interesantes como Bagni di Tivoli, famoso balneario ya en la Roma clásica. También el "Sepulcro de los Plauzi", un monumento funerario aislado de una antigua familia romana.

 

VILLA ADRIANA

 

Se trata de la más antigua de las Villas de Tívoli, construida por el emperador Adriano entre los años 125 y 135, según un original canon de belleza: quiso ver reconstruidos a su alrededor, ya al final de su vida, todos los monumentos del Imperio y los que más le habían impresionado durante sus viajes fuera de Roma. Para hacerla digna morada de un emperador, añadió termas, teatros, bibliotecas, jardines y fuentes; y embelleció el conjunto con creaciones de los mejores artistas de la época.

Adriano no pudo disfrutar de este esplendor durante mucho Tiempo, pues falleció en el 138, pero sí sus sucesores, que continuaron embelleciendo Villa Adriana hasta casi los tiempos de Constantino.

La historia de la Villa no acaba bien: fue devastada en parte para adornar Bizancio y recibió el golpe de gracia durante las invasiones bárbaras. Más adelante se usó como cantera para los edificios en Tívoli.

Las primeras excavaciones para sacar a la luz estos tesoros de arqueología comenzaron durante el pontificado de Alejandro VI: el trabajo más reciente consistió en la reconstrucción del Canopo, que recuerda un templo de Alejandría en Egipto.

Justo detrás de la maqueta de madera, con la reconstrucción hipotética de la villa en su mayor esplendor, está el Pecile, el cuadripórtico de Atenas, famoso por las pinturas de los grandes artistas griegos del s.V a.C.

Adriano profundizó el valle natural e hizo excavar una gran piscina, casi un canal, que evoca el pequeño valle en el delta del Nilo que comunicaba con Alejandría por un largo canal navegable. Durante el imperio, se conocía bien aquella zona, no sólo por el templo dedicado al dios Serapide, sino por tratarse de un lugar de descanso.

El templo serapeo– tenia una gran sala semicircular de media cúpula y cuatro columnas de mármol cipolino en la fachada.. Del fondo del canal se extrajeron varias estatuas y columnas que hoy lucen en sus riberas; hay originales y copias. El museo situado al lado derecho del valle del Canopo conserva esculturas y adornos de la zona.

Algo más adelante, se encuentra el Praetorium, espacio obligado en cualquier campamento romano para la residencia del pretor. En este caso, se trata de un edificio alto, con escaleras a un lado. El espacio abierto detrás de las Termas Grandes, que podría haber sido un gimnasio o una piscina, está cerrado en uno de sus lados por un cryptoportico, pasillo subterráneo que enlazaba los edificios de la localidad.

Después de haber cruzado el espacio abierto y de haber subido una pequeña rampa, se puede ver a la izquierda el Nympheum, y más adelante, a la derecha, un muro y una larga hilera de cipreses que acotan un edificio con criptopórtico y un estanque. El pórtico se apoyaba en columnas estriadas de mármol, algunas todavía visibles en una esquina. Varias ventanas permiten el paso de la luz al criptopórtico inferior.

Llegamos ahora al Cuartel y al Palacio Imperial, el mayor conjunto arqueológico de la villa, constituido por tres peristilos, lugares rodeados de columnas: la Plaza de Oro, el Palacio Peristilo y el Patio de la Biblioteca. La más exterior era conocida como la Plaza de Oro (Piazza d'Oro), debido a la gran cantidad de obras de arte que allí se conservaban. De tamaño considerable, estaba rodeada por un doble pórtico de granito y de mármol cipolino; al fondo se encuentra una monumental sala y un ninfeo. Son de especial interés los techos, con representaciones de escenas marítimas y de caza. Enfrente de la plaza, hacia el sur, están los restos del Vestíbulo, uno de los edificios más originales y mejor conservados de la Villa.

Desde la Plaza de Oro se llega al Ninfeo central del Palacio, con fuentes y una puerta monumental. A la izquierda. al lado del Cuartel, queda la sala de pilares dóricos; en el lado más corto se pueden ver algunos restos del atrio. El cuadrado exterior hacia el Noroeste era el triclinium de verano, un tiempo adornado con nichos y probablemente también con estatuas y fuentes.

Siguiendo hacia el norte y cruzando diagonalmente la plaza delante del triclinio se llega al Palacio Peristilo. En la esquina oriental se encuentra la sala de tres naves y la Biblioteca Privada. Una pequeña escalera conduce al Patio de las Bibliotecas, una gran plaza con arbustos y un alto pino en el centro, en su origen rodeada por un pórtico con columnas corintias. En el lado más corto del patio se pueden ver las hospitalia, habitaciones de los invitados.

En la planta inferior a la derecha, se encuentra el Triclinium Imperial, fácilmente localizable por el pavimento de mosaico y las estatuas. Desde la terraza puede verse el valle del río Tempe. De vuelta al Patio de las Bibliotecas, pasamos junto a dos grandes edificios; presumiblemente, la Biblioteca Latina, y la Biblioteca Griega. La visita finaliza descendiendo un corto camino hacia el Teatro Marítimo.

 

VILLA D'ESTE

 

construida por el arquitecto Pirro Ligorio en 1550 por encargo del cardenal Hipólito d' Este. Propiedad de la familia de los Austrias mediante el matrimonio contraído por la última descendiente de los Este con Fernando de Habsburgo, pertenece desde 1918 al Gobierno Italiano, que la hizo restaurar.

Las fuentes del jardín son la obra más destacable de entre los trabajos realizados en la Villa por los artistas de la época. La del Bicchierone se atribuye a Bernini. El órgano hidráulico –por el efecto musical producido por el agua– es obra del ingeniero francés Claudio Vernard. La del Búho y los pájaros procura reproducir los sonidos de estos animales. Otras son; la Fuente de las águilas, las Cien Fuentes, alineadas a lo largo de una avenida entre musgo y helechos, y la de los Tres Pescadores; sin olvidar la Escala de espuma y la Rotonda de los cipreses.

La Iglesia de Santa Maria la Mayor, en Piazza Trento, se atribuye al Papa San Simplicio (originario de Tivoli, 468–483), y reconstruida en el s. XII. En el altar mayor se puede apreciar; una Madonna, atribuida a Jacopo Torriti, la sillería de madera del coro, algunos frescos del s. XIV, un gran tríptico del s. XIV, y una pintura sobre madera de San Antonio de Padua.

El Duomo, dedicado a San Lorenzo, contiene varias obras de interés; el Descendimiento de la Cruz, (grupo de cinco figuras de madera de inicios del s.XIII), el Tríptico del Redentor (s.XII): la Fuente bautismal, de Bernini: un fresco de la escuela de Carraccio que representa El hambre y una Inmaculada Concepción. El campanario es románico.

A la derecha del Duomo se encuentra la Mensa Ponderaria, donde se conservan pesos y medidas de tiempos romanos. En dirección a la Via del Colle se puede visitar la iglesia de San Silvestre, del s. XII, con un relieve en madera de San Valerio, de 1138, y varios frescos en el ábside (s. XI–XIII).

El Vicolo dei Ferri, algo alejado, es uno de los rincones más característicos del Tívoli medieval. La Capilla Pacifici contiene pinturas hagiográficas de San Esteban de comienzos del s. XIII.

Desde la Plaza del Duomo se puede llegar a Piazza Rivarola y a Via della Sibila para visitar dos de los más interesantes monumentos de la Roma republicana: el Templo de Vesta (edificio circular del s.I a.C. sostenido por 18 columnas con espléndidos capiteles) y el Templo de Sibila. Este último –s.II a.C.– es de forma rectangular: el edificio aquí descansa sobre un pedestal y tiene adosadas cinco columnas partidas a cada lado. de las que sólo dos se conservan en el Pronaos. Durante la Edad Media estos edificios fueron transformados en iglesias, que se dedicaron a Santa María della Rotonda y a San Jorge. Desde la Piazza Rivarola, atravesando el Puente Gregoriano, se puede llegar a Villa Gregoriana.

 

VILLA GREGORIANA

 

Se trata de un parque que se extiende alrededor de una franja del Aniene, precisamente en la zona donde el río precipita en las cascadas, que Gregario XVI mandó excavar.

Es interesante visitar la Gruta de las Sirenas y la Gruta de Neptuno, a las que se llega siguiendo con atención los letreros indicadores.

Dejando Villa d'Este por la Plaza Palatina, se puede ver en la Plaza del Plebiscito la Iglesia de San Bayo con un pórtico renacentista y un Cristo atribuido a Cavallini.

La vida de la ciudad no se interrumpió con el Renacimiento, y continuó normalmente, desarrollándose los barrios de Trevio y de Santa Cruz, y aquí, en una ambientación de siglos se levanta el castillo de Rocca Pia, construido por orden de Pío II sobre los restos de un anfiteatro romano y completado por Alejandro VI con la adición de grandes murallas. Allí fue donde el Papa Pablo III, en el año 1540 concedió la aprobación a la Compañía de Jesús.

Tienen también interés el Santuario de Santa María in Quintiliolo, con la conocida pintura sobre madera de la Virgen y el Niño, los restos de la Villa de Quintilio Varo, y el Tempio della Tosse, que debió ser un sepulcro en la época romana: de base octagonal, presenta un interior circular con bóvedas semiesféricas, nichos y ventanas. Fragmentos de pinturas del s. X y de decoraciones bizantinas muestran que el edificio fue usado durante varios siglos.

 

ITINERARIO 10: OSTIA ANTICA

 

Notas históricas

 

Su nombre viene de ostium, desembocadura del río; hoy día la separan 4 kilómetros de tierra proveniente de los sedimentos fluviales. En el año 1575 una inundación cambió el curso del río que ahora hace una curva hacia el norte. Fue durante siglos el puerto de Roma, y llegó a albergar en su máximo esplendor unos 100.000 habitantes en una extensión de 100 hectáreas.

Las excavaciones en la ciudad, que la leyenda dice fue fundada por el rey Anco Marzo, han revelado la existencia de una ciudadela fortificada con sólidos muros de toba que aparece en la segunda mitad del s. IV a.C. (338 a.C.) y que fue puerto comercial y militar de gran importancia.

Tomada y saqueada por Mario, fue reconstruida por Sila que la dotó de una muralla de 2.500 metros de perímetro. El puerto construido por Claudio en el Tevere, al que Trajano añadió la dársena hexagonal excavada, para facilitar las maniobras de carga y descarga, aumentó el comercio ostiense con todo el occidente latino.

Después de Constantino, que le dio autonomía administrativa, la ciudad comenzó a perder gradualmente importancia comercial y lentamente declinó hasta que el empobrecimiento de la misma Roma y las incursiones bárbaras causaron su ruina definitiva, el s. V de nuestra era.

En el s.IX aparece el primer rebrote del poblado moderno: Gregorio IV construyó Gregoriopoli, y Martín V añadió una torre cilíndrica para defensa del Tíber, primer núcleo del castillo surgido contra las incursiones bárbaras. El cambio del curso del río en las inundaciones de 1575 privó al castillo de su función defensiva.

Junto a la muralla que delimita el poblado, se encuentra el castillo triangular con tres torres, obra de Baccio Pontelli, terminado en 1486. La torre y el foso son anteriores a la época de Martín V. En el interior del muro se encuentran casamatas –bóvedas para instalar piezas de artillería– y un pequeño baño para los soldados.

 

OSTIA ANTICA

 

Se entra en la ciudad por la Via Ostiense, paralela a la cual corre la Via delle Tombe entre dos filas de tumbas de diversos géneros. Al final de la vía se encuentra la Puerta Romana, de época republicana, con pilastras de toba y recubrimientos marmóreos de época imperial. La base de mármol que hay fuera de la puerta sostenía una estatua de la Salus Augusti, recuerdo de la visita de un emperador. La puerta da entrada al Piazzale della Vittoria. con su estatua de Minerva Vittoria, copiada durante la época de Domiciano de un original helenístico. A la derecha de la plaza se encuentran unos almacenes o silos de época republicana. Detrás, una sala de las Terme dei Cisiari donde se observa un mosaico con escenas de la vida ostiense (carretas –cisia– tiradas por mulos).

Tomando la vía Decumano Massimo, arteria principal de Ostia de más de 1 kilómetro de longitud que llegaba hasta el mar, a la derecha aparecen las Termas de Neptuno (3), construidas por Adriano, que las dotó de un gimnasio y hornos de calentamiento de agua. En el interior se pueden contemplar mosaicos que representan a Neptuno –en una cuádriga entre monstruos y deidades– y a su mujer Anfitrita con su cortejo. Desde la terraza se goza de una magnífica vista sobre la ciudad. Después, al fondo de la Via Vigili, abierta en el s. II del imperio, se alza la Caserma dei Vigili donde aún se conservan las dos cisternas que recogían agua para apagar los incendios. Saliendo de las termas, a la izquierda se toma la Via della Pallestra, que desemboca en la Via della Fontana, una de las más interesantes y mejor conservadas de la ciudad. Pasada la fuente, a la derecha, se atraviesa un pórtico que desemboca en la Via delle Corporazioni, donde hay un apartamento bien conservado con tres habitaciones de tipo ostiense.

Volviendo al Decumano se puede ver el Teatro (5), construido por Agripa y restaurado por Septimio Severo y Caracalla. Tenía capacidad para 3.000 personas, con los tres órdenes típicos de gradas, de los cuales dos se encuentran restaurados para espectáculos clásicos. A diferencia de la mayoría de los teatros romanos, éste está construido todo sobre el terreno y no excavado en ladera alguna. Detrás del escenario se encuentra el Piazzale delle Corporazioni (6) . Bajo la doble fila de pórticos que la rodeaban, tenían su sede unas 70 oficinas de corporaciones o representantes comerciales, cuyas insignias se reconocen en los mosaicos del pavimento, y que dan una idea del comercio que se ejercía desde Ostia. En el centro de la plaza se eleva el Templo de Ceres –diosa de las cosechas y de la abundancia–, con alta grada y dos columnas frontales.

Por el flanco izquierdo del teatro se pasa a la Casa de Apuleio, de tipo pompeyano (raro en Ostia), con atrio de columnas y pequeñas habitaciones decoradas con graciosos mosaicos. Cerca de la casa hay un Mitreo , que es uno de los mejor conservados de Ostia. Del mitreo se desciende a los Quattro Tempietti , construidos en el s. II a.C. y dedicados a Venere, Cerere, Fortuna y Esperanza.

Volviendo al Decumano destacan a la derecha los Grande Horrea –grandes silos–, almacenes de grano divididos en 64 celdas. La fachada principal da al río. A la izquierda, ya en la vía del Molino, arranca la vía de Diana, con edificios conservados hasta la segunda planta. La Casa de Diana conserva un balcón que sobresale sobre la fachada, poco frecuente en la época romana. Frente a la Casa de Diana, en el centro de la Piazzetta dei Lari, se encuentra un ara marmórea con relieves, y de época augusta. Siguiendo por la Via di Diana se ve otra casa con un balcón sostenido por ménsulas de travertino. Una de las tiendas (a la izquierda) es un thermopolium , una especie de bar con bancos de mármol, dos pilas y estantes para la vajilla; en un fresco se representan los productos que se ofrecían. Enfrente (se entra doblando la esquina), la Casa dei dipinti , decorada con pinturas y pavimentos bastante bien conservados.

Más adelante se encuentra el Casone del sale, sede del Museo Ostiense, donde se han recogido las mejores piezas encontradas en las excavaciones: ex–votos, piezas de decoración de los templos, etc.

Volviendo al Decumano por el Cardine Massimo, amplio paseo flanqueado por un doble pórtico de columnas que atraviesa la ciudad de norte a sur, se llega al Foro, donde se encuentra lo que parece el Templo de Vulcano  (principal divinidad en Ostia) pero que en realidad es el Capitolio o Templo de la tríada capitolina, que existía en todas las colonias romanas. Frente al Capitolio, al otro lado del Foro, se alza el Templo de Roma y Augusto , del primer siglo del imperio (época tiberiana), construido casi todo en piedra. De la basílica de la derecha  son de interés los fragmentos marmóreos de la arcada y un fresco en el interior. Enfrente, cruzando el Foro, se encuentran las Terma del Foro (18, construidas en el s. II y ampliadas en el IV. Las salas calientes se encuentran orientadas al mediodía y escalonadas para no darse sombra.

Cruzando el Decumano, enfrente de la basílica, se halla la Curia , sala de reuniones del consejo municipal ostiense, con un podio en el fondo. Siguiendo por el Decumano, a la izquierda, pegado a la basílica, encontramos el Templo Redondo , monumento dedicado al culto de los emperadores. que data de principios del s. III. Consta de una gran estancia circular, decorada con 7 nichos, con tarima y columnillas de mármol a cada lado.

Continuando por el Decumano se alcanza la Porta Occidentale del castrum o fortificación de la cual tan sólo se ven los flancos de bloques de toba. En este momento el Decumanogira a la izquierda para dirigirse a la Porta Marina. En la curva del Decumano sale a la derecha la Via delle Foce, en la cual se abre, a la derecha, una área sacra  con tres templos republicanos (s. III a.C). El central, con podio de toba y ara inscrita, estaba dedicado a Hércules. Detrás, al norte, está la rica Domus de Amore e Psiche . del s.IV, con columnas, nichos y pavimentos de mármol policromo. Más adelante se llega a las Termas de Mitra , del s. III, con un interesante sistema para elevar el agua: a su lado, el Templo de los Medidores del Grano , con un interesante mosaico y un gran almacén.

Al fondo se gira a la izquierda por la Via del Serapeo para encontrar un grupo de casas de la época adriana: a la izquierda las Terme della Trinacria , con mosaicos e interesantes instalaciones para el calentamiento y bombeo del agua: enfrente, la Casa de Baco y Arianna, con algunos mosaicos en las tres salas que dan al pórtico; el Serapeo , templo dedicado al dios egipcio Serapide; y una casa con mosaicos pavimentales entre los que destaca el del gran salón.

Volviendo por Via delle Foce, a la derecha, se encuentra la ínsula del Serapide con un patio de esbeltos pilastros. Detrás están las Termas de los Siete Sabios, con una gran sala circular cubierta de una cúpula y pavimentada en mosaico con escenas de caza. En un lateral, un nicho adornado con un mosaico floral. En otra habitación, figuras de cuatro de los siete sabios de Grecia. Otras pinturas decoran un baño. De las termas, se pasa a la ínsula degli Aurighi, llamada así por los frescos que la decoran.

Caminando hacia el Decumano, aparece a la derecha la Via delle Valte Dipinte, donde se encuentra la Casa delle Valte Dipinte, típica de la burguesía del s. II. Aunque originalmente tenía tres plantas sólo se conserva la planta baja, con frescos y mosaicos. Enfrente, la ínsula delle Muse, con un patio y varios ambientes con frescos y mosaicos. Al lado, de ésta, la ínsula dalle pareti gialle. Al fondo la Casa delle Ierodule, del s. II con pinturas y mosaicos en techos y pavimentos. Más allá, la Domus dei Diascuri, con un mosaico, y la Domus del Ninfea, con pavimentos de mármol, ambas del s. IV. Al fondo surgen las Terme Marittime, gran complejo termal con mosaicos y pinturas del s. II.

Si se vuelve al Decumano Massimo y se sigue hacia el sur, se llega a la Porta Marina. Fuera de la puerta, se observan algunos sepulcros republicanos, entre los cuales se halla el de Cartilio Paplicola, con inscripciones enmarcadas en símbolos y adornos de naves. Enfrente, un horreum y, al fondo de la vía, las monumentales Terme della Marciana o del Porta Marina –en honor de la hermana de Trajano–, que se abrían sobre la antigua línea de playa: son particularmente imponentes por la complejidad de las instalaciones y por los numerosos mosaicos, entre los que destaca el pavimento del frigidarium, con piezas de grandes dimensiones: el edificio permaneció en uso hasta principios del s. IV.

Mas allá destaca la sinagoga, que testimonia la presencia de una comunidad hebrea; en la construcción –seguramente la más antigua del género en Europa– se notan dos fases: una en el s. I y otra en el IV. Hay un lugar para la Thorà (la ley) –sobre una ménsula con bajorrelieves que representan el candelabro de 7 brazos–, algunas salas y un horno para la confección de los panes ázimos. Otra vez en el Decumana Massimo –ahora flanqueado de un largo pórtico con una fuente marmórea y una enseña en mosaico–, se descubren más adelante algunas casas republicanas y el vico delle Taberne Finestrate, una interesante casa particular con mosaicos en blanco y negro que datan del s. II. Siempre a la derecha, la schola del Traiano, que recibe ese nombre por la estatua del emperador allí encontrada y trasladada posteriormente al museo. La schola fue la sede de la corporación de los armadores de barcos: el templo de los armadores, al otro lado de la calle, contiene en el patio una domus restaurada.Siguiendo, las Terme dalle Sei Calonne.

Enfrente, la basílica Cristiana, del s.IV, con dos naves y baptisterio: en el arquitrabe se nombran los 4 ríos del paraíso terrenal. Al lado las Terme della Basílica, con mosaicos y baños calientes. Continuando, a la derecha, el Macellum, con pescaderías bajo el pórtico.

Se llega así otra vez a la puerta occidental del castrum. se gira a la izquierda por la Via del Tempio Rotondo y se desemboca en el Cardine Massimo, que viene por la izquierda del río a través del Foro y cae a la derecha hasta la Porta Laurentina. A la derecha, una serie de casas republicanas; al lado, el Ninfeo degli Eroti , todo revestido de mármol, con tres nichos, del s. IV. Al lado se encuentra la Domus delle Colonne, con un patio y ninfeo central y pavimentos de mármol policromo, seguramente del s. IV. A la derecha se abre la Via della Caupona del Pavone; entrando a la izquierda se encuentra la Osteria del Pavone. Enfrente, al otro lado de la calle, la Casa de los peces, con un patio, una sala con un bonito mosaico y un vestíbulo adornado con un mosaico que muestra un cáliz con un pez (símbolo evidentemente cristiano), del s. IV.

Volviendo al Cardine, a la derecha, después del largo pórtico de Hércules, se ven las Termas del Faro, de la época trajana, con un mosaicos que representa peces y el faro de Ostia, una sala con un baño marmóreo y pinturas sobre motivos marinos. Mas allá, se abre el Campo della Magna Mater, zona triangular dedicada al culto de varias divinidades orientales (Tempio della Magna Mater, sacello di Attis. schola dei dendrophori, tempietto di Bellona). Estamos ahora en la Porta Laurentina de la muralla silana.

Se vuelve hacia el norte por el Cardine. En la esquina con la Semita dei Cippi encontramos la Casa delle Gorgona, con el motivo de la testa di Gorgone repetido en el mosaico del pavimento. Avanzando por la Semita, se encuentra un pozo altomedieval con el brocal hecho de ánforas, y a la derecha, la Domus del Protiro, del s. IV; es un edificio termal privado. Más adelante la Ínsula dell'Invidioso que toma el nombre de un mosaico en el que se ve un pescador con un gran pez que se burla de otro que no ha pescado nada. Volviendo hacia el sur, se dobla a la izquierda por la Via della Fortuna Annonaria, donde se encuentra, a la derecha, una casa del s. IV que recibe el mismo nombre, con una sala de entrada con tres arcadas y ninfeo interno, y la Escuela de los luchadores, con interesantes mosaicos. Siguiendo por la calle se dobla al fondo por la Via degli Augustali. Recorriéndola hacia el norte, se encuentra a la izquierda una amplia lavandería y, en la esquina con el Decumano Massimo, la sede del Collegio degli Augustali, pertenecientes al culto imperial con un patio porticado y ábside con revestimientos marmóreos; enfrente, al otro lado de la calle, el Templo Collegiale. Tomando el Decumano hacia la derecha se vuelve a la entrada.