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GUÍA DE ROMA ITINERARIO 1: VATICANO Y CASTEL SANT’ANGELO Introducción Plaza de San Pedro Basílica de San Pedro Fachada Pórtico Nave Central Nave derecha Crucero derecho Ábside Crucero izquierdo Nave izquierda Museos Vaticanos Estancias de Rafael Capilla Sixtina El Juicio Final Castel Sant’Angelo y Mausoleo de Augusto ITINERARIO 2: SANTA MARIA LA MAYOR Y ALREDEDORES Recorrido Basílica de S. María la Mayor Exterior Interior Santa Práxedes San Martino ai Monti Esquilino San Pietro in Vincoli Santa Prudenciana ITINERARIO 3: SAN JUAN DE LETRÁN Recorrido Santa Croce in Gerusalemme Basílica de San Juan de Letrán Notas generales Fachada Interior Scala Santa Baptisterio Cuatro Santos Coronados San Clemente Basílica SS. Juan y Pablo Termas de Caracalla ITINERARIO 4: SAN PABLO EXTRAMUROS Y VIA APPIA Recorrido Basílica S. Pablo Extramuros Notas generales Atrio Interior La Via Appia Introducción La Via Appia Catacumbas de San Calixto Catacumbas de Domitila Catacumbas de San Sebastián Tumba de Rómulo y Circo de Majencio ITINERARIO 5: COLISEO Y FOROS Recorrido Santa María in Aracoeli Plaza del Campidoglio La Plaza Palacio Senatorial Palacio de los Conservadores Museo Capitolino Foro Romano El Palatino El Coliseo Arco de Constantino Foros Impreriales ITINERARIO 6: PLAZA NAVONA Y PALAZZO DELLA
CANCELLERIA Recorrido Piazza Navona San Luis De Los Franceses San Ignacio Pantheon Santa Maria Sopra Minerva Santos Apóstoles Palazzo Colonna Piazza Venezia Il Gesù Area Sacra Argentina Palazzo Spada Palazzo Farnese Piazza Campo de' Fiori Palazzo Della Cancelleria ITINERARIO 7: FONTANA DI TREVI Y MAUSOLEO DE
AUGUSTO Recorrido Fontana di Trevi Piazza Colonna San Lorenzo in Lucina Piazza di Spagna Trinita dei Monti Pincio Piazza del Popolo Santa Maria del Popolo Mausoleo de Augusto Ara Pacis ITINERARIO 8: TRASTEVERE Recorrido Isola Tiberina Santa Cecilia in Trastevere Santa Maria in Trastevere San Pietro in Montorio ITINERARIO 9: TÍVOLI Introducción Villa Adriana Villa d’Este Villa Gregoriana ITINERARIO 10: OSTIA ANTICA Notas históricas Ostia Antica ITINERARIO 1: VATICANO Y CASTEL SANT'ANGELO Introducción Durante el imperio de Calígula se construyó un
circo en las afueras de Roma a los pies de la colina Vaticana, que más adelante
Nerón amplió y mejoró. San Pedro fue enterrado en una antigua necrópolis
excavada en la ladera de la colina, a poca distancia del circo. Las
excavaciones arqueológicas han permitido llegar hasta el primer monumento
funerario, que data del s. II. Encima de los restos de San Pedro, a modo
de otro monumento funerario, el emperador Constantino construyó la primera
Basílica, a principios del s. IV, que se mantuvo en pie hasta finales del s.
XV. El 23 de agosto del 846 los sarracenos invadieron
Roma, devastando las Basílicas de San Pedro y San Pablo. Al año siguiente, León
IV aceleradamente inició los trabajos de un muro de protección alrededor del
distrito Vaticano, que se llamaba del Borgo, límite actual del Estado Vaticano.
En el s. XV fue restaurado por Nicolás V, y ampliado por Pío IV en 1564 hasta
la Puerta del Espíritu Santo. En los comienzos del periodo renacentista, se vio
claro que ya no bastaban las numerosas restauraciones para asegurar la
estabilidad de la basílica de Constantino. La decisión de levantar una nueva
basílica se tomó así en un momento de florecimiento excepcional de las artes en
Italia: basta espigar algún nombre entre los centenares de artistas que se
dieron cita en los trabajos: Bramante, Miguel Ángel, Rafael, Bernini, Giaccomo
della Porta... Con la unificación de Italia. El 20 de septiembre
de 1870, el Rey Vittorio Emanuele II entró con sus tropas en Roma y la proclamó
capital del reino. El Papa Pío IX reaccionó encerrándose en el Vaticano y
declarándose prisionero. Esta delicada situación se mantuvo hasta 1929 con la
firma del Tratado de Letrán, por el que el Estado italiano se reconciliaba con
la Santa Sede, reconocía la máxima libertad a la Iglesia Católica, y se
comprometía a respetar la autonomía del Romano Pontífice para poder realizar
con la necesaria independencia su misión universal desde la sede romana. Desde aquella fecha, la Ciudad del Vaticano es un
Estado independiente, bajo la soberanía del Romano Pontífice. Tiene una
extensión de 0.440 km2. Por el mismo Tratado, gozan de extraterritorialidad las
Basílicas de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros,
los palacios de Letrán, de la Cancillería, de Propaganda Fidei, del Santo
Oficio y del Vicariato, el Hospital del Niño Jesús y el palacio pontificio de
Castelgandolfo, con la Villa Cybo y la Villa Barberini. Dentro de la Ciudad del Vaticano y de los edificios
extraterritoriales, el servicio de orden y de policía está a cargo de los
Agenti di Vigilanza (instituidos en 1816 por Pío VII) y de la Guardia Suiza,
fundada en 1506. LA PLAZA DE SAN PEDRO La inmensa elipse de 240 metros de ancho, es la
obra maestra arquitectónica de Bernini (1598-1680).. Los dos hemiciclos están
constituidos por imponentes pórticos de cuatro filas de columnas dóricas: un
total de 284 columnas y 88 pilastras. coronados por 140 estatuas de santos. Al
fondo del pórtico de la derecha se encuentra el Portone di bronzo del Palacio
Vaticano. En el centro de la plaza, construida sobre lo que
fue el circo de Nerón, se eleva un obelisco sin jeroglíficos, tallado en el s.
I a.C., que proviene de Eliópolis, de donde fue traída por Calígula el año 37,
para adornar el circo de Nerón; en la parte superior, a 41 metros del suelo,
una reliquia de la Santa Cruz recuerda la unión de los mártires (más de cien
mil). bajo las persecuciones romanas) con la Cruz de Nuestro Señor. Permaneció
al lado de la Basílica antigua, hasta que Sixto V lo hizo transportar a su
actual ubicación, en 1586. Para trasladar el obelisco fueron necesarios 800
hombres y 75 caballos. Dos fuentes del siglo XVII completan el extraordinario
conjunto de la plaza. BASILICA DE SAN PEDRO Fachada El amplísimo frente, llevado a cabo por Carlo
Maderno, del 1607 al 1614, está presidido por una gran escalinata, obra de
Bernini. A los lados, las colosales estatuas de San Pedro y de San Pablo,
colocadas en 1840. El pórtico de la izquierda es el Arco de las Campanas, que
da acceso a la Ciudad del Vaticano. De los 9 balcones, el central corresponde a
la llamada Loggia de las Bendiciones, desde donde el Papa imparte las Bendiciones
solemnes; debajo, se encuentra el altorrelieve La Entrega de las Llaves, de
Bonvicino (1614). Coronan la fachada trece estatuas (5,70 m) del Redentor, San
Juan Bautista y los Apóstoles, a excepción de San Pedro. Corona el conjunto la
majestuosa cúpula de Miguel Ángel (1465–1564), las dos cúpulas laterales, de
Vignola (discípulo de Miguel Ángel y director de las obras a la muerte del
maestro), son meramente decorativas: no guardan relación con el interior de la
Basílica. A la derecha de la fachada, en el llamado Palacio
del Mayordomo, está la imagen de la Virgen en mosaico. Son 50.000 teselas o
piedrecitas que reproducen la imagen que se venera como Mater Ecclesiae en el
interior de la Basílica. Pórtico p
class=MsoNormal style='mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none'>
A la derecha, detrás de la puerta que da acceso al
vestíbulo de la Scala Regia, la estatua de Constantino, de Bernini (1670). Nada
más entrar, a la izquierda, la estatua ecuestre de Carlomagno (de
Cornacchini,1725), coronado en San Pedro, en la Navidad del año 800, durante el
pontificado de León III. De las cinco puertas por las que se entra a la
Basílica, la de la derecha es la Puerta Santa, que se abre sólo cada Año
Jubilar. Sobre la puerta central se pusieron las hojas de bronce de la antigua
basílica, que tienen como tema central una evocación del Concilio de Florencia,
en el que se debatió y se resolvió, por un tiempo, la difícil cuestión de la
unión entre las Iglesias de Oriente y de Occidente. Encima hay un relieve,
Jesús que confió a San Pedro la Grey Cristiana, de Bernini o de uno de sus
discípulos. A la izquierda la Puerta de la Muerte, de Giaccomo Manzú, y a la
derecha la Puerta de los Sacramentos. Otro recuerdo de la antigua Basílica es
el Mosaico de la Navecilla, obra de Giotto muy restaurada y deteriorada; se ve
entrando en el atrio y dando la espalda a la nave central. Nave Central Situados en la nave central, nos encontramos en una
posición privilegiada para admirar las proporciones de San Pedro: tiene cerca
de 35.000 m2 de superficie, incluyendo las capillas laterales y la sacristía, y
186 m de largo, que llegan a 194 si se tiene en cuenta el espesor de los muros.
El largo total, incluido el pórtico, es de 211,5 m. La capacidad interior,
aprovechando todos los espacios disponibles, llega a 60.000 personas, aunque en
las ceremonias suelen entrar solamente 15.000. En el suelo de la nave central
se pueden ver las medidas de algunas iglesias especialmente conocidas. La nave central tiene la típica estructura de las
iglesias de la Contrarreforma. Está cubierta por una bóveda artesonada (de 44 m
de alto), ricamente decorada en la época de Pío VI (1780). A nivel de la
pilastra que está en línea con las capillas del Santísimo Sacramento y del
Coro, se puede ver el empalme de la arquitectura de Maderno, más alta y más
ancha con el brazo de crucero proyectado por Miguel Ángel. En los nichos
excavados en las pilastras a partir del 1706 se han colocado estatuas de
Fundadores de órdenes religiosas. Al final de la nave central está la estatua
de San Pedro en bronce, con el pie derecho desgastado por los besos de los
fieles. Durante años se pensó que era una escultura de Arnolfo di Cambio del s.
XIII, pero recientes investigaciones (1989) permiten asegurar la paternidad a
un artista sirio del s.V. La cúpula, que descansa sobre cuatro grandiosos
arcos, tiene un perímetro de 71 m. Todo es gigantesco: la pluma de San Marcos
mide cerca de dos metros: la linterna mide más de 17 m. En los medallones de
las pechinas se representan los cuatro Evangelistas. En la base del tambor, la
cúpula mide más de 42 m de diámetro, un espacio inmenso que llenan 96 figuras
en mosaico de Papas, Santos y Doctores de la Iglesia, a medio busto, en el
inferior: siguen sentados el Redentor, la Virgen, San Pablo, San Juan Bautista
y los Apóstoles. En la linterna, el Padre Eterno bendiciendo. En los cuatro grandes nichos de la base de la
cúpula, están las estatuas (5 m de alto) de San Longino, el soldado romano que
clavó la lanza en el pecho de Jesús, y que al ver que manaba sangre y agua, se
abrieron sus ojos y creyó en Aquel al que traspasaron (2) (Bernini); Santa
Elena (3) (Andrea Bolgil); Santa Verónica (4) (Mochil); y San Andrés (5)
(Duquesnov); mandadas colocar por Urbano VIII. Sobre las estatuas están los
cuatro balcones de Bernini, donde se conservan insignes reliquias: la Santa
Lanza, el Lienzo de la Verónica, el fragmento más grande de la Cruz y el manto
de San Andrés. Bajo el altar papal está la Confesión (6), de
Maderno; se llama así porque está construido directamente sobre la tumba del
Apóstol que derramo su sangre por confesar a Cristo; 99 lámparas perennales que
iluminan la tumba de San Pedro, al lado de la cual está la estatua de Pío VI
(Canova). Papa amable y de cultura refinada que creó los Museos Vaticanos en
los últimos años del s. XVIII. Sobre el altar papal se levanta el Baldaquino,
obra maestra de Bernini. Inaugurado por Urbano VIII Barberini el 28 de junio de
1633, víspera de San Pedro y San Pablo, tiene la altura de Palacio Farnese (29
m). Nave de la derecha La primera capilla es la de la Piedad (8), famoso
grupo escultórico de Miguel Ángel, realizado cuando contaba 25 años de edad. Es
la única obra que lleva la firma del artista: puede verse en la cinta que cruza
el vestido de la Santísima Virgen. Firmó cuando oyó un impostor adjudicarse la
obra. A continuación se encuentra La Capilla Elíptica de
Bernini, donde se ha colocado el Crucifijo atribuido a Cavallini (s. XIII), de
expresión vigorosa. La siguiente capilla está dedicada al Martirio de
San Sebastián (11), capilla que sustituyó al altar que se dedicaba en la
antigua basílica constantiniana a Sebastián, mártir capitán de los Pretorianos
bajo del imperio de Diocleciano. A continuación, viene la Capilla del Santísimo
Sacramento (14), donde se colocó el Tabernáculo de Bernini, de bronce dorado y
lapislázuli, cuya forma recuerda el templete de Bramante (1444–1514) en San
Pietro in Montorio. Detrás del tabernáculo, el fresco de La Trinidad, obra de
Pietro di Cortona. Saliendo de la capilla, a mano derecha se encuentra
el monumento al Papa Gregorio XIII Boncompagni (15), flanqueado por las
estatuas de la Religión y de la Sabiduría. El bajorrelieve, recuerda la reforma
del calendario dispuesta por el Pontífice. La siguiente es la capilla Gregoriana (18),
diseñada por Della Porta, y riquísima en mármoles y piedras preciosas. Sobre el
altar (20), la pequeña imagen de la Virgen del Socorro, del s. XI, que estaba
ya en la primera Basílica. Crucero de la derecha Es donde se tuvieron las sesiones del Concilio
Vaticano I, mientras que las del Vaticano II fueron en la nave central de la
Basílica. En los tres altares del crucero están los mosaicos de San Wenceslao,
Rey de Bohemia(23); el Martirio de San Proceso y San Martiniano(24); y El
Martirio de San Erasmo. En el pasaje a la capilla de San Miguel (28), se
encuentra el conocidísimo Monumento a Clemente XIII Rezzonico (26), una de las
máximas creaciones de Canova (1788–92) y de las primeras manifestaciones del
arte neoclásico en San Pedro. A los lados del sarcófago, con los bajorrelieves
de la Caridad y de la Esperanza, El Genio de la Muerte y la Religión; en lo
alto, el Papa de rodillas recogido en oración. Los mosaicos de enfrente dan
buena muestra de la habilidad de los mosaístas al reproducir colores y sombras
de obras famosas, en este caso el San Pedro sobre las aguas, de Lanfranco. Todos los cuadros del interior de la Basílica son
copias en mosaico de famosas pinturas al óleo de la época. En las obras
escultóricas trabajaron más de 600 artistas. Ábside El luminoso proyecto para el ábside, de Miguel
Ángel, fue superado por el formidable sentido decorativo –fantasía barroca– de
Bernini, que engrandece la Cátedra de San Pedro (33), realizada en bronce y oro
bajo el pontificado de Alejandro VII (1656–65), como relicario de un trono
papal cuyo origen se remonta al s.VIII. Dos tumbas papales flanquean la
cátedra: la de Urbano VIII (34), obra maestra funeraria del siglo XVII de
Bernini para su mecenas y la de Paulo III (35), obra maestra de Della Porta (1551–75).
Al fondo, la Gloria de Bernini, con la representación del Espíritu Santo. La
luz penetra a través del cristal de Bohemia como entre una nube de oro. Lo
mismo que en el Baldaquino Bernini adoptó aquí una solución más pictórica que
arquitectónica. Sigue la Capilla de Nuestra Señora de la Columna
(38), donde se encuentran las reliquias de San León Magno (39). Papa que tuvo
que enfrentarse con numerosas controversias y herejías; fue él quien convocó el
Concilio de Calcedonia en el 451, donde los más de 600 Padres Conciliares
dieron un claro ejemplo de la unión con el Romano Pontífice. Cuando recibieron
la carta del Papa, la aclamaron: “Pedro ha hablado por boca de León”. En la
misma capilla se encuentra la imagen de la Virgen, Madre de la Iglesia, que procede
de la Basílica primitiva. En esta capilla se quiso representar a los doctores
que más han escrito sobre la Santísima Virgen: Santo Tomás, San Juan Damasceno,
San Genaro y San Buenaventura. En el pasaje que sigue, la tumba de Alejandro VII
(41), del último periodo de actividad de Bernini, con las representaciones de
la Caridad, la Verdad, la Justicia y la Prudencia, obra de Mazzoli. Crucero de la izquierda El tercer brazo de la cruz griega de Miguel Ángel
está formado por la tribuna, también llamada de los Santos Simón y Judas, y que
comprende, además de la enorme bóveda decorada por Vanvitelli y Maini, tres
altares decorados con mármoles preciosos: San Marcial(43), de Camuccini, San
José Protector de la Iglesia Universal (44) –la única pintura moderna de la
Basílica–, de Achille Funi, y el Martirio de San Pedro (45), de Guido Reni,
sobre el punto exacto del Circo de Nerón en el que el primer Papa fue
crucificado sobre una cruz invertida. A continuación, se encuentra la capilla Clementina
(48), llevada a cabo por Della Porta. En el altar de la derecha (49),San
Gregorio Magno, de Andrea Sacchi; bajo el altar se conservan las reliquias del
santo; Gregorio era miembro de una familia noble romana, llegó a ser prefecto
de la Urbe antes de ser elegido Papa, el año 590; fue un gran evangelizador y
un gran liturgista; perfeccionó el canto litúrgico, hoy llamado gregoriano. Al
lado (50), la tumba de Pío VIII: Papa que sufrió la prisión en 1809 por orden
de Napoleón, obra neoclásica de Thorvaldsen (1823), fuertemente criticada por
su frialdad. Es la única obra realizada en San Pedro por un artista
protestante. Nave de la izquierda En su extremo, el altar de la Transfiguración (51),
con el mosaico que reproduce la obra maestra de Rafael (1483–1530). Enfrente se encuentra la capilla del Coro,
destinada a la oración de los canónigos, obra de Della Porta, que guarda los
sepulcros de Clemente XI y de San Juan Crisóstomo. En el pasaje siguiente, la Tumba de Inocencio VIII
(57), de Pollaiolo (1498), en bronce parcialmente dorado. Es el monumento
fúnebre más antiguo, el único que fue trasladado de la Basílica Constantiniana
a la nueva (1619). y el primero en el que se ve a un Papa sentado en su trono.
Son especialmente bellos los relieves en los nichos con las figuras de las
cuatro virtudes cardinales. En este mismo pasaje, el monumento a San Pío X,
decorado en bronce al estilo liberty. Bajo el altar de la siguiente capilla (58), de la
Presentación, se encuentran los restos incorruptos de San Pío X, canonizado en
1954. En esta misma capilla están los monumentos a Juan XXIII y Benedicto XV. A
la derecha del altar, se halla el lóculo donde se depositan los restos del Papa
desde que fallece hasta que se trasladan a su sepultura definitiva. Por último (61) , el Baptisterio, con el mosaico
del Bautismo de Jesús, diseñado por Maratta. En las pechinas, están
representadas las partes del mundo que han sido evangelizadas. MUSEOS VATICANOS Obras más sobresalientes de la Pinacoteca. Sala II:
Políptico de Giotto; Sala III: la Coronación de la Virgen, de Filippo Lippi y
La Virgen de los Ángeles, de Fray Angélico; Sala V: La Piedad, de Bernini; Sala
VI: La Virgen con el Niño, de Perugino; Sala VII: varias obras de Rafael; Sala
VIII: Boceto de San Jerónimo, de Leonardo da Vinci (1452–1519); Sala X: La
Virgen de San Nicolás, de Ticiano: Sala XII: Comunión de San Jerónimo, de
Domenichino y La Deposición, de Caravaggio: Sala XIII: Las bodas de Santa
Catalina, de Murillo. En el Museo Pío–Clementino, que se encuentra en el
Palacio del Belvedere, se conservan obras de la antigüedad griega y romana. Lo
más sobresaliente es el grupo del Laconte, el Apolo, Perseo, Hermes y El Atleta
en el Patio del Belvedere: La Estatua de Meleagro, en la sala de los Animales:
Apolo Saurótono, en la Galería de las estatuas: varias esculturas de la Galería
de los Bustos: la Venus de Cnido, en el Gabinete de las Máscaras. El Torso del
Belvedere, en la Sala de las Musas. Estancias de Rafael La Estancia del Incendio (1514–17) fue la última
habitación diseñada personalmente por Rafael[6], pues a partir de 1515 trabajó
con un grupo de asistentes, que plasmaban los frescos del maestro. Los del
techo son de Perugino. Para honrar al Papa León X –sucesor de Julio II–,
que confirmó a Rafael en el encargo de decorar las estancias, el artista
retrató al Papa al representar a sus predecesores León III y León IV. En la
Coronación de Carlomagno (en la pared de entrada), el emperador está
representado como Francisco I de Francia, contemporáneo del pintor. En la pared de la derecha, de frente a la ventana,
el Incendio del Borgo, en el que se representa el pasaje del Liber Pontificalis
que narra el incendio, ocurrido el 847, del barrio del Borgo, extinguido por
León IV con el signo de la Cruz. En la pared de enfrente, la Batalla de Ostia, que
representa el triunfo de León IV sobre los sarracenos (849), idea alusiva a la
cruzada contra los turcos, que ocupó vivamente a León X. En la pared de la izquierda, el Juramento de León
III, representa el momento en que el Romano Pontífice aclaró en San Pedro la
falsedad de ciertas acusaciones (23–XII–800). Cuenta la tradición que una voz
tronó: “Corresponde a Dios, no a los hombres, juzgar a los Obispos”
(inscripción latina a la izquierda de la ventana) . La Estancia de la Signatura
(1508–11) está considerada como la obra pictórica más insigne de Rafael. Parte
del techo fue concluida por dos de sus colaboradores: Sodoma y Bramantino. En la pared de entrada, la disputa del Santísimo
Sacramento, también llamado la Glorificación del Catolicismo, pues cielo y
tierra se unen en un himno a Dios Uno y Trino en el misterio de la
Transubstanciación. Es el primero de los grandes frescos romanos de Rafael. En
la parte alta, la Iglesia triunfante rodea a la Santísima Trinidad. En la
tierra, alrededor del altar con el Ostensorio (centro de toda la composición),
Doctores de la Iglesia, Papas y fieles: se distingue a Dante, a la derecha con
la corona de laurel. En la pared de la derecha, la Prudencia y la
Templanza. A la derecha de la ventana, Gregorio IX (retrato de Julio II)
entrega a un abogado consistorial los Decretales; a la izquierda de la ventana,
Justiniano entrega a Treboniano el Corpus Iuris Civilis. En la pared de enfrente, la Escuela de Atenas. Al
centro, Platón (retrato de Leonardo da 'Vinci) y Aristóteles. A la izquierda,
Sócrates (en túnica) habla con Alcibíades; Diógenes y un discípulo; Epicuro,
coronado de laurel; Arquímedes (retrato de Bramante) hace figuras geométricas.
En la esquina de la derecha aparece el mismo Rafael (con sombrero negro) ,
junto al pintor Sodoma (con sombrero blanco). La figura solitaria del primer–
plano, con la cabeza apoyada en la mano izquierda, es Miguel Ángel que trabaja
en la Capilla Sixtina. En la pared de la izquierda, el Parnaso. Alrededor
de Apolo y las nueve Musas están agrupados los grandes poetas, encabezados por
Homero y Virgilio. En la Estancia de Heliodoro (1512–14), los temas de
la decoración, probablemente sugeridos por el mismo Julio II muestran
intervenciones milagrosas de Dios en favor de su Iglesia. En la pared de entrada, San León detiene la
invasión de Atila. Una aparición de los Apóstoles Pedro y Pablo, dio ánimos a
San León para repeler la invasión de los Hunos. Rafael ha trasladado el evento
a Roma, como se puede ver por el Coliseo, el acueducto y la Basílica.. Rafael
no había terminado la obra cuando Julio II murió (1513) y en el último momento
le sustituyó en la persona de San León I, por León X, a pesar que ya estaba
representado en la figura del cardenal Giovanni de Medeci, a la izquierda con la
Lámpara magna. En la pared de la derecha está representado el
Milagro de Bolsena. En 1263, un sacerdote que dudaba en la presencia real de
Cristo en las especies sacramentales, vio manar sangre de la Hostia en el
momento de la Consagración, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena. En
esta obra maestra, Rafael resuelve magistralmente el problema de la ventana
descentrada: colocándolo de forma asimétrica las escaleras a ambos lados del
altar y situando a la multitud en el lado izquierdo, donde son mayores las
restricciones. En la pared de enfrente se representa la Expulsión
de Heliodoro, pasaje tomado del libro de los Macabeos: Heliodoro, que intenta
robar el tesoro del Templo es expulsado por ángeles. En la pared de la izquierda, la Liberación de San
Pedro, obra maestra por su dominio de la luz, que anticipa más de un siglo a
Caravaggio y Rembrandt. La Batalla de Constantino ( 1517–25) está decorada casi
totalmente por discípulos de Rafael, tras la temprana muerte del maestro. En la
pared de entrada, el Bautismo de Constantino; a la derecha, la Batalla del
Puente Milvio; enfrente, la Aparición de la Santa Cruz; y a la izquierda, la
Donación de Constantino, simbolizada por la entrega de una estatuilla dorada de
Roma. La Sala del Claroscuro fue decorada por Rafael en
1517, pero no se conservan los frescos originales, que fueron sustituidos por
otros. Contiene un modelo de madera que muestra la construcción interna de la
cúpula de San Pedro. La Capilla de Nicolás V fue decorada por fray Juan
de Fiésole, llamado Beato Angélico, entre el 1447 y el 1451. En los ángulos se
representa a grandes Doctores de la Iglesia; en el techo, a los Evangelistas.
En las paredes, escenas de la vida de los mártires San Esteban y San Lorenzo,
los dos santos diáconos, martirizados durante la persecución de Valeriano en el
año 258. En el pavimento de mármol están representadas las figuras de los
signos del zodíaco Capilla Sixtina La Capilla Sixtina, dedicada a la Asunción de la
Virgen, fue construida por Giovannino de'Dolci (1475–81), según un diseño de
Boccio Pontelli, bajo el papado de Sixto IV, de quien toma el nombre. Es la
capilla oficial de los Pontífices, en la que se celebran los cónclaves para la
elección del nuevo Papa. Se trata de un ambiente rectangular de 40,5 m de largo,
13,2 m de ancho, y 20,7 m de altura. El pavimento, del s.XV, es una muestra
singularísima de opus alexandrinum, semejante al cosmatesco. Las paredes laterales fueron pintadas entre el 1481
y el 1483. En la zona inferior están pintados unos cortinajes, que recuerdan
los que se colocaban entre las columnas en las antiguas Basílicas. Hace tiempo,
para las ceremonias más importantes, se cubrían con los tapices de Rafael.
Entre las Ventanas, retratos de antiguos Papas. En la zona intermedia, dos
grandes series de frescos, en los que trabajaron los mejores artistas del
s.XVI: la de la izquierda, mirando hacia el altar ,representa sucesos de la
vida de Moisés, y la de la derecha, de Cristo. A la izquierda, comenzando a contar desde el fondo
hacia la pared del Juicio Universal se encuentran: 1. Moisés con su esposa
Séfora en Egipto (Perugino); 2. La Zarza Ardiente(Botticelli) , Moisés mata al
egipcio y expulsa a los Madianitas, La Familia de Jetro, de Botticelli; 3. Paso
del Mar Rojo (Roselli); 4. Moisés en el Sinaí y La Adoración del Becerro de
Oro; 5. Castigo de Cora, Dathan y Abiram, (Botticelli); 6, Testamento y Muerte
de Moisés, (Siqnorelli). A la derecha, 1. Bautismo de Jesús (Pinturicchio y
Perugino); 2. Curación del Leproso y Tentaciones de Cristo (Botticelli); 3, La
Vocación de San Pedro y San Andrés (Ghirlandaio) ; 4, El Sermón de la Montaña y
Curación del Leproso (Roselli); 5, La Entrega de las Llaves, una de las mayores
composiciones de Perugino (el quinto personaje de la derecha es el mismo
artista); 6. La Última Cena, de Rosselli. Frente al altar encontramos La
Resurrección de Cristo, de Ghirlandaio, y San Miguel que protege el Cuerpo de
Moisés, de Signorelli: destruidos y rehechos en el s.XVI. Frescos del Techo. Cuando Julio II abandonó el
proyecto escultórico de la tumba, Miguel Ángel regresó a Florencia, pero en
1508 volvió a llamarle para que pintara a los doce Apóstoles en el techo de la
Capilla Sixtina, entonces pintado sólo de azul con unas estrellas doradas.
Apenas había comenzado a trabajar, cuando se le ocurrió que no bastaría con los
Apóstoles. Faltaba la decoración (de una superficie tan grande (cerca de 800
m2). Miguel Ángel abandonó el esquema tradicional, idear toda una única y
grandiosa composición arquitectónica que abrazase todo el techo y que
comprendiese no sólo retratos encasetonados en la misma repartición
arquitectónica. Se cuenta que Julio II intentaba acercarse con frecuencia para
dar una ojeada a la obra, pero el artista nunca se lo permitió, y a las
frecuentes preguntas del Pontífice sobre cuándo terminaría, daba siempre la
misma respuesta: “cuando pueda”. Empezando desde el altar, en los espacios
rectangulares entre arco y arco, se encuentran los siguientes pasajes del
Génesis: 1. Dios divide la luz de las tinieblas; 2. Dios crea el sol, la luna y
las plantas; 3. Dios divide las aguas y crea los peces y las aves; 4. Creación
del primer hombre; 5. Creación de Eva, de la costilla de Adán; 6. El pecado
original y la expulsión del paraíso; 7. El sacrificio de Noé; 8. El Diluvio universal;
9. La embriaguez de Noé. En cada recuadro menor, Miguel Ángel pintó los
Ignudi (10), figuras de reminiscencia clásica que, por parejas, sostienen
festones o guirnaldas y medallones que imitan el bronce, y que parecen
comentar, con gestos, las escenas de los frescos. En las doce penachos laterales, se encuentran las
cátedras de los Profetas y Sibilas; 11. Zacarías, que consulta un libro; 12.
Joel lee un papiro; 13. La Sibila Eritrea no sabe por dónde empezar su estudio;
14. Ezequiel con un rollo de papiro escucha a un Ángel; 15. La Sibila Persa
enfrascada en la lectura; 16. Meditación del profeta Jeremías; 17. El profeta
Jonás sale de la ballena; 18. La Sibila Libia se vuelve para tomar un libro;
19. Daniel escribe; 20.La Sibila Cumana abre un libro; 21. Isaías en
meditación; 22. La Sibila Délfica desenrolla pensativamente un papiro. En las esquinas del techo se encuentran otras
escenas bíblicas; 23. Judith y Olofernes; 24. David y Goliat; 25. El Castigo de
Adán; y 26.La Serpiente de Bronce. En la parte alta de las ventanas (27), Miguel Ángel
representó a los Antepasados de Cristo. El Juicio Final Pintado un cuarto de siglo después del techo
(1536–41) , bajo el Pontificado de Pablo III, cuando el artista contaba ya más
de 60 años. Para su ejecución se tapiaron dos ventanas y se quitaron dos
frescos de Perugino y dos lunetas del mismo Miguel Ángel. En la parte central,
en alto, domina la figura de Cristo, Juez Supremo; a su lado, la Virgen,
alrededor, Santos, Patriarcas y Mártires, que llenan el Paraíso. A la derecha
de Jesús, los elegidos entran al Cielo llevados por ángeles, mientras que los
demonios tratan en vano de detenerlos. A su izquierda, los condenados son
precipitados al castigo eterno, siendo recibidos por Caronte en su barca. En el
ángulo de la derecha, Minos, maestro del infierno, en el que Miguel Ángel
retrató a Biagio da Cesena, Maestro de Ceremonias de Paulo III, añadiendo a la
descripción de Dante dos grandes orejas de burro pues el Maestro había
criticado la obra. Cuentan que el maestro de ceremonias pidió al Papa que le
quitaran de ahí, y el Papa le contestó que no tenía poder para sacar a nadie
del infierno. Abajo, a la izquierda, está la Resurrección de los Muertos y en
medio, Caronte, el grupo de ángeles que hacen sonar las trompetas del juicio. A
los pies de Jesús está San Bartolomé, que muestra su propia piel, en la que se
ha autorretratado Miguel Ángel. En las lunetas, unos ángeles sostienen los
símbolos de la Pasión. CASTEL SANT'ANGELO Y MAUSOLEO DE ADRIANO Fortaleza mandada construir por Adriano como
sepulcro familiar. Fue iniciado por el emperador en el año 135 d.C., y
terminado cuatro años más tarde por su hijo adoptivo y sucesor en el trono
imperial, Antonio Pío. La base, de 84 m2, esta cerrada por un tambor de 20
m de alto. Estaba coronado por una estrella del emperador y una cuadriga de
bronce. El mausoleo contiene las urnas con las cenizas de todos los emperadores
desde Adriano hasta Septimio Severo (211 d.C. ). Cuando Aureliano amuralló la ciudad, en el 270,
colocó el mausoleo como parte de la muralla y lo convirtió en fortaleza. En 590 el Papa Gregorio Magno encabezó una
procesión contra la peste que diezmaba la ciudad. Al pasar delante de Castell
Sant'Angelo, encima del mausoleo apareció un ángel que blandía su espada, que
fue interpretado como un signo de que sería abatida la peste. En
agradecimiento, el Papa mandó construir una capilla en el mausoleo y colocar un
San Miguel de bronce en el punto más alto. Durante los conflictos medievales entre el papado y
la nobleza romana, el edificio se convirtió en fortaleza. Nicolás V (1447–55)
construyó unos pertrechos de ladrillo en la parte alta de la construcción
original, y añadió torretas en las esquinas. El alto muro defensivo –Passetto– construido por
León IV (847–55), unía el castillo con el Palacio Vaticano. Alejandro VI creó
un pasaje a lo largo de la parte alta del muro, de manera que el Papa pudiera
llegar fácilmente a la fortaleza, en caso de asedio. En 1527 Clemente VII se refugió de las tropas de
Carlos V, e hizo habitables varias estancias, que fueron mejoradas por Paulo
III. Después de la unificación de Italia, se instalaron unas barracas y una
prisión militar. Desde fuera, Castel Sant'Angelo aparece como una
sólida masa compacta: una cinta cuadrada en la base, reforzada en las esquinas
por los bastiones de San Mateo, San Juan, San Marcos y San Lucas. La
construcción original del mausoleo se distingue de los añadidos por los grandes
bloques de travertino y peperino. En la parte media, encima de la construcción
romana, el gran cilindro construido por Benedicto IX (1033–44) y completado en
alto por la bella cortina de Alejandro VI. Aún más arriba, la construcción
renacentista de los apartamentos papales. En la parte más alta, la gran terraza
coronada por la estatua de bronce de San iguel. Castel Sant'Angelo albergaba en su interior el
Museo Nacional Militar. Entre sus salas hay que destacar: El Cortile
dell'Angelo, donde se encuentra el ángel de mármol que coronaba la construcción
antes del actual de bronce, obra de Raffaelo da Montelupo; los Apartamentos
Papales, mandados adaptar por Paulo III. El primero es la Sala Paulina o del
Consejo, donde esperaban los visitantes para ser recibidos por el Papa; en el
techo, estucos de Girolamo da Sermoneta y de Braccio de Montelupo; la
decoración de las paredes es obra de Perin del Vaga y de sus discípulos, y de
Pellegrino Tibaldi: se trata de escenas de la historia de Roma y de la vida de
Alejandro Magno. Sigue la Cámara de Perseo; en las paredes están una Piedad, de
un anónimo ferrarense del s.XVI. dos Cristos, de Paris Bordone y Sebastiano del
Piombo. respectivamente y un busto de Paulo III, copia del de Guglielmo della
Porta, ahora en Nápoles. Desde la terraza, hay una buena vista. ITINERARIO 2: SANTA MARIA LA MAYOR Y ALREDEDORES Recorrido Se parte de la Piazza Santa Maria Maggiore, y se ve
la Basílica. Al terminar, se toma la Via Santa Prassede, se llega hasta Santa
Práxedes. Saliendo a continuación por Via San Martino ai Monti, se descubre un
espacio abierto entre las dos Torres Cappocci, que evocan el poder de las
familias nobles de la Edad Media. Por este camino se pasa junto a la Iglesia de
San Martino ai Monti. Si se desea, se puede dar un paseo por el Esquilino,
tomando Via Equizia y girando después a la derecha por Viale del Monte Oppio,
para entrar por Via Terme di Traiano. Para evitar el Esquilino, se sigue por
Viale del Monte Oppio, que desemboca en San Pietro in Vincoli. Para llegar
hasta Santa Pudenciana, se puede bajar por la escalinata que se abre en el
costado derecho de la Plaza San Pietro in Vincoli, donde se llega a Via Cavour.
Desde allí hay que continuar hasta la Plaza dell'Esquilino: Se gira a la
izquierda por Via A. Depretis, y luego se vuelve a girar a la Izquierda en Via
Urbana. BASÍLICA DE SANTA MARIA LA MAYOR El Liber Pontificalis narra que la noche del 5 de
agosto del 352, la Santísima Virgen se apareció en sueños a un patricio romano
de nombre Ioannes, a quien expresó su deseo de que se construyera una iglesia
en cierto lugar de Roma donde nevaría la mañana siguiente. Ioannes refirió el
mensaje al Papa Liberio, esa misma mañana, mientras una copiosa nevada cubría
de blanco el punto más alto del Esquilino. una de las sete colinas romanas,
sede de un aristocrático barrio donde habían vivido Mecenas, Ovidio, Horacio y
Virgilio. El Papa, acompañado del patricio, trazó, en el suelo los limites de
lo que sería la primera basílica romana dedicada a Nuestra Señora. Cada 5 de
agosto, se evoca aquella singular nevada con una lluvia de pétalos blancos
sobre el pavimento de la Basílica. La actual Santa María la Mayor fue edificada por el
Papa Sixto III sobre la antigua basílica liberiana (del Papa Liberio), para
conmemorar la proclamación por el Concilio de Efeso (431) de la Maternidad
divina de María. Tras Sixto III, los Papas sucesivos, han volcado su atención
sobre el Santuario más antiguo y venerado en honor al dogma de María, Madre de
Dios. Exterior La fachada es creación de Ferdinando Fuga
(1743–50). Está flanqueada por dos alas idénticas, si bien construidas con un
siglo de diferencia. El campanario (1377) es el más alto de la ciudad– y
su decoración polícroma –mayólica sobre ladrillo rojo– es típicamente romana. En el pórtico resaltan, a la derecha, la estatua de
Felipe IV de España, de Lucenti (1692) bajo diseño de Bernini; y a la
izquierda, la Puerta Santa. Desde el pórtico, por la escalera de la izquierda,
se llega a la loggia desde la que el Papa daba las bendiciones Urbi et Orbi
(abierta de 9 a 11. solicitando permiso en la Sacristía), donde se conserva un
monumental mosaico, realizado durante el pontificado de Eugenio III
(1145–1153), en parte deteriorado y en parte mal restaurado a mediados del
s.XVIII. Interior El interior de la Basílica (86 m de largo) es
sumamente armonioso. Dividen las tres naves (la central un poco más larga que
las laterales) columnas monolíticas (36 de mármol y 4 de granito) con capiteles
–icónicos que sostienen directamente las trabes o vigas. Son de mármol blanco
del Imetto, y casi todas se remontan a tiempos de Sixto III (s.V). El bellísimo pavimento cosmatesco en mosaico de
piedras duras, es del s.XII. El artesonado del techo, atribuido a Giuliano da
Sangallo, es considerado una de las obras maestras de la artesanía renacentista
(las rosas miden un metro de diámetro); el oro de la decoración es el primero
de América. Desde el punto de vista artístico, la
característica esencial de la Basílica viene dada por la cantidad de mosaico y
por su calidad. La ampliación del presbiterio efectuada por Nicolás IV en el
s.XIII, trajo consigo la demolición de la decoración original del ábside y la
realización de nuevos mosaicos. Al tratarse de trabajos de distintas épocas, el
conjunto resulta un compendio de las fases mas significativas del arte
mosaísta. Los 27 paneles sobre el arquitrabe de la nave
central (la viga entre dos columnas), que datan del s.V., constituyen la obra
más vasta y meritoria de los mosaístas del alto Medioevo. Los mosaicos que
decoran el arco triunfal están dedicados a la infancia de Jesús, con pasajes de
los Evangelios y de los apócrifos. Tenemos después los mosaicos del ábside, terminados
en 1295 por Torriti, que representan escenas de la vida de la Virgen –en los
recuadros entre las ventanas– y la Coronación de la Virgen por Jesús, en el
medallón central. La Confesión se rehizo en 1864, bajo diserto de
Virginio Vespignani; la gran estatua muestra a Pío IX de rodillas ante las
reliquias del Pesebre. El baldaquino del altar mayor, con cuatro columnas
de pórfido, es de Fuga; la urna, también de pórfido, contiene reliquias del
Apóstol Mateo. En la nave derecha, cerca de la entrada, está el
Baptisterio, obra de Flaminio Ponzio. Desde ahí se puede pasar a la Sacristía,
también de Ponzio. Volviendo a la nave de la derecha se encuentra la capilla de
las reliquias, de Fuga, con diez columnas de pérfido. La Capilla de Sixto V o del Santísimo –cerca del
presbiterio– proyectada por Domenico Fontana, tiene un diseño a cruz griega. En
los laterales se encuentran las tumbas de Sixto V y de San Pío V, ambas de
Fontana, decoradas con bajorrelieves que relatan algunos de los principales
episodios de esos pontificados. Sobre el altar central se encuentra el
grandioso sagrario, obra de Scalzo (1590), que se apoya sobre cuatro ángeles de
bronce, de Torrigiani. Bajo el altar se encuentra el Oratorio del Pesebre,
resultado final de la recomposición de las partes de la antigua capilla donde
desde el s.VIII se guardaban las reliquias del Pesebre de Belén. La
recomposición es también de Fontana, y las esculturas provienen de la antigua capilla
de Arnolfo di Cambio (1289). La Capilla Paulina, al lado opuesto a la del
Santísimo, fue construida por Flaminio Ponzio, por encargo de Paulo V, en 1611.
Tiene un bellísimo altar (proyectado por Targone), decorado con jaspe,
amatista, ágata y lapislázuli. La imagen de la Virgen Salus Populi Romani es de
estilo bizantino, y una tradición la atribuye a San Lucas, pero parece haber
sido pintada alrededor del s.XII. En la parte alta del retablo, la obra de
Maderno ilustra la leyenda del trazado de la Basílica. Los brazos derecho e
izquierdo contienen tumbas papales: Clemente VIII y Paulo V. La Capilla Sforza, también en la nave de la
izquierda, fue construida por Giacomo della Porta, siguiendo un diseño de
Miguel Ángel. Su estilo arquitectónico, con ábsides laterales entre columnas,
es de gran originalidad. La tercera capilla de esta nave es la Capilla Cesi. SANTA PRÁXEDES Esta iglesia es uno de los “antiguos títulos”, es
decir, una casa particular donde se tenían las ceremonias litúrgicas en la
antigüedad. Se tienen noticias de su existencia como Basílica ya desde el s.V;
pueden verse todavía restos de las antiguas estructuras en el cuádruple pórtico
de la iglesia. La construcción actual es de la época de Pascual I (822), y
responde a una planta basilical, con las tres naves separadas por 16 columnas
de pórfido gris y 6 pilastras en las que se apoyan directamente las trabes. Fue
modificada en el s.XIII, al agregársele tres arcos transversales en la nave, en
el s.XVII al decorarla con frescos, y al arreglar el techo en el s.XIX. Lo mas sobresaliente en el interior son los
mosaicos del arco triunfal y del ábside, del s.IX y especialmente la Capilla de
San Zenón (a la derecha), el monumento bizantino más importante de Roma, fue
encargada por Pascual I (817–824), como mausoleo para su madre, Teodora. Aunque
ha sufrido modificaciones posteriores, se trata de una obra deliciosa, llamada
el Jardín del Paraíso. Las doce columnas de granito negro, a los lados del
portal, y el rico marco que sirve de trabe, provienen de edificios de la
antigüedad pagana, así como las bases de las columnas y la urna de mármol que
se encuentra en el arco de la entrada. El interior (dirigirse a la sacristía)
está cubierto de mosaicos sobre fondo dorado, de gran interés artístico, por su
riguroso estilo bizantino. A la derecha de esta capilla se encuentra un
pequeño monumento donde se puede venerar la Columna de la Flagelación de
Nuestro Señor; en la pared opuesta, por el lado exterior, un fresco recuerda
esta escena con toda su crueldad. SAN MARTINO AI MONTI Fundada en el s.V y dedicada a San Martín de Tours,
apóstol de la Galia, por el Papa Simaco (498–514), en lo que había sido un
“título” del s.III, en la casa del sacerdote Equitius (las ruinas subterráneas
pueden visitarse pidiendo permiso en la sacristía) Como el Papa San Silvestre
fue quien instituyó el Titulus Equiti, cuando Sergio II reconstruyó la iglesia
en el s.IX, la dedicó a San Martín y a San Silvestre. Fue completamente transformada en el s.XVII. El
interior fue remodelado, dividiéndolo en tres, con las columnas de la época del
Papa Simaco, por Gaspar Dughet, cuñado de Poussin. Decoró con frescos las
paredes de las naves laterales: la historia de Elías , vistas de la campaña
romana y vistas del interior de la antigua Basílica de San Pedro y de San Juan
de Letrán (antes de los trabajos de Borromini). Es también interesante la Cripta, en la que se
encuentran los restos de innumerables mártires ("cuyos nombres sólo conoce
Dios"). ESQUILINO Al salir de San Martino ai Monti se puede dar un
agradable paseo por el Esquilino, en el Parque Oppio a un lado de las ruinas de
las Termas de Trajano y de la Domus Aurea, palacio construido por Nerón después
del incendio del año 64. Es una de las famosas siete colinas de Roma y, originariamente,
una especie de suburbio de la ciudad propiamente dicha. Mientras a los
habitantes de la ciudad se les llamaba inquilinos, a los habitantes del
Esquilino se les llamaba exquilinos, por estar en las afueras, nombre que pasa
después a definir la colina. SAN PIETRO IN VINCOLI En el 436, la mujer del emperador de Oriente
recibió como regalo de Juvenal, Obispo de Jerusalén, las cadenas que se habían
usado cuando San Pedro estuvo en prisión. La emperatriz conservó una parte de
esta reliquia en una espléndida basílica construida con este propósito, y envió
la otra a Roma, a su hija Eudosia, esposa del emperador Valentiniano III. Esta,
a su vez, la entregó al Papa San León Magno. Cuenta la tradición que el Papa
colocó esa cadena junto a otra, que sirvió para tener prisionero al Apóstol en
la Cárcel Mamertina de Roma, durante la época de Nerón. Cuando lo hizo, las dos
cadenas se juntaron, de modo que formaron una sola. En memoria de este
prodigio, y en honor del Apóstol Pedro, la emperatriz Eudosia edificó la actual
Basílica, para conservar las cadenas, que por este motivo se llamó Basílica
eudosiana de San Pietro in Vincoli (en cadenas). La Basílica fue construida sobre otra ya existente
–dedicada a los Santos Apóstoles– que había sido reconstruida por el predecesor
de San León Magno. Sixto III, con ayuda de la misma Eudosia, sobre las
estructuras de una basílica del s.IV y una Domus Ecclesiae del s.III.
Posteriormente se llevaron a cabo diversas obras de restauración y decoración,
la más importante es obra de Fontana, en el s.XVIII. Durante unas recientes
excavaciones (1956–59) realizadas para rehacer el suelo, se descubrieron los
restos de las construcciones precedentes–las más antiguas del s.II antes de
Cristo–, que en parte se pueden visitar (se puede pedir permiso para entrar; la
entrada está bajo el pórtico a la derecha; si se entra, es conveniente
solicitar guía). La fachada está precedida por un elegante pórtico
de cinco arcadas con pilastras octogonales, que se terminó en 1475. El amplio
interior está dividido en tres naves por dos filas de columnas dóricas de
mármol. La decoración interior medieval fue modificada en los s.XVII y XVIII. A
la izquierda de la puerta principal se encuentra la tumba de Antonio y Piero
del Pollaiuolo, famosos escultores florentinos del Renacimiento. El altar mayor y el baldaquino son de Vespignani
(1872). Abajo, la Confesión, del mismo autor, en cuyo altar hay dos ventanillas
de bronce dorado con Escenas de la vida de San Pedro en bajorrelieve,
atribuidas a Caradosso (1477); las ventanillas se abren para dejar ver en su
interior la urna de bronce dorado (1856) que contiene las cadenas de San Pedro. En la Cripta bajo el altar se encuentra un
sarcófago paleocristiano, que fue descubierto en el s.XIX. dividido en siete
compartimentos interiores, en los que había algunos fragmentos de huesos y
ceniza. Dos laminillas de plomo con inscripciones confirmaban (ya se tenía
alguna noticia) que eran las reliquias de los siete hermanos Macabeos, martirio
que se relata en el Antiguo Testamento. Desde el punto de vista artístico, lo más
sobresaliente es el Mausoleo del Papa Julio II. En 1505 el Papa mandó venir a
Miguel Ángel desde Florencia, para realizar el proyecto de su tumba, que
pensaba colocar en el centro de la Basílica de San Pedro. Miguel Ángel pasó
varios meses en Carrara, eligiendo el mármol; el programa original comprendía
unas cuarenta estatuas, numerosos bajorrelieves en bronce, y el sarcófago.
Posteriormente, y después de la muerte del Pontífice fue perdiendo actualidad.
Terminaron de arrinconarlo los sucesivos encargos por parte del nuevo
Pontífice, Paulo III, que había encargado al artista la realización del Juicio
Final para la Capilla Sixtina. Paulo III comenzaba a impacientarse con la tardanza
en el mausoleo; se cuenta que en cierta ocasión fue a ver al escultor, y acabó
convenciéndole de que la estatua de Moisés era tan bella que ella sola bastaba
para honrar la sepultura de Julio II. El comentario puso punto final al
proyecto; Julio II acabó siendo sepultado en la tumba de su tío, Sixto IV, y
Miguel Ángel, después de tres años de trabajo, se refería a la obra inacabada
como la tragedia de su vida. Representa a Moisés recién bajado del Sinaí –donde
ha recibido del Señor las Tablas de la Ley– aún con dos rayos de luz sobre la
frente –los poderes–, que contempla al pueblo idólatra. Las estatuas de Lía y
Raquel, que representan a la vida activa y a la vida contemplativa, fueron
terminadas por Rafaello da Montelupo. SANTA PUDENCIANA La antigua tradición narra que en los primeros
tiempos de la era cristiana existía en este lugar la casa del noble senador
romano Pudente, padre de Santa Práxedes y Santa Pudenciana, quien había
hospedado al apóstol Pedro. En el s.II se instalaron aquí unas termas y en el
s.IV la iglesia de Santa Pudenciana, que se incendió en ese mismo siglo. Fue
reconstruida en el s.VIII y sucesivamente restaurada. A finales del s.XII
Inocencio III mandó construir el campanario y la entrada. En 1589 se realizaron
profundas modificaciones, sobrepuestas al antiguo edificio románico. En el interior destacan los mosaicos del
s.IV, uno de los más antiguos ejemplos –junto con los de Santa María la Mayor,
Santa Constanza y el Baptisterio de San Juan de Letrán– de mosaico cristiano en
Roma. La forma en que está representado Cristo, el brillante colorido y el
movimiento de las figuras muestran la persistencia de las características
romanas en el mosaico cristiano, antes de la influencia oriental. Desde aquí, por la Via Urbana, se desemboca en la
Piazza dell´Esquilino. En cuyo centro se levanta un obelisco (14.80 m) que,
como su gemelo de la Plaza del Quirinal, adornaba el ingreso del Mausoleo de
Augusto, y que fue transportado por Sixto V en el 1587. A la derecha, sobre la
grandiosa Escalinata, se puede apreciar la parte exterior del ábside de Santa
María la Mayor. ITINERARIO 3: SAN JUAN DE LETRÁN Recorrido Se inicia en la Basílica de Santa Croce in
Gerusalemme, desde donde se va, por la Via Carlo Felice, a la Basílica de San
Juan de Letrán. En la Piazza de San Giovanni in Laterano, se encuentra la Scala
Santa; cruzando la Piazza, se llega al Baptisterio. Desde ahí se cubre un
pequeño tramo de la Via di Santo Stefano Rotondo para girar a la derecha en Via
dei Santi Quattro Coronati (al otro lado del Hospital), hasta llegar a la
iglesia de los Cuatro Santos Coronados (del lado izquierdo de la calle). Después se gira a la derecha en Via dei Querceti, y
al cruzar Via San Giovanni in Laterano se llega a la Basílica de San Clemente.
Al salir, se gira a la derecha en Via San Giovanni in Laterano, e
inmediatamente a la izquierda en Via Celimontana. Cuando se llega al Largo
della Sanità Militare se gira a la derecha y al fondo está Santi Giovanni e
Paolo; al lado, en la Via de San Gregorio, se puede visitar la iglesia de San Gregorio. Se regresa por la misma Via y, al cruzar de nuevo
el Largo della Sanità se toma la Via della Navicella; al llegar a la Piazza
Porta Metronia se toma la Via Druso, que desemboca en Piazzale Numa Pompilio,
donde se encuentran las Termas de Caracalla. En frente de las termas, yendo
hacia Via Druso, se encuentra.,la iglesia de los Santos Nereo y Aquileo. Para
regresar a San Giovanni in Laterano, se toma Via Druso y su continuación, Via
dell'Amba Aradam, que desemboca en la Basílica. El recorrido es largo y puede
llevar algún tiempo. SANTA CROCE IN GERUSALEMME En este lugar se encontraba el Palazzo Sessoriano,
donde vivía Elena, la madre del emperador Constantino. Fue construido en el
s.III. El mismo Constantino, alrededor del año 320, ordenó los trabajos de
adaptación al culto de parte del palacio, con el fin de custodiar las reliquias
que su madre había traído de Tierra Santa. De hecho los muros perimetrales de
la Basílica actual son de la época imperial. En el s.XII, el Papa Lucio II hizo algunas mejoras,
entre las que destaca el campanario románico, para cuya construcción no se
alteraron las paredes exteriores. También se levantó el nivel del pavimento
interior, pero no el de la capilla de Santa Elena, probablemente debido a la
tradición que dice que está hecho con tierra traída del Monte Calvario. Esta
capilla estaba aislada del resto de la iglesia, y tenía una entrada
independiente, hasta la época del Renacimiento. La Basílica adquirió su aspecto
actual en el s.XVIII. Junto al Campanario se puede apreciar la fachada y
el atrio oval, construido de acuerdo con los principios de Borromini. En el
interior destacan, nada más entrar, el pavimento cosmatesco, el baldaquino
(s.XVIII) y el ábside, con la tumba del Cardenal Quiñones (1540), confesor de
Carlos V, y un fresco de Antoniazzo Romano (finales del s.XV), que ilustra la
tradición del hallazgo de la Santa Cruz por Santa Elena. Hacia la mitad de la nave derecha, en una capilla
lateral, se encuentra una imagen de Nuestra Señora, Madre del Buen Consejo. Al
fondo de esta misma nave, se encuentra la puerta por la que se accede la
Capilla de Santa Elena, decorada con un mosaico de una finura y esplendor
singulares (se puede encender la luz en el pilar externo del arco enfrente del
altar). La estatua sobre el altar es una representación romana clásica de Juno,
hábilmente convertida en Santa Elena. La visita más importante en esta Basílica es a la
Capilla de las Reliquias de la Pasión. Al inicio de la escalera se encuentra el
brazo transversal de la cruz de San Dimas, el Buen Ladrón. Tras el altar se
encuentran las reliquias de la Santa Cruz. Se conservan: tres trozos de la
Santa Cruz, un clavo, parte del INRI, dos espinas de la Corona, fragmentos de
la columna de la flagelación, de la Gruta de Belén y del Santo Sepulcro, y el
dedo índice de Santo Tomás. BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN Notas generales San Juan de Letrán es una de las cuatro basílicas
patriarcales o mayores. El nombre proviene de sus primeros propietarios. La
Basílica, dedicada al Salvador, fue construida sobre los palacios de los
Laterani, donados por Constantino al Papa Melquiades. La primera mención se
remonta al 313, fecha en que se tuvo un consistorio de obispos in domum Faustae
in Lateranum. En la fachada actual se lee: Sacrosancta Ecclesiarum omnium urbis
et orbis Mater et Caput. El 28 de octubre del 312, después de vencer a
Majencio, Constantino hizo su entrada triunfal en Roma e inmediatamente acabó
con la persecución de los cristianos. En el 314 el Papa Silvestre I fue a vivir
al Laterano, donde se fijó la residencia oficial del papado hasta el exilio de
Avignon. Antes de iniciar la construcción de la antigua
basílica de San Pedro en el Vaticano, Constantino construyó la Basílica
Laterana en el lugar donde se encontraban las viviendas de la guardia personal
–los equites singulares– de Majencio. La Basílica estaba dedicada al Salvador
y, aunque no era de dimensiones extraordinarias, tenía cinco naves y estaba
precedida por un pórtico y un atrio con fuentes; en lo alto de la fachada estaba
la imagen del Salvador. Posteriormente fue dedicada a San Juan Bautista y a San
Juan Evangelista. Después de ser dañada por los bárbaros en el s. V y
por un terremoto en el 896, fue destruida por un incendio en 1308. La Basílica
se reconstruyó en le época barroca y en el s. XVIII. En total veinte Papas
contribuyeron a su reconstrucción, restauración y embellecimiento: desde San
León Magno (440–461) hasta León XIII (1878–1903). En este lugar se llevaron a cabo los cinco
Concilios Lateranenses, decisivos en la historia de la Iglesia. Aquí fue, por
ejemplo, donde Nicolás II reunió en el 1059 el Sínodo que determinó que la
elección del Papa correspondía a los cardenales Por evidentes razones históricas, en 1962 Juan
XXIII quiso que volvieran a Letrán las oficinas de la curia de la diócesis de
Roma. Fachada Obra de Alessandro Galilei (1735), es probablemente
la fachada más sugestiva de todas las basílicas romanas. Destaca el contraste
entre las claras líneas de las columnas con las cavidades oscuras. Sobre la balaustrada
de coronamiento se encuentran 15 estatuas, de 7 m. de altura, de Cristo, San
Juan Bautista, San Juan Evangelista y Doctores de la Iglesia. Entrando en el pórtico, la puerta central de
comunicación con el interior, proviene de la Curia o Parlamento del Foro Romano
–probablemente la puerta más antigua que se conserva en el mundo–, y fue
agrandada en 1660 con la adición de las zonas donde se encuentran las estrellas
del Papa Alejandro VII. La última puerta de la derecha es la Puerta santa, que
se abre sólo en los años jubilares. A la izquierda está la estatua del
emperador Constantino, proveniente de las Termas del Quirinal. Sobre la estatua
y sobre las puertas, se pueden ver varios altorrelieves en mármol con la
historia de la vida del Bautista. Interior Tanto la nave central con sus 130 m de largo, como
las laterales fueron remodeladas por el arquitecto barroco Borromini
(1599-1667), invitado por el Papa Inocencio X, aproximadamente en 1650. En la nave central llaman inmediatamente la
atención las estatuas de los Doce Apóstoles, en un estilo barroco tardío, obra
de algunos seguidores de Bernini. Borromini creó doce enormes nichos en los
pilares de la nave para recibirlas, y fueron colocadas ahí en 1718. Las
columnas de mármol verde –que Borromini acortó y reutilizó– separaban la nave
central de las laterales en la antigua basílica. Sobre los Apóstoles se
encuentran bajorrelieves que narran relatos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Elcrucero, completamente renovado bajo la dirección
de Della Porta y de d'Arpino (1597–1601), es uno de los conjuntos más
armoniosos y representativos de la arquitectura romana de finales del s.XVI. En
las paredes, los pintores manieristas de la época compusieron una especie de
antología con escenas de la Ascensión, los Apóstoles, etc., y con frescos que
narran los principales episodios de la vida del emperador Constantino. En la
parte central del crucero, bajo el gran arco sostenido por dos columnas de
granito, se encuentra el Tabernáculo ojival, obra del orfebre romano Giovanni
di Stefano Sense. Encargado por Urbano V en 1367, y llevado a cabo con la ayuda
económica de Carlos V de Francia, está adornado con doce recuadros al fresco,
atribuidos a Barna da Siena. En la parte alta se encuentran unos relicarios de
plata que, según la tradición, contienen reliquias de las cabezas de San Pedro
y San Pablo, aunque no es segura su autenticidad. Bajo el tabernáculo se encuentra el Altar Papal,
donde sólo podía celebrar la Santa Misa el Romano Pontífice, hasta hace poco
tiempo. Restaurado en 1851, en el interior se encuentra el altar de madera
donde, según la tradición, celebraron Misa los primeros Papas, desde San Pedro
hasta San Silvestre. A los pies del altar, en el recinto de la Confesión –obra
del s. IX– se encuentra la tumba de Martín V, de Simón Ghini (1443). En el brazo derecho del crucero, en la cabecera del
ingreso lateral, se encuentra uno de los órganos más antiguos y potentes que se
conservan, desde hace mucho tiempo sin usar. A la derecha de las columnas de
amarillo antiguo, hasta hace pocos años, ondeaba una bandera pirata arrebatada
a los corsarios del Mediterráneo. El presbiterio y el ábside fueron arreglados en
tiempos de León XIII (1884), por Vespignani. El mosaico fue trasladado del
antiguo ábside y restaurado; en alto se encuentra el Salvador; abajo –como se
puede leer en el Apocalipsis–, la Cruz adornada con joyas, sobre la colina de
la Jerusalén celestial, donde descienden para apagar la sed de la grey los
cuatro ríos (los cuatro Evangelios); a la izquierda, la Santísima Virgen con el
donador, Nicolás IV, de rodillas, y los santos Pedro y Pablo; a la derecha, San
Juan Bautista y San Juan Evangelista con San Andrés; las dos figuras menores,
San Francisco de Asís (a la izquierda) y San Antonio de Padua (a la derecha),
son una inclusión al estilo iconográfico tradicional, por deseo de Nicolás IV,
que era franciscano. El Jordán aparece con las representaciones tradicionales
(cisnes, peces, barcos, etc.). Más abajo, entre las ventanas, los nueve
Apóstoles restantes, y las figuras de los autores, Iacopo Torriti (a la
izquierda) y fray Iacopo da Camerino (a la derecha). El techo fue iniciado en 1562, completado en 1567 y
restaurado en el s. XVIII. El diseño es de un grupo de discípulos de Miguel
Ángel y los tres escudos corresponden a los Papas Pío IV, Pío V y Pío VI. En la nave izquierda, en el lugar más cercano a la
puerta, se encuentra la Capilla Corsini, obra de Alessandro Galilei, construida
a cruz griega, bajo una cúpula.. A la izquierda se encuentra el sepulcro de Clemente
XII, con una urna de pórfido que procede del Pantheon. Las estatuas son de
finales del s.XVIII. En esa misma nave, ya cerca del presbiterio, se
encuentra la entrada al Claustro, obra maestra del arte cosmatesco, realizado
por los Vasalletti (padre e hijo). Su arte, como el de los Cosmati, consistía
en cortar y ensamblar fragmentos de mármol antiguo. En medio del jardín, un
pozo del s. IX, recuerdo del antiguo claustro benedictino. SCALA SANTA Sixto V (1585–90) mandó demoler lo que quedaba del
Palacio Laterano medieval, con dos excepciones: la Scala Santa, escaleras que
de acuerdo con la tradición pertenecieron al palacio de Poncio Pilato y por las
que subió Cristo el Viernes Santo, y la capilla privada de los Papas. Fueron
trasladadas a un lugar cercano al original, en una construcción especialmente
diseñada por Domenico Fontana para albergar la escalera, que tradicionalmente
se sube de rodillas, en memoria de la Pasión del Señor. Los 28 escalones de
mármol están recubiertos de madera, para aligerar la subida y para evitar el
desgaste. En ciertos puntos, unos trozos de vidrio cubren manchas
tradicionalmente consideradas gotas de la Sangre de Nuestro Señor. Al final de la escalera se llega al ambulatorio de
la Capilla de San Lorenzo papal, también llamada Sancta Sanctorum, por las
preciosas reliquias que contiene. Está siempre cerrada, pero a través de las
rejas se puede apreciar la decoración de cosmatesco. Sobre el altar se
encuentra el famoso icono de Cristo Archeiropoeton, es decir, no pintado por
mano humana: la tradición dice que lo comenzó San Lucas y fue terminado por un
ángel; llegó milagrosamente a Roma, desde Constantinopla, en el s. VIII. En
realidad, todo parece indicar que se trata de una pintura sobre madera del s.
VI o VII. La inscripción sobre el altar –non est in toto sanctior orbe locus–
afirma que nos encontramos en el lugar más santo de la tierra. Durante la Edad
Media esta imagen era llevada en procesión por los Papas ante las grandes
calamidades de la ciudad. Alrededor del altar están otras reliquias, y en las
paredes hay 28 tabernáculos ojivales. Baptisterio También construido por Constantino, era el lugar
donde se bautizaban los cristianos de Roma durante el s. IV. En el s. V, Sixto
III instaló las ocho columnas de pórfido en el centro e hizo imprimir en el
espacio octagonal inscripciones alusivas al Bautismo. La columnata superior y
la linterna son adiciones del s. XVI, para sustituir una cúpula que cedió el
año 1540. El recinto circular, en cuyo centro se encuentra una urna de basalto
egipcio, se usaba en los primeros tiempos del Cristianismo para el Bautismo de
inmersión. Varios Papas construyeron las capillas laterales, y Urbano VII le
dio su apariencia actual cuando mandó hacer los frescos (s. XVII) . Las Capillas de San Juan Bautista y de San Juan
Evangelista, a la derecha e izquierda conforme se entra, fueron construidas por
el Papa San Hilario (461–468). Cuenta la leyenda que San León Magno envió a San
Hilario como representante papal al Concilio de Efeso, para combatir la
herejía. Durante su estancia en Efeso se produjo una revuelta y el futuro Papa
se refugió en la tumba de San Juan Evangelista, donde hizo el voto de construir
una capilla a este Santo y otra al Bautista, si salía vivo. La Capilla de San Juan Bautista conserva su pesada
puerta original, hecha con una aleación de plata, oro y bronce, que produce un
ruido particular, muy armonioso, cuando gira en sus goznes. En la de San Juan Evangelista, en cambio, la puerta
original se sustituyó por una de bronce en el s. XII. El techo está decorado
con un mosaico del s. V. En el lado opuesto a la puerta de entrada se
encuentra la Capilla de Santa Rufina de los Santos Ciriano y Justino, que
corresponde a la antigua entrada del Baptisterio. Uno de los dos ábsides está
decorado con mosaicos del s. V. La última es la Capilla de San Venancio, construida
en el s. VII por el Papa Juan IV. CUATRO SANTOS CORONADOS Esta iglesia formaba parte durante la Edad Media de
la fortaleza que protegía el Palacio Laterano contra los ataques armados
–siempre posibles– de las familias nobles romanas desde el Palatino y el
Coliseo. Sobre la iglesia original (s. IV). el Papa León IV (847 – 855)
construyó otra que duró hasta 1084, año en que fue reducida a ruinas por la
tropas normandas. Pascual II (1099– 1118) construyó una iglesia mucho más
pequeña, más corta y sin naves laterales. La iglesia está dedicada a cuatro soldados romanos
(Severo, Severiano, Capoforo y Vittorino), martirizados por negarse a adorar la
estatua de Esculapio. Una lista de mártires elaborada por el Papa León IV dice
que sus restos fueron colocados en la cripta, junto con los de cinco
escultores, igualmente martirizados por negarse a esculpir la estatua. Por esta
razón la iglesia es muy visitada por canteros y marmolistas. El Claustro románico data del s.XIII. Destacan las
columnas y sus capiteles, que son probablemente el primer ejemplo de decoración
con hojas de nenúfar; en el centro se encuentra el labrum, fuente para las
abluciones, de Pascual II (s. XI–XII); alrededor, restos de una capilla del s.
IX; más adelante, la triabsidal Capilla de Santa Bárbara (s. IX). con unas
repisas del s. IV o V, y restos de frescos de la alta Edad Media. Saliendo de la iglesia, a la izquierda se encuentra
la portería del convento, que conserva en la pared restos de un curioso
calendario litúrgico del s.XIII. En el torno se pide la llave, si se desea
entrar en elOratorio de San Silvestre, decorado por interesantísimos frescos de
1246, de un estilo que evoca por su ingenuidad al naif del s.XX, de Cristo
flanqueado por la Santísima Virgen,. San Juan Bautista y los Apóstoles. Abajo
se ilustra la historia del Papa San Silvestre, el emperador Constantino
Leproso, su curación por el Papa, su bautismo, y la entrada del Papa en Roma
con el emperador. SAN CLEMENTE Se levanta sobre una iglesia del s. IV, dedicada a
San Clemente, cuarto Romano Pontífice de la Iglesia, que a su vez había sido
edificada sobre una casa romana. Fue destruida en 1084 y reconstruida en el
mismo sitio por Pascual II en 1108. El interior conserva la planta original del s. XII,
con una nave principal y dos laterales. La unidad de estilo, sin embargo, viene
rota por la decoración barroca (frescos del techo y las paredes).
correspondientes al s. XIII. Son especialmente interesantes los trabajos de
mármol; por ejemplo, la schola cantorum de la nave principal, algunos restos de
la primera basílica. con su pavimento cosmatesco, y los ambones del s. XII. La
balaustrada que separa el coro del presbiterio corresponde a la basílica primitiva
y data del s. VI. El mosaico del ábside es del s. XII y representa la
exaltación de la Santa Cruz. Las doce palomas simbolizan a los Apóstoles; a los
flancos, la Virgen y San Juan. En la parte alta, el Paraíso, con Dios Padre que
sostiene la corona de Jesús. Debajo de la Cruz, un grupo de ciervos, símbolo de
los catecúmenos, acude a saciar su sed en la verdad cristiana. Más abajo, en el
ábside, un rebaño de ovejas abandonan Jerusalén, imagen de la Antigua Ley, y se
dirigen a adorar al Cordero. Sobre el arco, los profetas Jeremías e Isaías
proclaman el triunfo de Cristo, que está rodeado por los símbolos de los
Evangelistas; entre Cristo y los Profetas se encuentran San Clemente (en la
barca con San Pedro) y San Lorenzo (acompañado por San Pablo). En la nave izquierda, en la parte más cercana al
pórtico, se halla la Capilla de Santa Catalina. Los frescos de Masolino da
Panicale (1383–1447), representan a San Cristóbal llevando a Jesús (a la
izquierda de la arcada); episodios de la vida de Santa Catalina de Alejandría
(pared de la izquierda); la Crucifixión (pared del fondo); y particulares de la
vida de San Ambrosio (pared de la derecha, algo dañada), obispo de Milán que
animó al emperador Graciano hacia el año 380 a renunciar al título de Pontifex
Maximus y a clausurar en Roma el altar de la victoria donde todavía se ofrecían
sacrificios idolátricos. En la nave de la derecha, a un lado de la
Sacristía, se encuentra la escalera que conduce a las excavaciones de la
basílica primitiva (s. IV). Tiene una planta típicamente basilical con nártex
(espacio cubierto, entre el atrio y la nave), una nave central y dos laterales
y un ábside. Un muro de carga, que soporta la basílica superior, divide la nave
central en dos partes. Especialmente interesantes son los frescos. Los del
nártex datan de los s. XI y XII, y otros son más antiguos. En la nave se
encuentran algunos que llaman la atención por su buen estado de conservación y
por la viveza de las escenas: Sisinius, prefecto de Roma, acude a arrestar a su
mujer porque asistía a una Misa clandestina celebrada por el Papa San Clemente,
pero quedó ciego, al igual que sus sirvientes, y cargaron una columna pensando
que era la esposa de Sisinius. El fresco es particularmente célebre porque
contiene algunas de las primerísimas frases en italiano, muy valiosas para el
estudio de la formación del italiano romance. A la izquierda del ábside de la basílica antigua,
se encuentran unas escaleras que conducen a los restos de dos casas construidas
en la época de la República. La que se encuentra bajo el ábside, que data del
s. III, estaba provista de un Mithraeum, pequeño templo dedicado al culto del
dios Mitra. Se accede salvando unos antiguos peldaños, hasta llegar a dos
bancos de piedra, donde se sentaban los iniciados. La estatua del dios sol fue
colocada al fondo; en el centro se encuentra el altar. que muestra a Mitra
cortando la lengua del toro, mientras el perro, la serpiente y el escorpión
–símbolos del mal– tratan de evitar el sacrificio. BASILICA DE LOS SANTOS JUAN y PABLO La torre campanario fue construida en el s. XIII,
sobre las ruinas del templo de Claudio. La basílica es uno de los ejemplos más
claros de las primitivas ecclesiae domesticae. Se levanta sobre un antiguo
titulus, erigido en la casa de Juan y Pablo. dos oficiales de la corte
Constantiniana, martirizados el 362 por el emperador Juliano el Apóstata. Poco
tiempo después, alrededor del 398, el senador Bizante y su hijo Pammachius,
también senador, erigieron la basílica sobre el santuario de los dos mártires.
Devastada pocos años después por la hordas de Alarico (410), que saquearon toda
la ciudad, fue sucesivamente reconstruida. Otras reconstrucciones se llevaron a
cabo después del terremoto del 442 y del saqueo de Roberto Guiscardo (1084). En tiempos de Pascual II (1099–1118), el Cardenal
Teobaldo reconstruyó el convento e inició la construcción del campanario, que
fue terminado a mediados del .XII. al igual que el pórtico de entrada. En
1715–18, se realiza la casi total transformación interior, que le hace perder
totalmente su aspecto de basílica paleocristiana.En la nave central de la
iglesia, una pequeña losa señala el sitio preciso en que fueron decapitados los
dos hermanos. Entre 1949 y 1951 se realizan una serie de
investigaciones y restauraciones que. sacando a la luz las antiguas
estructuras, han permitido la reconstrucción ideal de la antigua basílica del
s. V. de un estilo no conocido hasta entonces, y que viene definido con el
nombre de basílica abierta. Tienen mucho interés las pinturas y símbolos de la
primitiva cristiandad: el pez, la paloma, unos corderos. Muy cerca de la Basílica, en la Via de San
Gregorio, se encuentra la Iglesia de San Gregorio; pórtico renacentista, con
cuatro pares de columnas que recorren los dos pisos de la fachada, bajo el clásico
frontón arquitectónico.. TERMAS DE CARACALLA También conocidas como Termas Antonianas. Fueron
construidas por el emperador Caracalla (emperador Jacte christianus educatus,
como se le llamaba por haber tenido una nodriza cristiana), entre los años 212
y 217, rodeadas por un recinto externo, obra de los emperadores
Eliogábalo y Alejandro Severo. Este último era hijo de Julia Mamea, mujer de
inquietudes religiosas, que escuchaba con agrado a Hipólito Romano e hizo venir
a Orígenes desde Alejandría para que le hablara del Cristianismo. Las termas
seguían funcionando en el s. IV, cuando se inutilizó la instalación hidráulica,
obra de gran perfección ingenieril. La planta corresponde al tipo establecido
en el Imperio desde el s.II: una gran construcción central, rodeada de
jardines, dentro de un recinto rectangular con ambientes accesorios. Ocupaba un
espacio cuadrado de cerca de 330 m de lado; el edificio central medía 220 x 114
m. La entrada se encontraba en Via Nova, paralela a la
Appia. Hoy día, se entra por el frigidarium (agua fría), salón rectangular
ocupado casi totalmente por la piscina. Paralelo a éste se encuentra el
tepidarium (agua tibia), que comunica en los extremos con las palestras o
gimnasios, a través de dos ambientes intermedios. A mitad del lado largo de la
sala de agua tibia –a través de una segunda sala, cella media, bastante más
pequeña– se pasaba al callidarium, o sala de agua caliente, salón circular de
35 m de diámetro, en gran parte destruido y ocupado por las instalaciones del
teatro de verano. A los lados y alrededor de las palestras, se encontraban
otras salas dedicadas a los ejercicios gimnásticos y a los servicios. Más allá
de la explanada que está frente al callidarium, se encuentran las ruinas del
stadio, flanqueado por bibliotecas. Parece ser que el complejo contenía baños
individuales y colectivos, y que podía atender simultáneamente unos 1600
visitantes. La decoración con recubrimientos de mármol policromo y metal,
constituía una de las más importantes colecciones de esculturas de la época,
que hoy se encuentra repartida por los principales museos italianos,
especialmente en el Museo Nacional de Nápoles (colección Farnese) y en el Museo
Lateranense. Las dimensiones ya dan idea del lujo de las termas; hasta las
tinajas eran de basalto y alabastro. Saliendo de las termas hacia la Via Druso se
encuentra la Iglesia de los Santos Nereo y Aquileo, del siglo IV, aunque
posteriormente fue rehecha por León III (s. IX). Bajo el frontal se lee el
nombre latino de los dos mártires cuyas reliquias se guardan bajo el altar: San
Nereo y San Aquileo, soldados romanos convertidos de la primera hora y
decapitados por dar testimonio de su fe. ITINERARIO 4: SAN PABLO EXTRAMUROS y VIA APPIA Recorrido Se puede iniciar en la Basílica de San Pablo
Extramuros, de donde se sale por la Via Ostiense; al llegar a Via F. Matteucci
se gira a la derecha, y nuevamente a la derecha en Via G. Benzoni; se sigue
hacia el sur, hasta llegar a La Circonvallazione Ostiense, que se cruza entera
hasta la Via Cristoforo Colombo; se gira entonces a la izquierda, tomando el
carril lateral (no el central). Se continúa de frente por Via C. Colombo, hasta
llegar a la Porta Ardeatina, donde se gira a la derecha. El primer cruce es el
de la Via Appia Antica (en la Porta San Sebastiano), donde se gira a la
derecha.. A poco menos de un kilómetro de distancia a la izquierda, se
encuentra la iglesia del Quo Vadis. Continuando el recorrido por la Via Appia, se ven
los letreros indicadores de las tres Catacumbas. Un poco adelante de las
Catacumbas de San Sebastián se encuentran la tumba de Rómulo y el Circo de
Majencio y, aún más adelante, la tumba de Cecilia Metella. BASILICA DE SAN PABLO EXTRAMUROS Notas generales San Pablo fue hecho prisionero en Jerusalén en el
año 58 y llevado a Roma por haber apelado a la autoridad del Cesar. Juzgado
inocente, vivió en casa de Aquila y Priscila durante algún tiempo, antes de ser
de nuevo encarcelado y decapitado el año 67, durante la persecución de Nerón;
fue enterrado a un lado de la Via Ostiense. El núcleo primitivo del culto se
remonta a Constantino y la primera basílica fue consagrada por el Papa
Silvestre I. en el año 324. La construcción de la basílica en forma monumental
se efectuó en tiempo de la triarquia de los emperadores Valentiniano II,
Teodosio I (emperador que impuso a todo el Imperio el credo de Nicea e hizo del
catolicismo la religión oficial del Estado) y su hijo Arcadio, quienes, en
torno al año 390 ya habían terminado las obras de cimentación, más bien
complicadas debido a la cercanía del Tíber. Como no podía alargarse la
construcción original por el lado de la Via Ostiense y, por otro lado, no
querían modificar la disposición de la tumba del Apóstol, cambiaron la
orientación, que quedó con el ábside en la Via Ostiense y la fachada mirando
hacia el Tíber, de modo que la tumba ocupase una posición central en el centro
de la nave. La nueva Basílica era más grande que la de San Pedro. Prueba de las
dimensiones es que el La noche del 15 al 16 de julio de 1823, un incendio
estuvo a punto de devastar la basílica. Los daños fueron sólo parciales, y se
procedió enseguida a remediar la catástrofe, con ayudas que llegaron de todo el
orbe cristiano. La nave central y las laterales se reconstruyeron totalmente, a
pesar de que las llamas no habían tocado la parte sur. El ábside y el crucero
requirieron una reparación considerable. Aunque San Pablo Extramuros está
adornada hoy en día con brillantes mármoles y vivos colores, aún corresponde a
los planos originales del s.IV, y manifiesta la grandeza de las primitivas
basílicas cristianas de Roma, y la fe de aquellas primeras generaciones de
seguidores de Cristo. Atrio Entrando por la puerta principal –la que mira al
Tíber se encuentra el cuadripórtico, rodeado de arcadas, construido a
principios de este siglo. En la parte más cercana a la fachada se encuentran
diez columnas monolíticas de mármol rosa de Baveno, de 10 m de alto; en los
otros lados está rodeado por columnas de granito blanco, en filas dobles a los
flancos, y en una triple fila en el lado del Tíber. En el centro se encuentra
la estatua de San Pablo, y a la derecha de la fachada, la de San Lucas, ambas
del s. XIX. El mosaico es una reposición del realizado por Pietro Cavallini en
el s.XIV. La puerta central de acceso al interior, flanqueada por las estatuas
de San Pedro y San Pablo, está decorada, en bronce y plata, con escenas de las
vidas de los Apóstoles. La Puerta Santa se encuentra, tapiada, al lado derecho;
en la parte interna de esta puerta están colocados los dos batientes de la
puerta mayor de la antigua Basílica, cinceladas y damasquinadas en plata, con
54 recuadros en los que se narran historias del Antiguo y del Nuevo Testamento,
símbolos e inscripciones, realizados en Constantinopla por Staurachio de Scio
(1070), por encargo del Abad Hildebrando, que después sería el famoso Papa
Gregorio VII. Interior Ochenta columnas –monolitos de granito– separan las
cinco naves. El techo en oro y blanco ostenta el escudo de armas de Papa Pío IX
(1846–78), que fue quien consagró esta Basílica de 131,66 m de largo, 65 m., de
ancho (24.60 sólo la nave central) y 29,7m., de alto. Las grandes ventanas, en
lugar de cristales, tienen placas de alabastro que filtran la luz del día e
iluminan los 36 frescos con hechos de la vida de San Pablo, obra de los
pintores más famosos de mediados del siglo pasado. En el plano inmediatamente
inferior se encuentran 262 mosaicos con la serie de retratos de los Papas –de
San Pedro hasta Juan Pablo II–, que ocupa toda la nave central y parte de las laterales. A lo largo de las paredes laterales se alternan
ventanas y nichos que contienen estatuas de los Apóstoles, de diversos autores,
realizadas en torno a 1884. Dos gigantescas columnas de granito con capiteles
jónicos (las más grandes que se han hecho después de la caída del Imperio
Romano) sostienen el arco del presbiterio en el que han sido representados San
Lucas y San Marcos y los 24 ancianos del Apocalipsis. El baldaquino gótico de Arnolfo di Cambio (1285)
salió incólume del incendio, está sostenido por cuatro columnas de pórfido, con
capiteles de mármol dorado, y decorado por figuras de fina ejecución, desde los
ángeles que soportan los rosetones, hasta los animales en el techo abovedado.
Sobre las columnas. en cuatro nichos, se distinguen San Pedro, San Pablo, San
Lucas y San Benito. El lado que mira a la nave muestra al Abad Bartolomé, que
mandó hacer el baldaquino, para ofrecerlo a San Pablo. Bajo el baldaquino se encuentra el altar
mayor. La mesa se halla 1.37 m. por encima de una placa de mármol con el
nombre de Pablo, Apóstol y Mártir. La placa sería la posición de la tumba de
San Pablo; nunca se ha movido. El mosaico del ábside, del s. XIII, es obra de
artistas Venecianos, que siguieron el modelo bizantino. La pequeña figura a los
pies de Cristo representa al Papa Honorio III. quien encargó la realización del
mosaico. Fue restaurado en el s. XIX. El techo del crucero está ricamente decorado con el
símbolo de San Pablo –un brazo y una espada– y los escudos de diversos Papas
desde 1800 hasta 1846 (Pío VII. León XII. Pío VIII y Gregorio XVI). A la izquierda del ábside se encuentra la Capilla
del Santísimo, única capilla que se libró por completo de las demoliciones que
siguieron al incendio. Aquí se encuentra un crucifijo de madera del s. XIV, atribuido
a Cavallini. Una estatua de Santa Brígida de rodillas, de Stefano Maderno
(principios del s. XVII), y una estatua de madera muy chamuscada de San Pablo,
del s. XIII, muy venerada en la Edad Media porque se consideraba un retrato
directo del Apóstol. A un lado del altar mayor. se encuentra el
candelero del cirio pascual, de Nicoló di Angelo y Pietro Vassalletto (s. XII),
de 5,6 m de alto. El claustro es obra de Pietro Vassalletto (s. XII),
el mismo a quien se atribuye el claustro de San Juan de Letrán. En esta zona se
encuentra la Capilla de las Reliquias, donde se conservan relicarios preciosos,
entre otros uno en el que se conserva un fragmento de la Cruz. LA VIA APPIA Introducción Las carreteras de Roma surgieron con un objetivo
netamente militar. pero con el tiempo adoptaron fines diversos. incluido el
turismo. Desde Roma partían 29 caminos dispuestos en abanico que enlazaban la
ciudad con las provincias de Italia y continuaban en los países lindantes.
Sobrepasando los Alpes. Estos caminos, llamados consulares, estaban a su vez
enlazados entre sí por vías secundarias, llamadas provinciales. Los caminos tenían generalmente una parte central
reservada a carros cuadrúpedos y, a los lados, las aceras más altas para los
peatones. Por estos caminos también pasaba el correo romano, que permitía al
emperador hacer llegar en poquísimo tiempo sus órdenes hasta los más lejanos
confines del Imperio.. Los elevados gastos del correo, que corrían a cargo
de las provincias, comprendían el mantenimiento de diversos edificios para el
reposo durante el viaje, como mansiones, albergues (stationes), caballerizas, y
gastos del numeroso personal de servicio (obreros, arrieros, veterinarios,
carpinteros. mozos de cuadra y conductores). También recaía sobre las provincias
la alimentación y los gastos inherentes a la estancia de los viajeros. A quien no podía disfrutar de estos servicios del
Estado, no le quedaba otra salida que dirigirse a los particulares. De este
modo, paralelamente a la organización oficial, nacida para satisfacer las
necesidades políticas y militares, surgió rápidamente una organización privada
que alquilaba coches y animales y que hacía frente al transporte del correo
particular. Guías e itinerarios para viajeros (turistas) fueron escritos desde
la más lejana antigüedad. Se recorrían 30 kilómetros al día, con paradas cada
cinco, para que los viajeros pudieran apagar su sed o comer un poco. Al llegar
la noche, se hospedaban en los albergues oficiales o particulares. La Via Appia Proyectada y llevada a cabo el año 312 a.C. por el
Censor Apio Claudio, el ciego. Pretendió ser la más larga y bella de las
carreteras romanas, y y pronto se le comenzó a llamar Regina Viarum. Para su
alzado se hizo necesario vencer obstáculos sin cuento, como cruzar pantanos y
valles, remontar torrentes y ríos, superar montañas, agudizando hasta extremos
memorables la ciencia y la técnica de entonces. Adoquinada con polígonos de
basalto –roca volcánica, de color negro o verdoso–, tenia una anchura total de
14 pies romanos. esto es, poco más de cuatro metros, lo que permitía el paso
simultaneo de un carro en cada dirección. Además, contaba con aceras de tierra
batida de metro y medio de ancho a cada lado, limitadas por un borde de piedra. Julio César la restauró a costa de su propio
patrimonio. Con las sucesivas aportaciones de Augusto, Domiciano y Vespasiano,
llegó a sus dimensiones definitivas: 540 kilómetros, que unían la capital del
Imperio con Brindisi, al sur de Italia, puerto crucial para el dominio del
Mediterráneo y para la comunicación con el Oriente; distancia que podía
cubrirse en 13 ó 14 jornadas de viaje Por esta Via llegó San Pablo prisionero a Roma en
el año 61. En los primeros 20 kilómetros, flanqueaban la Appia
diversas tumbas de ciudadanos ilustres. A la altura de las Catacumbas de San
Calixto, se encontraban las sepulturas de los Pomponios, los columbarios de los
cocineros imperiales y de los marineros de la flota de Miseno, que tenían el
encargo de manejar el toldo del Coliseo. Antes de llegar a las Catacumbas, se encuentra la
Iglesia del Quo vadis, a la altura del cruce de la Via Appia con la Via
Ardeatina. En esta iglesia se venera una piedra con las huellas de los pies de
Cristo, copia del original, que se encuentra en las catacumbas de San
Sebastián. Ya cerca de las Catacumbas de San Sebastián, se
hallaba el mausoleo de Rómulo, hijo del emperador Majencio y, al lado, el circo
de Majencio. La tumba que por grandeza y por su peculiar estado de conservación
domina el camino consular es la de Cecilia Metela (s. I a.C.), que se erige al
final de una corta subida en la tercera milla de la Via Appia. Está formada por
un basamento cuadrangular sobre el que se levanta el cuerpo de fábrica. Tiene
cerca de 20 metros de altura y está toda revestida de travertino; en la parte
alta, una lápida recuerda a Cecilia, hija de Quinto Metelo Crético, el
que sometió la isla de Creta. CATACUMBAS DE SAN CALIXTO El cementerio oficial más antiguo de la comunidad
romana es también conocido porque fue la sepultura de casi todos los Papas del
s. III, a excepción del Papa Urbano y del propio Calixto (217–222), tal vez a
causa de los disturbios populares al tiempo de su martirio. También es conocida
por su excepcional colección de pintura paleocristiana. Probablemente fue Calixto el responsable de que la
Iglesia se convirtiera en dueño legal de este cementerio, hacia finales del s.
II, durante el reinado del emperador Commodus (180–192), que fue un periodo de
paz para los cristianos. Calixto, probablemente era oriundo del Trastevere, fue
denunciado por algunos judíos como cristiano y le condenaron a trabajos
forzados. Liberado en una amnistía, le conmutaron la pena por el destierro y
tuvo que dejar Roma. Retornó durante el pontificado de Ceferino, fue ordenado
diácono y recibió el encargo de administrar el cementerio que hoy lleva su
nombre. En el año 217 sucedió a Ceferino como Papa, pero a su muerte, cinco
años después, no fue enterrado en sus Catacumbas, sino en las de Calepodio (en
la Via Aurelia), junto al Gianicolo, donde se encontró su tumba en 1962. Junto a la entrada de las excavaciones, se
encuentra la Capilla de los Tres Ábsides, probablemente construida en el s. IV,
donde fueron enterrados el Papa Ceferino y el joven San Tarsicio. El monumento,
reconstruido sobre los antiguos cimientos, contiene una rica colección de
fragmentos escultóreos pertenecientes a sarcófagos del antiguo cementerio a
cielo abierto. Una gran escalera conduce al lugar más venerable de la catacumba
y, seguramente, uno de los más sagrados de Roma: la Cripta de los Papas San Calixto reservó en su cementerio una cámara
especial para dar sepultura a los Papas, y allí fueron enterrados los
Pontífices del s. III, en los lóculos de las paredes. Entre ellos está Sixto
II, asesinado junto con cuatro de sus diáconos, mientras celebraba la Santa
Misa en las Catacumbas. En la pared de la entrada, un palimpsesto
–manuscrito que deja ver las huellas de una leyenda anterior borrada
artificialmente– recuerda las muchedumbres de peregrinos de antaño. Nueve
Pontífices, mártires la mayoría, descansan en esta cripta. Pueden verse los
epitafios originales de cinco de ellos, en griego, con el título de EPISCOPOS;
en dos, las tumbas de Ponciano y Fabiano, otra mano ha añadido las letras
griegas M T P, principales consonantes de la palabra mártir. El primero fue
deportado y murió en el exilio; el segundo fue martirizado por el emperador
Decio, quien organizó una de las más grandes persecuciones contra los
cristianos; con ocasión del primer milenio de la fundación de Roma (248), dictó
un edicto general exigiendo a todos los habitantes del Imperio sacrificios a
los dioses; quienes se negaban eran castigados con la cárcel, trabajos
forzados, pérdida de bienes, tortura y muerte. Se exigía de modo especial el
sacrificio a los obispos; de ellos había dicho Decio que prefería un rival en
el Imperio que un obispo cristiano en Roma. A la muerte de este emperador,
escribió Lactancio: "Vino, tras largos años de paz, Decio, animal
execrable, para perseguir a la Iglesia. ¿Pues quién, sino un malvado, persigue
a la justicia? Y como si no hubiera tenido otro fin su elevación a la cúspide
del Imperio, comenzó inmediatamente a levantarse contra Dios, para caer también
inmediatamente. Pues, saliendo a campaña contra los Carpos, que tenían ocupada
la Dacia y la Mesia, fue derrotado con gran parte de su ejército, y no tuvo ni
los honores de la sepultura: despojado y desnudo, como convenía a un enemigo de
Dios, quedó tendido para pasto de fieras y aves". Las columnas y el lucernario datan del s.IV. De la
misma época son las inscripciones con versos en honor de los mártires, del Papa
San Dámaso, apasionado cantor de los que derramaron su sangre por Cristo. En la cripta de Santa Cecilia se veneraba a la
Santa ya desde el s. VII, si bien su tumba no fue encontrada hasta el s. IX, en
el lugar donde ahora se encuentra una copia de la escultura hecha por Maderno
cuyo original se puede ver en la Basílica de Santa Cecilia. Las criptas de los Sacramentos contienen una
extraordinaria colección de pinturas del s. II y principios del III. Están
considerados entre los frescos más antiguos de todas las catacumbas romanas,
pero el valor se debe de modo particular a los motivos elegidos –alusiones al
Bautismo y a la Eucaristía–, que ha dado nombre a las criptas. En esta Catacumba también se encuentra la cripta
donde está enterrado el Papa San Eusebio (309–310), que fue deportado a
Sicilia, y sus restos fueron recuperados por su sucesor; la del Papa San
Cornelio (el que se menciona en el Canon Romano y varios más. CATACUMBAS DE DOMITILA Esta red de galerías se inició en el sepulcro de
Domitila. sobrina del emperador Domiciano (81–96). El año 95. Flavius Clemens
–esposo de Domitila– fue denunciado por su fe cristiana, y martirizado por
orden de Domiciano. Domitila fue exiliada a la isla de Ponza (Pandataria), y
allí a finales del s. IV –según atestigua San Jerónimo– se veneraban las celdas
donde la santa sufrió su largo martirio. Las Catacumbas se convirtieron en meta de
peregrinación cristiana cuando, en el s. IV, se construyó una basílica sobre
las tumbas de San Nereo y San Aquiles, dos soldados mártires, honrados por el
Papa Dámaso con un epigrama que se lee a la entrada, en el que se narra la
conversión; ejercían como alguaciles en el tribunal de un perseguidor de
cristianos; transformados repentinamente por la gracia, arrojaron las armas y
afrontaron con alegría el martirio por Cristo. Las Catacumbas de Domitila
fueron descubiertas en el s. XVI, por Antonio Bosio. Los puntos de mayor interés en la visita son: la
Basílica de San Nereo y San Aquiles, en la que aún se conservan algún resto de
la construcción original; el Cubículo de Veneranda. muestra de la piedad
cristiana del s. IV: suponía un gran honor para los fieles recibir sepultura
cerca de la tumba de un santo, y Veneranda en este caso quiso ser enterrada
junto a Santa Petronila; el Vestíbulo Flaviano, quees una de las zonas más
antiguas de estas Catacumbas (s. II); y el Hypogeum Flaviano–Aureliano, un
ejemplo de la decoración utilizada por los primeros cristianos en los lugares
sacros. CATACUMBAS DE SAN SEBASTIAN Junto al área cubierta por las Catacumbas, la Via
Appia se adentra en un valle. Al fondo del valle se construyeron tres
mausoleos que probablemente marcaron el principio de lo que serían las
Catacumbas de San Sebastián. Al fondo, se abrían las galerías de una mina de
puzolana, un tipo de arenisca volcánica. Cuando, a finales del s. I de la
era cristiana, cesó la explotación, fueron utilizadas como cementerio. Casi al
mismo tiempo, en el piso superior, al borde de la hondonada, se formó una doble
fila de columbarios, alineados en una vereda que salía de la Appia. A mediados
del s. II, se enterró la mina de puzolana, y se formó un nuevo solar, aún más
elevado que los columbarios, en el que se colocaron numerosas tumbas de lóculo
y tres ricos mausoleos. En el s.III, los mausoleos fueron cubiertos por una
plataforma que formaba una especie de porche cubierto, llamado triclia, que
miraba un amplio patio pavimentado. En el s. IV se construyó una basílica sobre
la estructura original, y se rodeó de mausoleos. En el s.V se excavó una cripta
alrededor de su tumba. La Basílica fue modificada en el s. XIII y reconstruida
en el XVII. La nueva iglesia fue construida sobre la nave de la edificación
anterior. Entre los puntos de mayor interés se encuentran los
tres mausoleos, que se remontan a los inicios del s. I, pues en un principio
fueron usados por paganos y sólo luego pasaron a manos cristianas. Se puede ver
un documento cristiano de excepcional importancia: las letras griegas IXTOYC,
acróstico de la frase Jesús Christós Theoú Yiós Sotér, Jesús Cristo, Hijo de
Dios Salvador. Entre las letras del acróstico, se ha introducido una T, símbolo
de la Cruz. La palabra griega IXOYC significa pez, y por eso son tan frecuentes
los dibujos de peces en el arte paleocristiano. También se puede contemplar el antiguo porche, o
Triclia, plagado de grafitos con invocaciones a los Apóstoles Pedro y Pablo.
Desde el año 258 en adelante, los cristianos se reunían en este lugar para
celebrar la memoria de los Apóstoles Pedro y Pablo. La mayor parte de los
eruditos explican esta aparición imprevista del culto a los dos Apóstoles en la
Via Appia por un traslado provisional de sus restos desde sus respectivos
sepulcros, quizá por temor a que fueran profanados durante la persecución de
Valeriano. O más probablemente mientras se construían las Basílicas de San
Pedro en el Vaticano y de San Pablo Extramuros. La Cripta de San Sebastián y las Galerías
recibieron durante siglos continuas visitas de peregrinos que acudían a la
intercesión del Santo. San Sebastián era un soldado romano, una de las víctimas
de la última persecución, la de Diocleciano. Además de producir un elevado
tributo de sangre cristiana, destruyó muchos ejemplares de las Sagradas Escrituras
y de las Actas de los mártires de la capital del Imperio. La Basílica actual ocupa sólo la nave central de la
antigua basílica, pues en las dos laterales se encuentran los museos epigráfico
y escultórico. En la Capilla de las Reliquias, a la derecha de la basílica
actual, se conserva la piedra en la que, según la tradición, Cristo dejó sus
huellas cuando se apareció a San Pedro en la Via Appia. En la Capilla de
San Sebastián, a la izquierda, se conserva una escultura del santo, obra de uno
de los discípulos de Bernini(s.XVII}. TUMBA DE RÓMULO Y CIRCO DE MAJENCIO El emperador Majencio se había hecho levantar una
tumba en la Via Appia, y allí sepultó a su hijo de tierna edad, fallecido el
año 309. Se trataba de una construcción cilíndrica de un solo ambiente. Lo
que queda de la tumba, apenas tres naves, está parcialmente enterrado y
parcialmente oculto por una casa edificada enfrente. Al lado sur de la tumba, en una depresión natural
del terreno, Majencio construyó un circo para carreras. En la espina del
circo, muro bajo que dividía la arena, se alzaba entre otros motivos el
obelisco de Domiciano, que fue posteriormente colocado por Bernini sobre la
fuente de Piazza Navona. ITINERARIO 5: COLISEO Y FOROS Recorrido Se parte de la plaza de Aracoeli, después se visita
la basílica, y a continuación se pasa a la plaza del Campidoglio, para ver los
museos capitolinos. Acto seguido, se suben las escaleras que salen desde la
plaza a la derecha –aunque parezca que den a un edificio–, se atraviesa el soportal,
y se desemboca en el Belvedere de la Roca Tarpeya; desde donde se contempla una
de las mejores vistas de los Foros romanos. A continuación, se vuelve a la
Plaza del Campidoglio y, por la Via de San Pietro in Carcere, se baja a la
Cárcel Mamertina. Después, por la Via dei Fori Imperiali, se llega hasta el
Colosseo. Antes, se puede echar una ojeada al foro de Trajano. A continuación,
también de camino hacia el Coliseo, se puede ver el Arco de Constantino y
entrar en los Foros. SANTA MARIA IN ARACOELI Surge en la cima más alta de la colina Capitolina.
Esta iglesia, una de las primeras dedicadas a Santa María, fue construida entre
el s. IV y el VII, en el lugar que según la leyenda, la Sibila había anunciado
a Augusto quién sería su sucesor: un niño hebreo, Rey del Cielo. En ese mismo
lugar, Augusto erigió un altar, y entre el s. IV y VII se levantó un monasterio
y la iglesia. El aspecto actual de la iglesia es fruto de la
reconstrucción románico–gótica realizada a principios del s. XIII. Fue abadía
benedictina en el s. X y pasó a los franciscanos en 1250. Durante la época
medieval, la basílica fue una especie de foro o centro político–administrativo,
donde se tenían las reuniones y debates de las asambleas populares (en aquel
momento se vio la posibilidad de organizar un Ayuntamiento libre). En Santa
Maria d'Aracoeli se celebró el triunfo de Marco Antonio Colonna en la batalla
de Lepanto (1571); como recuerdo se cubrió de oro el techo que recorre toda la
nave. La escalinata tiene 122 peldaños de mármol, y fue
construida en 1348. Laiglesia está dividida en tres naves. separadas
por 22 columnas procedentes de diversos edificios de época romana. Bajo el
pavimento cosmatesco (fines del s. XIII). se hallan sepulcros de los s. III y
IV; el techo, con símbolos navales, conmemora la victoria de Lepanto. En la parte alta de la contra fachada se puede
apreciar la enorme inscripción de Urbano VIII sostenida por dos virtudes, de la
escuela de Bernini; y en la parte derecha, sobre el muro, la piedra sepulcral
del archidiácono Giovanni Crivelli, obra de Donatello. En el pavimento. sobre
la tercera columna de la izquierda, se encuentra la inscripción: “cubículo” de
los Augustos, atravesada por un agujero inclinado que probablemente servía para
las observaciones celestes; sobre la siguiente columna, un fresco de influencia
sienesa de la Virgen Refugium Peccatorum (s. XV); delante, la tumba del
Magister Aldus, constructor de la Iglesia. En las naves laterales destaca la
Capilla Bufalini con la historia de San Bernardo, decorada con espléndidos
frescos de Pinturicchio (1486). En el altar mayor, barroco, destaca una antigua
imagen bizantina de la Virgen (s. X). Al centro del transepto
izquierdo[7], la Capilla de Santa Elena, elegante construcción de 1605. En el
interior del altar se halla una urna de pórfido que contiene los restos de
Santa Elena; sobre la urna. un poco más abajo del actual pavimento, se
encuentra la Aparición de la Virgen a Augusto, un altar cosmatesco de finales
del s.XIII colocado sobre el ara que –según leyenda– mandó construir el propio
Augusto, después de la aparición de la profetisa. En una capilla al lado de la sacristía, se conserva
el famoso Santo Bambino, muy popular y venerado en Roma. La imagen original fue
robada hace años; se trataba de una escultura realizada con madera de olivo del
Getsemaní a finales del s. XIII, revestida según la costumbre de la época para
los recién nacidos, y adornada con exvotos. PLAZA DEL CAMPIDOGLIO Desde la plaza de Aracoeli se sube al Capitolio por
la escalinata proyectada por Miguel Ángel. En la base hay dos leones egipcios
provenientes del Campo Marcio –hoy transformados en fuentes–, que en los días
de fiesta vertían vino. En la cima, Cástor y Pólux, con sus caballos, de época
imperial, colocados en esta posición en 1583. La Plaza Proyectada por Miguel Ángel, destaca por la
elegancia del juego decorativo del pavimento. Está edificada sobre la colina
Capitolina. La más pequeña de las siete colinas romanas, pero la más importante
desde el punto de vista político y religioso de la Roma antigua; sobre sus dos
cimas surgían el templo de Júpiter Capitolino y el de Hera Moneta, ambos
orientados hacia el Foro romano. En el centro se yergue la estatua ecuestre de Marco
Aurelio; impresionante escultura de bronce que representa al emperador en acto
de arengar a la multitud. Antes de ser colocada en esta plaza en 1538, por
voluntad expresa del Papa Paulo 111 (en contra de la opinión de Miguel Ángel).
se hallaba en el Laterano. Es uno de los pocos ejemplos de antiguas esculturas
de bronce que hayan llegado hasta nuestros días. De la antigua doradura del
bronce sólo son visibles la cara y el manto del emperador, y la cabeza y
algunas zonas del dorso del caballo. Una antigua leyenda anuncia el fin del
mundo cuando aparezca de nuevo toda la bronceadura. Palacio Senatorial Al fondo de la plaza se encuentra el palacio
proyectado por Miguel Ángel, pero construido –con sustanciales alteraciones del
diseño original– por Giacomo della Porta y Girolamo Rainaldi entre 1582 y 1605.
Se accede por una escalera miguelangelesca. En el frente, encima de la fuente,
se halla un nicho con la antigua estatua de Minerva (s. I), revestida de
pórfido y transformada en la diosa Roma. A los lados, las figuras yacentes del
Nilo (a la izquierda) y del Tevere, del s. II, provenientes de las Termas de
Constantino. Sobre el palacio descolla la Torre del s. XVI, construida por
Martín Longhi el Viejo. A la altura de la penúltima cornisa destaca el Gran
Reloj; encima, las Campanas que antiguamente se usaban para llamar y reunir al
pueblo. Palacio de los Conservadores Se encuentra en el lado derecho de la plaza,
enfrente del Palacio Nuevo, llamado también Museo Capitolino. Son dos
construcciones gemelas diseñadas por Miguel Ángel y llevadas a cabo por della
Porta y Rainaldi, que actualmente funcionan como museos de arte antiguo. A través del pórtico se accede al Cortile, donde se
pueden apreciar unos arcos góticos sobre columnas de la primitiva construcción
del s. XV. En el lado derecho, la Cabeza de Constantino, proveniente con otros
fragmentos (brazo, pierna, mano y pies) de la estatua de 12 metros de altura,
hecha parte en mármol y parte en madera, revestida de bronce, que se encontraba
en la basílica pagana del emperador Constantino; al fondo, Estatua de Roma, del
tiempo de Trajano; la cabeza del joven Constanzo II, perteneciente a otra
estatua enorme. A la izquierda, relieves con representaciones de las provincias
sometidas a Roma que. junto a los trofeos, decoraban la celda del Templo de
Adriano, situado en la Plaza de la Piedra; un poco más arriba, parte de la gran
Inscripción dedicatoria del Arco de Claudio, realizado en su honor sobre la Via
Lata por la conquista de Bretaña (43 d.C.). Al pasar el Cortile, se entra propiamente en la
Sala de los Conservadores, donde se reunían los representantes de la ciudad.
Aquí se conserva el Espinario (Sala de Los Triunfos), célebre estatua de bronce
del s. I a.C. también llamado el fiel Capitolino, porque se le identificó con
Marzio, mensajero de los romanos que no se detuvo en el camino a pesar de
llevar una dolorosa espina en el pie. Se continúa por la Sala de la Loba; el
suelo está decorado con un antiguo mosaico; sobre las paredes, en el s. XVI se
representaron algunos hitos de la historia de Roma; en la pared del fondo,
dentro de una zona diseñada por Miguel Ángel, se conservaron fragmentos de los
Fastos Consulares y Triunfales, provenientes del Arco de Augusto en el Foro
romano; contiene la lista de los cónsules romanos desde fines del año 13 d.C. y
de los triunfos de los grandes capitanes desde tiempos de Rómulo hasta el año
12 a.C. Sobre otras paredes, inscripciones en honor de Marco Antonio Colonia,
vencedor en la batalla de Lepanto. En el centro de la Sala. la famosísima Loba
Capitolina, símbolo de Roma, realizada en bronce a finales del s. VI, o
principios del V a. C; los niños –Rómulo y Remo–. son una adición posterior, de
Pollaiolo (s. XV). Museo Capitolino Es la más antigua colección pública de obras de
arte del mundo, fundada en 1471 por el Papa Sixto IV. En el patio, está la
estatua gigante de El Océano, del s. I, llamada popularmente Marforio. Una
ancha escalera conduce al piso principal. En el centro de la Sala primera, se
encuentra el Galo Moribundo, hallado en el 500, en los Huertos Salustianos. Se
trata de una copia en mármol de un original en bronce que representa a un
guerrero galo agonizante. Alrededor de la sala se pueden contemplar otras
famosas estatuas: Amor y Psique, el Sátiro... La Sala Cuarta o Sala de Los Filósofos, contiene
muchos bustos de antiguos escritores y guerreros griegos y romanos, poetas,
etc; a Homero, que cantó a los héroes de la guerra de Troya, la tradición lo
representa en la vejez como pobre y ciego. Sócrates, el célebre filósofo
ateniense aparececon la nariz aplastada, labios macizos, y los ojos casi fuera
de las órbitas, antes de beber la cicuta en la copa fatal. Sala de las Palomas. El mosaico de las palomas,
refinado ejemplo del arte helenístico de principios del s. II, hallado en Villa
Adriana (Tívoli), fue reconocido enseguida por el que describió el naturalista
Plinio. Esta obra, que representa a cuatro palomas bebiendo, es de tan gran
calidad que puede tomarse por una pintura. En el centro de la Sala se encuentra
la escultura de una Niña en el acto de defender una paloma al ser acometida por
una serpiente, donde se ha querido ver un símbolo del alma humana ante la
elección entre el bien y el mal. Si se vuelve a la Galería se entra en el Gabinete
de Venus, con la célebre estatua descubierta en el s. XVII de la Venus
Capitolina, copia romana en mármol del original helénico de la Venus de Cnido
(s. II a.C.). Si se continúa por la Galería a la izquierda, se
entra en la Sala de los Emperadores, que contiene unos ochenta bustos de
emperadores romanos y de alguna emperatriz, dispuestos cronológicamente; es la
más interesante galería de retratos que existe. Al abandonar los museos, recomendamos tomar desde
la misma plaza del Campidoglio, las escaleras de la derecha. No van a
desembocar a un edificio, sino a uno de los más impresionantes belvederes
–miradores– de Roma, la Roca Tarpeya. Desde lo alto de esta roca fueron
precipitados Tarpeo, guardián del Capitolio, y su hija, acusados de haber
intentado entregar la plaza a los asediantes sabinos. Con el tiempo, se fue
fraguando la costumbre de usar la roca como lugar de ejecución de los
condenados a muerte. Nerón usó este impresionante mirador para contemplar con
detalle el incendio de Roma la noche del 18 al 19 de julio del año 64; de
catorce partes de la Urbe, tres quedaron totalmente destruidas y otras siete
gravemente dañadas. FORO ROMANO Desde una terraza situada a la derecha del Palacio
Senatorial, se encuentra otra de las más sugestivas panorámicas del Foro
Romano. La vista abraza todo el valle del Foro, limitado a la izquierda por la
vía de los Foros Imperiales y a la derecha por la ladera del Palatino. Después de la realización de la Cloaca Máxima,
construida durante la dinastía de los Tarquinos (los últimos reyes de Roma), el
valle pantanoso que se extendía entre el Capitolio, el Palatino, y las laderas
del Esquilino, fue saneado y llegó a convertirse en lugar de encuentro de los
habitantes que residían en las colinas cercanas. A partir de ese momento, el
pequeño valle se convirtió en la plaza (el Foro): el centro político, religioso
y comercial de Roma Inmediatamente bajo la terraza, se distingue el
Pórtico de los dioses Consejeros. Se trata del consejo de las doce divinidades
principales. Formado por dos alas que forman un ángulo obtuso, es el último
gran monumento dedicado en Roma al culto pagano. Fue restaurado por el Prefecto
de Roma, amigo de Juliano el Apóstata (367. A la izquierda. se distinguen las
tres columnas del Templo de Vespasiano iniciado por Domiciano (81) en honor de
Vespasiano y Tito, fue restaurado por Septimio Severo y Caracalla. Entrando en el recinto del Foro, en primer plano,
se encuentran las columnas del Templo de Saturno. Inaugurado en el año 497 a.C,
era uno de los monumentos más venerados de la Roma republicana. Reconstruido
por un general de César el año 30 a.C, con el botín de la guerra de Siria, fue
durante algún tiempo el lugar donde se custodiaba el tesoro del Estado. De sus
restos destacan hoy las ocho columnas de granito del pronaos o pórtico. A la izquierda, un poco más abajo, se distingue el
Arco de Septimio Severo, erigido el año 203 d. C., en honor de quien fue el
autor del edicto ne fiant christiani, que prohibía las conversiones al
cristianismo. Con sus 23 metros de anchura, es uno de los más grandes arcos
honorarios que existen. La inscripción en las dos caras del friso recuerda las
victorias del emperador sobre partos, árabes y adiabenos. El estado de
conservación de los bajorrelieves no es óptimo; sin embargo, está intacta la
estructura general del arco, gracias a haber quedado incluido durante siglos en
construcciones de la Edad Media que han impedido el deterioro. A su derecha, oculta en parte por el Arco, se ve la
fachada de la Curia, sede del Senado, que fue teatro de los acontecimientos más
determinantes de la historia de Roma. El Papa Honorio la transformó el s. VII
en iglesia y la dedicó a San Adriano. La tradición la hace remontarse a Tulio
Ostilio, tercer rey de Roma. Julio César la reedificó completamente más cerca
del antiguo Comicio. El actual edificio de ladrillos es de la época de
Diocleciano (303 d. C.); la puerta de bronce original fue sacada por el Papa
Alejandro VII y colocada en la entrada principal de la Basílica de San Juan de
Letrán. El interior de la Curia tiene forma rectangular (27
x 18 m.); las paredes están revestidas hasta cierta altura con lastras de
mármol. Por encima de la decoración en mármol, había tres nichos en cada lado,
decorados con pequeñas columnas de alabastro, y a los lados existen tres
escalones, todavía visibles, en los que estaban colocados los asientos en
madera de los senadores (cerca de 300). El pavimento está formado por
incrustaciones de pórfido y mármol serpentino. Delante de la entrada debía de
hallarse el ara sobre la que los senadores ofrecían sacrificios al entrar en el
aula. En la pared opuesta a la entrada, había un podio para el presidente, y
sobre el podio, adosada a la pared, la estatua de la Victoria. A la izquierda de la Curia, fuera del recinto, se
encuentra la iglesia de los Santos Lucas y Martina, que comprende además otra
iglesia inferior, subterránea. Esta segunda fue erigida en el s. VI sobre las
ruinas de la estancia del secretario del Senado, y dedicada a la mártir Santa
Martina; más tarde, reedificada y restaurada, fue donada en 1588 por Sixto V a
la Academia de San Lucas, corporación de artistas del s. XIV que estaba anexa a
la iglesia. Fue posteriormente demolida para la distribución de los Foros
Imperiales. De San Lucas toma el segundo nombre. La iglesia actual fue
construida por Pietro da Cortona en 1634, por iniciativa del cardenal
Barberini, protector de la Academia. En frente, está la Cárcel Mamertina, desde tiempos
muy remotos e inciertos la prisión principal de Roma, especialmente durante la
República. A veces era llamada Tullianum, palabra que se deriva de tullus, o
manantial de agua. Consta de dos aposentos hoy unidos por una escalera
medieval: el piso inferior, la cárcel propiamente dicha, de forma semicircular
y cónica, está construida con gruesos bloques de peperino. Antiguamente
comunicaba con el aposento superior sólo por una abertura practicada en el
techo, por donde eran arrojados los presos. La parte inferior comunicaba a su
vez por medio de un corredor con la Cloaca Máxima. En esta cárcel se recluían
prisioneros que hoy llamaríamos políticos como Yugurta, Vergincetórix, los
cómplices de Catilina... y San Pedro y San Pablo que permanecieron en esta
prisión a la espera del martirio. En la pared apoya un pequeño altar con relieve a
modo de Retablo, que representa un hecho narrado por la tradición: el bautismo
de los carceleros Proceso y Martiano –luego mártires también–, y de los
cuarenta y siete compañeros de prisión, con el agua de una fuente que brotó
milagrosamente. A la izquierda del altar. la tradición señala en
una pequeña columna el sitio donde los dos Apóstoles fueron encadenados. En
base a esta tradición, desde el Siglo XVI empezó a llamarse San Pietro in
Carcere. Siguiendo el itinerario. a la izquierda del Arco de
Septimio Severo se distinguen los Rostri (rostros), la tribuna desde la que
hablaban los oradores políticos. El nombre le viene del motivo de adorno: seis
espolones de bronce, botín de las naves enemigas en la batalla de Actium (338
a.C.). Se sabe que estaban decorados con columnas y estatuas de homenaje; y que
los dos bajorrelieves, llamadoslos Anaglipha o Plutei de Trajano, adornaban el
parapeto de los Rostra. Se conservan en la Curia y son interesantísimos por los
hechos históricos que representan y por la escenografía del mismo Foro. Sobre
una de las caras, aparecen esculpidas las víctimas de los sacrificios solemnes;
y sobre las otras, la institución alimentaria en favor de los niños pobres y
huérfanos (Roma veía en la asistencia a los niños la tutela de la patria), y
los hechos gloriosos de la vida de Trajano. La colocación actual de los Rostros
es de Julio César, que los situó en el mismo eje de la plaza alineados con las
basílicas Julia y Emilia. Existían en el Foro otros podios para los oradores,
uno frente al templo de los Dióscuros y otro frente al templo de Julio César. Dando la espalda a los Rostri, y en plena Plaza del
Foro, nos encontramos con la Columna de Focas, la última memoria Clásica del
Foro. A principios del s. VII el emperador de Bizancio. Focas, permitió al Papa
Bonifacio IV que transformara el Panteón en una iglesia cristiana; los romanos,
en señal de gratitud, quitaron una bella columna acanalada del pórtico de un
edificio antiguo y la levantaron aquí en memoria de Focas. El Foro viene atravesado de este a oeste por la Via
Sacra, que recibe su nombre de los santuarios paganos que la rodeaban y de las
procesiones que en ella se realizaban. En los lados largos del Foro, y
limitando a la Via Sacra, se encontraban las dos grandes basílicas paganas; la
que limita el lado Sur del Foro se conocía con el nombre de Basílica Julia que,
devastada por un incendio, sufrió varias reconstrucciones hasta ser destruida
definitivamente por los godos de Alarico (410 d.C.); ahora sólo queda parte del
pavimento. Cerraban el lado sudeste de la plaza, confiriéndole
un aspecto monumental, los tres templos que en cierto sentido resumían el
aspecto religioso del Foro: El Templo de Cástor y Pólux, el Templo de Vesta y
el Templo de César. El Templo de Cástor y Pólux, erigido al lado de la
Basílica Julia el año 484 a. C, fue reconstruido muchas veces en distintas
épocas; los restos actuales, tres hermosas columnas con su cornisa, son de la
época de Tiberio (s. I a.C.). Este templo se identifica con el nacimiento de la
república Romana y surgió en el lugar en el que, según la leyenda transmitida
por Plutarco, aparecieron Cástor y Pólux, con sus caballos, para anunciar a los
romanos la victoria conseguida por el pueblo frente al último rey de Roma (496
a.C.). En la reconstrucción mandada hacer por Tiberio (19 d. C.). el templo
surgía sobre un alto podio con una escalinata recubierta de mármol. En el
pronao había una oficina en la que se guardaban los pesos y medidas. Más allá de este templo, hay una galería de tufo
que recuerda el ambiente frío y desnudo de las catacumbas: a la izquierda está
el oratorio de los cuarenta mártires de Sebaste, martirizados por Licinio,
emperador de Oriente a principios del s. IV, cuando en Occidente la Iglesia
conocía una época de paz; en el ábside se pueden ver sus figuras. Con caras
expresivas y unas cruces bizantinas. Al fondo de la galería hay una basílica
del s. VIII: Santa Maria Antica, en una hornacina aún se puede contemplar una
imagen de Nuestra Señora con el Niño en brazos. El Templo de Vesta, levemente retrocedido respecto
al Foro, fue construido tal vez por el mismo Numa Pompilio, segundo rey de Roma
y fundador del culto a Vesta. En este templo, el más importante del Foro y de
la ciudad, las vírgenes Vestales mantenían el fuego sagrado, símbolo de la vida
de la ciudad. Las vírgenes eran seis, elegidas entre las familias más nobles de
la ciudad. Debían pronunciar el voto de castidad y quedaban en ese cargo
durante 30 años; disfrutaban de numerosos privilegios, pero en caso de que
faltasen a sus deberes eran sepultadas vivas. El templo era redondo, con una
abertura en lo alto. Surgía sobre una base cuadrada y lindaba con la Casa de
las Vestales, en la que se ven todavía muchas estatuas e inscripciones; de una
de ellas ha sido borrado el nombre de la Vestal, dejando sólo la primera letra
C. Siguiendo la Via Sacra, y prácticamente enfrente de
la Casa de las Vestales, se encuentra el Templo de Antonino y Faustina, el
edificio mejor conservado del Foro, que fue erigido por decreto del Senado a la
divinización de la mujer de Antonino Pío (muerta en el año 141). En tiempos de
este emperador, murió mártir San Policarpo de Esmirna, discípulo de San Juan, a
quien San Justino dedicó el año 155 su Apología, en defensa de los cristianos.
A la muerte de Antonino (año 161), el templo se dedicó a los dos: Antonino y
Faustina. El podio se ha conservado por entero, aunque las escalinatas están
totalmente restauradas. Destacan las 10 columnas monolíticas del pronao, de 17
m. de altura; las bases y los capiteles son de mármol blanco y uno de los
mejores ejemplos del arte decorativo romano. En el s. XI, el templo fue
transformado en iglesia: San Lorenzo en Miranda. Basílica de Majencio y Constantino. Fue iniciada
por Majencio y terminada y modificada por Constantino, después de haber vencido
a Majencio en la batalla del Puente Milvio el año 312 d. C. La única columna
que quedó intacta después de los terremotos y expoliaciones. fue transportada
en 1614 a la plaza de Santa María la Mayor por el Papa Paulo V. De la colosal
estatua de Constantino que se hallaba en el fondo de la nave central, no han
llegado hasta nosotros más que la cabeza y algunos fragmentos, que hoy se
encuentran en el Palacio de los Conservadores, en el Capitolio. Arco de Tito. Surge al final de la Vía sacra, cerca
de la salida del Foro. Fue erigido, después de la muerte del emperador, para
celebrar la victoria contra los judíos, el año 70 d. C. Tiene un sólo arco de
15.40 metros de altura, 13.50, de ancho y 4,75 de profundidad. En el interior
del arco hay dos bellísimos bajorrelieves que representan, la procesión
triunfal con el botín de guerra. entre el cual está representado el candelabro
de siete brazos robado en el Templo de Jerusalén y al emperador Tito guiando
una cuadriga. El arco fue restaurado hacia el 1480, y reestructurado en el
siglo XIX por Valadier. EL PALATINO El Palatino fue la cuna de Roma. Según narra la
leyenda, en esta colina Rómulo trazó el 21 de abril de 754 a. C., el surco que
había de delimitar la ciudad. El lugar es privilegiado: a 50 metros sobre el
nivel del mar y 40 sobre el nivel del Tíber, constituía un refugio natural
fácil de defender. La colina estaba formada por tres cimas: el Palatino, a
sudeste hacia el Circo Máximo; el Germalus, a occidente hacia el Velabro y la
Velia por el lado del Coliseo. Desde el periodo de la República hasta la época
imperial se le consideró una zona residencial y en ella vivían las familias más
nobles y ricas; fue también, en su momento, residencia de los reyes; por eso se
eligió para morada de los césares. Hace algunos años, durante las excavaciones
realizadas en algunos lugares del Palatino, se encontró un bloque de piedra
sobre el que se leía una frase en latín arcaico: “Consagrado sea a un dios, sea
a una diosa”. El bloque procede del año 100 a. C., fecha en la que le fue
dedicado como altar al Dios desconocido: todo un símbolo de lo que faltaba a
una civilización que ha dejado tantas ruinas imponentes. Se sube al Palatino por el Clivus Palatinus; luego
por una escalinata, a la derecha, que lleva a la espléndida Villa Farnese, con
el palacete del s. XVI y los jardines Farnesianos, sostenidos por los potentes
pórticos de la Domus Tiberiana. Continuando, se baja a la Casa de Livia, morada
original de Augusto. Es un ejemplo típico de casa patricia del último periodo
republicano. Se pueden ver todavía el gran vestíbulo, el triclinio y las alas.
Destacan las pinturas murales de estilo pompeyano. Continuando a la izquierda. se llega al
criptopórtico, construido por Nerón para unir el Palatino con la Domus Aurea;
luego se sube. a la derecha, al Palacio de los Flavios (Domus Flavia). Fue
erigido por Domiciano hacia finales del s.I d.C. como sede propia de
representación. El palacio estaba constituido por una amplia basílica de tres
naves, con el Aula Regia, donde se recibían las audiencias imperiales, y el
lararium, –capilla doméstica–; en el centro, el peristilo –lugar rodeado de
columnas por la parte interior–, en otro tiempo circundado por un pórtico con
un laberinto, del cual ha quedado el trazado; y, a la derecha, el grandioso
triclinio, comedor del emperador, que estaba enlosado con mármoles preciosos y
adornado con grandes arcos: existen todavía restos del pavimento y dos fuentes,
una muy bien conservada. Contigua al palacio, se hallaba la Domus Augustana,
residencia particular del emperador y de su familia. Tenía dos pisos. El superior,
a nivel del palacio de representación, tenía en su centro un amplio peristilo
con una fuente central; el piso inferior tenía un segundo pórtico. alrededor
del cual estaban colocados los cuartos de la vivienda particular. muchos con
grandes ventanales hacia el valle del Circo Máximo. La tercera parte, que terminaba el plan
arquitectónico de Domiciano, estaba constituida por el Hipódromo, estadio
rodeado por pórticos, decorados por medias columnas de frente a la arena, y con
una o dos galerías superiores. Tenía 160 metros de largo por 50. Todavía se
pueden ver las metas y muchos fragmentos de columnas, capiteles y un ara de
forma cuadrada en la que están representadas las 12 divinidades del Olimpo. La
tribuna imperial estaba formada por una amplia semicircunferencia de asientos,
de dos pisos; en el segundo se sentaba el emperador para poder admirar los
espectáculos y gozar de la vista general de este maravilloso conjunto
arquitectónico. En la zona más alta del Palatino. en medio de un
minúsculo pinar, quedan dos edificios intactos; son dos iglesias: la de San
Sebastián. construida en el siglo X, y la de San Buenaventura., más reciente,
del XVII. En la parte superior del ábside de la iglesia de San Sebastián se
encuentran representados cuatro mártires: Lorenzo, Esteban, Sebastián y Zótico;
en la escena inferior, la Virgen preside el trabajo del artista y una
inscripción le otorga el título de Splendida Mater. A los pies del Palatino, se extiende el mayor de
todos los estadios de la Roma antigua, con capacidad para 200.000 personas: el
Circo Máximo. Su origen es antiquísimo; tomó su aspecto verdadero a partir del
329 a. C. Con una longitud de 600 metros y un ancho de 200, el Circo mirado
desde fuera se presentaba con tres órdenes de arcadas revestidas de mármol. La
espina tenia 204 metros de largo y el auriga tenía que dar la vuelta a la pista
siete veces, lo que significaba recorrer 1.600 metros. Por los numerosos
testimonios que han llegado hasta nosotros, se puede deducir que se utilizaba
el Circo Máximo casi 240 días al año, lo que manifiesta la gran popularidad
entre la sociedad romana de las carreras de caballos. Más allá del circo Máximo, hacia el Aventino, se
encuentra la Iglesia de Santa Prisca, construida sobre la casa de Aquila y
Priscila, matrimonio cristiano de origen judío. En esta casa permaneció año y
medio San Pablo hasta que, por una contienda de los judíos con el pueblo de
Roma, tuvo que abandonar la ciudad el año 49, para volver en el 63. EL COLISEO Entre el Esquilino, el Celio y el Palatino, se
yergue el Anfiteatro Flavio, llamado comúnmente Coliseo, el monumento más
representativo de la Roma clásica, iniciado por Vespasiano en el 72 d. C., en
el lugar donde antaño surgiera el lago artificial de la neroniana Domus Aurea..
Se cuenta que lo construyó un tal Gaudencio, pobre hombre que no gozó mucho
tiempo de su trabajo: terminó ahí dentro, ad bestias. Se inauguró en el año 80, bajo Tito, con fastuosas
fiestas y espectáculos que, según el poeta Marcial, se prolongaron durante cien
días. Completado en algunas partes por Domiciano y restaurado por Septimio
Severo, durante muchos siglos el Coliseo vino a ser el símbolo de la grandeza y
de la potencia de Roma. En él se celebraron especialmente continuos combates
entre gladiadores, quizá el espectáculo más apreciado por el pueblo romano. Las
luchas entre gladiadores terminaron hacia el año 404, mientras que aquellas
entre animales continuaron hasta el s. VI. Graves terremotos dañaron muchas veces el
anfiteatro; más tarde las familias romanas de los Frangipani y de los Anibaldi
lo hicieron su fortaleza. hasta que en el 1312, por orden de Arrigo VII el
Coliseo volvió a ser propiedad del pueblo romano. Durante los siglos sucesivos
inició su decadencia; enormes bloques de travertino fueron sacados y utilizados
para otras construcciones; finalmente, en 1750, Benedicto XIV lo declaró
lugar santo, por haber sido teatro del martirio de los cristianos, evitando así
posteriores expolios; una cruz negra, de madera, conmemora la fe y la fortaleza
de los mártires que dieron en este lugar su vida por el nombre de Cristo; entre
estos cabe citar a San Ignacio, obispo de Antioquía y discípulo de San Juan,
enviado a las fieras bajo Trajano (98–117); bajo este mismo emperador murió
crucificado, a la edad de 120 años, el obispo de Jerusalén Simeón, uno de los
parientes del Señor que mencionan los Evangelios. El anfiteatro es de forma elíptica, de 188 metros
por 156, y tiene una altura de 57 metros. Las obras de construcción duraron más
de diez años. La estructura exterior es de travertino, y está distribuida en 4
pisos. Los bloques de la base de los pilares son de dos metros cúbicos cada uno
y pesan 5 toneladas. Los tres primeros pisos están formados por 80 arcos de
medio punto, divididos por pilastras en las que están adosadas semicolumnas que
siguen la secuencia canónica de los estilos: el primer piso de estilo dórico;
el segundo de estilo jónico, y el tercero corintio. El cuarto piso es de pared
llena con pilastras corintias salientes de la pared y con pequeñas ventanas. En
la cornisa que remata la obra, se pueden ver todavía los orificios donde se
introducían los palos que sujetaban el toldo, con el que se protegía del sol a
los espectadores, operación que llevaban a cabo los marineros de la flota
imperial del Miseno A cada arco de la planta baja le correspondía un
acceso al correspondiente sector del anfiteatro, 76 de esos ingresos estaban
numerados (son visibles todavía los números romanos sobre los arcos); los
cuatro principales estaban reservados: uno a la corte imperial, uno a las
vestales, uno a los magistrados y el cuarto a los huéspedes de honor. Todos los
arcos del segundo y tercer piso estaban adornados con estatuas, hoy perdidas.
Cuando en la Edad Media, el Coliseo se convirtió en una enorme mina de material
para la construcción, le fueron extirpadas todas las grapas metálicas de sutura
entre los bloques de travertino, originando innumerables agujeros aún hoy
visibles. En la explanada que había delante del anfiteatro se erguía la estatua
de Nerón, de bronce dorado, de casi 30 metros de altura. El anfiteatro tenía cabida para unos 50.000
espectadores, que se distribuían en las gradas según la clase social. Existían
tres órdenes de puestos: podium, era el primer Orden, reservado a las clases
más elevadas y al palco del Emperador; el orden central acogía a los ciudadanos
que pertenecían a la clase media; y el último orden, la suma, era el destinado
al pueblo. Todo el piso, formado de tablas de madera, estaba
cubierto de arena; alrededor había una red para proteger a los espectadores.
Debajo de la arena existía un sistema de celdas, galerías, almacenes, camarines
y subterráneos, que hoy son visibles gracias a las excavaciones. Los
principales espectáculos eran los ludi (luchas) de los gladiadores y las cazas
de fieras, pero en la arena se efectuaban, también, exhibiciones de
malabaristas, competiciones atléticas, torneos a caballo y naumaquias
simulacros de batallas navales. ARCO DE CONSTANTINO Fue erigido por el Senado y el pueblo romano en el
límite externo del Foro, en la Vía Sacra, en conmemoración de la victoria
conseguida sobre Majencio en el puente Milvio, el año 312. El Arco es del mismo
estilo arquitectónico que el de Septimio Severo, pero de más calidad. Muchos de sus elementos decorativos proceden de
monumentos anteriores. Los ocho medallones colocados por encima de los pasajes
menores del arco pertenecen a la época de Adriano; de Marco Aurelio son los
ocho bajorrelieves de los lados largos del ático –cuerpo que se encuentra sobre
la cornisa–; de Trajano, las figuras de bárbaros sobre los arquitrabes de las
columnas y los bajorrelieves de los lados estrechos del ático y de las paredes
del arco principal. Los largos y estrechos frisos son de la época de
Constantino y representan la batalla del Puente Milvio, el sitio de Verona y la
procesión triunfal del emperador que distribuye presentes al pueblo. En la
inscripción dedicatoria se hace una mención solapada a “la divinidad”; ya no se
habla de dioses, pues los magistrados, que eran paganos, sabían que Constantino
favorecía a los cristianos, adoradores de un Dios único. FOROS IMPERIALES Además de reorganizar el viejo Foro, César proyectó
e hizo construir uno nuevo en las cercanías. Fue necesario expropiar un área
ocupada por viviendas privadas y tuvo que pagar de las arcas imperiales la
fabulosa suma de un millón de sestercios. Entre todos, destaca el Foro de
Trajano, que se convirtió en el lugar más digno de la ciudad. Comprendía dos
bibliotecas, una columna honoraria, una basílica, un templo, una gran estatua
ecuestre de Trajano y un arco de Triunfo. El gran conjunto arquitectónico estaba formado por
una amplia plaza cuadrangular con pórticos y dos exedras o tribunas al
descubierto. Se entraba por el Foro de Augusto, a través de un arco triunfal
dedicado a Trajano. En la plaza, que tenia en el centro el monumento ecuestre
al emperador, se asomaba la basílica Ulpia, la mayor de Roma: por sus
dimensiones puede ser comparada con la Basílica de San Pedro. Además de la
basílica, estaban las dos bibliotecas, una griega y otra latina, entre las que
se erigía la columna trajana. Más allá debía de existir el colosal templo de
Trajano –hecho construir por su sucesor– hoy desaparecido. En su lugar se ven
dos iglesias, el Palacio del Municipio y otros edificios. entre otros la casa
de Miguel Ángel. El gran monumento es la Columna Trajana que,
después de diecinueve siglos se yergue todavía con su primitivo esplendor.
Cerca de su base fueron colocadas las cenizas del emperador, y la estatua en la
cima. La columna consta de 19 bloques de mármol; a la cima se sube por una
escalera interna de caracol. La parte más importante de este histórico
monumento es la faja helicoidal de figuras, que nos da una visión documental de
las armas, de las artes y de las costumbres, tanto de los romanos como de los
dacios. Aquí vemos los puentes que construyó Trajano, las fortalezas que atacó,
los campos de batalla que destruyó y los enemigos que puso en fuga, La espiral
está formada por 44 lajas, y alcanza la longitud de 200 metros; en las 155 escenas
se pueden contar hasta 2.500 figuras. Entre los restos arquitectónicos, destacan los
Mercados, que, mediante una serie de edificios escalonados, resolvieron los
problemas de espacio y dieron una solución estética a todo el conjunto. ITINERARIO 6: PLAZA NAVONA Y PALAZZO DELLA
CANCELLERIA Recorrido Se inicia en Piazza Navona, de donde se sale por la
Corsia Agonale (en la parte central de la Plaza); se gira a la izquierda en
Corso del Rinascimento e inmediatamente después a la derecha en Via Salvatore,
donde se encuentra la plaza de San Luis de los Franceses. Se sale por Via
Giustiniani, se cruza la Piazza della Rotonda y se sigue por Via dei Pastini,
hasta Piazza di Pietra, donde se gira a la derecha por Vía de' Burro, hasta
desembocar en la plaza de San Ignacio. Al salir, se toma Vía del Seminario hasta el
Pantheon. Para ir a Santa Maria Sopra Minerva, se toma Via Minerva, que lleva
directamente a la plaza. Por la Via Santa Caterina da Siena y después por Via
Piè di Marmo, se llega a la Piazza del Colegio Romano; cruzando esta plaza y la
Via del Corso, se desemboca en la Plaza de los Santos Apóstoles y en el Palazzo
Colonna. Al sur de la plaza, se gira a la derecha en Via C. Battisti, que lleva
a Piazza Venezia y al Palazzo Venezia. Por la Via del Plebiscito, que continúa en el Corso
Vittorio Emanuele, se llega a la Chiesa del Gesù y, más adelante, al Area Sacra
Argentina. Ahí se toma la Via Arenula, hasta la Piazza Cairoli, donde se gira a
la derecha, para seguir por Via dei Giubbonari; se gira a la izquierda en Via
Arco del Monte que nos lleva directamente a Palazzo Spada; si se continúa por
Via Capo di Ferro, se llega al Palazzo Farnese, en la plaza del mismo nombre.
Directamente por Vicolo dei Baulari se desemboca en Piazza Campo de'Fiori,
desde donde se llega al Palazzo della Cancelleria, por la plaza del mismo
nombre. PIAZZA NAVONA Delimitada por edificios que surgieron sobre los
restos del estadio de Domiciano (86 d. C.), de cuya pista la plaza conserva la
forma y dimensiones (aproximadamente 240 x 65 m). El nombre deriva, por
corrupción de los juegos agónicos –de gimnasia o competición– que se
desarrollaban en el estadio (in agone, nagone, navone, navona). A mediados del
s. XIV, la plaza se convirtió en sede de ferias, procesiones, juegos. carreras... En el lado oeste de la plaza se encuentra el
Palazzo Pamphili, construido entre el 1644 y el 1650. Su interior está decorado
con frescos que representan el gusto del s. XVII romano. Actualmente es la
embajada del Brasil. A la derecha del palacio se encuentra la iglesia de
Santa Agnese in Agone, en el mismo lugar donde, según la tradición, fue
martirizada la santa. En un primer momento, estaba concebida como capilla del
palacio Pamphili, con el que está comunicada. Fue comenzada en 1652 por Girolamo
y Carlo Rainaldi y concluida por Borromini[8], a quien se debe la fachada
cóncava, la cúpula y los campanarios. En el interior, en forma de cruz griega,
Borromini mantuvo la estructura original, enriqueciéndola con su decoración e
inventiva. Posteriormente, el mismo Borromini fue sustituido por una comisión
de arquitectos que terminó la decoración. Sobre la puerta, se encuentra el
sepulcro del Papa Inocencio X (1644–1655). Tres fuentes adornan la plaza. A la izquierda
(frente a Palazzo Pamphili) está la Fontana del Moro, así llamada por la figura
del etíope que lucha contra un delfín; la idea general es de Bernini, que
encargó la realización a diversos artistas. En el centro, se encuentra la Fontana dei Fiumi
(fuente de los ríos), una de las más bellas e imaginativas obras de Bernini,
finalizada en 1651. Para dar mayor realce a la fuente, el artista decidió
coronarla con un obelisco que se encontraba junto al circo de Majencio, en la
Via Appia. Se trata de una imitación romana, de unos 16 m de alto, en cuya punta
se ve una paloma de bronce de 1,78 m, emblema de los Pamphili, la familia del
Papa Inocencio X. En el arrecife aparecen las personificaciones del Nilo, el
Ganges, el Danubio y el Río de la Plata. símbolos de las cuatro partes del
mundo entonces conocidas. Las colosales estatuas son obra de discípulos de
Bernini: Fancelli, Poussin, Raggi y Baratta, respectivamente. La rivalidad
entre Bernini y Borromini, autor de la adyacente iglesia de Santa Inés, hizo
surgir la leyenda de que el Río de la Plata levanta la mano para protegerse de
la inminente caída de la fachada de la iglesia; y el Nilo tiene los ojos
vendados para no ver los errores de la arquitectura borrominiana; a su vez,
Santa Inés –en la base del campanario de la derecha de la iglesia– asegura con
la mano en el corazón que la fachada no caerá. La verdad es que la construcción
de la fachada y de la cúpula de la iglesia se inició cuando la fuente estaba ya
terminada. En el extremo norte de la plaza se encuentra la
Fontana di Nettuno, obra original de Della Porta (1576), a la que se agregaron
a finales del s. XIX las esculturas de Della Bitta (Neptuno lucha contra el
pulpo gigante) y de Zappala. SAN LUIS DE LOS FRANCESES Comenzada en 1518 por el Cardenal Giulio de Medici
(que después sería Clemente VII), la construcción se suspendió en 1524 y se
reinició en 1580, con la ntervención de Fontana. Fue consagrada en 1589; hoy
día pertenece al Estado francés. La fachada se tribuye a Della Porta; en el altar
mayor, se puede apreciar una Asunción de Francesco Bassano; y en la segunda
capilla de la derecha, la historia de Santa Cecilia, de Domenichino, con un
retablo de Reni, a partir de un original de Rafael. La verdadera joya artística
de esta iglesia es la Capilla de San Mateo, con las tres célebres obras de
Caravaggio (1573-1610), pintadas entre 1597 y 1602: San Mateo y el Ángel,
Vocación de San Mateo y Martirio de San Mateo. SAN IGNACIO Construida del 1626 al 1650, fue diseñada por el
matemático jesuita Gras, en base al proyecto de Maderno y otros, a expensas del
cardenal Ludovisi, sobrino de Gregorio XV, el Papa que canonizó a s. Ignacio. El interior es de planta de cruz latina, con tres
grandes capillas por cada lado comunicadas entre sí: novedad de la
Contrarreforma. La policromía de los mármoles, la decoración pictórica y la
riqueza de los altares confieren al conjunto una alegre suntuosidad. Sobre la puerta, en el reverso de la fachada, hay
dos grandes figuras de Algardi (1650) que flanquean la lápida dedicatoria y que
representan las virtudes de la magnificencia y de la religión. Del mismo autor
son los adornos con ángeles alrededor de la iglesia. La bóveda de la nave,
llena de frescos de Pozzo, posterior a 1685, representa el Ingreso de San
Ignacio en el Paraíso y, a los pies, las cuatro partes del mundo. Hay que
situarse sobre el disco marmóreo en medio del pavimento, punto preciso desde
donde mejor se goza del efecto de la espectacular perspectiva. La cúpula no fue nunca construida; para
recubrir el vacío, de 13 metros de diámetro, Pozzo pintó (1685) una tela,
después restaurada, con una original perspectiva. PANTHEON Es el monumento más célebre de la Roma antigua, por
su excepcional estado de conservación y por la belleza e imponente majestad de
su arquitectura. Su planta circular, precedida de un pórtico, es un caso
rarísimo que se separa del tradicional modelo de planta rectangular del templo
clásico. El nombre de Pantheon, o Pantheum, indica que el templo estaba
dedicado a muchos dioses, probablemente a las siete divinidades planetarias. Fue erigido por Agripa (27 a.C.), reconstruido en
la forma actual por Adriano, y restaurado por Septimio Severo y Caracalla. En
el año 609, Bonifacio IV lo transformó en iglesia cristiana Sancta María ad
Martyres, y quiso que se trasladaran aquí desde las catacumbas, muchos restos
cristianos. Sufrió varios despojos a lo largo de la historia; el último, bajo
Urbano VIII Barberini, que hizo quitar la cubierta de bronce que recubría la
trabazón del techo del pórtico para construir el baldaquino de San Pedro y algunos
cañones para el Castillo de Sant'Angelo. Este suceso dio origen a la célebre
frase de Pasquino; “quod non fecerunt barbari fecerunt Barberini”. Clemente IX
cercó el pórtico con una cancela de hierro en 1668. En tiempos de Pío IX fue
parcialmente renovado el pavimento. El Pronao o pórtico mide 33,10 m de ancho 15,50 m
de profundidad. Tiene 16 columnas monolíticas de granito rosa y gris, de 12,50
m de altura y 4,50 m de circunferencia cada una, ocho de las cuales forman el
frente, y otras ocho sostienen el techo (3 columnas de la izquierda, fueron
sustituidas en el s. XVII). Sobre el frontispicio, originariamente
adornado con un relieve en bronce, se lee la inscripción dedicatoria de Agripa:
“Marco Agripa, hijo de Lucio. cónsul por tercera vez, lo hizo”. No se entiende la importancia del Pantheon hasta
que no se traspasan sus enormes puertas de bronce y se entra en el interior. La
claraboya del techo mide 9 m. de diámetro. En las paredes hay siete grandes
nichos, rectangulares y circulares, con columnas de amarillo antiguo y violeta,
con ocho capillas de tímpanos curvos o triangulares. En el primer nicho, a la
derecha, hay una Anunciación atribuida a De Forlí; el segundo nicho contiene la
tumba de Víctor Manuel II, primer rey de Italia (muerto en 1878). En la parte
opuesta están las tumbas de Humberto I, asesinado en 1900, y de la reina
Margarita (muerta en 1926). En la capilla de la derecha está la tumba de
Rafael; un antiguo sarcófago de mármol griego, con un epitafio, que reza “aquí
yace aquel Rafael del cual, vivo. la gran madre de todas las cosas –la
naturaleza– temía ser vencida; y, él muerto, temía morir”; a la derecha del
altar, está la lápida de María Bibbiena, novia del artista. SANTA MARIA SOPRA MINERVA En el centro de la Plaza de la Minerva, se alza un
monumento con un elefante, que sostiene un diminuto obelisco de la XXVI
dinastía faraónica; el conjunto es obra de Ferretta, según dibujo de Bernini
(1667). Por sus modestas proporciones, se conoce popularmente al elefante como
el pulcino della Minerva, el polluelo de la Minerva. Al fondo se halla la
iglesia de Santa María sopra Minerva, iglesia mayor de los Dominicos,
construida sobre las ruinas de un antiguo templo de Minerva, cerca del Iseo
Campense, y enteramente reconstruida en 1280. La fachada actual fue añadida en
1453. A la derecha de la fachada, unas lápidas recuerdan el nivel a que
llegaron las crecidas del Tíber entre 1598 y 1870. El interior consta de tres naves, divididas por
pilastras Cruciformes, con bóveda ojival; las decoraciones de las Bóvedas, el
revestimiento de mármol de las pilastras y las ventanas en forma de rosetones,
provienen de las restauraciones de menor calidad ejecutadas en 1854–55. Estamos
ante el único ejemplo de arquitectura gótica en Roma. La tercera Capilla de la derecha está dedicada a
Santa Rosa de Lima, santa peruana de la orden dominicana nacida en el año 1586
y fallecida a los 31 años con una gran fama de santidad en toda Hispanoamérica.
La quinta Capilla, dedicada a la Anunciación, contiene un retrato del Cardenal
Torquemada, que fue titular de esta iglesia. En la pared del fondo del brazo derecho del
crucero, a la derecha, la Capilla Caraffa, con una fina balaustrada
renacentista y frescos de Filippo Lippi, pintados en 1489: Anunciación,
Asunción, Triunfo de Santo Tomás de Aquino sobre los herejes, y algunos pasajes
de la vida del Doctor Angélico. Debajo del altar mayor se encuentran algunas
reliquias de Santa Catalina de Siena; falleció en 1380, a los 37 años de edad.
A la izquierda de las gradas del altar, se encuentra la estatua de Cristo con
la Cruz, de Miguel Ángel y discípulos (1521). En el ábside, detrás del altar,
tumbas de Clemente VII y León X, diseñadas por Bandinelli. Y tumba del Beato
Angelico. SANTOS APÓSTOLES La Basílica de los Santos Apóstoles Felipe y
Santiago. del s. VI, reconstruida en 1702, casi por completo, por Fontana,
custodia las reliquias de los dos Apóstoles. El interior mide 63 m de largo. Está dividido en 3
naves con 3 capillas por cada lado.. En la bóveda, el Triunfo de la orden de
San Francisco (fresco de Bociccia de 1707), y los Cuatro Evangelistas. El
ábside está decorado con el martirio de los Santos Felipe y Santiago, de
Muratori, el retablo más grande de Roma. Al fondo de la nave de la izquierda,
el Monumento de Clemente XIV, la primera obra romana de Antonio Canova. Desde
la sacristía, a través de una portezuela, se accede a un pequeño claustro; bajo
el pórtico se encuentra el cenotafio o monumento sepulcral donde fueron
custodiados los restos de Miguel Ángel, antes de ser trasladados a Florencia.
Hay que notar que la figura que descansa sobre el triclinio no representa al
artista, sino probablemente al filósofo Eustaquio. En la Cripta se conservan reliquias de los
Apóstoles Santiago y Felipe, en un monumento inacabado de della Rovere, hermano
de Sixto IV y padre de Julio II. En frente de la basílica se encuentra la amplísima
fachada berniniana del Palacio Odescalchi. En el lado pequeño de la plaza se
encuentra la fachada barroca del Palacio Balestra, donde vivió el Cardenal de
York, último de los Stuart. PALAZZO COLONNA Fue construido en el s.XV. y reedificado en el
XVII. En su interior se encuentra la Galería Colonna, con obras de Van Dyck,
Ghirlandaio, Tintoretto, Rubens, etc. PIAZZA VENEZIA El Palazzo Venezia es la primera gran obra
arquitectónica del renacimiento en Roma. Algunos atribuyen el proyecto a León
Bautista Alberti. Parece que su construcción comenzó en 1455 y terminó en 1467.
Mussolini lo utilizó como palacio de representación: son célebres sus alocuciones
al pueblo italiano desde uno de los balcones. Al este, el Palacio del Seguro
General de Venecia, ubicado sobre la casa donde vivió y murió Miguel Ángel. IL GESÙ Prototipo de una clase particular de iglesia
barroca, comenzada por Vignola en 1568. La fachada es el primer ejemplo de
formas de transición del renacimiento al barroco, típica del periodo de la
Contrarreforma. La cúpula octagonal es de Della Porta. El interior es de cruz latina, con una gran nave y
tres capillas a cada lado, enriquecidas con mármol policromado, esculturas,
frescos, etc. La arquitectura, de efecto espacial, es de Vignola. En la bóveda
de la nave se puede admirar el Triunfo del nombre de Jesús, fresco de
extraordinario efecto de perspectiva aérea, obra de Baciccia. A la derecha del
crucero está el altar de San Francisco Javier con un cuadro de Maratta. En el
altar mayor, la Circuncisión. A la izquierda del crucero se encuentra la
maravillosa Capilla de San Ignacio de Loyola, obra de Pozzo, y en la que
colaboraron los mejores artistas de la época. En el nicho del altar. en el que
está enterrado el Santo, enmarcado por cuatro grandes columnas de lapislázuli,
con relieves en bronce dorado, gran estatua del Santo, en parte de plata. En lo
alto de la capilla, el grupo de la Trinidad. Un ángel sostiene el mundo:
probablemente la mayor pieza de lapislázuli que se conoce. A los lados del
altar, abajo a mano izquierda, la Fe que vence a la Idolatría; a la derecha,
derrota a la herejía. Delante balaustrada de bronce. En la tercera capilla de la izquierda, Adoración de
la Santísima Trinidad, del s. XVI. En la segunda, frescos de Pomarancio, y de
Romanelli. En la primera, Conversión y Predicación de San Pablo, y el altar de
San Francisco de Borja En el número 45 de la plaza, se pueden visitar las
habitaciones de San Ignacio: la casa que Iñigo de Loyola quería dedicar a sede
de la Compañía de Jesús, y donde vivió y murió en 1556. AREA SACRA ARGENTINA Corresponde a lo que fue la zona central del campo
de Marte, donde unas excavaciones realizadas entre los años 1926 y 1930
revelaron los restos de cuatro templos (tres de planta rectangular y uno
circular) que constituyen uno de los pocos complejos arquitectónicos existentes
de la Roma republicana. PALAZZO SPADA Fue construido en 1540 por Merisi y restaurado por
Borromini. En la actualidad es la sede del Consejo de Estado. Su fachada está
enriquecida por decoraciones en yeso del s.XVI. Entre las ventanas, ocho nichos
con estatuas que, de izquierda a derecha, representan a los emperadores Trajano,
Pompeyo, Fabio Massimo, Rómulo, Numa, Marcelo, César y Augusto. En el centro del lado izquierdo del patio se
encuentra una vidriera a través de la cual se ve la Galería prospectiva, de
Borromini, que Bernini –se cuenta– copió para proyectar su Escalera Regia del
Vaticano. La galería parece de tamaño normal, pero es un corto pasillo de 9
metros. La pequeñísima estatua del fondo da la impresión de un coloso, vista de
lejos con la engañosa perspectiva típica del barroco romano. PALAZZO FARNESE Es el mejor palacio del s. XVI romano. Comenzado en
1514 por Sangallo, lo continuó Miguel Ángel y lo concluyó Della Porta.
Actualmente es la sede de la Embajada de Francia ante el gobierno italiano. PIAZZA CAMPO DE' FIORI Una de las plazas más tradicionales de Roma y, de
antiguo, lugar de las ejecuciones capitales; desde hace mucho tiempo y todavía
en la actualidad, es sede de un pintoresco mercado, que originariamente era
sólo de flores. En el centro, monumento a Giordano Bruno, colocado sobre un
pedestal con medallones de Erasmo de Roterdam y de algunos herejes: Wyclif,
Miguel Servet, Huss, etc. En Campo de' Fiori nace la Via del Pellegrino, una
de las calles más tradicionales de Roma y de las más transitadas durante siglos
por los romeros que querían llegar a San Pedro. PALAZZO DELLA CANCELLERIA Su fachada es una de las obras maestras del primer
Renacimiento. Lo empezó en 1485 un sobrino de Sixto IV, quien gastó en el
proyecto 180.000 escudos; 60.000 de los cuales se los ganó en el juego a un
sobrino de Inocencio VIII. Se atribuye a Bramante, aunque otros muchos
arquitectos intervinieron en su edificación, que concluyó en 1513. Es actualmente la sede de los tribunales supremos
de la Iglesia: la Signatura Apostólica (causas administrativas y otras). Sagrada
Rota Romana (causas matrimoniales) y Sagrada Penitenciaría (censuras). Funciona
allí también el Studium Rotale, prestigiosa escuela de postgrado en derecho
matrimonial canónico. Antes de dar por terminado el recorrido, se puede
regresar un momento a Via del Corso. En la primera bocacalle a la izquierda, se
encuentra la Via Lata, uno de los lugares donde San Pedro vivió durante sus
años de estancia en Roma. ITINERARIO 7: FONTANA DI TREVI Y MAUSOLEO DE
AUGUSTO Recorrido Se inicia en la Fontana di Trevi, que se deja por
Via Poli: al girar después a la izquierda en Via dei Crociferi, se desemboca en
la Piazza Colonna. Se continúa por la Via del Corso, hasta llegar a la Piazza
de San Lorenzo in Lucina. Se regresa de nuevo a la Via del Corso. que ahora se
cruza por el lado opuesto, por Via Condotti, para llegar a Piazza di Spagna. La
escalinata lleva a la iglesia de Trinita dei Monti. Se toma el Viale Trinita
dei Monti, que lleva al Pincio, desde donde se baja a Piazza del Popolo. De las
tres calles que salen de la plaza hacia el sur, se toma la de la derecha, Via
di Ripetta, que conduce al Ara Pacis y al Mausoleo de Augusto. FONTANA DI TREVI Hace de fondo escenográfico la parte posterior del
Palacio Poli. Fue iniciada por Bernini durante el pontificado de Urbano VIII,
pero la muerte del Papa interrumpió los trabajos, y no se volvieron a retomar
hasta noventa años después, en 1732. con Nicola Salvi, que inspirado en el
dibujo de Bernini, la concluyó bajo Benedicto XIV. En primer plano, surgiendo de la gran hornacina
central. destaca el triunfal arco de agua del carro de Neptuno, tirado por dos
tritones. La estatua es de Bracci. En el lateral izquierdo está representada la
Abundancia, y en el derecho la Sabiduría, ambas de Valle. El relieve de la
derecha, en la parte superior, recuerda la antigua tradición sobre el origen de
la fuente. Parece ser que fue una niña quien guió hasta el manantial a las
sedientas tropas de Agripa, y de ahí el nombre del surtidor: Acqua virginis. PIAZZA COLONNA Delimitan la plaza el Palacio de la Galería
Colonia, en la parte del Corso; a la derecha el Palacio Chigi, sede actual de
la Presidencia del Consejo de Ministros; y el Palacio de Montecitorio, ideado
por Bernini, que desde 1871 es la sede de la Cámara de los Diputados. Al fondo,
el Palacio Wedekind o del pórtico de Veyes; y a la izquierda, el Palacio
Ferraioli y la Capilla de San Bartolomé. En el centro de la plaza se yergue la Columna de
Marco Aurelio Antonino –que da nombre a la plaza–, erigida por los romanos para
celebrar las victorias del emperador sobre germanos y sármatas. Mide 29,60 m
sólo de fuste (con la base y el capitel llega a 42 m) , y 3.70 m de diámetro.
Está formada por 28 bloques de mármol lunense, algunos movidos por los
terremotos. Las 20 espirales del bajorrelieve representan escenas de las
guerras germánica y sarmática, en un estilo menos refinado que el de la columna
trajana, pero no menos interesante por los detalles de las escenas y los
ambientes representados. En la cúspide de la columna, donde podía accederse
mediante una escalera interior, se encuentra una estatua de San Pablo, colocada
por orden de Sixto V en 1589, en el lugar donde originariamente se erguía una
del emperador. SAN LORENZO IN LUCINA Iglesia erigida el s. IV ó V, en el lugar donde se
alzaba la casa de la matrona Lucina. El pórtico y el campanario son del s. XII,
y el interior es barroco, ricamente decorado y rehecho en el s. XVII. Tiene
sobre el altar mayor un Crucifijo, de Guido Reni, algunas obras de Bernini y la
parrilla sobre la que se martirizó al diácono San Lorenzo, siguiendo las
prescripciones de un edicto de Valeriano del 258. PIAZZA DI SPAGNA En el centro hay una fuente en forma de barca,
llamada precisamente Barcaccia, diseñada por Pietro Bernini, el padre de Gian
Lorenzo. Según los expertos, es la más hermosa de las fuentes romanas. La
barquichuela, a ras de tierra, esconde un juego de simbolismos y alusiones: la
nave de Pedro, la Reforma y la Contrarreforma, la herejía, la fe, etc. La
monumental Escalinata, que se eleva hasta la iglesia de Trinita dei Monti, es
del s. XVIII, obra de De Sanctis. La plaza se alarga formando una segunda explanada,
en cuyo centro se levanta la Columna de la Inmaculada Concepción, de Poletti,
con cuatro estatuas de profetas en la base.. Desde el Salón del Trono de la
Embajada de España, presenció Pío IX en 1854 la inauguración del Monumento a la
Inmaculada. Al fondo de la plaza está el Palazzo di Propaganda
FIDE antigua sede de la Congregación para la Propagación de la Fe, y que aún
hoy alberga parte de sus oficinas y archivos. La fachada, es de Bernini,
mientras que la parte lateral, que representa un desmesurado afán de formas
nuevas, con profusión de adornos y detalles, se debe al atormentado genio de
Borromini. TRINITA DEI MONTI Fundada por Carlos VIII de Francia en 1495, está
precedida por una escalinata de Fontana. La fachada realizada por Maderno es de
finales del s. XVI. En la segunda capilla de la izquierda, se encuentra la
Deposición de la Cruz, de Daniel de Volterra, también autor de la Asunción de
la tercera capilla de la derecha. PINCIO Se trata del primer parque público abierto en Roma.
Diseñado por Valadier, se llevó a cabo por orden de Napoleón cuando invadió los
Estados Pontificios en 1809. Se terminó después del regreso a Roma de Pío VII,
que habñia sido hecho prisionero por el emperador. PIAZZA DEL POPOLO En la parte norte de la plaza se halla la Porta del
Popolo, en el mismo sitio que ocupaba la antigua Puerta Flaminia en las
murallas Aurelianas: la fachada interior fue decorada por Bernini en 1655, con
ocasión de la solemne entrada de la reina Cristina de Suecia: la exterior fue
decorada por Vignola en 1561. El obelisco egipcio del centro de la plaza mide 24
m sin contar la base, y es de una sola pieza. Se remonta al s. XIII a.C. Traído
a Roma por el emperador Augusto y levantado en el Circo Máximo, recibió su
ubicación definitiva bajo el pontificado de Sixto V, en 1589. Los dos hemiciclos a los lados y los cuatro
palacios de las esquinas de la plaza fueron construidos por Valadier, en estilo
neoclásico, hacia la segunda década del siglo XIX. El lado meridional de
la plaza está ocupado por dos iglesias simétricas, diseñadas por Rainaldi:
Santa María in Montesano, a la izquierda, y Santa María de los Milagros. El
exterior es de Bernini: el interior de la primera es del propio Rainaldi y de
Bernini, y el de la segunda de Fontana. SANTA MARIA DEL POPOLO La iglesia actual fue erigida en 1477 por Sixto IV,
sobre una antigua capilla levantada por el Papa Pascual II con limosnas del
pueblo romano, en acción de gracias por la conquista de Jerusalén, en julio de
1099. Un bosque de chopos cubría antiguamente la tumba, y de este particular
han deducido otro origen del nombre de la puerta, de la iglesia y de la misma
plaza: chopo en latin se dice populus. La iglesia sufrió en el s.XVII algunas
reformas barrocas, obra de Bramante[10], pero que no alteraron substancialmente
su aspecto arquitectónico florentino–romano, característico de la época
sixtina. El interior es de tres naves, con bóvedas
sostenidas por pilastras, con medias columnas adosadas, y crucero coronado por
una cúpula. Sobre el altar de la primera capilla de la derecha, se encuentra
una Adoración del Niño, de Pinturicchio, que pintó también las lunetas con escenas
de la vida de San Jerónimo. La segunda tiene 16 columnas de jaspe siciliano y
sobre el altar, un cuadro de Maratta que representa la Asunción. En la tercera,
frescos de Pinturicchio y de otros colaboradores. La cúpula del crucero es la
primera construida en Roma después de la época romana. El altar mayor fue
reconstruido por Bernini, y en él se venera una imagen de la Virgen del s.
XIII. En el techo, frescos de Pinturicchio. A la izquierda del altar mayor, en
la primera capilla, hay dos obras de Caravaggio: la Crucifixión de San Pedro y
la Conversión de San Pablo. La Capilla Chigi, la segunda de la nave de la
izquierda, es obra de Rafael. Son de Rafael los mosaicos de la bóveda, con
escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento. En los lados, las tumbas de los
Chigi en forma de pirámide. De la Piazza del Popolo parten tres calles:
Babuino, Corso y Ripetta. Esta última, que es la que ahora se toma, no es menos
importante que el Corso, pues conducía directamente al puerto de Ripetta, sobre
el Tíber, antiquísimo punto de avituallamiento de la Urbe. Era, junto al Corso,
lugar de paso obligado para los peregrinos ilustres que, después de atravesar
la porta del Popolo, se dirigían hacia San Pedro. MAUSOLEO DE AUGUSTO Fue construido por este emperador el 27 a.C. para
que sirviera de panteón para la familia imperial Julia–Claudia. Se trata de una
construcción de 89 metros de diámetro, compuesta en su origen por una base y
por un túmulo cónico, cubierto de cipreses y coronado por la estatua del
emperador, con una altura total de cerca de 45 metros. Por medio de un corredor
concéntrico se llegaba a la celda sepulcral que contenía tres nichos para los
ataúdes. ARA PACIS Este monumento se empezó a construir en el 13 a.C.
por decreto del Senado romano, para celebrar la pax romana establecida en todo
el Imperio tras las campañas de Galia y España. La empresa obtendrá para
Augusto el título de Pontífice Maximus, que desde este momento quedará ligado
al emperador y que será más tarde la excusa jurídica para condenar a muerte a
buen número de cristianos. El altar es muestra importante de la escultura
romana. Sobre el lado que mira a Via di Ripetta se ha reproducido en letras de
bronce el texto de la Res gestae Divi Augusti, donde Augusto relató su carrera
política. El Ara Pacis Augustae fue reconstruido entre el s. XV y el año 1938. ITINERARIO 8: TRASTEVERE Recorrido El recorrido comienza en la Isola Tiberina. Desde
Piazza Venezia, por Via del Teatro di Marcello, se llega a la Piazza di M.
Savello que queda enfrente de la isla. En ella se alzan la iglesia de San
Bartolomé y la de San Giovanni Calibita con la Madonna della Lampada. Una vez
en el Trastevere, se toma Via Anicia –enfrente del puente– para torcer a la
izquierda por Via dei Genovesi. Un poco más adelante se encuentra a la
izquierda la Via di Santa Cecilia, que desemboca en la plaza y en la iglesia de
Santa Cecilia in Trastevere. Desandando el camino, se cruza Via Anicia y en
Viale di Trastevere se gira a la derecha para tomar Via di Lungaretta a la
izquierda hasta la Piazza Santa Maria, donde se halla la iglesia de Santa Maria
in Trastevere. Saliendo de la plaza por el lado opuesto se llega a la Piazza di
Sant'Egidio, tomando a la izquierda el Vicolo del Cedro se llega a la iglesia
de San Pietro in Montorio. Por Via Garibaldi se desemboca en el parque del
Gianicolo. ISOLA TIBERINA Es llana y alargada (casi 300 x 80 m. Su origen en
la antigüedad era atribuido al acumularse del fango sobre las gavillas de grano
que los tarquinos tiraron al río después de haber sido expulsados de Roma. La
isla estaba consagrada a. Esculapio, c uyo culto fue introducido en Roma por el
año 291 a.C. Cuenta la leyenda que una peste asolaba la ciudad, y los romanos
viajaron a Grecia a implorar a Esculapio en su templo de Epidauro una solución
a la plaga. Del templo descendió una serpiente, que después subió a la nave
trirreme romana, y no desembarcó hasta llegar a la isla, indicando así el lugar
desde el que Esculapio protegería a la ciudad. En el 289 a.C. se le dedicó un
templo, en la parte –diríamos– de la proa, donde actualmente se alza la iglesia
de San Bartolomé. La isla no perdió la tradición sanitaria a la
llegada del cristianismo, y hasta hoy funciona en la isla uno de los más
conocidos hospitales romanos. Por su planta característica, los romanos la
convirtieron en una gran nave de mampostería, de la cual quedan restos a proa
ya popa. En el centro se alzaba un obelisco que representaba el árbol de la
vida. La isla está unida a la orilla izquierda del río
por el puente Fabricio construido en el 62 a.C., que ha llegado intacto hasta
nuestros días. Está constituido por dos amplias arcadas de travertino y un arco
menor que se abre en el pilón mediano. Sobre los dos frentes hay grandes
inscripciones, con el nombre del constructor. Pasado el puente. a la derecha,
está el Hospital de San Giovanni di Dio, construido en 1548 y remozado por
Bazzani en 1930, y la iglesia aneja de San Giovanni Calibita, que las radicales
transformaciones interiores han convertido en una de las mejores iglesias del
s. XVIII. Para completar la descripción de la iglesia no se puede olvidar el
hierático fresco de la famosa Madonna della Lampada, del s. XIV.
Originariamente esta imagen estaba en el exterior. En 1557, durante un aluvión
que destruyó la fachada de la iglesia de San Bartolomé, el agua sumergió el
fresco pero su lámpara continuó prodigiosamente encendida. Esta advocación se
celebra el 9 de julio en recuerdo de aquél de 1796 cuando los fieles, reunidos
para el habitual rezo sabatino de las letanías del Rosario, vieron que la
Virgen movía los ojos. El evento se repitió otras veces, y ante muchos
testigos, hasta el primer domingo de octubre. Es interesante el crucifijo de
madera situado en la entrada a la izquierda. Se puede visitar la sacristía y la
antigua aula capitular. A la izquierda de la isla Tiberina está la torre
medieval de los Caetani, resto de un antiguo castillo; y más adelante, una
pintoresca plaza, donde se alza un obelisco a cuatro caras con figuras de
santos dentro de nichos, obra de Iacometti; también en la plaza se halla la
iglesia de San Bartolomé Apóstol, erigida al final del s. X por el emperador
germánico Otón III sobre las ruinas del templo de Esculapio y dedicada a San
Adalberto; fue posteriormente restaurada por Pascual II en 1113 y nuevamente en
1180 al asumir el título actual. Destruida por una gran crecida del río en
1557, fue levantada de nuevo en 1624 por Orazio Torriani con una fachada
barroca. Retrasado, a la izquierda, se encuentra un campanario románico del
s.XII. El interior está dividido en tres naves de catorce
columnas antiguas, y tres capillas por lado; se puede destacar la decoración
del techo –artesonado a casetones, con algunas pinturas de 1865– y la segunda
capilla de la derecha, con frescos y un retablo de Carracci, del s. XVII. Bajo
el altar se veneran las reliquias del Apóstol San Bartolomé. Abandonando la iglesia, se pasa al puente Cestio,
que une la isla con la orilla derecha del río; erigido en el s. I a.C., fue
restaurado en el año 370 por los emperadores Valentiniano, Valente y Graziano,
y últimamente en 1892, utilizando el material original. Mirando a la izquierda se puede observar el puente
Roto, levantado en el año 179 a.C. con estructuras de madera, y ultimado en el
142 a.C., con arcadas de ladrillo y cemento, por primera vez en Roma. SANTA CECILIA IN TRASTEVERE Fue fundada antes del s. V, sobre la casa romana de
San Valeriano. esposo de Santa Cecilia, una patricia romana martirizada el s.
II, bajo Marco Aurelio. Según una Passio del s. VI, Cecilia, en la noche de
boda con el pagano Valeriano, reveló a su marido que un ángel custodiaba su
virginidad, invitándole al mismo tiempo a creer en un solo Dios y a bautizarse
como único medio para ver al ángel. Valeriano recibió el Bautismo y el ángel
coronó a los esposos con lirios. Valeriano murió con su hermano durante la
persecución de Turco Almaquio, y Santa Cecilia, descubierta cuando les daba
cristiana sepultura, fue condenada a ser arrojada al fuego en las termas de su
propia casa. Al salir ilesa, fue degollada. Son atributos de la santa la palma
del martirio, los Evangelios, la corona de rosas y lirios y, desde el
Renacimiento, los instrumentos musicales. El Papa Urbano consagró su casa como
basílica. Posteriormente, en el s. IX, el Papa Pascual I trasladó los restos de
la mártir desde el cementerio de San Calixto a la iglesia que lleva su nombre.
En el s. XII se le añadió el pórtico y el campanario y fue posteriormente
restaurada. La fachada (s. XVII) y el ingreso monumental que
precede al jardín, son obra de Ferdinando Fuga, florentino (1699–1780). El
pórtico conserva las antiguas columnas de granito rosa y mármol africano y un
mosaico estrecho y alargado del s. XII decorado con guirnaldas y pequeños
medallones. A la derecha del pórtico está la tumba del cardenal Paolo
Sfrondati, sobrino de Gregorio XIV. al cual se debe el reconocimiento, en 1599,
del cuerpo de Santa Cecilia. Se trata de una fastuosa composición de Maderno
(1556–1629) con busto, estatuas y altorrelieve, que evoca el suceso. En torno
al pórtico se encuentran lápidas y fragmentos escultóricos medievales. A la
derecha se eleva el campanario románico del 1113. El interior, dividido en tres naves (la central
amplísima), perdió el aspecto basilical en 1823, cuando las columnas tuvieron
que ser recubiertas por los actuales pilares para afianzar la estabilidad; en
la bóveda, un fresco representa la Apoteosis de Santa Cecilia. Al fondo de la nave de la derecha se halla una
estatua de San Sebastián de la primera mitad del s. XVI. A continuación, se pasa
al antiguo calidario donde Santa Cecilia soportó durante tres días el suplicio
del fuego –que no le produjo daño alguno–, antes de ser degollada; decoran la
habitación dos obras de Guido Reni, ejecutadas alrededor de 1603. Volviendo a la nave, encontramos la capilla de los
Ponziani, la familia de Santa Francesca Romana; en la bóveda, Dios Padre entre
los Evangelistas, de la escuela de Pinturicchio; en las paredes hay frescos
atribuidos a Antonio de Viterbo; decora el altar un mosaico cosmatesco y un baldaquino
del s. XVII. Se pasa a continuación a la capilla de las Reliquias, diseñada por
Luigi Vanvitelli (1700–1773), arquitecto barroco romano–holandés. El baldaquino es obra de Arnolfo di Cambio (1283.
Debajo del altar se halla el sepulcro de la Santa. Stefano Maderno (1600) la
representó como la encontraron en el momento del descubrimiento de las
reliquias incorruptas. Al fondo, el ábside con el conocido mosaico de Pascual
I: el Redentor, sobre un fondo de nubes de color rojo y turquesa, bendice a la
manera griega. Tiene a su derecha a San Pablo, a Santa Cecilia y a Pascual I
(con la aureola cuadrada, porque todavía estaba en vida),y, a su izquierda, a
San Pedro y a los santos Valeriano y Agata; alrededor palmas (símbolo del
martirio), la rosa fénix (la eternidad), y debajo el Cordero Místico con su
rebaño simbólico entre las dos ciudades santas. A los lados del ábside, en
nichos, se encuentran los bustos de los Papas Inocencio XII y Clemente XI, obra
de Mazzuoli (1700 y 1703). La cripta, de estilo bizantino, es obra de
Giovenale (1899–1901) y los mosaicos son de Bravi. Debajo de la basílica hay
muchos restos romanos. Si se pasa al convento anejo a la iglesia, se puede
apreciar la obra maestra de Cavallini: el fresco del Juicio universal, de 1293.
El claustro es románico (s. XII. SANTA MARIA IN TRASTEVERE Una vieja leyenda, anterior al origen de esta
iglesia, una de las más tradicionales de Roma, afirma que sobre este mismo
emplazamiento existió durante años un hospicio destinado a los soldados romanos
inválidos o malheridos. La leyenda narra que en el 753 de la fundación de Roma,
año del nacimiento de Cristo, una fuente de aceite surgió de improviso en este
lugar y estuvo manando durante un día entero. Los habitantes del Trastevere
–casi todos eran judíos en aquella época–, fundados en unas palabras del
Génesis, interpretaron este fenómeno como una señal divina. La actual construcción es del Alto Medioevo. Se
dice que es la primera iglesia abierta al culto público en el imperio. Lo que
está fuera de duda es que se trata de la primera dedicada a la Virgen María. La
fundó el Papa San Calixto (217–222) como santuario mariano, y el Papa San
Julio I (337–352) la erigió propiamente como basílica. La fachada data del s. XII. Consta de tres grandes
ventanas y un mosaico rectangular del s. XIII. quizá restaurado por Pedro
Cavallini, que representa a Santa María entronizada con el Niño y diez figuras
femeninas. Las dos primeras de la derecha están sin corona y tienen la lámpara
apagada, particular que hizo pensar en una alusión a la parábola de las
vírgenes prudentes y de las vírgenes necias. A un lado de la iglesia se alza el campanario
románico del s. XII–XIII. En la parte alta tiene un mosaico de la Virgen con el
Niño, y encima del tejado una armoniosa campana. El pórtico, obra de Carlo Fontana, fue hecho añadir
por el Papa Clemente X, en 1702. Dentro del pórtico se conservan dos frescos de
la Anunciación, del s. XV. En el suelo se encuentran dos sarcófagos de
cardenales, con interesantes bajorrelieves, y las paredes están decoradas con
restos funerarios y fragmentos de lápidas paleocristianas. Se pueden observar
también restos de la antigua schola cantorum[11], del s. X. Desde los primeros
siglos, los cristianos dieron una gran importancia al canto litúrgico: el Papa
San Silvestre creó ya en el año 330 una escuela de canto; más tarde. San
Gregorio Magno utilizó esos cantos primitivos, ordenados y perfeccionados,
dando lugar al canto oficial de la Iglesia, el gregoriano. Las tres puertas están rodeadas de bellísimas cornisas
de Mármol, que datan de la mitad del imperio. El interior es de planta
basilical a tres naves, divididas por 21 columnas de granito de diverso
diámetro, algunas con basamentos marmóreos finamente adornados y todas con
antiguos capiteles jónicos y corintios. La cornisa, de ménsulas, está realizada
aprovechando fragmentos de edificios romanos paganos. El pavimento, de
cosmatesco, fue restaurado en 1870. En el techo, el artesonado barroco, obra de
Domenichino (1617. En el centro, una bella tela de la Asunción. Los mosaicos son de una riqueza incomparable, y el
Crucifijo de la tercera capilla es del s. XV. Al fondo de la nave, a la
derecha, en un nicho de la pared, se conservan pesos y cadenas, que según la
tradición fueron utilizados en los suplicios de los mártires. El transepto o
brazo lateral tiene un artesonado a casetones, de fines del s. XVI. con
símbolos e inscripciones: en medio, la Asunción y ángeles, sobre madera dorada
y pintada. Sobre el altar se venera una milagrosa imagen de la Virgen –llamada
de la calle Cupa–, del s. XVI; en la pared de la izquierda se ve una
representación de la Huída a Egipto, de Maratta. En el presbiterio, acotado por una balaustrada de
mármol, está indicado el punto donde manó la fuente de aceite, anunciando el
nacimiento de Jesús. A un lado del baldaquino, hay un candelabro en cosmatesco,
que es uno de los más preciosos de Roma. Bajo el ábside se puede ver una
cátedra de mármol del s. XII. Arriba, se observan frescos de Ciampelli (s.XVI),
con representaciones de ángeles y de los misterios de la vida de María; en
medio se encuentra un hermoso mosaico de la Virgen con el Niño junto a San
Pedro y San Pablo, que data de fines del s. XIII. Hacia arriba, a la altura de las ventanas, se
encuentran los famosos mosaicos de Cavallini: seis recuadros que representan
los principales episodios de la vida de la Virgen, y que comentan máximas
latinas. En el centro de la cúpula de media naranja del ábside están
representados Cristo y Maria en un mismo trono y el Papa Inocencio II, en el momento
de presentar el modelo de la basílica. Es interesante visitar la capilla Altemps, erigida
en 1584, y contemplar la rica bóveda, y los frescos y pinturas de Pascuale
Cati, sobre el Concilio de Trento. Sobre el altar, la Madonna della Clemenza,
preciosa tabla supuestamente del s. VIII. En la sacristía hay un mosaico de
época augusta, y en otra sala más interior, una pintura de la Virgen con el
Niño, de escuela umbria, de principios del s. XV. SAN PIETRO IN MONTORIO Montorio era el nombre que recibía entonces el
Gianicolo –mons aureus–, y que también recibió la iglesia, erigida el s. IX en
el lugar donde por errónea tradición se creía que fue crucificado San Pedro.
Rehecha en 1481 por encargo de Fernando IV de España, se restauró después de
los combates de 1849 que la habían deteriorado parcialmente. Es interesante la fachada por su elegancia
renacimental. Ya en el interior, podemos fijarnos en la planta de una sola nave
con cuatro capillas a cada lado. Dos capillas más amplias forman el transepto.
Es original el juego armónico entre el presbiterio cuadrado y el ábside
poligonal. En la primera capilla de la derecha se conserva la Flagelación del
Señor, de Sebastiano del Piombo. También es obra suya la Ascensión de la cúpula
del ábside. En la segunda capilla se encuentra un fresco de Pomarancio, la
Madonna della lettera. En la bóveda, varios frescos de Peruzzi: la Coronación
de Madrid y las Cuatro virtudes cardinales. Volviendo por la izquierda, en la
primera capilla encontramos el Bautismo de Jesús, de Volterra. También es
interesante la penúltima capilla, obra de Bernini; el altorrelieve –San
Francisco transportado por los ángeles– es de un discípulo suyo. En el patio a la derecha de la iglesia, se
encuentra el templete de Bramante, de planta circular delimitada por dieciséis
columnas dóricas de granito. Construido en el inicio del s. XVI, se considera
un ejemplo de formas clásicas interpretadas con el gusto del Renacimiento y con
perfecto sentido de las proporciones. El tambor contiene nichos alternativamente
rectangulares y en forma de concha. El pavimento es de cosmatesco. Sobre el
altar se encuentra una estatua de San Pedro, y alrededor cuatro nichos con
estatuas de santos, de escuela berniniana. En la capilla subterránea, ricamente decorada, se
encuentra el agujero donde se pensaba que estuvo clavada la cruz de San Pedro.
Para entrar, hay que pedir permiso en el convento cercano. A la salida de la iglesia se puede dar un paseo por
el Gianicolo. Tomando Via Garibaldi se llega a la passeggiata del Gianicolo:
tomando el Piazzale del Gianicolo, se llega al Faro, punto desde donde se goza
de una bella vista de Roma. ITINERARIO 9: TÍVOLI Introducción Las investigaciones arqueológicas parecen indicar
que en este sitio existía una serie de pequeños pueblos que, hacia el s. VI
a.C, se juntaron en un único centro urbano, desde el que se controlaba el
tráfico del río Aniene. A lo largo de su historia se pueden encontrar
épocas de alianza con Roma, y épocas de fricciones políticas y guerras entre
las dos ciudades. En el 338 a.C. fue definitivamente vencida por Furio Camillo
e incorporada al Imperio. Al final de la época republicana la vemos convertida
en lugar de veraneo de los romanos ilustres: César, Adriano, Casio, los
Mecenas, Cátulo, Horacio, Quintilio Varo y Propercio, entre otros muchos
embellecieron Tívoli con templos y villas de reposo, de las que han llegado
hasta nuestros días la Villa Adriana, la Villa d´Este y la Villa Gregoriana. En sus alrededores se encuentran lugares tan
interesantes como Bagni di Tivoli, famoso balneario ya en la Roma clásica.
También el "Sepulcro de los Plauzi", un monumento funerario aislado
de una antigua familia romana. VILLA ADRIANA Se trata de la más antigua de las Villas de Tívoli,
construida por el emperador Adriano entre los años 125 y 135, según un original
canon de belleza: quiso ver reconstruidos a su alrededor, ya al final de su
vida, todos los monumentos del Imperio y los que más le habían impresionado
durante sus viajes fuera de Roma. Para hacerla digna morada de un emperador,
añadió termas, teatros, bibliotecas, jardines y fuentes; y embelleció el
conjunto con creaciones de los mejores artistas de la época. Adriano no pudo disfrutar de este esplendor durante
mucho Tiempo, pues falleció en el 138, pero sí sus sucesores, que continuaron
embelleciendo Villa Adriana hasta casi los tiempos de Constantino. La historia de la Villa no acaba bien: fue
devastada en parte para adornar Bizancio y recibió el golpe de gracia durante
las invasiones bárbaras. Más adelante se usó como cantera para los edificios en
Tívoli. Las primeras excavaciones para sacar a la luz estos
tesoros de arqueología comenzaron durante el pontificado de Alejandro VI: el
trabajo más reciente consistió en la reconstrucción del Canopo, que recuerda un
templo de Alejandría en Egipto. Justo detrás de la maqueta de madera, con la
reconstrucción hipotética de la villa en su mayor esplendor, está el Pecile, el
cuadripórtico de Atenas, famoso por las pinturas de los grandes artistas
griegos del s.V a.C. Adriano profundizó el valle natural e hizo excavar
una gran piscina, casi un canal, que evoca el pequeño valle en el delta del
Nilo que comunicaba con Alejandría por un largo canal navegable. Durante el
imperio, se conocía bien aquella zona, no sólo por el templo dedicado al dios
Serapide, sino por tratarse de un lugar de descanso. El templo serapeo– tenia una gran sala semicircular
de media cúpula y cuatro columnas de mármol cipolino en la fachada.. Del fondo
del canal se extrajeron varias estatuas y columnas que hoy lucen en sus
riberas; hay originales y copias. El museo situado al lado derecho del valle
del Canopo conserva esculturas y adornos de la zona. Algo más adelante, se encuentra el Praetorium,
espacio obligado en cualquier campamento romano para la residencia del pretor.
En este caso, se trata de un edificio alto, con escaleras a un lado. El espacio
abierto detrás de las Termas Grandes, que podría haber sido un gimnasio o una
piscina, está cerrado en uno de sus lados por un cryptoportico, pasillo subterráneo
que enlazaba los edificios de la localidad. Después de haber cruzado el espacio abierto y de
haber subido una pequeña rampa, se puede ver a la izquierda el Nympheum, y más
adelante, a la derecha, un muro y una larga hilera de cipreses que acotan un
edificio con criptopórtico y un estanque. El pórtico se apoyaba en columnas
estriadas de mármol, algunas todavía visibles en una esquina. Varias ventanas
permiten el paso de la luz al criptopórtico inferior. Llegamos ahora al Cuartel y al Palacio Imperial, el
mayor conjunto arqueológico de la villa, constituido por tres peristilos,
lugares rodeados de columnas: la Plaza de Oro, el Palacio Peristilo y el Patio
de la Biblioteca. La más exterior era conocida como la Plaza de Oro (Piazza
d'Oro), debido a la gran cantidad de obras de arte que allí se conservaban. De
tamaño considerable, estaba rodeada por un doble pórtico de granito y de mármol
cipolino; al fondo se encuentra una monumental sala y un ninfeo. Son de
especial interés los techos, con representaciones de escenas marítimas y de
caza. Enfrente de la plaza, hacia el sur, están los restos del Vestíbulo, uno
de los edificios más originales y mejor conservados de la Villa. Desde la Plaza de Oro se llega al Ninfeo central
del Palacio, con fuentes y una puerta monumental. A la izquierda. al lado del
Cuartel, queda la sala de pilares dóricos; en el lado más corto se pueden ver
algunos restos del atrio. El cuadrado exterior hacia el Noroeste era el
triclinium de verano, un tiempo adornado con nichos y probablemente también con
estatuas y fuentes. Siguiendo hacia el norte y cruzando diagonalmente
la plaza delante del triclinio se llega al Palacio Peristilo. En la esquina
oriental se encuentra la sala de tres naves y la Biblioteca Privada. Una
pequeña escalera conduce al Patio de las Bibliotecas, una gran plaza con
arbustos y un alto pino en el centro, en su origen rodeada por un pórtico con
columnas corintias. En el lado más corto del patio se pueden ver las
hospitalia, habitaciones de los invitados. En la planta inferior a la derecha, se encuentra el
Triclinium Imperial, fácilmente localizable por el pavimento de mosaico y las
estatuas. Desde la terraza puede verse el valle del río Tempe. De vuelta al
Patio de las Bibliotecas, pasamos junto a dos grandes edificios;
presumiblemente, la Biblioteca Latina, y la Biblioteca Griega. La visita
finaliza descendiendo un corto camino hacia el Teatro Marítimo. VILLA D'ESTE construida por el arquitecto Pirro Ligorio en 1550
por encargo del cardenal Hipólito d' Este. Propiedad de la familia de los
Austrias mediante el matrimonio contraído por la última descendiente de los
Este con Fernando de Habsburgo, pertenece desde 1918 al Gobierno Italiano, que
la hizo restaurar. Las fuentes del jardín son la obra más destacable
de entre los trabajos realizados en la Villa por los artistas de la época. La
del Bicchierone se atribuye a Bernini. El órgano hidráulico –por el efecto
musical producido por el agua– es obra del ingeniero francés Claudio Vernard.
La del Búho y los pájaros procura reproducir los sonidos de estos animales.
Otras son; la Fuente de las águilas, las Cien Fuentes, alineadas a lo largo de
una avenida entre musgo y helechos, y la de los Tres Pescadores; sin olvidar la
Escala de espuma y la Rotonda de los cipreses. La Iglesia de Santa Maria la Mayor, en Piazza
Trento, se atribuye al Papa San Simplicio (originario de Tivoli, 468–483), y
reconstruida en el s. XII. En el altar mayor se puede apreciar; una Madonna,
atribuida a Jacopo Torriti, la sillería de madera del coro, algunos frescos del
s. XIV, un gran tríptico del s. XIV, y una pintura sobre madera de San Antonio
de Padua. El Duomo, dedicado a San Lorenzo, contiene varias
obras de interés; el Descendimiento de la Cruz, (grupo de cinco figuras de
madera de inicios del s.XIII), el Tríptico del Redentor (s.XII): la Fuente
bautismal, de Bernini: un fresco de la escuela de Carraccio que representa El
hambre y una Inmaculada Concepción. El campanario es románico. A la derecha del Duomo se encuentra la Mensa
Ponderaria, donde se conservan pesos y medidas de tiempos romanos. En dirección
a la Via del Colle se puede visitar la iglesia de San Silvestre, del s. XII,
con un relieve en madera de San Valerio, de 1138, y varios frescos en el ábside
(s. XI–XIII). El Vicolo dei Ferri, algo alejado, es uno de los
rincones más característicos del Tívoli medieval. La Capilla Pacifici contiene
pinturas hagiográficas de San Esteban de comienzos del s. XIII. Desde la Plaza del Duomo se puede llegar a Piazza
Rivarola y a Via della Sibila para visitar dos de los más interesantes
monumentos de la Roma republicana: el Templo de Vesta (edificio circular del
s.I a.C. sostenido por 18 columnas con espléndidos capiteles) y el Templo de
Sibila. Este último –s.II a.C.– es de forma rectangular: el edificio aquí
descansa sobre un pedestal y tiene adosadas cinco columnas partidas a cada
lado. de las que sólo dos se conservan en el Pronaos. Durante la Edad Media
estos edificios fueron transformados en iglesias, que se dedicaron a Santa
María della Rotonda y a San Jorge. Desde la Piazza Rivarola, atravesando el
Puente Gregoriano, se puede llegar a Villa Gregoriana. VILLA GREGORIANA Se trata de un parque que se extiende alrededor de
una franja del Aniene, precisamente en la zona donde el río precipita en las cascadas,
que Gregario XVI mandó excavar. Es interesante visitar la Gruta de las Sirenas y la
Gruta de Neptuno, a las que se llega siguiendo con atención los letreros
indicadores. Dejando Villa d'Este por la Plaza Palatina, se
puede ver en la Plaza del Plebiscito la Iglesia de San Bayo con un pórtico
renacentista y un Cristo atribuido a Cavallini. La vida de la ciudad no se interrumpió con el
Renacimiento, y continuó normalmente, desarrollándose los barrios de Trevio y
de Santa Cruz, y aquí, en una ambientación de siglos se levanta el castillo de
Rocca Pia, construido por orden de Pío II sobre los restos de un anfiteatro
romano y completado por Alejandro VI con la adición de grandes murallas. Allí
fue donde el Papa Pablo III, en el año 1540 concedió la aprobación a la
Compañía de Jesús. Tienen también interés el Santuario de Santa María
in Quintiliolo, con la conocida pintura sobre madera de la Virgen y el Niño,
los restos de la Villa de Quintilio Varo, y el Tempio della Tosse, que debió
ser un sepulcro en la época romana: de base octagonal, presenta un interior
circular con bóvedas semiesféricas, nichos y ventanas. Fragmentos de pinturas
del s. X y de decoraciones bizantinas muestran que el edificio fue usado
durante varios siglos. ITINERARIO 10: OSTIA ANTICA Notas históricas Su nombre viene de ostium, desembocadura del río;
hoy día la separan 4 kilómetros de tierra proveniente de los sedimentos
fluviales. En el año 1575 una inundación cambió el curso del río que ahora hace
una curva hacia el norte. Fue durante siglos el puerto de Roma, y llegó a
albergar en su máximo esplendor unos 100.000 habitantes en una extensión de 100
hectáreas. Las excavaciones en la ciudad, que la leyenda dice
fue fundada por el rey Anco Marzo, han revelado la existencia de una ciudadela
fortificada con sólidos muros de toba que aparece en la segunda mitad del s. IV
a.C. (338 a.C.) y que fue puerto comercial y militar de gran importancia. Tomada y saqueada por Mario, fue reconstruida por
Sila que la dotó de una muralla de 2.500 metros de perímetro. El puerto
construido por Claudio en el Tevere, al que Trajano añadió la dársena hexagonal
excavada, para facilitar las maniobras de carga y descarga, aumentó el comercio
ostiense con todo el occidente latino. Después de Constantino, que le dio autonomía
administrativa, la ciudad comenzó a perder gradualmente importancia comercial y
lentamente declinó hasta que el empobrecimiento de la misma Roma y las
incursiones bárbaras causaron su ruina definitiva, el s. V de nuestra era. En el s.IX aparece el primer rebrote del poblado
moderno: Gregorio IV construyó Gregoriopoli, y Martín V añadió una torre
cilíndrica para defensa del Tíber, primer núcleo del castillo surgido contra
las incursiones bárbaras. El cambio del curso del río en las inundaciones de
1575 privó al castillo de su función defensiva. Junto a la muralla que delimita el poblado, se
encuentra el castillo triangular con tres torres, obra de Baccio Pontelli,
terminado en 1486. La torre y el foso son anteriores a la época de Martín V. En
el interior del muro se encuentran casamatas –bóvedas para instalar piezas de
artillería– y un pequeño baño para los soldados. OSTIA ANTICA Se entra en la ciudad por la Via Ostiense, paralela
a la cual corre la Via delle Tombe entre dos filas de tumbas de diversos
géneros. Al final de la vía se encuentra la Puerta Romana, de época
republicana, con pilastras de toba y recubrimientos marmóreos de época
imperial. La base de mármol que hay fuera de la puerta sostenía una estatua de
la Salus Augusti, recuerdo de la visita de un emperador. La puerta da entrada
al Piazzale della Vittoria. con su estatua de Minerva Vittoria, copiada durante
la época de Domiciano de un original helenístico. A la derecha de la plaza se
encuentran unos almacenes o silos de época republicana. Detrás, una sala de las
Terme dei Cisiari donde se observa un mosaico con escenas de la vida ostiense
(carretas –cisia– tiradas por mulos). Tomando la vía Decumano Massimo, arteria principal
de Ostia de más de 1 kilómetro de longitud que llegaba hasta el mar, a la
derecha aparecen las Termas de Neptuno (3), construidas por Adriano, que las
dotó de un gimnasio y hornos de calentamiento de agua. En el interior se pueden
contemplar mosaicos que representan a Neptuno –en una cuádriga entre monstruos y
deidades– y a su mujer Anfitrita con su cortejo. Desde la terraza se goza de
una magnífica vista sobre la ciudad. Después, al fondo de la Via Vigili,
abierta en el s. II del imperio, se alza la Caserma dei Vigili donde aún se
conservan las dos cisternas que recogían agua para apagar los incendios.
Saliendo de las termas, a la izquierda se toma la Via della Pallestra, que
desemboca en la Via della Fontana, una de las más interesantes y mejor
conservadas de la ciudad. Pasada la fuente, a la derecha, se atraviesa un
pórtico que desemboca en la Via delle Corporazioni, donde hay un apartamento
bien conservado con tres habitaciones de tipo ostiense. Volviendo al Decumano se puede ver el Teatro (5),
construido por Agripa y restaurado por Septimio Severo y Caracalla. Tenía
capacidad para 3.000 personas, con los tres órdenes típicos de gradas, de los
cuales dos se encuentran restaurados para espectáculos clásicos. A diferencia
de la mayoría de los teatros romanos, éste está construido todo sobre el
terreno y no excavado en ladera alguna. Detrás del escenario se encuentra el
Piazzale delle Corporazioni (6) . Bajo la doble fila de pórticos que la
rodeaban, tenían su sede unas 70 oficinas de corporaciones o representantes
comerciales, cuyas insignias se reconocen en los mosaicos del pavimento, y que
dan una idea del comercio que se ejercía desde Ostia. En el centro de la plaza
se eleva el Templo de Ceres –diosa de las cosechas y de la abundancia–, con
alta grada y dos columnas frontales. Por el flanco izquierdo del teatro se pasa a la
Casa de Apuleio, de tipo pompeyano (raro en Ostia), con atrio de columnas y
pequeñas habitaciones decoradas con graciosos mosaicos. Cerca de la casa hay un
Mitreo , que es uno de los mejor conservados de Ostia. Del mitreo se desciende
a los Quattro Tempietti , construidos en el s. II a.C. y dedicados a Venere,
Cerere, Fortuna y Esperanza. Volviendo al Decumano destacan a la derecha los
Grande Horrea –grandes silos–, almacenes de grano divididos en 64 celdas. La
fachada principal da al río. A la izquierda, ya en la vía del Molino, arranca
la vía de Diana, con edificios conservados hasta la segunda planta. La Casa de
Diana conserva un balcón que sobresale sobre la fachada, poco frecuente en la
época romana. Frente a la Casa de Diana, en el centro de la Piazzetta dei Lari,
se encuentra un ara marmórea con relieves, y de época augusta. Siguiendo por la
Via di Diana se ve otra casa con un balcón sostenido por ménsulas de
travertino. Una de las tiendas (a la izquierda) es un thermopolium , una especie
de bar con bancos de mármol, dos pilas y estantes para la vajilla; en un fresco
se representan los productos que se ofrecían. Enfrente (se entra doblando la
esquina), la Casa dei dipinti , decorada con pinturas y pavimentos bastante
bien conservados. Más adelante se encuentra el Casone del sale, sede
del Museo Ostiense, donde se han recogido las mejores piezas encontradas en las
excavaciones: ex–votos, piezas de decoración de los templos, etc. Volviendo al Decumano por el Cardine Massimo,
amplio paseo flanqueado por un doble pórtico de columnas que atraviesa la
ciudad de norte a sur, se llega al Foro, donde se encuentra lo que parece el
Templo de Vulcano (principal divinidad en Ostia) pero que en realidad es
el Capitolio o Templo de la tríada capitolina, que existía en todas las
colonias romanas. Frente al Capitolio, al otro lado del Foro, se alza el Templo
de Roma y Augusto , del primer siglo del imperio (época tiberiana), construido
casi todo en piedra. De la basílica de la derecha son de interés los fragmentos
marmóreos de la arcada y un fresco en el interior. Enfrente, cruzando el Foro,
se encuentran las Terma del Foro (18, construidas en el s. II y ampliadas en el
IV. Las salas calientes se encuentran orientadas al mediodía y escalonadas para
no darse sombra. Cruzando el Decumano, enfrente de la basílica, se
halla la Curia , sala de reuniones del consejo municipal ostiense, con un podio
en el fondo. Siguiendo por el Decumano, a la izquierda, pegado a la basílica,
encontramos el Templo Redondo , monumento dedicado al culto de los emperadores.
que data de principios del s. III. Consta de una gran estancia circular,
decorada con 7 nichos, con tarima y columnillas de mármol a cada lado. Continuando por el Decumano se alcanza la Porta
Occidentale del castrum o fortificación de la cual tan sólo se ven los flancos
de bloques de toba. En este momento el Decumanogira a la izquierda para
dirigirse a la Porta Marina. En la curva del Decumano sale a la derecha la Via
delle Foce, en la cual se abre, a la derecha, una área sacra con tres
templos republicanos (s. III a.C). El central, con podio de toba y ara
inscrita, estaba dedicado a Hércules. Detrás, al norte, está la rica Domus de
Amore e Psiche . del s.IV, con columnas, nichos y pavimentos de mármol policromo.
Más adelante se llega a las Termas de Mitra , del s. III, con un interesante
sistema para elevar el agua: a su lado, el Templo de los Medidores del Grano ,
con un interesante mosaico y un gran almacén. Al fondo se gira a la izquierda por la Via del
Serapeo para encontrar un grupo de casas de la época adriana: a la izquierda
las Terme della Trinacria , con mosaicos e interesantes instalaciones para el
calentamiento y bombeo del agua: enfrente, la Casa de Baco y Arianna, con
algunos mosaicos en las tres salas que dan al pórtico; el Serapeo , templo
dedicado al dios egipcio Serapide; y una casa con mosaicos pavimentales entre
los que destaca el del gran salón. Volviendo por Via delle Foce, a la derecha, se
encuentra la ínsula del Serapide con un patio de esbeltos pilastros. Detrás
están las Termas de los Siete Sabios, con una gran sala circular cubierta de
una cúpula y pavimentada en mosaico con escenas de caza. En un lateral, un
nicho adornado con un mosaico floral. En otra habitación, figuras de cuatro de
los siete sabios de Grecia. Otras pinturas decoran un baño. De las termas, se
pasa a la ínsula degli Aurighi, llamada así por los frescos que la decoran. Caminando hacia el Decumano, aparece a la derecha
la Via delle Valte Dipinte, donde se encuentra la Casa delle Valte Dipinte,
típica de la burguesía del s. II. Aunque originalmente tenía tres plantas sólo
se conserva la planta baja, con frescos y mosaicos. Enfrente, la ínsula delle
Muse, con un patio y varios ambientes con frescos y mosaicos. Al lado, de ésta,
la ínsula dalle pareti gialle. Al fondo la Casa delle Ierodule, del s. II con
pinturas y mosaicos en techos y pavimentos. Más allá, la Domus dei Diascuri,
con un mosaico, y la Domus del Ninfea, con pavimentos de mármol, ambas del s.
IV. Al fondo surgen las Terme Marittime, gran complejo termal con mosaicos y
pinturas del s. II. Si se vuelve al Decumano Massimo y se sigue hacia
el sur, se llega a la Porta Marina. Fuera de la puerta, se observan algunos
sepulcros republicanos, entre los cuales se halla el de Cartilio Paplicola, con
inscripciones enmarcadas en símbolos y adornos de naves. Enfrente, un horreum
y, al fondo de la vía, las monumentales Terme della Marciana o del Porta Marina
–en honor de la hermana de Trajano–, que se abrían sobre la antigua línea de
playa: son particularmente imponentes por la complejidad de las instalaciones y
por los numerosos mosaicos, entre los que destaca el pavimento del frigidarium,
con piezas de grandes dimensiones: el edificio permaneció en uso hasta
principios del s. IV. Mas allá destaca la sinagoga, que testimonia la
presencia de una comunidad hebrea; en la construcción –seguramente la más
antigua del género en Europa– se notan dos fases: una en el s. I y otra en el
IV. Hay un lugar para la Thorà (la ley) –sobre una ménsula con bajorrelieves
que representan el candelabro de 7 brazos–, algunas salas y un horno para la
confección de los panes ázimos. Otra vez en el Decumana Massimo –ahora
flanqueado de un largo pórtico con una fuente marmórea y una enseña en
mosaico–, se descubren más adelante algunas casas republicanas y el vico delle
Taberne Finestrate, una interesante casa particular con mosaicos en blanco y
negro que datan del s. II. Siempre a la derecha, la schola del Traiano, que
recibe ese nombre por la estatua del emperador allí encontrada y trasladada
posteriormente al museo. La schola fue la sede de la corporación de los
armadores de barcos: el templo de los armadores, al otro lado de la calle,
contiene en el patio una domus restaurada.Siguiendo, las Terme dalle Sei Calonne. Enfrente, la basílica Cristiana, del s.IV, con dos
naves y baptisterio: en el arquitrabe se nombran los 4 ríos del paraíso
terrenal. Al lado las Terme della Basílica, con mosaicos y baños calientes.
Continuando, a la derecha, el Macellum, con pescaderías bajo el pórtico. Se llega así otra vez a la puerta occidental del
castrum. se gira a la izquierda por la Via del Tempio Rotondo y se desemboca en
el Cardine Massimo, que viene por la izquierda del río a través del Foro y cae
a la derecha hasta la Porta Laurentina. A la derecha, una serie de casas
republicanas; al lado, el Ninfeo degli Eroti , todo revestido de mármol, con
tres nichos, del s. IV. Al lado se encuentra la Domus delle Colonne, con un
patio y ninfeo central y pavimentos de mármol policromo, seguramente del s. IV.
A la derecha se abre la Via della Caupona del Pavone; entrando a la izquierda
se encuentra la Osteria del Pavone. Enfrente, al otro lado de la calle, la Casa
de los peces, con un patio, una sala con un bonito mosaico y un vestíbulo
adornado con un mosaico que muestra un cáliz con un pez (símbolo evidentemente
cristiano), del s. IV. Volviendo al Cardine, a la derecha, después del
largo pórtico de Hércules, se ven las Termas del Faro, de la época trajana, con
un mosaicos que representa peces y el faro de Ostia, una sala con un baño
marmóreo y pinturas sobre motivos marinos. Mas allá, se abre el Campo della
Magna Mater, zona triangular dedicada al culto de varias divinidades orientales
(Tempio della Magna Mater, sacello di Attis. schola dei dendrophori, tempietto
di Bellona). Estamos ahora en la Porta Laurentina de la muralla silana. Se vuelve hacia el norte por el Cardine. En la
esquina con la Semita dei Cippi encontramos la Casa delle Gorgona, con el
motivo de la testa di Gorgone repetido en el mosaico del pavimento. Avanzando
por la Semita, se encuentra un pozo altomedieval con el brocal hecho de
ánforas, y a la derecha, la Domus del Protiro, del s. IV; es un edificio termal
privado. Más adelante la Ínsula dell'Invidioso que toma el nombre de un mosaico
en el que se ve un pescador con un gran pez que se burla de otro que no ha
pescado nada. Volviendo hacia el sur, se dobla a la izquierda por la Via della
Fortuna Annonaria, donde se encuentra, a la derecha, una casa del s. IV que
recibe el mismo nombre, con una sala de entrada con tres arcadas y ninfeo
interno, y la Escuela de los luchadores, con interesantes mosaicos. Siguiendo
por la calle se dobla al fondo por la Via degli Augustali. Recorriéndola hacia
el norte, se encuentra a la izquierda una amplia lavandería y, en la esquina
con el Decumano Massimo, la sede del Collegio degli Augustali, pertenecientes
al culto imperial con un patio porticado y ábside con revestimientos marmóreos;
enfrente, al otro lado de la calle, el Templo Collegiale. Tomando el Decumano
hacia la derecha se vuelve a la entrada. | |||