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GUÍA DE ROMA

 

ITINERARIO 1: VATICANO Y CASTEL SANT’ANGELO

Introducción

Plaza de San Pedro

Basílica de San Pedro

Fachada

Pórtico

Nave Central

Nave derecha

Crucero derecho

Ábside

Crucero izquierdo

Nave izquierda

Museos Vaticanos

Estancias de Rafael

Capilla Sixtina

El Juicio Final

Castel Sant’Angelo y Mausoleo de Augusto

 

ITINERARIO 2: SANTA MARIA LA MAYOR Y ALREDEDORES

Recorrido

Basílica de S. María la Mayor

Exterior

Interior

Santa Práxedes

San Martino ai Monti

Esquilino

San Pietro in Vincoli

Santa Prudenciana

 

ITINERARIO 3: SAN JUAN DE LETRÁN

Recorrido

Santa Croce in Gerusalemme

Basílica de San Juan de Letrán

Notas generales

Fachada

Interior

Scala Santa

Baptisterio

Cuatro Santos Coronados

San Clemente

Basílica SS. Juan y Pablo

Termas de Caracalla

 

ITINERARIO 4: SAN PABLO EXTRAMUROS Y VIA APPIA

Recorrido

Basílica S. Pablo Extramuros

Notas generales

Atrio

Interior

La Via Appia

Introducción

La Via Appia

Catacumbas de San Calixto

Catacumbas de Domitila

Catacumbas de San Sebastián

Tumba de Rómulo y Circo de Majencio

 

ITINERARIO 5: COLISEO Y FOROS

Recorrido

Santa María in Aracoeli

Plaza del Campidoglio

La Plaza

Palacio Senatorial

Palacio de los Conservadores

Museo Capitolino

Foro Romano

El Palatino

El Coliseo

Arco de Constantino

Foros Impreriales

 

ITINERARIO 6: PLAZA NAVONA Y PALAZZO DELLA CANCELLERIA

Recorrido

Piazza Navona

San Luis De Los Franceses

San Ignacio

Pantheon

Santa Maria Sopra Minerva

Santos Apóstoles

Palazzo Colonna

Piazza Venezia

Il Gesù

Area Sacra Argentina

Palazzo Spada

Palazzo Farnese

Piazza Campo de' Fiori

Palazzo Della Cancelleria

 

ITINERARIO 7: FONTANA DI TREVI Y MAUSOLEO DE AUGUSTO

Recorrido

Fontana di Trevi

Piazza Colonna

San Lorenzo in Lucina

Piazza di Spagna

Trinita dei Monti

Pincio

Piazza del Popolo

Santa Maria del Popolo

Mausoleo de Augusto

Ara Pacis

 

ITINERARIO 8: TRASTEVERE

Recorrido

Isola Tiberina

Santa Cecilia in Trastevere

Santa Maria in Trastevere

San Pietro in Montorio

 

ITINERARIO 9: TÍVOLI

Introducción

Villa Adriana

Villa d’Este

Villa Gregoriana

 

ITINERARIO 10: OSTIA ANTICA

Notas históricas

Ostia Antica

 

ITINERARIO 1: VATICANO Y CASTEL SANT'ANGELO

 

Introducción

 

Durante el imperio de Calígula se construyó un circo en las afueras de Roma a los pies de la colina Vaticana, que más adelante Nerón amplió y mejoró. San Pedro fue enterrado en una antigua necrópolis excavada en la ladera de la colina, a poca distancia del circo. Las excavaciones arqueológicas han permitido llegar hasta el primer monumento funerario, que data del s. II.  Encima de los restos de San Pedro, a modo de otro monumento funerario, el emperador Constantino construyó la primera Basílica, a principios del s. IV, que se mantuvo en pie hasta finales del s. XV.

El 23 de agosto del 846 los sarracenos invadieron Roma, devastando las Basílicas de San Pedro y San Pablo. Al año siguiente, León IV aceleradamente inició los trabajos de un muro de protección alrededor del distrito Vaticano, que se llamaba del Borgo, límite actual del Estado Vaticano. En el s. XV fue restaurado por Nicolás V, y ampliado por Pío IV en 1564 hasta la Puerta del Espíritu Santo.

En los comienzos del periodo renacentista, se vio claro que ya no bastaban las numerosas restauraciones para asegurar la estabilidad de la basílica de Constantino. La decisión de levantar una nueva basílica se tomó así en un momento de florecimiento excepcional de las artes en Italia: basta espigar algún nombre entre los centenares de artistas que se dieron cita en los trabajos: Bramante, Miguel Ángel, Rafael, Bernini, Giaccomo della Porta...

Con la unificación de Italia. El 20 de septiembre de 1870, el Rey Vittorio Emanuele II entró con sus tropas en Roma y la proclamó capital del reino. El Papa Pío IX reaccionó encerrándose en el Vaticano y declarándose prisionero. Esta delicada situación se mantuvo hasta 1929 con la firma del Tratado de Letrán, por el que el Estado italiano se reconciliaba con la Santa Sede, reconocía la máxima libertad a la Iglesia Católica, y se comprometía a respetar la autonomía del Romano Pontífice para poder realizar con la necesaria independencia su misión universal desde la sede romana.

Desde aquella fecha, la Ciudad del Vaticano es un Estado independiente, bajo la soberanía del Romano Pontífice. Tiene una extensión de 0.440 km2. Por el mismo Tratado, gozan de extraterritorialidad las Basílicas de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros, los palacios de Letrán, de la Cancillería, de Propaganda Fidei, del Santo Oficio y del Vicariato, el Hospital del Niño Jesús y el palacio pontificio de Castelgandolfo, con la Villa Cybo y la Villa Barberini.

Dentro de la Ciudad del Vaticano y de los edificios extraterritoriales, el servicio de orden y de policía está a cargo de los Agenti di Vigilanza (instituidos en 1816 por Pío VII) y de la Guardia Suiza, fundada en 1506.

 

LA PLAZA DE SAN PEDRO

 

La inmensa elipse de 240 metros de ancho, es la obra maestra arquitectónica de Bernini (1598-1680).. Los dos hemiciclos están constituidos por imponentes pórticos de cuatro filas de columnas dóricas: un total de 284 columnas y 88 pilastras. coronados por 140 estatuas de santos. Al fondo del pórtico de la derecha se encuentra el Portone di bronzo del Palacio Vaticano.

En el centro de la plaza, construida sobre lo que fue el circo de Nerón, se eleva un obelisco sin jeroglíficos, tallado en el s. I a.C., que proviene de Eliópolis, de donde fue traída por Calígula el año 37, para adornar el circo de Nerón; en la parte superior, a 41 metros del suelo, una reliquia de la Santa Cruz recuerda la unión de los mártires (más de cien mil). bajo las persecuciones romanas) con la Cruz de Nuestro Señor. Permaneció al lado de la Basílica antigua, hasta que Sixto V lo hizo transportar a su actual ubicación, en 1586. Para trasladar el obelisco fueron necesarios 800 hombres y 75 caballos. Dos fuentes del siglo XVII completan el extraordinario conjunto de la plaza.

 

BASILICA DE SAN PEDRO

 

Fachada

 

El amplísimo frente, llevado a cabo por Carlo Maderno, del 1607 al 1614, está presidido por una gran escalinata, obra de Bernini. A los lados, las colosales estatuas de San Pedro y de San Pablo, colocadas en 1840. El pórtico de la izquierda es el Arco de las Campanas, que da acceso a la Ciudad del Vaticano. De los 9 balcones, el central corresponde a la llamada Loggia de las Bendiciones, desde donde el Papa imparte las Bendiciones solemnes; debajo, se encuentra el altorrelieve La Entrega de las Llaves, de Bonvicino (1614). Coronan la fachada trece estatuas (5,70 m) del Redentor, San Juan Bautista y los Apóstoles, a excepción de San Pedro. Corona el conjunto la majestuosa cúpula de Miguel Ángel (1465–1564), las dos cúpulas laterales, de Vignola (discípulo de Miguel Ángel y director de las obras a la muerte del maestro), son meramente decorativas: no guardan relación con el interior de la Basílica.

A la derecha de la fachada, en el llamado Palacio del Mayordomo, está la imagen de la Virgen en mosaico. Son 50.000 teselas o piedrecitas que reproducen la imagen que se venera como Mater Ecclesiae en el interior de la Basílica.

 

Pórtico

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A la derecha, detrás de la puerta que da acceso al vestíbulo de la Scala Regia, la estatua de Constantino, de Bernini (1670). Nada más entrar, a la izquierda, la estatua ecuestre de Carlomagno (de Cornacchini,1725), coronado en San Pedro, en la Navidad del año 800, durante el pontificado de León III. De las cinco puertas por las que se entra a la Basílica, la de la derecha es la Puerta Santa, que se abre sólo cada Año Jubilar. Sobre la puerta central se pusieron las hojas de bronce de la antigua basílica, que tienen como tema central una evocación del Concilio de Florencia, en el que se debatió y se resolvió, por un tiempo, la difícil cuestión de la unión entre las Iglesias de Oriente y de Occidente. Encima hay un relieve, Jesús que confió a San Pedro la Grey Cristiana, de Bernini o de uno de sus discípulos. A la izquierda la Puerta de la Muerte, de Giaccomo Manzú, y a la derecha la Puerta de los Sacramentos. Otro recuerdo de la antigua Basílica es el Mosaico de la Navecilla, obra de Giotto muy restaurada y deteriorada; se ve entrando en el atrio y dando la espalda a la nave central.

 

Nave Central

 

Situados en la nave central, nos encontramos en una posición privilegiada para admirar las proporciones de San Pedro: tiene cerca de 35.000 m2 de superficie, incluyendo las capillas laterales y la sacristía, y 186 m de largo, que llegan a 194 si se tiene en cuenta el espesor de los muros. El largo total, incluido el pórtico, es de 211,5 m. La capacidad interior, aprovechando todos los espacios disponibles, llega a 60.000 personas, aunque en las ceremonias suelen entrar solamente 15.000. En el suelo de la nave central se pueden ver las medidas de algunas iglesias especialmente conocidas.

La nave central tiene la típica estructura de las iglesias de la Contrarreforma. Está cubierta por una bóveda artesonada (de 44 m de alto), ricamente decorada en la época de Pío VI (1780). A nivel de la pilastra que está en línea con las capillas del Santísimo Sacramento y del Coro, se puede ver el empalme de la arquitectura de Maderno, más alta y más ancha con el brazo de crucero proyectado por Miguel Ángel. En los nichos excavados en las pilastras a partir del 1706 se han colocado estatuas de Fundadores de órdenes religiosas. Al final de la nave central está la estatua de San Pedro en bronce, con el pie derecho desgastado por los besos de los fieles. Durante años se pensó que era una escultura de Arnolfo di Cambio del s. XIII, pero recientes investigaciones (1989) permiten asegurar la paternidad a un artista sirio del s.V.

La cúpula, que descansa sobre cuatro grandiosos arcos, tiene un perímetro de 71 m. Todo es gigantesco: la pluma de San Marcos mide cerca de dos metros: la linterna mide más de 17 m. En los medallones de las pechinas se representan los cuatro Evangelistas. En la base del tambor, la cúpula mide más de 42 m de diámetro, un espacio inmenso que llenan 96 figuras en mosaico de Papas, Santos y Doctores de la Iglesia, a medio busto, en el inferior: siguen sentados el Redentor, la Virgen, San Pablo, San Juan Bautista y los Apóstoles. En la linterna, el Padre Eterno bendiciendo.

En los cuatro grandes nichos de la base de la cúpula, están las estatuas (5 m de alto) de San Longino, el soldado romano que clavó la lanza en el pecho de Jesús, y que al ver que manaba sangre y agua, se abrieron sus ojos y creyó en Aquel al que traspasaron (2) (Bernini); Santa Elena (3) (Andrea Bolgil); Santa Verónica (4) (Mochil); y San Andrés (5) (Duquesnov); mandadas colocar por Urbano VIII. Sobre las estatuas están los cuatro balcones de Bernini, donde se conservan insignes reliquias: la Santa Lanza, el Lienzo de la Verónica, el fragmento más grande de la Cruz y el manto de San Andrés.

Bajo el altar papal está la Confesión (6), de Maderno; se llama así porque está construido directamente sobre la tumba del Apóstol que derramo su sangre por confesar a Cristo; 99 lámparas perennales que iluminan la tumba de San Pedro, al lado de la cual está la estatua de Pío VI (Canova). Papa amable y de cultura refinada que creó los Museos Vaticanos en los últimos años del s. XVIII. Sobre el altar papal se levanta el Baldaquino, obra maestra de Bernini. Inaugurado por Urbano VIII Barberini el 28 de junio de 1633, víspera de San Pedro y San Pablo, tiene la altura de Palacio Farnese (29 m).

 

Nave de la derecha

 

La primera capilla es la de la Piedad (8), famoso grupo escultórico de Miguel Ángel, realizado cuando contaba 25 años de edad. Es la única obra que lleva la firma del artista: puede verse en la cinta que cruza el vestido de la Santísima Virgen. Firmó cuando oyó un impostor adjudicarse la obra.

A continuación se encuentra La Capilla Elíptica de Bernini, donde se ha colocado el Crucifijo atribuido a Cavallini (s. XIII), de expresión vigorosa.

La siguiente capilla está dedicada al Martirio de San Sebastián (11), capilla que sustituyó al altar que se dedicaba en la antigua basílica constantiniana a Sebastián, mártir capitán de los Pretorianos bajo del imperio de Diocleciano.

A continuación, viene la Capilla del Santísimo Sacramento (14), donde se colocó el Tabernáculo de Bernini, de bronce dorado y lapislázuli, cuya forma recuerda el templete de Bramante (1444–1514) en San Pietro in Montorio. Detrás del tabernáculo, el fresco de La Trinidad, obra de Pietro di Cortona.

Saliendo de la capilla, a mano derecha se encuentra el monumento al Papa Gregorio XIII Boncompagni (15), flanqueado por las estatuas de la Religión y de la Sabiduría. El bajorrelieve, recuerda la reforma del calendario dispuesta por el Pontífice.

La siguiente es la capilla Gregoriana (18), diseñada por Della Porta, y riquísima en mármoles y piedras preciosas. Sobre el altar (20), la pequeña imagen de la Virgen del Socorro, del s. XI, que estaba ya en la primera Basílica.

 

Crucero de la derecha

 

Es donde se tuvieron las sesiones del Concilio Vaticano I, mientras que las del Vaticano II fueron en la nave central de la Basílica. En los tres altares del crucero están los mosaicos de San Wenceslao, Rey de Bohemia(23); el Martirio de San Proceso y San Martiniano(24); y El Martirio de San Erasmo.

En el pasaje a la capilla de San Miguel (28), se encuentra el conocidísimo Monumento a Clemente XIII Rezzonico (26), una de las máximas creaciones de Canova (1788–92) y de las primeras manifestaciones del arte neoclásico en San Pedro. A los lados del sarcófago, con los bajorrelieves de la Caridad y de la Esperanza, El Genio de la Muerte y la Religión; en lo alto, el Papa de rodillas recogido en oración. Los mosaicos de enfrente dan buena muestra de la habilidad de los mosaístas al reproducir colores y sombras de obras famosas, en este caso el San Pedro sobre las aguas, de Lanfranco.

Todos los cuadros del interior de la Basílica son copias en mosaico de famosas pinturas al óleo de la época. En las obras escultóricas trabajaron más de 600 artistas.

 

Ábside

 

El luminoso proyecto para el ábside, de Miguel Ángel, fue superado por el formidable sentido decorativo –fantasía barroca– de Bernini, que engrandece la Cátedra de San Pedro (33), realizada en bronce y oro bajo el pontificado de Alejandro VII (1656–65), como relicario de un trono papal cuyo origen se remonta al s.VIII. Dos tumbas papales flanquean la cátedra: la de Urbano VIII (34), obra maestra funeraria del siglo XVII de Bernini para su mecenas y la de Paulo III (35), obra maestra de Della Porta (1551–75). Al fondo, la Gloria de Bernini, con la representación del Espíritu Santo. La luz penetra a través del cristal de Bohemia como entre una nube de oro. Lo mismo que en el Baldaquino Bernini adoptó aquí una solución más pictórica que arquitectónica.

Sigue la Capilla de Nuestra Señora de la Columna (38), donde se encuentran las reliquias de San León Magno (39). Papa que tuvo que enfrentarse con numerosas controversias y herejías; fue él quien convocó el Concilio de Calcedonia en el 451, donde los más de 600 Padres Conciliares dieron un claro ejemplo de la unión con el Romano Pontífice. Cuando recibieron la carta del Papa, la aclamaron: “Pedro ha hablado por boca de León”. En la misma capilla se encuentra la imagen de la Virgen, Madre de la Iglesia, que procede de la Basílica primitiva. En esta capilla se quiso representar a los doctores que más han escrito sobre la Santísima Virgen: Santo Tomás, San Juan Damasceno, San Genaro y San Buenaventura.

En el pasaje que sigue, la tumba de Alejandro VII (41), del último periodo de actividad de Bernini, con las representaciones de la Caridad, la Verdad, la Justicia y la Prudencia, obra de Mazzoli.

 

Crucero de la izquierda

 

El tercer brazo de la cruz griega de Miguel Ángel está formado por la tribuna, también llamada de los Santos Simón y Judas, y que comprende, además de la enorme bóveda decorada por Vanvitelli y Maini, tres altares decorados con mármoles preciosos: San Marcial(43), de Camuccini, San José Protector de la Iglesia Universal (44) –la única pintura moderna de la Basílica–, de Achille Funi, y el Martirio de San Pedro (45), de Guido Reni, sobre el punto exacto del Circo de Nerón en el que el primer Papa fue crucificado sobre una cruz invertida.

A continuación, se encuentra la capilla Clementina (48), llevada a cabo por Della Porta. En el altar de la derecha (49),San Gregorio Magno, de Andrea Sacchi; bajo el altar se conservan las reliquias del santo; Gregorio era miembro de una familia noble romana, llegó a ser prefecto de la Urbe antes de ser elegido Papa, el año 590; fue un gran evangelizador y un gran liturgista; perfeccionó el canto litúrgico, hoy llamado gregoriano. Al lado (50), la tumba de Pío VIII: Papa que sufrió la prisión en 1809 por orden de Napoleón, obra neoclásica de Thorvaldsen (1823), fuertemente criticada por su frialdad. Es la única obra realizada en San Pedro por un artista protestante.

 

Nave de la izquierda

 

En su extremo, el altar de la Transfiguración (51), con el mosaico que reproduce la obra maestra de Rafael (1483–1530).

Enfrente se encuentra la capilla del Coro, destinada a la oración de los canónigos, obra de Della Porta, que guarda los sepulcros de Clemente XI y de San Juan Crisóstomo.

En el pasaje siguiente, la Tumba de Inocencio VIII (57), de Pollaiolo (1498), en bronce parcialmente dorado. Es el monumento fúnebre más antiguo, el único que fue trasladado de la Basílica Constantiniana a la nueva (1619). y el primero en el que se ve a un Papa sentado en su trono. Son especialmente bellos los relieves en los nichos con las figuras de las cuatro virtudes cardinales. En este mismo pasaje, el monumento a San Pío X, decorado en bronce al estilo liberty.

Bajo el altar de la siguiente capilla (58), de la Presentación, se encuentran los restos incorruptos de San Pío X, canonizado en 1954. En esta misma capilla están los monumentos a Juan XXIII y Benedicto XV. A la derecha del altar, se halla el lóculo donde se depositan los restos del Papa desde que fallece hasta que se trasladan a su sepultura definitiva.

Por último (61) , el Baptisterio, con el mosaico del Bautismo de Jesús, diseñado por Maratta. En las pechinas, están representadas las partes del mundo que han sido evangelizadas.

 

MUSEOS VATICANOS

 

Obras más sobresalientes de la Pinacoteca. Sala II: Políptico de Giotto; Sala III: la Coronación de la Virgen, de Filippo Lippi y La Virgen de los Ángeles, de Fray Angélico; Sala V: La Piedad, de Bernini; Sala VI: La Virgen con el Niño, de Perugino; Sala VII: varias obras de Rafael; Sala VIII: Boceto de San Jerónimo, de Leonardo da Vinci (1452–1519); Sala X: La Virgen de San Nicolás, de Ticiano: Sala XII: Comunión de San Jerónimo, de Domenichino y La Deposición, de Caravaggio: Sala XIII: Las bodas de Santa Catalina, de Murillo.

En el Museo Pío–Clementino, que se encuentra en el Palacio del Belvedere, se conservan obras de la antigüedad griega y romana. Lo más sobresaliente es el grupo del Laconte, el Apolo, Perseo, Hermes y El Atleta en el Patio del Belvedere: La Estatua de Meleagro, en la sala de los Animales: Apolo Saurótono, en la Galería de las estatuas: varias esculturas de la Galería de los Bustos: la Venus de Cnido, en el Gabinete de las Máscaras. El Torso del Belvedere, en la Sala de las Musas.

 

Estancias de Rafael

 

La Estancia del Incendio (1514–17) fue la última habitación diseñada personalmente por Rafael[6], pues a partir de 1515 trabajó con un grupo de asistentes, que plasmaban los frescos del maestro. Los del techo son de Perugino.

Para honrar al Papa León X –sucesor de Julio II–, que confirmó a Rafael en el encargo de decorar las estancias, el artista retrató al Papa al representar a sus predecesores León III y León IV. En la Coronación de Carlomagno (en la pared de entrada), el emperador está representado como Francisco I de Francia, contemporáneo del pintor.

En la pared de la derecha, de frente a la ventana, el Incendio del Borgo, en el que se representa el pasaje del Liber Pontificalis que narra el incendio, ocurrido el 847, del barrio del Borgo, extinguido por León IV con el signo de la Cruz.

En la pared de enfrente, la Batalla de Ostia, que representa el triunfo de León IV sobre los sarracenos (849), idea alusiva a la cruzada contra los turcos, que ocupó vivamente a León X.

En la pared de la izquierda, el Juramento de León III, representa el momento en que el Romano Pontífice aclaró en San Pedro la falsedad de ciertas acusaciones (23–XII–800). Cuenta la tradición que una voz tronó: “Corresponde a Dios, no a los hombres, juzgar a los Obispos” (inscripción latina a la izquierda de la ventana) . La Estancia de la Signatura (1508–11) está considerada como la obra pictórica más insigne de Rafael. Parte del techo fue concluida por dos de sus colaboradores: Sodoma y Bramantino.

En la pared de entrada, la disputa del Santísimo Sacramento, también llamado la Glorificación del Catolicismo, pues cielo y tierra se unen en un himno a Dios Uno y Trino en el misterio de la Transubstanciación. Es el primero de los grandes frescos romanos de Rafael. En la parte alta, la Iglesia triunfante rodea a la Santísima Trinidad. En la tierra, alrededor del altar con el Ostensorio (centro de toda la composición), Doctores de la Iglesia, Papas y fieles: se distingue a Dante, a la derecha con la corona de laurel.

En la pared de la derecha, la Prudencia y la Templanza. A la derecha de la ventana, Gregorio IX (retrato de Julio II) entrega a un abogado consistorial los Decretales; a la izquierda de la ventana, Justiniano entrega a Treboniano el Corpus Iuris Civilis.

En la pared de enfrente, la Escuela de Atenas. Al centro, Platón (retrato de Leonardo da 'Vinci) y Aristóteles. A la izquierda, Sócrates (en túnica) habla con Alcibíades; Diógenes y un discípulo; Epicuro, coronado de laurel; Arquímedes (retrato de Bramante) hace figuras geométricas. En la esquina de la derecha aparece el mismo Rafael (con sombrero negro) , junto al pintor Sodoma (con sombrero blanco). La figura solitaria del primer– plano, con la cabeza apoyada en la mano izquierda, es Miguel Ángel que trabaja en la Capilla Sixtina.

En la pared de la izquierda, el Parnaso. Alrededor de Apolo y las nueve Musas están agrupados los grandes poetas, encabezados por Homero y Virgilio.

En la Estancia de Heliodoro (1512–14), los temas de la decoración, probablemente sugeridos por el mismo Julio II muestran intervenciones milagrosas de Dios en favor de su Iglesia.

En la pared de entrada, San León detiene la invasión de Atila. Una aparición de los Apóstoles Pedro y Pablo, dio ánimos a San León para repeler la invasión de los Hunos. Rafael ha trasladado el evento a Roma, como se puede ver por el Coliseo, el acueducto y la Basílica.. Rafael no había terminado la obra cuando Julio II murió (1513) y en el último momento le sustituyó en la persona de San León I, por León X, a pesar que ya estaba representado en la figura del cardenal Giovanni de Medeci, a la izquierda con la Lámpara magna.

En la pared de la derecha está representado el Milagro de Bolsena. En 1263, un sacerdote que dudaba en la presencia real de Cristo en las especies sacramentales, vio manar sangre de la Hostia en el momento de la Consagración, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena. En esta obra maestra, Rafael resuelve magistralmente el problema de la ventana descentrada: colocándolo de forma asimétrica las escaleras a ambos lados del altar y situando a la multitud en el lado izquierdo, donde son mayores las restricciones.

En la pared de enfrente se representa la Expulsión de Heliodoro, pasaje tomado del libro de los Macabeos: Heliodoro, que intenta robar el tesoro del Templo es expulsado por ángeles.

En la pared de la izquierda, la Liberación de San Pedro, obra maestra por su dominio de la luz, que anticipa más de un siglo a Caravaggio y Rembrandt. La Batalla de Constantino ( 1517–25) está decorada casi totalmente por discípulos de Rafael, tras la temprana muerte del maestro. En la pared de entrada, el Bautismo de Constantino; a la derecha, la Batalla del Puente Milvio; enfrente, la Aparición de la Santa Cruz; y a la izquierda, la Donación de Constantino, simbolizada por la entrega de una estatuilla dorada de Roma.

La Sala del Claroscuro fue decorada por Rafael en 1517, pero no se conservan los frescos originales, que fueron sustituidos por otros. Contiene un modelo de madera que muestra la construcción interna de la cúpula de San Pedro.

La Capilla de Nicolás V fue decorada por fray Juan de Fiésole, llamado Beato Angélico, entre el 1447 y el 1451. En los ángulos se representa a grandes Doctores de la Iglesia; en el techo, a los Evangelistas. En las paredes, escenas de la vida de los mártires San Esteban y San Lorenzo, los dos santos diáconos, martirizados durante la persecución de Valeriano en el año 258. En el pavimento de mármol están representadas las figuras de los signos del zodíaco

 

Capilla Sixtina

 

La Capilla Sixtina, dedicada a la Asunción de la Virgen, fue construida por Giovannino de'Dolci (1475–81), según un diseño de Boccio Pontelli, bajo el papado de Sixto IV, de quien toma el nombre. Es la capilla oficial de los Pontífices, en la que se celebran los cónclaves para la elección del nuevo Papa. Se trata de un ambiente rectangular de 40,5 m de largo, 13,2 m de ancho, y 20,7 m de altura. El pavimento, del s.XV, es una muestra singularísima de opus alexandrinum, semejante al cosmatesco.

Las paredes laterales fueron pintadas entre el 1481 y el 1483. En la zona inferior están pintados unos cortinajes, que recuerdan los que se colocaban entre las columnas en las antiguas Basílicas. Hace tiempo, para las ceremonias más importantes, se cubrían con los tapices de Rafael. Entre las Ventanas, retratos de antiguos Papas. En la zona intermedia, dos grandes series de frescos, en los que trabajaron los mejores artistas del s.XVI: la de la izquierda, mirando hacia el altar ,representa sucesos de la vida de Moisés, y la de la derecha, de Cristo.

A la izquierda, comenzando a contar desde el fondo hacia la pared del Juicio Universal se encuentran: 1. Moisés con su esposa Séfora en Egipto (Perugino); 2. La Zarza Ardiente(Botticelli) , Moisés mata al egipcio y expulsa a los Madianitas, La Familia de Jetro, de Botticelli; 3. Paso del Mar Rojo (Roselli); 4. Moisés en el Sinaí y La Adoración del Becerro de Oro; 5. Castigo de Cora, Dathan y Abiram, (Botticelli); 6, Testamento y Muerte de Moisés, (Siqnorelli).

A la derecha, 1. Bautismo de Jesús (Pinturicchio y Perugino); 2. Curación del Leproso y Tentaciones de Cristo (Botticelli); 3, La Vocación de San Pedro y San Andrés (Ghirlandaio) ; 4, El Sermón de la Montaña y Curación del Leproso (Roselli); 5, La Entrega de las Llaves, una de las mayores composiciones de Perugino (el quinto personaje de la derecha es el mismo artista); 6. La Última Cena, de Rosselli. Frente al altar encontramos La Resurrección de Cristo, de Ghirlandaio, y San Miguel que protege el Cuerpo de Moisés, de Signorelli: destruidos y rehechos en el s.XVI.

Frescos del Techo. Cuando Julio II abandonó el proyecto escultórico de la tumba, Miguel Ángel regresó a Florencia, pero en 1508 volvió a llamarle para que pintara a los doce Apóstoles en el techo de la Capilla Sixtina, entonces pintado sólo de azul con unas estrellas doradas. Apenas había comenzado a trabajar, cuando se le ocurrió que no bastaría con los Apóstoles. Faltaba la decoración (de una superficie tan grande (cerca de 800 m2). Miguel Ángel abandonó el esquema tradicional, idear toda una única y grandiosa composición arquitectónica que abrazase todo el techo y que comprendiese no sólo retratos encasetonados en la misma repartición arquitectónica. Se cuenta que Julio II intentaba acercarse con frecuencia para dar una ojeada a la obra, pero el artista nunca se lo permitió, y a las frecuentes preguntas del Pontífice sobre cuándo terminaría, daba siempre la misma respuesta: “cuando pueda”.

Empezando desde el altar, en los espacios rectangulares entre arco y arco, se encuentran los siguientes pasajes del Génesis: 1. Dios divide la luz de las tinieblas; 2. Dios crea el sol, la luna y las plantas; 3. Dios divide las aguas y crea los peces y las aves; 4. Creación del primer hombre; 5. Creación de Eva, de la costilla de Adán; 6. El pecado original y la expulsión del paraíso; 7. El sacrificio de Noé; 8. El Diluvio universal; 9. La embriaguez de Noé.

En cada recuadro menor, Miguel Ángel pintó los Ignudi (10), figuras de reminiscencia clásica que, por parejas, sostienen festones o guirnaldas y medallones que imitan el bronce, y que parecen comentar, con gestos, las escenas de los frescos.

En las doce penachos laterales, se encuentran las cátedras de los Profetas y Sibilas; 11. Zacarías, que consulta un libro; 12. Joel lee un papiro; 13. La Sibila Eritrea no sabe por dónde empezar su estudio; 14. Ezequiel con un rollo de papiro escucha a un Ángel; 15. La Sibila Persa enfrascada en la lectura; 16. Meditación del profeta Jeremías; 17. El profeta Jonás sale de la ballena; 18. La Sibila Libia se vuelve para tomar un libro; 19. Daniel escribe; 20.La Sibila Cumana abre un libro; 21. Isaías en meditación; 22. La Sibila Délfica desenrolla pensativamente un papiro.

En las esquinas del techo se encuentran otras escenas bíblicas; 23. Judith y Olofernes; 24. David y Goliat; 25. El Castigo de Adán; y 26.La Serpiente de Bronce.

En la parte alta de las ventanas (27), Miguel Ángel representó a los Antepasados de Cristo.

 

El Juicio Final

 

Pintado un cuarto de siglo después del techo (1536–41) , bajo el Pontificado de Pablo III, cuando el artista contaba ya más de 60 años. Para su ejecución se tapiaron dos ventanas y se quitaron dos frescos de Perugino y dos lunetas del mismo Miguel Ángel. En la parte central, en alto, domina la figura de Cristo, Juez Supremo; a su lado, la Virgen, alrededor, Santos, Patriarcas y Mártires, que llenan el Paraíso. A la derecha de Jesús, los elegidos entran al Cielo llevados por ángeles, mientras que los demonios tratan en vano de detenerlos. A su izquierda, los condenados son precipitados al castigo eterno, siendo recibidos por Caronte en su barca. En el ángulo de la derecha, Minos, maestro del infierno, en el que Miguel Ángel retrató a Biagio da Cesena, Maestro de Ceremonias de Paulo III, añadiendo a la descripción de Dante dos grandes orejas de burro pues el Maestro había criticado la obra. Cuentan que el maestro de ceremonias pidió al Papa que le quitaran de ahí, y el Papa le contestó que no tenía poder para sacar a nadie del infierno. Abajo, a la izquierda, está la Resurrección de los Muertos y en medio, Caronte, el grupo de ángeles que hacen sonar las trompetas del juicio. A los pies de Jesús está San Bartolomé, que muestra su propia piel, en la que se ha autorretratado Miguel Ángel. En las lunetas, unos ángeles sostienen los símbolos de la Pasión.

 

CASTEL SANT'ANGELO Y MAUSOLEO DE ADRIANO

 

Fortaleza mandada construir por Adriano como sepulcro familiar. Fue iniciado por el emperador en el año 135 d.C., y terminado cuatro años más tarde por su hijo adoptivo y sucesor en el trono imperial, Antonio Pío.

La base, de 84 m2, esta cerrada por un tambor de 20 m de alto. Estaba coronado por una estrella del emperador y una cuadriga de bronce. El mausoleo contiene las urnas con las cenizas de todos los emperadores desde Adriano hasta Septimio Severo (211 d.C. ).

Cuando Aureliano amuralló la ciudad, en el 270, colocó el mausoleo como parte de la muralla y lo convirtió en fortaleza.

En 590 el Papa Gregorio Magno encabezó una procesión contra la peste que diezmaba la ciudad. Al pasar delante de Castell Sant'Angelo, encima del mausoleo apareció un ángel que blandía su espada, que fue interpretado como un signo de que sería abatida la peste. En agradecimiento, el Papa mandó construir una capilla en el mausoleo y colocar un San Miguel de bronce en el punto más alto.

Durante los conflictos medievales entre el papado y la nobleza romana, el edificio se convirtió en fortaleza. Nicolás V (1447–55) construyó unos pertrechos de ladrillo en la parte alta de la construcción original, y añadió torretas en las esquinas.

El alto muro defensivo –Passetto– construido por León IV (847–55), unía el castillo con el Palacio Vaticano. Alejandro VI creó un pasaje a lo largo de la parte alta del muro, de manera que el Papa pudiera llegar fácilmente a la fortaleza, en caso de asedio.

En 1527 Clemente VII se refugió de las tropas de Carlos V, e hizo habitables varias estancias, que fueron mejoradas por Paulo III. Después de la unificación de Italia, se instalaron unas barracas y una prisión militar.

Desde fuera, Castel Sant'Angelo aparece como una sólida masa compacta: una cinta cuadrada en la base, reforzada en las esquinas por los bastiones de San Mateo, San Juan, San Marcos y San Lucas. La construcción original del mausoleo se distingue de los añadidos por los grandes bloques de travertino y peperino. En la parte media, encima de la construcción romana, el gran cilindro construido por Benedicto IX (1033–44) y completado en alto por la bella cortina de Alejandro VI. Aún más arriba, la construcción renacentista de los apartamentos papales. En la parte más alta, la gran terraza coronada por la estatua de bronce de San iguel.

Castel Sant'Angelo albergaba en su interior el Museo Nacional Militar. Entre sus salas hay que destacar: El Cortile dell'Angelo, donde se encuentra el ángel de mármol que coronaba la construcción antes del actual de bronce, obra de Raffaelo da Montelupo; los Apartamentos Papales, mandados adaptar por Paulo III. El primero es la Sala Paulina o del Consejo, donde esperaban los visitantes para ser recibidos por el Papa; en el techo, estucos de Girolamo da Sermoneta y de Braccio de Montelupo; la decoración de las paredes es obra de Perin del Vaga y de sus discípulos, y de Pellegrino Tibaldi: se trata de escenas de la historia de Roma y de la vida de Alejandro Magno. Sigue la Cámara de Perseo; en las paredes están una Piedad, de un anónimo ferrarense del s.XVI. dos Cristos, de Paris Bordone y Sebastiano del Piombo. respectivamente y un busto de Paulo III, copia del de Guglielmo della Porta, ahora en Nápoles. Desde la terraza, hay una buena vista.

 

ITINERARIO 2: SANTA MARIA LA MAYOR Y ALREDEDORES

 

Recorrido

 

Se parte de la Piazza Santa Maria Maggiore, y se ve la Basílica. Al terminar, se toma la Via Santa Prassede, se llega hasta Santa Práxedes. Saliendo a continuación por Via San Martino ai Monti, se descubre un espacio abierto entre las dos Torres Cappocci, que evocan el poder de las familias nobles de la Edad Media. Por este camino se pasa junto a la Iglesia de San Martino ai Monti. Si se desea, se puede dar un paseo por el Esquilino, tomando Via Equizia y girando después a la derecha por Viale del Monte Oppio, para entrar por Via Terme di Traiano. Para evitar el Esquilino, se sigue por Viale del Monte Oppio, que desemboca en San Pietro in Vincoli. Para llegar hasta Santa Pudenciana, se puede bajar por la escalinata que se abre en el costado derecho de la Plaza San Pietro in Vincoli, donde se llega a Via Cavour. Desde allí hay que continuar hasta la Plaza dell'Esquilino: Se gira a la izquierda por Via A. Depretis, y luego se vuelve a girar a la Izquierda en Via Urbana.

 

BASÍLICA DE SANTA MARIA LA MAYOR

 

El Liber Pontificalis narra que la noche del 5 de agosto del 352, la Santísima Virgen se apareció en sueños a un patricio romano de nombre Ioannes, a quien expresó su deseo de que se construyera una iglesia en cierto lugar de Roma donde nevaría la mañana siguiente. Ioannes refirió el mensaje al Papa Liberio, esa misma mañana, mientras una copiosa nevada cubría de blanco el punto más alto del Esquilino. una de las sete colinas romanas, sede de un aristocrático barrio donde habían vivido Mecenas, Ovidio, Horacio y Virgilio. El Papa, acompañado del patricio, trazó, en el suelo los limites de lo que sería la primera basílica romana dedicada a Nuestra Señora. Cada 5 de agosto, se evoca aquella singular nevada con una lluvia de pétalos blancos sobre el pavimento de la Basílica.

La actual Santa María la Mayor fue edificada por el Papa Sixto III sobre la antigua basílica liberiana (del Papa Liberio), para conmemorar la proclamación por el Concilio de Efeso (431) de la Maternidad divina de María. Tras Sixto III, los Papas sucesivos, han volcado su atención sobre el Santuario más antiguo y venerado en honor al dogma de María, Madre de Dios.

 

Exterior

 

La fachada es creación de Ferdinando Fuga (1743–50). Está flanqueada por dos alas idénticas, si bien construidas con un siglo de diferencia. El campanario (1377) es el más alto de la ciudad– y  su decoración polícroma –mayólica sobre ladrillo rojo– es típicamente romana.

En el pórtico resaltan, a la derecha, la estatua de Felipe IV de España, de Lucenti (1692) bajo diseño de Bernini; y a la izquierda, la Puerta Santa. Desde el pórtico, por la escalera de la izquierda, se llega a la loggia desde la que el Papa daba las bendiciones Urbi et Orbi (abierta de 9 a 11. solicitando permiso en la Sacristía), donde se conserva un monumental mosaico, realizado durante el pontificado de Eugenio III (1145–1153), en parte deteriorado y en parte mal restaurado a mediados del s.XVIII.

 

Interior

 

El interior de la Basílica (86 m de largo) es sumamente armonioso. Dividen las tres naves (la central un poco más larga que las laterales) columnas monolíticas (36 de mármol y 4 de granito) con capiteles –icónicos que sostienen directamente las trabes o vigas. Son de mármol blanco del Imetto, y casi todas se remontan a tiempos de Sixto III (s.V).

El bellísimo pavimento cosmatesco en mosaico de piedras duras, es del s.XII. El artesonado del techo, atribuido a Giuliano da Sangallo, es considerado una de las obras maestras de la artesanía renacentista (las rosas miden un metro de diámetro); el oro de la decoración es el primero de América.

Desde el punto de vista artístico, la característica esencial de la Basílica viene dada por la cantidad de mosaico y por su calidad. La ampliación del presbiterio efectuada por Nicolás IV en el s.XIII, trajo consigo la demolición de la decoración original del ábside y la realización de nuevos mosaicos. Al tratarse de trabajos de distintas épocas, el conjunto resulta un compendio de las fases mas significativas del arte mosaísta.

Los 27 paneles sobre el arquitrabe de la nave central (la viga entre dos columnas), que datan del s.V., constituyen la obra más vasta y meritoria de los mosaístas del alto Medioevo. Los mosaicos que decoran el arco triunfal están dedicados a la infancia de Jesús, con pasajes de los Evangelios y de los apócrifos.

Tenemos después los mosaicos del ábside, terminados en 1295 por Torriti, que representan escenas de la vida de la Virgen –en los recuadros entre las ventanas– y la Coronación de la Virgen por Jesús, en el medallón central.

La Confesión se rehizo en 1864, bajo diserto de Virginio Vespignani; la gran estatua muestra a Pío IX de rodillas ante las reliquias del Pesebre.

El baldaquino del altar mayor, con cuatro columnas de pórfido, es de Fuga; la urna, también de pórfido, contiene reliquias del Apóstol Mateo.

En la nave derecha, cerca de la entrada, está el Baptisterio, obra de Flaminio Ponzio. Desde ahí se puede pasar a la Sacristía, también de Ponzio. Volviendo a la nave de la derecha se encuentra la capilla de las reliquias, de Fuga, con diez columnas de pérfido.

La Capilla de Sixto V o del Santísimo –cerca del presbiterio– proyectada por Domenico Fontana, tiene un diseño a cruz griega. En los laterales se encuentran las tumbas de Sixto V y de San Pío V, ambas de Fontana, decoradas con bajorrelieves que relatan algunos de los principales episodios de esos pontificados. Sobre el altar central se encuentra el grandioso sagrario, obra de Scalzo (1590), que se apoya sobre cuatro ángeles de bronce, de Torrigiani. Bajo el altar se encuentra el Oratorio del Pesebre, resultado final de la recomposición de las partes de la antigua capilla donde desde el s.VIII se guardaban las reliquias del Pesebre de Belén. La recomposición es también de Fontana, y las esculturas provienen de la antigua capilla de Arnolfo di Cambio (1289).

La Capilla Paulina, al lado opuesto a la del Santísimo, fue construida por Flaminio Ponzio, por encargo de Paulo V, en 1611. Tiene un bellísimo altar (proyectado por Targone), decorado con jaspe, amatista, ágata y lapislázuli. La imagen de la Virgen Salus Populi Romani es de estilo bizantino, y una tradición la atribuye a San Lucas, pero parece haber sido pintada alrededor del s.XII. En la parte alta del retablo, la obra de Maderno ilustra la leyenda del trazado de la Basílica. Los brazos derecho e izquierdo contienen tumbas papales: Clemente VIII y Paulo V.

La Capilla Sforza, también en la nave de la izquierda, fue construida por Giacomo della Porta, siguiendo un diseño de Miguel Ángel. Su estilo arquitectónico, con ábsides laterales entre columnas, es de gran originalidad. La tercera capilla de esta nave es la Capilla Cesi.

 

SANTA PRÁXEDES

 

Esta iglesia es uno de los “antiguos títulos”, es decir, una casa particular donde se tenían las ceremonias litúrgicas en la antigüedad. Se tienen noticias de su existencia como Basílica ya desde el s.V; pueden verse todavía restos de las antiguas estructuras en el cuádruple pórtico de la iglesia. La construcción actual es de la época de Pascual I (822), y responde a una planta basilical, con las tres naves separadas por 16 columnas de pórfido gris y 6 pilastras en las que se apoyan directamente las trabes. Fue modificada en el s.XIII, al agregársele tres arcos transversales en la nave, en el s.XVII al decorarla con frescos, y al arreglar el techo en el s.XIX.

Lo mas sobresaliente en el interior son los mosaicos del arco triunfal y del ábside, del s.IX y especialmente la Capilla de San Zenón (a la derecha), el monumento bizantino más importante de Roma, fue encargada por Pascual I (817–824), como mausoleo para su madre, Teodora. Aunque ha sufrido modificaciones posteriores, se trata de una obra deliciosa, llamada el Jardín del Paraíso. Las doce columnas de granito negro, a los lados del portal, y el rico marco que sirve de trabe, provienen de edificios de la antigüedad pagana, así como las bases de las columnas y la urna de mármol que se encuentra en el arco de la entrada. El interior (dirigirse a la sacristía) está cubierto de mosaicos sobre fondo dorado, de gran interés artístico, por su riguroso estilo bizantino.

A la derecha de esta capilla se encuentra un pequeño monumento donde se puede venerar la Columna de la Flagelación de Nuestro Señor; en la pared opuesta, por el lado exterior, un fresco recuerda esta escena con toda su crueldad.

 

SAN MARTINO AI MONTI

 

Fundada en el s.V y dedicada a San Martín de Tours, apóstol de la Galia, por el Papa Simaco (498–514), en lo que había sido un “título” del s.III, en la casa del sacerdote Equitius (las ruinas subterráneas pueden visitarse pidiendo permiso en la sacristía) Como el Papa San Silvestre fue quien instituyó el Titulus Equiti, cuando Sergio II reconstruyó la iglesia en el s.IX, la dedicó a San Martín y a San Silvestre.

Fue completamente transformada en el s.XVII. El interior fue remodelado, dividiéndolo en tres, con las columnas de la época del Papa Simaco, por Gaspar Dughet, cuñado de Poussin. Decoró con frescos las paredes de las naves laterales: la historia de Elías , vistas de la campaña romana y vistas del interior de la antigua Basílica de San Pedro y de San Juan de Letrán (antes de los trabajos de Borromini).

Es también interesante la Cripta, en la que se encuentran los restos de innumerables mártires ("cuyos nombres sólo conoce Dios").

 

ESQUILINO

 

Al salir de San Martino ai Monti se puede dar un agradable paseo por el Esquilino, en el Parque Oppio a un lado de las ruinas de las Termas de Trajano y de la Domus Aurea, palacio construido por Nerón después del incendio del año 64. Es una de las famosas siete colinas de Roma y, originariamente, una especie de suburbio de la ciudad propiamente dicha. Mientras a los habitantes de la ciudad se les llamaba inquilinos, a los habitantes del Esquilino se les llamaba exquilinos, por estar en las afueras, nombre que pasa después a definir la colina.

 

SAN PIETRO IN VINCOLI

 

En el 436, la mujer del emperador de Oriente recibió como regalo de Juvenal, Obispo de Jerusalén, las cadenas que se habían usado cuando San Pedro estuvo en prisión. La emperatriz conservó una parte de esta reliquia en una espléndida basílica construida con este propósito, y envió la otra a Roma, a su hija Eudosia, esposa del emperador Valentiniano III. Esta, a su vez, la entregó al Papa San León Magno. Cuenta la tradición que el Papa colocó esa cadena junto a otra, que sirvió para tener prisionero al Apóstol en la Cárcel Mamertina de Roma, durante la época de Nerón. Cuando lo hizo, las dos cadenas se juntaron, de modo que formaron una sola. En memoria de este prodigio, y en honor del Apóstol Pedro, la emperatriz Eudosia edificó la actual Basílica, para conservar las cadenas, que por este motivo se llamó Basílica eudosiana de San Pietro in Vincoli (en cadenas).

La Basílica fue construida sobre otra ya existente –dedicada a los Santos Apóstoles– que había sido reconstruida por el predecesor de San León Magno. Sixto III, con ayuda de la misma Eudosia, sobre las estructuras de una basílica del s.IV y una Domus Ecclesiae del s.III. Posteriormente se llevaron a cabo diversas obras de restauración y decoración, la más importante es obra de Fontana, en el s.XVIII. Durante unas recientes excavaciones (1956–59) realizadas para rehacer el suelo, se descubrieron los restos de las construcciones precedentes–las más antiguas del s.II antes de Cristo–, que en parte se pueden visitar (se puede pedir permiso para entrar; la entrada está bajo el pórtico a la derecha; si se entra, es conveniente solicitar guía).

La fachada está precedida por un elegante pórtico de cinco arcadas con pilastras octogonales, que se terminó en 1475. El amplio interior está dividido en tres naves por dos filas de columnas dóricas de mármol. La decoración interior medieval fue modificada en los s.XVII y XVIII. A la izquierda de la puerta principal se encuentra la tumba de Antonio y Piero del Pollaiuolo, famosos escultores florentinos del Renacimiento.

El altar mayor y el baldaquino son de Vespignani (1872). Abajo, la Confesión, del mismo autor, en cuyo altar hay dos ventanillas de bronce dorado con Escenas de la vida de San Pedro en bajorrelieve, atribuidas a Caradosso (1477); las ventanillas se abren para dejar ver en su interior la urna de bronce dorado (1856) que contiene las cadenas de San Pedro.

En la Cripta bajo el altar se encuentra un sarcófago paleocristiano, que fue descubierto en el s.XIX. dividido en siete compartimentos interiores, en los que había algunos fragmentos de huesos y ceniza. Dos laminillas de plomo con inscripciones confirmaban (ya se tenía alguna noticia) que eran las reliquias de los siete hermanos Macabeos, martirio que se relata en el Antiguo Testamento.

Desde el punto de vista artístico, lo más sobresaliente es el Mausoleo del Papa Julio II. En 1505 el Papa mandó venir a Miguel Ángel desde Florencia, para realizar el proyecto de su tumba, que pensaba colocar en el centro de la Basílica de San Pedro. Miguel Ángel pasó varios meses en Carrara, eligiendo el mármol; el programa original comprendía unas cuarenta estatuas, numerosos bajorrelieves en bronce, y el sarcófago. Posteriormente, y después de la muerte del Pontífice fue perdiendo actualidad. Terminaron de arrinconarlo los sucesivos encargos por parte del nuevo Pontífice, Paulo III, que había encargado al artista la realización del Juicio Final para la Capilla Sixtina.

Paulo III comenzaba a impacientarse con la tardanza en el mausoleo; se cuenta que en cierta ocasión fue a ver al escultor, y acabó convenciéndole de que la estatua de Moisés era tan bella que ella sola bastaba para honrar la sepultura de Julio II. El comentario puso punto final al proyecto; Julio II acabó siendo sepultado en la tumba de su tío, Sixto IV, y Miguel Ángel, después de tres años de trabajo, se refería a la obra inacabada como la tragedia de su vida.

Representa a Moisés recién bajado del Sinaí –donde ha recibido del Señor las Tablas de la Ley– aún con dos rayos de luz sobre la frente –los poderes–, que contempla al pueblo idólatra. Las estatuas de Lía y Raquel, que representan a la vida activa y a la vida contemplativa, fueron terminadas por Rafaello da Montelupo.

 

SANTA PUDENCIANA

 

La antigua tradición narra que en los primeros tiempos de la era cristiana existía en este lugar la casa del noble senador romano Pudente, padre de Santa Práxedes y Santa Pudenciana, quien había hospedado al apóstol Pedro. En el s.II se instalaron aquí unas termas y en el s.IV la iglesia de Santa Pudenciana, que se incendió en ese mismo siglo. Fue reconstruida en el s.VIII y sucesivamente restaurada. A finales del s.XII Inocencio III mandó construir el campanario y la entrada. En 1589 se realizaron profundas modificaciones, sobrepuestas al antiguo edificio románico.

En el interior  destacan los mosaicos del s.IV, uno de los más antiguos ejemplos –junto con los de Santa María la Mayor, Santa Constanza y el Baptisterio de San Juan de Letrán– de mosaico cristiano en Roma. La forma en que está representado Cristo, el brillante colorido y el movimiento de las figuras muestran la persistencia de las características romanas en el mosaico cristiano, antes de la influencia oriental.

Desde aquí, por la Via Urbana, se desemboca en la Piazza dell´Esquilino. En cuyo centro se levanta un obelisco (14.80 m) que, como su gemelo de la Plaza del Quirinal, adornaba el ingreso del Mausoleo de Augusto, y que fue transportado por Sixto V en el 1587. A la derecha, sobre la grandiosa Escalinata, se puede apreciar la parte exterior del ábside de Santa María la Mayor.

 

ITINERARIO 3: SAN JUAN DE LETRÁN

 

Recorrido

 

Se inicia en la Basílica de Santa Croce in Gerusalemme, desde donde se va, por la Via Carlo Felice, a la Basílica de San Juan de Letrán. En la Piazza de San Giovanni in Laterano, se encuentra la Scala Santa; cruzando la Piazza, se llega al Baptisterio. Desde ahí se cubre un pequeño tramo de la Via di Santo Stefano Rotondo para girar a la derecha en Via dei Santi Quattro Coronati (al otro lado del Hospital), hasta llegar a la iglesia de los Cuatro Santos Coronados (del lado izquierdo de la calle).

Después se gira a la derecha en Via dei Querceti, y al cruzar Via San Giovanni in Laterano se llega a la Basílica de San Clemente. Al salir, se gira a la derecha en Via San Giovanni in Laterano, e inmediatamente a la izquierda en Via Celimontana. Cuando se llega al Largo della Sanità Militare se gira a la derecha y al fondo está Santi Giovanni e Paolo; al lado, en la Via de San Gregorio, se puede visitar la iglesia de San Gregorio.

Se regresa por la misma Via y, al cruzar de nuevo el Largo della Sanità se toma la Via della Navicella; al llegar a la Piazza Porta Metronia se toma la Via Druso, que desemboca en Piazzale Numa Pompilio, donde se encuentran las Termas de Caracalla. En frente de las termas, yendo hacia Via Druso, se encuentra.,la iglesia de los Santos Nereo y Aquileo. Para regresar a San Giovanni in Laterano, se toma Via Druso y su continuación, Via dell'Amba Aradam, que desemboca en la Basílica. El recorrido es largo y puede llevar algún tiempo.

 

SANTA CROCE IN GERUSALEMME

 

En este lugar se encontraba el Palazzo Sessoriano, donde vivía Elena, la madre del emperador Constantino. Fue construido en el s.III. El mismo Constantino, alrededor del año 320, ordenó los trabajos de adaptación al culto de parte del palacio, con el fin de custodiar las reliquias que su madre había traído de Tierra Santa. De hecho los muros perimetrales de la Basílica actual son de la época imperial.

En el s.XII, el Papa Lucio II hizo algunas mejoras, entre las que destaca el campanario románico, para cuya construcción no se alteraron las paredes exteriores. También se levantó el nivel del pavimento interior, pero no el de la capilla de Santa Elena, probablemente debido a la tradición que dice que está hecho con tierra traída del Monte Calvario. Esta capilla estaba aislada del resto de la iglesia, y tenía una entrada independiente, hasta la época del Renacimiento. La Basílica adquirió su aspecto actual en el s.XVIII.

Junto al Campanario se puede apreciar la fachada y el atrio oval, construido de acuerdo con los principios de Borromini. En el interior destacan, nada más entrar, el pavimento cosmatesco, el baldaquino (s.XVIII) y el ábside, con la tumba del Cardenal Quiñones (1540), confesor de Carlos V, y un fresco de Antoniazzo Romano (finales del s.XV), que ilustra la tradición del hallazgo de la Santa Cruz por Santa Elena.

Hacia la mitad de la nave derecha, en una capilla lateral, se encuentra una imagen de Nuestra Señora, Madre del Buen Consejo. Al fondo de esta misma nave, se encuentra la puerta por la que se accede la Capilla de Santa Elena, decorada con un mosaico de una finura y esplendor singulares (se puede encender la luz en el pilar externo del arco enfrente del altar). La estatua sobre el altar es una representación romana clásica de Juno, hábilmente convertida en Santa Elena.

La visita más importante en esta Basílica es a la Capilla de las Reliquias de la Pasión. Al inicio de la escalera se encuentra el brazo transversal de la cruz de San Dimas, el Buen Ladrón. Tras el altar se encuentran las reliquias de la Santa Cruz. Se conservan: tres trozos de la Santa Cruz, un clavo, parte del INRI, dos espinas de la Corona, fragmentos de la columna de la flagelación, de la Gruta de Belén y del Santo Sepulcro, y el dedo índice de Santo Tomás.

 

BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

 

Notas generales

 

San Juan de Letrán es una de las cuatro basílicas patriarcales o mayores. El nombre proviene de sus primeros propietarios. La Basílica, dedicada al Salvador, fue construida sobre los palacios de los Laterani, donados por Constantino al Papa Melquiades. La primera mención se remonta al 313, fecha en que se tuvo un consistorio de obispos in domum Faustae in Lateranum. En la fachada actual se lee: Sacrosancta Ecclesiarum omnium urbis et orbis Mater et Caput.

El 28 de octubre del 312, después de vencer a Majencio, Constantino hizo su entrada triunfal en Roma e inmediatamente acabó con la persecución de los cristianos. En el 314 el Papa Silvestre I fue a vivir al Laterano, donde se fijó la residencia oficial del papado hasta el exilio de Avignon.

Antes de iniciar la construcción de la antigua basílica de San Pedro en el Vaticano, Constantino construyó la Basílica Laterana en el lugar donde se encontraban las viviendas de la guardia personal –los equites singulares– de Majencio. La Basílica estaba dedicada al Salvador y, aunque no era de dimensiones extraordinarias, tenía cinco naves y estaba precedida por un pórtico y un atrio con fuentes; en lo alto de la fachada estaba la imagen del Salvador. Posteriormente fue dedicada a San Juan Bautista y a San Juan Evangelista.

Después de ser dañada por los bárbaros en el s. V y por un terremoto en el 896, fue destruida por un incendio en 1308. La Basílica se reconstruyó en le época barroca y en el s. XVIII. En total veinte Papas contribuyeron a su reconstrucción, restauración y embellecimiento: desde San León Magno (440–461) hasta León XIII (1878–1903).

En este lugar se llevaron a cabo los cinco Concilios Lateranenses, decisivos en la historia de la Iglesia. Aquí fue, por ejemplo, donde Nicolás II reunió en el 1059 el Sínodo que determinó que la elección del Papa correspondía a los cardenales

Por evidentes razones históricas, en 1962 Juan XXIII quiso que volvieran a Letrán las oficinas de la curia de la diócesis de Roma.

 

Fachada

Obra de Alessandro Galilei (1735), es probablemente la fachada más sugestiva de todas las basílicas romanas. Destaca el contraste entre las claras líneas de las columnas con las cavidades oscuras. Sobre la balaustrada de coronamiento se encuentran 15 estatuas, de 7 m. de altura, de Cristo, San Juan Bautista, San Juan Evangelista y Doctores de la Iglesia.

Entrando en el pórtico, la puerta central de comunicación con el interior, proviene de la Curia o Parlamento del Foro Romano –probablemente la puerta más antigua que se conserva en el mundo–, y fue agrandada en 1660 con la adición de las zonas donde se encuentran las estrellas del Papa Alejandro VII. La última puerta de la derecha es la Puerta santa, que se abre sólo en los años jubilares. A la izquierda está la estatua del emperador Constantino, proveniente de las Termas del Quirinal. Sobre la estatua y sobre las puertas, se pueden ver varios altorrelieves en mármol con la historia de la vida del Bautista.

 

Interior

Tanto la nave central con sus 130 m de largo, como las laterales fueron remodeladas por el arquitecto barroco Borromini (1599-1667), invitado por el Papa Inocencio X, aproximadamente en 1650.

En la nave central llaman inmediatamente la atención las estatuas de los Doce Apóstoles, en un estilo barroco tardío, obra de algunos seguidores de Bernini. Borromini creó doce enormes nichos en los pilares de la nave para recibirlas, y fueron colocadas ahí en 1718. Las columnas de mármol verde –que Borromini acortó y reutilizó– separaban la nave central de las laterales en la antigua basílica. Sobre los Apóstoles se encuentran bajorrelieves que narran relatos del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Elcrucero, completamente renovado bajo la dirección de Della Porta y de d'Arpino (1597–1601), es uno de los conjuntos más armoniosos y representativos de la arquitectura romana de finales del s.XVI. En las paredes, los pintores manieristas de la época compusieron una especie de antología con escenas de la Ascensión, los Apóstoles, etc., y con frescos que narran los principales episodios de la vida del emperador Constantino. En la parte central del crucero, bajo el gran arco sostenido por dos columnas de granito, se encuentra el Tabernáculo ojival, obra del orfebre romano Giovanni di Stefano Sense. Encargado por Urbano V en 1367, y llevado a cabo con la ayuda económica de Carlos V de Francia, está adornado con doce recuadros al fresco, atribuidos a Barna da Siena. En la parte alta se encuentran unos relicarios de plata que, según la tradición, contienen reliquias de las cabezas de San Pedro y San Pablo, aunque no es segura su autenticidad.

Bajo el tabernáculo se encuentra el Altar Papal, donde sólo podía celebrar la Santa Misa el Romano Pontífice, hasta hace poco tiempo. Restaurado en 1851, en el interior se encuentra el altar de madera donde, según la tradición, celebraron Misa los primeros Papas, desde San Pedro hasta San Silvestre. A los pies del altar, en el recinto de la Confesión –obra del s. IX– se encuentra la tumba de Martín V, de Simón Ghini (1443).

En el brazo derecho del crucero, en la cabecera del ingreso lateral, se encuentra uno de los órganos más antiguos y potentes que se conservan, desde hace mucho tiempo sin usar. A la derecha de las columnas de amarillo antiguo, hasta hace pocos años, ondeaba una bandera pirata arrebatada a los corsarios del Mediterráneo.

El presbiterio y el ábside fueron arreglados en tiempos de León XIII (1884), por Vespignani. El mosaico fue trasladado del antiguo ábside y restaurado; en alto se encuentra el Salvador; abajo –como se puede leer en el Apocalipsis–, la Cruz adornada con joyas, sobre la colina de la Jerusalén celestial, donde descienden para apagar la sed de la grey los cuatro ríos (los cuatro Evangelios); a la izquierda, la Santísima Virgen con el donador, Nicolás IV, de rodillas, y los santos Pedro y Pablo; a la derecha, San Juan Bautista y San Juan Evangelista con San Andrés; las dos figuras menores, San Francisco de Asís (a la izquierda) y San Antonio de Padua (a la derecha), son una inclusión al estilo iconográfico tradicional, por deseo de Nicolás IV, que era franciscano. El Jordán aparece con las representaciones tradicionales (cisnes, peces, barcos, etc.). Más abajo, entre las ventanas, los nueve Apóstoles restantes, y las figuras de los autores, Iacopo Torriti (a la izquierda) y fray Iacopo da Camerino (a la derecha).

El techo fue iniciado en 1562, completado en 1567 y restaurado en el s. XVIII. El diseño es de un grupo de discípulos de Miguel Ángel y los tres escudos corresponden a los Papas Pío IV, Pío V y Pío VI.

En la nave izquierda, en el lugar más cercano a la puerta, se encuentra la Capilla Corsini, obra de Alessandro Galilei, construida a cruz griega, bajo una cúpula.. A la izquierda se encuentra el sepulcro de Clemente XII, con una urna de pórfido que procede del Pantheon. Las estatuas son de finales del s.XVIII.

En esa misma nave, ya cerca del presbiterio, se encuentra la entrada al Claustro, obra maestra del arte cosmatesco, realizado por los Vasalletti (padre e hijo). Su arte, como el de los Cosmati, consistía en cortar y ensamblar fragmentos de mármol antiguo. En medio del jardín, un pozo del s. IX, recuerdo del antiguo claustro benedictino.

 

SCALA SANTA

 

Sixto V (1585–90) mandó demoler lo que quedaba del Palacio Laterano medieval, con dos excepciones: la Scala Santa, escaleras que de acuerdo con la tradición pertenecieron al palacio de Poncio Pilato y por las que subió Cristo el Viernes Santo, y la capilla privada de los Papas. Fueron trasladadas a un lugar cercano al original, en una construcción especialmente diseñada por Domenico Fontana para albergar la escalera, que tradicionalmente se sube de rodillas, en memoria de la Pasión del Señor. Los 28 escalones de mármol están recubiertos de madera, para aligerar la subida y para evitar el desgaste. En ciertos puntos, unos trozos de vidrio cubren manchas tradicionalmente consideradas gotas de la Sangre de Nuestro Señor.

Al final de la escalera se llega al ambulatorio de la Capilla de San Lorenzo papal, también llamada Sancta Sanctorum, por las preciosas reliquias que contiene. Está siempre cerrada, pero a través de las rejas se puede apreciar la decoración de cosmatesco. Sobre el altar se encuentra el famoso icono de Cristo Archeiropoeton, es decir, no pintado por mano humana: la tradición dice que lo comenzó San Lucas y fue terminado por un ángel; llegó milagrosamente a Roma, desde Constantinopla, en el s. VIII. En realidad, todo parece indicar que se trata de una pintura sobre madera del s. VI o VII. La inscripción sobre el altar –non est in toto sanctior orbe locus– afirma que nos encontramos en el lugar más santo de la tierra. Durante la Edad Media esta imagen era llevada en procesión por los Papas ante las grandes calamidades de la ciudad. Alrededor del altar están otras reliquias, y en las paredes hay 28 tabernáculos ojivales.

 

Baptisterio

También construido por Constantino, era el lugar donde se bautizaban los cristianos de Roma durante el s. IV. En el s. V, Sixto III instaló las ocho columnas de pórfido en el centro e hizo imprimir en el espacio octagonal inscripciones alusivas al Bautismo. La columnata superior y la linterna son adiciones del s. XVI, para sustituir una cúpula que cedió el año 1540. El recinto circular, en cuyo centro se encuentra una urna de basalto egipcio, se usaba en los primeros tiempos del Cristianismo para el Bautismo de inmersión. Varios Papas construyeron las capillas laterales, y Urbano VII le dio su apariencia actual cuando mandó hacer los frescos (s. XVII) .

Las Capillas de San Juan Bautista y de San Juan Evangelista, a la derecha e izquierda conforme se entra, fueron construidas por el Papa San Hilario (461–468). Cuenta la leyenda que San León Magno envió a San Hilario como representante papal al Concilio de Efeso, para combatir la herejía. Durante su estancia en Efeso se produjo una revuelta y el futuro Papa se refugió en la tumba de San Juan Evangelista, donde hizo el voto de construir una capilla a este Santo y otra al Bautista, si salía vivo.

La Capilla de San Juan Bautista conserva su pesada puerta original, hecha con una aleación de plata, oro y bronce, que produce un ruido particular, muy armonioso, cuando gira en sus goznes.

En la de San Juan Evangelista, en cambio, la puerta original se sustituyó por una de bronce en el s. XII. El techo está decorado con un mosaico del s. V.

En el lado opuesto a la puerta de entrada se encuentra la Capilla de Santa Rufina de los Santos Ciriano y Justino, que corresponde a la antigua entrada del Baptisterio. Uno de los dos ábsides está decorado con mosaicos del s. V.

La última es la Capilla de San Venancio, construida en el s. VII por el Papa Juan IV.

 

CUATRO SANTOS CORONADOS

 

Esta iglesia formaba parte durante la Edad Media de la fortaleza que protegía el Palacio Laterano contra los ataques armados –siempre posibles– de las familias nobles romanas desde el Palatino y el Coliseo. Sobre la iglesia original (s. IV). el Papa León IV (847 – 855) construyó otra que duró hasta 1084, año en que fue reducida a ruinas por la tropas normandas. Pascual II (1099– 1118) construyó una iglesia mucho más pequeña, más corta y sin naves laterales.

La iglesia está dedicada a cuatro soldados romanos (Severo, Severiano, Capoforo y Vittorino), martirizados por negarse a adorar la estatua de Esculapio. Una lista de mártires elaborada por el Papa León IV dice que sus restos fueron colocados en la cripta, junto con los de cinco escultores, igualmente martirizados por negarse a esculpir la estatua. Por esta razón la iglesia es muy visitada por canteros y marmolistas.

El Claustro románico data del s.XIII. Destacan las columnas y sus capiteles, que son probablemente el primer ejemplo de decoración con hojas de nenúfar; en el centro se encuentra el labrum, fuente para las abluciones, de Pascual II (s. XI–XII); alrededor, restos de una capilla del s. IX; más adelante, la triabsidal Capilla de Santa Bárbara (s. IX). con unas repisas del s. IV o V, y restos de frescos de la alta Edad Media.

Saliendo de la iglesia, a la izquierda se encuentra la portería del convento, que conserva en la pared restos de un curioso calendario litúrgico del s.XIII. En el torno se pide la llave, si se desea entrar en elOratorio de San Silvestre, decorado por interesantísimos frescos de 1246, de un estilo que evoca por su ingenuidad al naif del s.XX, de Cristo flanqueado por la Santísima Virgen,. San Juan Bautista y los Apóstoles. Abajo se ilustra la historia del Papa San Silvestre, el emperador Constantino Leproso, su curación por el Papa, su bautismo, y la entrada del Papa en Roma con el emperador.

 

SAN CLEMENTE

 

Se levanta sobre una iglesia del s. IV, dedicada a San Clemente, cuarto Romano Pontífice de la Iglesia, que a su vez había sido edificada sobre una casa romana. Fue destruida en 1084 y reconstruida en el mismo sitio por Pascual II en 1108.

El interior conserva la planta original del s. XII, con una nave principal y dos laterales. La unidad de estilo, sin embargo, viene rota por la decoración barroca (frescos del techo y las paredes). correspondientes al s. XIII. Son especialmente interesantes los trabajos de mármol; por ejemplo, la schola cantorum de la nave principal, algunos restos de la primera basílica. con su pavimento cosmatesco, y los ambones del s. XII. La balaustrada que separa el coro del presbiterio corresponde a la basílica primitiva y data del s. VI.

El mosaico del ábside es del s. XII y representa la exaltación de la Santa Cruz. Las doce palomas simbolizan a los Apóstoles; a los flancos, la Virgen y San Juan. En la parte alta, el Paraíso, con Dios Padre que sostiene la corona de Jesús. Debajo de la Cruz, un grupo de ciervos, símbolo de los catecúmenos, acude a saciar su sed en la verdad cristiana. Más abajo, en el ábside, un rebaño de ovejas abandonan Jerusalén, imagen de la Antigua Ley, y se dirigen a adorar al Cordero. Sobre el arco, los profetas Jeremías e Isaías proclaman el triunfo de Cristo, que está rodeado por los símbolos de los Evangelistas; entre Cristo y los Profetas se encuentran San Clemente (en la barca con San Pedro) y San Lorenzo (acompañado por San Pablo).

En la nave izquierda, en la parte más cercana al pórtico, se halla la Capilla de Santa Catalina. Los frescos de Masolino da Panicale (1383–1447), representan a San Cristóbal llevando a Jesús (a la izquierda de la arcada); episodios de la vida de Santa Catalina de Alejandría (pared de la izquierda); la Crucifixión (pared del fondo); y particulares de la vida de San Ambrosio (pared de la derecha, algo dañada), obispo de Milán que animó al emperador Graciano hacia el año 380 a renunciar al título de Pontifex Maximus y a clausurar en Roma el altar de la victoria donde todavía se ofrecían sacrificios idolátricos.

En la nave de la derecha, a un lado de la Sacristía, se encuentra la escalera que conduce a las excavaciones de la basílica primitiva (s. IV). Tiene una planta típicamente basilical con nártex (espacio cubierto, entre el atrio y la nave), una nave central y dos laterales y un ábside. Un muro de carga, que soporta la basílica superior, divide la nave central en dos partes.

Especialmente interesantes son los frescos. Los del nártex datan de los s. XI y XII, y otros son más antiguos. En la nave se encuentran algunos que llaman la atención por su buen estado de conservación y por la viveza de las escenas: Sisinius, prefecto de Roma, acude a arrestar a su mujer porque asistía a una Misa clandestina celebrada por el Papa San Clemente, pero quedó ciego, al igual que sus sirvientes, y cargaron una columna pensando que era la esposa de Sisinius. El fresco es particularmente célebre porque contiene algunas de las primerísimas frases en italiano, muy valiosas para el estudio de la formación del italiano romance.

A la izquierda del ábside de la basílica antigua, se encuentran unas escaleras que conducen a los restos de dos casas construidas en la época de la República. La que se encuentra bajo el ábside, que data del s. III, estaba provista de un Mithraeum, pequeño templo dedicado al culto del dios Mitra. Se accede salvando unos antiguos peldaños, hasta llegar a dos bancos de piedra, donde se sentaban los iniciados. La estatua del dios sol fue colocada al fondo; en el centro se encuentra el altar. que muestra a Mitra cortando la lengua del toro, mientras el perro, la serpiente y el escorpión –símbolos del mal– tratan de evitar el sacrificio.

 

BASILICA DE LOS SANTOS JUAN y PABLO

 

La torre campanario fue construida en el s. XIII, sobre las ruinas del templo de Claudio. La basílica es uno de los ejemplos más claros de las primitivas ecclesiae domesticae. Se levanta sobre un antiguo titulus, erigido en la casa de Juan y Pablo. dos oficiales de la corte Constantiniana, martirizados el 362 por el emperador Juliano el Apóstata. Poco tiempo después, alrededor del 398, el senador Bizante y su hijo Pammachius, también senador, erigieron la basílica sobre el santuario de los dos mártires. Devastada pocos años después por la hordas de Alarico (410), que saquearon toda la ciudad, fue sucesivamente reconstruida. Otras reconstrucciones se llevaron a cabo después del terremoto del 442 y del saqueo de Roberto Guiscardo (1084).

En tiempos de Pascual II (1099–1118), el Cardenal Teobaldo reconstruyó el convento e inició la construcción del campanario, que fue terminado a mediados del .XII. al igual que el pórtico de entrada. En 1715–18, se realiza la casi total transformación interior, que le hace perder totalmente su aspecto de basílica paleocristiana.En la nave central de la iglesia, una pequeña losa señala el sitio preciso en que fueron decapitados los dos hermanos.

Entre 1949 y 1951 se realizan una serie de investigaciones y restauraciones que. sacando a la luz las antiguas estructuras, han permitido la reconstrucción ideal de la antigua basílica del s. V. de un estilo no conocido hasta entonces, y que viene definido con el nombre de basílica abierta. Tienen mucho interés las pinturas y símbolos de la primitiva cristiandad: el pez, la paloma, unos corderos.

Muy cerca de la Basílica, en la Via de San Gregorio, se encuentra la Iglesia de San Gregorio; pórtico renacentista, con cuatro pares de columnas que recorren los dos pisos de la fachada, bajo el clásico frontón arquitectónico..

 

TERMAS DE CARACALLA

 

También conocidas como Termas Antonianas. Fueron construidas por el emperador Caracalla (emperador Jacte christianus educatus, como se le llamaba por haber tenido una nodriza cristiana), entre los años 212 y 217,  rodeadas por un recinto externo, obra de los emperadores Eliogábalo y Alejandro Severo. Este último era hijo de Julia Mamea, mujer de inquietudes religiosas, que escuchaba con agrado a Hipólito Romano e hizo venir a Orígenes desde Alejandría para que le hablara del Cristianismo. Las termas seguían funcionando en el s. IV, cuando se inutilizó la instalación hidráulica, obra de gran perfección ingenieril. La planta corresponde al tipo establecido en el Imperio desde el s.II: una gran construcción central, rodeada de jardines, dentro de un recinto rectangular con ambientes accesorios. Ocupaba un espacio cuadrado de cerca de 330 m de lado; el edificio central medía 220 x 114 m.